Memoria sensible

Memoria sensible

Raúl Prada Alcoreza

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El secreto está en la memoria sensible, es decir, en la vida. ¿Cómo es que se forma, se constituye, se crea, esta memoria sensible? ¿Cómo es que se pasa de las macromoléculas a las células? Al respecto, tenemos tres hipótesis especulativas.

La primera hipótesis:

Nada hay en el ser humano que no esté contenido en el universo. Nada hay en la vida, en sentido biológico, es decir, celular, que no se encuentre en el universo. La vida, en sentido biológico, es una de las formas de vida en la pluralidad de formas de vida del universo. La materia está viva, la materia oscura, la energía oscura, la materia luminosa, la energía luminosa, están vivas. Se trata de formas de vida no celular, no biológica, desplegadas en asociaciones de partículas infinitesimales, si se quiere, en asociación y composición de fuerzas fundamentales del universo. Después en asociación y composición de partículas que forman átomos; en este transcurso de la complejidad, de asociación y composición atómica que forman moléculas; transcurso de complejidades donde éstas, las moléculas, forman macromoléculas. Conocemos los comportamientos de las partículas infinitesimales estudiadas, conocemos las composiciones de los átomos estudiados, conocemos las dinámicas moleculares estudiados, incluso empezamos, antes, a conocer las dinámicas molares. Sin embargo, no conocemos las razones de las asociaciones de las partículas infinitesimales; tampoco se ha explicado la fuerza gravitatoria; en consecuencia, no se ha logrado construir la teoría unificada de la física. De todas maneras, la emergencia de la vida, en sentido biológico, tiene que explicarse por los comportamientos de estas asociaciones y composiciones de las partículas infinitesimales, de las asociaciones y composiciones de lo que se llama las fuerzas fundamentales del universo.

La segunda hipótesis:

Las partículas infinitesimales no se mueven en el vacío, sino en océanos de energía. Son, a su vez, ondas, frecuencias y vibraciones de energía. La energía abundante y desplegada atraviesa todos los cuerpos, desde los corpúsculos infinitesimales hasta las grandes masas molares. Ahora bien, si la vida, en sentido biológico, es neguentropía, es decir, que retiene y administra la energía, negando la entropía, creando organización, que invierte, por así decirlo, la entropía, ¿cómo es que estas formas de composiciones de energía pasan a una escala, nivel, dimensión, si se quiere plano o espesor de intensidad, que requiere absorber energía, alimentarse de energía? ¿La emergencia de la vida, en sentido biológico, es un salto cualitativo en las estructuras, formas de organización y composición energéticas, que pasamos del derroche de energía a necesitar energía, a la alimentación cíclica de energía? La conclusión de la hipótesis establecería que la vida, en sentido biológico, corresponde a una complejización singular de las asociaciones, composiciones y combinaciones de energía, en su forma de ondas y en su forma de corpúsculos y cuerpos.  Esta complejización singular da lugar a la memoria sensible.

La tercera hipótesis, que no compartimos, dadas nuestras interpretaciones, que están expuestas sucintamente en las anteriores hipótesis y en escritos anteriores[1], circunscribe la vida sólo a su sentido biológico; no habría otras formas de vida no-biológicas. Entonces: El salto a la vida no solo es cualitativo, como en las anteriores hipótesis, sino corresponde a un paso trascendental de la materia a la vida.

El problema de la tercera hipótesis es que este salto trascendental se hace inexplicable. Quizás, en este caso, se entienda que se tenga que introducir la hipótesis de Dios, en su forma más especulativa y abstracta, para poder contar con una explicación ad hoc. No vamos a ocuparnos de la tercera hipótesis. Esto se comprende, pues no es nuestra perspectiva ni interpretación.

Asumiendo que la memoria sensible es memoria biológica, que es la vida, en sentido biológico, el tema es ¿cómo funciona esta memoria sensible, en su aspecto sensible, que tiene como substrato las dinámicas moleculares químicas de las células?

Memoria biológica

El profesor Antonio García-Bellido, docente de Investigación de Genética del Desarrollo del CSIC, en Madrid, al respecto, expone:

En el lenguaje coloquial, la memoria es un acto reflexivo de recuperación de experiencias propias o conceptos almacenados en la mente. En términos menos antropocéntricos, la memoria consiste en un repertorio de información que puede ser recabado en todo o en parte para su uso explícito en una acción. Todo proceso histórico deja una memoria que condiciona sucesos subsiguientes, y la biología como proceso histórico está muy condicionada por la memoria evolutiva. En qué consiste, dónde reside la memoria biológica y cómo se usa en procesos biológicos.

Los procesos de memoria biológica tienen lugar a varios niveles de complejidad. El primer nivel de actualización de la información está en la copia de largas moléculas de nucleótidos. Estos nucleótidos son de cuatro tipos, cuatro diferentes formas, combinadas linealmente en diferentes secuencias. Evolutivamente primero aparecieron las moléculas de RNA de una sola banda y después las del DNA, de doble banda, químicamente más estables. La secuencia de estos nucleótidos es variable entre moléculas y esta diversidad constituye su información. La información puede ser meramente copiada por complementariedad de nucleótidos (Replicación) o transformada, creando una molécula RNA complementaria a sólo una de las dos bandas de DNA (Transcripción). La secuencia específica de nucleótidos del RNA transcrito sirve ahora de matriz sobre el cual se van acoplando, con las pautas del código genético, cada combinación de tres nucleótidos un aminoácido específico, de entre veinte distintos que hay. La unión en cadena lineal de estos aminoácidos conforma los polipéptidos que constituyen las proteínas. Así, secuencias específicas del DNA se transforman en las cadenas específicas de aminoácidos de las proteínas; su información se convierte en la especificidad de una gran variedad de proteínas. Esta especificidad se basa en la forma tridimensional como resultado del pliegue espontáneo causado por acople de las diferentes cargas electrostáticas de sus aminoácidos.

Todos estos procesos tienen una extraordinaria precisión y especificidad basada en el reconocimiento molecular, esto es, en la interacción de moléculas con forma y carga electrostática compatibles. El reconocimiento molecular es el fundamento de la estabilidad y especificidad del edificio biológico. Lo encontraremos en la base de todos los procesos que tienen lugar en todos los niveles de complejidad. La precisión del proceso de replicación tiene ocasionalmente errores (mutaciones). Los errores de sustitución de nucleótidos dan lugar a cambios en los aminoácidos de las proteínas y así a la aparición de la diversidad proteica. Las proteínas nuevas llevarán a cabo su función (sus interacciones moleculares) más o menos efectivamente que las originarias. Esta eficacia es la base sobre la que opera la selección natural y por ello de la diversidad orgánica. 

La fijación de las formas moleculares más efectivas en sus interacciones es, por otro lado, la base de su inercia evolutiva. El reconocimiento molecular pone un límite a la variación; es la sintaxis del lenguaje que mantiene la comunicabilidad del mensaje genético. Por esa razón el número de pliegues distintos de los polipéptidos, esto es su forma, es de sólo alrededor de mil. Y el número de genes de los organismos, desde bacterias al hombre, no pasa mucho de treinta mil. Esta inercia explica que los genes están conservados y así sean funcionalmente intercambiables entre organismos tan dispares como levaduras, insectos y hombre. El escape evolutivo a esta inercia causada por las limitaciones del reconocimiento molecular es, iteración génica y aparición de pequeñas variantes en genes (familias de genes), así como combinaciones diferentes en diferentes procesos celulares y en diferentes células. Para ello los genes tienen además de secuencias de nucleótidos usados en transcripción, otras secuencias no codificantes que sirven de dianas de reconocimiento de proteínas reguladores productos de otros genes. Su acoplamiento a estas secuencias, por reconocimiento molecular proteína-DNA, determina que el gen se transcriba o no. Esta activación es un acto de selección sobre el repertorio de genes del genoma, su memoria.

La memoria, depositada en el DNA, contiene una gran riqueza de motivos para diferentes operaciones que determinan estructuras o procesos más y más complejos. Pero hay memoria a muchos más niveles de complejidad. Hay memoria en la estructura de los cromosomas, en otras organelas celulares y en las membranas de las células. Las células se comunican entre sí enviando (ligandos) y recibiendo (receptores) señales moleculares que recaban la información de los genes específicos de respuestas que determinarán el comportamiento celular específico. Esta es también la base de la memoria inmune. Receptores sintetizados por múltiples genes en células linfáticas B (productoras de anticuerpos) o T (citotóxicas) reconocen antígenos difusibles o presentes en células (por ejemplo bacterias), eliminándolos de la sangre. La variación en configuración de receptores es mayor que la de posibles antígenos. De estas interacciones se seleccionan aquellas células que producen receptores de máxima afinidad que se multiplican en clones amplificando sus receptores específicos. Alguno de los linfocitos del clon así seleccionados se guardan (células de memoria) en órganos linfáticos para un segundo episodio con el mismo antígeno.

Análogamente ocurre en la memoria cerebral. La base de la memoria está aquí en las conexiones entre neuronas y el refuerzo, por estimulación repetida de estas conexiones, entre las neuronas involucradas en un acto sensorial o motor. La anatomía de estas conexiones está definida por el desarrollo y éste a su vez por el genoma de la especie. La memoria aparece así en su forma más simple en todos los animales, desde los más sencillos con un sistema nervioso. Esta memoria da lugar al automatismo del acto reflejo (en el movimiento de una medusa) en los tropismos (de respuesta a la luz entre otros) o en la respuesta estereotipada del instinto. 

En estos organismos la base anatómica de la memoria ha resultado de la selección natural, favoreciendo redes de conexiones más eficaces, fundamento de las respuestas innatas. Pero también hay memoria individual adquirida. Esta vez su base estructural es la conectividad nerviosa entre regiones o centros de asociación del cerebro (cortex, hipocampo, cerebelo e hipocampo). Así, estímulos sensoriales llegados al córtex se asocian por conexiones recurrentes con estos centros de asociación creando repertorios de experiencia integradas (sensorial, motora, propioceptiva, emocional) que son susceptibles de ser recabados ante una experiencia nueva o un acto volitivo. La memoria cerebral es así dinámica y dispersa. Como proceso histórico que es la evolución tiene su propia memoria, irreversible y única. La evolución consiste en la explosión, como la expansión del universo, de linajes de nuevas especies. Las especies están genéticamente definidas por un inventario de pautas de reacción, de algoritmos de respuesta, ante avatares del medio externo y del medio interno (desarrollo) del individuo. Estas pautas varían entre individuos, porque los genes de las poblaciones pueden tener diferentes estados alélicos en cada gen.

La combinación al azar de estos alelos en un zigoto es única y va a definir la eficacia reproductiva del portador. Para la población, esta es la memoria colectiva (dispersa) que permite la tolerancia a los cambios, lo que llamamos su adaptación. Ciertas combinaciones alélicas aumentan en la población por su eficacia reproductiva. La plasticidad del proceso evolutivo es enorme pero mantiene la inercia de lo que ha sido creado y probado antes. Así la experiencia de los ancestros de la especie está reflejada, determina y limita la fisiología y la morfología de los descendientes y en el fondo sus capacidades de seguir evolucionando[2].

La primera anotación que debemos hacer es que no se trata de una memoria sino de memorias, de pluralidad de memorias; por lo menos, en principio, hay que considerar dos estratos de pluralidades de memorias. El primero, se trata del estrato de memorias que funcionan como hermenéuticas químicas, tal como hemos denominado en La explosión de la vida, también en Más acá y más allá de la mirada humana.  El segundo, es el estrato de plurales memorias que se conforma sobre los diseños de los recorridos de conexiones, sobre la base de las huellas inscritas por estas conexiones neuronales. El primer estrato es el substrato, matriz sobre la que emerge el segundo estrato, que podemos llamar para-estrato,  que aparece tanto como despliegue del primer estrato, pero, ya no como hermenéutica química, sino como hermenéutica sensible. Vale decir codificaciones y decodificaciones no-químicas; ¿de qué clase entonces? Se trata de impactos, de mapas de impactos, que, en la medida que se repiten, que son recurrentes, quedan como marcas, como inscripciones zonales o regionales. ¿Dónde? ¿Inscripciones de qué? Hablamos del cuerpo, del organismo; se trata del impacto de la exterioridad en la interioridad – usando estos términos filosóficos, que distinguen mismiedad y otredad, también términos que aluden a terminologías sistémicas, que definen clausura y apertura –, impactos de esta relación constitutiva del mundo. Entonces los impactos se dan en el cuerpo, en el organismo, en lugares precisos del organismo, la red neuronal.  Esta relación con el entorno no solo impacta, inscribe la huella de los impactos, la marca de los mapas de las huellas, sino, como se trata también de respuestas, reacciones, acciones del cuerpo, sino codifica y decodifica estos impactos. No de una manera química, como antes, en las dinámicas moleculares, sino de una manera somática. Para que estas huellas somáticas devengan huellas semánticas, se requiere de la interpretación de la experiencia, cuyos substratos profundos se encuentran, primero, en la hermenéutica química, después en le hermenéutica somática. Cuando la experiencia primaria, basada en estas huellas somáticas, llega a ser codificada y decodificada socialmente, vale decir, cuando interviene una interpretación social, es cuando pasamos a la hermenéutica semántica, por así decirlo. En este paso crucial está el lenguaje de por medio. En este caso podemos comprender la presencia de un tercer estrato, que llamaremos meta-estrato.

La aparición, la emergencia, mejor dicho el devenir del lenguaje, es un acontecimiento social. No sólo se trata de asociaciones, de composiciones, de combinaciones de mónadas, recurriendo al concepto de Leibniz, sino de transformaciones en las mismas estructuras de las asociaciones, composiciones y combinaciones, en las mismas formas, contenidos y expresiones de estas asociaciones, composiciones y combinaciones. Podemos entonces hablar del surgimiento, por así decirlo, de hermenéuticas simbólicas que codifican y decodifican las sensaciones, las imaginaciones y las primarias racionalizaciones efectuadas, codifican y decodifican las percepciones.  Como se puede ver, la memoria, mas bien, la pluralidad de memorias, en distintas escalas y niveles, además entrelazadas, formando tejidos estratificados, configuran la complejidad del acontecimiento memoria.  La memoria sensible es esta complejidad.


[1] Ver de Raúl Prada Alcoreza La explosión de la vida. También Más acá y más allá de la mirada humana. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-2015.

[2] Antonio García-Bellido: La memoria biológica. http://www.elcultural.com/revista/ciencia/La-memoria-biologica/5689.

Leer más: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/memoria-sensible/
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