¡Que vivan los estudiantes!

¡Que vivan los estudiantes!

Apuntes para una genealogía de las movilizaciones estudiantiles

Raúl Prada Alcoreza

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Dedicado a los y las estudiantes movilizados por la educación pública, gratuita y de calidad, movilizados por la defensa de los bienes comunes; por lo tanto, por la defensa de la vida.

Tengo la impresión, no es ninguna verdad, ni tiene esta pretensión, sino es la interpretación de una experiencia, la mía, de que las civilizaciones, culturas, sociedades y pueblos vitales tienen una relación afectiva y atenta con respecto a sus jóvenes; en cambio, parece que las civilizaciones, culturas, sociedades y pueblos, en su etapa decadente, tienen una relación adversa con sus jóvenes, quienes son considerados, por lo menos, sospechosos. Esta hipótesis interpretativa de partida, esta hermenéutica provisional de las movilizaciones estudiantiles, es puesta en mesa, para comenzar a hacer consideraciones teóricas y evaluativas de las movilizaciones estudiantiles en Chile.

La lucha de los estudiantes por la educación pública, gratuita y de calidad, contra la forma privada, comercial e instrumental, impuesta desde la dictadura militar de Pinochet, no solamente es una reivindicación histórica, sino también es una lucha por la defensa de los bienes comunes, expropiados por lo privado y lo público. Por lo tanto, es una lucha por la vida. Esta lucha adquiere sus características propias en el contexto de la formación social-económica de Chile; empero, forma parte de la problemática continental de la educación y de la formación en todos los países de América Latina y el Caribe, incluso, con sus propias características, podríamos decir de Norte América, así como también del mundo.

Ciertamente, lo que hay en Chile, en lo que respecta a la educación, incluyendo sobre todo a lo que pasa con las universidades, además, de lo que ocurre en el contexto jurídico-político con la Constitución pinochetista heredada, tiene que ver con la dramática historia del derrocamiento del gobierno socialista de Salvador Allende, la imposición violenta de la dictadura militar, que buscaba extirpar de Chile la rebelión social, que no es otra cosa que la vitalidad social de la nación. La burguesía pretende, desde su proyecto geopolítico, emergido con Portales, una hegemonía clara, que más se parece a una dominación a secas que a una hegemonía, que requiere, como condición, para serlo, de consenso y aceptación. Como esto no puede lograrlo, la burguesía impone a la fuerza su dominación, aunque tenga que desterrar a la mitad de Chile.

Ahora, después de varios gobiernos de concertación, de gobiernos de coalición, entre los que se hacen llamar “socialistas”, tan distintos a los del periodo de Allende, y partidos vinculados directamente a la dictadura militar, aunque hayan adquirido una máscara democrática, la movilizaciones estudiantiles estallan interpelando no solamente a la política educativa, a la estructura educativa, cuyo régimen es privado, dominantemente privado, sino al hacerlo, se interpela a los gobiernos de la coalición, a los gobiernos de la concertación. Entonces se interpela a un Estado constituido sobre la estructura de poder de una burguesía intermediaria, arraigada en la explotación extractivista, en el despojo de los recursos naturales, en la desposesión de pueblos indígenas y sus territorios, en  la explotación del pueblo chileno, de los trabajadores y los estratos sociales marginalizados por las políticas neoliberales impuestas a filo de bayonetas.

Esta problemática educativa es compartida, como hemos dicho, en su propia variabilidad y diferenciación, en su propia distribución de características propias, dependiendo de los contextos particulares, las formaciones sociales concretas, las historias efectivas de los países. No se crea que es una problemática que sólo atinge al pueblo de Chile y a los estudiantes chilenos, como más o menos un comentador de televisión hizo alusión, lanzando su tesis peregrina de que hasta ahora en Chile no se ha logrado lo que gran parte de los países lo han hecho, la educación pública. Esta falta de criterio histórico, además de desconocer el sentido de las demandas de la educación pública, demandas que se acercan, en algunas versiones, más radicales, por cierto, a la autogestión comunitaria, en otros casos a la participación activa y dinámica de los estudiantes y la sociedad. Además de entender que se trata de calidad educativa, no de demagogia educativa, como ocurre en muchos estados, donde se conserva la educación pública; empero, se la ha vaciado de contenidos, además de convertirla en un engaño masificado. Por ejemplo, los estudiantes en Brasil, de gobierno progresista, donde se conserva la educación pública, demandan también calidad, además de defender los bienes comunes, como el pasaje libre. Así también en Bolivia, otro gobierno progresista, que, además tiene la imagen, en la cabeza de los “izquierdistas”, de ser de los gobiernos progresistas de Sur América, el más radical, la reforma educativa no es más que una demagogia, que, a pesar del nombre, no tiene atisbos de ser intercultural, plurinacional ni descolonizadora. Es solo la misma educación colonial, liberal y neoliberal, en todo su bricolaje,  con otros nombres pomposos. Entonces, el análisis de las movilizaciones en la actualidad debe ser atendido, teniendo en cuenta tanto sus singularidades, propias del país, así como las conexiones, analogías, compartidas, debido a que convivimos y coexistimos en un presente peculiar, el de la dominación del capitalismo financiero.

La tendencia a la privatización de la educación no solamente es la inclinación, la modalidad y la aplicación del proyecto y modelo neoliberal, que tiene un hito estatal en Chile, con la dictadura militar de Pinochet, sino que es también y sobre todo, la perspectiva estratégica del orden mundial, que responde a la dominación del capitalismo financiero, desplegando la acumulación especulativa de capital, acompañada por la expansión extractivista a gran escala. Esta forma especulativa de acumulación sólo se puede sostener sobre la base material de la desposesión y despojamiento de los territorios, de los recursos naturales y de los pueblos. Son éstos los que tienen que pagar la crisis de sobreproducción generada por los ciclos largos del capitalismo, crisis administradas especulativamente por el sistema financiero, convertidas, entonces, en crisis financieras. La privatización, en sus distintas modalidades, formas y tópicos, es pues el recurso técnico-administrativo de este capitalismo especulativo. Comparten la privatización en marcha tanto gobiernos neoliberales como progresistas, aunque lo hagan con distintos métodos.

Lo que enfrentan, en el fondo, las movilizaciones estudiantiles, es este sistema-mundo capitalista, en su forma especulativa financiera y de despojamiento extractivista. Ciertamente, la lucha contra el substrato histórico-político-económico-social-cultural de la crisis, substrato que es el sistema-mundo capitalista, no se da de manera directa, sino, si se quiere, mediada, por las contradicciones específicas en y con el sistema educativo privado. Esto no quiere decir, de ninguna manera, que se tenga que relativizar la lucha estudiantil por la educación pública, gratuita y de calidad; todo lo contrario, esta lucha debe ser apoyada por la sociedad, por todo el pueblo, por todas las sociedades y pueblos, por lo menos de Abya Yala. La lucha concreta contra el sistema-mundo capitalista es esta, se encuentra en estos estallidos de la crisis, se halla en la defensa de los derechos públicos, sociales, comunitarios, comunes, derechos a la educación. Ni el capital es abstracto, salvo para los economistas y economicistas de toda laña, ni las luchas sociales son abstractas; por ejemplo, por un socialismo abstracto, como ideal y finalidad. La lucha contra las dominaciones, contra el sistema-mundo capitalista, se da específicamente en estos puntos, líneas, frentes de tensión.

Apuntes para una genealogía de la movilización estudiantil

La genealogía requiere de ciclos largos, de estructuras de larga duración. En el caso de las movilizaciones estudiantiles, no estamos ante esa disponibilidad de ciclos largos; sino, mas bien, se trata de periodos cortos e intermitentes. Por lo tanto, no se puede hacer una genealogía de los movimientos en cuestión. Los apuntes intentaran abrir brechas para hacerlo, conectando estas movilizaciones contemporáneas, en el ciclo largo, con la genealogía del poder.

En Movimiento estudiantil en Chile: Lucha, participación y democracia, Fernando Marcelo de la Cuadra[1], caracterizando el periodo, escribe:

La llegada al poder en 1990 del primer gobierno de la Concertación de Partidos por la Democracia (CPD) se hace después de 17 años de dictadura militar. Entretanto, la transición democrática no se dio en ningún contexto de crisis económica –como en el caso de otros países de la región- y el nuevo gobierno que tomó posesión en ese año, heredó no solamente una gran masa de excluidos dejada por el modelo económico neoliberal implementado de forma pionera por los militares, sino también quedó rehén de una serie de restricciones institucionales impuestas por la Constitución vigente y aprobada en plena dictadura (1980), así como de la existencia de enclaves autoritarios presentes en el propio sistema político. A saber: senadores designados, sistema electoral binominal, Consejo de defensa del Estado, inamovilidad de los Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas[2].

Dicho de manera rápida, este es el comienzo de esta etapa en la historia política de Chile. La dictadura inaugura una fase de despojamiento social, despojamiento cultural y despojamiento económico del pueblo, del país, de los recursos naturales, de las organizaciones sociales y políticas, sobre todo ligadas al proyecto socialista. La dictadura se instaura no solo con la violencia inusitada de la armas contra el pueblo, sino que ejecuta una represión sistemática y masiva a toda la sociedad; estableciendo un terrorismo de Estado, persecutorio de todo lo que se asemeje no solamente a socialismo, sino también a derechos sociales, a derechos democráticos y de los trabajadores. Lo que busca la dictadura es hacer desaparecer todo vestigio que recuerde al Chile rebelde, democrático, combativo, que no es otra cosa que su propia historia vital, la del país. Quieren un país como ha soñado la oligarquía, un país de un pueblo obediente, disciplinado, que tenga como ideal el servicio ciego  la patria, de la que los militares se sienten la encarnación. Esta patria de la burguesía no es la patria popular, la patria de la sociedad vital y alterativa, no es la patria de la sociedad viva, sino la patria del cuartel, donde no se discute, sino se acata.

Sin embargo, los militares, que son el brazo armado de la burguesía, no pudieron lograr su cometido. No se puede extirpar la memoria social, a no ser que se acabe con todo el pueblo; no se puede borrar la memoria social, a no ser que se desconecte a los cuerpos de la experiencia social; algo que es imposible, a no ser que se acabe con los cuerpos. Burguesía, que en mote popular, se denomina momia, hablamos entonces de la clase de los momios. Burguesía cohesionada, más que otras del continente, sobre la base de la voluntad de dominio sobre los pueblos indígenas, sobre el propio pueblo, mestizo, migrante pobre, devenido proletario, también nacional-popular, constituido tanto en la cultura portuaria y de las ciudades costeñas. La geopolítica de esta burguesía es de expansión regional, también de expansión interna, por así decirlo, de disciplinamiento[3]. Después de la guerra contra los mapuches, después de la guerra contra sus vecinos, la guerra del Pacífico,  se tuvo que enfrentar a una guerra contra el pueblo, cuando el pueblo que llevó a la presidencia a Salvador Allende.  Según la “ideología” geopolítica de esta burguesía cohesionada en la voluntad de dominio intensificada, cohesionada en los habitus conservadores, burguesía momia cuya cuna fue la oligarquía colonial, la UP era un peligro para el Estado, un atentado a la seguridad del Estado; por lo tanto, la tarea era continuar la guerra geopolítica internamente, contra el pueblo, contra el país interior. Lo han hecho, han derrocado al presidente socialista, han destrozado a las organizaciones sociales, perseguido a los partidos políticos de izquierda, sembrando muertos, desaparecidos, exilados, dejando secuelas de torturas masivas, enterrando los cadáveres por todo el país, sino es en el mar.

Han pasado dos décadas, hasta la apertura democrática controlada, y los resultados no parecen tan satisfactorios para la burguesía momia y para estos generales inclinados al despotismo. El pueblo sigue vital, ha retomado las resistencias, las luchas sociales y, sobre todo, pelea por recobrar su memoria social, interpretando su experiencia social, haciendo visible la historia efectiva. Los protagonistas de este viaje a la historia reciente, que tiene como substrato la historia larga, a esta recuperación del tiempo perdido, son los estudiantes. Las movilizaciones estudiantiles son mucho más que eso, movilizaciones estudiantiles, sin desvalorizar estas movilizaciones y sus reivindicaciones; todo lo contrario, valorizándolas de la manera más adecuada, valorizándolas por su impulso histórico.

El autor citado, hace descripciones pertinentes de este proceso. Fernando Marcelo de la Cuadra escribe:

Los diversos gobiernos de la CPD incorporaron no solamente esta agenda de conciliación y reencuentro, sino que consagraron también un proyecto minimalista de pequeñas transformaciones económicas, políticas y sociales para el país. En su totalidad, el proyecto neoliberal casi no fue alterado, salvo algunas acciones específicas y puntuales, que le conceden un papel de mayor relevancia al Estado. En pocas palabras, podría decirse que los gobiernos de la CPD han marcado una continuidad con relación a los hechos del gobierno militar, principalmente en materia económica: mantención de los equilibrios macroeconómicos, estabilización monetaria, generación de superávit fiscal, apertura para el exterior, aprovechamiento de las ventajas comparativas, flexibilización del trabajo.

Continuando con la descripción, anota que:

Entre los conflictos sociales enfrentados por el nuevo gobierno bajo la presidencia de Michelle Bachelet, el generado por el movimiento estudiantil secundario es, sin duda, el más significativo. En el período de la transición democrática iniciada en 1990, el movimiento estudiantil secundario se abocó principalmente a la tarea de reconstruir sus centros de alumnos en el interior de los establecimientos educacionales, debido al férreo control ejercido sobre estos por las autoridades de los Liceos en los años de la dictadura militar. Pero esa reconstrucción no venía de cero. Dicho movimiento evidenció bastante vitalidad en los años de la mayor represión del régimen de Pinochet, acumulando una rica experiencia de participación en el proceso de lucha por la recuperación de la democracia en el país.

El autor puntualiza que:

Después de algunas manifestaciones de cierta consideración en los últimos años del gobierno Lagos, los estudiantes secundarios iniciaron, en el final de abril, marchas y protestas por la gratuidad del pase escolar y por la disminución del valor de inscripción de la Prueba de Selección Universitaria (PSU). En el inicio de las movilizaciones se calcula que participaron 10 mil estudiantes. Ante este escenario, el gobierno reaccionó de la peor forma: comenzó a descalificar a sus artífices. El conjunto de actitudes y actos del gobierno tornó evidente su falta de tino y asertividad para enfrentar el conflicto. Miembros del gobierno definieron estas movilizaciones como el producto de mentes alucinadas o inmaduras de jóvenes rebeldes y que las sucesivas convocatorias sólo serían acatadas por un grupo bien minoritario. No sólo desconocieron la legitimidad de las reivindicaciones de los estudiantes, pero también criminalizaron sus actos, llamándolos de vándalos y violentos, discurso que fue ampliamente difundido y apoyado por la prensa conservadora. A partir de ese examen, se crearon las condiciones para justificar la acción de las fuerzas policiales que reprimieron ferozmente las manifestaciones callejeras, con el consentimiento o la omisión del ejecutivo. De este modo, el diagnóstico que hacían las autoridades, y que amplificaban los medios de comunicación, era que se estaba frente a un movimiento estudiantil donde se alzaban movilizaciones con la excusa de delinquir (los encapuchados) y cuyos dirigentes estaban sin capacidad de organización y legitimidad para detener los actos de violencia producidos en las principales ciudades. Después de 10 días de manifestaciones masivas y del recrudecimiento de la represión policial, con cientos de estudiantes detenidos, el conflicto explotó en el interior del gobierno, que como medida de emergencia buscando salir de la crisis determinó el alejamiento del Jefe de la Policía Metropolitana.

Durante el transcurso del mes de mayo los estudiantes cambiaron de táctica. En el inicio de ese mes las movilizaciones se realizaban en la calle, pero debido al desorden creciente y principalmente al gran número de heridos y detenidos, la Asamblea de los estudiantes resolvió pasar a ocupar los recintos educacionales. De esta forma, el movimiento cobra inusitada fuerza y los alumnos paralizan sus actividades escolares, con más de 100 mil alumnos entrando en paro y en torno de 100 colegios tomados. Según informaciones de la prensa, en fines de ese mes la rebelión de los jóvenes se extiende por todo el país y va agregando también el apoyo de otros sectores (estudiantes universitarios, profesores, profesionales) llegando a movilizar aproximadamente un millón de personas. Finalmente, y debido al fracaso en las conversaciones con el gobierno los estudiantes deciden convocar a una jornada de paralización nacional para comienzos de junio (día 5), a las cuales se sumaron los estudiantes universitarios, Sindicato de Profesores, Central Unitaria de Trabajadores (CUT), Asociación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF), Confederación Nacional de Trabajadores de la Salud (CONFENATS), Asociación Nacional de Funcionarios de Impuestos Internos y otras organizaciones sociales y de trabajadores. Es la mayor protesta estudiantil de que se tiene memoria en los últimos años.

En ese momento se produce una virada estratégica en las demandas de los estudiantes. En la medida en que el conflicto comenzó a arrastrarse por el país y que nuevos actores fueron sumándose al movimiento, las demandas se ampliaron en pro de reformas de carácter estructural, como la reformulación de la Jornada Escolar Completa (JEC) y la extinción de la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE) promulgada (literalmente) en el último día del régimen militar (10/03/90). Esta ley permitió, entre otras cosas, que la educación estatal fuese traspasada de los Liceos públicos, bajo control del gobierno central capaz de mantener buena calidad de la enseñanza, para los municipios. La ineficacia y la falta de recursos demostrada por los gobiernos locales actúan directamente en detrimento de la calidad de la enseñanza de las escuelas municipales, frente, sobretodo, de los colegios privados. Por ese motivo, uno de los principales slogans que surgió en el calor de las movilizaciones fue: “exigimos mayor intervención del Estado en el sistema de educación, la educación es un derecho y no un privilegio.” Él representa claramente el apelo de los estudiantes por una educación gratuita y de calidad, visto la enorme brecha entre la enseñanza privada y lo municipal.

La relevancia y dimensión incremental adquirida por las protestas colocaron en jaque el gobierno, teniendo este finalmente que negociar con los “revoltosos” y convidarlos a participar en la formación de un “Consejo Asesor Presidencial para la calidad de la Educación”, el cual tuvo por objetivo elaborar una propuesta que conciliase los diversos sectores en conflicto, evaluando la pertinencia de hacer cambios en la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza. Este Consejo fue integrado por 74 miembros, siendo que 12 de ellos fueron representantes de los estudiantes. Entretanto, como fue expuesto en su oportunidad por un dirigente de los secundarios: “En torno de un 70 por ciento de los miembros “adultos” del Consejo no comparte nuestras ideas”. (Chilevisión, 11/06/06). Este Consejo también fue cuestionado en repetidas oportunidades tanto por los alumnos como por otros sectores de la sociedad, en parte, por el excesivo número de miembros que comprometió su capacidad operativa, pero, sobre todo, por la desidia e indolencia con que muchos integrantes de la Comisión enfrentaron los trabajos necesarios para elaborar la propuesta final.

En parte por esa falta de compromiso de muchos miembros del Consejo, afectando el desempeño de este, y, especialmente por la ausencia de perspectiva con relación al documento final del Consejo, los estudiantes comenzaron a movilizarse nuevamente en el mes de octubre, días después que se dio a conocer el informe de avance del Consejo. Este segundo brote de agitación secundario, se debió (en palabras de los dirigentes) al descontento que provocó entre los estudiantes la falta de progreso en las propuestas. En tanto, la táctica utilizada en mayo, que consistía fundamentalmente en la ocupación (toma) de los establecimientos educacionales, tuvo que ser revertida por la fuerza de los hechos. La segunda ola de protestas fue marcada por lo ingreso de las fuerzas policiales en los liceos y colegios y el desalojamiento de los alumnos. Muchos fueron detenidos, amenazados o expulsados de los colegios, ante lo cual la Asamblea de estudiantes determinó nuevamente ocupar las calles para expresar sus demandas. Esta mudanza de táctica tuvo consecuencias inmediatas en torno al grado de confrontación generado entre los estudiantes y las “fuerzas del orden”, reiterándose las escenas de violencia y de represión ya advertidas en mayo.

Finalmente, días antes de salir a la luz el informe final de esta Comisión especial, los estudiantes secundarios – luego seguidos por los estudiantes universitarios y profesores – decidieron “bajarse” del documento, quiere decir, no firmar la versión final que sería entregada a la Presidenta Bachelet en el día 11 de diciembre. El argumento es simple y directo: los alumnos no se sienten representados por los resultados expuestos en el texto final, que según ellos, acaba por consagrar la visión mercantil de la educación.

Durante el curso del presente año de 2008, los estudiantes han retomado las movilizaciones. Ellas comenzaron en el mes de abril y continúan hasta el momento de escribir estas líneas (junio). Después de realizar la ocupación de aproximadamente 200 liceos, colegios y universidades, ahora los estudiantes decidieron tomarse la sede central de dos partidos que conforman la Concertación (PPD y PS). La medida fue realizada un día después que el gobierno desocupara 40 establecimientos educacionales y repusiera en la agenda legislativa la urgencia para su aprobación en la cámara de Diputados de la Ley General de Educación (LGE).

El portavoz de la Federación de estudiantes de la Universidad de Chile, afirmó que esta ha sido “una ocupación pacífica y temporal con pocas personas”. Con esta medida, los jóvenes rechazaron el pacto entre la Concertación y los partidos de derecha (congregados en la Alianza por Chile), que dio vida a la LGE y presionaron a los partidos cuyas sedes fueron ocupadas para que se pronunciasen a favor de sus exigencias. “Nuestros reclamos son por una educación pública gratuita en todos los niveles, fin a la municipalización, eliminación de la educación (privada) subvencionada, y co-gobierno efectivo”, informaron los estudiantes en un comunicado[4].

La concertación, el periodo de estos gobiernos de coalición, a pesar de sus diferencias, que son, en el fondo de matices, es la continuación de la dictadura por otros medios, por los medios de la democracia formal, restringida a la Constitución impuesta por el dictador. La lucha de las movilizaciones ha hecho conocer públicamente, por lo menos en alguna de las corrientes más críticas, que uno de los objetivos es la convocatoria a una Asamblea Constituyente, para liberarse de la malla de acero aprisionante dejada por la dictadura, para controlar, vigilar y limitar los alcances de la democracia. Queda claro cuál es la contradicción entre las movilizaciones estudiantiles y los gobiernos y partidos de la concertación, fuera de las demandas nucleares de los estudiantes entorno a la educación pública, gratuita y de calidad. La contradicción es política; los estudiantes están en contra de la impostura democrática de estos partidos.

Las movilizaciones continúan más allá del relato de Fernando Marcelo de la Cuadra. Se puede decir que las movilizaciones estudiantiles estallan masivamente durante el 2011. Se trata de una hilera de movimientos, movilizaciones y manifestaciones efectuadas por estudiantes universitarios y de secundaria durante este año. Los estudiantes levantados rechazan el sistema educacional, dominantemente privado, en comparación con la participación del Estado. Solo el 25 % del sistema educativo es financiado por el Estado, mientras que los estudiantes aportan con el otro 75 %. El sistema educativo de predominancia privada  nace en la dictadura de Augusto Pinochet; se implementa durante la década de los ochenta.  Su aparente  culminación se patentiza con la promulgación de la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE). Sin embargo, la ley atribuye al Estado un rol regulador, delegando gran parte de la enseñanza al sector privado.

Como se ha podido ver, un antecedente importante al estallido de las movilizaciones de 2011 es la movilización de 2006, conocida como la “Revolución pingüina”. La ley (LOCE) fue interpelada, después reemplazada en 2009 por la Ley General de Educación, que, sin embargo, no renovó esencialmente la ley de la dictadura.

Las primeras movilizaciones fueron convocadas en Santiago por la Confederación de Estudiantes de Chile (CONFECH), organismo que agrupa a las federaciones de estudiantes de las universidades que integran el Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas – conocidas como “tradicionales” -. La convocatoria fue para los días 28 de abril y 12 de mayo de 2011, en reclamo por el financiamiento, retrasos en la entrega de becas y problemas con la Tarjeta Nacional Estudiantil (TNE).

Durante el mes de junio, los estudiantes convocaron a sucesivas marchas en las principales ciudades, alcanzando gran impacto en su llamamiento a la sociedad, demandando reformas al sistema educacional, reformas que fortalezcan el rol del Estado en la educación. Luego de un mes de paralizaciones, el gobierno presentó su primera propuesta, estableciendo un nuevo fondo para la educación y facilitando el acceso a créditos universitarios. Las principales organizaciones rechazaron la propuesta demandando medidas más de fondo. Sucesivas propuestas del gobierno abrieron la posibilidad de reformas al sistema, como la des-municipalización de la educación secundaria, incluso un cambio constitucional, que asegure la calidad en la educación. La propuesta del gobierno no satisfizo a las organizaciones estudiantiles.

Los principales voceros del movimiento universitario durante ese año fueron los presidentes de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh), Camila Vallejo, y de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica de Chile (FEUC), Giorgio Jackson, entre un conjunto notable de dirigentes. Los estudiantes de la secundaria se añadieron a las movilizaciones con sus demandas concretas; comenzaron a realizar tomas en sus colegios, redundando en las acciones de la “Revolución pingüina”. La conducción y coordinación del movimiento estuvo a cargo de  la Coordinadora Nacional de Estudiantes Secundarios (CONES) y la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES). Al ritmo que movilización fue intensificándose, se incorporaron por primera vez estudiantes de colegios particulares pagados, Centros de Formación Técnica (CFT), Institutos Profesionales (IP) y universidades privadas; en otras palabras, prácticamente todo el sistema educativo.

Contando ya con dos meses de paralizaciones, una reconocida encuesta de opinión pública cuantificó el respaldo que la movilización estudiantil de parte de la ciudadanía; la encuesta ponderó un fuerte apoyo de la población, cerca de un 70 %, a las principales demandas del movimiento. El gobierno, en tanto, entró en una crisis, que condujo la caída de la popularidad presidencial, trayendo a colación sucesivos cambios de gabinete[5].

Las movilizaciones estudiantiles vuelven a estallar masivamente en el 2015. Nuevamente, como en el 2011, se trata de una cadena de movimientos, movilizaciones y manifestaciones desplegadas por estudiantes secundarios y universitarios; esta vez, a partir del mes de abril. A pesar del respaldo electoral a la elección de Michelle Bachelet, la respuesta de los estudiantes a su propuesta educativa no se ha dejado esperar; los estudiantes se declaran en contra del conjunto de medidas de la reforma educacional impulsada por su segundo gobierno.

Las primeras reacciones surgieron tras la presentación de los primeros proyectos de ley, propuestos por la Presidenta Michelle Bachelet en mayo de 2014. La base de la propuesta consiste en una reforma educacional que no termina de abandonar los encasillamientos del modelo privado; reforma que habilitaría cambios en el modelo educativo, sin afectar a esta herencia privatista. Otros sectores que reaccionaron a la propuesta presidencial  fueron los profesores. En junio de ese mismo año, profesores de la educación pública comenzaron las primeras movilizaciones en contra de algunos puntos de esta reforma. A medida de que la movilización docente ganó apoyo, se dio lugar al denominado paro docente; siendo apoyados por protestas organizadas por la Confederación de Padres y Apoderados de Colegios Particulares y Subvencionados de Chile (CONFEPA).

La Confederación de Estudiantes de Chile (CONFECH), convocó a la primera marcha masiva de estudiantes del año 2015 para el 16 de abril en Santiago, donde hicieron conocer sus diversas demandas en torno a la educación. El 14 de mayo se realizó en Valparaíso una segunda marcha estudiantil, previa a la segunda cuenta pública ante el Congreso Nacional de la Presidenta Bachelet. Al concluir con el evento, fueron provocados disturbios, aledaños a la propia manifestación, dejando un saldo trágico. El fallecimiento de dos universitarios baleados en las inmediaciones de la marcha; la excusa fue por la causa de un rayado de grafiti. Uno de los estudiantes baleados era militante activo de las Juventudes Comunistas de Chile. Fuera de estas dos defunciones, los enfrentamientos sumaron estudiantes heridos; es remarcable el caso de Rodrigo Avilés, quien fue herido de gravedad después de recibir un chorro de un carro lanza-agua de Carabineros, chorro arrojado premeditadamente a corta distancia.  Estos incidentes enardecieron a los estudiantes, ocasionando un rotundo rechazo en la comunidad estudiantil del país; desatando airadas manifestaciones públicas; derivando en tomas de universidades, como la de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Valparaíso.  Durante la noche del viernes 29 de mayo, los estudiantes realizaron una marcha autorizada, organizada por la CONFECH y la Coordinadora Nacional de Estudiantes Secundarios (CONES), desatándose enfrentamientos violentos con la policía, sucediéndose eventos agitados y turbulentos[6].

Como se puede ver, la movilización estudiantil está lejos de concluir. Sin embargo, el gobierno de la presidente Michelle Bachelet insiste en mantenerse en su propuesta, que no es otra cosa que una reforma parcial del sistema educativo privado. La crisis evidenciada por las movilizaciones estudiantiles es profunda, fuera de ser o expresarse como crisis del sistema educativo, es también una crisis política. La deuda histórica pendiente de la dictadura y del proyecto neoliberal, apoyado por la Casa Blanca y el Congreso estadounidense, con el pueblo chileno no se ha resuelto. La crisis política tiene sus raíces en esta guerra interna contra el pueblo, de parte de los organismos de emergencia del Estado, por lo tanto de parte de esta burguesía momia. Habrán ganado la batalla contra el gobierno de Salvador Allende, contra la Unidad Popular, pero, no han ganado la guerra contra el pueblo. Lo que deberían saber estos dispositivos de emergencia y represivos del Estado es que el pueblo es vital; después de sus derrotas, después de aprender de la experiencia, por más duras que sean las lecciones, se vuelve a levantar fortalecido, con nuevos saberes, sobre todo con la intuición subversiva, encarnada en las movilizaciones estudiantiles.


[1] Candidato a Doctor en Ciencias Sociales. Programa de Postgraduación de Ciencias Sociales en Desarrollo Agricultura y Sociedad de la Universidad Federal Rural de Rio de Janeiro (CPDA/UFRRJ), Brasil.

[2] Fernando Marcelo de la Cuadra: Movimiento estudiantil en Chile: Lucha, participación y democracia. Revista Electrónica SinTesis, La democracia en disputa: Trabajo Social y Movimientos Sociales. http://jovenesenmovimiento.celaju.net/wp-content/uploads/2012/09/CHI-14.pdf.

[3] Ver de Raúl Prada Alcoreza Guerras periféricas. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-2015.

[4] Ibídem.

[5] Revisar Enciclopedia Libre: Wikipedia. Movilización estudiantil en Chile de 2011. http://es.wikipedia.org/wiki/Movilizaci%C3%B3n_estudiantil_en_Chile_de_2011,

Leer más: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/%c2%a1que-vivan-los-estudiantes%21/
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