La ilusión de los porcentajes

La ilusión de los porcentajes

Se ha acostumbrado a responder a las críticas al manejo del presupuesto, a la estructura de gastos e inversiones del Estado con presentación de variaciones porcentuales. Las proporciones son o probabilidades multiplicadas por cien o variaciones comparativas multiplicadas por cien. ¿Qué pueden decirnos estas cifras en relación a las estructuras cualitativas, es decir, materiales, con las que se deben vincular, para que tengan significado? Lo primero, se tiene que saber la relación entre cantidad y valores absolutos;  segundo, la relación entre esta cantidad, valores absolutos y las necesidades, las demandas, lo requerido por lo que podemos llamar la estructura de necesidades. Nada esto se hace. Se mantiene en suspenso una exposición seria del asunto, se mantiene en suspenso la estructura de la problemática. Se prefiere manejar datos, como si dijeran algo sensato, al margen de sus vinculaciones cualitativas y con la estructura de necesidades. Hay pues un abuso de las “estadísticas” de parte de políticos, que suelen no tener mucha idea de las estadísticas; empero creen que les sirve como arma para los que consideran sus opositores, sus interpeladores y sus críticos.

La verdad es que es un desastre calamitoso la situación de la salud en Bolivia. No solamente porque es baja la inversión en salud, que es el tema de discusión, del gobierno con las organizaciones y marchas que relaman por mejorar el presupuesto de salud, sino que la administración de los gastos es ineficaz y absurda. Lo que absorbe el gasto son mayormente gastos administrativos; administración, que resulta pavorosa por los espantosos servicios a la población usuaria. Si se compara el perfil epidemiológico, el alcance del impacto demográfico del perfil epidemiológico, el carácter de las enfermedades que hay que atender, se ve claramente que estamos ante un sistema de salud, que cualitativamente no ha cambiado desde la Revolución de 1952, salvo la expansión vegetativa burocrática. Lo que brilla por su ausencia es la inversión en infraestructura y estructura de salud, inversión a largo plazo y estratégica. El gobierno popular prefiere la demagogia, entre ésta, la de recurrir, como siempre lo hace el ministro de economía, a variaciones estadísticas, ahora apoyado en esta metafísica estadística por el ministro de la presidencia; prefiere el clientelismo de los bonos, de impacto coyuntural y también electoral, que asumir responsablemente la problemática de salud. Problemática que muestra patentemente el perfil de un sistema de salud cruel, que corresponde al perfil poblacional de grandes estratos sin atención de salud, al margen de los servicios. Y cuando los hay y acceden, los pocos que acceden, comparados con las grandes mayorías demográficas necesitadas, son prácticamente maltratadas.

La discusión, salvo si es diatriba insulsa, no es si el presupuesto ha subido exiguamente del 8% al 11% o al 12%, si tiene que subir al 15%, como es el pedido de la asociación de médicos o el pedido de la CSTCB, sino de una edificación estratégica de un sistema de salud que opere en la solución de la problemática acuciosa, planteada por el perfil epidemiológico, por la estructura de necesidades, por lograr armonizar la vitalidad de las poblaciones, que forman parte de los ciclos vitales.    

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