El eterno retorno del conservadurismo

El eterno retorno del conservadurismo

Modernidad y posmodernidad

Raúl Prada Alcoreza

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Últimamente se ha vuelto de moda usar el término de posmodernidad para descalificar la crítica, según los que encuentran posmodernidad en todo aquello que afecta a su arquetipo de normalidad, normatividad, racionalidad, sensatez, responsabilidad. Como se puede ver, esta pretensión de verdad, basada en el equilibrio, se parece a los argumentos que usaban los conservadores frente a los liberales desde el siglo XVIII. Qué ahora se repitan, en otros contextos, en otros debates, más actuales, quizá más complejos, en intelectuales, analistas, comentaristas, que pretenden ser “críticos” ante el autoritarismo, y, al mismo tiempo, descalifican a lo que consideran concepciones irracionales, identificadas como posmodernas, nos muestra patentemente un fenómeno de reciclaje: el eterno retorno del conservadurismo.

Este discurso, pretendidamente crítico, que confunde la crítica, en sentido kantiano, por lo tanto en sentido pleno, con  el juicio de opinión política, que, mas bien, es una exposición de criterios. El problema no es que lo hagan, están en su libertad, sino en las pretensiones. La crítica, en sentido kantiano, es considerar las condiciones de posibilidad, podríamos decir no solo del conocimiento y de la experiencia, también de la moral y de la estética, temas del filósofo de Königsberg, sino también de la política, de la “ideología”, del poder, de los comportamientos y conductas sociales.   Esto no suele ocurrir en la exposición de los juicios de opinión, no solamente políticos, sino incluso teóricos o, si se quiere, filosóficos. Por ejemplo, cuando critican a los  o las posmodernas, a la posmodernidad, desde la “modernidad”, desde los logros de la “modernidad”, muestran evidentemente un uso improvisado del concepto de modernidad, acompañado de un desconocimiento de lo que llaman posmodernidad.

El concepto de modernidad es un concepto estético, elaborado por los llamados poetas malditos, usado como metáfora para representar la experiencia urbana tumultuosa y agitada de las ciudades industriales. No es pues extraño que este concepto plástico de modernidad vuelva a ser utilizado en la contemporaneidad para expresar la experiencia vertiginosa de la modernidad tardía. El concepto posmoderno, en su arqueología conceptual, está vinculado a la arquitectura alucinante de las construcciones que dan la sensación de vacío o de distanciamiento, construcciones que parecen crear un mundo extraño y ajeno.

La arquitectura posmoderna es una tendencia arquitectónica, iniciada en los años 1950; comienza a ser un movimiento a partir de los años 1970. El posmodernismo manifiesta el regreso de “el ingenio, el ornamento y la referencia” de la arquitectura, contrastando con el formalismo causado por el estilo internacional del movimiento moderno. La característica de los movimientos culturales se expresan arquitectónicamente, además de la estética, el arte, la poesía y la literatura; así mismo algunas de las ideas más acentuadas del posmodernismo se expresan en la arquitectura. Es así como las formas, espacios funcionales y formalizados del estilo moderno se sustituyen por una dinámica de estilos combinados de diversas estéticas; los estilos colisionan, la forma se adopta por sí misma y abundan las nuevas formas de ver estilos familiares y espacios. La arquitectura contemporánea retoma el valor expresivo y simbólico de las contexturas, de  los módulos arquitectónicos y las formas acumuladas durante los largos periodos de la historia de la construcción, desatendidos por el estilo moderno[1].

El nacimiento del concepto de modernidad tiene que ver con la representación estética de las experiencias vertiginosas de las ciudades industriales, el concepto de posmodernidad tiene que ver con el movimiento arquitectónico contemporáneo, que dinamiza los estilos no solo modernos, sino que actualiza estilos tradicionales, conformando una simbiosis dúctil y en movimiento.  Ambos conceptos, como todo concepto, van a sufrir transformaciones, de acuerdo a los usos prácticos y teóricos sociales. Para no dar una larga lista de estas transformaciones sucesivas y también simultáneas, podemos anotar que Karl Marx, lector de Shakespeare, usa el concepto de modernidad, en sentido estético, para ilustrar los efectos del capitalismo en las instituciones, los valores, los comportamientos y las conductas, las subjetividades; dice, parafraseando a Shakespeare, que la modernidad es cuando todo lo solido se desvanece en el aire.  Como se puede ver, el concepto estético, aquí, en Marx, experimenta una transformación; el substrato estético se articula a la crítica de la economía política, en la forma discursiva pujante del teórico de El capital.  De aquí al uso, que se vuelve sentido común, de modernidad como desarrollo y progreso, no hay más que un paso; nuevas transformaciones semánticas y conceptuales se dan, que, sin embargo, se desentienden del substrato inicial del concepto, el estético.

Los ideólogos liberales consideran que “modernidad” es sinónimo de racionalidad, por cierto instrumental, aunque ellos no quieran reconocerlo, sinónimo de democracia, aunque reducen la democracia a la formalidad institucionalidad del orden; esto sí lo reconocen, pues lo otro, la democracia efectiva, la política en sentido amplio, se les antoja de caos. Hablan entonces de Estado de derecho, de los derechos humanos, olvidando que estas fueron conquistas de luchas sociales, no del liberalismo. El liberalismo, mas bien, reduce el carácter explosivo de estas conquistas, las domestica, haciéndolas funcionales al sistema establecido. Por otra parte, si bien los liberales del siglo XVIII y XIX se enfrentaron a los conservadores, ligados a los terratenientes y a la nobleza, incluso a la monarquía, primero absoluta, después constitucional, precisamente defendiendo las libertades civiles y políticas, los liberales de ahora, de la modernidad tardía, creen que se puede hacer lo mismo, defender el Estado de derecho y los derechos humanos, reducidos a la primera y segunda generación de derechos, los derechos individuales y los derechos políticos, dejando de lado  lo que hoy se consideran derechos humanos, incluyendo a la tercera generación de derechos, los derechos del trabajo, a la cuarta generación, los derechos colectivos, a la quinta generación, los derechos de la madre tierra. Estos liberales muestran, mas bien, el lado conservador, a diferencia de los liberales del siglo XIX; creen que hablar de “modernidad” es detenerse en un paradigma político, el liberal, institucionalizado en el Estado; olvidan que la modernidad es transformación, transvalorización, institucioalización-desinstituionalización-reinstitucionalización. Olvidan que la modernidad nunca puede ser la misma, pues vive el constante cambio.

Cuando se hizo famosa la palabra posmodernidad no fue reconociendo el movimiento arquitectónico, que es su suelo, sino cuando se calificó de esta manera a los nuevos críticos de la modernidad, después de la crítica de la Escuela de Frankfurt, por parte de Adorno y Horkheimer.  Se usó este término no solamente repitiendo la exposición al respecto de Lyotard, quien es de los pocos críticos que asume el concepto de posmoderno, identificando su posición, sino para señalar un mal, el desorden, el irracionalismo, los desbordantes gestos de la nueva crítica. Llama la atención que la mayoría de estos defensores de la “modernidad”, frente a la posmodernidad, no solamente adquieran esa pose conservadora de defender las buenas costumbres, sino que desconozcan la producción teórica de los que califican posmodernos. Sin embargo, los critican apasionadamente, poniendo en juego sus prejuicios acumulados.

Para muestra basta un botón; dicen que los posmodernos confunden la realidad con el texto, entonces creen que pueden hacer la crítica como se hace la crítica de los textos,  al estilo hermenéutico contemporáneo. Esta es una alusión al método de la deconstrucción, propuesto y practicado por Derrida; sin embargo, no saben que no es lo único que ha hecho Derrida, ni mucho menos, lo que más lo caracterizaría.  No se puede entender la deconstrucción, que es un método hermenéutico, no una teoría, como creen los detractores, sin la teoría de la escritura, de la huella, de la inscripción elaborada por Derrida.  Tampoco se puede afirmar, no es sostenible, que los posmodernos confunden la realidad con los textos. Si bien hay una corriente, si se puede hablar así, que parte de las teoría de las narrativas y las extiende, fuera de la literatura, a las conductas y comportamientos, a los imaginarios sociales, lo hace distinguiendo lo que son los textos de los que son los contextos de realidad. Otras corrientes, calificadas como posmodernas, toman otros caminos, estilos y procedimientos.

Estamos pues ante diatribas, no ante un debate. Lo que les interesa a estos nuevos conservadores, que se llaman “modernos”, negando la condición de la modernidad, que es la de las transformaciones, es descalificar no solamente a la crítica contemporánea de la modernidad, sino también a los fenómenos sociales, políticos, culturales, que ha desatado precisamente la modernidad en la actualidad.

Hoy asistimos a lo que podemos llamar el torbellino de las imitaciones y los disfraces, de la era de la simulación. Los conservadores de hoy, que se llaman “modernos”, critican los conservadurismos de las tradiciones populistas autoritarias. Empero, lo anecdótico es que también los defensores de los populismos del siglo XXI califican a la crítica de la política, del poder, de la razón instrumental, del capitalismo tardío, como posmoderna, con la misma intención de descalificar. Sumando a la anécdota otras, la izquierda tradicional califica también de posmoderna a la crítica libertaria del marxismo y de los Estados del socialismo real. Como se puede ver, todos estos “modernos”, en clave heterogénea, que encuentran como posmoderno el desborde mismo de la modernidad tardía, incluyendo a esta posmodernidad a la crítica radical, son unos consumados y recalcitrantes conservadores, confirman el eterno retorno del conservadurismo, aunque lo hagan con otros nombres. La posmodernidad no es otra cosa que una de las formas de la modernidad.


[1] Texto: Arquitectura posmoderna Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Arquitectura_posmoderna?oldid=83089389 Colaboradores: Galio, Loco085, JoseFMartindelPozo, Aeveraal, Yrithinnd, RobotQuistnix, Seanver, YurikBot, Echani, Damajipe, KnightRider, José., Futbolero, Skr515, CEM-bot, Jorge, Gafotas, FrancoGG, JAnDbot, Muro de Aguas, CommonsDelinker, TXiKiBoT, Antipoda~eswiki, VolkovBot, Urdangaray, RaizRaiz, Tatvs, Nolan~eswiki, Muro Bot, SieBot, Loveless, Macarrones, Dragon-imperial, Canaan, Jaasan, PixelBot, Gadubegia, David0811, DSisyphBot, ArthurBot, SuperBraulio13, Elsapucai, Xqbot, TiriBOT, MondalorBot, Elekhh, PatruBOT, Angelito7, Papa-rey, Wikiléptico, Sergio Andres Segovia, Cx24, Nice on ice, Gian519, Elvisor, Valerio1078, Makecat-bot, Legobot y Anónimos: 41. Ver Wikipedia: Enciclopedia Libre. https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Especial:Libro&bookcmd=download&collection_id=0708902a1a13a8e75c84efd76e8338954d3e155c&writer=rdf2latex&return_to=Arquitectura+posmoderna.

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