La hipóstasis

La hipóstasis

Raúl Prada Alcoreza

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En la teología cristiana se habla de hipóstasis de cada una de las tres personas que constituyen la Santísima Trinidad; el Espíritu Santo es una de las hipóstasis de la divinidad. En otro campo, el de la biología, también se usa el término de hipóstasis para referirse a la inhibición de la acción de un gen por otro gen no alelo. En el campo de la lingüística, se habla de hipóstasis cuando se sucede el paso de una palabra de una clase gramatical a otra; la sustantivación es un tipo de hipóstasis. La palabra hipóstasis es de origen griego, empleada inadecuadamente como equivalente del concepto de ser o sustancia. En este sentido, puede traducirse como ser de un modo verdadero, ser de un modo real, también verdadera realidad. Cuando se lo hace se confunde el ser o la sustancia con su manifestación efectiva.

En teología cristiana se habla de persona para referirse a la hipóstasis de la Santísima Trinidad, significando sustancia individual o singular; la singularidad que se da cuando se combinan physis y la esencia, ousía. En el cristianismo ortodoxo, se concibe a la Santísima Trinidad como tres personas distintas e inconfundibles, sin embargo, cada una de ellas es hipóstasis de una misma esencia. La unión hipostática es un término técnico que señala la unión de las dos naturalezas diferentes, divina y humana; en la teología cristiana se atribuye esta unión a la persona de Jesús.

La unión hipostática viene a ser la unión entre el Verbo de Dios y una naturaleza humana, dada en la única persona del Hijo de Dios. El calificativo de hipostática, atribuida a la unión en Jesús de Nazaret; en otras palabras, la naturaleza divina como la humana mantienen todos los atributos propios, se dan dos voluntades, dos entendimientos y dos naturalezas, sin embargo, forman una sola persona, un único centro de imputación de conducta; esta persona corresponde al Verbo de Dios encarnado, el Dios-hombre[1].

Vamos a recurrir a un concepto religioso para desentrañar la etimología del uso común y práctico en la cotidianidad contemporánea de esta palabra; uso común que la aproxima, más bien, a algo así como adulteración, impostura, suplantación. Si bien el concepto es religioso, debemos también develar las transformaciones semánticas en el uso cotidiano de esta palabra; también, para decirlo rápidamente, las razones o si se quiere, las reglas de transformación de la palabra. Esto sobre todo porque nuestra tarea, en este ensayo, es analizar una pose, una postura, una actividad, incluso una actuación, también un discurso político en boga. Este discurso político expresa una pose teórica, aplica el uso teórico a la legitimación de las acciones políticas, como si las prácticas políticas fuesen un espejo de lo que se dice, sin que haya una diferencia entre estos ámbitos, el teórico y el práctico. En este sentido, habría, aunque sea metafóricamente, como una hipóstasis, en el sentido etimológico, pues las acciones políticas aparecerían como una manifestación de la esencia, en este caso, manifestación de la teoría. Sin embargo, en la interpretación religiosa, si bien la hipóstasis distingue esencia y cuerpo, éste último en el sentido de manifestación de la esencia, los concibe de una manera integrada. En cambio, en la hipóstasis política, metafóricamente, no se diferencia teoría y práctica; todo concurre como si fuera un mismo plano, una continuidad. Para decirlo fácilmente, en el imaginario hipostático político las palabras son lo mismo que las cosas.

Hemos llamado a este fenómeno metafísica política, usando el término metafísica metafóricamente, para ilustrar las características de este fenómeno de suplantación o de yuxtaposición indiferenciada entre el discurso político y los hechos, las secuencias de hechos, los contextos secuenciales, los procesos fácticos. Ahora, cuando acudimos a la palabra hipóstasis, buscamos además expresar las características de este fenómeno político de una manera dramática. El político que hace a hipóstasis ofrece su cuerpo o lo que cree que es su cuerpo, la apariencia de su cuerpo, como escenario de la hipóstasis misma.  En su cuerpo se manifestaría como la esencia histórica, su cuerpo se convertiría en el lugar de referencia de la manifestación; es decir, de la hipóstasis. Él es el que asume esta composición hipostática entre esencia y corporeidad, entre esencia y acción, entre esencia y práctica. Hay pues un comportamiento religioso en todo esto, aunque los portadores de la hipóstasis política, devenida de la hipostasis religiosa no lo sean, no sean religiosos, incluso, pretendan ser ateos, o lo hayan pretendido ser en un momento de su militancia.

No es pues arbitraria la recurrencia al concepto religioso de hipóstasis, como referencia etimológica y conceptual, para elucidar lo que denominamos hipostasis política. Como hemos dicho en otros escritos, el substrato religioso sostiene los planos de intensidad de la praxis y discursividad política. Esto se corrobora sobre todo en los imaginarios políticos, que reproducen tramas cuyo formato tiene como arquetipo las narrativas religiosas.

La hipóstasis política, la que suplanta a la realidad efectiva, no solamente con las representaciones discursivas, sino suplanta la realidad efectiva con el uso pragmático y utilitarista que se hace de la teoría; usando fragmentos descontextuados o, incluso las teorías mismas, pero, no de acuerdo a al corpus teórico, su composición, sus relaciones iniciales con contextos o recortes de realidad, sino usándola como dispositivo de poder, haciéndola decir, no lo que se sacaría como consecuencia teórica, sino lo que desea el poder que se diga.  Esta hipóstasis política genera no solamente crasos errores de conducción e inserción en la realidad efectiva, sino ocasiona dramas, tanto en lo que respecta a la población involucrada como a los propios portadores de la hipóstasis. Estos portadores de la hipóstasis viven su drama; no son muchos, son, mas bien, pocos, hasta escasos, incluso pueden llegar a ser un sacerdote solitario, convencido religiosamente de su aserción, de su interpretación, de su teoría. Acompañado en su soledad por portadores no de la hipóstasis política sino, mas bien, de manera pedestre, de convicciones pragmáticas y oportunistas de corto alcance, para quienes el mundo se reduce a la oportunidad del beneficio. No necesitan entenderse estas subjetividades tan disímiles, la subjetividad que sostiene la hipóstasis política y la subjetividad que encarna, por así decirlo, el oportunismo craso; basta que compartan el mismo rumbo, la misma ruta, para considerarse compañeros, aunque se interpreten de tan distintas maneras.

El problema de la hipóstasis política, a diferencia de la hipóstasis religiosa, es que mientras la hipóstasis religiosa elucubra resolviendo dilemas teológicos, en cambio, la hipóstasis política elucubra para resolver problemas prácticos, problemas que aparecen y se despliegan en la sociedad concreta. Las disquisiciones teológicas pueden ser hasta interesantes y sugerentes para comprender el imaginario religioso, sin embargo, las disquisiciones políticas suelen ser peligrosas, pues la suplantación hipostática arrastra a catástrofes.

Decíamos que el drama también se da en los portadores de la hipóstasis política. Sufren ante la desavenencia entre sus tesis y lo que acontece, la cruda realidad; sin embargo, tienen defensas para esta dicotomía; generan hipótesis ad hoc para explicar los desajustes, por supuesto no en la teoría sino desajustes en la realidad misma.  Generalmente las hipótesis ad hoc políticas tienen que ver con la culpabilidad o la responsabilidad del enemigo. Un conjunto de estas hipótesis ad hoc se las puede agrupar en una de las versiones de las teorías de la conspiración. El sujeto de la hipóstasis no es capaz de la crítica, mucho menos de la autocrítica; no se pueden equivocar, la teoría no se equivoca; lo que pasa es que hay demasiados obstáculos en el camino, obstáculos que hay que despejar, incluso con el uso de la violencia.

Es llamativo este comportamiento, el relativo a la hipóstasis política; está orientado a corregir los hechos, los sucesos, los eventos, lo que sucede efectivamente; este comportamiento alucinante corresponde como a un sacerdote domesticador de la materialidad de la realidad efectiva; pone toda su voluntad para conformar un mundo a imagen y semejanza de la hipóstasis política.  Para hacer esta tarea imposible, que no llega a realizarse, pues no se puede domesticar, reducir, la complejidad, sinónimo de realidad, a la representación simple y abstracta de la hipóstasis política, se debe emplear mucha dosis de violencia, no solamente contra los que se oponen, también contra la población involucrada, así como también contra propio cuerpo del sujeto de la hipóstasis.

Por eso mismo, se corrobora lo del drama, que se desenvuelve en distintos planos; en el plano imaginario, en el plano de las inserciones políticas en la sociedad, en el espesor corporal del sujeto de la hipóstasis. Estos personajes no son felices, viven atormentados por sus propios fantasmas, tienen en sus espaldas el mundo, son los héroes incomprendidos, se encuentran desgarrados por su propio drama, que creen que es también el drama del mundo; expresan este sufrimiento en su consciencia desdichada, en el sentido que le da Hegel a este concepto.


[1] Bibliografía: Gran Enciclopedia Larousse. Ed. Planeta, 4ª ed. Barcelona, 1992 T. 18, p. 8508. • Ferrater Mora, José. Diccionario de filosofía abreviado. Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1973. • Dorsch; Friedrich. Diccionario de psicología, Ed. Herder, 6ª ed. Barcelona, 1991. • Enciclopedia Simploké (2006). «Hipóstasis». Consultado el 5 de junio de 2012. Texto: Hipóstasis Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Hip%C3%B3stasis?oldid=81110262 Colaboradores: Sabbut, Felipe.bachomo, Folkvanger, Leopoldoquezada, Thijs!bot, Xabier, Synthebot, Muro Bot, PaintBot, Sageo, Bigsus-bot, DragonBot, Farisori, Alecs.bot, Abajo estaba el pez, Teofano, Luckas-bot, Amirobot, MystBot, Dangelin5, Kavor, Luis Felipe Schenone, Jkbw, Igna, KES47, Foundling, EmausBot, AVIADOR, Salvador Martin Fuertes, Pontoeuxino, MerlIwBot, KLBot2, Hans Topo1993, Giuliano777, Cats Ferus, Soy bobo y Anónimos: 15.

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