Más allá de Nietzsche

Más allá de Nietzsche

Raúl Prada Alcoreza

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Índice:

Genealogía de la decadencia                                     

Epistemología y composiciones subjetivas       

De la valoración y de   la ética                                   

Memoria sensible                                                      

El olvido o la invención                              

Spectaculum ridiculus                                    

¡Que vivan los estudiantes!                            

Economía fantasma                                       

Acontecimiento Islam

¿Fundamentalismo o rebelión

religiosa antiimperialista?                                          

Las formas del chantaje político                     

El mundanal atolladero del chantaje                          

 

 

 

Genealogía de la decadencia

Quizás el libro sistemático de Nietzsche sea Genealogía de la moral, acompañado del Nacimiento de la tragedia, que también se puede decir que tiene una exposición sistemática. Los otros libros tienen características más bien intempestivas; son como estallidos e irrupciones volcánicas, como cataclismos de interpelación. Con sus propias características literarias Así hablaba Zaratustra y con una extensa exposición en forma de aforismos Humano demasiado humano. Bueno pues, nos detendremos en Genealogía de la moral; que, desde nuestra perspectiva e interpretación, parece ser el libro donde se asienta y de edifica como la estructura conceptual de la filosofía crítica o de crítica de la filosofía de Nietzsche, donde se expone esta estructura conceptual en su propio núcleo teórico.

Cuando la crítica tiene como referente a la moral coloca en observación analítica a una relación primordial, la relación del cuerpo con la institucionalidad. La moral tiene que leerse en esta relación, es más, es esta relación. La institucionalidad se inscribe en el cuerpo y el cuerpo responde a la institucionalidad; quizás, primero, como resistencias, después pasivamente, para subsiguientemente asumir comportamientos inducidos. La moral no es solamente un sistema de valores, tampoco un cuadro de principios categóricos, ni sólo la razón práctica; nada de lo mencionado podría darse sin la relación primordial aludida, entre cuerpo e institucionalidad. Esta relación primordial no sería posible sin la condición de posibilidad existencial que es la vida, sobre todo la forma cómo responde la vida, es decir el cuerpo vivo, a la intervención institucional, la forma cómo resiste, como se adecúa, incluso como ataca a estas intervenciones institucionales. El secreto entonces está en comprender este funcionamiento, el de la vida, el de los cuerpos, respecto a las mallas institucionales.

La tesis de Nietzsche es la de la separación del cuerpo y el espíritu, que nosotros hemos llamado economía política del cuerpo; la pregunta entonces es: ¿Por qué el cuerpo deja que se dé esta separación, si es que efectivamente se diera? Caso contrario, que parece que es más plausible, la pregunta es: ¿Si no se diera efectivamente esta separación, salvo imaginariamente, cómo actúa el cuerpo, cómo responde a las intervenciones institucionales? Vamos a tratar de responder a estas dos preguntas.

En lo que respecta a la primera pregunta, podemos decir que Nietzsche la responde en parte. En lo que corresponde a la tesis de la inversión de valores. Los valores fuertes, basados en los instintos, correspondientes a los hombres fuertes, se invierten, se transmutan en valores débiles, basados en la consciencia culpable, correspondientes a los hombres débiles. Pero, ¿cómo es que hay valores fuertes correspondientes a hombres fuertes? ¿Cómo surgen estos valores? ¿Por la guerra? ¿La victoria convierte a los vencedores en hombres fuertes? ¿De la guerra nacen los valores fuertes? ¿Qué es un valor? Nietzsche concibe que el valor se basa en las sensaciones y en los sentimientos, sobre todo en el placer. ¿Es suficiente esta semiótica de los afectos? El placer o el displacer, las sensaciones y los sentimientos, para dejar de ser imágenes sin discurso, si se quiere, sin concepto, requieren, para llegar a ser valor, de una valoración. Esta acción es posible cuando se tiene no solo la posibilidad de comparar sino de medir, por lo menos ponderar. Esto sólo se puede dar cuando hay acuerdo para hacerlo; reglas, métodos y procedimientos para hacerlo, aun cuando todo esto se haga o parezca que se lo haga espontáneamente. Métodos, reglas y procedimientos son posibles en un contexto institucional. La codificación del placer y el displacer, de las sensaciones y los sentimientos, es una tarea institucional.

No hay, por lo tanto, una belle époque, como presupone, de alguna manera Nietzsche. No hay esa época donde los valores habrían surgido espontáneamente como producto de la victoria de la guerra. La guerra misma es también una relación institucional, aunque sea una relación de quiebre, de choque, de lucha a muerte. Eso de los valores fuertes, en contraste de los valores débiles, se desmorona ante la constatación de la historia efectiva. Los valores no son ni fuertes ni débiles; responden a la codificación institucional de su época y contexto.

La crítica de los valores de una época, por ejemplo, la moderna, es crítica a la institucionalidad de esa época, critica de la institucionalidad de la modernidad; tal como lo hace Nietzsche. Ahora bien, ¿por qué detenerse ahí, por qué no extender la crítica a la moral de otra época, la anterior, o la que se supone heroica, la de la belle époque? ¿Por qué no hacer la crítica a la institucionalidad de esos otros valores? ¿Acaso se podría sostener la crítica si se idealiza una época en contraste de otra época, considerada desencantada? La crítica es consecuente, no tiene miramientos.

La época de contraste a la modernidad, la de la belle époque, es también de conjuntos institucionales, quizás de conglomerados institucionales, mas bien, dispersos, incluso fragmentados, con características singulares, manifestando incongruencias entre un conjunto y otro. No ocurriría como en la modernidad, cuando el Estado-nación homologa los conjuntos institucionales, los articula e integra, estatalizándolos, logrando un sistema homogéneo de códigos, valores, principios, normas, leyes. De todas maneras, lo que interesa no es tanto esta diferencia entre lo disperso y fragmentado respecto de lo homogéneo, sino que la institucionalidad o institucionalidades de la belle époque  intervienen en la codificación y decodificación del placer, del displacer, de las sensaciones y los sentimientos.  Para afirmar que estos valores, los de la belle époque, sean mejores que los valores de la época de la decadencia, la modernidad, habría que demostrar que la institucionalidad de esa época es mejor a esta última.  Esto no hace Nietzsche.

Sin decir que una época es mejor a otra; por el momento, esta discusión no es necesaria. Lo que importa es lo siguiente: La crítica de Nietzsche a la moral moderna adquiere su connotación por esta separación de cuerpo y espíritu, que es clave para comprender el nihilismo o la genealogía del nihilismo en la modernidad, con el antecedente fundante del cristianismo. Esta separación es dominación sobre el cuerpo, por parte de la institucionalidad vigente. Para que la belle époque sea tal, es decir, el paraíso de los valores afirmativos, no tendría que darse la dominación sobre el cuerpo, aunque no se dé necesariamente, la separación de cuerpo y espíritu.  Puedan darse otro tipo de efectos imaginarios institucionales que legitimen las dominaciones de entonces. Si no fuese así, que es no solamente lo más probable, sino que ha sido descrito por las investigaciones históricas, entonces los valores de la época en cuestión son también valores del poder, vale decir, valores afirmativos o de afirmación del poder vigente; no son valores afirmativos de la vida, como propone Nietzsche.

¿Qué es afirmar la vida? Esta es la pregunta. Si partimos de Nietzsche, tanto en la versión del Nacimiento de la tragedia, así como en las versiones de Así hablaba Zaratustra como en Genealogía de la moral y Humano demasiado humano, sin mencionar otros libros, la afirmación de la vida tiene que ver con la capacidad estética, lo que nosotros llamamos potencia creativa. Si partimos de nuestras tesis, la afirmación de la vida es liberar la potencia, en el caso de las sociedades humanas, liberar la potencia social. Afirmar la vida es crear, para Nietzsche, crear nuevos valores. Si nos concentramos en la creación estética, no sería demostrable que en la belle époque, que tiene como referente el pensador crítico, se haya creado más que en la modernidad. Lo que haría aparecer, mas bien, a la modernidad como la belle époque, contrastando la tesis de Nietzsche al respecto. Sin embargo, no parece ser éste el camino de la evaluación de las tesis de Nietzsche, sobre todo la que tiene que ver con la afirmación de la vida. La crítica de Nietzsche a la modernidad es consistente, sobre todo en lo que respecta a la decadencia, al nihilismo, a la voluntad de nada; procesos asentados en la separación de cuerpo y espíritu, que llamamos economía política del cuerpo. La inconsecuencia de la crítica de Nietzsche radica en detener la crítica en la época moderna, no haciendo lo mismo, asumiendo otras condiciones y características histórico-culturales, con la época anterior, imaginada por él la belle époque, aunque lo haga de manera hipotética.

Sin embargo, la afirmación de la vida no puede circunscribirse sólo a la creación estética, particularmente a la creación de nuevos valores, incluso en el caso que esta creación de valores no se restrinja a la creación estética. La vida es memoria sensible, como concibe la biología contemporánea. En este sentido, la vida es creación en sentido pleno de la palabra, es autopoiésis suprema; déjenos utilizar esta palabra filosófica con pretensiones absolutas, con objetivos ilustrativos. Desde esta perspectiva la afirmación de la vida va más lejos que la creación de valores y de la creación estética. Para decirlo tautológicamente, la vida crea vida. La afirmación de la vida vendría a ser afirmar esta capacidad, mejor dicho, esta potencia creativa, esta potencia de la vida.

Este horizonte vital, este horizonte nómada de la potencia de la vida, no puede interpretarse desde el esquematismo dual hombre fuerte/hombre débil. Este dualismo, fuera de ser esquemático, responde a códigos de una determinada estructura institucional de una época, por así decirlo; responde a los prejuicios de una época. Este dualismo no sirve, en absoluto, en la comprensión de la vida y de la afirmación de la vida. Se explica, en todo caso, este esquematismo feudal, por la formación histórico-social dada en la época en cuestión; se explica entonces por la forma cómo es configurada socialmente la vida por la estructura institucional de una época. Desde nuestra perspectiva, por la forma cómo se captura parte de las fuerzas de la potencia social; esta vez, las formas feudales de captura; las máquinas de guerra feudales. Este dualismo esquemático feudal, mas bien, expresa otra forma de desvalorizar la vida, restringirla, intentando someterla, desplegando formas de dominación singulares, atingentes al feudalismo. Por lo tanto, desde nuestro punto de vista, no se puede oponer a la decadencia de la modernidad, masiva, vertiginosa, compulsiva y tanática, otra forma de decadencia, restringida, fragmentaria, localista, territorial, soberana, en el sentido de las soberanías feudales, relativa a los pequeños soberanos que eran estos señores, en relación  a la tierra controlada y a la población de siervos capturada.

Parece que la decadencia hay que conceptualizarla no sólo en relación a los valores, a la inversión de los valores, a la transvaloración, sino en relación a la potencia de la vida. Cuando esta potencia es inhibida, en parte capturada, restringida, manipulada con objeto de dominación. Entonces la genealogía de la decadencia es más amplia y compleja de lo que nos ha enseñado Nietzsche.

Según se ve, hay más conexión y continuidad, que desconexiones y discontinuidad, que ruptura, entre la época feudal y la época moderna. Claro que debemos circunscribir el fenómeno del feudalismo a su contexto europeo y no generalizarlo mundialmente, como lo ha hecho el marxismo vulgar con la peregrina tesis de la sucesión evolutiva de los modos de producción. Incluso podemos decir, exagerando, para ilustrar, que la decadencia se masifica y profundiza con el capitalismo, en la época moderna, que ya es un acontecimiento mundial. Ciertamente sería un error concebir un proceso o procesos homogéneos y continuos de decadencia, tanto en la época moderna como en la época feudal. La decadencia puede aparecer como dominante, hasta hegemónica en periodos, que pueden ser largos, medianos o cortos; sin embargo, es intermitente, y se combina con otros periodos, que suelen ser cortos, en el mejor caso, medianos, de apogeo; desde nuestra interpretación, de despliegue de la potencia. Por otra parte, el desenvolvimiento de la decadencia no es nunca absoluto, si lo fuera, hace tiempo hubiera desaparecido la vida humana, hubieran desaparecido las sociedades humanas o, si se quiere, hubieran desaparecido las sociedades humanas de la historia de la vida.

Lo que hay que comprender es la dinámica de la paradoja de apogeo y decadencia, también si se quiere, de decadencia y apogeo. Esta paradoja forma parte de las paradojas de la vida, también en sentido general, de las paradojas de la existencia.

Son excelentes las tesis de Nietzsche sobre la conciencia culpable, el resentimiento y el espíritu de venganza que caracterizan al nihilismo; sin embargo, siendo consecuentes, no se podría, a su vez, invirtiendo lo que se critica, convertir en culpables a los que inoculan la conciencia culpable, los sacerdotes de todo tipo. Con esto no se hace otra cosa, como decimos, que invertir lo que se critica. Los sacerdotes son otras víctimas, por así decirlo, aunque este término no lo apruebe Nietzsche y lo descalifique como parte del discurso nihilista; mantenemos el término con fines ilustrativos. Son víctimas de las formas de poder que, en parte, desencadenan, y en parte, heredan. Forman parte de los engranajes de poder, atrapados en la telaraña institucional, que ellos creen que controlan y que sirve a sus fines, que puede ser el de la salvación de las almas, de acuerdo a su discurso, o sencillamente pedestre, de manipulación y dominio temporal.

Esto no quiere decir que no hay que interpelar los sacerdocios y las iglesias de toda clase, tampoco, ni mucho menos, que no se debe luchar contra los dominadores, sino, que para hacerlo consecuentemente es menester comprender y conocer las dinámicas y mecánicas de las fuerzas en juego. Es necesario conocer el funcionamiento de las máquinas de poder en cuestión, cómo inviste a dominantes y dominados, cómo inscribe en los cuerpos la historia política, internalizando el poder como prejuicio de verdad, sobre todo induciendo comportamientos y conductas y modulando los cuerpos. Aunque a unos los invista de privilegiados y a otros de explotados, subalternados, subordinados, colonizados. Es indispensable salir de los esquematismos duales y comprender las paradojas del poder.

La genealogía de la decadencia tiene que ver con el nacimiento, la génesis, la recurrencia, la transformación, la actualización, extensión y profundización de la decadencia en las distintas épocas históricas. Ahora bien, la decadencia, la genealogía de la decadencia, no es lo único que se da. Se dan multiplicidades de genealogías en el nacimiento y emergencia de los acontecimientos; la genealogía de la decadencia como que forma parte de la genealogía del poder.  Se puede interpretar el acontecimiento desde el análisis de procesos, considerando procesos a sucesos que aparecen como encadenados; concebir estos procesos como genealogías; además, comprender y visualizar la articulación del entrelazamiento de procesos, interpretados como genealogías. Los acontecimientos también comprenden, desde la perspectiva de la interpretación, anti-genealogías, algo así como rupturas, nacimientos, creaciones, nuevos procesos, nuevas genealogías, nuevos mundos.

Hemos dicho que se da como una paradoja entre apogeo y decadencia. ¿Cómo sucede esto? En Explosión de la vida[1] dijimos que es indispensable comprender la sociedad alterativa, que esta sociedad no hay que buscarla en el futuro, que no es una utopía; que esta sociedad es la sociedad efectiva, la sociedad vital, la sociedad que se da todos los días y todas las noches. Sociedad que crea, aunque sea de manera imperceptible; a veces, sus creaciones irrumpen como cataclismos, ocasionando transformaciones intempestivas, abruptas, que parecen repentinas, que, sin embargo, se vinieron gestando, acumulando, silenciosamente. Lo que pasa que la sociedad oficial, la sociedad capturada por las mallas institucionales del Estado, se hace visible, estridentemente visible, como queriendo demostrar su existencia espectacularmente. Cuando, en realidad, esta sociedad pantalla, esta sociedad mediática, esta sociedad reconocida oficialmente, esta sociedad normal y normatizada, subsumida a la acumulación y disponibilidad de fuerzas del Estado, depende de la vitalidad y las fuerzas capturadas de la sociedad vital, de la sociedad alterativa. Las ciencias sociales se han movido observando esta sociedad del orden, esta sociedad institucionalizada; no han visualizado la sociedad alterativa, salvo cuando irrumpe con fuerza volcánica, en las crisis y revoluciones.  Las ciencias sociales son parte de los discursos de legitimación del poder, del Estado, otorgándole existencia a la sociedad institucionalizada, que es la captura estatal de parte de las fuerzas de la sociedad vital. Se explica entonces que el apogeo devenga de la vitalidad social, cuando la sociedad alterativa irrumpe, desordenando la paz social, la legitimidad, la soberanía, el dominio, del Estado, dejando al desnudo una sociedad institucionalizada, que no es otra cosa que una sociedad aditiva, parasita, que absorbe la vitalidad de la sociedad alterativa. Esta irrupción no es soportada por el Estado, sobre todo de manera prolongada; entonces, a pesar de la renovación social y estatal que provoca, la irrupción vital tiene que ser contenida y controlada. Cuando el Estado lo logra, reorganiza ampliamente la sociedad institucionalizada, a costa de la sociedad alterativa.

De esta manera, visto panorámicamente, al periodo de apogeo le sucede el periodo de decadencia. Sin embargo, el proceso de apogeo y el proceso de decadencia han coexistido paralelamente, como pugnando. Las fuerzas vitales han pugnado con las fuerzas debilitantes, conservadoras, relativas al orden institucional. Lo que pasa es que en un periodo, que muchas veces es el inicial, la hegemonía le corresponde a las fuerzas vitales; en tanto que en otro periodo, que muchas veces es el subsiguiente, la hegemonía, en cambio, le corresponde a las fuerzas conservadoras, con lo que empujan a la decadencia.  ¿Con esto decimos que en el largo ciclo, en la época, se terminan imponiendo las fuerzas conservadoras, dándole un perfil decadente, no solo a esta etapa, sino incluso a toda la época?

Esto es lo que parece en la panorámica; sin embargo, el perfil de una época no puede definirse por su conclusión o clausura, que coincide con la crisis civilizatoria, sino tiene que ponderarse con lo que ha acontecido en toda la época, en todo sus periodos, evaluando sus transformaciones estructurales respecto a sus conservadurismos estructurales, que queda como pesada herencia.

La crítica lucida, iluminista, critica del iluminismo, crítica de la modernidad, de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, ha alumbrado sobre las condiciones de posibilidad históricas, sobre las condiciones de posibilidad culturales, sobre las condiciones de posibilidad moral de la sociedad y sus instituciones; sin embargo, al concentrarse en el aspecto más criticable, que signaba la época,  dejaron de lado la mecánica y dinámica completa de los campos de fuerza en pugna. Al hacerlo, terminaron, de alguna manera, haciendo lo que criticaban, esquematizando dualmente la confrontación compleja de las fuerzas, convirtiendo a las otras fuerzas en el antagonismo absoluto, en el enemigo absoluto, volviendo a caer en su demonización. La brillante interpelación crítica terminaba, con esto, limitada, pues no lograba evaluar la compleja dinámica de las fuerzas y sus composiciones. Salir del dualismo esquemático y del esquematismo dualista es urgente, para poder abordar la complejidad dinámica de la fuerzas sociales; encaminar así las luchas emancipativas y libertarias al desmantelamiento de las máquinas aparatosas del poder. De lo contario, seguir en el dualismo, invirtiendo lo que hacen los enemigos, termina reproduciendo lo que se critica, contra lo que se lucha, otorgándole una nueva máscara.

 

 

 

Epistemología y composiciones subjetivas

Nada está aislado, nada tiene un solo atributo, nada es puro, ni tampoco esencia o sustancia; todo está acompañado, todo tiene múltiples atributos, todo es mezclado, compuesto y combinado. Es relación o articulación de relaciones plurales, en distintos planos. Entonces también las constituciones subjetivas lo son; complejas, compuestas, relacionales. Resulta inocente hablar de humanos buenos o humanos malos, así como de hombres fuertes u hombres débiles: lo mismo, de valores fuertes o de valores débiles. No hay tales cosas, salvo en la imaginación abstracta.  También resulta un tanto forzado decir que los humanos son tanto buenos y malos; pues, si bien esta apreciación corrige la interpretación esquemática y maniquea, de todas maneras, asume como referentes y significados los calificativos de bueno y malo. Pues ocurre lo mismo que con las apreciaciones inocentes maniqueas; esta mezcla abstracta, de dos opuestos, no deja tampoco de ser simple, frente a la complejidad de la dinámica ética. Tampoco se trata de una síntesis dialéctica, pues seguimos manteniendo el equívoco moralista de bueno y malo, que dijimos es institucional. Los humanos somos como todas las formas y manifestaciones de la vida, seres constituidos en la complejidad de relaciones corporales y mundanas. Por lo tanto, seres mutantes, en devenir, también, conservadoramente, en adecuación y adaptación, incluso en equilibraciones.

¿Quién o qué nos clasifica de una u otra manera, dependiendo del tipo de taxonomía? Las mallas institucionales; sobre todo, en la modernidad, el Estado. Ciertamente también las ciencias; en este caso, las ciencias sociales. Estas ciencias, que Michel Foucault considera saberes, son parte de los instrumentos de clasificación; por lo tanto, de estatalización, sin ser necesariamente el Estado.  El Estado requiere de las clasificaciones para cumplir con sus tareas administrativas; las ciencias sociales requieren de clasificaciones para ordenar las significaciones en el caos; caos que más es a-significante.  El Estado requiere controlar, pues se trata de gobernar las cosas y los hombres; las ciencias sociales terminan controlando o pretendiendo controlar el flujo magmático de significaciones, significados, sentidos, atribuyéndoles orden, estructura, lógica, causalidad. Ambos, el Estado y las ciencias sociales trabajan con cuerpos. El Estado captura cuerpos, las ciencias sociales buscan conocer sus comportamientos, conductas, relaciones, estructuras de relaciones. Ambos establecen relaciones problemáticas con los cuerpos; es decir, con la vida, aunque en un caso el objetivo sea la gubernamentalidad, en el otro caso el conocimiento.

Recurriendo a una esquematización pedagógica, podemos figurar a la modernidad como la era de la razón; algo así como la edad de la razón, que es precisamente la pretensión iluminista de la modernidad. Con lo que no estaríamos distorsionando tanto lo que ocurre, al respetar esta pretensión. Esquema que nos ayudaría a comprender la voluntad, que en realidad corresponde a constelaciones de voluntades involucradas; voluntad  que está detrás de esta pretensión.  Por otra parte nos ayudaría a comprender esta inclinación obsesiva por las clasificaciones. La razón, en tanto razón abstracta, separada de la percepción, en tanto racionalidad instrumental, busca encontrar en el mundo su imagen en ese espejo. Esta imagen es la de las estructuras abstractas. Ocurre como que el conocimiento, que debe lograrse, después de la experimentación y la investigación, se encontrara anticipado, en la propia razón, en sus estructuras internas, que son estructuras lógicas. Entonces pasa como que la razón se confirmara en el conocimiento empírico.

Nadie dice que esta estrategia epistemológica no haya servido; todo lo contrario; ha sido útil, pues se lograron construir cuerpos teóricos explicativos e interpretativos, que permitieron un mejor conocimiento. Sin embargo, hay que entender el conocimiento, todo conocimiento, como aproximaciones y orientaciones provisionales, por más acertadas que sean. No así, como pretende la “ideología” positivista, incluso la “ideología” científica, que es diferente al núcleo interpretativo, explicativo, investigativo y descriptivo de las ciencias, que pretende que se trata de verdades, atribuyéndoles un sentido de eternidad lograda. Lo que pasa es que nos se puede olvidar ni obviar el papel activo que cumple la llamada ciencia, en el sentido que al actuar e intervenir, también desata relaciones con sus referentes, con sus objetos de estudio, con sus unidades de análisis. Estas relaciones corresponden a los mundos que inventan las ciencias. Como se ve,  no se trata de desconocer el conocimiento que aportan las ciencias, sino de no fetichizar este conocimiento y convertirlo en verdad.

No vamos a volver a repetir el debate sobre los límites del conocimiento, sobre todo los límites de los paradigmas científicos, las rupturas epistemológicas, los desplazamientos epistemológicos, en relación a los límites y los obstáculos epistemológicos, ya sea hablando en la versión de las revoluciones teóricas científicas, ya sea hablando en la versión de la historia de las estructuras de pensamiento. Lo que interesa ahora es anotar que lo que impulsó a las ciencias en la modernidad es la construcción del orden o, si se quiere, de ordenes en los distintos ámbitos del universo. El orden es el telos, la finalidad, de las ciencias; también, recordémoslo, es el telos del Estado; solo que se refieren a distintas concepciones del orden. En el caso del Estado, del orden jurídico-político; en el caso de las ciencias, del orden epistemológico  que rige el universo.

¿Hemos dejado esta finalidad, la del orden, atrás, ahora, en esta actualidad, cuando nos desplazamos a las teorías de la complejidad, sobre todo donde se encuentra precisamente la teoría del caos? Desde nuestro punto de vista, sí. En las versiones más mesuradas de las teorías de la complejidad, se habla del caos constructor del orden y de la organización; entonces vinculan caos y orden, no necesariamente en una relación dialéctica.  Sin embargo, hay versiones no mesuradas, que llegan no solamente a retomar la idea del devenir, sino que conciben dinamicas complejas auto-creativas en las distintas escalas del universo. No hay pues orden sino poiesis y autopoiesis; es decir, creación. Dicho más sencillamente, movimiento perpetuo del tejido espacio-tiempo.

Parece que abordamos no solamente la ruptura epistemológica, una nueva revolución teórica científica, una transformación en las estructuras del pensamiento, sino que ingresamos a otro contexto de relaciones con el universo, en sus distintas escalas, con los seres plurales del universo. Nuestra interpretación es que se trata más de relaciones comunicativas e interpretativas que de conocimientos.

Teniendo en cuenta estas consideraciones, podemos volver a nuestro tema, el de las composiciones subjetivas o de las subjetividades. La fenomenología de la percepción aparece como profusa actividad del cuerpo, actividad que conecta sensaciones, imaginaciones, razones, en composiciones y combinatorias variadas, haciendo, en unos casos, que en el entrelazado perceptual prepondere la intensidad de las sensaciones, en otros casos, prepondere la fuerza figurativa de la imaginación, y en otros, prepondere la fuerza del entendimiento de la razón. Estamos en el palpitante movimiento de la vida, imparable, recurrente, aperturante; sin embargo, definiendo sus propias clausuras. Actividad vital que entraña estos tejidos sensuales, sensitivos, imaginativos y racionales. Es esta experiencia la que se registra y guarda, por así decirlo, en la memoria sensible. También es esta experiencia la que se nombra desde el lenguaje. No es pues el Estado, tampoco las ciencias, las únicas que nombran, clasifican, describen; sino, antes que ellas, es el lenguaje el que lo hace. Cumple esta tarea primordial de nombrar y de significar no solamente antes que el Estado y antes que las ciencias, sino que lo hace de una manera plena, espontánea, constante, de manera paralela a la vida, a la experiencia y a la memoria. No requiere ni permiso del Estado ni la autoridad de las ciencias; lo hace de manera inmediata, acompañando a los sucesos, eventos, hechos. Mas bien, es el Estado el que se encuentra obligado a usar el lenguaje que forma parte de la sociedad misma; son las ciencias las que usan el lenguaje; no tienen otro recurso.

El Estado ha tratado de regir el lenguaje; ha creado reglas, normas,  hasta definiciones oficiales de las palabras; empero, a pesar de este esfuerzo, de esta implantación de orden, no ha podido contener y detener el flujo desbordante del lenguaje. Sólo le queda ilusionarse, creer que sus métodos, reglas y procedimientos rigen el lenguaje, cuando no lo hacen, efectivamente. El Estado sólo rige leyes, códigos, reglamentos, que no son lenguaje, aunque se transmitan en el lenguaje; son dispositivos de poder, que establecen oficialmente el significado estático de estos dispositivos, no sujetos a interpretación, sino listos para su aplicación.

Las ciencias han tratado de inventar lenguajes; por un lado, más sofisticados, más formales, incluso abstractos, reducidos a la expresión lógica; por otro lado, metalenguajes que tienen como referente de significación al mismo lenguaje, a las mismas teorías. Sin embargo, a pesar de estas técnicas para escapar de la espontaneidad del lenguaje e imponerle un orden, las ciencias han sido desbordadas por el potente ímpetu del lenguaje; solo les queda ilusionarse, creer que lo han logrado cuando emiten discursos disciplinados en ámbitos cerrados, académicos y científicos. Sin embargo, esta ilusión se hace evidente, cuando, incluso desde adentro de la academia y de estos ámbitos estalla el debate.

El lenguaje forma parte de la vida humana, de su actividad constante, de sus relaciones, de sus comunicaciones, incluso intercambios, sobre todo de su interculturalidad. Ni el Estado ni las ciencias pueden controlar la vida ni el lenguaje, pues la vida y el lenguaje desbordan ampliamente las posibilidades del Estado y las ciencias. Solo pueden hacer creer que controlan y que rigen en las escuelas, en las universidades, en los institutos; donde transmite esta “ideología” del orden, enseñando que todo funciona así, como orden; la vida, el lenguaje, los ciclos de la vida, las formas del lenguaje. Cuando se sale de las aulas, se hace evidente que son oasis perdidos en inmensos espacio-tiempos de flujos indetenibles de actividades espontáneas.

Tenemos entonces a los cuerpos, a sus actividades, como sus fenomenologías de la percepción, al lenguaje que nombra y significa, de una manera fluida. Esto por un lado; por otro, tenemos al Estado y a las ciencias como instituciones que intervienen buscando incidir en el acontecimiento vida, en el acontecimiento lenguaje.  No lo pueden hacer, mas bien, forman parte del acontecimiento, solo que como composiciones del orden; en un caso, como régimen de gubernamentalidades; en el otro caso, como régimen de conocimientos. No es que no logran instaurar el orden, en un caso, jurídico-político, en el otro caso, de conocimiento; lo hacen, empero, en parte de las dinámicas sociales, en la parte capturada de la sociedad, capturando parte de sus fuerzas; también en parte del lenguaje, en la parte estructurada como lenguaje especializado; así como en la parte del mundo, recortado, aislado abstractamente y analizado minuciosamente en este aislamiento forzado. Fuera de estas islas, la vida continua espontánea, bullente, creativa; el lenguaje continúa polifacético, polisémico, lúdico, juguetón, como torrente de flujos.

Es así como podemos ver que la moral, que es el orden de los valores y principios de conducta, es también una isla en el océano inmenso y batiente de la vida social. La moral es como cuadro de códigos que buscan incidir e inducir en los comportamientos; lo hacen, pero en parte de los comportamientos. No pueden en los innumerables comportamientos constantes y cotidianos. La vivencia y experiencia de los cuerpos, desde la matriz misma de los comportamientos, conductas, acciones y prácticas, sobre todo desde sus fenomenologías de la percepción, despliegan la energía, la mecánica y dinámica de los comportamientos. Lo que hace la moral institucional es capturar parte de esta energía y aplicarla a los cuerpos, induciendo en ellos conductas. A modo de ilustración, de una manera esquemática, usando el concepto discutible de sujeto, podemos decir que los sujetos, posicionamientos en la curva de subjetividades, deciden qué hacer entre estas fuerzas encontradas, las del cuerpo y las institucionales. Los sujetos tienen sus propias estrategias, a pesar de que el Estado cree que se le obedecen; a pesar de los diccionarios clasificados de las exposiciones formales de las ciencias.

 

 

 

De la valoración y de   la ética

La valoración es una conmensuración, una medida, tanto cuantitativa como cualitativa. Se valora lo que, en el fondo se compara; por decir algo, el peso económico, en el caso de los precios; ciertamente el peso económico en el mercado. En lo que respecta a la ética, se valora lo que llamaremos el peso cultural. Como se ha podido ver, nos distanciamos de las concepciones tradicionales de la ética, incluso en sus versiones filosóficas. En estas versiones se considera a la ética como la ramificación de la filosofía dedicada a la teoría de los comportamientos. Estos comportamientos pueden ser considerados como buenos o malos. La ética tiene como referente a las acciones humanas, las conductas y prácticas que se relacionan con el bien, la virtud, el deber, la felicidad y la vida plena. Ya hicimos la crítica al esquematismo dual de bien y mal, de bueno y malo; en lo que respecta a la virtud, consideramos que su concepción, su simbolización, su significación, dependen de del sensus communis en un horizonte histórico-cultural dado. No tan así, en lo que respecta a la felicidad, que, mas bien, está vinculada al placer, es decir, a la experiencia de goce del cuerpo. Y en lo que respecta a la vida plena, tan en boga ahora, con las traducciones al castellano del sumaj qamaña y sumak kausay, depende de las finalidades inherentes a las sociedades históricamente dadas. De ninguna manera se trata de verdades naturales, verdades culturales ancestrales, ni nada parecido, que nos devuelve a la metafísica de las esencias y sustancias. Entonces, la ética, que es un término universal, por lo menos con pretensiones universales, retomada por nosotros provisionalmente, abarca las simbolizaciones y conceptualizaciones sociales de la virtud, las experiencias, memorias, simbolizaciones y conceptualizaciones de la felicidad, figuraciones sociales de la vida plena.

Comprendiendo de esta manera la ética, se entiende que el ejercicio de la ética, su práctica social, sea recurrente en lo que respecta a la valorización de las acciones, comportamientos y conductas, involucradas en estos ámbitos culturales, relativos a la ética. Se valora no tanto los comportamientos y las conductas, sino lo inherente en ellas, lo inherente relativo al atribuido peso cultural. Pero, ¿de qué clase de peso cultural estamos hablando? Hablamos del peso cultural relativo a la virtud, a la felicidad y a la vida plena. Hay pues en esto como una calificación social. Se pondera no la conducta en general, sino conductas específicas, en relación a un deber ser, según los códigos sociales; se mide entonces la distancia de las conductas especificas respecto a este ideal; por lo tanto, se valora la proximidad o el alejamiento respecto a este ideal.

Esto en lo que respecta a la valoración social; pero, ¿qué pasa con la experiencia ética, la vivencia ética? Que es lo que importa, en última instancia, pues la ética es, mas bien, praxis, no teorisis; la efectuación ética, es decir, su realización, depende de las decisiones de los sujetos involucrados, aunque sus decisiones terminen generando consecuencias inesperadas. Lo que importa es cómo es asumida la ética en tanto prescripción social por parte de los sujetos, cómo es convertida en prácticas, comportamientos y conductas. Ciertamente, esta no es una decisión racional, deductiva, después inductiva; no responde a un cálculo racional, tampoco a una reflexión abstracta, sino es producto del campo de fuerzas que pugnan en el espesor del cuerpo. La fuerzas vitales, relativas a la vida, a la fenomenología de la percepción, por un lado; las fuerzas institucionales, relativas a las prescripciones sociales; como en el medio, lo que llamaremos las fuerzas subjetivas, relativas a la constitución del sujeto, quién, por último, es el que toma la decisión y ejecuta.

Esto que Nietzsche llamó genealogía de la moral, que nosotros, ampliando, podemos llamar genealogía ética, tiene que ver pues, tal como lo expuso el pensador crítico, con la semiótica de los afectos, es decir, con la mecánica y dinámica de las sensaciones, imaginaciones y racionalizaciones; en otras palabras, con la semántica y sintomática de la percepción. La experiencia social ética es pues un espesor de intensidad condicionante de las conductas, comportamientos y prácticas sociales de una época.

A modo de ilustración, podemos esquematizar de la siguiente manera:

La huellas de la experiencia se inscriben en los cuerpos, los cuales convierten estas inscripciones perceptuales en memoria, sedimentándolas en un tejido gramatológico, por así decirlo, donde las huellas hacen de señales, se conectan, se articulan, se asocian y componen de variadas maneras, dependiendo de las necesidades en un presente. También se inscriben huellas de segundo orden, por así decirlo; la huellas institucionales, que se inscriben políticamente, en el sentido de la gubernamentalidad o si se quiere, dicho de manera sencilla, en el sentido de gobierno de uno mismo, gobierno de la familia, gobierno de la ciudad, ahora gobierno de la sociedad. Las inscripciones de las primeras huellas o de primer orden constituyen la memoria primordial del cuerpo singular, memoria, que va a ser la base primordial de la constitución del sujeto. Las inscripciones de las segundas huellas o huellas de segundo orden, las huellas institucionales, constituyen la memoria, por así decirlo, secundaria, del cuerpo, memoria que va a ser la base secundaria; empero, operativa, de la constitución del sujeto social.

El sujeto formado, que es ciertamente un término incierto e indeterminado, se encuentra hipotéticamente en condiciones de tomar decisiones. Lo hace operando con las dos memorias o con las dos estratificaciones de la memoria, lo hace resistiendo o aceptando las presiones institucionales, lo hace con más o menos intensidad, dependiendo de su propia voluntad singular.

Nietzsche critica el supuesto del libre albedrío, como argumento de la inoculación de la culpabilidad; entonces, el pensador crítico se inclina por la necesidad, como régimen de los sucesos, eventos, hechos, acciones, prácticas y conductas. Descarta sorprendentemente el azar, que el mismo pensador postula, en su concepción trágica de la historia. Es difícil sostener la preponderancia de la necesidad en los ámbitos existenciales, cuya condición paradójica es evidente; paradojas que se pueden resumir al juego del azar y la necesidad. Es también difícil sostener que no hay libre albedrío, en el sentido de la toma de decisiones de los sujetos. De esta manera desaparecería la voluntad de los ámbitos de las acciones, las prácticas y las conductas. Es difícil sostener que no hay elección y selección, por lo tanto, que no hay decisiones, correspondiendo todo a procesos ciegos del universo. Con todas estas desapariciones también desaparecerían los sujetos y las subjetividades; nada de esto sería necesario para explicar el funcionamiento de una física social, física entendida en sentido newtoniano.

Nuestra apreciación es distinta. La física relativista y cuántica, nuestro suelo epistemológico contemporáneo, nos enseña un tejido espacio-tiempo complejo, en distintas escalas, donde cada partícula es ya una asociación y composición; las partículas infinitesimales son composiciones energéticas y componen las fuerzas fundamentales del universo. Esto de la asociación universal, usando este término provisionalmente, invita, de alguna manera – ya lo había previsto Gabriel Tarde – a considerar una sociología de los cuerpos, si se quiere sociologías de las partículas, de los cuerpos infinitesimales, atómicos, moleculares y molares. Es decir, una sociología con características universales, mejor dicho, pluriversales.  Esto apunta hacia una teoría unificada no solamente de la física, tampoco solamente de la física y la química, incluyendo a la biología, sino también incluyendo a las llamadas ciencias sociales.

Entonces, tiene sentido hablar de moral, hacer la crítica de la moral, como lo hace Nietzsche, hablar de genealogía de la ética, como lo hacemos nosotros, incluso hablar de la crítica de las teorías del sujeto, en la medida que consideramos la voluntad, es decir, la constelación de voluntades. Por lo tanto, en la medida que consideramos la toma de decisiones,  que se denominó como libre albedrío.

 

 

 

Memoria sensible

El secreto está en la memoria sensible, es decir, en la vida. ¿Cómo es que se forma, se constituye, se crea, esta memoria sensible? ¿Cómo es que se pasa de las macromoléculas a las células? Al respecto, tenemos tres hipótesis especulativas.

La primera hipótesis:

Nada hay en el ser humano que no esté contenido en el universo. Nada hay en la vida, en sentido biológico, es decir, celular, que no se encuentre en el universo. La vida, en sentido biológico, es una de las formas de vida en la pluralidad de formas de vida del universo. La materia está viva, la materia oscura, la energía oscura, la materia luminosa, la energía luminosa, están vivas. Se trata de formas de vida no celular, no biológica, desplegadas en asociaciones de partículas infinitesimales, si se quiere, en asociación y composición de fuerzas fundamentales del universo. Después en asociación y composición de partículas que forman átomos; en este transcurso de la complejidad, de asociación y composición atómica que forman moléculas; transcurso de complejidades donde éstas, las moléculas, forman macromoléculas. Conocemos los comportamientos de las partículas infinitesimales estudiadas, conocemos las composiciones de los átomos estudiados, conocemos las dinámicas moleculares estudiadas, incluso empezamos, antes, a conocer las dinámicas molares. Sin embargo, no conocemos las razones de las asociaciones de las partículas infinitesimales; tampoco se ha explicado la fuerza gravitatoria; en consecuencia, no se ha logrado construir la teoría unificada de la física. De todas maneras, la emergencia de la vida, en sentido biológico, tiene que explicarse por los comportamientos de estas asociaciones y composiciones de las partículas infinitesimales, de las asociaciones y composiciones de lo que se llama las fuerzas fundamentales del universo.

La segunda hipótesis:

Las partículas infinitesimales no se mueven en el vacío, sino en océanos de energía. Son, a su vez, ondas, frecuencias y vibraciones de energía. La energía abundante y desplegada atraviesa todos los cuerpos, desde los corpúsculos infinitesimales hasta las grandes masas molares. Ahora bien, si la vida, en sentido biológico, es neguentropía, es decir, que retiene y administra la energía, negando la entropía, creando organización, que invierte, por así decirlo, la entropía, ¿cómo es que estas formas de composiciones de energía pasan a una escala, nivel, dimensión, si se quiere plano o espesor de intensidad, que requiere absorber energía, alimentarse de energía? ¿La emergencia de la vida, en sentido biológico, es un salto cualitativo en las estructuras, formas de organización y composición energéticas, que pasamos del derroche de energía a necesitar energía, a la alimentación cíclica de energía? La conclusión de la hipótesis establecería que la vida, en sentido biológico, corresponde a una complejización singular de las asociaciones, composiciones y combinaciones de energía, en su forma de ondas y en su forma de corpúsculos y cuerpos.  Esta complejización singular da lugar a la memoria sensible.

La tercera hipótesis, que no compartimos, dadas nuestras interpretaciones, que están expuestas sucintamente en las anteriores hipótesis y en escritos anteriores[2], circunscribe la vida sólo a su sentido biológico; no habría otras formas de vida no-biológicas. Entonces: El salto a la vida no solo es cualitativo, como en las anteriores hipótesis, sino corresponde a un paso trascendental de la materia a la vida.

El problema de la tercera hipótesis es que este salto trascendental se hace inexplicable. Quizás, en este caso, se entienda que se tenga que introducir la hipótesis de Dios, en su forma más especulativa y abstracta, para poder contar con una explicación ad hoc. No vamos a ocuparnos de la tercera hipótesis. Esto se comprende, pues no es nuestra perspectiva ni interpretación.

Asumiendo que la memoria sensible es memoria biológica, que es la vida, en sentido biológico, el tema es ¿cómo funciona esta memoria sensible, en su aspecto sensible, que tiene como substrato las dinámicas moleculares químicas de las células?

Memoria biológica

El profesor Antonio García-Bellido, docente de Investigación de Genética del Desarrollo del CSIC, en Madrid, al respecto, expone:

En el lenguaje coloquial, la memoria es un acto reflexivo de recuperación de experiencias propias o conceptos almacenados en la mente. En términos menos antropocéntricos, la memoria consiste en un repertorio de información que puede ser recabado en todo o en parte para su uso explícito en una acción. Todo proceso histórico deja una memoria que condiciona sucesos subsiguientes, y la biología como proceso histórico está muy condicionada por la memoria evolutiva. En qué consiste, dónde reside la memoria biológica y cómo se usa en procesos biológicos.

Los procesos de memoria biológica tienen lugar a varios niveles de complejidad. El primer nivel de actualización de la información está en la copia de largas moléculas de nucleótidos. Estos nucleótidos son de cuatro tipos, cuatro diferentes formas, combinadas linealmente en diferentes secuencias. Evolutivamente primero aparecieron las moléculas de RNA de una sola banda y después las del DNA, de doble banda, químicamente más estables. La secuencia de estos nucleótidos es variable entre moléculas y esta diversidad constituye su información. La información puede ser meramente copiada por complementariedad de nucleótidos (Replicación) o transformada, creando una molécula RNA complementaria a sólo una de las dos bandas de DNA (Transcripción). La secuencia específica de nucleótidos del RNA transcrito sirve ahora de matriz sobre el cual se van acoplando, con las pautas del código genético, cada combinación de tres nucleótidos un aminoácido específico, de entre veinte distintos que hay. La unión en cadena lineal de estos aminoácidos conforma los polipéptidos que constituyen las proteínas. Así, secuencias específicas del DNA se transforman en las cadenas específicas de aminoácidos de las proteínas; su información se convierte en la especificidad de una gran variedad de proteínas. Esta especificidad se basa en la forma tridimensional como resultado del pliegue espontáneo causado por acople de las diferentes cargas electrostáticas de sus aminoácidos.

Todos estos procesos tienen una extraordinaria precisión y especificidad basada en el reconocimiento molecular, esto es, en la interacción de moléculas con forma y carga electrostática compatibles. El reconocimiento molecular es el fundamento de la estabilidad y especificidad del edificio biológico. Lo encontraremos en la base de todos los procesos que tienen lugar en todos los niveles de complejidad. La precisión del proceso de replicación tiene ocasionalmente errores (mutaciones). Los errores de sustitución de nucleótidos dan lugar a cambios en los aminoácidos de las proteínas y así a la aparición de la diversidad proteica. Las proteínas nuevas llevarán a cabo su función (sus interacciones moleculares) más o menos efectivamente que las originarias. Esta eficacia es la base sobre la que opera la selección natural y por ello de la diversidad orgánica.

La fijación de las formas moleculares más efectivas en sus interacciones es, por otro lado, la base de su inercia evolutiva. El reconocimiento molecular pone un límite a la variación; es la sintaxis del lenguaje que mantiene la comunicabilidad del mensaje genético. Por esa razón el número de pliegues distintos de los polipéptidos, esto es su forma, es de sólo alrededor de mil. Y el número de genes de los organismos, desde bacterias al hombre, no pasa mucho de treinta mil. Esta inercia explica que los genes están conservados y así sean funcionalmente intercambiables entre organismos tan dispares como levaduras, insectos y hombre. El escape evolutivo a esta inercia causada por las limitaciones del reconocimiento molecular es, iteración génica y aparición de pequeñas variantes en genes (familias de genes), así como combinaciones diferentes en diferentes procesos celulares y en diferentes células. Para ello los genes tienen además de secuencias de nucleótidos usados en transcripción, otras secuencias no codificantes que sirven de dianas de reconocimiento de proteínas reguladores productos de otros genes. Su acoplamiento a estas secuencias, por reconocimiento molecular proteína-DNA, determina que el gen se transcriba o no. Esta activación es un acto de selección sobre el repertorio de genes del genoma, su memoria.

La memoria, depositada en el DNA, contiene una gran riqueza de motivos para diferentes operaciones que determinan estructuras o procesos más y más complejos. Pero hay memoria a muchos más niveles de complejidad. Hay memoria en la estructura de los cromosomas, en otras organelas celulares y en las membranas de las células. Las células se comunican entre sí enviando (ligandos) y recibiendo (receptores) señales moleculares que recaban la información de los genes específicos de respuestas que determinarán el comportamiento celular específico. Esta es también la base de la memoria inmune. Receptores sintetizados por múltiples genes en células linfáticas B (productoras de anticuerpos) o T (citotóxicas) reconocen antígenos difusibles o presentes en células (por ejemplo bacterias), eliminándolos de la sangre. La variación en configuración de receptores es mayor que la de posibles antígenos. De estas interacciones se seleccionan aquellas células que producen receptores de máxima afinidad que se multiplican en clones amplificando sus receptores específicos. Alguno de los linfocitos del clon así seleccionados se guardan (células de memoria) en órganos linfáticos para un segundo episodio con el mismo antígeno.

Análogamente ocurre en la memoria cerebral. La base de la memoria está aquí en las conexiones entre neuronas y el refuerzo, por estimulación repetida de estas conexiones, entre las neuronas involucradas en un acto sensorial o motor. La anatomía de estas conexiones está definida por el desarrollo y éste a su vez por el genoma de la especie. La memoria aparece así en su forma más simple en todos los animales, desde los más sencillos con un sistema nervioso. Esta memoria da lugar al automatismo del acto reflejo (en el movimiento de una medusa) en los tropismos (de respuesta a la luz entre otros) o en la respuesta estereotipada del instinto. 

En estos organismos la base anatómica de la memoria ha resultado de la selección natural, favoreciendo redes de conexiones más eficaces, fundamento de las respuestas innatas. Pero también hay memoria individual adquirida. Esta vez su base estructural es la conectividad nerviosa entre regiones o centros de asociación del cerebro (cortex, hipocampo, cerebelo e hipocampo). Así, estímulos sensoriales llegados al córtex se asocian por conexiones recurrentes con estos centros de asociación creando repertorios de experiencia integradas (sensorial, motora, propioceptiva, emocional) que son susceptibles de ser recabados ante una experiencia nueva o un acto volitivo. La memoria cerebral es así dinámica y dispersa. Como proceso histórico que es la evolución tiene su propia memoria, irreversible y única. La evolución consiste en la explosión, como la expansión del universo, de linajes de nuevas especies. Las especies están genéticamente definidas por un inventario de pautas de reacción, de algoritmos de respuesta, ante avatares del medio externo y del medio interno (desarrollo) del individuo. Estas pautas varían entre individuos, porque los genes de las poblaciones pueden tener diferentes estados alélicos en cada gen.

La combinación al azar de estos alelos en un zigoto es única y va a definir la eficacia reproductiva del portador. Para la población, esta es la memoria colectiva (dispersa) que permite la tolerancia a los cambios, lo que llamamos su adaptación. Ciertas combinaciones alélicas aumentan en la población por su eficacia reproductiva. La plasticidad del proceso evolutivo es enorme pero mantiene la inercia de lo que ha sido creado y probado antes. Así la experiencia de los ancestros de la especie está reflejada, determina y limita la fisiología y la morfología de los descendientes y en el fondo sus capacidades de seguir evolucionando[3].

La primera anotación que debemos hacer es que no se trata de una memoria sino de memorias, de pluralidad de memorias; por lo menos, en principio, hay que considerar dos estratos de pluralidades de memorias. El primero, se trata del estrato de memorias que funcionan como hermenéuticas químicas, tal como hemos denominado en La explosión de la vida, también en Más acá y más allá de la mirada humana.  El segundo, es el estrato de plurales memorias que se conforma sobre los diseños de los recorridos de conexiones, sobre la base de las huellas inscritas por estas conexiones neuronales. El primer estrato es el substrato, matriz sobre la que emerge el segundo estrato, que podemos llamar para-estrato,  que aparece tanto como despliegue del primer estrato, pero, ya no como hermenéutica química, sino como hermenéutica sensible. Vale decir codificaciones y decodificaciones no-químicas; ¿de qué clase entonces? Se trata de impactos, de mapas de impactos, que, en la medida que se repiten, que son recurrentes, quedan como marcas, como inscripciones zonales o regionales. ¿Dónde? ¿Inscripciones de qué? Hablamos del cuerpo, del organismo; se trata del impacto de la exterioridad en la interioridad – usando estos términos filosóficos, que distinguen mismiedad y otredad, también términos que aluden a terminologías sistémicas, que definen clausura y apertura –, impactos de esta relación constitutiva del mundo. Entonces los impactos se dan en el cuerpo, en el organismo, en lugares precisos del organismo, la red neuronal.  Esta relación con el entorno no solo impacta, inscribe la huella de los impactos, la marca de los mapas de las huellas, sino, como se trata también de respuestas, reacciones, acciones del cuerpo, sino codifica y decodifica estos impactos. No de una manera química, como antes, en las dinámicas moleculares, sino de una manera somática. Para que estas huellas somáticas devengan huellas semánticas, se requiere de la interpretación de la experiencia, cuyos substratos profundos se encuentran, primero, en la hermenéutica química, después en le hermenéutica somática. Cuando la experiencia primaria, basada en estas huellas somáticas, llega a ser codificada y decodificada socialmente, vale decir, cuando interviene una interpretación social, es cuando pasamos a la hermenéutica semántica, por así decirlo. En este paso crucial está el lenguaje de por medio. En este caso podemos comprender la presencia de un tercer estrato, que llamaremos meta-estrato.

La aparición, la emergencia, mejor dicho el devenir del lenguaje, es un acontecimiento social. No sólo se trata de asociaciones, de composiciones, de combinaciones de mónadas, recurriendo al concepto de Leibniz, sino de transformaciones en las mismas estructuras de las asociaciones, composiciones y combinaciones, en las mismas formas, contenidos y expresiones de estas asociaciones, composiciones y combinaciones. Podemos entonces hablar del surgimiento, por así decirlo, de hermenéuticas simbólicas que codifican y decodifican las sensaciones, las imaginaciones y las primarias racionalizaciones efectuadas, codifican y decodifican las percepciones.  Como se puede ver, la memoria, mas bien, la pluralidad de memorias, en distintas escalas y niveles, además entrelazadas, formando tejidos estratificados, configuran la complejidad del acontecimiento memoria.  La memoria sensible es esta complejidad.

 

 

 

El olvido o la invención

¿Se puede hacer un balance de lo que se nombra como historia de la humanidad? La pregunta es válida si incluso hablamos en plural de historias de la humanidad o si se quiere historias de las sociedades humanas. ¿Qué clase de balance sería éste? Incluso si decimos que la historia es una invención, hasta un mito moderno. El problema no radica tanto aquí, que sea un mito, sino en que, en el caso, que llegue a ser mito, que es  lo más plausible, este mito, la historia, nos da un mensaje que puede ser terrible. No importa lo que haya ocurrido, podía haber ocurrido de una manera o de otra, lo que ha ocurrido es, en todo caso, casualidad, lo que importa es lo que ha quedado como interpretación. Ahora bien, lo que hay que resolver aquí es si esta interpretación es la oficial, la institucional, o se trata de la interpretaciones colectivas, que toman otro camino, al institucional. Interpretaciones contrapuestas a la versión institucional, a la versión de la historia oficial. Ampliando la problemática; incluso, en este caso, que entren otras versiones, contrapuestas, contra-históricas, estas versiones no dejan de ser también otras narrativas, quizás más próximas a la historia efectiva, pero, también tramas; es decir, interpretaciones, que atribuyen sentido a la direccionalidad histórica.

Entonces también, considerando este panorama narrativo más amplio, en el caso de la contra-historia, estamos ante la problemática que plantea el mensaje aludido: No importa lo que haya pasado, incluso en el caso de que importe, de que sea indispensable acercarse más a la historia efectiva, lo que importa es lo que queda en las interpretaciones. Algo así como lo que importa es la idea que queda; que es lo mismo que decir que lo importa, al final de cuentas, es el mito. Es como si las sociedades humanas vivieran para el mito, para reproducir el mito, para reencarnar el mito, aunque no lo logren. No importa lo que vivan, que al final, es casualidad, sino que vivan para el mito, que hagan vivir el mito, aunque lo hagan a costa de ellas mismas.

Si este es el mensaje, es terrible. Es encaminarse a la ilusión, optar por la ilusión, encontrar que el sentido es precisamente la ilusión. Es como encontrar en el engaño y en el autoengaño el sentido de la existencia humana. ¿Es este nuestro destino?

Volviendo a ese concepto problemático de historia, sobre todo a sus referentes,  la historia parece confirmar este mensaje. Todas las invenciones humanas, desde sus primeros mitos hasta los actuales, pasando por sus instituciones convertidas en eternas, como si fuesen sagradas o derivadas de lo sagrado, como si no fuesen construcciones humanas, como si no fuesen sus criaturas, sino, mas bien, sus orígenes. Pasando por sus finalidades; las de salvación, después, las políticas, cuyos fines terrenales ungen a los mismos de plenitud histórica, como si el fin sean estos objetivos abstractos y no el mismo ser humano o, mejor dicho, la vida misma.  Las sociedades humanas se han dedicado a entregarse a sus mitos, a sus instituciones, a sus religiones, a sus “ideologías”, a sus finalidades. La dedicación al mismo ser humano, a la misma vida, ha sido relegada o subordinada al servicio de estos fines.

Es posible que los mitos hayan permitido a las sociedades humanas iniciales sobreponerse a las adversidades, a su propia debilidad corporal, a las condiciones de posibilidad ecológicas, logrando su sobrevivencia y afincarse en los territorios. Sin embargo, en la medida que lo ha hecho, que sus mismas sociedades se complejizaron, los mitos se convirtieron en un obstáculo, incluso en peligrosos para la sobrevivencia. Empero, en vez de abolir los mitos, el recurso al mito, las sociedades humanas optaron por sustituir los mitos heredados por otros nuevos. Este recurso o esta recurrencia renovada a mitos remozados, en vez de ayudar, complicó la situación, pues se decía que los nuevos mitos no lo eran, sino eran la mismísima verdad. Con lo que se reforzaba el carácter  estructural del mito.

Por otra parte, se han acumulado tantos mitos, se han multiplicado los mitos, que hay una variedad extensa; las sociedades humanas se encuentran entrampadas en campos de telarañas de mitos. Parece que ya no puede salir de mundos habitados por sus propios fantasmas. No puede ver la vida, los ciclos de la vida, la complejidad abundante y creativa de la vida; no puede verse a sí mismo, su cuerpo, su conexión sensible con el universo.  Sólo puede ver la forma y el perfil de sus propios conceptos; sólo puede ver la vida y verse a través de estos lentes abstractos. Ha perdido el contacto con la vida y con su propio cuerpo.

Aunque exageremos o parezca que lo hacemos, la humanidad ha llegado a un punto, por así decirlo, donde, por este decurso, llamada historia, en la modernidad, desarrollo, más eufemísticamente, progreso, se encuentra en mayúsculo peligro, ha puesto definitivamente en entredicho su propia sobrevivencia. Entonces, aunque la historia parezca confirmar el mensaje, lo que hace es confirmar un derrotero hacia la desaparición de la humanidad. Lo que de por sí, coherentemente, apostando por la vida, debe ser rechazado.

Usando la frase popular conocida o, si se quiere, la sabiduría popular, ¿cómo poner las cosas en su sitio? No se trata de descartar la imaginación, sino de integrarla al cuerpo; no se trata de desterrar los mitos, que forman parte de un pasado y todavía de un presente, hasta no sabemos cómo continuaran, sino de comprender que los mitos son tramas, narrativas, construcciones estructurales de sentido; por lo tanto, de interpretación. En esta perspectiva, de ninguna manera se trata de someterse al mito, de vivir para el mito; tampoco de confundir la realidad, sinónimo de complejidad, de la que formamos parte, con las imágenes que conformamos de su experiencia. Sino, se trata de integrar todo esto a la dinámica de los ciclos vitales y la potencia de la vida.

Un nuevo comienzo

Lo que se ha vivido es experiencia, lo que han vivido las sociedades humanas son experiencias sociales. La experiencia se convierte en memoria, como dijimos, en memorias, con toda la complejidad que compete a la memoria. En lo que respecta a las sociedades, se convierte en memorias sociales. La memoria social no es historia, de ninguna manera. Puesto que la memoria social, la memoria misma, es vital; la memoria es vida, concretamente la memoria sensible. La historia es narrativa, una estructura discursiva dada, una interpretación de la experiencia social y de la memoria social; pero, no es ninguna de éstas, ni experiencia, ni memoria. La memoria es dinámica, si se quiere cambiante, mutable, en constante transformación, porque se actualiza, haciendo presente sus sedimentaciones y estratificaciones. Paradójicamente, la memoria también es conservadora; se aferra a sus huellas, a la inscripción de las huellas, a sus mapas sedimentados de huellas. Es obsesiva con estas inscripciones, que no son exactamente pasados, ni recuerdos, sino eso, huellas hendidas en el cuerpo. Huellas presentes en el cuerpo, a las que recurre para interpretar el presente.

En este sentido, la experiencia es también aprendizaje. A estas alturas del partido, las sociedades humanas ya deberían haber aprendido las dramáticas lecciones. Ya no deben insistir en lo mismo, en hacer lo mismo, a pesar de sus variantes. De manera concreta, ya no deben ni pueden seguir dominando de las distintas formas que lo han hecho y lo puede hacer. No es el camino de la sobrevivencia; es el camino de su desaparición. Tiene que aprender o, si se quiere, reaprender a comunicarse con los seres del universo; algo que sabe su cuerpo, pero no la razón abstracta e instrumental, separada del cuerpo; la que pretende enseñorear sobre la tierra y el universo. Esta humanidad presente, actual, contemporánea, atareada en sus problemas masivos, en los problemas pendientes, armada con dispositivos de destrucción masiva, tiene la responsabilidad imperiosa de resolver los problemas pendientes, de descartar los seudo-problemas, que son “ideológicos”, para encaminarse a darse tareas dignas de su presencia en el universo, compartiendo la conexión con los demás seres.  Los problemas pendientes son resolubles, tiene los recursos y medios para resolverlos, no son imposibles, tampoco difíciles de hacerlo. Lo difícil es arrancar a las sociedades humanas de su encantamiento, en la que se encuentran, seducidas por mundos de fantasmas y dramas fantasmagóricos, donde se ensaña en guerras a muerte por ideales sin carne ni hueso.

 

 

 

Spectaculum ridiculus

La política se ha vuelto una comedia y los políticos unos comediantes. Si, de alguna manera, el espectáculo ha estado ligado siempre al poder; sobre todo por la búsqueda de magnificencia, por mostrar la desmesura demoledora del poder, evidenciando que eso es lo que se necesita, que lo que necesita el poder. Requiere que se crea en esta desmesura contundente de sus fuerzas demoledoras. Como sin esta creencia no sería nada el poder. Estará reducido a su ordinaria realidad, la de formar parte de la cotidianidades y miserias humanas, de las elocuentes pretensiones y demostraciones rituales. Sin embargo, en la actualidad, la de la modernidad tardía, el espectáculo se ha trastrocado en montaje aparatoso y hasta ridículo. Los actores, es decir, los comediantes, hablamos de los políticos, ponen cara de circunstancia, adquieren un aire de solemnidad exagerada, le dan un tono trágico a su voz, para hablar de temas triviales.

Como se trata de temas tan triviales, que inclusive no se requiere que se haga noticia de ellos, llenan los comediantes este vacío con poses abultadas, como queriendo darle un contenido a sus pamplinas. Este comportamiento fantoche se observa en la llamada clase política, sean de un lado o de otro, sean de “derechas” o de “izquierdas”. Cuando el poder no contaba con medios de comunicación de masa, como ahora, el espectáculo público directo, que concentraba gente alrededor, que se manifestaba ante los ojos, se esmeraba en la crueldad o en la demostración de grandeza, en el mejor de los casos, en el arte, por ejemplo la danza. Sin embargo, cuando los medios de comunicación de masa desbordan a este espectáculo antiguo, dejándolo aislado y escaso ante los recursos mediáticos, se pierde el esmero en la crueldad teatral y en la manifestación monumental, sobre todo se deja de lado lo mejor que se tenía, el arte involucrado en estas ceremonias. El poder recurre ahora a los medios; se ha vuelto mediático. El espectáculo se ha transferido a la pantalla, a la radio y a los periódicos. Entonces se trata de un espectáculo indirecto, espectáculo, que ya es una representación, representado por la transmisión mediática. Los actores, comediantes, es decir, los políticos, se esmeran menos por demostrar su distancia abismal pretendida. Cumplen con letanía una práctica recurrente, ordinaria, respondiendo a la inercia del poder.

Un ministro de gobierno hace gala de estos atributos comediantes de la clase política. Presenta ante los medios, encandilados por tal motivo, el de la captura de un prófugo, quién se escapó de lo más fácilmente,  a quién se lo capturó también de lo más fácilmente.  Esto habla no solamente de la bufonería del poder sino también de la miseria de los comunicadores. Ambos, poder, en este caso, gobierno, y medios, se complementan, se apoyan en su insuficiencia. El ministro quiere presentar lo que ha ocurrido como un logro de la eficacia de la policía, institución que tiene centenares de casos no resueltos ni aclarados; para tal efecto convierte el prendimiento del prófugo en escena de película, digna de la aventuras del agente 007, famoso en las pantallas. Han intervenido satélites, desplazamientos de élite, estrategias militares envolventes, minuciosidad técnica, para capturar a un prófugo que estaba a su alcance, todo el tiempo.

Está el espectáculo ridículo, sin embargo, no se aclara nada. ¿Por qué no se entregó antes al reclamado por la fiscalía peruana? ¿Por qué no se esmeraron tanto el gobierno peruano como el gobierno boliviano en apresurar los trámites y en ejecutar lo que decían que buscaban? ¿Por qué se metieron en este intrincado suceso de pedido de extradición, de burocracia jurídica, por ultimo de fuga y captura? Algo tan fácil de aclarar queda en suspenso. Lo que queda claro es la pretensión grandilocuente del poder de haber hecho algo sobresaliente, en un océano de inutilidades.

Ciertamente no es un hecho aislado; se trata del comportamiento regular del poder, tanto en nuestro país como en el resto del mundo. Lo que se constata es el vacío desbordante del poder; su inutilidad; el estar ahí, donde está, por inercia, por arraigo a las costumbres y a los habitus. Por lo tanto, la única manera de convencer de que es necesario es hacer este espectáculo ridículo de exageraciones

El poder es un artefacto demás, por más fabuloso que sea; excedente, que debería estar en el museo de antigüedades; sin embargo, se lo mantiene artificialmente por transfusión debido al apego de las sociedades, por lo menos gran parte de ellas, a las dominaciones acostumbradas. Entonces, el problema no es tanto que este artefacto, esta maquinaria fabulosa, esta antigüedad, siga funcionando, sino que los pueblos lo mantengan artificialmente. El problema se encuentra en esta actitud dócil, de sumisión y sometimiento; en este conformismo, en este deseo del amo.

 

 

 

¡Que vivan los estudiantes!

Apuntes para una genealogía de las movilizaciones estudiantiles

 

Dedicado a los y las estudiantes movilizados por la educación pública, gratuita y de calidad, movilizados por la defensa de los bienes comunes; por lo tanto, por la defensa de la vida.

Tengo la impresión, no es ninguna verdad, ni tiene esta pretensión, sino es la interpretación de una experiencia, la mía, de que las civilizaciones, culturas, sociedades y pueblos vitales tienen una relación afectiva y atenta con respecto a sus jóvenes; en cambio, parece que las civilizaciones, culturas, sociedades y pueblos, en su etapa decadente, tienen una relación adversa con sus jóvenes, quienes son considerados, por lo menos, sospechosos. Esta hipótesis interpretativa de partida, esta hermenéutica provisional de las movilizaciones estudiantiles, es puesta en mesa, para comenzar a hacer consideraciones teóricas y evaluativas de las movilizaciones estudiantiles en Chile.

La lucha de los estudiantes por la educación pública, gratuita y de calidad, contra la forma privada, comercial e instrumental, impuesta desde la dictadura militar de Pinochet, no solamente es una reivindicación histórica, sino también es una lucha por la defensa de los bienes comunes, expropiados por lo privado y lo público. Por lo tanto, es una lucha por la vida. Esta lucha adquiere sus características propias en el contexto de la formación social-económica de Chile; empero, forma parte de la problemática continental de la educación y de la formación en todos los países de América Latina y el Caribe, incluso, con sus propias características, podríamos decir de Norte América, así como también del mundo.

Ciertamente, lo que hay en Chile, en lo que respecta a la educación, incluyendo sobre todo a lo que pasa con las universidades, además, de lo que ocurre en el contexto jurídico-político con la Constitución pinochetista heredada, tiene que ver con la dramática historia del derrocamiento del gobierno socialista de Salvador Allende, la imposición violenta de la dictadura militar, que buscaba extirpar de Chile la rebelión social, que no es otra cosa que la vitalidad social de la nación. La burguesía pretende, desde su proyecto geopolítico, emergido con Portales, una hegemonía clara, que más se parece a una dominación a secas que a una hegemonía, que requiere, como condición, para serlo, de consenso y aceptación. Como esto no puede lograrlo, la burguesía impone a la fuerza su dominación, aunque tenga que desterrar a la mitad de Chile.

Ahora, después de varios gobiernos de concertación, de gobiernos de coalición, entre los que se hacen llamar “socialistas”, tan distintos a los del periodo de Allende, y partidos vinculados directamente a la dictadura militar, aunque hayan adquirido una máscara democrática, la movilizaciones estudiantiles estallan interpelando no solamente a la política educativa, a la estructura educativa, cuyo régimen es privado, dominantemente privado, sino al hacerlo, se interpela a los gobiernos de la coalición, a los gobiernos de la concertación. Entonces se interpela a un Estado constituido sobre la estructura de poder de una burguesía intermediaria, arraigada en la explotación extractivista, en el despojo de los recursos naturales, en la desposesión de pueblos indígenas y sus territorios, en  la explotación del pueblo chileno, de los trabajadores y los estratos sociales marginalizados por las políticas neoliberales impuestas a filo de bayonetas.

Esta problemática educativa es compartida, como hemos dicho, en su propia variabilidad y diferenciación, en su propia distribución de características propias, dependiendo de los contextos particulares, las formaciones sociales concretas, las historias efectivas de los países. No se crea que es una problemática que sólo atinge al pueblo de Chile y a los estudiantes chilenos, como más o menos un comentador de televisión hizo alusión, lanzando su tesis peregrina de que hasta ahora en Chile no se ha logrado lo que gran parte de los países lo han hecho, la educación pública. Esta falta de criterio histórico, además de desconocer el sentido de las demandas de la educación pública, demandas que se acercan, en algunas versiones, más radicales, por cierto, a la autogestión comunitaria, en otros casos a la participación activa y dinámica de los estudiantes y la sociedad. Además de entender que se trata de calidad educativa, no de demagogia educativa, como ocurre en muchos estados, donde se conserva la educación pública; empero, se la ha vaciado de contenidos, además de convertirla en un engaño masificado. Por ejemplo, los estudiantes en Brasil, de gobierno progresista, donde se conserva la educación pública, demandan también calidad, además de defender los bienes comunes, como el pasaje libre. Así también en Bolivia, otro gobierno progresista, que, además tiene la imagen, en la cabeza de los “izquierdistas”, de ser de los gobiernos progresistas de Sur América, el más radical, la reforma educativa no es más que una demagogia, que, a pesar del nombre, no tiene atisbos de ser intercultural, plurinacional ni descolonizadora. Es solo la misma educación colonial, liberal y neoliberal, en todo su bricolaje,  con otros nombres pomposos. Entonces, el análisis de las movilizaciones en la actualidad debe ser atendido, teniendo en cuenta tanto sus singularidades, propias del país, así como las conexiones, analogías, compartidas, debido a que convivimos y coexistimos en un presente peculiar, el de la dominación del capitalismo financiero.

La tendencia a la privatización de la educación no solamente es la inclinación, la modalidad y la aplicación del proyecto y modelo neoliberal, que tiene un hito estatal en Chile, con la dictadura militar de Pinochet, sino que es también y sobre todo, la perspectiva estratégica del orden mundial, que responde a la dominación del capitalismo financiero, desplegando la acumulación especulativa de capital, acompañada por la expansión extractivista a gran escala. Esta forma especulativa de acumulación sólo se puede sostener sobre la base material de la desposesión y despojamiento de los territorios, de los recursos naturales y de los pueblos. Son éstos los que tienen que pagar la crisis de sobreproducción generada por los ciclos largos del capitalismo, crisis administradas especulativamente por el sistema financiero, convertidas, entonces, en crisis financieras. La privatización, en sus distintas modalidades, formas y tópicos, es pues el recurso técnico-administrativo de este capitalismo especulativo. Comparten la privatización en marcha tanto gobiernos neoliberales como progresistas, aunque lo hagan con distintos métodos.

Lo que enfrentan, en el fondo, las movilizaciones estudiantiles, es este sistema-mundo capitalista, en su forma especulativa financiera y de despojamiento extractivista. Ciertamente, la lucha contra el substrato histórico-político-económico-social-cultural de la crisis, substrato que es el sistema-mundo capitalista, no se da de manera directa, sino, si se quiere, mediada, por las contradicciones específicas en y con el sistema educativo privado. Esto no quiere decir, de ninguna manera, que se tenga que relativizar la lucha estudiantil por la educación pública, gratuita y de calidad; todo lo contrario, esta lucha debe ser apoyada por la sociedad, por todo el pueblo, por todas las sociedades y pueblos, por lo menos de Abya Yala. La lucha concreta contra el sistema-mundo capitalista es esta, se encuentra en estos estallidos de la crisis, se halla en la defensa de los derechos públicos, sociales, comunitarios, comunes, derechos a la educación. Ni el capital es abstracto, salvo para los economistas y economicistas de toda laña, ni las luchas sociales son abstractas; por ejemplo, por un socialismo abstracto, como ideal y finalidad. La lucha contra las dominaciones, contra el sistema-mundo capitalista, se da específicamente en estos puntos, líneas, frentes de tensión.

Apuntes para una genealogía de la movilización estudiantil

La genealogía requiere de ciclos largos, de estructuras de larga duración. En el caso de las movilizaciones estudiantiles, no estamos ante esa disponibilidad de ciclos largos; sino, mas bien, se trata de periodos cortos e intermitentes. Por lo tanto, no se puede hacer una genealogía de los movimientos en cuestión. Los apuntes intentaran abrir brechas para hacerlo, conectando estas movilizaciones contemporáneas, en el ciclo largo, con la genealogía del poder.

En Movimiento estudiantil en Chile: Lucha, participación y democracia, Fernando Marcelo de la Cuadra[4], caracterizando el periodo, escribe:

La llegada al poder en 1990 del primer gobierno de la Concertación de Partidos por la Democracia (CPD) se hace después de 17 años de dictadura militar. Entretanto, la transición democrática no se dio en ningún contexto de crisis económica –como en el caso de otros países de la región- y el nuevo gobierno que tomó posesión en ese año, heredó no solamente una gran masa de excluidos dejada por el modelo económico neoliberal implementado de forma pionera por los militares, sino también quedó rehén de una serie de restricciones institucionales impuestas por la Constitución vigente y aprobada en plena dictadura (1980), así como de la existencia de enclaves autoritarios presentes en el propio sistema político. A saber: senadores designados, sistema electoral binominal, Consejo de defensa del Estado, inamovilidad de los Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas[5].

Dicho de manera rápida, este es el comienzo de esta etapa en la historia política de Chile. La dictadura inaugura una fase de despojamiento social, despojamiento cultural y despojamiento económico del pueblo, del país, de los recursos naturales, de las organizaciones sociales y políticas, sobre todo ligadas al proyecto socialista. La dictadura se instaura no solo con la violencia inusitada de la armas contra el pueblo, sino que ejecuta una represión sistemática y masiva a toda la sociedad; estableciendo un terrorismo de Estado, persecutorio de todo lo que se asemeje no solamente a socialismo, sino también a derechos sociales, a derechos democráticos y de los trabajadores. Lo que busca la dictadura es hacer desaparecer todo vestigio que recuerde al Chile rebelde, democrático, combativo, que no es otra cosa que su propia historia vital, la del país. Quieren un país como ha soñado la oligarquía, un país de un pueblo obediente, disciplinado, que tenga como ideal el servicio ciego a la patria, de la que los militares se sienten la encarnación. Esta patria de la burguesía no es la patria popular, la patria de la sociedad vital y alterativa, no es la patria de la sociedad viva, sino la patria del cuartel, donde no se discute, sino se acata.

Sin embargo, los militares, que son el brazo armado de la burguesía, no pudieron lograr su cometido. No se puede extirpar la memoria social, a no ser que se acabe con todo el pueblo; no se puede borrar la memoria social, a no ser que se desconecte a los cuerpos de la experiencia social; algo que es imposible, a no ser que se acabe con los cuerpos. Burguesía, que en mote popular, se denomina momia, hablamos entonces de la clase de los momios. Burguesía cohesionada, más que otras del continente, sobre la base de la voluntad de dominio sobre los pueblos indígenas, sobre el propio pueblo, mestizo, migrante pobre, devenido proletario, también nacional-popular, constituido tanto en la cultura portuaria y de las ciudades costeñas. La geopolítica de esta burguesía es de expansión regional, también de expansión interna, por así decirlo, de disciplinamiento[6]. Después de la guerra contra los mapuches, después de la guerra contra sus vecinos, la guerra del Pacífico,  se tuvo que enfrentar a una guerra contra el pueblo, cuando el pueblo llevó a la presidencia a Salvador Allende.  Según la “ideología” geopolítica de esta burguesía cohesionada en la voluntad de dominio intensificada, cohesionada en los habitus conservadores, burguesía momia cuya cuna fue la oligarquía colonial, la UP era un peligro para el Estado, un atentado a la seguridad del Estado; por lo tanto, la tarea era continuar la guerra geopolítica internamente, contra el pueblo, contra el país interior. Lo han hecho, han derrocado al presidente socialista, han destrozado a las organizaciones sociales, perseguido a los partidos políticos de izquierda, sembrando muertos, desaparecidos, exilados, dejando secuelas de torturas masivas, enterrando los cadáveres por todo el país, sino es en el mar.

Han pasado dos décadas, hasta la apertura democrática controlada, y los resultados no parecen tan satisfactorios para la burguesía momia y para estos generales inclinados al despotismo. El pueblo sigue vital, ha retomado las resistencias, las luchas sociales y, sobre todo, pelea por recobrar su memoria social, interpretando su experiencia social, haciendo visible la historia efectiva. Los protagonistas de este viaje a la historia reciente, que tiene como substrato la historia larga, a esta recuperación del tiempo perdido, son los estudiantes. Las movilizaciones estudiantiles son mucho más que eso, movilizaciones estudiantiles, sin desvalorizar estas movilizaciones y sus reivindicaciones; todo lo contrario, valorizándolas de la manera más adecuada, valorizándolas por su impulso histórico.

El autor citado, hace descripciones pertinentes de este proceso. Fernando Marcelo de la Cuadra escribe:

Los diversos gobiernos de la CPD incorporaron no solamente esta agenda de conciliación y reencuentro, sino que consagraron también un proyecto minimalista de pequeñas transformaciones económicas, políticas y sociales para el país. En su totalidad, el proyecto neoliberal casi no fue alterado, salvo algunas acciones específicas y puntuales, que le conceden un papel de mayor relevancia al Estado. En pocas palabras, podría decirse que los gobiernos de la CPD han marcado una continuidad con relación a los hechos del gobierno militar, principalmente en materia económica: mantención de los equilibrios macroeconómicos, estabilización monetaria, generación de superávit fiscal, apertura para el exterior, aprovechamiento de las ventajas comparativas, flexibilización del trabajo.

Continuando con la descripción, anota que:

Entre los conflictos sociales enfrentados por el nuevo gobierno bajo la presidencia de Michelle Bachelet, el generado por el movimiento estudiantil secundario es, sin duda, el más significativo. En el período de la transición democrática iniciada en 1990, el movimiento estudiantil secundario se abocó principalmente a la tarea de reconstruir sus centros de alumnos en el interior de los establecimientos educacionales, debido al férreo control ejercido sobre éstos por las autoridades de los Liceos en los años de la dictadura militar. Pero esa reconstrucción no venía de cero. Dicho movimiento evidenció bastante vitalidad en los años de la mayor represión del régimen de Pinochet, acumulando una rica experiencia de participación en el proceso de lucha por la recuperación de la democracia en el país.

El autor puntualiza que:

Después de algunas manifestaciones de cierta consideración en los últimos años del gobierno Lagos, los estudiantes secundarios iniciaron, en el final de abril, marchas y protestas por la gratuidad del pase escolar y por la disminución del valor de inscripción de la Prueba de Selección Universitaria (PSU). En el inicio de las movilizaciones se calcula que participaron 10 mil estudiantes. Ante este escenario, el gobierno reaccionó de la peor forma: comenzó a descalificar a sus artífices. El conjunto de actitudes y actos del gobierno tornó evidente su falta de tino y asertividad para enfrentar el conflicto. Miembros del gobierno definieron estas movilizaciones como el producto de mentes alucinadas o inmaduras de jóvenes rebeldes y que las sucesivas convocatorias sólo serían acatadas por un grupo bien minoritario. No sólo desconocieron la legitimidad de las reivindicaciones de los estudiantes, pero también criminalizaron sus actos, llamándolos de vándalos y violentos, discurso que fue ampliamente difundido y apoyado por la prensa conservadora. A partir de ese examen, se crearon las condiciones para justificar la acción de las fuerzas policiales que reprimieron ferozmente las manifestaciones callejeras, con el consentimiento o la omisión del ejecutivo. De este modo, el diagnóstico que hacían las autoridades, y que amplificaban los medios de comunicación, era que se estaba frente a un movimiento estudiantil donde se alzaban movilizaciones con la excusa de delinquir (los encapuchados) y cuyos dirigentes estaban sin capacidad de organización y legitimidad para detener los actos de violencia producidos en las principales ciudades. Después de 10 días de manifestaciones masivas y del recrudecimiento de la represión policial, con cientos de estudiantes detenidos, el conflicto explotó en el interior del gobierno, que como medida de emergencia buscando salir de la crisis determinó el alejamiento del Jefe de la Policía Metropolitana.

Durante el transcurso del mes de mayo los estudiantes cambiaron de táctica. En el inicio de ese mes las movilizaciones se realizaban en la calle, pero debido al desorden creciente y principalmente al gran número de heridos y detenidos, la Asamblea de los estudiantes resolvió pasar a ocupar los recintos educacionales. De esta forma, el movimiento cobra inusitada fuerza y los alumnos paralizan sus actividades escolares, con más de 100 mil alumnos entrando en paro y en torno de 100 colegios tomados. Según informaciones de la prensa, en fines de ese mes la rebelión de los jóvenes se extiende por todo el país y va agregando también el apoyo de otros sectores (estudiantes universitarios, profesores, profesionales) llegando a movilizar aproximadamente un millón de personas. Finalmente, y debido al fracaso en las conversaciones con el gobierno los estudiantes deciden convocar a una jornada de paralización nacional para comienzos de junio (día 5), a las cuales se sumaron los estudiantes universitarios, Sindicato de Profesores, Central Unitaria de Trabajadores (CUT), Asociación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF), Confederación Nacional de Trabajadores de la Salud (CONFENATS), Asociación Nacional de Funcionarios de Impuestos Internos y otras organizaciones sociales y de trabajadores. Es la mayor protesta estudiantil de que se tiene memoria en los últimos años.

En ese momento se produce una virada estratégica en las demandas de los estudiantes. En la medida en que el conflicto comenzó a arrastrarse por el país y que nuevos actores fueron sumándose al movimiento, las demandas se ampliaron en pro de reformas de carácter estructural, como la reformulación de la Jornada Escolar Completa (JEC) y la extinción de la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE) promulgada (literalmente) en el último día del régimen militar (10/03/90). Esta ley permitió, entre otras cosas, que la educación estatal fuese traspasada de los Liceos públicos, bajo control del gobierno central capaz de mantener buena calidad de la enseñanza, para los municipios. La ineficacia y la falta de recursos demostrada por los gobiernos locales actúan directamente en detrimento de la calidad de la enseñanza de las escuelas municipales, frente, sobretodo, de los colegios privados. Por ese motivo, uno de los principales slogans que surgió en el calor de las movilizaciones fue: “exigimos mayor intervención del Estado en el sistema de educación, la educación es un derecho y no un privilegio.” Él representa claramente el apelo de los estudiantes por una educación gratuita y de calidad, visto la enorme brecha entre la enseñanza privada y lo municipal.

La relevancia y dimensión incremental adquirida por las protestas colocaron en jaque el gobierno, teniendo este finalmente que negociar con los “revoltosos” y convidarlos a participar en la formación de un “Consejo Asesor Presidencial para la calidad de la Educación”, el cual tuvo por objetivo elaborar una propuesta que conciliase los diversos sectores en conflicto, evaluando la pertinencia de hacer cambios en la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza. Este Consejo fue integrado por 74 miembros, siendo que 12 de ellos fueron representantes de los estudiantes. Entretanto, como fue expuesto en su oportunidad por un dirigente de los secundarios: “En torno de un 70 por ciento de los miembros “adultos” del Consejo no comparte nuestras ideas”. (Chilevisión, 11/06/06). Este Consejo también fue cuestionado en repetidas oportunidades tanto por los alumnos como por otros sectores de la sociedad, en parte, por el excesivo número de miembros que comprometió su capacidad operativa, pero, sobre todo, por la desidia e indolencia con que muchos integrantes de la Comisión enfrentaron los trabajos necesarios para elaborar la propuesta final.

En parte por esa falta de compromiso de muchos miembros del Consejo, afectando el desempeño de este, y, especialmente por la ausencia de perspectiva con relación al documento final del Consejo, los estudiantes comenzaron a movilizarse nuevamente en el mes de octubre, días después que se dio a conocer el informe de avance del Consejo. Este segundo brote de agitación secundario, se debió (en palabras de los dirigentes) al descontento que provocó entre los estudiantes la falta de progreso en las propuestas. En tanto, la táctica utilizada en mayo, que consistía fundamentalmente en la ocupación (toma) de los establecimientos educacionales, tuvo que ser revertida por la fuerza de los hechos. La segunda ola de protestas fue marcada por lo ingreso de las fuerzas policiales en los liceos y colegios y el desalojamiento de los alumnos. Muchos fueron detenidos, amenazados o expulsados de los colegios, ante lo cual la Asamblea de estudiantes determinó nuevamente ocupar las calles para expresar sus demandas. Esta mudanza de táctica tuvo consecuencias inmediatas en torno al grado de confrontación generado entre los estudiantes y las “fuerzas del orden”, reiterándose las escenas de violencia y de represión ya advertidas en mayo.

Finalmente, días antes de salir a la luz el informe final de esta Comisión especial, los estudiantes secundarios – luego seguidos por los estudiantes universitarios y profesores – decidieron “bajarse” del documento, quiere decir, no firmar la versión final que sería entregada a la Presidenta Bachelet en el día 11 de diciembre. El argumento es simple y directo: los alumnos no se sienten representados por los resultados expuestos en el texto final, que según ellos, acaba por consagrar la visión mercantil de la educación.

Durante el curso del presente año de 2008, los estudiantes han retomado las movilizaciones. Ellas comenzaron en el mes de abril y continúan hasta el momento de escribir estas líneas (junio). Después de realizar la ocupación de aproximadamente 200 liceos, colegios y universidades, ahora los estudiantes decidieron tomarse la sede central de dos partidos que conforman la Concertación (PPD y PS). La medida fue realizada un día después que el gobierno desocupara 40 establecimientos educacionales y repusiera en la agenda legislativa la urgencia para su aprobación en la cámara de Diputados de la Ley General de Educación (LGE).

El portavoz de la Federación de estudiantes de la Universidad de Chile, afirmó que esta ha sido “una ocupación pacífica y temporal con pocas personas”. Con esta medida, los jóvenes rechazaron el pacto entre la Concertación y los partidos de derecha (congregados en la Alianza por Chile), que dio vida a la LGE y presionaron a los partidos cuyas sedes fueron ocupadas para que se pronunciasen a favor de sus exigencias. “Nuestros reclamos son por una educación pública gratuita en todos los niveles, fin a la municipalización, eliminación de la educación (privada) subvencionada, y co-gobierno efectivo”, informaron los estudiantes en un comunicado[7].

La concertación, el periodo de estos gobiernos de coalición, a pesar de sus diferencias, que son, en el fondo de matices, es la continuación de la dictadura por otros medios, por los medios de la democracia formal, restringida a la Constitución impuesta por el dictador. La lucha de las movilizaciones ha hecho conocer públicamente, por lo menos en alguna de las corrientes más críticas, que uno de los objetivos es la convocatoria a una Asamblea Constituyente, para liberarse de la malla de acero aprisionante dejada por la dictadura, para controlar, vigilar y limitar los alcances de la democracia. Queda claro cuál es la contradicción entre las movilizaciones estudiantiles y los gobiernos y partidos de la concertación, fuera de las demandas nucleares de los estudiantes entorno a la educación pública, gratuita y de calidad. La contradicción es política; los estudiantes están en contra de la impostura democrática de estos partidos.

Las movilizaciones continúan más allá del relato de Fernando Marcelo de la Cuadra. Se puede decir que las movilizaciones estudiantiles estallan masivamente durante el 2011. Se trata de una hilera de movimientos, movilizaciones y manifestaciones efectuadas por estudiantes universitarios y de secundaria durante este año. Los estudiantes levantados rechazan el sistema educacional, dominantemente privado, en comparación con la participación del Estado. Solo el 25 % del sistema educativo es financiado por el Estado, mientras que los estudiantes aportan con el otro 75 %. El sistema educativo de predominancia privada  nace en la dictadura de Augusto Pinochet; se implementa durante la década de los ochenta.  Su aparente  culminación se patentiza con la promulgación de la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE). En consecuencia, la ley atribuye al Estado un rol regulador, delegando gran parte de la enseñanza al sector privado.

Como se ha podido ver, un antecedente importante al estallido de las movilizaciones de 2011 es la movilización de 2006, conocida como la “Revolución pingüina”. La ley (LOCE) fue interpelada, después reemplazada, en 2009, por la Ley General de Educación, que, sin embargo, no renovó esencialmente la ley de la dictadura.

Las primeras movilizaciones fueron convocadas en Santiago por la Confederación de Estudiantes de Chile (CONFECH), organismo que agrupa a las federaciones de estudiantes de las universidades que integran el Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas – conocidas como “tradicionales” -. La convocatoria fue para los días 28 de abril y 12 de mayo de 2011, en reclamo por el financiamiento, retrasos en la entrega de becas y problemas con la Tarjeta Nacional Estudiantil (TNE).

Durante el mes de junio, los estudiantes convocaron a sucesivas marchas en las principales ciudades, alcanzando gran impacto en su llamamiento a la sociedad, demandando reformas al sistema educacional, reformas que fortalezcan el rol del Estado en la educación. Luego de un mes de paralizaciones, el gobierno presentó su primera propuesta, estableciendo un nuevo fondo para la educación y facilitando el acceso a créditos universitarios. Las principales organizaciones rechazaron la propuesta demandando medidas más de fondo. Sucesivas propuestas del gobierno abrieron la posibilidad de reformas al sistema, como la des-municipalización de la educación secundaria, incluso un cambio constitucional, que asegure la calidad en la educación. La propuesta del gobierno no satisfizo a las organizaciones estudiantiles.

Los principales voceros del movimiento universitario durante ese año fueron los presidentes de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH), Camila Vallejo, y de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica de Chile (FEUC), Giorgio Jackson, entre un conjunto notable de dirigentes. Los estudiantes de la secundaria se añadieron a las movilizaciones con sus demandas concretas; comenzaron a realizar tomas en sus colegios, redundando en las acciones de la “Revolución pingüina”. La conducción y coordinación del movimiento estuvo a cargo de  la Coordinadora Nacional de Estudiantes Secundarios (CONES) y la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES). Al ritmo que la movilización fue intensificándose, se incorporaron por primera vez estudiantes de colegios particulares pagados, Centros de Formación Técnica (CFT), Institutos Profesionales (IP) y universidades privadas; en otras palabras, prácticamente todo el sistema educativo.

Contando ya con dos meses de paralizaciones, una reconocida encuesta de opinión pública cuantificó el respaldo que la movilización estudiantil logró de parte de la ciudadanía; la encuesta ponderó un fuerte apoyo de la población, cerca de un 70 %, a las principales demandas del movimiento. El gobierno, en tanto, entró en una crisis, que condujo a la caída de la popularidad presidencial, trayendo a colación sucesivos cambios de gabinete[8].

Las movilizaciones estudiantiles vuelven a estallar masivamente en el 2015. Nuevamente, como en el 2011, se trata de una cadena de movimientos, movilizaciones y manifestaciones desplegadas por estudiantes secundarios y universitarios; esta vez, a partir del mes de abril. A pesar del respaldo electoral a la elección de Michelle Bachelet, la respuesta de los estudiantes a su propuesta educativa no se ha dejado esperar; los estudiantes se declaran en contra del conjunto de medidas de la reforma educacional impulsada por su segundo gobierno.

Las primeras reacciones surgieron tras la presentación de los primeros proyectos de ley, propuestos por la Presidenta Michelle Bachelet en mayo de 2014. La base de la propuesta consiste en una reforma educacional que no termina de abandonar los encasillamientos del modelo privado; reforma que habilitaría cambios en el modelo educativo, sin afectar a esta herencia privatista. Otros sectores que reaccionaron a la propuesta presidencial  fueron los profesores. En junio de ese mismo año, profesores de la educación pública comenzaron las primeras movilizaciones en contra de algunos puntos de esta reforma. A medida de que la movilización docente ganó apoyo, se dio lugar al denominado paro docente; siendo apoyados por protestas organizadas por la Confederación de Padres y Apoderados de Colegios Particulares y Subvencionados de Chile (CONFEPA).

La Confederación de Estudiantes de Chile (CONFECH), convocó a la primera marcha masiva de estudiantes del año 2015 para el 16 de abril en Santiago, donde hicieron conocer sus diversas demandas en torno a la educación. El 14 de mayo se realizó en Valparaíso una segunda marcha estudiantil, previa a la segunda cuenta pública ante el Congreso Nacional de la Presidenta Bachelet. Al concluir con el evento, fueron provocados disturbios, aledaños a la propia manifestación, dejando un saldo trágico. El fallecimiento de dos universitarios baleados en las inmediaciones de la marcha; la excusa fue por la causa de un rayado de grafiti. Uno de los estudiantes baleados era militante activo de las Juventudes Comunistas de Chile. Fuera de estas dos defunciones, los enfrentamientos sumaron estudiantes heridos; es remarcable el caso de Rodrigo Avilés, quien fue herido de gravedad después de recibir un chorro de un carro lanza-agua de Carabineros, chorro arrojado premeditadamente a corta distancia.  Estos incidentes enardecieron a los estudiantes, ocasionando un rotundo rechazo en la comunidad estudiantil del país; desatando airadas manifestaciones públicas; derivando en tomas de universidades, como la de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Valparaíso.  Durante la noche del viernes 29 de mayo, los estudiantes realizaron una marcha autorizada, organizada por la CONFECH y la Coordinadora Nacional de Estudiantes Secundarios (CONES), desatándose enfrentamientos violentos con la policía, sucediéndose eventos agitados y turbulentos[9].

Como se puede ver, la movilización estudiantil está lejos de concluir. Sin embargo, el gobierno de la presidente Michelle Bachelet insiste en mantenerse en su propuesta, que no es otra cosa que una reforma parcial del sistema educativo privado. La crisis evidenciada por las movilizaciones estudiantiles es profunda, fuera de ser o expresarse como crisis del sistema educativo, es también una crisis política. La deuda histórica pendiente de la dictadura y del proyecto neoliberal, apoyado por la Casa Blanca y el Congreso estadounidense, con el pueblo chileno no se ha resuelto. La crisis política tiene sus raíces en esta guerra interna contra el pueblo, de parte de los organismos de emergencia del Estado, por lo tanto de parte de esta burguesía momia. Habrán ganado la batalla contra el gobierno de Salvador Allende, contra la Unidad Popular, pero, no han ganado la guerra contra el pueblo. Lo que deberían saber estos dispositivos de emergencia y represivos del Estado es que el pueblo es vital; después de sus derrotas, después de aprender de la experiencia, por más duras que sean las lecciones, se vuelve a levantar fortalecido, con nuevos saberes, sobre todo con la intuición subversiva, encarnada en las movilizaciones estudiantiles.

 

 

 

Economía fantasma

La economía del capitalismo especulativo, en gran parte, se ha vuelto fantasma; vale decir que no solo forma burbujas especulativa, precios de inflación, tasas de retorno rápidas, que convierte las crisis de sobreproducción en crisis financieras, sino que, además forma toda una economía fantasma. Todo un conglomerado de empresas inexistentes, de brókeres, funcionan en el mundo. Se trata de empresas agentes, mediadoras, que no tienen residencia,  estructura, materialidad, sino que median, subcontratan, congregan, relacionan y vinculan a otras empresas, que si existen. Sin embargo, se llevan la mejor parte de las ganancias. Por sus lobbies con gobiernos y estados logran concesiones, contratos jugosos, los mismos que no tienen, en contrapartida ningún respaldo técnico, ninguna garantía material, ni empresarial. Son empresas que podríamos llamarles aventureras, si el nombre no les quedaría grande, pues no arriesgan nada.  Los gobiernos llegan a acuerdos, convenios, concesiones y contratos con estas empresas fantasmas, debido, como hemos dicho, a los lobbies habilosos con instancias claves de los gobiernos; lobbies efectivos donde presumiblemente se debe al desenvolvimiento de la economía política del chantaje, vale decir del enganche de altos personeros o de un conjunto o estructura paralela establecida desde ya por el Estado en cuestión.

Los gobiernos comprometidos con esta economía fantasma presentan estos contratos como logros económicos de su gestión.  Generalmente estos contratos no se cumplen o se cumplen parcialmente. Cuando esto ocurre no se puede echar la culpa solo a las empresas fantasmas, pues, como no existen, no asumen su responsabilidad legal. Como resultado, si la empresa fantasma sigue jugando a esta economía fantasma, puede revisar el contrato, proponer un nuevo cronograma, replantear el proyecto, volver a efectuar nuevas subcontrataciones, incluso pagar los castigos. Si deja de jugar la fantasmagoría económica en un contrato específico, desaparece, dejando los costos y la estafa al gobierno, por lo tanto al Estado víctima, costos que, al final de cuentas, paga el pueblo.  Se puede hacer un mapa del recorrido de estas empresas brókeres haciendo seguimiento a sus concesiones y contratos no cumplidos.

Ante estos hechos los gobiernos más corruptos ni se inmutan. Emplean la demagogia para encubrir semejantes huecos en la economía del país. La retórica, si se puede usar este nombre, que también queda grande, pues se trata de burdos encubrimientos, efectuados con propaganda, publicidad, llenados de listas de datos donde se presenta parte del cumplimiento de los contratos, que generalmente solo corresponde a trámites administrativos, ejecuciones presupuestarias; es decir, estadísticas en el papel. A veces se tiene hasta el descaro de presentar fotografías, como queriendo hacer fehaciente lo que es una rotunda falsedad. Muchas veces la opinión pública queda embaucada, sobre todo cuando ha dejado que la pusilanimidad le invada su conducta, que resulta, en esta actitud de dejadez, complicidad pasiva.

La empresa fantasma es una compañía quimera, es como vehículo para diferentes operaciones empresariales, sin contar con activos significativos, tampoco operaciones propias. Las empresas fantasmas no son exactamente ilegales. Forman parte de la llamada economía sumergida, característicamente de aquella basada en paraísos fiscales. Por ejemplo, se usa esta táctica de camuflaje en una maniobra clásica para eludir impuestos, basada en la compra y venta a través de compañías fantasma en paraísos fiscales, con el objeto de ocultar beneficios auténticos. La firma principal lleva a cabo sus manipulaciones nacionales e internacionales a través de compañías fantasmas; en este caso no tiene que reportar a su país los importes, evitando impuestos. Por ejemplo, una compañía fantasma sería el de una firma fabricante de productos que establece una compañía fantasma para vender sus productos como marca blanca de un distribuidor minorista de precios bajos. La firma, al ocultar su relación con el distribuidor de descuento, el hecho de que sus productos se vendan como marca blanca, evita diluir el precio de su marca principal, que es más cara.

Esta economía fantasma tiene como una forma de composición o si se quiere, de instrumentación. Hablamos de la sociedad instrumental, que es interpuesta, también hace de pantalla. La sociedad interpuesta, instrumental, pantalla, es aquella sociedad, empresa o compañía que se crea con el objetivo de eludir impuestos, evasión fiscal, también para encubrir prácticas paralelas de corrosión y corrupción financiera. Las grandes corporaciones, grupos empresariales y grandes bancos actúan, en ocasiones, con empresas instrumentales en paraísos fiscales. La sociedad instrumental, dependiendo del contexto, así como del país, puede ser legal; se constituye generalmente con un pequeño capital social para cubrir los costos de objetivos fiduciarios, cuyo alcance de responsabilidad es limitado.

Vinculado a la economía fantasma, está lo que se llama comúnmente testaferro, que en italiano quiere decir cabeza de hierro. El testaferro es la persona, también un conjunto de personas suplantadoras, encubridoras; se trata de disfraces legales. Prestan su nombre, así como su identidad legal, firma institucional, su personería jurídica, aunque a veces lo hacen prestando incluso su personería física, emulando el papel social de la persona mandante a la que en el fondo representa[10].

Hemos usado el término inglés de bróker, refiriéndonos a agentes; es decir, mediadores, en transacciones y prácticas económicas, sobe todo relacionadas a la economía fantasma. Se acostumbra en denominar brókeres a personas, también instituciones, empresas, agentes de bolsa, quienes emprenden transacciones u operaciones entre un comprador y un vendedor, tarea de la que obtienen una comisión cuando se ejecutan estas transacciones y operaciones.  Ahora, el uso de este término, bróker, se ha extendido por analogía, en la medida que no solamente las actividades bursátiles, también las de comercio, así miso financieras, atingen a esta forma de práctica económica, sino también invaden los espacios de otros rubros componentes del campo  económico. El bróker o los brókeres  son también asesores y consejeros. Los brókeres son  generalmente agentes independientes utilizados ampliamente.  De entre los encargos del bróker se puede decir que una de las tareas atribuidas es traer vendedores y compradores; por lo tanto, un bróker es el facilitador de tercera persona entre un comprador y un vendedor. Los brókeres también pueden proporcionar información de mercado considerable en materia de precios, los productos y las condiciones del mercado. Un bróker puede representar ya sea al vendedor o al comprador; no ambos al mismo tiempo. Los brókeres juegan un papel muy importante en la venta de acciones, bonos, así como otros servicios financieros. Conocen el mercado, han establecido relaciones con las cuentas potenciales. Los brókeres tienen las herramientas y recursos para llegar a la mayor base posible de compradores. Una empresa nueva en el mercado no tiene acceso a los clientes como lo tiene el bróker. Los costos son más bajos en estratos no saturados del mercado. Se supone que antes de contratar a un bróker es prudente la investigación de los requisitos relativos; sin embargo, generalmente cuando hay inclinación a laeconomía política del chantaje, esto no conviene hacer[11].

Durante los periodos de la hegemonía y dominación del capitalismo financiero en el conjunto de estratos y sedimentaciones del sistema-mundo capitalista esta economía fantasma se ha extendido notablemente, amenazando, incluso, con convertirse en la proporción mayoritaria de la composición económica; con lo que prácticamente, si esto ocurre, la misma economía capitalista adquiriría no solamente una forma sin contenido de economía especulativa, sino que la estructura económica se transformaría en fantasmagoría.

En Bolivia, donde hay una larga historia de esta economía fantasma, que obviamente no es particular del país, sino del mundo contemporáneo, se puede decir que la misma ha venido expandiéndose, mutando, ampliándose, conformando todo un campo económico abigarrado. Llama la atención, que, a pesar que todos los gobiernos han participado en el desenvolvimiento de esta economía fantasma, sean los gobiernos populistas los que lo “democraticen”, por así decirlo, convirtiendo a la economía política del chantaje, en sociedad civil, como lo que ocurrió en la decadencia de la revolución nacional de 1952, después con las imposturas del MIR boliviano, que cruzó el río de sangre por el puente oportunista tendido por su líder “carismático”, actitud que más se parece a una bufonada política, y su “ideólogo” maquiavélico, que más se parece a una imitación subalterna del maquiavelismo vulgar, mal entendido, que corresponde a la interpretación francesa. Maquiavelo, el teórico y analista del acontecimiento político, no es, de ninguna manera, maquiavélico, tal como ha adquirido el sentido esta calificación, sino un crítico de las formas conspirativas del poder.  Por último, esta economía fantasma vuelve a mutar, para convertirse en la forma clientelar de ejercer la política de un “proceso de cambio” decadente, que más parece el cambio en reversa hacia las formas más demagógicas de la historia política.

 

 

 

Acontecimiento Islam

¿Fundamentalismo o rebelión religiosa antiimperialista?

No vamos a hacer directamente un análisis del fundamentalismo islámico, nombre que se utiliza entre otros, para referirse a movimientos religiosos-políticos contemporáneos, relativos al Islam.  No estamos en condiciones de hacerlo; nos falta información adecuada, estudios e investigaciones históricas y del presente, además de la necesidad de contar con la erudición que exige el tema. Sin embargo, lo que podemos hacer es mostrar los límites de los análisis, pretendidamente históricos, sobre todo políticos, acerca del fundamentalismo islámico, así como se lo nombra como generalidad o globalidad enunciativa del acontecimiento religioso islámico. Por lo tanto también los límites de la “ideología” política, que califica el fenómeno religioso-político con mucha facilidad y prejuicio, de una u otra manera, recurriendo a figuras reductoras y tranquilizantes. Llama la atención que, en este caso, ante el desafío de la interpretación del movimiento religioso-político, así como del acontecimiento del Islam; es decir, ante el desafío de una desmesura histórico-política-cultural se recurra a los acervos auto-referidos, que no dejan de ser restringidos, para afrontar este desborde con aproximaciones no-conceptuales, como en el caso de la estética; aunque, en el discurso, se manifieste la pretensión teórica, analítica, también descriptiva, de exponer conceptos.

Entonces, el presente ensayo es más una crítica de estos discursos sobre el Islam, que, en un recorte especifico, relativo al presente o, si se quiere, a la contemporaneidad, se denomina fundamentalismo islámico. Estos discursos provienen tanto del asombro o el miedo conservador, así como del prejuicio moderno de la “izquierda”. Son pues discursos que descargan su incomprensión con retóricas pretendidamente históricas o, en su caso, “democráticas”, así como también pretendidamente vanguardistas. La abundancia calificativa de estas retóricas muestra, mas bien, los saturados estanques que no pueden cruzar los límites impuestos por el acontecimiento mencionado. Ocurre como ante la alteridad indescifrable se oponga la repetición convulsiva de saberes agotados.

Vamos a diferenciar estos discursos “analíticos” en tres formaciones enunciativas. La primera, no por orden de llegada, sino la más manifiesta, es la que se refiere al Islam desde un centro civilizatorio, tanto religioso, el cristianismo, como histórico, la modernidad. La segunda, menos manifiesta, aunque, de una u otra manera, esta formación enunciativa se cruce o alimente a la otra formación enunciativa, más “ideológica”. Esta segunda formación enunciativa tiene pretensiones científicas, pues parte de investigaciones históricas, antropológicas, sociológicas, religiosas. Entonces se refiere al Islam desde una supuesta neutralidad científica, desplegando descripciones de secuencias, sucesos, eventos, instituciones, creencias, estructuras religiosas. Sin embargo, esta segunda formación enunciativa se refiere al Islam desde otro centro, que aunque no sea otra religión, ni necesariamente del todo la modernidad, es un paradigma de verdad. Es decir, no se cuestiona la estructura conceptual del paradigma, como si éste, de por sí, permitiera el acceso transparente al acontecimiento Islam. La tercera formación enunciativa es también “ideológica”, de una manera distinta a la primera; se trata de una “ideología” vanguardista, que supone que es la perspectiva histórica de la “evolución”   social, económica y política. Por lo tanto, aquí tenemos otro centro, desde donde se nombra al Islam, centro que se presenta como finalidad histórica.

Estas tres formaciones enunciativas no dicen nada del Islam, mas bien, dicen mucho de sí mismas, de sus paradigmas de donde provienen. La primera y las segunda formación enunciativa definen al Islam como el enemigo, aunque lo hagan de distinta manera, incluso aunque haya muchos matices, desde otro fundamentalismo, el cristiano, hasta la crítica “revolucionaria”, pasando por los estereotipos “democráticos” formales de los derechos humanos.  Incluso, aunque no lo reconozcan, no reconozcan que se mueven en el esquematismo político del amigo/enemigo. La segunda formación enunciativa, la pretendidamente científica, se relaciona con el Islam como con un objeto de estudio, como con un campo de investigación. En otras palabras, el acontecimiento religioso-político ha sido reducido a fuentes, a documentos, a monumentos, a escrituras sagradas, que hacen de unidades de análisis, deteniendo el acontecimiento en la presentación de cuadros de museo. Aunque se logren descripciones útiles, estas descripciones se parecen más a descripciones de las impresiones, aunque ordenadas y sistematizadas, de la cultura moderna respecto del Islam; antes eran las impresiones demarcadoras de la religión cristiana. No parece encontrarse el Islam en estas descripciones. Se puede constatar lo que decimos cuando comprobamos que el llamado Islam resulta inexplicable e incomprensible para estas tres formaciones discursivas y enunciativas.

La pregunta es: ¿Por qué no pueden estas formaciones enunciativas explicar e interpretar el Islam? La respuesta hipotética que tenemos, la primera respuesta, es que el Islam no es un objeto de estudio ni un campo de investigación; no se accede al Islam de esta manera o de esta forma. El Islam no es el enemigo absoluto, se tome como se tome este opuesto categórico en el esquematismo dual amigo/enemigo, de una manera abierta o matizada. El Islam no es la alteridad al equilibrio del mundo cristiano, es, mas bien, su complemento. El Islam no es el pasado perdido, retenido por la voluntad fundamentalista religiosa de los sacerdotes y sus instituciones. Por el contrario, el Islam es el presente convulsionado. El Islam no es fundamentalismo, aunque lo haya, como expresiones “ideológicas” y políticas, como tampoco el cristianismo es fundamentalismo, aunque lo haya en toda clase de iglesias y sectas, asumidas, además como prejuicios en el discurso laico de los Estado-nación.  El Islam, como hemos dicho, es un acontecimiento religioso-político-cultural.

Entonces, no se puede acceder a la experiencia del Islam creyendo que se puede lograr este embocadura al convertir el acontecimiento en un objeto de estudio. Menos se puede acceder a esta experiencia definiendo al Islam como enemigo absoluto. Al enemigo no se lo conoce, se lo estigmatiza; en las perores versiones, las más fanáticas, se lo destruye. Se hace también inaccesible cuando se resuelve el problema convirtiendo al Islam en reminiscencia del pasado, algo parecido a la “época oscura medieval”, al “oscurantismo” del feudalismo. Es posible acceder al Islam como se arriba a toda experiencia, viviéndola, experimentándola, cuando forma parte de la memoria social.

El problema de las tres formaciones enunciativas mencionadas es que creen que el Islam es otro mundo, que no forma parte del mundo cristiano, que no forma parte de la modernidad, que no forma parte del presente. De partida entonces, desde estas formaciones enunciativas, se define una frontera infranqueable, se establece una distancia, imposible de recorrer.

Las religiones monoteístas tienen como la misma raíz y procedencia, tanto históricamente, geográficamente y filosóficamente.  Por lo tanto, no son pues distintas, en el sentido estructural o estructuralista, a pesar de sus diversas interpretaciones y exposiciones. Son religiones del desierto, por así decirlo, usando este término, desierto, como metáfora, en toda su potencia semántica, en distintos planos y connotaciones. Por otra parte, son religiones fuertemente influyentes en el presente, en la contemporaneidad de la modernidad tardía. Como cuarta características, podemos decir que son religiones que hacen de substrato cultural y religioso a los Estados que se forman, se formaran y consolidan. Como quinta característica, son religiones que han sufrido, por así decirlo, escisiones, divisiones, concurrencia de interpretaciones, formación de iglesias, cada una de las cuales se proclama verdadera. Como sexta característica, todas estas religiones resultan insatisfactorias ante la premura humana enfrentando el desafío de la vida y de los universos.

Apuntes sobre el Estado Islámico

El Estado Islámico, que en árabe se ecribe الإسلامية الدولة, se pronuncia alal-Islāmīya Dawla; también se nombra como Estado Islámico; EI por sus siglas en castellano.  Se puede decir que estamos ante una organización religiosa y política de carácter insurgente, cuya procedencia es yihadista suní. El EI se ha autoproclamado Califato. La geografía o el impacto geográfico de la incursión del EI se distribuyen en el espacio  territorial ocupado tanto de Irak como de Siria.  Esta geografía conquistada se encuentra controlada por seguidores de Abu Bakr al-Baghdadi, autoproclamado “Califa de todos los musulmanes”. El EI gobierna varias ciudades como Mosul,  Faluya o Raqqa, siendo esta última considerada la capital del Estado Islámico. El EI  ha sido conocido, en principio, como Organización para el Monoteísmo y la Yihad, en árabe والجهاد التوحيد جماعة, vale decir al-atŶama wal-Ŷihād Tawhīd. Emergió como una organización próxima a Al Qaeda, con el objeto de luchar contra la invasión de Irak, dada en el 2003. En ese entonces, fue dirigida por Abu Musab al Zarqaui, quién murió en un enfrentamiento. El nuevo líder, Rashid al-Baghdadi, responde a la influencia de Osama Bin Laden. El EI se expandió por las gobernaciones de Ambar, Nínive, Kirkuk, en gran parte de Saladino, también, aunque en menor medida, en Babilonia, Diala y Bagdad. En este periodo, el EI se ungió como Estado Islámico de Irak. En ese entonces, el cuartel general se encontraba en la ciudad de Baquba.

Como se sabe,  Estados Unidos apoya al gobierno de Nuri al Maliki, enfrentando al EI, lo que convierte al EI en antagónico del ejército norteamericano, así como en antagónico de las fuerzas armadas iraquís, apoyadas por el imperialismo. A pesar de las bajas debida a los bombardeos y enfrentamientos, el EI  se renovó durante la llamada guerra civil siria, pasando a ser conocido como Estado Islámico de Irak y el Levante, الدولة Irāq ,الاسلامية في العراق والشام, al- fī al-Islāmīya al-Dawla wa-al-Šām; es decir, EIIL, o bajo su acrónimo árabe DAESH, داعش; es decir, išDā.

Bakr alBaghdadi es el subsiguiente líder. Él rompió vínculos con Al Qaeda, asumiéndose como organización independiente, además de pregonar la soberanía de Irak y Siria.  Bakr alBaghdadi también se autoproclama Califa con el nombre de Ibrahim. El Califato reclama la autoridad religiosa sobre todos los musulmanes del mundo. El EI cuenta con aliados, incluso organizaciones afines. Milicias que controlan parte del territorio en la península egipcia del Sinaí, el este de Libia y Pakistán, se han declarado leales al EI. El EI tiene una interpretación radical, por así decirlo, del Islam. Propone y practica la Sharia en contra los chiitas; no hay que olvidar que los del EI son suníes radicales.

Repasando, el EI surgió en 2004 con el nombre de Yama’at al-Tawhid wal-Yihad, que quiere decir Comunidad del Monoteísmo y la Yihad; sin embargo, se cambió el nombre por Tanzim Qa’idat al-Yihad fi Bilad alRafidayn, que quiere decir Organización de la Base de la Yihad en el País de los Dos Ríos; de acuerdo a sus siglas, TQJBR, lo que se conoce coloquialmente como Al-Qaeda en Irak. Más tarde asumió el nombre de Consejo de la Shura de los Muyahidines, cuando se asimiló a otras organizaciones afines.  Después cambió su nombre a Dawlat al-Iraq al-Islamiyya, Estado Islámico de Irak. Recientemente, la organización se reconoce como Estado Islámico de Irak y el Levante.

La llamada Organización para el monoteísmo y la yihad, Ŷamaʕat al-Tawhīd wal-Ŷihād, abreviada en inglés como JTJ o simplemente Tawhid y Jihad, fue fundada por Abu Musab al Zarqaui, apoyándose en simpatizantes islamistas locales; esta fundación aconteció durante el 2002. Zarqaui fundó la organización teniendo como objetivo el derrocamiento del Rey de Jordania, considerado por Zarqaui como anti-islámico, interpretando la Sharia.

Después de la guerra de Afganistán, Zarqawi huyó a Irak, donde presuntamente recibió tratamiento médico en Bagdad por una pierna herida. Después de la Invasión de Irak de 2003, el EI preparó la resistencia, incluyendo a ex-militantes de Ansar alIslam, además de un creciente número de combatientes mercenarios. Durante mayo de 2004, el EI unió fuerzas con otro grupo islamista radical, Salafiah alMujahidiah. El 17 de octubre de 2004 la organización se unió oficialmente a Al Qaeda, por entonces todavía bajo la supervisión de Osama Bin Laden. En una carta de julio de 2005 a otro miembro de la organización, Ayman al-Zawahiri, Zarqawi concibió un plan para continuar la Guerra de Irak, fuera de constituir un Estado Islámico; es decir, un Califato. En enero de 2006, Al Qaeda conformó una organización paraguas, el Consejo de la Shura de los Muyahidines, buscando unificar a todos los insurgentes suníes de Irak. El liderazgo de la organización fue asumida por un líder de Al Qaeda, Abu Ayyub al-Masri, quien, como hemos dicho, proclama el Estado Islámico de Irak, haciéndose cargo del Estado Islámico Abu Abdullah al-Rashid al-Baghdadi. El 19 de abril de 2007, la organización anunció la conformación de un gobierno provisional. El propio Baghdadi, acompañado con un equipo de gabinete improvisado, gobernó el autoproclamado Emirato. En 2008, una serie de ofensivas de fuerzas combinadas de Irak y EE.UU. lograron expulsar al EI de sus antiguas madrigueras, ubicadas en las cartografías de Diyala; esto aconteció en la Batalla de Baquba, así como en la de Al Anbar, también en la de Bagdad. Las derrotas del EI forzaron su retirada hasta Mosul, Gobernación de Nínive, que fue uno de los recientes campos de batalla de la guerra.

La lucha por el control de Nínive fue lanzada en enero de 2008 como parte de la llamada Operación Fénix Fantasma, con el objetivo de eliminar la actividad del EI alrededor de Mosul, buscando expulsarlo del centro de Irak. Sin embargo, Al-Qaeda en Irak logró sobrevivir. En 2010 la organización recibió un duro golpe, cuando fuerzas combinadas estadounidenses e iraquís mataron al jefe de Al Qaeda en Irak, Ayyub Al Masri, también al del jefe del Estado Islámico de Irak, al-Rashid alBaghdadi.

Bajo el liderazgo de Abu Bakr al-Baghdadi, dirigente de la organización desde 2010, el EI aprovechó la coyuntura de la guerra civil siria, renaciendo y expandiéndose por gran parte del territorio del país. En su lucha por el control territorial en Siria, se enfrentó a las fuerzas gubernamentales leales al presidente de Siria, Bashar al-Assad, así como a los rebeldes, a los seculares del Ejército Libre de Siria, así como del Frente de los Revolucionarios, también se enfrentó a los nacionalistas kurdos, así como a otras fuerzas islamistas, como el Frente Islámico o el Frente Al-Nusra. En diciembre de 2013, el EI  controlaba los cuatro pueblos fronterizos de Atmeh, al-Bab, Azaz y Yarablus, habilitando el dominio sobre los flujos de entrada y salida entre Siria y Turquía.  En enero de 2014, durante unos enfrentamientos en Ambar, en Irak, varios militantes del EI tomaron el control de la ciudad de Faluya, además de partes de Ramadi. El 3 de enero de 2014, el EI proclamó el Estado islámico en Faluya. En junio de 2014, el EI lanzó una ofensiva en el norte de Irak, apoyándose en alianza con militantes suníes, leales al antiguo gobierno de Irak, baazista secular de Sadam Husein, además de contar con el apoyo de tribus antigubernamentales del país. Los combatientes atacaron Samarra el 5 de junio, tomaron el control de Mosul la noche del 9 de junio y de Tikrit el 11 de junio. A finales de junio, Irak había perdido el control del norte del país, así como toda su frontera occidental con Jordania y Siria. El 29 de junio de 2014, con motivo del comienzo del mes del Ramadán, el portavoz del EIIL, Abu Mohamed alAdnani, hizo conocer el proyecto de conformar un Califato, que se extendiera por todo el mundo musulmán. Fue nombrado Abu Bakr al-Baghdadi la máxima autoridad, autoproclamado Ibrahim, imán y califa de todos los musulmanes. La constitución del Califato atrajo a yihadistas árabes, también a magrebíes residentes en Europa. El EI llegó a contar con entre 30 000 y 100 000 hombres en armas.

En conclusión, contando con un arsenal  de armas capturadas, además, contando con el control de recursos naturales bajo su dominio, el EI gobierna gran parte del norte de Siria, además de la gobernación petrolera de Deir el-Zour, cuya capital de provincia se encuentra dividida en una zona bajo su influencia y en otra bajo el control del ejército sirio. En los territorios que domina el EI, impone su interpretación de la Sharia. Se puede decir que el Estado Islámico controla un espacio geopolítico estratégico, por su riqueza petrolera y  la conexión territorial de fronteras entre distintos países[12].

El EI ha logrado, recientemente, nuevas victorias y avances; con nuevas conquistas en Iraq, sobre todo en Siria, donde logró tomar la mitad del país, gobernado por el régimen de Bashar al-Assad. La organización yihadista Estado Islámico ya cuenta con el dominio de un territorio del tamaño de Italia. Después de varios éxitos en la provincia de Homs, en el centro, así como en la de Aleppo, en el norte sirio, el Estado Islámico gobierna la mitad del territorio sirio. El geógrafo y analista Fabrice Balanche asegura que, entre Iraq y Siria, los jihadistas sunnitas controlan cerca de 300.000 kilómetros cuadrados.

En la provincia de Aleppo, en la frontera con Turquía, el Estado Islámico ha expandido su dominio, en combate contra grupos rebeldes, ocupando territorios abandonados por esas organizaciones, que también combaten a Al-Assad, en lo que va de la guerra civil, que ya desborda cuatro años bélicos. El EI capturó el pueblo de Suran; se encuentra a 10 kilómetros de la frontera. En el centro de Siria, logró avanzar hacia el Oeste y el Sur a partir de la antigua ciudad de Palmira, tomada por los jihadistas hace días. De esa manera se hizo con el dominio de la localidad de Basire, situada en un importante cruce de caminos, que conduce a Damasco, hacia el Sur y Homs. La captura de esta histórica ciudad siria se daría lugar poco después de que sus unidades de combate capturaron Ramadi, la capital de la provincia de Al-Anbar, en Iraq. La escasez de personal militar por las bajas en combate, sumada a la dificultad para nuevos reclutamientos, hace que Damasco y las milicias afines elijan sus batallas, rehuyendo pelear por localidades de mayoría sunnita o por aquellas en las que la población local no combate al Estado Islámico.

Conclusiones preliminares

Los medios de comunicación de masa, el discurso político, de todas las tonalidades, han calificado al Estado Islámico, lo mismo que antes a Al Qaeda, de organización terrorista. Esta designación se ha universalizado desde el 11 de septiembre del 2001, sobre todo después que el gobierno norteamericano declara la guerra interminable contra el terrorismo, se encuentre donde se encuentre. Desde entonces la guerra contra el terrorismo se ha convertido en un paradigma político, para descalificar, estigmatizar, demonizar a los enemigos.  El paradigma es usado tanto por gobiernos neoliberales como por gobiernos anti-neoliberales, por gobiernos de “derechas” o por gobiernos llamados de “izquierdas”. Ser terrorista es prácticamente estar condenado a muerte, cuyo asesinato está justificado, por el propio carácter demoniaco asignado a los terroristas.

¿Qué son los miembros componentes del Estado Islámico? ¿Terroristas? Esto es caer en la “ideología” política sensacionalista en curso, compartida por “derechas” e “izquierdas”. Entonces, esto sería caer en los límites de un no-saber, que se hace pasar por saber, siendo la expresión más acabada del discurso prejuicioso y estigmatizador contemporáneo, relativo a la modernidad tardía, desencantada y deslucida. Ellos mismos, los del Estado Islámico, se autonombran como yihadistas, es decir, guerreros de Ala, guerreros del profeta Mahoma, en lucha contra el demonio, los dominios del demonio; dominios que consideran que se encuentran en occidente. Desde su interpretación de la Sharia, sus acciones, incluso las más descomunales, las que más horror causa en occidente, la que más miedo y terror causan en el oriente, están justificadas por Ala, por la salvación de la humanidad, atrapada en las redes demoniacas del mercantilismo, de la prostitución, del abandono de las reglas y hábitos religiosos.

De manera muy distinta, nosotros interpretamos a estas expresiones fundamentalistas religiosas, a estas expresiones radicales religiosas-políticas, como síntomas de la crisis de valores de la modernidad, crisis de las instituciones, de las mallas institucionales, de los bricolajes, de la modernidad. La modernidad, cuya materialidad histórica es el sistema-mundo capitalista, que es un sistema barroco, que integra y articula formas de Estado, formas de sociedad, culturas, lenguas, en su entrelazamiento mayúsculo, en aras de los procesos de acumulación de capital. Modernidad que también es heterogénea, entrelazada y mezclada, en constante mutación, composición y combinaciones, dando lugar a lo que es, en el fondo, la modernidad, transvalorización de valores o suspensión de valores. Transvaloración que, paradójicamente, es asumida como valor supremo de la modernidad; es decir, esta vertiginosidad mutante es simbolizada como evolución, desarrollo, progreso. Convirtiendo la experiencia de la suspensión en valor absoluto de la modernidad. Bueno pues, es precisamente esto lo que está en crisis.

La crisis de la transvalorización de la modernidad tiene variadas formas de síntomas; por cierto, un tipo de formas, son estas formas fundamentalistas religiosas-políticas. Sin embargo, también lo son, del otro lado, aparentemente opuesto, las formas de la decadencia liberal, de la democracia formal, de la institucionalidad del Estado-moderno. La crisis de las instituciones del Estado-nación y del orden mundial. Las organizaciones que asisten como garantes de los derechos humanos en el mudo manifiestan la crisis de la transvaloración cuando solo hacen declaraciones en defensa de los derechos; empero, lo hacen de una manera tan general, que su forma abstracta no es útil para exigir el cumplimiento específico en lugares concretos, donde se los vulnera. Por otra parte, cuando se aproximan a sanciones, que generalmente se debe a la imposición de alguna potencia, de la dominante, se exige cumplimiento  a unos estados y no a otros. Estas discriminaciones son pues los síntomas de la crisis institucional del orden mundial.

Se conocen las formas especulativas de la crisis del sistema-capitalista; cuando el modo de producción capitalista, las formaciones económico-sociales capitalistas, el sistema-mundo capitalista, se encuentran dominados y atravesados por el capitalismo financiero, este modo, estas formaciones, este sistema, han ingresado a su decadencia. Dejan de lado la inversión productiva, prefieren la inversión especulativa, las tasas de retorno cortas, sobre-ganancias, los monopolios, los precios de inflación, aunque todo esto no sea más que ficción y arrastre a las sociedades a su propia debacle. Esta crisis se encarna en los cuerpos despojados de las poblaciones y de los pueblos.

La crisis de la modernidad también es crisis de sus paradigmas. Las pretensiones universalistas están en crisis. Del otro lado, las especializaciones están en crisis; así también las disciplinas, las facultades. En conjunto, lo que se llama la academia, sobre todo esta ciencia positivista, racionalista y abstracta. Frente a la complejidad desbordante, que nunca han podido domesticar, disciplinar, controlar, a no ser, en el propio imaginario y apologética de sus ciencias y teorías, ha opuesto sus paradigmas homogéneos, racionalistas, algunos en versión causalista, otros en versión dialéctica, los mejores en versión estructuralista; sin embargo, a pesar de lograr interpretaciones de perfiles temáticos, ninguno podía comprender la dinámica de la complejidad, sinónimo de realidad.

Está en crisis la pax americana, por así decirlo, haciendo alusión al papel cumplido por Estados Unidos de Norte América en la primera y segunda guerras mundiales, sobre todo en la posguerra, en el orden mundial instituido, en los acuerdos internacionales, que rigen el mundo. Esta paz, entró casi inmediatamente en cuestión con la guerra de Corea; en la guerra del Vietnam ya estaba claro que la guerra continuaba en la filigrana de la paz. Ahora, después de la llamada guerra fría, que de fría tenía poco, cuando la híper-potencia militar-tecnológica-económica-comunicacional aparece como un monstruo solitario en un mundo, que si es atacado, no podría defenderse, cuando las guerras policiales, de contención, de control, de vigilancia, de sanciones, se aposenta densamente en el medio oriente, aunque no solo, queda más que claro que no se puede salir de las guerras en el contexto del sistema-mundo capitalista.

Es como si hubiéramos llegado a un borde o umbral, el límite del horizonte civilizatorio de la modernidad. En este umbral, los perfiles, las formas, las estructuras, las instituciones, los valores, de esta civilización, se deforman, se malean, se saturan o se suspenden, mostrando elocuentemente su inoperancia. Es un espectáculo bullicioso de la inutilidad de las formas, los contenidos y expresiones de la modernidad. No pueden dar cuenta ni de la humanidad ni de la vida.

La violencia del Estado Islámico, que es lo que más se ha estigmatizado y asombrado pavorosamente,  no es distinta, no tiene una procedencia distinta, a la violencia del orden mundial, a la violencia del imperio, a la violencia de los Estado-nación. No es distinta a la violencia de los llamados estados “democráticos”. Pueden diferenciarse en la intensidad de la virulencia singular; empero, en cuanto a la expansión y continuidad sistemática de la violencia, la violencia “occidental”, por así decirlo, la violencia del orden mundial, del imperio, de los Estado-nación, de las llamadas “democracias” institucionalizadas, esta violencia le lleva mucha ventaja a la otra violencia, mas bien, focalizada y singular.  El odio al cuerpo y a la vida es parte del nihilismo de la modernidad, modernidad que tiene su  sustrato matricial en la racionalización de las conductas establecidas por las religiones monoteístas.  Nihilismo moderno que tiene su comienzo precisamente en el nihilismo espiritual de estas religiones.

No hay entonces por qué sorprenderse de la emergencia de estos desbordantes eventos violentos y hasta sanguinarios. Se han incubado en las turbulencias del sistema-mundo capitalista, en los bricolajes del barroquismo de las modernidades heterogéneas.

 

 

 

Las formas del chantaje político

Ni duda cabe, el chantaje es una relación de poder, una de las múltiples formas de relaciones de poder, quizás, mejor dicho, de relaciones de poder de baja intensidad, por así decirlo, y en escala micro. En la práctica política se usa el chantaje de distintas formas, en distintas tonalidades y a distintas escalas. Hay una forma peculiar de chantaje político que tiene que ver con la manipulación de imágenes, de prestigios ganados, generalmente por otros, que son a los que se emulan, imitan y usurpan. Por ejemplo, una junta de vecinos actual, puede basar sus exigencias recurriendo al prestigio histórico de la junta de vecinos, como organización; prestigio que corresponde a la lucha emprendida por otra junta de vecinos anterior, la formada en el periodo de las resistencias y movilizaciones sociales.  Entonces el chantaje recurre al mito, a la imagen, incluso al carácter participativo de la democracia radical, que hace de voluntad inicial, también recurre a la imagen valiosa de las tradiciones comunitarias. Sin embargo, estas recurrencias no son consecuentes, no son asumidas efectivamente; solo son emulaciones o disfraces de estrategias de poder. Lo que se quiere no es la autogestión comunitaria, la democracia participativa, continuar la lucha de la heroica junta de vecinos del periodo de las luchas sociales y las movilizaciones populares, sino exigir se reconozca dominios territoriales, dominios gremiales, dominios corporativos, en definitiva, dominios clientelares a la escala local.

La práctica política está atiborrada de formas parecidas de chantaje político, que vienen tanto de las dirigencias de los periodos de paz o de los periodos posteriores a las luchas sociales, así como de las autoridades y gobiernos. El chantaje político entonces no es solamente una forma de relación de poder, sino también es una forma de establecer esta relación de poder. Vale decir, el chantaje es una figura activa e inductora, llena de significados sentimentales; se da entender mediante comportamientos, conductas, actitudes, insinuaciones, lo que se quiere, lo que se exige, suponiendo las razones de por qué se lo hace, que es precisamente este imaginario emocional acumulado.  Ilustrando, el chantaje es como lenguaje de conductas cargadas de significados emocionales. Las reivindicaciones sociales puede que estén, de todas maneras, embadurnadas por recurrencias a las formas del chantaje; empero, en las reivindicaciones sociales, esta no es la característica principal de la génesis y estructura de las reivindicaciones, que, mas bien, tienen que ver con demandas emergidas de problemáticas sociales. En cambio, cuando el chantaje es la característica principal de los actos, acciones y prácticas políticas, se trata no de reivindicaciones sociales, sino de exigencias de poder, de cuotas de poder.

No se trata, de ninguna manera, de defender a ninguna autoridad, frente a las exigencias del chantaje político de dirigencias clientelares, aunque sean elegidas democráticamente por las mayorías, sino de describir estos juegos de poder en el campo político. Juegos de poder variados,  donde el chantaje político, cuyo núcleo es el chantaje emocional, hace de lenguaje emotivo, entonado dramáticamente, con el objeto de conseguir preservar poderes territoriales constituidos en la práctica de estas relaciones de dominación micro. Se trata de evitar caer en la atmósfera candente de este imaginario delirante donde la semántica del lenguaje del chantaje prepondera. Se trata, por lo tanto, de evitar confundir las reivindicaciones sociales y políticas emancipatorias con estos juegos de poder clientelares. Cuando se lo hace, que ocurre a menudo, sobre todo en periodos de paz, posteriores a las luchas sociales, se termina mermando la fuerza interpeladora de las reivindicaciones sociales, así como, en su contexto, se termina socavando la claridad de las luchas sociales. No se pueden confundir las luchas emancipativas con estos chantajes políticos.

Chantaje emocional

Por medio del chantaje emocional se recurre a la culpa para lograr el control de la situación. En otras palabras, se induce a  comportamientos para conseguir que se actúe de acuerdo a los intereses que se persigue. La manipulación  de las conductas se basa en la activación de sentimientos negativos, de la consciencia culpable, buscando obtener las repuestas esperadas. El chantaje emocional atraviesa las relaciones de todo tipo; por lo que, en muchas ocasiones, no es fácil identificar, separar, el procedimiento del chantaje, la estrategia y táctica del chantaje, de otros despliegues y estrategias de las relaciones desenvueltas. Quizás se pueda decir que el chantaje se da como espontáneamente, casi de manera inmediata, sin plena consciencia de lo que se hace. Entonces, el chantaje forma parte de lo habitus, que es como la subjetividad constituida, internalizada por las relaciones de poder instituidas.

Lo que se llama la política o, si se quiere, práctica política, que nosotros llamamos política en sentido restringido, vale decir institucional, está conformada y compuesta por estos circuitos de relaciones de poder, basadas en el chantaje político. Se puede hasta decir que toda la estructura de la política está edificada sobre la recurrencia de estas prácticas del chantaje, por lo tanto, a su vez, acompañada por estos lenguajes emotivos, por sus imaginarios delirantes, que inducen a decodificaciones sociales acostumbradas, que no son otra cosa que habitus incorporados de las dominaciones.

 

 

 

El mundanal atolladero del chantaje

Las prácticas, las relaciones, las formas, relativas al chantaje, han conformado un mundo, que es el mudo de las representaciones y prácticas de las formas del chantaje.  Este mundo se alimenta de los circuitos del chantaje. Es un mundo que funciona por presiones, coerciones, por decodificaciones emocionales, relativas no solo a la economía política del chantaje, sino mucho más, si se puede hablar así; se trata de climas, atmosferas, en las que se encuentran instituciones y campos sociales atrapados en las lógicas del chantaje, utilizando este término de lógicas ilustrativamente. No solo los gobernantes ejercen chantaje a la sociedad, sino también parte de la sociedad ejerce chantajes al gobierno y a la sociedad misma. En el contexto de estas relaciones, tanto gobierno y esta parte de la sociedad clientelar se retroalimentan y complementan en esto, relativo a los circuitos del chantaje. Ambos funcionan decodificando desde el imaginario delirante del chantaje.

El problema es que el mundo del chantaje es parte del mundo de las representaciones, no necesariamente del mundo efectivo. Es parte del mundo efectivo en la medida que ciertas prácticas y habitus sostienen la manifestación de este imaginario; no es exactamente parte del mundo efectivo por cuanto el mundo efectivo y en devenir excede la parcialidad donde se efectúa la materialidad del mundo del chantaje.  El mundo efectivo responde a las dinámicas de la complejidad, dinámicas que contienen la efectuación del mundo de las representaciones; lo contienen como fenómeno.

El mundo del chantaje es mundo para los que sufren y participan de este mundo, creen que este mundo es el único, creen que este mundo es la realidad. Los que están atrapados en este mundo se encuentran en un atolladero. Se trata de círculos viciosos de la economía política del chantaje, también de la psicología emocional del chantaje, círculos viciosos que forman parte de  los círculos viciosos del poder. Al considerar que el mundo funciona así, por presiones, por coerciones, por chantajes, se embarcan en estrategias fatales para la vida. Pues la vida, que es memoria sensible, es reducida, en el imaginario, a la sensiblería de las formas del chantaje. La memoria sensible es sustituida, imaginariamente, por las “ideologías” de las formas del chantaje. El mundo de las representaciones; es decir, de los imaginarios instituidos, es aplastado a las dimensiones del imaginario de las formas del chantaje; entonces, toda interpretación, toda comunicación, se reduce a concebir un mundo que funciona en los códigos del chantaje.

El gobierno, que se desenvuelve en la gubernamentalidad clientelar, y parte de la sociedad, la que responde a los chantajes gubernamentales con chantajes emocionales, ambos se entrampan, de esta manera, en los círculos viciosos del poder. No pueden sino reproducir dominaciones; no pueden sino reproducir sujetos demandantes, que son formas de las sumisiones y subordinaciones históricas. Están lejos de asumir que se trata de derechos y que los derechos no se los mendiga, se los asume. Entonces ocurre algo extraño; mejor que no se cumplan las demandas o que se cumplan parcialmente, pues de esta manera persisten los circuitos del chantaje, por ambos lados. La política, en sentido restringido, es circunscrita a los ámbitos recurrentes de las formas del chantaje; con lo que la política termina siendo la efectuación desenvuelta del chantaje.

Todo está embadurnado por el chantaje; toda las relaciones sociales instituidas. Las formulaciones de políticas, las elaboraciones de leyes, las contrataciones y servicios, las obras, las construcciones, las políticas comunicacionales, las prácticas electorales, las delegaciones y representaciones, las manifestaciones sociales acostumbradas, las demandas recurrentes, las organizaciones sociales, los partidos, los programas partidarios. Incluso lo que es parte de la vitalidad social, las luchas sociales, se convierten, por dirigencias clientelares, en instrumentalizadas para concurrir en las prácticas elocuentes del chantaje. Con esto, el contenido histórico de las lucha sociales es usurpado y escamoteado, convirtiéndose en una retórica repetitiva e inercial. Las luchas dejan de ser luchas para convertirse en prácticas de chantaje. Con esta deformación no desaparecen las luchas sociales, ni las problemáticas sociales se evaporan, todo lo contrario, se ahondan.  Lo que pasa es que las luchas sociales son reasumidas por otros actores, otros movimientos sociales, relativos a las nuevas generaciones de las luchas sociales. Lo que pasa también es que en el mundo oficial, en el mundo instituido, las dirigencias clientelares simulan luchas que no lo son, son representaciones impostoras de estas luchas, a las que anulan su potencia.

La economía política del chantaje y la psicología del chantaje hacen como condiciones de posibilidad de la reproducción del mudo del chantaje. La gubernamentalidad clientelar y las dirigencias clientelares son precisamente  como los polos de las órbitas de las formas del chantaje, que no son otra cosa que formas elocuentes de las formas de las dominaciones polimorfas. Entonces aparece la paradoja política, una de ellas; el sistema de dominaciones que dicen combatir tanto el gobierno populista como la dirigencia clientelar es precisamente reproducido por estas instancias de las formas del chantaje. El sistema de dominaciones incluso se reproduce mejor, con más desenvolvimiento y desparpajo pues se cree que es el sistema combatido, cuando es el sistema reproducido. Se han anulado, de esta manera, las defensas y resistencia, las capacidades interpeladoras y las capacidades críticas. Reforzando elocuentemente las sumisiones y subordinaciones. Resultan estos gobiernos populistas y estas dirigencias clientelares los mejores aliados el imperio. Nunca como antes se habría diseminado la potencia social.

No se crea que las prácticas y el imaginario del chantaje fusionan solo en las instituciones y organizaciones, incluso agrupaciones y redes, más identificadas con el poder. De ninguna manera, funcionan también en las organizaciones, colectivos, redes, que supuestamente luchan contra el poder; las organizaciones de “izquierda”, los partidos de “izquierda”, las organizaciones decoloniales, las academias supuestamente interpeladoras, los sindicatos; es decir, en estas formas de representación, delegación y expresión social, de conocimiento reconocido socialmente, funciona manifiestamente la economía política del chantaje y la psicología del chantaje, desplegada en sus singularidades propias. Los partidos “revolucionarios” exigen a sus militantes consecuencia con el programa, consecuencia que  no es otra cosa que obediencia al comité central. Las organizaciones sociales demarcan límites infranqueables. Las academias establecen ceremonias y ritualidades que encumbran a personajes fetiches, a verdades fetiches, a discursos fetiches, pretensiosamente verdaderos.

Por lo tanto se entiende que los componentes de este mundo del chantaje, este mundanal atolladero del chantaje, se complementen, se apoyen, se refuercen, a pesar de sus aparentes contradicciones, garantizando la reproducción recurrente del poder. Solo la inocencia de la mayoría extorsionada, manipulada e impactada por el jolgorio de estas formas del chantaje, cree en los discursos del poder, en toda su distribución cartográfica. Está atrapada en la “ideología” del chantaje.


[1] Ver de Raúl Prada Alcoreza Explosión de la vida. Dinámicas moleculares; La Paz 2014-2015.
[2] Ver de Raúl Prada Alcoreza La explosión de la vida. También Más acá y más allá de la mirada humana. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-2015.

[3] Antonio García-Bellido: La memoria biológica. http://www.elcultural.com/revista/ciencia/La-memoria-biologica/5689.

[4] Candidato a Doctor en Ciencias Sociales. Programa de Postgraduación de Ciencias Sociales en Desarrollo Agricultura y Sociedad de la Universidad Federal Rural de Rio de Janeiro (CPDA/UFRRJ), Brasil.
[5] Fernando Marcelo de la Cuadra: Movimiento estudiantil en Chile: Lucha, participación y democracia. Revista Electrónica SinTesis, La democracia en disputa: Trabajo Social y Movimientos Sociales. http://jovenesenmovimiento.celaju.net/wp-content/uploads/2012/09/CHI-14.pdf.
[6] Ver de Raúl Prada Alcoreza Guerras periféricas. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-2015.
[7] Ibídem.

[8] Revisar Enciclopedia Libre: Wikipedia. Movilización estudiantil en Chile de 2011. http://es.wikipedia.org/wiki/Movilizaci%C3%B3n_estudiantil_en_Chile_de_2011,

[10] Referencias: 1. Como funciona una sociedad pantalla. [2] Golpe del Tribunal Supremo a las ‘sociedades pantalla’. elEconomista.es, 29/11/2013. [3] Multa a un despacho por pagar con sociedades ‘pantalla, expansión.com, 21/5/2013. [4] Inspecciones tributarias a profesionales. [5] ¿Cuándo la creación de una sociedad puede ser catalogada como elusión fiscal? [6] Matutes obtiene importantes ingresos financieros en Holanda preferente.com, 20/11/2013 [7]. «Stop a las sociedades pantalla». Consultado el 12 de febrero de 2015. [8] «Testaferro», Diccionario de la lengua española (22.ª edición), Real Academia Española, 2001, http://lema.rae.es/ drae/srv/search?key=testaferro. [9] Testaferro en Economía [10] Aviso de testaferro publicado [11] Testaferro-figura legal en España. Ver Wikipedia: Enciclopedia Libre. http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Especial:Libro&bookcmd=download&collection_id=ae1bdddb8e1d3102f3cb26c993641659cfe5d6bf&writer=rdf2latex&return_to=Empresa+fantasma.
[11] Bibliografía: Lawrence J. Gitman, Michael D. Joehnk (2005). Fundamentos de inversión. Pearson Educación. p. 73. «El papel de los brokers». Referencias: [1] «bróker», Diccionario de la lengua española (22.ª edición), Real Academia Española, 2001, http://lema.rae.es/ drae/srv/search?key=br%C3%B3ker. [2] Hugo E. Lombardini, Maria Carreras i Goicoechea (2008). LIMES: Lexicografía y lexicología de las lenguas de especialidad. Polimetrica s.a.s. Ver Wikipedia: Enciclopedia Libre. http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Especial:Libro&bookcmd=download&collection_id=d777bc762f07fff250475040aaa3cafdab78d908&writer=rdf2latex&return_to=Br%C3%B3ker.
[12] Texto: Estado Islámico: Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Estado_Isl%C3%A1mico?oldid=82905672 Colaboradores: Kordas, Benjavalero, Taichi, Neutravo, BOT-Superzerocool, Oscar ., Banfield, Carrilano, Keat, Baiji, Davius, Leonardoleidi, Martínhache, Montgomery, LMLM, CommonsDelinker, Fixertool, Leandro.vazquez, Technopat, Irus, Marcelo, Jorjum, Furado, Pedro Felipe, Austral blizzard, Fanattiq, Rlinx, UA31, Shalbat, Holothurion, MarcoAurelio, Gonville, Juamax, Jkbw, Fobos92, FrescoBot, Aleuze, Exorsista, Fitoschido, Mr.Ajedrez, Foundling, Afrasiab, Ingegneriadell´elizia, Grillitus, El Ayudante, Uricm55, Greyshark09, Albertojuanse, Bespin, Drayy, Markan80, Totalcas, Jaluj, MetroBot, Óscar Becerril, Enciclopediaenlinea, Libertad 17, E4024, Deeyuso, EzequielZalgado, Rotlink, GrandeIsmael, Tuareg50, Zaryabak, Débora Cabral, Farmacopea, Danielsan90, LlegóelBigotee, MrCharro, Salvaeditor, Jarould, Ludoicus, Deisenbe, Daménie, Fernandez2302, Leopoldo Christie, AmunJazz, Strakhov, CFAllende, Fuda37, Karlosboss123, Loloko93, Edu ortega y Anónimos: 69. Ver Wikipedia: Enciclopedia Libre. http://es.wikipedia.org/wiki/Estado_Isl%C3%A1mico.

Leer más: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/mas-alla-de-nietzsche/
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