Antiproducción

Antiproducción

Raúl Prada Alcoreza

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Índice:

Substratos

Modo de des-producción especulativo                        
Una religión llamada economía                                     
Formaciones institucionales                                          
Parasitismos y sensacionalismos                                  

Singularidades

Crisis del capitalismo dependiente
y conflicto regional                                               
Condiciones de posibilidad de la cohesión social                           
Los 24 días que conmovieron a Bolivia             
Territorios indígenas y descolonización                       

Deconstrucciones

La anti-economía del extractivismo                             
De la anti-política                                                                                        
Arqueología de la política                   

                            

A modo de breve introducción

En este ensayo intentamos situarnos en la coyuntura o, mejor dicho, en los tejidos y nudos de las coyunturas imbricadas, visualizadas desde la perspectiva de la complejidad, hurgando dos planos y espesores de intensidad; los substratos y las singularidades manifiestas. Desde estas prospecciones buscamos desplegar deconstrucciones de algunos mitos de la modernidad o, si se quiere, tramas, narrativas, de la modernidad.

Substratos

Modo de des-producción especulativo

Vamos a comenzar diciendo lo que dice una canción: sorpresas te da la vida. ¿Cuáles son estas sorpresas? ¿Puede ocurrir algo parecido a que, de tanto recorrer, de pronto ya nos encontremos en otro lugar, en otro ámbito, en otro escenario, sin que nos demos cuenta que cruzamos ya, hace un tiempo el umbral, que separa estos distintos ámbitos? Que creamos que nos encontramos todavía en el contexto dejado atrás, que nos representemos el nuevo contexto, como si fuese el anterior; por lo tanto, que nos demos no solamente errada información, sino que esta información errada alimente interpretaciones no correspondientes a la realidad efectiva; embarcándonos, por lo tanto, a un desastre, sin garantizar nuestra sobrevivencia. Esto parece ser lo que nos está ocurriendo.

Por las teorías usadas, tanto las teorías críticas del capitalismo, así como las teorías apologistas del capitalismo, seguimos viendo al actual sistema – para seguir utilizando este término acostumbrado -, en construcción, como si fuera el sistema capitalista, cuando ya no lo es. Este sistema, el del presente, efectivamente dado, no es, propiamente, capitalista, no es el de la valorización del valor, de la valorización de capital, no es una economía política, que bifurca lo concreto de lo abstracto, valorizando lo abstracto y desvalorizando lo concreto.  Este es un sistema que ya no necesita de economía política, que no requiere del dualismo operativo de la economía política. Uno de los componentes del capital y del capitalismo ya no forma parte de la composición del capital y del capitalismo; la composición financiera de capital, que, en cada ciclo largo del capitalismo hegemónico vigente,  aparece como servicios a la acumulación de capital; primero, apoyando al carácter comercial del capital; después, apoyando al carácter industrial de capital; en tercer lugar, que termina dominando a las otras formas de capital, la comercial y la industrial; anunciando, de esta manera, la clausura del ciclo largo del capitalismo en cuestión. Resulta que esta última fase, característica de cada ciclo largo del capitalismo, no es la que se está dando ahora; se dio antes, anunciando esta clausura, con las crisis de sobreproducción, seguidas por las crisis intermitentes financieras. Sin embargo, esta vez, el sistema operativo, la maquinaria financiera capitalista se ha autonomizado; ya no forma parte del sistema capitalista; está conformando su propio sistema. Que como el sistema-mundo capitalista, tiene su modo, sus formaciones, también su mundialización. Se trata, en principio, del modo de des-producción especulativo.

¿Por qué llamamos modo de des-producción especulativo? En primer lugar, debido a la analogía con la caracterización del modo de producción capitalista; empero, encontrando como su simétrica antípoda. Estamos ante un modo de des-producción, pues el objetivo y la función no son la producción, sino todo lo contrario, la des-producción, incluso la destrucción de la producción. Este modo de des-producción funciona con la tecnología de la ingeniería financiera; se trata de una tecnología sofisticada de contabilidad y de autopropulsión de su propia autogeneración, basada sobre todo en indicadores, medidas, metodologías aritméticas, pues el término de matemáticas les quedaría grande. Lo curioso es que este modo de des-producción no funciona como economía política; como dijimos, no requiere del contraste entre valor de uso y valor abstracto, no requiere de ningún contraste, de ningún dualismo, se abastece a sí mismo; es hermafrodita – usando el término metafóricamente, para ilustrar -. En segundo lugar, nos encontramos como en un más allá de la economía política, incluso de la economía misma, en todas sus formas conocidas.

¿Cómo puede ocurrir esto? La autonomización del componente financiero de la estructura del capital, implica no una duplicación del anterior sistema, sino otro sistema, cuya lógica no es ya dualista; no es ya economía política, la lógica, si se pueda hablar así, es fundamentalmente especulativa y no de valorización. Empero, ¿cómo puede funcionar algo así, como puede reproducirse, por así decirlo? Al respecto tenemos dos hipótesis, una catastrófica y otra histórica, por así decirlo.

La hipótesis catastrófica dice:

El modo de des-producción no se reproduce, se alimenta del cadáver o del cuerpo vivo narcotizado, capturado, mantenido vivo para su propia alimentación. Es un modo de des-producción que se imagina eterno, pues está fuera del tiempo y de la historia. Puede moverse, si se quiere, para ilustrar, inercialmente, en un espacio sin roces; por lo menos, esperando convertir el espacio accidentado donde todavía habita en un espacio liso, donde los flujos financieros se desplacen libremente.

La hipótesis histórica dice:

El modo de des-producción se reproduce; empero, como si fuera hermafrodita. Por lo menos eso es lo que pretende. Es decir, pretende contener, en sí mismo, los órganos de reproducción requeridos – usando el término de órganos metafóricamente -, pretende que la propia unidad básica, por así decirlo, que, mas bien, es flujo financiero, contenga la facultad de generarse, regenerarse, expandirse, acumularse. En otras palabras, la transferencia financiera implica la dilatación del monto financiero; fenómeno que no es pues exactamente valorización, sino inflamación o, si se quiere, inflación. Ya no se presta para garantizar la producción o el intercambio, o que la economía funcione, adquiera recursos frescos, de una manera fácil y adecuada; sino que se presta para endeudar más, para que la deuda crezca, como dijimos en otro escrito, de una manera infinita.

En tercer lugar, la sorpresa es la siguiente:

La antípoda del capitalismo no es el socialismo; efectivamente, empíricamente, no lo fue; presentándose, mas bien, como otra versión del modo de producción capitalista. Sino este sistema-mundo financiero especulativo, que ya no requiere, por lo menos en su imaginario, de la existencia del sistema capitalista. Lo mantiene subordinado, pues requiere, en esta etapa inicial, de su funcionamiento, de una manera subordinada, controlada, incluso saboteada, hasta que pueda prescindir completamente de este sistema de la valorización del valor, de esta economía política.

De todas maneras, este modo de des-producción especulativo tiene que funcionar con algo, sobre algo, usando determinados instrumentos, teniendo al alcance algo sobre lo que se manipula, fuera de las técnicas de la ingeniería financiera. Este algo son las ilusiones, los imaginarios, las esperanzas, los deseos, de la gente; también otro algo, sobre lo que se manipula, son las leyes, las instituciones, los gobiernos, los estados, los organismos internacionales, los bloques regionales.

Al sistema especulativo financiero, en construcción, no le interesa ningún obstáculo, legal, jurídico, político, institucional; concibe que no tiene obstáculos, sino objetos de manipulación, que sirven, son útiles, o acuden en su ayuda. Este sistema-mundo especulativo financiero, en comparación con el sistema-mundo capitalista, es súper-flexible, súper-mutante; atraviesa instituciones; por lo tanto, aparece como parte de la institucionalidad, aparentemente vigente. Atraviesa las leyes; por lo tanto, actúa legalmente. Atraviesa estados y gobiernos; por lo tanto, aparece respetando a los regímenes institucionales vigentes; incluso puede aparecer como ayudándolos a salir de crisis financieras.

Ofrece créditos con muchas facilidades, incluso, si el usuario no puede pagar, le otorga crédito para pagar su deuda acumulada.  La relación del sistema especulativo financiero no es exactamente económica, en el sentido acostumbrado, definido, sino es una relación de deuda, donde el acreedor y el deudor están unidos en esta relación de deuda infinita. Esta relación mantiene al deudor eternamente como deudor, pues de lo contrario, el sistema no podría reproducirse.

¿Qué es lo que ofrece el sistema-mundo especulativo financiero? Ofrece el paraíso financiero, a la gente común, a los estados, a las empresas, al miso capitalismo industrial. La llegada comunicativa entre el sistema especulativo y los usuarios es de una comunicación basada o sostenida por la activación de ilusiones, esperanzas, imaginarios placenteros.

Como dijimos, si este sistema-mundo especulativo financiero, en construcción, permite todavía la sobrevivencia del capitalismo industrial, es porque lo requiere, en esta etapa inicial de desmantelamiento de la producción, de desmantelamiento de los aparatos de producción; sobre todo requiere de la industria de guerra. La destrucción financiera, se articula, con la destrucción de la guerra, que ya formaba parte de  las maquinas del capitalismo, sobre todo para absorber la plusvalía no realizada. Sin embargo, la guerra, ya no forma parte de la estrategia, como en el caso de las máquinas capitalistas, sino que la guerra es subsidiaria al propio sistema especulativo; se puede decir que forma parte inherente de la composición del modo de des-producción especulativo.  La guerra ya no absorbería la plusvalía no realizada, como en el caso de las crisis de sobreproducción del capitalismo, sino simplemente coadyuva en la destrucción que persigue el modo de des-producción especulativo y, en el contexto mayor, el sistema especulativo financiero. Es la destrucción misma lo que acrecienta la cantidad financiera en circulación. Por ejemplo, es preferible que se queme una fábrica o un inmueble asegurado, pues, de esta manera, se acrecienta la cantidad financiera.

Entonces, en resumen, se puede decir que estamos, en principio, ante el nacimiento de un modo de des-producción especulativo, ante la construcción de un sistema-mundo especulativo financiero. Lo que faltaría, en esta composición, es el medio, las formaciones sociales especulativas. Mientras no se tenga la experiencia configurada de estas formaciones, nada podemos decir. Hoy por hoy, asistimos a la subsunción formal – usando el concepto metafóricamente – de las formaciones sociales capitalistas al modo de des-producción especulativo.

Una religión llamada economía

La religión inventa un mundo suprasensible; la economía no está lejos de hacer lo mismo, aunque en comparación con los ángeles, arcángeles, en contraposición, demonios, el mundo de los indicadores macroeconómicos sea, más bien, aburrido. El mundo de los indicadores no es mundo real, en el sentido efectivo, por así decirlo; es el mundo abstracto de las relaciones numéricas. Relaciones numéricas que dan promedios, ponderaciones, proporciones, series, convergencias, límites; cuando conforman estructuras cuantitativas, nos encontramos ante distribuciones y composiciones; cuando transcurren, estamos ante variaciones. En este mundo no se enfrentan ángeles y demonios, sino una situación de orden, el equilibrio, en contraste con una situación de desorden, el desequilibrio. En este caso, el bien es el equilibrio, el mal es el desequilibrio. Lo que conducen al equilibrio es bueno, lo que conduce al desequilibrio es malo. El pecado es provocar el desequilibrio, redimirse es conducir al equilibrio.

El mundo macroeconómico es plano; orientado por coordenadas cartesianas. En unos casos, se comparan variaciones de cantidades con el tiempo; en otros casos, se comparan variaciones de cantidades en contextos; en otros casos, se correlacionan series. El problema es que todas estas medidas, porque eso son, son tomadas no como orientaciones, no como medidas, sino como si fuesen esencias de la realidad. Algo así como lo que ocurre con los conceptos en filosofía, que son considerados esencias o sustancias; solo que, en el caso de la macroeconomía, se trata de datos, estructuras de datos, relaciones de datos, que, por cierto, vienen interpretados por conceptos, de carácter técnico. Sin embargo,  los datos hacen el papel de códigos claves, descifradores de las leyes de la realidad. Cuando la realidad ha sido reducida al plano,  aplastada a dos dimensiones, cuando su explicación se reduce a la búsqueda perpetua del equilibrio, entonces, es de esperar que se pretenda explicarla desde los cuadros de datos o, si se quiere, desde curvas cartesianas. Sin embargo, esta realidad reducida no es más que la imagen de un mundo vaciado de contenidos, espesores, dinámicas de fuerza, para convertirse en un mundo gris, poblado por cantidades acotadas. Está lejos de ser el mundo en constante devenir, desenvuelto en la dinámica compleja de fuerzas, asociaciones y composiciones vitales.

La economía está lejos de explicar la complejidad, sinónimo de realidad, incluso lejos de explicar el plano de intensidad económico, entrelazado y articulado a múltiples planos y espesores de intensidad. La teoría y metodología instrumental, que son operadores, cuando se convierten en explicaciones ontológicas, por así decirlo, dejan de ser operadores, para convertirse en “ideología”; es decir, en la sustitución de las relaciones efectivas sociales por relaciones ficticias entre indicadores. Cuando ocurre esto, la economía es una religión. El mundo que valoriza, que reclama como verdadero es este mundo insensible de los pálidos indicadores. A partir de este paradigma, exige, en el mundo real efectivo, comportamientos que imiten a las curvas que marchan al equilibrio macroeconómico. Convierte a los seres del mundo real en números, des-corporeizándolos, suspendiéndolos, fuera de las demandas de las necesidades. Aplica programas de austeridad, para lograr el equilibrio añorado, como si fuese la tierra prometida. Esta “ideología” macroeconómica cree que opera sobre números no sobre seres humanos, entonces sus programaciones son implacables; apuntan a reestructurar las composiciones numéricas. En este trámite, los costos que cuentan son los medidos por las balanzas, que ponderan los saldos positivos en contraste con los saldos negativos;  los déficit frente a los superávit. Los otros costos, los cualitativos, descargados sobre los cuerpos, los territorios, las condiciones de vida, no cuentan.

La enajenación de los economistas llega muy lejos, cuando muestran gran satisfacción, de lograr el equilibrio macroeconómico anhelado, a un costo desolador en las sociedades; pero, estos “efectos colaterales” no cuentan, no son conmensurables para este instrumental de medida macroeconómica.

La contrastación es la mejor evaluación de las teorías, de los modelos, de los paradigmas, por lo tanto, de la economía, sobre todo de la macroeconomía. Si el mundo efectivo no logra armonizarse, cuando se aplican estas políticas económicas, cuando, mas bien, persisten las intermitentes crisis económicas,  cuando asistimos a despliegues intensos y extensos de los dramas sociales en el mundo, quiere decir que esas teorías, esos modelos, esos paradigmas, no funcionan. Sin embargo, se persiste en usarlos, sobre todo, ya no como instrumentos orientadores, sino como explicaciones verdaderas, quiere decir que se ha escogido la ruta de la extravagante enajenación, que sustituye la complejidad, sinónimo de realidad, por la caricatura simple de su reducción bidimensional numérica, cuyo único drama reconocido es el desequilibrio.

Esta religión de la economía tiene también sus aparatos de inquisición, sus cuartos de tortura, sus castigos; una clasificación de pecados, generalmente atribuidos a déficit en las balanzas, a gastos excesivos, a deudas no pagadas, a desatender la composición requerida para el equilibrio, que casi siempre tiene que ver con la disminución en el presupuesto para la salud, para la educación, para la logística social. También tiene que ver con disminución de empleos en el aparato administrativo y en otros rubros. Lo importante es el equilibrio, como si el secreto de la vida se encontrara en el equilibrio, olvidando que la vida es conservación y transformación, necesidad y azar.

Cuando a los señores y las damas del régimen mundial de la economía se les pregunta por qué la crisis de sobreproducción se convierte en crisis financiera intermitente, las respuestas son sandeces, como, por ejemplo, se debe a la mala administración, a gastar más de lo que se tiene. Como estas sandeces la dicen estos personajes, ungidos de aureolas pomposas,  como se dicen en salones elegantes o, incluso, parcos, oficinas, sin embargo, de altos funcionarios, entonces lo que dicen se inviste de ceremonia, la misma que esconde los grandes vacíos de estas explicaciones anodinas. Para abultar la ceremonialidad y los abalorios, los economistas hacen eco de estas sandeces como si fueran enunciados con sentido propio. Lo único que hacen es compartir el sentido común “técnico” de las sandeces. Los medios de comunicación prestan atención a estas sandeces y las difunden como verdades mediáticas. Lo grave que hasta los gobernantes que llegaron al poder por votación popular, para corregir estos entuertos y contrasentidos, terminan creyendo en el discurso en boga. Entonces culminan firmando acuerdos, convenios, compromisos, de pago de la deuda, acompañando el pago de la deuda con exigentes restricciones y dietas de austeridad.

La macroeconomía es un instrumental técnico, más que teórico, para medir, principalmente el producto interno bruto. A partir de esta composición establecer la relación entre gastos e ingresos, gastos, inversiones, e ingresos, que tienen que ver con valorizaciones, con las realizaciones en el mercado. La ecuación es la medida de la equivalencia entre gastos e ingresos. Estamos entonces ante medidas de la economía, vista o visualizada a partir de la relación entre inversiones e ingresos. El producto interno bruto es la valorización de la producción anual realizada en el mercado. El PIB tiene que corresponder tanto a la suma de las inversiones, así como, del otro lado, a la suma de los ingresos. Sin embargo, la economía efectiva, no se reduce a estos movimientos cuantificados de la economía, concebida como un cuadro de oferta y demanda; estas cuantificaciones son instrumentos de orientación para obtener una información integral de las inversiones y de los ingresos; nada más. Pretender que esto expresa o manifiesta las dinámicas económicas es una desmesura exagerada de los sacerdotes de la economía, que han convertido su circunscrito saber técnico en una religión.

Breves anotaciones sobre la macroeconomía

Para que quede claro lo que decimos. No es un problema de la macroeconomía como instrumento técnico para el análisis, como instrumento descriptivo de movimientos económicos, no es problema de las herramientas estadísticas, que se utilizan para el cálculo, tampoco de la teoría analítica técnica que acompaña a esta heurística, sino el problema radica en los sacerdotes monetaristas, quienes convierten estos útiles instrumentos analíticos en el paradigma de la verdad económica. Es decir, convierten la economía en una religión.

En adelante haremos un repaso a la concepción analítica e instrumental macroeconómico; lo haremos un tanto esquemáticamente para ilustrar.

Se dice que la macroeconomía asume el estudio general de la economía; para tal efecto recurre al análisis de las variables agregadas, el monto total de bienes y servicios producidos, el total de los ingresos, el nivel de empleo, de recursos productivos, la balanza de pagos, el tipo de cambio y el comportamiento general de los precios. La macroeconomía busca examinar cuál puede ser el perfil adecuado de las políticas económicas, persiguiendo el objetivo del crecimiento económico, conseguir la estabilidad de precios, fomentar el empleo y la obtención de una balanza de pagos, sostenible y equilibrada.

A inicios de la década de 1950 se maduraron modelos micro- económicos basados en el comportamiento macro-económico, tal como la función del consumo. El economista holandés Jan Tinbergen conformó el primer modelo macroeconómico. El primer proyecto mundial de modelo económico, el Warton Econometric Forecasting Asociates LINK, fue emprendido por Lawrence Klein.

El nacimiento de la macroeconomía moderna se da lugar en 1936, nacimiento en el cual el economista británico Jhon Mayard Keynes tiene que ver por el despliegue epistemológico que ocasiona en las formaciones discursivas económicas de entonces. En su obra Teoría general del empleo, el interés y el dinero, interpreta y explica la fenomenología de la Gran depresión. La interpretación económica precedente consideraba que las crisis de los ciclos económicos no podían ser soslayadas, en cambio, Keynes expuso la posibilidad de sortear las crisis cíclicas.  En resumen expuso como la política fiscal y monetaria podían utilizarse como herramientas para incrementar el nivel de la producción y el empleo en una sociedad.

Los preferentes datos que se utilizan en la macroeconomía son las llamadas macro-magnitudes, obtenidas de la Contabilidad nacional. El indicador más conocido es el producto interno bruto (PIB), indicador de la medida integral del valor anual de la producción y los servicios dados en un país determinado. Las variaciones del PIB muestra la evolución del crecimiento de la producción. Por otra parte, también se utilizan, de manera específica, otros indicadores, que acompañan al análisis; por ejemplo, los indicadores de Valor Agregado Bruto, Renta Nacional, además de medidas o coeficientes como el Deflactor. Así como el Índice de Precios al Consumidor, que mide la variación de precios de la canasta familiar promedio; se trata de una estructura de bienes ponderada por los precios. También se usan indicadores como la Tasa de Desempleo y la Tasa de Interés.

El modelo de oferta  y demanda agregada analiza la producción de un periodo y el nivel de precios existente a través de la funciones de oferta y demanda agregada; proporciona la sinopsis necesaria para comprender la evolución de las magnitudes agregadas básicas. El modelo de oferta y demanda agregadas es la herramienta analítica para el estudio de las fluctuaciones de la producción, así como de la variación de precios. Las unidades de análisis son la demanda agregada y la oferta agregada; la demanda agregada es una figuración aritmética del mercado de bienes y servicios. Los componentes de la demanda agregada son el consumo privado (C), la inversión privada (I) y el gasto público (G); en una economía abierta hay que añadir las exportaciones netas (XN), que consiste en la diferencia entre exportaciones (X) e importaciones (M) de bienes y servicios.

Los tópicos macroeconómicos se remiten a fenómenos generales del funcionamiento de la economía, sin tomar en cuenta problemas sectoriales singulares. Los modelos macroeconómicos toman en cuenta características propias de los movimientos económicos, como el crecimiento económico, el desempleo  y la evolución de los salarios, la inflación, la balanza comercial, la demanda agregada, los impuestos y los tipos de interés.

Dentro del contexto del análisis macroeconómico, se puede considerar el análisis monetarista.  Se analiza el dinero en sus diversas funciones, se explora los efectos de los sistemas monetarios, incluida la regulación del dinero, las regulaciones vinculadas a las instituciones financieras. El análisis monetarista moderno suministra una formulación microeconómica de la demanda de dinero, observando su influencia sobre la demanda agregada y la producción. Acopladas a este análisis se recurre a otras categorías, como  la oferta de dinero, la demanda de dinero, la base monetaria. Por otra parte, también se recurre a la teoría cuantitativa del dinero, así como al enfoque de la ilusión monetaria, así como al enfoque de la trampa de liquidez.

En lo que respecta al análisis del crecimiento económico, se examinan las variables que determinan el incremento de la producción, también el acrecentamiento de la renta;  se trata del análisis cuantitativo de los indicadores económicos a largo plazo. La teoría del crecimiento económico analiza comparativa las economías nacionales.

El análisis macroeconómico del desempleo discierne las implicaciones del desempleo en la economía; se ocupa de su medición, de las causas desencadenantes, así como de las fluctuaciones del desempleo. Para tal efecto se recurre también a la categoría de salario de eficiencia; se apoya el análisis en la curva de Phillips, así como en la ley de Okun.  

Para tener una descripción matemática del modelo, expondremos su formulación algebraica. Consideremos la renta o ingreso nacional (Y) como la suma de todos los bienes y servicios producidos en un período. Algunos de esos bienes y servicios han servido para el consumo de los habitantes del país, es decir, (C) será el consumo. Otros habrán servido para que las empresas puedan reponer sus necesidades de capital para producir, también para adquirir maquinarias, herramientas, materias primas; esto lo llamaremos inversión (I). Por su parte, el Estado ha intervenido en la economía consumiendo bienes y servicios para hacerlos públicos, ha intervenido mediante empresas públicas en el mercado; a lo que llamaremos gasto público (G). También se han importado bienes del exterior, mediante las importaciones (M) y se han exportado al exterior, mediante las exportaciones (X). Entonces, podemos representar la renta como esta suma:

La razón por la que las importaciones pasan “restando”, es la siguiente: el lado de la ecuación Y + M representa en qué hemos usado todo el dinero empleado en el periodo, el total de producción nacional de bienes y servicios, y de importaciones, y en eso ha tenido que emplearse todo lo que se ha demandado durante el periodo: C + I + G + X, ya que algunas de estas variables en parte han tomado de la producción nacional y en parte de las importaciones. Por tanto Y + M = C + I + G + X, y pasando M al otro lado, tenemos la relación. Podemos simplificar y llamar a las dos últimas variables “Exportaciones netas”, y presentarlo así:

Hay que introducir ahora factores que influyen el consumo. El consumo se supone que será una parte de la renta disponible de los consumidores. La renta disponible no es exactamente  Y; como el gobierno necesita parte de esa renta para financiar el gasto público (G), podemos suponer que la renta disponible es la renta Y después de que el gobierno ha retenido una parte en forma de impuestos, considerando, además,  los presentamos de forma simplificada por una tasa impositiva (t). La renta disponible será (1-t)Y. Ahora bien, el consumidor, normalmente, no se la gastará toda en consumo, sino solo una parte, podemos suponer que por término medio todos tienen la misma propensión al consumo, y la llamamos (c) a esa propensión. Por tanto, el consumo privado será:

Introducimos esto en nuestra ecuación y quedaría así:

Otro supuesto que se suele hacer es que la inversión privada se encuentra negativamente afectada por los tipos de interés del dinero. Cuando éstos son altos, como las empresas tienden a pedir créditos bancarios para equipar sus medios de producción, tienden a invertir menos porque invertir más significa tener que pagar más de intereses. Esto lo podemos representar así: La Inversión tiene un nivel máximo posible (Im) y disminuye linealmente con los tipos de interés, o sea:

Donde b representa la sensibilidad de las empresas privadas al tipo de interés bancario e i ese tipo de interés. Nuestro modelo ahora es así:

La cuestión es que en este modelo vemos que la misma variable, la renta, aparece en los dos lados de la ecuación. Esto puede interpretarse como una relación dinámica, o sea, el valor de Y en la izquierda va a depender del valor que tuvo en el pasado, en la derecha de la ecuación, y del resto de los valores de las variables. E irá cambiando periodo tras periodo.

Sin embargo, si suponemos que las otras variables no cambiaran, si los parámetros fueran constantes durante suficiente tiempo, y además el gasto público G estuviera  generado de manera externa, entonces posiblemente la renta llegaría a no cambiar tampoco con el tiempo, alcanzando lo que se llama el valor de equilibrio. Podemos hallar este valor de equilibrio:

Con esta ecuación, también llamada curva IS, se pueden hacer diversos análisis viendo como cambiaría la renta de equilibrio si variaran los parámetros o las variables implicadas. Esta curva refleja los valores de renta (Y) y tipo de interés (i) para los cuales el mercado de bienes y servicios está en equilibrio. Existe, sin embargo, una diferencia importante si se considera que el gasto no es externo sino interno, dado por el nivel de impuestos: G = tY. En este caso la renta de equilibrio sería:

Obsérvese que la hipótesis de exterioridad del gasto público no es cándido, ya que la conclusión sobre el efecto del aumento de los impuestos es contraria en las anteriores ecuaciones ya que calculando las derivadas siguientes se tiene:

Es decir, en el modelo de gasto público endógeno un aumento de los impuestos conduce a una disminución de la renta, mientras que en el modelo gasto público exógeno, igual a los impuestos, es decir, cuando no hay déficit, el aumento del tipo impositivo conduce a aumentos de renta.

Existe una curva que es complementaria de esta, llamada LM. Los supuestos son los siguientes: Los agentes demandan dinero para poder actuar en el mercado. El dinero interesa en términos reales, no nominales. La oferta de dinero depende del Banco Central del país, que es el único organismo que puede emitir dinero, pero éste luego deja que el resto de los bancos lo distribuyan y cobren intereses por prestarlo. En cualquier caso, la demanda monetaria se puede representar como el cociente de dos variables, M, la cantidad total de dinero en la economía, y P, los niveles de precios. Es decir (M/P). Esa demanda se puede suponer que depende así del resto de la economía: a mayor nivel de renta, se demandará más dinero para comprar en los mercados, pero un mayor tipo de interés disuadirá generalmente de demandar dinero, ya que éste debe ser reintegrado cuando se pide como préstamo. De ahí que se represente la demanda así:

Si suponemos que la oferta y demanda monetarias están igualadas en el mercado monetario, podemos coger la ecuación anterior y despejar la renta:

Que es una curva que relaciona los niveles de renta y de tipos de interés para los que el mercado monetario está en equilibrio. Ésta es la curva LM.

Si tomamos las curvas IS y LM, las anteriores ecuaciones, y las juntamos, obtenemos un sistema de dos ecuaciones con dos variables, que serán la renta y el tipo de interés:

Podemos despejar, usando los métodos para sistemas de ecuaciones lineales, obtener los valores de Y e i en función de todos los demás parámetros y variables, usar las funciones resultantes para estudiar como variarán los niveles de renta y tipo de interés en el equilibrio, cuando varíen los parámetros o las variables exógenas. Es más, podemos obtener la curva de demanda agregada, ya que podremos expresar la renta (Y), dependiendo de los niveles de precios (P). Esta curva tendría la siguiente expresión:

Se puede reducir esta expresión a una del tipo Y=A+B/P, que muestra claramente que se trata de una curva decreciente en P. Si hubiéramos partido de las anteriores ecuaciones el resultado final habría sido:

Si además desarrolláramos una curva de oferta agregada, que relacionara niveles de salarios,  de trabajo, de precios y de renta producida, podríamos cruzarla con la de demanda agregada, determinar por completo la renta, los niveles de precios, de empleo y otros indicadores, en cada momento dado; estudiar como las políticas monetarias y fiscales influyen.

Los gobiernos disponen de herramientas para aplicar políticas económicas, una de ellas es la política monetaria,  la misma que se reduce a la manipulación de la oferta monetaria, expidiendo o restringiendo el dinero, el crédito y el sistema bancario, incidiendo en  la producción, los precios y el empleo. Otra herramienta de las políticas económicas es la política fiscal, la misma que se reduce al manejo de los ingresos públicos, prioritariamente los impuestos, así como los gastos públicos. Se puede adjuntar a estas herramientas las políticas de rentas, las que se proponen la limitación de precios y salarios.

Los modelos que pretenden simular sistemas reales frecuentemente recurren a estudios de regresión lineal múltiple. Se pretende averiguar el efecto de pequeños cambios porcentuales en las variables de entrada. Para grandes cambios el modelo podría resultar no lineal, por lo tanto, las predicciones del modelo lineal resultan inapropiadas.

El modelo macroeconómico no sería útil para describir la economía efectiva, simplificada a la sensibilidad de los parámetros seleccionados,  si no se contrasta la validez;  la manera de hacerlo es usando los valores reales de la variables. Tampoco serviría de nada suponer cuales son las relaciones entre las variables y cuáles son los valores de los parámetros que influyen en esas relaciones, si no podemos comprobar en qué grado esas relaciones son así y cuales serían realmente los valores de esos parámetros. Para tal efecto, se usa una técnica estadística denominada econometría  para comprobar la validez del modelo, usando valores reales.

Por ejemplo, si, en el marco de un modelo hipotético, hemos supuesto que el consumo (C) depende de la renta (Y), los tipos de interés (I), la riqueza acumulada (W) y el nivel de precios (P), podríamos expresar esto como:

Los valores de C, Y, I, W y P tendrían que averiguarse buscando informes económicos oficiales que pudieran mostrarnos estas estadísticas, los valores que toman a lo largo del tiempo; los valores de los parámetros tendrían que ser deducidos por el investigador, usando la econometría. Esta técnica también puede informar hasta qué punto este modelo lineal es válido, si alguna de estas variables es irrelevante,  si resultan en conjunto insuficientes para explicar el valor de C a lo largo del periodo considerado.

En algunos casos, se intenta que los modelos macroeconómicos tengan un soporte microeconómico, que se pueda representar las variables macroeconómicas implicadas como la suma de variables microeconómicas, que fluctúan en las relaciones de equilibrio de varios modelos microeconómicos, que representen a los agentes económicos, quienes operan[1].

Conclusiones

1.   En la modernidad las ciencias sociales, entre ellas la economía, se han convertido, cada una de ellas, a su turno, en el pretendido centro epistemológico privilegiado, desde donde se explica la realidad, reducida a la rejilla de sus esquemas teóricos.

2.   Cuando esta pretensión epistemológica, de centro de saber, por lo tanto, de lugar privilegiado de la verdad, se convierte en “ideología”, para después convertirse en política, la ciencia descriptiva se ha transformado en una religión.

3.   Se trata de un saber pretensioso de los nuevos sacerdotes de las nuevas religiones. Que, además, al ungirse de autoridades, usan el poder para obligar a las poblaciones comportamientos y conductas, que conducen a la austeridad, a la dieta, y al ahorro, generalmente para pagar deudas que las poblaciones no han ocasionado, sino que han sido generadas por las políticas económicas de los gobiernos, de los organismos internacionales y del sistema financiero internacional.

4.   Las herramientas estadísticas, los instrumentos descriptivos y de medida, son, indudablemente útiles; lo son cuando son usados como tales, como instrumentos, herramientas, descriptivas; sin embargo, pierden esa utilidad cuando se convierten sus medidas, incluso sus modelos de orientación, en esencias o sustancias inmanentes y trascendentes a la realidad, que ha dejado de ser la realidad efectiva, reduciéndose a ser la representación aritmética de la realidad efectiva.

Formaciones institucionales

Vamos a desplazarnos desde la constelación de las formaciones discursivas a la constelación de las formaciones institucionales; aplicando, si ustedes quieren, la misma perspectiva epistemológica, relativa a la complejidad, que desplegamos cuando reflexionamos sobre las formaciones discursivas. Es decir, tendremos como referente algo parecido a las prácticas discursivas, que en el caso de las formaciones institucionales, serían prácticas institucionales. Por otra parte, de la misma manera, observaremos a las formaciones institucionales no como se pretende que son, tanto por las teorías de la ciencia política, así como por sus estructuras normativas y reglamentarias, la imagen institucional, que, además de pretender esta idealidad, se cree que la institución es una estructura única, monolítica, homogénea. Nada de esto ocurre, desde nuestra perspectiva. Las formaciones institucionales plantean, mas bien, su heterogeneidad constitutiva, sus variaciones, sus diferenciaciones y variaciones, sus distribuciones singulares. No hay algo como una institución; lo que se observa, en la práctica y en la experiencia social, es la formación institucional como conjuntos de prácticas en constante interacción. La institución efectiva se realiza precisamente en esta interacción, dando lugar a la distribución de formas y composiciones prácticas institucionales, que realizan a la institución, precisamente en sus variaciones singulares.

Por lo tanto, es de esperar, que en las formaciones institucionales aparezca no solo la regularidad de las distribuciones heterogéneas, sino incluso contrastes entre prácticas institucionales, incluso cuando se trata de una misma institución. Hay como una concurrencia de tendencias, por así decirlo.

La diferencia entre las formaciones discursivas y las formaciones institucionales, que suponen prácticas discursivas y prácticas institucionales entrelazadas, es que, en el segundo caso, no hablamos de enunciados como haz de relaciones, como en el primer caso, sino de regulaciones, normaciones, legislaciones, administraciones, gobernaciones, que, en conjunto, denominaremos gobernancias. Entonces hablamos de un haz de relaciones más complejo que el haz de relaciones relativo a las formaciones discursivas. El haz de relaciones de las gobernancias no solamente supone lo que ya se destaca en las formaciones discursivas, las relaciones de colateralidad, de correspondencia y de complementariedad, sino también relaciones de jerarquía, relaciones de mando, relaciones de especialización, relaciones normativas, relaciones administrativas, así como también relaciones políticas. Teniendo en cuenta nuestro análisis crítico del poder, incluiremos también relaciones de chantaje.

Como se puede ver, retomando la perspectiva descriptiva de las prácticas, diremos que estamos ante la distribución heterogénea de las gobernancias, de las que buscaremos encontrar sus regularidades.

A diferencia del sujeto del enunciado y del sujeto de la enunciación, que aparece, también su variación subjetiva, distintos posicionamientos del sujeto, en las formaciones institucionales aparece la población de la gobernancia y la burocracia del gobernancia. Si se quiere, la población es el objeto, mejor dicho, el referente de la gobernancia; en tanto que la burocracia es el sujeto de la gobernancia. La población aparece en su distribución heterogénea, así como la burocracia, que también se distribuye variada y diferencialmente, aunque con una menor escala de heterogeneidad. Sin embargo, como en el caso del análisis descriptivo de las prácticas discursivas, donde el sujeto del enunciado y el sujeto de la enunciación no son el enfoque del análisis, sino planos de intensidad correspondiente a otros análisis, como el lingüístico, el psicológico, que son explicados desde otra perspectiva, la pragmática de las practicas discursiva, así también, en el análisis descriptivo de las practicas institucionales, la población de la gobernancia y la burocracia de la gobernancia, corresponden a planos de intensidad heredados de otros análisis, el demográfico, el político, el sociológico. Entonces estos planos de intensidad son también explicados desde la pragmática de las prácticas institucionales. Lo que importa son las regularidades de las prácticas institucionales, de las formaciones institucionales.

Para seguir adelante, manteniendo la comparación con el análisis descriptivo de las prácticas discursivas, mostrando analogías y diferencias, con el análisis descriptivo de las prácticas institucionales, expondremos una parte del análisis descriptivo que despliega Michel Foucault en la Arqueología del saber, en la parte correspondiente a la Descripción arqueológica. Foucault escribe:

Este análisis de las regularidades enunciativas se abre en varias direcciones que quizá sea preciso un día explorar con más cuidado.

I. Cierta forma de regularidad caracteriza, pues, un conjunto de enunciados sin que sea necesario ni posible establecer una diferencia entre lo que es nuevo y lo que no lo es. Pera estas regularidades -volveremos después sobre ello – no se dan de una vez; para siempre: no es la misma regularidad la que encontramos operando en Tournefort y Darwin, o en Lancelot y Saussuré, en Petty y en Kaynes. Se tienen, pues, unos campos homogéneos de regularidades enunciativas (caracterizan una formación discursiva), pero esos campos son diferentes entre sí. Ahora bien, no es necesario que el paso a un nuevo campo de regularidades enunciativas vaya acompañado de cambios correspondientes a todos los demás niveles de los discursos. Se pueden encontrar actuaciones verbales que son idénticas desde el punto de vista de la gramática (del vocabulario, de la sintaxis y de una manera general de la lengua); que son igualmente idénticas desde el punto de vista de la lógica (desde el punto de vista de la estructura proposicional, o del sistema deductivo en que se encuentra colocada); pero que son enunciativamente diferentes. Así, la formulación de la relación cuantitativa entre los precios y la masa monetaria en circulación puede efectuarse con las mismas palabras -o palabras sinónimas y obtenerse por el mismo razonamiento; no es enunciativamente idéntica en Gresham o en Locke y en los marginalistas del siglo XIX; no depende aquí y allá del mismo sistema de formación de los objetos y de los conceptos. Hay, pues, que distinguir entre analogía lingüística (o traductibilidad), identidad lógica (o equivalencia), y homogeneidad enunciativa. Son éstas las homogeneidades de que se ocupa la arqueología, y exclusivamente. Puede, pues, la arqueología ver aparecer una práctica discursiva nueva a través de las formulaciones verbales que se mantienen lingüísticamente análogas o lógicamente equivalentes (al reasumir, y a veces palabra por palabra, la vieja teoría de la frase-atribución y del verbo-cópula, los gramáticos de Port-Royal abrieron así una regularidad enunciativa cuya especificidad debe describir la arqueología). Inversamente, puede descuidar diferencias de vocabulario y pasar por alto campos semánticos u organizaciones deductivas diferentes, si es capaz de reconocer acá y allá, y a pesar de esta heterogeneidad, cierta regularidad enunciativa (desde este punto de vista, la teoría del lenguaje de acción, la investigación sobre el origen de las lenguas, el establecimiento de las raíces primitivas, tales como se encuentran en el siglo XVIII, no son “nuevos” con relación a los análisis “lógicos” de Lancelot) .

Vemos perfilarse así cierto número de disyunciones y de articulaciones. No puede ya decirse que un descubrimiento, la formulación de un .principio general, o la definición de un proyecto inaugure, y de una manera masiva, una fase nueva en la historia del discurso. No hay que buscar ya ese punto de origen absoluto o de revolución total a partir del cual todo se organiza, todo deviene posible y necesario, todo se abole para recomenzar. Estamos ante acontecimientos de tipos y de niveles diferentes, tomados en tramas históricas distintas; una homogeneidad enunciativa que se instaura no implica en modo alguno que en adelante y a lo largo de décadas o de siglos, los hombres van a decir y a pensar la misma cosa; no implica tampoco la definición, explícita o no, de cierto número de principios de los cuales derivaría todo el resto, a título de consecuencias. Las homogeneidades (y heterogeneidades) enunciativas se entrecruzan con continuidades (y cambios) lingüísticas, con identidades (y diferencias) lógicas, sin que las unas y las otras marchen al mismo paso o se rijan necesariamente. Debe existir, sin embargo, entre ellas cierto número de relaciones y de interdependencias cuyo domino, muy complejo sin duda, deberá ser inventariado.

2. Otra dirección de investigación: las jerarquías interiores en las regularidades enunciativas. Se ha visto que todo enunciado procedía de cierta regularidad; que ninguno, por consiguiente, podía ser considerado como pura o simple creación o maravilloso desorden del genio. Pero se ha visto también que ningún enunciado podía ser considerado como inactivo, y valer, como la sombra o el calco apenas reales de un enunciado inicial. Todo el campo enunciativo es a la vez regular y se halla en estado de alerta: no lo domina el sueño; el menor enunciado – el más discreto o el más trivial -desencadena todo el juego de las reglas según las cuales están formados su objeto, su modalidad, los conceptos que utiliza y la estrategia de que forma parte. Estas reglas no se dan jamás en una formulación, sino que los atraviesan y les constituyen un espacio de coexistencia; no se puede, pues, encontrar el enunciado singular que las articularía por sí mismas. Sin embargo, ciertos grupos de enunciados utilizan esas reglas en su forma más general y más ampliamente aplicable; a partir de ellos, se puede ver cómo otros objetos, otros conceptos, otras modalidades enunciativas u otras elecciones estratégicas pueden ser formadas a partir de reglas menos generales y cuyo dominio de aplicación está más especificado. Se puede describir así un árbol de derivación enunciativa: en su base, los enunciados que utilizan las reglas de formación en su extensión más amplia; en la cima, y después de cierto número de ramificaciones, los enunciados que emplean la misma regularidad, pero más finamente articulada, más delimitada y localizada en su extensión.

La arqueología puede así – y éste es uno de sus temas principales – constituir el árbol de derivación de un discurso. Por ejemplo, el de la Historia natural. Dispondrá, del lado de la raíz; a título de enunciados rectores, los que conciernen a la definición de las estructuras observables y del campo de objetos posibles, los que prescriben las formas de descripción y los códigos perceptivos de los que puede servirse, aquellos que hacen aparecer las posibilidades más generales de caracterización y abren así todo un dominio de conceptos que hay que construir, y en fin, aquellos que, a la vez que constituyen una elección estratégica, dejan lugar al mayor número de opciones ulteriores. Encontrará, en el extremo de las ramas, o al menos en el recorrido de todo un breñal, “descubrimientos” (como el de las series fósiles), transformaciones conceptuales (como la nueva definición del género), emergencias de nociones inéditas (como la de mamíferos o de organismos), fundamentación de técnicas (principios organizadores de las colecciones, método de clasificación y de nomenclatura). Esta derivación a partir de los enunciados rectores no puede ser confundida con una deducción que se efectuaría a partir de axiomas; tampoco debe ser asimilada a la germinación de una idea general, o de un núcleo filosófico cuyas significaciones se desplegarían poco a poco en unas experiencias o en unas conceptualizaciones precisas; en fin, no debe ser tomada por una génesis psicológica a partir de un descubrimiento que poco a poco desarrollara sus consecuencias y exhibiera sus posibilidades. Es diferente de todas estas derivaciones, y debe ser descrita en su autonomía. Puédanse también describir las derivaciones arqueológicas de la Historia natural sin comenzar por sus axiomas indemostrables o sus temas fundamentales (por ejemplo, la continuidad de la naturaleza) y sin tomar como punto de partida y como hilo conductor los primeros descubrimientos o los primeros accesos (los de Tournefort antes de los de Linneo, los de Jonston antes de los de Tournefort). El orden arqueológico no es ni el de las sistematicidades, ni el de las sucesiones cronológicas.

Pero se ve abrirse todo un dominio de interrogaciones posibles. Porque, por más que esos diferentes órdenes sean específicos y tenga cada uno su autonomía, deben existir entre ellos relaciones y dependencias. Para ciertas formaciones discursivas, el orden arqueológico no es quizá muy diferente del orden sistemático; como en otros casos sigue quizá el hilo de las sucesiones cronológicas. Estos paralelismos (contrarios a las distorsiones que se encuentran en otros lugares) merecen ser analizados. Es importante, en todo caso, no confundir estas diferentes ordenaciones, no buscar en un “descubrimiento” inicial o en la originalidad de una formulación el principio del cual puede todo deducirse y derivarse; no buscar en un principio general la ley de las regularidades enunciativas o de las invenciones individuales; no pedir a la derivación arqueológica que reproduzca el orden del tiempo o ponga al día un manifiesto deductivo.

Nada sería más falso que ver en el análisis de las formaciones discursivas una tentativa de periodización totalitaria: a partir de cierto momento y durante cierto tiempo, todo el mundo pensaría de la misma manera, a pesar de las diferencias de superficie, diría la misma cosa, a través de un vocabulario polimorfo, y produciría una especie de gran discurso que se podría recorrer indistintamente en todos los sentidos. Por el contrario, la arqueología describe un nivel de homogeneidad enunciativa que tiene su propio corte temporal, y que no lleva con él todas las demás formas de identidad y de diferencias que se pueden señalar en el lenguaje; y a ese nivel, establece una ordenación, unas jerarquías, todo un brotar, que excluyen una sincronía masiva, amorfa y dada globalmente de una vez para siempre. En esas unidades tan confusas a las que llaman “épocas”, hace surgir, con su especificidad, “períodos enunciativos” que se articulan, pero sin confundirse con ellas, sobre el tiempo de los conceptos, sobre las fases teóricas, sobre los estadios de formalización, y sobre las etapas de la evolución lingüística[2].

En la comparación entre el análisis descriptivo de las prácticas institucionales y el análisis descriptivo de las prácticas discursivas diremos que las formaciones institucionales son mejor percibidas que las formaciones discursivas. Esto se debe a que las formaciones institucionales se hacen presentes de manera casi inmediata, casi directa, en la experiencia social,  en cambio, las formaciones discursivas requieren de todo un aprendizaje. Sin embargo, llama la atención, que, a pesar de esta experiencia social de las instituciones, se busca comprenderles, entenderlas, interpretarlas, es decir, se busca su sentido, no en la experiencia social sino en las formaciones discursivas.  Como si el sentido de las instituciones se encontrara en la representación del sentido o el sentido de la representación, conformado en las formaciones discursivas. Se da toda una vuelta para llegar a las instituciones, cuando el sentido práctico de las mismas se halla en la experiencia y en la memoria social.

Entonces nuestro procedimiento va a ser distinto a los de las ciencias sociales, que se embarcan en el estudio de las instituciones remontando sus navegaciones en los mares de las formaciones discursivas. Preferimos internarnos en los espesores territoriales y corporales de la experiencia social. Desde esta perspectiva descriptiva, trataremos de describir las prácticas institucionales, en su distribución heterogénea, buscando sus regularidades formativas.

De las instituciones

Vamos a exponer brevemente la perspectiva clásica del análisis institucional; aunque de una manera esquemática, con el objeto de ilustrar sobre las diferencias metodológicas y epistemológicas. No solamente para distinguir el análisis descriptivo de las prácticas institucionales, relativas a las formaciones institucionales, respecto a los análisis clásicos de las instituciones, desarrollados por las ciencias sociales y el derecho, sino para mostrar que, no se trata de negar estos estudios, tampoco rechazarlos, sino comprender que los mismos se mueven en una mirada normativa, normalizadora, normatizadora, de las instituciones; las ven con la mirada del Estado. Ciertamente este, el conocimiento de las instituciones, desde la perspectiva estatal, aunque sea labrada y elaborada por las ciencias sociales, es saber sobre las instituciones. Este saber apunta su conocimiento a lograr instrumentos eficaces en la inducción de comportamientos y conductas, adecuados a la estatalización de las asociaciones y composiciones sociales. Por lo tanto, es un saber normativo. El análisis descriptivo de las prácticas institucionales, por el contrario, busca comprender la mecánica y la dinámica de las fuerzas intervinientes en el acontecer bullente de las instituciones.

Se puede decir que las instituciones son dispositivos de complexión social,  suponen la cualidad  asociativa, cualidad que acomete la tarea de orientar, ordenar, así como normatizar y normalizar las conductas y los comportamientos. También se puede decir que las instituciones se componen por tejidos de voluntades singulares, que, sin llegar a ser la voluntad general, que, mas bien es un concepto abstracto, componen como un flujo de voluntades, acumuladas, reforzadas, orientando acciones, mas o menos consensuadas.  La maquinaria de funcionamiento de las instituciones  es de una arquitectura e ingeniería institucional en constante variación, dependiendo de la adecuación y adaptación a los contextos. De todas maneras, aparece un perfil común, relativo a las reglas, a las normas, incluso a las gestiones y formas administrativas.

Etimológicamente  la palabra institución viene de la raíz común y compartida con la palabra instrucción y sus derivaciones; instructor, institutriz, también instituto. Las instituciones en cuanto tales, no tienen por qué formalizarse o, si se quiere, estatalizarse; la institución como dispositivo regulador, orientador, compatibilizador e integrador, no requiere necesariamente formalizarse. En tanto estructuras, aparatos y referentes de carácter social, las instituciones se han convertido en tema de estudio y de análisis de las ciencias sociales. De la misma manera, las instituciones son atendidas por el derecho, sobre todo en lo que tiene que ver con la compatibilización de las normas, las reglas y procedimientos con las leyes.

Las normas institucionales condensan perfiles ideales relativos a una colectividad; estos perfiles se transfieren a su forma operativa en reglamentos, en códigos, en leyes, en constituciones.

Las instituciones jurídicas son acervos de libros consignados a la enseñanza propedéutica del derecho romano. De acuerdo a la interpretación académica, las instituciones son plasmaciones del operar humano; buscan la regularidad de las prácticas, acciones, comportamientos y conductas sociales.  Dentro de éstas encontramos las instituciones jurídicas que son creadas en el mundo del derecho bajo normas coactivas, que buscan un ideal de justicia. Al lado de las normas jurídicas aparecen las instituciones que son comportamientos que el derecho regula, que son cardinales en la convivencia social. A estos comportamientos, que son cardinales en el ejercicio de la convivencia, se los designa como instituciones. También se considera las analogías entre las distintas relaciones; por ejemplo, teniendo en cuenta las figuras de usufructuario y nudo propietario, acreedor y deudor, tutor y pupilo. Entonces, el conjunto de normas jurídicas, concernientes a una clase determinada de relaciones jurídicas, constituyen la designada institución jurídica.

Desde el punto de vista de la exposición académica de un conjunto normativo, el concepto de institución, así entendido, tiene gran valor sistemático, pues permite la ordenación de las materias afines formando las instituciones de ese sistema jurídico. El jurista Federico de Castro y Bravo, se apoya en la significación idiomática como algo que alcanza la firmeza de lo fundamental; considera como institución jurídica las formas cardinales de la organización jurídica total.

Las instituciones políticas distribuidas en el campo político, regulan la estructura, los órganos del gobierno, los poderes del Estado. De acuerdo a la interpretación de la Unesco, en 1948, en lo que respecta a la perspectiva de la ciencia política, las instituciones políticas tienen relación con los siguientes conceptos:

• Constitución

• Gobierno federal

• Gobierno regional y Gobierno local, instituciones municipales o ayuntamientos[3].

Esta interpretación ha quedado corta; más que hacer una lista, pues sería larga, de lo que se trata es de definir las instituciones políticas recuperando el concepto foucaultiano de agenciamientos concretos de poder. Nosotros, al respecto, encontrando un campo definido en este contexto, diremos que se trata de agenciamientos concretos de gobernancia.

Prácticas institucionales

Volviendo al análisis descriptivo de las formaciones institucionales, diremos que hablamos de agenciamientos de poder que tienen que ver con agenciamientos de gobernancia. Como decía Foucault de los agenciamientos concretos de poder, es decir, de las instituciones, mezclan fuerzas y discursos. Los agenciamientos de gobernancia mezclan fuerzas operativas respecto a fuerzas de resistencia con discursos normativos, discursos de legitimación, discursos políticos, discursos “ideológicos”, que se enfrentan a discursos contra-normativos, discursos contra-hegemónicos, discursos de contra-poder, discursos críticos y de interpelación.  Respecto a los discursos podemos seguir en el análisis descriptivo de las prácticas discursivas, en cambio, respecto a las fuerzas, si bien podemos seguir en el análisis genealógico del poder, que desenvuelve y despliega Foucault, a partir de sus investigaciones, en lo que respecta a las formaciones institucionales, debemos responder a exigencias concretas o más específicas que los configurados por los diagramas de poder y las cartografías de fuerzas. Debemos, por lo menos, bosquejar la configuración de regularidades institucionales en su distribución heterogénea.

Para tal efecto, propondremos hipótesis prospectivas de investigación, a la espera de las investigaciones que contrasten estas hipótesis.

Hipótesis prospectivas

1.   Tal parece que una de las iniciales formaciones institucionales que aparecen en la hominización, no las primeras, pues esto sería ya no una hipótesis, sino una especulación esquemática, son las relativas a las maquinarias territoriales de control de la descendencia, de codificación de las filiaciones y de las alianzas.

2.   Quizás antes que estas formaciones institucionales territoriales se encuentren formaciones institucionales nómadas, mas bien, de desterritorialización iniciales. No tanto de control de la descendencia, ni de codificaciones de filiaciones y alianzas, sino de activación de flujos, de interpretación de movimientos, recorridos, circuitos. Activación de flujos que se da en vinculación con los ciclos climáticos, los ciclos vitales, también con los topos de recolección y caza.

3.   En otras palabras, las primordiales formaciones institucionales no son territoriales, sino de desterritorialización inaugural, no son de control de descendencias, sino de activación de flujos.

4.   Las activaciones de flujos articulan recorridos con ciclos climáticos y oikos, conformados en su heterogeneidad diferencial biodiversa. Entonces las formaciones institucionales de desterritorialización inaugural son articulaciones complejas de cuerpos en devenir, en constante movimiento.

5.   Se trata de instituciones porque desatan comportamientos y conductas sociales, correlacionadas a los recorridos, a los ciclos, a los topos biodiversos.

6.   Entonces hay que concebir a las formaciones institucionales no solo en relación al control sino primordialmente en relación a la activación de flujos.

7.   El problema para el análisis descriptivo de las formaciones institucionales no es solamente éste de la distinción entre formaciones institucionales territoriales y formaciones institucionales de desterritorialización, sino ¿cuándo aparecen las formaciones institucionales territoriales y por qué se convierten en dominantes y hegemónicas en las sociedades humanas?

8.   No buscaremos un origen o un comienzo fundamental, momento a partir del cual las formaciones institucionales territoriales se imponen, comienzan la era de las maquinas territoriales, esto sería algo parecido a volver a la tesis histórico-política de este nacimiento, a partir del cual cambia todo. Siguiendo más bien la metodología propuesta por Foucault para los análisis descriptivos de las prácticas, que hacen al haz de relaciones, que, en este caso, no son solamente enunciados, sino prioritariamente gobernancias, diremos que en la heterogeneidad distributiva, tanto de las formaciones institucionales territoriales como en las formaciones institucionales de desterritorialización inaugural se dan homogeneizaciones combinadas y compuestas, que derivan en homogeneidades, es decir, regularidades, cuyo perfil constituye e instituye maquinas territoriales.

9.   Entonces las maquinas territoriales aparecen como contrapuestas a las máquinas nómadas. Los códigos de descendencia, de filiación y alianzas, se oponen a las interpretaciones fluidas de los primordiales nómadas. Se inscribe la deuda primordial en los cuerpos; sin embargo, esta inscripción es codificada en forma de circuitos del don, que aunque ya es una deuda eterna, se da en forma de reciprocidad.

10.       Las maquinas territoriales corresponden, de alguna manera, a lo que la antropología llama las jefaturas, por turnos, incluso rotativas.

11.       Por decir algo, aunque sea de manera figurativa, recogiendo las tesis de Giles Deleuze y Félix Guattari, se puede interpretar que las desterritorializaciones propiamente dichas, no lo que llamamos metafóricamente desterritorialización inaugural, desterritorialización respecto de lo que son las maquinas territoriales, se dan con las fabulosas máquinas de captura que llamamos Estado; particularmente hablamos de la forma de Estado oriental. Maquina paranoica, constituida en la gran desterritorialización efectuada sobre los espesores culturales y territoriales de las máquinas territoriales. Cuando sobre los códigos de las formaciones institucionales territoriales se sobrecodifica, produciendo la plusvalía de código; desterritorialización, que sin embargo, reterritorializa en el cuerpo del déspota; símbolo de la concentración y el monopolio de tierras, símbolo de la legitimidad divina, ahora sí de la inscripción de la deuda infinita, que no es otra cosa  que la constitución e institución primordial del poder propiamente dicho, como instauración primordial de las dominaciones.

12.       Entonces, retomando nuestras hipótesis prospectivas, las máquinas despóticas aparecen no tanto opuestas a las máquinas territoriales, sino como buscando el control absoluto del espacio, el control de las activaciones de flujos de las desterritorializaciones inaugurales; las máquinas despóticas se contraponen a las máquinas de guerra nómadas.  Se trata de la gran desterritorialización estatal que desterritorializa para controlar los flujos libres de las desterritorializaciones inaugurales, para controlar las activaciones de flujos corporales; por lo tanto, se trata de la desterritorialización que reterritorializa a los recorridos, circuitos, devenires nómadas, en el cuerpo simbólico del déspota. Nace el Estado.

13.       Siguiendo los acontecimientos institucionales, de las formaciones institucionales, podemos decir que la aparición de la máquina capitalista corresponde a una segunda gran desterritorialización, después de la gran desterritorialización de la máquina despótica. En relación a la desterritorialización inaugural o si se quiere, metafóricamente, punto cero, la maquina capitalista aparece como gran decodificación de los sobrecódigos de las máquinas despóticas, también como gran decodificación de los códigos de las maquinas territoriales. Como gran desterritorialización respecto de la desterritorialización-reterritorialización de las máquinas despóticas, así como como gran desterritorialización de las territorialidades de las máquinas territoriales.  Entonces, en parte es como un retorno a la activación de los flujos de las desterritorializaciones inaugurales; sin embargo, se trata de una desterritorialización reinaugurada en gran escala y profundidad; empero, detenida, evitando la liberación plena de los flujos activados.

14.       La máquina capitalista recaptura los flujos activados, los nuevos nomadismos, modernos, haciendo que todo lo sólido se desvanezca en el aire, suspendiendo toda institucionalidad, mostrando su arbitrariedad y provisionalidad, su improvisada constitución; suspendiendo los valores, los símbolos, los signos, mostrando su arbitrariedad cultural y lingüística; suspendiendo los conceptos, mostrando su arbitrariedad teórica. Sin embargo, esta suspensión es nuevamente arraigada, para evitar la liberación plena de los flujos, mas bien, recapturados, por la restauración de la máquina despótica, en condiciones de la modernidad. Se constituye y se instituye el Estado como Estado moderno, como Estado-nación.

15.       En realidad, el capital es una máquina de captura de los flujos deseantes, así como el Estado-nación es otra máquina de captura de los flujos activados por las desterritorializaciones. El capital es una desterritorialización-reterritorialización en el cuerpo abstracto del dinero; el Estado es una desterritorialización-reterritorialización en el cuerpo jurídico-político de la república.

16.       Desde las máquinas territoriales hasta las máquinas capitalistas, que comprenden a la maquina moderna del Estado, que es el operador de la acumulación de capital, pasando por las máquinas despóticas,  las formaciones institucionales establecen regularidades de poder buscando el control absoluto de la activación de flujos de las desterritorializaciones inaugurales.

Regularidades y heterogeneidades

Haremos una anotación más, retomando lo que escribimos. La anotación tiene que ver con hacer hincapié en que, desde la perspectiva del análisis descriptivo de las formaciones institucionales, las instituciones no son el perfil ideal que presentan sus visiones y misiones, sus estructuras normativas, el ideal de institución; no son una estructura monolítica y única. De manera diferente, asistimos efectivamente a la heterogeneidad distributiva de modalidades políticas, definidas o conformadas por las prácticas. Dicho de otro modo, quizás más ilustrativo, una misma formación institucional puede ser usada por unos y por otros, incluso contrincantes, hasta considerados enemigos.

Las tendencias inherentes al campo de fuerzas concurrentes usan la formación institucional de acuerdo a sus propias interpretaciones, objetivos, intereses; sobre todo de acuerdo al perfil de sus prácticas. Por otra parte, una formación institucional puede comprender tanto a las prácticas denominadas o autodenominadas institucionalistas, como a prácticas caracterizadas por sus desviaciones de las normas, incluso caracterizadas por prácticas paralela, alterativas de las normas. Las formaciones institucionales aparecen entonces como heurísticas y hermenéuticas de gobernancias a ser usadas por las fuerzas en disputa.

Se puede decir entonces que las fuerzas en disputa, que usan las formaciones institucionales vigentes, a pesar de la virulencia a la que pueden llegar sus contradicciones, son, en conjunto, comprendiendo sus diferencias, su distribución heterogénea, institucionales. En otras palabras, reproducen, a su manera, de acuerdo a sus prácticas diversas y distintas, la formación institucional vigente. En este sentido, todas estas fuerzas, en su heterogeneidad, son conservadoras, por más radicales que se proclamen.

No se trata, de ninguna manera, como dijimos, de renunciar a las instituciones. Toda sociedad supone instituciones. De lo que se trata es de no fijar las instituciones como si fuesen eternas; de lo que se trata es de lo que llamaremos la capacidad creativa de trans-institucionalización; de crear nuevas instituciones. Sobre todo se trata de conformar instituciones como herramientas de sobrevivencia, no construir instituciones que se conviertan en las mallas institucionales de captura y de control. Recogiendo lo que dijimos en las hipótesis prospectivas, diremos que se trata de constituir instituciones que activen flujos vitales, liberando la potencia social.

Parasitismos y sensacionalismos

Sabemos que el parásito es el animal que se alimenta de otro animal, se incrusta al cuerpo de otro, hace de huésped, para succionarle sangre, para alimentarse, succionando la energía al cuerpo que lo hospeda, invadido por su parasitismo; acoplándose a ese cuerpo, que le es ajeno, que, sin embargo a partir de su intromisión es también suyo. Las economías políticas capitalistas han generado también sus parasitismos; formas parásitas que se incrustan al cuerpo económico para absorber el excedente generado; para succionar la plusvalía, sin generar un ápice de valor. Estas formas parásitas son de toda clase; quizás las más conocidas y, a la vez, más extendidas son las formas especulativas de absorción de plusvalía; entre esta formas la que ocupa el lugar central es la forma de capitalismo financiero. Sin embargo, en su etapa tardía, incluso antes, en el sistema capitalista se han generado otras formas parásitas de absorción de plusvalía. Nombraremos entre ellas como notorias a las formas de lo que llamamos la economía política del chantaje; en esta economía política adulterada se encuentran como expansivas las formas de tráfico; sobre todo el conocido narcotráfico. Los circuitos y las redes de tráficos vienen acompañados por las prácticas de corrupción, las formas de poder paralelas a la institucionalidad del poder formal. Lo que tienen en común, estas formas parásitas de la economía, entre otras cosas frecuentes, es el imaginario obsesivo y compulsivo del fetichismo del dinero.

Los personajes involucrados con las formas parásitas de la economía conciben al dinero como la clave para todo, la llave del paraíso, incluso de la felicidad, que  no se sabe exactamente cómo la decodifican e interpretan. Estos personajes han reducido su concepción de vida a esto, al fetichismo del dinero. Consideran que todo responde a relaciones dinerarias; ante esta interpretación delirante, las relaciones sociales, las relaciones entre sujetos han desaparecido; sólo hay relaciones dinerarias. Todo se compra, todo tiene precio; todas las conciencias se compran, todo hombre tiene precio. Entonces de lo que se trata es de tener dinero; mucho mejor si es mucho dinero. Para ellos también el poder es eso, dinero. Nada más.

No se crea que solo los capos de los tráficos tienen esa mentalidad fetichista; también los capos de la corrupción; los capos o líderes políticos enamorados del poder. Ni se crea que aquí termina la lista; pues es mucho más larga. Están no solo los miembros de la clase política institucional; sino también los jerarcas de los organismos financieros internacionales y nacionales. No podemos extender este imaginario fetichista dinerario a toda la burguesía, aunque la burguesía entera, con todos sus estratos, sufra del fetichismo de la mercancía, que no es, ciertamente, el mismo fetichismo. La burguesía industrial, por ejemplo; a pesar de su fetichismo de la mercancía, sabe que el dinero no es capital; que el capital es la inversión productiva que retorna incrementada, sabe que la valorización se da como valor agregado, aunque no crea que la valorización se da en la producción por efecto de la explotación de la fuerza de trabajo. El valor agregado es el valor técnico agregado en el proceso productivo. Entre esta burguesía industrial, que ahora, en plena etapa de hegemonía y dominio del capitalismo financiero, es casi una pieza de museo, y la “burguesía” parásita hay pues diferencia.  La burguesía industrial genera valor, aunque no crea que esa valorización la genera la fuerza de trabajo; de todas maneras es un factor en el proceso de valorización, como propietaria de los medios de producción. En cambio, la “burguesía” parásita, que, en realidad, más que burguesía es la conjunción abigarrada de los nuevos ricos, no genera un ápice de valor; por el contrario, absorbe valor; succiona la plusvalía generada en la sociedad.

En este panorama de decadencia del sistema-mundo capitalista, es notoria la desbordante especulación de todo tipo; no solo hablamos de la especulación financiera, sino de formas de especulación de todo tipo. Demostraciones desmesuradas de ostentación, pretendiendo jerarquía en el desmesurado despliegue de gastos suntuarios. También, acompañando o haciendo eco de estas demagogias ornamentales, los medios de comunicación de masa se han dedicado al sensacionalismo. Crean líderes mediáticos, es decir, fachadas publicitarias, cuyo vacío abismal se oculta con el bullicio. También se ocupan de sucesos alucinantes por su espectacularidad, como, por ejemplo, de la huida de un capo de la cárcel de más alta seguridad. No se nota en este sensacionalismo un esmero por la información, menos se les puede pedir una mínima dedicación a fragmentos de reflexión, de descripción o de interpretación de estos hechos sensacionales. Solo hacen eso, hacer gala del amarillismo mediático, difundiendo hechos impactantes sin situar los mismos en contextos, mucho menos sin descifrar mínimamente estos hechos.

No se crea que se trata de un llamado de atención, de un reclamo moral por valores perdidos; de ninguna manera. Estamos lejos de este apego a la moral, que no deja de ser hipócrita. Al final, entre la moral hipócrita, y la “inmoralidad” cínica de los parásitos, a pesar de sus disposiciones diametralmente opuestas, sus discursividades encontradas, sus oposiciones, el reclamo adolorido de unos, los moralistas, la risa desencajada de los otros, los cínicos, forman parte de la paradoja perversa del poder. Los moralistas son la cara linda, bondadosa, inocente, de la estructura de dominaciones, que se presenta en su dualidad contradictoria; empero, cómplice. No es entonces ningún llamado de atención, ninguna convocatoria al retorno a la moral perdida. Se trata, más bien, de conmensurar las magnitudes de la decadencia de la sociedad institucionalizada, abocada, en cada vez más extensión, al parasitismo; abocada, en cada vez más intensidad, al sensacionalismo.

En todas las épocas, sobre todo hablando de la modernidad, los perseguidos, incluso los calificados como criminales o delincuentes por el discurso jurídico, han sido tomados como héroes populares. Pueden serlo o no serlo, dependiendo de los códigos y valores tanto de estas micro-sociedades cómplices, llámense del hampa, sociedades secretas, mafias, carteles, lo que se quiera, incluso dependiendo de los códigos morales difundidos popularmente; lo que llama la atención es que los medios de comunicación de masa, aunque no los señalen necesariamente como héroes, se ocupen de eso, de transmitir sensacionalismo, demagogia noticiosa,  desinformación, atiborrando los ambientes sociales, los escenarios mediáticos, de por sí estridentes, con más ruido y bulla que sentido.

Tampoco se disputa o descalifica que se llamen a los personajes mediáticos en cuestión, sobre todo a los que “arriesgan el pellejo”, por así decirlo, el que se los denomine como héroes, directa o indirectamente; esta no es, de ninguna manera, la cuestión. Sino de señalar el inmenso vacío, incluso el inmenso y abismal nihilismo ordinario de los medios de comunicación y de este imaginario compartido del fetichismo dinerario. Por ejemplo, tratándose de los personajes que hacen  noticia, de los “héroes” o “antihéroes”, los medios de comunicación no se ocupan de auscultar su perfil humano; ¿quiénes son?, ¿cómo han llegado a ser lo que son? Se comparte, aunque seducidos, los mismos prejuicios que los detractores moralistas de estos personajes cuestionados, que los consideran taxativamente monstruos o anormales.  Al final, los usuarios de los medios con lo único que se quedan es con el prejuicio compartido, son monstruos; en unos casos seductores, por lo tanto, apreciables; en otros casos, abominables, criaturas dignas de hacer desaparecer de la faz de la tierra. Después de estos apabullantes sensacionalismos, los usuarios no habrán aprendido nada, tampoco comprendido nada de lo que pasa; se mantienen indemnes las circulaciones de prejuicios compartidos.

Fetichismo dinerario

En lo que respecta al imaginario del fetichismo dinerario se añade un delirio representativo más a lo que se conoce como fetichismo de la mercancía, que corresponde a la cosificación. Este añadido tiene que ver con una especie de imaginario o creencia en algo así como la magia; hablamos de la magia del dinero, como si fuese una barita mágica. Si el fetichismo de la mercancía reducía a las relaciones sociales como si fuesen relaciones entre cosas, el fetichismo dinerario reduce las relaciones sociales, reducidas ya a cosas, a relaciones no de cosas sino de algo así como fantasmas de las cosas; relaciones de fortunas o, en su defecto, relaciones de infortunios; lo que la jerga prepotente de esta gente llama relaciones de perdedores, en contraste de las relaciones entre ganadores. En resumidas cuentas este imaginario fetichista concibe que todo se puede adquirir con dinero, dependiendo de las cantidades dinerarias. Podríamos llamar a este fenómeno imaginario, que duplica la potencia fetichista, no exactamente des-cosificación, que puede interpretarse, mas bien, positivamente como recuperación, sino, lo que parece más adecuado es denominarla fantasmagorización. Pues desaparecen inclusive las cosas o las representaciones de las cosas.

Los fetichistas del dinero no se enamoran, por así decirlo, de cosas, de artefactos, de prendas, ni de mercancías, sino se encandilan por la supuesta propia potencia del dinero. Tener dinero es como tener el mundo a la mano. La forma cómo funciona el sistema-mundo pareciera darles la razón; sin embargo, hay que distinguir que lo que tienen a mano, utilizando el dinero, es el intercambio de cantidades por cualidades singulares, dependiendo de sus deseos e intereses. Estas cualidades no son exactamente el mundo efectivo, sino, otra vez, las cosas o, si se quiere, las mercancías, que, como sabemos, no son relaciones de cosas sino, en realidad, relaciones sociales. Si los filósofos confunden el mundo con la representación del mundo, estos señores fetichistas dinerarios confunden el mundo con el precio, con los signos monetarios. Ciertamente, para decir algo, la “cosmovisión”, que ya es mucho decir, de estos fetichistas del dinero, es muchísimo más pobre que la cosmovisión de los filósofos, incluso mucho más pobre que las concepciones del imaginario del fetichismo de la mercancía. La imaginación se habría reducido a la falta de imaginación; por lo tanto, habría desaparecido.

De la cosificación hemos pasado a la dinerización; de la magia de las mercancías habríamos pasado a la magia del signo monetario; es decir, a la linealidad discreta, discontinua, aunque de magnitudes abultadas, de los números.

Este mundo reducido a los números es ciertamente mucho más pobre que el mundo reducido a las cosas y muchísimo más pobre que el mundo reducido a las representaciones. Estamos entonces ante el fenómeno del encogimiento del mundo a las dimensiones exiguas del signo monetario. El empobrecimiento mundano implica también, como se puede ver, un empobrecimiento de la condición humana, que ya había sufrido, con el capitalismo clásico, el fenómeno de la cosificación, condición humana reducida a la circunscripción limitada y elemental monetaria. Este vacío abrumador es ocultado por el brillo artificial de lo suntuario, del consumismo compulsivo de chatarras y  desechables, por espectáculos mediáticos, que hacen ostentación de la desmesura de las banalidades. Como dijimos, este nihilismo vulgar es encubierto por el sensacionalismo estridente de los medios de comunicación.

De la impunidad

Los fetichistas del dinero se creen impunes. Los son hasta cierto punto, más bien, corto tiempo que largo, mientras puedan usar el dinero como coerción y chantaje, mientras haya gente que se vende al mejor postor, mientras las instituciones se encuentren corroídas y mantengan este deterioro como funcionamiento. Puede parecer mucho tiempo a algunos este lapso, que no deja de ser corto en comparación con los ciclos largos de la historia; sin embargo, tampoco la impunidad es cierta, pues se trata de la representación de la intocabilidad. En primer lugar, son tocados por su propio descalabro, por su propia decadencia y degradación. La felicidad anhelada no es alcanzable por medio de la desmesura de la opulencia, del derroche, de lo descomunal suntuario, que lo único que manifiesta es su desesperación a gritos por el reconocimiento de prestigio, de jerarquía, de distinción. Sólo lo logran con sus entornos, que son tan dramáticamente tristes y grises como ellos; solo sus aduladores, sus esbirros, sus guaruras, los protegen provisionalmente de las contingencias de la realidad efectiva, que disemina como viento el vaho pestilente de estos ambientes ficticios. Montajes artificiales, estridentes, brillantes y bulliciosos, que no los cubren de las vulnerabilidades de los cuerpos, desvanecidos en el goce efímero de placeres comprados.

Sus impunidades son también creencias de estas micro-sociedades cómplices. La pregunta es: ¿para qué hacen todo lo que hacen? ¿Han logrado la gloria que buscaban? Paranoicos, pues sus consciencias desdichadas los desgarra en los dilemas angustiosos de sus consciencias culpables; llegan a creer que todos conspiran contra ellos, contra el “esfuerzo empeñado”, todos son enemigos, hasta sus sombras. Se vuelven violentos, incluso con sus allegados. Su trato deriva en una conducta despiadada, que combina, intermitentemente, de vez en cuando, con actos sorprendentes de cariño infantil, que reclama, en el fondo, el hogar perdido. Estos personajes, que los moralistas consideran monstruos, que sus entornos consideran “héroes”, incluso en espacios populares hasta “santos”, como ocurre en México con ciertos jóvenes, que rinden ceremonia religiosa al “santo de los narcos”, no son más que víctimas, aunque usted no lo crea, del mismo engaño generalizado del imaginario del fetichismo del dinero.

Usan palos blancos para lavar sus dineros. Creen que así se cubren del panoptismo de la vigilancia institucional. A los únicos que engañan es a ellos mismos; no se puede ocultar un secreto a voces. Lo que pasa es que hay complicidades de todo tipo; primero, la de sus cómplices propiamente dichos, de su banda, de su cartel, de su red clientelar; segundo, de las instituciones corroídas, atravesadas por relaciones de poder paralelas, por los corruptos, que, como ellos también buscan lograr llenar el hueco de sus angustias con dinero; tercero, por los imaginarios populares, que miran como opción y alternativa ante la hipocresía institucional, ante la desventurada vida cargada, ante la abrumadora proliferación persistente de sus necesidades, esta alteración de las conductas institucionalizadas, aunque en verdad no cumplidas; miran como opción esta finta distinta y hasta aventurera. Se engañan a ellos mismos, pues lo que ganan es como un adormecimiento momentáneo, una burbuja de fábula, que sustituye la felicidad inalcanzable por el artificio de goce comprado.

Como dijimos, no se crea que comparten este fetichismo dinerario solo los capos de los tráficos; de ninguna manera. Comparten este fetichismo todos los capos, tanto de los tráficos, de las finanzas, del poder, todos los capos de las formas de la economía política del chantaje. Todos ellos, sino forman una clase, que se podría nombrar como “burguesía” de la economía política del chantaje, conforman, por lo menos, como un bloque de poder compuesto, en su heterogeneidad distribuida, por relaciones de poder perversas, basadas en la coerción, en el chantaje, en la especulación.  Pueden aparentemente entrar en contradicción, hasta aparecer antagónicos, cuando, generalmente los hombres del poder institucional, incluso los hombres y las damas del dominio financiero, proclaman la “lucha contra la corrupción, el narcotráfico, los tráficos, los delitos y los crímenes”.  Sin embargo, estas contradicciones no son más que guerras y pugnas internas por reacomodos de esta estructura y diagramas de poder de la economía política del chantaje.  En el fondo, no hay distinción entre unos y otros, en lo que respecta al diagrama de poder del chantaje, a las cartografías de fuerzas de las coerciones y las especulaciones. Son, prácticamente, lo mismo en esta combinación y composición de microfísicas y macrofísicas del poder. Unos se consideran de más prestigio que otros por sus títulos nobiliarios, o sus funciones institucionalizadas, considerando a los otros como la escoria de la sociedad, cuando ambos, forman parte de la decadencia del sistema-mundo capitalista.

Singularidades

Crisis del capitalismo dependiente y conflicto regional

La rebelión potosina lleva ya años, ya hay toda una cronología en la historia reciente. Nos concentraremos en los conflictos desatados en los periodos del gobierno popular (2006-2015). De manera sistemática el gobierno ha descalificado las demandas del departamento de Potosí; una y otra vez, a los poco ingeniosos de sus ministros de turno, se les ha ocurrido la idea peregrina de acusarlos de estar vinculados a la conspiración de la “derecha”. Este argumento pobre, repetitivo, además de asombrosamente incoherente, ha sido la marca de un gobierno que no escucha, que no atiende, que no dialoga; que prefiere blandir la voz amenazante del Estado como látigo, disciplina de un gobierno que se pretende de los movimientos sociales, además de ser indígena, incluso constitucional, como si hubiera respondido a lo establecido en la Constitución; construir el Estado plurinacional comunitario y autonómico. Todo esto brilla por su ausencia.

Se puede decir que Potosí y Oruro son los departamentos por excelencia mineros; vale decir que dentro de la división del mercado internacional, en lo que corresponde a la geopolítica del sistema-mundo capitalista, donde Bolivia, asume el perfil de país primario exportador, estos departamentos cumplen el papel de una especie de división micro-regional en lo que respecta a las formas de la dependencia del país; son departamentos castigados por la extracción minera y sus consecuencias. Son, como decía Sergio Almaraz Paz, cementerios mineros.

Estamos ante un gobierno populista, perdido en sus extravagantes imaginarios, atiborrados por los cantos ceremoniales a los anacrónicos mitos; mito del caudillo; mito del revolucionario fantasmagórico, que solo queda en la memoria y en los recuerdos, cada vez más ajados; mitos de una revolución que nunca comenzó, por eso no puede tampoco culminar; mito de un antiimperialismo desteñido y ajado, que corresponde a mediados del siglo XX, que ahora, traído a fuerza de retórica, para lo único que sirve es para reforzar las cadenas de dependencia con el imperio, para reforzar la dominación financiera y extractivista del capitalismo hegemónico vigente. Este gobierno, enamorado de sí mismo, no escucha, no dialoga, no atiende, no tiene una mirada de realidad; entrampado en burbujas de poder, que, además de especulativas y retóricas, son también una trampa para los que habitan estas burbujas de poder; pues terminan creyendo que el mundo se reduce a la esférica ilusión de la trama apoteósica y ceremonial del poder.  El poder termina siendo como una pecera, donde unos exóticos peces y animales acuáticos se engalanan, explayándose en sus coloridos recorridos, aunque también manifestando sus demarcaciones territoriales, cuotas de poder,  desencadenando pequeñas pugnas, presentadas como grandes eventos. Estos peces de la pecera del poder ignoran que forman parte de la red de vitrinas ofertantes de cambios, desarrollo, progreso, modernizaciones, vitrinas del mercado de políticas, mercado controlado por el imperio.

El reciente conflicto regional potosino tiene que ver con esta historia del conflicto de las regiones con el Estado central, que desconoce la autonomía de las regiones, establecidas en la Constitución, de una manera pormenorizada en el entramado de las competencias privativas, exclusivas, concurrentes y compartidas. Sin embargo, este conflicto se intensifica por la coyuntura de la crisis de los precios de las materias primas, que han tendido a bajar.  La disminución de los precios ya no cubren ni siquiera los costos de explotación; entonces se clausuran explotaciones mineras o se disminuye notoriamente su actividad; trayendo a colación la merma en las exiguas regalías que otorga la ley minera; ley que contraviene la Constitución. La situación, ya lamentable de Potosí, que ya cargó con el costo colonial, el costo del nacimiento del capitalismo dependiente en Bolivia, con el costo de un gobierno que usurpa a los movimientos sociales la representación, que usurpa la victoria de los movimientos sociales sobre el neoliberalismo, embarcándose en la restauración del Estado-nación, en la expansión intensiva del extractivismo, en la reiteración abusiva del centralismo dependiente, se complica más aún con la crisis de las meterías primas. Potosí es castigado por el capitalismo dependiente y por la crisis de las materias primas.

Del lado del gobierno, se cree que la crisis orgánica del capitalismo, en su incursión itinerante de crisis financieras diferidas, no le llega; cree que  Bolivia es una isla en un océano de crisis, protegida por las buenas medidas de equilibrio macroeconómico implementadas, según interpretaciones del Ministro de Economía y Finanzas Públicas. Entonces, para el gobierno, los reclamos, las demandas, potosinas no tienen sentido, no tienen asidero; es más, forman parte de la eterna conspiración de la “derecha”. En estas condiciones no sólo que no hay diálogo, sino que Potosí está condenado a ser lo que es, cementerio minero.

Son 26 las demandas del Comité Cívico de Potosí; estas demandas exigen la construcción de:

1.- Complejo hidroeléctrico Río Yura Potosí.

2.- Planta hidroeléctrica Supay Chaca Río Pilcomayo.

3.- Hospital de segundo nivel en la zona San Cristóbal de la ciudad de Potosí.

4.- Hospital materno infantil en la ciudad de Potosí.

5.- Hospital de segundo nivel en (Llallagua) dotación de ítems para los médicos y enfermeras.

6.- Construcción de un puente internacional en Villazón que cuente con todos los servicios de controles internacionales.

7.- Represa Ajnapa Tupiza.

También piden:

8.- Establecimiento y reversión al municipio de todas las tierras enajenadas por usucapiones fraguadas por personas de la Alcaldía y otras autoridades de Tupiza.

9.- Conclusión camino carretero Incata-San Antonio.

10.- Construcción camino carretero Uyuni – Hito 60.

11.- Mejoramiento de la carretera con doble vía Potosí – Puente Méndez.

12.- Camino carretero Potosí – Colquechaca – Capinota – Cochabamba.

13.- Fábrica de vidrio.

14.- Fábrica de cal en Cayara.

15.- Planta recicladora de basura en la ciudad de Potosí.

16.- Energía eólica en el sudoeste potosino.

17.- Impulsar la reposición de la zona franca en Uyuni.

18.- Ítems para los médicos y enfermeras.

19.- Represa de agua en Puna.

20.- Exploración de yacimientos mineros y petróleo.

21.- Fábrica de cemento en Coroma.

22.- Aeropuerto Internacional en Pampas de Lequezana, de acuerdo con la Ley 4157.

23.- Preservación del Cerro Rico de Potosí.

24.- La no renuncia a la deuda histórica a ser considerada en el tratado de las aguas del Silala, que reivindica la plena soberanía de Bolivia sobre dichos manantiales.

25.- El traslado de la oficina central de la Comibol a la ciudad de Potosí, de acuerdo con la Constitución Política del Estado.

26.- Tema educativo: ítems para trabajadoras sociales y psicólogos en todas las unidades educativas de secundaria.

Como se puede ver son demandas atendibles; ni siquiera se plantea el pleno cumplimiento de la Constitución en lo que respecta a las autonomías; ni siquiera se pide la abrogación de la ley minera inconstitucional, un dispositivo tipificado por la Constitución como traición a la patria. Son demandas circunscritas a requerimientos locales, no tienen el alcance de demandas políticas, en el sentido del cumplimiento de la Constitución. Es un movimiento típico regional o si se quiere civil, respecto a necesidades sociales; no se trata de un movimiento regional autonomista, como correspondería.

Los conflictos regionales se han reducido a eso, a conflictos cívicos, a demandas locales; no son conflictos territoriales, ecológicos, constitucionales, no son conflictos políticos, por el no cumplimiento de la Constitución por parte de un gobierno demagógico. La política oficial se ha reducido a eso, a pugnar contra demandas locales, concretas, atendibles. La mezquindad del gobierno popular ha llegado al extremo de no atender demandas locales, no dialogar con los demandantes, blandiendo la amenaza estatal, creyéndose ungido todavía de la aureola otorgada el 2005 de gobierno emergido de las luchas sociales; ahora es un gobierno sostenido por expansivas redes clientelares.

Condiciones de posibilidad de la cohesión social

¿Cuáles son las condiciones de posibilidad para la cohesión social? Las revoluciones democráticas nos enseñaron esto en la historia política. Los Estado-nación se constituyeron sobre la base de ese principio; el principio de la igualdad; acompañado indisolublemente por el otro principio fundamental, el principio de la libertad. No hay cohesión social si no hay igualdad, tampoco si no hay libertad. Que la igualdad haya terminado siendo jurídica y no exactamente política es parte de la historia de la lucha de clases. La burguesía, que se consideraba representante de la nación, limitó la igualdad a su representación jurídica, restringió la igualdad política a la representación y delegación, es decir, a mediaciones burocráticas.  La burguesía limitó la libertad, por lo tanto la cuartó, a la circunscripción de la libertad de mercado, que tampoco, en estos recortes, llegó a ser tal, pues lo que efectivamente se dio es la emergencia de los monopolios en contra del mercado. Dese esta perspectiva histórica, la cohesión social, la unidad de la nación, fue escamoteada por la burguesía, que prefirió apuntar a sus restrictivos horizontes dibujados por los objetivos de las ganancias.

Hoy asistimos, a nuevos escamoteos de la cohesión social, no exactamente por la burguesía histórica, la burguesía industrial, como en los tiempos del siglo XIX, sino por los nuevos populismos. Los neopopulismos prefieren mantener la representación de la igualdad, en vez de aplicarla efectivamente; prefieren practicar las restricciones de las libertades civiles, políticas, sociales, colectivas, excusándose que de lo que se trata es de “defender el proceso de cambio”. ¿Cómo puede darse un proceso de cambio sin plenas libertades?

El gobierno popular no trata como iguales a las y los potosinos; no trata como igual al departamento de potosí. Ciertamente, además de no cumplir la Constitución, que establece claramente la estructura jurídico-política del Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico, no trata de la misma manera al departamento de Potosí como a los departamentos del eje central y los departamentos ricos en hidrocarburos.  ¿Cómo puede darse la cohesión social, la unidad nacional, si no hay igualdad jurídica-política-económica-social-geográfica? A lo único que atina el gobierno central es a acusar a los y las potosinas movilizadas de agitadores, de activistas, de conspiradores. Ni siquiera quería dialogar; ahora lo hace a regañadientes y forzado por las movilizaciones. ¿Qué clase de populismo es este? Por cierto demagógico, como todo populismo; sin embargo, este populismo “andino-amazónico” a decir de su “ideólogo”, se encuentra en una fase, en la cual ya no quiere ni guardar las apariencias; ha decidido, en principio no dialogar, sino imponer a secas; ahora dialoga forzado, sin las mejores intenciones. ¿Sobre qué se basa este criterio prepotente? ¿En su reciente victoria electoral en las elecciones nacionales? ¿En su imagen deteriorada de ser el gobierno de los movimientos sociales? ¿En egos insólitos, anclados en el recuerdo repetido y desgastado de que fueron ungidos como líderes? ¿Qué es lo que lleva a esta gente gubernamental a hacer mala política?

Una hipótesis explicativa podría ser que se disloca la relación con la realidad efectiva. Atrapados en las burbujas del poder, ya no reciben la información adecuada, actualizada; sólo toman como información las distorsiones efectuadas por sus propios medios de comunicación, su masa sumisa de aduladores, sus “intelectuales” apologistas. Cuando no se tiene buena información, cuando no se tiene una relación de retroalimentación con la realidad efectiva, es cuando se ha perdido no solamente el principio de realidad, sino, sobre todo, se ha perdido el instinto de sobrevivencia.

En relación a este problema de diletantismo político, la consecuencia más preocupante no es tanto que se anuncie, en este deterioro y decadencia, el derrumbe, la implosión, sino la consecuencia destructiva de la cohesión social, atentando contra la propia unidad de la nación y del Estado-nación. Su líder oficioso, su “ideólogo” pretensioso, sus apologistas aburridos y reiterativos, los grises aduladores, no miden consecuencias de su actuación. Creen que se trata de una pelea con la oposición, a la que consideran, como condena glacial, de “derecha”, sin darse cuenta que la “derecha” efectiva son ellos, el gobierno populista. En esta pelea entre oficialismo y oposición, de tanto pelear, con los mismos argumentos reiterativos, como si las coyunturas no hubieran cambiado, los opuestos han terminado pareciéndose; hacen lo mismo, sobre todo cuando gozan del poder. Si fuese un problema entre ellos, entre políticos engreídos, no sería preocupante el problema; el caso es que afecta a la cohesión social, a la unidad nacional, además, como ya lo dijimos tantas veces y de distintas maneras, destruye el proceso de cambio. Fuera, claro está, de entregar los recursos naturales a las empresas trasnacionales, nuevamente, solo con la demagogia de la nacionalización, que, en realidad, efectivamente se desnacionalizó con los contratos de operaciones.

Esta pelea no es solo de los y las potosinas movilizadas, de los mineros, de los profesores, de las juntas de vecinos. Esta pelea es de todos y todas las bolivianas. Pues de lo que se trata, en primer lugar, es cohesionar socialmente a la nación – que parece que es la condición para avanzar en la construcción del Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico -. En segundo lugar, es menester resarcir a las regiones de los daños provocados por el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente. Sobre todo las regiones mineras no pueden quedar como cementerios mineros. En tercer lugar, es menester ejercer la Constitución. Si el gobierno ha decidido convertir en un libro de vitrina la Constitución, incumplir y vulnerar sus mandados, es indispensable que los pueblos, las regiones, tomen en sus manos el ejercicio constitucional.  Sólo a los intérpretes oficialistas, herederos de las prácticas leguleyas, se les ha ocurrido que para aplicar la Constitución se requiere de mediadores, de intérpretes, de representantes, de delegados. La Constitución es clara; el sistema de gobierno establecido por la Constitución es el de la democracia participativa, pluralista, directa, comunitaria y representativa. Los pueblos y las regiones tienen que asumir y efectuar las autonomías, departamentales e indígenas, provinciales y regionales. No se requiere permiso de nadie; ya el pueblo boliviano aprobó por amplia mayoría la Constitución; las divagaciones del “clarividente”, del ministro leguleyo, de los congresistas trasnochados, no vienen al caso. Solo son muestras de sus recalcitrantes conservadurismos.

Los 24 días que conmovieron a Bolivia

Menos al gobierno y a sus llunk’us

Son veinticuatro días de protesta y demanda potosina; el departamento que lleva el nombre que simbolizaba el mito de El Dorado en la época colonial; ahora convertido en cementerio minero, después del extractivismo colonial y del capitalismo dependiente, continuado por liberales, nacionalista y neoliberales; ahora seguido por el populismo del siglo XXI. Las raíces profundas del problema se encuentran en el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, preservado y extendido por el gobierno populista. La crisis de los precios de las materias primas, que tienden ahora a la baja, ha develado lo vulnerable de esta economía extractivista, que nosotros hemos llamado anti-economía extractivista. Mientras el gobierno se solaza en encubrir la evidencia de esta vulnerabilidad con la abultada propaganda, desmesurada publicidad, con el manejo publicitado de estadísticas insostenibles e informe burocráticos, cuyas carpetas dicen que han cumplido con Potosí; empero, esto no es más que papeleo y metafísica de cifras, que no se corroboran cualitativamente. Habrán cumplido en el imaginario burocrático de un Estado rentista y de economía extractivista; empero, no han cumplido en la materialización cualitativa. Esta es la manera de operar de la economía política del chantaje; pretender embaucar a la opinión pública con escenas grotescas de ministros que se solazan de indilgar a la movilización potosina de todo; repitiendo el mismo formato de siempre. Lo más suave que dicen es que son unos pernoctados, que piden lo que se ha cumplido; hasta se han atrevido a inculpar a la dirigencia potosina de conspirar contra el gobierno, de pretender derrocarlo; incluso, los más llunk’us, han dicho que están monitoreados por la “derecha”. Un despistado alto funcionario de gobierno ha acusado de federalismo, además de argumentar que el federalismo es secesión.   Un mínimo recuento de los federalismos en el mundo basta para mostrar esta desquiciada argumentación. El federalismo es una forma más de unidad del Estado-nación, así como lo es el unitarismo, otra forma de cohesión estatal.

Estos exabruptos gubernamentales no hacen más que develar las carencias del discurso gubernamental, que, a su vez develan, los vacíos de un gobierno demagógico. Ellos creen sostenerse en el andamiaje superficial del control de los medios de comunicación, tanto público como privado.  Olvidan que esto no es más que aparatoso significante mediático, cuyo significado manifiesta su gran falencia; no hay nada detrás de la pantalla y la locución. Solo lo mismo, recogido en otro formato, ya no liberal, ni nacionalista, tampoco neoliberal, sino populista tardío. Más desbaratador porque embauca, inhibiendo las capacidades de lucha; empujando a las dirigencias oficiosas al descarnado clientelismo.

La movilización potosina nos muestra patentemente la realidad; todos somos Potosí; no solo Bolivia, sino los países de la inmensa periferia del sistema-mundo capitalista. Nuestras riquezas naturales siguen siendo los símbolos del mito de El Dorado; en tanto que lo que expresa el mito, en contraste, es la cruda realidad de la dependencia, el desbastador despojamiento y desposesión de los recursos naturales, por la vorágine de un capitalismo hambriento de materias primas. Al final, después del saqueo, que no deja de ser tal porque suben los precios de las materias primas o conseguimos mejorar los términos del intercambio mediante nacionalizaciones expropiadoras, que no es nuestro caso, ahora, o nacionalizaciones light, que es nuestro caso, quedamos como cementerios mineros, como huellas de la desolación que deja este extractivismo destructivo, que solo beneficia a la acumulación originaria y ampliada de capital; que ahora, bajo la dominancia del capitalismo financiero, solo beneficia a la acumulación especulativa de capital.

Los apologistas del populismo del siglo XXI y los “ideólogos” de esta geopolítica extractivista responden: que se requiere explotar los yacimientos de minerales y de hidrocarburos, pues de ahí sale el dinero para invertir en salud y educación, para invertir en la industrialización.  ¿Olvidan acaso que el extractivismo a lo único que lleva es a más extractivismo, por lo tanto, a más dependencia? ¿Olvidan que la industrialización nunca fue un efecto de la acumulación extractivista, sino que sus condiciones de posibilidad histórica radican precisamente en un no-extractivismo, es decir, en la incorporación tecnológica; para lo que se requiere es la masa critica científica. Es el control de la técnica y la activación de las ciencias lo que se convierte en condición de posibilidad de la industrialización.  Es la formación de la sociedad en el aprendizaje de las ciencias y los manejos e invenciones tecnológicas lo que hace también de otra condición de posibilidad.  En las circunstancias actuales del capitalismo tardío, ya no se trata de la industrialización al estilo de la revolución industrial británica; tampoco de los saltos cualitativos en la revolución industrial rusa y china, motivados por los gobiernos del socialismo real, sino de una revolución eco-industrial.

El discurso gubernamental, mañoso, displicente, pretensioso y, a la vez, falto de imaginación, repetitivo y pobre, ha buscado alargar el conflicto regional, persiguiendo agotar la movilización, desgastarla. Los ministros, encargados de dirigir un falso diálogo, se engolosinan de su habilidad maniobrera; al terminar, se sienten satisfechos de haber logrado sus cometidos. Olvidan que el conflicto o las causas del conflicto no desaparecen por arte de magia o por artimaña leguleya. Siguen estas causas, con las raíces mismas del problema, que desata la crisis del capitalismo dependiente. Es un síntoma más de la decadencia. No pueden mirar más allá de las burbujas del poder; creen que el mundo se reduce a esta esfera espectral, especulativa, donde los temas se resuelven por chantaje, cohecho, coerción, influencias, demagogias. Tristes personajes estos que no saben contar el tiempo en su dilatado presente, en su espesor espacial, en sus ciclos de emergencia y decadencia.

Los potosinos no han sido derrotados. Al contrario, han demostrado al pueblo boliviano que este no es un gobierno revolucionario, menos un gobierno que responde a la Constitución. Que este es un gobierno más del mismo Estado-nación subalterno, que administra la transferencia de los recursos naturales de las periferias a los centros del sistema-mundo capitalista; los anteriores y los emergentes.

Territorios indígenas y descolonización

Al final, los lenguajes, los discursos, las teorías, son instrumentos de la vida, para la vida, no solamente para su permanencia y reproducción, sino, sobre todo, para su creación y recreación; la invención y reinvención de la vida. Por eso mismo, dentro de este ámbito, son herramientas de sobrevivencia, no en el sentido elemental, reductivo, sino en el sentido complejo, amplio. Si unos discursos, si unas teorías, ya no sirven para eso, se las desecha y se inventa otras, más adecuadas. Los lenguajes, los discurso, las teorías, no contienen de por sí sentido alguno, verdades inherentes, esencias o sustancias metafísicas; los sentidos emergen de las prácticas lingüísticas, discursivas, teóricas, de la gente. Lo indispensable es usarlas como herramientas y no convertirlas en el lenguaje de la revelación, en el discurso de la verdad, en la teoría del saber absoluto. Cuando se hace esto, dejan de ser útiles para la vida, convirtiéndose, mas bien, en obstáculos para la vida y la sobrevivencia; convirtiéndose en dispositivos de poder institucionalizados. Lo que los convierte en fines, rebajando la condición humana a ser un medio para preservar la revelación, la verdad y el saber. Cuando ocurre esto, se desprecia la vida de la manera más veleidosa; se asume que matar al infiel, al que se opone a la verdad, al enemigo, al ignorante del saber absoluto, es la tarea principal, a nombre de la revelación, de la verdad, sea esta la revolución, la libertad u otra finalidad, a nombre de la “ideología” o de la ciencia. Esta inversión de valores, usando esta frase para ilustrar mejor, es un genocidio, así como un biocidio, también, en las condiciones del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, es un etnocidio.

Vamos a hablar ahora de una distribución conceptual, relativa a los territorios indígenas. La importancia de este mapa conceptual tiene que ver con la problemática fundamental de las dominaciones, articuladas en las estrategias capitalistas, asentadas en los diagramas de poder colonial. En este sentido, la importancia radica en la significación histórica-política y cultural de las luchas descolonizadoras y anticapitalistas; en consecuencia, la importancia adquiere una connotación crucial en la defensa de los territorios indígenas.

Patético exhibicionismo y desesperación extractivista

El apego de los llamados gobiernos progresistas al modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente es una clara muestra del carácter histórico-político de estos gobiernos. No dejaron ser Estado-nación subalternos; administradores de la transferencia de los recursos naturales de las periferias a los centros del sistema-mundo capitalista. Entonces son cómplices no solo de las dominaciones imperialistas, sino de mantenerlo alimentándolo con las concesiones extractivistas a las empresas trasnacionales; manteniendo, de esta manera, al ciclo dominante y hegemónico del capitalismo vigente; extractivista y financiero, inscribiendo la deuda infinita en los cuerpos de los pueblos subyugados.

El exigir que las naciones y pueblos indígenas entreguen sus tierras a la vorágine del capitalismo extractivista es la patética desesperación de comediantes, que fungen de líderes populistas, cuando, en realidad, desarman a los pueblos de su capacidad de lucha, haciendo gala de su demagogia, que se sostiene en redes clientelares.  Es una clara muestra de lo distante que se está de la Constitución. Constitución que, además de establecer el carácter plurinacional del Estado, en transición, Estado plurinacional Comunitario y Autonómico, establece los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios. Por otra parte, deja claro el carácter ecologista de la Organización Económica del Estado, al establecer la condición sustentable del “desarrollo”, definiendo las condiciones no mercantilizables de los recursos naturales, destinados al vivir bien. Este, el dispositivo gubernamental que exige a los pueblos entregar sus recursos naturales, abrir las áreas protegidas, es un gobierno que ha adoptado el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente.

Territorios indígenas

En primer lugar, es indispensable definir lo que se entiende por territorios indígenas. Cuando queremos hacer esto, definir el concepto de territorios indígenas, nos encontramos con distintos discursos que lo contienen; en cada discurso la interpretación es distinta. En términos del uso político, territorios indígenas, tiene que ver con las luchas de las naciones y pueblos indígenas por recuperar y reconstituir sus territorios ancestrales. Ciertamente cuando decimos esto, de recuperar y reconstituir, hablamos en el contexto de la geografía política de los Estado-nación. Esto significa que la recuperación y la reconstitución están circunscritas dentro de esta geografía.  Generalmente se habla de los territorios donde están asentados los pueblos indígenas. Entonces se trata de la protección de los pueblos indígenas, de la defensa de sus culturas, de sus lenguajes, de sus instituciones, de sus normas y procedimientos propios. Para tal efecto, la lucha de los pueblos indígenas ha buscado el reconocimiento de sus territorios por parte  de los Estado-nación. Naciones Unidas ha recogido las reivindicaciones, las demandas, sobre todo las conquistas de los pueblos indígenas, después de décadas de luchas descolonizadoras. Le ha dado un leguaje jurídico y ha extendido como derechos colectivos a todo el orbe planetario. Muchos Estado-nación han firmado convenios internacionales, que establecen universalmente los derechos de los pueblos indígenas. En este sentido, los territorios indígenas son territorios reconocidos internacionalmente y por los estados firmantes de los convenios internacionales.

Vulnerar estos derechos adquiridos, asumidos internacionalmente y por los estados firmantes, es violar los derechos humanos, en su extensión colectiva. En otras palabras, es violar las condiciones de posibilidad democrática, tal como han sido constituidas hasta ahora. Es comportarse despóticamente ante estos derechos establecidos. Es esto precisamente lo que pasa cuando se exige abrir las áreas protegidas a concesiones extractivistas de empresas trasnacionales.

Cuando se hace esto, violar derechos colectivos, con el desparpajo más grande, acusando, además, a los pueblos indígenas que no quieren hacerlo, de inmorales, se patentiza no solamente el despotismo más desvergonzado, sino que no se ha entendido nada de nada. No se ha entendido la Constitución, no se ha entendido el sentido primordial del llamado proceso de cambio, que es el de la descolonización. Tampoco se ha entendido el significado histórico-político, en el presente, de la democracia, del ejercicio de la democracia, que, de acuerdo con la Constitución, es participativa, directa, comunitaria, pluralista, representativa. Es como creer que basta con pretender ser indígena o parécelo para legitimar cualquier cosa, incluso actos y acciones políticas que van contra los derechos de los pueblos indígenas. Esto no es otra cosa que una desorientación enorme respecto a las emancipaciones y liberaciones en la actualidad. Y lo más grave, esto no es más que la continuación del despojo y la desposesión colonial; primero, en el periodo colonial propiamente dicho; después, en el periodo liberal, con las repúblicas; para prolongarlo con el periodo nacionalista; posteriormente, asombrosamente, para perpetuarlo en el periodo del llamado gobierno progresista, sobre todo con el denominado gobierno indígena.

La definición del concepto de territorios indígenas no queda ahí, en el uso político, “ideológico”, jurídico, incluso técnico, en las oficinas de Naciones Unidas, en las ONGs y en las instancias gubernamentales. Se ha desarrollado también como una concepción teórica de territorios indígenas. Se habla, en este sentido, de territorios indígenas, como espesores culturales; como ámbitos de relaciones entre comunidades y ciclos vitales, del agua, del aire, del suelo, de los bosques, de las cuencas. En una de las versiones de esta interpretación filosófica, el concepto de territorio indígena adquiere el carácter de arquetipo, de originariedad; se les atribuye esta connotación territorial a las comunidades originarias. Sin embargo, hay que hacer notar que para los pueblos ancestrales el territorio no es indígena o, mejor dicho, del pueblo indígena, que tampoco se consideraba como tal, sino que se nombraba como gente, como humano, en la lengua propia. El territorio no puede ser de alguien, persona o colectivo; la comunidad es la que forma parte del territorio. Lo común, en este caso, no corresponde solamente a los miembros de la comunidad o de las comunidades con las que se comparte, sino también con los otros seres con los que se convive.

Como se puede ver, a pesar de la importancia, la utilidad, “ideológica”, política, jurídica y cultural del concepto, no deja de plantear problemas hermenéuticos la decodificación y la interpretación del concepto. Problemas que hay que asumirlos plenamente, precisamente por la importancia y significación histórica que tienen los pueblos indígenas.

Otra semántica del concepto de territorios indígenas tiene que ver con la perspectiva ecológica. Los pueblos indígenas se encuentran en ecosistemas biodiversos vulnerables, forman parte de estos ecosistemas. Claro que también forman parte de los ecosistemas, en general, las ciudades, las poblaciones no indígenas; sin embargo, no hablamos de esta pertenencia ecológica, en general, sino de la vinculación de los pueblos indígenas con ecosistemas vulnerables, de las cuencas, de los bosques, de los territorios todavía no suficientemente afectados por la integración capitalista. En este sentido, territorio indígena adquiere una connotación ecológica. Hay una versión light, por así decirlo, de esta perspectiva ecológica, que es, mas bien, ambientalista; concibe a los territorios indígenas como áreas protegidas.

Después de esta breve revisión de parte de la polisemia de territorios indígenas – no podemos extendernos, por el momento -, podemos ver que más que tratarse de un concepto, estamos ante una distribución conceptual heterogénea. Distribución heterogénea que hace a una formación no solo discursiva, sino política-cultural. Esta formación discursiva-político-cultural se despliega en las sociedades contemporáneas, en los Estados-nación, en el mundo, buscando ocasionar acontecimientos emancipativos y libertarios descolonizadores. Por lo tanto, en este ánimo y activismo, busca ocasionar enunciaciones que hagan inteligible el entramado de relaciones sociales e institucionales, donde se disputan dominaciones y contrapoderes.

En consecuencia, la formación discursiva-político-cultural de la que hablamos, que nombraremos como des-colonial – preferimos usar el término que asume Silvia Rivera Cusicanqui, con la explicación del caso, que decolonial -, es una heurística y hermenéutica de contra-poder, de prácticas discursivas-políticas-culturales contra- hegemónicas.

En este sentido, la defensa de los territorios indígenas es parte de la lucha descolonizadora. Defender los territorios indígenas de su desterritorialización extractivista, de su despojamiento y desposesión por parte del capitalismo dependiente, es no solamente pieza importante de la lucha anticapitalista, no solamente segmento fundamental de la lucha anticolonial y descolonizadora, sino, sobre todo, es primordial en la defensa de la vida.

Deconstrucciones

La anti-economía del extractivismo

Si entendemos la economía como sistema de producción, distribución y consumo; sistema que es capaz de establecer sus operaciones de clausuras, al mismo tiempo que sus operaciones de comienzos, que es capaz de constituir sus operaciones de clausura, definiéndose como sistema en relación al entorno o los entornosOperaciones de clausura que establecen relaciones del sistema con el entorno, también relaciones internas dentro de la composición del mismo sistema. Relaciones que hacen al sistema, que conforma sus estructuras, sus subsistemas, logrando no solo su cohesión interna, sino también su evolución, por así decirlo, usando el lenguaje de la teoría de sistemas. Por lo tanto, se trata de un sistema capaz de equilibrio y crecimiento, capaz de reducir la complejidad, creando más complejidad interna, es decir, organización. Si nos ponemos de acuerdo, que se puede definir así la economía, desde la perspectiva sistémica, entonces vemos que las economías llamadas extractivistas o, si se quiere, primario exportadoras, usando el lenguaje de los economistas, no son, en realidad, propiamente economías o sistemas económicos, sino todo lo contrario, se comportan como anti-economías.

Estas llamadas economías extractivistas, que basan su economía en la explotación extractivista, que funcionan en la inmensa periferia del sistema-mundo capitalista, no son, propiamente economías, sino anti-economías, pues destruyen, desde el inicio, las posibilidades de sus operaciones de clausura; no forman un sistema respecto de su entorno. Quedan abiertas, entregadas a la invasión descomedida del entorno. Aunque se dan relaciones con el entorno, no se trata de las relaciones de un sistema con el entorno, sino de un a-sistema, abierto, ahuecado, vulnerable, destruido, desde un principio, con un entorno invasivo. Por lo tanto, tampoco se logra organizar, conformar sus estructuras de cohesión; al contrario, al mantenerse abierto, mantiene su dispersión fragmentaria, como en permanente diseminación. Entonces, no se produce, sino que se explota, no se crea sino que se extrae; no puede distribuir, pues no produce; entonces importa productos, bienes, mercancías para abastecerse. Llega al consumo, pero no por propia iniciativa, por la producción propia y la organización propia de su distribución, sino por la organización ajena del mercado internacional. Estamos ante la configuración de una rotura permanente, de un quiebre constante, de una desorganización persistente. Entonces, en sentido pleno, no hay condiciones de posibilidad de reproducción, tampoco de crecimiento, menos de evolución; lo que los economistas llaman desarrollo, reduciendo la evolución sistémica a una linealidad cuantitativa, que por acumulación da saltos cualitativos.

Entonces estamos ante la presencia de anti-economías distribuidas en la inmensa geografía de las periferias, que, sin embargo, son funcionales a la economía-mundo. Para ilustrar lo que queremos decir sería bueno pintar un cuadro extremo, de película, como quien dice. El cuadro podría ser el siguiente:

Se instalan campamentos en tierras ignotas para los que arriban a explotar estas tierras. Como todo campamento, se instala con toda la provisionalidad del caso; proyectando que dura lo que tiene que durar, hasta que se agoten los yacimientos, o hasta que cambie la estructura del mercado de materias primas. Al irse los campamentos, cuando se agotan los yacimientos o cuando no tienen un valor apreciable en el mercado, dejan cementerios mineros, cementerios extractivistas. La huella ahuecada, inscrita en el territorio, como herida, como recuerdo de otros tiempos, que, extrañamente, los nativos, los del lugar, recuerdan como de la época de bonanza. A pesar de la provisionalidad, en los campamentos, alrededor de los campamentos, se generan actividades comerciales; se dan lugar asentamientos. La población crece. Se instala el Estado, sus administraciones, también escuelas. La provisionalidad deja de aparecer provisional, adquiriendo otro cariz, el de una urbe con pretensiones de permanencia, de crecimiento, de evolución. Entonces, el campamento mismo es afectado; quizás, de los primeros afectados, de tomar consciencia de los cambios, sean los trabajadores del campamento. Para los pobladores, que no son familiares de los trabajadores, ese campamento, que es el referente, la razón de la flamante urbe, en desarrollo, también el lugar adquiere sentido; tiene que ver con el sentido de sus vidas.

Quizás algunos de los técnicos, de los ingenieros, adquieran cariño al lugar; entonces también dejan de mirarlo como campamento provisional; tiene otro sentido. Estas transformaciones llegan a un punto o momento de inflexión, cuando, por la sumatoria e integración de historias parecidas en el país, emerge como otra propuesta, propia, distinta, a esta anti-economía extractivista. Se pretende entonces generar una economía propiamente dicha; para esto tienen que hacerse cargo de sus yacimientos, volverse propietarios. Entonces se dan los primeros pasos de constitución de un sistema económico nacional.

A propósito, es importante recordar que para nosotros el plano de intensidad económico es uno de los planos de intensidad que atraviesan las poblaciones o que son atravesados y conformados por las poblaciones. El mismo plano de intensidad económico no se explica por sí mismo, requiere, para existir, para desplegarse, para desenvolverse, de la articulación e imbricación con otros planos de intensidad social. Por lo tanto, el que se considere tierras ignotas, es una perspectiva colonial, en este caso, de la economía-mundo. Lo mismo pasa cuando se observa este asentamiento de explotación como campamento provisional; no deja de ser una mirada colonial.  Mirada que observa solo un recorte de realidad, un recorte adecuado a los fines de la explotación, de la extracción; empero, recorte que no da cuenta de la complejidad de la realidad efectiva en cuestión. Para los nativos, para las poblaciones que se arriman al campamento, para los trabajadores, para sus familias, obviamente no es un campamento, sino el referente primordial de la organización de sus vidas. La mirada local es más profunda, más real, más adecuada, pues está más próxima a la complejidad de los tejidos de los planos y espesores de intensidad imbricados. El saber técnico de la empresa de explotación no llega a ser un saber del lugar, tan solo es un saber operativo de aplicación técnica del emprendimiento empresarial. Desconoce el lugar; no llega a tener una comunicación,  una hermenéutica con los saberes locales, con sus historias singulares. Este desconocimiento hace ajena al lugar  a este dispositivo empresarial.

Las contradicciones y hasta antagonismos no tardan en llegar, entre las poblaciones lugareñas y este dispositivo técnico de la economía-mundo.  Sorprende, al respecto, el discurso de algunos lugareños, entre políticos e “intelectuales”, que interpreten estas contradicciones tan solo como “ideológicas”, como si solo se enfrentarán concepciones económicas, concepciones políticas, concepciones “ideológicas”. Tampoco pueden mirar el entramado de relaciones que se entrelazan y dan lugar al acontecimiento histórico-social-político-cultural singular del lugar. Miran también desde la perspectiva que les ofrece la economía-mundo, sin ser, sin embargo, parte indispensable de ella. Sólo son los oficiosos legitimadores del poder de la economía-mundo, poder que impide constituir un sistema económico nacional, en el verdadero sentido de la palabra. Quizás también sea solo un debate “ideológico” para la llamada “izquierda” local, también para el discurso nacionalista revolucionario. Entonces, en este reconocimiento, se entienden “ideólogos” de “derecha” e “ideólogos” de “izquierda”; ambos creen que solo se trata de una lucha de clases en el espacio “ideológico”. Visto, por así decirlo, desde la perspectiva de la complejidad, las “ideologías” solamente son expresiones del entramado efectivo de las fuerzas sociales, que conforman composiciones, asociaciones, estructuras, instituciones, que hacen a la singularidad del acontecimiento local. Visto, entonces, desde la perspectiva de la complejidad, estamos ante el desborde vital de la alteratividad y creatividad social.

Volviendo al tema de la anti-economía, resulta que el proyecto económico, propiamente dicho, nace con las nacionalizaciones. Lo otro, lo que dice el discurso conservador, lo que dice el discurso liberal y lo que dice el discurso neo-liberal, no es más que la repetición local de la versión y la perspectiva de la economía-mundo, que convierte a sus países en campamentos provisionales, en a-sistemas económicos. Estos “ideólogos” conservadores, liberales y neoliberales, creen que la realidad se reduce al campo jurídico y, quizás, al campo político, privilegiando, en el mejor de los casos, la interpretación de estos campos desde el campo económico. En otras palabras, creen que de lo que se trata es hacer caso a la ley, obedecer la ley, respetar la institucionalidad. Para ellos existe la estructura jurídica, lo demás es apenas el comportamiento que debe adecuarse a la ley. No hay otros planos de intensidad,  mucho menos hay espesores de intensidad, los cuerpos. Como toda “ideología” disputa la validez de su verdad. Puede verse que esta verdad jurídica es elemental, circunscrita a la norma. Se encuentran lejos de elaborar, por lo menos, una verdad más extensa y un poco más compleja. Esta es la ventaja de sus contrincantes, los marxistas, que, de todas maneras, a pesar de haber caído en la “ideología”, que era, mas bien, objeto de crítica, configuran su verdad de una manera más densa, al tomar en cuenta lo que llaman la lucha de clases.

Sin embargo, la complejidad, sinónimo de realidad, devela que la problemática va más lejos que la interpretación de la lucha de clases. Para decirlo, en principio, de una manera resumida, se trata de la vida, de los ciclos de la vida, de la potencia de la vida, de las capacidades de convivir, coexistir, adecuarse, adaptarse, transformar territorialidades. No hay nada más importante que la vida, nada más valioso que la vida, nada más indispensable que la vida. Pretender que la economía, reducida al equilibrio macroeconómico, es más importante que la vida, es una muestra clara del desajuste estructural, respecto a la realidad, de estas formas de pensar.

Es asombrosa la discusión sobre la crisis europea, particularmente la crisis griega. Economistas renombrados, incluso con aprecio a la situación griega, cuando hacen observaciones al comportamiento de la troika, plantean que de lo que se trataba era ser más pacientes, más propositivos, más comprensivos, dar más oportunidad a la economía griega a recomponerse. Para ellos, con buenas intenciones, se trata de otro tratamiento de las variables macroeconómicas. Si contrastamos estos discursos con los defensores de los argumentos de la troika, que se explican la situación griega, por corrupción, mala administración, endeudamiento excesivo, no haber cuidado el equilibrio macroeconómico, por ser malos pagadores de la deuda contraída, vemos que los primeros, los simpáticos, en todo caso, tienen una mejor consideración del problema; sin embargo, no dejan de ver el problema desde las rejillas de la misma abstracción, la macroeconomía, que no es un dispositivo teórico de explicación, sino un instrumento operador y orientador. Les cuesta a ambos ver la vida, la complejidad de la vida, los flujos y procesos vitales; les cuesta ver los cuerpos vivos.  Por lo tanto, están años luz de comprender el problema, en su complejidad y profundidad.

Frente a este extravío teórico e instrumental, es menester e indispensable,  salir de la alucinación de la racionalidad instrumental; volver a los cuerpos, a las percepciones del cuerpo, a la racionalidad integrada a la percepción. Volver a la experiencia y a la memoria social.

El extractivismo populista

¿Se puede salir del extractivismo, de la anti-economía? Esta es la pregunta. Sin embargo, ya la pregunta misma parte de la duda, considerando el extractivismo como una realidad ineludible, incluso, trágicamente, como una condena. Como dijimos en otros escritos, no hay dominación que se imponga sin colaboradores, que no sea aceptada. Si no se quiere la dominación, se lucha irrenunciablemente. De la misma manera, si no se quiere el extractivismo no se lo acepta, no se lo efectúa.  La contradicción de los nacionalistas heroicos del siglo pasado es que después de las nacionalizaciones continuaron la ruta del extractivismo heredado. Manteniendo entonces la continuidad de las relaciones de dependencia, solo que mejorando los términos de intercambio. La contradicción de los populismos del siglo XXI – que no tienen nada de heroico, son una repetición tardía de los actos de los nacionalistas heroicos, como repetición entonces se trata de una comedia – es que no solamente continúan la ruta de la dependencia extractivista, sino que incluso la justifican.  Se han escuchado argumentos como ¿de dónde vamos a sacar dinero para la salud y la educación si no es de la venta de los recursos naturales? Esta es la mejor manera de acabar con la posibilidad de transformar las condiciones de salud lamentables de la mayoría de la población, de acabar con la posibilidad de transformar las condiciones elementales y paupérrimas de la educación de la mayoría de la población. Al reforzar la cadena de la dependencia, alargando la ruta extractivista de la anti-economía se desarma la posibilidad de constituir un sistema-económico.

El extractivismo populista, a diferencia del nacionalismo heroico, asume la condena del extractivismo, lo justifica, lo legitima con nacionalizaciones a medias o comedias de nacionalizaciones, haciéndose “socio” de las empresas trasnacionales extractivistas, monopólicas, y destructoras del planeta.

De la anti-política

Así como hablamos de la anti-economía, también podemos hacerlo de la anti-política, no necesariamente por analogía, sino por las características destructivas de la política por parte de ciertas prácticas de poder. Si acordamos que la política es la democracia misma, el ejercicio pleno de la democracia, efectuada en sentido radical, tal como lo entiende Jacques Rancière, como suspensión de los mecanismos de dominación, ejercicio efectuado sobre o en base al principio de igualdad, entonces la anti-política viene a ser lo que destruye este ejercicio, lo que destruye y obstaculiza las prácticas democráticas, en pleno sentido de la palabra. Paradójicamente la democracia efectiva acaba cuando se constituye la democracia institucionalizada. Cuando la política y la democracia se institucionalizan, mejor dicho, se estatalizan; comienza la genealogía de la anti-política.

En segundo lugar, en los mismos contextos de la política y la democracia institucionalizadas, en las formas de la democracia formal, aparecen formas anti-políticas, en sentido, mas bien, restringido; formas  anti-políticas que atentan contra las formas políticas, es decir, contra la política, en sentido restringido, contra la democracia, en sentido formal. Por ejemplo, cuando se atenta contra las reglas acordadas, cuando se quiebran las normas instituidas, cuando se desechan las leyes; por lo tanto cuando se rompe con las prácticas políticas asumidas, acordadas y consensuadas, como base de la convivencia política, que admite la deliberación, los contrastes y las oposiciones. Quizás, en este caso, las formas anti-políticas más conocidas en la historia política sean las dictaduras, los golpes de Estado. Sin embargo, no son las únicas formas anti-políticas, en sentido restringido;  hay formas anti-políticas que incluso pueden mantener las apariencias formales e institucionales; sin embargo, manipulan en el ejercicio del poder, desviando las prácticas políticas, en sentido restringido. Esto ocurre, por ejemplo, cuando se manipulan las leyes, administrando ilegalismo; cuando se manipulan las normas y las reglas, otorgándoles otro sentido, interpretándolos de otra manera, abusando de  los desbordes de sus significaciones. Esto pasa con la demagogia, con los recursos tramposos y de engaño, con el decir una cosa y hacer otra, creyendo que esto es astucia política.

En la modernidad tardía, una forma sobresaliente de anti-política aparece con la cultura de la simulación.  Lo que importa es la apariencia, no lo que efectivamente es u ocurre. Lo que importan son los escenarios, los montajes, las publicidades, no los hechos, los eventos, los sucesos, lo que ocurre efectivamente. En estos ambientes, los de la simulación,  la anti-política emerge como una de las formas de la simulación; que popularmente se nombra como impostura.

En tercer lugar, la anti-política aparece como un estilo del cinismo, desprendido elocuentemente en la clase política contemporánea, sean de “derechas” o de “izquierdas”.  La clase política considera que  siempre tiene que dar razón de todo; es más, que siempre tiene la razón, incluso en los casos más insólitos e increíbles, donde se hace evidente la irracionalidad, por decirlo así, para ilustrar. Este estilo cínico supone que la realidad se reduce a las representaciones – no hablamos, por cierto, de las representaciones filosóficas o teóricas, sino de las representaciones ordinarias del discurso político -, que de lo que se trata es de ganar en la guerra por las significaciones del mundo; significaciones que se inscriben por tanto insistir en su propagación discursiva. Entonces, el estilo cínico de la argumentación política, de la retórica política, hace denodados esfuerzos, verdaderos malabarismos, para demostrar lo indemostrable. Cuando acaban de hacerlo, de argumentar, de esta manera, creen que han cumplido con el cometido, y muestran sus caras de satisfacción.

Así como cuando se pierde el raciocinio, la deliberación, la comunicación, en el ejercicio democrático, sobre todo parlamentario, tal como lo describía Jürgen Habermas, así también, se puede decir, que cuando desaparecen las prácticas políticas, incluso formales, el respeto a las reglas de juego, cuando se miente indiscriminadamente, creyendo que en el repetir la mentira la convierte en verdad, desaparece también la política, incluso en sentido restringido, formal, institucional, estatal.

Ahora repasaremos algunos criterios, abordados por el sentido común de la ciencia política, sobre las definiciones del concepto de a-política.

Definiciones de la a-política

Apolítica es lo contrario, lo antónimo, la antítesis, de política, en su acepción aceptada. Las prácticas apolíticas son in-composturas derivadas de juicios negativos o, si se quiere, pre-juicios, sobre la política; estos pre-juicios pueden proliferar  en coyunturas  de crisis; desembocando en juicios escépticos y devaluativos de la política, en conclusiones devaluadoras  de la política. De todas maneras, la in-compostura apolítica reconoce, tácitamente, la incompatibilidad de sostener la posibilidad de una sociedad sin política; teniendo en cuenta esta limitante, la conducta apolítica se reduce a la disidencia, negándose a la participación en la política. En las llamadas democracias formales, esta disidencia se manifiesta en la omisión del voto, en la abstención.

Recordemos que política viene del griego polys, que significa mucho; también del sánscrito puru, que significa muchedumbre.  Poli, en el sentido de varios, sobre todo relativo a su uso semántico en palabras como polisemia, poligamia, polígono. Así mismo, poli del griego polis, que significa ciudad, también pluralidad, por lo tanto, en el sentido de polis, en su significación política. Poli, significa multitud, pluralidad, también muchedumbre. En sus composiciones conceptuales, política, tiene su raíz en el griego πολιτικος, politikós, cuyo significado implica ordenamiento de la ciudad, de la pluralidad, de los ciudadanos, de  lo que podríamos llamar ahora sociedad civil. Según se dice, en la Grecia antigua, en la época de Aristóteles, la política era también denominada policía, que puede interpretarse, en esta acepción antigua, como pueblo. De las tres formas griegas de gobierno, reconocidas por Aristóteles, monarquía, aristocracia y democracia; esta última, era la forma de gobierno que se constituía mediante las elecciones de la muchedumbre, del pópulo, de lo que podríamos llamar ahora lo popular; es decir,  el sujeto social de la democracia. El pueblo, denominado también, según la acepción antigua, gobierno de policía, vigilaba la conducta de todos los cargos elegidos por el pueblo; por lo tanto, hacía policía, en el sentido antiguo de la palabra. Esto supone que la soberanía radica en el pueblo.

Una consecuencia formal, jurídica, filosófica, incluso ética, del denominado apoliticismo, seria considerar que los derechos políticos son inherentes al ser humano, que son naturales; en consecuencia, teóricamente, intransferibles a terceros, inalienables; por lo tanto, no delegables.

La in-compostura apolítica se opone a la política, en sentido restringido,  de transferencia de derechos y poderes; no necesariamente a la política como tal; en la concepción apolítica se admite que, de todas maneras, todos somos homopoliticus.  Aristóteles definía como animales políticos. Zoon politikón; en griego ζον, zỗion, que significa animal, y πoλιτικόνpolitikón, que significa político, derivado de la polis, cívico.

En resumen, el apoliticismo se caracteriza porque se opone idealmente mediante una in-compostura disidente, sea ésta pasiva o, en su caso, activa, sea ésta disidencia moral o, en su cao, disidencia  intelectual, en relación a la política, en sentido restringido. Actitud disidente que  niega la transferencia o delegación de la representación o delegación.

En las llamadas democracias formales, la actitud de omitir el voto, que no es votar en blanco, tampoco necesariamente indiferencia en la política, insinúa, subjetiva u objetivamente, que no quiere transferir su soberanía política, sus derechos políticos,  a representantes y delegados, transfiriendo las voluntades singulares a la voluntad general[4].

Como se puede ver, estas consideraciones del sentido común de la ciencia política, sobre la anti-política, se basan en el referente o perfil de la apolítica. En este sentido, restringen la comprensión de la fenomenología de la anti-política a las manifestaciones ordinarias de la apolítica. Restringiéndose, por lo tanto, una comprensión del fenómeno de la anti-política.

Poder, política y anti-política

Sin embargo, no puede haber una anti-política, ni si quiera, como se ha podido ver, una apolítica, separada de la política; más aún, la política misma es un acontecimiento comprensible en las genealogías del poder. La pregunta, entonces, es: ¿cuáles son las relaciones entre la anti-política y la política? La otra pregunta, más importante aún, es: ¿cuál es la relación de la anti-política con el poder?

Volviendo a las tesis, que compartimos, de Rancière, si la política, en sentido pleno, es contra-poder, si el ejercicio pleno de la democracia es contra-poder, pone en suspenso los mecanismos de dominación, barre con la incubación de desigualdades, de jerarquías, de monopolios, en este caso, de monopolios de la violencia, de monopolios de la disponibilidad de fuerzas. Por eso, cuando el poder constituido limita los alcances del poder constituyente, cuando restringe el ejercicio pleno de la política, cuando restringe el ejercicio pleno de la democracia, lo hace para preservar los mecanismos de dominación o inventar otras tecnologías de poder. En consecuencia, el poder mismo, las formas polimorfas de dominación, las genealogías del poder, son, en el fondo, anti-política.

Cuando la política, el ejercicio de la política por parte del pueblo, de lo popular, del proletariado nómada, de los pueblos indígenas, de los colectivos, comunidades, subjetividades diversas, desbordan al poder constituido, cuando retoman el ejercicio de la democracia, en pleno sentido, es cuando las formas institucionalizadas de la política recurren a las prácticas elementales de la anti-política para restaurar el orden y la autoridad.

Por lo tanto, podemos decir, que la anti-política es concomitante con la política restringida, con la política institucionalizada; por lo mismo, es concomitante con la democracia formal, la democracia limitada a las mediaciones burocráticas, a las representaciones y delegaciones; democracia, cuya legitimidad se basa en el mito de la voluntad general. Las prácticas anti-políticas se entrelazan, coexisten, con las prácticas políticas de la democracia formal, de la política institucionalizada.  Forman parte de los diagramas de poder, las cartografías de fuerza, las tecnologías de poder, los mecanismos y engranajes de las dominaciones. La política institucionalizada se presenta como la norma ideal de las prácticas, en tanto que la anti-política es denunciada como desviación de la norma, incluso, en casos extremos, como atentado de la norma. Sin embargo, el recurso a la anti-política es efectuado por los mismos, la misma clase política, en las mismas instituciones, que exigen el cumplimiento de la norma, el respeto a las leyes y a las reglas políticas institucionalizadas. Esto quiere decir, que lo que se ejerce efectivamente es el poder, usando la política, en sentido restringido, y cuando es necesario, en situaciones emergentes, crisis intensas, incluso en situaciones ordinarias,  cuando la crisis es diferida, se recurre a las prácticas anti-políticas para preservar el poder, el orden, la autoridad; en palabras claras, para preservar las dominaciones.

Arqueología de la política

Dedicado a mi primo Francisco Thaine Prada, matemático, investigador de esas topologías intuidas, quien me inició en las lecturas de filosofía; hubiera sido mejor que me inicie en las matemáticas. Sigo amando las matemáticas y he terminado criticando a la filosofía. Con agradecimiento a las iluminadoras conversaciones que tuvimos.

Introducción

Política es una palabra cuya raíz etimológica viene del griego; todos sabemos de su vínculo con la palabra polis, la ciudad, que es conformada en la pluralidad concentrada, en la urbe. También sabemos que quien configura y estructura el concepto inicial de política es Aristóteles. Que el filósofo estagirita le otorga por lo menos dos contenidos conceptuales; uno, que tiene que ver con la idea del bien; el otro, que tiene que ver con praxis de gobierno. En este sentido, enfrentamos de inicio un problema: ¿si la filosofía política, la del Liceo, le da una acepción institucional, entonces cómo podemos sostener que política implica, más bien, democracia, como sostiene Jacques Rancière? Sabemos que Rancière sostiene su tesis en la experiencia social ineludible de la democracia griega, llevada a cabo, incluso institucionalizada, en la polis ateniense.  Por eso, sostiene que política es democracia; es el ejercicio de gobierno basado en el presupuesto de la igualdad, donde el pueblo es el que gobierna. Podemos decir, entonces, que la política, en el sentido ateniense, es democracia, concepto popular que antecede al mismo concepto posterior de Aristóteles. Para resolver este dilema Rancière llama a la política no democrática, que institucionaliza la dominación de la aristocracia o de la oligarquía, policía, el orden; en tanto que denomina política, propiamente dicha, al desborde del pueblo, de los sin títulos y riquezas, que asume la totalidad de la representación.   El desacuerdo del que habla en su libro, que lleva, precisamente este título, corresponde a la desmesura de la parte, la mayoría, el pueblo, que hace de totalidad. Es iluminadora la tesis de Rancière; sin embargo, no resuelve el problema, como lo hicimos notar en Acontecimiento político. En este ensayo, la salida que propusimos es que, más bien, se presenta y manifiesta una situación paradójica, no necesariamente contradictoria; la política emerge como desborde social, como irrupción de laigualdad, en contraposición de las pretensión jerarquizadora del poder aristocrático y del poder oligárquico; sin embargo, en la medida que, la política, propiamente dicha, la democracia, plantea, de principio, el desacuerdo, la desmesura, la otra parte, aunque sea minoritaria, recurre a sus títulos de nobleza y a su monopolio de la riqueza para hacer fuerza, proyectando esta fuerza a la in-viabilización de la democracia.

Si bien la democracia aparece como política, en sentido pleno de la palabra, se le opone a ella la política, en sentido restringido de la palabra. Como dijimos en Acontecimiento político, la política se desenvuelve como paradoja de las fuerzas involucradas. Por eso, no es tan fácil, como sugiere Rancière, deconstruir el concepto de política. Sobre todo porque la herencia aristotélica va a atravesar las épocas hasta la modernidad.  Nicolás Maquiavelo, a quien se considera fundador de la ciencia política, retoma el concepto aristotélico de política, aunque produzca desplazamientos epistemológicos en el concepto al terminar de disociar política de ética; algo que, de todas maneras, se hallaba presente en Aristóteles de la etapa madura, si comparamos la última concepción de política con la concepción que tenía Platón, inclusive él mismo, en su etapa no solamente de la Academia, sino incluso, en un principio, del Liceo mismo.

Debido a esta problemática conceptual, a la definición, mejor dicho, a la concepción de esa praxis que ejerce el gobierno del pueblo, pero, también, que se institucionaliza, y, al ocurrir esto, se da lugar a aquello que se quería evitar, la aparición de las desigualdades, proponemos que la praxis democrática sea, mas bien, provisionalmente denominada polidemos, gobierno de la pluralidad. Por lo tanto, habrá que reconceptualizar el concepto de política, en sentido amplio, escapando de los fórceps que le puso Aristóteles.

Sin embargo, este no es el único problema, hay otro, que tiene que ver con el origen o la raíz etimológica de política. Tiene que ver con la experiencia social griega del gobierno del demos, particularmente con la experiencia ateniense. ¿Otras culturas y otras lenguas qué experiencias transmiten? Este tema lo tocamos en Acontecimiento político; ahora, quisiéramos, más bien, abordar el primer problema que planteamos. En este sentido, iniciaremos una discusión deconstructiva del concepto de política, cuya herencia es el concepto aristotélico de política. Pues es este concepto el que se ha heredado, por lo menos como substrato conceptual,  con la mundialización del capitalismo y la irradiación de la modernidad, aunque se haya dado en clave heterogénea.

Sobre el enunciado de política

Habría que hacer una arqueología de la política; ahora política en el sentido de saber, no de prácticas políticas, propiamente dichas. Lo que ahora llamamos ciencia política comenzó, o hizo ocasión uno de sus nacimientos[5], se dio en la Grecia antigua, como filosofía política. Escolarmente nos hicieron conocer dos obras antiguas dedicadas a la política, del saber político de entonces; una de ellas es La república de Platón; la otra es La política de Aristóteles[6]. Aunque con el tiempo también conocimos otras obras de estos filósofos de la academia griega como La leyes de Platón, así mismo una obra parecida de Aristóteles, además, de este último sus éticas, Nicomaquea y Eudemia, que están vinculadas a La política. La pregunta epistemológica al respecto es: ¿A qué episteme pertenecen estas obras, de qué episteme forman parte estos filósofos antiguos? Tendríamos que tener el cuadro o los cuadros de los saberes antiguos, en el sentido que dibuja y pinta Michel Foucault los horizontes de visibilidad y los horizontes de decibilidad de una época. Ciertamente hay estudios históricos de la filosofía antigua; sin embargo, se trata de miradas historicistas, no arqueológicas, tampoco genealógicas. En estas investigaciones, por cierto aportadoras, en lo que respecta al ordenamiento de la información, así como a las interpretaciones históricas de las escuelas antiguas del saber, se supone la continuidad lineal de los saberes, como un hilo conductor desde las filosofías antiguas, hasta las actuales ciencias. Supuesto de continuidad lineal, cuestionado por la arqueología del saber[7]. No podemos cubrir este vacío, tal como lo hizo Foucault, en Las palabras y las cosas; una arqueología de las ciencias humanas, para los siglos que se extienden desde el XVI hasta el XIX, ingresando al siglo XX. Esto requiere una investigación minuciosa, puntillosa, detallista, observadora, desde la perspectiva de la descripción de las formaciones discursivas y las formaciones enunciativas, lo que supone la descripción de las prácticas discursivas. Por de pronto, no podemos realizar esta investigación. Lo que podemos hacer es sugerir hipótesis prospectivas, en espera de la contrastación investigativa de las mismas.

Hipótesis prospectivas sobre las epistemes antiguas

1.   Se ha dicho muchas veces, en las investigaciones históricas de la filosofía, que la filosofía nace cuando los saberes se separan de las mitologías, del pensamiento mítico. Sin embargo, desde los estudios hermenéuticos de los mitos[8], se ha podido apreciar que al haber dejado unos mitos antiguos, aludiendo, en general y de una manera inapropiada, a estos imaginarios y tramas iniciales, en verdad, en la modernidad, se han construido otros mitos, en tanto tramas modernas, como la historia, el desarrollo, la ciencia positiva. No es pues muy sostenible esta interpretación, que se basa en el supuesto de una ruptura epistemológica entre la filosofía y el pensamiento mítico. Lo que no pone en cuestión que se hayan dado transformaciones, la emergencia de nuevas condiciones de posibilidad de los saberes. Lo que no niega, desde nuestro punto de vista, la diferenciación epistemológica, los desplazamientos epistemológicos, incluso hasta rupturas epistemológicas; empero, no entendidas como lo entiende la historia de la filosofía. Las rupturas epistemológicas se tendrían que buscar en los desplazamientos y diferenciaciones de las formaciones enunciativas, de sus prácticas discursivas, de la conformación de sus haces de relaciones[9]. Entonces, suponemos que la filosofía antigua griega, que no es, por cierto un bloque homogéneo, sino mas bien, una heterogeneidad distributiva, forma parte de formaciones discursivas, de formaciones enunciativas, que hacen correspondencia con saberes filiativos, con filiaciones a saberes, con el amor a los saberes, que es como culto al saber, así como una manera de usar el saber, sobre todo como reflexión.

2.   No vamos a decir con respecto a que otras formaciones enunciativas se diferencian las formaciones discursivas y enunciativas a las que pertenece la filosofía antigua. Esto es mucho más difícil. Ya señalamos el vacío investigativo arqueológico de la llamada filosofía antigua; es pues mucho más problemático el tratamiento de los saberes que preceden y entornan a la filosofía antigua. Nos interesa conjeturar desplazamientos en lo que respecta a las prácticas del saber. Para decirlo gruesamente, pasamos de prácticas ceremoniales donde los saberes se encuentran como componentes y dispositivos, a prácticas reflexivas, donde los saberes adquieren un perfil propio y hasta autónomo.

3.   El saber de la filosofía política corresponde a esta formación enunciativa reflexiva, a estas prácticas reflexivas. En este sentido, la política, como asunto de la polis, como pluralidad que debe ser atendida organizacionalmente y en tanto formas de gobierno, se convierte en ámbito de reflexión, para no hablar de campo de reflexión, que tiene más precisión, o de objeto de reflexión, que supone una metodología moderna.

4.   La experiencia social de la polis es como el substrato tomado en cuenta para el análisis de las formas de gobierno de la ciudad. Estas formas se convierten en unidades de reflexión; reflexión comparativa, ponderadora, de las virtudes, por así decirlo, de dichas formas.

5.   Se sabe de la posición conservadora – usamos el término no en el sentido descalificador sino de una manera referencial -, tanto de Platón como de Aristóteles, respecto a la forma de gobierno democrática, tendiendo a valorar la forma de gobierno elitista aristocrática. Esta posición no los condena, de ninguna manera, pues el aporte reflexivo de estos filósofos se ha convertido en herencia de los tiempos venideros, incluso de la modernidad. No van en este sentido nuestras conjeturas, sino de apuntar que el saber de la filosofía política, se conforma como crítica, por así decirlo, a la democracia antigua.  Jacques Rancière hace precisamente esta anotación en El desacuerdo[10].

6.   Entonces, podemos decir, que el saber de la filosofía política se constituye como formación discursiva y enunciativa opuesta a la democracia. Se trata, en resumen, de un saber crítico de la democracia.

7.   Las prácticas reflexivas de la filosofía política, no todas las practicas reflexivas de la época en cuestión, se contrastan con las prácticas democráticas o, si se quiere, las prácticas de gobierno de la forma democrática.

8.   Una hipótesis provocadora podría ser la siguiente: la autonomización de la reflexión filosófica emerge como oposición aristocrática a la democracia. Se requiere del distanciamiento, usando el concepto bourdieano, para efectuar la reflexión filosófica. Este distanciamiento es una defensa aristocrática respecto a la invasión del pueblo. Por lo tanto, lo primero que hace la filosofía política es diferenciar reflexión de experiencia, sobre todo cuando se trata de experiencia social[11].

9.   La reflexión es propia del sabio; el pueblo no tendría este atributo. La distancia entre sabio y pueblo corresponde o se asienta en la distancia entre aristocracia y pueblo. El distanciamiento del sabio refuerza el distanciamiento habido entre aristocracia y pueblo. Sobre la base de estos distanciamientos, el filósofo, que es como el sabio de los sabios, correspondiente al saber que sabe sobre el saber mismo, además de estar dedicado al amor y al culto del saber, supone un desplazamiento subjetivo, por así decirlo, respecto del sabio. En consecuencia, la filosofía supone desplazamientos respecto de los saberes anteriores y merodeadores.

10.       La filosofía política no hace política, en sentido práctico, sobre todo en sentido democrático;  tampoco ejerce el poder de manera práctica; sino que crea un ambiente reflexivo que juzga lo que hacen los humanos, como animales políticos.

11.       La filosofía política se hace juez reflexivo de las prácticas políticas de su época. Ciertamente, este juzgar reflexivo es una manera sutil, por así decirlo, de ejercer poder.

12.       Aristóteles ha sido consejero de Alejandro Magno, el gran conquistador. La capacidad reflexiva, que ya es, acumulativamente, toda una heurística reflexiva, no solo hermenéutica, toda una técnica, techne, toda una instrumentalidad, sirve útilmente al cometido de conquista. La filosofía política se distancia de las prácticas democráticas, no se ensucia las manos con el pueblo; sin embargo, no piensa dos veces para ensuciarse en emprendimientos de conquista. Puede verse entonces, la paradójica situación de la filosofía política; se convierte en la atalaya del pensamiento político y, a la vez, participa de las formas de gobierno imperiales.

13.       Un rasgo notable es que  la episteme antigua, de la que forma parte la filosofía antigua, particularmente la filosofía política, no aparece del todo independiente, pretendidamente autónoma, respecto a las formas de gobierno, a las formas de poder, de su época, como posteriormente, se presentará la episteme moderna o el campo epistemológico moderno, pretendidamente universal, respondiendo al conocimiento racional, al conocimiento objetivo, al conocimiento científico.

14.       El saber de la filosofía política corresponde a prácticas reflexivas desplegadas como defensas de las formas aristocráticas. Ciertamente, en este trajín, no solo se critica a la democracia, sino también a la tiranía. Hablando aristotélicamente, podemos decir que la filosofía política encuentra el punto medio de las formas de gobierno, el punto de equilibrio,  en la forma aristocrática de gobierno,  incluso, en el caso de Aristóteles, inclinándose también a la forma de gobierno monárquica.

15.       Estamos hablando entonces de saberes que toman partido, no como en la modernidad, cuyos saberes filosóficos, teóricos, científicos, técnicos, pretenden neutralidad.

16.       Una hipótesis descriptiva sería: No hablamos de una episteme como prosa del mundo, en el caso del renacimiento, tampoco de una episteme como ciencia general del orden, así como tampoco de una episteme historicista y de la formalización, como en el caso de la modernidad clásica[12], sino, de modo distinto, de una episteme reflexiva, que encuentra en la jerarquía, en el orden, en la distinción, los arquetipos originarios de la política.

17.       La filosofía antigua concibe el origen, también el fin, si es que no es la eternidad inmutable, no como lo hacen las filosofías modernas en tanto teleologías, donde el origen aparece como esencia y el fin como realización de la esencia, sino como fundamento inicial, como arje primordial, cuya composición y diseño se repite permanentemente.

Apuntes sobre la filosofía antigua

Platón

Platón escribe sobre Sócrates, sobre a filosofía de Sócrates, sobre la paidea de Sócrates, en sus Diálogos, quizás inventa a Sócrates; no en el sentido de que Sócrates no haya existido, sino en el sentido de que se trata de Sócrates de Platón. Su teoría más conocida es su Teoría de las ideas o, si se quiere, Teoría de las formas. Sin embargo, hay otras teorías, como la teoría del conocimiento, que se presenta en La república[13]; aunque se puede decir que esta teoría no se desliga de la Teoría de las ideas. Claro, que también en La república, se presenta su teoría política, por así decirlo. También, a partir de la Teoría de las ideas, asistimos a las exposiciones teóricas sobre la justicia y sobre la ética, sobre le bien. Así mismo, se puede decir que de la Teoría de las ideas se desprenden consideraciones ontológicas cuando incorpora el no-ser como una forma de ser alterativa.

El mundo de las ideas es eterno y universal, perfecto; en cambio el mundo material imita a las ideas de una manera imperfecta, contingente. A partir de esta consideración, se separa alma de cuerpo; la primera pertenece al mundo de las ideas, el segundo pertenece al mundo material imperfecto y contingente. En consecuencia, el conocimiento es memoria, es recuerdo del alma, recuerdo activado por las sensaciones limitadas del cuerpo. Desde esta perspectiva, se dan lugar como cuatro formas de conocimiento: la imaginación, ecasia, la creencia, pistis, el pensamiento, dianoia, y la inteligencia, noesis. Las dos primeras forman parte de la opinión, doxa, las dos últimas de la ciencia, episteme[14].

Como dijimos, en la filosofía de la Academia se reflexiona sobre el saber, se ama el saber, se hace culto al saber; pero, también se analiza el saber, encontrando diferencias, sobre todo encontrando el saber arquetípico, inicial, universal, que es el de las ideas. Esta manera de amar a la filosofía, este hacer filosofía, no solo, como dijimos, autonomiza la reflexión, conformando un ámbito de distinción, que en este caso es la Academia, sino que también autonomiza el saber, lo autonomiza de las prácticas; se parte de que el saber, las formas de saber, devienen de las ideas, no de las prácticas.

La episteme de la que hablamos, en el sentido que configura Foucault, como zócalo, como condiciones de posibilidad históricas de los conocimientos, de la época de la Grecia antigua, sobre todo del periodo correspondiente a la filosofía de la Academia, por lo tanto, correspondiente también a la filosofía política, es la de la episteme ideal, la episteme del mundo de las ideas. El saber universal, pleno, perfecto, eterno, se encuentra perdido en el mundo de las ideas. Los otros saberes son imperfectos, contingentes, limitados, datan de la imaginación, de la creencia, de la opinión; de lo que se trata es de efectuar el conocimiento, el camino del conocimiento por anamnesis, por medio de la memoria, haciendo recordar al alma su experiencia ideal.

Esta episteme ideal, es decir, estas formaciones reflexivas, que se expresan en prácticas dialogantes, así como en prácticas discursivas, no puede explicarse sin estas prácticas, a pesar de la Teoría de las ideas de Platón; sobre todo no podría explicarse sin las prácticas institucionales; por ejemplo, la institucionalización del saber en tanto saber del saber, como filosofía. Esta institucionalización se da primero, en la Academia, después, en el Liceo.

Toda institucionalización, de alguna manera, es una separación; en este caso, se separa el saber verdadero del saber no verdadero, el conocimiento universal del conocimiento efímero. Esta separación corresponde a la diferenciación entre doxa y episteme, en el sentido del griego antiguo. La descalificación, más que la crítica, a los llamados sofistas, en los Diálogos, tiene que ver con estas separaciones, con estas distinciones, con estas jerarquizaciones. Aquí juega un papel operador la figura de Sócrates; es el cirujano de estas separaciones, sobre todo de la diferenciación entre cuerpo y espíritu.

Sin embargo, todas estas separaciones, todas estas diferenciaciones, se sostienen sobre la separación primordial, la separación política, en el sentido conservador, entre aristocracia y pueblo.  En consecuencia, podemos decir, que el conjunto de estas separaciones, que corresponden a prácticas de diferenciación, tiene un eje o estrategia política fundamental, la estructuración de una forma de poder aristocrático; conformación que se ve en figurillas ante la efectiva forma de gobierno democrática.

El mundo de las ideas es construido por Platón como un espejo del aristócrata ideal, que concibe el filósofo de la Academia, tal como lo presenta en La república. Construye este mundo de la ideas para refugiar a la aristocracia amenazada por el pueblo, por el gobierno del pueblo, la democracia. Esta actitud defensiva y conservadora no implica, de ninguna manera, que la institución de la filosofía no signifique un gran aporte al conocimiento. Al contrario, es un gran aporte al conocimiento; se dan lugar desplazamientos que hoy llamamos epistemológicos. Por eso, es indispensable anotar que la actitud conservadora no es necesariamente un obstáculo al desenvolvimiento del conocimiento, como de alguna manera, cierta interpretación, pretendidamente “radical” considera; todo conservadurismo es prácticamente reducido a la ignorancia. Lo sugerente es que la actitud defensiva y conservadora, en determinadas condiciones, como las que se dan en la Grecia antigua, genera conocimiento, mediante la reflexión, el análisis, la diferenciación de los saberes. De la misma manera, con otro sentido, la actitud transformadora genera conocimiento, mediante la crítica, la interpelación, la participación popular, recurriendo no a la memoria ideal, la anamnesis de Platón, sino a la memoria social, devenida de la experiencia social; por lo tanto, volviendo a conectar cuerpo y espíritu, doxa y episteme, imaginación y creencia, en el sentido de nuevos mitos, nuevas tramas, interpretantes del mundo en constante devenir.

En otras condiciones de posibilidad histórica, que deberíamos llamar mas bien, in-condiciones de posibilidad histórica, o si se quiere obstáculos epistemológicos, menos reflexivas, mas bien “ideológicas”, recurriendo al monopolio de la violencia del Estado, la actitud conservadora, el pensamiento conservador, no genera conocimiento, sino repetición de lo mismo. De manera análoga, pasa algo parecido con la actitud “transformadora”, que en este caso deberíamos llamar pose o hipóstasis, cuando la llamada “transformación” se convierte en dogma, en mimesis, incluso en doxa, renunciando a la reflexión crítica, a la interpelación, a la participación del pueblo; creando, mas bien, a su vez, diferenciaciones, como las conservadoras, distinguiendo intelectuales de pueblo, consciencia histórica de espontaneidad, vanguardia de masa dócil. En este caso, por más “transformadora” que se pretenda esta actitud representativa, por más “radicalidad” que se proclame, no hace otra cosa que conservar las formas de diferenciación, de separación, de distinción, de jerarquización, que son formas de preservar estructuras de poder. Entonces, tampoco se genera conocimiento, sino, repetición de lo mismo. Solo que lo mismo no corresponde a las “ideologías” de la aristocracia histórica, sino a las “ideologías” de las nuevas “aristocracias”, que a diferencia de aquellas tienen el perfil no formado, incompleto, mezclado y limitado, de los nuevos ricos, las nuevas oligarquías.

Aristóteles

De la Academia al Liceo hay toda una transición, que según Werner Jaeger[15], quizás comience en la misma Academia.  Lo que marca este paso de transición y su posterior desplazamiento, hasta ruptura, es la crítica de Aristóteles a la Teoría de la ideas de Platón. Sin embargo, hasta los Tratados el Protreptico y el Manifiesto de la filosofía, no se evidencia, en su forma escrita, esta transición. Ambos escritos son los documentos que revelan esa transición, todavía apegados a Platón, sobre todo en su última etapa, la matemática, incluso con ciertos desgarramientos respecto a la Teoría de las ideas. De los Tratados, documentos posteriores, se die que es Aristóteles realizado, constituido y consolidado; configurando, si se quiere, un sistema filosófico. Precisamente el que va a ser retomado por los latinos, por los árabes, después, por los cristianos, sobre todo los monjes que se van a encargar de transcribir, además, claro está de discriminar lo que se transcribe y lo que se guarda, incluso se oculta. Aristóteles tiene otras lecturas en el renacimiento, y muy distintas y variadas en la modernidad, cuando, podemos decir que la filosofía se refunda sobre otras bases y condiciones de posibilidad históricas, la de la colonización y el sistema-mundo capitalista, donde emerge el paradigma de la ciencia positiva.

Aristóteles es asumido, a su manera, por Agustín y Tomas de Aquino, también por la escolástica. A diferencia de Platón que fue interpretado por corrientes religiosas esotéricas, Aristóteles fue usado para dar consistencia a la teología cristiana. Ciertamente, la influencia de Aristóteles es múltiple; quizás de los Tratados más influyentes en la modernidad  se pueda citar a la Lógica y a la Metafísica, aunque, en el caso de Nicolás Maquiavelo también se pueda citar como fuente influyente a La política; así también la Retórica va a ser el referente indispensable de la Teoría de la argumentación moderna. No podemos decir lo mismo de los textos sobre física, taxonomía y otras clasificaciones, pues la física moderna, la botánica moderna, la zoología moderna, más tarde, la biología, se han de basar en otras percepciones, métodos, procedimientos, interpretaciones y clasificaciones, aunque tengan en cuenta como antecedente, proveniente de la antigüedad la física y la taxonomía de Aristóteles. Menos podemos decir de su Cosmología y de su tesis del primer motor. De todas maneras, el sistema filosófico de Aristóteles es un ejemplo de la constitución de la filosofía como totalidad, como pensamiento de la totalidad, así como del saber absoluto.

La metafísica

Según Werner Jaeger la Metafísica de Aristóteles contiene por lo menos dos fases del pensamiento del filósofo; la de transición y la madura, por así decirlo[16]. En la transición, Aristóteles se encuentra todavía no desapegado del horizonte de Platón, sobre todo de la Teoría de las ideas, en la etapa madura del pensamiento de este conductor de la Academia; no solo distanciado o en distanciamiento, como en la fase de la transición, sino desplegando las críticas que molestaron a parte de la Academia, que prácticamente lo declaró enemigo del platonismo. En cambio, Aristóteles aparece, en la etapa madura, exponiendo un pensamiento distinto, que llamaremos metafísica.

Correspondiente a las dos etapas, Aristóteles desarrolla dos tesis sobre la metafísica; la primera, que corresponde a la fase de transición, plantea que la metafísica se ocupa del motor inmóvil que moviliza los cuerpos; la segunda tesis, plantea que la metafísica se ocupa del ser en cuanto ser. Para conectar las dos tesis, Aristóteles desarrolla su teoría sobre la sustancia. La sustancia es única, la unidad, que sostiene las manifestaciones y los fenómenos materiales, también las entelequias matemáticas. Estas últimas, lo que contienen como sustancia es la esencia. Como se puede ver Aristóteles ataca los dualismos, heredados por la Academia de una larga tradición mitológica, religiosa, astrológica y matemática. No hay ser suprasensible distinto del ser sensible, el ser es único, la sustancia.

La ética

Lo mismo que en lo que respecta a la metafísica, la ética también experimenta la transición y llega a la etapa madura del pensamiento de Aristóteles. La Ética Eudemia corresponde a la transición y la Ética Nicomaquea a la etapa madura[17]. La primera ética, que Jaeger llama original, todavía se encuentra en la esfera de la Teoría de las ideas; en cambio, la segunda ética ya se ha desembarazado de esta esfera y forma parte de un horizonte propio, el del pensamiento de Aristóteles, que se fundamenta no solo en la Teoría del ser y de la sustancia, que corresponden a la metafísica, sino también a una ética que no se basa en la idea del bien, sino en la praxis de la virtud.

En la primera ética se trataba de lograr la armonía entre inteligencia, es decir, pensamiento, phrónesis, y virtud y placer; bajo legislación de la phrónesis, que define el conocimiento como el valor más grande, que es el del conocimiento. En cambio, en la Ética Nicomaquea se trata de prácticas que incorporan hábitos, donde, si bien interviene la razón, lo hace para adecuar las conductas a las situaciones contingentes y a las experiencias concretas.

¿Cuál es el desplazamiento filosófico que produce Aristóteles? Desde nuestra interpretación, Aristóteles, a diferencia de la Academia, se ocupa del mundo real, dejando en suspenso el mundo ideal, el mundo de la Teoría de las ideas; por eso su metafísica tiene como referente la física. Al respecto, evita el dualismo entre física y metafísica, proponiendo, más bien, que la metafísica es la que se ocupa de la sustancia, que comparte y tiene como substrato la física. Por eso, también, en la Ética Nicomaquea se ocupa de la praxis y no de la idea del bien. Desde esta perspectiva, la nuestra, podemos interpretar que Aristóteles, mejor dicho, el Liceo, abren el horizonte de la filosofía de la realidad, que llamaremos ontología, la ciencia que trata del ser en cuanto ser, además de dar los primeros pasos de la lógica y el método aplicables en las ciencias. En este sentido, incluso podemos decir que ni la filosofía moderna, ni la ciencias positivas, han salido de este horizonte, por más desplazamientos que hayan concurrido, que siempre se han dado en el contexto de la ontología o en el contexto de la lógica y la metodología. El único filósofo, en realidad crítico de la filosofía, que habría escapado de este horizonte, abriendo otro, el del pensamiento del cuerpo, es Friedrich Nietzsche. Se puede trazar entonces esta pertenencia de la filosofía moderna desde Spinoza hasta Heidegger, que aunque pretende una salida a este horizonte aristotélico pensando el ser desde el tiempo, otra manera de pensar el tiempo, no llega a salir del horizonte en cuestión. En primer lugar, porque en gran parte repite la ontología aristotélica; su ser mundano, su ser dramático destinado a la muerte, no es más que una interpretación pesimista, que contempla Aristóteles como objeto de sus críticas. Aunque el lenguaje poético oculta esta limitación de Heidegger, su filosofía no sale del horizonte de la metafísica de Aristóteles. No llega a pensar el tiempo de otra manera, pues no logra plantearse el problema que plantea la física relativista de que no hay tiempo, tampoco espacio, sino espacio-tiempo.

Marx tampoco se consideraba filósofo, sino un superador de la filosofía; superación concebida como praxis política, en el sentido subversivo. Solo los interpretes de Marx, sobre todo los de la segunda internacional, han buscado reincorporarlo a la filosofía, que para Marx era “ideología”; por lo tanto, ámbito fetichista. Inventándose una filosofía que denominan materialismo histórico, y una epistemología que denominan materialismo dialéctico. Desde la perspectiva marxiana, esta actitud es conservadora y un retorno claro a la “ideología”.  Así como Marx llegó a decir que no era marxista; en complementación paradójica, podemos decir que fue el último marxista. Por otra parte, en la contemporaneidad reciente, los teóricos críticos de la filosofía, coetáneos, desde Georges Bataille hasta Gilles Deleuze y Félix Guattari, pasando por Michel Foucault y Jacques Derrida, no se consideran filósofos sino críticos de la filosofía, incluso críticos de la modernidad; tampoco se consideran posmodernos, como los ha catalogado una seudo-crítica provisional y apresurada, sino críticos de la modernidad.

Lo que acabamos de decir, aunque sea una hipótesis interpretativa, tiene consecuencias epistemológicas. Parece que lo que llamamos episteme, en el sentido de Foucault, no corresponde como bloque a una época, sino que, además, de cómo interpreta Foucault, que no hay una sucesión entre las epistemes, sino una especie de composición y combinación, que articula herencias con innovaciones, aunque se dé una especie de hegemonía de las innovaciones, se dan también planos de intensidad epistemológicos, que pueden alargarse y atravesar épocas y distintas composiciones y combinaciones epistémicas, como ocurre con el sistema filosófico-ético-político de Aristóteles.

La política

La política no deja de ser una excepción en el desarrollo intelectual de Aristóteles, tal como los menciona Jaeger. Los libros de La política corresponden tanto a la etapa de transición, así como a la etapa madura. Como en los otros casos, parte de los libros son escritos en la transición, todavía en el horizonte de la Teoría de las ideas, en este caso, en relación al ideal de Estado, definido en La republica de Platón. En cambio, los otros libros forman parte de la madurez del filósofo estagirita. En el primer caso, prepondera el ideal de Estado, configurado en La república, que también busca el bien, la realización del bien; es decir, la idea de bien, donde ética y política no solo se encuentran vinculadas estrechamente, sino que la virtud es la que debe regir al gobierno, a la forma de gobierno ideal; entonces, siguiendo a la Teoría de las ideas, virtud y gobierno son dirigidos, conducidos y orientados por la phrónesis. La particularidad de la transición, como lo mencionamos antes, retomando a Jaeger, es que en el horizonte platónico de la Academia ya Aristóteles desprende las críticas a la Teoría de las ideas, en este caso a La república. No sólo desarrollando nuevas interpretaciones, distintas al idealismo de Platón, sino que busca resueltamente sostener las tesis teóricas con análisis de la experiencia de los gobiernos y los estados particulares, además de estudiar sus constituciones y sus leyes. La diferencia con respecto a los libros que corresponden a la etapa madura, radica en que el modelo ideal ya no es el referente y el parámetro principal en la orientación de las conductas gubernamentales, sino es la praxis política, regulada por el conocimiento de los hechos, de los gobiernos concretos; conocimiento que responde al análisis metodológico de sus características, límites y problemas. La razón, en el caso de estos libros, de la etapa madura, actúa como razón analítica, ya no como razón utópica, que es lo que ocurre con Platón.

Algunas definiciones generales de la política

Política, en griego πολιτικα, en latín politica, es el tratado de filosofía política de Aristóteles. Este tratado tiene una estrecha vinculación con Ética nicomáquea. Aristóteles desprende la política de la ética, aunque le atribuye a la política una praxis propia, diferente a la ética; ésta tiene que ver con la conducta hacia la felicidad, en tanto que aquélla tiene que ver con el gobierno, si se quiere, el buen gobierno. Se puede decir, en este sentido, que los dos tratados, Política y Ética nicomaquea, conciertan el estudio de una parte integral de la experiencia social, que asocia gobierno y ética, mediante reflexiones expresadas en la filosofía de la sociedad. El tratado sobre política se ocupa de instituciones referentes a la polis.

En el primer libro, Aristóteles escribe sobre la ciudad, la polis, sobre la comunidad política, koinonia politike, en comparación con otros tipos de comunidades y asociaciones, como la familia y el pueblo. Comienza su disertación con el análisis de la relación entre la ciudad y el hombre; después, se ocupa específicamente del hogar. En el libro II, se examinan las heterogéneas figuras propuestas sobre el mejor gobierno. Se comienza con el examen del Estado ideal configurado en La república de Platón, antes de ocuparse de las Leyes de Platón. Aristóteles, a continuación, analiza las organizaciones expuestas por dos filósofos, Phaleas de Calcedonia e Hipódamo de Mileto. En el libro III, se pregunta sobre quién debe ser considerado como ciudadano. Después, el filósofo estagirita arma la clasificación de las constituciones, considerando prioritariamente las constituciones sobresalientes, tanto por sus analogías como por sus contrastes. Analiza la composición y distribución de las jurisdicciones institucionales; se detiene en la evaluación de la administración de justicia, de las estructuras legislativas y del ejercicio de gobierno, ponderando sus desenlaces. En el libro IV, escribe sobre las labores y desempeños de las teorías políticas. Compara los tipos de constituciones, además de analizar las razones de por qué se dan de manera variada y particular. También lo que persiguen las diferentes constituciones. Después, se ocupa de las características de las formas democráticas de gobierno, comparándolas con las formas aristocráticas y las formas oligárquicas de gobierno. En el libro V, se ocupa del perfil político del Estado ideal. En esta perspectiva, se pregunta sobre las posibilidades de cambio constitucional; cómo se darían las transiciones. Las transformaciones en diferentes constituciones; la institucionalización durable de las mismas. Como crítica, señala la vulnerabilidad de las tiranías. El libro VI, se ocupa exclusivamente  de las constituciones democráticas, sometiéndolas a una evaluación rigurosa. Después, son comparadas, en el sentido de ventajas y desventajas, con las constituciones aristocráticas y oligárquicas. En el libro VII, se ocupa del Estado ideal, en vinculación con el vivir bien. Describe el escenario político de su tiempo. No deja pendiente las consideraciones sobre  la población, sobre el territorio, sobre la disposición del Estado ideal; en esta perspectiva, se ponderan las instituciones ideales del estado ideal. Tampoco deja pendiente los tópicos familiares, como el matrimonio, así como el cuidado del hogar y de los niños. En el libro VIII, reflexiona sobre la educación en el Estado ideal, así como el papel de esta organización esperada[18].

Sobre el animal político

Aristóteles define al ser humano como animal político, zoon politikón, del griego ζον, zỗion, animal, y πoλιτικόν, politikón, político, de la polis, cívico. Zoon politikón se convierte en la característica primordial del ser social, del ser que vive en sociedad, en comunidad, tal como lo hacen los humanos. Si bien, el hombre es social, así también otros animales; sin embargo, solo el hombre es político, debido a que vive en comunidad. Aristóteles tiene como mira conocer la naturaleza humana, desde el estudio de sus relaciones sociopolíticas; considera que el individuo solo puede realizarse integralmente en sociedad. Piensa que aquellos que son incapaces de vivir en sociedad es porque son bestias o dioses[19].

4 consideraciones provisionales para un boceto de polidemos

1.   Cuando hablamos de polidemos no lo hacemos necesariamente arraigando poli a polis, sino, mas bien, haciendo hincapié en el sentido de plural. Entonces se trata de un pueblo plural; si se quiere, de multitudo, como lo definía Spinoza y lo retoman Antonio Negri y Michael Hardt. Así mismo, no se pierde la acepción política de polis, en el sentido que define Rancière. En consecuencia, se trata de praxis democráticas desenvueltas en su pluralidad imbricada.

2.   También consideramos polidemos en su sentido dinámico, en constante devenir; creativo, como potencia social desenvuelta. Por lo tanto, como capacidad de invención institucional, sin dejar fijarse y cristalizarse a las instituciones.

3.   Por otra parte, se considera, entre los atributos de polidemos, su ductilidad, su versatilidad y su flexibilidad, su capacidad de entrelazamiento, componiendo tejidos sociales heterogéneos.

4.   Además de su pluralidad, así como su multiplicidad, que no es lo mismo, se tiene en cuenta la heterogeneidad diversa, no solo de sus composiciones, sino de las complementariedades posibles entre distintas sociedades, culturas y lenguas.

A modo de conclusiones

La interpretación integral de la conformación de la complejidad de los entramados sociales, dada en las singularizaciones múltiples como acaecen, asume los acontecimientos de la experiencia social contemporánea, por así decirlo, como si se tratara del crepúsculo, no de un ciclo largo del capitalismo, sino del sistema mismo que comprende los ciclos largos. Esta es la razón por la que consideramos que lo que se ha generado o, si se quiere, degenerado, es el modo de des-producción especulativo, dejando como anacronismo el llamado modo de producción capitalista, que fue el concreto conceptual para hacer inteligible la mecánica de funcionamiento del capitalismo. Por eso, también hablamos de anti-política, como sintomatología evidente de la decadencia de la globalidad del sistema. La hermenéutica de la complejidad de los entramados sociales, en devenir, hace tres recorridos; parte de los substratos, se detiene en singularidades o casos específicos, como ejemplo; y retoma los substratos en las deconstrucciones de lo que consideramos son parte de los mitos modernos.

1.   Como substratos tenemos a lo que llamamos modo de des-producción especulativo, a la “ideología” de la economía, sobre todo a las formaciones institucionales y sus prácticas, a lo que llamaremos in-condiciones de la decadencia.

2.   Solo tomamos como singularidades, singularidades presentadas como ejemplos  específicos de la antiproducción, a dos actuales casos; el conflicto potosino en Bolivia y la desterritorialización de los territorios indígenas por el capitalismo dependiente.

3.   En el desenvolvimiento de las deconstrucciones, enfocamos el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, que es una anti-economía funcional a la economía-mundo del sistema-mundo capitalista. Esta anti-economía se entrelaza con lo que denominamos la anti-política. Estas deconstrucciones, sobre todo la última, es apoyada por la deconstrucción particular del concepto de política.


[1] Bibliografía: Rudiger Dorbusch y Stanley Fischer: Macroeconoía. Oliver Blanchard: Macroeconomía. Felipe Larrain y Jeffrey Sach: Macroeconomía en la economía global. José de Gregorio: Macroeconomía intermedia. Gregory Mankiw: Macroeconomía. Karl Marx: Plusvalía, Capital y Trabajo. Cuellar Darwin: Trabajo y esfuerzo. Carl Menger: Origen del dinero. Roberto Chachanosky: Economía para todos. Julio Cole: Dinero y Banca, consideraciones sobre la tasa de interés. Richard Froyen: Macroeconomía. Carlos Massad: Mis clases de Economía…y algo más. https://es.wikipedia.org/wiki/Macroeconom%C3%ADa.

[2] Michel Foucault: Arqueología del saber. Siglo XXI; Buenos Aires 2004. Págs. 242-249.

[3] Referencias: Haidar, J.I., 2012. “Impact of Business Regulatory Reforms on Economic Growth,” Journal of the Japanese and International Economies, Elsevier, vol. 26(3), pages 285– 307, September. Texto: Institución Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Instituci%C3%B3n?oldid=83131404 Colaboradores: Sabbut, Dodo, Cookie, Tano4595, Soulreaper, Marco Regueira, Yrbot, FlaBot, BOTijo, Eloy, Banfield, Filipo, Nihilo, Paintman, BOTpolicia, CEM-bot, Laura Fiorucci, JMCC1, Baiji, Thijs!bot, Jlarcas, Xoacas, Escarbot, Ángel Luis Alfaro, Isha, Mpeinadopa, JAnDbot, Segedano, Mercenario97, Gustronico, Netito777, Idioma-bot, Dhidalgo, VolkovBot, WarddrBOT, Technopat, Matdrodes, BlackBeast, Lucien leGrey, Numbo3, FBaena, Gerakibot, SieBot, Thor8, Mushii, Loveless, Rigenea, BOTarate, Enriquecornejo, Manwë, Belb, Mafores, Chico512, Jarisleif, Antón Francho, DragonBot, Eduardosalg, Qwertymith, Leonpolanco, Furti, Aranzuisor, Alexbot, Alfonso Márquez, Açipni-Lovrij, UA31, MARC912374, AVBOT, Diegusjaimes, Arjuno3, Lampsako, Luckas-bot, Roinpa, FariBOT, DiegoFb, Draxtreme, Nixón, ArthurBot, SuperBraulio13, Xqbot, Jkbw, Dreitmen, Kismalac, Botarel, D’ohBot, Hprmedina, Fink~eswiki, Vubo, Javierandresmurillo, AnselmiJuan, KamikazeBot, Conocimientoabierto, Nachosan, Setincho, Jorge c2010, Foundling, EmausBot, Savh, Sergio Andres Segovia, Grillitus, Emiduronte, Waka, Metrónomo, Nitban, MerlIwBot, Erika Landey, TeleMania, Creosota, Asqueladd, Helmy oved, Zerabat, Miguel2706, Legobot, KASELOKO, Lamy14, Alanlakd, Churrasco italiano, Die.darok, Jarould, Mizanaoria, Pupiyflopyta, Lectorina y Anónimos: 165.

[4] Texto: Apolítico Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Apol%C3%ADtico?oldid=81094265 Colaboradores: AlGarcia, Nihilo, CEM-bot, Pacostein, Dhidalgo, VolkovBot, Muro Bot, Sageo, Tirithel, Javierito92, Leonpolanco, UA31, AVBOT, Yearuk, Luckas-bot, Marcomogollon, ArthurBot, SuperBraulio13, AstaBOTh15, Rosymonterrey, Grillitus, ChuispastonBot, WikitanvirBot, Hυgo, MerlIwBot, KLBot2, Xaquiles, IPhonak y Anónimos: 17.

[5] Nacimiento en el sentido que le da Michel Foucault, en contraste con el concepto abstracto de origen.

[7] Ver de Michel Foucault Arqueología del saber. Siglo XXI. México.

[8] Revisar de Gilbert Durand De la mito-crítica al mito-análisis. Anthropos. Barcelona 1993.

[9] Ver de Raúl Prada Alcoreza Formaciones discursivas políticas. Dinámicas moleculares; La Paz 2014-2015.

[10] Revisar de Jacques Rancière El desacuerdo. Política y filosofía. Nueva Visión 1996. Buenos Aires.

[11] Revisar de Raúl Prada Alcoreza Acontecimiento político; también La explosión de la vida, así como Más acá y más allá de la mirada humana. Dinámicas moleculares; La Paz 2014-15.

[12] Aludimos a demarcaciones sugeridas por Foucault en Las palabras y las cosas. Siglo XXI; Buenos Aires.

[14] Ver de Antonio Alegre Gorri la Introducción general a Teeteto de Platón. En Teeteto de Platón. Anthropos; Barcelona 1990.

[15] Werner Jaeger: Aristóteles. Fondo de Cultura Económica. México 1995. file:///C:/Users/RAUL%20PRADA/Downloads/52783902-50792625-Werner-Jaeger-Aristoteles.pdf.

[17] Aristóteles: Ética a Nicómaco. http://www.uruguaypiensa.org.uy/imgnoticias/650.pdf.

[18] Bibliografía: _ Barker, Sir Ernest (1906). The Political Thought of Plato and Aristotle (El pensamiento político de Platóny Aristóteles). Londres: Methuen. _ Davis, Michael (1996). The Politics of Philosophy: A Commentary on Aristotle’s Politics (Comentario de la “Política” de Aristóteles). Lanham: Rowman & Littlefield. _ Goodman, Lenn E.; Talisse, Robert B. (1970) (2007). Aristotle’s Politics Today (La política de Aristóteles vista hoy). Albany: State University of New York Press (Publicaciones de la Universidad Estatal de Nueva York). _ Keyt, David; Miller, Fred D. (1991). A Companion to Aristotle’s Politics (Vademécum de la “Política” de Aristóteles). Cambridge: Blackwell (integrante hoy de Wiley-Blackwell). _ Kraut, ed., Richard; Skultety, Steven (2005). Aristotle’s Politics: Critical Essays (La “Política” de Aristóteles: Ensayos críticos). Lanham: Rowman & Littlefield. _ Simpson, Peter L. (1998). A Philosophical Commentary on the Politics of Aristotle. Chapel Hill: University of North Carolina Press (Publicaciones de la Universidad de Carolina del Norte). _ Simpson, Peter L. (1997). The Politics of Aristotle: Translation, Analysis, and Notes (La “Política” de Aristóteles: traducción, análisis y notas). Chapel Hill: University of North Carolina Press. _ Nichols, Mary P. (1992). Citizens and Statesmen: A Study of Aristotle’s Politics (Ciudadanos y estadistas: Estudio de la “Política” de Aristóteles). Lanham: Rowman & Littlefield. _ Lord, Carnes (1982). Education and Culture in the Political Thought of Aristotle (La educación y la cultura en el pensamiento político de Aristóteles). Ithaca: Cornell University Press (Publicaciones de la Universidad Cornell. _ Miller, Fred D. (1995). Nature, Justice, and Rights in Aristotle’s Politics (La naturaleza, el derecho y la justicia en la “Política” de Aristóteles). Oxford: Oxford University Press. _ Mayhew, Robert (1997). Aristotle’s Criticism of Plato’s Republic (Crítica de “La República” de Platón por Aristóteles). Lanham: Rowman & Littlefield. Ver Wikipedia: Enciclopedia Libre. https://es.wikipedia.org/wiki/Pol%C3%ADtica_(Arist%C3%B3teles).

[19] Referencias: [1] Nahuel Oddone, Carlos; Granato, Leonardo (2004). «La contribución del Marxismo a la Teoría del Estado». 2º Encuentro Internacional Economía y sociedad. Málaga: Universidad de Málaga.  Bibliografía:  _ Laferrier, Ezequiel (2004). Diccionario de Filosofía. México D.F.: Fondo de cultura económica.  _ Aristóteles (1999). La Política, Libro I. Madrid: Alba.  _ Ferrater Mora, José (1999). Diccionario de Filosofía, Tomo IV. Barcelona: Ariel. Ver Wikipedia: Enciclopedia Libre. https://es.wikipedia.org/wiki/Zoon_politik%C3%B3n.

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