Alboradas crepusculares Dedicatorias

Alboradas crepusculares

Dedicatorias

Sebastiano Monada

 

 

Alboradas crepusculares

 

Índice:

Prologo                                                            

Potencia constituyente                                   

Marcelo                                                           

Juan el anarquista                                           

Félix Santos                                                    

Mi amigo Tano                                                 

Expectación, a pesar de todo                           

Guerrera celta                                                 

Prologo

 

Sebastiano Monada soy yo mismo, es el seudónimo que uso para la poesía. Siempre, si se puede hablar así, en verdad desde la moza edad de la pubertad, escribía poesía. Además de apasionarme por la poesía, que consideraba, en ese entonces, como incendiaria, formando parte de las rebeliones humanas, así como de las creaciones, inventoras de mundos, comencé a leer poesía. Si se puede hablar de influencias, creo que, fuera de otros poetas, que formaron parte de mi biblioteca poética, los ejes constitutivos, los referentes y las rutas de los viajes metafóricos y afectivos, fueron principalmente dos poetas, Cesar Vallejo y Federico García Lorca.

 

¿Por qué decidí usar seudónimo? Nunca había publicado poesía, salvo una vez, cuando dedique un poema, afectado por su muerte y asesinato de mi amigo, Edmundo Salazar; aunque también polemista en el debate político e ideológico universitario, cuando éramos dirigentes estudiantiles. Lo publicó el periódico Hoy, que ya no existe, en su página literaria. El encargado, no sé si de recepción o del semanario, me pidió el carnet de identidad. Salió el poema, llamativamente con el número de mi carnet de identidad, la fotocopia del carnet, acompañando al poema. No sé por qué se publicó de esta manera. Resultaba chocante ver en la hoja del semanario el poema y, al lado, la fotocopia impresa, junto a la presentación de poema. Fueron los narcos, de ese entonces, que decidieron matar a Salazar, que junto a Roger Cortez, hacían las denuncias y el seguimiento a este negocio tan rentable, que sus excesivas ganancias se consideran superiores a la vida misma. ¿Era una manera de mostrar que el periódico no estaba comprometido con lo que se expresaba en el texto? Pero, era un poema. Me fue difícil entender este hecho anecdótico. Aquella vez, entonces, se publicó un poema con mi nombre.

 

De los poemas que escribí, todo un folder de papeles mecanografiados, los tuvo en sus manos mi amigo Carlos Saravia. Le gustaban los poemas o, quizás, los uso para conquistar a una joven. No estoy seguro, pero era capaz de hacer esto. Incluso fue capaz de perder mis poemas. Después armé otro folder de poemas, parte de ellos los escribí en París, cuando estudiaba literatura en lo que se llamaba la Sorbona, que ahora se denomina Paris I. Este poemario tampoco se publicó. No estaba seguro de hacerlo. Al retornar al país abruptamente, provocando el enojo de mi padre, con justificada razón, debido a un arranque romántico de entrega a “lucha revolucionaria”, ocasionado por la Masacre del Valle, ya me encontraba atraído más por el compromiso militante, además de haberme convertido al marxismo. Dejé la poesía por el marxismo; algo de que me arrepiento, pues había abandonado la disposición creativa que es la poiesis, sustituyéndola por una pretensión revolucionaria, en la que, en determinados momentos, intensos, se crea, sí, transformaciones materiales, que pueden considerarse actos poéticos, además de actos heroicos. No ocurre todo el tiempo este acontecimiento, que se suspende sobre la historia, según interpretación de Walter Benjamín. El problema es que los “revolucionarios” institucionalizan la revolución; al hacerlo la finalizan, la concluyen, comportándose como verdaderos termidores. Por otra parte, los marxistas convirtieron a Marx en un Moisés, a sus escritos en las sagradas escrituras, al marxismo en una religión, conformando una proliferación de iglesias, con sus nuevos sacerdotes. Con esto momificaban, que es una manera ceremonial de matar, lo atractivo que tenía Marx y, para distinguir, el marxianismo. Tardé en comprender que todo esto no era otra cosa que otros juegos de poder, además de una forma paradójica de preservar el círculo vicioso del poder. Estas son las razones principales por las que me arrepiento haber abandonado la poesía.

 

Después de un tiempo, con otro retorno, esta vez a la adolescencia intempestiva de los dieciséis años, cuando era anarquista, cuando con mi amigo Tano Rossell, salimos con soberbias banderas negras, un primero de mayo, y gritamos con los trabajadores que marchaban ¡los obreros al poder!, derribando a la dictadura militar de entonces, por lo menos, en ese corto lapso entusiasta, que duró la concentración de la marcha, en la plaza San Francisco. En ese recortado y concentrado espacio, ocupado, en la iglesia de piedra, por los monjes descalzos, los franciscanos, y, en la plaza, por el proletariado insomne, conmemorando a los asesinados anarquistas en Chicago. Aunque la derribamos en esa atmósfera incandescente de las ilusiones, que emanan de la piel rebelada, nos hizo felices ese instante, anclado en su eternidad sensible. En el transcurso de este retorno, pude combinarlo con el retorno a la poesía; por lo menos como intento. Por eso, he vuelto a este acontecimiento, que denominé, en un ensayo sobre la poesía de Cesar Vallejo, la de Poemas humanos, la subversión de los órganos[1].

 

Ahora bien, no quise usar mi nombre oficial, institucionalizado, por el Estado, no tanto por anarquista, sino porque no quería afectar a la predisposición poética con la presencia del veterano teórico crítico, que es como, de alguna manera, me conocen. No quería volver a afectar la oportunidad no solo de leer poesía, de vivirla intensamente, transformándome al leerla, sino de darme la oportunidad de volver a escribir. Bueno, no era seguro que vuelva a escribir poesía; proyectaba darme la oportunidad de escribir prosa, literatura, en una novela. No estaba claro este proyecto, tampoco lo está ahora. Lo único claro, al respecto, era mi certeza, por cierto no sustentada, salvo por la convicción de haber llegado a esa conclusión, a ese aprendizaje, de considerar que hay que escribir una novela cuando se ha vivido plenamente, cuando se tiene que hendir en las huellas de la escritura el repaso de las tramas de las huellas de la experiencia inscritas en el cuerpo. En todo caso, fue una casualidad que haya vuelto a escribir poesía. La culpable de que haya ocurrido esta casualidad, en la que me atreví a escribir nuevamente poesía, es Carla Roca Ortiz, quien, en una conversación virtual, me pidió que la describa.  Me mandó unas fotografías, después yo, conseguí otras, sin su permiso, en el internet. Comencé entonces a describirla. Sorprendentemente, no use la prosa, sino la metáfora poética. Todo esto acaeció sin que me dé cuenta. Tengo que agradecerle entonces a Carla Roca por haber provocado una casualidad creativa.

 

Otra razón por la que decidí usar el seudónimo es porque no estaba seguro si mi poesía era algo logrado, acabado, realizado como poesía. Aunque no haya sido la principal razón, también esta duda motivó la inclinación a usar el seudónimo. Al final terminé publicando poemarios en el internet. Al momento tengo cuatro poemarios, Poemario del retorno, Poemario de amor, Residencia en el presente y Corporeidades intensas. Comencé publicando el poemario dedicado a Carla, Poemario de amor, después seguí con el Poemario del retorno y así sucesivamente. Estas publicaciones, sobre todo la primera, provocaron observaciones irónicas, no reclamos, que me ponían en figurillas, pues no sabía explicar; no debido a que quisiera justificar algo, sino porque tampoco me explicaba a mí mismo lo que había pasado. La que fue mi pareja, en un tiempo intenso, Rosario Aquim Chávez, y es, ahora, mi amiga entrañable, la compañera que me entiende, a pesar que muchas veces, la mayor parte, soy inentendible, hizo bromas sobre que no le dediqué poemas a ella y después las dedicó, en avanzada edad, a otra persona. No me acuerdo, exactamente, si no le dediqué ningún poema a Rosario; pero, ahí quedó la verdad, encerrada en la anécdota de una broma, que me desnudaba. Recuerdo que dediqué poemas a Enriqueta Alzérreca Barbery, quien fue en vida mi esposa; sin embargo, nuca los publiqué. Cuando falleció en 1992, se publicó un pequeño fragmento de un poema escrito en la triste ocasión de su fallecimiento, recordando sus voladores ojos celestes y su mirada viajera prendida en las ramas del árbol, como brisa atrapada en sus redes vegetales; era un eucalipto, que estaba frente a la ventana de nuestra casa.

 

Eso sería, en lo que respecta a las publicaciones de mis poemas. Sin embargo, todo esto no le quita ningún mérito a la situación afectiva, de apertura sensible, abriendo los poros sensitivos de la piel, por la presencia de Carla, en un momento de desplazamientos experimentados por mí. Aunque nuestra relación haya sido solo virtual.

 

El poemario que presento, Alboradas crepusculares, es un compendio de poemas dedicados, que se encuentran en el Poemario del Retorno y Residencia en el presente. Lo hago no solo por el motivo de las dedicatorias, sino también porque cuando los volví a leer encontré la desbordante explosión de la influencia de Cesar Vallejo; faltaba la rítmica, nómada, gitana, así mismo exuberante, influencia de Federico García Lorca. Mi otro eje constitutivo poético. En ese momento, y ahora, me encontraba, y me encuentro, retomando mis lecturas, sobre todo la memorización, de poemas que acostumbraba a recitar para los amigos. Al volver a leer los poemas dedicados, me di cuenta que le faltaban musicalidad; entonces hice una segunda versión, acompañados, ahora por la musicalidad garcía-lorquiana.

 

Entonces presento este poemario, dedicado a entrañables trayectorias de vida, que afectaron a mi propia trayectoria.

 

 

 

Raúl Prada Alcoreza

Cuqui-apu; agosto de 2015.

 

 

 

 

Potencia constituyente

 

 

 

 

Dedicado a los y las constituyentes

 

 

 

Cuando se existe

Manera señera

Posible de hacerlo

Plenamente

Al instante

Entregando el cuerpo

Concavidad dilatada

Eternamente

 

Las calles cenicientas se colmaron

De muchedumbres de viento

Marejadas de movimientos

Somáticos, humanos

De multitudes frenéticas

Dibujando itinerarios inquietos

Surcadores del espacio hueco

Del insomnio metropolitano

 

Desde de la ciudad en reciedumbre

Emerge hermenéutica inmanente

Populosa y erudita

Como vestida de fiesta

De las memorias de la piel

Canta su historia rebelde

Sedimentada en lo profundo

De la espesa tierra insurrecta

De su elogio concupiscente

Entrañas mismas del acaecimiento

 

Esta emanación se desplegó

Propagándose en el aura

Transmutando al aspirarla

Hasta el impenetrable recodo

Hasta los pigmentos mismos

De las moradas dormidas

De las edificaciones congregadas

En su turbación tejida

Por huellas de sitios indígenas

Hasta el discernimiento mismo

De las entidades iluminadas

Categóricas y fulminantes miradas

De hogueras encendidas

Encontrándose los ojos

Como gaviotas viajeras

Colosal hendidura abierta

Forjada a bramidos de protesta

Atmósfera enardecida

Descubriendo insondable

Soledad secuestradora

 

Certezas vulnerables,

Población de ilusiones

Espacio-tiempo diseminándose

Como huida de rebaños acosados

Tejidos por coros de awayos

Afincado en su fugacidad

Esbelta de vicuñas

Universo esparcido por los sueños

De barcos en naufragio

Y alejado de sí mismo como olvido

Preludio explosivo

Intuición insondable

Acción multitudinaria

Al alcance de la mano

Presente ocupado por las masas

 

Multitudes victoriosas

Ya en su forma de sublevarse

Compactos poblacionales efluvios

Ya en sus devociones acuosas

De fervores atesorados

Diluvio hídrico de gestos tumultuosos

Ahogando la metrópoli enmudecida

Petrificada en su asombro

Acontecimiento impoluto

En su despliegue plebeyo

Surgido de los bordes brumosos

Del mismo interior turbulento

De la hoyada perturbada

Bramido de toro simultáneo

Emergido de todas partes

Juntándose en laberintos

Convirtiéndose en tempestades

De multitudes barrocas

En una gigantesca serpiente alada

Ora sobrevolando la urbe

De Chuqui-apu

Ora moviéndose ondulante

En las calles adoquinadas con pasiones

De fósiles amantes refugiados

En quimeras encapsuladas en piedras

Ora rugiendo como dragón enfurecido

Ora arrojando fuego de palabras acullicadas

Flamas de canciones emotivas

Heridas inscritas en la carne

 

Las multitudes escriben

Sus pasos acompasados

Sus ropas multicolores,

Ropas raídas, arrugadas

Por días no planchados

Ropas apegadas a los cuerpos

Absorbiendo el sudor intenso

De los ánimos viajeros

De los animus masculinos

Desprendiendo coraje

De las ánimas femeninas

Desprendiendo ensoñaciones

Ánimos inventores

De placeres navegantes

Insoldables como deleites de espasmo

De horizontes ambulantes

Nómadas guerreros aboliendo fronteras

Gramática de las multitudes

Escritura del leguaje más antiguo

Idioma rítmico

Gesto corporal

 

Enfrentaron con sus rostros al tiempo

Enfrentaron con sus pechos a la realidad

Enfrentaron con su sangre al poder

Enfrentaron con su presente intenso

Todo el pasado de oprobio

Enfrentaron con sus alegrías

Todas las tristezas guardadas

Enfrentaron la historia

Con sus manos rudas

Emergiendo lo imposible

Utopía insistentemente perseguida

Por el eterno retorno de la rebelión

De la matriz de los posibles

Preñado eterno amanecer romántico

Creación heroica de los sublevados

De la tierra

 

Cuando esto pasa

Cuando los hombres y mujeres

De la tierra

Se amotinan

Con las armas de sus órganos

Con la sangre circulante

Con el argumento inmenso

Esférico

Altisonante

De sus pasiones

Espesor carnal

De sus ideas

Éxodo, caosmosis detenido

Vuelven las constelaciones

Sobre sus propios pasos

Desandando el laberinto

Lejanías contraídas

En su grito inicial

Incalculable gravedad atraída

De las emociones

 

Herida abierta en la desolación viajera

Donde brota la secreción oculta

Del vacío

Lluvia de lágrimas astrales rociando

Caravanas abrumadas de olvidos

Sobre los cuerpos exaltados

De los y las combatientes

Cuerpos constituyentes rebelados

Contra las escrituras estatales

 

Nada está transcrito

Todo se narra de nuevo

Extraños recorridos se tejen

Hilos de hebra emotiva

De las movilizaciones expelida

A corajes y fuegos fundiendo la arcilla

 

Los representantes

De la potencia social

Congregados en la ciudad

De los cuatro nombres

Ciudad blanca, de la Plata,

Charcas y Sucre

El nombre del libertador encarnado

Por decisión institucional culpable

En la urbe del valle habitado

Por nostalgias señoriales

Consternación de los siglos encomendados

Por los caudillos letrados

Tablas del nuevo Estado redactadas

En anhelantes rebeldes cabildos

Descifrando las tramas compuestas

Subversión de la praxis

 

Fueron dieciséis meses largos,

Intensos en sus deslizamientos

De glaciales en deshielo

En sus quiebres súbitos y dramáticos

Empujados a la agonía repentina

De la Asamblea Constituyente

Opuesta simétricamente

A Asamblea inaugural

De la república perdida

Entre las montañas colosales

De la cordillera poblada de conceptos

En la meditación insomne del Altiplano

Como amauta dormido

En la exuberante sensualidad de los trópicos

Promiscuos en sus trémulos entrelazamientos

De su vegetación intrépida

En los desparramados llanos interminables

Desplegando sus torsos y piernas exuberantes

Sus cabelleras largas de frutales

Y hojas medicinales

Recorridos por acuáticos pensamientos

Brotando en las atrevidas cumbres

Resbalando estrepitosamente

Por las quebradas laceradas

Descendiendo copiosos

Como vasijas desbordas de chicha

Hasta los valles fértiles

Internándose por la boscosa Amazonia,

Barroca y selvática

Para entregar sus relatos

Al océano de un azul cálido

Apaciguado por las caricias

De los vientos plateados de peces

 

Hombres y mujeres devenidos

De todos los cobijos

Investidos por sus historias locales,

Por sus memorias territoriales

Visibles de reconocimientos

Conquistados a golpes de martillos

Cantando sobre los yunques de hierro

Y brocas mineras de los socavones

Autoconciencias sonámbulas y dramáticas

Múltiples disonancias colectivas

 

Las lenguas del país se encararon

Confluyendo en su exégesis

Disertante de anacrónicas vestimentas

El país concurrió al encuentro

En su pluralidad diversa

Contrastes heterogéneos, dicotómicos

Saberes regionales,

Erudiciones urbanas y rurales

Estos hombres y mujeres

Protagonistas históricos entregaron

Todo el vigor de sus cuerpos

No tenían otra posesión a mano

Para responder al desafío delegado

Por las multitudes insomnes

 

Se amaron y se odiaron,

Se interpelaron, acusándose

Retomando la memoria oral

Transmitida por los padres y los abuelos

Peleando unos por retener la diseminación

Del cronograma añejo

Heredado de patriarcas otoñales

La muerte de los relojes

Peleando los más por enterrar al tiempo

Invento conquistador de las carabelas

Concibiendo en vez

Una sinfonía temeraria

Compuesta en un pentagrama

De varias capas

 

En Sucre quedó depositado

El ajayu de cada quien

La capital quedó marcada para siempre

Por la presencia tenaz

De estos delegados de los rincones

Y los territorios de espesores simbólicos

Estos hombres y mujeres

Quedaron marcados para siempre

Esta experiencia constituyente

 

Cuántas veces chorrearon lágrimas

Como tormentas incomprensibles

Cuántas veces estuvieron cerca

De golpearse

Enemigos jurados a muerte

Cuántas veces terminaron abrazándose

Amigos intempestivos de repente

Cuántas se vieron en las calles

De esa ciudad blanca

Ciudad albergue

De muchedumbres solitarias

Cuántas veces ya ahora

Recuerdan ese lapso crucial

En cualquier momento inesperado

De nostalgias desempolvadas

 

La mayoría hegemonizó la ocupación

Del espacio deliberativo

Impuso su presencia cobriza,

Sus leguajes plebeyos,

Sus modales rústicos,

Sus idiomas nativos

 

Las mujeres de trenzas largas

Como la memoria sideral

Hablaron primero

Narrando medio milenio de colonialidad

Mujeres recias, apasionadas, guerreras

Hermosas como la noche refulgente

Robustas en el trabajo del campo,

En la pelea, en la palabra presente

Después hablaron los hombres

De sombrero anacrónico

De ala ancha

Reteniendo en la perennidad la moda

De la década de los veinte

Hablaron asombrados de ser escuchados

Hablaron a punto del llanto

Apoyando la versión refulgente

De las mama t’allas

Hablaron ambos interminablemente

Como cascadas eternas de la cordillera

Convirtiendo a las palabras

En serpientes aladas

En serpientes luminosas

Estos hombres y mujeres

Substrato emotivo desafiante

De la inscripción de las letras

A compulsión de briosas fuerzas

En el texto inaugural

Del horizonte abierto

 

Han pasado años desde entonces

Su aliento quedó en Charcas

Removiendo la atmósfera incandescente

De los recuerdos

Su soplo ansioso

Brotado del remolino afectuoso

De los recurrentes climas curvados

Quedará allí para siempre

Virtualidad de una memoria

Construida con el escultor cincel

De las pasiones de plata y estaño

Y petróleo conjugado

De las rocosas experiencias

Sin signos ni nombres

Parte de sus vidas fue derramada

En la escritura del texto partero

 

No se puede interpretar la Constitución

Sin descifrar estos alientos al tropel

Hálitos emotivos de canciones desparramadas

En el reverberar de ciclos corporales

Ajayus desprendidos alegremente

Como mariposas en primavera

Sin interpretar asiduos

Las constelaciones del lenguaje

A partir de la vida derramada

Construcción del pacto político

Inédita trama dramática

En el estupor de los siglos

No se puede entender el texto inicial

Sin empeñarse en descifrar

Como artista musical

Las eclosiones corporales,

Los desgarramientos sentidos

No es posible entender la gramática

De agudo estaño

Transferencia mineral y somática

A las lechosas hojas

Donde quedó rasgada

La pronunciación normativa

Primordial, anterior a las leyes

Por eso es conveniente preguntarse

Antes de leer

No qué conceptos,

Sino qué pasiones

Plasmaron su huella

 

Si algún día

Se hace posible construir la utopía

Bosquejada en la Constitución

Se lo hará sobre el substrato

Arcaico de los volcanes

De este espesor de pasiones y vidas

Congregadas para escribir

La narrativa de un nuevo comienzo

 

 

 

 

 

 

 

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Potencia constituyente

Dedicado a los y las constituyentes

 

Marcelo

Conocí a Marcelo

Una noche curvada en la memoria

Del espejo cóncavo de la ciudad dormida

Donde se repite como sueño de estrellas

Y luces navegantes de tramas de abuelas

Como silenciosos barcos fantasmas

Olvidados en sus lejanos puertos

De silueta espigada

Como tallo radiante de maíz

En los copiosos sembradíos vallunos

De ojos resplandecientes

Como uvas de viñedo tinto

Semblante destacado

Como renacentista pintura

Orador prodigioso,

Como ninguno

Escultor de enunciados convocantes

Como capturados acogedores paisajes

Por cuadros de minuciosos pintores

De museos otoñales

Cuadros de bosques tumultuosos

Sonámbulos arboles vespertinos

De tímidas ramas verdes

Como el agua del atardecer

Y brisas de luces amarillas

Dejando fluir volcánicamente

El entrañable vigor del lenguaje

La interpelación tajante

Devenida del aquelarre rebelde

De las dramáticas contiendas

Lúcida convocatoria al pueblo,

Desde el tejido de vetas minerales

Y el tegumento de fósiles licuados

Al calor de las brasas

Convocando al arqueológico país

Rumiante de su interior

Huérfano y mediterráneo

Encajonado en sus montañas

Sin embargo, de intuición oceánica

Adivinando los acontecimientos territoriales

Diversos en sus espesores corporales

De entramadas corrientes vitales

De florestas, de ríos y de rocas

Ciclos de vientos, de lluvias y de cosechas

Haciendo substrato de recónditas pasiones

Contenidas en melancólicas composiciones

Canciones y romances corporales

Una noche clandestina

Alumbrada por la luna plateada

Y las luces de la ciudad emboscada

Por el oleaje lerdo de las montañas

Enjambre de luciérnagas de la hoyada

Donde como pequeñas dunas nocturnas

Del altiplánico desierto de fina arena

Se congregaron dirigentes campesinos

De mirar fijo y pómulos relucientes

Líderes mineros

De nombres célebres

En una casa cobijo

De ilusiones en acuarela pintadas

En un hogar inaugural

De recién casados

Allí refugiados los hombres cobrizos

Viejos militantes curtidos

En el transcurso de embates

Como oráculos hablaron

Escuchó atentamente a todos

Queriéndolos en sus voces

En sus modales plebeyos

Habló reposadamente

Como vuelo sigiloso de búho

Depositando su versión en la mesa

Reflexionada en el rumor transparente

De su cuerpo ágil y musical

Concluyendo como saeta lanzada

En la importancia de la vanguardia

Complicidad ardiente,

Aglomeración multitudinaria,

Empatía de certezas hendidas

En la piel y en la carne magullada

Nacidas en la intuición subversiva

En su mirar viajero

Cosmopolita audaz

Y lugareño inquieto

Mirada de largo vuelo

Hablaba convincente

Orador esculpido por cinceles letrados

Decía, descifrando espesas experiencias

Liberarnos de la opresión del imperio

Logrando una democracia luminosa

Pueblo insomne creador de Asambleas

Colectividad deliberativa y gobernante

Participando múltiple en la construcción

De la artesana decisión

Pedagogía colectiva

Hablaba con la cadencia de las aguas

Cristalinas de los ríos resueltos

Recuperar nuestros recursos despojados

Por manos extranjeras capturados

Nacionalizar el gobierno y el Estado

Eran las consignas empuñadas

Por un combatiente imperturbable

Salvaguardia de los arcanos del subsuelo

Su conducta y su palabra franca

Afable e intempestiva a la vez

Su devoción guerrera

Por la constancia y tenacidad

Su consagración fervorosa a la causa

Romanticismo encarnado, inscrito

Como poema humano de Cesar Vallejo

Llegó a seducir al proletariado cobrizo

De manos rigurosas,

Semblantes bronceados,

Pómulos destacados

Llevando en la boca el bolo del acullico

Conexión con la mancapacha

Profundidad insondable

Como océano habitado por sueños

De combatientes anónimos

Enterrados en las trincheras tristes

De la guerra del chaco

Y secretos míticos guardados

Donde duerme la memoria del planeta

Rutilante en sus rítmicas órbitas

Como estallidos del último naufragio

Donde el proletariado insomne

Marcha en el crepuscular horizonte

Como si fuese multitud desvelada

De erguidos centauros nómadas

Avanzando estoicos sin detenerse

Proletariado nómada

Ya formado en dilatadas

Inquebrantables luchas

Enjuició a dictadores

Poniéndolos como corresponde

En el banquillo de los acusados

Puso en evidencia

Sus ultrajes a la patria

Sus corrosiones vernáculas

Su violencia descomunal

Su sometimiento al extranjero

Sus ligeras e inauditas concesiones

De lo público y lo común

De los recursos agobiados

Tratados como trastos sin valor

Íntimos minerales despojados

De fulgurante vida

Entregados como desperdicios

A la angurria privada de los consorcios

Siendo pertenencia del pueblo

Y de los hijos de sus hijos

No le podían dispensar su osadía

Su raigambre manifiesto

Y amor al terruño de todos

No podían aceptar

Su integridad invulnerable

Ciertamente contrastante

Con sus ignominiosas conductas

No podían escuchar su voz aguda

Su elocuencia erudita

Su interpelación certera

Lo asesinaron

Obligándolo a morir

Como dice Cesar Vallejo

Matando al hombre,

Al esposo,

Al hijo

Al escritor,

Al artista,

Al combatiente

Cuando andaba cerca ya de todo

Según sentencia el poema

Tramaron su muerte

Desde su recóndito encono

Furia de patrones señoriales

Y de oficiales crueles,

De gendarmes

Y patriarcas otoñales

Aprovecharon rapaces al acecho

La eventualidad premeditada

De una reunión intempestiva

De la legendaria Central Obrera

Defensa improvisada a torbellinos

De inagotables esfuerzos

De la democracia confinada

Contra el golpe militar perpetrado

Lo hirieron de muerte

Clavando en su cuerpo varonil

La metralla implacable

Verdugos a sueldo

Sin máscara ni capucha

Se lo llevaron al Cuartel General

Teatro de operaciones de los motines

De los gobiernos de facto

Sostenidos en trémula complicidad

Por bayonetas caladas

Agonizando como caballo malherido

Contemplando el resplandeciente cielo paceño

Con ojos brillantes como la luna

Preguntando a la concavidad celeste

Lo arrebataron ante la mirada estupefacta

De los compañeros leales

Hasta la muerte

Carlos Flores, dirigente estudiantil

Interpuso su cuerpo entero

Como eclipse de sol o de luna

Arriesgándolo todo valientemente

Para siempre

Una mañana paceña orillando el medio día

Recibió también la inclemente metralla

Quedando tendido mortalmente

En la eternidad del instante

A la hora del fuego, al año del balazo

Como a Pedro Rojas

Solía escribir con su dedo grande en el aire

¡Vivan los compañeros!

Quedando su sueño acostado en la piedra

Forjada por parábolas perpetúas

Deslumbrantes alboradas y crepúsculos

Acumuladas en la dureza esférica

De la azulada tierra

Acostado para siempre

En la acera ensombrecida del Prado

Dejando el cadáver lleno de mundo de Carlos

Se llevaron a Marcelo

Para descargar su furia y sus miedos atroces

En el cuerpo martirizado del héroe

No encontramos ni sus huesos

Tampoco su sombra memorable

Ni sus vestigios perdurables

Ni su huella inscrita en el aire acongojado

Hasta ahora

Nadie responde por el crimen

Nadie responde por la sangre derramada

Romance sacrificado de la muerte

Un silencio cómplice de gatos pardos

Encubre la medrosa hazaña

Amparados los homicidas

Por las componendas furtivas

De los cuarteles con el Palacio quemado

Amparados los lóbregos verdugos

Impávidos meticulosos torturadores

Por una tutela prolífica en demagogias

Sólo nos queda

Recordarlo en su gramática fecunda

Encontrándolo de nuevo

En su pasión por el substrato

De espesor mineral

De nuestra procedencia

Prosiguiendo su arquetipo

Inscrito como huella perdurable

La abnegación vehemente

La perseverante interpelación

A las máscaras del poder

Y a sus ocultos talantes mordaces

Continuando su lucha

Por los recursos vitales

Sin creer en la retórica populista

Presunción embustera

De la nacionalización efectuada

Cuando dejaron en el camino

Su consumación venidera

Recordar a Marcelo

Su rostro anguloso desafiante impulsivo

Su mirada escrutadora

Navegante conceptual

Su manera afable de dirigirse

A los compañeros de combate

Sus gestos audaces,

Sus rasgos inscritos

En el rostro expresivo

Gramática de sensaciones volátiles

Trama de la narración dramática

de nuestra historia insurrecta

Juan el anarquista

Fue en el café universitario

Donde nos conocimos

En tiempos aciagos como condenas

Sembrados en surcos por derrotas

De ciudades ocupadas por cuarteles

Como periodos de persistente sequía

Persecuciones repentinas

Y cárceles desbordadas

Cuando los gobiernos de turno

Se sostenían forzadamente

Sobre el tumulto helado

De las bayonetas caladas

Hablabas recordando soñadoramente

A los oradores de plazas

Con voz aguda y timbrada,

Sonido de violín fino

En las Cuatro estaciones de Vivaldi

Argumentabas recordando

Al filósofo implacable del ágora

Destructor de ateridas certezas

Desde los libros desentrañados

Con la avidez de alquimista

Descifrador de signos encriptados

En incansable hermenéutica

De la huesuda coyuntura

Desde la historia asumida

Como memoria insondable

Ecos reiterados de las cavernas

Memoria a-gramática de los cuerpos

Expuestos y vulnerables

Inscripción de huellas lejanas

Herencia de siglos de luchas

De los condenados de la tierra

Me conmovió tu pasión,

Tú entrega fogosa

Como brasa, volcán incandescente

Precipitada proliferante por los suelos

A cada fonación entonada

De las palabras amotinadas,

Analíticas, como filudas agujas

De costureras minuciosas

Artesanas de vestimentas viajeras

Que por siglos perduran desafiando

A la conspiración del tiempo y del olvido

Críticas, como ráfagas de relámpagos

Que iluminan el corazón de la oscuridad

Alumbrando la pluralidad escondida

En las entrañas de la concavidad nocturna

Parecías estar hablando desde tu ímpetu

A los nostálgicos moradores eternos

De las remembranzas vespertinas

A las revueltas intempestivas

Como sueños de vírgenes deseadas

De las asonadas incesantes

Te estimo tal como eres

En tu intrepidez soñadora

En tu fe en los libros heterodoxos

En los tenaces albañiles de ideales

Como castores de diques inmensos

Represas acumulando el agua cristalina

De los brillantes ríos turbulentos

Convocados para bañar con sueños

El cuerpo emancipado de la nación insurrecta

Del discurso efervescente nacional-popular

De Sergio, figura solitaria escrutadora

Del drama del estaño y del petróleo

Escritor del réquiem para una república

El investigador sin sueldo

Al servicio de la patria

Defensor de los recursos naturales

Guerrero de la soberanía ultrajada

Eres el militante absoluto

Entregado a la causa emancipatoria

Tus huesos están para eso

Tus sangres,

Tus órganos,

Tus conceptos

Están dispuestos

Para el combate

No hay otro sentido en el universo

Sino el dado por la rebelión

La libertad de evadirse

De toda captura institucional

Me regalaste la Esperanza de Malraux

Estaba ahí la narración espesa

Del acontecimiento pasional

De un pueblo indomable

Escrito como novela reveladora

De la orbital aventura humana

Por un aviador bombardero

Por un novelista de las revoluciones

Por un espíritu galo aventurero

Defensor de la república desgarrada

Debatiéndose entre la libertad total

Y el fascismo patriarcal sacerdotal

De los herederos terratenientes

De las exigentes iglesias,

De las fraternidades masculinas

Debatiéndose la libertad de manantial

Pregonada en laboriosa textura

De exposiciones lúcidas como el amanecer

Depositándose en montañas todavía dormidas

Y en llanuras y valles destapados

Por las caricias de luces fulgurantes

Como coros de golondrinas tumultuosas

Exposiciones fogosas convocantes

Por las comunidades anarquistas

Entre la continuidad

De la democracia formal

O el desborde creativo

De las pasiones ibéricas

Una vez,

Apoyando a Marcelo

Con un colectivo reunido

En la encrucijada de recorridos

De jóvenes experiencias clandestinas

Blandiendo un periódico llamado Pututu

Intrépido vocero de lucha

En la reflexiva explanada andina

Rodeada por los rugosos nudos

De la estruendosa vasta cordillera

Osada desafiante del cielo celeste

Desnudo abierto a los susurros insinuantes

De poblacionales libidinosas luces

Subimos en grupo rebelde

A la ciudad migrante de El Alto

Llevamos cinco centenares de ejemplares

Volaron como tropel de palomas

En azulada bóveda abierta

Te subiste con agilidad felina

A una caja de madera de manzanas

Desde allí hablaste, orador romántico

Como en películas de Bernardo Bertolucci

Sin pretender ningún protagonismo

Era tu circulante pasión

Por los acontecimientos repentinos

Inaugurando nacientes épocas

Con la palabra intempestiva

Con el gesto arronjado

Mitos de los rebeldes iconoclastas

Como si la historia respondiera

A la apoteosis de la plebe

Al corazón vehemente de los poetas

Como si la historia emergiera

De los poros sedientos

Emanación embriagante de ansiedades

Surgiera de la piel lisa

Efluvio creador de atmósferas

Y climas libertarios

Nunca dejaste de exponer febrilmente

Entregando el cuerpo en cada frase

Cimbreante, como serpiente alada

Sacando generoso la voz erudita

Desde el fondo vital

De las entrañas metálicas

Despejando la pálida niebla

Como radiante antorcha luminosa

Como luz incandescente y matutina

De las entrelazadas tramas humanas

Nunca dejaste de ser militante total

De creer en la fuerza de las multitudes

Del desvelado proletariado nómada

De las comunidades ancestrales

Nunca dejaste de confiar

En el ímpetu evocativo transparente

De las palabras sinceras

Nunca dejaste de ser la consagración

Cíclica de la revuelta

Hay pocos como tú

Otros se creen predestinados a dirigir

Como caudillos imaginados

Y mandar como autoridades ungidas

Convierten a la revolución en la peregrina

Idea del poder crepuscular

Convierten las luchas de las multitudes

La victoria de los pueblos amotinados

En un antecedente impetuoso

Del chirriante Estado renovado

Propagan el poder en decadencia

En vez de destruirlo

Hablan como burócratas o demagogos

Justifican todas las infamias

Con argumentos realistas

Minimizan el drama

Recurrente de las contradicciones

Evidentes como las piedras quietas

De los incesantes ríos cristalinos

Callan los inocultables contrastes

Perfiles adversos dibujados

A la luz ineludible del medio día

Entre el paradigma y la realidad

Hacen denodados esfuerzos

Por convencer a pesar de la discrepancia

Entre la voz de montaje y la acción reiterada

De las dominaciones de siempre

El discurso burócrata dice

Está en marcha la revolución

Solo los ciegos no pueden verla

Solo los conspiradores la niegan

Solo los renegados critican

Estos pragmáticos no tardan en repetir

La ruta serpenteante de la decadencia

De las renovadas castas dominantes

No tardan en mostrar las mismas conductas

Dibujadas por premonitorias manos

De los últimos chamanes

Figurando el derrumbe ético y moral

De los gobernantes perpetuados

Condena de la Ley escrita

Por los vencedores

Obligados a actuar

Siguiendo el libreto

Trama redactada como copia

Desde la antigüedad despótica

Por las hilanderas de la luna

Tragedia mitológica transferida

Drama trivial del dominio

Deseo fálico

De los estériles

Temerosos de la potencia social

Del debate generoso y controversial

De la polémica recíproca del pueblo

Monjes melindrosos escudándose

En la representación austera

Ficción dramática moderna

De la encomienda de consentimientos

Como musgos adheridos a los troncos

O alambradas oxidadas de púas

Impidiendo por ocupación burócrata

El autogobierno de la sociedad

Fabula imaginando la infancia

Imborrable del público

Haciéndolo eternamente dependiente

De patriarcas otoñales

Guerrero constante

No dejas de movilizarte

De formar gacetas de reyerta

Conformar grupos activistas

Componer minucioso, artesano ácrata

Como los escritores de manuscritos

Del pródigo siglo de las luces

Tienes una versión escrutadora

De la formación boliviana

Lucidez demoledora de narrativas oficiales

Destructora de viejos escudos

Desveladora de máscaras de carnaval

De las festividades burlescas

De la pretensiosa política oficial

De ostentaciones aparatosas

Te gusta ir a la nuez

De los problemas

A partir de ese núcleo

Construir un relato propicio

Dispositivo de batalla

Lo importante de la teoría

No es tanto su verificación

Sino su facultad alterativa

Tu qamasa inquieta

Es la de los nómadas

Destructores de imperios

Leí uno de tus poemas

Talento heredado de la madre poetisa

Alegoría de la guerra inicial

Anterior al estallido inaugural

Creador de universos fugitivos

Metáfora del combate implacable

Entre el ángel y el demonio

Sobresalía por la prolijidad metafórica

Parecida a la de Hölderlin

El ángel se defendía valientemente

Con todas sus fibras francas

Sin embargo,

La embestida agresiva,

Incansable y temeraria

Cruel del demonio

Terminó venciendo la resistencia seráfica

El ángel cayó derrotado,

Abandonado a su suerte

Esperando en el suelo

La estocada final

El demonio se acercó arrollador

Embadurnado de reciedumbre

Se aproximó ardiente al ángel

En vez de estocada final

Le dio un beso erótico

Posesivo,

Profanador

Esta fue la derrota lapidaria

Del ángel vencido dos veces

No sé porque no publicaste tus poemas

Bastaba acaso quizás

La poesía elocuente de las proezas

Gramática efectiva de las sublevaciones

Material reverberante de las emociones

Multitudinarias de la plebe insomne

Intuición exhaustiva pasional

Del acontecimiento perpetuo de la vida

Épica rememorada en las hazañas plurales

De los pueblos barrocos

Derrumbando antiguos baluartes

De las otoñales dominaciones

Escribes dedicado, artista desconocido

En el cobijo de noches de insomnio

En la espontaneidad de las inspiraciones

Lejos de cualquier pretensión de fama

Menos para la cofradía de lectores cultos

Escribes no para consagrarte

Ni en los escaparates mediáticos

Ni en las instituciones celebratorias

Sino como parte de tus corrientes sanguíneas

Extendiendo tus manos afectuosas

Como ceremonia alegre de una danza

Encantadora, febrilidad musical, pasos

Traviesos como notas de piano

En esa escritura hendida en la carne

Como arma de lucha

Para ti la poesía es apoteosis auténtica

Potencia destructora de castillos imperiosos

Y palacios quemados cientos de veces

Potencia creadora como el primer estallido

Inaugural del universo divagante

Transformación permanente repetida

Como devenir enmarañado de las plantas

De los bosques y selvas resistentes

El devenir,

La metamorfosis

La transvalorización de los valores

No te aprecian las cofradías cultas

Las corporaciones políticas

Las grises instituciones

Son los jóvenes rebeldes

Quienes te siguen

Te escuchan en aguda inspiración

Del oído sensible y de la vista viajera

En la intimidad de la atmósfera libertaria

Deliberan alegres contigo

Con afecto y sin jerarquías

De ninguna clase

En colectivos sin jefes ni centralismos

Arborescentes en su artificialidad de mandos

Conspirando como los anarquistas de antaño

Contra los polimorfos armazones tristes

De señoríos sosegados

Otros jóvenes vienen

Como la consagración de la primavera

Mañana apreciaran tus trayectorias intensas

Tu vida derrochada,

Gasto heroico

En el viaje intrépido navegante

Espesor de órganos intérpretes

De mundos concurrentes al galope

Mediante los códigos sensibles

De la piel elocuente como canción

De albas y crepúsculos conjugados

Es toda una pedagogía política

Estas rutilantes líneas de fuga

Como rebaño de caballos liberados

Y tropel de vicuñas orgullosas

Escapando de las capturas institucionales

Amas la vida

Por eso dejas fluya intensamente

No ocultas tus pasiones

No guardas tus pensamientos

Desbordas con la elocuencia

Aunque no dejes hablar

A veces

Te emociona el curso

De la pronunciación amotinada

Cuando escuchas silencioso

Lo haces apreciando sentencioso

Cuánto hay allí de crítica

En las palabras lanzadas

No concedes ni las más mínimas reticencias

Conservadurismos recónditos

Hasta en los discursos sediciosos

No eres hombre de los medios

Extravagantes maquinarias bullangueras

Despojadoras inocuas de lo común

Maquinas productoras de artificios

Superficies vacuas sin sentido inmanente

Autómatas porfiados en la fama provisional

Para ellos es lo único reinante

Tu existencia elocuente

Es inscripción en el espesor del territorio

Huella en las densidades de la memoria

Durará como anagrama por siglos

En tanto la fama postiza mediática

Solo sirve para edulcorar egos narcisos

Vacantes, ocupados por cualquiera

Sin corpulencia afectiva

Solo sirve a la farándula publicitaria

Banal de la prensa cotidiana

Amigo, hermano guerrero

Me acuerdo de ti

Rememorando en tus gestos

Las historias olvidadas

De los y las combatientes enterrados

Por madres llorosas como lluvias

De largo otoño copiosas

Hojarasca de bibliotecas destruidas

Cuyas emociones atmosféricas

Se convirtieron en densos climas

En corrientes de aire

En corrientes de agua

En humus de suelos

En ciclos recurrentes comprometidos

Brotaran nuevas generaciones batalladoras

En la guerra interminable

Contra los alcázares absolutistas

Contra los sacerdocios de todo tipo

Eunucos custodios de la verdad

Sin embargo,

Fortalezas y sacerdocios

Incapaces de detener

El devenir impetuoso de la vida

Félix Santos

Félix Santos

Aymara de Aroma

Fruto de semilla cultivada

Por siglos insistentes

Fundador del katarismo

Canción de piedras y de vientos

Repetidos a pulmón por las zampoñas

Hombres y mujeres bronceadas

A fuego regalado en ráfagas

Por el astro Inti, deidad andina

Y curtidos a soplo de la brisa helada

Convocados por la serpiente luminosa

Serpiente alada aposentada en cumbres

Nevadas, lágrimas plateadas de la luna

Y estrellas hechas trizas por excesivo encanto

Su polvo de recuerdos depositado en blanco

Poncho extendido sobre las musicales curvas

De la excelsa muralla de la cordillera inquieta

Propósito político forjado a martillazos

Despertando en los yunques fraguados

Fantásticos sueños de llamas y de alpacas

Emanados cuerpos profusos minerales

De los proliferantes archipiélagos andinos

Efluvio intranquilo culto y civilizado

En la segunda mitad del ciclo luminoso

Como equilibrio fugaz del medio día

Y la media noche de las constelaciones

Del camino marcado por la euforia lechosa

Brotada de los senos voluptuosos y lúbricos

De estrellas precipitadas al abismo

En la gravitación de las memorias

Recuperadas en las cavernas de la nada

Del siglo ultimatista

Que gritaba arronjado

¡O todo o nada!

Félix Santos

Dirigente campesino

En los escabrosos años

De las décadas perdidas

En la agonía filuda de bayonetas caladas

Contraste belicoso con el tinku comunal

Mas bien, pugna entre cóndores y leopardos

Complemento y choque del cielo y de la selva

Tocando en la atmósfera el fondo del volcán

Años abrumados de resistencias tercas

En repetidos combates permanentes

Contra las dictaduras condecoradas

Por las muertes sin nombres

Y las calaveras clamando como luces

Perene memoria golpeando las puertas

De las casas de amigos y parientes

Félix Santos

Incondicional del ajayu,

De la qamasa compartida

Pasaste como vuelo de gaviotas en el cielo

Y como estampida de vicuñas en la apacheta

Dejando el recorrido duro de tus pies

En la tierra abierta en surcos

Para la siembra y la cosecha

De tubérculos sumergidos como topos

Enrollados de invierno

Profesamos el retorno cíclico

Como bucle de luz navegante

Mirándose curiosamente la espalda

Como dragón mordiéndose la cola

Retorno curvado al Ayllu

Comunidad de entretejidas moradas

Como tupidas enredaderas de alianzas

De humanos y plantas

De humanos y vicuñas

De humanos y fuerzas vitales

Ciclos de luz y aguas de plata

Lágrimas de luna

Territorios espesos guardados

Como caldo suculento de humus

Y de ritos creativos

En las rotaciones de la tierra

Y descendencias consanguíneas filiadas

Por las musicales sangres

Alianza complementaria

De markas y de suyus

Encomendamos nuestros cuerpos

Sus anhelos y suspiros conjugados

A la profusa voluptuosa pachamama

Ensamble como símbolo partido

Encajando de nuevo en encuentros furtivos

La academia moderna y las comunidades ancestrales

Haciendo compartir en espontaneo juego

A los jóvenes de la ciudad y del campo

La tierra y la utopía

Entusiasmo por lo alterno

Pasión inexplicable por la alteración

La pelota de futbol, la cancha improvisada

Arquitectura comunitaria adecuada al retorno

A la meditación insomne del Altiplano

Al perfil raso de los cerros,

Apus vigilantes de la puna

Recuerdo tu dirigencia tenaz

Tu compromiso temerario

Después de la masacre del Valle

Consumando un bloqueo de caminos

En la apacible ciudad india de Lahuachaca

Apoyando a los jilatas y a las qullacas quechuas

Del pródigo valle de Cochabamba

Te hostigaron por esta proeza

Temeraria como las envolventes hazañas

Sitiando ciudades somnolientas

Siguiendo el ejemplo de tus antepasados

Cuando se quebrantaba como rama desprendida

El blando cordón umbilical de las instituciones

Atado patrimonialmente por los republicanos

Entre los hombres y mujeres del campo

Aymaras, quechuas, urus y chipayas,

De los distintos pisos de tierras altas

Que respiran la diseminación de los luceros

Guaraníes, moxeños, guarayos y chácobos

De los distintos afluentes de tierras bajas

Que respiran la condensación oxigenada

De las narrativas vegetales de los bosques

Roto el burocrático cordón umbilical

Con el subalterno Estado boliviano

Anulando repentinamente en la sublevación

El forzado pacto militar-campesino

Anulando como canción de vendaval

Las huellas lejanas de la conquista

En la irradiación rebelde

Aboliendo en el acto

El pacto nacionalista afincado

Desde la incursión activa

De la inconclusa reforma agraria

Anulando la historia inscrita en la piel

Como corrientes de ríos desbordantes

La paradoja señorial

Jilatas y qullacas sembraron en la tierra

La pronunciación hermética de las piedras

Emergiendo de las entrañas minerales

Y de muchedumbres de raíces sedientas

La magmática convulsión de los Ayllus

Levantamiento originario insurgente

Llevando el nombre recurrente

Del descuartizado héroe refulgente

En las planicies de Peñas

Pronunciamiento rumoroso nativo

Como variedad agitada proliferante

De capsulas de tubérculos nutritivos

Alzamiento de órganos compulsivos

Y voces intérpretes del pasado

Composición descolonial de los cuerpos

Sinfonía de multitudes cantoras

Plasmando la consigna lanzada

Como rayos intempestivos de tormentas

Del guerrero comunal naciente

De las entrañas minerales de la tierra

Y volátil en los aíres transparentes

Del cardinal Qullasuyu

El legendario Tupac Katari

¡Volveré y seré millones!

Se concentraron, desemboque de afluentes

En confederación de pueblos tejedores

En la cuna de Julián Apaza

Pueblo insurrecto de Ayo Ayo

Comprometiéndose en pacto de sangre

En la reiteración obstinada

En la continuidad vinculante

De la antigua guerra inconclusa

Anti-colonial de los achachilas

Hombres y mujeres rudas,

De ponchos y polleras lugareñas

De chullos y sombreros de ala ancha

Anacrónica perennidad de vestuario

De la década de los veinte

Mujeres alegóricas como danzas ceremoniales

Reiterando apoteósicamente sus notas corporales

La transgresión irruptora de Bartolina Sisa

De inmensas trenzas largas

Como las canciones milenarias de las galaxias

De las noches embriagadas de ensueños

Atiborradas de constelaciones lúdicas

Hombres y mujeres cobrizos como el verso

De Cesar Vallejo el trovador insomne

Consagración ceremonial de los órganos

Minerales vivos de los socavones iluminados

Por la oscuridad sin espacio ni tiempo

Pómulos salientes como en las pinturas

De Cecilio Guzmán de Rojas

Alumbrando el entorno agitado

Pasiones fulgurantes despertadas

De su sopor y largo sueño

Irrupción de pututus de guerra

Y wipalas enarboladas en el horizonte

Como alborozados y flameantes arcoíris

Emplazados en la emergencia

De la convocatoria de los cuerpos

Memoria larga de los ciclos

Del agua y de los suelos devenidos

Convocados a bramido de pututus

Por las voces pasmadas

De los legendarios muertos

Declarando la guerra renovada

Al vetusto Estado republicano

Continuación colonial de la conquista

Félix solía hablar pausadamente

Amar la quinua real

Frondosa y violeta como nota

Primordial del amanecer

Acompañada suavemente

De manchas blancas de acuarela

Pintada por la brisa y el frio

Sembrada en Culli Culli

Solía acompañando al viento

Caminar con sus invulnerables piernas

De afable hombre fornido

Reír suavemente como brisa matutina

En conversaciones despreocupadas

Solía meditar en la montaña

Desvelado como insomne amauta

Por el destino de los jóvenes

A quienes dedicaba

Con afecto cultivado por las lluvias

De aguas de las nubes

De luces de reluciente sol

Su tiempo y sus charlas gustosas

De mirada firme y convicciones labradas

Dedicó su vida entera

A la acuciosa dirigencia sindical

A la promoción escrupulosa

De paladines iniciados

A la siembra, al cultivo,

A la cosecha de los tubérculos

De la tierra tercamente fértil

A querer a sus hijos,

A amar tácitamente a su mujer,

A almorzar entrañablemente

Con los suyos,

A celebrar cordialmente

Con los amigos,

A contemplar la vida

Con ojos generosos

Alegrándose, travesura colorida,

Muchedumbres de alborotadas mariposas,

Un poco por sus hazañas

Entristeciéndose otro poco

Por el menoscabo de corolarios

En fin,

Tasando la biografía

De manera optimista

Lo dejó en la opaca penumbra

La expiración temprana de la pareja

Mama t’alla de toda la vida

Quien acompañó su aventura

De este viaje de retorno al Ayllu

Cuando se llega a la edad de la razón

Quedamos irremediablemente yermos

Como lejanos paramos abandonados

Escoltados en caravanas de recuerdos

Por nuestros fantasmas cenicientos

Melancolía de pálida niebla

Viene de lejos custodiada

Por la filuda desdicha

Los achaques rebosan

Proliferan bochincheros

Como insectos porfiados

Uno de ellos

Se convierte en el padecimiento

Excavador del organismo

Destruyendo toda vitalidad

Es ese, el más testarudo,

El ángel sombrío

Encomendado de remolcarte al viaje

Inescrutable sin regreso

Félix Santos

Después de haber vivido tanto

Después de haber luchado

Otro tanto

Después de haber mirado

Con ojos de búho nocturno

Y de vigilante águila diurna

Tantas veces los albores anaranjados

Tantas veces los crepúsculos ensangrentados

Después de haber visto

En la pantalla de la experiencia

A tantos gobiernos

Como ferias de carnaval

Al inicio de sus gestiones prometidas

Después como carrozas fúnebres

En la clausura de sus gestiones no cumplidas

En su diversidad repentina

Después de haber comprobado

En sabia ponderación de sus decursos

Todos terminan pareciéndose

Pues son engranajes de la misma maquinaria

Chirriante como locomotora veterana

Del mismo reiterado pavoroso poder

A pesar de sus matices y diferencias

Félix Santos

Después de haber amado tanto

Tener amigos entre los conocidos

Enemigos entre los desconocidos

Deja su inscripción honda

Como huella indeleble

En el espesor de la memoria

En el hálito acorazonado del tiempo

En la atmósfera pura como pensamiento

De intocables vírgenes soñadoras

Del Altiplano inmenso

Deja su huella indeleble

Como estela lumbrera

Dibujando con sus ásperos dedos

Artísticamente la trama secreta

Del destino inventado

Caminos de herradura

Como senderos de acequias

Y recorridos constantemente repetidos

Por pesuñas de rebaños perseguidos

Todos van al mismo lugar

Enunciado hierático de los sabios

Y las adivinas escondidas

De largas experiencias registradas

En los troncos y en las arrugas

Lo importante es vivir

Manteniendo el fulgor ardiente

De la esperanza bañada

En agua de las alondras

De las comunidades ancestrales

Viajeras de la inventiva memoria

Afincándose en el espesor

Del eterno presente

Mi amigo Tano

Una mañana bañada por la lluvia solar

Caricia copiosa de luces encendiendo los colores

De la ciudad amante de la cordillera

Salimos a encontrarnos con la marcha minera

Y el desfile fabril de los trabajadores

Fue un primero de mayo

Quinto mes del año abatido en el circuito

Encandilado por el sol alborotado

Conmemorando en marchas de overoles

Y de estandartes por fábrica,

Por laburo y gremio

La masacre de Chicago

Repetida y perpetrada como venganza y castigo

Blandiendo el peso de su Estado

El alargado régimen capitalista

Contra los guerreros anarquistas

Quienes se rebelaron con todos sus órganos

Y circulantes sangres rojas

Contra la explotación absoluta

Del fantasma equivalente general

Dios oro de la burguesía dominante

Salimos en la mañana adolescente

Vestida como para una feria

Acompañados con la bohemia del amigo Tano

Llevando soberbias banderas negras

Fue de los primeros sombríos años

De la panóptica dictadura militar

Despiadada impuesta a sangre y fuego

Frente a un desvelado pueblo ilusionado

Al repetir terca y cíclicamente

Su indómita prolija rebelión

En un esbozo de carbón sobre piel

Haciendo de papiro emocionado

Asamblea Popular, comuna inmensa

Emergiendo de los socavones clausurados

Y de los surcos de papas melancólicas

Subversión de la praxis

Contra la historia, la realidad y el poder

Contra la oligarquía señorial

Autogestión, cogestión y consejos populares

Los obreros conmemoraron su día

Como todos los años repetidos

En su letargo o en sus imprevistas sacudidas

Recordando a los caídos de la lucha de clases

Guerra de los cuerpos contratados por el fetiche

De fragmentadas bochornosas mercancías

Trayectorias de luchas inolvidables

Por las hazañas heroicas humanas

Retomando el valor inconmensurable de la vida

Contra la abstracta contabilidad de las cantidades

Sin espesores, sin sangres, ni cuerpos

Recorridos entrañables de la memoria

De los condenados de la tierra

Llegamos a la Plaza San Francisco

Donde está la iglesia de piedras cenicientas

De la congregación de monjes descalzos

Allí mismo en su espacio adoquinado

Como coraza pétrea contra el tiempo

Se concentran periódicamente los sindicatos

Cuando la marcha pasaba sigilosa

Cantando estribillos acostumbrados

Nosotros, adolescentes matutinos

Sin ningún instinto de sobrevivencia

Sin miedo a la muerte y sus fantasmas

Enarbolando soberbias banderas negras

Gritamos como cantan los trovadores

Al lanzarse a la conquista del amor

De unos ojos gitanos voladores

Y de un dibujado suave rostro

Amasado en quinuas y cantutas

Gritamos iniciando la sinfonía de coros

¡Los obreros al poder!

Sorprendida como en lluvia repentina

Después de la piedra tirada al estanque

Una multitud de voces retomó la resonancia

Crepuscular del fuego

Prendido por anarquistas asesinados

Por cuchillos empapelados

De la burocracia gris

Del Estado al servicio del capital

Gritando estruendosamente lo mismo

Convencidos de lo que sentían

En lo profundo de su carne expoliada

Saliendo el grito desde adentro

Desde su íntima morada pasional

¡Los obreros al poder!

Quedamos sorprendidos como niños traviesos

Que después de la diablura se asustan

De sus ramificaciones desencadenadas

Ante esta apoteósica voz multitudinaria

Como sinfonía colectiva contestataria

Proletaria en su espeso cuerpo magullado

Remontando proliferante en la atmósfera

Ocupando nubes solícitas el aire

Y arrebatando el cielo por asalto

El principal dirigente de la Central Obrera

Propagó el inmenso grito del proletariado

¡Los obreros al poder!

Los encorvados comisionados de la dictadura

Militantes decrépitos como roperos desvencijados

Del descompuesto movimiento nacionalista

No pudieron controlar el desborde prodigioso

De los multitudinarios trabajadores

Que alegres y provocativos cantaban la consigna

¡Los obreros al poder!

La pronunciación clara y categórica

Como la desnudez metálica del estaño

De la legendaria tesis de Pulacayo

Quedamos complacidamente anonadados

Ante la espontaneidad deslumbrante

De la palmaria consigna asumida

¡Los obreros al poder!

Los dictadores fueron vencidos

A pesar del peso descomunal de las armas

De la otoñal dictadura

El general Banzer fue derrotado

En la Plaza San Francisco

Plaza de los monjes descalzos

Y del proletariado desarrapado

Un primero de mayo,

Día del proletariado internacional

Dos adolescentes matutinos

Con sus soberbias banderas negras

Desplegadas como canción de olas

Y música esférica de ondas

Quedamos asombrados, impávidos

Ante el desborde tumultuoso de las voces

Que volaron como cóndores hambrientos

Por el cielo celeste acongojado

Las miradas perplejas adolescentes

Volaron como mariposas primaverales

En el seco clima paceño

Ante este acontecimiento de cuerpos abultado

De multitudes copiosas sobresaltadas

Felices de desencadenar nuevamente el grito

Contenido en los cálidos pechos

De las creativas muchedumbres obreras

En principio aparentemente rendidas

En un agosto aciago de 1971

Ese otro día, primero de mayo

Como merecido resarcimiento intrépido

Destronamos todos a la dictadura,

A pesar del peso de sus armas

Otro amigo, de acero templado

Sin soberbia bandera negra desplegada

Ocultando su soberbia bandera roja,

Sin embargo, queriendo como nosotros

Extenderla radiante y primorosa

Recordando a las revoluciones rojas

Como alboradas sociales y crepúsculos políticos

Se acercó a nosotros disimuladamente, sigiloso

Nos dijo deberíamos guardar los soberbios blasones

Convendría tener siempre precauciones

Como hermano mayor nos protegió

Con cariñoso afecto y tierna solidaridad

Usando los orgánicos procedimientos

De andino bolchevique en clandestinidad

Los tres, como silogismo corporal

Dos changos anarquistas y un joven bolchevique

Nos fuimos deslizando como agua de lluvia

Por la adoquinada avenida Mariscal Santa Cruz

Después del grandioso evento imprevisto

Insólito en su ritmo compuesto de aleteos

De bandas de palomas azoradas

Un día de azul abierto

Mientras los cóndores

Como mallkus enardecidos

Aleteaban contra las ondas

Intangibles del torbellino

De la concavidad ardiente del cielo

Batimos una mañana, un medio día,

A la otoñal dictadura militar

Compartimos fraternalmente

La intrepidez anarquista

Y la sensatez comunista

Hoy recuerdo a mi amigo Tano

Ya no está con nosotros

Fue como fue,

Apasionado e inorgánico

Desplegando soberbias banderas negras

También recuerdo a mi amigo Fidel

Fue como fue,

Clandestino y orgánico

Lo sigue siendo,

En su reflexión profunda

En sus responsabilidades humanas

Habiendo dejado su huella

En una universidad recuperada

De las camisas blancas huestes fascistas

Habiendo dejado su perdurable rastro

En la hilada vinculación tejida

Entre el cobrizo proletariado minero

Y los flamantes estudiantes consagrados

A la resistencia tenaz y voluntariosa

Desde un andino partido bolchevique

Propugnando la guerra prolongada

En las tierras custodiadas por la cordillera

Desde la espontaneidad intuitiva y subversiva

Activando la canción libertaria de las comunas

Tano era bohemio,

Con ojos descomunales

Inmensamente negros

Como todos los gitanos

Brillantes como el ritmo fogoso del flamenco

Cabellera vasta como sus aspiraciones

Botas manifiestas a la usanza alquimista

Inventores conspicuos de la piedra filosofal

Acullicador nocturno,

Actor de teatro

Amante de los recovecos

De la dilatada noche

De La Paz de las concordias

Ciudad acurrucada como niña

En los nudosos brazos

De las lerdas olas de la cordillera

Amante de los placeres de la noche

Así como el mismo corazón poético

Del noctámbulo Jaime Sáenz

Ya no está con nosotros,

Pero sigue todavía

Como el viento de Van Gogh,

Con el molino desaparecido

El molino ya no está, pero el viento sigue todavía

Las soberbias banderas negras siguen desplegadas

En todos los primeros de mayo

Cuando el proletariado grita

¡Los obreros al poder!

Expectación, a pesar de todo

Dedicado a los hombre y mujeres del pueblo

Tú, hombre y mujer del pueblo

De ojos curvándose en el aire

Mirando la cadencia de la temperatura

De las cosas que pasan como estaciones

En el largo recorrido de los trenes

En las tareas repetidas del día

Como relojes inexactos no de horas

Sino de voluminosos actos apagados

Machacones en su forma y ritmo

Y en los sueños olvidados de la noche

Que solo nos dejan al despertar su fragancia

Reteniendo las imágenes en las cavernas

De la escrupulosa memoria retraída

Tú, hombre y mujer de estaño

De una comunidad con nombre

O de un barrio con recuerdos

De la ciudad donde llegaste un día

Para hacer en algún sitio tu hogar

Tú, hombre y mujer de corazón grande

Quien todavía tiene sosegada confianza

A pesar de todo lo ocurrido

Quien no quiere creer de todas maneras

En el desmoronamiento de los mitos

En el crepúsculo de los caudillos

En la fatalidad inscrita en el poder

Quien considera los deplorables episodios

Con el optimismo de la voluntad paciente

Como gota orando la piedra perdurable

Dices después de todo han cambiado

Los colores de los celajes reflejados

En las abatidas piedras de la plaza de armas

A pesar de las herencias del pasado

Certeza contemporánea

Como las fechas del calendario

Ésta, la de pesar en la balanza

Tu situación pasada y presente

Cuando registras el alejamiento

De hechos sin control

Cuando no se te tomaba en cuenta

Ni como remota alusión

En relación a los discrecionales lapsos

Cuando se adjudicaba dócilmente todo

A los inverosímiles consorcios imperiales

Al fetiche del equivalente indeterminado

Adorado como a un dios crispado

Por aquellos gobernantes de entonces

Certeza vigente ante la acometida

Como antigua lanza desolada

En la pierna herida o en el organismo

Abierto a tajos por verdugos cuchillos

O por los cuernos ondulados

De toros negros del corral evadidos

Como novelesco imperturbable destino

O como una bala repentina en el pecho

En una manifestación, marcha o bloqueo

Estando ante el disturbio de los obrados

Exhibiéndote el perverso sarcasmo

Risa fúnebre en ambiente helado

Fantasma quejumbroso del payaso

De la órbita lujuriosa de cometa

De las sorprendentes analogías

Parecidos de perfiles gobernantes

Aberraciones brotadas como enfermedades

De hábitos corrosivos frecuentados

Farándulas burocráticas, bullangueras

Y pronunciadamente pretensiosas

Premuras en sus pulsiones afanosas

Egos revelando como síntomas delatores

La abismal vulnerabilidad ocultada

Vanidad contemplativa como vaho

Fugaz y repentino

Dibujada en el espejo

De las pantallas oficiosas

Certeza cándida, piadosa

De hombre y de mujer del pueblo

Recurrente quimera candorosa

En la ratificación de tu gozo

Haber granjeado con tu osadía valerosa

Estos cambios soñados

En la guarida de tu morada,

Dulce hogar a pesar de su sencillez

En los climas inexorables del taller,

Espacio de amistades y solidaridad

A pesar de la acusada explotación

Donde trabajas esperando dar pan

Y mejor vida para tus hijos

En las atmósferas acogedoras

De las conversaciones amistosas

Con compinches como tú

De trenzas largas como tus melancolías

De polleras abultadas como las de tu madre

De pantalones desusados como los de tus hermanos

De cabellera peinada como la de tu padre

Esta expectativa tuya es admirable

Como el advenimiento de la primavera

Que llega con la brisa de los madrigales

Como el develamiento de las flores de la papa

Pregonando la rauda cosecha del tubérculo

En esta certidumbre manifiestas tu entereza

Encarnada en tu conducta leal

En tu comportamiento fiel

En tus palpitaciones amorosas

Tambores y quenas percutiendo

En las faldas de la jubilosa cordillera

O en las orillas de ciudades somnolientas

Que limitan con la puna del altiplano inmenso

O en los umbrales de ciudades tropicales

Que se confunden con las enredaderas promiscuas

De los voluptuosos bosques invasores

Por eso tú mujer y hombre del pueblo

Eres el armazón corpóreo del país soñado

Horizonte presente en tus madrugadas

Horizonte presente en tus vísperas nocturnas

Nadie debe aprovecharse insólitamente

De tu inocente colosal entusiasmo

De tu firme convicción política

De tu confianza ciega

Nadie debe abusar inescrupulosamente

De tu afable franqueza llana

Nadie debe usarte abusivamente

Para salvaguardar su jerarquía

Nadie debe herir

Tu espíritu puro

Vivimos un mundo cambalache

Atiborrado de discordancias crueles,

De incongruencias desvergonzadas

Un mundo mordaz,

Que toma las tristes tragedias

Y los penosos dramas como noticias

Mundo encantado

Habitado por errantes fantasmas

Acechadores constantes de mandos,

De engreídos gobernantes

Que se parecen cada vez más

A las caricaturas de los periódicos

Quienes creen

En su pliego adjudicado

Como si fuesen tablas escritas en el desierto

Pero es ley instaurada por la espada

Durante la guerra de conquista

Repetida sutilmente en la independencia

Cambiando solo su ornamento

Restituida después de las revoluciones

Que pasan como tormentas imprevistas

Para luego replegarse en las profundidades

Del suelo o en las lejanías de la concavidad

De la atmosfera curvada en sus penas

Para bien de la mantención del orden

Gobernantes considerándose juglares

De un drama ya escrito hace tiempo

Por los fundadores sacerdotes

De todas las celosas iglesias

Coreando los gestos antaño catalogados

En el envejecido paraje ocupado

De la fabulosa maquinaria chirriante

Recorrida en sus venas por filudas navajas

De inconmensurables violencias

Como picotazos de aves de rapiña

Que te atacan antes de la muerte

Convergiendo con regularidad compulsiva

En los aletargados desenlaces acopiados

En los almacenes y depósitos del Estado

Clara sentencia fidedigna

Cuando no se demuele la fortaleza estatal

Antiguamente subyugante

Hombre y mujer del pueblo

Siendo ineludible lo que ocurre

En el cuadro cambiante pintado

Por colores que hablan de pasiones

Y de pinceles que interpretan las luces

Que juegan como cándidas ideas

En nuestras musicales percepciones

En la constelación de hechos concurrentes

En la espalda de los ansiosos territorios

Espesores de anhelos donde imaginamos

El tejido de múltiples procedencias

Awayu cobijo de la pluralidad de voces

De ancestrales naciones emergentes

Matria y patria ansiada

Musculatura y fibra labradora

Campesina adosada a la siembra

Y a la esperada cosecha

De mudas y vibrantes esperanzas

Lucidez creativa como la madrugada

Que abre el camino de la jornada

Lucidez de apertura y memoria

De nuestros saberes,

Nuestras canciones

Nuestras danzas

Siendo chuyma

De las pulsaciones rítmicas

De los vertiginosos circuitos

Del lenguaje de los cuerpos

Caudales de lluvia consumidos

Por los minerales enajenados

Siendo la conjetura emotiva del presente

Es menester tomes en tus manos colectivas

La destrucción del patriarcal palacio absoluto

La construcción de un auditórium para todos

Donde el lenguaje plural de las multitudes

Hable por sí misma

Logrando consensos

Hilvanando itinerarios concertados

Armonizando el estallido misceláneo,

Heterogéneo

De las cooperaciones singulares

Guerrera celta

Guerrera celta

Mujer antorcha incendiando los bosques

De los inviernos del norte

Devenida de tribus fundidoras del hierro

Desde los inmemoriales tiempos

Cuando se abandonó el cobre

Sabiduría druida politeísta

Amante de los dioses concurrentes

Como pugnando por la atención poblada

De dilatados recuerdos y abruptos olvidos

De los lejanos pueblos del norte

Y las diosas vírgenes elocuentes

En sus estéticas de-vinientes

Conocedora del estallido creador

Antes de todo tiempo y materia

De la entretejida complejidad alada

Anidada en cada hálito,

En cada partícula,

En cada pulsación

Del estruendo inicial

Repetido eternamente

En cada instante

En cada rasgo

De tu complexión espigada

En cada resonancia de tu voz anticipada

En cada búsqueda

De la gramática anterior a todo

Inscrita en los corpúsculos ínfimos

Nacientes de la nada

Guerrera de la vigilia centelleante y lunar

Invisible a los soldados del imperio romano

Llevas en tus manos el arco certero

La flecha fulminante

Armas guiadas por tu mirada náutica

Profundidad marítima alcanzando

El fondo angustiado por el abandono

Matriz fértil de la vida

Tu inmensa cabellera solar

Recuerda a la constancia de los pueblos

De la edad del hierro

Amantes del fuego

Y de la tenacidad mineral

Devenida en metal

El tiempo no ha pasado

Como se hubiera anclado para siempre

En la apacible isla de tu cuerpo

Dormido en tu suave piel

Como tersa superficie de amapola

Y encriptado en tus expresiones somnolientas

Como poema errático pronunciado

Por las cascadas vaporosas

De los ríos turbulentos al iniciar los valles

Vital juventud afincada

En la anatomía bélica de tu estética

Armonía diseñada

Por algún pintor olvidado

Sin embargo, artista consagrado

Del eterno retorno de lo mismo

Más allá de las columnas de Hércules

De acuerdo a Heródoto

Poema ancestral

Como murallas de inmortal piedra

De hundidas ciudades perenes

Insistentes en la quietud de sus nostalgias

Poema ancestral

Retenido en la memoria tallada

En mármol de las montañas

Como escultura desafiante

Venciendo al soplo del deterioro

Poema ancestral

Escrito en ideogramas añejos

En madera arrancada de troncos mustios

O pergaminos bronceados por el sol

De una lengua desvanecida

No sabía se podían franquear

Como saltos intrépidos de felinos

Los puentes de los mundos

Como en la chacana andina

Cuando el titi los atraviesa efectuando

La metamorfosis de la materia

Como alquimia anterior al hombre

Desprendida de las partículas infinitesimales

En el lago sagrado de los Andes

En la transvaloración de los valores

De la recóndita pronunciación viajera

Como caravanas nómadas

De los itinerantes recorridos

Más allá del tiempo y del espacio

Más allá del bien y el mal

Más allá de toda reminiscencia

Sedimento geológico del olvido

Por eso tremenda nostalgia

De antes del tiempo

Cuando comenzaba todo a ser

Hechizado estoy

Por este develamiento cósmico

Dado en códigos de neutrinos

Mensaje de otros universos

A los que no accedemos

Por creer solamente en el nuestro

Narrativa primordial estampada

En tu morfología voluptuosa

Como atenea desnuda

Llevando en una mano la espada

Y en la otra los libros de sabios muertos

Bosquejada en las efigies entonadas

Por tus meditaciones

En los enunciados plásticos

De tus reflexiones luminosas

Como lavas de volcanes cíclicos

De tus pesquisas

En tus insólitas tesis anti-históricas

Destructoras de dos mil años de penurias

Impuestas por imperios convertidos

Al hermético monoteísmo

A partir de la era cristiana

Temporalidad esta religiosa

Institucionalizada a fuerza de torturas

Moldeando el cuerpo para la obediencia

Por las religiones del desierto

Rastreadoras de la tierra prometida

Cuando desprecian la tierra tenida

Por nosotros

Los humanos y los seres del planeta azul

Compartimos la pasión

Como si fuésemos niños iniciados

En la lectura de libros prohibidos

Por el pálido filósofo intempestivo

Friedrich Nietzsche

Crítico de la propensión hacia la muerte,

El camino a la nada

De una modernidad banal enamorada

De la imagen en el espejo

De su rostro engreído,

Sarcasmo de un semblante sin contenido

Denunciaste a esta manifestación

Bullangera y mutilante

Llena de abalorios efímeros

Acumulados en los basureros

Hegemonía del ego

Y del empalagoso teatro de la simulación

Te dije es el poder expropiando

Nuestra potencia creadora

Si compartimos esta herencia

Como donación de halitos corporales

Transmitida secretamente

Por los símbolos encriptados

En todo lenguaje desbordante

De mágica polisemia

Desde la noche sin tiempo

Desde la luz sin espacio

Quizás sea por tu hermenéutica

Que interpreta las narrativas aglomeradas

De los pueblos iniciales

La alianza entre la comarca de los dragones

Y la tribu ancestral de los druidas

Y las guerreras celtas


[1] Ver de Raúl Prada Alcoreza Acontecimiento poético. Dinámicas moleculares. La Paz 2013-14.

Leer más: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/products/alboradas-crepusculares/
Crea tu propia web gratis: http://www.webnode.es

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