La comparsa “autonómica”

La comparsa “autonómica”

Raúl Prada Alcoreza

 

La comparsa

 

 

 

No es difícil demostrar que los “estatutos autonómicos” no tienen nada que ver con la Constitución; por lo tanto, con el Estado plurinacional comunitario y autonómico. Ya lo hicimos en anteriores escritos[1]. No vamos a volver sobre esto; lo que importa ahora, es explicarse el por qué, a pesar de todo, se insiste en aprobar cartas autonómicas que no cumplen con la Constitución, que no han sido deliberadas participativamente, como demanda la Constitución, que son impuestas por la autoridad y el abuso de mando de un gobierno populista. Vamos a tratar de describir los mecanismos de este engranaje condenado que embarca al gobierno progresista a no solo un montaje grotesco, sino a una usurpación de los derechos democráticos participativos de la población, sin precedentes; a una comparsa “autonómica”

 

La secuencia, si podemos hablar así, por lo menos ilustrativamente, es larga; el desarrollo legislativo gubernamental no corresponde a la Constitución, aprobada por el pueblo, sino a la herencia de la anterior Constitución liberal. Ya la Ley Marco de Autonomía es un desmantelamiento de la Constitución, en lo que compete a este tema, relativo a los gobiernos autonómicos, en los distintos niveles territoriales. Esta ley no solo ha cerrado la posibilidad de establecer autonomías, como manda la Constitución, según el entramado de sus competencias, sino que se ha mantenido el mismo régimen centralista financiero nacional del Estado-nación; se ha negado desesperadamente a abrirse a un sistema financiero comunitario y autonómico, además de plurinacional. ¿Qué es lo que requieren después de haber negado la posibilidad institucional a las autonomías? Terminar de plasmar esta usurpación, esta abolición de los derechos autonómicos y de sus competencias.

 

Las estructuras de poder vigentes; para decirlo ilustrativamente, metafóricamente, el poder económico y el poder político, se han coaligado para imponer las “autonomías” que les conviene; es decir, limitando todo lo que se pueda a las autonomías, manteniendo el control de sus regiones y del país. Si tomamos en cuenta el estatuto autonómico de La Paz y el estatuto autonómico de Santa Cruz, ambos, uno respondiendo al poder político, el otro, respondiendo al poder económico, han impuesto estatutos que convienen al interés de la clase política dominante y de la burguesía agroindustrial. El pueblo boliviano ha sido burlado en sus anhelos y esperanzas emancipatorias.

 

Lo grave de todo esto, es que a la convocatoria al referéndum por las cartas orgánicas van asistir una mayoría que avalará, por el hecho de asistir a esta comparsa, la usurpación de sus derechos democráticos y autonómicos. Este fenómeno corresponde, como dijimos antes, al deseo del amo. También al conformismo; quizás también a no encontrar alternativas y salidas. Los y las que voten son cómplices de la renuncia a la autonomía, a la participación, a los derechos democráticos de lo que denomina la Constitución Sistema de Gobierno Pluralista, de la democracia participativa, directa, comunitaria y representativa.

 

Si bien la denominada “oposición” convoca a votar por el No, este llamamiento, por los resultados estimados, también avalará la usurpación de la voluntad de las naciones y pueblos. Oposición que para nosotros, no es otra cosa que un aditivo, aparentemente opuesto, al gobierno; sin embargo, hace de complemento al poder de la gubernamentalidad populista, bajo la sombra del caudillo[2]. ¿Es posible salir de este círculo vicioso del poder?

 

A pesar de que se pueda demostrar la razón de la crítica a semejante violencia institucional, la de la expropiación de la voluntad popular, por medio de esta comparsa autonómica, ¿de qué sirve tener la razón, si en el campo político se resuelve por la correlación de fuerzas? No parece tratarse solamente de demostrar que los estatutos no tienen nada que ver con la Constitución, sino que parece prioritario activar la potencia social, hundida en lo profundo de los cuerpos múltiples de la gente, después de optar por el conformismo. ¿Cómo hacerlo?

 

No parece bastar solo el discurso denunciativo, que por cierto sirve. Tampoco, mejorando, el discurso crítico; parece indispensable ir más allá de estos discursos. Ingresar a un activismo integral, que interpele el conformismo de la gente y active la potencia social, inhibida. No basta señalar a los gobernantes como responsables de la decadencia del “proceso de cambio”, sino que es indispensable mostrar la corresponsabilidad de las mayorías en lo que ocurre. La complicidad se da cuando se deja hacer a los gobernantes lo que quieren hacer. Restaurar el Estado-nación, folclorizar el Estado plurinacional; es decir, disfrazar el anterior Estado-nación con máscaras simbólicas; expandir el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente; preservar las estrategias clientelares del Estado rentista. Esta tarea, la del activismo integral, parece ser más difícil que las anteriores formas activistas, denunciativas, interpeladoras, críticas. Esta tarea difícil, es la que hay que poder efectuarla, pues, de lo contrario, si no se puede hacer esto, incluso los activismos anteriores, se cae en las redes y mallas del poder, legitimándolo, aunque no se lo quiera.

 

 

Algunas consideraciones sobre los estatutos

 

De todas maneras, a pesar que dijimos, que no íbamos a volver a la demostración de la inconstitucionalidad de los estatutos, vamos a decir unas cuantas cosas; puntualizaciones comparativas generales. Sobre todo para mostrar algunos contrastes de los estatutos autonómicos, en un contexto de analogías cómplices contra la Constitución.

 

El estatuto de Santa Cruz se distingue del de La Paz porque maneja mejor las competencias establecidas en la Constitución; La Paz prácticamente ignora estas competencias. Sin embargo, Santa Cruz lo hace de una manera notoriamente segada; toma lo que le conviene al grupo de poder económico, ignora todo lo que no le conviene. Ignora las competencias de las autonomías indígenas, además de las otras autonomías, las municipales, sobre todo las regionales. La de La Paz obedece a la consigna centralista de un gobierno, que responde a la defensa nacionalista del Estado-nación; pero, también, y esto parece innecesario, a sus criterios excesivamente centralistas. Cuenta con el aval del gobierno, hablando de las fuerzas intervinientes; empero, está más lejos que la de Santa Cruz de la Constitución, hablando de la estructura de competencias autonómicas.

 

La de Santa Cruz no solamente desconoce las autonomías indígenas y las autonomías regionales, sino que también desconoce la voluntad popular. El poder económico se arroga la representación del pueblo cruceño, al que no ha acudido para consultarle sobre numerables, temas indispensables para una convivencia democrática en la región. Hace en menor escala, regional, lo que hace el gobierno en mayor escala, nacional. Desconocer el contexto y los marcos jurídico-políticos de la Constitución; desconocer las voluntades populares, de pueblos, naciones y regiones. Sobre todo, desconocer la condición de plurinacionalidad, la condición comunitaria y la condición autonómica, en su multiplicidad.

 

Esta situación de contrastes y de complicidades, entre los estatutos de La Paz y Santa Cruz, entre el poder político y el poder económico, nos muestra la alianza subrepticia entre ambos, el acuerdo de poder; es decir, de dominación, entre ambos. Solo los ingenuos no lo ven; aclarando que estos ingenuos son la masa de llunk’us que obedecen ciegamente las consignas gubernamentales. Como nunca, en ellos, en esta clase de gente, con la que cuenta todo gobierno, solo que en los gobiernos populistas de una manera masiva, solo que en este gobierno, incluso con algunos pretendidos “bolcheviques” solitarios, no se esfuerzan por argumentar; solo atinan a descalificar de una manera ineficaz y general. Asumiendo, no se sabe por qué, que son los buenos; es decir, los “revolucionarios”; mientras todos los que se oponen, sean de donde sean, vengan de donde vengan, son “reaccionarios”. Esta actitud deportiva, muestra no solamente los niveles de la decadencia de la política y de la “ideología”, sino también demuestra la escasez argumentativa de este movimiento al socialismo.

 

Si bien compartimos las preocupaciones, por lo menos parte de ellas, de todos los que convocan a votar por el NO, en el referéndum autonómico, les recordamos que la victoria del nulo en la elección de los magistrados no sirvió efectivamente, pues el gobierno se refugió en su mayoría congresal para legalizar un desconocimiento antidemocrático, al validar esa elección anulada por la propia votación. Además de no olvidar que cuenta con la complicidad sumisa del Órgano electoral, que, a pesar de incorporar “notables”, de otro estilo que los “notables” del periodo neoliberal, no ha corregido su falencia fundamental; su subordinación  y dependencia de las determinaciones del ejecutivo. El nulo no es lo mismo que el NO, ciertamente; empero, el mapa institucional en el que se mueve esta elección es el mismo mapa, definido por la gubernamentalidad clientelar.

 

No parece pues una salida efectiva, esto de votar por el NO, aunque logre una victoria simbólica, por segunda vez, sobre un gobierno, un Estado, en verdad, pues están comprometidos todos los poderes del Estado con las relaciones clientelares del gobierno populista.  ¿Qué hacer?

 

Nuestra posición ha sido y es la de que estas decisiones deben ser construcciones colectivas. Ciertamente no hay tiempo, fuera de que parece que tampoco hay voluntad de las mayorías para construir decisiones participativas. Sin embargo, no creemos que se deba renunciar nunca a convocar a la construcción colectiva de la decisión política, por lo menos, como pedagogía política. Es posible que sea tarde para esto; sin renunciar a que, los que apuesten a eso, se convoque a votar por el NO, es menester, en lo que respecta a los activistas, buscar la activación de la potencia social. Por otra parte, no olvidar, pase lo que pase, en esta coyuntura, que ¡la lucha continua! ¿Qué gana el gobierno? No mucho, hace lo mismo que ha hecho hasta ahora, desmantelar la Constitución; hablar a nombre de ella, como si respondieran sus actos a esta Constitución; sin embargo, seguir con la consolidación del Estado-nación, el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, manipulando a las mayorías con el cuento de hadas del “proceso de cambio”. Solo gana tiempo; pues, por dentro esta carcomido por el avance demoledor de la implosión.

 

 

 

 

 

[1] Ver de Raúl Prada Alcoreza Autonomicidio; también Autonomía y descolonización, así mismo Descolonización y transición. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-2015. El último, publicado por Abya Yala; Quito.

[2] Ver de Raúl Prada Alcoreza A la sombra del caudillo. Bolpress; La Paz 2015. Dinámicas moleculares 2015.

 

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