Condena del imaginario llunk’u

Condena del imaginario llunk’u

Raúl Prada Alcoreza

El imaginario llunku.pdf

También forman parte de máquinas de poder estas prácticas de adulación, de sumisión y subordinación de los zalameros de jefes. Incluso ampliando, con la condición de introducir descripciones más completas, se puede incorporar a partidos, a partidos-Estado, a “ideologías” absolutistas.  Entonces se hablaría de dogmatismos ciegos al partido y a la ideología del partido. Hasta ahora se ha entendido estas prácticas aduladoras como si tuvieran su origen sólo en el comportamiento servil y sumiso, en la falta de dignidad; pero, no. No parece que sea solo así, que tenga que ver con la falta de ética, de moral y decoro individual de esta gente dedicada al culto del jefe, sino que, lo condicionante, parece ser que se trata de roles, de estructura de roles, establecidos en máquinas de poder. Si no cumplen unos esos papeles, otros lo hacen. Aunque varíen de acuerdo a sus perfiles personales y, quizás, de acuerdo a su siluetas particulares, al mayor o menor decoro, a mayor o menor iniciativa propia o, caso contrario, indiferencia galopante, los papeles se cumplen. Pero, ¿qué clase de roles, qué clase de papeles son estos?

No se trata tanto, por cierto, como se ha creído, de convencer a la opinión pública de que el jefe es el caudillo, de que el caudillo es el mesías político, de que está en curso un “proceso de cambio”. Introduciendo la ampliación de la que hablamos, diríamos, de que el partido es la vanguardia histórica, la conciencia histórica, el horizonte epistemológico del momento; el Estado revolucionario es la emancipación en curso, si no es ya la realización, por decreto, de la sociedad sin clases.  Pues esta tarea, en todo caso esta mal efectuada; no es convincente.  ¿Se trata de convencer acaso al jefe que ellos son consecuentemente leales, fieles, indispensables? ¿Requiere esta demostración el jefe?  Siguiendo con nuestra ampliación, ¿de convencer al partido que son los militantes puros, profesionales, dedicados? En todo caso, no parece ser lo más indispensable. Lo que parece, mas bien, importante, es mantener las burbujas de los climas y atmósferas cerradas del poder; es menester mantener el equilibrio interno de las temperaturas y los climas, en una relación adecuada con los climas, atmósferas y corrientes externas a las burbujas; es menester preservar las burbujas, reproducirlas, aferrarlas a sus existencias. La tarea entonces de estos funcionarios de la subalternidad, la sumisión, la adulación y las zalamerías, es preservar las burbujas frente a las contingencias.

No tiene sentido discutir con ellos, con sus discursos, sus propagandas, sus publicidades, sus débiles, repetitivos y reiterados argumentos, poco ingeniosos. Pues la función de estos discursos no es el del debate, el de la discusión, tampoco exactamente el convencer, sino el de mantener un ambiente, o, mejor dicho, los ambientes de los climas del poder. Así como en un restaurant de prestigio o en las mesas de una recepción de gala se debe mantener la indumentaria, el decoro, la distribución de los utensilios y el buen aspecto del ambiente, de la misma manera, las burbujas del poder deben preservar sus aspectos acostumbrados, que por tanto repetirse parecen  permanentes, incluso, la realidad incontestable.

Lo que hay que estudiar no son sus discursos, pues no se gana mucho con esto, incluso, en el caso, que alguno se esmere por decir algo, sino sus distribuciones funcionales en las estructuras climáticas del poder. Lo que hay que analizar es sus funciones y desempeños, como engranajes y prácticas, en las máquinas de poder.

Las burbujas del poder aferran su existencia como toda forma de existencia. El tema es que en las formas de vida las estrategias de sobrevivencia tienen que ver fundamentalmente con la memoria sensible, con la inteligencia adaptativa, de adecuación constante, en persistente equilibración; por lo tanto, inventiva, en los entornos y ecologías, donde emergen y perduran, cambiando estas formas. En cambio, en la artificialidad de las formas de poder, se pierde la memoria sensible, también la inteligencia adaptativa, de adecuación constante y de equilibraciones cambiantes. Se opone a la información desbordante de los desafiantes entornos y los entramados ecológicos, la seguridad ilusoria de los imaginarios del poder, que resuelve su legitimidad en las tramas teleológicas, donde su verdad se realiza porque está inscrita en la verdad del origen institucional. Por eso mismo, se entiende, que su perseverancia se deba sobre todo al incremento de la violencia institucionalizada. La perseverancia de las burbujas del poder es proporcional al incremento de la violencia monopólica.

No se crea que este decurso de la perseverancia del poder se resuelve, de alguna manera, aunque sea mejorando, con la modificación aperturante de nuevos discursos, de nuevos proyectos de poder. Este fue el camino de los discursos revolucionarios. Lo que ha ocurrido es que se han ensanchado las posibilidades argumentativas, quizás ampliado los diámetros de las burbujas; empero, no se ha dejado la artificialidad de estas formas provisionales de la institucionalidad de las formas de poder. Los costos de esta mantención, la de las burbujas del poder, son altos; cada vez más altos. Ahora, las burbujas proliferantes del poder, coaligadas en una fabulosa maquinaria imperial, globalizada, exigen no solo el cumplimiento masivo de estos estructurados roles aduladores, zalameros, subordinados y sumisos, sino que exigen, obligando a las muchedumbres desoladas, a creer en los reflejos edulcorantes de las curvaturas de las burbujas del poder. Lo más grave es que los costos son tan altos que exigen el consumo destructivo de los recursos naturales, de los bosques, de los ciclos del agua, de los ciclos del aire, de los ciclos del suelo, de los ciclos vitales.

No es pues una culpa heredada la que traga, en el drama cotidiano, a estos funcionarios de la adulación y la zalamería, sino el diseño, mejor dicho, la arquitectura, de las maquinarias de poder, que define roles, papeles, funciones, prácticas, constantes, para mantener los climas y las atmosferas de estas burbujas, que preservan ambientes artificiales, a costos muy altos para la vida. Por cierto, no se resuelve el problema cambiando a unos aduladores por otros; los nuevos serán también zalameros, aunque intentes dignidad y tomar iniciativas. Mientras esta arquitectura, este diseño, que sostiene los climas artificiales de las burbujas se mantenga, siempre habrá quienes cumplan estas indignas funciones y prácticas de sumisión, quiéranlo o no.

Si la vida tiene que continuar, hablando de las sociedades humanas, que forman parte de las ecologías, es menester que estas burbujas artificiales, que pueden haber servido en periodos anteriores, por decir algo, estallen, abriéndose a los climas desbordantes, espontáneos, creativos, de los entramados ecológicos. Es menester no construir estas artificialidades provisionales, sino vínculos adecuados con los entramados ecológicos.

A modo de conclusión preliminar

Es necesario salir de un pretendido debate, que no existe, por cierto, pues lo que hay es un monopolio y control de la opinión pública, por medio del copar casi absoluto de los medios de comunicación, sean públicos o privados. En todo caso el análisis, la crítica, no puede estar dirigida a los que no la reciben, no la escuchan, ni la leen, que son los encargados de la propaganda, publicidad y supuesta argumentación en defensa del gobierno progresista, sino a los y las activistas, de las nuevas generaciones de luchas, jóvenes rebeldes e iconoclastas, con quienes se aprende y se delibera sobre las interpretaciones de la crisis estructural, orgánica y civilizatoria del sistema-mundo capitalista.

En vez de esto, de un debate que no existe, es indispensable estudiar los mapas de las distribuciones de funciones y prácticas de estos engranajes detallados del poder, que tienen que ver con estas subjetividades aduladoras y zalameras, sumisas y subordinadas, de esta burocracia inquieta, dedicada a mantener ambientes institucionales como protocolos y repertorios ostentosos.

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