El talador de árboles

El talador de árboles

Sebastiano Monada

 

El talador de árboles

 

 

 

 

Los teleféricos son rojos, amarillos y verdes

Hay otros cuyo color lo consiguen talando árboles

Sobre las calles relucen

Manchas de sabia y de hojas

Murmullos de vidas rotas

Y recuerdos nostálgicos del barrio

 

El talador de árboles, máquina del progreso

Monta teleféricos en el aire

De la ciudad de Chuqui-Apu

Para beneplácito de su jefe inmaculado

Y los ejércitos del desarrollo

Que avanzan desbrozando bosques

Donde la quimera arde

Como golpe bramante de martillo

Sobre cantante yunque desolado

Haciendo estallar la sangre

De la desnuda candorosa tierra

Avanza talando árboles

Que son la memoria sensible

Dibujo depositado en la corteza

Marcado en madera viva

El registro de sus orbitas

De narrativas sin letras del tiempo

Avanza cortando troncos

Que se oponen húmedos a la muerte

Incubada en los campamentos mineros

Que horadan los somnolientos suelos

Para encontrar sus codiciados tesoros

Avanza arrancando de cuajo

Los árboles de los parques urbanos

Y ensuciando las cuencas de los ríos

Persiguiendo los ondulantes versos

De las vertientes del agua dulce

 

Todo para satisfacción

De las empresas de cuerdas cobrizas

Por donde corren atrapadas

Las rutilantes corrientes acalladas

De fugaces luces descubiertas

En el corazón de los átomos

 

El talador de árboles

No ama la vida sino su reflejo

Como garabato incierto diseminado

En el pulimentado acero del espejo

Los taladores que lo acompañan

Tampoco aman la vida sino su triste entonación

Como fragmentado eco metálico

Impreso en papeletas de conservas o de votaciones

Que convocan pero no convencen

 

No importa que no tenga sentido

Construir un teleférico en un barrio

Donde a toda evidencia no lo necesita

Lo que importa es dejar constancia del que manda

Enviando mensajes colgantes por los cielos de la ciudad

Asombrada en el silencio de sus mutilaciones

Como aves cazadas en pleno vuelo

Ciudad de paz y concordias

Brotada en los brazos de la cordillera

 

Lo que importa es mandar, ordenar, enseñorear

Aunque se tenga que talar la vida de árboles

Constelación minuciosamente cosida

De raíces, troncos, ramas y hojas

Canción pictórica de acuarela

Tejida en la tenue brisa de la mañana

Árboles añejos como abuelos de cuento

Que acompañaron a Miraflores en el siglo

De las intermitentes revueltas y asonadas

De multitudes congregadas en sus pasiones intrépidas

Llevando en su avenida las marchas ceremoniales

Que conduce al templo de la revolución de abril

 

Lo que importa es olvidar

Como viento que borra en el desierto

La huellas de las caravanas relegadas

Las nostalgias, los recuerdos, las huellas

No valen para los taladores de bosques

Sino un largo presente aterido

En el círculo estrecho del instante de orgullo

Del rey de los naipes del truco

Señales que leen los ojos cansados

De las veteranas gitanas viejas

 

Los árboles ya no están

Pero el barrio sigue todavía

Estará el teleférico un tiempo

Sobre el cementerio de los árboles cortados

Pero, un día tampoco estará

Este enjambre de cajas colgantes

 

Quedará el recuerdo en el aire

De la canción eterna de la vida

Los árboles abran vuelto

A la memoria del viento

Que baja de la cordillera

 

 

 

 

 

 

 

 

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