Itinerario de una decadencia

Itinerario de una decadencia

Raúl Prada Alcoreza

Itinerario de una decadencia

 

 

 

Parece que hay que cambiar la perspectiva acostumbrada del análisis político, sobre todo de la crítica de la política. Este análisis, dicho de manera general, sin embargo, caracterizando un paradigma compartido, diferencia “ideologías”, corrientes políticas, posiciones políticas e “ideológicas”, de acuerdo a las formaciones discursivas. Esta práctica analítica puede haber servido para describir el mapa de las colocaciones “ideológicas”; sin embargo, las diferencias discursivas no borran, de ninguna manera, las analogías compartidas por todas las formas de poder de la modernidad.Estas analogías parecen ser más profundas que las diferencias; se trata de estructuras, manteniendo el concepto discutible, más condicionantes, que las estructuras dadas por las diferencias.

 

Por ejemplo, a pesar de las distintas formas de gobierno, las diferentes formas de gubernamentalidad, incluso, se puede decir, de las distintas formas de Estado-nación, las formas diferentes conservan como distribuciones repetidas de estructuras de poder compartidas. En primer lugar, la jerarquía del Estado; la organización vertical de los mandos; por lo tanto, también de las obediencias. En segundo lugar, la ritualidad respecto a las autoridades, convertidas en los símbolos, no solo del Estado, sino de lo que se plantea el Estado como telos, como fin. En tercer lugar, la distribución de funciones de la burocracia, de los funcionarios, de los voceros. Se distinguen los políticos de los “técnicos”, así como los “ideólogos” de los propagandistas. Se distinguen los indispensables, por lo menos en periodos, de los desechables. Todo Estado, sea liberal, nacionalista, o, en su caso, socialista, requiere de este mapa de distribuciones funcionales, que definen tareas de reproducción del poder. En esta descripción no pueden faltar los que mantienen el ambiente del poder; se ocupan no solo de los protocolos, sino, sobre todo, de repetir, recurrentemente, como oración de misa, el valor, la calidad, la consecuencia, del gobierno y sus gobernantes. Se ocupan de calificar al proceso en curso como “revolucionario”, en el caso de los “procesos de cambio”; o de institucional o democrático, en el caso de los “procesos liberales”. Pueden distinguirse por sus discursos, por sus “ideologías”; pueden considerarse unos, proclives al capitalismo, que puede mejorarse; estos son los liberales; pueden considerarse los otros, anti-capitalistas, lo que tienen que cambiar; estos son los populistas o socialistas. Sin embargo, a pesar de estas diferencias discursivas, incluso diferencias de posiciones y de políticas implementadas, esta función de mantenimiento del ambiente de poder, de distribución de la indumentaria, se repite en ambos casos.

 

Por eso, parece que no es adecuado o suficiente atender las diferencias “ideológicas” y políticas para comprender no solo sus conflictos, contradicciones, hasta antagonismos, sino también sus crisis políticas y de legitimidad. En un caso, crisis institucionales, en el otro caso, crisis del “proceso de cambio”. Parece necesario descartar la tesis del análisis político mantenida de que por que no se cumple con la ley, con la estructura institucional, con la normativa, es que se entra en la crisis institucional y de legitimidad. Esto, en un caso, en el otro caso, se dice que es porque no se cumple con el programa, no se cumple con la estructura del Estado socialista, o, si se quiere, ampliando el panorama, no se cumple con la democracia socialista, que es que emerge la crisis política y de legitimidad de los regímenes socialistas. Hay matices de la tesis política, que pueden plantearse la imposibilidad del socialismo en las condiciones de un capitalismo atrasado y dependiente; también pueden plantearse el descuido de la diferencial de las transiciones políticas.

 

Estas tesis ayudaron a avanzar en la comprensión de la problemática política en la modernidad; empero, se estancaron en la interpretación de la crisis política a partir de factores presentes o ausentes. No podían ir más lejos, pues su horizonte epistemológico no llega a la crítica del poder y de las dominaciones. Era menester develar no solo las diferencias, sino, como dijimos, las analogías en las formas de poder.

 

Ciertamente, también se ventilan interpretaciones más “ideológicas” o morales, que se explican la crisis política y de legitimidad debido a la traición de los conductores, a la inmoralidad, a la corrupción; es decir, a las conductas personales de los gobernantes. Incluso, pueden darle una forma teórica a estas interpretaciones al introducir las teorías de la conspiración, aunque lo hagan fragmentariamente. Estas interpretaciones son más débiles que las anteriores, pues su núcleo de alcance es solamente moral; reduciendo, por lo tanto, el alcance del análisis político. Pero, ambos conjuntos de interpretaciones, tanto las más académicas, por así decirlo, como las más de sentido común, comparten una limitante; se quedan en las diferencias, toman en serio las diferencias, como criterios absolutos, no solamente de distinción, sino de explicación. No pueden vislumbrar la profunda concomitancia con las estructuras matriciales del poder de estas diferentes formas de gobierno, de estas diferentes formas gubernamentales, de estas diferentes formas de Estado-nación. En consecuencia, no pueden acceder a los mecanismos y dinámicas de fuerza, que atraviesan estas formas políticas, empujándolas, primero, a su ascenso, después a su decadencia.

 

Revisando las historias políticas en la modernidad, parece posible constatar ciertas regularidades asombrosas. Obviamente, no hablamos de algo tan general y trivial como de esta figura conocida de ascenso y decadencia, sino de estructuras de distribución de funciones, de prácticas, de especialidades, de perfiles, que se repiten, en su seca insistencia, en las distintas formas políticas, formaciones discursivas y formaciones “ideológicas”.Es importante analizar estas analogías para comprender, mejor que antes, las dinámicas de las fuerzas capturadas por el poder; considerando distintos periodos, contextos y coyunturas.

 

En el caso de las llamadas revoluciones o, en su caso, “procesos de cambio”, es indispensable distinguir la etapa de las luchas de la etapa de gobierno, en la lectura de estas analogías estructurales, de las que hablamos. Por ejemplo, el perfil de los y las involucradas en las luchas es distinto al perfil de los y las involucradas en el gobierno o en apoyo al gobierno. Sin entrar a fondo y a detalle, se puede sugerir que el perfil en la etapa de las luchas es el que corresponde a la interpelación institucional, al gobierno, a las leyes, al Estado, incluso, a la moral vigente. En cambio, el perfil en la etapa de gobierno corresponde a lo contrario; a la apología institucional, aunque se diga que ha cambiado la institucionalidad – lo que  no es cierto, ni puede serlo -; a la propaganda exaltada del gobierno, aunque se diga que se trata de un gobierno revolucionario – algo que puede serlo solo parcialmente -; a la sacralización de las leyes, aunque se diga que estas leyes son el desarrollo legislativo de la Constitución – lo que a todas luces no es cierto -; sobre todo se convierte al Estado, tomado por el pueblo, en el fin de la historia. Son estos últimos, los del perfil gubernamental,  los que se convierten en los jueces inquisidores; resuelven qué es de “izquierda”, qué es de “derecha”; que es “revolucionario”, que no lo es. Invisten a unos de “revolucionarios” y a otros sino de traidores, por lo menos, de inconsecuentes compañeros de ruta. Estos personajes jueces gubernamentales no dudan, acosan, además de acusar. Se consideran, en el fondo de su imaginario delirante, más que jueces, verdugos de la “revolución”. Una especie de terror necesario.

 

A diferencia del primer perfil, el de los y las combatientes, en la etapa de luchas, su discursividad, la del segundo perfil, el gubernamental, es, mas bien, estrecha. Se resume a la alabanza al jefe, lo que ya es una pobreza no solo política sino también moral; se resume a asumir, sin demostrar, que se está viviendo un “proceso de cambio” en constante asenso. Cierran los ojos desesperadamente ante toda contradicción, ante toda contrastación, que desmiente su interpretación. Quizás, con algún ingenio, se llega a matizar las contradicciones denominándolas tensiones; empero, a pesar de este ingenio, se niegan a sacar las consecuencias políticas de las llamadas tensiones. Entonces, estamos ante un perfil más elemental; sin embargo, más funcional al poder. Estos jueces, investidos, por la gloria de la revolución pasada, aunque no hayan participado en ella, son indispensables al Estado, tomado por el pueblo, como lo son los garzones que mantienen el orden y el ambiente de un restaurante de lujo.

 

En la secuencia de análisis críticos que hicimos, describimos lo que llamamos itinerario de una decadencia[1]. No queremos volver a estas descripciones; nos remitimos a los escritos citados. Lo que queremos ahora, es sugerir hipótesis interpretativas prospectivas respecto a las compartidas estructuras de analogías del poder.

 

Pero, antes, a modo de ayuda memoria, haremos un breve resumen de esta descripción de la decadencia. El resumen es expuesto en forma de conclusiones, conclusiones a las que llegamos en los textos mencionados.

 

 

 

 

Itinerario de una decadencia

 

El problema es el de mantener la estructura colonial, a pesar del discurso decolonial y de la lucha descolonizadora. Si se preserva la estructura colonial lo único que se hace es ocupar el lugar que ocupaba el amo, antes de descabezarlo. El problema colonial no se resuelve ocupando el lugar deseado, el lugar demando del poder; tampoco se resuelve con quién ocupa este lugar, que puede ser el antes esclavo, el antes siervo, el antes pongo, el antes subalterno, o, por lo menos, uno de ellos; porque quien ocupe el lugar va cumplir las funciones encomendadas por el lugar de la estructura de poder conservada. El problema colonial se resuelve destruyendo la estructura colonial.

 

El problema del poder y las dominaciones no se resuelven con la toma del poder, con la toma del Estado-nación. Lo que pasa, cuando ocurre esto, es que el poder se preserva, cambiando de inquilinos, por así decirlo, de ocupantes, aunque estos ocupantes puedan provocar desplazamientos de los márgenes de maniobra. Con lo que se corrobora un acierto del saber popular de la historia reciente; no se toma el poder, es el poder el que te toma.

 

No se emancipa a los pueblos representándolos en el Estado, por más consecuentes que se pueda ser. Lo que pasa es que se termina usurpando las voluntades populares, por más buenas intenciones que se tenga. Los representantes y delegados no son el pueblo, no pueden serlo, solo simbolizan representarlo; sin embargo, la voluntad que despliegan los representantes no es la voluntad múltiple del pueblo, sino la voluntad abstracta y burocrática del Estado. Entonces, a nombre de la voluntad popular, se cumple efectivamente la voluntad del Estado.

 

No se sale de la dependencia continuando con el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, por más nacionalizaciones que se efectúen.  Aunque mejoren los términos de las relaciones de intercambio, la estructura de la dependencia y de la subordinación se preserva, reproduciendo la geopolítica del sistema-mundo capitalista. Salir de la dependencia es salir del modelo extractivista, que implica salir de la geopolítica del sistema-mundo capitalista.

 

No se salen de las prácticas paralelas de la economía política del chantaje preservando las estructuras institucionalizadas del poder, manteniendo la forma Estado de la administración del poder. La genealogía del poder contiene la genealogía de la corrupción. Las prácticas paralelas del poder son los recursos complementarios de la preservación y reproducción del poder. De la legitimidad y entusiasmo iniciales se pasa a las relaciones clientelares para mantener las convocatorias, en el caso de la gubernamentalidad populista o socialista; se pasa a las concomitancias y complicidades privadas para mantener los equilibrios, en el caso de la gubernamentalidad liberal.

 

No se construyen transiciones políticas, por ejemplo, hacia el Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico, si no se desmantela el Estado-nación, la herencia colonial en la modernidad. Lo que se hace es consolidar el Estado-nación de una manera más extensa y más profunda.

 

No se lucha efectivamente con el imperialismo actual, que es el imperio globalizado, si se concibe a este imperialismo de una manera estática, como si no hubiera cambiado desde la guerra del Vietnam. Lo que ocurre es que se despotrica contra el fantasma del imperialismo pasado, sin afectar al imperialismo presente. Este “anti-imperialismo” es el mejor favor que le hacemos al imperialismo actual, pues se ataca lo que ha dejado de ser y no se ataca a lo que es efectivamente ahora. Esa composición integral de capitalismo financiero dominante y de capitalismo extractivista expansivo, subordinando al capitalismo industrial al papel de productor de stocks, que no se venden; empero, sirven para la especulación financiera e inflacionaria.

 

No se avanza un solo paso hacia el ejercicio de la democracia participativa, hacia la efectuación de la democracia plural, directa, comunitaria y representativa, si se mantiene el sistema liberal de elección representativa y delegativa, buscando el monopolio político del partido de gobierno, aglutinado a la sombra del caudillo. Estas recurrencias institucionales y clientelares son la destrucción misma de la democracia participativa.

 

Hipótesis interpretativas prospectivas

Estructuras del poder compartidas

 

  1. Las estructuras estructurantes del poder, usando un concepto de Pierre Bourdieu, tienden a conservar su diseño matricial, no tanto enfrentando los cambios, las contingencias, las perturbaciones y transformaciones, sino usando precisamente estas transformaciones con el objeto de la conservación.

 

  1. Las composiciones de las estructuras estructurantes del poder distribuyen funciones, especializaciones, poderes institucionales, rubros, actividades, tareas, políticas y prácticas. De esta manera, sobre esta bases orgánica, distribuye y ubica perfiles subjetivos de autoridades, representantes, delegados y encargados de todo tipo. Estas distribuciones, la orgánica y la subjetiva, garantizan no solo el funcionamiento de la maquinaria fabulosa del poder, sino que garantizan su reproducción.

 

 

  1. Se explica entonces, que, a pesar de las diferencias en las formas de gubernamentalidad, en la diferencia de sus “ideologías” y políticas, el cuadro de estas diferenciaciones, sus desplazamientos, sus contradicciones y antagonismos, conformen las variaciones históricas-políticas de las estructuras estructurantes del poder. Reproducen, a pesar de sus diferencias, la composición matricial de las estructuras de las dominaciones.

 

  1. En este sentido, se puede visualizar, con todas sus variaciones, regularidades en los decursos de los procesos políticos Por cierto, fuera de distinguir un periodo ascendente de otro periodo decadente, se puede observar el recurso a la violencia en la medida que se pierde el entusiasmo inicial de la gente, sobre todo cuando se pierde legitimidad, reducida ya a la legalidad del Estado. Incluso los métodos de este empleo de la violencia se terminan pareciendo; es más, el recurso a la ley, para legalizar la violencia, y, peor aún, las argumentaciones políticas se parecen.

 

 

  1. Entre las analogías y regularidades, es menester mencionar, el parecido de las clases políticas, aunque hablen discursos distintos y se justifiquen de distinta manera; el parecido de sus conductas y comportamientos; sobre todo, su espíritu de cuerpo.

 

  1. En la tardía modernidad, en la historia reciente, las analogías se suman y acercan tanto las formas políticas diferenciales, que comparten plenamente los estilos de la simulación, del control, y las disciplinas, en lo que respecta a los diagramas de poder. El apego compulsivo al uso desmesurado de los medios de comunicación, corrobora esta apreciación; sobre todo su pretensión de sustituir la facticidad de los hechos por la proliferante virtualidad de las noticias, de las desinformaciones, de las comedias.

 

 

  1. A pesar que unos se identifican como pro-capitalistas y los otros como anti-capitalistas, ambos coexisten en la esfera del sistema-mundo capitalista, ambos forman parte de su geopolítica global y diferencial, ambos aceptan el dominio del capital financiero y la expansión necesaria del extractivismo.

 

  1. Todo esto, más parecen disputas por cuotas de control regional que verdaderas contradicciones, que verdaderos antagonismos. Incluso disputas por cuotas de control de mercados, de materias primas, de reservas, de circuitos, de tráficos.

 

 

  1. Otra analogía sobresaliente es su apego firme a la guerra, a la conformación de máquinas de guerra. No ven en el horizonte otra cosa que la destrucción del enemigo, que, dadas las condiciones de la capacidad tecnológica militar, puede también implicar su propia destrucción.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Coyuntura de la decadencia

 

El alcance de la decadencia se puede apreciar en los síntomas de la hundimiento, que intensifican expansivamente las formas de la deterioro. En primer lugar, cuando la corrosión institucional y la corrupción se han convertido en dominantes, atravesando determinantemente las estructuras institucionales;  entonces, la decadencia ha cruzado el umbral, cuando todavía podía revertirse, por lo menos en algo, este proceso nihilista. Cuando las practicas paralelas, no institucionales, se han vuelto preponderantes, entonces las instituciones se han vuelto cascaras de otra pulpa, la pulpa podrida de la degeneración política. Cuando las economías paralelas, por así decirlo, han copado el espacio y desplazando a la economía formal institucionalizada, entonces no solo el capitalismo especulativo enseñorea sino que la economía política del chantaje se ha convertido en el ejercicio “normal” de los intercambios.

 

Considerando este panorama decadente, las llamadas formas democráticas, que todavía se mantienen, aunque solo por apariencia, como elecciones, referéndums, cartas autonómicas, consultas, se conviertan en los dispositivos legitimadores de la decadencia descrita.

 

 

 

 

 

 

 

 

[1]Revisar de Raúl Prada Alcoreza, siguiendo una secuencia madurada, Horizontes de la descolonización; también Descolonización y transición; así como Acontecimiento político. Siguiendo la secuencia, aconsejamos revisar Miseria de la geopolítica, Interpretaciones de las huellas políticas,Cartografías histórico-políticas, Las mallas del poder, Paradojas de la “revolución”yPensamiento propio. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-2015. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/acontecimiento-politico-/. Amazon: https://kdp.amazon.com/bookshelf.http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/miseria-de-la-geopolitica/.  Amazon:  https://kdp.amazon.com/bookshelf. También aconsejamos ver del autor Gramatología del acontecimiento.Dinámicas moleculares; La Paz 2013-2015. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/gramatologia-del-acontecimiento-/. Amazon: https://kdp.amazon.com/bookshelf.

 

 

 

 

 

 

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