Alteridad y complejidad

Alteridad y complejidad

Raúl Prada Alcoreza

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Más acá y el más allá de la mirada humana, del que hablamos[1], el más allá del bien y del mal, que habló Friedrich Nietzsche[2], el más allá del amigo y enemigo, del que hablamos también[3], el más allá del hombre y la mujer, del que habló Jacques Derrida, buscando ir más allá de la política[4], concebida, de manera restringida, como alianzas y complicidades estratégicas masculinas, se encuentran más allá de las mallas institucionales constituidas, instituidas, consolidadas, reproducidas, continuadas, incluso en sus formas cambiantes; mallas institucionales construidas sobre la base preformada de las genealogías de las dominaciones y el poder. Estos más acá y más allá se encuentran en proliferación intensa, transgresora, rebelde, trastrocadora, de la alteridad, inscrita en las dinámicas simultáneas del tejido espacio-temporal-territorial-social.

Para ir más acá y más allá de la mirada humana – que no quiere decir lo mismo que ser humano, ser que se integra al cuerpo, al entrelazamiento ecológico de los cuerpos, recuperando comunicaciones materiales y corporales, olvidadas por el hombre; figura dominante de humano, sobre todo en la modernidad – es menester salir del mundo del espectáculo, del mundo de las representaciones, del mundo de la simulación y el montaje. Es necesario asumir el mundo tal como es, en constante devenir, como acontecer de acontecimientos plurales e integrados.

Vivir el mundo como devenir es comprender nuestra profunda vinculación con el universo o el pluriverso, en sus distintas escalas, planos y espesores de intensidad. Es comprender qué somos en el universo, en la integralidad dinámica de la complejidad inherente al universo. Es sobre todo dar apertura a la percepción dinámica, compleja, integrante de sensaciones, imaginaciones, razones, que captan información de los entornos, creando el mundo que nos rodea, que, a su vez nos crea. Es retomar el arte, la estética, que comprenden la danza, la música, la pictórica, las narrativas, a-gramáticas y gramáticas, en sus sentidos iniciales, inaugurales y creativos, que implican eso, creación, participación en el mundo y la hermenéutica festiva de la comunicación complementaria dinámica de los seres.

¿Cómo lograrlo? ¿Cómo escapar del mundo sostenido por las mallas institucionales dominantes? ¿Cómo recuperar el tiempo perdido, el largo tiempo histórico, que inventamos como secuencia de formaciones institucionales dominantes, que funcionan como redes de captura y de estratificación, como dispositivos de la economía política generalizada, que se vino consolidando a través de sus genealogías componentes? No parece fácil lograrlo, incluso se presenta como algo más que difícil; sin embargo, no imposible. Sorprende que nos parezca difícil prescindir de las instituciones dominantes que construimos; esto debería, teóricamente, parecernos, mas bien, fácil, pues son nuestras criaturas. Sorprende también que nos parezca poco menos que imposible recuperar la espontaneidad creativa de los cuerpos, cuando precisamente esta es nuestra cualidad propia, natural, por así decirlo. Por lo tanto, lo que hay que evaluar es este imaginario que fetichiza a las instituciones, nuestras criaturas, y desvaloriza nuestras capacidades y facultades corporales, la potencia social.

No es que sea difícil lograr recuperar el tiempo perdido, liberar la potencia social; lo que parece complicado es liberarnos del imaginario fetichista institucional, que nos hace ver a las instituciones como poco menos que divinas. ¿Por qué? Esta es la pregunta. Tal parece, haciendo hincapié en el parece, en el que nos parece, que nuestras creencias son más poderosas que las dinámicas de la vida misma. ¿Por qué, si las dinámicas de la vida sostienen a los imaginarios?  ¿Por qué nos inclinamos a someternos a nuestras propias ilusiones y engaños? ¿Por qué preferimos aferrarnos a las representaciones, que son, mas bien, provisionales, que a la experiencia de la vida? ¿Qué hace que nos inclinemos a esta distorsión? Sería muy débil el argumento si nos inclináramos al presupuesto de un instinto de muerte o de destrucción, pues habría que explicar coherentemente como es que este instinto aparece y es más fuerte, por así decirlo, que el instinto de sobrevivencia. Más aun cuando se cree que, precisamente, nuestras ilusiones, materializadas en instituciones dominantes, se las considera, mas bien, dispositivos de sobrevivencia. Hay que renunciar a estas hipótesis o tesis fáciles. Es indispensable buscar en los ámbitos de relaciones sociales, donde se generan las genealogías del poder, los indicios, las claves, de lo que pasa.

Podríamos decir, para hacerlo de manera resumida, que es una tipología de relaciones sociales la que nos empuja a quedar atrapados en las mismas instituciones que construimos. Englobándolas, un poco abusivamente, empero, con el objeto de ilustrar, se puede decir que se trata de relaciones que definen jerarquías, que instauran jerarquías, que establecen diferencias, a partir de estas jerarquías, convertidas en códigos y símbolos sociales. Estas diferencias jerárquicas, no toda diferenciación, son las base de lo que viene; converten las interpretaciones jerárquicas, que se refieren a este tipo de relaciones, también de prácticas, correspondientes a estas relaciones, en relaciones de dominación. Entonces, las instituciones conformadas, sobre la base de estas relaciones de jerarquía, son precisamente las instituciones que consolidan las dominaciones, las institucionalizan y las hacen perdurables.

¿Cómo es qué aparecen estas relaciones de jerarquía? Esta respuesta solo nos podrían dar las investigaciones arqueológicas. No podemos especular al respecto. Sin embargo, podemos proponer alguna hipótesis provisional, mientras tanto. De alguna manera, porque esto ocurre, la inscripción en  la piel de los códigos de las jerarquías, en muchas partes, lugares, momentos, lapsos y periodos de la historia del mundo, se da nacimiento a lo que llamamos, de una manera universal, entonces inapropiada, Estado; es decir, en principio, una forma de dispositivo inicial de captura. Un dispositivo que permite convertir otra fuerza u otras fuerzas en presas del dispositivo y de la relación jerárquica, que se convierte en relación de dominación. Un dispositivo inicial, que inviste a los primeros dominantes singulares y a los muchos dominados singulares.  Pero, ¿cómo pudo haberse dado este dispositivo inaugural de las genealogías del poder? No vamos a responder a esta pregunta, cuya respuesta depende de las investigaciones arqueológicas.

Esta ruta, estos primeros pasos, en la hominización, son los que, de alguna manera, condicionaron las direcciones problemáticas de nuestras sociedades. ¿Por qué, al mismo tiempo, no nos dimos, la oportunidad de evaluar, de retroceder, de cambiar de ruta, por lo tanto, de inaugurar, por así decirlo, otras historias? Para decirlo de manera fuerte: ¿Por qué nos condenamos a seguir una ruta equivocada? ¿Poco críticos, nada críticos, como ahora, cuando se persigue a la crítica, tanto en las versiones gubernamentales calificadas de “derecha” como en las versiones gubernamentales calificadas de “izquierda”? Para hacer sencilla la exposición, preguntamos: ¿por qué se evitaron otras alternativas? ¿Por qué fetichizar los comienzos inciertos de la humanidad? Sobre todo, sabiendo que la vida prueba todos los caminos posibles. Aquí, tampoco vamos a optar por esas hipótesis o tesis fáciles, que creen encontrar una inclinación esencial en el humano al determinismo absoluto. Cualquiera de estas interpretaciones esencialistas son explicaciones insostenibles, fetichistas, casi mágicas. Lo que parece, mas bien, más apropiado, es decir, que, a pesar de la ruta por la consolidación jerárquica, por lo tanto, por la consolidación de las instituciones de poder, las sociedades humanas han podido desbordar las estructuras institucionales, mediante acumulación de alteraciones imperceptibles o, en su caso, con alteraciones radicales, ocasionando recorridos alternativos. Por eso, la variedad y pluralidad de sociedades y culturas; por eso, las historias diferenciales; también, por eso, los cambios constantes, cada cierto periodo de estas sociedades.

Entonces, la pregunta es, más bien, ¿por qué, a pesar de esta pujanza, que ha desbordado a las malla institucionales, en un momento, incluso en un periodo, las sociedades restauran, después de haberlas derribado, las instituciones destruidas, aunque dándoles otras formas? Otra vez volvemos a las creencias. Las sociedades que destruyen instituciones odiadas las reconstruyen, aunque de otras formas, porque creen que las instituciones, las nuevas instituciones, garantizan su sobrevivencia y su felicidad. No pueden ver que su felicidad solo puede ser un acto creativo de ellas mismas, de las sociedades, de su potencia social, no de las instituciones. El apego al fetichismo institucional solo puede explicarse por el apego a las religiones, a la esperanza en la salvación, que ofrecen las religiones monoteístas. ¿Por qué querría salvarse el humano, y de qué? ¿De la vida? ¿De la muerte? ¿Por qué temer a la muerte si es parte de la vida?

El problema parece darse cuando las religiones monoteístas interpretan que la muerte es mala, que es como un castigo a la vida, por haber pecado contra Dios. Se refieren al hombre; aunque no mencionen a los otros seres orgánicos, que también experimentan la muerte singular. Lo que no aclaran es por qué castigar a estos otros seres, qué pecado habrían cometido contra Dios, para ser castigados con la muerte. No se entiende; sin embargo, este es el presupuesto primordial de las religiones.

La dominación solo es posible, entre otras cosas, por el chantaje: solo podrás salvarte si me obedeces, si me haces caso, para salvarte tienes que cumplir con los mandamientos, con las tablas que nos entregó Dios. Después, este discurso se convierte en la alusión a la Ley del rey, a la Ley del soberano, que luego es la Ley el Estado moderno, la república; en este último caso, se trata de las leyes liberales. Viene después, como consecuencia de una nueva revolución francesa generalizada, haciendo hincapié en lo social, el cumplimiento con la Ley socialista. De esta manera, lo instaurado, como acto inaugural del Estado, por las religiones monoteístas, se convierte en paradigma, seguido por las “ideologías” y los modelos políticos concurrentes en la modernidad.

Como se podrá entrever, lo que sugerimos como hipótesis interpretativa provisional, es que, a pesar de los esfuerzos hechos por las sociedades, que de todas maneras configuraron variaciones, diferencias, historias singulares, en las sociedades humanas, no han sido suficientes estos esfuerzos, no han sido de gran alcance e impacto, como para lograr, no solo las variaciones y diferencias estatales y de las formas de las sociedades institucionalizadas, sino, también,  para lograr alterar el decurso completo, su direccionalidad desencadenada, optando por otras rutas completamente distintas.

Sin embargo, no podríamos comprender la alteridad, en sus múltiples variedades y formas, en distintas escalas, si, a su vez, no la contextuamos en el tejido entrelazado y complejo, también a distintas escalas, espacio-temporal. La alteridad adquiere su pleno sentido, usando este término ilustrativamente, en la complejidad. La alteridad altera, por así decirlo, pues en el tejido de la complejidad aparece como movimiento del mismo tejido. Incluso podríamos acercarnos, todavía metafóricamente, a la teoría de las cuerdas[5]. La alteridad, en sus plurales y múltiples formas vibra, al hacerlo, da no solo movimiento, en sus distintas singularidades, sino tonalidades materiales diversas a las composiciones singulares del tejido espacio-temporal. Al usar la alteridad en los planos de intensidad y espesores de intensidad del tejido espacio-temporal-territorial-social, nos referimos a que funciona como cuerdas, todavía lo decimos figurativamente, que vibran en el tejido social, ocasionando distintas asociaciones, composiciones y combinaciones sociales.

Ahora bien, si fuese así, ¿cómo explicar las genealogías del poder, que describimos, observamos, criticamos e interpelamos? Resumiendo y diciéndolo de manera sintética, dijimos que las instituciones relativas a las genealogías del poder se oponen a la alteridad, buscan truncarla, no sólo inhibirla y hasta hacerla desaparecer, entones cómo explicar a estas instituciones en tanto composiciones sociales, perdurables, aferradas a permanecer. La anti-alteridad, usando un término antagónico, que despliega como prácticas, como actividades, reglamentadas y normadas, las instituciones, solo podría explicarse también por una relación de captura de la alteridad. La anti-alteridad institucional reabsorbería las vibraciones de la alteridad, otorgándoles tonalidades distintas o, mas bien, usando las tonalidades en composiciones distintas, hasta opuestas.

Con esto decimos que las instituciones no producen nada, no crean nada, no tienen esta cualidad creativa, ni tampoco producente. Lo que hacen es apropiarse de las vibraciones, tonalidades, energía, potencia, de la alteridad, restringiendo su alcance, sus melodías, su espontaneidad creativa, fragmentándola, encajonándola, empobreciéndola, hasta convertirla en un ave disecada.

Cuando dijimos, en La explosión de la vida[6], que las sociedades, en realidad nunca dejaron de ser alterativas; que lo que pasa es que se lee a las sociedades desde teorías estatalistas. Con esto las ciencias sociales y humanas se ciegan los ojos y no pueden ver la alteridad, como dinámica efectiva de todas las sociedades.

Se requiere entonces, no solo la configuración de teorías no estatalistas, teorías no solo críticas, sino sensibles a la fenomenología de la alteridad, sino también, liberar la potencia social, capturada en las mallas institucionales, además de expandir desbordantemente la potencia social, constante, permanente, dinámica, en devenir, que fluye en la sociedad, en campos, territorios, planos y espesores de intensidad no capturados por las instituciones.


[1] Ver de Raúl Prada Alcoreza Más acá y más allá de la mirada humana. Dinámicas moleculares; La Paz 2014-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/mas-aca-y-mas-alla-de-la-mirada-humana/. Amazon: https://kdp.amazon.com/bookshelf.

[3] Ver de Raúl Prada Alcoreza Más allá del amigo y enemigo. Dinámicas moleculares; La Paz 2015.   http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/mas-alla-del-amigo-y-enemigo/.

[5] Ver, próximamente, Alteridad y nomadismo, de Raúl Prada Alcoreza. Texto todavía inédito. Dinámicas moleculares; La paz 2015.

[6] Ver de Raúl Prada Alcoreza La explosión de la vida. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-explosion-de-la-vida/.

Leer más: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/alteridad-y-complejidad/
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