La OTAN en la geopolítica estadounidense para la hegemonía global

Por Juan Antonio Aguilar*

Gracias al conocimiento de las doctrinas geopolíticas y al análisis de las posturas relativas manifestadas a lo largo de períodos significativamente largos, es posible verificar si un tratado de alianza militar es realmente un acuerdo entre iguales, o un entramado al servicio del socio hegemónico (o de una coalición de socios hegemónicos) que impone, diplomáticamente o de otra forma, sus intereses a los demás signatarios.

En el caso de la OTAN, el mayor beneficiario es una potencia marítima, los Estados Unidos. Los caracteres que distinguen el Pacto Atlántico son al menos tres: su larga duración, la limitación de la soberanía de la mayor parte de los aliados en beneficio de los EEUU y la agresividad de su organización (la OTAN).

En referencia a la primera característica, la OTAN ha superado con mucho el límite temporal que parecía subyacer por las condiciones de su nacimiento, al designar como enemigo geopolítico a la Unión Soviética. Cuando se trata esta cuestión, hay que tener en cuenta dos factores importantes: el primero, específico, Washington habló de alianzas temporales destinadas a mantener a los Estados Unidos “on a respectably defensive posture”, refiriéndose con esto claramente a acuerdos que debían durar todo el tiempo necesario para mantener a la Nación precisamente en una posición defensiva; el segundo hay que ponerlo en relación con la pulsión mesiánica que, además de animar el patriotismo estadounidense, condiciona y regula las elecciones expansionistas e imperialistas de Washington.

La limitación  de la soberanía de muchos miembros de la Alianza Atlántica se debe no sólo a su génesis, acaecida en un periodo en el que las naciones europeas, que habían salido destruidas de la guerra, tenían escasa capacidad de negociación con la potencia del otro lado del océano; sino, principalmente, a la serie de “medidas vinculantes de acompañamiento” que, constituida por acuerdos, tratados y cláusulas secretas entre los países europeos específicos y los EEUU, ha supuesto (y sigue suponiendo) la difusión de instalaciones logísticas y bases militares estadounidenses y de la OTAN en toda Europa.

En referencia al tercer carácter mencionado, el referente a la agresividad de la Organización de la Alianza Noratlántica, observamos que este resulta claro y manifiesto si se considera la articulada estrategia puesta sobre el terreno por los EEUU al término de la segunda Guerra Mundial con el fin de una auténtica hegemonía a nivel mundial. Tal estrategia se compone de dos dispositivos geopolíticos diferentes. El primero, basado fundamentalmente en mecanismos económicos, se refiere esencialmente a:

– el ERP, l’European Recovery Program, más conocido como Plan Marshall (1947), debido al nombre del entonces secretario de Estado, George Marshall. Mediante el plan de reconstrucción de Europa occidental, Washington condicionó, tal y como observaron los geopolíticos franceses Chauprade y Thual, la integración económica europea en un espacio económico controlado por ellos;

– el GATT, Acuerdo General sobre las Tarifas y el Comercio (1947) para favorecer la liberalización del comercio mundial erosionado las prerrogativas nacionales;

– el Banco Mundial (1945).

El otro dispositivo, diplomático y militar, comprendía más allá de la OTAN (1949):

– el Pacto de Bagdad, que luego se convirtió en el Pacto CENTO (Central Treaty Organisation) (1959), después de la salida de Iraq en 1958;

– el Pacto de Manila o SEATO (South East Asia Treaty Organization) de 1954;

– el Pacto Tripartito de seguridad entre Australia, Nueva Zelanda y EEUU, conocido con el acrónimo ANZUS, de 1951.

En tal estrategia es evidente la función de la OTAN como elemento de tutela militar en Europa occidental y mediterránea y de presión hacia las fronteras occidental y meridional de la Unión Soviética. La voluntad estadounidense de una guarnición militar en Europa surge también de la conocida afirmación del presidente Roosevelt, según la cual el Rhin tenía que ser considerado como la frontera oriental de los EEUU(1).

La OTAN constituye, desde su creación, una malla específica de la red estadounidense para cercar toda la masa eurasiática. La aplicación de la teoría del containment (un eufemismo retórico que ha enmascarado, en el periodo de la Guerra Fría, el cerco geoestratégico de Eurasia) en realidad era un claro acto de prepotencia militar y diplomática dirigido por los EEUU contra la URSS y, además, una advertencia amenazante a las otras naciones asiáticas y mediterráneas.

El carácter agresivo del Pacto Atlántico se ha manifestado, en los últimos años, con la ampliación (otro eufemismo que pretendería ocultar el carácter expansionista de los EEUU) de su organización hacia Europa oriental y las repúblicas centroasiáticas.

El Pacto atlántico se configura, por tanto, como una alianza típicamente hegemónica, antieuropea y anti-rusa en el periodo del bipolarismo; antieurasiática después del hundimiento de la Unión Soviética.

Antieuropea, porque con su presencia ha impedido la constitución de un ejército europeo y ha contribuido a la larga ocupación estadounidense del Viejo Continente; antieurasiática, porque ha impuesto a Europa occidental el bien conocido papel de “cabeza de puente” construida en el continente eurasiático en función de las miras estadounidenses para el dominio mundial.

En los albores del nuevo sistema multipolar, sin embargo, el dispositivo estadounidense parece que está ya obsoleto: una malla de red (por otra parte, cada vez más deshilachada) que no logra “contener” eficazmente la fuerza de las naciones asiáticas emergentes y su derecho, durante mucho tiempo conculcado, de determinar su propio destino.

El nuevo  concepto estratégico de la OTAN

Actualmente tiene lugar un amplio giro geopolítico en Europa que se inicia con el  reposicionamiento de Rusia como potencia regional y el debilitamiento de la presencia de Estados Unidos en este continente, debido a que se hallaba inmerso en las  intervenciones militares en Afganistán e Irak. Este giro se inicia aproximadamente en 2005. Además, Alemania se estaba acercando a Rusia. Debido a estos cambios en la correlación de fuerzas, han surgido nuevas tendencias de alineamiento de los países europeos. Así, el corredor europeo oriental que comprende los Estados Bálticos, Polonia, la República Checa, Eslovaquia,  Hungría,  Rumania  y  Bulgaria,  denominado  corredor  Intermarium(2), está  emergiendo  como  un  área  de  contención  entre  Rusia  y  Estados Unidos. Esto significa que la línea de batalla que dividía Europa entre los dos bloques de la Guerra Fría, se ha movido hacia el Este y los países a lo largo de esta línea están buscando seguir alineados con Occidente(3). En este contexto tuvo lugar la reunión de la Organización del Tratado  del Atlántico Norte en Lisboa en noviembre de 2010, que tuvo como objetivo aprobar un nuevo concepto estratégico para la próxima década.

Esta reunión de los 28 miembros de la (OTAN) en Lisboa tuvo mucha importancia para Europa Occidental y especialmente para Alemania, que busca beneficiarse de la energía y del intercambio económico con Rusia y el reposicionamiento de ésta es un asunto secundario. Así, las potencias europeas fundamentales como Alemania, Francia  e Italia no deseaban una nueva confrontación con Rusia. Al mismo tiempo, las intervenciones de Estados Unidos en Afganistán e Irak han dejado a sus fuerzas de combate comprometidas y sin reserva estratégica.

Por otra parte, la severa crisis económica europea ha convertido a Alemania  en el líder político. La crisis de la deuda soberana ha sido la oportunidad  de  que  Berlín  tome  el  control  de  las  decisiones  en  la  Unión Europea (UE). Berlín tiene el objetivo de aprovechar la actual crisis para reconfigurar la UE a su propia imagen.

A su vez, París tiene el objetivo de administrar el ascenso de Berlín y preservar un papel clave en el liderazgo de la UE. Europa Occidental por lo tanto, deseaba tener la posibilidad que tuvo durante la Guerra Fría de ser capaz de ordenar su territorio y no tiene el objetivo de ser parte de la guerra contra el Islam militante o contener el ascenso ruso.

En  esta  nueva  situación, la OTAN ha buscado definir nuevamente su misión, pero se encuentra con contradicciones internas importantes entre tres grupos de países. Los intereses de cada grupo son:

– Atlantistas, liderados por Estados Unidos, que tienen el objetivo de que la alianza se oriente hacia escenarios nuevos más allá de Europa, como Afganistán, Irak y Libia y a amenazas de seguridad no tradicionales como la cyberseguridad, el terrorismo,  etc.  y  piden  un  aumento  del  compromiso  de  las potencias europeas en gastos de defensa y un sistema de toma de decisiones reformado que elimine el veto de un solo miembro  en  algunas  situaciones,  y  que  permita  que  el  Secretario General  de  la   OTAN  tenga  poderes  predeterminados  para actuar sin autorización en  otras situaciones . Lo último es en interés de Estados Unidos, porque es Washington el que siempre tendrá el mayor dominio sobre el Secretario  General.

– El centro de Europa, grupo liderado por Alemania y Francia, que tiene el  objetivo de ejercer más control sobre los despliegues de la alianza fuera de Europa para limitarlos y la libertad para recortar el gasto de defensa, pocos países que están gastando sólo el 2% del PIB. También quieren más cooperación con Rusia.

– Países del Intermarium: desean la reafirmación del artículo V de la OTAN, retóricamente y vía ejercicios militares y piden mencionar a Rusia en el Nuevo Concepto Estratégico como una potencia que no puede ser confiable por sus objetivos. Algunos miembros  de  este  grupo  también  desean  una  política  de  puertas abiertas a Georgia y Ucrania, para expandir más al Este la frontera de la OTAN con Rusia.

Por lo tanto, al carecer de una amenaza común que galvanice la alianza, la pregunta es: ¿qué une a la OTAN en el siglo XXI? La Cumbre de Lisboa del 19 al 20 de noviembre de 2010 de la OTAN para definir un nuevo concepto estratégico, fue la más importante reunión de los líderes de la OTAN en este siglo XXI. Los acontecimientos más importantes que le dieron marco fueron las más grandes operaciones en Afganistán y el resurgimiento de Rusia. El reto de esta reunión fue formular un concepto estratégico que satisficiera a los 28 miembros, pero no está claro que este objetivo fuera alcanzado.

El escudo  antimisiles de la OTAN para Europa

Debido a las recomendaciones de la Cumbre de Lisboa arriba anotadas, el 9 de junio de 2011, los Ministros de Defensa de los países miembros de la OTAN se reunieron con el Ministro de Defensa Ruso, Anatoly Serdiukov para planear la red del Sistema de Defensa Antimisil (DAM), que se colocaría en Europa. Este  sistema de Defensa antimisil es la forma en que Europa Central y Oriental están respondiendo a los giros geopolíticos que han creado un fortalecimiento de la relación ruso-germana en la medida en que Rusia se reposiciona en los territorios ex soviéticos. Tras aquél encuentro, el Secretario General de la OTAN A.F. Rasmussen, afirmó que la OTAN no daría a Moscú ninguna seguridad legal de que la DAM no estaría dirigida contra Rusia.

Sobre estas declaraciones de Rasmussen, el politólogo ruso Vadim Trujachev escribió:

“Esto significa que hasta cierto límite, las máscaras se han quitado, ya que careciendo de garantías legales de que el sistema DAM de la OTAN no será dirigido contra Rusia, ésta debería buscar un antídoto. Si la situación continúa desarrollándose de la misma manera en los años por venir, Rusia estará rodeada por la DAM estadounidense en Polonia, Rumania y posiblemente Bulgaria. Rasmussen lo dejó claro: la OTAN no renunciará a sus planes y no oirá las objeciones de Rusia”(4).

El fracaso de la política estadounidense del reset con Rusia

El fracaso del proyecto de construcción de un sistema de defensa europeo en el marco de la OTAN  que incluyera a Rusia se debió también al giro de la estrategia denominada de reset de Estados Unidos hacia Rusia impulsada por Barack Obama, que en un inicio intentó dar un cambio a la política internacional de Estados Unidos y suavizar el estado de confrontación provocado por el conflicto entre Rusia y Georgia, que en realidad fue casi un conflicto entre Rusia y la OTAN. A medida que ha transcurrido la administración Obama, el Complejo Militar Industrial estadounidense, las compañías petroleras y las grandes transnacionales han presionado a la Casa Blanca para que retome el curso belicista de la anterior administración Bush.

Además del nuevo papel que le quería asignar a la OTAN y de la construcción de un escudo antimisil en Europa del Este, habría que añadir dos variables más al análisis geoestratégico norteamericano:

–          el cambio geopolítico en África, en el cual se inscribe el ataque a Libia, que  primordialmente fue dirigido contra la creciente presencia de China en este continente

–          el conflicto con Irán por la construcción de plantas de energía nuclear

Ante esta situación el presidente Obama retomó las políticas de cerco a Rusia y de lucha contra el terrorismo, como justificación de sus incursiones en otros países. El punto más significativo del retroceso de la administración Obama fue el ataque de la OTAN a Libia. EE.UU. y la OTAN provocaron una guerra civil en Libia, como pretexto para sus planes de agresión militar. Se lanzó una campaña sistemática de desinformación mediática, similar a la utilizada contra Iraq de 1991 a 2003.

El punto crucial es que el abandono del reset por un una estrategia belicista en Europa, coincide con las aspiraciones de los países del denominado Intermarium.

Rusia no se ha quedado inmóvil en la medida en que los países europeos responden a la evolución de la geopolítica del continente. Moscú está preocupado por la presencia de Estados Unidos en la región, ya que es percibida como una amenaza tangible. Para intenta detener el involucramiento militar estadounidense en Europa Oriental ha amenazado con instalar misiles  Iskander, misiles balísticos de corto alcance, en Kaliningrado y Belarús, ha forzado la negociación de Estados  Unidos  con Irán sobre el Programa Nuclear y ha cerrado las rutas alternativas de transporte a Afganistán.  Sin  embargo,  Rusia  ha tomado en cuenta que contraponer el sistema DAM con respuestas militares donde sea, podría unificar a la OTAN contra si. En Washington, la estrategia de Moscú es denominada “táctica del caos”. Es decir, el  Kremlin sembrará el caos en Europa al cooperar con Europa Occidental en asuntos de seguridad. La oferta de un sistema DAM conjunto OTAN-Rusia era un ejemplo de esta táctica

El giro geopolítico en Europa ha generado fuertes tensiones dentro de la UE y la Alianza Atlántica. Los países del Intermarium no desean jugar el papel que le tocó a Alemania durante la Guerra Fría. En lugar de esto, el Intermarium y los países nórdicos, liderados por Polonia y Suecia, desean levantar una zona tapón entre Europa y Rusia hacia Belarús y Ucrania. Si consiguen al menos que estos países sean neutrales y que no estén formalmente integrados dentro de la esfera de influencia política, económica y militar de Rusia, entonces Europa Oriental se sentirá relativamente segura. Esto explica la coordinación actual polaco-sueca en asuntos como el Programa de Asociación Oriental de la Unión Europea y ayuda a entender los entresijos del conflicto ucraniano tras el golpe de Estado del Maidán, apoyado desde Occidente.

Estos  movimientos son significativas ampliaciones de la relación de seguridad polaco-estadounidense. Así, los despliegues de tropas estadounidenses y aviación en Polonia (y posteriormente en los Países Bálticos), son un paso geopolítico significativo de Estados Unidos para cercar la antigua esfera de influencia rusa y Moscú definitivamente lo ve como una invasión a su línea de defensa. Además, la actual crisis económica, con un punto crítico localizado en Grecia, plantea dos difíciles cuestiones: Si la Unión Europea como entidad es viable y si las reformas propuestas para estabilizar Europa representan una solución para los países del Este, más cuando Varsovia y Praga, las más fuertes economías de esta región, no quieren ingresar en la zona euro. Por último, es necesario considerar dos preocupaciones añadidas: la dependencia energética de Rusia y las oportunidades de inversión en la zona de influencia de Moscú. Debido a la crisis desatada en 2008 y que aún se prolonga, Alemania ha decidido diseñar una estructura económica post crisis, bajo la cual Berlín decidirá los destinos de sus vecinos en la eurozona (5).

¿Hacia una nueva Guerra Fría?

Si analizamos la situación de una forma objetiva con miras a entender lo que realmente ocurrió en la última década en la zona euroatlántica, observaremos síntomas de lo que venimos argumentando y el sentido real de la nueva geopolítica de la OTAN. He aquí un breve resumen de los hechos.

– suspensión del Proyecto NRC de lucha contra el narcotráficoproveniente de Afganistán, Asia Central y Pakistán;- la iniciativa de la Alianza de suspender el intercambio de datos dentro de la Iniciativa de Espacio Aéreo Común NRC;- la iniciativa de la Alianza de suspender el Proyecto NRC sobre detección de dispositivos y terroristas suicidas en los medios de transporte masivos (STANDEX);– suspensión de intercambio de información sobre las amenazas terroristas desde el Medio Oriente y África del Norte;– la remilitarización de los antiguos países de la Unión Soviética en Europa Central, Oriental y del Sur de Europa y los Estados bálticos. El fin de la Guerra Fría dio oportunidades sin precedentes para superar las divisiones de Europa. La política exterior rusa estaba dirigido a la construcción de la “arquitectura abierta” y un espacio común de paz, seguridad y estabilidad en la zona euroatlántica basado en los principios de igualdad de la cooperación y la confianza mutua. Rusia hizo una contribución crucial a la eliminación de tropas en el Este de Europa. Entre 1991-1994 Rusia disolvió el Grupo Occidental de Fuerzas en Alemania (aproximadamente 5.000 tanques, hasta 10.000 vehículos blindados, 1.500 helicópteros y aviones militares, más de 330.000 militares), el Grupo Norte de Fuerzas en Polonia (20 lanzadores de misiles de corto alcance, 599 tanques, 485 vehículos blindados de combate, 390 cañones de artillería, 202 aviones militares, 114 helicópteros, 56.000 soldados), el Grupo Central de Fuerzas en Checoslovaquia (72.000 soldados), el Norte-Occidental en los estados bálticos (250.000 soldados) y el Grupo Sur de Fuerzas en Hungría (aproximadamente 100.000 efectivos militares). Por desgracia, la dirección política de los países occidentales han puesto en juego “una arquitectura cerrada” con el envío e instalación de tropas y material pesado, aviones de combate y bases militares permanentes en todo el Este, desde el Báltico hasta Kosovo. Como resultado, las líneas divisorias en Europa no han sido borradas, simplemente se han desplazado hacia el Este;– la expulsión de Rusia de los esfuerzos multilaterales para fortalecer la seguridad europea. De nada ha servido la colaboración de Rusia en las misiones de paz internacionales. Recordemos. La marina de guerra rusa ha estado patrullando el Mar Mediterráneo en el marco de la operación “Active Endeavour” y ha estado cooperando en temas de lucha contra el terrorismo conjuntamente con los países de la OTAN frente a la piratería en el Golfo de Adén. Pacificadores rusos participaron junto a las divisiones de los Estados miembros de la OTAN en la operación bajo el mandato de la ONU en Bosnia y Herzegovina en 1995-2003. Su papel fue primordial en la planificación conjunta de la primera misión marítima de la NRC para la eliminación segura de las armas químicas sirias en el buque estadounidense “Cape Ray”. El papel estabilizador de Rusia durante la crisis de Kosovo, a pesar de la “Intervención humanitaria” de la OTAN en Yugoslavia, que  se convirtió en el golpe más duro a los principios básicos de las relaciones internacionales y afectó seriamente la confianza entre los Estados. La Federación de Rusia ha participado y sigue participando en otras operaciones de mantenimiento de la paz. Desde 1992 las fuerzas de paz rusas (en estrecha colaboración con militares de Moldavia y Transnistria y con la participación de observadores de Ucrania) se desplegaron en Transnistria. En 1992-2008, de conformidad con los acuerdos internacionales, las fuerzas militares rusas estaban llevando a cabo una misión de mantenimiento de la paz como parte de la fuerza de paz conjunta en la zona de Osetia del Sur, Abjasia y Georgia. Operación de mantenimiento de la paz en Tayikistán (1993-2000), con personal ruso evitó una guerra civil en Asia Central, y ha contribuido a una reducción del flujo de armas de fuego y drogas desde Afganistán. Igualmente, en 1994 Rusia ayudó en la negociación de un acuerdo de alto el fuego entre Azerbaiyán, Armenia y Nagorno-Karabaj;– control de las armas convencionales en Europa. La tarea de desmantelar el legado de la “guerra fría” requería la consolidación de los esfuerzos de todos los países europeos. Rusia jugó un papel vital en este proceso, por medio del Tratado sobre Fuerzas Armadas Convencionales en Europa (FACE), que se firmó el 19 de noviembre de 1990, y su posterior implementación. Pero la nueva geopolítica de la OTAN está dinamitando el Tratado con un despliegue cada vez mayor de tropas y sistemas de armas en las fronteras de Rusia. Es evidente, a estas alturas, que los EE.UU. y sus aliados más cercanos en Europa en realidad no tienen intención de ratificar un nuevo acuerdo FACE. En consecuencia, el pasado 11 de marzo 2015, Rusia decidió suspender su participación en las reuniones del Grupo Consultivo Mixto del Tratado, ya que el trabajo práctico en este formato fue de hecho suspendido. Los documentos de la Cumbre de la OTAN en Gales (4-5 septiembre, 2014) no contienen un solo intento de redefinir la cuestión del control de armas con el fin de fortalecer la seguridad sobre la base de un análisis exhaustivo militar y político de los acontecimientos en Europa;– creación del sistema de defensa global antimisiles de EE.UU.La decisión de construir un sistema de defensa global antimisiles afecta directamente a la seguridad de la Federación de Rusia. Como hemos comentado, durante los últimos quince años Rusia ha propuesto en varias ocasiones diversas iniciativas en el ámbito de la defensa de misiles. Por desgracia, ninguno de ellos se ha realizado debido a la posición inflexible de los EE.UU. y sus aliados de la OTAN, para quien la defensa es aparentemente una herramienta para asegurar su propia superioridad militar, sin tener en cuenta los intereses de seguridad de otros países. El Tratado ABM de 1972 (estuvo en vigor hasta junio de 2002) prohibía el establecimiento de sistemas anti-misiles de gran escala en Rusia y los Estados Unidos y por lo tanto contribuyó a la previsibilidad de la situación estratégica. Rusia siempre ha abogado por la preservación de este Acuerdo. El 13 de diciembre de 2001, los EE.UU. anunciaron su decisión de retirarse del Tratado ABM. El 24 de mayo de 2002, una declaración conjunta “en la nueva relación estratégica entre los Estados Unidos de América y la Federación de Rusia“, fue adoptada en Moscú, sin embargo, los resultados prácticos fueron mínimos y Washington continuó su política de despliegue unilateral del sistema global de defensa antimisiles (DAM) en todo el mundo, incluyendo Europa. El despliegue del sistema contradice el principio básico de las relaciones estratégicas entre Rusia y Estados Unidos que requieren de un equilibrio entre armas estratégicas ofensivas y defensivas. Se rompe así, el equilibrio estratégico establecido mediante la creación de ventajas unilaterales significativos para los EE.UU.  La puesta en marcha con Obama de un nuevo proyecto BMD para la defensa de misiles prevé el despliegue de interceptores y otros activos DAM junto a las fronteras de Rusia y en los mares que la rodean. El nuevo Concepto Estratégico de la OTAN aprobado en la Cumbre de Lisboa de la OTAN (noviembre de 2010) declaró este sistema de misiles “defensivos” como una de las competencias “clave” de la Alianza, lo que significó la participación de muchos Estados europeos en el proyecto.

Aunque la OTAN siempre ha utilizado la “excusa” de los misiles iraníes para justificar la instalación del BMD en Europa, la realidad es que los acuerdos sobre el programa nuclear iraní alcanzado en Ginebra (2013) y Lausana (2015) no han afectado a los planes para el despliegue del sistema antimisiles. Esto deja en evidencia que el objetivo real del BMD es conseguir una ventaja estratégica, no contra Irán, sino contra Rusia.  Finalmente, cuando la crisis de Ucrania comenzó en la primavera de 2014 los EE.UU. suspendieron las actividades de la Comisión Presidencial Ruso-americana y sus grupos de trabajo correspondientes donde se había llevado a cabo el debate sobre las cuestiones de la DAM;

– ampliación de la OTAN y movimiento de su infraestructura militar hacia el Este. La actual crisis de seguridad euroatlántica se ha generado en gran parte por el hecho de que la OTAN lleva en su “código genético” un modelo de seguridad heredado de la guerra fría, que es lo único que justifica su existencia. Hubo promesas de no ampliar la OTAN que se hicieron, en algún caso, incluso públicamente, pero hoy en día la OTAN prefiere no recordarlos. Durante las negociaciones para el arreglo definitivo de la reunificación alemana, los líderes de los estados miembros de la OTAN garantizaron a las autoridades soviéticas que no había ningún plan para la ampliación hacia el Este. Prueba documental de las garantías ofrecidas por los líderes occidentales se puede encontrar en los documentos desclasificados en mayo 2006, los registros con las conversaciones de Mijaíl Gorbachov con el Secretario de Estado James Baker (9 de febrero, 1990), del canciller de Alemania Helmut Kohl (10 de febrero, 1990) y del presidente de Francia Francois Mitterrand (6 de mayo, 1991). Todo fue un engaño. La ampliación de la OTAN sólo ha generado las condiciones previas para un nuevo telón de acero pero impulsado desde Occidente. Un ejemplo son las repúblicas bálticas. Cuando Letonia, Lituania y Estonia se unieron a la alianza en 2004, se estableció una misión aérea policial en el Báltico. Los argumentos rusos de que no había razones objetivas para tomar tal decisión fueron rechazados bajo el pretexto de que era inaceptable crear zonas con diferentes niveles de seguridad dentro de la OTAN. En la actualidad, las armas del Ejército de Estados Unidos y su equipo militar se están desplegando en los países bálticos.

El resultado de la nueva geoestrategia de la OTAN ha sido llevar su infraestructura militar directamente a las fronteras rusas para en caso de un conflicto militar, tener casi toda la parte europea del territorio ruso al alcance de los ataques de las fuerzas aéreas de los Estados miembros de la OTAN. El llamado tiempo de vuelo se reduce a la mitad. Las medidas emprendidas desde 2008 tendentes a homologar instalaciones militares en los países bálticos, Rumania, Polonia y Bulgaria a los estándares de la OTAN hacen esos objetivos aún más alcanzables. EE.UU. planea fortalecer sustancialmente el potencial militar de sus aliados de Europa del Este equipando a sus fuerzas armadas con armamento avanzado, por ejemplo misiles de crucero “JASSM”. Esto permitiría a las fuerzas aéreas tácticas de los estados miembros de la OTAN atacar objetivos profundos en el territorio de Rusia, sin entrar en la zona de operaciones de la defensa aérea de Rusia. Todo esto se ha agudizado más desde el comienzo de la crisis de Ucrania. Aviones, vehículos blindados y miles de soldados se están estacionando actualmente en los estados de Europa del Este; buques de guerra de la OTAN están permanentemente presentes en la cuenca del mar Negro y se han reforzado los grupos navales que patrullan el Báltico y el Mediterráneo. Igualmente, se han incrementado la escala y composición de los ejercicios militares aliados en Europa. En 2014, el número de ejercicios operacionales y de combate creció un 80%, más de 200 maniobras de la OTAN se desarrollaron en Europa.

Por desgracia, la tendencia es a empeorar esta situación. La capacidad operativa de las fuerzas armadas de la OTAN se incrementará de acuerdo con el Plan de Acción de Entrenamiento de la Alianza aprobado en la Cumbre del Reino Unido en septiembre de 2014. Por ejemplo, en 2016 se prevé aumentar el número de unidades de la Fuerza de Respuesta de la OTAN (NRF) de 13 a 30 mil hombres. Dentro de la NRF también se prevé crear una Fuerza Conjunta de Alta Disponibilidad (con componentes terrestres, aéreos y marítimos) capaz de ser desplegado rápidamente (de dos a siete días) y estaría formado por 5.000 militares. Para asegurar la implementación de estas fuerzas en las fronteras de Rusia, así como la formación y la interacción adecuada con las fuerzas armadas nacionales de los países de acogida, se decidió establecer una red de seis centros de mando avanzado en el Báltico, Polonia, Bulgaria y Rumania. Tales elementos, posiblemente, pueden establecerse en otros países de la región. Al mismo tiempo, un sistema de apoyo logístico, incluyendo instalaciones de almacenamiento de equipo militar, municiones, combustibles y lubricantes, y otros materiales de construcción, está previsto que se desplieguen en el territorio de los países de Europa del Este.

Todo lo anterior hace posible no sólo desplegar rápidamente fuerzas de la OTAN cerca de las fronteras rusas, sino también, si fuera necesario, acelerar significativamente el posterior establecimiento de fuerzas al reducir el tiempo de transporte de las unidades desde los EE.UU. y el Reino Unido hacia el continente. Además, ha sido firmado con Finlandia y Suecia un acuerdo que legitima la posibilidad de desplegar tropas de la OTAN de forma permanente en el territorio de estos países y utilizar su infraestructura para apoyar a las fuerzas de la coalición en el norte de Europa.

Las actividades de los aviones militares de Rusia y de la OTAN merecen una atención particular. El ruido que genera la Alianza sobre los «riesgos» para el tráfico aéreo civil planteado por los vuelos de los aviones militares rusos cerca de las fronteras de los países de la OTAN «con transpondedores apagados» es obviamente engañoso. Los vuelos de aviones rusos se llevan a cabo en estricto cumplimiento de las normas internacionales de gestión del espacio aéreo, sobre mar abierto, sin entrar en el espacio aéreo y sin violar las fronteras de otros estados. Dado el hecho de que las actividades militares de los aviones de la OTAN cerca de las fronteras rusas supera los de la aviación rusa, parece que la publicidad en los países occidentales sobre los llamados casos de las violaciones de las normas por la Fuerza Aérea rusa solo está dirigido a desviar la atención de la comunidad internacional de la acumulación de fuerzas y armas en los países de la OTAN cerca de las fronteras rusas. Los países de la OTAN han aumentado significativamente (en 4 veces) su misión aérea en el Báltico. La intensidad de los vuelos de reconocimiento por parte de los miembros de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y la Alianza sobre el territorio de los países bálticos, el Mar Báltico y el Mar de Barents, han aumentado considerablemente y representan actualmente más de 8-12 salidas por semana. Todas las rutas de vuelo se encuentran en las proximidades de las fronteras rusas. Los vuelos de reconocimiento estratégicos por parte de la Fuerza Aérea de Estados Unidos con naves RC-135 se realizan casi a diario. En 2014, se llevaron a cabo más de 140 vuelos frente a los 22 de 2013. Desde enero de 2015 se han detectado vuelos regulares de drones de reconocimiento estratégico Global Hawk de Estados Unidos en esta área y en marzo de 2015 aparecieron en el espacio aéreo de Ucrania por primera vez. Los países de la OTAN utilizan sistemas de alerta y control aerotransportado E-3A «AWACS» desde las bases aéreas de «Geilenkirchen» (Alemania), «Konya» (Turquía) y «Preveza» (Grecia) para supervisar la situación del tráfico en la parte occidental del Mar Negro, sobre el territorio de Ucrania y en las regiones occidentales de la Federación Rusa. Aviones similares de la Royal Air Force británica y de Francia, desde bases aéreas de «Waddington» y «Avord», se han utilizado periódicamente para los mismos fines. Estos aviones realizaron 460 vuelos en el espacio aéreo de Polonia y Rumania en 2014. El número total de vuelos tácticos de la OTAN en las regiones fronterizas de Rusia y Bielorrusia en 2014 ascendió a más de 3,000 misiones de combate;

– la crisis de Ucrania como excusa para la nueva geoestrategia de la OTAN contra Rusia. En febrero 2014 se produjo un golpe de Estado en Kiev, organizado desde Occidente con la ayuda de elementos nacionalistas y radicales. El acuerdo entre las autoridades legitimas y la oposición, que se firmó con la participación activa de los países occidentales, se violó, iniciándose una violenta represión de la disidencia que provocó la confrontación armada en el este de Ucrania. Los acontecimientos en Ucrania fueron utilizados inmediatamente por la Alianza para volver a “legitimar” el discurso de la defensa colectiva ante la amenaza rusa. La OTAN decidió el 1 de abril de 2014 suspender toda cooperación práctica y de facto con Rusia. Las acusaciones por parte de algunos funcionarios de la OTAN sobre la llamada ‘la agresión rusa en el sureste de Ucrania” siguen siendo infundadas y sin conexión con la realidad. Más bien es al contrario, existen ejemplos de acciones por parte de las autoridades de Kiev que han sido clasificados por las organizaciones internacionales como violaciones de las normas del Derecho Internacional.

El objetivo geopolítico último de la OTAN

Todos estos hechos que hemos analizado a nivel operacional tienen un trasfondo geoestratégico. En un artículo de abril de 2013, el analista geopolítico Alfredo Jalife-Rahme identificaba claramente el objetivo estratégico que EEUU buscaba con la configuración de una nueva OTAN para el siglo XXI y la reaparición de la “amenaza rusa”:

El proyecto de Barack Obama de crear una Zona de Libre Comercio Transatlántico no debe ser analizado únicamente desde un punto de vista económico. El objetivo es dar a los países miembros de la OTAN una identidad capitalista y de unirlos entre sí de manera definitiva. Visto desde ese ángulo, ese proyecto es una manera de prolongar el predominio estadounidense extendiéndolo a la Unión Europea en su conjunto. Pero también constituye una declaración de guerra para todo el resto del mundo, en particular para los BRICS.

En su mensaje sobre el Estado de la Unión, Obama lanzó una idea audaz, de apariencia comercial inocua pero de enorme profundidad geoestratégica, ya que encubre la creación de un superbloque holístico que representaría la máxima superpotencia militar y geoeconómica del planeta (50% del PIB global y la tercera parte del comercio planetario). Se trata de la creación de un bloque de libre comercio del Atlántico Norte (TTID, por sus siglas en inglés) entre los tres países del TLCAN(6) –obviamente, ni permiso pidió el omnipotente presidente de Estados Unidos a sus supuestos «socios» de Canadá y México– con los 28 países de la Unión Europea. La UE, si es que no se balcaniza antes y si finalmente se salva de la grave crisis del euro, podría incorporar la cuadripartita Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA, por sus siglas en inglés: Islandia, Noruega, Suiza y Liechtenstein) y quizá, siendo exageradamente optimistas, mediante la «agenda de expansión europea», a los países balcánicos escindidos de la antigua Yugoslavia e incluso a Turquía, donde se libra una batalla ontológica sobre su destino euroasiático”.(7 )

Es evidente que este proyecto es susceptible de transformar las coordenadas de la geopolítica global, y ha sido concebido para contrarrestar el ascenso irresistible de China, de por sí cercada doblemente: desde el punto de vista militar, por el nuevo «pivote» de Obama –el choque de intereses entre Japón y China sobre las islas Diaoyu– y, desde el punto de vista mercantil, por la creación del bloque comercial de la Alianza del Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés).

Nadie ha descrito el proyecto mercantilista de Obama en como el primer ministro británico David Cameron, un fundamentalista neoliberal. A él se han sumado con entusiasmo redentor tanto la atribulada canciller alemana Angela Merkel, como los apparatchiks de la Comisión Europea, con la notable reticencia del presidente francés, Francois Hollande.

Vale la pena resaltar la explicación que dio Philip Stephens, delFinancial Times (8), portavoz de la finanza global, quien, al unísono del oligopolio multimediático anglosajón, afirmó con euforia que el «Pacto Transatlántico promete un premio mayor» con la resurrección del «orden político liberal que recientemente parecía en retirada». Stephens vislumbra el advenimiento del TTID como un «fin geopolítico»: la «economía como medio de un fin». No lo dice, pero se hace eco de un G-2 geopolítico entre las otrora poderosas geoeconomías hoy alicaídas a los dos lados el Atlántico Norte.

¿Se apresta Estados Unidos a tragarse militarmente la Unión Europea, hoy cruelmente vapuleada con la grave crisis del euro y el espectro de su balcanización o la crisis griega? ¿Llevará el pacto a una unificación monetarista de las dos mayores divisas del planeta con un euro castrado y totalmente sometido al dólar?

Aun sin contabilizar los obstáculos que parecieran infranqueables entre Estados Unidos y la Unión Europea, que van desde los alimentos genéticos alterados hasta los pollos clorados, pasando por la repulsiva fragmentación o fracking (9), todavía queda por ver la reacción que pueden provocar las ojivas nucleares de Vladimir Putin. ¿Cuáles serán las medidas preventivas y defensivas de la cercada China, que cuenta actualmente con las mayores reservas globales de divisas y que sigue creciendo en forma impresionante?

Una probabilidad es que el pacto económico noratlántico tenga como consecuencia un mayor acercamiento entre Rusia, la India y China, extensivo a los BRICS, mientras que los demás países tendrán que escoger por su cuenta y riesgo con cuál de los bloques van a jugar.

NOTAS

(1). Hastings Lionel Ismay, primer secretario de la OTAN, a propósito de las  finalidades del pacto, se expresó así: “to keep the Germans down, the Russians out and the Americans in” En Empires, Herfried Münkler, Ed. Polity Press, 2007, pág.41. El objetivo principal de la OTAN, en referencia a Europa, por tanto, era el de mantener la presencia americana en el territorio europeo, no el de “defenderlo”.

(2) Intermarium es un término tomado del líder polaco Josef Pilsudsky, que vivió en el periodo entreguerras mundiales, que consideraba que Alemania y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) no serían permanentemente  débiles.  Su  propuesta  fue  una  alianza  que  fortaleciera  la región que comprende desde el Mar Báltico al Mar Negro, incluyendo a los países al Occidente de los Cárpatos. Hoy este término en la Geopolítica es útil como una manera de agrupar países colindantes con  la esfera de influencia de Rusia y que están cautelosos de la nueva relación de Berlín con Moscú. Estos son: Estados Bálticos, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Rumania y Bulgaria, y puede incluir a Suecia y a Finlandia, ya que ambos países están también cautelosos de Rusia y tienen interés de mantener a las repúblicas Bálticas independientes de Moscú, porque consideran la región Báltica como su propia esfera de influencia y son los líderes del Grupo Nórdico.

(3)  “Europe: A Shifting battleground!”, part1, Strategic Forecasting, 7 de junio de 2011, p.1, www.stratfor.org.

(4) “NATO threatens Russia with its missile defense system”, por Vadim Trukhachev. Pravda.Ru. 10 de junio de 2011.

(5) “German designs for Europe’s Economic Future”, Stratfor, 4 de noviembre de 2010, p.1.

(6) Siglas en español de Tratado de Libre Comercio de América del Norte ya vigente entre Canadá, Estados Unidos y México.

(7) “¿OTAN económica y/o G-2 geopolítico?”, por Alfredo Jalife-Rahme.Red Voltaire. 4 de abril de 2013.

(8) «Transatlantic pact promises bigger prize», por Philip Stephens, The Financial Times, 14 de febrero de 2013.

(9) Técnica extremadamente contaminante utilizada en la extracción del gas de esquisto.

*Director de Elespiadigital.com

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