Fetichismo geopolítico

Fetichismo geopolítico

A propósito de la geopolítica sinuosa de la OTAN

Raúl Prada Alcoreza

 

Geopolítica sinuosa de la OTAN

 

 

 

¿Cuál es la geopolítica de la OTAN después de la aparente culminación de la guerra fría? ¿Continuar con la guerra fría, por otros caminos, con otros argumentos, menos elaborados, un poco más excéntricos, como dicen algunos analistas? ¿Se trata de consolidar la hegemonía, por lo menos la dominación, unipolar de la híper-potencia imperialista, que es el complejo económico-militar-tecnológico-científico-comunicacional de los Estados Unidos de Norte América, como dicen otros analistas? ¿La estrategia es adelantarse a la guerra por los recursos, por la energía, por el agua, que se avecina, como otros analistas predicen? ¿Es una estrategia de las máquinas de guerra del sistema-mundo capitalista, en la etapa crepuscular de la dominación del capitalismo financiero, combinada con el capitalismo extractivista, como nosotros dijimos[1]?  Vamos a evaluar estas preguntas, sus hipotéticas respuestas, sus argumentadas interpretaciones, a la luz de la coyuntura mundial, que halla sus zonas de conflicto de mediana y alta intensidad en el medio oriente y en la Europa oriental.

 

La declaración de la OTAN, después de los bombardeos rusos a las posiciones, depósitos de armamentos, centros de operaciones, campos de entrenamiento, del Estado Islámico, es prácticamente una confesión, aunque velada e implícita, de su complicidad en la conformación del fundamentalismo copioso y exagerado del Estado Islámico, para ser cierto. La declaración dice, más o menos, en su parte sobresaliente, lo siguiente: que la OTAN va a defender a Turquía, que es miembro de la OTAN. Como si Turquía fuera la amenazada y no se estuviera amenazados por el Estado Islámico. ¿No era que la OTAN, los estados de Europa, Estados Unidos de Norte América, estaban en una guerra declarada contra el terrorismo? Cuando los bombardeos rusos son efectivos contra las posiciones del Estado Islámico – no como cuando los bombardeos norteamericanos y europeos, los franceses, eran notoriamente poco efectivos -, simulando bombardear estas posiciones, la OTAN se siente desolada, incluso amenazada. Esa declaración no solamente dice explícitamente que defenderá Turquía, sino dice implícitamente, que defiende las posiciones del ISIS.

 

Este es el meollo de la cuestión. La OTAN y Estados Unidos conformaron el ISIS, como un dispositivo exacerbado, enmascarado de terrorismo, con otros objetivos, que no son los declarados, de combatir el terrorismo. ¿Cuáles son estos objetivos?  ¿Destruir Siria, atacar Irán, que es lo que conjeturan otros analistas, sobre todo partidarios de la defensa de ambos países contra la agresión imperialista? ¿Para qué? ¿Control y dominio del preciado recurso del petróleo? En otro escrito dijimos, que, en todo caso, estas potencias dominantes del sistema-mundo capitalista, no necesitan hacer la guerra para dominar, pues ya tienen el monopolio de las cadenas energéticas, desde su extracción hasta su industrialización, comercio y especulación[2]. No se necesita una guerra para mantener el dominio que ya lo tienen. ¿Acaso se trata de, incluso, quitar a los países exportadores del petróleo las magnitudes de la parte que les toca de los términos de intercambio ganados? ¿Apuntalar la geopolítica a un control absoluto, disminuyendo al máximo, es decir, haciendo desaparecer la soberanía de los países productores de petróleo? Teóricamente puede ser aceptada esta hipótesis, aunque se encuentre un tanto poco fundamentada, en comparación con las circunstancias y condiciones de la mecánica del funcionamiento del sistema-mundo y la economía-mundo capitalista, en el periodo actual, del dominio financiero global; circunstancias y condiciones que requieren se descritas y explicadas.

 

Otra cosa que dijimos es que asistimos a la hipertrofia de las máquinas de guerra, de los complejos tecnológicos-industriales-militares, de los aparatos de inteligencia y de información, de los irradiantes y globalizados medios de comunicación y de sus versiones virtuales, en redes que ya envuelven al planeta, como abultadas telarañas. Que esta hipertrofia explica la generación de estrategias propias, parciales, especializadas, de estos aparatos de guerra, que, incluso, cobran independencia, respecto a sus sociedades, pueblos y, es más, de sus estados. Para mantener sus cuantiosos presupuestos, gastos de guerra, de defensa, de inteligencia, en condiciones donde la guerra ya es, por decir, imposible, si es que se quiere ganar o sobrevivir. En realidad, estas máquinas de guerra, estos aparatos, estos complejos, en las condiciones de la tecnología militar de destrucción masiva, están demás; sus dimensiones son exageradas e insostenibles. Por eso, en consecuencia, lo que parece ser una explicación más plausible, una de ellas, es que estas máquinas de guerra hipertrofiadas requieren mantener el fantasma de la amenaza para seguir reproduciéndose en las dimensiones abultadas, escandalosas y grasosas, como lo hacen hasta ahora.  Por eso, asistimos, ya no a la continuidad de la guerra fría, ya no a las guerras de baja intensidad, que fueron como un puente, entre las guerras de alta intensidad y las actuales formas de guerra, sino a lo que llamamos guerras de laboratorio, que pueden adquirir dimensiones desde locales hasta regionales, incluso, en el peor de los casos, mundiales.

 

Estas interpretaciones hipotéticas y prospectivas son sugerentes, sobre todo para salir, primero, de las teorías de la conspiración, que son pobres teóricamente; empero, atrayentes por su especulación novelera. Segundo, para salir de los paradigmas economicistas, que reducen las explicaciones al determinismo económico. Tercero, para salir del recurrente paradigma religioso del fiel/infiel, convertido, por la política institucionalizada, en el esquematismo dualista del amigo/enemigo; paradigma que tiene como supuesto moral la lucha cósmica del bien y el mal. Sin embargo, a pesar de este desplazamiento saludable, es menester contrastar esta interpretación crítica con la descripción de las situaciones y las características de los conflictos concretos, que se desatan en el medio oriente, en la Europa oriental, en Ucrania y también en el África.

 

Observemos, primero, una secuencia, que tiene que ver con las guerras del golfo, que después se extienden con la “guerra civil” – así se la llamó – en Libia, ocasionando la destrucción práctica de Libia como Estado. Ahora, la estrategia avanza, en nuevos escenarios, cambiando de formas y de tácticas, en Siria, buscando también su destrucción como Estado. La participación de la CIA en Afganistán, con AL QAEDA, cuando Estados Unidos se involucró en la guerra contra la “ocupación soviética” de Afganistán, su intermitente complicidad con AL QAEDA, en los eventos donde aparece nuevamente, con un fundamentalismo más marcado, llegando a trasladar esta estrategia, haciéndola más sofisticada, en el caso del Estado Islámico, nos muestra otra secuencia paralela, oficiosa. Donde esta implementación minuciosa, aunque complicada, de intervención solapada, encubierta con motivos religiosos fundamentalistas, se efectúa conformando los recorridos de estas guerras de laboratorio, constituyendo sus personajes, actores, protagonistas, construyendo sus discursos de probeta, estridentes, aunque no convincentes.

 

Estamos ingresando al periodo crepuscular de las guerras de laboratorio, guerras artificiales; sin embargo, sangrientas y despiadadas. Lo que menos interesa es la población civil; de manera cínica, se ha hecho elocuente la frase que pretende justificar el genocidio sistemático contra la población civil. Se dice que se trata de daños colaterales. Los daños colaterales son ya tan numerosos, que eso de colateral parece una broma macabra; los daños colaterales son tan destructivos, que eso de colateral parece humor negro, que muestra su mueca grotesca y sarcástica sobre los cuerpos desechos de los muertos y de los cuerpos martirizados de los heridos y torturados.

 

Es esto lo que llama la atención; la perdida de todo rastro humanista. Para los técnicos y especialistas de estas guerras de probeta no hay humanos del otro lado, no hay víctimas, sino daños colaterales, números del costo de la eficacia de sus tecnologías militares.  ¿Es esta una anticipación cruel del mundo que proponen las máquinas de guerra? Parece que sí. No es esta una utopía técnica de ciencia ficción. Este es el producto de estos dispositivos hipertrofiados, independizados, que se consideran indispensables, es más, se consideran los centinelas del orden del mundo, algo así como el ejemplar sensacionalista y fascista the terminator. Hay que indagar en la subjetividad de estos especialistas y técnicos de la guerra, de la inteligencia, de la información y de estas estrategias de las guerras de laboratorio. ¿Quiénes son? ¿Qué son? ¿Humanos o máquinas?

 

La racionalidad abstracta, que nosotros denominamos racionalidad fantasma[3], ha llegado demasiado lejos; ha borrado todo vestigio de humanidad, todo vestigio de vida, en sus mapas abstractos, donde escenifican las rutas, las formas posibles de la guerra. Mapas de guerras simuladas, que ya no son juegos o entrenamientos, sino reales. Se ha borrado la frontera entre la simulación y la realidad; entonces, estas máquinas terminan actuando, ejecutando, en el mundo real, como si actuaran, de la misma manera, en sus juegos de simulación. Se mata, entonces figuras, no humanos. Estos hombres-máquinas, han reducido el mundo a la caricatura de los video-juegos; ahí llega su imaginación, pero, también su inteligencia.

 

Manejan mucha información, tienen acceso a centros de información y de datos, sus archivos clasifican a países, a estados, a gobiernos, a personas; todo esto lo hacen casi inmediatamente, por la capacidad tecnológica de los medios de información. Sin embargo, sus interpretaciones y sus análisis dejan mucho que desear. Ciertamente no podemos pedirles nivel teórico; sin embargo, tampoco son capaces de lograr descripciones adecuadas a la variedad, diferencia, complejidad de los temas, tópicos, problemáticas que atienden; que se les antoja, de manera paranoica, como amenaza. Por cierto, manejan modelos aprendidos, incluso académicamente; pero, estos modelos son como los juegos, caricaturas insostenibles teóricamente, también insostenibles contrastando con los hechos, en su proliferante despliegue. Empero, de todas maneras, como ironía, fungen de especialistas, incluso, de “sabios”, solo porque son sostenidos por estos aparatos y sus estructuras altisonantes. La pedantería es lo que más merodea en esos sitios. El porvenir del mundo está en manos de estos niños mimados, que tienen en sus manos armas de destrucción masiva y tecnologías devastadoras.

 

Son peligrosos no solo para el mundo, para los pueblos y las sociedades del mundo, para los pueblos y sociedades de los países que consideran peligrosos y de los estados que consideran “canallas”, sino son altamente peligrosos para los pueblos de sus propios países y estados, que dicen defender. La inexplicable historia, por lo menos, hasta ahora, del 11 de septiembre de 2001, habla de ello. Ya se haya dado por pusilanimidad o descuido de los servicios de inteligencia, en el mejor de los casos, ya se haya dado por conspiración de los propios servicios de inteligencia, en el peor de los casos, lo ocurrido muestra patentemente la incidencia en los desenlaces de estos servicios de inteligencia y aparatos de guerra. Los atentados del ISIS o de gente simpatizante o involucrada con el ISIS, en Francia y en Canadá, vuelve hacer aparecer la figura operativa de estos servicios de inteligencia. Nadie está a salvo de la estrategia de guerra de laboratorio de estas máquinas de guerra. ¿Se puede detener este camino al abismo?

 

Teóricamente sí. Son los pueblos los que tienen que poner coto a este juego mortal de los niños mimados, especialistas y técnicos de las guerras de laboratorio, de los hombres-máquinas de las guerras de probeta. Ningún país, ningún Estado, en las condiciones del mundo contemporáneo, requiere de semejantes composiciones monstruosas hipertrofiadas de una guerra imposible, si es que se quiere sobrevivir.  Los pueblos pueden deshacerse de estos delirios de guerra. No hay que destinar presupuesto para estos ociosos de la guerra. Sin embargo, sabemos que el problema es más complejo. ¿Cómo llegan los pueblos a esa convicción y decisión?

 

Esto ciertamente no es nada fácil. Los pueblos del mundo tienen internalizado el poder en sus cuerpos modulados, tienen cristalizado el Estado en sus huesos, tienen inoculado el miedo a la amenaza de enemigos, de toda clase, que, en el fondo no se conocen. Sería una gran sorpresa, que al conocerlos encuentren que se parecen a ellos mismos, aunque con distintos leguajes, culturas, tamaños de economías, quizás más pobres que ricos, con más necesidades insatisfechas; empero, al fin, humanos de carne y hueso, sensibles al dolor y a la alegría. El no conocer al que se llama enemigo, quizás sea el comienzo, o unos de los comienzos, de esta in-humanización, de esta maquinización, de la guerra y de los conflictos. La maquinización de la guerra.

 

Otra cosa que dijimos, es que la geopolítica, que se resume a la teoría y a las estrategias de dominación del espacio, por parte de los imperialismos, no es otra cosa que una idea, un plan o, si se quiere, un conjunto de planes, que se implementan; empero, están lejos de adecuarse a la complejidad del mundo. Generalmente las geopolíticas fracasan. Están lejos de las investigaciones, las teorías, las descripciones, de las geografías contemporáneas, la geografía cuantitativa, la geografía humana, la geografía emancipadora[4]. La geopolítica es un boceto o diseño de adecuaciones de medios a los fines perseguidos, con el objeto de dominación del espacio, que, como tal, como espacio abstracto, como cartografía y espacio estratificado, no existe, sino como espacio-tiempo singular y concreto, proliferante en sus variedades ecológicas,   en manos de estadistas, de militares y de políticos. Que se sostiene por las ceremonialidad del poder, por las pantomimas de las instituciones del Estado. Se toma en serio a algo que no lo es, debido a la artificialidad de los climas de poder de los estados.

 

¿Qué es lo serio? Por así decirlo, en contraste. No es pues la geopolítica, insostenible teóricamente, incluso descriptivamente, a estas alturas, salvo en el imaginario insólito de los cuarteles y de los aparatos de guerra y servicios de inteligencia, salvo en la “ideología” de los estados. Lo serio es la situación a la que nos arrastran estos juegos geopolíticos. De las tesis mencionadas, hay quienes dirán que lo serio es la economía, la economía-mundo capitalista, sus contradicciones y sus crisis, que empujan a estos desenlaces de la guerra, desenlaces y recursos de emergencia. Esta tesis puede tener su consistencia; sin embargo, es como una verdad parcial, relativa, en un mundo complejo, que no se reduce al plano de intensidad de la economía. Como dijimos, en el sistema-mundo capitalista, prácticamente dominado por las potencias, no solamente industriales, sino financieras, especuladoras y extractivistas, no requieren las potencias hacer la guerra para dominar, porque ya lo hacen.

 

Lo que ocurre en el momento presente, lo que ha ocurrido en la historia reciente, en la historia de las estructuras de media duración, en la historia de las estructuras de larga duración, nos debe llevar a preguntarnos, en sus distintas tonalidades: ¿Qué somos? ¿Cómo hemos llegado a ser lo que somos en el momento presente[5]?

 

Si hay alguna tesis que pude ayudarnos a comenzar o, mejor dicho, recomenzar, a responder estas preguntas, es la tesis del fetichismo, como critica de la “ideología”, en sentido generalizado; no solamente fetichismo de la mercancía, sino fetichismo institucional, fetichismo del Estado, fetichismo del poder, fetichismo de las representaciones. Podemos entonces hablar del fetichismo de la guerra. Aunque las guerras hayan sido, en las historias de las sociedades, en las historias singulares de la modernidad, sobre todo en la historia mundial de la modernidad, indiscutiblemente reales, han sido interpretadas desde los imaginarios fetichistas. Este es el problema. Entonces, la guerra concreta, desgarradora, moviéndose en distintos planos de intensidad de la realidad, sinónimo de complejidad, es reducida a los esquematismos de los paradigmas e imaginarios de la guerra, que están lejos de comprender la complejidad del acontecimiento como éste, que exige de los humanos todo de sí.

 

Si bien, la guerra hace inteligible a las sociedades, en las teorías histórico-políticas, como dice Michel Foucault en Defender la sociedad[6], la guerra como fetiche, como fantasma, como amenaza, como recurso imperialista, es una ofuscación delirante en boca de generales y estrategas geopolíticos. Lo que han conseguido las guerras, efectivamente, es matar a muchos humanos, de manera cada vez más masiva, efectiva y racional. La pregunta es sugerente, aunque haya gente que cree que tiene respuestas, anticipadamente: ¿Quiénes han ganado una guerra? Bueno, no se puede responder tan fácilmente, diciendo que la ganaron los vencedores y la perdieron los vencidos. Porque la guerra no es exactamente algo parecido a un deporte, donde se puede decir, a ciencia cierta, cuantitativamente, quién gana y quien pierde. Para comenzar, la guerra es una tragedia para ambos bandos, aunque uno se crea ganador, pues el otro se ha rendido.  Segundo, la guerra es drama para las poblaciones y pueblos que la sufren. Tercero, la guerra, en la modernidad, ha adquirido alcances mundiales, devastadores, altamente destructivos, donde la mayor parte damnificada es la población civil. Si bien, aparentemente, los vencedores de la primera y segunda guerra mundial impusieron el orden mundial, que hoy vivimos o sufrimos, dominación que vino acompañada por la bonanza económica del desarrollo de las fuerzas productivas, de las tecnologías y las ciencias, estas guerras destruyeron parte de la memoria de la humanidad, parte de sus acumulaciones culturales, perdiéndose información necesaria para la vida, en general, como memoria sensible. El impacto de las guerras no hay que conmensurarlo en los cortos ni medianos plazos, sino en los más que largos plazos de los ciclos de la vida. Si los humanos no aprendemos de las lecciones de su propia experiencia, quiere decir que no somos aptos para adecuarnos a la complejidad del mundo y el universo, en constante devenir, y a las exigencias de la vida, en sus ciclos vitales, en sus distintas escalas, planos y espesores de intensidad.

 

 

Volviendo a la geopolítica de la OTAN, si bien es cierto que conciben una nueva geopolítica, después de la culminación de la guerra fría, en pleno despliegue del capitalismo especulativo y extractivista del sistema-mundo capitalista, en su etapa dominante financiera, esto no quiere decir que la geopolítica concebida, asumida orgánicamente, institucionalmente, estratégicamente y militarmente, sea científica, en el sentido de su objetividad, sea empírica, en el sentido de abarcar la complejidad. Más parece una herencia atascada de los juegos de guerra de los imperialismos del siglo XIX. Sin embargo, es verdad, sigue siendo el instrumento privilegiado de las máquinas de guerra y de los estados.

 

En este contexto problemático, hay una tesis que debemos sopesar; la que dice que las contradicciones imperialistas llevan a la guerra entre los imperialismos. Ahora, en otro contexto, diferente al siglo XX, cuando se desataron las guerras mundiales, volvería a ocurrir algo parecido, solo que bajo otras condiciones y circunstancias histórico-políticas-económicas. Esta es una tesis coherente y consistente; explica, quizás en gran parte, las conflagraciones bélicas mundiales. Sin embargo, habría que preguntarse si las contradicciones inter-capitalistas e entre-imperialistas, de los bloques capitalistas – pues sería insostenible la creencia de que Rusia o China no son potencias capitalistas, sino socialistas -, son equivalentes, ahora, a cuando se daban en el siglo pasado. En un capitalismo globalizado, en un sistema-mundo más integrado, en una economía-mundo interdependiente y global, es difícil sostener que las contradicciones de los bloques tienen el alcance virulento y antagónico, tal como se presentaban las contradicciones en el siglo XX. China, la principal potencia económica e industrial del momento, invierte para salvar de su crisis a Estados Unidos, pues si Estados Unidos se derrumba, China también lo haría, en un mundo globalizado. No parece tan cierto, que las contradicciones inter-capitalistas son comparables a las contradicciones del siglo XX. Por lo tanto, por lo menos, debemos aceptar, que esta interpretación, la de las contradicciones inter-capitalistas, que empujan ineludiblemente a la guerra, no es del todo sostenible.

 

¿Qué es lo que empuja a la guerra si no es tanto las contradicciones entre los bloques capitalistas? Esta es la pregunta. No se puede considerar como única respuesta esta tesis de la hipertrofia de las máquinas de guerra, hay otras interpretaciones posibles; hay que buscarlas, desde la perspectiva de la complejidad[7]. Pero, antes de abordar estas otras interpretaciones, que lo haremos en otros ensayos, debemos dejar en claro que nadie dice que la geopolítica de la OTAN no nos lleva y arrastra a la tercera guerra mundial; todo lo contrario, decimos que sí. Lo que tratamos de mostrar es que esta geopolítica por más que sea cierto que nos arrastra a la guerra, no por eso es científica, sostenible teóricamente, seria, en el sentido científico. No, no lo es. Este es el otro problema. ¿Por qué los estados, sobre todo las potencias, se dejan arrastras por este instrumento geopolítico, cuando es apenas una estrategia abstracta, esquemática, que se encuentra lejos de interpretar la complejidad?

 

¿A que juegan los estados, sobre todo las potencias, particularmente la híper-potencia dominante, el complejo militar-tecnológico-científico-económico-comunicacional? ¿A la dominación global y absoluta? Si ya dominan, aunque no de manera absoluta. ¿A qué apunta la híper-burguesía mundial trasnacional? ¿A dominar, controlar, monopolizar absolutamente toda la cadena económica, extractiva, productiva, comercializadora y de consumo, en el mundo? Si, de alguna manera, ya lo hace, solo que no de manera absoluta. No parece tan coherente una respuesta afirmativa a estas preguntas.

 

Volvamos a las interpretaciones más contundentes del capitalismo. El capitalismo se desarrolla a costos muy altos, los que no se contabilizan, pues se transfieren a la naturaleza, a la que no se la repara ni indemniza. Estamos ante un sistema-mundo que solo sabe crecer cuantitativamente, es decir, ilusoriamente, cuantificando parcialmente los costos y los beneficios, olvidando los costos más importantes, los costos que se transfieren a la naturaleza. Por lo tanto, nuestra interpretación, en principio general, es que el imaginario fetichista de la modernidad, con toda la constelación variada y diferencias que contiene, empuja a interpretaciones equivocadas de la realidad, sinónimo de complejidad, arrastrando a los que toman decisiones, que tienen el monopolio de las decisiones, los estados y gobiernos del orden mundial, con todas sus diferencias que puedan manifestar, así mismo, a las burguesías y burocracias que asumen, en términos de clase este imaginario, institucionalizándolo,  el que opera en estas rutas a la destrucción de las sociedades y el mundo.

 

 

 

 

 

 

[1] Ver de Raúl Prada Alcoreza La inscripción de la deuda, su conversión infinita. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-inscripcion-de-la-deuda-su-conversion-infinita/.

[2] Ver de Raúl Prada Alcoreza Estados delincuenciales. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/estados-delincuenciales/.

 

[3] Ver de Raúl Prada Alcoreza Racionalidad fantasma. Dinámicas moleculares; La Paz 2015. En crítica y complejidad. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/critica-y-complejidad/.

[4] Ver de Raúl Prada Alcoreza Guerras periféricas. Dinámicas moleculares; La Paz m2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/guerras-perifericas/.

[5] Pregunta hecha por Michel Foucault en sus cursos en el Collége de Francia.

[6] Ver de Michel Foucault Defender la sociedad. Fondo de Cultura Económica; México 2001.  http://monoskop.org/images/3/34/Foucault_Michel_Defender_la_sociedad.pdf.

[7] Ver de Raúl Prada Alcoreza Anti-producción; también Diseminación. Dinámicas moleculares; La Paz 2015. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/antiproduccion/.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s