La concepción destructiva de la energía

La concepción destructiva de la energía

A propósito del debate sobre la planta de energía nuclear

Raúl Prada Alcoreza

 

La concepción destructiva de la energía

 

 

 

La modernidad, incluso parte de la posmodernidad, si podemos hablar así, han construido concepciones analíticas de la materia, como si la materia fuera descriptible a partir de las cualidades que son percibidas por la mirada humana; después, por las regularidades descubiertas en los fenómenos estudiados; regularidades convertidas en leyes de la física.  Cuando la física relativista, ocasionando desplazamientos y rupturas epistemológicas, generando el sisma de la física, su revolución teórica e investigativa, homologó materia y energía, desencadenó concepciones fluidas, mutantes, integrales, de la materia[1]. A pesar de estas transformaciones conceptuales, que, además, tuvieron el alcance de replantear la concepción del tiempo y el espacio, al concebir el tejido del espacio-tiempo como dinámica compleja, por lo menos, en cuatro dimensiones, tres espaciales y una temporal, se preservó conservadoramente cierta manera analítica fragmentaria y sesgada en la exposición política del tema; por lo menos, en lo que se refiere al uso técnico de la nueva tecnología desprendida. Hablamos de la tecnología nuclear.

 

La física cuántica nos develó el maravilloso universo infinitesimal de las partículas micro-atómicas, de cómo los átomos eran composiciones de partículas infinitesimales, composiciones de fuerzas fundamentales, que tienen que ver con partículas más infinitesimales aún; además de comprender mejor la energía y la materia, en el espacio-tiempo cuántico. Cuando ciertos fenómenos, que se los nombraba como partículas, sin masa, aparecían, mas bien, como ondas, la energía y la materia se presentaron como paradoja. No se podía captar, al mismo tiempo, la ubicación y el momento de estas partículas-ondas. Lo que llevo a la interpretación de la incertidumbre de Heisenberg[2].

 

La búsqueda de la teoría unificada en la física contemporánea llevo a los físicos, teóricos e investigadores, a una incesante búsqueda de otras claves del universo. Ahora es la teoría de las cuerdas la que pretende esta unificación, que integra en un todo dinámico la fuerza electromagnética, la fuerza nuclear fuerte, la fuerza nuclear débil y la fuerza gravitacional, la que todavía no había sido comprendida ni integrada por las teorías anteriores[3].

 

Este brevísimo repaso de las teorías físicas de la materia y la energía. En sus distintas escalas, en el tejido del espacio-tiempo, nos muestra la dinámica simultánea de la complejidad integrada del universo o del pluriverso. Desde esta perspectiva, resultan chocante esos discursos institucionales, gubernamentales, geopolíticos, incluso técnicos, sobre la energía nuclear, como si el hombre posmoderno o, si se quiere, el último hombre de la modernidad, la haya inventado o desencadenado por intervención técnica de la destrucción del núcleo del átomo. La energía nuclear, en el conjunto de energías, que hacen a la materia y sus composiciones diversas, en distintas escalas, es constitutiva del universo, desde el big-bang. Lo único que hace ser humano es imitar o capturar parte de esta energía. El problema, en el caso de la energía nuclear, que no es la única forma de energía donde ocurre esto, la desintegración, es que lo hace de manera destructiva, además, bajo consideraciones también destructivas.

 

Por este camino, el del dominio de la naturaleza, que es más una ilusión y una “ideología”, ha construido una tecnología, para empleo en la guerra, con efectos devastadores de destrucción masiva. No se sabe, por qué los humanos, sobre todo los que gobiernan, los que controlan el monopolio de estas armas y de esta tecnología nuclear, se sienten orgullosos de esto. Consideran que es como parte de la evolución y el desarrollo. No se dan cuenta que esta evolución y este desarrollo son interpretaciones sesgadas, lineales, por lo tanto, exiguas, para poder ya no explicar, sino ni siquiera describir la complejidad de la materia y la energía y de sus usos. Lo diremos en pocas palabras, dejando para otra ocasión una exposición crítica más detallada; la llamada tecnología nuclear, no solo por su uso en las armas de destrucción masiva, no es algo de lo que podría orgullecerse la humanidad, no solo porque tiene en sus manos las armas de su propio suicidio como especie, sino porque no parece que sea la forma más inteligente, más adecuada, más pertinente y efectiva, de aprovechar la energía nuclear, como parte del conjunto de energías, que hacen a la materia.

 

La tecnología “occidental”, que por cierto es una definición y asignación equivocada, pues la historia de la tecnología abarca el planeta y es más larga que la contada desde la revolución industrial británica; ha llamado la atención de los hombres de Estado de imperios “orientales” y después, de los llamados países periféricos de la geopolítica del sistema-mundo capitalista. Como si el secreto se encontrara en la tecnología, reducida a la aplicación de las ciencias en la instrumentalización al servicio de las políticas y geopolíticas.  Esto es tener una mirada fetichista de la técnica, compartiendo una mirada fetichista de la ciencia, que acompañan a otros fetichismos, como el fetichismo de la mercancía. Los estados imperiales del “oriente”, después, los Estado-nación de las periferias, han tratado de imitar esta tecnología, como si fuese el secreto y la clave de la dominación, o si se quiere, del desarrollo, del progreso, de la modernidad.

 

La historia de la tecnología no se puede separar de las historias múltiples de las sociedades y de los saberes. Visto desde una perspectiva integral, la tecnología es la realización, en determinados planos de intensidad, de lo que acontece en bloques de planos y espesores de intensidad de las sociedades, integradas, a su vez, a sus ecosistemas, en sus ecologías. Para dar un ejemplo conocido, la llamada revolución industrial forma parte de lo que llamamos liberación de la potencia social, cuando la sociedad logra transformaciones horizontales y democráticas. Entonces, la revolución industrial no es un fenómeno meramente técnico, incluso meramente científico, sino una fenomenología social integral.

 

Hoy, en pleno crepúsculo del sistema-mundo capitalista, en plena clausura de la civilización moderna, hay gobiernos populistas o progresistas que están seducidos por lo que llaman una “revolución nuclear” o la meta del “ingreso a la era nuclear”. Discurso, que de por sí, muestra sus vacíos y sus miserias, que se hacen elocuentes en el balbuceo de los voceros defensores de la energía nuclear, de la instalación de “centros de energía nuclear”; aun cuando estos voceros se reclaman de “científicos” y profesionales del área, y no sean los acostumbrados sabelotodo de la política o, en su caso, algún letrado que funge de triste propagandista de lo que no entiende. Lo que muestra su retrasada formación académica, en todos ellos, sobre todo en los supuestos “científicos”, respecto a las trasformaciones epistemológicas provocadas por la física relativista y la física cuántica.

 

Como dice Marco Zubieta[4], buscan invertir un millonario gasto, en el comentado y debatido centro nuclear, cuyos beneficios son inciertos, a no ser que se crea en la demagogia, poco armada, sin argumentaciones coherentes, de estos voceros que hablan de los “beneficios médicos” y para la investigación. En realidad, estos voceros, eso se ve claramente en sus exposiciones, no saben de qué hablan.

 

Si reflexionamos sobre las historias de la modernidad, historias sociales, políticas, culturales, civilizatorias, tecnológicas y científicas, podemos concluir que lo que ha hecho el capitalismo es capturar saberes, capturar ciencias, capturar tecnologías, convirtiéndolos en meros instrumentos de la acumulación de capital; por lo tanto, empobreciéndolos. Las ciencias y las tecnologías, mas bien, se encuentran inhibidas en sus capacidades y posibilidades, por estas mallas institucionales restrictivas del capitalismo, que reducen el cambio a la infortunada contabilidad cuantitativa de la ganancia. La tarea de la humanidad, si es que no quiere embarcarse hacia su propia destrucción, es liberar a las ciencias y a las tecnologías de estas ataduras, liberando también a las sociedades, a las fuerzas sociales, de las capturas a las que son sometidas por las mallas institucionales del sistema-mundo capitalista, que conforma un orden mundial de las dominaciones polimorfas; afiliando en esto a todos los estados y gobiernos, sean conservadores, liberales, nacionalistas, del socialismo real, neoliberales o populistas.

 

 

Devenir energía

 

La energía es un concepto cuyo referente es, mas bien, plural. Se refiere a múltiples formas de energía, en distintas escalas, mutantes, conmutables, integradas, paradójicamente, a la conservación y transformación de la energía, en distintas escalas. Entonces habría que considerar la constelación de energías integradas en sus ciclos, recorridos, mutaciones, conmutaciones y transformaciones.

 

Una forma de energía no está sola en el universo ni en el planeta tierra, salvo en la mentalidad analítica abstracta de la racionalidad instrumental. Por ejemplo, ahora, en la contemporaneidad del capitalismo tardío, se jerarquiza económicamente la energía fósil, debido a su valorización en los circuitos especulativos del capitalismo financiero, cuando esta forma de energía no es más que una forma concreta en la constelación de ciclos integrados de la energía, en clave plural. La interpretación del capitalismo de la segunda revolución industrial por la explotación y uso industrial de la energía fósil, es parcial y sesgada. Esta selección mercantil de una forma de energía solo ocurre cuando se relega a las otras formas de energía, con las que se conforma una integralidad compleja y dinámica; este relegamiento es imaginario, se da en la “ideología” instrumental del capitalismo. Efectivamente, en las dinámicas materiales de la energía, no ocurre esto. Lo que muestra que la utilización de la energía por el sistema-mundo capitalista es no solamente parcial sino también irracional, por así decirlo.

 

La energía, en el sentido plural e integral, no es pues aprovechada racionalmente, tampoco se tiene un conocimiento integral del acontecimiento plural de la energía; lo que se tiene es una información y un conocimiento analítico fragmentado, al servicio de la reducción instrumental, que, a su vez, se reduce a servir a la contabilidad capitalista, que se imagina un “crecimiento”, que no es más que estadístico. La forma como el capitalismo captura energía, pues no es otra cosa, no produce efectivamente energía, que es otro mito moderno de la “ideología” en boga, es irracional pues arranca formas materiales concretas de energía como si fueran cosas, sin comprender que se trata de devenires, de ciclos, de integralidades, conservadas y transformadas. El sistema-mundo capitalista, su ciencia y su técnica, no actúan respecto dinámicas complejas, que son las que constituyen la energía, sino actúa en una supuesta cosa inorgánica, susceptible de extracción, captura o explotación. Por lo tanto, el capitalismo no actúa con la energía como devenir y ciclos integrados, en distintas escalas, sino en la representación analítica de la energía; reforzando, de esta manera, no solamente su “ideología” fetichista, sino su ilusión de que “domina la naturaleza”, de que forma parte de la evolución; tesis antropocéntrica, suponiendo, en esta trama imaginaria, de que desencadena “desarrollo” y “progreso”.

 

La forma de vida, si se puede hablar así, de las sociedades capturadas y atrapadas por las mallas institucionales del sistema-mundo capitalista, empobrece la vida, comprendida también en su dinámica compleja e integral, en distintas escalas. Este sistema-mundo no es capaz de integrarse a los ciclos vitales de la biodiversidad, tampoco a los ciclos existenciales del universo o el pluriverso, en sus distintas escalas. Solo extrae y deja desechos.

 

El sistema-mundo capitalista genera entropía, entonces muerte, en lo que respecta a la neguentropía, que es la vida. Solo aprovecha, capturando, una parte de la energía seleccionada, pues pierde la otra parte al no comprender sus devenires y ciclos conectados. No es capaz de integrarse a los devenires y ciclos de la energía plural, de la que, de todas maneras, forma parte, aunque no quiera verlo su imaginario antropocéntrico. No es capaz, por lo tanto, de formar parte activa, civilizatoria, de la infinita energía, por así decirlo, para ilustrar, que integra el universo.

 

Si revisamos la historia de los ciclos largos del capitalismo, podemos observar la asociación de cada ciclo con una forma concreta de captura y explotación de la energía. Se ha comportado entonces, a lo largo de su historia, de la misma manera; capturar y extraer cosas, como materias primas para sus cadenas productivas, o generando formas de energía, aparentemente nuevas, que no son otra cosa que capturas parciales de la mutación y transformación de la energía, contenida en la constelación energética, en sus distintas escalas. Por lo tanto, también capturando y extrayendo, en la mutación y transformación misma de la energía, dada desde el big-bang, como si fuesen cosas; además, convertibles monetariamente, en el delirante imaginario de la contabilidad capitalista.

 

Lo mismo pasa con la llamada energía nuclear. Se cree que se inventa o produce energía nuclear, cuando el universo está constituido, en sus dimensiones cuánticas, no solo por energía nuclear, sino por energía de composiciones de partículas y ondas infinitesimales, que conforman los campos de las fuerzas fundamentales; la energía ligad a la fuerza electromagnética, la energía ligada a la fuerza nuclear fuerte, la energía ligada a la fuerza nuclear débil, la energía ligada a la fuerza gravitacional. Tampoco comprende – en este caso, como en los otros, esta analítica nuclear, que es más bien el discurso político, que interpreta, a su manera, lo que mal entiende de la física – que lo que llama energía nuclear, que no es ni el substrato ni la base del devenir energía, forma parte de la constelación de energías integradas, en distintas escalas. En ese sentido actúa irracionalmente destruyendo el núcleo del átomo, creyendo que genera energía, al hacer esto, cuando lo que hace es generar radiación.

 

 

 

 

 

 

 

[1] Ver de Brian Greene El Universo elegante. Drakantos; Crítica-Planeta; Barcelona 2006.

[2] Ver de Raúl Prada Alcoreza Más acá y más allá de la mirada humana. Dinámicas moleculares; la Paz 2015.

[3] Ver de Raúl Prada Alcoreza Alteridad y nomadismo. Dinámicas moleculares; la Paz 2015.

[4]Ver de Marco Zubieta V. Nucleares y Nucleados.  http://www.lostiempos.com/diario/opiniones/columnistas/20151013/energia-nuclear-_318836_707264.html.

 

 

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