La unidimensionalidad economicista

La unidimensionalidad economicista

Raúl Prada Alcoreza

La unidimensionalidad economicista

 

 

 

La pregunta no es cómo se crece y cómo se desarrolla económicamente; ni siquiera, ya que se pretende que se crece y se desarrolla, acudiendo al indicador del PIB, como indicador de las variaciones estadísticas de la estructura de la producción, ponderada en precios, corroborara la hipótesis del crecimiento y la hipótesis del desarrollo. El PIB es un indicador macroeconómico, que nace en el paradigma del equilibrio y busca medir el equilibrio o el desequilibrio del cuadro macroeconómico de un país. Es un indicador útil, si se quiere, para apuntalar políticas del equilibrio macroeconómico. ¿Por qué se usa este indicador para demostrar el crecimiento, peor aún, el desarrollo? Porque se ha reducido tanto el concepto de crecimiento como el concepto de desarrollo a la linealidad unidimensional numérica y aritmética, despojando a la voluminosa realidad de las otras dimensiones. Porque se quiere medir, pretendiendo, con esto ser efectivos, incluso objetivos. ¿La efectividad se logra con la medida, reduciendo lo que se mide a la dimensión de la medida? La medida, los indicadores, las estadísticas, son como las reglas o los metros que usamos para medir; son instrumentos muy útiles para eso. No se puede convertir a estos instrumentos de la medida en la verdad o en verificadores de la verdad; en este caso, de la verdad del crecimiento, de la verdad del desarrollo.

 

La efectividad solo se puede lograr operando adecuadamente en la materia que se quiere afectar, cambiar, transformar. La operación, es decir, la acción efectuada de una manera técnica, que supone información, además de conocimientos, es una actividad compleja. No puede ser resultado de una lectura, inclusive, de una interpretación de los datos. Las acciones sociales que pueden incidir o ya inciden, de manera efectiva y diseñada, de antemano, en el crecimiento, también en el desarrollo, no son resultado de decisiones derivadas de la lectura e interpretación de los datos. Sino de la coordinación de varias acciones técnicamente diseñadas, incluso incorporando actividades y prácticas, que no lo estén; empero, el conocimiento del funcionamiento espontaneo de estas actividades o prácticas, ayuda, más que a planificar, a incidir efectivamente en el impacto, en este caso, económico. Desde esta perspectiva, podemos comprender el porqué del fracaso, por lo menos, algunas de las razones de por qué fracasan, en gran parte, las políticas económicas. Las políticas económicas se diseñan abstractamente, no solamente reduciendo el mundo al plano de intensidad económico, sino reduciendo este mismo plano de intensidad económico a la unidimensionalidad numérica.  Estas reducciones no son otra cosa que el colmo de la abstracción. La representación, sobre todo si es conceptual, es ya una abstracción; ahora bien, reducir el concepto al dato no es otra cosa que seguir con el vaciamiento de contenidos hasta llegar a la pura forma, en este caso pura forma inaudita unidimensional del número. Para nada se descarta el número, ni la medida, tampoco los datos, así como no se descarta el indicador, mucho menos las estadísticas; todo lo contario, se busca interpretarlos en la propia semiología del dato[1], obteniendo del dato las descripciones posibles de las tendencias numéricas, que expresan medidas de procesos complejos. Para interpretar estos procesos complejos es indispensable conocer las mecánicas y dinámicas inherentes a los mismos. Desconocer estas mecánicas y dinámicas, pretendiendo sustituirlas por las tendencias numéricas, no es más que la muestra grave de una confusión epistemológica. Se confunde medida con concepto, confundiendo la representación de la realidad con la huella y el recorrido de los indicadores.

 

Podemos explicarnos entonces el por qué, por lo menos, algunas de las razones, se considera el crecimiento y el desarrollo como variaciones positivas de indicadores macroeconómicos, interpretando la variación de los indicadores. De esta forma, los ministros de economía llegan a afirmar que hay crecimiento y hay desarrollo, cuando la variación del PIB es positiva.  Una cosa es el análisis y otra cosa es la lectura de un cuadro estadístico. Pretender sustituir el análisis por la lectura monótona del cuadro de indicadores es empobrecer la interpretación económica, por un lado, y la interpretación estadística, por otro lado. Pues la estadística ha sido reducida a la aritmética de los números racionales; peor aún, a la simple lectura de un cuadro económico estadístico.

 

Todo esto, todo lo que hacen los economistas acríticos, funcionales a la metafísica de los datos, empero, reducidos a na simple aritmética, circunscrita a unos cuantos indicadores, es funcional al poder. El poder no requiere de un conocimiento de los procesos inherentes a la realidad, incluso cuando se dan en el recorte de un plano de intensidad, como el relativo al campo económico; sino que requiere de un discurso, pretendidamente “científico”, que avale sus políticas, por más descabelladas que sean. Al poder le interesa armar aparatos de legitimación y de conservación del poder. No importa si las políticas económicas terminan fracasando; lo que importa es convencer a la gente que las políticas funcionan bien, corroboradas por demostraciones estadísticas.

 

Este fetichismo de los datos, que no es culpa de la estadística, sino de los que usan la estadística de una manera tan reductiva y simplona, a pesar de los discursos “teóricos” que la acompañan, es el que sustenta esa demanda de capital de inversión para el desarrollo. Pues como el capital es una cifra, correspondiente a un monto grande de dinero, desde este imaginario unidimensional, lo que se requiere es esta cifra dineraria para avanzar en el desarrollo. El fetichismo de la mercancía, el fetichismo dinerario, el fetichismo del capital, el fetichismo de los datos, forman parte del círculo vicioso de un imaginario unidimensional numérico, que no solo ha reducido el mundo al mundo de las representaciones, sino ha reducido el mundo de las representaciones a la unidimensionalidad numérica. Este círculo vicioso se manifiesta en las políticas económicas, cuyos costos lo pagan los pueblos.

[1] Ver de Raúl Prada Alcoreza Lo dado y el dato. Episteme; la Paz 1985.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s