Aporías del capitalismo de Estado La “ideología” del nacionalismo-revolucionario

Aporías
del capitalismo de Estado
La “ideología” del nacionalismo-revolucionario

Raúl Prada Alcoreza

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Para partir con un referente claro, aunque un tanto esquemático, acordemos que la “ideología” es el imaginario ordenado por la formación discursiva, que adquiere su interpretación histórica en la narrativa construida. La “ideología” del nacionalismo revolucionario comprende todo esto, estas estratificaciones de la formación “ideológica”. Claro que también se sustenta en formaciones prácticas; es decir, en esquemas de comportamientos y conductas, pero sobre todo en esquemas prácticos, que tienen que ver con habitus, particularmente con formas de hacer política. También, en este acuerdo de partida, podemos definir la “ideología” como discurso de legitimación institucional, de la malla institucional que hace al Estado, también a la sociedad institucionalizada, aunque también de los proyectos políticos que disputan el Estado, incluso pueden, en principio, funcionar como contra-poder, en el sentido de contra-gobierno, también contra una forma y estructura de poder; por lo tanto, contra una forma de Estado, sin necesariamente salir del horizonte estatal. El contra-poder alterativo, no solamente, alternativo, tiene un mayor alcance que todo esto; su contra-poder es radical, está contra toda forma de poder; en consecuencia, sale de los horizontes estatales. Este contra-poder es un contra-Estado.

Si acordamos este referente dibujado, que define rasgos estructurantes de la “ideología”, como partida para el análisis crítico de la “ideología” del nacionalismo revolucionario, ahora nos falta caracterizar el imaginario del nacionalismo-revolucionario, así como el discurso y la narrativa del nacionalismo-revolucionario. Lo hicimos en Potencia y acontecimiento. Vamos a recordar lo que dijimos:

Las “ideologías” populistas no tienen estas características de la “ideologías” emancipadoras, como las que fueron, en su momento, de esta manera, las marxistas. Mas bien, conforman un bricolage abigarrado de discursos mezclados, ordenados por una narrativa mesiánica y milenarista, actualizada en la convocatoria del mito del caudillo. Las “ideologías” populistas pueden presentar pretensiones “ideológicas” emancipadoras, incluso tomar fragmentos, des-contextuados, de las narrativas de las “ideologías” críticas y emancipadoras; sin embargo, el collage discursivo populista no deja de ser, mas bien, “ideología” institucional del viejo Estado, del viejo régimen, de la vieja sociedad institucionalizada, en crisis. Lo que hace la “ideología” populista es barnizar el edificio desvencijado con colores y símbolos aparentemente innovadores, simuladamente emancipadores.  Se trata de una “ideología” de emergencia, para salvar el antiguo régimen y el Estado patriarcal. Por lo tanto, como en los otros casos, forma parte de los juegos de poder, solo que en este caso, se presentan estos juegos de poder de una manera enrevesada y saturada[1].

Con esto incorporábamos la “ideología” del nacionalismo revolucionario en el ámbito de “ideologías” populistas. Las “ideologías” populistas adquieren un cariz nacionalista en América Latina. Lo nacional se convierte en la utopía de lo propio, de la nación sometida, de la nación que debe liberarse, también la nación como finalidad suprema. Como parte del pensamiento moderno, en toda su variedad y diferencias, sobre todo como parte de la “ideología” en su forma general, la “ideología” del nacionalismo revolucionario se edifica sobre la base del esquematismo dualista; apone a la nación el antagonismo de la no-nación, que puede adquirir el nombre de coloniaje, de imperialismo, de oligarquía u otros nombres. Lo que importa, en esta forma de pensamiento, es separar la nación de su opuesto, valorizar la nación en contra de su opuesto. La valorización nacional marcha acompasada por la desvalorización de su opuesto, de su antagónico. Este dualismo ha permitido al discurso “ideológico” explicar no solo el antagonismo, sino el por qué la nación se encuentra como se encuentra, sometida, despojada, expropiada, sino también el carácter de la dominación; que se denomina, en un caso, como colonial, en otro, como imperialismo, en un tercero, de burgués nativo.

La “ideología” del nacionalismo revolucionario emerge en la primera mitad del siglo XX, cuando las “ideologías” marxistas de difunden por el país, convocan al proletariado, también al campesinado y al pueblo. El marxismo no es desconocido para los “ideólogos” del nacionalismo revolucionario; unos los consideran un referente, otros, incluso se consideran marxistas, aunque hay quienes que pueden calificar al marxismo como eurocéntrico. En todo caso, al no ser ignorado el discurso marxista, como en toda “ideología” se incorporan y adaptan fragmentos del otro discurso, de la otra “ideología”. Para decirlo en términos maoístas, para los nacionalistas revolucionarios la contradicción principal es nación versus imperialismo.

Aunque el discurso del nacionalismo revolucionario tiene su centro de emisión en el Movimiento Nacionalista revolucionario (MNR), ciertamente, no se restringe a este centro. Se puede remontar hacia atrás y encontrar precursores y antecedentes, también se puede remontar hacia adelante y encontrar reminiscencias, irradiaciones, prolongaciones. Incluso en versiones marxistas, de las que tantas hay.

Después de la caída del último gobierno movimientista de la revolución nacional (1952-1954), cuando lo que queda del MNR, deja de ser, en sentido “ideológico” y político, nacionalista revolucionario, retoman la posta expresiones de izquierda: lo que se ha venido en llamar la izquierda nacional. Hay dos diferencias en esta continuidad del nacionalismo revolucionario. Primero, es desde la izquierda que se reivindica un nacionalismo revolucionario, en la perspectiva de la revolución socialista. Algo que no ocurría en el nacionalismo revolucionario del MNR.  Por otra parte, la lectura del nacionalismo revolucionario, concretamente de la contradicción principal nación/imperialismo, se efectúa desde el discurso marxista. Tercero, a diferencia del MNR cuyo impacto “ideológico” fue masivo, incidió en el imaginario, comportamiento, conductas, de la masa, del pueblo, incluyendo al proletariado, ni que decir del campesinado, la izquierda nacional es minoritaria. Se trata de grupos de intelectuales de “izquierda” que entablan el debate con lo que cundieran la izquierda internacional, plantean la necesidad de apoyar a los gobiernos nacionalistas, encabezados por caudillos, sean militares o no. Cuestionan a la izquierda tradicional por oponerse a los gobiernos nacionalistas, de estas características, inclinación política que les parece que coadyuva a la conspiración pro-imperialista. Este debate intelectual ha tenido repercusión en el debate de la izquierda, en la agenda de debates de la izquierda, que ha incorporado en su agenda la cuestión nacional. Sin embargo, la izquierda nacional no ha dejado de ser eso, una expresión intelectual de grupo, sin mayor irradiación en el pueblo, en el proletariado, incluso en el campesinado.

No consideramos al Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) como expresión de esta izquierda nacional, por más que use este nombre en sus siglas, pues su concepción “ideológica” y práctica política no se parecen a las formas de expresión de la izquierda nacional, que le otorga al discurso del nacionalismo revolucionario un cariz marxista. Mas bien, su perfil “ideológico” y político se parece mucho más a las formas de la social democracia.

En Bolivia, cuando se hizo conocer por la opinión publica esta izquierda nacional, fue durante el gobierno del General Juan José Torres. Este general, hecho presidente, por medio de un contra golpe, apareció como un militar nacionalista. Se puede decir, que continuaba la ruta emprendida por el General Alfredo Ovando, la ruta de las nacionalizaciones. La expresión de izquierda nacional del denominado Grupo Octubre planteó la necesidad del apoyo crítico a Torres, a diferencia de lo que la izquierda emprendía con la Asamblea Popular. Asamblea popular que no optaba por el apoyo crítico sino por la autonomía de clase.

Este debate no tuvo mayores repercusiones, correspondientes a la acción política, salvo el propio debate en los medios de prensa. El Grupo Octubre, al ser pequeño, no incidió en el medio para lograr un apoyo masivo y organizado al gobierno del General Torres. Lo que llaman la izquierda internacional, en cambio, conformo la Asamblea Popular, que era una especie de proyecto consejista o de soviets, que comenzaba su construcción arquitectónica política por el techo y no por los cimientos.

Conocemos la historia de este lapso (1970-1971), el desenlace de la coyuntura; cayó el gobierno de Torres y con él la Asamblea Popular, por el cruento golpe del General Hugo Banzer Suarez. El Grupo Octubre, en su evaluación de lo ocurrido, señala la responsabilidad de la izquierda internacional en esta caída del gobierno nacionalista y en la subida de la dictadura militar reaccionaria y pro-imperialista. La defensa de la llamada izquierda internacional fue que Torres cayó por sus propias contradicciones, abandonado por el propio ejército que lo llevó al gobierno. También enuncia que no hubo tiempo para organizar la Asamblea Popular como un verdadero poder dual.

Si bien, una fracción del ejército sale a defender a Torres, el cuartel de Los Colorados de Bolivia, que se enfrenta en el llamado “Desecho”, que baja de Miraflores a Obrajes, la mayor parte del ejército y el resto de las Fuerzas Armadas está comprometido con el golpe. Por otra parte, el tiempo es una variable indispensable que debe considerar el análisis político, sobre todo cuando se trata de expresiones marxistas que se orientan a la revolución. Es un tema que no podía dejar de considerar la izquierda. ¿Si había poco tiempo que habría que haber hecho?

En todo caso, este debate en la izquierda, sirvió en la formación de los militantes, durante la resistencia a la dictadura. Los mayores, militantes con experiencia, salieron al exilio; se quedaron jóvenes que ingresaban a la universidad. Son estos los que se formaron en las condiciones de la clandestinidad, en plena dictadura banzerista. El debate, en sí, no tuvo mayores repercusiones, se haya tomado una posición u otra, pues no hizo efecto en las acciones sociales de resistencia, de las organizaciones sindicales, que también quedaron en el país. No hizo carne. Lo que sí tuvo incidencia y repercusiones fue la resistencia misma, que se efectuó tanto en las universidades como en los centros mineros. Después de la masacre del Valle (1974), la resistencia se extendió al campesinado, en la forma que le daba el movimiento katarista.

El Grupo Octubre, aunque pequeño, tenía gente en la resistencia universitaria, como toda la izquierda. En esto se unieron y se hicieron fuertes, expulsando a la Falange de la universidad pública. La organizaciones partidarias de izquierda más grandes, incluso con más tradición y experiencia, eran el PC-ML, el mimo PCB; como el POR se fragmentó en pedazos, después de la Asamblea Popular, que fue su apuesta política de mayor alcance, están las distintas agrupaciones trotskistas, que también incidieron en la resistencia. En ese entonces, se consideraba también al MIR de izquierda, y formó parte importante de la resistencia. En resumen, en este periodo de resistencia, la izquierda nacional fue parte de la agenda de los debates; empero, no se puede decir que tuvo incidencia política. Como muchas expresiones de izquierda, sufrió su propia crisis el Grupo Octubre; al no responder a las demandas organizativas de algunos emprendimientos de formación, fuera de la universidad, por ejemplo en Huanuni, así como también a exigencias de militancia efectiva y no de café, el propio Grupo se fraccionó. Una parte, la menor, se incorporó a las búsquedas de las fracciones trotskistas, criticas del POR, concretamente al POR de Pie. Otra parte, significativa, se incorporó al PS-1, ante una convocatoria directa de Marcelo Quiroga Santa Cruz. Después de ciertas desavenencias con el mismo PS-1, debido al ímpetu de uno de los militantes incorporados, éste vivió su propio nomadismo hasta encontrarse con el anarquismo, donde ahora es activista. Ocurrió lo mismo con quien se adhirió a la organización trotskista del POR de Pie. Otro militante incorporado al PS-1, que asumió la responsabilidad de Mañana el Pueblo, periódico del partido socialista, sufrió el asesinato de Marcel Quiroga Santa Cruz hasta enfermarse gravemente. Sin embargo, una parte del Grupo Octubre, la mayoritaria se mantuvo un tiempo como tal, hasta su incorporación a CONDEPA. Se puede decir que es donde el Grupo Octubre tiene influencia política; esto se puede apreciar en el mismo nombre de CONDEPA, Consciencia de Patria, que era como una paráfrasis del nombre de RADEPA, Razón de Patria, organización o logia militar de la que formaba parte el General Gualberto Villarroel, caudillo reivindicado por el Grupo Octubre.

La diseminación de CONDEPA, después de la muerte de su líder, el “compadre” Palenque, mermó las mismas posibilidades del Grupo Octubre, dentro de CONDEPA, además de la potencial irradiación en la masa seguidora del “compadre”. Se puede decir, que con esta diseminación del movimiento condepista, desaparece también lo que fue, en vida, el Grupo Octubre. Uno de sus miembros, por cierto importante, pues, después de la muerte de Adolfo Perelman, fundador del Grupo Octubre y tutor de Sergio Almaraz Paz, se hizo cargo de la dirección del Grupo, reapareció como ministro del primer gobierno de Evo Morales Ayma, en la cartera estratégica del Ministerio de Energía e Hidrocarburos. Se puede decir que es él el que diseñó, incluso redactó, en gran parte, dándole forma y sobre todo contenido, al Decreto Ley Héroes del Acre, con el que se nacionalizan los hidrocarburos.

Esta breve historia de la izquierda nacional, nos puede ayudar a interpretar el significado de los celajes discursivos que aparecen, de vez en cuando, tratando de reproducir el debate, que tuvo su peso e incidencia, durante el periodo del gobierno de Torres. Ahora, en otro contexto, después de la movilización prolongada (2000-2005). Después del proceso constituyente, después de un ciclo político de las gestiones de gobiernos del MAS, de ascenso y descenso, de nacionalización, sobre todo de los hidrocarburos, después de ingresar de lleno a la etapa de de decadencia, después del “gasolinazo”, resulta fuera de contexto el intentar reproducir este debate, en otras condiciones, en otra problemática, además de manifestarse un retroceso notorio respecto a la experiencia del nacionalismo revolucionario, que efectuó transformaciones estructurales, que repercutieron en la estructura estatal y en la estructura social. El populismo del MAS, fuera del inicio de la nacionalización de los hidrocarburos, no continúo por este camino; es más se embarcó en una deshonesta desnacionalización con los contratos de operaciones, fuera de entregarse a las trasnacionales mineras con sus políticas mineras, sobre todo con su Ley Minera. En este contexto, en esta coyuntura, es insostenible una postura anquilosada en el tiempo, que ha quedado recordando el momento único, cuando quizás se tuvo certeza política.

Antes de pasar a otro punto, volveremos a retomar lo que dijimos en Potencia y acontecimiento.

Podemos encontrar otro diseño de la estructura de composición compleja singular, participe del acontecimiento del nacionalismo-revolucionario. Las articulaciones que aparecen, conectan al imaginario popular, conformado en la experiencia social de la primera mitad del siglo XX, en un país de adentro del continente, en un país interno y mediterráneo, bordeado por sus cordilleras al oeste y extendido en sus llanos y selvas al este. Una experiencia social cuya densidad mayor se concentra en la explotación minera. Es en el sustrato de esta experiencia de donde emerge la narrativa nacionalista y popular, contestataria a la legalidad, legitimidad y dominación de la oligarquía minera. Sin embargo, la experiencia minera, no es la única; hay otras, que tienen que ver con otros ámbitos de desenvolvimientos sociales, más poblados; en un caso, en su forma dispersa, las formaciones campesinas; en otro caso, de manera concentrada, las formaciones urbanas. Estas experiencias también generan sus imaginarios populares; quizás en las formaciones campesinas emergen utopías de recuperación de la tierra; quizás en las formaciones urbanas nazcan mitos de modernidad, de industrialización, también utopías de soberanía. No siempre los imaginarios se comunican, ni siempre efectúan sus hermenéuticas; es más probable que se prejuzguen a partir de las pre-narrativas imaginarias propias. Sin embargo, pueden conectarse parcialmente, intersectarse parcialmente, y ocasionar hermenéuticas fragmentadas incompletas. De todas maneras, es la formación discursiva la que interpreta estos imaginarios y puede construir una narrativa. Esto hace la formación discursiva del nacionalismo revolucionario. El substrato imaginario de este discurso del nacionalismo revolucionario no es, inmediatamente, ninguno de los imaginarios populares, aunque éstos hagan de substratos del substrato del discurso. El imaginario del discurso es, mas bien, intelectual. Son los intelectuales nacionalistas los que construyen una narrativa, la que interpreta, desde su punto de vista y perspectiva, lo que los otros imaginarios, los populares, expresan. Son las narrativas y no los imaginarios los que pueden operar efectivamente en la interpelación a una forma de poder, a una estructura de poder; pueden difundirse como discursos, como “ideología”, pueden coadyuvar en la argumentación de las organizaciones, políticas y sindicales, involucradas en la resistencia a la forma de poder vigente y odiado. Entonces, en este caso, tenemos prioritariamente la articulación de la “ideología” del nacionalismo revolucionario, con el mismo partido populista, con las organizaciones barriales, los comandos, con las organizaciones sindicales, también en relación con otros partidos y en relación antagónica con el gobierno.

Estamos ante una composición compleja singular de la “ideología” con el conjunto de sus conexiones, en distintos planos de intensidad, con distintos dispositivos sociales y políticos, con distintas organizaciones sindicales y políticas. Incluso, en conexión con las teorías modernas, que usa en la conformación de su propia narrativa; aunque lo haga de una manera fragmentaria, sin utilizar o tener en cuenta la totalidad de estas teorías. Mas bien, la narrativa del nacionalismo revolucionario es más práctica que teórica, por así decirlo; le interesa desplegar la trama, teniendo en cuenta las imágenes ya afincadas en los imaginarios populares. No teoriza, sino narra, en el sentido llano de la palabra; expone la historia dramática de la nación afectada, desterrada en su propia tierra, exilada en su propia tierra; para convocar a la nación a levantarse contra la opresión, contra los opresores, que colonizan la nación. Por estas características de la narrativa nacionalista revolucionaria, la “ideología” populista en cuestión es altamente eficaz, tanto en su convocatoria, así como en la transmisión de su mensaje. Es comprensible para el pueblo.

En imaginarios populares, que son más asequibles, más sensibles, a este tipo de narrativas convocantes, por estar más próximas a los sentidos comunes y a las pre-narrativas imaginarias populares, el discurso del nacionalismo revolucionario tiene más posibilidades de impactar, de incidir en las conductas y comportamientos de las clases sociales de la nación oprimida. Si bien no es un discurso que enriquece, en el sentido de desplazamientos del saber, pues se mueve en lo ya sabido, en lo ya digerido en la experiencia social, su difusión y expansión política tiene mayor alcance.

Por lo tanto, las cuerdas de esta “ideología” vibran intensamente, son recepcionadas intensamente, en los ámbitos sociales de sus conexiones; en consecuencia, logran tocar una sinfonía con las otras cuerdas, inherentes en esos ámbitos sociales, pues las notas ya se conocen y están en la memoria. Es una sinfonía que ya está en el repertorio histórico, por así decirlo. No es una sinfonía nueva, creada recientemente, como ocurre con el anterior ejemplo (el marxismo).

Como hablamos de dos etapas del populismo nacionalista revolucionario, diremos, metafóricamente, que la sinfonía gusta en la etapa de las resistencias; empero, comienza a disgustar en la etapa de gobierno, por sus repetición saturada, su recurrencia aburrida. Es más, en la repetición y recurrencia el placer de la percepción se convierte en displacer; el movimiento compuesto de las cuerdas se desgasta. Peor aún, el uso del poder institucional, el Estado, apresura el ciclo del acontecimiento, ingresando rápidamente a su crepúsculo y clausura. La alborada y crepúsculo, el ciclo intenso del nacionalismo revolucionario, puede recortarse en el intervalo definido, en sus inicios, por la masacre de Catavi (1941) – cuando el MNR es conocido no solo como el partido que compartió el gobierno en la presidencia de Gualberto Villarroel, sino como defensor de los trabajadores mineros y de la soberanía del Estado, en relación a la interpelación al monopolio económico y político ejercido por los “Barones del Estaño”, cuando se hace popular -, y, en su finalización,  por la caída del último gobierno movimientista del periodo de la revolución nacional (1952-1964). La historia política de este partido, posterior a 1964, después del golpe de Estado, es otra historia. No la del tiempo de las cosas pequeñas, como caracterizaba Sergio Almaraz Paz a la última fase de las gestiones de gobierno del MNR, en el periodo de la revolución nacional; no la de la decadencia y hundimiento de la revolución; sino la de la renuncia explicita y oportunista al mismo nacionalismo revolucionario. Interpretación que se corrobora cuando el mismo presidente que firmó las medidas de nacionalización de las minas, en 1952, es el que firma el Decreto Ley 21060, en 1985, iniciando el periodo destructivo del ajuste estructural neoliberal. Desde 1964 no se puede hablar del MNR, de cualquiera de sus fragmentos dispersos, como cristalería quebrada, como expresión política, menos “ideológica”, delnacionalismo-revolucionario. Este partido o lo que queda de él no es, con toda evidencia, revolucionario, ni al viejo estilo populista; tampoco es nacionalista. En su versión última, en el periodo denominado de la democracia pactada, fue una expresión y brazo operativo del proyecto de desposesión y despojamiento neoliberal. Después de la caída de esta expresión política, como consecuencia de la victoria política de la movilización social, durante la guerra del gas (2003), los fragmentos, cada vez más pequeños y más dispersos, del MNR, son la expresión más deplorable del oportunismo descarnado y de las pequeñas y miserables angurrias del poder. Algunos de estos fragmentos dispersos son aliados, ahora, del MAS, incluso, otros fragmentos, han ingresado a este partido.

En lo que respecta al tercer ejemplo, podemos encontrar el diseño de la estructura de la composición compleja singular, en la constelación de composiciones singulares, que hacen al acontecimiento de la “ideología” del populismo-indigenista, en una articulación sui generis de las Federaciones Sindicales Campesinas del Trópico de Cochabamba, gestoras de la defensa de los cultivos de hoja de coca; articulación que primero se da, en su relación con su entidad matriz, la CSTCB; después, con la COB. Este contexto de relaciones y conexiones sindicales, sobre todo, las relativas a las organizaciones campesinas, es primordial para desprender el proyecto que va adquirir el nombre connotado de Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos. En principio, el Instrumento Político, que nace en el fragor de las reuniones, de los debates, de los foros, y, por último, en un Congreso campesino, como Asamblea por la Soberanía de los Pueblos, se proyecta novedosamente. Lo que se mostraba, por lo menos, en dos intenciones políticas e “ideológicas”; por una parte, conformar un Instrumento Político de las organizaciones sociales; lo que le daba un carácter distinto al partido o movimiento político. El partido, en este caso, está subordinado, por lo menos, en el proyecto inicial, a las organizaciones sociales. La otra intención proyectada, tiene que ver con una perspectiva descolonizadora, al concebir un Instrumento Político de las organizaciones sociales como de-colonial, Instrumento que se asumía como expresión de las naciones y pueblos, no solamente indígenas. Entonces, estamos ante un proyecto pluralista y plurinacional.

Podemos entonces comenzar a trazar un periodo político intenso, cuyo corte inicial se puede situar entre 1996-97, años en que el Congreso campesino asume el proyecto del Instrumento Político como propósito orgánico de los sindicatos campesinos.

Siguiendo con la descripción de las conexiones de la resistencia y defensa de los cultivos de la hoja de coca, en distintos planos de intensidad, con otros dispositivos, incluso composiciones singulares, podemos encontrar las conexiones de dispositivos orgánicos y de dispositivos políticos, en ciernes, en el proyecto y desarrollo inicial del Instrumento Político, con las ONGs. Por lo menos, aquellas, que, en principio, se encuentran en programas alternativos de desarrollo al cultivo de la hoja de coca; después, muy pocas, en compromisos, más que programas, de defensa de los cultivos de la hoja de coca; y posteriormente, con ONGs “izquierdistas”, que apoyan directamente la proyección del Instrumento Político. Muy temprano, en este proceso de constitución, de lo que debería haber sido el Instrumento Político de las organizaciones sociales, las formas orgánicas de gestación del Instrumento Político entran en contacto con organizaciones políticas, también fundaciones y ONGs de la “izquierda” internacional. En el mapa de estas conexiones, de la resistencia y la defensa de la hoja de coca, de sus formas orgánicas de la resistencia y defensa, teniendo como base operativa y orgánica a la Federación Sindical Única de Trabajadores Campesinos del Trópico de Cochabamba, se encuentran las organizaciones políticas de “izquierda” o lo que queda de ellas; después de la crisis política, la segunda, una vez dado el derrumbe de la UDP[2]. No se puede dejar de lado, en el mapa de estas conexiones, a los medios de comunicación, que, si bien, puede haberse dado una relación conflictiva y sensacionalista, hasta adversa, con un conjunto de medios empresariales, el MAS tenía también una relación, que podemos denominar solidaria, con medios no empresariales; hablamos no solo de las radios populares, sino de medios que forman parte de la Iglesia Católica. Lo que debería ser el Instrumento Político de las organizaciones sociales y terminó siendo el MAS, unpartido, más que movimiento social, que no es Instrumento Político de las organizaciones sociales, sino que convierte a las organizaciones sociales en instrumentos del partido, es un fenómeno también mediático; este hecho no se puede obviar en el análisis.

No vamos a extender más la descripción del mapa de las articulaciones y conexiones de la composición compleja singular; dejaremos esta extensión para la investigación. El ejemplo sería abrumador; por otra parte, adquiriría connotaciones más complicadas. Lo que importa ahora, en esta ilustración, es mostrar las características del análisis complejo, su enfoque en los funcionamientos, los engranajes, las mecánicas y dinámicas de la composición compleja singular.

En esta perspectiva, la del pensamiento complejo, en el análisis de los tejidos sociales del acontecimiento, se destaca el impacto, de este diseño de la estructura de la composición singular, en el tejido social y político de la coyuntura y del inicio del periodo, en cuestión. Este impacto tiene que ver con la repercusión en los imaginarios de un símbolo cultural, el de la hoja de coca, que, a la vez, aparece como símbolo de-colonial, y, a la vez, como símbolo de resistencia antiimperialista. Ciertamente, en otros ámbitos, no populares, la hoja de coca, mas bien, aparece como un signo descalificado, debido al uso de la hoja de coca en la producción de cocaína. Entonces, asistimos a una especie de debate “ideológico”, mas bien, mediático, en torno a las interpretaciones políticas del símbolo o signo de la hoja de coca. En otras palabras, la defensa de la hoja de coca se politiza, adquiere connotaciones antiimperialistas, en una micro-región, donde se desenvuelve lo que se puede llamar, acertadamente, guerra de baja intensidad.

Por lo tanto, la politización no solo tiene como eje esto del proyecto del Instrumento Político y esto de la Asamblea por la Soberanía de los Pueblos, sino también el eje de la interpretación “izquierdista”, por lo menos de una parte de la “izquierda”, de que la defensa de la hoja de coca es antiimperialista. A la larga, el eje más efectivo y preponderante va a ser éste, el del carácter antimperialista de la defensa de la hoja de coca.

A propósito de lo que decimos, hay que salir de toda irradiación de las teorías de la conspiración. No se puede aceptar, por lo menos, demostrar y sustentar, la hipótesis de que todo lo que acontecía, en lo que respecta al impacto de los ejes mencionados, formaba parte de un plan, de una conspiración política, por más emancipadora que pueda pretender ser esta conspiración. De ninguna manera, los proyectos como los del Instrumento Político, sus características plurinacionales, evidentemente forman parte de un proyecto; empero, sus conexiones con los otros ejes, los impactos en el tejido social y político, son, mas bien, casuales, usando este término para ilustrar y contrastar. Es muy difícil sostener que los planes humanos se realicen plenamente; una vez que se despliegan, en busca de su realización, provocan consecuencias inesperadas, precisamente porque los dispositivos operativos no controlan el conjunto de variables intervinientes; son, mas bien, sobrepasados por la complejidad.

Se puede decir, sin mucho riesgo de errar, que el MAS, por sí solo, contando con este mapa de sus conexiones, con la composición compleja singular, en una constelación de composiciones singulares, que hacen al acontecimiento, no podría haber llegado a donde ha llegado, dicho popularmente, al poder. Es el estallido de otros movimientos sociales anti-sistémicos el que ha favorecido el decurso que toma el MAS. Entonces, en el mapa entran las relaciones, las conexiones, incluso contradictorias, de concurrencia, de debate y desacuerdos, entre este proyecto del Instrumento Político y los otros movimientos sociales anti-sistémicos.

La problemática, en esta cuestión última, es la siguiente: ¿Por qué el MAS ha terminado beneficiándose políticamente de la movilización prolongada y no los otros movimientos sociales anti-sistémicos, o alguno de ellos? Responder a esta pregunta equivale a comprender la dinámica molecular de las fuerzas concurrentes, en ese periodo político intenso, comprender la dinámica de la composición molar de esas fuerzas. Pero esta comprensión no se logra por medio de los análisis acostumbrados, basados en los esquematismos duales, atrapados en paradigmas racionalistas; hablando de la razón abstracta, que nombramos como razón fantasma; análisis lineales y deterministas. La comprensión es posible en el análisis complejo de las dinámicas inherentes al tejido espacio-tiempo-social-político-cultural del periodo, en cuestión (1996-2015).

En este ensayo no podemos explayarnos en la descripción de los diseños de las estructuras de las composiciones complejas singulares, relativas a los movimientos sociales anti-sistémicos, que se desplegaron en el periodo de la movilización prolongada (2000-2005). Aunque describimos, de manera más detallada, aspectos, características, formas y perfiles de estos movimientos sociales, en los análisis realizados por Comuna[3], estos análisis todavía se inscriben en la episteme moderna de los esquematismos dualistas. Ahora, se requiere del análisis complejo de los tejidos espacio-temporales-territoriales-sociales-culturales. Como se trata ahora, de exponer ejemplos ilustrativos, dejaremos para más adelante, para otros ensayos, la exposición de composiciones complejas singulares, relativas a estos movimientos sociales anti-sistémicos.

Por de pronto, lanzaremos la siguiente hipótesis interpretativa: el movimiento autogestionario de la guerra del agua, el movimiento indianista del bloqueo indígena-campesino, el movimiento nacional-popular de la guerra del gas, el movimiento descolonizador de las organizaciones indígenas originarias, los movimientos dispersos y diversos, relacionados a la resistencias al costo social neoliberal, en los que sobresalen los movimientos de los y las prestatarias, así como de los jubilados, el movimiento resurgente del proletariado, sobre todo del proletariado nómada, se presentan como movimientos, que adquieren otro perfil, de características autónomas y de autogobierno, por lo menos, en los dos primeros, como movimientos anti-estatalistas. Esta proyección política, ponderable por cierto, dada la crisis múltiple del Estado-nación, dada la experiencia acumulada a través de las historias políticas de la modernidad, convierten a estos movimientos sociales anti-sistémicos en imposibles, por así decirlo, en el marco institucional político establecido, el de la democracia formal. Solo podrían haber prosperado si la mayoría poblacional, si la mayoría del pueblo, hubiera adquirido también una propensión anti-estatal. Sin embargo, esto es precisamente lo que no pasó, lo que era difícil que pase, cuando el pueblo, por así decirlo, se encuentra atrapado en el imaginario estatal.

El MAS era y es estatalista, a diferencia de la Coordinadora del Agua y la defensa de la vida, por lo menos, en su proyección auténtica e intensa; a diferencia de la CSTCB de entonces (2000). Organizaciones que no propendían a mantenerse en reformas del Estado-nación, sino se proyectaban a la realización esperada de una forma política global alternativa. Esta proyección y límite estatalista del MAS, a la vez restringía sus pretensiones emancipadoras, sus poses de-coloniales, sus fintas soberanas, incluso sus retóricas socialistas, al tamaño de un  Estado-nación subalterno, al tamaño del campo económico del capitalismo dependiente. Y, a la vez, lo convertía en viable, en los márgenes permitidos por el sistema-mundo capitalista. Ésta, quizás, es la razón de fondo  del porque el MAS pudo beneficiarse de las victorias de la movilización prolongada, victorias políticas, como las de la guerra del agua y de las de la guerra del gas, en las que el MAS tuvo poco que ver, si es que no tuvo nada que ver.

Entonces, se puede decir que las cuerdas, inherentes a la resistencia y defensa de la hoja de coca, vibraron, de tal manera, que su vibración, si bien, no fue crucial en los desenlaces de la movilización prolongada, fueron como las notas finales de esta sinfonía social. Lo que recuerda la “memoria” – usando irónicamente el término – mediática son estas notas finales, no recuerda el proceso. Institucionalmente, políticamente, en sentido restringido, se impone lo mediático, en el periodo de las gestiones gubernamentales, aunque no se imponga históricamente, en el largo ciclo y en las estructuras de larga duración. Hay pues una historia oficial, que se sostiene institucionalmente, mediáticamente, propagandísticamente, que busca convencer de una “descripción” de los hechos, de la secuencia de hechos, eventos y sucesos, del llamado “proceso de cambio”; “descripción” que, sin embargo, no es sostenible. Al respecto, lo que importa no es oponer, a esta invención de la historia de los vencedores, la pretensión de objetividad, como se hacía en la episteme de la modernidad, pues esta objetividad solo se puede mover en algún plano de intensidad, o, en el mejor de los casos, en algunos planos de intensidad; desconectados y aislados, quizás vinculados, de manera forzada y no propia.  Lo que se requiere es el análisis complejo de los tejidos entrelazados del acontecimiento, de la constelación de composiciones complejas singulares entrelazadas, que hacen al acontecimiento. Esto no es objetividad, sino comprensión integral de la simultaneidad dinámica[4].

Ahora retomaremos el debate sobre capitalismo de Estado.

Capitalismo y capitalismo de Estado

Es frecuente encontrarse con argumentos enrevesados en la defensa provisional que se hace de los gobiernos progresistas; algunas llaman la atención por su saturada y abultada explicación, que insiste en la existencia de un “proceso de cambio”, dando ejemplos des-conexos, donde unos parecen formas de algo parecido al reformismo de la social democracia, otros, en cambio, en contraste, rayan en repeticiones incongruentes de las gestiones de los gobiernos liberales. Terceros, pretenden demostrar que avanzamos a una “revolución socialista”, aunque nunca se sabe por dónde; pero, otros, cuartos, que llegan a argumentar con enunciados sorprendentemente contradictorios, que parecen juegos de ingenio. Decir, por ejemplo, que se puede ser anticapitalista siéndolo, es decir, capitalista, cuando se opta por el capitalismo de Estado. Que el capitalismo de Estado es la forma que adquiere la soberanía en las periferias, su lucha antiimperialista. Lo del capitalismo anticapitalista es un enunciado que se parece a la serpiente que se muerde la cola. Lo del capitalismo de Estado antiimperialista, puede ser tomado en cuenta, sobre todo en la primera etapa de los procesos de gestión de gobiernos que expresan la voluntad de recuperar los recursos naturales: pero, que este antiimperialismo sea, además anticapitalismo, parece muy forzado.

Es Karl Polanyi quien definió el concepto de capitalismo de Estado y lo atribuyó a la Unión Soviética. Si se puede hablar como formación económica-política de capitalismo de Estado, es decir, como realización, es esta, la que se ha dado en la Union soviética, también en la República Popular China. No se puede calificar a estas formaciones como socialistas, en pleno sentido de la palabra, aunque su proyecto haya sido socialista; no hay socialismo sino en el mundo. Esto ocurre, teóricamente, cuando el sistema-mundo socialista remplaza al sistema-mundo capitalista. Las formaciones sociales en las periferias son, mas bien, de un capitalismo dependiente. Si algunos de los países periféricos han logrado industrializarse, convirtiéndose como Brasil, en una potencia emergente, a pesar de esta incursión, no dejan el perfil del desarrollo desigual y combinado. Efectúan, además de la revolución industrial, la revolución tecnológica y la revolución cibernética; sin embargo, como dice Francisco de Oliveira, Brasil no ha dejado la dependencia, mas bien ha ingresado al neo-atraso, debido a una composición combinada de su economía, cuya estructura, la gravitación de su estructura está orientada por el extractivismo. Sería sugerente comparar los perfiles económicos de las llamadas potencias emergentes, incluyendo a la India, además de los famosos “Tigres del Asia”. Esta tarea la dejaremos para después, pues nos interesa seguir con la discusión sobre el capitalismo de Estado.

En Cartografías histórico-políticas, escribimos:

El capitalismo de Estado tiene por lo menos dos acepciones en la teoría; una, en la teoría marxista de la escuela austriaca; otra, en el discurso teórico latinoamericano. En la escuela austriaca el capitalismo de Estado tiene que ver con la tesis del imperialismo como última fase del capitalismo, tesis difundida por Lenin[5]. La tesis se elabora a partir de la caracterización del capitalismo en esta fase, sobre todo por el papel que juega el Estado en intima articulación con el capital financiero.  El Estado no solamente es instrumento indispensable en la acumulación de capital, sino que juega un papel dinámico en el proceso de concentración, en el control y la administración financiera de todas las formas de capital. Proyecta una geopolítica de expansión en los entornos y en el mundo. A esta vinculación estrecha entre Estado y capital financiero y a la plataforma de políticas económicas que apoyan la concentración de capital se llama capitalismo de Estado. En América Latina se ha llamado capitalismo de Estado a los procesos inherentes dados en los gobiernos nacionalistas y populistas, que optaron por el camino de las nacionalizaciones y la política económica de sustitución de importaciones, promoviendo la industrialización y conformando empresas públicas.

Como se puede ver son dos concepciones distintas de capitalismo de Estado. Extendiéndonos en las consideraciones de capitalismo de Estado, Karl Polanyi tiene una comprensión más abarcadora del capitalismo de Estado; incluye en el capitalismo de Estado a los propios Estados socialistas. Para este teórico la característica principal del capitalismo de Estado es el monopolio del Estado en la Economía; lo que ocurría en la URSS y en la República Popular China no era otra cosa que la gestión de la economía capitalista por la vía Estatal. Entonces hay varias formas de capitalismo de Estado. A nosotros nos interesa la forma de capitalismo de Estado que se instituye en las periferias del sistema-mundo capitalista, a partir de la política de nacionalizaciones y el proyecto de sustitución de importaciones. Sobre todo interesa comprender por qué muchos de estos proyectos no salen del modelo extractivista y terminan atrapados en una economía rentista[6].

Si hacemos caso a Polanyi el capitalismo de Estado es el monopolio del Estado en la economía. No parece este perfil darse en las formaciones económico sociales de la potencias emergentes, mucho menos en las formaciones económico sociales de los países periféricos cuyo perfil económico sigue siendo primario exportador, como es el caso de Bolivia. ¿Por qué entonces hablar de capitalismo de Estado para caracterizar el perfil económico boliviano en tiempos de Evo? Esto no se sostiene por ningún lado.

Vamos a revisar lo que describimos en Bolivia: Perfil económico. Estamos ante un perfil económico extractivita, modelo primario exportador, una administración de Estado rentista, que está, muy lejos de construir una logística estructural para sostener un proceso de industrialización; proceso que viene acompañado, necesariamente, por la formación de la masa crítica de científicos, además de la masa crítica de técnicos y tecnólogos; lo que implica una revolución pedagógica, formativa y educativa. No hay nada de esto en las gestiones de gobierno; lo que si hay es una hipertrofia de la demagogia, un incremento desmesurado en la retórica, mientras, mas bien, se asientan las bases para una nueva expansión extractivista a gran escala, como la dada en la Ley minera. ¿Dónde se sustenta eso de capitalismo de Estado, de camino a la industrialización? Solo en el imaginario de lo que queda de la izquierda nacional.

Ahora pasaremos a una revisión necesario del perfil económico boliviano.

Estructura económica de Bolivia[7]

Si se observa la composición estructural del PIB[8], desde la participación por actividad económica, vemos que la estructura no se ha modificado. Hay variaciones porcentuales de las participaciones; empero, mínimas, que no afectan a la estructura misma. Del 2006 al 2013 la agricultura, silvicultura, caza y pesca, han pasado de un 11% a un 10%. En el mismo lapso la extracción de minas y canteras, ha pasado de un 11,6% a un 14,1%; siendo lo que corresponde al petróleo y gas natural un paso del 6,4% al 7,9%; en tanto que los minerales metálicos y no metálicos pasaron de un 5,2% a un 6,2%. En contraste, la participación de las industrias manufactureras bajó de un 11,3% a un 9,9%. También el transporte, almacenamiento y comunicaciones bajó de un 10,2% a un 7,9%. En cambio la participación de la actividad de los establecimientos financieros, seguros, bienes inmuebles y servicios prestados a las empresas subió de un 8,5% a un 8,8%. También la participación de la administración pública subió de un 11% a un 11,7%. La participación de los restaurantes y hoteles prácticamente se mantuvo en su nivel, con una ligera variación a disminuir. En contraste, la participación de la actividad de los servicios comunales, sociales, personales y domésticos, bajó de un 4,5% a un 3,5%. Tomando en cuenta la diferencia entre el PIB a precios de mercado y el PIB a precios básicos, considerando que la diferencia consiste en los derechos de importación, IVA, IT, impuestos otros indirectos, lo que si subió notoriamente es la participación de la actividad de los derechos de importaciones, IVA, IT y otros impuestos indirectos de un 21,2% a un 25%.

Ahora bien, en el 2013, si tomamos en cuenta las actividades que podemos considerarlas productivas, incluyendo electricidad gas y agua, además de la construcción, tenemos una participación del orden del 38,6%, quedando el resto, 61,4%, como porcentaje de la participación de actividades se servicio, comerciales y de circulación, es decir, de actividades no-productivas, aunque coadyuven a la producción. Claro que aquí se incluye la participación de los servicios comunales, sociales, personales y domésticos, que es del 3,5% en el 2013. ¿Cuál es el peso de la participación comunitaria? La situación estructural no ha variado en el año siguiente, 2014. El peso de los servicios, el comercio y el transporte es notoriamente mayor que el peso de las actividades productivas. Esto se hace categórico cuando observamos que el peso de la industria manufacturera, además de ser bajo, manifestó una tendencia a disminuir su participación. ¿De qué industrialización estamos hablando?

Si pasamos de la estructura del PIB a la cuenta de acumulación y financiación de capital, según componente, tenemos otro cuadro, quizás más sugerente, en lo que respecta a la disponibilidad de inversión. Antes de entrar al análisis de este cuadro, vamos a tener el cuidado de definir los conceptos de capital, de acumulación de capital, de formación bruta de capital, de financiación de la acumulación bruta, de ahorro bruto y de transferencia de capital, que son conceptos macroeconómicos y no marxistas. Esto para evitar confusiones y habilitar la interpretación de los indicadores.

En sentido estricto, el capital es una abstracción contable; se trata de los bienes y derechos, es decir, de los elementos patrimoniales del activo, menos las deudas y obligaciones, que corresponden al pasivo. De todo de lo cual es titular el capitalista. Tomando en cuenta esta clasificación, de esta manera, se dice que se capitaliza una empresa o se amplía capital cuando aumenta su activo o disminuye su pasivo o se incorporan nuevas aportaciones de socios o se reduce el endeudamiento con terceros. Cuando el pasivo es superior al activo se dice que la unidad económica está en situación de capital negativo.

La acumulación de capital se refiere a la variación neta de activos financieros. La Formación Bruta de Capital Fijo (FBCF) es un concepto macroeconómico utilizado en las cuentas nacionales, como el Sistema Europeo de Cuentas (SEC). Estadísticamente mide el valor de las adquisiciones de activos fijos nuevos o existentes, menos las cesiones de activos fijos realizados por el sector empresarial, los gobiernos y los hogares, con exclusión de sus empresas no constituidas en sociedad. En el análisis macroeconómico, la FBCF es uno de los dos componentes del gasto de inversión, que se incluye dentro del PIB, lo que muestra cómo una gran parte del nuevo valor añadido en la economía se invierte en lugar de ser consumido. La financiación de la acumulación bruta se refiere a los préstamos netos y a la variación neta de pasivos financieros. El Ahorro Bruto supone, generalmente, la comparación entre los ingresos corrientes y los gastos corrientes, excluida la partida de gastos financieros. El ahorro nacional es la suma del ahorro público y el privado. El ahorro nacional viene dado por la diferencia entre la renta nacional o valor del conjunto de bienes producidos y el consumo. El ahorro interno bruto se calcula como el PIB menos el gasto de consumo final, consumo total. Un valor negativo para este indicador de estructura implica la financiación de gastos corrientes con ingresos por operaciones de capital, situación financiera comprometida que no puede mantenerse a largo plazo. Se habla de transferencia de capital cuando el Estado u otro organismo público efectúan una subvención con el objeto de financiar inversiones y operaciones de capital fijo del sujeto beneficiario.

Teniendo en cuenta estos conceptos, pasamos ahora al análisis del cuadro de la cuenta de acumulación y financiación de capital[9]. Del 2006 al 2013 se dio lugar una variación compuesta[10] del orden del 36% en la acumulación de capital; se puede decir que la acumulación de capital casi se triplicó (2,8). Teniendo en cuenta que la variación de existencias es la diferencia entre las entradas y las salidas de almacén de las materias primas, productos semielaborados, trabajos en curso y productos terminados, en un periodo determinado, vemos que la variación de existencias disminuyó su monto negativo; es decir, el exceso de salidas respecto a las entradas. Esta disminución se dio lugar en una proporción del 36,8%; lo que quiere decir que el exceso de las salidas disminuyó en una relación tres (2,7). La formación bruta de capital varió en un 51%; lo que quiere decir que prácticamente se duplicó (1,9). Teniendo en cuenta que el préstamo neto del resto del mundo equivale al excedente de la nación por transacciones corrientes, que es el saldo de la cuenta corriente obtenido de todas las transacciones de ese tipo, incluidas en la balanza de pagos, se tiene una variación compuesta negativa del orden del 3%; lo que quiere decir que lo acumulado tiene una relación de 33 respecto a la diferencia negativa de los montos, lo que a su vez indica una disminución del excedente del saldo de la cuenta corriente. El comportamiento de la formación de la acumulación bruta es el mismo que el de la acumulación de capital. Del ahorro bruto se tiene prácticamente también el mismo comportamiento. La transferencia de capital del resto del mundo tuvo una variación compuesta negativa del orden del 68%; la relación entre lo acumulado respecto a la diferencia es de 1,5. Se puede interpretar tanto el porcentaje como la relación de lo que dicen los datos mismos, hay menos dependencia de la transferencia de capital del exterior.

Interpretando de manera resumida el cuadro, hay más acumulación de capital, entonces mayor disponibilidad para invertir en la adquisición de activos fijos. Teniendo en cuenta, los mandatos constitucionales, se tiene mayor disponibilidad para invertir productivamente. ¿Qué pasa entonces? ¿Por qué no se lo ha hecho? ¿En qué se gasta el dinero? Para intentar responder esta pregunta pasamos al cuadro del crecimiento de la formación bruta de capital fijo, a precios constantes, según producto[11].

La formación bruta de capital fijo, que comprende bienes de capital y construcción, pasó de un 9,3% a un 12,9%. Si entendemos que los bienes de capital son los equipos pesados, tales como maquinaria pesada, excavadoras, carretillas elevadoras, generadores, o vehículos, que, a diferencia de los bienes de consumo, requieren una inversión relativamente grande, que se compran para ser utilizados durante varios años, por eso mismo son también llamados bienes de producción[12], la inversión en bienes de capital pasó de un 8,2% a un 12,5%; lo que significa que hay una variación positiva del orden de 20,5%. Sin embargo, no es el Estado el que ha aumentado su inversión en bienes de capital, sino el sector privado, que pasó de un 3,7% a un 7,4%; dando lugar a una variación compuesta positiva de 33,9%. En cambio la inversión pública en bienes de capital pasó de un 27,6% a un 26.3%; dando lugar a una variación compuesta negativa del orden de 2,4%. La inversión estatal subió en la construcción, de un 12% a un 14,2%; dando lugar a una variación compuesta positiva del 8,7%.También el sector privado incrementó su inversión en la construcción, al pasar de un 6,4% a un 10,1%; lo que da lugar a una variación compuesta positiva del orden de 22,5%. ¿Qué pasa entonces con la inversión estatal, que cuenta con mayor disponibilidad de capital? Para responder a la pregunta vamos a considerar la estructura del Presupuesto General del Estado 2014[13].

De acuerdo al cuadro de las variables macroeconómicas 2007-2014, la tasa del crecimiento del PIB para el 2006 presupuestado fue de 5%, en tanto que para el 2013 fue presupuestado en el orden del 5,5%; sin embargo, el presupuesto ejecutado fue de 4,6% y de 6,5%, considerando los mismos años. El proyectado para el 2014 fue de 5,7%. Anotamos que el presupuesto ejecutado el 2006 fue 1% menor a lo presupuestado en 2006, en tanto que fue mayor en el mismo porcentaje el 2014. Se proyecta una tasa de crecimiento del PIB de 5.7% para el 2014. La tasa de inflación presupuestada fue de 3,7% para el 2006 y de 4,6% la ejecutada; la misma tasa de inflación presupuestada para el 2013 fue de 4,5% y la ejecutada de 7,5%. Se proyecta una inflación del 5,5% para el 2014. En el 2006, el PIB nominal presupuestado fue de 11.009 millones de U$, en tanto que el ejecutado fue de 13.215 millones de U$; en el 2013, el PIB nominal presupuestado fue de 28.704 millones de U$ y el ejecutado de 29.221 millones de U$.  Para el 2014 se proyectan 31.083 millones de dólares del PIB nominal.

En el cuadro de precios de barril del petróleo 2005-2014, tenemos que la variación del precio por barril osciló entre 65,9 WTI en USD/Bbl y 106,3 WTI en USD/Bbl en el 2012, llegando a 133,9 WTI en USD/Bbl en el 2008, el pico más alto, bajando a un 98,1 U$ por barril en enero de 2013, incluso bajando hasta 71,9 U$ por barril en octubre de 2014. El Presupuesto General del Estado (PGE) manejó un promedio estimado de 74,6 U$ por barril para el 2014; sin embargo a octubre del mismo año bajó a 71,2 U$ por barril; hoy se encuentra por debajo de los 50 U$ por barril.

En los precios de exportación del plomo, zinc, cobre y estaño, también se manifiesta una tendencia a bajar. El estaño osciló entre 4.3 U$ la libra fina, en mayo de 2004 y 8,2 U$ la libra fina en mayo de 2014, pasando por 14,2 U$ la libra fina en enero de 2011, el pico más alto. El plomo osciló entre 0,4 U$ la libra fina y 0,8 U$ la libra fina en mayo de 2014, pasando por 1,7 U$ en septiembre de 2007, el pico más alto. El cobre osciló entre 1,4 U$ la libra fina en mayo de 2004 y 3 U$ en mayo de 2014, pasando por 4,4 U$ la libra fina en septiembre de 2011, su pico más alto. El zinc osciló entre 0,5 U$ la libra fina en enero del 2004 y 0,8 U$ la libra fina en mayo de 2014. La tendencia general es a bajar en el 2015, considerando, empero las diferencias singulares por mineral.

En cambio, los precios de exportación del oro y la plata manifiestan una tendencia a subir. El oro osciló entre 673 U$/oz en junio de 2006 y 1.205,5 U$/oz en diciembre de 2013, pasando por 1.783,7 U$/oz en junio de 2011, su pico más alto. La plata osciló entre 13,4 U$/oz en junio de 2006 y 21,4 U$/oz en marzo de 2014, pasando por sobre los 1.800 U$ en mayo de 2011, su pico más alto.

El cuadro de recaudación de ingresos tributarios 2001-2013 nos ofrece un incremento considerable de las recaudaciones. Se pasa de una recaudación de 7.721 millones de bs. En el 2001 a unos 52.122 millones de bs., en el 2012.  Una variación compuesta del orden del 74% en 11 años; casi siete veces mayor de recaudación; una relación de 1,3 de la suma respecto a su diferencia, que sería como el indicador lo que no varió. El aporte mayor es la participación de la recaudación tributaria, respecto al IDH y al IEHD; en el 2012 la recaudación tributaria llegó a 37.563 millones de bs., en tanto que el aporte del IDH fue de 12.111 millones de bs., el del IEDH fue de 2.448 millones de bs. El 72% del aporte en recaudaciones le corresponde a la recaudación tributaria, el 23% al IDH y el 5% al IEDH.

El ingreso por concepto de hidrocarburos, comprendiendo el IDH y las regalías, llegó a los 19.277 millones de bs., en el 2012; siendo el aporte del IDH de 12.111 millones de bs., y de 7.166 millones de bs., el aporte por concepto de regalías; es decir, el 23% de aporte le corresponde al IDH y el 14% le corresponden a las regalías.

Las transferencias del Tesoro General del Estado fueron del monto de 23.010 millones de bs., en el 2012, correspondiéndole 7.860 millones a las gobernaciones, 11.499 millones a los municipios y 3.200 millones a las universidades; es decir, el 34% de transferencias van a las gobernaciones, el 52% a los municipios y el 14% a las universidades.

Tomando en cuenta el presupuesto general del Estado agregado y consolidado; el agregado fue para el 2013 de 228.285 millones de bs, y de 172.121 millones de bs., el consolidado; para el 2014, el agregado llegó a 259.439 millones y el consolidado a 195.410 millones.  Hablamos de una variación simple del 14%.

Del cuadro PGE agregado y consolidado para el 2014 por nivel institucional, se ha destinado el 23% del PGE consolidado a la administración central, el 10% a las entidades descentralizadas, el 44% a las empresas públicas, el 6% a los gobiernos departamentales, el 10% a los gobiernos municipales, el 2,7% a las universidades públicas, el 2,8% a la seguridad social y el 1,2 % a las actividades financieras.

El cuadro del presupuesto consolidado de recursos, del sector público, acumuló 195.410 millones de bs., en el 2014. De los cuales el 64% corresponde a ingresos corrientes, el 1% a ingresos de capital y el 35% a fuentes financieras. En lo que respecta a ingresos corrientes, el 34% corresponde a ingresos de operaciones, el 29% a YPFB, el 5% al resto, el 1% a venta de bienes y servicios de la administración pública, el 22% a ingresos tributarios, el 2% a contribuciones de la seguridad social y el 4% a otros ingresos corrientes. En lo que corresponde a ingresos de capital, el total corresponde a donaciones de capital. En lo que respecta a fuentes financieras, el 3% corresponde al financiamiento externo, el 32% a otras fuentes internas, el 14% a YPFB y el 18% al resto.

El presupuesto consolidado de gastos, del sector público, en el 2014, destinó el 56% a gastos corrientes, el 22% a gastos de capital y el 23% a uso de fondos. En lo que respecta a gastos corrientes, el 14% se destinó a sueldos y salarios, el 4% a las direcciones departamentales, el 10% al resto institucional, el 2% a aportes a la seguridad social, el 30% a bienes y servicios, el 20% a YPFB, el 11% al resto de gastos, el 1% a intereses de la deuda interna, el 1% a intereses de la deuda externa, el 3% a prestaciones de la seguridad social, el 3% a transferencias corrientes al sector privado, el 3% a transferencias corrientes al sector público, el 1% a otros gastos corrientes. En lo que respecta a gastos de capital, el 17% corresponde a la formación bruta de capital fijo, y el 4% a otros gastos de capital. En lo que respecta a uso de fondos, el 1% corresponde a la amortización de la deuda pública externa, el 21% a otras aplicaciones financieras, el 10% a YPFB y el 11% al resto.

En el presupuesto consolidado de gastos en sueldos y salarios y formación bruta de capital, de 2005-2014, tenemos dos curvas ascendentes, la de formación bruta de capital un poco por debajo de la curva de sueldos y salarios, ente 2005 y 2011, quedando por encima la primera curva respecto a la segunda, entre 2011 y 2014, produciéndose un punto de cruce en el año 2010. ¿Qué quiere decir este cuadro? ¿Cómo interpretarlo? Los montos destinados a la formación bruta de capital pasaron de 5.078 millones de bs., en el 2005, a 33.715 millones de bs., en el 2014; los montos destinados a sueldos y salarios pasaron de 7.379 millones, en el 2005, a 27.922 millones, en el 2014. Se ha pasado de una variación compuesta del 18% a una del 9%, del 2005 al 2014, y de una variación simple del 31% a una del 20%, del 2005 al 2014, comparando las curvas respecto a la formación bruta de capital. En todo caso, se puede decir, que se gasta tanto en formación bruta de capital como en sueldos y salarios, salvando las diferencias que hemos mencionado.  En otras palabras se invierte en formación bruta de capital 1,20 bolivianos por cada boliviano que se gasta en sueldos y salarios. ¿Ha cambiado la política presupuestaria? Este comportamiento nos dice que no, sobre todo cuando se trata de invertir para la industrialización; sigue siendo el perfil de un presupuesto de un Estado rentista.

Otro cuadro sugerente es el del presupuesto de gastos corrientes, del 2005-2014. El 2005 se gastaba en gastos corrientes lo que corresponde al 28,7% del PIB, en tanto que el 2014 se gasta el 51% del PIB por este concepto, pasando por un pico de casi el 58% del PIB de gastos corrientes en el 2009. Estos datos corroboran nuestra interpretación de que se trata de un perfil de presupuesto de Estado rentista, muy lejos de un presupuesto destinado a la industrialización, como manda la Constitución.

Teniendo en cuenta que el concepto de gasto de capital implica erogaciones destinadas a la adquisición o producción de activos tangibles e intangibles y a inversiones financieras en la entidad pública, que incrementan el activo del sector público y sirven como instrumentos para la producción de bienes y servicios, vamos a revisar el cuadro del presupuesto consolidado de gastos de capital, 2005-2014. En el lapso de tiempo se pasó de una inversión de 9.566 millones de bolivianos a 42.815 millones de bolivianos; hablamos de una variación compuesta de 63%; lo que significa que la inversión se cuadruplicó, pasando incluso el 2014 el cuádruple de la inversión en 2005. Sin embargo, no hay que olvidar que hablamos del 9% del PIB en el 2005 y del 20% del PIB en el 2014.

La inversión pública proyectada por sector económico para el 2014 fue de 4.519 millones de bolivianos; de los cuales corresponde a la inversión en infraestructura 1.695 millones de bs., 1.530 millones en sectores productivos, 1.114 millones en inversión social y 140 millones en inversión multisectorial. Entonces el 37,5% corresponde a infraestructura, el 34% a inversión productiva, el 25% a inversión social y el 3% a inversión multisectorial. La variación compuesta entre la inversión productiva y la inversión en infraestructura es de -5%, y de 14% entre la inversión productiva y la inversión social. La variación compuesta entre la inversión productiva y el conjunto de la inversión pública es de -49%. Si bien se puede considerar que toda esta inversión pública redunda en la producción, no es una inversión directa en la producción; también la inversión en infraestructura puede redundar en la expansión del comercio y de los servicios, sin necesidad que impacte mejor en producción. Todo depende de las articulaciones, integración y composiciones de la estructura económica y de sus dinámicas. Por eso, mientras no se mejore la inversión productiva, no sólo cuantitativamente, sino cualitativamente, creando las condiciones de posibilidad material, tecnológica y científica de la absorción productiva, lo que se llama inversión productiva resulta solo una contabilidad y no una dinámica.

Pasando a los proyectos de inversión pública, correspondientes al 2014, tenemos que de los 1688 millones de U$,  el 8,6% se destina a la planta de urea y amoniaco de Carrasco; el 4,4% a la planta de extracción y fraccionamiento de licuables, ubicada en Tarija; el 2,8% a la doble vía La Paz-Oruro; el 2,6% al transporte por cable teleférico La Paz-El Alto; el 2% a las obras de vía férrea Montero-Bulo Bulo; el 1,8% a la planta de gas natural licuado para el abastecimiento del norte de Bolivia; el 1,6% a la planta de San Buena Aventura de  La Paz; el 1,6% a las redes de gas 39k, en Santa Cruz; el 1,1% a las redes de gas domiciliario; el 1% a la carretera cruce Condo-K-Huancarani-Uyuni; el 0,9% al componente hidroeléctrico Misicuni; el 0,8% a las líneas de transporte Cochabamba-La Paz; el 0,7% a las redes de gas de Cochabamba;  el 0,7% a las plantas de etileno y polietileno, en la provincia del Gran Chaco; el 0,6% al programa social madre-niño; el 0,5% al acceso vial Los Lotes-Planta Río Grande; el 0,5% a la Planta Ravelo-Lluchu-Chacapuco; el 0,5% a  la Ciudad UNASUR San Benito-Cochabamba; el 0,5% a la carretera Ixiamas-San Buena Aventura; el 0,5% a la carretera Potosí-Tarija; el 0,4% a la carretera Paracaya-Aiquile; el 0,4% al aeropuerto internacional Alcantari; el 0,4% a la carretera Zudañes-Padilla-Monteagudo-Ipati; el 0,4% al Aeropuerto internacional de Chimore; el 0,4% al desarrollo integral de salmuera del Salar de Uyuni; el 0,4% a la carretera Zudañes-Padilla, en Chuquisaca; el 0,4% a las redes domiciliarias en La Paz; el 0,3% al programa de conversión de gas natural vehicular; el 0,3% a la carretera Ququibey-Yucumo; el 0,3% al pavimento del tramo Santa Barbara-Quiquibey. Hablamos de un subtotal de proyectos que abarcan el 37% de la inversión pública; quedando el 63% para el resto de proyectos. Se puede decir que de esta inversión cerca del 50% tiene que ver más directamente con la inversión productiva; nos referimos a 834 millones de dólares.

Plano de intensidad económico boliviano[14]

No vamos a hacer un balance, mas bien, nos vamos a basar en un balance hecho, Bolivia: perfil económico[15], para interpretar y explicar este perfil económico, la estructura económica y sus cartografías y genealogía extractivistas y dependientes. El balance del perfil económico de Bolivia ha empleado indicadores macroeconómicos, por lo tanto conceptos macroeconómicos; en Cartografías histórico-políticas[16] se desplegó la interpretación desde la crítica de la economía política generalizada[17]. Ahora, vamos a retomar la perspectiva móvil de ésta última, teniendo como referencia el balance descriptivo mencionado.

La caracterización que se hacía de Bolivia como país capitalista atrasado y dependiente no es suficiente para dar cuenta del acontecimiento Bolivia[18]. Menos las caracterizaciones derivadas de la macroeconomía, como país de economía primario exportadora. Se requiere comprender la complejidad del acontecimiento Bolivia, la comprensión de la multiplicidad de singularidades, que hacen momentos singulares, periodos singulares, así como también a regiones singulares, a territorialidades singulares y a formaciones sociales singulares, componentes del acontecimiento Bolivia. Entonces hablamos de plurales planos y espesores de intensidad, que se articulan, se conectan, hilan tejidos espacio-temporales-sociales-territoriales, configuran perfiles, estructuras y formaciones, sometidas a sus propias mutaciones en el acontecimiento en devenir.

Las contradicciones

Se puede decir que es alrededor de 7 mil millones de dólares el monto de la formación de capital y de la disponibilidad de la formación de capital bruto fijo. En relación al PIB, conforma el 23% de la valorización de la producción anual. Empero, sólo se han invertido el 22% de este monto estrictamente en lo que se puede considerar proyectos productivos.  En otras palabras, se tiene acceso a la disponibilidad de capital, a la formación de capital bruto fijo, en la magnitud mencionada; empero, se invierte productivamente sólo una parte no sobresaliente de este monto en la inversión propiamente productiva. Lo demás se usa de una manera no-productiva; entonces se lo hace, siguiendo el modelo de interpretación, de una manera rentista. ¿Cómo explicar este comportamiento y este uso?

La explicación se encuentra en el plano de intensidad económico, entrelazado con el conjunto de los planos de intensidad con los que intersecta. Se trata de un plano de intensidad económico cuya composición define un perfil dependiente, basado en una economía extractivista y en una administración rentista. No se puede orientar la disponibilidad de capital de inversión a la producción; es decir, a la generación de capital bruto fijo, pues la lógica efectiva no es la sustitución de importaciones, sino la expansión extractivistas, aprovechando la coyuntura de precios altos de las materias primas. Si el gobierno popular hubiera tomado en serio eso de la industrialización su obligación sería la inversión productiva. Sin embargo, revisando las estadísticas de inversión, sobre todo la dedicada a la producción, se observa una inversión desordenada, diseminada, no concatenada, una inversión sin proyección planificada. Se invierte, considerando lo poco que se invierte, en el ámbito productivo por inercia o por mostrar esta inversión ante la opinión pública; en el mejor de los caso, intentando, improvisadamente, generar un recorrido que pueda ser productivo.

Lo que pasa es que en la interacción entre los planos de intensidad social, el plano de intensidad político incide en el plano de intensidad económico, orientando su decurso en la satisfacción de la demanda rentista. No interesa el largo plazo, sino el plazo inmediato de demanda de recursos, para cubrir el déficit administrativo. No interesa la estrategia de industrialización, salvo como retórica, sino la estrategia provisional de captar la atención ciudadana, sobre todo la atención de la población electoralmente activa. La simulación se hace efectiva en estas conductas políticas, que terminan, lamentablemente incidiendo en el plano de intensidad económico, orientándolo a convertirse en la plataforma de generación de recursos para cubrir las demandas administrativas.

Viendo la configuración descriptiva del plano de intensidad económico, se puede observar que se da como un equilibrio entre tres componentes de la estructura económica; para resumir, diremos que se presentan el campo productivo (34%), el campo de los servicios (12%) y el campo administrativo (26%). Los tres campos son más o menos equilibrados, sus pesos específicos se contrarrestan, estableciendo una cierta equivalencia tripartita. Empero, el tema es: ¿hasta qué punto los tres campos se complementan, interactúan fortaleciéndose mutuamente, sobre todo fortaleciendo la iniciativa productiva?  En esta perspectiva, vemos que esto no ocurre, vemos que los tres campos funcionan más o menos independientemente como compitiendo. Sobre todo compitiendo por la cuota presupuestaria. El resultado es categórico, se merma preponderantemente la inversión productiva, si es que esta es la estrategia; por lo menos, lo es discursivamente.

No sólo estamos ante una economía extractivista, ante un Estado rentista, sino ante una opción por la inversión política, inversión destinada al impacto coyuntural, al impacto publicitario; entonces, se explica, de que no se trata de la valorización del valor, lógica capitalista, del modo de producción capitalista, sino de la valorización política del voto. ¿Funcionan o no funcionan de este modo las sociedades abigarradas, extendiéndonos, las sociedades del mundo contemporáneo? Tal parece, que la tendencia mundial, con todas sus variantes, es ésta. Las potencias industriales invierten en la industria de guerra, las potencias emergentes invierten en la industrialización y en las revoluciones tecnológicas y cibernéticas, los estados periféricos invierten en potenciar su base de legitimación, para poder sostener sus políticas extractivistas.

En estas condiciones es mucho menos viable la estrategia de industrialización en países periféricos, pues la gravitación de la geopolítica del sistema-mundo capitalista, más condicionante que antes, privilegia estas tendencias con la demanda y la subida de los precios de las materias primas. Estas tendencias también se refuerzan por los problemas de legitimación de los gobiernos de los estados periféricos, que requieren la aquiescencia de sus pueblos. Aquiescencia que obtienen mediante el impacto de bonos, asistencias, políticas coyunturales sociales. La industrialización ha quedado en la retórica, salvo en las potencias emergentes, que han heredado, en la división del trabajo internacional, la responsabilidad de la inversión de largo plazo, mientras que las potencias industriales tradicionales transfieren las industrias pesadas a las potencias emergentes, quedándose con las tecnologías de punta.

Entonces el perfil del plano de intensidad económico boliviano se explica por la inversión política y por los condicionamientos contemporáneos de la división del trabajo internacional del modo de producción capitalista, de la geopolítica del sistema-mundo capitalista, que delegan al país la tarea de garantizar la exportación de las materias primas requeridas por la maquinaria productiva mundial del capitalismo.

Después de las reflexiones sobre el concepto de capitalismo de Estado y el análisis descriptivo del perfil económico boliviano, pasaremos consideraciones críticas histórica-políticas de las nacionalizaciones en el capitalismo de Estado de los países periféricos, capitalismo de Estado en su acepción más restringida y provisional, menos teórica y más metafórica, en el sentido del populismo latinoamericano.

La nacionalización de la Gulf Oil[19]

Los últimos gobiernos del MNR del periodo de la revolución nacional (1952-1964) entregaron las reservas de gas e hicieron concesiones petrolíferas a la empresa trasnacional norteamericana Gulf Oil, afectando al propio desarrollo de YPFB, empresa estatal de los hidrocarburos. El gobierno del MNR firmó el Código Davenport, Código del Petróleo oneroso para los intereses del país, que afectaba la soberanía del Estado sobre los recursos hidrocarburíferos. ¿Por qué hizo esto un partido que había firmado las nacionalización de la minas? Hay que tomar en cuenta que la nacionalización de las minas, tampoco la reforma agraria, se encontraba en el programa del MNR. Ambas medidas se encontraban en el programa del PIR y en el programa del POR. Se hicieron carne en los sindicatos mineros y en las organizaciones campesinas en sus largas luchas contra “Súper Estado Minero” de los “Barones del Estaño”, en las luchas y resistencias contra el latifundio y el avasallamiento a tierras comunitarias. Cuando el golpe de Estado planeado por el MNR se convirtió en una insurrección popular, los acontecimientos se desbordaron y rebasaron las perspectivas del MNR. Destruido el ejército, después de tres días de guerra civil, en abril de 1952, las milicias obreras y campesinas tenían el control de las fuerzas armadas insurreccionales. Fue la COB la que impuso la nacionalización de las minas, fue también el levantamiento campesino y la toma de tierras lo que obligó al MNR adelantar la reforma agraria, que quería hacerla de una manera burocrática. Como dice Sergio Almaráz Paz, el pueblo insurrecto vencedor encontró en la calle al MNR y se lo llevó de los cabellos al palacio de gobierno[20].

El MNR había ganado las elecciones de 1951, empero la oligarquía “minero-feudal”, que era como se caracterizaba a la alianza de propietarios mineros y terratenientes, recurrió al golpe para evitar el ascenso al poder por parte del MNR, que era un partido nacionalista, que ya había participado en el gobierno de Gualberto Villarroel. Gobierno, derrocado por un cruento golpe que coaligaba al PIR, partido de izquierda, y a la rancia oligarquía “minero feudal”. El PIR justificaba el golpe con la formación de un supuesto “frente popular”, al estilo de los dados en Europa, enfrentado, en Bolivia, a un a supuesto fascismo, encarnado en Razón de Patria (RADEPA), que era la organización de militares nacionalistas partícipes de la guerra del Chaco. Esta apreciación des-contextuada de la realidad histórico-política-económica boliviana llevó al PIR a aliarse con la odiada oligarquía criolla. El golpe terminó con la vida y el colgamiento de Gualberto Villarroel. Este error garrafal del PIR le valió su vida política, fue su muerte política. Uno de los partidos más grandes de la izquierda boliviana, de influencia en los sindicatos de los trabajadores y en las universidades, terminó comprometido en un golpe de Estado que, al final, defendía los intereses de los “Barones del Estaño”, de la burguesía minera, con la que se enfrentaba el gobierno de Gualberto Villarroel. Del PIR nace el Partido Comunista (PC), fundado por Sergio Almaraz Paz, uno de los militantes de la juventud del PIR más brillantes, dirigente de la célula Lenin. La fundación del Partido Comunista contó, en principio, con jóvenes militantes; después viejos militantes del PIR pidieron su ingreso. En el comité central se compartió entre jóvenes y viejos militantes; los viejos terminando expulsando a Sergio Almaraz Paz, supuestamente por su desviaciones nacionalistas, además por leer más a Camus que a Konstatinov[21]. Sergio Almaraz Paz ingresó al MNR.

Otro partido de izquierda marxista era el Partido Obrero Revolucionario (POR), de tendencia Troskysta, también de influencia en los sindicatos mineros, incluso más que el PIR en lo que respecta a la influencia “ideológica”. Esto se ve en la aprobación de la Tesis de Pulacayo, tesis elaborada desde la perspectiva de la revolución permanente y la tesis de transición. También militantes trotskistas deciden ingresar al MNR, bajo la justificación de la táctica de “entrismo”, puesto que las masas estaban con el MNR, en pleno proceso de la revolución nacional en curso. Después de esto, prácticamente el joven militante e intelectual de los distritos mineros, Guillermo Lora, se quedó a cargo del POR. Siguió la línea de la independencia de clase y de crítica proletaria a lo que consideraba era una revolución burguesa. Con todo, se puede ver la inmensa agitación en las filas de la izquierda y en los sindicatos obreros ante la exigencia de las coyunturas políticas al inicio de la revolución nacional. El MNR se auto-identificó como un partido poli-clasista, más o menos un frente amplio; por eso fue un partido donde se trasladaron las tensiones de la lucha de clases, de las tendencias inherentes sobre la conducción de la revolución, la administración de las empresas nacionalizadas, la reforma agraria y la perspectiva política de la misma revolución. Más tarde, cuando las crisis del partido arreciaron, el partido se dividió, de acuerdo a sus tendencias y composición de clase. EL Partido Revolucionario de Izquierda Nacional (PRIN), se conformó sobre la base de la influencia en la COB y en los sindicatos de trabajadores, que tenían como líder al carismático Juan Lechín Oquendo. El Partido Revolucionario Auténtico (PRA) se conformó desde el ala derecha del MNR, liderada por Walter Guevara Arce, quién había redactado la Tesis de Ayopaya en contraposición a la Tesis de Pulacayo.

Teniendo en cuenta este panorama, se puede ver que el MNR, siendo un partido populista y nacionalista, también una especia de frente amplio, en la medida que se fue consolidando como gobierno y fue equilibrando las fuerzas. Equilibrando el peso entre milicianos, policía y ejército. En la medida que fue estructurando el aparato burocrático administrativo, las tendencias más conservadoras fueron ganando terreno en la conducción del partido y el gobierno. Este proceso de derechización puede ser interpretado a partir de una hipótesis un tanto exagerada, que, empero, esclarece el comportamiento del partido nacionalista. Se puede decir que el MNR en la medida que logró consolidarse en el poder quiso corregir lo que en el fondo consideraba errores políticos precipitados, la nacionalización de las minas y la reforma agraria, por lo menos en su forma. Sin embargo, esta hipótesis se acerca mucho a la tesis de la conspiración, esta vez desde dentro. Cosa que descartamos, pues la dinámica política es mucho más compleja que las conspiraciones.

Al respeto, hay que tener en cuenta la enseñanza histórica, en la medida que las revoluciones no se profundizan. La retracción comienza en un momento, a partir de un punto de inflexión, pues no pueden quedar como en el medio, estancadas; a partir de ese momento se genera el curso regresivo, conservador, incluso autodestructivo. También hay que tener en cuenta el contexto internacional; al gobierno Estadounidense no dejan de preocuparle estas rebeliones, reformas y revoluciones nacionalistas, las asocia con las revoluciones socialistas, sobre todo en América Latina después de la revolución cubana; en principio y en parte inspirada en la revolución de 1952, después decidiendo el curso socialista, empujada por la política intransigente e intervencionista norteamericana. Sobre todo desde el gobierno de J. F. Kennedy se decide contrarrestar la influencia comunista en Latinoamérica; se crea la “Alianza para el Progreso”, un programa continental asistencialista, y se interviene de una manera más asidua y detallada en los gobiernos latinoamericanos. En el caso boliviano se tiene especial atención. Desde esta perspectiva se puede decir que los gobiernos del MNR van a ser absorbidos a la influencia estadounidense, en plena guerra fría con el bloque socialista.

De todas maneras, los gobiernos del MNR no dejaron de experimentar tensiones y contradicciones, a pesar de la influencia estadounidense y el papel que empezó a jugar la embajada norteamericana en las decisiones políticas; creían que defendían la minería nacionalizada entregando el petróleo y el gas a los norteamericanos[22]. Este comportamiento devela el carácter del partido populista y nacionalista; no tenía una comprensión integral del significado histórico político de las nacionalizaciones, de su efecto de irradiación estatal. Creyó que bastaba cumplir con la nacionalización de las minas, nacionalización que también fue saboteada por la entrega de 23 millones de dólares a los “Barones del estaño” – como indemnización -, descapitalizando a COMIBOL, acompañada por una administración corrupta y clientelar. Las masas insurrectas llevaron al MNR al poder; sin embargo, el MNR nunca supo por qué. Creía que se lo merecía por haber ganado la elecciones de 1951. Nada más equivocado, una cosa es llegar al gobierno por elecciones y otra por una insurrección popular, los objetivos de las masas ya no eran los mismos que los del MNR; buscaban la emancipación social y la liberación nacional.

No se puede hacer una revolución a medias, esta cae, precisamente por indecisión y ambivalencia. No se puede tener una concepción parcial de las nacionalizaciones, sin entender la lucha mundial de los pueblos de los países periféricos por la independencia económica, la liberación nacional y la emancipación social. La nacionalización es un acontecimiento histórico-político de irradiación estatal. Los estados al hacerse cargo de sus recursos naturales soberanamente transforman los campos políticos y los campos burocráticos, transforman el mapa institucional. Las nacionalizaciones no sólo recuperan el excedente para el país, si es que logran recuperar todo el excedente que se genera en el país, aunque escape a su control el efecto multiplicador de la acumulación de capital, que se realiza en el mundo, con las materias primas explotadas en el propio país; las nacionalizaciones llegan a generar una idea distinta de Estado. Se trata de la idea de Estado ligada al subsuelo, ligada a los recursos hidrocarburíferos y minerales; un Estado que se constituye en una relación íntima con los yacimientos. Se trata de la idea de un Estado que emerge de las vetas minerales y de los yacimientos hidrocarburíferos. Es una idea que contraviene al contractualismo liberal, que otorga incluso el subsuelo en condición de propiedad privada a las empresas, como ocurre en los Estado Unidos de Norte América. Es la nación la propietaria, como en el caso de México desde la nacionalización del petróleo en el gobierno de Lázaro Cárdenas; es el Estado el propietario, como en el caso de Bolivia, desde la nacionalización de la Stantard Oil; es el pueblo boliviano, desde la promulgación de la Constitución. En el último caso, la propiedad colectiva le da un carácter de propiedad común, propiedad del común, de todos; lo que a su vez le quita el carácter de propiedad y lo acerca al de disfrute equilibrado de los bienes comunes. Entonces se trata de un Estado que se genera no sólo desde el campo político y como campo burocrático, sino que genera un campo de interacción con los recursos naturales, en el caso de las anteriores constituciones, o un campo de interacción con la naturaleza, en el caso de la última Constitución. Esta idea es sumamente sugerente pues la matriz de los campos político, cultural, simbólico, económico y burocrático, no es sólo el campo social, sino un campo soctal geográfico y geológico, por así decirlo, de interacción con los recursos naturales y con la naturaleza. Este campo es, mas bien, inmanente, como el planómeno de Gilles Deleuze y Félix de Guattari[23]. Que este campo sea “real”, en el sentido de la materialidad social, depende de las transformaciones institucionales y estructurales del Estado. Es una idea presente y difusa en torno a las nacionalizaciones. Idea que queda arrinconada después del entusiasmo de las nacionalizaciones, cuando los burócratas se hacen cargo de las negociaciones y vuelven a convertir los recursos naturales en una mercancía.

El caso de la nacionalización de la Gulf Oil, es un ejemplo de este acontecimiento no sólo de soberanía nacional sino de propiedad pública ligada a los yacimientos hidrocarburíferos, a su control y recorridos en los mercados, en los ductos y en las formas de consumo. El entusiasmo inicial corrobora un sentimiento colectivo de soberanía. El boicot posterior de la Gulf Oil, usando todos los dispositivos a su alcance, intentando detener la construcción del gaseoducto a la argentina y la venta de petróleo a ese país, adjudicándose la propiedad del petróleo y del gas, así como de los yacimientos concesionados. Usando su influencia en el país con políticos, medios de comunicación y personeros del gobierno oportunistas o, en su caso “pragmáticos”. Estos usos del poder disponible muestran que la lucha por el control de los recursos naturales, entre los pueblos y las empresas trasnacionales, no culmina con la nacionalización sino que continúa después, donde entran al conflicto los términos de la indemnización de por medio, el control de los flujos cuando salen del país, el control de los mercado y la decisión de los gobiernos involucrados, además de los organismos internacionales de financiamiento[24].

La nacionalización de la Gulf Oil del 17 de octubre de 1969 fue, en los hechos, desde una mirada histórica, observando los ciclos largos del capitalismo, donde se contienen los ciclos de explotación de los recursos naturales, además de los periodos políticos, una medida que continua la perspectiva histórica y política de la nacionalización de la Standard Oil y la nacionalización de las minas. Aunque se lo haya hecho en otro gobierno, después del interregno del gobierno militar, que barre con el último gobierno de la revolución nacional (1964-1966), interregno que comprende al gobierno electo del general René Barrientos y Siles Salinas, que continuaron la política entreguista de los hidrocarburos de los últimos gobiernos del MNR, del periodo de la revolución nacional. Esto plantea problemas teóricos; la continuidad de la lucha no está garantizada por los gobiernos sino por la estabilidad y continuidad de las medidas, en este caso de las nacionalizaciones. Acontece algo así como un meta-gobierno que atraviesa a los mismos gobiernos, aunque aparece de manera intermitente, que se efectúa como una doble irradiación estatal, en tanto soberanía y en tanto transformación estructural del mismo Estado. Se trata también de acontecimientos políticos y sociales, definidos por el carácter democrático, de ampliación de derechos democráticos, profundización de la democracia y participación popular.

Ciertamente la fase del entusiasmo y de las transformaciones no es perdurable, paradójicamente son los mismos gobiernos nacionalizadores los encargados en comenzar el amortiguamiento del impacto de la nacionalización, presionados por los dispositivos de poder de las empresas trasnacionales, los estados imperialistas, las estructuras y relaciones de poder distribuidas en el orbe y la región de dominio. La nacionalización de las minas indemnizó a los “Barones del estaño”, aunque estos eran los verdaderos deudores del país, por el saqueo, los minúsculos impuestos que pagaban al Estado, el haberse enriquecido exorbitantemente a costa del pueblo y de los recursos minerales, propiedad del Estado, y haber extranjerizado el capital acumulado. La nacionalización de la Gulf Oil terminó indemnizando a la empresa del petróleo norteamericana; el propio general Ovando Candia se comprometió hacerlo. Es cuando el ministro Marcelo Quiroga Santa Cruz renuncia, pues no estaba de acuerdo con las condiciones y los montos exigidos por la empresa; más tarde es el gobierno de facto del General Banzer el que accede pagar una indemnización cada vez mayor y de acuerdo a los requerimientos de la Gulf Oil.

Este tema de la indemnización, después de la nacionalización, nos muestra el control que tienen todavía las empresas trasnacionales, incluso después de efectuada la expropiación. El obtener ganancias con la indemnización no solamente depende de los controles de la empresa trasnacionales, de los monopolios que tiene, de la capacidad de coerción y chantaje que pueda realizar, sino también de lo que llamaremos los hombres de las trasnacionales en el propio gobierno nacionalizador. Tan fuerte es la presión de la empresa trasnacional afectada que termina formándose como una tendencia a buscar resolver el problema de la indemnización lo antes posible. A pesar de las auditorias que muestran otras cifras, a pesar de los incumplimientos de la empresa, de los fraudes descubiertos, de las multas a las que se debe someter, algunos funcionarios tienden a dirimir con la empresa trasnacional, aceptando una negociación que afecta los intereses del Estado. ¿Por qué se lo hace? No tienen el mismo perfil estos funcionarios pusilánimes; por un lado, están los “pragmáticos”, que optan por una solución rápida; por otro lado, están los de un dudoso comportamiento, sobre todo por su afinidad con los intereses de la empresa trasnacional. En el medio está toda clase de posiciones ambiguas. En contraste son estas disposiciones diletantes, se encuentran los que quieren llevar consecuentemente la nacionalización, evitando que la empresa expropiada se salga con las suyas, buscando hacer cumplir   las normas de la nacionalización y las leyes del país, evaluando las inversiones y el comportamiento de la empresa, sacando las consecuencias de las auditorias. Los resultados dependen de cuál de los grupos tiene más peso en la toma de decisiones. Lastimosamente los grupos “pragmáticos” y los afines a la empresa trasnacional terminan teniendo muchas veces mayor peso que el grupo de los consecuentes. Esto conduce a la descapitalización de la empresa estatal y a llevarla a situaciones comprometedoras en los escenarios operativos, técnicos y comerciales en los que tienen que desenvolverse.

Por eso el curso de las nacionalizaciones es dramático; comienzan recuperando los recursos naturales para el Estado, la nación, el pueblo, produciendo un efecto estatal de control soberano y de administración autónoma de los recursos naturales, un efecto estatal que implica la nacionalización del mismo Estado y del gobierno, transformando sus composiciones y estructuras, vinculando su porvenir al rumbo de los recursos naturales y de los yacimientos. El Estado se vuelve un Estado minero y/o petrolero, su economía está íntimamente ligada a la explotación, producción y comercialización minera e hidrocarburífera. Gran parte de la administración recae en la administración de estos flujos y del excedente. La economía estatal, conformada por las empresas estatales, cobra gravitación en la estructura económica, dinamizan el funcionamiento de todas las formas de organización económica. El perfil de la economía se puede definir como el de un capitalismo de Estado. No es que todo el campo económico sea estatal o público, sino que el centro gravitatorio del campo económico es el Estado; es decir, la economía manejada por el Estado, las empresas públicas.

En la misma perspectiva anterior, la de efectuar una genealogía de las nacionalizaciones en el capitalismo de Estado, vamos a abordar las historias efectivas de estas nacionalizaciones.

La genealogía de las nacionalizaciones[25]

La historia de los hidrocarburos en Bolivia está vinculada a la historia dramática de sus insurgencias y de sus actos heroicos, a los procesos de nacionalización, en contraste con los periodos de apertura y de concesiones al gran capital de las empresas trasnacionales. Hay que seguir esta historia en el devenir de tres nacionalizaciones, la de 1937, después de la Guerra del Chaco, la de 1969, durante el gobierno del general Ovando Candía, y la de 2006, en el primer año y la primera gestión del gobierno de Evo Morales.

En un sentido homenaje al Ingeniero Enrique Mariaca, homenaje que se encuentra en una revista de Jubileo, dedicada a la nacionalización de los hidrocarburos, reproduciendo las Memorias del insigne ingeniero ligado al destino de los hidrocarburos en Bolivia, en la introducción la de las memorias se  escribe:

Al mediodía del 14 de junio de 1935, bolivianos y paraguayos dejaron caer sus armas para darse un abrazo emotivo, en medio de un llanto sin rencor. La Guerra del Chaco había llegado a su fin, pero no era la última batalla de los patriotas en la defensa del petróleo[26].

Dos años más tarde se nacionalizaba a la empresa concesionaria Standard Oíl por incumplimientos múltiples y estafa al Estado boliviano. Entre los acuerdos que tenía con el Estado era el abastecimiento del mercado interno, que nunca cumplió. En la misma revista, en la parte de las memorias del Ingeniero Mariaca, el autor de las mismas interpreta la situación del modo siguiente:

Sin embargo, el abastecimiento del mercado interno no fue prioritario para la Standard Oíl que buscó, principalmente, obtener información valiosa sobre el potencial hidrocarburífero del país, a objeto de preservar reservas hidrocarburíferas a futuro ya que, en ese tiempo, contaba con importantes volúmenes de producción en el ámbito mundial. Toda esta información geológica, junto con los datos de las inversiones realizadas dentro del contrato de concesión, no fue entregada al gobierno boliviano para su aprovechamiento. Además, Bolivia debía importar desde Perú el combustible necesario para el consumo interno, el cual, irónicamente, era producido y comercializado por la misma Standard Oíl en Perú. Este conjunto de irregularidades, además del incumplimiento del pago de regalías y patentes, la resistencia a ingresar en etapas de producción y las denuncias presentadas sobre exportaciones ilegales de petróleo del campo Bermejo hacia Argentina –donde también la empresa tenía concesiones– ocasionaron que en marzo de 1937, durante el gobierno del general David Toro, se decidiera la caducidad de todas las concesiones de la Standard Oíl en territorio boliviano y la reversión total de sus bienes a favor de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), empresa estatal creada el 21 de diciembre de 1936. Finalmente, en 1942, luego de varias solicitudes presentadas, y a cambio de la información geológica obtenida por la Standard Oíl durante el tiempo de permanencia en Bolivia, se llegó a un acuerdo de indemnización por un millón de dólares aproximadamente, equivalente a unos sesenta millones de dólares en la actualidad[27].

Estas situaciones de enfrentamientos entre Estado y empresas trasnacionales de los hidrocarburos va volver a repetirse, sobre todo por el comportamiento sinuoso de las empresas, acostumbradas a manejar los negocios, los altos negocios, los negocios estratégicos, como es este del petróleo y del gas, como creen que se debe, imponiendo la ley del más fuerte. Si no imponen sus propias normas internacionales, que siempre les favorece, transgreden las propias normas nacionales. Siempre buscan el sobre-beneficio, la ganancia extraordinaria en todos los detalles, en todas las transacciones, y cuando pueden ocultan información. Ante sus jugadas, todos los conquistadores y piratas se quedan pequeños. Han ocasionado guerras por todas partes, como en el caso de la Guerra del Chaco y siguen haciéndolo.  Esta historia de trampas se vuelve a repetir con la Gulf Oíl treinta años más tarde.

El ingeniero Mariaca escribe:

El 26 de septiembre de 1969, el General Ovando Candía asumió la Presidencia de la República y casi inmediatamente, en fecha 17 de octubre del mismo año, decidió revertir las concesiones de la Gulf Oíl Company al Estado, así como nacionalizar todos sus bienes e instalaciones, incluidos muebles, medios de transporte, estudios, planos, proyectos y todo otro bien, sin excepción alguna. Producto de esta nacionalización, la Gulf Oíl Company entró en disputa con el gobierno boliviano y aplicó un embargo petrolero que impedía a Bolivia la comercialización del petróleo producido y la continuación de la construcción del Gasoducto Bolivia–Argentina, que hasta entonces presentaba un avance de 10%, aproximadamente.

En los dos casos, el de la nacionalización de la Standard Oíl en 1937 y el de la nacionalización de la Gulf Oíl en 1969, ambas empresas consiguieron hacerse indemnizar, lo que descapitalizó a la empresa estatal. En la medida que tienen el monopolio del mercado, el monopolio financiero y el monopolio tecnológico, logran chantajear, presionar, efectuar coerción sobre los gobiernos nacionalistas. Ante la eventualidad de no poder vender la producción, se sienten acorralados y ceden.

De la primera nacionalización a la segunda, las reservas comprometidas son mayores, la escala de la economía hidrocarburífera es mayor, así también los compromisos de venta, sobre todo en el caso de la Gulf Oíl, que contaba con reservas gasíferas y con negociaciones de venta de gas a la Argentina. El Estado se hace cargo cada vez de mayores dimensiones del proceso hidrocarburífero, comprendiendo la exploración, la explotación, la separación de líquidos, la industrialización y la comercialización. Por lo tanto la confrontación con los dominios de estas empresas es mayor. La situación de enfrentamiento entre Estado y empresas trasnacionales hidrocarburíferas vuelve a reaparecer en los primeros años del milenio, esta vez haciéndose clara y directa la confrontación entre empresas trasnacionales y pueblo, incluso entre pueblo y gobiernos neoliberales.

Después de seis años de luchas semi-insurreccionales, de procesos desatados por los movimientos sociales autogestionarios, auto- convocados y con vocación al autogobierno, se abre un proceso constituyente, el que irradia el poder constituyente de los movimientos sociales y naciones y pueblos indígenas originarios. Se optan por elecciones después de la prodigiosa movilización de mayo y junio de 2005, que toma las ciudades de La Paz, de El Alto, de Oruro y Potosí, culminando con la toma de la capital, Sucre, donde se encontraba sesionando Congreso para tratar una nueva sustitución constitucional. El pueblo movilizado obligó a la extraordinaria sesión del Congreso a la renuncia del presidente del Congreso y del presidente de la cámara baja, habilitando la sustitución constitucional del presidente de la Corte Suprema, quien recibía el mandato de convocar a elecciones.

En adelante transcribimos el balance que hace de la tercera nacionalización la Fundación Jubileo en la revista mencionada[28].

Las elecciones realizadas a fines del año 2005 llevan a la presidencia a líder sindical Evo Morales Ayma, quien asumió la Presidencia de la República el 22 de enero de 2006. Entre las primeras medidas que adoptó el flamante gobierno popular fue la promulgación del Decreto Nº 28701 de Nacionalización de los Hidrocarburos “Héroes del Chaco”. El objetivo de esta norma fue recuperar, a favor del Estado, la propiedad y el control absoluto y total de los recursos naturales hidrocarburíferos del país. Además, con la emisión de este decreto, se pretendía que las empresas petroleras que realizaban actividades de producción de gas natural y petróleo entregasen toda esta producción a YPFB, empresa que definiría nuevas condiciones comerciales, aplicando una política de reposición de reservas que no fue aplicada luego del proceso de capitalización.

La medida inmediata más efectiva y más visible de cambio, a propósito de la nacionalización, fue la aplicación, durante un periodo de seis meses, de una participación para YPFB equivalente a 32% del valor de la producción, adicional al pago de 50% que ya se tributaba a partir de la vigencia de la Ley Nº 3058. Hay que aclarar, sin embargo, que esta participación no se aplicaba a todos los campos, sino solamente a aquellos cuya producción de gas natural se encontraba por encima de los 100 millones de pies cúbicos por día, es decir que esta participación se aplicaba prácticamente a los mega-campos San Alberto y Sábalo, operados por la empresa Petrobras Bolivia S.A.

Una segunda medida importante fue la conminatoria para la suscripción de nuevos contratos petroleros, los mismos que debían ser firmados dentro de un plazo máximo de 180 días, en las condiciones establecidas por el Gobierno nacional, caso contrario, las empresas petroleras no podían seguir operando en el país. Para este fin, se instruyó al Ministerio de Hidrocarburos y Energía realizar auditorías petroleras que permitan cuantificar el monto de inversiones que iba a ser reconocido a cada una de estas empresas, así como las amortizaciones, costos de operación y rentabilidad de cada campo.

Con estas medidas se potenciaría a YPFB para que nuevamente, después de tantos años, asuma la operación y administración de toda la cadena productiva de hidrocarburos. De acuerdo con el Decreto de Nacionalización, YPFB debía reestructurarse de manera integral y debía convertirse en una empresa modelo, transparente y eficiente. Lamentablemente ese cambio tan esperado aún no se ha producido, ya que la empresa petrolera todavía se encuentra en una situación muy crítica, con falta de recursos humanos, técnicos y económicos.

La información sobre el sector todavía es muy escasa y los datos que se publican de manera oficial no son presentados de manera oportuna. Respecto a otras determinaciones de esta tercera nacionalización, no se puede dejar de mencionar la transferencia a favor de YPFB, a título gratuito, de las acciones del Fondo de Capitalización Colectiva de las empresas capitalizadas Chaco S.A., Andina S.A. y Transredes S.A., que eran administradas por las AFP. Complementando esta medida, se instruye, como parte de la nacionalización, que YPFB controle, como mínimo, el 50% + 1 de las acciones necesarias en las empresas citadas, además de Petrobras Bolivia Refinación y la Compañía Logística de Hidrocarburos Bolivia.

Con el control de estas empresas se pretendía que YPFB retome las actividades de exploración, explotación, transporte, refinación, almacenaje y comercialización de todos los hidrocarburos en el territorio nacional.

Sin embargo, luego de la promulgación del Decreto de Nacionalización se sucedieron eventos que alteran al mismo proceso de nacionalización:

En septiembre de 2006 se iniciaron las auditorías a las empresas petroleras a cargo del Ministerio de Hidrocarburos y Energía, bajo la dirección del ingeniero Enrique Mariaca Bilbao. A través de un proceso de contratación, estas auditorías fueron adjudicadas a 11 empresas consultoras, a objeto de determinar las inversiones que serían reconocidas para la puesta en vigencia de los nuevos contratos petroleros. Sin embargo, considerando la elevada tasa tributaria fijada para los mega-campos y el plazo definido en el Decreto Supremo, estos contratos fueron suscritos en fechas 27 y 28 de octubre de 2006, dejando de lado los resultados que dichas auditorías estaban obteniendo.

El tipo de contrato aplicado fue el Contrato de Operación, el mismo que contenía siete anexos técnicos, contables y económicos. Entre ellos se encuentran el Anexo F y el Anexo G que establecen, respectivamente, las fórmulas para la retribución al titular y las inversiones que les serán reconocidas. De acuerdo con el Ingeniero Mariaca, a pesar del establecimiento de estas fórmulas, aún no se cuenta con la información necesaria a objeto de verificar cuán beneficiosas son las condiciones económicas establecidas en cada contrato para YPFB; más aún, se desconoce la metodología para la determinación de las mismas.

Un aspecto observado en los 44 Contratos de Operación, aprobados por el Congreso Nacional, es el tema de inversiones. Si se lee y revisan bien estos contratos se notará que en ninguna parte existen obligaciones claras para realizar inversiones que permitan incrementar los niveles de producción de cada campo. Esta ausencia de inversiones ha traído consigo disminuciones en la producción de petróleo y, por ende, en las cargas de refinerías que actualmente entregan menores volúmenes de combustibles líquidos.

En el caso del diesel oíl, el país se ve continuamente obligado a importar cada vez mayores cantidades a precios internacionales, para luego comercializarlos a precios subsidiados, cuya diferencia es asumida por el Gobierno nacional, a través de la emisión de notas de crédito fiscal a favor de YPFB. En el caso de la gasolina, a la fecha, YPFB está importando aditivos de alto octanaje que, mezclados con la gasolina blanca, permiten obtener gasolina especial dentro de las especificaciones de calidad establecidas para este producto en el reglamento de calidad correspondiente.

Con relación al GLP, Bolivia, a pesar de ser un país productor de hidrocarburos, ha iniciado la importación de volúmenes mínimos de este combustible, a través de la República Argentina. Por lo anteriormente expuesto, YPFB debería ajustar los contratos petroleros vigentes, a través de la suscripción de adendas que establezcan compromisos y garantías de inversión que permitan incrementar los niveles de producción, así como las cargas en refinería, a objeto de garantizar el abastecimiento del mercado interno y reducir el nivel de importación de combustibles.

Siguiendo con el proceso de nacionalización, posterior a la suscripción de los nuevos Contratos de Operación, YPFB inició negociaciones con la empresa Petrobras Refinación S.A., a fin de recuperar las principales refinerías del país. Producto de estas negociaciones, en junio de 2007, YPFB compró el 100% de las acciones de las refinerías Guillermo Elder Bell y Gualberto Villarroel, hasta entonces propiedad de Petrobras Refinación, en 112 millones de dólares americanos. Así, más que una nacionalización de las refinerías del país fue más bien un proceso de concertación y compra de las empresas por parte de YPFB, sin existir de por medio procesos de confiscación de bienes y/o pagos por indemnización.

Como siguiente paso, YPFB decidió adquirir el 50% + 1 de las acciones de la Compañía Logística de Hidrocarburos Bolivia (CLHB), encargada del transporte y almacenaje de productos derivados como gasolina, diesel oíl, GLP, etc. Luego de intensas negociaciones en las que CLHB no cedía, el Gobierno emitió, en fecha 1º de mayo de 2008, el Decreto Supremo Nº 29542, a través del cual YPFB adquiere el 100% de las acciones, pagando un monto total de 12 millones de dólares americanos, aproximadamente.

La siguiente empresa que fue adquirida por YPFB fue Transredes S.A., cuyas acciones fueron “nacionalizadas” mediante Decreto Supremo Nº 29586, de fecha 2 de junio de 2008. El costo de esta adquisición, de acuerdo a información proporcionada por el Gobierno, fue de aproximadamente 240 millones de dólares. La empresa Andina S.A. llegó a un acuerdo para que YPFB adquiera el 50% + 1 de sus acciones, tomando el control de la misma y participando de manera conjunta en la administración de la empresa, toma de decisiones y operación de los campos que se encuentran bajo contrato.

Finalmente, en fecha 23 de enero de 2009, el Gobierno emitió el Decreto Supremo Nº 29888, mediante el cual “nacionaliza” la totalidad de las acciones de la empresa Chaco S.A., a un costo aproximado de 233 millones de dólares americanos.

A diferencia de las primeras nacionalizaciones de los hidrocarburos en Bolivia, la tercera no se produjo bajo políticas de confiscación de bienes y resolución inmediata de contratos, sino que respondió a un proceso de concertación y negociación de nuevas condiciones económicas para la suscripción de nuevos contratos, así como para la adquisición del total del paquete accionario de aquellas empresas capitalizadas y privatizadas[29].

Como se podrá ver se trata de una nacionalización sui generis, sin expropiación, tal como aconteció en los otros casos, la primera y la segunda nacionalización de los hidrocarburos. Esta es la razón por la que hemos preferido, en su momento, hablar de un proceso de nacionalización, que tiene que completarse. Sin embargo, el proceso parece revertirse en el mismo momento que se firman los contratos de operaciones. Se entiende que las dificultades cada vez son mayores para la realización de una nacionalización, más si se trata de la explotación de los hidrocarburos. Se entiende que nos encontramos con un dominio mucho más estructurado del capital financiero, se entiende también que la globalización ha conformado redes complejas de asociación, subsidiarias, flujos de capital, cadenas de producción, complementariedades de rubros y capitales, que estas redes hacen más difícil que antes lograr los resultados de la nacionalización. Sin embargo, esto no quiere decir que sea imposible una nacionalización, que no se pueda llevar adelante un proceso de nacionalización, teniendo muy claro que se debe tener un control del proceso productivo y del proceso comercial, que se tiene que tener sobre todo el control técnico de la producción, que se debe refundar YPFB en todo el sentido de la palabra. Que esta empresa estatal debe tener, además del control nominal, el control real de las decisiones, del proceso técnico y de los flujos del petróleo y el gas. El problema radica en esto, no se tiene este control técnico, no se tiene el control real de las decisiones técnicas y operativas, no se tiene el control de los flujos; el control técnico y real la siguen teniendo las empresas trasnacionales.

En un estudio de CEDLA se afirma que:

En el 2009, el 85,2% del total de reservas de gas y petróleo de Bolivia estaba bajo el dominio de las petroleras extranjeras como Petrobras, Repsol y Total[30].

En el informe de CEDLA mencionado se sacan algunas consecuencias de esta situación, una de ellas es la siguiente:

Al no tener el control real del sector hidrocarburífero y mantener una presencia estatal secundaria a través de YPFB, el gobierno nacional optó por ofrecer mejores condiciones a las transnacionales para intentar superar por esta vía los grandes problemas del sector como la caída en la producción de líquidos y el virtual estancamiento en la producción de gas.

De acuerdo al estudio, se interpreta que una de las consecuencias de la reversión del proceso de nacionalización tiene que ver con los desesperados intentos del gobierno por viabilizar la medida de shock, conocida popularmente como el “gasolinazo”. La baja de la producción de los combustibles, la subida de la demanda interna, el estancamiento de las reservas, el control efectivo de las empresas trasnacionales, han incidido en una situación altamente problemática en lo que respecta a los hidrocarburos. Empero, lo que es más grave, el balance del proceso de nacionalización muestra que no hubo tal nacionalización, que no se llegó a completar el proceso, que no se refundó YPFB, que no se controla el proceso productivo y el flujo de exportaciones. Lo que se tiene ahora es un proceso de reversión de la nacionalización. Esta lectura del proceso de nacionalización amerita una reflexión sobre los proyectos de nacionalización, sobre sus perspectivas de romper las cadenas de dependencia, sobre los proyectos de desarrollo casados a las nacionalizaciones.

Una pregunta directa que habría que hacerse es: ¿qué pasó con las nacionalizaciones, por qué no fueron la base del desarrollo? Dejemos las respuestas fáciles, dejemos de lado el problema de la burocratización, también el de la corrupción, así como la hipótesis de la conspiración, la traición o la falta de consecuencia. El problema es comprender las condiciones de posibilidad histórica y económica para lo que se supone es el desarrollo, centrado en la industrialización. ¿Puede una nacionalización llevarnos de por sí a la industrialización, por lo menos a la industrialización de los hidrocarburos? En relación a esta pregunta hay que despejar una confusión, que debería estar dilucidada desde la crítica de la economía política; el dinero no es capital, el ahorro no es capital, el ahorro de dinero no es capital; el capital es el dinero que se valoriza en el proceso de producción. El principal problema de las nacionalizaciones tiene que ver con esta distinción, que acabamos de hacer. Las nacionalizaciones tienden a llevar al Estado a optar por una economía rentista; el ingreso proveniente de la nacionalización es usado para el gasto no productivo, es usado para cubrir demandas, es usado en la distribución del presupuesto, que mayormente usa los recursos para cubrir gastos administrativos del fabuloso aparato de Estado. No se trata sólo de redistribuir el ingreso, que puede darse a través de bonos, sino, de lo que se trata es cómo la nacionalización convierte la recuperación del excedente en acumulación, en inversión productiva, en transformación de las condiciones de producción.

¿Ausencia de una burguesía nacional?  Esta era la hipótesis de la izquierda latinoamericana. ¿Falta de vocación industrial del Estado? Hipótesis de la inconsecuencia. Estas hipótesis son posibles si se tiene como referente la historia europea o por lo menos parte de esta historia, lo que se cree saber sobre esta historia, su reducción a la interpretación de la revolución industrial británica, interpretación lineal de la formación de la burguesía francesa, interpretación dificultosa de la vía prusiana, la vía emprendida por Otto von Bismarck, donde el Estado juega un papel fundamental en la industrialización de Alemania. A propósito de estas hipótesis, resultan contraídas como por imitación de una supuesta historia europea; por otra parte, pecan de ser generales. Suponen una identidad universal de la burguesía, portadora del desarrollo capitalista; no tienen para nada en cuenta la historia efectiva de las burguesías nacionales y de la variación de sus identidades. Por otra parte, también se tiene una idea abstracta del Estado, de la que se deduce su papel protagónico en la industrialización y el desarrollo.  Lo llamativo de ambas hipótesis es que pretenden resultar de apreciaciones históricas; sin embargo, hay que decirlo, la historia es concebida como repetición o emulación. La historia efectiva, pensada en el espesor del flujo de acontecimientos, no se repite, ni siquiera dos veces. Cuando Hegel se expresa de esa manera lo hace desde la fenomenología del espíritu y de la filosofía de la historia, donde el devenir de los acontecimientos se convierte en la dialéctica de los conceptos. Cuando Marx parafrasea a Hegel, lo hace irónicamente, diciendo que la historia se repite dos veces, pero una como tragedia y la otra como comedia.

Hay que rescatar a la historia de estas interpretaciones teleológicas; hay que entender la historia no sólo como relato, no sólo como narración; es evidente que forma parte de las experiencias y el trabajo de la memoria, empero también, se ha convertido en un campo de batalla de las interpretaciones. Se ha distinguido, por ejemplo la historia de los vencedores de la historia de los vencidos. Empero, todo esto nos lleva a re-plantearnos nuestra relación compleja con las temporalidades, las experiencias, las memorias, las vivencias de los acontecimientos. Quizás se acerca a esta comprensión la relación que establece la hermenéutica entre historia y singularidad. La historia es singular, no universal, salvo la que tiene que ver con la narratividad de los vencedores. Las historias son singulares, hay que contar historias singulares, los acontecimientos son singulares, además de estar configurados por múltiples singularidades. Vale decir, la historia es plural. Cada presente, cada coyuntura, cada momento, cada perfil histórico, por ejemplo, de tal o cual burguesía, es singular. Desde esta perspectiva no podría hablarse de una identidad única de la burguesía. Lo que ocurrió en el siglo XIX con la burguesía británica no se repitió con la burguesía francesa, menos con la burguesía alemana. Se trata de distintas constituciones de la clase propietaria de los medios de producción. Menos puede pasar lo mismo con las burguesías latinoamericanas. No sólo porque los tiempos son diferentes, las condiciones distintas, los contextos heterogéneos, sino porque la historia de su constitución obedece a la combinación singular de condiciones y factores sociales, económicos, políticos y culturales que se dan en las periferias del sistema-mundo capitalista.

Genealogía de la revolución industrial

La pregunta que deberíamos hacernos es qué es lo que ha llevado a ciertas burguesías a la industrialización. La historia de la revolución industrial comienza en Gran Bretaña a mediados del siglo XVIII y se arrastra el despliegue de las transformaciones tecnológicas durante el siglo XIX. No hay que olvidar que el requerimiento de una transformación constante tecnológica forma parte de la compulsión productiva. Durante el siglo XIX comienzan su industrialización Estados Unidos de Norte América, Francia, Alemania y Japón. Durante el siglo XX la revolución industrial arrastra a más países, que intentan desesperadamente ponerse a la par. Son sintomáticos los casos de la Unión Soviética y la República Popular China, países de construcción socialista en formaciones sociales mayoritariamente campesinas, que se dan la descomunal tarea de industrializar sus países a paso forzado, de una manera militarizada. A fines del siglo XX saltan a la palestra de la renovada y actualizada revolución industrial los famosos países asiáticos denominados los tigres del Asia (Hong Kong, Singapur, Corea del Sur y Taiwán), también China se integra a esta revolución en una escala gigantesca, convirtiéndose en la principal potencia emergente industrial. Como puede verse, no se trata de las mismas condiciones de emergencia de la llamada revolución industrial. Sin pretender hacer una historia de las revoluciones industriales en estos países, podemos distinguir algunas tendencias particulares.

Respecto a las condiciones de la revolución industrial inglesa, el historiador Eric John Ernest Hobsbawm dice que la revolución industrial inglesa fue precedida, por lo menos, por doscientos años de constante desarrollo económico. También dice que las principales condiciones previas para la industrialización ya estaban presentes en la Inglaterra del siglo XVIII. Otra caracterización importante es lo que acontece en el área rural; hacia 1750 es dudoso que se pudiera hablar con propiedad de un campesino propietario de la tierra en extensas zonas de Inglaterra y es cierto que ya no se podía hablar de agricultura de subsistencia. El país había acumulado y seguía acumulando un excedente lo bastante amplio como para permitir la necesaria inversión en un equipo no muy costoso, antes de los ferrocarriles, para la transformación económica. Buena parte de este excedente se concentraba en manos de quienes deseaban invertir en el progreso económico. Además Inglaterra poseía un extenso sector manufacturero altamente desarrollado y un aparato comercial todavía más desarrollado. El transporte y las comunicaciones eran relativamente fáciles y baratos, ya que ningún punto del país dista mucho más de los 100 km. del mar, y aún menos de algunos canales navegables. Esto no quiere decir que no surgieran obstáculos en el camino de la industrialización británica, sino sólo que fueron fáciles de superar a causa de que ya existían las condicione sociales y económicas fundamentales, porque el tipo de industrialización del siglo XVIII era comparativamente barato y sencillo, y porque el país era lo suficientemente rico y floreciente para que le afectaran ineficiencias que podían haber dado al traste con economías menos dispuestas[31].

Respecto a las condiciones iniciales y el nacimiento de la revolución industrial francesa podemos identificar las diferencias. Se trata más de una lenta transformación de las técnicas de producción; por lo tanto, en este caso es difícil hablar de una revolución; se trata más bien de un desarrollo gradual. A lo largo del siglo XIX la economía francesa se transforma progresivamente. La clave de este proceso se encuentra en el desplazamiento paulatino del centro de gravedad, que se hallaba en la agricultura, hacia lo que va a ser la nueva médula de gravitación, el desarrollo industrial. Si el primer centro estaba extendido casi en todo el país, el segundo centro se encuentra, mas bien, localizado en algunas ciudades del norte del país.

De todas maneras hay que tener en cuenta que podemos contar con un conjunto de factores que favorecieron el desarrollo industrial francés, factores que tienen que ver con las transformaciones revolucionarias, con las transformaciones institucionales y políticas. Haciendo una interpretación comparativa, un poco apresurada, podríamos decir que Francia se adelanta con la revolución política y social, en tanto que Gran Bretaña se adelanta con la revolución económica.  La revolución de 1789 liquidó el feudalismo y abolió la servidumbre, la ley de marzo de 1791 sepultó el régimen gremial de las corporaciones de oficio. También hay que considerar el nuevo ordenamiento territorial de la geografía política. Todo esto se encaminó a organizar una estrecha centralización administrativa, sobre todo impulsada por Napoleón Bonaparte.  Se suprimieron las aduanas interiores entre las provincias, dejando que se produzca una libre circulación de humanos, mercancías y capitales. De esta manera se convirtió el espacio nacional en un mercado único, protegido por un elevado arancel exterior.

El caso alemán en la revolución industrial es también diferente, la peculiaridad sobresaliente es el papel del Estado. Hay que comprender dos fases en este proceso, la primera fase corresponde al periodo de 1830-1880; una segunda fase corresponde al lapso que comienza en 1880 y se extiende a la segunda década del siglo XX, a 1914. En este segunda etapa es cuando la composición de la industrialización se complejiza, no sólo por las transformaciones tecnológicas requeridas, que exigen mayor inversión, sino por la participación gravitante del sistema financiero.

Un resumen de esta historia se expresa de esta manera:

La historia económica de Alemania nos enseña que el papel del Estado fue importante en el proceso de su industrialización. La revolución industrial se inició más tarde en Alemania que en Gran Bretaña o Francia. Este desfase explica por qué la construcción de ferrocarriles pudo jugar un papel motor en el proceso de industrialización alemán. La demanda de equipo ferroviario condujo a la expansión de la producción de carbón, de hierro y acero. La economía alemana se orientó desde el comienzo a la industria pesada. No podemos dejar de recordar, sin embargo, que el gobierno prusiano había fomentado directamente la producción de hierro y carbón desde mediados del siglo XVIII. Estos recursos eran necesarios para la fabricación de armamento y bienes de producción. La economía alemana pudo industrializarse a partir del Zollverein, que consiste en la apertura aduanera y la libre circulación.

Las iniciativas estatales en el campo económico y la puesta a punto de una red de vías de comunicación ayudaron al proceso de industrialización. La abundancia de recursos carboníferos y minerales no hizo sino acelerar el desarrollo. La revolución industrial alemana dependió menos, en esta fase, del comercio colonial de lo que lo habían hecho Gran Bretaña y Francia, pues su mercado fue principalmente interno. Los progresos de las industrias textiles, siempre secundarias, se debieron más a la utilización de materias primas domésticas. En cualquier caso, a partir de 1850, aumenta considerablemente el proceso de concentración empresarial -siendo otra característica importante de la industrialización alemana-. Numerosas pequeñas empresas desaparecieron (en el contexto de la Gran Depresión; fase B o ciclo depresivo en los ciclos Kondratieff) y, con ellas, la figura del empresario individual. Este proceso de concentración se puede explicar por tres causas:

1. El aumento constante de la complejidad técnica hace aumentar mucho los costes de la maquinaria utilizada.

2. Se buscaba obtener la mayor rentabilidad creando unidades de producción cada vez más grandes.

3. En el caso alemán se añade también la ausencia de colonias, lo que favorece, sobre todo en momentos de crisis, la concentración.

Esta evolución señala el paso del viejo capitalismo liberal hacia el capitalismo financiero y monopolista.

Tras la gran crisis del capitalismo de los años setenta se inicia una nueva etapa de expansión que ya no se detuvo hasta 1914.  El desarrollo considerable de los medios de transporte (nueva extensión de la red ferroviaria, construcción de canales, de una flota marítima) así como la implantación de nuevos sectores industriales – químico, eléctrico, automovilístico… – dio un fuerte impulso a casi todas las actividades. La concentración del mercado financiero en manos de un reducido grupo de grandes bancos palió la insuficiencia de capitales y permitió la financiación de las empresas.  Hacia 1895 la concentración de recursos financieros había llegado al extremo de que los cuatro grandes bancos de Berlín controlaban el 50 % del capital bancario y el 80 % de la actividad financiera. Se formaron así los llamados konzerne – que eran trust que, a su vez, estaba agrupados en cárteles, y que llegaban a controlar todo el mercado –.

Las industrias pesadas impulsan el desarrollo económico alemán.  Los comienzos de la industria química se remontan a la década de 1860 y se basaron en los yacimientos de sal y potasa de la Sajonia prusiana.  A ello se sumó la existencia de una magnífica red de institutos técnicos que formó muy buenos químicos capaces de desarrollar nuevos métodos de producción que se impusieron en la fabricación de tintes y fertilizantes agrícolas. La creación de la industria eléctrica constituyó un importante logro de la industrialización alemana.  Las invenciones del generador electromagnético, del telégrafo y del teléfono favorecieron la rápida expansión de este sector.  Buena parte del mercado de estas industrias estaba en el extranjero – Suiza, Italia y Escandinavia especialmente –.

La industria del motor de combustión interna fue más tardía.  En su desarrollo tuvieron un papel fundamental tres ingenieros: Daimler, Benz y Diesel. Pero hasta principios del siglo XX no se organizó ni cobró importancia esta industria. La influencia de los intereses agrarios y el deseo de no depender del extranjero – nacionalismo económico – explican que Alemania, a diferencia de Gran Bretaña, no sacrificase su agricultura, que en estos años experimentó una gran modernización y llegó a asegurar el 80 % del consumo[32].

Los tres casos europeos son distintos, cada uno tiene su propia peculiaridad; Gran Bretaña conforma un sistema mundial basado en el libre mercado; en esa expansión, en esa mundialización, un conjunto de desafíos la llevan a la revolución industrial. La misma lucha de clases, donde el proletariado organizado arranca acotar las horas de trabajo, obliga a la burguesía a incrementar la productividad y disminuir el tiempo de trabajo necesario. El requerimiento de comunicaciones y transportes rápidos que conecten su gran imperio y el mercado-mundo. La formación de un gran capital que requiere ritmos acelerados de reproducción y acumulación. Todo esto se podía resolver incorporando la tecnología al proceso de producción y absorbiendo la tecnología al capital; es decir, haciendo que la tecnología se incorpore al proceso de valorización.

En contraste, Alemania incursiona en la revolución industrial como parte de su geopolítica. La industrialización es un tema de Estado, forma parte de las estrategias de Estado. Por eso se recurre rápidamente a la concentración de capital y al monopolio, así como a la intervención financiera. El ritmo de la industrialización alemana es acelerado en comparación.

En cambio Francia se toma tiempo para experimentar un proceso gradual de transformación industrial. En Francia se combina una centralización administrativa con transformaciones graduales de la composición de capital. No se abandona la agricultura, se efectúa la reforma agraria, y se construye lentamente el sistema industrial.

Esta rápida y breve revisión de los nacimientos de la revolución industrial en Europa nos lleva a remarcar algunos rasgos y tendencias. Comprendiendo que se trata de historias singulares, propias y particulares, que combinan las condiciones económicas, sociales, políticas y culturales de cada país, en el contexto histórico de las propias intervenciones de la burguesía, del perfil particular de la burguesía, con la intervención estatal, podemos encontrar ciertos rasgos y tendencias sobresalientes.

1.   Se ha definido el capitalismo como el sistema que valoriza el dinero; esto sólo puede hacérselo en la esfera de la producción, como lo comprendió claramente Karl Marx. También se ha dicho que el capitalismo es un modo de producción y de funcionamiento múltiple, que decodifica los códigos culturales, que deja de moverse en codificaciones cualitativas, recurriendo, en cambio, a una axiomática cuantitativa, tal como ha interpretado Gilles Deleuze. Empero, ahora también comprendemos, a partir de la historia de los ciclos del capitalismo, que el capitalismo supone varios ciclos estructurales de larga duración, que manifiestan diferencias estructurales entre los mismos ciclos del capitalismo, así como distintas estratificaciones de las formas capitalistas, tal como lo ha estudiado Giovanni Arrighi. Tenemos entonces en la geología de las genealogías capitalistas una matriz de los desplazamientos y devenires capitalistas, esa matriz es comercial; después tenemos como un “fantasma” articulador y de conversión de los productos en mercancías; éste es el “fantasma” de la inexistente economía mercantil simple. Un supuesto, una hipótesis, un “fantasma” del modo de producción y del modo de circulación capitalista. Sobre la base de la matriz comercial del capitalismo, sobre el espacio diferencial y heterogéneo de los mercados, tenemos la formación, consolidación y expansión de capitalismo industrial, que Marx entendía como el modo de producción propiamente capitalista. Sin embargo, éste no es el último estrato del capitalismo; se ha tejido, desde un momento de simultáneo encuentro entre Estado y mercado, un sistema y red financiera que poco a poco se ha convertido en la expresión dominante del capitalismo, por su gran capacidad dual de centralización y de descentralización, de concentración y de desconcentración, de retención del ahorro y de inversión, añadiéndole constantemente a los flujos y las transacciones un interés, que no esvalorización del capital, sino apropiación especulativa de la plusvalía. Al respecto, Arrighi observa que es el paso de la dominación del capital industrial a la dominación del capital financiero el que anuncia la clausura de un ciclo y el comienzo de otro, paso que se da en forma de crisis. Visto de esta forma, la historia y la estructura del capitalismo, sus desplazamientos y transformaciones, comprendiendo que la valorización del dinero no es otra cosa que acumulación, acumulación originaria y acumulación ampliada de capital, vemos que el fenómeno de la acumulación conduce necesariamente a la revolución industrial. Esto nos lleva a diferenciar centros, donde se produce la acumulación ampliada de capital, y periferias, donde no se produce la acumulación ampliada de capital, periferias que viven de la venta de sus recursos naturales, mayoritariamente de una forma rentista. Son pocos los casos dónde se intenta retener el excedente e iniciar un proceso de acumulación, por medio de incipientes revoluciones industriales o, en su caso de gigantescas revoluciones industriales, como lo que acontece en la China contemporánea.

2.   Otra característica notoria es que, fuera de Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos de Norte América, donde la revolución industrial llega prioritariamente por iniciativa de sus burguesías, en los demás países el Estado aparece como promotor de la revolución Industrial. Estos son los casos históricos de Alemania, Japón, la Unión Soviética y la China Popular, además de la China del “socialismo de mercado”. También va a ser el caso de procesos inconclusos de revolución industrial como los dados en Argentina, Brasil y México. Se puede decir que, en todos estos países, el problema de la revolución industrial se convierte en un problema geopolítico, en unos casos, como proyecto de hegemonía y dominación, en otros, como tareas necesarias en la construcción del socialismo; en tanto que en un tercer grupo, como modificación de las relaciones de intercambio entre centro y periferias.

3.   Una tercera característica sobresaliente es que se da una revolución verde que acompaña a la revolución industrial, por lo menos en los casos típicos de la revolución industrial. Algo que no ha ocurrido necesariamente en los casos a-típicos de la revolución industrial, como en la Unión Soviética, la China y los países periféricos. En estos casos, los gobiernos se obsesionan tanto por la revolución industrial que descuidan la producción agrícola, contrayendo graves problema en lo que respecta a la reproducción social y a la alimentación de la población.

4.   Otro aspecto importante es aquel que tiene que ver con la masa crítica de la ciencia y la tecnología. Una revolución industrial requiere necesariamente de una formación cualitativa en ciencia y en tecnología. Hablamos de una masa crítica de científicos y técnicos. No contar con esta masa te lleva a una dependencia atroz en lo que respecta a la trasferencia tecnológica. Algunos países periféricos, que han incursionado en la revolución industrial, descuidan este aspecto creyendo que sólo se trata de comprar tecnología y de inversión de capital. Esta incompetencia les lleva a dramáticos desencuentros con la revolución industrial.

5.   Por último, debemos decir que no se puede hablar en general de la revolución industrial, ésta tiene sus historias, sus etapas, sus fases, sus diferencias. En la medida que avanza el desarrollo científico y tecnológico resulta más complicado iniciar la revolución industrial o continuarla, tanto por las inversiones que implica como por las actualizaciones que exige en la ciencia y en la tecnología, tomando en cuenta también la complejidad de las articulaciones entre capital financiero, inversiones, estados y mercados.

En relación a la revolución industrial en Estado Unidos de Norte América, en el Japón, en la Unión Soviética, los países llamados los “tigres del Asía” y China, vamos a hacer apuntes muy rápidos y sintéticos, salvo en lo que respecta a China, de la que vamos a hacer una consideración un poco mayor.

De alguna manera la revolución industrial en Estados Unidos de Norte América es en parte extensión de la revolución industrial británica y en parte es también una revolución industrial propia. La expansión al oeste, conquistando los territorios de las naciones y pueblos indígenas, la Guerra de Secesión, la victoria del norte sobre el sud, la conformación de un extenso espacio y de una nación de migrantes, sobre todo la conformación de un inmenso mercado interno, dinámico y exigente, en pleno auge del capitalismo americano, terminan incidiendo favorablemente en una revolución industrial que adquiere características innovadoras, pujantes, contando con una masa crítica en crecimiento de científicos y técnicos, incluso cooptados de otros países. Aquí también es la burguesía la que se involucra tempranamente en la revolución industrial como consecuencia ineludible de una vertiginosa acumulación de capital. Cuando el nuevo ciclo del capitalismo sustituye al ciclo del capitalismo británico, la hegemonía y dominio estadounidense configura un sistema de la libre empresa a diferencia del sistema del libre mercado británico.

En contraste la revolución industrial nipona también va a ser un asunto de Estado, forma parte de la geopolítica del Imperio del sol naciente. La monarquía nipona se encontraba obsesionada por apropiarse de la tecnología europea, sobre todo se encontraba intrigada por la tecnología militar. En la segunda mitad del siglo XIX la monarquía absoluta nipona decide una transformación de la sociedad y de la economía japonesa, particularmente destinada a crear las condiciones de la industrialización y arrancar con la revolución industrial. Esta revolución va a ser conocida como Revolución Meiji.

La revolución industrial en la Unión Soviética y en la República Popular de China se dan en el siglo XX; primero en la Unión Soviética, en la segunda mitad del siglo XX, después de la revolución proletaria de 1917. Posteriormente la República Popular de China se encamina a una revolución industrial, esta vez en la segunda mitad del siglo XX. Esta tarea es ineludible, una vez que el Ejército Rojo entra a Pekín en 1949.   Para la Unión Soviética y la China Popular la revolución industrial era una tarea primordial, sobre todo comprendiendo la condición periférica en la que se encontraban respecto a las potencias imperialistas occidentales, en la geografía jerarquizada de la geopolítica del sistema-mundo capitalista. Se produce una industrialización forzada y militarizada. Se dan pasos gigantes en poco tiempo, a costos que todavía no se han evaluado. Esta industrialización se concentra en la tecnología militar. Como se puede ver no solo se trata de una geopolítica, sino de la construcción del socialismo. Se entendía, por parte de los partidos comunistas, que una condición necesaria para lograr el socialismo era el desarrollo de las fuerzas productivas, entonces podemos decir que esa fue la tarea primordial de estas revoluciones, cumplir las metas de la revolución industrial. La herramienta para lograr este objetivo, acompañados de otras aspiraciones, fueron los famosos planes quinquenales.

Empero, lo que nos interesa, por ahora, es la segunda revolución industrial de la China, la que se da a finales del siglo XX, después de la derrota de la Revolución Cultural, apoyada y, en parte, promovida por Mao Zedong. Después de la muerte del líder, se da un viraje fuerte hacia el mercado y hacia la inversión extranjera, viraje promocionado por el propio Comité Central del Partico Comunista. A este viraje se le va llamar el “socialismo de mercado”. Vamos a detenernos un poco en este tema, pues nos interesa, no solamente por ser un tema actual, sino porque es un referente en el contexto y la coyuntura mundial. Debe discutirse esta cuestión, sobre todo por los dilemas del proceso boliviano.

La sorpresa de la dinámica desatada por la emergencia de la China del “socialismo de mercado” puede resumirse en una pregunta que hace John K. Fairbank:

¿Puede pasar China de una economía planificada al libre mercado en bienes, capital, personas y hasta ideas? En tal caso, ¿puede mantenerse la dictadura del partido? La construcción de ferrocarriles y ciudades, que parecía corresponder al siglo XIX, coincide con el florecimiento de la tecnología electrónica posindustrial. Cuestiones que en Occidente se plantearon durante el Renacimiento o la Ilustración compiten con la reapropiación de valores tradicionales chinos. En China se vive un cambio precipitado, en el que el desarrollo tensa las fuerzas y las ideas. La unidad entre teoría y práctica de Wang Yang-ming, tan admirada desde el siglo XVI, resulta difícil de encontrar. No es extraño que las reformas de Deng Xiaoping nos confundan a nosotros como a los propios chinos[33].

La discusión está echada: ¿Es posible un “socialismo de mercado”? En todo caso, ¿qué es un “socialismo de mercado”? Al respecto las posiciones son encontradas; hay quienes descalifican esta incursión y apertura al mercado por parte de la revolución socialista, manifestando su total desacuerdo con este proceso. A propósito de este debate Giovanni Arrighi anota, en su libro Adam Smith en Pekín, que la profesora He Qinglian de la Universidad de Fudan de Shanghai afirmaba que el principal resultado de las reformas de Deng era una gran desigualdad, una corrupción generalizada y la erosión de la base moral de la sociedad. En su opinión, en lugar de producir nueva riqueza, lo que se había producido durante la década de 1990 era un “saqueo” – esto es, la transferencia de propiedades estatales a los poderosos y sus secuaces y de los ahorros personales de ciudadanos corrientes a las empresas públicas desde los bancos estatales. Lo único que se había filtrado a la gente corriente era el cinismo y el hundimiento de la ética[34]. La revista marxista Monthly Review asume esta postura crítica ante el viraje chino, como la mayor parte de los marxistas occidentales; sin embargo, no todos los marxistas comparten con esta interpretación, incluyendo al mismo Giovanni Arrighi, quien escribe:

Aunque nadie niegue la penetración de tendencias capitalistas a raíz de las reformas de Deng, su naturaleza, alcance y consecuencias siguen siendo controvertidos, incluso entre los marxistas. Samir Amin, por ejemplo, no cree que por el momento el socialismo haya ganado o perdido en China, y afirma: “En tanto que sea reconocido y puesto en práctica el principio de acceso igualitario a la tierra, no será demasiado tarde para que la acción social influya con éxito en una evolución todavía tan incierta”[35].

La posición de Arrighi se hace evidente a continuación:

Acontecimientos recientes corroboran la valoración de Amin sobre el alcance y eficacia de las luchas populares en China. En febrero de 2006 el gobierno chino, preocupado por la creciente desigualdad y los disturbios en el campo, anunció importantes iniciativas bajo el estandarte de un “nuevo campo socialista” para ampliar los servicios de salud, educación y bienestar para los campesinos, posponiendo nuevamente la privatización de la tierra[36].

El debate también se encuentra en el seno del Partido Comunista Chino. El Congreso Popular Nacional abrió un debate ideológico sobre socialismo y capitalismo. La cuestión de fondo del debate no era tanto cuestionar la apertura al mercado sino las disparidades y desigualdades que creaba esta apertura. ¿Cómo evitar que esto ocurra? Insistir en el espíritu socialista de igualdad y responsabilidad social para no caer en la economía de mercado elitista[37]. Arrighi considera que asistimos a la clausura del ciclo del capitalismo hegemonizado por los Estados Unidos de Norte América, imperio que habría ingresado a la etapa de dominación a secas, sin hegemonía; cree que la crisis actual del capitalismo es estructural y financiera, que esto anuncia un nuevo ciclo o el crepúsculo de los ciclos del capitalismo mismo. Ve en la emergencia de la superpotencia China la posibilidad de un nuevo ciclo del capitalismo hegemonizada por China. Sin embargo, esto no está claro, todo depende de los alcances de la crisis y de las posibilidades de un nuevo ciclo. La crisis actual parece comprometer el provenir mismo del capitalismo, su continuidad, sobre todo por los alcances de la crisis ecológica que ha desatado. Los costos ecológicos y sociales de la reciente revolución industrial de las llamadas potencias emergentes son muy altos. Si bien sorprende la emergencia China, su gravitante peso en la economía mundial, la combinación entre una segunda revolución industrial y la revolución tecnológica científica, cibernética y digital, su participación en el sistema financiero, su influjo en otras economías como un gigante comprador, las consecuencias de esta reconfiguración geopolítica del sistema-mundo capitalista son inciertas y hasta pueden ser abrumadoras, sobre todo por las consecuencias ecológicas. El ascenso vertiginoso de la economía china ha vuelto a promocionar el mercado de las materias primas, de los minerales y de los hidrocarburos, haciendo subir el precio de las mismas y dinamizando las economías periféricas exportadoras de materias primas. También ha dinamizado la producción agrícola y agroindustrial, sobre todo de la soya. Empero esta situación refuerza el carácter dependiente de estas economías. Particularmente esta situación es problemática en América Latina, que mira con buenos ojos la emergencia china. ¿Cuál es el destino de las economías latinoamericanas? ¿Trasladar sus relaciones dependientes que tienen con Estados Unidos y Europa a relaciones dependientes con China? ¿Cómo van a ser estas relaciones? En este contexto: ¿Son posibles revoluciones industriales en los países latinoamericanos? Particularmente en Bolivia: ¿Es posible una revolución industrial? ¿Este es el camino? Son preguntas a las que se debe responder con una profunda reflexión histórica, política, económica, social y cultural. Una evaluación del capitalismo y del socialismo es necesaria a la luz de la crisis ecológica que vivimos, también de los resultados alcanzados en lo que respecta a las emancipaciones y a la resolución de los grandes problemas heredados.

Las conclusiones provisionales de esta parte, correspondiente a genealogía de las nacionalizaciones, son las siguientes:

1.   El Estado ha jugado un papel primordial en las revoluciones industriales que se han dado desde las periferias. Estas revoluciones han formado parte de una geopolítica periférica, que persigue dejar de serlo. Sin embargo, ninguna de estas revoluciones ha podido cambiar las estructuras de dominación mundial, salvo la actual emergencia China, que parece disputar la hegemonía y dominación a la supremacía e imperio norteamericano. Sin embargo, esto no está claro. No conocemos los resultados de este reacomodo mundial de las estructuras capitalistas. Un tiempo atrás, la Unión Soviética parecía disputar la hegemonía y la dominación, su presencia parecía mostrarnos un mundo bipolar a lo largo de la guerra fría; empero, la Unión Soviética implosiona estrepitosamente después de siete décadas de régimen socialista, mostrando sus profundas debilidades y vulnerabilidad ocultadas. ¿Qué ocurre con China que, a diferencia de la Unión Soviética, ha decidido incursionar en el mercado, abriéndose al libre mercado tanto internacional como nacional? ¿Es real su socialismo de mercado o se trata, mas bien, del desarrollo del capitalismo, combinando todas las formas feroces del capitalismo, desde el capitalismo salvaje hasta el capitalismo de redes, de la revolución tecnológica-científica? ¿Qué pasa con Brasil, que es la otra potencia emergente regional? ¿La salida son revoluciones industriales paralelas acompasadas con respecto a la revolución industrial y cibernética china? ¿Es esto posible? ¿Cuál es el papel de los estados en este reacomodo de la estructura mundial del sistema-mundo? Sobre todo: ¿Cuál debería ser el papel de los estados involucrados en procesos de transformación?

2.   Haciendo un balance de las revoluciones en las periferias, vemos que ninguna de ellas ha resuelto el problema de las desigualdades y de las inequidades; no fueron la base para el desarrollo de las fuerzas productivas, tampoco resolvieron los grandes problemas heredados. El derrumbe de la Unión Soviética nos trae, como consecuencia, una forma de capitalismo salvaje peculiar, controlado por las mafias. El viraje de la revolución china nos reproduce otra vez desigualdades, corrupciones, y el peligro de la privatización de la tierra. Se ha formado una burguesía china, con sus propias particularidades; ciertamente ha aparecido una clase media gigantesca, que se beneficia de la emergencia china, altamente consumista. Al mismo tiempo que esto ocurre, se han acrecentado los desequilibrios sociales, sobre todo en lo que respecta a los estratos campesinos.

3.   La disyuntiva boliviana, del proceso descolonizador, es crucial. Optar por estos caminos de la revolución industrial – que en todo caso es mejor que optar por la sola ilusión y demagogia desarrollista, que esconde el modelo extractivista adoptado – o abrir una nueva alternativa que combine una revolución tecnológica y científica, que incorpore tecnología de punta y tecnología limpia, combinada con una revolución en la soberanía alimentaria, que no es revolución verde, sino la recuperación formas comunitarias y sociales encaminadas al vivir bien. No renunciar a transformaciones tecnológicas; empero, encauzarlas a satisfacer la demanda interna, desconectándose relativamente de la dependencia del mercado externo, orientándose hacia la estrategia de la soberanía alimentaria y a la armonía con los ecosistemas.

4.   Sin embargo, estas opciones no son fáciles de viabilizar si no se logran construir transiciones trasformadoras, si no se tiene claro el significado de la transición, si no se producen transformaciones institucionales y estructurales adecuadas. Sobre todo si no se logra resolver el problema fundamental, inherente a todo esto, que es construir una alternativa a la acumulación capitalista. ¿Cómo salimos de la esfera de la valorización cuantitativa?  ¿Cómo liberamos las potencialidades inherentes a la reproducción de la vida, potencialidades que tienen que ver con la apreciación cualitativa de la plenitud y el cuidado de la vida?

Ahora, antes de concluir, vamos a dibujar el perfil del modelo extractivista del capitalismo dependiente, que es el modelo optado por los gobiernos progresistas, teniendo en cuenta las diferencias y variabilidad de sus propias particularidades, contextos, coyunturas, duraciones e historias singulares.

El modelo extractivista[38]

El tema de fondo de nuestra discusión es el modelo extractivista, modelo que forma parte de la organización y de la división del trabajo a nivel internacional, forma parte de la economía-mundo capitalista, del sistema-mundo capitalista. Hay dos formas de explotación en el proceso de acumulación del capital, la explotación de la fuerza de trabajo y la explotación de los recursos naturales. Se puede decir que la primera forma de explotación ha sido ampliamente explicada por la teoría del valor y que la segunda forma, en parte también ha sido explicada por la teoría del valor, en tanto se pueda considerarla, en su derivación, como teoría de la renta, no tanto de la tierra, sino precisamente de los recursos naturales. En este caso habría que diferenciar las formas de renta de los recursos naturales, la de los minerales, la de los hidrocarburos, la de las otras formas de recursos naturales. Esta investigación sobre la renta de los recursos naturales, articulada al proceso de valorización, no ha sido, de ninguna manera, agotado, acabado; al contrario, se trata de investigaciones pendientes. Esta problemática se complica mucho más desde la perspectiva ecológica, cuando se introducen como imponderables los daños causados a los ecosistemas, daños que pueden ser irreparables y que están afectando a los ciclos vitales de la reproducción de la vida. La teoría de la renta de la tierra se basa en que el capital o la incorporación del capital, en las explotaciones agrarias, termina valorizando, como si fuese producto del trabajo, algo que no tiene valor, en ese sentido, en el sentido económico. Al hacerlo introduce el concepto de renta, anexo al de ganancia y salario, en la composición del capital. ¿Pasa lo mismo cuando hablamos de renta minera, de renta petrolera, de rentas de otros recursos naturales? Ciertamente se les atribuye valor, como si formaran parte del capital, ingresando de este modo al proceso de acumulación de capital, es decir de valorización. En este caso, la renta no la reciben los terratenientes sino otros actores que aparecen en la escena, preponderantemente el Estado, si es que no se reconocen propietarios territoriales, que pueden ser privados o comunidades. El Estado, si tomamos esta figura, que es la que más aparece, no alquila, sino concesiona territorios de explotación, recibiendo a cambio un tipo de tributación por volúmenes de explotación. El Estado incluso puede participar como socio o, en su caso, como dueño exclusivo, y contar con empresas de servicios. El Estado entonces participa en la renta o percibe la renta de la explotación minera o hidrocarburífera, puede incluso participar en la ganancia; empero, el control de la acumulación múltiple y agregativa se produce en el mercado internacional, bajo la condición de control de grandes monopolios empresariales, dándose lugar las respectivas transformaciones productivas e industriales. En este itinerario podemos ver dos fenómenos limítrofes; uno, que ocurre en los territorios de explotación y en los respectivos ecosistemas, ocasionando depredación y desequilibrio ecológico, sin compensación equivalente al daño; el otro, que ocurre en los centros de acumulación de capital, lugar del control efectivo de la acumulación y de los sistemas de control, como los relativos a las estructuras y redes financieras. En resumidas cuentas, la explotación no beneficia a los países convertidos en exportadores de materias primas sino a las burguesías de los países donde se manejan los grandes monopolios, el financiero, el de los mercados, el tecnológico, el comunicacional y el militar. En conclusión, el modelo extractivista es un modelo colonial. En tanto tal sostiene el proceso de acumulación de capital mediante la explotación de los recursos naturales, el método de despojamiento, que no es otro que la reiterada acumulación originaria del capital. Así como hay trabajo no pagado, que explica la formación de la plusvalía, también hay extracción no compensada, depredación no repuesta, desequilibrio no armonizado, en lo que respecta a los componentes, los sistemas de vida, de lo que llamaremos la Madre Tierra. El capitalismo también se explica por esta dialéctica de la destrucción de las condiciones naturales de la reproducción de la vida.

Ciertamente el modelo extractivista no se circunscribe solamente a la geografía extensa de la periferia del sistema-mundo capitalista, pues forma parte de la historia y de los recorridos de los ciclos del capitalismo, extrayendo también recursos naturales en el centro del sistema-mundo. Sin embargo, hay que tener en cuenta, que en la geopolítica de la economía-mundo se ha especializado prácticamente a la periferia en las formas extractivas, respondiendo a una división del mercado internacional. Aunque las fronteras de centro y periferia no son inmovibles, al contrario, son móviles y cambiantes, haciendo emerger nuevas potencias con vocación industrial, de todas maneras mientras haya un dominio y una hegemonía en el ciclo del capitalismo, en este sentido, se puede seguir hablando de centro y periferias en los procesos de acumulación de capital. Visto desde la perspectiva de las periferias, el modelo extractivista es una condena al círculo vicioso de la dependencia. Visto desde una perspectiva ecológica, el modelo extractivista pone en peligro la reproducción de la vida, de sus ciclos vitales, de sus interrelaciones integrales. La acumulación desmedida o la compulsión por la acumulación tienen un costo irreparable y sin retorno, la vida misma.

Una segunda conclusión tiene que ver con que el modelo extractivista es depredador, en el sentido más destructivo del término. A mediano o a largo plazo sus daños son irreparables.

El modelo extractivista es una estructura compleja de explotación de la fuerza de trabajo. La incorporación de tecnología cada vez más avanzada ha ocasionado un uso intensivo de la fuerza de trabajo, disminuyendo el número de trabajadores requeridos, aumentando su rendimiento con las maquinarias y tecnologías sofisticadas, incluso pagando mejor a sus trabajadores, técnicos, ingenieros administrativos; ocasionando, en contraste, entornos de poblaciones pobres y dependientes, afectadas por la contaminación y supeditadas a formas desmesuradas de dependencia y de discriminación.

La diferencia descomunal, en lo que respecta a la disponibilidad, entre los enclaves extractivistas, es decir, los espacios controlados por las empresas trasnacionales, enclaves mineros e hidrocarburíferos, en comparación con la disponibilidad de los poderes locales, incluso el poder del Estado, provocan relaciones corrosivas con las instituciones locales, regionales y nacionales.

Una tercera conclusión tiene que ver con la potencia altamente corrosiva del modelo extractivista respecto de las formas de cohesión social y las formas institucionales.

El modelo extractivista está íntimamente ligado al mercado internacional, es como ajeno al mercado interno, su lógica entonces se mueve con los vaivenes de los precios internacionales de las materias primas, no con los requerimientos del mercado interno. Por eso mismo es tan difícil arrancar desde el modelo extractivista un proyecto de industrialización de las materias primas. Esto ocurre cuando se modifican los términos de intercambio y se modifica la misma división del mercado internacional, transfiriéndose la industria pesada a las potencias emergentes. En todo caso, cuando esto pasa, las potencias emergentes no dejan de estar apegadas al modelo extractivista y les resulta difícil armonizar la composición desgarrada de su economía. Ya la vinculación con el mercado externo es muy grande y gravitante.

Ahora bien, hay que entender que cuando se habla de modelo extractivista se lo hace desde cierta perspectiva, la perspectiva de las periferias, donde el modelo concurre de manera expansiva y gravitante, condicionando toda las economías de los países, irradiando su lógica a todos los sectores e incluso orientando las políticas económicas de los gobiernos. Lo que hay que tener en cuenta es que este modelo no es un modelo distinto del modo de producción capitalista, no es un modelo externo a la economía-mundo capitalista, no está fuera del sistema mundo capitalista; al contrario, forma parte del modo de producción capitalista, garantiza el flujo constante de materias primas, que serán transformadas e industrializadas. Forma parte integrante de la economía-mundo capitalista, de la división del trabajo internacional, de la articulación de flujos y stock en las redes de los mercados, en la articulación de un consumo productivo dado a escala mundial. No cabe duda que el modelo extractivista es el modo de producción capitalista en su forma de dominación sobre la naturaleza, recogiendo esa idea brillante de los mitos de la modernidad, expuestos en Dialéctica del iluminismo de Horkheimer y Adorno, de que la modernidad y el progreso de basan en un dominio sobre la naturaleza, que pueden ejercer este dominio, sin tener consecuencias. El modo de producción capitalista supone no solo la transformación de la materia de producción, además de consumir tiempo de trabajo y producir la valorización en el proceso de producción, sino también la transformación de sus propias condiciones de producción. Lo que hay que anotar al respecto es que también produce la transformación de los ecosistemas, transformando radicalmente los territorios y espacios donde se asienta el sistema productivo. La economía-mundo capitalista convierte a todas estas gestiones extractivistas en dispositivos de una maquinaria global integrada, articulando plenamente al modelo extractivista a los procesos de acumulación de capital. El sistema-mundo capitalista define el papel del modelo extractivista en el contexto de la geografía y la geopolítica mundial.  Lo que queremos decir es que el modelo extractivista es parte estratégica de un modelo de acumulación, de un modelo de producción, de un modelo de consumo, incluso de un modelo energético. No es un modelo independiente, tampoco controla los hilos que hacen funcionar su maquinaria, pues al ser parte del modo de producción capitalista, de la economía-mundo y del sistema-mundo capitalista se encuentra sometido a los juegos del capital financiero, de los grandes monopolios, de las trasnacionales, de los mismos mercados y sus vaivenes de precios de las materias primas. Podemos decir que este modelo se encuentra ligado a la base económica de los Estado-nación subalternos de la periferia, así como a su ilusión de desarrollo y progreso basado en la economía extractivista. El modelo extractivista es básicamente el modelo que adoptan estos Estado-nación y sus gobiernos. Esta apuesta explica el circulo vicioso de la dependencia; cuanto más apuestan al modelo extractivista más dependientes son sus economías particulares. Por eso estos Estado-nación terminan funcionando como engranajes administrativos de la transferencia de recursos naturales al centro del sistema-mundo capitalista. Se convierten en dispositivos políticos de la dominación capitalista a escala mundial. Cuando se dan intentos de replantear las condiciones de las relaciones de intercambio, buscando una salida nacionalista, puede mejorarse la situación, en la medida que se mejore el control del excedente, de parte del excedente, optando incluso por la industrialización de las materias primas; sin embargo, en la medida que sus propias salidas independientes mantienen el modelo extractivista, vuelven a caer en la lógica perversa de la dominación, que ocasiona la subalternidad, y en la lógicadestructiva de la dependencia.  Los proyectos nacionalistas no dejan de ser intentos dramáticos de independencia económica en contextos definidos por el orden mundial de dominación capitalista. No es que no hay opción sino que las opciones deben ser alternativas, tienen que salir de la lógica extractivista, tienen que desconectarse de los condicionamientos del mercado internacional, del condicionamiento del sistema financiero, buscando en la pluralidad de intercambios posibles, transiciones transformadoras y emancipadoras. La construcción de otro mundo es posible en tanto se den alianzas, complementariedades e intercambios alternativos.  Conformar otras lógicas de producción, abrir el horizonte de la valorización de la vida, saliendo de la valorización del capital.

Conclusiones

1.   El capitalismo de Estado no es la cara bondadosa del capitalismo, como creen o parecen creer los defensores del capitalismo de Estado. En cualquiera de sus formas o, mejor dicho, versiones interpretativas, el capitalismo de Estado es parte de la maquinaria de extracción, explotación, producción, distribución y consumo del sistema capitalista. De las versiones interpretativas, la más solvente, que viene de la tesis del marxismo austriaco, que dice que el capitalismo de Estado corresponde al etapa imperialista del capitalismo, cuando el capital financiero se articula con el Estado; la que concibe el capitalismo de Estado  como  el control y monopolio de la economía, incorporando a esta acepción a los estados socialistas; la menos solvente teóricamente, la que caracteriza a los nacionalismos populares latinoamericanos como capitalismo de Estado; el capitalismo de Estado no es otra cosa que una forma política, operativa y administrativa, en la constelación de formas institucionales que hacen funcionar el sistema-mundo capitalista. Es pues un engranaje articulado e integrado al funcionamiento del sistema-mundo. Coadyuva, a su manera, burocráticamente, a lograr la acumulación ampliada a escala mundial, siendo cómplice de la acumulación originaria reiterada, desatada depredadoramente, en los países periféricos.

2.   En consecuencia, apostar por el capitalismo de Estado es apostar por la reproducción ampliada del sistema-mundo capitalista, de su geopolítica estructurada, que convierte a los países periféricos en exportadores de materias primas. Lo que quiere decir que es apostar a la continuidad de la dependencia, a pesar de las buenas intenciones, aunque se use un lenguaje antiimperialista; en la práctica, el capitalismo de Estado contribuye a la permanencia del imperialismo en el orden mundial. Lo que pasa que lo hace en los márgenes permitidos y delimitados por el sistema-mundo capitalista.

3.   En este contexto de la dominación mundial en los ciclos del capitalismo hegemónico vigente, la revolución industrial, en el sentido pleno de la palabra, se ha dado en las revoluciones socialistas, como parte de su proceso de construcción socialista. Incluso, en este caso, las revoluciones socialistas mostraron ser el método más corto para efectuar la revolución industrial, y, paradójicamente, terminaron formando parte del sistema-mundo capitalista. Este éxito en lo que respecta a la revolución industrial, alejó a estos estados socialistas de la construcción del socialismo y los acercó, más bien, a composiciones y combinaciones sui generis capitalistas.

4.   Las potencias emergentes, a excepción de China, no definen un perfil de capitalismo de Estado, mas bien, configuran formas mezcladas, mixtas, abigarradas, del capitalismo. Estas potencias emergentes refuerzan la estructura de dominación capitalista en el orden mundial. De ninguna manera se puede sostener que cuestionan la estructura del imperio, entendido como orden mundial; al contrario al ingresar al espacio geopolítico de los centros cambiantes del sistema-mundo, logran sacarlo de sus crisis estructurales.

5.   La mayoría de las experiencias de capitalismo de Estado en las periferias ha mostrado palpablemente que estos capitalismos de Estado periféricos refuerzan y fortalece a sus propias dominaciones imperiales al expandir intensamente el modelo extractivista. Refuerzan la dominación en la geopolítica campante del sistema- mundo capitalista.

6.   No hay pues ninguna salida mediante la incursión en el capitalismo de Estado, el capitalismo de Estado no es ninguna alternativa; al contrario, es una opción, entre muchas, de las formas de dispositivos y engranajes, en la maquinaria del sistema-mundo capitalista.

7.   La salida se encuentra en la alteratividad de este sistema-mundo de la valorización abstracta y de la destrucción concreta; alteratividad que desate, desmantele, destruya, esta maquinaria de dominaciones polimorfas del capital. Alteratividad constructora de alternativas y de mundos posibles. Esta alteratividad es propia de la potencia social, que para hacerlo tiene que liberarse de las mallas institucionales, de los fetichismos, de la economía política generalizada. Esta tarea corresponde a todos los pueblos del mundo, que deben suspender los juegos de poder de sus estados y sus gobiernos, que forman parte del orden mundial imperial, se declaren liberales o progresista, se los califique de “derecha” o de “izquierda”. Es en la integralidad de una gobernanza de los pueblos del mundo donde se pueden resolver los problemas pendientes, inventar otros horizontes civilizatorios, que reincorporen a las sociedades humanas a los ciclos vitales, a la potencia creativa de la vida.


[1] Ver de Raúl Prada Potencia y acontecimiento. Dinámicas moleculares; la Paz 1015. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/potencia-y-acontecimiento/.

[2] La primera crisis de la “izquierda” fue cuando se truncó a la Asamblea Popular con el golpe de Estado del General Hugo Banzer Suarez.

[3] Revisar la colección de libros de Comuna, que fueron publicados por La Muela del Diablo. La Paz 1995-2008.

[4] Ver de Raúl Prada Alcoreza Potencia y acontecimiento. Dinámicas moleculares; La Paz 2015. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/potencia-y-acontecimiento/.

[5] De los más conocidos teóricos de la escuela austriaca es Hilferding

[6] Ver de Raúl Prada Alcoreza Cartografías histórico-políticas. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/cartografias-historico-politicas/.

[7] Ver de Raúl Prada Alcorza Bolivia: perfil económico. También, del mismo autor Plano de intensidad económico boliviano. Ambos ensayos se encuentran en Cartografías económico-políticas del chantaje. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15.  http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/cartografias-politicas-y-economicas-del-chantaje/.

[8] INE: BOLIVIA: PARTICIPACIÓN DE LAS ACTIVIDADES ECONÓMICAS EN EL PRODUCTO INTERNO BRUTO A PRECIOS CORRIENTES. Ministerio de Economía y Finanzas Públicas. La Paz 2014. http://www.ine.gob.bo/indice/general.aspx?codigo=40310.

[9] INE: BOLIVIA: CUENTA DE ACUMULACIÓN Y FINANCIACIÓN DE CAPITAL, SEGÚN COMPONENTE. Ministerio de Economía y Finanzas Públicas. La Paz 2014. http://www.ine.gob.bo/indice/general.aspx?codigo=40310.

[10] Hablamos de variación compuesta a diferencia de una variación simple. La medida de la variación compuesta establece la relación de la diferencia respecto al agregado, lo que permite tener una magnitud más adecuada de la variación respecto al movimiento de las cantidades.

[11] BOLIVIA: CRECIMIENTO DE LA FORMACIÓN BRUTA CAPITAL FIJO A PRECIOS CONSTANTES, SEGÚN PRODUCTO. Ministerio de Economía y Finanzas Públicas. La Paz 2014.  http://www.ine.gob.bo/indice/general.aspx?codigo=40310.

[12] Los individuos, las organizaciones y los gobiernos utilizan los bienes de capital en la producción de otros bienes. Los bienes de capital son, entonces, los productos que no se producen para el consumo final, sino que son objetos que se utilizan para producir otros bienes y servicios. Estos tipos de mercancías son importantes factores económicos, ya que son la clave para desarrollar un retorno positivo en la fabricación de otros productos y materias primas.

[13] Proyecto de Presupuesto General del Estado. Ministerio de Economía y Finanzas Públicas. Viceministerio de Presupuesto y Contabilidad. Dirección General de Contabilidad Presupuestaria. La Paz, noviembre de 2013. http://cedla.org/blog/grupopoliticafiscal/wp-content/uploads/2014/02/Presupuesto-general-del-estado-Bolivia-2014.pdf.

[14] Este apartado también se encuentra en Cartografías económico-políticas del chantaje. Ob.Cit.

[15] Ver de Raúl Prada Alcoreza Bolivia: perfil económico. Dinámicas moleculares; La Paz 2005. http://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/gravitaciones_del_capitalismo_depen.

[16] Ver de Raúl Prada Cartografías histórico-políticas. Dinámicas moleculares; La Paz 2014. Amazon: https://kdp.amazon.com/dashboard?ref_=kdp_RP_PUB_savepub. http://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/extractivismo.

[17] Ver de Raúl Prada Alcoreza Crítica de la economía política generalizada. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/critica-de-la-economia-politica-generalizada/.

[18] Ver de Raúl Prada Alcoreza Acontecimiento político; también Gramatología del Acontecimiento, así como  México: Intensidades sociales y territoriales. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-2015. Amazon: https://kdp.amazon.com/dashboard?ref_=kdp_RP_PUB_savepub. http://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/estadonacion.

[19] Este apartado se encuentra en Cartografías histórico políticas. Ob. Cit.

[20] Ver de Serío Almaraz Paz Réquiem para una república; en Obras Completas. Plural; La Paz.

[21] Carta de expulsión de Sergió Almaraz Paz del PC.

[22] Ver de Sergio Almaraz paz Réquiem para una república, particularmente el capítulo El tiempo de las cosas pequeñas. Ob. Cit.

[23] Ver de Gilles Deleuze y Félix de Guattari Mil Mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Pre-textos 2000; Valencia.

[24] Revisar el libro de Hugo Rodas Morales: Marcelo Quiroga Santa Cruz. El socialismo vivido. Tres tomos. Plural 2010; La Paz. En el libro se encuentra una pormenorizada descripción y análisis de la nacionalización de la Gulf Oil, de sus avatares y de las pugnas con la empresa trasnacional. Los desacuerdos de Marcelo Quiroga Santa Cruz con las características de la indemnización a las que se compromete el gobierno del general Alfredo Ovando Candia. Sobre todo revisar, al respecto, el segundo tomo.

[25] Este apartado también se encuentra en Cartografías histórico-políticas. Ob. Cit.

[26] Nacionalizaciones de los Hidrocarburos en Bolivia. Memorias de Don Enrique Mariaca Bilbao. Fundación Jubileo. La Paz 2009.

[27] Ibídem.

[28] Sólo se han hecho algunas pequeñas correcciones de sintaxis y alguna interpretación más insistente de cuándo comienza la reversión del proceso de nacionalización.

[29] Ibídem.

[30] CEDLA: Cuadernos de coyuntura.

[31] Eric Hobsbawm. Industria e Imperio.

[32] La industrialización alemana: 1830-1914. Introducción usuarios.multimania.es/geohist/Rev%20Ind%20alemana.pdf

[33] John K. Fairbank: Keeping Up with the New China. The New York Review of Books, 16 de marzo de 1989; pág. 17. Citado por Giovanni Arrighi, en Adam Smith en Pekín. Orígenes y fundamentos del siglo XXI. Akal 2007; Madrid.

[34] Ob. Cit.; pág. 23.

[35] Ibídem: Pág. 24.

[36] Ibídem: Págs. 24-25.

[37] Comentario de Liu Guoguang, de la Academia China de Ciencias Sociales.

[38] Lo mismo que en los anteriores apartados, este apartado también se encuentra en Cartografías histórico-políticas. OB. Cit.

Leer más: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/aporias-del-capitalismo-de-estado-la-ideologia-del-nacionalismo-revolucionario/
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