La guerra como montaje ¿El ISSIS, la avanzada de la OTAN en Siria?

La guerra como montaje

¿El ISSIS, la avanzada de la OTAN en Siria?

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

 

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Dedicado a los y las críticas, quienes conservan la perspectiva y el uso de la crítica, como iluminismo, incluso como iluminismo de iluminismo, la crítica de la crítica. Actitud libre y racional, raciocinante, cuando la razón se oponía al oscurantismo, a la religión y a la autoridad heredada. Ahora, cuando la razón se ha vuelto abstracta e instrumental, una razón fantasma, algo así como el nuevo oscurantismo, después de la revolución industrial, es menester reincorporar la razón al cuerpo, a la fenomenología de la percepción, de donde es parte, de donde emerge, combinándose en composición con las otras facultades del cuerpo, las sensaciones, las imaginaciones, además de ese saber previo a todo saber que es la intuición. Críticas y críticos que sospechan del montaje de la “guerra contra el terrorismo”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estamos ante un nuevo tipo de guerra, una guerra de la tercera ola, según Alvin y Heidi Toffler. Los autores de War and Antiwar: Survival at the Dawn of the 21st Century[1], consideran una evolución en las formas de hacer la guerra. La teoría considera que la guerra es una forma de obtener riqueza; que, por tanto, evoluciona como el modo de producción, en el cual se sustenta. Al cambiar el modo de producción, acompañado por las transformaciones sociales y culturales, modifica la condición y forma de la guerra; en consecuencia, obliga a los ejércitos a adecuarse a las nuevas condiciones de la guerra. Las conflagraciones bélicas emergen del contexto de las tensiones, contradicciones y antagonismos de la civilización. Transformaciones figuradas metafóricamente como “olas”, haciendo hincapié en el conjunto del proceso de cambio. Estas olas son ocasionadas por las revoluciones tecnológicas y científicas, que inciden, a su vez, en transformaciones socioeconómicas. Las transformaciones socioeconómicas conforman nuevas civilizaciones.

En este panorama evolutivo, de transformaciones socioeconómicas, de desplazamientos civilizatorios, las fuerzas armadas se ven obligadas a cambios estructurales en sus formas de organización, logística y estrategias.

Como se sabe, los autores dividen la historia, vivida hasta el momento, en tres olas. Ahora bien, en el horizonte de cada una de las olas, la guerra asume las formas apropiadas que exigen las condiciones de la época.

 

Un resumen sucinto de la configuración de cada una de las olas, sería el siguiente:

 

 

– Durante la primera ola, caracterizada por el modo de producción agrario, cuyo eje primordial radica en el cultivo de la tierra; cuyo segundo eje fundamental radica en la domesticación de animales, la guerra se explica por la conquista y la búsqueda del control de los recursos territoriales. Los destacamentos armados se intervienen en combates intermitentes, solo en temporadas trazadas por el ciclo agrícola. La organización de estos ejércitos, su armamento, sus mandos, sus alcances son limitados; las órdenes se transmiten verbalmente, el combate es cara a cara y la paga es irregular, habitualmente en especie[2].

 

 

– Durante la segunda ola, la de la revolución industrial, la guerra se se encarga de mermar, incluso destruir la logística del enemigo; menoscabar, incluso quebrantar o, en su caso, controlar los recursos, destruir su capacidad productiva. Los ejércitos son macizos, grandes organizaciones armadas, con sus divisiones, sus fuerzas armadas especializadas, sus comandos, sus mandos centralizados. Disponen de armamento estandarizado, fabricado en líneas de montaje. La oficialidad es formada en academias militares; mejoran notoriamente las comunicaciones, se transmiten las órdenes por estos medios y por escrito. Se conforman sofisticados servicios de inteligencia e inventan leguajes en códigos cifrados. Las armas pesadas, automáticas, la utilización apreciable de ametralladora, la incorporación de motorizados, de equipamiento mecanizado, sobre todo de tanques blindado, cada vez más destructivos, impulsan una modificación de las tácticas. La guerra se transforma, elevando, sin precedentes, su capacidad destructiva; los Estado-nación invierten un presupuesto cada vez más importante en los ítem militares; las potencias, vencedoras de la guerra acumulan un enorme arsenal nuclear[3].

 

– En la contemporánea tercera ola, la guerra vuelve a transformarse; en primer lugar, la revolución informática y cibernética, introduce la digitalización, dando lugar también a una expansión de la virtualización. Se convierten en instrumentos apreciables las computadoras, que conforman una red de información, casi en tiempo real, así como obtiene mapa, asombrosamente detallados, además de acercar las imágenes, fotografías y películas de la presencia y distribución del enemigo en el espacio[4].

 

 

 

 

Rubén-A. Benedicto Salmerón, de la Universitat Autònoma de Barcelona, en Teorías y conceptos para entender formas actuales de hacer la guerra, analiza las teorías contemporáneas de la guerra; fuera de la de Alvin y Heidi Toffler, también estudian la tesis de las Guerras de Cuarta Generación (4GW). A propósito, Rubén-A. Benedicto Salmerón escribe:

 

 

Podría afirmarse que esta teoría inicia su andadura pública en el artículo The Changing Face of War: Into the Fourth Generation, de la edición de octubre de 1989 de Marine Corps Gazette y de Military Review. Sus autores son William Lind, el coronel Keith Nightendale y otros oficiales del cuerpo de marines (USMC) y del Ejército (Army) de los Estados Unidos. En diciembre de 1994, realiza una revisión de su teoría en el artículo Fourth Generation Warfare: Another Look publicado en el Marine Corps Gazette. Destacar también algunos artículos del Tte. Cnel. Thomas Hammes, por ejemplo, The Evolution of War: The Fourth Generation publicada en la edición de septiembre de 1994 del Marine Corps Gazette.

 

Su impacto es mayor entre el Cuerpo de Infantería de Marina, por el especial interés de este cuerpo en los conflictos de baja intensidad, la insurgencia y el terrorismo, conflictos en los que la teoría está enfocada en tanto considera que es el tipo de guerra futura que se está ya desarrollando[5].

 

La evolución en las formas de hacer la guerra vendría concebida de la siguiente manera:

 

 

Se considera en esta teoría que los ejes que provocan un cambio generacional en los modos de guerra pueden ser dos: la tecnología y/o las ideas. Las ideas, a su vez, serían el producto y reflejo de factores políticos, sociales y económicos… Se afirma que la sociedad está sufriendo un cambio fundamental, desde unas bases industriales a otras basadas en la información. La sociedad cambia y las formas de conducir la guerra habrán de cambiar en concordancia con esos cambios societales.

Consideran que los factores clave que dominarán en la guerra del futuro no serán aquellos derivados de la tecnología, que desde luego tendrán un importante impacto, sino que serán aquellos derivados de las ideas. Aquellos que sean los primeros en adaptarse a las oportunidades de innovación que estos elementos aporten a nivel táctico u operacional, conseguirán una ventaja decisiva sobre sus oponentes.

El término generación de guerra debe ser tomado como una analogía que ayude a adquirir mayor entendimiento en torno al fenómeno que se analiza. Las diferentes generaciones de guerra no tienen por qué resultar mutuamente excluyentes y pueden estar activas simultáneamente, de la misma manera que diferentes generaciones humanas pueden coincidir en un tiempo determinado.

En su análisis de las formas por las que ha evolucionado el modo de hacer la guerra, distinguen cuatro generaciones de guerra.

 

– La primera generación de guerra surge en torno a 1648 con la paz de Westphalia, tratado que puso fin a la guerra de los 30 años y en la que el Estado se establece como entidad que monopolizará la guerra. Con anterioridad, actores que no eran Estado practicaban la guerra: empresas, clanes… Tratadistas de guerra como Sun Tzu podrían situarse como precusores del nacimiento de esta generación de guerra que estaría basada en el fusil de cañón liso y en tácticas derivadas de las formaciones de línea y columna.

El campo de batalla era formal y ordenado, pequeños ejércitos de profesionales que se situaban en forma lineal, casi uno enfrente de otro, y cuya fuerza provenía de la acumulación de hombres, aunque la mayoría de los soldados, reclutados de manera obligatoria, pensaban más en desertar que en luchar. Su práctica era rígida, muy pautada para optimizar su potencia de fuego. Muchas de las formas que distinguen lo militar de lo civil provienen de esta época: uniformes, rangos, saludos… Con ello, se pretendía contribuir a la formación de una cultura de orden como componente intrínseco a lo militar. La primera generación se extendería hasta finales del siglo XIX. Cambios tecnológicos en el armamento, como la aparición de la ametralladora convirtieron en suicidas las tan ordenadas formaciones de línea y columna y dieron paso a la siguiente generación de guerra. El campo de batalla se desordenaba y se necesitaba intentar superar esa contradicción con una cultura militar fuertemente ordenada.

– La segunda generación de guerra constituiría un intento de respuesta a esa contradicción. Inaugurada por el ejército francés a partir de la I Guerra Mundial. La potencia de fuego en masa, principalmente fuego indirecto de artillería, sustituye a la acumulación de la masa de soldados. El objetivo principal era el agotamiento, la doctrina francesa establecía su máxima “la artillería conquista, la infantería ocupa” La potencia de fuego era controlada de manera centralizada y sincronizada, se establecían planes y órdenes específicas y detalladas para la infantería, los tanques y la artillería en una batalla dirigida, en la que el comandante ejercía como director de orquesta. Las tácticas permanecen lineales pese a que el movimiento es ya algo más común. Se desarrolla el arte operacional. La cultura del orden permanece hacia adentro de los ejércitos. Órdenes muy pautadas, se aprecia más la obediencia que no la iniciativa, pues esta puede impedir la sincronización. Conceptos de esta forma de hacer guerra siguen vigentes en el desarrollo de algunos conflictos. Únicamente se ha sustituido la artillería por la aviación.

La tercera generación es también un producto de la I Guerra Mundial y sus consecuencias se observan tal vez con mayor nitidez en la II Guerra Mundial. La desarrolla el ejército alemán, es ampliamente conocida como blitzkrieg, o guerra relámpago, y significó en cierta manera una culminación del arte de la maniobra en la guerra. Los conceptos de las tácticas alemanas de infiltración, que no eran ya lineales, son aplicados a la creación y uso del tanque. El foco no es ya desgastar los recursos militares del oponente, por potencia de fuego y agotamiento, sino focalizar en el movimiento y en el tiempo, en la velocidad, en la dislocación física y mental del enemigo. Tácticamente, en el ataque se busca la retaguardia enemiga y se le intenta colapsar atravesándolo de atrás hacia delante, en lugar de encerrarlo y destruirlo. En la defensa, se intenta atraer al enemigo hacia el interior para aislarlo y destruirlo. En esta generación, la guerra deja de ser linear. La cultura militar cambia también. El foco está fuera, en el enemigo, en la situación y en los resultados que esta requiere; ya no está adentro, en los procesos y en los métodos. Las órdenes especifican resultados a conseguir, no los métodos a utilizar para conseguirlos. La iniciativa se va haciendo más importante que la obediencia, la disciplina debe ser interiorizada no impuesta de manera externa. La cultura del orden se va rompiendo[6].

 

En lo que respecta a la guerra del futuro, el autor citado, escribe:

 

 

El salto a la cuarta generación de guerra (4GW), afirman Lind y sus secuaces, estará firmemente basada en ideas no occidentales. En su debate, se afirma que la 4GW incluye todas aquellas formas de conflicto “en donde la otra parte rechaza levantarse y luchar limpiamente”, pero añaden que, para ser más exactos, es necesario considerar algún otro componente con mayor carácter definitorio.

Uno de esos componentes sería que en la 4GW se rompen los marcos y las formas de hacer la guerra surgidas desde la paz de Westphalia. La guerra se realizará como antes de que el Estado se arrogase el legal monopolio de la guerra, el Estado pierde ese monopolio, y será frecuente que al menos uno de los oponentes sea no estatal. En general, los estados se debilitan. Aparecen nuevos actores que quieren influir en la escena internacional, medios de comunicación, Ongs, grupos religiosos, instituciones supranacionales… Los lazos nacionales se debilitan a favor de otros en función de la etnia, la cultura, la religión… Y es que el mundo se organiza en redes interconectadas a las que se puede estar conectado sin ser controlado por ellas.

 

Diferentes tipos de entidades conducirán la guerra, entidades para los que todavía no se tiene una categorización clara y para los que tan sólo se ha sabido denominar de maneras peyorativas – terroristas, delincuentes, narcotraficantes, mafias…- y de sus combinaciones aglutinantes: narcoterrorismo, guerrilla narcoterrorista, etc…

En esta cuarta generación de guerra, no se distingue lo civil de lo militar, la paz de la guerra, el conflicto se torna absolutamente no-linear, hasta el punto de no tener campos de batalla o frentes definidos, es decir, el campo de batalla será el conjunto de la sociedad del enemigo. La meta es más colapsar internamente al enemigo que no destruirlo físicamente

La cultura y organización militar tendrá que seguir evolucionando del orden al desorden. La dispersión de objetivos requiere la operatividad de pequeños grupos que realicen acciones de gran impacto. Eso hará de la situación un entorno dinámico en el que, para conseguir los objetivos del mando, se deba actuar, incluso desde los niveles inferiores, con una gran flexibilidad. Las órdenes de misión habrán de responder a esa necesidad. El éxito dependerá, se valorará en función de la efectividad de operaciones conjuntas, las líneas entre la responsabilidad y la misión quedarán muy desdibujadas.

En segundo lugar, la dispersión de fuerzas llevará a una necesaria menor dependencia de una logística centralizada, se requerirá una alta capacidad para poder actuar y sobrevivir de manera autónoma y hasta del enemigo. Unidades pequeñas, con gran movilidad, soldados inteligentes, equipados con armas de alta tecnología, desarrollando labores de reconocimiento y golpeando objetivos clave. Los líderes habrán de saber seleccionar los objetivos (culturales, políticos, militares…) y poder concentrar rápidamente desde la dispersión equipos interdisciplinares que puedan asumir trabajos de manera muy flexible con mínima o inexistente supervisión en un contexto muy dinámico, sabiendo manejar una gran cantidad de información.

En tercer lugar, habrá un mayor énfasis en la maniobra. La dispersión y el valor añadido en el tiempo, requerirán de unidades pequeñas, muy maniobrables y ágiles. Grandes acumulaciones de masa de fuego o de hombres, o grandes instalaciones civiles y militares se convierten en una desventaja dado que son fáciles de convertir en objetivo.

En cuarto lugar, será necesaria una correcta identificación de los centros de gravedad estratégicos del enemigo. Recuérdese que la meta es más colapsar internamente al enemigo que no destruirlo físicamente. Las acciones de guerra se llevarán a cabo de forma que afecten concurrentemente a todos los niveles de los participantes, incluyendo a su sociedad como una entidad cultural, no tan solo como una entidad física. Por tanto, los objetivos incluirán aspectos tales como el apoyo de la población a la guerra o la cultura del enemigo. De hecho, los objetivos estarán más en el sector civil que en el militar. Los términos frente-retaguardia serán reemplazados objetivo-no objetivo.

En esta “extraña” forma de hacer la guerra, las fuerzas militares tradicionales juegan un papel mucho más reducido, aunque todavía crítico, respecto a anteriores generaciones. Ahora, las iniciativas centrales a desarrollar son algunas que en anteriores generaciones se utilizaban de manera más periférica: iniciativas políticas, sociales, psicológicas, diplomáticas, económicas… Resultar demasiado efectivo en lo militar puede ser incluso contraproducente y reforzar otros elementos de 4GW enemigos. Aquello que resulte ganador a un nivel táctico y físico puede hacer que se pierda a los niveles operacionales, estratégicos, mentales y morales, que son en los que se decide el conflicto de 4GW. Tan importante como encontrar y destruir los combatientes enemigos será, por ejemplo, secar las bases de apoyo popular que les permiten reclutar sus miembros y planear y ejecutar sus ataques. A veces, será necesario perder para ganar. Pero sigue siendo guerra, y el objetivo sigue siendo el mismo: imponer cambios al oponente o destruirlo.

Dos de las “técnicas” de 4GW más mencionadas serían el terrorismo y el conflicto de baja intensidad. El terrorismo, en tanto sobrepasa las fuerzas militares tradicionales y ataca de manera aparentemente no razonada a población civil, es considerado un componente importante de este modo de guerra. Pero no es su modo exclusivo ni definitorio per se. El terrorismo y los ataques indiscriminados a población civil se han dado en las anteriores generaciones de guerra, ha habido muchos más muertos civiles que militares, y no por accidente. Pero, dada la desaparición de la distinción entre lo civil y lo militar, es de esperar muchas más actividades susceptibles de ser presentadas o entendidas como terrorismo. El terrorismo es en gran medida una cuestión de maniobra: la potencia de fuego del terrorista es limitada, pero la elección de dónde y cómo aplicarla resulta crítica. Es decir, puede haber más terrorismo en 4GW, pero no será la única técnica utilizada, ni será la que defina esta generación de guerra.

Cuentan estos teóricos de 4GW que en la evolución de la insurgencia (y de la contrainsurgencia) se pueden observar también trazos que apuntan a la cuarta generación de guerra. La importancia que Mao Tse Tung dio a los factores políticos como forma de derrotar al enemigo, la utilización de las redes sociales, el uso de la propaganda…

El siguiente paso lo habría dado Ho Chi Min al introducir sus mensajes en las redes sociales internacionales y de la sociedad americana a través de redes de movimientos pacifistas, de solidaridad o de personajes famosos. A través de esas redes, sin controlarlas pero influenciándolas, consiguió cambiar la visión de la sociedad americana al respecto de la guerra. Cambió el énfasis desde la derrota de las fuerzas militares enemigas a la derrota de su voluntad política. Los ataques definitorios no fueron ataques directos a las fuerzas militares en el campo de batalla, sino más bien indirectos a su voluntad de continuar combatiendo.

El sandinismo en Nicaragua, la intifada palestina, y otros muchos conflictos catalogados como conflictos de baja intensidad son analizados en términos similares.

Los practicantes de técnicas de 4GW se confundirán en el contexto en que desarrollen sus actividades. Grupos transnacionales, sin ejércitos basados en un territorio, desarrollarán actividades similares a las del conflicto de baja intensidad, o de la guerra de guerrillas, prácticas estas que pueden hacer que grupos militarmente débiles puedan derrotar fuerzas más grandes y poderosas. La palabra guerrilla proviene de las técnicas de guerra que utilizaron los españoles contra la ocupación Napoleónica. Técnicas que podrían ser calificadas como de guerrilla se encontró también Alejandro Magno (356-323 a.c) cuando invadió la India (Wood, 2000).

Pero de igual manera que el mundo ha cambiado, el uso del terror o de técnicas de guerrilla, también ha cambiado y está preparado para ocupar un importante papel en el desarrollo de las futuras guerras. Estas técnicas, sin descartar el ataque de las capacidades militares del oponente ni el uso de armas y tácticas tradicionales en el momento oportuno, focalizan buena parte de sus esfuerzos en destruir la voluntad del oponente de combatir, de continuar la guerra. Todas las operaciones de fuerzas de 4GW deben apoyar este objetivo. Hay que ver quién lucha y por qué se lucha, su razón y legitimidad.

Componentes psicológicos y psicosociales, tales como la percepción, la información y los procesos basados en ella, la formación de actitudes, la influencia del razonamiento lógico, la inducción de emociones, los procesos de toma de decisiones individuales y sociales… serán determinantes. Las operaciones psicológicas pueden convertirse en el arma dominante a nivel operacional y estratégico, en forma por ejemplo de intervención en los media, en la información que proporcionen, para manipular la opinión pública nacional e internacional. Los noticiarios televisivos pueden convertirse en un arma más poderosa que una división acorazada. Lo político será clave. Palo y zanahoria, integración de las fuerzas militares con la población civil, integración física, moral y psicológica de los líderes políticos con su población, construcción y mantenimiento de alianzas y redes políticas antes y después de ganadas las batallas… todo ello será objetivo militar de fuerzas que desarrollen 4GW.

Como se comentaba anteriormente, las fuerzas militares habrán de cambiar su estructura, organización y competencias. El esfuerzo bélico irá más allá de lo militar, más allá de operaciones conjuntas o entre las diversas agencias gubernamentales. Creen que si el enemigo va a golpear a lo largo de todo el espectro de actividad humana, la respuesta nacional debe ser también coordinada a través de toda institución nacional.

Músculo y cerebro. Fuerzas de operaciones especiales, con unidades más pequeñas, altamente especializadas, capaces de desplegarse con rapidez y precisión, con capacidades logísticas y de armamento propias y altamente tecnificadas. La inteligencia cobra especial importancia, también una “inteligencia cultural”; operaciones psicológicas (PSYOP), netwar (guerra por y a través de redes sociales y de comunicación, uso de redes para transmitir mensajes), cyberwar, operaciones de información, de ayuda humanitaria, de mantenimiento de la paz, de control poblacional, utilización de fuerzas y técnicas policiales[7].

 

Una vez expuesta esta teoría, el autor hace sus comentarios críticos:

 

Valoran desde esta teoría que durante los últimos 500 años, la tecnología dio la ventaja militar a Occidente y que por ello tiende también a concebir nuevas formas de guerra en base a la tecnología y a su aplicación a partir de una cultura militar de orden que ha ido adaptándose. Pero creen que Occidente ya no domina el mundo… y que la 4GW puede emerger de tradiciones culturales no occidentales, como las islámicas y las asiáticas.

 

Dado que el mundo islámico no es fuerte en tecnología, ha de desarrollar nuevas formas de guerra basándose en ideas y no en tecnología.

 

Cada nueva generación de guerra ha significado un cambio hacia la desestructuración, hacia el desorden en el campo de batalla. La cultura militar ha permanecido como una cultura de orden y los servicios militares tradicionales se encuentran en contradicción con la desestructuración del campo de batalla.

 

Consideran que los terroristas solventaron la contradicción eliminando la cultura de orden, en su mayoría no tienen rangos, uniformes, saludos… Afirman estos teóricos que el hecho de que su base cultural sea no occidental les facilita potencialmente ese desarrollo adaptativo en consonancia con la naturaleza desordenada de la guerra moderna. Y concluyen que todo eso pone en desventaja a Occidente…

 

En una posición más retórica que paradójica, los defensores de estas teorías, estadounidenses muy conservadores, consideran a los mayores poderes militares que jamás ha conocido la historia, los que disponen de los mayores recursos, poder y tecnologías, como la parte más débil del conflicto. Consideran que se enfrenta un mundo de culturas en conflicto, en el que, por ejemplo, la cristiandad tiene enfrente a su más resuelto oponente, el Islam. Para ellos (Lind, 2004), el abandono de la tradición cultural judeo-cristiana, la “inmigración o las venenosas ideologías de ‘multiculturalismo’” (sic) son consideradas fragmentadores de la sociedad y caldo de cultivo para el desarrollo al interior de los países de diversas variedades de guerras de cuarta generación. Para ellos, la apertura y libertad de una sociedad democrática, sus fortalezas, son vulnerables puertas abiertas; que los terroristas “usan nuestros derechos democráticos no solo para penetrar sino también para defenderse. Si los tratamos con nuestras leyes, ganan muchas protecciones. Si simplemente les disparamos, las noticias de televisión los harán aparecer como víctimas” (Lind, Nightengale, 1989). Guantánamo o la “rendition” o subcontratación estadounidense de la tortura (Klein, 2005) puede ser fácilmente entendida en esa clave.

 

Guerra de culturas, choque de civilizaciones… categorías que conforman un cuerpo doctrinario militar que corresponde a idearios extremadamente conservadores, racistas, reaccionarios y fascistas. No por ello ha sido especialmente criticado. Sólo se le achacan a esta teoría ciertos defectos en sus cimientos metodológicos e históricos, pero se le valora su aplicabilidad y hasta es calificada a veces como “visionaria”.

 

4GW no es usar las fuerzas militares de maneras nuevas. Es entender la guerra de otra manera. La guerra, el mundo y la Vida. 4GW es hacer la guerra a lo largo y ancho de todo el espectro de la actividad humana. Los antagonistas lucharán en los terrenos políticos, económicos, sociales y militares y tratarán de comunicar sus mensajes a través no solo de los mass media sino de cuantas redes disponibles encuentren. Quieren guerrear en toda forma de Vida[8].

 

 

Como se puede ver, estamos ante una teoría de la guerra contemporánea que convierte a la misma no solo en permanente, sino en irregular, aunque ya a escala planetaria, aunque focalice intermitentemente regiones de conflicto. Se trata de una guerra que borra las diferencias entre sociedad civil y ejército; por lo tanto, ataca en conjunto y de manera integras, aunque lo haga empleando distintos métodos, para afectar al ejército enemigo o a su población. Combinando, sin embargo, los procedimientos, incluso usando un procedimiento compartido para ambos, el ejército enemigo y la población; por ejemplo, los bombardeos sistemáticos y focalizados. Se trata también de una guerra de la información, por eso mismo, de la desinformación y contra-información. Así como una guerra mediática y de redes. Es una guerra que apunta a aislar al enemigo de su propia población y, esto es sintomático, del apoyo o simpatía que pueda encontrar en la población y sociedad civil de su antagónico enemigo. Esto es sintomático, pues parece que ha quedado la marca de lo acontecido durante la guerra del Vietnam, cuando parte de la población de los países occidentales, de las potencias vencedoras de la guerra, de la híper-potencia militar-tecnológica-económica-comunicacional, se volcó a las calles en contra de la guerra.

 

Entonces, es como se buscara aislar a la población propia de cualquier predisposición de simpatía al enemigo o de animadversión a la guerra. En este sentido, se emplea no solo la guerra mediática y de la información, sino incluso métodos de terror para alejar a la población critica de cualquier apoyo, simpatía e indulgencia con el enemigo.

 

Estamos pues ante una guerra donde se extiende la figura del enemigo a las propias fronteras, convirtiendo a la propia sociedad civil, a la propia población, en enemigo potencial, pues debilita a la moral, al rendimiento, a la operatividad, del propio ejército.

 

Paradójicamente, asistimos a una especie de admiración del enemigo combatiente, de sus tácticas flexibles, de sus estrategias eficaces, a pesar del limitado alcance de fuego, de sus comportamientos desmesurados y demoledores, que no tienen reglas ni miramientos. En pocas palabras, una especie de admiración de su despiadado accionar.

 

Estamos entonces ante una forma de guerra donde los ejércitos enemigos aproximan sus perfiles, se vuelven cómplices de tanto combatirse. Se encuentran más próximos entre ellos que con sus propias poblaciones y sociedad civil, a la cual, mas bien, la consideran despectivamente, por débil, vulnerable, inconsecuente, por blanda, además de susceptible de ser permead por la “ideología” y cultura ajena. Por eso, incluso ambos enemigos, terminan actuando contra su propia población, para educarla, para formarla en la cruda realidad de la guerra, o, en su caso, para amenazarla y manejarla por el terror. Los castigos, los ajusticiamientos, las masacres, de los fundamentalistas van por ese camino. Los montajes terroristas en las propias ciudades del ejército o mejor dicho del aparataje informático, mediático, de inteligencia y militar, del bloque que “combate al terrorismo”, van también por ese camino.

 

No es pues una casualidad, tampoco una improvisación, menos un azar fatal, lo que pasa en el mundo, ahora, con esta distribución y secuencia de actos terroristas, cada vez más descomunales, violentos y aparentemente irracionales.

 

Para estos complejos aparatajes militares-tecnológicos-económicos-cibernéticos, implicados en la “guerra contra el terrorismo”, la tercera guerra mundial ya ha comenzado. No es una guerra como la primera y segunda guerra mundial, declarada, formalizada, contando con los agrupamientos respectivos de alianzas y aliados, sino una guerra sin cuartel, no declarada, difusa, empero, evidente, por los enfrentamientos dispersos e intermitentes que se dan en el orbe, en todos los planos sociales.

 

Por eso se explica el empleo abrumador de métodos de la llamada cuarta generación de la guerra, métodos de una guerra total, aunque de forma diferida y dilatada, extendida imperceptiblemente, sin embargo, focalizada intensamente en determinados puntos del conflicto. Métodos que atacan en todos los planos de intensidad de la sociedad. Métodos que emplean procedimientos “terroristas” para impactar en la sociedad del enemigo; pero también en la propia sociedad.

 

 

 

 

Hacia el Estado de excepción mundial

 

Un refrán popular bastante conocido dice: En río revuelto ganancia de pescadores. Vale la pena aplicarlo a esta historia reciente tan enrevesada del ISSIS y su “guerra santa”. La pregunta es: ¿Quiénes son los pescadores? Desde el atentado a las Torres gemelas los atentados subsiguientes, las incursiones de Al Qaeda, el régimen de Al Qaeda en Afganistán,   la guerra contra Al Qaeda, la invasión a Irak, la destrucción de Líbano, las intervenciones en África, la aparición del ISSIS, los atentados del ISSIS, sus incursiones, la ocupación de parte de Irak y parte de Siria, benefician notoriamente a la política guerrerista e intervencionista del imperio. Por otra parte, el planteamiento de los gobiernos es recurrir a restricciones de los derechos, para poder efectuar de mejor manera la “guerra contra el terrorismo”. En el fondo lo que pide es contar con el Estado de excepción. Esta vez, no solo en los países afectados por los atentados, sino en el mundo. Se trata de una especie de Estado de excepción mundial.

 

Parece que es este objetivo jurídico-político, el del Estado de excepción, también fantasma, así como horizonte estatal, es lo que puede aclarar el conflicto del Medio Oriente, la emergencia y aparición del ISSIS, sus atentados e incursiones en Norte América, en Europa, en Asía y África.

 

En Estado de excepción escribimos:

 

El Estado de excepción es el que suspende los derechos, incluso los fundamentales. Ciertamente la medida de excepción la toman los gobiernos en momentos de emergencia y de crisis, sobre todo cuando ésta se encuentra en sus momentos más candentes. El justificativo casi siempre es la seguridad del Estado contra la subversión. Empero también se interpreta la excepción como el origen instituyente del Estado; el Estado nace en la excepción misma, se construye sobre la base de esta suspensión de los derechos, sean adquiridos o naturales. El Estado emerge ante una sociedad que se supone disgregada y en conflicto. El Estado se propone como el unificador y como la unificación misma, como si fuese la síntesis misma de la sociedad, aunque esta síntesis expropie y anule la libertad social. Hay pues una violencia inicial en la matriz del Estado y también en la ley, además de que cuentan, el Estado y la ley, con la posibilidad de recurrir a la fuerza para hacer cumplir la ley y hacer respetar la existencia del Estado.

La excepción es la que confirma la regla; la regla es precisamente el cumplimiento duradero de esta excepción. El monopolio de la violencia, el monopolio de la verdad, el monopolio de la representación, confirman esta perdurabilidad de la excepción misma, llevada a la práctica en todos los terrenos de la estatalización. El Estado existe en un permanente enfrentamiento con la sociedad, a la que considera como la cuna de los múltiples desbordes, de las plurales transgresiones. La existencia de la sociedad es un peligro constante para el Estado. Lo paradójico es que el Estado requiere de la sociedad para existir, se alimenta de las energías sociales, aunque las absorbe y las desvía en beneficio propio, debilitando las iniciativas sociales. Por su parte, la sociedad se defiende, se expande, se potencia, arrancándole al Estado la ampliación de sus derechos y obteniendo conquistas sociales, políticas, económicas, culturales. La sociedad existe cuestionando la propia excepción, raíz del Estado mismo.

Los conflictos manifiestan esta lucha profunda, esta contradicción desgarradora, esta pugna por los derechos, por parte de la sociedad, y esta búsqueda insaciable por consolidar el poder, por parte del Estado; lucha por la emancipación, por un lado, lucha por la legitimación, por otro lado. Este combate puede tener periodos de paz, empero se trata de la guerra en la filigrana de la paz. La tensión latente emerge con fuerza en momentos de crisis; la crisis empuja el volcán latente a emerger. Las crisis se dan cuando se rompe el inestable equilibrio, cuando los ciclos culminan su recorrido, cuando se rompen pactos, cuando se rompen acuerdos, cuando se suspenden los derechos vulnerándolos.

El Estado tiene también sus ciclos, mas bien su genealogía; no es el mismo Estado en distintos periodos, en diferentes épocas; incluso ha sido destruido por revoluciones. Empero parece resurgir de sus propias cenizas. Estas revoluciones no sustituyeron al Estado por otra cosa, por una asociación libre de productores, por la comunidad, que pone en cuestión la apropiación privada de lo común, también la apropiación pública de lo común. Ante un Estado que defiende la propiedad privada, el Estado que defiende lo público no es la alternativa, pues es la otra cara de la medalla. Lo alterativo, lo distinto, la diferencia histórica y política radica en la comunidad, en la defensa de lo común por parte de las asociaciones sociales[9].

 

Se puede decir, con las diferencias del caso, que corresponden a la escala mundial, ya no nacional, que se trata de algo parecido, en la experiencia política de la contemporaneidad. No es el Estado-nación, no es el Estado-nación de las potencias imperialistas, que, en la actualidad, se encuentran subordinadas a conformaciones trasnacionales; esta vez, de los complejos trasnacionales económicos-politicos-tecnológicos-cientificso-militares-mediaticos. La gobernanza o, mejor dicho, la gubernamentalidad mundial, no se efectúa por medio de los Estado-nación, aunque se encuentren en el mapa de poder del orden mundial, del imperio, sino principalmente a través de redes, mallas, sistemas entrelazados, de estos complejos trasnacionales de la híper-modernidad, del sistema-cultura-mundo capitalista. La red de estos complejos trasnacionales, que, además, ya han desplazado a la misma forma imperio de la dominación mundial, del orden mundial, impuesto por las potencias vencedoras de la segunda guerra mundial, busca basar su dominación global e integral, su gubernamentalidad mundial y múltiple, en el Estado de excepción mundial.

 

 

 

La guerra como montaje

 

 

El montaje consiste en escoger, ordenar y unir una selección de planos de intensidad de registro, de acuerdo al proyecto diseñado, a sus funcionamientos y procesos inherentes; considerando la trama asumida como interpretación hegemónica, donde las estructuras dominantes, los diagramas de poder y las cartografías de fuerza se asumen como el centro o los centros, los protagonistas de la historia reciente. La sucesión de cuadros imaginados, de versiones de las representaciones, de las “ideologías” circulantes, que aparecen en las formas de difusión comunicativa, se constituyen en lo que podemos llamar cultura-mundo, como denomina Gilles Lipovetsky. Cada cuadro, cada versión, cada forma representativa, cada “ideología” de difusión, supone su continuidad y respuesta en el cuadro siguiente. Los tensionamientos psicomotrices, psíquicos, psicológicos, de los espectadores, son sostenidos y efectuados por las sucesiones continuas de las narratividades de la modernidad tardía.

 

 

Estamos ante el montaje de la guerra o la guerra como montaje. La realidad, si todavía podemos hablar de ella, ya no es lo que se concebía como tal en la modernidad, la totalidad de los hechos, tampoco, un poco después, en acto deconstructivo y crítico, lo que produce el poder como realidad, sino para esta manera virtual, informática, cibernética y mediática, de imponer una idea de realidad, de la cultura-mundo, es un montaje sofisticado, minucioso, detallado, sobresaliente, múltiple, integrado, que postula la invención banal de lo plural y a la vez homogéneo.

 

En esta contemporaneidad, en este presente de la historia reciente, la guerra es un montaje múltiple e integrado, en los múltiples planos de intensidad de la complejidad, sinónimo de realidad, de las prácticas y actividades instrumentales de estos complejos trasnacionales que extiende su gubernamentalidad en el orbe.

 

La “guerra contra el terrorismo” es un gran montaje de este estilo. Un montaje, que hace de andamiaje en la construcción híper-moderna del sistema-mundo-cultura-capitalista.

 


[1] Alvin y Heidi Toffler: War and Antiwar: Survival at the Dawn of the 21st Century. Hardcover – noviembre de 1993.

 

[2] Rubén-A. Benedicto Salmerón: Teorías y conceptos para entender formas actuales de hacer la guerra.

[3] Rubén-A. Benedicto Salmerón: Ob.Cit.

[4] Ibídem.

[5] Rubén-A. Benedicto Salmerón: Teorías y conceptos para entender formas actuales de hacer la guerra. file:///C:/Users/RAUL%20PRADA/Downloads/Teor%C3%ADas%20y%20conceptos%20para%20entender%20formas%20actuales%20de%20hacer%20la%20guerra%20(1).pdf.

[6] Rubén-A. Benedicto Salmerón: Ob. Cit.

[7] Rubén-A. Benedicto Salmerón: Ob. Cit.

[8] Rubén-A. Benedicto Salmerón: Ob. Cit.

[9] Ver de Raúl Prada Alcoreza Estado de excepción. Dinámicas moleculares; La paz 2013-15.

Leer más: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-guerra-como-montaje-%c2%bfel-issis%2c-la-avanzada-de-la-otan-en-siria/
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