¿Cuál es el problema político?

¿Cuál es el problema político?

 

Raúl Prada Alcoreza

 

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Esta pregunta no puede ser general, valida para todo contexto, para todo tiempo, por así decirlo; es solo pertinente en relación a una coyuntura singular, teniendo en cuenta la singularidad del contexto y la singularidad del periodo, donde se desplaza la coyuntura. Para empezar, podemos decir que el problema de la política, en la coyuntura actual y en el subcontinente suramericano, es el agotamiento de estilos políticos. Téngase en cuenta que no hablamos aquí solo del agotamiento de la forma de gubernamentalidad política del populismo latinoamericano, contando también con sus “ideologías” barrocas, fuera de sus prácticas y discursos particulares.  Sino también de los estilos neoliberales, de su gubernamentalidad liberal, llevada al extremo de la eficacia de la competencia, entonces reducida a técnica de ajuste estructural; en otras palabras, de privatizaciones, transfiriendo las propiedades públicas a manos privadas, que consideran eficientes, a diferencia de la deficiencia burocrática estatal.  Estos estilos de la política están evidentemente, patentemente, agotados. No vamos a detenernos en las diferencias y distinciones, entre estos estilos políticos, uno elitista, el otro popular; ya lo hicimos antes[1]; no se trata de remarcar lo mismo; nos distraería de núcleo del análisis, por así decirlo.

 

Hablamos del estilo de la política basado en la representación, en la delegación de la voluntad general, que ambos, neoliberales y neo-populistas, a su modo, llamaron democracia. Que no era otra cosa que la institucionalización de la formalidad legal de la democracia, reducida al control estatal, donde el pueblo es apenas nombrado en la Constitución como soberano; empero, este nombramiento, como adulación, conseguía su conformismo, por lo tanto, su legitimación. Mientras que, a nombre del pueblo, ambos, neoliberales o populistas, gobernaban; es decir, conducirán las fuerzas capturadas de la sociedad institucionalizada, en la dirección que sus partidos querían. A nombre del pueblo se hicieron cargo del monopolio político, del control de las instituciones, de las decisiones políticas; todo esto, claro está sin consultar. Cuando aparecen referéndums, aparecen por presión popular; incluso, en estos casos, terminan siendo instrumentalizados, mermados en sus alcances, llevando los resultados a la desvinculación de toda obligación gubernamental a acatar el mandato popular. Terminan siendo solamente consultivos. Para ellos, ambos, de la clase política, basta el Congreso para deliberar, para formar consensos o, si no se puede, para arrollar con mayorías. Sin embargo, el Congreso, donde pululan los llamados representantes del pueblo, responde no a la deliberación popular, que, además, no permiten que se efectúe en lo posible, recurriendo a todos los métodos disuasivos, recurriendo a la aplastante maniobra de los medios de comunicación, sino a los mandos partidarios. Estos representantes del pueblo, en realidad, no deliberan, obedecen órdenes, por más pantomima que hagan con elocuciones estridente, cada vez menos ingeniosas, cada vez más desmanteladas de todo mensaje, de toda coherencia, incluso de estilo retórico.

 

El agotamiento de los estilos políticos de la democracia representativa y delegativa, que, en el fondo, nunca han dejado de ser liberales, en el sentido atribuido en el siglo XIX, solo que, su genealogía se bifurca en dos versiones; la neoliberal, una, la populista, la otra. Se ha agotado el procedimiento de legitimación de esta democracia formal. A todas luces, saltan los signos, las evidencias, de su ilegitimidad, por más legal que sea. Lo que pasa, es que, la base de esta legitimación, la liberal, ha desaparecido, ha desaparecido el pueblo; ha sido subsumido al elogio de las representaciones; empero, efectivamente, en la práctica, el pueblo no ejerce su soberanía nombrada. Por lo menos, en un principio, de estas republicas liberales, después de la independencia, intentaban su legitimación convocando al “pueblo”, que en ese entonces se reducía a los hombres, propietarios privados e ilustrados, además de expansiones a los artesanos. Incluso, las versiones, anticipadas del populismo, las que se enfrentaban a gobiernos conservadores, que pudieron imponerse, a través de caudillos, o, incluso, a veces, por “elecciones”, convocaban al pueblo en su tamaña extensión, fuera de los ámbitos de los hombres propietarios privados e ilustrados. Estas convocatorias, siendo más extensa la populista anticipada, hacían de procedimiento, a escala reducida, en estas republicas oligárquicas, de legitimación. Con el tiempo, pudieron imponerse, primero los liberales, mejorando los procedimientos de legitimación, sobre todo institucionalizándolos, a diferencia del ostentoso descaro de los conservadores, que creían que sus métodos de hacendados podían proyectarse en el Congreso y en el gobierno, además, ungiéndolos con nombres liberales. Después, frente a los liberales, pudieron imponerse los nacionalistas populistas, que contaban, como sus antecesores, con mayor convocatoria popular. Se puede decir que, los que verdaderamente democratizaron la democracia oligárquica son estos nacionalistas populistas. Convirtieron la república en un acontecimiento democrático con la movilización popular, que ellos llamaban nación. Paradójicamente, son quienes llevaron a término la forma liberal en el Estado-nación. Si podemos hablar de democracia en América Latina es ésta, la democracia ampliada por los nacionalismos populistas. En realidad, históricamente y políticamente, los autonombrados liberales, nunca fueron demócratas, ni republicanos, ni siquiera, efectivamente, liberales, salvo quizás los llamados libertadores, que si creían fervientemente en el liberalismo. Como dijo Jorge Abelardo Ramos, en la Historia de la Nación Latinoamérica, la historia en las colonias y pos-colonias no es ni el espejo, ni el reflejo, ni la continuidad, de la historia europea, sino como inversión, donde liberales se comportan como conservadores[2].

 

Esta historia de lo nacional-popular en América Latina tiene su apogeo a mediados del siglo XX, después vive su crisis, para derivar en un desplome, al mostrar no solamente sus límites, sino su decadencia. Sus nacionalizaciones solo mejoran los términos de intercambio, ampliando las arcas del Estado; se detienen en el proyecto de independencia económica. Incluso en el caso donde la sustitución de importaciones, es decir, la industrialización, avanza, pues la estructura económica, a pesar de modificarse, de pasar de su condición agraria a una condición industrial combinada, no deja en la composición integral ser extractivista, manteniendo el carácter de Estado rentista. De todas maneras, esta historia nacional popular fue heroica, por así decirlo, con todas sus contradicciones y titubeos. Llegaron a nacionalizar, efectivamente, al expropiar verdaderamente, a los consorcios trasnacionales; constituyendo, efectivamente, la materialidad económico-política del Estado-nación.

 

Lo que viene después, la versión neo-populista, el llamado socialismo del siglo XXI, de la “revolución ciudadana”, de la “revolución democrática y cultural”, del peronismo kirchnerista, no es más que la comedia, después de compararlos con la tragedia de los populismos nacionales del siglo XX. Lo que pasa en Venezuela, ya lo dijimos, como hipótesis interpretativa[3], es que la revolución bolivariana vive recién su proceso nacional-popular, claro, de una manera actualizada, imbricada por versiones “ideológicas” del socialismo contemporáneo, que no parece ser otra cosas que proyecciones de la inicial socialdemocracia, no la neoliberal europea o, en el caso latinoamericano, la socialdemocracia neoliberal chilena.  De todos los procesos de cambio, el venezolano, parece más auténtico, por esto mismo; incluyendo las contradicciones y dramas de la revolución nacional, que experimentaron los populistas del siglo XX. El proceso brasilero es distinto, como lo dijimos en otro escrito[4].

 

El PT no es un partido populista, en todo el sentido de la palabra; es un partido socialista, estructurado en los sindicatos obreros, articulado por una formación marxista de sus cuadros intelectuales.  Lo que llama la atención, en el caso brasilero, es que a pesar de contar con ventajas “ideológicas”, incluso organizativas, incluyendo un movimiento campesino gigantesco, que casi es una sociedad alternativa inmersa en la sociedad brasilera, los del PT, experimenten la misma decadencia que los neopopulismos. Es decir, que lo que se hace en el gobierno, sea una flagrante contradicción son su discurso constitutivo. No hablamos de los desplazamientos discursivos, que adquieren tonalidades barrocas, hasta producen enunciados estrambóticos, pretendiendo un capitalismo social. Conviertan a la burocracia del partido en la burguesía financiera, haciéndose cargo de las AFPS. Terminen usando las empresas del Estado para beneficio privado como terminaron haciendo, al final, los populistas del siglo XX, en su etapa crepuscular, como lo hacen, casi, desde un principio, como estilo particular, los neo-populistas del siglo XXI. En otras palabras, un partido socialista, como el PT, termina absorbido por la gravitación de las estructuras de poder de la dependencia, en la etapa tardía del capitalismo.

 

Se puede decir, como una de las conclusiones, que la “izquierda” gubernamental de Suramérica no logra impactar positivamente en términos de la liberación nacional, de la independencia económica, tampoco de la profundización democrática, por lo menos, como se esperara; no logra impactar socialmente, en la modificación estructural de la sociedad, conformada y compuesta de desigualdades. En consecuencia, tampoco logra efectivizar el curso de la legitimación. Experimenta su crisis de legitimación.

 

En relación al neo-populismo, también a la versión rezagada, anacrónica y combinada, de la revolución nacional, así como a la versión socialdemócrata tardía, neoliberal, a la versión socialista, burocratizada y aburguesada, las versiones neoliberales tienen la desventaja que ya tenían sus antecesores liberales. Son versiones oligárquicas del liberalismo latinoamericano. Además, y esto es lo más importante, conllevan del límite de su disminuida convocatoria. Si vuelven a aparecer, como en el caso argentino, es porque se les fue la mano. Se ungieron de extremo engreimiento, de petulante impunidad, creyendo que con políticas asistenciales, incluso fragmentos del Estado de bienestar, combinadas con una forma, que nunca dejó de lado el marco monetarista neoliberal, tampoco la proyección de subordinación y dependencia de la economía extractivista. El cansancio de parte de sus votantes, el descrédito conseguido, empujó a optar a esta parte de los votantes por otras caras, aunque sean los mismos que sacaron, después de las crisis económicas y estatales, además de sociales, que provocaron las políticas neoliberales aplicadas. Por su estrecho margen de maniobra, los neoliberales que retornan al poder, tienen poco tiempo de paz, antes de ingresar al torbellino de la crisis múltiple del Estado y de la economía, que va adquirir características más marcadas de dependencia y sumisión.

 

Contando con la interpretación descriptiva que expusimos, podemos conjeturar que el problema político, en la actual coyuntura suramericana, es el agotamiento de la legitimación liberal, incluyendo sus proyecciones, en tanto versiones técnicas neoliberales, versiones demagógicas del neopopulismo, incluso, a pesar de sus avances sociales, la versión tardía de lo nacional-popular, además de las prolongaciones socialdemócratas.

 

En consecuencia, no se puede considerar como salida de la crisis política y de la crisis social la opción por cualquiera otros, con tal de no ver las mismas caras farsantes y comediantes del neopopulismo, de la anacrónica revolución nacional popular, de los socialdemócratas. Pues esta opción no hace otra cosa que volver al punto de partida de la crisis política, económica y social, en la historia reciente latinoamericana. No hace otra cosa que iniciar, nuevamente, con las condiciones de despojo y desposesión, que ocasionaron las movilizaciones populares. La salida no puede hallarse en las manifestaciones de enojo.

 

La crisis, en su contexto mayor, es la crisis relativa a la forma de Estado, al Estado-nación, a las formas de gubernamentalidad liberal, sean neoliberales o neo-populistas, o socialdemócratas. Esta forma de Estado está agotada; ya no tiene nada que ofrecer a las luchas emancipadoras y libertarias. La democracia liberal, formal, reducida a la representación y delegación, usurpadora de la voluntad popular, está agotada. No hay ninguna salida por aquí. Solo una exacerbación de la ilusión, que no es otra cosa, que una manera edulcorante de barnizar la sumisión, la subordinación, el deseo escondido del amo, puede mantener estas conductas y comportamientos populares inclinadas por estos estilos políticos, desmantelados y vaciados de todo contenido.

 

En la coyuntura, contando con la complejidad de la crisis, además de los niveles de intensidad de la crisis, las sociedades, los pueblos, tienen la tarea imperiosa, de liberar su potencia social más allá de la política, en sentido restringido, más allá de las revoluciones, dadas en la modernidad. Tarea que exige creer y confiar en su propia potencia social, en su capacidad e inventar otros mundos, otras asociaciones, composiciones y combinaciones sociales, fluyentes, flujos inventivos, que se encuentran más allá de la sociedad institucionalizada, más allá del Estado; por lo tanto, más allá del imperio y el orden mundial del sistema-cultura-mundo capitalista. Como sociedades alterativas, que en el fondo lo son, tienen la tarea de constituirse e instituirse como sociedades autogestionarias.

 

 

 

 


[1] Ver de Raúl Prada Alcoreza Horizontes de la descolonización, también Descolonización y transición, así como Acontecimiento político, también La paradoja conservadurismo-progresismo. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/products/des-colonizacion-y-transicion/. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/acontecimiento-politico-/. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-paradoja-conservadurismo-progresismo/.  Pradaraul.wordpress: https://pradaraul.wordpress.com/horizontes-de-la-descolonizacion/.

[2] Jorge Abelardo Ramos: Historia de la Nación Latinoamericana – Cap 1 – El Continente De Los Leones Calvos.

[3] Ver Acontecimiento político. Ob. Cit.

[4] Ver de Raúl Prada Alcoreza Gramatología del acontecimento. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15.  http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/gramatologia-del-acontecimiento-/.

Leer más: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/%c2%bfcual-es-el-problema-politico/
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