Crítica de la ideología II

Crítica de la ideología II

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

 Frida 2

 

 

 Índice: 

Defensa de la vida y lo común

Contra-vida

El sistema-cultura-mundo capitalista                                 

Expropiación de lo común

Lo común no es estatal ni privado                            

Los alfiles y caballos del modelo

colonial extractivista                                                                         

Cartografías políticas singulares

Estructuras de poder viciosas                                                        

Las peculiares formas del poder                                                                          

Juegos de poder                                                        

Genealogía y hermenéutica del presente                  

Genealogía de la decadencia                                      

Potencia social o poder

Alteridad y/o gubernamentalidad                                                  

Pliegues y despliegues de los

movimientos sociales                                                

Complejidad de los movimientos sociales                

Alteridades y alternativas en

la movilización prolongada                                       

Conclusiones                                                                        

La política en tiempos del estaño y el petróleo

En busca de la política perdida                                              

El Estado rentista y las políticas monetaristas                            

Más allá de la política                                                 

¿Cuál es el problema político?                                                               

Atrapados en sus propias redes                                            

Callejones sin salida                             

Estrategias suicidas del progresismo mutilado                    

Liberar la potencia

Dejar los esquematismos                                           

Hacer presente la autogestión                                               

 

 

 

 

 

Contra-vida

El sistema-cultura-mundo capitalista

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A modo de breve prólogo

 

Este es un primer ensayo de un conjunto de textos críticos del discurso sobre el Cambio climático, nombre formal y oficial de los Estado-nación y los gobiernos, además de las ONGs y fundaciones, que amortiguan el alcance de la destrucción de la vida en el planeta. Nosotros preferimos nombrar esta problemática por sus evidentes consecuencias, destrucción sistemática, estructural, de la vida, de la biodiversidad, de los ciclos vitales y las sociedades humanas. Entonces, la nombraremos como contra-vida. Este primer ensayo es apenas introductorio al análisis de la problemática, desde la perspectiva de la complejidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Preguntas preliminares

 

¿Cómo funciona? ¿Cuál es su mecánica o, mejor dicho las mecánicas, por lo tanto, en conjunto, sus dinámicas? No basta responder descriptivamente, por más exhaustivas que sean estas descripciones; incluso si después de contar con ellas se logra una narrativa teórica, más bien, compleja, que interprete de manera integral estas descripciones, concatenadas y entrelazadas. Se requiere algo más que el propio pensamiento complejo, que ya es mucho decir, sobre todo cuando sabemos que apenas entramos en este acontecimiento; apenas tenemos hilos sueltos, y fragmentos de diseños, para empezar a tejer en las espesores dinámicos del espacio-tiempo. No solo porque no se trata de pensamiento, por más complejo que sea, incluso cuando también sabemos que el pensamiento complejo es también acciónmaterialidad social e institucionalmaterialidad energéticamaterialidad vital. Se requiere algo más que las relaciones, el entramado de relaciones, en devenir, que suponen estas acciones, estas materialidades, en los espesores de los ciclos vitales. Se requiere de los vínculos primordiales del tejido espacio-temporal del universo o de los universos, en sus distintas escalas.

 

Si bien esto, sabemos, que no se lograra fácilmente, incluso, que no se logrará nunca, parece indispensable intuir estos vínculos, y comportarse con ellos como siendo parte de sus ciclos. Sin embargo, este ensayo no pretende ir tan lejos; solo decirlo, como una hipótesis prospectiva interpretativa. Lo que interesa es comprender el alcance de las preguntas que nos hicimos, y comenzar a avanzar en sus respuestas posibles. En este sentido, intentaremos un primer avance, desde la perspectiva del pensamiento complejo, auscultando un primer nudo del tejido espacio-temporal-social-territorial de lo que nombramos como sistema-cultura-mundo capitalista.

 

Uno de los nudos gordianos

 

La crisis ecológica, que forma parte de las crisis múltiples desatadas por el desarrollo capitalista, es evidenciada cuando el ecosistema aguanta cambios críticos. Los fenómenos desencadenantes son identificables; por ejemplo, un cambio abiótico, en lo que respecta al incremento de la temperatura; también menguado nivel de lluvias, la presión de la depredación, así como la sobrepoblación. Se ocasiona la declinación de la aptitud del ecosistema, afectando a los ciclos vitales.

 

El llamado cambio climático, eufemismo para ocultar la destrucción de la biodiversidad, de los ecosistemas y de los ciclos vitales, además, de las sociedades humanas, corresponde a una crisis ecológica de magnitud peligrosa. Al respecto se ha hablado demasiado del síntoma del incremento paulatino de la temperatura global.

 

Muchas especies son trasladadas fuera de sus hábitats. Por ejemplo, los osos polares son uno de los seres afectados. Con el deshielo, las focas han desaparecido, interrumpiendo su ciclo alimenticio.  Algo parecido, incluso peor, ha pasado con el oso panda, uno de los habitantes de los territorios de la geografía política de la República Popular de China. Estos son ejemplos puntuales de una numerosa cantidad de casos, que por su adición nos muestran el alcance de la devastación.

 

Para dar otros ejemplo, tocando regiones del hemisferio sur, podemos citar algunos casos, en peligro de extinción, que se dan en la Amazonia, el bosque más grande del planeta, el continente, por así decirlo, de una de las biodiversidades más ricas del mundo, que también sufre los avances más desoladores y devastadores del planeta, por parte de este “desarrollo” capitalista, que combina, de manera explosiva, todas las formas del capitalismo, desde el extractivismo depredador hasta el financiero especulador, pasando por revoluciones industriales y cibernéticas inconclusas.

 

Nathalie Alonso escribe en Fauna amenazada del Amazonas, puntualizando e identificando fauna en peligro de extinción, dibujando el siguiente panorama:

 

 

El bosque lluvioso del Amazonas en América del Sur, el más grande del mundo, abarca 2,722,000 kilómetros cuadrados. De acuerdo con el Acuario Shedd de Chicago, es el hogar de un tercio de todas las plantas y animales conocidos. Varios animales amazónicos están en peligro de extinción en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Otras especies son consideradas en peligro de extinción por los U.S. Fish and Wildlife Service bajo la Ley de Especies en Peligro de Extinción.

 

El Amazonas es el hogar de las ranas venenosas, algunas de las cuales están en peligro. A pesar de que varían en tamaño desde 1 a 2 1/2 pulgadas (2,54 a 6,35 cm), las ranas venenosas segregan un veneno capaz de matar a los seres humanos de una vez. Entre las más expuestas están la rana venenosa de Perú Oxapampa, clasificada como en peligro crítico por la UICN. La rana venenosa dorada, la más tóxica, está en peligro de extinción en toda su gama a lo largo de la costa del Pacífico de Colombia.

 

Entre las aves en peligro de extinción de la Amazonia está el guacamayo jacinto, el loro más grande del mundo, y el guacamayo de Lear. El guacamayo de garganta azul, endémico de Bolivia, está en peligro crítico según la IUCN. A pesar de que la UICN clasifica el águila arpía, como casi amenazada, U.S. Fish and Wildlife Service la considera en peligro de extinción en toda su gama, que abarca partes de la Amazonia.

 

La UICN rebajó al caimán negro del Amazonas de una especie en peligro de extinción en 1996 a uno de menor preocupación en 2000, pero U.S Fish and Wildlife Service, sigue considerándolo en peligro de extinción. El caimán negro es el más grande del mundo, de las especies de caimanes. Asimismo, la tortuga de río de América del Sur, la especie más grande del continente, pasó de en peligro de extinción en 1994 a una especie de preocupación menor en 1996, según la UICN. U. S. Fish and Wildlife Service, sin embargo la considera en peligro de extinción.

 

Debido a la severa pérdida de hábitat, el mono araña marrón, uno de los más grandes primates en la Amazonia, es también una de las 25 especies en peligro de extinción en el mundo. Catalogado como en peligro crítico por la UICN, el mono araña marrón se encuentra principalmente en Colombia y Ecuador. También críticamente en peligro de extinción están el Marañón de manos rojas, mono aullador, el capuchino rubio, el capuchino de cabeza beige y el mono capuchino Ka’apor, todos los cuales son endémicos de Brasil. El tití descarado de Brasil y el capuchino con bucles robustos se clasifican como en peligro de extinción.

 

La UICN clasifica al manatí del Amazonas como vulnerable, mientras que U.S. Fish and Wildlife Service lo clasifica como en peligro de extinción. Según el Fondo Mundial para la Naturaleza, el manatí del Amazonas se cree que está en declive, a pesar de que el tamaño de su población es desconocido. También en peligro de extinción está la nutria gigante del Amazonas. Nadadoras rápidas y capaces, las nutrias gigantes, las más grandes del mundo, pueden medir hasta 6 pies de largo.

 

Entre los mamíferos en peligro de extinción de la Amazonia está el perezoso de tres dedos, la especie más grande de perezosos, que se encuentra sólo a lo largo de la costa atlántica de Brasil. La destrucción del hábitat es la mayor amenaza para el herbívoro de movimientos lentos, que desciende de las copas de los árboles sólo para orinar y defecar. Otro mamífero, el tapir, de América del Sur está vulnerable, de acuerdo con la UICN y en peligro de extinción, de acuerdo con U.S. Fish and Wildlife Service[130].

 

Los alcances de la crisis ecológica son planetarias, todos los ecosistemas, todas las regiones, todos los nichos ecológicos, se encuentran involucrados, aunque se encuentren afectados de manera diferencial, dependiendo de las características y consistencias del tejido ecológico singular. En las regiones andinas, vallunas, de los llanos y chaqueñas de Bolivia se describe estas rupturas de ciclos vitales también con efectos de extinción.

 

En Foro: Fauna boliviana, animales de los andes, los valles y los llanos, se describe una lista:

 

Entre las aves en peligro crítico, están el crax globulosa o comúnmente llamado mamaco, el ave hylopezus macularius o tororoí enmascarado, la phibalura boliviana o palkachupa, el cinclodes aricomae o remolinera real 

El Paraba Frente Roja debido a que es buscada para ser mascota, la paraba barba azul, por causa de pérdida de su hábitat y la pava copete de piedra. La mayoría de esas especies se encuentran ubicadas en la provincia Gran Chaco. Además hay ocho especies de aves en peligro de extinción y veinticinco especies vulnerables. 

Entre los mamíferos que se encuentran en peligro crítico está al gato andino o leopardus jacobita, debido a caza, pérdida de hábitat, uso folklórico, pérdida de presa principal (con lo que el animal se alimenta), enfermedades por el hábitat restricto. 

El guanaco o lama guanicoé, a consecuencia de la caza, pérdida de hábitat, uso folklórico, pérdida de presa principal (con lo que el animal se alimenta), enfermedades por el hábitat restricto, competencia con ganado, además de la chinchilla, por causa del uso de su piel, además por el hábitat restricto. 

A esto se suma ocho clases de peces que se encuentran vulnerables, entre ellos: el sábalo, el pacú, la boga, el surubí, el miskincho, el carache negro y la mojarra[131].

 

Estos son apenas ejemplos, ya se puede imaginar el tamaño de la devastación y truncamiento de ciclos vitales que se dan en todo el planeta, en toda su biodiversidad, en todos sus entramados y tejidos eco-sistémicos. Nadie que esté en su sano juicio puede esperar que todo esto no afecte a las sociedades humanas. Las sociedades humanas no son externas ni ajenas a la biodiversidad, a los ciclos ecológicos; alguien que piensa de esta manera vive en un planeta de fantasmas, sin cuerpos y sin vidas. Sin embargo, por más insólito que parezca, ésta es la idea precursora que alimenta la “ideología” de la modernidad, que, con el tiempo, en la etapa del capitalismo tardío, se convirtió en cultura-mundo. El hombre domina la naturaleza, el hombre moderno se libera de los mitos, el hombre moderno desata, con su ciencia y tecnología, las fuerzas escondidas de la naturaleza, para utilizarlas en su “desarrollo” y “evolución”. Este enunciado, implícito, de distintas maneras, en las narrativas de la modernidad, muestra patentemente el nuevo mito de la civilización moderna, el mito de la supremacía del hombre, del héroe convertido en el depredador por excelencia, depredación, que obviamente, en las narrativas de la “ideología” no se nombra de este modo, sino como “progreso”.

 

Vamos a dejar una pregunta pendiente: ¿Por qué no incluir en estas listas de especies en extinción al ser humano? ¿Acaso no han desaparecido cientos de lenguas, cientos de pueblos, centenares de culturas, también civilizaciones; acaso ahora mismo no se encuentran en peligro de extinción naciones y pueblos indígenas en el continente? ¿Acaso las sociedades humanas no se encuentran amenazadas por ojivas nucleares, que ostentan irresponsablemente las potencias vencedoras de la segunda guerra mundial?  Es pues ridículo no poner en la lista al ser humano. ¿Los ambientalistas lo hacen por pudor? ¿Lo hacen porque creen que el ser humano es distinto a los animales y a las plantas? ¿De dónde sacan esto, de los mitos religiosos, sobre todo de la narrativa de las religiones monoteístas? El ser humano no es algo cualitativamente distinto que el resto de los seres; conforma con todos los seres, con sus ciclos vitales, el entramado creativo de la vida. Que desaparezcan seres implica que también desaparece algo necesario en el ser humano, una parte del tejido que lo constituye. Solo la enajenación “ideológica”, el fetichismo religioso, convertido, después, en “ideologías” modernas”, puede haber sostenido, ilusoriamente, esta imagen esquemática e inconsistente, que manifiesta patéticamente una auto-referencia, una auto-contemplación, un engreimiento desmedidos, que ilusionan al hombre con su soledad en el universo vacío. El aislamiento no es posible en un universo inventado por asociaciones, composiciones, combinaciones de partículas infinitesimales, que tocan, como cuerdas vibrantes, las constelaciones de sinfonías, en distintas escalas. El vacío no es posible en un universo cuya materia oscura y energía oscura ocupan el 95%, en tanto que el resto corresponde a la materia luminosa y la energía luminosa. Es momento de dejar de lado estas narrativas autocomplacientes y antropocéntricas; comprender que la sobrevivencia humana depende de la sobrevivencia de los demás seres.

 

 

Por otra parte, se encuentran afectados los ciclos vitales del agua. El agua dulce, los ecosistemas secos, están sorteando los efectos del incremento de la temperatura. El cambio climático ya comienza a ser demoledor para el salmón, además de otras especies acuáticas. El incremento en la temperatura trunca los ciclos vitales del salmón y la trucha. Una de las consecuencias del cambio climático es la migración de las especies. Por ejemplo, los peces de agua fría migran de sus territorios acuáticos, hacia aguas todavía frías. Algunas especies han podido adaptarse a nuevas condiciones, acercándose hacia los polos; en cambio, otras especias son menos dúctiles.

 

Así como pasa con los ciclos vitales del agua, también ocurre con los ciclos vitales del aire, los ciclos vitales de los suelos, los ciclos vitales los bosques, los ciclos vitales de las distintas poblaciones de seres orgánicos; por lo tanto, con la compleja integralidad entrelazada de los múltiples ciclos de la existencia y de la vida.

 

La destrucción de la biodiversidad ha sido cuantificada; cada año desaparecen entre 17,000 y 100,000 especies, dependiendo de las características del periodo, más o menos intenso en lo que respecta a la depredación. En comparación, se tiene el referente de la extinción ocasionada por el impacto de un meteorito, hace 65 millones de años; es cuando se dio clausura del Cretácico. ¿El sistema-cultura-mundo capitalista tiene un impacto de semejante magnitud?

 

Siete millones de kilómetros cuadrados de bosque tropical han desaparecido en el lapso de al menos medio siglo. Se estima que alrededor de 2 millones de kilómetros cuadrados han servido para la expansión de la agricultura; los restantes cinco millones de kilómetros cuadrados son considerados tierras de poca calidad. Cuando, antes, estas tierras eran bosques primarios. Se estima que capturaban como cinco billones de metros cúbicos de carbono durante 10 o 20 años.

 

Parece que el costo cualitativo, de daños irreparables, es esta inscripción desoladora de la huella ecológica, que deja el desarrollo del capitalismo. Costo no conmensurable, tampoco, por cierto, no contabilizado, ni como aproximaciones numéricas, por la aritmética capitalista.

 

 

Cambio climático y biodiversidad

 

En un documento de Naciones Unidas se describe el Cambio climático de la siguiente manera:

 

En el ámbito mundial, las actividades humanas han causado y van a seguir causando una pérdida en la biodiversidad debido, entre otras cosas, a cambios en el uso y la cubierta de los suelos; la contaminación y degradación de los suelos y de las aguas (incluyendo la desertificación), y la contaminación del aire; el desvío de las aguas hacia ecosistemas intensamente gestionados y sistemas urbanos; la fragmentación del hábitat; la explotación selectiva de especies; la introducción de especies no autóctonas, y el agotamiento del ozono estratosférico. La tasa actual de la pérdida de biodiversidad es mayor que la de la extinción natural. Una pregunta esencial en este Documento es ¿cuánto puede el cambio climático (ya sea de forma natural o inducido por el hombre) aumentar o impedir estas pérdidas de la biodiversidad? Los cambios en el clima ejercen una presión adicional y ya han comenzado a afectar a la biodiversidad. Las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero han aumentado desde tiempos preindustriales debido a actividades humanas, sobre todo la utilización de combustibles fósiles y los cambios en el uso y en la cubierta de los suelos. Estos factores, junto a las fuerzas naturales, han contribuido a los cambios en el clima de la Tierra a lo largo de todo el siglo XX: ha subido la temperatura de la superficie terrestre y marina, han cambiado los patrones espaciales y temporales de las precipitaciones; se ha elevado el nivel del mar, y ha aumentado la frecuencia e intensidad de los fenómenos asociados con El Niño. Dichos cambios, sobre todo la subida de las temperaturas en algunas zonas, han afectado a la estación de la reproducción de animales y plantas y/o la de la migración de los animales, a la extensión de la estación de crecimiento, a la distribución de las especies y el tamaño de sus poblaciones, y a la frecuencia de las plagas y brotes de enfermedades. Algunos ecosistemas costeros o aquellos en altitud y latitud altas también se han visto afectados por los cambios en el clima regional. Se espera que el cambio climático afecte a todos aspectos de la biodiversidad. Sin embargo, dichos cambios tienen que tener en cuenta los impactos de otras actividades humanas pasadas, presentes y futuras, incluyendo el aumento en las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono (CO2).

 

Para la amplia gama de escenarios de emisión del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), se estima que la temperatura media de la superficie terrestre ascienda entre un 1,4 y un 5,8°C para finales del siglo XXI, que las zonas terrestres experimenten un calentamiento más alto que los océanos, y que las latitudes altas se calienten más que los trópicos. Se estima que la elevación del nivel del mar asociada con dicho cambios esté comprendido entre 0,09 a 0,88 m. En general, se espera un aumento en las precipitaciones en latitudes altas y en zonas ecuatoriales, y que disminuyan en zonas subtropicales aunque aumenten las fuertes precipitaciones. Se espera que el cambio climático afecte directamente a organismos individuales, a poblaciones, a la distribución de especies, y al funcionamiento de los ecosistemas (por ejemplo debido a un aumento de las temperaturas y cambios en las precipitaciones y, en el caso de ecosistemas marinos y costeros, se esperan cambios en el nivel del mar y fuertes tormentas repentinas) e indirectamente (por ejemplo mediante el impacto de los cambios climáticos en la intensidad y la frecuencia de fenómenos tales como los fuegos arrasadores). La pérdida, modificación y fragmentación del hábitat, y la introducción y extensión de especies no autóctonas van a afectar los impactos producidos por el cambio climático. Una proyección realista del estado futuro de los ecosistemas terrestres debe tener en cuenta también las pautas de uso de los suelos y del agua, las que van a afectar en gran medida a la capacidad de los organismos para responder a los cambios climáticos mediante la migración.

 

El efecto general del cambio climático estimado provocado por el hombre muestra que los hábitats de muchas especies se desplazará hacia los polos o hacia altitudes mayores respecto a sus emplazamientos actuales. Las distintas especies se van a ver afectadas de forma diferente por el cambio climático; van a migrar a diferente velocidad a través de paisajes naturales fragmentados, y muchos ecosistemas actualmente dominados por especies de larga vida (tales como árboles longevos) van a tardar mucho antes de que manifiesten los efectos de estos cambios. Por lo tanto, es probable que se modifique la composición de la mayoría de los ecosistemas actuales, ya que es improbable que las especies que componen dichos ecosistemas cambien de emplazamiento todo a la vez. Se espera que los cambios más rápidos sucedan cuando sean acelerados por cambios en patrones de alteraciones no climáticas tanto naturales como antropogénicas. Cambios en la frecuencia, intensidad, extensión y emplazamiento de las alteraciones van a afectar la forma y el régimen a la que los ecosistemas actuales se van a ver reemplazados por nuevos grupos de plantas y animales. Las alteraciones pueden aumentar el régimen de pérdida de las especies y crear oportunidades para el establecimiento de nuevas especies. En todo el mundo, cerca del 20 por ciento de los humedales costeros se podrían perder hacia el año 2080, como consecuencia de la elevación del nivel del mar. El impacto de la elevación del nivel del mar sobre los ecosistemas costeros (como por ejemplo los manglares y humedales costeros, y los pastos marinos) variará en diferentes regiones según la erosión causada por los mares y los procesos de encenagamiento que ocurren en la tierra. Es posible que algunos manglares en las regiones costeras insulares bajas en donde las cargas de sedimentación son altas y los procesos de erosión son escasos, no sean particularmente vulnerables a la elevación del nivel del mar. El riesgo de extinción va a aumentar para muchas especies que ya son vulnerables. Las especies con rangos climáticos limitados y/o pequeñas poblaciones son normalmente las más vulnerables a la extinción. Entre éstas figuran las especies montañosas endémicas y la biota restringida insular (por ejemplo, los pájaros), peninsular (tales como el Reino Floral del Cabo), o costera (manglares, humedales costeros y arrecifes coralinos). En contraste con esto, las especies con gamas amplias y no irregulares, con mecanismos de dispersión de largo alcance y grandes poblaciones tienen un riesgo de extinción menor. Existen pocas pruebas para sugerir que el cambio climático pueda disminuir la pérdida de las especies, pero existen pruebas que demuestran que pueden acelerar este proceso. En algunas regiones podría darse un aumento de biodiversidad local (normalmente como consecuencia de la introducción de especies) pero las consecuencias a largo plazo son muy difíciles de predecir. Cuando ocurren importantes alteraciones en el ecosistema (como por ejemplo la pérdida de especies dominantes o una gran proporción de las especies y por lo tanto gran parte de la redundancia), pueden ocurrir pérdidas en la productividad neta del ecosistema (PNE) al menos durante el periodo de transición. Sin embargo, en muchos casos, la pérdida de biodiversidad en ecosistemas diferentes y amplios debido al cambio climático no implica necesariamente una pérdida de productividad, ya que existe un grado de redundancia en la mayoría de los ecosistemas. La pérdida de la contribución a la producción de una especie determinada dentro de un ecosistema se puede ver reemplazada por otras especies. Los impactos del cambio climático en la biodiversidad ni los posteriores efectos en la productividad no han sido calculados a escala mundial. Los cambios en biodiversidad a escala de ecosistemas y paisajes naturales, como respuesta al cambio climático y otras presiones (tales como la deforestación y los cambios en incendios forestales) podrían afectar aún más al clima mundial y regional mediante los cambios en la recogida y emisión de gases de efecto invernadero y cambios en el albedo y la evapotranspiración. De forma parecida, los cambios estructurales en las comunidades biológicas en las capas superiores de los océanos podrían alterar la recogida del CO2 por el océano o la emisión de precursores para los núcleos de condensación de nubes, causando unas reacciones o positivas o negativas en el cambio climático.

 

La simulación de los cambios en la biodiversidad como respuesta a los cambios climáticos presenta algunos desafíos importantes. Los datos y las simulaciones que se requieren para estimar la extensión y naturaleza de los cambios futuros en los ecosistemas y los cambios en la distribución geográfica de las especies son incompletos, lo que significa que estos efectos sólo se pueden cuantificar parcialmente. Los impactos de las actividades para la mitigación del cambio climático sobre la biodiversidad dependen del contexto, diseño y ejecución de dichas actividades. El uso y el cambio en el uso de los suelos, y en las actividades asociadas con la silvicultura (forestación, reforestación, deforestación evitada, y las prácticas mejoradas en el manejo de bosques, tierras de cultivo y pastizales) tanto como la implantación de fuentes de energía renovable (hidráulica, eólica, solar y biocombustibles) pueden afectar a la biodiversidad. Dicho impacto dependerá de la selección del sitio y de las prácticas en el manejo de los mismos. Por ejemplo, 1) dependiendo del nivel de biodiversidad del ecosistema no forestal que está siendo sustituido, la escala que se toma en cuenta, y otros temas relacionados con el diseño y la implantación, los proyectos de forestación y de reforestación pueden tener impactos neutros, positivos o negativos; 2) si se evita y/o reduce la degradación de los bosques en zonas amenazadas/vulnerables que contienen grupos de especies que son inusualmente diversos, mundialmente raras o propias de esa región, se pueden proporcionar grandes beneficios a la biodiversidad, evitando al mismo tiempo emisiones de carbono; 3) las plantaciones bioenergéticas a gran escala que generan un gran rendimiento podrían tener efectos adversos en la biodiversidad cuando sustituyan a sistemas con una mayor diversidad biológica, mientras que las plantaciones a pequeña escala sobre terrenos degradados o en zonas agrícolas abandonadas podrían tener ventajas ambientales; y 4) un aumento de la eficiencia en la generación y/o empleo de energías basadas en combustibles fósiles puede reducir el uso de combustibles fósiles y, por lo tanto, reducir los efectos sobre la biodiversidad que se deben a la extracción de recursos, el transporte (como el envío por barco y/o por tuberías), y la combustión de combustibles fósiles. Las actividades para la adaptación al cambio climático pueden fomentar la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad, y reducir el impacto sobre la biodiversidad tanto de los cambios climáticos como de los fenómenos climáticos extremos. Dichas actividades incluyen el establecimiento de un mosaico interconectado de reservas terrestres, de agua dulce y marinas de uso múltiple diseñado para responder a los cambios estimados en el clima, y actividades de manejo integrada de tierras y aguas para reducir las presiones no climáticas sobre la biodiversidad y, por lo tanto, hacer que el sistema sea menos vulnerable a los cambios climáticos. Algunas de estas actividades para la adaptación también pueden reducir la vulnerabilidad humana frente a fenómenos climáticos extremos.

 

La eficacia de las actividades para adaptación y mitigación se puede mejorar cuando se integran con estrategias más amplias diseñadas para hacer más sostenibles las rutas para el desarrollo. Existen sinergias potenciales ambientales y sociales e intercambios entre la adaptación climática y actividades para la mitigación (proyectos y políticas), y los objetivos de los acuerdos multilaterales ambientales (por ejemplo, la conservación y uso sostenible que son los objetivos del Convenio sobre la Diversidad Biológica) además de otros aspectos del desarrollo sostenible. Estas sinergias e intercambios se pueden evaluar en lo que se refiere a la gama completa de actividades potenciales (entre otras cosas, la energía y el uso de los suelos, el cambio en el uso de los suelos, y los proyectos y políticas de silvicultura) a través de la aplicación de las evaluaciones del impacto social y ambiental en el ámbito de proyectos, sectores y regiones, y se pueden comparar con un conjunto de criterios e indicadores mediante el empleo de una serie de marcos para la toma de decisiones. Para esto, se tienen que adaptar y desarrollar aún más las actuales metodologías, criterios e indicadores para la evaluación del impacto de las actividades para mitigación y adaptación sobre la biodiversidad y sobre otros aspectos del desarrollo sostenido. Entre las necesidades de información y los vacíos en las evaluaciones se incluyen: Una mejora del conocimiento de las relaciones entre la biodiversidad, la estructura y el funcionamiento del ecosistema, y la dispersión y/o migración a través de paisajes naturales fragmentados. Una mejora del conocimiento de la respuesta de la biodiversidad frente a cambios en factores climáticos y otras presiones. La realización de simulaciones de definición apropiada de cambios climáticos pasajeros y de ecosistemas, especialmente para la cuantificación de los impactos del cambio climático sobre la biodiversidad a todos los niveles, teniendo en cuenta sus respuestas. Una mejora del conocimiento de los impactos a escala local y regional sobre la biodiversidad de las opciones para la adaptación y mitigación del cambio climático. Un mayor desarrollo de metodologías, criterios e indicadores para la evaluación del impacto de las actividades para la mitigación y adaptación al cambio climático sobre la biodiversidad y sobre otros aspectos del desarrollo sostenible La identificación de actividades y políticas para la conservación y uso sostenible de la biodiversidad que pudiesen mejorar las opciones para adaptación y mitigación del cambio climático[132].

 

 

El sistema-mundo inserto en la biodiversidad

Lo que no se entiende de estos informes, de las consecuencias políticas que sacan, de su utilización en las Cumbres sobre el Cambio Climático, de los documentos que se firman, de los temas que se discuten, por ejemplo, el de la diminución de la emisión de gases de efecto invernadero o, en su caso, de la inversión en bosques, para que no sean desforestados, por el avance de la frontera agrícola, por el comercio de madera, por la economía extractivista, es que, sin tomar en cuenta lo incompletos que son, lo desarticulados que se encuentran, para una comprensión integral de la problemática en cuestión,  sin pedirles que consideren la articulación compleja con las sociedades humanas, incluso sin pedirles su relación con el sistema-mundo capitalista, es que sean tan indulgentes, tan poco eficaces, como si se tratara de un problema técnico y no de la vida.  Lo que describen es indudablemente alarmante, los alcances de la crisis ecológica es de envergadura, amenazando a la biodiversidad, a las especies, a los ciclos vitales, a las sociedades humanas. Entonces, llama la atención que sean documentos burocráticos, al momento de proponer soluciones y salidas, después de haber dado descripciones alarmantes de lo que acontece.

 

¿Los expertos no saben interpretar la integralidad de la problemática, después de haber interpretado descriptivamente los efectos de los fenómenos inherentes? ¿Los expertos, a pesar de tener consciencia de lo que pasa, son al final de cuentas, funcionarios; más les interesa su estabilidad laboral, que la vida del planeta y en el planeta? Después de leer esos informes, alguien de sentido común concluye, que no se puede seguir como se ha seguido hasta ahora, que se requiere un cambio radical, de emergencia, para salvar la vida, la biodiversidad, los ciclos vitales, donde se encuentran los ciclos de las sociedades humanas. Sin embargo, parece que este esperado sentido común no es el preponderante en los expertos. La reciente Cumbre del Clima de París, la COP21, llevada a cabo en Paris, es más anodina que las anteriores; retoma el Protocolo de Kioto, de una manera más mesurada y contemplativa. Siendo ya aquél documento extremadamente conservador[133].

 

Los gobernantes de los gobiernos llamados progresistas dan discursos que pretenden ser críticos y pretenden mostrarse defensores de la madre tierra; sin embargo, fuera de ser discursos repetitivos, áridos, de puntos comunes, sin consecuencias, salvo el mostrarse como defensores de los derechos de la naturaleza, no se sostienen moralmente, cuando se trata de gobiernos que han optado por la expansión intensiva del extractivismo, siendo cómplices pues de la depredación y destrucción global de la biodiversidad. Si bien, se puede decir que los más “culpables” son las potencias industriales, que no quisieron firmar el Protocolo de Kioto, este hecho no los salva de su concomitancia.

 

Un presidente progresista ha propuesto el Tribunal de Justicia Ambiental. ¿Para qué? ¿Para que dirima en la contienda entre empresas extractivitas trasnacionales y gobiernos progresistas, que son, al final los que terminan concesionando a estas empresas, sean las mismas u otras, con otros nombres? ¿Para que dirima entre empresas estractivistas y gobiernos, sean estos neoliberales o progresistas, que contienden con los pueblos y comunidades indígenas, que defienden sus territorios, los ecosistemas, las cuencas? ¿Si esto ha ocurrido muy exiguamente, de vez en cuando, antes, por qué esperar que mejore la situación con este Tribunal de Justicia Ambiental? Estas propuestas brillan por su burocratismo, por su mediación aparente, cuando estos dispositivos forman parte del orden mundial de las dominaciones en el sistema-cultura-mundo capitalista. Este estilo de propuestas y otras como las que se hacen en estas cumbres solo sirven para mantener la expectativa, para dar aliento y esperanza, mientras, efectivamente, cubren el avance demoledor de la frontera agrícola, de la frontera minera, de la frontera petrolera, de la frontera del desierto capitalista, que avanza sin miramientos. Que lo haga un presidente engreído progresista, en una cumbre, se entiende, pues estos escenarios son montajes para mantener la simulación democrática global, aunque también puede servir como calmante ante consciencias desdichadas y atormentadas. Pero, que haya “izquierda” que tome en serio estas retóricas demagógicas, habla de por si de lo incorporada que ya está la “izquierda” en las estructuras de poder local, regional, continental y mundial.

 

Las cumbres, Naciones Unidas y los Estado-nación no son las instancias adecuadas donde se puede encontrar una voluntad, tampoco decisiones y medidas, para remediar el efecto múltiple de la depredación, contaminación y destrucción ecológica. Estos, los espacios de estas cumbres, son lugares donde se va a tranquilizar las consciencias culpables. Donde se lanzan discurso edulcorantes y adormecedores para mostrar a las sociedades que hay preocupación.

 

Las cumbres sociales paralelas acuden a la sede de estas cumbres oficiales de Naciones Unidas, para criticar, interpelar, influenciar, en los gobernantes del mundo. Si bien es apreciable e importante la movilización que se efectúa, es importante por su acción pedagógica, si se quiere, de concientización de las sociedades, sobre todo son importantes como activismos; sin embargo, el límite de todo esto es que los interpelados no son quienes pueden resolver el problema mayúsculo de la crisis ecológica y su problemática. Los organismos internacionales, los Estado-nación, conforman el orden mundial del sistema-cultura-mundo-capitalista. No son organizaciones ni dispositivos, ni tampoco redes, para abolir este orden mundial de las dominaciones polimorfas, que es lo que se requiere para evitar la catástrofe.  ¿Para qué han servido todas las cumbres hasta ahora? Para lavar la cara a las potencias industriales, a la gendarmería del imperio, a la aristocracia y a la oligarquía del imperio, a todos los Estado-nación, que tienen concomitancia en lo que sucede, quiéranlo o no. Algunos gobiernos progresistas tuvieron la habilidad, incluso de mostrarse como contrarios a esta impostura; este es el caso de Bolivia, cuando la contra-cumbre de Tiquipaya, que se denominó I Conferencia de los Pueblos sobre Cambio Climático y Defensa de la Vida, consensuó resoluciones valiosas de alcance adecuado para enfrentar la crisis. Es aquí donde se sacaron resoluciones sugerentes[134]. En cambio, la siguiente ConferenciaII Conferencia de los Pueblos sobre el Cambio Climático[135], que pretendía emular a la anterior, ser su continuidad, llevándose a cabo en el mismo lugar, no hizo otra cosa que una pantomima triste, para lavar la cara a un gobierno progresista y a un “presidente indígena”, gobierno y símbolo, que optaron vergonzosamente por la expansión del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente.

 

Los únicos que pueden salvar al planeta, a la biodiversidad, los ciclos vitales, los ecosistemas, las sociedades humanas, son los pueblos. Está demás decirlo; sin embargo, lo recordamos. No están representados en esta burocracia institucionalizada del imperio. ¿Acaso están ahí, en la Cumbre de Naciones Unidas, Cumbre del Clima de París, la COP21, los pueblos, los colectivos, los y las damnificadas por el cambio climático, por el extractivismo destructivo, nocivo y corrosivo, por la contaminación y depredación, que deja el “desarrollo” capitalista como desechos, residuos; es decir, la huella de su destrucción? No lo están; los pueblos, los colectivos damnificados, las comunidades arrinconadas y despojadas de sus recursos y sus territorios, no tienen sitio en esos lugares de poder. Los pueblos son los grandes ausentes, solo son nombrados, como víctimas, como sujetos de derechos, como soberanos que delegaron la representación en esta burocracia. En esta simulación de democracia mundial, la ausencia nombrada de los pueblos está ahí, como fantasma, para legitimar la destrucción del planeta y de la vida.

 

Ponderando la labor de los activistas, en las cumbres sociales alternativas, es menester observar sus límites; es indispensable que los y las activistas enfoquen también su labor, sobre todo, en activar la potencia social de los pueblos y las sociedades. En coadyuvar a liberar a los pueblos y las sociedades de las ataduras impuestas por las mallas institucionales del imperio, por lo tanto, del orden mundial; compuesto por los Estado-nación, en sus planos de intensidad políticos; por las empresas extractivistas, industriales, de servicios, financieras, en los planos de intensidad económicos. La decisión colectiva, social, política, de parar la marcha al abismo, está en manos de los pueblos; son ellos los que pueden terminar con este juego de muerte, que es el de la acumulación abstracta y sin sentido del denominado capital, que no es otra cosa que contabilidad aritmética de lo que llaman crecimiento y desarrollo; otra idea abstracta y lineal del plano de intensidad económico, cuando, en efecto, en la práctica, puede considerarse, en contraste,  como la cuantificación de la destrucción que provoca esta acumulación.

 

 

 

Hipótesis interpretativas prospectivas

  1. El denominado sistema-cultura-mundo-capitalista, que, obviamente, no se reduce al plano de intensidad económico – por lo tanto, posiblemente se lo tenga que nombrar de otra manera, pues corresponde, a la articulación integrada de múltiples y espesores de intensidad; en concreto, corresponde a la economía política generalizada -, funciona como contra-naturaleza, por así decirlo, como contra-vida, al capturar las fuerzas de la vida y usarlas de una manera no creativa, no vital, sino abstracta e instrumental.

 

  1. Estamos ante un sistema-cultura-mundo capitalista, que articula e integra múltiples instituciones; sean estas económicas, como las empresas, privadas o públicas; sean estas políticas, como gobiernos y Estados; sean estas globales, como los organismos internacionales; sean estas culturales, como las lenguas y las culturas; con la finalidad de adecuarlos como medios a un fin. Éste de la acumulación ampliada e infinita del capital, que supone la reiterada y recurrente acumulación originaria de capital, que es el extractivismo.

 

 

  1. Las dinámicas de este sistema-mundo son, paradójicamente, de destrucción, a pesar de que emergen de la misma vida, de la misma biodiversidad del planeta, de su historia ecológica y social.

 

  1. ¿Por qué pasa esto, tan contradictorio, incluso tan antagónico? No lo sabemos, a pesar de las teorías críticas construidas; cada una de las cuales pretende decir la verdad sobre este fenómeno paradójico. Es ciertamente una responsabilidad Sin embargo, mientras no se sepa, salvo las descripciones denunciativas de lo que acontece, esto no es óbice para que se tenga claro que éste no es el camino de la vida, de la potencia de la vida, de la creatividad de la vida.

 

 

  1. Los defensores del sistema-mundo-capitalista, emitan el discurso que emitan, se apeguen a la teoría que se apeguen, usen los argumentos realistas o pragmáticos que quieran, no pueden reclamar, como a ellos les gusta, ninguna objetividad, ningún pragmatismo, ningún realismo, menos ningún racionalismo, ante las evidencias de las amenazas a la vida y a los ciclos vitales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Expropiación de lo común

Lo común no es estatal ni privado

 

 

 

 

 

 

 

Dedicado a los y las común-istas que luchan por la recuperación de lo común, de lo que es de todos, lucha contra la expropiación privada y pública de lo común. A los común-istas que no requieren de un Partido Comunista para ser común-istas, pues el Partido no es propietario del común-ismo, es otro expropiador del común-ismo como subversión de la praxis. Tampoco la y el común-ista requiere ser marxista para ser común-ista, pues el marxismo ha terminado siendo una expropiación teórica de la potencia social. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lo común no es estatal ni privado, es, como dice su propia definición, común; es decir, de todos, de acceso inmediato, espontáneo, sin precio de ninguna clase, salvo el de la energía corporal. Hablar de lo común como si fuera del Estado o como si lo que es del Estado, es decir, público, fuera lo común, es no otra cosa que una expropiación de lo común por parte del Estado. Pretender en un discurso oficial que es así, que lo común es lo estatal, es un descomedido, también una demagogia desmedida[136]. Eso es precisamente lo que hizo el vicepresidente en el discurso de inauguración de la Conferencia antiimperialista, organizada por el gobierno, en Cochabamba (agosto 2013), con el objeto de apoyar al presidente de Bolivia, por el agravio imperialista, al clausurar el espacio aéreo europeo, a su regreso de Moscú. No se pueden presentar las políticas del gobierno popular como si fuesen una recuperación de lo común. Hay toda una distorsión conceptual y fáctica en todo esto. La nacionalización de los hidrocarburos es eso, una estatalización de los recursos hidrocarburíferos; es decir, una conversión de la propiedad privada en propiedad estatal. En este caso, lo que corresponde a la apropiación privada fuera de boca de pozo, cuando el gas y el petróleo salen de sus bolsones geológicos. Pues la propiedad nominal de los recursos hidrocarburíferos bajo tierra seguía siendo del Estado boliviano, antes de la promulgación de la Constitución. Lo que hace el decreto “Héroes del Chaco” es recuperar los hidrocarburos para el Estado, apropiados privadamente, fuera de tierra.

Después de la aprobación por el pueblo boliviano y la promulgación de la Constitución se establece que la propiedad de los recursos naturales es del pueblo boliviano, ya no del Estado. El Estado es un mero administrador de la propiedad del pueblo boliviano. Empero, este mandato constitucional es el que menos cumple el gobierno. Pues para cumplir el mandato debe entregar esta propiedad al pueblo, debe socializarla, debe consultar todos los pasos que se den, administrativamente, técnicamente y políticamente sobre los recursos naturales. Debe dar paso al ejercicio de la democracia  participativa, de la participación y el control social en la gestión de los recursos naturales. Es lo que menos hace. Ha reproducido no solo la vieja forma democrática administrativa publica, sino que ha reproducido esta forma en su distorsión perversa, prebendal y clientelar. Hay menos Estado en la gestión y control técnico de la explotación hidrocarburífera, que lo que había en las empresas estatales del periodo nacionalista de la mitad del siglo XX; el llamado, por nosotros, periodo heroico del nacionalismo. Menos Estado que antes; en estas condiciones, no se puede presentar esta situación como si fuese gestión de lo común. Esto no solo es un exabrupto, un error conceptual, sino una extravagante utilización política de los hechos.

¿Qué es lo común? Lo común es, por ejemplo, el territorio comunitario, territorio cuya gestión territorial es de la comunidad, gestión ejercida bajo normas y procedimientos propios, autogobierno, libre determinación, instituciones propias. Lo común son los bienes comunes, comenzando por los bienes naturales, la tierra, el agua, el aire, las plantas, los frutos de las plantas, etc. También pueden considerarse bienes comunes los productos del trabajo colectivo; sin embargo, en este caso, median relaciones sociales, estructuras de relaciones sociales, formas de posesión y de propiedad comunitaria institucionalizadas. Formas institucionales comunitarias que también se trasladan a la posesión y propiedad de los bienes naturales.

En las historias de las sociedades, éstas han conformado, en principio, instituciones comunitarias; después, con las transformaciones mismas de las instituciones, han conformado instituciones que podríamos llamarlas “publicas”, en la medida que tienen que ver con la captura del “Estado”, o lo que se va llamar “Estado”; visto retrospectivamente, desde la perspectiva del historia política, aunque no sean otra cosa que aparatos de captura de las representaciones del poder instituido.  Posteriormente las transformaciones institucionales y la estratificación y diferenciación social han conformado instituciones “privadas”. Se puede decir que el conjunto de estas últimas instituciones han legalizado y materializado la propiedad “privada”, así como la propiedad “pública”. En la sociedad moderna, estas formas de propiedad se han extendido considerablemente, con el crecimiento de la población, el crecimiento económico, la estratificación social, el crecimiento de las ciudades, la hipertrofia del Estado. En las llamadas sociedades capitalistas se ha dado prioridad a la propiedad privada, sobre todo empresarial y latifundista; en las sociedades llamadas socialistas se ha dado prioridad a la propiedad pública, sobre todo empresarial y de la tierra, además de los servicios. Ambas sociedades modernas lo han hecho expropiando lo común a las comunidades, a la sociedad y a la madre tierra.

En sentido amplio, lo común entonces no es una propiedad, tampoco una posesión, es un acceso. Acceso de todos a los bienes naturales, a los productos del trabajo colectivo, así como al leguaje, al intelecto general, a los saberes, a las ciencias, a la cultura, que son también bienes comunes. Lo común es de la comunidad, por lo tanto forma parte de la territorialidad o las territorialidades de la comunidad. Lo común nos hace íntimamente interdependientes y complementarios, integrados en el compartir de lo que es inmediatamente accesible, sin mediación alguna, ni costo, salvo el de la propia energía para acceder. Ahora bien, si lo que compartimos, el hecho y la experiencia de compartir, nos hace comunes, al compartir con las plantas y los animales, la tierra, el agua, el aire, el sol, formamos una comunidad biológica compleja y entrelazada. Entonces, las comunidades no sólo se reducen a las comunidades humanas. Las comunidades son comunidades bióticas, si es que no hablamos de otras formas de asociaciones. Estamos hablando de formas de comunidad más ricas y complejas, que exigen formas de correspondencia vitales. En Subversiones indígenas escribimos:

En un hermoso libro intitulado Communitas. Origen y destino de la comunidad, Roberto Esposito desplaza el sentido de comunidad a sus raíces latinas y al origen mismo de lo social y lo colectivo, que no es otro sino el de la exposición, el del circuito inaugural de la donación y contra-donación, del dar y de la deuda: de la reciprocidad y complementariedad.[137] Podríamos decir que la comunidad es una predisposición. Por este camino, también una anticipación, lo previo a la socialidad; pero también lo que la condiciona, lo que la hace posible. Esta socialidad anterior a la sociedad misma, que da lugar a las relaciones sociales, se funda en el socius, un socius que permite la donación absoluta mediante el sacrificio. Este asociado es el animal. El origen de la comunidad arranca en el acontecimiento de este sacrificio. La carne y la sangre que se comparte es la del animal sacrificado. La comunidad se construye en esta exterioridad. La deuda entonces es con el animal. He ahí el misterio. Por eso el fantasma del animal sacrificado persigue al ser humano. Por eso se usa su imagen para apoderarse de su espíritu, vale decir de su fuerza. El animal engullido forma parte de nosotros. La comunidad tiene sus raíces en este sacrificio. Se hace comunidad al compartir la muerte y la carne del animal. La comunidad se constituye en esta exposición voraz. No solamente estamos hablando de una comunidad de caza, tampoco podemos eludir que la misma caza presupone relaciones sociales que sostienen al grupo y a su entorno. No se trata de caer en la banal discusión de qué es lo primero: la caza o el grupo de caza, sino precisamente de salir de este razonamiento causal. De lo que se trata, para eludir estas dicotomías falsas, es de pensar el proceso de constitución de la comunidad, que no deja de estar íntimamente ligado con la caza y la recolección. De lo que se trata es de preguntarse sobre el proceso de constitución de la comunidad, que no es ajeno al proceso de constitución del animal, posiblemente basado en la diferenciación y reciprocidad entre naturaleza y cultura[138].

Esta concepción de la comunidad es religiosa, se basa en el sacrificio. Por más inquietante que aparezca esta concepción de comunidad, muy ligada a la deuda y al compromiso, por lo tanto a la institución, no logra comprender el sentido íntegro de comunidad, el sentido anterior al institucional, anterior al imaginario institucional; este sentido es el de compartir ni siquiera algo, sino mucho, quizás todo; tener entrelazadas las vidas. Este compartir existencias hace a la comunidad. Lo común entonces es la vida misma, en toda su complejidad. En las sociedades humanas este compartir es fundamental, incluso comprendiendo a las instituciones comunitarias, que suponen los imaginarios comunitarios, que posiblemente tengan que ver con el sacrificio, aunque no sólo, pues otras uniones, otras simbolizaciones de uniones, otros mitos de origen fueron posibles. Si se quiere, la comunidad espiritual puede haberse basado en el sacrificio; empero, también había comunidad de caza, de pesca, de recolección, comunidad de artefactos e instrumentos. Sobre todo comunidad por asociación. El sacrificio aparece con los y las diosas, con las fuerzas inmanentes; ¿la hominización tiene que ver con esta aparición o es anterior a la misma? Pregunta difícil de responder; sin embargo, podemos decir que el imaginario de los y las diosas no es el único imaginario que puede haber aparecido; hay otros muchos, los que permite el lenguaje. Si bien las imágenes de animales, plantas y eventos climáticos, hayan sido vinculadas a fuerzas inmanentes, el hecho de compartir algo ha tenido que haber construido imaginarios de este hecho, más vinculados a la complementariedad que con la reciprocidad; la complementariedad tiene que ver con la asociación y la reciprocidad tiene que ver con el circuito del don, con lo  que podríamos llamar la deuda. La asociación, la complementariedad, no necesariamente requiere de un imaginario inmanentista, espiritualista.

Sin embargo, ésta, la del nacimiento de la comunidad, la de “origen” de las instituciones comunitarias, no es la discusión que compete ahora, sino el de la expropiación  de lo común. ¿Por qué lo que es de todos terminó siendo público y privado? Este es el tema en cuestión. Es difícil comprender la expropiación de lo común por lo “publico” si no median las representaciones institucionalizadas. Esto supone que alguien se convierte en el principio de todo, en el dueño absoluto de todo, por eso mismo en el dador de todo, en el concesionario. Este alguien es la representación suprema, el soberano, el absoluto, como principio básico institucional. En la producción de este hecho representativo e institucional juegan un papel importante las castas sacerdotales, así como las consecuencias de la estratificación y diferenciación social, dadas por acumulación “privada”. En el nacimiento de estos aparatos de captura, que después, retrospectivamente, se va llamar Estado, en el sentido amplio de la palabra, no moderno, la expropiación de lo común es el mecanismo de institución y constitución de esta forma de poder, entendido como disponibilidad y monopolización de fuerzas y recursos, de bienes y de cuerpos. Bajo estas formas antiguas de sociedad, si bien no se ha expropiado todo lo que es común, esto es imposible, se ha expropiado lo suficiente como para instaurar el “Estado”.

En las sociedades antiguas también lo “privado” tiene comienzo por el mecanismo de expropiación de lo común. Hay que anotar, antes, de seguir adelante, que esta expropiación “publica” del común es también, al mismo tiempo, una apropiación “privada”. El despotismo, el reinado, la monarquía, no se apropian de lo común sólo de manera abstracta; para concretar esta expropiación se tiene que usufructuar de los bienes; esto no puede sino darse de manera “privada”. El goce y el usufrutuo de los bienes es “privado”.  La diferenciación social, la estratificación, la formación de castas, la formación de “clases”, basadas en familias privilegiadas, distinguidas como nobles, legitimando su dominio y su acumulo de manera “religiosa”, son como las condiciones de posibilidad de estas expropiaciones de los común “publicas” y “privadas”. En las sociedades capitalistas la extensión y generalización de lo privado adquiere no solo características institucionales, propias de la sociedad civil, es decir, de una jurisdicción diferenciada, atingente al comercio, a las transacciones, a las finanzas, a la industria, a la economía en general. En las sociedades antiguas la propiedad “privada” adquiere el carácter de jurisdicción, de ley; en las sociedades capitalistas, la propiedad privada se convierte en la jurisdicción principal; en las repúblicas se convierte en parte de los derechos fundamentales. Junto a los derechos civiles y políticos, a los derechos individuales, el derecho de la propiedad privada es prioritario.

En las sociedades capitalistas también el derecho público es toda una jurisdicción. En realidad, lo público y lo privado adquieren plena realización institucional, se realizan como componentes fundamentales del Estado y de la sociedad civil. Por decir algo, lo público y lo privado adquieren carta de ciudadanía en las sociedades modernas. Pero, ¿qué es lo público y que es lo privado? Son formas instituidas e institucionalizadas de un bien común de todos; empero, representado, mediado, abstracto. Lo público es de todos nominalmente; no se tiene acceso inmediato a éste por parte de todo público, pues se requiere del visto bueno del Estado. Para que se forme lo público se requiere expropiar lo común, se requiere estatalizar lo común. El bien común de todos, lo que debería ser el acceso inmediato de lo común, de acogida inmediata, deja de serlo cuando este todos se encuentran representados en el Estado. En esta representación todos ya no es nadie en concreto, al no ser nadie ha perdido el acceso a los bienes comunes, pues estos bienes ahora están en manos del Estado o en manos privados. Para el Estado el todos es como si llegara desnudo, sin pertenencias, de ninguna clase, desposeído y desprotegido; entonces el Estado se tiene que encargar de vestirlo, de darle pertenencias, de alimentarlo, educarlo, darle trabajo, para que este ser desnudo pueda desenvolverse. Para el derecho privado, que es también el Estado, este todos o su composición de individuos tiene que tener propiedades, tiene que ser propietario, o no es nadie.

La tesis nuestra es que la propiedad pública y la propiedad estatal son formas de propiedad que se conforman sobre la base de la expropiación de lo común. Lo común es de todos y no requiere de requisito alguno, es de acceso inmediato; lo común es como se dice gratuito, no pasa por intermediación alguna, no tiene costo, ni pertenece a nadie. La “consciencia” de lo común, usando este concepto tan comprometedor, atraviesa los tiempos, forma parte de las luchas de las multitudes, de los pobres, de los y las que están contra de esta expropiación de lo común, ya sea a nombre del Estado, de la propiedad privada o de la iglesia. Apropósito, Michael Hardt y Antonio Negri escriben en Common Wealth lo siguiente:

Los franciscanos dan valor prescriptivo al lema Decretum de Graciano – “iure no omni sunt commuinia” (“por ley natural todo pertenece a todos”) – que a su vez remiten a los principios básicos de los padres de la iglesia y de los Apóstoles. “habeant omnia communia” (“por ley natural todas las cosas son comunes”) (Hechos: 2:44) –[139].

El proyecto de lo común es esto, todo pertenece a todos, todas las cosas son comunes. No hay que dar muchas vueltas en el asunto como lo hacen algunos intelectuales académicos, que parecen afligidos por el destino del comunismo. Uno de ellos es Bruno Bosteels, de quien se saca un alusivo libro, El marxismo en América LatinaNuevos caminos al comunismo[140]Libro que corresponde a la compilación de tres capítulos de dos libros del autor; Marx y Freud en América Latina La actualidad del comunismo. El libro consta de tres capítulos: 1) Lógicas del desencuentro: Marx y Martí, Crítica de la obsolescencia; 2) Travesías del fantasmaPequeña metapolítica del 68 en México, La izquierda siniestra; 3) ¿Puede pensarse hoy la actualidad del comunismo? Reflexiones en torno al pensamiento teórico de Álvaro García Linera. En adelante vamos a ocuparnos de estos tres capítulos compilados por la publicación de la Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia. Lo vamos a hacer con breves comentarios, atendiendo al tema que nos preocupa, la expropiación de lo común, por lo público y lo privado. Dejando para después el tratamiento de esta aflicción de los intelectuales por el destino del comunismo.

 

 

Los desencuentros y el fantasma del comunismo

 

Bruno Bosteels comienza con los desencuentros de Marx con América Latina, se centra en las imágenes que tenía José Martí de Marx, de quien escribe un comentario, después de asistir a su funeral, donde se despedían del teórico de la crítica de la economía política dirigentes del movimiento obrero de Europa y de América; despedida acompañada de discursos y recuerdos. Bosteels deja claro que Martí conocía poco de la obra de Marx; empero, al encontrarse con la novela de Martí, escribe:

 

Hay, sin embargo, un lugar inesperado—esta vez en la literatura, más específicamente en la única novela escrita por Martí, Lucía Jerez, también conocida como Amistad funesta (título con el cual primero se publicó en 1885 por entregas en el periódico neoyorquino El Latino-americano) —donde el cubano parece estar resumiendo, casi palabra por palabra, la lógica de las grandes transformaciones sociales que encontramos en Marx[141].

 

En relación a los desencuentros de Marx con América Latina, Bosteels parece inclinarse a la interpretación que hace Álvaro García Linera, que supone que se deben a la falta de información y a la evidente falta de acceso a fuentes de parte del autor de El capital[142]. Dejando de lado la interpretación de José Aricó sobre el tema en cuestión. José Aricó interpretó los desencuentros de Marx por su hegelianismo y por su eurocentrismo[143]. ¿Por qué desechar o relativizar la interpretación de José Aricó? ¿Por qué el endiosamiento de Marx tan notorio en los textos de García Linera, sobre todo en su revisión de los escritos de Aricó al respecto? ¿Por qué no aceptar algo tan evidente a estas alturas, como el eurocentrismo de Marx y su apego al paradigma de la revolución industrial inglesa? Hay por lo menos dos razones; la primera, la competencia de quién está más apegado a las fuentes e interpreta correctamente al padre de la teoría; la segunda, García linera también se encuentra apegado al paradigma de la revolución industrial inglesa. Obviamente son crasos errores de Marx sus apreciaciones sobre América Latina. Lo que no se entiende es si es que tenía tan mala información y no tenía acceso a las fuentes, entonces ¿por qué hacer las afirmaciones que hizo sobre un continente desconocido para él? Querer matizar estos errores con apreciaciones de los escritos posteriores de Marx sobre Irlanda, Polonia, Rusia o la India, después de 1870, donde resalta la cuestión nacional y la cuestión colonial, no es más que encontrar justificativos de errores jamás corregidos. Este tema amerita atención, pues el marxismo parece persistir en no comprender la complejidad y singularidad de las formaciones histórico-sociales del continente de Abya Yala, salvando honradas excepciones como las de José Carlos Mariátegui.

 

¿Cuál es el límite de Marx? Marx no comprende la cuestión colonial, está lejos de articular la indisociable relación de colonialismo con capitalismo, de entender el colonialismo como la matriz del capitalismo, del modo de producción capitalista y del sistema-mundo capitalista. Esta ausencia en la teoría le impide visualizar – su horizonte de visibilidad es menor – los acontecimientos de dominación colonial-capitalista en los continentes de Asia, África y América Latina. Lo que hace es lo que hace todo economista político de su época, proyectar lo que ocurre en Europa al resto del mundo colonizado o, en su caso, buscar un concepto complementario, como cuando se inventó el infeliz concepto de modo de producción asiático, metiendo en una misma bolsa a múltiples y plurales sociedades diversas y diferentes[144]. La hipótesis de la excepcionalidad europea se convierte en su inversión en la hipótesis de la excepcionalidad asiática. ¿Qué mirada tenía Marx de América Latina y el Caribe? ¿Continente atrasado y feudal? ¿Por eso veía con buenos ojos la invasión de la capitalista Estados Unidos de Norte América a México? ¿Pensaba que al llevar el desarrollo industrial a los territorios invadidos y asimilados iba a conformar un proletariado vigoroso, protagonista de la revolución socialista? Si bien no se le puede pedir a Marx una teoría del imperialismo, que viene después de la experiencia monumental de concentración, centralización y monopolización del capital, lo que queda por explicar son estas generalizaciones tan avezadas que hace.

 

El problema del marxismo, como de todo fundamentalismo, es el endiosamiento de las fuentes teóricas. Cuando lo más sensato es entender que son explicables las limitaciones epistemológicas, sin desmerecer los aportes primordiales en la comprensión del sistema capitalista y en el fortalecimiento de las luchas sociales contra el dominio y control del capital. Toda teoría emerge de una experiencia histórica y social, si no accede a otra experiencia histórica y social, es conveniente esperar que esta otra experiencia histórica y social hable por sí misma, para dar cuenta de su propia complejidad. Al hablar de un sistema-mundo capitalista integrado, es indispensable compartir las experiencias de esta mundialización, en la que se tiene como matriz inaugural la colonización, como acumulación originaria de capital, por despojamiento y desposesión. Es el entrelazamiento de experiencias histórico sociales la que permite ampliar el horizonte de visibilidad, por lo tanto lograr una perspectiva adecuada para la formulación de teorías más completas y abarcadoras. Nadie se olvida de que Marx formuló la tesis de la acumulación originaria de capital, empero lo hizo sobre la base de la experiencia europea, no pudo visualizar que la gran acumulación de capital se daba por la colonización o, si se quiere no le dio el alcance que merecía en su teoría a este acontecimiento de la colonización y la colonialidad. Valorar la obra de Marx no implica, de ninguna manera, negar errores y limitaciones, que las hay en toda teoría.

 

En el siguiente capítulo, Bosteels se ocupa del fantasma, no del fantasma que acecha Europa, el fantasma del comunismo, sino del fantasma que acecha a los movimientos subversivos, a los movimientos sociales anti-sistémicos. Este fantasma es el fantasma de la perdida, de la ausencia irrecuperable, perdida de algo que no ha sido poseído. También es un fantasma del pasado, el cual es nuestro presente oculto, fantasma al que no miramos cara a cara, por lo tanto quedamos seducidos y empujados a su espectral y espectacular realización, que no es otra que la festividad de la fiesta y la sangre. Fantasma de nuestros muertos, los estudiantes asesinados en Tlatelolco en mayo del 68, crimen cometido por un ejército y un Estado que no podían permitir que los estudiantes se desliguen de la institucionalidad de la nación. El fantasma ya no es la pesadilla de la burguesía europea, el comunismo, sino son los fantasmas de los mismos insurrectos, así como los fantasmas de los insurrectos muertos, fantasmas que dejan como herencia estos muertos  los que van a asumir la continuidad de la lucha. El comunismo se habría convertido en un fantasma para los propios comunistas.

 

Este psicoanálisis de Bosteels se basa en las “confesiones” de ensayistas y escritores a quienes no deja de atormentar el fantasma de la movilización estudiantil en México del 68, sobre todo por su cruenta represión y truncamiento violento. Entre los ensayistas y escritores se encuentran Revueltas, Octavio Paz, Taibo II. Lo sugerente del análisis es que el fantasma ya no es la pesadilla de la burguesía, el comunismo, sino es el fantasma del fantasma, el fantasma que acecha a los “comunistas”. Los muertos del fantasma. La pesadilla se ha invertido, aunque ya no sea pesadilla, sino la ausencia de los muertos, de los que faltan. La revolución inconclusa, las derrotas, se convierten en fantasmas, atormentan a los “revolucionarios”, no los dejan no sólo dormir, sino no los dejan actuar. El comunismo, que para Marx era la praxis revolucionaria, la acción subversiva, el movimiento contradictorio de la historia, se convierte en una inacción; por lo tanto en una inacción, en la inmovilidad de los “comunistas”.

 

Los textos publicados de Bruno Bosteels no dejan de ser sugerentes en cuanto a detectar el desplazamiento de los problemas que atingen a los “revolucionarios”, a los desplazamientos de las consideraciones conceptuales del antagonismo, de la lucha anti-capitalista y anti-sistémica, la transformación de la revolución, atrapada en el determinismo económico, en una revolución cultural, que expresa el antagonismo contra las formas de expropiación de la autogestión social de las revueltas y rebeliones. Empero, lo que falta es una crítica a ese supuesto “comunismo” de los “comunistas” que los ha llevado a la inmovilidad, en un caso, a la psicosis, en otro caso, y al oportunismo “pragmático” más craso, e un tercer caso. La preocupación por el comunismo queda en una preocupación intelectual de un académico, que busca entender qué pasó y busca encontrar las vetas del nuevo comunismo en las “confesiones” de sus pacientes como buen psicoanalista.

 

Hay, sin embargo, temas insoslayables, Bosteels toca, en el tercer capítulo, un tema delicado, Bolivia, país interior de la geografía y la geopolítica del sistema-mundo capitalista[145]. Hace una apología de los escritos de Álvaro García Linera, el Qananchiri del Ejército Guerrillero Tupac Katari. No escatima observaciones desmedidas a los críticos, conocidos por él, como Raúl Zibechi y José Rabasa, a quienes acusa de falta de seriedad cuando denuncian, estos autores, que lo que hace el gobierno de Evo Morales Ayma y de Álvaro García Linera es destruir las comunidades indígenas. Bosteels desconoce otras críticas hechas desde el país, Bolivia, en el debate abierto sobre el curso que tomaron las gestiones del gobierno “indígena y popular”, además autocalificado de “gobierno de los movimientos sociales”. Asombra esta defensa apologética de un académico, que rehúsa todo el debate histórico en América Latina y el Caribe sobre el tema, las comunidades indígenas. Poniendo, como decimos popularmente, aquí en el subcontinente del sur,  los puntos sobre las íes, éste, el de las comunidades indígenas, es un tema que tiene su propia historia. Llama la atención que sea inexplorado por alguien que escribe sobre la actualidad del comunismo.

 

Para comenzar, una ausencia grave es la ausencia de José Carlo Mariátegui, en la alusión a la discusión no sólo de las comunidades indígenas, sino del marxismo latinoamericano sobre la cuestión colonial y la cuestión indígena. Mariátegui sino es el primero, es el referente del tratamiento, de la reflexión y de la adecuación del marxismo en tierras indígenas, en territorios andinos. Pretender que sea Álvaro García Linera como uno de los primero o connotados “marxistas” que toca el tema de la comunidad, nada más ni nada menos, que desde los cuadernos de Maksim Kovalevsky[146], para un caso ruso correspondiente al siglo XIX, ya es un exabrupto, además de denostar un impresionante descuido de la historia de una discusión. En Bolivia, es el llamado Tristán Marof el que toca el tema en su misiva Tierra para indios y minas para el Estado. Antes que él y acompañando, después, a su misiva, se introduce el tema comunitario en la formación de las agrupaciones anarquistas y marxistas de primera mitad del siglo XX. Estos escritos no hablaban de una comunidad rusa, el MIR, distante, histórica y espacialmente, de la realidad andina, sino de las comunidades indígenas concretas de esta región, que fue el testimonio geográfico de los levantamientos pan-andinos del siglo XVIII.

 

Por otra parte no se puede tomar enserio una evaluación de la actualidad del comunismo, que supone una consideración de su historia, obviando los aportes del marxismo en América Latina, concretamente, en  lo que compete al caso boliviano. No se puede obviar el aporte de Guillermo Lora y del POR, de entonces, en lo que denominó como marxismo de guardatojo, es decir, el marxismo que nace en la experiencia y memoria de la oscuridad luminosa de los socavones mineros. Independientemente, de las posiciones, de las lecturas, interpretaciones que se tenga de la incumbencia política de este marxismo, lo que es apreciable es su singularidad, ser un marxismo del proletariado minero boliviano, además de haber incidido ideológicamente en la consciencia del trabajador minero. La aprobación de la Tesis de Pulacayo y de las Tesis de la COB, incluyendo a su retoma “ideológica”, en el último Congreso, hablan de ello. Con todo lo obrerista que se puede calificar a Guillermo Lora, sus escritos sobre la guerrilla indígena son sobresalientes, al respecto. Ignorar la arqueología del marxismo boliviano es pretender que la historia del marxismo boliviano comienza con Álvaro García Linera, lo que de por sí suena a chabacanería.

 

¿Son textos teóricos los textos de Álvaro García Linera? ¿Por qué ignorar la producción marxista anterior? ¿Por qué no llegaron al poder? ¿Ese es el criterio? En todo caso, puede ser el criterio estatal, pero, es difícil aceptar que sea un criterio académico, de la investigación histórica y política. A estas alturas, no se puede pretender hablar de comunidades indígenas, ignorando las investigaciones antropológicas y de la etnohistoria en la región andina. Aunque no sean investigaciones marxistas, pues el marxismo dejó de hacer investigación sobre estos tópicos; sean estas investigaciones estructuralistas han enseñado mucho sobre la persistencia y estructura de las comunidades indígenas. Ciertamente Álvaro García no ignoraba estas investigaciones, empero las ignora completamente Bruno Bosteels. Sin embargo, Álvaro García no rescata estas investigaciones en su ensayo comunitario, sino que es el cuaderno de Kovalevsky el referente de este enigmático “marxista”. La comunidad rusa MIR es el referente para proponer una vía de defensa de la comunidad como alternativa al capitalismo. Una comunidad vigente en el siglo XIX, seguramente desaparecida con la colectivización soviética en el siglo XX. No son las comunidades andinas concretas, persistentes, a fines del siglo XX, el referente del ensayo comunitario de García Linera. Estos problemas evidentes, sobre todo contrastes, no llaman la atención al investigador sobre la actualidad del comunismo, Bruno Bosteels. Sin embargo, osa afirmar que el aporte de García Linera consiste en esta lectura de los cuadernos de Kovalevsky y su aplicación a la realidad andina del siglo XXI.

 

Si tenemos que reconocer la reintroducción de la cuestión comunitaria, de la vigencia, actualidad y porvenir de las comunidades indígenas, en la contemporaneidad, tenemos que nombrar a Fausto Reinaga; en la comisura de esta contemporaneidad, la nuestra, al movimiento katarista de la segunda mitad de los años setenta, del siglo pasado; así como a Silvia Rivera Cusicanqui, que ya en el inicio de la nueva episteme pluralista en Bolivia, interpela con sus escritos a la sociedad, al Estado y a la “ideología” boliviana; también a Javier Medina, que con la biblioteca de Isbol pone en difusión un conjunto de investigaciones andinas, donde se encontraba como núcleo organizativo el ayllu, la comunidad indígena andina. Después de estos aportes es anacrónico usar los cuadernos de Kovalevsky para referirse a la vigencia y actualidad de la comunidad indígena como alternativa al capitalismo. A no ser que se crea que Marx es una autoridad en estos temas, cosa que no lo era; en todo caso lo era Kovalevsky. Empero, después de Kovalevsky el tema ha sido arduamente investigado, entonces se convirtieron en las referencias obligatorias estas investigaciones antropológicas y etnohistóricas.

 

¿Cuál es el valor de los escritos de Álvaro García Linera, de Raquel Gutiérrez y de Felipe Quispe? Es haber introducido nuevamente el tema como cuestión política vigente, en una coyuntura dominada por el discurso y la “ideología” neoliberal. En un momento cuando el marxismo en crisis, por la caída de los estados socialistas de la Europa oriental, se encontraba en desbande, sin atinar a plantear una resistencia sólida a la avalancha privatizadora. Sin embargo, no hay que olvidar que estos escritos no son solitarios; se dan en un contexto de emergencias. En la selva lacandona, el año 1994, la guerrilla zapatista plantea elocuentemente la problemática indígena, incorporando los temas de la descolonización, de las comunidades indígenas, de la autonomía comunitaria y la autogestión. En Bolivia, a fines de la década de los ochenta y en la década de los noventa, se dan tres proyectos guerrilleros con la misma intención y el mismo discurso, comprendiendo la autocrítica marxista, que tiene el perfil del dialogo indianismo-marxismo. El grupo de la incipiente guerrilla urbana Zarate Willca, el grupo el CNPZ, del ELN y, ciertamente, el Ejército Guerrillero Tupac Katari, de mayor incidencia y repercusión. Más tarde, en este contexto autocrítico y de búsquedas subversivas, el colectivo Comuna replantea el tema comunitario en pleno escenario de la movilización social de 2000 al 2005.

 

Independientemente de la apreciación que se pueda tener de los textos de entonces de García Linera -por cierto Bosteels tiene una apreciación altisonante -, no se puede dejar de considerar el trama de la formación discursiva indianista-marxista que se está conformando. Como se puede ver hay grandes carencias en el texto de Bosteels. No se puede sostener una investigación académica como ésta, sobre todo su interpretación de la actualidad del comunismo en Bolivia, después del conflicto del TIPNIS (2008-2013); cuando se hace palpable la opción del gobierno popular por el extractivismo, por la ampliación de la frontera agrícola, evidenciando su compromiso con la geopolítica del IIRSA, estrategia de dominación geográfica de la burguesía internacionalizada brasilera; cuando el gobierno decide reprimir a las organizaciones indígenas, que defiende su territorio, constitucionalizado; cuando el gobierno popular decide entregar en concesión estos territorios a las empresas trasnacionales del petróleo. Exponer ¿Puede pensarse hoy la actualidad del comunismo? Reflexiones en torno al pensamiento teórico de Álvaro García Linera, en el congreso bolivianista 2013, realizado en Sucre, organizado por la Asociación de Estudios Bolivianos, como si nada hubiera pasado, como si la única realidad fueran los textos de acceso y seleccionados por el autor, ignorando los acontecimientos políticos y las luchas de las comunidades y de los pueblos contra el despojamiento y desposesión capitalista, que son, a decir de Marx, el comunismo como praxis, es ignorar el comunismo emergente, histórico, y concreto.

 

El comunismo para cierta intelectualidad es el fantasma del comunismo, que se encuentra en algunos textos, melancólicos, en un caso, o de convocatoria, en otro caso, empero, des- contextuados de las luchas concretas y efectivas de las comunidades y de los pueblos contra las formas actuales del capitalismo vigente. El porvenir del común-ismo, que en resumidas cuentas, está en manos de los y las que luchan por lo común, por recuperar lo común, expropiando a los expropiadores de lo común, sean lo público o lo privado, se encuentra en la lucha de los pueblos contra la dominación imperial del capital financiero internacional y de las empresas trasnacionales. No hay que buscar este porvenir en los fantasmas que nos acechan, tampoco en las pretensiones discursivas que se consideran la “verdad” de la palabra de Marx, como si esta “verdad” de Marx y de los marxismos no tuviera su propia historia. Cada corriente marxista se ha proclamado como el retorno fidedigno a las fuentes, incluso la nueva izquierda o las nuevas izquierdas lo han hecho, se han presentado como una manera remozada de retornar a las fuentes. En Bolivia como en otros lugares ha ocurrido lo mismo. Últimamente un solitario lector de los Grundrisse se ha proclamado como el “clarividente” que retorna a las fuentes, como nadie lo habría hecho antes. Estamos ante la historia degradante de repetidas pretensiones, que exigen atender a su auto-referencia como núcleo privilegiado de la discusión. Esto no es más que un desgarbado anhelo de poder en el “triángulo de las Bermudas”, triangulo definido por el poder, la verdad y la subjetividad.

 

Que haya académicos que tomen en serio estas veleidades, se debe a que los mismos están embarcados en un viaje nostálgico al pasado del comunismo; empero, insertos en estructuras de poder, que reproducen, en universidades, en foros, en asociaciones, en monopolios editoriales. Poco les interesan las luchas concretas y efectivas de los pueblos, de las comunidades y del proletariado nómada, contra las formas devastadoras del capitalismo vigente. Lo que queda es el escenario donde se protagonicen las exposiciones de las tesis del duelo, de la muerte de las revoluciones, de la convocatoria a los fantasmas; tesis cada vez más desconectadas de la lucha de los pueblos. Lo que resta es la acumulación del capital simbólico, complementario de la acumulación del capital económico.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Marxismo de guardatojo

 

El marxismo debe ser la teoría más conocida y difundida del mundo, la que ha dado lugar a múltiples corrientes teóricas, políticas, de interpretaciones diversas y de diferentes aplicaciones, además de convertirse en institución en los llamados estados socialistas. A comienzos del siglo XX, el marxismo llega a Bolivia desde el sur y desde los puertos. Guillermo Lora anota que:

 

No pocos comuneros perseguidos ganaron las playas latinoamericanas, pero ninguno de ellos llegó hasta Bolivia. Esos luchadores impulsaron el desarrollo del socialismo en diferentes regiones. Sin embargo, de manera indirecta, sobre todo a través del socialismo argentino, influenciaron sobre el movimiento obrero altiplánico[147].

Más abajo aclara que:

Esta teoría nos ha venido de fuera. Entendámonos: durante mucho tiempo el marxismo llegaba de afuera virtualmente empaquetado. En las universidades se repetían mecánicamente consignas y textos y llegaban hasta la costra aristocratizante de los artesanos como dogmas sagrados. Únicamente más tarde, después de los años cuarenta del presente siglo, el método marxista se soldó con la acción creadora de los explotados, lo que permitió vitalizar el árbol reseco de la teoría. Lentamente, a través de tremendas luchas ideológicas, fue elaborándose la teoría de la revolución, lo que con propiedad puede considerarse como marxismo boliviano. Para esto ha tenido que darse las espaldas al marxismo académico y devolverle su carácter de instrumento revolucionario de los explotados[148].

En el balance de la historia del socialismo escribe:

Tres fueron los socialistas extranjeros que mayormente contribuyeron a la estructuración del socialismo boliviano: el argentino Palacios, como social demócrata y reformista de cuerpo entero; el chileno Recabarren, que contribuyó a la formación de muchos dirigentes obreros y Mariátegui que en cierta manera modeló a los intelectuales marxistas. En cierto momento el libro “ 7 ensayos” se convirtió en la biblia de los izquierdistas universitarios[149].

En principio, anarquistas y socialistas influenciaron en las organizaciones de los trabajadores y de los artesanos. El marxismo llegó a las universidades, fue difundido por docentes radicalizados. Después de la guerra del Chaco (1932-1935), con la formación de los partidos marxistas, el POR y el PIR, el marxismo se difunde no sólo en la academia, sino también en las organizaciones obreras. Se puede decir que el POR tiene una influencia “ideológica” en la formación de la “consciencia” del proletariado minero. La aprobación de la Tesis de Pulacayo en 1946 habla de ello. El debate entre los partidos marxistas era el del enfoque temporal de la revolución, una revolución por etapas, que propugnaba el PIR, o una revolución permanente, que propugnaba el POR. En Pulacayo se asume la tesis trotskista, se ratifica esta tesis en los congresos de la COB. ¿Era trotskista el proletariado boliviano? Esta es una buena pregunta, que debemos abordar, independientemente de cualquier inclinación, pues se trata de comprender la dinámica molecular de la clase obrera en Bolivia, en esta primera mitad del siglo XX.

De los mismos escritos de Guillermo Lora se puede colegir que el POR llega a tener influencia “ideológica” en el proletariado minero, aunque no necesariamente orgánica. El POR logra seducir con su tesis de transición y su enfoque de revolución permanente, además de la caracterización del país como capitalista, atrasado y de desarrollo desigual y combinado. De esta caracterización y del enfoque de transición, bajo la concepción de la revolución permanente, se deduce el cumplimiento de las tareas democráticas pendientes contando con el gobierno proletario, de tal forma que el cumplimiento de las tareas democráticas se convierte en el inicio de la revolución socialista. Ciertamente, esta formación enunciativa teórica y política, viene de la concepción y la proyección asumida en la cuarta internacional, vine de la teoría de transición y de tesis de la revolución permanente. Empero, lo que hay que valorar en la conformación de este discurso proletario es su singularidad; se trata de un marxismo de guardatojo, un marxismo que es interpretado desde la oscuridad luminosa de los socavones mineros. Un marxismo que adquiere vitalidad en la interioridad de la mina, en la pugna entre la corporeidad del trabajador minero, las herramientas que utiliza y la resistencia de la roca, que esconde las vetas buscadas. La proximidad constante de la muerte, el encontrarse fuera del espacio-tiempo cotidianos, iluminados por el sol, el encontrarse acompañados por el espesor profundo de una oscuridad entrañable, impregnó a la apropiación del marxismo del vigor minero. La interpelación de los trabajadores mineros a las formas locales del capitalismo dependiente, a las formas concretas de la dominación, de lo que llamaban la feudal-burguesía, de la rosca minera-latifundista, rodeada de abogados y burócratas, la interpelación de estos trabajadores que salían de las entrañas de la tierra, adquiere la misma intensidad del choque de las herramientas contra la roca. Hombres rudos, que despreciaban las dilaciones, los rodeos y las esperas, trabajadores mineros que preferían ir al meollo de la cuestión, optaron por un proyecto directo, continuo, aunque en transición, al socialismo.

Se puede decir que el proletariado minero pensó de esta manera, independientemente de su filiación organizativa, ya sea en el PIR o, más tarde, en el MNR. La idea y la pasión estaban más cerca del POR, que del PIR o el MNR, aunque estuviesen orgánicamente afiliados a estos partidos. Quizás esto no sea tomado por el proletariado minero como una escisión o una disyunción, sino más bien como una complementación. Se podía aprobar la Tesis de Pulacayo; pero, también se podía salir en defensa de Gualberto Villarroel, cuando la alianza de la rosca oligárquica y el PIR protagonizan un levantamiento popular contra el presidente nacionalista (1946). Para el trabajador minero no era incoherente la composición de una actitud y de otra acción. Formaba parte de la combinación de acciones y posiciones en los distintos planos de la “realidad”. Quizás para el proletariado minero no era tan importante pertenecer a un partido u a otro, sino sentirse perteneciente a la clase proletaria minera, que consideraba vanguardia de la revolución. Independientemente de sus filiaciones partidarias, el partido efectivo de los trabajadores mineros fue la COB, conformada en 1952, cuyo núcleo de irradiación era la FSTMB, instituida en 1945.

Se puede decir que el proletariado minero nunca dejó de ser sindicalista, mejor dicho anarco sindicalista. Lo que importaba era fortalecer al sindicato, a la federación sindical, a la central sindical, que eran como las formas orgánicas de la clase. Los partidos eran más bien apoyos, más externos que internos. Mientras los partidos se esmeraban por disciplinar a los trabajadores, los trabajadores usaban los partidos para resolver los problemas que enfrentaba la clase. Para resolver los problemas teóricos y políticos estaba bien la Tesis de Pulacayo; para resolver problemas de representación y delegación podían estar los otros partidos; para la disputa para las direcciones, incluso podían servir como mediación con el Estado, como es el caso del MNR. Es explicable la reelección consecutiva de Juan Lechín Oquendo, pues era presidenciable. También había un reconocimiento afectivo por su valiente defensa de los derechos de los trabajadores. El PIR, en su tiempo, también fue un mediador, entre trabajadores mineros y la intelectualidad radicalizada marxista. El MNR sustituyó esta mediación o más bien amplió esta mediación, al convertirse un partido de gobierno. Cuando apareció el Partido Comunista (1950), sustituyó el vacío dejado por el PIR, cuando éste partido entró en crisis y deslegitimación, después de su complicidad con la rosca oligárquica en el colgamiento de Villarroel. El PC se esmeró en la articulación del proletariado con las otras clases, que hoy llamaríamos subalternas. El PC ofreció una formación menos teórica y rigurosa que la del POR, empero conformó una organización adecuada para las disputas por las direcciones y la representación. Cuando se dividió el PC, en su versión “pro moscovita” y su versión “pro pekinesa”, que era como se los identificaba entonces, la disputa por las direcciones y representaciones recrudeció, bajo el nombre de una supuesta diputa “ideológica”, entre una versión burocrática del comunismo (PC) y otra versión mas bien marxista leninista del comunismo (PCML). Se puede suponer que esta disputa “ideológica” era más sentida en los partidos comunistas, en los militantes, que en el proletariado. Si atendemos a los perfiles de Federico Escobar, militante del PCML, Cesar Lora e Isaac Camacho, militantes del POR,  veremos que estaban más cerca, pues eran elegidos por su consecuencia, por su entrega e indudable convicción. En términos de concepción Federico Escobar estaba más cerca de la Tesis de Pulacayo que de la disputa Chino-Soviética, aunque militara en le PCML. La capacidad organizativa del PCML y su mejor adecuación al trabajo clandestino, en la época de las dictaduras militares, le permitió un mayor control de las direcciones y representaciones, sobre todo en las minas. La muerte de Federico Escobar, si bien no cambió la estrategia del PCML, que tenía fuertes núcleos en las minas, impulsó una proyección más campesinista. A diferencia del POR, los PCs tenían una mayor articulación del proletariado con las otras clases subalternas; en esta perspectiva, consideraron, desde un principio un trabajo militante en el área rural. El PCML le dedicó un esfuerzo mayor a la militancia campesina. Sin embargo, esta estrategia campesinista no tuvo las repercusiones esperadas, pues a pesar de formar un sindicato campesino independiente, y conformar las conocidas UCAPO, con el objetivo de toma de tierras, el PCML no pudo romper el monopolio del Estado y los gobiernos de turno en el sindicalismo campesino. Esta tarea, de autonomización del sindicato campesino, respecto del Estado, será logrado por el movimiento katarista de la década de los setenta[150].

Volviendo al perfil histórico y subjetividad del proletariado minero, podemos decir que el proletariado minero veía las disputas entre los partidos marxistas como un contexto de aprendizaje; empero, ninguno de los partido podían pretender ser el partido exclusivo del proletariado. Como dijimos, este partido orgánico era la COB. La Tesis de Pulacayo, después las Tesis de la COB, que derivaron de la de Pulacayo, fueron como la expresión programática de la clase, organizada en la COB. Los partidos comunistas fueron como las instancias organizativas en la disputa de las direcciones y representaciones, además de articular las alianzas con las otras clases subalternas.

El proletariado minero esculpió en la roca un marxismo de guardatojo. Un proyecto comunista basado en la ocupación de las minas, en la expropiación de los expropiadores, en la autogestión obrera, que se extendía también a la socialización de las grandes empresas privadas. Un proyecto comunista que pasa por el gobierno obrero y campesino, la reforma agraria, la colectivización de la tierra, la revolución industrial, el desarrollo de las fuerzas productivas y, en el horizonte, la integración latinoamericana, que se llegó a llamar la Confederación Socialista de América Latina y el Caribe.

Como se puede observar, una limitante de este proyecto era la cuestión campesina, como llamaban estos discursos marxistas. Este marxismo de guardatojo había emergido de las luchas de los trabajadores mineros, de la experiencia de estas luchas, por lo tanto del saber construido a partir de estas luchas. Empero, toda proyección hecha a partir de esta experiencia a territorios de experiencias de contextos desconocidos u olvidados, pues la raíz de los mineros era andina, indígena y si se quiere, campesina, no era más que una generalización arbitraria. Los marxismos no llegaron a las comunidades indígenas y campesinas. Fueron los kataristas, que emergieron de otra experiencia, del espesor de otra experiencia histórica, quienes interpelaron al Estado y a la sociedad boliviana desde la mirada de las comunidades.

Este marxismo de guardatojo, esta experiencia histórica y política del proletariado minero, este saber insurreccional minero, no se puede desconocer, desde ningún punto de vista, incluso mostrando sus propios límites. La convocatoria a las comunidades indígenas y campesinas no era posible desde este anti-capitalismo y anti-imperialismo proletario; podría haber sido de otro discurso marxista; si es que el mismo marxismo se hubiera descolonizado. Como conocemos, la interpelación al Estado y al capitalismo desde las comunidades indígenas y campesinas emergió de otro lugar, de otra experiencia de las luchas; emergió de la memoria de la guerra anti-colonial y de las luchas descolonizadoras de los pueblos y naciones indígenas originarias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El común-ismo indígena

Hay que aprender de las comunidades indígenas a ser común-ista. Ellas están más lejos que lo que se propuso el comunismo marxista y no lo logró. No sólo está en cuestión la expropiación de los expropiadores, la gran propiedad empresarial capitalista, la gran propiedad latifundista, en dar a cada quien según sus necesidades, como, en resumidas cuentas está en el programa, sino que pone en práctica la comunidad de los bienes, las bondades y los seres de la madre tierra, compartiendo complementariamente con los seres diversos que componen los ciclos de la vida. Lo común para las comunidades indígenas es formar parte de una comunicación, si se quiere espiritual, con los diversos seres de la madre tierra. La comunidad compartida es mayor a la comunidad del comunismo marxista. El común-ismo indígena cuando dice todo es de todos, todos tiene acceso a todo, incluye a todos los seres de la madre tierra. La comunidad territorial, vale decir, la gestión comunitaria, usando términos especializados y técnicos de las instituciones abocadas a estudiar la comunidad, supone una comunicación entre los seres y la complementariedad. Más allá del alcance del equilibrio y la armonía, que es lo que se ha venido diciendo a propósito de lo comunitario, la dinámica molecular de lo común, que es la vida misma, comprende la interpretación entre los seres involucrados y la complementariedad de los mismos.

Que las comunidades indígenas hayan sido desterritorializadas y reterritorializadas por la colonia, primero, y después desterritorializadas y reterritorializadas por la república, pasando por las distintas formas y ciclos del capitalismo dependiente, forma parte de la expropiación de lo común por parte de la estatalización y la privatización, como procesos paralelos de despojamiento y desposesión. Las comunidades indígenas han sufrido ordenamientos territoriales, expropiación privadas de la tierra, institucionalización de la propiedad privada de la unidad campesina, por el mecanismo de una reforma agraria vía farmer; ahora experimentan la ampliación de la frontera agrícola y las concesiones extractivistas a las empresas trasnacionales. Esta experiencia colonial y capitalista es desgarradora, diluyente y fragmentadora; sin embargo, las comunidades indígenas resisten, luchan por sus territorios, por sus derechos, su autonomía, su autogobierno, autogestión y libre determinación, sus instituciones constitucionalizadas.

Este común-ismo indígena no es una utopía, es una resistencia. El enfrentamiento es descomunal; hay que enfrentar a estados extractivistas, a la ampliación de la frontera agrícola por las distintas formas de propiedad privada, hay que enfrentar a las empresas trasnacionales extractivistas, a comerciantes de madera, a comerciantes de todo tipo, que corroen; hay que enfrentar economías políticas del chantaje, circuitos paralelos, coerción, extorsiones y amenazas. Empero, la memoria larga hace recuerdo que con la desaparición de los bosques, la contaminación de las cuencas, la desertificación de los suelos, las comunidades indígenas estarían condenadas a desaparecer. Por eso, la lucha se hace fiera y tenaz. No se puede retroceder, cualquier retroceso es una aproximación a la muerte.

El común-ismo indígena no es una utopía, es la lucha de todos y todas, si no queremos desaparecer, después de la desaparición de las comunidades indígenas. El común-ismo indígena es la prueba de que el común-ismo es posible, siempre fue posible, no había que esperar al desarrollo de las fuerzas productivas, a que las condiciones productivas estén dadas. Esta fue la manera marxista de postergar la recuperación de lo común de su expropiación privada y pública. El común-ismo no es nada más ni nada menos que la recuperación de lo que pertenece a todos y ha sido despojado por lo público y lo privado. Siempre era posible otra historia, una historia de lo común, también una res communis[151], basada en las gestiones comunitarias de los común; siempre fue posible una historia alternativa a la historia efectiva que se dio, la de la genealogía de la violencia, de la economía política del poder, del despojamiento y desposesión de lo común. Esta historia alternativa puede ser retomada en cualquier momento, no se requiere ninguna condición de acumulación, ni de desarrollo de fuerzas productivas; solo se requiere expropiar a los expropiadores. Los común-ismos que se den adquirirán distintas formas, también experimentaran transformaciones en el tiempo, experimentaran historias efectivas; la diferencia de estas historias es que se mueven, se despliegan, se dinamizan, no a partir de la expropiación de lo común, el despojamiento y desposesión de lo común, la captura de la potencia social, sino, al contrario, por la liberación de la potencia social, por la efectuación de la comunidad en sus múltiples formas, por la composición de complementariedades plurales, en todos los “planos” de los ciclos de la vida.

El conflicto del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS) nos muestra la resistencia y la lucha de los pueblos indígenas frente a un gobierno que se autonombró indígena-popular, además de autodenominarse gobierno de los movimientos sociales. Gobierno que debería respetar los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios, constitucionalizados en una Constitución que define el mandato de construir el Estado plurinacional comunitario y autonómico. Esta contradicción tiene su parangón en otras formas de contradicción parecidas; por ejemplo, en la contradicción entre proletariado y gobierno socialista; también entre gobierno nacionalista revolucionario y pueblo. Los gobiernos que enarbolan los símbolos de los cambios terminan atrapados en las estructuras de poder, se convierten en parte de los engranajes de los diagramas de poder, y terminan defendiendo la conservación de estas estructuras. La historia política de las revoluciones nos ha enseñado esta paradoja, las veces que ha podido, las veces que se han dado curso a gobiernos “revolucionarios”. Sorprende que los intelectuales, partidarios de la “revolución”, esperen mucho más de estos gobiernos. Contemplen esperanzado el decurso sinuoso de estos gobiernos, tratando de explicar sus contradicciones, inventando toda clase de hipótesis ad hoc. Son incapaces de observar que la lucha continúa, que la revolución sigue su curso en las luchas concretas de los movimientos que exigen, no sólo el cumplimiento del programa, sino la profundización del proceso político y social. Ven a estos movimientos sociales como radicalismos, como incomprensiones, en el mejor de los casos, como contradicciones en el seno del pueblo, en casos extremos. Lo que no pueden ver es que se trata de contradicciones profundas, contradicciones de la potencia social con el poder. No pueden ver que nada de las contradicciones anteriores se ha resuelto, que no podían resolverse con la llegada al gobierno de los representantes de la revolución. Que este hecho no era nada más que el comienzo de una etapa más difícil. La etapa de la destrucción del poder es una etapa muchísimo más difícil que la etapa de la toma del poder. Bajo estas condiciones subjetivas de los intelectuales “revolucionarios”, se comprende que se dediquen a hacer apología de los gobiernos “revolucionarios”, en vez de esclarecer el lugar conservador que juegan una vez arribados al poder. Están lejos de apoyar a los movimientos que se desatan como parte de las contradicciones del pueblo con el gobierno, del proletariado con el Estado, de las comunidades indígenas con el Estado-nación. Estos movimientos son los únicos que pueden continuar la “revolución”; sin embargo, quedan solos, estigmatizados por el gobierno “revolucionario”, desconocidos por los intelectuales, aislados por las organizaciones afines al gobierno.

Se puede decir que, en estos momentos, en estas coyunturas, donde se evidencian nuevas contradicciones o, mas bien, emergen contradicciones latentes, se manifiestan abiertamente los conservadurismos guardados de los “revolucionarios” en el gobierno y de los intelectuales “revolucionarios”. Incapaces de entender lo que pasa, prefieren dedicarse al duelo, al velorio, a la convocatoria de los fantasmas. Abandonando a los vivos, a los y las que siguen vivos para seguir luchando, dejando que los vivos resuelvan sus asuntos, condenados al silencio o, peor aún vilipendiados. Los intelectuales creen que algo existe cuando los intelectuales se pronuncian sobre ese algo. Son incapaces de comprender que la existencia de los acontecimientos no depende de sus enunciados. Estos son los límites de los intelectuales “revolucionarios”. Hasta aquí llegan. Pueden acompañar la grandeza de las revoluciones, cuando emergen y llegan victoriosas a los escenarios del poder; pero, no pueden comprometerse con el laberíntico decurso de su decadencia; no pueden entregarse a una lucha para evitar su caída; no pueden acercarse a la lucha concreta de los descontentos y descontentas, acompañándolos con la crítica de las nuevas formas remozadas del poder. Claro que hay excepciones, cómo no las va haber; para no hacer una lista larga, solo dando algunos nombres, hablemos de los harringtonianos en la guerra de la independencia norteamericana; los de la montaña de la revolución francesa; León Trotsky en la revolución rusa; el mismo Mao Zedong de la revolución cultural; Frantz Fanon respecto de las guerras de liberación nacional y los estados independientes, también respecto a la descolonización; Ernesto “Che” Guevara en la revolución cubana; Sergio Almaraz Paz en la revolución nacional de Bolivia. Todos ellos vieron los problemas emergentes en la etapa de la construcción; desde sus propias perspectivas y coyunturas intentaron no sólo explicar lo que pasaba, sino también elaborar la crítica y buscar salidas. No se trata de decir que tenían la respuesta, menos la “verdad”, sino que intentaron continuar la “revolución” y su profundización, optando por la crítica y no por la apología como la mayoría de los intelectuales, militantes y funcionarios.

Para muchos intelectuales marxistas es, en cierto sentido, incomprensible la resistencia y la lucha de los pueblos indígenas; sobre todo por su resistencia a la modernidad y al desarrollo, aunque puedan comprender su lucha contra el capitalismo. Para ellos queda todavía un camino largo al comunismo; primero, es indispensable cumplir con las tareas democráticas; segundo, crear las condiciones de acumulación y desarrollo de las fuerzas productivas; tercero, pasar por la experiencia de transición al socialismo; y cuarto, a partir de un determinado momento, pasar del reino de las necesidades al reino de la libertad, el comunismo. Incluso si se interpretan estos pasos de manera combinada y continua, como en el caso de la teoría de la revolución permanente, la condición de acumulación y desarrollo de las fuerzas productivas es indispensable. No pueden ver que el común-ismo es la posibilidad siempre presente; no sólo en el sentido que le da Marx, como la lucha contra el estado de cosas existente, como praxis, sino como recuperación de lo común de los público y lo privado.

Alguien puede decirnos, como que lo hacen casi siempre, que idealizamos a las comunidades indígenas; que, en “realidad”, estas comunidades ya se encuentran atravesadas por relaciones capitalistas, que ya están insertas en el mercado, que ya han sufrido procesos de disgregación y descohesión. En primer lugar, no se ha planteado comunidades indígenas aisladas del mundo y de la historia. Las comunidades indígenas se encuentran insertas en los circuitos mercantiles y comerciales, por lo menos desde la colonia. Lo que se dice es que las comunidades indígenas, con todo, han sabido resistir, mantener la cohesión comunitaria, adecuándose al intercambio y resistiendo a las distintas formas del capitalismo. Incluso pueden haber incursionado en estrategias de acumulación; sin embargo, han contra-restado los efectos de descohesión con el reforzamiento de nuevas complementariedades, consolidando la comunidad. En la peor de las situaciones, la comunidad puede haber llegado a desaparecer como institución jurídica y territorial, sustituida por formas privadas de propiedad y formas sindicales de representación; sin embargo, la comunidad lingüística y cultural es como la memoria estructural, que hace de posibilidad permanente de reestructuración de la comunidad.

Por otra parte, la resistencia y la lucha de los pueblos indígenas no están aisladas, comparten su lucha contra el extractivismo otros pueblos, afectados por la depredación, la destrucción ecológica, la contaminación, sobre todo de las aguas y los suelos, ocasionada por las empresas trasnacionales mineras e hidrocarburíferas. En el continente y en el mundo, los efectos de la explotación extractivista se ha vuelto un gran problema, que atenta a la sobrevivencia de los pueblos. Las movilizaciones contra la gran minería y la explotación petrolera, cada vez son más numerosas e intensas. ¿Qué reclaman estas movilizaciones? El respeto al bien común del agua, del aire, de los suelos y de los bosques. ¿No es esta una lucha compartida? De eso se trata, de recuperar los bienes comunes de la expropiación privada y pública.

La resistencia y la lucha de los pueblos indígenas ha enseñado que el común-ismo no está para las calendas griegas, sino aquí y ahora, como posibilidad latente. Por otra parte, ha enseñado que la historia no es lineal, sino envolvente y de múltiples cursos. En tercer lugar, ha enseñado que es posible el autogobierno, la autonomía y la libre determinación de los pueblos y las sociedades. En este sentido, los pueblos del mundo pueden aprender a “indianizarse”, pueden recuperar los bienes comunes, pueden recuperar sus comunidades latentes e instaurar, contra el capital y el Estado, el común-ismo.

 

 

 

 

 

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los alfiles y caballos del modelo colonial extractivista

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Valgan las metáforas, esta vez la comparación con el ajedrez. Los jugadores de ajedrez sabemos que los alfiles y los caballos son piezas claves en el desempeño del juego. Los alfiles para los movimientos oblicuos y profundos, los caballos para las maniobras en el “terreno” próximo. Usamos esta metáfora para identificar estos movimientos diagonales y estas maniobras “locales” en el campo político y en el campo económico. También sabemos que el gran juego de control sobre las reservas de recursos naturales no renovables es ejecutado por las grandes empresas trasnacionales de la minería y de los hidrocarburos, en intima vinculación con el sistema financiero internacional, los gobiernos de los países de residencia, además de los cipayos nativos de las periferias del sistema-mundo capitalista. Las estrategias de control, de la efectuación del control, el dominio sobre los recursos naturales estratégicos, de parte de las trasnacionales, no podría darse sin la colaboración de agentes del capitalismo internacional, en su versión actualizada; dominio y hegemonía del sistema financiero mundial, monopolio de las empresas trasnacionales, expansión intensa del modelo extractivista e irradiación de la corrupción, incorporando a altos funcionarios de los gobiernos en esta estrategia de despojamiento y desposesión.

En Bolivia, en el llamado gobierno popular, fungen de “alfiles” y “caballos” del modelo colonial extractivista, personajes que hacen gala de realismo político y pragmatismo, además de ventilar a los vientos un enaltecido cinismo. A estas alturas ya no queda duda de lo que se juega en el TIPNIS, de lo que está detrás de la carretera que atravesaría el núcleo del territorio indígena y parque. El mismo gobierno se ha encargado de adelantar que los parques están comprometidos para ampliar las concesiones hidrocarburíferas. Las concesiones a PETROBAS y PDVSA en el núcleo del TIPNIS ya no se pueden ocultar. La carretera era, principalmente, para facilitar la logística de la exploración en el territorio indígena, que, además, cuenta con título comunitario de propiedad, entregado por el propio presidente a las comunidades del TIPNIS el 2009. Esta aseveración no excluye que también se jueguen otros intereses, vinculados a la expansión de la frontera agrícola de la hoja de coca excedentaria, fuera del fortalecimiento de la burguesía comercial de la región, teniendo en cuenta la irradiación de la geopolítica regional de la burguesía internacionalizada brasilera; geopolítica que se traga a una carretera menor en la gravitación espacial de las carreteras transoceánicas, que se orientan al Pacífico.

Sobre todo los “alfiles” desempeñan una labor demoledora de las últimas defensas populares e indígenas respecto del modelo colonial extractivista. La labor de estos “alfiles” es destrozar a las organizaciones indígenas, dividirlas, cooptar a los dirigentes vulnerables, sabotear la democracia comunitaria, confundir, anexar a los colonizadores del polígono siete en la estrategia colonizadora, que no forma parte del territorio indígena del TIPNIS, sino que ya forma parte de la zona de avasallamiento, mayoritariamente titulada en forma privada e individual.  Estos “alfiles” son los agentes del capitalismo dependiente del modelo colonial extractivistas; son los mejores aliados de los intereses de las empresas trasnacionales. Hablan a nombre del “desarrollo”, como antes hablaban otros “alfiles”, esta vez del proyecto liberal, primero, y del proyecto neo-liberal, después; sólo que esta vez lo hacen a nombre del Estado y no de la libre empresa y el libre mercado. Comparando, los “alfiles” nacionalistas son más destructivos, no tanto por los niveles del entreguismo, como lo hicieron los neo-liberales, sino por que presentan  como si fuese  una actitud soberana entregar el control técnico de la exploración y explotación de los recursos naturales a las empresas trasnacionales, como si formara parte del crecimiento económico el expandir el modelo extractivista, ahora a nombre del Estado, de los intereses del Estado, del “progreso” y del “desarrollo”.

Estos tardíos nacionalistas, no pelean el control técnico de la exploración y explotación, de la producción y de la comercialización, como lo hicieron los nacionalistas del periodo heroico; lo que hacen es entregar el control técnico a las trasnacionales, por el procedimiento de los contratos de operaciones. Se contentan con expandir estadísticamente las arcas del Estado rentista. A estos tardíos nacionalistas no se les puede pedir que comprendan que, en la actualidad, el “progreso” y el “desarrollo” son meras ilusiones del capitalismo tardío; que está cuestionado el “desarrollo” y el “progreso”, que se requiere otro horizonte civilizatorio para salir de la dominación colonial del sistema-mundo capitalista. Para ellos, esto es discurso de “jardineros” al servicio de los intereses imperialistas. Esta manera de enfocar la problemática, de parte de los nacionalistas tardíos, devela por lo menos dos cosas; una relativa al determinismo económico, la otra relativa al anacronismo histórico. Primero, su apego al modo de producción capitalista; no tienen en mente otra cosa, para ellos esa es la “realidad”; al socialismo se va por el camino de la revolución industrial, en el mejor de los casos, por la expansión extractivista, en el peor de los casos. Segundo, su concepción anacrónica del imperialismo; tienen en mente la figura difundida del imperialismo antes de la segunda guerra mundial; no han podido actualizar esta figura, no han  podido concebir las transformaciones del imperialismo y del capitalismo. Tienen, en resumen, una concepción de principiantes sobre el imperialismo. Eso les favorece a su política extractivista, que algún ideólogo nacionalista tardío ha llamado, con toda inocencia, geopolítica de la Amazonia. Por lo tanto, se puede concluir, que su discurso anti-imperialista, que lucha con un fantasma del pasado, no con las formas concretas del imperialismo y del capitalismo colonial en la contemporaneidad, es el mejor dispositivo disuasivo de la penetración imperialista contemporánea.

Uno de los “alfiles” ha dicho que la verdad se impone. Se refriere a adelantar con una ley la construcción de la carretera que atravesaría el núcleo territorial del TIPNIS. Ha dicho también que la VIII y la IX marchas indígenas, en defensa del TIPNIS, eran políticas, al servicio de intereses. Se nota que este “alfil” tiene muy poca, escasa, casi ninguna consideración sobre la Constitución. ¿Para qué se ha escrito una Constitución, que es expresión de las pasiones y los objetivos de la movilización general y prolongada de 2000 al 2005? ¿Para regocijo propagandístico y teatral del grupo de poder que se ha montado en la cresta de la ola de las movilizaciones? ¿Para legitimar lo contrario que establece la Constitución, el Estado-nación, el modelo extractivista, el capitalismo dependiente, la continuidad de las estructuras coloniales? Los “alfiles” y “caballos” no parece que reflexionen sobre estos temas; se trata mas bien de consciencias cínicas, a diferencia de las consciencias desdichadas, las que se encuentran desgarradas. En sus actitudes soberbias, empero cada vez menos solventes, se desprende el vínculo que tienen con las empresas trasnacionales,  el modelo extractivista y el Estado rentista. Dice el “alfil” que la carretera se diseñó hace diez años, que ya estaba aprobada; ¿de qué habla? De una continuidad política, del desprecio a las naciones, los pueblos y comunidades indígenas, desprecio epidérmico de las élites gobernantes. Esto no es más que las expresiones crepusculares de la colonialidad. La “realidad” para los nacionalistas tardíos se resume a pocos referentes comunes: Estado-nación, “desarrollo”, que no es otra cosa que capitalismo dependiente, “progreso”, que no es otra cosa que carreteras. Esta escasez imaginativa es la que sostiene la política realista y el pragmatismo, que en el fondo, no son otra cosa que cinismo descarnado.

El problema no es el cinismo, puesto que es un perfil subjetivo; cualquiera, que no se tenga mucho aprecio, puede serlo, si quiere. El problema es que este descaro de la conducta es el instrumento petulante para cubrir la penetración del capitalismo de despojamiento y desposesión, la forma concreta del imperialismo contemporáneo. El problema es que este desplante pedante es hoy la retórica de la colonialidad, despreciativa de lo indígena, de la madre tierra, de las dinámicas y ciclos de la vida. El problema es que con este comportamiento abusivo se vuelve a despreciar al pueblo, a la democracia, a la participación, a la voluntad del constituyente, que es la voluntad del poder constituyente, es decir de los movimientos sociales anti-sistémicos. Estamos ante la efectuación desalmada de las formas grotescas del poder.  ¿La “verdad” se impone? ¿Cuál “verdad”? La “verdad” descarnada del poder que produce “realidades” con el martillo de la violencia, del monopolio de la violencia, simbólica, física y psíquica.

¿Cuál es el costo de esta política extractivista? La destrucción de los territorios indígenas, de los ecosistemas, de los seres y ciclos de la vida, la muerte de la Constitución y del “proceso” de cambio, que se suponía que era descolonizador, anti-capitalista, anti extractivista, en defensa de las naciones y pueblos indígenas originarios, en defensa de los seres de la madre tierra, en la perspectiva del vivir bien,  de un horizonte civilizatorio alternativo. Ciertamente los “alfiles” y “caballos” del modelo colonial extractivista no reflexionan sobre estos temas, pues para ellos la “realidad” no es otra que lo que tiene a mano el poder.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estructuras de poder viciosas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No dejan de sorprender las formas que adquieren las relaciones y las estructuras de poder.  No dejan de sorprender sus desviaciones, si se puede hablar así, pues no se puede suponer, en este caso, un eje normal, aunque pueda haber un eje central, incluso un eje ideal, en esto del ejercicio del poder. Lo que llama la atención es la proliferación de formas no institucionales del ejercicio de poder; por ejemplo, las que llamaremos, a modo de representación, formas viciosas de poder. Se trata de formas perversas, de formas fraudulentas, de formas vinculadas a la coerción, a la presión, al chantaje, a la extorsión. Anteriormente las nombramos como parte de la economía política del chantaje[152]; ahora nos interesa su descripción tópica en lo que se ha venido en llamar la extorsión. Vamos a tratar de hacer un seguimiento de la génesis de esta forma de poder coercitivo, basándonos en la descripción del caso publicitado en Bolivia como red de extorsión vinculada a un grupo de abogados que trabajan para el gobierno, a quienes se otorgó plenos poderes para emplear todos los medios y deshacerse de la llamada oposición. Según versión del gobierno, este grupo de abogados, cuya extensión y alcance todavía no se ha aclarado, actuó por sí mismo, independientemente, de una manera arbitraria, montando una red delictiva, sin contar con ninguna aprobación del gobierno. No vamos a poner en cuestión esta versión oficial, pues formará parte de una de las hipótesis interpretativas de la explicación de la secuencia de sucesos escandalosos que se destaparon. Lo que interesa es develar el funcionamiento de esta forma de poder, su inserción en el aparato estatal y el uso del Estado por grupos coercitivos. En principio, entonces, trataremos de dibujar una suerte de descripción general del nacimiento y de la génesis de estos grupos, para luego proponer algunas hipótesis.

Estos grupos están íntimamente vinculados a los usos corrosivos de la administración de justicia, fuertemente ligada a la corrupción del aparato del poder judicial, en todas sus instancias. Estas circunstancias son ampliamente conocidas por la ciudadanía, sobre todo la que sufrió en carne propia el escarnio del manejo de los largos e interminables procesos judiciales. Entonces, en primer lugar, el nacimiento y la reproducción de estos grupos forman parte de la historia de la administración de justicia. El problema es que parte de la ciudadanía, a pesar de sus condenas y observaciones, veía y ve como cosa “natural” estos procedimientos, como un mal que hay que soportar. Se puede decir que cada gobierno tiene su propia historia vinculada a estas formas de extorsión. Puede ser que se diferencien por una mayor o menor extensión, por una mayor o menor penetración en el gobierno y en la institucionalidad estatal, también puede ser que se diferencien por una mayor o menor profundidad en el alcance de la perversión; empero, lo cierto es que ningún gobierno se ha salvado de esta incidencia demoledora. Entonces, no hablaremos de un nacimiento, sino de varios renacimientos, dependiendo del periodo, del contexto, de la coyuntura. Lo problemático es que ahora reaparece el ejercicio del poder colateral y paralelo en las fases de un gobierno que proclamó la lucha política contra la corrupción, incluso conformó un ministerio de transparencia y lucha contra la corrupción.  La historia efectiva parece vengarse de estas pretensiones y pone a prueba al gobierno ante las magnitudes alarmantes de la expansión de la corrupción, de la economía política del chantaje, de las formas de coerción y los procedimientos de extorsión. ¿Por qué sucede esto?

Una causalidad de este fenómeno puede encontrarse en el control casi absoluto del poder, refiriéndonos al control de los órganos del Estado y del mapa de toda su institucionalidad. Obviamente no el control de la potencia social, pero sí del poder como usurpación de la potencia social. Este control y  monopolio del poder induce a la certeza, equivocada, por cierto, de que este control y monopolio otorga impunidad, pues los operadores y los que dan órdenes sienten estar suspendidos sobre las propias limitaciones institucionales y sociales. Si se controla la justicia, se controla la legalidad de lo que se hace, aunque lo que se haga sea una administración de ilegalidades. Si se controla el órgano legislativo, se controla la legitimidad, aunque lo que se haga sea ilegitimo; por ejemplo, las leyes y las acciones gubernamentales respeto de la Constitución. Si se controla el ejecutivo, se controla la construcción de la decisión política. Si se controla el órgano electoral, se controla la posibilidad de reelección y del manejo electoral. Entonces, este monopolio da la sensación de un poder desmesurado, lejos del alcance de los mortales. En estas condiciones se puede creer que los que dan órdenes, los administradores, los operadores, los ejecutores, son inalcanzables. Se piensa que aunque afecte, lo que se haga, a la institucionalidad y a las normas, se trata de procedimientos necesarios en la lucha contra la oposición y la permanente conspiración. Quizás se apueste a que después se busque una corrección de esta desviación momentánea, de este recurso externo en la lucha política, quizás se crea que después se puede enderezar de nuevo la distorsión. Esto es notoriamente una equivocación, a la luz de la experiencia en distintos regímenes. Estas prácticas se vuelven una costumbre, terminan formando parte de los bordes y del propio funcionamiento institucional, en la medida que su porosidad lo permite. La apuesta “momentánea” o “coyuntural”, si se quiere, de “emergencia”, de estas prácticas es altamente peligrosa, pues estas prácticas responden a sus propias “lógicas”, a sus propias redes, a sus propias estructuras de poder. La excepción no sólo confirma la regla, sino que se empieza a volverse la regla.

Es posible que sea esto lo que ha sucedido en gran parte de la secuencia de hechos coercitivos y de extorsión develados. La lucha beligerante contra la derecha, durante la primera gestión de gobierno, llevó, en un determinado momento, a optar por procedimientos y recursos de emergencia, usando el monopolio de la violencia legal del Estado. Cuando se optó por la elección de estos recurso no se comprendió, en su debido momento, que son los mismos procedimientos de todos los gobiernos a los que se criticó, que, en la medida, que se utilizaban estos dispositivos se caía en lo mismo de todos los gobiernos, en esa zona incierta y arbitraria de la efectuación de la violencia simbólica y física del Estado por las vías no-institucionales. No se comprendió que al hacerlo se reproducía el carácter canalla de la dominación y el carácter perverso del usufructo del Estado. Al no caer en cuenta que con estos condicionamientos distorsionantes se termina avalándolos. Lo que ocurre después es que el gobierno termina atrapado en el desenvolvimiento de estas prácticas y estas relaciones colaterales, en la incidencia perversa de estos grupos, que ya se han convertido en redes.

Esto pasa cuando se comprende a la política como definición del enemigo, cuando termina la política siendo la continuidad de la guerra[153], la política como hostilidad. La exacerbación de esta comprensión fue llevada a cabo por dos expresiones acentúas de la política como práctica de combate; primero, por parte de una cierta interpretación “leninista”, interpretación llevada al extremo de la reinvención del enemigo, incluyendo a los enemigos internos, configurando el discurso de depuración estalinista; segundo, por parte del nazismo, que llevó a la definición del enemigo como enfermedad contaminante al interior mismo de la sociedad. Analogía de extremos opuestos aprovechada por Carl Schmitt en su análisis de lo político[154]. Obviamente no son lo mismo, el “leninismo” y el nazismo,  ni los estamos acercando, son expresiones histórico-políticas diametralmente diferentes, empero, que al llevar al extremo las consecuencias de esta forma de ejercicio de la política, terminaron involucrados en descomunales desbordes de violencia, que podríamos decir se llevaron a cabo de una manera incontrolada, aunque ejecutadas con una fría racionalidad instrumental. Esta observación, relativa a la política como hostilidad y la peculiar interpretación de Schmitt, la hace elocuentemente Jacques Derrida en Políticas de la amistad[155]a partir de una mirada deconstructiva.

Sin embargo, no estamos hablando del desencadenamiento de la violencia a partir de la comprensión de la política como hostilidad y antagonismo, sino de la manifestación de una forma de violencia que se ha venido en llamar extorsión. La ex-torsión es una expoliación; se trata de un procedimiento forzado, de una presión, de una coerción, de un chantaje, que viene de un exterior a un adentro corporativo. Este exterior no es propiamente institucional, no está normado, aunque sí puede estar regulado. En esta forma de poder, el enemigo es visto como objeto de extorsión, como materia de expoliación; en estas condiciones, el enemigo no tiene derechos, sus derechos se suspenden en el momento que entra en contacto con los extorsionadores. Esto concurre secretamente, en la oscuridad de los recovecos y de los intersticios laberínticos de la frontera porosa entre Estado y sociedad, en las líneas discretas, discontinuas, que hacen de delimitaciones inciertas entre lo público y lo privado. Las víctimas de la extorsión tienen perfiles variados; pueden ser desde infractores hasta inocentes, pueden encontrarse en pleitos con el Estado o ser simplemente afectados por la irradiación de estas modalidades, aunque no hayan incurrido en “delitos”. Pueden ser propietarios, empresarios, deudores, empleados, trabajadores, pequeños propietarios, comunarios, campesinos o sin tierra. Pueden ser hombres o mujeres. Pueden ser opositores o partidarios. La extorsión es amplia y flexible, puede incluso extenderse a gran parte de los ciudadanos y ciudadanas. Aunque, de alguna manera, se puede decir que los extorsionadores tiene cierta inclinación por los adinerados, mucho mejor si éstos se encuentran vulnerables.

En el caso boliviano de la llamada red de extorsión parece haberse ido lejos, sobre todo porque los abogados involucrados gozaban de plenos poderes, además de estar acompañados por el uso de destacamentos policiales, lo que los convertía en pequeños “déspotas”, que se encontraban en una zona de excepción, donde se suspenden los derechos fundamentales. ¿Importa saber el alcance y la extensión de esta red de extorsión? Ciertamente sí; pero, lo que también importa es anotar que sólo el hecho de haber permitido que existan unos dispositivos de poder de esta índole compromete la propia legitimidad y legalidad del gobierno, sobre todo teniendo en cuenta la Constitución. Lo que importa es comprender la incidencia corrosiva de estas prácticas en la institucionalidad estatal.

No se trata pues de un caso aislado, como pretende la versión oficial. El problema es que se trata de procedimientos extendidos, que tienen su propia historia, procedimientos avalados por el gobierno, que gozan con permiso, aunque el permiso no alcance a las iniciativas propias que puedan tomar los extorsionadores. El problema es que la existencia de estos grupos  “externos” e “internos”, ya da lo mismo a estas alturas, era conocida por las autoridades que avalaron con cartas y ordenes el funcionamiento de estos grupos. El problema es que el escándalo estalla recién, a consecuencia de que una de las víctimas es un extranjero, un empresario norteamericano, con influencia. El problema estalla por presión de los dispositivos políticos y diplomáticos con que cuenta la potencia de la que es coterráneo la víctima. Si no hubiera sido investigado el caso por servicios de inteligencia policiales de esa potencia, si no se hubiera presionado al gobierno, quizás los involucrados, hasta ahora, seguirían gozando de la libertad para efectuar sus acciones perversas. El problema es también que hasta el momento la afectación incriminadora sólo ha comprometido a los operadores, empero se cuida, con mucha cautela, a los que avalaron estos dispositivos de coerción “externos” y de emergencia.

De todas maneras ya estalló el escándalo, de alguna manera difundido por los medios de comunicación, contando con declaraciones de autoridades gubernamentales, además de acusaciones y condenas de la llamada oposición, contando también con la participación y reclamo de instituciones como la Defensoría del pueblo y Derechos Humanos, fuera de otras instituciones y organizaciones de la sociedad civil. Empero, lo que no hay que olvidar es que este problema es una contrariedad estructural; no es un problema que atinge a este gobierno, sino al Estado-nación mismo, sin pretender, de ninguna manera, salvar de responsabilidad al gobierno vigente. El develamiento de los secretos recovecos de la administración de justicia y de los pasillos opacos del Estado, es una oportunidad para la manifestación movilizada de la sociedad contra estas formas viciosas de poder. La reacción ante el escándalo no puede circunscribirse  a la denuncia de los medios de comunicación, menos al desahogo de la oposición, sino tiene que abrirse a la participación y al control social. Es una oportunidad para la interpelación social a las formas ambivalentes del Estado-nación y de las formas de gobierno colaterales, además de ser una oportunidad para las búsquedas del ejercicio participativo, de transparencia y de control social. La sociedad no puede permitir la existencia de este tipo de grupos y de redes colaterales, pues no sólo atentan contra los derechos fundamentales y el ideal de la institucionalidad, sino que terminan convirtiendo a la propia sociedad en rehén de estos grupos y formas de poder perversas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hipótesis de interpretación

Hay varias hipótesis o conjeturas que se han puesto a circular a propósito de la explicación de la llamada red de extorsión; hipótesis de sentido común, hipótesis políticas, hipótesis económicas, hipótesis con pretensiones históricas, hipótesis culturales. Hay de todo, para escoger, incluyendo las hipótesis relativas a la teoría de la conspiración. De las hipótesis de sentido común quizás interese esa que se enuncia en esa frase conocida de que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Quizás un tono de esta hipótesis se ha hecho sentir en nuestra propia descripción, cuando decimos que el monopolio y el control absoluto del poder, absoluto en el sentido de mayoría absoluta o, mejor dicho, de la mayoría de los 2/3, dio lugar a la ilusión de impunidad, a una certeza de la condición de aparente invulnerabilidad que otorga el control total del poder. Sin embargo, este enunciado no podría entenderse si no se comprende, al mismo tiempo, de qué relaciones, estructuras y diagramas de poder se está hablando. No se está hablando de los diagramas disciplinarios y de los diagramas de control instaurados en la modernidad, como parte de la genealogía de sus instituciones y de la formación del Estado-nación, sino de otros mapas de poder. Hablamos de una cartografía de poder singular, aquella que está vinculada al ejercicio de gobierno, a la efectuación de gobierno en sentido práctico, utilizando los mismos mecanismos institucionales para ejercer una dominación anexa. Estamos hablando del gobierno sobre los hombres y las mujeres, también del gobierno sobre las cosas, entre estas del gobierno sobre los circuitos monetarios. El gobierno de los hombres y las mujeres, el gobierno sobre las cosas, el gobierno sobre los circuitos monetarios, viene acompañada por sus posibilidades de distorsión; no por el manejo de las fuerzas y su conducción estratégica,  sino por el manejo de las fuerzas y su distorsión “táctica”, desviada según el interés privado, en este caso de atesoramiento dinerario. El ejercicio del poder se usa para el beneficio privado de ciertos grupos, para su enriquecimiento llamado “ilícito”. En este sentido el ejercicio del poder se efectúa de la manera más pedestre y vulgar.  Se trata del imaginario más antiguo del botín; el poder, el Estado, el gobierno, son mirados como botín de guerra. Es como una costumbre; antes lo hicieron otros, ahora nos toca a nosotros. Esto ocurre por una desmesura del ejercicio del poder, ejercicio por cierto no democrático, aunque se usen instrumentos democráticos, como la validación electoral. Esta desmesura tiene que ver con la condición oculta de la excepcionalidad; se trata de comportamientos que se basan en el Estado de excepción, en la situación de emergencia, en el argumento de la seguridad del Estado, en el secreto de Estado. Todo Estado moderno ha recurrido a esta condición excepcional una y otra vez cuando supuestamente han visto el peligro para el Estado.

Ciertamente hay distintas figuras de esta condición de excepción o, mas bien, distintas consecuencias de esta excepcionalidad. Nos interesa ahora las más perversas, las que ven por conveniente extorsionar a enemigos, a opositores, a supuestos conspiradores, a quien sea, por razones de Estado. La extorsión se convierte en un sistema, por así decirlo o, si se quiere, es un subsistema de un sistema mayor, que es el relativo al diagrama de poder de la corrupción. Es un procedimiento forzado para reunir dinero para el partido, aunque este dinero termine controlado por unos grupos, otros grupos, quizás no los mismos de los operadores. Las formas de distribución pueden variar, empero lo que importa es el argumento usado; el Estado puede “expropiar” riquezas, parte de las mismas, en beneficio supuesto del propio Estado. Estos “métodos” no tienen nada que ver con las nacionalizaciones, que son mas bien medidas populares de recuperación de soberanía. Estos “métodos” tienen que ver  con el interés de la élite gobernante. Para comprender esta situación hay que entender que el Estado no es una abstracción, es un campo burocrático, es un mapa institucional, es una estructura de poder; pero, además de todo esto, está manejado por grupos específicos, que cuando están en el poder no escatiman nada para lograr sus objetivos de la manera más práctica y expedita, por así decirlo. Que unos gobiernos lo haga de una manera más torpe que otros, más extensa que otros, es otra cosa, lo que no hay que perder de vista es que la desmesura de poder como que posibilita la maniobra de gobierno en este sentido, el encaminado por la distorsión de las prácticas.

El liberalismo ha tratado de escapar de la desmesura del poder distribuyéndolo por poderes independientes, buscando una suerte de equilibrio de poderes, de pesos y contrapesos, una política de balances; empero, la paradoja evidenciada es que precisamente los regímenes liberales se ven como compelidos a enfrentar la corrupción que atraviesa los poderes de una manera invisible. Por eso estos regímenes tratan esforzadamente de mantener una cierta independencia del poder judicial, quizás como último recurso de defensa del modelo ideal. Con esto no decimos que otras clases de regímenes escaparon a las paradojas del ejercicio práctico de la política; al contrario, terminan envueltos en formas más visibles de estos manejos colaterales del poder.

De esto no se puede deducir que no se pueda escapar a la condena de la corrupción, que siempre ha acompañado al poder, que es inherente al mismo, que el mal es atingente al humano, que se inclina por la maldad. Esta hipótesis moralista es insostenible, aunque ha sido usado en las teorías del Estado. El mal se convierte en una especie de sustancia o causa, como la figura del demonio en las religiones, que sustituye a las estructuras y relaciones de poder en la explicación de las manifestaciones perversas. El problema no radica en la existencia de una sustancia o esencia metafísica que inclina al humano a la satisfacción egoísta por cualquier medio al alcance, sino en la conformación de formas de poder, que no son otra cosa, que formas de dominación, que indudablemente no son democráticas, aunque se efectúen a su nombre. El ejercicio privado del poder, en manos de élites y de grupos, aunque se lo efectúe a nombre de lo público, deriva en esta desmesura de poder que abre la posibilidad a la maniobra aviesa.

Se puede decir que a mayor institucionalidad mayor control normativo y administrativo, para cuidarse de caer en manejos prebéndales, clientelares, patrimoniales del poder. Puede ser; pero, no se puede decir que la mayor consolidación institucional ha abolido la corrupción. Ante lo que podemos proponer que, en relación al problema anterior, a esta relación desbordante entre poder y corrupción, se añade el agravante de la expansión y el dominio de estas formas viciosas de poder cuando la institucionalidad es corroída por estas prácticas colaterales. Esto parece ocurrir cuando se pierden los equilibrios de poderes, los pesos y contrapesos, en los regímenes liberales. Ya hicimos notar que esta no es una solución histórica, sino mas bien un tipo de administración de equilibrios, donde se termina conteniendo y controlando la corrupción, en el marco de ciertos límites. Pero, el problema no desaparece. Al respecto, no hay que olvidar que el Estado-nación forma parte del régimen liberal, forma parte de este confín político, de manera desenvuelta, es su expresión más acabada.

A la desmesura del poder se suma la desmesura del usufructo privado, del manejo grupal, de la desviación en beneficio particular, altamente extensible cuando se  pierden los bordes, la estructura y el funcionamiento institucional. En este caso estamos ante una forma de régimen que ha convertido la excepcionalidad en una conducta política. En esta situación no solamente los operadores se hallan atrapados en estas “lógicas” perversas del ejercicio del poder, sino todos los que ejercen poder, aunque lo hagan de una manera no-consciente, ilusionándose con que cumplen con un comedido distanciamiento mediante una división del trabajo; la tarea sucia a los operadores, las tareas limpias a los gobernantes. No hay tal cosa, todos se encuentran envueltos en los circuitos desmesurados del poder, atrapados en la irradiación corrosiva de estas prácticas colaterales.

¿Cómo escapar de este estado de cosas corrosivo, de esta situación colateral invasiva? Cuando estallan los escándalos es mejor ir al fondo, en vez de limitar el alcance de los involucrados a los operadores. Ante esta disyuntiva se tienen por lo menos dos alternativas; una de ellas tiene que ver con las reformas institucionales, que buscan modificar las instituciones conformando sus funcionamientos en sentido democrático, más participativo y transparente; la otra, tiene que ver con la opción por una revolución cultural que afecte prácticas, conductas, comportamientos y mentalidades.  No escoger ninguna de estas alternativas, limitando el alcance de la afectación a un grupo de los involucrados, no es más que diferir una descomposición y desmoronamiento, creyendo que se pueden guardar los secretos y buscar soluciones acordadas.

Una de las hipótesis políticas que ha circulado es la que está ligada a la teoría de la conspiración; ha sido vertida tanto por el gobierno, en el sentido de que el escándalo desatado ha sido tramado por agencias de inteligencia internacional para desacreditar al gobierno, así como por otros voceros, no necesariamente oficiales, que consideran el decurso de una conspiración al interior del propio gobierno. Aunque la forma de estas versiones resulte un tanto simplona, repite chabacanamente las tesis de la conspiración. Es insostenible esta hipótesis, se desmorona ante las evidencias, la secuencia de los hechos y la génesis de estos procedimientos auxiliares de los gobiernos. Pueden haber grupos que calculan las consecuencias de sus acciones, pueden haber grupos que intrigan, tanto dentro como fuera del gobierno, tanto internamente como externamente, incluso, si se quiere internacionalmente; empero, estas actitudes y predisposiciones, no explican fenómenos como los relativos a la corrupción, a la economía política del chantaje, al uso de la coerción y de la extorsión. Estamos ante la fenomenología de relaciones, circuitos, estructuras de poder colaterales y paralelas. Este tipo de hipótesis, en vez de aclarar estos fenómenos del ejercicio del poder, lo que hacen es oscurecerlos, transfieren la explicación a una supuesta causa omnipresente, la conspiración, a la presencia de grupos de poder, que aparentemente lo controlan todo, controlan todas las variables, convirtiendo a los conspiradores en una especie de superhombres capaces de conducir la historia. Aunque existan estos grupos y busquen incidir en la secuencia de los eventos, estos grupos son mas bien parte del ejercicio de estructuras y relaciones de poder.  El accionar de estos grupos no escapa al juego de las fuerzas en el campo político. En lo que respecta a las prácticas colaterales y paralelas, ocurre algo que puede parecer extraño, hasta paradójico; los grupos operadores de la economía política del chantaje terminan enredados en sus propias tramas. Si nos diéramos una figura para representar este fenómeno, podríamos decir que se parece al de una araña atrapada en su propio tejido. La economía política del chantaje forma parte de la economía política generalizada, aunque lo haga de una manera distorsionada; entonces termina reproduciendo el sistema generalizado de la economía política, sistema que no controlan los grupos “externos”, paralelos y colaterales a la institucionalidad, que no controlan, por cierto, los conspiradores.

Una hipótesis histórica, que también puede ser tomada como hipótesis económica, que se ha usado, es la que atribuye al capitalismo la “naturaleza” de la corrupción. Esto puede ser relativamente cierto, empero habría que ampliar el panorama. Antes del capitalismo había corrupción, aunque se haya dado de otra forma y quizás de una manera menos intensa. También en los estados del llamado socialismo real se ha dado la corrupción, incluso, a veces, de manera alarmante, guardando la excepción de algún país, que ha tratado de compensar estas contingencias con la moral revolucionaria. Entonces la corrupción es un fenómeno más viejo que el capitalismo, incluso vuelve a reaparecer en las transiciones al socialismo. En Bolivia y Ecuador vuelve a reaparecer en complicadas, diferidas, formas retardadas de transición al Estado plurinacional, aunque sólo lo usen de nombre. Ante esta genealogía de la corrupción, parece más adecuado usar la hipótesis de la desmesura del poder y asociar mas bien la corrupción con el Estado, aunque sean los circuitos del capitalismo los que expandan y proliferan este fenómeno colateral y paralelo.

Una de las hipótesis culturales usadas para explicar el fenómeno develado de la llamada red de extorsión, es la de la cultura política. En Bolivia no habría una cultura política, se daría mas bien una especie de incultura política, una suerte de cultura de la corrupción. A los ojos de los pregoneros de este tipo de hipótesis nos convertiríamos en el país más corrupto del mundo. De alguna manera se ayudan, a pesar de no validar el extremo de su interpretación, con los famosos indicadores de la corrupción que sacan organismos internacionales. Lo que pasa que estos organismos internacionales se olvidan notoriamente de introducir en sus cálculos a los mecanismos de coerción de las  potencias del orden mundial imperial, a las empresas trasnacionales y al propio sistema financiero internacional. Si lo hicieran cambiarían los lugares de las estadísticas. En esto hay un jueguito de legitimación cuantitativa de las formas de dominación colonial y neocolonial, de las grandes corporaciones, gravitantes, auspiciadoras de formas paralelas de cooptación de funcionarios públicos y de “métodos” efectivos de garantizar inversiones. Hay pues una hipocresía denodada en estos organismos internacionales y en estos cálculos supuestamente objetivos.

La hipótesis concreta que vamos a usar, desprendida de las tesis e hipótesis que hemos expuesto descriptivamente, relativas a la desmesura del poder, es la siguiente:

Durante el decurso de la primera gestión de gobierno, menos en la segunda gestión, no se desmontaron las redes, los circuitos, las estructuras de la economía política del chantaje, en la que se encuentran las formas de ejercer poder paralelas y colaterales; al contrario, se han ampliado y extendido con nuevos aprendices. Uno de los nudos gordianos de estos circuitos y recorridos de corrosión se encuentran indudablemente en la administración de justicia, la misma que se hallaba ya atada al ejecutivo desde antiguos tiempos republicanos, ataduras ahondadas ahora por el control y el monopolio absoluto del poder. Otro de los nudos gordianos, quizás el más gravitante, se encuentra en el mismo aparato estatal, sobre todo en los ministerios que tienen que ver con el orden interior y de gobierno. Hay otros nudos, que tienen que ver con las contrataciones de bienes y servicios, con las adjudicaciones de obras, con las concesiones, etc.; empero, sólo observando los recorridos y lazos entre los dos nudos mencionados, justicia y ministerio de gobierno, espacio de circuitos que puede ser ampliado a los nudos ciegos de los dispositivos institucionales de lucha contra la corrupción, incluyendo incluso a los dispositivos de contratación de bienes y servicios, vamos a ver que la concomitancia y complicidad de estos nudos termina expandiendo e intensificando las prácticas paralelas y colaterales del ejercicio del poder a casi todo el mapa institucional. Por eso, no es sorprendente que el escándalo se haya sucintado en estos corredores de la zona indefinida de relaciones paralelas de un núcleo gravitante de la esfera estatal.

De todas maneras, tal parece que esta llamada red de extorsión no se ha limitado a la zona de los nudos gordianos mencionados, sino que ha abarcado más terrenos, tiene un espaciamiento mayor, hay más ministerios comprometidos, en la incidencia y circuitos de irradiación de las prácticas colaterales. Para visualizar el alcance de la extensión se puede tomar en cuenta el efecto de los avales a los grupos de extorsión para proceder sin límites, además de contar estos grupos con el acompañamiento de destacamentos policiales, su propio aparato de represión. Volvamos a la pregunta, ¿cuál es el alcance, la extensión, la intensidad y profundidad de este fenómeno? No lo sabemos a ciencia cierta, empero, se puede lograr una estimación intuitiva por efectos de irradiación de estas prácticas de chantaje. Sin embargo, tampoco parece que el gobierno está dispuesto a destapar la olla. Sólo parece estar dispuesto darle un alcance limitado a la definición del espacio de los involucrados.

Ahora bien, al respecto de la solución sancionadora, hay en el aire como un espíritu de venganza en mucha gente, tanto del gobierno como fuera del gobierno, incluso en gran parte de los ciudadanos. Todos creen que con esto, con sancionar y castigar, se resuelve el problema, encerrando y escarmentando a los involucrados; cuantos más aparezcan mejor. El problema de la corrupción no se resuelve encerrando, encarcelando, vigilando y castigando. Los vacíos que queden en la malla de los circuitos colaterales van a ser llenados por otros. El problema es estructural. Mientras no se desmonten estas estructuras, redes, circuitos paralelos y colaterales del ejercicio del poder, la fenomenología de la corrupción no es afectada en su propia circulación, no tiende a disminuir cualitativamente, menos tiende a desaparecer. Mientras se ejerza el poder de una manera no democrática y transparente, es decir no participativa, tal como lo exige la Constitución, las consecuencias perversas de la desmesura del poder reaparecen, se reproducen, se expanden y se intensifican, moviéndose holgadamente en los espacios que abre el usufructo privado del poder.

Haremos una anotación más, en relación a la concepción de la política como hostilidad. Vamos a retomar la crítica de las feministas radicales y de-coloniales; ellas plantean que el problema de la reproducción de las dominaciones, en el ejercicio de la política, se sostiene en ese paradigma de la política que se constituye definiendo al enemigo. De lo que se trata es de salir de este círculo vicioso de hostilidad, ir más allá de la política, construir una alternativa a la política, abrir otros horizontes de la cohesión social, ir más allá de las políticas de la amistad. Un más allá de la política no basadas en el sustrato de la fraternidad masculina, base del Estado patriarcal, sino en otras relaciones alternativas concurrentes, como la sororidad entrelazada con otras formas intersubjetivas de complementariedad.

Jacques Derrida entre sus conclusiones de Políticas de la amistad saca una fuerte interpelación a la política basada en la fraternidad de los hombres:

¿Qué relación mantiene esa dominación con la doble exclusión que se ve que se practica en todos los grandes discursos ético-político-filosóficos sobre la amistad, a saber, por una parte la exclusión de la amistad entre mujeres, por otra parte la exclusión de la amistad entre un hombre y una mujer? Esta doble exclusión de lo femenino en este paradigma filosófico conferiría, pues, a la amistad la figura esencial y esencialmente sublime de la homosexualidad viril[156].

La desmesura del ejercicio del poder descansaría en la concepción de lo político como hostilidad,  que a su vez se asienta en las formas de la amistad fraterna, en las complicidades, concomitancias y pactos de sangre entre amigos, que es a los que se reduce el ejercicio del poder y la práctica política por parte de entornos palaciegos y grupos de operadores de la guerra sucia. En el fondo estas amistades cómplices despliegan su proximidad a una homosexualidad viril, que rechazan, ocultan y esconden con la emisión de mitos de masculinidad que se construyen entre ellos y en sus atmósferas de intimidad.

 

 

 

 

 

 

 

Las peculiares formas del poder

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Llama la atención las forman concretas y singulares que adquiere el poder; esta vez hablamos del poder en su manifestación institucional; por cierto la del Estado. Sin embargo, no se trata tampoco de una noción abstracta, general, amplia del Estado, sino de su composición gubernamental en su articulación y vinculación con las otras instituciones del Estado, los otros poderes. Sobre todo, se trata de darle una mirada a sus estratificaciones. El estrato componente de los mandos, el estrato componente de los mandos medios, el estrato componente de los subordinados o funcionarios, también representantes,  que son, en realidad, la masa numerosa del poder, la masa operativa. Nos concentraremos, esta vez, en este último estrato, pues notoriamente es la masa, que a pesar de lo que se dice, es la más estable. Por ejemplo, llama la atención que muchos de los funcionarios, que sirvieron a los gobiernos derrocados, ahora sirvan también al nuevo gobierno, que tiene un discurso “revolucionario”. De ninguna manera estamos en actitud de señalar esta presencia como muestra de que se trata del mismo gobierno o de una especie de continuidad, de que, por lo tanto, nada ha cambiado. Estos argumentos son rutinarios y buscan por el lado fácil, el que impresiona, la respuesta a las preguntas sobre la crisis del “proceso de cambio”. Nada por el estilo es nuestra preocupación ni nuestro procedimiento. En todo caso, estén o no estén estos funcionarios permanentes, el gobierno ya ha decidido un decurso. Esta decisión no la toman los funcionarios. Lo que queremos es preguntarnos cuáles son las percepciones del poder de estos tres estratos mencionados. Sobre todo preguntarnos ¿qué concepción del poder tiene el funcionario permanente y el representante eterno?, ¿para este funcionario y este representante qué es, por ejemplo, la llamada “revolución democrático cultural”?

 

Lo mismo que ocurre con los funcionarios, o algo parecido, sucede con los candidatos del partido oficial, el partido de gobierno. Al principio fueron algunos, después aumentaron en número, ahora son un caudal, de ex-militantes de la llamada “derecha”, que ahora se presentan como los más consecuentes partidarios del cambio. En este caso también, no interesa señalar a nadie, ni caer en el argumento de la culpabilidad, sino de comprender las concepciones del poder, particularmente del “proceso de cambio”, que tienen estos candidatos, que ahora ya son electos representantes.

 

Estas preguntas van encaminadas a comprender las razones de por qué se forman esas formas peculiares del poder. En el estrato de mando, por lo menos algunos, tienen una idea institucional del “proceso”; aseveran que continúan en el “cambio”, que lo que hacen es seguir al pie de la letra de la Constitución. A pesar de que no se sabe cómo pueden demostrar tal cosa; de todas maneras, son los portadores del discurso oficial. El estrato de los mandos medios, es más débil, en lo que corresponde al manejo del discurso; tiene la idea menos clara de lo que es el “proceso de cambio”; sin embargo, sustituye esta falencia con un encandilado “evismo”.  El estrato de los funcionarios y de los candidatos, ahora representantes, es, quizás, el que presenta el perfil más patético. No manejan el discurso, no tienen la menor idea de en qué consiste el “proceso de cambio”, tampoco conocen la Constitución; si la han leído no la entienden, salvo artículos de interés y fragmentados. Este estrato, en contraste, tiene otra idea clara, que para quedarse donde está, ser partícipe, es menester el servilismo, la falta de toda crítica, no tomar en cuenta lo que no va, mejor hacer lo que hacen los otros, así como lo ha hecho esta clase de funcionarios, de candidatos y representantes, siempre; expresar fanáticamente la inclinación por el presidente, el apego al partido y a sus decisiones, por más descabelladas que parezcan a ratos.

 

Bueno pues, este último estrato, es el que presenta una concepción, aunque difusa o pragmática, si se quiere, oportunista, del poder; por tal motivo, comparte una concepción del poder que es como el sentido común de parte de la sociedad. Por eso interesa esta concepción pragmática y oportunista del poder. Nos dice mucho no solo de los funcionarios y representantes, sino también de la misma sociedad, que apoya al gobierno. Incluso de la sociedad que no apoya al gobierno, que es como su oposición votante. En realidad, ambos referentes sociales, los oficialistas y los opositores, piensan lo mismo del poder, desde ese pragmatismo, realismo descarnado y oportunismo casi cínico, hasta concepciones conservadoras apegadas a la norma, a la ley y a lo institucional, si no es estrictamente a la moral.

 

¿Qué es el poder para este estrato, el tercero, el de la cantidad operativa?  Los más cínicos declaran que el poder es la oportunidad. Sin embargo, no hay que creer que la mayoría es así; no todos llegan a ser cínicos; por lo menos no todos lo declaran abiertamente. Hay quienes tienen sus dudas, incluso cierta inclinación a comprender lo que pasa y a servir mejor. Empero, en la distancia de este intervalo, entre los cínicos y los moralistas, mejor dicho los apegados a las normas, incluso los que tienen la curiosidad de aprender del “proceso”, se da una gama variopinta de concepciones del poder, que expresan ambivalencias en las conductas y en los comportamientos, también en las reflexiones. A ratos, parece que no hay que hacerse líos, lo mejor es hacer lo que hacen los cínicos; en cambio, otros ratos, parece que eso, lo que hacen los cínicos es lo que siempre se ha hecho, que ha llegado el momento del “cambio”, entonces hay que hacer otra cosa. Hay pues de todo en este recorrido; sin embargo, tiene su propia coherencia. Hay como un centro o eje de acuerdo; el poder es una herramienta para cambiar o, si se quiere, para ser prácticos. Entonces el poder no es el que cambia, sino se usa el poder para cambiar la sociedad.

 

La herencia de los conservadurismo recalcitrantes, coagulados en el ámbito de los prejuicios, prejuicios jamás convertidos en cuestiones de reflexión, sino que se heredan como verdades de la vida cotidiana, se encuentra en este numeroso estrato. Podemos decir, esquematizando, sobre todo para ilustrar, que es este estrato el que no cambia, no cambia sus concepciones. Lo peculiar del caso es que es el estrato operativo.

 

La otra peculiaridad aparece cuando se hace la pregunta de ¿cómo conviven estos estratos? ¿Qué dice, por ejemplo, él o los pocos, escasos, portadores del discurso del cambio, de compartir el “proceso de cambio” con los estratos más conservadores de la sociedad? Dando un ejemplo extremo, que solo ocurre aisladamente, pero muestra anecdóticamente estas situaciones extravagantes; ¿cómo convive un ex-perseguido con su perseguidor, que se ha convertido en funcionario leal y fiel al régimen? Claro que lo hacen y no parece ser un problema para ninguno. Entonces, ¿cómo se asume esto en términos de convicciones? La hipótesis interpretativa nuestra es que cambia el código de valorización; antes amigo/enemigo, se definía de acuerdo al programa de postulados planteados como finalidades de la lucha; ahora amigo/enemigo se define según quién está con el régimen y quién no lo está.  Este problema lo tiene resuelto, sin embargo, el ex-perseguidor, el funcionario permanente y el eterno candidato y representante, no importando tanto si lo hizo con unos ayer y lo hace con otros hoy; pues para él está claro que siempre hay que servir al régimen de poder, esté el gobierno que esté.

 

Entonces el perfil es el siguiente: se tiene una nueva élite en el mando; se tiene una mezcla en los mandos medios, no tanto entre los que tienen garantizado formar parte de la misma élite y los que llamamos funcionarios permanentes, pues, tratándose de los primeros, en verdad, no tienen garantizado nada, son los “fusibles” del “cambio”; se tiene la mezcla entre lo más conservador, el rezago, la cantidad abrumadora, que muestra que nada cambia, sino que todo permanece, salvo los discurso, y los nuevos rostros de la élite.

 

Si bien llaman la atención estas formas mezcladas y casi dicotómicas de los perfiles del poder, no debe llamarnos la atención de que esto ocurra, pues ocurre en todas partes, en todos los estados, en todos los gobiernos; ciertamente hay excepciones, escazas, pero, que confirman la regla. Cuando se trata de gobiernos conservadores es menos notorio o, mejor dicho, no es notorio, pues los portadores de las concepciones de los distintos estratos de la institucionalidad del poder se aproximan, sobre todo sus concepciones. Se hace notorio cuando se trata de gobiernos pretendidamente “revolucionarios”. Se hace notorio pues los contrastes saltan a la luz, no tanto porque se dé entre gobernantes “consecuentes” y operadores “inconsecuentes”, sino por el manejo, la apropiación y la desvalorización del propio discurso del “proceso de cambio”. Sin embargo, a pesar de esta notoriedad de los contrastes, el perfil peculiar del poder, si se quiere, el perfil estrambótico del poder se repite y es recurrente.

 

Por cierto, para ser justos, no podemos considerar a estos estratos como homogéneos y continuos; esto quedó claro para el último estrato. Hay meteoritos solitarios, que deambulan sin órbita. Estos solitarios quizás consideran que hay que actuar en esa realidad y no en lo imaginario, que es preferible apostar a una transición difícil, que no hacerlo. Esta concepción táctica, más que del poder, es de la transición; puede ser hasta pertinente tenerla en cuenta. Sobre todo para entablar un debate sobre las transiciones. Sin embargo, lo que no se entiende, por qué estos solitarios meteoros sin órbita terminan justificando todo, queriendo explicar lo inexplicable y se vuelven fanáticos “evistas”, cuando el mismo Evo no necesita que lo sean, a pesar de su autorreferencia y encantamiento de sí mismo, solo que cada vez más vulnerable y desnudo ensimismamiento, descubierto en sus grande debilidades.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Juegos de poder

 

 

 

Se ha dicho que las “ideologías” se constituyen en base a fetichismos, que convierten y reducen las relaciones sociales a relaciones de cosas, de objetos, de instituciones. Todo esto tiene que ver con la crítica de la “ideología”, crítica inaugurada por Karl Marx, cuando desplaza la crítica de la economía política a este núcleo problemático; el del fetichismo de la mercancía, núcleo que transfiere la consciencia humana al mundo de las representaciones. Los humanos viven su vida como si estuvieran en el mundo de las representaciones, desconociendo el mundo efectivo, donde se encuentran.   En el mundo de las representaciones se consideran como en un mundo conocido, un mundo donde saben por dónde van los cursos de los hechos y de los eventos. Un mundo donde descifran sus tramas. Un mundo lleno de sentidos y significados. En cambio, el mundo efectivo les parece un mundo desconocido, impropio, indescifrable, incontrolable, lleno de sorpresas. Por lo tanto, reducen el mundo efectivo, la complejidad dinámica del mundo efectivo, al mundo de las representacionesmundo simple, manejable, parecido a las narrativas.

 

Si bien, al principio, cuando se inicia un ciclo “ideológico”, resulta cómodo, incluso operativo, siendo las practicas, el uso de las técnicas, la malla institucional, eficaces, con el tiempo, en la medida que el mundo de las representaciones no es más que una caricatura sin espesores del mundo efectivo, la “ideología” comienza a mostrar sus limitaciones atroces. Su recurrencia empieza a resultar no convincente, su funcionamiento, cuando se opera con las instituciones, resulta inoperante, frente a los problemas que hay que resolver. La manera cómo las sociedades institucionalizadas zanjan esta enorme disonancia, cómo remedian los Estado-nación, las formas de gobierno vigentes, los aparatos “ideológicos”, esta desproporción, es de defensa, de resistencia, si usamos este término como calificación de esta reacción conservadora, incluso retrograda. Inventan hipótesis ad hoc, refuerzan la “ideología”, califican de heterodoxos o disidentes a los y las que señalan las fallas de la “ideología”. Se opta por la ortodoxia que, en su versión decadente, es el dogmatismo, en su expresión más perversa es el fundamentalismo. Bueno, este es uno de los caminos optados por la nomenclatura; si bien, es cierto, que es la opción más preferida, más difundida, hay otros caminos. Una alternativa ante la crisis “ideológica” es la reforma; cambios y desplazamientos discursivos en la “ideología”, si se quiere, su actualización. Esta es una salida flexible, podríamos decir más adecuada que la anterior, que es, mas bien, dura y conservadora. Sin embargo, en la medida que la atmósfera “ideológica” se ha mantenido, a pesar de los cambios, se ha preservado la estructura del problema; el abandonar el mundo efectivo y perderse en el mundo de las representaciones institucionalizadas.

 

Lo que debemos decir, además, sobre las “ideologías”, es que, fuera de todo esto, las “ideologías” son, también, dispositivos de juegos de poder. Aunque las “ideologías” se propongan finalidades, sean utópicas o no, lo que cuentan más no son estas finalidades evocadas, sino los objetivos prácticos del poder. Si se quiere, para ilustrar, propondremos una figura esquemática, pero útil, para figurar el tema en cuestión. Esta es la figura:

 

Se enfrentan estructuras de poder, que pueden estar presentes y consolidadas, o, en su defecto, pueden encontrarse en ciernes, en formación. Puede una presentarse como consolidada, en cambio la otra puede, mas bien, encontrarse en formación.  En fin hay varios escenarios posibles. Lo que importa, en el pragmatismo del poder – pragmatismo entendido como oportunismo, no como rescatamos nosotros, al recuperar el sentido de pragmatismo del pragmatismo lingüístico –, son las finalidades inherentes a las estructuras de poder.

 

Entre las finalidades, más generales, se encuentra la preservación del poder o, si no se cuenta con el poder, la conquista del poder, lograr, llegar, al poder. Otra finalidad, menos general, es la de convencer o seducir, sugestionar o atemorizar, al gran público, a la gran masa social, que hace de votante, electora, o de apoyo convocado. Es aquí, en esta función representativa, que la “ideología” es útil, es apreciada; funciona en interacción con los imaginarios populares; también con los imaginarios académicos y los imaginarios institucionalizados. Entonces, en este sentido, las “ideologías” son dispositivos de poder.

 

Las “ideologías” no solo fetichizan, constituyen e instituyen imaginarios funcionales a las estructuras de poder, sino que tienen efecto en la materialidad institucional, al coadyuvar en su reproducción constante; tienen efecto en la materialidad social, al reproducir a la élite de turno, sin hablar de preservar las diferencias sociales y políticas, aunque puedan modificarse las mismas, incluso acortando las diferencias.

 

La élite en el poder se mantiene, conserva el poder, ya hable a nombre del pueblo, a nombre de la nación, del desarrollo, del bien estar, ya hable a nombre de los explotados, los y las subalternas, los y las condenadas de la tierra. Las formas de convocatoria, el sujeto de la convocatoria y el sujeto convocado son diferentes, de acuerdo a la narrativa “ideológica” de la que se trate; ahí radica su legitimidad, la realización de la legitimidad. Empero, lo que parece no cambiar, mas bien, preservarse, es la reproducción de la élite, aunque las élites singulares cambien.

 

Es más fácil descifrar la función de dispositivo de poder de las “ideologías” cuando se trata de “ideologías” del orden, del sistema establecido, “ideologías”, por así decirlo, conservadoras. Hay más dificultad en reconocer esta función de dispositivo de poder en las “ideologías” cuando se trata de “ideologías” emancipadoras, pues, en este caso, al tratarse de convocatorias populares, sociales, de colectividades subalternas, la “ideología” funciona, en principio, como discurso de interpelación, crítico, de deslegitimación, incluso de contra-poder; la “ideología”  emancipadora, además de convocar a lo popular, a lo social, a los explotados, a los y las subalternas, logra coadyuvar en la cohesión de los movimientos y de la movilización social. Sin embargo, no solo cuando se logra el poder, cuando se conquista el poder, cuando los “revolucionarios” toman el Estado, sino incluso antes, la “ideología” emancipadora, también causa una especie de desarme en la crítica misma, en la interpelación misma, en la acumulación de las capacidades de lucha.  Pues, como toda “ideología” fetichiza, conforma fetichismos, atrapa a los movilizados y a los “revolucionarios” en las redes de la representación. Si el mundo efectivo, es la matriz magmática que empujó a los cuerpos sociales a la rebelión, a la subversión, al desborde de los diques institucionales, cuando la “ideología” se posesiona en el imaginario de la movilización, comenzando su propia institucionalización, incluso empieza la formación del discurso oficial, la “ideología” consolidada aleja del mundo efectivo y embarca en el mundo de las representaciones hasta la perdición.

 

Por eso, teniendo en cuenta las experiencias políticas en las sociedades modernas, con clave heterogénea, parece que es indispensable mantenerse en la crítica de la “ideología”, aunque ésta tenga pretensiones emancipadoras. Es indispensable mantenerse en el mundo efectivo, no alejarse, imaginaria e institucionalmente, evitando ser tragados por el mundo de las representaciones. Es cierto que no se puede renunciar a las representaciones, incluso al mundo de las representaciones; sin embargo, de esto no se puede deducir que el mundo de las representaciones es verdadero, que el peso del mundo de las representaciones sea preponderante en las composiciones simbólicas e interpretativas sociales. El mundo de las representaciones tiene que estar subordinado al mundo efectivo, en lo que respecta a las decisiones, relaciones y prácticas sociales. El mundo de las representaciones también tiene que experimentar el devenir constante que acontece en el mundo efectivo.

 

En el apego, en el afincamiento, en el enraizamiento, en el anclaje, de las sociedades institucionalizadas, en el mundo de las representaciones, en la inclinación por considerarlas verdades, por lo menos, en un periodo, sino es en una época, radica el anacronismo conservador de sus instituciones, de su Estado-nación, de sus formas de gobierno, de sus políticas, que, en gran  parte de las historias políticas, sociales, económicas y culturales, de la modernidad, se encuentran en crisis, es decir desbordadas por los flujos de fuga de las sociedades alterativas; la matriz efectiva, vital, de las mismas sociedades institucionalizadas, que funcionan con  parte de las fuerzas capturadas por las mallas institucionales.

 

Si revisamos las historias políticas, podemos ver que los proyectos políticos de la modernidad han fracasado. El proyecto liberal ha fracasado al convertir el Estado de derecho en instrumento de las estructuras de poder vigentes; por lo tanto, al reproducir la estructura social de la diferencia y de la jerarquía de clases. Ha fracasado el socialismo al convertir el Estado en transición de la dictadura del proletariado en un Estado policía, que preserva a una élite gobernante burocrática y sacerdotal. Hablando de las periferias del sistema mundo capitalista, ha fracasado el nacionalismo, que es una versión mezclada, barroca, de fragmentos del liberalismo y fragmentos del socialismo, con el aditivo de incorporación y mezcla del mito cultural de lo propio, al reconducir a su Estado-nación, a su país, nuevamente a la dependencia, aunque bajo otros términos de referencia, en relación al centro del sistema-mundo capitalista. Ha fracasado el neoliberalismo al convertir su régimen de competencia, basado en la libre empresa, en el mecanismo más adecuado para preservar y generar los monopolios, incluso en sus formas corporativas mundiales y de perversa centralización. Algo que los teóricos neoliberales pretendían evitar. Además, la ironía de la historia les jugó una mala pasada; en vez de Estado de derecho, de Estado regulador, de Estado interventor en las políticas sociales, para promover y garantizar las condiciones de posibilidad de la competencia, es un Estado de excepción, una dictadura militar, la que llevó a cabo, de manera más completa y acabada, el proyecto neoliberal. Han fracasado los socialismos del siglo XXI al usurpar las movilizaciones populares anti-neoliberales y convertirlas en la convocatoria a la reproducción o consolidación del Estado-nación, repitiendo la segunda versión de los nacionalismos o los proyectos nacional-populares del siglo XX, reiterando, por lo tanto, la triste e increíble historia de los proyectos populistas que se hunden en su decadencia, después de haber dado los pasos de las nacionalizaciones, de las democratizaciones, de las mejoras en las condiciones sociales.

 

En todas estas experiencias políticas, en todas estas formas de gobiernos, en todas estas transiciones, las “ideologías” particulares, con todas las diferencias que las distinguen, han funcionado como dispositivos de poderdispositivos de los juegos de poder, de estructuras de dominación prolongadas, aunque se modifiquen en sus formas de gobierno.

 

Para salir del circulo vicioso del poder, que parece como una condena, es menester salir de la “ideología”, que es pues dispositivo de poder; salir del fetichismo, cualquiera sea éste; salir de los esquematismo dualistas; usar las representaciones como instrumentos provisionales para alumbrar en el camino. Es menester liberar el imaginario radical y la imaginación radical de la gente; es necesario liberar la potencia social. Liberar las capacidades creativas, interpretativas, simbólicas, de las sociedades alterativas.

 

 

Genealogía y hermenéutica del presente

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Cómo hemos llegado a ser lo que somos en el momento presente? Esta es la pregunta que se hacía Michel Foucault cuando relacionaba genealogía y hermenéutica del sujeto; el análisis del presente a través una mirada retrospectiva del pasado y la interpretación de la constitución del sujeto, mediante tecnologías del yo. Esta pregunta es pertinente si la hacemos respecto a la coyuntura inaugural del nuevo milenio (tercer milenio), cuando aparecen gobierno que se denominan como progresista, populistas, socialistas del siglo XXI. La pregunta relaciona la genealogía de los gobiernos progresistas y la hermenéutica de las subjetividades sociales, que acompañan la coyuntura política. Resumiendo, la pregunta puede ser planteada de la manera siguiente: ¿Quiénes somos en esta coyuntura cuando la forma Estado-nación aparece con el contenido histórico-político de los gobiernos progresistas? Vamos a tratar de responder a esta pregunta efectuando una mirada retrospectiva del pasado, para poder dar cuenta del presente, acompañando a esta genealogía con la hermenéutica de nuestras subjetividades.

 

 

Nacimiento

 

No nacemos con la conquista, pues la conquista impone la dominación colonial, buscando el olvido de las memorias pre-coloniales; la conquista mata no hace nacer. No nacemos con la guerra de la independencia, pues la república va a ser la continuidad colonial en versión neoliberal. Nacemos con la revolución. Desde el norte hasta el sur del continente la revolución nos constituye; mediante la revolución buscamos recuperar nuestras memorias perdidas, actualizarlas, hacerla presente, y constituir la nación social. Para nosotros la nación emerge de la reforma agraria y de las nacionalizaciones de nuestros recursos naturales, en manos de extranjeros. La nación emerge de la democracia popular, cuando se establece la igualdad como sentido común y la deliberación como procedimiento político. También cuando se otorga derechos de trabajo, derechos sociales, derechos universales, como el derecho de votación a las mujeres. Esta nación es concebida como mestiza. En el mito nacionalista los pueblos indígenas y los territorios son la matriz de donde emerge la nación, la mezcla es la historia de resistencias a la conquista, a la colonización, proliferando desplazamientos demográficos y antropológicos como invención de la nación. Este mito sirve para explicar la incursión de la nación en la modernidad. La nación se libera de la dominación imperialista, establece su soberanía con el Estado-nación, se lanza al desarrollo nacional mediante el proyecto de industrialización anhelado.

 

Desde la revolución mexicana a todas las revoluciones nacionales, que atraviesan el continente, nuestras naciones nacen con la revolución. Es cuando emerge, de manera efectiva, el Estado-nación. Antes, con las oligarquías no había, en sentido efectivo, Estado-nación. Solo era una declaración jurídico-política. Hablado metafóricamente, si Europa había nacido con las resistencias a la guerra inicial, guerra de conquista, anhelando la guerra contra los reyes conquistadores, la revolución fue su telos, su finalidad, también su fin, la última guerra. En cambio, nosotros, en el nuevo continente, nacíamos con la revolución; el fin de la historia de Europa era el nacimiento de la historia para nosotros. Interpretando este contraste histórico, podemos decir que si Europa había vivido su historia hasta la revolución, nosotros comenzábamos a vivir la contra-historia.

 

La pregunta es entonces: ¿Qué clase de Estado-nación constituimos? En Europa se constituye el Estado-nación liberal, la república; lo nuestro no es un Estado-nación liberal, aunque lo llamemos república. Para decirlo rápidamente es un Estado-nación corporativo; el Estado-nación de los pactos. Aunque en esas constituciones iniciales se califique a la estructura jurídica de liberal, la estructura política no es exactamente liberal.  La estructura política responde a los pactos, al corporativismo de las clases sociales. No podemos dejarnos llevar por los nombres; así caemos en la ficción de los discursos; debemos atender, más que a las expresiones, a los contenidos existentes de la política efectuada. Nuestros Estado-nación tienen una estructura política corporativa, expresada en lenguaje liberal. Hay que atender a esta estructura corporativa para interpretar o explicar los avatares, las contradicciones, las crisis dramáticas de nuestras historias políticas.  Perderse en las constituciones liberales es pretender normar las fuerzas, el campo de fuerzas, con llamadas de atención al deber. Esta es metafísica jurídica.

 

¿Cómo explicar entonces nuestras contradicciones histórico-políticas a lo largo de nuestras historias políticas, a partir de la estructura corporativa de los Estado-nación?  La primera hipótesis interpretativa que lanzamos es que se deben, fundamentalmente, a rupturas corporativas, rupturas de pactos. La revolución proclama incluir a todos, pacta entre las clases, convoca al pueblo como soberano, sostiene una concepción social y del trabajo en relación a la representación del perfil de este pueblo. El itinerario de los gobiernos nacionalistas rompe por dos lados el pacto; por el lado popular, rompe con el pueblo o las clases trabajadoras cuando no cumplen con el programa social; rompe, por el lado jerárquico, cuando afectan a las clases privilegiadas. Lo segundo, ocurre al principio, cuando por la irradiación de la revolución, todavía al calor de las armas, se afecta a las clases privilegiadas; por ejemplo, con  la reforma agraria. Lo primero, ocurre después, cuando los gobiernos nacionalistas optan por la mesura, el pragmatismo, y se proponen constituir una burguesía nacional. Ciertamente, las historias concretas no repiten oficiosamente esta secuencia; pueden darse recorridos inversos; pueden darse recorridos combinados o, en su caso, intermitentes, con avances y retrocesos. Lo que importa no es tanto el dibujo de las secuencias, sino anotar que las crisis estallan precisamente por estas rupturas de los pactos.

 

La estructura corporativa del Estado-nación entonces impone límites. El Estado-nación corporativo está como obligado a mantener el equilibrio de los pactos; tiene que avanzar respetando los pactos; lo que parece no solamente difícil lograr, sino hasta imposible, cuando las clases sociales se hallan en francas contradicciones, en los despliegues de la lucha de clases. O avanza apoyándose en la burguesía o avanza apoyándose en el proletariado, apoyándose en las clases populares. Por eso,  lo que se presenta como soluciones, para unos grupos, unas clases, termina siendo síntomas de la crisis estatal, cuando otros grupos, las otras clases, ven esta salida como “traición”. El Estado-nación corporativo está entrampado en los límites impuestos por esta configuración de los pactos. Por eso, sus realizaciones gubernamentales son problemáticas, sus lapsos inciertos, las historias efectivas accidentadas. Sin embargo, tienen al alcance la posibilidad de alargar sus temporalidades mediante la consecución consecuente de las nacionalizaciones, la reforma agraria, la ampliación y garantía de derechos, la industrialización, la extensión de la educación y la atención logística de la salud. Sorprende que, en muchos casos, no sea esta la opción que tomen; en estos muchos casos, prefieren adelantar la decisión política de inclinarse por los prejuicios, los temores, las renuncias, fantasmas de una lumpen-burguesía; rompiendo el pacto con el proletariado, las clases populares y las naciones y pueblos indígenas. Ciertamente, esto se puede explicar por la influencia geopolítica del imperialismo, que empuja a las lumpen-burguesías a renunciar a la industrialización, incluso a las nacionalizaciones, convirtiéndolas en burguesías intermediarias en el mapa de la geopolítica del sistema-mundo capitalista.

 

Cuando esto no pasa, cuando la burguesía no es lumpen, cuando la burguesía industrial tiene pretensiones de edificarse, conformar la industria, apoyándose en el mercado interno, la burguesía se convierte en el sostén de los gobiernos nacionalistas. Sin embargo, el problema reaparece cuando la necesidad de bajar los costos de producción requiere fijar los salarios, limitar los derechos de los trabajadores. Entonces, la sombra de la crisis reaparece; aunque puede prolongarse cierta estabilidad, dependiendo de la bonanza económica. Esta secuencia histórica casi es una excepción en la regla. De todas maneras, el imperialismo presiona a esta burguesía y al gobierno nacionalista a incorporarse a la dominación mundial, formando parte de áreas de influencia regional. Cuando la burguesía cede a estos cantos de sirena imperialista, termina apoyando golpes de Estado y dictaduras militares.

 

 

Crepúsculo

 

En el presente, aparecen nuevas formas de secuencia histórica. Se da el caso de una alianza entre burguesía industrial, incluso comercial y financiera, con el proletariado sindicalizado, bajo el manto de un gobierno progresista.    Este desplazamiento de las clases da lugar a un núcleo de pactos en la estructura corporativa del Estado, que conecta a parte del proletariado, el sindicalizado, de éste, al proletariado organizado y privilegiado por el desarrollo, con la burguesía y con la burocracia; núcleo corporativo capaz de sostener un lapso de tiempo gubernamental prolongado, siguiendo la ruta del desarrollo nacional. Sin embargo, este núcleo deja al margen al proletariado nómada, a la mayoría de las clases populares, sobre todo al campesinado, deja al margen a los pueblos indígenas. La crisis política estalla por este lado.

 

En comparación, contrastando, se ha dado lugar otro perfil de las secuencias histórico-políticas de los gobiernos progresistas. Esta vez, la ruptura aparece en relación a parte de la burguesía y lo que queda de las oligarquías, apoyándose en el proletariado y en el pueblo organizado. La crisis política viene por el lado de las clases privilegiadas, sobre todo de esta parte de la burguesía afectada. Ciertamente esta alianza con el proletariado y las clases populares, también alarga la temporalidad del gobierno progresista; sin embargo, aparecen otras contradicciones. La burocracia aparece como la nueva clase privilegiada, su monopolio político entra en contradicción con la orientación participativa de la democracia popular. Las pretensiones monopólicas de esta burocracia ralentizan el proceso político, afectando al proletariado y las clases populares. Estas contradicciones pueden mantenerse en ciertos límites, sin ser todavía peligrosas; empero, afectan no solo la marcha del proceso de cambio, sino la cohesión del mismo bloque en el que se sostiene el gobierno progresista. Cuando estas contradicciones se atizan, las contradicciones en el seno del pueblo merman la legitimidad del gobierno progresista; la burguesía afectada puede creer que se trata de apoyo a la burguesía, investida de demócrata. Se trata de contradicciones diferentes; la habida entre la burguesía y el gobierno progresista y la habida entre la burocracia y el pueblo. Cuando estallan las contradicciones en el seno del pueblo no se puede tratar de evitarlas o tratar de esconderlas aduciendo que el enemigo es la burguesía, que el enemigo es el imperialismo, exigiendo subordinación de parte del proletariado y del pueblo al gobierno progresista. Esto es pedir obediencia, sacrificio, a nombre de la revolución, amparando la causa de una de las contradicciones en el seno del pueblo, la contradicción entre la burocracia con el pueblo autogestionario.  Si esta es la opción del gobierno progresista lo que hace es encontrar uno de sus límites estructurales; al defender a su burocracia genera, amplifica e intensifica la contradicción, convirtiendo a la burocracia en un fin, en vez de desmantelarla; convirtiendo al pueblo y al proletariado en medios, en vez de ser los fines de la revolución.

 

Un cuarto perfil de las secuencias de los gobiernos progresistas es el que combina la afectación, en un principio, a la lumpen-burguesía y a la oligarquía terrateniente; empero esta es tan solo la primera etapa, después viene la subsecuente alianza con esta lumpen-burguesía y oligarquía, suponiendo que es la burguesía nacional, buscando sostenerse más que en el proletariado sindicalizado, poco numeroso, en el campesinado, en los estratos privilegiados del campesinado. Esta alianza dicotómica entre burguesía, oligarquía y estratos privilegiados del campesinado, puede convertirse en un núcleo de la estructura corporativa del Estado-nación; sin embargo, es más inestable que el núcleo entre proletariado sindicalizado y burguesía, alianza encaminada al desarrollo nacional. En el cuarto perfil, la crisis estalla con los pueblos indígenas, cuando sus territorios son afectados por la política extractivista del gobierno progresista. Las contradicciones con los estratos no privilegiados del campesinado, mayoritarios, puede mantenerse latente, dando chance y respiro al gobierno progresista. Sin embargo, estallan otras contradicciones,  con los sectores populares urbanos. La orientación, en esta alianza lumpen-burguesía-campesinado,  no es, como en el otro caso, hacia el desarrollo nacional, aunque lo digan discursivamente, pues la lumpen-burguesía no tiene capacidad de hacerlo, tampoco el gobierno progresista; no tanto por problemas de disponibilidad de recursos, sino por falta de voluntad política. En las condiciones de una economía más dependiente estructuralmente, el gobierno progresista prefiere optar por mejorar los términos de intercambios y extender intensificando la orientación extractivista de su economía.

 

Este perfil de gobierno progresista tiene menos margen de maniobra, incluso menos tiempo, que el perfil anterior. El carácter más marcado de Estado rentista y un perfil dominante extractivista de su economía no coadyuvan a satisfacer las demandas del campesinado, parte importante del núcleo de alianzas,  no coadyuvan a satisfacer las demandas populares urbanas, quedando claro que quedó en franca contradicción con las naciones y pueblos indígenas.

 

Hay un quinto perfil de las secuencias de los gobiernos progresistas. La que viene dada en el nucleamiento institucional, basada en la reforma institucional y en la eficiencia burocrática. La reforma institucional y la eficacia burocrática pueden ayudar a evitar el estallido de las contradicciones entre burocracia y pueblo, durante un buen tiempo. Pueden convertirse en dispositivos eficaces en las negociaciones con estratos de la lumpen-burguesía, manteniendo las alianzas también por este lado. Puede, incluso, ayudar a soportar el estallido de las contradicciones con los pueblos indígena, incluso con parte de las clases populares urbanas; otra parte de estas clases puede mantenerse satisfechas con los logros de la inversión social estratégica, sobre todo en lo que respecta a la salud.

 

Como se puede ver, del mapa de las secuencias histórico-políticas dibujadas, dos tienen perspectiva a prolongarse, la segunda y la última; en cambio, la tercera y la cuarta, manifiestan de entrada la proximidad de sus límites estructurales. La primera secuencia definida es el modelo clásico, por así decirlo, dado con anterioridad; se trata de una secuencia fatal; también, entonces, donde se manifiestan prontamente sus límites estructurales.

 

 

¿Por qué los caudillos son imprescindibles?

 

El caudillo es el patriarca esperado, el mesías. Retorna para proteger a los pobres, para curar sus heridas, para apaliar sus hambres, para satisfacer sus necesidades, para vengar a los humillados. El caudillo es el justiciero; hará justicia redimiendo a los desamparados, reponiendo por las sufridas injusticias, enmendando los errores padecidos. El caudillo es el vengador; vengará a los ofendidos, a los agraviados, a las víctimas. El caudillo es el padre afectivo; protege y abraza a los sufrientes, habla con voz apacible a sus hijos y con voz de trueno a los enemigos, a los culpables de los males soportados. La relación con el caudillo es la de los hijos desamparados que esperan al padre pródigo; cuando llega se convierte en el consolador y en el paño de lágrimas. El caudillo es el gran oído, escucha los reclamos, las denuncias, las demandas, de los indefensos; es el gran ojo, pues no pierde de vista a sus hijos, los del pueblo, siempre está preocupado por ellos. El caudillo es el padre protector.

 

Estamos ante subjetividades dramáticas, tanto en lo que respecta a los hijos desamparados, como en lo que respecta al caudillo.  Los hijos desamparados conciben al mundo como abandono, el caudillo concibe al mundo como misión. La trama histórica los anuda en el decurso de un destino profético.

 

 

¿Cómo se constituyen estas subjetividades? Hay como una religión internalizada, heredada, una religión popularizada, convertida en sentido común, que forma parte de la cultura popular compartida; una religión incorporada en los habitus, una religión recurrente en la interpretación del mundo. Esta religión aparece con todos sus sincretismo; no deja de ser por esto religión, pues su narrativa se estructura en una trama de la salvación. La concepción del mundo se reduce, al final de cuentas, a la lucha entre el bien y el mal. Los culpables del infortunio y de los saturados sufrimientos son toda clase de figuras malditas, metáforas del demonio. En esta lucha contra el mal y los demonios se espera al salvador, al mesías, que es encontrado en la figura del caudillo. La espontánea y religiosa interpretación del mundo parece confirmada cuando aparece el carismático personaje de la promesa.

 

Estamos ante prácticas recurrentes, más que ante tecnologías del yo, institucionalizadas y concentradas en centros de formación; prácticas recurrentes como costumbres, como habitus, que vienen a formar parte del arsenal cultural de herramientas formativas de subjetividades sociales. Para esta interpretación heredada y acumulada por siglos, hasta por milenios, el mundo no se mueve históricamente, sino en ciclos eterno del mito; mas bien, la historia o, mejor dicho, la memoria histórica, es corregida por la interpretación alegórica del mito. El caudillo aparece como la convocatoria del mito.

 

Estas herramientas prácticas y recurrentes del habitus religioso, popular y espontáneo, forman parte de una economía política de la moral social. Esta economía política moral diferencia entre bien y mal, como valores antitéticos, opuestos, antagónicos. En este caso la valorización se mueve en el terreno de la espiritualidad; la lucha es entre tendencias espirituales, que se encarnan. No es que se desvaloriza lo concreto, para valorizar lo abstracto, como ocurre en el conjunto de la economía política generalizada; sino, sobre la base de la desvalorización general de lo concreto, del cuerpo, sobre la base general de la valorización de lo abstracto, de lo espiritual, se establece esta interpretación mitológica de la lucha entre el bien y el mal, constitutiva del cosmos.

 

Las subjetividades de las que hablamos se constituyen en esta economía política moral. Adquieren sus perfiles dramáticos en la reproducción de esta economía política moral. Estas subjetividades constituidas como consciencias culpables, como consciencias desdichadas, que adquieren el espíritu de venganza, se reconocen en su padecimiento y decodifican el símbolo del poder, decodifican la diferencia entre el buen caudillo y el mal gobernante. El caudillo, que comparte esta economía política moral, asume su rol atribuido socialmente; tiene al imaginario popular como referente; entonces la tarea es duplicar lo mejor posible la imagen configurada en el espejo de la representación social. El caudillo es atrapado en la narrativa colectiva, es inventado por el imaginario colectivo, forma parte del drama inscrito en la memoria religiosa-política. También el pueblo es decodificado en la interpretación singular del caudillo, interpretación movida por la imaginación singular del personaje carismático. El pueblo aparece como el rebaño que hay que salvar y conducir a tierras de buenos pastizales.

 

Pueblo y caudillo se encuentran en el lenguaje dramático de la economía política moral. Se reconocen en la narrativa de la trama religiosa-política, de la epopeya del bien en su lucha contra el mal. Se trata de subjetividades que se entregan a la convocatoria del mito,  que depositan la confianza en el caudillo.  Son subjetividades dependientes, subjetividades anhelantes de la intervención del patriarca.

 

El perfil subjetivo de los guerreros y las guerreras es distinto. Interpelan esta cosmovisión religiosa-política; no dependen de la convocatoria del mito; confían en sus propias fuerzas; se auto- determinan. No heredan narrativas; las interpelan, critican sus concepciones inherentes. Prefieren escribir con acciones  alterativas al orden, prefieren inventar nuevas narrativas, que se encuentran más allá del bien y el mal, más acá y más allá á de la mirada humana, más allá de los dualismos esquemáticos. El perfil subjetivo de los y las guerreras se define en la profusión creativa del imaginario radical y de la imaginación radical.

 

Ahora bien, las subjetividades no son únicas y aisladas; al contrario, pueden formar parte de distintos posicionamientos del sujeto; pueden combinarse abigarradamente, formando parte de composiciones subjetivas complejas y contradictorias. Los comportamientos sociales pueden pasar de conductas subalternas acostumbradas a conductas interpeladoras y rebeldes innovadoras, abriendo líneas de fuga; de esta posición intensa y de ruptura se puede volver, otra vez, a posiciones conservadoras. El problema es este retorno conservador, esta caída a las prácticas de la reproducción del poder. La relación con el caudillo es la que manifiesta la preponderancia de conductas conservadoras, de perfiles subjetivos conservadores, a pesar de que en un primer momento los mismos sujetos intenten romper con las tradiciones y el pasado, o, si se quiere, con las formas de dominación.

 

Los caudillos pueden aparecer como libertadores; empero, lo hacen desde estilos conservadores, afincados en la “ideología”, en los habitus, en la dominación patriarcal. Esto limita, de entrada, los alcances de la revolución; que si bien comienza con la avalancha social, con la iniciativa transformadora, acaba, prontamente, en formar parte de la fabulosa maquinaria del poder.

 

 

 

 

 

 

 

Conclusiones

 

  1. Los gobiernos progresistas se explican por sus propias genealogías políticas, genealogías sostenidas por los perfiles de subjetividades constituidas, heredadas y repetidas.

 

  1. El referente inicial corporativo del Estado-nación marca el comienzo de las historias políticas de las repúblicas instauradas en Abya Yala.

 

  1. Las revoluciones nacionales inauguran el carácter histórico-político de las luchas sociales y políticas en los Estado-nación del continente.

 

  1. Estamos ante Estado-nación en crisis, de alguna manera como todo Estado-nación, que, sin embargo, las crisis singulares de estos Estado-nación subalternos, estallan en el marco del Estado corporativo, de su composición de pactos. Las alianzas se rompen por un lado o por el otro, por el lado de las clases populares o por el lado de las clases privilegiadas.

 

  1. Las salidas provisionales a la crisis consisten en lograr el apoyo de la burguesía industrial, combinando este apoyo con concesión de reivindicaciones sociales, que en todo caso se atribuyen de manera controlada. También en conformar una alianza sui generis entre burguesía y proletariado sindicalizado, orientado las políticas al desarrollo nacional; dejando sin embargo, al margen al proletariado nómada, a gran parte de las clases populares y a los pueblos indígenas. Una tercera salida consiste en romper con parte de la burguesía y la oligarquía, apoyándose en las clases populares, realizando inversiones sociales a gran escala, orientadas a transformar la estructura social; dejando pendiente la reforma institucional, teniendo como consecuencia el abultamiento ineficiente de la burocracia. Una cuarta salida consiste en apoyarse en los estratos privilegiados del campesinado, estableciendo alianzas con la lumpen-burguesías y las oligarquías, por lo menos, con parte de ellas; dejando al margen a los pueblos indígenas y parte de las clases populares urbanas. Una quinta salida consiste en efectuar una reforma institucional, hacer eficiente el aparato burocrático, estableciendo alianzas con la burguesía y parte de los estratos urbanos, satisfaciendo las necesidades de salud y de equilibrio económico.

 

  1. Si bien las salidas a la crisis orgánica del Estado-nación corporativos prolongan la temporalidad de los gobiernos progresistas, los límites de esta estructura corporativa son categóricos. Salir de estos límites implica transformar la estructura estatal o abandonar toda forma de Estado, optando por formas autogestionarias de la potencia social.

 

  1. Se sostienen los ciclos del Estado-nación corporativo, también los ciclos de las crisis de los Estado-nación, con la constitución y reproducción de subjetividades subalternizadas. Entonces, una condición de posibilidad histórica para salir de la crisis orgánica del Estado-nación es liberar la potencia social, liberar la autodeterminación de subjetividades emancipadas, capaces de imaginación e imaginarios radicales, capaces de crear asociaciones y composiciones alterativas, configurando mundos alternativos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Genealogía de la decadencia

 

 

 

 

 

 

 

 

Quizás el libro sistemático de Nietzsche sea Genealogía de la moral, acompañado del Nacimiento de la tragedia, que también se puede decir que tiene una exposición sistemática. Los otros libros tienen características más bien intempestivas; son como estallidos e irrupciones volcánicas, como cataclismos de interpelación. Con sus propias características literarias Así hablaba Zaratustra y con una extensa exposición en forma de aforismos Humano demasiado humano. Bueno pues, nos detendremos en Genealogía de la moral; que, desde nuestra perspectiva e interpretación, parece ser el libro donde se asienta y de edifica como la estructura conceptual de la filosofía crítica o de crítica de la filosofía de Nietzsche, donde se expone esta estructura conceptual en su propio núcleo teórico.

 

Cuando la crítica tiene como referente a la moral coloca en observación analítica a una relación primordial, la relación del cuerpo con la institucionalidad. La moral tiene que leerse en esta relación, es más, es esta relación. La institucionalidad se inscribe en el cuerpo y el cuerpo responde a la institucionalidad; quizás, primero, como resistencias, después pasivamente, para subsiguientemente asumir comportamientos inducidos. La moral no es solamente un sistema de valores, tampoco un cuadro de principios categóricos, ni sólo la razón práctica; nada de lo mencionado podría darse sin la relación primordial aludida, entre cuerpo e institucionalidad. Esta relación primordial no sería posible sin la condición de posibilidad existencial que es la vida, sobre todo la forma cómo responde la vida, es decir el cuerpo vivo, a la intervención institucional, la forma cómo resiste, como se adecúa, incluso como ataca a estas intervenciones institucionales. El secreto entonces está en comprender este funcionamiento, el de la vida, el de los cuerpos, respecto a las mallas institucionales.

 

La tesis de Nietzsche es la de la separación del cuerpo y el espíritu, que nosotros hemos llamado economía política del cuerpo; la pregunta entonces es: ¿Por qué el cuerpo deja que se dé esta separación, si es que efectivamente se diera? Caso contrario, que parece que es más plausible, la pregunta es: ¿Si no se diera efectivamente esta separación, salvo imaginariamente, cómo actúa el cuerpo, cómo responde a las intervenciones institucionales? Vamos a tratar de responder a estas dos preguntas.

 

En lo que respecta a la primera pregunta, podemos decir que Nietzsche la responde en parte. En lo que corresponde a la tesis de la inversión de valores. Los valores fuertes, basados en los instintos, correspondientes a los hombres fuertes, se invierten, se transmutan en valores débiles, basados en la consciencia culpable, correspondientes a los hombres débiles. Pero, ¿cómo es que hay valores fuertes correspondientes a hombres fuertes? ¿Cómo surgen estos valores? ¿Por la guerra? ¿La victoria convierte a los vencedores en hombres fuertes? ¿De la guerra nacen los valores fuertes? ¿Qué es un valor? Nietzsche concibe que el valor se basa en las sensaciones y en los sentimientos, sobre todo en el placer. ¿Es suficiente esta semiótica de los afectos? El placer o el displacer, las sensaciones y los sentimientos, para dejar de ser imágenes sin discurso, si se quiere, sin concepto, requieren, para llegar a ser valor, de una valoración. Esta acción es posible cuando se tiene no solo la posibilidad de comparar sino de medir, por lo menos ponderar. Esto sólo se puede dar cuando hay acuerdo para hacerlo; reglas, métodos y procedimientos para hacerlo, aun cuando todo esto se haga o parezca que se lo haga espontáneamente. Métodos, reglas y procedimientos son posibles en un contexto institucional. La codificación del placer y el displacer, de las sensaciones y los sentimientos, es una tarea institucional.

 

No hay, por lo tanto, una belle époque, como presupone, de alguna manera Nietzsche. No hay esa época donde los valores habrían surgido espontáneamente como producto de la victoria de la guerra. La guerra misma es también una relación institucional, aunque sea una relación de quiebre, de choque, de lucha a muerte. Eso de los valores fuertes, en contraste de los valores débiles, se desmorona ante la constatación de la historia efectiva. Los valores no son ni fuertes ni débiles; responden a la codificación institucional de su época y contexto.

 

La crítica de los valores de una época, por ejemplo, la moderna, es crítica a la institucionalidad de esa época, critica de la institucionalidad de la modernidad; tal como lo hace Nietzsche. Ahora bien, ¿por qué detenerse ahí, por qué no extender la crítica a la moral de otra época, la anterior, o la que se supone heroica, la de la belle époque? ¿Por qué no hacer la crítica a la institucionalidad de esos otros valores? ¿Acaso se podría sostener la crítica si se idealiza una época en contraste de otra época, considerada desencantada? La crítica es consecuente, no tiene miramientos.

 

La época de contraste a la modernidad, la de la belle époque, es también de conjuntos institucionales, quizás de conglomerados institucionales, mas bien, dispersos, incluso fragmentados, con características singulares, manifestando incongruencias entre un conjunto y otro. No ocurriría como en la modernidad, cuando el Estado-nación homologa los conjuntos institucionales, los articula e integra, estatalizándolos, logrando un sistema homogéneo de códigos, valoresprincipios, normas, leyes. De todas maneras, lo que interesa no es tanto esta diferencia entre lo disperso y fragmentado respecto de lo homogéneo, sino que la institucionalidad o institucionalidades de la belle époque  intervienen en la codificación y decodificación del placer, del displacer, de las sensaciones y los sentimientos.  Para afirmar que estos valores, los de la belle époque, sean mejores que los valores de la época de la decadencia, la modernidad, habría que demostrar que la institucionalidad de esa época es mejor a esta última.  Esto no hace Nietzsche.

 

Sin decir que una época es mejor a otra; por el momento, esta discusión no es necesaria. Lo que importa es lo siguiente: La crítica de Nietzsche a la moral moderna adquiere su connotación por esta separación de cuerpo y espíritu, que es clave para comprender el nihilismo o la genealogía del nihilismo en la modernidad, con el antecedente fundante del cristianismo. Esta separación es dominación sobre el cuerpo, por parte de la institucionalidad vigente. Para que la belle époque sea tal, es decir, el paraíso de los valores afirmativos, no tendría que darse la dominación sobre el cuerpo, aunque no se dé necesariamente, la separación de cuerpo y espíritu.  Puedan darse otro tipo de efectos imaginarios institucionales que legitimen las dominaciones de entonces. Si no fuese así, que es no solamente lo más probable, sino que ha sido descrito por las investigaciones históricas, entonces los valores de la época en cuestión son también valores del poder, vale decir, valores afirmativos o de afirmación del poder vigente; no son valores afirmativos de la vida, como propone Nietzsche.

 

¿Qué es afirmar la vida? Esta es la pregunta. Si partimos de Nietzsche, tanto en la versión del Nacimiento de la tragedia, así como en las versiones de Así hablaba Zaratustra como en Genealogía de la moral y Humano demasiado humano, sin mencionar otros libros, la afirmación de la vida tiene que ver con la capacidad estética, lo que nosotros llamamos potencia creativa. Si partimos de nuestras tesis, la afirmación de la vida es liberar la potencia, en el caso de las sociedades humanas, liberar la potencia socialAfirmar la vida es crear, para Nietzsche, crear nuevos valores. Si nos concentramos en la creación estética, no sería demostrable que en la belle époque, que tiene como referente el pensador crítico, se haya creado más que en la modernidad. Lo que haría aparecer, mas bien, a la modernidad como la belle époque, contrastando la tesis de Nietzsche al respecto. Sin embargo, no parece ser éste el camino de la evaluación de las tesis de Nietzsche, sobre todo la que tiene que ver con la afirmación de la vida. La crítica de Nietzsche a la modernidad es consistente, sobre todo en lo que respecta a la decadencia, al nihilismo, a la voluntad de nadaprocesos asentados en la separación de cuerpo y espíritu, que llamamos economía política del cuerpo. La inconsecuencia de la crítica de Nietzsche radica en detener la crítica en la época moderna, no haciendo lo mismo, asumiendo otras condiciones y características histórico-culturales, con la época anterior, imaginada por él la belle époque, aunque lo haga de manera hipotética.

 

Sin embargo, la afirmación de la vida no puede circunscribirse sólo a la creación estética, particularmente a la creación de nuevos valores, incluso en el caso que esta creación de valores no se restrinja a la creación estética. La vida es memoria sensible, como concibe la biología contemporánea. En este sentido, la vida es creación en sentido pleno de la palabra, es autopoiésis suprema; déjenos utilizar esta palabra filosófica con pretensiones absolutas, con objetivos ilustrativos. Desde esta perspectiva la afirmación de la vida va más lejos que la creación de valores y de la creación estética. Para decirlo tautológicamente, la vida crea vida. La afirmación de la vida vendría a ser afirmar esta capacidad, mejor dicho, esta potencia creativa, esta potencia de la vida.

 

Este horizonte vital, este horizonte nómada de la potencia de la vida, no puede interpretarse desde el esquematismo dual hombre fuerte/hombre débil. Este dualismo, fuera de ser esquemático, responde a códigos de una determinada estructura institucional de una época, por así decirlo; responde a los prejuicios de una época. Este dualismo no sirve, en absoluto, en la comprensión de la vida y de la afirmación de la vida. Se explica, en todo caso, este esquematismo feudal, por la formación histórico-social dada en la época en cuestión; se explica entonces por la forma cómo es configurada socialmente la vida por la estructura institucional de una época. Desde nuestra perspectiva, por la forma cómo se captura parte de las fuerzas de la potencia social; esta vez, las formas feudales de captura; las máquinas de guerra feudales. Este dualismo esquemático feudal, mas bien, expresa otra forma de desvalorizar la vida, restringirla, intentando someterla, desplegando formas de dominación singulares, atingentes al feudalismo. Por lo tanto, desde nuestro punto de vista, no se puede oponer a la decadencia de la modernidad, masiva, vertiginosa, compulsiva y tanática, otra forma de decadencia, restringida, fragmentaria, localista, territorial, soberana, en el sentido de las soberanías feudales, relativa a los pequeños soberanos que eran estos señores, en relación  a la tierra controlada y a la población de siervos capturada.

 

Parece que la decadencia hay que conceptualizarla no sólo en relación a los valores, a la inversión de los valores, a la transvaloración, sino en relación a la potencia de la vida. Cuando esta potencia es inhibida, en parte capturada, restringida, manipulada con objeto de dominación. Entonces la genealogía de la decadencia es más amplia y compleja de lo que nos ha enseñado Nietzsche.

 

Según se ve, hay más conexión y continuidad, que desconexiones y discontinuidad, que ruptura, entre la época feudal y la época moderna. Claro que debemos circunscribir el fenómeno del feudalismo a su contexto europeo y no generalizarlo mundialmente, como lo ha hecho el marxismo vulgar con la peregrina tesis de la sucesión evolutiva de los modos de producción. Incluso podemos decir, exagerando, para ilustrar, que la decadencia se masifica y profundiza con el capitalismo, en la época moderna, que ya es un acontecimiento mundial. Ciertamente sería un error concebir un proceso o procesos homogéneos y continuos de decadencia, tanto en la época moderna como en la época feudal. La decadencia puede aparecer como dominante, hasta hegemónica en periodos, que pueden ser largos, medianos o cortos; sin embargo, es intermitente, y se combina con otros periodos, que suelen ser cortos, en el mejor caso, medianos, de apogeo; desde nuestra interpretación, de despliegue de la potencia. Por otra parte, el desenvolvimiento de la decadencia no es nunca absoluto, si lo fuera, hace tiempo hubiera desaparecido la vida humana, hubieran desaparecido las sociedades humanas o, si se quiere, hubieran desaparecido las sociedades humanas de la historia de la vida.

 

Lo que hay que comprender es la dinámica de la paradoja de apogeo y decadencia, también si se quiere, de decadencia y apogeo. Esta paradoja forma parte de las paradojas de la vida, también en sentido general, de las paradojas de la existencia.

 

Son excelentes las tesis de Nietzsche sobre la conciencia culpable, el resentimiento y el espíritu de venganza que caracterizan al nihilismo; sin embargo, siendo consecuentes, no se podría, a su vez, invirtiendo lo que se critica, convertir en culpables a los que inoculan la conciencia culpable, los sacerdotes de todo tipo. Con esto no se hace otra cosa, como decimos, que invertir lo que se critica. Los sacerdotes son otras víctimas, por así decirlo, aunque este término no lo apruebe Nietzsche y lo descalifique como parte del discurso nihilista; mantenemos el término con fines ilustrativos. Son víctimas de las formas de poder que, en parte, desencadenan, y en parte, heredan. Forman parte de los engranajes de poder, atrapados en la telaraña institucional, que ellos creen que controlan y que sirve a sus fines, que puede ser el de la salvación de las almas, de acuerdo a su discurso, o sencillamente pedestre, de manipulación y dominio temporal.

 

Esto no quiere decir que no hay que interpelar los sacerdocios y las iglesias de toda clase, tampoco, ni mucho menos, que no se debe luchar contra los dominadores, sino, que para hacerlo consecuentemente es menester comprender y conocer las dinámicas y mecánicas de las fuerzas en juego. Es necesario conocer el funcionamiento de las máquinas de poder en cuestión, cómo inviste a dominantes y dominados, cómo inscribe en los cuerpos la historia política, internalizando el poder como prejuicio de verdad, sobre todo induciendo comportamientos y conductas y modulando los cuerpos. Aunque a unos los invista de privilegiados y a otros de explotados, subalternados, subordinados, colonizados. Es indispensable salir de los esquematismos duales y comprender las paradojas del poder.

 

La genealogía de la decadencia tiene que ver con el nacimiento, la génesis, la recurrencia, la transformación, la actualización, extensión y profundización de la decadencia en las distintas épocas históricas. Ahora bien, la decadencia, la genealogía de la decadencia, no es lo único que se da. Se dan multiplicidades de genealogías en el nacimiento y emergencia de los acontecimientos; la genealogía de la decadencia como que forma parte de la genealogía del poder.  Se puede interpretar el acontecimiento desde el análisis de procesos, considerando procesos a sucesos que aparecen como encadenados; concebir estos procesos como genealogías; además, comprender y visualizar la articulación del entrelazamiento de procesosinterpretados como genealogías. Los acontecimientos también comprenden, desde la perspectiva de la interpretaciónanti-genealogías, algo así como rupturas, nacimientos, creaciones, nuevos procesosnuevas genealogíasnuevos mundos.

 

Hemos dicho que se da como una paradoja entre apogeo y decadencia. ¿Cómo sucede esto? En Explosión de la vida[157] dijimos que es indispensable comprender la sociedad alterativa, que esta sociedad no hay que buscarla en el futuro, que no es una utopía; que esta sociedad es la sociedad efectiva, la sociedad vital, la sociedad que se da todos los días y todas las noches. Sociedad que crea, aunque sea de manera imperceptible; a veces, sus creaciones irrumpen como cataclismos, ocasionando transformaciones intempestivas, abruptas, que parecen repentinas, que, sin embargo, se vinieron gestando, acumulando, silenciosamente. Lo que pasa que la sociedad oficial, la sociedad capturada por las mallas institucionales del Estado, se hace visible, estridentemente visible, como queriendo demostrar su existencia espectacularmente. Cuando, en realidad, esta sociedad pantalla, esta sociedad mediática, esta sociedad reconocida oficialmente, esta sociedad normal y normatizada, subsumida a la acumulación y disponibilidad de fuerzas del Estado, depende de la vitalidad y las fuerzas capturadas de la sociedad vital, de la sociedad alterativa. Las ciencias sociales se han movido observando esta sociedad del orden, esta sociedad institucionalizada; no han visualizado la sociedad alterativa, salvo cuando irrumpe con fuerza volcánica, en las crisis revoluciones.  Las ciencias sociales son parte de los discursos de legitimación del poder, del Estado, otorgándole existencia a la sociedad institucionalizada, que es la captura estatal de parte de las fuerzas de la sociedad vital. Se explica entonces que el apogeo devenga de la vitalidad social, cuando la sociedad alterativa irrumpe, desordenando la paz social, la legitimidad, la soberanía, el dominio, del Estado, dejando al desnudo una sociedad institucionalizada, que no es otra cosa que una sociedad aditiva, parasita, que absorbe la vitalidad de la sociedad alterativa. Esta irrupción no es soportada por el Estado, sobre todo de manera prolongada; entonces, a pesar de la renovación social y estatal que provoca, la irrupción vital tiene que ser contenida y controlada. Cuando el Estado lo logra, reorganiza ampliamente la sociedad institucionalizada, a costa de la sociedad alterativa.

 

De esta manera, visto panorámicamente, al periodo de apogeo le sucede el periodo de decadencia. Sin embargo, el proceso de apogeo y el proceso de decadencia han coexistido paralelamente, como pugnando. Las fuerzas vitales han pugnado con las fuerzas debilitantes, conservadoras, relativas al orden institucional. Lo que pasa es que en un periodo, que muchas veces es el inicial, la hegemonía le corresponde a las fuerzas vitales; en tanto que en otro periodo, que muchas veces es el subsiguiente, la hegemonía, en cambio, le corresponde a las fuerzas conservadoras, con lo que empujan a la decadencia.  ¿Con esto decimos que en el largo ciclo, en la época, se terminan imponiendo las fuerzas conservadoras, dándole un perfil decadente, no solo a esta etapa, sino incluso a toda la época?

 

Esto es lo que parece en la panorámica; sin embargo, el perfil de una época no puede definirse por su conclusión o clausura, que coincide con la crisis civilizatoria, sino tiene que ponderarse con lo que ha acontecido en toda la época, en todo sus periodos, evaluando sus transformaciones estructurales respecto a sus conservadurismos estructurales, que queda como pesada herencia.

 

La crítica lucida, iluminista, critica del iluminismo, crítica de la modernidad, de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, ha alumbrado sobre las condiciones de posibilidad históricas, sobre las condiciones de posibilidad culturales, sobre las condiciones de posibilidad moral de la sociedad y sus instituciones; sin embargo, al concentrarse en el aspecto más criticable, que signaba la época,  dejaron de lado la mecánica y dinámica completa de los campos de fuerza en pugna. Al hacerlo, terminaron, de alguna manera, haciendo lo que criticaban, esquematizando dualmente la confrontación compleja de las fuerzas, convirtiendo a las otras fuerzas en el antagonismo absoluto, en el enemigo absoluto, volviendo a caer en su demonización. La brillante interpelación crítica terminaba, con esto, limitada, pues no lograba evaluar la compleja dinámica de las fuerzas y sus composiciones. Salir del dualismo esquemático y del esquematismo dualista es urgente, para poder abordar la complejidad dinámica de la fuerzas sociales; encaminar así las luchas emancipativas y libertarias al desmantelamiento de las máquinas aparatosas del poder. De lo contario, seguir en el dualismoinvirtiendo lo que hacen los enemigos, termina reproduciendo lo que se critica, contra lo que se lucha, otorgándole una nueva máscara.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Alteridad y/o gubernamentalidad

 

 

Dedicado a Edgardo Lander, intelectual crítico, investigador asiduo, comprometido con las salidas pos-capitalistas, también por encontrar salidas a las crisis de los gobiernos progresistas.

 

 

 

 

 

 

 

 

En Cartografías histórico-políticas y en La explosión de la vida apuntamos hacia una teoría de la sociedad alterativa. Dijimos que la explicación del acontecimiento se encuentra en la capacidad alterativa de las sociedades; en términos filosóficos, en la potencia social[158]. En los siguientes desplazamientos epistemológicos, en Episteme compleja, proponemos que la existencia misma es paradójica[159]. Todos los planos, todos los espesores, todos los bloques de intensidad acontecen de modo paradójico. En esta perspectiva, en Epistemología paradójica planteamos que toda transformación se poya en el conservadurismo, así como el azar se sustenta en la necesidad. Ahora, pensando paradójicamente, decimos que intentaremos abordar el análisis de los gobiernos progresistas de Sur América, su continuidad expansiva e intensiva en el modelo colonial del extractivismo del capitalismo dependiente, su persistencia en el Estado rentista, desde el acontecer paradójico de la alteridad social y la gubernamentalidad.

Acudimos al concepto de gubernamentalidad, no así al concepto de Estado, por toda la crítica anterior desplegada, desde Horizontes de la descolonización hasta Episteme compleja[160]. El Estado es una institución imaginaria de la sociedad sustentada en la materialidad institucional; lo concreto no es el Estado sino la gubernamentalidad, entendida como técnicas, prácticas, concepciones estratégicas de incidencia en los cuerpos, ocasionando efectos políticos, sociales y culturales. En esto estamos de acuerdo con Michel Foucault[161]. Por eso, preferimos concebir la paradoja de alteridad y gubernamentalidad, no así la dualidad alteridad-Estado, pues esta dualidad no se da, salvo en la “ideología” política moderna que separa Estado de sociedad.

 

Como dijimos anteriormente, en Gramatología del acontecimiento, hay formas de gubernamentalidad. No son muchas, pues se trata de formas estratégicas, más o menos consolidadas en las prácticas, comportamientos y conductas. Identificamos, sin pretender que son todas, a la gubernamentalidad territorial, que corresponde a la monarquía absoluta o a formas de representación del poder parecidas; a la gubernamentalidad republicana, que corresponde al ejercicio de la democracia representativa. Gubernamentalidad republicana que puede extenderse como gubernamentalidad liberal, proyectando la libertad del mercado a la población; esto se expresa claramente en la consigna liberal de dejar hacer, dejar pasar. O, en caso contrario, puede entrar en crisis política, si se quiere crisis de gobernabilidad, desatando motines, golpes de Estado, gobiernos de facto. Concordando con Foucault nuevamente, identificamos una gubernamentalidad neoliberal; en parte como extensión de la gubernamentalidad liberal, en parte como una transformación y desplazamiento de esta gubernamentalidad.  La gubernamentalidad neoliberal es, según Foucault, la expresión más notoria de la biopolítica, que nosotros llamamos biopoder, diferenciándolo de la biopolítica. Esto sobre todo por los efectos masivos, por los efectos, si se quiere estadísticos, en la población. Por otra parte, se trata, de manera más clara y evidente de una gubernamentalidad con pretensiones administrativas y normativas sobre la vida, los ciclos de la vida. Para ilustrar diremos que se trata de un poder que se ejerce conscientemente sobre la vida. Por otra parte, a diferencia de la concepción liberal, ya no se trata de dejar hacer y dejar pasar, o no solamente de esto, ni es lo más importante, sino de la competencia. También identificamos la gubernamentalidad clientelar, vinculada a los gobiernos populistas.

 

Por lo tanto, la tesis paradójica es la que relaciona alteridad y gubernamentalidad. Decimos que la alteridad social es la que provoca adaptaciones, adecuaciones, desplazamientos, incluso transformaciones, en las formas de gubernamentalidad. En este sentido, ya que, como se puede ver, incluimos a los gobiernos progresistas en esta forma de gubernamentalidad clientelar, el intervalo paradójico de partida es que la alteridad social, en otras palabras, las movilizaciones sociales, son las que han ocasionado el desplazamiento de los gobiernos neoliberales a los llamados gobiernos progresistas.

 

La alteridad es potencia; la gubernamentalidad es poder, ejercicio del poder. La alteridad es vitalidad social, dinámica social y transformación; la gubernamentalidad es forma de gobierno de la vitalidad social, basada en la captura de fuerzas sociales mediante procedimientos institucionales. La gubernamentalidad es ejercicio del poder; por lo tanto, es la forma concreta del Estado. Es el Estado en su realización concreta, a diferencia de la idea abstracta de Estado. Las formas de gubernamentalidad se dan como adaptaciones y adecuaciones de los diagramas de poder a las presiones y desplazamientos de la potencia social, de la alteridad social. Buscan no solo controlar los desbordes sociales, sino también aprovechar esta energía social para reproducir el poder, aunque éste tenga que variar sus formas, mutar sus estructuras, incluso, en algunos casos extremos, transformar sus estructuras; empero, preservando las dominaciones, aunque se den por otros medios, discursos, escenarios y personajes.

 

La tesis de la que partimos para abordar el análisis de los llamados gobiernos progresistas de Sur América es:

 

Los gobiernos progresistas manifiestan y estructuran la forma de gubernamentalidad clientelar[162]. Esta forma de gubernamentalidad es ocasionada por las movilizaciones sociales anti-sistémicas, en su forma de expresión política anti-neoliberal. La gubernamentalidad clientelar o populista ensancha, en principio, los derechos democráticos, adquiriendo extensión, profundización, incluso la condición de nuevas generaciones de derechos, como es el caso de los derechos colectivos y los derechos de la madre tierra. Estas son concesiones del poder a la potencia social; empero, hay quedan, pues, después, la gubernamentalidad clientelar busca incorporar a las representaciones sociales a la institucionalidad estatal, a las lógicas del poder, incluso a las prácticas perversas del poder. Formar clientelas con asistencias, con paternalismos, con bonos, con muestras afectivas, es la estrategia fundamental de reproducción del poder de esta forma de gubernamentalidad, que reproduce el Estado, por medios efusivos populistas. En una tercera etapa, la forma de gubernamentalidad clientelar se comporta como los encierros disciplinarios para contener la latencia o los desbordes sociales. Esta es su fase represiva, incluso dentro de las propias filas.

Si bien los gobiernos progresistas se distinguen de los gobiernos neoliberales en que mejoran los términos de intercambios entre las periferias y los centros del sistema-mundo capitalista, si bien amplían la inversión social, marcando la diferencia con discursos con pretensiones revolucionarias, tanto los gobiernos neoliberales como los gobiernos progresistas no salen de los límites y los márgenes definidos por la geopolítica del sistema-mundo capitalista. Los gobiernos progresistas desplazan la dependencia hacia mejores condiciones; empero, no salen del círculo vicioso de la dependencia. Es más, se puede decir, que al atemperar la lucha de clases, la guerra de razas, la lucha y la guerra anti-colonial y descolonizadora, aparecen, más bien, como los dispositivos adecuados para dócilización  de los movimientos sociales anti-sistémicos[163].

 

Sin embargo, la pregunta concreta es: ¿Cómo ocurre esto? ¿Cómo la alteridad, que ocasiona mutaciones, cambios, desplazamientos, hasta transformaciones, en las formas de gubernamentalidad, es absorbida por estas formas, sobre todo cuando mutan, cambian, se desplazas y se transforman? ¿Cómo pasa de la alteración a la conservación? Obviamente sin que deje, por otro lado, de manifestarse la alteridad. Lo que hay que comprender es la mecánica y la dinámica de las fuerzas, que son el substrato de estas tendencias y resultantes[164].

 

Hay por lo menos dos hipótesis. La primera, tiene que ver con que una vez producido el desplazamiento en las formas gubernamentales, el desplazamiento mismo se convierte en necesidad; es decir, se institucionaliza y funciona como institución, en la lógica de la reproducción institucional. La segunda, que siendo la forma de gubernamentalidad lo concreto político del Estado, sus desplazamientos, mutaciones, incluso hasta transformaciones, dentro de determinados márgenes permitidos, sirven para resguardar la idea del Estado, la institución imaginaria de la sociedad, la reproducción del poder mismo, como genealogía de diagramas de poder. En adelante, trataremos de incursionar en el análisis de las genealogías políticas de Sur América a partir de estas dos hipótesis.

 

 

Alteridad e institucionalidad

 

La alteridad aparece como desborde, también como flujos de fuga, así como desviación, incluso comienza a aparecer como resistencias. La alteridad altera un orden institucional o por lo menos lo afecta. La alteridad promueve otras prácticas, otras relaciones, nuevas, hasta pueden ser renovadas, repetidas en su variación, desordenando la institucionalidad. Pero, una vez dada la alteridad, el hecho de que se repita, la hace el comienzo de una nueva regularidad; por lo tanto, camino a una nueva institucionalidad, si no es el reforzamiento de la anterior. Se puede decir, extremando el argumento que, la alteridad funda una nueva institucionalidad.

 

Para abordar descriptivamente, además de analíticamente, esta paradoja de alteridad e institucionalidad, nos concentraremos en el proceso venezolano, conocido como el de la revolución bolivariana. Desde nuestra evaluación, vemos que el proceso venezolano es el más profundo y consistente de los procesos políticos y sociales que se dieron en Sur América. A diferencia de los procesos bolivianos y ecuatoriano, por ejemplo; de los tres que se consideran, por los analistas, comentaristas y apologistas, como “radicales”, el proceso de la revolución bolivariana ha fortalecido los tejidos sociales organizativos de los y las explotadas, marginadas, discriminadas, condenadas de la tierra. Los procesos boliviano y ecuatoriano han preferido fortalecer el aparato de Estado, en el sentido de la soberanía del Estado-nación, fortalecer el control del gobierno. Si bien, también en esto ha caído la revolución bolivariana, generando contradicciones en el proceso, contradicciones con las comunas y las bases sociales del proceso, no ha quedado sólo en este trámite burocrático.

 

Para comprender el embrollo de la problemática de los gobiernos progresistas de Sur América es menester enfocar esta problemática desde la perspectiva de la complejidad. Para tal efecto intentaremos hacerlo configurando, por lo menos, algunos de los distintos campos de fuerza donde están insertos los gobiernos progresistas. En principio, hablaremos de los campos definidos por la sociología; el campo social, el campo político, el campo económico, el campo cultural. Campos que son visualizados, por nosotros, como campos de fuerzas. Entones hablamos de la correlación fuerza, por cierto cambiante, en los distintos campos, así como en el entramado de campos. Hablamos de las tendencias, de los flujos, de las mecánicas y dinámicas de estas fuerzas.

 

 

El campo económico

 

El campo económico en el que se mueven los gobiernos progresistas es el definido y configurado por la economía-mundo capitalista. Esta economía-mundo está compuesta por multiplicidad de formaciones económicas nacionales y regionales; cada cual con su propia singularidad, a pesar de las analogías, sobre todo debido al tejido “universal” del sistema-mundo capitalista. Varias veces hemos asumido la estructura de la geopolítica del sistema-mundo capitalista; hemos repetido la diferenciación entre centros de acumulación de capital y periferias de despojamiento y desposesión de recursos naturales. Esta fue nuestra referencia geográfica mundial, aceptando la variaciones de centros y periferias, sus desplazamientos. Sin embargo, es menester no perder de vista las singularidades locales, nacionales y regionales de las formaciones económicas particulares.

 

Se puede decir que Venezuela puede definirse como una economía exportadora de materias primas, principalmente de petróleo.  El rubro principal en la economía  corresponde a  la explotación y refinación de petróleo para la exportación. Según los organismos internacionales es la cuarta economía más grande de América Latina, después de Brasil, México, Argentina;  teniendo en cuenta el PIB (PPA), de acuerdo al Banco Mundial. El petróleo en Venezuela es procesado por la empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA). La historia de la explotación petrolera en Venezuela se inicia en el 1875, con la participación de la Compañía Petrolera del Táchira en la hacienda La Alquitrana. Posteriormente es construida la primera refinería, donde se obtenían productos como el queroseno y el gasóleo. La abertura del pozo Zumaque I en 1914 señala el comienzo de la explotación petrolera comercial a gran escala. Es a sugerencia de Venezuela que es fundada la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), en el contexto del mercado petrolero mundial[165].

La economía venezolana no se caracterizaba por la preponderancia estructural de la exportación petrolera; mas bien,   en la precedente historia económica el eje direccional era la producción agropecuaria. Incluso hacia el año 1920, la producción petrolera jugaba todavía un papel marginal en la definición de la estructura económica. En el ciclo económico precedente, mas bien, agrícola, los principales productos de exportación eran el café, el cacao, el ganado vacuno, el azúcar, tabaco, cueros de res y caucho. El año de 1920 se genera un punto de inflexión en la economía venezolana;  el peso y la proporción de las exportaciones agrícolas disminuirán en comparación con las exportaciones petroleras. Ya en el año 1929 Venezuela se convierte en el segundo mayor país productor de petróleo, siguiendo en el rubro a Estados Unidos; sin embargo, ya era el mayor exportador de petróleo del mundo. La expansión petrolera acarreó el abandono de la agricultura.

Haciendo comparaciones, la renta per cápita de Venezuela, a principios del siglo XX, era notablemente inferior a la de los países de América del Sur, como Argentina, Chile, Uruguay, incluso era inferior a la de países equivalentes, por así decirlo, en términos comparativos,  como Perú y Colombia.

Se puede decir que a partir de 1985, a consecuencia de la explotación del petróleo a gran escala, debido a la estadística de los promedios, Venezuela supera la renta per cápita de Perú y Colombia; remarcando que en 1986 experimentó un vertiginoso crecimiento, convirtiendo a Venezuela en el país de América Latina de mayor renta per cápita. Entre 1990 y 1995, Venezuela siguió siendo el país de América Latina con mayor renta per cápita; sin embargo, es a partir de 1996 que se produce una ralentización. La inflación en los años 1990 fue aproximadamente del orden de 31%, en cambio llegó al 103% a finales de la década.

El crecimiento del Producto interno bruto llegó al orden del 3,4% el año 2001. El incremento constante de los precios internacionales del petróleo impulso la economía, observándola desde un enfoque cuantitativo, sacándola de una fuerte recesión experimentada durante el año 1999. A principios de 2003 se estableció un control de cambio; se pasó de un esquema con tasa de cambio libre, flotando en bandas, a un esquema de precio fijo, controlado por el gobierno; en estas circunstancias el bolívar se devaluó considerablemente. En el año 2003, la economía venezolana tuvo una caída de su PIB del orden del 7,7%; esta repercusión se puede explicar, en parte, debido la crisis política ocasionada por la ofensiva oligárquica y del imperialismo,  a esta ofensiva se añaden diversos conflictos sociales, sobre todo la paralización de actividades de la principal empresa estatal petrolera PDVSA.

Durante el año 2004 Venezuela experimentó un crecimiento del 17,9% en su PIB; lo que muestra el impacto positivo tanto de la subida de los precios del petróleo en el mercado mundial, así como el efecto de las políticas económicas soberanas, asumidas por el gobierno.  La inversión social se expandió, incidiendo notablemente en la mutación de la estructura social. Hay que recalcar el papel innovador de las denominadas Misiones en distintos campos sociales; en los campos educativos, alimenticios y de salud; mejorando la calidad de vida de la población con más bajos recursos, que, según las estadísticas sociales comprometían al 37% de la población.

El balance económico el 2005 fue positivo, sobre todo en sus cuentas externas, llegando a sumar 31.000 millones de dólares. Las exportaciones alcanzaron 56.000 millones de dólares, representado el tercer lugar en importancia en América Latina, detrás de México y Brasil. En tanto las importaciones totalizaron 25.000 millones de dólares. Por otra parte, las reservas internacionales alcanzaron casi los 30.000 millones de dólares. El 2005 Venezuela alcanzó un crecimiento de la economía del 9,4% del Producto Interno Bruto, ubicándose en el primer lugar entre los países del continente, por segundo año consecutivo. Sin embargo, también el 2005 Venezuela registró la inflación más baja de los últimos 7 años, cayendo hasta un 8,9% según cifras del Banco Central de Venezuela (BCV) y de la CEPAL. Finalmente en 2005 las reservas internacionales sumaron 30.311 millones de dólares. Según el informe anual del BCV durante 2006, el PIB venezolano tuvo un incremento del 10,3%. Ese año el sector no petrolero de la economía tuvo un incremento anual de 11,4% y las reservas internacionales alcanzaron la cifra de 37.299 millones de dólares.

El 7 de marzo de 2007 el Gobierno anunció un proceso de reconversión monetaria, la moneda llevó el nombre transitorio de Bolívar Fuerte (BsF). Su emisión fue controlada por el BCV, ente que estableció un cambio de 2,15 bolívares fuertes por dólar, lo que supone dividir entre mil el bolívar que circulaba desde 1879. La nueva escala monetaria venezolana fue aprobada mediante decreto presidencial con la publicación en la Gaceta Oficial N° 38.638, por iniciativa del Presidente Hugo Chávez, con la intención de reducir la inflación y facilitar el sistema de pagos nacionales adecuándose a los estándares internacionales.

En 2007 en su informe Panorama social de América Latina de ese mismo año, la CEPAL reconoció que Venezuela entre 2002 y 2006, disminuyó en ese período sus tasa de pobreza en 18,4% e indigencia en 12,3%, pasando de una pobreza de 48,2% y una indigencia de 22,2% en 2002, a 37,9% y 15,9% respectivamente en 2005 y a 30,2% y 9,9% respectivamente en 2006. Al cierre del año 2007 y según las cifras reportadas por el BCV la economía venezolana tuvo un crecimiento de 8,4%, impulsado por la expansión de la inversión y del consumo, con lo que se llegó a diecisiete trimestres de crecimiento consecutivo del PIB desde finales de 2003, registrándose desde ese mismo periodo un crecimiento interanual promedio de 11,8%, el consumo registró la tasa de variación más alta desde 1997, al crecer 18,7%. Las actividades económicas que registraron el mayor crecimiento fueron comunicaciones, con el 21,7%, actividad financiera y seguros, con el 20,6%, y construcción, con el 10,2%.

El año 2009 el PIB venezolano experimentó una caída de 3.3%. El presupuesto nacional de 2009 fue calculado estimando el ingreso de 60 dólares por barril de petróleo; sin embargo, a finales de marzo se reformuló a 40 dólares, para ajustar la caída de los precios del petróleo a nivel global de 2009 y 2010, lo que desencadenó a su vez una crisis energética interna.

El año 2010 el PIB cayó 1.4%. En estas condiciones,  dentro del contexto regional, Venezuela queda detrás del resto de Latinoamérica y el Caribe, que experimentó en promedio un crecimiento de 6%. Para expertos de la CEPAL, la crisis energética y la caída en la exportación de petróleo venezolano fueron las causas para que Venezuela entrara en recesión. Esta recesión duraría dieciocho meses, desde segundo trimestre de 2009 hasta el tercer trimestre de 2010. En septiembre de 2010, el bolívar fue devaluado nuevamente, pasando de 2,15 bolívares por dólar, a un sistema de cambio dual de 2,60 y 4,30 bolívares por dólar, dependiendo  del tipo de transacciones a realizar con dichas divisas. Para aquel entonces, ya el dólar en el mercado negro se cotizaba por sobre los 9 bolívares.

Venezuela en el 2011 experimentó un crecimiento de del orden del 4,2% de su PIB. El PIB no petrolero subió 4,3% y el petrolero 0,6%. Por segundo año consecutivo la economía venezolana siguió teniendo la inflación más alta del continente; los precios de los bienes y servicios subieron 27,6%, un poco más que en 2010 cuando fue 27,2%. Las exportaciones venezolanas al exterior, principalmente petróleo, subió un 42,8% en 2011. Haciendo el balance, Venezuela exportó mercancías por un total de $93.896 millones. Logrando así una balanza comercial con superávit. Las importaciones se incrementaron 18%, al cerrar el año 2011, con un monto de $45.615 millones. Las reservas internacionales del país cerraron el año en $29.899 millones, la cifra es $433 millones menor al cierre de 2010.

En 2012 la economía venezolana cerró con un crecimiento de 5,5%, una inflación de 20,1% y un desempleo de 6,4%, ligeramente más bajo que en 2011. Los sectores que más crecieron fueron finanzas y entidades bancarias, con el 32,90%, y construcción, con el 16,80%. Para el 2013, el gobierno nacional anuncio un aumento del 20% en los precios controlados de la carne de res, pollo, leche y quesos. Sin embargo, a pesar de estas sinuosas curvas estadísticas a las que acostumbra el análisis cuantitativo, el año 2013 Venezuela fue considerado por los organismos internacionales especializados como el país más igualitario de Latinoamérica. El coeficiente de Gini habría alcanzado 0,435 puntos, teniendo en cuenta que 1 es la desigualdad absoluta y cero la igualdad absoluta[166].

El análisis cuantitativo macroeconómico puede ayudar a dibujar un panorama de algunas tendencias económicas; este es un referente estadístico, más que económico, que tiene su valor si es que se utilizan las herramientas analíticas, interpretativas y teóricas de la estadística; sin embargo, los economistas se han acostumbrado a reducir el análisis económico a una lectura repetitiva de los cuadros estadísticos, como si en la descripción de la prosa repetitiva de los indicadores habría alguna explicación. Esta flojera analítica ha terminado de evaporar el análisis económico. De todas maneras, transcribimos las descripciones estadísticas, con pretensiones de análisis económico, para tener un referente gráfico de las tendencias económicas, que pueden, de alguna manera, expresar las direcciones concurrentes de las fuerza, efectivos flujos concurrentes de las dinámicas sociales y económicas.

¿Qué podemos inquirir, una vez visto este panorama cuantitativo? Jugando con las metáforas, podemos decir que, debajo de estas tendencias dibujadas por los informes y “análisis económicos”, concurren y acaecen efectivos enfrentamiento de fuerzas en los distintos campos sociales. Un dispositivo de parte de estas fuerzas es ciertamente el gobierno bolivariano; empero, ¿dispositivo de qué bloque de fuerzas es? ¿Del bloque popular? No es ciertamente dispositivo del bloque oligárquico; pero, tampoco se puede afirmar que es un dispositivo del bloque popular taxativamente. El gobierno bolivariano, lo que hemos llamado gobierno progresista, que también es caracterizado como relativo a la gubernamentalidad clientelar, no está fuera del Estado-nación, por lo tanto, tampoco del orden mundial de los Estado-nación; sigue respondiendo a esta geopolítica global, con sus tensiones, contradicciones y desplazamientos. Las contradicciones del gobierno bolivariano con el Imperio, entendido como orden mundial de las dominaciones múltiples, conjugadas en el sistema mundo-capitalista, son contradicciones dentro de los márgenes aceptables del poder mundial. No son contradicciones que apuntan a la ruptura con el sistema-mundo, con el Imperio, son contradicciones que hacen al el sistema-mundo capitalista, que hacen a la economía-mundo-capitalista. El gobierno bolivariano no pertenece a lo que se llama el bloque popular o solo al bloque popular, sino fundamentalmente pertenece a la malla institucional heredada del Estado-nación, de este modo, pertenece al conjunto de mallas institucionales del orden mundial institucionalizado sobre la base del Estado-nación. Entonces estamos ante un dispositivo entre dos aguas, un dispositivo en medio de la tormenta.

 

Volviendo a las metáforas; la toma del barco por parte de los amotinados acaba con la dirección del anterior capitán y su tripulación; empero, instaura a un nuevo capitán, que aunque tenga mayor legitimidad al representar a los amotinados, conduce una nave destinada a la conquista, sino es al naufragio. Estas naves estatales fueron construidas para ejercer la dominación,  para garantizar la continuidad de múltiples dominaciones heredadas, aunque tengan que hacerlas mutar, incluso transformar sus formas; sin embargo, manteniendo la reproducción del poder. Pretender viajar al paraíso con estas naves es un gran equivoco, acompañado de una gran ilusión, así como de una gran ingenuidad. Los escenarios de desenlace son dramáticos. En uno de los escenarios hipotéticos, aparece la figura de un nuevo amotinamiento contra el nuevo capitán y su tripulación; figura con varias salidas posibles. Los amotinados continúan con retomas del barco cada vez más radicales; los amotinados coadyuvan a reponer en su puesto al anterior capitán destituido y su tripulación; los amotinados terminan haciendo naufragar la nave; los amotinados ya no colocan un nuevo capitán, sino que intentan deconstruir la nave en el viaje, transformando su maquinaria. Esta última salida parece de política ficción y una utopía digna de la literatura; sin embargo, parece la única que puede sacar a los viajantes del rumbo o los rumbos encaminados, definidos por una tecnología de poder inscrita en la estructura de la nave y en los cuerpos de los viajantes. La otra figura es conocida; el bloque oligárquico, aliado al imperialismo, logra derribar al gobierno popular, imponiendo su realismo político, más pragmático, que el realismo político populista.

 

Como dijimos en otros escritos, no hay un campo económico autónomo, separado, esta fue la tesis de la economía política. Tampoco hay un campo económico demarcable cartográficamente, como creía Pierre Bourdieu; el campo económico se encuentra entrelazado con los demás campos sociales; lo que hay es un abigarramiento, es decir, ecologías sociales. El acontecimiento acontece atravesando múltiples planos de intensidad, múltiples espesores de intensidad, articulando y combinando múltiples composiciones sociales. Las fuerzas concurrentes ocasionan desplazamientos, mutaciones, transformaciones ecológicas. Las lecturas de las estructuras sociales, de las estructuras de poder, de las estructuras políticas y de las estructuras económicas, que se hacen, son cortes transversales, son representaciones provisionales; útiles en su momento, en lo que respecta a las operaciones sociales; empero, inútiles operativamente en otros momentos, en el devenir. Si persisten estas representaciones es por la cristalización institucional de las mismas, funcionan como “ideología”. Recurriendo a ellas no se puede explicar, no se puede interpretar adecuadamente, los procesos políticos y sociales donde se encuentran los gobiernos progresistas, como una hoja en la tormenta[167].  Lo que se hace es expresar discursos, que pueden ser académicos, en el mejor de los casos, o políticos, en los casos usuales, que funcionan como dispositivos discursivos en el enfrentamiento de las fuerzas, dispositivos que disuaden a las fuerzas correspondientes a las luchas sociales contra el poder. Pretenden la verdad; la verdad funciona aquí como una exigencia ética o como un axioma. Si se quiere aproximarse a la comprensión de los procesos políticos y sociales recientes, es menester liberar la percepción social del acontecimiento, la intuición social, en el mejor de los casos, la intuición subversiva.

 

Parece que hay algo que hay que reconocer después de la experiencia de las revoluciones en la modernidad; tiene que ver con la comprensión de lo que es la sociedad, en tanto enjambres de comportamientos y conductas. La sociedad como ámbitos o constelaciones de asociaciones, reconocida en los planos de los comportamientos y conductas, tiende “instintivamente” a la conservación, en el sentido a mantener la inercia, la recurrencia de los comportamientos y conductas inscritas en los habitus. Este aspecto de la sociedad, que contrasta con la sociedad alterativa, es preponderante en los periodos. Se trata del peso de las costumbres, de los comportamientos, de las conductas, de las prácticas, inscritas en los cuerpos. Esta herencia no se borra por intervención iluminista, por la crítica racionalista, por las posiciones políticas e “ideológicas”, por más radicales que sean. La densidad material de lo que se llamó en la modernidad cultura es pues incomparablemente mayor a lo que pueda hacer el relámpago iluminador del iluminismo vanguardista. Ni los más radicales “revolucionarios” se salvan de esta telaraña densa de la herencia cultual del poder inscrito en el cuerpo. Por eso, las revoluciones instauradas, institucionalizadas, tienden, si quieren, “inconscientemente”, usando este concepto como metáfora, a restaurar, a reponer lo destruido.

 

¿Es esta una condena histórica? Tal parece, si no se sale de la historia. La historia, al final de cuentas, es la historia de las instituciones, creadas por las asociaciones humanas. La historia borra la historia efectiva, rescatando este concepto en su acepción más desmesurada, borra los entrelazamientos, tejidos, composiciones fácticas, de los asociados, borra la actividad, la acción, las prácticas, los saberes colectivos, además de borrar las singularidades locales. La historia hace aparecer a los asociados como creados por las instituciones, dependientes de ellas; el mensaje es el siguiente: sin mí, Estado, institución, no eres nada. Por lo tanto, si se sigue en esta “ideología” de la historia, la condena se repite y se repetirá como una condena de Sísifo. ¿Qué es salir de la historia?

No se trata solamente de salir del paradigma evolucionista, salir de la episteme del tiempo linealistas y sucesivo; no se trata sólo de una ruptura epistemológica.  Además, no podría ocurrir esto si es que no hay transformaciones en los comportamientos, en las conductas, en las prácticas, en los habitus, si se quiere, en la cultura.  Se trata de que los y las humanas se recuperen como tales, como humanos, como seres vivos, creadores; tienen que liberarse de los moldes inscritos en sus cuerpos, que los han convertido en piezas de una mecánica, en objetos de las tecnologías del poder. La libertad es precisamente la potencia social emancipada de las ataduras institucionales. Puede llamarse a esta ruptura “revolución cultural”, mejor “revolución civilizatoria”. Lo que importa no es el nombre, sino la comprensión colectiva del problema histórico, del problema ocasionado por las propias asociaciones humanas que, además de construir instituciones, para coadyuvar a la sobrevivencia, las han investido religiosamente como principio y fin del destino humano. La historia, no es otra cosa, que el relato de la producción y reproducción de su propia dominación; incluso de una manera paradójica, cuando rebelándose, termina, después, reponiendo la maquinaria que lo somete, aunque le de otros nombres y le cambie fachadas.

 

¿Los gobiernos progresistas podían hacer algo distinto a lo que han hecho? Quizás sí, dentro de determinados márgenes, en los cuales no se contempla la liberación de la potencia social, sino tan solo democratizaciones controladas, sin llegar a ser participativas, en pleno sentido de la palabra, o, de otra manera, mejorando las condiciones sociales, a costa de restricciones políticas, centralismos partidarios, simbolismos de caudillismos.  Tampoco podían hacer algo distinto los gobiernos del llamado socialismo real, aunque estos gobiernos, sobre todo los que emergieron de revoluciones socialistas, extremaron esfuerzos, llegando a los límites de los márgenes, pero al costo de violencias estatales demoledoras, al costo también de voluntades estoicas permanentes. Los estados, si se quiere mantener este término genérico, los gobiernos, en concreto, por más socialistas que se declaren, del socialismo real o del socialismo del siglo XXI, no pueden realizar las transformaciones estructurales e institucionales que requiere la liberación de la potencia social. Son aparatos de dominación. Estos aparatos de dominación por más que hayan sido tomados por los “revolucionarios”, no son útiles para las transformaciones radicales, llamemos “revoluciones culturales”, “revoluciones civilizatorias”, pues su mecánica y tecnología responde a las dominaciones. Estas transformaciones radicales solo lo pueden hacer los colectivos sociales, las asociaciones humanas, que estén dispuestas a ir al fondo, que estén dispuestas a destruir la maquinaria que ellas mismas construyeron, para construir otros instrumentos apropiados al devenir de la potencia social, instituciones dúctiles, plásticas, desechables, al servicio de la vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Campo social y campo político

 

El concepto de campo es usado por nosotros como campo de fuerzas. Si bien, conservamos la geometría espacial y la cartografía, por así decirlo, sugerida por Pierre Bourdieu, para establecer las reglas de la distribución en el campo, considerando, además los habitus, como subjetividades características de las clases sociales territorializadas, o del capital cultural,  no entendemos el campo como delimitable, menos como autónomo y separado, sino, mas bien, como parte del entrelazamiento, yuxtaposición y abigarramientos de campos, en lo que hemos llamado ecologías sociales.

El campo social en Venezuela ha cambiado su distribución; la migración masiva a las ciudades, sobre todo a Caracas, ha transformado el espacio social urbano. Las ciudades han crecido rápidamente, las nuevas poblaciones asentadas han transformado el perfil demográfico; las periferias y los barrios suburbanos, rodean a la ciudad, sus pobladores la atraviesan, sobre todo de día, por motivos laborales, de mercado y de actividades “informales”. Son estas poblaciones las que se han movilizado en el Caracazo (1989), que es el momento constitutivo del llamado proceso de la revolución bolivariana. Ahí arranca, con la rebelión popular; ese es el substrato tanto para el levantamiento militar (1992), encabezado por Hugo Chávez, como, después, para sostener su liderazgo político, en las distintas elecciones consecutivas dadas, desde 1998 hasta 2013; además los y las participantes en el caracazo y sus descendencias fueron los defensores del gobierno constitucional de Hugo Chávez cuando se dio el golpe oligárquico (2002) y la ofensiva del bloque burgués-oligárquico, con apoyo imperialista, plasmado en el paro de la empresa petrolera PDVSA (2003).

El campo político también cambió en lo que respecta a su distribución espacial. El Palacio de Miraflores y el Capitolio Federal fueron ocupados por el Polo Patriótico, bloque electoral conformado por el Movimiento Quinta República (MVR), el Movimiento al Socialismo (MAS), el Partido Comunista de Venezuela (PCV), Patria para Todos (PPT), además de otras cuatro organizaciones menores. A partir de estas circunstancias el campo político se transforma; los partidos políticos tradicionales pierden el control político; el caso más ilustrativo es del de Acción democrática, antes partido fuerte, que no logra sobrepasar el 2% de la votación, en las elecciones de 1998. Al año siguiente la aprobación del Referéndum Constituyente con el 81% de la votación terminó cambiando la normativa jurídico-política. En estas condiciones de posibilidad, que podríamos denominar histórico-políticas, se da lugar la acumulación de fuerzas en lo que podríamos denominar el campo popular, usando el concepto de campo, en este caso metafóricamente. El fracaso del golpe del 2002, ante la defensa multitudinaria, por parte de las multitudes populares, empujando a parte del ejército a defender al gobierno constitucional de Hugo Chávez, apresado y secuestrado por otra parte del ejército. Sumándose a la derrota del paro petrolero perpetrado por la oligarquía y por organizaciones vinculadas, con el objetivo de desarticular las leyes soberanas promulgadas en defensa de los recursos naturales; oligarquía y organizaciones apoyadas por el imperialismo. El fracaso del golpe y la derrota del paro terminaron desatando la radicalización del proceso político, ciertamente dentro de los márgenes que mencionamos.

El proceso de la revolución bolivariana no tardará en encontrar los límites impuestos por estos márgenes. A pesar de la inversión social, de impulsar las Misiones, sobre todo de dar lugar a la apertura de los proyectos autogestionarios de las Comunas, la diferencia entre el aparato administrativo estatal, afincado en la burocracia fosilizada, y la vitalidad social de las Comunas, no tardó de abrir hendiduras y entrar en contradicciones. El gobierno también entrará en contradicciones internas, contradicciones que la conformación del nuevo partido socialista, sustituto del bloque bolivariano, no podrá resolver ni apaliar. Por otra parte, el ampliar extensivamente e intensivamente el modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente y fortalecer el carácter rentista del Estado, va anclar al proceso de la revolución bolivariana no solo en la restauración estatal, por otros medios, otros discursos, otros personajes y otros escenarios, siguiendo, sin embargo la misma trama del poder, en sus distintas tonalidades, sino también reiterando la dependencia como periferia de los centros del sistema-mundo capitalista. Esto ocurre, de todas maneras, a pesar del discurso antiimperialista desplegado.

Otro de los fenómenos que acontecen en el tráfago de las contradicciones de un proceso de “transición” progresista es lo que se conoce como corrosión institucional, popularmente nombrada como corrupción, aunque la corrosión institucional abarca una problemática mayor que la circunscrita corrupción. Ciertamente, este fenómeno no es sólo atribuible a los gobiernos progresistas; es, en realidad, por así decirlo, un fenómeno íntimamente vinculado al poder, a las distintas formas de gubernamentalidad, sean liberales, neoliberales, conservadoras, de facto, o, en otro caso, progresistas, socialistas. Sin embargo, en los gobiernos progresistas, populistas, incluso en algunos llamados socialistas, el fenómeno de la corrosión y también de la corrupción parece ampliarse, por así decirlo, democratizarse, por las mismas características de la gubernamentalidad clientelar.

El conjunto de estas contradicciones terminaron entrampando al gobierno bolivariano, fijándolo en un círculo vicioso, detenido en la pugna contra la “derecha”, a pesar que la crisis económica y los efectos de la mala administración tocaron al abastecimiento social. Estas contradicciones no se pueden explicar solo con la hipótesis política de la conspiración de la “derecha” y del imperialismo, que por cierto se dan, pero no se convierten, de ninguna manera, en las causas estructurales de la crisis política del proceso. Para seguir usando ese concepto discutible de causalidad, de manera ilustrativa, por cierto; las causas de la crisis política se encuentran en las mismas estructuras de poder preservadas del Estado-nación, en las diferencias de la economía política generalizada del sistema-mundo capitalista, que comprende la economía política colonial y la economía política patriarcal.

 

Vamos a continuar citando a Edgardo Lander, sociólogo, investigador asiduo e intelectual crítico[168].  En una de sus evaluaciones del proceso de la revolución bolivariana Edgardo Lander escribe:

 

Son muchos los cambios que se ha producido en los últimos años en el papel del Estado y en sus modalidades organizativas. Sin embargo, no es posible todavía realizar una presentación que dé cuenta en forma sintética, unitaria, de estas transformaciones, y menos aún, presentar las características del modelo de Estado que se está conformando hoy en el país. Esto por varias razones. En primer lugar, porque a lo largo de los ocho años del gobierno de Chávez se han producido desplazamientos muy significativos en los proyectos de cambio, lo que, obviamente, se ha expresado en concepciones, propuestas y prácticas cambiantes con relación al papel del Estado y su conformación. En términos conceptuales y discursivos y en términos prácticos, con relación al modelo de Estado y su papel, tanto desde el punto de vista económico como político, han ocurrido importantes cambios durante estos años. En segundo lugar -en parte producto de lo anterior- porque algunas de las transformaciones más significativas que han ocurrido en estos últimos años no son el resultado de un modelo teórico de Estado -y de las relaciones Estado-sociedad- preconcebido. No han correspondido a un plan estratégico, ni a una concepción doctrinaria precisa, sino que han sido el resultado de decisiones tomadas en los diferentes momentos de las confrontaciones políticas que se han producido en estos años, y de las respuestas coyunturales, a veces improvisadas, que se han venido dando en la búsqueda de adecuar las estructuras estatales a las exigencias de las políticas públicas y los cambios que se propone realizar el gobierno. En consecuencia, estas decisiones, en sus tensiones, contradicciones y experimentaciones, no expresan una concepción unitaria sobre cómo debería ser el Estado. Y en tercer lugar, porque en este momento -mediados del año 2007- están por definirse las transformaciones del Estado que definirían su carácter como Estado del Socialismo del Siglo XXI. En parte porque hay muchas definiciones básicas que todavía no han sido adoptadas, y en parte porque no se ha producido un debate público, abierto, sobre el conjunto de las transformaciones que el gobierno piensa proponer/implementar, no hay hoy condiciones para aproximarse a una caracterización global de lo que podría ser ese nuevo modelo de Estado[169].

 

Recogemos esto que la caracterización del “Estado bolivariano”, que preferimos denominar gubernamentalidad populista, en el buen sentido del término, para no decir gubernamentalidad clientelar, pues ya dejamos nuestra posición sobre el concepto de Estado, se tiene que dilucidar de manera contingente a partir de las políticas provisionales, a las que se ve obligada el gobierno. No es que no haya un proyecto de Estado, el proyecto está dado, es el Estado-nación consolidado por la Constitución bolivariana. El problema es que sobre la base de este proyecto de Estado, incluso mejorado con las propuestas participativas, de la democracia participativa, no se puede atender el alcance del impulso de la potencia social, que va más allá de los umbrales y límites del Estado. Salir del capitalismo no es tarea que pueda cumplir el Estado-nación; pues el Estado es la otra cara de la medalla del modo de producción capitalista, de las formaciones económico-sociales capitalistas; una cara es el Capital como acumulación, la otra cara es el Estado. El Estado forma parte de las composiciones abigarradas del sistema-mundo capitalista. Pretender hacer cumplir al Estado la tarea de su propia aniquilación no solamente es una ilusión sino también una ingenuidad espeluznante.

La pregunta reiterada es: ¿Qué se puede hacer? Sobre todo cuando las mayorías, el pueblo, los condenados de la tierra, tienen internalizado al Estado en sus cuerpos, en sus comportamientos y conductas, cuando lo tienen como realidad, no como lo que es, la institución imaginaria de la sociedad. ¿Es viable una transición donde el Estado-nación tomado por los insurrectos pueda comenzar su propia aniquilación, por lo tanto también del Capital? Esta es la discusión; empero, no se trata de una discusión teórica sino de la efectuación práctica de las movilizaciones, de la efectuación práctica de medidas gubernamentales, si estas son posibles. Para tal efecto es menester contar con lo que contaron las revoluciones que prolongaron el acto heroico, contar con las voluntades asociadas de cumplir con los cometidos de la potencia social. Hasta ahora, esto no ha ocurrido en los gobiernos progresistas, tampoco en los procesos políticos donde se encuentran involucrados. Los gobiernos progresistas se han investido como fin de la revolución, telos que hay que defender contra la eterna conspiración de la “derecha” y el imperialismo. El pueblo afín al gobierno revolucionario tiene como mito al caudillo, el guía, mostrando su apego a las dominaciones patriarcales, substrato de la genealogía de las dominaciones dadas en la historia. El pueblo, que son multitudes, composiciones plurales de asociaciones diversas y singulares, si bien tiene el anhelo de la emancipación, no logra encontrarse a sí mismo como el creador de la emancipación, así como el ocasionador de estos gobiernos progresistas, también del imaginario colectivo que son los caudillos populistas.

 

En lo que respecta a las caracterizaciones de los gobiernos bolivarianos, que denomina Estado bolivariano, Edgardo Lander escribe:

               

En los momentos preliminares del proyecto de cambio, la visión del papel del Estado no se diferenciaba significativamente del modelo socialdemócrata definido en la Constitución del año 1961. Sin embargo, se cuestionan radicalmente las reformas neoliberales en la industria petrolera y, en un ámbito muy importante desde el punto de vista de la ampliación de la democracia -el de las modalidades de la participación- se proponen cambios significativos.

Para analizar el papel que se asigna al Estado en la economía, la propuesta inicial más sistemática está contenida en la Agenda Alternativa Bolivariana de 1996.3 En este documento se definen cinco sectores productivos para caracterizar un modelo económico mixto (público/privado): 1) las empresas básicas y estratégicas. Esto incluye al sector petrolero, las empresas básicas, la minería y alta tecnología militar. De propiedad estatal; 2) los bienes de consumo esenciales, que incluye la industria de la construcción, la agroindustria, la pequeña y mediana industria, y el turismo. De propiedad mixta; 3) los servicios esenciales y de gobierno. Esto incluye educación y salud, además de un sector no productivo del Gobierno, generador de servicios esenciales no transables. De propiedad mixta; 4) la banca y las finanzas. De propiedad mixta, pero regulado y controlado por el Estado; y por último, 5) La gran Industria, conformada fundamentalmente por la gran industria importadora; generadora de bienes y servicios no esenciales. Fundamentalmente de carácter privado.

 

Se puede decir que este es el modelo económico de la revolución bolivariana, aunque después se le atribuya un alcance socialista, modificando, hasta profundizando, algunas propuestas de transición; empero, sin cambiar básicamente la estructura de la propuesta de la Agenda Alternativa Bolivariana. También se puede decir algo parecido del modelo de Estado, aunque no similar, ni menos equivalente. El Estado no es la superestructura de la base económica, como reza la tesis marxista, sino es el dispositivo indispensable para la efectuación del modo de producción capitalista. Se puede decir, como hipótesis interpretativa, que el Estado-nación subalterno tiene como tarea hacer emerger, expandir, consolidar, el modo de producción capitalista, teniendo en cuenta las condiciones de posibilidad que le toca asumir. En los países periféricos, el Estado requiere de nacionalizaciones, fortalecer y consolidar la soberanía, ampliar los derechos democráticos, mantener la convocatoria popular abierta, establecer empresas estratégicas, controlar los recursos naturales, conformar empresas mixtas, definir y delimitar los espacio de las empresas privadas, garantizar la salud y la educación de la población. Todo esto son las condiciones estructurales sociales y económicas para el desarrollo capitalista, no para la construcción del socialismo. Este equívoco también se dio con los llamados estados del socialismo real; en este caso también el Estado cumplió con las tareas de expansión y consolidación del modo de producción capitalista,  en países llamados “atrasados”, de mayoría campesina, caracterizados por la tesis del desarrollo desigual y combinado como los eslabones más débiles de la dominación imperialista. Lo que aconteció en la URSS y la República Popular China es la revolución industrial, por lo tanto el desarrollo del capitalismo, efectuado de manera forzada y militarizada, dando saltos gigantescos, acortando los periodos “clásicos”. El modo de producción capitalista no se caracteriza por la presencia explicita de la burguesía, sino por efectuar la economía política restringida de manera eficaz, diferenciando valor de uso de valor de cambio, valorizando el valor abstracto, apropiándose de tiempo de trabajo excedente en el proceso de la producción.  Para que acontezca esta economía política no es indispensable la burguesía propietaria de los medios de producción, puede hacerlo el Estado; de la dirección y administración de la producción puede hacerse cargo la burocracia. A esta experiencia socialista se la definió como capitalismo de Estado. La paradoja es la siguiente: el socialismo es el mejor camino para lograr el desarrollo capitalista en los países periféricos.

 

Edgardo Lander continúa con la caracterización del Estado bolivariano:

 

En la Constitución del año 1999,4 se reitera lo fundamental de esta visión. El Estado garantiza la propiedad y la iniciativa privada, 5 reservando para sí la actividad petrolera y otras industrias, explotaciones, servicios y bienes de interés público y de carácter estratégico.6

La nueva Constitución tampoco introduce cambios en la organización político territorial del Estado. Se preservan los estados y los municipios en los cuales está dividido el país. Se mantiene igualmente la estructura liberal clásica de separación de poderes.7

En otras áreas, en aquellas que tienen que ver con los objetivos de la ampliación de la democracia, se introducen algunos cambios muy significativos. Son en este sentido los más importantes los referidos a las modalidades del ejercicio de la participación y de la ampliación de los derechos de los ciudadanos. A partir de un cuestionamiento a los límites formales de la democracia representativa, y en particular a la forma en la cual ésta había operado en el país, se introducen en la Constitución un conjunto de modalidades de participación que, sin sustituir a las instancias representativas, buscan profundizar la democracia.8 De acuerdo al artículo 70:

Son medios de participación y protagonismo del pueblo en ejercicio de su soberanía, en lo político: la elección de cargos públicos, el referendo, la consulta popular, la revocación del mandato, las iniciativas legislativa, constitucional y constituyente, el cabildo abierto y la asamblea de ciudadanos y ciudadanas cuyas decisiones serán de carácter vinculante, entre otros; y en lo social y económico: las instancias de atención ciudadana, la autogestión, la cogestión, las cooperativas en todas sus formas incluyendo las de carácter financiero, las cajas de ahorro, la empresa comunitaria y demás formas asociativas guiadas por los valores de la mutua cooperación y la solidaridad.

 

Se introduce la figura del referendo popular para someter a consulta “materias de especial transcendencia nacional” que podrán ser convocados por la Presidencia de la República, la Asamblea Nacional o no menos de diez por ciento de los electores o electoras. También podrán ser sometidas a referendo consultivo las materias de especial trascendencia parroquial, municipal y estadal. (Artículo 71). Tanto los proyectos de ley que se discuten en la Asamblea Nacional como “los tratados, convenios o acuerdos internacionales que pudieren comprometer la soberanía nacional o transferir competencias a órganos supranacionales” podrán ser sometidos a referendo. (Artículo 73). Mediante este mecanismo es posible abrogar total o parcialmente leyes de la República. (Artículo 74). Se introduce igualmente la figura del referéndum revocatorio: “Todos los cargos de y magistraturas de elección popular son revocables.” (Artículo 72)

La participación de las comunidades organizadas y de los pueblos indígenas en la planificación y la gestión pública está prevista en los Consejos de Planificación y Coordinación de Políticas Públicas9 El artículo 184 establece que:

La ley creará mecanismos abiertos y flexibles para que los Estados y los Municipios descentralicen y transfieran a las comunidades y grupos vecinales organizados los servicios que éstos gestionen previa demostración de su capacidad para prestarlos.

 

En este artículo se establece una gama muy amplia de asuntos que pueden ser transferidos a las comunidades organizadas, entre otros:

 

 … servicios en materia de salud, educación, vivienda, deporte, cultura, programas sociales, ambiente, mantenimiento de áreas industriales, mantenimiento y conservación de áreas urbanas, prevención y protección vecinal, construcción de obras y prestación de servicios públicos.

 

 … la formulación de propuestas de inversión ante las autoridades estatales y municipales encargadas de la elaboración de los respectivos planes de inversión, así como en la ejecución, evaluación y control de obras, programas sociales y servicios públicos en su jurisdicción.

 

 La participación en los procesos económicos estimulando las expresiones de la economía social, tales como cooperativas, cajas de ahorro, mutuales y otras formas asociativas.

 

 La participación de los trabajadores o trabajadoras y comunidades en la gestión de las empresas públicas mediante mecanismos autogestionarios y cogestionarios.

 

 La creación de nuevos sujetos de descentralización a nivel de las parroquias, las comunidades, los barrios y las vecindades a los fines de garantizar el principio de la corresponsabilidad en la gestión pública de los gobiernos locales y estadales y desarrollar procesos autogestionarios y cogestionarios en la administración y control de los servicios públicos estatales y municipales.

 

A contramarcha de las tendencias neoliberales dominantes en todo el continente en ese momento, la Constitución del año 1999 no sólo reafirma, sino que profundiza una amplia gama de derechos sociales, económicos y culturales. Establece la Constitución en forma taxativa la obligación que tiene el Estado de garantizar el derecho universal y gratuito de todos sus ciudadanos a la educación, la salud y la seguridad social. Se garantizan constitucionalmente -por primera vez en la historia del país- los derechos de los pueblos indígenas, comenzando por la definición de Venezuela como “una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural.” (Preámbulo de la Constitución).10

 

La Constitución bolivariana forma parte del llamado constitucionalismo latinoamericano, que aparece con la Constitución brasilera, le sigue la Constitución Colombiana, después la Constitución venezolana, a continuación la penúltima Constitución ecuatoriana, luego viene la Constitución boliviana, para sucederla la última Constitución ecuatoriana. Este constitucionalismo se caracteriza por ser participativo; congrega a la sociedad, por lo menos a las organizaciones y colectivos sociales, que se interesan por plasmar sus derechos, así como su visión en la Constitución. No son Constituciones hechas por especialistas, sino altamente discutidas y disputadas; hay como la clara intención de refundar el Estado. Son Constituciones amplias, sino son ampulosas, incluso detalladas. Buscan la interpretación directa, en sus artículos, arrancados de fuertes deliberaciones. El conjunto de estas constituciones se caracteriza por su ampliación de derechos, por la creación de nuevas generaciones de derechos, por lo menos dos; la correspondiente a los derechos colectivos y la correspondiente a los derechos de la naturaleza. También amplían derechos sociales y democráticos; así como se preocupan por consolidar y profundizar la soberanía sobre los recursos naturales. Sin embargo, todas estas Constituciones están íntimamente vinculadas al Estado-nación, ya sea entendido como tal, como es el caso de la Constitución venezolana, o sea entendido como transición, cuando se le atribuye la condición de Estado plurinacional, como en el caso de Bolivia y Ecuador.

La Constitución bolivariana amplia derechos democráticos, abre rutas a la participación y a la autogestión, además de consolidar las condiciones de posibilidad históricas del Estado-nación, como la soberanía sobre los recursos naturales, el control en las áreas estratégicas. Por otra parte, a diferencia de las constituciones boliviana y ecuatoriana, ha prevenido la instancia del desarrollo legislativo, para que las leyes se desprendan de la Constitución y no de la continuidad de la herencia normativa anterior. Sin embargo, todo esto no la hace una Constitución socialista, como hace notar Edgardo Lander. Se trata de una Constitución que ha mejorado la estructura normativa del Estado-nación.

 

Como conclusión de esta caracterización del Estado bolivariano, Edgardo Lander escribe:

 

A partir de la reelección de Chávez en diciembre del 2006, se inicia una nueva fase del proceso político venezolano. En las semanas siguientes Chávez realiza un conjunto de anuncios en torno a las tareas de la construcción del Socialismo del siglo XXI, destacando como asuntos prioritarios la creación de un partido que agrupe a todas las fuerzas políticas que apoyan al gobierno, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), y lo que denomina los cinco grandes motores: una ley Habilitante; una reforma socialista de la Constitución; la educación popular; una “nueva geometría del poder”; y “la explosión revolucionaria del poder comunal, los Consejos Comunales.”19 Se define el Poder Popular como el más poderoso de los cinco motores para el impulso de la nueva fase de la transformación del país, rumbo al Socialismo del siglo XXI.

 

…con los Consejos Comunales debemos trascender ahora lo local, y debemos crear, ir creando por ley en primer lugar, una especie de confederación regional, local, nacional de Consejos Comunales. Tenemos que ir marchando hacia la conformación de un Estado comunal, y el viejo Estado burgués, que todavía vive, que está vivito y coleando, tenemos que irlo desmontando progresivamente mientras vamos levantando al Estado comunal, el Estado socialista, el Estado bolivariano; un Estado que esté en condiciones y en capacidad de conducir una Revolución.20

 

En el mismo mes se crea el Consejo Presidencial para el Poder Comunal.

No está claro hasta este momento -por lo menos en el debate público- cuál es el modelo de Estado que se busca constituir a partir de los Consejos Comunales. Hay señales que sugieren confrontaciones entre visiones bastante diferentes a propósito de algunos asuntos medulares. En primer lugar, el de las relaciones entre los Consejos Comunales y las estructuras tradicionales del Estado venezolano, en particular, los estados y los municipios. Ha habido declaraciones de altos funcionarios del gobierno afirmando que, aunque se alteren sus límites territoriales, su número y algunas de sus funciones, no desaparecerían ni los estados ni los municipios De acuerdo a otras formulaciones, cuando se plantea la creación del Estado Comunal, se estaría concibiendo un proceso de reconstitución global del conjunto del Estado, desde abajo, desde los Consejos Comunales. Estos serían inicialmente de carácter local, agregándose progresivamente en confederaciones u otras modalidades de agrupación, para ir reemplazando a la organización jurídico-política y territorial actual. Algunas de las modalidades organizativas que se están promoviendo en la actualidad apuntan en esa dirección, como es el caso de los llamados Gobiernos Comunales.21Estas instancias han sido denominadas igualmente como comunas, que integradas por 10 Consejos Comunales, han comenzado a ser impulsadas como experiencias piloto en varios estados del país y en la capital. De acuerdo al Diputado Alfredo Murga, integrante de la Comisión de Participación Ciudadana de la Asamblea Nacional, estas unidades del poder popular tendrían centros productivos a partir de los cuales establecer intercambios no monetarios con otras comunas.22El mismo sentido parecen tener las formulaciones sobre la llamada nueva geometría del poder, y sobre las ciudades y territorios que han sido denominados sociales, socialistas o comunales. Sugieren estas denominaciones que se trata efectivamente de cambiar la totalidad de la estructura jurídico-política existente. No está claro si ello ocurriría a corto plazo, por la vía de la reforma constitucional, o por el contrario más a mediano plazo mediante un proceso de transición entre las anteriores y las nuevas formas jurídico-políticas y territoriales.

Para hacer seguimiento de este proceso, es conveniente comprenderlo como una dinámica de experimentación colectiva sobre la base de la cual podría irse definiendo su naturaleza. Quizás el riesgo mayor que confronta este proceso sea el de cerramientos prematuros y definiciones jurídicas que impongan como norma estándar un patrón particular que pudiera adecuarse muy bien a algunas condiciones específicas, pero que en otras podría ser vivido como una nueva imposición burocrática desde arriba.

Un debate y confrontación práctica de carácter crítico que se está dando en la actualidad a propósito de los Consejos Comunales es el referido a cómo son concebidos éstos como ámbitos de participación. ¿Se trata de espacios plurales, abiertos al conjunto de la sociedad, al interior de los cuales puedan darse confrontaciones entre proyectos o visiones sociales y políticas diversas, o son pensados como espacios políticos del chavismo, de “los revolucionarios”, de “los socialistas”? Mientras por un lado se han conformado, como se señaló arriba, Consejos Comunales en ámbitos residenciales en los cuales predominan las fuerzas políticas de la oposición, muchos de los integrantes de las instancias gubernamentales responsables del impulso de los Consejos Comunales argumentan que estos deben ser espacios políticos exclusivos de “la revolución”. Es este un asunto fundamental para el futuro de la democracia en el país. Si este ámbito público, definido como el núcleo básico a partir del cual debe estructurase el nuevo modelo socialista de Estado, se define en forma sectaria y excluyente como restringido a quienes comparten el proyecto político actual del gobierno, se dejaría afuera a una proporción significativa de la población venezolana (37% votó en contra de Chávez en diciembre del 2006), negando de entrada la posibilidad de que los Consejos Comunales sean parte del proceso de la construcción de una sociedad más democrática. Se trata de tensiones que no están de modo alguno resueltas.

Es igualmente fundamental el papel que se le atribuya a los Consejos Comunales como ámbito de participación política en asuntos de carácter global, referidos al presente y futuro del conjunto de la sociedad. De acuerdo a algunas visiones que se debaten hoy, el proceso de construcción del nuevo Estado, y de la nueva democracia socialista, se caracterizaría por una estructura piramidal desde abajo hacia arriba. En esta estructura, la representación política de la población se daría por la vía indirecta a través de algunos delegados o representantes de cada instancia desde la base de la pirámide -el Consejo Comunal- a la instancia superior siguiente, y así hasta el nivel nacional. Es este un modelo político que privilegia algunos aspectos -muy importantes- de la participación, a la vez que subestima otros que son vitales para la democracia. Supone una desconfianza en las modalidades de la delegación y representación características del régimen parlamentario de elección directa. Este modelo de organización político tiende a negar la representación proporcional, haciendo extremadamente difícil la articulación y expresión de las posturas de las minorías, o la formulación de nuevas propuestas políticas. Esto hace que sea muy difícil la construcción de una esfera pública nacional democrática y de ámbitos de democracia deliberativa en los cuales sea posible dar a conocer, debatir, y tomar decisiones, no sólo sobre asuntos locales y parciales, sino sobre el rumbo del conjunto de la sociedad. Sin esta dimensión de una esfera pública plural, y de ámbitos de democracia deliberativa no puede construirse sino una democracia incompleta.

Es éste un debate que todavía no ha sido asumido en todas sus implicaciones. La forma como se están dando los procesos de toma de decisiones en la actualidad se convierten en obstáculos que limitan las condiciones de este debate. El Presidente Chávez anunció después de su victoria electoral del diciembre del año 2006 que hacían falta cambios fundamentales en las leyes del país para adecuarlas a la nueva fase -socialista- que se iniciaría en Venezuela. Para ello, hubiese podido enviar sus propuestas a la Asamblea Nacional para promover con ello debates nacionales sobre los cambios propuestos. Dado que todos los parlamentarios pertenecen a partidos que forman parte de la coalición gubernamental, con seguridad la Asamblea hubiese acogido sus propuestas en términos muy favorables. Se optó, sin embargo, por la solicitud de una Ley Habilitante, de poderes extraordinarios mediante la cual se “autoriza al Presidente de la República para que, en Consejo de Ministros, dicte Decretos con Rango, Valor y Fuerza de Ley, de acuerdo con las directrices, propósitos y marco de las materias que se delegan en esta Ley.”23 Esta autorización abarca un espectro extraordinariamente amplio de asuntos de la vida pública, “ámbito de transformación de las instituciones del Estado”; “ámbito de la participación popular”, etc., etc., y tiene vigencia por un período de 18 meses. De esta manera las modificaciones en las leyes no aparecen como asuntos de interés colectivo, a ser debatidos en la esfera pública, sino como decisiones presidenciales de los cuales la población se entera en el momento en que son decretadas.

Lo mismo ocurre con la reforma constitucional. No hay asunto de la vida de una sociedad democrática que exija una discusión pública más extendida y exhaustiva que una constitución o una reforma constitucional. En la situación actual de Venezuela son críticas algunas interrogantes, entre las cuales podrían destacarse las siguientes: ¿Qué sociedad queremos? Si se trata del socialismo, ¿en qué consiste el socialismo del siglo XXI? ¿En qué se diferencia del socialismo del siglo XX? ¿Qué hemos aprendido de la experiencia del socialismo del siglo XX para no repetir sus contenidos estatistas, no democráticos? ¿Qué modalidades de participación pueden garantizar la profundización de la democracia en este nuevo modelo político? ¿Qué modelo de Estado? ¿Cuáles formas de propiedad? ¿Cuáles son los obstáculos que la constitución actual pone a la profundización del cambio en el país hoy? ¿Qué cambios requiere hoy la Constitución del año 1999? En lugar de iniciarse el debate nacional por interrogantes de este tipo, el Presidente nombró un Consejo Presidencial para la Reforma Constitucional, con compromiso de confidencialidad, para elaborar una propuesta de reforma constitucional. El resultado de este informe debe ser entregado al Presidente que después de una revisión detallada de cada artículo lo debe someter a la aprobación del Consejo de Ministros y posteriormente enviarlo a la consideración de la Asamblea Nacional. Una vez debatido y aprobado por la Asamblea, este proyecto debe ser sometido a un referéndum nacional. De esta forma, un asunto tan fundamental, y necesariamente tan complejo, en el cual estarán presentes muchas propuestas muy polémicas para el futuro del país, es reducido, desde el punto de vista de la participación de los ciudadanos, a un voto en bloque a favor o en contra del texto de la reforma propuesta. Dada la profunda polarización política existente en el país, esto se convertirá, inevitablemente, en un referéndum a favor o en contra de Chávez. Esto contribuye muy poco a la construcción de una cultura democrática.

Como inevitablemente tiene que ocurrir en todo proceso de cambio, la dinámica de la sociedad venezolana actual presenta extraordinarias diversidades; procesos de experimentación y aprendizaje; rupturas y continuidades con mucho de lo peor de la sociedad que se quiere trascender; un Estado que simultáneamente impulsa y frena la participación; genuinos procesos democráticos de organización popular, con frecuencia en tensión con estructuras institucionales y dinámicas políticas que a la vez que promueven dichos procesos democráticos, los frenan al dificultar su autonomía. Son en este sentido medulares las tensiones entre la diversidad y pluralidad de los procesos organizativos políticos y sociales y las tendencias a borrar los límites entre lo público-estatal, los político-partidista y la organización social, esto es, al colapso entre Estado, partido y organización social. Todo esto remite a tensiones entre la concentración y una distribución amplia del poder en la sociedad. De las formas en las cuales se resuelvan estas tensiones dependerá el carácter más o menos democrático del Estado y de la sociedad que se están construyendo en Venezuela.

 

La tensión de la que habla Edgardo Lander es entre el Poder Popular y la estructura de poder estatal, entre el proyecto autogestionario abierto y la administración pública. Entre la formación de las Comunas y las instituciones constituidas del Estado. Sería una tensión si es que pudieran convivir y coexistir esas dos formas de asociación organizativa y política. No sería una tensión, sino más bien una contradicción, y hasta un antagonismo, si es que no pudieran convivir y coexistir ambas formas contrastadas. Este es precisamente el tema. ¿Pueden o no pueden convivir y coexistir ambas formas de gestión social?

Después de la reelección de Hugo Chávez parece mostrarse la intensión y la voluntad de apuntalar el proceso hacia el Poder Popular; sin embargo, a pesar del apoyo legislativo, incluso de recursos, además de suspender mediaciones burocráticas, las resistencias administrativas, burocráticas y políticas a la expansión de las Comunas es notoria. Las instituciones y autoridades constituidas se sienten amenazadas por esta forma advenediza de organización autogestionaria. Incluso, en el peor de los casos, se usa las relaciones, las mediaciones que quedan, los recursos destinados a las Comunas, para conformar clientelas, distorsionando el sentido mismo de la autogestión, de la autonomía y de las Comunas. Volvemos a la pregunta: ¿Puede darse la convivencia y coexistencia entre la forma estatal y la forma comunitaria? Al respecto formularemos dos hipótesis contrastantes, que incluso pueden considerar la posibilidad de transiciones.

 

Hipótesis 1

No pueden coexistir y convivir la forma de gestión comunitaria con la forma de gestión estatal; entonces, la consecuencia política es que se tiene que quitar poder a la administración pública y reconocer la potencia social de las Comunas. Esta valorización efectiva de la potencia social y desvalorización del poder estatal puede darse en forma de transiciones.

 

Hipótesis 2

Pueden Coexistir y convivir la forma de gestión comunitaria con la forma de gestión estatal; empero, sólo a condición que los administradores públicos tengan consciencia autogestionaria, sepan del valor que las Comunas, que lo comunitario, que lo autogestionarlo, tiene para el destino del proceso.

 

Aunque se conoce nuestra posición al respecto, que se inclina por la primera hipótesis, poniendo en suspenso esta posición, queda claro que ambas condiciones de posibilidad, establecidas hipotéticamente, no se cumplen en el caso del proceso bolivariano, tampoco, mucho menos, en los demás gobiernos progresistas.  Retomando una pregunta conocida en la militancia. ¿Qué hacer en estas circunstancias y condiciones de posibilidad histórica? Siguiendo con las consecuencias hipotéticas, diremos que, los y las que se inclinan por la segunda hipótesis tiene como tarea concientizar a los administradores públicos en la autogestión; formar administradores públicos autogestionarios. Los y las que se inclinan por la primera hipótesis tienen como tarea liberar la potencia social, lograr la autonomía de la potencia social, la autonomía de las Comunas. Expandir la potencia social en detrimento del poder estatal heredado.

Visto de esta forma, ciertamente como especulación teórica, si bien ambas formas de gestión pudieran no convivir y coexistir; sin embargo, los activismos, las acciones prácticas,  contrastadas, tanto encaminadas a la gestión estatal, así como a la gestión comunitaria, pueden coexistir y convivir en forma concurrente, aunque contrastada, pues están obligadas a hacerlo, en esta disputa por la incidencia política.

 

El cuadro de opciones es ciertamente simple, aunque claro; ayuda a comprender e ilustrar la problemática. Para que sea útil el cuadro, aunque sea como referente, incluso como ejemplo de simulación,  es menester considerar la complejidad en la que se despliegan los procesos de cambio en Sur América.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pliegues y despliegues de los movimientos sociales[170]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Complejidad de los movimientos sociales

 

Necesitamos hablar de movimientos sociales en su singularidad. Un movimiento social no responde a regularidades, a analogías, aunque las pueda generar. El movimiento social emerge de una problemática también singular. Hay que encontrar el nacimiento de este movimiento social en esa problemática, en su estructura, su composición, su propia complejidad. Son sospechosas las teorías de los movimientos sociales, pues parten de un modelo, de una idea, si se quiere de un paradigma, desde el cual se decodifica e interpreta a los movimientos sociales. Las aproximaciones a los movimientos sociales se diferencian precisamente por el paradigma del que se parte. Quizás por corrientes teóricas, quizás también por periodo, de cuando se ha elaborado esa teoría. Nadie dice que las teorías sobre los movimientos sociales no hayan ayudado a comprenderlos. Lo han hecho. Sin embargo, ya no se trata de identificar, rasgos, características, condiciones, formas de organización y formas de desplegarse y de difundirseFormas de mutar en el tiempo, además de formas y procedimientos de lucha, de convocatoria. Convertir estos rasgos, esas características, las condiciones, las formas, en signos de una interpretación, que se convierte en una narrativa que describe y explica el movimiento.  Ahora, se trata de comprender la dinámica de la complejidad singular del movimiento social[171].

 

Esto parece que se puede lograr si desciframos la problemática de donde emerge el movimiento social, las conexionesarticulacionesparticipación en esa problemática. También lograr comprender la experiencia social en esa problemática, las interpretaciones colectivas de la problemática, de retener esa experiencia en la memoria social. Entonces podremos pasar a las formas de la acción, del despliegue de su movilización, del despliegue de su discurso, de su interpelación. Entonces podremos hurgar en el proceso de su politización.  También entender sus relaciones con el resto de la sociedad, sus contradicciones y antagonismos con el Estado.

 

No se necesita olvidar las teorías de los movimientos sociales, lo que nos han enseñado, en sus investigaciones, en sus descripciones, en sus explicaciones, incluso en sus modelos construidos. Son parte de la memoria del análisis complejo. Están incorporados en este análisis; sin embargo, el análisis complejo se diferencia de esas teorías por la mirada, mejor dicho, la percepción integral del movimiento social, que se desplaza y articula distintos planos y espesores de intensidad, del mundo que constituye y que lo constituye. Las teorías de los movimientos sociales han privilegiado algunos planos de intensidad, no necesariamente articulados, menos integrados. Conciben estos planos de intensidad como dimensiones donde aparece el movimiento social, donde deja su huella; la que es estudiada, para describir este despliegue. Sin embargo, esta dimensión dimensiones, en las que se desplaza el movimiento social, no es un espacio exterior donde la inscripción del movimiento social deja su huella. Ningún plano de intensidad es pasivo, tampoco exterior, así que no puede ser tomada como una dimensión. El plano de intensidad emerge de los cuerpos mismos del movimiento social; son los cuerpos los que pliegan y despliegan esos planos de intensidad. Los planos de intensidad atraviesan los cuerpos porque los cuerpos tejen, precisamente esos planos de intensidad.

 

Un movimiento social no es exactamente la multitud que la compone, no se resume en la masa en movimiento, no es la cantidad desplazada o si se quiere, de manera cualitativa, no es la intensidad o la fuerza del movimiento, en tanto capacidad de movilización y alcance. El movimiento social es la vibración, las vibraciones, en el tejido social. La pregunta es cómo el movimiento social, las cuerdas del movimiento social, afecta a las otras cuerdas del tejido social. Si sus vibraciones afectan a las otras vibraciones. Se necesita comprender la comunicación del movimiento social con el resto de la sociedad; si se da o no. ¿Depende de la capacidad de convocatoria del movimiento social? ¿Depende de la capacidad de recepción del resto de la sociedad? ¿Depende del momento, si éste es apropiado para las resonancias o no? ¿Depende de las tonalidades de las notas que emite el movimiento social? ¿Depende de la sensibilidad perceptiva del resto de la sociedad? ¿Cuándo la sociedad abre sus poros perceptivos y decodifica las vibraciones emitidas por el movimiento social[172]?

 

No podríamos aproximarnos a todo esto, a todas estas preguntas, sino comprendemos, antes la problemática. ¿Las demandas del movimiento social que problemática enfrentan? No confundamos esto con reducir la problemática al objeto de las demandas, a la clasificación de las demandas, al significado de las demandas. Eso no es la problemática, son listas, que son recogidos en los planteamientos o en los pliegos petitorios. La problemática se configura en los órdenes de relaciones que afectan a los miembros del movimiento social. ¿De qué modo estos ordenes de relaciones constriñen a los componentes de movimiento, lo agobian, lo despojan, lo afectan? Entonces, también, al revés, ¿cómo las cuerdas, múltiples cuerdas del tejido social afectan a las cuerdas del movimiento social; en este caso, no lo dejan vibrar a gusto?

 

Entonces, el movimiento social es parte del tejido social. Hay que leer entonces ese tejido, el juego de sus hilos, la composición de su textura, el juego de colores, de figuras que conforman los hilos en el tejido. No se puede estudiar el movimiento social; aislarlo como objeto de estudio. No hay movimientos sociales aislados, como una especie adelantada de la sociedad, la que actúa. El movimiento social es como una composición del mismo tejido social; nace en el tejido socialresuena en el tejido social, quiere tejer en el tejido social, cambiar composiciones, asociaciones y combinaciones sociales. Es aquí donde se puede conmensurar o dimensionar el alcance, la intensidad, del movimiento social.

 

A veces, no muchas, los movimientos sociales logran vibrar intensamente en todo el tejido social, logran hacer vibrar también a las otras cuerdas, múltiples y plurales, del tejido social. Es cuando se ocasiona una sinfonía social, que conmueve a todo el tejido, logrando mover, mutar, transformar las composiciones sociales. En la modernidad, se han llamado a estos acontecimientos, revoluciones. Como todos sabemos, este acontecimiento no es pan de cada día; se da muy de vez en cuando. Acontece cuando hay una conmoción en todo el tejido social; cuando las vibraciones de las cuerdas alcanzan intensidades fuertes, además de lograr en conjunto algo así como una explosión y su irradiación expansiva.

 

Sin embargo, lo que estudian las teorías de los movimientos sociales son los movimientos que no llegan a ocasionar ese acontecimiento mayúsculo, denominada revolución. Estos acontecimientos son estudiados por los historiadores o los analistas de la política, los estudiosos de la política. Los sociólogos de los movimientos sociales estudian los movimientos que aparecen con sus demandas, se movilizan, interpelan al Estado, al gobierno, a las autoridades pertinentes; pero, no necesariamente se prolongan hasta convertirse en un acontecimiento político. Desde la perspectiva de los historiadores, podrían interpretarse estos movimientos como truncados, por no haberse realizado como revolución o no tener efecto estatal. Aunque, dependiendo del carácter del movimiento pueden tener efecto cultural. Sin embargo, visto de otra manera, estos movimientos pueden, mas bien, interpretarse, como flujos permanentes de la misma sociedad, como parte de sus acciones, prácticas, de carácter, mas bien, alterativo, aunque puntuales, incluso imperceptibles. En otras palabras, los movimientos sociales pueden interpretarse como las pronunciaciones vitales de la sociedad. Entonces, más que movimiento social distinto, un tanto aislado, diferenciado de la sociedad, mas bien, es la sociedad misma en su dinámica, en su bullente actividad. Desde esta perspectiva, en tanto movimientos sociales circunscritos, acotados, singulares, la movilización social no es escaza, es, mas bien, proliferante.

 

Recogemos la propuesta que hicimos en La explosión de la vida[173]; estudiar las sociedades no desde la mirada institucional del Estado, sino desde la capacidad alterativa de las sociedades. Entonces, no se trata de la contradicción de la sociedad movilizada o parte de ella con el Estado, el gobierno, que la encarna, sino, al revés, la sociedad es desde ya alterativa, siempre, es su forma de vivir; es el Estado el que se defiende de la sociedad en movimiento; por eso, prohíbe, norma, regula, administra, reprime, usa la violencia.

 

Consideramos que las teorías de los movimientos sociales se han equivocado en esto; por estudiar los movimientos sociales desde la mirada estatal, como con el estudio de la sociedad desde el enfoque estatal, deducen las contradicciones, hasta antagonismos, de los movimientos con el gobierno, con el Estado, con las autoridades. Sin embargo, no es así, no ocurre así, desde la perspectiva de la alterabilidad.  Son las instituciones fijadas, ancladas, sin capacidad de movilidad, flexibilidad, ductilidad, mutación y cambio, las que resisten el embate constante de los flujos sociales.

 

Desde esta perspectiva, hay que hablar, mas bien, del análisis de las sociedades alterativas, no institucionalizadas, aunque una parte de la sociedad lo esté, la representada y reconocida por las instituciones estatales. Todas las sociedades son alterativas, sino fuera así, no podrían ser sociedades, es decir, constante asociación, constante composición, constante combinaciones de composiciones y asociaciones. Lo que pasa es que se ha invisibilizado, por el enfoque estatalista, de las ciencias sociales modernas, a la sociedad alterativa.

 

Desde esta otra mirada, se observa que las teorías sociales, incluyendo a las teorías de los movimientos sociales, forman parte de la legitimación del poder, aunque haya teorías que se reclamen, mas bien, de críticas, denunciantes, interpeladoras, hasta revolucionarias. El problema no está en que no lo quieran ser, mas bien, quieren que sea así, además su crítica apunta a cuestionar el Estado, el gobierno, el sistema. Pero, no se trata de buenas intenciones, de voluntad de cambiar, de, incluso, teorías críticas; el enfoque estatalista, que no quiere decir que necesariamente defiendan el Estado; pueden, mas bien, cuestionarlo; sino se trata que el enfoque estatalista observa la sociedad desde los ojos estatales, desde las clasificaciones institucionales, desde los estereotipos estatales, también desde los prejuicios estatales. Sin quererlo, mas bien, queriendo hacer lo contrario, el enfoque estatalista lleva a legitimar el poder, precisamente porque permite hacer, permite que lo cuestionen, hasta interpelen. Con esto no se dice, de ninguna manera, que no vale la pena hacer críticas, denunciar, interpelar, sino que estas actividades, disposiciones, posicionamientos, devela solo parte de los planos de intensidad, parte de la problemática. No logra ver la integralidad de la complejidad misma que hace al movimiento social.

 

Por eso, hay que desplazarse, hay que dar lugar a enfoques no estatalistas, enfoques que partan de las percepciones sociales, de sus experiencias y memorias, sobre todo, de su alterabilidad. Hay que ver lo que no ven los enfoques estatalistas, hay que descubrir los espesores intensos que se entrelazan en el tejido social.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Alteridades y alternativas en la movilización prolongada

 

Como en los análisis realizados en Comuna[174]; después, como los ensayos Largo octubreHorizontes de la Asamblea Constituyente y Subversiones indígenas[175]; tres ensayos que corresponden al periodo de la movilización prolongada y al periodo siguiente del proceso constituyente, hablamos de movilización prolongada refiriéndonos a los movimientos sociales anti-sistémicos desatados desde la guerra del agua hasta la segunda guerra del gas, pasando por el bloqueo indígena campesino y la primera guerra del gas y la segunda guerra del agua; es decir, el periodo que arranca en abril del 2000 y alcanza junio del 2005. Todos estos análisis se efectúan desde la perspectiva del marxismo crítico y la perspectiva de las teorías nómadas. Después de la Asamblea Constituyente comienza otro periodo, que llamaría de evaluación crítica del llamado “proceso de cambio”, también de los enfoques dados en el análisis de la movilización prolongada. Los ensayos y análisis que se escriben, incluyendo una entrevista que se publica, desde aproximadamente el 2010 hasta el 2013, corresponden a esta evaluación crítica; también corresponden a un desplazamiento que comienza con la crítica al enfoque marxista, incluyendo al marxismo crítico, compartido. Quizás de una manera más suave, la crítica a las teorías nómadas, aunque también su retoma crítica. Desde el 2013 comienza otro periodo, que llamaría de incorporación al pensamiento complejo, lo que denomino episteme compleja. Este ensayo sobre los movimientos sociales pretende desplegar un análisis sobre los mismos, ahora, desde la perspectiva del pensamiento complejo. Volvemos entonces al acontecimiento de la movilización prolongada, empero, desde el enfoque de la complejidad.

 

 

¿Cuáles son las alteridades que desplegaron las movilizaciones del 2000 al 2005? ¿Cuáles son las problemáticas de la Coordinadora de la Defensa del Agua y de la Vida, de la CSUTCB del 2000, de los sindicatos campesinos del Altiplano y la Junta de Vecinos de la ciudad de El Alto, del conjunto de las organizaciones sociales, comprendiendo ayllus, comunidades, juntas de vecinos, sindicatos campesinos, sindicatos obreros, incorporándose notoriamente obreros mineros y cooperativistas mineros en las movilizaciones de mayo y junio del 2005?

 

Primero diremos que las alteridades que emergen, explosivas, en abril del 2000, en Cochabamba, cuando se inicia la llamada guerra del agua, teniendo como antecedentes, batallas del agua anteriores, sobre todo con los regantes, composición social y organización de los distribuidores del agua, tanto en zonas rurales como en zonas suburbanas, que no contaban con asistencia municipal de agua potable. Las alteridades forman parte de las dinámicas mismas de la sociedad, que nosotros definimos como sociedad alterativa. La sociedad institucionalizada es la misma sociedad alterativa, solo que capturada por las mallas institucionales del Estado. Sin embargo, el Estado solo puede capturar una parte de la sociedad alterativa, una parte de sus fuerzascaptura ciertas superficies, ciertas capas, de la sociedad alterativa. Con las fuerzas capturadas funcionan las mallas institucionales del Estado y de la sociedad institucionalizada. Con las fuerzas capturadas, se impone a la sociedad alterativa, se inscribe en sus cuerpos, se internaliza en sus cuerpos, modulándolos, incidiendo en comportamientos y conductas; conformando habitussubjetividades, imaginarios conservadoresnarrativas que legitiman la institucionalidad del Estado. Sin embargo, la sociedad alterativa no capturada, sigue su curso. Sigue el curso de la vida, como hace la vida siempre; inventa, compone, combina, crea. Aparecen nuevas formas, distintas y variadas estrategias cotidianas; se comporta como flujos de fuga frente a las redes de las mallas institucionales. La sociedad es como rio desbordante, ante la cual los diques de las represas del Estado no pueden detener su rebalse.

 

Las alteridades que se congregan, por así decirlo, en la guerra del agua, son las alteridades que ya borbotaban, fluían, en la sociedad, en estos sectores sociales, que recurren a la administración y manejo comunitario del agua. Estas alteridades sociales se combinan con las alteridades naturales, por así decirlo, de las corrientes del agua, de los ciclos del agua, de los ríos, de los pozos, de las aguas subterráneas, de las lluvias. La naturaleza, como ecología o, mejor dicho, como biodiversidad, como constelación de ecosistemas, se presenta como alteridad mayúscula a la sociedad institucionalizada, a la institución imaginaria de la sociedad, al Estado. Es algo que no controla el Estado, que no administra, que no somete, pues las alteridades no obedecen, sino que se despliegan de acuerdo a sus ciclos vitales.

 

Las alteridades ya se encontraban en las resistencias del proletariado nómada, sobre todo de mujeres, que trabajaban a destajo para la industria de zapatos Manaco. Por lo tanto, en la Federación de Trabajadores Fabriles de Cochabamba, que supo incorporar, organizar y sindicalizar al proletariado nómada, a diferencia de la COB, que se ha circunscrito en los límites del sindicalismo del proletariado fijo, que ya se ha vuelto, en comparación, en una clase privilegiada, a diferencia del mayoritario proletariado nómada, que  tiene contratos esporádicos, sin seguro, sin estar sindicalizado, sin que sus derechos de trabajador se respeten; expuesto vulnerablemente a su suerte.

 

Las alteridades se encontraban en los estudiantes, en los jóvenes rebeldes, que hicieron, en la guerra del agua, de guerreros del agua, así como los llamaron los de la ciudad de Cochabamba. Las alteridades se encontraban, por lo menos, potencialmente, en predisposiciones de la gente que trabajaba en sus profesiones, que estaba incorporada en ONGs, sobre todo las vinculadas al medio ambiente y a la ecología. En fin, las alteridades estaban diseminadas en la ciudad, en su magma; cuando estalló el conflicto; estas alteridades se congregaron, se agolparon, se asociaron componiendo un torrente explosivo.

 

¿Qué es lo que hace que esto ocurra? ¿Qué las alteridades diseminadas en la sociedad, de pronto se coaliguen, y desborden a los diques institucionales? Ciertamente la crisis, sin embargo, este concepto es muy general, como para poder explicar la singularidad del acontecimiento. Las alteridades disueltas se congregan porque se convocan, se auto-convocan. Esto pasa porque el estado de situación las obliga a hacerlo. De alguna manera sus ciclos se interrumpen, son afectados; entonces, se presenta el problema. En la medida que este problema presente no se resuelve de las maneras usuales cotidianas, incluso, con reclamos, el problema se vuelve problemática. Aparecen escollos, son identificados, aparecen barreras, desde burocráticas hasta políticas. Se encuentran ante otro proyecto, en el que no son tomados en cuenta, tampoco sus necesidades, usando este término para ilustrar. Descubren que sus ciclos serán afectados, de tal manera, que la vida ya no será la misma. La convocatoria aparece como una necesidad imperiosa. Saben que estos problemas se resuelven congregando a todos y todas las afectadas. La asamblea convierte a estas alteridades individualessingulares mónadas, en una alteridad masiva, también singular. Comienza a formarse un discurso, en torno al problema, en este caso, el de la privatización del agua. Aparecen nombres, que van a volverse nombres comunes del discurso interpolador de la guerra del agua. Las radios populares entrevistan a los voceros del movimiento; se difunde el discurso. Los otros medios también retoman el discurso y el movimiento como noticia, como información. En la medida que la información aparece reiterativa, haciéndose continua, como que la impresión es que ésta es la atmósfera social y política conformada. Cuando la reacción de las autoridades, de las instituciones estatales, del gobierno, del Estado, es la descalificación del movimiento, después, incluso, la represión, el movimiento se convierte en un problema para el Estado. Lo nombra, en este sentido, lo institucionaliza, pero, esta institucionalización, este nombrarlo, es, mas bien, para descalificarlo, para convertirlo en el mal, en anomalía atentatoria al orden y a las leyes. La intensidad del conflicto sube si sale la policía, y si no puede, si sale el ejército. Es cuando, estos dispositivos de emergencia del Estado, estos dispositivos de la represión contra el pueblo, convierten al movimiento en una insurrección. Los primeros en atribuirle un carácter subversivo, son pues estos dispositivos del Estado.

 

Como se puede ver, el movimiento social singular, en cuestión, en este caso el movimiento social de la Coordinadora de la Defensa del Agua y de la Vida, no es un producto, por así decirlo, de las voluntades propias, atingentes al movimiento, sino también de las voluntades contrarias, las del Estado. En el roce entre estos distintos ámbitos; uno espontaneo, por así decirlo, el otro institucional; uno en constante movimiento, flujo, asociaciones y composiciones; el otro fijo, en movimiento retenido, de flujos canalizados, ya no de asociaciones y composiciones libres, sino de organización establecida e institucionalizada; es cuando emerge esta cordillera, usando esta metáfora geológica, de la colisión de dos placas tectónicas.

 

El movimiento social singular o los movimientos sociales singulares, si logran darse paralelamente y, además, logran converger, apoyarse, mejor si se coordinan, como ocurrió en Bolivia durante el periodo de los seis años de la movilización prolongada, son como levantamientos, en el sentido metafórico y literal de la palabra, de la colisión, siguiendo con la metáfora, de la placa social y la placa estatal. Los movimientos sociales, como dijimos, no solamente se conforman por la iniciativa de los y las movilizadas, sino también por resistencia – usando resistencia no como se acostumbra, atribuyendo, mas bien, esta acción, a los movimientos sociales, a estrategias sociales, a pueblos – del Estado a los movimientos. El Estado se constituye como resistencia fija, institucional, al constante, permanente, desborde social; cuando estallan movimientos sociales, refuerza esta actitud, esta perseverancia institucional, hasta tal punto que recurre a sus dispositivos de emergencia, a la represión, incluso puede llegar a dar batalla. Esta acción y represión estatal y gubernamental en contra de los movimientos sociales también define el perfil, la forma, la consistencia de éstos. El enemigo social es estigmatizado por el Estado; se lo define, se lo califica, de lo clasifica, se lo nombra, se le atribuye anomalías, incluso se le señala por estar manejado por conspiradores, subversivos, radicales. Estas acusaciones, en vez de alejar a los simpatizantes del movimiento, los aproxima más, incluso puede expandir la simpatía social hacia el movimiento. Paradójicamente, la reacción gubernamental, convierte al movimiento social, que puede haber sido local, provincial, departamental, o si se quiere, sectorial, en un tema nacional. Está en la agenda, además de aparecer en las noticias.

 

El movimiento social singular se ha transformado; siente, percibe, que esta experiencia en la lucha social concreta lo transforma, lo madura, lo templa. Esta maduración se transmite a sus discursos, a sus concepciones, a sus acciones. Los discursos tienden a ser más elaborados, tienden a construir una narrativa, que ya supone una memoria social del movimiento, memoria trabajada para lograr una interpretación estructurada. Al convertirse en un tema nacional, el movimiento social comienza a hacer propuestas nacionalespropuestas políticas, incluso convoca a la sociedad entera a participar en la solución de problemas que la aquejan. Es cuando el movimiento social adquiere características de contra-gobierno, puede llegar a convertirse en contra-Estado si sus formas asambleístas, participativas, si sus formas comunitarias, si sus formas autogestionarias, se proyectan como alternativas al gobierno, incluso al Estado.

 

Muchos de los movimientos sociales no llegan a vivir este proceso; algunos resuelven sus demandas temprano, otros después de haber insistido durante un tiempo; otros, quizás, por abandono de los mismos componentes, desalentados. Los movimientos que llegan a vivir el proceso de politización se transforman, devienen proyecto político. El proyecto tiene como un intervalo de opciones, donde en un extremo, en lo que podemos considerar el círculo vicioso del poder, se reproduce el poder al formularse un proyecto de Estado; en el otro extremo, abriendo el intervalo, se apertura, mas bien, un proyecto autogestionario.

 

El movimiento vinculado a la guerra del agua cumple su ciclo cuando termina la lucha por el bien común con la victoria de la Coordinadora de la defensa del agua y de la vida, prolongándose a la administración municipal del agua, que no era un objetivo de la guerra del agua ni de la Coordinadora. Lo que continúa después es el activismo circunscrito a una ONG, que se constituye sobre la base de la experiencia del movimiento.

 

 

En septiembre del 2000 resurge el movimiento indígena campesino, redituando, en sus formas actualizadas, el levantamiento pan-andino del siglo XVIII. La alteridad indígena siempre estuvo presente en la formación social boliviana; se trata de la alteridad inscrita en otros habitus, en otros lenguajes, en otros imaginarios, en otras subjetividades. En Comuna se habló de la forma comunitaria. Esta fue la figura usada en los análisis que se suceden desde el 2000; empero, habría que matizar el enunciado, pues no se trata de las comunidades ancestrales, que fueron delimitadas con el ordenamiento territorial del virrey Toledo. No son los mismos ayllus, denominadas en la clasificación colonial como comunidades originarias, de la época virreinal, pues sufrieron, por lo menos, en el Altiplano, el avasallamiento de sus tierras comunitarias por la expropiación latifundista liberal. No son las mismas comunidades dispersas y distribuidas en una geografía donde se asentaban las haciendas, pues la reforma agraria entregó títulos privados a las familias, convirtiendo a los comunitarios en campesinos con posesión y propiedad individual. Si bien habían sobrevivido ayllus, es decir, comunidades, la figura usada se refería al entramado comunitario, al tejido comunitario, que atraviesa tanto a los ayllus como a las formaciones campesinasDe todas maneras, esta alteridad, en el tejido social, conformaba una formación social abigarrada, constituía una sociedad alterativa singular, que se abría a recorridos alternativos.

 

El sitio de cuatro ciudades, El Alto, La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, en septiembre del 2000, dio lugar a un movimiento social indígena campesino, que puso en la mesa la interpelación a la herencia colonial, la cuestión de la tierra, en las circunstancias y características de este fin de siglo y comienzo de otro. También se puede decir que puso en evidencia las contrastaciones y contradicciones entre campo y ciudad, a pesar de las migraciones rural-urbanas, de los circuitos entre provincias, particularmente rurales, y urbes, de redes sociales que atraviesan ambos ámbitos, el rural y el urbano, enlazándolos. La singularidad de este movimiento social radica, se podría decir, en un anacronismo alterativo, que descentra el cronograma del tiempo institucional. Hace patente que se experimentan múltiples ritmos espacio-temporales, que evidencian planos de intensidad social, escondidos a la mirada institucional, en tiempos de paz.

 

Particularmente, estos movimientos sociales, correspondientes a anacronismos alterativos, iluminan sobre la complejidad de los movimientos sociales anti-sistémicos, al mostrar la articulación de sus distintos planos de intensidad y espesores culturales. Además de mostrar la convencional cartografía republicana, que delimita espacios clasificados de una geografía política, al destrozar estas delimitaciones reterritorializar el conflicto social con la emergencia de los espesores territoriales ancestrales.

 

El movimiento social indígena campesino, que venció en el bloqueo de caminos y en el sitio de ciudades, perdió fuerza en la mesa de negociaciones. La potencia del movimiento social fue desviada de su curso, dispersando su acumulación. El programa que se presentó en la mesa de negociaciones, como pliego petitorio, era, mas bien, un programa modernista, que incluía tractores.  Este pliego no estaba a la altura de la potencia social del movimiento indígena campesino.

 

 

En octubre del 2003 estalla la llamada guerra del gas. Por decir algo, para caracterizar esta movilización, se trata de un movimiento social compuesto, que entrelaza dos movimientos sociales; el movimiento indígena campesino y el movimiento nacional-popular urbano. Por su misma composición, se puede ver la potencia social acumulada, la irradiación sumada de sus proyecciones interpelativas y alterativas. Además, por la combinación de sus espacios-tiempos singulares, muestra la complejidad de la simultaneidad dinámica del tejido espacio-temporal social. En Comuna se dijo que se encontraron, por primera vez, la trayectoria larga de la guerra anticolonial y la trayectoria mediana de la lucha nacional-popular; también podríamos incluir la trayectoria mediana de lucha del proletariado, sobre todo por la presencia de mineros, que vinieron a defender la Ciudad de El Alto, donde se encontraban sus familiares, relocalizados. Al respecto, también hay que matizar esta interpretación, pues ambas trayectoria o las tres trayectorias siempre estuvieron presentes, si se quiere, una al lado de la otra, solo que por el imaginario histórico, de carácter linealista, por las “ideologías” modernas, tanto del nacionalismo revolucionario como del marxismo de guardatojo, no se visualizaba esta simultaneidad dinámica, tampoco se interpretaba la alteridad indígena.

 

El acontecimiento de la guerra del gas puso en evidencia la complejidad del presente, de la crisis múltiple del Estado-nación, en el contexto de la crisis estructural y orgánica del capitalismo. Los discursos modernos revolucionarios no captaban esta complejidad, salvo solo la contradicción principal, focalizada como el antagonismo entre proletariado y burguesía, o, en el otro caso, como el antagonismo entre nación oprimida e imperialismo. En su enfoque, no visualizaban, por lo tanto, no podía interpretar y expresar, el antagonismo entre naciones y pueblos indígenas, incluso pueblos mestizos, y colonialidad. Más aún, dejando su enfoque histórico a un lado, estaban lejos de hilar la complejidad articulada de planos y espesores de intensidad de una formación social singular.

 

La guerra del gas derrocó al régimen neoliberal. Cayó estrepitosamente, el gobierno neoliberal de entonces tuvo que huir a Santa Cruz, el presidente de entonces se vio obligado a renunciar, a pesar de que intentó gobernar desde Santa Cruz de la Sierra. Se puede decir, para ilustrar gráficamente, que este momento de intensidades de la movilización prolongada, fue la cumbre más alta de las movilizaciones. La ofensiva social, desatada desde el 2000, se convirtió en la apertura a otro tiempo político, por así decirlo. Interpretada por la Agenda de Octubre como el de la nacionalización de los hidrocarburos y la convocatoria a la Asamblea Constituyente.

 

La potencia social de esta movilización compuesta tuvo sus realizaciones radicales. En realidad, la movilización tomó la sede de gobierno, la ciudad de La Paz; en otras palabras, prácticamente tomó el poder. El ejército se encontraba atrincherado en los cuarteles, la plaza de armas estaba custodiada por un cordón de tanques. No había gobierno, el vacío de poder era patente. Medio millón de movilizados recorrían las calles de la ciudad, en los alrededores de la plaza de armas; una columna, se dirigió hacia la casa del entonces presidente. Con la ciudad tomada, con el poder factualmente tomado, la movilización de la guerra del gas no desembocó en la institucionalización de la toma del poder. ¿Por qué? Esta es la pregunta.

 

En Comuna se dejó pendiente una respuesta a esta pregunta. Se hicieron circular hipótesis, como que había que retomar la discusión sobre el partido revolucionario; también la hipótesis de la guerra civil. En los cabildos, los y las movilizadas, conscientes de lo que podría ocurrir dando el paso a la toma del poder efectivamente dado, prefirieron no ingresar a este acontecimiento, el de la guerra civil, cuya lógica era incontrolable.  De la misma manera, el ejército, recordando su derrota en abril de 1952, su destrucción como ejército, por parte del pueblo armado, también prefirió no ingresar a la guerra civil, defendiendo al gobierno derrocado. El Estado Mayor le pidió la renuncia al presidente de entonces, que esperaba que el ejército salga a reprimir a la población alzada. De esta manera, ambos bandos, prefirieron no ingresar a la incierta situación de la guerra civil.

 

La tercera hipótesis que se vertió fue la de que no se desplegó la posibilidad de la alternativa al Estado-nación, a la forma de gobierno vigente, posibilidad que se encontraba latente en las entrañas mismas de la movilización prolongada.

 

Ahora, habría que evaluar estas tres hipótesis, desde la perspectiva de la complejidad.  No tanto para verificarlas o contrastarlas, sino para comprender la complejidad de esa coyuntura, visualizando la articulación de los planos y espesores de intensidad, descifrando e interpretando la coyuntura desde la perspectiva de la simultaneidad dinámica.

 

 

En mayo y junio de 2005 culmina el ciclo de movimientos sociales de la movilización prolongada. Se cierra el ciclo y se abre el periodo del gobierno popular de las gestiones de Evo Morales Ayma, presidente indígena. También se abre y se da lugar, efectivamente, a la Asamblea Constituyenteforma institucional del proceso constituyente. La composición de las movilizaciones relativas a la segunda guerra del gas, además del rechazo al intento de sustitución constitucional conservadora, que quería otorgar la presidencia al presidente del Congreso, un representante de la “derecha” contra la que se había combatido durante seis años de lucha, es más compleja que la de octubre de 2003, pues responde a la acumulación de fuerzas, de experiencias de luchas, fuera de sumarse más movimientos sociales, el de los y las prestatarias, el de los jubilados, sobre todo, el movimiento proletario, principalmente de trabajadores y cooperativistas mineros. Esta complejidad singular de la movilización de 2005 recoge las experiencias sociales acumuladas durante la movilización prolongada, proyecta los discursos y las narrativas de los movimientos sociales anti-sistémicos, casi conformando un entramado de narrativas similares, aunque no necesariamente el logro de una narrativa del conjunto. Es en este escenario, con la sustitución constitucional seleccionada por los y las movilizadas, que fue la última sustitución constitucional posible, la de la presidencia a cargo del presidente del poder judicial, que se concluye el ciclo con las elecciones de 2005, que llevan a la presidencia al dirigente de la Federación de Trabajadores Campesinos del Trópico de Cochabamba, la denominada Federación cocalera.

 

 

En lo que respecta a la movilización de la Federación de Trabajadores Campesinos del Trópico de Cochabamba, la movilización cocalera, vamos a transcribir lo que dijimos en Potencia y acontecimiento[176]:

 

 

En lo que respecta al tercer ejemplo – el relativo al MAS –, podemos encontrar el diseño de la estructura de la composición compleja singular, en la constelación de composiciones singulares, que hacen al acontecimiento de la “ideología” del populismo-indigenista, en una articulación sui generis entre las Federaciones Sindicales Campesinas del Trópico de Cochabamba, gestoras de la defensa de los cultivos de hoja de coca; primero, en su relación con su entidad matriz, la CSTCB; después, con la COB. Este contexto de relaciones y conexiones sindicales, sobre todo, las relativas a las organizaciones campesinas, es primordial para desprender el proyecto que va adquirir el nombre connotado de Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos. En principio, el Instrumento Político, que nace en el fragor de las reuniones, de los debates, de los foros, y, por último, en un Congreso campesino, como Asamblea por la Soberanía de los Pueblos, se proyecta novedosamente. Lo que se mostraba, por lo menos, en dos intenciones políticas e “ideológicas”; por una parte, conformar un Instrumento Político de las organizaciones sociales; lo que le daba un carácter distinto al partido o movimiento político. El partido, en este caso, está subordinado, por lo menos, en el proyecto inicial, a las organizaciones sociales. La otra intención proyectada, tiene que ver con una perspectiva descolonizadora, al concebir un Instrumento Político de las organizaciones sociales como de-colonial, Instrumento que se asumía como expresión de las naciones y pueblos, no solamente indígenas. Entonces, estamos ante un proyecto pluralista y plurinacional.

 

Podemos entonces comenzar a trazar un periodo político intenso, cuyo corte inicial se puede situar entre 1996-97, años en que el Congreso campesino asume el proyecto del Instrumento Político como propósito orgánico de los sindicatos campesinos. 

 

Siguiendo con la descripción de las conexiones de la resistencia y defensa de los cultivos de la hoja de coca, en distintos planos de intensidad, con otros dispositivos, incluso composiciones singulares, podemos encontrar las conexiones de dispositivos orgánicos y de dispositivos políticos, en ciernes, en el proyecto y desarrollo inicial del Instrumento Político, con las ONGs. Por lo menos, aquellas, que, en principio, se encuentran en programas alternativos de desarrollo al cultivo de la hoja de coca; después, muy pocas, en compromisos, más que programas, de defensa de los cultivos de la hoja de coca; y posteriormente, con ONGs “izquierdistas”, que apoyan directamente la proyección del Instrumento Político. Muy temprano, en este proceso de constitución, de lo que debería haber sido el Instrumento Político de las organizaciones sociales, las formas orgánicas de gestación del Instrumento Político entran en contacto con organizaciones políticas, también fundaciones y ONGs de la “izquierda” internacional. En el mapa de estas conexiones, de la resistencia y la defensa de la hoja de coca, de sus formas orgánicas de la resistencia y defensa, teniendo como base operativa y orgánica a la Federación Sindical Única de Trabajadores Campesinos del Trópico de Cochabamba, se encuentran las organizaciones políticas de “izquierda” o lo que queda de ellas; después de la crisis política, la segunda, una vez dado el derrumbe de la UDP[177]. No se puede dejar de lado, en el mapa de estas conexiones, a los medios de comunicación, que, si bien, puede haberse dado una relación conflictiva y sensacionalista, hasta adversa, con un conjunto de medios empresariales, el MAS tenía también una relación, que podemos denominar solidaria, con medios no empresariales; hablamos no solo de las radios populares, sino de medios que forman parte de la Iglesia Católica. Lo que debería ser el Instrumento Político de las organizaciones sociales y terminó siendo el MAS, un partido, más que movimiento social, que no es Instrumento Político de las organizaciones sociales, sino que convierte a las organizaciones sociales en instrumentos del partido, es un fenómeno también mediático; este hecho no se puede obviar en el análisis.

 

No vamos a extender más la descripción del mapa de las articulaciones y conexiones de la composición compleja singular; dejaremos esta extensión para la investigación. El ejemplo sería abrumador; por otra parte, adquiriría connotaciones más complicadas. Lo que importa ahora, en esta ilustración, es mostrar las características del análisis complejo, su enfoque en los funcionamientos, los engranajes, las mecánicas y dinámicas de la composición compleja singular.

 

En esta perspectiva, la del pensamiento complejo, en el análisis de los tejidos sociales del acontecimiento, se destaca el impacto, de este diseño de la estructura de la composición singular, en el tejido social y político de la coyuntura y del inicio del periodo, en cuestión. Este impacto tiene que ver con la repercusión en los imaginarios de un símbolo cultural, el de la hoja de coca, que, a la vez, aparece como símbolo de-colonial, y, a la vez, como símbolo de resistencia antiimperialista. Ciertamente, en otros ámbitos, no populares, la hoja de coca, mas bien, aparece como un signo descalificado, debido al uso de la hoja de coca en la producción de cocaína. Entonces, asistimos a una especie de debate “ideológico”, mas bien mediático, en torno a las interpretaciones políticas del símbolo o signo de la hoja de coca. En otras palabras, la defensa de la hoja de coca se politiza, adquiere connotaciones antiimperialistas, en una micro-región, donde se desenvuelve lo que se puede llamar, acertadamente, guerra de baja intensidad.

 

Por lo tanto, la politización no solo tiene como eje esto del proyecto del Instrumento Político y esto de la Asamblea por la Soberanía de los Pueblos, sino también el eje de la interpretación “izquierdista”, por lo menos de una parte de la “izquierda”, de que la defensa de la hoja de coca es antiimperialista. A la larga, el eje más efectivo y preponderante va a ser éste, el del carácter antimperialista de la defensa de la hoja de coca.

 

A propósito de lo que decimos, hay que salir de toda irradiación de las teorías de la conspiración. No se puede aceptar, por lo menos, demostrar y sustentar, la hipótesis de que todo lo que acontecía, en lo que respecta al impacto de los ejes mencionados, formaba parte de un plan, de una conspiración política, por más emancipadora que pueda pretender ser esta conspiración. De ninguna manera, los proyectos como los del Instrumento Político, sus características plurinacionales, evidentemente forman parte de un proyecto; empero, sus conexiones con los otros ejes, los impactos en el tejido social y político, son, mas bien, casuales, usando este término para ilustrar y contrastar. Es muy difícil sostener que los planes humanos se realicen plenamente; una vez que se despliegan, en busca de su realización, provocan consecuencias inesperadas, precisamente porque los dispositivos operativos no controlan el conjunto de variables intervinientes; son, mas bien, sobrepasados por la complejidad.

 

Se puede decir, sin mucho riesgo de errar, que el MAS, por sí solo, contando con este mapa de sus conexiones, con la composición compleja singular, en una constelación de composiciones singulares, que hacen al acontecimiento, no podría haber llegado a donde ha llegado, dicho popularmente, al poder. Es el estallido de otros movimientos sociales anti-sistémicos el que ha favorecido el decurso que toma el MAS. Entonces, en el mapa entran las relaciones, las conexiones, incluso contradictorias, de concurrencia, de debate y desacuerdos, entre este proyecto del Instrumento Político y los otros movimientos sociales anti-sistémicos. 

 

La problemática, en esta cuestión última, es la siguiente: ¿Por qué el MAS ha terminado beneficiándose políticamente de la movilización prolongada y no los otros movimientos sociales anti-sistémicos, o alguno de ellos? Responder a esta pregunta equivale a comprender la dinámica molecular de las fuerzas concurrentes, en ese periodo político intenso, comprender la dinámica de la composición molar de esas fuerzas. Pero esta comprensión no se logra por medio de los análisis acostumbrados, basados en los esquematismos duales, atrapados en paradigmas racionalistas; hablando de la razón abstracta, que nombramos como razón fantasma; análisis lineales y deterministas. La comprensión es posible en el análisis complejo de las dinámicas inherentes al tejido espacio-tiempo-social-político-cultural del periodo, en cuestión (1996-2015).

 

En este ensayo no podemos explayarnos en la descripción de los diseños de las estructuras de las composiciones complejas singulares, relativas a los movimientos sociales anti-sistémicos, que se desplegaron en el periodo de la movilización prolongada (2000-2005). Aunque describimos, de manera más detallada, aspectos, características, formas y perfiles de estos movimientos sociales, en los análisis realizados por Comuna[178], estos análisis todavía se inscriben en la episteme moderna de los esquematismos dualistas. Ahora, se requiere del análisis complejo de los tejidos espacio-temporales-territoriales-sociales-culturales. Como se trata ahora, de exponer ejemplos ilustrativos, dejaremos para más adelante, para otros ensayos, la exposición de composiciones complejas singulares, relativas a estos movimientos sociales anti-sistémicos[179].

 

Por de pronto, lanzaremos la siguiente hipótesis interpretativa: el movimiento autogestionario de la guerra del agua, el movimiento indianista del bloqueo indígena-campesino, el movimiento nacional-popular de la guerra del gas, el movimiento descolonizador de las organizaciones indígenas originarias, los movimientos dispersos y diversos, relacionados a la resistencias al costo social neoliberal, en los que sobresalen los movimientos de los y las prestatarias, así como de los jubilados, el movimiento resurgente del proletariado, sobre todo del proletariado nómada, se presentan como movimientos, que adquieren otro perfil, de características autónomas y de autogobierno, por lo menos, en los dos primeros, como movimientos anti-estatalistas. Esta proyección política, ponderable por cierto, dada la crisis múltiple del Estado-nación, dada la experiencia acumulada a través de las historias políticas de la modernidad, convierten a estos movimientos sociales anti-sistémicos en imposibles, por así decirlo, en el marco institucional político establecido, el de la democracia formal. Solo podrían haber prosperado si la mayoría poblacional, si la mayoría del pueblo, hubiera adquirido también una propensión anti-estatal. Sin embargo, esto es precisamente lo que no pasó, lo que era difícil que pase, cuando el pueblo, por así decirlo, se encuentra atrapado en el imaginario estatal.

 

El MAS era y es estatalista, a diferencia de la Coordinadora del Agua y la defensa de la vida, por lo menos, en su proyección auténtica e intensa; a diferencia de la CSTCB de entonces (2000). Organizaciones que no propendían a mantenerse en reformas del Estado-nación, sino se proyectaban a la realización esperada de una forma política global alternativa. Esta proyección y límite estatalista del MAS, a la vez restringía sus pretensiones emancipadoras, sus poses de-coloniales, sus fintas soberanas, incluso sus retóricas socialistas, al tamaño de un  Estado-nación subalterno, al tamaño del campo económico del capitalismo dependiente. Y, a la vez, lo convertía en viable, en los márgenes permitidos por el sistema-mundo capitalista. Ésta, quizás, es la razón de fondo  del porque el MAS pudo beneficiarse de las victorias de la movilización prolongada, victorias políticas, como las de la guerra del agua y de las de la guerra del gas, en las que el MAS tuvo poco que ver, si es que no tuvo nada que ver.

 

Entonces, se puede decir que las cuerdas, inherentes a la resistencia y defensa de la hoja de coca, vibraron, de tal manera, que su vibración, si bien, no fue crucial en los desenlaces de la movilización prolongada, fueron como las notas finales de esta sinfonía social. Lo que recuerda la “memoria” – usando irónicamente el término – mediática son estas notas finales, no recuerda el proceso. Institucionalmente, políticamente, en sentido restringido, se impone lo mediático, en el periodo de las gestiones gubernamentales, aunque no se imponga históricamente, en el largo ciclo y en las estructuras de larga duración. Hay pues una historia oficial, que se sostiene institucionalmente, mediáticamente, propagandísticamente, que busca convencer de una “descripción” de los hechos, de la secuencia de hechos, eventos y sucesos, del llamado “proceso de cambio”; “descripción” que, sin embargo, no es sostenible. Al respecto, lo que importa no es oponer, a esta invención de la historia de los vencedores, la pretensión de objetividad, como se hacía en la episteme de la modernidad, pues esta objetividad solo se puede mover en algún plano de intensidad, o, en el mejor de los casos, en algunos planos de intensidad; desconectados y aislados, quizás vinculados, de manera forzada y no propia.  Lo que se requiere es el análisis complejo de los tejidos entrelazados del acontecimiento, de la constelación de composiciones complejas singulares entrelazadas, que hacen al acontecimiento. Esto no es objetividad, sino comprensión integral de la simultaneidad dinámica[180].

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Conclusiones

 

  1. El análisis de los movimientos sociales anti-sistémicos, desde la perspectiva del pensamiento complejo, supone la matriz dinámica de la sociedad alterativa, a diferencia y en contraposición al supuesto de las ciencias sociales y la teoría de los movimientos sociales, que parten de la sociedad institucionalizada, desde la perspectiva estatalista.

 

  1. La sociedad alterativa es constante devenir, desborda los promontorios fijos de las mallas institucionales del Estado. En este sentido, se puede decir, que es el Estado el que se defiende, resiste, al desborde creativo de la sociedad alterativa.

 

 

  1. Los movimientos sociales anti-sistémicos forman parte de la vitalidad, de los ciclos vitales, de la sociedad alterativa. Aparecen intermitentemente, cuando las alterabilidades dispersas, múltiples y plurales, diseminadas en el tejido social, se congregan, convocadas por la crisis.

 

  1. Los movimientos sociales son singulares, es decir, únicos.

 

 

  1. Los movimientos sociales son distintos, experimentan distintos ritmos y procesos, además de alcances, que pueden ser limitados o, en contraste, radicales, cuando logran completar su propio ciclo, en forma de politización irradiante.

 

  1. La movilización prolongada boliviana, de características autogestionarias y radicales, anti-estatalistas; predisposición afectiva, subjetiva y voluntaria, que sostuvo el proceso constituyente, el poder constituyente, y la escritura de una Constitución de un Estado en transición Plurinacional Comunitario autonómico, no pudo materializar su proyecto descolonizadoremancipatorio y libertario radical, en un contexto institucional estatalista, que se preservó, a pesar del sismo, en un sistema-mundo capitalista, que permite márgenes de maniobra, en un orden mundial imperial, que puede permitir, aunque sea a regañadientes, gobiernos populares, con tal que no crucen la línea civilizatoria de la modernidad y de las estructuras y diagramas de poder globales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La política en tiempos del estaño y el petróleo

En busca de la política perdida

 

 

 

 

 

 

 

 

Si bien se puede hablar de ciclos largos del capitalismo, de acuerdo a su composición orgánica, técnica e incluso política, contando con la hegemonía de turno, y tomando en cuenta este ciclo largo, comprender también los ciclos largos extractivistas, vinculados a los ciclos largos del capitalismo, además de al rubro más explotado en lo que respecta a los recursos naturales, la pregunta es: ¿si se puede también hablar, aunque sea metafóricamente, de ciclos largos de la política? Esta va a ser nuestra hipótesis al momento de interpretar el decurso de Marcelo Quiroga Santa Cruz en la historia política boliviana.

 

Toda una formación discursiva, vinculada a toda una formación política, que, además tienen que ver con lo que hemos llamado episteme boliviana, se ha dado lugar en torno a la defensa de los recursos naturales. Sergio Almaraz Paz, René Zavaleta Mercado y Marcelo Quiroga Santa Cruz, hacen de referentes singulares del pensamiento político boliviano que asume como tarea la soberanía, la defensa de los recursos naturales, la construcción y consolidación del Estado-nación. Son los hitos de la llamada izquierda nacional. La izquierda internacional no deja de tomar en cuenta la defensa de los recursos naturales; empero, lo hace desde la perspectiva socialista, ya sea bajo la concepción de la revolución por etapas o la concepción de la revolución permanente. El discurso indianista, en cambio, retoma esta defensa en otro discurso, el de la descolonización. Sin embargo, a pesar de estas diferencias, podemos comprender que se trata de la episteme boliviana; con sus diferencias, variantes, corrientes, contraposiciones. Es una manera de pensar, basada en el esquema dualista de nación/anti-nación,  nación proletaria/neo- colonia, nación india/nación colonial.  No deja de pertenecer a esta episteme el pensamiento político conservador boliviano, el pensamiento liberal y el pensamiento neo-liberal, pues también se formulan desde un esquematismo dual, aunque sea contrapuesto al de los otros discursos, mas bien, críticos e interpeladores de la dependencia y de la dominación imperialista. El dualismo conservador establece la oposición entre atraso/progreso, subdesarrollo/desarrollo, competencia/incompetencia estatal.

 

Una episteme es un zócalo, un substrato, vale decir, el conjunto de condiciones de posibilidad histórico-culturales  de las formaciones discursivas y enunciativas de una época determinada. Las singularidades discursivas, incluso las singularidades políticas, no hacen a la episteme como tal, sino a sus manifestaciones concretas; lo que hace a la episteme son las estructuras de pensamiento similares. Intentamos escudriñar el perfil político de Marcelo Quiroga Santa Cruz, su incursión en la historia política y en el pensamiento político boliviano, su incidencia, su huella y también su herencia, a partir del análisis descriptivo de las prácticas discursivas, del análisis descriptivo de las formaciones discursivas, aunque también del análisis descriptivo de las prácticas políticas. En este sentido, retomamos el ámbito colateral de las formaciones discursivas, configurado por los objetos, los conceptos y sujetos de la enunciación.

 

Los objetos en cuestión son los recursos naturales, básicamente los sometidos a la explotación extractivista; en el caso que nos toca, se trata primordialmente del estaño, aunque acompañado por otros minerales, y el petróleo, aunque después aparezca el gas, acompañando, primero, y después, convirtiéndose en el hidrocarburo más importante, desde la perspectiva de la exportación.  Por eso, hablamos de la política en tiempos del estaño y el petróleo.

 

Para la izquierda nacional los recursos naturales, sobre todo, en los periodos que nos toca, el estaño y el petróleo, se convierten en los objetoscampos de batalla, entre la dependencia y la liberación. Para la izquierda internacional estos objetos son, además, objetos que sostienen, como plataforma, la revolución industrial dentro de la revolución socialista, por etapas o permanente. Para el indianismo, no se trata de objetos sino de la pachamama, por lo tanto, de la necesidad de armonizar con los ciclos vitales, con la tierra, y las sociedades y comunidades. En cambio, para los discursos conservadores, se trata de objetos que no pueden quedarse bajo tierra, que deben ser sacados de los subsuelos, exportados, logrando inversiones de capital e ingreso, que pueden ser destinados a la modernización.

 

Los objetos mencionados se convierten, como se ve, en verdaderos campos de batalla “ideológicos”. La formación discursiva que más desarrolla una formación enunciativa en torno a los recursos naturales es la formación discursiva de la izquierda nacional. Marcelo Quiroga Santa Cruz es uno de los portadores de este discurso crítico e interpelador. En Pensamiento propio escribimos:

 

Marcelo Quiroga Santa Cruz va a ser conocido polifacéticamente, en las etapas de su itinerario; primero, como literato, en su condición de novelista; después, como ensayista y; por último, como político socialista. Las novelas de Los deshabitados y Otra Vez marzo van a ser reconocidas y connotadas internacionalmente. Estamos ante un escritor, un literato, en pleno sentido de la palabra. Preocupado por las expresiones artísticas y estéticas. Lo que no deja que también se ocupe de la candente cuestión política boliviana. Es notoria su oposición a la revolución nacional de 1952, tiene ante ella críticas morales y éticas. No podríamos hablar de una polémica propiamente política, menos que se lo hace, en aquél entonces, desde una perspectiva socialista. Es también difícil sostener, como algunos apresurados han tratado de interpretar, que Marcelo Quiroga hacia una crítica desde las posiciones de clase de la oligarquía terrateniente. En todo ese tiempo está más cerca de la literatura y bastante distante de los intereses materiales; en estas condiciones existenciales, es insostenible esa interpretación provisional, llena de prejuicios, que atribuye a Marcelo  una supuesta “ideología” de clase, una especie de cosmovisión oligárquica.

René Zavaleta Mercado es duro en la polémica con este Marcelo Quiroga Santa Cruz. René Zavaleta más rudo, más experimentado en las cuestiones políticas, más cerca del debate de coyuntura, en tanto que Marcelo Quiroga, mas bien, sensible a los códigos morales; ambos intelectuales están abismalmente distanciados. Uno escribe desde la penetrante experiencia de la revolución nacional (1952-1964), el otro lo hace desde la esfera de la crítica estética y ética desplazada desde los espesores de la literatura. Realidad y ficción no se encuentran.

Podemos decir que es después de la caída del MNR, con el golpe militar de 1964, que Marcelo Quiroga Santa Cruz incursiona decididamente en la política. Una breve reseña de su vertiginosa vida puede resumirse de la siguiente manera:

Durante las elecciones de 1966 consigue ser elegido diputado por Falange Socialista Boliviana (FSB), partido que lo inscribe en sus listas y lo postula.  Entonces es representante del departamento de Cochabamba. En estas elecciones es elegido como presidente el candidato militar General René Barrientos Ortuño. Desde el Congreso Marcelo Quiroga Santa Cruz, en su condición de diputado, efectúa un juicio de responsabilidades contra el presidente elegido. Siendo una voz solitaria – hasta el partido que lo postuló lo abandona -, en un Congreso mayoritariamente barrientista, el juicio de responsabilidades le cuesta el desafuero parlamentario. Después sufre el secuestro, seguido por el confinamiento en Alto Madidi, culminando la represión parlamentaria en la cárcel.

En la memoria popular, Marcelo Quiroga Santa Cruz va a ser conocido como defensor de los recursos naturales. Contando con estos antecedentes, se convierte en el autor intelectual de la nacionalización del petróleo, en su condición de Ministro de Minas y Petróleo (1969), durante el gobierno del General Alfredo Ovando Candía.  Sin embargo, fue ministro durante sólo un lapso, hasta su renuncia, asumida debido a lo que consideraba  la capitulación gubernamental frente a la empresa de petróleos nacionalizada (Gulf Oíl Co.), cuando el gobierno cede a las presiones de la empresa para ser indemnizada.

Ya curtido en la ingrata experiencia política, fundó el Partido Socialista en 1971,  acompañado por un grupo de intelectuales y dirigentes sindicales. Su estadía en Bolivia ha de durar poco, hasta el cruento golpe militar del 21 de agosto de 1971, encabezado por el General Bánzer Suárez.  En el exilio se ocupa de múltiples actividades, entre ellas académicas; es columnista, participa en distintas instituciones y organizaciones, forma parte del Tribunal Socialista con sede en Yugoeslavia. El 1977, cuando se evidencia la crisis de la dictadura militar, retorna clandestinamente a Bolivia, retoma la conducción del Partido Socialista, partido proscrito durante régimen dictatorial; el partido asume otra sigla, va a ser conocido como PS-1. Incursiona como candidato a la presidencia durante las elecciones consecutivas de 1978, 1979 y 1980. En su trayectoria electoral logra conquistar y seducir paulatinamente a un electorado popular y obrero, llegando a aglutinar en las últimas elecciones unos 120.000 votos, logrando de esta manera el cuarto puesto.

En su condición de parlamentario en la legislatura de 1979 retomó la tarea del juicio de responsabilidades a la burguesía, como le gustaba decir; esta vez, el juicio de responsabilidades, se enfocaba en la figura del General Hugo Bánzer Suárez. La alocución de Marcelo Quiroga Santa Cruz fue brillante, minuciosamente trabajada, con una voluminosa documentación de apoyo; su voz aguda y de gran orador fue escuchada ante la impavidez del resto de diputados, que incluso como Guillermo Bedregal se hicieron la burla. 

El programa de gobierno del PS-1, en las elecciones nacionales de 1980, contrastaba con el programa tímidamente reformista que enarbola la UDP; se trataba de un programa de nacionalizaciones frente a un programa que no se atrevía ni a discutir la posibilidad de la nacionalización. Lo mismo ocurrió con el frente de Izquierdas, Frente Revolucionario de Izquierda (FRI), que tampoco quiso plantearse un programa de nacionalizaciones, a pesar de los reclamos de Domitila Chungara, quien fue reprendida por el propio PC-ML. Este contraste llama la atención en plena apertura democrática, después de la noche de las dictaduras militares. En esta sintomatología se nota la desubicación de la izquierda tradicional ante los acontecimientos políticos, ante la irrupción democrática de las masas. La izquierda tradicional se encontraba lejos de comprender la cuestión nacional y la necesaria recuperación de la soberanía por medio de la nacionalización de los recursos naturales. La UDP prefirió optar por la demagogia nacionalista, demagogia expresada elocuentemente por el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR). El gobierno de la UDP quedó entrapado en dos frentes; un frente con la derecha en el Congreso y un frente con la izquierda obrera, con la Central Obrera Boliviana (COB), en las calles.

La entrega apasionada y comprometida en la lucha socialista y el proyecto nacionalizador lo llevó raudamente a su desenlace fatal, a su asesinato por las huestes militares bolivianas y argentinas.  Esto ocurrió el 17 de julio de 1980; el narco-golpe militar de García Meza y Arce Gómez decidió una guerra sucia y de exterminio, tomando el ejemplo de los militares argentinos. Marcelo Quiroga fue reconocido y herido por los paramilitares que tomaron la sede de la COB, fue apresado y conducido al Estado Mayor del Ejército, dónde lo asesinaron, haciendo desaparecer ignominiosamente sus restos, que hasta ahora no han sido recuperados. Se entrevé una complicidad del gobierno de Evo Morales Ayma con los militares bolivianos para encubrir este asesinato y evitar su esclarecimiento, así como la devolución de sus restos.

Un recuento de sus participaciones puede resumirse de la siguiente manera: En 1952 fundó y dirigió el semanario “Pro Arte”; en 1959 la revista “Guion”, dedicada a la crítica cinematográfica y teatral; en 1964 abre el periódico “El Sol”. En 1953 es nombrado delegado boliviano en el Congreso Continental de Cultura; en 1969 es expositor en el Congreso Intercontinental de Escritores. En 1957 publica su primera novela Los deshabitados. Junto a Garciliano Ramos de Brasil, Miguel Ángel de Asturias, de Guatemala, Augusto Roa Bastos, del Paraguay, José María Arguedas, del Perú y Juan Carlos Onetti, del Uruguay, recibe el premio Williem Faulkner; premio que es entregado en 1962 a la mejor novela escrita desde la segunda guerra mundial. La otra novela, Otra Vez Marzo, se publica en 1990; se trata de una novela póstuma, aunque inconclusa. Fuera de su labor literaria amaba el arte cinematográfico, incursiona en este campo; en 1964 realiza el cortometraje El Combate. Esta multifacética trayectoria nos muestra el ímpetu y el talento del insigne e intenso intelectual.

Concentrándonos en  su vasta producción de ensayos, de los que hay que hacer una clasificación temática, se puede decir que, algunos de ellos es indispensable nombrarlos por su carácter polémico, otros por su vinculación a la defensa de los recursos naturales. La crítica a la Revolución Nacional se encuentra en La victoria de abril sobre la nación (1960); la crítica a las políticas entreguistas ya aparecen en Desarrollo con soberanía, desnacionalización del petróleo (1967); se retoma esta crítica en Lo que no debemos callar (1968). Un elocuente testimonio se encuentra en Acta de transacción con la Gulf – análisis del decreto de indemnización a Gulf (1970). El análisis y la denuncia consecuente podemos encontrarlos en un libro más elaborado que titula El saqueo de Bolivia (1973);  lo mismo acontece en Oleocracia o patria (1976), donde ya hallamos una caracterización de la estructura del poder en Bolivia, caracterización no disímil a la que hizo Sergio Almaraz Paz[181].

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La huella de Marcelo Quiroga Santa Cruz

 

Si podemos caracterizar rápidamente la incursión política, intensa y vivida, en tanto socialismo vivido, como expresa el libro de Hugo Rodas Morales[182], podemos decir que se trata de las siguientes consignas: nacionalizar el Estado, nacionalizar el gobierno, nacionalizar la política, nacionalizar el pensamiento, sobre la base de la nacionalización de los recursos naturales y las empresas trasnacionales extractivistas.  Este horizonte filosófico-político del programa político, concibe de una manera integral el acontecimiento de las nacionalizaciones; no basta nacionalizar los recursos naturales y las empresas extractivistas, es indispensable también nacionalizar el pensamiento, la política y el Estado. Este es el perfil político intenso, el pensamiento político encarnado, vivido, de Marcelo Quiroga Santa Cruz.

 

Desde esta perspectiva, nacionalizar no solamente significa recuperar para la nación los recursos naturales, las empresas, la economía y el Estado, sino también y sobre todo, desplegar una economía propia, un pensamiento propio, una política propia, un Estado propio, vale decir una gubernamentalidad propia. Por lo tanto, se trata de inventar, crear, constituir, la nación, en sentido propio. La política es tomada como acto de creación, que connota emancipaciones y liberaciones múltiples. La convocatoria de Marcelo es una convocatoria ética-política al pueblo, al proletariado, a la sociedad; al pueblo de la nación sometida, subordinada, subyugada, explotada. Nación, cuya vitalidad debe ser activada, para actuar contra los mecanismos de dominación.

 

Lo que no soportaban los enemigos de Marcelo era su conducta ética, su consecuencia política, su falta de pragmatismo y realismo político. Tenía enemigos enconados en el ejército; los oficiales formados en Panamá lo odiaban, sobre todo porque contrastaba notablemente con lo que ellos eran. También tenía enemigos en los partidos políticos tradicionales; no podían concebir que haya alguien que no contenga ni siquiera una dosis de pragmatismo, una pequeña dosis de oportunismo.  También contrastaba con quienes conciben la política como pragmática de las oportunidades. Así mismo, aunque usted no lo crea, tenía enemigos en lo que se llama izquierda, tanto la izquierda internacional como la izquierda nacional. No podían aceptar esta incursión intensa, brillante, comprometida, tan distinta a sus dogmatismos. Había como un celo oculto, velado y opaco. Por eso se convirtió en el blanco estratégico del imperialismo, de la burguesía boliviana, de las Fuerzas Armadas, de los dictadores militares; todos ellos estaban seguros que era el enemigo principal, pues era como la figura incondicional no-conciliadora con la dominación imperialista. Era el perfil que se proyectaba a la presidencia de la república, a constituir un gobierno revolucionario propio.  Por eso, lo condenaron a morir, por eso urdieron su asesinato, desde la profundidad de sus enconos acumulados, que no era otra cosa que la sumatoria de sus frustraciones.

 

El problema es que su partido no lo entendió; creían que se trataba de socialismo, como toda la izquierda entendía. No era ese el socialismo vivido por Marcelo; su socialismo corresponde a la nacionalización del socialismo. Se trataba de un socialismo construido desde la defensa de los recursos naturales, desde el programa integral de nacionalizaciones. Un socialismo propio, que nada tiene que ver con lo que ahora se llama socialismo del siglo XXI o socialismo comunitario, que son los denominativos de la demagogia populista.  Se trata de un socialismo concreto, como síntesis de múltiples procesos condicionantes,  de múltiples experiencias determinantes, de múltiples memorias constitutivas de nuestras subjetividades. Era algo radicalmente diferente, un acontecimiento político, un horizonte político-cultural, que debería emerger de los cuerpos curtidos de los y las bolivianas, de sus pasiones, de sus memorias, de sus vivencias.

 

Este proyecto se truncó con su asesinato. Nadie lo recogió propiamente; mucho menos el populismo campante de hoy, que solo usa su nombre para desfigurarlo, para escamotearlo, para legitimar las peores incongruencias normativas, como es la Ley Marcelo Quiroga Santa Cruz. Como insignia en las Fueras Armadas, como si el fantasma de Marcelo los perdonara. Todo esto no es más que las figuras grotescas del drama político latinoamericano; sobre el cadáver de los héroes asesinados se erigen los Estados asesinos, usurpando incluso su nombre, para ungir de legitimidad a estos Estados, que siguen entregando los recursos naturales, bajo la figura paradójica de supuestas nacionalizaciones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Estado rentista y las políticas monetaristas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aclaración

 

Ciertamente no se puede hablar teóricamente del Estado rentista; conceptualmente no hay tal Estado; el Estado es el Estado-nación, en sentido moderno. El Estado es el campo burocrático, núcleo del campo político; es la institución imaginaria de la sociedad. El instrumento administrativo y político de la acumulación de capital. Hablar de Estado rentista es como elevar a la condición política institucional total a un conjunto de políticas económicas, procedimientos y prácticas vinculadas al sistema tributario, de impuestos y de renta. Estas políticas, procedimientos y prácticas, incluso técnicas administrativas, yendo más lejos, concepción económica rentista, no hacen un Estado. Es pues inapropiado hablar de Estado rentista, lo mismo que hablar de “estados canallas” o de “estados fracasados”, que es un uso “ideológico”, descalificador, del conservadurismo académico norteamericano; sin embargo, hay que distinguir el uso teórico de los conceptos, es decir, la práctica conceptual, del uso “ideológico” de los términos y las palabras. Los mismos nombres pueden dejar de ser conceptos para adquirir un carácter más superficial, de uso operativo en el lenguaje práctico. Cuando se habla de Estado rentista se hace hincapié en un uso operativo del término, se remarca el perfil rentista de la economía de un Estado dado. Se está hablando entonces de su forma económica, si se quiere, arriesgando un poco, de su estructura económica; empero, el Estado, aunque sea una institución imaginaria de la sociedad, sostenida materialmente  por el campo burocrático, por el campo político y por el campo institucional, no puede reducirse a un perfil económico determinado.  El Estado sigue siendo el Estado-nación, vale decir, la malla institucional que administra, que legisla, que define estrategias y políticas, que atraviesa las redes y estructuras sociales. Es pues una improvisación discursiva, con pretensiones teóricas, hablar de Estado rentista, mucho más si se habla en los términos descalificadores de “Estado canalla” y de “Estado fracasado”.

Se trata entonces de una política rentista sostenida por una economía extractivista. Ahora bien, ¿se puede hablar de economía extractivista? Ciertamente cuando lo hacemos nos referimos a la economía capitalista, a sus sistema integral, que llamamos sistema-mundo capitalista, cuya geopolítica divide centros y periferias del sistema-mundo, estableciendo una división del trabajo, donde los centros acumulan y concentran capital, en tanto que las periferias trasfieren recursos naturales, en las condiciones impuestas de los términos de intercambio desiguales, sufriendo el despojamiento y la desposesión. Cuando usamos economía extractivista lo hacemos también operativamente para remarcar el carácter intenso, expansivo y demoledor del ciclo del capitalismo vigente, dominado por el capital financiero, capital que impone una acumulación especulativa, sostenida por la acumulación originaria reiterada del despojamiento y desposesión de los recursos naturales. Entonces ¿cuál es la caracterización apropiada de los países periféricos, cuyo perfil económico es más próximo al modelo primario exportador? ¿Economías dependientes? La dependencia es consecuencia de una subordinación económica a la división del trabajo mundial, impuesta colonialmente por la geopolítica del sistema-mundo. No dejan de ser economías capitalistas, partes componentes de la economía-mundo capitalista. La caracterización no puede sostenerse aisladamente, sino en relación a esta articulación al sistema-mundo.

En realidad, el perfil económico, más que definirse como rentista, se conforma estructuralmente como modelo extractivista; el rentismo es un efecto de esta forma de articulación de la explotación de recursos naturales a la producción mundial, si se quiere, al modo de producción capitalista mundial. Ninguna economía nacional está aislada del sistema-mundo, forman parte del sistema, son lo que son en la medida que están integradas al sistema-mundo capitalista.

Cuando se critica la opción extractivista de los gobiernos, la administración rentista de los ingresos, por el concepto de transferencia y comercialización de recursos naturales, no se debe olvidar esta integración y la articulación de las economías nacionales a la economía-mundo capitalista. Si bien, en el mejor de los casos, esta problemática puede ser asumida emancipadoramente, contando con la decisión consensuada por parte de la población y el pueblo del país de referencia, la realización efectiva de esta salida depende de lo que acontezca en el ámbito de las relaciones del país con el sistema-mundo; de los efectos en el sistema-mundo por la decisión autónoma tomada por el país, así como de los efectos de las decisiones tomadas en el sistema-mundo respecto del país. Esto no quiere decir que se tenga que renunciar a nada; al contrario; de lo que se trata es de proseguir sobre la base de intervenciones autónomas en este ámbito de relaciones inter e infra mundo.

Que un gobierno progresista se haya entrampado en el círculo vicioso de las políticas monetaristas tiene que ver con la debilidad de este gobierno, de sus políticas de Estado, ocasionando poco impacto en el ámbito de relaciones con el sistema-mundo, a pesar de los discursos altisonantes. Esta actitud, a pesar de quererla justificar con discursos “antiimperialistas”, que no hacen mella en el imperio, habla de la inconsecuencia del gobierno progresista en cuestión.

En lo que viene usaremos el termino Estado rentista figurativamente, no tanto metafóricamente, aunque parezca lo mismo, pues la metáfora, que también es figura, tiene connotaciones mayores en la producción de sentido. El Estado rentista será una figura operativa para remarcar el carácter pasivo de las políticas económicas, en contraste con el carácter dinámico de políticas económicas activas, vinculadas a inversiones productivas.

 

Gubernamentalidad rentista

 

A modo de ejemplo, para ilustrar gráficamente, de una manera pedagógica, podríamos decir que el Estado rentista es el Estado que alquila, concesiona, transfiere temporalmente, fragmentos geográficos y geológicos de su territorio a las empresas capitalistas. Así como se decía que, cuando los terratenientes alquilaban o rentaban sus latifundios a empresas capitalistas para que las exploten de una manera capitalista, se trataba de una clase ociosa, que vive y se reproduce de su renta, también podríamos decir lo mismo del Estado rentista; es un Estado ocioso.

 

Ciertamente este es un ejemplo muy simple; sin embargo, puede servir de entrada al tema. Se comenzó a hablar de Estado rentista a partir de la renta percibida por los países petroleros, principalmente árabes; especialmente abastecedores de la energía fósil a los centros industriales del sistema-mundo capitalista. Se comenzó a usar el denominativo de Estado rentista a partir de la crisis del petróleo y de la conformación de la OPEP; toda una corporación internacional de estados petroleros, cuyo principal objetivo es intervenir en la definición de los precios del petróleo. Sin embargo, a pesar de este nacimiento, circunscrito a los países petroleros, se puede extender la acepción a los países que generan su economía a partir de la exportación de materias prima; es decir, la transferencia de recursos naturales a los centros industriales del sistema-mundo capitalista. Por lo tanto, perciben una renta por este concepto, renta que depende de los precios de las materias primas en el mercado internacional. Entonces su economía no solamente puede llegar a definirse como modelo primario exportador, sino que termina adquiriendo el perfil de una economía rentista. Una economía moldeada por este flujo de la renta, la misma que se obtiene, aplicando impuestos y tributaciones al comercio de los hidrocarburos y minerales. Es decir, la renta se obtiene por la venta de las materias primas en el mercado internacional; se trata pues de un ingreso “externo”, en gran parte ajeno a la economía “interna” y al mercado interno del país. Esta relación entre las estructuras económicas “internas” y las estructuras y circuitos “externos” ocasiona deformaciones perturbadoras y duraderas en la economía del país. La economía del país se adormece, pierde dinamismo, se amolda a la recepción de la renta. Las distorsiones son mucho más graves cuando la renta es grande, cuando ocupa la proporción más grande de los ingresos económicos. Cuando el cuadro de los indicadores macroeconómicos es configurado fundamentalmente por la economía rentista. Las distorsiones no se quedan en el plano económico, sino que llegan al campo social, también afectándolo y deformando sus composiciones, sus relaciones y las estructuras de cohesión.

 

La economía rentista es pues una decisión política, no solo por las características de consolidación del Estado rentista, sino por las políticas efectuadas a nivel gubernamental; entonces, el efecto deformador vuelve a alcanzar al campo político, cerrando el círculo. El gobierno promueve políticas económicas, incluso políticas de Estado, es decir, estratégicas, de largo aliento, que preservan la condición rentista del Estado y el país. Ya no se trata solamente de un país dependiente, de la manera como se analiza la dependencia desde la teoría de la dependencia, sino de un país condicionado por la economía rentista; un país anclado en el adormecimiento de la renta. Aunque sus estadísticas muestren crecimiento económico; estas variaciones positivas numérica no expresan otra cosa que incremento en los flujos cuantitativos de la renta; no implican transformaciones económicas, menos transformaciones económicas y sociales. Lo que los economistas llaman desarrollo.

 

El Estado rentista no solamente corresponde al modelo económico extractivista; es decir, a una economía basada en la transferencia de sus recursos naturales, lo que lo hace dependiente, sino corresponde, en cuanto al carácter de los ingresos,  a una economía adormecida, estancada en el círculo vicioso de la absorción de la renta. No importa si su economía crece cuantitativamente,  debido al aumento de las exportaciones o al incremento de los precios de las materias primas, lo importante es el cuadro de distribución de la renta y las maneras de absorción de este ingreso. La tendencia es a absorber la renta de una manera no productiva, aumentando el gasto público, incluso el gasto social; pero, en este caso, el gasto social seleccionado prioritariamente tiene alcance coyuntural; no se efectúan inversiones sociales de impacto estructural. Ocurre como si la economía rentista, condicionara las estructuras ociosas de su propia reproducción.

 

En lo que respecta a los actores de la economía rentista, éstos se aparecen tanto en los perfiles políticos neoliberales así como en los perfiles políticos populistas; la diferencia radica en que los primeros aceptan los términos de intercambio impuestos por el orden mundial, en tanto que los segundos buscan modificar los términos de intercambio. El recurso más consecuente para conseguirlo son las nacionalizaciones. No hay que olvidar que las nacionalizaciones no son requisito suficiente para salir de la economía extractivista y del Estado rentista; pueden más bien afirmarlo, si es que no se trastocan las estructuras de la dependencia y del rentismo, sino se abandona el modelo extractivista, sino, como se dice comúnmente, se industrializa; empero, enfocando la industria prioritariamente al mercado “interno” y no al mercado “externo”. Si se da lugar este último caso, la orientación más al mercado “externo”, se pueden generan deformaciones parecidas a la economía rentista, aunque con otras características y en otro contexto.

 

Se define el modelo administrativo y político del rentismo como deformación exógena en la economía endógena;  esta deformación aparece representada cuando se cuantifican los efectos de las rentas “externas” en los indicadores macroeconómicos, así como en la estructura sectorial. No es del todo acertada esta definición, pues la noción de rentismo quedaría incompleta si no se toma en cuenta el campo político, sobre todo el núcleo gubernamental. Es indispensable saber cómo se gestionan y distribuyen las rentas, cómo se dan y funcionan los mecanismos de reproducción de la economía extractivista y del Estado rentista.

 

Los ingresos provenientes de las rentas de los hidrocarburos son ajenos a la estructura económica propia, sobre todo a la estructura productiva.  Esos ingresos tienen su origen en el mercado internacional, conforman y realizan su valor por el procedimiento de compra y venta de los recursos hidrocarburíferos. Esta es una de las características de los estados petroleros rentistas.

 

Otras características son también rotundas. Una de las afectantes, en sentido subjetivo, es la propagación de una “mentalidad” rentista. Las tendencias económicas y políticas responden a esta lógica extractivista y a la vez rentista; el comportamiento es de-predatorio, contaminante y destructivo, además de tener un alcance coyuntural. Olvidan que la renta es la cuantificación de la concesión geográfica y geológica, que es la obtención de un ingreso dependiente del comercio de los recursos naturales no-renovables. La perspectiva de la inversión productiva y de largo plazo desaparece de la estrategia de estas políticas rentistas;  la estrategia económica se reduce a formar parte del flujo de rentas derivadas de los hidrocarburos.

 

Otra característica de esta economía rentista radica en su vulnerabilidad y dependencia  respecto de los vaivenes del mercado de las materias primas.

 

La tercera característica de la economía rentista tiene que ver con los problemas de absorción de la renta hidrocarburíferas por parte de las economías nacionales involucradas. Lo que acontece entonces es la salida por el despilfarro, ocasionando ineficiencia en el manejo y administración de los recursos,  repercutiendo en el fenómeno de la inflación.

 

En resumen, el Estado rentista  se circunscribe a componer el cuadro de la distribución de las rentas de los hidrocarburos; este cuadro de distribución coadyuva a la pretendida legitimación buscada, por motivos políticos. Se persigue el logro de la legitimación o, por lo menos, de la aceptación social, por medio de designación de partidas destinadas a los servicios sociales, en el mejor caso, a la inversión social, que contemple la construcción de infraestructuras de salud, en el peor caso,  destinadas al acrecentamiento de la burocracia.

 

Cuando el gasto público se incrementa en los periodos de prosperidad estadística, se generan circulaciones dinerarias, que si bien impactan en el comercio, creando la ilusión de bonanza, se trata de circulaciones que consolidan el círculo vicioso de la economía rentista. Esta ilusión de bonanza cae cuando se pasa a los periodos de declinación estadística, incluso cuando la bonanza dura, sus efectos no son producentes, sino, más bien, de estancamiento.

 

Haciendo aproximaciones interpretativas al Estado rentista, Javier Aliaga Lordemann, en El Estado rentista y su relación con el régimen democrático, escribe:

 

De acuerdo al postulado de la “Maldición de los Recursos Naturales”, los países ricos en recursos naturales no son los más desarrollados; si bien presentan grandes ingresos (rentas) en épocas de precios altos, carecen de instituciones sólidas y niveles de vida adecuados para su población y están expuestos a episodios de volatilidad de ingresos con importantes costos de ajuste (Sachs y Warner, 1995; Leite y Weidmann, 1999).

 

La teoría identifica diferentes causas que explican la relación negativa entre abundancia de recursos naturales y crecimiento económico. La relación entre instituciones (régimen político) y crecimiento se puede explicar en el marco de la generación de rentas por parte de sectores primarios (windfalls), los cuales producen incentivos para un comportamiento rentista debido a muchas razones; por ejemplo, los agentes cambian sus decisiones en inversión productiva por una competencia para la captura de una renta coyuntural.

 

Es de esperar que en un escenario de precios altos de materias primas, la actividad exportadora consolide y profundice la concentración y centralización del ingreso y de la riqueza. En este sentido los actores buscan llevar adelante iniciativas similares pero diametralmente opuestas entre ellos —por ejemplo, el gobierno de Bolivia tiene como núcleo de interés la administración de estos recursos de manera centralizada—; del otro lado, las regiones buscan lo mismo (la administración regionalizada de los recursos).

 

Después de esta introducción Javier Aliaga Lordemann propone definiciones de esta economía rentista:

 

  • En primer lugar el problema se puede enfocar acuñando el concepto de “Estado Rentista” (Huntington, 1991; Yates, 1996; Beblawi, 1987; Mahdavy, 1970). Se entiende como tal aquel Estado que deriva gran parte de sus ingresos de una renta externa —producto de la exportación de un recurso natural no renovable—, y de remesas producto de la emigración y transferencias, donaciones, etc. del resto del mundo.

 

  • Un Estado rentista es aquel cuyas rentas son pagadas por actores externos, con el Estado como actor directo del proceso y donde sólo unos cuantos actores están comprometidos en la generación de esta riqueza y la mayoría sólo está relacionada con el proceso de redistribución o utilización de él[183].

 

 

Estas definiciones adolecen de un exceso de simplicidad; la definición se construye en base a la proveniencia del ingreso monetario, olvidando que para que haya esta proveniencia es necesario que haya explotación extractivista de recursos naturales, recursos que se encuentran en los yacimientos del país de referencia. La situación de esta definición es mucho más pobre y vulnerable que la definición mencionada arriba, cuando hablamos del carácter operativo de este término, que hace hincapié tanto en la materialidad del modelo extractivista como en la administración de la renta percibida. Mencionamos estas definiciones para mostrar otras variantes del término, manejadas por los especialistas.

 

 

Causa y efecto del gasolinazo

 

 

Carlos Arze Vargas, en El gasolinazo desde una perspectiva fiscal y tributaria, hace el análisis de la medida de suspensión de la subversión a los carburantes y el manejo de los impuestos relativos a su comercialización. Escribe:

 

La creación del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH) mediante la Ley 3058 del año 2005 significó una modificación parcial en la orientación de la política tributaria que el neoliberalismo había llevado a extremos. ¿Cuál era esta política? ¿Cómo se reflejaba en las cuentas fiscales? Su característica principal era que una parte importante de los ingresos tributarios —cerca de 80%— provenía de impuestos indirectos, impuestos al consumo fundamentalmente, entre los que destacaban el Impuesto al Valor Agregado (IVA), el impuesto a las transferencias (IT) y otros impuestos específicos, como el impuesto al consumo de los combustibles en el mercado interno Impuesto Especial a los Hidrocarburos y Derivados (IEHD).

 

Continúa el análisis:

Pero si discriminamos esos resultados, si diferenciamos el balance fiscal según los distintos segmentos que componen el sector público, veremos que el superávit irá transformándose paulatinamente; es decir, irá reduciéndose paulatinamente por efecto de la aparición de un déficit importante en el Gobierno central. Esto quiere decir que el efecto del importante excedente que genera Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) se irá perdiendo por los resultados que tiene el Gobierno. En otras palabras, en la medida en que el Gobierno no tenga otros ingresos y gasta cada vez más en gastos corrientes, produce un resultado negativo que reduce el efecto positivo de las recaudaciones de la empresa petrolera estatal.

 

El resultado primario del sector público no financiero, decíamos, se tornó superavitario desde 2005, con un promedio de 3,8% del producto interno bruto entre 2006 y 2009. Esto es fundamentalmente un reflejo de los precios crecientes del gas natural exportado; el efecto precio es el que va a empujar hacia arriba a las recaudaciones estatales y permitirá el superávit fiscal. Empero, el resultado fiscal, si se lo calcula sin los ingresos por concepto de exportación de gas natural, se ubica en niveles promedio de -8,6% del PIB entre 2006 y 2009, es decir que el superávit se torna negativo si quitamos esos ingresos de exportación del gas natural. Esto, además de la reducción del superávit fiscal entre 2006 y 2010 por los resultados negativos del Gobierno central frente a los resultados positivos de la empresa estatal.

 

 

Carlos Arze se pregunta sobre el impacto del gasolinazo:

 

¿Cuál era el costo fiscal del gasolinazo? Se recordará que después del D.S. 748 se emitieron diez decretos más que respondieron al objetivo de atenuar la oposición social a la medida. Hemos tomado en cuenta todos los gastos que demandaría la implementación de esos decretos: se planteaba, por ejemplo, aumentar en un 10% adicional el presupuesto de remuneraciones del sector público, que ya tenía un 10% de incremento previo, lo que significaba 110 millones de dólares adicionales; se establecía también el aumento al aguinaldo de los servidores públicos, con un costo que llegaba a 153 millones de dólares; se disponía el pago de refrigerio debido al establecimiento del horario continuo en el sector público, con un costo que ascendía a 83 millones de dólares; se decretaba el incremento del presupuesto para la inversión y la mejora productiva en municipios rurales, con un costo de 97 millones; se disponía un subsidio a los precios de algunos productos agrícolas, que podría alcanzar a 28 millones de dólares; y se disponía de un presupuesto especial de 38 millones de dólares para la empresa de apoyo a los alimentos, EMAPA. El total de esos gastos de carácter paliativo llegaba aproximadamente a 511 millones de dólares, es decir, un monto mayor al subsidio que el Gobierno decía que estaba “desangrando” las arcas fiscales y que sumaría 380 millones de dólares. Sin embargo, creemos que parte de los nuevos ingresos fiscales obtenidos por el incremento del IEHD estaban destinados a impulsar una política —menos publicitada por los funcionarios gubernamentales, — dirigida a alentar la producción de hidrocarburos líquidos por parte de las empresas transnacionales mediante la otorgación de un incentivo a las petroleras. En efecto, varios funcionarios del Gobierno declararon que el precio de 27 dólares por barril de petróleo —precio congelado del petróleo, pagado a los productores en el mercado interno— debería subir a 59 dólares por barril para incentivar a los petroleros a producir más líquidos y reducir la importación de combustibles derivados.

 

 

En conclusión:

 

Para concluir, el gasolinazo significaba no solo la recomposición de la tributación de hidrocarburos, en la cual la parte correspondiente al impuesto gravado a los consumidores pasaba a ser la más importante, afianzando de esta manera el carácter regresivo de la política tributaria, sino que implicaba un retorno a situaciones previas a la aprobación de la Ley 3058, porque el objetivo más importante de la política era nuevamente garantizar ganancias extraordinarias para el capital[184].

 

 

La importancia del análisis de Carlos Arze radica en mostrar la pertenencia de esta medida al modelo monetarista usado como paradigma por el neoliberalismo. De esta manera la medida señala su carácter regresivo en lo que respecta a los objetivos constitucionales de recuperar el control y la soberanía de la economía del país. Por otra parte, nos muestra el efecto bumerang de la economía rentista; lo que se percibe por ingreso de la renta hidrocarburíferas, se pierde en el destino y la distribución de estos recursos, debido precisamente al reforzamiento de las prácticas rentistas, que redundan en la reproducción perseverante de una economía rentista. En tercer lugar, nos muestra que el superávit generado por el incremento de la renta crea una ilusión en el cálculo del resultado fiscal, pues si se lo calcula sin los ingresos por concepto de exportación de gas natural, se ubica en niveles promedio de -8,6% del PIB entre 2006 y 2009, es decir que el superávit se torna negativo si quitamos esos ingresos de exportación del gas natural.  En cuarto lugar, en lo que respecta al costo del gasolinazo,  el gasto es superior a la subvención de los carburantes; lo que muestra el contrasentido de la medida, si tomamos en cuenta los objetivos enunciados. En quinto lugar, nos muestra que el objetivo principal era incentivar a las empresas trasnacionales extractivistas, garantizándole sus ganancias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Más allá de la política

 

 

La coyuntura que vivimos, a la que habría que analizarla desde la simultaneidad dinámica del tejido del espacio-tiempo, exige trastrocamientos profundos en nuestras formas de comprenderconocer e interpretar aquello que llamábamos realidad, que es sinónimo de complejidad, en la modernidad. Por lo tanto, también exige, obviamente, desplazamientos y rupturas epistemológicas. El horizonte problemático abierto, seguramente por los desplazamientos mismos de la experiencia humana, requiere, hasta exige, estas transformaciones, para poder abordar con la mirada móvil, desde la perspectiva de la complejidad, el acontecimiento de la existencia y el acontecimiento de la vida, la complejidad integral y dinámica misma de la problemática presente. Quizás hasta requiera de la mirada más acá y más allá de la mirada humana[185], volver a tomar consciencia, por así decirlo, metafóricamente, para ilustrar, de nuestras íntimas vinculaciones con los ciclos vitales de la biodiversidad y del universo, en sus distintas escalas.

 

En este sentido, como escribimos antes[186], retomando un enunciado de Jacques Derrida, expresado en Políticas de la amistad[187], es menester ir más allá de la política, de los horizontes esquemáticos del dualismo epistemológico, en el que se encuentra el esquematismo político, en sentido restringido, de la diferenciación del amigo y enemigo[188]. Valga la redundancia, se trataría, en el contexto de la economía política generalizada[189], de la economía política de la política. Este esquematismo ya se ha metido en un callejón sin salida; lo único que tiene adelante es estrellarse contra el muro. Si queremos salir de este callejón sin salida, si queremos evitar estrellarnos contra el muro, es menester salir de la episteme moderna, conformada por los esquematismos dualistas de la racionalidad abstracta, la razón fantasma[190].  Es menester decir ¡Oh amigos no hay ningún amigo!, también, simultáneamente, ¡Oh enemigos no hay ningún enemigo! Más allá de la política es eso; ir más allá del esquematismo político del amigo/enemigo.

 

Parece que, para decirlo narrativamente, usando las representaciones literarias, acostumbradas en la modernidad, hasta ahora, mejor dicho hasta hace un tiempo, este modo de vivir, en la heterogeneidad moderna, ha empujado a las sociedades humanas hasta los mismos límites de lo que puede dar esta episteme moderna. Insistir quedarse detrás del umbral, es como querer quedarse ahí, en la realización corta de una parte de la potencia humana. Para poder desplazarseampliando los horizontes de esta potencia, es menester otra fenomenología de la percepción social. Es menester dejar en el museo los paradigmas, las teorías, de la episteme moderna. Es necesario también dejar la política, en sentido restringido, que se constituye en la definición del amigo/enemigo. Esa política no solo restringe la potencia social, sino que ya lleva al desastre a las sociedades humanas.

 

Parece que los humanos tenemos la posibilidad, si es que no decimos debemos, de tener y asumir otras tareas, lejos de las pequeñas y miserables tareas de competir, de lograr dominar, de enfrentarse y guerrear, en el sentido de las máquinas de guerra de los estados. Las tareas asumidas por los humanos pueden contemplar el asombro del universo o los universos, en sus distintas escalas, desde el big-bang hasta otro big-bang. No vamos a poder asumir estas tareas, que son dignas del ser humano, si continuamos con los absurdos generados por la razón abstracta, por el esquematismo dual, que inhiben la potencia social. Es absurdo, por ejemplo, seguir con esas distinciones simbólicas de países, estados, gobiernos, estrategias geopolíticas. Cuando, por el contrario, se debería aprovechar el conocimiento acumulado, la capacidad tecnológica acumulada, la experiencia social acumulada, las memorias sociales acumuladas, para trabajar, por así decirlo, de manera mancomunada, en auscultar en el universo, en sus distintas escalas, para comunicarnos con los distintos ciclos del universo, los plurales seres, en distintas escalas, buscando, no solo insertarnos de manera integral a estos ciclos, sino aportar en los mismos, en lo que respecta a la creatividad de la existencia y de los universos.

 

Ya, a estas alturas, desde hace un tiempo, es una escalofriante pérdida de tiempo, insistir en ilusiones de dominio, como si estos otorgaran algún sentido a la existencia y al universo. Eso es como una ortopedia de la potencia humana, restringirla a una reproducción simple de la cotidianidad enervada en la “ideología” y los fetichismos inexplicables conformados institucionalmente. Es un absurdo laberintico seguir insistiendo en la contabilidad cuantitativa, abstracta y metafísica, que llamamos capitalismo, creyendo, insosteniblemente, que la riqueza es la acumulación estadística, que no hace otra cosa que crear la ilusión del fetichismo del capital, sostenido en el fetichismo monetario, sostenido, a su vez, en el fetichismo de la mercancía. Esta es pura “ideología”. Es absurdo creer que eso da felicidad; cuando lo único que muestra es la pobreza imaginaria de una sociedad mutilada. Ninguno de estos recorridos vale la pena; ante la oportunidad de liberar la potencia humana, la potencia social, de integrarse a los ciclos del universo y de la vida, ante la oportunidad de comprender la integralidad de los tejidos del espacio-tiempo; todo por lo que han peleado las sociedades humanas en la modernidad no vale la pena. Es una lamentable pérdida de tiempo.

 

¿Quiénes pueden detener esta marcha a la nada de las sociedades humanas? Son las mismas sociedades, los mismos pueblos. Las mallas institucionales de los Estado-nación, del orden mundial, del llamado sistema-cultura-mundo-capitalista, al capturar a parte de la potencia social, a parte de las fuerzas de las sociedades, al concentrar esta captura, induce a las sociedades al absurdo de su propia destrucción. Son los pueblos los que pueden deconstruir, desmantelar, destruir estas mallas de captura, que aprisionan, son las sociedades alterativas las que pueden, haciendo gala de su potencia creativaconstituir e instituir otras asociaciones, otras composiciones, otras combinaciones, otros tejidos institucionales, mas bien, dúctiles, plásticos, cambiantes, usados como instrumentos, al servicio de la potencia social, la potencia humana, la potencia de la vida.

 

¿Por qué los pueblos no lo hacen, por lo menos, desde hace un tiempo, cuando se constató, la marcha al abismo?  ¿Falta de voluntad? ¿Falta de deseo de vivir? ¿Demasiado atrapados en los fetichismos de las mallas institucionales estatalistas? Estas preguntas pueden ser respondidas recurriendo a variadas interpretaciones; pero, lo que importa es, sean las que sean las interpretaciones y las respuestas, tomar la decisión de no seguir el recorrido al abismo.  De detener esta marcha suicida; en cambio, de retomar la capacidad creativa de inventar rumbos vitales, alegres, que aprecien la maravilla de los ciclos vitales de la existencia y la biodiversidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Cuál es el problema político?

 

 

 

 

 

 

 

Esta pregunta no puede ser general, válida para todo contexto, para todo tiempo, por así decirlo; es solo pertinente en relación a una coyuntura singular, teniendo en cuenta la singularidad del contexto y la singularidad del periodo, donde se desplaza la coyuntura. Para empezar, podemos decir que el problema de la política, en la coyuntura actual y en el subcontinente suramericano, es el agotamiento de estilos políticos. Téngase en cuenta que no hablamos aquí solo del agotamiento de la forma de gubernamentalidad política del populismo latinoamericano, contando también con sus “ideologías” barrocas, fuera de sus prácticas y discursos particulares.  Sino también de los estilos neoliberales, de su gubernamentalidad liberal, llevada al extremo de la eficacia de la competencia, entonces reducida a técnica de ajuste estructural; en otras palabras, de privatizaciones, transfiriendo las propiedades públicas a manos privadas, que consideran eficientes, a diferencia de la deficiencia burocrática estatal.  Estos estilos de la política están evidentemente, patentemente, agotados. No vamos a detenernos en las diferencias y distinciones, entre estos estilos políticos, uno elitista, el otro popular; ya lo hicimos antes[191]; no se trata de remarcar lo mismo; nos distraería de núcleo del análisis, por así decirlo.

 

Hablamos del estilo de la política basado en la representación, en la delegación de la voluntad general, que ambos, neoliberales y neo-populistas, a su modo, llamaron democracia. Que no era otra cosa que la institucionalización de la formalidad legal de la democracia, reducida al control estatal, donde el pueblo es apenas nombrado en la Constitución como soberano; empero, este nombramiento, como adulación, conseguía su conformismo, por lo tanto, su legitimación. Mientras que, a nombre del pueblo, ambos, neoliberales o populistas, gobernaban; es decir, conducirán las fuerzas capturadas de la sociedad institucionalizada, en la dirección que sus partidos querían. A nombre del pueblo se hicieron cargo del monopolio político, del control de las instituciones, de las decisiones políticas; todo esto, claro está sin consultar. Cuando aparecen referéndums, aparecen por presión popular; incluso, en estos casos, terminan siendo instrumentalizados, mermados en sus alcances, llevando los resultados a la desvinculación de toda obligación gubernamental a acatar el mandato popular. Terminan siendo solamente consultivos. Para ellos, ambos, de la clase política, basta el Congreso para deliberar, para formar consensos o, si no se puede, para arrollar con mayorías. Sin embargo, el Congreso, donde pululan los llamados representantes del pueblo, responde no a la deliberación popular, que, además, no permiten que se efectúe en lo posible, recurriendo a todos los métodos disuasivos, recurriendo a la aplastante maniobra de los medios de comunicación, sino a los mandos partidarios. Estos representantes del pueblo, en realidad, no deliberan, obedecen órdenes, por más pantomima que hagan con elocuciones estridente, cada vez menos ingeniosas, cada vez más desmanteladas de todo mensaje, de toda coherencia, incluso de estilo retórico.

 

El agotamiento de los estilos políticos de la democracia representativa y delegativa, que, en el fondo, nunca han dejado de ser liberales, en el sentido atribuido en el siglo XIX, solo que, su genealogía se bifurca en dos versiones; la neoliberal, una, la populista, la otra. Se ha agotado el procedimiento de legitimación de esta democracia formal. A todas luces, saltan los signos, las evidencias, de su ilegitimidad, por más legal que sea. Lo que pasa, es que, la base de esta legitimación, la liberal, ha desaparecido, ha desaparecido el pueblo; ha sido subsumido al elogio de las representaciones; empero, efectivamente, en la práctica, el pueblo no ejerce su soberanía nombrada. Por lo menos, en un principio, de estas republicas liberales, después de la independencia, intentaban su legitimación convocando al “pueblo”, que en ese entonces se reducía a los hombres, propietarios privados e ilustrados, además de expansiones a los artesanos. Incluso, las versiones, anticipadas del populismo, las que se enfrentaban a gobiernos conservadores, que pudieron imponerse, a través de caudillos, o, incluso, a veces, por “elecciones”, convocaban al pueblo en su tamaña extensión, fuera de los ámbitos de los hombres propietarios privados e ilustrados. Estas convocatorias, siendo más extensa la populista anticipada, hacían de procedimiento, a escala reducida, en estas republicas oligárquicas, de legitimación. Con el tiempo, pudieron imponerse, primero los liberales, mejorando los procedimientos de legitimación, sobre todo institucionalizándolos, a diferencia del ostentoso descaro de los conservadores, que creían que sus métodos de hacendados podían proyectarse en el Congreso y en el gobierno, además, ungiéndolos con nombres liberales. Después, frente a los liberales, pudieron imponerse los nacionalistas populistas, que contaban, como sus antecesores, con mayor convocatoria popular. Se puede decir que, los que verdaderamente democratizaron la democracia oligárquica son estos nacionalistas populistas. Convirtieron la república en un acontecimiento democrático con la movilización popular, que ellos llamaban nación. Paradójicamente, son quienes llevaron a término la forma liberal en el Estado-nación. Si podemos hablar de democracia en América Latina es ésta, la democracia ampliada por los nacionalismos populistas. En realidad, históricamente y políticamente, los autonombrados liberales, nunca fueron demócratas, ni republicanos, ni siquiera, efectivamente, liberales, salvo quizás los llamados libertadores, que si creían fervientemente en el liberalismo. Como dijo Jorge Abelardo Ramos, en la Historia de la Nación Latinoamérica, la historia en las colonias y pos-colonias no es ni el espejo, ni el reflejo, ni la continuidad, de la historia europea, sino como inversión, donde liberales se comportan como conservadores[192].

 

Esta historia de lo nacional-popular en América Latina tiene su apogeo a mediados del siglo XX, después vive su crisis, para derivar en un desplome, al mostrar no solamente sus límites, sino su decadencia. Sus nacionalizaciones solo mejoran los términos de intercambio, ampliando las arcas del Estado; se detienen en el proyecto de independencia económica. Incluso en el caso donde la sustitución de importaciones, es decir, la industrialización, avanza, pues la estructura económica, a pesar de modificarse, de pasar de su condición agraria a una condición industrial combinada, no deja en la composición integral ser extractivista, manteniendo el carácter de Estado rentista. De todas maneras, esta historia nacional popular fue heroica, por así decirlo, con todas sus contradicciones y titubeos. Llegaron a nacionalizar, efectivamente, al expropiar verdaderamente, a los consorcios trasnacionales; constituyendo, efectivamente, la materialidad económico-política del Estado-nación.

 

Lo que viene después, la versión neo-populista, el llamado socialismo del siglo XXI, de la “revolución ciudadana”, de la “revolución democrática y cultural”, del peronismo kirchnerista, no es más que la comedia, después de compararlos con la tragedia de los populismos nacionales del siglo XX. Lo que pasa en Venezuela, ya lo dijimos, como hipótesis interpretativa[193], es que la revolución bolivariana vive recién su proceso nacional-popular, claro, de una manera actualizadaimbricada por versiones “ideológicas” del socialismo contemporáneo, que no parece ser otra cosas que proyecciones de la inicial socialdemocracia, no la neoliberal europea o, en el caso latinoamericano, la socialdemocracia neoliberal chilena.  De todos los procesos de cambio, el venezolano, parece más auténtico, por esto mismo; incluyendo las contradicciones dramas de la revolución nacional, que experimentaron los populistas del siglo XX. El proceso brasilero es distinto, como lo dijimos en otro escrito[194].

 

El PT no es un partido populista, en todo el sentido de la palabra; es un partido socialista, estructurado en los sindicatos obreros, articulado por una formación marxista de sus cuadros intelectuales.  Lo que llama la atención, en el caso brasilero, es que a pesar de contar con ventajas “ideológicas”, incluso organizativas, incluyendo un movimiento campesino gigantesco, que casi es una sociedad alternativa inmersa en la sociedad brasilera, los del PT, experimenten la misma decadencia que los neopopulismos. Es decir, que lo que se hace en el gobierno, sea una flagrante contradicción son su discurso constitutivo. No hablamos de los desplazamientos discursivos, que adquieren tonalidades barrocas, hasta producen enunciados estrambóticos, pretendiendo un capitalismo social. Conviertan a la burocracia del partido en la burguesía financiera, haciéndose cargo de las AFPS. Terminen usando las empresas del Estado para beneficio privado como terminaron haciendo, al final, los populistas del siglo XX, en su etapa crepuscular, como lo hacen, casi, desde un principio, como estilo particular, los neo-populistas del siglo XXI. En otras palabras, un partido socialista, como el PT, termina absorbido por la gravitación de las estructuras de poder de la dependencia, en la etapa tardía del capitalismo.

Se puede decir, como una de las conclusiones, que la “izquierda” gubernamental de Suramérica no logra impactar positivamente en términos de la liberación nacional, de la independencia económica, tampoco de la profundización democrática, por lo menos, como se esperara; no logra impactar socialmente, en la modificación estructural de la sociedad, conformada y compuesta de desigualdades. En consecuencia, tampoco logra efectivizar el curso de la legitimación. Experimenta su crisis de legitimación.

 

En relación al neo-populismo, también a la versión rezagada, anacrónica y combinada, de la revolución nacional, así como a la versión socialdemócrata tardíaneoliberal, a la versión socialistaburocratizada y aburguesada, las versiones neoliberales tienen la desventaja que ya tenían sus antecesores liberales. Son versiones oligárquicas del liberalismo latinoamericano. Además, y esto es lo más importante, conllevan el límite de su disminuida convocatoria. Si vuelven a aparecer, como en el caso argentino, es porque a los neo-populistas se les fue la mano. Se ungieron de extremo engreimiento, de petulante impunidad, creyendo que bastaba con políticas asistenciales, incluso fragmentos del Estado de bienestar, combinadas con una forma, que nunca dejó de lado el marco monetarista neoliberal, tampoco la proyección de subordinación dependencia de la economía extractivista. El cansancio de parte de sus votantes, el descrédito conseguido, empujó a optar a esta parte de los votantes por otras caras, aunque sean las mismas que sacaron, después de las crisis económicas y estatales, además de sociales, que provocaron las políticas neoliberales aplicadas. Por su estrecho margen de maniobra, los neoliberales que retornan al poder, tienen poco tiempo de paz, antes de ingresar al torbellino de la crisis múltiple del Estado y de la economía, que va adquirir características más marcadas de dependencia y sumisión.

 

Contando con la interpretación descriptiva que expusimos, podemos conjeturar que el problema político, en la actual coyuntura suramericana, es el agotamiento de la legitimación liberal, incluyendo sus proyecciones, en tanto versiones técnicas neoliberales, o en tanto versiones demagógicas del neopopulismo, incluso, a pesar de sus avances sociales, en tanto la versión tardía de lo nacional-popular, además de las prolongaciones socialdemócratas.

 

En consecuencia, no se puede considerar como salida de la crisis política y de la crisis social la opción por cualquiera otros, con tal de no ver las mismas caras farsantes y comediantes del neopopulismo, de la anacrónica revolución nacional popular, de los socialdemócratas. Pues esta opción no hace otra cosa que volver al punto de partida de la crisis política, económica y social, en la historia reciente latinoamericana. No hace otra cosa que iniciar, nuevamente, con las condiciones de despojo desposesión, que ocasionaron las movilizaciones populares. La salida no puede hallarse en las manifestaciones de enojo.

 

La crisis, en su contexto mayor, es la crisis relativa a la forma de Estado, al Estado-nación, a las formas de gubernamentalidad liberal, sean neoliberales o neo-populistas, o socialdemócratas. Esta forma de Estado está agotada; ya no tiene nada que ofrecer a las luchas emancipadoras y libertarias. La democracia liberal, formal, reducida a la representación y delegación, usurpadora de la voluntad popular, está agotada. No hay ninguna salida por aquí. Solo una exacerbación de la ilusión, que no es otra cosa, que una manera edulcorante de barnizar la sumisión, la subordinación, el deseo escondido del amo, puede mantener estas conductas y comportamientos populares, inclinados por estos estilos políticos, desmantelados y vaciados de todo contenido.

 

En la coyuntura, contando con la complejidad de la crisis, además de los niveles de intensidad de la crisis, las sociedades, los pueblos, tienen la tarea imperiosa, de liberar su potencia social más allá de la política, en sentido restringido, más allá de las revoluciones, dadas en la modernidad. Tarea que exige creer y confiar en su propia potencia social, en su capacidad e inventar otros mundos, otras asociaciones, composiciones y combinaciones sociales; fluyentes, flujos inventivos, que se encuentran más allá de la sociedad institucionalizada, más allá del Estado; por lo tanto, más allá del imperio y el orden mundial del sistema-cultura-mundo capitalista. Como sociedades alterativas, que en el fondo lo son, tienen la tarea de constituirse e instituirse como sociedades autogestionarias.

 

Democracia o simulacro

Autogestión, autogobierno, o simulación

 

 

 

 

 

 

No es en las elecciones donde se encuentra alguna salida, tanto si se apoya al oficialismo, peor si se apoya a la oposición; a pesar de sus diferencias. Lo que los acerca es mucho más de lo que los aleja. Sobre todo, en lo que respecta a la emancipación y liberación. ¿Entonces, qué hacer ante las elecciones? Menudo dilema, si hay que escoger entre los usurpadores de los movimientos sociales, que hablan a nombre de ellos, y los de la oposición, preponderante neoliberal. Teniendo en cuenta, sobre todo, que no es una elección inicial, sino una de tantas, en las cuales se ha apoyado al oficialismo “progresista”, evitando fortalecer a los neoliberales derrocados. Después del desencanto y el develamiento de los límites y el conservadurismo de los “progresistas”, es menudo el problema, pues no se trata tampoco, como antes, de fortalecer al neoliberalismo derrocado.

 

Algunos hablan de “fortalecer la democracia”, darle una “oportunidad a la democracia”. ¿De qué democracia hablan? ¿De la liberar, que es una reducción institucional de la democracia? Olvidan que nunca hemos salido de esta democracia liberal; la misma que se ha manifestado en toda su desenvoltura, mostrando las ataduras, las limitaciones, las restricciones, las hipostasis, de la democracia. Lo ha hecho antes con los liberales, a su manera, con una ciudadanía restringida; lo ha hecho después, con los nacionalistas revolucionarios, quienes, si bien ampliaron universalmente la ciudadanía, terminaron convirtiendo la democracia en una práctica clientelar generalizada. Lo ha vuelto a repetir con los neoliberales, que a nombre del nuevo liberalismo técnico, basado en la competencia, han reducido la democracia al suspender los derechos laborales y las conquistas sociales. Ahora, con el neo-populismo, la ciudadanía se vuelve a ampliar con los derechos colectivos, empero, reiteran recurrentemente en convertir la democracia en una práctica clientelar generalizada y convulsiva. Si se va a “fortalecer” esta “democracia”, lo único que se hace es repetir la misma historia, con otras formas, figuras, discurso y personajes. El estar cansado de unas caras y buscar nuevas caras, cualesquiera sean estas, no es ningún fortalecimiento de la democracia, sino es fortalecimiento del círculo vicioso del poder, en distintas versiones.

 

La democracia solo se puede fortalecer con el ejercicio pleno de la democracia, el gobierno del pueblo; es decir, el autogobierno, la autogestión, la autodeterminación, el consenso. Lo demás es pura demagogia, salida fácil, ilusoria, repitiendo lo mismo. El problema no radica en porque los que están ahora en el gobierno son unos nefastos personajes, son culpables; en todo caso, todos los gobernantes lo serían, los unos y los otros, y los que vendrán. Sin embargo, sin necesidad de salvarlos de ninguna responsabilidad, que la tienen, estos personajes son apenas engranajes de una maquinaria fabulosa que es el Estado. Maquinaria imaginaria e institucional.

 

La política, en sentido pleno, no institucional, restringido, corresponde al ejercicio de la construcción colectiva de la decisión política; por lo tanto, del consenso. La política es la abolición de la desigualdad, de la jerarquía, de la diferencia social. La política se efectúa bajo el supuesto compartido de la igualdad, de la equidad, de la equivalencia y de la similitud. Se podría decir que la política se realiza en la asamblea; aunque esta no sea solamente la asamblea en sentido de reuniónconcentracióncongregación y deliberación inmediata, en un lugar específico. Puede proyectarse en múltiples asambleas conectadas, vinculadas, asociadas; puede diferirse en sucesiones deliberantes; lo importante es la participación social y de colectividades en la construcción de la decisión política.

 

Si no hubiera pasado tanta agua bajo el puente, si no se tuviera la experiencia social de las historias políticas de la modernidad, quizás se podría aceptar que hay que aprender de nuevas experiencias de nuevas versiones de la democracia institucionalizada, buscando mejoras institucionales. Sin embargo, este no es el caso; al contrario, se tiene demasiada experiencia al respecto. Ya se sabe que varias versiones, por no decir todas, de la democracia restringida y de la política restringidainstitucionalizadas, no son otra cosa que simulaciones de la democracia. Entonces, lo que queda, es salir de este horizonte limitante, formalizado e institucionalizado, del Estado liberal, en sus distintas formas, e inventar otros horizontes, abiertos, aperturantes, que liberen la potencia social.

 

¿Qué esto es una utopía? ¿Qué esto está lejos, sino se dice que es imposible? No es una u-topia, en sentido de en ningún lugar; no está lejos; al contrario, está aquí, en el presente, en todos los lugares; es la sociedad alterativa. El problema es que esta sociedad alterativa se encuentra invisibilizada ante la mirada estatalizada, incluso de los “revolucionarios”. Solo ven la sociedad institucionalizada; la imagen del espejo del Estado.

 

La tarea, entonces, es liberar la potencia social; en esta perspectiva, liberar lo que efectivamente ocurre respecto de las representaciones estatalistas, institucionalizadas, que interpretan lo que miran, solo la sociedad institucionalizada. La tarea es dejar que se derrumbe el castillo de naipes de las mallas institucionales y se evapore el mundo instituido de las representaciones. Para que ocurra esto es menester no reproducir el castillo todos los días, no rehacer constantemente el mundo de las representaciones. En otras palabras, se trata de dejar de hacer poder, de reproducir el poder, las instituciones que capturan parte de nuestras fuerzas, para reproducirse y funcionar. Ahora bien, este dejar de hacer poder no es pues tarea fácil, debido a que el poder está cristalizado en nuestros huesos, inscrito en la superficie de los cuerpos, internalizado en el espesor de los cuerpos, constituido como subjetividades sumisas, subalternas, conformistas.

 

Diremos entonces, que la tarea de las tareas es ayudar a des-cristalizar el poder cristalizado en los huesos, ayudar a des-inscribir el poder de la piel del cuerpo, ayudar a des-constituir y des-internalizar, es decir, expulsar el poder hundido en la carne. ¿Cómo se hace esto? El activismo libertario, liberador de la potencia social, es toda una pedagogía política.

 

La tarea de los y las activistas libertarias, no solo en Bolivia, sino en el continente, no solo en el continente, sino en el mundo, es realizar esta pedagogía política. La tarea de los y las activistas libertarias es liberar la potencia social; es decir, activar la potencia social inhibida por el poder, por el Estado, por las mallas institucionales, por los partidos, por los representantes del pueblo.

 

Ahora bien, esta tarea primordial, que adquiere su singularidad múltiple y plural, en distintos contextos y coyunturas, no exime de responder en coyunturas específicas, como estas, cuando se enfrentan electoralmente dos opciones de las formas del poder; una pretendidamente de “izquierda”, otra pretendidamente institucional, incluso “democrática”.  La pregunta no es ¿qué hacer? Por lo tanto, la respuesta tampoco es a esta pregunta. Este es un tema que desbeberían resolver las organizaciones sociales, si tuvieran la libertad y la holgura de deliberar, reflexionar y buscar un consenso al respecto, por más provisional que fuera.  Pero, esto no va a ocurrir. Las organizaciones sociales están cooptadas por el gobierno, atravesadas por relaciones clientelares. No hay vida democrática en las organizaciones sociales; las dirigencias se han distanciados de su bases y las manipulan, en beneficio de su relación clientelar con el gobierno. Por lo tanto, estamos ante un panorama un tanto desolador. Las dirigencias obedecen órdenes, los oficialistas se entrampan en sus propias redes, las bases desencantadas, pueden persistir en seguir apoyando, a pesar de todo, para evitar que suban los que fueron derrocados por la movilización;  empero, quizás otra vez no lo hagan, por lo menos, parte de las bases; lo que bastaría para dar otros resultados electorales.

 

Si se diera el caso de la última alternativa, ocurriría algo parecido a lo que ha acontecido en Argentina; los populistas habrían construido su derrota. Si esto pasara, el desenlace no depende, ni dependía, de ninguna manera, de la decisión que tomen los y las libertarias, que interpelan la simulación democrática institucionalizada. No son ni serían responsables de lo que ocurra o haya ocurrido; pues, independiente de la influencia que puedan tener, que puede ser, mas bien, escasa, el desenlace se habría preparado en la trama de procesos de cambio truncados, precisamente por la restauración de las estructuras de poder, por los juegos de poder reiterados y por no haber salido de los círculos viciosos del poder.

 

¿En estas circunstancias, un apoyo crítico al oficialismo “progresista”, ayuda a mantener la oportunidad, en el proceso de cambio, en decadencia, para la reconducción?   ¿En estas circunstancias, que vuelva el neoliberalismo, en cualquier versión, ayuda en la pedagogía política? Comenzando por lo segundo; esto no es más que volver al principio, cuando la crisis económica, social y política, desatada por las políticas de ajuste estructural, por la implantación del proyecto neoliberal, generó la movilización social. Siguiendo con lo primero; no. Ya lo hemos visto, el populismo, el progresismo, no son ninguna oportunidad al proceso de cambio, son sus termidores de “izquierda”, por así decirlo. Sin embargo, hay una diferencia, en lo que respecta a la pedagogía política. Hay que aprender que las salidas al poder, al capitalismo, al extractivismo, a la dependencia, al machismo, a la colonialidad, no están en estos proyectos políticos, que son otras versiones de poder. Incluso, es menester aprender que no está en el socialismo real, que, en comparación con las anteriores versiones, ha ido más lejos; por lo menos, en la práctica, ha intentado otra forma de Estado, no liberal, otra forma democrática institucional, no liberal. Si se retorna al principio, como es el caso de la segunda pregunta, es más difícil este aprendizaje. Pues, la mayoría popular, no tardará en extrañar los buenos tiempos del populismo, del progresismo, del socialismo del siglo XXI, del “socialismo comunitario”; otra vez ilusionándose con los mitos políticos. Otra vez desconfiando de su propia potencia social, que es la que explica la permanencia en el poder de unos de otros; solo que se trata de parte de las fuerzas de la potencia social, capturadas por las mallas institucionales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Atrapados en sus propias redes

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un refrán popular dice sabiamente: El cojo echa la culpa al empedrado. Ocurre algo parecido con los que pierden las elecciones nacionales. Nunca se asume la derrota por identificación de errores cometidos, salvo, el caso, de exiguas honradas excepciones. Esto pasa con el populismo latinoamericano. Si bien se puede aceptar su calificación de que se diferencian de los neoliberales, porque tienen una actitud más nacional, más popular, incluso más social, que el proyecto político de despojamiento y desposesión de los recursos naturales, de las empresas públicas, de los ahorros de los trabajadores, suspendiendo derechos sociales; el problema es que, a pesar de esta distinción política, se encuentran más cerca de sus detractores o contrincantes neoliberales, que de la imagen que ellos mismos asumen de manera autocomplaciente[195].

 

A su manera, asumen la tesis apocalíptica o apologista del fin de la historia; su gobierno, se lo llame populista o progresista, es considerado como el fin de la historia; el gobierno que esperaba la nación y el pueblo. Después de ellos, los populistas, no hay nada, salvo los reaccionarios. Esta “ideología” de la autocomplacencia es la que les baja las defensas, por así decirlo, usando esta metáfora médica. Como apóstoles de la nación y el pueblo se consideran como héroes, incluso como libertadores o liberadoras, a los que debe estar agradecido el pueblo y votar, en gratitud, siempre por ellos y por mayoría. Este engreimiento, pero, además, apreciación equivocada, pues no son otra cosa que representantes del pueblo, en el más suave tono de su clasificación, o usurpadores de la voluntad popular, dicho en tono más fuerte, los arrastra poco a poco a la derrota.

 

Incluso, al sentirse impunes, protegidos por el aprecio popular, comienzan no solo a cometer errores, que cada vez son más crasos, sino retoman las practicas corrosivas heredadas del poder. Estas actitudes, la de la autocomplacencia, la de no reconocer errores, la de las prácticas de la economía política del chantaje[196], refuerzan el camino al desastre.

 

Este comportamiento parece un síndrome de la clase política; les ha ocurrido a las distintas versiones y posicionamientos políticos, comprendiendo, claro está, sus distintas versiones, además sus distintos grados de intensidad y alcance. Es más sobresaliente el síndrome político de la autocomplacencia cuando deriva del populismo, del progresismo, incluso, teniendo en cuenta las diferencias de la revolución en curso, del socialismo real[197].

 

En el análisis de este fenómeno político y psicológico, en su coyuntura poselectoral, no es tan importante volver a repetir la caracterización del ganador neoliberal, pues, esto, de alguna manera se sabe, por la experiencia social y la memoria social, aunque perentoriamente se olvide. Lo que es importante, para lograr una aproximación explicativa coherente, es descifrar esta actitud de auto-contemplación, de autocomplacenciaapologética, que cuando se encuentran ante la cruda realidad, ante la derrota evidente, no atinan a otra cosa que a culpar a la conspiración de la “derecha”, al dinero de la “derecha”, a sus medios de comunicación y medios operativos, a sus vínculos con el imperialismo. Llama la atención este tipo de explicaciones; es como si se esperara que el contrincante,   que el opositor, si se quiere, el enemigo, no haga nada, no ataque, no se defienda, no resista, no accione sus medios e instrumentos, en lo que respecta a la recuperación del poder. Algo tan insólito como si, en un partido de futbol, el equipo popular esperara que el otro equipo, el de élite, no haga nada, y se deje meter goles.

 

No se pueden ocultar las responsabilidades en la derrota. En vano se dan gritos desesperados de exigencia, casi coercitiva, de que si no votan por ellos, los representantes del pueblo, los populistas, viene nuevamente a gobernar la “derecha” neoliberal, que les quitará los derechos conquistados y los beneficios sociales logrados. Esto, el decir este elocuente chantaje, vuelve a patentizar el estilo caprichoso de personajes engreídos, que se consideran el centro del mundo. Los únicos responsables de la derrota, para decirlo esquemáticamente, sobre todo para ilustrar, son estos engreídos populistas, que se aposentan en las esperanzas y expectativas populares, primero; después, en la expansión de las relaciones clientelares, y por último, en una desubicación histórica y política. En resumen, fueron los constructores de su propia derrota.

 

El problema es que una parte de los votantes que los apoyaban, sosteniendo la ilusión populista, se cansan de esperar, de ver que sus representantes hacen lo mismo que los representantes de la burguesía y de la oligarquía o de la pretensión técnica de los neoliberales. Lastimosamente este cansancio y desencanto no se manifiesta como autodeterminación, autonomía y autogobierno social, sino se detiene en la encrucijada o el dilema falso de escoger entre las opciones acostumbradas, la neoliberal o la populista, aunque, en ambos casos, se cambie de nombres y de versiones. Ciertamente hay olvido, pero, también, un recuerdo inmediato, una certeza inmediata, de que la situación no cambia mucho con los populistas, en comparación con los efectos sociales, sobre todo extractivistas, de los neoliberales.

 

Este problema del circulo vicioso del poder[198], que se da como una alternancia intermitente entre “derechas” e “izquierdas”, que cuando están en el gobierno, tienden a parecerse, no es la única causal, por así decirlo, de la derrota. Como anotamos a la rápida, también el pueblo tiene su cuota aparte; sigue atrapado en el fetichismo institucional, en el fetichismo del Estado, en el fetichismo del poder, al considerar que estos fetichismo son la realidad, al no darse cuenta que son sus propias construcciones, que las reproduce, como deseando el amo todos los días. No cree en sí mismo, en su potencia social, salvo cuando la crisis social y política lo lleva a movilizarse, incluso a sublevarse. No logra salir tampoco del círculo vicioso del poder.  No cruza los límites de este horizonte de las dominaciones polimorfas, instauradas en la modernidad; no inventa nuevos horizontes, como cuando lo hace, escasamente, en tiempos de rebelión. No tarda en arrepentirse de haber hecho ganar al neoliberal. Sin embargo, hay que anotar, en descargo del pueblo, que, en verdad, si se considera el esquematismo dual en el que está metido, tampoco era una solución votar por los que se burlaron de él.

 

La salida política no está en satisfacer el agobio del cansancio, la sorpresa del desencanto, de manera provisional y apresurada, casi por enojo, sino en recurrir a su potencia social, a su capacidad creativa y de invención, como cuando se subleva y ocasiona revoluciones. Quizás, ahora, en el crepúsculo de la civilización moderna, las salidas ya no se encuentren en nuevas revoluciones, que han ampliado los horizontes histórico-políticos de la modernidad, sino en producir otros horizontes civilizatorios. Primordialmente, sustentados, fundamentados, en las capacidades autogestionarias sociales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Callejones sin salida  

Estrategias suicidas del progresismo mutilado

 

 

 

 

¿Cómo se llega a callejones sin salida? En otras palabras, ¿cómo se encierran, los de la clase política, cayendo prisioneros de sus propias ficciones? O, también, ¿cómo se atrapan en sus propias redes, como escribimos en un artículo[199]? ¿Qué hace, qué empuja, a los gobernantes, a seguir la ruta de su propio atolladero? Esta pregunta, dicha de distintas maneras, es importante, para comprender un síndrome de la clase política, sobre todo de la gobernante; el síndrome de la auto-referencia autocomplacientesíndrome que produce una especie de encaracolamiento[200]. Sumergidos en su propia concha de ficciones, de imaginarios, de mitos y narrativas apologéticas de sí mismos, se hunden en la oscuridad de su propio suicidio. Construyen su derrota.

 

No parecen explicables estos fenómenos de enajenación y narcisismos, combinando fetichismos enamoramiento de la propia imagen, solo por los microclimas de las burbujas del poder. Burbujas de la ceremonialidad del poder, que aíslan a los gobernantes, a sus representantes, a la burocracia estatal, en la atmosfera seductora del monopolio legítimo de la violencia, sea ésta simbólica o descarnada. Hay otras circunstancias y condiciones, hay otros engranajes y mecanismos, cuyo funcionamiento ocasiona prácticas reiterativas, que ejercen el poder de la manera cómo también lo erosionan. Por ejemplo, el abuso del poder, el desborde de prepotencia, las señales de una creencia insostenible en la impunidad lograda. En el caso, de las llamadas “izquierdas”, también gobiernos progresistas, que son, en realidad, las nuevas versiones del populismo latinoamericano, se encubre esta decadencia con discursos altisonantes, pretendidamente “revolucionarios”. Aunque vacíos de contenidos, repetitivos de formas desgastadas de anteriores discursos, que si jugaron un rol crítico, una función interpeladora, como dispositivos expresivos de convocatorias populares, en las luchas sociales y nacionales emprendidas; en coyunturas, donde estos discursos emergían de la convulsión de los cuerpos sublevados. Empero, cuando después, cuando se pierde su vinculación con el acontecimiento subversivo, cuando adquieren su tono de legitimidad lograda, incluso institucionalizada. En el mejor de los casos, cuando forman parte de la memoria social de las luchas, se recurre al uso de estos discursos, que ya resultan anacrónicos, en un presente, que exige nuevas emergencias de lucha, nuevas formas de expresión, de interpelación y de estrategias, los discursos desempolvados resultan, mas bien, adormecedores de la voluntad combativa, y calmantes de consciencias desdichadas, que buscan desesperadamente en la actuación y montaje parecerse aquellos héroes de las revoluciones pasadas.

 

No se sabe por qué creen estos personajes, de los neopopulismos, que son “revolucionarios”, solo porque lo dicen, se autodenominan como tales, usan viejos discursos de antiguas revoluciones, aparecen en las representaciones mediáticas, como si  lo fuera, se esmeran por emitir discursos estridentes y pretendidamente subversivos, cuando no hacen otra cosa que ser elocuentemente sonoros en evocaciones teatrales. Por otra parte y siguiendo esta ruta, creen que por el hecho de que son “revolucionarios” por esencia, por una esencia transmitida por la gloria de revoluciones pasadas, como arte de la metafísica de la historia, el pueblo tiene que seguirlos, obedecerlos, defenderlos siempre, además de engreírlos. ¿Qué los lleva a pensar y esperar tal cosa? Es que tienen un esquema inocente, ingenuo y simplón de la historia política y de las contradicciones sociales. La narrativa gubernamental de estos “revolucionarios” de la modernidad tardía, se resume a una epopeya trasnochada, donde el héroe o los héroes, que son ellos, son los portadores del bien, los intrépidos protagonistas que destruyen el mal, que matan a la serpiente alada de varias cabezas. La narrativa oficial convierte a los caudillos en profetas mesiánicos que han venido a conducir al pueblo a la tierra prometida. La narrativa oficial deja poco para los hechos de la historia efectiva, deja mucho menos para el despliegue autónomo del pueblo sublevado, convertido en fiel seguidor y creyente del mesías caudillo. Mientras vive el caudillo, los que lo acompañan se iluminan de su luz irradiante, de su voluntad desbordante y consecuente; cuando ya no está el caudillo, se convierten en los herederos de la divinidad, de la legitimidad del profeta ausente. En estas condiciones, la recurrencia compulsiva, obsesiva, que se vuelve trillada, a la imagen del caudillo ausente, muestra más desesperación que certeza, más vulnerabilidad que fortaleza. Este ya es un síntoma del derrumbe, al que no se ve aproximarse, pues la bulla envolvente de la ceremonialidad del poder, que ahora, también es ceremonialidad de duelo, la estridente discursividad retórica, cada vez más ilusoria, tienden una niebla espesa de espejismos, que enceguece a los gobernantes.

 

Si a todo esto le sumamos una de las costumbres más antiguas, arraigadas al poder, el de la corrupción, entonces asistimos, no solo a la marcha irresistible al suicidio, sino al apresuramiento grotesco de la muerte, a través del deterioro ético y moral. Son precisamente estos personajes, los que combinan estas composiciones explosivas y destructivas de la cohesión social, de la subjetividad y de la moral, los que reclaman más airadamente el reconocimiento de su “sacrificio”, los que reclaman la obediencia sin miramientos y sin objeciones del parte del pueblo. Y son precisamente estos personajes los que cometen los más insólitos errores políticos y económicos; como si buscaran, inconscientemente el castigo a sus culpas acumuladas.

 

¿Cómo se explica que los portadores del pretendido discurso antiimperialista no solo persistan en el derrotero de la dependencia, al mantener la economía extractivista y el Estado rentista, sino que los expandan de manera intensa? ¿Cómo se explica que continúen con políticas monetaristas, diseñadas por el imperio? Pueden pretender adulterar estos diseños del capitalismo financiero; empero, atiborrando esa lógica, que tenía su coherencia aritmética, con distintas modalidades de cambio. ¿Cómo explicar que la burocracia, en vez de esmerarse en mejorar las relaciones con las organizaciones autónomas, sociales, comunales, transfiriendo competencias, se cierre, se empodere, se jerarquice, destacando una distancia con el pueblo, y sobre todo, obstruyendo la distribución de recursos, y buscando evitar el fortalecimiento autónomo de las organizaciones y las comunidades? ¿Cómo se explica que en vez de profundizar la democracia, llevándola a las formas participativas, mas bien, refuercen las formas liberales, de delegación y representación, de jerarquización institucional? En vez de construir consensos, incluso con los otros, en temas donde se puede hacerlo, mas bien, aticen la guerra, llevándola al extremo de la ir-reconciliación. Aquí, recordamos lo que escribimos antes, en otros textos[201]; los enemigos son cómplices de la reproducción del poder, del círculo viciosos del poder; en realidad, se necesitan, requieren de su antagonismo, para justificar su presencia lamentable, su representación y delegación persistentes y usurpadoras. Los personajes gubernamentales, que ya se encuentran en el atolladero descrito, requieren imperiosamente del enemigo; si no está claro, entonces hay que inventarlo, producirlo, empujar al otro a que lo sea.

 

En un momento, mas bien, en un periodo, cuando se sienten en la gloria, adquieren la ilusión de su eterna impunidad. Algo de por si insostenible. Entonces envalentonados, arrecian en políticas exageradamente agresivas, estridentemente acusadoras, blandiendo la débil tesis de la conspiración; reprimen, suspenden derechos y libertades. Lo sorprendente que no solo lo hacen con el enemigo sino con los y las que se pueden considerar parte del proceso de cambio. Solo que en este caso, sus críticas, de estos excompañeros, ex-revolucionarios, ex-aliados, les parece coincidir con el imperialismo. Es cuando, como quien dice, abusando de la metáfora, empero, ilustrando, se sospecha hasta de la propia madre.

 

Las conquistas logradas, las fuerzas acumuladas, la convocatoria lograda, comienzan a ser mermadas, desde sus cimientos, cuando, basados en estos logros innegables, refuerzan la ilusión de que son los portadores del fuego santo, y de que está en marcha una “verdadera revolución”, que además corrige, los límites de las anteriores revoluciones. Se trata de una “revolución del siglo XXI”. A esta ilusión colectiva y delirante de la clase política gobernante, coadyuva el apoyo apologético de los intelectuales de “izquierda”, quienes, como en el periodo heroico de la revolución proletaria, y sus subsiguientes contradicciones, no atinaron hacer críticas sino a ocultar las contradicciones, las caídas en el Estado policial, las masacres a nombre, nada menos que, de la revolución. Las críticas quizás hubiesen ayudado, por lo menos, a una discusión esclarecedora, sino a reconducir los procesos revolucionarios. De la misma manera. Los intelectuales de “izquierda”, de ahora,   con menos perfil que los de aquel tiempo, hacen lo mismo, no solo con sus indulgencias, no solo con sus apologías, sino con interpretaciones débiles, empero edulcorantes. Es cuando se hace notorio que estos intelectuales comparten la misma narrativa inocente de la epopeya del caudillo y su partido. Pueden llenar de flores conceptuales a esta narrativa simplona, pretendiendo desplegar una teoría; empero, la teoría no aparece por ningún lado, salvo la repetición trillada de figuras, metáforas, analogías, con revoluciones y discursos pasados. Entonces estos intelectuales de “izquierda” acompañan al entierro, creyendo que asisten a la marcha irresistible de la “revolución verdadera”. Son los sacerdotes que santifican a estos gobernantes poseídos por el síndrome del poder, el síndrome de los actores de un drama ya dado, ya conocido, pero que se repite con variaciones.

 

Sin embargo, como la historia efectiva transcurre, independientemente de la historia representada, de la representación de la historia, no tarda de retirar la niebla como antorchas incandescentes.  No tarda de hacer explotar las burbujas, donde se resguardan los microclimas de las ceremonialidades del poder, manteniendo la presencia de sus símbolos inmóviles en un mundo efectivo de flujos dinámicos y cambiantes. El pueblo, al que se lo había reducido a la condición de creyentes desvelados, se cansa de esperar, de escuchar, de asistir al teatro de una revolución que no llega. Lo que ve, mas bien, en vez de esto, es algo parecido a lo que había antes, con los gobiernos derrocados, solo que ahora se lo hace en masa, de manera más exaltada y extendida. Lo que, al principio fue como buenas señales de lo que comenzaba como promesa, las primeras nacionalizaciones, las medidas sociales, la Constitución, incluso la conformación de proyectos sociales, la realización en grande de formación de cuadros a gran escala y la estructuración de comunidades, no fueron más que el preludio de lo que pudo ser; empero, no será, pues los representantes del pueblo, el caudillo y su partido, reproducen, a su manera, de una forma clientelar, las estructuras y relaciones de poder y las cartografías de dominación. Solo que ha cambiado la élite.

 

Parte del pueblo, incluso opta por buscar cambiar de caras gubernamentales, cualesquiera sean éstas, para no seguir viendo las mismas, que lo embaucan, le mienten, lo sobornan. Este quizás es una de las peores consecuencias del montaje populista, del teatro político progresista. Pues el aprendizaje popular, el empoderamiento popular, se pierden por cansancio. Una parte del pueblo, prefiere a los de antes, para librarse de los del presente. En este sentido, el populismo, el progresismo, también funcionan, destructivamente, en contra de los aprendizajes populares y las memorias de las luchas.

 

Llama mucho la atención que, incluso cuando la derrota se hace patente, se manifiesta como hecho, tampoco los engreídos personajes del gobierno “revolucionario” reconocen plenamente su derrota. Están lejos de la autocrítica, salvo el teatro de decirlo; sin embargo, lo que hacen es repetir el mismo discurso de culpabilidad. El culpable es el enemigo, la conspiración del enemigo, la “guerra económica” del imperialismo y la burguesía. Pueden decir que hacen una “reflexión profunda”, después de estas evidencias, las relativas a la derrota electoral; empero, de “profundo”, esta “reflexión”, solo tienen unos milímetros mezquinos. No se atreven a mirarse a sí mismo, en la historia efectiva. Algo que podría ayudarles a corregir algunos graves errores políticos.

 

De todas maneras, este síndrome político no solo es atribuible a los “revolucionarios”, populistas progresistas, incluso, con sus diferencias notorias, a los revolucionarios socialistas, sino también a los institucionalistas liberales, así como a los pretendidos técnicos neoliberales. Toda la clase política, con todas sus variantes, sufren del síndrome del podersíndrome del encaracolamiento.  Es más, incluso se puede decir que las sociedades institucionalizadas viven o sufren del perfil epidemiológico que contiene este síndrome; están atrapadas en el mundo de las representaciones, afincadas en las mallas institucionales. Prefieren optar por los fetichismos, es decir, por las “ideologías”, que atreverse a percibir los devenires del mundo efectivo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Liberar la potencia

Dejar los esquematismos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hermann Hesse decía, en Demian[202], que para nacer hay que destruir un mundo. Debemos hablar de la destrucción del mundo de las representaciones para liberar al mundo efectivo, al mundo en constante devenires. Claro que esta figura es una metáfora, pues el mundo efectivo no puede estar atrapado por el mundo de las representaciones; es más, el mundo de las representaciones es un efecto del mundo efectivo. Los que nos liberamos del mundo de las representaciones somos nosotros, los humanos, quienes nos encontramos atrapados por sus redes expresivas, representativas, simbólicas, significativas, narrativas, teóricas, “ideológicas”. Redes que nosotros mismos hemos tejido y desplegado, en las que quedamos atrapados; creyendo que lo que construimos nos antecede y precede. Tenemos que liberarnos del mundo de las representaciones para liberar la potencia social; parte de la cual, parte de sus fuerzas, se encuentran capturada por las mallas institucionales, que nosotros también construimos; mallas institucionales que inhiben, cohíben, obstaculizan la potencia social, impidiendo se desenvuelva libremente su capacidad creativa. En vez de esto, se obliga a reproducir lo mismo como el tormento de Sísifo.

 

El problema es que las sociedades humanas no pueden salir del circulo vicioso del poder, que han ocasionado con la genealogía de instituciones, las que consideran situarse en el centro de todo; centro ficticio que crea a la sociedad misma. Este centro es el Estado. Las creencias, las narrativas, las religiones monoteístas, las “ideologías” estatales, se han constituido e instituido sobre la base del supuesto del dualismo inicial; el bien y el mal, enfrentados. Entonces, en base a la guerra entre los enemigos primordiales; el fiel y el infiel. Estos dualismos inaugurales hacen de matriz de la arqueología y genealogía de los dualismos venideros, que en su versión de las “ideologías” políticas aparece como el esquematismo dual de amigo y enemigo. Es muy posible que otro dualismo conformado, sobre la base de esta arqueología y esta genealogía esquemática e institucional, sea el dualismo liberalismo y socialismo. Para no hablar del dualismo socialismo/capitalismo, pues parece que este dualismo está mal fundamentado y equivocadamente configurado. La historia efectiva de la modernidad nos ha mostrado que el llamado socialismo real no es más que la otra cara del capitalismo, la cara sin burguesía propiedad privada, la cara de la burocracia que dirige el modo de producción capitalista, sostenida en la propiedad pública.

 

Los dualismos forman parte de una unidad de contrapuestos; quizás la mejor interpretación de esta episteme moderna de los esquematismos duales, es la dialéctica, por esta interpretación de incorporación de la contradicción. La contradicción es indisoluble de su propia síntesis, por así decirlo; incluso, mejor dicho, de su propia complicidad. Para existir una parte del dualismo, requiere necesariamente de la otra parte. Si desapareciera la otra parte, desaparecería también el dualismo; entonces, la parte contrapuesta. Aunque suene a provocación; empero, parece contar con la certeza de las experiencias sociales en las historias políticas de la modernidad, es que el liberalismo y el socialismo se requieren mutuamente.

 

Este es el tema que queremos abordar, pues parece que no es posible salir del circulo vicioso del poder, poder reproducido por liberales y socialistas, sino destruimos el esquematismo dualista, el mundo de las representaciones del esquematismo dualista, que se ha materializado o, mas bien, es sostenido por la malla institucional que captura a la sociedad, la institucionaliza, le inocula el esquematismo dualista, en sus distintas y variadas formas; que constituye subjetividades, subordinadas a la guerra contra el mal que emprende el Estado.

 

Sin necesidad de decir que son iguales las partes del dualismo, las figuras singulares histórico-políticas, del dualismo, mas bien, constatando sus plurales diferencias singulares, vemos, en las historias políticas singulares,  que unos u otros, en la modernidad, sean liberales o socialistas, en sus variadas versiones, instauran su sentido político, en la lucha contra el otro, que consideran el mal. Puede, como también se constata, que unos, prefieran un orden circunscrito a los privilegios de una minoría; en tanto que los otros, propongan un orden de las mayorías, sobre la equivalencia y la igualdad; sin embargo, lo llamativo es que, en la práctica, efectivamente, lo que instauran, unos u otros, son elites dominantes, aunque sus discursos promuevan la “ideología” de la libertad, en un caso, o la “ideología” de la igualdad, en otro caso.

 

Tampoco decimos que los ciclos históricos repiten exactamente lo mismo. No. Si bien repiten un ciclo, es decir, otro ciclo, cuyas estructuras, condiciones y características, son análogas a las anteriores, a diferencia de las manifestaciones singulares, despliega una nueva versión material, histórica, cultural, del ciclo, comprendiendo sus contradicciones. En este sentido, lo que ocurría en el siglo XVIII es distinto a lo que ocurre en el siglo XX, a su vez, parece que es distinto a lo que comienza a ocurrir en el siglo XXI. Desde una perspectiva histórica, se puede decir que las condiciones sociales y políticas, incluso económicas, han mejorado; usando este término, tan cargado de moral y de subjetividades. Esto no es lo que está en discusión, esto que responde a la teoría de la evolución, en este caso social; teoría que también es harto discutible. No entraremos a estos debates, que ya entramos antes, en otros ensayos[203].  Lo que nos interesa, ahora, es salir del círculo vicioso del poder, salir de las órbitas sociales que gravitan, teniendo un centro, que más parece un agujero negro, que es el poder, en su forma institucionalizada; el Estado.

 

Bueno, entonces, parece que para salir del círculo vicioso del poder, que ha tenido entrampadas a las sociedades humanas, por lo menos, durante la modernidad, para no hablar de antes, que es un tema complejo de abordar, pues habría que abordarlo a partir de consideraciones epistemológicas, donde las epistemes distintas, antiguas y modernas, dialoguen, discutan, se interpelen e interpreten; hay que salir del mundo de las representaciones acumulado, sedimentado, estratificado, mutado, que es el de las epistemes de los esquematismos dualistas.

 

 

 

 

 

 

Hipótesis transgresoras

 

  1. En una episteme no dualista, sino en constante devenir, no hay lo opuesto, lo contrario, lo antagónico, tampoco hay el enemigo. La episteme de la complejidad es paradójica.

 

  1. Por lo tanto, no hay el modelo malo, que hay que destruir, para instaurar el modelo bueno. Ambos modelos forman parte de la unidad contradictoria de una sociedad institucionalizada desgarrada en sus contrastes. En realidad, si podemos hablar así, un modelo oculta el otro modelo, al inhibirlo, si se quiere, reprimirlo. Cuanto más violencia se use para hacerlo no solo se muestra que más le teme, volviéndolo más poderosos, sino que con esa misma violencia se desgarra así mismo, arrancándose de las entrañas lo que considera el mal; empero, se trata de sus propias tripas.

 

 

  1. Se trata de la misma sociedad escindida a la fuerza, por la violencia estatal; por una parte, una sociedad institucionalizada, capturada, que reproduce el Estado; por otra parte, una sociedad alterativa, conformada, mutante, transformándose, en contante devenir, desplegando flujos de fuga, que escapan a las capturas de las mallas institucionales. La sociedad institucionalizada puede aparecer bajo un discurso liberal o bajo un discurso socialista; aunque sean distintas, sus características distintas, no dejan de ser sociedad institucionalizada, cada una de ellas, a su manera; es decir, capturada por mallas institucionales; no es una sociedad libre. La parte alterativa de la sociedad, siempre desborda los límites y las fronteras de la sociedad institucionalizada. Que lo haga de una u otra forma, a nombre de los explotados, discriminados, condenados de la tierra, subordinadas y sometidas, le otorga una característica emancipadora. Que lo haga a nombre del orden, de la libertad, de la “democracia”, de los derechos fundamentales, de la institucionalidad, le otorga una característica conservadora, en el buen sentido de la palabra, en el sentido de la biología molecular. No hay transformaciones que no se sustenten en repeticiones conservadores.

 

  1. Liberales o socialista, sin entrar en detalles, ni en sus variedades históricas, nacionales, regionales, locales, siempre tendrán no solamente sus contrastes, sus antagonismos, sino, lo más importante, mucho más importante que las figuras políticas anteriores, sus desbordes, que derivan de la sociedad alterativa, de la sociedad que se inventa a sí misma, desde los flujos de fuga.

 

  1. Los “ideólogos” liberales y los “ideólogos” socialistas, también sus políticos, no distinguen esta diferencia, entre las figuras políticas del opuesto, el antagónico, el enemigo, de lo que es el desborde de la sociedad no capturada. Por eso, no puede detener su propia disolución, su propio derrumbe, del régimen político que se trate, liberal o socialista. Creen que la represión les sirve para contener, controlar, incluso, desterrar, la conspiración de su oponente, antagónico, enemigo. Atacan pues a lo que ven, a personas, organizaciones, visibles, que, al final de cuentas, son parte del dualismo donde subsisten, con el otro. Lo que no ve, es el desborde, la matriz de la potencia social, que nunca ha Por eso, al embarcarse en los juegos de poder, en los esquematismos duales de la política institucional, no hace otra cosa que repetir la trama del poder, que se parece a la trama de la vida individual, de la trayectoria de vida individual, que, obviamente, no es vida, pues la vida no se reduce a la individualidad, es, mas bien, pluralidad en juego integrada; la vida individualizada nace, se reproduce y muere.

 

  1. La modernidad no tiene salidas; ha llegado, por así decirlo, posiblemente exagerando, pero, queremos ilustrar, a su umbral, donde le espera su propia clausura. No hay soluciones, para los problemas acumulados por las sociedades humanas, por los caminos tomados, en sus distintas versiones, variando sus dualismos, por las sociedades modernas, en clave heterogénea. No se puede seguir insistiendo por estas estrategias dualistas, a no ser que se opte por el suicidio.

 

 

  1. Es menester liberar la potencia social, dar rienda suelta a las sociedades alterativas, desmantelar las mallas institucionales, que inhiben y capturan, dejar que las asociaciones, las composiciones, las combinaciones, las inventivas sociales, resuelvan los problemas consensualmente. Abriendo, mas bien, otros horizontes para las sociedades humanas, dignos de su potencia, dignos de su participación en el tejido del espacio-tiempo de los pluriversos.

 

 

 

Consecuencias pragmáticas

 

Para decirlo, de entrada, de manera resumida. Hay que abolir las representaciones, las delegaciones, los partidos, a los representantes del pueblo. Nadie puede representar a nadie ni a nada. Salvo, claro está, en el imaginario “ideológico” institucionalizado por el Estado y la forma de gubernamentalidad de la que se trate. Cada quien, cada quienes, grupos, colectivos, comunidades, sociedades, tienen que hablar por sí mismas. Son ellas, las únicas que pueden decir algo sobre sí mismas, sobre lo que desean, sobre lo que experimentan, sobre sus propias memorias sociales. Son las únicas que pueden construir la decisión política democrática, en pleno sentido de la palabra, participativa.

 

Para comenzar a resolver los problemas acumulados y no resueltos por nadie, ni por liberales, ni por socialistas, aunque lo hayan hecho en parte, es menester dejar deliberar, discutir, debatir, reflexionar, acordar, consensuar, a la sociedad misma, en toda su pluralidad y complejidad. Esto es democracia. Dure lo que dure esta construcción del consenso, no importa; vale la pena. Pues de lo que se trata es de corregir siglos, sino es milenios, de imposiciones, usando el recurso del poder. Imposiciones, que han ilusionado a los dominantes de turno, haciéndoles creer que resolvían algo, aunque sea su propia estabilidad y privilegios, además de sus jerarquías elitistas; sin embargo, esto apenas duraba un lapso de engaños institucionales.  La verdad, es que estas soluciones institucionales terminaban ahondando el problema, difiriendo su solución, cada vez más complicada, para posteriores generaciones. El poder, cualquiera sea la forma de éste, cualquiera que sea el diagrama de poder, no es un buen método de resolución, mejor dicho, de solución del problema. Es un paliativo.

 

El poder no solo es la fuerza, la relación de fuerzas, como concebía Michel Foucault, sino es la fuerza, mejor dicho, la relación de fuerzas,  convertida en violencia, pues captura, inhibe, inscribe, moldea, afecta, los cuerpos, las formas plurales y múltiples de la vida. Aunque Foucault descartaba esta interpretación del poder. De lo que se trata es de usar las fuerzas de la vida, en sus plurales, múltiples, dinámicas formas de devenir, en tanto potencia, es decir, en tanto creatividad de vida.

 

Ciertamente, sabemos que lo que decimos no es fácil, tampoco pretendemos que sea una verdad; nos contradeciríamos con lo que concebimos como critica, desde la perspectiva de la complejidad. No es ninguna verdad, sino tan solo una proposición en la ausente asamblea de las sociedades humanas y los pueblos del mundo. La dificultad radica en que el poder, en sus múltiples formas, en sus poli-formas de dominaciones, se ha cristalizado en los huesos, ha modulado los cuerpos, ha constituido subjetividades. Los perfiles subjetivos sociales, institucionalizados, interpretan lo que experimentan, desde las “ideologías”; esto quiere decir, que interpretan su “realidad” desde el mundo de las representaciones dominantes y hegemónicas, institucionalizadas. Sean, en un caso, sentidos comunes, sean, en otros casos, versiones intelectuales elaboradas. Entonces, creen encontrar, en las figuras que rescatan como representativas del mundo, la verificación de las religiones, de las “ideologías”, de las teorías. Esta hermenéutica de la dominación, incluso en los casos que pretende rebelarse y ser crítica, refuerza las cadenas de las dependencias, sumisiones, subordinaciones, explotaciones. La dificultad radica en lograr liberar a los cuerpos de las telarañas del mundo de las representaciones.

 

Estas son las tareas difíciles, no imposibles, sino, mas bien, creativas e ingeniosas, del activismo libertario.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hacer presente la autogestión

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como dijimos, de alguna manera, implícita, semi-explícita, incluso, a veces, explícitamente, la autogestión es la salida del sistema-mundo capitalista y del círculo vicioso del poder. Esta salida o alternativa no tiene que esperar, no se da en el futuro, cuando se cumplen determinadas “condiciones objetivas y subjetivas”, sino en el ahora, cuando se toman decisiones autónomas, libres, igualitarias; decisiones consensuadas, sin atender a condicionamientos institucionales y de poder. La salida se la construye autónomamente, cuando se ejerce plenamente la libertad y la igualdad, sin mediación de fetichismo institucionales y de fetichismos de representación, así como de fetichismos de delegación. La autogestión supone la asociación libre, la composición libre, entre iguales, no solo jurídicamente, no solo políticamente, si no efectivamente iguales en los distintos planos de intensidad donde se despliega la actividad, manifestación, práctica, expresión, humanas. La autogestión es entonces la realización creativa y múltiple del ejercicio de la autonomía, en sus distintos planos y espesores; individuales, grupales, colectivos, comunitarios, sociales. Por eso mismo, las formas de autogestión son plurales, diferenciales, singulares y cambiantes, de acuerdo no solo a momentos, coyunturas y contextos, sino a problemáticas y complejidades que se afrontan.

 

 

Concepto de socialismo autogestionario

 

Se puede decir que el “socialismo autogestionario” se orienta en la idea de una composición social y política cimentada en la participación de las diferentes comunidades próximas, constituidas en la vida cotidiana colectivizadaempresa, sindicato, localidad, tendencia. También comprendiendo la gestión de comunidades mayores, a mayor escala; país, federaciones, confederaciones. Articula economía, política, cultura, territorialidades, con capacidades, potencialidades, competencias, destrezas, técnicas, tecnologías, ciencias y saberes. La autogestión obrera, comunitaria, colectiva, incluso grupal, en la coordinación consensuada y participativa, configurando constelaciones de alianzas, de federaciones y confederaciones, abre horizontes nómadas para la invención y realización de formas variadas y dinámicas de organizaciones sociales[204].

 

 

Autogestión integral

 

En Cuadernos de Lanki[205] se escribe: “Nos aproximaremos al significado del concepto autogestión partiendo de esta sencilla definición de autonomía”. El término sugiere una concepción dilatada de la autogestión; se trata de la constitución-organización autónomaproducida desde la autonomía y reproductora de autonomía. Designaremos como autogestión a la conformación y actividad de formaciones sociales, en distintas escalas, de comunidades, incluso de agrupaciones, establecidas en la autonomía, en la capacidad de decisión autónoma de individuos, grupos, colectivos, comunicados, asociaciones y sociedades[206].

 

Desde esta perspectiva, se puede entender la autogestión como una integralidad dinámica, transversal y variable; la misma que se organiza tanto a pequeña escala como en escalas mayores, que puede complementarse y contenerse[207]. El campo económico no es otra cosa que una forma de nombrar un campo de actividades, que, obviamente, no se reducen a lo que se llama comúnmente economía. Desde una perspectiva restringida, la de la economía política restringida, la economía social es una forma de organización interna de la actividad económica (restringida), que supone una manera de situarse en el mercado, así como en la sociedad institucionalizada[208]. Esta ubicuidad, mejor dicho esta singularidad, del colocarse en el mundosingularidad supone la combinación y composición de perspectivas múltiples, integrando múltiples alternativas, en los distintos planos de intensidad. Es aquí, en este nudo de la complejidad, donde se sitúa la aportación de la autogestión social-económica-política-cultural[209].

 

Las experiencias en la autogestión social-económica-política-cultural, permiten un conocimiento social y colectivo de las complejidades mundanas, económicas, sociales, políticas y culturales, en su pluralidad, multiplicidad y singularidades propias. Por eso mismo, abren los horizontes para estrategias de complementariedad y reciprocidad entre las distintas sociedades y en sus diferentes escalas[210]. El punto de partida y referencia primordial puede ser la experiencia y memoria social de la propia comunidad; atendiendo a los requerimientos y demandas comunitarias, locales e individuales; que configuran los procesos inherentes singulares; descartando pues modelos deductivos, que introducen estrategias externas inadecuadas e inadaptables al lugar y a la comunidad[211].

 

La autogestión social-económica-política-cultural se hace posible en el ejercicio pleno de la democracia, entendida como autogobierno del pueblo[212]. El conjunto de herramientas y dispositivos, así como de regulaciones, de la autogestión, como la participación en la gestión, la participación en los bienes, pueden formar parte de transiciones de integración de los planos y espesores de intensidad social, desintegrados por el sistema-mundo capitalista[213].

 

 

 

 

 

Conclusiones

 

  1. Las experiencias socialistas estatalistas han demostrado que no se sale del sistema-mundo capitalista manteniendo el Estado; al contrario, se lo reproduce y continúa, por otros caminos, otras formas, otros discursos y legitimidades; pero, siempre reproduciendo la economía política generalizada, la de las separaciones duales entre lo concreto y lo abstracto, en los distintos planos de intensidad social, valorizando lo abstracto y desvalorizando lo concreto.

 

 

  1. Por eso, aprendiendo las lecciones de las revoluciones sociales en la modernidad, es indispensable salir del círculo vicioso de la economía política generalizada y del círculo vicioso del poder. Para tal efecto hay que iniciar ya las prácticas y relaciones, las asociaciones y composiciones, más allá de la economía política generalizadamás allá del esquematismo dualista del amigo/enemigo, que sostiene la reproducción de la política restringida; es decir, de aquella que es la reproducción de las dominacionesMás allá del esquematismo dualista, pretendidamente epistemológico, que, sin embargo, sigue siendo religioso, de verdad/mentira o verdad/falsedad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] Ponemos como prólogo dos escritos anteriores, debido a su forma clara y adecuada de ingresar a la discusión sobre ideología.

[2]  Friedrich Nietzsche: Escritos sobre Retórica. Rutta 2000. Madrid. Pág. 81.

 

[3] Gorgias, 463 b.

[4] Karl Marx: Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel. Anales franco alemanes. 1970. Barcelona. Ed. Martínez-Roca, pág. 10.

[5] Terry Eagleton: Ideología. Una introducción. Paidós; Buenos Aires 1997. Pág. 24.

[6] Conceptos elaborados por Cornelius Castoriadis. Ver Institución imaginaria de la sociedad. Siglo XXI.

[7] Ver de Raúl Prada Alcoreza Acontecimiento libertario. Dinámicas moleculares. La Paz 2014.

[8] Ver de Javier Larraín Los siete pecados capitales de Raúl Prada. La época; La Paz 2015.

[9] Terry Eagleton: Ob. Cit.; pág. 25.

[10] M. Seliller. ldeolagy and Politks, Londres, 1916, pág. JI. Véase también, del mismo autor. The Marxist Concept of ldeology, Londres, 1911.

[11] Ibídem: Pág. 26.

[12] Ibídem: Págs. 52-55.

[13][13] Luis Oporto Ordóñez: Guillermo lora Escóbar (1922-2009); intelectual y político profesional.

 

 

[14] Ver de Raúl Prada Alcoreza Paradojas de la revolución Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15.

[15] Ver de Liborio Justo Bolivia: La revolución derrotada. También, del mismo autor, Estrategia Revolucionaria; Buenos Aires, 1957. Entre otras obras tenemos a Nuestra patria vasalla y Pampas y lanzas.

[16] Ver de Karl Popper Lógica de la investigación científica. Tecnos; Madrid.

[17] Ver de Raúl Prada Alcoreza Paradojas de la revolución. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15.

[18] Ver de Raúl Prada Alcoreza Acontecimiento político. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-2015.

[19]Ibídem.

[20] Este apartado ha sido publicado en Acontecimiento político. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-2015.

[21] Revisar de Marc Bloch Apología para la historia o el oficio del historiador. Edición anotada por

Étienne Bloch. Fondo de Cultura Económica. México 2001.

[22] Ibídem: Págs. 54-57.

[23] Ibídem: Pág. 58.

[24] Ver de Raúl Prada Alcoreza La explosión de la vida. Rincón Ediciones; La Paz 2014. Dinámicas moleculares; La Paz 2014.

[25] Ver de Raúl Prada Alcoreza Acontecimiento político. Rincón Ediciones; La Paz 2014. Dinámicas moleculares; La Paz 2014.

[26] Ver de Raúl Prada Alcoreza Genealogía del poder. Qhana; La Paz 1992.

[27] Cincuentenario de la revolución del 9 de abril de 1952: Así fue la revolución, Volumen 1. Beatriz CajiasLupe Cajías de la VegaMagdalena Cajías de la VegaDora CajíasMovimiento Nacionalista Revolucionario. Fundación Cultural Huáscar Cajías K., 2002 – 300 páginas. La Paz.

 

[28] Pla, Alberto, op. cit., pp. 194 y 195

[29] Ídem, p. 193

[30] Zabaleta Mercado, René, op. cit., p. 97

[31] Ídem, pp. 97 y 98

[32] Pla, Alberto, América Latina Siglo XX. Economía, sociedad y revolución, Carlos Pérez Editor, Buenos Aires, 1969. Pla, Alberto, op. cit., p. 199.

[33] Zabaleta Mercado, René, Consideraciones generales sobre la historia de Bolivia (1932-1971, en América Latina: historia de medio siglo, Siglo XXI, México, 1986. Zabaleta Mercado, René, op. cit., p. 99

[34] Vazeilles, José, La Revolución Boliviana de 1952. Síntesis explicativa sobre la Revolución Boliviana de 1952 para la cátedra Historia Social General (Vazeilles), de la Universidad de Buenos Aires. También, del mismo autor: El Presente Histórico y la Historia Universal, Manuel Suárez Editor, Buenos Aires, 2005.  Así como Vazeilles, José, Fichas de Cátedra: “Cambio de época”; “Más sobre el cambio de época” Whitehead, Lawrence, La Revolución Nacional 1952-1964 , en Bethell, L (ed.), op. cit., t 16.

http://es.scribd.com/doc/9199505/La-Revolucion-Boliviana-de-1952.

[35] Guillermo Lora: La revolución del 9 de abril de 1952. Masas; La paz – Bolivia 1965.

[36] Ver de Raúl Prada Alcoreza Las armas de la crítica en la ontología de la praxis. Este ensayo, Las armas de la crítica en la ontología de la praxis, si se puede hablar así, corresponde a una publicación colectiva, que titulaba Las Armas de la utopía, que se publicó en 1996, bajo el techo académico del CIDES-UMSA y la editorial Punto Cero. La edición estuvo a cargo de Raquel Gutiérrez Aguilar y Jaime Iturri Salmón. Publicaron Álvaro García Linera, Raquel Gutiérrez, Jaime Iturri, Raúl Prada Alcoreza, Alison Spedding, Hugo José Suarez y Alfonso Velarde. También revisar Acontecimiento político. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15.

 

 

 

[37] Ver de Raúl Prada Alcoreza Episteme compleja. Dinámicas moleculares; La Paz 2015.

[38] Ver de Raúl Prada Alcoreza Paradojas de la revolución. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15.

[39] EDUCA: http://www.educa.com.bo/1936-1952-viejo-orden/la-masacre-de-catavi.

[40] http://www.educa.com.bo/1936-1952-viejo-orden/la-llamada-guerra-civil-de-1949-y-los-hechos-de-villa-victoria.

 

[41] Ver de Raúl Prada Alcoreza Marxismo de guardatojo. Dinámicas moleculares; La Paz 2015.

[42] http://www.educa.com.bo/1936-1952-viejo-orden/la-revolucion-del-9-de-abril.

[43] Ver de Alvin Toffler La tercera olahttps://profesorparticulardecomunicacion.files.wordpress.com/2015/04/toffler-alvin-la-tercera-ola.pdf.

[44] Ver de Jacques Derrida De la gramatología. Siglo XXI.

[45] Ver de Raúl Prada Alcoreza La explosión de la vida. Dinámicas moleculares. La Paz 2013-15.

[46] Ver de Raúl Prada Alcoreza Pensar es devenir. Universidad Nuestra Señora de La Paz. La Paz 1999.

 

 

[47] Ver de Raúl Prada Alcoreza Acontecimiento político. Dinámicas moleculares. La Paz 2013-15.

[48] Ver de Raúl Prada Alcoreza Marxismo de guardatojo. Dinámicas moleculares. La Paz 2015.

[49] Ver de Carlos Montenegro Nacionalismo y coloniajehttp://www.libreriajuventud.com/archivos/1326.pdf.

[50] Se distingue indianismo de indigenismo; el indianismo se refiere a la “ideología” de liberación de las naciones y pueblos indígenas; el indigenismo se refiere a la solidaridad mestiza hacia las naciones y pueblos indígenas.

[51] Ver de Raúl Prada Alcoreza Marxismo de guardatojo. Dinámicas moleculares; La Paz 2015.

[52] Ver de Raúl Prada Alcoreza Desde la sinfonía musical del universo hasta la sinfonía social. Dinámicas moleculares; La Paz 2015.

[53] La primera crisis de la “izquierda” fue cuando se truncó a la Asamblea Popular con el golpe de Estado del General Hugo Banzer Suarez.

[54] Revisar la colección de libros de Comuna, que fueron publicados por La Muela del Diablo. La Paz 1995-2008.

[55] Ver de Raúl Prada Potencia y acontecimiento. Dinámicas moleculares; la Paz 1015. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/potencia-y-acontecimiento/.

[56] La primera crisis de la “izquierda” fue cuando se truncó a la Asamblea Popular con el golpe de Estado del General Hugo Banzer Suarez.

[57] Revisar la colección de libros de Comuna, que fueron publicados por La Muela del Diablo. La Paz 1995-2008.

[58] Ver de Raúl Prada Alcoreza Potencia y acontecimiento. Dinámicas moleculares; La Paz 2015. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/potencia-y-acontecimiento/.

[59] De los más conocidos teóricos de la escuela austriaca es Hilferding

[60] Ver de Raúl Prada Alcoreza Cartografías histórico-políticas. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/cartografias-historico-politicas/.

[61] Ver de Raúl Prada Alcorza Bolivia: perfil económico. También, del mismo autor Plano de intensidad económico boliviano. Ambos ensayos se encuentran en Cartografías económico-políticas del chantaje. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15.  http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/cartografias-politicas-y-economicas-del-chantaje/.

[62] INE: BOLIVIA: PARTICIPACIÓN DE LAS ACTIVIDADES ECONÓMICAS EN EL PRODUCTO INTERNO BRUTO A PRECIOS CORRIENTES. Ministerio de Economía y Finanzas Públicas. La Paz 2014. http://www.ine.gob.bo/indice/general.aspx?codigo=40310.

 

[63] INE: BOLIVIA: CUENTA DE ACUMULACIÓN Y FINANCIACIÓN DE CAPITAL, SEGÚN COMPONENTE. Ministerio de Economía y Finanzas Públicas. La Paz 2014. http://www.ine.gob.bo/indice/general.aspx?codigo=40310.

[64] Hablamos de variación compuesta a diferencia de una variación simple. La medida de la variación compuesta establece la relación de la diferencia respecto al agregado, lo que permite tener una magnitud más adecuada de la variación respecto al movimiento de las cantidades.

[65] BOLIVIA: CRECIMIENTO DE LA FORMACIÓN BRUTA CAPITAL FIJO A PRECIOS CONSTANTES, SEGÚN PRODUCTO. Ministerio de Economía y Finanzas Públicas. La Paz 2014.  http://www.ine.gob.bo/indice/general.aspx?codigo=40310.

[66] Los individuos, las organizaciones y los gobiernos utilizan los bienes de capital en la producción de otros bienes. Los bienes de capital son, entonces, los productos que no se producen para el consumo final, sino que son objetos que se utilizan para producir otros bienes y servicios. Estos tipos de mercancías son importantes factores económicos, ya que son la clave para desarrollar un retorno positivo en la fabricación de otros productos y materias primas.

[67] Proyecto de Presupuesto General del Estado. Ministerio de Economía y Finanzas Públicas. Viceministerio de Presupuesto y Contabilidad. Dirección General de Contabilidad Presupuestaria. La Paz, noviembre de 2013. http://cedla.org/blog/grupopoliticafiscal/wp-content/uploads/2014/02/Presupuesto-general-del-estado-Bolivia-2014.pdf.

[68] Este apartado también se encuentra en Cartografías económico-políticas del chantaje. Ob.Cit.

[69] Ver de Raúl Prada Alcoreza Bolivia: perfil económico. Dinámicas moleculares; La Paz 2005. http://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/gravitaciones_del_capitalismo_depen.

[70] Ver de Raúl Prada Cartografías histórico-políticas. Dinámicas moleculares; La Paz 2014. Amazon: https://kdp.amazon.com/dashboard?ref_=kdp_RP_PUB_savepubhttp://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/extractivismo.

[71] Ver de Raúl Prada Alcoreza Crítica de la economía política generalizada. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/critica-de-la-economia-politica-generalizada/.

[72] Ver de Raúl Prada Alcoreza Acontecimiento político; también Gramatología del Acontecimiento, así como México: Intensidades sociales y territoriales. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-2015. Amazon: https://kdp.amazon.com/dashboard?ref_=kdp_RP_PUB_savepubhttp://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/estadonacion 

 

[73] Este apartado se encuentra en Cartografías histórico políticas. Ob. Cit.

[74] Ver de Sergio Almaraz Paz Réquiem para una república; en Obras Completas. Plural; La Paz.

[75] Carta de expulsión de Sergio Almaraz Paz del PC.

[76] Ver de Sergio Almaraz paz Réquiem para una república, particularmente el capítulo El tiempo de las cosas pequeñas. Ob. Cit.

[77] Ver de Gilles Deleuze y Félix de Guattari Mil Mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Pre-textos 2000; Valencia.

[78] Revisar el libro de Hugo Rodas Morales: Marcelo Quiroga Santa Cruz. El socialismo vivido. Tres tomos. Plural 2010; La Paz. En el libro se encuentra una pormenorizada descripción y análisis de la nacionalización de la Gulf Oil, de sus avatares y de las pugnas con la empresa trasnacional. Los desacuerdos de Marcelo Quiroga Santa Cruz con las características de la indemnización a las que se compromete el gobierno del general Alfredo Ovando Candia. Sobre todo revisar, al respecto, el segundo tomo.

[79] Este apartado también se encuentra en Cartografías histórico-políticas. Ob. Cit.

[80] Nacionalizaciones de los Hidrocarburos en Bolivia. Memorias de Don Enrique Mariaca Bilbao. Fundación Jubileo. La Paz 2009.

[81] Ibídem.

[82] Sólo se han hecho algunas pequeñas correcciones de sintaxis y alguna interpretación más insistente de cuándo comienza la reversión del proceso de nacionalización.

 

[83] Ibídem.

[84] CEDLA: Cuadernos de coyuntura.

[85] Eric Hobsbawm. Industria e Imperio.

[86] La industrialización alemana: 1830-1914. Introducción usuarios.multimania.es/geohist/Rev%20Ind%20alemana.pdf

 

[87] John K. Fairbank: Keeping Up with the New ChinaThe New York Review of Books, 16 de marzo de 1989; pág. 17. Citado por Giovanni Arrighi, en Adam Smith en Pekín. Orígenes y fundamentos del siglo XXI. Akal 2007; Madrid.

[88] Ob. Cit.; pág. 23.

[89] Ibídem: Pág. 24.

[90] Ibídem: Págs. 24-25.

[91] Comentario de Liu Guoguang, de la Academia China de Ciencias Sociales.

[92] Lo mismo que en los anteriores apartados, este apartado también se encuentra en Cartografías histórico-políticas. OB. Cit.

[93] Ver de Raúl Prada Alcoreza Crítica de la economía política generalizada. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/critica-de-la-economia-politica-generalizada-/.

[94] Immanuel Wallerstein: Análisis de Sistemas – Mundo. http://geopolitica.iiec.unam.mx/sites/geopolitica.iiec.unam.mx/files/analisis_de_sistemas_wallerstein_0.pdf.

[95] Giovanni Arrighi: El largo siglo XX.  file:///C:/Users/RAUL%20PRADA/Downloads/1371454673.Arrighi%20-%20El%20largo%20siglo%20XX.%20Dinero%20y%20poder%20en%20los%20or%C3%ADgenes%20de%20nuestra%20%C3%A9poca.pdf.

[96]  Fernand Braudel: file:///C:/Users/RAUL%20PRADA/Downloads/106208442-Braudel-Fernand-El-Mediterraneo-en-La-Epoca-de-Felipe-II-01.pdf.

[97] Bondage, Disciplina; Dominación, Sumisión y Sadismo Masoquismo. Abarca, por tanto, a una serie de prácticas y aficiones sexuales relacionadas entre sí y vinculadas a lo que se denomina sexualidades no convencionales o alternativas.

[98] Esta última palabra para hacer referencia a ambos sexos.

[99] Referencias: • Gloria G. Brame, William D. Brame, and Jon Jacobs. Different Loving: An Exploration of the World of Sexual Dominance and Submission. New York: Villard Books, 1993. • Jack Rinella, The Complete Slave: Creating and Living an Erotic Dominant/Submissive Lifestyle. Daedelus Publishing Co., 2002. • Jack Rinella, The Master’s Manual: A Handbook of Erotic Dominance. Daedelus Publishing Co., 1994. • Guy Baldwin, SlaveCraft: Roadmaps for Erotic Servitude — Principles, Skills and Tools. Daedelus Publishing Co, 2002. • Claudia Varrin, Art of Sensual Female Dominance: A Guide for Women. Birch Lane Press, 2000. • Claudia Varrin, Erotic Surrender: The Sensual Joys of Female Submission. Citadel Press, 2003. • Pat Califia, Sensuous Magic. New York, Masquerade Books, 1993. • Philip Miller and Molly Devon, Screw the Roses, Send Me the Thorns: The Romance and Sexual Sorcery of Sadomasochism. Mystic Rose Books, 1995. • Elise Sutton, Female Domination. Lulu.com, 2003. • Saez, Fernando; Viñuales, Olga, Armarios de cuero, Bellaterra, 2007. • Claudia Varrin, Female Dominance: Rituals and Practices. Citadel Press, 2004. • Claudia Varrin, The Female Dominant: Games She Plays. Citadel Press, 2005. • Claudia Varrin, Female Submission: The Journals of Madelaine. Citadel Press, 2006. • Claudia Varrin, Dominación Sensual Edicions Bellaterra, 2006. • Claudia Varrin, Die Kunst der weiblichen Dominanz. Schwarzkopf & Schwarzkopf, 2006 • Claudia Varrin, Die Kunst der weiblichen Unterwerfung. Schwarzkopf & Schwarzkopf, 2007. • César Fuentes Rodríguez, Mundo Gótico, Quarentena, Llinars Del Vallès, Barcelona, 2007, • E. L. James, Cincuenta sombras de Grey, Grijalbo, Reino Unido, 2011. Enciclopedia Libre, Wikipedia: https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Especial:Libro&bookcmd=download&collection_id=5a6efc8b779fd5b572f3da34c3d3be98c6c5a013&writer=rdf2latex&return_to=Dominaci%C3%B3n+y+sumisi%C3%B3n.

[100] Wilhelm Reich: La psicología de masas del fascismohttp://alfepsi.org/attachments/article/200/ReichPsicologiaMasasFacismo.pdf.

[101] Ver de Raúl Prada Alcoreza Lo dado y el dato. Episteme; la Paz 1985.

[102] Término usado por Gilles Deleuze y Félix Guattari; ver Mil Mesetas. Capitalismo y esquizofrenia II. Pre-textos. Barcelona.

[103] La topología se define como estudio de los espacios abstractos, dedicada al análisis de las propiedades de los cuerpos geométricos, que permanecen invariables a pesar de las transformaciones continuas. La topología estudia las propiedades de los espacios topológicos y las funciones continuas. La Topología se ocupa de estos tópicos usando conceptos como proximidadnúmero de agujeros, además de comprender el tipo de consistencia que presenta un objeto, comparar objetos y clasificar, entre otros múltiples atributos donde destacan conectividad, compacidad, metricidad y otros atributos. El término de topología tiene dos connotaciones; primero, en términos generales, el estudio de los espacios abstractos y sus propiedades; segundo, comprende familias de subconjuntos de un conjunto dado, familia que cumple unas reglas sobre la unión y la intersección.

 

[104] Revisar de Michel Foucault Defender la sociedad. Curso en el Collège de France (1975-1976). Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires.

[105] Marx y Engels hicieron famoso el enunciado presentista de que el capitalismo alumbra a los otros modos de producción y formaciones sociales-económicas, haciéndolas inteligible. La frase más conocida es que la anatomía del hombre es la clave para comprender la anatomía del mono.

[106] Revisar de Raúl Prada Alcoreza La concepción desfachatada de la economía; Bolpress 2013; La Paz.

[107] Revisar de Raúl Prada Alcoreza Critica de la economía política del desarrollo; Bolpress 2012; La Paz.

[108] Lo que se refiere a la Planta de Carbonato de Litio se basa en denuncia de los trabajadores de la planta.

[109] Ver de Michel Foucault Nacimiento de la bio-política. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires 2007.

[110] Ver de Raúl Prada Alcoreza Crítica de la economía política generalizada. Dinámicas moleculares. La Paz 2013-15.  http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/critica-de-la-economia-politica-generalizada/.

[111] Ver de Raúl Prada Alcoreza Episteme compleja. Dinámicas moleculares. La Paz 2013-15.  https://pradaraul.wordpress.com/2015/02/13/episteme-compleja/.

[112]  Ver de Raúl Prada Alcoreza Alteridad y nomadismo. Dinámicas moleculares. La Paz 2013-15.  http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/alteridad-y-nomadismo/.

[113] Ver de Raúl Prada Alcoreza: Horizontes de la descolonización. Particularmente el capítulo Figuraciones hacia el vivir bien. Abya Yala; Quito, 2014. Dinámicas moleculares; La Paz, 2013.

[114] Ver de Martín Vilela La cop19 nada que festejar. Plataforma del Cambio Climático. La Paz, noviembre de 2013.

[115] Ibídem.

[116] Andre Gunder Frank: Re-orientar. La economía global en la era del predominio asiático. Universitat de Valéncia 2008; Valencia.

[117] Ver de Michel Foucault Defender la sociedad, también Seguridad territorio, población, Nacimiento de la biopolítica, El poder psiquiátrico; Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires.

[118] Revisar de Maurizio Lazzarato Políticas del acontecimiento. Tinta Limón 2006; Buenos Aires.

[119] Decimos Estado-nación “restaurado”, aunque el Estado-nación no haya desaparecido en ningún momento, salvo suspendido, además de interpelado, por la insurrección prolongada de 2000 al 2005. Se han dado circunstancias y situaciones donde prácticamente el Estado desapareció, provisionalmente, los territorios estaban tomados por los y las movilizadas, por los comités de bloqueo. El sitio de cuatro ciudades en septiembre de 2000 mostró la vulnerabilidad del Estado. Por otra parte, cuando la Constitución es aprobada y promulgada, el Estado-nación debía desaparecer; sin embargo, el gobierno popular se encargó de “restaurarlo”, para decirlo no solamente en términos metafóricos, sino jurídico-políticos, pues constitucionalmente habría muerto.

[120] Esta geopolítica nacionalista es expuesta por Álvaro García Linera en Geopolítica de la Amazonia. Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia; La Paz.

[121] Ver de Raúl Prada Alcoreza Contradicciones y transformaciones en el proceso. Horizontes nómadas; La Paz.

 

[122] Ver de Raúl Prada Alcoreza La colonialidad como malla del sistema-mundo capitalista; Horizontes nómadas, Bolpress; La Paz.

 

[123] Ver de Boaventura de Sousa Santos El Milenio Huérfano; Akal; Madrid.

[124] “El último antepasado común universal, conocido por sus siglas en ingles LUCA (last universal common ancestor) es el hipotético último organismo del cual descendemos todos los existentes. Como tal es el antepasado común más reciente de todo el conjunto de los seres vivos actuales y probablemente también de todos los conocidos como fósiles, aunque no se puede descartar teóricamente que se identifiquen restos de otros seres vivos de la misma o mayor antigüedad que él. Se estima que vivió hace alrededor de 3.500 millones de años”. Ver De Raúl Prada Alcoreza Devenir y dinámicas moleculares. Apuntes para una teoría de la sociedad alterativa. Horizontes nómadas, Dinámicas moleculares; La Paz.

 

 

[125] Ver de Guido Gómez Silva: Diccionario etimológico de la lengua española. El Colegio de México, Fondo de Cultura Económica. México.

[126] Haeckel: Morfología general de los organismos; 1866.Vease de Edgar Morin El Método II, La vida de la vida. Cátedra; Madrid 1998.

[127] Ver de Edgar Morin El Método II, La vida de la vida. Ob. Cit. Págs. 33-37.

[128] Ver de Raúl Prada Alcoreza La colonialidad como malla del sistema-mundo capitalista. Bolpress, Horizontes nómadas, Dinámicas Moleculares; La Paz 2013.

 

[129] Las Leyes de Indias corresponden a la legislación de la Corona española, promulgada por los monarcas, con el objeto de regular la vida social, política y económica entre los pobladores de las colonias de América hispánica.

 

[130] Escrito por Nathalie Alonso; traducido por Barbara Obregon: Fauna amenazada del Amazonas. http://www.ehowenespanol.com/fauna-amenazada-del-amazonas-info_90020/.

 

[131] Foro: Fauna boliviana, animales de los andes, los valles y los llanos: llhttp://www.mirabolivia.com/foro_total.php?id_foro_ini=33657.

[132] GRUPO INTERGUBERNAMENTAL DE EXPERTOS SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO, OMM, WMO, PNUMA, UNEP: Cambio climático y biodiversidad. file:///C:/Users/RAUL%20PRADA/Documents/Populismo/climate-changes-biodiversity-sp.pdf. https://www.ipcc.ch/pdf/technical-papers/climate-changes-biodiversity-sp.pdf.

[133] Protocolo de Kioto de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático: http://unfccc.int/resource/docs/convkp/kpspan.pdf.

[134] Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra: http://latinoamericana.org/2012/info/docs/100422CambioClimaticoYDerechosMadreTierra.pdf.

[135] Declaración de la II Conferencia Mundial de los Pueblos Sobre Cambio Climático y Defensa de la Vida:

http://www.paginasiete.bo/nacional/2015/10/12/declaracion-conferencia-mundial-pueblos-sobre-cambio-climatico-defensa-vida-73241.html.

[136] Discurso del vicepresidente en el discurso inaugural de la Cumbre Antiimperialista. Cochabamba, Agosto 2013.

[137] Roberto Esposito: Comunitas. Origen y destino de la comunidad, Buenos Aires, Amorrortu, 2003.

[138] Raúl Prada Alcoreza: Subversiones indígenas. Comuna; CLACSO. La Paz, Buenos Aires.

[139] Michel Hardt y Antonio Negri: Common Wealth. El proyecto de una revolución del común. Akal 2011; Madrid; Pág. 59.

[140] Bruno Bosteels El marxismo en América Latina. Nuevos caminos al comunismo. Publicado por la Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia; 2013. Se trata de una recopilación de algunos capítulos de dos libros del autor. En la nota introductoria se aclara: En la presente edición tenemos un extracto de dos capítulos del libro Marx y Freud en América Latina y un capítulo del libro La actualidad del comunismo, en el que hace un estudio de la obra de Álvaro García Linera.

[141] Ibídem: Pág. 25.

[142] Ver de Álvaro García Linera 3 retos al marxismo para encarar el nuevo milenio. Las virtudes de un siglo infame: el reencuentro con la incredulidad activa. En Las armas de la utopía. Marxismo: provocaciones heréticas (La Paz: Punto Cero, 1996). También revisar De demonios escondidos y momentos de revolución. Marx y la revolución social en las extremidades del cuerpo capitalista (La Paz: Ofensiva Roja, 1991).

[143] Aricó, Marx y América Latina; Fondo de Cultura Económica, El Colegio de México; México 2012.

[144] Revisar de Raúl Prada Alcoreza Epistemología, pluralismo y descolonización. Horizontes nómadas, Dinámicas moleculares, La Paz 2013; también Rebelión, Madrid 2013.

[145] Ver de Raúl Prada Alcoreza Estado periférico y sociedad interior. Comuna, La Paz; Dinámicas moleculares, La Paz 2013.

[146] Maksim Kovalevsky: Obshchinnoe Zemlevladenie (Posesión comunal de la tierra).Citado en Potencia plebeya. Acción colectiva e identidades indígenas, obreras y populares en Bolivia. CLACSO; Buenos Aires 2009. También revisar Karl Marx, Cuadernos etnológicos (extractos escogidos), La Paz, Ofensiva roja 1968.

[147] Guillermo Lora: El marxismo en Bolivia.

[148] Ibídem.

[149] Ibídem.

[150] Fidel Ortuño me hace la siguiente observación, después de la consulta que le hice, a propósito de esta historia: Creo que la guerrilla del Che influyó en la dirigencia minera y en los partido comunistas, contingentes de mineros de ambos PCs querían integrarse a la guerrilla y fueron frenados por sus direcciones.  La masacre de San Juan es consecuencia de este atrevimiento de los mineros, ya que la inteligencia del gobierno de Barrientos había detectado flujos de armamento en los distritos mineros. La estrategia del PCML no cambia o se crea con la muerte de Federico Escobar Zapata, el PC unido ya había venido trabajando en el campo desde su fundación, tratando de arrebatarle influencia al MNR. Hay que recordar que el PC no era un partido obrerista exclusivamente. Obviamente el katarismo hace lo que nunca pudieron hacer los partidos comunistas que no entendieron el fenómeno indígena. Para los PCs los indígenas eran parte de una clase social el campesinado. UCAPO se crea para tomar tierras a los latifundistas del oriente, para operar donde no pudo haber llegado la reforma agraria del MNR, su objetivo era sentar las bases para un guerra popular prolongada (otro sueño guajiro, la lucha armada del PCML versus el foquismo del ELN).

 

[151] Revisar de Michael Hardt y Antonio Negri Commonwealth. Akal; Madrid 2011.

[152] Ver de Raúl Prada Alcoreza Diagrama de poder de la corrupción; Bolpress 2012; La Paz.

[153] Tesis inversa a la de K. von Clausewitz, usada por Michel Foucault en Defender la Sociedad. Fondo de Cultura Económica 2006; Buenos Aires.

[154] Carl Schmitt: El concepto de lo político. Alianza 1992; Madrid.

[155] Jacques Derrida: Políticas de la amistad. Trotta 1998; Valladolid.

[156] Jacques Derrida: Ob. Cit.; pág. 308.

[157] Ver de Raúl Prada Alcoreza Explosión de la vida. Dinámicas moleculares; La Paz 2014-2015.

[158] Ver de Raúl Prada Alcoreza Cartografías histórico-políticas, también La explosión de la vida. Dinámicas moleculares, La Paz 2014. Amazon: https://kdp.amazon.com/dashboard?ref_=kdp_RP_PUB_savepub.

[159] Ver de Raúl Prada Alcoreza Epistemología compleja. Dinámicas moleculares; La Paz 2015.

[160] Ver de Raúl Prada Alcoreza Horizontes de la descolonización. Dinámicas moleculares; La Paz 2013. Amazon: https://kdp.amazon.com/dashboard?ref_=kdp_RP_PUB_savepub.

[161] Revisar de Michel Foucault Seguridad, territorio, población. Fondo de Cultura Económica 2004; Buenos Aires.

[162] Ver de Raúl Prada Alcoreza Gramatología del Acontecimiento. Dinámicas moleculares; La Paz 2014. Amazon: https://kdp.amazon.com/dashboard?ref_=kdp_RP_PUB_savepub.

[163] Ver de Raúl Prada Alcoreza Critica de la economía política generalizada. Dinámicas moleculares; La Paz 2014. http://issuu.com/raulpradaalcoreza.

[164] Ver de Raúl Prada Alcoreza La explosión de la vida. Dinámicas moleculares; La Paz 2014. https://kdp.amazon.com/dashboard?ref_=kdp_RP_PUB_savepub.

[165] Revisar Wikipedia: Enciclopedia Libre.

[166] Referencias: Banco Mundial. «Nominal GDP list of countries». Consultado el 14 de diciembre de 2014. International Monetary Fund. domestic product based on purchasing-power-parity « (PPP) valuation of country GDP» (en inglés). Consultado el 2 de enero de 2007. Víctor Salmerón (3 de enero de 2015). « ¿Tiene el gobierno de Maduro mecanismos para sacar a Venezuela de la recesión?». Prodavinci.com. Consultado el 5 de enero de 2015. «CIA: The World Factbook» (en inglés). Consultado el 5 de junio de 2011. Banco Central de Venezuela. «Tipo de Cambio Promedio Ponderado del Sistema Cambiario Alternativo de Divisas (SICAD II)». Consultado el 9 de septiembre de 2014. Instituto Nacional de Estadística. «Pobreza según últimos datos del INE». Consultado el 1 de junio de 2014. Instituto Nacional de Estadística. «Resumen de Indicadores». Consultado el 11 de enero de 2012. Banco Central de Venezuela (2010). «Exportaciones efectuadas por Venezuela». Consultado el 31 de diciembre de 2011. Cia World Fact Book. «Exports – Partnerts (%)» (en inglés). Consultado el 5 de junio de 2011.  Banco Central de Venezuela (2011). «Importaciones efectuadas por Venezuela». Consultado el 31 de diciembre de 2011. Cia World Fact Book. «Import – Partnerts (%)» (en inglés). Consultado el 5 de junio de 2011. Ministerio de Finanzas (2010). «Saldo de la Deuda Pública Externa del Gobierno Central». Consultado el 5 de junio de 2011.Ministerio de Finanzas (2010). «Saldo de la Deuda Pública Interna del Gobierno Central». Consultado el 5 de junio de 2011. Banco Central de Venezuela. «Reservas internacionales de Venezuela». Consultado el 5 de junio de 2011.  «Según el Banco Mundial, Venezuela es la cuarta economía de América Latina». bancaynegocios.com. 13 de septiembre de 2014. Suburban Emergency Management Project, “History of Venezuela’s Oil and Rentier Economy,” Suburban Emergency Management Project, http://www.semp.us/publications/biot_reader.php?BiotID=476http://www.abrebrecha.com/274222_Venezuela-aument%C3%B3-su-desarrollo-y-mejor%C3%B3-calidad-de-vida-en-los-%C3%. BAltimos-14-a%C3%B1os.html. Creció Venezuela 9,4 por ciento en 2005 ViVe.gob.ve. Economía de Venezuela creció 10,3% en 2006. noticiero.venevision.net. Reservas venezolanas ascienden a 37 mil 299 millones http://www.panodi.com. Diseño del bolívar fuerte será similar al euro y al real brasileño, ABN, 7 de marzo de 2007. Reforma monetaria en 20 preguntas, El Universal, 11 de marzo de 2007. Panorama social de América Latina 2007 de la CEPAL. CEPAL reconoce reducción de pobreza en Venezuela. Venezuela y Argentina líderes en lucha contra la pobreza, según CEPAL. BCV reportó crecimiento económico de 8,4% en 2007. «Venezuela podría crecer levemente en el 2009: ministro». 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BCV: exportaciones petroleras corresponden al 96% de las exportaciones en 2012. El Petróleo en Venezuela (ULA). Exportación de PDVSA cayó (El Universal) [58] Venezuela preve subir producción petrolera para 2012. Ramírez promete aumentar producción (ABV). Ramíre estima que producción para 2014 será de 3011000 barriles de petróleo (Periódico de Monagas). Espinasa, Ramon: El auge y el colapso de Pdvsa a los treinta años de la nacionalización. SCIELO. Cae productividad en PDVSA (El Universal). Producción de PDVSA ha caido (El Universal). Exportaciones de Venezuela 1997-2012. Sitio del BCV. Venezuela importa el 50 por ciento de los alimentos que consume, según ministro (El País). Milk production (FAO). Tenemos 600.000 hectáreas “sembradas” en el extranjero (El Mundo). Informe de Industria de Armamento para 2013 del SIPRI). Venezuela hace poco para desarrollar el gran potencial de sus reservas mineras. Sidor (El Universal). Bauxite production. Suplen deficiencias en empresas de Guayana con importaciones (El Universal). Producción de leche y carne en Venezuela (El Impulso). Evolución de la Producción de Leche en Venezuela (ULA). Plan bianual del gobierno. Importación del consumo de carne según presidente de Fedenaga (Notitarde). Producción de Arroz. Maíz en Venezuela (El Universal). [http://data.worldbank.org/indicator/ST.INT.ARVL Turistas extranjeros (Banco Mundial)]. Ver Wikipedia: Enciclopedia Libre.

 

[167] Título de una novela de Lin Yutang.

[168] Edgardo Lander, sociólogo venezolano,  profesor titular de la Universidad Central de Venezuela e investigador asociado del Transnational Institute; es docente-investigador en el Departamento de Estudios Latinoamericanos de la Escuela de Sociología, profesor en el Doctorado en Ciencias Sociales de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, y miembro del Consejo Editorial de la Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales. Graduado en Harvard, asesor de la comisión venezolana que negocia el Área de Libre Comercio de las Américas, Lander fue uno de los organizadores principales del Foro Social Mundial de 2006, que se llevó a cabo en Caracas. Entre sus publicaciones, cabe destacar: Modernidad y Universalismo. Pensamiento crítico: un diálogo interregional 1(editor, 1991); Neoliberalismo, sociedad civil y democracia. Ensayos sobre América Latina y Venezuela (1995); La democracia en las ciencias sociales latinoamericanas contemporánea (1997); La colonialidad del saber: Eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas (compilador, 2000).

[169] Edgardo Lander: El Estado y las tensiones de la participación popular en Venezuela.

 

 

  1.  Hugo Chávez, Agenda Alternativa Bolivariana: Una Propuesta Patriótica para salir del Laberinto, Caracas, 1996.

(http://documentos.cnti.ve/ftp/AAB/Agenda_Alternativa_Bolivariana.pdf, consultado el 20 de septiembre, 2006.)

  1.  En la Asamblea Constituyente de dicho año hubo amplia mayoría de las fuerzas políticas del chavismo.
  2.  “El Estado se reserva, mediante la ley orgánica respectiva, y por razones de conveniencia nacional, la actividad petrolera y otras industrias, explotaciones, servicios y bienes de interés público y de carácter estratégico. El Estado promoverá la manufactura nacional de materias primas provenientes de la explotación de los recursos naturales no renovables, con el fin de asimilar, crear e innovar tecnologías, generar empleo y crecimiento económico, y crear riqueza y bienestar para el pueblo.” (Artículo 302)

“Por razones de soberanía económica, política y de estrategia nacional, el Estado conservará la totalidad de las acciones de Petróleos de Venezuela, S.A., o del ente creado para el manejo de la industria petrolera, exceptuando la de las filiales, asociaciones estratégicas, empresas y cualquier otra que se haya constituido o se constituya como consecuencia del desarrollo de negocios de Petróleos de Venezuela.” (Artículo 303)

  1.  A los tres poderes liberales clásicos, se agregan dos poderes adicionales, el Poder Electoral (Consejo Nacional Electoral), y el llamado poder ciudadano (Contraloría, Fiscalía, y la Procuraduría General de la República). Sin embargo en la medida en que en estos años se ha reforzado la tradición presidencialista del Estrado venezolano, con un papel muy preponderante del Ejecutivo, esta definición de los cinco poderes públicos no ha tenido mayores consecuencias. Las instancias del poder ciudadano han tenido poco peso político-institucional, con lo cual han estado lejos de establecerse propiamente como poderes públicos autónomos. De los nuevos poderes, el único que ha logrado un significativo fortalecimiento institucional ha sido el Poder Electoral. Es el único poder que llega en forma efectiva prácticamente a toda la población del país. Por otra parte, dadas las condiciones de extrema polarización existentes en el país y el cuestionamiento reiterado de la oposición a los procesos electorales, la legitimidad y la estabilidad del gobierno han dependido en gran medida de lograr confianza en los procesos comiciales. Por ello se hicieron grandes inversiones en tecnología y formación de personal hasta lograr la casi total automatización de las elecciones. Han sido las elecciones de los últimos años entre las más minuciosamente supervisadas por observadores internacionales, reconociendo éstos una y otra vez lo confiable de los resultados de estos procesos. En las elecciones presidenciales de diciembre de 2006, el candidato de la oposición reconoció la victoria de Chávez la misma noche de las elecciones e incluso el Departamento de Estado reconoció que los resultados expresaban la voluntad de la población.)
  2.  Esto es, la Asamblea Nacional (de una sola cámara), los Consejos Legislativos (cuerpos legislativos de los Estados), y los Consejos Municipales.
  3.  “En cada Estado se creará un Consejo de Planificación y Coordinación de Políticas Públicas, presidido por el Gobernador o Gobernadora e integrado por los Alcaldes o Alcaldesas, los directores o directoras estadales de los ministerios; y una representación de los legisladores elegidos o legisladoras elegidas por el Estado a la Asamblea Nacional, del Consejo Legislativo, de los concejales o concejalas y de las comunidades organizadas, incluyendo las indígenas donde las hubiere. El mismo funcionará y se organizará de acuerdo con lo que determine la ley.” Artículo 166.

 

  1.  De acuerdo al artículo 119: “El Estado reconocerá la existencia de los pueblos y comunidades indígenas, su organización social, política y económica, sus culturas, usos y costumbres, idiomas y religiones, así como su hábitat y derechos originarios sobre las tierras que ancestral y tradicionalmente ocupan y que son necesarias para desarrollar y garantizar sus formas de vida. Corresponderá al Ejecutivo Nacional, con la participación de los pueblos indígenas, demarcar y garantizar el derecho a la propiedad colectiva de sus tierras, las cuales serán inalienables, imprescriptibles, inembargables e intransferibles de acuerdo con lo establecido en esta Constitución y en la ley.”
  2.  Ministerio del Poder Popular para la Comunicación e Información, Juramentación del nuevo Gabinete Ejecutivo, Caracas 8 de enero, 2007.

(http://www.mci.gob.ve/alocuciones/4/11655/juramentacion_del_nuevo.html)

  1.  Ídem.
  2.  Son en este sentido ilustrativas las siguiente declaraciones: “El ministro para la Participación y Protección Social (MPS), David Velásquez, informó que su despacho inspecciona 27 zonas comunales que podrían albergar los primeros gobiernos comunales que operen en el país, en el marco de la nueva geometría del poder, cuarto motor constituyente propuesto por el presidente Hugo Chávez….Velásquez aclaró que en la selección no se han limitado ante la división política territorial ni ante las formas de gobierno actuales. Así, algunas zonas comunales conjugan parroquias de hasta tres estados….En total han detectado 100 zonas comunales tomando en cuenta los niveles de organización de los consejos comunales, los recursos transferidos para la ejecución de proyectos, la existencia de bancos comunales y los niveles de participación de la comunidad… No se tiene definido el número total de zonas comunales que devendrán del territorio venezolano, lo que dependerá de las particularidades económicas, sociales y culturales”. “Evalúan 27 zonas para gobiernos comunales”, Últimas Noticias, Caracas, 7 de julio, 2007. (www.aporrea.org/poderpopular/n97706.html).
  3.  Sara Carolina Díaz “Comunas impulsarán el intercambio comercial”, El Universal, Caracas 5 de julio, 2007.
  4.  Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela. Ley que Autoriza al Presidente de la República para Dictar Decretos con Rango, Valor y Fuerza de Ley en las Materias que se Delegan (Ley Habilitante 2007), Caracas 31 de enero, 2007. (http://www.asambleanacional.gov.ve/ns2/LEYES-PDF/4SANCIONADAS/Ley%20Habititante%202007%20%20(31-01-2007).pdf).

[170] Exposición en las Jornadas Académicas “El Poder y la Teorías Políticas Contemporáneas”, asignatura a cargo del docente Leopoldo Múnera, en la Maestría en Estudios Políticos Latinoamericanos, de la Universidad Nacional de Colombia. Exposición que fue parte también de las exposiciones en el Encuentro de organizaciones sociales populares de la región central de Colombia y la ciudad de Bogotá, en aras de la construcción de una agenda común para la paz desde los territorios. Encuentro organizado por Carolina Jiménez, docente de la Universidad nacional y miembro del Planeta Paz.

 

[171] Se puede consultar la siguiente bibliografía: F. ALBERONI, Génese (Bertrand Editora, Lisboa 1990).   FRANCESCO ALBERONI, Movimiento e institución: Teoría general (Editorial Nacional, Madrid 1984). TILMAN EVERS, Identidade: a face oculta dos novos movimentos sociales. NOVOS ESTUDOS. Cebrap. São Paulo. V. 2, 4:11-23 (abril 1984).   JOSEPH GUSFIELD, Estudio de los Movimientos Sociales. In: DAVID L. SILLS (Dir.), Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales. V.7 (Aguilar, Madrid 1974), pp. 269-273. RUDOLF HEBERLE, Tipos y funciones de los Movimientos Sociales. In: DAVID L. SILLS (Dir.), Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales. V.7 (Aguilar, Madrid 1974), pp. 263-268. 6. J. CRAIG JENKINS, La teoría de la movilización de recursos y el estudio de los movimientos sociales. ZONA ABIERTA. Fundación Pablo Iglesias. Madrid. 69:5-41 (1994). A. MELUCCI, ¿Qué hay de nuevo en los “nuevos movimientos sociales”?  In: LARAÑA-GUSFIELD (Edit.), Los movimientos sociales (CIS, Madrid 1994), pp. 119-149. ALBERTO MELUCCI, Las teorías de los movimientos sociales (UNAM, México D.F. 1985).  JOACHIM RASCHKE, Sobre el concepto de movimiento social. ZONA ABIERTA. Fundación Pablo Iglesias. Madrid. 69:121-134 (1994). JORGE RIECHMANN-FRANCISCO FERNÁNDEZ BUEY, Redes que dan libertad. Introducción a los nuevos movimientos sociales (Paidós, Barcelona 1995).  ALAIN TOURAINE, El regreso del actor (EDUBA, Buenos Aires 1987). También de Charles Tilly: The Vendée: A Sociological Analysis of the Counter- revolution of 1793. (1964) “Clio and Minerva.” in Theoretical Sociology, edited by John McKinney and Edward Tiryakian. (1970); “Collective Violence in European Perspective.”, in Violence in America, edited by Hugh Graham and Tedd Gurr. (1969). “Do Communities Act?” Sociological Inquiry. (1973). An Urban World. (ed.) (1974). The Formation of National States in Western Europe (ed.) (1974). From Mobilization to Revolution. (1978). As Sociology Meets History (1981). Big Structures, Large Processes, Huge Comparisons. (1984). The Contentious French. (1986). Coerción, Capital, and European States, AD 1990-1992. (1990).  European Revolutions, 1492–1992. (1993). Cities and the Rise of States in Europe, A.D. 1000 to 1800. (1994). Roads from Past to Future (1997) Work Under Capitalism (with Chris Tilly, 1998). Durable Inequality (1998) Transforming Post-Communist Political Economies. (1998). Dynamics of Contention (with Doug McAdam and Sidney Tarrow). (2001). Contention & Democracy in Europe, 1650-2000. (2004). Social Movements, 1768-2004 (2004). From Contentions to Democracy. (2005). Identities, Boundaries, and Social Ties (2005). Trust and Rule. (2005). Why? (2006). Oxford Handbook of Contextual Political Analysis. (2006). Contentious Politics (with Sidney Tarrow). (2006). Regimes and Repertoires. (2006). Democracy. (2007). Charles Tilly: Los movimientos sociales. Desde 1768-2008. https://rfdvcatedra.files.wordpress.com/2014/07/charles-tilly-los-movimientos-sociales-1768-a-2008.pdf.

 

[172] Ver de Raúl Prada Alcoreza Alteridad y nomadismo. Dinámicas moleculares; La Paz 2015. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/alteridad-y-nomadismo/.

[173] Ver de Raúl Prada Alcoreza La explosión de la vida. Dinámicas moleculares; la Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-explosion-de-la-vida/.

[174] Revisar la colección de Comuna publicada por la Editorial Muela del Diablo. La paz 2000-2010.

[175] Ver de Raúl Prada Alcoreza Largo octubreHorizontes de la Asamblea Constituyente y Subversiones indígenas. Plural Editores; La Paz 2004. Yachaywasi; La Paz 2007. Comuna; CLACSO, Editorial Muela del Diablo; La Paz 2008.

[176] Ver de Raúl Prada Alcoreza Potencia y acontecimiento. Dinámicas moleculares; La Paz 2015. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/potencia-y-acontecimiento/.

[177] La primera crisis de la “izquierda” fue cuando se truncó a la Asamblea Popular con el golpe de Estado del General Hugo Banzer Suarez.

[178] Revisar la colección de libros de Comuna, que fueron publicados por La Muela del Diablo. La Paz 1995-2008.

[179] Este análisis, desde la episteme compleja, lo adelantamos en el presente ensayo.

[180] Ibídem.

[181] Ver de Raúl Prada Alcoreza Pensamiento propio. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-2015. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/pensamiento-propio/.

[182] Ver de Hugo Rodas Morales Marcelo Quiroga Santa Cruz. El socialismo vivido. Plural; La Paz 2010.

[183] Ver de Javier Aliaga Lordemann El Estado rentista y su relación con el régimen democrático; en Gas y política; Una política explosiva. FES-ILDIS; La Paz 2013.

[184] Ver de Carlos Arze Vargas El gasolinazo desde una perspectiva fiscal y tributaria.  CEDLA; grupo sobre política fiscal y desarrollo; La paz 2013.

 

 

[185] Ver de Raúl Prada Alcoreza Más acá y más allá de la mirada humana. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/mas-aca-y-mas-alla-de-la-mirada-humana/.

[186] Ver de Raúl Prada Alcoreza Acontecimiento político. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/acontecimiento-politico-/.

[187] Jacques Derrida Políticas de la amistad. Trotta; Madrid 1998. https://arditiesp.files.wordpress.com/2012/10/derrida_politicas_amistad_19981.pdf.

[188] Ver de Raúl Prada Alcoreza Episteme compleja. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. También en: https://pradaraul.wordpress.com/2015/02/13/episteme-compleja/. Así como revisar Singo y movimientohttp://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/signo-movimiento/.

[189] Ver de Raúl Prada Alcoreza Crítica de la economía política generalizada. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/critica-de-la-economia-politica-generalizada/.

[190] Ver de Raúl Prada Alcoreza Crítica de la razón fantasmahttps://pradaraul.wordpress.com/2015/05/12/critica-de-la-razon-fantasma/.

[191] Ver de Raúl Prada Alcoreza Horizontes de la descolonización, también Descolonización y transición, así como Acontecimiento político, también La paradoja conservadurismo-progresismo. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/products/des-colonizacion-y-transicion/http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/acontecimiento-politico-/http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-paradoja-conservadurismo-progresismo/.  Pradaraul.wordpress: https://pradaraul.wordpress.com/horizontes-de-la-descolonizacion/.

[192] Jorge Abelardo Ramos: Historia de la Nación Latinoamericana – Cap 1 – El Continente De Los Leones Calvos.

[193] Ver Acontecimiento político. Ob. Cit.

[194] Ver de Raúl Prada Alcoreza Gramatología del acontecimiento. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15.  http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/gramatologia-del-acontecimiento-/.

[195] Ver de Raúl Prada Alcoreza La “ideología” de la autocomplacencia. Dinámicas moleculares; La Paz 2015. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-ideologia-de-la-autocomplacencia-lecciones-de-la-guerra-del-chaco/.

[196] Ver de Raúl Prada Alcoreza Crítica de la economía política generalizada. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/critica-de-la-economia-politica-generalizada/.

[197] Ver de Raúl Prada Alcoreza Acontecimiento libertario. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/acontecimiento-libertario/.

[198] Ver de Raúl Prada Alcoreza La Paradoja conservadurismo-progresismo. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-paradoja-conservadurismo-progresismo/.

[199] Ver de Raúl Prada Alcoreza Atrapados en sus propias redes. Dinámicas moleculares; La Paz 2015. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/atrapados-en-sus-propias-redes/.

[200] Ver de Raúl Prada Alcoreza Encaracolamientos. Dinámicas moleculares; La Paz 2015. Verlo en Diseminacioneshttp://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/diseminaciones1/.

[201] Ver de Raúl Prada Alcoreza Más allá de las representaciones. Dinámicas moleculares; La Paz 2015. Ver en Más acá y más allá de la mirada humana: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/mas-aca-y-mas-alla-de-la-mirada-humana/.

[202] Hermann Hesse: Demianhttp://biblio3.url.edu.gt/Libros/2011/Demian.pdf.

[203] Ver de Raúl Prada Acontecimiento político. Dinámicas moleculares. La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/acontecimiento-politico-/.

[204] Referencias: [1] La autogestión yugoslava: Una visión dentro de su cuadro ideológico-político marxista [2] Por una comunicación autogestionaria [3] Lloyd G. Reynolds, Los tres mundos de la economía: capitalismo, socialismo y países menos desarrollados, Alianza Editorial: 1975, ISBN 8420615692 y 9788420615691 (capitulo III: Economías Socialistas, pág. 81). [4] Autogestión de trabajadores en Yugoslavia, por O. Ressler [5] La práctica del socialismo autogestionario en Yugoslavia y su influencia en el carlismo contemporáneo, por Javier Onrubia [6] ¿Socialdemocracia o socialismo autogestionario?, por Carlos Hugo de Borbón Parma. El País, 1975. [7] Tres países del mundo socialista] de Alberto Baltra [8] Tres países del mundo socialista, de Alberto Baltra. https://es.wikipedia.org/wiki/Socialismo_autogestionario.

[205] LANKI – Instituto de Estudios Cooperativos de la Universidad de Mondragon. http://es.slideshare.net/audaondo/lanki-aurkezpena-presentacin.

[206] http://www.dhl.hegoa.ehu.es/ficheros/0000/0178/Autogestion_y_globalidad.pdf.

[207]  Ibídem.

[208] Ibídem.

[209] Ibídem.

[210] Ibídem.

[211] Ibídem.

[212] Ibídem.

[213] Ibídem.

Leer más: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/critica-de-la-ideologia/

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