Más allá del occidente y el oriente

Más allá del occidente y el oriente

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Más allá del occidente y el oriente

 

 

 

 

 

El quinto continente, llamado por los nativos kuna Abya Yala, por los europeos conquistadores, América, está más allá del oriente y occidente, más allá de los ejes cardinales. Es la utopía imaginada por Tomás Moro. No está en ningún lugar de los referentes definidos hasta entonces, hasta la conquista. Tampoco está en los nuevos referentes, desde cuando la tierra es esférica, desde la conquista de América, pues América es el imaginario europeo del continente “descubierto”, que aparentemente no se encontraba en sus mapas cartográficos, aunque sí parece aparecer en los mapas chinos. Cuando se “descubre” este quinto continente, por casualidad, que quizás ya fue un referente para la flota china, también para la flota vikinga, aparece en el mapa y en el imaginario europeo. Pero, esto no quiere decir que lo que aparece en el mapa y en el imaginario corresponda plenamente a lo que es el continente. Incluso en el caso de la intervención conquistadora y colonizadora. Estos, la intervención y la colonización, son esfuerzos de homologación de realidades, por así decirlo. Empero, la homologación es formal, no es efectiva.

 

Para decirlo fácilmente, aunque no del todo correcto, no se pueden homologar “realidades” diferentes. Incluso en el caso de Norte América. Ese capitalismo, geográficamente e históricamente ubicable, por así decirlo, es otro capitalismo, distinto al regional y provincial, dado en Europa, que nace en tierra virgen, usando una metáfora. Aunque los criollos en América, sean sajones o latinos, así como los llaman, han hecho grandes esfuerzos por transformar el continente “salvaje”, como así lo llamaban, en una prolongación europea, no lo fue ni lo es, a pesar de las apariencias, incluso de las analogías. Esto se debe, por así decirlo, también fácilmente, a que sus pasados son diferentes; aunque estos pasados hayan tratado de ser extirpados; primero, por los colonialistas; después, por los criollos, que no dejaron de ser coloniales. Si los pasados son diferentes, cualquier presente ha de ser diferente, sin hablar todavía del mundo; es decir, de la globalidad. El mundo puede contener las diferencias que lo componen.

 

No se trata de un pasado fantasmagórico, o de un pasado que quedó en la memoria, en el recuerdo, en la reinvención actualizada, sino de un pasado, mas bien, efectivo, un pasado que se manifiesta en los condicionamientos, en las prácticas, en las relaciones, en las formas, incluso en los contenidos de las estructuras. Esto no depende de un deseo, ni de programas y políticas de modernización, de su fracaso o de su realización, sino de la adecuación de las nuevas instituciones en la nueva tierra, el llamado nuevo mundo. Esta adecuación tiene que ver con el condicionamiento de las condiciones y características de la nueva tierra. Esto afecta indudablemente a las mismas estructuras e instituciones, pretendidamente europeas. No lo son. En América se inventa la modernidad, en América comienza la globalización.

 

La modernidad no es una extensión del capitalismo europeo, mas bien, es, al contrario, la cultura-mundo,  que emerge de la mezcla de realidades diferentes, que, al mezclarse, generan una composición de combinaciones, que integran las diferencias en un mundo articulado, en un mundo que ya no puede darse como sistemas-mundos regionales, casi independientes, el uno del otro. El sistema-mundo que se conforma es integral, completo, donde las regiones, son, mas bien, partes del sistema-mundo global. Esto, aunque parezca paradójico, hace diferente a América.

 

Al emerger allí la modernidad, que integra las regiones, que integra las regiones de sistemas-mundos distintos, el continente es un comienzo distinto del comienzo europeo anterior, incluso se convierte en el nuevo comienzo de Europa. Al ser el comienzo del mundo moderno. Este comienzo, a pesar de ser primordial, ha sido ocultado, no reconocido por las narrativas europeas, que, mas bien, se han inventado el mito de la modernidad europea. Narrando una historia imaginaria, para tranquilidad de las consciencias colonizadoras.

 

La historia efectiva va por otra parte, tiene recorridos distintos a los recorridos de la historia imaginada, es decir, de la “ideología”. Es indispensable reconocer este comienzo o nacimiento de la modernidad, para comprender no solo la modernidad misma, sus avatares, sus arqueologías y genealogías, si se quiere su historia, sino también sus crisis, sus contradicciones, sus desenvolvimientos, también sus crepúsculos.

 

En este sentido, se puede decir, que la descolonización es moderna, forma parte de la modernidad. Cuando hablábamos de la descolonización anti-moderna, asumíamos la modernidad como continuidad de la colonización, en su versión capitalista.  Sin embargo, esta modernidad es la modernidad restringida, mas bien, la modernidad que corresponde a las narrativas europeas, no es la modernidad completa, efectiva, sin pretender calificarla de buena o mala. Tampoco queremos decir que se trata de efectuar, ahora, la modernidad plena, nada de esto. Se trata de comprender la modernidad efectiva, para salir tanto de la genealogía colonial o de la colonialidad, así como de la modernidad, sea este restringida o plena.

 

No porque la modernidad sea mala o buena, sino porque esta modernidad, esta globalización, esta transformación de los mundos regionales en el mundo global, esta transvaloración de valores, esta estructuración de instituciones, sociedades, habitus, imaginarios, ha sido incontrolable, no decidido colectivamente, sino vivido como fatalidad o fortuna. Se trata de tener la libertad, así como la voluntad, de construir sociedades e instituciones de consensos sociales y colectivos. A esto no le llamaríamos modernidad, donde todo lo sólido se desvanece en el aire, sino, cuando lo sólido se consolida, en la dinámica creativa de la potencia social, incluso mutando cambios, aparece como contra-modernidad, pues no se trata ni del desvanecimiento, es decir, de la diseminación, ni de la vertiginosidad, sino del enraizamiento, de la territorialización, y los ritmos de los cambios, las mutaciones y las transformaciones.

 

Esta armonía contra-moderna, usando el término, para contrastar con lo que parece, mas bien, irracionalidad del sistema-mundo capitalista, la modernidad restringida, se abre a desplegar las integraciones del mundo en su pluralidad y heterogeneidad. En tanto componentes dinámicos de las articulaciones, dinámicas de composiciones, de combinaciones diversas, que no homogeneizan, sino que vinculan lo distinto en conexiones e interpretaciones compartidas, aunque decodificadas propiamente.

 

Son posible entonces otros mundos, como dice el eslogan de los movimientos sociales anti-sistémicos contemporáneos. No solo por voluntad activista, sino por la materialidad social de las condiciones de posibilidad histórica. Estas condiciones de posibilidad no solamente son inherentes al mundo efectivo, no al mundo de las representaciones, sino que son las condiciones efectivas del mundo en devenir, aunque estas condiciones de posibilidad históricas sean desconocidas por las narrativas dominantes. Por lo tanto, son también las condiciones de posibilidad histórica de la modernidad restringida y del sistema-mundo capitalista. Solo que, en este caso, no son tomadas en cuenta, sustituyendo, imaginariamente, “ideológicamente”, las condiciones de posibilidad histórica por representaciones “ideológicas” de las condiciones de posibilidad histórica.

 

Parte del atolladero del sistema-mundo capitalista tiene que ver con esta “ideología” imperial, que, al embarcarse en su mundo de representaciones, al ignorar el mundo efectivo, parte de premisas falsas, por así decirlo, usando metáforas de la lógica, y deriva en conclusiones erróneas. Por ejemplo, la conclusión de que la realidad se circunscribe a la modernidad restringida, homogeneizante, a la cultura-mundo restringida y banal, al sistema-mundo capitalista. Que lo que hay que hacer es asumir esta realidad imaginaria y buscar en este contexto soluciones, salidas, reformas o, incluso, transformaciones.

 

Todos los esfuerzos para salir del capitalismo, del colonialismo, de la dominación global, han sido vanos. Las salidas terminaron absorbidas por la esfera histórico-cultural de donde se pretendía salir. Las revoluciones anti-capitalistas terminaron siendo nuevas versiones del capitalismo. Las independencias nacionales terminaron siendo la base de las nuevas dependencias. No se salió, se persistió en los círculos viciosos del poder, de la colonialidad, del capitalismo, no tanto por conspiraciones, por traiciones, por debilidades congénitas, sino porque las premisas eran falsas y las conclusiones eran equivocadas.

 

Las salidas del capitalismo se encuentran en las mismas condiciones de posibilidad efectivas que sostienen el sistema-mundo capitalista. No hablamos de las representaciones “ideológicas” de estas condiciones, sino de las condiciones de posibilidad histórica, desconocidas por la “ideología”. Adelantándonos algo, diremos que una de las condiciones de posibilidad histórica efectivas tiene que ver con las articulaciones singulares, las integraciones singulares, las mezclas singulares, no homogeneizantes, de las conexiones singulares de realidades regionales, locales, culturales, sociales. La integración del mundo efectivo es plural y múltiple, por eso mismo, mejor cohesionado, a diferencia de las descohesiones o las crisis sociales y culturales, que provoca la globalización de la modernidad restringida.

 

Se preguntaran por qué decimos esto, cuando, mas bien, planteamos que se trata de la “ideología” moderna, de la modernidad restringida. Si bien decimos que esta modernidad restringida es imaginaria, que corresponde al mundo de las representaciones, esto no quiere decir que es fantasmagórica, sino que la “ideología” y los imaginarios correspondientes, se sostienen en la materialidad institucional del poder. Una realidad institucional, por así decirlo, se ha impuesto o superpuesto, a la realidad efectiva. Se mantiene y preserva por la violencia sostenida sistemáticamente por las mallas institucionales y los estados; ahora congregados en el orden mundial, en el imperio. Por eso, esta realidad institucional, es, mas bien, vulnerable.

 

Las salidas a la modernidad restringida y a la modernidad plena se encuentran en las mismas texturas de esta modernidad, en los entrelazamientos, las mezclas, los zurcidos, las vinculaciones singulares, que se dan en el mundo efectivo, en la filigrana de sus momentos múltiples. Lo que pasa es que esta pluralidad proliferante y cambiante no es reconocida, porque, además, no es institucionalizada. Lo que se ha institucionalizado es la “ideología”, los fetichismos, las economías políticas generalizadas, que se presentan como globalización lograda, cultura-mundo homogeneizante y banal, como sistema-mundo capitalista, que se asume institucionalmente e imaginariamente como realidad.

 

Las articulaciones singulares, las integraciones singulares, las mezclas singulares, se efectúan proliferantemente en las sociedades efectivas, en las sociedades alterativas, no en las sociedades institucionalizadas. Las sociedades institucionalizadas se sostienen por capturas de parte de las dinámicas de las sociedades alterativas, el poder funciona y se reproduce por captura de parte de las fuerzas de la potencia social. Si las sociedades quisieran, decidieran, cambiar las reglas del juego de las sociedades institucionalizadas, del sistema-mundo capitalista, el orden mundial, el imperio, con todos sus Estado-nación, que lo componen, se desmoronarían como castillos de naipes. Esto no ocurre porque esta inmanencia, este deseo, por así decirlo, no se convierte en querer social, tampoco en voluntad social. La explicación se halla en que las sociedades institucionalizadas se encuentran atrapadas en las redes “ideológicas”, en las capturas de las mallas institucionales. Entonces se trata de desbloquear las fuerzas capturadas por la “ideología” y por las mallas institucionales.

 

 

 

 

 

 

 

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