La isla que contiene al continente

La isla que contiene al continente

Aproximaciones para comprender la excepcionalidad de la revolución cubana

 

 

Raúl Prada Alcoreza

 

La isla que contiene al continente

 Pintura-Jose-Marti

 

 

Índice:

 

Consideraciones preliminares                 

Descripciones históricas                          

La revolución cubana 1959                       

Hipótesis prospectivas                            

Consideraciones finales                           

 

 

Consideraciones preliminares

 

¿Qué es lo que convierte en excepción de la regla a la revolución cubana? Primero, si bien las analogías de forma acercan a las revoluciones latinoamericanas en el siglo XX, las analogías son apenas el nebuloso parecido que, mas bien, esconde las proliferantes diferencias singulares. La revolución cubana emerge como lucha de liberación nacional; es decir, comparándola con lo que sucede en el continente, se da como revolución nacional-popular, que, por la manifestación, como en todos los casos de las revoluciones de este trazado, que muestran su carácter antiimperialista, además de su temprana predisposición anti-dictatorial, cobra vigencia esperanzadora en los marcos de revoluciones que constituyen la soberanía. En su pronunciación de analogías, estas revoluciones emergen de las contradicciones inherentes a las estructuras de estas formaciones sociales-económicas-políticas; cuando se dan las revoluciones, de los procesos desatados, combinando procesos heredados e inaugurando nuevos, emergen otras contradicciones, que pueden repetir las anteriores, en otros contextos y adquiriendo otros perfiles. Se puede decir que estas contradicciones se exhiben en todas las revoluciones nacional-populares; hablamos de los límites del nacionalismo contestatario, anti-dictatorial, incluso antiimperialista, con características democráticas y populares. Estos límites, muestran temprano, las restricciones de la revolución-nacional popular, en lo que respecta a la realización de la soberanía. Las contradicciones insoslayables, empujan a cruzar el umbral, a atravesar los límites. A avanzar hacia la revolución social. La consecuencia del compromiso político con la el decurso desbordante de la revolución es el de continuar con el mismo, convirtiendo la revolución nacional-popular en una revolución socialista. Esta es la interpretación heredada del marxismo radical. Esta figura de prolongación y continuidad de la revolución, se parece a la tesis de la revolución permanente, aunque, hay que remarcarlo, se realiza por otras vías, otras estrategias, tácticas, formas y contenidos, diferentes a las figuras, estrategias y tácticas, diseñadas por el marxismo de la revolución permanente, el trotskismo. No es el partido de vanguardia, el partido bolchevique, por así decirlo, el sujeto político que impulsa la revolución permanente, sino, primero, el foco guerrillero, después, la guerra de guerrillas, para convertirse en la convocatoria insurreccional al pueblo cubano. Si bien es cierto, que el Partido Comunista cubano estuvo presente, antes de la guerrilla, después, como apoyo logístico de la guerrilla, para continuar como el partido de la revolución socialista, al convertirse la victoria guerrillera sobre la dictadura de Baptista en una transición consecuente al socialismo, lo acontecido corresponde a una combinación acumulativa, ésta, la de la alianza, primero, entre el contingente guerrillero, que se convierte en el ejército insurgente guerrillero, y el Partido Comunista. Esta vinculación en el acontecer de la historia efectiva otorga el perfil singular a esta revolución cubana.

 

Una vez más, la historia efectiva, opta, por así decirlo, por otros caminos, distintos, aunque sean paralelos, próximos y casi análogos, a los caminos pronosticados por la teoría. En este caso, no podemos hablar de proximidad ni de analogía, en la aparente estrecha intimidad de los sucesos. La revolución cubana, en este sentido, en el del perfil histórico-político de la revolución, es una excepción en la esperada regla. Esta no es la única excepción revelada, hay otras, que iremos describiendo en la exposición.

 

 

Si observamos las historias políticas de las revoluciones, tanto nacional-populares, como socialistas, en la modernidad, sobre todo en el siglo XX, podemos decir que, en su desenlace mayoritario, no duran, si es que alcanzan a cumplirse; es decir, para mencionarlo de la manera más cercana al sentido común, cuando toman el poder. Si duran, como es el caso de las revoluciones socialistas reales, de la Europa oriental y el Asia, lo hacen en el transcurso de la que se prolongan los ciclos medios políticos, lapsos dados en el medio siglo o un poco más, con todas sus variantes de alcances que puedan tener. O, como en el caso de la revolución socialista real china, adquieren un carácter de “socialismo de mercado”, que no es otra cosa que capitalismo, combinando distintas formas de este capitalismo, desde el capitalismo salvaje hasta el capitalismo financiero, adquiriendo las connotaciones de la revolución industrial-tecnológica-científica-cibernética. En cambio, la revolución cubana persiste voluntariosamente. Otra diferencia comparativa, aparece cuando vemos que, en Cuba, la revolución socialista, logra equivalencias, igualaciones, en las condiciones sociales, como ninguna otra revolución socialista lo haya hecho. No decimos que el socialismo se haya realizado plenamente; no, porqué el socialismo, primero, solo es posible mundialmente, sustituyendo al sistema-mundo capitalista; segundo, porque las diferencias jerárquicas no han desaparecido, mas bien, son la forma de la diferencia política en la sociedad, distinguiendo los estratos, por así decirlo, vinculados al partido, del resto de la sociedad civil. Aunque esta diferencia no sea, en todo caso, alarmante, como son las desigualdades sociales en el resto de América Latina, de todas maneras las hay. Sin embargo, desde la perspectiva de la transición al socialismo, es la revolución socialista que más ha avanzado en esto de igualación. Esta característica, también se convierte en una excepción en la regla.

 

 

En el análisis comparativo, si bien, es cierto, que la revolución socialista rusa y la revolución socialista china, lograron vencer el embate de las potencias dominantes del sistema-mundo capitalista, los imperialismos de entonces; lo que llama la atención en la revolución cubana es que, encontrándose a una distancia próxima de alrededor de los cien kilómetros de la híper-potencia militar-económica-tecnológica-comunicacional-cibernética de los Estados Unidos de Norte América, el imperialismo convertido en imperio, contando con menos recursos que la revolución socialista rusa y la revolución socialista china, ha resistido al ataque, a la agresión, al bloqueo, impuestos por el imperialismo y el imperio. Esto también es una excepción en la regla.

 

 

La prueba y el desafío crucial en todo el transcurso de periodos de la revolución cubana, hasta la fecha, que fue la invasión armada del contingente contra-revolucionario, apoyados logísticamente, comunicacionalmente y técnicamente por el imperialismo norteamericano, desembarcada en Bahía Cochinos, fue vencida con éxito y despliegue contundente por parte del ejército cubano revolucionario. No podemos decir que este suceso trascendente es una excepción en las revoluciones socialistas, aunque muestra patentemente la fuerza intensa del acto heroico del pueblo cubano; de todas maneras, se suma al perfil excepcional de esta revolución.

 

 

De ninguna manera desconocemos el ahondamiento del estatalismo y del centralismo burocrático, nucleado en el partido; sin embargo, la diferencia radica, que la revolución cubana, el Estado socialista, en transición, la convocatoria popular y social, se han mantenido a lo largo de este transcurrir. No ocurre lo mismo con otras revoluciones socialistas victoriosas, que pierden, con el tiempo, la capacidad de convocatoria. Por eso, caen en la decadencia de la recurrencia sistemática y a gran escala de la represión desenvuelta. La revolución cubana, si bien tiene ciertas analogías con el Estado policía, al que caen las otras revoluciones socialistas, este no es el rasgo preponderante del Estado socialista de Cuba, sino la permanencia de la convocatoria. Esto también convierte a esta revolución en una excepción en la regla.

 

 

Con esto no decimos que no hay represión en Cuba, o no la hubo, sobre todo en momentos difíciles, sino que, en comparación con lo ocurrido en otras revoluciones socialistas, la represión no tiene los alcances que adquiere en otros estados socialistas. Ningún Estado en el mundo, ningún Estado-nación, sea liberal, nacionalista o de otra índole, sea Estado-nación dominante o Estado-nación subalterno, escapa a su recurrente violencia, simbólica o descarnada, escapa al recurso de la represión. Entonces, nadie, políticamente, tiene, la moral de acusar de represión al Estado cubano, sin contar en su haber con represión y violencia desenvueltas. En lo que respecta, a la reiteración de las estructuras de poder, la revolución socialista cubana no es una excepción en la regla. Ningún Estado es una excepción al respecto.

 

 

La revolución cubana puede ser considerada una revolución socialista sui generis, así como también las revoluciones orientales, pues son revoluciones socialistas no esperadas por la teoría clásica marxista, por lo menos, la relativa a la primera y segunda Internacional. La singularidad de la revolución cubana no solamente tiene que ver con el papel compuesto del Partido Comunista, en alianza, primero, con el ejército guerrillero, sino con la participación popular. Es el pueblo, tanto de las ciudades como del campo, el que no solamente apoya a la guerrilla, sino participa activamente. No decimos que se borra el carácter de la lucha de clases, sino que la lucha de clases adquiere una tonalidad diferente, singular, presentándose como una lucha del pueblo; primero, contra la dictadura; segundo, contra la burguesía comercial y la clase dominante de los terratenientes; tercero, contra el imperialismo; para después, convertirse en un pueblo activo en la construcción de la transición socialista. Entonces la lucha de clases ha sido y es, en Cuba, la lucha del pueblo, no tanto de una clase plenamente identificada como proletaria o como campesina, sino del pueblo, conformado por contingentes populares urbanos y rurales, donde el proletariado, en sus distintas formas, y el campesinado, en sus distintas presencias, forma parte del proceso sostenido de resistencias y persistencia revolucionaria. Primero, una constelación social, segundo, de una casi compacta formación social, que sostiene una revolución, que, por su aislamiento, adquiere connotaciones heroicas sostenidas a lo largo del tiempo.

 

 

De ninguna manera buscamos hacer una apología de la revolución cubana, como se acostumbra, por los pretendidos “revolucionarios” de América Latina, sino de comprender la excepción en la regla, entender las dinámicas moleculares de esta revolución, que perdura. Sus detractores, de la revolución, pueden decir cualquier cosa; acusar, desprestigiar, descalificar, esta revolución socialista; sin embargo, lo que sobresale de estas estridentes propagandas anti-cubanas, es el desconocimiento grande de la revolución cubana y de lo que ha ocurrido. No son pues estos discursos “ideológicos” ningún ejemplo de transmisión de algo de conocimiento, tampoco de descripciones mínimamente apropiadas. Así como también las apologías no ayudan a comprender la excepcionalidad de la revolución cubana. Lo único que hacen es cantar loas, enaltecer la revolución como si fuera una epopeya y no un acto heroico sostenido por el pueblo cubano.

 

 

Sería inocente caer a esos balances simplones de qué hay de positivo y qué hay de negativo, balances que encubren los vacíos de estos arqueos trillados y formas discursivas, pretendidamente neutrales. No somos neutrales, ni lo pretendemos serlo, optamos por las revoluciones sociales, descolonizadoras, des-patriarcalizadoras, emancipadoras y de liberación, sin la necesidad de presentarlas como epopeyas, sino tratando de describir, primero, la complejidad de sus decursos entrelazados, que conllevan las paradojas y contradicciones, de los procesos transformadores en la modernidad. De todas maneras, podemos decir que la revolución cubana es un ejemplo de preponderancia ética, que es como el substrato histórico-político-cultural, que sostuvo la voluntad y la convocatoria social de combatir, de resistir y de persistir. Con eso, lo que decimos, no queremos convertir a los perfiles subjetivos, a los lideratos de la revolución, en súper-hombres o súper-mujeres, como lo hace el discurso epopeico de la “izquierda”, por lo menos de parte de la “izquierda”, sino que se trata de comprender el carácter simbólico y activador de estas figuras individualizadas, en los tejidos políticos y sociales, compuestos y sostenidos, de esta revolución. La evidencia de lo que decimos, de lo que interpretamos, está en la perdurabilidad de la revolución cubana, digan lo que digan sus detractores, negativamente, digan lo que digan sus apologistas, positivamente. Tampoco pretendemos, como ellos, ambos, “derechas” e “izquierdas”, decir la verdad sobre la revolución cubana; la interpretación nuestra tan solo es una interpretación; empero, una interpretación que, además de buscar comprender, desde la perspectiva de la complejidad, la singularidad de la revolución cubana, busca activar la potencia social en las sociedades contemporáneas, bajo la dominancia del orden mundial del imperio; es decir, de la estructura de poder, del sistema-mundo capitalista, en el ciclo del capitalismo vigente, en su etapa financiera, especulativa y extractivista. Si la revolución cubana se mantuvo, a pesar de los problemas, obstáculos y desafíos, a pesar del bloqueo y el sitio imperialista, a pesar del derrumbe del socialismo real de la Europa oriental, quiere decir, que la potencia social contiene la capacidad de vencer a los que se presentan y aparecen como invencibles en los imaginarios “ideológicos” preponderantes en la modernidad. Es una muestra de lo que puede la potencia social, adquiriendo incluso las formas todavía circunscritas, no plenas de la misma, en el lugar concreto de una isla en el Caribe, en las proximidades de la geografía dominada por el imperio, la forma de poder de la híper-burguesía mundial.

 

 

No se necesita ocultar los problemas y las contradicciones, de ninguna manera; lo grande de esta revolución es que, enfrentando, incluso preservando burocráticamente estas contradicciones, ha sabido sostenerse, prolongares, perdurar, incluso conservando formas institucionales anacrónicas, los decursos de la revolución. Los que ocultan las contradicciones, los que esconden los problemas, los inclinados a la apología, creyendo que con esta actitud acrítica ayudan a la revolución, nada más equivocado, no hacen otra cosa que disminuir la fuerza de esta revolución, al convertirla en una epopeya. En vez de hacer la revolución en sus países, terminan usando el prestigio de la revolución cubana, para sus juegos de poder locales.

 

 

Lo que importa, en todo esto, en toda esta exposición, es que buscamos comprender o aproximarnos a la comprensión, de la complejidad singular, que hace al acontecimiento de la revolución cubana, para hacer inteligible las dinámicas diferenciales, las composiciones singulares, de las formaciones sociales, desde la excepcionalidad singular de esta revolución, interpretando las estructuras inherentes a la formación social, en la coyuntura de la revolución, sus variaciones, antes y después;  se trata de entender la conformación abierta de las composiciones singulares, de la combinación de composiciones singulares en simultaneidad dinámica y singularidad del caso cubano. No así, como lo han hecho las ciencias sociales y humanísticas, incluyendo al análisis marxista, de pretender conocer desde la regularidad y la generalidad. Esto lo expusimos en un escrito anterior[1]. Nuestra metodología, por así decirlo, es encontrar en la singularidad la explicación, pero, también, encontrar, por así decirlo, el secreto escondido en las formaciones sociales, en los entrelazados procesos de las genealogías políticas de las sociedades. No es pues una metodología que se mueve en los procedimientos de la generalización abstracta.

 

Así como nos acostumbramos a tratar de movernos en la perspectiva compleja de la articulación integral de planos y espesores de intensidad del tejido social-territorial-cultural, tomando en cuenta los ensayos publicados, desde el 2010, nuestro método de exposición es el de comenzar con consideraciones conceptuales de contexto, seguir con descripciones sucintas, para después, proponer interpretaciones integrales, desde la perspectiva de la complejidad, en forma de hipótesis prospectivas; aquí, en este ensayo, también seguiremos con esta forma de exposición.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Descripciones históricas

 

 

Hay distintas representaciones de Cuba, como se dice comúnmente, correspondientes a distintos momentos, coyunturas, contextos locales, regionales y mundiales. Entre muchas representaciones, una es la Cuba de la tierra fértil, para los primeros colonizadores ibéricos. Recordemos que el vocablo Cuba deriva de la lengua taína, que expresa sonoramente Cubao, que quiere decir donde la tierra fértil abunda o también gran Lugar. Antes, obviamente, sin llevar el nombre atribuido por la Conquista, las sociedades nativas la percibían con otros simbolismos y la sumergían en otros mitos. La apreciación que tenemos de los habitantes precolombinos de Cuba arriba de las crónicas de los conquistadores, conocidos como los cronistas de las Indias Occidentales. Bartolomé de las Casas destacó tres culturas distintas, en lo que respecta a la clasificación, teniendo en cuenta fisonomías étnicas, características lingüísticas, así como indumentaria y técnicas. Estas culturas clasificadas se denominaron Guanahatebey, Siboney y Taína.

 

 

Se dice que los primeros pueblos nativos, asentados en la isla, eran cazadores paleolíticos de origen mongoloide. También se dice que, la segunda migración, hace 4500 años, provenía de Centroamérica y Sudamérica. Las descripciones los caracterizan como homologas fisionomías, las del primer grupo y segundo grupo de migraciones. La tercera y cuarta migración, provino de las Antillas como hace dos milenios y medio. Otra clasificación, más contemporánea, de estos pueblos iniciales, configura también tres conjuntos sociales; el primero, correspondería a edad de la concha; conformaría la cultura Guanahatebey; el segundo, correspondiente a la edad de la piedra, conformaría la cultura Siboney; en tanto que el tercero, correspondiente a la edad de la alfarería, conforma la cultura Taína. Esos pueblos iniciales se encontrarían constituidos por una organización gentilicia matriarcal.

 

 

Volviendo a las representaciones de Cuba, después de la figura simbólica de la isla de la tierra fértil, viene el escenario dramático de puertos de desembarco del comercio de esclavos, que, desde allí, desde la isla, se distribuían a otros destinos. Posteriormente, antes de la caída colonial, en el resto del continente, todavía no en Cuba, la isla ostentaba todavía sus aires señoriales, sobre todo en algunas ciudades.

 

 

 

El primer desembarco español en la isla se dio el 28 de octubre de 1492. Los ibéricos anclaron frente a las costas cerca a las orillas de Bariay; las tres carabelas, La Pinta, La Niña y la Santa María, arribaron el día anterior. En menos del transcurso de dos semanas, las carabelas merodearon la costa oriental. Dos marineros fueron encargados del reconocimiento de la isla, internándose por el lapso de una semana. Cristóbal Colón bautizó a la isla con el nombre de Isla Juana, en condescendencia y reconocimiento del príncipe Juan, heredero de la corona. Como se sabe, Cristóbal Colón creyó que había arribado a las Indias orientales; estaba lejos de saber que se trataba de un archipiélago, que anticipaba al inmenso continente, oculto a la mirada europea.  Dos décadas después, la corona ibérica envió a Diego Velázquez de Cuéllar, como adelantado de la Corte para las nuevas posesiones del reino. Diego Velázquez de Cuéllar se constituyó gobernador de la isla; contaba con los atributos de fundar villas y efectuar repartimientos de indios, además de otras funciones. La primera villa fundada fue Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa, en 1511. Dos años después, San Salvador de Bayamo. Al siguiente año, se fundó La Trinidad, Santa María del Puerto del Príncipe, que es la actual Camagüey, que, en principio se fundó como villa de la costa norte, después reubicada en el interior.  El mismo año, 1514, se fundaron San Cristóbal de La Habana y Sancti Spíritus; posteriormente, en agosto de 1515, se fundó Santiago de Cuba. Estas fundaciones establecían la plataforma institucional, jurídica, organizativa y política, correspondiente a cada delimitación cartográfica colonial.

 

La institución colonial, por excelencia, en ese entonces, fue la encomienda. La encomienda se encargaba de encomendar a la población nativa a los denominados encomenderos, con la tarea de evangelizarlos, además de instruirlos en las labores que desempañarían.

 

En principio, la economía de la isla se estructuró sobre la base de la extracción de oro, además de otros minerales. Cuando la minería del oro dejó de rendir, cuando los yacimientos de oro se agotaron, la economía minera mutó a la explotación del cobre, en la región de Santiago del Prado.

 

Se conformó la Casa de Contratación de Sevilla, con el objeto de organizar, administrar y regular el comercio español, desde sus nuevos territorios.

 

Por entonces estalla la secuencia de guerras entre Francia y España. También es cuando aparecieron en el horizonte, después en tierra, los primeros corsarios franceses en el Caribe. Como atraídos por la obtención de riqueza fácil, por el abordaje, el asalto y lo que comúnmente llamamos, ahora, piratería, llegaron también piratas ingleses y holandeses. Fueron los piratas franceses quienes acometieron a la isla; sus nombres para la leyenda son Roberto de Baal y Jacques de Sores.

Ante esta embestida, la Corona española ideó un plan de defensa, que constaba de dos proyectos.  El primero, consistió en la implementación de un sistema de flotas; es decir, un puerto único. De este modo, todas las embarcaciones de las Indias Occidentales partían juntas rumbo a Europa, a la península ibérica, a los puertos de la Corona española.  Lo hacían desde la bahía de La Habana, que antes fue Puerto de Carenas. Esta infraestructura portuaria y marina, se convirtió en impulsora de la expansión de actividades económicas, enmarañadas. La ciudad de la Habana adquirió un apogeo comercial, no conocido antes. La población creció, la economía adquirió un perfil más dinámico; aparecieron nuevos oficios, nuevas funciones y proliferantes formas de trabajo, divididos por especializaciones. El segundo proyecto del plan de defensa, consistió en convertir a la ciudad en una fortaleza. Al respecto, se contaba con la experiencia de la segunda fortaleza de América, conocida con el nombre de Castillo de la Real Fuerza, construida en 1538. Después, la instalación de fortificaciones continuó; se construyó la fortificación del Morro y la Punta, estructura armada, encargada de resguardar la bahía.

 

La Habana se convirtió en una ciudad pujante, en los escenarios y mapas, que se configuraban, en plena conformación del sistema-mundo-capitalista, dando sus primeros pasos globales. Las ciudades del interior, alejadas, estaban lejos de semejante vertiginosa actividad; sin embargo, encontraron su oportunidad.  La Guerra de los Siete Años, entre Francia e Inglaterra, donde España sería aliada de Francia. Los británicos mandaron la mayor armada que atravesó el Atlántico, expandiendo el teatro de operaciones de la guerra al Caribe. Sir Jorge Pockock comandó esta operación; su tarea encomendada era de ocupar La Habana, ciudad codiciada, en la virulencia de este capitalismo mundial naciente. La codiciada ciudad resistió durante un tiempo; sin embargo, el 12 de agosto de 1762 se firmó la capitulación de la Habana; el 13 de agosto ingresaban a la Habana las tropas británicas. De todas maneras, la ocupación británica no llegó a prolongarse ni siquiera un año. El 6 de julio de 1763 recuperaba la corona española su posesión preciada; lo hacía el teniente general Ambrosio de Funes y Villalpando, Conde de Ricla, en nombre del rey de España. ¿Qué es lo que ocurrió? Hubo un cambalache; a cambio de la ciudad ocupada, se le compensaba a Gran Bretaña con la entrega de la Península de La Florida.

 

 

 

La malla cartográfica se terminó de conformar durante el siglo XVIII. La economía adquirió un perfil diversificado, desplazándose al cultivo de tabaco y su comercialización; este desplazamiento económico aconteció entre 1713 y 1720. Acompañando a este desplazamiento económico, se dio lugar la industria azucarera. Los talleres, denominados trapiches, se establecieron en los alrededores de las ciudades. Se conformó la Real Compañía de Comercio de La Habana, en 1740, encargada del control, administración, regulación y comercialización del tabaco, de los azúcares y la corambre, que salía de la isla hacia Europa, a España. La Real Compañía de Comercio formó parte del control metropolitano.

 

 

La Habana se convirtió en la tercera urbe, además del primer puerto del continente. Este crecimiento, cualitativo y cuantitativo, repercutió en la calidad de vida, aunque sea solo para los privilegiados. Se fundó la Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo de La Habana, así como el colegio de San José, durante el año de 1728; la universidad y el colegio, además de los conventos de Belén y San Francisco, conformaron la estructura educativa de entonces en la Habana. Este papel lo cumplió el Seminario de San Basilio el Magno en Santiago de Cuba.

 

 

La estructuración económica siguió avanzando, también su institucionalización. Se conformó la Real Intendencia General de Ejército y Hacienda; con esta administración se dio lugar a la supresión de los privilegios de la Real Compañía de La Habana, también a la supresión de la permisibilidad del libre comercio. Se acompañó esta institucionalización con la promulgación de la nueva ley arancelaria; así como con la liquidación del monopolio de Cádiz, abriéndose otros puertos españoles al comercio con la isla. Todo esto conllevó a la reforma de sistema de impuestos, persiguiendo que, en plazo perentorio, se paguen los costos administrativos de la isla.

 

 

La sociedad colonial se estratificó, consolidando sus diferencias y jerarquías de clase. Los hacendados criollos se convirtieron en la clase pudiente y privilegiada; tradujeron este hecho en la constitución de la Sociedad Económica de Amigos del País; esta institución oligárquica, junto al Real Consulado, ejercieron su influencia en el gobierno colonial.

 

 

Estas transformaciones descritas, también impulsaron transformaciones “ideológicas”. Hablamos de la aparición de la llamada Generación del 92, que es como la versión del iluminismo caribeño, de la ilustración de aquella Cuba. Se puede decir que se reconoce a Francisco de Arango y Parreño, como destacado intelectual, impulsor de una suerte de economicismo temprano. Se puede resumir el proyecto político y económico de la Generación del 92 de la siguiente manera: libre comercio de esclavos; aumento de la esclavitud, cubriendo la escasez de fuerza de trabajo, normativa flexiva para usar a discreción los cuerpos de los esclavos; avances “racionales” en el uso, manejo y administración de las haciendas, incorporación de técnicas; innovación industrial de las empresas azucareras, acompañándose con la incorporación de la ciencia, así como de la libertad de comercio, normando la reducción de los intereses en los prestamos financieros, evitando la usura, préstamos indispensables en el desarrollo de la agricultura, así como de la industria.

 

 

Empero, la Generación del 92 no era nada más que una de las versiones del iluminismo caribeño. Hay otras versiones, mas bien, de proyección cultural y social. Al principio del siglo XIX, aparece la versión reformista de Ilustración cubana. Este reformismo ilustrado, se congrega en torno a la figura del obispo de La Habana Juan José Díaz de Espada Fernández y Landa. El Real y Conciliar Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio, además de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, se constituyen en los centros de la actividad ilustrativa de este movimiento.

 

 

El perfil Juan José Díaz de Espada era lo que podríamos nombrar como progresista, para la época, como lo hacemos ahora. Era antirracista, antiesclavista, anti-latifundista, crítico de la oligarquía, además el proyecto económico que postula se basa en los núcleos de la pequeña propiedad agraria. Formaron parte de esta ilustración reformista Félix Varela, José de la Luz y Caballero, José Antonio Saco, Felipe Poey y Domingo del Monte.

 

En cambio, en contraste, también se dieron tendencias que se inclinaban, mas bien, por la anexión a la República de los Estados Unidos de Norte América. Parte de los hacendados esclavistas imaginaban la anexión de Cuba a los Estados Unidos de Norte América una salvaguardia para la economía esclavista, sobre todo considerando a los estados sureños. Los hacendados del “Club de La Habana” patrocinaron gestiones de compra de la isla, por parte del gobierno de Washington, incluso concibieron un plan de una invasión “liberadora”.

 

 

A diferencia de la tendencia anexionista, emergieron, en contraste, proyectos separatistas, que aspiraban a lograr la independencia de Cuba. En 1810 se revela la primera conspiración independentista, liderada por Román de la Luz. El proyecto independentista llega a su auge en la década de 1820. Se da por el empuje la hazaña emancipadora continental, así como también por la influencia del trienio constitucional dado en España. Se conformaron logias masónicas, como sociedades secretas. Las autoridades coloniales desbarataron dos conspiraciones en marcha; la de los Soles y Rayos de Bolívar, en 1823; en esta se involucró el poeta José María Heredia, destacado representante del romanticismo literario cubano.  La otra conspiración desbaratada fue la de la Gran Legión del Águila Negra, incitada desde México.

 

 

Haciendo el recuento histórico, se puede decir que fue el Padre Félix Varela Morales el innovador del pensamiento independentista cubano. En su condición de educador, por su vocación política, desde su inclinación y gusto por la filosofía, postuló la tesis de que Cuba debía ser independiente tanto de España como de los Estados Unidos.

 

 

 

 

La lucha por la independencia no tardó en llegar. En el Ingenio “La Demajagua”, que era propiedad del hacendado Carlos Manuel de Céspedes, en la región de Manzanillo, el 10 de octubre de 1868, libera el propietario del ingenio a sus esclavos; les propone emprender la guerra contra el colonialismo español. De este modo, se da comienzo a lo que se vino en llamar el ciclo revolucionario de las luchas por la independencia de Cuba, luchas que lograrían su cometido el 20 de mayo de 1902. Carlos Manuel de Céspedes se propone un programa de liberación, programa donde expone las razones del levantamiento en forma de convocatoria; dando arranque a la guerra de la independencia. El programa es conocido como el Manifiesto del 10 de octubre. En esta guerra prolongada, que transcurrió en una década, por eso fue nombrada como la Guerra de los Diez Años, afloraron líderes revolucionarios, dándole semblantes singulares a la contienda. Por ejemplo, las presencias de Ignacio Agramonte, Antonio Maceo, Máximo Gómez, José Maceo, Vicente García González y Calixto García.

 

 

No nos olvidemos, que en esta época, se da el despegue de los Estados Unidos de Norte América. Su burguesía industrial es pujante y agresiva. En el lapso comprendido entre 1878 y 1895 la burguesía norteamericana efectúa significativas inversiones en Cuba, sobre todo en azúcar, minería y tabaco. Ya en 1895 las inversiones sumaban como unos cincuenta millones de pesos. Exigida por la conflagración bélica, en el contexto de irradiación mundial de la revolución industrial, que requería de fuerza de trabajo cualificada, España declaró la abolición de la esclavitud, en 1886. Las presiones de la burguesía textil catalana habían llevado a promulgar de la Ley de Relaciones Comerciales con las Antillas, en 1882, además del Arancel Cánovas, en 1891, arancel y ley que avalaban el monopolio de la industria textil catalana, apremiando a Cuba a comprar sus excedentes de producción. Este monopolio consolidó la industrialización en Cataluña, a pesar de la crisis económica de la década de 1880; en parte ocasionada por su ineficaz competitividad. Ciertamente, esta consolidación de la industria catalana, se efectuó a costa de los de la industria textil cubana. Se entiende, entonces, que el malestar cundió en el sector empresarial cubano, malestar que incitó a la rebelión.

 

 

En Nueva York se conformó el Comité Revolucionario Cubano. En el año que transcurre entre 1879 y 1880 estalló la llamada Guerra Chiquita, organizada por Calixto García. Se adhirieron en Cuba, Quintín Bandera, José Maceo, además de otros muchos. Los levantamientos de mayor impacto se dieron en Oriente y Las Villas.

 

 

 

La guerra de la independencia se reanuda, recomienza tercamente, insistentemente; esa es la voluntad de los isleños, deseosos de ser libres y autónomos. Un levantamiento simultáneo en Oriente y Matanzas retoma la guerra el 24 de febrero de 1895. También se dieron levantamientos en Bayate, Guantánamo, El Cobre, Ibarra y otros lugares. La insurrección va a ser conocida como el Grito de Baire. José Julián Martí Pérez y Máximo Gómez Báez rubrican el Manifiesto de Montecristi, redactado por Martí. Lo hacen antes de embarcarse para Cuba, encontrándose ellos en la República Dominicana.  El Manifiesto de Montecristi es considerado el programa de la Revolución en la Guerra Necesaria. El Manifiesto asume la guerra que estalla como continuidad retomada de la anterior guerra de la independencia inconclusa. El programa y la convocatoria se propone constituir una República, en pleno sentido de la palabra, un Estado de derecho, de igualdad jurídica y política; una nación soberana. Es destacable la vocación latinoamericanista y el horizonte de la Patria Grande.

 

 

Antonio Maceo, Máximo Gómez Báez y Julián Martí Pérez se reunieron el 5 de mayo en La Mejorana; superando las discrepancias “ideológicas”, se pusieron de acuerdo, emprendieron la campaña de la guerra, consintieron el plan de invasión a Occidente. Durante el verano de 1895 se extendió la lucha a Oriente, Camagüey y Las Villas. En Oriente, Maceo logró vencer en los combates de El Jobito, Peralejo y Sao del Indio. Gómez obtiene la victoria en Camagüey, venciendo en el combate de Altagracia y La Larga. En tanto que Carlos Roloff y Serafín Sánchez se sublevan en Las Villas.

 

 

 

En la Asamblea de Jimaguayú, conformada el 16 de septiembre de 1895, que es como su equivalente de la Asamblea de Guáimaro, Asamblea que redactó una nueva Constitución de la República en Armas, se eligió un autoridad ciudadana eventual, algo así como un gobierno provisional, conformando un Consejo de Gobierno, compuesto por un presidente, nombrando a Salvador Cisneros Betancourt, como tal, un vicepresidente y cuatro secretarios.  Este gobierno provisional tenía competencia en los tópicos políticos, así como en los temas económicos; sin embargo, con jurisdicción restringida en lo que respecta al manejo militar. En el contexto de la condición provisional del gobierno transitorio, se propuso que tanto esta Constitución como los acuerdos de esta Asamblea tendrían vigencia sólo por dos años, cuando se convocaría a otra Asamblea.

 

 

La Invasión a Occidente es decisiva, después de la invasión a Oriente. La invasión a Occidente aconteció en el lapso comprendido entre el 22 de octubre de 1895 y el 22 de enero de 1896. Antonio Maceo partió desde Mangos de Baraguá, contando con 1,400 efectivos, contingente al cual se fueron sumando otros combatientes, llegando a contar con 2,500 efectivos hasta llegar a Camagüey. Cuando este destacamento rebelde cruzó desde la Trocha de Júcaro a Morón se encontraron con Máximo Gómez; juntando ambos destacamentos, ambos comandantes y sus columnas, integraron el Ejército rebelde. La batalla de Mal Tiempo se da lugar en Las Villas; se puede decir que esta batalla es la más crucial de la guerra. Se opta por un ardid, para confundir al enemigo; en Matanzas efectúan una contramarcha, en la Habana Maceo parte a Pinar del Río, en tanto que Gómez permaneció protegiéndolo con la Campaña de la Lanzadera. En Pinar del Río Maceo sostuvo combates en Las Taironas, alcanzando victorioso Mantua.

 

 

Ante la arremetida rebelde, que mostraba su destreza, derrotando al ejército colonial, el mando colonial trató de aislar a los rebeldes. El Capitán General Martínez Campos fue remplazado por Valeriano Weyler; este último ordenó el Bando de Reconcentración, orden que forzaba a miles de campesinos a desplazarse a pueblos y ciudades; esta maniobra tenía como propósito aislar a los insurrectos en las zonas rurales. El costo de esta reconcentración es alto; se numeran las víctimas de la reconcentración en una magnitud que oscila entre

250.000 a 300.000 desplazados, de los cuales fallecen 100.000, a consecuencia del hambre, del hacinamiento y las enfermedades.

 

 

La Campaña de Occidente continuó, consolidando el avance del ejército rebelde. Maceo y sus columnas rebeldes salieron victoriosos en los combates de Río Hondo, El Rosario y El Rubí. En tanto Gómez, en Camagüey, derrotó al enemigo en la batalla de Saratoga, Calixto García se destacó en la toma del Fuerte San Marcos. Posteriormente vino la campaña de La Reforma, efectuada entre 1897 y 1898; esta campaña fue coordinada en varios frentes. Gómez emprendió batallas en territorio villareño, buscando desviar a destacamentos españoles, desahogando el frente occidental. Además, este frente había perdido a su comandante; Antonio Maceo murió el 7 de diciembre de 1896. La táctica radicaba en desplegar una guerra de guerrillas, una guerra de desgaste, organizando emboscadas, así como ataques relámpago de pequeños grupos, despistando al enemigo, conduciéndolos a terrenos pantanosos, buscando afectarlos por causa de enfermedades, también por agotamiento. El impacto de esta táctica, en el contexto estratégico de la guerra, se puede sopesar por su eficacia. Aproximadamente 4.000 insurrectos vencen a 25.000 efectivos españoles.

 

 

 

La intervención de Estados Unidos de Norte América en la guerra de la independencia cubana es la nueva versión colonial, en su forma republicana y democrática, incluso presentándose como interés anticolonial. El colonialismo aparece en la versión de intervenciones pretendidamente solidarias y republicanas, cuando lo que ocurre, en realidad, despliega las nuevas formas de ocupación, que no requieren explícitamente tomar territorios, sino controlar los circuitos, los sistemas económicos, las inversiones, para afectar, de manera más eficaz a las sociedades y a los pueblos. La republica criolla norteamericana se constituyó no solo en la guerra anticolonial contra la corona británica, sino, inmediatamente después, avanzando contra las naciones y pueblos indígenas que se encontraban en los inmensos territorios al oeste del borde costero del atlántico, donde se extendían las trece provincias de lo que va a ser la Unión. Posteriormente avanza, hasta llegar al Pacífico, sobre los territorios mexicanos, que fueron, antes de la independencia, de la corona española. Esta expansión forma parte de lo que podemos denominar la geopolítica expansiva del capitalismo suelto, fluido, abierto, sin carga histórica del pasado noble, monárquico y feudal.  Cuando se sucedieron los tramos de la guerra de independencia cubana, Estados Unidos avanzó en el Caribe ocupando los espacios económicos, pero, también, como en el caso cubano, interviniendo militarmente, con un discurso liberar pretendidamente anticolonial.

 

 

El ejército rebelde cubano avanzaba victorioso en la guerra, el ejército español retrocedía, cediendo terreno. En un panorama donde aparecía la guerra ganada por la rebelión independentista, intervino Estados Unidos. Lo hizo mediante una treta; el acorazado estadounidense Maine se hundió en la Bahía de La Habana el 15 de febrero en 1898; una explosión subrepticia en el acorazado fue la excusa de la intervención. Se acusó a los españoles del acto. La conflagración bélica entre Estados Unidos y España terminó con la firma de un tratado de paz, denominado Tratado de París, del 10 de diciembre de 1898. El Tratado estableció que Estados Unidos se hacía cargo del control absoluto de Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

 

 

 

Esto no es otra cosa que una ocupación militar, política y económica de Cuba por parte de Estados Unidos. El 1 de enero de 1899 se da comienzo a esta posesión de la isla por parte de una república que, a esas alturas, ya se había convertido en el nuevo imperialismo. El gobierno de esta ocupación se dedica, en primer lugar, de dos tareas; la primera, restaurar las estructuras del país, después de las destrucciones provocadas por la guerra. En esta perspectiva, consignó asistencias a la población afectada, asistencias que consistían en alimentos y medicinas, ideó un plan de reparación de la isla, también se propuso la instauración de escuelas públicas. La segunda tarea, consistió en afirmar el control, sobre todo garantizando la condición privilegiada con la que se encontraba la potencia imperialista en la isla.   Rebaja los aranceles para las mercancías estadounidenses, establece la Ley de deslindes y división de haciendas comunales; ley que permite al Estado apropiarse de tierras, que serían vendidas a empresas norteamericanas privadas. Por otra parte, la ley ferrocarrilera beneficiaría las inversiones estadounidenses en este rubro, desplazando las inversiones británicas. Las concesiones mineras a las empresas norteamericanas, muestran claramente el objetivo de la ocupación de la isla; apropiarse de los recursos naturales.

 

 

El gobierno interventor convoca a elecciones de delegados para la Asamblea Constituyente, usando a ley militar No. 301, del 25 de julio de 1900. El régimen electoral de entonces se basaba en el sufragio ilustrado; solo podían votar los que sabían leer y escribir, además de censitario; los electores debían tener 250 pesos o más en propiedades. Esta Asamblea Constituyente redactó la Constitución de 1901, que expresa una normativa liberal. En resumen, la estructura normativa de la Constitución se puede resumir de la manera siguiente:

 

 

Una dogmática concerniente a los derechos individuales. La orgánica concerniente a la estructura, funciones y derechos de la organización estatal, así como la cláusula de reforma.

 

 

Se instituyó un régimen republicano y representativo, estructurado en la consabida división de poderes. El poder legislativo se confeccionaba por un Senado y una Cámara de Representantes; es decir, su conformación respondía al sistema bicameral. El poder judicial, supuestamente independiente, otorgando la condición de inamovibles a los magistrados. La Asamblea se encargaba de suministrar, acordando con el Gobierno de Estados Unidos, dispositivos normativos en lo que respecta a las relaciones entre ambos países. El Congreso estadounidense aprueba la Enmienda Platt, enmienda que otorgaba la potestad de intervenir en los asuntos internos de Cuba, cuando así lo viera por conveniente. Ante el chantaje norteamericano de colocar a la Asamblea Constituyente en la disyuntiva de tener una república con la Enmienda o prolongar la ocupación militar, la Asamblea aprobó la enmienda el 12 de junio de 1901.

 

 

 

 

El 20 de mayo de 1902 nace la República de Cuba siendo electo Tomás Estrada Palma como su primer presidente. A este primer gobierno correspondería la tarea de formalizar los vínculos de dependencia con Estados Unidos. Aunque fue criticado por ello, logró su reelección; lo que provocó la sublevación del opositor Partido Liberal, desencadenando una nueva intervención estadounidense, luego de la cual los estadounidenses crean el Ejército Permanente Cubano, para no tener que volver a ocupar el país en un futuro.

 

 

La economía cubana había crecido muy rápidamente durante las dos primeras décadas del siglo, estimulada por la favorable coyuntura creada por la reciente guerra mundial. No obstante ese crecimiento era extremadamente unilateral, basado de modo casi exclusivo en el azúcar y en las relaciones mercantiles con Estados Unidos. Por otra parte, los capitales estadounidenses que habían afluido a la isla con ritmo ascendente eran los principales beneficiarios del crecimiento, puesto que controlaban el 70 por ciento de la producción azucarera además de su infraestructura y los negocios colaterales.

 

 

El bienestar económico derivado de este proceso revelaría una extraordinaria fragilidad. Ello se puso de manifiesto en 1920, cuando una brusca caída en el precio del azúcar provocó un crac bancario que provocó la bancarrota de las instituciones financieras cubanas. El movimiento obrero, cuyas raíces se remontaban a las décadas finales del siglo XIX, había seguido también un curso ascendente, que más tarde llegaron a constituir una verdadera oleada, debido a la inflación generada por la I Guerra Mundial. En el Primer Congreso Obrero Independiente (1920), los obreros de diferentes tendencias políticas toman un acuerdo de importancia, la creación de la Federación Obrera de la Habana. Fue un paso de avance organizativo e ideológico, se destaca el líder obrero Alfredo López, que desembocará en 1925 con la fundación de la Confederación Nacional de Obreros de Cuba (CNOC), que será la primera organización obrera de carácter nacional que se propuso la lucha económica y la organización del movimiento obrero y el desarrollo de la conciencia de los trabajadores. A la par de los obreros; en una escala mucho mayor, se desarrolla el movimiento estudiantil e intelectual, que se inicia el 20 de diciembre de 1922 con la fundación de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU); uno de sus fundadores es Julio Antonio Mella, quien asume el cargo de secretario y luego el de presidente; será el gran líder de esta etapa histórica.

 

 

En marzo de 1923 un grupo de intelectuales liderados por Rubén Martínez Villena protestan públicamente por la compra fraudulenta del Convento Santa Clara, realizada por políticos del gobierno de Zayas. Este hecho, conocido como la Protesta de los 13, marcó el inicio en Cuba del movimiento de intelectuales, que comenzarán a participar en las luchas políticas del país. De este hecho se derivaron los grupos Falange de Acción Cubana y el Grupo Minorista con la parte de Villena y otros.

 

 

El ascenso de Gerardo Machado a la presidencia en 1925 representó la alternativa de la oligarquía frente a la crisis latente. El nuevo régimen intentó conciliar en su programa económico los intereses de los distintos sectores de la burguesía nacional y el capital estadounidense, ofreciendo garantías de estabilidad a las capas medias y nuevos empleos a las clases populares; todo ello combinado con una selectiva y feroz represión contra adversarios políticos y movimientos opositores. Bajo una supuesta aureola de eficiencia administrativa, el gobierno intentó poner coto a las pugnas de los partidos tradicionales; sin embargo, después se fue creando descontento entre los partidos. Con ese consenso inicial logrado, Machado decidió reformar la Constitución para permanecer en el poder por seis años. Machado gobernó con una política represiva, plasmada en encarcelamientos y torturas. Fueron asesinados, entre otros, los líderes Alfredo López y Julio Antonio Mella. Se ilegalizó la CNOC y persiguió al movimiento revolucionario.

 

 

En este contexto, se fue conformando una crisis generalizada, incrementada por la Gran Depresión entre 1929 y 1933, cuyos efectos en Cuba agravaron la situación existente, generando una situación de crisis, lo que hacía emerger el descontento, la interpelación y la crítica, además de movilizaciones.  Casi todas las facciones de la sociedad se organizaron para hacer frente a Machado, abarcando un amplio espectro político.

 

 

El 20 de marzo de 1930 se realizó una huelga general en la que participaron doscientos mil obreros bajo la consigna “¡Abajo Machado!”. Esta huelga es considerada el inicio de la revolución antimachadista, junto con la Tángana estudiantil de septiembre de 1933; ambas, la huelga y la Tángana, culminaron en agosto de 1933 con otra huelga general. Como resultado de estas presiones, el 12 de agosto de 1933, Machado huyó del país.

 

 

La mediación del embajador estadounidense Sumner Welles no pudo evitar la caída de Machado; de todas maneras, frenó el triunfo popular. Welles sale al paso a la huelga, apoyado por el ABC, impone como presidente a Carlos Manuel de Céspedes, hijo, quien gobernará del 13 de agosto de 1933 al 4 de septiembre de 1933. El 4 de septiembre de 1933 mediante un Golpe de Estado, el sargento Fulgencio Batista destituye a Céspedes. Esta sublevación tiene el apoyo del Directorio Estudiantil y Batista se convierte en Jefe del Ejército, con el grado de coronel. Este Golpe de Estado crea el Gobierno de la Pentarquía; sin embargo, tiene corto tiempo, durará apenas seis días desde el 4 hasta 10 de septiembre de 1933. Bajo la autoridad del Directorio Estudiantil y Batista, la pentarquía se transformó en el gobierno de los Cien Días. Este gobierno de los Cien Días, encabezado por Ramón Grau San Martín como Presidente y Antonio Guiteras como Secretario de Gobernación, critica y se opone a la Enmienda Platt, tomando medidas de marcado carácter popular. Este Gobierno a pesar del gran apoyo popular fracasó el 15 de enero de 1934, debido a la oposición del Partido Socialista Popular; tampoco fue reconocido por Estados Unidos. Durante todo este período, de 1935-1936, es ostensible la fragilidad política, algo que se hace elocuente en las tomas des poder de tres presidentes en dos años; así mismo se mantiene la política militarista y represiva de Batista, que se encuentra en condición de Jefe del Ejército. Se moderniza el Ejército, así mismo las técnicas represivas, es ahogada en sangre la huelga general de marzo de 1935.

 

 

 

 

La Constitución de 1940

 

 

Sucedido este por el Período 1937-1945, se podría decir, de cierta estabilidad política, acompañada por cambios “democráticos” en el país. Entre estos cambios se manifiestan la amnistía general para los presos políticos, mediante la cual fueron liberados 3.000 personas en el año 1937; la legalización de Partidos de oposición; el restablecimiento de la Autonomía Universitaria, en 1939, y cardinalmente la convocatoria a una Asamblea Constituyente, en 1939; Asamblea que aprobó y redactó la Constitución de 1940.

 

 

El 10 de octubre de 1940 entró en vigor la Constitución de 1940, confeccionada contando con la participación de todos los sectores políticos del país. La Convención Constituyente estuvo integrada por 76 delegados representando a 9 partidos políticos. Con esta nueva Carta Magna, que recogía importantes reivindicaciones populares, se abrió un nuevo período de legalidad institucional, fue ésta una de las Constituciones más avanzadas de su época.

 

 

El primer gobierno de esta etapa estuvo presidido por Fulgencio Batista, cuya candidatura había sido respaldada por una coalición de fuerzas, en la que participaban los comunistas. Durante el gobierno de Batista, la situación económica experimentó una mejoría, como consecuencia del desencadenamiento de la Segunda Guerra Mundial; coyuntura que beneficiaría aún más al sucesor, Ramón Grau San Martín, quien resultó electo en 1944, gracias al amplio respaldo popular que le granjearon las medidas nacionalistas y “democráticas”, dictaminadas durante el anterior gobierno. Sin embargo ni Grau, ni Carlos Prío Socarrás (1948-1952) — ambos líderes del Partido Revolucionario Cubano Auténtico —, fueron capaces de aprovechar las favorables condiciones económicas de sus respectivos mandatos. Ambos Gobiernos se caracterizaron por la represión política, acompañada por sucesivos asesinatos de líderes opositores; por ejemplo, el asesinato de los dirigentes obreros Jesús Menéndez y Aracelio Iglesias; sancionando una fuerte censura de prensa, usando el decreto “Mordaza”, fomentando la creación de grupos gansteriles, los que controlan el negocio de la droga, la prostitución y los juegos prohibidos. Algunos militantes del Partido Auténtico, descontentos con la línea de los gobiernos auténticos, fundan en 1947, bajo la dirección de Eduardo Chibás, el Partido del Pueblo Cubano, Ortodoxo, como desprendimiento del Partido Revolucionario Cubano, Auténtico. El Partido Ortodoxo promete cumplir las promesas no cumplidas por los auténticos; el carisma de Chibás fue decisivo en la aceptación del pueblo.

 

 

 

 

Dictadura de Fulgencio Batista

 

 

Fulgencio Batista da el golpe de estado el 10 de marzo de 1952, a pocos meses de celebrarse elecciones en la isla, en las que era casi un hecho de que saliera electo Roberto Agramonte, del Partido Ortodoxo. La embajada estadounidense comunica al Departamento de Estado de los Estados Unidos que el golpe era una sorpresa; sin embargo, el embajador, William Beaulac, confesó, más tarde, que ya sabía del plan. A las siete de la mañana del mismo 10 de marzo, Batista se entrevista con el coronel Hook, jefe de la Misión de la Fuerza Aérea de Cuba, para pedirle que le comunicara al embajador que los acuerdos militares permanecerían vigentes. El golpe se realizó casi sin resistencia de Prio, a pesar de que varios estudiantes universitarios se ofrecieron inmediatamente para protegerlo.

 

 

Batista argumenta una elevada violencia y corrupción generalizada, como las causas para dar el golpe. Un artículo publicado en New York Daily News, en 1958, titulado Mobster Money Cuban Boom; describía los planes de Batista, copartiendo con la mafia estadounidense, de construir una red de hoteles y casinos a lo largo de todo el malecón habanero, a cambio de una millonaria suma. Además abrió la inversión estadounidense a la minería en Moa, que el anterior presidente Prío había retenido. Aplicó una política de reducción de zafra, que menguó el nivel de ingresos del país, que dejó de percibir 400 millones de dólares; dando lugar al desempleo, a la par que se reduce el salario real y el poder adquisitivo. Cerca de un cuarto de la población cubana era analfabeta, había una cifra similar de desempleados, casi la mitad de los niños de 6 a 14 años no iba a la escuela. Solo el 10% de las viviendas rurales tenía electricidad. Había 200,000 campesinos sin tierra, encontrándose improductivas 300,000 hectáreas de tierra en manos extranjeras o de terratenientes cubanos. En el plan mentado se proponía el mejoramiento de las relaciones con Estados Unidos; la construcción de obras públicas, que hagan atractivas a las principales ciudades, ciudades comprometidas, donde se desviaba millonarias sumas de dinero, atrayendo el turismo estadounidense. Durante su gobierno cesó la violencia civil de los años pasados, para ser reemplazada por la violencia de las fuerzas militares y paramilitares. Se acrecentaron el hambre, la prostitución y los juegos de azar. El Gobierno Militar sustituyó el Congreso por un Consejo Consultivo, eliminó la Constitución del 40, estableció los Estatutos Constitucionales. Liquidó la libertad de expresión, de reunión, de huelga, instauró la pena de muerte, eliminó la Autonomía Universitaria. Hizo un simulacro de elecciones en 1954, en las que resultó ganador, como se dice, no el caballo del corregidor, sino el mismo corregidor.

 

 

Ante esta coyuntura, en un periodo aciago, emergió la resistencia al Golpe de Estado; surge la Generación del Centenario, agrupación de jóvenes que, cumpliéndose el centenario del natalicio de José Martí, fueron abandonando progresivamente la tendencia de los ortodoxos, se inclinaron, mas bien, por el proyecto  de la lucha armada. Fidel Castro convoca y agrupa, en 1953, a un conjunto de más de un centenar de hombres; los alista para un nuevo proyecto de alzamiento. Luego de meses de entrenamiento en la Granjita Siboney, deciden que era momento de asaltar el Cuartel Moncada[2].

 

La revolución cubana 1959

 

 

 

José Bell Lara, Delia Luisa López García y Tania Caram León[3] arman un valioso libro, Documentos de la revolución cubana 1959. El citado libro comienza con el título sugestivo de Esta vez sí es una Revolución. Es como la presentación del conjunto de documentos reunidos y ordenados, de acuerdo a una secuencia ilustrativa. Por su importancia, en lo que respecta a los efectos políticos de la victoria guerrillera, lo citamos entero:

 

 

 

Tomada Santiago de Cuba, el 1ro. de enero de 1959, por la Columna  del Ejército Rebelde, la ciudad fue declarada capital provisional de la

República de Cuba y en ella se constituyó el primer Gobierno Revolucionario. Como presidente de la República fue designado el magistrado doctor Manuel Urrutia.

 

La decisión inicial del Gobierno fue reconocer el liderazgo político y militar de Fidel Castro como jefe de la Revolución, nombrándolo Comandante en Jefe de las Fuerzas de Tierra, Mar y Aire de la República. En ese carácter dicta su primera orden militar, que designaba a Camilo Cienfuegos como jefe militar de la provincia de La Habana.

 

Entre el 5 y el 23 de enero fue completado el Consejo de Ministros. A los nombres que aparecen en estas dos actas, se añadieron los de Julio

Camacho Aguilera, ministro encargado de la Corporación Nacional de

Transporte; Rufo López Fresquet, ministro de Hacienda; Enrique Oltuski Osacki, ministro de Comunicaciones; Osvaldo Dorticós Torrado, ministro encargado de la Ponencia y Estudio de las Leyes Revolucionarias; Augusto Martínez Sánchez, ministro de Defensa; Regino Boti León, ministro encargado del Consejo Nacional de Economía, y Elena Mederos Cabañas, ministra de Bienestar Social.

 

En la formación de este primer Gobierno Revolucionario estaban presentes figuras de la burguesía que se habían opuesto de alguna forma a la dictadura y trataban de garantizar sus intereses desde el nuevo gobierno. También pertenecían a él revolucionarios participantes de la lucha clandestina y/o del Ejército Rebelde, los que constituían su núcleo revolucionario. A partir de la entrada de Fidel Castro como primer ministro con facultades ejecutivas (lo que ocurrió el 16 de febrero), se fortalecería este núcleo.

 

Sin embargo, meses después, ante la incapacidad del presidente Urrutia de comprometerse con una profunda revolución que ya se vislumbraba de carácter social y, aún más, el propósito de obstaculizar su avance, Fidel Castro decide renunciar al cargo, sin recurrir a ninguna situación de fuerza. El 17 de julio, en comparecencia televisada, explica las causas de su actuación. El respaldo masivo de la población y de las instituciones, al Primer Ministro, obligó a Urrutia a dimitir. De inmediato, el Consejo de Ministros designó al doctor Osvaldo Dorticós

Torrado, como presidente de la República. Desde entonces prevalecerían progresivamente las figuras revolucionarias en el Gobierno y se avanzaría – no sin obstáculos – en la aprobación de cambios sociales necesarios.

 

Signo de los nuevos tiempos que se abrían para el país en 1959, fue la creación de tres Ministerios: de Recuperación de Bienes Malversados, de Estudio y Ponencia de las Leyes Revolucionarias, y de Bienestar Social.

 

El Ministerio de Recuperación de Bienes Malversados constituyó una pieza importante en la decisión revolucionaria de romper el andamiaje carcomido de aquella sociedad. A través de él se crearía un área inicial de propiedad social.

 

Se hace notar que durante los años de existencia de la República burguesa neocolonial, la participación en la política, particularmente el ejercicio de cargos en la administración estatal, constituyó una fuente fácil de enriquecimiento. Una parte de la clase dominante estaba formada por una burguesía totalmente corrupta en tanto la fuente de sus bienes y poder estaban mediados por sus relaciones con ese Estado también corrupto. De ahí la existencia en el país de numerosos negocios y empresas «privadas» que habían sido fundados con los recursos del Estado cubano, aportados por el sudor del trabajo explotado de su pueblo.

 

El informe del Banco Mundial, sobre Cuba, de 1950, conocido como Informe Truslow, señalaba que la política era la segunda industria del país, al menos por el número de personas que ocupaba.

 

Las cifras que resumen los bienes confiscados por este Ministerio en los primeros meses de la Revolución, son impresionantes: la producción mensual de las empresas ascendía a 2,933,000 pesos; constituían el 50 % de las fábricas que empleaban más de 50 obreros, en todas las ramas de la producción. Entre ellas se encontraban textileras, el complejo del acero (Antillana de Acero, Cubana de Acero y Aceros Unidos), el monopolio del fósforo, las empresas de aviación, y otras. Además, fueron recuperadas (como bienes malversados) el 40% de las tierras cultivables y el 36,6 % de la industria azucarera.

 

El papel del Ministerio de Ponencia y Estudio de las Leyes Revolucionarias fue significativo para la rápida y eficaz articulación del cuerpo legal inicial de la Revolución, y el de Bienestar Social expresaba marcado interés de promover, por primera vez, la seguridad y asistencia sociales, a todos los ciudadanos que la requirieran[4].

 

 

 

 

 

 

 

Consideraciones sobre la revolución Cubana

 

 

 

Hay relativamente abundantes publicaciones sobre la revolución cubana; no es fácil seleccionar citas que ayuden a describir los sucesos y eventos de la revolución, que además sugiera la comprensión implícita de los eventos y desenlaces.  Hemos escogido un texto, que nos parece apropiado, respecto a las características que demandamos. Se trata de una minuciosa descripción, que, además, busca exponer sintéticamente, sin perder el hilo de los hechos. Se encuentra en el Sitio Oficial del INDER, donde se publica esta Historia de Cuba. Sabemos que colocamos un texto largo, como para ser una cita; sin embargo, creemos que hacerlo es apropiado, coadyuvando con una adecuada descripción al análisis del ensayo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lucha contra la tiranía de Batista.

La insurrección revolucionaria.

 

 

El «Granma»: proa hacia la patria libre.

 

 

Al entrar octubre y aproximarse la fecha de la partida, y teniendo en cuenta el serio atraso ocasionado por las detenciones, la captura de armas y la pérdida de los campos de entrenamiento, era preciso acelerar la preparación de los hombres. Se consigue un nuevo campamento — el rancho María de los Angeles, cerca de Abasolo, en Tamaulipas —, y nuevos grupos llegan para entrenarse. Entre las más recientes incorporaciones hay un trabajador humilde, alegre, audaz y disciplinado, no enviado por el Movimiento, uno más entre tantos hombres nobles y generosos, que se convertirá muy pronto en un guerrillero legendario: Camilo Cienfuegos.

 

El entrenamiento dura hasta el 21 de noviembre, fecha en que reciben la orden de abandonar rápidamente el lugar. Dos de los hombres han desaparecido, y si delatan los planes revolucionarios a las autoridades, la expedición puede considerarse perdida. Se trasladan a otros puntos, y en la noche del 24 llegan todos los expedicionarios al puerto de Tuxpan, junto al río del mismo nombre. Alrededor de la 1:30, el yate parte silencioso, llevando con su carga de 82 hombres la esperanza de libertad para el pueblo cubano. Es la madrugada del 25 de noviembre de 1956.

 

 

 

La insurrección del 30 de noviembre.

 

 

En Cuba, mientras tanto, las fuerzas revolucionarias tratan de cumplir los compromisos contraídos para favorecer el desembarco. El Directorio no puede desencadenar la insurrección armada urbana, pero ejecuta varias acciones de gran resonancia. En la noche del 27 al 28 de octubre, un comando de esa organización realiza un atentado en el cabaret Montmartre, de La Habana, donde es ajusticiado el coronel Antonio Blanco Rico, Jefe del Servicio de Inteligencia Militar (SIM).

 

En represalia, fuerzas policíacas penetran violenta e ilegalmente horas después en la Embajada de Haití y asesinan a diez jóvenes del Directorio Revolucionario refugiados allí. Uno de ellos, antes de caer, dispara su revólver contra el brigadier Rafael Salas Cañizares, Jefe de la Policía Nacional, y logra herirlo mortalmente.

 

El aparato represivo de la tiranía pierde así, en estas últimas acciones, a dos de sus más repulsivos gendarmes. El 27 de noviembre, al conmemorarse un nuevo aniversario del fusilamiento de los ocho estudiantes de Medicina ocurrido 85 años atrás, los cuerpos represivos tratan de disolver violentamente las manifestaciones estudiantiles que se realizan en La Habana, Santiago de Cuba y otras ciudades, resultando numerosos lesionados, entre ellos varios policías heridos a pedradas. Las universidades de La Habana y Santiago de Cuba cierran sus puertas bajo la consigna estudiantil de «No habrá clases con Batista». Sólo reiniciarán sus actividades docentes después de la derrota de la tiranía.

 

El Partido Socialista Popular se dispuso a prestar ayuda a los expedicionarios cuando desembarcaran. El Comité Provincial de Oriente comunicó al Comité Municipal de Manzanillo que les ofreciera todo el apoyo posible, incluso que se les facilitaran los guías que había preparado el Partido desde que pasó a la clandestinidad. Hubo contactos con el Movimiento 26 de Julio en Santiago y en otros lugares de la provincia; los Comités de Defensa de las Demandas lanzaron un llamamiento a la huelga general, y los militantes del Partido y de la Juventud Socialista participaron en paros, sabotajes y otras acciones junto a los miembros del 26 de Julio y los estudiantes.

 

Sin embargo, como era lógico, el centro de toda la actividad de apoyo a los expedicionarios fue el M-26-7. Con bastante anticipación, el Movimiento había empezado a preparar, en una vasta zona de la provincia oriental, las condiciones necesarias en armas, hombres, abastecimientos, comunicaciones, etc. Frank País encomendó esa tarea a Celia Sánchez, una compañera intrépida, abnegada y capaz, principal responsable del Movimiento en esa región. Esa ayuda no pudo prestarse en el momento del desembarco porque el «Granma» llegó, como se verá poco más tarde, por un lugar que no era el previsto; pero el aparato creado cumplió decisivas funciones.

 

También se preparaban los combatientes de Santiago de Cuba y de otras ciudades para apoyar a los expedicionarios con un levantamiento popular que coincidiera con el desembarco. Con conocimiento de la salida del «Granma» el 25 de noviembre, se calculó su llegada para el día 30. Y hacia esa fecha se dirigió el grueso de las acciones. El Movimiento acuartela sus fuerzas en todo el país. El día 29 van a la huelga los trabajadores del transporte en Santiago. En la madrugada del 30, los combatientes toman las calles santiagueras, estrenando el uniforme verde olivo y los brazaletes del 26 de Julio. Atacan la fragata «Siboney» e incendian la jefatura de la Policía Nacional. Toman la estación de la Policía Marítima, los planteles de enseñanza media, los hoteles, la catedral y otros edificios. La huelga es general en toda la ciudad. Más de sesenta presos se escapan de la cárcel de Boniato y muchos de ellos se incorporan a la lucha.

 

Durante varias horas, la ciudad está prácticamente en manos de los revolucionarios, quienes gozan del apoyo y la simpatía de la población. No obstante, en horas del mediodía, cuando las fuerzas de la tiranía han recibido refuerzos y se multiplica su superioridad en hombres y en armas, y sin que se haya producido el desembarco del Granma como se esperaba, los revolucionarios se ven obligados a replegarse, operación en la que también son protegidos y ayudados por el pueblo. Aún quedan, sin embargo, francotiradores que hostilizan a las fuerzas enemigas en distintos puntos de la ciudad, los que se mantienen hasta el 2 de diciembre. En las acciones del 30 de noviembre, los revolucionarios sufrieron decenas de heridos y diez muertos, entre éstos José Tey (Pepito), Tony Alomá y Otto Parellada, compañeros muy queridos por la población santiaguera. También sumaron cientos los detenidos en los días posteriores, tanto en Santiago como en otras localidades del país.

 

También el 30 de noviembre se produjeron importantes acciones en Guantánamo, Contramaestre, Holguín, Puerto Padre, Palma Soriano y otros lugares de Oriente, donde se realizaron paros obreros, asalto de polvorines, toma de puestos militares, quema de cañaverales y otros sabotajes. Uno de los grupos que se alzaron ese día, el de Sierra Canasta, se mantuvo sobre las armas hasta incorporarse más tarde al Ejército Rebelde. Se destacaron igualmente las acciones llevadas a efecto en varias ciudades de las demás provincias.

 

La sublevación popular del 30 de noviembre, aunque no pudo cumplir el objetivo propuesto de apoyar el desembarco del «Granma» debido al atraso que éste sufrió, tiene una gran significación: por primera vez el régimen sangriento de Batista se vio atacado desde varios lugares a la vez, y esos ataques marcaron el inicio de la guerra revolucionaria, cuyo glorioso antecedente inmediato había sido el asalto al cuartel «Moncada».

 

 

 

La promesa cumplida. El bautismo de fuego.

 

 

Cuando se produce el levantamiento del 30 de noviembre, el Granma se encuentra todavía, contra todos los cálculos, lejos de las costas orientales de Cuba. Han determinado el atraso varios factores: el mal tiempo que debieron vencer desde que salieron de Tuxpan al Golfo, el exceso de carga en relación con la capacidad de la nave, la rotura de un motor durante dos días etc., todo lo cual condujo a que la velocidad de crucero de la nave fuera bastante inferior a la que se esperaba.

 

Realmente, el Granma era inapropiado, pues se le diseñó para cargar unas pocas personas y en esta travesía transportaba 82 hombres con sus armas, mochilas y otros implementos necesarios. La demora provocó escasez de víveres, de petróleo y de agua potable, lo que, unido a otras dificultades que fue preciso sortear, hicieron angustiosa la travesía. Hubo que burlar primero la vigilancia de la Marina y los guardacostas mexicanos, y después la intensa búsqueda del yate expedicionario por la Marina de Guerra y los aviones de la tiranía batistiana. Uno de los aviadores, comunista infiltrado en las fuerzas armadas de Batista, informó a la dirección de su partido haber detectado el Granma, hallazgo que no reportó, desde luego, a los mandos militares. Finalmente, hubo que afrontar la furia de un mar embravecido al acercarse a tierras cubanas, el hundimiento de un bote auxiliar por sobrecarga, y al no desembarcar en el lugar previsto, enfrentar una costa de tupidos manglares, con arbustos de agudas espinas y hojas filosas, a lo que se sumaba una plaga de mosquitos y jejenes implacables. Ya el alba comenzaba a clarear, con lo que aumentaba el peligro de ser descubiertos por el enemigo, cuando se inició el desembarco. Eran aproximadamente las seis de la mañana del 2 de diciembre de 1956. Los expedicionarios se hallaban en Las Coloradas, municipio de Niquero, costa sudoccidental de Oriente.

 

Al salir del manglar y pisar tierra firme, después de dos horas de penoso andar, el estado físico de la tropa era calamitoso; fatiga agobiadora y muchos lesionados; uniformes y botas seriamente dañados; parte de las armas y del parque mojados, y muchos pertrechos perdidos. Pero una vez más, la moral revolucionaria se imponía a la adversidad. La promesa de Fidel estaba cumplida: los heroicos luchadores regresaban a Cuba, dispuestos a ser libres o mártires.

 

La persecución contra los combatientes rebeldes no se hizo esperar. Una hora después del desembarco, ya el ejército batistiano tenía conocimiento de los hechos. Poco después la Marina de Guerra y la aviación bombardeaban la zona de Las Coloradas, mientras se suspendían las ficticias garantías constitucionales en cuatro provincias (excepto en La Habana y Matanzas), se declaraba «situación de operaciones» en una amplia región del sudoeste oriental y se enviaban cuantiosos recursos militares a esa zona. Se estableció un amplio cerco alrededor de ella, a fin de eliminar al contingente rebelde. El gobierno ordenó matar a Fidel Castro cuando se le capturara, y al mismo tiempo anunció públicamente que el líder guerrillero había muerto, con el propósito de confundir al pueblo y desalentar a los luchadores revolucionarios. Prometió engañosamente el perdón a los que desistieran de la lucha y se entregaran a las autoridades.

 

Los revolucionarios avanzan trabajosamente en dirección a las montañas, tratando de llegar a ellas lo más pronto posible. El día 5 acampan en un lugar conocido como Alegría de Pío, zona cañera cercana a la costa, donde son sorprendidos por fuerzas enemigas de tierra y aire, sufren las primeras dos bajas y se ven obligados a dispersarse en varios grupos que se internan en los bosques cercanos. Alegría de Pío fue el bautismo de fuego de la guerrilla, según proclamara más tarde el comandante Ernesto Che Guevara. Allí se produce la situación trágica y heroica, que dio origen a una frase histórica pronunciada por el hoy comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque. A la exigencia conminante de rendición lanzada por un oficial batistiano, Almeida respondió enérgicamente: «¡Aquí no se rinde nadie, carajo!».

 

En los días siguientes, el Ejército logró capturar a una buena parte del contingente rebelde: asesina fríamente a 20 expedicionarios — entre ellos a Juan Manuel Márquez y Ñico López —; otros son enviados a presidio, y los que logran escapar, con la ayuda de la población campesina, siguen la marcha hacia la Sierra Maestra. Días más tarde, el 18 de diciembre, en un lugar llamado Cinco Palmas, comienzan a reencontrarse los grupos dispersos. El primero en llegar es el de Fidel y después el de su hermano Raúl: suman entre ambos ocho combatientes. Al recibir a sus compañeros y comprobar que vienen con sus uniformes, fusiles y balas, el líder de la Revolución exclamó: «¡Ahora sí que ganamos la guerra!».

 

 

 

 

Solidaridad popular y terror batistiano. Las Pascuas Sangrientas.

 

 

Tanto en los días que precedieron al desembarco como en los posteriores, en distintos sitios de la isla se suceden acciones de solidaridad y apoyo de las fuerzas revolucionarias a los combatientes del Granma: descarrilamiento de trenes, interrupción del servicio telefónico y de la electricidad, distribución de propaganda, atentados a periódicos batistianos y a miembros de los cuerpos represivos, estallido de bombas y otros actos de terror y sabotaje. En varias ciudades (entre ellas Pinar del Río, La Habana, Matanzas, Santa Clara y Guantánamo) son descubiertos por la policía arsenales de armas de diverso tipo, cocteles Molotov (botellas incendiarias), parque y bombas, así como uniformes, brazaletes y propaganda del M-26-7. Son detenidas miles de personas en todo el país.

 

El Partido Socialista Popular orienta la realización de paros obreros y estudiantiles que obliguen al gobierno a distraer fuerzas, a la vez que inicia una campaña dirigida a juntar empeños en la defensa de los expedicionarios, acosados por el Ejército. El 3 de diciembre, al día siguiente del desembarco, llama a todos los partidos y grupos de oposición, a los sindicatos obreros y asociaciones campesinas, a la FEU y demás organizaciones estudiantiles, a formar un poderoso frente único contra la tiranía, a protestar contra los crímenes que ésta comete y defender a los combatientes del 26 de Julio. Lanza nuevos reclamos en esa misma semana, y el 12 de diciembre reitera: «Independientemente de nuestro juicio sobre los métodos y tácticas, hoy existe un hecho: los partidarios del 26 de Julio se han lanzado a una acción cuyo objetivo — derrocar al gobierno de Batista—, es justo, y el gobierno los persigue y trata de aniquilar con la ferocidad característica de los regímenes despóticos. Hay que detener la mano sangrienta de la tiranía. Hay que impedir que extermine a los alzados. Hay que echar atrás a la bestia que ha suprimido toda sombra de libertad y siembra el terror por todo el territorio nacional, que llena las cárceles de opositores y mata sin cesar».

 

La urgencia de este llamamiento respondía a una situación real: el ejército batistiano remataba heridos y asesinaba prisioneros. Además, a la caza de expedicionarios se sumaba la represión contra conocidos militantes oposicionistas que podían prestarles apoyo. Así ocurrió, por ejemplo, en la zona norte de Oriente, donde se hallaban enclavados varios colosos azucareros y el imperio de la Nicaro Níquel Company, y donde había una larga tradición de luchas proletarias.

 

En dicha zona, un grupo de acción había atacado un polvorín e interrumpido el acceso por carretera a Santiago el 30 de noviembre de 1956. Y allí las tropas de la tiranía, al mando del coronel Fermín Cowley, decidieron dar una sangrienta batida. Entre el 23 y el 26 de diciembre, el ejército sacó de sus domicilios y asesinó a 23 hombres, los que aparecieron tiroteados y ahorcados. Teniendo en cuenta que estos asesinatos se cometieron en los días de Navidad, este acontecimiento ha pasado a la historia con el nombre de Pascuas Sangrientas.

 

Varias de las víctimas eran prestigiosos líderes de los trabajadores azucareros; otros, obreros tabacaleros, mineros, de ómnibus, etc. En su mayoría se trataba de dirigentes del Movimiento 26 de Julio y del Partido Socialista Popular, pero había también algunos ortodoxos, auténticos y sin filiación. El hecho de que las víctimas tuvieran diferentes militancias políticas era un símbolo de la unidad revolucionaria que se forjaba en la lucha contra la tiranía.

 

En la provincia oriental, y en todo el país, se levantó una gigantesca ola de condenación que llegó — sin respuesta — hasta la Organización de las Naciones Unidas. La protesta alcanzó tal amplitud que comprendió a todos los partidos de oposición, así como al Club Rotario y al Club de Leones. Once meses después, en noviembre de 1957, un comando del Movimiento 26 de Julio ejecutó al coronel Cowley, responsable directo de esta matanza y de otros crímenes. Los hechos sangrientos se multiplicaron a partir de entonces en todas las provincias y costaron la vida a miles de dirigentes y militantes revolucionarios.

 

 

 

La guerrilla se consolida. El año 1957.

 

 

En el avance hacia lo más intrincado de la Sierra Maestra, se va ampliando el pequeño grupo guerrillero. Se reencuentra con otros grupos de expedicionarios y se les suman algunos campesinos así como varios manzanilleros. Al mismo tiempo, se va creando una red de colaboradores y les van sirviendo de entrenamiento las largas caminatas, que se hacen más difíciles con el hambre y la niebla, las lluvias, los accidentes sumamente abruptos del terreno, el cruce de ríos y algunas epidemias que afectan a la pequeña tropa.

 

El 17 de enero de 1957 la guerrilla libra su primer combate victorioso. El destacamento, que cuenta sólo con 32 hombres, 22 armas y muy pocas balas, ataca el pequeño cuartel que existía en la desembocadura del río La Plata, que contaba con una guarnición reducida pero bien armada. El ataque duró poco más de media hora y la guarnición tuvo dos muertos, cinco heridos y tres prisioneros. La guerrilla, que no sufrió ni un rasguño, se apoderó de ocho fusiles, una ametralladora y unos mil tiros, además de cananas, botas, cascos, cuchillos, ropas, otros pertrechos y alguna comida.

 

La victoria fue modesta, pero significó mucho para el futuro de la guerrilla revolucionaria. Después del desastre de Alegría de Pío, la toma del cuartel de La Plata reconfortó a los combatientes, fortaleció su moral, les demostró en la práctica que era correcta su concepción de que podían derrotar al ejército y pertrecharse con las armas enemigas. Por primera vez el grupo guerrillero tuvo más armas que hombres. El hecho alcanzó gran resonancia nacional e incluso mundial; probó que el movimiento armado existía y ganaba combates, pese a todos los reveses sufridos; que era falsa la versión gubernamental sobre la liquidación de la guerrilla.

 

Ese combate mostró ante los mismos soldados de Batista una moral desconocida para ellos: el trato humano y justo que los revolucionarios darían siempre a los prisioneros enemigos. Los heridos recibieron atención médica, e incluso se les entregó una parte de las pocas medicinas del campamento guerrillero; los prisioneros fueron puestos en libertad. Uno de éstos se uniría más tarde al Ejército Rebelde. Pero también se evidenció la energía y firmeza de la revolución ante los esbirros y delatores convictos de crímenes, al ser ajusticiado uno de ellos en La Plata.

 

De esa forma, este primer triunfo rebelde marcó pautas que seguirían los combatientes revolucionarios a través de toda la guerra. A partir de entonces, la guerrilla fue adquiriendo experiencia en la lucha y alcanzando nuevas victorias, a veces costosas, frente a un ejército infinitamente superior en número de hombres, en armamentos y otros recursos, que maniobraba para aniquilar a la tropa rebelde, seguía de cerca sus pasos, la bombardeaba y ametrallaba constantemente, le infiltraba agentes y trataba de eliminarles su base de aprovisionamiento obligando a los campesinos a abandonar sus tierras, hogares y animales. Más de una vez los ataques de la aviación o factores accidentales provocan la dispersión de la columna guerrillera.

Un mes después de La Plata, en lo intrincado de la Sierra Maestra se produce una importante entrevista del distinguido periodista norteamericano del New York Times Herbert L. Matthews a Fidel Castro, que al ser publicada después dio a Cuba y al mundo la certeza de que Fidel no había muerto y de que la revolución en Cuba era una realidad.

 

El mismo día de esa entrevista — 17 de febrero de 1957 —, se reúne en el mismo campamento, por primera vez desde el desembarco, la dirección nacional del M-26-7. Se acuerda, entre otras cosas, preparar un grupo de combatientes del llano para reforzar la guerrilla y priorizar el apoyo a la lucha insurreccional en la montaña. En el primer manifiesto al pueblo de Cuba desde la Sierra Maestra, Fidel ofrece una información sobre la actividad y la situación de la guerrilla y orienta una serie de tareas importantes: intensificar la quema de cañas y sabotajes a las comunicaciones y demás servicios públicos; ejecutar en forma sumaria a los torturadores, asesinos y otros agentes de la tiranía; organizar la resistencia cívica en las ciudades; incrementar la recaudación de fondos para el Movimiento, e ir preparando la huelga general revolucionaria como punto culminante de la insurrección.

 

Cumpliendo lo acordado, van llegando los refuerzos que vienen del llano (de las ciudades), los combatientes se van familiarizando con el medio geográfico y establecen lazos cada vez más estrechos con la población del campo. Los campesinos y obreros agrícolas, sumamente explotados, ven en las tropas rebeldes sus aliados y defensores y se incorporan a la guerrilla en número creciente. Esta, a su vez, adopta una sencilla estructura inicial: la columna se divide en pelotones y escuadras. Lleva a cabo una guerra de movimientos — la táctica de «muerde y huye» —, sin tener una base territorial permanente. Esta táctica guerrillera le permite burlar a las poderosas fuerzas enemigas que se han lanzado contra el destacamento rebelde después de sus primeros combates victoriosos.

 

Gran importancia estratégica, moral y material, tuvo la toma del cuartel del Uvero, punto situado junto al mar, en la costa sur de Oriente, cuya guarnición había sido reforzada para hacer frente a cualquier intento guerrillero. Fue un combate muy enconado que duró cerca de tres horas, en el cual la guerrilla tuvo seis muertos y nueve heridos, mientras las bajas del ejército fueron 14 muertos, 19 heridos y 14 prisioneros. Les fueron ocupadas gran cantidad de armas, parque, medicinas y equipos de diverso tipo. La acción, librada el 28 de mayo de 1957, ratificó la justeza de la lucha armada como vía fundamental y fortaleció la fe de los combatientes en la victoria, a la vez que asestó un severo golpe a la moral del ejército batistiano. Che Guevara calificó el hecho como «la victoria que marcó la mayoría de edad de nuestra guerrilla», y agregó:

 

«Esta acción selló la suerte de los pequeños cuarteles situados lejos de las agrupaciones mayores del enemigo, y fueron desmantelados al poco tiempo».

 

En el mes de julio, el bisoño Ejército Rebelde alcanzaba un grado apreciable de desarrollo: se consolidaban sus posiciones en la Sierra, y empezaba a quedar atrás la fase nómada de la guerrilla. De la columna original, dirigida por Fidel Castro, se desprende una nueva, la columna No. 4, que comenzó a operar en la zona de El Hombrito, al este del Pico Turquino, bajo el mando del ya comandante Ernesto Che

Guevara. Ambas columnas actúan unas veces independientemente, otras en forma combinada, y libran combates victoriosos. En una ocasión, el 20 de noviembre, la guerrilla se bate en un lapso de siete horas haciéndole 100 bajas al enemigo.

 

En agosto, el frente guerrillero ha logrado alcanzar cierta estabilidad territorial, lo que permite al Che crear una base fija en El Hombrito, donde se organizan talleres, una armería, un horno para hacer pan y un hospital; se inicia la cría de aves y cerdos; se construyen refugios antiaéreos y una pequeña presa. Poco después se instalaría un mimeógrafo, en el que comenzó a imprimirse El Cubano Libre, primer periódico de la guerrilla, de igual título al que había publicado el Ejército Libertador en el siglo pasado.

 

El desarrollo exitoso de la lucha guerrillera y el creciente prestigio de Fidel Castro hicieron que algunos representantes de la oposición burguesa establecieran contacto con el líder rebelde. A mediados de julio de 1957 subieron a la Sierra Maestra para entrevistarse con él, dos personalidades muy conocidas: Raúl Chibás, hermano del ya fallecido fundador de la ortodoxia, y Felipe Pazos, economista de renombre y expresidente del Banco Nacional de Cuba en época de Prío Socarrás. Tenían el propósito de crear un frente cívico-revolucionario de todas las fuerzas opuestas a la dictadura, sobre bases aceptables para todos sus integrantes: renuncia de Batista; formación de un gobierno provisional con un Presidente nombrado por el conjunto de las instituciones cívicas; celebración de elecciones generales para todos los cargos del Estado, las provincias y los municipios bajo las normas de la Constitución de 1940. Además, el gobierno provisional desarrollaría un programa mínimo de medidas económicas, políticas, sociales y culturales indispensables, no tan radicales como las que preconizaba Fidel, pero de gran importancia como paso inicial hacia las transformaciones que necesitaba el país. Como resultado de esas conversaciones, se emitió un documento conocido como «Manifiesto de la Sierra Maestra», que recoge los acuerdos tomados. Esta reunión constituyó un reconocimiento del papel que desempeñaba el Ejército Rebelde y de las concepciones estratégicas y tácticas de Fidel Castro.

 

Ante el fracaso de la ofensiva general lanzada contra la guerrilla, el ejército de la tiranía intensifica la represión contra la población campesina, tratando de destruir la base de sustentación de las fuerzas rebeldes. Decenas de campesinos fueron asesinados de una sola vez como represalia por la derrota de las tropas batistianas. Pero esos crímenes fueron inútiles: una «ofensiva de invierno» que iniciaron dichas tropas a fin de año, fracasó apenas comenzada.

 

 

 

Otras manifestaciones de la lucha popular.

 

 

Durante todo el año 1957, junto a la consolidación y desarrollo del movimiento guerrillero en la Sierra Maestra, se incrementó notablemente la lucha clandestina en ciudades y campos, que se expresó en las más diversas formas: huelgas, paros, manifestaciones y otras movilizaciones de masas; acciones armadas, sabotajes, atentados personales y actos terroristas; resistencia cívica; labor de propaganda; recaudación de fondos y acopio de alimentos, medicina y ropa, así como reclutamiento de combatientes para la guerrilla y otras actividades. El M-26-7, el PSP y el DR multiplicaban sus acciones, las cuales se realizaban muchas veces coordinadamente. También se producían luchas contra la tiranía por parte de otros sectores oposicionistas inconformes con la pasividad o el engaño de muchos dirigentes políticos.

 

Un lugar de honor en la batalla diaria contra la tiranía lo ocuparon las mujeres cubanas, tanto en las montañas como en las ciudades. Eran muy frecuentes las manifestaciones en que portaban telas y coreaban consignas de combate, enfrentándose a los golpes, tiros, detenciones, torturas y asesinatos. El 4 de enero de 1957, en una de esas manifestaciones diarias, más de 200 mujeres vestidas de negro desfilaron portando cartelones en los que se exigía: «¡Cesen los asesinatos de nuestros hijos!».

 

El asalto al Palacio Presidencial y la expedición del «Corinthya».

 

 

El 13 de marzo, siguiendo la táctica de «golpear arriba», el Directorio Revolucionario, secundado por algunos militantes del PRC (A) y combatientes de otras filiaciones, atacó por asalto el Palacio Presidencial en la capital de la República, con el propósito de ajusticiar a Batista. De lograrse este objetivo se haría un llamado al pueblo para que se lanzara a la calle, ocupara los principales bastiones militares de la capital y desencadenara otras acciones, todo lo cual debía conducir al derrocamiento de la tiranía.

 

Aunque los revolucionarios llegaron hasta la tercera planta del Palacio, no pudieron ejecutar al tirano, ya que éste logró escapar presumiblemente por una escalera interior desde su despacho. Al mismo tiempo que se atacaba el Palacio Presidencial, un grupo dirigido por José Antonio Echeverría, líder del Directorio, asaltaba la popular emisora Radio Reloj, desde donde el prestigioso combatiente dio lectura a una parte de la proclama revolucionaria en la que se anunciaba la ejecución del tirano Batista. De allí se dirigió a la sede de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) para hacerse fuerte en ese lugar; pero antes de llegar, el auto en que viajaba fue interceptado por carros de la policía y, luego de un intercambio de disparos, el líder estudiantil fue abatido. Se frustraba así la vida de uno de los jóvenes más abnegados y combativos de aquella generación. Más de treinta asaltantes perdieron la vida en las acciones de ese 13 marzo, y cuatro más fueron sorprendidos y asesinados por la policía semanas después, el 20 de abril. Entre éstos últimos se hallaba Fructuoso Rodríguez, Presidente de la FEU desde la muerte de José Antonio Echeverría.

 

En honor al asalto a Palacio, la organización armada de los estudiantes adicionó a su nombre la fecha de ese heroico acontecimiento. En lo adelante se llamaría Directorio Revolucionario 13 de Marzo (DR-13-M).

Constatando las posibilidades de la lucha armada en las montañas, también la Organización Auténtica — grupo insurreccionalista que responde al expresidente Prío Socarrás —, envía desde Miami una expedición a Cuba que desembarca el 24 de mayo en la bahía de Cabonico, al norte de Oriente. La integran una treintena de hombres bajo el mando de Calixto Sánchez White, exdirigente de la CTC oficial.

Los expedicionarios tratan de internarse en la Sierra Cristal, en las proximidades del desembarco, pero no lo logran. Acosados por el ejército de la tiranía, sin guías, extenuados y hambrientos, 15 de ellos son capturados y asesinados el 28 de mayo, el mismo día en que el Ejército Rebelde ataca el cuartel del Uvero. Este intento insurreccional es conocido como «la expedición del Corynthia», aludiendo al nombre del yate que los trajo.

Muerte de Frank País. Huelga general.

 

 

El 30 de julio de 1957, el movimiento revolucionario sufre una de sus más dolorosas y costosas pérdidas: la muerte de Frank País, junto a su compañero Raúl Pujol, en un choque armado con la policía en las calles de Santiago de Cuba. Además de jefe nacional de acción del M-26-7, Frank había asumido la dirección de esta organización en el llano*, cuando resultó preso su jefe, Faustino Pérez. Según expresión de Fidel, «Frank era el más valioso, el más útil, el más extraordinario de nuestros combatientes».

 

El día 31, el pueblo santiaguero se volcó en el sepelio del joven revolucionario, y entre la multitud surgió la consigna de «huelga» que en breve se extendió por toda la ciudad. Los obreros abandonaron sus fábricas y demás centros de trabajo, los comercios cerraron sus puertas y las calles fueron invadidas por manifestantes populares. Pese a la represión desatada, las acciones huelguísticas se extendieron a las demás provincias, acompañadas de sabotajes a establecimientos y servicios públicos, toma de radioemisoras, e incluso declaración de «ciudades muertas» en algunos lugares. Pese a lo inesperado y espontáneo del movimiento en sus inicios, lo que impide convertirlo en un levantamiento popular capaz de derrocar a la tiranía, las acciones se prolongan en algunos sitios durante una semana. Aunque hubo acciones coordinadas entre el M-26-7, el Partido Socialista Popular y el Directorio Revolucionario, e incluso hubo contactos con la Organización

Auténtica y la Juventud Obrera Católica, el tiempo no fue suficiente para que esa coordinación alcanzara el nivel indispensable a una acción de tal envergadura.

 

La trascendencia de esta huelga radica en que muestra el nivel alcanzado por la conciencia política del pueblo, que en este caso no actúa movido por demandas económicas ni de beneficio material, sino con objetivos definidamente revolucionarios. Además, reafirma el papel decisivo de la huelga general como complemento de la insurrección armada en la lucha contra la dictadura.

 

 

 

La sublevación de Cienfuegos.

 

 

El ascenso de la lucha contra el régimen batistiano y la creciente integración a la misma de los elementos más valiosos de las propias fuerzas armadas, tiene una de sus más cabales expresiones en la sublevación de Cienfuegos, el 5 de septiembre de 1957. Esta acción fue el resultado de un proceso conspirativo que se desarrolló principalmente en La Habana y Cienfuegos, y que involucró a oficiales, clases y soldados de la Marina de Guerra, la Fuerza Aérea y el Ejército, con la participación de dirigentes y grupos de acción del Movimiento 26 de Julio, así como otros encartados, entre ellos un representante del Partido Socialista Popular.

 

El plan consistía en la sublevación de las tropas navales y aéreas, la toma de instalaciones militares y oficinas públicas y la convocatoria a una huelga general, todo lo cual debería conducir al derrocamiento de la tiranía y la instauración de una junta de gobierno que entregara el poder al Ejército Rebelde. En Cienfuegos se preveía, además, el alzamiento de los marinos de Cayo Loco, la toma de la ciudad y la posible retirada a la Sierra del Escambray para abrir allí un frente guerrillero.

 

Ya se había fijado la fecha de la sublevación — el 5 de septiembre —, pero a última hora se decidió en La Habana posponerla. Pero el aplazamiento no fue conocido en Cienfuegos, por lo que se produjo el levantamiento según el plan. Los sublevados tomaron la base de Cayo Loco, distribuyeron las armas al pueblo e iniciaron exitosamente la lucha en la ciudad. Se mantuvieron en combate hasta el día siguiente; pero al no cumplirse el plan en otros lugares, la dictadura pudo disponer de poderosos refuerzos enviados desde La Habana y otras ciudades, y aplastó la sublevación. La heroica acción costó la vida a cerca de cincuenta revolucionarios, marinos en su mayor parte, muchos de los cuales fueron asesinados después de los hechos.

 

 

 

 

El Movimiento de Resistencia Cívica. Crece el terror.

 

 

Cumpliendo los acuerdos de la dirección nacional del 26 de Julio en su reunión de febrero de 1957, a mediados de ese año comenzó a organizarse el Movimiento de Resistencia Cívica en todo el país. Aunque en sus filas había militantes del M-26-7 y de otras organizaciones revolucionarias, la Resistencia Cívica se planteó como propósito fundamental el de aglutinar a muchos oposicionistas que no estaban dispuestos a tomar las armas, ni a realizar sabotajes, pero que sí podían contribuir económicamente a la causa, abstraerse de asistir a diversiones y otras actividades públicas, aportar medicinas u otros recursos, cumplir orientaciones de desobediencia civil o expresar en otras diversas formas su repudio a la tiranía.

 

Así, el Movimiento de Resistencia Cívica, orientado por el 26 de Julio, tuvo una activa participación en las movilizaciones populares antibatistianas y muchos de sus miembros se convirtieron en cuadros destacados del M-26-7. Junto a estas actividades, se multiplicaron los atentados personales y actos de terrorismo en general.

 

Durante el año de 1957, el número de petardos y bombas que estallaban en ciudades y pueblos crecía continuamente, contándose diariamente por decenas. Hubo un día, el 30 de junio, en el que La Habana se estremeció con más de un centenar de explosiones, por lo que se recuerda esa fecha como «la noche de las cien bombas». En respuesta, los cuerpos represivos recrudecieron también el terror, elevándose notablemente el número de jóvenes torturados y asesinados. A esto hay que sumar las víctimas ocasionadas por la explosión de bombas entre los mismos que las portaban, por inexperiencia, ansiedad o descuido.

 

También se hizo frecuente el ajusticiamiento de esbirros de la tiranía culpables de torturas y crímenes. El caso de mayor impacto público fue el del coronel Fermín Cowley, Jefe del Regimiento No.7, ejecutado el 23 de noviembre por un grupo del M-26-7 en Holguín. Como se explicó antes, Cowley fue el responsable directo de las «Pascuas sangrientas», del asesinato de los expedicionarios del «Corynthia» y de otros crímenes. Como represalia por la muerte de Cowley, el Ejército asesinó a once ciudadanos holguineros.

 

El ascenso de la lucha revolucionaria y del repudio popular ensoberbeció a la tiranía en lugar de hacerla reflexionar. El número de crímenes y atropellos se elevó desmesuradamente. Se ha hecho referencia a muchos de ellos, pero es necesario agregar algunos casos más, debido a la connotación particular que tuvieron. El 21 de octubre, Bayamo sufrió su «Noche de San Bartolomé». El ejército batistiano desató una ola de violencia en esa ciudad, que arrojó 25 asesinatos, numerosos heridos, asaltos a domicilios, atropellos y encarcelamientos. El 18 de diciembre amanecieron siete hombres ahorcados en Sancti Spíritus y cuatro en Jovellanos. Fue preso, salvajemente torturado y asesinado, el prestigioso líder comunista de los obreros del transporte José María Pérez, así como los dirigentes obreros de la misma militancia Humberto Alvarez (azucarero) y José M. Ramírez Casamayor (ferroviario). Una mañana apareció ultimado en la capital el conocido político ortodoxo y abogado Pelayo Cuervo Navarro. La misma suerte corrieron el adolescente William Soler, de 15 años, junto a dos compañeros, y los jóvenes José R. Rodríguez López (18 años) y Rolando Poland Azoy (20 años). En las calles de Santiago de Cuba fueron acribillados a balazos Josué País (hermano de Frank País), Floro Vistel y Salvador Pascual. Los maestros René Fraga Moreno y Rubén Bravo, murieron a manos de los cuerpos represivos en Matanzas y Holguín respectivamente.

 

 

 

El Pacto de Miami.

 

 

Ante la consolidación del contingente guerrillero en la Sierra Maestra y el auge de la lucha insurreccional en todo el país, resurgieron los intentos conciliadores de la oposición burguesa (partidos políticos e instituciones sociales) con el propósito de contener el movimiento revolucionario y acabar con el liderazgo de Fidel Castro. Revivió la Sociedad de Amigos de la República y lanzaron nuevas iniciativas pacifistas el Bloque Cubano de Prensa, el Club Rotario y el de Leones, el Colegio de Abogados, los Consejos Universitarios de La Habana y Santiago de Cuba y muchas de las llamadas «instituciones cívicas». Se creó una titulada Comisión Interparlamentaria, para encauzar un diálogo entre los partidos de gobierno y los de oposición representada en el Congreso. Pero Batista, después de crear ciertas ilusiones en los conciliadores y entretenerlos durante algunos meses, rechazó finalmente sus principales peticiones.

 

Sin embargo aún no se habían agotado los esfuerzos por encontrar una solución que eliminara del poder a Batista sin afectar los intereses de las clases oligárquicas ni de los monopolios norteamericanos en Cuba. Tras un proceso de contactos y conversaciones que culminó en octubre de 1957, se reunieron en la ciudad de Miami representantes de numerosos partidos y organizaciones cubanas de la oposición: Partido

Revolucionario Cubano (Auténtico), Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos), Organización Auténtica, Federación Estudiantil Universitaria, Directorio Obrero Revolucionario, Partido Demócrata (fracción de José R. Andreu y Lincoln Rodón), Directorio Revolucionario 13 de Marzo y, supuestamente, el Movimiento 26 de Julio. El acuerdo a que llegaron estas organizaciones, conocido como Pacto de Miami, dio vida a una llamada Junta de Liberación Cubana, cuyos integrantes suscriben el 1ro. de noviembre un documento en el que explican las bases de la unidad lograda y los objetivos que persiguen, así como los pasos a dar para alcanzarlos. Se oponen a la salida electoral y se proponen constituir un gobierno provisional, presidido por el economista auténtico Felipe Pazos, que convoque a elecciones generales en un plazo de 18 meses y aplique un limitado programa de reformas. Para estos fines, apelan a la ayuda de la OEA y la ONU.

 

El Pacto alteraba los principios fundamentales del Manifiesto de la Sierra Maestra — suscrito por Fidel Castro, Raúl Chibás y Felipe Pazos en febrero de 1957 — y al aplicarse con absoluto desconocimiento de

Fidel, trataba de maniatar al M-26-7 poniéndolo ante un hecho consumado. El Pacto de Miami, que contó con la simpatía y el estímulo de las esferas oficiales de Estados Unidos, concitó la más severa crítica y el repudio de la dirección nacional del Movimiento 26 de Julio y del Partido Socialista Popular. En un documento fechado el 14 de diciembre de 1957, el líder rebelde desautoriza a la supuesta representación del M-26-7 en la Junta de Liberación Cubana, por arrogarse atribuciones que la organización no le había dado y haber sostenido conversaciones y llegado a acuerdos a espaldas de ella.

 

Sostiene Fidel que lo importante no es la unidad a todo trance, sino las bases de esa unidad, la forma en que se viabilice y las intenciones patrióticas que la animen. Critica fuertemente la tibieza y la cobardía del documento al omitir el rechazo a todo tipo de intervención extranjera en los asuntos internos de Cuba; al no oponerse tajantemente a la posibilidad de una junta militar para sustituir a Batista. Denuncia el menosprecio con que los firmantes tratan, de hecho, al movimiento guerrillero, y desenmascara el propósito encubierto de arrebatarle al Ejército Rebelde el derecho a constituirse en las fuerzas armadas de la república, así como la pretensión de trasladar la dirección del movimiento revolucionario para el exilio. En lugar de Felipe Pazos, Fidel apoya como Presidente de un gobierno provisional al magistrado sin afiliación política Manuel Urrutia Lleó, que había mantenido una actitud digna en el juicio contra los expedicionarios del «Granma» y que, por sus posiciones no radicales, debía «tranquilizar» al gobierno de Estados Unidos y a la burguesía cubana.

 

El máximo líder de la Revolución no cierra el camino a las conversaciones de unidad, pero reitera que éstas deben basarse en el respeto a los principios enarbolados por los combatientes rebeldes, como legítimos representantes del pueblo revolucionario de Cuba. Si se rechazan esas condiciones, advierte Fidel, «seguiremos solos la lucha como hasta hoy, sin más armas que las que arrebatamos al enemigo en cada combate, sin más ayuda que la del pueblo sufrido, sin más sostén que nuestros ideales». Y concluye sosteniendo que «para caer con dignidad no hace falta compañía». Este rechazo selló la suerte del Pacto de Miami, que se desintegró sin gloria, demostrando que Fidel Castro y el Ejército Rebelde constituían la vanguardia real del movimiento revolucionario cubano, y que sin contar con esta vanguardia no se podía siquiera soñar con la solución al problema de Cuba.

 

 

 

 

Nueva etapa en la lucha popular y en la guerra revolucionaria.

 

 

Al comenzar el año 1958 sigue en ascenso la lucha clandestina en ciudades y pueblos, mientras el Ejército Rebelde continúa ampliando su radio de acción, librando combates victoriosos, y ya baja al llano para atacar posiciones enemigas y para realizar importantes actos de sabotaje contra propiedades de connotados batistianos. Todo lo cual conduciría a una etapa más alta de la insurrección popular.

 

En todo el país, principalmente desde Matanzas hasta Oriente, los revolucionarios queman decenas de millones de arrobas de caña; ajustician a esbirros de la tiranía; hacen estallar continuamente artefactos explosivos; incrementan las labores de propaganda y las movilizaciones populares contra el régimen, y ven cercana la perspectiva de una huelga general revolucionaria.

 

En febrero, un grupo del M-26-7 en La Habana secuestra al famoso campeón de automovilismo Juan Manuel Fangio, que iba a participar en un evento automovilístico internacional auspiciado por el gobierno. El célebre corredor argentino constituía la máxima atracción de ese torneo, por lo que se aspiraba a que su secuestro llamara la atención del mundo sobre la situación de Cuba. La acción logró totalmente su propósito. Pero también se incrementa la escalada represiva del régimen. Honda repercusión producen miles de víctimas por torturas y asesinatos, entre las cuales se destacan los jóvenes dirigentes del 26 de Julio Orlando Nodarse, en Pinar del Río, y Gerardo Abreu (Fontán), en La Habana; el prestigioso líder obrero de Manzanillo Paquito Rosales, que había sido el primer alcalde comunista elegido en Cuba; la joven Aleida Fernández Chardiet y la maestra católica Estherlina Milanés Dantín, que salvó la vida después de ser bestialmente torturada.

 

El hecho de que, bajo fuerte presión, Batista decida restablecer momentáneamente las garantías constitucionales, hace posible que el pueblo sea informado de los principales crímenes y atropellos de la dictadura, del auge de la lucha de masas en todo el país y de los éxitos del Ejército Rebelde. Esto imprime nuevos bríos a la lucha.

 

De gran importancia en el desarrollo de la guerra revolucionaria es el combate librado el 17 de febrero en Pino del Agua, un pequeño caserío situado al sur de Bayamo, alrededor de un aserrío, en el firme de la Sierra Maestra. Estaba defendido por una compañía muy bien armada y atrincherada. El objetivo no era tomar el poblado, sino establecer un cerco que obligara al ejército a mandar fuerzas en ayuda de la guarnición cercada, lo que aprovecharía la guerrilla, interceptando todos los caminos, para emboscar y batir a las tropas de refuerzo.

 

El éxito fue parcial. Los hechos no se produjeron exactamente como se había pensado, ya que por uno de los principales lugares de acceso al poblado el enemigo avanzó protegido por una muralla de mujeres y niños campesinos forzados a hacerlo, impidiendo así que se les disparara. Terminada la acción, el ejército de la tiranía sacó de los bohíos a un grupo de campesinos que se habían refugiado en ellos huyendo del combate y los ametralló, matando a 13. La mayoría eran niños y mujeres. El ejército batistiano tuvo alrededor de veinticinco muertos, otros tantos heridos, cinco prisioneros y se le capturaron más de treinta fusiles, cinco ametralladoras y gran cantidad de parque. Las bajas rebeldes fueron un muerto y tres heridos.

 

A partir de este combate, el Ejército Rebelde combina la guerra de movimiento con la de posiciones, con tendencia al predominio de esta última. Pocos días después, el 24 de febrero, comienza sus trasmisiones una emisora de la columna guerrillera, Radio Rebelde, situada junto a la comandancia de la Columna No. 4, mandada por el Che, en un lugar conocido como La Mesa. Esta emisora se mantendría trasmitiendo durante toda la guerra y desempeñaría en ella un papel de gran trascendencia.

 

También después de Pino del Agua, las condiciones permiten ampliar sustancialmente la zona de operaciones, creando nuevas columnas guerrilleras y abriendo otros frentes de guerra. En marzo de 1958 se crea la Columna No. 7, al mando del Comandante Crescencio Pérez, que junto al núcleo original, la Columna No. 1, mandada por Fidel, y la Columna No. 4, al mando del Che, forman lo que se ha llamado Primer

Frente.

 

 

 

El Segundo Frente Oriental «Frank País».

 

 

En los primeros días de ese mismo mes de marzo, se crean dos nuevas columnas, la No. 6 y la No. 3, mandadas por Raúl Castro Ruz y Juan Almeida, respectivamente. A estas columnas se les asigna la misión de abrir dos nuevos frentes de batalla al este de la provincia oriental. Después de una larga y rigurosa marcha, la Columna No. 6 penetró en una zona montañosa situada al nordeste de la provincia de Oriente, de relieve muy abrupto y difícil acceso, que se denominó II Frente Oriental «Frank País». Llegó a abarcar un territorio de 12,000 km2, con población aproximada de cuatrocientos mil habitantes. El área poseía una apreciable riqueza agrícola (caña, café, maderas, etc.) y abarcaba numerosas industrias importantes, entre ellas 15 centrales azucareros y dos plantas procesadoras de níquel: las de Nicaro y Moa.

 

Con el establecimiento de este nuevo Frente, se organizan convenientemente los campesinos de la región, se eliminan los grupos de bandoleros que realizaban sus fechorías a título de alzados, se reorganizan los núcleos guerrilleros ya existentes en la zona, se construye un aeródromo y una fábrica de bombas y se crean: un servicio de inteligencia, una red de abastecimiento a las tropas, una sección de obras públicas, un cuerpo de sanidad, unos cuarenta hospitales, 400 escuelas y, en general, las estructuras administrativas, jurídicas y militares necesarias para gobernar el territorio, defenderlo y cumplir las misiones ofensivas del Frente. En resumen, con estas estructuras y las que se forman en el Primer Frente, se crea el germen de lo que será después el Estado revolucionario.

 

El II Frente Oriental desempeña un papel decisivo en la guerra revolucionaria. En el transcurso de nueve meses (de abril a diciembre de 1958), sus tropas han sostenido cerca de doscientos cincuenta combates, destruyendo más de treinta cuarteles de la tiranía, causando unas doscientas bajas al enemigo y capturándole alrededor de mil doscientas armas. Las fuerzas del Frente, multiplicadas en ese lapso, se agrupan al final en seis columnas.

 

 

 

 

Otros frentes de combate.

 

 

Paralelamente, el comandante Juan Almeida, al mando de la Columna No. 3, crea el Tercer Frente, que abarca una importante porción de la Sierra Maestra, al oeste de la ciudad de Santiago de Cuba. También se han de librar en esta zona importantes combates victoriosos. Sus tropas constituirán una constante y creciente amenaza para la capital de Oriente, y desempeñarán un papel preponderante en la ofensiva final en esa provincia. También en estos primeros meses de 1958 se consolida la incorporación del DR13-M y del PSP a la lucha armada en las montañas. Ya desde principios de noviembre de 1957, el Directorio había dado los primeros pasos para abrir un frente guerrillero en la Sierra del Escambray, zona montañosa situada en la parte central de la isla, al sur de la ciudad de Santa Clara. Allí se estableció entonces un grupo de alzados que asumió el nombre de Segundo Frente Nacional del Escambray; pero sus principales jefes, lejos de acatar las orientaciones del Directorio, hicieron contacto con Prío Socarrás y siguieron una conducta deleznable de abusos con los campesinos, bandolerismo e incluso crímenes, por lo que serían expulsados de su organización. No realizaron ninguna acción significativa contra el ejército batistiano.

 

El 8 de febrero de 1958 arriba a Cuba por la bahía de Nuevitas, costa norte de Camagüey, la expedición del yate «Scapade», encabezada por Faure Chomón, Secretario General del Directorio. Bien armados, los nuevos combatientes se proponen revitalizar el frente del Escambray y reforzar con hombres y armas la actividad del Directorio en La Habana, propósito que se cumple satisfactoriamente. Pocos días después, el destacamento guerrillero baja del Escambray y ataca a las tropas de la tiranía en los pueblos de Cabaiguán y Placetas, y en lo adelante realiza otras acciones notables. La guerrilla se mantendrá operando en la zona hasta el final de la guerra.

 

Por otra parte, el Partido Socialista Popular había ido acercando sus concepciones tácticas a las del Ejército Rebelde en la segunda mitad de 1957. Varios de sus cuadros habían sido enviados a la Sierra Maestra para intercambiar puntos de vista con Fidel Castro, como ocurrió con Ursinio Rojas, máximo dirigente de los Comités de Defensa de las Demandas en el sector azucarero. En diciembre de ese año, el PSP decidió apoyar la lucha armada y luego autorizó a sus militantes a incorporarse a la guerrilla. Al mismo tiempo, comenzó la preparación de un destacamento guerrillero en la zona de Yaguajay, al norte de Las Villas.

 

El término municipal de Yaguajay había sido escenario de heroicas luchas mambisas durante las guerras de independencia en el siglo XIX y de vigorosos combates campesinos durante la República. Los comunistas ejercían una poderosa influencia en ese territorio, al extremo de que había sido uno de los dos únicos municipios de Cuba que eligieron alcaldes comunistas. El de Yaguajay había sido destituido después del golpe de Estado de 1952. Y se escogió precisamente para poner al frente de ese núcleo guerrillero a un cuadro destacado del Partido y dirigente campesino de esa zona, el después comandante Félix Torres.

 

El destacamento, que llevó el nombre de «Máximo Gómez», tuvo una integración unitaria: sus miembros pertenecían principalmente al PSP y al M-26-7. Tenían red de suministros, hospital y editaban un periódico. Libraron numerosas acciones, entre las que se destacan la toma de Iguará y Zulueta y el ataque a la ciudad de Yaguajay. Se mantuvieron combatiendo independientemente hasta la llegada de la columna invasora de Camilo Cienfuegos, a la cual se subordinaron. El PSP incorporó también una apreciable cantidad de sus miembros a los núcleos guerrilleros de otras provincias, además del importante aporte que hizo en cuadros y militantes al Ejército Rebelde en la Sierra Maestra. Tanto a los que constituyeron el destacamento propio como a los que se incorporaron a otros grupos o frentes guerrilleros, se les ordenó que se subordinaran totalmente, en el orden militar, al mando del Estado Mayor del Ejército Rebelde y de su jefe máximo, Fidel Castro.

 

 

 

 

 

 

 

Planes electoralistas y componendas. Maniobras norteamericanas.

 

 

Coincidiendo con el ascenso revolucionario de comienzos de 1958, reaparecen las maniobras electoralistas del gobierno y los intentos conciliadores de los partidos políticos e instituciones de la burguesía, alentados por la Embajada de Estados Unidos en Cuba. Batista convoca a elecciones generales, cediendo la postulación como candidato presidencial por la coalición gubernamental a uno de sus servidores más allegados: el Dr. Andrés Rivero Agüero. Vuelven a presentarse a la farsa los políticos oposicionistas Ramón Grau San Martín, y el ex-ortodoxo Carlos Márquez Sterling, así como también algunos personajes que después se retiraron del proceso eleccionario, como José Pardo Llada, Luis Conte Agüero y Emilio Ochoa. Se renuevan asimismo las gestiones armonizadoras de la Sociedad de Amigos de la República y el conjunto de instituciones cubanas.

 

El primero de marzo se suma a las diligencias pacifistas la alta jerarquía de la Iglesia Católica, con un documento del Episcopado en el que aboga por un gobierno de unión nacional, sin excluir a representantes de la dictadura y presumiblemente presidido por Batista. A fin de poner en práctica la propuesta de los obispos católicos, se crea una llamada Comisión de Concordia Nacional, compuesta por conocidos representantes de la oligarquía nativa.

 

Desde la Sierra Maestra, Fidel Castro rechaza firmemente la componenda. En cartas dirigidas al periodista José Pardo Llada y al Director del noticiero de radio CMKC, de Santiago de Cuba, rechaza las gestiones del Episcopado y las de la Comisión de Conciliación, y plantea las condiciones que deben cumplirse para que él acepte una solución pacífica. Fidel desea exponer sus criterios ante una comisión de la prensa nacional y emplaza al tirano a que permita a los periodistas salir hacia la Sierra Maestra para que conozcan la verdad de lo que allí ocurre. No se concede dicho permiso. Y como en otras ocasiones, es Batista quien pone punto final a la componenda, al suspender nuevamente las garantías constitucionales e implantar la censura de prensa. Esta actitud provoca que afloren las discrepancias existentes en el seno del gobierno norteamericano con respecto al apoyo a Batista. Ciertos sectores han comprendido desde meses atrás la gravedad de la situación y se han esforzado por buscar una salida aceptable para la oposición burguesa y que ataje un triunfo revolucionario, recordando lo ocurrido en agosto de 1933. Son esos sectores los que, al fracasar la última gestión conciliatoria, logran que Estados Unidos suspenda formalmente los envíos oficiales de armas a Cuba. Con esa medida quieren dar la apariencia de que el gobierno norteamericano se ha distanciado de la tiranía batistiana. Pero en realidad, la ayuda militar siguió llegándole a Batista por distintas vías.

 

El ejército seguía siendo asesorado por militares yanquis. La base naval de EE.UU. en Guantánamo continuó siendo una fuente de suministros. El agregado militar de Batista en Washington sostuvo una entrevista con generales del Pentágono, en la que éstos se comprometieron a seguir enviando armas a la dictadura a través de dicha base, violando el embargo establecido. Además, las transacciones encubiertas permitieron la entrega de cohetes explosivos y otros armamentos desde territorio yanqui. También empezaron a llegarle al ejército batistiano, con el concurso estadounidense, armas y pertrechos desde República Dominicana, Nicaragua, Inglaterra, Israel y otros países.

 

En julio de 1958 llega a Cuba un destacamento de infantería de marina de EE.UU. con el pretexto de cuidar el acueducto que abastecía de agua a la base naval de Guantánamo, aunque la protesta popular y la presión internacional forzaron su retirada del país.

 

 

 

 

La huelga del 9 de abril.

 

 

La idea de que una huelga general revolucionaria, combinada con la insurrección armada, daría al traste con la tiranía de Batista, cobró extraordinaria fuerza en los primeros meses de 1958, sobre todo en marzo, impulsada por la considerable ampliación y efectividad de la guerra en las montañas y las huelgas y otras movilizaciones de masas en las ciudades y pueblos, así como por algunas victorias populares en países hermanos como Venezuela.

 

Desde finales de 1957, como resultado de la creación del frente obrero del Movimiento 26 de Julio en provincias y municipios del país, se constituyó el Frente Obrero Nacional (FON), integrado exclusivamente por cuadros sindicales del 26 de Julio, bajo la dirección de David Salvador. A este organismo se le encomendó la tarea de organizar y llevar a cabo la huelga general en el sector obrero; el Movimiento de Resistencia Cívica lo haría en los sectores de profesionales, comerciantes e industriales, y el Frente Estudiantil Nacional (también del 26 de Julio) movilizaría a los estudiantes. Las acciones armadas de apoyo a la huelga estarían a cargo del Ejército Rebelde en los campos y de las milicias del 26 de Julio en las ciudades.

 

El 12 de marzo se emitió un manifiesto desde la Sierra Maestra, firmado por Fidel Castro y por el responsable del Movimiento en el llano, Faustino Pérez, en el que se daban las orientaciones necesarias para el desarrollo de la acción huelguística. Pero el 26 del mismo mes, conociendo que la huelga se preparaba en forma secreta, sin tener en cuenta a los CDD ni otras organizaciones obreras antibatistianas, Fidel dirigió un nuevo llamamiento que planteaba la necesidad de que el FON coordinara sus esfuerzos con todas las secciones obreras de las organizaciones opuestas al régimen para que ningún trabajador quedara desvinculado del patriótico empeño. Sin embargo, estos llamamientos no fueron atendidos.

 

A las 11 de la mañana del 9 de abril de 1958, dos radioemisoras nacionales difundieron sorpresivamente el llamado a la huelga, cuando todo el mundo se hallaba en sus puestos de trabajo. Hubo numerosas y heroicas acciones en La Habana y en otros lugares del país, donde se paralizó parcialmente el trabajo por algunas horas, se produjeron sabotajes y manifestaciones populares, así como enfrentamientos armados entre el ejército y las milicias del 26 de Julio. La ciudad donde la acción resultó más exitosa fue Sagua la Grande, al ser tomada por las fuerzas revolucionarias que la paralizaron por completo, combatieron contra las tropas del régimen obligándolas a replegarse y mantuvieron firmemente sus posiciones durante veinticuatro horas. El Ejército Rebelde dio el máximo apoyo al intento de huelga general, dentro de las posibilidades con que contaba en aquel momento: parte de sus tropas del Primer Frente se lanzaron a la llanura del Cauto; el

Segundo Frente ejecutó ataques a ciudades y pueblos importantes y el Tercer Frente realizó atrevidas acciones a las puertas de Santiago de Cuba.

 

No obstante, la huelga general no llegó a cuajar. El ejército, la policía y demás cuerpos represivos dejaron una ancha estela de golpizas, detenciones y asesinatos; más de cincuenta combatientes engrosaron la larga lista de mártires de la revolución, muertos en combate o asesinados, entre ellos Marcelo Salado, dirigente nacional del M-26-7.

Al analizar las causas de esta amarga derrota, se señalaron errores de apreciación que condujeron a menospreciar las fuerzas del enemigo y sobrestimar las propias; falta de coordinación real y efectiva entre las fuerzas revolucionarias, motivada principalmente por prejuicios contra los comunistas en muchos dirigentes del FON, subestimación del papel de las masas obreras e inexperiencia en la preparación de este tipo de luchas de carácter masivo. Esta subestimación e inexperiencia llevaron a la utilización de métodos inadecuados para organizar y dirigir la huelga: se había hecho mucha propaganda general, abstracta, pero a la hora de convocar la huelga se apeló al secreto y a la sorpresa propia de una acción armada pero no de un movimiento masivo. El llamado concreto a la huelga sorprendió al pueblo, incluso a muchos cuadros y militantes del 26 de Julio, que se quedaron paralizados. Por otro lado, ni el Ejército Rebelde ni las milicias del 26 de Julio estaban lo suficientemente preparados para la huelga.

 

Esta derrota fue un golpe severo al movimiento revolucionario, pero a la vez, una inapreciable experiencia. Fidel analizó detalladamente las causas del fracaso, advirtió que los errores no se repetirían y con su habitual confianza en el pueblo, reafirmó: «A la huelga general no hemos renunciado como arma decisiva de la lucha contra la tiranía (…) Se perdió una batalla, pero no se perdió la guerra».

 

Casi un mes después, el 3 de mayo, la dirección nacional del M-26-7 sostuvo una trascendental reunión en Altos de Mompié, en la Sierra Maestra, donde se analizó crudamente el resultado de la huelga y se tomaron acuerdos decisivos para el futuro de la revolución. Allí prevaleció la concepción del papel de vanguardia del Ejército Rebelde y la supremacía de la lucha guerrillera, y salieron fortalecidos el prestigio y la autoridad de Fidel Castro, quien fue nombrado a partir de entonces Secretario General del M-26-7 en toda la nación — incluyendo a las organizaciones del exilio— y Comandante en Jefe de todas las fuerzas, incluyendo las Milicias Urbanas, que hasta ese momento se subordinaban a la dirección del llano. Entre otros cambios, se designó un nuevo jefe del frente obrero a nivel nacional y se reorientó la actividad del movimiento obrero en el sentido unitario que había sido insistencia constante de Fidel. Como resultado de esa orientación, se crea meses después el Frente Obrero Nacional Unido (FONU), en el que están representadas todas las organizaciones proletarias que se enfrentan a la dictadura.

 

 

 

Plan FF: la gran ofensiva de la tiranía. Su derrota.

 

 

Tras el fracaso de la huelga del 9 de abril, la dictadura estimó que había llegado el momento propicio para lanzar una arrasadora ofensiva contra la Sierra Maestra, que venía preparando desde meses atrás con la ayuda de asesores norteamericanos. La denominaron Plan FF (Fase Final o Fin de Fidel), y pusieron en ella sus esperanzas de aplastar definitivamente la insurrección. Era una batida a fondo contra todas las fuerzas rebeldes, pero principalmente contra el Primer Frente, mandado directamente por Fidel, hacia donde se dirigieron los golpes principales. El ejército de Batista movió contra la montaña a unos diez mil hombres, dispuestos en 14 batallones de infantería y seis compañías, y apoyados por una compañía de tanques, la aviación y la marina de guerra. Al comienzo de la ofensiva, el 24 de mayo de 1958, el Ejército Rebelde contaba con unos trescientos hombres armados, y sus recursos eran muy limitados. Pero Fidel esperaba que se produjera en cualquier momento esta ofensiva, comprendía su trascendencia y tomó previsoramente una serie de medidas imprescindibles. Se organizó el territorio para la defensa en todos los sentidos, se acopiaron los recursos necesarios para una larga resistencia. Con absoluto conocimiento del terreno y demás factores en juego, se diseñó el plan para resistir escalonadamente el avance enemigo, hostigarlo continuamente hasta desgastarlo y preparar condiciones para pasar oportunamente a la contraofensiva. La población campesina se aprestó a garantizar el sostenimiento económico de las tropas rebeldes y brindarles el apoyo necesario en todos los aspectos. Y no debe olvidarse un elemento decisivo: la diferencia esencial entre los contendientes. Ciertamente, el ejército de la tiranía era poderoso: en el momento de la ofensiva sobrepasaba nacionalmente los cuarenta mil hombres, sin contar los efectivos de la Marina de Guerra, la Policía Nacional y otros cuerpos; estaba entrenado y asesorado por los mejores especialistas militares norteamericanos, y el gobierno de EE.UU. lo había abastecido con todos los recursos necesarios, incluyendo armamento y técnicas sumamente avanzadas para su época. Sin embargo, el hecho de ser un instrumento brutalmente represivo de las clases oligárquicas, poseer una oficialidad en gran parte corrompida y encontrarse calado por los peores vicios, lo enfrentaba a lo más sano y consciente del pueblo, lo aislaba y desmoralizaba.

 

En cambio, el Ejército Rebelde estaba integrado esencialmente por hombres y mujeres humildes, discriminados y explotados, que no tenían nada que perder más que sus cadenas, y sí tenían un mundo que ganar. Ellos sabían que de su decisión, empuje y heroísmo dependía la victoria, y que estaban guiados por un grupo de hombres como su Comandante en Jefe, que habían demostrado una y otra vez excepcional capacidad, audacia, firmeza e ilimitada lealtad a la causa del pueblo. Fidel les había enseñado la razón que tuvo José Martí para decir que una idea justa, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército. Por eso, pese a la abrumadora desventaja en el número de hombres, armas y demás recursos materiales, las tropas rebeldes estaban dispuestas a pasar hambre y frío, sufrir todas las calamidades, para derrotar al régimen de oprobio y sangre que padecían y construir una sociedad más justa. Su moral era, pues, inquebrantable.

 

La ofensiva enemiga se desarrolla como lo había previsto Fidel. El ejército de la tiranía va tomando posiciones del Primer Frente en tres direcciones; pero lo hace a un elevado costo, a causa de la encarnizada resistencia de las tropas rebeldes. Caen en su poder Las Mercedes, Santo Domingo, Vegas de Jibacoa, San Lorenzo, Minas de Frío y otras posiciones. En cambio, se estrella contra la resistencia rebelde en muchos puntos. Entre el 11 y el 20 de julio tiene lugar la batalla de El Jigüe, una de las acciones más importantes de toda la guerra, en la que es cercado y derrotado un batallón del ejército batistiano.

 

Importantes fuerzas gubernamentales se lanzan también contra el II Frente Oriental, pero no pueden penetrar sus defensas. Ante el fracaso, la aviación de la tiranía inicia una ola de salvajes bombardeos sobre todo ese territorio, particularmente sobre los poblados allí existentes. La población civil sufre los efectos de las bombas incendiarias y de demolición, de los cohetes y proyectiles de gran calibre. Esos aviones se abastecen frecuentemente en la base naval de Estados Unidos en Guantánamo.

 

Ante estos hechos, el comandante Raúl Castro ordena que sean detenidos los ciudadanos norteamericanos que residan en ese territorio, orden que se cumple y amplía al ser capturados numerosos marines de la base naval de Guantánamo que pasan por la zona. El total de retenidos llega a 49. El objetivo de esta decisión era el de obligar a Batista a suspender los bombardeos sobre la zona y llamar la atención al mundo en relación con esos bestiales ataques. Poco después, Fidel Castro ordenó que fueran puestos en libertad los detenidos para evitar complicaciones con el gobierno yanqui; pero ya los objetivos propuestos se habían cumplido: los bombardeos fueron suspendidos, el ejército desistió de su ofensiva por tierra, el cónsul de Estados Unidos en Santiago de Cuba se vio precisado a negociar con el mando rebelde y el hecho tuvo una honda repercusión mundial.

 

En el curso del mes de julio, el Ejército Rebelde va reconquistando las posiciones perdidas, y el 6 de agosto toma Las Mercedes, poblado donde se hallaba la última fuerza del enemigo en la Sierra Maestra, y donde éste había comenzado en mayo su gran ofensiva. Las tropas de Batista habían sufrido la más aplastante derrota.

 

En el transcurso de dos meses de operaciones se libraron más de cien combates, contando seis batallas de gran envergadura, acciones que costaron al ejército de la tiranía alrededor de mil bajas, entre ellas más de trescientos muertos y cuatrocientos cuarenta y tres prisioneros. Las fuerzas rebeldes sufrieron unos veintisiete muertos y cincuenta heridos, lamentándose la pérdida de capaces y heroicos oficiales y soldados como René Ramos Latour, Ramón Paz, Angel Verdecia y Pedro Sotto Alba. El Ejército Rebelde capturó más de quinientas armas: tanques de guerra, bazookas, ametralladoras y fusiles de distinto tipo y calibre, cientos de obuses, microondas, más de cien mil balas, etc. Al final, las tropas rebeldes se habían casi triplicado: llegaban a más de ochocientos hombres.

 

Después del irreparable revés, la dictadura sólo podía contar, en Oriente, con las tropas reagrupadas en los centros urbanos. El Ejército Rebelde tuvo desde entonces, hasta el triunfo de la Revolución, la iniciativa estratégica.

 

 

 

 

 

 

 

El Pacto de Caracas.

 

 

A partir de la antes mencionada reunión de Altos de Mompié, se dieron pasos muy positivos hacia la unidad de las fuerzas revolucionarias, y también hubo acuerdos unitarios con algunos partidos, organizaciones y grupos de tendencia reformista, e incluso conservadora. El más amplio y connotado esfuerzo en este sentido lo constituyó el llamado Pacto de Caracas, firmado en Venezuela el 20 de julio de 1958 por representantes del Movimiento 26 de Julio, Directorio Revolucionario, FEU, Movimiento de Resistencia Cívica, Organización Auténtica, grupo Montecristi, Unidad Obrera, Instituciones Cívicas y las fracciones oposicionistas de los partidos Auténtico y Demócrata. Firmaban, además, un ex-oficial del ejército y el que se calificaba como Coordinador Secretario General del cónclave, el abogado José Miró Cardona. El pacto fue suscrito también por el Partido Socialista Popular, que no estuvo presente en la reunión, pero fue el primero en enviar un delegado a la Sierra Maestra en la persona del prestigioso intelectual y dirigente comunista Carlos Rafael Rodríguez.

 

La declaración suscrita, elaborada en la Sierra Maestra con la decisiva intervención de Fidel, ofrece una información sobre la situación del país y el estado de la lucha contra la tiranía, y plantea la necesidad de unir los esfuerzos de toda la oposición en un frente cívico revolucionario cuyos tres pilares serían:

 

1) Estrategia común de lucha para derrocar a la tiranía mediante la insurrección armada, logrando la realización de un poderoso movimiento de masas que desemboque en una huelga general y en una acción armada en toda la nación;

 

2) Constitución de un gobierno provisional que conduzca al país a la normalidad y lo encauce por un proceso constitucional y democrático;

 

3) Programa mínimo de gobierno que asegure el castigo de los culpables de la grave situación de Cuba y garantice los derechos de los trabajadores, el orden, la paz, la libertad, el cumplimiento de los compromisos internacionales y el progreso económico, social e intelectual del pueblo cubano.

 

Las organizaciones firmantes piden al gobierno de Estados Unidos que cese la ayuda bélica y de todo tipo a Batista y reafirman su decisión de defender la soberanía nacional y la tradición civilista y democrática de

Cuba. Constatan que la guerra no se libra contra los institutos armados de la república, sino contra Batista y llama a los hombres dignos que hay en las fuerzas armadas a que le nieguen su apoyo a la tiranía.

 

El documento finaliza con este llamado: «Exhortamos a todas las fuerzas revolucionarias, cívicas y políticas del país, a que suscriban esta declaración de unidad, y posteriormente, tan pronto las circunstancias lo permitan, celebraremos una reunión de delegados de todos los sectores, sin exclusión alguna, para discutir y aprobar las bases de la unidad».

 

El Pacto de Caracas tuvo un significado puramente político, ya que la verdadera unidad se venía forjando en la lucha diaria en la Sierra y en el llano entre las organizaciones propiamente revolucionarias y muchos militantes de grupos y partidos que adoptaron por su cuenta posiciones combativas y honestas. Algunas organizaciones sólo suscribieron la declaración de manera formal, pues los intereses que personificaban no les permitían llevar a la práctica siquiera el limitado programa que habían firmado. Ese es el caso, por ejemplo, del grupo Montecristi, vinculado a la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos.

 

Expresiones concluyentes de la unidad que se iba forjando en la lucha son asimismo: la coincidencia de todas las organizaciones verdaderamente revolucionarias en la estrategia y la táctica seguidas por Fidel Castro y su incorporación total a la lucha armada; la rápida unificación de los destacamentos guerrilleros del  Directorio y del PSP bajo el mando supremo de Fidel y del Ejército Rebelde; la realización de amplios congresos de los campesinos y de los obreros en el Segundo Frente Oriental y de una plenaria nacional azucarera igualmente amplia en el pueblo de General Carrillo, provincia de Las Villas; la constitución de la dirección unitaria del Frente Obrero Nacional Unido, y otros hechos significativos.

 

 

 

 

Congreso campesino en armas y Ley No. 3 del Ejército Rebelde.

 

 

El movimiento revolucionario cubano había prestado siempre atención al problema campesino, sobre todo a partir de los años 30. Desde 1953, La historia me absolverá incluyó la reforma agraria como una de las primeras leyes que aprobaría la Revolución en el poder. Y al consolidarse el Ejército Rebelde en el Segundo Frente Oriental «Frank País», se creó un Buró Agrario encargado de atender los problemas económicos, sociales, políticos y culturales de los campesinos.

 

El 21 de septiembre de 1958, se realizó en Soledad de Mayarí Arriba, territorio del Segundo Frente, un congreso campesino presidido por el comandante Raúl Castro, que contó con la participación de 128 delegados de los pequeños productores de caña, café, frutos menores, etc. y numerosos invitados en representación del Ejército Rebelde, el movimiento obrero y otros sectores. El evento tomó acuerdos importantes relacionados con la lucha contra el latifundismo y con todos los problemas que afectaban al campesinado cubano, en particular a la población del Segundo Frente; aprobó el Reglamento del Comité Regional Agrario y eligió una dirección encabezada por dos líderes campesinos de mucho prestigio: Teodoro Pereira (Presidente) y José Ramírez Cruz (Secretario General). Lugar destacado ocupó el apoyo concreto del campesinado a la lucha armada. El congreso demostró que los campesinos trabajadores, junto a los obreros, muchos de ellos agrícolas, constituían la fuerza principal del Ejército Rebelde y del poder revolucionario en la zona. Pocos días más tarde, el 10 de octubre, se promulga una reforma agraria revolucionaria, la Ley No. 3 del Ejército Rebelde, firmada por el Comandante en Jefe, Fidel Castro. Esta Ley reconocía como propietarios, por primera vez en la historia de Cuba, a los campesinos que cultivaban tierras del Estado, así como a todos los arrendatarios, subarrendatarios, aparceros, colonos, sub-colonos y precaristas* que ocupaban lotes no superiores a cinco caballerías (67 hectáreas). La misma ley estableció el compromiso de eliminar el latifundismo cuando triunfara la Revolución.

 

 

 

 

Congreso obrero en armas.

 

 

Los días 8 y 9 de diciembre de 1958 se realiza un congreso obrero en

Soledad de Mayarí Arriba, el mismo lugar donde se había celebrado, tres meses antes, el congreso campesino. Convocado por el Frente Obrero Nacional Unido (FONU), el evento tuvo un carácter ampliamente unitario. Asistieron 110 delegados, que provenían en su mayor parte del Segundo Frente Oriental «Frank País», pero también de otras zonas cercanas no liberadas todavía, y que representaban prácticamente a todos los sectores de la producción y los servicios. Asistió un número apreciable de dirigentes obreros azucareros, que habían convocado también una plenaria del sector.

 

El congreso desautorizó a la CTC y a la Federación Nacional de Trabajadores Azucareros, ambas mujalistas, y acordó crear comisiones sindicales que realizaran elecciones libres en todos los centros laborales de las zonas liberadas y discutieran los convenios de trabajo con los patronos. También decidió no seguir abonando la cuota sindical obligatoria implantada oficialmente, ni los impuestos, descuentos y otras exacciones que contribuyeran al mantenimiento financiero de la tiranía. Otros acuerdos estuvieron dirigidos a garantizar la producción de azúcar, café y demás renglones económicos de la zona, luchar por el pago del diferencial azucarero y donar al Ejército Rebelde el 20% de lo que se cobrara por este concepto. Los acuerdos tomados comenzaron a cumplirse de inmediato. En las asambleas que empezaron a realizarse, los obreros expulsaban a los dirigentes mujalistas, elegían libre y democráticamente a sus nuevos líderes y acordaban su pleno respaldo al Ejército Rebelde. Este congreso regional constituyó un paso de mucha importancia para la reorganización de la vida económica y social de las zonas liberadas y para la elevación del papel dirigente de los trabajadores.

 

 

 

 

Nuevo auge de la lucha clandestina. Recrudecimiento del terror.

 

 

Después de cierto decaimiento provocado por el fracaso de la huelga de abril, se incrementaron de nuevo, a partir de agosto, el ritmo y la significación de las acciones clandestinas. En septiembre, un incendio destruye casi totalmente el aeropuerto de Rancho Boyeros; en noviembre es atacada la l4a Estación de la Policía, en Marianao, con saldo de varios policías muertos y heridos. Particular trascendencia tiene la labor dirigida a entorpecer o impedir las elecciones generales convocadas por Batista para el 3 de noviembre. A las acciones de las tropas rebeldes, que interrumpen el tránsito en carreteras, caminos y vías férreas, detienen a aspirantes a cargos públicos e impiden el funcionamiento de muchos colegios electorales, se suma una activa propaganda en toda la isla y un extenso plan de sabotajes.

 

La aplastante mayoría de la población se abstiene de acudir a las urnas — pese a las amenazas del régimen de expulsar del trabajo a los que no voten, enjuiciarlos y tomar con ellos otras represalias —; los colegios se ven vacíos durante toda la jornada, y el gobierno tiene que apelar al relleno de las urnas con votos falsos y a realizar otros fraudes notorios. Andrés Rivero Agüero, Ministro de Educación y servidor incondicional de Batista, se da como elegido en unos comicios que nadie reconoce como legítimos.

 

En la intensa labor propagandística que lleva al pueblo la verdad de la situación en las montañas y llanos, y que denuncia cada uno de los crímenes, atropellos y malos manejos del gobierno, ocupa un lugar de vanguardia la prensa clandestina. Ella comenzó a circular desde los primeros tiempos de implantada la dictadura castrense, pero fue multiplicándose con el desarrollo del proceso revolucionario, se enriqueció con la radio y los periódicos guerrilleros y contrarrestó eficientemente los efectos de la censura de prensa y de la clausura de muchos órganos de opinión.

 

Desde que fue asaltado y clausurado el periódico Hoy, al día siguiente del asalto al cuartel «Moncada», el Partido Socialista Popular comenzó la publicación de Carta Semanal, que salió puntualmente durante la etapa de la tiranía, pese a que fueron descubiertos sus talleres y torturados algunos cuadros que la editaban. El PSP continuó publicando igualmente la revista Fundamentos y otros órganos como El Campesino, Mensajes, Vida Económica, Arte y Literatura, etc., al mismo tiempo que la Juventud Socialista mantuvo la publicación del magazine Mella. El Movimiento 26 de Julio publicó Revolución y el boletín Ultimas Noticias, que se transformó después en Sierra Maestra. Con este nombre salió también uno en New York, como órgano del exilio cubano, y otros en varias provincias. Vanguardia Obrera desempeñó un importante papel en la orientación del proletariado. Finalizando 1958, las milicias del 26 en Las Villas editaron Milicianos. La Resistencia Cívica tuvo también su órgano: Resistencia; el del Directorio fue 13 de Marzo y el de la FEU, Alma Mater. Con El Cubano Libre, creado por el Che en el Primer Frente, Surco, del Segundo Frente Oriental, y Patria, del Ejército Rebelde en Las Villas, se cubre una necesidad imperiosa en sus respectivos frentes de combate. Además, en todo el país circulaban centenares de publicaciones locales, las que, unidas a los volantes y manifiestos, así como a la prensa clandestina nacional, constituyeron un factor decisivo en la lucha contra la tiranía. Aparte de otros muchos órganos de las fuerzas revolucionarias citadas, se podría agregar algunos periódicos de diversas organizaciones insurreccionalistas. A todas estas publicaciones se suma la extraordinaria labor de Radio Rebelde, que a partir del 24 de febrero de 1958 constituyó un permanente órgano informativo, orientador y organizador del movimiento revolucionario dentro y fuera de Cuba, un diario mensaje de aliento y de combate. A ella se agregaron más tarde otras emisoras clandestinas, como fue el caso de Trocha Libre, que trasmitía desde Camagüey en diciembre de 1958.

 

Al ascenso de la lucha clandestina correspondió una nueva ola de crímenes de la tiranía. No pasaba un día sin que se conocieran nuevos asesinatos; no hay un sólo municipio o barrio de Cuba, ni un sólo sector de la población, que haya salido indemne de esa orgía de sangre. Llama la atención el notable número de mujeres víctimas de la muerte y de los peores atropellos. El 1ro. de agosto, ante un movimiento de protesta por los maltratos que sufrían, fueron ametrallados los presos del Castillo del Príncipe, en la capital de la república. En el segundo semestre de 1958, más de cien combatientes de diversas militancias fueron torturados y asesinados por esbirros al mando del comandante Jacinto Menocal, el chacal de San Cristóbal. Decenas de jóvenes — muchos de ellos sin relación alguna con la lucha — aparecían frecuentemente asesinados en ciudades y campos, en represalia indiscriminada por acciones revolucionarias.

 

A manera de ilustración, citaremos algunos de los miles de cubanos que engrosaron en esos meses la larga lista de mártires de la Revolución: Eduardo García Lavandero, aguerrido combatiente del Directorio Revolucionario; las hermanas Cristina y Lourdes Giralt, miembros del 26 de Julio; Lidia Doce y Clodomira Acosta, mensajeras del 26 de Julio; los cuadros del PSP Saturnino Aneiro y Carlos Rodríguez Careaga, dirigente este último del Frente Obrero Nacional Unido; Eliseo Camaño, dirigente obrero del Movimiento 26 de Julio; el maestro Fulgencio Oroz, militante de la Juventud Socialista; los miembros del 26 de Julio Rafael Ferro (Ferrito) y Ceferino Fernández Viñas, en Pinar del Río; el principal cuadro de acción del M-26-7 en La Habana, Angel Ameijeiras (Machaco).

 

 

 

 

Ampliación de las zonas de guerra. La invasión a Occidente.

 

 

Con anterioridad al inicio de la ofensiva de verano de la tiranía, ya Fidel Castro había previsto la derrota de la misma y el desencadenamiento de una indetenible contraofensiva rebelde. Como una necesidad del desarrollo de la insurrección y como un factor determinante del éxito de esa contraofensiva, había que ampliar en la mayor medida posible las zonas de guerra. Con ello la dictadura se vería obligada a dispersar sus fuerzas, impidiendo que las concentrara sobre la provincia de Oriente, y además se le imprimiría un nuevo impulso a la lucha clandestina en las ciudades. Se preparan las condiciones para consolidar y ampliar la guerra en Las Villas y Pinar del Río, se refuerzan y reorganizan los frentes que ya existen y se abren otros nuevos (el VI Frente al noroeste de Oriente; uno nuevo en la provincia de Camagüey). Además de los destacamentos o grupos que operan en Las Villas, ya en el verano de 1958 han iniciado sus acciones dos destacamentos guerrilleros en Pinar del Río, uno del M-26-7 y otro del DR-13-M, y también surgen grupos guerrilleros en La Habana y Matanzas. Merece mención especial la integración, en el Primer Frente, de un pelotón de mujeres que lleva el nombre de «Mariana Grajales», la madre de los Maceo. Las «marianas», como se les llamó, tuvieron su heroico bautismo de fuego el 27 de septiembre de 1958, en el combate de Cerro Pelado. En estos meses nacen también, en territorio del Segundo Frente, con la modestia propia de las difíciles condiciones de la lucha, la Fuerza Aérea y la Marina rebeldes.

 

Siguiendo la estrategia y los objetivos trazados por el Comandante en Jefe, y con el decisivo aporte de las armas, municiones y equipos capturados al ejército batistiano durante su fracasada ofensiva de verano, el Ejército Rebelde logró la preparación mínima indispensable para enviar dos columnas invasoras hacia las regiones del occidente y el centro de la isla. Ambas salieron de la Sierra Maestra con muy pocos días de diferencia. La Columna No. 2 «Antonio Maceo», con unos 80 hombres, salió de El Salto el 21 de agosto de 1958, al mando del comandante Camilo Cienfuegos. Por Orden Militar del Comandante en Jefe, a Camilo se le otorgaron facultades para organizar unidades de combate rebeldes a lo largo del territorio nacional hasta tanto los comandantes de las provincias arribaran con sus columnas a sus respectivas jurisdicciones; aplicar el Código Penal y las leyes agrarias del Ejército Rebelde en el territorio invadido y percibir las contribuciones establecidas por las disposiciones militares; combinar operaciones con cualquier otra fuerza revolucionaria que se encontrara ya operando en determinados sectores, y establecer un frente permanente en la provincia de Pinar del Río, que sería base de operaciones definitiva de la columna invasora. Además, aunque su objetivo fundamental era el de llevar la guerra hasta el extremo occidental, y a ese fin debería subordinarse toda otra cuestión táctica, la Columna No. 2 debía batir al enemigo cada vez que se presentara la ocasión durante el trayecto.

 

La Columna No. 8 «Ciro Redondo», con unos ciento cincuenta hombres, salió de El Jíbaro el 31 de agosto del mismo año, al mando del Comandante Ernesto Che Guevara. Este fue nombrado jefe de todas las unidades rebeldes del Movimiento 26 de Julio que operaban en la provincia de Las Villas, tanto en las zonas rurales como urbanas, y se le otorgaron similares facultades que al Comandante Camilo Cienfuegos en cuanto a la recaudación de contribuciones, aplicación de las leyes revolucionarias, coordinación de operaciones con otras fuerzas guerrilleras y organización de unidades locales de combate. También se le encomendó la tarea de invitar a todas las demás fuerzas de la provincia de Las Villas a integrar un solo cuerpo de ejército para unificar el esfuerzo militar de la Revolución. Además, esta Columna tendría el objetivo estratégico de batir incesantemente al enemigo en el territorio central de Cuba e interceptar, hasta su total paralización, los movimientos de tropas enemigas por tierra dirigidos hacia Oriente.

La marcha de las columnas invasoras constituyó una extraordinaria proeza, que puso a prueba la voluntad, la resistencia física y la moral de los combatientes rebeldes. Tenían que avanzar por terrenos primero escarpados, luego cenagosos, obstaculizados por lluvias torrenciales, ríos crecidos e incluso por un huracán que los azotó poco después de la partida. La mayor parte del trayecto lo hizo a pie, sólo en algunos tramos pudieron utilizar vehículos o caballos. Por esa razón, gran parte de los combatientes vieron pronto sus zapatos despedazados o quedaron descalzos, y en muchos casos se les imposibilitaba caminar debido a la hinchazón y enfermedades de los pies. Los afectaron a menudo las plagas, el hambre y la sed; pasaban a veces días enteros sin comida y en ocasiones tuvieron que tomar el agua de los ríos revueltos o de los pantanos.

 

Hubo tramos en que se extraviaron por falta de guías. Y encima de esto, la persecución — por momentos crítica — del ejército y la aviación enemiga, sobre todo en los llanos de Camagüey; las emboscadas, los cercos y algunos combates, pese a que los invasores trataban de evitar los enfrentamientos en aras de cumplir los objetivos que se les ordenaron. Aunque en muchos lugares tuvieron la ayuda de la población campesina y algún apoyo de las organizaciones revolucionarias, hubo también frecuentes casos de chivatazos (delaciones) y otros en que faltó el apoyo necesario de los combatientes de la ciudad. El cansancio y la fatiga hicieron mella en el ánimo de muchos columnistas, y fue preciso apelar a lo más sensible de sus conciencias. No obstante el desánimo momentáneo, fueron muy aislados los casos de deserción, y después de 46 ó 47 días de marcha, ambas columnas llegaron a la provincia de Las Villas, donde los esperaban condiciones mucho más favorables, creadas por la acción de varios grupos insurreccionales. En el trayecto de la Sierra Maestra a las montañas villareñas, ambas columnas habían sufrido la pérdida de tres combatientes, cuatro habían resultado heridos y uno capturado por el enemigo. El ejército batistiano había tenido en esos enfrentamientos no menos de cuatro muertos, así como varios heridos y siete prisioneros.

 

 

 

 

Campaña de Las Villas. Batalla de Santa Clara.

 

 

Objetivo fundamental de ambas columnas al llegar al territorio villareño fue el de unir bajo el mando del Ejército Rebelde a todos los grupos guerrilleros que operaban al norte y sur de ese territorio. El 8 de octubre, al día siguiente de entrar en Las Villas, el Comandante Camilo Cienfuegos llega con su columna al campamento de Félix Torres, en los Montes de La Victoria, en Yaguajay, desde donde operaba el destacamento «Máximo Gómez», del Partido Socialista Popular. Estos hombres se ponen de inmediato a las órdenes de Camilo, y participan con él en los combates que se libran en lo adelante.

 

La Columna No. 8, al mando del Che, llega a los montes del Escambray, donde encuentra dos actitudes: la reacción altanera y hostil del II Frente Nacional del Escambray y la acogida fraternal y unitaria de las tropas del Directorio Revolucionario 13 de Marzo. Esta actitud de colaboración y apoyo del Directorio, se materializa en los contactos iniciales, en los combates donde participan juntos y formalmente en el llamado Pacto del Pedrero, firmado por el Movimiento 26 de Julio y el Directorio el 1ro. de diciembre de 1958. Sobre la base de ese pacto se creará días después una Comisión para el gobierno civil en el Escambray, integrada por representantes de las dos organizaciones. El documento suscrito en el Pedrero sella la unidad en la lucha contra la tiranía en la provincia de Las Villas y reclama la adhesión de todos los demás grupos armados y organizaciones que luchan contra la tiranía. El Partido Socialista Popular suscribe inmediatamente el Pacto.

 

Las tropas de las Columnas 2 y 8, junto a las del Directorio Revolucionario — independientemente unas veces y conjuntamente otras —, libran importantes combates victoriosos, atacan convoyes militares enemigos, vuelan puentes, atacan los refuerzos del ejército batistiano, sabotean las elecciones del 3 de noviembre y prácticamente dividen la isla en dos partes, sin que las tropas enemigas puedan pasar por tierra a las provincias orientales. La situación revolucionaria es tan favorable en esta provincia, que la Columna No. 2, cuya misión era la de seguir hacia el occidente, recibe la orden de continuar las operaciones en Las Villas.

 

El 29 de noviembre, poderosas fuerzas de la tiranía parten de Santa Clara con el propósito de batir a las tropas rebeldes en la zona de Cabaiguán y Fomento. Por su superioridad en armas y en hombres, el enemigo logra reconquistar algunas posiciones. Las columnas guerrilleras le hacen una inteligente guerra de desgaste, hasta que el 2 de noviembre detienen el avance, obligándolo a retirarse después de causarle sensibles pérdidas humanas y materiales. Comenzará después la contraofensiva rebelde.

 

Los combates más importantes de esta contraofensiva se producen a partir del 15 de diciembre. En medio de intensos bombardeos de la aviación batistiana, caen en poder de las fuerzas rebeldes una ciudad tras otra: Fomento, Guayos, Cabaiguán, Placetas, Sancti Spíritus, Trinidad, Remedios, Manicaragua, Caibarién, Santo Domingo y Yaguajay, hasta llegar a la batalla de Santa Clara, último y poderoso bastión de la tiranía en la provincia villareña. Ya se han ido liberando los centrales azucareros y casi todo el territorio rural de la provincia.

 

Con razón, el gobierno considera vital la defensa de Santa Clara, ciudad de 90,000 habitantes, situada en el corazón de la isla. Era un importante nudo de comunicaciones, con sólidas fortalezas militares, defendida por más de tres mil hombres — que aumentaron a cerca de cinco mil con los refuerzos llegados de otros poblados de la provincia y de la capital —, y que contaba con el apoyo permanente de la aviación. Entre los refuerzos enviados de La Habana se hallaba un tren blindado de 22 vagones que se consideraba inexpugnable, construido especialmente para enfrentar a las tropas rebeldes. Su dotación era de 408 soldados y oficiales, y se hallaba perfectamente equipado con ametralladoras y cañones antiaéreos, otras armas y equipos, así como fabulosas cantidades de municiones.

 

Las fuerzas de la Columna No. 8 y del Directorio Revolucionario, todas bajo el mando del Che Guevara, contaban con unos trescientos hombres bien armados, experimentados y con alta moral, a los que se sumaban unos mil reclutas acabados de entrenar en el Escambray.

 

El 29 de diciembre comenzó la batalla, que se desarrolló siempre bajo el hostigamiento de la aviación de la tiranía. Una a una, se fueron tomando las posiciones enemigas: los cerros que rodeaban la ciudad, la central eléctrica, las instalaciones militares y los edificios públicos donde se habían atrincherado las tropas batistianas (cárcel, audiencia, palacio del gobierno provincial, hotel, etc.). Las fuerzas rebeldes cortaron la comunicación entre los defensores de la ciudad y el tren blindado, y cuando éste emprendió la marcha, lo descarrilaron y asaltaron. Todos los efectivos fueron hechos prisioneros, y se les capturó el enorme arsenal que llevaban.

 

Al mediodía del 1ro. de enero de 1959, se rinde el último bastión enemigo: el cuartel del Regimiento «Leoncio Vidal», el más importante de la región central de Cuba. Con ello, Las Villas se convertía también en territorio liberado.

 

 

 

 

La ofensiva final del Ejército Rebelde. El triunfo de la Revolución.

 

 

La ampliación y consolidación de las áreas liberadas; la estabilidad definitiva del aparato administrativo, militar y político en el Primero, Segundo y Tercer Frentes; el incremento del número de hombres, armas y equipos del Ejército Rebelde; el clamoroso éxito de las columnas invasoras y el desarrollo de la ofensiva rebelde en el Segundo Frente, lanzada a principios de julio y que se torna arrolladora a fines de octubre, así como el peligro creciente de un golpe militar o una intervención norteamericana, son hechos que permiten y exigen el desencadenamiento de la ofensiva contra la tiranía.

 

El 13 de noviembre se imparten las correspondientes instrucciones de Fidel a las fuerzas rebeldes de Las Villas, Camagüey y Oriente, y se inicia la ofensiva con la toma de las Minas de Bueycito cinco días después. El día 20 comienza el asalto al pueblo de Guisa, importante y bien defendida plaza situada a pocos kilómetros de Bayamo, acción en la que participan columnas del Primer y Tercer Frentes. Fueron diez días de encarnizados combates, no sólo contra la guarnición allí existente, sino también contra nueve refuerzos que llegaban uno tras otro. El ejército batistiano pudo movilizar más de dos mil hombres, contra unos trescientos combatientes rebeldes. Como decía el parte de guerra del Comandante en Jefe, «fue una lucha de hombres contra aviones, tanques y artillería».

 

Guisa fue una de las más notables batallas de toda la guerra, y en ella se le hicieron a las fuerzas de la tiranía más de doscientas bajas y se capturó una considerable cantidad de armas y parque. Pese a la duración e intensidad de la batalla, las pérdidas rebeldes se limitaron a ocho combatientes, entre ellos el bravo capitán Braulio Coroneaux. Al tiempo que se libra la batalla de Guisa, las fuerzas del Segundo Frente cercan, hostigan y atacan a numerosas posiciones enemigas (Mayarí, San Luis, Alto Songo, La Maya, Sagua de Tánamo, Guantánamo y otras); entra en acción eficientemente la joven Fuerza Aérea Rebelde, y el 9 de diciembre está expedito el camino hacia Santiago de Cuba.

 

Fidel asume el mando directo de la ofensiva contra la capital de Oriente, y las tropas impulsan la arremetida al oeste y al noroeste de Santiago golpeando duramente a Jiguaní, Puerto Padre, Chaparra, Manatí y otras posiciones enemigas. El Frente de Camagüey, aparte de librar numerosas acciones de diverso tipo, entre ellas la de ir tomando cuarteles y guarniciones del gobierno, cumple su misión de impedir el paso de refuerzos del ejército batistiano hacia Oriente. Se desarrolla victoriosamente la campaña rebelde en Las Villas y se intensifican las acciones en las provincias occidentales.

 

En medio de los combates victoriosos en tierra oriental, se produce el 18 de diciembre el encuentro de Fidel, Raúl Castro y Juan Almeida, jefes de los tres frentes que avanzan sobre Santiago de Cuba. En los días posteriores, las fuerzas de los cuatro frentes orientales van tomando las posiciones enemigas en la provincia y el 30 de diciembre quedan solamente en sus manos las plazas — muy importantes pero avasalladoramente asediadas — de Santiago, Guantánamo, Manzanillo, Holguín y Victoria de las Tunas. En estas condiciones, se empeora el estado de descomposición en las fuerzas armadas de la tiranía y aumenta el número de los que desertan de sus filas o se pasan a las tropas rebeldes. Por otro lado, comprendiendo que se acerca el colapso de la dictadura, y tratando de salvar al régimen oligárquico, numerosos representantes de la burguesía y del gobierno de Estados Unidos, e incluso algunos colaboradores cercanos del dictador en el propio ejército, intensifican sus maniobras para buscar una solución sin Batista. Se descubren algunas conspiraciones en el ejército, con el resultado de varios militares presos o jubilados, mientras Estados Unidos trata de convencer al dictador de que debe renunciar.

 

Muchos planes conspirativos se habían maquinado alrededor de las figuras del coronel Ramón Barquín y el conservador ortodoxo Raúl Chibás. A mediados de diciembre, el Departamento de Estado norteamericano y la CIA manifiestan la necesidad de sustituir rápidamente a Batista por una Junta Militar con figuras como el coronel Barquín. La Embajada de Estados Unidos en La Habana es del criterio que la Junta esté encabezada por el general Martín Díaz Tamayo, estrecho colaborador de Batista, que en los últimos meses tuvo discrepancias con él a causa de ambiciones personales y comenzó a conspirar. El 14 de diciembre, el embajador estadounidense, Earl T. Smith, anuncia que su gobierno retira su apoyo a Batista, y dos días después le reitera a éste, ahora de manera más directa e imperativa, que debe abandonar el poder y entregarlo a una Junta Militar. Desde hace más de un mes vienen moviéndose también tras esta solución, el brigadier Alberto del Río Chaviano y otros connotados jefes militares batistianos. Se repite en 1958, en cuanto a la intervención norteamericana, la historia de 1933.

 

Dentro de estas conspiraciones y maniobras desplegadas en connivencia con la embajada norteamericana, el general Eulogio Cantillo, jefe de operaciones del ejército de la tiranía en Oriente, se muestra dispuesto a negociar con Fidel Castro un acuerdo que solucione la crisis nacional. Sostienen una entrevista el 28 de diciembre, durante la cual Cantillo se compromete a producir un levantamiento militar en Oriente el día 31 y entregar al Ejército Rebelde las posiciones que aún conserva el gobierno.

 

Aunque la situación del país era totalmente favorable a las fuerzas rebeldes e inminentes el desplome de la tiranía, Fidel aceptó la propuesta a fin de evitar mayores derramamientos de sangre. Pero exigió tres condiciones que Cantillo se comprometió a cumplir: que el levantamiento se produjese en Santiago y no en La Habana, para impedir la instauración de una junta militar; que se evitara la fuga de Batista y sus principales cómplices, y que no se diera cuenta del plan a la Embajada de Estados Unidos. Cantillo regresa a La Habana, se pone de acuerdo con Batista y pide a Fidel un aplazamiento de la acción acordada. El líder rebelde comprende la traición del jefe enemigo y ordena la reanudación de la ofensiva contra Santiago, seguro de que la toma de la ciudad y demás plazas del ejército en Oriente es cuestión de horas. Así, el 29 cae Gibara, el 30 son tomados numerosos pueblos de la zona costera de Guacanayabo, el día 1ro. son liberados Holguín y Victoria de las Tunas, y en la noche del mismo día 1ro. se rinde la capital de Oriente. Con esta última victoria se cumple cabalmente la promesa de Fidel: «¡La historia del 95 no se repetirá! ¡Esta vez los mambises entrarán en Santiago de Cuba!».

 

En la madrugada del 1ro. de enero de 1959, ante el virtual dominio del Ejército Rebelde sobre las tres provincias orientales, la desmoralización absoluta del ejército batistiano y su situación insostenible en todo el país, Batista entrega la jefatura de las fuerzas armadas al general Eulogio Cantillo, renuncia a la Presidencia de la República y abandona el país junto a sus colaboradores más allegados. En una engañosa maniobra, Cantillo designa Presidente Provisional de la nación al magistrado más antiguo del Tribunal Supremo de Justicia, Dr. Carlos M. Piedra, según el plan fraguado con la activa participación de la embajada norteamericana para frustrar el triunfo de la Revolución.

 

Al enterarse de la fuga del dictador, y advirtiendo que se trata de escamotear al pueblo su victoria, Fidel Castro, en varias alocuciones desde Palma Soriano, denuncia la traición y el golpe militar, ordena a los comandantes del Ejército Rebelde que prosigan sus operaciones en todos los frentes de batalla y logren la rendición de las posiciones enemigas, y llama al pueblo a la huelga general para derrotar los planes de la oligarquía y el imperialismo. Decide que los comandantes Camilo Cienfuegos y Ernesto Che Guevara avancen sobre La Habana: el primero debe tomar el campamento de Columbia — primera fortaleza militar del país, desde donde se había producido el golpe de Estado el 10 de marzo de 1952 —, y el Che debe asumir la jefatura de La Cabaña, segunda fortaleza militar de la capital habanera.

 

En un nuevo y desesperado esfuerzo por controlar la situación, el general Cantillo dispone la libertad de cientos de presos políticos del presidio de Isla de Pinos y siguiendo siempre las indicaciones del embajador norteamericano, Earl T. Smith, lleva para La Habana al coronel Ramón Barquín, que también cumplía sanción por conspirar contra Batista, y lo sitúa en la Jefatura del Ejército. Barquín trata de que Fidel acepte el cargo de Primer Ministro del Gobierno Provisional, a la vez que se niega a entregar los mandos militares al Ejército Rebelde. Pero el imperialismo y la oligarquía no pueden frustrar la victoria. Bajo la consigna de «¡Revolución sí, golpe de Estado no!», el líder de la Revolución ordena que marchen sobre Columbia las fuerzas rebeldes. La huelga general paraliza totalmente el país; en ciudades y pueblos las masas se arman y, junto a las fuerzas guerrilleras, toman los cuarteles, apresan y retienen a los esbirros de la tiranía para someterlos a juicio, y asumen el control de ciudades y pueblos.

 

El 4 de enero termina victoriosamente la huelga: fracasa el golpe de Estado mediatizado y se va estableciendo en todo el país el poder revolucionario. Se cumple la afirmación hecha por Fidel al entrar en Santiago: «Esta vez, por fortuna para Cuba, la Revolución llegará de verdad al poder»[5].

Hipótesis prospectivas

 

 

  1. La revolución cubana, que comienza o, mejor dicho, re-comienza, en 1959, con el desembarco de los combatientes del Granma; es como la continuación diferida y diferenciada, de anteriores levantamientos, rebeliones, sublevaciones, revoluciones, truncadas por la violencia de la represión estatal, hallándose el Estado en manos de una clase política, que, sin temor a equivocarnos, se caracterizaba por corrupta, sumisa, e indolente, al servicio no solamente de una burguesía comercial e intermediaria, entonces lumpen-burguesía, sino de lo que nos hemos acostumbrado llamar el imperialismo. La diferencia de esta revolución, la de 1959, respecto de las anteriores, es que continúa, perdura, se convierte en permanente; después, una vez triunfado, resiste y se sostiene, contra todo pronóstico. Y como dijimos en un escrito anterior, brota y se afirma, convoca irradiando y es persistente, contra la realidad y la historia[6].

 

  1. Otra diferencia es que la revolución cubana ha vencido al imperialismo, por lo menos dos veces, sino es más; una en Bahía Cochinos, y otra contra el bloqueo sistemático del imperialismo. Ahora, el imperialismo, una vez vencido, constatando que su estrategia de bloqueo y aislamiento ha fracasado, reconoce al Estado socialista cubano como interlocutor, acepta restablecer relaciones diplomáticas y se da la apertura hacia un desbloqueo a la isla caribeña. Este cambio de actitud, es, en el fondo, una muestra de respeto por este Estado aguerrido, al que no considera, en el fondo, a pesar que no lo diga, como “Estado fallido”, usando un término “ideológico” e inadecuado del discurso conservador Esta forma de relación de apertura de parte del imperialismo, a pesar de su desorientación actual, sin embargo, su tino de cambiar de estrategia, es también otra diferencia.

 

 

  1. En este caso, no interesa lo que dice el discurso desgastado, pobre, banal y repetitivo, del exilio cubano de “derecha”, tampoco lo que dice el discurso anacrónico conservador, también banal, estridente, y vacío, de la “derecha” conservadora norteamericana. Estos discursos ni siquiera pueden catalogarse de “ideología” o narrativa “ideológica”; se parecen más a vocinglerías de-contextuadas de fundamentalistas conservadores, perdidos en un imaginario fantasioso, donde transmiten su deseo a-histórico, de recuperar sus latifundios, sus privilegios, de una época descomunal en sus violencias, en sus inmensas desigualdades, además de sus desbordantes corrupciones, corrosiones y sumisiones. Interesa, mas bien, como dato, el discurso oficial del gobierno norteamericano. Obviamente, en contraste, interesa el discurso oficial del gobierno cubano. Ya hablamos, en otro lugar[7], de lo que dice la “izquierda”, salvo contadas excepciones, que se mueven entre la crítica y el halago, lo demás es pura apología, aburridamente recurrente de viejos enunciados retóricos.

 

  1. Sabemos, por todo lo dicho, que la revolución cubana es una revolución que debemos defender, ciertamente críticamente; pero defender, así como, teóricamente, hipotéticamente, debieron defender, nuestros antepasados, a Paraguay, en la guerra de la triple alianza, pues era otra excepción histórico-política, en el contexto de la sumisión generalizada de los gobiernos latinoamericanos a la dominación británica en el desplazamiento de la revolución industrial.

 

 

  1. Sabemos que la revolución cubana, forma parte de la constitución diferida de la Patria Grande; en el caso parcial de la revolución cubana, dada de una manera efectiva y lograda, no discursiva y retórica, como acostumbran los burócratas y gobiernos “progresistas”, que han optado por formar organizaciones burocráticas, que gastan presupuestos, despliegan discursos, con el objetivo propagandístico de la integración; empero, sin dar un paso concreto hacia la integración efectiva, sino dando, en cambio, muchos pasos que inciden, mas bien, en mantener la separación de “republiquetas”, inventadas por las oligarquías criollas, en contra del proyecto de Tupac Amaru, después, contra el Proyecto de Simón Bolívar.

 

  1. Sabemos que la Patria Grande, si se da, si se logra constituir, no será un producto de estos Estado-nación, de estas “republiquetas”, de estas burocracias demagógicas, sino de la voluntad activa y de acción decidida de los pueblos. La voluntad política cubana, sostenida, a lo largo del tiempo, es una corroboración de que esta voluntad continental de los pueblos existe, y que, además de manifestarse en la persistente revolución cubana, pueden las voluntades sociales, inherentes en las sociedades y pueblos, realizarse, liberando las potencias sociales.

 

 

  1. Sabemos que ahora, en nuestra actualidad, no nos encontramos en los contextos mundiales, regionales y locales, en los que se hallaba inserta la revolución cubana, cuando estalló. En este sentido, no se la puede utilizar como modelo para repetirla, como si fuese un esquema aplicable. Sino que es un ejemplo, en lo que respecta, a las constituciones, composiciones, combinaciones singulares posibles, en las otras formaciones sociales singulares. Ejemplo de la capacidad creativa de un pueblo, para recorrer un camino inédito y propio.

 

  1. Sabemos también, que esta voluntad social, colectiva, organizada, e institucional, este acto heroico cubano persistente, enfrenta ahora, los desafíos de un sistema-mundo capitalista, que ha cambiado, en el transcurso de sus ciclos; enfrenta nuevas problemáticas, en el que su aislamiento sigue siendo una realidad, todavía; que, posiblemente requiera, de desplazamientos teóricos y políticos, sin necesidad de reconocer, ni olvidar su herencia, que fueron los recursos teóricos, políticos, “ideológicos”, que se utilizaron en un momento, coyuntura, y periodo, determinados. Una cosa es la herencia y otra cosa es el desplazamiento hacia nuevas formas de inteligibilidad del mundo y despliegue de acciones transformadoras.

 

 

  1. El marxismo cubano fue útil en todos los periodos de la lucha, en la guerra de guerrillas, en la Sierra Maestra; en otras palabras, fue operativo instrumento en el transcurrir de la revolución; ha operado efectivamente; eso se constata, en los Sin embargo, parece que se requieren, ahora, en el nuevo contexto, en los nuevos escenarios, del presente en crisis múltiple, civilizatoria, cultural, epistemológica, del sistema-mundo-capitalista, de desplazamientos teóricos y políticos, de actualizaciones de la experiencia y la memoria social, de interpretaciones de la coyuntura actual mundial y del desciframiento de los nuevos desafíos y problemáticas. Estos desplazamientos no dependen, de ninguna manera, ni de consejos, ni de sugerencias, ni de la nueva episteme, que ya se desenvuelve, en la contemporaneidad presente, sino de las reflexiones colectivas y compartidas, requieren del consenso social, requieren de la construcción colectiva de las decisiones del pueblo cubano. No hay receta a lo que viene, sino aperturas a nuevas formas de comprensión y acción. La ventaja enorme del pueblo cubano es que ha demostrado fehacientemente que tiene la entereza, la voluntad, la decisión, la heurística y hermenéutica, la cohesión social, para hacerlo.

 

  1. Al respecto, nadie dice que no hay problemas, que todo es una taza de leche, que no hay migrantes que salen de Cuba, que no hay contrariedades no resueltas. Sin ninguna pretensión de justificar nada, sino de comprender todo lo que se pueda comprender, ¿qué Estado, país, no lo tiene, incluyendo a las llamadas potencias de los Estados-nación “desarrollados”? Ninguno, menos Estados Unidos de Norteamérica y la Unión Europa, donde crece la población de pobres dramáticamente, en millones, donde se acumulan los desocupados y marginados. Entonces, no es pues un buen argumento, el usar una característica compartida por todos los estados, quizás a excepción de Israel; pero, solo con los israelitas. Cuando los no israelitas, se encuentran discriminados, marginados, sin hablar de la sorprendente represión sistemática, la guerra constante y la descarnada beligerancia sostenida contra el pueblo palestino.

 

 

  1. Los problemas son parte de la descripción particular de esta revolución, que aparece como excepción en la regla; empero, a diferencia de lo que ocurrió y ocurre en la regla, en la generalidad, podría decirse, abusando del término, estos problemas, estas contradicciones, no derrumban la voluntad institucionalizada, la voluntad latente y constante social, no derrumban al Estado y al gobierno, sino que están  ahí, como sorteados por las políticas, las prácticas, las decisiones, de las estructuras y subjetividades de una revolución persistente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Consideraciones finales

 

¿Cuál es la relación o concomitancia de la singularidad con la complejidad; es decir, con la realidad integral y simultánea, comprendiendo sus múltiples escalas? Habría que añadir un comentario o aclaración, la diferencia de la relación entre lo análogo, lo generalizable, la regularidad aparente, con la representación de la realidad en forma de universo regido por leyes. Sabemos que la singularidad es única, irrepetible, por lo tanto, no puede generalizarse, no puede convertirse en regularidad. De manera, completamente diferente, la singularidad no puede sostener la tesis abstracta de la generalización, de la regularidad, de las leyes que rigen el universo. En vez de estas abstracciones, aparecen configuraciones complejas de integraciones de articulaciones singulares de singulares composiciones y combinaciones. Entonces, se comprende, no se trata de generalizaciones ni de regularidades, sino de multiplicidad de operaciones, en distintas escalas, de integraciones de las singularidades diversas. Lo que importa es comprender cómo se da lugar la integración múltiple, empero, simultánea y concomitante, del tejido espacio-tiempo, en distintas escalas.

 

Lo que importa entonces es entender cómo se da, cómo funciona, cuál es la dinámica compleja, de esta integración de la completud cambiante del universo. ¿Cómo opera esta compleja integración simultánea, en distintas escalas? En otras palabras, ¿cómo se produce la complejidad, sinónimo de realidad, de manera inmediata y permanente? Nada deja de moverse, de cambiar, de mutar, de devenir, en ninguna escala del universo, ni en las infinitesimales, ni en las moleculares, ni en las molares; tampoco nada deja de integrarse, inmediatamente, en la totalidad de los planos y espesores de intensidad, en distintas escalas. Todo sucede al mismo tiempo.

 

Lo que se comparte no es pues ninguna generalidad abstracta, ninguna ley que rige, ninguna situación o proceso repetido y recurrente, sino esta operación plural, múltiple y plural, de integraciones, en distintas escalas. Paradójicamente, no se comparten analogías, sino singularidades, únicas, diferentes, distintas. ¿Cómo se puede compartir las singularidades, cuando son únicas; en otras palabras, distintas y no compartibles? Otra vez, paradójicamente, comparten su singularidad, su distinción y diferencia absoluta. Comparten lo que no se puede compartir, desde la perspectiva de la razón abstracta, de la razón instrumental, de los esquematismos duales.

 

Este compartir complejo de las singularidades múltiples y plurales, integradas en la simultaneidad dinámica del universo, se efectúa, no por analogías, sino por relacionamientos conectados, innumerables entre singularidades, únicas, diferentes. Estas relaciones, que operan como integraciones múltiples, así como integración completa, que se efectúa, por la concurrencia de las múltiples integraciones, son posibles, precisamente, por la diferencia de estas singularidades. Por lo tanto, lo que se da no es la generalización, sino la composición constante, permanente, repetida, cambiante. En otras palabras, constantemente, se inventa el universo, en toda su complejidad, a cada instante, usando este término como metáfora, pues no se podría hacerlo cuando aceptamos la simultaneidad dinámica.

 

No hay pues totalidad, que se concibe como generalización de formas de determinación, de causas y efectos, sino la constante y permanente composición de lo mismo, la completud, en su propia diferencia que lo ocasiona. Hay la constante invención, mejor dicho, creación, del universo, en sus distintas escalas. El tejido espacio-tiempo, los movimientos del tejido, las dinámicas inherentes, que tejen el tejido, integrador y articulador, de planos y espesores de intensidad, concomitantes, son posibles por estas composiciones, descomposiciones, recomposiciones, múltiples, en distintas escalas. Como dijimos, el universo se inventa permanentemente en el instante, en la simultaneidad compleja del instante.

 

El universo es singular, único, distinto, a cada instante. ¿Entonces cómo podemos comprenderlo, memorizarlo, reconocerlo, y actuar en consecuencia? No, por lo que se cree, que por ser el mismo, aunque en movimiento y expansión, movido por regularidades, por leyes. Sino porque la interpretación, basada en la percepción, la comprensión y el conocimiento del mundo, es, también constantemente inventado, de una manera simultánea.

 

Por así decirlo, el conocimiento del mundo corresponde, simultáneamente, al acontecimiento instantáneo de ese mundo. Es parte de ese instante del mundo. Si bien el conocimiento puede ser restringido, abstracto, representativo; lo que no parecería corresponder a la comprensión de la complejidad, sino a la reducción de la complejidad, convertida en esquemas representativos, hablamos de la intuición inmediata del instante de la complejidad. El conocimiento, por más restringido que sea, por más abstracto que sea, se sostiene en esta intuición inmediata, aunque la misma no haya sido mencionada.

 

Más importante que el conocimiento que evocamos, que corresponde al conocimiento evocado, enunciado, es pues el conocimiento implícito de los cuerpos, cuando se encuentran inmediatamente conectados con esta complejidad integrada. Que no podamos reconocer este acontecimiento vital de los cuerpos es otro cantar, que nos lleva a la pregunta: ¿Por qué no podemos ser conscientes de todo esto? En el sentido de la razón abstracta, no lo sabemos. En el sentido de la razón integrada a la percepción, entonces al cuerpo, lo sabe el cuerpo, no nosotros, en tanto individuos racionales, en tanto institucionalidad de las ciencias. ¿Por qué? ¿No es indispensable saberlo de manera consciente? Esto puede ser posible o comprensible en tanto nos movemos en la racionalidad instrumental, que requiere reducir la complejidad, creando más complejidad interna; es decir, transfiriendo la complejidad no resuelta a la intimidad del cuerpo, que sostiene esta razón. En otras palabras, ocultando la complejidad en los espesores del cuerpo, en sus vivencias, experiencias, memoria. Sin embargo, como se puede ver, la complejidad n o desaparece, salvo en las representaciones operativas, que usa el sujeto racional, para actuar en el mundo, empero, en el mundo reducido al mundo de las representaciones. La complejidad es sustituida imaginariamente por un mundo que funciona regularmente, de acuerdo a leyes.  El mundo efectivo, en devenir, sigue, continua, por así decirlo, deviene.

 

Incluso este mundo de las representaciones, este mundo reducido, vaciado de su complejidad, convertido en un mundo explicable, reducido a la condición esquemática, mundo sostenido por la institucionalización de las representaciones, es sostenido por la complejidad dinámica y simultanea del tejido espacio-tiempo. Pues, sino ocurriera esto, ese mundo abstracto, imaginado, no podría existir. Existe como imaginario en el mundo efectivo.

 

Hasta ahora las sociedades humanas han logrado operar, con relativa eficacia, usando este procedimiento de la reducción de la complejidad al esquematismo dual; sin embargo, parece, que, en este presente, por así decirlo, para no complicarnos, se han develados los límites de esta estrategia reduccionista. Ya no es útil, más bien, pone en peligro la sobrevivencia de la humanidad. Parece que es indispensable, para afrontar las problemáticas, no optar por la reducción de la complejidad, de sus dinámicas, sino, mas bien, por la comprensión de esta complejidad. Por eso, parece indispensable reintegrar la razón a la percepción, al cuerpo, el conocimiento a la intuición, en el sentido expresado, no en el sentido que entiende la filosofía moderna.

 

En el lenguaje de la modernidad, en los discursos filosóficos, teóricos, científicos, se diría, se requiere una ruptura epistemológica, y el desplazamiento epistemológico, se requiere de nuevos paradigmas. Esta enunciación puede ayudar en algo; pero, tiene el inconveniente de expresar este requerimiento en las formas representativas, precisamente reductivas de la complejidad. Parece, mas bien, que lo que se requiere es de una integración, de las capacidades representativas, imaginativas, de racionalización, a la intuición corporal de la completud del universo. Asumir conscientemente y racionalmente el acontecimiento múltiple, plural, simultáneo de la integración de la complejidad.

 

Ahora bien, esta reflexión ¿para qué nos sirve en nuestro análisis de la revolución cubana? Para comprender el significado, mejor dicho, el impacto, por así decirlo, histórico-político, de la singularidad de la revolución cubana. Esto es, pensar y descifrar esta singularidad. No solamente para entender el decurso y la persistencia de la revolución cubana, en particular, sino para comprender las singularidades de las otras formaciones sociales, que aunque no aparezcan como excepción en la regla, pueden ser descifradas por la comprensión de la singularidad, comprensión no generalizable.  Pueden ser descifradas, no por sus analogías, ni parecidos, sino por la comprensión de la propia composición singular. Pues lo que interesa no es tanto la estructura de esta composición, sino el funcionamiento de las operaciones compositivas y de combinatorias, que han producido esta singularidad.  Entonces, lo que se utiliza para la comprensión de la complejidad inherente no es la regularidad, ni la generalización abstracta, tampoco la regularidad hipotética conjeturada, sino la comprensión de los modos de operar de las integraciones complejas.

 

En este sentido, podemos conjeturar que la revolución cubana muestra posibilidades inherentes en las formaciones sociales, posibilidades que han sido inhibidas en otras formaciones sociales, debido a que sus composiciones no liberaron la potencia social, aunque sea en parte. Entonces, la pregunta es; ¿qué es lo que ha dado lugar a que se libere, en parte, esa potencia social en Cuba? En otras palabras, ¿qué hace a Cuba una excepción en la regla?

 

Esa fue la pregunta con la que empezamos en las consideraciones preliminares. Respondimos recurriendo a la interpretación anticipada de las descripciones; ahora queremos responder teóricamente. Las preguntas podrían ser: ¿Qué ha activado la potencia social del pueblo? ¿Los lideratos? ¿Las condiciones de posibilidad dadas en la coyuntura? ¿El azar, la casualidad creativa? ¿O, mas bien, la necesidad, sentida, en un momento de lucidez, por el pueblo? A diferencia de lo que acostumbra decir parte de la “izquierda”, que considera que se debe a los lideratos consecuentes, que se debe a la intensidad de las contradicciones, a la dirección y conducción de la vanguardia; tesis que criticamos; decimos que estos lideratos, no hubieran sido posibles, sin un pueblo predispuesto a combatir. Las respuestas sociales a estas contradicciones explosivas no se hubieran dado sin la voluntad constituida en el pueblo, no es posible ninguna vanguardia o pretensión de vanguardia, sin la predisposición a seguir adelante del pueblo. Los líderes son producto activo del imaginario popular, predispuesto a pelear; lo que hace es encontrar lideratos, que son representaciones, formas de representación, formas narrativas, de su propia predisposición a combatir, a pelear.

 

No se trata de disminuir el papel de los líderes, en la narrativa política, sino de comprender, por qué se activa, de esa manera, con esas narrativas, la potencia social. Nuestra interpretación es la siguiente: La potencia social se activa con los recursos con los que se cuenta, con los recursos que se tiene a mano. Estos recursos no son la clave de la liberación de la potencia, sino la excusa. La potencia podría haberse activado de otra manera. Entonces, una vez que, el pueblo recurre a la memoria narrativa, opta por el camino decidido, opta, por ejemplo, por la trama recordada de la epopeya, cuya estructura narrativa, coloca al héroe en el centro del drama. En este sentido, cuando el pueblo, prefiere este estilo de narrativas, es cuando, en la interacción entre imaginarios y acciones sociales, las representaciones simbólicas, los líderes, en el imaginario popular, juegan en la trama puesta en escena un papel fundamental.

 

Consideramos entonces que la explicación se halla en la composición singular, en una coyuntura, en un contexto determinado, que ha ocasionado la liberación de la potencia social. En el caso de la revolución cubana, parece ser, fuera de la crisis estructural, profunda, con fuertes tonalidades de decadencia de un Estado-nación subalterno, de corrosión en la sociedad institucionalizada, fuera de la crisis orgánica del ciclo del capitalismo vigente, fuera de las formas concretas de la lucha de clases, parece que ciertas figuras despiertan el romanticismo en el alma popular; activan, primero, la memoria de narrativas heroicas, que llevan a desenlaces felices; después, activan el despliegue y desenvolvimiento de la potencia social, manifestada en acciones. Entonces, el papel de los lideratos no está en sus atributos esenciales, sino en la lectura que hacen los estratos populares, de sus rasgos, de sus perfiles, de su conducta, comportamiento, discursividad. Esta lectura social es la que da forma al líder. Este procedimiento, imaginario, narrativo y de acción popular, es útil y tiene consecuencias, cuando el producto social y subjetivo imaginario, narrativo colectivo, es respondido con la consecuencia de la conducta del líder representado, del líder inventado. Es cuando los imaginarios sociales, las narrativas colectivas, las acciones populares, se encuentran y complementan, con las conductas, el imaginario, las interpretaciones, las prácticas y acciones, de la persona que encarna al líder simbólicamente. Si esto no ocurre, si, en algún momento, se produce la disociación entre imaginarios, por una parte, colectivos, por otra parte, individual, cuando se da lugar a la disociación entre la conducta esperada socialmente y la conducta práctica del líder, cuando la interpretación socialmente compartida se disocia de la disociación engreída del líder, el desencanto llega pronto, la desilusión también, empujando al pueblo a comportamientos inciertos. Lo sugerente es que en la revolución cubana se ha dado lo primero.

 

No se entienda lo que decimos como una crítica a los lideratos, esto sería meterse en la narrativa, en los imaginarios populares, y considerar que esas representaciones son la realidad, sinónimo de complejidad; no es esto. Se trata de comprender los funcionamientos sociales en la complejidad, como las narrativas pueden ayudar a activar la potencia social, usando a individualidades expresivas, intensas, manifiestas, como figuras en la trama considerada socialmente. Lo que decimos no quita ningún mérito a la consecuencia de estos personajes; sino que comprende mejor su papel, en los procesos singulares de la complejidad. Los lideratos son importantes, en tanto y en cuanto, juegan un papel desencadenante en el imaginario, en la trama y en la narrativa social, ocasionando acciones en el pueblo.

 

No todos los pueblos actúan, deciden actuar, de esta manera, activar su potencia social, usando narrativas comprensibles, interpretando lo que ocurre, desde esas narrativas, desatando sublevaciones; lo hacen algunos, en coyunturas concretas. Sin embargo, no hay que olvidar que todos los pueblos pueden hacerlo. De esto es de lo que se trata, para el activismo libertario; activar la potencia social de los pueblos del mundo.

 

 

 

 

 

[1] Ver de Raúl Prada Alcoreza Más allá del occidente y el oriente. Dinámicas moleculares; La Paz 2015. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/mas-alla-del-occidente-y-el-oriente/.

[2] Texto:  Cuba Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Cuba?oldid=87859988 Colaboradores: Andre Engels, Youssefsan, Macar~eswiki, Mac, Zuirdj, Lord Sy, Randyc, Joseaperez, Oblongo, Manuel González Olaechea y Franco, Sabbut, oriel, Antfern, Frutoseco, Donod, Sauron, JorgeGG, Lourdes Cardenal, ManuelGR, Bokpasa, Vanbasten 23, Foster~eswiki, Ruiz, Robbot, Lcgarcia, Angus, Orbis Tertius~eswiki, Romanm, Rumpelstiltskin, Sanbec, Vivero, Zwobot, Dionisio, Jibbon7, Paz.ar, 1297, Rosarino, Der schöne Tod, Dodo, Ejmeza, Jonik, Yearofthedragon, Gmagno, Felipe.bachomo, Jynus, Ascánder, Davidge, Sms, Alstradiaan, Truor, Rsg, Cookie, Tostadora, Laoconte, Barcex, Galio, Aracne, Felipealvarez, Pablopda, Urra, Robotito, Chalisimo5, Dianai, Erri4a, Joao Xavier, Poniol60, Cinabrium, Ncc1701zzz, Porao, Scalif,Chelo, Loco085, Antoine, Vizcarra~eswiki, Huhsunqu, Balderai, Ecemaml, Gotten~eswiki, Kordas, Chewie, Benjavalero, Desatonao, FAR,CaptainHowdy, Javierme, Napoleón333, Taragui, Ictlogist, Alexan, 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[3] José Bell Lara, Delia Luisa López García y Tania Caram León: Documentos de la Revolución cubana 1959. José Bell Lara (Guantánamo, 1939). Doctor en Ciencias Filosóficas, sociólogo, profesor e investigador de la Universidad de La Habana y del Programa FLACSO-Cuba. Publicó con esta editorial Los cambios mundiales y las perspectivas de la Revolución cubana (1999). Delia Luisa López García (La Habana, 1942). Doctora en Ciencias Económicas, profesora e investigadora del Programa FLACSO-Cuba y presidenta de la Cátedra Ernesto Che Guevara de la Universidad de La Habana. Tania Caram León (La Habana, 1960). Doctora en Ciencias de la Educación, Licenciada en Lingüística, profesora e investigadora de la Universidad de La Habana y del Programa FLACSO-Cuba. Los tres son autores o coautores de múltiples publicaciones, y entre las más recientes se incluyen Cuba in the 1990’s y Cuba in the 21st Century: Realities and Perspectives.

[4] José Bell Lara, Delia Luisa López García y Tania Caram León: Documentos de la Revolución cubana 1959. Ob. Cit.; Págs. 9-11. http://www.cubadebate.cu/wp-content/uploads/2009/08/documentos-revolucion-cubana.pdf.

[5] Sitio Oficial del INDER : HISTORIA DE CUBA : http://www.inder.cu/indernet/Provincias/hlg/documetos/textos/HISTORIA%20DE%20LA%20REVOLUCION%20CUBANA/HISTORIA%20DE%20LA%20REVOLUCI%C3%93N%20CUBANA.PDF. RECOMENDACIÓN BIBLIOGRÁFICA El partido de la Unidad, la Democracia y los Derechos Humanos que Defendemos. Editora Política, La Habana, 1997. Castro, Fidel: Discurso en la velada conmemorativa de los Cien Años de Lucha. 10 de octubre de 1968. Discurso en la velada solemne con motivo del centenario de la caída en combate del Mayor General Ignacio Agramonte. 11 de mayo de 1973. Discurso en el acto central conmemorativo del centenario de la Protesta de Baraguá. 15 de marzo de 1978. Discurso en la velada solemne con motivo del 50 aniversario de la fundación del primer partido marxista-leninista de Cuba. 22 de agosto de 1975. Discurso en el acto central en conmemoración del 20 aniversraio del ataque al Cuartel Moncada. 26 de julio de 1973. Discurso en el acto central por el 20 aniversario del levantamiento revolucionario de Cienfuegos. 5 de septiembre de 1977. Discurso en la velada solemne en memoria del Comandante Ernesto Che Guevara. 18 de octubre de 1967. Chang, Federico y Ana Julia García (compiladores): Historia de Cuba 1930-1959. Materiales de estudio. Editorial Pueblo y Educación. La Habana, 1986. Demanda del pueblo de Cuba al Gobierno de los Estados Unidos por daños humanos. Editora Política. La Habana, 1999. Dirección Política de las FAR: Historia de Cuba. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1985. Guerra, Ramiro: Manual de Historia de Cuba. Editorial Pueblo y Educación. La Habana, 1978. Instituto de Historia de Cuba: Historia de Cuba. La Colonia. Evolución socioeconómica y formación nacional de los orígenes hasta 1867. Editora Política. La Habana, 1994. Las luchas por la independencia nacional y las transformaciones estructurales. 1868-1898. Editora Política. La Habana, 1996. La Neocolonia, organización y crisis desde 1899 hasta 1900. Editora Política. La Habana, 1998. Instituto de Historia del Movimiento Comunista y de la Revolución Socialista de Cuba: El pensamiento de Fidel Castro. Editora Política. La Habana, 1983. Dos tomos. Le Riverend, Julio: La República. Dependencia y Revolución. Editora Universitaria. La Habana, 1966. Le Riverend, Julio: Historia económica de Cuba. Ediciones R. La Habana, 1981. Le Riverend, Julio y otros autores: Historia de Cuba. Tomos 1 al 6. Editorial Pueblo y Educación. La Habana, 1974-1978. Historia de Cuba. Tomos l y II. Editorial Pueblo y Educación. La Habana, 1989. López, Francisca; Oscar Loyola y Arnaldo Silva: Cuba y su historia. Editorial Gente Nueva. La Habana, 1999. Martí, José: Obras Escogidas. Centro de Estudios Martianos. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1992. Tres tomos. MINFAR: El diferendo Cuba-Estados Unidos. Ediciones Verde Olivo. La Habana, 1994 Pichardo, Hortensia: Documentos para la historia de Cuba. Tomos l al IV. Editorial Pueblo y Educación. La Habana, 1984-1988. Torres-Cuevas, Eduardo y Oscar Loyola: Historia de Cuba. Tomo I Editorial Pueblo y Educación. La Habana, 2001. Vitier, Cintio: Cuadernos Martianos II y III. Editorial Pueblo y Educación. La Habana, 1997. CUADERNO MARTIANO IV. EDITORIAL FÉLIX VARELA. LA HABANA, 1998.

[6] Ver de Raúl Prada Alcoreza Acontecimiento político. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. También en:  http://horizontesnomadas.blogspot.com/2015/05/acontecimento-politico.html.

[7] Ver de Raúl Prada Alcoreza Crítica de la ideología. Dinámicas moleculares; La Paz 2015. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/critica-de-la-ideologia/.

 

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