El palacio de los narcisos

El palacio de los narcisos

 

Sebastiano Monada

 

Narcisos en el palacio

 

 

 

Llantas de caucho y carros de metal

Mundanal ajetreo de la ciudad

Trepa, efluvio navegando tumultuoso

Nave espesa y vaporosa, sudor urbano

Calendario entumecido de inquietantes fechas

Manantiales cristalinos, llanto de peces dorados

Como suplicantes números condenados

A morir sin pena ni gloria martirizados

Por trámites interminables como olvidos

Conciertan serpenteantes filas azoradas

Por la espera sin esperanza acostumbrada

Canción festiva de luna plateada

Desnudándose enervada deja desparramadas

Como charcos de verano sus prendas

Suaves encajes de seda blanca

 

Vendrán colores volando encendidos

Animando atronador vehemente coro solar

Cantando seducido al mirar voluptuosa danza

Lluvia copiosa corriendo con pies descalzos

Luminosa jornada diferida fortuitamente mojada

A la venerante contemplación pasmada

Atónita ternura de la montaña mágica

Relegando la infinita concavidad del firmamento

Calendario desvaneciéndose como reloj de arena

 

Urbe atormentada por el bullicio de sus ferias

Y el tumulto ensangrentado de sus tráficos

Mientras las bocinas sin ritmo acallan

La sinfonía musical de los pájaros aprisionados 

 

Oficinas atiborradas de funcionarios adormecidos

Y de usuarios temerosos aguardando en los pasillos

Respirando denso aire, burocrática corriente vespertina

Decoración tenue gráfica en paredes desoladas

 

Escritorios mudos acicalando archivos desdeñados

Hojas de otoño eterno como alfombra crujiente

Y ruidosamente coro de quejidos crepitantes

Como gemido esférico de ramas incendiadas

Precepto limpio como hielo de cumbre

Y silencio quieto como cementerio

Asediado por profuso desorden desaliñado

Descuido acumulado de filiaciones dactilógrafas

Tamizaron deponiendo en el aire acento jubilado

Habiendo escrutado minuciosos los papeles

En dictámenes flemáticos como gansos en suelo

Y fatales consumaciones en depósitos clausurados

 

Los funcionarios en su letargo rutinario

Tienen, por eso no se inmutan

De cascajo pulido el corazón

En la erosión indiferente de las reglas

Pronunciación reverberante no cumplida

Plasmando en mármol las normas calaveras

Quimeras de pomposa niebla turbada

Por el murmullo penetrante del frio

Invierno entumecido en la memoria añeja

De olvidados tiempos fosilizados

Ofuscado inerte espíritu aterido

En el musgo extendido de las frustraciones

Atizando fogatas de pequeñas venganzas

En el cuerpo acribillado de inermes usuarios

Mientras los jefes orgullosos ostentan

Voz de mando como capitanes de barcos fantasmas

Dirigiendo la nave perdida en la tormenta

 

Se consideran elegidos por el horóscopo

Oráculo improvisado de periódicos

Sosiego de costumbres sedimentadas

Autoridades metálicas de la máquina gobernante

Fabulosa como gigantesca herencia babilónica

Convertida en farolero artilugio moderno

 

Aislados como penitentes en claustro

Sonríen a veces para las fotografías

Dejando sus rasgos descifrables en diarios

Son los electos dignatarios nominados

En la rutina periódica electoral

A nombre del pueblo mandan solemnes

Rigiendo leyes como antiguos cocheros

Látigo en mano torturando a los caballos

Y ordenando clasificados códigos incambiables

Mientras la plebe se encuentra definitivamente ausente

Alejada oportunamente de toda decisión tomada

 

Se sienten imprescindibles pastores de rebaños

En el ajetreo itinerante del arte de gobernar   

Lobos de mar conductores del naufragio

Creyendo avanzar al paraíso prometido

Cuando, en cambio, son empujados al abismo

 

Engreídos, enamorados de sí mismos

Los narcisos se contemplan en el espejo

Esperando el mismo atisbo insólito

Perpetuo del resto de los mortales

Reconocimiento forzado a su esplendor de pacotilla

 

En la cabeza tienen una vaga metafísica

Miscelánea de artefactos barrocos

Ansían anhelantes manojos de billetes

Así como un dedicado zoólogo ama

El estallido primaveral de las mariposas

Apetecen el automóvil último modelo

Así como como el astrónomo se emociona

Observar la multitudinaria conmoción gravitatoria

De bandadas de constelaciones viajeras

Adoran las intermitentes concentraciones públicas

Suponen la muchedumbre los alaba

Sin enterarse ser obligada a la congregación

Cuando discursan como curas en el púlpito

O los entrevistan para las noticias oficiosas

Hablan como seniles profetas aturdidos

Pronunciando arduamente magnas verdades

Entonando la elocuencia de agoreros callejeros

No esconden trilladas frases invariablemente usadas

Recurrentes monótonas oraciones repetidas

Por la rancia estirpe de la decadencia política

Costumbre acicateada hasta el aburrimiento

En el fondo emiten la ególatra demanda

Reconóceme soy del otoño el patriarca

El misericordioso, el que viene a curar tus heridas

El vespertino caudillo insomne

Esperado como a un crepuscular mesías

Soy el consolador de tus angustias y tus dolores

 

Cuando a protestas se enfrentan

Desatadas nuevamente por las faltas

De las máscaras mutantes repetidas

Cuando interpelaciones escuchan

Emergidas del desencanto devenido

Al descubrir nada cambia en el periodo

Salvo los guiones reescritos sin imaginación

Y los perdurables actores consagrados

Cuando son acusados de no cumplir

Con las promesas efectuadas en campañas

Y con la manoseada cenicienta Constitución

Mandan a poner orden en el caos

Al monopolio de la violencia uniformada

Para recordar a quienes se rebelan  

Quién manda indiscutiblemente sobre todo

Y no tolera irremediablemente nada

Semejante osadía ingratas masas sublevadas

E inclemente temeraria afrenta movilizada

Al símbolo desolado del dominio

 

Sus cofradías compactas como plegaria de monjes

Sus cortes aduladoras como afligidos bufones

Se componen de lealtades sobornables

Clientelas enceguecidas por la fidelidad comprada

Hasta convertir los equívocos desbordantes

E incorregibles errores vernaculares

En los más agudos ardides de la sabiduría

Abalorio de juegos ramplones  

De abatidos estrategas comediantes

Hasta convertir las más grandes sandeces

En las pretendidas más brillantes astucias

De audaces prestidigitadores de ajados naipes 

Así caminan juntos reyes y arlequines

Como desfile de carnaval a la sepultura

 

 

 

 

 

 

 

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