A-sistema-mundos capitalistas

A-sistema-mundos capitalistas

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

A-sistema mundos-capitalistas.pdf

 

 

 

 

 

 

Se ha teorizado sobre el sistema-mundo capitalista desde la Teoría de la dependencia hasta Giovanni Arrighi pasando por Fernand Braudel y Emmanuel Wallerstein[1]. Se ha usado la teoría del sistema-mundo para estudiar los fenómenos y crisis contemporáneas del capitalismo. Sin embargo, quizás sea el momento de pararse a reflexionar sobre los alcances y límites del concepto; a pesar de los grandes aportes y servicios prestados para la comprensión de las sociedades capitalistas en un mundo globalizado. ¿Es realmente sistémico el funcionamiento del mundo-capitalista? ¿Podemos hablar efectivamente de sistema cuando nos enfrentamos, mas bien, prácticamente, a evidentes irracionalismos, desordenes, pésimos ajustes del mercado, espantosas orientaciones de los organismos internacionales, que creen dogmáticamente en la mano invisible del mercado? Incluso, ¿podemos hablar de mundo, cuando parece que se trata, mas bien, de mundos? Además de mundos, que en vez de ser mundos integrados, se muestran, mas bien, como mundos desarticulados.  Un ejemplo, al alcance de la vista, es lo que pasa con la desarticulación del mundo financiero respecto del mundo de la producción, o si se quiere, el mercado financiero o el mercado especulador respecto al mercado del trabajo, el mercado de la industria; sobre todo en lo que respecta con las condiciones de posibilidad de la masa crítica de científicos, técnicos y profesionales, que requiere la industrialización, o lo que se viene en llamar comúnmente desarrollo.  Podemos extendernos mucho más, la lista es más larga; por ejemplo, comparar estos mundos del llamado capitalismo con otros mundos, mas bien, abigarrados, donde las sociedades mezclan estrategias sociales de distinta índole, incluso de diferentes códigos culturales. Pero, no vamos a seguir con la lista; nos remitimos a otros ensayos, que tratan de manera pormenorizada el tema. El tema de este ensayo es teórico, si se quiere epistemológico; se busca cuestionar el concepto de sistema-mundo capitalista, mostrando sus limitaciones, incluso sus contrastes y contradicciones.

 

 

 

Mundos desarticulados

 

Lo que no se ha visto claramente, incluso, más allá, lo que no se ha estudiado, es que las crisis orgánicas y cíclicas del capitalismo no solamente responden a contradicciones inherentes al modo de producción capitalistas, de las formaciones económico-sociales, del sistema-mundo, sino que son ocasionadas por el choque entre mundos desarticulados o, si se quiere, de mercados desarticulados del mismo capitalismo, que se lo presenta como sistema, cuando es, más bien, un laberinto.

 

Joseph E. Stiglitz atribuye como parte de la causa de la crisis asiática de la década de los noventa, expandida mundialmente, con repercusiones hasta nuestros días, a las políticas, orientaciones e imposiciones del FMI y del Tesoro estadounidense[2]. A pesar de no contar con un conocimiento adecuado de las economías asiáticas, se dejaron llevar por la ortodoxia neoliberal, relativa a supuesta saludable liberación de los mercados, de la desregulación, del presupuesto del achicamiento del Estado, de las bondades de la mano invisible del mercado, de la regulación automática de la libertad de empresa y de la competencia. Sin haber estudiado el llamado “milagro asiático”, donde, más bien, la intervención estatal y la inversión social, la inversión productiva planificada, además de la solidaridad, jugó un papel primordial en el salto dado a la industrialización, a lo que se llama comúnmente desarrollo y crecimiento económico. Los organismos internacionales promovieron, mas bien, la apertura de los mercados, sobre todo la apertura del mercado de capitales, de las inversiones de capital, la modificación de las políticas monetarias, favoreciendo la subida de los intereses, ocasionando lo contrario de lo que se esperaba. Cuando bastaba el ahorro interno, invertido en la producción, el flujo de capitales perturba el funcionamiento autónomo de la economía nacional, ocasionando la desviación hacia economías especulativas. Después, cuando estalla la crisis, cuando se requiere capitales de apoyo, el mercado de capitales, provoca, por el contrario, la estampida; las inversiones se detienen, pues no quieren arriesgar, para invertir en otros lugares más rentables, menos riesgosos. Esta orientación neoliberal destrozó economías asiáticas, que fueron un ejemplo del llamado “milagro asiático”.

 

Lo que la economía monetarista parece no comprender es que las estrategias, si se quiere, las lógicas, de los mercados diferenciales son distintas; en otras palabras, son mundos diferentes y dicotómicos. La lógica del mercado financiero no es la misma que la lógica de la producción; la lógica especulativa monetaria no es la misma que la lógica de la industrialización. Es más, extendiéndonos a otros mundos, la lógica mercantil no es la misma que la lógica, por así decirlo, de las necesidades. Este dogmatismo neoliberal ha llevado lejos las conclusiones, obtenidas de este esquematismo teórico, que apenas se sostienen en premisas muy simples, como si el mercado fuese un espacio liso, homogéneo, perteneciente a un solo mundo.

 

Ciertamente esto no solo pasa con la teoría económica monetarista, sino con otras teorías más complejas, incluso la teoría keynesiana; es más, también con la teoría económica marxista. Incluso, y este es nuestro tema, con la teoría del sistema-mundo capitalista. Solo que, en el caso del monetarismo, sus conclusiones y orientaciones son más evidentemente pedestres e ingenuas.

 

La primera hipótesis de interpretación, es que no hay exactamente un sistema-mundo capitalistas, sino una ausencia de tal sistema; estamos ante un comportamiento a-sistémico de este mundo. La segunda hipótesis de interpretación, es que no estamos ante un mundo, sino ante mundos desarticulados entre sí; de ninguna manera mundos integrados.  La tercera hipótesis de interpretación, es que nos movemos en distintos mundos, en distintos planos de intensidad, como en un laberinto de distintas dimensiones.

 

Estas hipótesis de interpretación nos llevan a la siguiente conclusión: En vez de ser un sistema-mundo capitalista, se trata de un a-sistema mundos-capitalistas desarticulados, conformando un laberinto, atiborrado de desajustes, donde estallan innumerables crisis, cobrando sus costos en las economías destruidas, aunque sea en periodos, cortos o largos, cobrando sus grandes costos en la gente, en los pueblos, en las sociedades.

 

Si estas orientaciones se dieron y se aplicaron, fue porque el mundo, como referente global, está sometido al poder de las instituciones internacionales, que son las que rigen las economías nacionales y regionales del mundo. Si estas políticas persisten, a pesar de los errores cometidos y conocidos, es porque el dominio de los monopolios financieros, los monopolios de los mercados, los monopolios tecnológicos, los monopolios comunicacionales, los monopolios de la violencia legítima, ahora mundializada, se han consolidado por la fuerza de un orden mundial anacrónico y aterido a paradigmas que no funcionan. Esto va seguir así si los pueblos del mundo no ponen fin a este desbarajuste global y generalizado, controlado institucionalmente por organismos internacionales. Los costos de este dogmatismo económico van a seguir pagando las economías nacionales, los pueblos y las sociedades.

 

 

De las paradojas del libre mercado

 

Los partidarios del libre mercado, que han convertido una conjetura del siglo XIX, que sirvió como premisa para avanzar en la comprensión de la economía moderna, en un dogma, que en cambio, viene a ser una conclusión apresurada y poco sostenible, que, además, ya no ayuda a comprender nada, salvo el encierro mental de los teóricos monetaristas y neoliberales, se enfrentan a una paradoja, que obviamente no ven. Postulan la no intervención estatal, la no regulación de los mercados, dejar que la mano invisible lo regule todo, a pesar de que ya lo hacen al proponer políticas monetaristas, en unos casos de altos intereses, en otros casos, de bajos intereses, terminan interviniendo como super- Estado mundial al orientar, postular, aplicar y obligar a políticas monetaristas, neoliberales, a los Estado-nación, que sufren las consecuencias de sus aberrantes lineamientos. Esto no es más que intervencionismo, a escala mundial, de estos super-Estado del sistema financiero mundial.

 

Volviendo a la crisis asiática de la década de los noventa, el FMI obligó a Corea del Sur y a Tailandia a subir los intereses bancarios, con el objeto de atraer capitales, cuando lo que no faltaba era esto, sino aumentar la demanda; que las empresas altamente endeudadas, pero eficientes, que funcionaron con el apoyo del ahorro interno, la planificación del Estado, en la orientación de la inversión productiva y la inversión social, requerían, más bien, pagar intereses bajos, para no colapsar. Las consecuencias fueron desastrosas, impactaron en el cierre de empresas, incluso de aquellas que podían mantenerse, pero, fueron empujadas a la quiebra por la subida de los intereses. De la recesión se pasó a la depresión, con efectos multiplicadores a los países vecinos; puesto que, por el consejo del FMI, debían buscar el equilibrio macro-económico, restringiendo las importaciones. La salida teórica era el incremento de las exportaciones; empero, como los vecinos y otros posibles compradores también fueron impactados por la crisis, sobre todo por la recesión, entonces las exportaciones no podían realizarse. Tampoco se podía obtener crédito para ampliar el marco de las exportaciones. El resultado fue la expansión mundial de la crisis asiática.

 

Los partidarios del libre mercado, al final, intervienen globalmente en el mercado mundial como super-Estado, además con paradigmas simplones, que reducen la complejidad a una inocente caricatura donde solo hay dos curvas concurrentes, la oferta y la demanda; por otra parte, abstractas, y respondiendo a una competencia, también abstracta, de concursantes homogéneos, como si respondiera a un sola lógica de un solo mercado homogéneo. A pesar de este simplismo teórico, este dogmatismo evidente, además de comprobarse las consecuencias funestas de su paso destructivo por las economías del mundo, se persiste en el autoritarismo de los organismos internacionales, que rigen la economía global, se insiste en su insostenible paradigma económico.

 

Otro aspecto digno de anotar, en el listado de contradicciones del FMI, es el no distinguir periodos históricos, contextos y regiones económicas. Después de haber orientado las economías latinoamericanas – las que supuestamente conocía, aunque sea de una manera general, haciéndolas semejantes a todas -, en el sentido del equilibrio macroeconómico, obligando a los estados a cerrar las brechas de sus déficit, empujándolos a la privatización de sus recursos naturales y de las empresas públicas, además de los ahorros de los trabajadores, coadyuvando, entonces, en el mediano plazo, a vaciarlas de dispositivos soberanos para afrontar los desafíos económicos, empujando a los países y sociedades a destructivas crisis sociales; el FMI internacional se creyó con el derecho y la autoridad de exigir lo mismo en Asía, en otro contexto, otra composición y estructura económica y otros problemas.  Como comentamos, los resultados fueron lamentables.

 

 

 

El retorno neoliberal

 

A fines del siglo XX, la crisis social y la crisis política estallo en América latina. Los pueblos de Sud América se levantaron contra el modelo neoliberal implantado por gobiernos sumisos al FMI; estas rebeliones ocasionaron el llamado “giro a la izquierda”, llevando al poder, mediante elecciones, a gobiernos progresistas.  En principio, los gobiernos progresistas recuperaron las economías nacionales con medidas de nacionalización, recuperando soberanamente recursos naturales y empresas públicas, aunque no todas, aunque tampoco necesariamente recuperando el ahorro de los trabajadores, que siguió en manos de las neoliberales AFPS y sus orientaciones políticas especulativas, como usar el ahorro como recursos de inversiones especulativas en el mercado. Sin embargo, los gobiernos progresistas nunca salieron de la férula y el control del FMI; al final, el temido super-Estado global siguió rigiendo las economías nacionales, sobre todo, en lo que respecta a los mecanismos financieros, que ya es mucho decir. Los gobiernos progresistas se entramparon en sus propias contradicciones; las heredadas, que arrastraban de los populismos del siglo XX, de sus límites; y las nuevas, las que tenían que ver con su demagógico “antimperialismo”, en los marcos permitidos por la camisa de fuerzas del FMI. Las crisis económicas de los gobiernos progresistas no tienen que ver con la interpretación de las crisis, que atribuye el dogmatismo económico neoliberal y monetarista, sino con la crisis orgánicas del mismo sistema-mundo capitalista, que ha llevado a fondo el despojamiento de recursos naturales, transfiriendo los grandes costos cualitativos a la naturaleza, costos que obviamente su contabilidad no cuenta. Crisis que tienen que ver con los privilegios monopólicos de la geopolítica del sistema-mundo capitalista, impidiendo incluso un libre juego de las competencias económicas nacionales. Crisis que tiene que ver con una división del trabajo internacional y del mercado mundial, que data del siglo XIX, división vetusta, apenas modificada por las potencias emergentes. Crisis, además y, sobre todo, desatada por un modelo de desarrollo anacrónico y obsoleto, en las condiciones actuales del desarrollo tecnológico y de la crisis ecológica. Fuera, claro está, de que los gobiernos progresistas sustituyen el dogmatismo neoliberal del mercado libre por el dogmatismo populista del Estado paternal, que esconde las des-cohesionadoras y destructivas relaciones clientelares, que sostienen la legitimidad de estos regímenes.

 

Las consecuencias políticas de las crisis económicas, provocadas por las políticas clientelares, de los gobiernos populistas, no se han hecho esperar. Vino, en algunos países, puede ser que ocurra en otros más, el voto castigo, perdiendo las elecciones los partidos populistas. El resultado no es nada halagador, pues, donde ocurrió, vuelve la sombra de los gobiernos neoliberales. Estos nuevos gobiernos neoliberales, del pos-populismo, tampoco aprendieron nada; como antes, creen que pueden repetir la receta neoliberal, que llevó a la crisis social y económica, en sus países, a pesar de la fugaz y aparente estabilidad de principio, al impactar positivamente por la reducción de los déficit. Creen como sus antecesores, que la mano invisible del mercado lo resuelve todo, que la competencia es el mejor regulador; creen, además, como las lumpen-burguesías latinoamericanas, que los capitales extranjeros traen, a colación el desarrollo. La diferencia es que sus antecesores contaron con el colapso de los Estados socialistas, fuera de la irradiación de los límites de los populismos del siglo XX; en cambio, esta nueva reminiscencia neoliberal, por cierto, con menos impulso y vigor, menos argumentos, menos discurso, a pesar de contar con la experiencia desastrosa de las políticas neoliberales anteriores, no toma en cuenta esta experiencia, como si no hubiera existido este periodo aciago. No tardaran en entrar en crisis las economías de sus países, mucho más antes de lo que ocurrió con sus antecesores.

 

Para resumir la figura interpretativa propuesta, por motivos de ilustración. Estamos ante dos dogmatismos; uno económico; el otro político. El primero, reduce todo a una mano invisible del mercado y a una competencia libre, que no existen; el segundo, reduce todo a la omnipotencia del Estado y al prestigio de las o los caudillos ante el pueblo; cosa, que en lo que respecta a la institución nacional, no la tiene, pues el país, como formación social-económica-cultural es mucho más que el Estado, en tanto complejidad.  Cosa, que, en lo que respecta al mito del caudillo, si lo tiene; empero, en la medida, que el mito se contrasta con la cruda realidad experimentada, su legitimidad imaginaria se merma y desgasta, hasta quedar reducida a la glorificación ridícula de la propaganda.

 

Las salidas a la crisis estructural y orgánica del sistema-mundo capitalista no parecen encontrarse, de ninguna manera, en ninguno de estos dogmatismos, que parecen más ser las dos caras contrapuestas de un sistema-mundo capitalista, que contiene, en su composición compleja, al sistema-mundo político. Por lo tanto, dos caras contrapuestas de la crisis política; por tanto, de legitimidad. De la crisis económica; por tanto, de crisis de sobreproducción convertida en crisis financiera. De la crisis civilizatoria de la modernidad tardía[3]. No hablaremos del retorno al socialismo real, que ya ha mostrado sus propios límites y contradicciones, a pesar de haber sido un serio desafío al sistema-mundo capitalista. Su principal límite es no haber podido salir de la estructura estructurante del modo de producción capitalista; al final, el socialismo real, fue la otra versión del mismo modo de producción capitalista, solo que, en este caso, la burocracia sustituyó a la burguesía.

 

Parece, mas bien, que los pueblos del mundo tienen que encontrar, en su propia potencia, la capacidad de crear otros mundos, como dicen los activistas, alternativos y alterativos. Mundos que respondan a las experiencias sociales acumuladas, a las memorias sociales y culturales, a los conocimientos y tecnologías logrados, sobre todo a la comprensión de las complejidades, no solo de las sociedades humanas, sino de los contextos de las sociedades orgánicas donde aquéllas sociedades están insertas.

 

 

 

 

 


[1] Ver Acontecimiento político; también Crítica de la economía política generalizada, así como Inscripción de la deuda y su conversión in finita. Dinámicas moleculares; la Paz 2013-15. Crítica de la economía política generalizada. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/critica-de-la-economia-politica-generalizada/. La inscripción de la deuda, su conversión infinita. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-inscripcion-de-la-deuda-su-conversion-infinita/.
Acontecimento político I. https://pradaraul.wordpress.com/2015/06/23/acontecimento-politico-i/. Acontecimento político II. https://pradaraul.wordpress.com/2015/06/23/acontecimento-politico-ii/.

 

[2] Ver de Joseph E. Stiglitz El malestar de la globalización. Penguin Random House Grupo Editorial. Barcelona 2015.

[3] Ver Antiproducción. Dinámicas moleculares; La Paz 2015. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/antiproduccion/.

Leer más: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/a-sistema-mundos-capitalistas/

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s