Pantomimas

Pantomimas

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Pantomimas

 

 

 

 

 

 

De entrada vamos a partir de la tesis ácrata[1], que dice que son cómplices de sus dominaciones también las víctimas, al serlo, al aceptar esta condición política y existencial; la de víctima, al mostrar sus heridas y demandar conmiseración, del dueño, del verdugo, del Estado, de la sociedad. Esta actitud es cristiana – sin hablar mal del cristianismo, sino describir una postración espiritual -, corresponde al calvario de cristo, a su sacrificio por el hijo del hombre[2]; también corresponde a entregar la otra mejilla, después que te vapulearon en la del lado. Todo esto es parte de la estructura perversa del poder; como en la pareja, se necesitan dos, por lo menos. El poder está compuesto por víctimas y verdugos, por esclavos y amos, por patrones y siervos, por burgueses y proletarios, por patriarcas y mujeres sometidas. Si falta uno, el poder, como dice el dicho popular, queda cojo. Si la víctima deja de serlo y se reconoce como guerrero o guerrera, entonces, la reproducción del poder se rompe[3].

 

El secreto del poder no se encuentra en el monopolio de la violencia, como ha creído la ciencia política, como ha postulado el marxismo, como han asumido las teorías y las “ideologías” críticas del poder; el secreto del poder se encuentra en la aceptación del dominado, en renunciar a la lucha a muerte, al entregarse en condición de subalternidad. Si se quiere, usando como metáfora esta figura del Contrato de Rousseau, es en este primer Contrato, que es de rendición, que el dominado quiere hacer aparecer como si fuese de armisticio, donde se encuentra la clave del poder.

 

El dominador, al final de cuentas, es uno como cualquiera, solo que se coloca en esa posición de dominio, pues se opta por la rendición y no por seguir luchando. Puede haberse construido narrativas, después leyendas y mitos, que reivindican al vencido, amortiguando o escondiendo esta rendición. Estas narrativas, que cierta historia alternativa ha querido mostrar como historia de los vencidos, no son más que una historia intelectual, de quienes se encargan en edulcorar una rendición, una aceptación de la dominación, con la excusa de que se retomará la lucha contra la dominación. Puede que lo hagan, como así ha ocurrido; empero, en la medida que no se ha resuelto aquél nacimiento de la genealogía del poder, la derrota de una forma de dominación, por manos de las y los sublevados, de la rebelión de los y las subalternas, lo que terminan instaurando no es la liberación, sino una continuidad de la dominación, ahora a cargo de los anteriores dominados, por lo menos, de una parte de ella. Los que aceptan esta impostura, repiten la historia, la historia de la rendición y de la aceptación del nacimiento de la genealogía de las dominaciones. Otra vez, la clave de la reproducción y la continuidad del poder, por otros medios, por otros discursos, con otros personajes, con otros guiones, empero, repitiendo la misma trama, pasa, como antes, por aceptar la redición, aceptar esta simulación; se entiende entonces que, bajo esta psicología de masas se les deje a hacer lo que les da la gana a los gobernantes.  Aunque choque lo que vamos a decir, lo diremos, como lo hemos dicho públicamente en otra ocasión[4]: la responsabilidad mayúscula del hundimiento de un proceso de cambio, de la decadencia política, del sinuoso recorrido de los gobernantes, es también de un pueblo pusilánime, que deja hacer lo que les da a la gana a los gobernantes.

 

Los gobernantes están perdidos en sus burbujas ceremoniales, se encuentran lejos de la facultad de observar la realidad, se encuentran atrapados en el imaginario delirante de la “ideología” autocomplaciente[5]. Están perdidos en su contemplación narcisista en el espejo, que les ponen delante los aduladores y los apologistas, los operadores de esta pantomima. Puede, que en algún momento de lucidez, lleguen a intuir la debacle; empero, los entornos palaciegos se encargan de volver a calmar los ánimos y las angustias. Todo vuelve a la calma. El problema mayúsculo no se encuentra en los que gobiernan, en las estructuras institucionales del poder, en los operadores, sino en los que reproducen cotidianamente el poder y dejan que se den estas pantomimas, en un pueblo o su mayoría, que ha optado por el conformismo generalizado.

 

Claro que esta situación o condición social y política, así como ética y moral, no es simple, ni menos, homogénea, es complicada, diferenciada, heterogénea. Hay que atender a esta composición para entender la mecánica de esta subordinación social y política.

 

 

Como sabemos, el pueblo no es nada homogéneo, todo lo contrario, es plural; como decía Spinoza, es multitudo. Resumiendo lo que dijimos en el periodo de Comuna[6], el pueblo es el concepto estatalista, que legitima la condición del Estado moderno, al nombrar esta multitud heterogénea como pueblo, borrando sus diferencias. El pueblo atribuye una figura unitaria a la unitaria idea de la voluntad general. En todo caso, a pesar de este papel “ideológico” del concepto pueblo, la figura de pueblo se ha instalado en el imaginario popular y ha servido en los levantamientos, en las convocatorias subversivas contras las formas históricas de la dominación. No se trata de deconstruir el concepto pueblo, hasta tal punto de quitarle su rol convocativo. Sin embargo, se trata de volver a atender a la pluralidad, a la composición diferencial del pueblo, para comprender el funcionamiento del poder. No solamente hablamos de lo que dice la conocida teoría de la lucha de clases, sino de algo más específico, de las microfísicas del poder; sobre todo de las que se juegan en los entramados populares.

 

Lo popular hoy se conforma en las ciudades, que han crecido raídamente con las migraciones del campo a la ciudad.  Lo popular adquiere su espesor cultural e histórico en estos asentamientos migrantes en las zonas periurbana, que, después, se vuelven, la parte vital de la ciudad. Los asentamientos se organizan, no solo en el espacio, sino socialmente. No solamente por barrios, por distritos, por familias, que se distinguen por la trayectoria migrante, de reciente o antigua data, por comunidad y provincia de origen. También por provenir de las economías campesinas o, en su caso, de la relocalización minera, o en otro caso, por migración departamental. La parroquia los convoca; se organizan, así mismo, religiosamente. Los hijos requieren educarse, el barrio requiere agua potable, alcantarillado, calles asfaltadas o adoquinadas, transporte, servicios; entonces se organizan corporativamente, como juntas de vecinos, en base a las demandas. También los partidos políticos llegan para invitarlos a escuchar sus planteamientos, invitarlos a apoyar sus candidaturas, así como incorporarlos a su militancia. Comienza a configurarse el mapeo de la experiencia social y de la actualización de la memoria social. Si se dan conflictos con las autoridades, entonces esas fechas forman parte de una historia local, acompañada por los nombres de las dirigencias.

 

La historia lugareña se vuelve crucial cuando la historia local, del barrio, de la ciudad, se cruza con la historia nacional, entonces, la intervención popular adquiere una connotación política, en el sentido irradiante. Es cuando la ciudad rebelde se convierte en referente político y social, como dijimos en un escrito, contiene a la nación. En esta coyuntura crucial, de emergencia social y política, la población, el pueblo, lo popular, se exigen al máximo; la ciudad es arrastrada a la vorágine del conflicto político, que cobra intensidad, llegando a los perímetros de la guerra civil. La ciudad se ha constituido como sujeto político de la guerra del gas, de la derrota del proyecto neoliberal[7].

 

Las dirigencias alteñas de 2003 formaron parte de la movilización socio territorial, como define Manzano, casi total de la ciudad. Fueron los portavoces de la rebelión aymara y nacional-popular de la Ciudad de El Alto. Como dice Pablo Mamani[8], El Alto fue el escenario histórico de los autogobiernos locales. En ese momento crucial las dirigencias tenían ante si tanto la posibilidad de la victoria como de la derrota, se arriesgaron. Fue una Junta de Vecinos heroica.

 

En cambio, ahora asistimos, a los resultados de un recorrido sinuoso, donde dirigencias oportunistas, se han asentado en la fama de la Junta de Vecinos para aprovecharse, manipular, y servir a los mejores postores. Embarcándose en relaciones clientelistas.  Es triste ver, que le herencia dejada por la heroica Junta de Vecinos ha sido despilfarrada; usurpada por aprovechadores, oportunistas, chantajistas y corruptos. Ciertamente, no son todos; pero, los oportunistas se han impuesto, anulando a los y las dirigentes con vocación. Le ha costado a la Junta de Vecinos recuperarse, en parte, sacando a la dirigencia corrupta, ligada al oficialismo gubernamental, que avaló gestiones municipales, sobre todo la anterior, corroída hasta el tuétano. La Ciudad de El Alto ha dado un voto castigo al MAS. Llevando a la Alcaldía a la que llaman cariñosamente los jóvenes alteños, la Zule. La Alcaldesa pertenece a un partido de “oposición” al gobierno, partido calificado como de “centro derecha”; empero, eso no es lo que les interesa a los jóvenes alteños, sino salir de la pantomima del populismo bochornoso, que embaucó a un pueblo heroico, haciéndoles creer que formaban parte de un proceso de cambio, al que destruyeron. Los jóvenes alteños miraron en la Zule honestidad, que es ya mucho pedir, en este periodo aciago de demagogia y decadencia moral.

 

Sin embargo, el partido oficialista conservó ciertos hilos, sobre todo, manejados por estos dirigentes aprovechadores, oportunistas y corruptos. El ex-Alcalde, que se encuentra detenido, y es investigado y va a ser juzgado, preserva su influencias; es probable que haya tenido que ver con esa marcha masista exaltada, además de obligada, como cuenta una madre de familia. Marcha convocada por la dirigencia de la organización paralela de padres de familia, como acostumbre hacer el MAS, cuando no controla las organizaciones sociales; marcha que terminó con el asalto a la Alcaldía, el incendio y la muerte de funcionarios.  El MAS perdió el control de la Junta de Vecinos, pero, se quedó con el control paralelo de la organización de padres de familia; a nombre de ellos, de los padres de familia, se efectuaron los hechos luctuosos ya conocido. Entonces el MAS ha optado por la guerra sucia contra la Alcaldesa de El Alto.

 

No se puede esperar del gobierno, del Congreso, de la Fiscalía, otra cosa que la que ha mostrado durante la década. No solamente apocamiento, sino complicidad con la vulneración sistemática de la Constitución por parte del gobierno. Ninguna de sus comisiones, de sus investigaciones ha aclarado nada. El conflicto del TIPNIS, la represión sañuda a una marcha pacífica indígena, ha quedado en la nebulosa y dilatada oprobiosamente. El famoso caso de terrorismo, de la supuesta conspiración separatista, ha quedado cada vez más oscura. El desenlace de los eventos sangrientos de Pando, en Porvenir, no terminan de aclararse; la lista es larga. Ahora se vuelven a hacer cargo de los sucesos lamentables de la Alcaldía de El Alto; hablan de “objetividad”, e inmediatamente hacen ventilar sospechas como ¿por qué se quedaron encerradas las víctimas del incendio? Este tipo de juicios pueden ser calificados como muestras de la sandez política. Lo que está claro es que vuelve la actitud dilatoria, oscurantista, deshonesta, buscando salvar de toda responsabilidad al gobierno, al MAS, a los comandantes de la policía, que no acudieron a socorrer a la Alcaldía del incendio, a sus autoridades, como el Ministro de Gobierno y el Viceministro, extraviado en la “tesis” insólita de auto-atentado. Este es el panorama grotesco de la decadencia.

 

¿A dónde vamos? A lo siguiente: es en el campo de fuerzas donde se configuran los desenlaces, es la correlación de fuerzas la que imprime un mapa institucional y de prácticas. Resumiendo la complejidad del campo de fuerzas, por razones de ilustración, pues, ahora no estamos describiendo ni exponiendo la complejidad dinámica de las fuerzas en la Ciudad del el Alto, sino desplegando una crítica y una interpelación a ese nosotros, donde parece que ya no nos reconocemos, basando la interpelación en la responsabilidad que nos compete como pueblo. El pueblo alteño enfrenta el resabio, todavía con influencia, de la dirigencia corrupta, manipuladora, y aprovechadora, fuera de violenta, pues recurre a la amenaza para comprometer a los padres de familia. Esta dirigencia se ha apoderado de gestiones del gobierno municipal o se ha beneficiado con prebendas, debido a que se ha impuesto por la fuerza, por la demagogia, por la manipulación, por el engaño, con el usufructo del pasado heroico de la Junta de Vecinos. Si esto sigue ocurriendo, aunque sea parcialmente, su incidencia es y será desastrosa, destructiva, des-cohesionadora, además de bochornosa.  Si se quiere otros desenlaces, otro mapa institucional, otro escenario político para El Alto, la responsabilidad popular es evitar que esta cofradía de dirigencias corruptas se imponga, con apoyo gubernamental. Los y las alteñas tienen también una responsabilidad histórica con los caídos de octubre; nuestros muertos y heridos no pelearon, no se sacrificaron por una pantomima, sino por una liberación y descolonización, por actualizar la guerra anticolonial inconclusa y llevarla a la victoria. No se puede dejar que nefastos dirigentes pretendan apoderarse de ese gasto heroico alteño, de algo que no entienden, ni siquiera balbucean. El pueblo boliviano, que ha visto las imágenes de la escandalosa intervención masista en la Alcaldía de El Alto, no puede quedar impávido; esto sería una concomitancia con el atropello. Independientemente de las rivalidades entre “oficialismo” Y “oposición”, que cada vez se parecen, los bolivianos y bolivianas enfrentamos un dilema más profundo: ¿Tenemos dignidad? ¿Cuánto queda de ella? ¿Por qué seguir aceptando las pantomimas, las imposturas, de un gobierno, que es definitivamente contra-proceso, ha destruido el proceso de cambio abierto por las multitudes, los movimientos sociales, los pueblos indígenas, el pueblo alteño?

 

 


[1] Ciertamente esta tesis tiene larga data; de alguna manera se encuentra, en distintas versiones en las interpretaciones anarquistas. Cuando se elabora la tesis como explicación, en un libro conocido, lo hace Wilhelm Reich, en Psicología de masas del fascismo. Vuelve a ser re-trabajada con Michel Foucault, en el periodo de la genealogía del poder. Nosotros la retomamos, después de la Asamblea Constituyente, en la etapa de evaluación crítica.

[2] Ver Arqueología y genealogía del monoteísmo. Dinámicas moleculares; La Paz 2015.

[3] Ver Más allá del amigo y enemigo. Dinámicas moleculares; La Paz 2015.

[4] En un debate sobre el proceso de cambio en el Auditórium en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas-UMSA. La Paz 2013.

[5] Ver Crítica de la ideología. Dinámicas-moleculares; La Paz 2015.

[6] Ver libros de Comuna. Autodeterminación; La Paz 1995-2012.

[7] Ver Largo octubre. Plural, La Paz-2004.

[8] Ver de Pablo Mamani El rugido de las multitudes. Yachaywasi; La Paz.

Leer más: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/pantomimas/

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