Prácticas y cartografías de la impostura

Prácticas y cartografías de la impostura

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

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Índice:

 

Arenas deleznables, suelos inconsistentes             

El acabose de un gobierno tramposo                              

Pantomimas                                                           

Bumerang gubernamental                                               

Más allá del sí y del no                                           

Consideraciones sobre el activismo libertario                                           

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Arenas deleznables, suelos inconsistentes

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No se puede edificar en suelos inconsistentes, en terrenos deleznables. Hacerlo es peligroso; la edificación peligra en derrumbarse cualquier rato. Aunque la arquitectura y la geología han avanzado tanto, no solamente en los conocimientos, sino en las tecnologías; se dice, por eso, que ya se puede construir en cualquier lugar, incluso en terrenos movedizos. Si aceptáramos esto, con cierta certeza, habría, en todo caso, que contar con esta tecnología, estos conocimientos, este manejo de los suelo, de la ingeniería civil y de la arquitectura. Cuando, en vez de todas estas herramientas apropiadas, tenemos una inclinación por la demagogia, por la especulación, por la hipóstasis, entonces, igual, sin contar con las herramientas e instrumentos apropiados, sin tampoco el material pertinente, se edifica, sin importar si se derrumbara o no, y en cuánto tiempo, el edificio producto de un montaje.

 

Lo que dijimos arriba puede servirnos como metáfora de lo que ocurre con montajes políticos. Parece que en la modernidad tardía hay mucho de esto, de esta especulación política, montada por gobiernos a los que les interesa más simular, los escenarios, la espectacularidad de las ceremonias, de la difusión desmesurada en los medios de comunicación, que efectuar políticas que incidan en la realidad. Parece que estos gobiernos creen que su representación, la que tienen del mundo, de la realidad, de la sociedad, es inmediatamente la realidad, lo que ocurre; o, en el peor de los casos, más extravagante todavía, que pueden, de alguna manera, engañar a la realidad. A propósito del tema, es indispensable hacernos algunas preguntas cruciales. ¿Se puede sostener una “revolución” política y social cuando no se cuenta con el suelo apropiado, por así decirlo? En este caso la metáfora se refiere a la predisposición de la voluntad colectiva, que puede estar organizada de una manera espontánea y abierta, emergiendo de la experiencia y memoria social, o puede estar organizada de una manera instrumental, en el buen sentido de la palabra. En el discurso marxista militante, se hablaba de las condiciones subjetivas. No hay que dudar de la respuesta; no, no se puede. Sería un bluff; peor aún, un autoengaño, no solamente un engaño para los demás. Con esto se caería en la propia trampa, al confundir el montaje con aquello que pretende ser, que emula. Es esto lo que pasa con gobiernos especuladores, que hacen de la demagogia una recurrencia constante, que se convierte en el derrotero a su propia perdición, de su propia derrota.

 

Por ejemplo, cuando las bases de un supuesto movimiento político “revolucionario” consiste en el diletantismo ambiguo de pequeños propietarios privados, vinculados al comercio de una mercancía preciada por los mercados paralelos y las economías políticas del chantaje; entonces, lo único que se puede construir, a partir de estas condiciones subjetivas, es una impostura política. Este supuesto movimiento político ni es “vanguardia” de nada, salvo de sus propias ilusiones y ambiciones, una de esas es ser ricos. Aquí no hay nada de emancipador, ni de libertario, menos de descolonizador. Si hay algo que se acerca a lo que expresa esta clase de movimiento político es, precisamente, el prejuicio de la libertad de mercado. Se puede vender todo y libremente.

 

Es sorprendente que cierta “izquierda”, nacional e internacional, haya seguido los cantos de sirena, haya preferido el montaje a la realidad, haya optado por escuchar, tomar en serio, los discursos estridentes y demagógicos. Esta autocomplacencia “izquierdista” habla de por sí de la decadencia de lo que una vez fue el referente heroico de las luchas sociales. Los bolcheviques de antaño, de los inicios del siglo XX, que se organizaron en un partido profesional o de profesionales militantes, que tenían como interlocutores al proletariado de un país capitalista atrasado y dependiente, son sustituidos, a fines del siglo XX y comienzos del siglo XXI, por cultivadores del excedentario bien, destinado al mercado de la economía política del chantaje. ¿Qué clase de “revolución” se puede generar a partir de este prejuicio de libre mercado y en la economía política del chantaje?

 

Sin embargo, a pesar de las inconsistencias, de las incongruencias, visibles y evidentes, la “izquierda” de la que hablamos, ha seguido con la narrativa de la “rebelión” de los nuevos enemigos del imperialismo. Esta autocomplacencia, este autoengaño, se puede explicar, en parte, porque, paralelamente, se dieron movimientos sociales anti-sistémicos efectivos, haciendo emerger, de nuevo, el acto heroico de los colectivos sociales. Si esto no hubiera acontecido, no fuera posible, el montaje, el autoengaño y la autocomplacencia “izquierdista”. Lo que pasó es que la “rebelión” de los del libre mercado de la economía política del chantaje se beneficiaron de la movilización prolongada de un pueblo heroico, que se plantó contra el proyecto neoliberal, contra las herencias coloniales, contra la clase política y las clases dominantes económicas. Por las confusiones a las que se brindan las formas de la democracia representativa, sobre todo, la recurrencia legitimadora de las elecciones, la “rebelión” del chantaje terminó usurpando las victorias heroicas de la rebelión efectiva de los movimientos sociales anti-sistémicos.

 

Esta es la increíble y triste historia de una comedia política. Sin embargo, la comedia sigue y suma. Los llamados “gobiernos progresistas” se reclaman de ser portadores de lo que su imagen especulativa pretende. Se consideran “revolucionarios”, “antimperialistas”, además, acosados por las burguesías de sus países y por el imperialismo. Este cuento no solamente se la creen ellos mismos, lo que era de esperar, sino esa “izquierda” autocomplaciente, incluyendo a los intelectuales apologistas, que logran su prestigio provisional al apoyar a los “gobiernos progresistas” y los supuestos “procesos de cambio”.

 

El problema de todo esto es que parte, en principio, gran parte, del pueblo, es engatusado por este montaje, por estos escenarios especulativos y ceremoniales; por lo tanto, cree en la promesa, quizás en un principio y en un periodo; después, se desencanta, empero, no puede romper con las redes del chantaje político.  El problema es que este pueblo se encuentra desarmado, no puede sacar las fuerzas ni encontrar la voluntad para enfrentar el bluff, la ilusión en la que ha caído, debido a sus candorosas esperanzas. La impostura ha terminado de mermar las fuerzas sociales de los movimientos anti-sistémicos, que abrieron el proceso de cambio.

 

El problema es también que esta “izquierda” al optar por los disfraces, la comedia del teatro político, ha terminado por desmantelar, por lo menos, por el momento, en la coyuntura, las posibilidades de una efectiva revolución. Con ambas destrucciones, la de las fuerzas sociales y la de las condiciones de posibilidad de la revolución, la “izquierda” autocomplaciente y los “rebeldes” del chantaje han terminado haciéndole un gran favor al imperialismo y a las burguesías nativas. En términos prácticos, son más eficaces en la destrucción de la potencia social que los mismos partidos de las “derechas”, que los mismos aparatos de represión de las oligarquías, que los mismos servicios de inteligencia del imperialismo. Esto pasa, aunque no lo hayan querido estos personajes y estas expresiones tardías, rezagadas, de la mimesis anacrónica de antiguas revoluciones heroicas.

 

 

¿Qué clase de forma de poder se constituye en estas historias singulares de la decadencia política? Dijimos, en ensayos anteriores[1], que los populismos se asientan sobre la convocatoria de la expansión desbordante de las relaciones clientelares, una vez, que se agota rápidamente, la convocatoria primeriza de la movilización, en la crisis múltiple del Estado y de la sociedad institucionalizada. Podemos seguir con esta interpretación; empero, no es suficiente cuando hay que caracterizar fenómenos como estos, los dados en la exacerbada manifestación de las inflaciones representativas, de los montajes mediáticos, de las simulaciones espeluznantes, que apenas se sostienen en la virtualidad de imágenes fofas.

 

En primer lugar, diremos que en el sustento de la economía política del chantaje, que, a la vez, se sostiene en la materialidad de la desmaterialización de los recursos naturales, por más paradójico que resulte decirlo y escucharlo, por cierto, destrucción material y consistente, de la economía extractivista, colonial del capitalismo dependiente, se da, se edifica, el plano de intensidad político del chantaje institucionalizado. Adquiriendo las formas inconmensurables de una gubernamentalidad perversa, que se efectúa sobre la base del despliegue estrambótico de los forcejeos, de lo chuto, de la proliferación de trampas, acompañadas por la irradiación minuciosa de corrupciones diseminadas y de corrosiones demoledoras de la institución formal, del Estado constitucional y de la sociedad institucionalizada.

 

En segundo lugar, diremos que la forma de poder configurado en las estructuras des-estructurantes de estas expresiones políticas deleznables, si bien, no son tan distintas a las formas de dominación instauradas por la formalidad del Estado burgués, adquiere la tonalidad de las suspensiones, de lo desechable, anunciando, encontrarse ya en su decadencia, en la diseminación misma de la institucionalidad, incluyendo al Estado-nación[2]. Es el aviso apocalíptico de la ineficacia terminante, de lo que no dura, de que nada funciona, salvo la propia corrosión de todo, la propia oxidación de los materiales, la propia decrepitud de los personajes y sujetos involucrados en la economía política del chantaje y en el plano de intensidad político del chantaje.

 

En tercer lugar, diremos que esta forma de gobierno, basada en la convocatoria desmesurada de las relaciones clientelares extendidas, forma de gobierno que adquiere la tonalidad decadente de las diseminaciones y corrosiones envolventes, expansivamente deterioradoras, que se inclina por lo desechable, es concomitante con el orden mundial, con el imperio, con el régimen mundial de las dominaciones del sistema-mundo capitalista.   Es como una de las caras del monstruo de mil cabezas del imperio; la cara más elocuente, hasta quizás la cara más verídica, sin tapujos, la cara descarnada de este poder mundializado de la híper-burguesía mundial, en su etapa del capitalismo financiero, extractivista y especulativo.

 

¿Cómo pueden combinarse las formas sofisticadas, tecnológicas, virtuales y mediáticas de la dominación mundial del sistema-mundo capitalista y estas formas, mas bien, locales, localizadas, específicas y singulares, de la economía política del chantaje y del plano de intensidad político del chantaje? No se trata de solo de vasos comunicantes, entre ambos escenarios, tampoco solo de complementariedades perversas, sino de algo más; de que el sistema-mundo político es precisamente esto; la integración articulada de estas formas, aparentemente distintas, diferentes, sobre todo, porque una, la mundial, pretende formalidad, y la otra, la local, se pavonea en lo contrario, lo informal. La integración del sistema-mundo político integra y articula las formas de poder en aras del ejercicio constante, incrementado, de las dominaciones polimorfas. Ejercicio de poder mundial que logra el control, aunque solo de las sociedades institucionalizadas, no de las sociedades alterativas[3]; que logra las sujeciones múltiples de los pueblos y las sociedades, por la efectuación categórica del despojamiento y la desposesión de los bienes comunes y de lo común de las sociedades alterativas.

 

 

 

Lo que decimos, esta crítica a la farsa, a la comedia política, al efecto de usurpación de los movimientos sociales, no quiere decir, de ninguna manera, que se clausuró la posibilidad de liberar a la potencia social, de efectuar abiertamente la creatividad social, del abrir horizontes. Se trata del aprendizaje de la experiencia social, de las reflexiones, si se puede hablar así, de la memoria social, actualizando su repaso de las historias singulares. Es parte del aprendizaje de los pueblos y las sociedades. Ahora saben, conjeturando, los pueblos, como lo expresan claramente los zapatistas, las comunidades indígenas mayas de la Selva Lacandona, de que no se trata de “tomar el poder”; pues no ocurre eso, salvo en el imaginario. Sino que, lo que ocurre es de que el poder te toma, convirtiéndote en engranaje de su reproducción, del circulo vicioso del poder.  Se trata de destruir el poder, salir del círculo vicioso del poder, de liberar la potencia social, de liberar la potencia de la vida, potencia creativa, dando lugar a las invenciones inéditas de la vida.

 

No se puede decir, como adelantando, que se ha tardado en aprender estas lecciones de las historias dramáticas políticas de la modernidad, pues sabemos muy poco de la simultaneidad dinámica del tejido del espacio-tiempo. Pero si sabemos, que, en lo que llamamos, equivocadamente, presente, es cuando tenemos la posibilidad social de incidir en los decursos, de integrarnos a la vida, en sus plurales formas, en las distintas escalas; entablar comunicaciones con los seres del pluriverso; de articularnos a los ciclos vitales de la existencia y la vida. Esta es la oportunidad de los pueblos del mundo, de las sociedades alterativas, de hacer, lo que hace la existencia y la vida; inventarse y reinventarse. En este presente, estamos convocados a abandonar la “ideología”, los fetichismos degradantes, a abandonar el círculo vicioso del poder de las civilizaciones que optaron por los mitos, las religiones monoteístas, los imaginarios autocomplacientes, las “ideologías” desdichadas. Tenemos la oportunidad de corresponder a la vida con la liberación de nuestra potencia.

 

 

 

 

 

 

El acabose de un gobierno tramposo

Complicidad gubernamental en los asesinatos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hemos asistido al colmo del servilismo y la sumisión de las instituciones del Estado, absorbidas por la forma de Estado, el gobierno. La policía no solamente ha vuelto a mostrar patentemente su sumisión al gobierno, además de su lejanía asombrosa de su deber para con el Estado, en tanto estructura jurídica y sujeto social de cuidado, al que se le deben ofrecer garantías y protecciones. La policía no ha acudido a socorrer a las víctimas acosadas por una marcha militante exaltada, tampoco a la Alcaldía incendiada de la ciudad de El Alto; incendiada e invadida por marchistas violentos del MAS. Lo que ha cometido la policía no solamente es un delito de indolencia, sino un delito por complicidad de homicidio. En este panorama, ya tétrico, de por sí, para el colmo, ofreciendo un grotesco escenario de explicaciones estrambóticas, el Ministro de Gobierno y el Viceministro, han lanzado la versión del auto-atentado, pretendiendo no solo cubrir a los fanáticos marchistas del MAS, responsables de las muertes, sino culpar a la misma Alcaldía, víctima de este atentado; además de pretender exculpar a la policía por este comportamiento doloso. La Junta de Vecinos de El Alto ha pedido, ante estos vergonzosos hechos, la renuncia del comandante de la policía de El Alto, de los otros comandantes de la policía, que tienen mandos y, obviamente, responsabilidad en los infructuosos sucesos, la renuncia del Ministro de Gobierno y la renuncia del Presidente.

 

Sería una ironía histórica que sea el incendio de la alcaldía de la Ciudad de El Alto lo que desate la caída precipitada del gobierno, así como ocurrió con el incendio de la Alcaldía de El Alto en 2003, cuando se sucedieron los eventos sangrientos de la guerra del gas. La diferencia estriba, en que aquélla vez la movilización alteña tomó una Alcaldía que consideraba cómplice de un gobierno asesino; lo que acaba de ocurrir en El Alto, corresponde a una marcha de militantes del MAS, que atacan a una Alcaldía donde se instaló el gobierno municipal por medio de elecciones, y a la Alcaldesa, que ganó las elecciones. Corroborando con estos resultados, mas bien, el apoyo del pueblo alteño, por lo menos de una mayoría, a la Alcaldesa; reaccionando con el voto castigo al MAS, por haber avalado alcaldes, autoridades municipales, comprometidos con hechos comprobados de corrupción.

 

Lo que ha ocurrido en la ciudad de El Alto, apenas a tres días del referéndum, es un suceso más de lo que ha venido ocurriendo, por lo menos, en el último quinquenio. Un partido que se pretende partido-Estado, ha monopolizado el control de las instituciones del Estado y de los órganos de poder, además de la subordinación ilegal de las instituciones de emergencia del Estado, los aparatos armados, de la policía y las fuerzas armadas. El sometimiento indisimulado de la justicia, trayendo a colación hechos no solamente bochornosos, sino sobre todo, la concomitancia del órgano judicial con prácticas corrosivas, corruptas y delitos contra los derechos civiles, políticos, colectivos y de propiedad. La subsunción de los tribunales, el electoral y el constitucional, a los dictámenes de lo que viene a ser una dictadura, en la práctica, encubierta con simulaciones democráticas. Este panorama no es otra cosa que el teatro cruel de la decadencia política, ética y moral de una forma de gubernamentalidad clientelar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pantomimas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De entrada vamos a partir de la tesis ácrata[4], que dice que son cómplices de sus dominaciones también las víctimas, al serlo, al aceptar esta condición política y existencial; la de víctima, al mostrar sus heridas y demandar conmiseración, del dueño, del verdugo, del Estado, de la sociedad. Esta actitud es cristiana – sin hablar mal del cristianismo, sino describir una piedad espiritual -, corresponde al calvario de cristo, a su sacrificio por el hijo del hombre[5]; también corresponde a entregar la otra mejilla, después que te vapulearon en la del lado. Todo esto es parte de la estructura perversa del poder; como en la pareja, se necesitan dos, por lo menos. El poder está compuesto por víctimas y verdugos, por esclavos y amos, por patrones y siervos, por burgueses y proletarios, por patriarcas y mujeres sometidas. Si falta uno, el poder, como dice el dicho popular, queda cojo. Si la víctima deja de serlo y se reconoce como guerrero o guerrera, entonces, la reproducción del poder se rompe[6].

 

El secreto del poder no se encuentra en el monopolio de la violencia, como ha creído la ciencia política, como ha postulado el marxismo, como han asumido las teorías y las “ideologías” críticas del poder; el secreto del poder se encuentra en la aceptación del dominado, en renunciar a la lucha a muerte, al entregarse en condición de subalternidad. Si se quiere, usando como metáfora esta figura del Contrato de Rousseau, es en este primer Contrato, que es de rendición, que el dominado quiere hacer aparecer como si fuese de armisticio, donde se encuentra la clave del poder.

 

El dominador, al final de cuentas, es uno como cualquiera, solo que se coloca en esa posición de dominio, pues se opta por la rendición y no por seguir luchando. Puede haberse construido narrativas, después leyendas y mitos, que reivindican al vencido, amortiguando o escondiendo esta rendición. Estas narrativas, que cierta historia alternativa ha querido mostrar como historia de los vencidos, no son más que una historia intelectual, de quienes se encargan en edulcorar una rendición, una aceptación de la dominación, con la excusa de que se retomará la lucha contra la dominación. Puede que lo hagan, como así ha ocurrido; empero, en la medida que no se ha resuelto aquél nacimiento de la genealogía del poder, la derrota de una forma de dominación, por manos de las y los sublevados, de la rebelión de los y las subalternas, lo que terminan instaurando no es la liberación, sino una continuidad de la dominación, ahora a cargo de los anteriores dominados, por lo menos, de una parte de ella. Los que aceptan esta impostura, repiten la historia, la historia de la rendición y de la aceptación del nacimiento de la genealogía de las dominaciones. Otra vez, la clave de la reproducción y la continuidad del poder, por otros medios, por otros discursos, con otros personajes, con otros guiones, empero, repitiendo la misma trama, pasa, como antes, por aceptar la rendición, aceptar esta simulación; se entiende entonces que, bajo esta psicología de masas, se les deje a hacer lo que les da la gana a los gobernantes.  Aunque choque lo que vamos a decir, lo diremos, como lo hemos dicho públicamente en otra ocasión[7]: la responsabilidad mayúscula del hundimiento de un proceso de cambio, de la decadencia política, del sinuoso recorrido de los gobernantes, es también de un pueblo pusilánime, que deja hacer lo que les da a la gana a los gobernantes.

 

Los gobernantes están perdidos en sus burbujas ceremoniales, se encuentran lejos de la facultad de observar la realidad, se encuentran atrapados en el imaginario delirante de la “ideología” autocomplaciente[8]. Están perdidos en su contemplación narcisista en el espejo, que les ponen delante los aduladores y los apologistas, los operadores de esta pantomima. Puede, que en algún momento de lucidez, lleguen a intuir la debacle; empero, los entornos palaciegos se encargan de volver a calmar los ánimos y las angustias. Todo vuelve a la calma. El problema mayúsculo no se encuentra en los que gobiernan, en las estructuras institucionales del poder, en los operadores, sino en los que reproducen cotidianamente el poder y dejan que se den estas pantomimas, en un pueblo o su mayoría, que ha optado por el conformismo generalizado.

 

Claro que esta situación o condición social y política, así como ética y moral, no es simple, ni menos, homogénea; es complicada, diferenciada, heterogénea. Hay que atender a esta composición para entender la mecánica de esta subordinación social y política.

 

 

Como sabemos, el pueblo no es nada homogéneo, todo lo contrario, es plural; como decía Spinoza, es multitudo. Resumiendo lo que dijimos en el periodo de Comuna[9], el pueblo es el concepto estatalista, que legitima la condición del Estado moderno, al nombrar esta multitud heterogénea como pueblo, borrando sus diferencias. El pueblo atribuye una figura unitaria a la unitaria idea de la voluntad general. En todo caso, a pesar de este papel “ideológico” del concepto pueblo, la figura de pueblo se ha instalado en el imaginario popular y ha servido en los levantamientos, en las convocatorias subversivas contras las formas históricas de la dominación. No se trata de deconstruir el concepto pueblo, hasta tal punto de quitarle su rol convocativo. Sin embargo, se trata de volver a atender a la pluralidad, a la composición diferencial del pueblo, para comprender el funcionamiento del poder. No solamente hablamos de lo que dice la conocida teoría de la lucha de clases, sino de algo más específico, de las microfísicas del poder; sobre todo de las que se juegan en los entramados populares.

 

Lo popular hoy se conforma en las ciudades, que han crecido rápidamente con las migraciones del campo a la ciudad.  Lo popular adquiere su espesor cultural e histórico en estos asentamientos migrantes en las zonas periurbana, que, después, se vuelven, la parte vital de la ciudad. Los asentamientos se organizan, no solo en el espacio, sino socialmente. No solamente por barrios, por distritos, por familias, que se distinguen por la trayectoria migrante, de reciente o antigua data, por comunidad y provincia de origen. También por provenir de las economías campesinas o, en su caso, de la relocalización minera, o en otro caso, por migración departamental. La parroquia los convoca; se organizan, así mismo, religiosamente. Los hijos requieren educarse, el barrio requiere agua potable, alcantarillado, calles asfaltadas o adoquinadas, transporte, servicios; entonces se organizan corporativamente, como juntas de vecinos, en base a las demandas. También los partidos políticos llegan para invitarlos a escuchar sus planteamientos, invitarlos a apoyar sus candidaturas, así como incorporarlos a su militancia. Comienza a configurarse el mapeo de la experiencia social y de la actualización de la memoria social. Si se dan conflictos con las autoridades, entonces esas fechas forman parte de una historia local, acompañada por los nombres de las dirigencias.

 

La historia lugareña se vuelve crucial cuando la historia local, del barrio, de la ciudad, se cruza con la historia nacional, entonces, la intervención popular adquiere una connotación política, en el sentido irradiante. Es cuando la ciudad rebelde se convierte en referente político y social, como dijimos en un escrito, contiene a la nación. En esta coyuntura crucial, de emergencia social y política, la población, el pueblo, lo popular, se exigen al máximo; la ciudad es arrastrada a la vorágine del conflicto político, que cobra intensidad, llegando a los perímetros de la guerra civil. La ciudad se ha constituido como sujeto político de la guerra del gas, de la derrota del proyecto neoliberal[10].

 

Las dirigencias alteñas de 2003 formaron parte de la movilización socio territorial, como define Bernardo Mançano Fernandes[11], casi total de la ciudad. Fueron los portavoces de la rebelión aymara y nacional-popular de la Ciudad de El Alto. Como dice Pablo Mamani[12], El Alto fue el escenario histórico de los autogobiernos locales. En ese momento crucial las dirigencias tenían ante sí tanto la posibilidad de la victoria como de la derrota, se arriesgaron. Fue una Junta de Vecinos heroica.

 

En cambio, ahora asistimos, a los resultados de un recorrido sinuoso, donde dirigencias oportunistas, se han asentado sobre el prestigio de la Junta de Vecinos para aprovecharse, manipular, y servir a los mejores postores. Embarcándose en relaciones clientelistas.  Es triste ver, que la herencia dejada por la heroica Junta de Vecinos ha sido despilfarrada; usurpada por aprovechadores, oportunistas, chantajistas y corruptos. Ciertamente, no son todos; pero, los oportunistas se han impuesto, anulando a los y las dirigentes con vocación. Le ha costado a la Junta de Vecinos recuperarse, en parte, sacando a la dirigencia corrupta, ligada al oficialismo gubernamental, que avaló gestiones municipales, sobre todo la anterior, corroída hasta el tuétano. La Ciudad de El Alto ha dado un voto castigo al MAS. Llevando a la Alcaldía a la que llaman cariñosamente los jóvenes alteños, la Zule. La Alcaldesa pertenece a un partido de “oposición” al gobierno, partido calificado como de “centro derecha”; empero, eso no es lo que les interesa a los jóvenes alteños, sino salir de la pantomima del populismo bochornoso, que embaucó a un pueblo heroico, haciéndoles creer que formaban parte de un proceso de cambio, al que destruyeron. Los jóvenes alteños miraron en la Zule honestidad, que es ya mucho pedir, en este periodo aciago de demagogia y decadencia moral.

 

Sin embargo, el partido oficialista conservó ciertos hilos, sobre todo, manejados por estos dirigentes aprovechadores, oportunistas y corruptos. El ex-Alcalde, que se encuentra detenido, y es investigado y va a ser juzgado, preserva su influencias; es probable que haya tenido que ver con esa marcha masista exaltada, además de obligada, como cuenta una madre de familia. Marcha convocada por la dirigencia de la organización paralela de padres de familia, como acostumbre hacer el MAS, cuando no controla las organizaciones sociales; marcha que terminó con el asalto a la Alcaldía, el incendio y la muerte de funcionarios.  El MAS perdió el control de la Junta de Vecinos, pero, se quedó con el control paralelo de la organización de padres de familia; a nombre de ellos, de los padres de familia, se efectuaron los hechos luctuosos ya conocido. Entonces el MAS ha optado por la guerra sucia contra la Alcaldesa de El Alto.

 

No se puede esperar del gobierno, del Congreso, de la Fiscalía, otra cosa que la que ha mostrado durante la década. No solamente apocamiento, sino complicidad con la vulneración sistemática de la Constitución por parte del gobierno. Ninguna de sus comisiones, de sus investigaciones ha aclarado nada. El conflicto del TIPNIS, la represión sañuda a una marcha pacífica indígena, ha quedado en la nebulosa y dilatada oprobiosamente. El famoso caso de terrorismo, de la supuesta conspiración separatista, ha quedado cada vez más oscura. El desenlace de los eventos sangrientos de Pando, en Porvenir, no terminan de aclararse; la lista es larga. Ahora se vuelven a hacer cargo de los sucesos lamentables de la Alcaldía de El Alto; hablan de “objetividad”, e inmediatamente hacen ventilar sospechas como ¿por qué se quedaron encerradas las víctimas del incendio? Este tipo de juicios pueden ser calificados como muestras de la sandez política de estos personajes, que fungen de “defensores” de un “proceso de cambio”, que se les antoja reducida a la lealtad zalamera al líder. Lo que está claro es que vuelve la actitud dilatoria, oscurantista, deshonesta, buscando salvar de toda responsabilidad al gobierno, al MAS, a los comandantes de la policía, que no acudieron a socorrer a la Alcaldía del incendio, a sus autoridades, como el Ministro de Gobierno y el Viceministro, extraviado en la “tesis” insólita de auto-atentado. Este es el panorama grotesco de la decadencia.

 

¿A dónde vamos? A lo siguiente: es en el campo de fuerzas donde se configuran los desenlaces, es la correlación de fuerzas la que imprime un mapa institucional y de prácticas. Resumiendo la complejidad del campo de fuerzas, por razones de ilustración, pues, ahora no estamos describiendo ni exponiendo la complejidad dinámica de las fuerzas en la Ciudad de El Alto, sino desplegando una crítica y una interpelación a ese nosotros, que en aymara se pronuncia y escribe como jiwasa o jiwaxa, donde parece que ya no nos reconocemos; basando la interpelación en la responsabilidad que nos compete como pueblo. El pueblo alteño enfrenta el resabio, todavía con influencia, de la dirigencia corrupta, manipuladora, y aprovechadora, fuera de violenta, pues recurre a la amenaza para comprometer a los padres de familia. Esta dirigencia se ha apoderado de gestiones del gobierno municipal o se ha beneficiado con prebendas, debido a que se ha impuesto por la fuerza, por la demagogia, por la manipulación, por el engaño, con el usufructo del pasado heroico de la Junta de Vecinos. Si esto sigue ocurriendo, aunque sea parcialmente, su incidencia es y será desastrosa, destructiva, des-cohesionadora, además de bochornosa.  Si se quiere otros desenlaces, otro mapa institucional, otro escenario político para El Alto, la responsabilidad popular es evitar que esta cofradía de dirigencias corruptas se imponga, con apoyo gubernamental. Los y las alteñas tienen también una responsabilidad histórica con los caídos de octubre; nuestros muertos y heridos no pelearon, no se sacrificaron por una pantomima, sino por una liberación y descolonización, por actualizar la guerra anticolonial inconclusa y llevarla a la victoria. No se puede dejar que nefastos dirigentes pretendan apoderarse de ese gasto heroico alteño, de algo que no entienden, ni siquiera balbucean. El pueblo boliviano, que ha visto las imágenes de la escandalosa intervención masista en la Alcaldía de El Alto, no puede quedar impávido; esto sería una concomitancia con el atropello. Independientemente de las rivalidades entre “oficialismo” Y “oposición”, que cada vez se parecen más, considerando las historias políticas, los bolivianos y bolivianas enfrentamos un dilema más profundo: ¿Tenemos dignidad? ¿Cuánto queda de ella? ¿Por qué seguir aceptando las pantomimas, las imposturas, de un gobierno, que es definitivamente contra-proceso; ha destruido el proceso de cambio, abierto por las multitudes, los movimientos sociales, los pueblos indígenas, el pueblo alteño?

 

 

 

Bumerang gubernamental

 

 

 

 

 

¿Qué es lo que lleva a conspirar contra la secuencia de hechos desencadenados? Si bien no compartimos la teoría de la conspiración, de todas maneras, como dijimos, hay conspiradores, quienes creen que pueden cambiar los desenlaces, que pueden incidir en la compleja dinámica de las fuerzas. Aunque solo tomen en cuenta una representación vaga, de una selección arbitraria de los procesos inherentes; generalmente, selección inadecuada. En todo caso, tenemos que tener en cuenta esta variable subjetiva, esta pretensión de manipulación sobre la realidad, pues, si bien no incide, en el sentido que se quisiera, que desean los conspiradores, de todas maneras, forma parte de la composición de la complejidad de una coyuntura.

 

Queda claro, aunque no lo confiesen los del gobierno, los oficialistas, que controlan los órganos de poder el Estado, aunque los ingenuos comunicadores, informadores de noticias, opinadores, sobre todo de televisión, no lo vean – no se puede esperar otra cosa de ellos -, aunque, a pesar de la reacción indignada de la “oposición”, que si bien atina a evaluar el alcance del atentado a la Alcaldía de El Alto,  no logra percibir la magnitud de la crisis múltiple develada por el atentado gubernamental contra la Alcaldía de El Alto. Fue Amalia Pando – una comunicadora conocida y temida por el gobierno, a la que se quiso acallar por todos los medios al alcance, cerrando emisoras donde tenía cabida, a quien se busca desesperadamente descalificar con argumentos que dejan mucho que desear, por su extremada debilidad, grotesca alocución, brutal maniobra verbal, por ser emitida por gente que solo tiene como mérito el oportunismo, lejos de una tradición de lucha, como la que encarna Amalia – quien hizo una descripción y un análisis sobresaliente de lo ocurrido en la Ciudad de El Alto, al cierre de las campañas por el y por el no, frente al referéndum; contando con el despliegue de una marcha preparada, ciertamente anunciada de antemano, pero, preparada y manipulada, con el objeto de desestabilización del gobierno municipal alteño, entre otros objetivos. Otro objeto del ataque masista, es parar sinuosamente la investigación de la corrupción escandalosa, habida en la gestión del gobierno municipal del Patana, militante del MAS y llunk’u incondicional de la gubernamentalidad clientelar. Sin embargo, lo que se evidencia, en la evaluación y el análisis minucioso de los hechos, que efectúa Amalia Pando, es que el objeto principal de la marcha perpetrada es detener el referéndum, donde estiman que van a perder los compulsivos y delirantes partidarios del [13].

 

La desesperación gubernamental, el desasosiego del oficialismo, es tal que se han aventurado en una conspiración insólita, buscando crear una situación no solo conflictiva sino hasta peligrosa, con intensidades altas de violencias, para que sea la excusa de suspender el referéndum. No solamente está metido, en esta conspiración, el Viceministro de Gobierno, sino todo el gobierno, además del MAS, en todas las instancias institucionales que ocupa. Se proyectó desatar un conflicto de envergadura, con desenlaces, incluso sangrientos, que además permitan culpar de lo sucedido a la Alcaldesa, odiada por estos personajes; pues contrasta con ellos en una característica que no tienen, honestidad. El Viceministro aparece temprano, en la mañana, antes de la marcha, en las inmediaciones de la Alcaldía, visitando como autoridad al cuartel de policía, establecido ahí, en las proximidades del mismo gobierno municipal. La maniobra estaba preparada y coauspiciada por el gabinete, el Congreso oficialista, la Fiscalía, probablemente parte de los tribunales, además del Órgano Judicial, fuera de los dispositivos de movilización del partido. El encargado de operar esta maniobra es el Viceministro. La orden al comandante de policía es no salir, no acudir a evitar el enfrentamiento, la toma de la Alcaldía, incluso una vez incendiado. La obediencia del comandante ante semejante orden inconstitucional, ilegal y criminal, raya en el delito de incumplimiento de funciones, además de complicidad en el crimen. Que se hayan arriesgado en semejante juego peligroso, quiere decir que se encuentran altamente desesperados. Solo una situación alarmante, en su dramatismo y exposición vulnerable, puede llevar a gente irresponsable a acudir a estos métodos violentos y deshonestos, inescrupulosos y desfachatados.

 

En escritos anteriores, en el análisis de los sucesos desencadenados por el “gasolinazo” y por el conflicto del TIPNIS, dijimos que el gobierno populista cruzó dos líneas; pasándose a la otra vereda, enfrentándose al pueblo. Una línea, era la del “gasolinazo”, que evidenciaba las relaciones concomitantes entre el gobierno y las empresas trasnacionales, que pedían la modificación de la Constitución, en lo que tiene que ver con los precios congelados para el mercado interno, con la atención prioritaria a la demanda interna, antes de la exportación. Esto tiene que ver con la subida de los precios de los hidrocarburos, que el gobierno describió como si se tratara solo de subvención.  Cuando lo que estaba en juego era la presión y el chantaje de las empresas trasnacionales; chantajearon con no invertir en la exploración si no se modificaba la Constitución y si no subían los precios de los hidrocarburos en el mercado interno. La segunda línea, tiene que ver con las naciones y pueblos indígenas, al optar por una carretera extractivista, que beneficia a las concesionarias de exploración de petróleo e hidrocarburos en el Territorio Indígena del TIPNIS; que beneficia a la ampliación de la frontera agrícola de la coca excedentaria; que beneficia al comercio de los ganaderos de Rondonia de Brasil, que buscan llevar la carne de res a los puertos del Pacífico, por una ruta más directa. El cruce de la primera línea, convirtió al gobierno en un dispositivo de las estrategias de control de las reservas de las empresas trasnacionales de los hidrocarburos. El cruce de la segunda línea, convirtió al gobierno en un gobierno antiindígena, postulando el desarrollismo trasnochado; esto en el discurso, que en la práctica no es otra cosa que llevar a cabo, extensamente e intensamente, el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente.

 

Ahora, el gobierno populista cruza insólitamente una tercera línea, la de la conspiración contra el propio pueblo, perpetrando una acción vergonzosa de terrorismo de Estado. Con esto el gobierno, que encarna, otra vez, la triste historia, de convertir las heroicas luchas del pueblo por la soberanía, en sumisión renovada al imperio, encubierta demagógicamente; de convertir la movilización prolongada, que corresponde a un proceso descolonial, en la ola donde se trepa, para asumir el gobierno demagógicamente, usurpando a los movimientos sociales el protagonismo de un proceso de cambio aperturante. Entonces el gobierno populista, en el que depositó el pueblo rebelde sus esperanzas, se metamorfoseó en un gobierno clientelar, y por este camino, en un gobierno que expande la corrupción ampliamente, comprometiendo a copiosos sectores sociales. Ahora, después de la actuación conspirativa gubernamental en la Ciudad de El Alto, el gobierno se convierte en un gobierno delincuente.

 

La decadencia es mucho mayor que la que nos habíamos imaginado y representado. Se ha ido mucho más lejos en el hundimiento ético-moral, que no se puede encubrir con la estridente y compulsiva propaganda y publicidad, ya desgastada y que ya no es ni mínimamente convincente. Esta situación de derrumbe político, “ideológico”, ético-moral, múltiple, obviamente, no sostiene, de ninguna manera, la interpretación apologista de que todavía, a pesar de todo, se trata de un gobierno progresista. Esta es la imagen creada por la “izquierda” internacional, que hace tiempo ha perdido su vocación de lucha, para adecuarse a las estructuras de poder del orden mundial. Solo quiere participar en un espacio de este orden. Esta es la imagen que pretenden los oficialistas, que además se presentan como “revolucionarios”, aunque no se sepa por dónde y por qué. La realidad efectiva nos muestra que la decadencia ha llegado tan lejos que estamos ante un gobierno delincuente. Este estado de cosas, esta situación histórica-política, de decadencia y de crisis múltiple, no garantiza nada. No hay ninguna clase de legitimidad posible, que lo pueda acreditar. En estas condiciones de derrumbe y hundimiento no tiene sentido hablar de democracia, incluso en los límites de la formalidad institucional, no se puede atender al periodo correspondiente, que supuestamente tiene que cumplir la gestión del gobierno. Nada de estos referentes tienen sentido, ni se sostienen. Estamos ante una situación calamitosa, que destruye las cohesiones sociales, fuera de haber destruido, antes a las organizaciones sociales y su capacidad de lucha, fuera de haber convertido a las instituciones en herramientas de corrosión y de corrupción. El soberano, el pueblo, no puede seguir sosteniendo esta pantomima, que ya es una amenaza para el propio Estado, la nación, el país y la sociedad. Al pueblo le compete la responsabilidad de poner coto a todo esto, de manera inmediata, por la emergencia de la situación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Más allá del sí y del no

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De alguna manera las interpretaciones, sobre todo, de problemáticas que se quiere atender y resolver, dependen de los recortes hechos por los enfoques dados. Enfoques que tienen que ver tanto con la selección de la complejidad aceptada, con la extensión lograda del cuadro visualizado, así como de la intensidad de la composición; también con la temporalidad ajustada. Ciertamente los enfoques adecuados para comprender una problemática son aquellos que logran hacer recortes, que no cercenan planos y espesores de intensidad gravitantes de la complejidad tratada. ¿De qué depende? Se puede decir, en principio, de una apertura a la problemática; lo que se dice comúnmente, de la mirada y la sensibilidad, además de la imaginación y la razón, abiertas a la comprensión de la problemática. Cuando no concurre esta apertura, cuando, mas bien, hay una cerrazón, cuando se opta por un supuesto conocimiento previo, heredado, que, resulta ser una mirada desde el prejuicio heredado, concepción armada desde un esquematismo religioso e “ideológico”, entonces, la comprensión de la problemática se clausura. En vez de la comprensión se impone la apreciación antelada de la problemática, decodificada desde los simbolismos, alegorías, tramas, contenidas en el imaginario conservador, en la “ideología”, en el miedo religioso a lo desconocido. Con lo que no solo se ha renunciado a comprender la problemática, sino, sobre todo, se ha dado el paso fatídico a no resolverla, salvo imaginariamente.  Paso fatídico también a la derrota; al final la problemática vence a los celosos interpretes históricos, herederos de verdades eternas.

 

La problemática de la coyuntura política no puede circunscribirse a la década, que es más bien la consecuencia de una correlación de fuerzas, de lo que plasmaron las fuerzas concurrentes en la etapa de movilizaciones sociales, cuando las fuerzas concurrentes se enfrentaron, aperturando un proceso de cambio y un proceso constituyente[14]. Entonces la problemática tiene que ver sobre todo con el truncamiento del proceso de cambio y del proceso constituyente; no tanto así con el fracaso o el hundimiento de un gobierno, que se impuso, a nombre de los movimientos sociales. Por lo tanto, hay pues diferencia en buscar resolver el tema político en cuestión, evitando prosiga un gobierno hundido en sus contradicciones, y buscar resolver la problemática que plantea un proceso político truncado. El primer recorte ha amputado planos y espesores de intensidad, que componen la estructura de la problemática, de tal manera que lo hace inentendible, salvo se crea, en la rejilla desde donde se enfoca; suponer, por ejemplo, que todo es cuestión de institucionalización, de respetar la democracia formal, el Estado de derecho, tener gobernantes probos, jueces rectos, congresistas que respondan a sus representaciones. Esta idea institucional de la política, este anhelo de las “buenas personas”, por así decirlo, se basa pues en una incomprensión de la problemática política, de la crisis política, que enfrenta. Puede no interesarles ver otra cosa que la que ven, un mundo reducido a los marcos y estructuras institucionales, que, evidentemente, no es el mundo efectivo, no es el mundo en su complejidad desenvuelta. Puede que lo que buscan es eso, la conservación del statu quo, en condiciones institucionales, en los marcos de la norma y de la ley del Estado de derecho. Pensar de esa manera, querer eso, optar por este alcance, es, como se dice comúnmente, su derecho.  Sin embargo, la crisis política, que implica lacrisis múltiple del Estado-nación, que desató las movilizaciones sociales del 2000 al 2005, de ninguna manera se manifestó en los marcos estrechos de desajustes en el orden instituido; todo lo contrario. Lo que se puso en cuestión es precisamente el orden instituido; lo que estaba interpelado era el Estado-nación, además de su condición subalterna, la dependencia. Lo que se criticó masiva y popularmente es la democracia formal y la legitimidad de la clase política, que “representa” al pueblo. Lo que se criticó e interpeló y se quiso desmantelar es la estructura de poder heredada y las formas de dominación de la colonialidad. La repercusión de la problemática histórico-política tiene este alcance[15].

 

En consecuencia, una cosa es abordar la problemática histórico-política y otra es abordar el problema, que preocupa a parte de la clase política excluida del poder por los que lo ocupan ahora, a nombre de los “movimientos sociales”; movimientos sociales que han desaparecido de escena, sustituidos por organizaciones, que hacen de apéndice del partido oficial y del gobierno. El referéndum por el artículo 168 de la Constitución, la pelea de las posiciones encontradas, el sí y el no, respecto al referéndum, se circunscribe en el marco del problema que preocupa a la clase política.  Pueden tener sus argumentos, su justificación, incluso, si se quiere, sus razones, ante lo que llaman prorroguismo, autoritarismo, inconstitucionalidad; empero, se trata de un problema menor, en comparación con la problemática histórico-política. Se podría considerar que se trata de un primer paso, para abordar con más holgura el problema primordial; sin embargo, la inclinación, la compulsión política, el carácter “ideológico” de las interpretaciones, su mezquina elocuencia teórica, nos muestra, mas bien, que sustituyen la comprensión y la atención de la problemática histórica-política por un problema menor, el del ajuste adecuado de la institucionalidad formal del Estado de derecho.

 

Como hemos dicho, en la crítica desplegada, el gobierno populista, ha usurpado la movilización prolongada[16], se ha subido a la cresta de la ola; una vez elegido, se ha encargado de limitar, a como dé lugar, los alcances del proceso constituyente, después de la Asamblea Constituyente; para seguir con la manipulación y desmantelamiento de la Constitución. Por lo tanto, se ha comportado como contra-proceso. Así también, la “oposición”, por más heterogénea que sea, sigue una ruta parecida o complementaria; al no reconocer la complejidad y el alcance de la problemática histórico-política, también se comporta como contra-proceso; solo que lo hace desde la “oposición”, no desde el “oficialismo”.

 

“Oficialismo” y “oposición” están más próximos de lo que creen, pues comparten el prejuicio del Estado-nación; también la “ideología” de la institucionalidad de la democracia representativa y delegada. Están muy lejos del horizonte abierto por la Constitución; el sistema de gobierno de la democracia participativa, pluralista, comunitaria, directa y representativa. Ambos, “oficialismo” y “oposición”, son y hacen al contra-proceso, inverso al proceso abierto por las multitudes y las movilizaciones sociales. Su pelea, sus contradicciones, sus rivalidades, se reducen a la pelea por la forma del mismo Estado-nación; ya en crisis múltiple, desde hace más de medio siglo, si es que no es crisis congénita a la misma república. Se puede decir, que se trata de una pelea de quien conduce el contra-proceso.

 

En las condiciones políticas y sociales, también organizativas, así como “ideológicas”, que se han conformado durante la década, el gobierno populista ha desmantelado la fuerza de las organizaciones sociales, ha desarticulado las corporaciones sociales, ha separado a las organizaciones sociales de lo que pueden, para reducirlas a lo que deben hacer, respecto a las lealtades con el gobierno. En estas condiciones, la potencia social, manifestada en la movilización prolongada, ha sido diseminada, en beneficio del gobierno populista, que se legitima, ya no por la convocatoria a la movilización, sino por las extendidas relaciones clientelares. Estas condiciones desmoralizantes y profundamente debilitantes han llevado a lo que llamamos el conformismo generalizado, que también es la complicidad generalizada. En estas condiciones de imposibilidad, sabemos, no se puede identificar al interlocutor de nuestro discurso crítico, de nuestra convocatoria a la movilización general para continuar la lucha emancipativa, libertaria, descolonizadora. Este interlocutor ha desaparecido, salvo contadas excepciones, que no hacen una fuerza política social, con capacidad de incidencia. No podemos hacernos ilusiones, como acostumbra a hacer la “izquierda tradicional”, hablamos de la pretendida radical, de que la razón, la justicia, el valor del proyecto político, bastan para convencer y lograr nuevas movilizaciones, que conduzcan a la revolución. Esto es fundamentalismo intelectual y vanguardista; otra manera de renunciar a la lucha consistente, materialmente y políticamente potente, pues se sustituye la realidad por los deseos, la complejidad de la realidad por el esquematismo dualista de revolucionarios y contrarrevolucionarios; otra manera de expresar el dualismo religioso de fieles e infieles.  No caemos en esta ilusión. Pero, sabemos que nuestra responsabilidad es llevar la crítica a los horizontes que la propia crítica abre; crítica de las relaciones polimorfas de poder. Aunque parte de los discursos edulcorantes pretendan ser “revolucionarios”; siendo, mas bien, conservadores, al caer en este ilusionismo; en el mejor de los casos, romántico; en el peor de los casos, impostor. La responsabilidad es hablar a los y las que quedan de la movilización prolongada y de sus irradiaciones, aunque sean pocos. De hablar a los y las futuras combatientes, pues las luchas no han acabado; ni los gobiernos progresistas, ni mucho menos, son el otro fin de la historia. Nuestra responsabilidad es la crítica de la “ideología”, en todas su formas y matices, así como crítica de las formaciones discursivas; crítica de los fetichismos; fetichismo de la mercancía, del poder, de las instituciones, patriarcales, coloniales. Crítica de la economía política generalizada[17].

 

 

 

 

 

 

 

Consideraciones sobre el activismo libertario  

Interpretación y complejidad, proyecto e incidencia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hay que distinguir entre el acontecimiento, complejidad dinámica, compuesto por múltiples singularidades en devenir. Con las interpretaciones que se tenga de esta experiencia social; que pueden ser simples, esquemáticas; por lo tanto, inadecuadas para comprender, por lo menos, parte del acontecimiento. Interpretaciones, incluso, que pueden ser, mas bien, complejas, en el sentido de haber escapado al simplismo, al esquematismo reducido; buscando elucidaciones a través de composiciones teóricas más exigentes, de estructuras conceptuales más elaboradas. No solamente decimos que la interpretación no es la realidad, sinónimo de complejidad, sino que no incide, en sentido práctico, en los decursos efectivos, aunque lo haga, de algún modo, indirectamente. La incidencia se efectúa por intervención de fuerzas concurrentes. Hay que distinguir, entonces, entre una orientación racional y perceptual, por ejemplo, una estrategia de incidencia, un proyecto político, de la dinámica y mecánica de las fuerzas, que inciden efectivamente en el decurso de procesos inherentes al acontecimiento.

 

Esto no solamente lo decimos por las formaciones discursivas, las “ideologías”, los proyectos políticos, los paradigmas, criticados por nosotros, sino también, lo decimos en lo que respecta a nuestra crítica desplegada y al activismo que encausamos, el libertario. Ciertamente, sería paradójico caer en lo mismo que criticamos; confundir representación con realidad, caer en un voluntarismo intelectual, creyendo que la complejidad misma, lograda en la interpretación crítica, achica la diferencia entre complejidad e interpretación, por más compleja que sea esta última; que el activismo comprometido, sostenido en esta interpretación crítica, resuelve el problema de la incidencia. De ninguna manera. El activismo, que busca liberar la potencia social, no resuelve de por sí el problema de la incidencia de las fuerzas.  La incidencia exige mucho más que una comprensión, adecuada de la complejidad, mucho más que un activismo crítico, interpelador, libertario. La claridad de lo buscado, demoler las estructuras de poder, desmantelar la institucionalidad del poder, liberar la potencia social, hacer emerger los autogobiernos, es como la apertura del horizonte civilizatorio, los mundos alterativos y alternativos; para trasmontarlo es menester no caer en la ilusión, que esta visión crítica y este activismo libertario han resuelto los problemas de incidencia. La complejidad, como sinónimo de realidad, exige desenvolvimientos y acciones más arduas; exige más que solo el activismo libertario y la crítica de la “ideología”, la interpelación de las formas polimorfas de poder, incluso las convocatorias a las movilizaciones generales. Se trata de desatar la potencia social en subjetividades atrapadas en sujetos constituidos largamente por diagramas de poder.

 

Como los y las libertarias no somos vanguardistas, no nos creemos ni maestros, ni dirigentes de masas, multitudes, pueblos, sino más bien parte de ellos. Esta tarea, la de las emancipaciones y liberaciones múltiples, corresponde a todos, es, como se dice, una labor colectiva. La tarea, entonces, es activar la potencia social. ¿Cómo se hace?

 

No hay recetas, ni mucho menos pretendemos darlas. Los activamos libertarios responden a problemáticas históricas-políticas-culturales, en distintos contextos y periodos, momentos y coyunturas; diferentes composiciones de relaciones y estructuras de poder singulares, locales, nacionales, regionales, mundiales. Heredando tradiciones de luchas, de experiencias y memorias sociales, atravesadas por las dinámicas culturales, las difusiones lingüísticas, por la actualización de las prácticas, de los esquematismos de comportamientos, conductas y habitus, que son, a su vez interpelados, de-construidos y diseminados por el discurso critico activista. En consecuencia, los activismos se arman considerando la crítica ácrata y su combinación específica en estas composiciones singulares históricas-políticas-sociales-culturales-territoriales.

 

Sin embargo, sin que sean recetas, ni nada por el estilo, parece conveniente poner en mesa de discusión algunas consideraciones de índole configurativa. Por ejemplo, si no se trata de dirigir, de conducir, de enseñar, de liderar, de vanguardizar, pretensiones de las tradiciones jacobinas; se trata, de manera diferente, de activar la potencia, inherente en los cuerpos, potencia inhibida por las estructuras de poder inscritas en el cuerpo. Esto no solamente equivale a interpelar las redes institucionales, que atrapan a estos cuerpos, a parte de sus fuerzas, utilizadas en la reproducción del poder, sino también de-construir las subjetividades cristalizadas por los diagramas de poder; es decir, interpelar a los propios sujetos sociales, pues terminan siendo cómplices de sus propias dominaciones.

 

Para tal efecto, parece necesario compartir experiencias y memorias sociales. Comprender, en sentido hermenéutico, lo que supone la fenomenología de la percepción, las complejidades singulares de los contextos en los que se mueven los activismos específicos. Tomar atención a las singularidades locales, nacionales, regionales, en su composición y combinación mundial. Esto último tiene importancia, tanto por las adecuaciones del activismo a las singularidades, sino también porque las singularidades componen integraciones dinámicas mundiales. La consecuencia, es que todo activismo local y nacional es también un activismo mundial; activismo contra la dominación mundial, que se manifiesta y se singulariza en las dominaciones locales.

 

Los activismos libertarios también son contexturas dinámicas de planos y espesores de intensidad subversivos; se articulan planos de intensidad políticos con planos de intensidad estéticos, espesores de intensidad corporales con espesores de intensidad territoriales. Actos heroicos con actos creativos; política, en sentido amplio, en sentido de suspensión de los mecanismos de dominación, y poesía, en sentido de poiesis inventiva. Lo que caracteriza a los activismos libertarios, a diferencia de la tradición “izquierdista”, con todas sus variantes, matices y diferencias, es que los activismos libertarios son disposiciones y dispositivos de contra-poder, en el sentido pleno de la palabra; se colocan como destructores del poder, para liberar la potencia; nunca reproducir otra forma de poder, que es el circulo vicioso del poder, en el que cayó la “izquierda”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Conclusiones

 

1.   Estamos ante uno de los recorridos, en su propia singularidad diferencial, del eterno círculo vicioso del poder. Mientras se restaure el poder, con sus estructuras, diagramas, cartografías, relaciones de dominación, adquiera la forma y composición singular  particular al contexto local, nacional y regional, correspondiente al periodo contingente, no hay otro decurso que la órbita en el campo gravitante de las relaciones de dominación polimorfas.

 

2.   Las historias políticas modernas, sobre todo relativas a las revoluciones, nos han enseñados, que no se toma el poder, es el poder el que toma, convirtiendo a los que lo hacen o creen tomar el poder, incluso a los llamados “revolucionarios”, en engranajes del poder, del Estado. Cuya maquinaria de poder abstracta y de agenciamientos concretos de poder, tiene, por lo menos, un milenio de acumulaciones; que han permitido un arsenal de estrategias y tácticas, que contemplan simulaciones, incorporaciones de las propias revoluciones.

 

 

3.   Lo que ha pasado en Bolivia, desde 2006 es, en parte, la repetición, de lo acontecido en el periodo de la revolución nacional (1952-1954), aunque la repetición concurra con otros personajes, otro guion; empero, reproduciendo la misma trama. La revolución de 1952 fue tragada por las estructuras de poder heredadas, locales, nacionales, regionales y mundiales. A pesar de la nacionalización de las minas y la herencia de la nacionalización del petróleo, los gobiernos de la revolución nacional fueron articulados a los desplazamientos de la hegemonía del ciclo del capitalismo vigente, renovando la dependencia, aunque en otras condiciones. Lo mismo, ahora, a pesar de la nacionalización de los hidrocarburos, el sistema-mundo-capitalista condicionó una desnacionalización dilatada, a través de la maniobra de los Contratos de Operaciones. La movilización prolongada (2000-2005), que fue el acontecimiento político y social, que, al final, coadyuvó, para que el MAS, que no expresa, de ninguna manera, la intensidad, la extensidad, la potencia, de la movilización prolongada y de los movimientos sociales anti-sistémicos, se suba a la cresta de la ola y se beneficie, casualmente, con este trastrocamiento político, interpelador del Estado-nación subalterno, de la dependencia, de la descolonización.

4.   Los sucesos luctuosos de la Ciudad de El Alto, en torno y dentro de la Alcaldía, evidencian un derrumbe descomunal, una implosión catastrófica y una decadencia insólita del gobierno progresista.

 


[1] Ver de Raúl Prada Alcoreza Cartografías histórico-políticas; también Gramatología del acontecimiento. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15.

http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/cartografias-historico-politicas/. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/gramatologia-del-acontecimiento-/.

[2] Ver de Raúl Prada Alcoreza Diseminaciones. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15.  http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/diseminaciones/.

[3] Ver de Raúl Prada Alcoreza La explosión de la vida. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15.  http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-explosion-de-la-vida/.

 

[4] Ciertamente esta tesis tiene larga data; de alguna manera se encuentra, en distintas versiones en las interpretaciones anarquistas. Cuando se elabora la tesis como explicación, en un libro conocido, lo hace Wilhelm Reich, en Psicología de masas del fascismo. Vuelve a ser re-trabajada con Michel Foucault, en el periodo de la genealogía del poder. Nosotros la retomamos, después de la Asamblea Constituyente, en la etapa de evaluación crítica.

[5] Ver Arqueología y genealogía del monoteísmo. Dinámicas moleculares; La Paz 2015.

[6] Ver Más allá del amigo y enemigo. Dinámicas moleculares; La Paz 2015.

[7] En un debate sobre el proceso de cambio en el Auditórium en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas-UMSA. La Paz 2013.

[8] Ver Crítica de la ideología. Dinámicas-moleculares; La Paz 2015.

[9] Ver libros de Comuna. Autodeterminación; La Paz 1995-2012.

[10] Ver Largo octubre. Plural, La Paz-2004.

[11] Ver de Bernardo Mançano Fernandes Movimientos socioterritoriales y movimientos socioespaciales. Contribución teórica para una lectura geográfica de los movimientos sociales. http://web.ua.es/en/giecryal/documentos/documentos839/docs/bmfunesp-5.pdf.

[12] Ver de Pablo Mamani El rugido de las multitudes. Yachaywasi; La Paz.

[13] Ver el programa de Amalia Pando: Marcelo Elío responsable de la masacre en El Alto. https://www.youtube.com/watch?v=vHI9430gI94.

 

[14] Ver Horizontes de la descolonización; también Descolonización y transición. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. https://pradaraul.wordpress.com/horizontes-de-la-descolonizacion/. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/products/des-colonizacion-y-transicion/.

[16] Ver Paradojas de la revolución. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/paradojas-de-la-revolucion/.

[17] Ver Crítica de la economía política generalizada. Dinámicas moleculares; la Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/critica-de-la-economia-politica-generalizada/.

 

Leer más: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/practicas-y-cartografias-de-la-impostura/

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