Desenlaces histórico-políticos

Desenlaces histórico-políticos

 

Raúl Prada Alcoreza

 

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Parece cerrarse el periodo, que hasta el momento duró una década, sin contar con los seis años de movilización prolongada (2000-2005); luchas sociales que abrieron el proceso constituyente y dieron lugar, quiéranlo o no, a las gestiones del gobierno progresista o populista, como se quiera llamarlo[1]. No sabemos si este periodo alcanzará cerrarse en el 2019, cuando culmine la tercera gestión del gobierno de Evo Morales Ayma o si se clausurará antes; sin embargo, independientemente de este alargamiento o, en su caso, acortamiento, los síntomas de la decadencia parecen mostrarnos el crepúsculo del gobierno progresista, que hablaba a nombre de los movimientos sociales; entonces, su periodo se clausura.

 

No parece adecuado usar el esquema general y simple de que todo periodo, toda etapa, época, nace, se desenvuelve y se clausura, como si se tratara del día o, usando otro referente como metáfora, como si se tratara de un ser orgánico. Incluso, en ambos casos, en ambos referentes y en ambas metáforas, el día, el curso del día, responde a la rotación y traslación de la tierra; además, acompañando el movimiento mismo del sistema solar, que, a su vez, se encuentra en el desplazamiento mismo de la Vía láctea, que forma parte del tejido espacio-tiempo del universo. Así mismo, el ser orgánico, también responde a su complejidad singular, inserta en la complejidad integral ecológica de la biodiversidad; complejidad ésta que se encuentra en la macro-micro-complejidad integral, en distintas escalas, de la existencia misma; extensa, intensa, funcionando como simultaneidad dinámica[2]. Por lo tanto, no es posible, reducir los mismos ejemplos o figuras a la simplificación misma de los referentes usados como metáfora, a la abstracción de un decurso lineal cuantificable, constatable, en sus formas ascendentes y descendentes. Es preferible optar por auscultar la complejidad singular del periodo mencionado.

 

 

 

 

 

Periodo convergente de la historia política

 

Es menester volver a reflexionar sobre la historia, la condición narrativa de la historia, así como su condición “ideológica”, incluso mitológica, como anotan los mitólogos[3]. Ciertamente es menester también reflexionar sobre las condiciones institucionales de la historia; por ejemplo, las que se dan en el siglo XIX, como para hacer surgir este saber y esta ciencia de la historia; así como la condición filosófica de la historia, que la antecede y la precede. Sobre todo reflexionar sobre las condiciones de posibilidad existenciales de la historia, donde, mas bien, las condiciones, si se quiere, de temporalidad y de espaciamiento, de lo que llaman los historiadores historia efectiva o referente real de la historia como narración, cuestionan esta representación de la historia. Cuestionan, si se quiere, jugando con las palabras, ser interpretadas cono historia, cuando son, mas bien, complejidad, integralidad de complejidades, que se manifiestan como simultaneidad dinámica. ¿Por qué es menester hacerlo? Porque es necesario comprender y entender la dinámica y mecánicas de las fuerzas inherentes a los procesos desplegados en el llamado “proceso de cambio”[4].

 

Si usamos el concepto de historia, criticado por nosotros, para ilustrar en la exposición, sin hacernos problemas, podemos sugerir la siguiente hipótesis de interpretación: El periodo de 2006-2015, de gestiones de gobierno progresista es un periodo de convergencia de la historia acumulada en la experiencia social, en la memoria social, en el registro de las instituciones y en el registro de la huella ecológica. Es como si los periodos anteriores, las etapas y las épocas de la historia política boliviana, se hubieran amontonado, convergiendo, por así decirlo, en la explanada accidentada del lapso político mencionado.  Como si los temas pendientes, los problemas no resueltos, convergieran en la coyuntura, exigiendo soluciones a sus demandas, para llamarlas de alguna manera, a los temas pendientes. Entonces, independiente de la “ideología” gubernamental, de sus pretensiones, incluso de su programa, que era bastante pobre, en relación al horizonte abierto por el proceso constituyente, las condicionantes del momento, del presente, que son también, condicionantes históricas, como pasados actualizados en el presente, condicionan el decurso del llamado “proceso de cambio”.

 

Las guerras inconclusas reaparecen, las guerras perdidas atormentan; duelen los cercenamientos territoriales; pugnan las estrategias de poder; luchan las demandas de derechos múltiples,  individuales, sociales, colectivos, de la madre tierra; concurren despiadadamente las élites, las antiguas y las nuevas; proliferan los discursos convocativos y legitimadores, mezclando discursos revolucionarios anteriores, ateridos en “ideologías”, ancladas en su momento de gloria, rumiando este acontecimiento, a pesar que quedaron anacrónicas, ante los desafíos de los nuevos tiempos. En fin, en términos esquemáticos, para ilustrar, pugnan pasados y posibilidades de porvenir; siendo derrotadas nuevamente estas posibilidades, inhibidas por habitus, prácticas recurrentes y reiteradas, que tienen peso por la densidad de las instituciones, donde se cristalizaron; por el peso del tiempo acumulado en las costumbres. Puede más la demagogia que la crítica, puede más la impostura que la consecuencia, puede más el oportunismo que la entrega. Ciertamente, no es el único proceso de cambio donde ocurre este drama de repetición del círculo vicioso del poder; pasó antes, en el país, también con otras revoluciones, en el mundo, incluso más radicales y desafiantes frete al sistema-mundo capitalista; pasa con los otros procesos de cambio de Sud América, con sus propios decursos, combinaciones y composiciones singulares.  Las preguntas que hicimos es ¿por qué pasa esto?, ¿por qué aparece como condena lo de permanecer atrapados en el eterno círculo vicioso del poder? Estas preguntas han tratado de ser respondida por la auscultación en el devenir de las genealogías del poder, del Estado-nación; en el devenir de las anti-genealogías de contra-poder, desplegadas por las naciones y pueblos indígenas, por el proletariado nativo, por el proletariado nómada, por los conglomerados pasionales nacional-populares, por los movimientos feministas y de las subjetividades diversas; por último, por la movilización prolongada, a la que le dedicamos varios textos y ensayos[5].  También han tratado de ser respondida por la reflexión autocrítica y crítica del proceso constituyente y del proceso de cambio[6], por la incursión crítica desde la perspectiva de la complejidad.

 

Volviendo a la hipótesis interpretativa, la historia y la realidad, de los condicionamientos históricos mencionados, vencieron a las posibilidades abiertas en el horizonte despejado por el proceso constituyente. La historia y la realidad vencieron a la contra-historia y al contra-poder, que actúa como contra-realidad, para crear otra realidad. Las revoluciones logradas son aquellas donde el acto heroico de la insurrección popular, al enfrentarse contra la historia y contra la realidad, vencen abriendo, si se quiere, otros decursos de la historia, creando otra realidad. La revolución del llamado “proceso de cambio”, de la “revolución democrática y cultural”, no es una revolución lograda, sino derrotada, con anticipación, sobre todo por las fuerzas conservadoras de adentro.

 

La supuesta “crítica” de la “oposición”, incluso de la “izquierda” radical, incluyendo a las “almas buenas”, se ha circunscrito y concentrado en la denuncia, que, a pesar de ayudar a develar los síntomas de la decadencia, no deja de ser u señalamiento puntual, no deja de ser una descripción de hechos dolosos. Esta “crítica” reductiva, circunscrita en la denuncia y en los códigos morales, “crítica” que, muchas veces se parece a la diatriba, pone en la mesa las cartas onerosas del gobierno; ante estas denuncias el gobierno ha montado el mismo paquete argumentativo, de defensa, de justificación y de ataque. Dice: se trata de estrategias difamadoras de la “derecha” derrotada, herida mortalmente, estrategias, consideradas conspirativas y apoyadas por el “imperialismo”. Las denuncias del momento, que tienen que ver con el circuito de influencias y de contratos insostenibles con una única empresa china, que se adjudica los mega-proyectos, por licitación directa, son respondidas con el mismo paquete montado, aunque ya desgastado y ya poco creíble; ahora, se trata de la “guerra sucia” de la “derecha”. Olvidando y queriendo hacer olvidar, mareando la perdiz, como se dice popularmente, que los contratos están ahí, firmados por el gobierno, contratos que vulneran las propias normas de contratación de bienes y servicios, aprobadas por el propio gobierno y el Congreso. No hay donde perderse; sin embargo, el gobierno, el MAS, la “oposición” y el Congreso, se pierden al buscar indicios del “circuito de influencias”, cuando los contratos están ahí, mostrando toda su evidencia.

 

Sin embargo, como dijimos, la denuncia no explica el decurso tomado por el “proceso de cambio”, no comprende la dinámica y mecánica de las fuerzas concurrentes, del campo de la correlación de fuerzas, que empujó a este decurso y a sus desenlaces. Si se quiere salir del círculo vicioso del poder, es menester comprender estas dinámicas y mecánicas de las fuerzas inherentes. Ahora bien, si se quiere solo resolver el desborde escandaloso de los hechos de corrupción denunciados, restaurando la llamada institucionalidad, las leyes y las normas, del Estado de derecho, bastan las puntuales denuncias. Sin embargo, si se diera este desenlace, la victoria de la institucionalidad sobre la “anomalía política”, por así decirlo, no se sale del círculo vicioso del poder. Es de esperar, que las prácticas paralelas, la economía política del chantaje, prosigan sitiando a la institucionalidad, inclusive atravesándola, y lo hagan con otras formas, adaptándose a las nuevas condiciones institucionales.

 

De todas las condicionantes actualizadas del pasado, preocupa, particularmente, lo que llamamos diagramas de poder de la corrupción[7]. Reaparece el diagrama corrosivo de las instituciones, reaparece la economía política del chantaje, como formas no solo anexas de dominación, sino como formas de dominación concurrentes; incluso cada vez más determinantes en la conducta política[8]. Lo que llama la atención es que reaparece de una manera desmesurada, extendida, amplificada, precisamente debido a la propia disponibilidad de fuerzas, de la que goza el gobierno populista; basado, en principio, en la convocatoria, después, en la expansión de las relaciones clientelares.  Su propia legitimidad lograda es usada para cubrir el destructivo avance de las prácticas paralelas, de los circuitos corrosivos, de la economía política del chantaje.

 

Se puede preguntar ¿por qué se cae en esta decadencia? ¿Por qué lo hacen líderes que fueron ungidos por la credibilidad y esperanzas populares? ¿Por qué prefieren el enriquecimiento privado, tirando por la borda su propio prestigio ganado? ¿Es que vale más el fetichismo del dinero, incluso el fetichismo del poder, pululante en tanta polimorfa dominación, más que el reconocimiento cualitativo del pueblo, de las multitudes, de las naciones y los pueblos? Es difícil entender estas opciones pragmáticas; aunque se diga, según la hipótesis del sentido común, que el mundo funciona así. ¿Qué mundo? ¿El mundo de las representaciones o el mundo efectivo? Ciertamente, puede ser el mundo de las representaciones, mas bien, uno de los mundillos del mundo de las representaciones, porque el mundo efectivo funciona como complejidad integral. ¿Entonces, los líderes nunca salieron de este mundillo de las representaciones? Es una hipótesis sugerente; sin embargo, no le ocurre solamente a los líderes, sino también a sus seguidores, lo que es un poco de esperar; a sus entornos palaciegos, lo que es mucho de esperar; pero, también a contingentes populares, lo que no era de esperar, que se inclinan también por esta concepción de que el mundo es regido por chantajes, coerciones y dominaciones, y son los “vivos” los que aprovechan las ocasiones. Ni que se diga, la llamada “oposición” no está, de ninguna manera, exenta de esta concepción banal; lo ha mostrado en el pasado, cuando gobernaba; aunque, ahora, efectué denuncias, que ayuden a develar síntomas de la decadencia; lo hace desde esta concepción banal, esperando que la institucionalidad detenga al mal.

 

Contra el diagrama de poder de la corrupción, contra la economía política del chantaje, no es eficaz oponer el Estado de derecho, la institucionalidad, las normas, las leyes, las regulaciones, la moral, pues el diagrama de la corrupción usa las leyes para administrar ilegalismos, usa al Estado de derecho para ocultar, en los pasillos, entre bambalinas, sus prácticas y circuitos; escapa a las regulaciones. La institucionalidad solo puede, en el mejor de los casos, definir un espacio normal, un espacio de cumplimientos; empero, al hacerlo, define también, sin quererlo, otro espacio, opaco, nebuloso, permisivo, donde no dejan de funcionar las prácticas paralelas, la maquinaria de poder paralela y complementaria a la maquinaria abstracta de poder del Estado. Contra el diagrama de poder de la corrupción es apto el contra-poder, el desmantelamiento de la maquinaria paralela y complementaria de la economía política del chantaje; desmantelamiento que es efectivo cuando también se comporta como herramienta de desmantelamiento de las estructuras de poder y de la maquinaria abstracta del Estado.

 

La economía política del chantaje, siendo parte de la economía política restringida, que separa el valor de uso del valor de cambio, y formando parte de la economía política del poder, que separa la potencia de su fuerza, para apropiarse de su fuerza, valorizando esta captura de fuerza como poder, separa la fuerza singular de lo que puede; empero, reduciendo lo que puede a lo que tiene, en el sentido de la economía especulativa. La economía política del chantaje obtiene lo que la fuerza singular puede, reducido el puede al tiene, por chantaje, amenaza, coerción, soborno, terror; aprovechando disposiciones de poder. Desmantelar la economía política del chantaje equivale a resistir y oponerse a esta separación de la fuerza de lo que puede; pero, esto implica desmantelar también la economía política del poder, que contiene a esta economía política del chantaje. Lo mismo ocurre con la economía política restringida, que contiene también a la economía política del chantaje; el desmantelamiento de la economía política del chantaje implica el desmantelamiento de la economía política restringida[9].

 

La “lucha contra la corrupción”, tanto nacional como internacional, está destinada al fracaso, pues se confina a oponer a la corrupción normativas, regulaciones, leyes, dispositivos institucionales, controles financieros. Esto, si bien obstaculiza la corrupción, no la desmantela, pues sigue desplegando sus prácticas y circuitos; lo que hace la corrupción es adecuarse a las nuevas condiciones normativas, institucionales y financieras. Esta “lucha contra la corrupción” no solamente es débil, sino que lucha con instrumentos y dispositivos que no la alcanzan en toda su complexión. La normas y los dispositivos institucionales no alcanzan a afectar el funcionamiento de esta maquinaria de la economía política del chantaje, porque no afecta a sus mecánicas y engranajes; para llegar a éstos se requiere también afectar a la maquinaria del poder y a las estructuras de la economía política restringida. Estas tareas no se efectúan con solo normas y dispositivos institucionales, sino que se requiere de desmontajes técnicos, por así decirlo, y desmontajes políticos, desmontajes de monopolios económicos y de monopolios de poder. La “lucha de la corrupción” está lejos de esta predisposición más completa para desmantelar la corrupción.  Se contenta con normar, poner obstáculos institucionales a los recorridos de la corrupción; como ocurre con la vacuna, con sus dosis débiles, a la larga, termina fortaleciendo los desenvolvimientos de la corrupción. Esta “lucha contra la corrupción” también combina la normativa con represión; castiga, pena, encierra, reprime, persigue, encarcela, incluso saltándose los derechos civiles y políticos, constitucionalizados. La represión, por más sañuda que sea, no desmantela la corrupción; al contrario, termina, como en el caso anterior, fortaleciéndola, pues ocasiona la propia invasión de la economía política del chantaje en los dispositivos de represión o genera la militarización de la maquinaria de laeconomía política del chantaje. Incluso puede ocurrir que por los dos caminos se fortalezca la corrupción.

 

El periodo en cuestión, otra década perdida, esta vez para el llamado proceso de cambio, no ha podido liberarse de las cargas del pasado, de estos condicionamientos gravitantes, que terminaron imponiéndose; desviando, por así decirlo, las posibilidades del proceso, convertidas o retenidas, en caminos conocidos, en vez de abrir nuevas rutas. El problema mayúsculo es que, al converger en el periodo todas las cargas concurrentes, las mismas han cobrado más peso e incidencia, expandiéndose y perturbando, en conjunto, los decursos políticos y económicos. Por eso, el periodo se clausura, con todos sus dramatismos desmesurados, como tragedia de un “proceso de cambio” arrodillado.


[1] Ver Paradojas de la rebelión. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/paradojas-de-la-rebelion/.

[2] Ver La explosión de la vida; también Más acá y más allá de la mirada humana. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-explosion-de-la-vida/.  http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/mas-aca-y-mas-alla-de-la-mirada-humana/.

[3] Ver Cartografías histórico-políticas. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/cartografias-historico-politicas/.

[4] Ver Episteme Compleja. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. También en https://pradaraul.wordpress.com/. https://pradaraul.wordpress.com/2015/02/13/episteme-compleja/.

[5] Ver libros de Comuna. Editorial La Muela del Diablo; La Paz 1995-2010. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15.  http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/emergencia-del-proyecto-de-comunero/. También La subversión indígena. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-subversion-indigena/.

[6] Ver Horizontes de la descolonización; también Descolonización y transición. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. También en https://pradaraul.wordpress.com/.  https://pradaraul.wordpress.com/horizontes-de-la-descolonizacion/. https://pradaraul.wordpress.com/2014/02/16/des-colonizacion-y-transicion/.

[7] Ver Diagrama de poder de la corrupción. Dinámicas moleculares; La paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/diagrama-de-poder-de-la-corrupcion1/.

[8] Ver Cartografías histórico-políticas del chantaje. Dinámicas moleculares; La paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/cartografias-historico-politicas/.

[9] Ver Crítica de la economía política generalizada. Dinámicas moleculares; La Paz 2015. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/critica-de-la-economia-politica-generalizada/.

Leer más: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/desenlaces-historico-politicos/

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