Prepararse para defender la Patria Grande de Abya Yala

Prepararse para defender la Patria Grande de Abya Yala

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

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Los pueblos y sociedades del continente tienen ante sí la responsabilidad de acudir a incidir en el decurso histórico, en coyuntura aciaga. Se tiene en mano, en mano imperial, la aplicación del plan destructivo y desolador de intervención preventiva, que destruye estados y sociedades, consideradas por los ideólogos del imperio, como “estados canallas”. Ese plan no se ha ejecutado en América Latina, que fue el subcontinente de la experimentación del modelo neoliberal, sino en el medio oriente y en el sur de Europa. Ahora, en esta coyuntura crítica para los gobiernos llamados progresistas, parece que los servicios de inteligencia del imperio han encontrado la ocasión de intervenir, de aplicar el mismo esquema de dominación, en estrategia y táctica de guerra, en Sud América. Cuando el presidente norteamericano aprueba nuevamente la caracterización de la República Bolivariana de Venezuela como “amenaza” para la seguridad del Estado-nación de Estados Unidos de Norte América, practicante se ha declarado la guerra, anunciando intervención militar al país sudamericano, poseedor de la reserva hidrocarburífera más grande del mundo.

 

Los y las activistas libertarias sabemos que los llamados gobiernos progresistas forman parte del orden mundial, de la dominación global del imperio, encasillados en márgenes de maniobra, tolerados por el dominio estructurado del poder mundial del sistema-mundo capitalista. También sabemos que hay contradicciones inherentes a la geografía de la geopolítica del sistema-mundo capitalista; que pueden emerger por disputas por el control de las reservas de recursos naturales. En el caso de Venezuela, se trata del apreciable recurso del petróleo, que alimenta la era de la energía fósil del ciclo del capitalismo vigente. Esto significa que el ataque del imperialismo, inminente, después de declarar a la República Bolivariana de Venezuela como “amenaza”, configura un escenario altamente peligros, que no se pude soslayar.

 

Los gobiernos progresistas, después de las primeras medidas soberanas y sociales, han resultado la continuación de lo mismo, la dependencia, la subordinación, a la geopolítica del sistema-mundo capitalista. Además, derivaron en prácticas políticas populistas conocidas, como las del clientelismo, que los condujo a la decadencia moral y ética desbordante. Construyeron su propia derrota. Sin embargo, no podemos dejar de distinguir, el ataque norteamericano de la decadencia y derrumbe de los gobiernos populistas. Se trata de defender la Patria Grande de la intervención militar Norteamérica. En esta tarea es indispensable ser conscientes de que el pueblo norteamericano no es el enemigo, sino, mas bien, víctima de una hiper-burguesía, embarcada en la constitución de un mundo de Orwell. Para detener la agresión preparada o para defender el continente de Abya Yala, es indispensable la conjunción de todos los pueblos del continente, en contra de la hiper-burguesía, que ha decidido sacrificar a todos los pueblos, incluso a sus propios pueblos, para continuar con la acumulación especulativa de capital. En consecuencia, es urgente contar con la movilización general de todos los pueblos del continente.

 

Si el imperio ataca, es urgente y necesario, que los pueblos del continente nos levantemos, defender la vida, las soberanías, los pueblos, de la agresión imperialista. Estamos convocados a una guerra de defensa de los pueblos de Abya Yala. Lo que los servicios de inteligencia tienen proyectado, es la adaptación regional de lo mismo que se hizo en Libia y Siria, para no ampliarnos en una historia reciente más larga. Destrucción del Estado-nación, que consideran “canalla”, en palabras de Obama, “amenaza” a la seguridad de Estados Unidos. Escenario, que los latinoamericanos y también los norteamericanos no pueden permitir se desencadene. Precisamente por lo que son, el comienzo de la globalización y del capitalismo mundializado. También el inicio de nacionalismos, de democracias constitucionales, de formas de capitalismo diferentes. El pueblo norteamericano, de tradiciones democráticas, de tradiciones libres y rebeldes, ocultadas e inhibidas por la institucionalidad del Estado-nación imperialista, requiere recuperar su ímpetu, su memoria, su democracia harringtoniana, para no dejarse llevar por la hiper-burguesía gobernante al abismo y al derrumbe.

 

En ese sentido, los pueblos latinoamericanos, los pueblos norteamericanos, los y las jóvenes del continente, tenemos la responsabilidad de evitar el desastre, la destrucción de estados, destrucción que implica la propia destrucción del Estado agresor. El pueblo norteamericano es el eterno deudor de un sistema financiero despiadado y tramposo, de gobiernos atrapados en la geopolítica capitalista de la dominación mundial. El pueblo norteamericano es la carne de cañón de las guerras imperialistas emprendidas. El pueblo norteamericano es el cuerpo de escarnio de un capitalismo especulativo, que ha instaurado la deuda infinita de los pueblos, como emblema de la dominación absoluta. La agresión que se pretende perpetrar, al estilo de lo hecho Libia y de Siria, es el punto de inflexión, donde nuestras sociedades, terminaran demolidas, sumidas al dominio de la hiper-burguesía mundial.

 

La defensa de la Patria Grande no es una defensa de los gobiernos progresistas, que son, mas bien, un problema para la defensa. Son la zona vulnerable de la defensa. Su discurso, supuestamente “antiimperialista”, es una demagogia, un discurso para encubrir lo que realmente son, dispositivos de la dominación mundial, bajo la dominancia del capital financiero. La defensa de la Patria Grande es la defensa de la oportunidad de integración continental, de la construcción de la gobernanza de los pueblos, de la constitución de una democracia plena, como autogobiernos. A estas alturas de la información, de la experiencia de los pueblos, no se puede caer en la “ideología” de la seguridad del Estado y de la Nación, cuando se trata de intervenciones destructivas por parte de las máquinas de guerra desbordadas.

 

La declaración de guerra, de parte del gobierno norteamericano, por lo tanto del Estado Estadounidense a la República Bolivariana de Venezuela, porque eso significa el calificar a Venezuela como “amenaza” para la seguridad de Estados Unidos de Norteamérica, es inmediatamente una declaración de guerra a los pueblos del continente. El pueblo que no entienda esto es un pueblo anticipadamente derrotado, que va a ser esclavizado. Estamos convocados por la historia, para decirlo dramáticamente, también metafóricamente, pero, para ilustrar mejor, a defendernos contra esta agresión desorbitada del super-Estado imperial a los pueblos, presentada como una guerra a un “Estado canalla”.

 

Esto significa la responsabilidad histórica de prepáranos para la defensa, en esta guerra imperialista, en la fase de la hiper-modernidad y de la decadencia del capitalismo especulativo. No hay forma de escapar a esta responsabilidad. Lo que hace la llamada “oposición” venezolana, al pedir la renuncia del presidente, sucesor de Hugo Chávez, para evitar el apocalipsis de la intervención militar, es una traición a la patria. No es sorprendente esta actitud en oligarquías latinoamericanas, que han optado por el fraccionamiento en republiquetas, en vez de integrar la Patria Grande; oligarquías sumisas, a lo largo de la historia política, a las determinaciones abusivas del imperialismo y de los oligopolios trasnacionales. Lo desalentador es encontrar en los gobiernos progresistas un aliado del imperialismo, aunque indirecto e inconsciente, al destruir los procesos de cambio y las defensas materiales y sociales de los movimientos sociales anti-sistémicos. Si se colocan en la condición de la convocatoria a la defensa, no lo hacen, en el sentido de la defensa de la Patria Grande, sino en el sentido de la defensa de las estructuras de poder clientelares que edificaron. Esta demagogia debilita una defensa efectiva, no convoca a la movilización general, en esta guerra antiimperialista. Frente a este teatro político, que es como la culminación desesperada del desmantelamiento de las constituciones promulgadas, la destrucción de los procesos de cambio, afincados en la movilización social anti-sistémica, es indispensable una auto-convocatoria de los pueblos del continente para defender la soberanía, los derechos conquistados, la democracia; sobre todo, la posibilidad de abrir un horizonte civilizatorio, que responda al conceso de los pueblos del mundo y a su gobernanza global.

 

En consecuencia, estamos convocados a la movilización general, en defensa de la Patria Grande, la patria soñada por sociedades y pueblos precolombinos, por colonos rebeldes, por guerras anticoloniales, que eran, en principio, revoluciones sociales. No podemos dejar que la prepotencia, al estilo de Donald Trump, termine efectuando una política bélica en el continente, que de todas maneras, a pesar de sus presentaciones publicitarias, no cuenta con una clara estrategia, salvo la supuesta por los servicios de inteligencia, que, más o menos, dicen que es preferible un Estado enemigo destruido, una sociedad desvanecida, que tenerlo como presencia soberana.

 

¿Qué podemos hacer en contra de la intervención militar del complejo militar-económico-tecnológico-comunicacional-cibernético?  Mucho. Lo más difícil, debido a que los pueblos están atrapados en el fetiche del poder, en el fetiche del Estado, el fetiche de las instituciones, es constituir gobiernos de transición, que respondan a la voluntad general de los pueblos, y no a la economía política del chantaje de la hiper-burguesía. Empero, lo que es urgente, que se convierta en práctica inmediata, es la preparación, la organización, la conformación de la capacidad de defensa de todos los pueblos del continente. La defensa, se sobrentiende, es también y particularmente militar. Los pueblos del continente deben armarse para defenderse. Los ejércitos estatales no son exactamente una garantía para la defensa, salvo el ejército cubano, que es una excepción en la regla, como dijimos. No será fácil la conformación, la organización y la coordinación de milicias populares armadas de defensa; sin embargo, esta es la tarea inmediata.

 

Pero, la estrategia militar, no es la única defensa, es indispensable acompañar con defensas teóricas, políticas, analíticas y críticas, ofreciendo a los pueblos análisis e información congruentes con los hechos. Es menester preguntarse en las asambleas populares sobre la construcción de concesos, en acciones estratégicas para la defensa; pero, también para la conformación de la gobernanza de los pueblos.

Leer más: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/prepararse-para-defender-la-patria-grande-de-abya-yala/

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