Paradojas políticas

Paradojas políticas

Cuando la realidad se reduce al tamaño de los prejuicios

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

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En las sociedades modernas, institucionalizadas, abundan y preponderan las “ideologías”, que son imaginarios, expuestos en discursos, que dan presencia a los fetichismos de toda clase. Hablamos de la cosificación generalizada, como manifestación de este fenómeno reductivo; primero, del mundo efectivo al mundo de las representaciones; después, del mundo de las representaciones a los esquematismos dualistas, que no hacen otra cosa que reproducir conservadurismos recalcitrantes. Las gentes, las clases sociales, los grupos y estratos atrapados en estas redes “ideológicas”, consideran que la realidad es eso, esa imagen constreñida a sus prejuicios. Están lejos de sospechar que la realidad efectiva es complejidad dinámica, abismalmente distinta a sus “ideologías”.

 

Las más conservadoras de estas “ideologías” descalifican, de entrada, cualquier sugerencia distinta sobre la realidad, incluso de aquellas que, desde el pragmatismo restringido, puede desplazarse en términos de adaptación, a los movimientos de la realidad, a las coyunturas cambiantes. Los sujetos de este discurso conservador, en pleno sentido de la palabra, no solamente como concepción conservadora del mundo, sino como actitud y práctica conservadora, que, incluso, el propio discurso conservador teórico les puede resultar utópico, odian toda hipótesis interpretativa que les resulte extraña, alejada de sus prejuicios. Esta es la gente que apoya las salidas más autoritarias de las posiciones conservadoras, las dictaduras militares. Sin embargo, aquí la incoherencia, rechazan apasionadamente el autoritarismo de “izquierda”. Es cuando consideran a éste como dictadura.

 

Estos conservadores rudos son pues distintos, en la gama de posiciones conservadoras, a los demócratas liberales, quienes, defienden la institucionalidad de la democracia formal, vale decir, del Estado de derecho. Si hacemos un boceto, un tanto esquemático, del mapa de posiciones conservadoras, podemos observar que los demócratas liberales, al defender la institucionalidad y la ley, también critican a las dictaduras militares, así como a los “totalitarismos” de “izquierda”, que es como califican a los gobiernos estatalistas, de carácter populista, progresista, nacionalista, incluso a los gobiernos que emplean políticas keynesianas.

 

Entre los conservadores de choque, por así decirlo, que son los conservadores que reducen la realidad al tamaño de sus prejuicios; aclarando que se trata de prejuicios del sentido común conservador. Lo que no ocurre necesariamente con los otros conservadores; por ejemplo, los conservadores teóricos, que elaboran interpretaciones más sofisticadas de sus prejuicios, abriendo como el camino a la utopía conservadora, que no obvia la posibilidad del bienestar, por el camino del buen patriarca o de la buena institución tradicional. Oro ejemplo, los liberales, quienes, si bien, también parten de prejuicios, son otros, vinculados a la institucionalidad, a las normas, a las leyes; elaborando una concepción jurídica de la realidad. Si bien, en este caso, se puede decir, que no hay utopía, propiamente dicha, sino, mas bien, punto medio, de equilibrio, de todas maneras abren la posibilidad de resolver los problemas sociales y políticos, por la vía de las compensaciones y los equilibrios. Muy distintos de estos conservadores, los conservadores rudos, cuyos prejuicios son elementales, cierran toda posibilidad, muy lejos de alguna utopía conservadora, distantes de los equilibrios, las compensaciones, los puntos medios. Su rudeza opta por la crudeza de una realidad aterida a la inmovilidad de lo que hay o creen que hay, que no es más que el mundo violento, desigual, jerárquico, donde se tienen que aceptar los estrechos condicionamientos de la mezquindad individual.

 

Esbozando un poco más, este mapa político, de las posiciones y concepciones conservadoras, reducidas esquemáticamente a tres, para ilustrar, se puede decir que la utopía conservadora tiende a prometer utopías religiosas; que el equilibrio liberal tiende a proyectar una equilibración social, por medio de intervención institucional y de políticas compensatoria. En cambio, el conservadurismo rudo, tiende a cerrar opciones, utopías conservadoras, proyecciones compensatorias, y tiende a suscitar concepciones y posiciones fascistas.

 

No es pues un mapa político homogéneo el del conservadurismo; las posiciones conservadoras no son las mismas, tampoco, políticamente, tienen la misma proyección. Es un absurdo, por parte de la “izquierda” militante, autoproclamada de “revolucionaria”, el considerar que se trata de una lucha taxativa con una “derecha”, que al final de cuentas es la misma. Este punto de vista es también, no solamente esquemático y simple, sino conservador. Una “izquierda” que no es capaz de observar los detalles, las diferencias, sobre todo la pluralidad, es una “izquierda” conservadora porque tiene una concepción monolítica del mundo.

 

Del lado de la “izquierda” también encontramos, si se quiere, para compararlas, estas posiciones diferenciadas, que identificamos en la “derecha”. Hay una “izquierda” ruda, que reduce la lucha social al estrecho margen de los prejuicios del sentido común cotidiano. Para expresar esta posición de una manera ilustrativa, diéremos que esta “izquierda” piensa que de lo que se trata es de darle la vuelta a la tortilla; es decir, que se ocupe el lugar de las élites, de los dominantes, de los amos. Como este espacio es estrecho, no caben todos, la élite que se forma, es la élite de los que representan a los pobres; élite que se hace rica, que deja a los pobres como son, pobres. Se podría decir que esta élite de “izquierda”, estos nuevos ricos, consideran que su riqueza también representa la riqueza de los pobres, así como ellos representan al pueblo oprimido.

 

Como bien conocemos, hay una “izquierda” utópica, con todas sus variantes. Una “izquierda” que apuesta a los principios, al programa, al proyecto, al socialismo, como sociedad sin clases. Esta “izquierda” se caracteriza por expresar y dar movimiento a un romanticismo, que impregna sus discursos y sus acciones. Quizás podamos encontrar en esta “izquierda” consecuencia, que no la tiene la “izquierda” pragmática. Llamemos a la otra “izquierda”, simétrica a la “derecha” liberal, manteniendo nuestra comparación, de “izquierda” reformista, en pleno sentido de la palabra. Esta “izquierda” tiende a usar la institucionalidad para transformar, tomando en serio la institucionalidad; no como lo hace la “izquierda” ruda, que usa las instituciones para desplegar una economía política del chantaje.

 

Esbozando este mapa político esquemático de las posiciones de la “izquierda”, se puede decir que la “izquierda” romántica ha donado actos heroicos, sacrificios, derroches corporales a la causa revolucionaria. La “izquierda” reformista ha incursionado reformas, en periodos de ciclos medios, incluso largos, que han terminado de producir desplazamientos en las instituciones y en las leyes, por lo tanto, en el Estado de derecho, convirtiéndolo en un Estado de bienestar. En cambio, la “izquierda” ruda a derivado, generalmente, a ocasionar desmesuradas violencias, corroer las instituciones, desvalorizar el proyecto socialista, derivar en élites despóticas.

 

Teniendo en cuenta estos mapas políticos, de “derechas” y de “izquierdas”, llama la atención un fenómeno, que no solo parece analogía, en las formas, sino en las consecuencias políticas.  La “derecha” ruda y la “izquierda” ruda comparten el apego y la inclinación a la violencia desmesurada, a la reducción de la realidad a los prejuicios elementales, y a desatar regímenes basados en la economía política del chantaje. No es pues casual, que en las historias políticas de la modernidad, los fascismos se hayan alimentado de una mezcla barroca de gente que viene de conservadurismos rudos y de aparentes progresismos rudos; no es casual que hombres del conservadurismo duro se hayan terminado de asimilar a los regímenes del Estado policial de los socialismos reales. Esta interjección de aparentes enemigos tiene que ser analizada.

 

De ninguna manera se sugiere que las “derechas” e “izquierdas” son lo mismo, ni que se parecen en forma, contenido, expresión, sentido, direcciones, proyecciones; sino, que las analogías en las formas deben ser interpretadas y analizadas críticamente. Que el análisis debe ayudar a comprender el círculo vicioso del poder, en el que se halla entrampada la “izquierda”.

Leer más: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/paradojas-politicas/

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