Imaginarios y prácticas

Imaginarios y prácticas

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

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Una pregunta de inicio: ¿Qué es lo prepondera, los imaginarios o las prácticas? Pregunta fundamental, por cierto. Antes de entrar al análisis de la misma pregunta y de su pertinencia, vamos a tomar la pregunta tal como se enuncia. Si fuese lo primero, es decir, los imaginarios los que preponderan, entonces, asistiríamos a un mundo movido por lo imaginario, por la trama de las representaciones, por las “ideologías”. ¿Pero, un mundo imaginario, que incide en la realidad, de ese modo, por voluntades y prácticas, investidas de las representaciones portadas, qué tiene de efectivo, en el sentido de su realización material? De todas maneras, las acciones humanas, motivadas por las representaciones, inciden en el mundo efectivo, ocasionando efectos masivos, que dan lugar a moldeados del mundo, aunque estos efectos, la forma que adquiere el mundo, no sean controlados por las sociedades. Entonces, las sociedades desencadenan efectos, consecuencias, situaciones, incluso globales, no controladas.

 

Por otra parte, si son las prácticas las que preponderan; en otras palabras, si es la experiencia social la que orienta, incluso incidiendo en la transformación de los imaginarios, de las tramas representativas, de las “ideologías”, entonces, asistiríamos a mundo movido por aprendizajes de experiencias sociales; aprendizajes que ayudan a mejorar las condiciones de posibilidad, a resolver no solo problemas, sino también errores cometidos. En este caso, teóricamente, estamos próximos a un control de los efectos desencadenados por las prácticas. ¿Pero, se da efectivamente un mundo así? Cuando los datos más bien nos muestran la permanencia de las representaciones, la fijación de las “ideologías”, que ancla a las sociedades, sobre todo a sus instituciones, en anacronismos conservadores.

 

Una evaluación de las historias sociales, políticas y económicas, de las sociedades modernas, se inclina a sugerir que la tendencia, que parece de peso en la incidencia, en la orientación de las prácticas, es la de los imaginarios. Sin que esto quiera decir que tenga una preponderancia absoluta, incluso preponderancia a secas, en ciertos periodos. Sin embargo, las historias singulares también nos muestran que se dan lapsos, en las sociedades, donde se cuestiona la veracidad de las tramas representativas, de las “ideologías” afincadas institucionalmente. Es cuando las ideas anacrónicas, que no dan cuenta de lo que ocurre, de las problemáticas desafiantes, son desechadas, puestas como en museos, archivadas como documentos históricos. Por lo tanto, no se puede hablar de preponderancia, en un caso u otro.

 

Lo que parece darse, tomando en cuenta, solo estas figuras, pues hay otras, como en el medio, para decirlo ilustrativamente, son juegos de combinaciones entre los imaginarios y las prácticas, las “ideologías” y las experiencias sociales. La experiencia social no genera inductivamente representaciones; primero, descriptivas; después, interpretativas; para derivar en explicativas. No es del silencio que se llega al sonido, no es desde la espesura de las experiencias incrustadas en el cuerpo, que emerge un conocimiento puro. Esto es un supuesto empirista demasiado simple, demasiado inductivo, por así decirlo, que no explica como sucede esto. Solo lo supone. De los cuerpos sociales de los que hablamos, tanto de cuerpos colectivos como de cuerpos individuales, éstos no nacen en la desnudez de la naturaleza, por así decirlo, usando una metáfora moderna, con la que no estamos de acuerdo. Como decía Emile Benveniste se nace en el lenguaje y desde el lenguaje se nombra al mundo; se nace en la cultura y desde la cultura se simboliza al mundo; se le otorga un contenido alegórico. Por lo tanto, los imaginarios, las representaciones, las “ideologías”, son instrumentos que coadyuvan en la interpretación de las experiencias.

 

Aunque no estamos de acuerdo con esa separación binaria ente naturaleza y cultura, separación que forma parte de la episteme moderna, la vamos a usar, para ilustrar. Acordémonos, que el pensamiento complejo hereda un lenguaje, que no puede cambiarlo a su antojo; lo que puede hacer es usarlo como ámbitos metafóricos, puede deconstruir sus entramados, y con este trabajo de topo no solo renovar el lenguaje, sino transformarlo; a la larga inventar lenguajes que sean adecuados a la perspectiva de la complejidad.

 

Las condiciones de posibilidad dadas de la cultura, en un momento determinado, en un contexto dado, inciden en la misma experiencia social, incluso en la misma experiencia individual. Si bien la experiencia percibe inmediatamente los fenómenos, que afectan al cuerpo, la percepción no es registro mudo y sin imágenes; al contrario, se trata de experiencias asumidas, inmediatamente, desde imaginarios que forman parte de la sociedad misa. Se trata de experiencias a las que se les atribuye nombres, sobre todo, tramas de narrativas colectivas, de mitos heredados. De experiencias que adquieren no solo el espesor transmitido por los sentidos, sino el espesor simbólico. Es más, cuando heredamos teorías, las experiencias adquieren las lógicas que las teorías suponen.

 

No es tanto que los imaginarios y las experiencias se mezclan, sino que no hay experiencia social sin dinámica de imaginarios. Tampoco se puede hablar de imaginarios y de prácticas como entidades autónomas; los imaginarios se activan precisamente por la experiencia social. Entonces, debemos hablar de un bloque, por así decirlo, de una articulación inmediata de imaginarios y prácticas. Los fenómenos a los que asistimos tienen el carácter de experiencia-imaginaria, así como de imaginación-en-experiencia. Se trata entonces, de una composición compleja, que adquiere su singularidad por sus combinaciones específicas. En la modernidad se ha tomado a la imaginación, con todas sus formas “evolucionadas”, usando esta metáfora, y a la experiencia, como entidades separadas como si se efectuaran autónomamente, cada una. Puede que esta conjetura, metodológica, en el mejor sentido, haya ayudado a armar teorías explicativas, sobre todo, ayudado, en las condiciones de las primeras etapas de la modernidad, a desarrollar investigaciones analíticas. Sin embargo, en la medida que se llegó a un entendimiento más detallado de estos fenómenos, ya se miren por el lado empírico o se miren por el lado teórico, las teorías logradas se enfrentaron a la complejidad, sinónimo de realidad. Cuando llegaron a este punto, retrocedieron aterradas, defendiéndose ante lo que consideran caos, desde la perspectiva de los esquematismos dualistas. Optaron, mas bien, por reafirmar sus ateridos esquematismos dualistas, en versiones, cada vez más especulativas; se podría decir, cada vez más “ideológicas”. Esta es la etapa conservadora, reaccionaria y anacrónica de la episteme moderna.

 

El pensamiento complejo se abre espacios desbrozando estas enredadas defensas de una epistemología anacrónica; empero; celosa y empedernida. Incluso, ahora, en esta actualidad, lo preponderante, incluso en las universidades, es el prejuicio soterrado de la epistemología esquemática de los dualismos.

 

En este sentido, las universidades se han convertido, en los dispositivos conservadores de la reproducción institucionalizada de la “ideología” epistemológica dualista, pretendida científica. Son las instituciones de defensa de los prejuicios interpretativos del Estado, frente a los claros desbordes de fenómenos complejos, que se hacen presentes. Pues no se puede ocultar lo que acaece, debido al creciente manejo y acumulación de la información, a la erudición histórica y de teorías, ante la experiencia social acumulada.

 

Volviendo al tema, la interpretación hipotética, emitida por nosotros, desde la perspectiva de la complejidad, es que estamos ante fenómenos complejos, que combinan, por así decirlo, facultad imaginaria con facultad receptiva y activa práctica. Lo que se da es esta compleja dinámica, no una composición, posterior, de entidades, supuestamente separadas. Otra vez, se trata de la simultaneidad dinámica de fenómenos complejos.

 

Se trata de interacciones del cuerpo con otros cuerpos, que se hacen presentes, a través de la experiencia. Los cuerpos no se afectan, por partes, como ordenes clasificadas, según separaciones abstractas. Los cuerpos actúan en toda su integridad; así también son afectados integralmente. La capacidad de imaginación ya se halla inscrita en la dinámica de la vida misma. Es esta capacidad la que adquiere formas particulares en las sociedades humanas, formas que tienen que ver con el lenguaje y la cultura. El cuerpo también contiene la capacidad de memoria sensible, como toda forma de vida; capacidad que le permite recibir información, además decodificarla biológicamente, a través de sensaciones integradas como percepción. El cuerpo es una máquina orgánica, por así decirlo, de concebir mundos; mundos creados por acciones integrales sociales, mundos que constituyen a subjetividades mundanas de las sociedades.

 

Considerando estos devenires, no se puede sostener un conocimiento verdadero, un conocimiento científico, salvo si consideramos este concepto metodológicamente.  Los conocimientos logrados son instrumentos provisionales, que orientan las acciones, en un momento y contexto determinados. Si estos instrumentos dejan de ser provisionales, y se convierten en verdades, incluso científicas, entonces se vuelven obstáculos epistemológicos, en el sentido que le daba Gaston Bachelard. Impiden ver, impiden comprender, así como impiden conocer. Es cuando el discurso pretendidamente científico, sobre todo, en sus versiones teóricas, se vuelve reiterativo, repetitivo, expresando lo mismo en distintas versiones. Ya no aporta al conocimiento, mas bien, lo detiene, absorbiendo todo lo que contiene, hasta dejarlo seco. Incluso, cuando es solo pellejo, sigue insistiendo con el fantasma desprendido, una vez que efectivamente ha muerto el paradigma.

 

Si hubo una etapa, en la modernidad, aperturante de las ciencias y las tecnologías, desencadenando transformaciones en las estructuras sociales, a partir de un determinado momento, punto de inflexión, las ciencias y las tecnologías fueron atrapados por las estructuras de una sociedad institucionalizada, sobre todo, por su institución imaginaria de la sociedad, el Estado. Se puede decir, que desde un momento del siglo XX hasta la actualidad, ingresando a la segunda década del siglo XXI, las ciencias y las tecnologías están inhibidas, encajonadas, convertidas en instrumentos restringidos al servicio de la acumulación de capital. No dan, de sí, todas las posibilidades que contienen.

 

En este sentido, los imaginarios de la modernidad tardía, tienden a cierta preponderancia relativa, que incide en la desorientación de las prácticas sociales, arrastrando a las sociedades a sufrir los efectos destructivos de sus propias acciones y prácticas. El mundo que se construye es un mundo despojado de sus capacidades vitales, un mundo desposeído de sus voluntades creativas; se construye un mundo vaciado, ahuecado, encaminado a su propia muerte.

Leer más: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/imaginarios-y-practicas/

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