Remolinos de la crisis política

Remolinos de la crisis política

Aproximaciones al análisis de la crisis política e institucional de Brasil

 

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Remolinos de la crisis política

 

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La clase política tiene sus referencias en la coyuntura, como si fuese el ojo de la tormenta; extendiendo un poco, el momento político. Se puede decir que, la extensión de las referencias llega, en el mejor de los casos, a ampliarse en el presente dilatado, como historia reciente[1]. No alcanza a extender sus referencias en el mediano plazo, menos en el largo plazo. No hablamos de la memoria corta, la memoria mediana y la memoria larga, que no se asemejan a la referencia corta, referencia mediana y referencia larga; pues la memoria corta supone la memoria mediana y la memoria larga; incluso activa a éstas, las hace presentes.

 

En Brasil, los partidos conservadores, catalogados de “derecha”, ya sean de “centro derecha” o de “derecha” a secas, solo tienen en mente la coyuntura crítica del gobierno de Dilma Rousseff. Pueden ampliar sus referencias a las gestiones de gobierno del PT; muy difícilmente llegan a visualizar, definiendo sus referencias, en la historia reciente. Mucho menos se trata del ciclo mediano de la historia; es ya imposible que lo hagan en los ciclos de estructuras de larga duración de la historia. Acusan al gobierno de Roussef de corrupción; empero, se refieren a préstamos de bancos públicos, efectuados por el gobierno, para cubrir huecos en el presupuesto o para equilibrarlo. El juicio propuesto y aprobado por la cámara de diputados a la presidenta Dilma Rousseff se basa en esta acusación, que no es exactamente corrupción, sino por una interpretación capciosa y manipulada técnicamente. La acusación, monitoreada y orientada por el presidente de la cámara de diputados, Eduardo Cunha, viene de alguien acusado por la fiscalía por corrupción, en uno de los casos escandalosos que involucra a PETROBRAS. Al final, acusación apoyada, nada más ni nada menos por el vicepresidente del gobierno, Michel Temer, que si prospera la aprobación de la cámara de diputados en la cámara de senadores, sería virtual presidente, sustituyendo a la probable destituida Rousseff[2].

 

Como puede verse, los acusadores no son trigo limpio; mas bien, conocen muy bien estos recovecos de la economía política del chantaje, de la corrosión institucional y de la corrupción. El problema es que el gobierno progresista no ha escapado a esta herencia del poder, que conecta las formas del poder institucional con las formas del poder paralelas, las formas del poder luminoso con las formas del lado oscuro del poder. El poder funciona efectivamente de esta manera; creer que puede funcionar solo contando con el lado luminoso e institucional del poder, no solo es una muestra patética de candidez, sino desconocer la historia política. Lo que no deja de asombrar es que el gobierno progresista, lo haga, caiga en esta gravitación de las formas coaligadas del poder efectivo, de manera más extendida y en el caso, con las magnitudes de ingresos de la economía de una potencia emergente, es decir, en escalas mayores.

 

Los escándalos de corrupción develados, en relación a PETROBAS, comprometen a “izquierda” y “derecha”, a gente de peso del gobierno progresista y de los gobiernos neoliberales. Nadie escapa a este síndrome de la economía política del chantaje. No es casual que la acusación se haya detenido en el tecnicismo del manejo de fondos públicos, prestamos anticipados, de parte del gobierno, y no se haya ahondado en la investigación de los diagramas de la corrupción; pues, en esto están comprometidos todos. En consecuencia, la aprobación de impeachment, impedimento, por parte de la cámara de diputados, puede ser legal, por el tecnicismo jurídico, pero, no es honesta.  Solo toma un problema, por cierto, sujeto a interpelación; sin embargo, no considera la problemática mayor, la economía política del chantaje, de la corrosión institucional y la corrupción.  Estos espacios matriciales de la crisis institucional y de la crisis política, son tabús para la clase política.

La víctima no es exactamente la presidenta y su gobierno, tal como interpreta la “izquierda” institucionalizada de América Latina, que hace gala de su apego al mito patriarcal del caudillo, y muestra patentemente su anacronismo “ideológico”. Anacronismo imaginario aterido, anclado en las glorias de revoluciones pasadas, que le sirven de escusas para sus pragmatismos presentes, que no salen de un reformismo timorato. Usando la metáfora de la víctima, la víctima es el pueblo brasilero, expoliado por la oligarquía de café con leche, sometido por las dictaduras militares, despojado y desposeído por los gobiernos neoliberales y escamoteado por los gobiernos progresistas. Estos últimos, que eran la expectativa del pueblo, que votó por el PT, consecutivamente, otorgándole la mayoría, que se los consideró esperanza en la perspectiva de lograr la transformación estructural e institucional de Brasil, después de iniciar el proceso de cambio, se estancaron, en un momento, llegando a un punto de inflexión, donde comenzaron la regresión, restaurando las viejas prácticas; conformando nuevas élites, nuevos ricos, engrosando con dirigencias sindicales a la renovada burguesía.

 

Lo calamitoso de la situación, como ocurre con los otros gobiernos progresistas de Sud América, es que estos gobiernos y sus diletantismos terminan destruyendo la capacidad de organización, de resistencia y de lucha de los movimientos sociales anti-sistémicos. Entonces, cuando llega la crisis, el pueblo, las mayorías, las multitudes, quedan desarmadas, desmoralizadas y abatidas, dejando la iniciativa a las conocidas “derechas”, tan crápulas como de quienes se esperó otros comportamientos y conductas políticas.   Pareciera que la historia se repite, como en círculos viciosos; el comentario incauto habla hasta de la simple figura del péndulo; esto es de la rutina de pasar de gobiernos progresistas a gobiernos conservadores, y viceversa. Pero, no es tan así, salvo en lo que respecta a las revoluciones, las inaugurales, que se presentan como tragedias o, si se quiere, mejor, como gastos heroicos; en cambio, las segundas y las siguientes, se presentan como comedias o, si se quiere, como simulaciones, como ahorros de gastos heroicos, como pragmatismos oportunistas. Lo que parece más bien ocurrir, es la degradante marcha de la decadencia de la clase política, de los gobiernos, del Estado.

 

Obviamente, que si viene un gobierno conservador, sea de “centro derecha” o de “derecha” a secas, no es, de ninguna manera, una solución a la crisis, sino todo lo contrario, un ahondamiento de la crisis. Esto no quiere decir, que hay que defender, sin miramientos, al gobierno progresista, como propone la “izquierda” oficialista de América Latina, pues esto es seguir el rumbo de la crisis por los caminos de la auto-contemplación “ideológica” y el autoengaño, arrastrando en el desastre a los pueblos. ¿Dónde está la salida? ¿Hay salida?

 

La trampa de las revoluciones, que corresponden al gasto heroico de las multitudes, es que no salieron del círculo vicioso del poder, creyendo que el poder es un instrumento neutral, utilizable para las transformaciones. Exagerando, lo único que se transformó fueron los “revolucionarios” y su partido, en el gobierno; sufriendo una metamorfosis extraña. Se fueron convirtiendo, poco a poco, en algunos casos abruptamente, en la nueva élite dominante, usufructuando el poder a nombre del proletariado, a nombre del pueblo, a nombre de los oprimidos y las subalternas. Ejerciendo el poder, incluso contra el proletariado y el pueblo, que según la “ideología” oficial, le faltaba formación o estaba contaminado por la “ideología” burguesa y la “propaganda imperialista”. Los gobiernos progresistas del siglo XXI han repetido esta increíble y triste historia, solo que de una manera más histriónica, más mezquina.

 

La situación de la álgida coyuntura parece un callejón sin salida. Sin embargo, no es efectivamente así, pues anida en las constelaciones corporales de los pueblos la potencia social; sólo que se halla inhibida, en parte, capturada por las mallas institucionales del Estado y, ahora, por las redes de la demagogia populista o reformista. ¿Cuáles son las condiciones de posibilidad históricas-políticas-culturales para que la potencia social se libere?

 

Sin pretender lanzar ninguna fórmula, sino sugiriendo hipotéticamente tópicos estratégicos sobre la mesa de debate activista, proponemos lo siguiente:

 

En primer lugar, siguiendo esta interpretación, es menester salir del círculo vicioso del poder. Las emancipaciones y liberaciones múltiples no son realizables dentro de este círculo repetitivo, salvo como simulación; es menester desmantelar las máquinas fabulosas del poder. Así como es indispensable de-construir las formaciones discursivas de las “ideologías”.  En segundo lugar, es urgente la pedagogía política de las multitudes, sobre la base de las propias experiencias sociales y la recuperación reflexiva del tiempo perdido, activando críticamente las memorias sociales. En tercer lugar, es necesario componer y conformar formas de organización social auto-determinantes y autogestionarias, que se proyecten como autogobiernos. Hacer posible y realizable la democracia, que no puede ser sino radical, y en el ejercicio de autogobiernos. En cuarto lugar, acabar con el mito de las fronteras nacionales de los estados y republicas, inventadas por las oligarquías. La Confederación de Autogobiernos de los Pueblos se presenta como el horizonte político nómada – político en sentido ampliado – del desenvolvimiento de la potencia social a escala mundial.

 

 

 

 

 

 

[1] Ver de Raúl Prada Alcoreza Gramatología del Acontecimiento. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-2015. Amazon: https://kdp.amazon.com/dashboard?ref_=kdp_RP_PUB_savepub. http://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/estadonacion.  

[2] Ver Apuntes sobre la crisis política de Brasil. Dinámicas moleculares; La Paz 2016. También en https://pradaraul.wordpress.com/2016/03/19/apuntes-sobre-la-crisis-politica-de-brasil/.

 

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