Trama, acontecimiento y crisis II

Trama, acontecimiento y crisis II

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Trama, acontecimiento y crisis II

 

 

 

 

 

 

 

Índice:

 

El acontecimiento novela                                                                             

Geografía emancipadora versus geopolítica

La agonía de la noche                                                              

Acontecimiento y narración

Luz en el túnel                                                                       

El capitalismo moral de la burguesía sindical                                         

Sistema-región capitalista                                                                           

El capitalismo multicolor, camaleón                                                         

Geopolítica de captura de los ciclos vitales

Capitalismo camaleón                                                           

Caracterizaciones y descripciones

Los gobiernos progresistas en su laberinto                       

Balance y horizontes

Encrucijadas de los gobiernos progresistas                      

El ciclo de los gobiernos progresistas                                   

Crisis política

Apuntes sobre la crisis política de Brasil                           

Remolinos de la crisis política                                            

Aproximaciones al análisis de la crisis política

e institucional de Brasil    

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Prologo

 

(En el segundo tomo de Trama, acontecimiento y crisis, repetimos el prólogo).

 

Considerando la gravedad de la crisis política en Brasil, hemos armado un libro, titulado Trama, acontecimiento y crisis. Este ensayo está compuesto porGramatología del acontecimiento, que es el texto que corresponde al análisis e interpretación del Acontecimiento Brasil. Hemos tomado alguna parte del ensayoAcontecimiento político; precisamente la parte que corresponde a los gobiernos progresistas y, particularmente, a caracterizaciones y descripciones del gobierno progresista de Brasil. También hemos incluido dos textos recientes de análisis de lacrisis política del Brasil.

 

El ensayo Trama, acontecimiento y crisis, está compuesto de cuatro partes:Gramatología del acontecimiento, Caracterizaciones y descripciones, Balances y horizontes, y Crisis política. En el ensayo que presentamos, pretende ser crítico, analítico e interpretativo, de los llamados “procesos de cambio”, de los denominados “gobiernos progresistas”, en los contextos de sus profundas contradicciones. Buscando la explicación de la crisis política, que los coloca en el ojo de la tormenta, en su vinculación y ubicación en la geopolítica del sistema-mundo capitalista; combinándose estas vinculaciones con las singulares genealogías del poder, regionales, nacionales y locales. Apoyándonos en evaluaciones ycomparaciones históricas, sobre todo, de las historias políticas singulares. Así como de las continuidades y diferencias entre formas parecidas de gubernamentalidad y equivalentes en “ideología”. No solamente entre los “gobiernos progresistas” de lahistoria reciente, sino entre cada uno de estos gobiernos y su pasado populista.

 

Desde que iniciamos el balance crítico de los “gobiernos progresistas” y de los “procesos de cambio”, en los que están insertos, buscamos otras perspectivas de la crítica, del análisis, de la interpretación y del activismo. Pues consideramos necesario producir desplazamientos epistemológicos y políticos, incluso, si se puede,rupturas epistemológicas y de esquemas de comportamiento político; después de lasexperiencias de los procesos constituyentes, después de los primeros síntomas de lacrisis política y de legitimidad; sobre todo, después de vislumbrarse la repetición de anteriores historias políticas, como corroborando la interpretación de Marx: la historia se repite dos veces, una como tragedia y otra como farsa.

La crisis política brasilera, que consideramos, como las otras crisis políticas, no solamente de los “gobiernos progresistas”, sino de los gobiernos neoliberales, crisis múltiple del Estado-nación, es no solamente profunda, contradictoria, en lacomplejidad de la formación económico-social-cultural brasilera, sino grave. Estamos no solamente ante el cierre del ciclo de los “gobiernos progresistas”; lo que no quiere decir que los gobiernos neoliberales retornen, con la comodidad con la que entraron, en el contexto de la crisis “ideológica y política”, dada por el derrumbe de los estados del socialismo real de la Europa oriental. Aquí también podemos aplicar esa apreciación, que parece una condena histórica, de que la historia se repite dos veces; empero, una como drama y otra como comedia. En todo caso, si vuelven, como parece que pasa en algunos países de Sud América, donde perdieron las elecciones los neo-populistas, lo hacen y lo harían en condiciones vulnerables, débiles. Y, en vez, como prometen, salir de la crisis económica e institucional,supuestamente provocada por los “gobiernos progresistas”, son y serán parte delahondamiento de la crisis múltiple del Estado-nación. Las recientes expresiones neoliberales, muestran patentemente, que nada han aprendido. Pretenden, como no hubiera pasada agua bajo el puente, aplicar las mismas recetas que aplicaron antes, cuando entraron al gobierno galopando. Medidas de ajuste estructural, que provocaron la expansión de la crisis social, que derivó en la crisis política y, posteriormente, en su caída.  Medidas privatizadoras, recetas simples de cajero, como las trasnochadas tesis del equilibrio económico, el equilibrio macro-económico y de los balances. Medidas esquemáticas, abstractas, ilusas, suponiendo que el mundo se reduce a lo aprendido en el aula de la universidad; se reduce a los cuadros de comportamientos de la oferta y la demanda. Esta pobreza teórica, analítica e incluso cuantitativa, pues utilizan la parte más simple de la estadística, la más aritmética, es cubierta apenas por el barniz de discursos altisonantes, pretendidamente técnicos y adecuados. Son las mismas recetas que ahora han puesto al borde del abismo a la economía europea, extendiéndose la crisis financieraa Estados Unidos de Norte América y otros países, incluyendo a los llamados BRICS, las potencias emergentes. En este contexto, más vulnerable, de hegemonía y dominio mundial del capitalismo financiero, que ha convertido al funcionamiento capitalista en un capitalismo especulativo, la situación de estos gobiernos, que proclaman la austeridad, es mucho más vulnerable y expuesta que antes. Al parecer, serán estos retornos neoliberales, provisionales, cortos, amargos, devastando la crisis política y económica a aturdidos gobernantes, anacrónicos, ateridos en conservadurismos reaccionarios recalcitrantes.

 

Volviendo a la crisis política, de legitimación y económica de Brasil, estamos ante unresquebrajamiento de la malla institucional de la República Federativa del Estado-nación brasilero. Ante un desmoronamiento de las “ideologías”, que han adormecido al pueblo, a las sociedades vitales, alterativas ycreativas de conglomerados sociales multiculturales, mestizos, afros y nativos. El cierre de ciclo, entonces, no es solo de los “gobiernos progresistas”, sino del ciclo largo, de lasestructuras de larga duración, del Estado.

 

Por eso es importante, detenerse en el análisis crítico e interpretación de esta crisis singular, la de una potencia emergente. Si bien, ahora, con la presentación de este ensayo, no tenemos algo nuevo sobre el tema, pues hemos armado el texto a partir de otros ensayos compilados; que, sin embargo, no pierden actualidad. Es menester meditar, reflexionar, airearse en los sucesos y sus consecuencias, antes de volver a analizar y escribir sobre el tema.  En consecuencia, publicamos este ensayo, proponiendo el debate, no desde paradigmas anacrónicos, desde el dualismo esquemático de la concepción de lo político y la política de amigo/enemigo, que no es otra cosa, que la mutación discursiva, del antiguo esquematismo religioso defiel/infiel; sino desde perspectivas correspondientes a los desplazamientos y rupturas epistemológicas dadas desde el siglo XX. Nosotros decimos, desde la perspectiva de la episteme compleja.

 

 

 

 

El acontecimiento novela

 

 

 

 

Dedicado a Camila Moreno, intelectual crítica, activista apasionada, defensora de la vida, de la madre tierra.

 

 

 

A diferencia del acontecimiento poético[1], el acontecimiento novela, que también forma parte de la fenomenología de la percepción[2], de esta integración inmediata de las sensaciones y la razón integrada al tejido inmanente del cuerpo, no es el estallido convulsionado de las sensaciones, sino un fluido tejido de sensaciones conectadas, de alegoría imaginarias, de intuiciones empíricas, que construyen tramas; es decir narrativas que cobijan desenlaces. No son conceptos los que utiliza la novela como hilos de los tejidos, sino experiencias profundas, memorias conmovedoras, recogidas en personajes, figuras pasionales, espesores de relaciones. La novela está más acá, respecto de la experiencia social, en tanto que las ciencias sociales están más allá, del mismo referente. La novela trabaja dramas, configura tramas, trabaja pasiones, sensaciones, experiencias singulares, en tanto que las ciencias sociales trabajan relaciones abstractas, estructuras hipotéticas, que pretenden representar estructuras “reales”. La novela se constituye en una intuición narrativa del mundo, en tanto que las ciencias sociales se constituyen en teorías sobre el mundo. La ventaja de la novela, en lo que respecta a la comprensión, mejor dicho a la intuición del mundo, es que se encuentra cerca de los espesores de la experiencia, en tanto que las ciencias sociales han reducido la experiencia a matrices de datos; al hacerlo, han perdido el con-tacto con los espesores y dinámicas constitutivas del mundo.

 

Claro que se trata de composiciones distintas; mientras las ciencias sociales buscan explicar, encontrar las causas y su relación con los efectos, conjeturan reglas inherentes a los procesos, incluso llegan a hablar de leyes; la novela forma parte de la memoria social y de la experiencia social, configura tramas como parte de las manifestaciones creativas, así como se componen poemas, canciones, así como se pintan cuadros, así como se danza. La novela forma parte de las expresiones vitales de la sociedad; en cambio la ciencia social pretende conocimiento. Sin embargo, precisamente por la proximidad de la narrativa de la novela a la experiencia y a la memoria social, a los espesores de las percepciones, contiene información primordial, en la constelación de su formación. Información vinculada a las composiciones singulares de las dinámicas concretas sociales, de los lugares, de los territorios, de los nombres, sobre todo de los cuerpos en su devenir. Estas atribuciones inherentes convierten a la novela en no solamente tramas escritas que pueden leerse placenteramente, sino en inscripción de tramas, que nos enseñan los “secretos” de la vida en la forma condensada de sus dramas, de sus tragedias, también de sus irradiantes realizaciones.

Jorge Amado es uno de los novelistas más sugerentes en las descripciones alegóricas de historias singulares, las que entrelazadas terminan contándonos sobre acontecimientos territoriales, locales, regionales, nacionales, condensados en la vida de los personajes, protagonistas que recorren los caminos impresos de la escritura. De entre sus novelas, sobresalen Los subterráneos de la libertad. Novela narrada en tres tomos; Los ásperos tiempos, La agonía de la noche y Luz en el túnel.

Una breve biografía del escritor brasilero Jorge Amado se puede resumir en un trazo secuencial sintético; pero, nunca adecuado para rescatar la intensidad de vida, que llevó a un hombre sensible a transmitir su experiencia en una melodiosa escritura tropical. Nació en la hacienda de Auricídia, ubicada en el municipio de Itabuna, al sur del estado de Bahía. La familia nordestina se trasladó a Ilhéus, localidad situada en el litoral de Bahía. Su trayectoria de vida siguió el desplazamiento de ciudades pequeñas a ciudades grandes; de su aprendizaje primario paso a los siguientes; hizo los estudios secundarios en la ciudad de Salvador. En Salvador comenzó su experiencia periodística, así como su incursión por los caminos de la literatura. Más tarde, por iniciativa suya se fundó la conocidaAcademia de los Rebeldes. Jorge Amado publicó su primera novela, El País del Carnaval, en 1931, cuándo sólo cumplía 18 años. Se casó con Matilde García Rosa, esposa con quien tuvo una hija, llamada Lila, el año 1933, cuando publicó su segunda novela, Cacao. En 1935 se graduó en la Facultad Nacional de Derecho, en Río de Janeiro. Ya profesional, ingresó al Partido Comunista, destacándose como militante activo. Por sus actividades fue perseguido por la represión de los gobiernos oligárquicos, obligándole a exiliarse en Argentina y Uruguay durante los años de 1941 y 1942. Aprovechó el exilio para efectuar un viaje por América Latina. Al regresar a Brasil se separó de Matilde García Rosa.

 

En 1945 Jorge Amado fue electo miembro de la Asamblea Nacional Constituyente como representante del Partido Comunista Brasileño (PCB). Fue a la Asamblea Constituyente como el constituyente más votado del Estado de São Paulo. Una de las leyes que logró hacer aprobar fue la ley sobre la libertad de culto religioso. En ese entonces, se casa con la escritora Zélia Gattai.

 

Nació João Jorge, su primer hijo con Zélia, en 1947, año aciago; el PC fue declarado ilegal; los comunistas fueron considerados enemigos del Estado, desencadenándose su persecución y consecuente encarcelación. Jorge Amado entró en la clandestinidad con todo el Partido Comunista; optó por el exilio a Francia. Radicó en el país galo hasta 1950. Lila, su primera hija, falleció en 1949, acarreándole una pena grande. De Francia pasó a Checoslovaquia; allí radicó entre 1950 y 1952, allí también nació su hija Paloma.

 

Tres años más tarde Jorge Amado retornó a Brasil. No dejó el PC; sin embargo, se distanció de la militancia activa. La literatura se convirtió en su vida. La Academia Brasileña de Letras lo reconoció como uno de sus miembros el 6 de abril de 1961. El escritor Jorge Amado es conocido no solamente en el mundo literario, sino también, como se ha podido ver, en el mundo político, así como también en el mundo académico; recibió el título de Doctor Honoris Causa por diversas universidades. Pero, quizás una de sus más agradables satisfacciones fue la entrega del título de Obá deXangô en la religión Candomblé. El 6 de agosto de 2001, cuando cumpliría 89 años, Jorge Amado murió en la ciudad de Salvador.

 

Jorge Amado tiene una prolífica producción literaria; esto se ve en el itinerario de sus novelas. Como dijimos, la primera es El país del Carnaval (1931), después vieneCacao (1933), le sigue Sudor (1934). Continúan Jubiabá (1935), Mar Muerto (1936),Capitanes de la arena (1937), Tierras del sin fin (1943), San Jorge de los Ilheus (1944),Seara roja (1946), Los subterráneos de la libertad (1954), Gabriela, clavo y canela(1958), Los viejos marineros o El capitán de Ultramar (1961), Los pastores de la noche(1964), Doña Flor y sus dos maridos (1966), Tienda de los milagros (1969), Teresa Batista cansada de guerra (1972), Tieta de Agreste (1977), Uniforme, frac y camisón de dormir (1979), Tocaia grande (1984), La desaparición de la santa (1988) y De cómo los turcos descubrieron América (1994).

 

Considerando las clasificaciones literarias, Jorge Amado es catalogado como “modernista de la segunda fase”. Una revista literaria, en un artículo sobre Literatura brasilera, hace la siguiente nota sobre Jorge Amado, después de caracterizarlo como escritor “modernista de la segunda fase”:

 

En esa búsqueda del hombre brasileño “dispersado por los más lejanos rincones de nuestra tierra”, en las palabras de José Lins do Rego, el regionalismo adquiere una importancia nunca antes alcanzada en la literatura brasileña, llevando al extremo las relaciones del personaje con el medio rural y social. Realce especial merecen los escritores nordestinos que viven el paso de un Nordeste medieval a una nueva realidad capitalista e imperialista. Y, en ese aspecto, el bahiano Jorge Amado es uno de los mejores representantes de la novela brasileña, cuando retrata el drama de la economía del cacao, desde la conquista y uso de la tierra, hasta la transferencia de sus productos a las manos de los exportadores[3].

El problema de estas historias de la literatura, de estas clasificaciones del arte de la escritura, es que parten de bloques, corrientes definidas; que, en gran parte, corresponden a cuadros clasificatorios ya establecidos y acordados universalmente.  El problema no es que lo hagan, pues cualquier clasificación ayuda a orientar, a ubicar, incluso a comparar; pero, esto apenas es un principio, un rayado de la cancha, como se dice. El problema es que incorporan a las novelas, a los novelistas, a las escrituras y tramas, a estos mapas previos. Cuando un novelista se encuentra pre-definido, por ejemplo como “modernista”, como que se supone que ya se tiene parte de sus secretos, parte de las claves, que ayudan a comprender su obra. Se lee entonces al escritor, a su obra, desde una rejilla. Esta es una labor de domesticación de la obra. La misma termina formando parte de un museo, de la tradición literaria de un país. Esta institucionalización de la escritura es su muerte; condenada a descansar en museos, bibliotecas, en referencias, que se transmiten en citas. Se la ha despojado de su rebelión, también de su revelación, de sus conexiones vitales con el mundo que constituye y que constituye también a la obra.  Es difícil aceptar que un escritor, en el sentido de una inscripción pasional hendida en la piel del tejido del papel, como transcripción de la inscripción del mundo en la piel del escritor, haya escrito para que su obra se entierre en bibliotecas, en el campo de la tradición literaria, en la referencia constante de la académica. La novela ha sido escrita para que se la lea, en el sentido de que se vuelva a vivir los entramados de la narración. La novela forma parte de las reinvenciones creativas de la vida. Es una seducción al mundo, que, a su vez, seduce al escritor.

La novela, como la poesía, la música, la pintura, la danza, el arte, la estética, se componen como parte de la memoria sensible de la vida; son manifestaciones de la capacidad creativa de las sociedades. En este sentido, la novela no puede estar separada de los ciclos vitales de la sociedad. La novela no puede convertirse en objeto de estudio, como ha ocurrido en las carreras de literatura. Las ciencias positivas han invadido no solo el campo de las ciencias sociales, sino también el campo de las ciencias humanas; como las ciencias positivas han terminado disecando a las novelas, para estudiarlas. Con estos procedimientos metodológicos las han perdido, a las novelas; solo tienen ante sí textos descuartizados, divididos, de acuerdo a estructuras hermenéuticas formales, o, quizás, de acuerdo a periodos de la vida del novelista. Como todo organismo descuartizado, ya está muerto, sólo tienen del mismo hilachas, fragmentos desparramados, piezas de rompecabezas, para poderlas armar al gusto de alguna teoría interpretativa.

Hay que leer a Jorge Amado para encontrarse con su mundo, con el Brasil vivido, sufrido, amado; hay que encontrar en su novela la memoria sensible del pueblo singular y de la sociedad particular, que fue percibida e interpretada por la vivencia intensa del escritor. Esto equivale a encontrarse con los espesores sensibles de la experiencia, descifrar este mundo desde estos espesores. Vamos a intentar hacerlo en lo que respecta a la novela Los subterráneos de la libertad. Vamos a utilizar esta aproximación, al sentido inmanente de la percepción de la novela, para mejorar el análisis crítico efectuado sobre el acontecimiento Brasil.

 

 

 

Los ásperos tiempos

La primera novela de Los subterráneos de la libertad gira en torno al golpe de Estado de Getúlio Vargas[4].  El golpe, desde su preparación, hasta su llegada y su consolidación, divide las fuerzas, deja claro el antagonismo que atraviesa la sociedad; de un lado, están los que son propietario de cafetales, empresarios, propietarios de periódicos, banqueros, congresistas, políticos, diplomáticos; del otro lado, están los trabajadores, el proletariado, hombres y mujeres, familias pobres, campesinos, jornaleros. Aunque también el golpe de Estado dispersa las fuerzas, que aparecen como homogéneas; no forman un bloque, pues muestran sus diferencias. Los políticos liberales, que apuntan a las elecciones, ven con malos ojos el golpe de Estado; sin embargo, los empresarios y banqueros, más pragmáticos, menos apegados a las formalidades democráticas, prefieren “la mano dura” de un hombre audaz y carismático. Getúlio Vargas[5] no solamente es apoyado por la burguesía y los terratenientes, es sostenido por el ejército, por las fuerzas armadas, por el dispositivo de emergencia del Estado, por la policía, así como también por el contingente de funcionarios, por parte de la clase media, que encuentra su oportunidad en la dictadura para ascender, para efectuar la movilidad social soñada. En otras palabras, la dictadura no solamente se sostiene por la decisión pragmática de la burguesía y los terratenientes, sino también por la inercia de una estructura de poder centralizada, burocratizada, represiva y militarizada. Ocurre como si el Estado, desde su amplitud como campo burocrático, campo institucional, como campo político, en el formato representativo, se redujera a su núcleo condensado, el Estado de excepción, desnudándose de todas sus apariencias formales.

Sin embargo, sabemos que el Estado no es un sujeto, no actúa, como si fuese persona. Son protagonistas singulares los que intervienen y empujan desenlaces en un momento que les parece crítico. Estos protagonistas no actúan sobre un espacio vacío o un plano liso; sino que se mueven en el espacio-tiempo tejido por instituciones, ecologías sociales, nichos sociales, atmósferas densas, calentadas o enfriadas por valores compartidos, prejuicios, símbolos e imaginarios, que hacen de decodificadores de las relaciones. Los protagonistas no viven sólo el presente, sino que el presente es contrastado con un pasado inmediato, que fue presente, la rebelión comunista de por lo menos una década[6]. Entonces, se podría decir que el golpe de Estado se opone a la rebelión comunista. Los sujetos sociales que apuestan al golpe de Estado se oponen a los sujetos sociales que intervinieron en la rebelión comunista.

La novela contrasta el mundo iluminado del poder contra el mundo oscuro, subterráneo, del trabajo de zapa de los revolucionarios. Contrasta los escenarios lujos, donde se desenvuelven las clases dominantes, con los escenarios pobres, miserables, donde se desenvuelven los trabajadores, el proletariado. Contrasta perfiles cínicos de hombres de mundo con perfiles inocentes de mujeres candorosas. Los subterráneos es una ilustrativa metáfora que muestra las cuevas, las cavernas, el subsuelo, donde se teje la libertad. El adentro, la intimidad, la experiencia de los cuerpos vulnerables, muestra su vitalidad creativa, frente a unaexterioridad agresiva, enajenante, donde la experiencia social no es asumida, sino se prefiere seguir los esquemas de comportamiento dominantes, usar las máscaras de la ostentación, que, de vez en cuando caen, por develamiento de amoríos salvajes.

No se crea que estamos repitiendo mapas sociológicos; lo que decimos son aproximaciones, todavía conceptuales, a la lectura de la novela en cuestión. Los perfiles de los personajes aparecen, distinguiéndolos por sus historias de vida. Los perfiles son una entrada a los espesores de los personajes, espesores que aparecen elocuentemente cuando los protagonistas descubren sus subjetividades convulsionadas, complejas, contradictorias. Cuando conocemos sus planes, sus proyectos, sus penas, sus alegrías, sus frustraciones, sus logros. Sobre todo cuando desciframos sus comportamientos, que son como el resultado de una pugna interna. Claro que para algunos personajes se les hace más fácil decidir, pues han dejado en suspenso los escrúpulos, que podrían obstaculizar.

El diputado Artur Carneiro Macedo da Rocha, descendiente de una vieja estirpe de São Paulo, es el primer personaje en aparecer. Político liberal, quién había renunciado a su romance de juventud, optando por casarse con una mujer de familia adinerada; sin llegar a tener remordimientos, seguía amando a la mujer abandonada, que también había optado con casarse con un hombre adinerado, un banquero. Ambos eran amigos; pero, Artur seguía teniendo pretensiones con Marieta Vale, cuarentona que conservaba su belleza juvenil. De entrada la novela nos presenta el pragmatismo de personajes característicos de la alta sociedad. Sin embargo, esta es una de las formas del pragmatismo dominante, hay otros, más descarnados, que son más violentos, convertidos en verdaderos oportunismos. Un ejemplo de este pragmatismo violento es el banquero Costa Vale, otro ejemplo es la Comendadora da Torre. Ambos sin los antecedentes familiares de Artur y Marieta, mas bien, de origen humilde, hasta desdichado, como el caso de la Comendadora, que fue prostituta, se convirtieron en ricos, en personas influyentes en estos ambientes, donde las familias de apellido, terminaron subordinadas a los nuevos ricos.

 

Estos contrastes en la propia burguesía nos muestran una composición alborotada, una burguesía sometida a una movilidad social interna, si se puede hablar así. Esta composición hace evidente que para ser burgués, lograr la ganancia, la acumulación de ganancias, solo puede lograrse si se es despiadado, si se dejan de lado principios morales, si se acepta pragmáticamente el código de esta gente emprendedora, empresaria; código que reza: para avanzar hay que aplastar al que se te pone en frente. En el medio aparecen otros personajes, útiles para los planes de esta burguesía emprendedora; el poeta César Guilherme Shopel, propietario de una editorial, escritor de poemas pretendidamente descarnados, poemas que forman parte de sus diversiones; el doctor Morais viejo profesor de Medicina, que se hace integralista, es decir, partidario de los fascistas brasileros, inclinados a una alianza con la Alemania Nazi, la Italia fascista y la España falangista; tiene estas inclinaciones totalitarias a pesar de que dice ser científico y estar entregado a su laboratorio. Poco después, con el golpe de Getúlio Vargas, el profesor decide apoyar al dictador, a pesar que los integralistas, que apoyaron el golpe de Estado, terminan excluidos del gobierno de Vargas.

Estamos ante una distribución diferenciada de la composición de la burguesía. A esta composición social se le llama la clase burguesa. Con la incorporación del senador Venancio Florival, terrateniente en Mato Groso, en Valle del Río Salgado, propietario de latifundios del tamaño de un país, se tiene casi completa la composición de la burguesía, en la representación narrativa de la novela. Como se puede ver, la clase es un concepto, una representación sociológica, que tiene como referente efectivo a una composición social diferenciada, conformada por sujetos concretos, particulares, definidos por sus historias de vida, quienes despliegan acciones específicas, dando lugar a una composición social singular.

 

La vida social, efectiva, concreta, específica, singular – usando distintos términos en este trámite aproximativo de significaciones -, se da en la dinámica de los personajes, de los actores sociales; sus individualidades, por así decirlo, actúan, intervienen, inciden en los eventos. Las asociaciones y composiciones que acuerdan definen atmósferas, climas, microclimas, sociales o de vivencia social concreta, dando lugar a hechos, sucesos y secuencias, que son asumidas como fragmentos de “realidad”. A estas conjunciones llamamos, en su representación general, datos históricos, mejor dicho, haciendo paráfrasis a Henry Bergson, datos inmediatos de memorias sociales. Memorias, si se quiere de clase, aludiendo a que se trata de distintas apreciaciones, perspectivas diferenciadas, dependiendo de la voluntad particular, que puede ser de dominio o, en contraste, emancipativa. Lo sugerente de la narrativa de la novela es que nos coloca ante la efectuación concreta de la sociedad. Realización diferenciada, de acuerdo a los lugares, los escenarios, las territorialidades, los ámbitos y campos específicos sociales, usando a Bourdieu. Son pues las dinámicas moleculares singulares las que componen las “realidades” locales, regionales, nacionales. Parece una interpretación inductiva; empero, no se trata de método, ni de metodología de la investigación. Estamos ante los efectos masivos, molares de dinámicas moleculares. Cuando se desglosa el concepto de clase, en este caso, de la burguesía, nos encontramos con una composición variada, una composición dinámica, que muestra, de manera desnuda, las minuciosas violencias constitutivas de esta composición social. Ya no se trata del concepto de violencia, que pierde su connotación, en esta abstracción, por más denunciativa que pueda ser; sino de violencias palpables, violencias concretas en personas, grupos, pueblos concretos. La lucha de clases, el concepto, la teoría, la interpretación, adquiere la desmesura específica del lugar donde concurre esta guerra social.

 

Pensar de esta manera, teniendo en cuenta las figuras corpóreas, en territorios concretos, es pensar la desmesura de la complejidad dada en la singularidad de la vida social. Si bien el concepto teórico, filosófico, alcanza una irradiación universal, si bien el concepto científico, sociológico, adquiere alcance general, pierden en profundidad, adquieren esa expansión en la representación plana, pierden espesor. En cambio la narrativa de la novela se mueve en esos volúmenes, en esos espesores, permitiéndonos una mirada integral, aunque no se pueda universalizar, tampoco generalizar.

 

En Los ásperos tiempos se relata una escena ilustrativa en lo que respecta a la consideración de los hechos políticos. El banquero Costa vale se dirige a Artur, respecto a los rumores del golpe de Estado; el relato de la escena es el siguiente:

 

 

Costa Vale tendió la mano hacia el vaso, bebió un trago largo, habló mientras se acomodaba otra vez en el sofá, semicerrando los ojos:

—Bien, bien, Arturzinho, ¿cómo van las cosas? ¿Qué me dices de esas elecciones?

—Vamos a ver: ¿quieres rumores, o quieres hechos?

—Todo, lo quiero todo. A veces, hijo mío, los rumores son la verdad y los hechos sólo su máscara.

 

 

El novelista nos presenta una evidente contradicción en el comportamiento político liberal. Por decirlo, todo el mundo sabía o intuía el golpe de Estado; pero, formalmente, no se aceptaba este anuncio de la tormenta; se lo cubría, como queriendo ayuntar la llegada del suceso, con la incredulidad institucional. Decir que la verdad se encuentra en los rumores, en tanto que los hechos son una máscara, es poner en suspenso los hechos, pero, los hechos entendidos como datos institucionales, datos aceptados por el diputado liberal. El cinismo del banquero está más cerca del acontecer, de lo que va a ocurrir, que los buenos modales del diputado. En otras palabras, el banquero postula la verdad de la fuerza, la única premisa válida para pronosticar el futuro inmediato. No se trata sólo de rumor, sino de los códigos de la violencia.

 

En contraste la novela relata otra escena distinta en un hogar proletario:

 

 

Aquel día Mariana cumplía los veintidós años, y por la noche habían venido a casa algunas amigas con la idea de festejar el acontecimiento. El viejo Orestes había enviado unas botellas de licor de abacaxí que él mismo elaboraba en sus ratos de ocio. Mariana esperaba que él llegara para servir el vino y partir la tarta que había hecho su madre. No había mucho que comer y beber, los tiempos eran malos y a Mariana la habían despedido de la fábrica hacía dos meses. Ahora se entregaba por completo a la organización, y los funcionarios del partido ganaban poco, un menguado sueldo que además pocas veces recibían completo. Si no fuera por el viejo Orestes, un antiguo anarquista italiano que nunca había perdido, a pesar de haberse inscrito en el partido muchos años atrás, el amor a las frases solemnes y el anticlericalismo violento, ni vino habría para las visitas. Pero Mariana se sentía alegre, se había puesto su mejor vestido y llevaba una flor roja en el pelo castaño que enmarcaba su rostro lleno de dulzura. Sus grandes ojos negros expresaban toda la alegría que la poseía en aquel cumpleaños. Por la mañana, en la habitación donde dormía con su madre, había pensado en su vida, «había hecho un balance autocrítico», como decían en las reuniones de la célula. Había ingresado en el partido a los dieciocho años, pero realmente su vida había estado ligada a los comunistas desde mucho antes. Su padre había sido uno de los más antiguos militantes del partido y en la casa que ocuparon hasta su muerte, un poco mayor y mejor que la de ahora, se habían realizado muchas reuniones ilegales, se había escondido mucho material de propaganda y más de una vez la policía había irrumpido por la noche, despertándolos a todos, soltando insultos, amenazas, revolviéndolo todo, registrando hasta en los más mínimos rincones.

 

 

Mariana, hija de un militante comunista, también trabajador, fallecido por desgaste corporal, enfermedad, dedicación, arriesgando la salud, festejaba su cumpleaños con la familia, compañeros y el viejo Orestes, anarquista, inscrito en el partido comunista. Ambos, Mariana y Orestes, simbolizan la solidaridad de clase, el amor simple, humilde, empero, intenso, a la vida. Para Mariana la verdad es el partido o, mejor dicho, la verdad del partido; para Orestes la verdad es la verdad de la lucha de clases. Aquí no hay rumores, ni máscaras; hay experiencia, memoria constitutiva, construcción de la verdad del futuro, que no puede ser otra que la misma emancipación proletaria.

 

En la novela se encuentra una ilustrativa descripción de la situación al momento del golpe de Estado. Apolinario, el oficial del partido comunista, perseguido, desde el levantamiento de 1935, viajó clandestinamente al Uruguay, desde donde tomaría un barco que lo llevaría a España, para combatir, como oficial, dirigiendo a los soldados del quinto ejército, organizado por el PC. Conocedor, por el contacto uruguayo, del golpe de Estado de Getúlio Vargas, está ansioso de noticias.

Lee ávidamente las noticias: el ex-senador Venancio Florival se dirigía a Vargas y declaraba su apoyo al nuevo régimen en una entrevista concedida a la prensa, en la que afirmaba que combatir al comunismo era la necesidad primordial del país. Apolinario hizo una mueca de asco al leer el nombre del gran latifundista, cuyas historias corrían por los campos de Mato Grosso y de Goiás: los asesinatos de campesinos, la violencia contra los que se oponían a él, su voluntad convertida en ley sobre enormes extensiones de tierra. Otra noticia hablaba de divergencias entre Getúlio y los integralistas. Acción Integralista había sido prohibida, junto con los demás partidos políticos y el general Newton Cavalcanti, cuyas relaciones con el partido fascista eran notorias, había dejado el mando militar de la ciudad de Rio de Janeiro. Sin embargo, añadía el corresponsal de una agencia americana de noticias, el nuevo ministro de Justicia intentaba aún una fórmula de conciliación entre Vargas y los integralistas. Según el corresponsal, le habían ofrecido a Plinio el ministerio de Educación, y Acción Integralista, desapareciendo como partido político, se convertiría en una gran organización paramilitar bajo el rótulo de sociedad deportiva. Otra noticia anunciaba la liberación de algunos detenidos en el día del golpe y la llegada a Rio, para volver a las filas del Ejército, del exgobernador del Estado de Bahía. Un pequeño despacho, en un rincón de la página y en tipo menor informaba de la detención de comunistas en Rio, mientras pintaban consignas en las calles. Contra ellos se había iniciado un proceso, el primero que se apoyaba en la nueva constitución. Y en tres columnas, en negritas, saltando de la página, el artículo sensacional: en una entrevista concedida en exclusiva a la United Press, Vargas trazaba las líneas fundamentales de la política exterior de su nuevo régimen. Hablaba del panorama confuso del mundo, y afirmaba que su gobierno seguiría fiel a la amistad tradicional entre los Estados Unidos y Brasil, garantía de seguridad en el continente en estos tiempos de amenazas de guerra en Europa; hacía un elogio de Roosevelt en términos entusiásticos, y se refería a la deuda de Brasil con los capitales y con los técnicos norteamericanos, factores importantes del progreso brasileño. Terminaba clasificando al nuevo régimen por él instaurado como una democracia de tipo más elevado, donde reinaba un clima de cooperación entre patrones y trabajadores, y de donde desaparecerían las agitaciones extremistas, peligrosas para la salud de la patria. En un comentario a la entrevista, la agencia concluía que las palabras de Vargas eran una respuesta clara a los recelos del Departamento de Estado y de los medios financieros de Wall Street, temerosos en el primer momento del golpe ante la posibilidad de una adhesión de Brasil al pacto anti-Komintern, de una vinculación más profunda con la política germánica y de una colaboración con los capitales nazis. La entrevista de Vargas había venido a desmentir tales rumores, y se esperaba que de un momento a otro los Estados Unidos reconocerían al nuevo régimen político brasileño, a pesar de su carácter autoritario y antidemocrático. En un periódico católico, Apolinario leyó un artículo en el que, comentando el golpe, el periodista analizaba la nueva constitución y, aunque reconocía que algunos artículos y párrafos podrían parecer en principio extraños para la mentalidad democrática del pueblo uruguayo, no podía dejar de hacer su elogio, pues se trataba de defender la integridad moral, económica y política de Brasil contra la acción nefasta de los comunistas; y el mundo había llegado a un momento en que no era posible continuar, en nombre de un liberalismo democrático caduco, dando facilidades a los «cómplices de Moscú» para realizar su obra satánica de disgregación social. El texto presentaba al nuevo régimen brasileño como un modelo para los demás países del continente, si es que pretendían realmente salvar la civilización cristiana de la amenaza bolchevique. Bastaba contemplar los acontecimientos de España para ver el peligro. Aclamaba a Vargas como un gran hombre ejemplo para los políticos latinoamericanos, y le aseguraba la aprobación de Dios: «del Supremo Artífice del Universo que Vargas desea salvaguardar con la constitución del Estado Novo».

 

Nada más esclarecedor que esta figura manifiesta del diletantismo de Getúlio Vargas. A pesar de su admiración por Hitler y Musolini, reconoce la influencia de los Estados Unidos de Norte América, declara a la prensa extranjera que el Departamento de Estado y los medios financieros de Wall Street no deben preocuparse por lo que sucede en Brasil. Se trata de una forma democrática más elevada, superior.  Una democracia que supera las contradicciones de clase, que se erige como alianza de clases, por el bien y el desarrollo de Brasil. La burguesía agraria, en boca del latifundista el ex-senador Venancio Florival, declara su apoyo al dictador. El latifundista es el símbolo de la descarnada y desmesurada violencia contra pueblos, contra campesinos, contra indígenas, contra mestizos, a quienes se expropiaba sus tierras para instaurar la gran propiedad terrateniente, a veces, incluso, cada una del tamaño de un país.  El diletantismo no solamente aparece en política internacional, sino también en política nacional; Getúlio Vargas se deshace de sus compromisos con los fascistas brasileros. Acción Integralista había sido prohibida, junto con los demás partidos políticos y el general Newton Cavalcanti, cuyas relaciones con el partido fascista eran notorias, había dejado el mando militar de la ciudad de Rio de Janeiro. Sin embargo, quedaba claro que el golpe iba dirigido contra la revolución social.  Un pequeño despacho, en un rincón de la página y en tipo menor informaba de la detención de comunistas en Rio, mientras pintaban consignas en las calles. Contra ellos se había iniciado un proceso, el primero que se apoyaba en la nueva constitución.

Esta escena, donde se presenta al oficial comunista Apolinario asombrado ante los sucesos de su país, es elocuente; muestra el desplazamiento, todavía imperceptible, de Getúlio Vargas, desde sus primeros compromisos no sólo con los integralistas, sino con parte de la burguesía, los terratenientes, los banqueros, y quizás parte de los industriales, hacia posiciones, que quizás considere “propias”, “autónomas”, ya aparecidas en el desprendimiento del perfil del caudillo. Esta actitud, que podría leerse desde la perspectiva hipotética de la “autonomía relativa del Estado”, si se quiere, incluso de la “autonomía relativa del poder”, usando esta tesis, con toda la provisionalidad del caso, para vislumbrar la pretensión suspendida del “bonapartista” brasilero. Es elocuente la figura diletante del caudillo, por lo menos por dos razones; una, por su pretensión o creencia en que se encuentra sobre las fuerzas, sobre la lucha de clases, por suponer que goza de una cierta “autonomía”, que le otorga el poder; otra, porque nos dibuja ejemplarmente los juegos de poder, sobre todo haciendo visible, que estos juegos de poder adquieren diferencias singulares, dependiendo del escenario político constituido.  Sobre todo, cuando se da la forma carismática de la política, el cuerpo del caudillo, símbolo del poder patriarcal, manifiesta sus rasgos patéticos, con toda la teatralidad de los montajes, los rasgos de una psicología que se imagina levitando sobre las contingencias de los mortales. Este es el imaginario; sin embargo, los caudillos nunca dejaron de ser, no lo pueden, piezas y engranajes, no solo de juegos de poder, sino de estructuras, diagramas y cartografías de poder establecidas y vigentes.

Para seguir con figuras, esta vez con figuras que combinan azar y necesidad, se puede decir que los dados estaban echados. Volviendo a los conceptos sociológicos, la burguesía industrial requería resolver el problema de la demanda, del mercado interno, sin embargo, no estaba dispuesta a la reforma agraria, debido a las múltiples conexiones familiares y amistosas con el resto de la burguesía, sobre todo con la burguesía agraria. Prefiere una ruta conciliatoria, si se quiere pragmática, que llevar a cabo una revolución democrático-burguesas, usando términos de la jerga política de entonces. Se encuentra más cerca de los terratenientes, cuyas formas de propiedad latifundista, que controlan, obstaculizan la revolución industrial, que del proletariado, que de la masa de sus trabajadores, que ya postulan, en alianza con los campesinos, la reforma agraria. Si bien, este análisis sociológico no se hace, no la hace la burguesía industrial, la hacen los marxistas, aunque sus reflexiones individuales sean, más bien, anacrónicas, más apegadas a conservadurismos reaccionarios y prejuicios católicos, el comportamiento de “clase”, el instinto de sobrevivencia, efectúa una intuición de “clase”, inclinando sus acciones a un pragmatismo, como si fuese resultado de un análisis racional.  Encuentran en la salida de emergencia, en elEstado de excepción, el dispositivo drástico, que, en realidad es un recurso desesperado, para intentar combinar lo que teóricamente es incombinable, la revolución industrial sin reforma agraria. Getúlio Vargas es el lenguaje simbólico, que expresa corporalmente tanto la desesperación de la burguesía como la demanda afectiva del padre perdido, de parte del pueblo. El caudillo también es la superficie del cuerpo donde se inscribe imaginariamente la correlación de fuerzas. El caudillo busca apropiarse de la oferta comunista de revolución social, reduciéndola al programa asistencial, a la representación sindical restringida y tutorada por el gobierno, al reconocimiento de derechos sociales y del trabajo, empero donados por el Estado corporativo. Se apropia de la imagen de piedad, que es la interpretación populista de lo que creen que es la convocatoria comunista.

Desde una interpretación de la lingüística estructural, podríamos decir que Getúlio Vargas es el significante que llena la burguesía industrial con sus significados de clase; así mismo es el significante que llena diferencialmente el resto de la burguesía. Lo mismo pasa con el pueblo, parte del pueblo, el demandante; esta parte del pueblo demandante usa el significante del caudillo para llenarlo con los significados de esperanza, que ventila su súplica. El Caudillo cree que es alguien, es decir, el protagonista de la historia, que tiene bajo su control los hilos del poder; así también lo creen sus partidarios; pero, esto no es más que una ilusión. El mismo se convierte en significante para sí mismo, llenándolo de significados hedonistas, de significados apologéticos, incluso dramáticos, tramas donde él, el supremo, es el centro, principio y fin. Jugando con las interpretaciones, se pude decir que su suicidio es el resultado dramático de un significante desgarrado por los contrastes y contradicciones de sus significados.

Es en este círculo significante donde el signo, la interpretación, se arma, llenando el cuerpo del caudillo con los imaginarios de clase, de estratos sociales, de grupos, de redes clientelares; se da lugar a la construcción de la geopolítica regional, lo que Ruy Mauro Marini llama subimperialismo. En el caso de la geopolítica regional, ciertamente no es el mismo fenómeno imaginario que los dados en esta compulsión representativa por el cuerpo del rey, pues se trata de la elaboración y formulación de una estrategia de dominación espacial. Ya no es el cuerpo del rey el disputado, sino el espacio geográfico mismo, no sólo de Brasil, sino de Sud América, incluso más allá, del Atlántico Sud. Entonces se llena de contenido apetecido el espacio geográfico, se le otorga los significados de la dominación, del control del espacio, del control de sus recursos naturales. Ya no lo hacen las clases, en el sentido singular, sino el Estado, en su sentido universal. Ciertamente, en su formulación efectiva, la hace la Escuela Superior de Guerra, las Fuerzas Armadas; empero, sosteniendo esta formulación está la burguesía industrial. La burguesía industrial, en este caso, se presenta como clase universal, hablando a nombre deldesarrollo económico.

Lo que pasa con el caudillo Getúlio Vargas pasas con los caudillos de este medio día del siglo XX; se puede extender esta interpretación hasta nuestros días, sobre todo cuando tenemos como referente a los llamados gobiernos progresistas, claro que teniendo en cuenta las transformaciones históricas, los contextos diferenciales, las coyunturas críticas, los nuevos juegos de fuerzas, las modificaciones sociales, estructurales y políticas de la lucha de clases. La concurrencia de significados de clase, de grupos de poder, de redes clientelares, que llenan de contenidos imaginarios el cuerpo de los caudillos; las elucubraciones sobre geopolíticas, no sólo regionales, sino incluso locales, amazónicas, andinas, geopolíticas de los recursos mineros e hidrocarburíferas, geopolíticas de la integración económica y comercial de Sud América, dibujan sus estrategias en los mapas, buscando llenar sus explanadas, rugosidades, fisuras y corrientes con contenidos de dominación y control. Estos contenidos, tanto las inscripciones sobre el cuerpo del rey como los dibujos estratégicos sobre los mapas, no dejan de ser juegos imaginarios, aunque se sostengan en juegos de poder, en juegos de fuerzas, sostenidos por la materialidad múltiple de violencias polifacéticas. Las geopolíticas son estrategias, son, si se quiere, en el sentido operativo, planes, planificaciones de dominación espacial; sin embargo, para que se den, se realicen, depende de otro juego, que podríamos llamar opuesto a los juegos de poder, depende del juego de las resistencias. Es una alucinación creer que la geopolítica funciona solo porque ha sido elaborada y formulada, aunque lo haya sido por instancias y dispositivos con mayor disponibilidad de fuerzas. La “realidad” como complejidad, no es una plastilina, que se puede moldear a gusto.

Se puede mejorar la hipotética pretensión de la geopolítica, se puede proponer una propensión más compleja, menos simple; por ejemplo, concebir que los efectos, las resultantes, lo que ocurra, va depender de la concurrencia de dos campos de juegos de fuerzas, el relativo a los juegos de poder y el relativo a los juegos de resistencias. Esto mejora la interpretación política, así como mejora las posibilidades de la razón instrumental; empero, tampoco logra apropiarse de la complejidad, de la “realidad” efectiva, desenvuelta por las dinámicas y los devenires que la constituyen. En este sentido, se puede decir que el poder es una voluntad de dominio, una voluntad de dominio que busca desesperadamente controlar los “secretos” de la vida, los núcleos escondidos de la “realidad”. Sólo lo puede hacer imaginariamente; imaginación febril sostenida por la malla institucional, descargando sistemáticamente violencias múltiples para imponer, más que su dominio, la creencia en su dominio, el fetichismo del poder y el fetichismo institucional.

Debemos aprender de la experiencia social, de la actualización de la memoria social, de América Latina y el Caribe, para escapar a la episteme del poder. Descubrir las interpretaciones posibles en las dinámicas de la potencia social, interpretaciones que no sólo interpelan las formaciones enunciativas de laepisteme del poder, que no sólo señalen sus límites, sino que comprenden las genealogías de sus emergencias como capturas de fuerzas, de cuerpos, de mentes, buscando controlar, detener, los flujos creativos de la vida. La comprensión integral de la potencia social se ríe de estos esfuerzos por dominar los devenires. Lo máximo que pueden hacer estas estrategias de dominio, estas pretensiones paranoicas, es construir islas provisionales de control y de poder, mantenidas por estructuras institucionales; pero, no son más que islas provisorias en la inmensa constelación de complejos espesores de los tejidos del espacio-tiempo-vital-social.

 

Uno de los más bellos cuadros que configura la novela es la del Valle de Río Salgado. La descripción es toda una pintura del territorio exuberante:

 

El río corría con ímpetu de aguas fangosas, las pirañas voraces encrespaban su tortuoso curso de serpiente. Barrancos, troncos de árboles, cuerpos podridos de animales, hojas secas y plumas coloreadas de aves iban rumbo al mar a través de la selva, arrastradas por la corriente. Pájaros de variadas familias trinaban en los árboles frondosos, donde saltaban ágiles macacos bajo el grito estridente de los periquitos, los ararás, los papagayos. Flores de rara belleza nacían parásitas sobre los troncos, orquídeas de increíble colorido, y flores salvajes, amarillas, azules, abigarradas, tendidas en el suelo de la selva cerrada en sombras húmedas. Setas monstruosas nacían y crecían con alucinante rapidez bajo el vuelo de mariposas de todos los colores, algunas de un azul sombrío, casi negro, otras de un azul celeste como un cielo sin nubes. Animales diversos venían de la selva a beber en las márgenes del río: puercoespines y antas, roedores rápidos, asustadizas pacas, venados de elegante caminar, serpientes plateadas de agudos dientes venenosos, el temido jaguar de imprevisible salto, de mortales garras asesinas. En la desembocadura de los pequeños afluentes se calentaban al sol los cocodrilos, con la enorme boca abierta cerrándose sobre peces inocentes. Una vida de comienzos del mundo se desarrollaba bajo el sol ardiente, entre las lianas intrincadas que enlazaban los árboles en el casi deshabitado Valle de Río Salgado. 

 

La descripción de las fronteras de este paraíso es narrada desde la percepción de Gonzalón, el enorme hombre, militante perseguido, por estar comprometido con un alzamiento indígena; hombre condenado a cuarenta años de prisión, diez como extremista y jefe de revoltosos, y treinta por asesinato.

 

Gonzalón sabía que más allá del valle, al otro lado de las montañas, se extendían pastos y haciendas ganaderas, plantaciones, casas de colonos y trabajadores. Y alguna vez se aventuró hasta allí, a pesar del peligro, hasta aquellas tierras del senador Venancio Florival, cuyo nombre hacía temblar a todo el mundo. Fue así como inició entre los campesinos un trabajo político, de partido, pese a hallarse desligado de cualquier organización, perdido en la selva. Había sido una decisión de los compañeros: tenía que desaparecer sin dejar rastro, permanecer durante un tiempo oculto en cualquier remoto lugar. Era imposible esconderlo en las ciudades, donde lo buscaban policías de todos los estados con orden de matarle si lo encontraban. Eso le hacía inútil para cualquier tarea del partido, y al mismo tiempo le convertía en una pesada carga para los demás. Lo comprendió así, y atravesó en espantosa caminata el sertón, aquella llanura de matorrales espinosos, y luego las montañas, el río y las selvas vírgenes, hasta dar con aquel valle donde nadie de la policía podría imaginarle ni soñaría con ir a detenerle. 

 

El espesor enmarañado de la selva se opone al espacio plano y estriado de las plantaciones y las haciendas. La selva también fue el paraíso donde escaparon los cimarrones, huyendo de la esclavización a la que fueron sometidos. La selva también es la metáfora de la rebelión opuesta a la explotación, la revelación exuberante de la vida opuesta a las disciplinas de la modernidad. Es en estos territorios indomables donde vuelven a estallar las resistencias y las luchas contra las avanzadas del imperialismo, empresas desarrollistas que buscan implantarse allí, en el fin del mundo, para extraer el preciado manganeso.  Fue precisamente el camarada Vitor quien le adelanto que:

—Eso está casi deshabitado. Es una región riquísima. Aún hace poco leí un artículo sobre ella en una revista norteamericana. Esa gente no va a tardar en tender sus garras sobre estas tierras. Por lo visto hay manganeso, inmensas cantidades. ¿Por qué no vas ahí, y los esperas hasta que lleguen? Ellos (los norteamericanos) o los alemanes, que también están interesados.

 

Es una guerra prolongada esta de la guerra anticolonial. Gonzalón se acordaba de la anterior rebelión y comparaba:

 

A veces, entre los indígenas de Río Salgado, Gonzalón se acordaba de los indios de Ilheus. Depositaban en él la misma confianza, lo miraban con los mismos ojos amigos. Un resto de la tribu, escapado de la matanza organizada en los tiempos de la colonización, cultivando tierras suyas por herencia inmemorial; una pequeña misión del Servicio de Protección a los Indios funcionando junto a la colonia. Gonzalón era enfermero de la colonia india, les enseñaba el alfabeto y, al mismo tiempo, despertaba en ellos la conciencia política.

 

Los compañeros le habían conseguido aquel empleo después de haber quedado marcado tras la huelga que había dirigido en una fábrica de aceites vegetales. La profesión de enfermero la había aprendido en el servicio militar. En el hospital donde había encontrado empleo al dejar el uniforme, se hizo comunista. Un médico le había proporcionado libros, folletos, y pronto se convirtió en un activista ardiente. Del hospital salió para la fábrica, y la huelga fue una escuela útil. Pero desde entonces ya no pudo vivir en paz: la policía lo consideraba peligroso y cada dos por tres le detenían. Fue entonces cuando, por medio del mismo médico que le había relacionado con el partido, consiguió ser nombrado enfermero en la Colonia Paraguaçú.

 

Pareciera que no hay un solo lugar donde se pueda escapar, la modernidad, del desarrollo, el progreso, no tardan de llegar; las empresas con sus propietarios, los mismos que se hacen potentados de enormes extensiones de tierra, llegan como jinetes del apocalipsis. Arrasan con los poblados afincados en esos territorios, arrasan con los bosques, reducen a los que se quedan a las condiciones miserables de los trabajadores de las periferias del sistema-mundo, arrinconándolos en campamentos sórdidos. A eso es lo que se llama progreso y desarrollo, las haciendas lujosas ostentan, con aires del imperio, opulencia, mientras se oculta en la sombra las barracas tristes donde viven los trabajadores agrícolas. Se llama desarrollo y progreso a la destrucción de la tierra, con el objeto de extraer minerales, apreciados por el mercado y la industria pujante. Getúlio Vargas llega al palacio a nombre de ese desarrollo y progreso. Es el instrumento carismático de este empuje avasallador que llama la burguesía historia y civilización. Todos los discursos dominantes se van a encargar de justificar la aparición del padre esperado; a su manera cada quien, incluso los nacionalistas, incorporando también a los reformistas, verán en el caudillo el padre de la soberanía. No ven que las nacionalizaciones mejoran las condiciones de los términos de intercambio entre centros y periferias, conservándose las relaciones de dependencia. Incluso la revolución industrial termina afianzando la dominación de la geopolítica mundial del capital, aunque haya mejorado la condición del país, convertido en “potencia”.  El costo de esta geopolítica es grande. Costo social y costo ecológico.

 

Pero aquéllas eran tierras fértiles y los campos se dilataban y producían gracias al arduo trabajo de los indios. Un día, un político descubrió que a aquellos indios jamás se les había hecho concesión legal de las tierras. Eran tierras de nadie. Y con la benevolente simpatía del gobernador del Estado, puso a su nombre, en el Registro de Títulos de Propiedad, aquella extensión de tierra sin dueño. Hizo la medición, y los indios y el personal del Puesto de Paraguaçú no se enteraron de nada hasta que un día apareció el político, título de propiedad en mano, dispuesto a tomar posesión de su tierra y a «lograr un acuerdo amistoso con los nativos». Gonzalón obligó al viejo sargento a embarcar para Rio y presentar el caso ante el Servicio de Protección a los Indios, cuyo jefe supremo era un general del Ejército. El Servicio se puso en movimiento, planteó el caso ante los tribunales. El litigio duró algún tiempo, el general-jefe parecía haber tomado la cosa a pecho. Cuando el sargento volvió, Gonzalón fue a Bahía a discutir el caso con la dirección del partido. Vitor le dijo, con su voz brusca y directa, atusándose el mostacho largo y erizado:

 

 

—No te hagas ilusiones con lo del pleito. Es una justicia de clase, una justicia hecha a la medida de los latifundistas. Pese al clamoroso escándalo, y del hurto miserable que la cosa va a suponer, el Tribunal Supremo fallará en contra de los indios. Alimentar ilusiones en ese sentido es desarmar a los braceros y a los colonos…

 

El desenlace del enfrentamiento, como preparado, de antemano, en las entrañas mismas del acontecimiento, sobre todo por la servicial función de la justicia al avasallamiento latifundista, por la subsecuente incursión de ocupación, después de la derrota de la primera acción punitiva, la llegada de la policía militar.

 

Pero, como había previsto Vitor, el Tribunal Supremo falló en favor del político. Cuando éste volvió, le acompañaban el delegado de policía de Ilheus y varios elementos de la policía rural. En el Puesto, el sargento inclinó la cabeza. Se sentía triste y defraudado en su buena fe pero, ya que la justicia lo había decidido así, las tierras eran del nuevo propietario. El político fue magnánimo: estaba dispuesto a mantener a los indios en condición de aparceros, a mantener el puesto de protección, e incluso dijo que iba a ayudarles a cumplir con su tarea. Todo parecía resuelto en buena armonía, pero los indios habían desaparecido, y con ellos Gonzalón. El político, acompañado por el delegado, el viejo sargento y algunos guardias, salió a ver sus tierras. Fue recibido por una descarga cerrada. Así empezó la lucha en Posto Paraguaçú, lucha que duró más de un mes. Para liquidar a los indios hubo que movilizar a casi toda la policía militar del Estado.

 

En aquel primer encuentro, el político fue herido, murió un guardia, y los demás se retiraron a toda prisa. Aquella noche fue melancólica la entrevista entre el sargento y Gonzalón. El viejo pescador intentó convencerle de la inutilidad de la resistencia:

 

 

—Un pobre no es nada en esta tierra, un pobre no es nada, ¿qué van a ganar los indios rebelándose, si ni siquiera puede nada el general, con todas sus estrellas y su prestigio? Es marchar a una muerte segura…

 

El relato del enfrentamiento es apasionante. La tenacidad indígena infringe derrotas en las avanzadas latifundistas apoyadas por el ejército. El nombre de Gonzalón se convierte en parte de una leyenda, el levantamiento indígena forma parte de la memoria social, las tierras defendidas son regadas con la sangre de los caídos. Si las haciendas avanzan, si la nombrada “civilización” moderna avanza, lo hace sobre cementerios indígenas.

 

La expedición punitiva, compuesta por soldados de la policía militar de Ilheus e Itabuna y por guardias rurales elegidos en las haciendas, fracasó por completo. Los indios se defendían bien, estaban armados, y su puntería era temible. Vinieron refuerzos de Bahía, y con ellos un coronel del Ejército y periodistas. El nombre de José Gonzalo ganó una rápida y temible celebridad en todo el país. Como los periodistas poco o nada sabían de su pasado, inventaron historias tenebrosas, relacionaron su nombre con el bandidaje que reinaba en las tierras del cacao en años anteriores, le describieron como un criminal sin entrañas al servicio de los comunistas. Sólo uno, entre los corresponsales de los periódicos, un joven escritor mulato, expuso en sus crónicas la justicia de la causa defendida por los indios. Inmediatamente fue llamado por la dirección del periódico y, al llegar a Bahía, fue asaltado una noche por un grupo de policías que lo dejaron inconsciente de una paliza. ¿Acaso no se había atrevido a describir, abusando sin duda de la confianza de su periódico, las torturas infligidas por el coronel y sus subordinados a un indio a quien habían hecho prisionero? Torturas horribles, que recordaban los tiempos coloniales, con los nobles portugueses y los jesuitas quemando indios a medida que avanzaban las «bandeiras».

 

Al mismo tiempo, por toda la zona, entre millares de braceros, se iba desarrollando una campaña de solidaridad con los indios. Algunos hombres se arriesgaban de noche, a través de los campos batidos por las patrullas militares, para llevar municiones al Posto Paraguaçú. Muchos no regresaban, y preferían quedarse para poner su certera puntería al servicio de los rebeldes. Durante más de un mes, bajo el mando de Gonzalón, los indios pudieron resistir. Desde Bahía seguían enviando refuerzos militares. Fueron cercadas las tierras de la colonia, y en los periódicos aumentaba cada día el espacio dedicado a la lucha. Los indios iban cayendo uno tras otro, pero la resistencia continuaba. Cada avance del latifundista se pagaba a un alto precio de sangre. En las haciendas contiguas, braceros y aparceros oían las descargas de fusilería y así iban adquiriendo consciencia política. Aprendían con los indios. El nombre de Gonzalón adquirió para ellos un significado, mientras iba adquiriendo otro muy distinto para los señores de la tierra.

 

Y el cerco se iba apretando, hasta llegar un día en que se vieron reducidos a sólo el puesto y a unos pocos hombres. Aquel día, Gonzalón fue herido en una salida, y los indios, en un prodigio de audacia sólo posible en ellos que conocían aquellos caminos palmo a palmo, le llevaron hasta la distante casa de unos amigos. Antes, siguiendo sus consejos, habían incendiado las plantaciones y las chozas. Al día siguiente, el político pudo poner los pies en las tierras conquistadas. Unas tierras calcinadas, empapadas en la sangre de sus defensores.

 

 

Estos relatos de la novela nos muestran otro Brasil, no el Brasil presentado institucionalmente, menos el Brasil turístico, mucho menos el Brasil de la dictadura militar, que al usurpar al pueblo afro, mestizo, migrante, el nombre de Brasil, presenta una geopolítica regional, que es la voluntad de dominación de las oligarquías, aunque también es la voluntad de revolución industrial de la burguesía. La novela descubre a Brasil rebelde, en constante lucha contra las oligarquías, contra lo que llamamos la continuidad del colonialismo, la colonialidad, en constante lucha contra el capitalismo avasallador y destructivo de territorios, de poblaciones, de sociedades, de culturas. Haciendo un recorte en la remembranza histórica, comenzando con la segunda década del siglo XX, nos encontramos con levantamientos de oficiales contra las oligarquías. Un ejemplo irradiante de estos levantamientos es el movimiento llamado Tenentismo.  Nombre dado al movimiento político-militar y a la serie de rebeliones de jóvenes oficiales, preponderantemente tenientes; oficiales descontentos. Estos movimientos políticos-militares, demandaban reformas en la estructura de poder del país; una de las reivindicaciones apuntaba a las condiciones democráticas, pedía poner fin al “voto cautivo”; en este sentido demanda la institución del voto secreto, así como la reforma de la educación pública.

 

Haciendo un recuento, se puede decir que los movimientos tenentistas se despliegan localmente, dejando inscrita en la memoria social los nombres que los representan, convertidos en símbolos de la rebelión; estos espesores de la rebelión son la Revolución del Fuerte de Copacabana de 1922, la Revolución Paulista, la Comuna de Manaos de 1924 y la Columna Prestes. La Columna Prestes se hizo célebre por su larga marcha, su resistencia tenaz, por su duración, también por no ser vencida nunca por sus persecutores, el ejército federal, las milicias de los hacendados, la policía militar. La Columna Prestes convocó a diversas corrientes “ideológicas”, cuyas diferencias no eran notorias ni consideradas importantes como para producir escisiones, en ese momento. La mayor parte de la Columna estaba compuesta por capitanes y tenientes. En esta rebelión de oficiales se postuló el perfil del “Soldado Cidadão”. El capitán Luiz Carlos Prestes se destacó como el más claro líder del movimiento; este capitán se convirtió en una leyenda en la memoria social, se lo nombró como el Cavaleiro da Esperança. El capitán Luiz Carlos Prestes se incorpora al Partido Comunista Brasileño; su trayectoria ejemplar lo lleva a convertirse en el Secretario General del partido.

 

Se puede encontrar en esta matriz, la de la Columna Prestes, la cuna de distintas composiciones políticas; una lleva a la “revolución de 1930” y al getulismo; otra lleva a la organización fascista Integralista; la tercera, de expresión radical en su interpelación social y política, lleva a la incorporación al Partido Comunista de Brasil de parte de los integrantes de la Columna. La “revolución de 1930” reguló y normó con las primeras formas de legislación social, también desplegó políticas económicas de impulso a la revolución industrial. Promulgó normas favorables a los trabajadores. Como dijimos, el punto de inflexión se encuentra en este momento de bifurcación histórico-política. La “revolución de 1930” desguarneció la estructura de poder de las élites políticas tradicionales de la llamada República Velha.  Desde entonces se amplía el campo político, así como los márgenes del juego político, también de las clases sociales que participan en la influencia de la conducción del Estado. La hegemonía económica de São Paulo y Minas Gerais no desapareció; sin embargo, se vieron en la necesidad de competir con la emergencia de otros polos de “desarrollo”, como Río de Janeiro y Río Grande do Sul. Fue desplazada la élite del núcleo oligárquico, nombrada popularmente comocafé com leite, que comandaban la economía del café, la economía ganadera, combinada con la economía industrial, todavía subordinada y casi ahogada, además del comercio, la banca y los servicios.

 

En relación a lo que dijimos en Acontecimiento Brasil, que este período de Getúlio Vargas, abarcando sus gobiernos, los de facto y el electoral, es el punto de inflexión cuando emerge la geopolítica regional, debemos también decir, que para comprender este punto de inflexión es menester visualizar los procesos concurrentes que derivan en el desenlace. Lo que sobresale del periodo que llamamos turbulento es la rebelión, la distintas formas de la rebelión, entre ellas, la que aparece como movimiento visible, el de los oficiales, que, al final de cuentas, expresa también la rebelión social, ocultada por la noticias.  Con esto reforzamos nuestra hipótesis de interpretación, de que Getúlio Vargas es como la síntesis forzada de la lucha de clases, la solución conservadora para impulsar la revolución industrial, sin llevar a cabo la reforma agraria; es decir, sin afectar a los latifundistas, que se convirtieron en un obstáculo para la revolución industrial. Es también una respuesta a la lucha de clases, pues ante la emergencia de la demanda social, de la interpelación proletaria, el horizonte institucional, como proyecto, responde como acordando un pacto, concediendo leyes sociales y del trabajo. Lo importante de todo esto, lo significativo de los cuadros de la novela, es que nos revela la potencia social de la formación social-territorial brasilera.

 

No pretendemos volver al análisis crítico por los caminos de la teoría, interpelando a las ciencias sociales, a la ciencia política, a la historia tradicional, sino retomar esta discusión, como planteamos al principio de este ensayo, desde la interpretación del sentido inmanente que logra la percepción, la experiencia social, la memoria social, recogidas en la interpretación narrativa de la novela. Si lo hacemos es para dialogar con el análisis que planteamos, buscando enriquecerlo desde la perspectiva estética de la narrativa literaria. Retomando entonces esta perspectiva tenemos un cuadro intenso, descrito desde la mirada de Gonzalón, militante aguerrido, desde sus reflexiones, sus recuerdos, sus afectos, sus predisposiciones. La descripción de la expansión latifundista, los modos operativos de esta expansión, usando al Estado como herramienta indispensable, tanto en lo que respecta a la justicia como en lo que respecto a los dispositivos represivos, sin dejar de lado a la prensa, es, a la vez exhaustiva, de la manera que lo puede ser la narrativa literaria, y condensada. Asistimos al despliegue del poder de la oligarquía conformada en la época del imperio. Haciendo paráfrasis a Van Gogh podemos decir que el Imperio ya no está; pero, la oligarquía sigue todavía. Hablamos de un diagrama de poder colonial; como todo diagrama de poder, se inscribe en los cuerpos. En el caso que compete, imprime en los cuerpos una violencia inicial, de la misma manera que desata sobre la naturaleza una violencia inicial; esta violencia inicial intenta apoderarse de los cuerpos, tratando de convertirlos en animaciones instrumentadas por una administración racional, burocrática, encaminada a quitarles toda dignidad, humana, por cierto. Inoculando la desvalorización absoluta. Este diagrama de poder se sostiene en la economía política colonial, que diferencia hombre blanco de hombre negro, hombre blanco de hombre indio, hombre blanco de hombre de color; diferenciaciones sostenidas en la diferenciación de género hombre/mujer[7]. La valorización abstracta es el ideal blanco, que, sin embargo, se sostiene por contraste con el color intenso de lonegro, de lo pardo, de lo cobrizo; es decir, se ejerce por apropiación de los cuerpos de color. Esta economía política colonial sostiene la geopolítica racial del sistema-mundo capitalista. La colonización, en sentido moderno, en sentido capitalista, promociona las violencias más demoledoras, pues parte de la descalificación delotro, que en el fondo es la descalificación de la otredad, encarnada en la mujer. El diagrama colonial es por excelencia un diagrama de poder patriarcal.

 

Así como se justificó la guerra de conquista como acción civilizatoria, de la misma manera se sigue justificando la apropiación de tierras indígenas, que los exploradores llaman “tierras vírgenes”. En tiempos previos al golpe de Estado de Getúlio Vargas, la oligarquía, figurada como la élite y estructura de poder café com leite, consideraba que contenía los atributos absolutos implantados por la conquista. Podía disponer a su antojo de pueblos, de cuerpos y de tierras. En su forma más desmesurada este diagrama de poder no persigue domesticar, menos disciplinar, como corresponde al diagrama de poder por excelencia moderno, sino busca obligar. Nunca hay que olvidar que, en realidad, el substrato del diagrama de poder colonial es la esclavización; es decir, la disposición absoluta del cuerpo, de los cuerpos, de los conquistados, reducidos a la “animalidad”. El diagrama de poder colonial es, de los diagramas de poder, el de la “violencia” desnuda, descarnada, sin necesidad de legitimación, salvo el de la cristianización. Ciertamente, la forma inicial, desmesurada, de este diagrama, se ha transformado. Bartolomé de las Casas denunció la violencia colonial sobre los pueblos indígenas. Con las independencias, el diagrama colonial se preserva, por medio de transformaciones, que se adecúan al formato de la república. Sin embargo, su violencia inicial se mantiene. No se explica de otra manera la interminable conquista recurrente sobre territorios, desconociendo derechos consuetudinarios de los pueblos originarios; después, sobre las poblaciones campesinas asentadas.

 

Lo que, en el fondo, entra en crisis, lo que es cuestionado por las rebeliones, es eldiagrama de poder colonial, es este “derecho” del conquistador. Lo que reclamaba la oligarquía es precisamente este derecho de guerra de conquista, aunque no lo exprese, de esa manera en sus discursos. En la novela, Gonzalón se enfrenta a las singularidades del diagrama de poder colonial. En su figura se resume la permanente rebelión indígena, la eterna rebelión afro, la eterna rebelión de los humanos de color, también de los humanos “blancos” pobres, ennegrecidos por su condición social.

 

La “crítica literaria” ha calificado la narrativa de Jorge Amado de militante, como queriendo decir que, a pesar de su expresiva narrativa es un escritor que toma posición; lo que haría dudar de su valor literario. Esta “crítica literaria” considera a la literatura como arte de contemplación, quitándole a la génesis del arte precisamente lo que lo hace arte, la pasión creativa, que tiene que ver precisamente con la posición en el mundo. No hay arte por el arte, de la misma manera que no hay producción por la producción, como cree la economía política; esto es “ideología”; lo que Marx decía, es fetichismo.  Los que creen que hay arte por el arte son fetichistas; es decir, perversos. Jorge Amado es militante de la literatura, también es militante, activista, en el sentido político. Su militancia en la literatura es consecuente con la estética; está íntimamente integrado al acto creativo, que no puede ser otro que la explosión de la vida, de la memoria sensible. En este acontecimiento literario radica la conmovedora escritura de Jorge Amado. Su apasionada vinculación con el acontecimiento Brasil lo empujan a inscribir en la piel del papel lo que se siente en la piel de los cuerpos. Esa “crítica literaria” no entiende nada. Solo subsiste por relaciones de poder, que se asientan en la simulación de poses de seriedad, que solo pueden ser tomados en cuenta, fugazmente, en los escenarios montados académicos y de prestigios maquillados.

 

La belleza de la literatura latinoamericana y del Caribe se encuentra en esta develación, en mostrarnos la permanente resistencias de los cuerpos y los territorios, la constante rebelión, en sus múltiples formas. Nunca fuimos “víctimas”, que es el sujeto pasivo del ejercicio del poder, salvo para Bartolomé de las Casas, es decir, para la versión bondadosa de la iglesia, para la versión piadosa de la colonia, para los humanistas, para los “izquierdistas” que se quedan en la denuncia, para los de-coloniales, que repiten, posmodernamente, aunque odien esta calificación, la pose de Bartolomé de las Casas.  Somos guerreros; siempre lo fuimos, ahora lo seguimos siendo; esta rebelión reaparece en la selva lacandona, en la movilización anti-extractivista de los pueblos indígenas, en la defensa del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS), en las movilizaciones de los jóvenes que exigen educación de calidad y gratuita, en los jóvenes que exigen pasaje libre, poniendo en claro la defensa de lo común frente a la expropiación de lo privado y lo público.

 

Jorge Amado es un guerrero armado de escrituras. No tiene sentido discutir su apego a los esquemas del PCB, pues eso es relativo, aunque haya sido sentido como de mucha importancia por el novelista. Al final de cuentas el PC termina siendo un instrumento en la rebelión del pueblo brasilero, por lo menos en la etapa importante de un periodo turbulento. El sentido de la literatura no se encuentra en la literatura, como si fuese un arte de contemplación, el sentido inmanente de la literatura se encuentra en su lucha por recuperar los espesores de los ciclos de la vida, expropiados no solo por la modernidad, sino por la simulación de la formalidad. Jorge Amado es un gran novelista por eso, por descifrar, interpretar, los signos pasionales de los pueblos distribuidos en la geografía emancipatoria, recordando a Milton Santos, llamada Brasil. Pueblo culto, por la mezcla y combinación de culturas, las devenidas del África, las devenidas de plurales pueblos indígenas, las devenidas europeas, sin ruborizarse ante los sacerdotes de la de-colonialidad, pues también están las culturas europeas, que no tienen por qué ser  reducidas a las pretensiones propagandistas de las instituciones del poder. Latino América y el Caribe son territorio culto, de la misma manera; también lo es África, pues ha sido capaz de interpretar las invasiones en sus canciones, en sus danzas, en sus comportamientos, en los discursos de T’usant Le Ouverture, en Frantz Fanón, en Nelson Mandela. También lo son los pueblos del continente inmenso, interminable, del Asia. Sus milenarias culturas y civilizaciones se afincan en la piel de los cuerpos, en las modalidades de las conductas, en las reflexiones filosóficas ancestrales y actualizadas.  Así como en los pueblos de Europa; es absurdo reducir a las culturas europeas a la representación universal de la modernidad, que pretendió apropiarse de la potencia social, de los pueblos de la península europea de Eurasia, formulando e institucionalizando representaciones universales de la cultura y civilización moderna. Contra la impostura de la modernidad hay que rescatar la capacidad creativa de las sociedades y los pueblos, que no son universales, sino auténticos; es decir, singulares.

 

La importancia de la novela de Jorge Amado radica en que nos hace viajar a los territorios pasionales del acontecimiento Brasil, dejando en su levitación institucional al Brasil representación mercantil, al Brasil turístico, pero también Brasil geopolítico. Dejarse llevar por la pretensión de estos discursos es creer en las pretensiones. Hay que escuchar, como decían los populistas rusos, al pueblo Brasil; en este sentido Brasil es y sigue siendo la rebelión en la sangre; por eso su música, sus seducciones, sus encantos, las letras de sus composiciones, el ímpetu de los jóvenes. Lo que hay que preguntarse es: ¿Por qué los gobiernos progresistas del PT caen en la demagogia de Brasil potencia emergente? Cuando   esta es una representación reductiva, edulcorante, incluso triste, cuando la comparamos con Brasil rebelde, impetuosa, de exuberantes imaginarios, interpeladora de las instituciones. Es triste ver a “compañeros”, los llamaremos así, pues se reclaman socialistas, apegados a los prejuicios burgueses de poder, de desarrollo y progreso. Mitos de la modernidad, creencias de la colonialidad.

 

Para decirlo de una manera no acostumbrada por nosotros, empero, que puede ser ilustrativa, nosotros, del continente de Abya Yala, tenemos una tarea histórica vital, rescatar al mundo de su captura institucional, de su ilusión de desarrollo, devolviendo a los seres del mundo a su potencia social. ¿Por qué podemos hacer esto? Porque la experiencia social, la memoria social, de la conquista, de la colonización y de la colonialidad, comprenden que la malla institucional es el andamiaje del montaje del poder y de los escenarios de las instituciones; la intuición social devela que estos fantasmas se sostienen sobre la creatividad de los pueblos y las sociedades. Abya Yala, nombre Kuna, la Patria Grande, nombre mestizo, tiene una tarea histórica vital; no se puede cumplir esta misión sino abolimos la fronteras ficticias, sino destruimos los Estados-nación, instituciones imaginarias de la sociedad, sino liberamos las capacidades creativas de nuestros pueblos. Los mensajes de Jorge Amado, aunque sean pronunciados en el lenguaje candoroso del comunismo de su tiempo, expresan esta intuición subversiva. Su optimismo militante se opone no al pesimismo crítico, como cree la burocracia del partido, sino al cinismo pragmático, al que han caído no solo las decadencias de las oligarquías, también las corrosiones burguesas, sino el realismo político del partido social, se llame lo que se llame, capturado por funcionarios, marginando a los militantes, a los activistas.

 

El relato más dramático del primer volumen de la novela Los subterráneos de la libertad es la resistencia en la imprenta del partido. El Viejo Anarquista Orestes dinamita la máquina de imprimar para que no caiga en manos de la policía, que había rodeado la casa. Resiste con pistola en mano el joven militante Jofre, quien muere tendido en una mesa de la jefatura, donde se lo tortura, para arranarle una confesión. El delegado policial, famoso por su brutalidad, no logra su cometido, ni por métodos violentos, ni por métodos coercitivos. Frustrado golpea un cadáver, que antes de morir lo había insultado cuando hacia sus proposiciones comprometedoras.  La represión es vencida por la misma muerte de los revolucionarios. No logra doblegarlos a pesar de su desmesurada violencia, así como de su tramposa coerción.

 

 

 

 

Geografía emancipadora versus geopolítica

La agonía de la noche

 

 

 

En memoria de Chico Mendes, Francisco Alves Mendes Filho, recolector de caucho, sindicalista y activista ambiental brasileño. Luchador contra la extracción de madera y la expansión de los pastizales sobre el Amazonas. Sindicalista de recolectores de caucho y conductores de camiones. Miembro del Consejo Nacional de los Recolectores de Caucho.  Partícipe de la propuesta de Reservas Extractivas para los recolectores. Primer presidente de la Central Única dos Trabalhadores – ACRE. Chico Mendes fue asesinado el 22 de diciembre de 1988.

 

 

 

 

La segunda novela de Los subterráneos de la libertad, La agonía de la noche, comienza con la huelga los estibadores del puerto de Santos. La huelga se desata porque los estibadores se niegan cargar el café regalado por el gobierno de Getúlio Vargas a los falangistas dirigidos por Franco, en plena guerra civil española. Un barco alemán, izada la bandera nazi, espera en el puerto la carga. La huelga, el negarse a cargar el café, es una muestra de solidaridad de la ciudad roja, Santos, a los compañeros comunistas, republicanos, anarquistas, voluntarios del mundo, que luchan contra al fascismo. El gobierno busca desesperadamente imponerse y obligar a los estibadores a cargar el café; lo hace sobre todo con métodos represivos, aunque intenta la coerción, buscando dialogar con los estibadores. Pero nada da resultado, hasta que se envía al ejército. Son los soldados los que finalmente cargan el café destinado a los fascistas españoles. La huelga de los estibadores es derrotada sangrientamente. En una manifestación de entierro de uno de los primeros caídos en el puerto, ante la metralla de los policías, la policía carga con todo, incluyendo a la policía montada que pisotea a los caídos. Es dramática la escena donde Inácia, la morena afro, flor del puerto, esposa de Doroteu, dirigente estibador y miembro del partido comunista, cae por salvar la bandera brasilera que cubría el ataúd del muerto. Cuando cae es pisoteada por los caballos en el vientre, donde se gestaba el hijo. Inácia muere en el hospital ante los ojos atónitos de Doroteu, quien, a pedido de Inácia, le toca una canción alegre, acompañando su partida. A pesar de la derrota, el balance de João es positivo; dice, a pesar de la derrota, hemos abierto un agujero en la Constitución del Estado Novo, que prohíbe huelgas.

La narración de la novela es intensa, de comienzo a fin; en todos los escenarios, comenzando por el primero, desarrollado en el puerto; incluyendo los relativos a la algarabía festiva de la burguesía, en el salón de fiestas del hotel, donde se realiza una fiesta en honor del ministro de justicia. Es intenso en otros escenarios dramáticos; por ejemplo, la dura experiencia de Manuela, la bailarina, empujada por Paulo, el amante de alcurnia, y Shopel, el poeta descarnado, al escenario brillante del cabaret, cuando ella ama el ballet. Convertida en amante de Paulo, quien termina repitiendo la historia de su padre, Artur, casándose no con Manuela, sino con una sobria de la Comendadora la Torre, por la dote que deja la tía a la sobrina, Rosinha. La segunda novela de Los subterráneos de la libertad concluye con el aprendizaje de Manuela, aprendizaje de la lógicas perversas de la sociedad, aprendizaje de los montajes artificiales de la simulación simbólica dominante, aprendizaje de dónde se encuentra la verdadera amistad, el amor y la entrega, además del arte del ballet.

El relato de la huelga es sobrecogedor. La descripción es minuciosa, acompañada por reflexiones políticas, presentando distintos ángulos de los dramáticos hechos. En el contexto internacional se desataba una guerra en Europa, en la península ibérica, entre la República y el totalitarismo fascista, entre el proletariado y parte de la burguesía, que había decidido refugiarse en la violencia de los fusiles y en la forma política de la violencia descarnada. Esa guerra se da en Brasil, en un contexto nacional diferente, en una formación social atravesada por relaciones coloniales heredadas; se enfrentaba también el proletariado de las periferias del sistema-mundo capitalista contra un Estado corporativo, entrabado en la lucha de clases singular del país; Estado usado por la oligarquía para reprimir al fantasma del comunismo; Estado usado por la burguesía industrial que busca desarrollo económico; Estado usado por parte de las clases medias, que buscan movilidad social; Estado usado por parte del pueblo demandante, que busca una esperanza en la imagen carismática del caudillo. La represión a la huelga del puerto es sangrienta. Este es el comienzo del Estado Novo.

Santos ocupada por el Ejército. Como una ciudad de un país en guerra, conquistada por fuerzas enemigas. Bayonetas reluciendo al sol, ametralladoras en posición ante los tinglados del puerto, a la entrada de los barrios proletarios. Las escuelas transformadas en cuarteles, y en ellas, no ya la risa alegre de los niños, sino órdenes de los oficiales, gritos. Santos ocupada por las tropas del Ejército. Santos bajo la pesada bota de los soldados.

 

En el mundo se hablaba de guerra, en España, hogueras encendidas. Los japoneses saqueando China; cadáveres pudriéndose en el Chaco. Por el mundo se arrastraba la guerra. ¿Pero esos soldados, fusiles, ametralladoras, esos clarines, cornetas, tambores retumbantes, esas órdenes del día repetidas, contra qué otros soldados se levantaban? ¿Qué terribles enemigos, qué Ejército, qué tropas invasoras, qué crueles adversarios viene a combatir el ejército brasileño, qué ávidos extranjeros amenazan a la patria que esos soldados han jurado defender? ¿Dónde se esconden esos enemigos extranjeros? ¿Dónde están sus tanques, sus cañones, sus batallones y regimientos? ¿Contra quién se alzan las armas brasileñas, por qué está la ciudad de Santos ocupada, convertida en plaza de guerra, gimiendo bajo la bota de los soldados?

 

Para el coronel-comandante de la ciudad, nombrado por el gobierno federal, aquellos hombres contra quienes conduce a sus valientes soldados brasileños son los peores enemigos.

 

No, no son los alemanes de Hitler, hablando de transformar al Sur del Brasil en una colonia septentrional del III Reich. Contra ésos nada tiene el coronel, dirigente de la Acción Integralista, con ellos sueña marchar en guerra contra Rusia, a ganar sus estrellas de general. No, no son los ricos yanquis masticando chicle y las riquezas minerales de la patria. Contra ésos nada tiene el coronel, americanos somos todos, y este país es grande y rico, sobra espacio y riqueza para todos, para alemanes y para norteamericanos.

 

No, no son los rubios ingleses, cuyo navío de guerra ha anclado amenazador en el puerto para mejor guardar el capital que les queda en los ferrocarriles, en aquellos tinglados ocupados de los muelles de Santos. Contra ellos nada tiene el coronel, durante mucho tiempo este país fue casi de ellos, vamos a dejarlos con sus restos de riqueza, blancos son ellos también, de nuestra misma familia de arios.

 

No, no es contra ese navío de guerra, de bandera inglesa e intenciones de desembarco, contra quien el integralista piensa lanzar a sus soldados brasileños. Aún ayer cenó en el barco, hizo chasquear la lengua satisfecha en homenaje al sabor escocés de aquel güisqui delicioso. Cambió unos brindis con los oficiales británicos, bebiendo por la derrota de sus comunes e implacables enemigos. ¿Contra quién, pues, dirige el coronel sus armas brasileñas, contra quién manda a sus soldados?

 

En las casas pobres de aquellos barrios sucios, sin comida para los hijos, sin dinero para pagar los alquileres, los cinturones apretando las barrigas flacas, ellos son los temidos enemigos contra quienes establece el coronel sus planes campaña. No visten uniformes, ni calzan botas, ni gorra militar, no tienen pistolas, ni fusiles, ni ametralladoras, no tienen armas los temibles enemigos.

 

No tienen armas, a no ser una llama interior que crece en sus pechos: la solidaridad que entre sí se deben los trabajadores. Contra estibadores en huelga, descargadores, ensacadores, contra los trabajadores de las fábricas solidarios con ellos, contra los marineros de los remolcadores, contra la hambrienta población obrera traza el táctico coronel sus planes de campaña, dicta el estratégico coronel sus órdenes de mando.

 

Se llama proletariado el enemigo peligroso, la huelga fue su temeraria acción de guerra; el crimen que hay que castigar con las armas de los soldados fue el no haber cargado un barco con café robado al pueblo para ofrecerlo a un asesino de poetas y de obreros. Su crimen fue amar a otros pobres como ellos, fue amar a su patria oprimida, no querer mezclar su nombre con los crímenes falangistas al otro lado del mar.

 

Por eso están las cárceles abarrotadas, por eso fueron torturados y corrió sangre abundante por las calles. Por eso dispararon contra ellos los desalmados inspectores de la policía secreta, los técnicos de la lucha contra el comunismo, contra las huelgas, contra los movimientos proletarios. Encerraron entonces a decenas de huelguistas en los calabozos, amontonados como fardos en la bodega de un navío, los cuerpos deshechos a porrazos; y aquellos enemigos temibles no se rindieron.

 

Mandaron después a la policía militar, a las patrullas a caballo, como refuerzo para la policía. Barrieron a balazos los muelles, y allí cayó Bartolomeu. Lanzaron a los caballos contra su entierro, lo disolvieron aplastando con sus cascos a los obreros, muchos más cayeron junto a su ataúd. En las batallas de esa guerra extraña, sólo uno disparaba, tenía pistolas, ametralladoras, soldados a caballo. Los otros tenían una llama interior que les crecía en el pecho. Una negra cayó bajo los caballos, era la flor del puerto de Santos, la perfecta negra Inácia, y primero asesinaron al hijo que llevaba en el vientre. La sangre corrió por las alcantarillas, centenares y centenares llenaron de nuevo las cárceles, sobre ellos vibraron nuevos latigazos, nuevas porras de goma pesadas como plomo. Tenían sólo la llama de una idea, un solidario fuego, y no se rindieron esos temibles enemigos.

 

Vino entonces el Ejército, el coronel con sus soldados. Sus objetivos eran claros y precisos: cargar el café en el barco nazi, ayudar al general Francisco Franco, que combatía en España al mismo enemigo alzado en Santos. El coronel integralista obligó a sus soldados a cargar el barco. Cargado el barco, quedaba sólo acabar con la huelga. Bastaba colocar tras cada huelguista irreductible a un soldado con bayoneta calada y, con este argumento respetable, hacerle marchar hasta el muelle a trabajar. Mantener los ojos vigilantes y la mano alerta en el gatillo de la ametralladora para impedir cualquier protesta tras haberles forzado a trabajar. Un soldado con fusil tras cada obrero…

 

Y terminada la huelga, el coronel volvería a Rio a recibir las felicitaciones, quizá el ascenso. Lo que no habían conseguido el hambre, el látigo, las patas de los caballos, lo había conseguido el coronel integralista. No tenía más que dar unas órdenes, claras y precisas órdenes militares.

 

Así lo explicó el coronel integralista indicando al joven capitán la relación completa de los domicilios de los huelguistas, trabajo de la policía:

 

—Los soldados los traerán de sus casas, otros vendrán directamente de las cárceles a los muelles; vendrán todos, menos los jefes y los extranjeros. A esos malditos les llevaremos a la isla Fernando de Noronha. Manos a la obra: ponga a un soldado armado detrás de cada uno de esos canallas.

 

El capitán no era integralista, era sólo un capitán del Ejército, jamás se había interesado por la política. Tenía el orgullo de sus estrellas y deseaba honrar su uniforme. No le gustaba ver en el puerto aquel barco inglés, sus cañones apuntando a la ciudad, le parecía una afrenta a su patria. No le gustaban tampoco esas órdenes que recibía de arrancar de sus casas a los obreros, de llevarlos al trabajo a la fuerza. Hubo un tiempo, allá durante el Imperio, en que empleaban al Ejército para cazar esclavos.

 

Los oficiales dijeron: «No somos jefes de bandas defacinerosos». Y se negaron a enviar a sus hombres a cazar a los negros huidos de los señores de los ingenios. ¿No pasaba ahora lo mismo? ¿Para eso había ido a la Academia Militar y había estudiado táctica y estrategia, había hecho solemne juramento a la bandera? Había soñado siempre con el fuego de los combates, con el olor a pólvora, con la gloria sangrienta de las batallas. Y ahora se sentía defraudado; iba a verse convertido en un facineroso a la caza de obreros desarmados. En su honrado rostro se reflejó la repugnancia ante aquellas órdenes que le daba el coronel integralista con solemne voz de mando.

 

 

—¿Qué piensa, capitán?

—No es ésta la guerra con la que tanto he soñado. No son soldados enemigos.

—No hay enemigo peor que esos malditos comunistas. Enemigos de Dios, de la Patria y de la Familia. Enemigos del orden establecido, gente que obedece órdenes del extranjero. Es un honor combatir contra ellos, capitán. Esto es una verdadera guerra.

 

Se calló el coronel, feliz por su discurso. Se calló el capitán, nada convencido. En el silencio hostil buscó el coronel nuevos argumentos decisivos.

 

Encontró uno, irrebatible:

 

—Y aquí soy yo quien manda, y su deber es obedecer. Usted es militar y sabe qué es una orden. Le he dado una orden y usted no tiene por qué discutirla.

 

El capitán se puso firmes. «Un militar tiene que obedecer», pensó.

 

—Puede irse, capitán.

 

Eso ocurrió en Santos, ocupada por los soldados como una ciudad enemiga conquistada, al finalizar la huelga de los estibadores. Contra ella se alzaron fusiles, ametralladoras, contra ella se declaró la guerra.

 

Era una guerra, sí, guerra de clases; era una ciudad enemiga, sí, enemiga de la constitución fascista, del Estado Novo, de las banderas nazis en los barcos, de los regalos de café a Franco. Ocupada por soldados, conquistada, pero no apagada la llama interior que la sustentaba. Así era Santos en aquellos días, aurora de la libertad empedernida, bandera desplegada al viento, roja ciudad comunista.

 

 

Desde el enfoque del análisis estructuralista, se podría armar una estructura interpretativa a partir de oposiciones. El evento de la huelga, su principio, mediación y fin, se opone al golpe fascista de los integralitas, que tratan de tomar el palacio; pero, Getúlio Vargas resiste, es apoyado por el ejército. Los fascistas golpistas, aliados a los liberales descontentos, son derrotados. Una manifestación obrera y popular sale a las calles contra el golpe fascista, no en apoyo del gobierno de Getúlio Vargas, sino contra la conspiración de los integralistas, exigiendo, además, la apertura democrática. ¿El golpe fascista empuja a Getúlio Vargas más a posiciones populistas?

 

Retomando otros escenarios narrativos de la novela, se puede decir que la fiesta de la burguesía en el hotel de la ciudad donde se reprimía a los huelguistas; algarabía cínica, pretendida burlona del movimiento de los estibadores; se opone a la inmensa soledad, tristeza y depresión en la que se encuentra Manuela, al ser obligada a abortar, tanto por Paulo, el amante cínico, y por su hermano, a quien admiraba, que también le aconsejó abortar, evitando así perjudicarse en sus negocios.  La fiesta se opone a la soledad.

 

Si bien hemos descartado hacer estos análisis literarios, esta vez desde el enfoque estructuralista –  dijimos que dividir el texto, fragmentarlo, para después armarlo, como en un rompecabezas, es como dejar hecha hilachas la novela, convertida enobjeto de estudio, para volverla armar en una hermenéutica analítica, esta vezestructural -, vamos a mostrar un ejemplo de una interpretación efectuada a partir de polarizaciones, para contrastarla con la interpretación perceptual, que busca elsentido inmanente. Esto se hace no para desvalorizar la interpretación, que nombramos provisionalmente, estructuralista, pues estos análisis, como dijimos no dejan de arrojar orientaciones en la lectura, sino para retomar este cuadro de clasificaciones, en un abordaje desde la perspectiva móvil de la percepción.

 

Así como se ha definido una armadura cultural[8], desde el análisis estructuralista, así también, podemos, hipotéticamente, suponer una armadura pasional. Unaarmadura pasional que interpreta el cosmos social desde la estructura de los sentimientos. Una sociedad podría ser leída, no sólo a partir de sus signos, sino a partir del cuadro de sus pasiones. Retomando el bosquejo de cuadro clasificatorioestructuralista, podemos contrastar pasiones; por ejemplo, las pasiones emancipatorias contrastan con las pasiones de dominación; así como las pasiones festivas se oponen a las pasiones depresivas. La armadura pasional interpreta el cosmos social a partir del cuadro de sus pasiones. Esta armadura pasional explicaría al cosmos social por la contradicción entre emancipación y dominación, por la contradicción entre festividad y soledad. La lucha entre emancipación y dominacióndesencadena dramas desgarradores, que anuncian la luz en el túnel[9]; la pugna entre festejo, bullicio, y soledad, silencio, desencadena el triste despojamiento de la inocencia; anuncia el aprendizaje de la despojada y humillada de la cruda “realidad”; pero, también el aprendizaje de la amistad, la solidaridad y de la “ideología” de la emancipación.

 

Desde la perspectiva de este enfoque, que hemos llamado, provisionalmente,estructuralista, la novela sería una armadura pasional que interpreta el cosmos social a partir del contraste y polarización pasional. Claude Lévi-Strauss nos muestra en Mitológicas que la armadura cultural, compuesta por mitos, interpreta el cosmos y el bosque a partir del contraste entre fuerzas inmanentes. La narrativa mitológica supone que los desenlaces dados en la tierra, donde vive la gente, responden a los desenlaces dados en el cosmos. Hay como una antelación de una primera trama primordial, que se repite en la tierra, que la sufren los humanos. Si se quiere estamos ante una guerra cósmica, que se repite en la tierra, en las formas narradas por los mitos. Algo parecido a lo que interpretaban las sociedades antiguas en sus mitos; suponen que estamos ante una guerra entre dioses; los humanos sufren esta guerra de la manera que narran las leyendas.

 

Esta interpretación estructuralista habría convertido al novelista en un intérprete de la armadura pasional del cosmos social, narrador que, de alguna manera, conjetura una guerra titánica entre figuras históricas, entre emancipación ydominación, y figuras psicosociales como la algarabía y el despojamiento, entre elfestejo y la soledad. Lo que ocurriría en la tierra, entonces, es como una dialéctica social que responde a la dialéctica de la filosofía de la historia. Esta podría ser una orientación, una hipótesis de partida, para adentrarnos a la composición de una interpretación perceptual de la novela.

 

La interpretación desde la fenomenología de la percepción se sitúa en la intuición subversiva, en este caso del proletariado brasilero, que logra comprender el mundo, como constituido por las percepciones multitudinarias sociales, por las acciones desencadenadas; en la interpretación comunista, por la lucha de clases. La voluntad social constituye el mundo, transformándolo, a la vez de heredarlo. La voluntad del proletariado, es decir, las composiciones de plurales voluntades proletarias, de las multitudinarias dinámicas moleculares sociales, se convierte en una intervención o constelación de intervenciones que constituyen el mundo, lo transforman, a la vez de comprenderlo. Lo que hay del otro lado, por así decirlo, por parte de la burguesía, que es una composición social diferencial y singular, como dijimos, se da como una renuncia a la intuición social; se sustituye la percepción por la razón instrumental. Razón que busca conocer el mundo de acuerdo a sus condiciones y determinaciones; razón abstracta, en este caso operativa, que busca, con este conocimiento, con la ciencia y la tecnología, dominar los cuerpos, dominar la naturaleza. Si bien no toda la burguesía piensa de esta manera, no toda concibe el mundo racionalmente, pues estamos ante una burguesía heredera de prejuicios coloniales, prejuicios que se representan el mundo como pertenencia de los conquistadores, de todas maneras, es como el horizonte modernista de la burguesía, aunque este horizonte no sea alcanzado.

 

¿Qué podemos decir del getulismo, del populismo brasilero, de entonces? No esintuición subversiva, tampoco es, del todo racionalidad instrumental, aunque exprese claramente el “pragmatismo” político. La hipótesis interpretativa es la siguiente: La comprensión del mundo del populismo se conforma entre la intuición social y la racionalidad instrumental; deja de ser intuición social, no llega a ser racionalidad instrumental; sin embargo, el “pragmatismo” populista no deja de comprender desde las sensaciones, desde una lectura de las demandas sociales, aunque haya dejado la intuición social; por lo tanto, aunque se haya alejado de la comprensión integral de la totalidad. También el “pragmatismo” populista no deja de adivinar la significación de los conceptos de la racionalidad instrumental; por eso se pretende progresista, apuesta al desarrollo económico, a la revolución industrial.

 

En este contexto espacio-temporal, ante las múltiples historias de rebeliones, de los pueblos, del proletariado, de lo nacional-popular, de los afrodescendientes, de los pueblos indígenas, por lo tanto, ante la crisis del Estado-nación, la dictadura militar, la impuesta por el golpe de Estado de 1964, recoge el proyecto de la burguesía industrial de desarrollo económico y revolución industrial. Llevando al extremo una solución política conservadora, salvando a los terratenientes, a las familias heredadas del Imperio, a las oligarquías locales, y, al mismo tiempo, impulsando una revolución industrial autoritaria, por la vía del Estado, impulsando el desarrollo económico por las vías oligárquicas. La geopolítica regional que elabora la Escuela Superior de Guerra es la expresión clara de esta vía escogida y pugnada.

 

Otra hipótesis: La dictadura militar busca trasladar la guerra interna, la lucha de clases, hacia, si no es guerra externa, por lo menos es una expansión regional. La geopolítica regional se propone la dominación del espacio regional, persiguiendo, desesperadamente, trasladar las contradicciones internas a los escenarios de las contradicciones externas, geopolíticas.

Se puede decir que, desde la implantación violenta de la dictadura militar (1964) hasta el inicio del periodo democrático (1985), hay como dos décadas de aplicación de la geopolítica regional, dos décadas de suspensión de la democracia, que son aprovechadas para realizar la revolución industrial autoritaria y eldesarrollo económico oligárquico como nunca antes se lo había hecho, sobre todo en los periodos de gestión de Getúlio Vargas. No se puede decir que esta geopolítica se logre realizar regionalmente, aunque lo haya hecho parcialmente, al incorporar a la geografía política del Paraguay a la esfera de la irradiación geopolítica del Estado-nación del Brasil, aunque se haya intervenido en golpes, en planes cómplices con otros regímenes militares de Sud América, aunque haya habido apropiación de porciones territoriales. Lo que no quiere decir que la influencia del Estado del Brasil no haya crecido; todo lo contrario, la influencia económica y política ha crecido; empero, esto no significa, no corrobora, que la geopolítica regional, lo que Mauro Marini llama subimperialismo, se haya efectuado, en el sentido de su realización, aunque lo haya hecho parcialmente.

 

Lo sugerente en la historia reciente, es que los gobiernos del PT, que emergen de las largas luchas sociales, que se consolidan en el poder mediante el ejercicio de la formalidad democrática, están en mucho mejores condiciones de realizar la geopolítica regional, aunque ya no se la conciba como subimperialismo. Todos los gobiernos progresistas de Sud América, han heredado, por así decirlo, de los gobiernos populistas del medio día del siglo XX, el racionalismo “pragmático”; igual que aquellos gobiernos postulan la revolución industrial y el desarrollo económico, como condiciones necesarias para satisfacer la demanda social. Entonces hay como un acuerdo sobre la integración económica; lo de la integración política forma parte de su discurso; pero, no del ejercicio práctico de sus políticas, salvo las simulaciones diplomáticas. El motor dinámico, operativo, de esta integración, que llamamos conservadora, también integración burguesa, opuesta a la integración emancipadora de los pueblos, es el Estado-nación del Brasil, su enorme economía, calificada por eso como potencia emergente.

 

Una tercera hipótesis de interpretación es conveniente:

 

 

Los neopopulismos contemporáneos, quizás, mejor dicho, de manera más directa, los gobiernos progresistas, no se circunscriben a los dos cuerpos del rey, a la pugna de los significados en el cuerpo significante del caudillo[10]. Cuando se traslada esta concurrencia de significados políticos a la geografía, convirtiéndola en el cuerpo-mapa donde se pugnan los significados geopolíticos, ya no estamos sólo en el nivel del símbolo del caudillo, sino en otro nivel, más complejo, más extenso, incluso más abstracto. Se pude decir que los gobiernos progresistas se han convertido en estructuras-caudillo, sistemas-caudillo. No es ya sólo el cuerpo del caudillo el que se disputa simbólicamente, tampoco solo es el mapa el que se disputa geopolíticamente, es una estructura, es un sistema, que llamaremos provisionalmente, socio-político. Programas, planificaciones, formación discursiva, partido masivo, casi nuevamente partido-Estado, proyecto político, se convierten en los dispositivos de disputa de las significaciones políticas. Las clases sociales intervienen en esta pugna, desplegando sus interpretaciones diferenciales de símbolos geopolíticos más complejos.

 

 

Racionalismo “pragmático”

 

Dijimos que el racionalismo “pragmático” populista no llega a ser racionalismo instrumental, tampoco ya es intuición social. Sin embargo, conserva una lectura sensible, aunque sea parcial y fragmentada, sin lograr integrar una percepción; es decir, sin lograr intuir la totalidad. Ante esta falencia, suple esta incapacidad de integración perceptual con la conjetura “ideológica” de telos racional; el fin de la historia, el desarrollo, el progreso, la revolución industrial y tecnológica. En sus mejores momentos el populismo se encuentra vinculado afectivamente a parte del pueblo, al pueblo demandante. Del populismo del que hablamos, el latinoamericano, no está inclinado a la teoría; empero si, a la retórica, a los discursos con-vocativos, sociales, nacionalistas, culturales. Los teóricos sobre este populismo suelen ser marxistas. En el caso de una valoración política positiva, el análisis marxistas tiende a ver el fenómeno populista como transición en la experiencia de la politización de las masas. En el caso de una desvalorización política, el análisis marxista no sólo encuentra en el populismo un reformismo peligroso, engañoso y obstaculizador, sino incluso ambigüedades que llevan al fascismo. Hay que tratar de analizar el fenómeno populista, sobre todo el populismo con-vocativo, el populismo que cuenta con apoyo social, no tanto desde los esquemas marxistas, que aunque ayuden a ubicarlo en coordenadas históricas, no dan cuenta de las relaciones afectivas que establece con parte del pueblo, que puede ser mayoritario.

 

El populismo no se hace problema, no le incumben, con las tareas de las transformaciones estructurales, prefiere usar las estructuras para mejorar las condiciones sociales, para recuperar la soberanía, para lograr los objetivos planteados, que tienen que ver con el desarrollo nacional. Quizás esto sea un nivel y una forma de “pragmatismo”; sin embargo, no es tan fácil afirmarlo, pues el populismo, en su etapa inicial se complica. Quiere hacerlo todo, quiere resolverlo todo, incluso explicarlo todo, a partir de su “ideología” nacionalista. También quiere responder a la demanda social, al mismo tiempo que no está dispuesto a sacrificar a la burguesía, y en algunos casos ni a los terratenientes. Sin embargo hay que distinguir esta etapa inicial del populismo, de las siguientes, cuando no solamente se ve obligado a afrontar tareas administrativas, sino tareas políticas de conservación del poder. Es cuando se hacen visibles otras formas de “pragmatismo” más evidentes. También se pude decir que no es exactamente la misma composición del movimiento populista; los sectores más “pragmáticos” tienden a ganar preponderancia en las decisiones políticas. Para ilustrar, de una manera un tanto esquemática, podemos decir que, si al principio tenían importancia los “ideólogos” del populismo; después, estos, los “ideólogos” nacionalistas, serán desplazados, por decirlo crudamente, por los cínicos. Quienes prefieren los métodos y los procedimientos que consideran más eficaces para conservar el poder. En resumidas cuentas, estos métodos y procedimientos del “pragmatismo” descarnado reducen el mundo al juego de las apariencias, al montaje de los artificios, al engaño impactante. Es cuando el populismo no parce ya diferenciarse de los gobiernos que considera oligárquicos, salvo por su base social amplia, por la confianza que todavía le brindan las mayorías, ilusionándose con el recuerdo de los discursos iniciales.

 

Es importante detenerse en este “pragmatismo” descarnado, correspondiente a la etapa de la consolidación del poder. No es difícil encontrar ejemplos al respecto, sobre todo en los perfiles de las políticas implementadas en esta fase; monetaristas, de austeridad, en el mejor de los casos, de inversión económica, sobre todo en la industria, acompañada por una relativa inversión social. El “pragmatismo” aparece cuando se indemniza a las empresas nacionalizadas, cuando se convocan nuevamente a los capitales internacionales, a pesar de que vayan acompañadas estas medidas con discursos sociales, nacionalistas y hasta antiimperialistas. Sin embargo, esta vez preferimos usar ejemplos más próximos del perfil de estos otros populistas, que en parte pueden proceder de antiguos estratos políticos de oportunistas, incluso de intelectuales conservadores, que se adecuan a las nuevas condiciones del poder. En la segunda novela de Los subterráneos de la libertad, nos encontramos con la figura de un intelectual conservador, diletante, que maneja información cosmopolita, quien expresa elocuentemente el cinismo ventilado por comediantes que llevan al extremo el “pragmatismo”, hasta convertirlo en oportunismo abierto, justificando esta actitud con una concepción decadente del mundo. Ante la suave interpelación de Manuela en defensa del arte, en contra de la banalidad. El poeta Shopel le responde:

 

 

—Eres realmente inocente, Manuela. No sabes nada de estos ambientes, de este condenado medio artístico… Apréndelo ahora, señora de la danza, y no lo olvides jamás: literatura y arte son sinónimos de prostitución. La inteligencia tiene en sí algo de prostituta. ¿Qué es una actriz de teatro? ¿Qué es un escritor? ¿Qué son una cantante, una bailarina? Nadie cree que pueda existir una que sea decente, que no se acueste con el primero que se lo pida. Y con los hombres, lo mismo: de una manera o de otra prostituimos nuestra inteligencia. Las mujeres comprando contratos con su cuerpo, comprando críticas, éxito… Los hombres, ¡ay, Manuela! Con los hombres es aún peor… Si uno es crítico literario tiene que cubrir de alabanzas el libro más infame cuando ha sido escrito por un político o por un millonario… Si es poeta, acaba como yo, metido en negocios, haciendo artículos de publicidad comercial. Si es novelista, trata de buscarse un empleo en una agencia de publicidad y acaba haciendo propaganda de dentífricos. El destino de los artistas es prostituirse de una manera o de otra. De eso no escapa nadie… Tú te estás prostituyendo ya al bailar en un casino.

 

Cuando Manuela hace notar que eso le parece repugnante, además de considerarlo provisional, una fase en su preparación artista, Shopel le responde:

 

 

—No es nada horrible, ¡oh flor de las Manuelas! El arte está por encima de las contingencias mediocres de la vida. Planea como una nube sobre la vida cotidiana. Las pequeñas reglas morales no se han hecho para nosotros… Nuestra tarea es escribir, danzar, cantar, actuar en el escenario, pintar para los pocos que pueden pagar nuestra inteligencia… Somos una especie de criados de lujo, tenemos también algo de payasos. Pero al mismo tiempo tenemos también nuestros privilegios. Podemos prostituirnos si nos da la gana, y nadie presta demasiada atención a eso. Al contrario, hasta se convierte en publicidad, en un factor del éxito. Mientras fui sólo poeta, Manuelinha, comiendo el pan de la miseria, el amargo pan del diablo, sólo un grupito de amigos, como Paulo, leían mis versos.

 

Hoy, cuando ando metido en grandes negocios, todo el mundo me habla de mis poemas… Y siempre ha sido así… Antiguamente los artistas y escritores dependían de las casas nobles, de los príncipes, de los duques… Hoy se han acabado los aristócratas, y pertenecemos a los banqueros, a los industriales, a los financieros.

 

Manuela discute, le parece todo esto una prostitución, por lo tanto desaprueba esta concepción. Shopel insiste con sus argumentos:

 

 

—Exactamente. Tienes razón… Todos somos una especie de rameras vendiendo nuestra inteligencia…

 

—Pero ¿por qué eso es así? —Manuela movía la cabeza desorientada—.

¿Por qué hay que venderse? Yo siempre he querido bailar, tengo necesidad de bailar, pero nunca pensé en el dinero que podría ganar con esto. Os lo juro, nunca. En lo que pensé siempre es en bailar para todo el mundo, y me es igual si pueden pagar o no, eso no me importa… Me gusta bailar también cuando estoy sola. Es mi manera de decir lo que siento, lo que me pasa… Cuando bailaba ayer en el casino, tuve que cerrar los ojos para poder continuar… Cerré los ojos y pensé que estaba sola, o que estaba en un tablado, en un inmenso estadio lleno de gente… Sólo así puedo danzar…

 

 

A Shopel lo que le decía Manuela le parce de una enorme candidez, de una sencilla inocencia; retoma su perorata y concluye:

 

 

—El arte es mentira, hija mía. Esto es un tópico, pero es verdad. Y cuanto más mentira es, más hermosa la obra…

 

 

Aunque no se hable aquí de política sino de arte, el relato es ejemplar para mostrar una manera cínica de pensar o por lo menos de exponer sus pensamientos. Sobre todo para mostrar el perfil de una personalidad descarnada, que precisamente juega un papel indecoroso, al ser como el “palo blanco” del banquero, que monta una gran empresa extractiva de manganeso en el Valle del Río Salgado, y ser también un escritor cuya retórica apunta a ensalzar estos emprendimientos. Para Shopel el arte es una mentira, y cuanto más mentira es, más hermosa la obra. Para Shopel prácticamente no hay diferencia entre el ballet y la danza de cabaret; ambas se prostituyen. Le dice a Manuela que el arte está por encima de las contingencias mediocres, encima de las reglas morales, que la tarea de los escritores y artistas es escribir para quienes puede pagar. Le dice: Somos una especie de criados de lujo, tenemos también algo de payasos. El privilegio de los artistas y escritores es que pueden prostituirse cuando les da la gana; además esto es bien visto por y en la publicidad. Le dice también afirmando esta concepción en una noción de pertenencia: y pertenecemos a los banqueros, a los industriales, a los financieros. La tesis de Shopel se resume al siguiente enunciado: literatura y arte son sinónimos de prostitución. La inteligencia tiene en sí algo de prostituta.

 

Si la concepción cínica sobre el arte es esta que reduce el arte a la imitación, sobre todo al juego de engaño, basado en su efecto de impresión, ¿qué pude decir sobre la política esta concepción “pragmática”? ¿Si el arte es prostitución, que es la política? La política es el mercado mismo de la prostitución. No es de ninguna manera extraño que personajes con este perfil cínico, aunque lo expresen de distintas maneras, con toda la variedad de las formas, desde las más crudas hasta las más sutiles, sean los que se enreden en prácticas corrosivas, en relaciones clientelares, en actividades de corrupción; lo que hemos llamado economía política del chantaje. Para ellos la política tiene esa utilidad, de lo contrario no tiene sentido. Estos personajes están muy lejos de cualquier apego a cualquier aire que se parezca al romanticismo. Mas bien, critican cualquier señal que anuncie esta inclinación sentimental, que les parece ingenua. En la etapa más “pragmática” del populismo, la economía política del chantaje se extiende alarmantemente, casi hasta copar todo el Estado, incluso hasta corroer las relaciones de cohesión de la sociedad. Estos gobiernos, que cuentan con apoyo social, que se hallan legitimados por la confianza crédula de la mayoría del pueblo, no son vencidos por sus contrincantes, sino se derrumban en su propia podredumbre.

 

Si bien la práctica política institucional no deja de estar atravesada por prácticas de poder paralelas, no institucionales, que la corrupción es inherente al poder, lo notorio es que estas prácticas se incrementan y extienden compulsivamente, como queriendo sustituir la cohesión social por la complicidad masiva. Estos personajes están dispuestos a todo, han suspendido todo escrúpulo, pueden un día hablar, haciendo gala de la forma retórica, con la pose más radical, pueden, al otro día, hablar como los más contumaces reformistas, pueden combinar todo esto con un nacionalismo chauvinista, pueden, incluso después de haberse declarado “revolucionarios” radicales, reconocerse como católicos apostólicos y romanos.  Todo vale; ellos son los que llevan adelante eso de el fin justifica los medios, que se le moteja a Nicolás Maquiavelo, cuando este primordial analista político nunca planteó semejante tesis.

 

En el siglo XXI han reaparecido los populismo, llamados neopopulismo; han aparecido en formas combinadas. Retoman las imágenes de las tradiciones socialistas; sólo las imágenes, pues están lejos de dedicarse a estudiar las historias de las teorías y los debates socialistas. Algún caudillo puede declararse incluso como “marxista-leninista”, sin necesidad de haber sido formado en estas tradiciones estoicas. Basta el juego de imágenes para heredar el “espíritu”. Otros “marxistas” aplauden esta intrépida incorporación tardía a posiciones que para ellos son caras. Estos “marxistas” también han aprendido que el mejor método para llegar al poder es el “pragmatismo”. En este caso, no son exactamente populistas, pues les falta lo que a los otros, los populistas les sobra, sus relaciones afectivas, paternales con el pueblo. No son queridos por el pueblo, por más esfuerzos que hagan, por más que se declaren consecuentes seguidores del “jefe”, pues el pueblo demandante siempre los mira con sospecha. Estos “marxistas” también terminan formando su clientela, sus relaciones clientelares, que no son tan populares, como en el caso de las clientelas populistas, sino se trata de profesionales de clase media, que siguen creyendo que eso, lo que hace el “marxista”, es parte del procedimiento por etapas del proceso “revolucionario”. Entonces, entre ambos, populistas y “marxistas”, se termina conformando una retórica abigarrada, donde se combinan anhelos populares por el padre perdido y promesas socialistas. Por eso, podemos decir, que el fenómeno contemporáneo del neo-populismo, de los gobiernos progresistas, no corresponde exactamente a las manifestaciones dramáticas del caudillo con-vocativo, sino ya ha adquirido formas más complejas y combinadas, ciertamente sin dejar de expresar la herencia clientelar del “viejo” populismo.  Solo que ahora se presenta como programa-caudillo, movimiento-caudillo, estructura-caudillo, sistema-caudillo.

 

Hay todavía otras formas de esta herencia populista. Una de las más sugerentes es la que llamaremos neo-reformismo, usando nuevamente neologismos. Después de una larga historia organizacional, de articular un partido sindical, acompañado por las tradiciones interpeladores y críticas de un campo intelectual marxista, cuando el partido no solo se transforma en un partido de masas, sino en un partido-sociedad, siendo incluso una sociedad dentro de la sociedad, representada en el Estado-nación, cuando llega a ocupar los espacios de la fabulosa maquinaria del Estado, a pesar de haberse constituido en su distanciamiento a las formas seductoras del populismo, optando, más bien, por la formación, termina construyendo una forma de hacer política, desde el gobierno, que tiene analogías sobresalientes con las formas edulcorantes populistas.

 

Todas las formas del populismo latinoamericano, basado en relaciones clientelares, son formas de dominación. Las formas combinadas del populismo, por ejemplo con discursos retóricos “marxistas” no dejan de ser formas de dominación. La forma de gobierno de un partido-sindicato, de un partido-sociedad, de un partido-Estado, si bien responde a una forma organizacional y formativa, en sus distintas tonalidades, no deja de ser forma de dominación, pues termina por optar por la retórica política y la seducción populista, en vez de realizar transformaciones estructurales e institucionales, desmantelando las dominaciones múltiples que atraviesan los cuerpos sociales.

 

 

 

 

 

Acontecimiento y narración

Luz en el túnel

 

Prestes

 

En memoria de Luíz Carlos Prestes, el Cavaleiro da Esperança, tenentista, líder de laColumna Prestes, después miembro del Partido Comunista Brasileño, posteriormente Secretario General del partido. La Columna Prestes nace del intento de revuelta general contra la República Velha. Acabada la larga marcha, combatiendo a lo largo del recorrido, batallas que nunca perdieron, disminuidos y agotados, un destacamento al mando del jefe tenentista Siqueira Campos se refugió en Paraguay, mientras los restantes hombres dirigidos por Prestes se exiliaron en Bolivia.

 

Luíz Carlos Prestes encabezó el movimiento revolucionario de la Alianza Nacional liberadora, después del fracaso del movimiento fue encarcelado.  En marzo de 1936, Prestes es detenido, se le despoja de la graduación militar de capitán y es condenado a una pena de prisión de 9 años de cárcel. Su pareja, embarazada de seis meses, es deportada a Alemania por las autoridades brasileñas y morirá en la cámara de gas del campo de exterminio de Bernburg, durante la Segunda Guerra Mundial. Su hija Anita nació en una prisión alemana, pero fue rescatada tras una intensa campaña internacional dirigida por la madre y la hermana de Prestes. Con el fin del Estado Novo y el derrocamiento de Vargas en 1945, Prestes fue amnistiado y elegido senador. Prestes asumió la secretaría general del PCB ese mismo año, pero el registro legal del Partido fue cancelado en 1946; Prestes fue perseguido, obligado a volver a la clandestinidad.

 

En 1951 conoció a su segunda esposa, María Prestes, con quien tuvo ocho hijos y convivió durante 40 años, hasta la muerte de Luíz Carlos en 1990. En 1958 Prestes fue condenado a prisión, pero tal orden fue revocada por orden judicial debido a su posición de senador. Después del golpe de Estado de 1964, derrocado João Goulart, Prestes fue condenado a arresto domiciliario durante toda una década. En 1970 se exilió de nuevo en la URSS; retornará a Brasil tras la amnistía de 1979. Durante la década de los sesenta se generaron corrientes marxistas encontradas; Prestes tuvo conflictos con la fracción maoísta del PCB, la que proponía una “inmediata lucha armada”, en franca oposición a las tesis de Prestes. Los maoístas consideraban a Prestes “fiel seguidor de la ortodoxia soviética”. La otra militancia del PCB tampoco estuvo de acuerdo con sus posiciones políticas, considerándolas anacrónicas, rígidas, poco adecuadas a los desafíos del momento. Esta militancia del partido optó por las tesis del eurocomunismo.

 

Al margen de la dirección, en polémica con el Comité Central del PCB, Prestes expuso sus argumentos en una “Carta a los Comunistas”. En la correspondencia propuso una ruta política de mayor beligerancia con la dictadura militar; también propuso una reconstrucción del movimiento comunista brasileño. Arrastrando con él a una parte de la militancia, se alejó del PCB en 1982. Se incorporó activamente por la lucha social y política en distintos tópicos de atención, como el movimiento contra el pago de la deuda externa. Apoyó la candidatura de Leonel Brizola a la presidencia en 1989. Al año siguiente, con 92 años de edad, Luís Carlos Prestes muere en su casa de Río de Janeiro.

 

 

 

 

 

Historia y narración

Partamos de lo siguiente: De la misma manera que no hay un ápice de sentido en las palabras, en la lengua, entendida como sistema de signos, el sentido se realiza en el uso que hace la gente del lenguaje, así mismo no hay una trama viva en una narración, la trama vive, se activa, si se reconfigura en la lectura. La emergencia del sentido acontece en la relación de la gente con el lenguaje; la emergencia de latrama acontece en la relación del/la lectora con la narrativa. La experiencia delautor implicado, convertida en memoria, que, a su vez, adquiere una forma en su actualización escrita, entra en relación con la experiencia del lector implicado, convertida en memoria, que, a su vez, adquiere realización interpretativa en la forma refigurada por el/la lectora[11].

La trama viva acontece en esa relación de experiencias, de memorias, de formas narrativas y formas de interpretación, en la que se encuentran entrabados el autor implicado y el lector implicado. La aparición y reaparición de la novela, el acontecimiento novela, da lugar a, por lo menos, dos procesos de apropiación, entre muchas otras; la apropiación del/la lectora implicada de la trama de la narrativa, la activación en el lector implicado no solo de su memoria, en el sentido orientado por la narrativa, sino la interpretación de la memoria descubierta delautor implicado. Paul Ricoeur dice que si se está de acuerdo con que el valor cognitivo de la obra consiste en su poder de prefigurar una experiencia futura, hay que prohibirse fijar la relación dialógica en una verdad intemporal. Este carácter abierto de la historia de los efectos lleva a decir que toda obra no sólo es una respuesta a una pregunta anterior, sino, a su vez, una fuente de preguntas nuevas[12].

El horizonte de la novela es el Mundo, el Mundo que experimentó, Mundo que constituyó al narrador, también Mundo constituido por el narrador, participando en la constitución del MUNDO por todos los humanos involucrados. Ahora bien, elmundo de la novela es un mundo dentro de ese Mundo. Se concibió el mundo de la novela como mundo de ficción; sin embargo, no hay que olvidar que el mundo de la novela forma parte del Mundo; no se encuentra fuera del mismo. Entonces elmundo de la novela forma parte de la constitución del Mundo. El mundo de ficciónde la novela forma parte del Mundo percibido. Lo que narra la novela del Mundo no es algo ajeno al MUNDO; forma parte del acontecimiento Mundo. ¿Es pertinente preguntarse si una novela dice la verdad? Es decir, entendiendo la verdad como correspondencia con la “realidad”. De la “realidad” de la que hablamos forma parte la novela; en todo caso, la novela formaría parte de esa “verdad”. La relación de la novela con el Mundo es de interpretación; la novela interpreta el Mundo. Para la novela el Mundo es una trama; es decir, un tejido que se desplaza hacia sus desenlaces. La interpretación de la novela no es la misma que la interpretación de una ciencia descriptiva; ya lo dijimos[13]. La peculiaridad de la interpretación de la novela es que lo hace alegóricamente, dibujando y pintando cuadros, moviendo figuras en los escenarios del drama – como si fuesen imagen-movimiento, así como en el cine -, incluso participando en la valorización de los personajes y sus acciones. La novela toma partido; es también una voluntad de comprensión, así como de intervención. La novela se dirige a los interlocutores, al público lector. Busca en ellos no solo una lectura de placer, sino quiere transmitir la experiencia del narrador, convertida en mensaje. Busca afectar al público lector. Busca comprometerlo.

El/la lectora comparten el Mundo del narrador, aunque este Mundo ya no corresponda al Mundo del/la lectora; aunque se encuentre en otro tiempo. ElMundo del que habla el narrador puede ser el pasado del Mundo del/la lectora; empero, este mundo en devenir no deja de ser referente; tampoco deja de ser actualizado por la re-figuración efectuada. El/la lectora tienen también susmundos; es decir tienen sus interpretaciones del Mundo, conformadas a partir de sus experiencias singulares. Cuando una interpretación se encuentra con otra interpretación del Mundo se da lugar una conmoción, una compulsa de interpretaciones. Es posible, que pase lo que llama Hans-Georg Gadamer, la fusión de horizontes[14]; es decir, la ampliación de los horizontes hacia un horizonte mayor, conteniendo los horizontes de la composición; efectuando una interpretación de la interpretación, de la narrativa, a partir de ese encuentro crucial entre lector y narración. Esta fusión de horizontes ayuda a ampliar la comprensión del Mundo, sobre todo al compartir perspectivas, al desplegar una perspectiva que comienza a ser móvil.

La novela para el/la lectora es un viaje interpretativo, que le hace ver el Mundo con otros ojos; descubre también el Mundo a partir de la mirada del narrador. No olvidemos que el Mundo es lo que es porque está atravesado por sentidos, significaciones, símbolos; el Mundo es también interpretación. Interpretación efectuada por millones de miradas, interpretación compartida por millones de cuerpos; interpretación compuesta por millones de interpretaciones, que comparten y compulsan su visión de mundo. En este sentido, la novela no esficción, sino parte de la interpretación del Mundo, parte constitutiva del Mundo. ElMundo es integral; no se puede separar ficción de realidad. Lo que llamamos ficciónforma parte de la realidad. La ficción enseña la parte oscura, no iluminada delMundo; hablamos de la parte no iluminada por las descripciones científicas.

No se puede hablar pues de la verdad de la novela. La novela tiene una interpretación configurativa del Mundo; puede incluso llegar a ser una interpretación des-figurativa del Mundo, como en la novela contemporánea, como en Ulises de james Joyce. Intentando romper con las figuras acostumbradas delMundo; buscando, mas bien, la desfiguración, lograr liberar la fuerza figurativa, la fuerza plástica, que hace posible las figuraciones. Desde la primera novela, Don Quijote de la Mancha, la narrativa es crítica; cuestiona las imágenes heredas, las interpretaciones heredadas; cuestiona, en definitiva, el Mundo heredado. La novela se propone constituir otro Mundo. No lo hace como acción política, sino como acción interpretativa. Busca en los detalles de la vida cotidiana las fisuras, los resquebrajamientos, los sismos, que pueden ser imperceptibles, por donde se hace campo el nuevo Mundo.

En relación a la novela de Jorge Amado, la discusión no es si es una novela militante, sino si su narrativa desnuda el Mundo heredado, si logra encontrar en los detalles esas fisuras, esos resquebrajamientos, esos sismos, por donde se abre el nuevo Mundo. Si su narrativa logra hacernos viajar descubriéndonos elacontecimiento Brasil de su tiempo. Tampoco es la discusión si estamos o no de acuerdo con su mensaje político, con la interpretación política bolchevique. Esta es la posición política del narrador. Sino que, independientemente de la posición política, con la que podemos estar de acuerdo o no, la narrativa se convierte en parte del acontecimiento Brasil. Cuando una narrativa forma parte de la memoria de un pueblo, quiere decir que ha logrado convertirse en parte del pueblo.

Las teorías de la lectura pueden ayudarnos mucho a comprender la intrincada relación entre lector y narrativa; desde la retórica de la ficción hasta lafenomenología de la ficción. Ayudan a un mejor entendimiento de lo que significa la narrativa viva; es decir, despertada por la lectura. Lectura que forma parte del texto; pero, también forma parte de sus bordes, de sus orillas, así como forma parte de la autonomía de la lectura, la que inventa al mismo texto. Todo esto es sumamente importante; sin embargo, nuestro interés, en este caso, en la lectura que hacemos de la novela de Jorge Amado es también otro; nos interesa la novela como fuente de la interpretación histórico-política. En ese sentido, hemos encontrado en la novela invalorable información sobre las condiciones pasionales de una sociedad, que atraviesa un largo periodo crítico en el proceso de su composiciones sociales, de sus composiciones institucionales, en su invención gigantesca de la comunidad imaginada, de la nación. Periodo crítico que converge en lo que hemos llamado punto de inflexión, que más bien puede ser un trazo, cuando se construye la geopolítica regional, contrastada por la continuidad orgánica de la permanente rebelión popular.

Vamos a retomar la novela Los subterráneos de la libertad en su tercer volumen, Luz en el túnel, continuando con los comentarios, usos, interpretaciones de los volúmenes anteriores, Ásperos tiempos y Agonía de la noche.

 

 

El túnel

Carlos, de la dirección regional del partido comunista, es atrapado por la policía. En el camino, cuando lo llevan en el coche celular, se pregunta quién lo había entregado. Cuando en la Delegación policial descubre que también otros compañeros habían caído, se da cuenta de la gravedad del golpe dado por el gobierno al partido comunista. Tarda en darse cuenta que es un ex-miembro del partido, quién estaba a cargo de las finanzas, Heitor Magalhães, del que se dudaba sobre sus manejos del dinero del partido, el que lo entrega. También cae Zé Pedro. No tardaran en caer João y el Rubio, responsable de la regional. El relato es minucioso en las violencias descomunales caídas en los cuerpos de los militantes presos; el caso extremo es el relato de las violaciones de la mujer de Zé Pedro, Josefa, la tortura al niño, su hijo. Josefa termina enloqueciendo.  El relato también es enaltecedor del coraje de los militantes presos, que no hablan, resisten, a pesar de las espantosas torturas. Los pocos que quedan, que escapan a la represión sañuda, tienen la inmensa tarea de reconstruir el partido. Son Ramiro, el joven campesino, migrado a la ciudad, de acento portugués, que escapó de una detención, y Mariana, esposa de João, quienes se encargan de la reconstrucción del partido hasta la llegada del experimentado Vitor, enviado por el partido, que llega de Bahía, donde prácticamente el partido no había sido tocado.

También apresaron a Cícero, intelectual de prestigio, integrado al partido. A pesar de las influencias, sobre todo de su hermano, Raimundo d’Almeida, ministro del gobierno de Getúlio Vargas, no podían liberarlo. La policía estaba decidida a acabar con el comunismo en Brasil. Cuando, por fin, Cícero logró salir de la cárcel fue donde sus amigos de la alta sociedad a buscar apoyo para detener la violencia descomunal contra sus compañeros. Buscó a Hermes Resende, socialista, sociólogo connotado, que acababa de regresar de su viaje de estudios por Europa. Éste, al final no se comprometió con ayudarlos. Su argumento para no hacerlo es que estaba muy distante del Estado Novo, además de crítico del gobierno; que pedirles algo sería tomado como un acercamiento. Cuando quedó sólo con los que asistían a la tertulia; Resende expresó lo que pensaba:

 

En la librería, Hermes Resende hacía la autopsia de los comunistas:

 

 

—Por eso todo socialista honesto se aleja de ellos, de los stalinistas. Quieren liquidar la personalidad de uno, reducir los individuos a simples máquinas a sus órdenes… Por eso están perdiendo el apoyo de los intelectuales del mundo entero: Gide, Silone, John dos Passos… Sin hablar ya de Rusia, donde han fusilado a lo mejor que había, los intelectuales que se oponían a los métodos de Stalin.

 

Resende terminó apoyando a los norteamericanos, considerándolos demócratas, frente a los fascistas, por un lado, y frente al totalitarismo estalinista, por otro lado. Su apego a lo que concibe como civilización, desarrollo y progreso, lo inclinan a apoyar el establecimiento de la empresa mixta, brasilera y estadounidense, de explotación de manganeso en Valle del Rio Salgado. Resende se convierte en el difusor de las ideas democráticas norteamericanas.

 

El empresario norteamericano es representado en Mister John B. Carlton, el importante hombre de negocios de Wall Street («El audaz business-man americano», como escribían algunos periódicos; «el generoso millonario fundador de tantas instituciones beneméritas», como escribían otros) el doctor honoris-causa por una Universidad de Georgia donde no permitían matricularse a los estudiantes negros. La asociación de este empresario norteamericano con el empresario brasilero Jose Vale definen una de las rutas escogidas por el gobierno de Getúlio Vargas para el desarrollo económico pregonado; esta ruta es el extractivismo, la entrega de los recursos naturales al capitalismo estadounidense.

 

Los militantes comunistas se encontraban en el calabozo, torturados, desconociéndoseles todos sus derechos, sobre todo los civiles y políticos. Los miembros de la burguesía hacen gala de festines, donde conversan de todo, desplegando en el aire su cosmopolitismo ventilado. Es notoria su admiración por Hitler y Musolini; sobre todo admiran su radical forma de acabar con los comunistas. Los tienen como baluarte y hasta esperanza para acabar con la Unión Soviética, raíz de los males, del comunismo que se irradia por el mundo. Aunque también en estas reuniones se encuentran opiniones opuestas al fascismo, como la de Resende, quien, que también no está de acuerdo con el modelo estalinista, encuentra que la garantía de la democracia se halla en la potencia del norte. También el pragmático José Vale, cree que lo mejor es apostar a los norteamericanos, que aunque gane Hitler en Europa, en la guerra que se avecina, América es continente bajo de influencia de los Estados Unidos de Norte América. Artur, el aristócrata, padre de Paulo, se encuentra como al medio; se considera liberal, defensor de los principios democráticos, se coloca del lado de los norteamericanos, en la pugna entre pro-norteamericano y pro-alemanes en el gabinete; sin embargo, reconoce que Hitler es el mejor remedio contra el comunismo.

 

Los getulianos declarados son, aparte del profesor Alcebíades de Morais, Lucas Puccini, el hermano de Manuela, ahora convertido en millonario, por sus negocios turbios, y Eusebio Lima, su amigo alto funcionario del gobierno. Hay que añadir a este estrato social al delegado de policía, Barros, famoso por su crueldad en la represión y en la asistencia en las torturas, sobre todo descargándose placenteramente en los cuerpos indefensos de los comunistas presos.

El mapa social y político es esclarecedor. El proletariado habitando los suburbios, barrios pobres, donde prepondera la escasez; la herencia aristocrática del Imperio habitando los barrios más cotizados de la ciudad, compartiendo con la burguesía pujante, como es el caso de José Vale y la Comendadora La Torre. La pequeña burguesía, dispersada en toda la geografía estratificada de la urbe, a excepción de los barrios residenciales cotizados. Una pequeña burguesía, sin embargo, sujeta a una agitada movilidad social, hacia “arriba” y hacia “abajo”. El ejemplo de pequeño-burgués que asciende rápidamente es Lucas; otro ejemplo, más bien, lento, es el de su amigo, el alto funcionario, Eusebio Lima, que lo ayudó a salir de su pobreza. En contraste, Manuela, la balletista encumbrada, no se encuentra exactamente en algún lugar fijo del mapa; es como inubicable. Cuando se convierte en amante de Paulo y todavía bailaba en un cabaret, vive en un departamento en Copacabana; después de la ruptura con Paulo, vuelve a casa de la familia, en un barrio pobre; cuando se hace amiga de Marco Sousa, el gran arquitecto, simpatizante comunista, habita itinerantemente las buenas las casas de Marco; Manuela deambula de aquí para allá. Después se casa con Marco y vive en casas de holgada comodidad.

 

 

La Luz

 

João, el Rubio y el camarada llegado de Río discutían sobre la forma de reconstruir la regional del partido.

 

 

Continuó la discusión. Aquellos tres hombres, tan diferentes, pero entregados los tres a la misma causa, se complementaban, corrigiendo cada uno lo que había de poco claro en las ideas de los otros, encontrando en la discusión la justa manera de llevar su lucha. Se hallaban ante amargas comprobaciones: la policía, con las detenciones de septiembre, con la violencia de su acción contra el movimiento huelguista, con los sucesivos procesos, había aplicado rudos golpes a la regional del Partido. Células enteras habían desaparecido en las fábricas, los comités de zona estaban desorganizados, la combatividad de la masa había disminuido ante la brutalidad de la reacción. Al mismo tiempo, el gobierno intentaba consolidar el régimen fascista impuesto al país con el golpe del 37, la infiltración imperialista se hacía más fuerte, los capitales alemanes y norteamericanos se apoderaban de las riquezas del país. Vargas trataba de comprar políticos e intelectuales con cargos y prebendas, la vida del pueblo se hacía más difícil, la lucha más áspera. Y ellos eran sólo unos millares de hombres en todo el país, perseguidos como ratas, amenazados por todas partes. Y, sin embargo, la marcha de los acontecimientos dependía sobre todo de ellos, del acierto de sus decisiones, de cada pequeño grupo de tres o cuatro hombres que se reunían en las grandes ciudades de Brasil, de la misma forma que allí estaban reunidos el Rubio, João y el camarada llegado de Río.

 

La reorganización del partido es como el comienzo de la luz en el túnel. Aunque esta reorganización va costar el apresamiento de João y el Rubio, debido a nuevas redadas de la policía. Después de la caída de João y el Rubio, con la llegada de Vitor, la estrategia va a ser convertir el partido clandestino en un partido de masas. A lo largo de la novela el partido es el referente, el polo opuesto al Estado Novo; también el cabo opuesto a la sociedad de clases; es la promesa de la sociedad sin clases, el socialismo. Es también el referente ético, opuesto a la decadencia de la aristocracia, a la corrosión de la burguesía, al diletantismo del gobierno, a la corrupción de sus colaboradores.

 

Mimesis

Estos cuadros de la narrativa se parecen a los escenarios de cine de las películas de Griffith y Eisenstein. El primero, director del cine norteamericano, cine que ya tiene su trayectoria, que con Griffith adquiere madurez técnica y soltura expresiva; el segundo, director del flamante cine soviético. Ambos, con sus diferencias, pues el primero juega con dualismo, conjugados orgánicamente; en tanto que el segundo, pone en escena oposiciones que se resuelvendialécticamente. Ambos juegan fuertemente con contrastes, resaltando sus oposiciones, convirtiendo estas contradicciones en símbolos de la narrativa figurativa, plástica y en movimiento del cine. Por ejemplo, en Eisenstein el proletario es el símbolo de la revolución, su figura resplandece en los escenarios, mostrando sus perfiles rigurosos, recios, decididos, rodeados de una aureola ética. En contraste los perfiles de la burguesía, de los políticos que la representan, de los generales y oficiales que la defienden, son exaltados en sus manifestaciones más grotescas, en sus comportamientos más ridículos, haciendo hincapié en sus perversiones más decadentes.  ¿Este esquematismo, un tanto maniqueo, estos recursos de los contrastes, disminuye la calidad estética de las películas de Griffith y Eisenstein? No, de ninguna manera. Son procedimientos simbólicos, que ayudan a transmitir el mensaje. La calidad estética del cine de Griffith y Eisenstein no se pierde, la calidad estética, que tiene que ver con los cuadros en movimiento, se realiza; los cuadros dinámicos de la película se logran no tanto en la transmisión del mensaje político, sino en la capacidad de la intuición sensible, capacidad de sintetizar el acontecimiento, de expresar esta intuición en la narrativa figural en movimiento, logrando manifestar la intensidad del drama. Gilles Deleuze, a propósito del cine de Griffith, escribe:

Griffith concibió la composición de las imágenes-movimiento como una organización, un organismo, una unidad orgánica. Su hallazgo fue ese. El organismo es ante todo una unidad en lo diverso, es decir, un conjunto de partes diferenciadas: están los hombres y las mujeres, los ricos y los pobres, la ciudad y el campo, el Norte y el Sur, los interiores y los exteriores, etc. Estas partes son tomadas en relaciones binarias que constituyen unmontaje alternado paralelo, donde la imagen de una parte sucede a la otra de acuerdo con un ritmo. Pero es preciso también que la parte y el conjunto entren a su vez en relación, que se intercambien sus dimensiones relativas: en este sentido, no solo produce el agravamiento de un detalle sino que trae aparejada una miniaturización del conjunto, una reducción de la escena (a la escala de un niño, por ejemplo, como el primer plano del pequeño asistiendo al drama de La matanza). Y, más generalmente, al mostrar la manera en que los personajes viven la escena de que forman parte, el primer plano dota al conjunto objetivo de una subjetividad que lo iguala incluso lo rebasa (por ejemplo, no sólo los primeros planos de combatientes alternándose con los planos de conjunto de la batalla, o los primeros planos estupefactos de la muchachita perseguida por el negro enEl nacimiento de una nación, sino también el primer plano de la joven asociado a las imágenes de su pensamiento, en Enoch Arden). Por último, es preciso también que las partes actúen y reaccionen unas sobre otras, para mostrar de qué modo entran en conflicto y amenazan la unidad del conjunto orgánico, y a la vez de qué modo superan el conflicto o restauran la unidad. De ciertas partes emanan acciones que oponen el bueno con el malo, pero de otras emanan acciones convergentes que vienen en auxilio del bueno: es la forma del duelo desplegándose a través de todas estas acciones y pasando por diferentes estadios[15].

 

En lo que respecta a Eisenstein, comentando El acorazado Potemkin, Deleuze escribe:

 

La espiral orgánica encuentra su ley interna en la sección áurea, que indica un punto-cesura y divide el conjunto en dos grandes partes oponibles pero desiguales (como el momento del cortejo fúnebre, en que se pasa del buque a la ciudad y el movimiento se invierte). Pero cada espira o segmento se divide a su vez en dos partes desiguales opuestas.  Y las oposiciones son múltiples: cuantitativa (uno-varios, un hombre-varios hombres, un solo disparo-una salva, un buque-una flota), cualitativa (las aguas-la tierra), intensiva (las tinieblas-la luz), dinámica (movimiento ascendente y descendente, de derecha a izquierda y a la inversa). Más aún, si se parte de la terminación de la espiral y no de su comienzo, la sección áurea fija una nueva cesura, el punto más elevado de inversión en vez del más bajo, engendrando otras divisiones y otras oposiciones. Así pues, al crecer, la espiral progresa por oposiciones o contradicciones. Pero lo que de este modo se expresa en el movimiento del Uno desdoblándose y volviendo a formar una nueva unidad[16].

 

Un poco más abajo, sigue:

 

La oposición está al servicio de la unidad dialéctica, y marca su progresión de la situación de partida a la situación de llegada. En este sentido es que puede decirse que el conjunto se refleja en cada parte, y que cada espira o parte reproduce el conjunto. Y esto no solo se cumple en la secuencia, se cumple en cada imagen, que contiene también sus cesuras, sus oposiciones, su origen y su terminación: no tiene solamente la unidad de un elemento yuxtaponible a otros, sino la unidad genética de una “célula” divisible en otras. Eisenstein dirá que la imagen-movimiento es célula de montaje, y no simple elemento de montaje. En resumen, el montaje de oposición sustituye al montaje paralelo, bajo la ley dialéctica del Uno que se divide para formar la unidad nueva más elevada[17].

 

Jorge Amado no hace cine, es novelista; narra con la escritura. Ciertamente la escritura transporta figuras, imágenes, metáforas, alegorías, constituyendotramas; cuadros que son imaginados por el/la lectora, que incluso los imaginan en movimiento, como si fuese una película. En el cine se emplea, si se quiere, usando el lenguaje correspondiente, lenguaje de la imagen; en la novela se lo hace en lenguaje escrito. Son distintos lenguajes; en el cine, las imágenes llegan directamente; en la escritura, las imágenes son despertadas por la lectura. Sin embargo, se puede decir, comprendiendo estas diferencias, que ambos, el cine y la novela, conforman tramas; aunque uno lo haga con la imagen-movimiento y el otro la otra lo haga con el lenguaje escrito, impreso en el papel; escritura inmóvil, muda. La voz es la del/la lectora, las imágenes aparecen en el/la lectora, la interpretación aparece en el/la lectora, el movimiento es recreado en el/la lectora; una vez que termina la lectura, la trama se conforma en la memoria del lector. La trama es la textura de estas narraciones, textura hecha en cuadros, en figuras, en metáforas, en alegorías, aunque unas sean transmitidas de manera directa, en el leguaje de la imagen, mientras otras sean transmitidas de manera indirecta, en el lenguaje escrito. Lo que interesa son las composiciones figúrales de ambas narraciones; la forma como conforman una totalidad, que llamamos trama.

 

En Tiempo y narración, Paul Ricoeur dice:

 

Entre la actividad de narrar una historia y el carácter temporal de la existencia humana existe una correlación que no es puramente accidental, sino que presenta la forma de necesidad transcultural. Con otras palabras: el tiempo se hace tiempo humano en la medida en que se articula en modo narrativo, y la narración alcanza su plena significación cuando se convierte en una condición de la existencia humana[18].

 

Mimesis I

Volviendo a nuestra perspectiva móvil, a nuestra integración perceptual de perspectivas, volviendo a la fenomenología de la percepción[19], se puede decir que la narración es la manifestación, es decir, la exteriorización de la memoria, de planos de intensidad de la memoria. Estos planos de intensidad se realizan en los planos de intensidad de la escritura o de la imagen-movimiento, que es el cine. La narración recupera el sentido inmanente, es decir, la intuición del acontecimiento, en la forma de la trama, en esa totalidad o totalización de sentido, que se presenta, se hace presente, se hace visible, cuando la narración lo interpreta en el tejido figural y alegórico. Paul Ricoeur reconstruye esta trama con la articulación e integración de tres mimesis; una que hace de condición de posibilidad narrativa; otra que hace de configuración de la trama; y la tercera que hace de re-figuración con la participación del/la lectora. De la primera mimesis dice:

 

Cualquiera que pueda ser fuerza de innovación de la composición poética en el campo de nuestra experiencia temporal, la composición de la trama se enraíza en la pre-comprensión del mundo de la acción: de sus estructuras inteligibles, de sus recursos simbólicos y de su carácter temporal[20].

Para Ricoeur la trama es una imitación de la acción; para que se haga posible y se efectué esta imitación se requiere identificar la acción en general por sus rasgos estructurales. La semántica de la acción daría cuenta de esta competencia. Imitar es elaborar la significación articulada de la acción; para lograr esto se requiere la aptitud de identificar las mediaciones simbólicas de la acción. Las articulaciones simbólicas de la acción son portadoras de caracteres temporales; es cuando se hace posible realizar la capacidad de la acción para ser narrada[21]. Ricoeur considera estos rasgos estructurales, simbólicos y temporales de la siguiente manera:

 

La inteligibilidad engendrada por la construcción de la trama encuentra el primeranclaje en nuestra competencia para utilizar de manera significativa la red conceptual, que distingue estructuralmente el campo de acción del movimiento físico. Hablo de la red conceptual más que del concepto de acción para subrayar el hecho de que el propio término de acción, tomado en el sentido estricto de lo que alguien hace, obtiene su plena significación de los demás términos de toda la red. Las acciones implican fines, cuya anticipación no se confunde con algún resultado previsto o predicho, sino que compromete a aquel de quien depende la acción. Las acciones, además, remiten amotivos, que se explican por qué alguien hace o ha hecho algo, de un modo que distinguimos claramente de aquel por el que un acontecimiento físico conduce a otro acontecimiento físico. Las acciones tienen también agentes, que hacen o pueden hacer cosas que se consideran como obra suya, como su hecho; por consiguiente, se puede considerar a estos agentes responsables de algunas consecuencias de sus acciones[22].

La capacidad de manejar la red conceptual en su conjunto y cada término, en tanto miembro del conjunto, es la comprensión práctica. La pregunta es: ¿Cuál la relación de la comprensión narrativa con la comprensión práctica? Es una relación doble, una relación de presuposición y una relación de transformación[23]. Por un lado, la narración presupone familiaridad con términos como agente, fin, medio, circunstancias, ayuda, hostilidad, cooperación, conflicto, éxito, fracaso. Por otro lado, la narración añade los rasgos discursivos que la distinguen de una simple secuencia de frases de acción[24].

Estos rasgos ya no pertenecen a la red conceptual de la semántica de la acción, son rasgos sintácticos, cuya función es engendrar la composición de las modalidades de discursos dignos de llamarse narrativos, ya se trate de narración histórica, ya de narración de ficción. Se puede explicar la relación entre la red conceptual de la acción y las reglas de composición narrativa recurriendo a la distinción, familiar en semiótica, entre orden paradigmático y orden sintagmático. En cuanto provienen del orden paradigmático, todos los términos relativos a la acción son sincrónicos, en el sentido de que las relaciones de inter-significación que existen entre fines, medios, agentes, circunstancias y lo demás, son perfectamente reversibles. En cambio, el orden sintagmático del discurso entraña el carácter irreductible diacrónico de cualquier historia narrada[25].

Cuando se pasa del orden paradigmático de la acción al orden sintagmático de la narración, los términos de la semántica de la acción adquieren actualidad e integración. Actualidad, cuando los términos, que sólo tenían una significación virtual en el orden paradigmático de la acción, adquieren una significación efectiva en el encadenamiento de las secuencias. Integración, cuando los términos heterogéneos y diferenciales como agentes, motivos y circunstancias se vuelven compatibles y operan conjuntamente dentro de totalidades temporales efectivas[26].

 

En la novela de Jorge Amado la semiótica de la acción adquiere actualidad e integralidad intensas en la semiótica narrativa. Es una narrativa que condensa en la diacronía de la novela las sincronías del acontecimiento Brasil de su tiempo. Más que a la interpretación misma de la narrativa, hay que atender a los planos de intensidad de la experiencia social, de la memoria social, que se repiten en los planos de intensidad de los espesores de la narrativa. En estas transferencias y transformaciones, de los planos de intensidad de la experiencia social a los planos de intensidad de la narrativa, se halla el develamiento y la emergencia del sentido inmanente del acontecimiento Brasil de ese tiempo. Que haya la posibilidad de otros sentidos inmanentes o de otras formas del sentido inmanente, es una cosa; empero, lo que hay que atender es el sentido inmanente atrapado en la novela. El sentido inmanente adquiere forma, contenido y expresión a partir de la relación pasional del autor con el acontecimiento Brasil de su tiempo, con el proletariado, con el campesinado, con los afrodescendientes, con los indígenas, con los mestizos, con los migrantes pobres de su país. Con el partido comunista del cuál es militante. Estos agentes de las acciones se convierten en los cuerpos desde donde se percibe el Mundo. Esta actitud es ciertamente tomar partido, si se quiere, militar, como una crítica literaria alude; este posicionamiento no disminuye, de ninguna manera, la calidad estética de la obra, como pretende esa crítica literaria. Este posicionamiento es tomar lugar, territorializarse, colocarse en los sitios de la geografía social, desde los cuales trazar perspectivas interpretativas. Las intensidades de la novela emergen de este tomar lugar, colocarse, territorializarse. ¿Qué pretende esa crítica literaria? ¿Neutralidad en el acto de narrar? ¿Esto es posible? Es simplemente un supuesto discutible de la crítica literaria.

Se puede decir que en Luz en el túnel, el tercer volumen de la novela Los subterráneos de la libertad, la trama despliega los desenlaces, cuyas condiciones iniciales se presentan en Los ásperos tiempos, las mediaciones y tránsitos se presentan en Agonía de la noche. Hay tres desenlaces que queremos considerar; una es la rebelión de los caboclos en Valle del Río Salgado; otra es el desenlace amoroso de Manuela y Marco; y la tercera es la última escena de la novela, cuando Prestes aparece públicamente ante el tribunal que lo juzga, donde Manuela, que lo fue a ver, a pesar del cuidado que debería tener, por hallarse en la clandestinidad, grita emocionada iViva Luíz Carlos Prestes!

 

Desenlace 1

Comencemos con la guerra anti-extractivista, así la llamaré, desatada en Valle del Río Salgado contra la empresa mixta de explotación de manganeso. La concesión exige expropiar de esas tierras a sus cultivadores independientes, los campesinos e indígenas; las primeras resistencias a las expropiaciones se dan por parte de estas composiciones sociales y culturales. El primero en aparecer con títulos de propiedad es el hacendado cafetalero del lugar, Venancio Florival; los segundos en aparecer son los ingenieros, técnicos, norteamericanos de la empresa, a los cuales se ataca en su campamento, obligándoles a huir. Los terceros en aparecer, acompañados por el ejército, son los migrantes colonos japonés, a quienes se les asigna tierras expropiadas con la tarea de cultivar arroz. También son resistidos, se desata una guerra de guerrillas, que aunque no es prolongada, por lo menos, siembra con la sangre derramada la semilla de la rebelión. La rebelión de los caboclos es apoyada por los trabajadores de la empresa, quienes emprenden una huelga en apoyo a los campesinos e indígenas levantados.

 

El encuentro con João, en Cuiabá, modificó sustancialmente los planes de Gonçalo. Era imposible evitar que la empresa se instalara en el valle. En consecuencia, había que sentar las bases de una labor de partido entre los obreros contratados para el inicio de las obras. Doroteu se enroló como obrero. En Campo Grande, otros obreros de Mato Grosso hicieron lo mismo. Fue el negro quien llevó la noticia de la sentencia en el proceso por la posesión de las tierras iniciado por la compañía contra los caboclos. Gonçalo había establecido una ligazón entre los tres frentes de trabajo: los caboclos del valle, junto a los que él mismo se encontraba, los obreros del campamento, dirigidos porDoroteu, y los campesinos de las haciendas de Venancio Florival, controlados por Nestor y Claudionor. Así, cuando llegara el momento de la resistencia de los caboclos, podrían intervenir tanto los obreros como los campesinos.

 

Las detenciones en São Paulo y en Cuiabá introdujeron nuevas modificaciones: Nestor, buscado por la policía, se internó también en la selva y era ahora el contacto con Gonçalo y Doroteu. Claudionor se había quedado en las haciendas, oculto por los aparceros y los trabajadores a jornal.

 

Crecía la célula de la empresa, y había obtenido ya su primera victoria con la formación y el reconocimiento de un sindicato que reunía a los trabajadores de la orilla del río. En cambio, había decaído el trabajo en las haciendas. Las sucesivas caravanas habían debilitado la combatividad aún incipiente de los campesinos. Muchos no querían ni oír hablar de aquellos asuntos, y Claudionor no tenía experiencia suficiente. También algunos caboclos habían abandonado las márgenes del río al enterarse de la sentencia del tribunal. No habían sido muchos, sin embargo. La mayoría había decidido, de acuerdo con Nhó Vicente, continuar labrando sus tierras y defenderlas como pudieran.

 

Cuando llegó Miranda con los inspectores, los caboclos pensaron que traía la orden de expulsión. Por eso siguieron a la canoa durante todo el viaje. Gonçalo tuvo que explicarle demoradamente a Nhó Vicente la importancia de que los policías quedaran convencidos de que él ya no andaba por allí. El viejo no quería de ningún modo ir a hablar con los policías. Fue entonces cuando Gonçalo, conocedor del regreso de Chafik, le pidió su intervención. Gonçalo se lo pensó mucho antes de pedirle tal cosa. Hasta entonces jamás le había revelado al moro su verdadera identidad. Pero necesitaba que los policías abandonaran el valle con la certeza de que se había marchado definitivamente. De no ser así, seguirían en su búsqueda y sería imposible cualquier trabajo. Citó en un lugar de la selva a Chafik. Vino el moro, acompañado de un caboclo, y Gonçalo mantuvo con él una larga conversación. Había caído la noche, y en algún lugar del río estaba detenida la canoa con los policías.

 

Gonçalo se había dejado crecer una larga barba negra que le cubría el pecho y le daba un aire de santón, como uno de esos «beatos», predicadores del fin del mundo en la inmensidad del sertón. Le contó a Chafik parte de su historia: estaba condenado a muchos años de prisión. Le perseguían acusándole de comunista. Ya estaban más o menos convencidos de su fuga, y para convencerles del todo era preciso que alguien hiciera afirmaciones más concretas. Chafik, por ejemplo. El moro oía en silencio, inclinado hacia delante, tratando de ver en la oscuridad que les rodeaba el rostro del gigante. Gonçalo acabó diciéndole que dejaba en sus manos su libertad y su vida. Si los policías le atrapaban, su muerte era segura.

 

Chafik le tendió la mano: que no se preocupara; haría lo que le pedía. Y quien luego se iría de allí era él, Chafik. Al Paraguay. Hacía tiempo que lo tenía pensado, desde que los norteamericanos aparecieron por allí con sus aparatos y sus obreros. Si seguía en el valle, acabaría en la cárcel y devuelto a Cayena. Principalmente ahora, cuando sentía que se acercaban acontecimientos… Gonçalo no le había contado nada, y él tampoco preguntaba. Respetaba los secretos de los demás. Pero adivinaba que iban a ocurrir cosas serias. Y él, Chafik, no se quedaba allí. Si no, iba a ser él quien pagara el pato.

 

Realmente, unos días después desapareció, sin despedirse de nadie. No tenía nada que ver con lo que se estaba preparando en el valle, era un lobo solitario, el único bien que deseaba conservar era la libertad, aunque para eso tuviera que vivir lejos de todo y de todos.

 

Gonçalo continuó oculto, esperando la expulsión de los caboclos de sus tierras.

 

 

Este cuadro es altamente sugerente; se trata de la penetración imperialista al Mato Groso. Estamos ante la reiteración de la conquista, la colonización y la expansión de la colonialidad. Estamos ante la violencia expansiva del extractivismo colonial del capitalismo dependiente. Estamos, en la novela, ante la preparación del enfrentamiento contra las avanzadas avasalladoras de este capitalismo extractivista.  Chafik, el comerciante árabe, amigo de Gonçalo, entrevé lo que va pasar. Es encargado de cumplir una misión, de ratificar de que Gonçalo no se encuentra en el valle; decide después de cumplir su misión alejarse del lugar. Muchos de los que se fueron a vivir al valle lo hicieron escapando, huyendo de la justicia; creyeron que en el fin del mundo no los irían a buscar. Empero, aparecieron las empresas capitalista, con todo su aparataje. Es el momento de moverse.  Nhó Vicente es convencido de que todavía no se debe actuar, de que hay que esperar la llegada de la empresa. Doroteu viene huyendo de la persecución a la que es sometido después de la huelga en Santos, Nestor y Claudionor agitan entre los campesinos. El partido se afinca en esas tierras boscosas, enfrentando la expansión capitalista y la avanzada imperialista. Este es el comienzo del desenlace.

 

 

Aquella primera salida fue todo un éxito para los caboclos. Habían atacado cuatro plantaciones, las más distantes, y de las cuatro habían expulsado a los moradores y a los vigilantes. La canoa enviada por el teniente sólo pudo recoger a soldados despavoridos, tres de ellos heridos, y a japoneses, presa del pánico. Uno de los nuevos colonos había muerto ahogado al intentar huir. Las aguas del río se habían llevado el cuerpo, cardúmenes de pirañas aparecían en su rastro sanguinolento.

El teniente concentró a sus hombres en una de las plantaciones. Pasaron el resto de la noche sin dormir, esperando. Pero los caboclos no volvieron aquella noche. Al amanecer murió uno de los soldados heridos. Gonçalo había estudiado durante meses la táctica más conveniente para cuando llegara el momento de la lucha. Por otra parte, no hacía mucho, sólo dos meses, había pasado por allí el camarada João y aprobó sus planes. El gigante le había dicho:

—No vamos a poder mantenernos en las zonas cultivadas. Aunque contemos, como espero, con la solidaridad de los obreros y tal vez la de los jornaleros de Florival. Va a ser imposible. Si nos quedamos en las chozas, nos aplastan en pocos días.

 

— ¿Y qué piensas hacer, pues? —le había preguntado João. —Lo importante es el escarmiento, ¿no? Y hacer difícil la vida de los gringos, mostrarles que esta tierra es nuestra, que sus riquezas nos pertenecen, ¿no? Y crear en los campesinos una conciencia de sus derechos sobre las tierras que trabajan, ¿no? Pues eso es lo que vamos a hacer. No serán los caboclos los que expulsen a los norteamericanos de aquí. Eso lo harán los obreros de la empresa cuando llegue nuestro gran día. Pero los caboclos despertarán en todo el valle un movimiento de solidaridad contra los gringos.

— ¿Y qué piensas hacer?

—Sacrificar la menos gente posible. Ya lo tengo todo combinado con Nhó Vicente: se quedarán con nosotros sólo los solteros o los que, como él, tienen otra persona que pueda ocuparse de la familia. Estamos alejando a las mujeres y a los niños, poco a poco, hacia el interior de la selva, a las zonas de los buscadores de diamantes, de los garimpos, para que inicien su nueva vida por allá. Hemos amontonado munición en estos meses. Emilio vuelve cargado de cada viaje. Lucharemos mientras nos dure la munición. Durante algunos meses, tal vez, lograremos impedir que la empresa tome posesión efectiva de estas tierras. Y si la solidaridad marcha como pensamos, no sólo lograremos paralizar los trabajos de la empresa, sino que daremos también una lección a Venancio Florival.

 

— ¿Y cómo piensas llevar la lucha?

—Dejaremos que ocupen las plantaciones, y por la noche, atacaremos, un día una, otro otra, expulsando a los japoneses. Lucha de guerrilla, ¿comprendes? Durante el día estaremos en la selva, donde no nos pueden agarrar. Por la noche nos acercamos a la orilla y atacamos. ¿Sabes quién me dio esa idea? El viejo Vicente. Al principio yo creía que lo mejor era que nos quedáramos en las plantaciones y que muriéramos en ellas, pero el viejo me dijo: «Amigazo, lo que aquí se necesita es hacer lo que los bandidos…» Y tenía razón. En vez de dejarnos aplastar en una matanza de un día, vamos a sostener una lucha de meses.

 

João se mostró conforme. Se había reunido con Gonçalo, Emilio, el negro Doroteu y Nestor. Había oído los informes, discutió cada detalle del trabajo en el campamento, en las haciendas, en la aldea de Tatuaçú. Cuando se iba, Gonçalo le pidió:

 

—Camarada, es posible que esta vez se me lleve el diablo. Ya he salido de muchas y puede que ésta sea la última. Si es así, se acabó… Se acabó José Gonçalo para siempre… Pero antes quisiera pedirte un favor…

—Dime.

—Cuando encuentres al camarada Vitor, dile que he cumplido lo prometido. Él me mandó, en nombre del Partido, que viniera a estas tierras a esperar aquí a los gringos para mostrarles que esta tierra es nuestra. Si muero, dile que cumplí la tarea hasta el fin.

—Quédate tranquilo. Lo haré.

 

En aquellos tiempos de espera, la mayor parte de las familias fue conducida al interior. Por las plantaciones de la orilla del río quedaban caboclos decididos a defender sus tierras como fuera. Cuando Nestor llegó con el aviso, Gonçalo tomó las últimas disposiciones. Habían abierto un claro en el bosque y allí se reunieron al abandonar sus chozas y sus campos. Y por la noche lanzaron el primer ataque. Fue un éxito total. Soldados y japoneses, sorprendidos, sólo pensaron en la huida ante aquellas descargas que salían de la noche. Ninguno de los caboclos cayó ni fue herido. Pero Gonçalo sabía que, en el futuro, todo iba a ser más difícil.

 

El teniente esperaba impaciente la vuelta de las canoas. Al fin, cuando la mañana iba ya alta, aparecieron, cargadas de japoneses, de obreros, de capataces, bajo el mando del mismo ingeniero norteamericano de la víspera. El teniente abrió los brazos, con un gesto de dramatismo espectacular:

—Lo que necesito son soldados, no a esta gente…

 

El ingeniero norteamericano casi dejó caer la pipa cuando vio a los heridos y se enteró de los acontecimientos de la noche.

— ¡Ya se lo dije! ¡Ya se lo dije! —repetía el teniente, furioso—. Yo ya lo sabía…

 

El jefe de los colonos japoneses, llegado también con las canoas, exigía la vuelta inmediata de todos los colonos a la sede de la empresa. Ahora era el norteamericano quien se rascaba la cabeza, sin saber qué hacer. Al fin, después de largos conciliábulos, se decidió que las canoas regresarían con los obreros y los japoneses, y que volverían el mismo día con nuevos soldados. No podían pensar, efectivamente, en construir nuevos barracones hasta haber eliminado a los caboclos.

 

Cuando, al caer de la tarde, volvieron una vez más las canoas de la sede de la empresa, los soldados fueron atacados con fuego cerrado desde la selva. Respondieron, pero era difícil disparar desde las canoas. El ingeniero norteamericano, armado con un colt,ordenó el atraque de las canoas a la orilla para lanzar a los soldados contra los caboclos, aprovechando aquella ocasión en que se aventuraban durante el día. Pero no llegó siquiera a acabar las explicaciones: una bala le alcanzó en plena frente y rodó sobre los soldados. Luego, cuando cesaron las descargas, las canoas pudieron continuar su viaje hasta la cabaña de Emilio, donde el teniente había reunido a los soldados.

 

Sólo allí encendieron hogueras. Las plantaciones estaban abandonadas. Una canoa volvió a la sede de la empresa con el cadáver del ingeniero. En los periódicos de Río y de Sao Paulo empezaron a aparecer las primeras noticias de lo que ocurría en el valle. Aquella noche, los caboclos no atacaron.

 

 

La acción por excelencia es esta rebelión de los caboclos, acompañada por la huelga de los trabajadores de la empresa extractivista de manganeso. La rebelión es la textura de la acción en la novela, textura de la rebelión que sostiene la textura simbólica. El segundo anclaje de la composición narrativa, que da lugar a la comprensión práctica, radica en los recursos simbólicos del campo práctico. Los recursos simbólicos determinan qué aspectos del hacer, del poder hacer y del saber-poder-hacer devienen en la transposición poética. La acción es susceptible de narrativa; se encuentra integrada y atravesada por signos, reglas, normas; está mediatizada simbólicamente[27]. De acuerdo a Ernst Cassirer, las formas simbólicas son procesos culturales que articulan toda experiencia[28]. Ricoeur, retomando a Cassirer y recogiendo a Clifford Geertz, asume que el simbolismo no se encuentra en la mente, no es una operación psicológica, sino una significación incorporada a la acción, descifrable y decodificable por la participación de los actores en el juego social[29].  Antes de incorporarse a la interpretación, los símbolos son interpretantes inmanentes de la acción. El símbolo también incorpora la idea de regla en sentido de norma. Comparando los códigos culturales con los códigos genéticos, los primeros son como programas de comportamiento; los códigos culturales se han edificado en las zonas de derrumbe de la regulación genética. Se puede hablar de transición de la idea de significación inmanente a la regla de descripción, de aquí la transición a la idea de norma[30].

 

La acción en la novela es la lucha de clases. La rebelión indígena y campesina, apoyada por la huelga de los trabajadores de la empresa extractivista, la agitaciónproletaria en las ciudades, es el entramado activo y simbólico que hace de substrato de la novela. La discusión que se puede derivar de la lectura de Tiempo y narración es si se puede hablar de una narrativa o, si se quiere, de una pre-narrativa, de la acción, de las prácticas sociales. Esta discusión atañe al tercer rasgo de la pre-comprensión de la acción, que concierne a los caracteres temporales, que sostienen las configuraciones del tiempo narrativo. No olvidemos que la comprensión de la acción reconoce en la acción estructuras temporales, que conforman la narración.  Lo importante, en este caso, es el intercambio que la acción efectiva pone de manifiesto entre las dimensiones temporales. No hay tiempo futuro, tampoco un tiempo pasado, ni un tiempo presente; siguiendo la tesis de Agustín, hay un presente de las cosas futuras, un presente de las cosas pasadas y un presente de las cosas presentes. De esta manera nos encaminamos a la investigación de la estructura temporal más primitiva de la acción; lo imprescindible es el modo como la praxis cotidiana ordena, uno con respecto al otro, el presente del futuro, el presente del pasado y el presente del presente. Esta articulación práctica constituye el inductor más elemental de la narración[31]. Sobre la matriz de la intra-temporalidad emergen las configuraciones narrativas y las formas más elaboradas de la temporalidad correspondientes[32].

 

En resumen, la riqueza del sentido de la mimesis I, que consiste en imitar, representar la acción, es comprender en qué consiste el obrar humano; su semántica, su realidad simbólica, su temporalidad. Este substrato de la pre-comprensión, compartida por el narrador y el/la lectora, que sostiene la construcción de la trama, por lo tanto, de la mimética textual y literaria[33].

 

 

Mimesis II

 

La segunda mimesis corresponde a la conformación de la trama. Paul Ricoeur dice que:

 

 

La trama es mediadora por tres razones al menos. En primer lugar, media entreacontecimientos o incidentes individuales y una historia tomada como todo. A este respecto se puede decir equivalentemente que extrae una historia sensata de una serie de acontecimientos o incidentes (los pragmata de Aristóteles); o que transforma estos acontecimientos o incidentes en una historia[34].

 

Siguiendo el razonamiento, anota:

 

 

En segundo lugar, la construcción de la trama integra juntos factores tan heterogéneos como agentes, fines, medios, interacciones, circunstancias, resultados inesperados, etc[35].

 

A continuación:

 

 

La trama es mediadora por un tercer motivo: el de sus caracteres temporales propios. Por generalización, ellos nos autorizan a llamar a la trama la síntesis de lo heterogéneo[36].

 

La trama es la solución a la paradoja ocasionada, ilumina lo que pone en evidencia el concepto concordancia-discordancia; la solución es el propio acto poético. El acto poético extrae de la sucesión la configuración. El relato aparece como historia, la misma que puede ser continuada. Ricoeur dice que continuar una historia es avanzar en medio de contingencias y de peripecias bajo la égida de la espera, que halla su cumplimiento en la conclusión. La comprensión de la historia se constituye en el logro de la intuición de cómo y por qué los sucesivos episodios han convergido en esta conclusión. Desenlace, que lejos de ser previsible, aparece como aceptable; es decir como congruente con los episodios reunidos[37].  Esta es la dimensión episódica de la mimesis II; la dimensión configurante, de manera distinta, presenta rasgos temporales inversos a la dimensión episódica.

 

En primer lugar, la disposición configurante transforma la sucesión de los acontecimientos en una totalidad significante, que es el correlato del acto de reunir acontecimientos y hace que la historia se deje seguir. Merced a este acto reflexivo, toda la trama puede traducirse en “pensamiento”, que no es otro que su “punta” o su “tema”[38].

 

En segundo lugar, la configuración de la trama impone a la sucesión indefinida de los incidentes “el sentido de punto final”.

 

En tercer lugar, la reconsideración de la historia narrada, regida como totalidad por su manera de acabar, constituye una alternativa a la representación del tiempo como transcurriendo del pasado hacia el futuro, según la metáfora bien conocida de la “flecha del tiempo”.

 

Quedan dos rasgos complementarios del acto configurante, que hacen de puente entre la mimesis II y la mimesis III; estos rasgos son la esquematización y latradicionalidad. El esquematismo une el entendimiento y la intuición, generando síntesis intelectivas e intuitivas. El esquematismo se constituye en una historia que tiene todos los caracteres de una tradición. Se entiende por tradición la transmisión viva de una innovación capaz de reactivarse constantemente, retornando a los momentos más creadores del hacer poético. De este modo, la tradicionalidad se cosecha con rasgos nuevos, incrementando la relación de faena con el tiempo. La constitución de una tradición descansa en el juego de innovación y desedimentación. La sedimentación se produce en múltiples planos, espesor que exige reflexión en el uso del término paradigmático. La sedimentación se remite a los paradigmas que constituyen la tipología de la construcción de la trama. Estos paradigmas proceden de la historia sedimentada cuya génesis se ha borrado[39]. Integrando forma, género y tipo conformamos el paradigma; entonces, el paradigmaemerge de la labor de la imaginación creadora en los múltiples planos[40].

 

El otro polo de la tradición, la innovación, es correlativa de la sedimentación. Siempre hay lugar para la innovación; lo que se crea, en la poiesis del poema, de la narrativa, es una obra singular. Puede verse que los paradigmas constituyen la gramática que regula la composición de obras nuevas. La desviación acontece en todos los planos; en los tipos, en los géneros, en la trama, tejido de concordancia-discordancia. La posibilidad de desviación se realiza en los lazos de la relación entre paradigmas sedimentados y obras efectivas. La desviación puede alcanzar la forma extrema de cisma, lo contrario a la aplicación servil. En cambio, la deformación regulada se sitúa como eje medio, alrededor del cual se distribuyen las modalidades de cambio de los paradigmas por aplicación[41].

 

 

Entramado

 

Hay momentos en la novela cuando todos los planos de intensidad de la narración se entrelazan. Uno de esos momentos se da en el escenario de regocijo de las reuniones acostumbradas de la burguesía y la aristocracia. Como siempre se ventila el saber cosmopolita de las clases dominantes; sin embargo, esta vez, se siente en la atmósfera tensión y preocupación por la reaparición de la agitación comunista, también por el prestigio legendario de Prestes. Están presentes todos los actores de la dominación. Se encuentra presente el abogado aristócrata Artur Carneiro Macedo da Rocha, el burgués banquero Costa Vale, la infaltable Marieta, esposa del banquero, acompañados por el conde Saslawski, llegado de Europa para quedarse a vivir en Brasil, escapando de la guerra. No se encuentran presentes Paulo y Rosinha, casados por conveniencia, quienes todavía se hallaban en Europa, donde Paulo ejercía de diplomático en la ciudad luz, París, después trasladado a Lisboa, para sacarlos del ambiente de la guerra. No podía faltar el obeso poeta Shopel, a quien aquella prueba de la existencia y la actividad de los comunistas aterrorizaban hasta el punto de dejarle casi mudo. Está presente la comendadora da Torre, tía ricachona de Rosinha y Alina; burguesa, empresaria de textiles, con la misma trayectoria de Costa Vale, cuya movilidad social los eleva hasta los estratos sociales más altos. Aparece en estos escenarios Lucas Puccini, hermano de Manuela, la balletista encumbrada; Lucas parece emprender el mismo recorrido que Costa Vale y la comendadora da Torre. No podía faltar el hacendado Venancio Florival, exigiendo la pena de muerte para todos los comunistas, tras un juicio sumario; tampoco el profesor Alcebíades de Morais, haciendo el elogio del nazismo y fascismo europeos. A estas reuniones no dejaba de faltar Susana Vieira, casada también por conveniencia con Bertinho Soares, casi por un acuerdo, para guardar las apariencias de semi-virgen; Susana participa de una compañía de teatro suave,Los Ángeles”, apoyada por el gobierno. A estas reuniones se incorpora Teodor Grant, diplomático norteamericano, culto y políglota, ocultando su verdadera condición de agente del FBI.

 

El plano de intensidad escenificado es el de regocijo y cordialidad de la reunión de la clase dominante; sobre este plano y atravesándolo, aparecen los otros planos de intensidad, los relativos a la rebelión y la agitación social, aunque aparecen mencionados en las conversaciones. También aparece mencionado el plano de intensidad de la segunda guerra mundial. Con menos persistencia, pero mencionado acaloradamente, aparece el plano de intensidad de la columna Prestes, su larga marcha, su incorporación al partido comunista, su rebelión y subversión permanente, su prestigio que aterra a aristócratas y burgueses, su encarcelamiento. Así mismo, aunque casi fantasmagóricamente, aparece tenuemente, como sopesando el ambiente, el plano de intensidad del Estado Novo.

 

Uno de los entramados recargados de la narrativa se encuentra en este relato. Lo sugerente es que en esta parte de la narración se hallan reunidos los motivos del desenlace, expuestos elocuentemente por estos personajes de la clase dominante. También aparecen descritos los entretelones de las relaciones sociales, de las relaciones de alianzas, las pequeñas estrategias y las veleidosas tácticas de las minúsculas pugnas del micro-poder grupal; los cálculos y las seducciones artificiales, derrochando esplendor estridente y comediante de engreídos personajes.

 

 

—A veces pienso —dijo Artur Carneiro Macedo da Rocha, alzando la copa de cristal y mirando a través de su fina materia transparente—, que nadie podrá vencerles jamás… Que luchamos por una causa perdida…

—Ya me dijiste eso una vez, y te respondí que era estúpido pensar así, que es una teoría suicida. Y me dan asco los suicidas: son unos desertores. Sé que no es fácil terminar con los comunistas: son como la mala hierba, hay que arrancar hasta las últimas raíces.

 

Costa Vale engulló un trago de whisky. Estaban en el despacho del banquero, la tarde del mismo día en que aparecieron las banderas rojas en los cables. En la sala, abierta sobre el jardín, estaban los amigos de la casa, alrededor de Marieta, convocados para una cena en honor del conde Saslawski, llegado de Europa para quedarse a vivir en Brasil. Comentaban todos la audacia de los comunistas. Aquellas banderolas y aquellas inscripciones murales habían relegado a un segundo plano al conde, con su aire romántico de fugitivo de la guerra y sus noticias recientes de Paulo y Rosinha.

 

En cuanto entraba un invitado nuevo, se reanudaban los comentarios sobre la reaparición pública del Partido Comunista, sobre aquellas banderas que ondeaban sobre los cables en el Largo da Sé, sobre las inscripciones en pleno centro, incluso en la fachada del banco de Costa Vale. Todos ellos: el poeta Shopel, a quien aquella prueba de la existencia y la actividad de los comunistas aterrorizaba hasta el punto de dejarle casi mudo; la comendadora da Torre, con sus ojitos vivos echando chispas de rabia, bramando contra la incapacidad de la policía; Lucas Puccini, proclamando la necesidad de una hábil política laboral que desconcertara a los obreros; el hacendado Venancio Florival, exigiendo la pena de muerte para todos los comunistas, tras un juicio sumario; el profesor Alcebíades de Morais haciendo el elogio de Hitler, de Mussolini y de Salazar. Sólo Susana Vieira no sabía nada de nada. No se había enterado de los hechos hasta llegar a la reunión:

— ¡Ay, hija mía! No sabía nada… Estamos ensayando una obra nueva, norteamericana, y no pienso en otra cosa… Pero es que esos comunistas son realmente infernales… ¡Qué horror! Hasta en la compañía hay gente que simpatiza con ellos…

 

“Los Ángeles” habían terminado la temporada en São Paulo y preparaban ahora el repertorio para el año próximo, en Río. Bertinho andaba por la capital de la República en confabulaciones con el ministro de Educación para obtener un teatro permanente y una subvención mayor que la del año anterior. Pero sólo Teodor Grant se interesó por las noticias teatrales de Susana. ¿O sea, que entre la gente de la compañía, formada por muchachos de la mejor sociedad de São Paulo, había también gente que simpatizaba con el comunismo?

 

¡Vaya si la había!, respondió Susana: desde que la compañía se había profesionalizado, tras el éxito del primer año, habían ingresado en ella artistas procedentes de otros medios, y algunos no ocultaban sus simpatías por el comunismo. Se pasaban el día elogiando al teatro soviético, presentándolo como el mejor del mundo… El agregado cultural del consulado de los Estados Unidos se interesaba por el asunto, quería saber los nombres de aquellos simpatizantes del comunismo… Los demás se habían enredado en una discusión acalorada sobre los medios más eficaces para acabar con aquella «peste», como decía el profesor Alcebíades de Morais.

 

El conde Saslawski, en un francés de pronunciación perfecta, intervenía en la discusión. Hablaba de la Polonia de antes de la guerra, donde, según él, el Gobierno había conseguido extirpar toda influencia comunista. Las mujeres escuchaban atentas, y hasta Susana Vieira abandonó a Teo Grant para ir a sentarse junto al conde, cuyo perfil eslavo le encantaba. El conde había llegado a Brasil pocas semanas antes, con cartas de recomendación de Paulo y de Rosinha para la comendadora y para Costa Vale. Le habían introducido en sociedad y su éxito había sido inmediato: circulaban historias sobre él, sobre la nobleza de su familia, sobre la fortuna que poseía en tierras y en acciones de fábricas y empresas, allá en Polonia. Sólo que la mayoría de las tierras quedaban en las comarcas ucranianas ahora recuperadas por la U.R.S.S. y, en cuanto al capital invertido en las fábricas, nada sabía el conde de él desde la invasión alemana. Sus padres, su hermana, su cuñada, habían conseguido refugiarse en Francia, y él esperaba poder traerles a Brasil. Sólo el hermano menor había quedado en Polonia, al cuidado de los intereses de la familia. Todo aquello rodeaba al conde de una atmósfera romántica que atraía a las mujeres. El conde, con su voz melosa de gigoló, hablaba de sus ricas tierras ucranianas: por lo que había logrado saber, los bolcheviques las habían entregado a los campesinos, antes sus siervos. Pero, sonreía el conde, cuando la guerra terminara, volvería, e iba a enseñarles a aquellos bandidos… Imagínense qué absurdo: su pabellón de caza, una preciosidad, había sido transformado en «club de cultura» para los campesinos. «Club de cultura» para unos analfabetos. Hasta daban ganas de reír…

 

No reía, pero sonreía hacia Alina da Torre, en quien había puesto los ojos desde que había llegado a São Paulo: al fin y al cabo, no era un empleo lo que buscaba el conde Saslawski. Sus títulos de nobleza le impedían dedicarse a ciertos trabajos, le explicó a la comendadora cuando ésta, para quedar bien con Paulo y con Rosinha, le ofreció veladamente un cargo directivo en sus empresas. De todas las ofertas hechas al conde, la única que le parecía compatible con su dignidad era el puesto de director artístico de un casino en las playas de Santos. Bertinho Soares estaba empeñado en conseguírselo. Mientras esperaba, el conde rondaba a la sobrina de la comendadora. Ya desde Europa traía aquellos planes, al oír a Rosinha hablar de su hermana y de la fortuna de la tía. Por eso Lucas Puccini lo miraba con ojos cargados de desconfianza, aunque la comendadora le había explicado días antes:

 

—Si ese conde de la puñeta se cree que se me va a meter en casa y a sorberle los sesos a Alina, está pero que muy equivocado. Para nobles, me basta con Paulo. Me basta y me sobra…

 

Las mujeres se compadecían del conde, en comentarios llenos de simpatía, mientras Venancio Florival exigía a gritos la pena de muerte para todos los comunistas.

 

Costa Vale arrancó de aquel barullo a Artur Carneiro Macedo da Rocha y se lo llevó al despacho silencioso donde saboreaban el whisky, comentando, ellos también, los últimos acontecimientos. Durante meses, todo había estado tranquilo y en calma. Artur recordaba las declaraciones del jefe de policía sobre la completa liquidación del Partido Comunista de Brasil: hecho que había reconciliado a Costa Vale con el gobierno. Y ahora, comenzaban a actuar los comunistas, y nuevamente habían aparecido inscripciones a brochazos en los muros del banco, en las paredes de las fábricas. Otra vez se hacía sentir aquella inquietante presencia. No tardarían en volver las huelgas, la agitación en los medios obreros, las dificultades para el trabajo en el Valle de Rio Salgado, las consignas contra el capital norteamericano.

 

La voz del banquero, fría y dura, replicaba a la frase pesimista del ex-ministro:

 

—Hay que aplastarles sin piedad, cortarles la cabeza…

Con la uña bien cuidada del dedo índice, Artur arranca sonoridades casi musicales del vaso de cristal:

 

— ¿Cuántas veces nos han dicho, amigo José, que el comunismo estaba liquidado? Son ya tantas… Para liquidarlo pusiste tú en marcha el golpe del Estado Novo. ¿Cuál es el resultado? ¿De qué sirve detener y condenar? El pueblo cree en ellos cada vez más. Cree cada vez más en Prestes…

—Te lo dije ya una vez: hay que cortar cabezas, arrancar el mal de raíz. Y hay que hacer fundamentalmente dos cosas —su voz tenía el tono conminatorio de un general explicando el plan de la batalla decisiva—. Sí, para acabar con el comunismo aquí, en Brasil, necesitamos dos cosas: primero, acabar con él en Rusia. Y de eso va a encargarse Hitler; no tenemos por qué inquietarnos. La segunda es cosa nuestra: acabar con el prestigio de Prestes.

 

— ¿Con el prestigio de Prestes? Es difícil… Cuanto más lo juzguen y condenen, más prestigiado va a salir…

—Depende de la forma como le condenen. He pensado mucho en eso. Hay que acabar con el prestigio de Prestes, y de este modo acabamos con el Partido. No bastan los golpes, estoy de acuerdo contigo: sólo un animal como Venancio puede pensar así. Tenemos que actuar de modo inteligente.

— ¿Y qué aconsejas? ¿Qué piensas hacer?

—Tenemos delante el nuevo proceso contra Prestes. ¿No has notado la propaganda que se hace a su alrededor?

—Sí, presentándole como si fuera un asesino, un ladrón, un delincuente común…

—Exactamente. Hablé en Río sobre eso. Hay que dar una imagen repulsiva de Prestes. Eso es lo que necesitamos. El proceso está bien tramado, y nada importa que las acusaciones sean o no verdaderas. Tú bien sabes que cuanto mayor es la calumnia, más posibilidades tiene de parecer verdad. Pero había una cosa equivocada: la manera de realizar el proceso. La verdad es que los procesos contra los comunistas se realizan casi a escondidas, sin la presencia de los acusados, a puerta cerrada. El resultado de este método es contrario al que deseamos. El pueblo cree que se le esconde algo, ¿comprendes?

 

—Es un poco sutil todo eso…

—No hay ninguna sutileza. Vamos a ver: piénsalo. Si juzgamos a Prestes públicamente, acusándole de todo lo que le acusamos, si le colocamos como un reo ante el pueblo, si abrimos las puertas del tribunal, si proclamamos su indignidad ante todo el mundo, ¡adiós a su prestigio! El prestigio se gana en muchos años, pero puede perderse en un minuto. Y eso es lo que vamos a hacer: liquidar esa aureola de héroe que envuelve a Prestes. El pueblo debe verle en el banquillo de los acusados, condenado por asesinato y como ladrón vulgar. Hay que hundirle, ¿comprendes? Y si se acaba con el mito Prestes, va a ser muy fácil acabar con el resto del Partido. Habremos arrancado las raíces del prestigio comunista…

 

—Sí. Tal vez tengas razón…

—Desde luego que tengo razón. Hablé con los del Tribunal de Seguridad.

 

Que Prestes sea juzgado públicamente, que le concedan la palabra para que pueda defenderse, así se va a enterrar, y enterrará con él el prestigio de su maldito Partido. Desencadenaremos una campaña contra él, le acusaremos de cualquier cosa. Para eso tenemos a Shopel, a Saquila, a la prensa. De nada sirve andar deteniendo y condenando a gente si no golpeamos donde debemos golpear. Acabar con el prestigio de Prestes, terminar con ese respeto que le tienen, con la esperanza que ponen en él. Eso representa por lo menos avanzar la mitad en la lucha contra el comunismo. Después, sólo queda esperar que Hitler le prenda fuego al Kremlin. Con Prestes desprestigiado aquí, y con Stalin ahorcado en Moscú, podemos dormir tranquilos. Del comunismo no quedará ni el recuerdo.

 

Artur bebió el resto del whisky:

 

—Así sea. No deseo otra cosa…

José Costa Vale le lanzó una mirada:

 

—Tú eres un débil, Artur. Sois vosotros, los hombres como tú, los que permitís el avance del comunismo en el mundo. Tú perteneces a un tiempo pasado, aún crees en ciertas palabras huecas como democracia y libertad. Hoy, querido amigo, los tiempos son muy otros. Tenemos que golpear duro. Estamos en los tiempos de Hitler, de Mussolini. Ya ves como ésos acabaron con el comunismo en sus países. Pues bien: nosotros vamos a hacer lo mismo aquí. Y, para empezar, vamos a acabar con Prestes, a dejarle reducido a polvo ante el pueblo. Me gustaría que fueras a Río, para asistir al juicio.

 

Notas de piano, llegadas de la sala, penetraban en el despacho. Teo Grant estaba cantando. Costa Vale escuchó un instante.

—Sí. Porque, o acabamos con el prestigio de ese bandido, de ese Prestes que sustenta la esperanza de esa canalla, o ellos, un día, acabarán con nosotros… Leí hace poco en una hoja de esas que publican nadie sabe cómo, que Prestes es la luz que ilumina el camino del pueblo. Pues bien: vamos a ahogar esa luz en el barro, amigo Artur…

 

Artur se servía más whisky:

 

—Sí, tienes razón. Liquidado Prestes, se acabó el comunismo en Brasil. Mañana por la mañana mandaré comprar un pasaje de avión para Río. Asistiré al juicio. Está señalado para pasado mañana, ¿no?

 

Costa Vale se metió la mano en el bolsillo de la chaqueta:

 

—Ya está comprado… —Y entregó a Artur un billete de avión—. Para el avión de las once. Venancio Florival será tu compañero de viaje.

— ¿Y qué va a hacer ese hombre a Río?

El banquero sonrió:

 

—El gobierno le nombrará interventor en Mato Grosso. Ahora, el estado de

Mato Grosso es una especie de dependencia de la empresa del Valle de Rio

Salgado…

 

—Y él es el interventor…

—Exactamente. Un cargo de la empresa…

Sus ojos fríos mostraban tal decisión que el diputado bajó la cabeza y cambió de tema. Aprovechó las notas altas de la canción, allá en la sala:

—Canta bien, ese Teodor Grant…

—Y sabe dónde tiene la cabeza. Esos norteamericanos saben lo que hacen. Son los amos del mundo, Artur…

 

 

 

 

Mímesis III

 

Por último, el tercer momento de la mimesis, se encuentra en la intersección entre el mundo del texto y el mundo del oyente/del vidente/del lector, entre el mundo configurado por el poema, por la narración, y el mundo donde la acción efectiva se despliega, desenvolviendo su temporalidad específica[42]. En otros escritos, nos hemos referido a la mimesis, a los tres momentos de la mimesis, comprendiendo que se da una transformación figural; llamamos a la mimesis I, mimesis II y Mimesis III, figuración, configuración y re-figuración.  Proponiendo entonces, que la mimesisIIIcorresponde a la re-figuración; es decir, a la interpretación del oyente, vidente y lector[43].

 

 

Ciertamente la re-figuración la hace el/la lectora; sin embargo, como umbral de esta re-figuración, la narrativa dispone de relatos donde coloca mensajes, cuando los valores plantados se hacen carne en personajes heroicos, entregados a la causa, combatientes por la emancipación de la humanidad. Uno de esos relatos, intenso en el cuadro de solidaridad, aparece en plena retirada del ejército republicano, después de la derrota en la guerra civil española. También es elocuente el cuadro en lo que respecta a la descripción de los juegos políticos y diplomáticos de las democracias europeas, que prefieren entregar España a los fascistas, pretendiendo calmar los ánimos belicistas de Hitler. De la misma manera entregan Checoslovaquia a la expansión nazi, buscando el mismo objetivo, evitar la guerra, sacrificando estos países a la violencia nazi y fascista. Bajo estos mismos juegos políticos, los refugiados eran encerrados en campos de concentración, una vez que llegaban a Francia, una vez que los militares republicanos entregaban las armas. El costo de esta política cobarde y de la diplomacia pomposa va a ser muy alto para Europa, sobre todo para Francia.

 

 

Por esa misma época, en febrero, dos hombres se encontraron y se reconocieron en medio de la multitud de soldados y paisanos, en la frontera de Francia con España. Una dramática procesión de fugitivos cruzaba los Pirineos aquel invierno.

 

Los aviones alemanes, los nazis de la Legión Cóndor, volaban sobre la multitud en retirada, ametrallando al azar, dejando en el rastro de su ruido asesino cadáveres de viejos, mujeres y niños. Carros tirados por jumentos y por bueyes, empujados por hombres, cunas transformadas en carretillas, los más variados y primitivos medios de locomoción llevaban las parcas pertenencias de los fugitivos: colchones, cacerolas, trapos, arcas y baúles antiguos, cuadros de santos católicos, y también abuelos paralíticos, niños recién nacidos. Los soldados italianos, de las legiones fascistas de Mussolini, y los moros de Franco, marchaban ávidos tras los pasos de los fugitivos. A veces, algunos de éstos se quedaban atrás, cortados por una columna de soldados enemigos, y para ellos terminaba toda esperanza. La sangre empapaba la blancura de la nieve, los cadáveres yacían junto a los árboles deshojados. Una madre, aún joven, marchaba llevando en sus brazos el cuerpo sin vida de su hijo. A su lado, apoyado en un bastón, un viejo, abuelo quizá del niño, no podía contener las lágrimas. Apolinário, con el uniforme de comandante del Ejército Republicano Español, mantenía el orden entre sus soldados:

 

—No estamos huyendo. Nos estamos retirando como soldados de la

República, con disciplina y orden.

 

Y su autoridad se imponía. Una leyenda de gloria rodeaba a aquel joven oficial brasileño. Sus hechos se cantaban en los romanceros de la guerra.

 

Y en torno a la nieve y el frío, las escarpadas montañas. El trágico invierno de la derrota, la fúnebre procesión de fugitivos. Apolinário recordaba las descripciones de las retiradas en el Nordeste brasileño, en los años de sequía. Pero aquí aún era más terrible: toda aquella población, millares y millares de familias, abandonaba su patria vendida, dejaba tras sí todo lo que había amado, lo que hasta entonces había constituido su vida. Partían para tierras que no eran las suyas, iban a empezar su vida de nuevo en un país extraño, de lengua diferente, de diversas costumbres. Los ojos se volvían hacia el camino recorrido como despidiéndose de los paisajes maternos, del suelo de la patria.

 

Tres batallones de soldados republicanos, los últimos en cruzar los Pirineos, marchaban difícilmente entre la masa confusa de los fugitivos. Apolinário mandaba uno de los batallones y había recibido la orden de cubrir la retaguardia de los otros dos y de la columna de civiles. Los soldados franquistas se aproximaban. Dijo a sus oficiales:

 

—Vamos a tener el honor de retirarnos combatiendo. Vamos a demostrar a los falangistas lo que valen los soldados antifascistas…

 

Vigilaron la montaña mientras los otros dos batallones partían, protegiendo a la multitud de civiles en su retirada. Los soldados de Franco y de Mussolini avanzaban con ansia de matar. Fueron recibidos por el fuego cerrado del batallón de Apolinário. Así, combatiendo, defendiendo cada palmo de la montaña, retrocedían hacia la frontera dando tiempo a que la atravesaran los civiles. Fueron los últimos soldados en cruzarla, y Apolinário sólo la atravesó cuando el último de sus hombres había pasado ya. Campesinos franceses traían alimentos y vino para los españoles.

 

Allí estaban ya los otros dos batallones y una enorme masa de exiliados. Era de noche, y el viento gélido, el frío y el hambre les abrumaban. Los soldados derribaron unos árboles para encender hogueras en torno de las cuales se tumbaban los fugitivos, incapaces de resistir la fatiga. Fue aquella noche cuando Apolinário se encontró con el sargento Franta Tyburec, ahora teniente. El checo, dirigiendo a un grupo de soldados en la preparación de las hogueras, identificó en seguida a su antiguo conocido:

 

— ¡Pero, si es el brasileño…!

 

Durante aquellos años de guerra, Apolinário había visto tanta gente, había tratado con hombres de tantas nacionalidades que, de inmediato, se quedó sin saber quién era aquel teniente y dónde le había conocido.

— ¿No te acuerdas ya de mí? Franta Tyburec, sargento checo de la brigada Dimitrov, cuando aún había brigadas internacionales… Nos encontramos ¿te acuerdas? en…

 

De repente, toda la escena volvió a la memoria de Apolinário: veía al entonces sargento arrastrándose por el campo; habían creído que era un nazi, responsable del asesinato de una familia de campesinos. Después, el sargento le había dejado un periódico con noticias de la huelga de Santos, habían bebido juntos a la salud de Prestes y de Gottwald. Se abrazaron entonces, y el checo dijo:

—Se ha acabado nuestra guerra… Pero si ellos creen que se acabó para siempre, están muy equivocados. Un día volverá a sus casas el pueblo español, y en ese día quiero de nuevo estar con él.

 

Volvía sus ojos hacia la frontera española. En cualquier parte, muy lejos, estaba la tumba de Consolación, la muchacha madrileña, el amor de su vida. Cuando fueron disueltas las brigadas internacionales, Franta, como Apolinário, había continuado en España. Arrancó los ojos de la dirección de la frontera, y se alejó andando con el oficial brasileño:

 

—Mañana tenemos que acercarnos a un pueblo próximo. Creo que se llama Prats de Molló. Ahí tenemos que entregar las armas a las autoridades francesas…

 

Apolinário asintió:

 

—Sí. Lo sabía ya.

El viento helado penetraba a través de los capotes, cortando como agujas afiladas. Franta Tyburec se detuvo y preguntó inesperadamente:

— ¿Y cómo van las cosas por tu país?

—Mal. Un gobierno fascista, el terror policíaco. Están matando a los camaradas.

El rostro del checo, rostro franco de obrero, reflejaba sus emociones:

—Pues ya sabrás lo que pasa en Checoslovaquia. Ahora que la cosa ha acabado en España, Hitler se lanza contra mi patria. Desde los acuerdos de Munich, me encuentro como tú estabas entonces. Mi cabeza está en Praga. Esos bandidos de Londres y de París —se refería a los gobiernos de Chamberlain y de Daladier— han vendido a España y a Checoslovaquia.

—Son tan miserables como Hitler… —comentó Apolinário.

—Entre los chacales y el tigre, es difícil elegir.

 

Volvieron a caminar en silencio. Se estaban encendiendo las hogueras y en torno a ellas se apretaban soldados, mujeres y ancianos. Más allá, una voz femenina cantaba una canción de cuna. Franta Tyburec dijo:

—De todos modos, me vuelvo a Praga. El Partido debe de necesitar a todo el mundo allá. Vuelvo como sea. Es un momento difícil para mi país.

 

Encendió la colilla:

 

— ¿Sabes lo que pasa aquí? Están metiendo a todo el mundo en campos de concentración…

—Lo sé.

La voz del teniente llegaba en la noche, decidida:

—Los primeros días aún hay ciertas facilidades. Pero luego es un régimen carcelario. Como si fuéramos criminales, como si los enemigos de Francia fuéramos nosotros, y no Franco… Yo cumpliré mi deber de soldado hasta el último momento, pero cuando hayamos entregado las armas, huiré. Llegaré a Praga como sea…

Al día siguiente, efectivamente, los gendarmes franceses dieron órdenes a soldados y civiles para que se dirigieran hacia Prats de Molló. Allí les estaban esperando las autoridades. Fue una triste ceremonia aquella entrega de armas. Los soldados se iban hacia un lado, algunos lloraban. Cerca del pueblo, estaban rodeando un terreno de alambre de espinos. Era el campo donde iban a ser internados.

 

Fue Apolinário quien concertó todos los detalles de la fuga. Como comandante de uno de los batallones tenía ciertos pequeños privilegios: podía salir del campo para ir a hablar con las autoridades. La impaciencia de Franta Tyburec crecía. Y se transformó casi en desesperación cuando, a mediados de marzo se enteraron de la entrada de Hitler en Praga y de la desmembración de Checoslovaquia. Apolinário había logrado de los campesinos ropas para él y para Franta. Unos camaradas franceses les habían dado dinero y direcciones. Huyeron por la noche.

 

En París se despidieron: Franta iba a intentar llegar a Praga. Apolinário no sabía cuál sería su destino. Los periódicos hablaban de la guerra próxima, de la guerra de Hitler contra la Unión Soviética. Los nazis amenazaban a Polonia. La primavera se anunciaba con malos augurios.

 

—Adiós, amigo… —dijo el checo abrazando al brasileño—. Quizás un día volvamos a vernos de nuevo. El mundo es pequeño…

—Pequeños son sólo algunos hombres… —dijo Apolinário—. Ya ves: amenazas por todas partes, los nazis avanzan. Y, sin embargo, jamás he tenido tanta confianza en nuestra victoria. Hemos perdido Madrid, hemos perdido Praga, pero cuando te veo a punto de salir, sé que españoles y checos no están vencidos.

—Lo sé… Stalin quería defender Checoslovaquia. Fue Benes quien no aceptó su ofrecimiento. Prefieren la esclavitud con Hitler antes que ver al pueblo en el poder. Pero eso no va a impedir nuestro avance… Lo sé.

—Estamos atravesando un camino sombrío. Marchamos sobre un pantano.

 

Pero al fin de este camino está la claridad del día. Estoy seguro. En la frontera vi a un viejo campesino. En el momento de pisar el suelo francés, se volvió a mirar las tierras de España: «Volveremos, Madre», dijo. Yo estaba desalentado, pero aquella frase del viejo campesino levantó mi moral.

 

Franta Tyburec sonrió:

 

—Sí, venceremos, porque lo que nosotros tenemos no es un fusil: es una idea. Y, amigo, no hay ni fusil ni ametralladora ni cañón que pueda destruir una idea. Sé que jamás podrán destruir la Unión Soviética porque está edificada sobre la idea de la felicidad del hombre. Un día te veré en Praga, en una Praga liberada, cuando estemos construyendo el socialismo en Checoslovaquia… —Le abrazó de nuevo y le besó en ambas mejillas, según la vieja costumbre eslava.

 

—Iré. Puedes estar seguro.

 

El tren se puso en marcha en la estación llena de niebla. La luz de la locomotora perforó la oscuridad. Apolinário extendió su mano en un adiós. Su voz repetía:

 

—Hasta pronto, amigo. Hasta pronto…

 

 

Este relato es uno de los umbrales de la narración, la zona donde la mimesis II se articula con la mimesis III, la configuración se articula con la re-configuración. El mensaje afectivo del narrador está sembrado en la escritura. De cómo lo recoja el/la lectora va depender de la predisposición subjetiva, de la apertura al horizonte histórico y cultural del narrador, va depender de la intimidad con su propio horizonte histórico y cultural. De todas maneras la lectura no puede dejar de ser afectada por estas inscripciones pasionales del relato.

 

 

 

Desenlace 2

 

En nuestra contemporaneidad, la más actual, es difícil hablar de amor románticamente. No solo por el “pragmatismo” imperante en las relaciones sociales, en la vertiginosidad de los afectos, vividos intensamente, sino por la predisposición crítica de sensibilidades experimentadas en la liberación de las emociones y en la emancipación de los sentidos. En todo caso, si perduran estos afectos en la forma romántica, no son idealizados. Cuando leemos relatos de amores románticos, que reproducen el paradigma del amor romántico, nos colocamos como distantes e incrédulos, un tanto sorprendidos de asistir a la narrativa que todavía retiene el romanticismo. Hay como una pretensión de madurez cuando se nos lanzan estas historias de amor, tomamos la posición escéptica. Quizás sea apresurada esta colocación escéptica, quizás haya que volver a decodificar las manifestaciones de este romanticismo amoroso, todavía ventilándose en algunas historias de vida, apegadas a la valorización poética de las sensaciones.

 

El desenlace amoroso entre Manuela y Marco es romántico, un hermoso cuadro, que recuerda la novela romántica. El romanticismo se encuentra muy cerca de la narrativa heroica. No se trata exactamente del drama que no abandona las figuras épicas, de la novela que no abandona la epopeya, sino de la narrativa que busca resolver las paradojas de concordancia-discordancia, incorporando en la dramática estos planos intensidad amorosos, que dan cuenta de resistencias subjetivas al “pragmatismo” hegemónico. Este desenlace amoroso se integra a los otros desenlaces; en nuestra selección provisional, al desenlace de la rebelión de los caboclos, y al desenlace de lo que consideramos la conclusión de la obra, el encuentro pasional político entre Prestes y Mariana, la joven militante comunista, esposa de João. Lo que nos dice la novela, interpretando los entrelazamientos de la trama, es que el amor romántico, está enlazado a la rebelión, por vasos comunicantes complejos; así también está enlazado al compromiso político, a la consecuencia, a la tenacidad comunista.

 

 

De pie, en la entrada del locutorio, blanco de la curiosidad de las familias y de los presos, Manuela, hermosa como visión de un sueño, le estaba esperando. Se lanzó a sus brazos entre sollozos de alegría:

 

— ¡Marcos!

 

Los presos abandonaban por un momento los asuntos familiares para sonreír y contar a las visitas que aquél era el célebre arquitecto Marcos de Sousa. La mujer del ex-oficial reconoció a Manuela por las fotografías de las revistas. También los guardias observaban la escena, haciendo comentarios sobre la belleza de la bailarina.

 

Cogidos de las manos, como dos enamorados, fueron a sentarse en un banco, en el fondo del locutorio. Marcos le preguntó:

 

— ¿Cuándo has llegado? ¿Cómo hiciste para venir aquí?

—Llegué hace tres días, y no sabía nada. Telefoneé a São Paulo, a tu despacho. Te había mandado un telegrama anunciándote mi llegada. Al ver que no ibas a recibirme, creí que estarías enfermo. Luego me lo explicaron. Quedé como atontada, no puedes imaginártelo… —y estrechaba sus manos, como para convencerse de su presencia, con los ojos húmedos.

 

Marcos le sonreía, agradecido. Le resultaba muy difícil hablar.

 

—He estado ya con un abogado para ver qué podía hacer. Pero el pobre hombre, al saber que se trataba de un proceso político, casi se muere de miedo. Poco faltó para que me echara por las escaleras. Decidí ir directamente a la policía.

— ¿Sola?

Asintió con la cabeza. Sus cabellos rozaban el rostro de Marcos. Una sonrisa tímida aparecía en los labios de la muchacha.

—Allí me dijeron que sólo los parientes próximos podían visitar a los presos: los padres, los hijos, las mujeres. Me preguntaron si ése era mi caso.

Clavó los ojos azules en Marcos:

 

—Perdona, Marcos, quería verte…

— ¿Que te perdone? ¿Qué tengo que perdonarte…? ¡Si ella supiera lo que aquella visita significaba para él!

—Te voy a contar: Yo quería verte, como fuera, pero verte. El delegado, un tipo antipático, muy gentil aparentemente, pero intentando ofenderme siempre, me dijo: «Él no tiene padres, es huérfano. Tampoco tiene hermanos, y está soltero…» Quería ofenderme, Marcos: «A no ser que usted viva con él como casada y sin serlo. En ese caso, es posible…» Y yo le dije que sí, que era verdad. Perdona, lo que yo quería era sólo verte…

 

El la miró, con los labios abiertos como si fuera a hablar y no encontrara palabras. Ella bajó la cabeza:

—Se echó a reír, como burlándose, groseramente, pero dio una orden. Sé que no debía haberlo hecho, pero no podía dejar de verte. Estaba como loca…

—Manuela… ¿Y tú reputación, hija mía?

—Eso no me importa. Tenía miedo de que a ti sí te molestara…

— ¿Molestarme? Pero ¿nunca te diste cuenta de que…?

— ¿Qué? —Manuela se acercó, ansiosa de la respuesta tan esperada, su rostro frente al de Marcos. —…que te quiero…?

— ¿Es verdad? —exclamó ella—. ¿Realmente es verdad? ¡Oh, Marcos! ¡Qué suerte que te hayan encerrado en la cárcel! Así, al menos me lo has dicho… ¡Hace tanto tiempo que te quiero, que sólo esperaba una palabra tuya…!

 

Apoyó su cabeza en el pecho del arquitecto. Algunos presos sonreían ante aquella escena. La voz de Manuela murmuró:

— ¡Va a ser tan bonito cuando salgas…!

— ¿Aceptas casarte conmigo?

— ¿Casarme contigo? Pero Marcos… Tú sabes lo que pasó… Si quieres vivir conmigo como dijo el delegado, eso me basta… Tú conoces mi pasado.

— ¡Pero, Manuela! ¡Qué locura! Tu pasado… ¿Qué culpa tienes de que te hayan engañado? ¿Me consideras realmente tan mezquino? Te quiero como esposa, te quiero como compañera. Si nunca te lo dije antes, fue porque temía molestarte, creía que me querías sólo como a un amigo…

— ¿Fue por eso? ¡Y yo pensando que era por lo que me había pasado con Paulo…! Por eso tampoco yo te decía nada. Fuimos dos tontos, Marcos… —sonreía entre lágrimas.

—No me has respondido aún. ¿Aceptas?

— ¿Y me lo preguntas, mi amor?… Eso es más de todo lo que soñé, más de todo lo que he deseado…

 

Y le contempló con infinita ternura. Tenía los ojos inundados en lágrimas.

 

No podía ser más feliz. Pero él bajó la voz, preocupado:

 

—Hay algo más que quiero decirte. Algo que puede cambiarlo todo…

—Entonces, no me lo digas. Nada me importa.

—Te importa, sí. Y quiero decírtelo. Oye, Manuela: he pedido mi inscripción en el Partido. Si te casas conmigo, te casarás con un comunista…

—Soy una estúpida, Marcos. No sé nada de política. Pero ya te dije una vez que para mí es así: los comunistas son los buenos, los otros son los malos. Para mí, al menos, ha sido así. ¿Me enseñarás, verdad? Para que pueda ayudarte…

—Cuando salga, nos casaremos. Pero si me procesan, pueden condenarme a dos o tres años…

—Aunque sean veinte, te esperaré. Hace ya mucho tiempo que te estoy esperando, Marcos.

 

Los guardias anunciaron el fin de la hora de visita. Los presos se despedían de sus familias. Marcos y Manuela se besaron. Era su primer beso. El amor iluminaba el locutorio de la cárcel.

 

 

 

Volviendo al análisis estructuralista – termino que manejamos con la provisionalidad del caso, podemos decir que el amor de Manuela y Marco se opone a la relación amorosa de Manuela y Paulo. En este ambivalente caso, Manuela se entrega ingenua a Paulo, un gigoló, mujeriego y cínico, en lo que respecta a las relaciones de pareja. En el caso de su encuentro con Marco, Manuela es una mujer experimentada, distante del mundo adulador, publicitario, estridente, espectacular, al que había sido introducida por Paulo y Shopel; en verdad asqueada de ese mundillo de derroche. Lo que más desea es el amor de Marco; sin embargo, cree que el arquitecto es inaccesible en términos amorosos, que su decencia lo aleja, por su pasado. Marco, cree, que por su edad, le dobla a Manuela, la hermosa balletista es inaccesible; lo tiene como su amigo. Además cree que está vacunada contra el amor, después de la amarga experiencia con Paulo. Ambos no se confiesan, no revelan el amor de uno al otro, hasta que las circunstancias críticas los obligan a hacerlo.

 

El amor de Manuela y Marco es como una resistencia sensible a la decadencia mercantil de la modernidad. El romanticismo es otro fantasma, así como elfantasma del comunismo, que asedia a los estados, a los gobiernos, a las sociedades divididas en clases sociales. Su alianza es como una concomitancia contra el cinismo y el “pragmatismo” preponderante. No vamos a discutir aquí si el romanticismo encubre una forma de dominación masculina sutil; esta lectura crítica es contemporánea, corresponde a nuestra actualidad, no forma parte de los recursos “ideológicos” del periodo de Jorge Amado. No hay necesidad de entrar a esta discusión, cuando interpretamos la novela. Lo importante es encontrar sus planos de intensidad y, en sus planos de intensidad, encontrar la eterna rebelión contra el poder y el capital.

 

 

 

Desenlace 3

 

 

Las pasiones políticas han movido multitudes, han generado rebeliones, levantamientos, sublevaciones, han explosionado como revoluciones, a lo largo de la modernidad; época vertiginosa, de trastrocamientos institucionales, de transvaloraciones de valores, de derrumbes de estructuras tradicionales. Las pasiones políticas han provocado exigencias extremas en los actores de las movilizaciones; han ocasionado gastos heroicos, entregas y renuncias, prodigando a la causa la pasión política. La pasión política comunista ha conformado perfiles subjetivos variados; desde los proletarios arrojados a las huelgas salvajes, que destruían máquinas, hasta los obreros, que asociados en sindicatos, se entrababan en huelgas largas, sostenidas con coraje y solidaridad. También ha conformado la militancia en grupos y círculos autonombrados como comunistas; más tarde aparecieron los partidos comunistas, ligados a la tercera internacional y a la revolución bolchevique. A nombre del comunismo se hicieron insurrecciones proletarias, largas marchas y guerrillas. Al revisar estas historias, se puede admirar el coraje, la entrega, la dedicación, el gasto heroico; esta es la voluntad que se enfrenta a la historia y a la “realidad” para transformarla.

 

Sin embargo, también a nombre del comunismo los partidos, a pesar de haber tenido un nacimiento activista, hasta aguerrido, terminan burocratizándose, incluso antes de tomar el poder. Se institucionalizan, terminando formando parte del orden social. Los aguerridos activistas, dedicados, entregados a la causa, incluso disciplinados, son sustituidos por burócratas y funcionarios del partido, apegados al “pragmatismo” y al realismo político; inclinaciones del comportamiento justificadas por la tesis de la revolución por etapas.

 

Hay que distinguir pues distintos periodos del partido comunista; no se puede absorber toda la historia del partido a su vida institucional y burocrática. No se puede tirar por la borda la experiencia militante de gente dedicada, de coraje y lucida, que supo articular intuición subversiva e interpretación teórica. Aunque esta interpretación insistente mostrase un cuerpo rígido, como si la teoría crítica pudiera reducirse a las verdades de la ortodoxia, lo que importa es la articulación explosiva entre teoría y praxis, en momentos intensos, constitutivos del comunismo.

 

Mariana es arrastrada por su pasión política, a pesar de la disciplina partidaria, los cuidados y las reglas de la clandestinidad. Quería ver a Prestes, todo un mito en la militancia comunista, también en el proletariado y en el pueblo rebelde brasilero. A pesar de haberle dicho a Marco, que se oponía a su ida, que iba estar en un rincón de la sala del Tribunal, observando, callada, silenciosa y casi invisible, cuando ve a Luíz Carlos Prestes se emociona, se emociona mucho más cuando interrumpen su discurso, una vez que le dan la palabra, y lo arrastra la policía. Grita, ya sin ninguna consideración por su seguridad personal, —i Viva Luíz Carlos Prestes!

 

Mariana tiene una relación pasional política con Prestes, como muchos militantes comunistas de entonces; por ejemplo, el bravo Gonçalo. Prestes es el símbolo de la lucha comunista, también de la rebelión popular, sintetizaba imaginariamente el coraje, el estoicismo, la entrega de la militancia. En el momento que Mariana grita, sorprendiendo a todos, escuchada por Prestes, que le sonríe, la conducta de la joven militante sobrepasa la disciplina del partido, es empujada por un ímpetu desbordante. Su comportamiento es la rebelión llevada al extremo de la intensidad y de la inmediatez. Este arrojarse, a pesar de las consecuencias, muestra, por así decirlo, el núcleo de la pasión política.  Lo que pasa es que este impulso político vital, esta energía, esta potencia, es atemperada por la labor paciente, estratégica, del trabajoconspirativo de los activistas. Cuando la labor tiene como substrato esta pasión, el activismo subversivo se hace posible y se realiza; cuando esta pasión no se encuentra en la base de los actos, cuando, en vez de ella, aparece el frío calculo, el aparato burocrático, la disciplina sin pasión, el activismo desaparece, es sustituido por los procedimientos propagandistas del partido. Por eso podemos decir que comunista no es el que pertenece al partido, no es el que se autonombra comunista, sino estos hombres y mujeres, que pueden o no pertenecer al partido, donde habita incandescente la pasión política, la llama de la rebelión. Mariana es eso.

 

 

La muchacha sobre quien se habían posado los ojos de Venancio Florival en la ensenada de Botafogo era Mariana; también ella iba en dirección del Tribunal de Seguridad. Cuando le comunicó a Marcos su intención de asistir al juicio, el arquitecto se opuso. Pero Mariana discutió, y él acabó mostrando su conformidad, sensible a las razones que la mujer le exponía:

 

—Me quedaré en un rincón. Sólo quiero ver a Prestes. Nunca le vi. Es una oportunidad única.

 

Saltó del autobús en el comienzo de la playa de Botafogo, tenía aún mucho tiempo por delante, no quería llegar demasiado pronto. Mientras andaba al lado de la balaustrada, pensaba en Prestes, en el Partido, en la lucha. Le habían llegado noticias de la siembra de octavillas en las calles de São Paulo, de las banderas rojas en los cables, de las pintadas en los muros. Vitor y los otros camaradas estaban realizando un buen trabajo. También ella, Mariana, volvería pronto a la lucha: en cuanto João fuera enviado a Fernando de Noronha regresaría a São Paulo para ponerse a disposición del Partido. Así podría soportar mejor la ausencia de su compañero, entregada al trabajo, y así se sentiría cercana a él, pese a la inmensidad del mar que les separaba.

 

En una visita a João, le había explicado la significación de aquel juicio público a Prestes, lo que los enemigos esperaban lograr. Había sido aquella conversación lo que le decidió a asistir al juicio. En la sala se iba a trabar una batalla entre el Partido y la reacción; una batalla cuyos resultados serían importantes para la prosecución de la lucha. Así se lo había expuesto a Marcos la víspera, cuando el arquitecto discutía la oportunidad de su presencia en la sala.

 

Manuela, llena de simpatía por ellos, se horrorizaba ante aquella inmensa campaña de infamias, y preguntó:

 

— ¿Qué es lo que están tramando?

—Quieren desprestigiar a Prestes ante el pueblo. Mostrar que Prestes está solo, que no cuenta con nadie. Para que el pueblo pierda la esperanza en él y piense que el Estado Novo está ahí para siempre, inconmovible.

 

La bailarina abría los hermosos ojos azules con temor:

 

— ¿Pero es que el pueblo va a creer todo lo que están diciendo sobre Prestes?

Mariana afirmó:

 

—Tengo la seguridad de que la imagen de Prestes saldrá engrandecida del proceso.

—Yo también estoy seguro. Y es preciso que sea así —hablaba Marcos, en voz baja, como consigo mismo—. El pueblo confía en Prestes. Cuando pienso en el pueblo brasileño, es la imagen de Prestes la que tengo ante mí…

 

Una pequeña multitud intenta entrar en el edificio de los juzgados. Los policías dispersan a los curiosos gritando y empujando:

 

—No hay sitio. No se puede entrar. Está todo lleno…

Pero la multitud no se dispersa. Se va quedando por las proximidades, junto al coche celular que ha traído a Prestes. Mariana consiguió entrar por casualidad, llegó cuando dos policías abrían paso a Venancio Florival y Artur Carneiro Macedo da Rocha. Se colocó tras ellos y entró. Un policía quiso cerrarle el paso, pero Venancio, reconociendo en ella a la muchacha a quien había visto fugazmente en Botafogo, le preguntó:

 

— ¿Quiere entrar?

—Soy periodista —dijo Mariana—. De un periódico de São Paulo.

—Dejen entrar a la chica —recomendó el ex-senador a uno de los guardias.

 

Y ella se encontró de pronto en la sala repleta. Artur y Venancio se sentaron en las sillas reservadas para ellos, tras los jueces. La audiencia había comenzado. El fiscal iniciaba la acusación.

 

Mariana, alzándose sobre la punta de los pies, pudo ver a Prestes entre dos hombres de la policía especial, la camisa sin corbata abierta sobre el pecho, mirando ante sí serenamente. Mariana no puede apartar los ojos del rostro sereno de Prestes, de sus ojos que una llama apasionada ilumina. Es él, él mismo, el dirigente legendario, el capitán intrépido, el primer obrero de Brasil, el hombre en quien millones de hombres depositan su esperanza, su fe. La voluntad inflexible, alimentada por un saber sin dudas, la certeza del futuro.

 

No sólo los ojos de Mariana están fijos en él. Todos los asistentes están presos por la firmeza y por la serenidad de aquel hombre, sólo los policías escuchan las viles palabras del fiscal. Los hombres y las mujeres allí presentes, gente del pueblo, han venido para ver a Prestes, para solidarizarse con él a través de aquella presencia silenciosa. Han venido porque confían en él. Mariana comprende cuán justa era su confianza: el pueblo no se dejaba engañar. Un sentimiento de orgullo y de alegría se mezcla con la emoción de ver a Prestes.

 

De pronto, cierto nerviosismo parece contagiarse a los asistentes: murmullos, gente que intenta colocarse para ver mejor, y luego un silencio profundo y completo. Mariana alza la cabeza: el presidente del tribunal, con voz apenas audible, acaba de conceder la palabra a Prestes.

 

Y la voz de Prestes se eleva, rica de amor y verdad. Cada palabra suena como un mensaje de esperanza y certidumbre, brotando en aquella sala vigilada por la policía, hasta alcanzar los rincones más distantes de Brasil:

 

Quiero aprovechar la ocasión que me ofrecen de hablar al pueblo brasileño para rendir homenaje hoy a una de las mayores fechas de la historia, al vigésimo tercer aniversario de la Gran Revolución

Rusa, que liberó a un pueblo de la tiranía…

 

El juez grita histérico. Le retira la palabra. Los guardias de la sección especial de la policía, los inspectores de paisano, se lanzan sobre él, intentando arrastrarle fuera de la sala. Mariana ve aquella masa de policías llevándose al prisionero a la fuerza. El barullo es enorme, los espectadores se empujan para ver mejor, bajo la amenaza de los policías. Mariana, que está ahora al lado de la mesa del tribunal, cerca de Venancio y de Artur, oye murmurar:

 

—Hemos perdido la partida…

 

No sabe que quien acaba de hablar es el exministro Artur Carneiro Macedo da Rocha, político importante de las clases dominadoras, hombre de Costa Vale y de los norteamericanos. No sabe tampoco que es Venancio Florival, latifundista y señor de inmensas tierras, quien responde con voz de odio incontenible:

 

— ¡Para ése: el paredón, y tiros a la barriga…!

 

Mariana sabe sólo que son enemigos derrotados por la conducta comunista de Prestes, que son los mismos que querían desprestigiarle ante el pueblo, los que pensaban terminar con el prestigio del Partido, con el amor del pueblo a Prestes.

 

Por un instante, súbitamente, Prestes se libera de los policías y se vuelve hacia el pueblo, abre la boca para hablar. Pero de nuevo se lanzan sobre él.

 

Mariana no puede contenerse más, y grita:

 

—i Viva Luíz Carlos Prestes!

 

Fue tan inesperado que, por un momento, nada hicieron. Desde la puerta por donde se le llevaban, Prestes volvió la cabeza y sonrió. Alguien gritaba al lado de Mariana:

 

— ¡Fue ésta! ¡Fue ésta!

 

Luego, Mariana sintió que le retorcían un brazo. Los policías se abrían camino entre la gente, a puñetazos y empujones. Le agarraron con tanta fuerza que se la llevaron casi en volandas. Una pequeña multitud iba detrás de ella y de la policía, como si ya no les interesara nada el juicio, ahora que Prestes ya no estaba.

Fuera brillaba el sol en una mañana deslumbrante. Un policía empujó a Mariana hacia el coche celular. Ella tropezó, la llevaron a rastras, alguien le sostuvo. Al levantarse pudo sentir en los ojos de todos aquellos que se habían agrupado en la puerta y en la calle la misma calurosa solidaridad del hombre del pueblo que le protegía y le daba la mano.

 

—Gracias… —sonrió Mariana. Con paso firme, la cabeza erguida, se dirigió al coche celular.

 

 

 

A modo de conclusión

 

La novela Los subterráneos de la libertad despliega una narrativa intensa, prolífica en figuraciones sociales, desmenuzadas en su íntima subjetividad, presentando sus perfiles singulares. Son elocuente en la narrativa los contrastes de clases sociales, de sus hábitats, también de sus habitus. Es intensa la perspectiva viajera de la narración, cuando recorre las regiones de la geografía del país; sobre todo cuando describe estas regiones entrelazadas con los cuerpos, con las percepciones de estos cuerpos. No sé si se puede hablar de una novela política, en el sentido de que se narran los decursos sinuosos de la política, las cartografías del campo político, los comportamientos y las conductas diferenciales en lo que respecta al referente político. Tampoco estoy seguro si se puede decir que la novela, toda novela, es política, como dice Jean-Françoise Lyotard de la filosofía, afirmando que la filosofía es política[44].  En todo caso, estamos ante una narrativa que configura el acontecimiento Brasil desde la experiencia social, desde la memoria social, asumidas en una trama de múltiples tejidos entrelazados. Unatrama pasional que sintetiza, por así decirlo, lo heterogéneo, encontrando una totalización metafórica, que interpreta las territorialidades, los recorridos, los circuitos, los movimientos sociales, las relaciones de dominación, las relaciones capitalistas, desde las percepciones corporales del pueblo y de la alta sociedad dominante. Aunque el discurso de la teleología dialéctica aparezca explicando los dramas, este discurso es parte de la locución de ciertos protagonistas, incluso puede ser la misma concepción filosófica del autor; sin embargo, no es este discurso el que forma parte de la dinámica molecular de la narrativa. Lo que devela el sentido inmanente del acontecimiento Brasil, de ese tiempo, es la fenomenología de la percepción narrativa, la intuición sensible del narrador, la dinámica de los cuerpos incorporados en los escenarios de la novela. Es esta intuición sensible, esta intuición estética, combinada con la intuición intelectiva, la que logra una hermenéutica o, si se quiere, el desenvolvimiento de la mimesis; desde su incrustación en la semántica práctica hasta los umbrales de la re-figuración.

 

Habíamos dicho que entre los contrastes operativos de la narración, las polaridades figurativas, se sitúan en la oposición del partido comunista frente alEstado Novo, en la oposición del proletariado frente a la burguesía y la aristocracia, del pueblo frente a regímenes herederos del Imperio, que se sostienen sobre diagramas coloniales, actualizados en cartografías sociales y políticas de la colonialidad. Tomando en cuenta la conclusión de la novela, cuando aparece Prestes, podemos decir también que la polaridad de constante tención en la novela, como uno de los fondos de contradicciones y antagonismos culturales de la narrativa, es la de la figura de Luíz Carlos Prestes frente a la figura de Getúlio Vargas. Luíz Carlos Prestes es el símbolo de la permanente rebelión del pueblo brasilero, en todas las formas, múltiples resistencias, plurales transgresiones, variadas alteraciones, encaminando diversamente la potencia social. En cambio Getúlio Vargas es el símbolo del poder, del Estado, de la dominación, aunque sus gestiones evolucionen de un diletantismo incipiente a un pacto “bonapartista”, cuando el caudillo encausa una revolución industrial autoritaria, una modernización conservadora, aunque la política y el discurso del caudillo adquieran la locución seductora del populismo.

 

A partir de lo que acabamos de decir, nos atrevemos a poner en mesa la siguiente crítica. Se lee Brasil desde las casillas iluminadas de las instituciones, sobre todo de las instituciones del Estado, de las instituciones de la dominancia económica, desde la estrategia de la geopolítica regional; aunque adquiera una tonalidad crítica esta lectura; incluso dejando la tonalidad, aunque adquiera la forma del discurso de denuncia, de demanda, inclusive de discurso de crítica radical, en la medida que la perspectiva se traza desde este iluminismo institucional, moderno y capitalista, que nunca ha dejado de ser colonial, se sigue leyendo Brasil desde el poder, desde el fetichismo del poder, el fetichismo del Estado, el fetichismo institucional. Se ha renunciado a leer el acontecimiento Brasil desde la potencia social, desde laalteratividad social, desde las fuerzas vitales no solamente resistentes, sino creativas culturalmente, creativas socialmente, creativas territorialmente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El capitalismo moral de la burguesía sindical

 

 Carnaval 2

 

 

 

 

Importa comprender

La realidad es artesanía de las interpretaciones

Es producción de la subversión de las multitudes

Es el alba cuando despiertan los y las jóvenes

Heterodoxos, iconoclastas

Destructores de imperios

Forjadores de nuevas exhortaciones

 

Sebastiano Mónada/Mirada retrospectiva

 

 

 

Enlace transversal

 

Dejamos pendiente el análisis a partir de la lectura del libro de Raul Zibechi, Brasil potencia[45]. La importancia de los tópicos abarcados nos obliga a detenernos en los mismos, así como nos apremia a buscar apoyo, en la fenomenología de la percepción para llenar los huecos, la falta de experiencia social concreta, territorial, cultural, con las interpretaciones narrativas de la novela, de los substratos sociales, de las subjetividades afectivas, de los dramas concretos, en los tiempos que nos toca apreciar, que son los referentes del análisis. Ahora, después de haber elaborado hipótesis interpretativas a partir de las tramas narrativas de la novela, que devela experiencias sociales concretas, memorias locales, en la narrativa impetuosa de las configuraciones literarias, podemos retomar la lectura del libro citado, para abordar nuestra contemporaneidad política, nuestra actualidad ineludible, en lo que respecta a uno de los gobiernos progresistas de Sud América, las gestiones de gobierno del PT.

 

 

En Relaciones de dominación clientelares se concibe el clientelismo, las redes clientelares, como relaciones de dominación; es el populismo el que extiende estas relaciones clientelares hasta otorgarles una intensidad política, basada en relaciones afectivas entre el caudillo populista y su base electoral capturada. EnAcontecimiento Brasil se busca interpretar la formación social-territorial de Brasil a partir de las percepciones de la potencia social; se contrasta la tesis desubimperialismo, que es, mas bien, interpretado como geopolítica regional, con las resistencias, las rebeliones, las trasgresiones y la alteratividad social. Se opone a lageopolítica la geografía emancipatoria de los pueblos. En Acontecimiento novela se vuelve a situar el punto o trazo de inflexión histórico en el periodo de Getúlio Vargas, cuando se busca solucionar la contradicción entre latifundio y desarrollo capitalista, entre monopolio de la tierra y revolución industrial, entre dominación colonial y democracia, mediante la síntesis forzada del régimen “bonapartista”, de la revolución industrial autoritaria, de la modernización conservadora. Esta ruta forzada para salvar a los latifundistas, iniciando una revolución industrial, combinando la herencia colonial con desarrollo capitalista y modernización, acompañada de concesiones sociales, de carácter populista, tiene como desenlace simbólico el cuerpo del caudillo, cuerpo significante donde se disputan los significados. En Geografía emancipadora versus geopolítica se ubica el racionalismo “pragmático” entre la violencia descarnada colonial y el racionalismo instrumental. En Acontecimiento y narrativa concluimos: que la polaridad de constante tención en la novela, como uno de los fondos de contradicciones y antagonismos culturales de la narrativa, es la de la figura de Luíz Carlos Prestes frente a la figura de Getúlio Vargas. Luíz Carlos Prestes es el símbolo de la permanente rebelión del pueblo brasilero, en todas las formas, múltiples resistencias, plurales transgresiones, variadas alteraciones, encaminando diversamente la potencia social. En cambio Getúlio Vargas es el símbolo del poder, del Estado, de la dominación, aunque sus gestiones evolucionen de un diletantismo incipiente a un pacto “bonapartista”, cuando el caudillo encausa una revolución industrial autoritaria, una modernización conservadora, aunque la política y el discurso del caudillo adquieran la locución seductora del populismo.

 

Después de estos enraizamientos, que hemos llamado fenomenología de la percepción pasional, que viene acompañada por la genealogía del poder, buscandohermenéuticas de la subjetividad, del acontecimiento Brasil, podemos, ahora, munidos de estos espesores interpretativos, pasar a la interpretación de la contemporaneidad y actualidad de las paradojas políticas. Comenzando con la paradoja del Partido de los Trabajadores (PT) en el gobierno impulsando el desarrollo capitalista por la vía de la especulación financiera. Además de la paradoja del racionalismo “pragmático”, que invierte la síntesis forzada de la burguesía industrial, que salva a los latifundistas, por el camino de la modernización conservadora, efectuando otra síntesis forzada, esta vez, “proletaria”, salvando a la burguesía industrial, en consecución de un capitalismo moral.

 

El balance de las gestiones de gobierno del PT que hace Francisco de Oliveira es lapidario; se trata de la formación de un nuevo estrato de la burguesía, la burguesía sindical; una burguesía vinculada además a la gestión financiera. Escribe:

 

La estructura de clase también se vio truncada o modificada; las capas más altas del antiguo proletariado se convirtieron, en parte, en lo que Robert Reich denominó “analistas simbólicos”: son administradores de fondos de pensiones complementarios, provenientes de las antiguas empresas estatales, entre los cuales se destaca el PREVI de los funcionarios del Banco do Brasil, todavía estatal; o son parte de los consejos de administración, como el BNDES (Banco de Desarrollo de Brasil), a título de representantes de los trabajadores[46].

 

Retomando la lectura del libro de Raúl Zibechi Brasil potencia, el autor comenta datos esclarecedores, en este proceso de aburguesamiento del sindicalismo. Escribe:

 

Si se toman en cuenta las principales esferas de decisión, el PT es ante todo un partido de sindicalistas, aunque hay que destacar que eligió a siete diputados empresarios. Además, el PT prácticamente monopoliza la representación sindical ya que pertenecen a ese partido el 80% de los sindicalistas electos diputados y el 78% del total de parlamentarios electos. El crecimiento de la bancada sindicalista ha sido importante en los últimos veinte años: en 1991 había apenas 25 sindicalistas en el Congreso, cifra que se duplicó largamente. Es cierto que la bancada empresarial es mucho mayor que la sindical, ya que llegó a 169 parlamentarios (tenía 120), perteneciendo 32 al PMDB, aliado del gobierno, y 28 al derechista DEM. A diferencia de la bancada sindical, casi toda petista, la empresarial se distribuye en casi todos los partidos del arco parlamentario. Por último, la bancada ruralista (vinculada a los ganaderos y al agronegocio) viene descendiendo de forma nítida: cayó de 117 a 61 parlamentarios. Una primera conclusión: desciende la fuerza electoral del viejo latifundio y crece la de empresarios y sindicatos.

 

Un segundo dato que vale la pena analizar se relaciona con el financiamiento de los partidos políticos, y muy en particular con los fondos que recibe el PT. Llama la atención el importante papel que tienen los empresarios en el financiamiento de los partidos, y de modo muy particular las empresas de la construcción. El empresariado aportó 470 millones de dólares a los candidatos electos. El 54% de los parlamentarios electos recibió algún apoyo de las constructoras, o sea 264 diputados y 42 senadores.

 

El partido que más dinero recibió de las constructoras fue el PT (15 millones de dólares) seguido del PSDB (11 millones). Se trata de empresas que se benefician de las grandes obras de infraestructura de la IIRSA y del Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), y que ahora esperan aumentar sus ganancias con las obras que se realizarán para la Copa del Mundo de 2014 y los Juegos Olímpicos en Rio de Janeiro en 2016. Las empresas que marcharon a la cabeza en donaciones fueron Camargo Corrêa, Queiroz Galvâo, Andrade Gurtierrez, OAS y Odebrecht, nombres que veremos repetirse a lo largo de este trabajo. Se calcula que las constructoras son responsables de un cuarto de todas las donaciones electorales. Las empresas vinculadas al agronegocio hicieron sus principales donaciones a los candidatos de la región centro-oeste y optaron mayoritariamente por los miembros del DEM, grupo que se ha destacado en la defensa de los intereses de ese sector a través de la bancada ruralista. En las elecciones de 2006, las mil mayores empresas privadas fueron responsables del 30% de la recaudación total de las campañas de los candidatos a presidente, lo que sin duda revela la importancia de este tipo de financiación.

 

Sumando lo encontrado hasta ahora, podemos decir que estamos ante la paradoja de un empresariado que financia en parte la elección de sindicalistas, supuestamente sus mayores enemigos si nos atenemos al discurso político de ambos sectores. En concreto, empresarios de la construcción financiando al partido de los sindicatos. Sin embargo, si observamos quiénes son estos sindicalistas convertidos en parlamentarios podemos concluir que tienen un perfil bien diferente del que podría esperarse: dos tercios tienen título universitario, entre los que destacan economistas, abogados y profesores. La mayor parte proviene de empresas estatales y del sector bancario. La inmensa mayoría, otros dos tercios, fueron reelectos. O sea se trata de profesionales especializados como parlamentarios[47].

 

 

 

Estamos ante fenómenos de la representación social que adquieren no sólo la deformación de la hipertrofia burocrática, sino que se convierten en dispositivos económicos de apropiación del ahorro de los trabajadores con fines financieros, además de convertirse en dispositivos de poder, que ejercen influencia y coerción, presión y dominio, adecuando el espacio político al dominio de la representación social. Asistimos a las transformaciones de las formas clásicas de la república y del Estado-nación; ahora son las formas de organización jerárquicas del sindicalismo las que ocupan el lugar de los partidos conservadores y liberales de la burguesía. Continúan su tarea de legitimación del orden, que garantiza el desarrollo económico, ahora por las vías de un capitalismo moral, que asiste las demandas de los trabajadores, incorporándolos al crédito, a las facilidades del mercado y a los beneficios financieros.

 

Revisando la trayectoria de dirigentes sindicales a cargo de la tesorería nacional de la Central Única de Trabajadores (CUT), después del Fondo de Amparo al Trabajador (FAT), el caso paradigmático es el de Delúbio Soares, tesorero del PT durante la campaña electoral de 2002; antes también fue delegado sindical, además de coordinador de las campañas presidenciales de Lula en 1989 y 1998. Zibechi escribe:

 

 

Estos hechos permitieron visibilizar algunas trayectorias de dirigentes sindicales vinculados a la cúpula de un partido como el PT, y a la vez como altos funcionarios del FAT, que ha sido definido por Francisco de Oliveira como “el mayor financiador de capital de largo plazo en el país”. En su opinión, el “núcleo duro” del PT está integrado por trabajadores transformados en operadores de fondos de pensiones, lo que les permite acceso a los fondos públicos y establecer vínculos con el capital financiero del cual se convirtieron en co-gestores. En apenas dos décadas la CUT y el PT vivieron un acelerado proceso de transformaciones que tuvo sus momentos más importantes en los primeros años del neoliberalismo.

 

Este proceso de conversión del sindicalismo en un organizado y masivo operador del sistema financiero nacional fue largo; tiene que ver con la transformación del obrero sindicalizado, por lo menos de un amplio sector privilegiado.

 

El 90% tenían vivienda propia en barrios con agua, luz, asfalto y saneamiento; el 70% secundaria completa; el 75% llevaban más de once años en su trabajo, recibían altos salarios, la mayor parte ya tenían computador y conexión a Internet. Ese tipo de trabajadores, con una indudable cultura de clase media urbana y acceso al consumo, controlaron desde el comienzo el movimiento sindical metalúrgico del ABC, cuna del nuevo movimiento obrero brasileño. Tres cuartas partes de los obreros de esas cuatro plantas están afiliados al sindicato y el 81% declararon su simpatía por el PT.

 

Los trabajadores de la industria automotriz, los bancarios y petroleros son los principales impulsores de la corriente mayoritaria de la CUT, Articulación Sindical, que es hegemónica también en la dirección del PT. Esa corriente tuvo cinco ministros en el primer gobierno Lula: Trabajo, Seguridad Social, Hacienda, Comunicación Social y Ciudades, además del propio presidente[48].

 

Estamos hablando del perfil de un “proletariado” que ya forma parte de las clases privilegiadas, en contraste con la inmensa mayoría de la población, sometida a trabajos itinerantes, laburos informales, contrataciones en el marco del capitalismo salvaje, marginados y discriminados en favelas. Los intereses de este “proletariado” están más cerca de los intereses de la burguesía que del proletariado nómada. La alianza entonces se da entre proletariado sindicalizado y burguesía, enfrentándose contra las demandas y movilizaciones del proletariado nómada; la lucha de clases adquiere un insólito perfil; parte del proletariado, el sindicalizado, forma parte del Estado-nación, defendiendo el orden instituido, enfrentando la subversión del proletariado nómada y de los campesinos sin tierra.

 

Parece una historia de nunca acabar, de una lucha de clases interminable. No basta que el partido de los trabajadores llegue al poder, sea gobierno, incluso por mayoría congresal; una vez que esto ocurre, el partido de los trabajadores se ve obligado a defender su poder. Lo sorprendente es que no es en contra de una burguesía conspirativa, sino contra la inmensa mayoría de los trabajadores no sindicalizados y contra los campesinos sin tierra; también contra las favelas. La diferencia con los gobiernos de la burguesía, sean conservadores, liberales o neoliberales, es que el gobierno de los trabajadores lo hace a nombre de los trabajadores, a nombre del proletariado, a nombre del pueblo, a nombre de lospobres. El estilo es empresarial, de una empresa que se inviste de social, una empresa que quiere doblegar al capitalismo explotador, convirtiéndolo en uncapitalismo moral, al servicio de los trabajadores.  No hay mejor gobierno para eldesarrollo económico, que no deja de ser capitalista, por lo tanto no hay mejor gobierno para la burguesía recompuesta, con la incorporación de la burguesía sindical, que este gobierno de los trabajadores. Es cuando la hegemonía burguesa, comprendiendo a todos sus estratos, se logra plenamente, convenciendo a la mayoría de la población de las bondades de las gestiones sociales gubernamentales. A propósito de este balance, Raúl Zibechi concluye:

 

Así se produjo, en pocos años, una mutación en el perfil de la clase obrera: en lo político, más dispuesta a negociar que a luchar; en cuanto a su cultura, obreros polivalentes ya no focalizados en una profesión o tarea, y comprometidos en el aumento de la productividad[49].

 

 

Estas transformaciones del proletariado, esta diferenciación social en el proletariado, es un desafío para el análisis social y político. Las tesis sobre la contradicción entre proletariado y burguesía se derrumban, si es que no se distingue claramente esta estratificación social en el proletariado, si es que no se explican estas transformaciones sociales y económicas. Una vez más vemos que el apegarse a teorías como si fueran inmodificables, verdades demostradas, es un craso error. Este teoricismo, que hemos llamado fundamentalismo racionalista, no entiende el papel provisional e instrumental de las teorías. Frente a estas experiencias sociales contemporáneas es indispensable interpretar el impacto en la formación y reproducción social, particularmente en lo que tiene que ver con el proletariado, de la inserción de la organización sindical en la cogestión económica y en la gestión estatal. El proletariado se termina adecuando a la “necesidades” del desarrollo económico, es decir, del desarrollo capitalista, termina respondiendo a los requerimiento de la revolución industrial-tecnológica-cibernética, subordinada a la acumulación de capital; en otras palabras, termina respondiendo al perfil obrero requerido por la burguesía industrial.

 

En la medida que la organización sindical es más poderosa, más extensa y regularizada, en esa misma medida la burguesía se ve obligada a reconocer esta presencia ineludible, se ve obligada a complementarse con esta organización sindical nacional de influencia masiva. El “pragmatismo” de la burguesía industrial volvió a buscar una salida conservadora, como lo hizo en la segunda mitad del siglo XX, ante el crecimiento cualitativo y cuantitativo del proletariado, sobre todo del sindicalizado. El camino fue la formación de los trabajadores, de acuerdo a los requerimientos del mercado, acompañada de transferencia de fondos estatales, combinados con transferencia de fondos privados, es decir, de fondos empresariales. Por esta adecuación, la dirigencia sindical no sólo empujó al proletariado sindicalizado a adaptarse a las demandas del capitalismo nacional, sino que el siguiente paso fue ir más allá, convirtiéndose en administradores financieros. En otras palabras en agentes del desarrollo capitalista.

 

Raúl Zibechi encuentra esta transformación de la situación y de la posición del sindicalismo en el contexto de la formación social brasilera, en el campo social, en el campo económico y en el campo político, desenvolviéndose de manera patente durante el periodo neoliberal. El autor escribe:

 

En paralelo, y en parte como consecuencia de estas modificaciones en el perfil de la clase trabajadora, se registran cambios en los sindicatos y en el escenario político que permiten a varios analistas hablar de “derrota” de la clase obrera o, si se prefiere, de un conjunto de fracasos: una derrota política al no haber podido elegir a Lula en las elecciones presidenciales de 1989, a la que se suma la derrota económica y cultural que representó la hegemonía neoliberal a partir de 1990. En el terreno sindical, la Constitución de 1988 –que consagró la nueva democracia y el fin del régimen militar– dejó en pie las prácticas del viejo sindicalismo corporativista, entre ellas el llamado “impuesto sindical” o descuento obligatorio de cuota sindical a todos los trabajadores. El nuevo sindicalismo que representaba la CUT no pudo imponer en la Asamblea Constituyente la ruptura con el viejo modelo sindical pelego[50].

 

¿Se puede decir que es el fracaso coyuntural del proyecto de poder, concebido como estrategia electoral, lo que empuja al PT y a la organización sindical a cambiartácticas, pasando de la confrontación a la adecuación? ¿Es esta inclinación y decisión por la adaptación, que es una renuncia a las transformaciones estructurales e institucionales del Estado y la sociedad, lo que explica el aburguesamiento de la poderosa organización sindical y del PT? Eso es lo que parece. Siguiendo la descripción, Zibechi expone:

 

La Plenaria Nacional de la CUT realizada en setiembre de 1990 en Belo Horizonte fue un momento decisivo del viraje, al sustituir el sindicalismo de confrontación por un sindicalismo propositivo. En la década de 1990 los sindicatos bancario, petrolero, petroquímico y del automóvil, apostaron a la lucha por el contrato colectivo de trabajo en detrimento de las normas protectoras del derecho al trabajo, en un viraje que los lleva a desentenderse de la mayor parte de los trabajadores, ahora precarizados, tercerizados, desempleados o informales[51].

 

 

Esta anotación es importante. Desde una perspectiva marxista se podría decir que es cuando se pierde la consciencia de clase y se opta por una consciencia elitista, salvaguardando los intereses de la dirigencia y de los obreros sindicalizados, dejando desamparados a la inmensa población del proletariado nómada, explotado de una manera salvaje. Enunciado que parece pertinente, al momento de interpretar estas transformaciones sociales. Sin embargo, si bien podemos apoyar esta tesis, de carácter general, de forma materialista e histórica, no termina de explicar las dinámicas sociales y económicas que operan en estas transformaciones. En primer lugar, no se puede tomar al proletariado como un bloque homogéneo, aunque éste sea el proyecto político, aunque ésta sea la “ideología” de clase, pues si bien esto es lo apropiado en la lucha de clases, no considerar la diferenciación social en el seno del proletariado es un grave error, que lleva a confundir la “realidad” con los deseos. Es, más bien, de esperar que en una sociedad atravesada por las relaciones capitalistas, que generan diferenciaciones sociales, estas diferenciaciones también acontezcan en el propio campo proletario. Ahora bien, estas diferenciaciones, que quizás no fueron tan pronunciadas, durante el siglo XIX y el siglo XX, se compensaron con la solidaridad de clase. También, porque no decirlo, por la “ideología” socialista, por lo que se llama teóricamente consciencia de clase. Quizás desde el último cuarto del siglo XX y la primera década del siglo XXI, las diferencias fueron marcadamente pronunciadas, la fuerza de la solidaridad fue desbordada por la fuerza de los intereses de estratos jerarquizados y privilegiados, la consciencia de clase fue desbordada por la racionalidad instrumental y por el racionalismo “pragmático”.

 

En segundo lugar es menester comprender las transformaciones dadas en el modo de producción capitalista, núcleo de las formaciones económico-sociales componentes del sistema-mundo capitalista. Resumiendo esquemáticamente, podemos decir que la primera gran transformación en el sistema-mundo capitalista, constituido mundialmente por las conquistas y colonizaciones, fue la revolución industrial, que trastrocó las estructuras y composiciones del mismo modo de producción capitalista. La segunda gran transformación del sistema-mundo capitalista fue la integración del sistema-mundo, es decir de su composición diferencial, por las transversales del sistema financiero, que terminó consolidándose como sistema internacional. Transformación acompañada por la revolución tecnológica y científica. Esta segunda transformación conforma figuras histórico-políticas de dominación como los relativos al imperialismo, sobre todo en las ultimas décadas de la primera mitad del siglo XX; después, es posible, que podamos, aunque sea provisionalmente, sostener que arroja la figura de un orden mundial de dominación que llamaremos imperio[52]. En el horizonte de esta figura imperial del orden mundial, que sostiene la dominación financiera del ciclo del capitalismo vigente, aparecen las llamadas potencias emergentes, nombradas como BRICS, que manifiestan transformaciones en la estructura de poder del sistema-mundo capitalista, en la geopolítica de este sistema-mundo.

 

La participación de Brasil, como potencia emergente, en la estructura de poder mundial del sistema-mundo capitalista, afecta a la composición interna de la estructura de clases. La burguesía brasilera ya no es una burguesía sólo nacional, ya es una burguesía internacionalizada; la prueba de esto se encuentra en las empresas trasnacionales brasileras que concurren en la competencia de los mercados del mundo. La elite del proletariado sindicalizado, la estratificación privilegiada, participa de los beneficios de una mayor apropiación del excedente mundial.  Esta oligarquización de parte del proletariado empujaría a su dirigencia y a su representación política a compartir intereses con la burguesía, convirtiéndose después también en un estrato de la burguesía, lo que llamamos la burguesía sindical.

 

En tercer lugar, la crisis del marxismo, que es sustento teórico de los partidos de los trabajadores, la crisis del socialismo, no solo el llamado socialismo real, crisis teórica e “ideológica”, ha empujado al partido de los trabajadores a inclinarse por el realismo político y el “pragmatismo”. Planteándolo atrevidamente, para ilustrar, ¿si esto ha ocurrido en el Partido Comunista Chino, por qué no esperar que pase, algo parecido, en el PT?

 

 

La descripción de este proceso de adecuación y adaptación de la dirigencia del proletariado es ilustrativo. Zibechi lo describe pormenorizadamente:

 

En medio de la reestructuración productiva neoliberal que supuso el despido de gran cantidad de trabajadores en todos los sectores, incluyendo el automotriz, la petrolera estatal, los bancos y toda industria, los sindicatos a fines de la década de 1990 se insertan en los planes estatales de formación a través de fondos del FAT, que suponen ingresos millonarios para la CUT, muy superiores a los que percibían por concepto de cuotas sindicales.

 

Ya sin la fuerza que tuvo en la década anterior, derrotado su candidato en las elecciones presidenciales y en plena ofensiva del capital, la CUT decide insertarse en los programas oficiales de recalificación profesional, a través del Plan Nacional de Calificación Profesional desde 1995, instrumentados por el FAT donde convergen sindicatos y empresarios. El V Congreso de la CUT, celebrado en 1994, luego de analizar la “reestructuración excluyente” emprendida por el capital con apoyo de un “Estado privatizado”, propone como parte de su campaña contra el desempleo una “política de formación profesional adecuada a las nuevas exigencias del mercado de trabajo y con participación de la representación sindical.

 

Esa propuesta va en línea con la tesis defendida por el gobierno de Fernando Henrique Cardoso y por el empresariado en el sentido de que el desempleo se debe a la falta de calificación profesional de los trabajadores. En 1998 la CUT recaudó 17 millones de dólares, de los cuales 2 millones provenían del FAT para formación profesional. En 1999, la CUT ingresa casi 32 millones de dólares: 12 millones provienen del FAT, cifra que se eleva a 20 millones en 2000. Desde 1999, el 70% de los gastos de la CUT están ligados a los Programas de Calificación Profesional del FAT, o sea a instancias ligadas al Estado y a los empresarios.

 

Por un lado, la central pierde autonomía financiera ya que depende cada vez más de ingresos no vinculados a los aportes de sus afiliados. Por otro, “la cultura sindical que genera esta estructura, estimulando la aparición de dirigentes más preocupados en mantenerse al frente de esos aparatos, desenvolviendo una especie de ´carrera´ sindical, que de representar efectivamente a sus bases”[53].

 

 

Acompañando a este proceso de adaptación y de adecuación de la organización sindical al sistema- regional capitalista, para correlacionar un concepto relativo alsistema-mundo capitalista, que corresponde, en este caso a una región continental, al concepto de geopolítica regional, que hemos usado en vez del concepto desubimperialismo, se produce también un proceso de jerarquización de la representación sindical. La representación sindical, jerarquizada en la dirigencia, copa casi todos los espacios de la representación a costa de la representación directa, incluso mediada, de las bases. Describiendo este itinerario, Zibechi escribe:

 

Por último, esta institucionalización de la CUT, y su profesionalización dependiente del Estado, no pudo dejar de influir en la integración de sus órganos de dirección así como en la masa afiliada. Nuevamente los cambios convergen en el mismo período histórico. En el Congreso de 1988 los delegados de base eran el 50,8% de los congresistas mientras el 49,2% eran dirigentes. En el Congreso de 1991, se produce un vuelco fenomenal: 83% son dirigentes y sólo 17% son delegados de base.

 

Bajo el gobierno Lula el entrelazamiento entre sindicalismo y Estado se profundiza, como no podía ser de otro modo. El proceso se acelera llegando a una suerte de final esperable. El sociólogo Rudá Ricci, que asesoró al Departamento de Trabajadores Rurales de la CUT en 1990, sintetiza este proceso:

 

“Desde los años 1980 para acá, las organizaciones populares conquistaron muchos espacios de cogestión. Hoy tenemos 30 mil consejos de gestión pública (de derechos y sectoriales) a lo largo de Brasil. Entonces, los líderes sociales, incluyendo a los sindicalistas, pasan a cambiar su perfil: de líderes de movilizaciones hacia una dirigencia con capacidad técnica, de gobernar. Se percibe el cambio del perfil de los sindicalistas de los grandes sindicatos: del carisma y la capacidad oratoria hacia uno más reflexivo. El punto final fue el ingreso a los ministerios. A partir de ahí no es más dirigente sindical. Es un agente gubernamental”[54].

 

 

 

Este dato amerita una reflexión. La pregunta es: ¿Qué nos dicen estas transformaciones, en el sentido de adaptación y adecuación, de lo que deviene el sindicato? ¿De una organización de defensa de los trabajadores se convierte en un organismo de poder sobre los trabajadores? ¿En todo caso, cómo pudo haber ocurrido esto o algo parecido? ¿Dónde radica el núcleo del problema? La hipótesis interpretativa nuestra es que el núcleo radica en la representación y en la delegación. Ciertamente la representación y delegación sindical son procedimientos de la organización, son necesarios para transmitir las decisiones sindicales, también para coordinar sectores, para lograr la centralización de la representación general de los obreros sindicalizados; son procedimientos, que forman parte de la lucha sindical. Empero, no dejan de ser también, procedimientos que instauran relaciones de poder. La dirigencia es la dirigencia que se arriesga por la lucha social, económica, después política, de la clase obrera; sin embargo, la dirigencia también se inviste de poder. Esta disposición de poder de la dirigencia era compensada por las asambleas, por la construcción de las decisiones colectivas. Sin embargo, en la medida que se burocratiza la organización sindical, el poder de la dirigencia sindical cobra autonomía, se independiza de las asambleas; las decisiones son cada vez más mediatizadas. Las bases terminan como el substrato multitudinario, que sostiene con su participación, cada vez más restringida al voto, a la elección de dirigentes, de una cúpula poderosa que habla a nombre de los trabajadores, cuando ya los dirigentes han dejado de serlo.

 

Los dirigentes se llegan a aburguesar porque antes ya se han burocratizado. Esto ocurre porque se sustituye la democracia directa, la democracia asambleísta, la democracia colectiva, cada vez más con procedimientos institucionales de la democracia formal. Cuando ocurre esto es probable que los dirigentes contenten a las bases con beneficios, en el mejor de los casos, de formación, empero, haciendo preponderar, cada vez más, beneficios económicos vinculados al mercado, al consumo y al crédito. El problema de estos beneficios económicos es que se termina despolitizando al proletariado sindicalizado. Se ha ablandado su capacidad de lucha; es de esperar que renuncie a las transformaciones estructurales e institucionales, optando por convivencias pacíficas con la burguesía, con el Estado-nación, garantía del desarrollo capitalista. Esta subordinación privilegiada al sistema de dominación, tiene una “ganancia” política y económica, por así decirlo, y un costo social. La “ganancia” es que la cúpula y quizás sus entornos terminan formando un estrato de la burguesía recompuesta; el costo lo carga el proletariado nómada, empujado a la miseria, a la marginación, a la invicibilización, al no ser reconocido por no estar sindicalizado.

 

 

La despolitización llega lejos. Al proletariado combativo se lo convierte en un perfil festivo, sus pasiones políticas se sustituyen por el gozo circunstancial, por la algarabía del bullicio ensordecedor y adormecedor. Otra forma de domesticar el proletariado, esto de ofrecerle fiestas para que olvide su lucha anticapitalista.  Las anotaciones de Zibechi son ilustrativas:

 

 

Este sindicalismo comenzó a priorizar las fiestas por sobre las movilizaciones como sucede con los espectáculos del 1 de mayo, que hasta el gobierno Lula los realizaba sólo la central conservadora Forza Sindical. Pero a partir de 2004, la CUT comenzó a contratar especialistas en marketing para organizar la fiesta que incluye megaeventos con artistas populares, sorteos de coches y apartamentos y la prestación de servicios como peluquería y documentación. De este modo, a la creciente institucionalización y pérdida de autonomía se suma la despolitización y hasta el reforzamiento de la perspectiva neoliberal, los valores del mercado y la individualización de los problemas del trabajador[55].

 

 

 

 

Burguesía sindical

 

 

 

El marxismo definió a la burguesía como la propietaria de los medios de producción. ¿Qué sería una burguesía sindical? De la misma manera, ¿qué fue y es la burguesía burocrática del partido-Estado y del Estado-partido, en lo que respecta a la experiencia del socialismo real? ¿Propietaria de qué son estas burguesías? ¿Lo mismo podríamos preguntarnos de la burguesía financiera? ¿Propietaria de qué es? El concepto de burguesía como propietaria de los medios de producción queda restringido, sin poder dar explicación de estos estratos de las oligarquías modernas.

 

En realidad, la arqueología del concepto burguesía es mucho más amplio y dúctil que el concepto marxista. De una manera resumida, un tanto esquemática, podríamos decir que con el término burguesía se identificaba a los habitantes de los burgos, municipios y ciudades, que no dependían para su subsistencia y reproducción del trabajo de la tierra. En otras palabras, se trata de habitantes de las ciudades a diferencia de los habitantes del campo. Se puede suponer que estos habitantes de los burgos generan una economía distinta a la economía o laseconomías generadas en el campo, comenzando de la economía feudal, en Europa, y terminando con la economía campesina, que se ha identificado como una economíasubordinada, una economía sierva, aunque también, hablando de los campesinos autónomos, como economías campesinas propiamente dichas, confundidas por ciertos analistas con economías mercantil simples. La estratificación social de los burgos no tardó en pronunciarse abiertamente, distinguiendo estratos de comerciantes, estratos de prestamistas, incluso de financistas, estratos sociales de empresarios de la incipiente industria, prioritariamente textil, también se puede incluir a estratos de artesanos. Esta estratificación deja también fuera del campo de dominio de la definición de burguesía a amplios estratos de pobres, quizás jornaleros, familias de trabajo itinerante, incluso pordioseros. La “revolución comercial” del siglo XVII enriqueció al estrato comercial de la burguesía; entonces estos “ricos”, esta oligarquía comercial, se vuelven como el referente del denominativo de burguesía. Con la revolución industrial, es el estrato de la oligarquía industrial la que ha de convertirse en el referente del denominativo de burguesía. El marxismo recoge este significado de burguesía; por eso la define como la propietaria de los medios de producción.

 

Sin embargo, las transformaciones y estatificaciones de la burguesía no se detienen. Nuevamente, aprovechando la expansión mundial del capitalismo de la revolución industrial, el estrato de la oligarquía financiera se va convirtiendo en el nuevo referente del denominativo de burguesía. Aunque, en esta etapa del ciclo largo del capitalismo vigente, la composición de la burguesía, comprendiendo sus estratos sociales, presentan más bien un perfil entrelazado de la burguesía. La movilidad inter-burguesa es abierta, acompañada por la movilidad del capital y de las inversiones. Hablar ahora de burguesía connota un campo de dominio social variado, diferencial; empero, articulado e integrado, concomitante y cómplice de las dominaciones. No es tanto la función en el modo de producción lo que define a la burguesía como cuando ocurría con la revolución industrial, son, más bien, sus funciones variadas en la acumulación originaria y ampliada del capital. En este sentido se puede comprender que burguesía connota a los estratos sociales privilegiados y dominantes que se apropian sustantivamente del excedente, haciéndolo circular, fuera de consumir parte, invirtiendo en variados rubros, buscando la mayor rentabilidad posible.

 

La burguesía sindical, que es un denominativo reciente, una especie de extensión metafórica del concepto acumulativo de burguesía, identifica a un nuevo estrato de la burguesía, de por sí amalgamada. Se trata de una oligarquía que se apropia de parte del excedente de los trabajadores, ya sea de una manera directa o de una manera indirecta, por ejemplo a través de transferencias estatales o empresariales. Lo sugerente es que esta burguesía sindical, en el Brasil en tiempos de Lula y Dilma, se especializa en la administración financiera.

 

La diferenciación inicial, para el espacio o la geografía ocupada por la burguesía, sus hábitats y sus circuitos, entre ciudad y campo se ha roto, pues, en parte, los terratenientes, se han aburguesado, no solo a través de la renta percibida, sino que han incursionado en la inversión en distintos rubros, asimilando a su habituslas lógicas de la acumulación de capital.  Las relaciones y las redes de los circuitos capitalistas han atravesado lo que la sociología llama área rural.

 

La palabra burguesía deriva del francés bourgeoisie; en sentido lato, denomina a la clase media acomodada. En principio se usó esta denominación para referirse a la clase social compuesta por los habitantes de los “burgos”; es decir, las ciudades bajomedievales de Europa occidental. Ejercieron el poder local en las ciudades a través de una distinción social urbana, mezclados con la nobleza; lo que en las ciudades-Estado italianas contraía la ejecución de una forma autónoma de poder. En tanto que en las monarquías absolutas se conforma, de manera variada, la delegación subordinada del Tercer Estado, plebe, pueblo vulgo.

 

Como dijimos, esquemáticamente, la burguesía comercial, también financiera, emergida de la bonanza desatada por la conquista y la colonización del quinto continente, bautizado como América, fue el primer referente claro en relación al perfil de lo que se llamó conceptualmente burguesía.  Después, el referente fue el estrato industrial de la oligarquía moderna, cuando se dio lugar la emergencia de la burguesía industrial, durante el ciclo inaugural de las revoluciones modernas, comprendiendo a la revolución industrial, a las llamadas revoluciones políticas, así como a las revoluciones sociales, si se quiere acompañadas, en parte, por las burguesías, aunque las vanguardias eran los plebeyos, el pueblo insurrecto. Ahora, el referente podría ser, como dijimos, el estrato de la oligarquía financiera; sin embargo, en la coyuntura y el periodo reciente del ciclo largo del capitalismo vigente, la composición social burguesa aparece como entrelazada, móvil, articulando sus estrados de una manera mutante. Por eso, es preferible optar por una referencia móvil y mutante, sin olvidar la articulación integrada de la burguesía.

 

Se puede hablar de una extensión del habitus; la moral burguesa se extendió por el mundo donde el capitalismo se expandió, asentándose, incluso en combinación, mezcla y articulación abigarrada con costumbres nativas y locales, comportamientos dominantes en las distintas tierras del mundo. Con el tiempo, sobre todo con la proliferación de los mercados y el incremento del consumo, loshabitus burgueses se modificaron; sin exagerar, se puede decir que el llamado “modo de vida americano”, que corresponde al estilo burgués norteamericano, irradió por el mundo de las comunicaciones, siendo asimilado e imitado por los comportamientos, no sólo de parte de las burguesías locales y nacionales, sino también de otros estratos medios, llamados, de una manera general, pequeño-burguesía.

 

Entonces, podemos decir, tomando estos bocetos esquemáticos de esta descripción panorámica, que se forma una burguesía sindical también por medio de la incorporación de habitus, por medio de la imitación de comportamientos, por medio de la influencia “ideológica” de formas de concebir el mundo y la “realidad”. Si atendemos a los comportamientos y conductas de la “aristocracia” sindical, vamos a ver que tienen muy poco que ver con los comportamientos y conductas, con los habitus de la inmensa mayoría del proletariado, sobre todo en lo que respecta al proletariado nómada.

 

 

Siguiendo la ilustrativa descripción, Zibechi dice:

 

 

La elite del poder estatal federal ha vivido importantes mutaciones en los últimos años, de modo particular desde enero de 2003 cuando Lula llegó a la presidencia. En Brasil existen unos 80.000 cargos de confianza política; de ellos unos 47.500 son cargos de confianza en la administración directa que pueden ser nombrados discrecionalmente por el Poder Ejecutivo. De todos esos cargos, los que pertenecen a la Dirección y Asesoramiento Superiores (DAS) niveles 5 y 6 y los de Naturaleza Especial (NES) son definidos como “cargos de dirección comandados por dirigentes públicos”, ya que se ubican en el escalón inmediatamente inferior a los ministros y secretarios de Estado. Al ser cargos nombrados directamente por los ministros o por el propio presidente, y por tratarse de puestos gerenciales de alto nivel, son considerados como la elite dirigente del gobierno.

 

Ese escalón está integrado por apenas mil cargos. El estudio de la socióloga Maria Celina Soares D´Araujo echa luz sobre esa elite. En el año 2009, 984 cargos de confianza integraban el DAS 5: jefes de gabinete del ministro, directores de departamento, consultores jurídicos, secretarios de control interno y subsecretarios de planeamiento, presupuesto y administración. Otros 212 cargos integraban el DAS 6: asesores especiales, subsecretarios y secretarios de órganos de la Presidencia. Los cargos NES eran 62 en 2009: comandos de las fuerzas armadas, dirección del Banco Central, y diversos cargos jurídicos y secretarías especiales. El trabajo de campo consiguió respuestas del 30% de esos 1.258 cargos, lo que lo convierte en la fuente más importante de información sobre el más elevado escalón del gobierno Lula.

 

Un primer dato es que hay apenas un 20% de mujeres y que entre el 87 y el 84% son blancos (según se tome el primer y el segundo gobierno de Lula, o sea 2003-2006 y 2007-2010). El 95% tiene formación terciaria o son posgraduados, predominando economía, ingeniería y derecho. Sin embargo, la formación de los padres de estos cargos es mucho más baja, apenas el 45% tienen formación universitaria completa, lo que muestra que los cargos de mayor confianza provienen de familias con niveles socioeconómicos más bajos que los alcanzados por sus hijos.

 

Sin embargo el dato más relevante es la participación de los cargos de confianza en la alta administración federal en organizaciones sociales: el 45% tienen afiliación sindical y un porcentaje similar participan en movimientos sociales mientras un 30% participa en consejos profesionales, lo que permite concluir que un sector mayoritario de los cargos de confianza son profesionales organizados. Ese porcentaje llama la atención porque es varias veces superior al promedio de afiliación sindical de los brasileños, que es del 18%. La mitad de esos cargos son funcionarios públicos de carrera, sobre todo profesores y bancarios. Entre los sindicalizados, la mayoría (39%) están afiliados a algún partido político, siendo el PT (con el 82,5%) el partido que más adhesiones tiene en ese sector. Si se extrapolan los datos de la encuesta, de los 1.200 cargos de mayor confianza en el gobierno federal casi la mitad (unos 600) provienen del mundo sindical[56].

 

 

Lo que hay que analizar es qué pasó con la estructura de poder heredada con la llegada al “poder” del PT.  ¿Cambio? ¿No cambio, se asimiló el PT a la estructura de poder heredada? Esta pregunta es crucial en el ensayo; podríamos decir, que es mucho más sugerente que aclarar la definición metafórica de burguesía sindical.

 

Tomando en cuenta este propósito, retomamos la descripción, recurriendo a Raúl Zibechi, quien, citando a Maria Celina Soares D´Araujo, escribe:

 

 

La autora que realizó la investigación sobre las elites en el gobierno de Lula, estima que la fuerte presencia sindical en el gobierno no es un reflejo del triunfo electoral del PT, sino de la elevada tasa de sindicalización en el sector público, en general adherido a ese partido, cercana al 80% entre los funcionarios públicos del Poder Ejecutivo federal.

 

Un poco más adelante, expone:

 

 

Sin embargo la autora advierte:

 

 

En un país con tantas desigualdades como Brasil, nada indica que el fortalecimiento de la estructura sindical corporativa pueda convertirse en instrumento de mayor igualdad social, económica y política. Porque nunca lo fue. Al contrario, fue instrumento de jerarquización de ganancias y de derechos en la sociedad brasileña, pautada por derechos desiguales y restringidos apenas a quien estaba formalizado en el mercado de trabajo[57].

 

 

 

Una clave en esta información es la indicación de que se trata de una estructura corporativa, calificada como instrumento de jerarquización de ganancias y de derechos en la sociedad brasileña, pautada por derechos desiguales y restringidos apenas a quien estaba formalizado en el mercado de trabajo. La estructura corporativa ya estaba constituida antes de la llegada del PT al “poder”; ¿qué pasa después? Sabemos, por lo menos hipotéticamente, con el uso de las hipótesis interpretativas que hicimos en Relaciones de dominación clientelares, Acontecimiento Brasil, Acontecimiento novela, Geografía emancipadora versus geopolítica y Acontecimiento y narrativa, que estamos ante un Estado corporativo, forma concreta, histórico-política, del Estado-nación, del Estado Federal de Brasil. La hipótesis interpretativa subsecuente parece ser que la organización corporativa sindical le cae como anillo al dedo a la forma singular del Estado corporativo. Si sostenemos esta hipótesis, tendríamos que deducir que la estructura de poder heredada no ha cambiado.

 

Pero, vamos con calma, sigamos con el análisis. Zibechi continúa:

 

 

En el primer gobierno Lula el 26% de los ministros provenían del sindicalismo, y en el segundo el 16%. Cabe aclarar que en los siete gobiernos pos dictadura el porcentaje promedio de sindicalistas en el gabinete era de apenas 11,5%. En cuanto a la participación en movimientos sociales, el 45% de los ministros de Lula estaban vinculados a ellos. El 38% de sus ministros estaban a su vez en el consejo de alguna empresa estatal.

 

Con este conjunto de datos podemos tener un perfil aproximado de la importancia que tuvo el movimiento sindical en los dos gobiernos de Lula, de modo muy particular en el primer escalón del poder. Debe aclararse, no obstante, que se trata de un sindicalismo de clases medias, integrado por profesores, bancarios y otros profesionales, con estudios universitarios y posgraduados y carreras como funcionarios estatales[58].

 

 

 

No parece aconsejable sostener la hipótesis de que la estructura de poder no cambio, de que el PT y la poderosa organización sindical fueron absorbidas, incorporándose a la estructura de poder dada; es preferible, comprender que la incorporación de una organización sindical corporativa modifica la estructura de poder heredada, dando lugar a relaciones de dominación delegadas, conformadas por la fijación de las representaciones.   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estructuras estructurantes y des-estructurantes del poder

 

Respondiendo a la pregunta si cambió o no la estructura de poder heredada, descartando la presumible hipótesis que conjetura, apresuradamente que no cambio, vamos a intentar elaborar hipótesis interpretativas configuradas poniendo en juego la episteme de la complejidad y lo que hemos llamado lapercepción del acontecimiento.

 

 

Hipótesis interpretativas de la complejidad y del acontecimiento

 

Una de las tesis más apasionantes de la teoría de la dependencia es la de salir de la dependencia recuperando el control de los recursos, el control económico, por medio de lo que, las versiones más suaves de estas corrientes de la teoría de la dependencia, llamaban sustitución de importaciones, que en las versiones más concretas y sólidas no era otra cosa que la revolución industrial. ¿Por qué es esta tesis apasionada? Los teóricos más radicales de la teoría de la dependencia comprendían profundamente el significado histórico-político de las nacionalizaciones. Las nacionalizaciones no son sólo medidas administrativas de transferencia de propiedad, por la vía de la expropiación, pasando de manos de empresas privadas trasnacionales a la empresa pública, creada con este fin. Las nacionalizaciones no sólo recuperan los recursos bajo el control del Estado-nación subalterno, sino que, con este acto político, que viene acompañado por el entusiasmo popular, se planta raíces, por así decirlo, para una efectiva constitución y construcción de lo que los nacionalistas y populistas del medio siglo XX llamaban nación, concretamente el Estado-nación. Hay como una intuición política de que la materialidad de la institución imaginaria de la sociedad, el Estado, y de la comunidad imaginada, la nación, radica en estos subsuelos, en estos yacimientos, en este humus, que debe volver a manos del pueblo, por mediación del Estado.

 

Entonces, ¿qué estructuras de poder son las que se activan en estas acciones políticas de nacionalización? Hemos hablado de las paradojas de los populismos y de los nacionalismos del medio día del siglo XX; sin embargo, esta inteligibilidad de las paradojas no es suficiente para terminar de abordar, de una manera más completa e integral, todo lo que se pone en juego. Lo decimos sobre todo a partir de la experiencia de los gobiernos progresistas de Sud América de fines del siglo XX y en el albor del siglo XXI, particularmente la experiencia de las gestiones de gobierno del PT, que, como hemos dicho no pueden explicarse sin la inflexión dada en el trazado temporal crítico y desgarrador de los periodos diletantes y cambiantes de Getúlio Vargas.

 

La hipótesis interpretativa, manejada por nosotros, es que los Estado-nación subalternos, al formarse en los umbrales y los limites traspasados de la revolución industrial británica, terminaron formando parte del orden mundial, que se empezaba a configurar, que terminó de consolidarse después de la segunda guerra mundial. Dijimos que los Estado-nación forman parte del orden mundial, a tal punto que son los administradores de la trasferencia de los recursos naturales de las periferias a los centros cambiantes del sistema-mundo capitalista. Mantenemos esta hipótesis; sin embargo, no es suficiente para explicar lo que se ocasiona cuando se dan las nacionalizaciones, y, sobre todo cuando se continúa consecuentemente con la industrialización, como ha ocurrido en el caso de Brasil, obviamente hasta el periodo neoliberal, cuando se orienta una privatización arrasadora, recuperándose después, la proyección anterior, con las gestiones de gobierno del PT.

 

La interpretación de la economía académica, muy influenciada por las corrientes neoclásicas y por las interpretaciones neoliberales, hablan de potencia emergente, conformando un grupo ejemplar llamado BRICS. Esto es una lectura cuantitativa, que induce de cuadros estadísticos esta calificación, que no llega a ser conceptual. La discusión cualitativa no se encuentra en las dimensiones cuantitativas del crecimiento y el desarrollo de la potencia Brasil, sino en cuáles estructuras subyacentes son las que se ponen en juego, cuáles son las que sostienen no sólo un proyecto político, que hemos llamado de integración conservadora, sino el acaecimiento paradójico y complejo del acontecimiento Brasil.

 

Ya dejamos claro que no es adecuado manejar el concepto de subimperialismo, que fue el proyecto geopolítico de la dictadura militar; también dijimos que es mejor hablar de geopolítica regional, en vez de subimperialismo, proyecto que ha sido transferido a los siguientes gobiernos, incluyendo a los gobiernos de Lula y Dilma. Sin embargo, dejamos claro que esta geopolítica sigue siendo un proyecto, no es exactamente una “realidad”, aunque cuente con el peso de la economía pujante de Brasil y la voluntad política de un Estado, además de las irradiaciones en el continente. Para realizarse se requiere su perpetración territorial, social, política y cultural, que no puede ser otro que la integración. Entonces lo adecuado es hablar de dos tendencias potenciales; una, que hemos llamado la integración conservadora, burguesa, monitoreada por la dinámica economía brasilera; la otra, es unaintegración emancipadora, impulsada por la capacidad de resistencia, de lucha, de rebelión, transgresiones y alteridades, de los pueblos de Abya Yala, capaces de intuir, en sus cuerpos, en las expresiones desbordantes de sus cuerpos, la emergencia de mundos alternativos, desde sus subversiones minuciosas, cotidianas, a veces explosiones itinerantes, volcánicas.

 

Los gobiernos progresistas, las estructuras estatales tomadas por estos gobiernos, se ponen o mantienen el contacto con el magma social, del que, en parte se sustentan, y en parte lo escamotean. Estructuras organizacionales más consolidadas como las del PT pueden leer, a su manera, las señales, las marcas, las huellas, las inscripciones, los signos, del magma social, apoyarse en esta lectura parcial para darle consistencia al proyecto geopolítico regional,  marchando a laintegración capitalista regional. No se disputa, exactamente, como comúnmente se cree, convertirse en la principal potencia emergente, o en la segunda más importante, aunque este proyecto esté en la cabeza de los estrategas y geopolíticos. La concurrencia inmanente es otra, aunque no sea decodificada, interpretada y vislumbrada; en la actualidad desafiante, en el momento abierto a sus horizontes mutables, en la coyuntural del ciclo del capitalismo vigente, comprendiendo las contradicciones inherentes al sistema-mundo capitalista, lo que está en juego, en la perspectiva conservadora, esta vez mundial, es qué potencia o grupo de potencias integra el mundo, ciertamente de una manera conservadora.

 

El juego de fondo, que empuja a la economía y la política brasilera, es esta compulsión en la que se ve comprometida, en la medida que se transforma su economía. Sin embargo, esta tendencia inherente, que arrastra toda lógica de concentración, centralización y acumulación capitalista, no puede darse sin América Latina y el Caribe. La integración conservadora, capitalista, es una tarea imperiosa para la economía pujante, desenvuelta, brasilera.

 

Teóricamente, el ahora, es buen momento para realizar esta integración, cuando hay acuerdos y coincidencias entre gobiernos progresistas. Sin embargo, hay problemas. Las economías desiguales, las diferencias cualitativas entre las burguesías nacionales, también entre las maquinarias estatales, incluso diferencia entre proyectos de integración, esta vez incluyendo al mismo gobierno de Brasil, que sólo logran armar instituciones burocráticas de integración, quedando lejos una institucionalidad transversal que articule los territorios, las poblaciones, del continente. Las burguesías, incluso sus burocracias, si es que el Estado tiene un papel mayor que las empresas privadas, no tienen vocación efectiva de integración.

 

¿Qué decimos con estas reflexiones? Para decirlo directamente, para Latino América y el caribe hay sólo dos proyectos con futuro, por así decirlo; uno, es el de la integración conservadora; el otro, es el de la integración emancipadora de los pueblos.

 

Lo sugerente de Brasil, como puede observarse en el libro de Raúl Zibechi, Brasil potencia, también, aunque lo haga de una manera crítica, enfoque que compartimos plenamente, el libro de Francisco de Oliveira, El neo-atraso brasilero, es que ha logrado no solo una revolución industrial, sino también tecnológica, científica y cibernética. Yendo al ejemplo más concreto, ha logrado montar un aparato tecnológico y científico que le permite autonomía energética, con tecnología propia y proyectos fabulosos de ciudades submarinas para abaratar los costos de producción del crudo. Este ejemplo, muestra, para parafrasear el libro leído, la potencia de la economía brasilera como para empujar el proyecto de integración mencionado.

 

Chanceando, se podría bromear, decir, en ese tono juguetón, que los de UNASUR, en vez de reunirse para escuchar sus declaraciones integracionistas, que parecen flores arrancadas para regalarlas a los asistentes, flores que después mueren en los floreros, den pasos efectivos de integración. Comenzando por renunciar a la retórica burocrática, convocando a una constituyente de Latino América y el Caribe. No lo van a hacer, pues esas instituciones no están para eso, están para perder el tiempo, para llenar de papeles las oficinas; les es imposible la integración efectiva, pues sus imaginarios siguen apegados a las comunidades imaginadas, a las “republiquetas”, a las naciones recortadas por las oligarquías regionales, opuestas a los proyectos políticos de Tupac Amaru y de Simón Bolívar. Los pueblos rebeldes, cuando se encuentran más cerca de la rebelión de los cuerpos, son los que tienen más posibilidad de realizar una integración, esta vez, emancipadora, con proyección a los pueblos del mundo.

 

Entonces, como que podemos sugerir hablar de estructuras estructurantes y deestructuras des-estructurantes. Ampliando el concepto de Pierre Bourdieu deestructura estructurante, queremos nombrar de esta manera a las redes, tejidos, articulaciones, conexiones, complementariedades, que se dan en las relaciones prácticas entre pueblos, territorios, ecologías, asociaciones y composiciones sociales, incluso cruzando las fronteras. Ciertamente estas relaciones se encuentran codificadas por los estados; empero, los códigos estatales no interpretan la complejidad; la reducen a la norma, a la interpretación institucional, que no deja de ser procedimiento. Las diferencias locales, territoriales, de costumbres, de usos de la lengua, de usos culturales, mas bien, acercan a los pueblos, pues viven los mismos dramas sociales. Sus historias coloniales, las herencias de la colonialidad, son casi parecidas, a no ser por las tonalidades, las tramas y las memorias concretas. Estos tejidos socio-culturales componen entramados que articulan y enlazan a los pueblos, a pesar que los intereses económicos empujan a suponer separaciones encontradas.

 

Las oligarquías de nuestros países se han creído herederas de los conquistadores, por lo tanto, que podían continuar su huella. Se comportaron como conquistadores al interior de los países, enfrentándose nuevamente, recurrentemente, a los pueblos indígenas, a los afrodescendientes, a los mestizos, a los descendientes “blancos” pobres; así también convirtiendo a la naturaleza en una adversidad, que debería ser domesticada, dominada. La división de fronteras de las repúblicas flamantes fue una herencia de las administraciones coloniales. La descolonización debería haber comenzado por ahí, disipando las fronteras.  Es todo el continente el que ha sufrido la conquista y la colonización, es todo el continente el que debería borrar las fronteras imaginarias, sostenidas estatalmente, para afrontar la descolonización, que implica primordialmente liberar los espesores territoriales, ecológicos, poblacionales de toda división administrativa, de toda cartografía colonial. Otro mundo posible era posible, bastaba con empezar sin espacios estriados.

 

Sin embargo, estas estructuras estructurantes sociales, culturales y territoriales, se encuentran montadas por estructuras institucionales, por mallas institucionales estatales, que capturan e inhiben la potencia social, que la dividen, que la separan, desviando sus fuerzas hacia la realización de estructuras de poder, que llamaremos estructuras des-estructurantes.

 

El substrato entonces, incluso de la tendencia inherente, que señalamos más arriba, la tendencia a la integración conservadora, por la vía capitalista, es esta discordancia entre estructuras estructurantes y estructuras des-estructurantes. Entreestructuras estructurantes de la potencia social, que se expresa en dinámicas moleculares sociales, y estructuras des-estructurantes del poder.

 

Retomando la tesis matricial que enunciamos, de que la existencia es paradójica, de que la vida es paradójica; hablamos de paradojas iniciales, que sostienen el decurso de las paradojas específicas,  se llamen paradojas políticas, sociales, económicas, culturales, en las sociedades humanas. Podemos conjeturar que esta discordancia principal entre estructuras estructurantes y estructuras des-estructurantes no se resuelve con la opción unilateral de un polo, sino que es probable que la paradoja se de en otras formas.

 

 

Apuntes sobre la discusión

 

Los y las analistas no se ponen de acuerdo con la caracterización de los gobiernos del PT y en lo que respecta a caracterización del estrato sindical gobernante y empresario. Vamos a abordar esta discusión, sobre todo auscultar los desacuerdos en las interpretaciones. Retomando el debate, Raúl Zibechi escribe:

 

 

Vamos a repasar brevemente algunos de los argumentos que se esgrimen, comenzando con la posición del gobierno Lula y del movimiento sindical.

 

El programa de gobierno del PT en la campaña electoral de 2002 argumentaba que los fondos de pensiones son “un poderoso instrumento de fortalecimiento del mercado interno y una forma de ahorro de largo plazo para el crecimiento del país”. Hasta ahí se trata de un argumento clásico y, si se quiere, razonable. Pero aparece una tesis que hace referencia a los fondos de pensiones como una nueva estrategia destinada a controlar el capitalismo y moralizarlo. Se trata de un viraje que lleva a la dirección del PT y a los sindicalistas vinculados a los fondos de pensiones a pensar el futuro del país a través del mercado y del sistema financiero.

 

En este sentido Lula se destacó por apostar a los fondos como clave para el desarrollo del país pero, también, como eje de la integración social[59].

 

 

 

La tesis gubernamental es: Usar los fondos de pensiones como una nueva estrategia destinada a controlar el capitalismo y moralizarlo. ¿Moralizar el capitalismo? ¿Cómo se puede moralizar el capitalismo? ¿Qué significa moralizar el capitalismo? Si decodificamos antes esta hipótesis gubernamental, podemos, incluso aceptar, que lo que se quiere decir es que el capitalismo clásico, por así decirlo, es inmoral; lo que hay que hacer entonces, es educarlo, darle una formación moral. Esto significa exigir lo que el asesor de Lula, Oded Grajew, concibe como responsabilidad social empresarial. Sustituir la lógica de la ganancia compulsiva por una lógica de servicio social. Fuera de las buenas intenciones de Lula y del asesor, Oded Grajew, ¿esta moralización del capitalismo es posible?

 

Para comenzar el capitalismo no es sujeto; es, si se quiere desde un modo de producción, como núcleo de la formación económico-social concreta, hasta un sistema-mundo capitalista. ¿Entonces se puede moralizar a los sujetos, en este caso a los capitalistas, a los empresarios? Si la moralización supone una educación, una formación, todo sujeto es susceptible de ser afectado por un proyecto educativo y formativo. Ahora bien, suponiendo, hipotéticamente, que los sujetos empresarios sean moralizados, se convenzan de su responsabilidad social, ¿van a actuar en consecuencia? Con todo el perdón del caso, por recurrir a un esquematismo determinista, que sólo lo usamos a modo de ejemplo. ¿Qué condicionantes y determinantes activan las conductas de los empresarios? ¿Las morales o las lógicas “pragmáticas” del mercado? Si no se resuelve este dilema, no se puede sostener la hipótesis esgrimida por Lula y su asesor.

 

Zibechi continúa:

 

 

El programa de gobierno del PT en la campaña electoral de 2002 argumentaba que los fondos de pensiones son “un poderoso instrumento de fortalecimiento del mercado interno y una forma de ahorro de largo plazo para el crecimiento del país”. Hasta ahí se trata de un argumento clásico y, si se quiere, razonable. Pero aparece una tesis que hace referencia a los fondos de pensiones como una nueva estrategia destinada a controlar el capitalismo y moralizarlo. Se trata de un viraje que lleva a la dirección del PT y a los sindicalistas vinculados a los fondos de pensiones a pensar el futuro del país a través del mercado y del sistema financiero.

 

En este sentido Lula se destacó por apostar a los fondos como clave para el desarrollo del país pero, también, como eje de la integración social. Poco después de asumir la presidencia los tres principales fondos, Previ, Petros y Funcef, convocaron el I Seminario Internacional sobre Fondos de Pensiones, en Rio de Janeiro, del 27 al 28 de mayo. En el discurso con que cerró el evento, Lula llamó a los sindicatos a crear fondos de pensiones con el argumento de “la utilización social” de esos fondos. “Si no aumentamos el ahorro, no habrá recursos para inversiones, si no hay inversiones, no habrá crecimiento económico, si no hay crecimiento no habrá creación de empleo, si no hay creación de empleos no habrá renta”.

 

Las tareas que antes correspondían al Estado, ahora la encarna el mercado financiero, que pasa a ser la clave de bóveda del éxito de un gobierno de izquierda[60].

 

 

 

No se podrían lanzar estos discursos y estas apuestas audaces si es que no se dieran en las atmósferas del presente, de un presente del ciclo largo del capitalismo vigente, ciclo dominado por el sistema financiero internacional. Los que emiten tal discurso asumen tal dominio como “realidad”; lo que hay que hacer es adaptarse a esta “realidad”. Se trata, como dijimos, de una política de adecuación y adaptación al sistema-mundo capitalista. Se ha dejado de luchar contra las formas de dominación múltiples del capital. Estos discursos tienen que explicarse como dispositivos de poder, como dispositivos destinados a legitimar una política económica y social, que, en este caso, es una política de promoción capitalista, edulcorada con bonos, asistencias sociales, programas de inversión social, incorporación del proletariado sindicalizado a la gestión del capital.

 

Zibechi hace una anotación sobre los argumentos vertidos por el asesor de Lula, anotación esclarecedora de la manera de pensar gubernamental:

 

 

Una de las intervenciones más interesantes en ese seminario, en el que participó la plana mayor de los fondos de pensiones de Brasil, sindicalistas y autoridades vinculadas al tema, fue la de Oded Grajew, en ese momento asesor especial de Lula. Grajew es empresario, fue presidente de la Asociación Brasileña de Fabricantes de Juguetes y fundador y presidente del Instituto Ethos de Empresas y Responsabilidad Social. Es posgraduado en administración en la Fundación Getúlio Vargas de Sâo Paulo, como buena parte de los sindicalistas de los fondos de pensiones. Pero lo más importante: es uno de los inspiradores del Foro Social Mundial, el encuentro de todos los movimientos del mundo.

 

Grajew es un defensor de la “responsabilidad empresarial” o responsabilidad social de las empresas. Considera que los fondos de pensiones pueden jugar un papel decisivo para dotar al capitalismo de “una postura ética y una visión social”, lo que puede suponer un viraje en el sistema que puede llevar al mercado financiero a no guiarse exclusivamente por los criterios de rentabilidad y seguridad de sus inversiones. Sostiene que Brasil está en inmejorables condiciones para convertirse en un referente global en este sentido. La forma como Grajew defiende la “responsabilidad social” de las empresas, es, cuando menos, contradictoria. Por un lado defiende valores como el respeto a los derechos humanos y de los trabajadores, el medio ambiente y la preocupación por “prácticas de buena gobernanza corporativa”. En paralelo, señala que la responsabilidad social empresarial es un buen negocio ya que es “el único camino para la sostenibilidad a largo plazo de las ganancias” porque “atraen y retienen talentos, motivan a sus funcionarios, ganan la preferencia de los consumidores y de la comunidad, acceso a mercados, financiamiento e inversiones, y corren menos riesgos de acumular pasivos ambientales, sociales y éticos.

Por otro lado, defiende la propuesta de la inclusión social por la vía del mercado, en la misma dirección que los gestores de los fondos de pensión-PT. Considera que ha sido la movilización del tercer sector y las ONGs, en base a las orientaciones de la responsabilidad social, como se han conseguido avances en materia de derechos humanos, de género, raza, niñez y derechos sociales, a través de “acciones de solidaridad” y de “atender la emergencia social”[61].

 

 

 

En relación a la moral postulada para los empresarios, la contrastación se da con los innumerables conflictos desatados por la implementación del proyecto decapitalismo moral del PT. Conflictos ambientales, conflictos con los pueblos nativos, conflictos sociales, que se distribuyen por toda la amplia geografía de los territorios del país. El respeto a los derechos humanos y de los trabajadores, el medio ambiente y la preocupación por “prácticas de buena gobernanza corporativa, queda como buena intención, convertido en discurso edulcorante de la implementación de un desarrollo capitalista, que no puede dejar de ser lo que la experiencia social ha aprendido, despojamiento, desposesión, explotación, subordinación, marginación, discriminación, la continuidad de la colonialidad por otros caminos.

 

 

En este sentido de la crítica, Zibechi retoma las observaciones de investigadores críticos:

 

 

Estos puntos de vista son los que llevan a Jardim a considerar que el gobierno de Lula defiende una “domesticación” o “moralización del capitalismo” que se concreta en la inclusión social vía fondos de pensiones:

 

 

“En este contexto, legitimar los fondos y deslegitimar el “capital salvaje” es una estrategia simbólica que consiste en marcar una distinción entre actividades de inclusión social y actividades de especulación; entre los fondos de pensiones del pasado y los del presente. Como consecuencia, los fondos de pensiones ganan legitimidad social sobre una actividad puramente económica”[62].

 

Pero a la vez cree que se trata de un doble discurso, ya que los fondos de pensiones de Brasil son los mayores compradores de títulos de deuda pública: el 63% de las inversiones de los fondos están colocados en renta fija, o sea fondos de deuda pública, lo que los convierte en meros especuladores y “usureros” del gobierno. Brasil tiene una de las tasas de interés más altas del mundo, lo que contradice tanto el discurso sobre el predominio de lo social por sobre lo económico como la supuesta priorización del largo plazo por sobre el corto. Se trata, por tanto, de un viraje que llevó a la convergencia de intereses con el capital financiero y que se refleja en un discurso que “llevó al gobierno del PT, sindicatos y centrales sindicales a agregar el concepto de ´mercado´ a su tradicional discurso social”[63].

 

 

 

Lo que concluye Maria Chaves Jardim corrobora que se trata, efectivamente, de un estrato social de la burguesía brasileira recompuesta, hablamos del estrato de la burguesía sindical. Un estrato de la burguesía que, en la división del trabajo inter-burguesa, ha optado por ocuparse del manejo financiero. Aunque también, a partir de las funciones de gobierno, se delega responsabilidades empresariales, en las empresas públicas, así como se delegan participaciones en empresas privadas donde el Estado es accionista.

 

Retomando a Francisco de Oliveira, Zibechi ingresa al debate:

 

 

El crítico más sólido sobre la participación de los sindicalistas en la dirección de los fondos de pensiones es el sociólogo Francisco de Oliveira. En su opinión se trata de “una verdadera nueva clase social” formada a partir del “control del acceso a los fondos públicos, el conocimiento del ´mapa de la mina´”. Su propuesta de que estamos ante la conformación de una nueva clase ha sido polémica y fue rechaza por los sindicalistas. Sostiene que esa nueva clase, cuyo emergente son personas como Gushiken y Berzoini, “tiene unidad de objetivos, se formó en el consenso ideológico sobre la nueva función del Estado, trabaja al interior de los controles de fondos estatales o semiestatales y está en el lugar que hace el puente con el sistema financiero”[64].

 

Este “núcleo duro del PT”, o sea “trabajadores transformados en operadores de fondos de pensiones”, sería similar a la clase nacida en los países socialistas “a partir del control del aparato productivo estatal por la burocracia”. No se dedica a controlar las ganancias de la empresa privada sino que está ubicada en el lugar donde nacen esas ganancias, o sea los fondos de pensiones. La particularidad del caso brasileño, sostiene De Oliveira, es que la acumulación financiera se registra sobre todo en el ámbito estatal. Agrega que el trabajador que dirige fondos de pensiones está dividido pero que siempre gana el lado financiero, porque debe comportarse como administrador de los fondos[65].

 

Continuando con la argumentación del intelectual marxista crítico brasilero, Zibechi cita a Francisco de Oliveira:

 

 

Bajo condiciones de descomposición de su base clasista, el simétrico crecimiento del poder de clase no unificable de la burguesía y la preeminencia en su interior de la ´nueva clase´ de los administradores de los fondos de pensiones, el PT respondió con su propia estatización, que toma la forma de ocupación de los cargos y funciones en el gobierno, para justamente procesar el acceso a los fondos públicos. Es la sustitución de la política por la administración, la imposibilidad de la política, que es disenso, elección, opción, dentro de un conjunto de determinaciones[66].

 

 

 

Consideramos que Francisco de Oliveira lanza una clave interpretativa, dice: el PT respondió con su propia estatización, que toma la forma de ocupación de los cargos y funciones en el gobierno, para justamente procesar el acceso a los fondos públicos. ¿Qué hacen los gobiernos progresistas en el “poder”, nacionalizan por expropiación o intervienen en el mercado y la inversión financiera? Hay que distinguir estos gobiernos progresistas del siglo XXI de los gobiernos nacionalistas y populistas del medio día del siglo XX. Estos gobiernos del siglo pasado decretaron y legislaron nacionalizaciones, que se ejecutaron por expropiación; en cambio, los gobiernos progresistas del nuevo siglo, prefieren métodos menos “bruscos”, optan por intervenir en las empresas adquiriendo acciones, delegando directores, además de incursionar en la forma dominante del capitalismo, el financiero. Por decir algo, estos gobiernos optan por “nacionalizaciones” posmodernas, mediante la ocupación abstracta de las empresas privadas y del mercado de finanzas. Se ilusionan que controlan las empresas, se ilusionan que controlan las lógicas financieras, incluso que controlan el mercado, cuando son estas estructuras constituidas, las empresas, el sistema financiero, el mercado, es decir, las estructuras que componen el capitalismo, las que terminan controlándolos.

 

 

Como dijimos, no hay acuerdo con la interpretación de Francisco de Oliveira, Zibechi transmite argumentos opuestos:

 

Jardim, por el contrario, considera dos argumentos que problematizan del nacimiento de una “nueva clase” asociada a los fondos de pensiones. Recoge la opinión de Gushiken de que en Brasil son pocos los sindicatos que se involucran activamente en las elecciones a los consejos de los fondos de pensiones. En segundo lugar, pone en cuestión el poder y la capacidad de influir en las decisiones de los sindicalistas elegidos en los cargos directivos de los fondos y sugiere que “en el espacio financiero los sindicalistas no consiguen imponer expresamente su voz” y que “el poder de negociación de los sindicalistas en la mesa de los empresarios es limitado”. Al revés que De Oliveira, cree que el involucramiento de los sindicalistas en los fondos de pensiones no está guiado por intereses económicos y que se trata de estrategias de carácter político volcadas hacia más el interior del mundo sindical que hacia el exterior[67].

 

 

Sin embargo, los argumentos de Maria Chaves Jardim no desbaratan los argumentos de Francisco de Oliveira. Que sean pocos los sindicatos que se involucran activamente en las elecciones a los consejos de los fondos de pensiones, que no tengan el suficiente poder y la capacidad de influir en las decisiones de los sindicalistas elegidos en los cargos directivos de los fondos, que en el espacio financiero los sindicalistas no consiguen imponer expresamente su voz, que el poder de negociación de los sindicalistas en la mesa de los empresarios es limitado, que la investigadora concluya en que el involucramiento de los sindicalistas en los fondos de pensiones no está guiado por intereses económicos y que se trata de estrategias de carácter político volcadas hacia más el interior del mundo sindical que hacia el exterior,no afectan en nada a la tesis de Oliveira, que plantea la conformación de un estrato social de la burguesía, que nosotros hemos terminado de llamarleburguesía sindical. Ciertamente, la burguesía sindical no solo se tiene que legitimar ante la sociedad, sino se tiene que legitimar principalmente ante sus bases; por lo tanto, está obligada a volcarse hacia el interior sindical. Lo que importa es su función en el sistema-capitalista nacional, en el sistema capitalista-regional y en elsistema-mundo capitalista; este papel se define por su vinculación no solo política, no sólo institucional, como gobierno, sino como gestores y administradores de la acumulación de capital.    

 

Lo mismo podemos decir de la argumentación de Joâo Bernardo y Luciano Pereira; más bien corroboran la tesis de Francisco de Oliveira. A propósito, Zibechi anota:

 

Finalmente, en el libro Capitalismo sindical de Joâo Bernardo y Luciano Pereira sostienen que en la transformación de los sindicatos en inversores capitalistas se registra otra modalidad de apropiación como la que realizan los gestores o la tecnoburocracia: “Al revés de los burgueses que se apoderan del capital mediante las garantías jurídicas de la propiedad individual y de la transmisión de los bienes por medio de la herencia, los gestores se apoderan colectivamente del capital gracias a mecanismo de carácter más sociológico que jurídico”[68]. Esta opinión, que conecta con la experiencia del socialismo real donde no existía propiedad privada de los medios de producción pero sí una burocracia estatal que los gestionaba en su beneficio, considera que el control de la economía disfrazado bajo la forma de remuneración garantiza a esos gestores la posesión efectiva del capital. En consecuencia, el desarrollo del capitalismo habría provocado la existencia de una clase trabajadora y dos clases capitalistas: la burguesía y los gestores[69].

 

 

 

Hay algo que observar de la argumentación de Joâo Bernardo y Luciano Pereira. No se puede concebir de una manera reductiva el concepto de burguesía, como dijimos antes; no puede anclarse la reproducción social de la clase dominante a una sola forma de reproducción, la derivada de la forma de propiedad y transmitida por herencia. La composición de la burguesía, sus transformaciones a lo largo de su historia, muestran, mas bien, distintas formas de reproducción social, sus estratos expresan distintas referencias y perfiles, que, a lo largo del tiempo, se amalgaman y se entrelazan, conformando una composición diferenciada, empero, articulada e integrada.  No hay pues dos clases capitalistas, la burguesía y los gestores; ambos estratos forman una misma clase diferenciada por estratos, donde la burguesía sindical es el nuevo estrato de la composición histórica.

 

Desde esta perspectiva, disentimos de la conclusión de Raul Zibechi, que escribe:

 

 

Cinco décadas después de la creación del sector dirigente que llevó a Brasil a forjar su base industrial en la década de 1950, al golpe de Estado de 1964 y a un nuevo ascenso económico, se produjo durante la primera década del siglo XXI la ampliación de la elite en el poder. Gestores estatales y sindicalistas de empresas estatales se incrustaron en los espacios donde se toman decisiones económicas y forjaron relaciones de confianza tanto con militares como con empresarios brasileños. No creo que estemos ante una nueva clase en el poder sino ante la gradual ampliación de la vieja elite que se siente revitalizada con fuertes inyecciones de capitales frescos y con proyectos que actualizan el viejo anhelo de la casta militar de convertir a Brasil en potencia global[70].

 

 

 

No creemos que se pueda considerar a este estrato social en el “poder” solamente como gestores estatales y sindicalistas de empresas estatales, además solamente incrustadas en los espacios donde se toman decisiones económicas y forjaron relaciones de confianza tanto con militares como con empresarios brasileños. Tampoco en este caso, podemos reducir el perfil estratificado de la composición burguesa, solo a la “vieja elite”, que se abría ampliado. Toda elite, como vimos, en los textos anteriores, está sometida a la movilidad social, se ve engrosada por los nuevos ricos. Lo mismo que antes, la “vieja elite”, se ve en parte desplazada por los nuevos ricos, el nuevo estrato social de la burguesía, que, a diferencia de las anteriores, representa, nada más ni nada menos, que al proletariado sindicalizado.

 

 

 

 

Sistema-región capitalista

 

 

Dedicado a los y las jóvenes rebeldes heterodoxos iconoclastas, portadores del fuego del alba; nueva generación de luchas, más allá de las representaciones y delegaciones, más allá de las pretensiosas vanguardias. Libertarios activistas, combatientes por recuperar lo común, frente a las expropiaciones privadas y públicas.

 

 

 

El concepto de sistema-mundo capitalista corrigió las limitaciones del conceptomodo de producción capitalista, sin hacerlo desaparecer, mas bien, manteniéndolo como núcleo de la formación social-económica capitalista y del sistema-mundo capitalista, concibiendo el modo de producción capitalista como modo de producción mundial. La virtud del sistema-mundo capitalista es que concibe la articulación y la integración de diferenciales condiciones de posibilitad históricas, de diferentes modos de producción, de distintos estados, sociedades, culturas y mercados, al proceso de acumulación de capital, que comprende la recurrente acumulación originaria y repercute en la acumulación ampliada de capital.  Se trata de un concepto que asume la inteligibilidad de la complejidad del mundo. En otro lugar dijimos que forma parte de las teorías de la complejidad o de la episteme de la complejidad.

 

De la misma manera, es indispensable comprender que así como se da un sistema-mundo capitalista, también se dan sistemas-región capitalistas, como componentes estratégicos de la configuración y geopolítica del sistema-mundo capitalista. Tendríamos que entender, más o menos, de una manera aproximada, todavía sin ver sus diferencias, que el sistema-región capitalista es como un sistema-mundo capitalista a escala menor. Integra y articula territorialidades diferenciales, micro-regiones diferentes, en otras palabras, ecosistemas diferentes, modos de producción distintos, comunidades, poblaciones, sociedades locales, a los procesos de acumulación originaria regional y acumulación ampliada regional, en el contexto de modificaciones estructurales de la acumulación mundial de capital.

 

Volviendo a la interpretación, desde nuestro enfoque de la complejidad, del libro de Francisco de Oliveira El neo-atraso brasileño. Los procesos de modernización conservadora, de Getúlio Vargas a Lula[71]. Podemos, ahora, sugerir que, en su crítica a la razón dual, paradigma expresado en la tesis del modo de producción capitalista subdesarrollado, que adquiere su amplia exposición en la teoría de la dependencia, de Oliveira propone una teoría articuladora e integral del desenvolvimiento de unsistema-región capitalista, aunque el marxista crítico brasileño no utilice este término.

Francisco de Oliveira cuestiona la concepción dualista que contrasta “atraso” o, si se quiera, tradición, a moderno, a “desarrollo”[72]. Por lo tanto cuestiona la tesis principal de la teoría de la dependencia, que el desarrollo genera el subdesarrollo.  De la misma manera que Ruy Mauro Marini, parte del análisis de las condiciones y estructuras internas, no de las condiciones y estructuras externas, para analizar la formación económico-social brasileña; empero, llega a conclusiones distintas. Mientras Ruy Mauro Marino se mantiene en la teoría de la dependencia, Francisco de Oliveira sale de su horizonte, proponiendo una teoría no dualista.

También Francisco de Oliveira encuentra que el punto de inflexión del perfil de la estructura económica de Brasil se encuentra en 1930, si se quiere en las tres décadas que le siguen[73]. Empero, a diferencia de Ruy Mauro Marini, no observa una contradicción entre lo que ocurre en el área rural y el área urbana, entre la economía agroexportadora y la economía industrial. La estructura económica deja de tener como centro a la agro-exportación, convirtiéndose, más bien, la revolución industrial en el centro de la nueva estructura económica. Esto es, concurriendo las transformaciones en las producciones rurales, que articulan lo que llama acumulaciones originarias a pequeña escala, cuando los campesinos chaquean y talan el bosque, abriendo zonas de cultivo, vinculándose a las formas de propagación de la agricultura expansiva, que no deja de sostenerse en a fuerza de trabajo, empleando, en principio, muy poca maquinaria y sistemas de producción agrícolas intensivos.  Dice que se impone, vía regulación estatal, la transferencia de excedentes desde las producciones agrícolas, sobre todo de café, hacia el impulso de la industrialización. Entonces, las formas de relaciones y vínculos entre las economías rurales con las economías urbanas, principalmente con la industrial, son funcionales y no duales, menos de oposición. En conjunto, coadyuvan a la acumulación general de capital, que destina su inversión a la revolución industrial[74].

Lo mismo pasa con el empíricamente denominado sector terciario. Tampoco está de acuerdo con la tesis dualista, que supone que la hipertrofia del sector terciario, es decir de los servicios, es una indicación y muestra del “rezago” y del “subdesarrollo”. Al contrario, la forma de expansión de los servicios, que suponen una multiplicidad de formas, incluso personales y familiares, entreveradas con la aparición de empresas de servicios, tanto privada como pública, corresponde al desenvolvimiento singular de la expansión y la transformación capitalista en Brasil. Los servicios, en pleno crecimiento acelerado de las ciudades, coadyuvan a la acumulación, al mantener servicios baratos, incidiendo en no hacer subir los salarios de los trabajadores. Se darían también transferencias desde los servicios a la acumulación industrial[75].

También propone que bajo las condiciones de la intervención estatal en la revolución industrial, el monopolio de las empresas industriales, las transferencias económicas de otros sectores, el primario y el secundario, los impuestos a la producción agrícola, el abaratamiento de costos de la industria, en lo que respecta a las materias primas e insumos, así como manteniendo salarios regulados, así como las políticas proteccionistas, permitían mantener precios altos, no competitivos, con los precios de productos industriales externos. Bajo estas condiciones no se requería precios competitivos en el mercado interno, aunque si cuando se trataba del mercado externo.

Lo sugerente de Francisco de Oliveira es que concibe una concatenación de condiciones, de factores, de procesos diversos, en el desenvolvimiento de la revolución industrial brasileña.  A esta concepción, nosotros la llamamos, interpretando desde nuestro enfoque teórico, sistema-región capitalista.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El sostén del sistema-mundo capitalista

La plataforma de transferencias económicas

 

 Poder aparente

 

Interpretando la crítica de la razón dualista[76] de Francisco de Oliveira en lo que respecta a rebatir la dualización y contraste entre “atraso” y “progreso”, “subdesarrollo” y “desarrollo”, cuando anotamos que descarta la tesis principal de la teoría de la dependencia de que el desarrollo produce subdesarrollo, hay que dejar claro que lo que expresa de Oliveira es que no hay tal “atraso”, tal “subdesarrollo”, como anterioridad al “desarrollo”, opuesto al “desarrollo”, sino que eso que los de la CEPAL llamaron “atraso” y “subdesarrollo” no es anterior, no es un rezago, sino precisamente lo avanzado del modo de producción capitalista y del sistema-mundo capitalista.  El sistema-mundo capitalista crea esas periferias del sistema-mundo, crea esa parte del mundo moderno, como el lado oscuro de la luna, precisamente para lograr transferencias económicas, que financian el “desarrollo”, la acumulación industrial, tecnológica y científica de los llamados centros. De la misma manera que pasa en el sistema-mundo regional, que aparentemente es un caso particular, tardío, de desarrollo capitalista, donde la agricultura, las economías agrarias, transfieren excedente a la acumulación industrial, por medio del abaratamiento de los costos de producción, por medio del abaratamiento de las materias primas, por medio del abaratamiento del costo de reproducción de la fuerza de trabajo, por medio del abaratamiento de los servicios, así también sucede, en la escala mundial, en las relaciones entre periferias y centros delsistema-mundo.  Como dijimos en otro ensayo[77], en realidad, el verdadero centro, el centro efectivo, dinámico, del sistema-mundo capitalista, no es lo que se llamacentro, sino lo que se llama periferias.  No es pues algo particular, sui generis, lo que pasa en el sistema-mundo regional, sino que repite lo que ha sucedido en el sistema-mundo, en escala mundial. En otras palabras, se crea el entorno colonial, donde se genera la acumulación originaria de capital, que efectivamente no es entorno, sino la plataforma del desarrollo y el crecimiento capitalista, de la acumulación de capital. Esa inmensa geografía donde se amplía la frontera agrícola, donde se amplía la frontera de los recursos naturales, de las reservas, de las materias primas, donde se cuenta con poblaciones susceptibles de conversión a la condición proletaria, es la que sostiene el desarrollo capitalista a escala mundial, la que sostiene la acumulación, concentración, control de capital en los llamados centrosdel sistema–mundo.

Es una tesis equivocada interpretar que en esa inmensa geografía subsisten lastradiciones, los “rezagos”, los obstáculos al “desarrollo”, cuando precisamente todos esos perfiles han sido creados por el sistema-mundo capitalista para poder financiar la revolución industrial, la revolución tecnológica y científica.

El análisis de Francisco de Oliveira es sobresaliente pues rompe con los límites lateoría de la dependencia, sale de las contradicciones de la razón dualista. Propone una interpretación y un análisis integral y articulado de totalidades, que nosotros llamamos sistema-mundo capitalista y sistema-mundo regional. Desde esta perspectiva se hace comprensible y entendible lo que hemos llamado la revolución industrial brasilera, aporta a la inteligibilidad de lo que nombramos comoacontecimiento Brasil. Referentes que se hacen hasta incompresibles e inentendibles desde las tesis cuantitativistas de la economía clásica y de las interpretaciones neo-liberales; así también estas cuestiones no terminan de resolverse en los análisis de la CEPAL. De la misma manera quedan en suspenso en la teoría de la dependencia, que ya logró avanzar en el concepto de sistema-mundo capitalista, diferenciando en esta totalidad integral centros y periferias.  Al respecto, lo que hay que preguntarse es qué es dependiente, respecto de qué lo es. Un análisis más minucioso, un análisis crítico, invierte la relación; la acumulación capitalista de los centros es dependiente de la des-acumulación, del despojamiento y desposesión de las periferias.

 

 

 

 

El círculo vicioso

 

Después de lo que llamamos el punto o trazo de inflexión en el periodo de Getúlio Vargas, el gran paso a la industrialización, sobre todo a la transformación vertiginosa de la estructura económica, se dio en la gestión de gobierno de Kubitschek, contando con el Plan de Metas del Desarrollo. Este Plan se propuso avanzar cincuenta años en cinco. A propósito, Francisco de Oliveira, escribe:

 

Luego del cuadro descrito en el capítulo anterior – Un intermezzo para la reflexión política: revolución burguesa y acumulación industrial en Brasil -, durante la presidencia de Kubitschek se acelerará el proceso de acumulación capitalista, con ayuda del famoso Plan de Metas del Desarrollo, que proponía avanzar “cincuenta años en cinco”. La definitiva conversión del sector industrial y las empresas de las unidades-clave del sistema, así como la implantación de las ramas automovilísticas, de construcción naval, de mecánica pesada, de cemento, de papel y de celulosa, y la triplicación de la capacidad de la siderurgia, determinan la dirección de la estrategia a seguir. Por su parte, el Estado, cumpliendo su papel y actuando en la forma ya descrita, se lanzará a un vasto programa de construcción y mejoramiento de la infraestructura de carreteras, la producción de la energía eléctrica, el almacenamiento y los silos y los puertos, además de facilitar el avance de la frontera agrícola “externa” con obras como la edificación de Brasilia y la autopista Belém-Brasilia. El Estado opera a través de una estructura fiscal primitiva y en extremo regresiva, con lo que fatalmente incurrirá en déficits crecientes, en lo que constituye una curiosa forma de aumentar hasta el límite su deuda interna sin la reciprocidad de los acreedores. Por otro lado, la coyuntura internacional es poco propicia: en una etapa en la que el capitalismo se está redefiniendo en un sentido poli-centrista, con el auge del Mercado Común Europeo, su estrategia política continuará inmersa en el “chaleco de fuerza” de las concepciones maniqueístas de Foster Dulles. En estas circunstancias, la aceleración buscada será necesariamente asincrónica respecto a la estrategia política de los países centrales, lo cual irá en contra de cualquier posible financiamiento de gobierno a gobierno. Se recurrirá entonces al endeudamiento privado externo, de corto plazo, que genera presiones sobre la balanza de pagos en una etapa en la que la elasticidad de las exportaciones frente al crecimiento del producto es relativamente nula.

La aceleración que se produce durante el periodo de Kubitschek no podía ser menos exagerada y sus efectos pronto se materializarían. El coeficiente de inversión – la relación entre la formación de capital y el producto bruto – se eleva desde un índice 100 en el quinquenio anterior hasta uno de 122, esto es, en cinco años, el promedio anual del coeficiente crece casi un 25%, un esfuerzo digno de destacar para cualquier economía[78].

 

Pensar el acontecimiento es también lograr el acontecimiento del pensamiento, de un pensamiento que se constituye como intuición delacontecimiento, que construye sobre esa intuición la comprensión, el saber, el conocimiento, el análisis. Cuando nombramos nuestro ámbito de comprensión como acontecimiento Brasil, nos proponíamos precisamente este devenir. No hablamos de historia de Brasil, que es una representación académica, que supone una secuencia, quizás una evolución.  Los análisis marxistas están entrampados en esta perspectiva lineal del tiempo histórico, también en este cuadro académico. No decimos que el cuadro académico está equivocado, tampoco que la historia no nos enseña nada. Estamos muy lejos de esas afirmaciones. Tan sólo decimos que nuestro ámbito de espesores del tejido espacio-temporal que llamamos acontecimiento Brasil, es otro, incluso distinto al referente del concepto de formación económico-social. Nos interesa, en lo que respecta al acontecimiento Brasil, comprender el efecto masivo, configurativo de las composiciones sociales y territoriales, a partir de las dinámicas moleculares sociales.

En este sentido o desde esta perspectiva móvil, es sugerente comprender y sugerir hipótesis interpretativas, de momentos o coyunturas cruciales, que generan torsiones e inflexiones. Anteriormente hablamos del punto o trazo de inflexión en los periodos de Getúlio Vargas, ahora vamos a situarnos en el periodo de la dictadura militar (1964-1985), y preguntarnos si se puede hablar de punto o trazo de inflexión. Para tal efecto, nos vamos a apoyar en el análisis que realiza Francisco de Oliveira de este periodo.

 

Si bien podemos sostener que hay un punto o trazo de inflexión en el periodo de gestiones gubernamentales de Getúlio Vagas, no podemos decir lo mismo respecto del periodo de la dictadura militar, por más analogías que se puedan encontrar. El cambio de la estructura económica de Brasil, pasar de una economía basada en la agro-exportación a una economía basada en la revolución industrial, expresa, de por sí, de la inflexión o bifurcación de la que hablamos. No ocurre lo mismo con el periodo de la dictadura militar. Denominamos, para figurarla, a la inflexión dada en el periodo de Getúlio Vargas, síntesis forzada, referida a una revolución industrial autoritaria, a una modernización conservadora.  Lo que ocurre con el periodo de la dictadura militar no es lo mismo, no tiene los mismos efectos, no ocasiona la revolución industrial o su continuidad ampliada; es, más bien, la prolongación como inercia de lo que aconteció anteriormente. La síntesis forzada de la revolución industrial autoritaria salva a la clase latifundista, incorporándola a la acumulación industrial. La dictadura militar persigue detener represivamente la agitación social, persigue salir de la crisis económica y política, que se expresa en la contradicción de una concentración de la disponibilidad dineraria en pocas manos, el monopolio y control industrial, la acumulación del ahorro, que ya no puede invertirse productivamente si no se dan cambios estructurales, frente a abismales desigualdades, donde la mayoría de la población no puede acceder a los bienes durables, salvo los de mediana duración, como los electrodomésticos. El avance de la revolución industrial, en el sentido de su aceleración, la propuesta por Kubitschek, se estanca.

 

La dictadura militar no tiene lo que tuvo el periodo de Getúlio Vargas, además del estilo populista, la transferencia sustantiva de los recursos a la revolución industrial, además haciendo concesiones populistas a las clases sociales populares y de los trabajadores. La dictadura militar optó por una represión sin ingenio, mantuvo el bajo nivel de los salarios, y, en vez de buscar salidas a la inversión productiva, con la misma importancia que tuvo antes, encontró salidas de corto alcance en la especulación financiera. Mantuvo los niveles de ganancia de la burguesía, empero a costa de ahorcar las posibilidades de la continuidad de la revolución industrial, en sus formas más intensivas de revolución tecnológica y científica. En vez de crear las transformaciones materiales en el país, prefirió importar bienes de capital endeudándose estrepitosamente. Ciertamente, la economía no dejo de crecer, tampoco la industria; pero, no lo hizo con toda su capacidad y posibilidad. Lo único que hizo la dictadura militar, con métodos represivos, es postergar la crisis obligando a la austeridad a la mayoría de la población, sobre todo a la clase trabajadora, incidiendo en un mayor enriquecimiento de las clases dominantes.

No se trata entonces de un punto o trazo de inflexión sino de un círculo vicioso. La dictadura militar quiso extender  los procedimientos del tramo anterior de sostén de la acumulación industrial; transferencias de la economía agraria, bajos costos de la reproducción de la fuerza de trabajo, servicios que sostienen también estos costos bajos, concentración de la disponibilidad dineraria, monopolio de las empresas industriales; sin embargo, estos procedimientos no podían continuar cuando se tocaron límites del modelo, que combina acumulación originaria y acumulación industrial tardía. Se requería una redistribución de la riqueza, logrando que la mayoría de la población aumente su capacidad de consumo y de compra. Se requería una democratización en distintos niveles, algo a la que no estaban dispuestas las clases dominantes, que todavía preservan “ideologías” conservadoras, que hemos llamado herederas de la colonialidad.

La crisis económica y política no tardará en llegar, que en principio, también de una manera conservadora, se intentó resolver por medio de un modelo neoliberal de privatizaciones. Este modelo, por más impacto que pueda haber tenido en su primera etapa, sobre todo por una combinación de shock y seducción, con la invitación a la clase obrera sindicalizada a incorporarse al mercado de trabajo especializado, mediante la profesionalización, la formación técnica, además de incorporarla al acceso de los bienes de consumo masivo, usando la extensión de los créditos, no hizo más que agudizar a mediano plazo los problemas y las contradicciones de la estructura económica.

Es con las gestiones de gobierno del PT cuando se intenta corregir las incongruencias del modelo de acumulación industrial heredado, en el mismo marco del sistema-región capitalista. Se puede decir que, en parte, son resueltos varios problemas y distintas incongruencias y desajustes, sobre todo logrando hacer ingresar a importantes contingentes de la población a lo que podemos llamar genéricamente clases medias[79]. Sin embargo, las gestiones del PT heredan también una ilusión peligrosa, la de la especulación financiera. Al mantener esta inclinación, preservan también otras contradicciones que generan o mantienen la tendencia a la crisis de la estructura económica.

 

A propósito, en Crítica de la razón dualista, Francisco de Oliveira escribe:

 

¿En qué sentido encaminó el sistema su propia reposición? Lejos de haber cortado los “nudos gordianos” de la acumulación originaria, parece estar explotándolos: la carretera Transamazónica no es más que una gigantesca operación “originaria” que reproduce la experiencia de Belém-Brasilia, lo que para los románticos “à la Malraux” podría llamarse una saga. Brasil sería así el único lugar del mundo donde – después de la desmoralización de Hollywood – la vida aún se desarrolla en términos “épicos”, muy cercanos a las tomas en eastmancolor de Jean Manzon. La resolución de las contradicciones entre las relaciones de producción y el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas se “resuelve” con la profundización de la explotación del trabajo. La estructuración de la expansión monopolista requiere tasas de ganancia elevadísimas y la forma en la que se produce (vía mercado de capitales) instaura una competencia por los fondos de acumulación (por ahorro), entre la órbita financiera y la estructura productiva, que esteriliza parcialmente los aumentos del ahorro. Un creciente distanciamiento entre la órbita financiera y la órbita de producción es el precio que debe pagarse por esa precoz hegemonía del capital financiero. El sistema, evidentemente, se mueve, pero en su recreación no se desprende de los esquemas de acumulación arcaicos que, paradójicamente, son parte de su razón de crecimiento. En muchos aspectos, el periodo posterior a 1964 parece ser diferente de las etapas anteriores, pero su diferencia fundamental tal vez esté en esa combinación de crecimiento con la persistencia de los problemas históricos. Bajo este aspecto, el periodo posterior a 1964 difícilmente resulta compatible con la imagen de una revolución económica burguesa; es más parecido a su opuesto, la de una contrarrevolución. Ésta tal vez sea su semejanza más pronunciada con el fascismo que, en el fondo, es una combinación de expansión económica y represión[80].

 

En resumen, respondiendo a la pregunta, Francisco de Oliveira concluye:

 

¿Cuál es el manejo del capital que puede oponerse a una crisis proveniente de su propio exceso? Lejos de ser una proposición reformista, el acceso de las grandes masas de la población a los éxitos de la producción fue siempre una condición sine qua non de la expansión capitalista. En el periodo posterior a 1964, sin embargo, la expansión de la economía brasileña profundizó la exclusión de estas clases – movimiento característico que venía afirmándose desde etapas anteriores – e, incluso, hizo de la exclusión un elemento vital de su dinamismo[81].

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La formación económico-social ornitorrinco

 

En Cartografías histórico-políticas redactamos sobre el referente histórico-social al que alude la metáfora de ornitorrinco, usada por Francisco de Oliveira para ilustrar sobre el bricolaje de la composición contemporánea de la potencia emergente de Brasil; escribimos:

 

En lo que corresponde al balance de las rutas desarrollistas contemporáneas, sobre todo en lo que respecta a las llamadas potencias emergentes, es aleccionador leer a Francisco de Oliveira cuando hace un análisis ilustrativo de lo que ocurre con la potencia emergente de Brasil[82].  El autor de El neo-atraso brasileño propone dos hipótesis interpretativas; una, que por un lado fueron las actividades rurales de subsistencia, el trabajo informal y la precarización de los salarios los que subsidiaron el crecimiento de la industria y los servicios. La segunda hipótesis se refiere a la emergencia de una nueva burguesía compuesta por técnicos, economistas y banqueros, núcleo duro del Partido de los Trabajadores (PT). Ambas condiciones determinan la identidad paradójica que adquiere el capitalismo periférico en esta parte del mundo, aquí el capitalismo se financia con la explotación de los trabajadores, en tanto que el progreso sucede siempre en otro lugar, allí donde se produce la ciencia y la tecnología de punta, en el centro delsistema-mundo capitalista.

 

Este balance es contundente, no hay desarrollo en las potencias emergentes, por lo menos entendiendo a este fenómeno de una manera integral, sino neo-atraso, repitiendo las condiciones perversas de este rezago. El desarrollo de las fuerzas productivas deja en la ruina a una parte de la humanidad, el subdesarrollo aparentemente deja de existir, no así sus calamidades, el “trabajo informal”, el mismo que se transforma en un indicador de la desagregación social. Lo que se produce son modernidades heterogéneas y de contrastes. Por un lado, centros urbanos que imitan el iluminismo edificado de las urbes del norte, burguesías articuladas a las redes del capital financiero, por lo tanto que forman parte de la misma burguesía globalizada; por otro lado, incluso en las mismas ciudades, cordones, espacios, amplias zonas de marginamiento y “economía informal”, incluso ilícita. Grandes mayorías discriminadas. En las potencias emergentes se ha dado lugar a la emergencia industrial, que no es otra cosa que el desplazamiento de la desindustrialización del centro del sistema-mundo capitalista, que ha optado por tecnología de punta, transfiriendo tecnología obsoleta a las llamadas potencias emergentes. En estos parajes se ha dado lugar a la formación de nuevas burguesías, que no tendrían nada que envidiar a las burguesías del norte, sobre todo en lo que respecta a su opulencia; empero, este esplendor se construye sobre la base del marginamiento, la “informalización” de las grandes mayorías explotadas y dominadas, que habitan las zonas, los espacios del neo-atraso y la pobreza repetida descomunalmente. La emergencia de las potencias se basa en la destrucción devastadora de la naturaleza, la ampliación de la frontera agrícola, el uso de los transgénicos. De esta manera los costos de este progreso son demasiado altos como para hacerlo sostenible.

 

No hay pues destino con el desarrollismo, tampoco con el neo-nacionalismo.  Lo que hacen, en el mejor de los casos, en el caso de las potencias emergentes, es volver a modificar los términos de intercambio en las lógicas de acumulación del capital, modificar su participación en la estructura mundial de dominación capitalista. Por eso, podemos volver a decir, que los nacionalismo están mucho más cerca de las ilusiones liberales criollas y gamonales que de los proyectos emancipatorios y libertarios de los movimientos sociales, naciones y pueblos indígenas originarios. Están más cerca de repetir las formas coloniales, las del colonialismo interno, también las reiteradas cadenas de la dependencia, que de lograr construir las soberanías plurales que requiere un mundo alternativo de autodeterminaciones, auto-convocatorias, de participaciones sociales y ejercicios plurales de la democracia. Si bien los nacionalismos heroicos – los del medio día del siglo XX – forman parte de la historia de las luchas, pretender repetirlos en los ciclos contemporáneos del capitalismo es apostar por una imitación burda y cómplice de las formas de acumulación mundial capitalista por despojamiento.

 

Reflexiones sobre el Ornitorrinco

 

No vamos a hablar de la zoología del ornitorrinco, tampoco del libro de Umberto Eco sobre Kant y el ornitorrinco, vamos a hablar de la metáfora que usa Francisco de Oliveira para analizar el perfil y la estructura histórica de la formación económica del Brasil. A partir de esta reflexión sobre una potencia emergente vamos a desplegar una reflexión sobre el perfil y la estructura de la formación económica y social boliviana, sobre todo teniendo en cuenta los desafíos del llamado proceso de cambio.

Francisco de Oliveira publica un sugestivo texto crítico, como parte de la crítica a la razón dualista, que separa los mundos de la economía entre tradicionales y modernos. El sugerente texto de crítica se titula El ornitorrinco[83], figura que toma de un animal extraño para caracterizar lo que sucede con el denominado desarrollo brasileño. Nos referimos a la extraña apariencia de este mamífero ponedor de huevos, venenoso, con hocico en forma de pico de pato, cola de castor y patas de nutria. Esta figura y esta composición compleja inspiraron a Francisco de Oliveira una caracterización también de composición y combinación complejas de las economías capitalistas periféricas. ¿Cómo describe al ornitorrinco económico y social?

 

Altamente urbanizado, con poca fuerza de trabajo y población en el campo, aunque sin ningún residuo pre-capitalista; por el contrario, con presencia de un fuerte agrobusiness. A esto se suma un sector completo de la segunda revolución industrial, avanzando titubeante por la tercera revolución, la molecular-digital o informática. Por un lado, una estructura de servicios muy diversificada – sobre todo cuando está ligada a los estratos de altos ingresos que, en rigor, son más ostensiblemente perdularios que sofisticados – . En el otro extremo, una estructura muy primitiva, ligada directamente al consumo de los estratos pobres. Posee también un sistema financiero todavía atrofiado pero que, precisamente por la financiarización y el aumento de la deuda interna, acapara una gran proporción del PIB[84].

 

Francisco de Oliveira visualiza la recreación y expansión de la informalidad, la mantención del crónico desempleo, el encubrimiento del subempleo, como formas de articulación y subvención a la acumulación de capital, formas completamente articuladas y funcionales a los sistemas de industrialización e incursión en la tecnología molecular-digital. Combinaciones que forman parte de esa complementariedad y recreación violenta entre la forma de acumulación ampliada y la forma de acumulación originaria por despojamiento. Todo esto atravesado por un sistema financiero que cubre el funcionamiento económico, succionando las esferas y los circuitos económicos a la lógica de la financiarización, que empuja al uso especulativo del capital financiero. Produciendo entonces un endeudamiento externo e interno que caracterizan a las actuales economías dependientes, llamadas emergentes. Este ornitorrinco económico y social se sostiene sobre la extensa base de la diferenciación social excluyente y marginada de la distribución de la riqueza y el excedente, que se concentran desproporcionalmente en la minoría poblacional de empresarios privilegiados por el monopolio y el apoyo estatal, a la que se suman las clases medias beneficiadas por la expansión de los servicios e impulsadas al consumo. La gran mayoría de la población está condenada a vivir en los márgenes de esta modernidad, pasando de ser el ejército industrial de reserva a la masa gigantesca de trabajadores “informales”, proletariado nómada y habitante de los barrios prohibidos.

 

Se trata del reino de la “informalidad”, el desvanecimiento del salario, del adelanto del costo de producción.

 

La tendencia moderna del capital es suprimir el adelanto: el pago a los trabajadores pasa a depender de los resultados de las ventas de los productos-mercancía. En las formas de tercerización del trabajo precario, y en lo que – entre nosotros – se continúa denominando “trabajo informal”, éste es un cambio radical en la determinación del capital variable. Así, aunque parezca extraño, los rendimientos de los trabajadores pasan a depender de la realización del valor de las mercancías, lo que antes no ocurría. En los sectores todavía dominados por la forma salario, sigue en pie la anterior modalidad, tanto es así que la reacción de los capitalistas es desemplear la fuerza de trabajo. El conjunto de los trabajadores es transformado en la suma independiente de un ejército de activos y de reserva, que se intercambia no de acuerdo con los ciclos de negocios, sino diariamente[85].

 

Esto es, se produce la suspensión de la producción, de la valorización de la producción, por lo tanto de la valorización del tiempo socialmente necesario del trabajo. Lo que se hace, sobre la base de su ocultamiento, es abrir nuevamente las temporalidades de lasúper-explotación, así como del dominio absoluto de la circulación y el mercado,obligando a la gente al sacrificio y a la donación de sus vidas en aras de la realización de la ganancia. Suspendiéndose con esto los derechos conquistados en la historia de las largas luchas sociales. Desde entonces ya no se trata de los derechos, tampoco del sujeto de los derechos, sino de la realización descarnada de las ventas y de los resultados del sistema. Se vive entonces la dramática experiencia de la precarización, de la fragmentación, de la dispersión y la diseminación de las formas de vida y de las formas de organización. La realización de las súper-ganancias, la construcción deslumbrante de las grande urbes metropolitanas, la conformación de barrios de ensoñación y oasis paradisiacos, contando también con los moles comerciales y de consumo para las clases medias, sólo se pueden dar si al mismo tiempos se transfieren los costos de la magnificencia a extensas zonas suburbanas, a expansivos entornos de miseria, a favelas interiores o ruralidades vaciadas y detenidas en el tiempo. El costo no sólo se materializa en los perfiles de la marginación y la exclusión, sino también en la conformación de mundos paralelos y periféricos[86].

 

 

Esto es lo que escribimos. Ahora podemos observar que esta redacción se apega a las connotaciones de la metáfora de ornitorrinco, haciendo hincapié en esa composición y combinación saturada en fijaciones irreductibles a la armonía.  La metáfora desborda en la irradiación significativa; lo que ha quedado un tanto inhibido es el sentido de la explicación, que no radica tanto en las deformaciones, por así decirlo, sino en la inteligibilidad de las contradicciones. Intentaremos retomar esta redacción, recuperando el ensayo El ornitorrinco de Francisco de Oliveira, buscando ilustrar sobre la explicación de esta formación-económico social, hoy identificada como potencia emergente.

 

Usando los conceptos que propusimos para el análisis, sistema-región capitalista ysistema-mundo capitalista, el sistema-región forma parte del sistema-mundo. Lo que pase en el sistema-región tiene que ver con lo que pasa en el sistema-mundo.  La forma cómo se da el sistema-región es singular, propia, si se quiere; no resulta de una repetición taxativa de lo que pasa en el sistema-mundo; sin embargo, ambos acaecimientos, ambas complejas composiciones no son ajenas, interactúan.

Las transformaciones en el sistema-mundo afectan al sistema-región. Las articulaciones entre un sistema y otro también se modifican. La etapa del ciclo largo del capitalismo vigente, dominado por el capitalismo financiero, modula las relaciones y las articulaciones entre el sistema-región y el sistema-mundo. Si la teoría de la dependencia hablaba de dependencia de las periferias respecto a los centrosdel sistema-mundo, ahora podemos hablar de complicidad inter-burguesa en la apropiación especulativa de la energía desprendida por los cuerpos, por la inmensa fuerza de trabajo súper-explotada, acompañada por la concomitancia inter-burguesa en el despojamiento y desposesión de cuerpos y la naturaleza. En otras palabras, la complicidad y concomitancia inter-burguesa ha llevado a una suerte de conciencia desdichada, de aceptación de que así deben ser las cosas. Se acepta que el aporte del país al sistema-mundo capitalista, en este sistema-mundodiscordante-concordante, es decir, paradójico, sobretodo atravesado por antagonismos, el logro de una autonomía relativa como potencia emergente, se efectúa, se hace posible, continuando con el devenir de la acumulación originaria recurrente. Acumulación originaria articulada, activadora y catalizadora de la acumulación ampliada, que se sostiene con la ampliación desmesurada de la frontera agrícola, con la migración descomunal a las ciudades, vaciando los campos, situando a la mayoría de la población en el espacio de las condiciones precarias del proletariado nómada. Lo que llamaron dependencia, los teóricos de ladependencia, se ha convertido en una implicación dramática obligada. La compulsión por tasas de retorno cada vez más rápidas empuja a las circulaciones de capitales a expandir e intensificar las formas de financiarización, obligando, para poder sostener esta fabulosa apuesta a la especulación, a un descomunal desborde de las formas de explotación extractivistas.

La forma de globalización privatista, implementada por el proyecto neoliberal, ha llevado al mundo a una unificación mezclada mayor; empero, basada en la destrucción sin precedentes de los ecosistemas, y de la suspensión de los derechos sociales, del trabajo y colectivos. Empujando a las masas trabajadoras a la precarización, mientras una aristocracia “obrera” privilegiada se beneficia grandemente, participando directamente en el control y retención del excedente.

No es problema para los llamados centros del sistema-mundo capitalista que emerjan potencias industriales, incluso tecnológicas y científicas, como el caso de China; pues estas potencias emergentes ya forman parte de los centros. En este contexto de desplazamientos en el sistema-mundo capitalista, en los centros delsistema-mundo, tampoco se puede decir que se asiste a una lucha a muerte entreimperialismos, como ocurrió antes, durante la primera y segunda guerras mundiales. Más parecen concurrencias, que disputan el reparto del excedente mundial. Las potencias concurrentes no parecen inclinarse a guerrear por este reparto, sino a presionar para lograr mejores condiciones en la distribución. Un conjunto de redes de circulaciones, recorridos, mercados, producciones, sobre todo de las redes financieras, las vinculan y las aproximan, incluso se puede concebirlas como “complementariedades” capitalistas.

Las potencias emergentes, llamadas BRICS, han surgido incluso, de alguna manera, apoyadas por las propias dinámicas del sistema-mundo capitalista, por la propia connivencia de los anteriores centros. El problema no está ahí, sino el problema radica en la contradicción generada por estas potencias emergentes con sus propias poblaciones, pues esta emergencia industrial se efectúa a costa de las grandes mayorías precarizadas. Esto no se oculta, ni disminuye, a pesar de que importantes sectores de trabajadores se incorporen como clases medias al mercado de los consumos masivos, pues las mayorías demográficas son empujadas a la suspensión de sus condiciones de vida y de reproducción social.

Las observaciones de Francisco de Oliveira son importantes, nos muestran recorridos sinuosos de la potencia emergente. Como el autor dice, la potencia emergente abarca las tres revoluciones materiales; la revolución industrial, la revolución tecnológica y científica, la revolución molecular y cibernética; sin embargo, no logra articular estos recorridos, abarcando plenamente estas revoluciones materiales, ni logra armonizarlas; por lo tanto, no resuelve problemas estructurales económicos, sociales, políticos y culturales pendientes. De esta manera, la potencia emergente se embarca en una ruta incierta, que la lleva a volver a inclinarse, optando, de manera oficiosa, por el recurso desesperado de estrategias de poder represivas. Como una vez lo hizo el periodo de gestiones gubernamentales de Getúlio Vargas; otra vez lo hizo el periodo gubernamental de la dictadura militar, de una manera más descarnada y policial. La diferencia entre ambos periodos, es que el primero fue populista, en tanto que el segundo fue abiertamente oligárquico y elitario. Las gestiones gubernamentales del PT no son populistas, se apoyan en una organización sindical corporativa, conformada en la larga tradición organizacional y de formación proletaria de los trabajadores sindicalizados. Las gestiones gubernamentales del PT son sociales, por sus proyectos sociales de alcance, por el impacto de estos proyectos; sin embargo, proyectos sociales casados con la administración financiera a gran escala. Mediante esta administración financiera hay un total involucramiento con las corporaciones empresariales, tanto públicas como privadas. Se puede decir que las gestiones gubernamentales del PT corresponden a un proyecto político reformista de gran escala y envergadura.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El capitalismo multicolor, camaleón

 

 

 

 

 

Dedicado a los y las activistas defensoras de la Madre Tierra. A ellos y ellas que aman a la vida.

 

 

 

La producción capitalista ha estado calculada, en cuanto a sus formas de movimiento y leyes, desde el principio, sobre la base de la Tierra entera como almacén de fuerzas productivas. En su impulso hacia la apropiación de fuerzas productivas para fines de explotación, el capital recorre el mundo entero; saca medios de producción de todos los rincones de la Tierra; cogiéndolos o adquiriéndolos de todos los grados de cultura y formas sociales. La cuestión acerca de los elementos materiales de la acumulación del capital, lejos de hallarse resuelta por la forma material de la plusvalía, producida en forma capitalista, se transforma en otra cuestión: para utilizar productivamente la plusvalía realizada, es menester que el capital progresivo disponga cada vez en mayor grado de la Tierra entera para poder hacer una selección cuantitativa y cualitativamente ilimitada de sus medios de producción. La apropiación súbita de nuevos territorios de materias primas en cantidad ilimitada, para hacer frente, así, a todas las alternativas e interrupciones eventuales de su importación de antiguas fuentes, como a todos los aumentos súbitos de la demanda social, es una de las condiciones previas, imprescindibles, del proceso de acumulación en su elasticidad[87].

Rosa Luxemburgo

 

 

 

 

Articulación

 

Este ensayo no está directamente vinculado a los ensayos dedicados alacontecimiento Brasil, mas bien, tiene como tema una interpelación crítica alcapitalismo verde, se ocupa de comentar el análisis deconstructivo de la narrativa verde, análisis de desmontaje de los nuevos procedimientos de dominación del capital, ahora por la vía de la financiarización de los seres y ciclos vitales, que este discurso contable llama servicios ambientales. Es una intelectual y activista brasileña la que efectúa la crítica deconstructiva, la que lanza la interpelación al capitalismo verde. La conexión con los otros ensayos se encuentra en la actualización contextual del acontecimiento.

 

 

Capitalismo camaleón

 

Camila Moreno en Economía verde: En lugar de una solución, la nueva fuente de acumulación primitiva[88] hace un análisis minucioso de la emergencia de la nueva narrativa “ideológica” del capitalismo financiero.  Nos muestra dos pasos importantes en el discurso o la formación discursiva legitimadora de las formas paradójicas del capitalismo contemporáneo, la brutal extractivista y la virtual financiera. El primer paso se da como movimiento del llamado, ahora, capitalismo marrón, que no es otro que el crudo capitalismo “pragmático”, hacia el capitalismo de la des-carbonización. Después, el segundo paso, consiste en pasar de este capitalismo financiero que apoya la des-carbonización, al capitalismo verde.

Lo sugerente del análisis crítico de Camila Moreno es que muestra que estos dos pasos discursivos del capitalismo financiero, que es el dominante en el ciclo largo del capitalismo vigente, son puestas en escena para edulcorar no solo la desbocada multiplicidad de dominaciones sobre los cuerpos y la naturaleza, sino también formas “ideológicas” que apoyan nuevas formas de explotación, cada vez más sofisticadas, del capital – abstracción del biopoder – de los cuerpos, los territorios y la naturaleza.

En su análisis crítico, Camila Moreno ubica en el centro discursivo el denominativo de cambio climático; denominativo que pretende presentar a los responsables del cambio climático como si se hubiera, de repente, tomado consciencia del peligro.  Planteándose políticas mundiales correctivas, que llaman “fallas del mercado”.  Fallas que se pueden resolver con intervención del mercado mismo, de los juegos del mercado, proponiendo compras de retención del carbono; de este modo salvando los bosques. De esta tesis, no es más que un paso imperceptible el que se tiene que dar para proponer una salida verde a la crisis múltiple de la sociedad moderna.

Ese paso ya se ha dado. Existen un conjunto de proyectos, propuestas, acuerdos de grupos de países, encaminados a apuntalar un futuro verde, corrigiendo los males del capitalismo marrón.

La importancia del análisis crítico de Camila Moreno radica en develar que estos pasos discursivos, incluso pasos políticos a nivel mundial, involucrando a los organismos internacionales y a los estados nacionales, son mecanismo de no solo legitimación de las dominaciones múltiples, entre ellas del destructivo modelo extractivista, sino es un avance hacia nuevas formas de dominación, que tienen como materia de poder a la vida. Buscan controlar los ciclos de la vida, de tal manera que convierten a esta captura, por cierto parcial, pues no pueden capturar la potencia creativa de la vida, en una forma de acumulación de capital. Al respecto, definiendo el contexto donde se da este discurso, Camila escribe:

 

Aun no contamos con una definición canónica del concepto de economía verde, que nos de luces sobre si se trata de algo enteramente distinto de la economía actual (también referida en estos días como economía “marrón”). Pese a eso, las agencias de las Naciones Unidas como el PNUMA,18 PNUD,19 UNCTAD;20 organizaciones multilaterales como la OCDE,21 el Banco Mundial,22 bancos regionales de desarrollo,23 el Parlamento Europeo,24 consultoras internacionales,25 coaliciones empresariales,26 y otros actores han formulado propuestas, listado sectores prioritarios y definido agendas sectoriales; han establecido objetivos y metas cuantificables, asi como recomendado nuevos instrumentos financieros e inversiones para lograr el cambio hacia un futuro “mas verde”[89].

 

A partir del lucido y actual análisis de Camila Moreno debemos preguntarnos sobre la caracterización de la forma del capitalismo contemporáneo, actual, ciclo largo dominado por el capitalismo financiero. ¿Qué clase de capitalismo es este que se presenta como verde? Por cierto, no tiene ninguna utilidad denunciarlo como hipócrita, peor aún, como artimaña para continuar con los mismos procedimientos de explotación y despojamiento. Esto no deja de ser, en el mejor de los casos, una denuncia; en el peor de los casos, una catarsis. Lo que importa es averiguar sobre las transformaciones del sistema-mundo capitalista, cómo, de tal manera, estas transformaciones definen las condiciones de posibilidad de semejantes posturas, de semejantes discursos.

 

El capitalismo contemporáneo no es el que corresponde a la experiencia del insigne teórico crítico Karl Marx, no es el capitalismo dependiente de la experiencia del “ideólogo” militante Vladimir Lenin, tampoco es el que corresponde a la experiencia dramática del reflexivo Antonio Gramsci.  No es el capitalismo gamonal implementado en los Andes e interpretado lúcidamente por el singular José Carlos Mariátegui; no es el capitalismo minero, extractivista del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX, interpretado por el estoico Guillermo Lora. No es el capitalismo de la formación social abigarrada, interpretado por el inventivo y barroco René Zabaleta Mercado. Este capitalismo es el de un sistema-mundo capaz de simular, capaz de imitar las demandas de los colectivos sociales. Entonces, la tarea es caracterizar a esta forma de capitalismo, comprender y entender sus lógicas y estructuras inherentes. De ninguna manera, reducirlo a las antiguas representaciones del capitalismo. Este apego dogmático no solamente es una renuncia a prender de la historia, sino es una apuesta a la derrota.

 

El capitalismo verde es un capitalismo que busca seducir a la sensibilidad bondadosa y a la imaginación romántica, presentando un cuadro atractivo de defensa de la naturaleza. Ciertamente no podemos hablar así, pues el capitalismo no es un sujeto. Es una representación conceptual para explicar una forma de Estado, un modo de producción, una forma de modulación y disciplinamiento de la sociedad, así como el despliegue de sus formas de control y simulación; entonces, se trata, más bien, de las actividades asociadas, concomitantes, de grupos de poder, que logran controlar ciertos lugares estratégicos de decisión; empero, no pueden, no podrían, es imposible, controlar la totalidad de condiciones, factores y variables intervinientes en los procesos que configuran el acontecimiento, que es la vida.

No estamos ante la brutalidad del capitalismo inaugural, capitalismo colonial; tampoco estamos ante el capitalismo “pragmático” de la revolución industrial. Así como no nos encontramos ante el capitalismo violento de los imperialismos de la mitad del siglo XX; tampoco ante el capitalismo de la época de la guerra fría, cuando una de la híper-potencias financia la reconstrucción de las potencias occidentales y orientales derrotadas. No estamos ante el capitalismo belicoso, que incursiona en la guerra de Corea y en la guerra de Vietnam creyendo que podía imponerse, después de su victoria contundente en la segunda guerra mundial. Este capitalismo es distinto. Es un capitalismo verde; es un capitalismo que se presenta como consciente de los daños que causa en el planeta, que se presenta con la voluntad de corregir los daños causados.

En sentido efectivo, tendríamos que caracterizar al capitalismo verde comocapitalismo molecular, pues se trata de un modo de producción que ha penetrado en la información genética, que manipula las moléculas componentes de las células de los organismos.  Sin embargo, la caracterización aconsejable exige más; es un capitalismo, que para autonombrarse como verde, ha acumulado saber y conocimiento histórico, por así decirlo, usándolos como dispositivos de poder, en este caso de un poder plástico, que se adapta a las demandas.

No es que los engreídos funcionarios de los organismos internacionales tengan esta consciencia ecológica, pues si la tuvieran no emitirían semejantes discursos, no desplegarían semejantes estrategias. No es que los amos del universo, pues así se sienten, los propietarios de acciones, propietarios de la mayoría de las acciones de las empresas trasnacionales, sobre todo extractivistas, que dominan el mundo, sean conscientes de lo que acontece, sino se trata de un sistema-mundo, que en conjunto, en el bloque de sus estructuras, en la gama de sus engranajes, en la articulación de sus funcionamientos, ha aprendido o, por lo menos, se puede decir que parece que ha aprendido, de la experiencia de sus dominaciones.

Si el capitalismo verde se dispone, por lo menos declarativamente, invertir en la compra de la retención de carbono, en presionar, aunque sea teatralmente, a las potencias industriales, a disminuir la emisión de carbono, estamos ante un capitalismo que interviene no sólo sobre las condiciones de producción,  sobre la fuerza de trabajo, utilizando la ciencia y la tecnología, sino ante un capitalismo que tiene en “mente” la intervención en los ciclos y las lógicas de la vida, comprendiendo los programas y las informaciones genéticas.

La lucha actual, contemporánea, con lo que significa plenamente este término, contra las dominaciones múltiples del capitalismo, no se resumen sólo a la lucha por la profundización de la democracia en la forma de socialismo, sino que implica la defensa integral de la vida. La vida no como metáfora, no como representación “ideológica” y cultural, sino la vida, en el sentido más radical efectivo del término. La vida como existencia. Ya no se trata solo de la igualdad, de la democracia participativa, tampoco de la imprescindible tarea de la descolonización, sino de la subsistencia, de la sobrevivencia, de la posibilidad de liberar la potencia de la vida. La lucha contra el capitalismo es una lucha contra una inclinación tanática, quizás inherente en la paradójica constitución de las instituciones de poder, instauradas por las proliferantes asociaciones humanas.

Ya no es un problema “ideológico”, no se trata sólo de la crítica de la “ideología”, ya no es solamente una lucha por la igualdad, el prejuicio supremo de la democracia, el socialismo; tampoco, como dijimos, solamente la lucha anticolonial y descolonizadora. Así como no se restringe a la lucha por las subjetividades diversas. La lucha es por la vida.

 

¿Podremos los y las humanas comprender que se trata de esto y nada más que de esto, de la vida?  ¿Qué impide hacerlo? ¿La miopía, no poder ver lejos, ver solamente lo cercano, el entorno de uno mismo? ¿Qué importancia estratégica tiene el vencer, el dominar, el enriquecerse, el distanciarse de los demás? Ninguna, todos marchamos a la muerte, a la desaparición del individuo. Empero, la vida no es el individuo, no es el organismo, es el plural genético, es la población colectiva y asociada de partículas, de átomos, de moléculas, de células, de organismos, de sociedades diversas de constelaciones. Es la información y el programa genético. Las victorias, los poderes, las riquezas de los mortales, solo son imaginarias.

 

Por lo tanto, la importancia de la interpelación de Camila Moreno radica en señalar la levedad del discurso del capitalismo verde. El contraste primordial se encuentra en la comparación del discurso institucional internacional delcapitalismo verde y la explosión dinámica de los ciclos de la vida. Camila Moreno devela la hipostasis del discurso, el artificio del discurso del capitalismo verde, sobre todo en contraste son las devastadoras consecuencias del capitalismo marrón, que no es otra cosa, que el verdadero color del capitalismo verde o, si se quiere, el color de fondo.

Otro logro del análisis de Camila Moreno es mostrar que el capitalismo como sistema estratégico vigente no deja de ser demoledor; se autonombre como sustentable, des-carbonización o verde, en la medida que se basa en esa combinación perversa entre acumulación originaria de capital – extractivismo – y acumulación ampliada de capital – sea industrial, tecnológica-científica, cibernética o virtual y especulativa, sus repercusiones no dejan de ser destructivas.

Camila Moreno nos dice, que no se trata solamente de oponerse a las estrategias discursivas, operativas y políticas de los organismos internacionales, dispositivos de poder del orden mundial, sino de oponerse a las prácticas destructivas de los nichos y continentes ecológicos de los ciclos de la vida. En esta perspectiva, de oponerse a los discursos “ideológicos”, a los programas y al engranaje institucional de las políticas mundiales y gubernamentales de la implementación del capitalismo verde.

En tercer lugar, podríamos decir, que Camila Moreno, al interpelar al capitalismo verde, se coloca en una ruta seguida por los teóricos de la teoría de la dependencia, después por Francisco de Oliveira, el crítico marxista brasileño, que atraviesa el paradigma ortodoxo, para innovar en explicaciones específicas y singulares. Camila Moreno, no es ni lo uno ni lo otro, no pertenece al paradigma de la teoría de la dependencia, tampoco al marxismo critico al estilo de Francisco de Oliveira; empero, tiene algo en común, se rebela a los paradigmas heredados.

¿Cuál entonces el problema? No hay salida por el capitalismo verde, pues se trata de una política financiera, del uso especulativo del mercado, de la compra de retenciones de carbono, de la postulación verde, sin afectar a las causas, por así decirlo, del cambio climático. Es indispensable, acudir a una solución radical, que afecte a las raíces del problema. No es la salida la especulación financiera, no hay solución por el camino de la financiarización del capitalismo verde; la tarea es lograr una salida del mundo “real”, del mundo del sistema-mundo capitalista.

En sentido especifico, si se quiere, concreto, no hay salía por maniobras financieras. El problema radica en la lógica abstracta de la acumulación de capital.  También en las lógicas de poder del orden mundial, del imperio; así como en las lógicas de dominación interna de los Estado-nación. La salida se encuentra en otro horizonte, en otro mundo posible, que no tenga como presupuesto esta estrategia del dominio sobre cuerpos y campos de la vida.

 

Cuando hablamos así, mucha gente cree que esto es un romanticismo incurable. Consideran que el pecado de nuestras hipótesis es la ingenuidad y la inocencia ante un mudo descarnado y brutal. Puede parecer que sea sí; empero, se olvidan que lo que proponen desde el realismo político no es más que un logro probable, de corto alcance, en el decurso prolongado de los avatares de los ciclos de la vida. A propósito, Camila Moreno escribe:

 

 

La guía intenta una definición de trabajo para la economía verde, uno de los ejes centrales de la Rio+20:

 

 

El PNUMA considera que una economía verde debe mejorar el bienestar del ser humano y la equidad social, a la vez que reduce significativamente los riesgos ambientales y las escaseces ecológicas. En su forma mas básica, una economía verde seria aquella que tiene bajas emisiones de carbono, utiliza los recursos de forma eficiente y es socialmente incluyente.

 

En este intento de circunscribir “en su forma más básica” lo que sería la economía verde, la formulación incorpora la centralidad que la métrica o “medición del carbono” ha jugado en las políticas climáticas: la referencia a las toneladas métricas equivalentes de dióxido de carbono (1 tCO2e = a 1 unidad de reducción certificada de emisiones, o = a 1 “crédito de carbono”) como medida “objetiva” del logro (o no) de sus metas de bajar las emisiones, en relación con la economía marrón, y refrenda la des carbonización, como una dinámica estructural para “enverdecer” la economía[90].

 

Camila Moreno, propone escapar de las lógicas de la acumulación; obviamente, en esta perspectiva, escapar de las lógicas de la especulación financiera. Escribe:

 

El sistema económico actual es definido por el PNUMA como una Era of Capital Misallocation (Era del capital mal distribuido), en donde hemos “permitido” que los negocios sigan bajo “externalidades ambientales y sociales significativas, ampliamente no contabilizadas y no verificadas”; frente a eso, la idea de poner un precio a la contaminación (y al carbono, las compensaciones, permisos de agua, la biodiversidad, servicios ambientales, etc.) es presentada como un engranaje central para seguir adelante, “para traer los cambios en los patrones de inversión privada y lograr historias de éxito, especialmente en los países en desarrollo” (UNEP, 2011: 2)[91].

 

 

La tesis primordial del capitalismo verde es pasar de la era del capital mal asignado a la era del capital bien asignado. Es un problema de asignación o de colocación del capital, de las inversiones, de las finanzas. De eso se trata. La argumentación de este discurso no podía ser más liviano. Para los “ideólogos” del capitalismo verde se trata de un problema administrativo. No se les puede pedir a estos señores y señoras una reflexión sobre las consecuencias del modo de producción, que tiene en su base la expansión desbordante del extractivismo, que tiene en su desenvolvimiento la generación masiva de contaminaciones y depredaciones, que tiene en su horizonte la reiteración viciosa de los ciclos degenerativos del capitalismo.

 

Más abajo, Camila, de manera más elocuente, escribe:

 

Como ejemplo de esta valoración de las externalidades (costo de las emisiones resultantes de la deforestación y los créditos por evitarla o reducirla), la guía del PNUMA apunta al mecanismo de REDD+, que aun aguarda reglamentación definitiva bajo las negociaciones de la Convención del Clima, como el “régimen de REDD+”, pues quizás es “tal vez la mejor oportunidad en la actualidad para facilitar la transición a la economía verde para el sector [global] de bosques”[92].

 

Describiendo y analizando no solo la propuesta del capitalismo verde, sino también su implementación, Camila Moreno expone:

 

 

 

Así como la contabilización de las externalidades sociales y ambientales es un engranaje central para seguir adelante en la economía verde, la creación de nuevos activos económicos es estructural. Entre la constelación de temas que nos estarían llevando hacia una economía verde, está la incorporación de una nueva medición de la riqueza de los países, a través del “PIB verde”, que sería la cuantificación y contabilización de los llamados “activos ambientales” (como se definen el carbono, la biodiversidad, el agua, etc.). El carbono ya es un activo negociado bajo mecanismos internacionales, como el MDL, y en los mercados voluntarios ya están en desarrollo nuevos mecanismos que incorporen otros activos verdes. Estos activos, comercializados como los nuevos títulos verdes son de interés, por ejemplo, para los bancos y empresas, que necesitan cada vez mas de titularización (o securitizacion) ambiental de sus emprendimientos e inversiones.

 

Los mercados de carbono (y un precio global al carbono) figuran como la principal apuesta de los gobiernos y de las macro-políticas de combate al cambio climático, así como la espina dorsal de las propuestas para una economía verde o de bajo consumo de carbono. El carbono, este nuevo commodity global –y el más emblemático de este momento de la acumulación, que apunta a los bienes y servicios intangibles–, ha reunido, desde su creación oficial en 2005 (cuando entra en operación el esquema de comercio de emisiones de la Unión Europea), un valor global de US$142 billones de dólares (cifras de 2011, referentes al año 2010).59

 

Este valor es obtenido del comercio de más de 7 billones de toneladas de CO2, representadas en las Certified Emisson Reduction (CER o reducción certificada de emisiones), el principal título de la economía financiera del carbono. La falta de claridad sobre el marco regulatorio para el periodo post 2012 (cuando expira el primer periodo de compromiso del Protocolo de Kyoto, que debe ser remplazado por un nuevo acuerdo global hasta 2015), es actualmente la principal traba para su expansion.60

 

Las CER son el primer ejemplo de cómo se estructura la financiación y el comercio de los llamados activos ambientales. Su principal característica es la fungibilidad: en sí, una CER es un título negociable en el mercado financiero que representa la reducción de emisiones de 1 tonelada métrica de dióxido de carbono equivalente (tCO2e).61

 

En el proceso de construcción del PIB verde, estos nuevos activos son paulatinamente transformados en una clase de variables macroeconómicas, como ya está ocurriendo con los inventarios de carbono y la incorporación de sus “stocks” en las cuentas nacionales. Se argumenta, por ejemplo, que la transformación del carbono en un indicador macroeconómico permitiría una apreciación o valoración “más verdadera” del nivel “real” de la economía y de la viabilidad del crecimiento en renta y empleo para los países.

 

Con el objetivo de “hacer para la biodiversidad lo mismo que el Informe Stern había hecho para el clima”, “hacer visible el valor de los servicios de la Naturaleza” y con eso, “influenciar negocios y decisiones adoptados por los países”, nace la encomienda para la elaboración del estudio The Economics of Ecosystems andBiodiversity (La economía de los ecosistemas y de la biodiversidad), conocido por su sigla TEEB, una pieza clave de la arquitectura de la economía verde.62 El pedido para la realización del estudio surgió de la reunión del G8+5, en 2007, y fue coordinado por el economista hindu Pavan Sukdev, exdirector de Banco Mundial y, a la época, director de la división de nuevos mercados del Deutsche Bank (el Banco Alemán). Sukdev, en su año sabático, coordino el estudio desde el PNUMA y con la legitimidad de la ONU.

 

El TEEB calculo que la destrucción de los activos de la Naturaleza, como bosques y humedales, entre otros, causa pérdidas anuales de por lo menos US$ 2,5 trillones en el mundo; y que los costos para proteger la biodiversidad y los ecosistemas son más bajos que el costo de dejar que ellos disminuyan. Así se demostró el valor económico de bosques, agua, suelo y corales (entre otros), como también el costo ocasionado por la pérdida de estos recursos. Uno de los principales logros del TEEB es que introduce metodologías de cálculo y una métrica para referencia internacional, con varias categorías de servicios ambientales, con capítulos distintos para cada uno de los diferentes sectores de la sociedad (Diseñadores de políticas, sector de negocios, sociedad civil, gobiernos locales, etc.). Su objetivo general consiste en conocer el valor económico de lo que implica la pérdida de biodiversidad, como del retorno de inversiones por cuenta de la conservación de la biodiversidad.

 

El TEEB fue recibido oficialmente por los países, en el marco de la 10 COP de la Convención de Biodiversidad, realizada en octubre de 2010, en Nagoya, Japón. Hoy es la principal referencia internacional para subsidiar a los países que están estimando el valor de la Naturaleza y la adopción de políticas públicas de valoración del capital natural.

 

Este movimiento estructural, bajo los auspicios de las Naciones Unidas, es indicativo del proceso a través del cual, concretamente, se está promoviendo la incorporación del “capital natural”; concepto central en este momento de la acumulación. En el lanzamiento del TEEB, el líder del proyecto, Pavan Sukdev, expreso: “estamos viviendo del capital de la Tierra, precisamos aprender a vivir de las ganancias”.

 

El Banco Mundial lanzo, el primer semestre de 2012, el informe Inclusive Green Growth: The Pathway to Sustainable Development (Crecimiento verde inclusivo: El camino hacia un desarrollo sostenible). El documento es presentado como un marco analítico que tiene en cuenta las limitaciones del sistema marino, terrestre y atmosférico en planes para el crecimiento económico necesarios para seguir reduciendo la pobreza”, que pretende “desmitificar la concepción de que el crecimiento verde es un lujo que la mayoría de los países no se puede dar”, y cuyos principales obstáculos serian “las barreras políticas, los comportamientos muy arraigados y la falta de instrumentos financieros adecuados”. El crecimiento “verde e inclusivo”, a la moda Banco Mundial, se presenta como un incentivo a los gobiernos para “cambiar su enfoque en materia de políticas de crecimiento para una mejor medición no solo de lo que se está produciendo, sino también lo que se está consumiendo y contaminando en el proceso”; así, incluye las externalidades en el cómputo general del cálculo económico. Para este fin, según el Banco, es menester “asignar valor a las tierras de cultivo, los minerales, los ríos, los océanos, los bosques y la biodiversidad, y otorgar derechos de propiedad”, lo que “brindara a los Gobiernos, a la industria y a las personas suficientes incentivos para gestionarlos de una manera eficiente, inclusiva y sostenible”[93].

 

 

Estamos ante una evaluación cuantitativa, ante una descripción, que se pretende de científica; en ese sentido, estamos ante propuestas operativas e instrumentales para solucionar el problema identificado: el cambio climático. Sin embargo, esta evaluación descriptiva y cuantitativa está muy lejos de comprender el problema. El problema no radica en la desmesura del impacto de la “falla del mercado”, en la falta de contabilización de los costos transferidos a la naturaleza, sino en una lógica cualitativa, inherente al sistema-mundo capitalista; esto es, la estrategia de acumulación basada en la destrucción de la naturaleza. Lo que hay que poner en cuestión es esta lógica abstracta, esta obsesión y compulsión por el dominio. Ninguna financiarización de políticas reductivas, menos agresivas con la naturaleza, podrá alcanzar los objetivos de un menor impacto en el cambio climático. Lo único que se podría lograr con estos procedimientos especulativos es prolongar el lapso de diferimiento de una crisis ecológica de gran alcance.

 

Camila Moreno continúa con su balance, que lo subtitula como La economía verde como narrativa unificadora del capital financiero; escribe:

 

 

El rasgo distintivo de la narrativa unificadora de la economía verde es la instauración del concepto de capital natural, que constituye hoy una demanda central del capital financiero y, en gran medida, la condición para la reproducción de este. Bajo el concepto estructurante de capital natural, activos antes invisibles en la economía tradicional, tal como los servicios ambientales (donde se incluyen carbono, biodiversidad, agua, y otros), son adecuados, medidos y valorados para su negociación en los mercados.

 

En un momento en el que la economía mundial es absolutamente dependiente y controlada por el capital financiero, y con el mismo capital financiero en crisis, la creación e introducción de nuevos activos en el mercado financiero, a través de la expansión de la financiación, es la principal estrategia de apalancamiento de la economía verde.

 

La naturalización del capital natural como una realidad económica –pero también social, cultural y política– conlleva un nuevo momento de acumulación primitiva, con elenclosure o aislamiento de estos activos ambientales, al crear exclusión (separar componentes indivisibles de la biodiversidad y de los ecosistemas) y al asegurar que lo que antes era un bien común, pueda ser transformado en propiedad privada.64. Pero, ¿cómo privatizar y poseer el aire?

 

Para eso, son necesarios mecanismos que vinculen los recursos naturales y los bienes comunes –en adelante llamados activos ambientales– a los mercados y a su lógica. Estos son cuantificados, monetizados y transformados en títulos o papeles verdes (como los créditos de carbono). Para que tengan un referente de su valor real, estos papeles verdes necesitan garantizar su seguridad jurídica; es decir, estos títulos deben representar nuevos derechos reales de propiedad privada. Así ya está ocurriendo, por ejemplo, con los “derechos al carbono” (carbon rights), que se expresan bajo nuevas formas de control (como las metodologías para “medir/cuantificar, reportar y verificar” las existencias de carbono) y se regula mediante contratos el acceso y el manejo en los territorios donde estos “activos” efectivamente están –por ejemplo, un bosque, bajo un contrato de pago servicios ambientales o de REDD+–. Para que esta clase de activos constituya capital natural, es necesario identificar los bienes y servicios ambientales –como se denominan bajo esta lógica el agua, la biodiversidad y el carbono, así como la belleza escénica, la polinización, etc. –, y el “valor” que tienen en el funcionamiento de los ecosistemas. Estas funciones ecológicas son clasificadas y divididas como “servicios”, según las categorías propuestas por el estudio TEEB, referido anteriormente: a) servicios de provisión, que incluye bienes ambientales, como agua, maderas, fibras; b) servicios de regulación, que incluye regulación del clima, de vectores de enfermedades, regulación del suelo, entre otros; c) servicios culturales y/o espirituales, que dependen de las percepciones colectivas de los humanos acerca de los ecosistemas y de sus componentes; y, d) servicios de sustento o soporte, que son procesos ecológicos que aseguran el funcionamiento adecuado de los ecosistemas; por ejemplo, la fotosíntesis. El valor económico global de la actividad de polinización de los insectos fue estimado por el Instituto Nacional de Investigación Agrícola (INNRA), de Francia, en 153 billones de euros anuales, lo que correspondería a 9,5% del PIB agrícola mundial para alimentación humana, relativo a los precios de los commodities agrícolas de 2005 (N. Gallai, J-M. Salles, 2008). El estudio cuantifico el impacto para los consumidores, en términos de la disminución de la producción y el aumento de los precios de los alimentos. Al mismo tiempo que este tipo de cálculo pretende reforzar los argumentos demostrativos del valor invisible de la biodiversidad (actividad de los insectos en la polinización y cuanto eso significa para la agricultura), una externalidad no contabilizada en el cálculo económico actual, lo hace traduciendo el valor en un precio, que (aun hipotéticamente) tiene como referencia un mercado, como la disposición de pagar para conservar este servicio que los insectos hacen “gratis”.

 

Los activos ambientales que conforman el capital natural, como el carbono, el agua y la biodiversidad, son como el lastre que garantizara este nuevo paso de acumulación, en el cual su incorporación en la contabilización de valor y riqueza de los países es un proceso ya en curso. Las experiencias locales y nacionales que desarrollan y amplían esta nueva frontera de la lógica de la mercancía, así como la perspectiva de constitución de un mercado global para estos “servicios”, ilustra en términos actuales a elasticidad y capacidad de acaparamiento y apropiación de las fuerzas productivas, que mueve la acumulación descrita por Rosa Luxemburgo[94].

 

 

Karl Marx decía que la tierra no tiene valor en sí, valor dinerario, que es el capitalismo, la contabilidad capitalista, la que le atribuye abstractamente un valor, desde la perspectiva de la valorización dineraria de la lógica del capital. Se refería a la renta. Ahora asistimos a la generalización de la valorización capitalista; a todos los lugares de la tierra el capitalismo les atribuye valor, hasta los rincones más recónditos adquieren esta medida aritmética. No se salva ningún organismo vivo, tampoco ninguna molécula. Aunque a ninguna partícula infinitesimal del estallido inicial, big bang, contenga inherentemente esta contabilidad abstracta de la valorización capitalista, el modo de producción capitalista les atribuye esta conmensuración cuantitativa. El discurso del capitalismo verde habla de capital natural; es decir, la naturaleza es un capital inicial, por así decirlo. Por lo tanto, se puede también concebir a la naturaleza como una empresa inicial. ¿Esta empresa es privada o pública? La violencia del modo de producción capitalista sobre la naturaleza no solamente acontece mediante las múltiples formas del modelo extractivista, sino también se trata de una violencia metafísica, recordando a Jacques Derrida, que comenta a Emmanuel Levinas, en un texto que se titulaViolencia y metafísica[95]. La violencia metafísica consiste en reducir las dinámicas de los ciclos vitales a figuras elementales, susceptibles de cuantificación. Elcapitalismo verde, como toda la ciencia positiva de la modernidad, diseca las plurales formas de vida, para poderlas contar. Lo que está contando es las formas disecadas de la muerte, no las formas dinámicas de la vida. Se trata de otra manera de matar la vida, de imaginarla de esta manera, disecada, detenida, inmovilizada, para poder medir lo que esta contabilidad y aritmética elemental llama valor. Con esto creen los “ideólogos” del capitalismo verde que restituyen a la naturaleza lo que se le quita, creen que con estos procedimientos financieros se compensa la destrucción del planeta y los atentados sistemáticos contra los ciclos de la vida. Así como lo expresa elocuentemente Pavan Sukdev: “estamos viviendo del capital de la Tierra, precisamos aprender a vivir de las ganancias”.

 

Fuera de que se reduce la tierra a la representación del capital natural, habría que preguntarse ¿quiénes viven de ese capital? ¿Quiénes pueden aprender a vivir de las ganancias? Este procedimiento de financiarización verde resuelve el problema del cambio climático preservando las causas, buscando apaliar las consecuencias. No habrá otro método más tramposo, aunque sofisticado por la minuciosa cuantificación, que oculta la estructura del problema al momento de edulcorar la violencia sistemática del capitalismo contra la naturaleza.  Por otra parte, a todo esto hay que añadirle, que también es un gran negocio. La ganancia no se detiene; la inversión financiera tiene réditos, además de propietarios virtuales de bienes de la naturaleza, de bosques, de territorios, de recortes geográficos y geológicos.

 

Camila Moreno hace el diagnóstico:

 

 

La ingeniería va en camino de que esta nueva “riqueza de las naciones”, los activos que conforman el capital natural, puedan ser pronto monetizados, registrados, transformados en títulos financieros y negociados en el mercado financiero. El cómo evaluar las existencias de carbono en términos monetarios y su incorporación en las cuentas nacionales es la tarea que desarrolla actualmente el System of Environmental and Economic Accounting (SEEA, Sistema de Contabilidad Económico Ambiental), de la División de Estadística de las Naciones Unidas y el adjusted netsavings methods del Banco Mundial (Banco Mundial, 2006:123).

 

En el lanzamiento de la Declaración sobre el capital natural, uno de los puntos más destacados de Rio+20, fue “una declaración y llamado a la acción del sector financiero para trabajar hacia la integración de las consideraciones del capital natural en nuestros productos y servicios financieros en el siglo 21”, que incluye una Hoja de ruta para la industria financiera, para contabilizar la Naturaleza.66

 

Treinta y nueve bancos, inversionistas y aseguradoras, junto con más de 60 países y más de 90 corporaciones privadas, como Unilever, Puma y Dow Chemical, entre otras, hicieron un llamado colectivo para la contabilización y valoración del capital natural en la Rio+20. El Banco Mundial también ha ayudado a varios países a contabilizar su capital natural en los sistemas nacionales de cuentas, a través de dos mecanismos: a) una asociación mundial llamada Wealth Accounting and the Valuation of Ecosystem Services (WAVES o Contabilidad de la riqueza y valoración de servicios eco-sistémicos, en traducción libre);67 y, b) el intercambio de experiencias concretas a partir de su plataforma System of Environmental- Economic Accounting (SEEA, Sistema de contabilidad económico-ambiental, en traducción libre), en la región latinoamericana. Con este apoyo, Costa Rica y Colombia ya están implementando la metodología de valoración de sus activos ambientales.

 

En esta tarea de asesorar a los países en la tarea de contabilizar el capital natural en sus cuentas nacionales, la representante del

Banco Mundial expreso que:

 

 

[…] el Capital natural es algo fundamental a lo que hacemos como Banco Mundial y al que queremos ser, […] trabajar con el capital natural es volver a nuestro negocio original (our corebusiness). Después de la Segunda Guerra Mundial, en los años 50, fuimos de país en país ayudándolos a colocar sus cuentas nacionales en orden. Hoy, ayudar a los países a poner el capital natural en las cuentas nacionales y hacer de eso una realidad es central a la respuesta a las múltiples crisis, del cambio climático y a la volatilidad de los precios de los alimentos[96].

 

 

Después de este diagnóstico, de este estado del arte del discurso del capitalismo verde, Camila hace la conclusión del análisis:

 

 

Quisiéramos destacar que esta nueva narrativa hegemónica “verde” ha logrado gran eficacia, al alentar y legitimar el camino hacia una nueva base de acumulación, que reposa fundamentalmente en el concepto del capital natural y en el plan ambicioso de contabilizar, valorar e incorporar a los mercados –a través de la compra-venta de los servicios ambientales, como ya lo apuntan los mercados existentes de carbono, biodiversidad y, progresivamente, el del agua–, esto constituye todo un portafolio de bienes y servicios ambientales (incluidos los intangibles, culturales, etc.), así como las “infraestructuras naturales” (como ahora denominan a los ríos, suelos, bosques, etc.),69 que, hasta el momento, estuvieron “gratuitamente” provistos por la Naturaleza.

 

La economía verde, en este sentido, es una falsa solución, y es claro que no se presenta contraria a la continuidad de la actual economía marrón extractiva e intensiva en energía; sus mecanismos verdes son concebidos de tal forma que la creación de valor, bajo su lógica, es complementarían e interdependiente a la economía actual. Entonces, funciona como una forma de economía espejo: es justamente la escasez y contaminación de los recursos, generadas por la economía actual, lo que genera valor a los activos ambientales de la economía verde. Al final, ¿si el agua fuera abundante y limpia, quienes estarían dispuestos a pagar por ella, aunque sea caro? ¿Si el aire fuera limpio sano y sin contaminación, se podría vender los servicios de los bosques como productores de carbono?

Frente a la crítica que la sociedad civil construyo a lo largo de la última década, en la confrontación, resistencia y creación de alternativas a la globalización, al libre comercio, al neoliberalismo y al Consenso de Washington, es un enorme retroceso encontrarnos hoy frente a la cristalización de un nuevo consenso, un consenso verde. Bajo la nueva hegemonía verde, igual y reiteradamente, reaparece el discurso de que solamente tras los mecanismos económicos y la generalización de la racionalidad instrumental sobre decisiones vitales (en relación con el clima, el sistema alimentario, el agua, etc.), es posible lograr la transición necesaria que garantice la continuidad de la vida en el planeta. La Rio+20 fue un momento crucial en el proceso de cristalización de este nuevo consenso. No fue el evento en sí mismo, pero si una necesaria parada mediática: un momento de espectáculo visible, donde los medios de comunicación capturaron y publicitaron estos cambios como parte de una historia… de una trayectoria más larga. Los actores hegemónicos en este proceso están dando pasos concretos y estructurales para incorporar, de hecho, el capital natural a la realidad económica.

 

Considerando el contexto en donde la energía y los recursos son cada vez más escasos y disputados, con particularidades distintas en las ultimas décadas –como la de la importancia que adquirió la cuestión del cambio climático– tenemos la tarea de la deconstrucción de la versión verde de las mismas políticas estructurales de ajuste, reformas legales, flexibilización de derechos y asalto a los bienes comunes, de la misma manera que la confrontamos cuando se instauraron las políticas neoliberales.

 

En el contexto de la re-significación de las luchas y de la necesidad de enfrentar juntos a la crisis ambiental real, es urgente reflexionar en articulación con amplios sectores de la sociedad e, incluso, actores aliados. ¿Por qué este “verde”, no es tan verde como se presenta?, sin dejarnos caer en la trampa del reciclaje del discurso hegemónico sobre el desarrollo y el crecimiento. En esta ruta, la denuncia y la resistencia al salto hacia la financiación y captura del capital natural, es un reto de imperativa urgencia, así como en el horizonte de movilización y construcción de alianzas, está la construcción de una verdadera transición ecológica y energética, central e ineludible, como reto para superar el capitalismo.

 

Para hacer frente a esta tarea, está en nuestras manos la defensa y promoción intransigente de los bienes comunes y la construcción continua de formas comunales de gobernanza. Nos toca interpelar a nuestros Estados y gobiernos en términos de cómo están actuando para “comunalizar”, refrendar y asegurar los bienes comunes y las practicas alrededor de estos. Necesitamos asegurar que los bienes comunes sean como un antídoto, como una idea fuerza, que sustente una narrativa nuestra, capaz de vincular las practicas emancipadoras que existen, que resisten y que toman forma en el cotidiano, y que las afirmen como un modo de producción capaz de suplir las necesidades para el bienestar, pero, sobre todo, para el Buen Vivir, más allá del desarrollo[97].

 

 

Este análisis crítico, deconstructivo, del discurso del capitalismo verde, es minucioso en el desmontaje de los argumentos vertidos por los organismos internacionales y los “ideólogos” de este diagrama de poder financiero. Nos sitúa en el contexto mundial actual, recorrido por estos dispositivos de dominación correspondientes a la forma más abstracta del capitalismo, la relativa a la especulación financiera. Camila Moreno ha mostrado al detalle los métodos y procedimientos, los conceptos, las tesis, los cálculos, de este despliegue global “verde”, que funciona como mega-gigantesca red que busca atrapar al planeta como si fuera una corriente de peces y especies comerciales.

Puntualizando, se trata de una nueva narrativa del poder, no solamente legitimadora del modo de producción capitalista, sino, sobre todo, del modelo inherente, el extractivista colonial. También se trata de la mercantilización de todo ser y de todo ciclo vital; la extensión inaudita del mercado más allá de las mercancías, propiamente dichas. Abarcando las extensiones y los nichos de la vida, incluyendo sus lugares infinitesimales. Claro que no pueden imaginarse abarcar los espesores del tejido del espacio-tiempo de la plural y proliferante vida, pues su ciencia es plana, no puede, está imposibilitada, de pensar, concebir y moverse con soltura por esta textura curva.

Siguiendo con la puntualización, el capitalismo verde es una falsa solución o una solución tramposa. Es más de lo mismo; estamos ante un capitalismo multicolor, un capitalismo camaleón. Continua en la misma economía política, la de la bifurcación ente valor de uso y valor abstracto, apropiándose de la energía cristalizada en el valor de uso, representando esta apropiación, esta privatización del trabajo colectivo y del intelecto general, en la métrica aritmética de la valorización abstracta. Expande esta privatización a los bienes comunes, incluso más allá, sugiriendo capturar la energía dinámica de la vida, buscando apropiarse de los organismos y ciclos vitales, representando esta apropiación en la cuantificación de la contabilidad verde.

Por otra parte, el discurso del capitalismo verde es cínico, pretende vender los desechos que el mismo capitalismo ha provocado; agua contaminada, aire contaminado, tierra esterilizada. Las víctimas de las atrocidades del capitalismo tienen que escuchar estos comerciales; se persigue convencerlas de las bondades de este mercado bursátil de lo común, de lo que es accesible directamente, que forma parte de los ciclos de la vida. Es una nueva versión de la expropiación de lo común por parte de lo privado y de lo público, de estas empresas encargadas de engullir energía, engullir vida, transformándolas en productos despojados de vitalidad, transformándolas, ahora, con el capitalismo verde, en servicios ambientales.

La convocatoria de Camila Moreno es apasionante. Hay que volver a luchar como lo hicimos antes, contra las dominaciones multiformes del capitalismo cambiante en su propia historicidad. La potencia de la vida contra el bio-poder.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Geopolítica de captura de los ciclos vitales

Capitalismo camaleón

 

 

 

El capitalismo multicolor, camaleón es un ensayo que comenta el análisis crítico de Camila Moreno Las ropas verdes del rey. La economía verde: una nueva fuente de acumulación primitiva. El análisis crítico pasó por la revisión de Miriam Lang, Claudia López y Alejandra Santillana, quienes aportaron y comentaron el ensayo. En la versión publicada se tiene una redacción más prolija, hay ciertas modificaciones de orden de la exposición, además de incorporar algunas reflexiones y análisis sugerentes. Sin embargo, el ensayo, en su segunda versión, enriquecido, no ha cambiado sustancialmente. Las principales consideraciones, los enunciados ejes, las tesis críticas, tal como se expusieron en la primera versión, se mantienen. Ahora pasaremos a completar nuestro anterior comentario, tomando en cuenta los aportes de la segunda versión, que además ha sido publicado en el libro Alternativas al capitalismo del siglo XXI[98].

 

 

La historia del capitalismo verde, si se puede hablar de historia, cuando se trata, más bien de una historia reciente, nos remite, en su nacimiento, a la constatación por parte de los gobiernos centrales de los efectos nocivos y peligrosos de la acumulación de gases de efecto invernadero, los cuales contribuyeron a ocasionar el llamado cambio climático. Es el gobierno de Tony Blair quien invita a los países emergentes a la reunión del G 8, que se llevó a cabo en Escocia, en 2005. Se tuvo la expectativa de que la reunión contribuiría a formar un grupo más representativo, inyectando ímpetu renovado a la ronda de Doha sobre las negociaciones de comercio (OMC), y logre una mayor cooperación sobre el tema de cambio climático[99]. Como resultado del encuentro, los países del grupo G8+5 emitieron un comunicado conjunto, en el camino de construir “un nuevo paradigma para la cooperación internacional en el futuro”. En consecuencia, el G8+5, Climate Change Dialogue (Dialogo sobre el cambio climático), propuso la organización de una reunión en el año siguiente, en febrero de 2007, en Washington, Estados Unidos de Norteamérica. Allí, los países se comprometieron en un acuerdo no vinculante para cooperar con el cambio climático[100]. En este encuentro se elaboró el proyecto para una Green Economy Initiative (Iniciativa para la economía verde) de las Naciones Unidas, contando con el financiamiento de la Unión Europea, Alemania y Noruega. En este contexto de la iniciativa, emerge la propuesta para un Global Green New Deal (Nuevo acuerdo verde global), cuyo trabajo estuvo encabezado por el PNUMA y lanzado en medio de la crisis financiera de 2008[101].

 

Como se puede observar la economía verde es una propuesta de los países del norte, en colaboración de las potencias emergentes. No es una demanda del sud. Esta ubicación del nacimiento de la propuesta indica el lugar de donde se genera una geopolítica, que vamos a llamar de definición de los nuevos dominios delimperio, dominios que no se encuentran bajo el control de los dispositivos de poder del capital. Esto es, lo que llama el discurso del capitalismo verde los servicios ambientales. El capitalismo controla los recursos naturales, las reservas minerales e hidrocarburíferas, además de otros recursos, que se han convertido en estratégicos, como los recursos vinculados a otras fuentes de energía.  Sin embargo, los dispositivos geopolíticos del capitalismo vigente saben que no controlan los cursos, los ciclos; por ejemplo, los cursos y ciclos del agua y del aire. Hay como una consciencia geopolítica de que el agua se ha convertido ya en un recurso estratégico, que debe caer bajo el control de los dispositivos económicos, políticos y normativos del capital. Se hace evidente entonces que las potencias del norte, en colaboración con las potencias emergentes, se proponen la captura de los cursos y ciclos vitales, incluyendo los ciclos de los suelos, sobre todo aptos para la agricultura. En este sentido, hay como una consciencia de que los alimentos, aunque no sean recursos naturales, tal como los entiende la economía, pues son sembrados y cultivados, se han convertido en bienes estratégicos. Nuestra hipótesis política es la siguiente: El imperio, el orden de poder mundial, se propone una nueva era de ocupación, captura y dominio sobre los cuerpos y sus ciclos vitales. Se trata de una nueva forma de conquista y colonización.

 

Se presenta este proyecto de poder bajo un barniz edulcorante, usando un discurso propositivo en términos de la financiarización de los servicios ambientales, discurso reconocido como del capitalismo verde. En realidad, hay como dos planos de esta geopolítica. Se puede observar que el discurso de la economía verdefunciona como una máscara, oculta el proyecto geopolítico de neo-colonización, en las formas sofisticadas de los mecanismos financieros, acompañadas por el uso instrumental de las tecnologías de punta. Sin embargo, el discurso del capitalismo verde no es solamente máscara, es también un instrumento apropiado para iniciar el avance, la apropiación, de los bienes comunes, despojando a las sociedades, a las comunidades, a los pueblos, de sus recursos vitales. Estamos entonces a las puertas de una nueva conquista y colonización, de un nuevo despojamiento y desposesión, a escala planetaria, con características de ocupación sofisticada, combinando capturas virtuales y financieras, con posesiones y apropiaciones materiales.

 

Si este proyecto logra avanzar en sus primeras etapas, si logra agrupar y cohesionar al grupo de países comprometidos, en este núcleo de poder, en este núcleo estratégico, la inmensa mayoría de los pueblos se verán sometidos, indefensos, ante la violencia descomunal que se proyecta desatar.

 

Por lo tanto, la discusión no solamente radica en las trampas que encierra laeconomía verde, sino también en el proyecto geopolítico oculto, que es el eje principal de semejante operación a escala mundial. Las guerras policiales desatadas, como parte de la guerra infinita contra el terrorismo, a nombre de los derechos humanos, exaltando confrontaciones culturales, quizás sean como las primeras maniobras en el sentido de una ocupación global del planeta, por parte de las potencias que conforman el imperio.

 

Las resistencias y las luchas de los pueblos del mundo contra semejante proyecto geopolítico neo-colonial, si van a proyectarse, tienen que constituirse como bloque-histórico-político-cultural-plural, como una coordinación mundial de las resistencias y las defensas de la vida, cuanto antes.  No se puede perder tiempo en diferencias secundarias, que pueden resolverse o no en consensos y en las discusiones; lo importante, lo imprescindible, es lograr la cohesión de los pueblos, que se encuentran efectivamente amenazados por el descomunal poder acumulado, la descomunal disponibilidad de fuerza, de los dispositivos de dominación controlados por la híper-burguesía que domina el mundo.

 

En este segundo comentario al ensayo de Camila Moreno, proponemos un desplazamiento del análisis, sin dejar, de ninguna manera, lo que se recogió en el primer comentario al ensayo, aquella deconstrucción del discurso del capitalismo verde, dicho con los propios términos de la autora. El desplazamiento analítico consiste en orientar la crítica al develamiento de esta geopolítica de captura y ocupación imperial de los ciclos vitales, a la geopolítica de conquista y neo-colonización, en los términos que permiten las tecnologías contemporáneas.

 

 

Ahora bien, como dijimos en otro texto[102], la geopolítica es un plan de dominación del espacio; no es una materialidad efectiva, no es que la dominación espacial acontezca, como por arte de magia, como realización de la geopolítica. La geopolítica enfrenta resistencia, luchas sociales, obstáculos materiales de los espesores territoriales, además de las dinámicas moleculares sociales alterativas. La geopolítica como plan de dominación espacial se enfrenta al espacio-tiempo efectivo, que sí está plasmado, se enfrenta a las geografías humanas, sociales, culturales.

 

Es más, las geopolíticas están vencidas de antemano por las geografías efectivas. No pueden con el acontecimiento geográfico-territorial-social. Tienen que buscar someter el espacio empleando la descarga inaudita de la violencia estatal, aplicada en dimensiones gigantescas. Lo que implica no solo un gran esfuerzo estatal, sino también exige su sostenimiento en el tiempo. Es posible, como ha ocurrido en la historia política de los estados, que se logre ocupar estratégicamente determinados lugares considerados nucleares, de acuerdo a la perspectiva geológica. Empero, esta ocupación no corrobora la dominación completa del espacio, tenido como materia y objeto de poder. La geopolítica es una de las herramientas más elaboradas de la planificación de la dominación; sin embargo, lo que expresa, de manera exagerada es la pretensión de la racionalidad instrumental, usada para efectos geopolíticos, de realizarse absolutamente. Esto no es más que una pretensión. Para ilustrar, diremos que se trata de una geopolítica que se oriente en el plano, mientras la geografía efectiva, social y cultural, se manifiesta y desenvuelve en espesores dinámicos.  La geopolítica está lejos de comprender la complejidad.

 

El hecho de que todavía haya gente que sigue jugando a la geopolítica muestra la persistencia de un perfil psicológico, perfil paranoico del gran patriarca, del gran déspota, que se multiplica, distributivamente, en los equipos de burócratas y militares, que se consideran estrategas y estadistas. Esta gente, que sigue jugando a las guerras, es un resabio de otras épocas. Sin embargo, no dejan de ser peligrosos, pues empujan a desenlaces fatales.  Que todavía aparezcan dirigiendo, gobernando, aconsejando, administrando, manejando fondos, sobre todo de los estados considerados potencias, las emergidas y las emergentes, ocurre porque los pueblos del mundo dejan que lo hagan. Cuando los pueblos del mundo se liberen del fetichismo del poder, del fetichismo institucional, del fetichismo de la mercancía, tendrán que terminar con estos juegos de guerra, con estos juegos de dominación.

 

 

 

La geopolítica que está detrás del capitalismo verde, la que hemos llamadogeopolítica de captura de los ciclos vitales, forma parte de esta herencia de las estrategias de dominación. Que sus herramientas sean más sofisticadas no la sacan de este cuadro, ya de museo, de los arsenales de estrategias bélicas. Lo sorprendente de esta geopóltica son sus objetivos, que podemos resumirlos en dos: 1) Lograr, mediante la financiarización de los servicios ambientales, el “desarrollo” y el crecimiento económico, además de mantener o incrementar las tasas de ganancia; y 2) controlar y administrar los ciclos de la vida de una manera racional-instrumental.

 

Este optimismo positivista es patético. La naturaleza se convierte en la empresa inicial, además del capital natural; por lo tanto, se puede actuar administrativamente en esta empresa originaria y distribuir racionalmente la gestión de las inversiones, aprovechando el capital natural. La representación del mundo que tiene esta geopolítica es la de un mundo estructurado por la competencia y la concurrencia de capitales. Es el mundo cuantitativo de la aritmética de la acumulación de capital. Quizás en la historia de los saberes, sobre todo en la historia de los instrumentos de estos saberes, no haya habido tanta fe, tanto apego a la seguridad que brindan las herramientas de medición y el imaginario de poder que les acompaña. Estos sacerdotes positivistas tienen la gran desventaja de no contar con la incertidumbre que acompañaba a los monjes y sacerdotes antiguos, portadores de la verdad religiosa. Su mundo representado, es decir, el mundo reducido a la representación de la medida, es una figura geométrica vacía; solo sus bordes, sus planos, sus aristas, dan cuenta, como en una medusa, que algo existe. En todo caso esta figura está lejos de las geometrías no-euclidianas.

 

¿Controlar los ciclos vitales? Ciertamente manipulan genéticamente, han inventado semillas mulas, que no se reproducen de manera espontánea, aseguran que cuentan con semillas resistentes a plagas, a climas adversos. Todo esto no solo puede ser, sino que es, efectivamente, ocurre. Sin embargo, esto no es controlar los ciclos vitales. Pueden intervenir en estos ciclos, pueden terminar, incluso, de formar parte de los mismos; empero, no pueden jamás controlarlos.  En primer lugar, las sociedades humanas, los dispositivos de poder, en contraste, con los dispositivos creativos de la potencia social, forman parte de los ciclos vitales. Estas ciencias operativas, esta racionalidad instrumental, estas tecnologías de punta, forman parte de los ciclos vitales. Los ciclos vitales se encuentran más acá y más allá de la mirada humana. Pueden comprender, mejorar la comprensión, elaborar teorías, cada vez más complejas, puede participar de mejor manera en los ciclos o, si se quiere, si no aprenden y apuestan a la destrucción, pueden participar afectando los ciclos vitales. Pero, no pueden controlar las complejas, múltiples, dinámicas, en distintos niveles, de los ciclos vitales, que se despliegan en los tejidos del espacio-tiempo. Esta pretensión es un delirio paranoico, la obsesión de convertirse en Dios, otra criatura humana.

 

 

Entonces, ¿qué hacen estos geopolíticos, estos financistas? ¿Cuál es el alcance de sus operaciones? La sobreproducción, la sobreacumulación, que repercute en la excesiva disponibilidad dineraria, que no saben cómo utilizarla, ni dónde invertirla rentablemente, los lleva a inventarse modos y maneras de circulación de capitales. La economía vede ya funciona como parte de los aparatos económicos capitalistas, como parte del conjunto de mecanismos que hacen al modo de producción capitalista y al sistema-mundo capitalista. Han logrado destinar parte del exceso de grasa hacia una circulación especulativa; especulación financiera que se representa en acciones como la compra de retención de carbono, acciones como capturar carbono, disminuir los gases de efecto invernadero; que se representa en la propósito de la captura financiera de bosques, de territorios, de cuencas; que se representa en el afán de la captura de actividades orgánicas como la polinización. Lo que han logrado estas operaciones financieras y geopolíticas es hacer circular el capital, que dice que responde a una buena asignación; sin embargo, las incongruencias, las contradicciones, del sistema-mundo capitalista se mantienen. Las causas de la contaminación, depredación, destrucción de ecosistemas, persisten. Lo de la buena asignación solo está en la cabeza de estos estrategas de las finanzas, de estos estrategas de las geopolíticas de la dominación.

 

 

 

 

Caracterizaciones y descripciones

 

Los gobiernos progresistas en su laberinto

 

 

 

En adelante haremos descripciones de los contextos y coyunturas, diferenciales y análogas, en los que se encuentran los gobiernos progresistas.

 

En Genealogía de la dependencia escribimos:

 

En lo que corresponde al balance de las rutas desarrollistas contemporáneas, sobre todo en lo que respecta a las llamadas potencias emergentes, es aleccionador leer a Francisco de Oliveira cuando hace un análisis ilustrativo de lo que ocurre con la potencia emergente de Brasil[103].  El autor de El neo-atraso brasileño propone dos hipótesis interpretativas; una, que por un lado fueron las actividades rurales de subsistencia, el trabajo informal y la precarización de los salarios los que subsidiaron el crecimiento de la industria y los servicios. La segunda hipótesis se refiere a la emergencia de una nueva burguesía compuesta por técnicos, economistas y banqueros, núcleo duro del Partido de los Trabajadores (PT). Ambas condiciones determinan la identidad paradójica que adquiere el capitalismo periférico en esta parte del mundo, aquí el capitalismo se financia con la explotación de los trabajadores, en tanto que el progreso sucede siempre en otro lugar, allí donde se produce la ciencia y la tecnología de punta, en el centro del sistema-mundo capitalista.

 

Este balance es contundente, no hay desarrollo en las potencias emergentes, por lo menos entendiendo a este fenómeno de una manera integral, sino neo-atraso, repitiendo las condiciones perversas de este rezago. El desarrollo de las fuerzas productivas deja en la ruina a una parte de la humanidad, el subdesarrollo aparentemente deja de existir, no así sus calamidades, el trabajo informal, el mismo que se transforma en un indicador de la desagregación social. Lo que se produce son modernidades heterogéneas y de contrastes. Por un lado, centros urbanos que imitan el iluminismo edificado de las urbes del norte, burguesías articuladas a las redes del capital financiero, por lo tanto que forman parte de la misma burguesía globalizada; por otro lado, incluso en las mismas ciudades, cordones, espacios, amplias zonas de marginamiento y economía informal, incluso ilícita. Grandes mayorías discriminadas. En las potencias emergentes se ha dado lugar a la emergencia industrial, que no es otra cosa que el desplazamiento de la desindustrialización del centro del sistema-mundo capitalista, que ha optado por tecnología de punta, transfiriendo tecnología obsoleta a las llamadas potencias emergentes. En estos lugares se ha dado lugar a la formación de nuevas burguesías, que no tendrían nada que envidiar a las burguesías del norte, sobre todo en lo que respecta a su opulencia; empero este esplendor se construye sobre la base del marginamiento, la informalización de las grandes mayorías explotadas y dominadas, que habitan las zonas, los espacios del neo-atraso y la pobreza repetida descomunalmente. La emergencia de las potencias se basa en la destrucción devastadora de la naturaleza, la ampliación de la frontera agrícola, el uso de los transgénicos. De esta manera los costos de este progreso son demasiado altos como para hacerlo sostenibles.

 

No hay pues destino con el desarrollismo, tampoco con el neo-nacionalismo.  Lo que hacen, en el mejor de los casos, en el caso de las potencias emergentes, es volver a modificar los términos de intercambio en las lógicas de acumulación del capital, modificar su participación en la estructura mundial de dominación capitalista. Por eso, podemos volver a decir, que los nacionalismo están mucho más cerca de las ilusiones liberales criollas y gamonales que de los proyectos emancipatorios y libertarios de los movimientos sociales, naciones y pueblos indígenas originarios. Están más cerca de repetir las formas coloniales, las del colonialismo interno, también las reiteradas cadenas de la dependencia, que de lograr construir las soberanías plurales que requiere un mundo alternativo de autodeterminaciones, auto-convocatorias, de participaciones sociales y ejercicios plurales de la democracia. Si bien los nacionalismos heroicos forman parte de la historia de las luchas, pretender repetirlos en los ciclos contemporáneos del capitalismo es apostar en una repetición burda y cómplice de las formas de acumulación mundial capitalista por despojamiento[104].

 

 

Brasil

 

Lo que acabamos de recoger, comentando el sugerente e iluminador libro de Francisco de Oliveira, titulado El neo-atraso brasilero, y cuya metáfora interior es la figura aglomerada del ornitorrinco, es la caracterización que vamos a manejar para referirnos, en general, a los países de los gobiernos progresistas, aunque esta caracterización no solamente sea válida para estos países sino para el conjunto de los países del continente, que forman parte de la geografía móvil periférica, semi-periférica y central, incluso en las condiciones de BRICs, como es el caso de Brasil. Francisco de Oliveira usa la metáfora del ornitorrinco para configurar el llamado desarrollo brasilero; el autor escribe:

 

Altamente urbanizado, con poca fuerza de trabajo y población en el campo, aunque sin ningún residuo pre-capitalista; por el contrario, con presencia de un fuerte agrobusiness. A esto se suma un sector completo de la segunda revolución industrial, avanzando titubeante por la tercera revolución, la molecular-digital o informática. Por un lado, una estructura de servicios muy diversificada – sobre todo cuando está ligada a los estratos de altos ingresos que, en rigor, son más ostensiblemente perdularios que sofisticados – . En el otro extremo, una estructura muy primitiva, ligada directamente al consumo de los estratos pobres. Posee también un sistema financiero todavía atrofiado pero que, precisamente por la financiarización y el aumento de la deuda interna, acapara una gran proporción del PIB[105].

 

Comentando el análisis y la caracterización que hace Francisco de Oliveira, en el libro citado, escribimos:

 

Francisco de Oliveira visualiza la recreación y expansión de la informalidad, la mantención del crónico desempleo, el encubrimiento del subempleo, como formas de articulación y subvención a la acumulación de capital, formas completamente articuladas y funcionales a los sistemas de industrialización e incursión en la tecnología molecular-digital. Combinaciones que forman parte de esa complementariedad y recreación violenta entre la forma de acumulación ampliada y la forma de acumulación originaria por despojamiento. Todo esto atravesado por un sistema financiero que cubre el funcionamiento económico, succionando las esferas y los circuitos económicos a la lógica de la financiarización, que empuja al uso especulativo del capital financiero. Produciendo entonces un endeudamiento externo e interno que caracterizan a las actuales economías dependientes, llamadas emergentes. Este ornitorrinco económico y social se sostiene sobre la extensa base de la diferenciación social excluyente y marginada de la distribución de la riqueza y el excedente, que se concentran desproporcionalmente en la minoría poblacional de empresarios privilegiados por el monopolio y el apoyo estatal, a la que se suman las clases medias beneficiadas por la expansión de los servicios e impulsadas al consumo. La gran mayoría de la población está condenada a vivir en los márgenes de esta modernidad, pasando de ser el ejército industrial de reserva a la masa gigantesca de trabajadores informales, proletariado nómada y habitante de los barrios prohibidos.

 

Se trata del reino de la informalidad, el desvanecimiento del salario, del adelanto del costo de producción.

 

“La tendencia moderna del capital es suprimir el adelanto: el pago a los trabajadores pasa a depender de los resultados de las ventas de los productos-mercancía. En las formas de tercerización del trabajo precario, y en lo que – entre nosotros – se continúa denominando “trabajo informal”, éste es un cambio radical en la determinación del capital variable. Así, aunque parezca extraño, los rendimientos de los trabajadores pasan a depender de la realización del valor de las mercancías, lo que antes no ocurría. En los sectores todavía dominados por la forma salario, sigue en pie la anterior modalidad, tanto es así que la reacción de los capitalistas es des-emplear la fuerza de trabajo. El conjunto de los trabajadores es transformado en la suma independiente de un ejército de activos y de reserva, que se intercambia no de acuerdo con los ciclos de negocios, sino diariamente”[106].

 

Esto es, se produce la suspensión de la producción, de la valorización de la producción, por lo tanto de la valorización del tiempo socialmente necesario del trabajo. Lo que se hace, sobre la base de su ocultamiento, es abrir nuevamente las temporalidades de la súper-explotación, así como del dominio absoluto de la circulación y el mercado, obligando a la gente al sacrificio y a la donación de sus vidas en aras de la realización de la ganancia. Suspendiéndose con esto los derechos conquistados en la historia de las largas luchas sociales. Desde entonces ya no se trata de los derechos, tampoco del sujeto de los derechos, sino de la realización descarnada de las ventas y de los resultados del sistema. Se vive entonces la dramática experiencia de la precarización, de la fragmentación, de la dispersión y la diseminación de las formas de vida y de las formas de organización. La realización de las súper-ganancias, la construcción deslumbrante de las grande urbes metropolitanas, la conformación de barrios de ensoñación y oasis paradisiacos, contando también con los moles comerciales y de consumo para las clases medias, sólo se pueden dar si al mismo tiempos se transfieren los costos de la magnificencia a extensas zonas suburbanas, a expansivos entornos de miseria, a favelas interiores o ruralidades vaciadas y detenidas en el tiempo. El costo no sólo se materializa en los perfiles de la marginación y la exclusión, sino también en la conformación de mundos paralelos y periféricos[107].

 

En relación a las últimas movilizaciones dadas en Brasil (junio-octubre 2013), de usuarios, de jóvenes y estudiantes, contra el incremento de los pasajes, el mal servicio y las descomunales inversiones en la infraestructura del mundial de futbol,  Pablo Ortellado, en Os protestos de junho entre o processo e o resultado[108], escribe:

 

Las protestas de junio dejan dos legados opuestos: por un lado, a la explosión de manifestaciones con reivindicaciones difusas y sin contar con orientación en la consecución de resultados; por otro lado, la lucha contra el incremento de tarifas del pasaje de transporte, lucha efectuada por el Movimento Passe Livre (MPL), lucha que expresa un profundo sentido de táctica y estrategia.

 

Durante los momentos finales de la campaña contra el incremento de los pasajes, la lucha fue tomada por asalto por la proliferación de reivindicaciones. Cuando el incremento fue derogado, la agitación quedó como desprovista y la difusión de reivindicaciones proliferantes se apoderó, a la vez, del proceso. Estableciéndose un activismo procesual muy poco orientado a conseguir resultados. En relación a fenómenos semejantes en otros países, lo acontecido fue más lejos: no se trata de la dificultad de encontrar un objetivo viable común, como ocurrió en la ocupación de Wall Street o como aconteció con el 15M español, sino de la incapacidad de encontrar un horizonte ideológico común, aunque éste sea vago. La ausencia de orientación política, donde el movimiento se consumió en problemas procesales, principalmente en los relativos a los modos de lucha. Es por esta razón que los debates que se dieron a finales de 1990 en torno de Black Bloc resurgieron con toda fuerza, ahora en la forma de discusiones sobre los límites entre una respetable y cívica movilización ciudadana y una criminalizada acción de vándalos. Sin objetivos claros, los procesos fueron discutidos en clave principista y sin referencia a sus resultados. En relación a este aspecto, junio fue el mes en el cual explotó una indignación difusa, que es un enigma a ser descifrado por la gran narrativa y sus analistas.

 

La estrategia del Movimento Passe Livre (MPL) es el resultado de una acumulación de experiencias y aprendizajes de las luchas sociales demandantes.

 

En el año 2003, los estudiantes de Salvador bloquearon las calles de la ciudad para protestar contra el aumento de los pasajes de ómnibus. La movilización fue espontánea y horizontal, sin embargo, carecía de personas o grupos de referencia legitimados por el movimiento para hacer de interlocutores con el poder público. En ausencia de esas referencias, la UNE hizo este papel y terminó subordinando, a la manera leninista, las reivindicaciones de los estudiantes por la reducción del precio de los pasajes en su agenda partidista. El MPL aprendió de esta experiencia, tomó conciencia que era preciso que el movimiento tuviese una expresión política propia, al mismo tiempo horizontal y contraria al aumento – en otras palabras, que estuviese de acuerdo con su proceso y su propia meta.

 

El MPL aprendió de la experiencia y se desenvolvió en la lógica inmanente de las lucha de los jóvenes y estudiantes contra el incremento del costo de los pasajes. La evolución de la lucha por rebaja de los pasajes, durante los años 1980, a la lucha por el “passe livre estudantil”, durante los años 1990, y desde aquí, hacia la lucha contra el incremento del precio de los pasajes, durante los primeros años del siglo XXI, revelan una lógica de lucha orientada a la ampliación de derechos que, debidamente interpretada, apunta a la tarifa cero y a la des-mercantilización del transporte para todos. Esta concepción no fue impuesta por un programa leninista externo, sino que fue extraído de la propia lucha autónoma de los estudiantes.

 

Las lecciones aprendidas, en lo que van diez años del movimiento social, permitieron al MPL una notable combinación estratégica y táctica entre valorización del proceso y orientación al logro de resultados. Por un lado, el movimiento supo preservar y cultivar la lógica horizontal y contracultural, que se dio tanto en la lucha de los estudiantes contra el incremento, como en el movimiento contra la liberalización económica, de donde proceden muchos de los militantes. Por otro lado, el MPL supo establecer, de manera táctica, una meta objetiva factible: la derogación del incremento. Esta meta parece “corta”, sin embargo, no lo es, en la medida, que se encuentra ligada a la meta más ambiciosa  de transformar un servicio mercantil en derecho social universal.

 

El antecedente de la derogación del incremento o de reducir el precio de los pasajes por la primera vez aconteció en Florianópolis en el 2004 y en São Paulo en el 2013. El objetivo de la reducción se re-direccionó de la lógica de la tarifa, ampliándose hacia una reducción creciente, tendiendo al límite lógico de la tarifa cero. Al conquistar la derogación del incremento, la reivindicación de la tarifa cero fue inmediatamente lanzada en el corazón del debate político. La doble victoria de reducir el costo de los pasajes y llevar al centro del debate político la reivindicación de la tarifa cero, por medio de una acción autónoma, contando con una estrategia clara, es el más importante legado de las protestas de junio. Este legado no llega a ser un nuevo paradigma de las luchas sociales del Brasil, sin embargo, es ya un modelo de acción que combina la forma política horizontal y contracultural de los nuevos movimientos, contando con un maduro sentido de estrategia[109].

 

 

¿Cómo podemos desentrañar las jornadas que desde junio de 2013 conmueven Brasil? ¿Son revueltas contra el capitalismo de Estado, contra la burguesía sindical formada por el PT en el poder, contra esta renuncia expresa a la política de la luchas de clases, optando por la administración de los fondos de pensiones[110], la participación como sindicalistas en los puestos claves directivos, no solo del gobierno, sino de los fondos, de los bancos, de las empresas, impulsando a las gigantes empresas brasileras a competir en el mundo con sus homologas? ¿Es una rebelión de los jóvenes, de los estudiantes, de los usuarios y consumidores, es decir, de una parte de las mayorías del pueblo y de la población, una parte que no participa de los entornos e irradiaciones ondulatorias de esta élite sindical? ¿Se trata del levantamiento de los nuevos marginados de estas grandes urbes y metrópolis, completamente articuladas a los flujos y retroalimentaciones del capital financiero? Nuevos marginados decimos, pues se trata de clases medias afectadas, en contraposición del proletariado beneficiado por la política de democratización y moralización del capital, orientado por Luiz Inácio Lula da Silva; un proletariado beneficiado por el “desarrollo”, el crecimiento económico, por su participación en la dirección y beneficios de las empresas, por su participación en la estrategia de los fondos de pensiones. ¿Se trata de una nueva contradicción, como fenómeno del capitalismo tardío, donde se enfrentan sectores sindicalizados, organizados, con influencia e intervinientes en el poder,  aburguesados, contra sectores sociales atomizados, fragmentados, diseminados, sin influencia, alejados del poder, restringidos a los avatares de las exigencias de la cotidianidad, como la del transporte y sus costos? ¿O son problemas del propio crecimiento de una potencia emergente, que no puede llevar a todos sus habitantes, a todos sus pobladores, a todos sus estratos sociales, de la misma manera, otorgándoles beneficios similares, y al mismo tiempo? Por último, ¿se trata de una nueva generación de luchas, de movimientos sociales anti-sistémicos, que se caracterizan por su compacidad horizontal, sin estructuras jerárquicas, sin considerarse vanguardias, que ejercen resistencias contra-culturales y contra-hegemónicas, como interpreta Pablo Ortellado? Estas son las preguntas que colocan en la mesa estas jornadas de movilización de los indignados brasileros.

 

El 2010 las llamadas clases medias engrosaron ampulosamente la estructura social, con la entrada al estrato social de 30 millones de personas, en movilidad social, constituyendo ya el 50% de la población. Se estima que para el 2014 las clases medias lleguen a conformar el 56% de la población, sumando 113 millones de personas[111]. A propósito de esta movilidad social, Raúl Zibechi anota que: en tanto los sectores más pobres llegarían a ser por primera vez en la historia del Brasil menos de un tercio de la población. Sólo estos datos nos muestran transformaciones de la sociedad, de su estructura social, de su perfil, de su contenido de clase. No se puede negar, con estas descripciones, que los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva impactaron positivamente en estas transformaciones sociales, no se puede negar los efectos del gobierno progresista en la redistribución del ingreso, como afirma Boaventura de Sousa Santos[112]. Ciertamente; empero, en contraste, tenemos la elocuencia cualitativa de la movilización social en las ciudades. A esta situación contrastante, debemos añadirle la resistencia de los pueblos indígenas a las macro-hidroeléctricas, que destruyen sus territorios, que dañan el medio ambiente, que contaminan y depredan los ecosistemas, que afectan las cuencas de los ríos.

 

Partamos coincidiendo con Pablo Ortellado, que estamos ante un modelo de acción que combina la forma política horizontal y contracultural de los nuevos movimientos, contando con un maduro sentido de estrategia. Se trata de la manifestación, el despliegue y la expresión de los nuevos movimientos sociales anti-sistémicos, sobre todo de aquellos que se han caracterizado como de los “indignados”, aunque los mismos sean variados y distintos, no sólo debido a sus contextos, la razón por la que estallan, así como por sus historias políticas propias. Las movilizaciones brasileras no estallan exactamente debido a las consecuencias dramáticas de la crisis financiera, como en Europa, sino que estallan como parte de una lucha, que ya cuenta con su propia historia, por la ampliación de derechos, que podemos llamarla profundización de la democracia. Estalla como parte de las contradicciones de una potencia emergente, así como también como parte de las contradicciones de los procesos de cambio, de los que forman los gobiernos progresistas de Sud América.

 

La ruta escogida, la del desarrollo, la ruta ya transmontada por los llamados países desarrollados, la ruta de la revolución industrial, la ruta de la modernidad, la ruta por la que los gobiernos progresistas logran transformar la estructura social, sobre todo en Brasil y también en Venezuela, aunque también ha ocurrido, con menor intensidad en Ecuador, así como en Bolivia, es una ruta, en todo caso, problemática. Ciertamente esta ruta ha ocasionado el engrosamiento notable de la participación proporcional de las clases medias, aburguesando al sostén social de la nueva conducción estatal, sea sindicalista, como en Brasil, sea partidista, como en el caso de Venezuela, sea profesional, como en el caso de Ecuador, sea campesino, como en el caso de Bolivia; sin embargo, esta ruta desarrollista no parece ser la ruta apropiada, en la etapa actual del ciclo del capitalismo vigente. Lo que estas “revoluciones” han conseguido es, en el mejor de los casos, la modernización de la estructura social, apta ahora para el insaciable consumo. En esto se parecen, aunque considerando distintas escalas; se diferencian en sus nombres. Se nombran como “revolución” por la democratización y moralización del capital, en el caso de Brasil, como socialismo del siglo XXI, en el caso de Venezuela, como “revolución” ciudadana, en el caso de Ecuador, como “revolución” democrática y cultural, en el caso de Bolivia.

 

Los jóvenes que salieron a las calles, en el fondo, lanzando el mensaje implícito, dicen: por esa ruta no queremos ir, no estamos de acuerdo, queremos otros mundos alternativos posibles. Es mil veces más importante leer este mensaje que escuchar el discurso demagógico de los gobiernos progresistas, discurso, de por sí trillado y harto conocido. Ellos, los gobiernos progresistas, dicen: somos los representantes genuinos del pueblo, somos los libertadores del siglo XXI, somos la conquista, en el poder, de una historia de largas luchas sostenidas; no dejaremos que la “derecha” retorne. Cumpliremos con la estrategia definida, con la planificación del desarrollo. Este discurso patriarcal, fuera de dejar de lado la democracia participativa, atribuyéndose el monopolio de las decisiones, otorgándose el monopolio de la representación, de la legitimidad y de la violencia legítima, supone que ellos, los gobiernos progresistas, son de “izquierda”.

 

Sin embargo, todo depende de la perspectiva y el referente. Si hipotéticamente vemos de otro modo; por ejemplo definir qué “derecha” es el usufructuó del poder, el monopolio de la violencia y de la representación, el aburguesamiento por procedimientos burocráticos o financieros, entonces los gobiernos progresistas son la “derecha”, pues la “derecha” es un lugar en la estructura de poder, estructura espacial y temporal bio-social-económica-cultural. Entonces podemos concluir, que la “derecha”, mas bien, se ha mantenido, se ha preservado, cambiando de ocupantes, incluso metamorfoseándose, modernizándose, tecnificándose, democratizándose. Entonces lo que hace “derecha”, la función de “derecha”, es el lugar que se ocupa y el ejercicio que se cumple. El capitalismo contemporáneo no requiere de los perfiles de la vieja burguesía, personal, familiar, propietaria privada; de manera distinta, requiere de perfiles técnicos, altamente calificados, que se mueven por redes, que no requieren ser propietarios de empresas, sino gozar de grandes sueldos y jugosos beneficios, además de acceder a circuitos financieros y puestos de decisión estratégica. Como muestra el caso brasilero, la burguesía hoy, requiere de amplia base social organizada, para esto son buenos los sindicatos. Por lo tanto, se puede formar una burguesía sindical, cuando los sindicatos participan en el control de fondos, bancos y empresas[113]. Ciertamente, con esta experiencia se cae la teoría leninista; el proletariado, por lo menos la aristocracia obrera, puede llegar a conformar una burguesía o un estrato importante de la burguesía. Los explotados de hoy ya nos son los proletarios, por lo menos los proletarios sindicalizados, sino lo que llamaba Frantz Fanón, los condenados de la tierra. Por eso, seguir hablando de “derecha” e “izquierda”, no tiene mucho sentido, pues se deviene “derecha”, cuando se tiene el control del Estado.

 

La lucha de los indignados brasileros se hilvana, a su manera, con la lucha de los indignados del mundo, forma parte de las nuevas formas de protesta, de las nuevas causas de protesta, de las nuevas modalidades de protesta. Como dice Pablo Ortellado, estos movimientos no son del todo espontáneos, tienen sus estrategias, vienen de una acumulación de experiencias. Quizás la más cercana son las jornadas de Seattle, cuando grupos de activistas y movimientos anti-sistémicos se juntaron para boicotear la reunión del grupo que controla el mundo. Algunas de sus tácticas son reconocidas como anarquistas, sobre todo las calificadas de violentas, otras de sus tácticas corresponden a proyectos autogestionarios, auto-determinantes y autonomistas. La proximidad con los anarquistas es grande; se diferencian en los métodos de acción. Sobre todo se parecen en las formas organizativas horizontales, no representativas, no delegativas, contra-culturales y contra-hegemónicas. Lo que quieren impedir es que organizaciones de la izquierda tradicional, leninistas, usurpen las reivindicaciones de los movimientos, y terminen imponiendo mediaciones vanguardistas. Son ciertamente nuevos movimientos, nuevos modelos de movilización, cuyos objetivos no es la toma del poder, sino el desmantelamiento del poder, su deconstrucción y destrucción, creando formas autonomistas de gestión social, colectiva y comunitaria.

 

La tarifa cero, el concebir el transporte como un derecho, es reclamar lo común, frente a lo público y lo privado. El enfrentamiento entonces es claro. Las formas privadas y las formas públicas, aunque sean estas progresistas, socialistas, nacionalistas, populares, son formas del sistema-mundo capitalista, de la acumulación originaria y de la acumulación ampliada de capital. Todas estas formas, por más democráticas que sean, en sentido formal, reproducen la acumulación de capital, llamado eufemísticamente desarrollo. Si se quiere un mundo, o mundos, alternativo al capitalismo, cualquiera sea su forma, la forma Estado y la forma gobierno, se tiene que salir de la ruta del desarrollo. Desde esta perspectiva se hace indispensable la crítica radical a los gobiernos progresistas, el combate contra la ilusión del desarrollo.

 

El titubeo de los intelectuales de la “critica” sensata, que termina apoyando a los gobiernos progresistas, es manifiesto en este dilema. Se hallan más apegados al esquematismo maniqueo de “derechas” e “izquierdas”[114], se hallan atrapados en el mito institucional de que el referente privilegiado es el Estado y no la dinámica molecular social. La “crítica” sensata termina alimentando el imaginario estatal, el imaginario institucional, termina alimentando el fetichismo del Estado y el fetichismo institucional. Esta posición es conservadora pues se mantiene en el mismo campo político, en el mismo mapa político, que hay que desdibujar.

 

 

 

Bolivia

Bolivia parece una continuidad del Perú, tanto por la historia precolombina. Historia que tiene que ver con la conformación del Tawantinsuyo; lo que los estudiosos y los historiadores que derivan de los cronistas, conocen como incanato. Unos llamaron al Tawantinsuyo el “Imperio Inca”, sin nunca aclarar qué entienden por imperio, asimilando el término analógicamente a lo que la historiografía y ensayística consideró imperio, ateniéndose a la historia euroasiática. Historia que tiene que ver también con la historia del Virreinato del Perú, que administraba las tierras del interior, las sierras del Alto Perú. Bolivia también parece una continuidad de la Argentina, sobre todo por lo que acontece con el Virreinato del La Plata, así también con las vinculaciones de los guerrilleros charqueños con el ejército independentista de Belgrano, así como con el legendario caudillo gaucho Güemes. En la intersección de ambas geografías administrativas virreinales se encuentra lo que se denominó institucionalmente la Audiencia de Charcas, base geográfica y geopolítica de lo que va venir a ser Bolivia. Por último, también podemos decir, que Bolivia parece una continuidad del Paraguay, sobre todo por la historia de las misiones, principalmente jesuíticas, que son las que dieron un carácter propio, religioso, a la colonización del Chaco y la Amazonia; podemos hablar de esta continuidad a partir también de las continuidades geográficas y ecológicas, los parecidos de los asentamientos, remarcando la continuidad guaraní.

 

Ciertamente también, invirtiendo la perspectiva, viendo desde una mirada interior, se puede decir que, mas bien, el Perú parece una continuidad de Bolivia, sobre todo por las prolongaciones serranas y los condicionamientos geográficos de la Cordillera de los Andes; lo mismo podemos decir en lo que respecta a la Argentina, que es como una continuidad de Bolivia, remontándonos al acontecimiento constitutivo del entorno potosino y su irradiación económica y social, debido a los circuitos de la plata, los circuitos de la coca y los circuitos de los ponchos. De la misma manera podemos hablar de Paraguay, pues la inmensa geografía de las misiones abarcaba desde la Amazonia peruana hasta el Chaco paraguayo, pasando por Apolobamba, Moxos, Guarayos, los llanos, la Chiquitanía y el Chaco boliviano. No se trata de privilegiar ninguna de las perspectivas, en la interpretación de los parecidos y las analogías, sino de lograr una hermenéutica dinámica, de las dinámicas ecológicas, geográficas, poblacionales, sociales, económicas, políticas y culturales. Esta hermenéutica integral y dinámica es indispensable sobre todo con vistas a la integración continental.

 

Ahora bien, ¿se puede decir lo mismo respecto a Brasil? ¿La barrera lingüística se convierte en una barrera inexpugnable? ¿No podemos hablar de continuidad histórica, social, económica y política, a pesar de la evidente continuidad ecológica amazónica? Sería sorprendente afirmar esto cuando hablamos de la frontera más extensa que comparte Bolivia con Brasil. Para comenzar, descartemos la hipótesis de la barrera lingüística, pues la fluida actividad en la frontera nos muestra lo contrario, el “portoñol” y el bilingüismo se han convertido en los códigos transfronterizos. Sorprende que se diga esto contando también con una historia precolombina abundante en la proliferación de pueblos amazónicos, cuya estrategia comunitaria, social y espacial era, que a partir de un límite demográfico, el pueblo se divide, y siguen su curso en los recorridos acuáticos y terrestres de la Amazonia. Muchos pueblos nativos amazónicos y chaqueños se refugiaron en lo que hoy es Bolivia, pues correspondían a territorios del interior, de más adentro, ante el avance de los colonizadores portugueses. Sorprende también no aceptar continuidades entre Bolivia y Brasil, si contamos, de la misma manera, con las historias compartidas de las llamadas misiones, después por características similares de los asentamientos hacendados. El auge del caucho va provocar, en ambos países, la economía de la goma, además de la disputa por el control territorial de la siringa, llegándose así a la guerra del Acre, cuando Bolivia perdió el más grande desgajamiento geográfico. Hay pues continuidades entre Bolivia y Brasil, se vea desde una perspectiva u otra, interna o externa. Lo que pasa es que se ha investigado y escrito muy poco sobre estas continuidades. Es hora de hacerlo.

 

¿Qué se puede decir respecto a Chile? País con la que Bolivia tiene una frontera traumática, desde la guerra del Pacífico; conflagración perdida, que derivó en el desgajamiento más traumático de su historia, la pérdida de Atacama y de la costa del Pacífico. Claro que hay continuidades. Atacama fue territorio complementario aymara, fue parte de la geografía política de la República de Bolívar, que se cambió de nombre por Bolivia. La guerra del Pacífico enemistó a sus estados, pero no así, a sus pueblos. La exportación minera, la exportación petrolera, además de las otras exportaciones diversas, pasan por los puertos del norte de Chile; lo mismo ocurre con gran parte de las importaciones. Por otra parte, saltándonos a los escenarios culturales, últimamente hay una invasión folklórica boliviana a las ciudades del norte de Chile, donde las bandas orureñas son altamente cotizadas, acompañando las mimesis de la morenada, la diablada y la saya; jóvenes chilenos bailan entusiasmadamente estas danzas. Incluso en una interpelación de los estudiante movilizados, en las resientes revueltas estudiantiles, que luchan por una educación fiscal, des-privatizada y de calidad, han bailado frente a la policía la danza guerrera del tinku. Son estas continuidades las que deben preponderar sobre el recuerdo traumático de la guerra del Pacífico.

 

Bolivia, a pesar del imaginario institucionalizado, no está aislada; al contrario forma parte de bloques subcontinentales, de ecologías, de desplazamientos poblacionales, de características demográficas, de composiciones sociales, económicas, políticas y culturales, diversas, que, confluyen, en este interior íntimo, que son las territorialidades de adentro, donde el diablo perdió el poncho o el ángel perdió su virginidad. Ese lugar, que es como el “inconsciente” geográfico, si podemos hablar así, abusando de los términos, tanto relativos al psicoanálisis como a la ciencia del espacio. Este interior, estas tierras de adentro, es el lugar de archivo de la memoria social. Lugar también, donde los problemas no se resuelven, sino se guarecen, ante tempestades, esperando eternamente su resolución. Lugar, por último, donde la historia se encuentra en suspenso.

 

Se puede decir que Bolivia ha tenido de todo, compartiendo estas continuidades; señoríos aymaras, suyos, territorialidades y espesores culturales, ligados al incanato, pueblos itinerantes amazónicos y chaqueños, reducciones y fundaciones, intendencias, de la época de las reformas borbónicas, levantamientos indígenas, constitutivas de su historia, mestizajes variados, recuperación de las poblaciones indígenas, economías mineras, la de la plata y la del estaño, principalmente, economía del petróleo, economía de las haciendas, economía de la goma, sin olvidar la fugaz economía del guano y del salitre, que no supo retener en sus manos. Se conformó una burguesía minera, después una burguesía agroindustrial, fue asolada por caudillos militares, después sostuvo el peso de las burocracias liberales y de las burocracias nacionalistas.  Bolivia es andina, amazónica y chaqueña, además de haber sido atacameña, por el desierto de Atacama y la costa, que perdió en la guerra del Pacífico.

 

Con una mirada retrospectiva, se puede decir que Bolivia es, de alguna manera, inconclusa; no llega a consolidar el Estado-nación; hay, al respecto, notoriamente y lamentablemente, una palpable ausencia de estrategia política. No consolidó una burguesía minera, no culminó las tareas democrático-burguesas de la revolución nacional de 1952, no terminó de integrar a sus diversos territorios; tampoco, ahora, da curso a la continuidad de la “revolución” indígena, pachacuti, no da curso a la continuidad de la descolonización. Todo queda a medias, como en una extraña suspensión fatal.

 

¿Qué es entonces lo que cohesiona a Bolivia, fuera de su acto constitutivo y la reproducción de sus instituciones? Por más paradójico que parezca, lo que cohesiona a Bolivia es su propia diversidad diferencial, la confluencia de las continuidades mencionadas, de estos bloques histórico-geográficos distintos, la complementariedad de estos bloques, su interculturalidad e intra-culturalidad efectivas, aunque no asumidas institucionalmente. En definitiva, se puede decir que, lo que cohesiona a Bolivia es la voluntad, las voluntades plurales, que quieren mantener las alianzas, que los ciclos estatales han confundido con pactos. Los pactos son institucionales, representativos, poco efectivos en la cohesión “real”, empero altamente efectivos en la cohesión “ideológica”. Bolivia se ha convertido en el lugar de la articulación de lo diverso. Todas las formaciones lo son, pues todas las formaciones sociales son abigarradas, unas más saturadas que otras; las formaciones más homogenizadas, de todas maneras, tienen como substrato lo abigarrado, en las condiciones dadas ancestralmente. Sin embargo, en Bolivia, el abigarramiento adquiere una cualidad permanente, que comparte con la característica histórica de suspender todo, de dejarlo pendiente todo. Por lo tanto, la articulación de lo diverso también adquiere una cualidad dramática. La cohesión pasa por la crisis y la catarsis, para lograr emergencias masivas, experiencias intensas de interpelación.

 

Desde la guerra anticolonial pan-andina del siglo XVIII, cuando, en los territorios del Alto Perú, la insurrección de Tupac Amaru se radicalizó bajo el comando de Tupac Katari, experimentando intensidades mayores, hasta la movilización prolongada de 2000 al 2005, cuyo dramatismo e intensidades, manifiestan la capacidad de gasto heroico, pasando por la insurrección de abril de 1952, sin olvidarnos de la historia de los levantamientos indígenas, donde sobresale la intervención del ejército aymara de Zarate Willka en la guerra federal de fines del siglo XIX, ni de las resistencias mineras, las transgresiones populares, las multitudinarias marchas proletarias e indígenas, estas resistencias, levantamientos, rebeliones, manifiestan claramente la apuesta por la voluntad arronjada.

 

No pasa, como dice René Zavaleta Mercado, que la crisis hace inteligible la formación social abigarrada, sino es la forma intensa como se asume la crisis, es la voluntad “plebeya” que apuesta a un nuevo nacimiento lo que hace inteligible las dinámicas de la formación abigarrada. De este modo, se puede decir que el levantamiento indígena del siglo XVIII, que la intervención aymara en la guerra federal, que la insurrección proletaria y nacional-popular de 1952, que la movilización prolongada descolonizadora del primer quinquenio del siglo XXI, son actos de conocimiento. Abren horizontes de visibilidad.

El problema vuelve después de estos gastos heroicos, cuando hay que cuidar de este nacimiento; ocurre como si no se pudiera dar lugar a una resolución estructural; se vuelven a dejar en suspenso las tareas, la construcción de lo nuevo, manteniendo abigarradamente las viejas estructuras e instituciones, combinadas con las nuevas estructuras e instituciones que se haya podido crear. Entonces se vuelve al juego del eterno retorno de la suspensión, de lo indeterminado y de indefinición. Esta característica, esta combinatoria de condiciones de posibilidad históricas, sin resolverse, quizás sea su potencia y posibilidad, de mantener también abierta la puerta de lo alternativo. Quizás por esta razón sea desde Bolivia desde dónde hay que lanzar la convocatoria para la integración continental. Cuando hablamos de integración lo hacemos pensando en la integración “plebeya”, en la integración por procedimientos de los pueblos, de ninguna manera, en la integración burocrática, teatral y demagógica de los estados y gobiernos.

 

Una pregunta es indispensable, a propósito de la caracterización marxista: ¿Bolivia es un país capitalista, atrasado y dependiente, de desarrollo desigual y combinado? Bueno, muchos países lo son, de la inmensa geografía periférica del sistema-mundo capitalista. Eso no dice mucho de su especificidad, de su singularidad, lo que hace que sea lo que es, su particularidad. Otra pregunta, del mismo estilo: ¿Bolivia es una formación social abigarrada? También muchos países lo son, no sólo periféricos. ¿Dónde está entonces su característica propia? Quizás se encuentre en esa manera inacabada de constituirse, de avecindar sus construcciones inconclusas, formando “barrios” barrocos históricos, donde conviven en la simultaneidad del presente los distintos proyectos inconclusos. En parte se parece a la figura del niño de Heráclito, que construye castillos de arena, para deshacerlos y volver a construirlos, siempre de distinta forma. La diferencia radica en que se trata de un niño o niña, o ambos, una criatura hermafrodita, que no termina de construir lo que hace jugando, tampoco destruye sus semi-productos completamente, sino los deja, para construir, sin terminar, otros, al lado. ¿Cuándo escogerá los que le gustan, para terminarlos? ¿Cuándo hará una amalgama de todos? ¿O, mas bien, se perderá en el laberinto que ha construido?

 

Bueno, Bolivia no es un sujeto, es un país, también un Estado-nación, es una representación, un imaginario, sostenido en una “realidad” institucional. Son los y las bolivianas los y las que “juegan” con la historia de esta manera. Ahora bien, ¿esta “inconstancia” forma parte de su ser, de su manera de ser? Ciertamente no todos son así, y quizás ninguno, sino que es el efecto masivo de los desacuerdos, pequeños y grandes. Se podría decir que los bolivianos no nos ponemos de acuerdo, pero, tampoco nos dejamos imponer un acuerdo de pocos o, incluso, de muchos. ¿Podremos llegar a un consenso? El método de la fuerza no parece ser una buena solución. Como cantaba Benjo Cruz[115], ¿cuándo podremos bolivianos tomar juntos, un vaso de chicha o de cerveza, y hablar?  Aunque, tomar chicha y cerveza, lo hacemos casi a diario, sin embargo, no juntos, sino solo con los nuestros, los allegados, de lo que se trata, en definitiva, es de ejercer la democracia participativa. Buscar el consenso, aunque su construcción colectiva tarde. El consenso no se logra sin sacar todo lo guardado, sin poner todas las “huacaychas” en la mesa. Lo qué preguntaba Benjo Cruz es cuándo nos sincerábamos. No es de ninguna manera mala esta idea. Quizás sea un buen comienzo. Sin embargo, para que pueda darse este sinceramiento, se requiere una condición de posibilidad histórica básica; suspender las simulaciones, las representaciones, las pretensiones de legitimidad, los juegos de poder. Se trata del ejercicio de una democracia directa, también del ejercicio de la democracia comunitaria. ¿Esta condición de posibilidad es viable?  No se trata de contar o no con una estrategia, con una geopolítica, que tal parece, no se la tiene; no se trata de contar o no con un proyecto, que sí se lo tiene; este proyecto es la Constitución. Empero, el gobierno cree que es un documento de propaganda, que en la práctica no se puede cumplir; el partido de gobierno, si es que lo hay, pues el MAS parece un partido electoral, de apoyo a los eternos candidatos, considera que la interpretación de la Constitución es la oficial, aunque esté plagada de contradicciones insostenibles. Se trata de otra cosa, se trata, de lo que establece la Constitución, de la construcción colectiva de la decisión política, de la construcción colectiva de la ley, de la construcción colectiva de la gestión pública. En pocas palabras, se trata del sistema de gobierno, que establece la Constitución; la democracia plural y participativa.

 

El problema crucial es ciertamente ¿qué hacemos con el capitalismo? Ya sabemos lo que el capitalismo hace con nosotros. No vamos a repetir lo que ha elucidado la crítica de la economía capitalista, desde Marx hasta nuestros días. Estos análisis son contundentes, sobre todo aquéllos que estudian la expansión de las relaciones capitalistas al campo, al área rural. Al respecto, hemos expresado nuestras diferencias con estos análisis; pero, por el momento, independientemente de estas diferencias, queremos resaltar la pregunta ¿qué hacemos con el capitalismo? La respuesta a esta pregunta marca la ruta que sigue, de acuerdo a la modalidad de la respuesta.

 

El modelo soviético buscado abolir el capitalismo, aboliendo las relaciones de producción capitalistas, inclusive en el campo. Al embarcarse en la revolución industrial, requerida, indudablemente, ha construido un capitalismo de Estado, basado en la teoría del valor; por lo tanto, en la subsunción de la fuerza de trabajo al excedente apropiado burocráticamente. Los nacionalismo, de la liberación nacional, vale decir, los que postulaban salir de la órbita de la dependencia mediante la sustitución de importaciones, también revolución industrial, que, sin embargo, aceptaban mantenerse transitoriamente en el capitalismo, reprodujeron formas combinadas de capitalismo; capitalismo de Estado, capitalismo empresarial privado, “capitalismo” mixto, capitalismo bajo el control de empresas trasnacionales, capitalismo financiero, capitalismo comercial, formas de acumulación incipientes en un disperso universo de talleres, pero también de propiedades familiares de la tierra. Los actuales gobiernos progresistas de Sud América también aceptan mantenerse dentro del capitalismo, de la misma manera, transitoriamente, empero, pretendiendo iniciar un socialismo de nuevo cuño, llamado socialismo del siglo XXI, en unos casos, y socialismo comunitario, en el caso de Bolivia. En estos proyectos progresistas también se da una combinación abigarrada de formas de capitalismo; casi los mismos mencionados anteriormente, con el aditamento de formas de capitalismo cooperativo y “capitalismo” comunitario[116], como en el caso de Bolivia. También hay que añadir la peculiaridad brasilera, que combina el abigarramiento o, lo que llama Francisco de Oliveira, el modelo del “ornitorrinco”,  con un capitalismo trasnacional propio, contando con empresas, supuestamente estatales monopólicas, capaces de competir con las empresas trasnacionales del tradicional centro del sistema-mundo  capitalista. Parce una condena; las rutas no-capitalistas o transitorias terminan re-articuladas a la reproducción del capital a escala mundial, también a escala nacional. ¿Dónde está la clave para salir del capitalismo? ¿Si no es el cambio de la forma de propiedad, expropiando a los expropiadores, si tampoco lo es, como dicen Enrique Ormachea y Nilton Ramírez[117], una barrera al capitalismo la propiedad comunitaria de la tierra, pues en la medida que su inserción en el mercado, en el caso de la quinua, el mercado internacional, la comunidad termina formando parte de los ciclos de acumulación de capital, cuál es la clave para escapar a la vorágine capitalista? ¿Se puede escapar a este condicionamiento mientras exista un sistema-mundo capitalista?

 

Depende desde qué teoría se responda. Sin ocuparnos de las teorías “burguesas”, que ciertamente se han desarrollado técnicamente mucho, desde los tiempos de Marx hasta ahora, sino quedándonos con la teoría marxista; vemos que las tesis apuntan a la transición. De lo que se trata es de crear las condiciones objetivas y subjetivas, mediante la revolución industrial y mediante la lucha “ideológica”, para dar el salto al socialismo en pleno sentido de la palabra. Esta transición ha resultado dramática, se tome una modalidad u otra. El problema del marxismo es su filosofía de la historia y su creencia en la providencia racional de la historia. No hay tal cosa, salvo en la cabeza hegeliana de los marxistas. Lo que se pueda hacer depende de la decisión consensuada de los pueblos, ahora, más que nunca, afectados, en su sobrevivencia, por la descomunal productividad y dominación financiera capitalista. Lo privado y lo público son formas de propiedad, pero también son formas institucionales, formas estructurales de relaciones sociales, que existen y se reproducen porque expropian lo común, forma de acceso directo a los recursos, a los saberes, a las ciencias, al intelecto general, a las tecnologías.  Lo común no requiere esperar nada, ninguna transición, ningún regalo de la providencia de la historia; sólo requiere recuperar lo común de sus expropiadores, los propietarios capitalistas y el Estado. Y eso es posible ahora y aquí. El problema es la decisión colectiva, la construcción del consenso. El problema es político, no económico.

 

¿Esta dificultad tiene que ver con lo que llama el marxismo “ideología”, ahora extendiendo este concepto más allá del fetichismo de la mercancía, comprendiendo el fetichismo del Estado, el fetichismo de las instituciones, el fetichismo del poder? Es posible, si ampliamos el concepto. Pero, también tiene que ver con la capacidad de captura que tienen las instituciones; el Estado, el mercado, el sistema financiero, los organismos internacionales. La lucha no solo es “ideológica”, sino también contra estas mallas de captura; por eso es indispensable fortalecer los flujos de las líneas de fuga, las prácticas alterativas, los desplazamientos, las resistencias, creando espacios liberados de estas capturas, que se muevan bajo las “lógicas” de la reproducción de lo común. La lucha es “ideológica”, política y material, en el sentido de la subversión de la praxis[118]. Hay que arrancarle a la dominación y control del capitalismo espacios-tiempos liberados, que recuperen lo común, reproduzcan lo común, garantizando los ciclos de la vida.

 

La lucha es descomunal; la lucha contra el capitalismo es mundial. La convocatoria se la dio en la Conferencia Mundial de los Pueblos contra el Cambio Climático, en Tiquipaya-Cochabamba, la convocatoria es a conformar una Internacional de los Pueblos contra el capitalismo y en defensa de la madre tierra. De esta resolución podemos concluir que se trata de avanzar a una gobernanza mundial de los pueblos, sin Estado y sin capital. Una asociación mundial de productores/ras, consumidores/ras y creadores/ras.

 

No podemos sorprendernos entonces que, durante las dos gestiones del gobierno popular, no sólo se hayan combinado abigarradamente distintas formas capitalistas, sino que se estén formando nuevos estratos de la burguesía, incorporando a campesinos ricos, colonizadores ricos, cocaleros ricos, comerciantes ricos y contrabandistas ricos. Hay pues una recomposición de la burguesía, sin que haya desaparecido la antigua burguesía. La defensa del gobierno, que no es, obviamente, la defensa del proceso, sino todo lo contrario, conduce, lo quieran o no los “defensores” a-críticos o de la crítica sensata, al apoyo a esta recomposición burguesa, sobre la base de la expansión del modelo extractivista del capitalismo dependiente y el paradigma del Estado rentista.

 

 

 

Ecuador

En la entrevista que hace Marta Harnecker a Alberto acosta, cuando le pregunta sobre si ¿el gobierno está contra la Constitución? Alberto Acosta responde:

 

Me ha costado mucho tiempo llegar a aceptar que hay una suerte de proceso impulsado desde el gobierno contra la Constitución de Montecristi, en contra de su propia Constitución. Hay una Ley de minería que está en contra de la Constitución, hay una Ley de Soberanía Alimentaria que además no aborda nada de lo de fondo y que también está en contra de la Constitución y ahora la Ley de Aguas … ¡Es dramático![119]

 

La siguiente pregunta es: “Tú estabas planteando que la Ley de aguas no respetaba la Constitución, ¿podrías argumentar más sobre éste tema?” Acosta responde:

 

 

La Constitución es muy clara en relación al tema del agua. El agua fue declarada en la Asamblea Constituyente de Montecristi como un derecho humano fundamental. El agua, entonces, no puede ser vista como un negocio. Por eso, al inicio del texto constitucional se estableció, en el artículo 12, que “el derecho humano al agua es fundamental e irrenunciable. El agua constituye un patrimonio nacional estratégico de uso público, inalienable, imprescriptible, inembargable y esencial para la vida”.

 

La trascendencia de estas disposiciones constitucionales es múltiple. En tanto derecho humano se superó la visión mercantil del agua y se recuperó la del “usuario”, es decir, la del ciudadano y de la ciudadana, en lugar del “cliente”, que se refiere solo a quien puede pagar. En tanto bien nacional estratégico, se rescató el papel del Estado en el otorgamiento de los servicios de agua; papel en el que el Estado puede ser muy eficiente, tal como se ha demostrado en la práctica. En tanto patrimonio se pensó en el largo plazo, es decir, en las futuras generaciones, liberando al agua de las presiones cortoplacistas del mercado y la especulación. Y en tanto componente de la Naturaleza, se reconoció en la Constitución de Montecristi la importancia de agua como esencial para la vida de todas las especies, que hacia allá apuntan los Derechos de la Naturaleza.

 

Ésta constituyó una posición de avanzada a nivel mundial. Dos años después de la incorporación de este mandato constituyente referido al agua, el 28 de julio del 2010, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó la propuesta del gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia declarando “el derecho al agua segura y al saneamiento como un derecho humano”.

 

El actual proyecto de ley de aguas no es privatizador, lo reconozco paladinamente, pero tampoco es des-privatizador. ¿Qué quiere decir esto? Que está bien que no se abra la puerta a la privatización, pero tienes que dar paso, como manda la Constitución, hacia una profunda redistribución de la tierra y del agua[120].

 

La explicación de Alberto Acosta al respecto es la siguiente:

 

 

La tendencia monopolizadora del agua en el agro es notoria. La población campesina, sobre todo indígena, con sistemas comunales de riego, representa el 86% de los usuarios. Sin embargo, este grupo apenas tiene el 22% de la superficie regada y accede apenas al 13% del caudal. Mientras que los grandes consumidores, que no representan el 1% de unidades productivas, concentran el 67% del caudal.

 

Para un indígena es muy difícil acceder al agua, para un terrateniente es muy fácil. Los terratenientes tienen agua incluso para sus piscinas o lagos artificiales para su diversión, cuando los campesinos no tienen agua para cultivar sus parcelas, que son pequeñas o de tierras poco fértiles, ¡esa es la cruda realidad! Por eso tiene que redistribuirse el agua, como tendrá que redistribuirse la tierra, si realmente estamos construyendo un proyecto revolucionario[121].

 

 

 

La aclaración de Acosta sobre el carácter de la ley de aguas del gobierno, precisa que la misma: no reconoce eso. Y peor aún, ahora el presidente Correa ha dicho que esta ley no es fundamental ni prioritaria. Esto es algo más grave todavía[122].

 

En la comparación con la ley de aguas anterior, relativa al régimen liberal, dice:

 

La ley anterior neoliberal era privatizadora, establecía la posibilidad de privatizar el agua, de hacer del agua un producto mercantilizado. Los artículos sobre el agua de la Constitución del 2008 revierten lo establecido en la Constitución de 1998. En esa carta magna, una Constitución neoliberal, se establecía que el agua potable y de riego así como los servicios relacionados con su utilización “podrá prestarlos directamente o por delegación a empresas mixtas o privadas,mediante concesión, asociación, capitalización, traspaso de la propiedad accionaría o cualquierotra forma contractual”.No puedo aceptar con que se mantenga la ley de los neoliberales, esa ley tiene que cambiar.Ese es un tema de fondo[123].

 

La entrevistadora, después toca temas concomitantes, como la relación de la Ley de aguas y las concesiones del gobierno. El análisis del que presidió la Asamblea Constituyente de Montecristi se desenvuelve así:

 

El ejercicio democrático, de construcción colectiva de la nueva Constitución ecuatoriana, se enmarca en la recuperación de espacios de soberanía nacional y local. La disputa por el agua, recordémoslo, fue intensa en el país. Varios fueron los actos privatizadores. El más notable fue el de Interagua, en Guayaquil. Esta empresa sencillamente suspendió el acceso a quienes no pagan unas tarifas colocadas al antojo de los intereses privados, en función de la rentabilidad que define dónde y cómo invertir, dónde y cómo dar servicios y en dónde no.

 

Habría que anotar, por ejemplo, en este recuento de incongruencias, que resulta una violación constitucional la ampliación de la concesión a Interagua autorizada por el gobierno del presidente Correa. Me preguntó si el gobierno se ha propuesto pactar con Jaime Nebot, el alcalde de Guayaquil, el gran líder local de las fuerzas de la derecha. Sorprende también el mantenimiento de las concesiones para las embotelladoras de agua y las aguas termales, marginando a las comunidades de su aprovechamiento. ¿Cómo podemos hablar entonces de un proceso revolucionario? Esas son cosas que van debilitando el proceso de reforma y van desgastando lo que tenía de espíritu revolucionario este gobierno, que apenas se perfila como reformista[124].

 

El otro tema crucial, donde se hace patente el comportamiento del gobierno, es la Ley de Minería. La pregunta de Marta Harnecker es: “¿Y qué pasa con la Ley de minería que tantas críticas tiene?” Alberto Acosta responde:

 

 

La Ley de minería tiene muchos errores, muchos problemas. Por ejemplo, no se respetaron los derechos colectivos establecidos en la Constitución. En el artículo 57 de ésta se establece que tiene que haber una consulta pre-legislativa cuando se trate de derechos colectivos: hay que consultar a las comunidades para recoger sus criterios e incorporarlos. “Es cierto—dirá alguien—, ya esagente nombró a sus asambleístas, ellos tienen todo el poder”. Pero lo que nosotros queremos no es eso, sino que haya una activa participación de la sociedad y que se escuche a todas las voces. Lamentablemente esto no está ocurriendo[125].

 

 

 

La posición del ex-presidente de la Asamblea Constituyente frente al tema de la minería, en sus distintas formas de explotación, particularmente en lo que respecta a la explotación a cielo abierto, se expresa de la siguiente manera:

 

 

Yo estoy en contra de la minería metálica a gran escala a cielo abierto. Aquí en el Ecuador no debe haber este tipo de minería por una razón muy simple: tenemos en esos territorios una enorme biodiversidad y comunidades cuya vida puede estar en riesgo, además tenemos muchas alternativas más interesantes que la minería. Conozco un estudio de las empresas mineras —como de unas 900 páginas— que, en sus conclusiones, recomienda que los países que tengan alternativas a la minería a gran escala deben desarrollar esas alternativas y no dar paso a esa minería. Ecuador no es Chile, donde se explota mineral en un desierto. No, aquí hay una enorme biodiversidad que va a estar en riesgo. Esa es mi posición. Ahora, eso no quiere decir que no haya que poner en orden la minería existente, la minería a pequeña escala, artesanal y de subsistencia, en donde reina el caos[126].

 

A la entrevistadora le hace recuerdo que: yo fui ministro de Energía y Minas y no cabe duda que hay que poner en orden esa minería existente, y allí si hay que trabajar mucho, muchísimo, para ir cambiando las cosas. Siguiendo con la exposición, Acosta dice:

 

En Montecristi aprobamos un mandato minero para empezar a organizar el sector. Trabajé intensamente en este tema. Estaba consciente de los problemas existentes y sabía que cuando fui ministro no pude avanzar mucho en arreglar la situación. Lamentablemente el gobierno luego no cumplió la totalidad de dicho mandato. Las consecuencias de incumplimiento están a la vista: el caos se mantiene y la violencia crece[127].

 

Después se toca un tema importante, que está en boca de los gobernantes progresistas, la ampliación considerable del excedente, en relación a la posibilidad de financiar el desarrollo nacional por otras vías. Alberto Acosta dice:

 

 

Ahora, si no explotamos los recursos minerales, ¿de dónde vamos a sacar la plata para financiar el desarrollo nacional? Ese es el tema que está a la orden del día. La solución existe si hay el conocimiento y la voluntad política para enfrentar el reto. Existen múltiples fuentes de financiamiento de la economía al margen de extractivismo. Empecemos por corregir las mayores disfuncionalidades existentes. Ecuador extrae petróleo, Ecuador exporta petróleo, pero Ecuador importa derivados del petróleo porque no tiene la suficiente capacidad de refinación. Y esos costosos derivados del petróleo, como el diesel, los quema para generar electricidad en plantas térmicas contaminantes. No aprovechamos energías alternativas y renovables, como la hidráulica, la solar, la eólica, la geotermia, recuérdese que nosotros literalmente dormimos sobre volcanes activos. Esa es una gran tarea, transformar la matriz energética reduciendo la dependencia del petróleo y sus derivados.

 

Ahora, por ejemplo, ¿por qué no discutimos y encontramos respuestas a una serie de subsidios a los combustibles, mucho de los cuales no están beneficiando a los sectores populares, sino a los sectores más acomodados de la población? En el año 2008, los subsidios bordearon los 3 mil millones de dólares. No se trata de quitar los subsidios a la bruto, es decir a lo neoliberal. No, de ninguna manera. Hay que hacerlo con creatividad, de manera selectiva. Los subsidios deben mantenerse para los grupos empobrecidos y marginados, no para los acomodados.

 

Adicionalmente, en el Ecuador, y en prácticamente todos los países del mundo empobrecido, se precisa una adecuada política tributaria. Los que más ganan y más tienen deben contribuir en mayor medida al financiamiento del Estado. Con el gobierno del presidente Rafael Correa se registra una cierta mejoría en la presión fiscal. Esta se acerca al 13% en relación con el Producto Interno Bruto. Pero todavía estamos lejos de lo que debería ser una meta aceptable. El promedio en América Latina es del 24%, el promedio del mundo desarrollado es del 44%, el promedio de Europa es del 46%. En Bolivia, para no irnos tan lejos, la presión fiscal bordea el 20%. Nuestra meta debería ser un 35%. Por lo pronto, si duplicamos la presión fiscal, con impuestos directos progresivos —impuestos a la renta, a la herencia y al patrimonio, especialmente— habríamos resuelto por mucho tiempo el tema del financiamiento sin poner en riesgo nuestras verdaderas riquezas: la vida de muchos compatriotas y de la Naturaleza. Pero además, hay que avanzar en el combate a la evasión y la elusión. Por ahí también hay que avanzar, es decir en la honestidad y conciencia fiscal de la ciudadanía y en el sector empresarial.

 

Por último, cuando estamos enumerando una serie de opciones para conseguir el financiamiento que requiere la economía ecuatoriana sin destrozar más la Naturaleza, recordemos que las actividades petroleras y también las mineras provocan elevados costos ambientales. Costos que, por lo demás, no entran nunca en los cálculos de rentabilidad que hacen las empresas e incluso el gobierno. Costos que luego, de una u otra manera, se los traslada de manera brutal a la sociedad. La Texaco, para recordar, había dejado pasivos ambientales superiores a los 27 mil millones de dólares, incluso hay estimaciones que duplican o triplican dicha cifra. Además, hay que maximizar el ingreso del Estado por cada barril de petróleo que se extrae. Allí hay un enorme potencial para ingresos adicionales.

 

De todas maneras, tenemos que desmontar la creencia de que la renta de la Naturaleza es lo que va a resolver nuestros problemas. Nosotros hemos sido el principal productor y exportador de cacao y banano en el mundo, pero no nos desarrollamos. Exportamos todo tipo de frutas, espárragos, flores, exportamos camarones, exportamos petróleo, pero no nos desarrollamos ¿Hasta cuándo vamos a seguir siendo país-producto? ¿Cuándo vamos a ser país-inteligencia, país conocimiento? ¿Cuándo vamos a aprovechar las capacidades de los seres humanos, individual y colectivamente hablando? ¿Cuándo vamos a hacer eso? Mientras no hagamos eso, vamos a seguir presos de lo que yo llamo “la maldición de la abundancia”. Mientras tanto seguiremos siendo pobres porque somos ricos en recursos naturales. Yesas sociedades, sobre todo las petroleras y las mineras, tienen características perversas: economíasrentistas, prácticas sociales clientelares y gobiernos autoritarios con una democracia endeble.

 

Por la vía del “desarrollismo senil”, como dice Joan Martínez Alier, no se encontrará la salida a este complejo dilema. El reto radica en encontrar una estrategia que permita construir el Buen Vivir aprovechando los recursos naturales no renovables, transformándolos en “una bendición” como recomienda el Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, pero sin depender exageradamente de ellos. Sólo así saldremos de la trampa de la pobreza y del subdesarrollo.

 

Sólo un ignorante o un mal intencionado podrían sostener que la crítica al extractivismo implica la negación total de la utilización de los recursos naturales. No se trata de cerrar los actuales campos petroleros en explotación, pero sí de discutir seriamente sobre si conviene seguir ampliando la frontera petrolera con todos los impactos devastadores que eso significa[128].

El gobierno de Correa promulgó una ley de aguas inconstitucional, afectando los derechos colectivos, consagrados en la constitución, y apunta a una política minera devastadora, expandiendo el modelo extractivista a la minería, beneficiando a la acumulación originaria y ampliada capitalista. Las protestas de las organizaciones indígenas y del pueblo ecuatoriano se han hecho sentir; sin embargo, el gobierno ha seguido impávido, imponiendo la decisión autoritaria y vertical del mandatario.

 

Como se podrá ver, son notorias las analogías de los gobiernos progresistas, sobre todo, en este caso, entre el gobierno boliviano y el gobierno ecuatoriano. Son similares sus contradicciones respecto a la Constitución. ¿Por qué sus gobernantes creen que las constituciones de sus países no son de utilidad práctica, por eso, lo práctico es vulnerarlas? Por otra parte, ¿por qué, al final de cuentas, los pueblos dejan que esto ocurra, sin defender la Constitución y los derechos múltiples consagrados; salvo, es cierto, de honradas excepciones, como la resistencia y la lucha de las organizaciones indígenas, además de las intermitentes asonadas populares, cuando la conducta del gobierno llega al escándalo, como en el caso, en Bolivia, de la suspensión neoliberal a la subvención de los carburantes y la descongelación de los precios en el mercado interno, favoreciendo palpablemente a las empresas trasnacionales del petróleo, así como las protestas, marchas y bloqueos contra la Ley de aguas gubernamental, en el Ecuador? Este es el asunto.

 

La respuesta parece evidente. Los gobiernos progresistas no pueden salir del modelo extractivista del capitalismo dependiente. Creen, como sus antecesores neo-liberales, que esta es la base del desarrollo; a diferencia de éstos, los nacionalistas y progresistas lo hacen nacionalizando, aunque sea a medias, no como los nacionalistas del periodo heroico, de mediados del siglo XX, cuando la nacionalización significaba expropiación de los expropiadores. Respecto a la diferencia entre estos gobiernos progresistas y lo que ocurrió en la Unión Soviética y la República Popular China, es que el capitalismo de Estado en estos últimos realizó la revolución industrial, aunque de una manera forzada y militarizada, en tanto que los gobiernos nacionalistas, después, los progresistas, sólo atinan a ampliar el modelo extractivista.

 

Ciertamente, es diferente, como hemos anotado, el caso Brasilero; sin embargo, no hay que olvidar las observaciones de Francisco de Oliveira, al respecto. El modelo brasilero se parece al ornitorrinco; se trata de una combinación donde, si bien están presentes la segunda y la tercera revoluciones, industrial y tecnológica, se alcanza el desplazamiento a la cibernética, esta ultra-modernidad, que comprende también la industrialización, de la modernidad clásica, se encuentra enlazada a la tercerización de la economía, a la base extractivista, en constante expansión, a la ampliación de la frontera agrícola, en detrimento ecológico, al crecimiento desmesurado de las ciudades, atravesadas por extensas zonas marginales, empujando a una explotación salvaje del proletariado nómada. Toda esta combinación no evita caracterizar al modelo del ornitorrinco como extractivista y neo-extractivista, pues a pesar de la industrialización, la segunda revolución tecnológica y la tercera cibernética, la estructura de esta composición se basa en el modelo extractivista y en las exportaciones primarias de Brasil.

 

Los gobiernos progresistas no pueden salir del modelo extractivista porque no tienen voluntad para hacerlo, porque están atrapados en un imaginario desarrollista. Para ellos, la historia tiene que continuar, de la misma manera, que en el pasado, salvo bajo el control del Estado, que redistribuye los ingresos, bajo el criterio de políticas rentistas. Esta opción, esta ruta tomada, los convierte en dispositivos del orden mundial de dominación y control capitalista, por más estridente que sea su retórica anti-imperialista. Este es el tema, ante el cual no se puede cerrar los ojos, bajo el argumento que se trata de gobiernos de “izquierda” y que no se debe dejar este lugar a la “derecha”.

 

 

Venezuela

 

Basándonos en el diagnóstico que hace Víctor Álvarez[129] de la revolución bolivariana y del socialismo del siglo XXI, en La Convocatoria del mito[130], escribimos:

 

Es ilustrativo el balance que hace Víctor Álvarez de parte del proceso de la revolución bolivariana. Tomando nota y registrando nuestras impresiones, diremos que:

 

  1. Al parecer la revolución bolivariana aparece como proceso constituyente, como desborde del poder constituyente, como interpelación al estado de cosas, a las estructuras de poder, a la desigualdad social, a la oligarquía parásita, a la economía extractivista y el Estado rentista.
  2. Se gesta entonces una nueva Constitución, ideando una nueva república, la quinta, cuya composición y contenido responda a la “ideología” bolivariana, basada en el pensamiento de Simón Bolívar, pensamiento actualizado al siglo XXI, transformando su horizonte liberal en un horizonte socialista.
  3. La oligarquía y la burguesía rentista venezolana reaccionan ante el avance político popular con un golpe de Estado y boicot a la producción del petróleo. Las tensiones y contradicciones sociales y políticas llegan a un punto máximo. El intento de restauración de la oligarquía y la burguesía es desbaratado por la movilización popular en defensa del presidente Hugo Chávez y por el contragolpe de las Fuerzas Armadas.
  4. A partir de esta victoria política y militar popular el proceso se radicaliza. Claramente se propone la transición al socialismo. Se piensa en un socialismo de nuevo cuño, llamado socialismo del siglo XXI. Lo sugerente de este socialismo no está tanto en nombrarse como del siglo XXI, donde una mayoría de comentaristas hacen hincapié, sino en las formulaciones concretas; en la propiedad social sobre los factores y medios de producción básicos y estratégicos que permita que todas las familias y los ciudadanos y ciudadanas venezolanos/venezolanas posean, usen y disfruten de su patrimonio o propiedad individual o familiar, y ejerzan el pleno goce de sus derechos económicos, sociales, políticos y culturales. También con la creación del Sistema Económico Comunal se plantea avanzar en la transformación del capitalismo rentístico en un modelo productivo socialista, con base en nuevas formas de propiedad social en manos de los trabajadores directos y las comunidades organizadas.
  5. En este transcurso y ante estas tareas aparecen las dificultades y obstáculos de la transición. Las alianzas políticas en el poder no son las más adecuadas para esta transición y la profundización del proceso. Los sectores que tienen mayor incidencia en el gobierno y en la institucionalidad estatal no son las clases sociales que pueden sostener la construcción del socialismo, el proletariado y los campesinos, tampoco los sectores más populares de las urbes. Se da entonces como una limitación de los alcances y una disminución de los ritmos del proceso, a pesar de los beneficios obtenidos por la inversión social.
  6. Hablando de los alcances cualitativos del proceso y de las transformaciones estructurales, se constata que no se ha salido de la economía extractivista y del Estado rentista, que todavía está pendiente la conformación del modelo productivo, orientado a la soberanía alimentaria, basado en gran parte en la propiedad social y la organización comunitaria. Esta constatación fue compartida por el mismo Hugo Chávez[131].

 

 

Da la impresión que en Venezuela se combate una descomunal batalla, entre dos bloques históricos confrontados; entre el boque histórico conservador y elitista, compuesto por la burguesía, los terratenientes, es decir, la oligarquía, que, además, incorpora a una tecnocracia que estuvo al servicio de las empresas petroleras trasnacionales, a la antigua burocracia, a los grandes comerciantes, a una clase media alta, beneficiada por el renta liberal y neoliberal, a la iglesia y otras instituciones de influencia, como los medios de comunicación empresariales,  por un lado; y el bloque histórico nacional-popular, compuesto por el proletariado nómada migrante, el proletariado sindicalizado, los distintos estratos campesinos, las clases populares urbanas, las clases medias bajas, las organizaciones de base, las comunas, las misiones, por otro lado. Es una lucha de clases, por cierto; empero mediada por aparatos “ideológicos”; en el primer caso, del bloque histórico conservador elitista, hablamos no solamente de los medios de comunicación coaligados a este bloque, sino de toda una atmósfera “ideológica” conformada, por lo menos en el último siglo XX, de toda una “ideología” hecha carne, convertida en comportamientos y en conductas, en prejuicios, en imaginarios. Una “ideología” que considera al capitalismo como “realidad” natural, incluso la forma de capitalismo dependiente en el subcontinente sudamericano. En el otro caso, del bloque nacional-popular, también se cuenta con aparatos “ideológicos”; uno de los principales es el partido, ahora llamado PSUV, que cuenta también con el dominio de influyentes medios de comunicación masivos estatales, además de contar con influencia incluso en medios privados, fuera del apoyo de los medios populares, que gozan de cierta autonomía, que incluso les permite llegar a hacer críticas, en algunos casos. El bloque conservador cuenta con un frente amplio de coalición; sin embargo, no se puede hablar de partido, en pleno sentido de la palabra. Se trata de un frente inestable, que reúne variados intereses, perspectivas, discursos y proyectos. El “partido”, en este caso, es todo el bloque, tal como lo teoriza Antonio Gramsci.

 

Estas mediaciones no son las que distorsionan la lucha de clases, sino que la llevan, precisamente al terreno “ideológico”. En este espacio-tiempo las “cosas” no son como lo que se dice o, usando a Michel Foucault, no del todo adecuadamente, mas bien, figurando, las palabras no son las cosas.  La mediación del partido, en el bloque nacional-popular, interpreta la lucha a su manera, de una manera bolivariana, por así decirlo, en los términos de la consolidación del Estado-nación bolivariano y la transición al socialismo del siglo XXI. Sin embargo, podríamos decir, que el problema no es este, el de la interpretación, del proyecto, del programa político y, obviamente, de la Constitución. Esto nos llevaría trasladar la discusión a la validez de las interpretaciones, de los proyectos y los programas políticos. Al final se trata del programa político y de la interpretación política que goza de gran convocatoria masiva y organizada. No es pues una discusión teórica la que va definir el curso de los acontecimientos. Tampoco podemos inclinarnos por una interpretación más “ortodoxa” o, si se quiere, más “radical”, que no goza de convocatoria popular, formando parte de las alucinatorias iluminaciones de un pequeño grupo vanguardista. La política, la acción política, no se resuelve racionalmente, sino por el juego y correlación de las fuerzas. El problema es otro; el problema es que el partido se convierte en la representación legítima de las colectividades del bloque popular, que el partido en el poder conforma una casta burocrática, que monopoliza las decisiones, y termina llevando el proceso de transición por los caminos conocidos de la expropiación de las voluntades colectivas por la voluntad centralizada del partido. Por último concurre el aburguesamiento de la jerarquía del partido, que lleva a la repetición del guion, harto conocido, de la sustitución de la antigua burguesía por la burguesía burocrática. Las contradicciones, tensiones, conflictos y confrontaciones, perturban la cohesión del bloque, aunque todavía no estallen, debido a la confrontación con el bloque conservador. El problema es la reproducción de viejas prácticas políticas, jerárquicas, centralistas, autoritarias, “vanguardistas”, en el mejor de los casos, demagógicas, en el peor de los casos.

 

La “verdad” del partido prepondera y se impone, descartándose la construcción colectiva del saber social de la transformación, que sólo se puede construir participativamente. La opción realista y “pragmática” del partido, que, además, exige disciplina, termina reforzando los condicionamientos aceptados efectivamente, la dependencia del modelo extractivista y el círculo vicioso de la dependencia por reiteración y recurrencia del modelo extractivista. La matriz de la crisis política y económica, que afronta el partido en el poder y el bloque popular, se encuentra en estos condicionamientos aceptados, como regla “pragmática”. Es, obviamente, pedir peras al olmo, que el partido atribuya el desenvolvimiento de la crisis a la propia práctica partidaria, a la burocratización, a la mediación partidaria, que en muchos casos termina siendo prebendal y clientelar. La culpabilidad se la atribuye a la “derecha” y al imperialismo. Si bien la “derecha” tiene que ver con el boicot, como ocurrió el 2003, si bien el imperialismo conspira, como lo hizo contra el gobierno de Salvador Allende en Chile; esto ya se sabe que es así, en distintos contextos, variando en formas y estilos. También se sabe que hay que luchar contra el boicot y contrala conspiración; pero, lo que es inconcebible es que se contribuya a este boicot y a esta conspiración con errores, que se buscan ocultar con propaganda. Es como una crónica anunciada; los personajes se apegan a su papel, a pesar, de que tienen la libertad, de decidir otro rumbo.

 

La crítica radical a los gobiernos progresistas no es, para qué se caigan, como creen los apologistas del partido; este es un tema de las decisiones colectivas, no de “vanguardias”. ¿Cómo se puede plantear tal cosa si no se puede sustituir este vacío político con una alternativa constatable, vigente, dinámica, emergente? No se trata de que no hay que dejar este lugar a la “derecha”, sino de que si la invención social no puede todavía sustituir el lugar vacío, lo indispensable es evitar que el proceso se rife por la propia gestión del partido.

 

 

 

 

 

Conclusiones

 

Tres conclusiones son indispensables:

 

  1. La necesidad de la interpelación de la crítica, entendida como tal, radical, pues no puede haber crítica sin tocar los problemas en sus raíces, sin tocar las condiciones de posibilidad histórica de los problemas, como también de la misma crítica.

 

  1. Los gobiernos progresistas, los gobiernos “revolucionarios”, son dispositivos provisionales, en la bisagra de las épocas, la pasada y la nueva que nace; son productos institucionales ligados a la herencia institucional y burocrática del Estado. Lo urgente se encuentra en la liberación de la potencia social, la invención y creatividad colectiva, que desmantelan estos aparatos para construir composiciones dinámicas y participativas.

 

  1. La defensa de los procesos de cambio no puede confundirse con la defensa de los gobiernos; hacerlo es un suicidio. Se confunden las transformaciones, lo que posibilita las transformaciones, la participación movilizada, con la representación conservadora e institucionalizada de la conquista del poder. Es cuando las criaturas se convierten en los buitres que comen las entrañas del pueblo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Balance y horizontes

 

Encrucijadas de los gobiernos progresistas

 

 

 

¿Cómo caracterizar a gobiernos que se autonombran como “revolucionarios”, incluso “socialistas”, cuando, efectivamente preservan la maquinaria no desmontada del viejo Estado-nación? ¿Cómo calificarlos cuando vuelven a efectuar concesiones a privados de las reservas de recursos naturales, por ejemplo, fuera de las ya conocidas, del espectro electromagnético? Todo esto contraviniendo la Constitución, que establece que los recursos naturales, incluyendo el espectro electromagnético, es propiedad de los bolivianos; además de establecer que losrecursos naturales no son mercantilizables, que están destinados al vivir bien. No basta decir que se trata de un gobierno demagógico, al estilo de los populismoslatinoamericanos; tampoco basta decir que es un gobierno impostor, haciendo más acre la calificación. No se resuelve el problema de la comprensión delfuncionamiento de este tipo de gobiernos con definiciones que solo apuntan a ciertos rasgos sobresalientes; empero, no ven el conjunto, menos la dinámica del funcionamiento del conjunto. Vamos a intentar ir más lejos, en esto, de lo que fuimos antes, incluso en ensayos radicalmente críticos y críticamente radicales, dicho con mesurada ironía.

 

Se decía, en las frases enunciadas por el saber popular, que el papel aguanta todo. También podemos decir, con la misma tonalidad, que se pueden dar toda clase decomposiciones singulares políticas, mezclando y combinando, forzadamente, discursos pretendidamente “revolucionarios” con prácticas persistentes, que recogen los más recalcitrantes conservadurismos y prejuicios, como, por ejemplo, lospatriarcales y machistas, añadiendo además la continuidad de prácticas de las relaciones capitalistas más entreguistas, como son las concesiones dolosas de losrecursos naturales. Sin seguir con una lista más larga de la mezcla política barroca, todo esto se puede pretender sintetizar, como dándole un sentido deseado, con un discurso “antiimperialista”. ¿Qué es esto? ¿Un bodrio? Por cierto que pude parecer; sin embargo, esta composición singular política, por más grotesca que parezca, tiene que ser explicada, por lo menos, interpretada.

 

Partamos de lo siguiente, que viene de la experiencia social de la modernidad, de lashistorias políticas de la modernidad: Los discursos no necesariamente responden a la estructura material política conformada. Los discursos, en el poder, tienden a legitimar lo que se hace, al régimen constituido. No ocurre, como antes, cuando se interpelaba al Estado, al poder y a las dominaciones; cuando el discurso crítico e interpelador corresponde a la latencia de las luchas sociales. En el poder el discurso tiende a la retórica, a la argumentación del convencimiento, que todo ocurre como se había previsto, que las “transformaciones” esperadas se dan. Entonces no debería sorprendernos el contraste visible entre un discurso “antiimperialista” y una práctica política, que hace concesiones de las reservas de recursos naturales a las empresas trasnacionales capitalistas, en la etapa tardía de ladominación financiera y especulativa. Estas concesiones no se pueden ocultar diciendo que se trata de empresas chinas o rusas y no norteamericanas o europeas. El que dice esto ha olvidado que el capitalismo no tiene nacionalidad, es mundial; responde a una geopolítica del sistema-mundo capitalista.

 

Si se sigue caracterizando a los gobiernos por lo que dicen, se comete un craso error, sin comprender que el discurso es una herramienta de múltiples usos. Los gobiernos solo se pueden caracterizar por lo que son; y son los que su composición, sus estructuras, sus articulaciones en el mundo, los hace ser. Los gobiernos progresistasde Sud América no han dejado de ser Estado-nación subalternos; es decir, atrapados en el círculo vicioso de la dependencia. A pesar que uno de los estados es calificado como potencia emergente. Si lo es, lo es en el marco de la geopolítica del sistema mundo capitalista; ese Estado-nación habría ascendido, habría ingresado al espacio geopolítico del centro, se habría alejado de las periferias; empero, lo hace amarrado a esa geopolítica y a una dependencia que continua, aunque en otras condiciones. No es el caso de Bolivia, por cierto; que no ha roto o atravesado ese umbral, aunque digan que porcentualmente ha disminuido la pobreza, ha incrementado sus reservas internacionales. Bolivia no es una potencia emergente. Sigue en ladependencia del viejo estilo, que los economistas llaman primario exportadora.

 

Los gobiernos populistas pretenden llenar los vacíos, las falencias, en este marco de la dependencia, con la inflación discursiva. Acompañando a esta retórica política con medidas cortoplacistas como los bonos. Renuncian, casi de entrada, o postergan, quien sabe hasta cuándo, su denominada revolución industrial. Efectivamente han aceptado la permanencia en su condición dependiente anterior, aunque hayan mejorado los términos de intercambio. Sin embargo, psicológicamente, por así decirlo, no lo aceptan; por eso, construyen el mito de la “revolución democrática y cultural”, que se da en el imaginario estatal. Empero, la realidad no es lo que esperan sus intenciones, lo que dicen sus discursos; la realidad no se configura por palabrasni enunciados, menos por propaganda y publicidad. La realidad, como sinónimo decomplejidad, se conforma dinámicamente por la pluralidad de fuerzas intervinientes, en las distintas escalas del tejido espacio-temporal-social-cultural-territorial.

 

Se trata de gobiernos atrapados en la encrucijada política, estancados en sus dilemas no resueltos; debido a las indecisiones, quizás también a los miedos, fuera de los conformismos ateridos. Gobiernos que lanzan discursos estridentes, como cuando alguien, antes de meterse al agua, la prueba con la punta de su pie. El problema de estos gobiernos es de falta de honestidad; después de haber metido solo la punta del pie en el agua, siguiendo con la metáfora, dicen que se han bañado, nadado y disfrutado del agua. Este invento o mentira política termina convenciéndolos que lo han hecho. Ese error de correspondencia entre elenunciado y lo que efectivamenteocurrió, deriva en consecuencias destructivas. Como la “revolución” ya se ha dado, entonces lo que queda es administrar los resultados logrados. Esta administración termina siendo la administración de losbienes comunes, de los recursos naturales, de la riqueza del pueblo. Lo hacen con el mismo método que los anteriores gobiernos, de una manera privada, a nombre del Estado; esta vez denominado plurinacional.

 

Se trata de gobiernos desgarrados por sus abundantes y notorias contradicciones. Gobiernos, que, en el fondo, no saben lo que son, tampoco, en sentido riguroso, no saben lo que hacen; empero, la desesperación los lleva a calificar estos desajustes, estos contrastes, esta inmovilidad en la encrucijada, manteniendo dilemas no resueltos, como si se tratara de una “revolución” en marcha, que, encuentra en el camino, obstáculos, colocados por la “oposición de derecha” y por la “conspiración imperialista”. Aunque se den estas circunstancias, no son las condiciones que explican el desastre político de los gobiernos progresistas. La explicación más acertada, la interpretación más adecuada, se encuentra en las propias estructuras del populismo, del progresismo, del reformismo tardío, en la etapa tardía del ciclo del capitalismo vigente.

 

¿Qué se puede esperar de partidos políticos herederos de las recurrentesrelaciones clientelares? ¿Qué se puede esperar de las segundas versiones de lonacional-popular, cuando la segunda versión tiende a ser una comedia? ¿Qué se puede esperar del “socialismo del siglo XXI” que no ha asumido ni resuelto los problemas que planteó la construcción del socialismo real? ¿Qué se puede esperar de un partido de los trabajadores, que aunque tenga la ventaja sobre los populismos, de su formación marxista, termina conformando no solo una pesadaburocracia estatal conservadora sino una burguesía financiera? ¿Qué se puede esperar de una versión, de segunda mano, populista, nacionalista, y pretendidamente socialista, que dice aplicar la Constitución de un Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico, cuando en la práctica efectúa una consolidación mayor, acabada, del Estado-nación subalterno? No se puede esperar otra cosa que la manifestación en los discursos y en las acciones deldesgarramiento profundo ocasionado por contradicciones no asumidas, por dilemasno resueltos.

 

Habíamos dicho, al respecto, que se trata de un bluff, de una simulación, de unmontaje, en escenariosceremoniales del poder. Puede tener aciertos esta apreciación; empero, no necesariamente se da este comportamiento, este ejercicio de la simulación,conscientemente, como si se lo buscara, si se persiguiera engañar abiertamente. Más parece que, al no salir de la encrucijada, delentrampamiento, que los inmoviliza, emiten discursos como alaridos desesperados, como queriendo darle a su desgracia un sentido de esperanza. Es pues unadesdicha esta; sin embargo causada por su propia conducta, su propio comportamiento, que se resume, esta vez, en la caracterización simple de falta de honestidad.

 

 

 

El ciclo de los gobiernos progresistas

 

 

 

Usando una figura lineal, como ejemplo, a modo de ilustración, podemos decir metafóricamente que todo un ciclo comprende la apertura del mismo y su clausura; teniendo en el medio el proceso singular que compete, con sus características propias, su historia particular. Siguiendo el ejemplo tenemos como una curva que dibuja su ascenso, hasta llegar a un punto de inflexión; a partir del cual se da lugar eldescenso del proceso en cuestión, que se comporta como una regularidad arqueada. Podemos pues hablar, aunque sea alegóricamente, del ciclo de los gobiernos progresistas; ciclo que se habría abierto a fines del siglo XX, se habría impulsado en la primera década del siglo XXI, hasta llegar a distintos puntos de inflexión, dependiendo del proceso político, correspondiente a tal o cual gobierno progresista. Para luego, a partir de este punto de inflexión, perder el impulso, desacelerarse, por así decirlo, decayendo, invirtiendo la dirección de la curva del proceso político hacia una caída irremediable. Ya en la segunda mitad de la siguiente década del siglo XXI, parece comenzar la clausura del ciclo mentado. El ciclode los gobiernos progresistas parece anunciar su conclusión.

 

Hemos llamado, en otros ensayos, a esta etapa descendente, de los llamados “procesos de cambio”, decadencia. Sobre todo, por los rastros, signos y señales de ladecadencia. Vale decir, uno de ellos, de estos rastros, corresponde aldesmoronamiento ético-moral de los gobiernos en cuestión; en general, podemos hablar de la invasión extensiva e intensiva de las formas paralelas de poder, por parte de la economía política del chantaje, a las mallas y estructuras institucionales del Estado, la forma legal del poder. Si siempre se ha dado una especie deconcomitancia y complementariedad entre la forma de poder institucional y la forma de poder no institucional, paralela, en la etapa de la decadencia se produce la invasión abrumadora de la economía política del chantaje a todo el campo burocrático, administrativo y político del Estado.

 

En la fase de la decadencia de los “procesos de cambio”, la credibilidad de los líderes, de los caudillos, de los conductores del mentado proceso, se desmorona. Ya no soncreíbles. La convocatoria de los discursos oficiales, de la primera etapa, ha desaparecido; en sustitución, aparecen discursos justificativos, discursos esforzados para explicar los virajes ocurridos. Tratando de mostrar o comprobar que no hay virajes, sino que se continua empujando el “proceso de cambio”. Los discursos dejan de ser convincentes, por lo menos, para la mayoría, que apoyó cuantitativamente al gobierno progresista. Si sigue votando por el partido populista, lo hace porque no quiere votar por los partidos de “oposición”, que considera de “derecha”. No lo hace por convicción; se ha dado lugar el desencanto, ante la cruda realidad de un “proceso de cambio” atravesado por sus contradicciones. Los argumentos de los voceros del gobierno, del Congreso, de los órganos de poder del Estado, como el judicial y el electoral, cada vez son más estrambóticos, afanosos y confusos. Es en esta etapa, cuando se desatan, de manera proliferante y minuciosa, los conflictos sociales con el gobierno; aunque antes se hayan dado conflictos de envergadura, relacionados a la aplicación de la Constitución y a la interpelación del “proceso de cambio”. En respuesta a lo que ya parece dar sus primeros tropezones, cuando el aparato estatal del gobierno y del partido oficial interfieren, desviando el sentido del “proceso de cambio”, de la aplicación de la Constitución; evitando las transformaciones estructurales e institucionalesrequeridas. Llenando, mas bien, esta falencia con una estruendosa demagogia, acompañada con compulsiva propaganda y publicidad, que pretenden sustituir larealidad con la representación apabullante y manipulada.

 

Lo insólito es que  los gobernantes, los congresistas oficialistas, los altos funcionarios de los otros órganos de poder del Estado, la militancia del partido, se la cree; cree en su propia propaganda y publicidad, que está destinada a convencer al público, al pueblo. Si, en principio, se comparte la creencia en la propaganda, entre partido oficialista y organizaciones sociales, entre gobierno y pueblo, incluso entre aparente nuevo Estado y pueblos indígenas, en la medida que se hace evidente ladiferencia entre discurso y realidad del “proceso de cambio” en curso, parte del público, parte del pueblo, comienza a dejar de creer, ante la evidencia de los hechos. Si sigue apoyando, a pesar de los contrastes, lo hace, considerando que se trata de contradicciones esperadas en un proceso difícil. En la medida que estascontradicciones son reiterativas y recurrentes, más como una constante que como accidentes acaecidos, comienza a considerarlas ya no como contradicciones delproceso, sino como errores del gobierno. Sin embargo, se sigue apoyando, a la espera de que los errores se corrijan. Cuando los errores no se corrigen, mas bien, persisten, es cuando comienza a sospechar que la historia se repite como una condena. De todas maneras, se sigue apoyando, ya sin esperanza a que cambie la conducción del proceso, sino para evitar que retornen los que fueron expulsados por la movilización y la insurrección popular. Aquí no acaba la descripción de estadilatación dramática del “proceso de cambio”; al observar que el gobierno no solo persiste en los errores, sino los ahonda, desafiando a las consecuencias de los crasos errores, equivocaciones, violencias y forcejeos desplegados, que podían haberse evitado – se lo hace para mostrar fortaleza, para ocultar debilidades, que ya se plasman  de una manera evidente -, es cuando parte del apoyo al gobierno se retira, se dan lugar desplazamientos, si no es el silencio ante un gobierno que adquiere tonalidades delirantes, no solo en sus alocuciones, sino en sus actos.

Las denuncias suman y siguen, no solo de la llamada “oposición”. Los escándalos se dan a conocer. La política, del espectáculo político, pasa al espectáculo calamitoso de lamentables comportamientos gubernamentales comprometidos con la economía política del chantaje. La decadencia devela su descomunal desnudez perversa. Por donde se mira está contaminado, invadido, por las formas de poder paralelas. Es cuando, de manera más desesperada, los gobernantes recurren al chantaje emocional, atacan, sin convencer, a la “derecha” conspiradora y al “imperialismo” embarcado en el boicot a los gobiernos progresistas, para explicar las consecuencias de los crasos errores políticos cometidos. El caudillo, que antes, en la primera etapa, se mostraba seguro, optimista, en todas sus presentaciones públicas, ahora, en la etapa decadente, manifiesta síntomas alarmantes de desmoronamiento, proliferantes devaneos, inseguridades atroces y actitudes sinuosas, que aparecen en toda su inutilidad.

 

Estamos ante la decadencia, en pleno sentido de la palabra, en su completo desenvolvimiento destructivo. Parece que no se puede detener esta marcha desbocada al abismo. Es más, de manera inaudita, los mismos gobernantes parecen acelerar, mas bien, la precipitación al derrumbe completo. ¿Por qué ocurre esto? Como si estuvieran seducidos por la atracción del abismo, se apresuran a lanzarse al vacío.  ¿Es acaso una psicología singular desatada, en estas condiciones, unapsicología decadente? Que empuja a avanzar irremediablemente al abismo, sin que necesariamente interpreten de este modo los gobernantes y sus voceros; de manera diferente, dicen que nunca el “proceso de cambio” ha estado mejor, presentan sus resultados y logros en cifras y en spots. ¿Por qué se pierde lo último de cordura que todavía se tenía, aunque ya era escasa? ¿Qué es lo que enloquece a los gobernantes en esta rutaalnaufragio? No lo sabemos; tampoco parece saberlo la psicología, que ha construido tesis, a propósito; pero, fragmentadas, desconectadas, abocadas a distintos comportamientos, que podríamos considerarlos de suicidas.

 

Al respecto, tenemos una impresión. Lo hemos dicho de distintas maneras, aunque de una forma teórica[132]. Dijimos que el poder destruye, fuera de que es el poderel que te toma; no se toma el poder; ésta, la de creer que se toma el poder, es unailusión adormecedora. Destruye, en la etapa de la decadencia, al partido de turno y al gobierno en ejercicio; antes ya lo hizo con las organizaciones sociales, cooptándolas, imponiendo dirigentes sumisos, dóciles y corruptibles. Destruye a las personas gobernantes, también a las autoridades y a los representantes. El poder destruye ingratamente a los que les sirven. Parece un cruel sarcasmo despiadado del poder; maquinaria abstracta, que convierte en víctimas a los propios gobernante, autoridades y representantes, así como a las dirigencias. Después que los gobernantes, las autoridades, las dirigencias, convirtieron en víctimas no solo a los “opositores”, sino a las organizaciones, movimientos sociales, dirigentes que se plantaron, resistieron y buscaron la reconducción del proceso de cambio. Parece que el poder no deja a nadie sano, como si quisiera marcarlos, recordándoles que lo único que hay es el poder, como tal, como estructura maquínica demoledora; no hayhombres poderosos, aunque se la crean, aunque se hagan ricos, aunque todavía cuenten con la disponibilidad de fuerzas y de violencias legítimas del Estado.  ¿Qué es todo esto, ante diagramas y cartografías de poder, que se prolongan en ciclos largos? ¿Qué es todo esto, cuando los gobernantes se encuentran en condiciones depiltrafa humana, en el sentido ético y moral?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Crisis política

 

Apuntes sobre la crisis política de Brasil

 

 

 

 

Ante la crisis política y económica desatada en Brasil, se observan dos comportamientos, aparentemente opuestos, por su signo político; empero, equivalentes, por negarse al análisis y preferir la diatriba. Por un lado la llamada “derecha” hace todos los esfuerzos para convertir a Lula Da silva, expresidente, y a Dilma Rousseff, actual presidente de la República Federal de Brasil, en monstruos y culpables, además de responsabilizar al PT por la crisis desencadenada. Por otro lado, la llamada “izquierda” se encarga de defender al gobierno de Dilma, de defender al expresidente Lula, acusando a la “derecha”, incluyendo al poder judicial, de “conspiración golpista”, aunque le den el calificativo de “golpe institucional y mediático”. Esta es una pelea de aparatos de propaganda y contra-propaganda. Es muy difícil encontrar el análisis de la crisis en esta vehemente diatriba. Es menester hacerlo, no por el análisis mismo, menos por una inclinación académica, sino, sobre todo, por comprender los procesos de la crisis; encontrar, en la crisis, las potencialidades y posibilidades de avanzar en las liberaciones yemancipaciones múltiples del pueblo brasilero.

 

Seguramente lo que vamos a decir sea muy general, incluso teórico, pues no contamos con la información más detallada, sobre todo, con la experiencia de lacoyuntura, palpándola. Sin embargo, teniendo en cuenta estas limitaciones, lo hacemos, pues es menester sugerir algunas reflexiones, tomando en cuenta lo que escribimos en Acontecimiento Brasil, que se encuentra en el ensayo Gramatología del acontecimiento[133], dedicado también a la potencia social brasilera. Además de contar con los análisis de coyuntura y del periodo de los gobiernos progresistas de Sud América[134].

 

Comenzaremos con apuntes menos difíciles, sobre la crisis económica, aunque digamos muy poco sobre ella. Preferimos remitirnos, al respecto, al texto citado, también a La inscripción de la deuda y su conversión infinita[135]. La crisis particular de Brasil forma parte de la crisis mundial de sobreproducción[136], convertida encrisis financiera, por las manipulaciones del sistema financiero mundial. A esto se añade la incidencia de la baja reciente de los precios de las materias primas, que afecta a la economía brasilera, a pesar de que es clasificada como economía de unapotencia emergente; por lo tanto, potencia industrial. Esto se debe a que laestructura económica, la composición, a pesar de la revolución industrial y cibernética, sigue condicionada por la gravitación extractivista[137].

 

La crisis política parece tener que ver con la crisis del gobierno o la crisis de la forma de gubernamentalidad progresista, al estilo de una socialdemocracia tropicalizada o, si se quiere, de un socialismo matizado, que más se parece a un reformismo timorato. Nadie niega que las gestiones de gobierno del PT tuvieron impactos positivos en laredistribución del ingreso, en la movilidad social, haciendo ascender, dicho de modo metafórico, a cincuenta millones de pobres a la condición de clases medias.  De lo que se trata es, primero, de describir, los límites de este proceso de cambio, por más beneficioso que haya sido. Uno de los límites más sobresalientes tiene que ver con la reforma agraria. En un país de grandes latifundios, de extensos monopolios de la tierra, contra los cuales se constituyó el movimiento campesino más grande del mundo, el MST, que es la organización más masiva del mismo PT, partido que incorpora también a contingentes bien organizados de sindicatos de trabajadores, proletarios, en los que debemos señalar se encuentran los metalurgistas, esta reforma agraria brilla por su ausencia, salvo las burocráticas disposiciones que difieren las entregas de tierras a familias campesinas.

 

En la historia de Brasil, la lucha popular contra la “oligarquía de café con leche” forma parte de la constitución de la consciencia democrática, popular y política, de los movimientos sociales y sus organizaciones. Por eso llama la atención que el PT, en el gobierno, en sus momentos de mayor fuerza y legitimidad, no haya llevado a cabo una reforma agraria plena. Esta limitación impone un proceso de cambiotambién limitado. Un partido marxista, como el PT, sabe que tiene la responsabilidad histórica-política de efectuar transformaciones estructurales en la composición social de Brasil. Lo que parece haber acaecido es que se dieron notables avances en las condiciones de vida del 25% de la población, que son los pobres que pasaron a convertirse en clases medias. Fuera de los impactos diferenciales, según estratos, en el otro 75% de la población.  Los bonos fueron mecanismo de redistribución de parte del excedente; también se mejoraron las infraestructuras y organización de salud y su logística; por lo menos, en las grandes ciudades y otras intermedias. Se amplió la realización efectiva de los derechos de los trabajadores. La inversión educativa también modificó las condiciones y las disposiciones cualitativas y cuantitativas de la formación de las poblaciones; la importancia de la educación superior, además de la formación especializada, incluyendo a los trabajadores, que lograron formación calificada. El consumo, en general, de la población, aumentó, en contextos urbanos transmutados, mejorando los servicios.  Podemos seguir con la lista positiva; sin embargo, hay que anotar que se trata de modificaciones que, teóricamente, deben cumplirse en todo gobierno, en un Estado que tiene los recursos para hacerlo. Que no lo haya hecho la “oligarquía de café con leche”, se debe a su concepción patronal del mundo. Que no lo haya hecho la dictadura militar, salvo los efectos heredados de las transformaciones provocadas por el nacionalismo popular de Getulio Vargas, se debe a su concepción geopolítica, con pretensiones imperiales. Que no lo haya hecho el neoliberalismo, se entiende, que se debe a su elemental concepción de la economía y el mercado, que considera que todo se resuelve con la competencia, ligada al libre mercado y a la libre empresa.   Lo ha hecho el PT en el gobierno; empero, esto apenas era, el comienzo del cronograma de sus tareas, vinculadas a la transformación social, económica, política y cultural de Brasil.

 

¿Por qué se detuvo ahí el PT? ¿Por qué se embarcó en desplazamientosde posicióncomplicados, consiguiendo ocupar la administración financiera de las AFPs? ¿Por qué prefirió caer en el burocratismo de un gobierno de los trabajadores? ¿Por qué terminó formando parte de la burguesía con un nuevo contingente de dirigentes sindicales? Estas son las preguntas que son obligadas, si se quiere latransformación, la liberación y las emancipaciones del pueblo brasilero. Pero, llama la atención, que estas preguntas no se hacen, salvo contadas excepciones admirables, como la investigación de Raúl Zibechi y otros aportes analíticos[138]. Un gran aporte analítico, crítico, teórico e histórico de la formación social-económica de Brasil, es la de Francisco de Oliveira. Hay otros, que mencionamos en Gramatología del acontecimiento, y seguramente otros más, que se nos escapan; empero, en suma, son escasos, en comparación a la abundante producción “ideológica”, esforzada en descalificar al otro. La “izquierda” latinoamericana no muestra interés en el análisis, prefiere la retórica política, pretendiendo la defensade los gobiernos progresistas. Olvidando que la mejor defensa es la crítica y la peor vulnerabilidad es la apología de un proceso político.

 

Entonces, en resumen, una primera conclusión, mas bien, simple, para comenzar, puede sugerirse del modo siguiente: La crisis cíclica del capitalismo mundial, que incide en la crisis económica específica de Brasil, incorporando sus propias condiciones, locales y regionales, para desatarla, termina entrelazándose con lacrisis política. Esta crisis política parece tener que ver, en parte con las limitaciones obstaculizadoras de transformaciones efectivas, por parte del PT; limitaciones que no expusimos exhaustivamente, sino optamos por mostrar la más sobresaliente, la relativa a la reforma agraria. Crisis política, que también tiene que ver con las características históricas-políticas de los llamados gobiernos progresistas.  Estos gobiernos, en su mayoría, son la segunda versión del populismo heroico de mitad del siglo XX, a excepción de Brasil, que más se parece a la versión tropical de la socialdemocracia, y de Venezuela, que vive la primera versión de lo nacional-popular, después del Caracazo, claro que de una manera más radical, combinada con objetivos socialistas y participativos comunitarios. La segunda versión aparece más como comedia que como tragedia; es decir, más una simulación que unarealización estructural de las nacionalizaciones de la economía, del Estado y del gobierno. En conjunto, comparándolos con las revoluciones del siglo XX, losgobiernos progresistas resultan timoratos en su confrontación con la dominación global del capitalismo tardío. Es poco sostenible definir a estos procesos de cambiocomo revolucionarios, salvo si se pretende ahondar en la retórica. Por lo tanto, siguiendo nuestra interpretación, la crisis política estaba contenida en estaslimitaciones, en la estructura de estas limitaciones, de carácter reformista.

 

La denominada crisis institucional, según el discurso acusador de la “oposición”, tiene como causa a la corrupción extendida. Esta “oposición” olvida que los gobiernos anteriores, que son su referente, también desplegaron estas prácticas corrosivas de la economía política del chantaje. No se trata aquí de medir lasmagnitudes de la corrupción, decir qué periodo de corrupción tiene mayor alcance;en otros escritos remarcamos que llama la atención que cuando se trata de gobiernos de “izquierda” o populistas, la corrupción se expande y se hace, por así decirlo, “democrática”, al involucrarse casi todos. Por lo menos teóricamente, se espera que un gobierno de “izquierda” no lo haga, no caiga en este síndrome del poder, el de la corrupción asociada, entre otros síndromes de poder destructivos. Sin embargo, esta tesis de la “derecha”, que circunscribe, principalmente, aunque no solo, la crisis institucional, al fenómeno campante de la corrupción, es demasiado simple y elemental.

La crisis institucional, sobre todo si se trata de la malla institucional del Estado, no puede ser ocasionada por la economía política del chantaje, tomando en cuenta no solo la corrupción sino otras prácticas paralelas de poder. De alguna manera, la crisis institucional se anticipa a la invasión gravitante de las formas de poder paralelas de laeconomía política del chantaje. La crisis institucional tiene que ver con la crisis del Estado-nación.  Si se toma en cuenta esta hipótesis interpretativa, entonces, lo que importa es comprender la crisis congénita, que acarrea la constitución del Estado-nación, de herencia colonial. ¿Se han resuelto todos los problemas estructurales vinculados a los periodos coloniales? ¿Se han establecido fehacientemente lascondiciones de posibilidad social históricas-políticas-culturales, vale decir, lascondiciones de acceso social y cultural, como para garantizar el ejercicio democrático? ¿El tremendo aparataje institucional, burocrático, regionalizado, de la República Federal de Brasil, ha logrado administrar y cohesionar a la geografía política inmensa, con toda su diversidad y pluralidad ecológica, demográfica, social y cultural? Por último, sin decir que es la última pregunta posible, ¿los problemas acumulados de la maquinaria chirriante administrativa y política, problemas técnicos, normativos y de eficacia, se han resuelto, por lo menos, en gran parte? Si nada de esto ha ocurrido, como se espera que debería haber sido, aquí se encuentran las causas estructurales de la crisis institucional.

 

No se trata de defender a los gobiernos progresistas, de una manera ultimatista, como lo hace la “izquierda”, que más o menos dice: esto, lo que tenemos, o volver al infierno del neoliberalismo. Esta “izquierda” descuida que hay otras alternativas, más importantes que su triste dilema; por ejemplo, cómo avanzar en la liberación, en la emancipación, en la integración, en la armonización social con los ecosistemas. En resumen, cómo lograr transformaciones profundas, estructurales e institucionales, por las que ha peleado, en la historia larga, el pueblo brasilero.

 

 

 

Hipótesis sobre la crisis singular de Brasil

 

  1. En la perspectiva de los ciclos largos históricos, los problemas pendientes, no resueltos, se comportan como problemas estructurales, que no solo obstaculizan el pleno desenvolvimiento del ejercicio democrático, sino obstruyen de tal forma que se comportan como peligrosos desencadenantesreiterativos de la crisis múltiple del Estado-nación; crisis congénita desde la independencia acotada, limitada por sus características coloniales.

 

  1. En la perspectiva de los ciclos medianos históricos, la dependencia, no solo económica, sino también política y cultural, ha adquirido nuevas formas, aunque aparezcan como soberanía aparente y como desarrollo económico, con las características atribuidas a una potencia emergente, se convierte patentemente en un obstáculo para la transformación emancipadora de laformación económico-social de Brasil y para la integración continental de la Patria Grande.

 

 

  1. En la perspectiva de los ciclos cortos históricos, las gestiones contradictorias, paradójicas, reformistas, de los gobiernos del PT, si bien abren decursos de impactos social beneficiosos para las mayorías, terminan preservando laestructura de poder dominante Lo peor, caen en la recurrencia y repetición del círculo vicioso del poder. Por lo tanto, después del ascenso político, se deriva en la decadencia, cumpliendo el ciclo regular de los procesos políticosde la modernidad.

 

  1. El despliegue de la economía política del chantaje, que contiene las prácticas y circuitos paralelos del poder, particularmente corrosivos en el caso de lacorrupción, tiene sus propias temporalidades Una de ellas, de antigua data, abarca la temporalidad genealógica del poder; las formas institucionales estatales del poder siempre han convivido y se han complementado, de variadas formas y en distintas proporciones, con las formas no institucionales, opacas y clandestinas de las formas paralelas del poder. La otra temporalidad, la peculiaridad propia, relativa a las gestiones de gobierno del PT, muestra expansiones de la economía política del chantaje, sustentados ampliamente por la extensión de las relaciones clientelares, las que desenvuelve incrementadamente un gobierno que cuenta con amplio apoyo social, y lleva consigo el mandato de los programas de las organizaciones sociales, aunque esto haya quedado en el olvido.

 

 

  1. La salida de la crisis, obviamente, no se encuentra en sustituir un gobierno del PT por gobiernos neoliberales, como persigue la “oposición” de “derecha”, de una parte de la oligarquía y parte de la burguesía, pues la otra parte es aliada del PT gobernante. Esto seria, no solamente lo mismo, sino ahondar la crisis estructural y múltiple del Estado-nación. Tampoco se encuentra la salida en preservar la gubernamentalidad reformista timorata, entrampada en sus contradicciones y avatares; esto sería seguir navegando en la tormenta de la crisis, rumbo al naufragio. Las salidas, las alternativas efectivas, se encuentran en transiciones políticas, económicas, sociales y culturales hacia formas participativas y consensuadas de la democracia radical. Transiciones hacia la gobernanza de autogobiernos autogestionarios de los pueblos, integrándose en el continente, avanzando a la gobernanza mundial de los pueblos.

 

 

 

 

Remolinos de la crisis política

Aproximaciones al análisis de la crisis política e institucional de Brasil

 

 

 

 

 

La clase política tiene sus referencias en la coyuntura, como si fuese el ojo de la tormenta; extendiendo un poco, el momento político. Se puede decir que, la extensión de las referencias llega, en el mejor de los casos, a ampliarse en elpresente dilatado, como historia reciente[139]. No alcanza a extender sus referenciasen el mediano plazo, menos en el largo plazo. No hablamos de la memoria corta, lamemoria mediana y la memoria larga, que no se asemejan a la referencia corta, referencia mediana y referencia larga; pues la memoria corta supone la memoria mediana y la memoria larga; incluso activa a éstas, las hace presentes.

 

En Brasil, los partidos conservadores, catalogados de “derecha”, ya sean de “centro derecha” o de “derecha” a secas, solo tienen en mente la coyuntura críticadel gobierno de Dilma Rousseff. Pueden ampliar sus referencias a las gestiones de gobierno del PT; muy difícilmente llegan a visualizar, definiendo sus referencias, en la historia reciente. Mucho menos se trata del ciclo mediano de la historia; es ya imposible que lo hagan en los ciclos de estructuras de larga duración de la historia. Acusan al gobierno de Roussef de corrupción; empero, se refieren a préstamos de bancos públicos, efectuados por el gobierno, para cubrir huecos en el presupuesto o para equilibrarlo. El juicio propuesto y aprobado por la cámara de diputados a la presidenta Dilma Rousseff se basa en esta acusación, que no es exactamentecorrupción, sino por una interpretación capciosa y manipulada técnicamente. La acusación, monitoreada y orientada por el presidente de la cámara de diputados, Eduardo Cunha, viene de alguien acusado por la fiscalía por corrupción, en uno de los casos escandalosos que involucra a PETROBRAS. Al final, acusación apoyada, nada más ni nada menos por el vicepresidente del gobierno, Michel Temer, que si prospera la aprobación de la cámara de diputados en la cámara de senadores, sería virtual presidente, sustituyendo a la probable destituida Rousseff[140].

 

Como puede verse, los acusadores no son trigo limpio; mas bien, conocen muy bien estos recovecos de la economía política del chantaje, de la corrosión institucionaly de la corrupción. El problema es que el gobierno progresista no ha escapado a estaherencia del poder, que conecta las formas del poder institucional con las formas del poder paralelas, las formas del poder luminoso con las formas del lado oscuro del poder. El poder funciona efectivamente de esta manera; creer que puede funcionar solo contando con el lado luminosoe institucional del poder, no solo es una muestra patética de candidez, sino desconocer la historia política. Lo que no deja de asombrar es que el gobierno progresista, lo haga, caiga en esta gravitación de las formas coaligadas del poder efectivo, de manera más extendida y en el caso, con las magnitudes de ingresos de la economía de una potencia emergente, es decir, en escalas mayores.

 

Los escándalos de corrupción develados, en relación a PETROBAS, comprometen a “izquierda” y “derecha”, a gente de peso del gobierno progresista y de los gobiernos neoliberales. Nadie escapa a este síndrome de la economía política del chantaje. No es casual que la acusación se haya detenido en el tecnicismo del manejo de fondos públicos, prestamos anticipados, de parte del gobierno, y no se haya ahondado en la investigación de los diagramas de la corrupción; pues, en esto están comprometidos todos. En consecuencia, la aprobación de impeachment,impedimento, por parte de la cámara de diputados, puede ser legal, por eltecnicismo jurídico, pero, no es honesta.  Solo toma un problema, por cierto, sujeto a interpelación; sin embargo, no considera la problemática mayor, la economía política del chantaje, de la corrosión institucional y la corrupción.  Estos espacios matriciales de la crisis institucional y de la crisis política, son tabús para la clase política.

 

La víctima no es exactamente la presidenta y su gobierno, tal como interpreta la “izquierda” institucionalizada de América Latina, que hace gala de su apego al mito patriarcaldel caudillo, y muestra patentemente su anacronismo “ideológico”.Anacronismo imaginario aterido, anclado en las glorias de revoluciones pasadas, que le sirven de escusas para sus pragmatismos presentes, que no salen de unreformismo timorato. Usando la metáfora de la víctima, la víctima es el pueblo brasilero, expoliado por la oligarquía de café con leche, sometido por las dictaduras militares, despojado y desposeído por los gobiernos neoliberales y escamoteado por los gobiernos progresistas. Estos últimos, que eran la expectativa del pueblo, que votó por el PT, consecutivamente, otorgándole la mayoría, que se los consideróesperanza en la perspectiva de lograr la transformación estructural e institucional de Brasil, después de iniciar el proceso de cambio, se estancaron, en un momento,llegando a un punto de inflexión, donde comenzaron la regresión, restaurando las viejas prácticas; conformando nuevas élites, nuevos ricos, engrosando con dirigencias sindicales a la renovada burguesía.

 

Lo calamitoso de la situación, como ocurre con los otros gobiernos progresistas de Sud América, es que estos gobiernos y sus diletantismos terminan destruyendo lacapacidad de organización, de resistencia y de lucha de los movimientos sociales anti-sistémicos. Entonces, cuando llega la crisis, el pueblo, las mayorías, las multitudes, quedan desarmadas, desmoralizadas y abatidas, dejando la iniciativa a las conocidas “derechas”, tan crápulas como de quienes se esperó otros comportamientos y conductas políticas.   Pareciera que la historia se repite, como en círculos viciosos; el comentario incauto habla hasta de la simple figura delpéndulo; esto es de la rutina de pasar de gobiernos progresistas a gobiernos conservadores, y viceversa. Pero, no es tan así, salvo en lo que respecta a lasrevoluciones, las inaugurales, que se presentan como tragedias o, si se quiere, mejor, como gastos heroicos; en cambio, las segundas y las siguientes, se presentan comocomedias o, si se quiere, como simulaciones, como ahorros de gastos heroicos, comopragmatismos oportunistas. Lo que parece más bien ocurrir, es la degradante marcha de la decadencia de la clase política, de los gobiernos, del Estado.

 

Obviamente, que si viene un gobierno conservador, sea de “centro derecha” o de “derecha” a secas, no es, de ninguna manera, una solución a la crisis, sino todo lo contrario, un ahondamiento de la crisis. Esto no quiere decir, que hay que defender, sin miramientos, al gobierno progresista, como propone la “izquierda” oficialista de América Latina, pues esto es seguir el rumbo de la crisis por los caminos de la auto-contemplación “ideológica” y el autoengaño, arrastrando en el desastre a los pueblos. ¿Dónde está la salida? ¿Hay salida?

 

La trampa de las revoluciones, que corresponden al gasto heroico de las multitudes, es que no salieron del círculo vicioso del poder, creyendo que el poder es uninstrumento neutral, utilizable para las transformaciones. Exagerando, lo único que se transformó fueron los “revolucionarios” y su partido, en el gobierno; sufriendo una metamorfosis extraña. Se fueron convirtiendo, poco a poco, en algunos casos abruptamente, en la nueva élite dominante, usufructuando el poder a nombre del proletariado, a nombre del pueblo, a nombre de los oprimidos y las subalternas. Ejerciendo el poder, incluso contra el proletariado y el pueblo, que según la “ideología” oficial, le faltaba formación o estaba contaminado por la “ideología” burguesa y la “propaganda imperialista”. Los gobiernos progresistas del siglo XXI han repetido esta increíble y triste historia, solo que de una manera más histriónica, más mezquina.

 

La situación de la álgida coyuntura parece un callejón sin salida. Sin embargo, no es efectivamente así, pues anida en las constelaciones corporales de los pueblos lapotencia social; sólo que se halla inhibida, en parte, capturada por las mallas institucionales del Estado y, ahora, por las redes de la demagogia populista o reformista. ¿Cuáles son las condiciones de posibilidad históricas-políticas-culturalespara que la potencia social se libere?

 

Sin pretender lanzar ninguna fórmula, sino sugiriendo hipotéticamente tópicos estratégicos sobre la mesa de debate activista, proponemos lo siguiente:

 

En primer lugar, siguiendo esta interpretación, es menester salir del círculo vicioso del poder. Las emancipaciones y liberaciones múltiples no son realizables dentro de este círculo repetitivo, salvo como simulación; es menester desmantelar lasmáquinas fabulosas del poder. Así como es indispensable de-construir las formaciones discursivas de las “ideologías”.  En segundo lugar, es urgente la pedagogía política de las multitudes, sobre la base de las propias experiencias sociales y la recuperaciónreflexiva del tiempo perdido, activando críticamente las memorias sociales. En tercer lugar, es necesario componer y conformar formas de organización social auto-determinantes y autogestionarias, que se proyecten como autogobiernos. Hacer posible y realizable la democracia, que no puede ser sino radical, y en el ejercicio de autogobiernos. En cuarto lugar, acabar con el mito de las fronteras nacionales de los estados y republicas, inventadas por las oligarquías. La Confederación de Autogobiernos de los Pueblos se presenta como el horizonte político nómada – político en sentido ampliado – del desenvolvimiento de la potencia social a escala mundial.

 

[1] Ver de Raúl Prada Alcoreza Acontecimiento poético. Rebelión; Madrid 2013. Dinámicas moleculares; La Paz 2013.

[2] Referencia a Fenomenología de la percepción de Merleau Ponty. Ver de Merleau-Ponty Fenomenología de la percepción. Editorial Planeta; Buenos Aires 1993.

[3] Revista de la Academia Brasileira de Letras. Río de Janeiro. http://www.abl100anos.com.br.

 

 

[4] El golpe de estado de 1937 se dio anticipándose a las elecciones presidenciales de enero de 1938. En la coyuntura crítica, que arrastraba problemas irresueltos desde la rebelión de los oficiales, en la década de los veinte, el gobierno de turno denunció la existencia de un “plan comunista” para tomar el poder, conocido comoPlan Cohen. La versión oficial del plan conspirativo incluía al capitán Olympio Mourão Filho, mostrando que la conspiración comprometía a parte del gobierno mismo. En esta situación vulnerable, en la que se llevaba a cabo el juicio de los participantes de la Intentona comunista (1935), situación crítica acompañada deestados de excepción, además de la neutralización efectiva de los adversarios, como el caso del interventor de Río Grande del Sur, Flores da Cunha, se aprovechó la excusa de la inestabilidad política y la acusación de la conspiración comunista para efectuar un golpe de Estado.  El 10 de noviembre de 1937, Getúlio Vargas dio ungolpe de cabeza instaurando el llamado Estado Novo; condición declarada de un Estado corporativo. El Estado Novo duró hasta el 29 de octubre de 1945. En esta gestión de gobierno Getúlio Vargas cerró el Congreso Nacional, promulgó una nueva Constitución. La Constitución del Estado Novo le otorgaba al presidente pleno control de los poderes del Estado, sobre todo del poder Legislativo y del poder Judicial. También se promulgó el decreto-ley que anulaba la existencia legal de todos los partidos políticos, incluyendo a su aliada en el golpe de Estado, la Acción Integralista Brasileña (AIB).

[5] Getúlio Dornelles Vargas nació en São Borja, el 19 de abril de 1882, falleció en Río de Janeiro, el 24 de agosto de 1954. Fue cuatro veces Presidente de la República de Brasil; en el quinquenio 1930–1934, durante el Gobierno Provisorio; durante el lapso de 1934–1937, en el gobierno constitucional; durante el periodo ampliado de 1937–1945, en el Estado Novo, en el gobierno de facto instaurado; en el corto lapso de 1951–1954, como presidente electo por voto directo. Esta última gestión de gobierno fue agitada, cuestionada por el “Manifiesto de los Coroneles”, por el polémico aumento del salario mínimo en 100%. En esta gestión de gobierno conformó PETROBRÁS y ELETROBRÁS. El 5 de agosto de 1954, un atentado mató al mayor de la aeronáutica, dejando herido al periodista Carlos Lacerda; este atentado desencadenó una crisis política; en estas extrañas circunstancias Getúlio Vargas se suicidio el 24 de aquel mes fatídico.  Se suicidó de un tiro al corazón, dentro de su cuarto en el Palacio de Catete, en la ciudad de Río de Janeiro, capital del Estado-nación federal. La trayectoria del caudillo, de Getúlio Vargas, expresa dramáticamente las contradicciones que atravesaban a la formación social-territorial brasilera. El mito del caudillo es reconfigurado como herencia política; tanto el Partido Democrático Trabalhista (PDT) y el Partido Trabalhista Brasileiro (PTB) reivindican esta herencia.

 

[6] Hay que tener en cuenta el referente del levantamiento comunista del 27 de noviembre de 1935, movimiento ocurrido en las ciudades de Natal, Recife y Río de Janeiro.

 

[7] Revisar de Raúl Prada Alcoreza Cartografías histórico-políticas. Rincón ediciones; La Paz 2014. Dinámicas moleculares; La Paz 2014.

[8] Ver Mitológicas de Claude Levi-Straus; tomos I-IV. Siglo XXI; México 1976.

[9] Título de la tercera novela de Los subterráneos de la libertad.

[10] Ver Los dos cuerpos del rey. Un estudio de teología política medieval. De Ernst H. Kantorowicz. Akal; Madrid.

 

[11] Ver de Paul Ricoeur Tiempo y narración; tomos I-III. Siglo XXI; México 1996. Sobre todo el tomo III, El tiempo narrado.

[12] Paul Ricoeur: El tiempo narrado; pág. 889.

[13] Ver de Raul Prada Alcoreza Acontecimento Brasil. Rebelión; Madrid 2014. Dinámicas moleculares; La Paz 2014.

[14] Ver de Hans-Georg Gadamer Verdad y método; tomos I y II. Ediciones Sígueme; Salamanca 1992.

[15] Ver de Gilles Deleuze La imagen-movimiento. Estudios sobre cine 1. Paidós; Barcelona 1984. Págs. 52-53.

[16] Ibídem: Págs. 56-57.

[17] Ibídem: Pág. 57.

[18] Paúl Ricoeur: Tiempo y narración. Configuración del tiempo en el relato histórico. Siglo XXI; México 1995. Pág. 113.

[19] Revisar de Raúl Prada Alcoreza Acontecimiento poético. Dinámicas moleculares; La Paz 2014. Rebelión; Madrid 2014.

[20] Ibídem: Págs. 115-116.

[21] Ibídem: Pág. 116.

[22] Ibídem: Págs. 116-117.

[23] Ibídem: Págs. 117-118.

[24] Ibídem: Pág. 118.

[25] Ibídem: Pág. 118.

[26] Ibídem: Pág. 119.

[27] Ibídem: pág. 119.

[28] Ver de Ernst Cassirer Filosofía de las formas jurídicas. Fondo de Cultura Económica; México.

[29] Paul Ricoeur: Ob. Cit.; Pág. 120.

[30] Ibídem: Pág. 122.

[31] Ibídem: Págs. 123-125.

[32] Ibídem: Pág. 129.

[33] Ibídem: Pág. 129.

[34] Ibídem: Pág. 131.

[35] Ibídem: Pág. 132.

[36] Ibídem: Pág. 132.

[37] Ibídem: Pág. 134.

[38] Ibídem: Pág. 134.

[39] Ibídem: Págs. 135-136.

[40] Ibídem: Pág. 137.

[41] Ibídem: Págs. 138-139.

[42] Ibídem: Pág. 140.

[43] Revisar de Raul Prada Alcoreza Pensar es devenir. Pensar es Devenir. De Kant a Foucault. Punto Cero. Universidad Nuestra Señora de La Paz; La Paz 1999. Dinámicas moleculares; La paz 2013.

[44] Ver de Jean-Françoise Lyotard La diferencia. Gedisa Editorial; Barcelona 1991. También del mismo autor El entusiasmo. Gedisa Editorial; Barcelona 1991.

[45] Raul Zibechi: Brasil potencia. Entre la integración regional y un nuevo imperialismo. Ediciones desde Abajo; Bogotá 2012.

[46] Francisco de Oliveira: El neo-atraso brasileño. Los procesos de modernización conservadora, de Getulio Vargas a Lula. Siglo XXI-CLACSO. Buenos Aires 2009; pág. 160.

[47] Raúl Zibechi: Ob. Cit.; págs. 36-36.

[48] Ibídem: Pág. 38.

[49] Ibídem: Pág. 39.

[50] La nota de pie de página aclara el sentido de esta calificación: Pelego, en referencia a la piel de cordero, se asimila a “carnero”, rompehuelgas o amarillo en el lenguaje del Río de la Plata. En Brasil el término “pelego” se comenzó a popularizar durante el gobierno de Getúlio Vargas, en la década de 1930. Imitando la Carta del Trabajo, de Benito Mussolini, Vargas decretó a Ley de Sindicalización en 1931, sometiendo los estatutos sindicales al Ministerio de Trabajo. Pelegose llamaba al líder sindical de confianza del gobierno y con vínculos con el Estado. Bajo la dictadura militar instalada en 1964, pelegopasó a ser el sindicalista apoyado por los militares. Ibídem; Pág. 39.

[51] Ibídem: Pág. 40.

[52] Tesis de Antonio Negri y de Michael Hardt. Ver Imperio. Paidós; Buenos aires.

[53] Ibídem: Pág. 41.

[54] Ibídem: Págs. 41-42.

[55] Ibídem: Págs. 43-44.

[56] Ibídem: Págs. 44-45.

[57] Ibídem: Pág. 46.

[58] Ibídem: Págs. 46-47.

 

[59] Raul Zibechi: Ob. Cit.; pág. 59.

[60] Ibídem: Págs. 59-60.

[61] Raúl Zibechi; Ob. Cit.; pag. 61.

[62] Maria Chaves Jardim, Domesticaçâo e/ou Moralizaçâo do Capitalismo no Governo Lula: Inclusâo Social Via Mercado e Via Fundos de Pensâo, Dados, Rio de Janeiro, No. 1 , 2009, p. 123.

[63]Ibíd., p. 152.

[64] Francisco de Oliveira, Crítica a razâo dualista. O ornitorrinco, cit., pp. 147-148.

[65] Raúl Zibechi: Ob. Cit.; pág. 62.

[66] Francisco de Oliveira, O momento Lenin, Novos Estudos, No. 75, Sâo Paulo, Cebrap, pp. 40-41, julio 2006.

[67] Raúl Zibechi: Ob. Cit.; pág. 63.

 

[68] Joâo Bernardo y Luciano Pereira, Capitalismo sindical, Sâo Paulo, Xamá, 2008, p. 13.

[69] Raúl Zibechi: Ob. Cit.; pág. 64.

[70] Raúl Zibechi: Ob. Cit.; pág. 65.

 

[71] Francisco de Oliveira: El neo-atraso brasileño. Los procesos de modernización conservadora, de Getúlio Vargas a Lula. Siglo XXI-CLACSO; Buenos Aires 2009.

[72] Francisco de Oliveira: Este trabalho se inscreve ao lado de outros  surgidos recentemente, que buscam renovar a discussão sobre a economia brasileira; neste sentido, o trabalho de Maria da Conceição Tavares e José Serra, Más allá del estancamiento: una discusión sobre el estilo del desarrollo reciente de Brasil retoma um estilo e um método de interpretação que estiveram ausentes da literatura econômica latino-americanadurante muito tempo, sepultados sob a avalanche cepalina, e inscreve-se como um marco e um roteiro para novas indagações. Convém assinalar que, por todos os lados, o pensamento sócio-econômico latinoamericano dá mostras de insatisfação e de ruptura com o estilo cepalino de análise, procurando recapturar o entendimento da problemática latinoamericana mediante a utilização de um arsenal teórico e metodológico que esteve encoberto por uma espécie de “respeito humano” que deu largas à utilização do arsenal marginalista e keynesiano, estes conferindo honorabilidade e reconhecimento científico junto ao “establishment” técnico e acadêmico. Assim boa parte da intelectualidade latinoamericananas últimas décadas dilacerou-se nas pontas do dilema: enquanto denunciavam as miseráveis condições de ida da grande parte da população latinoamericana, seus esquemas teóricos e analíticos prendiam-nos às discussões em torno da relação produto-capital, propensão para poupar ou investir, eficiência marginal do capital, economias de escala, tamanho do mercado, levando-os, sem se darem conta, a construir o estranho mundo da dualidade e a desembocarem, a contra-gosto, na ideologia do circulo vicioso da pobreza. A dualidade reconciliava o suposto rigor científico das análises com a consciência moral, levando a proposições reformistas.

 

A bem da verdade, devese reconhecer que o fenômeno assinalado foi muito mais freqüente e mais intenso entre economistas que entre outros cientistas sociais: sociólogos, cientistas políticos e também filósofos conseguiram escapar, ainda que parcialmente, à tentação dualista, mantendo, como eixos centrais da interpretação, categorias como “sistema econômico”, “modo de produção”, “classes sociais”, “exploração”, “dominação”. Mas ainda assim o prestígio dos economistas penetrou largamente as outras ciências sociais, que se tornaram quase caudatárias: “sociedade moderna”-“sociedade tradicional”, por exemplo, é um binômio que, deitando raízes no modelo dualista, conduziu boa parte dos esforços na Sociologia e na Ciência Política a uma espécie de “beco sem saída” rostowiano.A economia brasileira:critica a razão dualista. file:///C:/Users/RAUL%20PRADA/Documents/Brasil/a_economia_brasileira.pdf; págs. 2-4.

[73] A Revolução de 1930 marca o fim de um ciclo e o início de outro na economia brasileira: o fim da hegemonia agrário-exportadora e o início da predominância da estrutura produtiva de base urbano-industrial. Ainda que essa predominância não se concretize em termos da participação da indústria na renda interna senão em 1956, quando pela primeira vez a renda do setor industrial superará a da agricultura, o processo mediante o qual a posição hegemônica se concretizaria é crucial: a nova correlação de forças sociais, a reformulação do aparelho e da ação estatal, a regulamentação dos fatores, entre os quais o trabalho ou o preço do trabalho, têm o significado, de um lado, de destruição das regras do jogo segundo as quais a economia se inclinava para as atividades agrárioexportadoras e, de outro, de criação das condições institucionais para a expansão das atividades ligadas ao mercado interno. Trata-se, em suma, de introduzir um novo modo de acumulação, qualitativa e quantitativamente distinto, que dependerá substantivamente de uma realização parcial interna crescente. A destruição das regras do Jogo da economia agrário-exportadora significava penalizar o custo e a rentabilidade dos fatores que eram tradicionalmente alocados para a produção com destino externo, seja confiscando lucros parciais (o caso do café, por exemplo), seja aumentando o custo relativo do dinheiro emprestado a agricultura (bastando simplesmente que o custo do dinheiro emprestado à indústria fosse mais baixo).

 

[74] Francisco de Oliveira: O “subdesenvolvimento” pareceria a forma própria de ser das economias pré-industriais penetradas pelo capitalismo, em “trânsito”, portanto, para formas mais avançadas e sedimentadas deste; sem embargo, uma tal postulação esquece que o “subdesenvolvimento” é precisamente uma “produção” da expansão do capitalismo. Em raríssimos casos — dos quais os mais conspícuos são México e Peru — trata-se da penetração de modos de produção anteriores, de caráter “asiático”, pelo capitalismo; na grande maioria dos casos, as economias pré-industriais da América Latina foram criadas pela expansão do capitalismo mundial, como uma reserva de acumulação primitiva do sistema global; em resumo, o “subdesenvolvimento” é uma formação capitalista e não simplesmente histórica. Ao enfatizar o aspecto da dependência — a conhecida relação centro-periferia — os teóricos do “modo de produção subdesenvolvido” quase deixaram de tratar os aspectos internos das estruturas de dominação que conformam as estruturas de acumulação próprias de países como o Brasil: toda a questão do desenvolvimento foi vista sob o ângulo das relações externas, e o problema transformou-se assim em uma oposição entre nações, passando despercebido o fato de que, antes de oposição entre nações, o desenvolvimento ou o crescimento é um problema que diz respeito à oposição entre classes sociais internas. O conjunto da teorização sobre o “modo de produção subdesenvolvido” continua a não responder quem tem a predominância: se são as leis internas de articulação que geram o “todo” ou se são as leis de ligação com o resto do sistema que comandam a estrutura de relações. Penetrado de ambigüidade, o “sub- desenvolvimento” pareceria ser um sistema que se move entre sua capacidade de produzir um excedente que é apropriado parcialmente pelo exterior e sua incapacidade de absorver internamente de modo produtivo a outra parte do excedente que gera. Ob. Cit.; Págs. 5-6.

 

[75] Francisco de Oliveira: O outro termo da equação urbano-industrial são os chamados “serviços”, um conjunto heterogêneo de atividades, cuja única homogeneidade consiste na característica de não produzirem bens materiais. O papel e a função dos serviços numa economia não têm sido matéria muito atraente para os economistas, a julgar pela literatura existente. A obra clássica de Colin Clark, The conditions of economic progress, sentou as bases do modelo empírico de desagregação do conjunto das atividades econômicas nos três setores, Primário, Secundário e Terciário. Anali- ticamente, o modelo de Clark tem servido de paradigma para a observação das participações dos três setores no produto interno bruto, tomando-se a elevação relativado produto Secundário (industrial) e do produto Terciário (dos serviços) como sinal de diversificação e desenvolvimento econômico. Sem embargo, também tem sido usado o modelo de Clark num sentido equivocado, qual seja o de confundir as relações formais entre os três setores com suas relações estruturais, isto é, com o papel que cada um desempenha no conjunto da economia e com o papel interdependente que jogam entre si. O modelo de Clark é, repita-se, empírico-formal; ele assinala apenas as formas da divisão social do trabalho e sua aparição seqüencial.

 

Quando se o utiliza para descrever uma formação econômico-social concreta ou um modo de produção, necessário se faz indagar das relações estruturais entre os setores e do papel que cada um cumpre na estaria representado em termos de participação no produto e no emprego, num “quantum” desproporcional. Em outras palavras, segundo os teóricos do subdesenvolvimento, o setor Terciário tem participações nos agregados referidos que ainda não deveria ter: é “inchado”. Uma das características, assim, do “modo de produção subdesenvolvido” é ter um Terciário “inchado”, que consome excedente e comparece como um peso morto na formação do produto. Deve-se convir que um certo mecanicismo de inspiração marxista também contribuiu para essa formulação: os serviços, nessa vertente teórica, de um modo geral, são “improdutivos”, nada agregando de valor ao produto social. Essa interpretação distingue os serviços de transporte” e comunicações, por exemplo, dos de intermediação: os primeiros ainda seriam produtivos, enquanto os segundos, não. Conviria perguntar se a produção de serviços de intermediação ou de publicidade, por exemplo, não representam, também, trabalho socialmente necessário para a reprodução das condições do sistema capitalista, entre as quais a dimensão da dominação se coloca como das mais importantes: dificilmente se poderia contestar que não; ela faz parte, inclusive, da reprodução da mercadoria que distingue o capitalismo de outros modos de produção: da mercadoria trabalho. Ibídem: Págs. 22-24.

 

[76] Se encuentra como primer ensayo en El neo-atraso brasileño. Ob.Cit.

[77] Ver Cartografías histórico-políticas. Ediciones Rincón; La Paz 2014. Dinámicas moleculares; La Paz 2013.

[78] Francisco de Oliveira: El neo-atraso brasileño. Ob.Cit.; págs. 77-79.

[79] Ver de Raúl Zibechi Brasil potencia. Ediciones desde Abajo; Bogotá 2012.

[80] Ibídem: págs. 114-115.

[81] Ibídem: pág. 129.

[82] Francisco de Oliveira: El neo-atraso brasilero. Siglo XXI-CLACSO. Buenos Aires 2009.

[83] El ensayo se encuentra en el libro El neo-atraso Brasilero, junto a La crítica de la razón dualista. Ob. Cit.

[84] Francisco de Oliveira: El neo-atraso brasileño. Los procesos de modernización conservadora, de Getúlio Vargas a Lula. Siglo XXI, CLACSO, 2009. Buenos Aires. Pág. 144.

[85] Ibídem: Pág. 148.

[86] Ver de Raúl Prada Alcoreza Cartografías histórico-políticas. Dinámicas moleculares; La Paz 2013.

[87] Rosa Luxemburgo: Acumulación del Capital, Capitulo XXVI La reproducción del capital y su medio ambiente.http://grupgerminal.org/?q=system/files/LA+ACUMULACI%C3%93N+DEL+CAPITAL.pdf

[88] Camila Moreno: Las ropas verdes del rey. La economía verde: una nueva fuentede acumulación primitiva. En Alternativas al capitalismo del siglo XXI. Fundación Rosa Luxemburgo/Abya Yala. Quito-Ecuador2013.

 

[89] Ibídem: Págs. 63-64.

[90] Ibídem: Págs. 81-82.

[91] Ibídem: Pág. 85.

[92] Ibídem: Págs. 85-86.

[93] Camila Moreno: Ob. Cit.; págs. 86-89.

[94] Camila Moreno: Ob. Cit.; págs. 90-92.

[95] Revisar de Jacques Derrida Violencia y metafísica; en La escritura y la diferencia. Anthropos; Barcelona 1989.

[96] Camila Moreno: Ob. Cit.; págs. 90-94.

[97] Camila Moreno: Ob. Cit. Págs. 95-97.

[98]Alternativas al capitalismo del siglo XXI. Fundación Rosa Luxemburgo. Quito 2013.http://www.rosalux.org.ec/attachments/article/727/Alternativas%20al%20capitalismoimprenta.pdf

[99] Ibídem: Pág. 71.

[100] Ibídem: Pág. 71.

[101] Ibídem: Pág. 71.

[102] Ver de Raúl Prada Alcoreza Acontecimentos Brasil. Rebelión; Madrid 2014. Dinámicas moleculares; La Paz 2014.

[103] Francisco de Oliveira: El neo-atraso brasilero. Siglo XXI-CLACSO.

[104] Raúl Prada Alcoreza: Genealogía de la dependencia. Horizontes nómadas, Dinámicas moleculares, Bolpress. La Paz 2011-2012.

[105] Francisco de Oliveira: El neo-atraso brasileño. Los procesos de modernización conservadora, de Getúlio Vargas a Lula. Siglo XXI, CLACSO, 2009. Buenos Aires. Pág. 144.

[106] Ibídem: Pág. 148.

[107] Raúl Prada Alcoreza: Ibídem; Ob. Cit.

[108] Esse texto é o capítulo final do livro 20 centavos: a luta contra o aumento(Editora Veneta, 2013).

[109] Ibídem: Ob. Cit.

[110] Revisar de Raúl Zibechi Brasil potencia. Entre la integración regional y un nuevo imperialismo. Ediciones de abajo. Bogotá 2012.

[111] Revisar de Raúl Zibechi Brasil Potencia; Ob. Cit. Capítulo 2; La ampliación de la élite en el poder, La trayectoria sindical, Sindicalistas en cargos estatales, El papel de los fondos de pensiones, ¿Nueva clase o capitalismo sindical?

[112] Boaventura de Sousa Santos: Las revueltas mundiales de indignación. Conferencia en La Paz; CIDES-UMSA; 17 de octubre de 2013.

[113] Revisar el libro citado de Raúl Zibechi; Ob. Cit.

[114] Revisar de Raúl Prada Crítica al esquematismo maniqueo. Bolpress, Dinámicas moleculares, Horizontes nómadas; La Paz 2013; Rebelión; Madrid 2013.

[115] Trovador y guerrillero, muerto en la guerrilla de Teoponte.

[116] Revisar de Enrique Ormachea S. y Nilton Ramírez F. Propiedad colectiva de la tierra y producción agrícola capitalista. El caso de la quinua en el Altiplano sur de Bolivia. CEDLA; La Paz, 2013.

[117] Ibídem.

[118] Ver de Raúl Prada Alcoreza La Subversión de la praxis. EPISTEME. Número 3. La Paz 1988.

 

[119] Ver de Marta Harnecker Tiempos políticos y procesos democráticos. Entrevista de Marta Harnecker a Alberto Acosta, ex presidente de la asamblea constituyente de ecuador.

[120] Ibídem.

[121] Ibídem.

[122] Ibídem.

[123] Ibídem.

[124] Ibídem.

[125] Ibídem.

[126] Ibídem.

[127] Ibídem.

[128] Ibídem.

[129] Revisar de Víctor Álvarez La transición al socialismo de la revolución bolivariana. Transiciones logradas y transiciones pendientes. CEDLA, Instituto de estudios Ecuatorianos, Centro Internacional Miranda; La Paz, 2013.

[130] Ver de Raúl Prada Alcoreza La convocatoria del mito. Bolpress, Dinámicas moleculares, Horizontes nómadas; La Paz, 2013.

[131] Ibídem.

[132] Ver Clausura del horizonte moderno; también Laberinto generalizado; así mismoPrácticas y cartografías de la impostura. En este tenor sugerimos también revisarDesenlaces; así mismo El lado oscuro del poder.

http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/clausura-del-horizonte-moderno/. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/laberinto-generalizado/. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/practicas-y-cartografias-de-la-impostura/. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/desenlaces/. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/el-lado-oscuro-del-poder/.

[133] Ver de Raúl Prada Alcoreza Gramatología del Acontecimiento. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-2015. Amazon: https://kdp.amazon.com/dashboard?ref_=kdp_RP_PUB_savepub.http://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/estadonacion.  

[134] Ver de Raúl Prada Alcoreza Acontecimiento político; también México: Intensidades sociales y territoriales. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-2015. Amazon: https://kdp.amazon.com/dashboard?ref_=kdp_RP_PUB_savepub.http://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/estadonacion.  

[135] Ver La inscripción de la deuda y su conversión infinita. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-inscripcion-de-la-deuda-su-conversion-infinita/.

[136] La crisis económica de 2008 a 2015, también denominada Gran Recesión, se define como la crisis económica mundial, que recomenzó en el año 2008, teniendo su inicio, en el ciclo largo de la crisis, ya en la década de los setenta, del siglo pasado. Se suscitó en los Estados Unidos de Norte América. Como factores desencadenantes de la crisis, se mencionan a los defectos de la regulación económica, a los proliferantes delitos bancarios cometidos; también se menciona el efecto provocado por la subida de los precios de las materias primas, generados por una mayor demanda. Todo esto en el contexto de un mercado mundial altamente competitivo. Por otra parte, la inflación, generada por los precios monopólicos; añadiéndose la específica crisis alimentaria mundial, sumándose a la crisis energética, fuera de la amenaza de una recesión. La crisis adquiere características de crisis financiera, con la modalidad de una crisis crediticia, hipotecaria, que se manifiesta en desconfianza creciente respecto los mercados.

[137] Ver de Francisco de Oliveira: El neo-atraso brasilero. Siglo XXI-CLACSO.

[138] Raúl Zibechi: Brasil potencia. Entre la integración regional y un nuevo imperialismo. Ediciones desde Abajo; Bogotá 2012.

 

[139] Ver de Raúl Prada Alcoreza Gramatología del Acontecimiento. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-2015. Amazon: https://kdp.amazon.com/dashboard?ref_=kdp_RP_PUB_savepub.http://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/estadonacion.  

[140] Ver Apuntes sobre la crisis política de Brasil. Dinámicas moleculares; La Paz 2016. También en https://pradaraul.wordpress.com/2016/03/19/apuntes-sobre-la-crisis-politica-de-brasil/.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s