Pensar la simultaneidad dinámica

Pensar la simultaneidad dinámica

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

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Aunque no podríamos hablar de tiempo, pues partimos de la metáfora física relativista y cuántica, del tejido espacio-tiempo, vamos a decir, no suponer, que la simultaneidad se da al mismo tiempo; fuera de comprender que se trata de una simultaneidad dinámica. ¿Cómo comprender esta complejidad? ¿Sobre todo, cómo figurarse, si se quiere, cuando se efectúa? No es fácil comprenderlo, tampoco exponerlo, si nos acercáramos a la comprensión. Como procedimiento de exposición, incluso pedagógico, para nosotros mismos, vamos hacer lo que hacía, en un principio, la física, suponer la complejidad de relaciones de a dos componentes de la composición.

 

Esta simultaneidad de a dos componentes no la expondremos teóricamente, sino usaremos un ejemplo cotidiano, para ilustrar. Como se cree comúnmente, cuando se escucha música, algo sucede, suena, en el ambiente, en tanto que algo resuena en mi interior; la melodía remueve sensaciones y sentimientos, conmoviendo mi cuerpo; coadyuvando a decodificar lo que acontece con imágenes. De alguna manera, el acaecimiento es interpretado en términos de un entramado simbólico.  De acuerdo a esta perspectiva dualista, el mundo o, mejor dicho, parte del mundo, me afecta causando conmociones, que interpreto de acuerdo a mi formación cultural, experiencia y memoria propias. A su vez, puedo, emocionado, incidir con mi alegría en el entorno. Sin poner en suspenso todavía esta delimitación entre exterioridad e interioridad, que cuestionamos en otros ensayos[1], la simultaneidad dual vendría dada como acaecimiento inmediato; cuando escucho la melodía, inmediatamente, la recepciono con toda la predisposición emotiva corporal. La melodía es captada inmediatamente, precisamente por esta predisposición perceptual, sino, para decirlo filosóficamente, no existiría para . La simultaneidad entonces denota y connota la existencia efectiva de este acaecimiento musical y emotivo, a la vez.

 

No hay dos hechos, que se conectan; un hecho, suena una melodía; otro hecho, la escucho y me emociona. Solo hay un acaecimiento, la melodía acontece en un cuerpo que la experimenta en sus propias conmociones, haciéndola singular existencia. En otras palabras, como primera anotación, no hay mónadas aisladas, en este caso, individuos aislados; yendo más lejos, no hay cuerpos aislados. Por lo tanto, no hay mónadas que se relacionan desde sus aislamientos; sino que hay mónadas porque precisamente no están aisladas. No se dice que no hay monadas, estas singularidades, sino que las hay; empero, no son lo primero, para después, asociarse. No hay un antes, de aislamiento, y un después de asociación. Hay monadas, singularidades, porque están ya relacionadas, ya asociadas, en composiciones, también singulares.

 

Ahora podemos poner en suspenso esa delimitación dualista entre exterioridad e interioridad. Ya que no hay aislamientos primordiales, tampoco un antes aislado, en consecuencia, tampoco hay exterioridad delimitada respecto a una interioridad. Hay un tejido común del mismo acaecimiento. Recurriendo a la metáfora dualista del ejemplo, podemos decir que se trata de los mismos hilos del tejido, que muestran inmediatamente, su anverso y reverso. Esto último, dicho metafóricamente.

 

Ahora bien, el concepto que utilizamos no es meramente simultaneidad, que puede entenderse taxativamente, como al mismo tiempo, sino el concepto de simultaneidad dinámica. El concepto de simultaneidad dinámica es consecuente con la teoría del espacio-tiempo; se trata de un tejido complejo que se mueve; lo hace mutando y transformando toda su textura y contextura. Es decir, no se trata de una simultaneidad estática. Lo que antes, desde la perspectiva de la física clásica, se consideraba separadamente, espacio y tiempo absolutos, donde se podía percibir y conmensurar el movimiento, medido precisamente por la relación entre el espacio y tiempo, dada en esa variable de la velocidad, ahora, en la perspectiva de la complejidad, estamos, por así decirlo, ante el movimiento absoluto del tejido espacio-tiempo. Este movimiento absoluto es comprensible como simultaneidad dinámica e integral; este acontecimiento cósmico, relativista y cuántico, lo hemos denominado sincronización integral[2].

 

Otra anotación que podemos repetir es que todo se da de manera sincronizada; toda singularidad, toda composición singular, toda combinación de composiciones singulares, en las distintas escalas del pluriverso, cuántico, molecular y molar, se da en la sincronización integral del pluriverso. En otras palabras, el tejido espacio-tiempo es la condición de posibilidad existencial de cada singularidad. Esto significa también que cada acaecimiento singular ocasiona sincronizaciones en la sincronización integral del pluriverso.

 

Por estas razones, por así decirlo, es que no se puede hablar de casualidad o regularidad o, si se quiere, de azar o necesidad, como esquemas dualistas de los sucesos. Sino de la paradoja integral y dinámica de azar y necesidad, donde el azar se afirma en la necesidad y la necesidad se confirma en el azar. La simultaneidad dinámica no es otra versión de la fatalidad o de las narrativas del destino; no dice: todo ya está escrito en el firmamento. La simultaneidad dinámica supone el movimiento absoluto, la sincronización integral dinámica; en consecuencia, nada está escrito, no hay destino ni fatalidad, sino constantes devenires en la sincronización integral del pluriverso.

 

La perspectiva de la complejidad, el pensamiento complejo, la episteme compleja, se embarcan en la aventura de la comprensión de la complejidad dinámica de la simultaneidad dinámica, comprendida como sincronía integral dinámica. Ahora bien, la hermenéutica compleja comprende que esta comprensión de la complejidad dinámica no puede lograrse con los procedimientos y prácticas heredadas de la hermenéutica, con los métodos hermenéuticos de la interpretación; menos con las metodologías del conocimiento. La complejidad no es accesible ni con estos métodos de interpretación ni con estas metodologías constructoras de explicaciones. A lo mucho, se puede lograr la comprensión de reducciones de la complejidad, recortes de realidad, seleccionando planos y espesores de intensidad, articulados e integrados en la simultaneidad dinámica. Más complicado lograr conocimientos, es decir, elaborar explicaciones de la complejidad dinámica; empero, quizás puedan darse en recortes más restringidos todavía. Lo que propone el pensamiento complejo es la comunicación con todos los seres del pluriverso.

 

Esto implica cambiar las relaciones establecidas por el conocimiento, así como también las relaciones conformadas por la hermenéutica, aunque contenga esta una relación ética – de acuerdo Verdad y método de Hans-George Gadamer -, a complejas relaciones complementarias ecológicas en la biodiversidad del planeta, a complejas relaciones complementarias cosmológicas, relativistas y cuánticas, en el pluriverso. No se renuncia al conocimiento, tampoco a la interpretación, sino que estos saberes adquieren otra condición epistemológica en la comunicación ecológica y cosmológica.

 

Pensar la simultaneidad dinámica es pensarla desde la percepción corporal, que integra razón, imaginación, sensación, en la dinámica de su fenomenología de la percepción. Pensarla desde la intuición social, que supone la percepción social, movida por la experiencia social y la memoria social. Pensarla desde la comunicación compleja con los seres de la biodiversidad y los seres del pluriverso.

 

El desafío para la humanidad, para las sociedades humanas y pueblos, es responder a la convocatoria existencial del acontecimiento cósmico del pluriverso; participar creativamente en la sincronización integral de la simultaneidad dinámica. Solo podría hacerlo liberando la potencia social, articulándose complementariamente con la potencia creativa del pluriverso. Esto implica salir del círculo vicioso del poder donde se encuentran atrapadas las sociedades y los pueblos. Escapar a las limitaciones edificadas por las mallas institucionales, construidas, en principio, por sobrevivencia, después, convertidas, en castradoras, inhibidoras, en cárceles, hasta en máquinas de muerte. Solucionar los problemas sociales pendientes, acumulados e irresueltos en la historia dramática de las sociedades humanas, que terminaron como encantadas por sus propias criaturas, por sus propias construcciones, las mallas institucionales, el Estado, el poder. La humanidad, vista desde la perspectiva de la potencia social, contienda y, por de pronto, inhibida por las estructuras del poder, tiene que darse otras tareas, dignas de su humanidad, en vez de las banales faenas de concurrir por dominaciones, monopolios, que expresan las miserables subjetividades constituidas, las tribales geopolíticas, las inocuas acumulaciones de no otra cosa que de contabilidades de la destrucción, que los estados, la “ideología” moderna,  la presunción del sistema-mundo, llama “desarrollo”, concepto afincado en la insostenible tesis de la evolución.

 

 

¿Por qué es importante pensar la simultaneidad dinámica? No vamos a decir solamente que la realidad efectiva es sinónimo de complejidad. Tampoco vamos a hablar de cambio, expansión, desplazamiento, del horizonte epistemológico, lo que decíamos antes, cuando usamos la metáfora de horizonte para establecer los umbrales y límites de un horizonte de visibilidad y decibilidad o, si se quiere, de un horizonte histórico-cultural. Pues, desde la perspectiva de la complejidad, que, además corresponde, si se quiere, a la realidad espacio-temporal del planeta, no hay horizontes; se trata de una esfera sin horizontes, precisamente por ser tal, ese volumen curvo continuo, que se desplaza en su misma superficie esférica y espesor voluminoso, sin horizontes. En cambio, argumentaremos respecto a la acumulación, transformaciones y actualizaciones de la experiencia social; la que define el alcance de la complejidad con la que se topa. Si bien se puede decir que la complejidad dada, acontecida, es la misma, por las características del tejido espacio-temporal, la relación social con esta complejidad no es la misma. Las reducciones de la complejidad, efectuadas institucionalmente, ayudan a generar interpretaciones y explicaciones, que coadyuvan a operar en el mundo. Sin embargo, cuando estas reducciones de la complejidad no ayudan a comprender las dinámicas de la complejidad, tampoco ayudan a generar operaciones que colaboren a resolver problemas. Es más, se convierten en parte del problema; la complejidad desborda a estas reducciones; es cuando es menester abrirse a la complejidad, en vez de reducirla.

 

Abrirse a la complejidad, que siempre fue y es simultaneidad dinámica e integral, es más que indispensable, no solamente porque el horizonte epistemológico de la modernidad ha sido desbordado por los efectos de las relaciones de las sociedades humanas con las ecologías de la biodiversidad, sino también porque este desborde, en el marco de las reducciones de la complejidad, efectuadas por la episteme moderna, amenaza a la supervivencia humana y a la vida en el planeta.

 

Pensar la simultaneidad dinámica es como comprender o avanzar a la comprensión del funcionamiento y los funcionamientos de la complejidad integral sincronizada. Esta comprensión estaría más próxima al conocimiento de la realidad efectiva, en todos sus niveles y escalas, en todos sus planos y espesores de intensidad; que son, cada uno, no solamente complejidades singulares, sino intersecciones de planos y espesores de intensidad, articulados de una manera singular.

 

Desde la perspectiva de la complejidad, la comprensión de un plano y espesor de intensidad, requiere de la comprensión de la simultaneidad dinámica de la complejidad integral y sincronizada. Incluso, si se quiere, la comprensión de un evento o suceso singular, lo mismo; pues la sincronización integral es afectada por variaciones singulares, por más puntuales que sean, por más infinitesimales que sean, por más particulares que sean.

 

En este sentido, el sentido inmanente de la perspectiva de la complejidad, la comprensión de los planos y espesores de intensidad, en sus formas y formaciones singulares, requiere de la comprensión de la simultaneidad dinámica. Para entender el funcionamiento de las máquinas de poder, de la fabulosa maquinaria del Estado, de las formas de gubernamentalidad, de los ciclos políticos, de las formas de gubernamentalidad, de las crisis de la política y del poder, en sus formas singulares dadas, es menester la comprensión de la simultaneidad dinámica de la complejidad integral y sincronizada.

 


[2] Ver Cuerdas compositoras del multiverso. Particularmente el capítulo Sincronización integral. https://pradaraul.wordpress.com/2016/05/07/sincronizacion-integral/.

Leer más: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/pensar-la-simultaneidad-dinamica/

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