PRESENTACION DE LA NOVELA “PRESENTE, AQUÍ TOPO.CAMBIO”

PRESENTACION DE LA NOVELA

“PRESENTE, AQUÍ TOPO.CAMBIO”

DE

ADRIANA LUNA SILLERICO

 

Por: Rosario Aquím

 

Adriana Luna Sillerico, comienza su novela con estas preguntas ontológicas:

 

¿Recuerdas aquellos días en que parecíamos más humanos?, ¿cuándo fuimos tragados por el hábito?, ¿cuándo los puentes de nuestra existencia comenzaron a quebrarse? ¿Recuerdas cuándo intentamos ser humanos?…

 

Y su respuesta, ha buscado plasmar, a lo largo de la trama, una visión de la realidad, física, psíquica o mítica de sí misma, a través de sus personajes. Un perfil simbólico, se configura detrás de cada uno de los posibles acercamientos que hace sobre lo humano en su devenir.

 

Su propuesta literaria, está impregnada de sensibilidad y exploración, desafía lo establecido y construye una identidad propia, exponiendo una creatividad variada en la valorización de su entorno, para bien o para mal, ya que las transformaciones en el arte, siempre están cargadas de un deseo, bien sea por destruir valoraciones o avivar y revivir viejos valores. En el caso de esta obra, hay una invención, sin prejuicios, porque se ha recurrido al procedimiento anticanónico que transita entre lo surrealista y lo grotesco.

 

Este tránsito, hace referencia a situaciones enrarecidas, desagradables, fuera de lo normal, de lo real, de lo lógico, para propiciar sentimientos repulsivos que han perdido la noción racional del entorno. Lo grotesco rebasa lo meramente estético para convertirse en un problema de carácter ontológico. Así, vemos al personaje principal Presente, revisar su pasado, a través de su relación zoofílica amorosa, con un topo sin ombligo, y lo vemos renacer, en su propio presente, desde el ombligo de sí mismo, que aparece en el cuerpo del topo al final de la novela.

 

Porque, “Lo fundamental en el grotesco es la creación de monstruos, de naturalezas mixtas, hibridas, logradas mediante mezclas extravagantes de cosas que en sí mismas no tienen relación alguna, de elementos que provienen de campos totalmente distintos. El mundo del grotesco es peculiar y se rige por normas estéticas peculiares, que nada tienen que ver con los cánones de la belleza, y que tienden a la degradación y a la parodia. En este mundo degradado y paródico, la figura animal se mezcla con la humana, lo vivo con lo inorgánico e inerte.”[1]

 

Y la paloma agonizante pasó fugazmente por la ciudad o aquel lugar

lleno de vacíos que se hacía llamar ciudad. Mientras sus alas se

agrietaban con cada aleteada, nuestros ojos la siguieron… Ella era sólo una excusa

para ver lo que realmente queríamos… Su muerte fue solo una excusa.

Eran las doce de la noche y la cordura había abandonado las calles,

los lugares donde el sueño había reposado tenían las luces apagadas,

y aquellos que habían abierto sus puertas a la locura,

brillaban, luces rojas, amarillas y azules y las sombras las atravesaban.(…)

 

Qué cuadro más divertido: mi pasado siguiéndome

en los bolsillos de un topo atrevido que sale de la tierra.

 

El papel fundamental de lo grotesco es realizar una revaloración del mundo y de realidad a partir de figuraciones amorfas, cuerpos hiperbólicos, extraños e insólitos como vacíos, hechos o actos repugnantes que no aportan una connotación apreciativa sino caprichosa, en todo caso antojadiza, lo absurdo banal, violación en la proporción exacta de los cuerpos de la realidad, un holocausto en intento destructor de la armonía.

 

-Hueles a muerte, a tripas, a sangre, a pasados y presentes.

-No es sólo la muerte de otros, hueles a tu muerte…

¿Cómo un muñeco de trapo? Cuidado que se te salgan las tripas.

-Jajajajaja. No te preocupes, es difícil que los hilos se rompan.

Si aguantaron hoy no podrán romperse nunca.

-Presente, a ver si volvemos a vernos, tal vez cuando el olor se haya comido todo tú

cuerpo  y los hilos se rompan.

¡Hey, Presente! Aquí Topo. No te mueras…

 

“Lo grotesco imaginativo y mágico se opone, ciertamente, a la actitud racionalista, al sentido común, a la experiencia cotidiana trivial.”[2]

 

todo este tiempo recostado entre su recuerdo, el color del cielo, el aroma que desprende

la ventana, me hacen consciente de que ya han pasado alrededor de cinco meses de

su muerte. Ya he muerto de cierta manera, pero la costumbre no.(…)

 

Es increíble cuán obediente soy ante el hábito que me ha

controlado por años. Silencio, silencio… Ya cállate de una vez (…) ¿Qué he hecho en este tiempo? Pasarme catorce días metido en la bañera (…). Dentro

del agua, continúo sintiéndome como el feto que jamás pudo separarse de su recuerdo.

No puede haber mejor sensación.

 

“Lo grotesco es anticlásico, antihumanístico. El lugar del hombre en el planeta, en la historia, en el cosmos, es puesto en entredicho; dentro de la atmósfera de lo grotesco no tenemos más remedio que dudar de la dignidad del hombre. Y es que el repertorio de temas grotescos contiene una larga lista de formas que pudiéramos llamar <inferiores>, inhumanas, infrahumanas, que a pesar de ello se mueven, actúan, capturan nuestra atención, y pueden decir, incluso, nuestro destino: sapos, culebras, murciélagos, monstruos, objetos inanimados que de pronto toman vida y nos persiguen. El mundo de lo grotesco es con frecuencia una pesadilla convertida en obra de arte.”[3]

Con un paño mojado trato de limpiar su torso ensangrentado y cuando llego

a la parte baja de su torso (Jajaja) busco ese pequeño agujero, busco aquella

señal de que lo que tengo frente a mí podría ser real. Pero no está. Un torso lizo,

sin ningún hueco, sin el recuerdo de alguna conexión… Un topo sin ombligo.

 

¿Vas a cruzar?

¿Quieres cruzar?

Dos preguntas que a la fuerza la lógica trata de meter en mi cabeza. Cómo pensar

en ello, si lo único que puedo sentir ahora es que soy llamado como un animal.

Mientras más siento su cuerpo y mientras el ambiente se humedece aún más,

sólo puedo pensar en que a lo único que le puedo temer es terminar amando a este

ser que puede ser alguien de carne recostado en el azulejo del baño o un vació al

que le he creado forma.

 

No podemos caer en la ingenuidad de pensar que lo grotesco es ajeno a lo humano, es decir, que no hace parte de él, que es antinatural, quizás corresponde más al ser que las concepciones de lo bello y ordenado, por cuanto no niega el más mínimo elemento de la vida; la naturaleza por ejemplo, en su despliegue creador, nos presenta formas para nada agradables al ojo y sentimiento humano, demostrando así la presencia de lo multiforme. ¿Por qué negar en el arte la distorsión de formas? Bajtin nos dice con respecto a lo grotesco: “Ilumina la osadía inventiva, permite asociar elementos heterogéneos, aproximar lo que está lejano, ayuda a librarse de ideas convencionales sobre el mundo, y de elementos banales y habituales; permite mirar con nuevos ojos el universo, comprender hasta qué punto lo existente es relativo, y, en consecuencia permite comprender la posibilidad de un orden distinto del mundo.”[4]

 

La ciudad…

En…Una palabra: es una mierda. En…Varias palabras: es un cronómetro, un reloj clavado en

las calles, un lugar lleno de carteles amarillos y fétidos marcados con: “hasta aquí llegó”,

“aquí es la meta”, es un juego de carreras, es un cementerio, es una celda llena

de espera, es una hoyada. Y como alguna vez uno de los topos lo dijo: “es un cerco

de penumbras”, es una ciudad partida en dos y digamos que este lado resulta no ser el más agradable.

-Es un hogar, es un lugar donde las casas en vez de irse para arriba se hunden más,(…)

 

un lugar donde nadie piensa salirse de los cerros que los marcan, es el refugio de los

truenos, de la lluvia y del sol, es la máscara que esconde lo que deseas, es una vida

minimizada a la repetición, es olvidar y cuestionar.

-El abajo, el lugar donde el dolor se ha vuelto parte de una cartelera de comedia,

donde la sangre y la mutilación sirven para sacar unas risas a este arriba. Se ven todo

el tiempo y aun así están tan separados.

 

Según Ramón Pérez de Ayala: las almas grotescas son “aquellas en que las formas superiores de la conciencia aparecen implicadas, apenas nacientes y absorbidas en las formas inferiores del instinto; almas oscuras que en vano se afanan hacia la claridad; pequeños monstruos inofensivos, porque ni el instinto ni la inteligencia están lo bastante deslindados para determinar acciones violentas. En estas almas hay un asomo de conciencia, que es lo que de ellas sale al exterior; pero la conciencia está reintegrada en el instinto, que es el móvil recóndito y confuso de los actos que ejecutan. La mayor parte de los hombres posee un alma grotesca.¨[5]

 

Al final no hay nada que me pueda decir un niño ciego,

sobreviviente en un mundo del que nunca ha tenido el mínimo interés. (…)

 

Ya, ya, Alfonsina. Y tu llanto cesó y el mío comenzó en silencio. ¿Qué agradecí

de esos días? Mientras siento el aire golpeando mi espalda, despierto para decirme

que lo único que agradecí de mi vida es que no me olvidaste a mí. No me

importaban los celos del viejo, eras mía. Mi locura, mi madre loca que me reía todos

los días y cuando lo perdimos, cuando me dije que te perdería, la locura entró

con los brazos abiertos, con su vestido de colores, por la puerta y nos hizo suyos.(…)

 

Al final, en este balanceo, ¿dónde caeremos, dónde quedaremos? La puerta se ha abierto, sigue

abierta, el juego sigue, escucho cómo Topo comienza a recoger mi cuerpo, mis brazos,

mis piernas, hasta algunos músculos que se encuentran desparramados por el piso. Una

vez que mi cuerpo ha sido colocado en la carretilla, comenzamos a avanzar por las calles.

La carreta avanza, la gente ignora al animal que lleva pedazos de un presente. Los

fuegos han cesado, las voces han caído y lo más probable es que mañana, al igual que

yo, la ciudad despierte luego de una larga cremación… Cenizas… Cenizas… Ya puedo

sentir el olor del polvo, de la piel chamuscada y de mi vida hecha negra en esta ciudad.(…)

 

Como si despertara el viejo animal que habita

en este intento de humano,(…)

 

Pedro Pablo Viñuales nos dice: “Otra cuestión sería considerar lo grotesco como un modo de explorar preocupaciones metafísicas o existenciales”.

 

¿Por qué no me cuestionas, por qué el silencio? El enorme silencio

es la muestra de que no existes. Siempre fue así, siempre que te ibas el

silencio era la muestra de que, aunque no estuvieras muerto, ya no existías.

 

La obra de Adriana Luna Sillerico, es una panacea de acontecimientos insólitos, ella ha creado todo un sin número de posibles texturas envueltas por el goce de la extrañeza, es decir, ha hecho de un objeto o circunstancia simple, algo complejo, misterioso.

 

En su narrativa muestra, la experiencia cambiante de lo cotidiano, lo risible del mundo, y si se quiere, la batalla contra la norma, se nos presenta como un elemento de suma trascendencia para comprender todo el conglomerado de fuerzas actualmente vigentes en las posibilidades socioculturales de una realidad como la nuestra.

 

Conocer la necesidad de su nacimiento y devenir como novelista, en este tránsito entre el surrealismo y el grotesco, es proyectar luz, nuevos colores, mezclas y diferencias, que de por sí, nos llevan a puntos de vital importancia para dar paso a la oleada de sentido, que nos permita desempolvar las letras de la literatura clásica.

 

 

aquella señal que he esperado está ahí: un ombligo

pequeño naciente en su torso lizo. Vuelvo a repetir, mientras comienzo a levantarme

de la tina, con aquel deseo que ha resurgido, el deseo de tocarlo otra vez.

¡Hemos cruzado y al parecer hemos sobrevivido!

 

[1] SABOR DE CORTÁZAR, Celina. Lo Cómico y lo Grotesco en el “Poema de Orlando” de Quevedo. Disponible en: http://www.cervantesvirtual.com.

[2] DURÁN, Manuel. Valle Inclán y el Sentido de lo Grotesco. Disponible en: http://www.cervantesvirtual.com

[3] Ibid

[4] BAJTIN, Mijaíl. La Cultura Popular en la Edad Media y el Renacimiento. Barcelona: Barral Editores. (1971)

[5] RAMOS, Vicente. Vida y Teatro de Carlos Arniches. Disponible en: http://www.cervantesvirtual.com

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