Praxis y acontecimiento

Praxis y acontecimiento

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

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Índice:

 

Prólogo                                                   

La praxis revolucionaria                          

Militancia integral                                   

Reflexionando sobre experiencias

Política y crítica de las armas                  

Boceto de una contrastación política                

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A las y los combatientes entregados al gasto heroico

 

Emocionado cuerpo hendido

En sensible espesor, momento eterno

Inscripción de huellas profanadoras

Del silencio supuesto

 

Escritura antigua de marcas registradas

En troncos reflexivos

Como aforismos de sabios olvidados

En galaxias lejanas

Como fotografías ajadas

Remolinos luminosos e interminables

Hundiéndose en oscuridad indescifrable

 

Médula hambrienta tragándose las luces

Enjambres de luciérnagas alborotadas  

Seducidas por la danza

Circular y embriagante

Entregándose llena sin ninguna defensa

Al goce de placer alucinante

 

Así ha de ser el acto heroico

La donación y el derroche

Amando inmensamente

Sublime revelación del acontecimiento

 

Todos los poros son ojos

Toda la piel es extenso contacto

Con pasiones fluyentes

En distintas escalas

Del pluriverso enamorado

 

Ese es el paradero

Donde todo confluye

Sinfonía de sensaciones

Obra de genios sordos

Pero con oído destacado

En todo el cuerpo

Sensaciones voladoras

Dedicadas a la creación

Al juego interminable

De invenciones constantes

 

Vives intensamente experiencia abismal

Del emotivo humano animal

Condensada en el instante sin tiempo

Eres intuición inmediata de todo

De esa completud cambiante

Y tercamente desbordante

Entregando el cuerpo al acaecimiento

 

Eres condensación cósmica devenida cuerpo

Hilvanado de hilos melodiosos

Eres sacrificio devenido tejido de universos

Artesanos minuciosos de plegamientos

Envolventes regresos al hogar añorado

Enrollados en meditaciones trascendentes

Artistas prolíficos en desenvolvimientos

 

Extrañamientos a territorios utópicos

Desenrollados en acciones inmanentes

 

Intrepidez transgresora

Aventurera nómada

Descubres ya la esfera

Y las metamorfosis de composiciones

Como festividades del eterno retorno

Combinadas de energías y vibraciones

Múltiples pulsaciones de corazones

Guerreros y valientes

 

Descubres que la vida

Es entrega afectiva

Como amor de madre

Del estallido inagotable

Acto inaugural de la potencia

Lúdica y creadora

 

Quizás por eso te diseminas

Como canción trovadora

En el acontecimiento

Por eso entregas tus huesos

Tus músculos y tus nervios

Al combate constante

Contra las dominaciones ateridas

En congeladas costumbres

Y en arquitecturas institucionales

Esqueletos fosilizados como minerales

En vetas vaciadas por trasnacionales

 

Tu consecuencia viene de esta comprensión

Iluminadora como relámpago en la noche

En viaje ondulante de notas

De cuerdas románticas

Conmoviendo a la indiferencia

De la materia oscura

 

No te rebelas solo

No te sublevas sola

Están las compañeras de largas trenzas

Narradoras de tramas inéditas

Que envidian los tejidos cósmicos

Pues no tienen trenzas soñadoras

Están los compañeros de pómulos pronunciados

Donde el brillo de la luna se aposenta a descansar

Están los devenires de hilos mutantes

Del pluriverso evocando retornos imposibles

 

No mueres solo

No pereces sola

Mueren contigo las ilusiones aladas

Y los sueños indescifrables

La fragancia de amores esparcidos

Por soplos de climas errantes

 

¡Mueres con todos los que mueren en la tierra!

Con todos los muertos que se olvidan

Cobijados en la penumbra de nostalgias

Con todos los muertos que regresan

Y nos tocan las puertas y ventanas

Nos hacen señas como guantes

O pañuelos ondulantes

En una tarde deshabitada

Mostrándonos que no se muere en vano

Sino para reinventar el pasado

En un presente preñado

De esperanzas

 

Sebastiano Monada: Donación heroica

 

 

 

Prólogo

 

Praxis y acontecimiento reúne un conjunto de ensayos donde se reflexiona y analiza el devenir de la praxis, sobre todo, la llamada revolucionaria. La praxis hace de substrato de formas de expresión, de “ideologías”, así como, en el entrelazamiento entre substrato y formas de expresión, formaciones discursivas y enunciativas, es substrato de prácticas y relaciones políticas.  Junto a Ethos y politeia conforma el topos de una problemática de separaciones y autonomizaciones, imaginarias e institucionales, que denominamos economía política generalizada. En lo que corresponde a los ensayos mencionados, se trata de la economía política de la política, que separa ética y política, convirtiendo la politeia en dominación, dejando de ser cuidado social.

 

Praxis y acontecimiento comienza con La praxis revolucionaria, donde se reflexiona sobre las denominadas “corrientes revolucionarias”; le sigue Militancia integral, texto que se plantea el problema de la militancia fragmentada, tragada por la división del trabajo del sistema-mundo capitalista. Después viene Reflexionando sobre experiencias, donde se sitúa la pertinencia de la trayectoria política y ética en el presente, en el contexto y coyuntura del presente del sistema-mundo. Le sigue Política y crítica de las armas, escrito en el que se retoma la discusión sobre la lucha armada, buscando distinguir claramente el uso de la crítica de las armas de las prácticas de dominación heredadas del Estado burgués y del imperialismo. Después viene Boceto de una contrastación política, donde se busca sugerir una evaluación histórico-política y relativa a las prácticas de lo que fue el PS-1.

 

Praxis y acontecimiento, así como Ethos y politeia, se colocan en la perspectiva crítica de la política, en sentido restringido, como métodos de dominación, buscando el enfoque radical de la alteridad creativa de la política, en sentido pleno, como suspensión de los mecanismos de dominación, como democracia radical, como autogobierno. Por otra parte, se ausculta en el presente dilatado, que llaman historia reciente, la relación de la simultaneidad dinámica con el tejido espacio-temporal-territorial-social. En términos simples, la lectura en el presente de las huellas del pasado, que recoge la experiencia y memoria social. Por eso, la reflexión en torno a la pertinencia de una trayectoria de vida intensa, dedicada a la lucha por la liberación y emancipación nacional, popular y social. Por eso, también, la reflexión sobre las enseñanzas de las luchas revolucionarias, dadas en la historia política moderna, particularmente en el continente y en el país.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La praxis revolucionaria

 

 

 

 

 

 

 

 

Desde la perspectiva llamada revolucionaria, es decir, que incide en la transformación del mundo, usando la frase empleada por Marx en las Tesis de Feuerbach, ¿qué es una “corriente revolucionaria”? La definición más adecuada parece ser la misma que utiliza Marx para definir el comunismo. No como utopía, sino como praxis; praxis transformadora en el presente. En consecuencia, no parece adecuado recaer en la “ideología” y reducir la “corriente revolucionaria” a una “ideología”; en su caso, a un discurso o formación discursiva; en el mejor de los casos, a una teoría; “ideología”, discurso y teoría, pretendidamente “revolucionarias”.  Todo esto es volver a la representación, dejando la acción de lado o, si se quiere, la acción como verificación de la verdad “revolucionaria”. Pero, hay peores hipostasis de lo “revolucionario”; los disfraces, las imposturas, las simulaciones. Cuando ciertos epígonos se invisten de los trajes o indumentaria, incluso frases, hasta pueden llegar a discursos, de antiguos o anteriores revolucionarios, usando estos símbolos como recursos de juegos de poder. Usando el prestigio de las revoluciones hechas como aval para inconductas en el presente.

 

La palabra “corriente” obviamente es una metáfora fluida, que corresponde a ríos o corrientes marítimas, también a corrientes climáticas; en todo caso, se refiere a tendencias. Sin embargo, la costumbre en la diatriba de la “izquierda”, entre fracciones sectarias de la “izquierda”; cada cual pretendiéndose más “revolucionaria” que la otra o más auténtica, es reducir la semántica metafórica de “corriente” a la corriente discursiva, que a su vez corresponde al fragmento de la “ideología”.

 

Leszek Kolakowski publicó en tres tomos Principales corrientes del marxismo[1]; investigación y análisis histórico crítico de las corrientes marxistas, dadas desde la constitución fundadora. El historiador y filósofo marxista, además de fenomenólogo, usó la metáfora “corrientes” en el sentido que le dio Marx a la figura intensa de comunismo; como praxis. Entendiendo que ésta actividad, acción, práctica, se da incorporando la teorisis, si se puede hablar así, o la teoría, como instrumento mismo de la acción revolucionaria.  La evaluación efectuada en la descripción y en el análisis de las corrientes marxistas se da comprendiendo praxis y teoría, formación discursiva e “ideología”. Esto le permite visualizar los contrastes entre teoría y realización, entre interpretaciones de la realidad y realidad efectiva; contrastes evidenciados a través de los sucesos, eventos y acontecimientos histórico-políticos-económicos. Además de permitirle cotejar las diferencias entre corrientes, así como entre contextos histórico-políticos-económicos, que les tocó vivir; del mismo modo, como se dieron las posiciones en los debates al interior de las corrientes.

 

¿Cómo hablar de “corrientes revolucionarias” en Bolivia? Obviamente, dejaremos de lado, las pretensiones discursivas de las posiciones marxistas, de toda clase, pretendidamente “revolucionarias”. No nos interesa su diatriba; quizás sí, el debate, exiguo, que se dio tibiamente, alguna vez. Lo que nos importa es identificar, si se quiere, a lo que podríamos denominar adecuadamente “corriente revolucionaria”, en el sentido que le hemos atribuido.

 

Comenzaremos con la consideración de la historia inaugural de la lucha de clases, que la supuesta historia, contada por las fracciones reclamadas de marxistas, ocultaron y ocultan. Esta historia inaugural o este nacimiento tienen que ver con las organizaciones, asociaciones, comunidades, formas de acción y formaciones discursivas anarquistas. Lo que pasó en Bolivia no es una historia particular, sino forma parte del nacimiento de las concepciones modernas de la lucha de clases, que, en su nacimiento, fueron anarquistas. Esta, la anarquista, es una corriente revolucionaria, matricial en Bolivia. Su acción, sobre todo, la vinculación con los gremios, los fabriles, las artesanas y el proletariado, muestra la concreción de la corriente como praxis e interpelación discursiva. Hay que anotar que lo que distingue al anarquismo de las corrientes marxistas es su radical consecuencia de contra-poder, su clara comprensión de que el Estado es la otra cara del capital, la otra cara de la medalla de la dominación capitalista.

 

Sobre los marxismos que coagularon en Bolivia,   debemos ser cautelosos al visualizarlos, desde esta perspectiva de la “corriente revolucionaria”. A Bolivia, como a otros lugares del continente, el marxismo llegó chamuscado; salido de sus fraccionamientos, escisiones, y dramáticas experiencias. Esta situación complica al momento de identificarlas, política e “ideológicamente”, como “corrientes revolucionarias”.

 

El trotskismo quizás se adelantó con la difusión intelectual, con la proclama de consignas de transición, como las emitidas por Tristan Marof, cuando declara ¡Tierras para el indio, minas para el Estado! Después, sobre todo cuando la mayoría de los cuadros trotskistas ingresan al Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), como entrismo – táctica de la cuarta internacional en ese entonces, para dividir partidos de masa y conformar el partido revolucionario -, quedando solo un pequeño grupo, liderado por Guillermo Lora, que se da a la tarea de distinguir al Partido Obrero Revolucionario (POR), del entrismo; también y sobre todo, del partido populista del nacionalismo revolucionario.

 

El denominado comúnmente estalinismo, se conformó como partido en Chile; esto no lo hace externo a Bolivia. Se trata del apoyo conseguido del Partido Comunista de Chile o lo que va a ser este partido en la organización del Partido de Izquierda Revolucionario (PIR); matriz de lo que va a ser el PC boliviano; fundado por Sergio Almaraz Paz, insigne militante de la célula Lenin del PIR. El PIR va a reunir a un contingente connotado de intelectuales de “izquierda” de la academia universitaria, además de importantes dirigentes sindicales y sindicatos obreros.

 

Ahora bien, la pregunta es: ¿podemos considerar al POR, al PIR, después al PC, como “corrientes revolucionarias”, en el sentido asumido? Si hacemos una evaluación rápida, por motivos de espacio, en este artículo circunscrito, si evaluamos los resultados del entrismo, que terminó asimilando al MNR a los cuadros trotskistas, no parece adecuado nombrarla o reconocerla como “corriente revolucionaria”. En cambio, cuando vemos la influencia del POR, distanciado y diferenciado de los ex-camaradas entristas, en la constitución de la “ideología” del proletariado boliviano, particularmente minero, desde la Tesis de Pulacayo hasta las tesis de la Central Obrera Boliviana (COB), que la reiteran, podemos animarnos a identificar aquí una “corriente revolucionaria”. Que si bien, no obtuvo el desenlace de la efectuación de la revolución permanente en Bolivia, forma parte de la consciencia del proletariado boliviano, en lo que respecta a su concepción de identificación de clase y su papel protagónico en la historia política del país.

 

Por otra parte, si observamos la participación del PIR en la formación organizativa del proletariado boliviano, particularmente minero; además de su participación e incumbencia, junto al POR y al MNR en la guerra civil de 1949; antecedente de la revolución de 1952; también podemos animarnos a decir que estamos ante una “corriente revolucionaria”. Empero, tenemos un problema; el PIR se inmiscuye en la conspiración oligárquica contra el presidente bonapartista y nacionalista Gualberto Villarroel, quien comienza a afectar los intereses de los “Barones del Estaño, la burguesía minera y el llamado “Super-Estado minero”. Lo hace a nombre de la alianza con la burguesía nacional en contra del “fascismo”; consigna urdida por la tercera internacional, ya controlada por el estilismo, en el contexto de la segunda guerra mundial. Desde nuestro punto de vista, este es una acción reaccionaria; interpretación corroborada por el suceder histórico posterior.

 

Ante el impresionante desborde proletario y campesino de la revolución de 1952, que en tres días destruyen al ejército oligárquico, conformando, en la lucha, las milicias obreras y campesinas; convirtiendo a la COB en parte del poder dual, con los obreros armados; Sergio Almaraz decide separarse del PIR y constituir el PCB. Reconociendo que estamos ante una revolución obrera y campesina, atrapada en la “ideología” del nacionalismo-revolucionario. Revolución que había que apoyar y en la que habría que abrir senderos hacia el socialismo. Sin embargo, cuando los jóvenes comunistas, fundadores del flamante PCB, aceptan el pedido de los viejos militantes del PIR, de ingresar al PC; los viejos militantes, en el comité central, terminan expulsando a Sergio Almaraz Paz del Partido Comunista que fundó, acusándolo de “nacionalista”, además de “leer más a Camus que a Kostantinov”. Es este PC el que va a ser desacreditado por el “Che” Guevara, cuando se arma la guerrilla, que debía ser continental, y estalla la misma premeditadamente, cuando se la descubre. ¿Podemos llamar al PC “corriente revolucionaria”? No vamos tocar aquí la sinuosa historia del PC-ML boliviano; lo hicimos en Acontecimiento político[2].

 

Parte de la Juventud Comunista se incorpora a la guerrilla del “Che”, para decirlo rápida y simplonamente. Los que se incorporan mueren o son apresados, en el decurso dramático de una guerrilla que tiene que anticipar su nacimiento y concluir en el desenlace fatal que conocemos. En el decurso de la preparación de la guerrilla y la duración misma de las acciones guerrilleras se organiza el ELN boliviano. Después de la muerte del “Che” y el final de la guerrilla en Ñancahuazú, lo que queda del ELN va a sufrir la represión sañuda, experimentando la trágica desaparición de sus paladines.  Sobre estos vestigios, por así decirlo, sobre todo, contando con el prestigio del héroe y el mito del “Che”, se conforma un nuevo ELN. Sin embargo, este ELN nunca va estar a la altura de su antecedente heroico; es más, va sustituir la guerrilla por una simulación de guerrilla; tropa improvisada, contra toda estrategia y experiencia guerrillera. En Teoponte se muere más por hambre que por combate. Manifestando claramente una sumatoria de falencias, improvisaciones e irresponsabilidades, que no se pueden ocultar con la narrativa condescendiente de un libro de historia sobre esta guerrilla, ni con el chantaje emocional del romanticismo recurrente cuando falta el gasto heroico necesario. ¿Puede considerarse al ELN boliviano “corriente revolucionaria”?

 

Dando grande saltos, por los motivos comentados, ingresando al periodo del llamado “proceso de cambio”, que abarca, por lo menos, en la historia reciente, el periodo 2000-2016, sin considerar los entretelones, las crisis “ideológicas”, los cambios de perspectivas interpeladoras y críticas al capitalismo, desde la perspectiva indígena, podemos situarnos, selectivamente, entonces sesgadamente, en la incidencia de Comuna. Este colectivo, conformado por tres vertientes críticas, consideradas del marxismo crítico, Episteme, Autodeterminación y el Ejército Guerrillero Tupac Katari (EJTK), se asumía como no vanguardista, como parte aprendiz y militante de las movilizaciones sociales anti-sistémicas del momento, comunitaria y anti-estatalista, deja una huella teórica, analítica y descriptiva en la colección de publicaciones, que corresponden al seguimiento de la movilización prolongada (2000-2005), fuera de su aprendizaje como colectivo activista en las movilizaciones. El desenlace de la movilización prolongada es conocido; el Movimiento hacia el Socialismo (MAS) llega al poder a través de elecciones. Bolivia tiene su primer presidente indígena, se nacionalizan los hidrocarburos y se convoca a la Asamblea Constituyente.  Sin embargo, resumidamente, el periodo de gestiones de gobierno muestra que el “gobierno progresista” no sale del círculo vicioso del poder; repite la triste historia de la genealogía política de la modernidad, donde las revoluciones cambian el mundo, pero, se hunden en sus contradicciones. Los “gobiernos progresistas”, en América Latina, mejoran las condiciones de las relaciones de intercambio, en el sistema-mundo capitalista, mejoran las condiciones sociales de amplios sectores sociales; empero, no trastocan la estructura social de las desigualdades, tampoco cambian la estructura de poder heredado del Estado-nación subalterno. ¿Puede considerarse a Comuna como una “corriente revolucionaria”?

 

Una conclusión, también rápida, podría ser la siguiente:

 

1.   Las “corrientes revolucionarias”, en el sentido pleno de la palabra, como lo hemos definido, son escazas. Los procesos de formación de estas “corrientes” generalmente no concluyen, pues no logran realizar la praxis como subversión y creación de un mundo liberado y emancipado.

 

2.   Parece que las “corrientes revolucionarias” aparecen en los nacimientos de las mismas, en las fundaciones; se hace más difícil sostenerse como tales, en la medida que la complejidad de la realidad efectiva plantea problemas al proyecto liberador y emancipador.

 

 

3.   En la medida que se prefiera el “ideologismo”, es decir, el fetichismo, las narrativas apologistas, nada críticas, sino todo lo contrario, se hace casi imposible lograr la realización efectiva de “corrientes revolucionarias”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Militancia integral

 

 

Monumento antes de ser emplazado 1926

 

 

El sistema-mundo capitalista ha afectado todo, nuestras prácticas, nuestras relaciones, que, lastimosamente, se han convertido en costumbres y en habitus. Hablamos de la división del trabajo y de la autonomización de campos, incluso de niveles y especializaciones. Por ejemplo, en la modernidad, a pesar de que se trata de “conspiraciones” contra el poder, las dominaciones, la hegemonía del modo de producción-circulación-consumo capitalista, la militancia “revolucionaria” ha tendido a inclinarse por tener como referente la división del trabajo y la autonomización de campos. En otras palabras, la militancia no es integral; mas bien, se desintegra en partes, en tareas, en especializaciones, tomando en serio las divisiones en el tiempo. Tiempo de militancia, tiempo doméstico, tiempo académico, tiempo de amor, tiempo de responsabilidades otras.

 

Ciertamente, a pesar de su generalización masiva, en la militancia institucionalizada, no siempre se ha podido imponer este designio de la modernidad y el capitalismo. Determinados sujetos, entregados a la causa, rompieron con el método de la división del trabajo, con el procedimiento de las autonomizaciones, con el referente de la división en el tiempo, entregándose completamente a la lucha.  En esta entrega no hay división del trabajo, autonomización, ni lapsos par una cosa u otra; la militancia es integral; se entrega la vida misma. Quizás conscientes de este problema del condicionamiento de la división del trabajo, Vladimir Ilich Lenin propuso, a principios de siglo XX, la organización vanguardista de la militancia profesional; dedicada exclusivamente a la “conspiración” revolucionaria. Sin embargo, el handicap fue el mantener, de todas maneras, el condicionamiento capitalista de la división del trabajo, en eso de partido profesional. Al interior del partido, se organizó una estructura especializada, que estaba conformada por división de trabajo, por jerarquías, mandos y, sobre todo una disciplina bolchevique.

 

Parece que esta incongruencia entre vida y sociedad institucionalizada, entre necesidad de militancia integral y militancia fragmentada, se ha manifestado en la dramática de vidas entregadas a la causa, en un sistema-mundo de la división del trabajo. Lo que llamamos héroes, en las luchas modernas, parecen responder al dilema, con su entrega total a la causa. Se los admira por su entrega, por su heroísmo, por su dedicación donante, pues esta actitud contrasta con las costumbres y hábitos de la militancia, para no hablar de los demás sujetos sociales.   Estos sujetos admirables no son más que cualquiera de los humanos, cualquiera de nosotros, que han tenido la virtud de decidir y optar por la exigencia integral de la vida, además, en el caso, por la exigencia integral de la lucha por la vida. Lo hayan hecho conscientemente o por intuición o, si se quiere por pasión, no importa. Lo han hecho. No vamos a tocar el tema de ¿por-qué la mayoría de las militancia no lo hace, para no hablar de los demás sujetos sociales? Este tópico lo tocamos en otros escritos[3]. Lo que nos interesa ahora, es reflexionar sobre la militancia integral que estos admirables sujetos desplegaron.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La convulsión por la totalidad

 

Para decirlo hipotéticamente, parece que debemos tomar en cuenta un inclinación primordial, por así decirlo, instintiva e intuitiva, por la totalización de la comprensión del mundo y la realización de los actos. Esta inclinación es instrumental e institucionalmente reprimida por la modernidad y el sistema-mundo capitalista. Para la modernidad y el capitalismo somos engranajes o piezas de una gran maquinaria civilizatoria y de una gran maquinaria productiva, en principio, ahora, solamente acumulativa, aunque sea por el camino de la especulación. Como no se puede lograr del todo con los objetivos de esta represión instrumental e institucional; el sistema-mundo no es el mundo efectivo, no lo abarca; entonces, quedan territorios y cuerpos no domesticados, disciplinados y controlados; también parte de los cuerpos domesticados, disciplinados y controlados, no lo han sido; queda como espesores de resistencia. En consecuencia, cualquier rato, sobre todo en coyunturas de crisis, estos territorios y cuerpos no dominados, estas partes corporales no dominadas, del todo, pueden emerger volcánicamente y entregarse integralmente a la liberación de la potencia social.

 

Estamos muy lejos de mistificar a estos héroes o heroínas, como lo hacen los discursos apologéticos del poder, ya correspondan a gubernamentalidades liberales o a gubernamentalidades pretendidamente “revolucionarias”. Esta mistificación es una clara muestra a la renuncia a continuar la lucha inacabada; de aposentarse en el poder y cantar las glorias de la “revolución” efectuada.  Al final, estas mistificaciones forman parte del adormecimiento, es más, de la ampliación de las domesticaciones, disciplinamientos y controles de los diagramas de poder. Lo que nos interesa, como ya lo dijimos[4], es que aprendamos de la excepcionalidad la composición y combinación de composiciones subjetivas, estructurales, sociales, la congruencia, la sincronización, de rebeliones irradiantes, que afectan a la totalidad del mundo, tanto el mundo de las representaciones como el mundo efectivo.

 

Algunas anotaciones improvisadas, pueden ir en forma de hipótesis interpretativas. Son las que sugerimos:

Excepcionalidad en los ámbitos de regularidad

 

 

1.   En estos sujetos admirables, héroes y heroínas, parece que esas zonas de resistencia corporales, no domesticadas, no disciplinadas, no controladas, tienen mayor incidencia que las otras zonas corporales donde los diagramas de poder han podido inscribirse institucionalmente en la carne.

 

2.   Esta incidencia, que llamaremos, rebelde, termina por desordenar el proyecto de dominación corporal e individualizada, de los diagramas de poder, de las cartografías políticas y de las mallas institucionales.

 

 

3.   Entonces, es cuando, el propio sujeto, en el dilema resuelto, tiene en sus manos la configuración, conformación, pedagogía y hermenéutica de su propio perfil subjetivo.

 

4.   En consecuencia, estamos ante perfiles subjetivos singulares, con características subversivas, que rompen con los sistemas comunicativos, codificantes y de decodificación, institucionalizados, cuestionando sus verdades, sus ceremonias y rituales, convocando a los demás a hacer lo mismo.

 

 

5.   No todos los pueden seguir. Generalmente les sigue un grupo seducido o convencido; después, quizás, debido a la labor “vanguardista” de agitación, sobre todo en momentos de crisis, los seguidores aumentan, hasta pueden hacerlo masivamente.

 

6.   El problema es que los seguidores terminan mistificando al o la convocante, admirable, sobresaliente, héroe o heroína. Cuando lo hacen, convierten la excepcionalidad en un mito; por lo tanto, como perteneciente al espacio sagrado y no al espacio profano, donde ellos habitan. De esta manera, los convocantes intempestivos son momificados, convertidos en piezas de museo, en referentes de narrativas apologistas, que cantan a las hazañas de los héroes y heroína, como si fueran ángeles guerreros y no humanos, como cualquiera. Esta es una manera de eludir responsabilidades.

 

 

7.   Podemos suponer que a estos personajes, entregados totalmente a la causa, a estos militantes integrales, no les importa esta apología, esta sacralización de sus nombres. Lo que han hecho, no lo han hecho por eso, persiguiendo la fama y el reconocimiento. Los “lideres” que lo hacen demuestran que nunca fueron esta clase de personajes admirables, sino que eran como la mayoría, embaucados en las ilusiones, imaginarios e ideología del poder. Son unos impostores, que se disfrazan de “héroes”. Personajes tristes por la denostación de sus miserias humanas.

 

8.   Por lo tanto, podemos colegir, que la excepcionalidad heroica se debe, sobre todo, a la decisión tomada, en el dilema planteado: o la vida o las formas de captura, dominio y control de fragmentos de la vida. La excepcionalidad heroica no es una cualidad individual, como el mito del genio, construido por el iluminismo, sino es el afecto a la vida, la comprensión que lo que importa es la vida, y no las simulaciones institucionales, que no la alcanzan.

 

 

Nota necesaria

 

Para no dejar algún resquicio a ese hábito por la mistificación, debemos anotar que lo que ocurre con estos excepcionales sujetos heroicos, no es necesariamente constante y permanente, como si fuesen santos, o los mitos religiosos de los santos, donde aparecen como ungidos por la gracia de Dios. Pueden tener largos periodos de dedicación, en sucesión con otros periodos, no necesariamente consecuentes, cuando las contradicciones pueden llegar a ser abrumadoras. Lo sugerente de ellos y ellas, es que en momentos, por así decirlo, decisivos, que reclaman de ellos una respuesta inmediata, decidieron y optaron por la entrega integral.

 

 

 

 

 

 

 

Reflexionando sobre experiencias

 

 

 

 

 

 

 

¿Qué nos enseñan las trayectorias de vida? Fuera de la narrativa que se puede lograr, ya sea como interpretación literaria o, en su caso, psicológica, en el sentido del análisis de las conductas y los comportamientos; fuera, si se quiere, del aprendizaje político, en el sentido que le hemos dado, como politeia; ¿qué nos enseña como aprendizaje para el presente? Tanto para comprender el presente como para orientar las prácticas en el presente. Hemos dejado clara nuestra diferencia y distancia respecto a convertir una trayectoria ejemplar en un mito, también en un modelo a seguir, otorgándole algo así como un nombre propio al seguimiento de la labor emprendida por el referente ético y político del protagonista en cuestión. Estamos contra estas reducciones “ideológicas” del acontecimiento, que es una historia de vida consecuente, por así decirlo.  Como dijimos, nos interesa aprender de la excepcionalidad de un perfil subjetivo, pragmático, en el sentido pleno de la palabra, es decir, de acción, de la composición armoniosa entre ética y política, para no complicar las figuras, con otros planos y espesores de intensidad. Pues, en esta excepcionalidad, parece encontrarse la comprensión de las posibilidades inherentes a los sujetos, posibilidades que son inhibidas, debido a las renuncia a su propia potencia, entregándose a las capturas y manipulaciones del poder.

 

Este es un primer punto, en lo que respecta al aprendizaje para la comprensión y la acción en el presente. Un segundo punto, tiene que ver con la pertinencia política del proyecto político del referente ético y político. Este tópico tiene que ser abordado tanto desde la pregunta de lo que no se ha resuelto respecto de la problemática planteada por el proyecto político, de su tiempo, así como por la complejidad de la problemática en el presente. Respecto a la problemática de la dependencia de la formación social boliviana, en relación a la trayectoria política y de lucha de Marcelo Quiroga Santa Cruz, podemos decir, de una manera resumida, que en lo que respecta a la dependencia, asentada en un modelo económico colonial extractivista del capitalismo dependiente, el problema heredado no ha sido resuelto. En este sentido, incluso, podemos inferir que el programa de nacionalizaciones, tal como lo interpretamos y expuesto, es pertinente y urgente hoy. Sin embargamos, consideramos que la problemática en el presente ha adquirido una complejidad mayor, tanto desde la perspectiva de la experiencia social y política y de la memoria social y política, así como de la modificación de las condiciones estructurales del sistema-mundo capitalista hoy, con respecto al pasado inmediato. Para decirlo fácilmente, la estructura de dominación y hegemónica del sistema-mundo capitalista ha cambiado, si se puede decir, radicalmente. La dominancia, en lo que podríamos llamar composición estratégica del capitalismo, no radica en la preponderancia del capital industrial, sino en el sobrepeso del capital financiero; esto convierte al carácter del capitalismo hoy en especulativo. En consecuencia, el objetivo de la independencia económica parece no radicar en lo que se creía, por lo menos, en las décadas de mediados del siglo XX; en la industrialización.

 

Esta diferencia, que parece radical, en lo que respecta a la crisis del capitalismo hoy y a las salidas y alternativas al sistema-mundo capitalista hoy, no le quita méritos ni a la trayectoria ética y política del referente subjetivo, tampoco a su programa de nacionalizaciones. Lo que pasa es que las salidas radicales hoy, las salidas alternativas hoy, yendo más lejos, las salidas alterativas hoy, reubican el papel de las nacionalizaciones. Siguiendo la exposición sucinta y directa, diremos que las nacionalizaciones no tienen como finalidad la soberanía, es decir, la consolidación del Estado-nación, sino el autogobierno de los pueblos; es decir, la profundización de la democracia, haciéndola efectivamente participativa y convocante. Además, a las alturas de la crisis económica, política, cultural y civilizatoria, de la crisis ecológica, ya no se puede circunscribir las transformaciones, las realizaciones del autogobierno en la geografía política de los Estado-nación, sino, que es indispensable, borrar las fronteras, el fetichismo de los Estado-nación, y convocar a los pueblos del mundo a conformar una Confederación Plurinacional de Autogobiernos de los Pueblos del Mundo.

 

De estos temas hemos hablado en otros ensayos. Ahora no insistiremos en ellos. Lo que interesa es aprender las consecuencias del aprendizaje de las huellas trazadas por una historia de vida ejemplar y admirable en el presente. En consecuencia, el tercer punto es el siguiente: la convocatoria o si se quiere, para decirlo de una manera exaltante, el manifiesto. En este tercer punto, en el presente, no parece ser el partido el núcleo u organismo convocante. Que, además, ya en la época de Marcelo Quiroga Santa Cruz, no dio los resultados esperados, ni fue el sujeto vanguardista deseado. El devenir de la convocatoria parece ser otra. Lo que vamos a decir ya suena a especulación, pero, lo vamos a decir, por razones de exposición. La convocatoria debe ser – déjenos utilizar figurativamente este debe, que nos acerca a principio categóricouna construcción colectiva y participativa.

 

Con esto no decimos, de ninguna manera, que los colectivos activistas no tienen alguna tarea; al contrario, la tienen, pero, no la que imaginó el bolchevismo, en su tiempo. Tienen la tarea de activar la potencia social. Para que los sujetos sociales, que liberan su potencia social, puedan construir la convocatoria, en este caso, local, nacional, regional y mundial. No parece tratarse de presentar un programa de vanguardia para orientar a las masas; este programa sería una simpleza inútil, ante la complejidad que enfrentamos; sino de un manifiesto o muchos manifiestos que hablen, por así decirlo, a los oídos de la potencia social, inherente a lo que sabe el cuerpo; no a los oídos “racionales”, educados por las mallas institucionales de los diagramas de poder.

 

Esta tarea, que parece difícil lograrla, pues no sabemos cómo comunicarnos con la potencia de los cuerpos, si así la podemos llamar, no excluye tareas concretas del activismo, con respecto a la defensa de los derechos, en toda su gama de generaciones, las luchas por demandas concretas de colectivos específicos, la agitación en torno de determinadas conquistas a obtener, la movilización en contra de las formas destructivas del extractivismo, industrialismo, consumismo, anti-ecologismo, sino que les otorga una integralidad y consecuencias mayores.

 

 

En conclusión, sobre la pertinencia de estas trayectorias de vida, podemos decir que, en el presente, ya son huellas hendidas en el acontecimiento social; las mismas que inciden, no solo como memoria y referente, sino como inscripción en las predisposiciones sociales, afectivas, imaginarias y racionales, perceptuales sociales. No se trata de seguirlos, como sugiere una ingenua proposición política e “ideológica”, que también puede encubrir un juego de poder, sustentándose en el prestigio de los héroes. Esto es innecesario, pues están en el presente como huellas inscritas en el acontecimiento, sino combinar estas huellas en composiciones sociales, colectivamente decididas, en un presente activado por la democracia radical; es decir, el autogobierno.

 

El presente está en las manos de los que están presentes y pueden activar un presente potente, creativo, vital, o, en su defecto, un presente reiterativo del pasado de dominaciones, capturas, inhibiciones y castraciones de los cuerpos.

Retomando las exposiciones, sobre todo la vinculación de la parrhesía y la democracia, cuando dijimos que política, en sentido pleno, implica ética. Retomando la tradición de la politeia, del ethos, de la aletheía, por lo tanto, del decir la verdad, podemos concluir que el decir la verdad tiene como condición de posibilidad el autogobierno, el dar la palabra al pueblo. Además no se trata solo de la palabra y de tener la posibilidad de hablar, sino de la posibilidad de la acción libre y creativa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Política y crítica de las armas

 

 

 

 

 

 

Vamos a tocar un tema escasamente debatido, mucho menos analizado críticamente, pues también se ha vuelto como un fetiche asumido, desde la exaltación de la “violencia revolucionaria”, como si la violencia en la revolución le diera a ésta radicalidad. Es como si la furia diera radicalidad al discurso denunciativo o interpelador. Esto es como dejarse llevar por el sensacionalismo de los significantes y de las formas simbólicas, sin atender a la única cuestión que da radicalidad al enunciado, al discurso y a la posición política; ésta es la raíz del problema, la raíz de la cuestión. Lo que importa es la crítica al poder; la crítica, interpelación y acción contra las dominaciones; la crítica de la “ideología”, la crítica, la desconstrucción y el desmantelamiento del sistema-mundo capitalista; las consecuencias prácticas de esta crítica. En este sentido, la cuestión de las armas fue un tema fundamental en los debates de las corrientes revolucionarias. En estas posiciones había desde las tendencias pacifistas hasta los fundamentalismos violentos. Resumiendo el mapa de estos debates, podemos decir, que la cuestión de las armas giraba, en un principio, por lo menos, en tres tópicos: el de la defensa de las organizaciones, del proletariado, del pueblo; el de la conquista del poder; el de la defensa de la revolución triunfante. En una segunda etapa, los tópicos aumentaron; entre estos, se abrió al debate la irradiación de la revolución por medio de la expansión de las armas, usando al “ejército revolucionario”. Hubo una variante, la guerrillera, que se planteó esta irradiación como foco, que se instalaba en el territorio de un país; esperando que el foco se convierta en guerra de guerrillas a mayor escala. También debemos citar, en esta lista, incorporando un tópico, de la misma manera, poco discutido; éste es el del uso de la violencia del “Estado revolucionario”, contra la propia sociedad; tanto para efectuar las “transformaciones”, así como mantener el orden, de la misma manera, para desterrar a la “oposición conspiradora”. Este último punto es de suma importancia, tomando en cuenta, la experiencia social política de los “Estados revolucionarios” del socialismo real.

 

La pregunta es: ¿La revolución triunfante debe usar la violencia para transformar la sociedad? Vamos a dar sobreentendida la necesidad de organizar la defensa, recurriendo a las armas; así como, dependiendo de las condiciones de posibilidad histórica-política y circunstancias coyunturales, hacer uso crítico de las armas para efectuar el desenlace revolucionario; lo mismo, suponemos que es menester defender la revolución triunfante. Empero, ¿la revolución se exporta de un país a otro, sobre todo, usando la “violencia revolucionaria”, recurriendo a la expansión de la guerra, transfiriendo la “revolución” con el uso de las armas? Por otra parte, ¿cuándo se usa la violencia en la propia sociedad para “transformarla”, sigue siendo una revolución? ¿No es este fenómeno la reiteración recurrente del uso de la violencia del Estado burgués, que ejerce la violencia para mantener el orden o, si se quiere, para lograr el desarrollo?

 

Cuando no se discuten estos temas y tópicos problemáticos es que se asume, mecánicamente, acríticamente, que por tratarse de un “gobierno revolucionario” o un “Estado revolucionario”, por el hecho que así se los concibe o se los llame, se autodenominen, todo lo que hagan, este gobierno y esta Estado, es por generalización “revolucionario”. Tomando en cuenta el balance de la historia política de las revoluciones en la modernidad, que tocamos en otros ensayos[5], podemos decir que el recurso a la violencia es la patente muestra del fracaso de la revolución misma triunfante. El recurrir a la violencia contra la sociedad misma es la consecuencia de haber clausurado la derivación radical de la revolución misma, la democracia radical, el autogobierno y el dar la palabra al pueblo. Las transformaciones estructurales e institucionales, que implican la revolución, es decir, la liberación y la emancipación múltiple, plural y, diremos, metafóricamente, absolutas, solo pueden ser producto de la praxis de la sociedad misma. Nunca de la “violencia revolucionaria”, que no es otra cosa, en estas circunstancias y condiciones, la de la imposición estatal, la de la usurpación de la democracia, del autogobierno y la palabra del pueblo. La “violencia revolucionaria”, en estas condiciones, no es más que una frase rimbombante, que encubre, la misma violencia reaccionaria y represora del Estado, como instrumento de dominación.

 

Con esta ponderación y apreciación de la violencia estatal, no se excluye, ni se niega, la necesidad de la defensa, tampoco de la organización del contra-poder en forma de crítica de las armas, incluyendo, en determinadas circunstancias, coyunturas, contextos, la destrucción del poder. Esto abarca la defensa del país, de la Patria Grande, de la solidaridad fraternal con pueblos sublevados, que luchan por la liberación y emancipación. Empero, cuando la propia armada, el propio “ejército revolucionario” se usa como amenaza, como máquina de guerra, cayendo, de este modo, en juegos geopolíticos, es decir, de dominación mundial, no se hace otra cosa que hacer lo mismo que las armadas y ejércitos imperiales, de las máquinas de poder, del sistema-mundo capitalista.  En otras palabras, son otras máquinas de guerra de la geopolítica mundial, que se disputan la dominación del mundo.   Esto nada tiene que ver con la revolución, con la emancipación, con la liberación; lo que connota que no tiene nada que ver con el comunismo, con el socialismo. Que se lleve el nombre de “ejército revolucionario”, no convierte semejante estrategia geopolítica en acción revolucionaria, en, para contrastar, geografía emancipadora[6]. Ningún ejército, ninguna armada, por más nombres rimbombantes que se ponga, por más “revolucionario” que se crea, puede sustituir a las voluntades singulares de los pueblos. En la era de las simulaciones del sistema-mundo capitalista, del sistema-mundo político, del sistema-mundo cultural, estas comedias y usurpaciones se han dado. Se trata de mecanismos de legitimación de acciones y estrategias que no son otra cosa que la continuidad de las formas de dominación, con distintos discursos, personajes, guiones, nombres y símbolos.

 

En consecuencia, la contra-violencia revolucionaria, del contra-poder popular, que es el recurso a la crítica de las armas, es la herramienta necesaria, en defensa de la marcha, del camino, hacia el autogobierno del pueblo; es obligado uso, debido a la ofensiva militar del poder, en su forma estatal conservadora, liberal o neoliberal, en su forma imperialista, en su forma imperial. Nunca de la restauración estatal, con otros nombres.  Cuando esto ocurre, se marca ya el ingreso a la regresión, a la decadencia, sobre todo, a la usurpación de la potestad del pueblo, por parte de una nueva élite de poder; aparezca en forma de una nueva burocracia absoluta o en formas gubernamentales barrocas.

 

La violencia estatal puede camuflarse en discursos que demandan la “defensa de la revolución”, cuando, en realidad, se trata de la defensa de la nueva élite del poder, de la burocracia absoluta, de la impostura grotesca correspondiente a la usurpación de la potestad popular. La defensa de la revolución es decisión colectiva de la democracia, del autogobierno; es el consenso popular, que hace converger las voluntades singulares, uniendo las fuerzas sociales para la defensa.

 

 

Ahora bien, el recurso a la crítica de las armas, a la organización militar popular, no corresponde a ninguna improvisación. El hecho militar de la contra-violencia revolucionaria, del contra-poder popular, requiere de la tecnología, de las estrategias, mas ingeniosas, inventivas y audaces que se puedan elaborar. El enfrentamiento militar es un acontecimiento que exige la disponibilidad total de las fuerzas populares, se juega, por así decirlo, su ser mismo. Vencer a las máquinas de guerra estatales, imperialistas e imperiales, requiere de la capacidad organizativa de contra-máquinas de guerra, que vayan más allá de lo que pueden las máquinas de guerra. La ventaja, por lo menos, teórica, de las contra-máquinas de guerra es que no son solamente corporaciones y complejos tecnológicos, no son solamente sistemas-mecánicos, que por más eficientes que fueran, no pueden contra la potencia social liberada, que libera, a su vez, la ciencia y tecnologías restringidas, subsumidas a la dominación, al poder y a la acumulación del capital. La destrucción de la vida tiene desventajas grandes respecto a la potencia creativa de la vida. Estas capacidades organizativas, estratégicas, tecnológicas, solo pueden realizarse cuando se libera la potencia social, cuando se da la palabra al pueblo, cuando se ejerce el autogobierno.

 

 

La coyuntura actual mundial, en la crisis estructural y orgánica del sistema-mundo capitalista, en la etapa de la decadencia del sistema-mundo político y del sistema-mundo cultural, es decir, de la civilización moderna, es indispensable tener claridad sobre estos temas y tópicos; hacer inteligible la complejidad del sistema-mundo, las amenazas y alcances de las amenazas del sistema-mundo capitalista, de sus máquinas de guerra, de sus máquinas de poder, incluyendo a sus máquinas extractivistas y máquinas de comunicación de masas. En la medida que está amenazada la vida en el planeta, la sobrevivencia humana, los pueblos del mundo están convocados existencialmente a actuar, a detener la locomotora desbocada de todas las máquinas de destrucción de la vida. Que lo hagan o no, depende de su capacidad de liberarse de la “ideología”, de los fetichismos diversos, de las capturas institucionales, que hacen de mallas del poder mundial del sistema-mundo capitalista.

 

 

 

 

Boceto de una contrastación política

 

 

 

 

 

 

 

 

Para analizar una institución no es suficiente tener en cuenta sus estatutos, su organigrama, sus visión y misión, incluso, si se quiere, su “ideología”, sino que es indispensable contrastar todo esto con sus prácticas, con lo que hace efectivamente. Entre estas instituciones, resaltan en sus contrastes, si se quiere, en sus contradicciones, los llamados partidos políticos. Nos interesa analizar, desde esta perspectiva, la de la contrastación, a los llamados partidos de “izquierda”. En este caso, trataremos, en principio, hacer un boceto analítico de lo que fue el PS-1.

 

Podemos afirmar, que, por un lado, está el programa, la declaración de principios, del PS-1, liderado por Marcelo Quiroga Santa Cruz, y por otro lado, está la historia efectiva singular de este partido. El núcleo del programa y de los principios se encuentra en la transmisión del pensamiento propio de la “izquierda nacional” boliviana; de la que formó parte Marcelo Quiroga Santa Cruz. Este núcleo tiene que ver con la lucha de los pueblos y países periféricos por la soberanía e independencia, llevando a cabo un programa concreto de nacionalizaciones.  La tesis inherente, si se quiere, de fondo, es la siguiente: La nacionalización de la economía implica la nacionalización del Estado, de la sociedad y del pensamiento. Este proyecto, irradiado en toda Latino América, en corrientes singulares, como las nacional-populares, forma parte de las corrientes descolonizadoras. La diferencia de aquéllas corrientes descolonizadoras, de mediados del siglo XX hasta entrada la segunda mitad de este siglo, por lo menos en la tercera parte del siglo, y las corrientes decoloniales de fines del siglo XX y comienzos del siglo XXI, es que aquéllos postulados nacional-populares, consideraban que se enfrentaban a las condiciones neocoloniales, que imponía el imperialismo; en tanto que los decoloniales tienen en mente una estructura de larga duración, que deviene desde la conquista y la colonia.  Sin embargo, ambas concepciones, la nacional-popular y la de-colonización culturalista y civilizatoria, para darle un nombre al alcance de sus pretensiones, se encuentran en esa porción de espacio-tiempo, que corresponde a las formas de dominación colonial económicas, en la historia reciente. Ciertamente, la perspectiva decolonial no se queda ahí, tampoco toma en cuenta como primordial esta dominación económica, haciendo, mas bien, hincapié en la dominación civilizatoria moderna, caracterizada como “occidental”.

 

El resto del programa tiene que ver con la perspectiva socialista, tal como es concebida por el PS-1. Podemos encontrar analogías con otros programas de los partidos socialistas del continente, aunque también diferencias, que tienen que ver, más que con la peculiaridad del país, con la herencia transmitida por los grupos de “izquierda” y socialistas que se incorporaron al PS-1. Desde nuestro punto de vista, la singularidad política del programa se encuentra en la médula nacional-popular, que hace como base para la transición al socialismo. Por lo tanto, lo destacado no se encuentra en los enunciados generales por el socialismo, sino en el programa de nacionalizaciones. En lo que respecta a las transiciones, podemos decir que, partiendo de la base de nacionalizaciones, políticamente, de la soberanía del Estado-nación, se sugiere que se puede avanzar hacia el socialismo, mediante medidas de igualación de las condiciones de vida, a través de la intervención estatal contra la estructuras de desigualdades sociales; incorporando, también estatalmente, a las grandes mayorías, a los beneficios que ofrece un Estado de transición al socialismo.

 

Sin embargo, no es este programa y la declaración de principios, lo que, ahora, nos interesa, sino el contraste entre lo que pretendía el partido como organización y lo que efectivamente fue. No vamos a desarrollar una descripción histórica del PS-1; ésta se encuentra en los tres tomos del Socialismo vivido, de Hugo Rodas Morales; descripción histórico-política y análisis, hechos de manera minuciosa, además de examinada teóricamente[7]. Nos remitimos a esta investigación, exposición histórica, política y biográfica, desplegada en el bloque de escritos mencionado. Lo que vamos a hacer, es bosquejar perfiles del proceso orgánico y práctico del PS-1, a través de hipótesis interpretativas, que ayuden a explicar lo que ha sucedido con el partido, además de pretender servir como propuestas de investigación.

 

 

 

 

 

 

 

 

Boceto político de un partido socialista

 

1.   Marcelo Quiroga Santa Cruz, al retornar a Bolivia, clandestinamente, en plena dictadura militar del general Hugo Banzer Suarez, rescata al socialismo, no solamente de una tibia expresión socialista, más apegada al statu quo que a las tradiciones socialistas.

 

2.   La fundación del PS-1 implica un nuevo curso, más ligado a la radicalización de las grandes tradiciones nacional-populares del país; otorgándole un alcance socialista, por lo menos, en el programa.

 

 

3.   El meollo y la nuez de la convocatoria partidaria es, indudablemente, el mismo Marcelo Quiroga Santa Cruz, que gozaba de mucho prestigio, por su historia política, por la nacionalización de la Gulf Oil, por su consecuencia y conducta ética.

 

4.   El grupo más cercano al perfil de Marcelo Quiroga es Pututu, el primer grupo que se incorpora, aunque no con todos sus miembros. Pututo apoya el programa de nacionalizaciones del PS-1. Esto se debe a que en este grupo se encuentran ex-militantes de la “izquierda-nacional”, sucintamente del “Grupo Octubre”.

 

 

5.   Los siguientes grupos que se incorporan, estaban más ligados a las concepciones socialistas contemporáneas, contando con la experiencia del debate, en el contexto de la dictadura militar, con la llamada “izquierda tradicional”, así como contando con la experiencia de la preparación para la guerrilla.

 

6.   Ambos perfiles, hacen a lo que podemos denominar la composición básica del PS-1.

 

 

7.   Por otra parte, ingresan otras organizaciones, más vinculadas a las tradiciones sindicales, también gremiales, incluso barriales. Éstas le dan una expresión de proyección masiva al partido.

 

8.   También podemos nombrar, obviamente, a los originarios del Partido Socialista escindido, que sería el grupo plataforma de la formación del partido.

 

 

9.   Por otra parte, no debemos olvidarnos de los socialistas independientes, con perfil más individual, en la suma de las incorporaciones al PS-1.

 

10.       En consecuencia, podemos detectar distintas tendencias, aunque no pueda nombrárseles, propiamente, como corrientes; por lo menos, las podemos asumir como tendencias prácticas, pues venían de sus propias tradiciones políticas, intelectuales y sindicales.

 

 

11.       Otra consecuencia, parece ser, la que anunciamos a un principio; la diferencia entre lo que quiere ser el partido y lo que fue efectivamente.

 

12.       Las distintas corrientes, más en lo que respecta a sus herencias, tradiciones, prácticas y concepciones, definen una configuración del partido, en sentido efectivo, más bien, heterogéneo, que homogéneo; incluso en lo que respecta al acuerdo de lo fundamental del programa socialista, que era el programa de nacionalizaciones. Pueden afirmar que lo están; empero, algunos grupos, estaban más interesados en hacer hincapié en las expresiones socialistas, que tienen una tonalidad general, que comprender el peso histórico-político de la tradición nacional-popular en Bolivia.

 

 

13.       En otras palabras, el PS-1 no tuvo tiempo para discutir a fondo sus diferencias conceptuales y de interpretación de las luchas sociales y por la soberanía de los pueblos de América Latina y en el país. En resumidas cuentas, no pudo homogeneizarse lo suficiente para operar.

 

14.       Sin embargo, esta falencia, si podemos hablar así, pues no puede ser otra cosa, una especie de fragmentación de la “ideología” y la concepción política por el socialismo, fue compensada notoriamente por la claridad teórica, “ideológica” y política de Marcelo Quiroga Santa Cruz, quien forma parte, en su trayectoria intelectual y política, de lo que llamamos la episteme boliviana[8].

 

 

15.       Es por esto, que su asesinato, su desaparición del escenario político, derivó en la diseminación del partido.

 

16.       El PS-1 se ha reducido a un pequeño grupo de intelectuales, conocidos, por su especialización en ciertas áreas académicas; respecto al cual, podríamos decir, es el grupo más cercano al proyecto del PS-1, en el periodo de Marcelo Quiroga. Hay otros grupos que se reclaman PS-1; empero, están muy lejos del programa, así como lejos del espíritu crítico, que caracterizaba a Marcelo; es más, están más lejos de la connotación irradiante de Marcelo. Incluso, hay un grupo, cuyo comportamiento triste, nada ético – lo que contrasta notoriamente con el perfil ético-político de Marcelo -, avala grotescamente la demagogia del gobierno populista, llamado “gobierno progresista”.

 

 

17.       Teniendo en cuenta, el decurso político, descrito, en rasgos de boceto, podemos sugerir que la herencia ética y política de Marcelo Quiroga Santa Cruz, se encuentra más en la geología social-política, sedimentada, de la experiencia del pueblo, en la memoria social del pueblo; sobre todo, cuando se moviliza por la defensa de los recursos naturales y por la defensa de la soberanía nacional, más que en los fragmentos que quedaron del PS-1.

 

18.        El contraste entre el deseo político, expresado en los principios, incluso en la forma de organización buscada, y la práctica efectiva del partido, es evidente. Lo que muestra que el PS-1 vivió un proceso inacabado, repentinamente cortado.

 

 

19.       Desde nuestra perspectiva activista, crítica y política, no se trata de revivir un partido fragmentado, además de inacabado, sino de lograr la pedagogía política popular, aprendiendo de la experiencia intensa de un hombre que entregó su vida al socialismo vivido; es decir, a la praxis de la defensa de los recursos naturales, de la defensa de soberanía del Estado-nación, plasmando la politeia, en otras palabras, la política, en sentido pleno de la palabra, como liberación y emancipación, no en sentido restringido, como dominación; politeia que no puede darse, sino a través de la pragmática, en sentido pleno, como conducta y comportamiento, ético.

 

 

 

 

 


[7] Ver de Hugo Rodas Morales Socialismo vivido; tres tomos. Plural Editores. La Paz.

Leer más: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/praxis-y-acontecimiento/

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