Las desmesuras de las violencias singulares

Las desmesuras de las violencias singulares

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

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Las violencias atroces, los crímenes de sangre, siempre han aterrado o seducido, en el sentido de espasmo. Tal parece que esta desmesura de la violencia atrae por los símbolos que conlleva, ¿símbolos eróticos, como creía George Bataille? ¿Símbolos perversos, marcas dramáticas de las heridas abiertas en los cuerpos descuartizados, que despiertan imágenes de lo imposible o inimaginable, logrado en el sacrificio? ¿O es apenas una banalidad del aburrimiento de las élites dominantes, en un caso; de la furia desbocada de las víctimas, en otro caso?  ¿Son los síntomas más claros y contundentes de la decadencia, llevada a extremos del agobio, de la angustia y la desesperación? Son preguntas que deben ser contestadas.

 

¿Qué lleva a un grupo de yihadistas a estrellar aviones contra las “torres gemelas”, inmolándose ellos mismos? ¿Qué lleva a un “lobo solitario” usar un camión, a plena marcha, atropellando premeditadamente a la muchedumbre, que se encontraba en la calle, festejando una fecha conmemorativa? ¿Es el “fanatismo fundamentalista”, como se dice? ¿Es la frustración irremediable que empuja al odio, como también se dice? ¿Es la cooptación de gente discriminada y marginada, condenada a la miseria, cooptación hecha por parte de grupos “fundamentalistas”, que es lo que se describe? Son otras preguntas que deben ser tomadas en cuenta, analizar sus referentes problemáticos, evaluar la consistencia de sus enunciados.

 

En relación a las preguntas anteriores, emergen otras, que, a su vez, las sopesan: ¿Por qué no todos los discriminados, todas las víctimas, que son la amplia mayoría, no hacen lo mismo, se inmolan, afectando demoledoramente a lo que se alcance, en los entornos de las tragedias? ¿El fanatismo desata fatalmente la violencia singular desmesurada, de la inmolación propia y el sacrificio del enemigo? Son preguntas que no han sido respondidas; los “especialistas” y “analistas” del “terrorismo” asumen, sin dudar, las conjeturas inherentes en las preguntas. Los gobiernos, los Estado-nación, el orden mundial, añadiendo a los infaltables medios de comunicación, se basan en estas conjeturas no demostradas, para edificar sus “explicaciones”. Otra pregunta más: ¿los denominados grupos “fundamentalistas islámicos” son, verídicamente, musulmanes creyentes y fervorosos? Esta es una pregunta no cotejada; también aquí se ha asumido directamente que así es, sin mayor duda.

 

Tomando en cuenta este enjambre de preguntas, vamos a intentar, no tanto responderlas – se requiere investigaciones en profundidad -, sino reflexionar sobre los ámbitos de posibilidades, que se abren ante las tenues iluminaciones de las preguntas mismas.

 

 

De entrada, deberíamos descartar dos supuestos prejuiciosos, que no ayudan a la reflexión; uno, es el que supone que el fervor por el Islam, la utopía de un mundo musulmán, es camino al “terrorismo”; el otro, supone que los estratos sociales condenados a la miseria, acosados por la discriminación, llevados a la calamitosa frustración, son caldo de cultivo de cooptaciones de yihadistas. Esta última tesis es como decir que los condenados de la tierra son ya, de hecho, inmediatamente, una “amenaza a la paz”, son el peligro inmediato para la sociedad, para la preservación de sus instituciones, de sus valores y reglas. Aunque esto quisiera las “vanguardias revolucionarias”, uno de los ejemplos. En el caso que nos ocupa, aunque quisieran los grupos “fundamentalistas islámicos”, otro ejemplo, aunque distinto que el anterior. No parece ocurrir esto, por lo menos, como regularidad generalizada, salvo los escasos focos de incidencia, que ciertamente son alarmantes, por su grotesca exaltación de la muerte, de la venganza, del resentimiento, de la consciencia desdichada.

 

¿Por qué los medios de comunicación insisten que esto ocurre, la causalidad inmediata, así como el discurso oficial de los estados y organismos internacionales; del mismo modo, la proliferante voz repetitiva de los “analistas” y “especialistas”? ¿También quisieran que sea así, que se de esta causalidad inmediata entre creencia religiosa y “terrorismo”, entre frustración social y “terrorismo”? Lo llamativo de todo esto, es que los opuestos coinciden en este deseo; ambos apuestan a la causalidad inmediata.  Mientras que la realidad efectiva muestra, mas bien, que la amplia mayoría de creyentes, la amplia mayoría de los condenados de la tierra, legitiman, con sus subordinaciones, con sus habitus, sus prácticas obedientes o marginales, a las estructuras de dominación, consolidadas en las mallas institucionales, los estados y el orden mundial.

 

¿Por qué están tan enajenados de la realidad efectiva los discursos hegemónicos, incluso, del lado opuesto, también los discursos aparentemente contra-hegemónicos? ¿Por qué coinciden en este deseo y en estas conjeturas de la causalidad inmediata tanto los gobiernos y los estados, los “analistas” y los “especialistas”; incluso, del otro lado, los activistas yihadistas, así como las “vanguardias revolucionarias”?  ¿Sobre todo, por qué coinciden en esta sustitución de la realidad efectiva por la constelación de representaciones “ideológicas”, compartidas por las distintas estructuras y organizaciones mencionadas; motivadas por sus deseos, a pesar de considerarse enemigos? Estas difíciles preguntas también ingresan en nuestra reflexión. Abordamos la misma, como se ha vuelto nuestra costumbre, de manera interpretativa, basadas en hipótesis prospectivas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sintomatología de la violencia

 

1.   Lo que comparten los enemigos es su deseo de poder.

 

2.   Ambos, enemigos irreconciliables, tienen proyectos de poder. Forman parte del círculo vicioso del poder, compartiendo sus contrastes, sus oposiciones, sus contradicciones, en la guerra en la que se hallan enfrascados.

 

 

3.   Al convertir ambos enemigos el poder en el fin, terminan subordinando sus vidas a este fin, tornando sus vidas en medios para llegar a este fin. Sus vidas se entregan denodadamente a este fin y sacrifican muchas vidas para lograr este fin; cuando lo consiguen, sacrifican otras muchas vidas para conservarlo.

 

4.   Pueden tener distintos proyectos de poder, por lo menos, en lo que respecta a las formas de administrar el poder; si consiguen llegar a este fin. Sin embargo, a pesar de ser distintos proyectos y, hasta se puede decir, opuestos – esa es su pretensión -, los proyectos de poder son complementarios, pues participan, ambos, de la reproducción del poder; forman parte, ambos, del circulo vicioso de poder. Aunque aparezcan simétricamente opuestos, esta simetría dual, contrastante, muestra las analogías compartidas, aunque “ideológicamente” inversas; sobre todo, evidencia claramente que comparten la ecuación estructurante de una geometría política. La de la reducción de la política a la dominación, separada de la ética; como si la topología de poder compartida respondiera a una formula geométrica.

 

 

5.   El odio al enemigo corresponde, simétricamente, al odio del otro, que considera como enemigo al mismo que señala al otro como enemigo.  Ambos comparten esta “pasión” agresiva contra el otro.  Ambos se parecen tanto en este odio, que de tanto odiar se parecen tanto, que ya son como lo mismo; el enemigo de la imagen del espejo.

 

6.   Este odio delata entonces no solamente el odio al otro, sino el odio a sí mismo. Que, en términos más amplios, es el odio a la vida.

 

 

7.   Sobre el caldo del odio, no puede sostenerse ningún proyecto de porvenir para la humanidad, mucho menos para la vida.

 

8.   El odio es una destrucción de la pasión, en tanto devenir del afecto; en vez de ella, de la pasión, se dan lugar figuras nihilistas. Por ejemplo, para decirlo ilustrativamente, usando calificaciones psicológicas, no adecuadas, aparece el rencor, la antipatía, la repugnancia, la inquina, la aversión, la hostilidad, la envidia, el despecho, llegando a la abominación. Estas figuras son como representaciones de singularidades del odio. Por lo tanto, se trata de una intensidad distinta a la de la pasión; una intensidad no afectiva, una intensidad de odio; algo así como una compulsión destructiva.

 

 

9.   De esta manera, en esta genealogía de la violencia, se puede decir, que la voluntad de potencia, la voluntad creativa de la vida, se convierte en voluntad de nada, en voluntad destructiva, que busca compulsivamente no la reproducción de la vida, sino la muerte.

 

 

10.       El esquematismo político del amigo/enemigo, se apoya, por así decirlo, en el esquematismo moral del mal y el bien. Cada quien, reparando en el primer esquematismo dual, se considera ser el defensor del bien, en tanto señala al otro como el propulsor del mal; entonces, uno se considera el bueno, en tanto que considera al otro, al enemigo, el malo. El esquematismo moral del bien/mal, que deriva en el esquematismo estigmatizador del bueno/malo, hace de dispositivo “ideológico” de legitimación de las acciones ejecutadas contra el enemigo, justificando la violencia contra él, incluso su asesinato.

 

 

11.       El acontecimiento de la violencia, se desenvuelve y dinamiza con los despliegues conjugados de estos esquematismos duales, que responden a la definición del enemigo, a la descalificación del enemigo, a la repugnancia del enemigo, a la agresión contra el enemigo, incluso a su asesinato. Se trata un acontecimiento abigarrado, pues entrelaza los procesos inherentes al acontecimiento de la violencia. Procesos interpretados desde la perspectiva de los esquematismos duales, componentes de la “ideología” de la violencia. Procesos impulsados por la incidencia de las mallas institucionales, comprometidas con las estructuras de poder y las tecnologías de dominación. Procesos desencadenados por los efectos de semejante incidencia institucional, efectos no controlados por la maquinaria fabulosa del poder, pues al intervenir, de esta manera, la efectuación del despliegue de la violencia, provoca efectos no calculados ni esperados por las pretensiosa maquinarias de las dominaciones.

 

12.       Los efectos incontrolables, que ocasionan los diagramas de poder y las cartografías políticas, que se comportan como bumerang, extrañamente, en vez de inducir a replanteamientos, en lo que respecta a la consecución de los proyectos, estimula, mas bien, una especie de obsesión crónica por la insistencia, un ansia de revancha. Pero, ¿contra quién? No es el enemigo el que provoca estos efectos incontrolables, no podría hacerlo, sino la complejidad misma de la realidad efectiva. Entonces, ¿se trata de una revancha contra la realidad efectiva misma?

 

 

13.       El círculo vicioso del poder genera un círculo vicioso de destrucción, un círculo vicioso de muerte. Al no poder salir del círculo del poder, no se puede salir del círculo de destrucción y de muerte. Todo lo que se haga, en esta mecánica de la violencia, no hace otra cosa que generar la progresión de la violencia, su expansión; incrementando la intensidad de sus golpes demoledores.

 

14.       Para salir del círculo vicioso del poder, es menester salir del esquematismo político amigo/enemigo. Es necesario crear flujos de fuga, que escapen al campo gravitacional del poder.

 

 

15.       Para salir del círculo vicioso de la violencia, es menester abandonar las estrategias de dominación, es indispensable abandonar el fin del poder y el poder como fin. Es una tarea urgente recuperar la potencia social en su integridad; liberar a las fuerzas sociales capturadas por las mallas institucionales del poder. Devolver a las fuerzas lo que pueden, sus potencias, de lo que fueron separadas, para hacerlas maleables a los fines mismos del poder.

 

16.       No son los gobiernos, los estados, el orden mundial, las máquinas de poder, las máquinas de guerra, las máquinas económicas, las máquinas extractivistas, las que están interesadas en salir del círculo vicioso del poder. Todo lo contrario, están interesadas en mantenerse en el circulo vicioso del poder, además de mantener este círculo vicioso como órbita en el campo gravitacional del poder.

Son las élites de poder, la hiper-burguesía dominante del sistema-mundo capitalista, las organizaciones que quieren sustituirlas y ocupar su lugar, las que apuestan a este círculo vicioso de poder. Pues consideran que, en éste círculo de poder, logran beneficiarse, incrementar los beneficios, acumular indefinidamente, aunque sea a costa de las grandes mayorías de las sociedades humanas, incluyendo a sus propios pueblos. Lo que no entienden es que estos proyectos de poder no son sostenibles a largo plazo, pues destruyen también sus propias condiciones de posibilidad de dominación, de hegemonía y de acumulación, incluyendo las condiciones de posibilidad existenciales de su propia sobrevivencia como minoría privilegiada. Lo que no comprenden es que para que un proyecto pueda ser sostenible, tiene que necesariamente proyectarse en el largo plazo; considerando los efectos de incidencia, debido a la ejecución de sus proyectos de poder, a mediano y largo plazo. Este largo plazo implica tener en cuenta las condiciones vitales y existenciales, que posibilitan los desenvolvimientos a largo plazo. Estas condiciones de posibilidades vitales y existenciales, no pueden ser otras que las propias condiciones integradas de la complejidad dinámica, que posibilitan la vida. En consecuencia, los proyectos sostenibles no corresponden a los proyectos de poder, pues éstos son de corto plazo, incluso, si se quiere, de mediano alcance. El largo plazo solo es posible y pensable desde la perspectiva de la potencia de la vida.

 

17.       Si jugáramos, ilustrativamente, como pedagogía, con los esquematismos duales, podríamos calificar a las élites, a la hiper-burguesía mundial, a sus mallas institucionales, como enemigas de la humanidad y de la vida. Lo que parecería hasta justificado hacerlo. Empero, esta declaración, al repetir la lógica de los esquematismos duales, no hace otra cosa que traicionarse, al recaer en las representaciones y prácticas del círculo vicioso de poder.

 

18.       ¿Qué son entonces, estos sujetos y estos dispositivos, si no son enemigos de la humanidad y la vida? Desde la perspectiva de la complejidad, son trastornos en la dinámica de la sincronización integral de la realidad efectiva. Trastornos que ocasionan nuevas sincronizaciones dinámicas; en las cuales desaparecen, en los decursos de la sincronización dinámica e integral armonizadora.

 

 

19.       Como dijimos, estos proyectos de poder, la perpetración de estos proyectos de poder en la materialidad de las mallas institucionales, no tienen largo plazo; su perdurabilidad no es sostenible. El problema, en lo que respecta a las estructuras de larga duración, es si la humanidad será arrastrada, en esta desaparición de los trastornos, a su propio desvanecimiento. Su sobrevivencia, su permanencia en el pluriverso, parece depender de la capacidad de aprendizaje de las experiencias sociales, de hacer que este aprendizaje modifique estructuralmente, de una manera masiva, colectiva, social, sus conductas, comportamientos, prácticas y relaciones. Esto implica recuperar la voluntad de potencia, deconstruyendo y disolviendo la voluntad de nada.

Leer más: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/las-desmesuras-de-las-violencias-singulares/

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