Descolonizar Europa (Nosotrxs lxs impurxs)

Descolonizar Europa (Nosotrxs lxs impurxs)

Aitor Jiménez y Pedro José Mariblanca

Aitor Jiménez forma parte de un barrio imaginario okupado que comparte hábitat con Corto Maltés, Mao Tse Tung y la formación original de los Angelic Upstars. Se reúne habitualmente junto con sus vecinos para compartir ideas y recordar los tiempos en los que compartían territorio real allá por su postadolescencia. Vive de un estado extranjero cobrando la porción del sueldo destinada a lavar la conciencia de los gobernantes. Tiene una familia heteronormativa recientemente expandida.

Pedro José Mariblanca es manchego -cuestión que no lo define pero sí lo constituye. Nómada por la Europa moribunda, dicen que es historiador, filósofo, currela y sindicalista, cuatro cosas que no suelen ir de la mano. Pero es anarquista y posmoderno, tanto que hasta ha decidido volver a tener fe en el cambio y en la utopía. No reza casi nunca…, casi nunca.

Crecimos leyendo las historias del M.I.L, de Sabaté y Ascaso. Crecimos con la leyenda de Durruti tatuada en el alma. Crecimos con el Rojo y el Negro, con las okupaciones rurales y urbanas. Diferentes trayectorias vitales (fundamentalmente la migración económica que gracias al privilegio que nos otorga un pasaporte español nos permitió irnos, pero migración al fin y al cabo) nos arrojaron hacia lo que habría de ser la teoría decolonial.

Un aparato teórico nacido de las luchas sociales del Sur Global que ha permitido a los pueblos de mil colores apropiarse de su historia mas allá del relato mítico del poder y del estado. Y con ese pasado y con sus luchas vigentes, emprender la construcción o reconstrucción de las estructuras comunitarias destruidas por el fascismo capitalista colonial y patriarcal.

Recuperar la historia de los pueblos insurrectos de Europa. Hacer de la pertenencia, de la identidad, de la solidaridad comunitaria, algo que no sea patrimonio de la derecha, del fascismo genético, del patriarcado, del capital. Esto es algo que se viene haciendo desde la propia praxis de los movimientos sociales descalificados como “neorurales” con la diferencia notable del querer mirar mas allá, a una escala continental.

Este aparato incide en el territorio cedido por la izquierda universalista, una izquierda vacía de espíritu, avergonzada de si misma. Una izquierda que, en un esfuerzo “modernizador” abandonó la comunidad, el comunismo, y se entregó a los derechos individuales del liberalismo. Al laicismo sin corazón del mercado y de la industria. A la desacralización de todo gesto. A la falta de compromiso con la vida y con la Tierra. Una izquierda que se entregó a la Derecha.

El discurso decolonial era para muchxs de nosotrxs la posibilidad de construir “un mundo donde quepan muchos mundos”, pero que mas allá del run run manu chaista que tiene tal frase se adentrase de lleno en experiencias aprendidas con compas de acá y de allá. Compas que no han renegado de su ser, de su pasado, de su presente.

Para nosotrxs, el tema decolonial era una oportunidad de refundar el partido de los que no tienen partido. Hacer del partido imaginario al que pertenecemos un espacio político donde el espíritu y el amor por algo que se proyecta al infinito tenga cabida. Esto no hace mucha gracia a la izquierda nihilista. Pero lo que ha resultado curioso, es que algunas compas del movimiento decolonial  tampoco les parece bien que alguien que no se identifique como no Europeo, que alguien que no sea migrante, quiera hablar desde el Sur Global en el Norte Global.

La izquierda universalista europea, siempre pretendió hablar en nombre de los deseheredados del mundo, de los parias de la Tierra. En nombre de ellos decidió que sus culturas debían desaparecer por atrasadas y salvajes. Esta izquierda no solo se volcó en la destrucción de la cultura de los países colonizados, atacó y sigue atacando las culturas de la Europa desconocida. La de los Cárpatos, la del campo, la pagana, la de la montaña. La izquierda urbana, cosmopolita, la izquierda de los creadores y de la modernez, la izquierda de la leche deslactosada, la rayita, el festival y el círculo, no duda en calificar a la gente del campo, como “estúpida” e “ignorante” tras cada ciclo electoral. Una izquierda que ante su propio abismo solo puede contemplar el llamado “problema” del “burkini” desde una perspectiva “policial” o de “relativismo cultural”.

Algunos grupos decoloniales, colectivos por el momento reducido pero de enorme potencial han llamado justamente a luchar contra el racismo colonial de las instituciones europeas, incluyendo a las de la izquierda que han llamado blanca. Han elaborado un sugerente discurso político que llama a los olvidados, a los perseguidos, a los reprimidos. A esos sujetos racializados por Europa, que por generaciones llevan siendo dominados tal y como se dominaba a los sujetos coloniales.

La deriva del discurso decolonial en Europa se ha distanciado de las referencias Latinoamericanas, donde el interés por lo decolonial se vuelca en la construcción de una sociedad “descolonizada” que permita la coexistencia sin jerarquizaciónes de los muchos pueblos que hay no solo en el continente, si no en cada territorio. Una visión decolonial, ambiciosa por su extensión e intensidad con raigambre en las comunidades pero con aspiraciones continentales de emancipación.

Bajo todo esto subyace el mimetismo de con el modelo estadounidenses que hace de la lucha contra el racismo de estado, social, económico, el eje articulador de las acciones políticas. Una manera de ver el mundo que habilita para el combate contra la dominación y la discriminación, pero que en el camino impide imaginar una realidad descolonizada.

Las realidades capitalistas modernas coloniales, de las poblaciones del Atlántico, tanto de Norteamérica y de América Latina como de Europa y Africa, se conformaron, como bien sabemos, producto del colonialismo Europeo del siglo XVI y el régimen de capitalismo y dominación que instauró.
Específicamente en el mundo americano se generaron realidades fuertemente racializadas, cuyo origen es fácil situar en los procesos ya activos contra musulmanes, gitanos, mujeres… pero que en América tomaron dimensiones apocalípticas para las poblaciones. El régimen de terror colonial creó una sociedad basada en el privilegio de la raza, con espacios e intersticios complejos en el mundo colonial español, y con una dualidad absoluta en el anglosajón. Privilegiar a los que desde aquel entonces pasaría a ser blancos, dominar a los que serían conocidos como negros e indios para el caso anglosajón, y permitiendo una voluble pero masiva categoría, la del mestizo, en el mundo colonial ibérico.

La blanquitud, como la negritud, no eran categorías fijas, si no posiciones estructurales en el sistema colonial. Uno era blanco por que era colono europeo, o descendiente de los mismos en tanto que estos gozaran de privilegios. De hecho, nadie definió ni podría haberlo hecho que era un blanco o que era un negro de una manera “científica” hasta bien entrado el siglo XVIII, cuando aparecieron las primeras codificaciones propiamente dichas que “estandarizaron” y fueron fijando los criterios de blanquitud y negritud, siempre conforme a las necesidades del capitalismo esclavista Atlántico.

En el mundo colonial hispano el color era un marcador de riqueza, pero la riqueza siempre pudo comprar el color. Blanco o negro eran condiciones sociales que situaban en un lugar dentro del modelo productivo. Un negro podría ser blanco, y un blanco pobre podría ser subalternizado, como los fueron los Canarios en Venezuela, catalogados como “Blancos de Orilla”.

Raza es clase, dirían de alguna manera Haya de la Torre y Mariátegui, sin ser nosotros tan deterministas, nosotros lxs mestizxs sabemos diferenciar entre la blanquitud que implica el privilegio racial y el mero hecho biológico de tener una tez mas o menos tostada. Bajo ese prisma podríamos decir que los trabajadores semiesclavos de las fábricas rusas son negros en la geopolítica racial de la postmodernidad, que Obama es blanco, o que Hillary es un Hombre.

El colonialismo Europeo creó sociedades coloniales y racializadas en todo el mundo con heridas y particularidades propias. Un régimen colonial universal que contribuyó al desarrollo y despegue económico de Europa quien se apoyaba entre otros sobre los hombros de los colonizados. El propio régimen colonial retornó a Europa de una manera imprevista bajo los regímenes nazis y fascistas, quienes sencillamente aplicaron sobre las poblaciones europeas lo que venían siglos aplicando sobre las sociedades americanas. Este régimen de terror colonial vinculó a colonos y colonizados, unió los destinos de la metrópolis y las colonias, de los dominadores y de los dominados.

El sistema de privilegio racial basado en la blanquitud, el sistema que Europa construyó para el dominio colonial y que por lo tanto se consideraba con mal bárbaro y salvaje, pero necesario para el mantenimiento de su poder ha venido a instalarse en el corazón de una Europa que nunca lo quiso contemplar de la mano de las poblaciones racializadas que afluyen al continente que un día decidió el despojo de sus tierras.

La trayectoria histórica y colonial de las realidades americanas ha venido impulsando un debate que tiene ya mas de quinientos años. Un debate que comienza con las resistencias indígenas, sigue con las luchas anticoloniales y prosigue con las descoloniales. El esquema de resistencia a seguir en los territorios colonizados aparece ya dibujado con precedentes claros y firmes. Los pueblos europeos llegaron a América como conquistadores, como colonos, mas tarde como emigrantes, pero siempre bajo una condición de privilegio directo. Como dicen los compas de allá, los privilegiados pisan tierra conquistada, arrebatada. Cuestionar el privilegio viene vinculado en América a cuestionar un acto original, el colonial de conquista. El hecho anticolonial primero y descolonial después viene asociado en América al acto insurrecto de poblaciones que se vieron invadidas, dominadas, desplazadas y jerarquizadas por parte del colonialismo Europeo. Como hemos mencionado el sistema de privilegio establecido para territorios colonizados ha traspasados los límites coloniales originalmente diseñados y se encuentra ya firmemente asentado en Europa.

¿Desde donde plantear la lucha contra el régimen colonial que permanece activo en la mentalidad Europea?

Los colectivos racializados por parte de este modelo europeo han dado ya respuesta a esta cuestión, mediante su articulación y denuncia del sistema de privilegios; del sistema de fronteras y concesión de nacionalidad que pretende salvaguardar la viabilidad del modelo Europeo de privilegio.

Ahora bien estas luchas planteadas desde los sujetos racializados no van a ser suficientes, si la lucha contra el modelo colonial, si el cuestionamiento del modelo de privilegios no se instala en la mente de aquellos que lo gozan.

Surgen así algunas preguntas complejas:

¿Cómo proceder al cuestionamiento del privilegio blanco en el lugar en el que surgió? ¿Como hacerlo en lugares donde las poblaciones europeas, pese a gozar del privilegio estructural que les confiere el modelo colonial global, no han vivido en sociedades colonizadas propiamente dichas donde la jerarquización y el privilegio son obvios? ¿Cómo hacerlo en lugares donde el colonialismo Europeo tuvo a su vez un fuerte impacto en las sociedades y economías locales en procesos análogos contemporáneos al del colonialismo externo y que podemos denominar como colonialismo interno?

El esquema de privilegios conformó una idea, la de blanquitud que ha sido asociada a la misma idea de Europeidad. Europeidad y blanquitud pasaron a conformar el discurso ideológico de las clases dominantes de los países del norte global. Sabemos que es imprescindible cuestionar y combatir el sistema de privilegios que la blanquitud entraña. Pero como sabemos, tras el intenso y manipulador trabajo ideológico llevado a cabo por los intelectuales coloniales, cada nota del pasado, caga gesto de la historia hace de la Europa blanca, la Europa cristiana, ilustrada, moderna, capitalista, la única posible. Cuestionar la blanquitud es cuestionar en este orden de las cosas, es cuestionar la propia europeidad. En Latinoamérica y en el plano intelectual esto se ha llamado combatir el pensamiento eurocéntrico. Y este ha pasado o intenta ser sustituido por un sistema de pensamiento propio, síntesis de las luchas actuales y de las resistencias y saberes acumulados.

Este proceso de cuestionamiento de lo Europeo, imprescindible en tantos lados, toma en Europa, una dimensión diferente. ¿Cómo se explica a la inmensa mayoría de la población que todo su pasado, que toda su historia, que todo su sistema de creencias reposa sobre un sistema de dominación del cual deben desprenderse, hasta el punto, de que la propia denominación de ser Europeo, aparece atada a la de dominador?

Es evidente la necesidad de cuestionar el vigente sistema de privilegio, pero, no parece la mejor de las estrategias situar a la población Europea frente a una dualidad: O bien aceptan el ser cómplices de un sistema de represión, o bien deben renegar de todo aquello que simbólicamente les define como miembros de una comunidad.
Tiene que haber un espacio que permita la elaboración de una idea de Europa que cuestione la blanquitud, la dominación y la jerarquización.
Para dar respuesta a estas cuestiones suele lanzarse esta pregunta:

¿Qué es Europa, quienes son los Europeos?

La pregunta está mal formulada.

¿Quién es Europa, qué son los europeos? debiera decir.

Europa es su gente, no la que han decidido los estados, ni Bruselas, no es lo que viene señalada por las fronteras. Europa es la gente que ha decidido que esta es su tierra por voluntad, por amor y por deseo, una Europa a la que darán sentido sus pobladores, sus pueblos. Una Europa de los pueblos significa entonces una Europa de los que la cuidan, de los que que pelean contra  el colonialismo interno y externo. Nos hemos permitido soñar, dejarnos llevar por el suspiro emancipatorio de los pueblos rebeldes del mundo. No le tenemos miedo a la ambición libertaria. Aprendimos a caminar con horizontes amplios, y no hay sueño, ni deseo que no puedan ser alcanzados por un pueblo en movimiento.

Una Europa así, impura, hereje, mestiza, sería una Europa capaz sacudirse de las sombras en las que ella misma se ha asumido. Una Europa que sin culpa ni penitencia cristianas pueda asumir su pasado esclavista y racista, no para sustituirlo por una vocación de muerte, si no para reconocerse en esas otras raíces que fueron también presa de la misma modernidad colonial que destruyó el mundo. Raíces emancipatorias como la de los irlandeses antiesclavistas, la Europa pagana anticristiana, la Europa de la brujería y los hayedos, la Europa gozosa y libertina, la Europa del colectivismo agrario.

Indígenas de Europa son los que han hecho de esta tierra su hogar. A los que hemos decidido que aquí hay mucho por lo que pelear. Los indígenas de Europa pueden tener la tez pálida o cobriza, dejemos a los científicos racistas del siglo XIX la catalogaciones sobre la pigmentación de la piel. Aquí hablamos de compromiso con la tierra y con la comunidad. Indígena de Europa es aquel que ha decidido construir un proyecto de vida y de solidaridad en estas tierras que puebla y trabaja.

El grueso de la población que habita en Castilla, Andalucía, La rioja o Navarra es indígena. Indígenas son las tradiciones de los campos y las celebraciones de mayo. Indígenas son las romerías, y la gestión colectiva de los bosques. Indígenas son las lenguas que aún se hablan en el Valle del Roncal, e indígenas son la infinidad de muestras cotidianas, de pequeños rituales que salpican los miles de pueblos de la Península Ibérica.

Los indígenas de Europa, no son como dicen los fascistas aquellos que denominan como blancos.

Lo lamentamos, al vacío del capitalismo, del nihilismo, de la izquierda y de la derecha no lo vamos a la colmar importando versiones a medida del Islam, o haciendo del laicismo socialista del siglo XXI la nueva religión. Beberemos de la historia que queramos beber. Haremos nuestras las huellas del pasado que consideremos apropiadas. Nos acogeremos a los mitos de una tierra milenaria a la vez que creamos nuestros nuevos salmos, a la revolución, a la vida, a la tierra. No tenemos miedo del pasado, no nos provoca ansiedad el futuro. Aquí estamos.

Hacen falta algo mas que proclamas.

El vacío se colma con la vida que se realiza haciendo de la tierra que se pisa un espacio comunitario. El vacío se colma escribiendo las notas de la historia, apoyándonos en los gestos valientes que nos precedieron. El vacío se colma preparando la tierra para los que vendrán después. Amar lo que nos rodea, combatir a lo que nos pretende destruir.

Si lo progre es llamar paletos a los del campo por que votan de manera equivocada. Si ser de derecha es destruir el mundo que nos rodea. Seremos frontera. Seremos salvajes. Mestizas, mestizos, impuros, impuras. Tomaremos los que nos plazca de pasado, para construir un Futuro en esta tierra. Habrá que caminar, habrá que inventar, habrá que cavar, habrá que pelear.

Habrá entonces que renunciar a las palabras, poner fin al lenguaje y comenzar el camino de los actos libertarios.

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