La trama del nudo de la dependencia

La trama del nudo de la dependencia

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

La trama del nudo de la dependencia

 

pintura-centroamerica90ca

 

 

 

En la conformación del sistema-mundo capitalista los amarres de la dependencia comenzaron, por así decirlo, temprano; prácticamente en el nacimiento mismo del sistema-mundo; vale decir con la conquista reiterada y la colonización permanente. La división del trabajo internacional y la composición del mercado mundial se imponen. La esclavización a escala de las magnitudes asombrosas del modo de producción capitalista, las oleadas de conquistas, las expansiones demoledoras de la colonización, como corrientes de fundaciones europeas sobre lo ya fundado hace tiempo, los sometimientos de las poblaciones nativas, si no era su genocidio, la conversión de los conquistados en el proletariado inicial, dado en forma barroca, son los hilos de los entramados del sistema-mundo, que se conformaba anexando tierras conquistadas y bañándose con las sangres derramadas. El continente de Abya Yala se convirtió en el donador, por excelencia, de recursos naturales, además de donar contingentes de masas de fuerza de trabajo super-explotable.   

Lo que se nombra como economía, denominación mejorada con la definición de campo económico, es una abstracción, que se sostiene en tejidos de la trama y urdimbre compuestos por los hilos trágicos y dramáticos de estas relaciones violentas entre humanos, de estas prácticas también violentas de parte de los humanos con los espesores territoriales. De la misma manera, se puede señalar los hilados de relaciones entre humanos y sus máquinas; también, en términos de corrientes, con los océanos y los continentes. Las relaciones de las miradas humanas con el firmamento o los océanos de constelaciones, sobre todo, en la que se encuentran, la Vía Láctea. Del mismo modo, conforman hilados en la complejidad de tejidos materiales, energéticos y corporales. No se puede obviar las relaciones de los humanos con sus saberes, sus ciencias, sus artes y estéticas. Todos estos hilados, en distintos planos y espesores de intensidad, conformando composiciones singulares, hacen a la realidad efectiva. La abstracción de economía o campo económico no es más que una interpretación, un enfoque teórico, que recorta en la integral complejidad dinámica de la realidad efectiva configuraciones reducidas, para hacerlas operables en el análisis.

Lo que se denomina dependencia, que corresponde a los hilados de relaciones de dominación, relaciones basadas en prácticas de violencias iniciales, mutadas después a prácticas de hábitos y costumbres, que han dejado su inscripción violenta, aparentando naturalidad, es ese entramado material, energético, corporal y territorial; composición de notas violentas y ejecutada por instrumentos de guerra. Después, por toda la instumentalidad del mercado, que cubrió los mares y los continentes con sus mallas de redes comunicantes y traficantes. Emergiendo de estos substratos de la violencia y del comercio se edificaron estados modernos, con sus respectivos gobiernos y administraciones imitativas.   Es decir, las violencias iniciales se convirtieron en hábitos, sembraron mercados, se expandieron las minas, también en las plantaciones domesticadas y copiosas; aparecieron industrias, como para llenar los vacíos de las importaciones. La dependencia se teje en la composición de estas formas singulares de relaciones; no se trata solo de la transferencia de recursos naturales, en la condición de materias primas, sino del nudo de la dependencia.

El nudo de la dependencia, que es un amarre de hilados, se forja amarrando la composición hilvanada, que asiste a los entramados del sistema-mundo capitalista. Es el nudo que define la trama y la urdimbre conformando lazos de dependencia respecto a la economía-mundo capitalista. La economía-mundo responde a una fabulosa heurística maquínica diseñada para la acumulación ampliada de capital, suponiendo la reiterada y recurrente acumulación originaria de capital. Todas las piezas, los dispositivos, la instrumentalidad, los circuitos, la logística, las comunicaciones, las producciones, están articuladas, de tal manera, que generan acumulación de capital a escala mundial. La dependencia, en primer lugar, se da respecto al sistema-mundo capitalista; esta dependencia la comparten todos los Estado-nación, tanto los llamados “desarrollados”, así como los denominados “subdesarrollados”, de la misma manera como también, ahora, en la historia reciente, los señalados como “potencias emergentes”.

En segundo lugar, la dependencia es diferencial; se dan, por así decirlo, de una manera conocida, dependencias dominantes, en contraste con las dependencias dominadas. Las dependencias dominantes se aprovechan de los términos de referencia desiguales, que benefician grandemente a las economías nacionales dominantes, en tanto empobrecen o vacían a las economías nacionales dominadas. Las dependencias de los Estado-nación subalternos reproducen la condición impuesta por la geopolítica del sistema-mundo capitalista, condición que diferencia centros de periferias.

En tercer lugar, se trata de la dependencia inscrita en los engranajes mismos de la economía nacional; funciona como si fuese una fatalidad, una condena, de la que no se puede salir. Funciona también como una ecuación material: la economía extractivista genera y reproduce la condición dominada de la dependencia. Reproduce, además, la condición de subordinación política; el Estado-nación tiene como tarea primordial garantizar la transferencia de recursos naturales de las periferias a los centros de acumulación de capital. Aparece como si fuera un programa inscrito en la estructura de la economía-mundo. La estructura estructurante de la economía-mundo funciona generando la diferencia geopolítica, centros y periferias, aunque ahora aparecen las potencias emergentes como tercera característica de la geopolítica. La acumulación de capital no puede darse sino por expropiación; expropiación de plusvalía a la fuerza de trabajo; expropiación de recursos naturales, en las condiciones desiguales de los términos de referencia del intercambio; expropiación a los ecosistemas, sin reposición de la destrucción dejada como huella ecológica.

El nudo de la dependencia amarra a todos los Estado-nación, “desarrollados”, “subdesarrollados” o “potencias emergentes”, también a los dispositivos globales del sistema-mundo, en la espiral de la dependencia in crescendo. Lo hace funcionar de acuerdo a las tramas anudadas. Lo que no hay que olvidar es que estas tramas fácticas, que pueden considerarse como pre-narrativas, están compuestas por entramados corporales y territoriales. Lo que manifiesta patentemente el pathos y el ethos de experiencias sociales sedimentadas en las memorias sociales. Desde esta perspectiva, la de la experiencia y la memoria sociales, el nudo de la dependencia no es ni fatalidad ni condena, sino una composición deshilachable, des-anudable; dependiendo de la capacidad popular de descifrar y desanudar el nudo gordiano. No con la espada, como Alejandro Magno, sino con la astucia de la inteligencia humana.  Esto implica o exige la intervención de la potencia social, como inventiva y capacidad creativa de la vida.

Lo que llama la atención, al respecto, es la solución repetida y recurrente, al estilo de Alejandro Magno, cortando el nudo con la espada, de manera violenta. Lo que faltó contar, en términos de interpretación narrativa, para mantener el equilibrio estructural del mito y de la leyenda, es que, una vez cortado el nudo gordiano con la espada, el nudo se reproduce, a pesar del corte. Alejandro Magno se aplazó, como todos los líderes, de un lado y del otro, o de todos los perfiles que se dieron en la historia; como todas las vanguardias y retaguardias que se dieron en la historia. Desanudar el nudo gordiano equivale a descifrar la composición del tejido complejo del sistema-mundo, desanudarlo, hilo por hilo, y tejer con los hilos otros entramados de otras composiciones posibles.

Desanudar el nudo de la dependencia equivale a desanudar el entramado del sistema-mundo capitalista; volver a tejer con los hilos deshilachados otras composiciones, mas bien, armónicas y alegres, que las sufrientes tejidas por las sociedades institucionalizadas; las que optaron por el circulo vicioso del poder.  La fatalidad, la condena, el destino, incluso, la ley dialéctica, que supone, la providencia, no son más que formas narrativas del imaginario de la voluntad de nada, del nihilismo inherente y estructural en la historia. Formas de legitimación del círculo vicioso del poder. No hay, efectivamente, tal cosa, pues la realidad, como sinónimo de complejidad dinámica, no se circunscribe a la fatalidad, sino es el devenir constante de la creación de la vida.

La cuestión, al respecto, es ¿por qué, las sociedades institucionalizadas optan por el imaginario de la fatalidad como voluntad de sus prácticas y habitus, en vez de recurrir a la potencia social? ¿Por qué ese apego nihilista por la nada y el vacío, por la muerte? ¿Por qué prefieren ser dependientes de un supuesto destino asignado? ¿Por qué ese deseo de sacrificio en aras de la nada? Cuando la voluntad de nada es hegemónica, por así decirlo, cuando prepondera en el factum del desenvolvimiento humano, llamada historia, es que se ha renunciado a la creación, a la capacidad estética de la humanidad.

En conclusión, el nudo de la dependencia no se circunscribe solamente a lo que la Teoría de la dependencia describió y analizó lucidamente, ateniéndose a la economía-mundo, proyectando consecuencias en el complejo sistema-mundo, sino que, en sentido completo e integral, se refiere a la dependencia de las sociedades institucionalizadas respecto a la supuesta realidad institucional, que no es más que la narrativa de la fatalidad, de la muerte y de la voluntad de nada.

El límite de la Teoría de la dependencia es que supuso la dependencia respecto a un sistema-mundo capitalista, que producía, a la vez, “desarrollo” y “subdesarrollo”, sin lograr vislumbrar que se trataba, en la complejidad mayor, de lo que había intuido y en parte descifrado, de la dependencia respecto a un imaginario institucionalizado, la ideología de la civilización moderna, de la que comparten tanto liberales y socialistas, neoliberales y progresistas.

   

   

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