La narrativa de los cuentos de Las huellas de la paraba

La narrativa de los cuentos de Las huellas de la paraba

 

Raúl Prada Alcoreza

 

La narrativa de los cuentos de Las huellas de la paraba

Paraba

Se ha dicho que el cuento es una novela corta. Una narrativa intensa acotada en la extensión definida del cuento. Rosario Aquim Chávez publica varias novelas cortas en Las huellas de la paraba. Podemos hablar de un itinerario que viaja en la memoria narrativa y en la imaginación emergida de la escritura, desde las narraciones dramáticas de personajes reprimidos por los abundantes prejuicios de una sociedad asustada por sus propios fantasmas, hasta los cuentos que recuperan en la escritura la memoria de las abuelas y del padre, habitantes del mundo exuberante de la Amazonia.

Se dice que el cuento es una narración breve, basada en hechos reales o ficticios, cuya trama es protagonizada por un grupo reducido de personajes y con un argumento relativamente sencillo. El cuento es compartido tanto por vía oral como escrita; aunque en un principio, lo más común era por tradición oral. Además, puede dar cuenta de hechos reales o fantásticos, pero siempre partiendo de la base de ser un acto de ficción, o mezcla de ficción con hechos reales y personajes reales. Suele contener varios personajes que participan en una sola acción central. Se opina que un final impactante es requisito indispensable de este género. Su objetivo es despertar una reacción emocional duradera en el lector. Aunque puede ser escrito en verso, total o parcialmente, la costumbre es expresarlo en prosa. Se realiza mediante la intervención de un narrador, con primacía de la narración en el monólogo, el diálogo, o, en su caso, la descripción.

Una de las funciones, por así decirlo, de la narración es la configuración del tiempo. Se puede conjeturar que el tiempo, en gran parte, es invención de la narrativa; la narración construye el tiempo en el imaginario social. Por eso es conveniente, interpretar Las huellas de la paraba a partir de la configuración peculiar del tiempo, que se efectúa a través de los cuentos que se publican. Intentando una clasificación podemos decir que hay un tiempo que se agota en sí mismo, el tiempo de la convergencia en el hecho dramático o, en su caso, trágico, que se repite, el de la muerte, mas bien, abrupta. Persistentemente el asesinato, así como la posibilidad del suicidio, aparece como el síntoma exacerbado de la crisis social, que se muestra insistentemente como odio o, en su caso, notoriamente prejuicio arraigado como miedo, terror, así también celos. El cuento ¿Por qué? Es elocuente en el tratamiento del tema del suicidio, de su posibilidad, pero sobre todo de sus condiciones de posibilidad, plagadas de desaliento.

En contraste, la configuración del tiempo como pasado, recogido o guardado por la memoria, aparece en los recuerdos familiares, narrados como confesiones o tratamiento de problemas, desempolvados mucho después. Las abuelas retornan con toda la densidad de su centralidad; fueron el referente y el eje de la constitución de la familia, fueron también el ejemplo de la fortaleza femenina en un mundo hecho por hombres, a imagen y dominio de los hombres. Se trata del tiempo pasado, pero constantemente actualizado, por su presencia. La misma que se encuentra en la constitución subjetiva, en el espesor que deja entrever la narración. Embarcarse en el pasado es como recuperar el tiempo perdido, es todo un viaje a través de los tejidos de signos, que hay que descifrar.   

Pero, también está la configuración del tiempo como transformación, transformación del cuerpo en el tiempo o, si se quiere, el tiempo de la transformación. Es en este devenir donde el sujeto se pierde, no se encuentra en el recorrido de las transformaciones; desde su perspectiva, subjetiva, se encuentra en un laberinto que no resuelve. Por eso, termina desapareciendo, despidiéndose, como confesando que no se ha resuelto el acertijo de las identidades inventadas.

También se puede hablar de la narrativa como configuración de la acción, que se supone que es, en la escritura, imitación de la acción, definición que viene de la teoría del mito, es decir, del arquetipo de la trama en Aristóteles. La acción se repite en la narrativa en la actividad de los protagonistas, en lo que hacen, pero también en lo que sienten, así como en lo que piensan. En el cuento aparece esto de una manera circunscrita, si se quiere, fragmentaria; incluso se podría decir que el cuento tiene una vinculación más notoria con los hechos, por eso, configura los hechos. Ahora bien, al respecto, hay como dos tendencias en la narrativa; una es la tendencia del verificacionismo, que tiene que ver con el realismo, también con la novela histórica; otra es la tendencia a la ficción o la fantasía, donde los hechos se inventan en el universo imaginario de lo inverosímil. Entre las dos tendencias se pueden encontrar otras tendencias combinadas, como la que se expresan en el realismo mágico. En el cuento El viaje se tiene un tipo de combinación que conjuga la descripción de hechos ocurridos con sucesos ficticios, que terminan siendo delirantes, pues se trata del sueño de un personaje sufriente, calificado como enajenado por los prejuicios sociales. En el cuento El puerto la narración rescata rumores entre los habitantes del lago sagrado. En cambio, en El robo, el cuento retoma hechos traumáticos de un rapto, que son atendidos en un contexto diferente; los hechos son asumidos en su singularidad, empero compuestos en otras situaciones, expresando el sentido mismo de lo ocurrido, aunque dados en las posibilidades mismas que ofrece la narración.   

En Las huellas de la paraba el itinerario de la vida y el itinerario de la muerte se cruzan caprichosamente. La muerte es constante, repetida, una y otra vez, en los distintos contextos donde la vida prolifera. Sobre todo, en la exuberante Amazonía, pero también en la misteriosa ciudad de La Paz, cobijada por la cordillera y vigilada por el Illimani. Dos ciudades se complementan y se contrastan, la ciudad de la meseta altiplánica, El Alto, y la ciudad de Chuqui-Apu, La Paz, ciudad de la hoyada o del camino geográfico a los valles, también a la Amazonia, por los senderos sinuosos de Los Yungas. En los caminos de Yungas se muere y si no, se arriesga la vida, porque se circula en sus despeñaderos, atiborrados de niebla y asediados por los abismos. El cuento de Los Yungas describe este panorama laberintico y abismal, nebuloso y subtropical, para narrar la muerte de la viajera intrépida, que cuando se desbarranca la flota, donde viajaban, ella y su hijo, asume la fatalidad, y el acto heroico de la madre que salva al hijo, al romper la ventana y tirar al hijo por esta abertura, en plena caída, para salvarlo. Es de los cuentos densos y entrañables, con espesores de significaciones a descifrar.

En el conglomerado de cuentos también hay los que juegan con el terror, la fantasía del miedo y del asedio de fantasmas, muertos y asesinos. Sachojere es uno de ellos. El hijo que se convierte en asesino al defender a la madre que es golpeada por el padre; el padre muere golpeado con un palo por el hijo, empero la madre queda choqueada para siempre. Conversa con el esquelético esposo, que se encuentra sentado en una mesera, espera la llegada del hijo, cuando éste llega, trae un bebe, todavía vivo para descuartizarlo. La madre huye aterrorizada, pidiendo socorro al esposo muerto. En Las huellas de la paraba, como se puede ver, se presentan distintos tipos de cuentos, se juega con los estilos, las formas y las funciones del cuento. En este caso, el cuento vuelve al cuento de la noche, cuando se los contaba oralmente, alrededor de una fogata o en un cuarto alumbrado por mecheros, no tanto para dormir, sino para todo lo contrario.

En Reminiscencias, en cambio, estamos ante un cuento que podemos caracterizar como costumbrista. Esta la tierra, la aldea, la casa del pueblo, la barraca, la memoria de los siringueros, en el trópico amazónico. Pero, todo esto se recoge en la versión de una señora mayor, encerrada en un cuarto; la viejita conversa con su muñeca, recordando viejos tiempos. El género literario del cuento adquiere el movimiento narrativo de la variabilidad literaria. El cuento entonces se manifiesta como una escritura ágil, cambiante, cuyas metamorfosis lo trasladan a distintos mundos imaginarios. Como en los cuentos familiares, vinculados a la memoria de la familia, a la búsqueda del tiempo perdido, guardado en los recovecos de la memoria, en Reminiscencias la configuración del tiempo trabaja el pasado que se actualiza en los recuerdos de alguna protagonista. En cambio, en otros cuentos, como dijimos, prepondera la configuración de la acción; en estos últimos, como que el tiempo desaparece para hundirse en el espesor de los hechos.  

¿Se puede hablar del cuento testimonial? Del cuento que da testimonio de un etnocidio, sostenido por un constante y diferido genocidio. El cuento Bosé Yacu sería uno de ellos. El pueblo Pacahuara, perseguido, arrinconado, sistemáticamente esquilmado, además de asesinado, empero resistente durante siglos, decide el suicidio étnico con la muerte de Bosé Yacu, quien se niega a reproducirse, en interpelación trágica a la colonialidad persistente. Se puede decir que este cuento es del tipo social, que denuncia la injusticia y la dominación. Sin embargo, no podemos perder de vista, en la interpretación, que se trata de literatura y no de análisis político, aunque éste esté subyacente. La diferencia radica en una prosa rica en la fuerza de la metáfora, en la locución, por cierto, escrita, de los protagonistas del cuento, la que narra y el esposo de Bosé Yacu. La poesía está presente en la descripción de los paisajes y la prosa en la reflexión de los personajes. En este caso la configuración de la acción se combina fuertemente con la configuración del tiempo, la memoria actualiza un pasado y lo hace presente en los hechos del momento. La protesta, demanda e interpelación del pueblo Pacahuara adquiere dramatismo en la narración, conformando un cuento donde la protagonista ausente adquiere, paradójicamente, con su muerte, la fuerza de la memoria ancestral.

El otro cuento, Tatú, no es exactamente del mismo estilo, no podemos decir que es un cuento social o un cuento testimonial, pues no trata ni de dar testimonio, tampoco de describir, menos interpelar; lo que hace es narrar el retorno en canoa de la abuela y de la nieta, del pueblo originario mbia, mal denominadas sirionó. Viaje acuático donde la abuela responde a las preguntas de la nieta, quien comienza su cuestionario preguntando sobre la danza que bailó la abuela. La abuela le comenta que es una danza de agradecimiento a los espíritus de la selva y del río, danza que ya no se baila hace mucho tiempo, pero, que ahora había que hacerlo, retomando antiguas tradiciones. Al respecto la abuela también le anuncia que tiene que prepararse para ser mujer mediante un rito de iniciación, así como también los hombres lo hace para merecer una esposa. Tatú no está de acuerdo con cumplir con el rito, pues no está segura de querer ser esposa. Cuando se duerme Tatú sueña con ser una hermosa garza blanca que alza vuelo y se aleja. Interpretando, desde la perspectiva de la antropología estructural, podemos decir que el cuento juega a construir un mito, el mito de Tatú, la muchacha que se vuelve garza blanca y emprende un viaje. Tatú no sería una “eriri nea”, una machorra, tampoco una “viaranda”, mujer que tiene varios hijos con diferentes maridos, por no cumplir con el rito de iniciación, sino se convertiría en una garza libre. Apropósito de la narrativa del cuento, no hay que olvidar que en la arqueología del saber de la narración se encuentran en el substrato de la misma el mito, los ritos, las ceremonias, es decir, lo que se viene en llamar la cultura inaugural, por lo tanto, la separación de naturaleza y cultura. El cuento Tatú se remonta a los ritos de iniciación, a las danzas tradicionales y a los mitos amazónicos, en un relato que es narración literaria, es decir, la construcción de los mitos modernos.

Paul Ricoeur habla de inteligencia narrativa; dice que la historia literaria no puede ser ignorada, se trata de la herencia, de la familiaridad acumulada con las obras, la que construye o, si se quiere, conforma la escritura narrativa, integra y recapitula su propia historia[1]. Pero, ciertamente, no basta retomar esta herencia para abordar la lectura de una narrativa determinada, sino que es indispensable hacerlo desde la llamada crítica literaria, cuya función es discernir un estilo de desarrollo, un orden en movimiento, que hace de la serie de acontecimientos una legado significativo[2]. Aunque también, no hay que olvidar, que se trata de considerar la experiencia social de donde emerge, el acontecimiento pre-narrativo. En pocas palabras, volviendo a nuestros enunciados anteriores, hablamos de la configuración del tiempo y de la configuración de la acción en la narrativa. Ciertamente cuando hablamos de experiencia social, la misma está mediada por la propia experiencia individual, en este caso de la escritora. Una de las conclusiones sobre la lectura de Las huellas de la paraba podría ser que la configuración del tiempo en Rosario Aquím Chávez radica en un presente tensionado por el pasado, sobre todo por el pasado territorial y familiar. La otra conclusión podría ser que la configuración de la acción radica en la huella dejada por las abuelas, sus afectos, sus recorridos en un mundo dominado por hombres, donde los mismos brillan por su ausencia.

[1] Paul Ricoeur: Tiempo y narración II. Configuración del tiempo en el relato de ficción. Siglo XXI, México 1995. Págs. 394-395.

[2] Ibídem: Pág. 395.

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