Cuerpo y narrativa

Cuerpo y narrativa

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Cuerpo y narrativa

 

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A mi hija Blanca Elena, quien es danzante de flamenco además de ser ingeniera.

 

 

Hay que atender a la paradoja siguiente: Decimos que la narración no es todo, que la realidad, no es narración, no acontece como trama, sino como complejidad dinámica, como acontecimiento, sin origen ni telos; decimos que el cuerpo es el espesor de la percepción, espesor y percepción que se abren a la experiencia, constituyendo la memoria. Entonces, que el cuerpo, la percepción, la experiencia y la memoria no son narración, sino que son como los substratos vitales de donde emerge la narración; sin embargo, decimos todo esto narrando, en el desplazamiento de una narrativa. Recurrimos a la narrativa para decir que la vida está más acá y más allá de la narración.

 

El cuerpo aparece en la narración como concepto y figura, en la narración adquiere sentidos y significaciones, incluso simbolizaciones, que lo describen, explican, incluso se plantea su recuperación, sacándolo del olvido al que habría sido condenado. El cuerpo en la experiencia no es narración, ni concepto, ni sentido, ni significado, tampoco símbolo; el cuerpo no espera su recuperación y su rescate del olvido – ¿de quién? – al que se lo había confinado, el cuerpo simplemente vive. El olvido se da en la filosofía, en las ciencias, en la narrativa; pero, no hay ningún olvido en la vida misma, en la experiencia. Cuando cierta narrativa rescata al cuerpo del olvido filosófico, científico y narrativo, recuperando la memoria, esta narrativa no deja de ser narrativa; empero, se trata de una narrativa que habla del cuerpo. ¿Hace hablar al cuerpo? El cuerpo siempre habla, pues desde la percepción, la experiencia y la memoria, desprende composiciones, que adquieren trama en la narrativa, aunque en esta narrativa no se hable del cuerpo.

El cuerpo no ha dejado de estar en las narrativas más abstractas, incluso en aquellas que han considerado que el lenguaje no es producto del cuerpo sino del espíritu. El cuerpo siempre ha estado presente, es la condición de posibilidad existencial de toda narrativa. No hay pues ninguna narrativa que nazca de sí misma, de una creación sin cuerpo. Las narrativas son como las flores del árbol o la planta, son expresiones sensitivas y racionales del cuerpo.

No podemos separar narración de cuerpo; no se puede aislar la narración, como lo ha hecho la ciencia analítica y la hermenéutica. Conforma la complejidad dinámica de ciclos vitales y composiciones de las asociaciones humanas. Entonces, se comprende que sea en la narrativa que el cuerpo encuentre el lugar para expresar las interpretaciones y reflexiones, la crítica.

Desde la perspectiva de la complejidad dinámica no hay paradoja, hay integración de distintos planos de intensidad, de distintos espesores de intensidad. Es en este acontecer donde se realizan las interpretaciones y expresiones, conformando una trama, que puede ser estética, puede ser descriptiva, puede ser explicativa.

Lo importante es comprender esta narrativa del cuerpo, que pretende ser subversiva, pretende emancipar el cuerpo, emancipar la potencia, pretende la subversión corporal. Atendiendo a la tarea de esta comprensión, vamos a cambiar de estrategia, vamos a recurrir a la poesía que habla del cuerpo. Retomamos del poemario Residencia en el presente, de Sebastiano Monada, el poema Nadie sabe lo que puede el cuerpo[1].

 

El poema comienza así:

 

Nadie sabe la potencia del cuerpo

Tesis del gran pensador inmanentista

Del gran contra-filósofo panteísta

Perseguido por las religiones trascendentales

Teórico judío-ibérico 

Pesadilla de las filosofías dialécticas

Superadoras imaginarias de las contradicciones efectivas

Doctrinas estatales afanadas en desterrar

Al hereje iconoclasta y ácrata

 

Este pensador supo poner en su sitio al cuerpo

Colocándolo como núcleo de la percepción

Espesor vital lazo carnal con Dios

Entendido como inmanencia infinita

Pues está en nuestros huesos

En nuestra memoria sensible

En nuestras células, moléculas y átomos

En las ínfimas partículas componentes de la paradoja

Lo indivisible dividido

Fragmentado en partículas asociadas

Cada vez más mínimas

Hasta llegar a la nada creadora

 

Baruch Espinoza

Aguijón clavado en el corazón de la metafísica

Abriéndole una herida mortal

Dejándola sin pulso, sin argumentos

Reencontró la creación en la espesura corporal

La sabiduría en la morfología somática

El secreto de la vida en el organismo

 

La frase nadie sabe lo que puede el cuerpo es de Baruch Spinoza[2]. El poema retoma la tesis cardinal del filósofo colocando al cuerpo como núcleo de la percepción: Colocándolo como núcleo de la percepción, Espesor vital lazo carnal con Dios, Entendido como inmanencia infinita, Pues está en nuestros huesos/ En nuestra memoria sensible/ En nuestras células, moléculas y átomos/ En las ínfimas partículas componentes de la paradoja/ Lo indivisible dividido/ Fragmentado en partículas asociadas/ Cada vez más mínimas/ Hasta llegar a la nada creadora. Esto es la potencia.

En el poema, el cuerpo no está aislado, está conectado con todos los planos y espesores de intensidad del universo. Es más, está conectado con el estallido inicial. El poema también retoma la tesis inmanentista del autor de la Ética, el Dios panteísta, que está en todas partes, desde las partículas más ínfimas hasta las constelaciones. Se trata de un Dios que es la materia misma, como energía, acudiendo a la teoría física relativista; que es el acontecimiento mismo, recurriendo al concepto de la episteme de la complejidad.

Esta primordialidad del cuerpo es replanteada cuando en el poema se expresa el espesor del cuerpo: Reencontró la creación en la espesura corporal/La sabiduría en la morfología somática/El secreto de la vida en el organismo. El saber es corporal, no hay separación entre lo somático y lo semántico, recordando el libro de la Subversión de la praxis[3].

 

El poema sigue situando al cuerpo en acción, si así se puede hablar, esta vez en el desplazamiento armonioso de la expresión de la danza:

 

Nadie sabe la potencia del cuerpo

Cuando te veo danzar

Corroboro las tesis de Espinoza

La elocuencia melódica de tus contorciones

El manejo sinfónico de las vibraciones de tu complexión

Haciendo de cada músculo una tecla de piano

Ocasionando los tonos de la música somática

Composición poética narrada en códigos anatómicos

Pronunciados en la ondulación de movimientos rítmicos

Seduciendo a las miradas escrutadoras de los dioses mitológicos

Plurales imágenes de la Divinidad

Idea absoluta, pasión del ensueño

Estallido intrépido  de ese comienzo sin origen

Nombrado por las religiones trascendentales como Providencia

Al que el silencio de Buda no denomina

 

El poema pone en escena a la danzante gitana, se conmueve al asistir a las ondulaciones rítmicas de su cuerpo llevado por la música: La elocuencia melódica de tus contorciones/El manejo sinfónico de las vibraciones de tu complexión/Haciendo de cada músculo una tecla de piano/Ocasionando los tono de la música somática/Composición poética narrada en códigos anatómicos/Pronunciados en la ondulación de movimientos rítmicos/Seduciendo a las miradas escrutadoras de los dioses mitológicos. El poema habla directamente de la música somática; ocurre que la música corporal sigue a la música de notas pronunciada por timbales y guitarras. Las dos músicas se acompasan. También dice que se trata de una narración hecha con códigos anatómicos, que acompañan a las notas musicales. La danza es un mensaje a los dioses, busca seducirlos.

El cuerpo se expresa en la danza como pez en el agua, está en su medio ambiente, en su clima, como se dice, en su elemento. En otras palabras, el cuerpo es música. Ciertamente esta no es una tesis, la poesía no se expresa en conceptos ni hace tesis, lo que hace es expresarse en metáforas, haciendo emerger el acontecimiento poético[4], desplegando gestos pasionales; sin embargo, por razones “metodológicas”, provisionalmente, la tomaremos como si fuera una tesis. El cuerpo es música. Esta tesis es importante pues escruta un lenguaje anterior al lenguaje, como decía Jacques Derrida, una escritura anterior a la escritura, una archiescritura; hablaremos entonces de un archilenguaje. Esto nos traslada a la tesis, siguiendo con nuestro procedimiento provisional, de que la comunicación no se restringe al lenguaje basado en el sistema de signos, sino que tiene como matriz y substrato a la danza, la música somática, acompasada por la música de notas. En consecuencia, el cuerpo conoce de otra manera, conoce antes que el conocimiento conceptual, conoce por intuición musical.

El racionalismo habría restringido el conocimiento al acto racional, desvirtuando, lo peor desconociendo, las múltiples formas de conocimiento desplegadas por la vida. Con la reemergencia del cuerpo retomamos las múltiples formas de conocimiento vitales. En la exposición pasamos de la comunicación al conocimiento; no hay comunicación sin conocimiento, si bien la comunicación también transmite sensaciones; pero, ¿Qué son las sensaciones sino formas de conocimiento o, si se quiere, parte componente de los múltiples conocimientos? Entonces acceder a los espesores del cuerpo es acceder a las dinámicas complejas de la vida; ingresar a los mundos, a los universos, desconocidos por el racionalismo.

 

El poema continúa descifrando el acontecimiento:

 

No importa el nombre ni el concepto

No importa si las culturas

Persistan concibiendo al patriarca primordial

Ansiedad y esperanza de su demanda

De su imaginación habitual

Muy lejos del imaginario radical del acontecimiento

Importa comprender

El estallido creador

Venciendo a la nada, derrotando a lo imposible

 

Idea de Dios

Voluntad enardecida

Deseo desbordado

Afecto rebelde

Contra la quietud, el silencio, la inexistencia

Explosión inicial 

Creadora aleatoria de los universos

 

No importa el código, tampoco la representación

Importa la intuición absorbente

Saber perceptual, comprensión inmediata

De este avatar

Diseminándose como curvatura pasional

Del espacio-tiempo proferido

Grito compuesto, intensidades galopantes

De unicornios alados exploradores desaparecidos en el vacío

Rebaños de pasiones inscribiendo en el paisaje

Su nomadismo liso, flexible, lúbrico

Deslizándose como invención territorial

 

El desciframiento del acontecimiento tiene esta secuencia: Muy lejos del imaginario radical del acontecimiento/Importa comprender/El estallido creador/Venciendo a la nada, derrotando a lo imposible. El acontecimiento es imposible; sin embargo, se hace posible venciendo a la nada; el acontecimiento emerge de la nada. De este modo, la nada aparece como posibilidad de todo[5]. Remarca esta idea: Explosión inicial/Creadora aleatoria de los universos. Nuevamente el big-bang, del que no hemos salido y formamos parte. La potencia es esta explosión inicial.

¿Qué es lo que importa en relación al acontecimiento, cuyo estallido inicial alimenta su desplazamiento y transformaciones creativas? Importa la intuición absorbente/Saber perceptual, comprensión inmediata/De este avatar/Diseminándose como curvatura pasional/Del espacio-tiempo proferido/Grito compuesto, intensidades galopantes. El secreto es la intuición, la percepción; es decir, la comprensión inmediata. Cada partícula del universo contiene esta comprensión inmediata, esta intuición de la totalidad, por así decirlo. Además, el estallido inicial, el acontecimiento, el desplazamiento transformativo del estallido inicial, es afectivo, curvatura pasional, intensidades galopantes. Volviendo a la “metodología” provisional, esta tesis es crucial: el estallido inicial es un acontecimiento afectivo.

 

El poema retorna al escenario de la danza gitana:  

 

Cuando veo tu cuerpo danzar

Tallando en la atmósfera los códigos anatómicos

Melodía voluptuosa ancestral

Efluvio de deseos vaporosos

Emanaciones climáticas de la contextura estética

Sonata de compases sensuales

Notas ondulantes del pentagrama musical

Encanto femenino transmitido por milenios

 

Tus caderas ondulan fecundando el entorno

Percusión irradiante de erotismo

Al ritmo del flujo y el reflujo de las olas

Hechizadas por la luna vestida de plata

Dibujando el ritmo pausado y serpenteante del desierto

Tus caderas fértiles

También se adelantan y retroceden

Empujando a la imaginación al desvarío

Mientras tus piernas se mueven dibujando círculos

En el suelo aplanado por las plantas delicadas de tus pies desnudos

Narrando en el tablado historias interminables

De amor y de muerte

De vida y de pasión

Tu vientre oscila, agitándose

Tempestades minuciosas recorriendo la piel

Textura candorosa acariciada por sueños delirantes

Conmoviéndose ante la invasión de los timbales

Percusión aguda rítmica insinuante

Transgresores de tu existencia expuesta

 

Tus senos se mueven alusivos

Al compás de la música

Acompañando a la serpenteante vibración del cuerpo

Mientras las manos y los brazos aletean lentamente

Alzando vuelo como cóndores custodios de la cordillera

 

La danza talla en la atmósfera los códigos anatómicos, es Melodía voluptuosa ancestral/Efluvio de deseos vaporosos/Emanaciones climáticas de la contextura estética/Sonata de compases sensuales/ Notas ondulantes del pentagrama musical/Encanto femenino transmitido por milenios. Estamos ante el efluvio de la archiescritura y el archilenguaje; códigos anatómicos, melodía voluptuosa, deseos vaporosos, emanaciones climáticas, sonata de compases, notas ondulantes, encanto femenino. La archiescritura es variada, diferencial y proliferante; se mueve en distintos planos de intensidad, en distintos espesores de intensidad, los que, articulados en el juego lúdico de la danza, des-criben y des-cifran las multiplicidades singulares del acontecimiento 

El acontecimiento des-crito y des-cifrado en la danza es atrapado por el erotismo fulgurante de los pasos y las ondulaciones: Tus caderas ondulan fecundando el entorno/Percusión irradiante de erotismo/Al ritmo del flujo y el reflujo de las olas/Hechizadas por la luna vestida de plata/Dibujando el ritmo pausado y serpenteante del desierto/Tus caderas fértiles/También se adelantan y retroceden/Empujando a la imaginación al desvarío/Mientras tus piernas se mueven dibujando círculos/En el suelo aplanado por las plantas delicadas de tus pies desnudos/Narrando en el tablado historias interminables/De amor y de muerte/De vida y de pasión. El erotismo no es derroche, como proponía Georges Bataille, es seducción, es fascinación por el acontecimiento y flirteo, convocatoria a repetir el estallido inicial en la entrega amorosa. El erotismo es acuático, se baña en los mares, dejándose llevar por el flujo y el reflujo de las olas, las que, a su vez, se encuentran hechizadas por la luna; se trata del entrelazamiento de todos los seres, pues todos son atraídos por la gravitación erótica. El erotismo no solo es acuático, sino terrestre, sobre todo cuando las lomas del desierto imitan a las olas en su propia danza undulante. Lo que importa entonces es el movimiento, el ritmo, la cadencia. Estamos ante un torbellino pasional, las caderas fecundan los entornos, hacen mimesis con las ondulaciones del mar y del desierto, se adelantan y retroceden, empujan al abismo, al desvarío. La danzante no deja de narrar, escribe con sus piernas, con la planta de sus pies desnudos, dibujando círculos, cuenta historias de amor y de muerte. Las otras narrativas, esta vez corporales, no dejan de tramar, de tejer tramas, que hacen también de redes que atrapan seductoramente.

 

El poema comienza a culminar con la comprensión de acontecimiento:

 

Ahora comprendo

Somos como las flores de la primavera

Consagración alegre de las partículas viajeras

Invención proliferante, juego heracliteano

Travesura cosmológica de Tunupa

Amarrado a la balsa de totora hundida en el río

Conector de lagos sagrados

Hasta encontrarse en las profundidades de la mancapacha

Con el hierro fundido de la gravitación terrestre

Expulsado como lava volcánica

Arañando la piel del cielo en el acto de amor

Antes de caer como lluvia encendida

Abrazando, besando, diluyéndose

En la piel, en las intimidades del planeta

 

Las figuras se desplazan de un manera cíclica, contrastante entre las dos mitades del ciclo, pareciéndose a una interpretación estructuralista; empero, a diferencia de esta interpretación, rompiendo con todo dualismo, acercándose, más bien, a la simultaneidad dinámica[6]. Sin dejar el juego, lo lúdico, como invención y travesura estética. La comprensión radica en entender que Somos como las flores de la primavera/Consagración alegre de las partículas viajeras/Invención proliferante, juego heracliteano/Travesura cosmológica de Tunupa. La comprensión radica en entender que somos parte del juego incandescente del estallido inicial, en su desplazamiento espacio-temporal transformador.

Comprensión de la conexión múltiple en los distintos planos y espesores de intensidad del universo, desde los planos y espesores infinitesimales, hasta los planos y espesores molares de las constelaciones. Esta conexión, nombrada como Tunupa, el mito andino del dios travieso conecta los lagos sagrados/Hasta encontrarse en las profundidades de la mancapacha/Con el hierro fundido de la gravitación terrestre/Expulsado como lava volcánica/Arañando la piel del cielo en el acto de amor/Antes de caer como lluvia encendida/Abrazando, besando, diluyéndose/En la piel, en las intimidades del planeta. Todo este movimiento, complejo y simultáneo, creativo y fundador, no se detiene, acontece en su pluralidad, como complejidad dinámica. Tunupa, hundido en las profundidades de las aguas, se encuentra con la lava incandescente de las profundidades, que se eleva hasta arañar el cielo, para luego caer diluida en la tierra en un acto de amor.

 

El poema se clausura con el agradecimiento a la bailarina gitana:   

 

He aprendido de ti mujer danzante

La poesía escrita en códigos corporales

El pensamiento apasionado seductor de los seres

Trovadores románticos en la diseminación del universo

En la disolución de la materia

 

Danza gitana migrante del desierto

Danza de la fecundidad dejando asentarse a la acuarela selenita

En el vientre erótico convulsionando la atmósfera nocturna

Con movimientos demandantes de caricias

Atrayendo a la lluvia de semillas

Enterrándose en la intimidad de los ciclos vitales

 

Eterna bailarina, pasión desbordada en flujos de energía

Irradiando ondas seductoras

Atravesando percepciones asombradas

Destrozando certezas, vulnerando costumbres

Desatando tormentas en los cuerpos enardecidos

Dispuestos a invadir los territorios fulgurantes

De tu fragancia incandescente

 

Las sociedades antiguas conocían más del cuerpo

La modernidad pretensiosa enterró sabidurías elaboradas

En la contemplación y el asombro

En la meditación y en la experiencia sensual

Convirtió el amor en una irrupción provisional, violenta

Fugaz, desesperada

Derrotada en la premura del comercio

 

Por eso danzante ondulante

Amo la memoria de tus pasos

La remembranza erótica de tus caderas orbitando

Alrededor del eje radiante de tu sexo

Sol húmedo, gravitación milagrosa

Del comienzo eterno de la vida

De la intensidad placentera

Imaginación radical del origen

 

Las danzas han mutado

Sin embargo, nos dejaron la huella de su comienzo

Ceremonial y ritual

Hermenéutica corporal

Interpretando las fuerzas creadoras del universo

 

La bailarina es la mensajera de los códigos descifradores del acontecimiento. El poema le canta a la danza: Danza gitana migrante del desierto/Danza de la fecundidad dejando asentarse a la acuarela selenita/En el vientre erótico convulsionando la atmósfera nocturna/Con movimientos demandantes de caricias/Atrayendo a la lluvia de semillas/Enterrándose en la intimidad de los ciclos vitales. Es también la ceremonia y el rito musical de la fertilidad y la fecundidad, de los ciclos agrarios y los ciclos vitales. El núcleo armonizador de este rito erótico es el vientre, que convulsiona con sus movimientos la atmósfera.

La bailarina es dibujada y pintada de una manera intensa y desbordante, empleando las líneas más vertiginosas y los colores más deslumbrantes: Eterna bailarina, pasión desbordada en flujos de energía/Irradiando ondas seductoras/Atravesando percepciones asombradas/Destrozando certezas, vulnerando costumbres/Desatando tormentas en los cuerpos enardecidos/Dispuestos a invadir los territorios fulgurantes/De tu fragancia incandescente. El poema se entrega de lleno a la interpretación pasional de la bailarina, le canta a sus transgresiones, a su seducción subversiva, reconoce las tormentas desatadas por sus pasos y figuras de ensueño, así como la entrega pasional a su fragancia incandescente.

Después de hacer una apología de las sociedades antiguas por su mayor conocimiento del cuerpo y lanzar la crítica a las sociedades modernas por su desconocimiento, la provisionalidad y la premura amorosa desencadenada por éstas, el poema termina resaltando los atributos mágicos de la danzante gitana: Por eso danzante ondulante/Amo la memoria de tus pasos/La remembranza erótica de tus caderas orbitando/Alrededor del eje radiante de tu sexo/Sol húmedo, gravitación milagrosa/Del comienzo eterno de la vida/De la intensidad placentera/Imaginación radical del origen. El tono metafórico es ardiente, rinde homenaje a las caderas que orbitan alrededor del sol radiante del sexo femenino, que renueva el comienzo del eterno retorno de la vida, cuyo inmanente sentido intuye la imaginación radical del origen.

 

 

 

Conclusiones

 

  1. No hay narración sin cuerpo de donde emerge, no hay cuerpo que no narre.

 

  1. La narración forma parte de la complejidad dinámica

 

 

  1. Se puede decir que la narración crítica se comporta como una subversión corporal.

 

  1. El saber emerge del cuerpo así como el cuerpo sabe.

 

 

  1. El cuerpo es música, música somática.

 

  1. El cuerpo es archiescritua y archilenguaje, así como es inscripción de la memoria genética.

 

 

  1. La potencia es explosión inicial y la explosión inicial es acontecimiento afectivo.

 

  1. Una de las formas de expresión del cuerpo es el erotismo y el erotismo es seducción.

 

 

  1. El acontecimiento no sólo es multiplicidad de singularidades sino también puede ser tomado como conexión múltiple.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] Ver de Sebastiano Monada Nadie sabe lo que puede el cuerpo, en Residencia en el presente. Acontecimiento poético; La Paz 2014. Dinámicas moleculares; La Paz 2014.

[2] Ver de Baruch Spinoza Ética; Nuestros Clásicos, UNAM; México.  También revisar Anomalía Salvaje, título del libro de Antonio Negri dedicado al estudio de la obra de Baruch Spinoza; Anthropos; Barcelona.

[3] Revisar de Raúl Prada Alcoreza La subversión de la praxis. Episteme; La Paz 1988.

[4] Ver de Raúl Prada Alcoreza Acontecimiento poético. Dinámicas moleculares; La Paz 2013. Rebelión; Madrid 2013.

[5] Ver de Raúl Prada Alcoreza La explosión de la vida. Dinámicas moleculares; La Paz 2014.

[6] Ver de Raúl Prada Alcoreza Gramatologia del acontecimiento. Dinámicas moleculares; La Paz 2014.

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