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Raúl Prada Alcoreza Escritor crítico y activista ácrata, docente-investigador, coordinador de PLURIVERSIDAD OIKOLOGIAS. Demógrafo. Miembro de Comuna, colectivo vinculado a los movimientos sociales antisistémicos y a los movimientos descolonizadores de las naciones y pueblos indígenas. Ex-constituyente y ex-viceministro de planificación estratégica. Ex-asesor de las organizaciones indígenas del CONAMAQ y del CIDOB. Libros publicados en amazon: Amazon: "libros de raúl prada alcoreza" www.amazon.es/s/ref=nb_sb_ss_i_1_29?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&url=search-alias%3Daps&field-keywords=libros+de+ra%C3%BAl+prada+alcoreza&sprefix=Libros+de+Ra%C3%BAl+Prada+Alcoreza%2Caps%2C356&crid=23BVCVRZBIZAO.

Nuevos horizontes

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Nuevos horizontes

Raúl Prada Alcoreza

Nuevos horizontes

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Se trata de volver a los despliegues y repliegues en lo que respecta a la reflexión y a la exposición de la reflexión, por eso mismo, en lo que respecta a la escritura, es decir, la narración, la construcción de la narrativa, que también podemos nombrar la construcción del sentido. Pues bien, se trata de volver a la evaluación de lo hecho, así como también de avanzar, desplazarse hacia nuevos horizontes, dejando los anteriores logrados. Ya hicimos antes durante las respectivas evaluaciones, incluso críticas y autocríticas, que conllevaron sus propios desplazamientos y rupturas. Nos remitimos a los ensayos donde se exponen las mismas[1]. Ahora lo que importa es intentar nuevos desplazamientos y quizás hasta rupturas epistemológicas, aunque no solo. Para comenzar sería bueno abrir senderos hacia nuevos horizontes. En esta perspectiva vamos a proponer por lo menos cuatro hipotéticos…

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Nuevos horizontes

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Raúl Prada Alcoreza

 

 

 

Nuevos horizontes

 

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Se trata de volver a los despliegues y repliegues en lo que respecta a la reflexión y a la exposición de la reflexión, por eso mismo, en lo que respecta a la escritura, es decir, la narración, la construcción de la narrativa, que también podemos nombrar la construcción del sentido. Pues bien, se trata de volver a la evaluación de lo hecho, así como también de avanzar, desplazarse hacia nuevos horizontes, dejando los anteriores logrados. Ya hicimos antes durante las respectivas evaluaciones, incluso críticas y autocríticas, que conllevaron sus propios desplazamientos y rupturas. Nos remitimos a los ensayos donde se exponen las mismas[1]. Ahora lo que importa es intentar nuevos desplazamientos y quizás hasta rupturas epistemológicas, aunque no solo. Para comenzar sería bueno abrir senderos hacia nuevos horizontes. En esta perspectiva vamos a proponer por lo menos cuatro hipotéticos senderos, que recogen lo aprendido y buscan abrirse a otros agenciamientos y experiencias, que llamamos nuevos horizontes.

 

 

 

 

 

 

Senderos

  1. Nadie puede cambiar el mundo, el mundo se cambia por si solo.

  1. Lo más importante y sublime del ser humano es el acto heroico por cambiar el mundo e inventar mundos nuevos.

  1. El ser humano está íntimamente ligado a los seres orgánicos del planeta, su porvenir depende del porvenir del conjunto de los seres orgánicos. Las sociedades humanas están íntimamente ligadas a las sociedades orgánicas del planeta, el porvenir de las sociedades humanas depende del porvenir del conjunto de las sociedades orgánicas. También el ser humano depende de los ciclos vitales integrados del planeta y de las complejas composiciones materiales y energéticas que hacen al planeta.

  1. Por si solo el ser humano no puede salvar al planeta de la crisis ecológica, requiere de la participación del conjunto de los seres orgánicos, del conjunto de las sociedades orgánicas, del conjunto de los ciclos vitales y de las dinámicas materiales y energéticas planetarias.

 

 

 

 

 

Exposición

El primer sendero que abrimos supone la tesis de que nadie controla la complejidad, sinónimo de realidad, que comprende dinámicas complejas; por eso, las acciones que se realizan desatan efectos de masa que no se controla. En otras palabras, las intencionalidades, los proyectos inherentes, la voluntad en juego, no se realizan como se esperaba, pues en el mundo efectivo se conectan con múltiples fuerzas y dinámicas que se articulan, integran y se sincronizan, dando como resultado lo inesperado, o más bien, la resultante de la participación de todas las fuerzas y dinámicas de la complejidad, sinónimo de fuerzas y dinámicas de la realidad.

En lo que respecta al segundo sendero, el aporte primordial del ser humano es el acto heroico, la entrega romántica, el derroche, por medio del cual pretende cambiar el mundo. Esta es su incidencia y participación en las dinámicas de la complejidad; su aporte, en el complejo juego de las fuerzas y dinámicas planetarias. Pero, de aquí no se puede pretender que cambie el mundo tal como se quiere, tal como su proyecto lo sugiere. Lo que el ser humano quiere es la realización de su voluntad puesta en escena, su proyecto es el ideal que persigue, pero el mundo efectivo no se reduce a la representación que tiene el ideal; por lo tanto, es tan solo una herramienta manejada para lograr los objetivos que se propone. Los objetivos que se propone también son orientaciones en los tejidos espaciotemporales de la complejidad. El acto heroico es la entrega del ser humano a lo que desconoce, si se quiere, metafóricamente, su sacrificio.

En lo que respecta al tercer sendero, la perspectiva de la ecología compleja, los ciclos ecológicos del planeta suponen la articulación, integración y sincronización de las dinámicas de los ecosistemas. Los efectos de las sociedades modernas en los ecosistemas y en el planeta inducen a resincronizaciones planetarias[2]. Hay que leer el eufemismo del “cambio climático” como resincronización planetaria, debido a los efectos ocasionados por las sociedades humanas en lo que respecta a la contaminación, depredación y destrucción de los ecosistemas, no solo por lo que se ha venido en llamar, también eufemísticamente, “efecto invernadero”, relativo a la emisión de gases que ocasionan el calentamiento global, sino por la destrucción taxativa de los ecosistemas por el avance de la frontera agrícola, la frontera minera, la frontera hidrocarburífera. En consecuencia, el planeta Tierra, que es un ser vivo complejo, que contiene multiplicidades de formas de vida, que, a su vez, suponen multiplicidades de procesos singulares, composiciones y combinaciones singulares de singularidades asociadas, hasta en sus formas individualizadas de seres, se re-sincroniza, de acuerdo con las lógicas inherentes de las dinámicas complejas ecológicas.   

Lo que haga el ser humano al respecto, forma parte de una de las múltiples incidencias en las dinámicas ecológicas. En este sentido aporta y participa, pero no depende de lo que haga lo que ocurra. Lo que ocurra depende del conjunto de incidencias de las complejidades dinámicas en el perfil integral planetario. De todas maneras, el mejor aporte que puede hacer el ser humano, como lo dijimos, es el acto heroico, el entregarse, dar todo de sí, para resolver la problemática de la crisis ecológica. Que no lo haga, es renunciar a su participación, optar por la voluntad de nada, por el camino nihilista de la desaparición.

En relación con el cuarto sendero, el enunciado lanza un mensaje: para resolver las problemáticas en las que se encuentra el ser humano, como enfrentando varias encrucijadas a la vez, tiene que reinsertarse a los ciclos vitales, dejar de creer en la tesis ecocida de la modernidad de que el deber del hombre es dominar la naturaleza. Esto implica abandonar el horizonte de la civilización moderna, que ya se ha agotado, que ya se ha clausurado, e incursionar en horizontes nuevos, abiertos por el acto heroico humano ante las tragedias y los dramas que conlleva la crisis ecológica. En este sentido, debe incursionar en la comunicación con el resto de los seres y las sociedades orgánicas con las que cohabita en el planeta. El porvenir del ser humano se encuentra en el campo de posibilidades de la reinserción de las sociedades humanas con los ciclos vitales planetarios, en lograr conformar y construir sociedades ecológicas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Perspectiva

Hablando de la perspectiva que asumimos y desde la cual vislumbramos el porvenir, antes, tenemos que repasar las definiciones dadas de este término y concepto. Se dice que la perspectiva tiene que ver con el estilo de representar uno o varios objetos en una superficie plana, que da idea de la posición, volumen y situación que ocupan en el espacio con respecto al ojo del observador. También se dice que “la perspectiva supone la contemplación del mundo desde un solo punto de vista, desde un ojo único que abarca todo el panorama; el refulgente logra auténticos efectos de buena perspectiva en la representación de los pliegues y vestiduras de los personajes, además de una buena caracterización de los rostros. Se trata del arte de representar los objetos de esa manera, tal como aparecen a la vista. “Todos los tratadistas subrayan el hecho de que con la perspectiva se busca la producción de un espacio racional, infinito, constante y homogéneo; la perspectiva artificial responde a la búsqueda de una solución técnica para representar icónicamente los fenómenos de la tridimensionalidad del mundo natural”.

El término perspectiva que, en latín se dice perspicere, que significa para ver a través de, se utiliza en las artes gráficas para designar a una grafía, generalmente sobre una superficie plana, de un motivo tal como es percibido por la vista, de forma que se pueda vislumbrar su configuración tridimensional. Geométricamente, estas representaciones se obtienen a partir de la intersección de un plano con un conjunto de visuales, las líneas rectas que unen los puntos del objeto representado con el punto desde el que se observa, denominado el punto de vista. Se han dado dos tipos fundamentales de perspectivas, en función de la posición relativa entre el modelo representado y el punto de vista:

Perspectiva cónica, también denominada perspectiva central, sus características más distintivas son que los objetos figurados son más pequeños a medida que aumenta su distancia al observador; la convergencia en un punto de fuga de la grafía de las líneas paralelas del modelo. Las visuales forman un haz cónico, con su vértice en el punto de vista. Las fotografías producen este tipo de perspectivas, mediante un elemento fotosensible, que recoge la imagen proyectada desde el foco de una lente, al igual que los ojos de los animales superiores, en los que se forma una imagen sobre la superficie de la retina, proyectada desde el foco del cristalino.

Perspectiva axométrica, es un tipo de proyección en la que todas las visuales son paralelas entre sí, lo que equivale a que el punto de vista se sitúe en el infinito. En este tipo de perspectivas, las líneas paralelas en el modelo conservan su paralelismo en la imagen, por lo que los objetos no reducen su tamaño a medida que se alejan del observador, ni existe ningún punto de fuga en el que converjan las líneas del dibujo. Es un sistema de representación gráfico más ligado a la ciencia y a la técnica que al arte[3].

Teniendo en cuenta las anteriores definiciones heredadas, diremos que nosotros asumimos una perspectiva ecológica y compleja. Claro que, a diferencia de las definiciones anteriores, ligadas a la representación del arte, la técnica y la ciencia, hacemos hincapié en la perspectiva epistemológica de la complejidad. Nos remitimos, al respecto, a ensayos anteriores, pertinentes al tema de reflexión[4]. Cuando hablamos de perspectiva ecológica nos referimos a la configuración compleja de los espesores de los tejidos espaciotemporales-territoriales-sociales dados en el planeta. Cuando hablamos de perspectiva compleja nos referimos a las dinámicas de la simultaneidad dinámica, que, obviamente son complejas en el contexto del multiverso. Bueno, entonces, al asumir la perspectiva ecológica y la perspectiva de la complejidad lo que hacemos es trasladarnos a un universo de cuatro dimensiones desplegadas, largo, ancho, profundidad y tiempo, y siete dimensiones plegadas, conjeturadas por la teoría de las cuerdas.

La perspectiva ecológica y la perspectiva de la complejidad, ya no solo como representaciones complejas de la realidad efectiva, de la potencia de la vida y de la existencia, sino como convocatoria, pero, no convocatoria política, menos ideológica, sino convocatoria existencial, es decir, integral, demandante de la misma totalidad que nos constituye.  Estos puntos de vistas, puestos en juego, en acción y en escena, múltiples y simultaneaos, que intuyen y comprenden el devenir de la sincronización, desincronización y resincronización planetaria, se convierten no solo en los artífices de la configuración de la complejidad de la crisis ecológica, sino en las proclamas que interpelan al ser humano a actuar en consecuencia, a dar de sí, a arrojarse en el acto heroico para salvar a las sociedades humanas y reinsertarlas a los ciclos vitales.

La perspectiva ecológica y la perspectiva compleja nos muestran que, si no hay cambios radicales en la estructura estructurante misma de la institucionalidad de las sociedades humanas, no hay porvenir para el ser humano; la humanidad no podrá sobrevivir a la crisis ecológica. Las perspectivas mencionadas nos ayudan a una evaluación crítica de las genealogías del poder de las sociedades humanas, de las arqueologías de los saberes modernos y de las hermenéuticas clásicas y modernas del sujeto. En resumen, los proyectos desplegaros de las sociedades humanas, comprendiendo periodos, etapas, eras históricas, geografías culturales, geopolíticas imperiales, ideologías, economías del mercado o de la producción, han fracasado. No se puede insistir en estas formas, conformaciones histórico-políticas, jurídico-políticas, económico-sociales-culturales de la modernidad. Es menester clausurarlas e iniciar viajes a los nuevos horizontes.

 

 

 

 

 

[1] Ver Balance y autocrítica. También Balance del análisis crítico a los gobiernos progresistas.

https://voluntaddepotencia.wordpress.com/2017/07/01/balance-y-autocritica/.

https://pluriversidadoikologas.wordpress.com/2017/09/20/balance-del-analisis-critico-a-los-gobiernos-progresistas/.

 

[2] Ver Re-sincronizacion planetaria  

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/resincronizacion_planetaria.

 

[3] Bibliografía: Martin Kemp (2000). La ciencia del arte: la óptica en el arte occidental de Brunelleschi a Seurat. Ediciones AKAL. p. 382. Lecturas adicionales: Andersen, Kirsti (2007). The Geometry of an Art: The History of the Mathematical Theory of Perspective from Alberti to Monge. Springer.Damisch, Hubert (1994). The Origin of Perspective, Translated by John Goodman. Cambridge, Massachusetts: MIT Press. Hyman, Isabelle, comp (1974). Brunelleschi in Perspective. Englewood Cliffs, New Jersey: Prentice-Hall. Kemp, Martin (1992). The Science of Art: Optical Themes in Western Art from Brunelleschi to SeuratYale University Press.Pérez-Gómez, Alberto, and Pelletier, Louise (1997). Architectural Representation and the Perspective Hinge. Cambridge, Massachusetts: MIT Press. Enciclopedia Libre: Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Perspectiva.

 

[4] Ver Ecología compleja. También Episteme compleja, así como Hacia una ciencia compleja del espacio.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/ecolog__a_compleja_2.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/episteme_compleja.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/hacia_una_ciencia_compleja_del_espa.

 

La sonrisa de una bala marcada

La sonrisa de una bala marcada

 

Francis P. Prada

 

En memoria de mi abuelito Raúl y mi bisabuelito Gilberto “Yeye”

 

 

La sonrisa de una bala marcada

 

Oso Yeye

 

 

 

 

 

 

“Mi nieta trabajará en la Nasa” solía decir Gilberto Molina Valle o “El Yeye”, como sus cercanos solían decirle, a lo que el señor Prada con aquellos ojos que se habían robado más de un corazón sonreía. Ambos sentados en una de esas mesas ubicadas en la calle Jaen, tomaban su té de la tarde; el Señor Prada prefería un café de aquellos fuertes que golpeaban el rostro para ser despertado; Yeye en cambio se quedaba con la tradición de tomar un buen té con azúcar, llevaba su propia taza exigiendo que cualquier cosa que toquen sus labios sea servida ahí.

Como era rutinario ambos se pondrían a hablar del pasado; hay algo en el caminar del pasado que nos atrapa, nos abraza tan fuertemente que estamos toda la vida contando las mismas anécdotas, aquellas que no acaban y siguen susurrándose incluso cuando hace mucho tiempo su contador se calló. El señor Gilberto agarraba el periódico que Don Raúl dejaba sobre la mesa, Don Raúl antes de bajar los ojos ya sabía que su periódico había desaparecido, Don Raúl ya estaba acostumbrado a esto, incluso le pasaría su punta bola sabiendo que el empezaría a hacer sus diarias anotaciones; pensamientos y críticas eran marcadas en los periódicos. Durante su larga vida de 102 años la mayor parte la pasó en Cochabamba; en aquella casa ubicada en la calle Mariano Ricardo Terrazas, con el techo que calentaba el interior, haciendo que sus integrantes deban sacarse más de una prenda de ropa. El pasillo que seguía la puerta principal formaba un lindo camino de mármol, a la derecha encontrabas la sala de estar. La alfombra roja que la cubría había sido pisada por tantas personas que eran más personajes que normales; entre ellas se encontraba su hija Martha Molina Reque, producto del amor entre Yeye y su bella esposa Blanca o “abuelita Blanquita”, como sus nietos próximamente la llamaron. Martha era su única hija, explicación de su actitud siempre tan mimosa, querer ser el centro de atención venía con su naturaleza, pero creció para convertirse en una amable y amorosa mujer.

Si dabas unos pasos más en aquel camino de mármol, encontrabas la cocina con una mesa de madera, que a cualquier hora tenía comida encima de ella, existía un aroma dulce en aquel lugar, además de la deliciosa comida, uno era capaz de oler el amor que se había compartido en aquella cocina. Eran las historias y esas pequeñas discusiones que hacían a aquella mesa especial. Salías de la cocina y encontrabas las gradas más extrañas que tus ojos podían ver; la mayor parte de las visitas solía decir con afirmación que aquellas escaleras eran su parte favorita de la casa, que si se me es permitido será nombrada “la casa peculiar”, que no solo de mármol era hecho el piso, sino de una alfombra roja que  venía acompañada de aquellas extrañas escaleras, eran altas y de forma curveada las barandas eran de un color verde oscuro. Si mirabas a lo alto encontrabas en la punta de aquellas escaleras peculiares el rostro de un dinosaurio; el objetivo era entendido esa escalera debía simular el cuerpo de un dinosaurio. Imagínese que habrá sido para los infantes escalar aquella peculiaridad, con sus pechos hacia afuera afirmaban “He trepado un dinosaurio”.

“La casa peculiar” no solo tenía la extrañez en los objetos, tenía el viento de memoria, cada polvo y partícula flotante contaba un secreto que solo los que vivieron en la casa podrán comprender. Y en el tope de la escalera dinosaurio encontrabas a la izquierda el escritorio de Yeye; aquella vieja mesa fue su mejor amiga y los periódicos sus compañeros.

Como solía pasar, a la hora del té, Yeye sacaría sus antiguos periódicos, colocándolos sobre la mesa, Don Raúl echaba un vistazo, preguntándose el porqué de la vejez de sus periódicos, Yeye solo decía

– Eran mejor redactados antes.

Mientras Yeye escribía y releía sus “periódicos espaciales”, como serán nombrados, debido a su leve obsesión con planetas y cometas. Don Raúl cruzaba los brazos mirando su reloj, eran las 3:30, puntualmente prendía su vieja radio negra, para llenarse con las melodías clásicas que le habían acompañado toda la vida.

Don Raúl había sido el último de ocho hijos de Ernestina Méndez Rivas y Francisco Javier Gonzales de Prada; era Cochala, naciendo en su amada Cochabamba el 15 de octubre de 1931. Su infancia fue disfrutada en las orillas del rio Rocha, que en esa época su color era azulado, elegido para ser el lugar donde Don Raúl se bañaba y limpiaba sus ropas, además de jugar con sus hermanos. La nostalgia abofeteaba duramente su rostro cuando pensaba en su niñez; uno quiere amar y odiar al tiempo, que tanto quita pero que también tanto da.

Don Raúl pasaba sus vacaciones en una hermosa finca en las afueras de la ciudad, “Caluyo”. Unos largos pastizales con el sol quemando los hombros, era como recordaba el lugar. Cerca de su casa había una pequeña capilla, que con aspecto avejentado uno podía darse cuenta de cuánto tiempo estaba ahí; hasta el día de hoy aquella capilla sigue en pie; en cambio, la casa que Don Raúl pisó solo él, la recordará, cuyos restos de ella no quedan. Desecharon el lugar para convertir los terrenos en un hotel. Don Raúl se despido de su Cochabamba a los 14 años de edad, pero siempre la recordó con demasiado detalle; solía decir.

-Como buen cochala siempre disfruté de la papa.

Con aquellos pensamientos apagaba la radio para volver a observar a Yeye, que susurraba entre líneas al escribir, solía hablar sobre el cometa HaleBopp y el que había sido su anhelo de algún día observarlo; hablaba del peligro que la humanidad sufría porque allá en los 90’ s había leído que “Estudio pronostica choque de asteroide con la Tierra”; creía en sus periódicos y los secretos que le contaban, tanto que en Cochabamba había una noche ocultado todas las vajillas y platos de la vitrina, convencido de que habría un temblor; así se lo habían contado sus compañeros periódicos. Le tenía un amor muy grande a la vida porque había mirado a los ojos de la muerte. Nacido en Oruro 22 de mayo de 1912, hijo de Manuel María Molina y Juana Valle Porcel, fue educado en el que en esa época fue el mejor colegio de Bolivia: El Instituto Americano.

Yeye fue difícil de criar, un infante extrovertido que no esperaba para salir corriendo a aquel aire libre, que era la única distracción en esa época. En una oportunidad, mientras jugaba a ser un avión, extendió sus pequeños brazos y como uno de estos artefactos empezó a correr, sin prestar atención a una roca debajo suyo. El avión que Yeye condujo empezó a caer; fue ahí cuando sintió un agudo dolor en la nariz, temiendo lo que su madre, Doña Juana, le vaya a decir, bajó el rostro cuando volvió a casa; pero el ojo de buena madre que tenía Doña Juana no le permitió salirse con la suya. Había gritado al verle el rostro, no era la sangre chorreando del mentón, era la nariz que se encontraba totalmente chueca, pero con Yeye no venía a ser sorpresa que lo que haya traído ahora chueco sea su nariz. Doña Juana con el miedo de una madre al saber de su hijo herido preparó medicinas, pues en aquella época no se tenían farmacias. Doña Juana paró el dolor de su hijo, pero lo que no pudo fue poner recta su nariz; Yeye cargó una nariz chueca consigo toda su vida, pero imagínense el Don Juan que era, si, incluso con nariz chueca conquistaba.

Su adolescencia fue interrumpida, por esas situaciones que nos hacen reevaluar y cambiar la existencia. A los 19 años junto con su hermano Carlos fue mandado a la guerra del Chaco. Que peores traumas puede darnos la vida que aquellos causados por el ser humano. Las memorias de guerra fueron las memorias que más recordó en su vida; se clavaron como un virus en su cerebro, el dolor de haberse dirigido al campo de batalla con su hermano, el dolor de haber vuelto solo. No solo fueron las cicatrices emocionales las que quedaron sino las físicas, la guerra le dejó su marca: una línea blanca que caminaba por su hombro izquierdo, la bala que se dirigía al pecho cambió de inclinación a último momento, dejando marcada la leve interacción que tuvo con la piel de Yeye.

Volvió de la guerra y la vida no le dio tiempo de respiros, le pidió que supere sus demonios y ponga sus manos a trabajar. Yeye se convirtió en contador, pero no fue cualquier trabajador, como todo en su vida, se convirtió en el mejor, dejando su marca en la “Railway Company”, el ferrocarril cochabambino que ahora los contemporáneos solo conocen en fotografías. Su sueño no era ese, el soñaba, con ser ingeniero electrónico, pero a aquellos que tienen sueños cumplidos la vida les dio un beso más. Aun así, Yeyé intento aprender, no fue a una gran universidad ni tuvo sabios maestros, fue autodidacta y el en la soledad de su escritorio se convenció a mismo de reconstruir una radio, radio que sigue intocable, entre polvo y vejez, en una esquina oculta en “la casa peculiar” de Cochabamba.

Llegaba el momento del día en el cual una fotografía era sacada, Don Raúl revisaba sus bolsillos, debajo de sus envolturas de dulces, sacaba a su “Bebita”, el nombre de cariño de su esposa. Aquella foto ya con los bordes amarillentos mostraba a la Señora Beba jovenzuela, con el pelo que parecía sedoso; los dedos de Don Raúl se movían de un lado a otro recordando con su tacto su piel, sus ojos, sus largos labios sonrientes. Había sido y seguía siendo una mujer fuerte; lo atrapó desde el primer momento y nunca se dejó soltar. Yeye, que levantaba la mirada de sus periódicos espaciales, a  su vez sacaba su fotografía, recordando que era el momento del día para recordar; la suya se encontraba en su monedero, el cuero estaba arrugado y olía a aquella chamarra negra de odre holgado en las mangas. Yeye sostenía su fotografía, más pequeña, desde la esquina inferior izquierda, con el pulgar e índice; era su “Blanca”, su “Blanquita”, “la señora Blanca”. Su corazón aun latía cuando miraba a los ojos de la fotografía; nada cambió, siempre la amó, siempre la ama y siempre la seguirá amando. Don Raúl bajando la fotografía con una sonrisa sospechosa se preparaba para decir su frase diaria, con la que disfrutaba molestar a Yeye.

– Siempre será la mía, la mujer más bella.

Yeye, sin mirarlo a los ojos, fruncía el ceño y lentamente lo miraba a los ojos, haciendo a su vez una sonrisa sospechosa, una que relataba la pelea, la misma que diariamente comenzaba. Los dos contrincantes románticos empedernidos las amaban tanto que era difícil entender que algo más bello existía.

Don Raúl había conocido a María de los Remedios Alcoreza Melgarejo o, más fácilmente, “señora Bebita” en una fiesta de 15 años; el con 18 años, no imaginaba ser el que caiga. Era la fiesta de la señora Gladys Ballivián; se adentró con ese caminar lento y sereno, con una ceja levantada, un peinado con los cabellos acomodados perfectamente y esa sonrisa, su arma mortal hasta en los últimos días. No había cambiado ni una curva, no sorprendía que sea confundido por una estrella de cine, fácilmente lo imaginabas en la pantalla. Sus zapatos negros con el “tap,tap” acompañaban la música, se vieron inquietados en su melodía cuando captaron unas zapatillas, algo lo atrajo, sus pies moviéndose sin permiso pronto se encontraba frente a Bebita, su señora Bebita, solía decir al recordar la historia.

-Ingresé a una fiesta navideña con villancicos de pantalón corto, me atraparon y salí casado.

 Yeye tuvo su amor de colegio, que se convirtió en su amor de vida; Blanquita, como Yeye, estudió en el Instituto Americano. Era toda una dama, una dama muy fuerte, pero que también mostraba su delicadeza en sus actos; sus dedos blancos alargados, cuando caminaban se movían de un lado a otro. Solía seguirla con sus ojos; la había visto en las calles agarrada de sus amigas, la había visto en la clase siempre con dos ojos como canicas; no titubeaban de cansancio como los de Yeye solían hacer. La había visto en los pasillos; los ojos de Yeye incluso antes que él, ya sabían el amor oculto que había estado escondiendo. Fue su corazón quien le obligo a hablar, no fue su mente, que, mas bien, le colocaba barreras en su camino. Tan serio desde joven Yeye se mostraba vulnerable ante los ojos de Blanca, esperando a que sus oídos escuchen una palabra, de aquel joven extraño, quien se paró frente a ella. Blanca no era ilusa sabía lo que aquel joven tenía el propósito de hacer, aun así no se lo facilitó, pues quería probar su valentía y se quedó ahí frente a él, alzando las cejas y mirándolo aún más. Se sorprendió al mirar de cerca sus ojos; nunca había conocido el mar, pero en sus ojos podía verlo. Su mente se cuestionó ante la posibilidad de tan bello color, rayas negras coloreando los extremos de un ojo celeste; más que el mar, le empezaba a recordar al cielo, pero el cielo nunca la había hecho sentir tan exaltada. Los ojos de Yeye le hicieron dar una vuelta al mundo, esos ojitos sonrientes le mostraban espacios que nunca había visto; ella quien no se iba a resistir ante la rareza de ese joven, terminó también en el trance que Yeye había empezado. No se conoce quien rompió el trance, despertando a esos jóvenes y obligándolos a mirar a otro lado, pero también parece que nunca se dejaron de mirar de aquella manera.

Don Raúl, sacó un caramelo con envoltura amarilla; el sonido de aquel plástico, el tacto resbaladizo, el gusto y la lengua que agarraban al caramelo, moviéndolo de un lado a otro. Él cerraba los ojos, sus caramelos habían sido sus compañeros siempre, uno en el bolsillo, siempre de antaño, difíciles de saborear, pero para su gusto tenía todo lo necesario para ser aprobado. Cuando la luz cambiaba de lado, generalmente de 4 a 5 de la tarde, él sacaba su caja de fósforos, la agitaba cerca de su oído y, al convertir a la cabecilla en negra, olía su humo, olor relacionado a memorias; el aroma era fuerte y atravesaba el cuerpo cuando era respirado. Había trabajado en fábricas de fósforos, aquellos palillos, más que solo madera, por muchos años habían sido los responsables de poder meter la mano en el bolsillo y encontrar un billete.

Don Raúl con una fascinación por los números desde muy pequeño; estudió ingeniería industrial, como Yeye fue un buen trabajador. Se graduó de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), con honores. A los 21 años disfrutaba de una profesión, abrazaba al trabajo con un brazo y con el otro a su Bebita. La fábrica de fósforos, que tanto recordaba, tenía los ladrillos sin pintar; lo que le daba un aspecto de vejez, aun cuando no lo era. El olor de los fósforos le traía memorias de la vieja Alemania. Aun se puede oír a la Señora Bebita quejarse de su larga estadía en Alemania, “lo que eran tres meses se convirtieron en dos años”. Sin estar cerca de la familia y perdiéndose del crecimiento de su primogénito, aunque, sin embargo, por lo menos con trabajo. De suerte le mandaron acompañado de sus tres monigotes de compañía o como uno suele llamarlos amigos. Recurriendo a la música de antaño, de los 50s, trataba de evadir la nostalgia; sin darse cuenta de que al hacerlo la hacía asentarse aún más. Solía tararear las palabras que entonaba Virginia López, cantaba “tu promesa de amor”. Conocía a la Señora Bebita como la palma de su mano, sabía que no importa cuánto lo odie por su larga estadía, el amor seguiría por siempre y cantando en su cabeza solía decir “Tu….. tú no puedes dejar de amarme”.

Barragán su amigo, con una pierna mala, lo esperaba cada mañana para dirigirse a la fábrica; con el leve cojeo que tenía en la pierna izquierda aún se las arreglaba para caminar tan rápido como alguien sin problemas. Al llegar a la fábrica el equipo de los ingenieros bolivianos se encargaba del mantenimiento y cuidado de las maquinas. Se debe decir que sin ninguna de estas mentecitas ingenieras la fábrica de fósforos, que se construyó en el país, no hubiera sido posible. Con su elegante bigote y aquellos ojos verdes el mentón acolchonado, Don Raúl, con el sudor corriéndole la frente aun sabía cómo verse como el caballero que era. Recorriendo en la fábrica con las mentecitas ingenieras que lo acompañaban; en sus pasos tenía la confianza de alguien que era dueño del lugar.

Sus días fueron acompañados por las canciones que, con la buena memoria, recordaba; desde la sonata de luna, hasta sus boleros, Don Raúl no tenía dote para tocar los instrumentos musicales; sus dedos se encontraban duros como para posicionarse en el piano y la guitarra, su voz, cuando se le pedía cantar en un tono, cantaba en otro, sin embargo, no cambiaba el amor que le tenía a las melodías bien compuestas. Inteligencia suya fue jamás exponerse a las melodías contemporáneas, siempre se quedó con aquellas guitarras y trompetas, que lloraban desconsoladas, mientras el piano se pronunciaba de fondo. De vuelta a su departamento, solía reproducir en su mente “el bodeguero” de la orquesta Aragón, dando vueltas y pasos pequeños de baile, la punta de su pie golpeaba el cemento dos veces, la pierna derecha seguía los pasos de la izquierda, poniendo la mano izquierda en el pecho levantaba la derecha y la movía al ritmo de la música, meneando las caderas, que con buen ritmo lo hacía. Volviendo al talento musical, encontrábamos que el don musical de Don Raúl no eran los instrumentos, tampoco la voz; su talento armónico se expresaba en su facilidad de moverse al ritmo, así bailaba en su pequeño departamento, donde en la sala hacia una venia, imaginándose a una Señorita Beba de 15 años y el de 18, tomando su mano empezaban a dar piruetas en la sala, mientras la mente de Raúl reproducía un valtz. Siempre se sintió con su señora como un jovenzuelo en el que no había crecido ni una arruga.

Fue una mañana, cuando entraba a la fábrica, Barragán, su apreciado amigo, de pronto, cambió la postura tratando de fingir seguridad, dando una sonrisa falsa, que no fue desapercibida Don Raúl, quien había notado el cambio de conducta. Lo observo acercarse a él, Barragán, en sus temblorosas manos, agarraba una carta; había recibido un sinfín de ellas desde Bolivia, pero había algo en ésta que la hacía especial, talvez una fragancia o simplemente las primeras palabras, que sin querer había llegado a leer. Don Raúl podía sentir el peso de la misma, no estaba seguro de si agarrar la carta o no, podría simplemente darse la vuelta e irse, así nunca tendría que sufrir por su contenido, pero sabía que su amigo Barragán no pararía hasta que Raúl la lea, quien extendió la mano y alzo las cejas, con una mueca explico su error y su “idiota curiosidad”. Había leído algo que sus ojos no debían leer, disculpándose agarro la mano de Raúl y le entregó la carta, porque parecía que él no iba a agarrarla por sí solo. La letra era de la Señora Bebita, podría reconocerla en cualquier escrito, al leerla Don Raúl de repente esbozo una sonrisa, nadie había fallecido, “nada tan malo como una muerte sucedió”, decía.  Sin embargo, esa sonrisa se esfumó y la característica que hacía a Don Raúl un personaje sereno se perdió. Al reflexionar, Don Raúl comprobó que se había mucho tiempo lejos de su amada; tiempo de crecimiento de su hijo. Ya no podía más. Pensamientos evasivos golpearon su mente, ¿qué más iba a perder?, no había agarrado la mano de Bebita en tanto tiempo, no había abrazado a su primogénito; su oído captó un fuerte sonido rápidamente, Don Raúl se dio la vuelta, era el “tic toc” del reloj; esta carta a diferencia de tantas, lo había marcado. Calmándose llevó la carta a su pecho, tarareando las cuatro estaciones de Vivaldi, guardó su carta, le dio una palmada al hombro a su amigo Barragán, le sonrió con los ojos y le dijo es tiempo de volver.

Recuerda, en aquella mesa en la calle Jaen, el sonido que hizo su zapato negro brilloso al llegar a Bolivia, rápidamente, tratando de saborear con la nariz el aire, notó la falta de aire de La Paz, sintió el peso en su pecho y como empezaban sus rodillas a ceder; se sonrió: “definitivamente un mate de coca no me hará mal”. Pudo notar la figura de la señora Bebita, que agarraba de la mano a una pequeña figura a su lado, era su primer hijo. Si algo puede llamarse sobrecogedor en este mundo, sería el sentimiento que Don Raúl percibió al ver a su hijo; era increíble observarlo, increíble poder tocarlo. Aquel niño, que tan fuerte se veía, había nacido prematuro a los seis meses; lo había visto por primera vez cuando lo agarró con una mano. Sentía incertidumbre, su hijo estaba a su lado, cuanto tiempo no había estado cerca. Los días en Bolivia, después de Alemania, fueron igual que empezar nuevamente, las calles las personas el aroma y el olfato eran distintos. Lo que más gustaba a Don Raúl es que el tacto se sentía distinto, porque después de dos años sus manos eran capaces de tocar rostros, rostros suaves que sus dedos amaban; después de dos años fue como aprender a amar de nuevo. Siempre amó a su familia, pero es diferente el amor de cerca que el de a distancia.

Raúl Prada su hijo, que después se apodaría “el chato”, por la estatura pequeña con la que se quedó toda la vida, multiplicaría las travesuras y las convertiría en una pesadilla viviente para sus padres; aun así, el amor hacia a él era innegable; pues tenía algo especial, era su cerebro que lo hacía único.

Tuvieron tres hijos más. Como si las travesuras de “el chato” no hubieran sido suficientes, vinieron dos varones más o dos “jamaculis”, como decía en quechwa, a ser parte de la sinfonía de diabluras y anécdotas, que su familia tendría. Alejandro, que próximamente seria apodado “Alex”, tenía una muñeca de artista, sus cuadros serían decorados en cada pared. Seguidamente vino Francisco, quien sería el popular de la familia; en la familia cuentan recurrentemente la anécdota de que cobraba a sus invitados, que iban a sus fiestas de cumpleaños; eso es lo que siempre fue, popular, también un pícaro para los negocios. Siguiendo los pasos de su padre, como herencia genética, por así decirlo, desde pequeño se convertiría en ingeniero premonitorio. De tres diablillos vino la calma; después de los “jamaculis”, la familia Prada recibía a una niña, quien contendría toda la amabilidad y amor que puede contener y trascender un ser; eran los ojos quizá de Tatiana los que mostraban inmediatamente el alma noble que ella contenía, eran los ojos de su padre.

Llegaba el crepúsculo del día, Don Raúl sabía lo que pasaría, por otra parte, con tantos pensamientos estaba la cabeza de Yeye, que llegaba la hora en la que se empezarían a manifestar oralmente; eso sí, no era para nada aburrido escucharlo. Desde que se habían encontrado ni una sola vez había repetido la manifestación oral de uno de sus pensamientos, eran todos tan variados, abarcaban todas las ciencias y artes; Yeye había sido un gran lector, al igual que Don Raúl. Ambos se entendían; este día en particular Yeye se paró de su silla y empezó a observar a la calle Jaen, observo las piedras que tenía la calle, se acuclilló para tocarlas; con el rozamiento de sus dedos en el concreto supo que las piedras eran de su época, así él lo creía, sonrió al darse cuenta. No existían ya cosas que reinventaba el recuerdo, todo debía guardarlo en la mente; se paró esta vez para tocar las paredes, arqueo las cejas, esas paredes no eran de su época, podía reconocer la “pintura nueva”, caminó de arriba abajo. No podía negar el encanto de aquel lugar, parecía que uno se había adentrado en una fotografía y había empezado a vivir en ella ; el sol posándose en su ojos, la calle se hacía más hermosa, qué secretos e historias escondía aquel lugar, qué hacía a esta calle tan hermosa y especial. Tomó un gran respiro y supo que era, era el aire lo especial, cada partícula y polvo representaba una historia, algún recuerdo de alguien que había caminado en ella. Yeye retorno a su asiento y solo dijo.

-Le juro que no entiendo que estoy haciendo en La Paz.

Y así era, solía preguntarse, de cómo terminó ahí con ese señor llamado Raúl, que tan linda sonrisa tenía, quizá eran las partículas de sus memorias a las que se debía culpar, quizá habían migrado desde Cochabamba y se habían asentado en la calle Jaen.

Don Raúl en cambio, siempre le había tenido un cierto cariño a aquella calle; La Paz se había convertido en suya, era su musa, era aquella ciudad dueña de muchas memorias, que, incluso las investigaciones más grandes de durante las vidas jamás descubrirán. Disfrutaba del sol de la mañana y la tarde, disfrutaba de todos los tés que tenía con Yeye, disfrutaba de la fluidez de sus pensamientos; la nostalgia lo atacaba y la soledad también, pero tenía a su lado a un compañero, que, aunque no lo admita sabía, se sentía igual.

Ambos se pararon y despidiéndose prometieron encontrarse mañana, en el mismo lugar, a la misma hora; cada tarde están en aquella esquina de la calle Jaen. Nadie los ve al pasar, porque simplemente son inexistentes para los que aún existen. Pero están ahí como partículas de aire, son las memorias y las anécdotas que se quedaron en la tierra y aún siguen susurrándose a sí mismas, son las narraciones de los sobrevivientes, incapaces de separarse de sus presencias, sobrevivientes que no permiten dejar perderse a sus amados en el olvido; son aquellos amigos entrañables. Las anécdotas fantasmales de Raúl y Yeyé quienes se adueñaron de la calle Jaen.

Amazonia agonizante

Amazonia agonizante

Oikologías

Amazonia agonizante

Sebastiano Mónada

Los jinetes del apocalipsis avanzan sembrando hogueras

Incendio en la Amazonia 2

Amazonia proliferante de polifónicos cantos,

matriz de inteligencias sensibles,

memoria ecológica y sabidurías vitales,

anaconda alimentada por muchedumbres de serpientes,

continente de secretos bilógicos y narrativas vegetales,

entramados corporales de animales de mirada melancólica.

Territorio donde germina la ayahuasca, memoria celular,

hermenéutica de entramados indescifrables.

Rio Amazonas surcado por conquistadores náufragos,

buscadores de ciudades de oro y del país de la canela,

emboscados por pueblos de mujeres guerreras,

que los atormentan de día y de noche,

los vencen despiertos y en sus sueños.

Las sociedades cultivadoras de bosques,

arquitectas de lagunas artificiales y de canales hídricos,

desaparecieron dejando marcas distribuidas en la selva,

para recordar los caminos de regreso

cuando corresponda volver a la sinfonía tropical.

Los jinetes del apocalipsis avanzan sembrando hogueras,

donde exuberante y desnuda la Amazonia se quema.

Sabios árboles gimen agitando sus ramas de carbón,

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Amazonia agonizante

Amazonia agonizante

 

Sebastiano Mónada

 

Los jinetes del apocalipsis avanzan sembrando hogueras

 

Incendio en la Amazonia 2

 

 

 

 

Amazonia proliferante de polifónicos cantos,

matriz de inteligencias sensibles,

memoria ecológica y sabidurías vitales,

anaconda alimentada por muchedumbres de serpientes,

continente de secretos biológicos y narrativas vegetales,

entramados corporales de animales de mirada melancólica.

Territorio donde germina la ayahuasca, memoria celular,

hermenéutica de entramados indescifrables.

 

Río Amazonas surcado por conquistadores náufragos,

buscadores de ciudades de oro y del país de la canela,

emboscados por pueblos de mujeres guerreras,

que los atormentan de día y de noche,

los vencen despiertos y en sus sueños.

 

Las sociedades cultivadoras de bosques,

arquitectas de lagunas artificiales y de canales hídricos,

desaparecieron dejando marcas distribuidas en la selva,

para recordar los caminos de regreso

cuando corresponda volver a la sinfonía tropical.

 

Los jinetes del apocalipsis avanzan sembrando hogueras,

donde exuberante y desnuda la Amazonia se quema.

Sabios árboles gimen agitando sus ramas de carbón,

murciélagos alados naciendo abrumados de cenizas,

que tiznan turbulentos aires contaminados.

 

Amazonia colgada en intangible cruz

en bóveda acongojada.

Su ceniza se esparce atormentada,

enjambre de mariposas noctámbulas,

profundas entrañas del orbe agitado,

apagando luz circundante de vida,

debatiéndose mortalmente herida,

encendiendo sanguinaria concavidad nocturna.

 

Jinetes del apocalipsis, montados en pelagios mecánicos,

máquinas sedientas bebedoras de energía fósil,

perdieron sus alas al descender a selvas condenadas.  

De implacable acero afilado

abren surcos en la jungla,

cortan troncos centenarios.

Océano de afectos exhalando aires sanos,

donde la meditación verde lanza

dulces pensamientos acuáticos.

 

Amazonia carbonizada entierra a sus hijos quemados.

múltiples plantas y muchedumbres de animales incinerados,

en aras del progreso, inscribiendo heridas profundas,

heridas abiertas sin cicatrizar en la carne,

en espesores exuberantes del cuerpo terroso.

 

Presidentes de estados encaracolados

en laberinto abismal de sus miedos

y abominables terrores fantasmales,

miran con desdén cementerios de cadáveres.

Lo que en vida fueron proliferantes tejidos

de entrelazadas tramas vitales.  

 

Cadáveres dispersos en campo de batalla

de vertiginosa modernidad crepuscular,

alucinante como ejército de antorchas festivas,

carnaval del desarrollo sepulcral.

Continentales venas abiertas derraman cantos,

inconsolables plegarias de largos duelos,  

recorridos de muerte desembocando en el mar,

atormentado por pérdida irreparable de los hijos,

sin poder siquiera levantar vuelo,

pájaro herido esperando al silencio.

Las alas fueron cortadas por miedo afilado

de jerarquías administrativas del dinero.

 

Revolucionarios de pacotilla y fascistas criollos,

engreídos bufones de cortes clientelares

o comedidos machistas dispuestos al feminicidio,

vulgares asesinos de pueblos nativos,

jinetes del apocalipsis, montados en máquinas de muerte,

se unen martirizando a la Madre Tierra llevada al patíbulo,

donde descuartizada y desnuda la naturaleza agoniza,

ante públicos atónitos observando espectaculares

catástrofes desbocadas por el fuego,

prodigio de fabulosas masivas torturas.

 

Héroes anónimos de irradiantes devociones,

jóvenes voluntarios de entregadas vocaciones,

actos heroicos, derroches sin reclamo,

circulación del don y del dar,

corren armados de amor,

fusiles acallados por las flores,

desesperadamente

a salvar a manadas de animales en estampida

a plurales familias de árboles que perecen,

aferrándose a sus patas y sus raíces

que huyen y se hunden en la nada.

Profundidades del planeta amenazado,

para llegar al corazón terrícola

que apresuradamente palpita angustiado.

 

Jinetes del apocalipsis avanzan sembrando hogueras

cuando terminan su lóbrega tarea,

fastuosa piromanía embelesada,

comienza el espectáculo en estridente pantalla ,

donde megalómanos patrones de gobierno,

títeres del lado oscuro de la luna,

se muestran esforzadamente preocupados

ante cámaras y periodistas embobados,

cabalgando sobre cuerpos martirizados

de la naturaleza decapitada.

 

Desde el fondo de complexiones vitales,

memoria ancestral anterior al tiempo,

emerge frenética voluntad de potencia creativa,

serpiente alada, metamorfosis de Tunupa,

para poblar de nuevo la Tierra soñada,

desterrando a los jinetes del apocalipsis

para siempre y para nuca más

repetir la pesadilla abstracta de la valorización

estéril y sin horizontes.   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Máquinas del ecocidio y de la subalternidad

Máquinas del ecocidio y de la subalternidad

Oikologías

Máquinas del ecocidio y de la subalternidad

Raúl Prada Alcoreza

Maquinas del ecocidio

villalpando2 (1)

¿Cómo funcionan las máquinas del ecocido, que son las máquinas del poder, máquinas de guerra y máquinas extractivistas, máquinas de muerte de la geopolítica del sistema-mundo capitalista? Las máquinas de poder funcionan contra las resistencias; las máquinas ecocidas, funcionan contra los ecosistemas, los ciclos vitales, la vida. Las máquinas extractivistas de la economía-mundo capitalista funcionan contra los ciclos planetarios de largos procesos minerales, hidrocarburíferos y de asombrosa cristalización simétrica. Se trata de máquinas de muerte; el sistema-mundo capitalista solo puede desarrollarse inscribiendo y hendiendo sus marcadas huellas ecológicas, es decir, destruyendo los ecosistemas. Su desarrollo, que ideológicamente se legitima, en el imaginario institucionalizado, como desarrollo y crecimiento económicos, no corresponde más que a la realidad apocalíptica de la muerte planetaria, dilata por los ritmos mismos del capitalismo y sus ciclos largos.  

Quizás una ilustración esquemática…

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Máquinas del ecocidio y de la subalternidad

 

Máquinas del ecocidio y de la subalternidad

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Maquinas del ecocidio

 

 

villalpando2 (1)

 

 

 

¿Cómo funcionan las máquinas del ecocido, que son las máquinas del poder, máquinas de guerra y máquinas extractivistas, máquinas de muerte de la geopolítica del sistema-mundo capitalista? Las máquinas de poder funcionan contra las resistencias; las máquinas ecocidas, funcionan contra los ecosistemas, los ciclos vitales, la vida. Las máquinas extractivistas de la economía-mundo capitalista funcionan contra los ciclos planetarios de largos procesos minerales, hidrocarburíferos y de asombrosa cristalización simétrica. Se trata de máquinas de muerte; el sistema-mundo capitalista solo puede desarrollarse inscribiendo y hendiendo sus marcadas huellas ecológicas, es decir, destruyendo los ecosistemas. Su desarrollo, que ideológicamente se legitima, en el imaginario institucionalizado, como desarrollo y crecimiento económicos, no corresponde más que a la realidad apocalíptica de la muerte planetaria, dilatada por los ritmos mismos del capitalismo y sus ciclos largos.  

Quizás una ilustración esquemática ayude a representar este desarrollo del capitalismo. Primero, se prepara el terreno, en palabras teóricas, se conforman las condiciones de posibilidad económicas para la construcción del modo de producción capitalista. Esto es, se cosifican las relaciones sociales, se convierten a los bienes comunes en cosas, después en mercancías; paralelamente, se erige la ideología, es decir, la fabulosa máquina de fetichización generalizada. Una vez conformadas las condiciones de posibilidad económicas, a través de los procesos inherentes a la economía política generalizada, por lo tanto, a la economía política restringida a los límites de lo que el discurso moderno llama economía, la “ciencia de la producción, distribución y el consumo”, en términos más restringidos, la “ciencia del mercado”, se edifica la logística y la infraestructura de lo que el discurso marxista ha denominado el modo de producción capitalista. Siguiendo con la metáfora estructural, después o, mas bien, en el transcurso, se erige la arquitectura del modo de producción capitalista. Y en el mismo transcurso, paralelamente, se conforma lo que el mismo discurso marxista denomina superestructura jurídico-política.  

Cuando el modo de producción capitalista se consolida, sobre todo mundialmente, pues así funciona, en todo el orbe tomado por la economía política generalizada, ya parte de los ecosistemas han sido desmantelados; empero, todavía el planeta conserva sus apariencias “naturales”, mejor dicho, ecológicas, a pesar de las redes de nichos ecológicos demográficos de las sociedades humanas, la red comunicacional, sobre todo física, las redes de transportes marítimos, terrestres y aéreos. Sin embargo, es en la etapa tardía, cuando el modo de producción capitalista generalizado, que ha desterrado a los otros modos de producción, cuando este modo de producción de la valorización abstracta avanza demoledoramente, de manera desmesurada, desequilibrando al máximo los ecosistemas y los ciclos vitales, convirtiéndose en una verdadera amenaza para las sociedades humanas y las formas de vida en el planeta. La constatación de lo que decimos aparece en los alcances que ha tomado lo que se llama eufemísticamente “cambio climático”, alcances que se aproximan a los umbrales mismos de lo que figurativamente nombramos apocalipsis, apocalipsis planetario y de crepúsculo de la civilización moderna, que se clausura, empero, pretende llevarse a las formas de vida del planeta, en su propio desaparecer. 

Para lo que nos compete y nos preocupa, en este ensayo, nos focalizamos en lo que pasa en la Amazonia y la extensión complementaria del Chaco del sudeste de Sud América.  Por eso pasaremos a una descripción publicada, que pueda, ahora, ilustrarnos empíricamente sobre lo que pasa. Se trata de una denuncia y relato de lo que sucedió antes y durante la propagación de los incendios en la Amazonia brasilera.

 

Contratación de operadores de motosierra y motoqueros, creación de pistas de aterrizaje clandestinas y mucho más. Los hechos escandalosos que reveló la revista brasileña Globo Rural ocurridos el “Día del Fuego” en la Amazonia. Así pasará a la historia el tristemente célebre 10 de agosto de este año, cuando comenzó un suerte de incendio simultáneos encendidos en forma mancomunada por productores rurales de la región norte de Brasil, que consumieron miles de hectáreas del “pulmón del mundo”. Según la revista, la organización del “Día del Fuego” empezó en el grupo de Whatsapp “Jornal A Voz da Verdade” (Diario La Voz de la Verdad). El grupo fue creado por João Vgas el 17 de agosto de 2016 y tiene 246 participantes, entre productores rurales, expropiadores de tierras y comerciantes del municipio Novo Progreso, en la provincia de Pará. De ellos, 70 aprobaron los planes del “Día del Fuego”, y entonces crearon el grupo “Sertão” – referencia al nombre del establecimiento de Ricardo de Nadai, creador de este segundo grupo. Hasta el final de los preparativos, el grupo llegó a tener 80 participantes. El objetivo principal del grupo era incendiar matas y tierras estatales, y hacer avanzar el fuego hacia la Floresta Nacional Jamanxim, una reserva de 1,3 millones de hectáreas. Su objetivo era alcanzar la Tierra del Medio, escenario de los mayores conflictos de tierras en Brasil. La revista Globo Rural relevó que al menos cuatro miembros de ese grupo ya fueron presos por crímenes ambientales. Antes de provocar el fuego, varias áreas fueron previamente desmatadas. Globo Rural entrevistó a un operador de motosierra que afirmó que “nadie se quedó sin tarea”. Personas fueron traídas de otras regiones de la Amazonia e incluso del Nordeste para realizar la acción ilegal. El procedimiento de este tipo de acción criminal es primero desmotar y después quemar. Esta acción predatoria de la naturaleza contó incluso con pistas de aterrizaje clandestinas para desembarcar gente para la destrucción de la floresta. El 10 de agosto, motoqueros contratados por el grupo atizaron el fuego en los márgenes de la ruta BR-163. Todavía no se sabe si este grupo puede haberse organizado con otros grupos. Sin embargo, todos vieron el resultado: una nube de humo que cubrió el país, y hasta pudo ser vista desde satélites. La misma nube que cubrió San Pablo e hizo atardecer a las tres de la tarde.

El 7 de agosto, tres días antes de esas quemas, el fiscal local Gustavo de Queiroz Zenaide avisó lo que estaba por ocurrir al gerente ejecutivo del Instituto brasileño del medio ambiente (Ibama) de la localidad de Santarém, Roberto Fernandes Abreu, a través de un oficio. Este aviso vino a través de un documento oficial protocolado por el Ibama de Santarém el 8 de agosto. En él Gustavo escribe: “productores rurales planifican realizar una quema en la región del municipio de Novo Progresso el 10 de agosto de 2019 como forma de manifestación”. A pesar de todo esto, durante todo el período, el gobierno de Bolsonaro intentó negar la existencia de las quemas, siendo luego desmentido por las nubes de partículas y hollín que cerraron los cielos de San Pablo. La política de Bolsonaro de deslegitimar los datos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE por sus siglas en portugués), o intervenir el Instituto Brasileño de Medio Ambiente (Ibama), no solo encubre sino defiende los intereses de estancieros, apropiadores de tierra y latifundistas. Él y sus ministros, defensores de que el calentamiento global no existe, en el fondo, por su verborragia irracional, tiene un programa bien claro y extremadamente comprensible por cualquier persona racional: transformar todas las riquezas nacionales en ganancia capitalista, tirar a la basura el futuro del país, el futuro de la juventud, atacar a los pueblos indígenas, fortalecer los asesinatos en el campo, la persecución a los Sin Tierra y terminal con los derechos de los trabajadores.

La transformación de esa realidad pasa por un cambio radical de la sociedad en que vivimos. No hay conciliación histórica posible entre una producción volteada hacia la ganancia – cuya dinámica inexorable es la acumulación capitalista – y cualquier cosa parecida a la utilización racional y ambientalmente correcta de los recursos. Solo la organización de una sociedad emancipada de las garras del capital, y por lo tanto con base en los productores libremente asociados podrá superar la explotación predatoria de la naturaleza, la crisis ambiental y la miseria social a la que estamos sometidos[1].

 

La descripción no podría ser más elocuente, teniendo en cuenta los detalles mismos de la organización de la destrucción de los bosques amazónicos. La incumbencia y complicidad operativa del gobierno de Jair Bolsonaro se hace patente en el comportamiento político del ejecutivo, pero también en la modorra de los órganos de poder del Estado. La única que reacciona ante las atrocidades del ecocidio es la sociedad brasilera, el pueblo brasilero y los pueblos indígenas amazónicos, además de los institutos de investigación científica. En contraste, se evidencia con mayúsculo descaro el cinismo grotesco de un gobierno sin horizontes, además de los estratos más conservadores y recalcitrantes de la estructura social brasilera. Se hace patente el despropósito de destruir para obtener las ganancias anheladas por estos estratos de una burguesía sin escrúpulos, que apuestan al goce inmediato, goce banal, por cierto, de la obtención de ganancias y hasta de super-ganancias, a costa de la desaparición misma de los ecosistemas, las formas de vida, los ciclos vitales integrados del planeta. 

Estamos, como dijimos antes, ante los síntomas mismos no solo del apocalipsis, sino también ante el desborde descomunal de la decadencia. De la decadencia generalizada en todos sus niveles y planos de intensidad; el institucional, sobre todo, estatal, el relativo al funcionamiento de la economía-mundo, en plena dominancia del capitalismo financiero y especulativo; el de los campos sociales, manifestado en la asombrosa descohesión social, entre sus síntomas, el desprecio a la vida. La decadencia del sistema-mundo cultural de la banalización generalizada; el derrumbe ético y moral. Además, se evidencia lo que podemos nombrar mediocridad generalizada, sobre todo en los perfiles de los personajes de las castas políticas gobernantes.

El problema no solo es que se ha llegado a grados demasiado intensos de la crisis múltiple social, política, cultural y económica, sino que los efectos irradiantes parecen irreversibles. La muerte de las especies y de los seres orgánicos, la muerte de los ecosistemas, la muerte misma de la humanidad de la humanidad, de las sociedades humanas, aunque en una tortuosa dilatación; la muerte de los horizontes, que se pliegan hacia adentro, hacia un centro abismal, que aparece como agujero negro; muertes que patentizan lo irreversible de estas fatalidades, de estas tragedias, de este vaciamiento de la potencia creativa de la vida.  

Ahora bien, lo que pasa en la geografía política de Bolivia no es distinto de lo que pasa en Brasil, salvo las singularidades del acaecer particular en las formaciones sociales diferenciales. Que Evo Morales exprese el perfil simbólico de la convocatoria del mito, encarnada en la simbolización del poder convocante del caudillo, y Jair Bolsonaro exprese el perfil deslucido y gris de un  anacrónico fascista criollo, hace solo a la diferencia de las formas de presentación de lo mismo, del desenvolvimiento demoledor de la geopolítica del sistema mundo capitalista en la extensión diferencial de las periferias y de su evolución, en algunos casos, a lo que se denomina, por la burocracia mundial, “potencias emergentes”. Ambos presidentes, uno, de un país anclado en el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, el otro, de un país que se vanagloria, en sus estratos elitistas, de ser “potencia emergente”, son los dispositivos simbólicos, en el teatro político, del demoledor desarrollo capitalista, en la modernidad tardía, cuando domina el mundialmente capitalismo financiero y especulativo.

Otra descripción, esta vez de lo que acaece en Bolivia, es ilustrativa empíricamente de la destrucción ecológica para dar lugar al desarrollo desigual capitalista en la geopolítica del sistema-mundo moderno. La descripción publicada parte de las metas propuestas por la forma de gubernamentalidad clientelar del “gobierno progresista”. Para seguir con las consecuencias desastrosas de la persecución anodina de estas metas, por personajes políticos gobernantes, que, a pesar de que se reclamen “progresistas” y hasta “socialistas del siglo XXI”, es más, partidarios del “socialismo comunitario”, son, efectivamente, operadores de las estructuras de poder dominantes en el orden mundial, el imperio, y agentes encubiertos de las empresas trasnacionales extractivistas.

 

El Gobierno plantea llegar a 13 millones de hectáreas cultivadas en 2025, cuando el Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras advertía, en 2012, señaló que las áreas agrícolas disponibles en el país serían de sólo 8,9 millones de hectáreas. La observación pertenece al investigador del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), Enrique Ormachea, quien observa que la medida beneficiará a los agroindustriales y que el engrosamiento de la frontera agrícola implica destruir terrenos de vocación forestal. “El estudio Compendio Agropecuario 2012, publicado por el Ministerio, señala que el total agrícola disponible (es decir la sumatoria de la superficie cultivada, barbecho, descanso y tierras con potencial agrícola) alcanza a 8,9 millones de hectáreas, es decir, sólo el 8,1 por ciento del territorio nacional”, señala Ormachea. El investigador, con base en el estudio del Ministerio, añade que si a estos 8,9 millones se restan las tierras que ya están siendo cultivadas y aquellas en barbecho o descanso, las tierras con potencial agrícola se reducen a la mitad, es decir a 4,5 millones. Ormachea resalta que en la medida en que la política gubernamental acordada con los agroindustriales está destinada a la producción de biocombustibles, es decir a potenciar los cultivos de caña de azúcar y soya, las tierras con potencial agrícola en Santa Cruz, Beni y Pando alcanzan a sólo 2 millones de hectáreas. “Como se puede inferir, una ampliación de la frontera agrícola a 13 millones de hectáreas supone sobrepasar ampliamente estos límites, por lo que el incremento de la frontera agrícola se expandirá a áreas de clara vocación forestal del uso del suelo, que incluyen los territorios indígenas, seguramente con resultados productivos de muy corto plazo, pero no sustentables a futuro; lo que ocurre hoy en la Chiquitanía expresa esta obsesión gubernamental”.

 

Ormachea señala que Bolivia se sitúa entre los países con menores rendimientos agrícolas de la región y con distancias abismales con relación a la productividad alcanzada por los países desarrollados. En el período comprendido entre 2005/2006 y 2016/2017, es decir durante el “proceso de cambio”, los rendimientos promedio anuales apenas sufrieron un muy ligero incremento de 4,76 toneladas métricas por hectárea a 4,96. Se requieren, por tanto, políticas públicas orientadas a mejorar sustancialmente la productividad”. El investigador plantea que, considerando la propuesta gubernamental de lograr 13 millones de hectáreas para producir 45 millones de toneladas métricas hacia 2025, en realidad se retrocede en productividad, pues se alcanzaría un rendimiento de sólo 3,46 toneladas métricas por hectárea. “Gran regalo del MAS para celebrar el bicentenario de Bolivia, a costa, obviamente, de sus bosques y su biodiversidad”.

 

El estudio cuantifica 90 mil kilómetros cuadrados como la totalidad de superficie agrícola disponible. Unos 27.500 kilómetros cuadrados corresponden a la superficie cultivada. Hay otros 45 mil kilómetros cuadrados con potencialidad agrícola. La mayoría está en Santa Cruz, con 15 mil kilómetros cuadrados. Pando tiene 6 mil. Algo más de 9.500 kilómetros están reservados como zonas de descanso[2].

 

Otra descripción empírica también ayuda ilustrativamente a comprender los alcances de la fenomenología apocalíptica de la destrucción capitalista, sobre todo, en una de las periferias de la geopolítica del sistema-mundo moderno. Se enfoca la trágica situación en el Chaco húmedo boliviano, sobre todo en la geografía administrativa denominada Chiquitana. 

 

El incendio de magnitudes en la Chiquitanía ha destapado el tema de la distribución de tierras en el oriente boliviano. El Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) ha negado que se haya dado permisos de asentamientos en las zonas del siniestro, pero las resoluciones emitidas desde marzo contradicen a esa repartición del Gobierno central. Entre el 11 y el 17 de marzo, el INRA entregó resoluciones de aprobación de asentamientos a las llamadas “comunidades interculturales”, sectores sociales de colonizadores, movimientos sin tierra y gremios sindicalizados aliados al régimen de Evo Morales, que desde 2006 se vienen organizando para lograr tierras en los valles, oriente y Amazonía del país. Las resoluciones beneficiaron a grupos como la Comunidad Intercultural agroecológica Marcelo Quiroga Santa Cruz adjudicada con 650 hectáreas de tierra y la Comunidad Agropecuaria Intercultural El Quebracho con 1.350 ha, ambas en San Miguel de Velasco; la Comunidad Intercultural Alborada logró 1.551 ha en San Ignacio; los interculturales Pampa Grande con 1.350 ha en San Rafael. Posteriormente, en marzo, el INRA volvió a dotar de tierras fiscales a estas comunidades colonizadoras, aprobando la entrega de 26.157 ha para la Federación de Interculturales de Santa Cruz, a fin de consolidar los asentamientos en las provincias Chiquitos, Cordillera, Ñuflo de Chávez y Velasco de Santa Cruz. Otro documento muestra la lista de 26 comunidades afiliadas a la Central Única de Campesinos de Santa Cruz, que se beneficiaron con resoluciones de asentamientos por más de 60 mil hectáreas a un promedio de 1.500 ha por comunidad, en un proceso que abarcó desde febrero a abril de este año.

 

El director nacional del INRA, Roberto Polo, había negado que esa entidad hubiera aprobado los asentamientos en las zonas en las que se produjo el incendio que hasta la fecha no ha podido ser sofocado, aunque la magnitud y cantidad de focos de calor redujeron, supuestamente, un 80 por ciento, quedando 142 puntos reportados. “Nosotros desmentimos categóricamente a la población en general que los focos de calor hubieron sido a raíz de los asentamientos. Reitero, no tenemos asentamientos desde el 2018 y en la actualidad no se están haciendo asentamientos”. Sin embargo, el documento de aprobación de asentamientos para la Central Única de Campesinos de Santa Cruz incluye al municipio de Roboré, donde se presume comenzó el siniestro que hasta hoy ha provocado la pérdida de 1,1 millón de hectáreas y mantiene 30 incendios activos en la zona de la Chiquitanía. Entre Pailón, Roboré y San José de Chiquitos figuran nueve comunidades beneficiadas con terrenos para la expansión de la frontera agrícola. En Roboré, específicamente, se encuentran la Comunidad Campesina Agroforestal Aguas Claras y la Comunidad Tupac Amaru, esta última cercana a Tucavaca, donde a fines de 2018 hubo resistencia para el ingreso de colonizadores a la zona por existir ahí una reserva natural. Mientras desde el régimen de Evo Morales se rechaza el tema de asentamientos, los activistas y cívicos cruceños, desplazados en la Chiquitanía han verificado que existe tala de árboles y apertura de caminos. También se muestran en imágenes carteles de las comunidades interculturales con nombres como “San Lorenzo”, “Miraflores”, hasta “Comunidad Evo Morales”. El director del INRA también anunció dar cumplimiento a la “pausa ecológica” que decretó el mandatario del Estado Plurinacional. “Se ha suspendido absolutamente todo, así como se ha instruido a la Unidad de Catastro a nivel nacional que no se va a permitir la mutación y la transferencia de bienes en el lugar en cuanto no se tenga todo este desastre controlado”.

 

Para el director de la Fundación Tierra, Gonzalo Colque, las tierras afectadas por el incendio son precisamente aquellas que el INRA repartió desde 2018, pues el 70 por ciento de las hectáreas quemadas son tierras fiscales y de empresas agropecuarias. Colque, en palabras al matutino Los Tiempos, confirmó que los incendios afectan a los municipios de San José de Chiquitos, San Rafael, San Ignacio de Velasco, San Matías, Roboré y Puerto Suárez. La Fundación Tierra calcula que existen más de mil comunidades asentadas en la Chiquitanía, desde el inicio del “proceso de cambio” en 2006, con políticas gubernamentales que promovieron además los “perdonazos” a las quemas y desmontes ilegales. El investigador y abogado del Centro de Estudios Jurídicos e Investigación Social (CEJIS), Leonardo Tamburini, publicó en su cuenta de Facebook, las diez normativas elaboradas durante la última gestión de Evo Morales, para ampliar la frontera agrícola en deterioro de las tierras, reservas naturales y territorios indígenas. Tamburini llama “paquetazo” a estas leyes y decretos, fruto del consenso entre el MAS y el empresariado de Santa Cruz y Beni, que van desde la Ley 337 de 2013, que estableció el “perdonazo” a los desmontes ilegales desarrollados entre 1996 a 2011, hasta el polémico Decreto Supremo 3973 de julio de 2019, que amplió el desmonte de bosques y la quema controlada en tierras comunitarias en ambos departamentos. “Se debe cambiar el modelo productivo agroextractivista, que supone la liquidación de los bosques nacionales”. La distribución de tierras del régimen de Evo Morales coincide con el informe de la Fundación Tierra de 2011, que identificó zonas de expansión agrícola y ganadera en Santa Cruz, que tenía importante presencia de empresas de Brasil. La Chiquitanía, en un mapa elaborado por esa organización, se encuentra justo en la zona que va desde San Miguel a Puerto Suárez, con esta región amazónica en medio, caracterizada como “área de expansión agrícola”.

 

En marzo, cuando el entonces director del INRA y actual viceministro de Tierras, Juan Carlos León, entregaba la resolución de asentamientos a la Federación de Interculturales de Santa Cruz, que incluyó parte de la provincia Chiquitos, conminaba a los colonizadores a apresurar la instalación de cultivos. “De estas 26.000 hectáreas, quisiéramos que para el siguiente año estén cultivadas 6.000 hectáreas. Sabemos que se requiere capital para producir, es importante que ustedes produzcan para aportar a la Seguridad Alimentaria del país”. El 9 de julio el consejo de ministros aprobó el Decreto Supremo 3973 dictado por el mandatario Evo Morales, con el que se amplió la acción de desmonte de tierras a las llamadas “tierras comunitarias”, es decir, aquellas que el INRA ya había aprobado para la acción de los interculturales meses antes. El anterior decreto 26075 de 2001, que fue modificado con esta norma presentada en la sede de la Federación de Ganaderos de Beni, solo aprobaba el desmonte en tierras privadas y según reglamentos departamentales. El D.S. 3973 agregó la figura de “tierras comunitarias” y también incluyó a Beni en los permisos de “quemas controladas” o “chaqueos”, que ya se daban en Santa Cruz. Con el siniestro de la Chiquitanía, el Gobierno quedó marcado como “ecocida” y “biocida”. Sin embargo, las posiciones ambientalistas quedan cortas con un tema que hace a la redistribución de las tierras de oriente y amazonía en favor de los sectores corporativos que son la base social del régimen socialista populista de Evo Morales. Datos últimos de la Fundación para la Conservación del Bosque Chiquitano hablan de 40 millones de árboles con valor comercial perdidos por el siniestro, que tendrían un valor de mercado de 1.140 millones de dólares en este bosque seco, además de alertar sobre 1.200 especies de fauna afectada entre 43 ejemplares de anfibios, 140 reptiles, 788 aves y 242 mamíferos[3].

 

 

Lo sugerente de estas descripciones empíricas es que nos muestran las correlaciones y vinculaciones entre dispositivos jurídicos y políticos con los desplazamientos de la destrucción ecológica. Por otra parte, es importante anotar, que proporcionalmente, la magnitud de la destrucción de la Amazonia es relativamente mayor en Bolivia que en Brasil. El aditamento, un tanto distinto a lo que ocurre en Brasil, es que el gobierno boliviano se presenta como “defensor de la Madre Tierra”, aunque, ciertamente, desde el conflicto del TIPNIS y la evidencia de la Cumbre de Naciones Unidas de Cancún se ha caído la careta; en cambio, el gobierno fascista criollo brasilero se presenta descarnadamente tal como es, incluso en sus propios discursos desnudos y provocadores. Empero, este contraste complementario nos muestras que es inocuo tratar de diferenciar a los gobiernos por la forma ideológica con la que se presentan, pues, al margen de que esto tenga efectos en la convocatoria discursiva a los pueblos, se trata de dispositivos discursivos diferenciales al servicio de lo mismo, el funcionamiento de la geopolítica del sistema-mundo capitalista, en su etapa tardía y de dominancia del capitalismo financiero y especulativo.

En Bolivia, se ha tratado de presentar los incendios como un accidente, en el mejor de los casos, como un descontrol del chaqueo, que estaba normado como “quema controlada”, en el peor de los casos, en su forma grotescamente manipuladora, como una extensión casual de los incendios dados en el Brasil y en Paraguay. Sin embargo, esta versión oficialista cae por su propio peso, pues no puede ocultar ni las políticas extractivistas del gobierno, tampoco sus dispositivos jurídicos, leyes, normas, reglamentos, que alientan la ampliación de la frontera agrícola, incluso avanzando en áreas de vocación forestal. Por otra parte, no pueden ocultar lo que efectivamente ha ocurrido, la entrega de tierras a “comunidades” de colonizadores, mal llamados “interculturales”, además de las concesiones dadivosas a la burguesía agroindustrial de la soya y también, en su desenvolvimiento, del añorado biocombustible, acompañado por la promoción de los transgénicos.

En otras palabras, observando lo que ocurre en Sud América, en la álgida coyuntura de crisis ecológica del presente, lo que acaece en la Amazonia, tanto brasilera como boliviana, así como en la Amazonia peruana, además de lo que acaece en el Chaco paraguayo, corresponde a los costos de muerte ecológica del desarrollo del capitalismo en su etapa tardía, es decir, financiara, especulativa y desbordadamente extractivista. Que se den perfiles de gobierno distintos, en rostros diferentes de presidentes, no sugiere otra cosa que el desenvolvimiento destructivo del capitalismo puede darse en distintas versiones políticas.

 

 

 

Conclusiones

  1. Las máquinas ecocidas, que son las máquinas capitalistas, además, en su contexto mayor, máquinas de poder, despliegan, en plena modernidad tardía, cuando se combinan barrocamente, una vinculación perversa de tecnologías de última generación con la destrucción atroz de las formas de vida en el planeta, son máquinas de guerra sofisticadas de la civilización moderna contra la vida.
  1. El funcionamiento de estas máquinas corresponde a la heurística depredadora del sistema-mudo capitalista, sobre todo, en la etapa de la dominancia del capitalismo financiero, especulativo y demoledoramente extractivista.
  1. La crisis ecológica es planetaria, no está focalizada en algunas regiones o espacios cardinales del planeta. La diferencia radica en que, desde la perspectiva de la geopolítica sistema-mundo capitalista, las regiones de las periferias tiene que pagar, fuera del desarrollo desigual y combinado y la desigualdad diferencial de los términos de intercambio, además de la proletarización generalizada de sus poblaciones, con la destrucción sistemática e irreparable de sus bosques y de sus suelos.
  1. En Brasil, el proceso de la destrucción ecológica, que, obviamente comenzó antes, y comprometió a los “gobiernos progresistas” del PT, ha cobrado una desmesura descomunal en el gobierno de Jair Bolsonaro. En Bolivia, en la tercera gestión de los gobiernos de Evo Morales Ayma, también denominado “progresista”, la desmesura descomunal de la destrucción ecológica cobra apocalípticamente magnitudes escalofriantes.
  1. La alianza de los gobiernos del PT fue desplazándose, paulatinamente, con los distintos estratos de la burguesía, primero con la burguesía industrial, lo que es comprensible, después, con los estratos burgueses mas bien especulativos. El gobierno de Jair Bordonero, a pesar del perfil desnudamente fascista criollo, puede leerse como continuidad de lo que se venía proyectando, a pesar de la diferencia en las políticas sociales, de salud y del trabajo. En otras palabras, las gestiones corrosivas de los últimos gobiernos del PT cavaron la sepultura del proyecto “progresista”. En circunstancias catastróficas de crisis múltiple del Estado, en el contexto coyuntural del derrumbe ético y moral del proyecto progresista, emerge, casualmente, un personaje altamente anacrónico, de los estratos de la lumpen-burguesía, aliada, por cierto, a los estratos recalcitrantemente conservadores de la oligarquía “café con leche”.
  1. La alianza del gobierno de Evo Morales con los estratos más conservadores de la burguesía boliviana, sobre todo con los estratos más depredadores, patentiza no solamente el decurso de la genealogía del poder del “gobierno progresista”, sino la fatalidad ineludible del circulo vicioso del poder y del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente.

[1] Leer Escándalo: cómo se organizaron las criminales quemas en la Amazonia.  https://www.laizquierdadiario.com/Escandalo-como-se-organizaron-las-criminales-quemas-en-la-Amazonia?utm_content=buffer38388&utm_medium=social&utm_source=facebook.com&utm_campaign=buffer&fbclid=IwAR2nNkuHaKiRbqsmn7Y_VVznyCfjcGQ0SzIaWHx7iDW9lv6YJLDlj6_uOtk.

 

[2] Leer Cedla: Gobierno pasa por alto sus cifras para la frontera agrícola. https://www.lostiempos.com/actualidad/economia/20190903/cedla-gobierno-pasa-alto-sus-cifras-frontera-agricola.

 

[3] Leer Siniestro de la Chiquitanía destapa masiva distribución de tierras del oriente para interculturales. http://www.visorbolivia.com/noticia/5656.