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Raúl Prada Alcoreza Escritor crítico y activista ácrata, docente-investigador, coordinador de PLURIVERSIDAD OIKOLOGIAS. Demógrafo. Miembro de Comuna, colectivo vinculado a los movimientos sociales antisistémicos y a los movimientos descolonizadores de las naciones y pueblos indígenas. Ex-constituyente y ex-viceministro de planificación estratégica. Ex-asesor de las organizaciones indígenas del CONAMAQ y del CIDOB. Libros publicados en amazon: Amazon: "libros de raúl prada alcoreza" www.amazon.es/s/ref=nb_sb_ss_i_1_29?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&url=search-alias%3Daps&field-keywords=libros+de+ra%C3%BAl+prada+alcoreza&sprefix=Libros+de+Ra%C3%BAl+Prada+Alcoreza%2Caps%2C356&crid=23BVCVRZBIZAO.

Los síntomas del Apocalipsis  

Los síntomas del Apocalipsis  

Oikologías

Los síntomas del Apocalipsis

 

Raúl Prada Alcoreza

Apocalipsis

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El Apocalipsis de San Juan, conocido como el libro de las Revelaciones, último texto del Nuevo Testamento de la Biblia cristiana, también conocido como Revelaciones de Jesucristo, se ha convertido en una de las metáforas más usadas para expresar la premonición del cataclismo o de la catástrofe planetaria. El Apocalipsis es considerado como escritura del Nuevo Testamento de carácter elocuentemente profético. Hemos usado en varios ensayos esta metáfora para configurar la crisis de la civilización moderna y del sistema-mundo capitalista.

En la actualidad o el presente álgido que vivimos, el relativo a la crisis ecológica, el Apocalipsis está presente, es el ahora de la crisis múltiple, civilizatoria, social, política, económica y ecológica. Entre los múltiples síntomas de este catastrófico acaecer, los incendios en la Amazonia y en el Chaco evidencian esta descripción e interpretación. Los informes científicos dan evidencia de la gravedad de la situación.

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Los síntomas del Apocalipsis  

Los síntomas del Apocalipsis

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Apocalipsis

 

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El Apocalipsis de San Juan, conocido como el libro de las Revelaciones, último texto del Nuevo Testamento de la Biblia cristiana, también conocido como Revelaciones de Jesucristo, se ha convertido en una de las metáforas más usadas para expresar la premonición del cataclismo o de la catástrofe planetaria. El Apocalipsis es considerado como escritura del Nuevo Testamento de carácter elocuentemente profético. Hemos usado en varios ensayos esta metáfora para configurar la crisis de la civilización moderna y del sistema-mundo capitalista.

En la actualidad o el presente álgido que vivimos, el relativo a la crisis ecológica, el Apocalipsis está presente, es el ahora de la crisis múltiple, civilizatoria, social, política, económica y ecológica. Entre los múltiples síntomas de este catastrófico acaecer, los incendios en la Amazonia y en el Chaco evidencian esta descripción e interpretación. Los informes científicos dan evidencia de la gravedad de la situación.

El Instituto Nacional de Investigación Espacial (INPE) de Brasil ha detectado más de 76.620 focos en lo que va de año, casi el doble que en el mismo periodo de 2018 (41.400), pero una cifra no tan alejada de los 70.625 registrados en 2016. El presidente francés, Emmanuel Macron, dijo literalmente que  “nuestra casa está en llamas. La selva amazónica – los pulmones que producen el 20% del oxígeno de nuestro planeta – está en llamas. Es una crisis internacional”. En cambio algunos expertos consultados son cautos al respecto, dicen que “lo que muestran nuestros datos es que hubo una intensidad diaria de incendios por encima de la media en algunas partes de la Amazonia, durante las dos primeras semanas de agosto”. Mark Parrington, de Copérnico, el programa europeo de observación de la Tierra anota: “Pero, en general, las emisiones totales, de CO2 generado por los incendios, estimadas para agosto han estado dentro de los límites normales: más altas que en los últimos seis o siete años, pero más bajas que a principios de la década de 2000”. El Instituto Nacional de Investigación Espacial (INPE) de Brasil ha detectado más de 76.620 focos en lo que va de año, casi el doble que en el mismo periodo de 2018, cuando fueron 41.400 focos, sin embargo, una cifra no tan alejada de los 70.625 registrados en 2016. Alberto Setzer, investigador del INPE, explica que “el número de incendios ha aumentado con respecto a los últimos años y está cerca del promedio a largo plazo”. Asimismo la NASA también es cautelosa: “No es inusual ver incendios en Brasil en esta época del año, debido a las altas temperaturas y a la baja humedad. El tiempo dirá si este año es un récord o simplemente está dentro de los límites normales”. La NASA recuerda que los incendios en la cuenca amazónica son rarísimos el resto del año, pero su número aumenta a partir de julio, durante la estación seca, cuando muchas personas utilizan el fuego para mantener sus cultivos o para despejar la tierra para pastos u otros fines. Los incendios suelen alcanzar su pico en septiembre y desaparecen en noviembre. “Es cierto que el bosque amazónico sufre incendios regularmente, pero de ninguna manera esto significa que sea normal. La Amazonia no evolucionó con incendios frecuentes. La bióloga brasileña Manoela Machado advierte que los fuegos recurrentes no son un elemento natural en la dinámica de la selva tropical, como sí lo son en otros entornos, como El Cerrado – una región de sabana ubicada principalmente en Brasil -”. Machado, investigadora de la Universidad de Sheffield, Reino Unido, que estudia los impactos de las actividades humanas en las selvas tropicales, es explícita cuando dice que “la Amazonia arde durante las sequías, pero no por las sequías. Se quema porque hay una demanda de pastos y tierras de cultivo, y el Gobierno actual, presidido por Jair Bolsonaro, no solo no incluye el desarrollo sostenible en sus planes, sino que alienta la deforestación y restringe las acciones sistémicas contra ella”. El ecólogo David Edwards, jefe del mismo laboratorio de la Universidad de Sheffield, opina al respecto: “Creo que este año, hasta ahora, es normal en promedio, aunque la gravedad de los incendios varía por regiones. La diferencia es que este año los medios de comunicación se han hecho eco de la quema de la Amazonia, lo cual es genial”. El investigador David Edawards recuerda que los incendios en la cuenca amazónica son especialmente graves cuando ocurre El Niño, un fenómeno meteorológico natural y cíclico, vinculado a un incremento de las temperaturas en la parte oriental del Pacífico tropical. Los 70.625 focos registrados en 2016 coincidieron con un evento de El Niño potente. Este año, sin embargo, el fenómeno es débil y, pese a ello, se han detectado más incendios. De acuerdo a los cálculos de la Universidad del Estado de Oregon (EE UU), La selva amazónica alberga el 10% de todas las especies conocidas de animales y plantas y almacena 100.000 millones de toneladas de carbono, una cantidad 10 veces superior a la emitida cada año por el uso de combustibles fósiles. Edwards advierte de que es una pescadilla que se muerde la cola. El ecólogo David Edwards apunta que “el problema es que los bosques incendiados pierden carbono a medida que los árboles quemados van muriendo lentamente, lo que provoca un mayor cambio climático y una mayor pérdida de la biodiversidad”. La progresiva ‘sabanización’ de la selva es una amenaza real, según alertó en 2016 un equipo de científicos brasileños, encabezado por el climatólogo Carlos Nobre, de la Academia Nacional de Ciencias de EE UU. El neerlandés Pepijn Veefkind, que dirige el instrumento Tropomi, un sensor a bordo del satélite europeo Sentinel-5P, que es capaz de identificar puntos calientes de gases contaminantes en la atmósfera, dice: “Es cierto que los incendios a gran escala en la región amazónica ocurren todos los años. Aunque las condiciones meteorológicas puedan desempeñar un papel, hay que recalcar que la mayoría de estos focos están provocados por el ser humano”[1].

Si bien, las magnitudes y los indicadores no se distancian demasiado de lo que ocurría antes, lo que queda claro es que hay un incremento en intensidad y en extensión, como una continuidad en crecimiento de lo que en la historia reciente del planeta venía ocurriendo. Pero, lo que es más evidente, es que los incendios se deben más a la mano humana que a la espontaneidad de los ciclos climáticos. Para sostener lo que decíamos al principio, aquello del Apocalipsis en el momento presente, podemos comenzar anotando que el solo incremento de lo que pasó y pasa, en términos de depredación y destrucción ecológica, ya es un dato alarmante, que nos autoriza hablar de la metáfora trágica y dramática del Apocalipsis.

Por otra parte, la segunda anotación, que apoya nuestra hipótesis interpretativa, que puede parecer exagerada, es que lo que acontece, en términos de destrucción de bosques y contaminación de cuencas, es decir, de demolición de ecosistemas, es más consecuencia de la mano humana. Esto quiere decir, que el llamado “desarrollo” avanza sembrando hogueras, por así decirlo, recurriendo a una metáfora de la poesía de Federico García Lorca.

El tercer argumento que corrobora de que estamos en el Apocalipsis es que debemos tener en cuenta lo que ocurre en el conjunto ecosistémico del planeta, en el impacto no solo de la desforestación de la Amazonia, sino con la depredación sistemática de ecosistemas en la totalidad misma del planeta. Entonces podremos sostener lo que ya sostienen los informes científicos sobre el “cambio climático” y el “calentamiento global”, esto es, que, si sobrepasamos los 2 grados más de calentamiento, ingresamos literalmente al Apocalipsis.

El cuarto argumento tiene que ver con la descripción de lo que ya acontece en el mundo, los desbordes migratorios, que deberían ser nombrados como climáticos, relativos al llamado eufemísticamente “cambio climático”; la exacerbación de las crisis sociales, acompañadas por las crisis económicas, además de las crisis políticas, con su sucedáneo de crisis ético-morales. Al respecto no se puede ocultar el incremento alarmante del desborde de la decadencia generalizada.

El quinto argumento tiene que ver con la ausencia fatal de horizontes, que no asoman en los límites mismos de la civilización moderna, que llamamos civilización de la muerte. En el estrecho campo de posibilidades del sistema-mundo, en todas sus versiones, tanto liberales o socialistas, tanto neoliberales o populistas, de “derecha” o de “izquierda”, no se encuentra ningún horizonte promisorio, salvo la repetición de lo mismo, en distintas versiones y guiones, el círculo vicioso del poder.

Como conclusión argumentativa, estamos en condiciones de afirmar que nos encontramos en pleno despliegue del Apocalipsis, que, a diferencia, de las interpretaciones evangélicas, no implican necesariamente el fin del mundo y la llegada del mesías, sino la muerte de la vida en el planeta, en el contexto de la civilización moderna. Esta otra interpretación no religiosa, sino histórico-político-cultural-social-civilizatoria, es contundente, en lo que respecta al destino de la humanidad, sino cambia de comportamientos y conductas suicidas, en otras palabras, modernas, consumistas, capitalistas, pero, también, da la alternativa de otro decurso de posibilidades, si es que las sociedades humanas son capaces de reinsertase con los ciclos ecológicos vitales del planeta. 

En Bolivia, el chaqueo es una costumbre arraigada que, a pesar de los daños que ocasiona, así como que es sancionada por ley, no ha podido ser frenado. Al contrario, las recientes decisiones políticas lo han alentado, en lugar de controlarlo. El 9 de julio, el presidente Evo Morales aprobó la modificación del Decreto Supremo 26075, sobre Tierras de Producción Forestal Permanente, para ampliar las áreas de producción del sector ganadero y agroindustrial de los departamentos del Beni y Santa Cruz. La norma autoriza el desmonte para actividades agropecuarias en tierras privadas y comunitarias, que estén concebidas bajo un sistema de manejo integral sustentable de bosques y tierras. Esta modificación también permite la “quema controlada”, de acuerdo con la reglamentación vigente. El mandatario remarcó que “tenemos la tarea y la misión de que Bolivia crezca económicamente, no solo en base a los recursos naturales no renovables sino también en base al tema agropecuario”, resaltó la apertura de importantes mercados para los productos nacionales, como lo que corresponde a la carne. Asimismo, planteó al sector ganadero del Beni construir frigoríficos certificados y modernos en la ciudad de Trinidad, para garantizar la exportación de la carne boliviana a otros continentes.

 

En lo que respecta a la geografía política de Bolivia, las situaciones y condiciones de las tramas y las tragedias ecológicas no son tan distintas, sino que parecen la repetición de determinados parámetros de la destrucción ecológica del planeta. Como patentizando el papel depredador del gobierno el presidente Evo Morales Ayma dijo que: “Tenemos la tarea y misión de que Bolivia crezca también a través del desarrollo agropecuario. Otra responsabilidad con Beni es la construcción de un matadero industrial a través de un acuerdo público y privado. Beni tiene que prepararse para exportar carne directamente a China”.

En un artículo sobre la situación de los incendios en el sudeste de Bolivia se escribe:

Roboré y las comunidades aledañas, que son 33, están en emergencia. Si bien son ocho las comunidades que han sido afectadas directamente por el fuego, ninguna se libra del humo, del calor y por supuesto del temor. Roboré es un municipio del departamento de Santa Cruz que tiene bosque, pero es un bosque seco y hace tres meses que no llueve, lo que ha agravado la situación y ha convertido a la región en material combustible. Una pequeña chispa es suficiente. La normativa actual; los chaqueos indiscriminados y descontrolados; el uso de vegetación local como combustible; y las condiciones climáticas adversas son, según un documento enviado a los medios de comunicación por expertos de entidades técnico-académicas, los factores que provocaron el desastre ambiental en el oriente del país. Al lugar han llegado bomberos desde la Gobernación de Santa Cruz, también la Policía, y han traído cisternas. Pero es complicado acceder al área de los incendios. Todo es bosque, no hay senderos. La gente carga mochilas y bidones con agua para apagar el fuego, mientras las cisternas deben quedarse a la vera del camino. Con todo, el fuego es más rápido y mientras se apaga de un lado se aviva del otro. Se maneja la cifra de que el 50 % del incendio se ha controlado. Es difícil saberlo. El trabajo intenso ha permitido apagar muchos focos, pero no se ha conseguido controlar ni mitigar el resto, que atenúa y se expande a momentos. El temor ahora son los intensos vientos que se pronostican para estos días. La gente está preocupada.

En la ciudad de Roboré, en medio del humo, la espera parece eterna, pero en las comunidades la situación es más grave, pues las familias se proveen del agua que cae de las serranías que rodean la región y que transportan por unas tuberías de goma, como mangueras. Ahora, estas se han quemado y no reciben agua para beber. Además, el agua que les llega está llena de cenizas y se están reportando problemas digestivos, infecciones, tos y conjuntivitis. No hay actividades, y las labores escolares se han suspendido. Las autoridades del lugar piden una declaratoria de emergencia. El Gobierno dice que no es necesario.

El activista Pablo Solón, que fue parte del Gobierno de Evo Morales hasta el 2011, lleva un recuento de las cifras de deforestación. Según sus registros, el 2012 la deforestación en el departamento de Santa Cruz bordeó 100.000 hectáreas, el 91 % era deforestación ilegal. Cinco años más tarde, un tercio de esta pérdida de bosque fue legalizada por el gobierno. En el 2015, de las 240.000 hectáreas deforestadas en Bolivia, 204.000 pertenecían a Santa Cruz. El año 2016 se deforestaron 295.777 hectáreas en el país, según datos oficiales de la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierra (ABT) en Bolivia. Hace unos días, la misma ABT habló de 953.000 hectáreas de bosques quemados en lo que va de 2019. La deforestación es el tema de mayor preocupación en relación con la naturaleza y la biodiversidad en el país. La soya, el modelo del agronegocio, la extensión de cultivos de coca, la ganadería, los biocombustibles, los asentamientos ilegales y el chaqueo son los factores que alientan el gran flagelo a la naturaleza. Los datos de la gráfica de la ABT son de deforestación de bosques, no de áreas quemadas, que siempre son más porque incluye pastizales, matorrales y otros terrenos no boscosos. Pablo Solón sostiene que “si tomamos como año base el 2012, donde se habrían deforestado 128.043 hectáreas, la deforestación de este año sería más de siete veces mayor; y si tomamos solo la deforestación de la Chiquitanía, sería tres veces mayor”. Los expertos y organizaciones ambientales que siguen el incendio calculan que un millón de hectáreas de bosques se han quemado en estos días: un área seis veces más grande que la mancha urbana de la ciudad de La Paz o casi toda la superficie del TIPNIS. La razón es ampliar la frontera agrícola. El etanol y el biodiesel requieren cientos de miles de hectáreas de caña de azúcar y soja, a lo que se suma la exportación de carne a la China, que necesita millones de hectáreas de pastos para el ganado. Por último, hay que añadir las dotaciones de tierra en áreas forestales y los asentamientos ilegales. La región afectada por el incendio reúne cultivos de soya y cría de ganado en grandes proporciones. Pablo Solón dice que “lo que está pasando no es un accidente. El vicepresidente hace cinco años desafiaba a los agroindustriales a ampliar la frontera agrícola en un millón de hectáreas por año. Ahora ha llegado a esa cifra, pero no de tierras agrícolas productivas sino de tierras devastadas por las llamas”. El tema de la deforestación masiva este año por incendios no solo se explica por razones económicas sino político-electorales. En sus primeros años, el MAS se opuso a los biocombustibles, pero en su proyecto continuista pasó a promover el etanol y el biodiesel, argumentando que se ahorrarían muchos recursos en la importación de gasolina y, en alianza con los sectores agroindustriales del oriente del país, presentó a los biocombustibles como energía “verde”. “Hay responsables directos de este desastre ambiental y el primero es el Gobierno que ha aprobado consistentemente en los últimos años leyes de ‘perdonazo’, promoción e impulso de la frontera agrícola.

La ambientalista Cecilia Requena resume: Luego han hecho una cumbre agropecuaria donde se han juntado el gobierno, el sector agroindustrial del oriente y campesinos aliados al MAS. En esa cumbre han decidido aprobar los organismos genéticamente modificados, los agrocombustibles, la expansión de la frontera agrícola, la exportación de carne a China y finalmente este decreto del 9 de julio que permite la deforestación con fines agropecuarios de superficies forestales”.

Alcides Vadillo, director regional de la Fundación Tierra, ONG que se dedica a investigar sobre el acceso, uso y gobernanza de la tierra y el territorio y los recursos naturales en Bolivia, señala que el Gobierno ha estado disponiendo de tierras fiscales que antes eran de uso forestal permanente. Todo lo que antes servía para concesiones forestales las ha devuelto al Estado y las está repartiendo a los colonizadores, creando comunidades falsas de personas que en realidad habitan en la ciudad. Dice que “hay mucho dinero que está en juego”. Según Requena, esto expresa una visión de desarrollo que ya no corresponde al siglo XXI y que se agrava con el cambio climático, la mega-extinción de especies y la pérdida masiva de bosque tropical. Requena dice que “el Gobierno trata de culpar al cambio climático diciendo que esto ocurre en otros países también, efectivamente pero justamente si reconoces la existencia del cambio climático no contribuyes a él alentando las quemas”. “Este daño es irreversible, inconmensurable. No tenemos idea de la dimensión de las consecuencias, pero podemos decir que esperamos que esto sirva, como otras desgracias, para hacer un alto en esta deriva suicida. Necesitamos una visión de desarrollo que valore el bosque en pie, porque además de ser vital para el agua, se puede traducir en una economía que se abra hacia el post extractivismo”. La contaminación en aire, agua y suelos, además de la extinción de especies, son algunas de las principales consecuencias que dejan los incendios. Según los expertos, se necesitarán años de trabajo para “recuperar una parte del bosque que se quemó”.

Cecilia Requena lamento el alcance dramático de los incendios, dice: “No entendemos muy bien lo que perdimos, pero sabemos que es enorme. Debido a la enorme biodiversidad, conocemos apenas una parte de su riqueza, pero esta es inabarcable”. El área que ahora está en cenizas era hogar y lugar de origen, por ejemplo, de la Frailea chiquitana, una planta endémica del lugar. Como esta quedaron calcinadas especies grandes, pequeñas y únicas. “Los daños ambientales son elevados a la máxima potencia. La bióloga Kathrin Barboza dice que: De las especies de flora y fauna que son afectadas, algunas son de reproducción lenta y si estas mueren en grandes cantidades pueden tardar muchos años en recuperarse”. Agregó que como se trata de un bosque de características únicas en el mundo, hay especies que pueden extinguirse o pueden catalogarse como amenazadas.

El Bosque Seco Chiquitano es un complejo de biodiversidad endémico donde también está la Reserva Natural Tucavaca. Allí existen 554 especies distintas de animales, distribuidas en 69 especies de mamíferos, 221 de aves, 54 de reptiles, 50 especies de anfibios y 160 de peces. En Tucavaca hay, además, 35 especies de fauna y más de 55 plantas endémicas que solamente hay en este lugar en todo el mundo. De acuerdo con la investigadora Barboza, todas estas especies, entre plantas y animales, cumplen un rol importante en el equilibrio del bosque. “Por ejemplo, con el tema de la polinización, la dispersión y el control natural de plagas e insectos”. Barboza acotó que una vez que cese el fuego se necesitará una evaluación del daño ambiental. “Desde cuántas hectáreas de bosque han sido dañadas, hasta ver si hay especies que se pueden rescatar”, agregó que además se debe hacer un monitoreo para evaluar cuánto tiempo puede tardar en recuperarse el bosque y el fortalecimiento de las plantas. La ingeniera ambiental, Cecilia Tapia, asegura que el principal daño fue a los suelos, la biomasa boscosa, y la biodiversidad que se albergaba. “Habrá que acudir a estudiar y hacer un inventario del área quemada. Pero entre los impactos de consideración tenemos suelos, aire, aumento de gases de efecto invernadero, y contaminación de agua, además de la pérdida del paisaje que igual es de impacto socioambiental”.

La reforestación de la zona afectada por los incendios en la Chiquitanía demorará unos 200 años, de acuerdo con datos del presidente del Colegio de Ingenieros Forestales de Santa Cruz (CIF-SC), Ever Durán. “El bosque que se ha quemado es duro; en ese sentido, se calcula que necesitará aproximadamente 200 años para restablecerse”. Durán agregó que es imperativo que el Gobierno active el protocolo de declaratoria de desastre nacional por los incendios y recurra a ayuda internacional, no solo para apagar el fuego, sino también para que se refuercen las tareas de reforestación y mitigación de los efectos de los incendios sobre la zona afectada y la salud de los habitantes. Representantes de los colegios profesionales de ingenieros agrónomos, ingenieros forestales y veterinarios del departamento de Santa Cruz exigieron ayer al Gobierno que detenga la ampliación de la frontera agrícola en zonas sin esa vocación. “Exigimos e instamos al Gobierno a pensar que los recursos naturales no son generación de recursos económicos para unos cuantos, sino generación de calidad de vida para todos los bolivianos y esto solo se logrará con un marco sostenible de estos recursos”. En el mismo documento, además, exigen a las autoridades que se derogue la Ley 741, los Planes de Desmonte iguales o menores a 20 hectáreas (PDM-20) y el Decreto Supremo 3973, que legaliza las quemas en los departamentos de Santa Cruz, Beni y Pando sin tomar en cuenta los planes de uso de suelos (PLUS).

El presidente de la Asamblea Departamental de Santa Cruz, Hugo Salmón, pidió que el Instituto Nacional de la Reforma Agraria (INRA) paralice la dotación de tierras y la otorgación de permisos de asentamiento en las zonas protegidas o que no tienen una vocación productiva o agrícola. De acuerdo con el legislador departamental, la información del Sistema de Alerta Temprana Contra Incendios Forestales (SATIF) indica que la mayor cantidad de quemas y chaqueos en el departamento se llevan a cabo en áreas de producción forestal y en áreas de uso silvo-agro-pastoril. “Eso quiere decir que se está chaqueando en zonas que tienen vocaciones completamente diferentes al uso que se les está dando”. La tragedia no puede ser medida, las pérdidas tampoco. Y, mientras tanto, nadie todavía ha puesto sobre la mesa de debate la suspensión de los permisos para “las quemas controladas”[2].

 

Como se puede observar si nos situamos en un enfoque más local, por ejemplo, de una geografía política, correspondiente a un Estado-nación, como Bolivia, la denominada crisis ecológica adquiere perfiles propios y singulares, empero, forma parte de la crisis integral ecológica del planeta, en el momento presente. Lo que nos obliga a evaluar lo que ocurre nacionalmente, lo que ocurre localmente, tomando en cuenta el contexto global de un mundo en crisis múltiple. Pero, también, situándonos en el contexto mundial, mejor dicho, planetario, podemos observar que el acontecer nacional y local no es sino el despliegue de la misma crisis ecológica planetaria, solo que expresada en sus singularidades.

Desde esta perspectiva, no se trata de culpar a personas, que tampoco controlan el decurso de sus propios destinos, por más que se presenten como dignatarios, sino de entender que estos personajes forman parte de tramas desplegados en los tejidos sociales y políticos, donde las estructuras y substratos del poder se hallan en la base de la estructura social, además de en la transversalidad de denominaciones polimorfas persistentes. Estos personajes se ilusionan con manejar el poder, por lo menos el gobierno, sin embargo, no son más que marionetas en una constelación de concurrencias de juegos de poder. Entonces, el problema efectivo no son estos aborrecidos personajes en el imaginario colectivo, sino los entramados de hilos que los mueven. En el caso de Bolivia y Brasil, a pesar de la dicotomía entre los presidentes disímiles, los entramados subyacentes parecen ser los mismos, los relativos al modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, con la diferencia de que Brasil experimenta las revoluciones industriales, tecnológicas-científicas y cibernéticas, y Bolivia se mantiene en el perfil primario exportador. Los entramados histórico-político-culturales tienen que ver con la subordinación y sumisión a la geopolítica del sistema-mundo capitalista, con la diferencia que un país cumple los roles de potencia emergente y el otro de indudable país periférico.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Apocalipsis en Bolivia

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Siguiendo con la metáfora del Apocalipsis, queremos ahondar en el análisis de los síntomas del Apocalipsis a escala nacional. Los síntomas del Apocalipsis ecológico han cobrado magnitudes catastróficas en Bolivia, en un año, 2019, que parece aciago, en comparación con los años anteriores, o la continuidad incrementada del fenómeno depredador de los incendios. Los síntomas de los que hablamos adquieren impacto e incidencia no solamente en lo que respecta a la depredación ecosistémica sino también en lo que respecta a las formas del ejercicio político. En este sentido, los jinetes del Apocalipsis se presentan descomunales, galopando desbocados, encendiendo hogueras en los bosques, pero también desorbitados, incluso desorientados en el desencadenamiento de la catástrofe.

En lo que sigue intentaremos situarnos en la coyuntura caldeada y calcinada por los incendios, en los efectos, no solo ambientales, sino también sociales, económicos, políticos y culturales de la destrucción ecológica de la Amazonia y del Chaco húmedo. Buscando entrever los alcances de la destrucción ecológica, así como los alcances de la degradación política, institucional, ideológica y cultural. Pues el fenómeno de la crisis ecológica es un fenómeno integral o, mejor dicho, se trata de procesos de desintegración articulados y de incidencia en la totalidad, por así decirlo de la realidad efectiva. En lo que respecta a la formación social boliviana, en una coyuntura precisa, la del momento álgido de la catástrofe ecológica, es indispensable interpretar lo que pasa no solamente con los campos de fuerza, no solamente relativos a la sociedad, sino también las fuerzas físicas, territoriales y ecológicas, así como lo que sucede con el Estado-nación, mal llamado Plurinacional, la diseminación de sus estructuras institucionales, lo que sucede con la forma de gubernamentalidad, que hemos llamado clientelar, en un momento de crisis política, de merma en su convocatoria y, por lo tanto, en su recurrencia generalizada a las formas perversas del recurso a la violencia, se presente ésta abiertamente, de manera descarnada, o de manera opaca, hasta latente o, incluso disimulada, por ejemplo, mediática.  

El periodista e historiador Rolando Carvajal dice:

Génesis de la depredación forestal inducida: las quemas para el desmonte son un mal crónico, e irresoluble con el actual enfoque oficial que busca ampliar la frontera agrícola para los agroempresarios. La aparatosa y publicitaria, pero tardía, respuesta oficial ante del desastre en el bosque chiquitano, no oculta que la verdadera razón de la catástrofe natural es la política pública continuadora de un modelo de producción agropecuaria que no ha cambiado en los últimos 30 años; y no tanto por factores como el cambio climático y sus efectos en el calor, la baja humedad, la falta de lluvias y los vientos cambiantes. Al paso que se va ‒ sin afrontar el problema por la vía de la productividad de los suelos y tecnología moderna ‒ y sólo alentando desde el Estado los chaqueos, el Supertanker que comenzó a sofocar el fuego, volverá más pronto de lo que pudiera suponerse. Su anunciada compra, prueba que persistirán los siniestros. “Continuarán los incendios”, dijo el presidente Morales, censurado por la sociedad civil debido a que decretó el modo de deforestación que deja los llanos en llamas y 1,2 millón de tierras devastadas[3]

 

Carvajal hizo un análisis somero de la coyuntura relativa a la catástrofe ecológica, escribió:

Según diversos expertos consultados por Bolpress pese a regir desde 2015 una pausa en su verificativo, la función económica y social (FES) de las tierras, requisito para evitar su reversión al Estado, se ha convertido, junto con la dilatación de la superficie agrícola, en uno de los factores de política pública generadora de los incendios que asolan a las tierras bajas de Bolivia. Forma parte de una política de tierras corrompida que, asimismo, genera un tráfico de éstas destinado a intensificar el mercado de suelos, en un contexto donde el INRA (Instituto de Reforma Agraria) y otras instituciones que gestionan la dotación del recurso tierra, están plagadas de acusaciones sobre negociados y acciones ilegales. Se trata, aseguran, de un inflamable incentivo normativo que induce al desmonte mediante quemas, chaqueos o desbrozado de bosques chaqueños y amazónicos, en procura de ampliar la frontera agrícola, ensanchando las tierras de cultivo, objetivo gubernamental para producir biocombustibles, incluso por la vía de transgénicos y agrotóxicos, con el fin de exportar productos agropecuarios (carne, especialmente), debido la nueva demanda china y del mercado internacional.

La respuesta sorprendente y descolocada del presidente fue: “Si las pequeñas familias, pequeños productores, no chaquean, ¿de qué van a vivir?”. En una especie de primer descargo de su administración, fustigado desde la sociedad civil por reaccionar a destiempo ‒ casi un mes después de que comenzaran las quemas ‒ y no cuando estaban en su punto alto, hace tres semanas, con unos 8.000 focos de calor en la etapa crítica, según informó este martes el Gobierno, de un total de 33.000, en lo que va del año, de acuerdo con el Observatorio de la Autoridad de Bosques y Tierra. La Gobernación de Santa Cruz, reveló hoy que emitió hace un mes la alerta naranja y la alarma roja el 7 de agosto, pidiendo a la ABT se frenen los chaqueos.

Mientras el jefe de Estado apuraba una respuesta tardía a las quemas y el hollín que los vientos no tardan en trasladar desde las tierras bajas  hacia la cordillera de los Andes ‒ acelerando el deshielo de las cumbres nevadas y glaciares, en desmedro de las reservas de agua en Bolivia, como demostraron exposiciones de Juan Carlos Guzmán y otros expertos  (Silvia Molina, 2019) sobre la conmoción de restos  contaminantes y su impacto  en los acuíferos cordilleranos ‒, su gobierno anunció la compra y cotización del Supertanker, que incursiona desde el viernes sobre la superficie en llamas. En un anticipo de las derivaciones de un mal ya crónico con el que cohabitan el Gobierno y la sociedad, como el narcotráfico, el contrabando y otros flagelos en Bolivia, el mandatario sostuvo el domingo que, a futuro, “continuarán los incendios”. Sin embargo, pese a su reticencia inicial, Morales dio visos de activar por fin  la ayuda internacional, aunque su ministro de la Presidencia, sin pruebas fehacientes, acusó a “la derecha opositora” de causar un incendio “deliberado” de pastizales en un punto de la Chiquitanía, mientras, cuando se ingresaba la octava semana de incendios a partir del decreto del 9 de julio, se decidió por una “pausa ecológica” y la prohibición de reventa de tierras, aceptando los 650 mil dólares de ayuda ofrecida por la banca de desarrollo (CAF, BID) y el sistema de Naciones Unidas.

El mandatario y su administración afrontaban, asimismo, hogueras internas que ponían a prueba la fortaleza electoral oficialista, a dos meses de las elecciones, como la declaración del ministro César Cocarico, quien, en contradicción con su jefe, descartó la abrogación de cualquier norma que permita las quemas bajo al argumento de que si no hubiera desmontes, Bolivia podría quedarse sin alimentos; “el agricultor tiene dos caminos, uno ampliar, quemar, chaquear, es lo que siempre se hace, no hay otra tecnología”[4].

Como se puede ver no solamente estamos ante una coyuntura de crisis ecológica, a nivel nacional, sino ante los avatares de una crisis política, que cobra su singularidad, en lo que podemos llamar una suspensión peculiar de la realidad efectiva para embarcarse en los atolladeros de la burbuja ilusoria que conforma la propaganda y la publicidad compulsivas, una burbuja que parece atrapar a los gobernantes. Los gobernantes parecen ver en el espejo de las burbujas lo que su propio imaginario delirante les muestra, que no pasa nada, salvo la eterna conspiración de la “derecha” y del “imperialismo”. Indudablemente, en el contexto de la crisis ecológica, que llaman eufemísticamente “cambio climático” o “calentamiento global”, las políticas económicas del gobierno han atizado el fuego de los incendios en la Amazonia y en el Chaco húmedo, además de los focos aparecido en el Pantanal, incluso en zonas del Chaco seco. Al reducir su enfoque el gobierno al mero conflicto de la concurrencia electoral, se cierra la visibilidad para ver lo que ocurre en cuanto a impacto ambiental, que ha adquirido magnitudes de catástrofe ecológica. Entonces, en vez de coadyuvar a buscar soluciones, por lo menos paliativas, al insistir en una versión insostenible sobre los incendios, se convierte no solamente en parte del problema sino, sobre todo, en un obstáculo a la resolución del problema.

En ensayos anteriores hablamos del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente[5], que continúa el “gobierno progresista”, solo que lo hace bajo el perfil político del discurso neopopulista y el estilo de la forma de gubernamentalidad clientelar, pero, sobre todo, de una manera más intensa y expansiva que antes, cuando los gobiernos neoliberales implementaban, a su manera, el mismo modelo.  Ahora asistimos a desenlaces catastróficos de políticas económicas altamente extractivistas, desforestadoras y compulsivamente inclinadas por la ampliación desmesurada de la frontera agrícola. También en ensayos anteriores hablamos de la decadencia política e ideológica a la que asistimos en la modernidad tardía[6]; ahora, a nivel nacional, asistimos a desenlaces singulares de esta decadencia, los relativos a lo que podemos llamar a la suspensión casi absoluta de valores y de escrúpulos.

El balance de Carvajal continúa con la consideración de las leyes, la normativa, las regulaciones, además de las políticas efectuadas por el gobierno:

La Ley 741, vigente desde 2015 y que define la pausa en la certificación de la FES, es una de las piezas legislativas y normativas dictadas en los últimos años para estimular la ocupación de tierras fiscales por deforestación. Otra es el reciente y cuestionado decreto supremo 3973 (julio 2019), que modifica (en favor de la deforestación actual) el artículo 5 del DS 26075, que, a su vez, data de 2001 y se remonta a los tiempos del expresidente neoliberal Hugo Banzer, autorizando ahora el desmonte ‒ hasta 20 hectáreas ‒ para propiedades agropecuarias en tierras privadas y comunitarias no sólo de Santa Cruz sino también del Beni. Subsiste, asimismo, sin que el partido en el gobierno la haya abrogado, la ley 1745 del INRA (Instituto Nacional de Reforma Agraria), promulgada en 1996 durante el primer gobierno del expresidente Gonzalo Sánchez de Loza, cuyo segundo artículo establece la FES.

Cuatro días después que Morales “optimizara”, hace unas seis semanas, el decreto banzerista con otro suyo ‒ observado desde el Colegio de Biólogos porque incentiva al chaqueo “en un contexto de anarquía y tráfico de tierras para justificar su posesión y aumentar los monocultivos industriales, sin evidencia de sostenibilidad” ‒, los empresarios privados de Beni anunciaron sus planes de habilitar de 4,5 a 6 millones de hectáreas para desarrollar agricultura y ganadería intensiva. Para ello preparaban inversiones por más de 2.000 millones de dólares en los próximos diez años, según el líder regional de la Federación de Empresarios Privados, Jorge Núñez del Prado.

El especialista del CIPCA, Carmelo Peralta, inmediatamente a que fue promulgado el decreto, se preguntó: “¿No será que más bien la modificación del DS 26075 es una manera fácil de legalizar la deforestación en estos dos departamentos en los cuales urge la expansión de la agroindustria y así consolidar el corredor agroindustrial, que se expande desde Santa Cruz y tiene como horizonte en Beni?”. ¿Era imprescindible abrir el candado para que la ganadería se expanda por la demanda actual de carne para el mercado de la China?; también cuestionó: “una visión economicista que no considera los potenciales problemas en materia socioambiental para diferentes grupos que habitan la región”.

El presidente de la Federación de Ganaderos del Beni, Abdón Nacif, sostuvo en descargo del sector que los ganaderos, por la experiencia que tienen, saben controlar las quemas y están al margen de responsabilidades por los incendios en la llanura beniana, con cerca de tres millones de reses. Sin embargo, otras organizaciones de la sociedad civil, entre ellas 21 instituciones privadas de desarrollo social agrupadas en UNITAS, censuraron la aprobación de medidas normativas y administrativas “atentatorias a los derechos de la Madre Tierra y de la vida” y reprocharon la “actitud indolente” de las autoridades al no actuar de manera diligente contra el desastre natural.

UNITAS (Unión Nacional de Instituciones para el Trabajo de Acción Social) consideró que las autorizaciones de chaqueo en el bosque seco chiquitano y sus cercanías, constituyen actos de “flagrante negligencia”, atribuyó especial responsabilidad a la estatal Autoridad de Bosques y Tierras (ABT), que debió rechazar los desmontes. Las instituciones de la sociedad civil exigieron al Estado boliviano “cumplir con su deber de garante de los derechos medioambientales y de la Madre Tierra” y a los altos funcionarios “garantizar políticas públicas adecuadas para prohibir la deforestación”. Contra las argumentaciones gubernamentales, remarcaron que las quemas controladas y su autorización vulneran “los derechos de la Madre Tierra y de la ciudadanía”, puesto que afectan al ecosistema y el medioambiente en que todos nos desarrollamos.

De acuerdo con datos del Censo Agropecuario (Instituto Nacional de Estadística, 2005-2006), lo que se considera como frontera agrícola abarcaba 2.508.923 millones de hectáreas (ha). Según proyecciones del INE al 2016-2017 había subido 3.498.203 ha, lo que muestra un crecimiento a 989.281 hectáreas que, dividido entre doce años resulta en unas 82.416 ha anuales, promedio, de ampliación de la frontera agrícola por la vía de la deforestación. Sin embargo, en los últimos tres años alcanzó niveles de 350 mil hectáreas por año, de acuerdo con la fundación Friedrich Ebert Stiftung. El especialista chiquitano Alex Willka reclamó en entrevista de la cadena RTP: “aunque solo en cinco días se ha consumido medio millón, en un bosque que es único en el mundo; no hay otro como él en todo el planeta”.

El ministro de Defensa, Javier Zabaleta, dijo en la zona de desastre, horas antes de que el Supertanker estadounidense sobrevolara los incendios para sofocarlos con descargas de agua, que el total de las hectáreas afectadas por las quemas era de 774 mil hectáreas solo en Santa Cruz y fundamentalmente en la Chiquitania. El director de Manejo de Bosques y Tierras de la ABT, había informado un día antes a la red PAT, fuera de la cifra señalada por el ministro, que se estimaban en 280 mil las hectáreas afectadas en el Beni, en la amazonia boliviana.

El jefe de Estado oficializó que la superficie afectada por incendios alcanzaba hoy a 1,2 millón de hectáreas, 500 mil en bosques y 700 mil en chaqueos agropecuarios. “Casi el 20, 30 por ciento de bosque, lo demás son aéreas de chaqueo”. La frontera agrícola bordearía, entonces, los 5,4, millones de hectáreas, si se añaden las 700 mil de los años 2017 y 2018, calculadas por otros organismos.

De acuerdo los datos del Censo Agropecuario 2013 (INE), la superficie total cultivada de 6,2 millones de hectáreas comprendía una superficie agrícola cultivada de casi 3,8 millones de ha (incluidos los cultivos de verano e invierno), pastos cultivados por 2,3 millones de ha y 150.219 ha de cultivos forestales maderables. De ese total, unos 5 millones se encontraban en los llanos o tierras bajas, menos de 588 mil ha en los valles y poco más de 617 mil ha en el altiplano. De la superficie agrícola cultivada de 3,7 millones de hectáreas, 2,7 se hallaban en los llanos, unas 457 mil en los valles y 564 mil en el altiplano.

En la Cumbre Agropecuaria “Sembrando Bolivia”, de 2015, el Gobierno y los agroempresarios anticiparon el inicio de un proceso agresivo de ampliación de la frontera agrícola, con metas de un millón de hectáreas por año que, para beneficio de la Madre Tierra, no se alcanzaron. Mitigadas las proyecciones, de 3,5 a 4,7 millones de hectáreas, a través del plan de Desarrollo Económico y Social 2016 -2020, por estos días las previsiones gubernamentales parecen haberse cumplido, sin embargo, sobrepasando los límites con el 1,2 millón de hectáreas deforestadas, según el reporte presidencial[7].

 

Los dispositivos normativos forman parte de la maquinaria estatal, la misma que es engranaje en la heurística de la geopolítica del sistema-mundo capitalista. El desarrollo capitalista se ha basado y sustentado en las condiciones de posibilidad económicas que generaban los mecanismos y las técnicas extractivistas; es decir, en la destrucción de los ecosistemas, que implican, por lo menos, determinadas consecuencias, entre las que podemos citar las huellas ecológicas, la ampliación depredadora de la frontera agrícola, de una agricultura devastadora, habiendo la posibilidad de agriculturas complementarias o en armonía con los ecosistemas, incluso agriculturas ecológicas. Entre los efectos destructivos del planeta también podemos mencionar el deterioro de las estructuras sociales, sobre todo de sus capacidades de cohesión. A largo plazo, podemos también señalar el deterioro de las capacidades culturales de la sociedad, pues la contaminación, la depredación y la destrucción de los ecosistemas, por lo tanto, de los ciclos vitales planetarios, incide, a largo plazo, en el deterioro de los sistemas culturales. Por ejemplo, en la modernidad tardía se asiste a la banalización del sistema-mundo cultural.

A lo largo de la historia del capitalismo, que, en el contexto integral, se trata del sistema-mundo moderno, de la civilización moderna, la condición inicial o básica del modo de producción capitalista es la posibilidad de convertir a los recursos naturales en materias primas, antes convertir a los bienes naturales, por así decirlo, en recursos naturales. Los distintos ciclos largos del capitalismo se han desarrollado a costa de la extracción de recursos naturales, convertidos en materias primas, es decir, mercantilizados. Esto ha implicado horadar suelos y subsuelos, así como también convertir a los cuerpos en mercancías, entre ellos a los cuerpos humanos. La mercantilización generalizada es el horizonte propio del sistema-mundo capitalista, dentro de éste, en su composición dinámica, de la economía-mundo capitalista. La mercantilización generalizada implica la fetichización generalizada, es decir, la emergencia, conformación y consolidación de la ideología.

La ideología no solo es la economía, como pretendida ciencia social de la producción, distribución y el consumo, sino también la política y otras ciencias sociales, que se conformaron sobre los mecanismos de un saber útil a la valorización abstracta, mecanismos que funcionan como instrumentos de la división del trabajo, en un mundo que avanza a la especialización sofisticada. Por lo tanto, recurriendo a las tesis de Karl Marx y Friedrich Engels y ampliándola, la ideología no solo abarca a la economía, sino, proyectando las consecuencias teóricas y críticas, a las ciencias sociales de la modernidad, además de a las formaciones discursivas políticas, declaradamente ideológicas. En la modernidad tardía, los aparatos ideológicos, que no solo se circunscriben a ser aparatos ideológicos del Estado, sino son también aparatos que atraviesan los sistemas culturales, los de-culturalizan y los subsumen al fabuloso sistema-mundo cultural de la banalización. Los instrumentos más apropiados para los efectos de la fetichización generalizada son los medios de comunicación de masa. Los medios de comunicación, monopolizados por grandes empresas trasnacionales y también por empresas públicas o estatales, son las máquinas ideológicas por excelencia de la modernidad tardía, sobre todo cuando el ciclo del capitalismo vigente es dominado por el capitalismo financiero y especulativo.

La agricultura industrializada o la agroindustria ha dejado muy atrás las formas de la agricultura de comienzos del capitalismo que alimentaba a las poblaciones. La agroindustria no solo ha convertido los suelos en espacios inmensos del monocultivo, sino que ha intervenido o los ha modificado genéticamente. Las grandes industrias alimenticias, que además forman cadenas concatenadas e integradas, han transformado el perfil de la alimentación de las sociedades, homogeneizando los consumos y los comportamientos del consumo. Los animales domésticos para la alimentación se han convertido en cosas vivas serializadas, encerradas o enceldadas, desde que nacen hasta que mueren. También son modificados genéticamente o engordados artificialmente. La alimentación de grandes contingentes poblacionales se ha convertido en una industria y un mercado altamente rentables, controlados por unos cuantos monopolios. Las poblaciones humanas se han venido convirtiendo cada vez en más dependientes de las grandes cadenas de la industria alimenticia. No se puede considerar a ninguna parte o momento de estos procesos de la industria alimenticia como independiente, forma parte de los procesos de transformación alimenticia a escala mundial. Por ejemplo, la ganadería es uno de los dispositivos y disposiciones de las cadenas alimenticias de la carne. Si bien hay todavía mercados nacionales que definen localmente el precio de la carne, cada vez más, en la medida que se internacionaliza, los precios son regidos por la demanda y oferta de carne internacionales. Empero, lo más importante de esta descripción no tienen que ver con los precios sino con las cadenas mismas, con la conformación de un sistema-mundo de la alimentación

En consecuencia, se explica que el desarrollo del capitalismo venga acompañado por la ampliación de la frontera agrícola. Sin embargo, en la división del trabajo de la economía-mundo, los países se especializan, no solo en donadores de materias primas tradicionales, sino también en donadores de materias primas de la alimentación. Una de las consecuencias de esta división del trabajo es que zonas y hasta regiones del orbe, bajo los códigos y distribuciones de la geopolítica del sistema-mundo, son las que son convertidas en espacios de expansión de la frontera agrícola. Se trata de países que tienen que pagar con el costo irreparable de la destrucción de sus bosques. La tesis estrafalaria del ideólogo del extractivismo[8] es que los países en desarrollo, por así decirlo, tienen derecho a destruir sus bosques porque de esta manera ingresan al desarrollo industrial. Al contrario, en la modernidad tardía, este costo irreparable tienen que pagar los países en desarrollo de la periferia del sistema-mundo capitalista, incluso los que se encuentran en la transición a potencias emergentes, otro eufemismo de la ideología posmoderna del capitalismo tardío. La destrucción de los bosques en las periferias del sistema-mundo capitalista es el costo irreparable que se transfiere a los ecosistemas de los países involucrados, en esta desigual división del trabajo.

Podemos observar que este fenómeno de globalización y de monopolización en la industria alimenticia no solo ocurre con la carne, sea o no vacuna, sino también con los vegetales, los cereales, las frutas, incluso las flores. Estos bienes son convertidos en recursos naturales, después en materias primas de cadenas industriales alimenticias. Esto ha ocurrido notoriamente con la quinua, que se consideraba un bien de la agricultura nativa, con grandes propiedades alimenticias. La demanda mundial de la quinua, el control de cadenas monopólicas de la transformación alimenticia, la ha convertido en una mercancía altamente cotizada, convirtiendo a las tierras donde se cultiva en espacios de monocultivo, donde los suelos son degradados. Con esto las oikonomías comunitarias y las oikonomías campesinas se han transformado y convertido en economías empresariales, que experimentan la jerarquización piramidal de la estructura social. La soja es otro ejemplo de la mercantilización generalizada, del encadenamiento en procesos industriales de la alimentación, además de sufrir el control de grandes monopolios trasnacionales. Con todas las diferencias, dado el caso, además de los singulares procesos de transformación que sufren los bienes alimenticios, se puede citar también el ejemplo de la castaña. Aunque en un principio pueden participar agricultores familiares, campesinos, incluso trabajadores de la cosecha, en la medida que se desarrolla la industria y el mercado, el trastocamiento de la estructura social, volviéndose piramidal, es un destino ineludible. Lo que hay que remarcar en todos estos procesos singulares de la industrialización alimenticia, es que los lugares de siembra y de cosecha se convierten en zonas de economías dependientes en las cadenas globalizadas de la economía-mundo.

¿A dónde apuntamos con esta exposición? A la tesis de que la ampliación de la frontera agrícola está en función de la geopolítica del sistema-mundo capitalista, que diferencia países periféricos, exportadores de materias primas o donadores de materias primas de la alimentación, de países centrales de concentración de tecnologías sofisticadas de transformación alimenticia industrial de última generación. En otras palabras, la expansión de la frontera agrícola es el costo no pagado, es decir la destrucción de sus ecosistemas, que deben pagar los países periféricos al desarrollo del capitalismo, en la etapa del ciclo largo del capitalismo que compete. Dicho de otra manera, paralelamente a lo que ocurre con las materias primas mineras e hidrocarburíferas, la explotación de los bosques resulta en la reproducción del círculo vicioso de la dependencia, solo que a costos tan altos que son irreparables ecológicamente.

  

 Conclusiones

 

Lo que llama la atención es que, a pesar de los síntomas del Apocalipsis, los Estado-nación persistan precisamente con políticas-económicas que desataron la crisis ecológica. Esta persistencia habla de la perduración enfermiza en el círculo viciosos del poder, también en el círculo vicioso de la dependencia, convertido en el círculo viciosos de la muerte planetaria.

La ampliación de la frontera agrícola es un fenómeno más de los fenómenos depredadores, extractivistas y destructivos que genera el desarrollo capitalista. Se requiere entonces una mirada compleja de las dinámicas integradas del sistema-mundo moderno, cuyo eje es el sistema-mundo capitalista.

En Sud América, con descomunal expansión, el fenómeno de la ampliación de la frontera agrícola se ha desbocado en Bolivia y Brasil, empujado por las políticas extractivistas e incendiarias de los gobiernos de Evo Morales y Jair Bolsonaro, aunque de distinto perfil ideológico y político, son presidentes coincidentes en esta ingrata tarea de destruir los ecosistemas y desforestar los bosques.

 

 

 

[1] El Amazonas devorado por los incendios, en imágenes: https://elpais.com/elpais/2019/08/24/album/1566645226_292535.html#foto_gal_1.

 

[2] Carolina MéndezIsabel Mercado: Desastre ambiental en Bolivia: incendios forestales arrasan bosques de la Chiquitania. https://es.mongabay.com/2019/08/incendios-quemas-bolivia-chiquitania/.

[3] Leer de Rolando Carvajal Incendios develan la madre oculta del desastre. https://www.bolpress.com/2019/08/27/incendios-develan-la-madre-oculta-del-desastre/.

 

[4] Ibídem.

[5] Ver Nudos y tejidos socioterritoriales. También Capitalismus versus vida; así como Subalternidad y máquinas del sistema.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/nudos_y_tejidos_socioterritoriales_.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/capitalismus_versus_vida_2.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/subalternidad_y_m__quinas_del_siste_8f9c2bc7a950e0.

 

[6] Ver La decadencia. https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/la_decadencia.

[7] Ibídem.

[8] Álvaro García Linera.

La Amazonia y el Chaco arden

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Oikologías

La Amazonia y el Chaco arden

Raúl Prada Alcoreza

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La Amazonia

 

Incendio en la Amazonia 2

Incendio

La Amazonia es una vasta región de la parte central y septentrional de América del Sur, abarca la selva tropical de red hídrica de la cuenca del río Amazonas. Las contiguas regiones de las Guayanas y el Gran Chaco también contienen selvas tropicales, así mismo se les considera parte de la Amazonia. La selva amazónica es el bosque tropical más extenso del mundo. Se calcula que su extensión llega a los 7 000 000 km², distribuidos entre nueve países, de los cuales Brasil y Perú poseen la mayor extensión, seguidos por Bolivia, Colombia Venezuela, Ecuador, Guayana, Francia (Guayana Francesa) y Surinam. La Amazonia se destaca por ser una de las ecorregiones con mayor biodiversidad en el planeta[1].

El planeta Tierra no puede entenderse sino como sincronización dinámica de ciclos ecológicos y ciclos físicos, también químicos, de la misma manera, extendiendo la mirada compleja, ciclos biológicos, que participan de las dinámicas de…

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La Amazonia y el Chaco arden

La Amazonia y el Chaco arden

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

La Amazonia y el Chaco arden

 

Brasil-incendios-mapa3NOAA12agosto

 

 

La Amazonia

 

Incendio en la Amazonia 2

Incendio

La Amazonia es una vasta región de la parte central y septentrional de América del Sur, abarca la selva tropical de red hídrica de la cuenca del río Amazonas. Las contiguas regiones de las Guayanas y el Gran Chaco también contienen selvas tropicales, así mismo se les considera parte de la Amazonia. La selva amazónica es el bosque tropical más extenso del mundo. Se calcula que su extensión llega a los 7 000 000 km², distribuidos entre nueve países, de los cuales Brasil y Perú poseen la mayor extensión, seguidos por Bolivia, Colombia Venezuela, Ecuador, Guayana, Francia (Guayana Francesa) y Surinam. La Amazonia se destaca por ser una de las ecorregiones con mayor biodiversidad en el planeta[1].

El planeta Tierra no puede entenderse sino como sincronización dinámica de ciclos ecológicos y ciclos físicos, también químicos, de la misma manera, extendiendo la mirada compleja, ciclos biológicos, que participan de las dinámicas de la Vía Láctea, así como del multiverso, en sus distintas escalas. Se ha dicho que los bosques son los pulmones del planeta. Esta metáfora ilustra sobre el ciclo del aíre, así como sobre el ciclo del agua, también los ciclos inherentes a la tierra. Para resumir, la producción del oxígeno y la absorción del carbono; por otra parte,  los procesos biológicos de las plantas, así como de la fotosíntesis, habla de por sí de la interdependencia de la vida en el planeta. Al respecto, lo que llama la atención es el costo destructivo de la ecología planetaria por parte de la civilización moderna.

La selva Amazónica se desenvuelve en torno del río Amazonas y de su cuenca fluvial. Las altas temperaturas favorecen el desarrollo de una vegetación tupida y exuberante, siempre verde. El denominativo de pulmón del planeta, que ostenta la Amazonia, no es eventualidad sino una causalidad; mantiene un equilibrio climático: los ingresos y salidas de CO2 y de O2 están armonizados. Los científicos dedicados al estudio del medio ambiente, entre ellos los de la geografía ambiental, concuerdan en que la pérdida de la biodiversidad es resultado de la destrucción de la selva, lo que se hace patente con los efectos del “cambio climático”. La aparición en el área del río Caquetá de un sistema anterior del bosque selvático, en el que se utilizaron suelos de forma permanente “tierras prietas”, gracias a su progresivo abono, muestra la compleja ecología de la Amazonia.

Toda la flora de la selva tropical húmeda sudamericana está presente en la selva amazónica. Existen en ella innumerables especies de plantas todavía sin clasificar, miles de especies de aves, innumerables anfibios y millones de insectos. Las regiones geográfica-políticas de la Amazonia son, comparativamente, de la mayor riqueza biológica del mundo; la presencia de diferentes pisos ecológicos, en articulación con la cordillera de los Andes, genera una gran cantidad de nichos ecológicos singulares, por lo tanto, un alto índice de endemismos[2].

La cuenca amazónica comienza en la cordillera de los Andes; desde sus nevados fluyen las fuentes del agua que conforman los ríos, los afluentes del río Amazonas, conformando toda una red hídrica que alimenta a los bosques selváticos y desembocan en el océano Atlántico. Entonces, tenemos que hablar de ecosistemas integrados y complementarios, además de la variedad de pisos ecológicos de las regiones andinas. Como anotamos más arriba, se puede considerar también al ecosistema chaqueño como parte de la geografía amazónica, entendiendo que se trata de continuidades boscosas, aunque en otras condiciones climáticas y características, así como perteneciente a otra cuenca, la cuenca de la red hídrica que se convierte en el río de la Plata, que desemboca en el Atlántico sur.

La Amazonia, tomando en cuenta a los mamíferos, posee enorme cantidad de especies, como los monos, el jaguar, el puma, el tapir y los ciervos. En sus aguas viven dos especies de delfines, uno de ellos el delfín rosado, el otro el delfín gris. Cohabitan reptiles, así como gran cantidad de especies de tortugas acuáticas y terrestres, caimanes, cocodrilos y multitud de serpientes, entre ellas, la anaconda, el mayor ofidio del mundo. No hay otro ecosistema en el mundo con tanta cantidad de especies de aves; entre estas destacan los guacamayos, tucanes, las grandes águilas, como el águila harpía, además de otras muchas especies, exuberantes en coloridos plumajes. Un 20% de las especies mundiales de aves se halla en el bosque amazónico. Para los devotos del acuarismo, se trata de una fuente que provee la mayor cantidad de especies piscícolas, que hoy en día pueblan los mercados, comercios y acuarios del planeta.

Un 50% de las especies mundiales de plantas se halla en el bosque amazónico. En las lagunas, a lo largo del río Amazonas, florece la planta Victoria amazónica, cuyas hojas circulares alcanzan más de cuatro metros de diámetro. La Amazonia está conformada por la conglomeración de bosques, donde habitan una cantidad innumerable de árboles de todo tipo: itahuba, caricari, tajibos, cedro, ruta barcina, mandrilo y otros muchos más. El 50% de las especies de madera son exóticas. Existen muchas especies de plantas medicinales que pueden curar toda clase de enfermedades, además de guardar secretos todavía no descubiertos; entre las enfermedades curables se pueden mencionar, por ejemplo, úlceras, asma, mordeduras de víbora, problemas sanguíneos, apendicitis, problemas cardíacos, respiratorios, dentales, problemas digestivos; entre los secretos curativos se encuentra el “ojo de gato”, entre los secretos bio-comunicativos está la ayahuasca. En algunas lagunas también existen variedades de liliáceas, ya nombramos a la Victoria amazónica, que es la planta acuática más grande del mundo. Flores silvestres de impresionante belleza y diversidad botánica, que dan colorido a la zona, pueden ser encontradas a lo largo de toda las territorialidades tropicales amazónicas, desde los ríos hasta el monte.

La superficie de la selva amazónica se ha venido reduciendo dramáticamente, desde que se hizo una primera evaluación de la pérdida del bosque, partiendo de un 20%, cuando se inició la deforestación al principio de la década de los setenta. Los informes del Center for International Forestry Research (CIFOR) señalan como causa al rápido crecimiento en las ventas de carne  de res brasileña, el mercado de carne vacuna ha acelerado la destrucción de la selva tropical de la Amazonia. Jeremy Rifkin, presidente de la Fundación de Tendencias Económicas afirmó en una entrevista que “estamos destruyendo el Amazonas para alimentar vacas”. El 3 de abril de 2006 Greenpeace Internacional presentó el informe Devorando la Amazonia; el informe describe la deforestación que se está produciendo en la selva amazónica, con el objeto de introducir cultivos de soja; esta soja es destinada a la exportación para la alimentación de ganado, entonces, acaba sirviendo de alimento en cadenas de comida rápida y supermercados. Entre el 2000 y el 2013, tan solo en la Amazonía peruana se perdió un promedio de 113,056 hectáreas de bosque por año, lo que equivale a perder 17 campos de fútbol por hora. En Brasil, durante el gobierno de Jair Bolsonaro se ha incrementado dramáticamente la destrucción del Amazonas[3].

En la Amazonia se plasma la complejidad dinámica de la vida en su gran variedad y diversidad integrada y creativa. La vida se muestra en sus entrelazamientos y tejidos articulados de alta desmesura, la complejidad comunicativa de los seres orgánicos como una polifonía vibrante y cromática. La complementariedad de los seres orgánicos y sus ciclos vitales evidencia niveles superiores de la inteligencia ecológica, la que supone saberes biológicos, semiologías químicas e interpretaciones complejas, entre sistemas autopoiéticos interpenetrados y entrecruzados. La civilización moderna, la civilización de la muerte, que se desarrolla inscribiendo huellas ecológicas, transfiere los costos irreparables a la naturaleza, empero, no contabiliza estos costos. Tampoco entiende que lo que destroza no solamente son hectáreas de bosques sino la vida misma, integral y dinámica de la Amazonia. Una ejemplo figurativo e ilustrativo; ocurre como cuando se van amputando del cuerpo sus miembros, incluso peor, como cuando el cuerpo va perdiendo sus órganos por la enfermedad, así como ocurre con el cáncer. Entonces, tanto la amputación afecta al funcionamiento mismo del cuerpo; más grave aún, la perdida de órganos incide en el funcionamiento del cuerpo hasta convertirlo en disfuncional. La desforestación en la Amazonia, que se agrava espasmosamente y espantosamente, en la medida que avanza desbordada, afecta al funcionamiento integral de este continente ecosistémico, proliferante en nichos ecológicos.

La principal característica sudamericana es el gran desequilibrio en su distribución demográfica. Mientras la inmensa mayoría de la población humana se concentra en la costa, enormes regiones del interior quedan, en comparación, con bajas densidades demográficas. Otra característica del subcontinente sudamericano es su alta tasa de población urbana: tres de cada cuatro latinoamericanos viven en una ciudad. La selva amazónica, además de la brasilera, peruana, boliviana y colombiana, no escapa a esta distribución desigual de la población humana; la mayoría de los pobladores de la región amazónica se concentran en las ciudades, al borde del río Amazonas; nombramos ilustrativamente, entre los pocos ejemplos, a Iquitos, Leticia, Manaos, Belém de Pará, Riberalta, Guayaramerín. La mayoría de los pobladores son colonos; sus descendientes son mestizos e indígenas.

Las principales actividades económicas que se presentan en el río Amazonas, en su geografía acuática y terrestre, en su abigarrado ecosistema, tienen que ver con la exportación del caucho y la madera; también la pesca es primordial en la constelación territorial amazónica; se da lugar a variadas exportaciones de peces hacia toda la región y el mundo. La agricultura y exportación de alimentos, tales como la yuca, el plátano y el maíz, además de frutas típicas de la región como el Copoazú, Carambola, Arazá, Asaí, la Guanábana, entre tantas; todo este conglomerado de bienes hace parte de la diversidad de alimentos que produce la Amazonia. La importancia de la Amazonía para la armonía y sincronización del planeta es crucial; las ventajas son muchas, destaca la reproducción del ciclo del aire, particularmente del oxígeno. Es fuente de oxígeno y filtro de asimilación del CO2, conserva mucha agua, contiene multiplicidades singulares correspondientes a la biodiversidad[4].

Las sociedades humanas modernas han avanzado en los territorios amazónicos sin establecer las relaciones armónicas y de complementariedades con los nichos ecológicos, cuencas ríos, biodiversidad amazónica, como lo hicieron y lo hacen los pueblos indígenas sobrevivientes amazónicos. La civilización amazónica, que pobló el continente de la Amazonía hasta en la época de Tiahuanaco, supo establecer la complementariedad entre las sociedades humanas y las sociedades orgánicas, la armonía con los ciclos vitales; se trataba de una civilización ecológica. Si comparamos los saberes evocativos de aquél entonces con lo que ocurre en la civilización moderna, vemos que aquellos saberes alcanzaron niveles superiores, de los que está lejos la civilización moderna, cuyas ciencias, que es de lo que se puede jactar, se circunscriben a una división del trabajo y especialización del conocimiento, que no logra visualizar la complejidad del planeta y del multiverso. La actual crisis ecológica, que se ha desenvuelto desbordante a niveles que amenazan la sobrevivencia humana, obliga a un cambio de conductas y comportamientos de las sociedades modernas, para reinsertarse a los ciclos vitales, clausurando la civilización moderna, si es que quieren sobrevivir.

 

Desde el punto de vista cultural la selva amazónica es una de las regiones más diversas del planeta. Los pueblos autóctonos de la región pertenecen a diferentes grupos lingüísticos, entre los cuales no se ha probado una relación filogenética clara, lo que sugiere que tanto la diversidad cultural como lingüística se remonta a una ancestralidad lejana. Entre las hipótesis interpretativas cotejadas, se puede citar la que conjetura que esta diversidad pude deberse al hecho de que no se conformaron sociedades con Estado. En la Amazonia no emergieron sociedades estatales que incidan en un efecto homogeneizador en los planos de intensidad culturales y lingüísticos. Los grandes grupos lingüísticos de la región son:

  • Lenguas tupíes: la familia de lenguas autóctonas actualmente más extendida, aunque parte de su expansión dentro de la región pudo darse en un período reciente.
  • Lenguas ye: después de las lenguas tupí es la familia más extendida en la región amazónica.
  • Lenguas caribes: familia que se expandió probablemente desde la parte septentrional de la Amazonía, aunque existen miembros de esta familia lingüística en el centro de la Amazonía.
  • Lenguas arahuacas: una familia ubicada básicamente en la región circunamazónica propiamente dicha.
  • Lenguas pano-tacanas: Amazonía suroccidental.

Además de estas unidades filogenéticas de tipo lingüístico existen un número importante de pequeñas familias de lenguas que no han podido ser adecuadamente conectadas y vinculadas con ya citadas, por tanto, se consideran grupos independientes[5].

La biodiversidad de los ecosistemas amazónicos se repite en la diversidad de lenguas y pueblos. Es asombrosa la abundancia de lenguas y pueblos, mucho de los cuales han desaparecido por el avance de las oleadas de la conquista colonial, la expansión del mercado y la modernidad, la violencia de los Estado-nación. La colonialidad continua su expansión destructiva, acompañada por la desterritorialización de la modernidad, el mercado, el extractivismo y la industrialización. Los pueblos sobrevivientes resisten y luchan por sus derechos territoriales, culturales y de nación autóctona. Sin embargo, los Estado-nación, en sus distintas formas de gubernamentalidad, sean neoliberales o neopopulistas, se comportan colonialmente con las naciones y pueblos indígenas. La correlación de fuerzas es adversa a la defensa de la vida, de la Amazonia, de las naciones y pueblos indígenas. El futuro se dibuja catastrófico.

Se puede decir que Bolivia es el país que tiene la mayor proporción espacial de su territorio en la cuenca amazónica. Según datos del Tratado de Cooperación Amazónica, la superficie amazónica de Bolivia cubre una extensión de 824.000 kilómetros cuadrados, que representa el 75% de la geografía nacional, el 11.20 % de toda la cuenca amazónica continental. La Amazonía boliviana se encuentra ubicada en los departamentos de Beni, Pando, Santa Cruz, La Paz y Cochabamba. Los ríos de la cuenca amazónica nacen en los nevados andinos, dan origen a uno de los más importantes afluentes del Amazonas: el río Madera. La región tiene la mayor diversidad étnica y cultural del país; es habitada por una treintena de pueblos indígenas, cada uno de ellos con sus propias formas de organización sociocultural e idiomas propios. La Amazonia boliviana es el espesor territorial y ecológico de una diversidad biológica, que se despliega en una extensa flora, además de una variada fauna. Bolivia es considerado el séptimo país del mundo con mayor diversidad de aves, además del onceavo en variedad de mamíferos.
   

La depredación, la contaminación y la destrucción de los ecosistemas de la Amazonia boliviana ha venido incrementándose en la medida que se ha intensificado el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, sobre todo en el periodo de la forma de gubernamentalidad clientelar de Evo Morales Ayma. Entonces, la Amazonía boliviana no escapa al vertiginoso avance de la depredación de la ampliación de la frontera agrícola, maderera, del ganado, de la minería y de los hidrocarburos.    

 

A la Amazonía Norte, caracterizada por su bosque tropical, siempre verde, de tierra firme y ríos encausados, se la conoce como la región del Caucho; produce importantes recursos naturales como la castaña, palmito, maderas finas, frutas exóticas, especies medicinales, caucho natural, además, por otro lado, se explota el oro aluvional. La llanura de Moxos presenta extensas pampas, las que intermitentemente se ven inundadas por las aguas que bajan desde la cordillera de los Andes. En esta zona, llamada “Varzea” se desarrolla la industria ganadera y el aprovechamiento sostenidos de recursos hidrobiológicos, como peces, saurios, tortugas. En cambio, la Chiquitanía, ubicada en el área de la formación geológica del Precámbrico brasileño, presenta ondulaciones boscosas, saltos de agua y estructura de mesetas. Aquí se encuentra la zona de expansión agrícola más importantes del país, donde se produce soja, algodón, caña de azúcar; también se hallan importantes yacimientos mineralógicos e hidrocarburíferos. Por otra parte, la Ceja de Selva, conformada por bosques que se deslizan, por así decirlo, desde la montaña andina, es una de las zonas con mayor biodiversidad; esta es conocida como los Andes Tropicales. Produce frutas tropicales, coca, maderas preciosas y tiene una reserva importante de petróleo. El Pantanal se encuentra al este del país; su característica principal es la inmensa cantidad de bañados, además de pantanos, ricos en fauna y flora. La zona también cuenta con una formación geológica rica en minerales como el hierro[6].

La geografía política de los Estado-nación se ha repartido el continente de ecosistemas y nichos ecológicos de la Amazonia; sin embargo, esta artificialidad institucional jurídica-política de la geografía estatal no puede separar las continuidades y los desplazamientos de los ciclos ecológicos, aunque si pueden afectar a la integralidad dinámica de los ecosistemas. La Amazonía norte, la llanura de Moxos, la Chiquitanía, la Ceja de la selva y el Pantanal conforman la geografía biodiversa amazónica, que se extiende más allá de la propia extensión considerada como Amazonía, propiamente la cuenca hídrica del río Amazonas. La Amazonía norte y las llanuras de Moxos se encuentran en el espesor mismo de la Amazonía, en cambio la Chiquitanía, la Ceja de la selva y el pantanal son como entornos articulados, desde la perspectiva del ecosistema de la Amazonía, aunque desde la perspectiva de estos otros referentes geográficos son ecosistemas singulares, que entran en relación con el impacto de la Amazonia en el continente y en el planeta.

 

La Chuiquitanía

 

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La Chiquitania es el nombre dado equivocadamente a la extensa llanura de América del Sur del Chaco húmedo, ubicada en la geografía política de Bolivia, en la zona transicional ecotectónica entre el Gran Chaco y la Amazonia. En los llanos de Chiquitos predominan talantes del bioma chaqueño. Los llanos de Chiquitos se encuentran al extremo sudeste de Bolivia, abarcando gran parte del este del departamento de Santa Cruz. Los límites septentrionales de la Chiquitanía corresponden aproximadamente al paralelo 17°30′ S y los meridionales al paralelo 20°S; los límites occidentales, por su parte, están dados por la penillanura, que antecede a la cordillera de los Andes. El denominativo de llanos de Chiquitos corresponde al topónimo que deriva del nombre, dado por error, por parte de los conquistadores españoles, a uno de pueblos pámpidos, que habitaba el Chaco. A inicios del siglo XVI los conquistadores encontraron varias aldeas abandonadas, les llamó la atención que las chozas fuesen construidas con puertas de solo poco más de medio metro de altura. Esto hizo que los conquistadores creyeran que sus habitantes eran pigmeos; los llamaran “chiquitos”. En todo caso, de acuerdo con otras fuentes de información, lo cierto es que los aborígenes chiquitanos, como es común entre los pámpidos, eran más altos que los conquistadores. El pequeño tamaño de las puertas obedecía a dos motivos, era una manera de mantener templada la temperatura interna de las chozas respecto al frío clima de la intemperie y hacía fácil defender la entrada de jaguares y pumas.

A pesar de las latitudes tropicales, el Chaco goza de un clima relativamente templado, que es efecto del constante intercambio de masas de aire muy cálido, procedentes de zonas ecuatoriales por el norte, y de masas de aire fresco, procedentes de la Antártida por el sur. La llegada de los llamados surazos se ve favorecida por la extensa llanura de la región chacopampeana, de la cual la Chiquitanía es en gran medida su sector más septentrional. Sin embargo, las temperaturas anuales promedio son relativamente cálidas. Debido a su continentalidad los llanos de Chiquitos presentan grandes amplitudes térmicas durante los ciclos diurno-nocturnos, sobre todo, durante el apogeo del verano y el apogeo del invierno. Antes de producirse los notorios efectos del crisis ecológica, la Chiquitanía presentaba días bastante frescos, entre los 5 a 15 grados centígrados, debido a los surazos, es decir, los vientos que son continuación del pampero; por el contrario, durante el estío la temperatura ascendía y asciende fácilmente a marcas que rondan los 40 °C.

El encuentro de los frentes cálidos y frentes fríos sobre el relieve llano deriva en la explosión de tempestades en los momentos de cambio estacional; estas tempestades están acompañadas de copiosas lluvias, especialmente en los límites orientales y occidentales de la región chiquitana. El régimen de precipitaciones pluviales varía notoriamente de norte a sur, siendo los promedios anuales de 1.050 mm en el norte y de poco más de 600 mm en el sur de esta región.

Tal como sugiere el nombre de llanos de Chiquitos, el relieve de la región es predominantemente llano, con un declive poco perceptible de oeste a este, además de dos declives, también muy poco perceptibles, a modo de “techo de dos aguas”, que toman las direcciones opuestas norte y sur; estos declives determinan el escurrimiento de las aguas, así como de las vertientes. El declive hacia el este y el declive hacia el sur hacen que la mayoría de los cursos fluviales de los mismos sean afluentes de la Cuenca Amazónica. Existen algunas pocas y escasamente elevadas formaciones montañosas, la principal es la pequeña y baja cordillera llamada serranía de Santiago, cuya cumbre es el cerro Chochis (1290 msnm). Unos 150 km al sudoeste del cerro Chochis; casi en la frontera paraguayo-boliviana se encuentra el cerro San Miguel, de solo 780 msnm. Existen grandes zonas de hundimiento o depresiones poco profundas. Ya se ha señalado que el Gran Pantanal es una de las fronteras de la Chiquitania. Los bañados de Otuquis, un conjunto de humedales que se encuentran en la frontera paraguayo-boliviana, próximas a la frontera de Brasil, son afluentes del Gran Pantanal, por lo tanto, pertenecientes a la Cuenca del Plata. En cambio, los más extensos bañados de Izozog, ubicados en dilatado valle de hundimiento al que afluye el río Parapetí, del cual sale el río San Pablo, debido a una amplia curva de la falla tectónica, resultan tener aguas tributarias de la Cuenca Amazónica, pasando por la importante laguna Concepción. Algunas de las depresiones se han transformado en salinas. Los Llanos de Chiquitos poseen pocos ríos permanentes, aunque algunos de ellos son de importantes caudales, los ya citados ríos Parapetí y San Pablo, además del río Guapay; todos estos tributarios del Amazonas. Al este, en la vertiente norte de la Serranía de Santiago nace el río Tucavaca, que después de confluir con el río San Rafael, continúa con el nombre de Bambural; este río aporta sus aguas a los Bañados de Outiquis, a través de estos afluye con el nombre de río Negro, al río Paraguay, siendo así todos estos ríos parte de la Cuenca del Plata. También nace en la Serranía de Santiago el río San Miguel, el que se dirige casi hacia el sur, sería asimismo afluente de la Cuenca del Plata si sus magros caudales no se subsumieran en el centro del Chaco Boreal dentro de territorio paraguayo.

La mayor parte de los llanos de Chiquitos presenta una flora semejante a la de otras regiones del Gran Chaco, esto es, un parque arbustivo con abundantes especies de maderas duras y espinosas; repartidos entre los arbustos y pastizales se encuentran árboles como las palmeras, especialmente yatay, palos, borrachos, guayacanes, algarrobos americanos y quebrachos. Sin embargo, en la zona norte de los Llanos de Chiquitos, especialmente formando selvas de galería en las riberas y valles de inundación de los grandes ríos tributarios del Amazonas, se encuentran grandes árboles de madera blanda, típicos del bioma amazónico; entre ellos se cuentan, por su valor económico, la caoba, también se encuentran especies arbóreas valiosas por sus aceites, esencias, bálsamos e incluso el árbol del caucho en el extremo noreste de esta región.

Refiriéndonos a la fauna, ésta tiene como principales exponentes al jaguar, animal focal del bioma, el puma, los pecaríes, tapires, ocelotes, aguará guazú, el yaguarundí, el aguarachay, ciervos como el guazuncho, el ciervo de los pantanos; en las zonas despejadas se encuentran ejemplares de ñandú; en los ríos y bañados, carpinchos, yacarés y nutrias gigantes. Fuera de los citados yacarés abundan los reptiles, ofidios como la anaconda, la yarará y la víbora de cascabel. La fauna aviar posee numerosísimas especies, podemos citar a los tucanes, chimangos, guacamayos, jotes, urubús, águilas harpía, halcones, buitres, pavas de monte, búhos, lechuzas como el ñacurutú o grandes aves corredoras.

La economía de los llanos de Chiquitos, a inicios del siglo XXI, aún se reduce a la obtención de productos del sector primario, por ejemplo, cultivos de soja, sembrados desde la década de los setenta; los más antiguos de caña de azúcar y arroz, introducidos por la colonia, los aún más antiguos, además de vernáculos, del maíz, la mandioca, llamada yuca, además de frutas tropicales, bananas, ananás, mangos. La ganadería ha sido principalmente extensiva de vacunos, cuyos orígenes se remonta a las primeras oleadas de la colonización.
Por otra parte, el subsuelo de la Chiquitanía es rico en hidrocarburos y gas natural, así como en yacimientos de hierro.

Hablando del bagaje cultural, en la región llamada Chiquitanía, formada por las provincias Ñuflo de Chávez, Velasco y Chiquitos, durante la restauración de los templos misionales, fueron descubiertas más de 5.000 hojas con partituras de música barroca, escritas entre los siglos XVII Y XVIII por los naturales y por los misioneros. El Festival Internacional de Música Barroca, que se realiza anualmente desde 1996, en las reducciones ha atraído a músicos de América Latina y Europa. Seis iglesias, que dan respectivamente nombre a las ciudades y pueblos en que están emplazadas, de la región, San Francisco Javier, Concepción, Santa Ana, San Miguel, San Rafael y San José, han sido contempladas por la UNESCO en 1990 con el título de Patrimonio Mundial de la Humanidad[7].

 

La mal llamada Chiquitanía forma parte del Chaco húmedo, que colinda al este con el Pantanal, al sureste con el Chaco Boreal, encontrándose al norte la Amazonía, pasando los llanos de Santa Cruz, y al oeste la compleja región andina, conformada por cadenas de la cordillera de los Andes, los valles y el Altiplano, además de los Yungas, las zonas subtropicales andinas. Hay que considerar su composición socio-geográfica donde no solamente las ciudades y los asentamientos humanos les han ganado espacios a los bosques, sino también la expansión de la ganadería y la agricultura, sobresaliendo, recientemente, los cultivos de la soja. También las carreteras y el ferrocarril cruzan su territorio, además de los campamentos petroleros y gasíferos. Esta composición socio-territorial despliega dinámicas concurrentes que rompen con la armonía ecológica. En la actualidad, las presiones de la expansión agrícola han provocado incendios devastadores en un contexto notoriamente definido por la crisis ecológica, que se nombra eufemísticamente “cambio climático”.

Los incendios incontrolables que se registran en la Chiquitanía, en Santa Cruz, han arrasado a más de 800 mil hectáreas de bosques, cultivos y pastizales. La devastación ha dejado los más de seis mil focos de calor que se registraron en lo que va de agosto en seis municipios: Roboré, San José, San Ignacio, Concepción, San Rafael y San Matías. Se evidencia la catástrofe ecológica en la muerte de animales silvestres; se puede ilustrar la tragedia con fotografías de tortugas y armadillos carbonizados. Se dice que lo que desató el incendio son los chaqueos, que buscan ampliar la frontera agrícola. Las políticas del gobierno se han caracterizado por apoyar el avance de la frontera agrícola; recientemente impulsando la “quema controlada” y la promoción del biocombustible, así como la tala de bosques. En este contexto se puede observar que los bosques se hacen más vulnerables, así como los ecosistemas. Si tomamos en cuenta el incremento de la desaparición de hectáreas de bosques en el periodo de gestiones del gobierno “progresista”, podemos inferir que parte significativa de la responsabilidad de lo que ocurre recae en el gobierno de Evo Morales Ayma. Ciertamente el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente es uno de los factores desencadenantes de los incendios dados, no solamente en la Chiquitanía, que se combina con otros factores intervinientes, que tienen que ver con la crisis ecológica o “calentamiento global”; sin embargo, el hecho de que estas políticas incentivan la ampliación de la frontera agrícola y dejan en suspenso políticas ambientalistas de protección, mucho más, políticas ecológicas de largo plazo, como llevando leña al fuego, convierten al gobierno en un factor de incidencia negativa.

Organizaciones ambientalistas alertaron del daño sobre más de 500 especies de fauna, algunas endémicas, después de difundirse las primeras imágenes de animales muertos por el fuego de los voraces incendios, que han consumido ya casi un millón de hectáreas de bosque, cultivos y pastizales en el noreste y el sureste de Bolivia. Un último reporte oficial del gobierno menciona que las llamas han consumido más de 700 mil hectáreas en el departamento de Santa Cruz, a causa de la quema de campos de cultivo, una práctica depredadora que en Bolivia recibe el nombre de “chaqueo”, con la equivocada creencia de que la ceniza mejora la calidad de la tierra para la siembra. Uno de los lugares más afectados es el Bosque Seco Chiquitano, un complejo de biodiversidad endémico, donde también está laReserva Natural de Tucavaca, donde existen 554 especies distintas de animales, distribuidas en 69 especies de mamíferos, 221 de aves, 54 de reptiles, 50 especies de anfibios y 160 de peces.

Los ambientalistas han achacado la responsabilidad al presidente Evo Morales por la aprobación de legislaciones que dan luz verde a la quema de pastizales para la siembra, con el objeto de ampliar la frontera agrícola, principalmente de soja. En efecto, un decreto supremo del 10 de julio, del año en curso, autoriza en los departamentos de Santa Cruz y Beni el desmonte para actividades agropecuarias.  La norma, emitida por el ejecutivo, se sumó a una ley de 2016, aprobada por el Congreso, de mayoría oficialista, que permite la quema de hasta 20 hectáreas de pastizales para pequeñas propiedades y propiedades comunitarias.

Los incendios que se han generado en la Chiquitanía, particularmente en el municipio de Roboré, han derivado en una emergencia medioambiental que ha afectado la calidad del aire en esta región. Uno de los últimos informes señala índices de concentración de material particulado que supera los 310 microgramos por metro cúbico a causa del humo.

En este trágico panorama, donde claramente el gobierno tiene su responsabilidad, lo lamentable es que, en vez de reconocer sus errores y enmendarlos, los encubre y utiliza la tragedia para hacer campaña electoral, contratando un avión apaga incendios, ante el cuál los jerarcas del oficialismo se sacan fotografías para la posteridad. Lo que no parece que haga el gobierno, que es lo sensato, después de la catástrofe ecológica, es derogar y abrogar sus leyes y decretos que incentivan el extractivismo depredador, la ampliación de la frontera agrícola, la tala de bosques y hasta el “chaqueo controlado”.

 

Conclusiones

Para situarnos en el momento, nos encontramos en el presente dramático de la crisis ecológica, que amenaza la sobrevivencia humana y la vida en el planeta. Es en este contexto donde se tiene que evaluar a los gobiernos, a los Estado-nación, a los organismos internacionales, a sus políticas compartidas y diferenciadas, por Estado, por gobierno, por perspectiva ideológica. Un balance rápido nos muestra fehacientemente que ninguna de estas entidades, instancias e instituciones políticas del mundo ha tomado consciencia del peligro en el que se encuentran las sociedades humanas y las sociedades orgánicas del planeta. En consecuencia, tal como está la correlación de fuerzas en el mundo, donde los Estado-nación, los gobiernos y los organismos internacionales dan la batuta, no hay porvenir para la humanidad, a la que le espera un planeta inhabitable.

Otra enseñanza de lo que acontece, la expansión dramática de los incendios en la Amazonia, en el Chaco y en el Pantanal, es que tanto las expresiones políticas ideológicas de “derecha” y de “izquierda, neoliberales, fascistas criollas, populistas, coinciden y comparten la compulsión depravada de la destrucción de los ecosistemas en aras de la ilusión del desarrollo.

La tercera conclusión tiene que ver con el sorprendente comportamiento pusilánime de las sociedades y los pueblos, que no hacen prácticamente nada ante el anuncio explícito, en términos de síntomas ecológicos, de su desaparición. Podríamos decir, que se trata de un comportamiento suicida, como si estuviesen seducidos por la propia magnitud de la catástrofe.

Sin embargo, lo alentador, en este trágico panorama, es la resistencia y la respuesta de colectivos, de individuos, de voluntades colectivas, como los pueblos indígenas y las agrupaciones activistas y ecologistas, que persisten con una voluntad inquebrantable en la defensa de la vida y del planeta.

Si las sociedades y los pueblos no toman consciencia del peligro en el que se encuentran, sino reaccionan y clausuran la civilización moderna, la civilización de la muerte, no hay porvenir para la humanidad, aunque la vida pueda continuar sin los humanos. En cambio, si lo hacen, si su potencia social es impulsada por los activismos ecológicos, se abre un campo de posibilidades donde el porvenir puede ser una plasmación de la potencia creativa de la vida. 

  

   

Notas

 

[1] Referencias: Amazonia o Amazonía, en el Diccionario Panhispánico de Dudas. Primera edición (octubre de 2005). Guinness World Records 2013 (en español). Según se cita en la pág. 40. Fitzgerald, Eamonn (12 de noviembre de 2011). «Announcing the provisional New7Wonders of Nature» (en inglés). Consultado el 12 de diciembre de 2011. Amazonía, el pulmón del planeta. WWF Global: Ecosistemas amazónicos. Ecoportal.net – Comer carne, ¿es sostenible? “Estamos destruyendo el Amazonas para alimentar vacas”· ELPAÍS.com«Devorando la Amazonía.». Archivado desde el original el 3 de diciembre de 2009. Consultado el 7 de noviembre de 2009. «Ministerio de Ambiente (2016). Tercera Comunicación Nacional de Perú a la Convención Marco de las Naciones Unidas Sobre Cambio Climático, pág. 112.»Tercera Comunicación Nacional de Perú. Reuters (3 de julio de 2019). «Brazil: huge rise in Amazon destruction under Bolsonaro, figures show»The Guardian (en inglés británico)ISSN 0261-3077. Consultado el 4 de julio de 2019. «Amazon Deforestation Is Fast Approaching a ‘Tipping Point,’ Studies Show»The Weather Channel (en inglés estadounidense). Consultado el 2019-08-12. Ver Enciclopedia Libre: Wikipedia:  https://es.wikipedia.org/wiki/Amazonia.

 

[2] Ibídem: Amazonia.

[3] Ibídem: Amazonia.

[4] Ibídem: Amazonia.

[5] Ibídem: Amazonia.

[6] Amazonia. La amazonia boliviana:  https://www.youtube.com/watch?v=GpCfVf0o2tA.

[7] Referencias: Bosque chiquitano (geobotánica). https://es.wikipedia.org/wiki/Bosque_chiquitano_(geobot%C3%A1nica).

Província Chiquitos: https://es.wikipedia.org/wiki/Provincia_Chiquitos.

Ecorregión terrestre bosque chiquitano: https://es.wikipedia.org/wiki/Ecorregi%C3%B3n_terrestre_bosque_chiquitano.

Gobierno político y militar de Chiquitos: https://es.wikipedia.org/wiki/Gobierno_pol%C3%ADtico_y_militar_de_Chiquitos.

Proyecto de departamentización de Chiquitos y Guarayos: https://es.wikipedia.org/wiki/Proyecto_de_departamentizaci%C3%B3n_de_Chiquitos_y_Guarayos.

Leer Los llanos de Chiquitos: Enciclopedia Libre: Wikipedia.

https://es.wikipedia.org/wiki/Llanos_de_Chiquitos.

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PRONUNCIAMIENTO DE LA COALICION CONTRA LA TORTURA

26 de junio – Día Internacional de las NNUU en Apoyo de las Víctimas de la Tortura DETENCIÓN PREVENTIVA Y TORTURA

Pronunciamiento

Tortura 5

Si bien vivimos en tiempos de Democracia, la tortura sigue vigente en nuestro país, en formas diversas y manifestando graves secuelas. De acuerdo al Protocolo Facultativo de la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, el Subcomité respectivo realizó su segunda visita a Bolivia en mayo de 2017 y sacó conclusiones alarmantes de sus visitas a las cárceles.

Como primer punto a rescatar en ese valioso informe, el Servicio para la Prevención de la Tortura (SEPRET) no puede cumplir con los requerimientos del Protocolo Facultativo. Citando el informe: “En relación a la metodología de trabajo del SEPRET, el Subcomité notó que el organismo ponía un énfasis desproporcionado en las condiciones materiales…

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COALICIÓN CONTRA LA TORTURA

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PRONUNCIAMIENTO DE LA COALICION CONTRA LA TORTURA

26 de junio – Día Internacional de las NNUU en Apoyo de las Víctimas de la Tortura DETENCIÓN PREVENTIVA Y TORTURA

 

 

Pronunciamiento

 

Tortura 5

 

Si bien vivimos en tiempos de Democracia, la tortura sigue vigente en nuestro país, en formas diversas y manifestando graves secuelas. De acuerdo al Protocolo Facultativo de la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, el Subcomité respectivo realizó su segunda visita a Bolivia en mayo de 2017 y sacó conclusiones alarmantes de sus visitas a las cárceles.

Como primer punto a rescatar en ese valioso informe, el Servicio para la Prevención de la Tortura (SEPRET) no puede cumplir con los requerimientos del Protocolo Facultativo. Citando el informe: “En relación a la metodología de trabajo del SEPRET, el Subcomité notó que el organismo ponía un énfasis desproporcionado en las condiciones materiales de detención, no entrando en detalle en eventuales alegaciones de tortura y malos tratos”. Esto se debe en gran parte a que el SEPRET no tiene la independencia institucional necesaria del Ministerio de Justicia que le permita denunciar al Estado. En este panorama funesto, en el que se perpetúa la tortura, el SEPRET no es lo suficientemente libre como para evitarlo.

En la actualidad, surgen nuevas formas de tortura, tan dañinas ―a nivel de secuelas― que merecen tanta atención como las que ya se reconocen desde hace mucho tiempo. Entre ellas, el más crítico y frecuente en nuestro país, es el abuso desmesurado de la detención preventiva. Al respecto, el Subcomité urge al Estado a formular una política criminal con atenta mirada a la vulnerabilidad y los derechos humanos, rechazando una aplicación generalizada de la detención preventiva en favor de una justicia restaurativa reparadora. Todo ello teniendo en cuenta que la gran mayoría de las detenciones preventivas conciernen crímenes de bagatela (según destacan los comisionados) de personas sin antecedentes criminales. En la práctica, la detención preventiva sigue constituyendo la regla, a pesar de su carácter excepcional.

La justicia boliviana está repleta de resoluciones infundadas, sobornos, amenazas e incluso torturas. El sistema de justicia carece de los recursos y mecanismos que se requieren para realizar una investigación rigurosa y objetiva. La adherencia al procedimiento de obtención y valoración de pruebas es virtualmente inexistente, haciendo de la confesión la panacea de todo juicio penal. Se ha documentado la existencia de una perversa alianza entre la policía y los operadores de justicia, misma que expone al presunto culpable a formas de tortura y/o de amedrentamiento para someterla y “ablandarla”. ¿Para qué molestarse en romper las cadenas de este esquema para presentar un argumento jurídicamente fundado y basado en pruebas fehacientes?

El “Informe sobre el estado de la Justicia 2018”[1] subraya que solamente un microscópico 0,35% del presupuesto total del Tesoro General de la Nación (TGN) se proporciona al Órgano Judicial, haciendo que el Estado también sea responsable de esta situación. Por su parte, de acuerdo a la ética jurídica, los abogados se encuentran legalmente obligados a “defender con lealtad y eficiencia” los intereses de las personas y a “observar en todo momento una conducta íntegra, honesta, ecuánime, digna y respetuosa del ordenamiento jurídico”, al contrario, se aprovechan de las debilidades del sistema en el que trabajan y de la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran los procesados prometiéndoles la liberación y exigiendo honorarios imposibles.

El problema de esta situación es la cantidad de presos preventivos y la duración indefinida de su detención. Los daños psicológicos y físicos, además de políticos, económicos y sociales son graves para la víctima y repercuten en el entorno familiar, persistiendo más allá de su liberación. Las personas detenidas sin justificación ni condena, privadas hasta de sus derechos humanos más elementales, se hallan en un estado alarmante de impotencia, desesperación y depresión. El solo hecho de encontrarse en detención preventiva representa un fuerte golpe a las probabilidades de absolución o siquiera de un justo enjuiciamiento de la persona acusada. Como se muestra en la tabla siguiente, la detención preventiva da lugar a una serie de alarmantes irregularidades procesales que se acumulan en tanto tratos crueles, inhumanos y degradantes, hasta llegar a calificarse como tortura, en contravención de la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes. Nos encontramos frente a una serie de nuevas formas de tortura que comparten una misma finalidad: la destrucción de la persona humana.

N° de casos tratados por el ITEI entre 2016 y 2018 Violación a los derechos humanos sufrida
52 Falta de respeto a la presunción de inocencia
48 Retardación de justicia
42 Extensión de la detención preventiva a un período mayor a 6 meses
15 Allanamientos ilegales
14 Amenazas de la policía para obtener información/confesiones
14 Tortura física
12 Amenazas dirigidas a abogados de defensa
10 Extensión de la detención preventiva a un período mayor a 3 años
7 Acumulación de juicios
7 Desconsideración de necesidades médicas durante el juicio
5 Amenazas a la familia de la víctima

La desesperación que experimenta la persona detenida conlleva en numerosos casos secuelas traumáticas. Sin embargo, no se limita al sufrimiento psicológico, allí donde emerge todo un abanico de dolencias físicas, tales como artritis, hipertensión, asma y problemas cardiacos. A su vez, los medios de comunicación suelen señalar lo que ellos consideran cierto, sin pruebas válidas de por medio, vulnerando el derecho a la reputación y dañando familias enteras, en particular a niños y niñas.

La gran mayoría de los funcionarios judiciales ignoran las condiciones que se sufren dentro de la realidad que son las cárceles bolivianas. Si, acorde a las palabras de Nelson Mandela, hay que juzgar a las naciones por cómo tratan a sus reclusos, la mirada extranjera debería juzgar severamente las acciones del Estado boliviano (tal y como lo hizo el Subcomité). De tal manera, se ha hecho de la detención preventiva una medida habitual, allí donde ha instaurado una operación automática e injustificada, creando un alarmante nivel de hacinamiento, que ahora alcanza un 330%. Literalmente, los presos ya no caben en las celdas y los sufrimientos biopsicososiales ya no caben en sus mentes ni en sus cuerpos. El Estado debería estar avergonzado, así como también los jueces, fiscales y abogados que permiten que esta nueva forma de tortura (que a su vez promueve la vulnerabilidad a otras numerosas formas de tortura) continué. ´

Por lo expuesto, necesitamos ―ahora más que nunca― una nueva especie de operadores de justicia, que sean:

– Honestos y competentes con una mentalidad y ética profesionales;

– Respetuosos de las debidas garantías procesales (con la finalidad de la administración de la justicia);

– Defensores en contra de todo tipo de tortura y de malos tratos como método de investigación;

– Abyectos a las tentaciones de soborno, a las presiones políticas, económicas y mediáticas;

– Exigentes de las condiciones y la independencia necesarias para velar por el debido proceso.

Las organizaciones de la Coalición Contra la Tortura ―con el respaldo del citado informe del Subcomité― recomienda las siguientes acciones a seguir para las autoridades bolivianas:

– Que instituyan a prontitud un mecanismo nacional de prevención que goce de una total autonomía financiera y funcional en el ejercicio de sus funciones;

– Que otorguen al mecanismo nacional de prevención los recursos suficientes para desempeñar su labor con eficacia;

– Que sigan detenidamente las demás condiciones exigidas en el Protocolo Facultativo y en sintonía con las directrices relativas a los mecanismos nacionales de prevención;

– Que aseguren una nueva legislación que tipifique la tortura y otros malos tratos en concordancia con la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes.

 

 

 

ADHESIONES INSTITUCIONALES

 

Instituto de Terapia e Investigación sobre las Secuelas de la Tortura y Violencia Estatal – ITEI Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia

Asamblea Permanente de Derechos Humanos de La Paz

Comunidad de Derechos Humanos Sociedad Boliviana de Ciencias Forenses

Capítulo Boliviano de Derechos Humanos Democracia y Desarrollo

Adesproc Libertad GLBT

Libertades Laicas Red Iberoamericana CLADEM Bolivia Colmena Juvenil

Centro de Estudios y Apoyo al Desarrollo Local (CEADL)

Jumampi Lurata

Consorcio Boliviano de Juventudes CONBOJUV

Mesa Departamental de Derechos Sexuales y Reproductivos

Red de Lucha contra la Violencia de Sucre

Comunidad de Productorxs en Artes (COMPA)

Asociación de Residentes y Refugiados Peruanos en Bolivia (ARPEBOL)

Católicas por el Derecho a Decidir

Psinergia

Centro de Servicios Agropecuarios Técnicos Chuquisaca – CESATCH

Colectivo Rebeldía

Igualdad LGBTI

ONG Realidades

 

 

ADHESIONES PERSONALES

 

Patricia Brañez Miriam

Granados Troche

Dirk Schmidt

Karina Flores de Schmidt

Jesús Loor

Carla Pamela Martínez Portugal. C.I. 4886786 L.P.

Paola Lorena Barriga Machicado

Roberto Peredo Palacios

José Luis Pardo Donoso

Eduardo León Arancibia

Marta Ticona

Dr. Eusebio Vera Apaza

Kathia Saucedo Paz

Wendy Cornejo

Patricia Guadalupe Flores Salinas

Karina Alcón Miranda. C.I. 9116412 L.P.

Gonzalo Sanjinés. Miembro del Comité Impulsor hacia la Cumbre Social. Presente en la lucha de los productores de coca.

Jenny Ybarnegaray Ortiz C.I. 2335810 L.P.

Alberto Moscoso

Angélica Siles Parrado C.I.477200 L.P.

Gloria Elizabeth Landaeta Rodriguez, C.I. 963852 – Cochabamba.

Edgar Cadima Garzón C. I. 385549 L. P.

Oscar Bravo E.

Aggy Gonzáles

David Inca Apaza. Activista promotor y defensor de los DDHH, fundador de la APDH Omasuyos Lourdes Sansetenea

Carlos Derpic Salazar C.I. 1271460 Pt.

Jhiery Fernández Sumi C.I. 4023781 Or.

Morelia Mamani Callisaya

Gloria Mendieta Ivica Tadic Pereira C.I. 2847294 S.C.

Jakelyn Liberata Tintaya Callisaya

Dominique Turpo E-4910558

Roxana María Cuevas Seláez

[1] “Informe sobre el Estado de la Justicia en Bolivia 2018”, elaborado por la Plataforma Ciudadana por el Acceso a la Justicia y los Derechos Humanos, apoyado por la Unión Europea y la Fundación para el Debido Proceso, publicado abril de 2019.