Todas las entradas por pradaraul

Raúl Prada Alcoreza Escritor crítico y activista ácrata, docente-investigador, coordinador de PLURIVERSIDAD OIKOLOGIAS. Demógrafo. Miembro de Comuna, colectivo vinculado a los movimientos sociales antisistémicos y a los movimientos descolonizadores de las naciones y pueblos indígenas. Ex-constituyente y ex-viceministro de planificación estratégica. Ex-asesor de las organizaciones indígenas del CONAMAQ y del CIDOB. Libros publicados en amazon: Amazon: "libros de raúl prada alcoreza" www.amazon.es/s/ref=nb_sb_ss_i_1_29?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&url=search-alias%3Daps&field-keywords=libros+de+ra%C3%BAl+prada+alcoreza&sprefix=Libros+de+Ra%C3%BAl+Prada+Alcoreza%2Caps%2C356&crid=23BVCVRZBIZAO.

Notas después de la marcha indígena

Notas después de la marcha indígena
Raúl Prada Alcoreza
Paul Valéry: La idea de la dictadura.
No se casi nada de la política práctica, en donde supongo que se encuentra todo aquello de lo que huyo. Nada ha de ser tan impuro, es decir, tan entremezclado de cosas cuya confusión no me gusta, como la bestialidad y la metafísica, la fuerza y el derecho, la fe y los intereses, lo positivo y lo teatral, los instintos y las ideas.
La entrañable fuerza indígena
Lo profundamente, lo entrañablemente anticapitalista es el anticolonialismo anticapitalista indígena. El proyecto indígena es un proyecto civilizatorio alternativo; en este horizonte radica la gran diferencia, la integralidad emancipatoria, el llamado de lo profundamente humano, también de lo profundamente tierra. La vida.
La reconducción del proceso
Las organizaciones indígenas son la defensa profunda del proceso y de la Constitución, es el gobierno el que está contra el proceso. Si el gobierno quiere estar con el proceso tiene que formar parte de la reconducción que se ha iniciado con la victoria del TIPNIS por parte de las naciones y pueblos indígenas. El Pacto de Unidad tuvo sentido en el proceso constituyente, cuando fue parte orgánica del desarrollo del texto constitucional. Ahora se trata de reconducir el proceso y construir el Estado plurinacional comunitario y autonómico, desmantelar, acabar con el Estado-nación, liberal y colonial, que restaura el gobierno. Los indígenas no pueden formar parte de una farsa, de un apoyo al nacionalismo y a los nacionalistas en el gobierno, no pueden formar parte de una alianza de clases que apuesta a ampliar las fronteras agrícolas, agrediendo a la madre tierra. Los indígenas no pueden apoyar una alianza que apoya a la re-composición de la burguesía y el sometimiento a la burguesía internacionalizada brasilera. Los indígenas tienen que formar un nuevo pacto con el pueblo boliviano que los ha apoyado para reconducir el proceso.
Reducciones esquemáticas
Hay quienes confundían el país con un aeropuerto; eso decía Sergio Almaraz Paz del General René Barrientos Ortuño. Hay otros que confunden el país con la escenificación teatral del desenlace del terror de la revolución francesa. También hay quienes confunden el país con una contienda sindical. Pero también hay quienes confunden la política con la eterna maniobra de la manipulación y el montaje. Creen que se pueden suplantar a las organizaciones matrices con la cooptación de dirigentes corruptos.
Más allá de la izquierda y la derecha
Más allá de la izquierda y la derecha, que son términos modernistas y esquemáticos. Inútiles para interpretar las luchas emancipatorias contemporáneas. Incluso, en su época se olvidaron que más radical que la izquierda jacobina, eran los montañeses, que ocupaban la galería del Congreso francés. Esta era la plebe, los san-culottes.
No se puede eludir la realidad
La problemática del TIPNIS es una realidad, así como la problemática de dominación de las trasnacionales hidrocarburíferas y mineras, además de la construcción. El IIRSA es una realidad del proyecto hegemónico de la burguesía brasilera. La constitución es una realidad jurídico-política, también los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios son una realidad política y social. Negar eso con el imaginario paranoico y acusador jacobino no es más que defender el modelo capitalista dependiente y extractivista.
La hipótesis trasnochada del egoísmo
Decir que el egoísmo es como un instinto inherente en el ser humano es como la hipótesis de que el hombre es el lobo del hombre, la hipótesis de la bestialidad. Eso forma parte del imaginario de la ideología modernista. No es una hipótesis verificada. Eso es reducir la condición humana a la condición egoísta a la que la ha restringido el sistema-mundo capitalista. Esta es una subjetividad meramente capitalista. Eso es reducir la plenitud y la complejidad humana a una de las más pobres condiciones de la subjetividad. Como dicen los mexicanos, me extraña que siendo araña te subas por la escalera. ¿No son acaso religiosos los que postulan esta hippotesis? ¿No deberías buscar más bien la condición humana solidaria? Yo no soy católico ni cristiano, pero respeto a todas las religiones y espiritualidades pues han abierto la comprensión del ser humano más allá de la cotidianeidad.
La famosa orden y la forma infantil de eludir responsabilidades
Se supone que la orden se la tomó en reunión de gabinete, estaban todos presentes. Todos fueron cómplices de la orden, desde arriba hasta todos los ministros y ministras, salvo honradas excepciones, como las del Canciller que estaba en contra y la exministra Cecilia Chacón, que renunció ante semejante violación a los derechos fundamentales. Es más se tenía redactado el requerimiento a la fiscalía de intervención para que la firme la ministra de justicia. Con lo que estuvo de acuerdo. Todo esto ocurrió bajo la excusa apresurada y compulsivamente difundida del “secuestro”. A pesar de que el mismo Canciller se opuso a la interpretación del “secuestro”, pues su interpretación es que fue obligado a caminar delante. Este tema de ¿quién dio la orden? se parece a la discusión bizantina de ¿cuántos ángeles dan vuelta alrededor de la punta del alfiler? Lo gracioso es que se toman en serio esta pregunta sobre ¿quién dio la orden cuando todos saben de quienes fueron y quién avaló esa decisión conjunta? La fiscalía se volvió bizantina.
El contraataque del gobierno sin ley y sin palabra
A prepararse, la lucha continua. Se viene la contraofensiva. Quieren revertir la derrota política a como dé lugar. Nuevamente el TIPNIS es objeto de ataques, las comunidades indígenas son amedrantadas, se les cobra por cruzar la “frontera”; hay un escenario de amedrentamiento constante, una guerra sucia contra los indígenas del TIPNIS. Se prepara una movilización cocalera, de ahí se piensa llegar a resoluciones en contra del TIPNIS en el encuentro de Sucre, donde salga el mandato de abrogar la ley que protege al territorio indígena y parque.
La supuesta pose “sociológica”
Hay personas que recurren a la burla o a una supuesta pose “sociológica” en lo que respecta a su discrepancia de las participaciones y apoyo a los marchistas de parte de jóvenes activistas urbanos. No creo que sea curiosidad sociológica sino toma de posición. La batalla del TIPNIS enfrenta el modelo colonial del capitalismo dependiente extractivista, que es la opción efectiva del gobierno, con el modelo del vivir bien, establecido en las resoluciones de Tiquipaya, contenido en la Constitución, modelo alternativo al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo. Las organizaciones indígenas y los marchistas defienden la Constitución, su territorio y la Madre Tierra, en tanto que el gobierno defiende los intereses de OAS, la tras-nacional brasileña constructora, el IIRSA, el proyecto hegemónico del Brasil, la compulsión desforestadora de los cocaleros excedentarios, que avasallaron el parque, que les interesa lo mismo que a los terratenientes del oriente, a la burguesía intermediaria boliviana, a los agro-industriales de Santa Cruz y soyeros, la ampliación de la frontera agrícola en detrimento de la Madre Tierra. Estas son las nuevas alianzas del gobierno. ¿A qué vino Lula, reuniendo a la CAINCO con los dirigentes campesinos, encuentro financiado por OAS? Esta es la nueva burguesía. Los que se hacen la burla de los apoyos urbanos de jóvenes activistas no hacen otra cosa que optar por defender ese modelo extractivista y este gobierno nacionalista que ya está contra el proceso, contra la Constitución, contra el Vivir Bien, contra los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios y el Estado plurinacional comunitario y autonómico. No es una opción sociológica la que se ventila, es una opción política. El sentido y la diferencia política del momento no responde a un esquematismo imaginario y anacrónico, entre una derecha derrotada ya en Pando y una izquierda que ya no es el gobierno, sino entre fuerzas reales y pugnas reales en el momento. Esa posición “objetiva” o de curiosidad es francamente legitimadora de la desviación nacionalista en contra la alternativa plurinacional comunitaria y autonómica. Es una posición colonial, responde a la recolonización por otros medios, por medio de un discurso populista desgastado y un doble discurso en relación a la Madre Tierra.
Siempre se toman posiciones en la lucha de clases y en la guerra anticolonial
Hay que respetar las opciones metodológicas, son perspectivas e instrumentos del punto de partida de la investigación. El me-todo es el camino. Empero hay distintas corrientes metodológicas. Respeto el método weberiano, sobre todo si da resultados en la investigación. Empero no lo comparto, creo como Michel Foucault, desde la perspectiva histórico-política no hay neutralidad, se toman posiciones. El mismo conocimiento forma parte de un campo de luchas. La verdad no es lo que dice Tarsky, la hipótesis que tiene correspondencia con la realidad, sino el producto del poder. No se trata de negar la ciencia, sino comprender que ya estamos en otro horizonte epistemológico científico, de las teorías de la complejidad. En relación a lo otro, puede ser que pase, que se sume gente que no cree en los postulados de la lucha por la Madre Tierra y la Constitución. Eso pasó antes, puede volver a pasar. Lo importante es participar con las fuerzas que defienden la Constitución, la Madre Tierra, el Vivir Bien, como alternativa al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo.
Pulsión de muerte
¿Hay una atracción del abismo? ¿Algo así como una pulsión de muerte? ¿Qué es lo que empuja a insistir en lo mismo que llevó al conflicto del TIPNIS? Después de la derrota política, el gobierno insiste en las causas del problema. ¿Por qué? ¿Grandes compromisos con la empresa constructora OAS, con los cocaleros excedentarios, con los cocaineros? ¿Quién puede creer en esos montajes de San Ignacio de Moxos, localidad que se encuentra fuera del TIPNIS, donde una congregación de supuestos indígenas pide que la carretera pase por el territorio indígena? ¿Quién puede ser tan ingenuo o tan “llunku”? Es como un círculo, sólo los propios funcionarios y los grupos de choque, que hasta los hay escribiendo, que se ocupan de insultar y descalificar. La imagen del espejo. Después de aprobar una ley que declara al TIPNIS intangible, no pueden retroceder. Esto es retorcerse en el coleteo de muerte. ¿Por qué no tienen vocación de reflexionar, de evaluar sobre lo que ha pasado? ¿Por qué son incapaces de rectificar, de aprender de los errores y corregirlos? Parece un mal de la política práctica; la clase política está tan ensimismada en idolatrarse, en mirarse en el espejo, que se ha desconectado de la realidad efectiva y prefiere vivir compulsivamente su propio imaginario desdichado. No pueden entender una cosa tan simple: la carretera no puede pasar por el TIPNIS pues está protegido por la Constitución y las leyes, entre ellas la Ley de los derechos de la Madre Tierra. Hacerlo es violentar la Constitución y las resoluciones de Tiquipaya. No, no pueden entender porque están abismalmente alejados de la Constitución y enredados en el modelo colonial heredado: el capitalismo dependiente del extractivismo. Sin embargo, hay algo que tienen que saber estos políticos, si vuelven a cometer el mismo error, el pueblo boliviano volverá a salir a defender la Madre Tierra y los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios. Por otra parte, deberían instruirse un poco antes de lazar ese castigo de verdugos de que ahora que es intangible el TIPNIS y nadie lo toca, ni los indígenas que habitan la zona. No consultaron otras experiencias sobre normativa de intangibilidad ambiental, como las de Ecuador. Lo intangible se refiere a que no pueden afectar el territorio fuerzas externas extractivistas y desforestadoras, no atenta esta declaración contra los derechos de las naciones y pueblos indígenas consagrados en la Constitución. Por lo tanto podemos hablar de la tangibilidad de la intangibilidad y de la intangibilidad de la tangibilidad, que no es lo mismo. 
Después de la derrota política se mueven todos los hilos para buscar revertir el desenlace. Una muestra de falta de sinceridad y seriedad, se promulga una ley para inmediatamente buscar su abrogación. Se insiste en el suicidio político, se vuelve a retomar las prácticas del teatro político montando escenarios, confundiendo la ficción con la realidad, el imaginario con los acontecimientos. Se cree que la política es astucia sin respetar los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios, sin respetar la ley de intangibilidad del TIPNIS, sin entender lo que quiere decir intangibilidad en la normativa ambiental. Se cree que se puede seguir manejando a la opinión pública con campañas publicitarias y desinformación. Este es el camino laberintico e irremediable al abismo. Enamorados inconscientemente de esta oscuridad caminan atraído por la gravitación de la destrucción. 
Sobre la intangibilidad en la normativa ambiental
No se tiene la menor idea de lo que significa la norma de intangibilidad ambiental. No se consulta los antecedentes en otros países, ni se hace comparaciones. Lo intangible en la norma ambiental no va contra los derechos de las naciones indígenas originarias, al contrario las complementa. Lo que no se puede hacer es violar la constitución con esa clase de declaraciones tan desfachatadas, las del senador de Cochabamba. Se debe respetar la Constitución, los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios, consagrados en la constitución, los derechos de la Madre Tierra. Se debe defender el proceso y no intereses desforestadores de la colonización y el monocultivo desbastador, no los intereses egoístas de cultivos excedentarios destinados a la cocaína, no los intereses de empresas constructoras trasnacionales. Esa actitud es atentatoria del proceso plurinacional, comunitario y autonómico.
Represión y represalias gubernamentales
No se pueden hacer las políticas públicas de tal manera que siempre hay mala intención en su elaboración, sobre todo cuando se trata de políticas encaminadas a cumplir con la Constitución y la Ley, particularmente aquellas encaminadas a cumplir con la ley corta promulgada en defensa del TIPNIS, avasallando a los dirigentes orgánicos del TIPNIS, ignorándolos. Se sabe que al final de cuentas el poder es solitario, que hay una desoladora soledad del poder, de los que están encumbrados y aislados en el poder, empero, esta solitaria actitud no puede desolarnos a todos, a todo el pueblo que ha defendido el TIPNIS, a todas las organizaciones y naciones y pueblos indígenas originarios. No se pueden hacer las cosas por capricho y por voluntad propia y de ministros que lo único que saben hacer es manipular y maniobrar, pues esta actitud lo único que hace es ahondar la propia crisis política y avivar nuevamente el conflicto, que esta vez va a ser gigantesco e indetenible.
Los derechos en la Constitución
La Constitución reconoce la condición de pre-existencia a la Colonia de las naciones y pueblos indígenas originarios, el derecho al autogobierno y a la libre-determinación; la Constitución también establece los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios, donde se encuentran definidos varios derechos, entre ellos, el derecho a la consulta, previa libre e informada. La Constitución también establece la condición autonómica del Estado, definiendo la autonomía indígena como una de las forma de conformación del Estado plurinacional comunitario. El TIPNIS cuenta con título colectivo de propiedad, además que cuenta con una ley que lo declara intangible, que significa en la norma ambiental complementación y reforzamiento de los derechos indígenas, no “in-tocable” en el sentido de que nadie toca, como han querido entender de manera apresurada y beligerante personeros del gobierno. No se puede ocupar militarmente el Territorio Indígena, esto no sólo implica violar los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios, los derechos de la Madre Tierra, la ley corta en defensa del TIPNIS, sino también recuerda las ocupaciones militares de los campamentos mineros en épocas de las dictaduras.
Corrosión y corrupción las armas de las empresas trasnacionales   
La manipulación del OAS, de los comprometidos con esta construcción ilegal y llena de vicios, no tiene límites. No se dan por vencidos, a pesar de la victoria indígena en el conflicto del TIPNIS y la Ley de protección de Territorios Indígena. Esta gente cree que en Bolivia se tiene que imponer la ley de la fuerza del capitalismo, del extractivismo, de los intereses empresariales a través de la las redes de la corrosión y la corrupción. No saben, no entienden, que enfrentan a un pueblo capaz de actos heroicos.
La violencia desmesurada del Estado
La violencia desmesurada del Estado en la etapa represiva jacobina y las profundas contradicciones de un gobierno que opta por el modelo extractivista del capitalismo dependiente, desechando la Constitución, el Estado plurinacional comunitario y autonómico, el modelo del Vivir Bien alternativo al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo, ha llevado a esa represión sañuda y llena de odio contra las naciones y pueblos indígenas que protegen su territorio contra el avasallamiento. Empero, la victoria indígena con la Llegada a La Paz y el recibimiento de un millón de personas y de columnas inmensas, conformadas desde la cumbre hasta la Plaza San Francisco, victoria cristalizada en la promulgación de la Ley corta que protege al TIPNIS y prohíbe la construcción de la carretera, reivindica el sacrificio de los marchistas. Ahora hay que esclarece los hechos, develar a todos los comprometidos con la orden dada para intervenir la marcha y la represión. Es todo el gabinete.
Nuevamente la defensa del TIPNIS
Otra vez la defensa del TIPNIS. El gobierno no entiende, cree que puede promulgar una ley y volver atrás. Cree que todo se resume a la astucia criolla o la manipulación, a la movilización de gente afín con el objeto de volver a insistir en la violación a la Constitución, a la Madre Tierra, a los derechos de las naciones y pueblos indígenas. Volver a insistir en la violación del buen entendimiento y la lógica. El gobierno cree que puede hacer lo que le da la gana sólo por el hecho que tiene en sus manos el poder, los recursos para comprar gente y movilizar a los adherentes, quienes nunca han entendido ni el proceso ni la Constitución, menos lo que significa construir el Estado plurinacional comunitario y autonómico. Estos adherentes creen que lo que se tiene que hacer es repetir consabidamente y aburridamente los trasnochados discursos desarrollistas. No tienen consciencia de que esos discursos no van con la condición plurinacional, la condición comunitaria y la condición intercultural del Estado, no van con la Constitución, no van con el modelo alternativo del Vivir Bien. Por eso no se avergüenzan ni se inmutan de contradecirse de manera tan brutal.
La habilidad manipuladora de la clase política   
Para eso son buenos, para eso hay recursos, para pagar a la gente, para pagar a comunarios, para ponerlos contra sus propios intereses y territorio, aprovechándose de la pobreza y las necesidades de la gente. Son buenos para montar escenarios pues creen que se puede seguir haciendo política con astucia, engañando a la gente, haciendo teatro. Esta es una concepción ciertamente pobre de la realidad. Para los políticos de turno la realidad se resume a la maniobra, es un producto del poder, de la potencia del poder, de su capacidad de deformar los hechos. Están equivocados, ese montaje no dura mucho tiempo, solo es un recurso provisorio de la instrumentalidad del Estado, de los alcances gubernamentales; la realidad efectiva es histórica, es el presente eterno, es la voluntad de cambiar, es resistencia al poder, es el campo de posibilidades abierto y los horizontes dibujados por las luchas sociales y la guerra anticolonial indígena. El recurso a la maniobra de los gobernantes no dura o dura lo que un castillo de naipes puede resistir a una brisa.   
La curva de la indiferencia
No es el siglo XX cambalache sino el siglo XXI curvo y laberíntico. Los gobiernos de derecha y de izquierda cada vez se parecen más. Repiten los mismos hábitos, también tienen el mismo habitus, las mismas prácticas, parecen responder a los mismos intereses. Se coaligan con las empresas trasnacionales, terminan defendiendo el mismo modelo extractivista del capitalismo dependiente, reprimen de igual forma a los pueblos indígenas, que son el contenido y el sujeto del proceso constituyente. En muchos casos, no necesariamente en todos, los gobiernos progresistas se atreven a tomar medidas que los mismos gobiernos neoliberales no se atrevieron. ¿A qué se debe esto? ¿Al gozar de mayor popularidad y credibilidad sienten que es una carta blanca la confianza que les brinda el pueblo? Lo cierto es que podemos hablar de una clase política, que ya es un estrato social y obviamente reproduce el mismo estilo y defiende la reproducción de su misma clase. No importa que unos funcionarios hayan sido convocados de las clases populares y otros de las clases medias, cuando están en función de gobierno responde a las lógicas del poder y a la racionalidad instrumental de la maquinaria estatal.
De la desfachatez política y los crudos intereses
¿Qué se puede llamar esa maniobra tan complicada de aprobar una ley y luego hacer todo para abrogarla? ¿Qué se puede decir de un gobierno que se compromete con resolver el conflicto del TIPNIS por la vía saludable de reconocer los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios y después, a los pocos días, maniobrar para que se anule sus compromisos? ¿Hay algún ápice de seriedad en todo esto? ¿Qué es eso de moverse en una constante incertidumbre? Los acuerdos no son acuerdos, los compromisos no son compromisos, la ley no es la ley; se hace todo al capricho de los gobernantes. Quienes además parecen estar amarrados a los intereses y puestas en juego de empresas trasnacionales. ¿Qué se pude pensar cuando la empresa constructora OAS recurre al chantaje, a la prebenda, a la corrupción, moviendo sus recursos para imponer su voluntad? Los negocios son los negocios y para estos empresarios están por encima de los derechos de los pueblos y de las soberanías. Estas empresas están sobre los gobiernos, el Estado es sencillamente el aparato que garantizan el gran juego financiero y del mercado, garantizan las grandes ganancias que se consiguen alterando todas las reglas y las normas.
Lo que se puede decir es que el gobierno no sólo está atravesado por profundas contradicciones insoslayables sino se encuentra comprometido con intereses y estructuras de poder más grandes que los propios alcances y controles del país. El juego va más lejos que el propio prestigio del gobierno, la propia imagen de los gobernantes, los mismos conflictos internos. Con esto se constata que la soberanía se la ha perdido. Se encuentra supeditada a la irradiación de hegemonías regionales. Claro que también estos intereses regionales se apoyan también en intereses particulares de clases sociales y sectores del país. ¿Quiénes están interesados en que una carretera cruce un parque y territorio indígena protegido por la constitución y las leyes, además defendido por la ley corta promulgada en defensa del TIPNIS? Fuera de la empresa trasnacional OAS, el Banco Nacional de Desarrollo del Brasil, el propio gobierno brasilero y ciertamente, en esta ruta, el gobierno boliviano, son los cocaleros los interesados en esta carretera. La propaganda del gobierno habla de instituciones cochabambinas, las mismas que no se han puesto de acuerdo por observaciones y la posición encontrada de la Universidad Autónoma de San Simón y otras organizaciones. También se habló de instituciones benianas, ¿cuáles? Así mismo, y esto es lo más grave, se presentan a comunarios indígenas del TIPNIS, saltando a las propias organizaciones matrices indígenas de tierras bajas y del TIPNIS. Se hace todo un montaje con la llegada de delegaciones indígenas del TIPNIS y su presentación en la Asamblea Legislativa pidiendo la carretera. La desesperación y la maniobra no tienen límites, tampoco el decoro ni el cuidado de guardar las apariencias. No importa el compromiso del presidente, la promulgación de la Ley corta; lo que importa es imponer la voluntad de dominación vinculada a los caros compromisos, aunque se haga contra toda compostura, la ley, la Constitución y los derechos.
La gravitación del mercado asiático y de la compulsión por ampliar la frontera agrícola es condicionante de estas actitudes inescrupulosas del gobierno. Con la llegada de un grupo indígena pagado por el gobierno se cree que se guardan las apariencias, que se tiene la excusa para volver atrás, volver a foja cero, retomar la construcción de la carretera. Se tiene con esto un desprecio grande de la opinión pública y de las organizaciones sociales, se muestra una imagen supeditada del pueblo, al que se lo considera dócil. Se muestra una patética amnesia que olvida rápidamente los últimos hechos relativos a la marcha indígena y a los recibimientos conmovedores de los pobladores de la ruta de la marcha desde Quiquibey, sobre todo se olvida la recepción de un millón de personas de la ciudad de La Paz que se volcaron a recibir y apoyar a los marchistas. No interesa nada de esto, se tiene para todo otras versiones, aunque las mismas no puedan sostenerse empíricamente. La amnesia unida al desconocimiento tácito de los hechos son los tristes recursos que se tiene para justificar el retorno a la violación de los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios y los derechos de la Madre Tierra, la violencia sobre la misma ley promulgada. Sencillamente no se acepta lo ocurrido, no se acepta la derrota, no se acepta la voluntad popular; lo que se tiene por postulado son los compromisos y un discurso supuestamente desarrollista.
¿Cuánta sinceridad hay en todo esto? Por más criticable que pueda ser la ilusión desarrollista, ventilada en los discursos gubernamentales, no parece ser el sentido de decisiones tan arriesgadas; el sentido parece más pedestre. Hay compromisos, hay intereses en juego, hay economía política del chantaje, hay sobre-ganancias y participaciones. Hay una empresa constructora trasnacional, observada por donde estuvo, tanto en Brasil como en Sud América, acostumbrada a ejercer su dominio comprando consciencias y corrompiendo; empresa que se ha convertido en el factor desequilibrante y perturbador en el conflicto.
Del cumplimiento constitucional
 El cumplimiento de la constitución es para todos, nadie escapa a sus mandatos, sobre todo cuando se trata del cumplimiento y la garantía de los derechos fundamentales y de las naciones y pueblos indígenas originarios. La violación desmesurada que se cometió en la represión a una marcha pacífica, que estaba además acampando y en espera, comprende delitos flagrantes. Los que se niegan a cumplir con la Constitución no solo cometen actos inconstitucionales, sino que también están encubriendo delitos cometidos. Son también cómplices de la violación de derechos.  
                   
Anuncios

De la desfachatez política y los crudos intereses

De la desfachatez política y los crudos intereses
Raúl Prada Alcoreza
¿Qué se puede llamar esa maniobra tan complicada de aprobar una ley y luego hacer todo para abrogarla? ¿Qué se puede decir de un gobierno que se compromete con resolver el conflicto del TIPNIS por la vía saludable de reconocer los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios y después, a los pocos días, maniobrar para que se anule sus compromisos? ¿Hay algún ápice de seriedad en todo esto? ¿Qué es eso de moverse en una constante incertidumbre? Los acuerdos no son acuerdos, los compromisos no son compromisos, la ley no es la ley; se hace todo al capricho de los gobernantes. Quienes además parecen estar amarrados a los intereses y puestas en juego de empresas trasnacionales. ¿Qué se pude pensar cuando la empresa constructora OAS recurre al chantaje, a la prebenda, a la corrupción, moviendo sus recursos para imponer su voluntad. Los negocios son los negocios y para estos empresarios están por encima de los derechos de los pueblos y de las soberanías. Estas empresas están sobre los gobiernos y los estados son sencillamente los aparatos que garantizan el gran juego financiero y del mercado, garantizan las grandes ganancias que se consiguen alterando todas las reglas y las normas.
Lo que se puede decir es que el gobierno no sólo está atravesado por profundas contradicciones insoslayables sino se encuentra comprometido con intereses y estructuras de poder más grandes que los propios alcances y controles del país. El juego va más lejos que el propio prestigio del gobierno, la propia imagen de los gobernantes, los mismos conflictos internos. Con esto se constata que la soberanía se la ha perdido. Se encuentra supeditada a la irradiación de hegemonías regionales. Claro que también estos intereses regionales se apoyan también en intereses particulares de clases sociales y sectores del país. ¿Quiénes están interesados en que una carretera cruce un parque y territorio indígena protegido por la constitución y las leyes, además defendido por la ley corta promulgada en defensa del TIPNIS? Fuera de la empresa trasnacional OAS, el Banco de Desarrollo del Brasil, el propio gobierno brasilero y ciertamente, en esta ruta, el gobierno boliviano, son los cocaleros los interesados en esta carretera. La propaganda del gobierno habla de instituciones cochabambinas, las mismas que no se han puesto de acuerdo por observaciones y la posición encontrada de la Universidad Autónoma de San Simón y otras organizaciones. También se habló de instituciones benianas, ¿cuáles? Así miso, y esto es lo más grave, se presentan a comunarios indígenas del TIPNIS, saltando a las propias organizaciones matrices indígenas de tierras bajas y del TIPNIS. Se hace todo un montaje con la llegada de delegaciones indígenas del TIPNIS y su presentación en la Asamblea Legislativa pidiendo la carretera. La desesperación y la maniobra no tienen límites, tampoco el decoro ni el cuidado de guardar las apariencias. No importa el compromiso del presidente, la promulgación de la Ley corta; lo que importa es imponer la voluntad de los caros compromisos, aunque se haga contra toda compostura, la ley, la Constitución y los derechos.
La gravitación del mercado asiático y de la compulsión por ampliar la frontera agrícola es condicionante de estas actitudes inescrupulosas del gobierno. Con la llegada de un grupo indígena pagado por el gobierno se cree que se guardan las apariencias, que se tiene la excusa para volver atrás, volver a foja cero, retomar la construcción de la carretera. Se tiene con esto un desprecio grande de la opinión pública y de las organizaciones sociales, se muestra una imagen supeditada del pueblo, al que se lo considera dócil. Se muestra una patética amnesia que olvida rápidamente los últimos hechos relativos a la marcha indígena y a los recibimientos conmovedores de los pobladores de la ruta de la marcha desde Quiquibey, sobre todo se olvida la recepción de un millón de personas de la ciudad de La Paz que se volcaron a recibir y apoyar a los marchistas. No interesa nada de esto, se tiene para todo otras versiones, aunque las mismas no puedan sostenerse empíricamente. La amnesia unida al desconocimiento tácito de los hechos son los tristes recursos que se tiene para justificar el retorno a la violación de los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios y los derechos de la madre tierra, la violencia sobre la misma ley promulgada. Sencillamente no se acepta lo ocurrido, no se acepta la derrota, no se acepta la voluntad popular; lo que se tiene por postulado son los compromisos y un discurso supuestamente desarrollista.
¿Cuánta sinceridad hay en todo esto? Por más criticable que pueda ser la ilusión desarrollista, ventilada en los discursos gubernamentales, no parece ser el sentido de decisiones tan arriesgadas; el sentido parece más pedestre. Hay compromisos, hay intereses en juego, hay economía política del chantaje, hay sobre-ganancias y participaciones. Hay una empresa constructora trasnacional, observada por donde estuvo, tanto en Brasil como en Sud América, acostumbrada a ejercer su dominio comprando consciencias y corrompiendo, empresa que se ha convertido en el factor desequilibrante y perturbador en el conflicto.
                    

La curva de la indiferencia

La curva de la indiferencia
Raúl Prada Alcoreza
No es el siglo XX cambalache sino el siglo XXI curvo y laberíntico. Los gobiernos de derecha y de izquierda cada vez se parecen más. Repiten los mismos hábitos, también tienen el mismo habitus, las mismas prácticas, parecen responder a los mismos intereses. Se coaligan con las empresas trasnacionales, terminan defendiendo el mismo modelo extractivista del capitalismo dependiente, reprimen de igual forma a los pueblos indígenas, que son el contenido y el sujeto del proceso constituyente. En muchos casos, no necesariamente en todos, los gobiernos progresistas se atreven a tomar medidas que los mismos gobiernos neoliberales no se atrevieron. ¿A qué se debe esto? ¿Al gozar de mayor popularidad y credibilidad sienten que es una carta blanca la confianza que les brinda el pueblo? Lo cierto es que podemos hablar de una clase política, que ya es un estrato social y obviamente reproduce el mismo estilo y defiende la reproducción de su misma clase. No importa que unos funcionarios hayan sido convocados de las clases populares y otros de las clases medias, cuando están en función de gobierno responde a las lógicas del poder y a la racionalidad instrumental de la maquinaria estatal.

Reflexiones sobre el Ornitorrinco

Reflexiones sobre el Ornitorrinco
Raúl Prada Alcoreza
No vamos a hablar de la zoología del ornitorrinco, tampoco del libro de Umberto Eco sobre Kant y el ornitorrinco, vamos a hablar de la metáfora que usa Francisco de Oliveira para analizar el perfil y la estructura histórica de la formación económica del Brasil. A partir de esta reflexión sobre una potencia emergente vamos a desplegar una reflexión sobre el perfil y la estructura de la formación económica y social boliviana, sobre todo teniendo en cuenta los desafíos del proceso de cambio.
Francisco de Oliveira publica un sugestivo texto crítico, como parte de la crítica a la razón dualista, que separaba los mundos de la economía entre tradicionales y modernos. El sugerente texto de crítica se titula El ornitorrinco, figura que toma de un animal extraño para caracterizar lo que sucede con el denominado desarrollo brasileño. Nos referimos a la extraña apariencia de este mamífero ponedor de huevos, venenoso, con hocico en forma de pico de pato, cola de castor y patas de nutria. Esta figura y esta composición compleja inspiro a Francisco de Oliveira una caracterización también de composición y combinación complejas de las economías capitalistas periféricas. ¿Cómo describe al ornitorrinco económico y social?
Altamente urbanizado, con poca fuerza de trabajo y población en el campo, aunque sin ningún residuo pre-capitalista; por el contrario, con presencia de un fuerte agrobusiness. A esto se suma un sector completo de la segunda revolución industrial, avanzando titubeante por la tercera revolución, la molecular-digital o informática. Por un lado, una estructura de servicios muy diversificada – sobre todo cuando está ligada a los estratos de altos ingresos que, en rigor, son más ostensiblemente perdularios que sofisticados – . En el otro extremo, una estructura muy primitiva, ligada directamente al consumo de los estratos pobres. Posee también un sistema financiero  todavía atrofiado  pero que, precisamente por la financiarización y el aumento de la deuda interna, acapara una gran proporción del PIB[1].
Francisco de Oliveira visualiza la recreación y expansión de la informalidad, la mantención del crónico desempleo, el encubrimiento del subempleo, como formas de articulación y subvención a la acumulación de capital, formas completamente articuladas y funcionales a los sistemas de industrialización e incursión en la tecnología molecular-digital. Combinaciones que forman parte de esa complementariedad y recreación violenta entre la forma de acumulación ampliada y la forma de acumulación originaria por despojamiento. Todo esto atravesado por un sistema financiero que cubre el funcionamiento económico, succionando las esferas y los circuitos económicos a la lógica de la financiarización, que empuja al uso especulativo del capital financiero. Produciendo entonces un endeudamiento externo e interno que caracterizan a las actuales economías dependientes, llamadas emergentes. Este ornitorrinco económico y social se sostiene sobre la extensa base de la diferenciación social excluyente y marginada de la distribución de la riqueza y el excedente, que se concentran desproporcionalmente en la minoría poblacional de empresarios privilegiados por el monopolio y el apoyo estatal, a la que se suman las clases medias beneficiadas por la expansión de los servicios e impulsadas al consumo. La gran mayoría de la población está condenada a vivir en los márgenes de esta modernidad, pasando de ser el ejército industrial de reserva a la masa gigantesca de trabajadores informales, proletariado nómada y habitante de los barrios prohibidos.
Se trata del reino de la informalidad, el desvanecimiento del salario, del adelanto del costo de producción.
La tendencia moderna del capital es suprimir el adelanto: el pago a los trabajadores pasa a depender de los resultados de las ventas de los productos-mercancía. En las formas de tercerización del trabajo precario, y en lo que – entre nosotros – se continúa denominando “trabajo informal”, éste es un cambio radical en la determinación del capital variable. Así, aunque parezca extraño, los rendimientos de los trabajadores pasan a depender de la realización del valor de las mercancías, lo que antes no ocurría. En los sectores todavía dominados por la forma salario, sigue en pie la anterior modalidad, tanto es así que la reacción de los capitalistas  es desemplear la fuerza de trabajo. El conjunto de los trabajadores es transformado en la suma independiente de un ejército de activos y de reserva, que se intercambia no de acuerdo con los ciclos de negocios, sino diariamente[2].
Esto es, se produce la suspensión de la producción, de la valorización de la producción, por lo tanto de la valorización del tiempo socialmente necesario del trabajo. Lo que se hace, sobre la base de su ocultamiento, es abrir nuevamente las temporalidades de la super-explotación, así como del dominio absoluto de la circulación y el mercado, obligando a la gente al sacrificio y a la donación de sus vidas en aras de la realización de la ganancia. Suspendiéndose con esto los derechos conquistados en la historia de las largas luchas sociales. Desde entonces ya no se trata de los derechos, tampoco del sujeto de los derechos, sino de la realización descarnada de las ventas y de los resultados del sistema. Se vive entonces la dramática experiencia de la precarización, de la fragmentación, de la dispersión y la diseminación de las formas de vida y de las formas de organización. La realización de las super-ganancias, la construcción deslumbrante de las grande urbes metropolitanas, la conformación de barrios de ensoñación y oasis paradisiacos, contando también con los moles comerciales y de consumo para las clases medias, sólo se pueden dar si al mismo tiempos se transfieren los costos de la magnificencia a extensas zonas suburbanas, a expansivos entornos de miseria, a favelas interiores o ruralidades vaciadas y detenidas en el tiempo. El costo no sólo se materializa en los perfiles de la marginación y la exclusión, sino también la conformación de mundos paralelos y periféricos.
El caso boliviano nos lleva a otra figura; podemos decir que no se vive una primera, tampoco una segunda revolución industrial, como en el caso de Brasil. Si bien los gobiernos nacionalistas impulsan la nacionalización de las empresas mineras y de las empresas hidrocarburíferas, estas nacionalizaciones no pasan a una etapa de industrialización. La economía boliviana se estanca básicamente en un modelo extractivistas primario exportador. La explotación minera e hidrocarburífera es la base de la economía, aunque también podemos hablar de la participación de la agroindustria, que abre un espacio en la explotación de los monocultivos, principalmente de la soya, también de la quinua, así mismo el monocultivo de la coca; debemos anotar que el cultivo de la coca dibuja en el mapa alarmante de la expansión de los monocultivos un desplazamiento avasallante respecto a la frontera agrícola, los parques y los territorios  indígenas, sólo que en este caso las estadísticas son inciertas. No se puede hablar de una revolución industrial, aunque hay que anotar que la industria textil ha venido abriéndose un espacio significativo en las exportaciones. Hay que anotar que para esta clase de manufacturas el mercado interno es pequeño y no atractivo, además esta clase de industria tiene que enfrentar la desleal competencia del contrabando. La tercerización de la economía es notoria sobre todo por el crecimiento de las actividades informales y de la población involucrada en las mismas.
Se ha dado un crecimiento de las ciudades y por lo tanto de la población urbana, empero no se ha llegado a la situación del crecimiento urbano exacerbado de las metrópolis de Sud América. Podemos hablar de un crecimiento modesto, aunque ha cambiado el perfil demográfico de la población, convirtiéndose la población urbana en la mayoritaria. En estas condiciones se han formado algunas ciudades talleres, como la ciudad de El Alto, donde se cuenta con una cantidad inmensa de micro-empresas, empero con características informales. Por lo tanto la demanda de los servicios ha aumentado sin que los gobiernos municipales puedan responder adecuadamente al crecimiento de la demanda. Se entiende entonces que ha crecido la marginalidad que acompaña al crecimiento de las ciudades, los barrios suburbanos que no cuentan con los servicios básicos. El peso de la economía campesina ha venido disminuyendo considerablemente de una manera paulatina, economía que ha alimentado tradicionalmente a la población de las ciudades, sobre todo de la región occidental del país, comparando con la actual expansión y crecimiento de la agricultura, la agro-industria y la agropecuaria de la región oriental del país, controlada por propietarios privados, empresarios y terratenientes.
Ciertamente el impacto económico de la nacionalización de los hidrocarburos o del proceso de nacionalización ha sido importante en la configuración de la disponibilidad dineraria del Tesoro General de la Nación, de las prefecturas, ahora gobernaciones, de los municipios y universidades. Empero esta disponibilidad no ha redundado en la modificación de las estructuras económicas del país, tampoco regionales. Ha aumentado la capacidad de gasto aunque no notoriamente de la ejecución, tampoco de la inversión. Sin embargo, esta disponibilidad ha permitido la redistribución de los recursos monetarios a estratos de la población necesitados. El Bono Dignidad, para los adultos mayores, el Bono Juancito Pinto, destinado a los niños en edad escolar, el Bono Juan Azurduy, con el objeto de atender a las madres y disminuir la mortalidad materno infantil, son los  mecanismos de esta redistribución, que si bien tiene impacto inmediato no resuelve a largo plazo los problemas de demanda de los estratos más pobres de la población.
Al no contar con una industria en un sentido integral, al no poder abastecer a la demanda interna, sobre todo de mercancías manufacturadas, el país se convierte en un espacio privilegiado para el comercio, tanto formal como informal, tanto legal como ilegal. Una de las mayores ocupaciones de las poblaciones fronterizas es el contrabando, incluso las ciudades cercanas a la frontera convierten al contrabando en una de las actividades más rentables. El contrabando también se halla vinculado a otras actividades ilícitas, el narcotráfico, el lavado de dinero y otros tráficos, como el tráfico de tierras. Son estos circuitos paralelos los que terminan desfigurando el campo económico.
La dinámica económica depende del mercado externo, tanto de las exportaciones como de las importaciones, donde las exportaciones son las que permiten las mismas importaciones. Entonces es el comercio exterior el que impulsa la producción económica. El principal rubro de exportaciones es el gas, le sigue el zinc, después la plata, continúa la soya, le sigue el estaño metálico, continúan los combustibles, sigue el plomo, después el girasol, para seguir con la castaña. Como puede verse estamos ante un perfil primario exportador por excelencia.
¿Qué podemos decir de este perfil económico en comparación con el perfil económico del Brasil, formación económico-social caracterizada por Francisco de Oliveira con la figura del ornitorrinco? Ciertamente no estamos comparando las dimensiones, los volúmenes, las cantidades, sino los perfiles. Ante la fabulosa composición y combinación compleja entre las estructuras de la primera revolución industrial y la segunda revolución industrial con la extensión de la economía de los servicios, las formas de la economía informal y las formas de la economía virtual del Brasil, Bolivia muestra un perfil más modesto, empero con una hipertrofia, si se puede hablar así, de los sectores extractivistas, de las actividades vinculadas a la explotación de materias primas, pero también de los servicios.
El modelo populista
Vamos a interpretar la coyuntura económica del país a partir de la Memoria de 2010 del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas, una memoria que básicamente hace una evaluación macro-económica y monetarista, que a pesar de las restricciones descriptivas y reducidas a indicadores generales, nos permite la excusa para hacer un recorrido al perfil y la estructura de la formación económico y social boliviana. Además de evaluar los propios alcances del discurso economicista y del discurso populista.
El Ministerio de Economía y Finanzas Públicos en su Memoria Anual de 2010 dice que se estima un crecimiento del 4.1 %, y que además la política económica se ha encaminado a garantizar la estabilidad macro económica, a continuar con la política social de apoyo a la población vulnerable, además del fomento al sector productivo. La memoria dice que el desempeño de la economía se ha debido al dinamismo del transporte, las comunicaciones, los hidrocarburos, los servicios financieros y la industria manufacturera, además del continuo trabajo de la construcción y servicios básicos. Aunque el crecimiento minero fue negativo, asociado a conflictos sociales, particularmente el de Potosí.  Por otra parte, el sector agropecuario tuvo un leve decrecimiento debido a efectos climáticos. Los indicadores externos mostraron saldos positivos, los depósitos y créditos del sistema financiero alcanzaron nuevos niveles récord, la bolivianización de la economía se aceleró. La solidez del sistema financiero también se evidenció. Los créditos del Banco de Desarrollo Productivo (BDP) y la creación del Fondo Propyme Unión continuaron promoviendo el acceso al financiamiento y fomentando la actividad productiva, especialmente de los pequeños y medianos productores. Se dice también que se registró un superávit en las cuentas públicas; esto debido a mayores ingresos, principalmente tributarios e hidrocarburíferos, así como al control del gasto corriente. El nivel de recaudación superó el nivel del año pasado, esto asociado al desempeño económico y a la eficiencia tributaria. Por el lado del gasto fiscal, el incremento de recursos necesarios para las actividades de mayoreo de las empresas públicas estratégicas determinó un incremento de las partidas de bienes y servicios que incidió mayoritariamente en el crecimiento del gasto corriente. El año de evaluación de la memoria la inversión pública superó los 1500 millones de dólares, asignándose mayores recursos a la infraestructura, a proyectos sociales y al sector productivo. No se ve con preocupación la deuda interna y la duda externa; la primera llega al 23 % y la segunda el 15 % del PIB.
Como se puede ver estamos ante un análisis típicamente monetarista, no muy distinto a los análisis que se hacen en otras partes y en los gobiernos anteriores. La diferencia radica en la en el papel del Estado, que ciertamente creció y tiene una mayor participación que en los periodos de implementación del proyecto neoliberal. Lo que se muestra con mayor notoriedad son los logros en el equilibrio macroeconómico, que en comparación con los periodos neoliberales, se logró con mayor eficacia. ¿Pero, esto qué nos dice? ¿Mayor consecuencia respecto a las políticas monetaristas? ¿Esa es una buena señal cuando se trata de transformar el modelo económico extractivista e incursionar en un modelo productivo que salga del paradigma primario exportador? ¿No se debería proyectar la política económica a una agresiva campaña de inversiones en los sectores productivos, prioritariamente en los que tienen que ver con la soberanía alimentaria, además de encaminarse seriamente a la industrialización de las materias primas? ¿Importa el equilibrio? ¿No es necesario y hasta urgente un desequilibrio dinámico destinado a una estrategia de inversión en la producción?  Estas son las preguntas a las que hay que responder. No convence el seguir una política tan conservadora cuando se trata de transformar la estructura económica extractivista, comercial, informal y soyera. Sólo sirve de propaganda, incluyendo  los modestos alcances de la política social.
La memoria estima que son como unas tres millones de personas las que se beneficiaron con las trasferencias condicionadas, cerca del 30 % de la población boliviana. Por ese camino se ponderan los logros de la alfabetización, el programa Bolivia Cambia, Evo Cumple; también Tarifa Dignidad y Vivienda solidaria, aunque con menos incidencia y más problemas en su cumplimiento. Son ciertamente de impacto inmediato la política de los bonos, empero no dejan de ser medidas de corto plazo; no llegan a resolver los problemas estructurales, pues las condiciones que determinan estos problemas se mantienen y no desaparecen con estas medidas. Lo que llama la atención es que ya en la segunda gestión de gobierno no se cuente con políticas a mediano y largo plazo, no se cuente con estrategias transformadoras y se siga optando por medidas coyunturales que terminan convirtiéndose en intrascendentes, pues no modifican la estructura de exclusiones y desigualdades.
Se dice que la pobreza moderada bajo del 56 % al 50 % y que la pobreza extrema lo hizo casi del 30 % al 26 %. No dejan de ser modestas estas variaciones en un gobierno popular y en proceso de cambio. No hay una política radical de erradicación de la pobreza; todo se parece a los objetivos del milenio, que es una herencia de gobiernos anteriores en acuerdos con la Cooperación Internacional. Lo mismo podemos decir de la reducción del desempleo que habría disminuido de un 7 % a menos de un 6 %. No se habla del subempleo ni del desempleo encubierto. La verdad es que no se ha resuelto el gran problema de las fuentes de trabajo, estables y con pleno reconocimiento de los derechos sociales de los trabajadores. El Ministerio de Economía y Finanzas no salió del discurso de propaganda, cuando lo que le compete al gobierno es un agudo análisis de la situación y enfrentar los problemas de manera abierta y crítica.
Lo que se ha notado es un incremento en la construcción con la participación compuesta de crédito bancario privado y empresas constructoras privadas. ¿A qué se debe este auge de la construcción, sobre todo de edificios de vivienda y de oficinas? ¿Gran disponibilidad de dinero de los bancos, que se dice que supera los cuatro mil millones de dólares? ¿Especulación financiera y de la construcción? A qué se debe esta sobreoferta de viviendas caras en las ciudades del eje central? ¿Por ahí va la solución a los problemas de la transformación económica, de la exclusión y la desigualdad? La verdad es que este auge contrasta con el pobre rendimiento de los programas de vivienda social, programas además llenos de obstáculos y con múltiples denuncias de corrupción. La iniciativa privada de sobreoferta para las clases medias altas contrasta con los exiguos alcances de la iniciativa pública en los programas de vivienda social. No vamos a preguntarnos por qué no se nacionalizó la banca, que forma parte del sistema financiero internacional, puesto que esto no está al alcance de un gobierno populista que no ha cumplido con la nacionalización de los hidrocarburos. Vamos a preguntarnos por qué no se ha condicionado a la banca a orientar el crédito a la producción y el crédito a los estratos necesitados. ¿Qué clase de compromisos tiene el gobierno con la banca para que no cuente con una política financiera clara y de transformación?
En la memoria se llama la atención sobre las políticas encaminadas a superar el modelo primario exportador; se menciona el apoyo a 16000 pequeños productores a través de EMAPA, contribuyendo a la producción de trigo, arroz, soya y maíz. Estos apoyos no dejan de ser importantes a partir del BDP y del Fondo Propyme Unión, pues tienen incidencia en los rubros que pueden armar las condiciones para la seguridad y soberanía alimentaria, empero los alcances de estas iniciativas son todavía modestas; 184 millones de dólares por parte del BDP y 4,2 millones de dólares por parte del Fondo. ¿Por qué no se tiene una política agresiva en este terreno?
Volviendo a las reflexiones sobre el ornitorrinco debemos preguntarnos: ¿A qué figura se parece el perfil de la formación económica y social boliviana? Estamos ante un perfil económico cuya base densa y fundamental radica en el extractivismo de hidrocarburos y minerales, con cierto peso de la producción agrícola y agroindustrial destinada al mercado interno; esta última también con acceso reciente al mercado externo. La construcción y la manufactura tiene su importancia, sobre todo la primera, que no ha dejado de tener incidencia, incluso en tiempos difíciles de la crisis; la segunda sobre todo en lo que tiene que ver con la producción alimentaria, sin descartar la industria textil con todos sus altibajos. En la memoria se dice que la producción de gas creció en el orden del 16,7 %, en tanto que la producción de petróleo en el orden de un 2,3 %. La construcción tuvo un crecimiento promedio desde el 2006 al 2010 del orden del 10%. Ahora bien hay que diferenciar los montos comprometidos tanto en hidrocarburos como en la construcción; la participación del petróleo crudo y gas natural en el PIB es el doble de la participación de la construcción. Lo mismo ocurre con los minerales metálicos y no metálicos, cuya participación es el doble que la participación de la construcción. Bajo esta misma comparación, la participación en el PIB de la industria manufacturera es el quíntuple que la participación de la construcción. La participación en el PIB de la agricultura, silvicultura, caza y pesca es el cuádruple que la participación de la construcción. En comparación la participación del comercio es dos veces y medio que la participación de la construcción y la del transporte, almacenamiento y comunicaciones es el triple y medio que la participación de la construcción. Comprendiendo este cuadro, ¿qué quiere decir esto? Si nos basamos en el esquema que divide la economía en tres sectores, primario, secundario y terciario, siendo el primario el extractivista, el secundario el de la industria y el terciario el de los servicios y el comercio, podemos decir que si bien el ingreso del país depende básicamente de las exportaciones hidrocarburíferas y minerales, se nota el peso creciente de los servicios y el comercio en el gasto, en el empleo, en el uso del excedente. Lo que se llama industria no deja de ser un espacio intermedio bastante exiguo, sin identidad propia, altamente vulnerable, dependiendo de los vaivenes del mercado interno, a pesar de su reciente incursión en el mercado externo.
Desde el punto de vista de la estructura social, no hay propiamente una burguesía industrial, como ocurre por ejemplo en Brasil; lo que puede observarse es una burguesía banquera y comercial, fuertemente articulada a un núcleo de formación agroindustrial, ligada a los latifundios del oriente del país. El papel del Estado ha cobrado peso desde la nacionalización de los hidrocarburos, incursionando en la formación de empresas estatales, que sin embargo no han terminado de consolidarse, salvo quizás EMAPA. De acuerdo a informes del mismo gobierno, se dice que el Estado tiene una participación del 32 % en la economía del país.
Ahora bien, desde el punto de vista de la formación de capital, no parece formar un capital estatal el ingreso por concepto de exportaciones de hidrocarburos y minerales, pues no hay acumulación de capital, es decir valorización dineraria, inversión en el sentido de la acumulación capitalista. Más parece ser una masa importante de disponibilidad dineraria, de ingreso, tragada por el Tesoro General de la Nación, por el presupuesto, con fines de gasto y de distribución. Lo que quiere decir que las grandes empresas estatales no son manejadas en términos de la formación de capital sino como dispositivos de captación de recursos dinerarios, el excedente no se convierte en plusvalía. Sin embargo, la formación de capital se produce en la burguesía bancaría, comercial y agroindustrial.
En esta descripción se puede ver que ni el Estado ni la burguesía industrial están realmente interesados ni en una primera ni en una segunda revolución industrial. El Estado está atrapado en la captación de recursos dinerarios, destinados al presupuesto, también a la acumulación de reservas, que ya llegan a más de los doce mil millones de dólares; empero, se encuentra como rezagado a desarrollar una política de revolución industrial. La burguesía financiera, comercial y agro-industrial tampoco está interesada en una inversión de magnitud hacia una revolución industrial. La banca se encuentra conforme con la generación de ganancias debido a la captación del ahorro, la intermediación financiera y la especulación financiera; la burguesía agroindustrial está interesada en la ampliación de la frontera agrícola, transfiriendo los costos de su crecimiento y enriquecimiento a la naturaleza; la burguesía comercial prefiere seguir creciendo aprovechando su papel intermediario en la circulación de mercancía. Los pequeños núcleos industriales estatales y privados están muy lejos de articular e integrar un proyecto de revolución industrial.
Cuando se habla de revolución industrial, se lo hace más desde un imaginario estatal, que orienta la política económica, de la inversión económica, más en la apertura a la construcción de una logística, de una infraestructura económica, ligada fuertemente a la construcción de carreteras. Se han recuperado fundiciones, cono la de Vinto, que no abastece en absoluto para atender a la producción minera, que sigue exportando en la condición de minerales y materia prima. El complejo de Karachipampa no termina de comenzar a funcionar como se debe; tampoco hay otros proyectos de fundición de minerales, salvo el incierto proyecto siderúrgico del Mutún, que no termina de instalarse y de funcionar. Por lo tanto no podemos hablar de una industria pesada y de unas industrias livianas articuladas. Estamos ante fragmentos dispersos, islas, que no lograr formar una plataforma industrial. La industrialización sigue siendo un sueño, un imaginario, que no se toma en serio, pero sirve para el discurso de propaganda.
En este sentido, no se puede hablar de desarrollo, en el sentido de la interpretación que hacían los nacionalistas del siglo pasado, cuyo eje era la sustitución de importaciones. Aunque haya crecimiento económico, variaciones positivas del producto interno bruto, acumulación de reservas, no hay desarrollo, no hay acumulación de capital. Lo que hay es expansión del modelo extractivista, mayor dependencia de las exportaciones de materias primas, mayor control del Estado en la captación de los recursos monetarios, participación en el control administrativo de las empresas públicas, hidrocarburíferas y mineras, pero no formación de un capitalismo de Estado, aunque este proyecto haya estado en ciernes en los proyectos políticos. El capitalismo de Estado es un proyecto no una realidad.
No hay desarrollo, en el sentido mencionado, lo que hay es crecimiento, un crecimiento que permite la formación de una burguesía financiera, comercial y agroindustrial, un crecimiento donde el Estado juega un papel importante como administrador y captador de recursos monetarias, un Estado que no llega a ser empresario. Este crecimiento se basa en la super-explotación de los trabajadores, la mayoría de los cuales esta reducido a su condición informal o de proletariado nómada, que no se encuentra sindicalizado, tampoco goza de derechos y de seguro. Se han formado miles de micro-empresas sobre la base de la explotación familiar y explotación semi-esclava, parecidas a las condiciones salvajes del capitalismo. En este panorama se distribuyen de manera dispersa algunas industrias textiles y de alimentos que no llegan a articular una plataforma industrial. El crecimiento del núcleo agro-industrial se basa en la expansión de la frontera agrícola, por lo tanto en la transferencia de los costos a la naturaleza.
Lo que sí se puede constatar es la presencia gravitante de empresas trasnacionales en la minería, así como en los hidrocarburos, aunque estas últimas aparezcan supuestamente nacionalizadas y como empresas de servicios. Por lo tanto un peso condicionante en el campo económico son estas empresas trasnacionales.
¿Qué tenemos entonces como figura del perfil económico? La descripción se parece a la mayoría de las economías de las periferias del sistema-mundo capitalista; se trata de espacios de extracción y explotación de recursos naturales que alimentan la insaciable maquinaria del capitalismo. Se trata de países altamente dependientes y fuertemente condicionados por el mercado internacional. Países que se reducen a la relación incongruente y desarticulada entre un sector primario, dedicado primordialmente a la exportación, y un sector terciario, cuyo servicios y comercio conforman el mercado interior. La industria es incipiente, dispersa y fragmentada, no logra abastecer a la demanda interna y enfrenta la competencia de la importación y el contrabando. Si se forman burguesías, estas son mas bien intermediarias, mas bien vinculadas a la globalización, y no cuentan con un proyecto nacional.
¿Esto significa que hay que retomar el proyecto desarrollista y el proyecto nacional, tanto en su versión de capitalismo de Estado o en su versión de burguesía nacional? De ninguna manera; no tanto porque estos proyectos son tardíos, sino porque enfrentan limites en la lógica de la acumulación ampliada de capital; sólo pueden disputar los términos de intercambio, no se proyectan a cambiar las estructuras de la dominación mundial del sistema capitalista. Por otra parte, una industrialización al estilo de las potencias emergentes, como Brasil, la India, México y sobre todo China, solo puede darse bajo costos muy altos ecológicos y de explotación salvaje de la población trabajadora. Además, que en el contexto de la globalización y la crisis del capitalismo, lo que hacen estas potencias emergentes es ampliar los plazos de la crisis del capitalismo, modificando las estructuras de mediación de las formas de dominación y la participación en la acumulación ampliada de capital. La tarea de los proyectos emancipatorios en las periferias del sistema mundo capitalista es mas bien contribuir a la abolición del capitalismo aperturando un horizonte civilizatorio alternativo.
                                            
           
 


[1] Francisco de Oliveira: El neo-atraso brasileño. Los procesos de modernización conservadora, de Getúlio Vargas a Lula. Siglo XXI, CLACSO, 2009. Buenos Aires. Pág. 144.
[2] Ibídem: Pág. 148.

Sintomatología política

Sintomatología política
Regresiones sintomáticas
Raúl Prada Alcoreza
Se entiende en psicoanálisis que la regresión es un mecanismo de defensa psíquico consistente en la vuelta a un nivel anterior del desarrollo del sujeto. Puede observarse levemente en pacientes con una enfermedad médica. Desde el punto de vista del psicoanálisisLaplanche lo definen de la siguiente manera:
Dentro de un proceso psíquico que comporta una trayectoria o un desarrollo, se designa por regresión un retorno en sentido inverso, a partir de un punto ya alcanzado, hasta otro situado anteriormente. Considerada en sentido tópico, la regresión se efectúa, según Freud, a lo largo de una sucesión de sistemas psíquicos que la excitación recorre normalmente según una dirección determinada. En sentido temporal, la regresión supone una sucesión genética y designa el retorno del sujeto a etapas superadas de su desarrollo (fases libidinales, relaciones de objeto, identificaciones, etc.). En sentido formal, la regresión designa el paso a modos de expresión y de comportamiento de un nivel inferior, desde el punto de vista de la complejidad, de la estructuración y de la diferenciación[1].
¿Qué podemos decir de lo que podríamos llamar regresiones políticas? Se trata de retornos, de vueltas hacia atrás, a etapas supuestamente superadas. Cuando se dice que este es un tema superado y, sin embargo, después de un corto tiempo, se vuelve a lo mismo, a lo superado, como si fuera una problemática insuperable, se puede hablar de regresión, ahora en sentido político, regresión política que no deja de tener vínculos íntimos con las regresiones psicoanalíticas. ¿Cuál es su vinculación? La vinculación se encuentra en la estructura constitutiva del sujeto, que también se la puede considerar estructura de-constitutiva del sujeto, estructura donde se conforma esa relación tan problemática y asombrosa entre lo que llama el psicoanálisis el inconsciente y la consciencia, quizás con la presencia tan ambigua del pre-consciente, que dependiendo de los periodos de las investigaciones de Sigmund Freud, aparece y desaparece de la descripción, es nombrado o deja de serlo. Esta estructura del sujeto o de la escisión del sujeto es la base de nuestras acciones y también del lenguaje, como ha podido constatar Jacques Lacan. El inconsciente reaparece en el lenguaje, es lenguaje en un sentido pleno; lenguaje, lugar privilegiado donde se desplazan las figuras, las metáforas, las metonimias, los símbolos, las alegorías, las significaciones y los sentidos que atormentan al sujeto[2].
Ahora bien, la política como ámbito de las luchas sociales, está configurada por acciones, discursos, fuerzas, agenciamientos e instituciones, por escenificaciones y dramatismos, por violencias y por suspensiones, por la excepcionalidad del Estado. En la política nos encontramos con conductas y comportamientos, que son como textos, que terminan tejiendo sentidos o sin-sentidos. Es indispensable descifrar la política a partir de la lectura de estos eventos y acontecimientos, pero también de sus síntomas. Llaman la atención determinados síntomas no solamente de la política sino también de los políticos, de lo que podríamos llamar la clase política. Hay algunos que llaman sobre todo la atención debido a que terminan mostrando, develando, las composiciones complejas de la subjetividad. Vamos a detenernos en algunos síntomas que pueden obligarnos a hacer interpretaciones y análisis de esos síntomas.
Uno de esos síntomas tiene que ver con la predestinación; los políticos, sobre todo, los que ocupan los cargos más altos del gobierno, se consideran predestinados. Nacieron para esos puestos, son anteladamente los personajes de una historia ya escrita. Por lo tanto, de manera casi inmediata y evidente terminan siendo los actores de esos papeles pre-establecidos. Los políticos actúan. Estamos ante el teatro político, en su sentido amplio de la palabra, no solo como escena sino como sustitución de lo que llamaremos, por razones de síntesis, la “realidad”, quizás mejor, recurriendo al sentido que le atribuye el psicoanálisis, “lo real”. Los políticos son actores al extremo que viven el dramatismo de sus papeles de manera consecuente, se casan con el guión, con los desenlaces de la trama, incluso si este desenlace los lleva a la muerte. Se pueden entender entonces representaciones agudas como eso de las que Yo soy el Estado o todas las frases parecidas. Yo cargo, mi cuerpo carga, con el peso del Estado; Yo soy el soberano, podríamos decir incluso, Yo soy la soberanía misma. Esto nos puede llevar a extremos, Yo soy la ideología, Yo soy el programa, Yo soy la estrategia, Yo soy el pueblo. Esto es la majestad, la excelencia, lo que se encuentra más allá, sobre los mortales. Que exige la inmediata legitimación, el reconocimiento del origen mismo de la legalidad, que es la mismísima violencia; la comprensión de sus actos por parte de todos aunque sus actos sean incomprensibles.
Visto desde esta perspectiva, podemos decir que esta actuación vivida, este protagonismo del político es un síntoma de una profunda violencia de la representación contra los representados. La confianza, la delegación de los representados al representante, deviene en esa figura alucinante del soberano, que condensa la voluntad de todos, pero también el destino de todos, que termina como monopolio político, termina en manos del gobernante. En este sentido, es extraño el sistema democrático representativo; la re-presentación no sólo es una repetición de la presencia del representado, sino un diferimiento, una diferencia, una separación, y por este camino una represión del propio representado. Este monopolio de la representación es de por sí una violencia, empero legitimada por el mismo acto electoral. La clase política es una clase que se reproduce por el mecanismo de esta diferencia, de este diferimiento, de esta delegación. La confianza se convierte en una otorgación de poder.  Estructura de poder que mantiene en la subordinación a los representados.
Por eso tiene sentido emancipatorio el planteamiento de la democracia participativa, forma de democracia que intenta romper el monopolio del ejercicio de la representación en el representante, que busca retrotraer la política a sus orígenes, si nos dejan usar este término, a la suspensión de los mecanismos de dominación, a las luchas por la igualdad, por la igualación, por el consenso, por la deliberación y la decisión colectiva. Hay plena conciencia del significado del ejercicio efectivo de la democracia, como gobierno del pueblo, ejercido por el pueblo, como gobierno popular, ejercido por la acción y deliberación del pueblo. De lo que se trata es arrancarle a la clase política el monopolio no sólo de la representación sino de la propia decisión política, del ejercicio de las políticas públicas. Podríamos decir también que se trata de sacar del escenario a la política, de-volverla al público.
El anterior síntoma nos lleva a otro monopolio, el monopolio de la verdad, que puede expresarse en una creencia del político; Yo soy la verdad, Yo digo la verdad, los demás dicen mentiras, son falsos, sobre todo cuando hacen críticas al poder, a los poderosos, al gobierno. Esta situación parece confirmar esa hipótesis de Michel Foucault de que la verdad es producto del poder. El poder no acepta críticas, no acepta que se cuestione su legitimidad, menos su legalidad; no acepta que se cuestione su versión de los hechos. Esto es una conspiración, una conspiración contra el orden, el orden de las cosas, el orden del discurso, el orden institucional. El poder no es crítico, no acepta la crítica; es mas bien dogmático.  
Pero hay más síntomas; otro síntoma es esa creencia de los políticos de que el poder no puede ser derrotado; el poder es absolutamente victorioso, es la victoria en sí. Nadie derrota al poder; el poder es invencible. Incluso cuando es evidentemente derrotado, la derrota no se la acepta. Es una invención de los otros, de los conspiradores, de los que no quieren el orden, el progreso, el desarrollo, los otros, que aparecen como agentes de fuerzas externas, que atentan contra la integridad del Estado. Esta condición psicológica, esta creencia en la invencibilidad del poder se mantiene obsesivamente, sobresaliendo su contraste dramáticamente sobre todo en los momentos de crisis.
Hay pues una patología, un cuadro patológico, digno de análisis detenido. La anterior creencia se sustenta en otra que más o menos se puede expresar del modo siguiente: El poder lo puede todo, por eso es poder. Puede cambiar todo, incluso la realidad. El poder es todo poderoso. Una derrota política puede ser revertida por la astucia del poder, que, obviamente no se parece a la astucia de la razón. La astucia del poder es el recurso del engaño, no sólo en el sentido del disfraz, del encubrimiento, de la manipulación, sino también en el sentido perturbador de invertir el sentido del desenlace: Yo te he hecho creer que venciste, emplee la estrategia envolvente, te di aparentemente una victoria para atraparte, para rodearte y después derrotarte. Tú crees que has vencido; te equivocas, has sido engañado.
Otro síntoma, tiene que ver con otra creencia; siempre vamos por buen camino, aunque parezca lo contrario. Pues el camino puede ser más largo de lo que se ha creído, el camino puede ser una curva demasiada curvada, incluso un laberinto; empero siempre estamos por buen camino. Los otros caminos, sobre todo los directos,  son utopías, no están en ninguna parte. Por lo tanto no son caminos. El camino es el que hace viable el poder, aunque tenga que contradecir a la Constitución, aunque tenga que contradecir a los postulados iniciales, aunque tenga que restaurar lo viejo. Este es un buen camino por que es el camino posible. No importa, que se encuentre muchos obstáculos, muchas piedras, no importa que circunde los barrancos y nos ponga en peligro de desbarrancarnos, lo importante es que hay camino, camino trazado por los que gobiernan, por lo tanto por los que saben qué se puede hacer.
Sin embargo, toda esta patología, toda esta sintomatología, no podría darse o explicarse, si el poder no contara con un público seducido o completamente supeditado, por lo tanto sometido. Hablamos de esa parte del público que cree en la función, que cree en el dramatismo del teatro político, que está tan metido, se encuentra tan atento en el desenvolvimiento de los papeles, que termina convencido que esa, la representada, es la única realidad. No hay otra. La otra es un invento de los conspiradores. Este público atrapado en las redes del poder, en la telaraña del poder, este publico convencido de la versión oficial, tiene un núcleo duro; este es el entorno de aduladores, los modernos cortesanos del poder, los que rinden pleitesía al poder, los que se encargan de ejecutar la ceremonialidad del poder, los que aplauden. Este núcleo duro es como el espejo del poder; el poder se ve en ese espejo, se ve confirmado, se encuentra verificado. Sus verdades se repiten conmovedoramente en los asentimientos de esta muchedumbre dócil.
Entre el público espejo del poder no solamente están los aduladores, los “llunkus”, sino también los que se apegan al poder por conveniencia, por interés, por cálculo, porque usan el poder en propio beneficio. Este estrato del público y ejecutor del poder es el extremo del pragmatismo; el poder sirve para eso, para aprovecharlo, para usarlo para el enriquecimiento personal. También el poder sirve para la prebenda. El sentido extremo del pragmatismo del poder está ahí, en el uso clientelar y prebendal del poder, en el tejido de las redes paralelas, en el gobierno paralelo de la economía política del chantaje. Por lo tanto si el poder es útil en este sentido, es lo que hay que defender a toda costa, no porque coincide con una versión, con un discurso, con la propaganda y la publicidad, sino porque coincide con mis intereses.
El ámbito expansivo de la corrosión, de la perturbación, de la perversión, de la morbosidad del poder, de la conformación de los paralelismos a la formalidad de la institucionalidad, del despliegue desbordante de la economía política del chantaje, abarca al aparato del Estado, cubre a las gestiones de gobierno, lo abraza fogosamente comprometiendo deformaciones adulteradas. Todo esto ocurre a tal punto que ya no se sabe cuál es el lugar donde se instala el poder, el institucional o el efectivo. La carta de presentación o el lugar de los hechos. ¿Dónde está la realidad del poder? ¿En los grupos palaciegos o en las catervas? ¿En ambos? ¿Hay complicidad? ¿Se complementan? Ahora bien, estas dos instancias del poder parecen gemelas; ¿cuál de las gemelas domina? ¿Una puede con la otra o están condenadas irremediablemente a vivir juntas? Responder a estas preguntas es indispensable sobre todo cuando se dice que se está en lucha contra la corrupción.
Otra constatación sintomática de la forma personificada del poder, de la persona política por excelencia, del gobernante, es su completo aislamiento y su deslumbrante soledad. ¿Cómo ocurre esto? Uno esperaría lo contrario, que las personas que ejercen poder, el poder político, el ejercicio de gobierno, sean más bien las que se encuentren en más contacto, más rodeadas, más acompañadas, menos solas. Lo que ocurre es paradójico, pues precisamente son las compañías de la persona del poder las que terminan aislándolo, las que convierten su lugar en lugar sagrado, intocable, intangible, no accesible. Son la propia ceremonialidad del poder y es la propia maquinaria del poder las que terminan aislando a la personificación presidencial de la soberanía. Se da lugar no sólo una separación sino una aislación, un retiro, un distanciamiento político de la realidad. Un abandono completo al imaginario del poder. Se vive el laberinto ficticio; el poder se encierra en su propia imaginación placentera, en las significaciones construidas, en la narrativa de su propia propaganda. En este sentido, se puede decir que el personaje político por excelencia, el gobernante es también un narciso, se enamora de sí mismo, de sus glorias cantadas por sus entornos aduladores y por los mismos pragmáticos que merodean en los espacios de realización y de gestión del poder. La persona suprema de la soberanía, de la representación de la soberanía, del ejercicio de la soberanía, es la persona que menos sabe lo que pasa.
En la historia reciente del proceso boliviano hay una abrumadora secuencia de hechos que patentizan esta sintomatología política, sobre todo cuando hablamos de las gestiones de gobierno. La mantención del Estado-nación, de sus formas liberales; la repetición de la forma de gobierno, las gestiones centralizadas y problemáticas, repitiendo inercialmente sus males, baja gestión, baja ejecución, incongruencias orgánicas, improvisaciones coyunturales, y sobre todo reiteración de los problemas de la gubernamentalidad liberal, gobernar a nombre del pueblo sin poder satisfacer sus demandas. Medidas políticas que deberían ser trascendentales terminan limitadas por las ambigüedades implícitas en su ejecución, entonces llegan a ser intrascendentes. Políticas públicas que no cambian, que administran las viejas normas. Políticas económicas atrapadas en el prejuicio monetarista del equilibrio económico. Medidas de shock al mejor estilo neoliberal. Inconstitucionalidad en la elaboración de leyes, en las acciones de gobierno, sobre todo en la suspensión de los derechos fundamentales, de los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios, de los derechos de la madre tierra. Alejamiento abismal de los objetivos y finalidades de la Constitución, de la construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico, de la economía social y comunitaria, de la conformación autonómica y de la descentralización administrativa política. Incompatibilidad del modelo efectivamente seleccionado y ejecutado, el modelo del capitalismo dependiente, el modelo colonial extractivista, desechando en la práctica el modelo constitucional y de las resoluciones de Tiquipaya, el modelo del vivir bien, alternativo al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo; convertido en un modelo ideal.                            


[1] Laplanche, Jean. Diccionario de psicoanálisis. Paidós. pp. 357.
[2] Jacques Lacan dice que El inconsciente está estructurado ‘como’ un lenguaje.

La recreación anacrónica del imaginario desarrollista

La recreación anacrónica del imaginario desarrollista
Raúl Prada Alcoreza
Nacionalistas, izquierda nacional, izquierda colonial y lumpen-burguesía comparten el imaginario desarrollista, todos son modernistas, creen en la evolución, al estilo de Herbert Spencer, en la linealidad de la historia y en la fatalidad del capitalismo. Consideran que la tarea es el desarrollo, que un país es soberano si se desarrolla, olvidando que el “desarrollo” del que se habla está articulado a la acumulación ampliada de capital que dibuja una geopolítica en el sistema-mundo entre centros de acumulación y periferias de transferencia de recursos naturales, que el “desarrollo” del que hablaban produce “subdesarrollo”, que el mapa del mundo es un tejido de centros y una malla de periferias, un mapa de espacios de “desarrollo” y un mapa de espacios de “subdesarrollo”, ambos complementarios, produciéndose mutuamente. Olvidan que ese “desarrollo” del que hablan produce dependencia, fortalece las cadenas de la dependencia.
No se puede olvidar que los gobiernos nacionalistas de América Latina intentaron salir en el siglo pasado de la dependencia orientando la estrategia económica y las políticas económicas hacia la sustitución de las importaciones. Soñaban con la industrialización así como los liberales del siglo XIX soñaban con los ferrocarriles. Los gobiernos nacionalistas estuvieron acompañados por apoyo popular, tomaron medidas que beneficiaron a cierta redistribución de la riqueza, también optaron por las medidas de nacionalización para recuperar el control de los recursos naturales, principalmente mineros e hidrocarburíferos, por parte del Estado. Todo esto ocasionó modificaciones en los términos de intercambio en la economía-mundial capitalista, pero no afecto a la estructura de dominación, de explotación y de control por parte de los grandes consorcios, oligopolios y monopolios trasnacionales. En algunos casos las revoluciones nacionalistas promovieron actos heroicos como los que se dieron durante el gobierno del General Lázaro Cárdenas (1934-1940) en México, quién nacionalizó a las empresas petroleras que residían en México y tuvo que enfrentar el boicot de estas empresas y su influencia a nivel mundial.  También se dieron acontecimientos transformadores durante los primeros años de la Revolución Nacional de 1952-1964 en Bolivia; incluso antes, en 1937 en Bolivia se incursionó en la experiencia de la nacionalización del petróleo, con el gobierno del General David Toro, una vez culminada la conflagración bélica del Chaco; más tarde en 1969 se produjo una segunda nacionalización del petróleo bajo el gobierno del General Alfredo Ovando Candía y con la firma del ministro Marcelo Quiroga Santa Cruz. La tercera nacionalización de los hidrocarburos se produjo el 1 de mayo de 2006 durante la primera gestión del gobierno de Evo Morales Ayma. En Argentina, el primer gobierno de Juan Domingo Perón (1946-1952) ahondó la política de sustitución de importaciones mediante el desarrollo de la industria liviana. Perón también financió a la agricultura, especialmente en lo que respecta a la siembra de trigo. Frente a la carencia de recursos monetarios provenientes de la exportación, ocasionada por el estancamiento del sector primario, con las que se importaban los bienes de capital e insumos necesarios para el proceso de industrialización, se eligió la ruta de la nacionalización del comercio exterior. En esta perspectiva, en 1948, el gobierno peronista adquirió los ferrocarriles a los capitales extranjeros, en su mayoría ingleses, creando la empresa pública de Ferrocarriles Argentinos. En esta tónica,  en el diseño del Plan Quinquenal se buscó fortalecer las nuevas industrias creadas, comenzando con la industria pesada de la siderurgia y la generación de energía eléctrica en San Nicolás y Jujuy.
También en Brasil se vivió la experiencia populista y nacionalista, incursionando en proyectos modernizadores y de desarrollo. Este panorama político es irradiante en América Latina, también en las geografías periféricas el sistema-mundo de entonces, que algunos casos incluso terminaban expresándose en tono antiimperialista. En Brasil, entre 1937 y 1945, durante el Estado Novo, Getúlio Vargas dio un impulso fundamental a la reestructuración del Estado y profesionalización del servicio público, creando el Departamento Administrativo del Servicio Público (DASP) y el IBGE. Suprimió los impuestos en las fronteras inter-estatales y creó el impuesto a la renta. Se orientó cada vez hacia la intervención estatal en la economía y se concentró en impulsar la industrialización. Fueron creados el Consejo Nacional del Petróleo (CNP), posteriormente llamada PETROBRÁS , y en 1951 la Compañía Siderúrgica Nacional (CSN), la Compañía Vale do Rio Doce, la Compañía Hidroeléctrica de São Francisco y la Fábrica Nacional de Motores (FNM). Promulgó, en 1941, el Código Penal y el Código Procesal. Durante 1943, Getúlio Vargas logró la Consolidación de las Leyes del Trabajo (CLT), garantizando la estabilidad del empleo después de diez años de servicio, descanso semanal, la reglamentación del trabajo de menores, de la mujer, del trabajo nocturno y fijando la jornada laboral en ocho horas de servicio.
Como se puede ver vivimos periodos de efervescencia nacionalista y populista en América Latina encaminados a la independencia económica y a la consolidación de la soberanía por la ruta de la nacionalización, las medidas sociales y las medidas del trabajo, persiguiendo también la modernización de la administración estatal y de las leyes. El nacionalismo es un movimiento democrático por la ampliación de la participación popular, es un movimiento independentista por la lucha contra la dependencia económica, busca la modernización del Estado y apunta al desarrollo nacional, impulsado desde el Estado.
Estos fueron los periodos heroicos del nacionalismo; empero,  a pesar de los grandes esfuerzos, las medidas de nacionalización, los países que incursionaron por estos horizontes no pudieron romper con la dependencia, al contrario, como formando parte de un dramatismo histórico, terminaron de ahondarla. De la dependencia de las manufacturas pasaron a la dependencia de las transferencias tecnológicas y a las incursiones masivas del capital financiero, comprendiendo sus redes de dominio en forma de mallas, abarcando circuitos dúctiles, flexibles, rápidos, articulados a los mecanismos de los sistemas de la informática. Los nacionalistas de estos periodos lucharon denodadamente contra la dependencia, pero no pudieron salir de ella, debido a que en la medida que no podían escapar a los circuitos de los ciclos del capitalismo, a las estructuras de dominación y reproducción de la dominación y de la acumulación de capital, no pudieron romper con los condicionamientos de las lógicas de la acumulación de capital del sistema-mundo, de la economía-mundo, que dibuja una geopolítica condenatoria: centro periferia, norte-sur. En el mejor de los casos, lo que pudieron hacer estas políticas de sustitución de importaciones, estas políticas de nacionalización, es modificar los términos de intercambio, pero no cambiar las estructuras de dominación mundial ni las estructuras de acumulación de capital. Entonces terminaron recreando el mismo sistema mundo, comprendiendo algunos desplazamientos.
Los neo-nacionalismo de comienzos del milenio intentan repetir la misma historia, empero sin la heroicidad de aquellos nacionalismos, lo hacen como en una comedia disminuida, sin convicción y renunciando a los grandes alcances desde un  principio, como ocurrió en Bolivia con el proceso de nacionalización de los hidrocarburos iniciados el primero de mayo del 2006, proceso inconcluso, que terminó paradójicamente desnacionalizando en el mismo proceso de desnacionalización al acordar contratos de operaciones que entregaban el control técnico a las empresas trasnacionales, reduciendo a Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) a una mera administración y a un control nominal, sin retener el gas y el petróleo en Bolivia para su industrialización, como así manda la Agenda de Octubre y el Referéndum sobre los hidrocarburos.
Hay que distinguir pues entre los actos heroicos de los nacionalismo de la mitad del siglo XX y los nacionalismo del siglo XXI, que lo único que hacen es apoderarse de la imágenes de estos procesos soberanos, invistiéndose de su ropaje, empero sin llevar a cabo las medidas de expropiación de las empresas trasnacionales. También es indispensable comprender que, a pesar de los actos heroicos de aquellos nacionalistas sus esfuerzos chocaban con la estructura geopolítica y la lógica de acumulación de capital. En tercer lugar es indispensable no olvidar la gran enseñanza de la escuela de la Teoría de la Dependencia, quienes lograron develar que el desarrollo que se busca produce subdesarrollo y dependencia, como parte de una dialéctica perversa. Esta enseñanza nos lleva a replantear los alcances de las políticas soberanas, de defensa nacionalista, en contextos y horizontes complejos de los ciclos del capitalismo, en el panorama de las nuevas luchas anticapitalistas y descolonizadoras, que llevan adelante las naciones y pueblos indígenas originarios. No se puede salir de la dependencia si es que se sigue por los caminos de la ilusión desarrollista, no se puede salir de la dependencia si es que no se sale de los horizontes de la modernidad y del prejuicio de desarrollo. Para salir de la dependencia es menester un cambio civilizatorio. La guerra anticapitalista es primordialmente una guerra anticolonial y descolonizadora, es una guerra contra el modelo civilizatorio de la energía fósil, de la desbastadora destrucción y depredadora de la naturaleza. Salir del capitalismo significa construir una civilización libre de la compulsión del dominio sobre la naturaleza.
Esa es también una enseñanza de la Escuela de Frankfurt; el capitalismo y la modernidad se han construido sobre la base de dos mitos, el mito de la dominación de la naturaleza y el mito del progreso. Recogiendo estas enseñanzas, la de la teoría de la dependencia y la de la escuela de Frankfurt, no se puede seguir ingenuamente u obsesivamente por las rutas consabidas del desarrollismo; hay que salir de esta perspectiva linealista. Es indispensable un mundo alternativo.
Ahora bien, así como no era posible el socialismo en un solo país, el cambio civilizatorio también tiene que darse mundialmente. Esto no quiere decir que haya que esperar a que las transformaciones radicales se den mundialmente, sino que estas transformaciones hay que transitarlas en cada país, en cada región, dependiendo de sus condiciones y sus contextos histórico-políticos. Lo que significa que de lo que se trata es de orientar transiciones transformadoras en múltiples niveles. Algunos teóricos e historiadores de los ciclos de capitalismo proponen la figura de la desconexión, no como aislacionismo, sino como método de transición económica; esto significa escapar de los condicionamientos del mercado externo y de la división internacional del mercado y del trabajo, orientando la producción al mercado interno. Esta posición es sugerente pues propone, sin renunciar a otras formas de industrialización, incorporando tecnologías limpias, no agresivas y destructoras, armonizar y complementar la producción con los equilibrios ecológicos. No hay que olvidar de ninguna manera, olvido que corresponde a la amnesia desarrollista, que no se puede transferir los costos del desarrollo a la naturaleza, que esta transferencia tiene sus límites y su bumerang. La destrucción desarrollista termina destruyendo el mismo desarrollo.
En lo que corresponde al balance de las rutas desarrollistas contemporáneas, sobre todo en lo que respecta a las llamadas potencias emergentes, es ilustrativo leer a Francisco de Oliveira cuando hace el análisis de lo que ocurre con la potencia emergente de Brasil[1].  El autor de El neo-atraso brasileño propone dos hipótesis interpretativas; una que por un lado fueron las actividades rurales de subsistencia, el trabajo informal y la precarización de los salarios los que subsidiaron el crecimiento de la industria y los servicios. La segunda hipótesis se refiere a la emergencia de una nueva burguesía compuesta por técnicos, economistas y banqueros, núcleo duro del Partido de los Trabajadores (PT). Ambas condiciones determinan la identidad paradójica que adquiere el capitalismo periférico en esta parte del mundo, aquí el capitalismo se financia con la explotación de los trabajadores, en tanto que el progreso sucede siempre en otro lugar, allí donde se produce la ciencia y la tecnología de punta, en el centro del sistema-mundo capitalista.
Este balance es contundente, no hay desarrollo en las potencias emergentes, por lo menos entendiendo a este fenómeno de una manera integral, sino neo-atraso, repitiendo las condiciones perversas de este rezago. El desarrollo de las fuerzas productivas deja en la ruina a una parte de la humanidad, el subdesarrollo aparentemente deja de existir, no así sus calamidades, el trabajo informal, el mismo que se transforma un indicador de la desagregación social. Lo que se produce es una modernidad heterogéneas y de contrastes. Por un lado centros urbanos que imitan el iluminismo edificado de las urbes del norte, burguesías articuladas a las redes del capital financiero, por lo tanto que forman parte de la misma burguesía globalizada; por otro lado, incluso en las mismas ciudades, cordones, espacios, amplias zonas de marginamiento y economía informal, incluso ilícita. Grandes mayorías discriminadas. En las potencias emergentes se ha dado lugar a la emergencia industriales, que no es otra cosa que el desplazamiento de la desindustrialización del centro del sistema-mundo capitalista, que ha optado por tecnología de punta, transfiriendo tecnología obsoleta a las llamadas potencias emergentes. En estos lugares se ha dado lugar a la formación de  nuevas burguesías, que no tendrían que nada que envidiar a las burguesías del norte, sobré todo en lo que respecta a su opulencia; empero este esplendor se construye sobre la base del marginamiento y la informalización de las grandes mayorías explotadas y dominadas, que habitan las zonas y los espacios del neo-atraso y la pobreza repetida descomunalmente. La emergencia de las potencias se basa en la destrucción devastadora de la naturaleza, la ampliación de la frontera agrícola, el uso de los transgénicos. De esta manera los costos de este progreso son demasiado altos como para hacerlo sostenibles.
No hay pues destino con el desarrollismo, tampoco con el neo-nacionalismo.  Lo que hacen, en el mejor de los casos, en el caso de las potencias emergentes, es volver a modificar los términos de intercambio en las lógicas de acumulación del capital, modificar su participación en la estructura mundial de dominación capitalista. Por eso, podemos volver a decir, que los nacionalismo están mucho más cerca de las ilusiones liberales criollas y gamonales que de los proyectos emancipatorios y libertarios de los movimientos sociales, naciones y pueblos indígenas originarios. Están más cerca de repetir las formas coloniales, las del colonialismo interno, también las reiteradas cadenas de la dependencia, que de lograr construir las soberanías plurales que requiere un mundo alternativo de autodeterminaciones, auto-convocatorias, de participaciones sociales y ejercicios plurales de la democracia. Si bien los nacionalismos heroicos forman parte de la historia de las luchas, pretender repetirlos en los ciclos contemporáneos del capitalismo es apostar e una repetición burda y cómplice da las formas de acumulación mundial capitalista por despojamiento.
         


[1] Francisco de Oliveira: El neo-atraso brasilero. Siglo XXI-CLACSO. 

Política y violencia

Política y violencia

Raúl Prada Alcoreza
b5d2a-11903751_685984228168305_8671239581529122288_n
Hay reflexiones sobre la violencia, como las de Georges Eugène Sorel, también como las de Walter Benjamín, así como las de Jacques Derrida, que retoma esas reflexiones. En Comunatambién se hizo una reflexión sobre la violencia en Tiempos de rebelión. Ahora es indispensable volver a hacer una reflexión de la violencia a partir de la experiencia del conflicto del Territorio Indígena Isiboro Sécure (TIPNIS), la victoria de la marcha indígena, pero también a partir de las secuelas del conflicto que muestran la insistencia del gobierno en prolongar el conflicto al tratar de revertir su derrota, volviendo a la carga contra los dirigentes indígenas, descalificándolos y amenazándolos, amedrentando a la población de las comunidades indígenas del TIPNIS, movilizando a los cocaleros, sobre todo de los límites del territorio indígena, quienes efectúan una guerra sucia contra los pobladores del TIPNIS, cobrando “peaje” por cruzar la “frontera”. Esta experiencia, la experiencia del conflicto del TIPNIS, es ilustrativa de la violencia estatal y de las formas de esta violencia; también es ilustrativa debido a que las formas de violencia desplegadas por el gobierno son sintomáticas y alumbran sobre las profundas estructuras del poder y del Estado.
¿Por qué se recurre a la desmesurada violencia del Estado? ¿Por qué se opta por las variadas formas de violencia? ¿Por qué se recurre de manera constante a la manipulación, al chantaje, a la distorsión de los hechos, a la descalificación inaudita, buscando definir al enemigo, de bestializarlo, para sí justificar su represión, incluso su anulación?  Un senador de Cochabamba dice que hay que expulsar a los dirigentes indígenas del TIPNIS, quienes estarían comprometidos en supuestas negociaciones de madera. En este discurso por lo menos se encuentran dos cosas; una se quiere sacar al enemigo de su cueva, pero también de su hábitat, expulsarlo, exilarlo, darle muerte civil. Por otra parte se sigue de manera insistente e irreflexiva con las acusaciones contra los dirigentes, acusaciones que, por cierto, nuca demostraron los acusadores.
¿Por qué este senador lo hace? ¿Por qué unos indígenas, que no se sabe quiénes son, pidieron en San Ignacio de Moxos que se expulse a los dirigentes orgánicos del TIPNIS? Se trata del Comité de Defensa del Desarrollo de Moxos (CODEMOX), que pide que la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos atraviese el TIPNIS. El mismo presidente del Estado, Evo Morales, participó del aniversario del Primer Grito Libertario del líder Pedro Ignacio Muiba,  donde se transmitió este pedido. Retrocediendo ante su propia promulgación de la Ley que declara intangible al TIPNIS, pide a esos extraños dirigentes que se dirijan a los diputados y senadores para que anulen la ley. ¿Qué es esto? Marcha y contra-marcha, ¿el tormento de Sísifo? ¿Un conflicto de nunca acabar? ¿Se ha firmado para que se vayan los marchistas a sus casas y se desmovilice el pueblo paceño, empero esperando la ocasión de dar la puñalada por la espalda? ¿Qué clase de práctica política es esa? Insistir, levantarse del suelo, volver a patalear, replantear la pelea, no es necesariamente un muestra de coraje, dependiendo de las circunstancias, sino una muestra de obstinación y falta de instinto de sobrevivencia.
¿Quiénes son estos indígenas que acuden a una reunión oficial en conmemoración a los héroes legendarios de la lucha de los indígenas amazónicos y chaqueños? Se dan nombres, se dice que son dirigentes. ¿Son de comunidades del TIPNIS? ¿Y qué hay del respecto a las direcciones orgánicas y a las organizaciones matrices? Nada de eso importa. Lo que importa es volver al recurso de la violencia descomunal del Estado en contra de los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios, lo que importa es recurrir a los instrumentos coercitivos del gobierno, quien puede movilizar a los sindicatos cocaleros, quién puede movilizar bloqueos de caminos como lo hizo al levar colonizadores a Yucumo, utilizando los recursos del Estado. Ahora se hace lo mismo, el Ministerio de la Presidencia y otras instancias gubernamentales, incluso la gobernación de Cochabamba, mueven recursos y personal para comprometer movilizaciones preparadas por el gobierno en contra de las dirigencias indígenas del CIDOB y el CONAMAQ. Ciertamente se entiende que no se sientan satisfechos después de la derrota sufrida, empero, lo que llama la atención es esta compulsión por las formas de la violencia como recurso  desesperado a revertir la situación y tratar de volver a imponer su voluntad por la fuerza.
Ante la desenvoltura del despliegue de la violencia uno se pregunta: ¿para qué están hechos entonces los derechos fundamentales, los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios, los derechos de la Madre Tierra? ¿Para qué está hecha la constitución? ¿De adorno? ¿Discurso de propaganda? ¿Texto de vitrina? La violencia es eso, violencia, porque viola derechos, no solamente porque afecta a sujetos y subjetividades, violentando su interioridades y exterioridades, violentando sus libertades. El Estado que debería ser garante de los derechos fundamentales, de los derechos de las naciones y pueblos indígenas y los derechos de la Madre Tierra, no lo es; al contrario, aparece en su forma descarnada como el monopolio de la violencia en su condición desenvuelta de Estado de excepción, suspendiendo los derechos. ¿Qué intereses defiende el Estado? ¿Estos intereses están sobre los derechos? Hablar en este caso de intereses estratégicos como los relativos a la integración no es otra cosa que ocultar las relaciones y estructuras de poder que defiende el Estado. La lógica de estas relaciones y estructura de poder impulsa la maquinaria estatal movilizando sus instrumentos, sus engranajes, sus dispositivos y agenciamientos, movilizando sus aparatos represivos e ideológicos. Esta es la pulsión inmanente del Estado, la pulsión de dominación. Los derechos son conquistas logradas por luchas sociales, que solo serán respetadas si las fuerzas sociales contrarrestan esta pulsión dominante con la exigencia de prácticas democráticas.
En estas circunstancias la democracia efectiva y la efectuación de la democracia desaparecen, son sustituidas por el juego de las fuerzas. Eso es lo que ha pasado en el conflicto del TIPNIS. El gobierno ha desplegado sus fuerzas en el terreno, también lo hicieron las naciones y pueblos indígenas originarios, sus organizaciones matrices. En el recorrido de toda la marcha lo que se ha visto es el despliegue aparatoso de la violencia estatal, enfrentada por las fuerzas sociales que se articulaban para defender una causa, la causa de la Madre Tierra, del Vivir bien, de la Constitución, de los derechos fundamentales y de las naciones y pueblos indígenas originarios. Frente al descaro de la manipulación y del chantaje, frente a lo grotesco de las descalificaciones del enemigo declarado, los marchistas manifestaron y desplegaron la fuerza ética y moral de la dignidad, la fuerza cualitativa ante la cual las otras fuerzas cuantitativas no pueden hacer nada, se fragmentan y diluyen como polvo. Igual, si hubiera el gobierno impuesto su voluntad a como dé lugar, hubieran perdido, ante la demostración heroica de la dignidad. No se puede contra esta acción ética; lo demuestran muchas experiencias en la historia política y social del mundo. El dramatismo de la marcha y la despavorida represión, primero en curso y después abiertamente realizada de una manera descomunal en Yucumo, terminaron de volcar la correlación de fuerza en beneficio de los marchistas. Después de estos hechos bochornosos que recorrieron el mundo y motivaron indignación en todas partes, la marcha se reanudó; por donde iban eran bien recibidos, desmoronándose así la versión falsa del gobierno, de que todos los colonizadores estaban contra la marcha, contra las demandas de la marcha, defendiendo a la carretera. El pueblo paceño y el distrito 14 de la Ciudad de el Alto, las organizaciones sociales, la Central Obrera Boliviana (COB), se volcaron a recibir a los marchistas como héroes en la sede de gobierno. Este fue el triunfo de la marcha. Quedaba claro que el pueblo boliviano, nuevamente, manifiesta su clara contraposición contra las formas de la tiranía. No acepta el desparpajo de la violencia, de la violación de los derechos, no acepta la manipulación y los montajes, no acepta sobre todo el desboque de la violencia.
Lo que vino después es el resultado, la consecuencia de esta victoria, la promulgación de una ley que protege al TIPNIS. Por eso, los marchistas no festejaron con el gobierno esta conclusión sino con el pueblo paceño y las organizaciones que apoyaron a los marchistas y a la Madre Tierra. Esta realidad no se puede cambiar con discursos, con maniobras, con interpretaciones estrambóticas, como la de otro senador de Cochabamba, quien considera irresponsables a los dirigentes indígenas por la declaración de intangibilidad del TIPNIS, adelantando que intangible en la ley ambiental significaría intocable, como si tuviéramos que recurrir al diccionario para resolver el significado de una norma, obviando el análisis y la comparación jurídica. Herido por que se ha vetado su ley, la ley tramposa que quería ganar tiempo para que de todas maneras se apruebe más tarde la carretera, hace gala de confusas interpretaciones, defendiendo algo que ni el mismo cree. Estos padres de la patria son los dispositivos elocuentes de la legitimación de la violencia descarada y del despliegue de las políticas extractivistas y desarrollistas. Nada va cambiar lo sucedido, en la historia política va a quedar en la memoria de las luchas esta victoria contundente de los marchistas indígenas originarios.
En Ecuador se ha declarado zona intangible a los territorios donde se suponen que hay poblaciones no contactadas. En el Perú, cerca de la Laguna del Toro se reunió una multitud de comunarios de las comarcas del norte andino ultrajadas por las constantes actividades de la empresa minera canadiense Barrick Golden; todos los reunidos, que sobrepasaban a las 5000 personas, declararon por unanimidad la intangibilidad de la zona de las Lagunas del Toro. Los representantes municipales se comprometieron e este acto realizar los trámites necesarios para esta declaración de amplio acuerdo popular se le otorgue el rango legislativo.En ninguno de los dos casos la intangibilidad anula los derechos de las naciones y pueblos indígenas, al contrario, protege sus derechos, pues los defiende frente al avasallamiento extractivista y desforestador. ¿A quién se le ha podido ocurrir que la intangibilidad ambiental significa no tocar absolutamente nada del TIPNIS, territorio y recursos? ¿Qué clase de imaginario es este? Imaginar una nada absoluta, una intangibilidad conceptual, lo suprasensible elevada a una alta potencia, para hacerla realidad inmovilizando a los habitantes del TIPNIS como si fuesen esculturas de estuco. Esta figura muestra elocuentemente las profundas paradojas del poder; la maquinaria más elocuente de la cruda realidad del poder, la violencia, es decir, el Estado, se imagina la más abstracta representación, la nada, para inmovilizar y hacer desaparecer a los indígenas de sus territorios, por lo menos imaginariamente.
La reglamentación de la Ley corta tiene que operar en función del sentido de la ley promulgada. El artículo uno de la ley expresa que:
Se declara al Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Secure – TIPNIS patrimonio sociocultural y natural, zona de preservación ecológica, reproducción histórica y hábitat de los pueblos indígenas Chimán, Yuracaré y Mojeño-trinitario, cuya protección y conservación son de interés primordial del Estado Plurinacional de Bolivia.
El artículo dos dice que:
Teniendo el territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Secure – TIPNIS, además de la categoría de territorio indígena, la categoría de área protegida, se constituye, en garantía de conservación, sostenibilidad e integridad de los sistemas de vida, la funcionalidad de los ciclos ecológicos y los procesos naturales en convivencia armónica con la Madre Tierra y sus derechos.
En este contexto de la ley hay que entender la declaración de intangibilidad del TIPNIS. Por otra parte, la ley y el reglamento de la ley responden a la Constitución, no pueden contravenirla, sino se anulan por ser inconstitucionales. Por lo tanto la intangibilidad afecta a los avasalladores del parque, a los cultivadores de coca, a las empresas extractivistas, a las empresas madereras, a  todo emprendimiento y acción externa que afecte al ecosistema del parque y al territorio indígena, que afecte a los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios. El numeral 4 del artículo 30 de la Constitución Política del Estado dice que las naciones y pueblos indígenas originarios tienen derecho a la libre determinación y territorialidad. El numeral 7 habla de la protección de sus lugares sagrados. El artículo 8 dice que tienen derecho a crear y administrar sistemas, medios y redes de comunicación propios. El numero 10 establece que tienen derecho a vivir en un medo ambiente sano, con manejo y aprovechamiento adecuado de los ecosistemas. El numeral 11 dice que tienen derecho a la propiedad intelectual colectiva de sus saberes, ciencias y conocimientos, así como a su valoración, uso, promoción y desarrollo. El numeral 12 establece que tienen derecho a una educación intracultural, intercultural y plurilingüe en todo el sistema educativo. No como cree el vicepresidente que quiere darles una educación liberal, que no es otra cosa que una educación colonial y disciplinaria, base de la individualización de los sujetos modernos. El numeral 15 establece que tienen derecho a ser consultados mediante procedimientos apropiados, y en particular a través de sus instituciones, cada vez que se prevean medidas legislativas o administrativas susceptibles de afectarles. Al respecto fue muy graciosa la interpretación del presidente de la cámara baja que decía que cómo no era una medida legislativa y administrativa la carretera que atravesaría el TIPNIS, entonces este compromiso del gobierno con OAS y el gobierno brasileño no afecta a los derechos de las naciones y pueblos indígenas constitucionalizados. Estas triquiñuelas de abogados no sirven para nada en este caso pues la construcción de una carretera es la realización material de medidas legislativas y administrativas.
Después de la victoria de la marcha indígena, después de la promulgación de la ley, que debería haber zanjado el problema, como el propio presidente lo dijo, el conflicto no ha terminado, pues se prepara una movilización de cocaleros, maniobras en un encuentro para debatir el modelo económico, donde se va a buscar exigir la abrogación de la ley.  La descalificación de los dirigentes continúa con los mismos procedimientos escandalosos e indecorosos. Ahora hay que enfrentar el desafío del cumplimiento de la ley, de realizar efectivamente la protección del parque y el cumplimiento de los derechos de las comunidades indígenas del TIPNIS.
La victoria del TIPNIS es un punto de inflexión como lo fue la guerra del agua, ahí comenzó la derrota del proyecto neoliberal; después de la victoria indígena y de todo el pueblo boliviano que apoyo la defensa del TIPNIS comienza la reconducción del proceso. El CIDOB, el CONAMAQ, la COB, las Juntas de Vecinos, las organizaciones de activistas, tienen la responsabilidad de conformar una alianza de reconducción del proceso, de convertirse en el consejo político de la reconducción, de orientar el curso del tiempo político en el sentido del ejercicio plural de la democracia, participativa, comunitaria y representativa; en construir colectivamente a decisión política, la ley y la gestión pública como establece la constitución. De hacer respetar la propiedad del pueblo boliviano sobre los “recursos naturales” no-renovables y el beneficio exclusivo de los “recursos naturales” renovables en los territorios indígenas. De exigir transparencia, participación y control social en las políticas públicas, sobre todo en los temas estratégicos, como los relativos al modelo integral y alternativo a seguir, entendido como el modelo del vivir bien.      
  

Pulsión de muerte

Pulsión de muerte
Raúl Prada Alcoreza

¿Hay una atracción del abismo? ¿Algo así como una pulsión de muerte? ¿Qué es lo que empuja insistir en lo mismo que llevó al conflicto del TIPNIS? Después de la derrota política, el gobierno insiste en las causas del problema. ¿Por qué? ¿Compromisos grandes con la constructora OAS, con los cocaleros excedentarios, con los cocaineros? ¿Quién puede creer en esos montajes de San Ignacio de Moxos, localidad que se encuentra fuera del TIPNIS, donde una congregación de supuestos indígenas pide que la carretera pase por el territorio indígena? ¿Quién puede ser tan ingenuo o tan “llunku”? Es como un círculo, sólo los propios funcionarios y los grupos de choque, que hasta los hay escribiendo, que se ocupan de insultar y descalificar. La imagen del espejo. Después de aprobar una ley que declara al TIPNIS intangible, no pueden retroceder. Esto es retorcerse en coleteos de muerte. ¿Por qué no tienen vocación de reflexionar, de evaluar sobre lo que ha pasado? ¿Por qué son incapaces de rectificar, de aprender de los errores y corregirlos? Parece un mal de la política práctica; la clase política está tan ensimismada en idolatrarse, en mirarse en el espejo, que se ha desconectado de la realidad efectiva y prefiere vivir compulsivamente su propio imaginario desdichado. No pueden entender una cosa tan simple: la carretera no puede pasar por el TIPNIS pues está protegido por la Constitución y las leyes, entre ellas la Ley de los derechos de la Madre Tierra. Hacerlo es violentar la constitución y las resoluciones de Tiquipaya. No, no pueden entender porque están abismalmente alejados de la Constitución y enredados en el modelo colonial heredado: el capitalismo dependiente del extractivismo. Sin embargo, hay algo que tienen que saber estos políticos, si vuelven a cometer el mismo error, el pueblo boliviano volverá a salir a defender la Madre Tierra y los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios. Por otra parte, deberían instruirse un poco antes de lazar ese castigo de verdugos de que ahora que es intangible el TIPNIS y nadie lo toca, ni los indígenas que habitan la zona. No consultaron otras experiencias de intangibilidad ambiental, como las de Ecuador. Lo intangible se refiere a que no pueden afectar el territorio fuerzas externas extractivistas y desforestadoras, no atenta esta declaración contra los derechos de las naciones y pueblos indígenas consagrados en la Constitución. Por lo tanto podemos hablar de la tangibilidad de la intangibilidad y de la intangibilidad de la tangibilidad, que no es lo mismo.  

Las formas del contra-proceso

Raúl Prada Alcoreza: Las formas del contra-proceso

Hablamos de las formas que se oponen al proceso de transformaciones, llamado comúnmente proceso de cambio, que se refiere históricamente al proceso desatado por los movimientos sociales y las naciones y pueblos indígenas originarios, al proceso que deriva en el proceso constituyente e inicia el despliegue de la voluntad política de descolonización. Este proceso está íntimamente ligado a la aprobación de la Constitución por parte del pueblo boliviano, Constitución que define un Estado plurinacional comunitario y autonómico. La aplicación de esta Constitución exige transformaciones institucionales radicales y transformaciones estructurales económicas, políticas, sociales y culturales; una nueva relación entre Estado y sociedad, convirtiendo al Estado en Instrumento de la sociedad, avanzando a su reincorporación en el contexto de una sociedad integral. Esta nueva relación se expresa políticamente en el sistema político de la democracia participativa, en la participación y el control social. Proceso que apunta a la transformación económica en la perspectiva de un modelo productivo que salga de la condición extractivista y se encamine a la soberanía alimentaria, articulando en esta perspectiva la industrialización para abastecer al mercado interno. Proceso que se orienta a un modelo ecológico y territorial en armonía con los ecosistemas y los seres vivos. Cómo se podrá ver a este decurso se le ha dado el nombre del vivir bien, entendido como modelo alternativo al desarrollo, a la modernidad y al capitalismo. Todo esto está atravesado por el desmontaje de la herencia colonial, institucional, social, cultural y subjetiva. Por eso, se entiende que es imprescindible la participación abierta en la descolonización de las naciones y pueblos indígenas originarios, además de los movimientos sociales anti-sistémicos urbanos y rurales. Esta construcción pluralista, comunitaria y autonómica define características distintas a las experiencias vividas durante el siglo XX, ligadas a proyectos emancipatorios proletarios anticapitalistas.
La revolución socialista fue entendida como transformación igualitaria de la sociedad, partiendo de la socialización de los medios de producción, la revolución de las fuerzas productivas y la transformación de las relaciones de producción capitalistas. La revolución socialista era entendida claramente como un acontecimiento moderno, formaba parte del desarrollo irresistible de las fuerzas productivas y de la apropiación social del excedente, destinado a mejorar constantemente las condiciones de vida de toda la sociedad. Este proyecto se entrampó en la experiencia dramática del socialismo en un solo país en la periferia del sistema-mundo capitalista; las contradicciones profundas de esta experiencia desgarraron la construcción socialista produciendo perversiones estatales, burocráticas y económicas. Los estados socialistas de la Europa oriental terminaron desmoronándose estrepitosamente sin poder haber extendido la revolución al resto del mundo. La pregunta pendiente que hay que responder es ¿por qué cayeron estos estados y se desmoronaron estas experiencias? No vamos a hacer aquí una evaluación de las hipótesis que se vertieron, generalmente débiles y circunscritas a la culpabilidad de los conductores, concretamente de los partidos comunistas. El problema es mucho más complejo que tratar de resolverlo con temas de estrategia y de táctica, en el mejor de los casos, o de corrupción, en el peor de los casos. El problema tiene que ver con los alcances de la comprensión del sistema-mundo capitalista, de sus ciclos, de sus expansiones, de sus formas de acumulación y cambios estructurales. Podríamos decir que aquí radica la gran debilidad de la izquierda tradicional, nunca se hizo las preguntas cruciales, por lo tanto tampoco respondió a las preguntas; el derrumbamiento de los Estados socialistas era tomado como eventos circunstanciales en el curso irresistible de las leyes de la historia, las que llevan de todas maneras a superar el capitalismo con el socialismo, asumiendo una evolución histórica inscrita en la naturaleza de la sociedad. La izquierda tradicional se quedó con estereotipos, esquemas restringidos del capitalismo, modelos metodológicos reducidos de su funcionamiento. Se negó a contrastar sus interpretaciones compendiadas con los contextos reales, efectivos, los procesos en cursos, las coyunturas, los periodos y las formas concretas del capitalismo; mucho menos se dio a la tarea de reflexionar sobre sus grandes derrotas políticas. Al respecto podemos constatar una separación calamitosa entre la conducta política de los partidos de izquierda y los estudios teóricos del capitalismo, así como un distanciamiento desconcertante con los estudiosos del marxismo. No solamente hablamos de lenguajes diferentes sino de concepciones distintas. El marxismo de los partidos se estancó en la episteme positivista del siglo XIX, dando lugar a una interpretación liberal del marxismo, por más paradójico que pueda parecer esto. Sólo así se explica el caer en un ingenuo determinismo económico y en una inocente figura de la historia, construida bajo el supuesto evolucionista darwiniano. En lo que respecta a su comprensión de la cuestión estatal, su comprensión del Estado, los alcances de las interpretaciones improvisadas corresponden a los límites mismos de la teoría burguesa del Estado, en el mejor caso al seguimiento acrítico de la ciencia política en lo que respecta al análisis de las instituciones políticas. En relación a este tema no se puede ver con claridad el desarrollo de una teoría marxista del Estado, mas bien lo que se observa es su ausencia. Los esfuerzos de la academia y los teóricos marxistas se encaminaron a retomar la cuestión estatal a partir de los problemas de hegemonía, de las historias específicas de las luchas de clases y de los estudios históricos de los estados, incluyendo una sociología de los estados contemporáneos. No se puede ver en estos estudios el trabajo intelectual de elucidación de la cuestión estatal, sino una apología del Estado y la legitimación obsesiva de esta maquinaria de dominación, devenida desde la filosofía política y heredada por la ciencia política. La filosofía política ha buscado desesperadamente desactivar la política, es decir la lucha de clases, en tanto que la ciencia política se ha propuesto la tarea de normalizar las relaciones, regularizando las instituciones, persiguiendo policialmente la conservación del orden. Trascender los límites desactivadores de la filosofía política y policiales de la ciencia política equivalía a romper con los marcos de las teorías jurídico políticas y encaminarse al horizonte abierto por las teorías histórico políticas; esto se hace a partir de la inteligibilidad de la problemática del poder y de las relaciones de dominación. Teniendo estas condicionantes empobrecedores del análisis, circunscritos en la apología del Estado y la legitimación del poder, se puede entender los anacronismos cristalizados de la izquierda colonial; por una parte los partidos de la izquierda “radical” se mantuvieron en la tesis general de la dictadura del proletariado, por otra parte los partidos de la izquierda reformista se adecuaron a plantear adaptaciones y usos del Estado en la perspectiva de transiciones diferidas.
En todo caso lo que asombra es la pervivencia en la actualidad de anacronismos cristalizados en comportamientos políticos, expresiones ideológicas y visiones de mundo extemporáneas, correspondientes a sedimentos epistemológicos de la ilustración, decimonónicos y del siglo XIX. Una concepción positivista de la ciencia, la misma que se toma desde un arquetipo religioso, hablamos de la representación de la ciencia como verdad incuestionable, como objetividad absoluta, que se habría dado a la tarea de descubrir las leyes de la naturaleza, de la historia y de la sociedad. Algo tienen que ver en la sedimentación de estos anacronismos la modorra de la enseñanza universitaria y su anquilosamiento académico. Muchos de los activistas de esta izquierda más se parecen a los evangelistas de los últimos tiempos, expresando patéticamente en su metáfora revolucionaria mas bien el cataclismo apocalíptico que la transformación emancipadora. Podemos decir que en el fondo los activistas de la izquierda colonial terminan manifestando su recóndita relación con el cristianismo. Están más cerca del sacrificio y la redención que de la transformación radical de las estructuras de poder y de las dependencias mentales. En un país como el nuestro, Bolivia, se encuentran tan distantes de comprender las profundas problemáticas matriciales del poder, de la dominación y del capitalismo efectivamente dado. Es muy difícil que se hagan una idea adecuada del acontecimiento colonial y de su continuidad en la colonialidad; sencillamente la problemática de la dominación racial no existe, o se reduce a una forma violenta de la lucha de clases o es un invento de los indianistas. En algunos casos hacen inventario de estudios clasificatorios de pueblos, de lenguas y culturas; empero están lejos de representarse el fenómeno de la dominación sobre los cuerpos, los territorios y las subjetividades. Llegan al extremo a reducir la compleja persistencia de sociedades, culturas, naciones y pueblos indígenas originarios, a su condición de campesinos. Bajo estos estereotipos reduccionistas pueden hacer depender la liberación campesina de la conducción de la vanguardia obrera, repitiendo mecánicamente las tesis de la alianza obrero campesina desarrollados en el contexto de la revolución rusa, durante las dos primeras décadas del siglo XX. Estos planteamientos se convierten en los ejes de su estrategia política para enfrentar la coyuntura conflictiva del proceso boliviano. En las cabezas de la izquierda tradicional no habría pasado nada desde la aprobación de la Tesis te Pulacayo (1946), toda la historia se habría detenido en ese acontecimiento reiterativo en la memoria militante. La experiencia de la Revolución de 1952 y sus dramáticos desenlaces no sirven sino para confirmar la justeza antelada del programa del partido. La interpretación escolástica se verifica: El nacionalismo no liberaría a los obreros y a la nación; sólo el proletariado minero podía hacerlo. Nunca se preguntan por qué no incidieron en el decurso de los acontecimientos, por qué no irrumpieron en la historia, por qué no hicieron al final la revolución. Se acude al cliché de la incomprensión de las masas. La caricatura adquiere una tonalidad jocosa cuando los mismos argumentos se vuelven a repetir en otros momentos, cuando es derrotada la Asamblea Popular, cuando cae anticipadamente la UDP, cuando se despliega el proyecto neoliberal, aprovechando el vacío político e ideológico dejado por las derrotas del movimiento obrero. Este comportamiento adquiere una tonalidad patética cuando vuelve a repetirse el discurso y el comportamiento desencajado de la realidad efectiva, reiterando la ejecución del libreto de una manera patológicamente memorística y aburridamente mecánica, cuando se enfrentan a los causes de un proceso en curso, desatado por movimientos sociales, naciones y pueblos indígenas originarios, donde no tuvieron ninguna incumbencia, mas bien fueron completamente ajenos. Ahora que el proceso se debate en sus propias contradicciones, peligrosas por cierto, se creen señalados a convertirse  en vanguardia de la revolución traicionada. Creen poder hacerlo recurriendo a esa imagen estereotipada de una lucha de clases reducida al enfrentamiento entre los fantasmas de los obreros abstractos y los espectros de una burguesía también abstracta, incapaces de pensar la manifestación especifica de las luchas articuladas de un proletariado nómada, enfrentando a los dispositivos monopólicos de las formas del capitalismo trasnacional, mediados por burguesías intermediarias e instituciones políticas dependientes. Bajo esta situación de delirio político, detenido en la extemporaneidad de una revolución inédita, no podríamos pedir a la izquierda tradicional que comprenda la íntima interrelación entre la dominación colonial y la explotación capitalista. Tampoco que los pueblos y naciones indígenas originarias no se reducen a ser campesinos, que la lucha por la tierra, la reforma agraria, está ligada a la lucha por el territorio. Que el enfrentamiento con el Estado, que para ellos se sintetiza en la dictadura de la burguesía, no se resuelve con mantenerlo como Estado-nación bajo la hegemonía del proletariado. Por eso se entiende su perplejidad e incomprensión ante la construcción descolonizadora del Estado plurinacional comunitario. No puede ser de otra manera pues esta izquierda es heredera de los prejuicios ideológicos del colonialismo y la modernidad.
Hablando con justeza, los anacronismos cristalizados de la izquierda tradicional no son las únicas formas del contra-proceso; hay otros quizás más peligrosos debido a su incidencia política, en todo caso, hoy por hoy, la izquierda colonial no tiene mayor incidencia en los desenlaces políticos, a no ser que se tomen en serio las desgarraduras de vestiduras y las alocuciones proféticas de los evangelizadores apocalípticos, difusores de manuales de la revolución incomprendida. Por orden de importancia podemos afirmar, sin peligro a equivocarnos, que de las formas del contra-procesos de mayor incidencia se encuentran las formas de la inercia estatal, el pragmatismo y el realismo político del gobierno apegado a las viejas normas y prácticas y a su esmerada administración regulativa, la concepción nacionalista acoplada a mantener el Estado nación y a repetir las aventuras del capitalismo del Estado y del imaginario de la revolución industrial, repitiendo imitativamente las estrategias de los populismos y nacionalismos latinoamericanos de la década de los cincuenta y sesenta del siglo pasado. Por este andar cauteloso y meticuloso terminaron perdidos en los engranajes de la fabulosa maquinaria estatal, que de todas maneras encausa la repetición del orden y el equilibrio impuestos por la geopolítica del ciclo del capitalismo dominante en el contexto de la crisis de hegemonía estadounidense, perdidos en las directrices de las condicionantes de los monopolios empresariales trasnacionales, financieros, tecnológicos y de mercados; esta manera de deambular el laberinto de la maquinaria estatal los llevó a mantener una concepción monetarista de la economía y a emitir un decreto perversamente neoliberal, hablamos del famoso gasolinazo. El bloque dominante nacionalista en el gobierno se ha convertido en el mayor obstáculo para el avance del proceso descolonizador y para la tarea de construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico, se ha convertido en el mayor obstáculo para la emancipación de las naciones y pueblos indígenas originarios, para la liberación de las sociedades interculturales, así también para la emancipación del proletariado nómada, plural, diverso, articulado a las formas del capitalismo periférico, que combina la explotación salvaje con la explotación ultramoderna del capitalismo de las empresas trasnacionales. El bloque dominante nacionalista en el gobierno se ha metido en juegos que no controla, cuyas reglas están dadas e impuestas por las estructuras del ciclo del capitalismo vigente. Han creído que podían controlar con el supuesto de la clarividencia y el supuesto del prestigio, empero estos atributos personales no sirvieron de nada ante el movimiento condicionante de las lógicas del capital y de las geopolíticas en curso, entendiendo por esto no sólo la geopolítica de la economía-mundo capitalista sino también las geopolíticas regionales. Por ejemplo, la estrategia industrialista y de infraestructura caminera no es otra casa que la supeditación al desarrollo vertiginoso de la potencia emergente del Brasil. PETROBAS, empresas constructoras brasileras de caminos y de las futuras macro-hidroeléctricas, convenios, de acuerdos económicos y políticos, forman parte de las disposiciones, los dispositivos y los engranajes de una supeditación inocente a la demanda de energía y conexión con el pacífico de la potencia emergente. Los proyectos románticos de integración y la construcción de la patria grande quedaron en el museo de utopías, lo que se lleva adelante es el proyecto hegemónico regional de la burguesía brasilera, no solamente en contra de los proyectos descolonizadores y emancipatorios de los movimientos sociales bolivianos sino también de los movimientos sociales brasileros, conculcando su anhelada reforma agraria y el proyecto igualitario de las clases explotadas. El bloque nacionalista en el gobierno se ha convertido en un engranaje más de la maquinaria geopolítica del dominio del capitalismo financiero y de la geopolítica hegemónica regional. Seguramente todo esto se ha hecho y ha pasado sin mucha conciencia de lo que ocurría, confiados en la clarividencia y el prestigio, olvidando que estos temas estratégicos en un gobierno popular, en un gobierno que se llama de los movimientos sociales, deben tratarse transparentemente y abiertamente, discutiendo con el pueblo, los movimientos, las organizaciones y las instituciones. Las decisiones políticas en torno a estos temas estratégicos se las construye colectiva y participativamente como establece la Constitución. Los clarividentes y especialistas son incompetentes para responder a tareas que competen a todos, por lo menos en lo que respecta a un proceso emancipatorio, liberador y descolonizador. Al despreciar la democracia participativa el bloque nacionalista ha revivido las taras personales cristalizadas en los huesos, reproduciendo paranoias patológicas y alucinantes, sobre todo formas de gobierno enquistadas en las prácticas políticas, conllevando las corrosiones y perversidades despóticas. Por el andar de este laberinto se termina en la soledad insondable, sin poderse explicar qué pasó del proyecto del instrumento político. Dejando atrás, como posibilidad y como recuerdo el ejercicio directo, representativo y comunitario de la democracia.
Este descarrío del gobierno tiene que ser meditado y analizado, porque de lo que se trata es de reconducir el proceso y llevar adelante sus potencialidades y posibilidades, realizándose las mismas en acontecimientos multitudinarios y colectivos, en movilizaciones acompañantes de políticas fundacionales y transformaciones institucionales, trastrocamientos estructurales económicos, políticos, sociales y culturales. De ninguna manera se trata de buscar culpables como lo hacen los monjes decimonónicos de la revolución inconclusa, a la manera como lo hacían los inquisidores. De lo que se trata es de reconducir el proceso a partir de sus protagonistas, los movimientos sociales, las naciones y pueblos indígenas, el proletariado nómada. De lo que se trata es de comprender el campo de relaciones, las estructuras y los agenciamientos del poder, sus lógicas restauradoras, la forma como toma los cuerpos y las subjetividades, transformando a los portadores de responsabilidades. Por eso mismo, de lo que se trata es de resistir y de liberarse de las polimorfas formas de dominación, encausando formas de gobierno multitudinarias y participativas, inventando caminos por los espacios abiertos por las subjetividades emancipadoras, colectivas, comunitarias e individuales. Este proceso no está perdido, como algunos creen y predicen, si es que interviene el sujeto colectivo de las movilizaciones, si es que se da una clara irrupción de los movimientos, de los pueblos y el proletariado, si es que se comienza radicalmente a desmontar la fabulosa maquinaria de dominación y de administración de capital que es el Estado, si es que se construye la libre asociación de los productores y de las comunidades. Lo prioritario en este caso es la voluntad política colectiva de transformación, su intervención política gravitante. La retoma de la conducción política del proceso por parte de los movimientos sociales. En lo que respecta a la evaluación y análisis de la coyuntura crítica del proceso no hay que olvidar que todo proceso revolucionario y de transformación pasa por estas situaciones conflictivas y contradictorias, por estos puntos de flexión y de bifurcación, todo proceso de cambio se ha visto ante las mismas disyuntivas, avanzar radicalizando el propio proceso o estancarse, abriendo las compuertas a las formas de restauración del poder y del Estado. Cuando se enfrentan a estas coyunturas decisivas para el desenlace del proceso es indispensable corregir la disposición de las fuerzas, la orientación política y la conducción.
Se puede decir que los procesos y las revoluciones han sentido la llegada de este momento, pero también se puede decir que en la mayoría de los casos, si es que no es en la generalidad, las direcciones de los proceso y de la revoluciones se han perdido, sin poder cambiar el curso de los acontecimientos. El Partido Comunista de la Unión Soviética se entrabó en una lucha intestina con el resultado escalofriante de apostar por el peso gravitante de una burocracia absoluta, la industrialización militarizada y la dictadura de la nomenclatura del partido, conllevando las reminiscencias de formas despóticas del modo de producción asiático. El Partico Comunista de la China Popular intuyó la posibilidad del debacle de la revolución proletaria y campesina, entonces proyectó la convocatoria a una movilización general que buscaba transferir otra vez las decisiones a las masas, esta reorientación se llamó revolución cultural. Empero este intento heroico quedó detenido por las resistencias múltiples y detallistas de la burocracia del partido, la misma que llevó a la revolución a su desenlace capitalista, reinsertando el ciclo del capitalismo vigente y el dominio del capital financiero a las formas de administración de la burocracia del partido. Es una ironía que el Partico Comunista de la China Popular llamé a esta destrucción del proyecto revolucionario socialismo de mercado. La revolución nacional de 1952, encabezada por el proletariado minero, los fabriles, las clases medias empobrecidas y con la intervención indígena en la toma de tierras, se entraba rápidamente en procedimientos de restauración, al revivir el ejército y optar por formas liberales del nacionalismo, desentendiéndose poco a poco del factor decisivo de las organizaciones obreras, arrinconando a las milicias obreras y campesinas, e inclinándose rápidamente a las opciones que le ofrecía el Departamento de Estado norteamericano; cayendo en formulación de políticas monetaristas y en la administración de COMIBOL por parte de ingenieros norteamericanos. El MNR entregó a la Gulf Oil el petróleo y pretendió defender la minería para el Estado, sin embargo difirió permanentemente la instalación de fundiciones, condenando al país al modelo más resumido del estractivismo, la exportación de materias primas. Se abrió al oriente aplicando el Plan Bohan, empero orientando el proceso económico a la formación de una burguesía nacional. El MNR termina dividido en tres tendencias, una de derecha, otra de izquierda y una de centro. En este contexto de descomposición y de decadencia de la revolución nacional, el segundo gobierno de Paz Estensoro termina enfrentando a las milicias armadas de los mineros en Sora Sora y en noviembre de 1964 termina arrodillado ante el golpe de Estado armado por el Pentágono y la CIA, en complicidad participativa de las izquierdas, el PRIN, el PC y otras fuerzas políticas. No vamos a hablar aquí de la revolución cubana, pues se trata de un proceso que ha continuado a pesar de sus avatares, las contingencias, el bloqueo y saboteo sistemático por parte de los Estados Unidos. Quizás sea indispensable, en otro lugar, concentrarse en las tensiones y contradicciones inherentes al proceso revolucionario cubano, sobre todo en las formas y métodos de solución a los sucesivos problemas que han tenido que enfrentar los revolucionarios. Tampoco vamos a mencionar el caso de la revolución mexicana que se desata desde los inicios de la segunda década del siglo XX y quizás se extiende hasta 1940. Las complicaciones del proceso revolucionario, cuyo eje principal fue la lucha por la reforma agraria, desde la perspectiva del ejercito zapatista, sin negar la importancia de los otros ejes que tiene que ver con la reforma política, hacen que el análisis de las estructuras subyacentes de la revolución mexicana tengan que ser dilucidados en su propia especificidad y temporalidad. Sin embargo, se puede ver que las tendencias más avanzadas de la revolución se encontraban en los ejércitos comandos por Francisco Villa y Emiliano Zapata. Los otros caudillos y generales eran mas bien institucionalistas, incluso podríamos decir constitucionalistas. El proceso de la revolución mexicana es afectado por las intraversiones militares estadounidenses, una con la toma de Veracruz (1914) y la otra persiguiendo a Francisco Villa (1916). Como se puede ver, tal parece que la revolución mexicana no tiene un punto de inflexión sino toda una línea de inflexión. Por eso es indispensable estudiar estos problemas de las contradicciones inherentes a los procesos, sus tendencias, las correlaciones de fuerza y los momentos decisivos diferenciando y distinguiendo los procesos mismos. En esta breve revisión se puede ver dos casos extremos; uno el relacionado a la revolución mexicana que manifiesta la constancia de una crisis permanente, por lo tanto la pugna contante de las fuerzas en concurrencia;  otro el caso de la revolución cubana que exige la unificación de las fuerzas ante la agresión permanente del imperialismo, por lo tanto la decisión de continuar la revolución por los caminos de la defensa de la revolución. También vemos en los otros casos claramente los puntos de inflexión que conducen a la bifurcación, cuyo desenlace va desmoronar los procesos revolucionarios.
En esta descripción de las formas del contra-proceso ciertamente no podemos olvidarnos de los factores abiertamente contrarrevolucionarios como son las intervenciones de las oligarquías regionales, de la burguesía intermediaria, de sus medios de comunicación, de sus partidos políticos, así como tampoco podemos obviar las intervenciones del imperio, de las empresas trasnacionales y del capital financiero. Sin caer en la teoría de la conspiración podemos ver que estas estructuras de poder están dispuestas en el espacio geopolítico de tal manera que abren frentes efectivos contra el proceso. Se oponen, obstaculizan y persiguen destruir el proceso de transformaciones. Sin embargo, hay que tener en cuenta que estas formas del contra-proceso son anteriores al proceso mismo, forman parte de las estructuras, diagramas, institucionalidad y agenciamientos de poder establecidos históricamente en la sociedad postcolonial y en los periodos republicanos en la periferia del sistema-mundo capitalista de la llamada Audiencia de Charcas  y posteriormente Bolivia. Por lo tanto más que formas del contra-proceso se trata de estructuras políticas y económicas consolidados, contando además con las estructuras y las redes de la geopolítica de dominación imperial, con los circuitos, flujos y stockamientos de la acumulación ampliada de capital. El vencer estos obstáculos históricos que detienen el proceso de transformaciones o las trasformaciones del proceso implica estrategias y tácticas, métodos, diferentes a los que exige el luchar contra las formas del contra-proceso anteriormente identificados, que tienen un carácter temporal más corto, relativo al periodo del proceso y a las coyunturas sucesivas que ha tenido que vivir el proceso mismo en su devenir y transformación.
Uno está tentado a usar palabras, no sé si conceptos; por ejemplo, distinguir enemigo principal de contradicción principal, enemigo principal en la etapa histórica que toca, de contradicción principal, en el momento, en la coyuntura. Por ejemplo, entender que el enemigo principal se encuentra en ese espacio de emplazamientos definido por la geopolítica del imperio, la geografía del capital, los flujos y recorridos del capital, las redes del capital financiero, la organización de las empresas trasnacionales, la mediación de las burguesías intermediarias, la localización regional de las oligarquías regionales, los aparatos políticos de la burguesía intermediaria y de las oligarquías regionales, los medios de comunicación empresariales. Distinguir este enemigo principal, que conlleva una contradicción estructural, de los enemigos secundarios, que conllevan contradicciones no necesariamente estructurales, sino que pueden ser temporales y coyunturales. Sin embargo, estas contradicciones pueden llegar a ser la contradicción principal en el momento, pues sin poder dar curso a la resolución de esta contradicción tampoco se podría dar lugar a resolver la contradicción estructural con el enemigo principal. En el mapa cambiante de las contradicciones las mismas juegan un papel dinámico de articulaciones, de condicionamientos y de disposición; unas contradiccioneshacen de intérpretes de otras contradicciones. El emplazamiento del mapa exige que se resuelvan unas contradicciones para poder resolver otras. Por ejemplo no se podría resolver el enfrentamiento con los emplazamientos del enemigo principal sino se resuelve la contradicción con el bloque nacionalista-liberal en el gobierno, sino se resuelve la contradicción con la maquinaria sedimentada del Estado-nación, sino se resuelve la contradicción con el sistema de dispositivos normativos, administrativos y prácticas del viejo Estado. En tanto el bloque nacionalista-liberal domine el escenario político, el Estado-nación se restaure, se mantengan las normas liberales, sus formas administrativas y sus prácticas, la resolución de las contradicciones con el enemigo principal, el enfrentamiento con el enemigo principal, no puede darse efectivamente, pues esta se encuentra disminuida, mediatizada, saboteada, por la demagogia de los nacionalistas. El ejercicio de la política se convierte en un teatro, en una puesta en escena, cuyo objetivo es meramente electora, la diatriba contra el capitalismo y el imperialismo y la burguesía no es más que una demagogia, pues en los hechos se pacta con estos emplazamientos del imperio y del capitalismo.
Una explicación como esta parece adecuada a lo que queremos decir, pertinente en relación a la lectura de la coyuntura y el proceso que hacemos, indispensable ante la convocatoria de las fuerzas a la reconducción del proceso, empero supone la utilización espontánea de términos como enemigo principal, contradicción principal o secundaria, términos que vienen de la definición de la política como guerra y de uno de los discursos de la dialéctica. Si se hace un uso de esta forma, las consecuencias teóricas de este uso pueden ser incontrolables. Por eso es menester detenerte en la tarea de nombrar con mayor rigurosidad el mapa de las formas del contra-proceso.
No se trata de desentendernos de la tesis que interpreta la política como la continuación de la guerra en la filigrana de la paz, tal como invierte Michel Foucault la tesis de Carl von Clausewitz, sino de entrever todas las implicaciones que tiene esta tesis, sobre todo el uso del término enemigo y el entendido que la política es la invención del enemigo. ¿Es posible seguir pensando así? ¿No ha cambiado el concepto mismo de la guerra? La guerra no es ahora el acontecimiento que comprende una gama de intensidades, una curva de intensidades; por ejemplo, ¿la estrategia de la guerra de baja intensidad, que se plantea la contención y el control de un enemigo indefinido, no plantea desplazamientos en el concepto de guerra y por lo tanto, en lo que respecta a nuestro tema, no plantea exigencias de desplazamiento en el concepto de política? La guerra como control de espacios, no solo de territorio, sino distinguiendo el espacio aéreo, del espacio fluvial, del espacio comunicacional, del espacio informático, del espacio comercial, del espacio de los recursos naturales. La guerra entendida ya no como guerra total sino como guerra irrestricta[1], conlleva de por sí una nueva concepción de las armas. Todo este desplazamiento del concepto de guerra por lo menos condiciona los desplazamientos del concepto de la política. Cuando el nuevo concepto de guerra disemina la figura del enemigo en la ambigua figura del enemigo indeterminado en el contexto de una guerra infinita, ¿podemos seguir hablando de enemigo en política? Alain Badiou dice que en lo que respecta a la lucha de clases entre proletariado y burguesía, no es que la burguesía sea el enemigo sino el mundo burgués, los emplazamientos del dominio de la burguesía[2]. Dice concretamente que:
El verdadero opuesto del proletariado no es la burguesía. Es el mundo burgués, es la sociedad imperialista, de la cual, advirtámoslo bien, el proletariado es un elemento notorio, en cuanto fuerza productiva principal, y en cuanto polo político antagónico. La famosa contradicción proletariado-burguesía, es un esquema limitado, estructural, que deja escapar la torsión del todo del cual el proletariado como sujeto traza la fuerza. Decir proletariado y burguesía, es atenerse al artificio hegeliano: algo y otro. ¿Y por qué? Porque el proyecto del proletariado, su ser interno, no es contradecir a la burguesía, o serrucharle las patas. Este proyecto es el comunismo, y nada más. Es decir, la abolición de todo lugar donde pueda disponerse algo (quelque chose) como un proletariado. El proyecto político del proletariado es la desaparición del espacio de emplazamiento de las clases. Es la perdida, para el algo (quelque chose) histórico, de todo índice de clase[3].
La oposición entonces es con el espacio de emplazamiento de clases, con el ámbito de relaciones sociales de producción que disocian la propiedad de los medios de producción y la fuerza de trabajo, expresando la contradicción estructural entre fuerzas productivas y relaciones de producción. Desde nuestra perspectiva podríamos decir que la oposición es con el ámbito de relaciones, estructuras, diagramas, redes, instituciones y agenciamientos de poder que separan cuerpos de los instrumentos y tecnologías que lo afectan, convirtiéndolo en materia dúctil de poder, maleable y moldeable, de acuerdo a los requerimientos de demarcación, castigo, disciplinamiento, normalización y control. En ambos casos se trata de espacios, mapas, emplazamientos. Pero, ¿Quién se opone a este espacio de emplazamiento de clases? Para Badiou no es el proletariado, que es un elemento notorio de la sociedad imperialista como fuerza productiva y polo político antagónico. Lo que se opone a este espacio de emplazamientos de clases es el proyecto político, el comunismo. ¿Qué es lo que se opone al espacio de emplazamientos de relaciones, estructuras, diagramas, instituciones y agenciamientos de poder? No es ciertamente un proyecto político sino la fuerza inmanente, la energía desbordante de los cuerpos, los flujos deseantes, las líneas de fuga, en todo caso, un proyecto nómada. No se trata aquí, en este momento, de comparar o distinguir entre ambos postulados, el proyecto político del comunismo y el proyecto nómada, sino de comprender que la oposición, la contradicción, el enemigo, son entendidos espacialmente, como emplazamientos, y por lo tanto como necesidad de sus desplazamientos. Esta comprensión le da una tonalidad distinta a la política; la política entendida como confrontación con emplazamientos de clase, con emplazamientos de poder, la política entendida como confrontación con relaciones de producción y estructuras de dominación. La política como cuestionamiento radical del ámbito de relaciones sociales y estructuras de poder vigentes, consolidadas, legitimadas, hegemónicas, dominantes. La política que pone en suspenso esté ámbito de relaciones de dominación.
En lo que respecta a la dialéctica el problema es más complicado y la discusión es de orden teórico. No vamos a entrar a la discusión todavía entre el pensamiento pluralista y el pensamiento dialéctico, este debate es indudablemente indispensable; por el momento nos vamos a concentrar en los límites de la dialéctica y los problemas que plantea.
La dialéctica es una de las formas de pensamiento, además se han configurado distintas comprensiones de la dialéctica; entre las más conocidas podemos hablar de la dialéctica de Platón(428 a. C – 347 a. C.), mucho después, identificando los pliegues filosóficos modernos, podemos interpretar la dialéctica trascendental de Immanuel Kant (1724 1804), en respuesta crítica, como crítica de la crítica, encaminada a un saber absoluto, nos encontramos con el sistema dialéctico de Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770  1831). Quizás este sea el referente más importante del pensamiento dialéctico. Empero Karl Heinrich Marx (1818  1883) hace una crítica a la dialéctica especulativa de Hegel y orienta el pensamiento dialéctico a sus condicionantes materialistas, la historia efectiva, la sociedad, la política, la economía; a esta reorientación de la dialéctica se le ha venido en llamar materialismo dialéctico, en lo que respecta al método, y materialismo histórico, en lo que respecta a la interpretación de la historia y a sociedad, sobre todo del modo de producción capitalista. ¿Cuán diferente es esta dialéctica de la de Hegel? En todo caso habría que tomar en cuenta lo que plantea Marx en la crítica de la dialéctica y de la filosofía de Hegel a lo largo de sus obras, tanto las de juventud como las de su periodo de madurez. Después vienen interpretaciones de las corrientes marxistas del materialismo dialéctico y del materialismo histórico de Marx, en unos casos se remarcan las diferencias con Hegel, quizás el caso más sintomático es la interpretación de Louis Althusser (1918 –1990), que plantea que Marx habría pasado a formular una dialéctica pluralista; también se dan aires de innovación, por ejemplo, cuando Adorno escribe Dialéctica negativa intenta romper la tradición, que según él terminaba siendo afirmativa; empero también se dan aproximaciones con Hegel, un caso extraño es la interpretación que realiza Alain Badiou (1978[4]). A nosotros nos interesa contar con un perfil de los desplazamientos de la dialéctica, remarcar sus avatares, sus problemas y sus límites, en el contexto del desplazamiento de otras formas de pensamiento, sobre todo las recientes y particularmente las que tienen que ver con las teorías de la complejidad y el pensamiento pluralista. Ciertamente estamos lejos de considerar a la dialéctica como la única forma de pensamiento o como el pensamiento verdadero, el que logra conectarse con la esencia de la realidad o, como les gusta hablar a los positivistas que se consideran marxistas, da cuenta de las leyes de la historia, la sociedad y la naturaleza. Esto no es más que un dogmatismo, en el peor de los casos un fanatismo, parecido al dado en el medioevo cuando se buscaba fanáticamente la piedra filosofal. Esta piedra filosofal no existe, tampoco la verdad verdadera, salvo en la cabeza delirante de los dogmáticos. No puede haber alguna forma de pensamiento que ya coincida con los secretos de la complejidad de la realidad; esta creencia se parece a la tesis del fin de la historia y del saber absoluto, donde la conciencia se realiza plenamente como conocimiento pleno y realizando absolutamente el concepto, como conciencia de su propio movimiento. Esta experiencia especulativa no es más que una teología, el retorno de Dios y a la religión en la filosofía y en las ciencias modernas. Lo maravilloso de la capacidad humana se encuentra en otra parte, no en el reduccionismo teórico, especulativo, sino en su matriz de posibilidades abiertas a crear distintas formas de pensamiento, de conocimiento, en la medida que se abre a los secretos de la complejidad de acuerdo al avance, acumulación y despliegue de sus experiencias. La dialéctica no es más que una de estas aproximaciones, por cierta limitada a los horizontes de su tiempo, siglo XIX y parte del siglo XX. El avance de las ciencias contemporáneas, desde la revolución de la física cuántica, de los conocimientos y de las experiencias, ha trascendido los límites y los problemas de la dialéctica. Nos encontramos ante el desarrollo de un pensamiento complejo sobre la multiplicidad, ante el despliegue creativo y vital de un pensamiento pluralista.
En resumidas cuentas, la dialéctica, del griego διαλεκτική (dialektiké), τέχνη (téchne), que significa técnica de la conversación; tiene un equivalente significado en latín, donde se define como arte, (ars) dialéctica, se ha transformado en la modernidad convirtiéndose en crítica trascendental, en fenomenología de la experiencia de la conciencia, en lógica, en filosofía, en crítica de la economía política, en herramienta teórica de interpretación de la historia y la sociedad, en arma de la crítica y critica de las armas en la lucha política del proletariado.
Ahora bien, ¿qué dice la dialéctica sobre las contradicciones? Tomaremos cuatro respuestas, indudablemente la de Hegel, después la de Marx, para seguir con la de Mao Zetung y terminar con la de Alain Badiou.

La dialéctica en Hegel

Analicemos en Hegel dos obras, una, la Fenomenología del espíritu, la otra, Ciencia de la lógica. En una trata de la ciencia de la experiencia de la conciencia, en la otra se podría decir que trata la ciencia del pensamiento, pero también del concepto, por eso mismo del movimiento, del devenir, del trabajo abstracto que pasa de lo indeterminado a la determinación, de la inmediatez a la mediación, y a través de esta conserva la unidad. Esta lógica ya es filosofía, dialéctica por cierto; ha dejado de ser retórica, también lenguaje, así mismo reglas del buen pensar. Es una lógica que trabaja lo formación del concepto a partir de su propio movimiento desenvuelto, de su propia inmanencia en contante contraposición con su trascendencia. Esta tensión es la dialéctica. Quizás lo más bello y a la vez lúcido de Hegel se encuentre en la concepción de este desgarramiento y a su vez de este esfuerzo de rearticulación, de unidad. Sobre todo en Fenomenología del espíritu uno parece encontrarse ante una poesía o ante una novela, la tragedia del sujeto que retorna siempre después de permanentes viajes agotadores, experiencias de extrañamientos, que son como el aviso de los siguientes ensimismamientos. La dialéctica especulativa trabaja el devenir de la conciencia en saber absoluto, el devenir de la indeterminación mediada, el comienzo, el ser vacío, en idea absoluta. Estos son los terrenos en los que se mueve esta dialéctica, mal podríamos aplicar y querer encontrar los mismos momentos de indeterminación-determinación, inmediatez-mediación, diferenciación-unidad, devenir y realización en los territorios, niveles y espacios de la realidad. ¿Será posible una síntesis dialéctica del concepto en composiciones diferentes, relacionadas y encontradas en los niveles de la realidad, históricos, sociales, económicos, políticos, culturales? ¿No es mas bien de esperar que aquí se den disyunciones y heterogeneidades? No era obviamente esta la pretensión de Hegel, sino es mas bien de quienes creen encontrar en la materia atribuciones parecidas al concepto y a la conciencia. Estos forcejeos no son responsabilidad de Hegel sino de quienes confunden problemas, problemáticas y campos, como poniendo todo en un mismo plano, como los pintores del medioevo, sin perspectiva. Definitivamente los problemas de la experiencia de la conciencia, de la experiencia del pensamiento, de la filosofía especulativa no pueden convertirse en los problemas histórico-políticos, histórico-sociales, histórico-económicos, histórico-culturales. No hay tal supuestas leyes de la dialéctica que se pueden trasladar mecánicamente y convertirse en leyes de la historia, de la sociedad y de la economía. Esta última veleidad es una mezcla de positivismo y lecturas mal hechas, si es que se las hizo, de Hegel y Marx.

La dialéctica en Marx

Karl Marx entendió muy bien de qué se trataba cuando había que hacer la crítica a la filosofía especulativa de Hegel, a la filosofía del Estado de Hegel. Había que salir del sistema especulativo dialéctico, de la reproducción de las esferas lógicas, preformadas, había que encontrar mas bien las formas de los movimientos reales, las formas de despliegue de la historia efectiva, las formas de las contradicciones sociales, económicas y políticas. Se trataba de develar los devenires concretos de estos niveles de realidad, sus desenlaces, sus formas de resolución, que no adquieren forma de síntesis. Decir que Marx habría puesto de pie o de cabeza a Hegel no es mas que expresar una figura inocente; no pueden encontrarse simétricamente los mismos problemas en el sistema filosófico hegeliano y en los campos interpretativos, de investigación y de estudio en los que se mueve Karl Marx. No hay tal simetría, estamos ante territorios distintos y problemáticas diferentes. Marx no es Hegel de píe, con los pies en el suelo, pisando firme; es otra cosa, sencillamente se desplaza a otro campo problemático. Esto es lo primero que hay que tomar en cuenta cuando nos detengamos en la dialéctica en Marx.
Lo primero que hace Marx es denunciar el carácter especulativo de la dialéctica hegeliana, su forma abstracta, conformada en un sistema que se mueve negativamente para afirmar lo negado en otra dimensión. El mismo esquema se repite en la filosofía, en la lógica, en la filosofía del derecho, en la filosofía de la historia, en la filosofía de la naturaleza, en todos los espacios del sistema filosófico. Para Marx esto no es más que teología, haciendo caso a la crítica de Ludwig Fuerbach a la religión en La esencia del cristianismo. Esta posición ya se enuncia en su temprana Crítica de la filosofía del derecho de Hegel cuando expresa que:
La crítica del cielo se cambia así en la crítica de la tierra, la crítica de la religión en la crítica del derecho, la crítica de la teología en la crítica de la política[5].
Este desplazamiento epistemológico de Marx sobre todo es notorio en dos grandes ámbitos de análisis y critica, el que corresponde a la crítica de la economía política y el que corresponde a sus escritos histórico-políticos. En el primer caso tenemos la evolución de una obra extensa, comprendiendo los análisis del Salario, precio y ganancia, los Manuscritos económico-filosóficos, los apuntes sobre la teoría de la plusvalía, los grundrisse, es decir Elementos fundamentales para la crítica de la economía política, El capital. En el segundo caso tenemos también una prolífica producción, Miseria de la filosofía, Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850, El 18 de brumario de Luis Bonaparte, La dominación británica en la India, La España revolucionaria, La guerra civil en Francia, Revolución y contrarrevolución en Europa. En ambos casos se nota la preocupación por develar las lógicas inherentes a estos niveles y campos de realidad, no se nota la pretensión teológica en encontrar en todas partes las leyes de la dialéctica, sino de entender la lógica específica del objeto especifico, de ascender a lo concreto, entendido como síntesis de múltiples determinaciones. No una síntesis especulativa y abstracta, sino una síntesis histórica social, histórica económica, efectiva. Sobre todo llama la atención el tratamiento de los acontecimientos políticos, en los que no se ve ninguna obsesión por encontrar la determinación económica, la determinación de la llamada estructura económica sobre la estructura jurídico, política, ideológica y cultural, sino se evidencia el seguimiento de los procesos develando sus contradicciones temporales y coyunturales, mostrando las manifestaciones de la crisis política y del Estado. Esta apertura múltiple, esta búsqueda de la especificidad, pero también, esta crítica de la economía política que va sacar a luz las contradicciones del modo de producción del capital y de las formas de acumulación, parecen darle la razón a la interpretación que hace Althusser de la dialéctica en Marx.

La dialéctica en Mao Zedong

Mao Zedong al igual que Marx enfrenta problemas concretos, relativos a los niveles de realidad que tiene que experimentar; quizás los problemas que enfrenta son más acuciantes y más directos, pues dirige al Partido Comunista en el viraje de la larga marcha y la estrategia de la guerra prolongada, en momentos de gran discusión. Cuando escribe Sobre la contradicciónenfrenta a una tendencia del partido que llama dogmática, influenciada por el ideólogo soviético Deborin. El escrito comienza citando a Lenin: La dialéctica, en sentido estricto, es el estudio de las contradicciones en la esencia misma de los objetos. Esta cita se encuentra en el resumen del libro Lecciones de historia de la filosofía de Hegel que hace Lenin; podríamos notar que se trata de sus notas de lectura en los estudios que realiza de la filosofía de Hegel. Mao Zedong dice al respecto que: Lenin solía calificar esta ley de esencia de la dialéctica y también de núcleo de la dialéctica[6]. Se refiere a dos notas de Lenin; la primera se encuentra En torno a la cuestión de la dialéctica, donde el teórico bolchevique escribe: El desdoblamiento de un todo y el conocimiento de sus partes contradictorias…es la esencia…de la dialéctica. La segunda se encuentra en el resumen de Lenin del libro Ciencia de la lógica de Hegel; en este resumen se escribe: En una palabra, la dialéctica puede ser definida como la doctrina acerca de la unidad de los contrarios. Esto aprehende el núcleo de la dialéctica, pero exige explicaciones y desarrollo. Se puede ver la secuencia de interpretación de la dialéctica: Hegel, Lenin y Mao Zedong. No es Marx, sino Hegel la referencia fundamental. Esto último es importante anotar, pues hay una diferencia grande entre Marx y los marxistas que vienen después; Marx crítica a la filosofía y a la dialéctica de Hegel, incluso rompe con los neohegelianos de izquierda, que eran como la corriente interpretativa que compartía; con esto, con esta crítica y estas rupturas, se abre a otro método, distinto al elaborado por Hegel, se abre a otras lógicas, inherentes a los niveles de realidad y a la comprensión y conocimiento de lo concreto histórico, social, económico, político y cultural. ¿Que se llama ese método? Marx se despreocupó de darle nombres metodológicos a sus críticas, a sus investigaciones y develamientos, iluminaciones e inteligibilidades, a sus construcciones conceptuales; eran eso, críticas, crítica de la filosofía, crítica de la dialéctica, critica de la filosofía del derecho de Hegel, critica de la filosofía de Pierre-Joseph Proudhon, crítica de la economía política, crítica histórico-política de los procesos y las coyunturas en crisis. Hablando de nombres metodológicos, me atrevería a llamar, por el momento, a estos procedimientos desprendidos por las investigaciones de Marx, método de las lógicas de los conocimientos de lo concreto.
Para interpretar, comprender y aplicar la esencia misma de la dialéctica materialista Mao Zedong se propone un programa en atención a los problemas filosóficos planteados; estos son: las dos concepciones del mundo, la universalidad de la contradicción, la particularidad de la contradicción, la contradicción principal y el aspecto principal de la contradicción, y el papel del antagonismo en la contradicción[7].
La primera parte del texto Sobre la contradicción, la que se refiere a Las dos concepciones del mundo,  es insostenible, no puede haber una interpretación más reductiva de la historia de la filosofía, una caricatura de la historia en blanco y negro, mejor, una historia entre ángeles y demonios, la dialéctica contra la metafísica, el materialismo dialéctico contra el idealismo, o, como lo pone Lenin, dos concepciones fundamentales del desarrollo, el desarrollo como disminución y aumento, como repetición, y el desarrollo como unidad de los contrarios[8]. Quedan al margen de esta interpretación los contextos, los periodos históricos, las características propias de las corrientes y escuelas filosóficas, sus horizontes epistemológicos, así como también sus conexiones e imbricaciones, también sus transformaciones y desplazamientos. Esto llama la atención, cuando precisamente se trata de rescates que se hacen de Hegel, de la lógica y la filosofía de Hegel, que podríamos decir, se trataría de una filosofía y lógica idealistas, al entender de estos esquematismos duales. Esta interpretación está lejos de los métodos, procedimientos y tratamientos empleados por Marx, avanzar a la lógica específica del objeto especifico que, en este caso, vendría a ser el seguimiento de las lógicas inherentes a las formaciones enunciativas y conceptuales de las corrientes y escuelas filosóficas, su vinculación con los contextos y periodizaciones históricas. Sobre todo tratar de entrever las formas de irrupción de las críticas rebeldes y aperturistas, las críticas que cuestionan las legitimidades de las verdades vigentes, que pueden darse de forma idealista y también materialista. Estamos lejos de la Tesis sobre Fuerbach, la misma que establece:
El defecto fundamental de todo el materialismo anterior —incluido el de Feuerbach— es que sólo concibe las cosas, la realidad, la sensoriedad, bajo la forma de objeto o de contemplación, pero no como actividad sensorial humana, no como práctica, no de un modo subjetivo. De aquí que el lado  activo  fuese desarrollado por el idealismo, por oposición al materialismo, pero sólo de un modo abstracto, ya que el idealismo, naturalmente, no conoce la actividad real, sensorial, como tal. Feuerbach quiere objetos sensoriales, realmente distintos de los objetos conceptuales; pero tampoco él concibe la propia actividad humana como  una actividad  objetiva.  Por eso, en  La esencia del cristianismo  sólo considera la actitud teórica como la auténticamente humana, mientras que concibe y fija la práctica sólo en su forma suciamente judaica de manifestarse. Por tanto, no comprende la importancia de la actuación “revolucionaria”, “práctico-crítica”[9].
Esta evaluación del materialismo es profunda, da en el núcleo del problema, como se dice; plantea el balance desde una perspectiva crítica tanto del materialismo como del idealismo, mostrando claramente que el lado activo fue desarrollado por el idealismo, aunque lo hizo de un modo abstracto. El materialismo fundado por Marx comprende la actuación revolucionaria, práctico-crítica. Ciertamente el Partico Comunista chino está involucrado en la actuación revolucionaria, esto lo hace partidario del materialismo fundado por Marx, empero la interpretación que tiene de la historia de la filosofía es calamitosamente reductiva, desarma más que armar en la formación de la militancia. Se entiende de este modo que sólo podríamos sostener estos argumentos por procedimientos dogmáticos, que es precisamente lo que quería combatir Mao Zedong.
En el apartado La universalidad de la contradicción Mao Zedong dice que esta universalidad se manifiesta en el proceso de desarrollo de toda cosa y también que el movimiento de los contrarios, se presenta en el proceso de desarrollo de cada cosa. Dice que: La contradicción es la base de las formas simples del movimiento (por ejemplo, el movimiento mecánico) y tanto más lo es de las formas complejas de movimiento[10]. Continúa remarcando: Queda claro que la contradicción existe universalmente, en todos los procesos, tanto en las formas simples del movimiento como en las complejas, tanto e los fenómenos objetivos como en los fenómenos del pensamiento[11]. Criticando a Deborin, quien ve la aparición sólo en una etapa determinada del proceso, no desde un principio, Mao Zedong es categórico: Esta escuela ignora que toda diferencia entraña ya una contradicción, y que la diferencia es en sí una contradicción[12]. Desde esta perspectiva podemos hablar del carácter absoluto de la contradicción. Es como decir que es inherente al ser, que es una propiedad ontológica. Todo esto es, como se puede ver, un retorno materialista a Hegel.
En el apartado La particularidad de la contradicción Mao Zedong incursiona lo que podríamos llamar la lógica específica del objeto específico; lo hace desde la perspectiva de las contradicciones, dejemos pendiente, por de pronto, la perspectiva de las articulaciones y la concepción relacional, desarrollada más tarde por Nicos Poulantzas. Dice: Toda forma de movimiento contiene su propia contradicción particular. Un poco más adelante ratifica este enunciado escribiendo: La esencia particular de cada forma de movimiento de la materia es determinada por la contradicción particular de dicha forma. Esto ocurre no sólo en la naturaleza, sino también en los fenómenos de la sociedad y del pensamiento. Todas las formas sociales y todas las formas de pensamiento tienen, cada una, su propia contradicción particular y su esencia particular[13]. Este enfoque es importante en lo que respecta a la conducción política, en la definición de las estrategias y tácticas en los periodos y coyunturas de la revolución china. En este sentido establece que: Comprender cada uno de los aspectos de una contradicción significa comprender qué posición específica ocupa cada uno de ellos, que formas concretas asumen sus relaciones de interdependencia y contradicción con su contrario, y qué medios concretos emplea en la lucha con su contrario tanto mientras ambos aspectos están en interdependencia y contradicción como después de la ruptura de la interdependencia[14].Añade que: A esto se refería Lenin al decir que la esencia misma del marxismo, el alma viva del marxismo, es el análisis concreto de la situación concreta[15].
Una anotación sobre la transformación de las contradicciones en la temporalidad histórica del proceso es altamente aleccionadora: La contradicción fundamental del proceso de desarrollo de una cosa y la esencia de este, determinada por dicha contradicción, no desaparece mientras el proceso no termina; sin embargo, en un proceso de desarrollo prolongado, la situación generalmente varía de etapa a etapa. La razón es que, si bien no cambia la naturaleza de la contradicción fundamental del proceso de desarrollo de la cosa ni de la esencia del proceso, la contradicción fundamental se va agudizando a medida que pasa de una etapa a otra en este proceso prolongado. Además, de las numerosas contradicciones, grandes y pequeñas, determinadas por la contradicción fundamental o sujetas a su influencia, unas se agudizan y otras son temporalmente o parcialmente resueltas o atenuadas, y surgen algunas nuevas; es por eso que hay etapas en el procesos. Si no se presta atención a las etapas del procesos de desarrollo de una cosa, no se puede tratar apropiadamente sus contradicciones[16].Este mapa de las contradicciones, esta lectura del cambio en el mapa de las contradicciones, es una lección política. No es lo mismo apreciar una coyuntura a diferencia de otra, una etapa distinta de otra, intervenir en un momento o en otro del proceso. Esta sensibilidad política exige una sensibilidad experimentada en lo que corresponde a la interpretación de la composición, de las estructuras y las trasformaciones del proceso. El conjunto de preguntas a las que nos lleva el texto Sobre la contradicción de Mao Zedong son sobre la universalidad de la contradicción, sobre la particularidad de la contradicción, sobre la relación entre la contradicción principal y el aspecto principal de la contradicción, sobre la identidad y la lucha sobre los aspectos de la contradicción y sobre el papel del antagonismo en la contradicción.

La dialéctica según Alain Badiou

Alain Badiou fue discípulo de Louis Althusser y militó en agrupaciones marxistas de orientación maoísta. Entre 1972 y 1978 formó parte del Grupo para la Fundación de la Unión de los Comunistas de Francia Marxistas-Leninistas (UCFML). En este periodo comparte un curso en la Universidad de Vincennes de donde se desprenden eruditas reflexiones sobre la dialéctica y la teoría del sujeto. Son estas interpretaciones, que se reúnen en el libro Teoría del sujeto, las que vamos a discutir en adelante.
Comenzaremos por dos conceptos que va a usar a lo largo de Teoría del sujeto, estos son esplace y horlieu, combinaciones y composiciones que corresponden a la lengua francesa. Las primeras notas impresas por el editor en el apartado titulado Imagenlos define de la siguiente manera:
El concepto de esplace o síntesis de espace (“espacio”) y place (término que normalmente puede traducirse como “sitio”, pero al que hemos decidido volcar al castellano, a fin de diferenciarlo expresamente de las nociones de “lugar” y de “sitio”, como “plaza”, manteniendo en la traducción, en la medida de lo posible, el campo semántico  que gira en torno al mismo en el original)[17].
La otra composición y combinación semántica es:
Horlieu es otro concepto creado por Badiou a partir de hors(“fuera”) y lieu (“lugar”)[18].   
La interpretación de la dialéctica que hace Badiou va jugar con estos dos conceptos, esplace y horlieu, que, por motivos de la traducción al castellano, respetando la composición y combinación buscada por el autor,  las comprenderemos como esplaza y fuera-de-lugar. Podríamos decir que la dialéctica se da entre un emplazamiento, una edificación, una exteriorización de la fuerza, y un desplazamiento, una deconstrucción, una interiorización de la fuerza. Usando el lenguaje de Gilles Deleuze y Félix Guattari, no muy extraño a las significaciones conocidas por Badiou, podríamos interpretar este sentido de la dialéctica como el juego de la fuerza de captura y la fuerza de la línea de fuga. La diferencia estribaría en que Badiou habla de fuerza como de una fuerza que se transforma, que vive ambas experiencias, la de la exteriorización, la del desgarramiento, del extrañamiento, y la de la interiorización, la del retorno, la del ensimismamiento, consecuente con la concepción hegeliana de la fenomenología y de la lógica. En cambio Deleuze y Guattari hablan de fuerzas, en plural, dicotómicas, cualitativamente distintas, consecuentes con su concepción pluralista y nómada. Ciertamente no se trata de aproximar la interpretación de Badiou a la teoría nómada y pluralista de Deleuze y Guattari, pues esto tampoco se podría. Eso está claro cuando acudimos a la crítica que realiza Badiou a las concepciones pluralistas; él considera que el pluralismo no es otra cosa que una apariencia, ya que la posición de lo múltiple viene a presuponer lo Uno como Sustancia, y a excluir el Dos[19]. ¡Vaya la interpretación de lo múltiple que tiene Badiou! Lo múltiple sólo podría pensarse a partir del Uno, y sólo puede pensarse lo plural excluyendo el Dos, es decir la dialéctica. La base de este pensamiento se encuentra en el Dos, que nos permite pensar el Uno, la unidad de los contrarios, de la diferencia; después se basa en la distinción de Uno y del Todo. Al respecto debemos anotar que el Uno y el Todo forman parte de las tradiciones de las religiones monoteístas, las mismas que supeditan la escritura al Estado. El proyecto es político y religioso, se expresa en las formas de dominación de cuerpos, almas y territorios. Quedan atrás o marginados los politeísmos, las relaciones inmanentes con las fuerzas, por lo tanto los pensamientos pluralistas. Lo que pasa es que los dialécticos no pueden pensar lo Uno sino a partir del dos, es decir, de la contradicción, tampoco pueden pensar más allá del Dos, la dialéctica y la contradicción inherente en Dos. Son incapaces de pensar la complejidad, la heterogeneidad, la múltiple diferencia de fuerzas cualitativamente distintas. Empero, volviendo a nuestro asunto, de lo que se trata es de alumbrar significaciones subyacentes de la interpretación de la dialéctica de Badiou. Es interesante ver utilizar estas imágenes encontradas de captura y de líneas de fuga; captura,  en el sentido del concepto de esplace, líneas de fuga, en el sentido del concepto horlieu. También es inquietante el manejo del concepto de fuerza, aunque el mismo esté circunscrito a la idea hegeliana de devenir. Podemos decir que bajo la interpretación de Badiou la fuerza es el sujeto. Sin embargo, sería bueno retornar a Hegel y leer lo que escribe en Fenomenología del espíritu sobre el concepto de fuerza:
Dicho de otro modo: las diferencias establecidas como independientes pasan de un modo inmediato a su unidad; ésta pasa a ser también de modo inmediato el despliegue, y el despliegue retorna, a su vez, a la reducción. Este movimiento es lo que se llama fuerza: uno de los momentos de ella, o sea la fuerza en cuanto expresión de las materias independientes en su ser, es su exteriorización; pero la fuerza como desaparecer de dichas materias es la fuerza que desde su exteriorización se ve repelida de nuevo hacia sí, o la fuerza propiamente dicha. Pero, en primer lugar, la fuerza replegada sobre sí misma necesita exteriorizarse; y, en segundo lugar, en la exteriorización, la fuerza es una fuerza que es en sí misma, del mismo modo que en este ser es en sí misma exteriorización. Al obtener así ambos momentos en su unidad inmediata, el entendimiento, al que pertenece el concepto de fuerza, es propiamente el conceptoque lleva en sí los momentos diferentes, como diferentes, ya que deben ser distintos en la fuerza misma; la diferencia sólo es, por tanto, en el pensamiento[20].
Otra vez la claridad filosófica de Hegel; habla de lo que ocurre en el entendimiento, de lo que vive el pensamiento. Se trata de la experiencia de la consciencia. La dialéctica es esta tensión entre inmanencia y trascendencia, entre interiorización y exteriorización. Esta tensión es vivida por el sujeto. Me quedo con el título de la obra de Badiou, entendamos la dialéctica como una Teoría del sujeto. No se puede aplicar esta experiencia del sujeto a otros acontecimientos como si fueran estos acontecimientos el mismo sujeto que somos, quitándoles su propia cualidad de ser, su propia autonomía y diferencia radical con nuestras intimidades. Esto es un reduccionismo sujeto-céntrico y antropocéntrico, centrismos con los que el materialismo supuestamente ha roto. No pretendamos ser Dios, no pretendamos dominar el universo y el mundo, hacer que todas las cosas nos obedezcan, creer que podemos conocerlo todo, atravesarlo todo con nuestra mirada, nuestra experiencia, nuestro pensamiento, reducir su maravillosa pluralidad y diferencia a la experiencia hedonista de ese sujeto con pretensiones de dominador que es el hombre. Esta es la expresión más egoísta y ególatra de la modernidad. El materialismo, al contrario se abre al goce, al agasajo y a la perplejidad de la pluralidad y la diversidad múltiple. No renuncia a los saberes, ni a los conocimientos, tampoco a las comprensiones, sólo que no son pretensiosos, forman parte de los desbordes creativos y comunicativos de la vida, de la plétora de los flujos y devenires, cíclicos y concomitantes. Son como el golpe de dados que el mismo Badiou comenta, reflexionando sobre la poesía de Mallarme, Un golpe de dados no abole el azar.   
Badiou analiza tres formas de la dialéctica o tres interpretaciones de la dialéctica, incluso, si se quiere, tres dialécticas; la dialéctica de Hegel, la dialéctica estructural y la dialéctica poética de Mallarme. Esto no quiere decir que entre las tres formas, interpretaciones y expresiones no haya tradición, continuidad y concomitancia; al contrario, están íntimamente impregnadas por una forma de pensar, la dialéctica. En el capítulo La acción, morada del sujeto, el autor propone una síntesis estructural de la secuencia dialéctica; esta secuencia parte de la contradicción entre esplace y horlieu, entre el espacio de la plaza o el emplazamiento y el fuera de lugar, entre la edificación espacial y el sujeto. Continúa con la escisión; al respecto dice que la contradicción no tiene ningún otro modo de existencia que la escisión. Después viene la determinación, la determinación estricta, la limitación y el límite. La determinación tiene que ver con el condicionamiento del emplazamiento, la determinación de la relación por el escenario conformado. La determinación estricta tiene que ver con la recaída a la derecha, con lo que podemos llamar el fetichismo de la estatalización, con la absolutización del Estado. Aquí es cuando se produce la limitación y se llega al límite, donde se da mas bien una recaída de izquierda. La limitación se produce por una nueva crisis o mas bien un retorno reforzado del fuera de lugar; se produce una salida subjetiva, una subjetivación de la crisis. Hay que tener en cuenta que estas son figuras abstractas, que pueden corresponder a distintas escenificaciones y realizaciones; por ejemplo, Badiou da el ejemplo de la recaída de derecha haciendo referencia al objetivismo economicista de Liu Shao Shi, y el ejemplo de la recaída de izquierda haciendo referencia a lo que llama el fanatismo ideológico de Lin Piao.
Queda la impresión que la interpretación dialéctica se queda restringida a una de las posibilidades de los potenciales recorridos de la dialéctica especulativa hegeliana. Termina la interpretación volviéndose un esquema reducido y determinista. Las graves consecuencias de este “esquematismo” aparecen cuando se hacen “transferencias” al campo político, cuando buscamos la verificación de la dialéctica en los acontecimientos realizados y leídos como historia. El reduccionismo aparece como caricatura, los sujetos, actores y protagonistas como marionetas de invisibles leyes de la dialéctica. Este teoricismo termina limitando la “realidad” a ser la sombra de movimientos lógicos profundos, empero descorporeizados. Este teoricismo  termina poniendo anteojos que no dejan ver la dinámica compleja y plural de las fuerzas. Liu Shao Shi y Lin Piao no pueden entenderse como caricaturas de momentos de la dialéctica, forman parte en su contexto histórico y coyunturas del mapa de fuerzas entrabado, de las tensiones y tendencias inherentes en el que se encontraba el Partido Comunista chino como un barco que enfrentaba la tormenta. La revolución cultural fue el intento de transferir el dominio de la conducción de la revolución a las fuerzas reunidas en los consejos y manifestadas en los jóvenes, rescatándolo de manos de los burócratas institucionalizados en la estructura del partido. Esta lucha intestina termino siendo ganada por los burócratas que defenestran a los portadores de la revolución cultural a un desenlace sin resultados, en tanto y en cuanto los burócratas van a terminar conduciendo el proceso de la revolución china a un socialismo de mercado, que en términos claros es una de las formas del capitalismo descarnado en pleno ciclo decadente del dominio del capitalismo norteamericano.
Hay otro ejemplo más calamitoso de estos usos esquemáticos de la interpretación dialéctica; cuando Alain Badiou describe al desarrollo del partido como una constante depuración, haciendo una indisimulada apología de los procedimientos estalinistas de limpieza del partido. Procedimientos de depuración que terminan imponiendo una temible dictadura de la nomenclatura. Hay cierta inocencia en el teoricismo al reducir los complejos juegos de fuerza, correlaciones, tensiones y enfrentamientos, en entrabados campos políticos, a caricaturas alucinantes de la lógica dialéctica.
Volviendo al caso del proceso boliviano en cuestión, vemos que interpretar la contradicción en su sentido dialéctico, sobre todo sugerente a la manera como lo hace Mao Zedong, es ilustrativa y hasta descriptiva, empero no logra salir del circulo vicioso de la negatividad dialéctica que no hace otra cosa que perseguir nuevas formas de afirmación lógica. Lo que hay que entender de la coyuntura del proceso político es que las formas del contra-proceso no se limitan a ser una contradicción dialéctica, no pueden ser leídas como una demostración de la dialéctica, sino que son tendencias y cristalizaciones de fuerzas que resisten y se oponen a la descomunal potencia del campo de posibilidades abierto por las fuerzas transformadoras, llamémosla, para usar la figura de Badiou, las fuerza que ponen fuera de lugar a las instituciones emplazadas, que en el fondo es la figura de Deleuze de las fuerzas que corresponden a las líneas de fuga que desordenan y atraviesan el espacio estriado del Estado.


[1] Revisar de Faundes: C. (2010). Desde la guerra total a la guerra irrestricta. La deconstrucción de un concepto. Tesis para optar al grado de Magíster en Seguridad y Defensa, mención Política de Defensa, Santiago de Chile: Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos. La guerra entendida como guerra irrestricta (超限, literalmente “guerra allende los límites”). Revisar los estudios de Liang y Xiangsui: Una nueva concepción de las armas; 1999.También aVan Creveld; M.(2004): The Transformation of War, New York; Free Press.
[2] Ver de Alain Badiou Teoría del Sujeto. Prometeo 2009, Buenos Aires.
[3] Alain Badiou: Libro citado; págs. 29-30. 
[4] Revisar de Badiou: Teoría del Sujeto. Prometeo 2009. Buenos Aires. También del mismo autor, El ser y el acontecimiento; Manantial 1999, Buenos Aires. Así mismo, Lógica de los mundos; Manantial 2008, Buenos Aires.
[5] Karl Marx: Introducción para la crítica de la Filosofía del derecho de Hegel. En Filosofía del derecho de Hegel. Juan Pablo 1998; México. Pág. 8.
[6] Mao Zedong: Sobre la contradicción. Obras escogidas; Tomo I. Ediciones en lenguas extranjeras. Pekín 1971. Pág. 333.
[7] Ibídem: Pág. 333.
[8] Lenin: En torno a la cuestión de la dialéctica.
[9] Karl Marx: Tesis sobre Fuerbach. Escrito por C. Marx en la primavera de 1845.  Publicado por primera vez por F. Engels en 1888 como apéndice a la edición aparte de su Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. Se publica de acuerdo con el texto de la edición de 1888, cotejado con el manuscrito de C. Marx. Traducido del alemán. De las Obras Escogidas de C. Marx y F. Engels,  Editorial Progreso – Moscú 1981 – Tomo I, págs. 7-10
[10] Mao Zedong: Ob. Cit.; pág. 339.
[11] Ibídem: Pág. 340.
[12] Ibídem: Págs. 340-341.
[13] Ibídem: Pág. 342.
[14] Ibídem: Pág. 345.
[15] Ibídem: Pág. 345.
[16] Ibídem: Págs. 345-346.
[17] Alain Badiou: Teoría del sujeto. Ob. Cit.; pág. 13.
[18] Ibídem: Pág. 13.
[19] Ibídem: Pág. 46.
[20] G.W.F. Hegel: Fenomenología del espíritu. Fondo de cultura económica 1966; México. Pág. 84.