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Anotaciones sobre la deriva política

Anotaciones sobre la deriva política

Diagnóstico rápido de la trayectoria neopopulista

 

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Justicia amordazada

 

La corrupción hecha política

Corrupción generalizada, corrosión demoledora de las instituciones. La decadencia en plenitud. Esto demuestra que, hace un tiempo, ha muerto la democracia, la política, la Constitución, la Justicia, la legalidad. Lo que prepondera es el despotismo proliferante, el ejercicio múltiple de la violencia, la imposición de los grupos de poder, el encubrimiento descarado de la delincuencia y el crimen, de los delincuentes y criminales, la Administración grosera de ilegalismos. Si el pueblo contempla esta panorama degradante de la decadencia, es cómplice de su propio muerte.

El Estado, dispositivo del terror

El terrorismo de Estado en acción. No les queda otra cosa que la espiral de violencia. Desmantelaron la Constitución, corroyeron las instituciones, cometieron democracidio, ecocidio y etnocidio. Desconocen los derechos consagrados por la Constitución. Despilfarraron por quince años los ingresos del Estado. Hacen de agentes encubiertos de las empresas trasnacionales extractivistas y agentes descarnados de los Cárteles. Han perdido toda legitimidad; son un gobierno de la administración de violencia. Por lo tanto, su función ha dejado de ser funcional. Son una amenaza para el pueblo y el país.

El Estado: dispositivo de los Cárteles

Un Estado tomando por los Cárteles, agente encubierto de las trasnacionales, dispositivo político de enriquecimiento de la burguesía rentista y la burguesía mafiosa, además de las burguesías tradicionales. Un gobierno demagógico, acompañado por la masa elocuente de llunk’us.

Los grupos de choque, parte del terrorismo de Estado. La decadencia en acción. Los esbirros al servicio del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente,  que efectúa el gobierno neopopulista retornado. La miseria humana en la expresión más descarnada.

La guardia pretoriana de la República del Chapare. Los dispositivos represivos de la coca excedentaria y de la industria de la cocaína. La policía descarnada en su tarea sucia.

La guerra declarada del gobierno contra los cultivadores de la coca tradicional, contra el pueblo, contra la democracia, contra la Constitución, contra la Madre Tierra. La evidencia de que se trata de una forma de gubernamentalidad no solo clientelar sino traficante.

Desplazamiento irregular para defender el mercado ilegal de la coca, acción punitiva contra la coca tradicional y la organización legítima de la coca yungueña. Un gobierno que descubre su cara, su perfil perverso  al servicio del lado oscuro del poder.

La invención política de la realidad

No importa ni la realidad ni la verdad, lo que importa es la imposición por la violencia, encubierta con un montaje mediático y la inercia de un discurso desgastado, que se inventa una realidad y adultera la pretensión de verdad. El ejercicio político gubernamental se ha convertido en una sistemática tramoya, en un espectacular montaje, donde todo es falso. Es esta falsedad la que se eleva a pretensión de verdad. En consecuencia, se gobierna en el fango atiborrado de niebla. La violencia política se multiplica y desaparece no solo la democracia sino también la política. Solo queda las ruinas de la destrucción.

Delirio extremo que solo aparece cuando la enajenación llega lejos, la ilusión del poder aleja desmesuradamente a los personajes histriónicos. El problema es que los medios de comunicación y toda la gama de la casta política coadyuva. Parte del pueblo es cómplice de la decadencia.

La desnacionalización

No hubo nacionalización, salvo un año, correspondiente a la aplicación de la ley «Héroes del Chaco». Después se desnacionalizó con los Contratos de Operaciones, entregando el control técnico a las trasnacionales. Disminuyendo de 82% al 50% más el 12% del impuesto especial.

El neopopulismo retornado continúa con el modelo colonial extractivista del capitalismo. Hace lo mismo que los gobiernos neoliberales, populistas, liberales y de dictadura militar. Son una versión demagógica y folklórica de eterno retorno de la colonización, de la dependencia y de la dominación del sistema mundo capitalista.

La desnacionalización de las hidrocarburos, el despilfarro de los recursos del Estado, la malversación de fondos, la creación de empresas fantasmas, la corrosión institucional, la corrupción galopante, la entrega onerosa del litio, el perder las controversias internacionales, recibiendo coimas, la tercera derrota de la guerra del Pacífico en La Haya, en fin una bochornosa secuencia de delitos políticos y constitucionales, además de traición a la patria, han sido ignorados por la Contraloría, los tribunales, el Congreso y la Administración de Justicia, convertidos en dispositivos de encubrimiento. Cómplices de crímenes políticos y constitucionales. Ahora  quieren seguir con lo mismo, el eterno retorno de la corrupción y la corrosión institucional.

Llunkirio

De llunk’us a traidores al país. De zalameros a indignos personajes que avalan inexcusables fechorías. ¿De dónde sacan el descaro de mostrarse tan descarnadamente crápulas? ¿De sentirse impunes? ¿De la falta total de escrúpulos? De la miseria humana, producto del poder.

No se inmutan, se hacen a los desentendidos. Son responsables de la pérdida de 42 millones de dólares ante una empresa fantasma del litio, ahora se debe 105 millones de dólares ante un banco español, que administra una AFP. No tienen vergüenza. Todavía se sienten capaces de acusar, perseguir y perpetrar crímenes políticos y constitucionales. Esta gente es la que gobierna.

El cinismo llevado al desborde del descaro. Después de haber cometido delitos contra el Estado, llevando a cabo actos de corrupción, en concomitancia con la CAMC, en complicidad con el gobierno, gozando de la protección de los órganos de poder, todavía tiene el tupé de acusar.

La degradación moral contamina a la sociedad, a las institucionales sociales. El derrumbe moral abarca a Estado y sociedad. El pueblo tiene la responsabilidad de salir del círculo vicioso de la decadencia, de combatir a los dispositivos de la corrosión institucional y la corrupción galopante, a los agenciamientos de la degradación, de luchar contra los cárteles. La complicidad es síntoma de putrefacción.

Machistas consumado, en plena decadencia, sin discurso ni horizonte. Un odio recóndito a la mujer les corroe las entrañas, los deja sin imaginación. Por eso balbucean. La dirigencia del partido gobernante tiene en estos personaje un ejemplo evidente de lo que son: hombres sin atributos, llenan su vacío con la violencia descarada, que expresa sus complejos profundos y atroces miedos.

Ética y responsabilidad

Ética y responsabilidad

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Desafios 6

 

¿Qué pregunta es esa: Se puede cambiar la realidad?  La realidad siempre cambia, cambios imperceptibles, cambios perceptibles, desplazamientos, cambios trascendentales. La pregunta no apunta a algo tan general, quizás viene de la nostalgia romántica: ¿Es posible la revolución, es posible que triunfe la revolución y que logre sus objetivos transformadores y liberadores? ¿O toda revolución está condenada a padecer sus contradicciones? Estas preocupaciones vienen de las tradiciones románticas,  que son convocativocativas, correspondiendo a las emociones generosas y embriagantes, de entrega al acto heroico. La pregunta contiene la preocupación sobre el decurso de la acción, en el sentido de que, a pesar del acto heroico, a pesar de la entrega, del halo romántico, no todo cambia, como se quiere y se busca.

 

No se trata ni de ponerse optimista, ni ponerse pesimista, se trata de hurgar en las preguntas y las preocupaciones, que sostienen estas preguntas. Sobretodo se trata de tener la mirada en el acontecimiento, la mirada abarcadora de la complejidad del acontecimiento, de la multiplicidad de sus singularidades. Mirada que comprenda los desenlaces de las acciones y de  las prácticas, de las voluntades involucradas en los actos. Para decirlo de la manera figurativa, al modo de la epopeya, mirada y percepción comprometida con los actos heroicos, las entregas románticas, las búsquedas de transformación. De todas maneras, hay algo importante en todo esto,  independientemente de si se logra o no la utopía. La incertidumbre, el juego del azar y la necesidad, los efectos y consecuencias no controladas, constituyen el campo de posibilidades, los decursos sinuosos y el devenir.

 

Todo se hunde en un conjunto de de procesos, inherentes al acontecimiento, al conglomerado de eventos, de sucesos, de hechos, que no se controlan, sino que se desatan desbordantemente. Toda acción desata consecuencias que no se controlan. Sin embargo, independientemente de esto, de esta imprescindible complejidad, hay algo  ineludible, la actitud ante la violencia, la inaceptabilidad de su despliegue, en consecuencia, la denuncia de la misma, la interpelación de su desenvolvimiento. Esto se efectúa contra las violencias concretas y singulares, contra la multiplicidad de violencias desatadas. Contra los asesinatos y feminicidio, contra los etnocidios, genocidios y ecocidios. En este sentido, apuntando a las causas y dispositivos de la causalidad dramática, se actúa contra los agenciamientos concretos de la violencia, contra la intervención de organizaciones e instituciones responsables de la violencia, contra el lado institucional del poder y contra el lado oscuro del poder, contra lo controles territoriales de los grupos paralelos, contra las formas del terrorismo de Estado y no estatales. Es decir, hablamos de la predispoisición contra la multiplicidad de violencias proliferantes.

 

 La pregunta específica es: ¿Se puede detener la violencia? Esta pregunta implica, necesariamente, la responsabilidad. La responsabilidad de actuar contra la violencia. La responsabilidad ética. Se trata de  la predisposición en contra de la violencia, de la voluntad de parar la violencia. Claro que  esta resultante depende de la correlación de fuerzas.  Sin embargo aquí hay algo que es ineludible, no se puede ser indiferente ante la violencia. En consecuencia, el mismo hecho de la violencia exige una responsabilidad, una actitud ética, respuesta moral, de parte de nosotros. Esta exigencia si es ineludible.

 

¿Cuáles son los desafíos?

¿Cuáles son los desafíos que atañen a la ética y la responsabilidad contra la violencia? Esta es la pregunta involucrada en la actitud misma de predisposición contra la violencia, que podemos también llamar contra la dominación, por lo tanto, contra el poder.

 

Obviamente no se trata de caer en el voluntarismo, la voluntad de por sí misma no cambia la situación en cuestión. Tampoco la acción devenida de la voluntad. En esta perspectiva, no basta el acto heroico para que cambie la situación adversa, obstaculizadora, inhibidora, correspondiente al desenvolvimiento de la violencia. No es suficiente la denuncia, tampoco la interpelación sobre los hechos de violencia. La experiencia social y la memoria social nos enseñan de que es indispensable comprender, entender y conocer las dinámicas involucradas en los despliegues de la violencia. Sabemos que la violencia es padecida por los sujetos sociales; los sujetos sufren la violencia. La asumen como tal en la medida qué interpretan estas fuerzas que afectan al cuerpo como violencia. Es decir la violencia es asumida como lo que afecta el cuerpo, lo inhibe, lo descompone, lo enferma, lo hiere y lo destruye.

La violencia es vivida corporalmente y subjetivamente. Para que haya violencia tiene que haber dominación o pretensiones de dominación, es decir, hay ejercicio de poder. El poder, como sabemos, implica relaciones de fuerza, fuerzas que afectan y fuerzas afectadas. Fuerzas que suponen la separación de su potencia, fuerzas que actúan contra sí mismas, vaciándose de contenido,  usando su magnitud de fuerza contra otras fuerzas, buscando su desarticulación. Desencadenando la energía de una manera destructiva.

 

Se da lugar, apoteósicamente, la máquina abstracta de poder, cuya manifestación concreta e institucional aparece en el Estado, en la estructura estatal, en la composición del Estado. En los aparatos y dispositivos del Estado, aparatos administrativos, aparatos ideológicos, dispositivos de emergencia. Que son, efectivamente, aparatos administrativos de la violencia, aparatos de legitimación de la violencia, aparatos de represión. Frente al poder se han constituido formas de contra-poder, la resistencias han adquirido las características propias de formas de contrapoder, incluso de organismos y organizaciones de contrapoder, conformando composiciones singulares de contrapoder.

 

Una forma elocuente de resistencias corresponde a las movilizaciones sociales, que se han hecho elocuentes en la historia reciente de América Latina y el Caribe. Algunas veces las movilizaciones sociales han resultado en levantamientos y rebeliones, incluso han tenido consecuencias políticas y estatales, incidiendo en la forma de gobierno, es decir, en lo que hemos venido llamando forma de gubernamentalidad.  De alguna manera las demandas se han manifestado, no solamente como pliegos, sino como reivindicaciones colectivas, incluso proyecciones sociales, que atañen y comprometen a la sociedad. En la historia reciente, del ciclo corto y del ciclo mediano, las movilizaciones, los levantamientos y rebeliones han devenido en revoluciones, aunque escasas, pero con mayor incidencia en el perfil del Estado y en el perfil de la sociedad, incluso en el perfil de la economía, es más, en el perfil cultural. En este caso, se puede decir que han habido cambios, pero estos cambios no terminan de transformar las estructuras de poder y, por lo tanto, los diagramas de poder en cuestión, en consecuencia, en las formas polimorfas de dominación. Se puede decir, acudiendo a esa frase del gatopardo, de que todo cambia para que nada cambie. Como hemos dicho varias veces, las revoluciones cambian el mundo pero se hunden en sus contradicciones, destruyen el Estado y lo vuelven a restaurar, vuelven a reconstruir lo que han destruido, entonces ingresamos a lo que hemos llamado el ciclo vicioso del poder, el eterno retorno de las dominaciones polimorfas. Parece una paradoja, también una condena y una fatalidad. ¿Por qué ocurre esto? Esta es una buena pregunta, requiere de un balance exhaustivo, de una evaluación crítica de lo que ha ocurrido, de una evaluación crítica de la historia; parafraseando a Emmanuel Kant podríamos decir que se trata de una crítica de la razón histórica, una crítica de la razón crónica o, si se quiere, puesta en escena de la razón ucrónica. Sin embargo, esta apreciación tiene su equívoco, porque no hay una razón histórica, no hay una razón crónica y, por lo tanto, no es tan pertinente hablar de ucrania; lo que hay es el acontecimiento, en el acontecimiento la multiplicidad de procesos singulares, que dan lugar a distintos perfiles singulares del acontecimiento en devenir.  

 

Hay el juego entre azar y necesidad, donde los actos generan efectos que no se controlan; ingresamos a la perspectiva de la complejidad, que supone dinámicas complejas integradas, que atraviesan y articulan distintos planos y espesores de intensidad, definiendo perfiles singulares del acontecimiento, en una coyuntura, en un presente, en un momento, en los espesores del presente. Esta apreciación implica la comprensión del funcionamiento de esta complejidad, sinónimo de realidad. Esto equivale a construir soluciones que resuelvan la complejidad o, si se quiere, disminuyan la complejidad. El entendimiento de esta complejidad nos puede llevar a un potenciamiento de las prácticas, de los actos, de las acciones, de la intervención en coyunturas específicas, incidiendo en los decursos de la realidad efectiva. De eso se trata.

 

Volviendo al tema, ¿por qué caemos, una y otra vez, en el círculo vicioso del poder?, ¿por qué no se puede salir de este círculo vicioso del poder?, ¿por qué las movilizaciones, si bien plantean demandas, incorporan denuncias, interpelan a la institucionalidad, que ha instituido las formas de dominación vigentes, no logran trastocar la situación adversa de las dominaciones, la estructura de poder, que se repite, una y otra vez, como condena y fatalidad, repitiendo el eterno retorno de lo mismo? En el último ensayo, que contiene el análisis de los recientes movimientos sociales, particularmente del reciente movimiento social dado en Ecuador contra el gobierno de Guillermo Lasso, hemos dicho que no se puede resolver el problema dentro de el marco del Estado nación, dentro de la cartografía política definida por el orden mundial, dentro del contexto del mapa institucional conformado por el Estado nación y el orden mundial; este mapa institucional forma parte del problema. Esta aseveración es importante, tiene consecuencias prácticas, exige ir más allá de lo que se ha venido haciendo hasta ahora, incluyéndo a las movilizaciones sociales, a los levantamientos, rebeliones y a las revoluciones. Hay que salir de lo acostumbrado. Después de la evaluación crítica y de la crítica de los procesos de cambio, dados en Sudamérica, después de las nuevas críticas de las dominaciones y del poder, después de la crítica al círculo vicioso del poder, hemos llegado a la conclusión de qué no se trata de tomar el poder, pues cuando se toma el poder, los que lo toman se convierten en marionetas de la máquina fabulosa de las dominaciones, que es la máquina abstracta de poder.

 

En el balance de los “gobiernos progresistas” hemos observado que, de una manera repetitiva, por lo tanto, comediante, se ha vuelto al círculo vicioso del poder, se ha repetido la historia, no como tragedia sino como farsa, tal como decía Karl Marx en El 18 de brumario de Luis Bonaparte. En el balance que hicimos de la revoluciones, en la historia reciente, en la historia política moderna, hemos constatado lo que dijimos anteriormente, que las revoluciones se hunden en sus contradicciones, no salen del círculo vicioso del poder, lo repiten de una manera dramática. La conclusión es que hay que salir del círculo vicioso del poder. Empero, ¿cómo se hace esto? Esta es la pregunta. En términos teóricos dijimos que se trata de no tomar el poder sino de destruirlo. De abrir los decursos y devenires de la autogestión, de la autodeterminación, del autogobierno.

 

Otras formas de resistencia se han dado, como la conformación de comunidades autogestionarias, particularmente agrícolas, que han planteado el retorno al campo, una recampesinización, que podemos incorporarla a una de las variantes de la vía campesina. Esta forma de resistencia es sugerente, puesto que no solamente incide en las prácticas y en los órdenes de relaciones, sino que plantea, de inicio, la construcción de otro horizonte societario. Alguien puede leer estas iniciativas, estas conformaciones autogestionarias como relativas a lo que se llamó, en su tiempo, socialismo utópico. Este término es inadecuado, lo usó Marx para mostrar los límites de este socialismo utópico, planteando, mas bien, como alternativa, una revolución social y una revolución política, basada en el conocimiento de la sociedad moderna, concretamente del modo de producción capitalista. Ya conocemos el desenlace de estas revoluciones socialistas, que derivaron en el socialismo real, que derivaron en el Estado absolutista del socialismo real, que se parece, caricaturescamente, a una monarquía socialista. Visto en perspectiva, resulta mucho más prometedor esto que llamó Marx socialismo utópico; es una experiencia de resistencia social alternativa. Ahora bien, lo que podemos ver y de lo que se trata es de experiencias actuales, que todavía no se convierten en alternativas expansivas a la sociedad institucionalizada, a la sociedad moderna, al modo de producción capitalista y, en términos del contexto mundial, al sistema mundo capitalista. Esta circunscripción no habla del fracaso, de ninguna manera, de estas experiencias alternativas puntuales, de estos proyectos inherentes; se dan, de manera práctica, como alternativas, todavía no alterativas. Se puede esperar que prosperen, que proliferen, convirtiéndose en verdaderas alternativas alterativas a la sociedad capitalista. ¿De qué depende esto que esto acontezca?

 

No hay que olvidar que lo que llamamos sociedad capitalista, teóricamente modo modo de producción capitalista, históricamente sistema mundo capitalista, ha emergido de las anteriores formas de sociedad, para así decirlo, de anteriores modos de producción; en otras palabras, apuntamos a decir lo siguiente: Que una nueva sociedad emerge de manera espontánea, no como ingeniería social, no como proyecto político. La ingeniería social y el proyecto político son pretensiones, no solamente de verdad, sino pretensiones esquemáticas, impotentes, en comparación con la complejidad que conllevan las dinámicas sociales y las composiciones de la sociedad misma. Ninguna ingeniería social ni proyecto político controla la multiplicidad proliferante de variables intervinientes. Hacerlo lleva a semejante pretensión y proyecto a forzar la realidad efectiva, como ha ocurrido  en el  socialismo real; esto ha terminado no solamente en fracaso, en frustración, sino en una monstruosidad histórico y política. De lo que se trata es precisamente de hacer emerger a la nueva sociedad o, mejor dicho, a la ecosociedad, de manera espontánea, a partir de las mismas dinámicas inmannentes, sociales, ecológicas y vitales. Parte de este ejercicio, en la espontaneidad social, puede tener que ver con estas resistencias de la que acabamos de hablar, de recampesinización. Sin embargo, estos esfuerzos no parecen suficientes, pues la mayor parte de la población de la sociedades están atrapadas en estructuras sociales, en mapas institucionales, en relaciones sociales y prácticas sociales, que reproducen la sociedad capitalista. Entonces la pregunta es: ¿Cómo se activa la potencia social, cómo se libera la potencia social, cómo se interpela a los sujetos sociales, atrapados en estas redes de la reproducción capitalista y de las dominaciones, de sus propias dominaciones? ¿Cómo se los convoca a liberarse de sus propias cadenas? Otra vez, no bastan las denuncias, tampoco las interpelaciones, así que como no son suficientes las utopias, tampoco es suficiente la crítica, es indispensable el remozamiento, el desplazamiento y las rupturas histórico-politico-culturales en los ámbitos y contextos de las prácticas sociales. Éste es uno de los desafíos.

 

Notas sobre los perfiles de la violencia

Notas sobre los perfiles

de la violencia

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Violencia encarnada

 

 

Continuidad del colonialismo

La continuidad del colonialismo es la del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente. El neopopulismo es agente encubierto de las trasnacionales extractivistas y de los Cárteles. El gobierno folclórico, respecto a la Pachamama, ampara la destrucción de los ecosistemas amazónicos y chaqueño, la contaminación de las cuencas y el avasallamiento de territorios indígenas y parques nacionales. Los nuevos conquistadores y colonizadores son esta expresión delirante del populismo del siglo XXI, que, en efecto corresponde a la conquista y la colonización del siglo XXI, ampliando las huellas de la muerte del sistema mundo capitalista.

 

Neoliberalismo y neopopulismo

El neoliberalismo y el neopopulismo son simétricos, son dos caras de la misma medalla, el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, ahora, además, mafioso. El neoliberalismo esquilma al pueblo mediante privatizaciones, el neopopulismo lo hace a través del uso privado de las instituciones y recursos del Estado y del país. Ambos empobrecen a las mayorías, aunque el neoliberalismo es explícito al enervar el costo social y encumbrar a una élite burguesa; en cambio el neopopulismo hace demagogia, favorece a una corrupta dirigencia, queriendo mostrar que su enriquecimiento es general, respecto a las clases excluídas. Solo es esta minoría que hace de pantalla de propaganda, los demás siguen excluidos como siempre. Lo que comparte con su simetría es que también encumbra a una élite burguesa, la burguesía rentista y mafiosa.

 

Perfiles del terrorismo de Estado

Terrorismo de Estado y terrorismos paramilitar y de los cárteles están articulados. Forman la maquinaria descarnada de la violencia de las dominaciones perversas. El neopopulismo anterior y el retornado han conformado esta maquinaria de poder como prolongación inaudita de su decadencia. Cuando el proceso de cambio ha muerto en manos de los impostores, que se subieron a la cresta de la ola, lo que queda para «legitimar» su permanecía inmerecida es el recurso descarado de la violencia, sobretodo cuando la demagogia ha dejado de convencer y servir.

 

Dinámicas perversas de la genealogía del lado oscuro del poder

Hay que diferenciar las distintas estructuras conglomeradas en la macroestructura social o que hace al campo social, que, más bien, es espesor. Pues resulta que una sociedad no es homogénea, al contrario es heterogénea. Pero a donde apuntamos no es tanto a la descripción del mapa heterogéneo de la sociedad, sino a ubicar las estructuras perversas, por así decirlo, que emergen de las mismas dinámicas sociales e inciden en la descomposición de las tejidos sociales. Una de estas estructuras tiene que ver con las asociaciones clandestinas de las mafias, de los cárteles, de las formas paralelas del poder.

Lo que se ha visto, en la historia reciente, es que la genealogía del lado oscuro del poder se inicia con desplazamientos, en principio imperceptibles, de las relaciones sociales, sus prácticas y recorridos. Después se hacen perceptibles los desplazamientos ocupando espacios donde se desarrollan propiamente. Cuando estos desplazamientos se vuelven constantes conforman estructuras estables que afectan al conjunto del campo social.

Una característica de las estructuras mafiosas es que buscan el control territorial; en otras palabra, se arraigan y se afincan como poder, en principio local, después regional y, si prospera su proyección, su control puede adquirir la dimensión nacional.

Las estructuras mafiosas atraviesan varios planos de intensidad social, deformándolos, de acuerdo a la reproducción misma de las prácticas y las formas paralelas de poder. Atraviesan las instituciones y los circuitos comerciales. Atraviesan a las instituciones estatales, corroyéndolas y corrompiéndolas. Conforman sus destacamentos armados y paramilitares. Cuando esto ocurre ya se ha ingresado a la “lógica” de la guerra. Guerra contra la sociedad para imponer la voluntad de los cárteles.

En el norte de México los cárteles controlan ciudades y hasta estados, en la República Federal. En pocas palabras, gobiernan. El gobierno solo es una máscara usada por el lado oscuro del poder. En Colombia los paramilitares controlan territorios donde imponen su ley. Donde no lo controlan realizan acciones punitivas. Pregunta: ¿En esta genealogía del lado oscuro de poder hasta dónde se ha llegado en Bolivia?

Sabemos que los cárteles controlan una amplia zona del trópico de Cochabamba y parte de las zonas del norte de Santa Cruz, con sus correspondientes circuitos en todo el país y sus conexiones en países fronterizos y contactos con otros países del continente y de otros continentes. La economía política de la cocaína es sobretodo mundial, no es solamente nacional. Sin embargo, los entramados sociales son complejos y mucho más extensos que lo que sucede en estas sociedades secretas. Las pretensiones de las mafias encuentran obstáculos y resistencias en esta complejidad social. En la medida que los tejidos sociales son fuertes, los obstáculos y resistencias son mayores; en cambio, en la medida que los tejidos sociales son débiles, la sociedad es más vulnerable ante la irradiación perversa del lado oscuro del poder.

Lo que ha venido sucediendo recientemente llama atención por las repercusiones en el plano político. Las implicaciones en los gobiernos, los síntomas de la penetración en la policía, los alcances del control en la administración de justicia. Todo en un contexto comprometido, la economía institucional atravesada por la economía oscura y opaca de los tráficos. Empero, cuando hay baños de sangre, significa que la violencia inherente se ha desbordado. Los ajustes de cuentas son conocidos y lastimosamente se han convertido en parte intermitente de la cotidianidad. Sin embargo, cuando estas acciones alcanzan a la policía, perpetrando asesinatos de efectivos uniformados, la espiral de la violencia expresa el alcance del desborde del lado oscuro del poder. El mensaje es de amenaza.

El modelo colonial extractivista y mafioso

El modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente se ha desplazado, ahora es el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente y mafioso. Los cárteles controlan territorialmente, atraviesan las instituciones de emergencia del Estado, entre ellas la policía y el ejército; atraviesan los órganos de poder del Estado, sobre todo el sistema de administración de justicia. Atraviesan el gobierno y a la máquina fabulosa del poder, el Estado. Estas instituciones son usadas para cumplir la funciones que les asigne el lado oscuro del poder, de encubrimiento, de protección, de concomitancia y complicidad. Es cuando todo el campo político ha cambiado, se ha convertido en el campo de despliegues de los tráficos.

Proliferación de ilegalismos

Ya es, de principio, ilegal el mercado paralelo de la coca. «Evaluar la legalidad» de un mercado ilegal es con contrasentido. El gobierno es cómplice del desenvolvimiento de ilegalidades proliferantes, es parte de de la corrosión institucional y la corrupción galopante. Es un dispositivo de la economía política de la cocaína, de la economía política del extractivismo, de la destrucción de bosques y cuencas. La elocuencia de la muerte contra la vida.

El absurdo

Cuando no se explica lo ocurrido, cuando falla la interpretación emitida, mostrando vacíos. Cuando no hay coherencia en la interpretación oficial de los hechos, cuando no hay causa evidentes ni móviles para una acción criminal perpetrada, cuando es palpable el absurdo, es cuando se cae toda la narrativa oficial, por su propio peso; no tiene sostenimiento. Es cuando se fuerza la interpretación y los hechos desbordan por todas partes. Se hace evidente la complicidad de los aparatos de Estado con el lado oscuro del poder.

Acorralados

Acorralados, sin recursos argumentativos, perseguidos por sus fantasmas y sus miserias humanas, recurren a su puesto de jerarquía funcionaria para emitir sandeces y amenazar. Evidencian su cobardía desbordada en sus actos y en sus balbuceos. Estos personajes sin atributos son los que fungen de ministros. Es la muestra patente del hundimiento y el derrumbe ético y moral.

Los guerreros digitales

El entorno palaciego del Caudillo déspota, caído en desgracia, se refugia en la “fortaleza” política, mediática y de propaganda de un canal oficialista. Desde este lugar operan el despliegue de su guerra sucia virtual. Semiclandestinos, lo “guerreros digitales”, aprovechando la penumbra de su escondite, lanzan improperios, acusaciones estravagantes y amenazas, encarnando a los inquisidores del siglo XXI. El entorno palaciego y los “guerreros digitales” han convertido el canal en un dispositivo del terrorismo de Estado, que consume, en su vorágine, presupuesto del Tesoro del Estado, de una manera inútil y sin perspectiva, sobretodo explayándose en la anticomunicación.

Crisis universitaria

La crisis universitaria ha tocado fondo y lo ha atravesado, está en el abismo. La complicidad entre autoridades universitarias y mafias dirigenciales estudiantiles es evidente, por lo menos desde hace un buen tiempo. Esta concomitancia perversa ha convertido a la universidad en un antro donde se explaya la mediocridad, se solasa la prepotencia y se destruye la formación académica. Los últimos eventos bochornosos y sangrientos muestran patentemente el alcance de la decadencia. Un Congreso apócrifo quiere encubrir la putrefacción del cadáver institucional y, a su vez, legitimar a las mafias estudiantiles y rectorales, a pesar de la demoledora crisis innegable.

Hipótesis

Hay que concebir las sociedades desde sus operaciones asociativas, desde sus prácticas, desde sus relaciones constantes, desde sus tejidos, sus nudos, sus desenvolvimientos específicos, para comprender sus estructuras, sus instituciones, sus sistemas. De este modo podemos entender que los sistemas, las instituciones y las estructuras son nada, sin estas asociaciones, prácticas, relaciones, tejidos y nudos. Por ejemplo, un Estado es nada, sin las dinámicas sociales, no existe efectivamente sino a traves de la reproducción constante de las prácticas y relaciones. También la cultura es posible por las reproducciones culturales que despliegan y desenvuelven los sujetos sociales. El lenguaje es un acontecimiento social, no existe de por sí, sino por que se lo habla, se lo practica, se lo escribe, se lo expresa. Son los grupos, comunidades, colectivos, los que reinventan el lenguaje. Claro está que es herencia de generaciones anteriores, pero cada generación ha tenido que hacer lo mismo, reinventar el lenguaje para mantenerlo. Un libro existe propiamente cuando se lo lee. Claro está que el libro ha tenido que escribirlo alguien, que ha tenido que editarlo alguien, que ha tenido que imprimirlo un taller gráfico. Pero, cada una de estas producciones ha tenido que ser una actividad asociada, vinculada, articulada al conglomerado de conjuntos de dinámicas sociales.

En lo que respecta a la problemática y temática en cuestión, la proliferación de las violencias polimorfas, parecen corresponder, mas bien, a disociaciones, adulteraciones de las prácticas, deformaciones de las relaciones, desestructuración de las estructuras, corrosión de las instituciones o anclaje anacrónico de las mismas. Se puede decir, que cuando ocurre esto asistimos a la perversión del campo social. Entonces, emerge la violencia proliferante, polimorfa, cromática, desde la violencia imperceptible hasta la violencia desbordante, contundente, demoledora, pasando por todos los perfiles intermedios de la violencia.

Por así decirlo, se forman mundo paralelos, sumergidos, opacos, difusos, contenidos en el mundo efectivo, correspondiente a la integración compleja de planos y espesores de intensidad sociales. Estos mundos paralelos van modificando el aspecto del mundo efectivo; pueden llegar a deformarlo hasta hacerlo irreconocible. Es cuando los mundos paralelos irradian e inciden a tal punto que ejercen como una preponderancia, para no decir hegemonia, término que no corresponde al caso.

El mundo de los tráficos es uno de esos mundos paralelos clandestinos, que afectan en el desenvolvimiento y el despliegue, también en las reproducciones, del mundo efectivo. Pueden deformarlo y pervertirlo a tal punto hasta ocacionar su propio colapso. Con disociaciones, con destrucciones del tejido social, con desestructuracones, con corrociones institucionales, el mundo efectivo se derrumba, ya no puede funcionar. Agoniza en su decadencia.

CREPÚSCULO O AURORA DE LA HUMANIDAD

Crepúsculo o aurora

de la humanidad

 

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Apocalipsis ignorado 

 

 

 

La desaparición humana

La posibilidad de una tercera guerra mundial es aterradora, por así decirlo, para encontrar palabras que expresen algún sentido del significado implicado en semejantes evento apocalíptico; sin embargo, más aterrador resulta la situación donde nadie quede para narrar el acto apocalíptico, nadie quede para narrar la desaparición humana.

Que no ocurra esta guerra apocalíptica y continúe la humanidad su historia trae algunas preguntas. ¿Si continúa por el mismo camino de destrucción planetaria no es equivalente a una tercera guerra mundial apocalíptica, aunque, en este caso dilatada? ¿Si opta por otro camino, corregir sus errores, enmendar la ruta destructiva, reinsertándose a los ciclos vitales planetarios, ha evitado la condena apocalíptica y se proyecta a desenvolver y desplegar su potencia en el universo? Las situaciones intermedias no valen la pena considerarlas, salvo como aproximaciones a uno u otro extremo del intervalo trazado.

Tomando en cuenta la segunda alternativa, sugerimos una hipótesis: El ser humano no se conoce, no conoce su potencia, la tiene inhibida debido al constreñimiento al que lo someten las estructuras y genealogías del poder. Si revisamos las historias de las sociedades humanas, podemos observar que, en la medida que se libera de sus constreñimientos, que desmantele las estructuras de poder, que las tienen sometidas, su potencia se libera, se activa y se convierten en creadoras de nuevos horizontes. Sin embargo, al poco tiempo reaparece como condena el retorno de las estructuras de poder y nuevos diagramas de poder, aunque reformados; entonces el ser humano vuelve a constreñirse, a inhibirse, a clausurar su potencia, convirtiéndose nuevamente en sujeto sometido. En consecuencia, vuelve el dilema anterior, vuelve a aparecer la amenaza de su desaparición.

¿De qué depende que no se retorne a las estructuras de poder, que son estructuras de constreñimiento? ¿De qué depende que no reaparezca la amenaza de su desaparición? Parece que depende que se disuelvan completamente las estructuras de poder, que se diseminen las genealogías del poder, que son estructuras y diagramas de dominación.

Volviendo a la posibilidad de la segunda situación, más aterradora, de que no haya quien narre la destrucción humana, que, por el contrario, todavía haya quién interprete y narre, depende, obviamente, de que no se de lugar el Apocalipsis. En esta situación, sobretodo teniendo en cuenta el contraste entre desaparición y no desaparición, aparece la importancia de la interpretación y de la narración en el recorrido humano en el planeta y en el universo.

 

¿Qué es interpretar?

Se dice que la condición básica de una interpretación es ser fiel, de alguna manera especificada, al contenido original del objeto interpretado. Para Hans-Georg Gadamer el lenguaje es el medio universal en el que se realiza la comprensión misma. La forma de realización de la comprensión es la interpretación. La relación intérprete-interpretación se considera compleja; cada caso responde a múltiples y diferenciadas finalidades, condiciones y situaciones, lo que plantea multitud de cuestiones y problemas.

Los problemas de interpretación se entienden mejor si se especifica el contexto o marco en el que se hace dicha interpretación. Por ejemplo, no existen los mismos problemas en la interpretación de unas observaciones científicas que en la interpretación de algunos aspectos culturales. Dada la variedad de campos en los que aparece la necesidad de interpretación, parece necesario hacer una clasificación de ámbitos fundamentales de interpretación.

Podemos resumir de la siguiente manera: Interpretar es comprender, realizar la comprensión mediante la interpretación.

Ahora bien, una de las realizaciones de la interpretación se da a través de la narración. Narrar es construir una estructura temporal, donde los hechos se ordenan, adquieren un sentido, en la medida que se desenvuelven la secuencia. Entonces, se puede entender a la interpretación y a la narración como el esfuerzo por encontrar el sentido inmanente, se trata de la búsqueda del sentido inmanente.

Volviendo al tema, si no hay intérprete del último acontecimiento, el apocalíptico, no solamente implica que ha fracasado definitivamente la búsqueda del sentido inmanente, sino que ha desaparecido completamente la posibilidad del sentido. Ya no hay sentido, por lo tanto, tampoco mundo. No hay mirada humana, tampoco experiencia humana. No es que no hay nada, sino que no hay algo en un mundo sin el humano. Ha desaparecido, ni siquiera es una ausencia. Sin embargo, hay planeta sin el ser humano.

El diagrama de poder de la ingeniería imaginaria de la dominación mediática

Es indispensable reflexionar y, si es posible, analizar la función de lenguaje como recurso indispensable de la comunicación humana, en lo que podemos llamar la fenomenología de las representaciones; lo que comúnmente hemos venido nombrando como ideología, pero ahora se trata de tener una mirada más precisa, más detallada, que tome en cuenta los mecanismos, los engranajes, las dinámicas, por así decirlo, de los desplazamientos representativos, de las transformaciones representativas y de las metaforizaciones, que no necesariamente están vinculadas al acto creativo de la poiesis que deriva en la poesía. Necesitamos evaluar las circunstancias y las operaciones en el lenguaje, dadas para lograr estos desplazamientos representativos, pero sobretodo nos interesa comprender el uso de estas representaciones, de estos desplazamientos representativos, en las pretensiones de legitimación, por lo tanto, en lo que podemos llamar los juegos de poder.

Pregunta: ¿Estos desplazamientos representativos tienen que ver con una trama, es decir, con una narrativa, sobretodo con una composición narrativa, que no necesariamente termina en la novela o en el cuento, que son acontecimientos literarios, sino que derivan en narrativas apócrifas, por así decirlo, dónde el que emite el discurso se coloca en el centro de la representación, casi teatral y, de este modo, se convierte en el héroe apócrifo, imagen que le sirve para legitimar sus actos?

Estos procedimientos lingüísticos, pues pertenecen al lenguaje, deben ser analizados pormenorizadamente, para entender los desplazamientos representativos y su uso en las pretensiones de legitimación de las dominaciones. En otras palabras, nos referimos a la construcción de contextos adecuados y adaptados, para lograr los objetivos de estos de desplazamientos representativos. El método, por así decirlo, para efecto de estos desplazamientos representativos, tiene que ver con el uso del universal de la representación misma, para el uso pertinente de esta universalidad y de esta representación, con fines de legitimación del poder. Por ejemplo, al hablar a nombre de los otros y al convertir a los otros en el referente del discurso, la representación del que habla se convierte en una usurpación de los otros, sobretodo de su voluntad, convertida en una voluntad general y, a su vez, convertida en la voluntad del que discursa y habla a nombre de los otros. Hablar del pobre y de la víctima se ha convertido en un procedimiento de usurpación de la representación de los pobres y de las víctimas. El emisor de este discurso, sin decirlo, se convierte en el héroe apócrifo, aprovechando las representaciones del imaginario colectivo, que narra historias de héroes. Entonces se produce también una expropiación de los significados de esas narraciones colectivas. El héroe apócrifo, el emisor del discurso, obtiene, de este modo, imaginariamente, dos características de usurpación, la usurpación del referente de la representación y la usurpación de los contenidos significativos de héroes antiguos. De esta manera, en la historia política, los supuestos salvadores se terminan convirtiendo en los nuevos amos y verdugos de los que dicen representar.

Lo sugerente de esta fenomenología de las representaciones, en función de la legitimación del poder, es que se produce una transferencia del mundo efectivo al mundo de la representaciones. Ocurre como si todo aconteciera en el mundo de las representaciones, que es un mundo imaginario y no en el mundo efectivo. Sin embargo, se aprovechan estos efectos de transferencia o de traslado de lo real a lo imaginario. Es en el mundo efectivo donde se da lugar la concurrencia de las fuerzas y se resuelve el problema de la disputa, del conflicto, en el terreno de la correlación de fuerzas. El problema puede ser definido de la manera siguiente: Para que ocurra todo esto, para que se dé lugar esa transferencia del mundo efectivo al mundo de la representaciones, se tiene que empujar al pueblo a la condición de espectador pasivo, espectador que termina asumiendo el teatro político como realidad. Para que esto ocurra es menester el uso de la fuerza, incluso el uso de la violencia, con todos los matices que esta realización de la violencia puede darse. El convertir a la sociedad, el convertir al pueblo, en un público, más aún, en un espectador, si quieren ustedes, usando a la tesis de Maurizio Lazzarato,  en una mente expuesta a la colonización, a la manipulación, a la inoculación de narrativas apócrifas, donde los protagonistas del poder y los protagonistas del capital se convierten en un centro del contexto de estas narrativas, que circulan en los medios de comunicación.

Maurizio Lazzarato sugiere un diagrama de poder que tiene como contenido al público, como contenido de la formación discursiva, y tiene como función operativa a los medios de comunicación, a las redes, si ustedes quieren, a todos los aparatos ideológicos. Esto ocurre en la formación discursiva, en tanto que en el cuadro, en el campo de lo visible, tenemos a una ingeniería imaginaria, por así decirlo, que se ocupa de producir realidad desde la perspectiva del poder.

Este diagrama implícito, que configura Lazzarato, en Políticas del acontecimiento, puede ser ampliado. Se puede incorporar en el cuadro visible, en el campo de lo visible, a todo tipo de dispositivos del espectáculo, de los montajes de escenarios, de la escenificaciones de las ceremonialidades y de las ritualidades. Entonces tenemos un inmenso y variado campo visible heurístico de la colonización de mentalidades, de la definición del público, de las circunscripciones de los espectadores, que hacen de sujetos pasivos ante la función activa de esta fabulosa maquinaria de la producción del imaginario social, adecuado a la reproducción del poder.

En el decurso de las narrativas políticas tenemos toda clase de protagonistas apócrifos, héroes mediáticos, salvadores de los últimos tiempos, defensores de los pueblos, revolucionarios exaltados, por un lado, por el otro, honorables hombres del orden, de la institucionalidad y de la democracia formal, hombres de ley y de valores. Es decir, se tiene protagonistas de narraciones apócrifas, que cambian a los protagonistas, según el objetivo de la legitimación. Las víctimas, los pobres, los pueblos, se convierten en los coros de este teatro político, que emula la epopeya anacrónica.

Fetichización y divinización

La fetichización de las instituciones, también de las representantes nacionalistas, de las naciones, de los países, además de los Estados, forma parte de las acciones y prácticas de la máquina fabulosa de la fetichización, que es la ideología. Estas instancias y dispositivos, estas estructuras y máquinas se convierten en sujetos, son nombradas como tales, cuando no lo son. Son engranajes e instrumentos movidos y dinamizados por sujetos sociales. En el caso de las de naciones y países son representaciones, que adquieren, en en el imaginario social institucionalizado, contenido afectivos de convocatoria.

En estas condiciones, los sujetos sociales asumen estos instrumentos y representaciones como si fuesen sujetos, como si tuvieran vida propia, voluntad propia e individualizada, correspondiente a estos sujetos ideológicos construidos. Ninguna de estas representaciones e instituciones tiene voluntad propia, menos consciencia propia. Se trata, en todo caso, de multiplicidades de voluntades singulares, que actúan constreñidas por los dispositivos de captura, que son estas máquinas de poder. En consecuencia, se puede suponer que las voluntades que actúan, de manera conglomerada, es la de las élites, castas y clases dominantes, actúan inhibiendo las múltiples voluntades singulares de los estratos, colectivos sociales, clases sociales subalternas. Una vez inhibidas estas voluntades, el conglomerado, más o menos compacto, de las voluntades concentradas de la élites, castas y clases dominantes se expresa como si representara a la voluntad general, a la voluntad del pueblo, de la nación, del país.

Eso de convertir en sujetos a construcciones, a conformaciones, a configuraciones sociales, tiene que ver con la animación de estas construcciones, que es muy distinto que de hablar de animismo, atribuido a las sociedades iniciales. El animismo tiene que ver con el atribuir a los seres de la “naturaleza”, para darle ese nombre conocido al planeta mismo, vida, que es lo que tiene la integralidad dinámica planetaria. Entonces es concebida como armonía de fuerzas inmanentes, que intervienen en el mundo, lo que también es cierto, dada la comprensión y la certeza científica contemporánea. Que la representación de todo esto adquiere la connotación de la espiritualidad, tiene que ver con la interpretación de las comunidades inaugurales, en relación con su experiencia y asombro ante el acontecimiento vital.

Para decirlo fácilmente, el atribuir vida a cosas inanimadas es otro asunto, aunque desde una perspectiva amplia ya consideremos, como lo hicimos en Potencia de la vida, que la materia es vida, en sentido ampliado, en tanto es energía, vibraciones y ondas energéticas. Pero en el mundo de la genealogía de las civilizaciones, mundo que obviamente experimenta sus transformaciones, el atribuir vida propia a las construcciones humanas, que son construcciones sociales y, en el caso de las representaciones, concepciones sociales, tiene que ver, mas bien, con lo que hemos llamado la fetichización, si ustedes quieren, jugando con las metáforas, tiene que ver con la magia atribuida a las cosas. Podemos decir que esta transferencia de las dinámicas sociales, de la relaciones sociales y de las estructuras sociales a las construcciones humanas está asociada a la interpretación, que requieren los estratos dominantes en la búsqueda de legitimación de su situación privilegiada.

Esto de transferir los efectos de las dinámicas sociales, de las relaciones sociales y de las estructuras sociales a las cosas corresponde al procedimiento de la fetichización ideológica. Entonces, los sujetos sociales se relacionan respecto a estas cosas como si fueran sujetos, con vida propia; se subordinan a estos sujetos, productos del fetichismo, que adquieren un cierto aire de divinidad. Se puede observar y estudiar este fenómeno de la fertichización ideológica en la historia de la civilización moderna, aunque no solo se restringe el fenómeno a esta etapa de la genealogía de las civilizaciones. Se puede también inferir que fenómenos parecidos acontecen en las civilizaciones antiguas, por así decirlo, anteriores a la civilización moderna. En las civilizaciones antiguas se ha dado el fenómeno de la divinización del déspota, del monarca, del rey, del emperador. En este caso, estos sujetos, que encarnan simbólicamente tanto la narrativa mitológica como la narrativa religiosa monoteísta, no son exactamente cosas, sino personas encumbradas en la cúspide del poder. Sin embargo, podemos vislumbrar analogías entre el fenómeno de la fetichización ideológica y el fenómeno de la divinización de personas encumbradas en el poder. Podemos decir que hay diferencia entre la divinización de personas y la fetichización de cosas. Para ayudarnos en nuestra interpretación y análisis podemos circunscribir el fenómeno de la fetichización a la ideología y referirnos al fenómeno de la divinización como mitificación. La analogía radica en la transferencia de las dinámicas sociales a las personas y a las cosas. Esta analogía tiene que ver con las pretensiones de explicación, aunque también de justificación, de lo que ocurre, buscando la explicación y justificación en un orden, por así decirlo “natural”, un orden establecido para siempre; algo que no se puede cambiar, en sentido contemporáneo podríamos decir algo que no tiene historia. Entonces, podemos encontrar una cierta continuidad entre la sociedades antiguas y la sociedad moderna, que tiene que ver con lo que hoy llamamos legitimación, aunque la legitimación como tal no puede ser atribuida a las estructuras de poder de las sociedades antiguas.

Se puede hablar de antropomorfismo a esta transferencia de las dinámicas sociales humanas a las personas, que encarnan simbólicamente el poder, así como también a la transferencia de las mismas dinámicas a las cosas. Pero, lo que no hay que olvidar, en esta   construcción de las representaciones, es que se produce la divinización, en un caso, y la fetichización, en otro caso. Es decir se atribuye propiedades mitológicas a las personas simbólicas y propiedades mágicas, por así decirlo, a las cosas.

Estos recorridos antropomórficos, de divinización y de fetichización de las civilizaciones parecen ser las causales de sus propias crisis civilizatorias. Primero, porque se trata de interpretaciones incorrectas, basadas en informaciones adulteradas. Desde la perspectiva de las teorias de sistemas autopoiéticos, si los sistemas interpretan inadecuadamente a sus entornos no pueden resolver las problemáticas que se les presentan, por lo tanto, no pueden reducir la complejidad, conformando mayor complejidad interior, fundamentalemente interpretativa y organizativa. Segundo, porque al atribuir propiedades divinas y mágicas a las personas y a las cosas las convierte en lo que no son. Al terminar creyendo que lo son se espera que resuelvan problemas que no pueden resolver, pues carecen de la capacidad y de las cualidades para hacerlo. En consecuencia, las crisis civilizatorias tienen mucho que ver con estos imaginarios sociales, que se institucionalizan.

 

La salida alterativa

Ahora bien, cuando dijimos que el problema radica en los constreñimientos, en las inhibiciones, de la potencia social, por parte de las estructuras de poder, los diagramas de poder, las cartografías políticas, establecimos, de partida, la tesis macro-histórica, relativa a las civilizaciones, de que el eterno retorno, dicho metafóricamente, del círculo vicioso del poder estriba en este problema, la inscripción de las dominaciones en el cuerpo. ¿Qué pasaría, hipotéticamente, si desaparecen estos constreñimientos, si se libera la potencia social? ¿Salimos del eterno retorno del círculo vicioso del poder? ¿Al liberar la potencia social nos abrimos hacia otras rutas históricas? La búsqueda de las respuestas a estas preguntas nos traslada a la posibilidad de recorridos transcivilizatorios.

Lo anterior implica, en consecuencia, salir de la mistificación y de la fetichización. No perder de vista que se trata de la fenomenología de las relaciones y dinámicas sociales, que los efectos y las producciones de las dinámicas sociales son circunstanciales, no son esenciales, no corresponden al mito y al fetiche. Por ejemplo, que las instituciones son solamente instrumentos de sobrevivencia, que ésta es su función. En consecuencia, son descechables cuando estas instituciones se vuelven anacrónicas, inadecuadas y hasta obstáculos a la sobrevivencia; por lo tanto, no solo modificables sino que se requiere construir otras instituciones más adecuadas y pertinentes a la función para la que responden. Es así como entramos al devenir social, al devenir de las instituciones, que forman parte del devenir de la potencia social. De esta manera se apertura la posibilidad de la activación permanente de la potencia social. Trayendo a colación la posibilidad del devenir de la democracia plena, el autogobierno, la autogestión y la autodeterminación. Ya no se trata del principio y finalidad de las instituciones, sino de su uso, de acuerdo a los propósitos consensuados socialmente.

Hermenéutica de la guerra

Hermenéutica de la guerra

Paradigmas cerrados

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Podemos establecer que se ha heredado la costumbre de acudir a paradigmas cerrados para interpretar la realidad, que resulta ser recortada a partir de rejillas teóricas, en el mejor de los casos, rejillas ideológicas, en el peor de los casos. En otras palabras, se opta por estructuras preformadas de interpretación. Uno de los esquemas más usuales es el dualista, que puede corresponder a la definición del enemigo, que, en su versión más antigua, corresponde a la definición del infiel o del hereje. El esquematismo, de por sí, si bien ayuda, en un principio, a armar la interpretación, resulta un mecanismo restringido cuando hay que afrontar la complejidad, sinónimo de realidad. Después de la larga historia de la modernidad, en la contemporaneidad compleja, este esquematismo resulta inútil al tratar de comprender, entender, conocer y explicar la realidad. Para ejemplificar, reducir todo al contraste del blanco y el negro no ayuda a visualizar toda la gama de grises que hacen al dibujo de las manifestaciones de las dinámicas inherentes a lo que llamamos realidad. Peor aún, resulta altamente inapropiado usar este esquematismo cuando la realidad, sinónimo de complejidad, se presenta con gamas cromáticas de colores. Yendo más lejos, más grave aún cuando dejamos los cortes transversales y nos desplazamos al movimiento longitudinal, cuando pasamos de la fotografía y optamos por una mirada de imágenes en movimiento, a movimientos de las imágenes como ocurre con el cine. La situación del esquematismo es mucho más insostenible cuando sabemos que las dinámicas complejas de la realidad se mueven en distintos planos y espesores de intensidad integrados.

 

Entonces nos encontramos ante el problema de la reducción al momento de comenzar la interpretación de la realidad; esto equivale al restringir la comprensión y anular la posibilidad del entendimiento, por lo tanto, alejarnos del conocimiento y de la explicación posible de la problemática asumida como desafío desde la experiencia de la realidad. Esto implica una derrota de la inteligibilidad de la realidad, de la complejidad de la realidad, de las problemáticas inherentes a la relación que se establece socialmente con la realidad en la contemporaneidad, dónde se experimentan desplazamientos fuertes, transformaciones notorias, incluso metamorfosis perceptibles o imperceptibles, cuándo nos movemos en distintos planos de intensidad, cuándo experimentamos los espesores de intensidad, es decir, cuándo se manifiestan las distintas dimensiones de la realidad, reducida a este esquema dualista, resulta en un fracaso absoluto en esa relación con el entorno, desde la perspectiva del sí mismo o del sistema de autorreferencia, para decirlo en términos más sencillos.

 

Argumentos inconsistentes

 

En este ensayo vamos a intentar hacer un análisis de la incomunicación y de la desinformación, vertida a través de los medios de comunicación; también de los medios de propaganda y publicidad, que están básicamente manejados por los gobiernos y los Estados involucrados, así como por los aparatos ideológicos. Argumentos insostenibles, aunque de argumentos, propiamente dichos, no tienen nada; son más bien repeticiones mecánicas de emisiones propagandísticas, al estilo de la más absoluta ortodoxia, incluso, peor, de la más absoluta dogmática, del más absoluto dogmatismo. Asistimos pues a los procedimientos verbales, si podemos hablar de esa manera, de las nuevas inquisiciones, es decir, justificaciones de la tortura, de la persecución, de la guerra. La inquisición se caracterizó como la guerra contra las mujeres, guerra que duró tres siglos, reconocida popularmente como la caza de brujas. Podemos decir que ahora asistimos a otra guerra, que no dejan de ser contra las mujeres, porque son guerras patriarcales, de la dominación masculina sobre el planeta, sobre los pueblos, sobre las sociedades, sobre los países de la periferia del sistema mundo capitalista. Se vuelven a repetir estilos, sin acudir a la imaginación, donde lo que cambian son los contextos y, quizás, algo de los discursos, de la estructura discursiva preformada. Ejemplificando,  para decirlo de manera fácil, el esquema se reduce al burdo dualismo  de buenos y malos, de fieles  e infieles, de amigos y enemigos. Hay guerra justa.

 

Al respecto, lo grave es que se olviden que estos son argumentos anacrónicos, correspondiente a los finales del medioevo y comienzos de la modernidad, periodos históricos en plena conquista del continente de Abya Yala. Cuando se habló de guerra justa. Después, durante la historia de la modernidad vamos a volver a escuchar, precisamente, argumentaciones anacrónicas sobre la guerra justa. Los argumentos más intolerables son aquellos que van a hablar de guerra justa en plena campaña bélica de los países imperialistas; sin embargo, este anacronismo retórico no se circunscribe al periodo bélico que comprende a la primera y a la segunda guerra mundial, además de su interregno de paz incierta. Volvemos a escuchar estas argumentaciones anacrónicas durante la guerra de Corea. Aunque la concepción de guerra justa va desplazándose, va cambiando de contenido. En el caso del nacional socialismo, del régimen nazi, del tercer Reich, vamos a asistir a la guerra justa a nombre de la raza superior del pueblo alemán; los países aliados que enfrentan al tercer Reich en la segunda guerra mundial van a hablar de guerra justa en términos de la defensa de los pueblos y las sociedades afectadas, invadidas y atacadas por las invasiones nazis. Por otro lado, se va a hablar de guerra justa con respecto de la defensa de la Patria Socialista;  nos referimos a la movilización general del ejército rojo en el periodo que lucha contra la ocupación e invasión nazi de la URSS. Posteriormente se va a hablar de guerra justa en plena guerra fría, que de fría tiene poco, pues las acciones bélicas o calientes se van a trasladar a los entornos y las periferias. Mientras la metáfora del hielo o del invierno corresponde al centro, por así decirlo, de la geografía del sistema mundo capitalista, la metáfora fluida o de verano corresponde a las periferias del sistema mundo capitalista, donde si se efectúan guerras calientes.

 

Las hiperpotencias enfrentadas van a hablar de guerra justa en términos de defensa de la “democracia”, en un caso, hablando de la imagen que se tiene de democracia, de la imagen formal de la democracia, concebida y limitada a la circunscripción institucional del Estado liberal; en el otro caso, se habla de guerra justa en términos de la defensa de los países socialistas y de los pueblos del mundo. En ambos casos las argumentaciones resultan paradójicas; en el primer caso, el imperialismo norteamericano va a intervenir en los países de la periferia del sistema mundo capitalista, conspirando, promoviendo golpes de Estado, con el argumento de qué está en guerra contra el “comunismo”; en el otro caso, el social imperialismo, tal como caracterizó Mao Zedong a la URSS, va incursionar punitivamente de acuerdo a intereses nacionalistas, del nacionalismo ruso, en países donde, antes y al finalizar la segunda guerra mundial,  los pueblos se levantaron y efectuaron revoluciones sociales. Dos casos paradigmáticos, uno corresponde a la guerra civil española, el otro corresponde a la revolución griega; en el primer caso, se arma un ejército controlado para combatir a la revolución anarquista y a la militancia trotskista en armas contra el falangismo ibérico, antes de ocuparse plenamente de combatir al ejército franquista; en el segundo caso, a pesar de que los comunistas toman el poder en Grecia, la Unión Soviética abandona la revolución y la entrega a los norteamericanos. En pocas palabras, las dos hiperpotencias emergentes y vencedoras de la guerra se reparten el mundo. 

 

Desde la guerra de Corea hasta la guerra del Vietnam no se habla exactamente de guerra justa, sino de un concepto mas bien operativo, por así decirlo; se habla por un lado, el lado de la hiperpotencia de los Estados Unidos de Norte América, de guerra de defensa contra la expansión del “comunismo”, y por el otro lado, no solo de los Estados componentes del Pacto de Varsovia, sino también de los países y involucrados, de la guerras de liberación nacional y de la lucha antiimperialista de los pueblos.  En lo que corresponde a los aliados de la hiperpotencia de la URSS se no se va a hablar exactamente de guerra justa,  sino de una guerra anatimperialista; así como también se va a argumentar sobre la defensa de Estados socialistas. En lo que respecta a la guerra caliente, desplazada a los bordes del sistema mundo capitalista, se dan figuras singulares de los desplazamientos de la guerra.

 

Sin embargo, hay que considerar otros perfiles de la guerra, por ejemplo, las que se dan entre israelitas y palestinos, en un contexto mayor, entre israelitas y árabes, perfiles de las guerras posteriores a la segunda guerra mundial que emergen de otras historias y se dan por otras razones, aunque también se pueda considerar  como guerras calientes, que corresponden al desplazamiento de la guerra fría entre las hiperpoptencias hacia las periferias del sistema mundo capitalista. En este caso específico, se habla de guerra contra la ocupación israelí, por parte de las organizaciones armadas palestinas, y de guerra de defensa del Estado de Israel.  Considerando los distintos perfiles de la guerra dados podemos decir que no son los únicos casos de realidad efectiva que contrastan fácticamente a la tesis de Francis Fukuyama del fin del historia, donde se interpreta que habrían terminado las guerras. En contraste se desatan precisamente guerras, que se dan en los bordes de la geografía del sistema mundo capitalista, en la geografía de las periferias, así como se dan guerras calientes en las mismas proximidades del centro del sistema mundo capitalista. Desde las dos guerras del golfo pérsico hasta la guerra de Yugoslavia tenemos un desplazamiento hacia el centro del sistema mundo capitalista, es decir, hasta la geografía europea.  Contamos con la repetición bélica, en el contexto de la modernidad tardía o una posmodernidad; es decir estamos asistiendo a desplazamientos en la transformación misma de la guerra. Guerras que, en parte pueden considerarse virtuales, sin dejar de ser reales, sin dejar de ser virulentas. Guerras donde se usan tecnologías avanzadas, de ultima generación, probando su eficacia destructiva.

 

En el transcurso de estas guerras hemos asistido a distintas tonalidades de destrucción, desde la destrucción del Líbano, pasando, antes, por la destrucción de Libia; posteriormente, recientemente, la destrucción de Siria. Solamente dando algunos nombres y casos dramáticos.En todos estos casos tenemos la guerra como desenlace de las contradicciones profundas del sistema mundo capitalista y de la geopolítica del sistema mundo capitalista. Habría que situarse en cada uno de estas guerras para evaluarlas en su singularidad y entenderlas mejor; no es el momento de hacer esto, lo que nos interesa es hacer un seguimiento de los desplazamiento del mismo enunciado inmanente de “guerra justa”, desplazamientos que van modificando los discursos, el sentido emitido por los discursos, dependiendo de la singularidad. Un desplazamiento notorio se hace evidente cuando asistimos a la emergencia de el Estado Islámico, que lanza una “Guerra Santa” contra los infieles, contra los endemoniados, contra el imperio del demonio; entonces, es cuando la guerra vuelve a convertirse en una guerra santa, en una guerra religiosa. Ocurre como si retrocediéramos a la época de las cruzadas, el discurso retrocede a otro contexto del pasado; reaparece ese tipo de guerra, por lo menos en la enunciación, de manera anacrónica. Sin embargo, en la contemporaneidad puede ser considerada de manera distinta,  como dicen Antonio Negri y Michael Hardt, se trata de configuraciones fundamentalistas posmodernas.

 

Entonces, podemos concluir, en esta parte del ensayo, que se trata de un enunciado repetido, cuya escasez sostiene desplazamientos conceptuales. El enunciado de la guerra justa, cuyo armazón discursivo va a ir modificándose en la medida que hay desplazamientos en el contexto de la geopolítica del sistema mundo capitalista, en el nuevo orden mundial, y en la configuración de las contradicciones específicas, donde las mismas contradicciones derivan en el desenlace bélico, empero, adquiriendo un perfil singular diferente, dependiendo de la coyuntura, del contexto nacional, regional y mundial.

 

En la actualidad, en la guerra de Ucrania, asistimos también a la repetición del mismo enunciado, repetido en su desplazamiento y mutación, en la acepción anacrónica de guerra cultural, manejada por los voceros de la Federación de Rusia. Se utiliza la noción de guerra de defensa, contra la amenaza, latente y extendida de la OTAN, al promover la incorporación de Ucrania a la OTAN, amenazando, de esta manera, a la Federación de Rusia y rompiendo acuerdos establecidos con anterioridad. Desde la perspectiva de Ucrania, teniendo en cuenta el discurso emitido por el gobierno de Ucrania, asistimos al discurso de la defensa de la nación contra la invasión del ejército ruso; la invasión resulta interpretada como delito en el marco del derecho internacional,  siendo Ucrania un país soberano. En lo que respecta a los discursos que emite la OTAN, se trata de la acusación a la Federación de Rusia por desatar una guerra injusta, una guerra no justificada, de ocupación, de invasión y destrucción de ciudades. Al respecto, a propósito de esta denuncia, debemos acordarnos que antecedieron otras guerras desplegadas por la Federación de Rusia, por lo menos dos son conocidas; una tiene que ver con la guerra de Chechenia, en realidad dos fases o dos guerras de Chechenia, y la guerra de Georgia. Sin embargo, tampoco hay que olvidar la guerra de Kazajistán. Como se podrá ver estas guerras tienen que ver, precisamente, con la argumentación  geopolítica, que supone la estrategia geográfica  heredada desde la Unión Soviética, sin embargo, es conveniente, en la comprensión, ir más lejos y remontarnos a la geopolítica del imperio zarista. La Federación de Rusia se sitúa en  la condición de “imperio” amenazado permanentemente, por la independencia de Chechenia, por la independencia de Georgia, por las movilizaciones militares musulmanas, recientemente por la soberanía de Ucrania.

 

 

 

Descripción de la genealogía de las guerras en la historia reciente

Breve descripción de las guerras de la Federación de Rusia

 

Las dos guerras de Chechenia

A finales de 1994, después de haber tolerado la independencia de facto de Chechenia durante tres años, el Kremlin convoca a su ejército para intervenir en el conflicto de Chechenia, volver a situar bajo la gravitación rusa a la república del Cáucaso ruso. Sin embargo, el ejército ruso enfrenta una tenaz resistencia; en consecuencia, el ejército ruso se ve obligado a retraerse el año 1996. Sin embargo, tres años después, en 1999, comenzando el influjo del primer ministro Vladimir Putin, que va a ser elegido posteriormente  presidente, el ejército ruso vuelve a ingresar en el conflicto checheno, ahora con el argumento de una «operación antiterrorista»; esto considerando el ataque de los independentistas chechenos contra la república caucásica rusa de Dagestán, además de otros atentados en la propia Federación de Rusia; estos atentados van a ser atribuidos a las organizaciones beligerantes chechenas. Un año después, en febrero de 2000, el ejército ruso reconquista la capital, Grozny, que fue arrasada por la artillería y la aviación rusas. Sin embargo, la guerra de guerrillas continuó la lucha. Nueve años después, el 2009, el Kremlin decretó el fin de su operación, a un costo muy alto, de decenas de miles de muertos en ambos bandos.

 

La denominada guerra relámpago ruso-georgiana

El año 2008, Georgia fue escenario de otra guerra; lanzó una operación militar contra Osetia del Sur, un territorio separatista prorruso, espacio geográfico que escapó del control de Tiflis. Esto había acontecido desde la caída de la URSS, desatándose una guerra a principios de la década de 1990. El presidente georgiano, Mikheïl Saakachvili, declaró que el ataque georgiano respondía a las presiones militares rusas, notorias en la frontera. 

En contraposición la Federación de Rusia optó por la  represalia militar, enviando al ejército a territorio georgiano. El desenlace derivó, durante un fugaz lapso de cinco días, en la victoria de las tropas rusas; derrotaron patentemente a la antigua república soviética, que formó parte de la URSS. En consecuencia, el Kremlin reconoció la independencia de Osetia del Sur y Abjasia, esta última otra provincia separatista. A partir de entonces, la Federación de Rusia mantiene una fuerte presencia militar.

 

Conflicto en Ucrania

La guerra se trasladó al oeste. El año 2014, como consecuencia del desenlace del movimiento pro-Unión Europea de Maïdan, que provocó la huida del presidente Víktor Yanukóvich a Rusia, el Kremilin decidió anexionar la península ucraniana de Crimea al espacio geográfico de la Federación de Rusia. En este contexto de la anexión, emergieron movimientos separatistas prorrusos en el este de Ucrania, en Donetsk y Lugansk, regiones del Donbass, fronterizas con la Federación de Rusia. Las citadas flamantes  repúblicas autoproclamaron su independencia; lo que desató un conflicto armado.

El gobierno de Ucrania, con sede en Kiev acusó a la Federación de Rusia de apoyar a los separatistas, enviando tropas de “voluntarios” y equipos de guerra. El conflicto bélico ha disminuido su intensidad desde el 2015, contando con la firma de los Acuerdos de paz de Minsk. 

Empero, a pesar de los Acuerdos de paz , aproximadamente desde finales de 2021, el Kremlin se embarca  en masivas maniobras militares terrestres, aéreas y marítimas, alrededor de la frontera ucraniana. Se cuantifican hasta más de 150.000 efectivos movilizados. Al cabo de unos meses inciertos, el presidente de la Federación de Rusia, Vladimir Putin, reconoció la independencia de las dos repúblicas secesionistas; esto ocurrió el 21 de febrero; inmediatamente después ordenó el despliegue del ejército concentrado en la frontera, seguidamente anuncia una «operación militar especial”. Esta incursión punitiva fue calificada por el Ministro de Asuntos Exteriores ucraniano como una «invasión a gran escala».

 

Las dos guerras de Nagorno Karabaj

La primera guerra del Alto Karabaj se remonta al conflicto armado, que ocurrió entre febrero de 1988 y mayo de 1994, en el pequeño enclave armenio del Alto Karabaj  o Nagorno Karabaj, en la región sureste del Cáucaso; una antigua provincia de la URSS,  poblada por una minoría azerí y una mayoría de armenios, rodeada completamente por la República de Azerbayán. La primera guerra del Alto Karabaj (1988-1994), entre Armenia y Azerbayan, tuvo como desenlace la victoria Armenia.

 

La segunda guerra del Alto Karabaj fue un conflicto  armado entre las fuerzas armadas de Azerbaiyán y la República de Artsaj, en la región del Alto Karabaj,  contra Armenia; el conflicto bélico se dio lugar entre el 27 de septiembre y el 10 de diciembre de 2020. Después se llegó a un acuerdo del alto el fuego,  promovido por la federación de Rusia.

 

La intervención del Kremlin, del presidente Vladímir Putin, puso fin a las duras hostilidades en el conflicto bélico de Nagorno Karabaj. La cruenta guerra entre tropas armenias y azerbaiyanas por el montañoso enclave se cobró miles de vidas. Se habla de cuarenta y cuatro días de combate, en los que Turquía intervino; apoyo que ayudó a inclinar la balanza definitivamente a favor de Azerbaiyán.

 

Intervención de la Federación de Rusia en Siria

En el año 2015 la Federación de Rusia interviene en el conflicto de Siria. Ha desplegado un contingente militar en Siria, apoyando abiertamente al cuestionado presidente Bashar al-Assad. La intervención rusa, empleando mortíferos bombardeos y efectuando destrucción masiva, sobre todo de ciudades, ha cambiado el curso de la guerra y ha permitido al régimen de Damasco obtener victorias decisivas, recuperando el terreno que había perdido frente a los rebeldes y los yihadistas.

El Kremilin tiene dos bases militares en Siria: el aeródromo de Hmeimim, en el noroeste, y el puerto de Tartus, en el sur. Se trata de alrededor de 63.000 soldados rusos involucrados en la campaña de Siria.

 

Breve descripción de las guerras de la OTAN

 

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) emergió, durante los primeros lapsos inciertos de la guerra fría, en 1949 con la firma del Tratado de Washington por parte de Estados Unidos, Canadá y 10 países europeos: Reino Unido, Francia, Italia, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Dinamarca, Noruega, Islandia y Portugal. En 1999, casi diez años después de la caída del Muro de Berlín, la OTAN admitió entre sus filas a tres exmiembros del disuelto Pacto de Varsovia: República Checa, Hungría y Polonia. Otros países que pertenecieron al antiguo bloque soviético se unieron a la OTAN en 2004: los estados bálticos, Estonia, Letonia y Lituania, Bulgaria, Rumanía, Eslovaquia y Eslovenia.

 

Rusia quedó notoriamente molesta por la expansión de la OTAN a los países bálticos, que antes pertenecieron a la Unión Soviética y son vistos desde Moscú como parte de su «exterior próximo». Esa frase, usada comúnmente por políticos rusos, implica que los antiguos estados soviéticos no deberían actuar contra los intereses estratégicos de Rusia.

 

En la cumbre de la OTAN en Gales, Finlandia, que no es miembro, se compromete a firmar un acuerdo como país anfitrión con la alianza de 28 países. Quiere decir que Finlandia prestará a las fuerzas de la OTAN apoyo logístico, aunque no una base, en su territorio. Ningún país de la OTAN tiene una frontera tan larga con Rusia. Suecia también decidió firmar el acuerdo, pero en una fecha aún no establecida. Los dos países nórdicos ya cooperan estrechamente con la alianza y podrían convertirse en miembros en un futuro próximo.

 

A principios de 2008, la OTAN también consideró la perspectiva de una futura membresía a Georgia. El Kremlin lo vio como una provocación directa, lo mismo que los vínculos de la alianza con Ucrania. Recientemente, antes del estallido de la guerra, el primer ministro ucraniano, Arseniy Yatsenyuk, dijo que pediría al Parlamento despejar el camino para una solicitud de adhesión a la OTAN. Una medida similar había sido bloqueada por el expresidente Víktor Yanukóvich, amigo del gobierno de Moscú, derrocado en febrero tras masivas protestas en Kiev.

 

El desarrollo, encabezado por Estados Unidos, de un sistema de defensa contra misiles antibalísticos causó alarma en Rusia. La OTAN arguye que el escudo interceptor de misiles será puramente defensivo, no representa ninguna amenaza a Rusia y su intención es impedir, en el futuro, cualquier ataque con misil de un país problemático. En ese sentido, Irán y Corea del Norte son vistos como amenazas potenciales a la seguridad occidental. La Federación de Rusia dice que esperaba una sociedad de iguales con la OTAN en el desarrollo de ese sistema. Pero esa opción no prosperó y la alianza está comenzando a desarrollar los interceptores de misiles y radares en Rumanía, República y Polonia.

 

En diciembre de 2013, Rusia desplegó misiles tácticos móviles Iskander en su enclave de Kaliningrado, en respuesta al proyecto de la OTAN. La breve guerra de Rusia contra Georgia en agosto de 2008 agrió las relaciones con la alianza.

Durante la guerra, Rusia respaldó a los separatistas en dos regiones secesionistas de Georgia: Osetia del Sur y Abjasia. Rusia demolió a los militares georgianos, que habían tratado de reocupar Osetia del Sur. Rusia envió soldados a Georgia, en algún lugar muy cerca a la capital, Tiflis, y Occidente calificó las acciones de Moscú de desproporcionadas. Posteriormente, Rusia reconoció a las dos regiones como independientes, pero, en realidad se trata de un conflicto congelado, pues no han sido reconocidas internacionalmente. La alianza suspendió el Consejo OTAN-Rusia creado en 2002, posteriormente, en respuesta, Rusia suspendió la cooperación militar con la OTAN. Las relaciones se descongelaron al año siguiente.

 

La Federación de Rusia, una aliada histórica de Serbia, ha apoyado incondicionalmente a Belgrado en el problema de Kosovo. Serbia nunca aceptó la secesión de Kosovo, lograda con ayuda de la OTAN en 1999, aunque acordó no bloquear el camino de su antigua provincia a la membresía de la Unión Europea. Muchos otros países también rechazan la declaración de independencia de Kosovo en 2008.

En resumen, la Federación de Rusia congeló la cooperación militar con la OTAN poco después de que la alianza lanzó en 1999 incursiones de bombardeos a gran escala en Serbia.

Kosovo, mayormente poblada por albaneses étnicos, se separó en una insurrección armada por separatistas, durante la cual la violencia descomunal fue elocuente; se dio a conocer la indignación internacional por la brutalidad de las fuerzas de seguridad serbias. La OTAN intervino cuando los civiles huyeron en masa de los serbios, hacia los países vecinos. Durante esa intervención hubo un tenso enfrentamiento con tropas rusas en la capital, Pristina, que se desactivó rápidamente.

 

En 2007, Rusia suspendió su cumplimiento del Tratado de las Fuerzas Armadas Convencionales en Europa (FACE). El tratado, que limita la cantidad de equipo militar clave en regiones designadas; fue firmado por países occidentales y exintegrantes del Pacto de Varsovia en 1990. Fue revisado en 1999 para tomar en cuenta a los exsatélites soviéticos que se incorporaron a la OTAN. Sin embargo, la alianza, a diferencia de la Federación de Rusia, se negó a aprobar las actualizaciones, insistiendo que Moscú debía antes retirar las tropas que le quedaban en Georgia y Moldavia.

 

En el reciente periodo del conflicto bélico desatado la OTAN anunció planes para desplegar una fuerza de respuesta rápida de varios miles de soldados en el este de Europa, cerca a las fronteras de Rusia.

La fuerza, compuesta de soldados de los países miembros en rotación, podría ser movilizada en un lapso de cuarenta y ocho horas. Semejante acción socavaría aún más el FACE, aunque la OTAN insiste que la nueva fuerza no tendrá nuevas bases permanentes[1].

 

 

Análisis de la genealogía de la guerra en la historia reciente

 

En lo que se ha venido mencionando en la historia de Ucrania, en la historia del imperio zarista con respecto a Ucrania, después la historia de la URSS con respecto a Ucrania, se han recordado intervenciones genocidas, tanto del imperio zarista, así como del social imperialismo soviético de la era estalinista, sobre todo en pleno periodo de la represión bolchevique contra los campesinos ricos, contra los Kulak, pero también contra los campesinos pobres. Particularmente cuenta para el análisis la represión a los campesinos de Ucrania. Otro hilo a seguir, como se podrá ver, sin olvidar que hay varios hilos a seguir, por lo menos cuando se tiene que hacer la descripción y el análisis de lo que ocurre en la coyuntura álgida de la guerra de Ucrania. Es indispensable tener en cuenta varios hilos de estos tejidos de la guerra actual, desatada en Ucrania; el análisis del presente a partir de una mirada retrospectiva del pasado. Sin olvidar la deconstrucción de los discursos de legitimación de la guerra, que tienen que ver con la propaganda ideológica y mediática, que tienen que ver con la retórica bélica, con la invención de los «argumentos», insostenibles por cierto, que se emiten a través de los medios de comunicación y las redes. Estas prácticas discursivas son efectuadas en ambos bandos. En las cuales se observan desplazamientos y procedimientos de desinformación sobre lo que acontece en la guerra, salvo contadas excepciones de algunos medios más serios, que mantienen un mejor perfil, mas objetivo, por así decirlo, del manejo de  la información y buscando una adecuada descripción de los hechos, buscando lograr la realización de las noticias.

 

Llama la atención en este juego desinformativo de ambos bandos, el lamentable papel de una pretendida izquierda, revolucionarios de pacotilla, que creen que la Federación de Rusia sigue siendo la Unión Soviética. Consideran que se trata de una guerra entre la herencia de la URSS y los estados imperialistas de occidente, olvidando que la Unión Soviética implosionó. Peor aún, olvidando las discusiones que se dieron durante la época de la Unión Soviética, caracterizada como social imperialismo por Mao Zedong, definida como régimen burocrático por León Trotski,  caracterizada como contrarrevolución dentro de la revolución por el anarquismo. Esta “izquierda” oficialista habla como si no hubiera pasado absolutamente nada, como si no hubiera habido una crisis terminal en la Unión Soviética y en los Estados del socialismo real, de la Europa oriental, como si no se hubieran derrumbado estos regímenes burocráticos. De manera irreflexiva, tenazmente, mantienen el cuento de que estamos asistiendo a algo parecido a una lucha de la Unión Soviética contra los imperialismo occidentales. Semejante “argumentación”, por ciento, es insostenible, desde todo punto de vista; desde un punto de vista histórico, desde un punto de vista político, desde un punto de vista sociopolítico. Sin embargo, esta retórica fofa se mantiene contra viento y marea, ciegamente. Se trata de una retórica muerta, emitida como ruido, en la inercia, para convencer sobre la “legitimidad” de la invasión rusa a Ucrania. En todo caso, se trata de una guerra interimperial, de uno de los desenlaces de la crisis inter-imperial, de la crisis de dominación del nuevo orden mundial. En el contexto de la crisis se busca lograr una reorganización geopolítica, entre las potencias que forman parte del centro del nuevo orden mundial. Por un lado, están los países componentes de la OTAN; por otro lado, están la Federación de Rusia y la República popular de China. Ambos bloques del sistema mundo capitalista forman parte la élite de la dominación mundial; se trata de la composición piramidal del orden mundial de las dominaciones, donde se tiene una suerte de aristocracia, después una especia de oligarquía; la cúspide piramidal del orden imperial es defendida por la gendarmería de la hiperpotencia de los Estados Unidos de Norte América.

 

En conclusión, estamos ante una crisis interimperial y uno de los desenlaces de esta crisis. Como dijimos, ninguna guerra  se justifica o ninguna guerra se justifica por sí misma, ninguna guerra es justa.

No se justifica ninguna intervención bélica, tanto de la Federación de Rusia como de la OTAN. No es un argumento la premisa de defensa de la Federación de Rusia, tampoco, ni mucho menos, el pretendido argumento de la defensa de occidente, del Estado liberal, del estilo de vida del sueño americano, convertido en pesadilla. Desde las guerras de Chechenia hasta la guerra de Ucrania los mismos oficiosos publicistas, propagandistas, sin imaginación, llegan al reclamo de por qué se habla tanto de la destrucción en Ucrania y no se habla de la de bombardeo de Gaza, el bombardeo en Siria o los bombardeos en Libia; olvidan que han habido medios y analistas que han criticado esos bombardeos e intervenciones. Por otra parte resulta absurdo decir que si los imperialistas han destruido Siria, Libia y Yugoslavia, además de que el Estado de Israel bombardea Gaza, se justifica que los rusos hagan lo mismo en Chechenia, Georgia, Kazajistán y Ucrania. No se dan cuenta que lo que están diciendo es una barrabasada. Lo único que hacen es evidenciar que ambos bandos se parecen.

 

Estamos ante la emisión de discursos sin contenido argumentativo serio,  que emiten argumentos insostenibles, sin que se inmuten los voceros, ni sonrojen. Como dijimos, hay que entender que se trata de la inercia discursiva, es decir, aunque no tenga sentido repetir y se insista en la mentira, pretendiendo que la mentira se convierta en verdad; la mentira no se transforma en verdad, por más insistencia y repetición que se efectúe. Aunque se logre convencer provisionalmente, solo ocurre de manera imaginaria, lo que no dura mucho tiempo; como dice el refrán popular, la mentira tiene patas cortas.

 

 

Anotaciones sobre la muerte de la retórica, la argumentación

y la ideología

 

El mundo del espectáculo y de la simulación es un acontecimiento imaginario, donde la inercia, es decir, la repetición forzada y el eco mediático, juega un papel en la retórica, en el sentido antiguo de la palabra, en la retórica clásica, por así decirlo; en cambio en la actualidad, cuando esta práctica de retórica ha desaparecido, solo ronda el sentido desgastado de la palabra. Esto es lo que ocurre en la contemporaneidad, se trata de la retórica inútil, pero que es usual en tanto y en cuanto llene un vacío, el vacío de información, el vacío de la descripción y el vacío de análisis. En este caso, la realidad es un producto comunicacional, un producto mediático, un producto virtual, de la desinformación de las redes. Hablamos también de la manipulación, que es lo que único que se habría mantenido como perfil del arte del convencimiento, empero de manera des-contextuada, sesgada, separada del conjunto emotivo y de emisión de la retórica. Cierta forma de manipulación, en el sentido del arte del convencimiento, buscaba lograr la empatía del público del auditorio. En la retórica moderna de lo que trataba es de convencer a través de la imitación de argumentos, aparentemente descriptivos y con pretensiones analíticas, pero que forman parte definitivamente de discursos ideológicos, cada vez más fofos. En el siglo XXI habría desaparecido incluso la ideología, sobre todo en su forma ultimatista, correspondiente al siglo XX, tanto en su versión nacional socialista como en su versión del socialismo real, del estalinismo, así como en su versión del discurso único liberal, que adquiere una connotación apabullante durante la irradiación neoliberal y la aplicación de los proyectos de ajuste estructural. Lo que habrían cambiado son los contextos donde se mueven los «argumentos» insostenibles, que, sin embargo, no dejan de tener impacto. Tienen su impacto no solamente en tanto desinformación, en tanto incomunicación, en tanto fake news, falsas noticias, sino también tienen impacto en tanto y en cuanto llenan un vacío de sentido. Lo que queremos decir es de qué hay un vacío analítico, un vacío descriptivo, un vacío de información, un vacío de objetividad, entonces se llena ese vacío con la simulación de retórica. El vacío es síntoma de la decadencia generalizada, expresa, de una manera alarmante, el alcance de la crisis de la conciencia social e histórica, incluso crisis ética y moral. La cultura como tal, que comprende conglomerados de cultura, memoria y resguardo del sentido, habría desaparecido, es sustituida por  el sistema mundo cultural de la banalidad.

 

Asistimos al desenvolvimiento de una guerra cruenta, sin embargo, ya no hay el esmero en informar propiamente, en emitir noticias como corresponde, incluso en comentar pertinentemente. Durante la primera y segunda guerras mundiales, por lo menos todavía quedaba cierta herencia de la retórica, de la argumentación, de la información, una búsqueda y esfuerzo por la justificación ideológica. Aunque también es el periodo bélico de la bifurcación de esta herencia, pues es cuando comienza a usarse la propaganda partidaria, la publicidad, incluyendo al cine, en gran escala, para convencer a las masas. Sobre todo tratándose de la segunda guerra mundial, cuando se enfrentan los dos discursos de carácter universal, el liberal y del socialismo real, compitiendo también el discurso nacional socialista, el discurso nazi, aunque este no tenga pretensiones universales sino de supremacía nacional.

 

Volviendo al tema, ninguna guerra es justa. No vamos a discutir aquí si la guerra de defensa es justa; la defensa ya supone una guerra desatada, de agresión, que ya ha estallado. Nos referimos a esa guerra, la inicial, aunque la defensa sea justa. La guerra misma no puede ser justa, es una guerra de destrucción, si es que no es de exterminio y, peor aún, cuando nos referimos, desde nuestra propia perspectiva, en el continente de Abya Yala, a las guerras de conquista, que han dado lugar a la incorporación del continente al sistema mundo capitalista o, mas bien, dicho apropiadamente, con las guerras de conquistas en el continente de Abya Yala se ha conformado el sistema mundo capitalista, se ha constituido globalmente el modo de producción capitalista. A partir de la conquista del continente de Abya Yala, a partir de la colonización y la esclavización generalizadas. En consecuencia, en vez de retórica, lo que tenemos no es tanto un esfuerzo por convencer sino esfuerzo por mantener el ruido en el ámbito de la inercia. Cuando los desplazamientos fácticos, las violencias bélicas, se dan sin la necesidad del esmero discursivo, el discurso viene después, de una manera improvisada. No hay un esfuerzo por convencer, el arte de la argumentación, tampoco hay alguna intención de parar la acción bélica, sino que mediante el discurso mediático se buscar una cierta “legitimidad” imposible. La guerra no es legítima, si no es justa no es legítima, mucho menos cuando se trata de la invasión. No nos referimos solamente a la reciente invasión de la Federación de Rusia a Ucrania, sino que tenemos en cuenta la recurrencia anacrónica a la geopolítica por parte de los bandos involucrados. Tanto de la OTAN, que a pesar de finalizar la guerra fría ha mantenido su inclinación geopolítica de control territorial y de expansión, así como de la Federación de Rusia, que no esconde su anacrónica inclinación geopolítica, emitiendo un discurso imperial de proyecto hegemónico cultural, por lo menos eurasiático. En este contexto de concurrencia geopolítica hay que incorporar a la primera potencia económica, a la República Popular de China. En resumen, ninguna de las potencias involucradas  han salido de los juegos geopolíticos, sino que los mantienen y los extienden; en el caso de la República Popular de China, imprimiendo su propio sello asiático. En otras palabras, hay que comprender y entender la guerra de Ucrania como parte de estos juegos de poder de los señores de la guerra del capital, juegos geopolíticos.

 

Hemos dicho que estamos ante “argumentos” insostenibles, correspondientes a discursos de inercia, en un contexto de decadencia posmoderno, en una guerra anacrónica, de una conflagración sin horizontes. Se trata de la concurrencia interimperialista o, mas bien, mejor dicho, interimperial, sin embargo, hay que evaluar las dinámicas complejas inherentes de la guerra. No atenerse tanto a los “argumentos” insostenibles vertidos de este discurso de inercia, sino intentar hacer un análisis desde la perspectiva de la complejidad de la guerra, en el caso que nos ocupa, de la guerra de Ucrania, aunque también de las guerras anteriores de la historia reciente.

 

Parece menester volver a las teorías nómadas, que son parte de episteme compleja, es decir, del pensamiento complejo. Habíamos dicho que el modo de producción capitalista, que forma parte, como contenido nuclear metodológico, del sistema mundo capitalista, contiene implícitamente la estrategia de producción por la producción; pero, también se trata del modo de antiproducción. El capitalismo se desarrolla destruyendo no solamente los ecosistemas, no solamente los cuerpos, que se someten al trabajo, en principio a la esclavización generalizada y después a la esclavización encubierta, que es el trabajo que se da sobre todo en las periferias del sistema mundo capitalista, sino también por que recurre a la guerra como procedimiento de destrucción. Destrucción de lo que tiene como stock, que no puede venderse, debido a la crisis de sobreproducción, destrucción de ciudades y genocidio de poblaciones. La destrucción del stock es parte de la rehabilitación del desarrollo del modo de producción capitalista.

 

Hay que tener en cuenta no solamente las fenomenologías de los espesores territoriales, que tienen que ver con el referente de las teorías nómadas, en un devenir territorialización, devenir desterritorialización y devenir reterritorialización. Se observa que el capitalismo responde a la desterritorialización, en un nivel superior a la desterritorialización dada en el imperio antiguo, empero se produce también una reterritorialización institucional cuando se reinstaura el Estado oriental, en pleno desarrollo del modo capitalista, en la forma de Estado nación, Estado liberal, que es el Estado moderno, incluyendo sus deformaciones y adulteraciones. Sobre todo después, con el desborde geopolítico del imperialismo, que articula perversamente Estado y capital financiero, en una escala de expansión mundial. Podemos comprender las contradicciones actuales en la guerra de Ucrania, cuando, de manera anacrónica, se reviven las figuras del imperialismo, las figuras del imperio antiguo y la figura de un imperio posmoderno restringido, a una parte de este conglomerado de las dominaciones, como hemos escrito en El eterno retorno de la guerra.

 

La estrategia de la antiproducción, que supone la guerra, para reanimar, paradójicamente, la producción, se relaciona con la antipolítica, en plena era del espectáculo y de la simulación. Al respecto, vamos a traer a colación la tesis de los flujos dinerarios, como parte de la fenomenología de la fetichización generalizada, sobre todo de la máquina fabulosa de la fertilización, que es la ideología. Decimos que la economía, en tanto ideología, corresponde a distintos flujos dinerarios. Incluso podemos distinguir flujos dinerarios de acumulación respecto de flujos dinerarios de compra y venta, de pago, que sirven también para pagar salarios ysueldos. Esta diferencial de flujos dinerarios se recicla nuevamente o vuelven a los flujos dinerarios de la acumulación, que es propiamente la valorización del capital. Existe el dinero fluido en contraposición al dinero de compra, esta distinción es importante porque implica distintas cualidades, distintos espacios, en los que se mueven estas cualidades y, por lo tanto,exigen distintas cuantificaciones. No son lo mismo, el salario no es capital y no es susceptible de capitalizarse, puesto que sirve como dinero de compra de bienes de consumo. En cambio el capital, el flujo de capital, la acumulación, la valorización, la plusvalía, es inmediatamente el capitalizable, es eso valorización dineraria. Solo el flujo dinerario capitalizable se valoriza. El salario y el sueldo vuelven al flujo dinerario capitalizable, una vez que se invierten, una vez que compran, una vez que se gastan en bienes de consumo. Se integran y se articulan los distintosflujos dinerarios; esta integración hace al capital. Es en esta articulación integrada del capital que tenemos que comprender la producción o la destrucción del capital, el stock de capital.Destrucción que tienen que ver con estrategias o desenlaces desde la salida de la crisis de sobreproducción, donde la guerra forma parte del modo de producción capitalista, forma parte del sistema mundo capitalista, no solamente como geopolítica, sino como parte del ciclo de la acumulación de capital. La guerra es de parte del ciclo de la valorización, que supone, paradójicamente, la muerte de parte del stock, para poder nuevamente habilitar o liberar los flujos de capital., para lograr nuevamente la acumulación. No hay que olvidar que la guerra forma parte del modo de producción capitalista, entonces falta entender a cabalidad que la guerra forma parte de el sistema mundo capitalista. Supone la destrucción que anima nuevamente la producción misma; solo así se da lugar a valorización.

 

 

Análisis de la guerra desde una mirada retrospectiva

 

Hablando de guerra, del eterno retorno de la guerra, del enunciado criticado por nosotros,enunciado evidentemente inherente a las distintas conceptualización, que se puedan haber hecho, que es el enunciado de la guerra justa, tenemos que tomar en cuenta otras guerras. Por ejemplo, las guerras que se han dado en las periferias del sistema mundo capitalista, particularmente no podemos olvidarnos de las guerras largas, que tienen que ver con la guerra de guerrillas, por ejemplo, en Colombia, que ha durado más de cuarenta años, solo considerando la guerra de guerrillas de las FARC. Si tomamos en cuenta otros escenarios, otros contextos, otras coyunturas, además de otros proyectos y desplazamientos de ejércitos guerrilleros en Colombia, podemos hablar de más de medio siglo, hasta, incluso, podemos hablar de los cien años de soledad, que hacen de referencia temporal de la novela de Gabriel García Márquez. Se tienes que tener en cuenta estas guerras, puesto que en estas guerras está involucrada la geopolítica de los Estados Unidos de Norteamérica, que, concretamente en Colombia, ha promocionado a los grupos paramilitares y al narcotráfico, sostienen al gobierno gamonal y al Estado narco de Colombia, tanto en las versiones de Álvaro Uribe, así como de Iván Duque. Otras guerras de guerrillas como las dadas en Nicaragua, que incluye la guerra de los “contras” contra la revolución nicaragüense. Ahora ha desaparecido la revolución, ahora lo que tenemos es un esquema paradójico y dualista de poder, simétrico y similar. En ambos lados, por un lado y por el otro, los supuestos enemigos, gobierno de derecha y gobierno de izquierda, tenemos a narco-Estados; ambas estructuras de poder se parecen, aunque no necesariamente en el discurso, donde se diferencian los perfiles políticos, pero solo en la apariencia ideológica. El Estado de Colombia y el Estado Bolivariano de Venezuela corresponden a similares  estructura de poder, comparten una parecida estructura del lado oscuro del poder.

 

Tomar en cuenta estas guerras amplia el panorama y la temporalidad, así como la cromática de la guerra. Nos da una perspectiva mucho más amplia y aguda de lo que estamos hablando. Incluso Podemos contar con una mayor perspicacia con relación a la guerra de Ucrania. Abordar mejor el análisis del presente a partir de una mirada retrospectiva del pasado. Al referirnos a las guerras previas a la guerra de Ucrania, a la genealogía de la guerra desde los tiempos del imperio zarista, habíamos hablado de los hilos de la guerra de la Federación de Rusia, desde las guerras de Chechenia hasta la guerra de Ucrania. Así mismo habíamos hablado de las otras guerras, en las que se involucraron la OTAN y los Estados Unidos de Norteamérica. La primera y la segunda guerra del Golfo, la intervención punitiva, bélica y destructiva en Libia, incluso los eventos bélicos que se han desatado en el Líbano, una guerra intermitente y larga, lo que sucede en la reciente ocupación de Irak, el mapa de enfrentamientos con con el ejército fundamentalista del Estado Islámico. Con estas ampliaciones con otros hilos del tejido del entramado bélico. Las intervenciones de los Estados Unidos de Norteamérica y de sus agencias de inteligencia, sus conspiraciones y sus maniobras secretas, que se conforman en la época en de la guerra fría, vinculadas a golpes de Estado, además de otro tipo de sabotajes. Si bien se pueden considerar desplazamientos   en el contexto contemporáneo, modificando los estilos políticos, cierta incumbencia perversa no ha cambiado, por ejemplo, en lo que respecta a lo que acabamos de decir, al apoyo norteamericano al gobierno conservador de Duque y al narco-Estado de Colombia. Como se verá hay varios hilos con relación a la genealogía de la guerra. Tomando en cuenta el arte del tejido en el análisis podemos intentar una interpretación compleja de la guerra, a su vez, más completa de la guerra, de la historia de la guerra, de la genealogía de las guerras, de sus diferencias y singularidades, de sus matices contextuales, efectuando una interpretación más cabal de la guerra de Ucrania.

 

Podemos decir, lanzando hipótesis interpretativas, que no solamente hay guerras en la historia moderna, sino que la guerra es parte intrínsica de la historia moderna, la guerra es parte intrínseca del desarrollo capitalista. Lo hemos dicho, sin embargo, lo que queremos hacer es insistir y remarcar más en esto, hasta convertirlo en otro tipo de enunciación. Hablamos de que la historia es la historia de la guerra, aunque suene un tanto exagerando, dibujando una figura extrema, pero esta exageración, esta figura extrema, nos podría ayudar hacer una mejor interpretación de lo que está ocurriendo. Es como si dijéramos que no podemos salir de la guerra, la guerra está íntimamente vinculada la civilización moderna, a la misma existencia del sistema mundo capitalista; la guerra es intrínseca a la geopolítica del sistema mundo capitalista, al modo de producción capitalista y, como hemos dicho anteriormente, al modo de destrucción capitalista, que tiene que ver con la guerra. Se trata de una forma de volver habilitar la gestión de la valorización, de la acumulación ampliada de capital; entonces no solamente se trata de una crítica de la razón de Estado, de la irracionalidad de la guerra, de la crítica de la crisis interimperial, de sus múltiples disputas y distribuidas conflagraciones, así como concurrencias por la jerarquía de la dominación mundial en el orden global. Se trata de algo estructural, algo inmanente a la estructura misma del sistema mundo capitalista y del modo de producción capitalista, que tiene que ver con la guerra; no solamente con la competencia, que es lo que mitifica el discurso neoliberal, sino con la guerra misma, la competencia extrema como guerra. La guerra no solamente está en el horizonte, en la proyección histórica, no solo que es intermitente, tampoco solo está en los ciclos largos del capitalismo, sino que la guerra es una especie de inmanencia, abusando del término, es esencial; como si dijéramos que estamos en un modo de producción maldito, para jugar con esa figura la civilización moderna maldita. Un sistema mundo capitalista maldito, que constantemente va a hacer emerger desde adentro de la guerra. No se puede escapar de la guerra.

 

Lo que decimos es importante incluso como consecuencia en términos operativos. De alguna manera se puede disponer de esta perspectiva como crítica a los que se apegan, de manera inocente, a la diplomacia, como si pudiera detener la guerra o las estrategias políticas internacionales, como si pudieran detener la guerra las normas internacionales, las buenas intenciones y exigencias, que garantizan distintos organismos internacionales, incluso involucrando a los gobernantes implicados en la guerra. No es un problema de voluntades, se trata de la inmanencia estructural y de la estructura inmanente al sistema mundo capitalista;por lo tanto, parar la guerra implica parar al sistema mundo capitalista, suspenderlo, mejor clausurarlo.

 

La guerra como núcleo inicial del nacimiento del Estado

 

Volviendo al tema de la guerra, a la crítica de la guerra como acontecimiento inherente, inmanente al modo de producción capitalista, al sistema mundo capitalista, e incluso a las civilización moderna, vamos a acordarnos de aquellas tesis de las teorías nómadas que interpretan la deuda infinita como la inoculación del primer acto de dominación, propiamente dicho. Por parte, como acto inaugural de inscripción inicial del déspota, la encarnación misma de la deuda infinita, del acreedor absoluto del pueblo, de los pueblos encerrados en el imperio. La moneda es, desde ya, desde sus orígenes, una invención del Estado, más que ser una invención del mercado. La clave del nacimiento de la moneda es el tributo, no como piensa la economía política y como piensa la economía clásica, atribuyéndole al mercado y al intercambio el nacimiento de la moneda. No es así, desde la perspectiva de las teorías nómadas; la moneda es una invención del Estado para pagar el tributo, para facilitar la cuantificación del tributo; primero tributo en especie, luego tributo monetario. La misma es una materialización, la anticipación  del rostro del déspota, es el sello del poder. El poder que recorre con la  circulación monetaria, que atraviesan los mercados los circuitos y los intercambios, apoderándose de parte de la energía social, convirtiendo esa apropiación en huella de expropiación, a través  del tributo. Estamos hablando de la moneda como mecanismo del tributo, pero también estamos hablando de la moneda como sello del déspota del imperio. Por donde circula la moneda es por donde se extiende el imperio, incluso donde irradia el imperio, extendiéndose, yendo más allá de sus fronteras. De esta modo, de alguna manera, podríamos deducir también, interpretando especulativamente, que el mercado es una invención del Estado despótico, es una invención del imperio. No es que nace el mercado, en la libre gestión y determinación de los usuarios, de los vendedores y compradores; otra invención, otro mito liberal, otro mito de la economía política y de la economía clásica y neoclásica, mito heredado por la economía neoliberal.

 

Es el estado que está al inicio de estas genealogías e historias, sobre todo de la historia del modo de producción capitalista. ¿Cómo nace el modo de producción capitalista? El marxismo concibe el modo de producción capitalista como parte de la liberación de fuerzas, establecimiento de un contrato económico, entre propietarios no trabajadores y trabajadoras no propietarios; esta tesis forma parte del mito liberal. Marx no deja de ser liberal en este tipo de tesis, olvida que se da antes el nacimiento de dominación, el nacimiento de poder, que da lugar no solamente al mercado, no solamente el tributo, sino al mismo modo de producción capitalista; el modo de producción capitalista supone no solamente lo que dice Marx, una masa crítica monetaria, que se transforma de dinero, a partir de un punto de inflexión, en capital, sino que supone el monopolio de los medios de producción. Monopolio, que, de por sí, es ya una dominación. Desde la descripción de la historia del capitalismo, el capitalismo tiene que ver con la metamorfosis de los terratenientes, que se desplazan socialmente, siendo nobles se convierten en burgueses, contando con su monopolio de la tierra,  convertido en monopolio dinerario, en monopolio de capital y en monopolio de medios de producción. Estos nacimientos no pueden ser olvidados, de ninguna manera, sin embargo, lo que nos interesa fundamentalmente es que se produce una nueva desterritorialización con el nacimiento del capitalismo. Concebido metafóricamente como desierto, cuando se produce la decodificación extrema. Se da lugar como una liberación de fuerzas, una suspensión de la instituciones, cuando todo lo sólido se desvanece en el aire. Empero, de manera paradójica, aterradas por este desborde vertiginosos de la modernidad temprana, las clases privilegiadas, en este caso monopólicas, no quieren perder sus privilegio; son estas clases dominantes las que restauran el Estado. En consecuencia, jugando con nuestra propias hipótesis especulativas, el nacimiento del modo de producción capitalista, como tal, se da lugar en un momento de ruptura, de crisis del antiguo régimen, del viejo Estado, momento donde se suspende el Estado mismo y sus instituciones; la vertiginosidad desbordante de la modernidad temprana podía haber dado lugar a otra forma de sociedad y civilización, quizás transcivilización, sin embargo, las clases dominantes, aunque aburguesadas, no podían soportar esta situación y este devenir, prefirieron dar marcha atrás y restaurar el Estado, para garantizar la génesis de los monopolios.

 

No es pues la liberación de fuerzas lo que da lugar, propiamente, al modo de producción capitalista, sino la restauración de los monopolios y el retorno al Estado en su forma moderna, en su forma de Estado nación.

 

La genealogía del Estado moderno pasa por distintas formas, de Estado territorial, soberano y, a la vez, policial, se pasa al Estado disciplinario, propiamente moderno, después se pasa a la forma de Estado flexibilizado, en el contexto del diagrama de poder del control, cuando el objeto del poder ya no es el territorio, no es el cuerpo para disciplinar, sino la población. Hablamos de una forma de Estado de control, aunque también de simulación, cuyos efectos de masa son notorios, hablamos de los efectos estadístico de las políticas de población. El mecanismo apropiado de estas políticas es la institucionalización de la cuantificación demográfica. Con la forma de Estado del control, donde las políticas tienen efectos masivos, efectos estadísticos,entramos a la biopolítica, en el sentido que le da Michel Foucault. En sentido más preciso, Negri y Hardt, diferencian biopoder de biopolítica, siendo el biopoder la máquina de poder, siendo la biopolítica la espontaneidad y creatividad social.

 

Constatamos la genealogía del Estado, entonces nunca habría desaparecido el Estado, siempre estaba ahí, nunca se ha dado una especie de interregno, de paraíso social, donde habría desaparecido el Estado, salvo en el momento mismo, fugaz, de su suspensión, en pleno vacío de las instituciones cuestionadas e interpeladas. El Estado se suspende momentáneamente  para retornar monstruosamente. El Estado nace en el oriente, sabemos que se forman también ciudades Estado, por ejemplo en Grecia, pero todo esto no es pensable sin esa concepción territorial, que sufre la desterritorialización. Desterritorialización soberana, en tanto hablamos del soberano, del supremo, que es el déspota. No habría desaparecido el Estado con los desplazamientos de desterritorialización capitalista.

Volvamos a la hipótesis de la guerra de conquista, la guerra inicial, de instauración de la dominación, de invasión, de anexión y de expansión, que supone el monopolio simbólico de la nobleza o de un clan, convertido en una dinastía. Entonces el núcleo del Estado no es exactamente el Estado de excepción, como habíamos supuesto anteriormente, en otros ensayos y otras hipótesis interpretativas, sino que el núcleo del Estado es la guerra. No es un Estado de excepción porque para que haya Estado de excepción ya tiene que haber habido un Estado, en el sentido jurídico jurídico político; tiene que haber habido la ley, para que se decrete la ley de excepción. La guerra no es una ley, la guerra es un acontecimiento, en consecuencia, el acontecimiento inicial del Estado es la guerra.

 

[1] Leer de Laurence Peter Cinco conflictos que han enfrentado a la OTAN con Rusia. BBC.

 

El eterno retorno de la guerra

El eterno retorno de la guerra

Raúl Prada Alcoreza

 

 

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Vamos a intentar hacer un análisis correspondiente a la recientes crisis bélica en Europa, que compromete a la Federación Rusa y a la República de Ucrania, de manera directa, pero también compromete a la OTAN y a la República Popular de China, en acuerdo con la Federación Rusa y los gobiernos que apoyan a Vladimir Putin, en su acción de invasión a Ucrania. Entonces, compromete, si ustedes quieren, al mundo, pues como posibilidad incierta aparece la tercera guerra mundial; por lo tanto no estamos hablando de poca cosa, ni tampoco de una coyuntura cualquiera de la crisis múltiple de el Estado nación y del orden mundial, del imperio. Sino estamos hablando de una crisis altamente peligrosa por las consecuencias bélicas que se pueden desprender. En este sentido, nos interesa intentar un análisis de lo que está ocurriendo en Europa, desde la perspectiva de la complejidad. Para tal efecto, vamos a lanzar algunas hipótesis interpretativas y establecer algunas herramientas de análisis que nos permitan la interpretación de este reciente acontecimiento bélico.

 

 

Hipótesis

 

Asistimos a una coyuntura convulsa y peligrosa, en plena crisis de la civilización moderna, en plena crisis desenvuelta del imperio, del orden mundial de las dominaciones y, obviamente, en plena crisis desplegada del Estado nación; en consecuencia, crisis múltiple, a la que podemos denominar correspondiente  a la clausura del ciclo largo del capitalismo vigente, bajo la hegemonía de los Estados Unidos de Norteamérica. Lo que pueda venir después, corresponde a las conjeturas. Una de las apreciaciones o estimaciones establecidas por Giovanni Arrighi, en el Largo siglo XX, fue de que, después de la clausura del ciclo largo del capitalismo vigente, posiblemente ingresaríamos a otra hegemonía, relativa a otro ciclo largo del capitalismo, bajo la jerarquía de otro predominio. En este caso la probabilidad era de que China se haga cargo de esta hegemonía; sin embargo, lo que establece como hipótesis lo hace en términos suspensivos, como incógnita, puesto que también se encuentra en la posibilidad de la clausura definitiva de todos los ciclos largos del capitalismo, que consideró a Arrighi en el Largo siglo XX, vale decir el ciclo largo genovés, el ciclo largo holandés, el ciclo largo británico y el ciclo largo de los Estados Unidos de Norteamérica. En consecuencia ya no habría más ciclos largos del capitalismo, entraríamos a otro horizonte histórico, político y cultural.

 

Considerando este panorama o, si ustedes quieren, este escenario presente, relacionado a la reciente crisis bélica europea, el mismo puede interpretarse a partir de este contexto. Desde esta perspectiva, se trataría, entonces, de desesperados intentos histórico-políticos y jurídico-políticos e histórico-institucionales-políticos, de alcance mundial, por mantener la hegemonía, mejor dicho el dominio global logrado. En otro caso, de dar lugar a la emergencia de otra hegemonía, mejor dicho, otro dominio; empero, cualquiera de estas dos alternativas, inclusive las dos en pugna, mantenidas paralelamente y en contraste, se dan, definitivamente, en pleno crepúsculo de la civilización moderna;  por lo tanto, en plena clausura del sistema mundo capitalista, lo que le da de por sí otro carácter a la interpretación del acontecimiento bélico reciente europeo. En consecuencia tenemos:

 

Pon un lado, a la Federación Rusa, que vive esta crisis, que hemos denominado crisis múltiple de la civilización moderna, del sistema mundo capitalista y del Estado nación, con la singularidad propia que corresponde. Hablamos de la genealogía de los diagramas de poder y las estructuras de dominación, que se han dado en esta parte del continente euroasiático, desde los comienzos mismos de la modernidad. Hablaríamos de la consolidación del imperio zarista, basado fundamentalmente en un Estado aristocrático, en una monarquía altamente centralizada, sostenida, en sus perfiles personalizados, en una nobleza extensa, propietaria de la tierra, vinculada a la religión ortodoxa y también vinculada al ejército imperial, así como a un sistema extenso y burocrático, relacionado tanto a la nobleza como a esta burocracia estatal. Estos dispositivos y esta composición anacrónica habría entrado en una suerte de decadencia, en un contexto mundial de alta pujanza y desarrollo del ciclo de capitalismo vigente. En realidad, dos ciclos marcados, desde entonces, el nacimiento de la formación social en cuestión, hasta ahora; uno de ellos tiene que ver con la hegemonía británica y el otro tiene que ver con la hegemonía norteamericana. Se puede anotar también las hegemonías, mejor dicho dominios,  anteriores que hemos mencionado. Entonces la formación social e histórica euroasiática se desenvuelve, en esta parte del mundo, en esta parte del continente eurasiático en términos de las composiciones y dispositivos de poder de la dominación  del régimen zarista. Estaríamos hablando, de manera clásica, por así decirlo, de la forma imperio antigua, es decir, de esta formación basada en la desterritorialización formal, que se instituye y se constituye sobre la base del aparato burocrático y administrativo de un modo administrativo tributario. El imperio zarista se habría desarrollado sobre intermitentes conquistas, guerras de conquista, pero también de alianzas territoriales y de noblezas, así como de alianzas entre conformaciones guerreras, como la de los tártaros. El imperio zarista se habría sostenido sobre la legitimidad religiosa, el ritual, la ceremonialidad y el simbolismo de la iglesia ortodoxa cristiana. Es esto lo que está en el sustrato de la genealogía del poder de la formación social eurasiática rusa. Lo que Max habría considerado, desde la perspectiva de la crítica de la economía política, el modo de producción asiático.

 

El imperio zarista se hunde en el transcurso de la Primera Guerra Mundial. Ya la revolución de 1905, revolución democrática, vanguardizada por obreros y quizás por los primeros soviets o antecedentes del soviet. El 9 de enero de 1905, día conocido como Domingo Sangriento, hubo una marcha pacífica de protesta de obreros en San Petersburgo. El objetivo de la marcha era entregar al zar una petición de mejoras laborales. Iba encabezada por un sacerdote, el clérigo Gueorgui Gapón,  explícitamente no respondía a alguna reivindicación política clara; se trataba fundamentalmente de una marcha obrera y campesina, además de familias pobres. En la marcha los obreros y campesinos, además de las familias,  avanzaban llevando íconos religiosos y cruces; marchaban desarmados.

 

La manifestación fue cruentamente reprimida por soldados de infantería y tropas cosacas, apostados enfrente del Palacio de Invierno. Estas tropas dispararon sucesivas descargas de fusilería contra la multitud desarmada, para después perseguir por calles y avenidas a los sobrevivientes, fusilando durante un prolongado lapso, cobrándose un número grande de víctimas, muertos, heridos y desaparecidos. Los periódicos de entonces hablaron de al menos dos mil muertos, entre hombres, mujeres y niños, más un número indeterminado de heridos. El zar Nicolás II no se encontraba en la ciudad; la había abandonado temiendo por su vida. Cuando se difundieron las noticias de la sangrienta represión política en la capital, se generó una oleada de protestas en toda Rusia. Se dio lugar al divorcio definitivo entre el zar y el pueblo, la masa de campesinos y obreros, además de las familias pobres. El pueblo ruso que sale a la plaza del Palacio de Invierno a encontrarse con el Zar, el padre Zar, encuentra la masacre. Los cosacos responden con fusilería, perpetrando una masacre sangrienta. Durante la revolución se demandó la convocatoria a la Asamblea Constituyente.

 

En pleno desenlace de la  primera guerra mundial, el aparatoso imperios zarista se hunde estrepitosamente, arrastrando a un ejército anacrónico, no modernizado. En el contexto económico se cuenta con una industria manejada por el capital europeo, con una burguesía incipiente, una nobleza decadente, teniendo, en el contexto social, la emergencia de la efervescencia campesina. En el frente de guerra, congelado, detenido, postrado dramáticamente en las trincheras, se forman organizaciones de contrapoder, de carácter socialista revolucionario, social demócrata y también anarquistas. Estas organizaciones clandestinas se van a oponer a la continuación de la guerra, van a pedir la paz. En febrero de 1917 se desata la revolución soviética, soldados, obreros y campesinos armados toman los cuarteles, las ciudades, los ferrocarriles y las fábricas; en este contexto se convoca a la Asamblea Constituyente. Dos meses más tarde es difundida la tesis de Lenin, la conocida Tesis de Abril, que proclama todo el poder a los soviet. Hay que tener en cuenta que la revolución ya estaba dada, a principios del año. En esta coyuntura se procede a la persecución de los llamados bolcheviques, que son una escisión del partido social demócrata, que disputaban el mando del partido con los llamados menchevique. En octubre se da un golpe de Estado, tal cual lo define León Trotski en la Historia de la revolución rusa; golpe de Estado contra la Asamblea Constituyente y contra el gobierno de Aleksándr Kerensky. Los bolcheviques toman el poder y se instaura un gobierno socialista, en cuyo sustrato se encuentran los soviets armados, donde no eran mayoría los bolcheviques sino los social revolucionarios y anarquistas. El golpe contra la Asamblea Constituyente y contra el gobierno de Kerensky se da lugar en las condiciones y situación que puede ser definida como de la pugna de los bolcheviques por el control de los soviets. En ese contexto crítico de la emergencia de la revolución proletaria y campesina se da lugar la intervención imperialista contra la Patria Socialista, lo que se va a conocer como guerra civil de los rusos blancos contra la República de los Soviets. En esta álgida coyuntura los soviets, tomando en cuenta el pedido del Partido Comunista, van a transferir provisionalmente el mando al Partido Comunista y al Comité Central del Partido Comunista; por lo tanto, se da la transferencia de poder al gobierno bolchevique, con el objeto de enfrentar la emergencia de la guerra civil, con el compromiso de que, una vez terminada la guerra, si se ganaba la misma, el gobierno bolchevique, el Partido Comunista, por tanto el Comité Central, devolverían el poder a los soviets. Después de la victoria del ejército rojo contra los rusos blancos, contra los ejercicios de intervención imperialistas, no se deriva, como se esperaba, en la devolución del poder a los soviets, sino, al contrario, se cae en la concentración del poder en el Partido Comunista, en el gobierno bolchevique y en el Comité Central.

 

Lo qué viene después es historia conocida. Posteriormente al atentado que sufre Lenin y sobre todo después de su muerte, teniendo en cuenta además que gran parte de los militantes del Partido Comunista, formados y templados, terminan muertos en plena guerra, dejan un vacío notorio. Quedando prácticamente el control del aparato burocrático del gobierno revolucionario en manos de los funcionarios. Se da lugar, entonces, a una situación adversa a la militancia curtida en la lucha, en el exilio y en la resistencia, cayendo el control efectivo de los engranajes del poder en la burocracia administrativa, una burocracia afín a Joseph Stalin, un miembro gris del Comité Central del Partido Comunista. A la muerte de Lenin la pugna de la herencia del mando del Comité central se da entre Joseph Stalin y León Trotsky. Trotsky pierde esta pugna, aunque no solamente León Trotsky, quién fungió de organizador y conductor del ejército rojo victorioso en la guerra civil, sino también todo el resto del Comité Central. Salvo Joseph Stalin, todo el Comité Central es asesinado por mandato y órdenes de Joseph Stalin. En consecuencia, lo que se conforma corresponde a la instauración de un inmenso imperio socialista, heredero del imperio zarista, bajo el nombre de Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que de soviéticas solo tienen el nombre. Se conforma y reconstituye, recurriendo a la interpretación de Karl Kautsky, el modo de producción asiático, de ninguna manera se desarrolla una revolución por etapas, que cumple con las tareas democráticos burguesas pendientes y con el desarrollo capitalista faltante, para dar lugar a las condiciones de posibilidad histórica de un modo de producción socialista; mucho menos se da una revolución permanente, como la propugnada por Trotsky, si no se da una regresión y unas restauración barroca de una forma de gubernamental burocrática. Desaparecida la burguesía y la nobleza, la que sustituye a la burguesía y a la nobleza es la burocracia del Partido Comunista. Emerge, entonces, un anacronismo monstruoso, que hemos llamado una monarquía socialista. Que lo primero que hace es restaurar la represión del Estado contra las vanguardias de la revolución. El caso más conocido es la represión a los marineros Kronstadt, vanguardia de la revolución rusa, quienes demandaron la devolución del poder a los soviets, el retorno a la democracia obrera, es decir de la democracia de los soviets. La respuesta de Lenin a esta demanda, legitima y acordada, es mandar al rojo a reprimir a los marineros de Kronstadt; se perpetra la masacre de la vanguardia de la revolución, masacre conducida por Trotsky. Este es el comienzo del gran retroceso, de la regresión y de las restauración del fantasma mismo del imperio zarista, bajo el nombre y la legitimidad de una supuesta revolución socialista. Que a los ojos de los partidos comunistas y de la tercera internacional se va a presentar como la Patria Socialista, no solamente del proletariado ruso sino del proletariado de todo el mundo. No solamente asistimos a una paradójica situación, una contrarrevolución dentro de la revolución, sino a una impostura del tamaño del mundo, que ya se encuentra en pleno proceso de globalización. ¿Adónde apuntamos con este recuento? Que en este contexto se preparan las condiciones de posibilidad, setenta años después de la revolución, para un segundo hundimiento de la forma imperial restaurada, al hundimiento del socialismo real, del socialismo de la burocracia del Partido Comunista, por lo tanto, de un impostura del tamaño gigantesco del mundo moderno.

 

 

Descripción

 

Entonces la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) se efectúa entre 1990 y 1991. corresponde a la desintegración de las estructuras políticas federales y el gobierno central de la URSS, que derivó en la independencia de quince repúblicas; independencia dada entre el 11 de marzo de 1990 y el 25 de diciembre de 1991. En estas condiciones se acordó el Tratado de Belavezha, que corresponde a un acuerdo internacional firmado el 8 de diciembre de 1991, por los presidentes de la República Socialista de la Federación Soviética de Rusa, la República Socialista Soviética de Ucrania y la República Socialista Soviética de Bielorusia; firmaron el acuerdo  Borís Yeltsin, Leonid Kravchuk y Stanislav Dhushévich, en la reserva natural de Belovézhskaya Puscha. La firma del Tratado fue comunicada por teléfono al entonces presidente de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov. Con la firma del Tratado se declara la disolución oficial de la URSS, poniendo fin a la vigencia del Tratado de Creación de la URSS.  

 

El periodo de Yeltsin a Putin es un periodo de inestabilidad gubernamental y de evidente crisis de legitimidad que, no está demás decirlo, corresponde a la crisis ideológica, también a la crisis de la misma formación social euroasiática. Ciertamente, después de la muerte de Stalin, también se puede hablar de una crisis ideológica, pero se trata, en este caso, de una crisis distinta y en un contexto diferente; hablamos de la crisis del Partido Comunista, crisis diferida, encubierta y silenciada por los aparatos ideológicos de la burocracia, que gobierna la URSS y por la llamada Tercera Internacional. Crisis distinta a la crisis del imperio zarista, que es como el sustrato genealógico de lo que no deja de ser un social imperialismo, tal como definía a la Unión Soviética Mao Zedong. En el ciclo largo, tenemos entonces dos crisis ideológicas y de legitimación, en contextos distintos y en situaciones diferentes, lo que equivale a interpretarlas de manera distinta y diferente.

 

No hay que olvidar la crisis de gobernabilidad del imperio zarista, sobre todo evidenciada al principio del siglo XX y arrastrada a largo de la década, que viene después de la revolución de 1905, revolución social y política que no toma el poder pero deja al régimen zarista carcomido por dentro y, prácticamente, sin cimientos sólidos para sostenerse; solo ocurre, por así decirlo, la reforma superestructural, se conforma una monarquía constitucional. Por eso la crisis de la primera guerra mundial deriva en el derrumbe del imperio zarista.

 

En la perspectiva histórica tenemos tres crisis en tres contextos diferentes, si consideramos la crisis actual del régimen híbrido, que terminó armando Vladimir Putin. ¿Se trata acaso de un nuevo estilo de crisis de legitimidad, de crisis ideológica, además de crisis degubernamentalidad? Para responder esta pregunta no podemos olvidarnos de la primera y la segunda guerra de Chechenia dónde se pone a prueba el ejército de la Federación Rusa, que a duras penas logra tomar la capital de Chechenia, Gozni. Tampoco podemos olvidarnos de la guerra de Georgia, llamada también a guerra de Osetia del Sur de 2008, que fue un conflicto armado entre Georgia, por un lado, y las repúblicas prorrusas de Osetia del Sur y Abjasia, interviniendo la misma Federación de Rusia, por el otro lado. Empezó el 7 de agosto del 2008. Los combates se iniciaron en Osetia del Sur, con la Batalla de Ysjinval,  y se extendieron posteriormente a otras regiones de Georgia y al Mar Negro. 

 

Se dice que la estabilidad es un logro de Putin.  Durante los gobiernos de Putin se moderniza el ejército, se recupera la capacidad del complejo militar tecnológico y científico, se restablece su presencia geopolítica, sin embargo la Federación de Rusia no deja de ser una potencia disminuida, comparada con la situación de la URSS en el mundo,  a pesar de sus intentos desesperados de intervención geopolítica en el mundo, por ejemplo en Siria, donde interviene en defensa del gobierno oprobioso de Bashar al-Asad.

 

 

Breves anotaciones históricas

 

La historia de Ucrania comienza en el año 882 con el establecimiento de la Rus de Kiev. La Rus de Kiev estuvo habitada por diversas tribus de eslavos orientales, principalmente por los rutenos. Ucrania fue el centro del área habitada por este grupo. La Rus de Kiev se convirtió en el Estado más grande y poderoso de Europa, ​ siendo Kiev la ciudad más grande y con población más numerosa del continente en esa época. No se conoce mucho acerca de la Rus de Kiev debido a que, tras la invasión mongola en 1256, el Estado fue reducido a cenizas. Después de la desintegración de la Rus de Kiev, uno de sus principados, el Principado de Galicia-Volinia, se convirtió en el Reino de Rutenia o Reino de la Rus, continuando la jerarquía heredada de la Rus de Kiev. En 1349, el Reino de Rutenia se unió a Lituania formándose así el Gran Ducado Lituano, Ruteno y Aukštaitija. Al finalizar la dinastía Jagellón, el territorio de Rutenia o Ucrania se incorporó a la República de las Dos Naciones en 1569. En un tratado posterior se acordó el establecimiento del Gran Ducado de la Rus o Gran Ducado de Rutenia, pero debido al deseo de los cosacos del Sich de Zaporozhua de establecer un Estado independiente, en 1648, a consecuencia de la rebelión de Jmelnitski se formó el Hetmanato cosaco o la Ucrania cosaca. Se vivieron unas décadas de prosperidad, sin embargo, el Hetmanato fue dividiéndose gradualmente entre la República de las Dos Naciones y el Zarato moscovita, que, desde 1721  se considera imperio ruso, hasta el año 1772, cuando el Hetmanato desapareció por completo. En el territorio de Ucrania, ocupado por el Imperio ruso, la población y cultura ucraniana fue discriminada, intentando hacer desaparecer el idioma ucraniano antiguo, prohibiendo la literatura, la música y las misas en ucraniano. También se organizó la emigración masiva de población ucraniana a lugares remotos del imperio, lo que después daría lugar a la aparición de las colonias de Ucrania Verde, Ucrania Gris o Ucrania Amarilla. La caída del imperio ruso,  después de la revolución de febrero de 1917, dio lugar a la guerra de independencia de Ucrania.  Emergió la República Popular de Ucrania, la República Popular de Ucrania Occidental, el Segundo Hetmanato y la República de Jolodnoyarsk. En el transcurso de la guerra, Ucrania Occidental se unificó con Ucrania en 1919. En la Conferencia de Paz de París de 1919 se reclamó todo el territorio, donde la población ucraniana representaba una mayoría. Hablamos del territorio de la actual Ucrania, Kubán  e importantes regiones de la actual Bielorusia y Federación Rusa. Como resultado de la guerra de independencia, la República Popular Ucraniana fue derrotada y su territorio fue repartido principalmente entre Polonia y la Unión Soviética, que asignó un muy reducido territorio a la República Socialista Soviética de Ucrania en 1921. En 1922, la RSS de Ucrania fue una de las repúblicas fundadoras de la Unión Soviética, consolidándose la unión con la firma del Tratado de Creación de la URSS. 

 

En la época de la Unión Soviética (1922-1991), en mayor medida que en el Imperio ruso, la población ucraniana fue afectada con limpiezas étnicas, como el Holofomor en 1933, donde murieron entre cuatro millones y doce millones de ucranianos; el idioma ucraniano fue suprimido en gran medida en los años siguientes de la rusificación de Ucrania, razón por la cual hay tantos rusohablantes en Ucrania contemporánea. El movimiento nacionalista ucraniano pasó a la clandestinidad, cobrando importancia, entre los años 1942 y 1956, con el Ejército Insurgente Ucraniano (UPA), que intentó establecer un Estado independiente combatiendo a la invasión nazi y a los soviéticos, aunque sin éxito. En 1945, la RSS de Ucrania se convirtió en uno de los miembros fundadores de la ONU. ​

 

Ucrania se convirtió en un Estado independiente el 24 de agosto de 1991, posteriormente al intento de golpe de Estado en la Unión Soviética, crisis política que condujo finalmente a la disolución de la Unión Soviética, en diciembre del mismo año. ​ Desde entonces se encuentra en un proceso de transición de “descomunización”, embarcándose hacia una economía de mercado y hacia un Estado correspondiente a la democracia formal. Este proceso llevó a una inmediata depresión económica en la década de los años noventa.

 

Al comienzo del siglo XXI, Ucrania comenzó a recuperarse económicamente y empezó a moverse hacia la democracia formal, llevándose a cabo manifestaciones como Ucrania sin Kuchma, en 2001, y la revolución naranja en 2004. Hasta 2007, la economía de Ucrania creció sosteniblemente; sin embargo, a partir de la gran recesión de 2008, padeció una segunda depresión económica. 

 

En 2013, tras la decisión del presidente Viktor Yanukovich de rechazar el dilatado y negociado Acuerdo de Asociación entre Ucrania y la Unión Europea y, por el contrario, estrechar relaciones con la Federación de Rusia para ingresar en la Unión Aduanera Eurasiática, dio comienzo una serie de protestas, principalmente en Kiev, conocidas como el Euromaidán; protestas que, en un momento de alta convocatoria, reunió a más de un millón de manifestantes de toda Ucrania. Como consecuencia de las crecientes tensiones entre los manifestantes y las fuerzas especiales antidisturbios, los llamados bérkuts, se derivó en abiertos enfrentamientos,  llegando incluso, por parte de la represión estatal, al fusilamiento de estudiantes. Posteriormente a estos hechos luctuosos, siguieron enfrentamientos mas cruentos, que dejaron centenares de muertos. Sin embargo, a pesar de la represión, los manifestantes del Euromaidán ganaron esta larga secuencia de batallas en las calles; Víktor Yanukóvich y su gobierno huyeron a la Federación de Rusia. Después la huida de Yanukóvich, la Rada Suprema tomó el control del país, Oleksandr Turchínov asumió la coordinación del Gobierno y la presidencia del Parlamento. En ese contexto, Ucrania se encontraba totalmente desestabilizada, particularmente sus fuerzas armadas se encontraban incomunicadas; circunstancias adversas que fueron aprovechadas por la Federación de Rusia para ocupar y anexar a Crimea, comenzando una operación híbrida con el objeto de ocupar el sureste de Ucrania. Bajo el manto ideológico de esta pretensión geopolítica se desataron movimientos prorusos en Lugansk, Donetsk, Járkov, Odesa, Dnipró y otras ciudades del este de Ucrania.

 

En la coyuntura y el contexto de la elección de un gobierno interino, Oleksandr Turchínov  no estuvo en condiciones de organizar y movilizar a las fuerzas armadas para recuperar Crimea; solo contaba con 5000 efectivos. ​ El presidente interino prefirió desplegar al ejército en el resto de las fronteras de Ucrania, debido al riesgo de una posible invasión rusa. Aprovechando los resultados favorables de las movilizaciones en Lugansk, Donetsk y Járkov, los separatistas prorrusos declararon su independencia respecto de Ucrania, lo que dio comienzo a la guerra en Donbás el 6 de abril de 2014.

 

Las Fuerzas Armadas de Ucrania, débiles al principio de la guerra, se fueron fortaleciendo paulatinamente. Es cuando se elige a Petró Poroshenko, en las elecciones presidenciales de 2014, cuando las fuerzas armadas empezaron a modernizarse y equiparse mejor, llevando a cabo desplazamientos militares de recuperación territorial. Las tropas ucranianas consiguieron recuperar la mayor parte del territorio ocupado por separatistas. Con la firma del protocolo de Minsk, a finales de 2014, el conflicto se congeló, aunque los enfrentamientos esporádicos no cesaron, cobrándose la vida de más de 13 000 ucranianos. A partir de entonces las Fuerzas Armadas de Ucrania se encuentran embarcadas en procesos de organización y modernización, de acuerdo a los patrones de la OTAN, convirtiéndose el 2019 en el tercer ejército más grande de Europa, con un personal total de 1 246 445 efectivos. ​ Ya en otra coyuntura, el 1 de junio de 2016 Ucrania firmó un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea.

 

Haciendo consideraciones estadísticas, se puede tener en cuenta que en el 2020, Ucrania ocupaba el 74° puesto en la lista del índice de desarrollo humano (IDH) de 189 países; en equivalencia con Moldavia, mostraba el menor PIB, a valores de paridad de poder adquisitivo (PPA) per cápita de Europa. Sufre una tasa de pobreza muy alta, así como una corrupción muy extendida; sin embargo, debido a sus extensas tierras de cultivo fértiles, Ucrania es uno de los mayores exportadores de cereales del mundo[1].

 

 

 

 

Balance y perspectiva 

 

 

Visto este panorama histórico, mediante una mirada sintética, ¿qué tenemos? Tal parece que nos encontramos con el retorno de la forma imperial, la forma de territorialización imperial, así como con la figura cúspide y simbólica de la figura del déspota, encarnación arquetípica de la deuda infinita territorial, es decir, el modo de producción tributario, inscrito en los cuerpos del eterno deudor, inscrito en las tierras. Tributo que tienen que pagar la gente, el pueblo de las comunidades, las naciones anexadas al extenso cuerpo del imperio. Esto por un lado; por el otro lado, tenemos la otra parte del orden mundial de las dominaciones, correspondientes a las formaciones monopólicas de la geopolítica del imperialismo, es decir, de los imperialismo articulados e integrados en el imperio moderno o, si se quiere, para distinguir, tenemos el imperio posmoderno, tal como lo definen Michael Hardt y Antonio Negri en el libro precisamente titulado Imperio.

 

En el contexto de la contemporaneidad más actual se da lugar a desplazamientos y modificaciones en la geopolítica del sistema mundo capitalista. Dado el desenvolvimiento del desarrollo del ciclo del capitalismo vigente, ya bajo la dominancia del capital financiero especulativo y extractivista, sostenido por el uso destructivo de la tecnología de punta, que supone la división del trabajo a escala mundial, convirtiendo, en principio, a la República Popular de China en la fábrica industrial del mundo, con bajos costos de producción, basados en la esclavización del proletariado posmoderno y en una división altamente desigual, inequitativa, entre ciudad y campo. Empero, aprovechando esta división del trabajo, la economía de la República Popular de China termina convirtiéndose, desde el punto de vista cuantitativo, en la primera economía del mundo. Principalmente deja de ser meramente la fábrica industrial del mundo globalizado y se convierte en la potencia emergente, después se convierte en la primera potencia económica, convirtiéndose también en un complejo tecnológico militar, científico, cibernético y comunicacional, como lo es la hiperpotencia de los Estados Unidos de Norteamérica. En estas circunstancias y condiciones de posibilidad histórico-políticas, el imperio, en el sentido de Hardt y Negri, transforma su composición inherente. La República Popular de China, además de articularse e integrarse a las potencias dominantes del sistema mundo capitalista, entra también en competencia concurrente por establecer su primacía en la jerarquía del imperio moderno o del imperio posmoderno, como lo hemos definido figurativamente.

 

La República popular de China se puede caracterizar, en esta coyuntura y en este contexto mundial del ciclo vigente del capitalismo, bajo la dominancia del capital financiero y especulativo, como la forma imperialista redituada en el contexto de la modernidad tardía y en plena competencia concurrente en la composición del imperio del orden mundial de las dominaciones.

 

En este contexto, relativo a la competencia interior a la formación del imperio, del orden mundial de las dominaciones, la forma de imperio antiguo o la forma imperial antigua redituada y actualizada por la Federación Rusa se alía con la forma de imperialismo, redituada en la condición posmoderna de la República Popular de China. Esta coalición en alianza con formas de gobierno gubernamentalidad de las formaciones sociales de la periferia del sistema mundo capitalista, particularmente de aquellas formas de gobierno clientelares y despóticas, en las circunscripciones de sus países, se enfrenta a la otra parte de la composición del imperio posmoderno, que corresponde a la dominación de la hegemonía de la hiperpotencia de los Estados Unidos de Norteamérica, que encabeza la OTAN. Organización militar que se conformó en plena guerra fría como un sistema de defensa de las formas de gubernamental liberal, sobretodo europeas, frente a lo que va a ser la coalición de los estados del socialismo real, vale decir el Pacto de Varsovia. Terminada la guerra fría los vencedores de la guerra fría, vale decir la OTAN, bajo la conducción de los Estados Unidos de Norteamérica, intentan imponer su dominación en un mundo, pretendidamente unipolar. Sin embargo esto no ocurre, sino, mas bien, de manera paradójica, el contexto mundial se abre a un multipolarismo. La única hiperpotencia de magnitud, en condiciones de fabulosa hipertrofia, el complejo tecnológico, militar científico, cibernético y comunicacional de Estados Unidos de Norteamérica termina en una evidente soledad, donde al parecer la guerra se aleja como un fantasma débil y senil, que pareciera pertenecer al pasado.

 

 

En estas condiciones del contexto mundial, como no hay un enemigo de la talla de la Unión Soviética, la hiperpotencia y sus fabulosas maquinarias terminan monstruosamente hipertrofiadas. Es precisamente en este contexto del desenlace de la guerra fría donde emergen las llamadas potencias emergentes, abriendo un nuevo perfil en la composición del sistema mundo capitalista y una nueva presencia espacio territorial en la geopolítica del sistema mundo capitalista. Este perfil corresponde a la aparición de las potencias emergentes, que median, como un puente perverso, entre la geografía inmensa de las periferias y el centro cambiante del sistema mundo capitalista. Es en este contexto del desenlace de la guerra fría cuando la potencia emergente de la República Popular de China deja de ser meramente una potencia emergente para convertirse, como hemos dicho, en la primera potencia económica y en la segunda o la tercera potencia militar en términos del complejo, tecnológico, militar, económico, cibernético y comunicacional.

 

Observando el ciclo largo de las genealogías de la dominación, podemos ver que, en plena clausura crepuscular del sistema mundo capitalista, particularmente, para situar mejor, del ciclo largo del capitalismo vigente, se da lugar a una competencia interimperial, en plena clausura crepuscular de la civilización moderna, como queriendo despedirse apoteósicamente, con los últimos eventos apocalípticos de este círculo vicioso del poder y de las dominaciones a escala mundial.  En estas circunstancias reaparecen, de manera anacrónica, formaciones pasadas, redituadas en el contexto. Tendríamos por lo menos tres perfiles de formaciones redituadas anacrónicas; una que corresponde a la forma de imperio antiguo redituada; otra que corresponde a la forma de imperialismo, redituada en la posmodernidad; y otra que corresponde a la forma parcial, sesgada, vuelta sobre sí misma, replegada en sí misma, de la forma de imperio posmoderno. En estas condiciones coyunturales mundiales se da lugar o estalla la guerra de la Federación de  Rusia contra la República de Ucrania.

 

El argumento de Putin para perpetrar el invasión a Ucrania es que no le ha quedado otra cosa a la Federación de Rusia después de qué la OTAN ha buscado, por todos los medios, avanzar sus establecimientos en plena frontera con la Federación de Rusia, incluyendo recientemente a Ucrania, república a la que habría  promovido para que se incline por su ingreso a la OTAN. El otro argumento usado por Vladimir Putin es que entre Ucrania y Rusia hay una historia común que tiene que ver con la larga historia eslava. Por otra parte, usando argumentos insostenibles, ha criticado a Vladimir Lenin por haber promovido la independencia de Ucrania y de otras naciones, en la concepción del derecho a la autodeterminación de las naciones, comprendiendo la liberación de las naciones y el reconocimiento plurinacional dentro de la misma Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Este argumento insostenible de Putin llega al extremo del imaginario conservador que rescata la concepción imperial antigua del zarismo y reconoce el carácter imperialista ruso de Joseph Stalin.

 

Por otra parte el argumento de la OTAN y de los países que la componen, sobre todo de sus gobiernos, es de que la OTAN defiende las democracias los estados liberales del mundo, la “vida occidental” y la decisión de los pueblos y las naciones de escoger con quienes se integran. Este argumento es hipócrita después de que se sabe que la OTAN ha promovido la destrucción de Libia, la destrucción de Siria, la ocupación de Irak, la destrucción de Yugoslavia. Perpetrando una intervención anticipada, parecida a la que efectúa hoy la Federación de Rusia a la geografía territorial de Ucrania. Tampoco escapa a nadie, al analista perspicaz, de qué la OTAN ha promovido la incorporación de Ucrania a la OTAN, buscando arrinconar a la Federación de Rusia, recurriendo a la amplia estrategia geopolítica de la hiperpotencia de los Estados Unidos de América, que dirige la OTAN. Atacar o mermar la primacía económica de la República Popular de China y evitar una posible primacía hegemonía o dominación a secas, a nivel mundial, por parte de la República Popular de China. Primera potencia ya no solamente económica, sino también potencia militar, tecnológica y científica, en camino a convertirse en otro complejo militar, tecnológico, científico, cibernético y comunicacional, equivalente al de Estados Unidos de Norteamérica. En consecuencia, estamos ante juegos geopolíticos, que no dejan de ser anacrónicos, dado el contexto de la crisis múltiple que asola el planeta, crisis ecológica, crisis de la civilización moderna, crisis del sistema mundo capitalista y clausura del  largo ciclo vigente del capitalismo, también crisis de la forma de Estado nación. Por lo tanto, esto implica no solamente la clausura si no la apertura a otros horizontes transcivilizatorios que requieren los pueblos, las sociedades y, sobre todo, el planeta, que contiene a las sociedades orgánicas y a los ciclos vitales.

 

 

 

 

Notas

 

[1] Revisar Ucrania de la Enciclopedia Libre: Wikipedia. https://es.wikipedia.org/wiki/Ucrania.

 

 

 

 

 

 

 

Clausura civilizatoria y apertura de horizontes

Clausura civilizatoria

y apertura de horizontes

 

Raúl Prada Alcoreza

 

La muerte de las ideologías

Crepusculo astillero

 

 

La muerte de las ideologías

La era de las ideologías ha pasado, así como de las grandes narrativas. Campea el nihilismo, la voluntad de nada, peor aún, el jolgorio de la trivialidad, la proliferación de la simulación cultural, la elocuencia estridente de la banalidad.  Quizás hasta los discursos mismo hayan desaparecido, solo son memoria, recuerdo, de lo que alguna vez se dijo, en un pasado que no se quiere actualizar; pertenece a la búsqueda del tiempo perdido. Ahora ya no importa la pérdida, tampoco el tiempo, menos el espacio; los tejidos espacios temporales son teoría. Lo que importa es la virtualidad, la simulación, mejor aún, la impostura. No importa la realidad, sino hacer creer que ocurre algo, la desinformación, la invención de la noticia, el sensacionalismo de los medios de comunicación. En el mejor de los casos, el teatro político, el carnaval electoral, el deleite en la fama pomposa, espumosa y fugaz, inventada mediáticamente. Nuestra posición sobre toda esta decadencia es el de la deconstrucción, la hermenéutica crítica, y la diseminación, la demolición y el desmantelamiento de las instituciones anacrónicas, los agenciamientos concretos de poder. También el de la crítica de la civilización moderna, civilización de la muerte.  Sobre todo, hay que tomar en cuenta la crítica de la ideología, la máquina fabulosa de la fetichización. En todo caso, si aparece algo parecido a lo que fue la ideología durante los siglos XVIII, XIX y XX, se dan anacronismos; de todas maneras, se observa que hay gente que ni se ha enterado de lo que es la ideología, son personas que creen que el mundo se reduce al oportunismo descarado. A esta gente se la puede señalar como la que asume la política de manera deportiva, convierte la comedia en el espectáculo esmerado de lo grotesco. Por otra parte, cuando la mediocridad se hace del gobierno suele buscar encubrir sus vacíos con el recurso desmedido de la violencia.

A propósito de las esferas

Las esferas siempre estuvieron ahí delante de nosotros, de cada quien, de cada nacimiento. Para saberlo basta ver parte de ella en la contemplación de la bóveda celeste o, de manera completa, mirar al sol de día, aunque sea un rato, mejor de soslayo, y mirar a la luna de noche; a veces se puede mirar a ambos, suspendidos, más allá de la bóveda celeste.  No se requería, entonces que una escuela de matemáticos o de filósofos inventaran o construyeran una esfera artificial, admirada por quienes la contemplan y sienten que han descubierto el secreto centralizado del cosmos.

Esta relación inmediata con el acontecimiento de la existencia y de la vida fue y es la certeza primordial de los seres; son en esa relación fundamental y a través de esa relación son. La interpretación del acontecimiento a partir de esta relación se da como fenomenología del cuerpo. Es más, hasta se puede hablar de una interpretación arcaica inmanente al genoma; su capacidad programática y de reprogramación supone la información del universo, si se quiere, del multiverso. Georges Canguilhem hablaba del saber no evocativo, inherente a la biología. Este reconocimiento equivale a descentrar la egología metafísica de la subjetividad esférica constituida por las religiones del desierto.

 

Saber del devenir, devenir experiencia, devenir saber. Vida, es decir, vivir en el devenir. Pensar en devenir, devenir pensamiento, pensar es devenir. Estos enunciados nos trasladan a la multiplicidad, complejidad y, a la vez, a la singularidad del pensamiento. Se puede decir que se trata de liberar al pensamiento y al pensar de un estereotipo, por así decirlo, el que considera que el pensamiento solo es la relación consigo mismo; ciertamente que lo es, pero de una forma de pensamiento, no de la única, tampoco de la más importante. En todo caso, todas las formas de pensamiento son realizaciones de esta capacidad de pensar, que es parte de las fenomenologías corporales. En los mitos amazónicos se desenvuelve otra forma de pensamiento, el pensamiento del devenir, que se expresa en las proliferantes figuras de las metamorfosis vitales, conformando narrativas de alegorías simbólicas, que se explayan en clasificaciones metonímicas y metafóricas de los acontecimientos vitales. Si, por el momento, provisionalmente, calificamos al pensamiento que se basa en la reflexión y en la relación consigo mismo como pensamiento caracol, pensamiento que se pliega encaracolándose, entonces, podemos, en contraste, también provisional, calificar al pensamiento que se relaciona con la otredad, si se quiere, la exterioridad, como pensamiento mariposa, pensamiento, que asume la metamorfosis como proceso propio para alzar vuelo.   

 

Recurriendo a un esquema ilustrativo que nos ayude a configurar nuestros enunciados sobre el pensamiento, podemos comprender el cuerpo como conexión entre la interioridad y la exterioridad, no del cuerpo, pues el cuerpo se constituye en ambos ámbitos de realización y desenvolvimiento. Para decirlo resumidamente, el cuerpo es un nicho ecológico singular. Entonces, el cuerpo experimenta tanto los fenómenos de la “interioridad” así como los fenómenos de la “exterioridad”; en este sentido, puede desarrollar fenomenologías que partan de la experiencia de la “interioridad” así como puede desarrollar fenomenologías que partan de la experiencia de la “exterioridad”. Para decirlo de una manera figurativa, puede desarrollar formas de pensamiento que sean como el eterno retorno a uno mismo o formas de pensamiento que sean como el desarrollo al eterno retorno a lo distinto, a la diferencia. Exagerando el esquematismo podemos decir que las primeras formas responden a una inclinación egocéntrica, en tanto que la segunda forma responde a una inclinación exocéntrica, relativa de un constante descentramiento.

 

Estar inmediatamente en el acontecer del acontecimiento, en sus devenires, es situarse en la apertura del pensamiento de la alteridad, en otras palabras, pensar la alteridad en el flujo de sus alteraciones permanentes, que también implica pensar la armonización recurrente ante el avatar de sus desequilibrios insistentes. La composición, entonces, de estas narrativas míticas o desenvueltas en la congruencia del mito, inscrito en el origen de las metamorfosis, corresponde a la complementariedad de los seres y de sus ciclos vitales. Al respecto, tomando en consideración, ciertas consecuencias de las configuraciones de las formas de pensamiento, el “egocéntrico” y el “exocéntrico”, sobre todo tomando en cuentas sus inquietudes, ya el propio balance de la filosofía ha concluido que el pensamiento filosófico recae en la sensación deprimente de soledad; en cambio, un provisional balance del pensamiento del devenir y de la alteridad, del pensamiento de la metamorfosis, puede tener la certeza de que el pensamiento devenido de la experiencia de la “exterioridad” recae en la sensación de acompañamiento, de complementariedad, relativas a los entrelazamientos, conexiones y articulaciones de integraciones mayúsculas vitales. Exagerando nuevamente el esquematismo, podemos sugerir que el pensamiento “egocéntrico” ha llevado, no pocas veces, a la angustia, en cambio el pensamiento “exocéntrico” lleva a la alegría de vivir.

Al respecto, de lo que acabamos de escribir, sobre la diférance, usando metafóricamente el concepto de Jacques Derrida para comprender los desplazamientos imperceptibles, pero, que hacen a la diferencia misma, como acontecimiento de la repetición y en la repetición dar lugar al acontecimiento de la diferenciación, podemos establecer que entre el pensamiento egocéntrico y el pensamiento exocéntrico hay como un campo de diferencias y diferenciaciones, en unos casos imperceptibles, en otros casos perceptible. Por lo tanto, no es que se trata de pensamientos que se oponen, que entran en contradicción; tampoco que se da lugar  una dialéctica, donde se pasa de la tesis a la antítesis y de aquí a la síntesis, que supera las contradicciones; sino que hay que comprender las fenomenologías de estas formas y formaciones de pensamiento desde la perspectiva de la complejidad, vale decir, desde la complementariedad implícita de estas fenomenologías, complementariedad que aparece en las dinámicas mismas de la complejidad, por lo tanto en la fenomenología compleja corporal y de los entrelazamientos corporales. En consecuencia, no es que el pensamiento exocéntrico ignore o se desentienda completamente del pensamiento egocéntrico, pues, de alguna manera, lo contiene, se encuentra implícito, empero, articula esta posibilidad al desenvolvimiento espontáneo del pensamiento exocéntrico. En este caso el cuerpo, aunque es la bisagra, por decirlo figurativamente, entre la experiencia de la interioridad y la experiencia de la exterioridad, fluye y se desenvuelve como intérprete de la experiencia de la exterioridad, de los entrelazamientos corporales y ciclos vitales, que hacen de condición de posibilidad existencial del mismo cuerpo intérprete.

 

En lo que respecta al pensamiento egocéntrico, a la fenomenología basada en el relacionamiento consigo mismo, al encaracolamiento subjetivo, ocurre que tampoco ignora la posibilidad del pensamiento exocéntrico, empero, lo exorciza o, en su caso, dependiendo, lo inhibe hasta enmudecerlo. Aunque aparecen deformaciones, podríamos decirlo, notoriamente restringidas de lo que podría haber sido el pensamiento exocéntrico, por ejemplo, con el desarrollo del empirismo. El empirismo no deja de ser pensamiento egocéntrico, no deja el relacionamiento consigo mismo, lo que pasa es que considera la experiencia de la exterioridad a partir de la racionalidad instrumental, como campo de experimentación, donde hay que contrastar las hipótesis del pensamiento ensimismado. De lo que decimos no se puede concluir, de ninguna manera, que hay que desentenderse del pensamiento que se basa en el relacionamiento consigo mismo, sino que se trata de comprender la complementariedad de los ámbitos de la experiencia, la complementariedad de las formas de pensamiento; comprender que el pensamiento corresponde al conjunto de operaciones de interpretación del cuerpo respecto a sus entornos, “íntimos” y “externos”.  Por eso, podemos decir que un pensamiento egocéntrico es un pensamiento restringido, en tanto que un pensamiento exocéntrico, si no desarrolla formas de relacionamiento consigo mismo, no termina en lograr completarse, no llega a ser pensamiento completo, integrado y articulado en el despliegue se sus dinámicas complejas.

 

 

El derrotero de los fundamentalismos

 

Todo fundamentalismo lleva al crimen. La compulsión fatalista por defender los “fundamentos», la conjetura insostenible de una premisa primera, originaria, inicial, como si fuese certeza indiscutible, justifica el asesinato, pues se supone que la idea de finalidad justifica los medios usados, incluso los del crimen, el homicidio, el genocidio, el etnocidio y el ecocidio. Este comportamiento muestra patentemente que los fundamentalismos son, prioritariamente, la inclinación argumentativa al crimen. Se trata de una apología elaborada, religiosa, de la violencia, sobre todo de la violencia descomunal, la más destructiva. El fundamentalismo es la expresión discursiva y práctica de la consciencia desdichada, del sujeto desgarrado en sus contradicciones, del espíritu de venganza, en el fondo, de la consciencia culpable. Con el fundamentalista ocurre como con el religioso en éxtasis enajenado, que se cree culpable debido al pecado original; el fundamentalista se considera culpable por haber nacido, entonces la violencia extrema por defender su proyecto queda corta ante la extrema exigencia de entregar todo por la causa, que en el fondo es la causa de su propia salvación o de su propia justificación ideológica ante los avatares de su dramática vivencia.

 

Hay pues una diferente radical entre la rebelión y el fundamentalismo; la rebelión es espontánea y alegre; se trata del impulso vital por dejar fluir la potencia de la vida; en cambio el fundamentalismo es la puesta en escena de los sacerdotes de la “verdad”, los inquisidores recurrentes y repetidos intermitentemente. El fundamentalismo nace con la incrustación de su desenlace fatal o trágico, la destrucción de su entorno y, después, su propio suicidio.

 

También se dan expresiones destructivas menores al fundamentalismo, los discursos barrocos y las mezcolanzas diletantes ideológicas. En este caso hay, más bien, una inclinación al pragmatismo y al oportunismo. Los sujetos de este barroco ideológico no son tan fanáticos como los fundamentalistas, aunque hagan más teatro desgarrándose las vestiduras, pero llegado el momento no se las juegan, prefieren huir o, en su caso, negociar. El problema de este barroco ideológico y pragmatismo político es que en el espectáculo estridente de los medios de comunicación se presentan despavoridamente radicaloides; sus inocentes interlocutores convocados se dejan engatusar por esta comedia y sostienen la algarabía política de los comediantes.

 

Tanto el fundamentalismo trágico como el barroco ideológico y diletante suplantan y usurpan, inhibiendo la potencia creadora de la rebelión. Confunden al pueblo y castran su capacidad lucha. Por estas circunstancias desmoralizantes del teatro político y del barroco ideológico es indispensable la crítica deconstructiva y la diseminación de los dispositivos de los fundamentalismos, los oportunismo y diletantismos.

 

 

La desaparición de la política

 

Varias veces dijimos que la política había desaparecido en las condiciones de la decadencia de la modernidad tardía del sistema mundo capitalista, en la fase, de su ciclo largo, de dominancia del capitalismo financiero, especulativo y salvajemente extractivista. Ahora volvemos a reiterar esta apreciación de lo que ocurre en ese ámbito de la realización de la democracia, entendida como gobierno del pueblo. Aunque, a lo largo de la modernidad, en los límites de la democracia restringida de la democracia formal, representativa y delegativa, no se logre el gobierno del pueblo, vale decir, el autogobierno del pueblo, de todas maneras, el ejercicio de la democracia avanzó por las conquistas sociales de los derechos sociales, colectivos, de género, humanos, ampliando notoriamente el campo del ejercicio de la política. Sin embargo, a partir de un momento o punto de inflexión, si se quiere, momentos y puntos de inflexión, que, como una serie en plena caída y comienzo de la decadencia, la política se suspende, levita, para terminar de desaparecer. Como anota Jacques Rancière la política es inmediatamente el equivalente de democracia y la democracia es la realización misma de la política. Entonces, si desaparece la política también desaparece la democracia.

 

También hemos dicho que se ha sustituido la democracia por la impostura de las prácticas paralelas del poder, que tienen que ver con la economía política del chantaje, la expansión intensiva de las relaciones clientelares y prebéndales, la corrosión institucional y la corrupción galopante.  Por consiguiente, asistimos en plena decadencia del sistema mundo capitalista, que contiene como subsistemas al sistema mundo cultural y al sistema mundo político, al desenvolvimiento de las formas de la decadencia, donde la política es sustituida por el teatro grotesco de la comedia politiquera, difundidas por los medios de comunicación. En esta perspectiva, también anotamos que el lado oscuro del poder no solamente ha atravesado al lado luminoso o institucional del poder, sino que lo controla; del mismo modo, el lado oscuro de la economía no solamente se encuentra en las periferias de la economía institucional, sino que, además de atravesarlo, lo controla y lo domina. Por lo tanto, en las farándulas electorales no se asiste, de ninguna manera, al despliegue de práctica políticas, sino al despliegue de prácticas clientelares, prebéndales, corrosivas y de corrupción, donde la política brilla por su ausencia y la democracia es un cadáver donde saltan los saltimbanquis, las agrupaciones, cofradías y partidos políticos, que nos son más que dispositivos de poder de las dominaciones polimorfas, en plena decadencia de la civilización moderna y de las sociedades institucionalizadas barrocas, demolidas por su propio derrumbe ideológico, cultural, ético y moral.

 

Como dice el refrán popular, sobre lo llovido mojado. A la decadencia política se suma la tragedia y el drama proliferante de la pandemia; la cual pone en evidencia la vulnerabilidad patente del sistema mundo de salud, además del mismísimo sistema mundo capitalista, que se vio parado, detenido, por la intervención insoslayable del virus. Los síntomas de la decadencia de estos sistemas mundos se hace notorio cuando los Estados, las empresas, en vez de asociarse y responder mancomunadamente ante una catástrofe apocalíptica, lo hacen como acostumbran, extendiendo su irracionalidad, compitiendo entre empresas y estados por la vacuna contra el Covid 19. Ya, antes, las burguesías nacionales, evidenciaron su comportamiento irracional frente a la crisis de sobreproducción, donde, en vez de limitar sus producciones nacionales y acordar cuotas de producción se lanzas a una mayor productividad y producción desatando el ahondamiento de la crisis de producción, administrada por intermitentes crisis financieras. Lo mismo ocurre en la exploración espacial del Cosmos, donde sus mezquindades, miserias humanas y competencias egoístas preponderan, en vez de convertir la aventura espacial en una proyección de la humanidad y en un aprendizaje transformador por parte de la misma. En consecuencia, la modernidad tardía ha ingresado plenamente a lo que hemos llamado la etapa de la periclitación del sistema mundo capitalista, en varias formas y estilos; por ejemplo, se ha entrado de lleno a lo que hemos llamado el ejercicio de la antipolítica, también de la antiproducción, así como se ha ingresado al nihilismo más extremo del vaciamiento cultural, entrando ampliamente y desbordantemente al sistema mundo de la banalidad cultural. Así mismo se ha caído en el vaciamiento ideológico, es decir a la ausencia absoluta de ideas, también de imaginación, donde en vez de ideología se pronuncia el gesto sin sentido de la inercia balbuceante del ruido, que no dice nada, pero hace eco en los medios de comunicación.

 

Neopopulismos y neoliberalismos se manifiestan elocuentemente en las formas de la decadencia política e ideológica de la contemporaneidad sin horizontes. Se trata de las nuevas formas del derrumbe ético, moral, político y cultural del circulo vicioso del poder; antes, asombrosamente, las formas, aparentemente opuestas, del liberalismo y el socialismo, evidenciaron su participación en un mismo esquema dual del mismo modo de producción, el capitalista. Ahora, se trata de formaciones discursivas barrocas, una con pretensiones de justicia social, otra con pretensiones institucionales, empero, dadas vacuamente en momentos donde la convocatoria social es una excusa para legitimar a las mafias del poder, y cuando la institucionalidad ha sido completamente corroída y prácticamente desmantelada. Entonces, ambas formas discursivas no son más que dos versiones de una pronunciación demagógica al servicio de la burguesía rentista y de las burguesías tradicionales en decadencia.  Ambas poses políticas no son más que dispositivos discursivos que encubren sus sumisiones y servicios al modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente.

 

 

 

La marcha fúnebre del despotismo decrépito

 

Las miserias humanas se hacen patentes en los comportamientos crápulas. La falencia absoluta de valores, la vacuidad abismal de hombres sin cualidades ni atributos, es decir la mediocridad preponderante de perfiles amorfos, arrastra a gente sin horizontes al oportunismo político y al pragmatismo perverso. Esta gente se desenmascara o hace patente su decadencia cuando se encuentra en función de gobierno.

 

El poder, el objeto oscuro del deseo, incumplible, por cierto, es el sueño delirante de gente sin imaginación, salvo la compulsión exacerbada por dominar y vengarse. Consciencias desdichadas, desgarradas por atroces contradicciones, buscan desesperadamente consuelo a sus acumuladas frustraciones y terribles complejos en el uso de la violencia del terrorismo de Estado. La mediocridad, agazapada en el poder, solo tiene como salida a sus tormentos y paranoias en el crimen.

 

Sin ideología, pues ésta ha muerto, sustituyendo el hueco del sin sentido con balbuceos y mezcolanzas discursivas improvisadas. Creen que pueden justificar sus actos inconstitucionales con propaganda desgastada y publicidad estridente. Estos son, en el fondo gritos de miedo, que delata su abrumadora cobardía.

 

Estos déspotas tardíos y decrépitos se disfrazan, queriendo imitar sin talento perfiles políticos pasados, convirtiendo la política en un carnaval crepuscular y en un teatro burlesco. La decadencia ha llegado lejos, destruye lo poco que queda; es una marcha fúnebre que lleva en hombros el cadáver del Estado.

 

 

Lo grotesco político y el desenlace de la decadencia

 

La comedia política tiene su historia, data desde cuando la política comienza a convertirse en espectáculo, en teatro para distracción de los espectadores. Incluso tiene su antecedente en el Coliseo romano, donde el espectáculo sangriento de batallas a muerte entre gladiadores no solo hacia delirar al público asistente, sino expresaba el mensaje del poder del Imperio: La vida es postergación de la muerte, sobrevive el más fuerte. Tal como interpreta Peter Sloterdijk en Esferas II. Entonces, el teatro político, sobre todo la comedia política lanza un mensaje al pueblo espectador: La vida no vale nada, lo que vale todo es acceder al gobierno y conservarlo.

 

En la medida que la comedia política se deteriora, en plena fase decadente de la casta política y de sus mismos papeles y funciones anacrónicas, que sobran, que están demás, en la medida que se pasa al grotesco político, la comedia es cada vez más abrumadoramente insulsa y descaradamente forzada y falaz. Se judicializa la política, se criminaliza la protesta, se descalifica las posiciones y opiniones adversas. Solo se acepta una “verdad», la oficial, la montada por jueces y funcionarios corruptos, con el apoyo de medios de comunicación sensacionalistas.

 

La paranoia del poder no se queda ahí, ejerce el terrorismo de Estado. No solamente se satisface con el control del monopolio institucional de la violencia, sino que requiere desatar la violencia demoledora del Estado contra todo lo que considera enemigos, incluso llegando al extremo estrafalario de perseguir a sus propias sombras, que contiene sus propios miedos y terrores como efluvios de sus propios complejos insuperables.

 

Es cuando la muerte de la política se ha prolongado en el ritual anacrónico del sacrificio, es decir del crimen. Los jerarcas del poder senil y estéril no pueden irse sin arrasar con todo, sin destruir lo que queda, sin incinerar los bosques, sin contaminar las cuencas, sin depredar los suelos, sin martirizar al pueblo.

 

Ante esta destrucción de la comedia política grotesca el pueblo tiene la responsabilidad de acabar con el círculo vicioso del poder, retirar del escenario a los comediantes políticos, desmontar las máquinas de poder, clausurar la impostura política. Si no lo hace será arrastrado al abismo por la casta política decadente, en su crepúsculo ensangrentado.

 

 

Lecciones no aprendidas y suicidio político

El neopopulismo reforzado, en su reciente gestión de gobierno, ya se encuentra abruptamente en crisis. No se dio cuenta que la victoria electoral no le correspondía a su partido sino al repudio al “gobierno de transición”, también a la resistencia de los ninguneados por el entorno palaciego y la jerarquía corrupta de su partido, así como a la disposición de las organizaciones sociales que postularon como candidato a la presidencia a David Choquehuanca. Tampoco se dieron cuenta que en la rearticulación de fuerzas se encontraban sectores sociales populares francamente antimasistas y antievistas. Simplemente, sin haber aprendido las lecciones de su derrota ante una intermitente movilización social, desde la crisis del “gasolinazo”, de su implosión anunciada desde el conflicto del TIPNIS, creyeron que recuperaban el poder que se les escapó de las manos, cuando fueron arrinconados por movilizaciones nacionales y una insurrección que emergía desde abajo, en todos los niveles institucionales de emergencia y no institucionales ciudadanos. Bajo una premisa política equivocada, que más se parece a la desesperación compulsiva por el poder, se aposentaron a empellones en el gobierno los del entorno palaciego, arrinconando nuevamente a la gente de la resistencia y movilización contra el “gobierno de transición”, a quienes les deben el haber vuelto sin merecerlo, además de deberles la victoria electoral.

Sin más las fraternidades de machos, anacrónicos y oportunistas, atacaron a los referentes de la resistencia al “gobierno de transición” – que hay que diferenciar de la resistencia al gobierno de la implosión política, del desmantelamiento de la constitución y del fraude electoral, que es anterior -, y de la compensación de fuerzas en equilibrio de los órganos de poder del Estado.  Atacaron a la líder de la ciudad de El Alto y de la resistencia aymara, apoyada por el combativo guerrero aymara Felipe Quispe, que falleció hace poco. Sobre todo, la atacaron por celos y por ser mujer. Estos machos angurrientos creyeron que, como antes, bastaba la proximidad aduladora al caudillo caído, para conseguir el beneficio de la farándula electoral. Se equivocaron; la ciudad de El Alto votó por la mujer referente de la resistencia aymara, en contra de las groseras manipulaciones y maniobras de los machos enardecidos, oportunistas y clientela desorbitada del caudillo déspota, caído en desgracia.

Ahora, sin haber aprendido las lecciones de su derrota, de su implosión y caída, se lanzan a una aventura conspirativa estatal, usando los dispositivos judiciales y policiales bajo su control. Apuestan a que la jugada y el montaje político, policial y judicial les vuelva a salir bien, consiguiendo los efectos esperados, como antes, cuando sorprendieron a la opinión pública con montajes de servicios secretos del descomunal, autoritario y terrorista de Estado de otro “gobierno progresista”. Se equivocan, la historia no se repite, tampoco la conspiración es la clave para los desenlaces. Lo que pasa es que se da, en algunos momentos de predisposición de fuerzas, como una coincidencia con la resultante de la correlación de fuerzas puestas en concurrencia. Este no es el caso ahora; la correlación de fuerzas no pone en ventaja al gobierno, menos al entorno de conspiradores incrustados. Una vez aposentados en el gobierno las marionetas del entorno palaciego, las fuerzas articuladas en la resistencia y las movilizaciones, organizadas para afrontar las elecciones, se dispersaron, desencantadas ante la evidencia del eterno retorno de lo mismo, la putrefacta decadencia política y la inercia endémica del círculo vicioso del poder.

 

 

 

¿Cómo funciona el poder?

En realidad, el poder no funciona, es disfuncional, se opone a la sociedad, que es esencialmente alternativa. Por eso tiene que imponerse, dominar, controlar, vigilar, castigar, disciplinar, marcar y reprimir. Tiene que aparentar que funciona, por eso se institucionaliza de manera pretenciosa y desmesurada, presentándose como eterno, casi como sustituto de Dios. Por eso, se expresa en ley, para legalizar su propia ilegitimidad. Pero el poder no solamente es una máquina abstracta, sino es, sobre todo, una heurística instrumental de agenciamientos concretos de poder, además de ejercerse y efectuarse singularmente. Hay formas de poder y distintos planos de intensidad donde se realiza; por eso se dice que el poder es polimorfo. Se ha situado en el Estado a la forma de poder nacional, aunque no se puede decir que es la forma de poder por excelencia, pues todas las formas de poder son complementarias, actúan articuladamente reforzándose; por ejemplo, las estructuras patriarcales de dominación se refuerzan y adquieren irradiación en las estructuras familiares, es más, en el campo escolar. Yendo más lejos, en el Estado adquieren las estructuras patriarcales proyección espacial y temporal, afectando a los cuerpos, incidiendo en las conductas y comportamientos de tal manera que constituye sujetos dominados, controlados y moldeados de acuerdo a las finalidades que se traza el poder. La forma de gubernamentalidad clientelar reproduce, de manera perversa, las estructuras de dominación patriarcal, llevando al extremo la dominación masculina con la imposición delirante del mito del caudillo, el pretendido mesías político. No solamente se repite abusivamente la dominación de las fraternidades de machos contra la mujer, sino que se “feminiza” a los hombres, convirtiéndolos en sumisos soldados obedientes sin pensamiento y voluntad propia, así como se ha pretendido reducir a las mujeres a sujetos sumisos, obedientes y respetuosas, además de domésticas, de los hombres, que son sus dueños. Las otras formas de gubernamentalidad, por ejemplo, la liberal y neoliberal, también son patriarcales; al respecto de la dominación masculina, tienen mucho en común con la forma de gubernamentalidad clientelar populista y neopopulista. Empero, tienen sus propias singularidades, por ejemplo, la pretensión de legitimar la dominación masculina en la expresión jurídica y política del Estado de Derecho, donde, a pesar del reconocimiento, reciente, de los derechos de la mujer, se mantiene su subalternidad y subsunción a las estructuras de dominación de las fraternidades de machos. La forma de gubernamentalidad del socialismo real también se refuerza con las estructuras patriarcales tradicionales, en la lamentable recurrencia a la figura, también mesiánica, del “gran timonel”. Esto a pesar de que al comienzo las mujeres adquieren cierto protagonismo en las acciones, movilizaciones y ejercicios prácticos en el trabajo y la política. De la misma manera las estructuras de dominación colonial se refuerzan con la recurrencia a las estructuras patriarcales. La economía política colonial desvaloriza al hombre y la mujer de “color”, inventándose un “hombre blanco” como símbolo imaginario de la civilización, cuando todos los humanos son de “color”, tienen un color de toda la gama epidérmica. Ocurre como en toda economía política, se desvaloriza lo concreto y se valoriza lo abstracto. Lo peculiar del caso es que en las llamadas sociedades poscoloniales se prolonga la dominación colonial en las versiones de la colonialidad. Es más, en las formas de “gobiernos progresistas” se prolonga la colonialidad de manera paradójica; a nombre de la “descolonización” se sigue colonizado a las naciones y pueblos indígenas, reducidas a mera mención propagandista, mientras se desconoce sus derechos territoriales, institucionales, políticos y culturales, consagrados por la Constitución Plurinacional Comunitaria y Autonómica. Cuando las formas de gubernamentalidad entran en crisis también entran en crisis las formas de poder complementarias y articuladas. Es cuando se hace evidente que son fachadas impuestas contra las sociedades, esencialmente alternativas. Empero, el poder se reúsa a dejar sus máscaras, sus disfraces, sus armaduras y sus mitos. Se aferra desesperadamente a sus artefactos anacrónicos, quiere restaurar el prestigio de las instituciones, en vez de transformarlas, se aferra al mito del caudillo, patriarca otoñal y estéril, se agazapada en el juego político, reviviendo la forma de partidos, que ya han patentizado su inutilidad para representar y responder a las demandas del pueblo. En estas circunstancias, en la medida que son inútiles los esfuerzos por volver a una supuesta época dorada del poder, la maquinaria abstracta y los agenciamientos concretos de las dominaciones recurren a sus medidas de emergencia, que evidencian en núcleo oculto de Estado de excepción en toda forma de Estado. Entonces se habría vuelto al principio constitutivo del Estado, la guerra.

 

 

     

 

 

 

   

Política y narración

Política y narración

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Política y narración

 

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En resumidas cuentas, se puede decir que la política se circunscribe a los ámbitos de la acción, en tanto que la narración se puede circunscribir a la interpretación; interpretación elaborada como mythos, es decir como trama, la construcción del sentido desde la configuración paradigmática y sintagmática. La política en tanto prácticas y acciones, puede también tomarse como pre-narrativa, cohesionada como estructura semántica de la acción, por mediación simbólica. Sin embargo, si bien parece esta condición pre-narrativa y esta condición narrativa mostrasen cierta analogía, ésta no es más que reminiscencia a parecidos en las formas de expresión del lenguaje. Para decirlo de una manera clara, las expresiones pre-narrativas se diferencian cualitativamente de los campos semánticos de la narrativa. Partiendo de esta diferencia radical no dejan, sin embargo, de darse analogías estructurales entre las estructuras semánticas de la acción y las estructuras semánticas de la narrativa.

En primer lugar, al hablar de estructuras semánticas señalamos la construcción del sentido desde la manifestación de las acciones mismas hasta el desenvolvimiento de la misma interpretación narrativa. Se trata de la lectura, por así decirlo, por parte de los agentes involucrados en las acciones, tanto como actores, así como espectadores, para decirlo de ese modo. En otras palabras, las acciones son leídas o percibidas como símbolos que se enlazan en algo así como una pre-narrativa.

Ahora bien, tomando en cuenta lo que acabamos de decir, vamos a pasar a analizar la relación entre política y narración. Volviendo, retomando a la política no solo como campo, en plural como campos, sino como ámbitos de espesores de acciones, las prácticas políticas o, si se quiere, las prácticas de la clase política son consideradas por la gente como acciones ya vistas, incluso repetidas. Estas prácticas políticas conllevan, de suyo, estructuras semánticas inherentes a la memoria social.  Es más, son tomadas como composiciones simbólicas reiteradas y repetidas. El tema es el siguiente: Cuando los políticos explican sus acciones mediante discursos, la gente encuentra disonancias entre lo que dicen y lo que hacen. Pero, las acciones como tales mantienen su independencia, por así decirlo, respecto de los despliegues de la narrativa. Partamos del siguiente criterio: Cada práctica, cada acción, supone su propia singularidad. Por lo tanto, el conjunto de prácticas, que se dan en un momento determinado y en un contexto dado, tiene que ser interpretado y, sobre todo, auscultado en su singularidad. Ahora bien, ¿qué es una singularidad? Obviamente es única, irrepetible, empero, una composición de singularidades puede parecerse a otra composición de singularidades fácticas. ¿A qué concreta composición de singularidades nos referimos o la tenemos como referente? Bueno, el referente ineludible son los hechos políticos, si podemos hablar así. En todo caso, valga la aclaración, los “hechos políticos” no son, obviamente, puramente hechos, pues están enmarañados con los discursos, que tienen pretensiones de verdad, es decir, están enmarañados con fragmentos ideológicos. Sin embargo, ahora acentuamos su configuración en la parte de su composición fáctica. Partamos de lo siguiente, los hechos no se dan solos, un hecho no aparece ni se realiza solo, sino que viene acompañado por otros hechos, es decir, forman una composición fáctica.

Una pregunta: ¿Una composición gubernamental puede considerarse una composición fáctica política? Es decir, una composición de hechos políticos. Bueno, en este caso, podemos decir que se trata de un conjunto de composiciones de hechos, que se articulan y conforman una situación política, expresada en el perfil del gobierno. Concretamente, respecto al perfil del “gobierno de transición”, qué nos muestra, qué expresa, qué configura. Para responder a estas preguntas debemos aclarar también que estamos lejos de interpretar un perfil de gobierno solo desde la clasificación de sus integrantes, sobre todo tratándose del gabinete. Un perfil de un gobierno se remite a la forma de gubernamentalidad inherente o que, por lo menos, sugiere. ¿A qué forma de gubernamentalidad se remite el “gobierno de transición”?

Volviendo a la estructura subyacente en el perfil gubernamental, no así, como dijimos, al perfil de las personas que componen el gabinete, nos encontramos tanto con la herencia política dejada por las gestiones de gobierno de Evo Morales Ayma, así como – lo diremos metafóricamente – con la nostalgia de los gobiernos de la coalición neoliberal. Entonces, ocurre como si se estuviera en el cruce de dos formas de gubernamentalidad inherentes, la forma de gubernamentalidad clientelar y la forma de gubernamentalidad neoliberal, sin lograr definir claramente la predominancia de una forma de gubernamentalidad. Al respecto, debemos discernir la diferencia entre la forma de gubernamentalidad clientelar y la forma de gubernamentalidad neoliberal. Por cierto, no hablamos de la diferencia de las formas ideológicas, sino de la diferencia de las formas de gobernar.

En otros ensayos habíamos dicho que la forma de gubernamentalidad clientelar hace hincapié en el factor emocional, en el chantaje emocional, también en la convocatoria simbólica, en la convocatoria del mito. En cambio, dijimos que la forma de gubernamentalidad neoliberal hace hincapié en la demagogia “técnica”, exaltando la pretensión de verdad “científica” de la “ciencia económica”. También se recurre, en este caso, a la tesis conocida y trillada de la mano invisible del mercado, así como a la tesis del libre mercado, del mismo modo, a la tesis de la competencia. No solo se opta políticamente por el ajuste estructural neoliberal, es decir a la opción por la privatización generalizada, sino que, incluso, privatizan al propio gobierno, convirtiéndolo en un conglomerado empresarial. Empero, esto acontece en plena dominancia del capitalismo financiero y especulativo; dominancia que, efectivamente, termina predominando en el quehacer gubernamental neoliberal; es, entonces, el capitalismo financiero y especulativo el que se ejecuta, sostenido una maquinaria depredadora extractivista.

Hasta aquí hay notorias diferencias entre la forma de gubernamentalidad clientelar y la forma de gubernamentalidad neoliberal. En ensayos anteriores señalamos que, en el fondo, la forma de gubernamentalidad clientelar y la forma de gubernamentalidad neoliberal son complementarias. Dijimos que son complementarias en la administración del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente. También hicimos notar que, si bien se puede hablar de forma de gubernamentalidad, destacando el estilo de gobierno, sus métodos, sus técnicas y procedimientos particulares, no hay que olvidar que las formas de gubernamentalidad pueden entrecruzarse y hasta volverse mixtas. Por ejemplo, si bien en la forma de gubernamentalidad clientelar se resalta el chantaje emocional y la convocatoria del mito, esto no quiere decir que se deja del todo los referentes neoliberales, incluso sus políticas. Lo mismo o algo parecido podemos decir de la forma de gubernamentalidad neoliberal; si bien en esta forma de gobierno se resalta la pretensión “técnica”, no quiere decir que no se desplieguen prácticas clientelares, aunque en una intensidad menor. Por lo tanto, cuando se configura la forma de gubernamentalidad como perfil diferencial la configuración funciona más como tipo ideal que de composición efectivamente realizada.

 

 

Sobre la narrativa política

Hablemos sobre la formación discursiva política, obviamente en las condiciones actuales y en el contexto boliviano. En esta formación discursiva política aparecen las tonalidades, modalidades, colores, tendencias y matices. Lo que sobresale en este conglomerado entrecruzado es el perfil de victimización del locus de los que emiten el discurso, sean de “izquierda” o se señalen como “derecha”, sean neopopulistas o sean neoliberales, incluso sean “ancestrales” o “conservadores”. El discurso parte de la siguiente premisa: “Yo soy la víctima, he sido agredido, humillado, discriminado, perseguido, asesinado”. En contraste, posición opuesta, se coloca al agresor, al humillador, al discriminador, al perseguidor, al asesino. Entonces, se puede decir que el substrato de esta formación discursiva política es la antigua narrativa religiosa de los “pobres de la tierra”, cuyo esquematismo narra la lucha del bien contra el mal.

Por ahora, no se trata de hacer una arqueología de la formación discursiva política, sino de comprender su funcionamiento y su desplazamiento, sobre todo, su despliegue en el campo político boliviano, en la actualidad y en la coyuntura presente. En primer lugar, se trata de legitimar al emisor del discurso, que casi siempre tiende a colocarse como denunciante. Supuesto: La víctima tiene la verdad, en consecuencia, el agresor es la pura mentira. Una aclaración, la víctima no solamente es el sujeto inherente al discurso de “izquierda”, sino también lo es inherente al discurso de “derecha”. Ambos discursos invierten el lugar y la condición de víctima, además del lugar del agresor. En este caso, en la singularidad de esta semántica, el enemigo no solamente es el infiel, el monstruo moral, el hereje, como en el discurso religioso, sino en el el discurso político es el agresor, el sujeto del oprobio, el asesino. Ahora, yendo a los discursos singulares, se ponen en evidencia estos esquematismos dualistas. Por ejemplo, el esquematismo dualista reiterativo implícito en el discurso de los actuales y “transitorios” oficialistas. Se colocan en el pasado inmediato como víctimas del autoritarismo del “gobierno progresista”, considerado como tirano.

Viendo desde una perspectiva integral, observamos que los enemigos comparten más de los que creen que los diferencia; incluso comparten arquetipos subyacentes de la narrativa política. Antes dijimos que los enemigos se necesitan mutuamente, pues no serían nada el uno sin el otro; se necesitan para legitimar su lugar en el enfrentamiento, en la guerra interminable entre enemigos irreconciliables. Pero sobre todo se necesitan para legitimar su lugar en la estructura de poder.

    

La revolución truncada

La revolución truncada

Raúl Prada Alcoreza

 

 

La revolución truncada

 

Orlando Arias

 

 

 

Como dijimos en otros ensayos, asistimos a una revolución pacífica[1], que derivó en la renuncia del caudillo déspota y la huida de su entorno palaciego. Después vino la reacción de las muchedumbres y masas afines al MAS, en pleno desconcierto, sin oriente, ni occidente, sin norte, ni sur. Esta segunda etapa del conflicto político, institucional, constitucional y relativo al fraude electoral, derivó en el acuerdo por la pacificación y en la convocatoria a elecciones sin los susodichos candidatos cuestionados por el referéndum de 2016. Esta decisión fue tomada en el Congreso, de mayoría masista, por 2/3, y por el ejecutivo.  La revolución pacífica, que también fue un a revolución afectiva, de las sensaciones y los sentimientos, sobre todo de las composiciones intersubjetivas, nacidas del substrato intercultural y multicultural boliviano, iba, se orientaba, hacia otros desenlaces, más propios al contenido mismo de la revolución, empero, como ocurre en los desenlaces políticos, la resultante se limitó al los alcances de los límites institucionales mismos, también de los límites impuestos por el bagaje de prejuicios, así como de los límites delimitados por la ideología, la que legitima las dominaciones vigentes. En concreto, la salida a la crisis política y constitucional, además del fraude electoral, fue la sustitución constitucional, conformándose un gobierno de transición, encargado de convocar a elecciones y garantizar la realización de éstas. Entonces, se puede decir que la revolución se truncó, no desplegó todas sus posibilidades, toda su potencia social; al contrario, se estancó en la institucionalización de una salida constitucional, relativa a la sustitución presidencial, olvidando que había otras salidas, también constitucionales, contempladas en la misma Constitución, como, por ejemplo, el ejercicio de la democracia participativa, directa, comunitaria y representativa.

Ocurrió, simétricamente, lo que pasó el 2005. La movilización prolongada (2000-2005) se orientaba a una salida autogestionaria y de autodeterminación popular, buscando transformaciones estructurales e institucionales, descolonizadoras y liberadoras, sin embargo, la correlación de fuerzas, combinada con la herencia institucional, derivó en elecciones que llevaron a la presidencia a un caudillo neopopulista. El proceso constituyente, particularmente la Asamblea Constituyente, se movió en sus propias contradicciones, entre ser poder constituyente o poder constituido, ser Asamblea originaria o ser Asamblea derivada. Estas contradicciones, irresueltas, se cristalizaron en obstáculos políticos, que obstruyeron la realización de la Constitución, una vez promulgada. El gobierno en ejercicio optó por el camino del pragmatismo y el realismo político, disminuyendo, en su accionar, los alcances de la Constitución. En consecuencia, se conformó una forma de gubernamentalidad clientelar, que prefirió la compulsiva propaganda y publicidad, pretendiendo sustituir con esta compulsión mediática la realidad efectiva. En este caso, la revolución de aquel entonces, la movilización prolongada, se truncó, congelándose en la simulación y espejismo político.

Lo que ha ocurrido suena a ironía histórica-política[2]; dos revoluciones, por cierto, distintas, en sus contenidos, en sus formas, en el contexto y en sus coyunturas, terminan truncadas por la usurpación de parte de la casta política de los despliegues de la potencia social, creativa, inventiva y alterativa. La ironía radica en lo que le ocurrió a Gonzales Sánchez de Lozada, presidente de la coalición neoliberal, hasta el 2003, le ocurre también a Evo Morales Ayma; son derrocados por movilizaciones sociales. Sabemos que la historia no se repite, sino que, a pesar de las analogías, las diferencias se hacen notorias. El gobierno derrocado el 2003 era neoliberal, el gobierno derrocado el 2019 era “progresista”; ambas formas de gubernamentalidad entraron con anterioridad en decadencia. Algunos escenarios parecen repetirse, sin embargo, el contexto y la composición de los eventos los hace diferentes; por ejemplo, lo que ocurre en Senkata, en la planta de YPFB de la ciudad de El Alto.  El 2003 se produce una masacre con el ingreso violento del ejército y la policía a la planta de YPFB, que se llevó 81 vidas; algo parecido parece suceder el 2019, que se cobró la vida de  por lo menos 9 muertos, empero, lo que pasa es después de la caída de Evo Morales y después de la sustitución constitucional del gobierno de transición. El bloqueo de Senkata no se daba por la nacionalización de los hidrocarburos, como en el caso de 2003, sino en principio, en defensa de la Caudillo derrocado, después pidiendo la renuncia de la presidenta Janine Añez. El desenlace sangriento no derivó en la caída de la flamante presidenta, sino en un acuerdo de paz. ¿Qué nos dicen estas diferencias?

Primero, no hay que olvidar, en el análisis comparativo, que el gobierno clientelar había implosionado o sufría de una implosión, más o menos lenta, desde que se constata sus regresiones, retrocesos y, lo peor, sus restauraciones. Cuando estalla la crisis constitucional, institucional y del fraude electoral era ya un gobierno insalvable, haga lo que haga, incluyendo a su desesperado recurso del fraude electoral. En todo caso, el bloqueo de Senkata defendía algo que ya había muerto. Ya no se podía alterar el decurso del acontecimiento político. Y parece que tampoco se puede alterar lo que viene, la realización de las elecciones sin los candidatos cuestionados y en exilio.

Segundo, los 14 años de gestiones de gobierno, sobre todo lo que corresponde a la última década, desde el 2009, evidenciaron el carácter no solamente inconstitucional, al no plasmar la Constitución en transformaciones estructurales e institucionales, sino también el carácter re-colonizador, debido a sus enfrentamientos con las naciones y pueblos indígenas; así como debido a su opción por el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente el gobierno neopopulistas se convirtió en un agente de las empresas trasnacionales extractivistas. Estas regresiones lo arrastraron a enfrentamientos con el pueblo. Bajo estas consideraciones, se puede decir que ya no era un gobierno defendible, menos un proyecto defendible, pues el proceso de cambio había muerto.

Tercero, la forma de gubernamentalidad clientelar se dejó atravesar y hasta controlar por las formas paralelas del lado oscuro del poder. Al convertirse en un operador del lado oscuro del poder sus políticas, por lo menos parte de ellas, eran tomadas en función de la reproducción del lado oscuro del poder.  Esta situación atrapó al gobierno en redes incontrolables, por lo menos desde el gobierno mismo, cuyas lógicas perversas lo arrastraron no solamente a reforzar la dependencia geopolítica del sistema-mundo capitalista, sino del lado oscuro de la encomia-mundo. En estas condiciones el “gobierno progresista” se encontraba no solo corroído por dentro, sino mermado demoledoramente en las propias fuerzas que lo habían fundado.

Cuarto, el goberno neopopulista al querer mantener su convocatoria por la vía clientelar, se inclinó por destruir el tejido social de las organizaciones sociales, buscando controlarlas desde arriba. Con el resultado dramático que, después de un tiempo, ya no contaba con organizaciones sociales sólidas, cohesionadas, consistentes en su tejido organizacional, sino con fantoches, que llamaba “movimientos sociales”, cuando éstos habían desaparecido. Por esta razón no pudo movilizar a “movimientos sociales”, que solo existían en la cabeza del caudillo y del ideólogo del desastre. Por esta razón optó por comprar a gente para que se movilice en defensa de un caudillo que huyó sin dar la cara, abandonando a su propia gente.

El gobierno de transición, en la coyuntura de convocatoria y realización de las elecciones, se mueve en una coyuntura frágil, no solamente por el corto tiempo, sino concretamente porque hay un plazo dado por la Constitución, que culmina antes del mismo calendario electoral; situación que complica la legitimidad misma del gobierno de transición más allá del plazo establecido. El gobierno de transición y el mismo Congreso han consultado oficial y formalmente al Tribunal Constitucional sobre la posibilidad de una ampliación de sus mandatos, después de la misma clausura constitucional. Entonces, la legalidad de la ampliación de dichos mandatos, del ejecutivo y del legislativo, dependen de la interpretación del Tribunal Constitucional. El argumento que se maneja es que no puede darse un vacío político, después de la culminación del plazo previsto constitucionalmente. El expresidente en exilio ha mencionado un exabrupto, que no corresponde ni a la Constitución, ni a la institucionalidad, tampoco a la realidad política, dice que “sigue siendo presidente” mientras el Congreso no trate su renuncia. La renuncia ha sido pública, además con la huida y el exilio ha dejado sus funciones, en consecuencia, por abandono ha dejado de ser presidente. Otra inconsistencia del expresidente corresponde a cuando pretende que la sustitución constitucional, después del 22 de enero, puede recaer en el Órgano Judicial. Esta figura ya no existe en la Constitución promulgada y vigente, aunque haya estado presente en la anterior Constitución. Por lo tanto, la coyuntura contiene una incertidumbre constitucional: ¿Qué se hace si se cayera en un vacío político, si es que el Tribunal Constitucional no da una respuesta positiva antes del plazo previsto?

La Constitución establece el Sistema de Gobierno de la Democracia Participativa, Directa, Comunitaria y Representativa, lo que equivale a que es el pueblo, en ejercicio pleno de la democracia participativa, el que puede o tiene la potestad para resolver el problema del vacío político. El pueblo puede autoconvocarse en Asamblea Popular de emergencia y dar solución al problema; la sociedad cuenta con un tejido social dinámico, además de contar con sus propias organizaciones cívicas y sindicales, añadiendo las organizaciones representativas de las naciones y pueblos indígenas. Entonces si se llegara a esa situación no hay porque desgarrarse las vestiduras; hay que aplicar la Constitución. En todo caso, puede adelantarse la decisión del Tribunal Constitucional, lo que ahorraría la auto-convocatoria del pueblo a una Asamblea Popular de Emergencia.

Las Federaciones del trópico de Cochabamba han amenazado con una movilización no-pacífica para después del 22 de enero, aprovechando el supuesto vacío político que vendría. Esta Federación solo representa a una parte pequeña de la población boliviana y a una circunscrita geografía política; no puede arrogarse la voz de todo el pueblo. En consecuencia, no tiene la potestad ni los atributos para resolver por si sola el problema supuesto del vacío político. Usando las palabras de la diatriba política, abusada como acusación al gobierno de transacción, es más, a la revolución pacífica boliviana, se puede decir que esta actitud corresponde a un “golpe de Estado” contra la democracia y la voluntad general del pueblo boliviano. Mucho más dramática e ilegitima si se recurre a la violencia, como recurso de terror.

Si hubiera pretensiones, insostenibles, de una sustitución constitucional en la presidenta del Senado, éstas caen por su propio peso; el mandato del Congreso también concluye; en consecuencia, no podría haber una sustitución constitucional. Más aún, si, en el caso que el Tribunal Constitucional diera su visto bueno para una ampliación de la vida política del ejecutivo y del legislativo; en este caso, tanto el ejecutivo como el legislativo tienen que cumplir con su labor de realizar las elecciones. No hay cabida institucional para conspiraciones políticas. Como se puede ver, la coyuntura es frágil, aunque también es una oportunidad para salir de la crisis política.

Por otra parte, la coyuntura electoral muestra otras debilidades, relativas a las opciones electorales, incluso si se formara un frente amplio para enfrentar al MAS, este frente, como tal parece, no será otra cosa que una coalición acumulada de debilidades políticas; de la misma manera, el mismo MAS, que viene de una descomposición y corrosión interna, no es pues el partido fuerte que se presentó en elecciones pasadas, sobre todo las primeras. Incluso, pasaría algo parecido si estuviese presente el caudillo derrocado – cosa que no puede darse en elecciones democráticas por prohibición constitucional y del referéndum -; en resumidas cuentas, las opciones electorales son débiles ante la magnitud y profundidad de la crisis política. Lo que se tiene en el contexto, marco y horizonte político es la Constitución, incumplida por el “gobierno progresista”, que debe cumplirse como mandato en los gobiernos que vengan.

Por otra parte, tampoco, durante sus gestiones de gobierno, el MAS estuvo a la altura de lo que se definió como finalidades de la movilización prolongada (2000-2005), mucho menos a la altura de lo que estableció la Constitución; en pocas palabras, el MAS en el gobierno no estuvo a la altura de sus responsabilidades. Menos se puede esperar que ahora esté en condiciones de cumplir políticamente, cuando la crisis política arrastró al MAS al abismo de su caída. En pocas palabras, el panorama político no es halagador en lo que respecta a las facultades y capacidades para resolver la crisis múltiple del Estado-nación.

En lo que respecta a la democracia, término tan usado en el debate político, si es que se puede darle ese nombre a lo que se parece más al despliegue enceguecido y ensordecedor de la diatriba, la casta política tiene una acepción desvalida de la democracia; esto ocurre tanto en las locuciones de “derecha” así como en las locuciones de “izquierda”. Para comenzar por un presupuesto general, la casta política de “derecha” cree que la democracia es un fin, en sí mismo. Como si, una vez alcanzada la democracia, que para esta expresión discursiva se reduce a los alcances de la democracia formal, que llaman Estado de Derecho, se resolvieran todos los problemas sociales, económicos y políticos. Olvidan que la democracia no es un fin; al contrario, en todo caso, se parecería más a un medio para alcanzar otros fines, por ejemplo, el de resolver los problemas que se afronta en una coyuntura, en un contexto, en un periodo, en una época, en un país, en una región, en el mundo. La democracia, como ejercicio del gobierno del pueblo, es una atmósfera sociopolítica-cultural que hace de condición de posibilidad histórica-social-sobre todo de lacultural-política-institucional de la resolución de problemas sociales, económicos, políticos, en función del bien común, mejor dicho, en la acepción actualizada, de los bienes comunes.

Aunque parte de la “izquierda”, la “izquierda”, por así decirlo reformista, también cree que la democracia es un fin, solo que le atribuye un matiz más social, de bienestar, la “izquierda radical”, que podríamos decir encarna los proyectos revolucionarios de la modernidad, sobre todo de los que se dan entre el siglo XIX y siglo XX, diferencia entre “democracia burguesa” y “democracia proletaria”, concibiendo que la profundización de la democracia equivale a la construcción del socialismo. Sin embargo, el socialismo, en pleno sentido de la palabra, es un ideal histórico-político, una construcción racional, si se quiere una finalidad política y social, también económica; por lo tanto, no hay que confundir esta finalidad o ideal con la realidad efectiva. La historia política moderna nos ha mostrado que este error, de confundir el ideal con la realidad efectiva, lleva a catástrofes políticas y dramas sociales y económicos descomunales. El socialismo no se logra por decreto, como lo pretendió Josef Stalin, tampoco es el resultado inmediato de la estatalización o socialización de los medios de producción, como postula el marxismo-leninismo, que correspondería a una tesis programática. El socialismo como construcción racional, como ideal de justicia social, es una orientación, una finalidad perseguida, a la que hay que llegar interviniendo en el mundo social efectivo, conformado por dinámicas complejas; estas intervenciones, por así decirlo, se embarran en los espesores de la complejidad social. Los resultados, entonces, corresponden a lo hecho con las materias y sujetos sociales del mundo efectivo. Lo conformado, en la historia política, a nombre del socialismo, como, por ejemplo, los estados del “socialismo real”, no pueden llamarse, con propiedad teórica, realizaciones del ideal socialista; mas bien, se parecen a conformaciones barrocas políticas, económicas y sociales mezcladas y contradictorias. Volviendo al tema, si bien, la “democracia proletaria”, que llaman paradójicamente “dictadura del proletariado”, aparece como medio para alcanzar el fin socialista, esta “izquierda radical” concibe a la democracia como un fin intermedio. Por lo tanto, también se equivoca al no comprender que la democracia es como el punto de partida, la base, la condición de posibilidad histórica-política-cultural para hacer política, en pleno sentido de la palabra.

En Bolivia la concepción de la democracia aparece en la historia política circunscrita al prejuicio liberal, por lo tanto, a un sentido de democracia reducido a la Ley y al Estado de Derecho, es más, en América Latina, reducido a los prejuicios de una burguesía intermediaria, sucesora de la oligarquía gamonal. Se excluye del ejercicio liberal de la “democracia” formal a las grandes mayorías indígenas y a las mujeres. Después, la concepción de democracia se amplía, adquiriendo tonalidades populares, con los “nacionalismos revolucionarios” de mediados del siglo XX. Durante la resistencia a las dictaduras militares, la democracia se convierte en una finalidad, como si fuese un régimen opuesto a la dictadura. La democracia no es exactamente un régimen, tampoco, más teóricamente, un sistema; esto sería reducirla a la estructura institucional del Estado de Derecho o a una estructura subyacente de la democracia representativa. La democracia, como hemos dicho, es la condición de posibilidad histórica-cultural-social-política de la realización de la condición humana en condiciones de igualdad. En otras palabras, sobre el substrato de la experiencia del conocimiento, el reconocimiento y el autoconocimiento la democracia constituye el ámbito o el mundo de realización de las relaciones sociales que suponen la igualdad.

Entonces, bajo estas consideraciones, estamos distantes de haber “conquistado la democracia” o haberla “logrado”. Lo que ha ocurrido es que un régimen clientelar se ha derrumbado en plena convulsión de sus propias contradicciones; se han desatado resistencias movilizadas contra este régimen, desde muy temprano, las mismas que han venido acumulándose, convirtiéndose de resistencias en ofensivas contra el régimen autoritario y despótico, hasta derivar en una revolución pacífica, que vino acompañada por una convulsión dramática y violenta. Lo que se observa en la coyuntura es la convocatoria a elecciones democráticas, con la transparencia y la idoneidad requerida. La realización de las elecciones no implica, de por sí y de una manera inmediata, el logro de la democracia. Estas condiciones de posibilidad históricas-culturales-sociales-políticas tienen que ser construidas por los conglomerados de las voluntades singulares implicadas. La mejor manera de hacerlo es consensuando, efectuando transiciones consensuadas.

¿Dónde radica la importancia de la coyuntura, su singularidad, el contenido de sus posibilidades? Anteriormente configuramos el concepto de espesores de la coyuntura[3], desde la perspectiva de la complejidad, teniendo en cuenta la simultaneidad dinámica, más acá y más allá de los a priori de espacio y tiempo, mas bien ligada a la concepción de tejido del espacio-tiempo de la física relativista y la física cuántica; ahora, poniendo en juego esta concepción de la complejidad, podemos evaluar e interpretar la coyuntura en cuestión comprendiendo la actualización y síntesis disyuntiva de la dinámica de los espesores. Al respecto, lo primero que hay que hay que anotar es la experiencia social y política en la historia reciente, sobre todo en la recientísima historia, concentrada en la coyuntura. Lo que se ha observado es el entramado social subyacente a las movilizaciones en torno al conflicto político; hablamos de un entramado de una formación social pluricultural, mestiza e indígena, que, siendo el substrato del ámbito de relaciones y estructuras sociales subyacentes, ha sido reconocida como tal en escasos momentos de emergencia histórica-política. Recientemente, durante la movilización prolongada (2000-2005), cuando los hilos de los tejidos nacional-populares y los hilos de los tejidos indígenas se encuentran, entrecruzan y experimentan metamorfosis y hasta simbiosis. Un poco después, podríamos decir después de catorce años, vuelve a suceder este reconocimiento y autoconocimiento colectivos. Vuelve a suceder en la revolución pacífica y su contraste como reacción partidaria, apegada al gobierno derrocado, en pleno desconcierto. Se trata de un pueblo que recurre a los estratos de su memoria cultural y política para asumirse en un presente en crisis. Las tradiciones de lucha mineras se asocian a las recientes movilizaciones ciudadanas, la resistencia persistente de los ayllus se conecta con la defensa de la Amazonia y el Chaco por colectivos de voluntarios que luchan contra el incendio extractivista y de ampliación de la frontera agrícola y ganadera. Los cultivadores de la hoja de coca tradicional se vinculan con las redes de jóvenes de la resistencia democrática. Sindicatos campesinos se reconcilian con algunas ciudades, como sucedió en Potosí. Demandas de defensa de los recursos naturales, como las relativas al litio, se articulan con demandas regionales, como las de Santa Cruz. Estas son algunas de las conexiones dadas en las movilizaciones recientes de defensa de la democracia, defensa del voto y contra el fraude electoral.

Por otro lado, como buscando contrarrestar lo que pasaba, la reacción política del bloque social que fue oficialista, altamente debilitado, puso en escena el núcleo duro del MAS, las Federaciones del Trópico de Cochabamba y sus entornos y territorios irradiados. Así también, a los siete distritos de la ciudad de El Alto que controlaba el MAS, exceptuando a los otros siete distritos que apoyan a la alcaldesa de la oposición, Soledad Chapetón. El resto de los movilizados, en la reacción desesperada por cambiar el curso de los acontecimientos, mas bien, es emplazado de manera improvisada, solicitados por la contratación y la circulación dineraria, exceptuando otros sectores afines al MAS de concentración puntual en algunas ciudades y algunas zonas rurales. El enfrentamiento se dio entre un entramado social emergente, que buscaba responder a la crisis política, leída como “destrucción de la democracia”, y un entramado emergido con anterioridad, casi dos décadas precedentes, que se aposentó como bloque político de apoyo del “gobierno progresista”.  Esto en lo que respecta a los bloques sociales enfrentados. Sin embargo, en el conjunto de los distintos planos de intensidad puestos en juego, no solo cuentan los bloques sociales, sino también los operadores políticos, para decirlo de esa forma, de manera particular, los partidos políticos, la casta política, también enfrentada. Hay que tener en cuenta que este enfrentamiento en el campo político se da bajo otros códigos, los relativos a la ideología y a la formación discursiva política del campo político especifico, el boliviano. Los señalamientos de la diatriba puesta en los medios se pueden resumir en ciertos epítetos en uso; la oposición acusaba al oficialismo de “corrupto”, “autoritario”, hasta “dictador”, incluso denunciado como comprometido con el “narcotráfico”; el oficialismo anterior acusaba a la oposición de “racista”, “fascista”, “oligárquica” y “proimperialista”, incluso de “golpista”. Estos conjuntos de códigos contrastados sitúan y ubican al enemigo, atribuyéndole las deleznables características que lo convierten en indeseable y susceptible de destrucción.

Cuando los partidos políticos operan, buscando conducir a los bloques sociales enfrentados, les atribuyen los códigos políticos e ideológicos en boga, usados por los aparatos políticos, sin tomar en cuenta los conglomerados de códigos usados por los mismos bloques sociales. Los partidos políticos no se ocupan ni preocupan por comprender qué pasa en los bloques sociales, sino que los tienen como referentes provisorios en sus narrativas usuales, vaciándolos de los contenidos propios de la experiencia y la memoria social. Entonces, la interpretación que se impone mediáticamente es la que corresponde a las narrativas usuales políticas e ideológicas, sin aportar un ápice al conocimiento de lo que ocurre. Por eso, respecto a lo que ha acaecido en Bolivia, las interpretaciones en boga hacen gala de su pobreza; una narrativa, la de la “izquierda”, reduce lo ocurrido a la interpretación de “golpe de Estado”; la otra narrativa, la de la “derecha”, reduce lo ocurrido al derrocamiento de un “narcoestado”. Por cierto, esta pobreza interpretativa no solamente no aporta nada a la comprensión, entendimiento y conocimiento de lo ocurrido, sino que arroja a las sombras a la experiencia y memoria sociales políticas. No se pueden tomar en serio estas narrativas reiterativas de la casta política, salvo como anécdotas, en el mejor caso, como datos que dan cuenta de la decadencia política y de la degradación intelectual de sus voceros.

Frente a este mutismo estridente y enceguecimiento luminoso, debido al espectáculo mediático, los bloques sociales tienen la imperiosa tarea de la pedagogía política, del aprendizaje, del autoconocimiento colectivo, de la dignificación y valorización de sus experiencias, en aras del ejercicio pleno de la democracia y de la política.  Lo que ha sucedido en la historia reciente es el truncamiento de la potencia social, mediante la usurpación de sus logros, desplazamientos, desenvolvimientos y rupturas, por parte de operadores y dispositivos de poder de la casta política. Respecto a la movilización prolongada, el MAS y su caudillo patriarcal usurparon la victoria del pueblo frente al proyecto político-económico neoliberal; respecto a la revolución pacífica de la resistencia democrática, la “derecha” usurpó la victoria del pueblo y el derrocamiento del gobierno clientelar y corrupto, reduciendo esta victoria y este derrocamiento a un mero trámite electoral. Cuando la potencia social alumbró el horizonte de la construcción del país sobre la base de la revolución de afectos y solidaridades, reconocimientos y autoconocimientos.

[1] Ver La revolución pacífica boliviana en el contexto de la crisis múltiple del Estado-nación.

https://www.bolpress.com/2019/11/15/la-revolucion-pacifica-boliviana-en-el-contexto-de-la-crisis-multiple-del-estado-nacion/.

 

[2] Ver Ironías de la historia política.

https://www.bolpress.com/2019/11/23/ironias-de-la-historia-politica/.

 

[3] Ver Poliedro de la coyuntura. También ver Espesores coyunturales. 

https://issuu.com/raulprada/docs/poliedro_de_la_coyuntura_2.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/espesores_coyunturales_3.