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Polemos en la guerra y la política

Polemos en la guerra y la política

 

 

Raúl Prada Alcoreza

 

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En este ensayo, Polemos en la guerra y la política, vamos a intentar una reflexión crítica y ponderadora del Acuerdo de Paz, en lo que respecta al tercer tópico del documento acordado, entre las partes beligerantes. En este apartado, el tono de la prosa es, mas bien, técnico, instrumental y normativo; estableciendo las garantías del desarme, del fin del conflicto, y la incorporación a la vida política, de parte de las FARC-EP. Seguramente es un apartado necesario, para establecer y normar las operaciones de la finalización del conflicto, del desarme y de la incorporación a la vida política. Sin embargo, nos da la oportunidad para reflexionar sobre la paz, las condiciones de posibilidad de la paz.

 

 

 

El tercer tópico y campo temático del Acuerdo de Paz es Fin del Conflicto. Ambas partes, El Gobierno de la República de Colombia (Gobierno Nacional) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejército del Pueblo (FARC-EP); en desarrollo de los sub-puntos 1: Cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo y 2: Dejación de las armas, del punto 3, Fin del Conflicto, del Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, firmado en la ciudad de La Habana, Cuba, el 26 de agosto de 2012, acuerdan: El Gobierno Nacional, en cumplimiento y en los términos de lo acordado en el punto 2 “Participación política: Apertura democrática para construir la paz”, reafirma su compromiso con la implementación de medidas que conduzcan a una plena participación política y ciudadana de todos los sectores políticos y sociales, incluyendo medidas para garantizar la movilización y participación ciudadana en los asuntos de interés público, así como para facilitar la constitución de nuevos partidos y movimientos políticos con las debidas garantías de participación, en condiciones de seguridad[1].

 

 

El documento del Acuerdo de Paz dice, seguidamente:

 

 

Así mismo, el Gobierno Nacional reafirma su compromiso con lo acordado en los puntos 3.4. y 3.6. del punto 3 Fin del Conflicto, entre los que se encuentra la creación de un nuevo Sistema Integral de Seguridad para el Ejercicio de la Política, en los términos acordados en el punto 2 Participación Política, como parte de una concepción moderna, cualitativamente nueva de la seguridad que, en el marco del fin del conflicto, se funda en el respeto de la dignidad humana, en la promoción y respeto de los derechos humanos y en la defensa de los valores democráticos, en particular en la protección de los derechos y libertades de quienes ejercen la política, especialmente de quienes luego de la terminación de la confrontación armada se transformen en movimiento político y que por tanto deben ser reconocidos y tratados como tales[2].

 

 

Como corolario de esta primera consideración del Fin del conflicto, se escribe:

 

 

Adicionalmente, el Gobierno Nacional y las FARC-EP expresan su compromiso de contribuir al surgimiento de una nueva cultura que proscriba la utilización de las armas en el ejercicio de la política y de trabajar conjuntamente por lograr un consenso nacional en el que todos los sectores políticos, económicos y sociales, nos comprometamos con un ejercicio de la política en el que primen los valores de la democracia, el libre juego de las ideas y el debate civilizado; en el que no haya espacio para la intolerancia y la persecución por razones políticas. Dicho compromiso hace parte de las garantías de no repetición de los hechos que contribuyeron al enfrentamiento armado entre los colombianos por razones políticas.

 

 

Por último, el Gobierno Nacional y las FARC-EP se comprometen con el cumplimiento de lo aquí acordado en materia de Cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo (CFHBD) y Dejación de Armas (DA), para lo cual elaborarán una hoja de ruta que contenga los compromisos mutuos para que a más tardar a los 180 días luego de la firma del Acuerdo Final haya terminado el proceso de dejación de armas[3].

 

 

Como se puede ver, el apartado del documento del Acuerdo de Paz, está dedicado a hacer viable y operable la finalización del conflicto. El carácter del contenido se encuentra en los límites de la democracia formal, aunque ampliada, en lo que respecta a menciones a la participación de la sociedad, a la ampliación de los marcos jurídicos y políticos,  insistiendo en la solución de los problemas sociales y políticos, que ocasionaron la guerra permanente en Colombia.

 

 

 

 

 

Reflexiones sobre la guerra y la política

 

 

¿Pasar de la guerra, como ámbito bélico, para resolver problemas socio-políticos, a la política, como ámbito polémico para resolver los problemas no resueltos en la guerra, en el campo político, es asumir la política como continuación pacífica de la guerra? ¿Antes, en la guerra permanente, la guerra era asumida como continuación bélica de la política?  ¿Cuál la relación entre la guerra y la política? Como escribimos en La guerra y la paz, ni la guerra es continuación de la política, ni la política es continuación de la guerra[4]. La relación paradójica de la guerra y la política, no se da en el esquematismo dualista, ni en el tiempo lineal, no se resuelve dialécticamente, que es una versión móvil y mutante del esquematismo dualista; se da en la complejidad dinámica de las composiciones singulares de la formación espacio-temporal-territorial-social, que articulan e integran dinámicamente múltiples planos y espesores de intensidad. La guerra es acontecimiento, que contiene múltiples singularidades, que se asocian, convergen o divergen, se articulan de una determinada manera, en una coyuntura, combinando formas de desenlaces, por así decirlo, momentáneos o definiendo lapsos. La política es otro acontecimiento, que como tal, es multiplicidad de singularidades, articuladas e integradas en composiciones y combinaciones sociales, que hacen a los desenvolvimientos de la política. Para comprender estos acontecimientos, además en su singularidad compleja, es menester comprender las simultaneidades dinámicas y singulares, que se dan en los acontecimientos.

 

 

Desde esta perspectiva, la política no aparece como el ámbito institucional y normativo, además de prácticas y relaciones estructuradas, que hacen a la paz. Sino que la paz aparece como un concepto que expresa una idea, en sentido kantiano; es decir, una finalidad construida por la razón, aunque también por la esperanza. Para conseguir la paz, idea esperada en el ámbito de la guerra, se finaliza el conflicto bélico; para conseguir la paz, idea esperada en el ámbito político, es menester resolver los problemas que ocasionaron la guerra.

 

 

El Acuerdo de Paz considera algunos de estos problemas, que supone cruciales, en la coyuntura presente; sin embargo, como no son todos los problemas heredados o por lo menos un núcleo significativo de la problemática social, económica, política y cultural, no es todavía la condición de posibilidad jurídica para lograr la paz, anhelada en el ámbito político; tampoco es la condición de posibilidad jurídico-política, es decir, institucional, para realizar la paz esperada. Así mismo, no es todavía la condición de posibilidad histórico-política para efectivizar la paz, ya entendida como ideal exhaustivo, es decir, como concordia y fraternidad. Para decirlo, de manera resumida, el Acuerdo de Paz es la condición de posibilidad jurídica de la finalización del conflicto bélico, para alcanzar la realización de la paz, anhelada en la conflagración bélica. Para conformar la condición de posibilidad jurídico-política de la paz, anhelada en el ámbito político, se requieren de transformaciones jurídicas, de las reglas del juego político, así como transformaciones institucionales, que operen los desplazamientos hacia la paz. Si se quiere; para decirlo de una manera simplona, por razones de exposición, se requiere de un proceso constituyente, que otorgue potestad al poder constituyente, es decir, el pueblo. Sin embargo, desde la perspectiva histórico-política, esto no es suficiente para alcanzar la paz, anhelada políticamente. Se requiere de transformaciones estructurales e institucionales, que profundicen la democracia formal, que la conviertan en democracia participativa; que se resuelvan, por lo menos, algunos problemas estructurales de la formación social. Uno, el relativo a la estructura de las desigualdades, que adquieren diferencias abismales. Dos, el relativo a la cuestión agraria, es decir, el materializar la reforma agraria integral; como menciona el mismo documento del Acuerdo de Paz. Tres, resolver el problema de la violencia descomunal y perversa, generada por las estructuras de poder paralelas del narcotráfico; lo que implica, desmantelar a los carteles y a las mafias; así mismo, denota el desarme total de los paramilitares. Cuatro, avanzar sustantivamente, por así decirlo, en la descolonización; en otras palabras, en la desracialización de las relaciones sociales; lo que conlleva el respeto efectivo, es decir, institucional y en la práctica, de los derechos de las naciones y pueblos indígenas, así como de las poblaciones afro-descendientes. En consecuencia, para lograr la paz, anhelada políticamente, desde esta perspectiva histórico-política, se requiere de la reivindicación plena, el ejercicio pleno de la ciudadanía integral de las y los oprimidos, excluidos, marginados, discriminados, subalternizado. Para decirlo, en la expresión del discurso histórico-político puesto en escena, tanto en el acontecimiento de la guerra como en el acontecimiento político, el discurso marxista, se requiere de la condición social-política-económica del socialismo. ¿Es este último logro, la paz anhelada por la perspectiva histórica-política, la paz como idea integral, como armonía? No. La paz como armonía es posible resolviendo la problemática en su complejidad integral, comprendiendo los múltiples planos y espesores de intensidad, que hacen a la realidad efectiva. Esto compromete resolver la crisis ecológica, la amenaza a la vida, que ocasionan las sociedades humanas institucionalizadas; las que, bajo el manto de la cultura-mundo, la civilización moderna, han convertido a la naturaleza, mejor dicho, a la integralidad de los ciclos vitales, al Oikos, al planeta, en objeto de dominación y materia de poder. Por lo tanto, cumplir con las condiciones de posibilidad para la paz como armonía, requiere de la armonización de las sociedades humanas con los ciclos ecológicos, los ciclos vitales del planeta; para decirlo, en términos jurídicos, de la última generación de derechos, garantizando los derechos de los seres, que cohabitan, coexisten, con las sociedades humanas.

 

 

En consecuencia, no hay que perder de vista que la paz es una idea racional y afectiva; no algo o circunstancias que se efectivizan inmediatamente, después de un Acuerdo de Paz. Tampoco hay que perder de vista que la paz tiene distintas connotaciones conceptuales, de alcances diferentes, o, si se quiere, hay distintas ideas de paz; unas más simples, otras más complejas. En tercer lugar, no hay que perder de vista, que si se quiere alcanzar esta finalidad o esta idea de paz como armonía, se requiere reintegrar a las sociedades humanas a las ecologías de la pluralidad de sociedades orgánicas y de sus ciclos vitales; logrando armonizar a las sociedades humanas con los devenires creativos de la potencia de la vida.

 

 

 

Esta reflexión no tiene porque desalentar, tampoco desmoralizar, menos desvalorizar el logro del Acuerdo de Paz; sino, mas bien, se trata de ponderar el Acuerdo de Paz, como condición de posibilidad jurídico-política para alcanzar la paz, anhelada desde las entrañas devoradoras de la guerra. Se trata también de definir ámbitos de tareas, en distintos horizontes de la paz; ámbitos de tareas que responsabilizan o exigen la responsabilidad, en primer lugar, del pueblo; en segundo lugar, de los involucrados en el conflicto bélico; en tercer lugar, de los y las activistas libertarias, activismo múltiple e integral, no solo en la crítica, en la interpelación y en la convocatoria, sino como despliegue afectivo del amor a la vida.

 

 

 

 

 

[1] Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera: https://www.mesadeconversaciones.com.co/sites/default/files/24_08_2016acuerdofinalfinalfinal-1472094587.pdf.

[2] Ibídem.

[3] Ibídem.

[4] Ver La guerra y la paz. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-guerra-y-la-paz/.

Capitalismo especulativo, extractivismo y guerras de laboratorio

Capitalismo especulativo, extractivismo y guerras de laboratorio

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

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Dedicado a Víctor Ávila, maestro de generaciones de jóvenes críticos, rebeldes, heterodoxos e iconoclastas, intelectual comprometido con la guerra anticolonial de las naciones y pueblos indígenas, activista en las luchas liberadoras del presente.

 

 

¿Qué es lo que articula el capitalismo especulativo, el extractivismo y las guerras de laboratorio? ¿O, mas bien, esta articulación, qué mundo configuran? ¿Se trata de la era de la simulación llevada al extremo? ¿Se trata de la cultura-mundo[1] de la banalidad llevada a la decadencia absoluta? El capitalismo especulativo es el capitalismo de las burbujas especulativas, que corresponde a la dominancia del capitalismo financiero en el ciclo largo del capitalismo vigente[2]. El modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente corresponde a la geopolítica del sistema-mundo capitalista que distribuye centros de acumulación de capital y periferias de despojamiento y desposesión de recursos naturales[3]. Las guerras de laboratorio son los montajes bélicos locales y regionales, de alcance proyectado como irradiación mundial; guerras experimentales efectuadas por los servicios de inteligencia de las potencias y del imperio[4]. Parece que estos tres recortes de realidad, dados en la complejidad, sinónimo de realidad efectiva, se refuerzan mutuamente, en un sistema-mundo donde el capitalismo especulativo es posible porque se sostiene en la expansión intensiva del extractivismo. Ambos, capitalismo especulativo y extractivismo,  amparados por los montajes de las guerras de laboratorio; aparecen como constante amenaza contra los pueblos, las sociedades y el mundo.

 

Podemos decir que el capitalismo especulativo es la continuidad escabrosa de la inscripción de la deuda infinita como acto inaugural de la genealogía de las dominaciones.  Podemos también decir que el extractivismo es la base o, mejor dicho, el substrato, del modo de producción capitalista. Entonces, las guerras de laboratorio vienen a ser la manifestación clara y evidente de lo que son las guerras imperialistas; guerras desatadas por la competencia de las potencias imperialistas en concurrencia. Las guerras de laboratorio muestran, descarnadamente, la puesta en escena de las guerras nacionalistas, que exacerban los chauvinismos, para arrastrar a los pueblos y sociedades al absurdo de las guerras de exterminio masivo. Las guerras de laboratorio, como su mismo apelativo lo dice, son guerras de experimentación, simuladas en los teatros escenificados. Muestran estas guerras experimentales patentemente lo que son las guerras; invenciones de estados y de estructuras de poder; invenciones de geopolíticas pretensiosas, que se construyen desde formatos simples y esquemáticos.

 

Para decirlo de otra manera, el capitalismo especulativo es un capitalismo virtual; el extractivismo es el despliegue elocuente de la destrucción capitalista; y las guerras de laboratorio son las formas experimentales de las estrategias de conspiración de las máquinas de guerra y de las máquinas de poder del sistema-mundo capitalista. La virtualidad del capitalismo especulativo,  sostenida en la materialidad del despojamiento y desposesión efectuado por el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente. Apoyados ambos, el modo de la condición especulativa y el desenvolvimiento de la condición extractivista del capitalismo, por los montajes de las guerras de laboratorio, diseñadas y efectuadas por organismos secretos de la “conspiración”, definen las características del orden mundial, del imperio, del sistema-mundo capitalista, en el presente.

 

En el caso de las guerras de laboratorio en el Oriente Medio, la “guerra santa” del ISSIS y la guerra contra el terrorismo, que son la misma guerra, como las dos caras de la misma medalla, vinculan manifiestamente la guerra con el petróleo, la energía fósil, el oro negro. Vinculan, entonces, la guerra desatada en el desierto, con el extractivismo, en sus formas desmesuradas y perversas. Vinculan la “guerra santa” y la guerra contra el terrorismo con un capitalismo financiero, que no encuentra otra salida para sus crisis intermitentes que la expansión morbosa y delirante de la economía política del chantaje. Economía que llega al extremo de la proliferación del mercado de armas, el tráfico de estupefacientes y el narcotráfico, el tráfico de cuerpos, al costo de la destrucción institucional de los Estado-nación subalternos, de los países, de los pueblos y las sociedades.

 

Desde la cuarta generación de las estrategias de guerra, de acuerdo a las tesis del ejército del imperio, nos encontramos ante el desenvolvimiento sigiloso de la “tercera guerra mundial”, dada en la forma de “guerra de baja intensidad”. Una guerra de control y contención, de amenaza constante a las poblaciones; de desgaste y de devastación de las sociedades. Una guerra también mediática,  donde los monopolios empresariales de los medios de comunicación, a escala mundial, nos presentan una realidad mediada por la información del poder del orden mundial. Información mediada que presenta un mundo amenazado por el “terrorismo”. Ocultando el terrorismo de Estado, el terrorismo de lo que vendría a ser, algo así, como el Estado de excepción del orden mundial.  Entonces una “guerra santa”, no de los yihadistas, sino del imperio contra los pueblos del mundo. El “terrorismo” es el “demonio” que ronda por el mundo, amenazando no solamente al orden mundial, sino a los pueblos y sociedades, a sus valores y sus costumbres; a sus formas y estilos de vida.

 

Esta manera de presentar las cosas, encubre u oculta a las máquinas de guerra y las máquinas de poder del sistema-mundo capitalista, que son los aparatos de dispositivos, las máquinas de conflagración, que requieren de la guerra permanente para reproducirse, para aparecer como necesidad y legitimarse. Además, la manera veleidosa de presentar las noticias acompaña la propaganda por el “desarrollo”, buscando la legitimidad del extractivismo; que es la parte maldita del modo de producción capitalista[5]. Esta manera de presentar los “hechos” encubre las maniobras perversas del capitalismo financiero, que convierte a los pueblos en deudores eternos[6].

 

La guerra es necesaria para la reproducción del capital y su acumulación ampliada; ahora, convertida en acumulación especulativa. La guerra destruye los stocks que no puede venderse, también destruye la infraestructura de los estados, por lo menos, parte; esta destrucción favorece las condiciones iniciales de un nuevo ciclo del capitalismo. Por esto mismo, la guerra adquiere distintos perfiles y formas, tanto en sentido manifiesto como en sentido latente; la forma de la guerra que nos ocupa es la de las guerras de laboratorio. En sentido amplio, con variadas connotaciones, es guerra contra la vida; esto ocurre cuando el despojamiento y la desposesión se expresan como contaminación, depredación, destrucción ecológica. En sentido político y cultural, cuando la guerra destruye a pueblos y a sociedades, atacando sus estructuras de cohesión, es guerra contra la humanidad.

 

Pero, es una guerra elaborada y efectuada desde las estructuras mundiales del poder. Lo que la hace distinta a la guerra proclamada y desplegada desde los discursos histórico-políticos.  Es guerra conformada, mas bien, desde los discursos jurídico-políticos, legitimadores del poder, del Estado, de la institucionalidad de las dominaciones institucionalizadas.  Desde ya, esta promoción de la guerra, por parte del paradigma de la formación discursiva histórico-política, es contradictoria; pues la formación discursiva jurídico-política es de legitimación, no de interpelación, no de convocatoria a la guerra. Esta paradoja o inversión de roles, del discurso jurídicopolítico, se da, sobre todo, en el presente del sistema-mundo. Las dos formaciones discursivas, la jurídico-política, de legitimación, y la histórico-política, de interpelación, se cruzan, de tal manera, que desde el discurso jurídico-político, esta vez, se sintetiza conservadoramente, por así decirlo, a diferencia de la síntesis burguesa, que lo hace, si se quiere, de manera progresista. Síntesis conservadora que define, no un fin de la historia, como la síntesis dialéctica labrada por el discurso histórico-político, sino la continuidad de la historia apocalíptica, reducida a la lucha entre el bien y el mal.

 

En consecuencia, no solo la burguesía de la etapa de la ilustración, es capaz de elaborar una síntesis entre ambas formaciones discursivas, sino también, la hiper-burguesía de la etapa de la dominación del capitalismo financiero, que correspondería, como analogía, a la oligarquía decadente de la etapa de la ilustración. Ahora bien, esta síntesis, también dialéctica, solo que conservadora, no “progresista”, como la síntesis de la burguesía iluminista, de manera contrastada, se opone a la tesis hegeliana del fin de la historia de la burguesía iluminista, postulando, mas bien, la tesis de la historia dramática desbocada, convertida en la tragedia apocalíptica de la batalla final entre bien y el mal, que va a definir como epopeya cósmica el desenlace global de la trama mundial.

 

Ni la burguesía del iluminismo era consciente de la síntesis dialéctica del fin de la historia, tampoco la hiper-burguesía del sistema-mundo, integrado y globalizado es consciente de la síntesis dialéctica del desenlace apocalíptico; no es pues consciente de su interpretación, de su “ideología”. Es a través de otros dispositivos que se expresa, dejando, por ejemplo, que la filosofía hegeliana hable por ella; o dejando que la banalidad discursiva, mediática y sensacionalista, hable también por ella, en el ahora decadente. No es pues la “conspiración”, aunque la haya y se dé, la que integra todos los factores y componentes de las estructuras del sistema; la que comprende su composición institucional y sus funcionamientos. La “conspiración” es apenas una forma de interpretar el mundo y una manera de actuar en él. Las interpretaciones se dan de manera dispersa, sin ser congruentes; empero, se conectan, casi aleatoriamente, por así decirlo, en la totalidad del momento. La cosmovisión apocalíptica se transmite en los medios de comunicación; también, con menor intensidad y expansión, en la academia y en los discursos “especialistas” y “analistas”. En tanto que el pragmatismo político se efectúa y realiza en las formas de gubernamentalidad de los Estado-nación.  La hiper-burguesía, aunque sea menos del 1% de la población mundial, se representa lo que ocurre de distintas maneras. Sin embargo, a pesar de esta dispersión, incluso de esta desarticulación, se puede armar el rompecabezas y encontrar las conexiones entre las prácticas y los discursos del poder.

 

La hipótesis interpretativa que nos animamos a proponer es la siguiente: Ni la burguesía se auto-representaba de manera directa, tampoco la hiper-burguesía lo hace; sino, mas bien, la ideología define, en la trama de la narrativa hegemónica, las imágenes alegóricas de la burguesía, en un caso; las imágenes alegóricas de la hiper-burguesía, en el otro caso. La burguesía y la hiper-burguesía son representadas por las narrativas de la ideología. Como hablamos de ideología de manera plural, las imágenes alegóricas de la burguesía van a darse de distintas formas, cumpliendo distintos papeles, en las tramas de las distintas narrativas hegemónicas. Pueden la burguesía y la hiper-burguesía compartir algunas de las tramas y narrativas de la ideología; empero, no se trata de su “ideología”, sino, mas bien, de la ideología hegemónica compartida, por parte de la sociedad o toda la sociedad institucionalizada. Sobre todo, cuando se ejerce la hegemonía. Sino ocurre esto, es posible que comparta solo fragmentos de algunas narrativas de una ideología desolada o, en su caso, desesperada. En condiciones donde domina sin hegemonía.

 

¿Dónde buscar entonces la ubicación de la burguesía y de la hiper-burguesía en las formaciones sociales y en la geopolítica del sistema-mundo? Podemos decir que en la complejidad integrada de planos y espesores de intensidad del sistema-mundo capitalista. La burguesía y la hiper-burguesía no solamente se forman en el plano de intensidad económico, sino en los múltiples planos y espesores de intensidad que integra el sistema-mundo capitalista. Para simplificar el cuadro, podemos aceptar, provisionalmente, que la burguesía aparece como propietaria de los medios de producción, en el plano de intensidad económico; empero, aparece como encubierta en el plano de intensidad cultural, de dos maneras, por lo menos. Una, como la figura del perfil de los afortunados, los recompensados por el esfuerzo, los vencedores, sin cuestionar sus métodos. Otra, como la figura del perfil  de los pragmáticos, en su grafía diáfana; que es también perfil de los oportunistas, en su grafía mórbida; así como figura del perfil de crápulas y despiadados, en su grafía dramática. Por ejemplo, en lo que respecta al arte de vanguardia, la interpelación estética dibuja y pinta a la burguesía en la ironía de la levedad del ser; en cambio, en contraste, la versión mediática los representa en la individualidad triunfante, en el goce de la fama y de los logros. Dependiendo, en el campo escolar, la burguesía se difumina y es presentada como empresarios notorios o como nombres ligados a la revolución industrial. También se han dado, en otros periodos, programas académicos, donde los perfiles de la burguesía adquieren una figura más colectiva o, si se quiere, más corporativa; asociándola a rubros o, en su caso, a actividades, o comerciales, o industriales, o financieras. Con estos dos ejemplos, ya podemos darnos cuenta que en el plano de intensidad cultural la burguesía no goza del mismo privilegio y jerarquía que la dada en su situación en el plano de intensidad económico.

 

Sin embargo, interesa la condición estructural de la burguesía en el espesor de intensidad cultural. Para hacerlo fácil, la pregunta simple es: ¿Cuál la formación cultural de la burguesía? Ciertamente hay de todo, desde los perfiles sin formación académica, empero, con una gran destreza en los negocios, hasta los perfiles con formación académica, no siempre vinculada al campo o al rubro donde se desempeñan. Si bien, esta información y su consecuente descripción nos puede dar perfiles más concretos de la burguesía, lo que hay que remarcar, por el momento, es que la formación cultural de la burguesía no viene determinada por la causalidad económica, sino que, a pesar de contar con disponibilidades económicas, que le brindan accesos a la formación académica de calidad, por así decirlo, su formación cultural responde a otras historias, como las familiares.

 

Al no darse un determinismo entre su condición económica y el perfil cultural, solo considerando estos dos planos de intensidad, el económico y el cultural, además de considerar el espesor cultural, vemos que la ubicación de la burguesía es disímil en los dos planos de intensidad, además de ser como la colocación heredada en el espesor de intensidad cultural. Entonces, solo considerando estos dos planos de intensidad y el espesor cultural, vemos que la situación de la burguesía es variada. Simplificando aún más la exposición, por razones ilustrativas; sobre todo, para apresurar una hipotética conclusión; diremos que  ocurre como que en un plano de intensidad, el económico, la burguesía aparezca en una situación privilegiada; en cambio, ocurre como que en el plano y el espesor de intensidad cultural, la burguesía aparezca como desolada. No puede comprender su insatisfacción e infelicidad, a pesar de contar con abundantes recursos.

 

La conclusión, todavía, simple, además de provisional, es: no hay armonía en la composición compleja de la burguesía en los planos de intensidad económica y cultural, así como en el espesor de intensidad cultural donde se constituye como sujeto social. Se trata, para lograr expresar una figura filosófica ilustrativa, aunque inadecuada, de un sujeto desgarrado y de una consciencia desdichada.

 

Cuando tomamos en cuenta la situación de la hiper-burguesía, en la etapa tardía del sistema-mundo capitalista, en la fase de la dominación del capitalismo financiero, en el ciclo largo del capitalismo vigente, conviene más bien, acercarse a definir el perfil de la hiper-burguesía de manera distinta y contrastante a la de la burguesía de la ilustración. Por ejemplo, como la que ha logrado una formación académica; goza de los privilegios del acceso a universidades elitistas, adquiriendo buena educación, ponderada institucionalmente. Sin embargo, este capital cultural, no resuelve la disyunción entre su situación en el plano económico y su situación en el plano y espesor cultural. En esta etapa tardía del capitalismo y de la modernidad, si bien, siguiendo a Gilles Lipovetsky, se puede suponer la culturización de la economía y la economización de la cultura, así como la estetización de la economía y la economización de la estética. Cuando no se puede distinguir las fronteras entre expresión estética, valorización económica y consumo del goce o a través del goce banal, la hiper-burguesía tampoco comprende su situación en la complejidad integrada del sistema-mundo capitalista. Se puede decir, proyectando la interpretación hipotética, que tampoco le interesa comprender su situación, como de alguna manera ocurría con la burguesía industrial, sino que opta por un pragmatismo cínico. Donde no interesa responder a las preguntas, si se quiere, existenciales, sino solamente actuar, decidir, gozar y simular; estando atrapada en el show de la fama y del consumo descomunal. También, en este caso, el de la situación de la hiper-burguesía, no hay armonía en su constitución subjetiva.  El desgarramiento de este sujeto dominante se mantiene, así como su consciencia desdichada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las consecuencias de esta hipotética interpretación son las siguientes:

 

  1. No puede conformarse o darse una armonía en la constitución de un sujeto social dominante, precisamente porque la dominación rompe la posibilidad de toda armonía.

 

  1. La armonía subjetiva, para decirlo de esa manera, con los términos heredados de la filosofía y la psicología, solo es posible si se logra armonizar con la complejidad integrada de las sociedades y la complejidad dinámica de las ecologías del planeta.

 

 

  1. Esto equivale a renunciar al aparente privilegio que otorga la dominación, renunciado a la dominación Obviamente, esto no se hace sin el querer hacerlo, sin la voluntad, por lo tanto, sin comprender. Esta actitud tampoco parece posible, debido a las estructuras de poder, materializadas en las mallas institucionales, cristalizadas en los habitus. De todas maneras, el boceto de esta posibilidad ayuda a configurar el contraste, si se quiere, binario, de la estructura de la dominación, enfocada desde la composición subjetiva.

 

  1. En contraste, del otro lado, las subjetividades dominadas, subalternadas, definen un perfil donde se comprende lo que pasa; se experimente la vulnerabilidad, la exposición ante la contingencia, la insatisfacción de las necesidades, la violencia de la explotación, la discriminación, la subordinación y la subsunción; además de la desvalorización de la dignidad humana. La experiencia social ayuda a comprender la condición social en la formación social. Sin embargo, a pesar de esta comprensión, de este saber en el plano de intensidad cultural y de su constitución afectada en el espesor de intensidad cultural, sin olvidar su desventaja en el plano de intensidad económico, la composición subjetiva es la del desgarramiento, siendo, también, otra versión de la consciencia desdichada. Tampoco hay, pues, armonía.

 

 

  1. Si entendemos a las ideologías como sistemas interpretativos operativos, podemos comprender que la ideología como tal no pertenece a una clase, por ejemplo, la burguesía, sino es como la atmósfera o el clima donde la burguesía ejerce hegemonía. En consecuencia, es en la ideología donde se participa en la significación del mundo.
  2. Entonces, la burguesía no se interpreta de manera inmediata y directa como tal, sino los que lo hacen son otros; filósofos, políticos, ideólogos, historiadores, sociólogos, politólogos. La burguesía puede compartir estas interpretaciones, de una manera completa o parcial; así como, mas bien, ecléctica. Lo que importa es que la ideología funcione en la sociedad, haciendo que ella, sus estratos sociales, colectivos, grupos, clases, se reconozcan o rechacen la narrativa ideológica.

 

  1. La ideología como sistema operativo acompaña las prácticas sociales, las acciones, las disposiciones y predisposiciones; en definitiva, acompaña la actividad social, la incidencia de las clases sociales, de los colectivos, de los pueblos, de los grupos. La ideología define sentidos en los contextos de las prácticas y relaciones sociales. Sobre todo, la ideología cobra importancia al momento de políticas de Estado, particularmente, cuando adquieren connotaciones de alcance.

 

 

  1. En lo que respecta a las estrategias, los despliegues, la extensidad e intensidad del modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente, la ideología juega papeles preponderantes. Anticipa una concepción de mundo, valoriza o presenta un cuadro de valores del mundo representado, jerarquiza la importancia de los valores y, en consecuencias de las conductas y comportamientos, por lo tanto, de las prácticas. El mundo representado por la ideología presenta una visión lineal, evolutiva y circunscrita al pragmatismo eficaz de la economía, que hace de base o zócalo del mundo, considerando su arquitectura histórico-política-social-cultural. En este mundo representado las formas del extractivismo, en sus distintos despliegues, dependiendo de los recursos que explota, son consideradas como los primeros pasos al “desarrollo”, en la versión nacionalista, o como inversiones pertinentes en cuanto al crecimiento económico, en la versión liberal. Dicho de un modo sencillo, se considera al extractivismo como actividad económica necesaria.

 

  1. Ahora bien, las ideologías como sistemas operativos funcionan de distinta manera cuando se trata del capitalismo especulativo y las guerras de laboratorio. En lo que respecta al capitalismo especulativo, es decir, a la dominancia del capitalismo financiero, en el ciclo largo del capitalismo vigente, la ideología en curso funciona con pretensiones técnicas y poses científicas; las mismas reducidas a la contabilidad y a un mundo económico esquemático, que se mueve por la oferta y demanda. En lo que respecta a las guerras de laboratorio, la ideología funciona casi como portavoz moderna de la religión. Señala la amenaza apocalíptica, que tiene cara del terror; califica como “terrorismo” lo que le parece que son acciones inducidas por el mal.

 

 

[1] Revisar de Gilles Lipovetsky y Jean Serroy La Cultura-mundo. Anagrama; Barcelona 2010. También de Gilles Lipovetsky y Hervé Jupín El occidente globalizado. Anagrama; Barcelona 2011.

[2] Ver de Raúl Prada Alcoreza Crítica de la economía política generalizada. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/critica-de-la-economia-politica-generalizada/.

[3] Ver de Raúl Prada Alcoreza Cartografías histórico-políticas. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/cartografias-historico-politicas/.

[4] Ver Más allá del amigo y enemigo. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/mas-alla-del-amigo-y-enemigo/.

 

[5] Ver Economía política de la parte maldita. https://pradaraul.wordpress.com/2014/09/13/economia-politica-de-la-parte-maldita/.

[6] Ver La inscripción de la deuda, su conversión infinita. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-inscripcion-de-la-deuda-su-conversion-infinita/.

La invención del terrorismo

La invención del terrorismo

 

Raúl Prada Alcoreza

La invención del terrorismo

 

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Dedicado a Gerasimos Tsakalos, Christos Tsakalos, Giorgios Polidoros, Olga Ekonomidou, Theofilos Mavropoulos, Panagiotis Argirou, Giorgos Nikolopoulos, Michalis Nikolopoulos, Damiano Bolano, Haris Hadjimihelakis, Angeliki Spyropoulo, Christos Rodopoulos, Christodoulos Xiros. Jóvenes rebeldes heterodoxos e iconoclastas anarquistas, destructores de imperios, reprimidos, apresados y condenados por el régimen impostor al servicio de la hiper-burguesía del capitalismo financiero especulativo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El terrorismo, la imagen que ocasiona la palabra, el nombre, el significado y la expresión, que entona este término: terrorismo. El terrorismo se ha convertido en la amenaza que señalan los estados, los gobiernos, el orden mundial y el imperio, fuera y dentro de sus propias fronteras. Con este término, que implica la idea de atentado contra el orden, contra el Estado, también contra la sociedad institucionalizada, se hostiga a la población a atemorizarse ante semejante amenaza casi apocalíptica; la del terror, de unos grupos y organizaciones desalmadas, que son capaces de las más atroces violencias, con tal de lograr sus fines, que no son otros que los relativos a la dominación total. Contra este aniquilador, este terrorismo sin escrúpulos, la sociedad institucionalizada tiene que defenderse, empleando no solamente todos los medios legales e institucionales al alcance, sino, incluso, cruzando la línea de lo legal y permitido, de lo institucional establecido, recurrir a los medios no-legales, no institucionalizados; empleando también, en contraposición, al terrorismo de Estado, la violencia más sanguinaria. Esto estaría justificado por la defensa de la sociedad, el orden y el Estado, la defensa de los valores de la civilización. Defendiéndose y luchando en contra de organizaciones fanáticas, encaminadas a desplegar el terror, sin medir consecuencias, tampoco sin distinguir contra quienes se perpetra la violencia del terror de Estado[1].

 

Como se puede ver, las dos acciones, la del supuesto terrorismo y las del orden, del Estado, del imperio, se acercan y se terminan pareciendo; sobre todo, por el carácter, si se quiere ilegal, no-institucional o extra-institucional; llegando a ser secreta y sigilosa, encubierta. También se parecen por que comparten el terror como ámbito, atmósfera, temática y medio para lograr fines. No se los distingue cuando ambos bandos utilizan la violencia y generan su escalada inconcebible. Se podría decir, que ambos se benefician, pues sus acciones se encuentran justificadas por los fines perseguidos; los unos, persiguiendo fines fundamentalistas; los otros, persiguiendo fines de defensa de la sociedad institucionalizada, el orden, el Estado, la civilización.  En medio de estos entretelones y cruzamientos perversos, yuxtaposiciones e intersecciones asombrosas, ambos hacen negocio; venden armas, unos, compran armas, otros; venden petróleo los otros, compran los unos, supuestos enemigos del terrorismo.

 

Por otra parte, los gobiernos, estados, orden mundial, imperio, se benefician más, cuando con la excusa de terrorismo criminalizan la protesta social, indilgan de terrorista a cualquiera, que se atreve a interpelar al poder. El terrorismo se ha convertido en el mejor recurso clasificatorio de la hiper-burguesía mundial, que domina el mundo, que ejerce el control global, que monopoliza los recursos naturales, las reservas, los yacimientos; ya sea directamente o indirectamente, por concesiones otorgadas o por compra de materias primas, en condiciones de términos de intercambio desiguales. Hiper-burguesía que se monta sobre los flujos de plusvalor del capitalismo especulativo del sistema financiero internacional, que ha convertido a todos los pueblos del mundo en deudores eternos[2].

 

En Grecia el gobierno de Syriza, de la Coalición de la Izquierda Radical, que es eso lo que quiere decir, en griego, el acrónimo Syriza, el gobierno de esta coalición de izquierda y el tribunal inquisidor de la TROIKA han condenado por 115 años de prisión a un grupo de jóvenes rebeldes, que participaron en las movilizaciones y protestas sociales contra las medidas de austeridad implacable, de recortes y de suspensión de derechos laborales, además de mercadear los recursos y puertos del país, en un contexto de hambre y de pobreza extendidos.  La denuncia de Ruptura Colectiva dice:

 

El pasado viernes 8 de julio el tribunal inquisidor de la Troika con la jueza Asimina Yfanti, en un juicio armado con acusaciones falsas y pruebas montadas, condenó a los jóvenes rebeldes Gerasimos Tsakalos, Christos Tsakalos, Giorgios Polidoros, Olga Ekonomidou, Theofilos Mavropoulos, Panagiotis Argirou, Giorgos Nikolopoulos, Michalis Nikolopoulos, Damiano Bolano, Haris Hadjimihelakis a 115 años de prisión. La compañera Angeliki Spyropoulo fue sentenciada con 28 años de prisión. Christos Rodopoulos, fue sentenciado con 75 años de prisión. Christodoulos Xiros fue sentenciado a 65 años en prisión. A los demás acusados y a los familiares de los presos les dieron sentencias que van desde los 6 años hasta los 28[3].

 

El gobierno de Syriza se ha convertido en el brazo político de “izquierda” de la TRIKA, contra sus propias promesas, además, contra los compromisos con el pueblo griego, que se levantó contra las exacciones neoliberales de los banqueros y del sistema financiero internacional; sistema que empujó a la crisis con la proliferación e inflación de créditos, con el cálculo ganancial de las amortizaciones e intereses, al Estado griego, por lo tanto, al pueblo griego. Es la especulación bancaria, la especulación financiera, la búsqueda compulsiva de los bancos por tasas rápidas de retorno y super-ganancias, es la administración intrépida de la burguesía europea, lo que ha desatado la crisis financiera, asentada en una larga e intermitente crisis de sobreproducción mundial. Sin embargo, esta hiper-burguesía y esta melindrosa burguesía europea, no pagarán la crisis; serán sus propias víctimas, los pueblos, los que son obligados a hacerlo.  Mientras los responsables, los banqueros, las corporaciones financieras-comerciales-industriales-mediaticas, que ya han gozado de salvamientos financieros jugosos, se encuentran protegidos por los aparatos “ideológicos” de la dominación mundial, por las máquinas de poder y las máquinas de guerra.

 

La “izquierda” es cómplice de este terrorismo de Estado, de este terrorismo desplegado por las máquinas de guerra y los servicios de inteligencia de las potencias hegemónicas y dominantes del orden mundial. El gobierno de “izquierda” de Grecia es, ahora, claramente, la mejor herramienta para defender la propiedad privada de la virtualidad financiera, para defender la paz del imperio, que no es más que la guerra no declarada abiertamente, aunque declarada en los hechos, a los pueblos del mundo, por parte de la hiper-burguesía mundial. Es la mejor herramienta política del capitalismo especulativo del sistema financiero internacional pues   ha desarmado al pueblo movilizado contra el proyecto neoliberal europeo, al desarmar la propia movilización, la propia estructura de la movilización. Haciéndose el compañero del pueblo, del proletariado, de las familias afectadas, ha convencido, aprovechándose de la confianza otorgada; engatusando a un pueblo valiente, que sostuvo una larga lucha contra las coerciones, exacciones y economía política del chantaje de la hiper-burguesía mundial. Una vez en el gobierno, por segunda vez, se ha entregado de lleno a las exigencias desmesuradas y compulsivas de la TROIKA, de la burguesía financiera europea, de la hiper-burguesía-especulativa mundial. Para sentar precedente, descarga toda su furia, que esconde su miedo, su sumisión descarada, contra un grupo de jóvenes anarquistas[4], empleando los dispositivos jurídicos anacrónicos, que violan los derechos humanos, convenidos internacionalmente. Lo que pasa en Grecia, es una muestra de lo que es capaz un gobierno sometido y la hiper-burguesía mundial en contra de los pueblos del mundo.

 

El terrorismo es una invención y un producto de los aparatos de inteligencia de las potencias dominantes del orden mundial. Ahora se ha convertido en una carta comodín, para ser usada contra todo lo que incomoda a los gobiernos, tanto de “derecha” como de “izquierda”. En esto coinciden estos gobiernos, que se consideran, además, enemigos irreconciliables. La modernidad tardía, en la era de la simulación, nos sorprende con estas complicidades sordas, coincidentes, no dichas ni asumidas; empero, efectuadas. El terrorismo es el mecanismo “maquiavélico” – en el sentido de su vulgarización interpretativa, que no corresponde a la exposición de Nicolás Maquiavelo – usado contra los pueblos, para manejarlos por el terror; es decir, por la violencia descomunal, ilegal, ilegitima y no-institucional; acompañada por el imaginario del terror, difundido por las corporaciones de los medios de comunicación y por los discursos de los “analistas” y “especialistas”.

 

Si los pueblos no reaccionan frente a esta artera maniobra globalizada, compartida por “derechas” e “izquierdas” – ambos forman parte del sistema-mundo político, contenido y sustentado por el sistema-mundo capitalista -, tendrán que soportar días aciagos, no solo de austeridad, obligados a pagar una deuda que ocasionaron los ricos, las burguesías especulativas, sino algo peor, el ingreso a un orden del panoptismo globalizado. Control total, vigilancia absoluta, disciplinamiento generalizado, acompañado por castigos desmedidos; en otras palabras, una nueva esclavitud, la correspondiente a la modernidad tardía del sistema-mundo capitalista.

 

En esta guerra, declarada efectivamente, aunque no dicha, pronunciada rumorosamente en su silencio o en el discurso hipócrita de la hiper-burguesía a los pueblos, los pueblos están obligados a defenderse, preservando la vida. Defender derechos conquistados, defender soberanías logradas, defender el derecho a la protesta y la movilización, defender a sus jóvenes rebeldes, defender la parrhesía, el decir la verdad, que significa dar la palabra al pueblo, el derecho a la democracia efectiva y plena, que es el autogobierno del pueblo.

 

[1] Ver Más allá del amigo y enemigo: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/mas-alla-del-amigo-y-enemigo/.

 

[2] Ver La inscripción de la deuda y su conversión infinita: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-inscripcion-de-la-deuda-su-conversion-infinita/.

[3] Ver de Ruptura Colectiva http://rupturacolectiva.com/condenan-a-115-anos-de-prision-a-jovenes-anarquistas-en-grecia/.

[4] Ver Acontecimiento libertario: https://pradaraul.wordpress.com/anarquismo/acontecimiento-libertario/.

Consideraciones sobre el activismo libertario

Consideraciones sobre el activismo libertario

Interpretación y complejidad, proyecto e incidencia

 

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Interpretación y complejidad.pdf

 

 

 

 

 

 

Hay que distinguir entre el acontecimiento, complejidad dinámica, compuesto por múltiples singularidades en devenir. Con las interpretaciones que se tenga de esta experiencia social; que pueden ser simples, esquemáticas; por lo tanto, inadecuadas para comprender, por lo menos, parte del acontecimiento. Interpretaciones, incluso, que pueden ser, mas bien, complejas, en el sentido de haber escapado al simplismo, al esquematismo reducido; buscando elucidaciones a través de composiciones teóricas más exigentes, de estructuras conceptuales más elaboradas. No solamente decimos que la interpretación no es la realidad, sinónimo de complejidad, sino que no incide, en sentido práctico, en los decursos efectivos, aunque lo haga, de algún modo, indirectamente. La incidencia se efectúa por intervención de fuerzas concurrentes. Hay que distinguir, entonces, entre una orientación racional y perceptual, por ejemplo, una estrategia de incidencia, un proyecto político, de la dinámica y mecánica de las fuerzas, que inciden efectivamente en el decurso de procesos inherentes al acontecimiento.

 

Esto no solamente lo decimos por las formaciones discursivas, las “ideologías”, los proyectos políticos, los paradigmas, criticados por nosotros, sino también, lo decimos en lo que respecta a nuestra crítica desplegada y al activismo que encausamos, el libertario. Ciertamente, sería paradójico caer en lo mismo que criticamos; confundir representación con realidad, caer en un voluntarismo intelectual, creyendo que la complejidad misma, lograda en la interpretación crítica, achica la diferencia entre complejidad e interpretación, por más compleja que sea esta última; que el activismo comprometido, sostenido en esta interpretación crítica, resuelve el problema de la incidencia. De ninguna manera. El activismo, que busca liberar la potencia social, no resuelve de por sí el problema de la incidencia de las fuerzas.  La incidencia exige mucho más que una comprensión, adecuada de la complejidad, mucho más que un activismo crítico, interpelador, libertario. La claridad de lo buscado, demoler las estructuras de poder, desmantelar la institucionalidad del poder, liberar la potencia social, hacer emerger los autogobiernos, es como la apertura del horizonte civilizatorio, los mundos alterativos y alternativos; para trasmontarlo es menester no caer en la ilusión, que esta visión crítica y este activismo libertario han resuelto los problemas de incidencia. La complejidad, como sinónimo de realidad, exige desenvolvimientos y acciones más arduas, que solo el activismo libertario y la crítica de la “ideología”, la interpelación de las formas polimorfas de poder, incluso las convocatorias a las movilizaciones generales. Se trata de desatar la potencia social en subjetividades atrapadas en sujetos constituidos largamente por diagramas de poder.

 

Como los y las libertarias no somos vanguardistas, no nos creemos ni maestros, ni dirigentes de masas, multitudes, pueblos, sino más bien parte de ellos. Esta tarea, la de las emancipaciones y liberaciones múltiples, corresponde a todos, es, como se dice, una labor colectiva. La tarea, entonces, es activar la potencia social. ¿Cómo se hace?

 

No hay recetas, ni mucho menos pretendemos darlas. Los activamos libertarios responden a problemáticas históricas-políticas-culturales, en distintos contextos y periodos, momentos y coyunturas; diferentes composiciones de relaciones y estructuras de poder singulares, locales, nacionales, regionales, mundiales. Heredando tradiciones de luchas, de experiencias y memorias sociales, atravesadas por las dinámicas culturales, las difusiones lingüísticas, por la actualización de las prácticas, de los esquematismos de comportamientos, conductas y habitus, que son, a su vez interpelados, de-construidos y diseminados por el discurso critico activista. En consecuencia, los activismos se arman considerando la crítica ácrata y su combinación específica en estas composiciones singulares históricas-políticas-sociales-culturales-territoriales.

 

Sin embargo, sin que sean recetas, ni nada por el estilo, parece conveniente poner en mesa de discusión algunas consideraciones de índole configurativa. Por ejemplo, si no se trata de dirigir, de conducir, de enseñar, de liderar, de vanguardizar, pretensiones de las tradiciones jacobinas; se trata, de manera diferente, de activar la potencia, inherente en los cuerpos, potencia inhibida por las estructuras de poder inscritas en el cuerpo. Esto no solamente equivale a interpelar las redes institucionales, que atrapan a estos cuerpos, a parte de sus fuerzas, utilizadas en la reproducción del poder, sino también de-construir las subjetividades cristalizadas por los diagramas de poder; es decir, interpelar a los propios sujetos sociales, pues terminan siendo cómplices de sus propias dominaciones.

 

Par tal efecto, parece necesario compartir experiencias y memorias sociales. Comprender, en sentido hermenéutico, lo que supone la fenomenología de la percepción, las complejidades singulares de los contextos en los que se mueven los activismos específicos. Tomar atención a las singularidades locales, nacionales, regionales, en su composición y combinación mundial. Esto último tiene importancia, tanto por las adecuaciones del activismo a las singularidades, sino también porque las singularidades componen integraciones dinámicas mundiales. La consecuencia, es que todo activismo local y nacional es también un activismo mundial; activismo contra la dominación mundial, que se manifiesta y se singulariza en las dominaciones locales.

 

Los activismos libertarios también son contexturas dinámicas de planos y espesores de intensidad subversivos; se articulan planos de intensidad políticos con planos de intensidad estéticos, espesores de intensidad corporales con espesores de intensidad territoriales. Actos heroicos con actos creativos; política, en sentido amplio, en sentido de suspensión de los mecanismos de dominación, y poesía, en sentido de poiesis inventiva. Lo que caracteriza a los activismos libertarios, a diferencia de la tradición “izquierdista”, con todas sus variantes, matices y diferencias, es que los activismos libertarios son disposiciones y dispositivos de contra-poder, en el sentido pleno de la palabra; se colocan como destructores del poder, para liberar la potencia; nunca reproducir otra forma de poder, que es el circulo vicioso del poder, en el que cayó la “izquierda”.

 

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