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Venezuela – “Ni Maduro ni Guaidó son la solución”. [Temir Porras Ponceleón* – Entrevista]

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¡Qué solos están los pueblos! ¡Qué acompañados pueden estar!

¡Qué solos están los pueblos!

¡Qué acompañados pueden estar!

 

Raúl Prada Alcoreza

 

¡Qué solos están los pueblos!

 

Guerra del Pacifico

 

 

 

En carrera frenética por conseguir el desarrollo anhelado los Estado-nación subalternos de la inmensa periferia del sistema-mundo capitalista se embarcaron en proyectos económicos delirantes, incluyendo guerras fratricidas. La ilusión del desarrollo caló en la clase política, aunque también en la clase económicamente dominante, incluso en lo que se denomina ambiguamente las clases medias[1]. No deja de estar ajeno a esta ilusión del desarrollo el mismo proletariado joven de estas latitudes de las periferias de la geografía política de un sistema-mundo moderno, configurado por la geopolítica colonial, primero, después, por la geopolítica imperialista, para derivar en la geopolítica de inercia del imperio, el orden mundial. El sueño de un país atravesado por ferrocarriles fue obsesivo en los caudillos latinoamericanos del siglo XIX. En el siglo XX los caudillos soñaban con un país industrial, en tanto que en las primeras décadas del siglo XXI los caudillos sueñan con convertir al país gobernado en “potencia”; las connotaciones pueden adquirir distintas tonalidades, desde “potencia” de la tercera revolución tecnológica-científica-cibernética, hasta “potencias” más circunscritas, más especializadas, como, por ejemplo, “potencia energética”. El problema no es solo evaluar la realización o no de estos sueños desiderativos, sino de todo lo que se hizo para alcanzarlos y lograrlos.

Si hacemos un repunte, podemos comenzar con la guerra contra los pueblos y naciones indígenas por parte de los Estado-nación, de las repúblicas flamantes. Después podemos seguir con lo que podemos llamar, recurriendo al lenguaje militar reciente, la guerra de baja intensidad, no declarada, y diferida, contra los propios pueblos para modernizarlos, para inculcarles comportamientos modernos. Siguiendo la lista podemos citar las guerras fratricidas entre países vecinos; en lo que sobresale la pretensión de convertir al Estado-nación vencedor en una especie de “subimperialismo” o imperialismo de segundo orden, por lo menos, en el ámbito regional[2]

Estos juegos geopolíticos en la geografía periférica no solamente son dados a una escala restringida y circunscrita, en el mejor de los casos, regional, sino que son como caricaturas de las geopolíticas mundiales de los imperialismos; imitaciones groseras de las “potencias” mundiales, que también juegan a la geopolítica. Geopolítica que de por sí ya es un esquema simple y elemental, tomado de las nociones más generales de la geografía, que es usada como estrategia espacial de dominaciones. Sin embargo, todo este juego no es más que movimiento de fichas en mapas; lo que no corresponde a las máquinas de guerra, puestas en movimiento en escenarios territoriales y marítimos, cuyos espesores y flujos, además de la cobertura de las relaciones sociales nacionales e internacionales, que les otorgan complejidad. Los generales de las “potencias imperialistas” juegan sus geopolíticas en mapas bidimensionales, en tanto los hechos, sucesos, eventos y acontecimientos se suceden en espesores tetra-dimensionales. Los generales de los Estado-nación subalternos, con pretensiones de “potencias” segundonas, juegan de la misma manera en mapas bidimensionales, solo que acotados a la región o a las vecindades; no como aquellos generales de ejércitos imperialistas, que lo hacen a escala mundial.

El alcance de la geopolítica es como el de la teoría de la conspiración; al reducir el mundo efectivo al mundo de una representación harto esquemática, susceptible a la decodificación militar, por lo tanto, a un mundo de caricatura militar, solo toma en cuenta variables controlables, bajo sus propios mandos, dejando fuera las multiplicidades de variables intervinientes en los fenómenos sociales, económicos, políticos, culturales. Si uno de los bandos vence al otro, en la conflagración, no lo hace gracias a la geopolítica, a la estrategia simplona de dominación del espacio, sino a la correlación de fuerzas, cuyas dinámicas escapan al entendimiento militar. Lo mismo sucede en la región circunscrita del conflicto en la periferia de la geografía política del sistema-mundo; solo que en este caso todo se da de una manera más imitativa, sobresaliendo el dramatismo de las caricaturas trágicas. De todas maneras, hay poblaciones de muertos, masas de heridos, pueblos enfrentados y agredidos, aunque uno de ellos corresponda al Estado vencedor y el otro al Estado derrotado. La gloria es para los militares, no para el pueblo, la victoria es para el Estado vencedor, no para el pueblo; en tanto que la derrota no solo es para el Estado derrotado, sino, sobre todo, para el pueblo de ese Estado-nación.

La geopolítica es una disciplina anacrónica de los juegos de poder de las “potencias imperialistas”; cuando la usan “potencias” de menor escala, por ejemplo, Estado-nación subalternos, no hacen otra cosa que usar los disfraces y las armas de los ejércitos de las “potencias imperialistas” en escenarios territoriales acotados, donde estos disfraces y estas armas están demás. A pesar de la ideología chauvinista de los Estado-nación, a pesar de las ceremonialidades del poder, que ensalzan a sus héroes, tanto del país vencedor como del país vencido, los resultados fácticos ponen en entredicho tanto a la ideología chauvinista y a las ceremonialidades apologistas, pues lo que queda es la recurrencia repetitiva de las narrativas nacionalistas, que hacen incomprensible la guerra desatada, la guerra habida, que ambos bandos recuerdan cronológicamente. Los pueblos son los espectadores de estas conmemoraciones, empero, olvidaron que fueron a la guerra por los juegos de poder de los gobiernos de entonces, controlados por clases dominantes, que concurrían por el control de los recursos naturales.

Las guerras en la periferia del sistema-mundo no se explican desde la narrativa nacionalista, pues se trata de Estado-nación dependientes y subalternos.  Estos Estados no disputan el dominio mundial, para lo que sirve la geopolítica, sino el control de sus entornos intrarregionales e interregionales; por lo tanto, conquistan o pierden, dependiendo el caso, territorios que no controlan efectivamente ni soberanamente los Estado-nación subalternos. El control efectivo de estos territorios, sobre todo, de las reservas y yacimientos de recursos naturales, lo hacen las empresas trasnacionales extractivistas. Los Estado-nación subalternos han hecho la guerra para el control de otros Estado-nación, las “potencias imperialistas”.

Es cierto que no solo queda la comedia y las ceremonias, los oropeles de la gloria o la derrota, pues el Estado vencedor se hace de territorios que anexa a su geografía política; al hacerlo incorpora reservas de recursos naturales, que amplifican notoriamente la fuente de ingresos del Estado rentista. El Estado vencido pierde los territorios y con ellos los recursos naturales que albergan, sin que el país sea compensado por esta pérdida atroz. Se le compensa miserablemente, sin sonrojarse por ello, con la descomunal tosquedad que presta la prepotencia criolla, pretendida “superioridad blancoide”, con un ferrocarril que llevara las materias primar a los puertos, para su exportación. Pero, lo que no hay que olvidar, es que el Estado-nación vencedor se convierte en el gendarme que cuida estos recursos naturales, que dejan de pertenecerle en el momento de la exportación y la externalización al Centro industrial del sistema-mundo capitalista. Es incluso gendarme contra su propio pueblo, sobre todo, gendarme contra la clase de los trabajadores, que dejan su sudor, si no son sus huesos, en los campamentos mineros o petroleros. Es cuando el absurdo de estas guerras periféricas se hace patente.

Este absurdo histórico-político no se borra con la estridencia ideológica nacionalista; que solo sirve para preservar el Estado-nación subalterno al servicio de la dominación mundial vigente, que solo sirve para que generales y doctorcitos de toda laya se engolosinen con la remembranza de la victoria o de la derrota; que solo sirve para que los políticos gobernantes de turno azucen a su pueblo para lograr convocatoria y preservarse en el poder, ya sea de una manera o de otra, o a través del continuismo carismático o la alternancia de mandos de partidos que solo son distintos en las siglas. Las guerras periféricas son absurdas, desde la perspectiva propia, la de los países periféricos y de los pueblos de la inmensa periferia, dominada por las estructuras de poder del sistema-mundo capitalista. Solo son explicables porque las disputas geopolíticas de las grandes “potencias” se delegan y transfieren a los actores locales, nacionales y regionales de los países vasallos del imperio

Debatir desde el postulado de “soberanía”, que no se la tiene efectivamente, pues la soberanía es trascendentalmente imperialista, sobre las heridas, los problemas y temas pendientes que dejó la guerra, es más retórica de leguleyos, quienes de soberanía solo tienen una imagen simbólica y desgarbada. Los pueblos tienen la tarea imperiosa de enmendar los errores que han cometido sus clases dominantes y los gobernantes de turno, al momento de la conflagración y después. No pueden seguir los ritmos de sus clases políticas y de sus castas militares, entrampadas en las irradiaciones de una guerra que no debería haberse dado. Los pueblos periféricos, herederos de las repercusiones des-constitutivas de la colonia, están convocados a integrarse y mancomunarse en proyecciones descolonizadoras, que fortalezcan sus potencias sociales, dándose la oportunidad de abrir otros horizontes, más allá de la colonia y de la colonialidad, más allá de la actualización contemporánea de ambas en las formas de la civilización moderna.

En los debates sobre los problemas pendientes de la guerra están ausentes los pueblos, salvo como objetos de la manipulación política y mediática. Es menester, entonces, que los pueblos hablen, como se dice, con su palabra, con sus lenguajes, que se reconozcan como tales. Que deliberen y reflexionen colectivamente, que busquen soluciones, que las consensuen. Los pueblos del continente tienen la tarea pendiente de la integración, de cerrar la caja de pandora, abierta con la conquista de Tenochtitlan, que es cuando nace la modernidad vertiginosa que todo lo solido desvanece en el aire.

 

[1] Ver Anacronismos en el discurso político. Disquisiciones sobre la “clase media”. https://www.bolpress.com/2018/02/27/anacronismos-en-el-discurso-politico-disquisiciones-sobre-la-clase-media/.

[2] Ver Geopolítica regional. https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/geopol__tica_regional.

Anular las elecciones fraudulentas

Anular las elecciones fraudulentas

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Anular las elecciones fraudulentas

 

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El discurso jacobino de la revolución francesa dice que la soberanía radica en el pueblo; la Constitución dice lo mismo. ¿Qué significa este enunciado? Qué el pueblo está encima de la ley; también se puede decir que está por encima del Estado, por estar en el nacimiento mismo del Estado. Al expresar este enunciado la Constitución, ratifica la premisa de la revolución, hecha por el pueblo sublevado. En el ejercicio constitucional de la democracia institucionalizada, el pueblo toma decisiones, por así decirlo, en las elecciones, en los referéndums, en las consultas; incluso cuando se moviliza por demandas y reivindicaciones. Estas decisiones no son como las que corresponden a la acción colectiva, como en la rebelión, en la sublevación, en la subversión, en la revolución; sin embargo, se trata de decisiones populares, cuantificadas en las votaciones. Se trata del ejercicio de la soberanía popular en la vida cotidiana del ejercicio democrático formal. Al ser decisiones del pueblo, ni los gobernantes, ni los “representantes del pueblo”, menos las autoridades subalternas pueden cuestionar, objetar, ni transgredir. Hacerlo es estar no solo contra la democracia, el ejercicio de la democracia, sino atentar contra la base misma del Estado moderno, el Estado-nación, pues su cimiento ideológico es precisamente éste, el que la soberanía radica en el pueblo.

Bueno, es esto precisamente lo que ha ocurrido con el aval otorgado por el susodicho Tribunal Constitucional Plurinacional a la reelección del presidente y, de yapa, a otras autoridades elegidas. Haciendo una interpretación truculenta de la Convención de San José, la misma que se refiere a los derechos humanos de las personas, de los ciudadanos, no de los políticos, menos de los que fungen de presidentes. De todas maneras, a pesar de todo, contra la coherencia lógica, contra la interpretación directa y clara de la Convención mentada, el TCP ha dado su veredicto asumiendo la pertinencia de la propuesta de unos diputados, que interpretaron atropelladamente la Convención de San José. Se entiende que todo esto, estos equívocos concatenados y malas interpretaciones, a ojos vista, se deben a la desesperación por mantenerse en el poder a toda costa, aunque ese costo sea la democracia misma, es más, la libertad del pueblo mismo y sus derechos consagrados en la Constitución.

El domingo, 3 de diciembre de 2017, se realizarán las elecciones de magistrados; elecciones amañadas largamente, de una manera torpe y grotesca, sin disimulo, incluyendo al Tribunal Electoral, teniendo, además, el antecedente de las elecciones de magistrados anteriores, perdidas por el oficialismo, donde ganó el voto nulo; lo que equivale taxativamente a la anulación de las elecciones. Sin embargo, a pesar de esta derrota incuestionable, el gobierno, los dispositivos estatales tomados por el partido de gobierno, sobre todo, el Congreso, se dieron modos de elegir a magistrados de escasa votación y de escasos méritos, avasallados por la descalificación del voto nulos. Las elecciones de magistrados son inconstitucionales, vulneran, violan, desacatan, la Constitución, que establece que la elección de magistrados es un proceso, donde se da la participación popular; los candidatos emergen de la sociedad, se hacen conocer, se postulan en el ejercicio del debate y la deliberación con el pueblo. Todas estas condiciones establecidas por la Constitución brillan por su ausencia en al atropello logístico y apresurado del Tribunal Electoral, presionado por el chantaje ideológico y coercitivo del gobierno. Ciertamente, su comportamiento no tiene disculpa; un comportamiento decoroso hubiera sido renunciar y no seguir el circo montado por el ejecutivo, el oficialismo, los dispositivos estatales y las organizaciones sociales cooptadas, que hacen de apéndice del ejecutivo o de extensiones somáticas del caudillo. Empero, no tuvieron esta dignidad.

Ante este descalabro de la forma de gubernamentalidad clientelar y corrupta, ¿qué hacer? Teóricamente, podríamos decir, que se trata de boicotear las elecciones fraudulentas; ni legitimas, ni legales, aunque sean institucionales, en el marco del monopolio y el dominio del partido oficialista y de la ansiedad desgarbada del caudillo.  Sin embargo, dicho de manera directa y sencilla, no hay fuerzas para hacerlo, pues la población votante esta atrapada en las mallas coercitivas de la maquinaria del chantaje del poder: o votas o votas, incluso aunque sea nulo, aunque es mejor que no sea nulo, pues has “valer tu voto”, en beneficio de la desfachatada democracia oficialista. No hay condiciones de posibilidad, como se dice, para que se pueda desplegar lo que teóricamente es aconsejable, defendiendo la soberanía del pueblo. Estamos ante un pueblo desencantado, una vez que evidenció la versión crápula del supuesto “proceso de cambio”, pero, un pueblo que no ha encontrado su potencia social, por lo tanto, que está lejos de ejercer su soberanía. En esta situación adversa para la voluntad popular, parece que las alternativas se restringen en el marco del espacio o la cancha tendida por el chantaje político. Una de las opciones, tibiamente dignas, es anular las elecciones fraudulentas. Es decir, votar nulo, aunque en las anteriores elecciones de magistrados, tampoco el Congreso, el ejecutivo, los tribunales oficiosos, no respetaron la victoria del voto nulo, haciéndose a los desentendidos de los resultados de la votación.

La responsabilidad ciudadana, es decir, de los que están en condiciones de ejercer la soberanía popular, no de los esclavos de ideologías, sobre todo, de los esclavos de deseos de poder, aunque sea fragmentarios, de demandas de reconocimientos, aunque sea por dádivas, sino de los que se consideran ciudadanos y creen todavía en la potestad política de la democracia institucionalizada, es anular las elecciones fraudulentas. No hacerlo es asumirse como esclavos, renunciando a lo que queda de su condición de ciudadano y ciudadana.

La soberanía radica en el pueblo es un enunciado jacobino; enunciado todavía preñado del prejuicio de la soberanía; concepto que deriva de la condición del soberano, el monarca, solo que después de decapitar al rey el pueblo ocupa el lugar vacío dejado por el noble, que jugó a ser símbolo de la nación. Forma parte este enunciado de las herencias del discurso jurídico-político, a pesar de la irrupción transgresora e interpeladora de la acción histórica-política del pueblo efectivo, es decir, de las multitudes congregadas y en colisión con el poder. A pesar de estas connotaciones conservadoras en lo que respecta al contraste con el alcance del ejercicio de la democracia plena, el autogobierno, la autogestión y la autonomía, todavía lleva el hálito de la voluntad popular, compuesta y combinada en la subversión; aunque la misma, en vez de destruir el poder y desplazarlo definitivamente, sustituirlo por el autogobierno creativo de los pueblos, lo restituya en otras formas, aunque quizás más abiertas, es lo que se tiene a mano, como quien dice. La soberanía del pueblo se efectúa en la anulación de las elecciones fraudulentas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Síntomas y significaciones del feminicidio

Síntomas y significaciones del feminicidio

Raúl Prada Alcoreza

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La violencia no es abstracta sino específica; afecta a personas concretas, a sus cuerpos marcados. Si bien la violencia es un concepto cuya etimología viene del latín, cuyas significaciones se asocian a impetuosidad, ardor, rigor, también a ferocidad, rudeza y saña; la arqueología del concepto, que se sostiene y emerge  del substrato latino, ha desplazado su sentido a agresión. Sobre todo, conectando este significado a referentes normativos y morales. Por ejemplo, se dice que la violencia concurre entre sujetos contrastados, se manifiesta en conductas y comportamientos agresivos, acaece en contextos vulnerables; donde, de manera premeditada, asimilada  y repetida, se promueve la violencia, apremiando hacer daño a contingentes referenciales. Se emplaza a conseguir la subordinación plena, de individuos y acervos sociales. La violencia perturba demoledoramente, cuyo alcance es de magnitud desoladora, inhibiendo las facultades  creativas de la sociedad, recurriendo al terror[1]. Lo que importa no es tanto la cualidad conceptual sino la interpretación del despliegue de violencias específicas.  De las que más llama la atención es la violencia destructiva del feminicidio. Es indispensable detenerse ante semejantes hechos y sucesos, que desatan la violencia sobre el cuerpo de las mujeres. Interpretar esta violencia proliferante, escalonada y en expansión, adquiriendo intensidades espeluznantes, como síntomas de sociedades devastadas; donde sujetos desgarrados, de consciencia desdichada, descargan sus frustraciones en el cuerpo temido de las mujeres.

 

Hay que atender a las estadísticas de los feminicidios, que, como se los presenta, han remontado cantidades asombrosas e inadmisibles. La pregunta es ¿a qué se debe? Una de las respuestas comunes y difundidas es la que asocia el feminicidio con el machismo desbordado, enloquecido, que busca su realización en la dominación depravada, que se manifiesta en el homicidio de mujeres. Compartimos, en parte, esta interpretación; empero, no logra explicar las cantidades expansivas de los feminicidios. ¿Es el depravado o el psicótico la explicación de las regularidades estadísticas de los escalonados feminicidios? Se puede hacer esta atribución parcial, que quizás corresponda a una parte, que no es precisamente la proporción mayor, sino, más bien una de las menores. La proporción mayor o las proporciones mayores tienen que ver no con estas inclinaciones individualizadas, sino con circuitos y tráficos articulados a mercados clandestinos.

 

Así como hay un lado oscuro del poder[2], que se complementa con el lado luminoso del poder – un lado que tiene que ver con las formas paralelas del poder no institucionales, que se complementa con el lado que tiene que ver con las formas institucionales del poder –, también se puede decir que hay un lado oscuro del mercado, que se engrana con el lado luminoso y visible del mercado. Estamos hablando no solo del tráfico de armas, del narcotráfico, sino del tráfico de cuerpos; empero, de este tráfico llevado a extremos crueles y sanguinarios. Resulta que ya asistimos al rapto de niñas y de adolescentes, para satisfacer no solamente las ansias sexuales de millonarios, sino sus deseos más exuberantes, donde se busca la satisfacción delirante en el descuartizamiento y la muerte, después de la violación. Se ha montado toda una logística y organización para el efecto del desenvolvimiento de este mercado oculto en las sombras de los recovecos de la sociedad; aunque, de alguna manera, conocido o sospechado por la misma policía.

 

 

Como dijimos, el lado oscuro del poder no solamente ya atraviesa el lado luminoso del poder. Las redes de las formas de poder no institucionales, clandestinas, no solamente atraviesan a las mallas institucionales, sino que el lado oscuro controla al lado luminoso; se lo ha tragado. Las formas paralelas del poder, no institucionales, controlan a las formas institucionales del poder. De la misma manera, algo parecido ocurre en la relación imbricada entre el lado oscuro del mercado y el lado luminoso del mercado.  No podemos decir, como en el caso del poder, de las relaciones imbricadas entre las formas de poder, que el lado oscuro del mercado controla el lado luminoso del mercado, aunque podemos conjeturar que lo atraviesa.

 

La cifra escalofriante de feminicidios en el norte de México es ya un indicador de la extensión desbordante de la conformación del lado oscuro del mercado, de sus niveles de expansión; además de su involucramiento con su clientela, los carteles. Dirigidos, como se sabe, por capos adinerados. La serpenteante e itinerante revelación de cuantiosos raptos de niñas y adolescentes en los otros países, es también indicador del tamaño de la conformación y funcionamiento de este lado oscuro del mercado, además internacionalizado. Aunque no necesariamente se tiene que identificar a la clientela con los carteles, sino con millonarios insatisfechos. A los que no les colma su riqueza, ni acceder a prostitutas caras, sino que ansían precisamente vírgenes; además tan expuestas y vulnerables, de tal manera que se las pueda asesinar sádicamente. Lo que pasó en Argentina parece tener que ver con estos estilos escabrosos del lado oscuro del mercado y una clientela “honorable”. Esta interpretación o conjetura parece corroborarse cuando se tiene la información de que la familia de la víctima es amenazada, posiblemente por estos “empresarios” del negocio macabro, si sigue insistiendo con la investigación del caso.

 

De acuerdo a estas interpretaciones del conglomerado imbricado, entre las formas de poder mencionadas y las formas de mercado señaladas, se puede sugerir una tercera interpretación. Esta interpretación conjetura la conexión entre lo que ocurre con el poder y lo que ocurre con el mercado. De alguna manera ya insinuamos que las organizaciones del lado oscuro del poder pueden ser tanto la clientela como los ofertantes del lado oscuro del mercado. Sin embargo, parece que la conexión entre ambos planos y espesores de intensidad, del poder y del mercado, han alcanzado la articulación perversa; donde el lado oscuro del poder obliga al lado luminoso del poder a encubrir estos hechos escabrosos y criminales. Por lo tanto, se ha llegado a variados grados de complicidad precisamente de las instituciones encargadas de cuidar a la ciudad y a sus ciudadanos.

 

Ante este panorama, resulta inadecuado reducir estos fenómenos destructivos de la humanidad a la culpabilidad de las aberraciones sexuales, del machismo despechado y de la violencia masculina. Estas identificaciones, dadas por los discursos denunciantes, no abarcan el mapa de todos los dispositivos que están en este juego atroz. Es menester identificar estas estructuras y organizaciones, que componen el lado oscuro del poder y el lado oscuro del mercado.  Es necesario interpelar y denunciar a las economías políticas del chantaje, en las cuales se encuentran estas economías ilícitas, clandestinas e inhumanas. El enfrentamiento no es tan solo con la psicosis o las inclinaciones perversas individualizadas, esto es parte del problema, una parte menor del problema; el problema mayor se encuentra en el funcionamiento instrumentalizado, organizado y estructurado de estas formas perversas del poder y del mercado, que ya se han extendido, no solamente controlando al Estado o parte del Estado, sino amenazando y aterrorizando a la sociedad; inhibiendo o controlando la labor de las instituciones del orden y encargadas de velar por el cuidado de la ciudad y de los ciudadanos.

 

Se ha llegado a situaciones tan peligrosas para la sociedad y el porvenir de la humanidad, que la denuncia y la movilización, las marchas que exigen investigación, son insuficientes para detener este decurso al apocalipsis. Nadie dice que no hay que denunciar, ni movilizarse, ni marchar, ni exigir al Estado el cumplimiento de sus deberes; claro que hay que seguir haciéndolo. Pero, lastimosamente, no es suficiente. Lo que se enfrenta es una amenaza mucho mayor que el supuesto perfil de psicosis o de perversión individualizada; lo que se enfrenta son estructuras de poder y de economía paralelas, incrustadas en el Estado y la sociedad civil. Lo que se enfrenta ya es el desborde del poder, más allá de la gubernamentalidad, más allá de la preservación y reproducción del poder. Lo que se enfrenta es un poder excesivo y descomunal, un poder desbocado, que no se conforma solamente con disciplinar a los cuerpos de las poblaciones, con controlarlos, con engatusarlos con goces banales de la cultura-mundo de la trivialidad, sino que busca su realización catastrófica en la destrucción misma de las cohesiones sociales y de su sentido inmanente, la humanidad.

 

Lo que sorprende no es ya solo la indiferencia o, para decirlo más suavemente, la indocilidad burocrática del Estado, frente a estos hechos espantosos, sino la misma pusilanimidad de la sociedad. Después del rapto, violación y asesinato de una joven, la sociedad misma no podría ir, como de costumbre, al día siguiente a hacer sus rutinas. La dignidad humana exige suspender la vida cotidiana, y detener estos desplazamientos macabros del lado oscuro del poder y del mercado.  Si no lo hace, si después de enterarse de lo que ocurre, de leer las cifras de la extensión de los feminicidios, después de las denuncias y las interpelaciones, las marchas y movilizaciones, vuelve, al día siguiente, a efectuar sus mismas rutinas, esto es muestra de inconsecuencia, en el caso del activismo, y de pusilanimidad, en el caso de la sociedad; por lo tanto, de cierta complicidad, al fin, con lo que ocurre.

 

Lamentablemente, es esto lo que está sucediendo; la responsabilidad de la denuncia, de la interpelación, está en manos de colectivos y grupos activistas; mientras el grueso de la sociedad contempla.  Aunque lo haga indignada por lo que ocurre, el hecho que siga en la rutina, quiere decir que está la sociedad adormecida. Su contemplación indignada es también complicidad. Si las sociedades y los pueblos han llegado a esto, a este grado de pusilanimidad y adormecimiento, son pueblos y sociedades que ya no valen la pena. Han perdido lo primordial; no hablamos de la capacidad de indignarse, sino de la capacidad de detener, de parar, esta destrucción de la dignidad humana, de la vida de las mujeres, del porvenir de las adolescentes. Ni una más, ni una menos, quiere decir no solamente basta, sino el acto inmediato, la movilización de toda la sociedad para desmantelar estas máquinas del chantaje, de la coerción, de la tortura y de la muerte.

 

 

 

 

[1] Referencias: [1] El término en español es un cultismo; se corresponde con el sustantivo latino violencia, que deriva del adjetivo violens, -entis, que significaba «impetuoso», «furioso». En última instancia, el origen latino de la palabra es el sustantivo vis («fuerza», «poder», «potencia»); Cf. myetymology.com, «Etymology of the Latin word violentia». [2] Freud, El inconsciente. [3] Cf. Amalio Blanco, «Los cimientos de la violencia», Mente y cerebro, 49, 2001, pp. 9-15. [4] Galtung, Johan (1995) Investigaciones teóricas. Sociedad y cultura contemporáneas. Madrid: Tecnos. Bibliografía: _ J. Galtung (1998). Tras la violencia 3R: reconstrucción reconciliación, resolución, afrontando los efectos visibles e invisibles de la guerra y la violencia. Bilbao: bakeaz, gernika gogoratuz. Pág. 15. _ Palermo G.(2005), La violenza intrafamiliare tra diritto e mediazione, La città del sole, Napoli. _ William Golding (1954), El señor de las moscas. Vergara, Carmen, (tr.) Edhasa ISBN: 84-350-0951-3. _ Desmond Morris (1967), El mono desnudo (The Naked Ape, en el original en inglés) Ferrer Aleu, J., (tr.) Nuevas Ediciones de Bolsillo. _ Ashley Montagu (1990), La naturaleza de la agresividad humana. Escohotado, Antonio, (tr.) Valencia: Alianza Editorial, S.A. _ José Sanmartín Esplugues (2000), La violencia y sus claves. Barcelona: Ariel. Sexta Edición actualizada Ariel- QUINTAESENCIA, 2013. _ José Sanmartín Esplugues (2004), El laberinto de la violencia, Barcelona: Ariel. Mundos violentos. _ Desmond Morris, sinopsis de su libro El mono desnudo _ Robert Ardrey, Extractos del Génesis de África. Ver Enciclopedia Libre, Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Violencia.

 

[2] Ver El lado oscuro del poder.

 http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/el-lado-oscuro-del-poder/.

 

 

ACUERDO FINAL PARA LA TERMINACIÓN DEL CONFLICTO Y LA CONSTRUCCIÓN DE UNA PAZ ESTABLE Y DURADERA

ACUERDO FINAL PARA LA TERMINACIÓN DEL CONFLICTO Y LA CONSTRUCCIÓN DE UNA PAZ ESTABLE Y DURADERA

www.mesadeconversaciones.com.co/sites/default/files/24_08_2016acuerdofinalfinalfinal-1472094587.pdf

Preámbulo

 

Recordando que los diálogos de La Habana entre delegados y delegadas del Gobierno Nacional, presidido por el Presidente Juan Manuel Santos y delegados y delegadas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo, con la decisión mutua de poner fin al conflicto armado nacional, tuvieron origen como resultado del Encuentro Exploratorio sucedido en la capital de la República de Cuba entre el día 23 de febrero y el día 26 de agosto de 2012; Teniendo presente que como resultado de los diálogos exploratorios referidos se produjo un Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, firmado en la fecha última citada ante testigos nacionales y ante delegados de la República de Cuba y del Reino de Noruega que sirvieron igualmente como testigos, y que, desde entonces, asienten el proceso como países garantes; Poniendo de presente que la República Bolivariana de Venezuela y la República de Chile se han aprestado en todo momento a sus buenos oficios como países acompañantes; Recordando que en desarrollo de la agenda aprobada en el Acuerdo en mención se dio inicio a la Mesa de Conversaciones el día 18 de octubre de 2012 en la ciudad de Oslo, capital del Reino de Noruega, para luego continuar en la capital cubana sin solución de continuidad hasta el día de hoy que se firma el Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera; Subrayando que el Acuerdo Final que se suscribe en la fecha corresponde a la libre manifestación de la voluntad del Gobierno Nacional y de las FARC-EP, al haber obrado de buena fe y con la plena intención de cumplir lo acordado; Teniendo presente que el Artículo 22 de la Constitución Política de la República de Colombia impone la paz como un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento; que el Artículo 95 afirma que la calidad de colombiano enaltece a todos los miembros de la comunidad nacional por lo que es deber de todos engrandecerla y dignificarla; que el ejercicio de los derechos y libertades reconocidos en la Constitución implica responsabilidades, entre ellas, propender al logro y mantenimiento de la paz; Subrayando que la paz ha venido siendo calificada universalmente como un derecho humano, y requisito necesario para el ejercicio de todos los demás derechos y deberes de las personas y la ciudadanía; Poniendo de presente que el Acuerdo Final recoge todos y cada uno de los acuerdos alcanzados sobre la Agenda del Acuerdo General suscrito en La Habana en agosto de 2012; y que para alcanzarlo el Gobierno Nacional y las FARC-EP siempre y en cada momento nos ceñimos al espíritu y respeto de la Constitución Nacional, de los principios del Derecho Internacional, del Derecho Internacional de los Derechos Humanos, del Derecho Internacional Humanitario (Convenios y Protocolos), de lo mandado por el Estatuto de Roma (Derecho Internacional Penal), de los fallos proferidos por la Corte Interamericana de Derechos Humanos relativos a los conflictos y su terminación, y demás sentencias de competencias reconocidas universalmente y pronunciamientos de autoridad relativos a los temas suscritos.

Recordando que el Artículo 94 manifiesta que “la enunciación de los derechos y garantías contenidos en la Constitución y en los convenios internacionales vigentes, no debe entenderse como negación de otros que, siendo inherentes a la persona humana, no figuren expresamente en ellos”, que los tratados sobre derechos humanos, aprobados por el Congreso, y que no pueden ser suspendidos ni siquiera durante los estados de excepción, prevalecen en el orden interno; Poniendo en consideración que la suma de los acuerdos que conforman el Acuerdo Final contribuyen a la satisfacción de derechos fundamentales como son los derechos políticos, sociales, económicos y culturales, y los derechos de las víctimas del conflicto a la verdad, la justicia y la reparación, el derecho de los niños, niñas y adolescentes, el derecho fundamental de la seguridad jurídica individual o colectiva y la seguridad física, y el derecho fundamental de cada individuo en particular y de la sociedad sin distingos en general, a la no repetición de la tragedia del conflicto armado interno que con el presente Acuerdo se propone superar; Subrayando que el Acuerdo Final presta especial atención a los derechos fundamentales de las mujeres, los de los grupos sociales vulnerables como son los pueblos indígenas, las niñas, niños y adolescentes, las comunidades afrodescendientes y otros grupos étnicamente diferenciados; los derechos fundamentales de los campesinos y campesinas, los derechos esenciales de las personas en condición de discapacidad y de los desplazados por razones del conflicto; los derechos fundamentales de las personas adultas mayores y de la población LGBTI; Considerando que a juicio del Gobierno Nacional las transformaciones que conlleva la implementación del presente Acuerdo deben contribuir a reversar los efectos del conflicto y a cambiar las condiciones que han facilitado la persistencia de la violencia en el territorio; y que a juicio de las FARC-EP dichas transformaciones deben contribuir a solucionar las causas históricas del conflicto, como la cuestión no resuelta de la propiedad sobre la tierra y particularmente su concentración, la exclusión del campesinado y el atraso de las comunidades rurales, que afecta especialmente a las mujeres, niñas y niños. Valorando y exaltando que el eje central de la paz es impulsar la presencia y la acción eficaz del Estado en todo el territorio nacional, en especial en múltiples regiones doblegadas hoy por el abandono, por la carencia de una función pública eficaz, y por los efectos del mismo conflicto armado interno; que es meta esencial de la reconciliación nacional la construcción de un nuevo paradigma de desarrollo y bienestar territorial para beneficio de amplios sectores de la población hasta ahora víctima de la exclusión y la desesperanza; Reconociendo los derechos de la sociedad a una seguridad humana integral con participación de las autoridades civiles; Exaltando y consagrando la justicia prospectiva en tanto reconoce derechos fundamentales esenciales para las nuevas y futuras generaciones como son el derecho a una tierra preservada, el derecho a la preservación de la especie humana, el derecho a conocer sus orígenes y su identidad, el derecho a la exención de responsabilidades por las acciones cometidas por las generaciones precedentes, el derecho a la preservación de la libertad de opción, y otros derechos, sin perjuicio de los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia y la reparación; Recordando que el pasado 23 de junio del año en curso, las Delegaciones del Gobierno Nacional y de las FARC-EP suscribieron en la capital cubana los acuerdos de Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo y Dejación de las Armas y Garantías de Seguridad, en presencia del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, del Secretario General de Naciones Unidas, del Presidente de la Asamblea General de la ONU, del Presidente del Consejo de Seguridad de la misma organización, del Ministro de Relaciones Exteriores del Reino de Noruega, de los Jefes de Estado de los países acompañantes, de Jefes de Gobierno de países de la región, del Enviado Especial de los Estados Unidos de América y del Representante Especial de la Unión Europea; Aceptando que las normas de derecho internacional consuetudinario continuarán rigiendo las cuestiones relacionadas con derechos fundamentales no mencionados en el Acuerdo Final, incluyendo el mandato imperativo que ordena que “en los casos no previstos por el derecho vigente, la persona humana queda bajo la salvaguardia de los principios de humanidad y de la exigencias de la conciencia pública”; Reconociendo el mandato constitucional que afirma que corresponde al Presidente de la República como Jefe de Estado, Jefe del Gobierno y Suprema Autoridad Administrativa convenir y ratificar acuerdos de paz; El Gobierno de la República de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo, hemos acordado: Suscribir el presente Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, cuya ejecución pondrá fin de manera definitiva a un conflicto armado de más de cincuenta años y que a continuación se consigna. El presente Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera se suscribe por el Gobierno Nacional y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- Ejército del Pueblo (FARC-EP), como Acuerdo Especial en los términos del artículo 3 común a los Convenios de Ginebra de 1949. El Gobierno Nacional y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- Ejército del Pueblo (FARC-EP), firman siete originales incluidos sus anexos, uno para cada una de las partes, uno para cada uno de los países garantes y uno para cada uno de los países acompañantes. El séptimo ejemplar original se depositará inmediatamente tras su firma, ante el Consejo Federal Suizo en Berna o ante el organismo que lo sustituya en el futuro como depositario de las Convenciones de Ginebra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

Luego de un enfrentamiento de más de medio siglo de duración, el Gobierno Nacional y las FARC-EP hemos acordado poner fin de manera definitiva al conflicto armado interno. La terminación de la confrontación armada significará, en primer lugar, el fin del enorme sufrimiento que ha causado el conflicto. Son millones los colombianos y colombianas víctimas de desplazamiento forzado, cientos de miles los muertos, decenas de miles los desaparecidos de toda índole, sin olvidar el amplio número de poblaciones que han sido afectadas de una u otra manera a lo largo y ancho del territorio, incluyendo mujeres, niños, niñas y adolescentes, comunidades campesinas, indígenas, afrocolombianas, negras, palenqueras, raizales y rom, partidos políticos, movimientos sociales y sindicales, gremios económicos, entre otros. No queremos que haya una víctima más en Colombia. En segundo lugar, el fin del conflicto supondrá la apertura de un nuevo capítulo de nuestra historia. Se trata de dar inicio a una fase de transición que contribuya a una mayor integración de nuestros territorios, una mayor inclusión social -en especial de quienes han vivido al margen del desarrollo y han padecido el conflicto- y a fortalecer nuestra democracia para que se despliegue en todo el territorio nacional y asegure que los conflictos sociales se tramiten por las vías institucionales, con plenas garantías para quienes participen en política. Se trata de construir una paz estable y duradera, con la participación de todos los colombianos y colombianas. Con ese propósito, el de poner fin de una vez y para siempre a los ciclos históricos de violencia y sentar las bases de la paz, acordamos los puntos de la Agenda del Acuerdo General de agosto de 2012, que desarrolla el presente Acuerdo. El Acuerdo está compuesto de una serie de acuerdos, que sin embargo constituyen un todo indisoluble, porque están permeados por un mismo enfoque de derechos, para que las medidas aquí acordadas contribuyan a la materialización de los derechos constitucionales de los colombianos; por un mismo enfoque diferencial y de género, para asegurar que la implementación se haga teniendo en cuenta la diversidad de género, étnica y cultural, y que se adopten medidas para las poblaciones y los colectivos más humildes y más vulnerables, en especial los niños y las niñas, las mujeres, las personas en condición de discapacidad y las víctimas; y en especial por un mismo enfoque territorial. El enfoque territorial del Acuerdo supone reconocer y tener en cuenta las necesidades, características y particularidades económicas, culturales y sociales de los territorios y las comunidades, garantizando la sostenibilidad socio-ambiental; y procurar implementar las diferentes medidas de manera integral y coordinada, con la participación activa de la ciudadanía. La implementación se hará desde las regiones y territorios y con la participación de las autoridades territoriales y los diferentes sectores de la sociedad. La participación ciudadana es el fundamento de todos los acuerdos que constituyen el Acuerdo Final. Participación en general de la sociedad en la construcción de la paz y participación en particular en la planeación, la ejecución y el seguimiento a los planes y programas en los territorios, que es además una garantía de transparencia.

Además, la participación y el diálogo entre los diferentes sectores de la sociedad contribuyen a la construcción de confianza y a la promoción de una cultura de tolerancia, respeto y convivencia en general, que es un objetivo de todos los acuerdos. Décadas de conflicto han abierto brechas de desconfianza al interior de la sociedad, en especial en los territorios más afectados por el conflicto. Para romper esas barreras se requiere abrir espacios para la participación ciudadana más variada y espacios que promuevan el reconocimiento de las víctimas, el reconocimiento y establecimiento de responsabilidades, y en general, el reconocimiento por parte de toda la sociedad de lo ocurrido y de la necesidad de aprovechar la oportunidad de la paz. Por lo anterior, el Gobierno de Colombia y las FARC-EP, con el ánimo de consolidar aún más las bases sobre las que edificará la paz y la reconciliación nacional, una vez realizado el plebiscito, convocarán a todos los partidos, movimientos políticos y sociales, y a todas las fuerzas vivas del país a concertar un gran ACUERDO POLÍTICO NACIONAL encaminado a definir las reformas y ajustes institucionales necesarios para atender los retos que la paz demande, poniendo en marcha un nuevo marco de convivencia política y social. * El Acuerdo Final contiene los siguientes puntos, con sus correspondientes acuerdos, que pretenden contribuir a las transformaciones necesarias para sentar las bases de una paz estable y duradera. El Punto 1 contiene el acuerdo “Reforma Rural Integral”, que contribuirá a la transformación estructural del campo, cerrando las brechas entre el campo y la ciudad y creando condiciones de bienestar y buen vivir para la población rural. La “Reforma Rural Integral” debe integrar las regiones, contribuir a erradicar la pobreza, promover la igualdad y asegurar el pleno disfrute de los derechos de la ciudadanía. El Punto 2 contiene el acuerdo “Participación política: Apertura democrática para construir la paz”. La construcción y consolidación de la paz, en el marco del fin del conflicto, requiere de una ampliación democrática que permita que surjan nuevas fuerzas en el escenario político para enriquecer el debate y la deliberación alrededor de los grandes problemas nacionales y, de esa manera, fortalecer el pluralismo y por tanto la representación de las diferentes visiones e intereses de la sociedad, con las debidas garantías para la participación y la inclusión política. En especial, la implementación del Acuerdo Final contribuirá a la ampliación y profundización de la democracia en cuanto implicará la dejación de las armas y la proscripción de la violencia como método de acción política para todas y todos los colombianos a fin de transitar a un escenario en el que impere la democracia, con garantías plenas para quienes participen en política, y de esa manera abrirá nuevos espacios para la participación. El Punto 3 contiene el acuerdo “Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo y la Dejación de las Armas”, que tiene como objetivo la terminación definitiva de las acciones ofensivas entre la Fuerza Pública y las FARC-EP, y en general de las hostilidades y cualquier acción prevista en las reglas que rigen el Cese, incluyendo la afectación a la población, y de esa manera crear las condiciones para el inicio de la implementación del Acuerdo Final y la dejación de las armas y preparar la institucionalidad y al país para la reincorporación de las FARC-EP a la vida civil. Contiene también el acuerdo “Reincorporación de las FARC-EP a la vida civil –en lo económico, lo social y lo político- de acuerdo con sus intereses”. Sentar las bases para la construcción de una paz estable y duradera requiere de la reincorporación efectiva de las FARC-EP a la vida social, económica y política del país. La reincorporación ratifica el compromiso de las FARC-EP de cerrar el capítulo del conflicto interno, convertirse en actor válido dentro de la democracia y contribuir decididamente a la consolidación de la convivencia pacífica, a la no repetición y a transformar las condiciones que han facilitado la persistencia de la violencia en el territorio. El Punto 3 también incluye el acuerdo sobre “Garantías de seguridad y lucha contra las organizaciones criminales responsables de homicidios y masacres o que atentan contra defensores y defensoras de derechos humanos, movimientos sociales o movimientos políticos, incluyendo las organizaciones criminales que hayan sido denominadas como sucesoras del paramilitarismo y sus redes de apoyo, y la persecución de las conductas criminales que amenacen la implementación de los acuerdos y la construcción de la paz”. Para cumplir con este fin, el acuerdo incluye medidas como el Pacto Político Nacional; la Comisión Nacional de Garantías de Seguridad; la Unidad Especial de Investigación; el Cuerpo Élite en la Policía Nacional; el Sistema Integral de Seguridad para el Ejercicio de la Política; el Programa Integral de Seguridad y Protección para las Comunidades y Organizaciones en los Territorios; y las Medidas de Prevención y Lucha contra la Corrupción. El Punto 4 contiene el acuerdo “Solución al Problema de las Drogas Ilícitas”. Para construir la paz es necesario encontrar una solución definitiva al problema de las drogas ilícitas, incluyendo los cultivos de uso ilícito y la producción y comercialización de drogas ilícitas. Para lo cual se promueve una nueva visión que dé un tratamiento distinto y diferenciado al fenómeno del consumo, al problema de los cultivos de uso ilícito, y a la criminalidad organizada asociada al narcotráfico, asegurando un enfoque general de derechos humanos y salud pública, diferenciado y de género. El Punto 5 contiene el acuerdo “Víctimas”. Desde el Encuentro Exploratorio de 2012, acordamos que el resarcimiento de las víctimas debería estar en el centro de cualquier acuerdo. El acuerdo crea el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, que contribuye a la lucha contra la impunidad combinando mecanismos judiciales que permiten la investigación y sanción de las graves violaciones a los derechos humanos y las graves infracciones al Derecho Internacional Humanitario, con mecanismos extrajudiciales complementarios que contribuyan al esclarecimiento de la verdad de lo ocurrido, la búsqueda de los seres queridos desaparecidos y la reparación del daño causado a personas, a colectivos y a territorios enteros. El Sistema Integral está compuesto por la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición; la Unidad Especial para la Búsqueda de Personas dadas por desaparecidas en el contexto y en razón del conflicto armado; la Jurisdicción Especial para la Paz; las Medidas de reparación integral para la construcción de la paz; y las Garantías de No Repetición. El Punto 6 contiene el acuerdo “Mecanismos de implementación y verificación” en el que se crea una “Comisión de implementación, seguimiento y verificación del Acuerdo Final de Paz y de resolución de diferencias”, integrada por representantes del Gobierno Nacional y de las FARC-EP con el fin, entre otros, de hacer seguimiento a los componentes del Acuerdo y verificar su cumplimiento, servir de instancia para la resolución de diferencias, y el impulso y seguimiento a la implementación legislativa. Adicionalmente crea un mecanismo de acompañamiento para que la comunidad internacional contribuya de distintas maneras a garantizar la implementación del Acuerdo Final y en materia de verificación se pone en marcha un modelo con un componente internacional integrado por los países que durante el proceso han tenido el papel de garantes y acompañantes y dos vocerías internacionales, todo ello soportado en la capacidad técnica del Proyecto del Instituto Kroc de Estudios Internacionales de Paz de la Universidad de Notre Dame de los Estados Unidos. * Las delegaciones del Gobierno Nacional y de las FARC-EP reiteramos nuestro profundo agradecimiento a todas las víctimas, las organizaciones sociales y de Derechos Humanos, las comunidades incluyendo los grupos étnicos, a las organizaciones de mujeres, a los campesinos y campesinas, a los jóvenes, la academia, los empresarios, la Iglesia y comunidades de fe, y en general a los ciudadanos y ciudadanas que participaron activamente y que a través de sus propuestas contribuyeron al Acuerdo Final. Con su participación lograremos la construcción de una paz estable y duradera.

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FESTIVAL CULTURAL EN HOMENAJE A MARCELO QUIROGA SANTA CRUZ

HORA 25

FESTIVAL CULTURAL EN HOMENAJE A MARCELO QUIROGA SANTA CRUZ

– A 36 años de la desaparición física del líder socialista, la Cátedra que lleva su nombre organiza un festival artístico cultural este jueves 14 de julio en el paraninfo universitario del Monoblock Central a partir de las 18:30 horas.

(HORA 25).- La 29ª versión de la Cátedra Libre Marcelo Quiroga Santa Cruz de la carrera de Comunicación Social de la UMSA programó un festival cultural en homenaje al líder socialista a 36 años de su desaparición física. El acto se desarrollará este jueves 14 de julio en el paraninfo universitario del Monoblock Central a partir de las 18:30 horas.

El evento será inaugurado por el rector de la UMSA Waldo Albarracín y estudiantes y contará con invitados especiales como Raúl Prada y Guillermo Mariaca, entre otras personalidades.

Posteriormente se dará paso a las artes con dos obras breves de teatro “Letreros, murales y grafitis” y “Yo soy Julian Asange”. Además estarán presentes grupos de rock fusión Kusillo y rock alternativo “Un día sin sol”, y contará con los acordes de la música chacarera de “El último transhumante”: Jorge Castel.

La versión 29ª de la Cátedra Libre es parte del primer ciclo de seminarios, conferencias, charlas sobre el pensamiento de Marcelo Quiroga, un festival artístico cultural, la presentación de libros y conversatorios con diversos intelectuales nacionales e internacionales que comenzó el pasado 22 de junio.

El objetivo del ciclo de conferencias y seminarios es abrir el diálogo social para debatir temas estructurales de la nación boliviana.

La Cátedra Libre, impulsada por docentes y estudiantes de la carrera de Comunicación Social de la Facultad de Ciencias Sociales de la UMSA, está inspirada en la práctica política y pensamiento del líder socialista, quien en su práctica intelectual buscó conocer las causas últimas del empobrecimiento de Bolivia y de su atrofiada economía, pero a su vez comunicarla de la forma más sencilla al pueblo boliviano para su comprensión.

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¡Ahora y aquí!

¡Ahora y aquí!

 

Raúl Prada Alcoreza

 

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Desde la perspectiva de la simultaneidad dinámica, no hay tiempo, o dicho de otra manera, usando el lenguaje heredado, lo único que tenemos a mano es el presente, que se sustenta en el espacio de  experiencia del pasado y se proyecta en el horizonte de espera,  la expectativa del futuro, haciendo uso de los conceptos de Reinhart Kochelleck. Paul Ricoeur propone, para salir de las antinomias de la historia, acercar el pasado al presente, así también acercar el futuro al presente, de tal manera que el pasado sea recuperado como experiencia plena y el futuro deje de ser una utopía, sino alcanzable y realizable. No vamos a entrar al debate teórico de las corrientes de historia, es decir, de las corrientes de los historiadores, de sus distintas formas de investigar el pasado y de interpretarlo; además de asumir de un determinado modo esta interpretación, de una manera absoluta, como verdad del pasado, o con la relatividad y provisionalidad que amerita, las narrativas históricas que escriben. Tampoco de la relación que tiene la historia con la narrativa, con la ficción literaria; así como tampoco entraremos a la luminosa exposición de Paul Ricoeur sobre la influencia, conjunción y combinaciones que se han dado entre historia y literatura[1]. Preferimos remitirnos a los tres tomos de Tiempo y narración. Sobre estos temas, hemos hecho anotaciones en otros ensayos[2]. Lo que nos interesa ahora es asumir de estos tópicos, temas y problemáticas, las consecuencias políticas.

 

Sin necesidad de diferenciar los horizontes epistemológicos del debate, con respecto a los horizontes epistemológicos de la perspectiva de la complejidad, sino asumiendo la cercanía de los tópicos y temas en cuestión, vamos a concentrarnos en las repercusiones políticas. Hablemos de simultaneidad dinámica o de presente pleno, lo que parece ser la principal consecuencia es que no hay exactamente horizonte de espera en lo que corresponde a la actividad política, en sentido pleno; no es muy adecuado referirse a este horizonte efectivo de espera como encaminarse a la utopía. Sino, lo más pertinente es hacerlo aquí y ahora. Tampoco se trata de alejamiento del pasado debido a la vertiginosidad de la modernidad, que es la interpretación de las corrientes evolutivas, pues que el pasado se encuentra sedimentado en la experiencia social. En consecuencia, es imperativo usar la experiencia social plenamente para potenciar la acción creativa en el presente.

 

Los pueblos del mundo, las sociedades del mundo, en su compleja composición de sociedades institucionalizadas y sociedades alterativas, no pueden esperar, dejar para después las tareas urgentes que les corresponde. Tampoco pueden dejar como en el olvido al pasado, retomando solo fragmentos seleccionados arbitrariamente; están como obligados a usar toda la experiencia social. Es el ahora y aquí lo que convoca a la humanidad. La experiencia social enseña que no se puede seguir por la ruta tomada, desde hace un buen tiempo, para decirlo en lenguaje conocido; esta ruta lleva al desastre, a la destrucción y posiblemente a la desaparición de la especie humana.

 

Lo que tenemos delante de los ojos es una ficción de realidad, si se quiere, recortes de realidad, conjuncionados sesgadamente, sostenida por las mallas institucionales del sistema-mundo; no es la realdad efectiva, sinónimo de complejidad. Esta desinformación terca, preservada por los Estado-nación, las estructuras de poder, la geopolítica del sistema-mundo capitalista, es la amenaza a la sobrevivencia.

 

Genealogías de generaciones nos anteceden. Lo que sabemos se los debemos a ellas, a sus experiencias sociales, a sus memorias sociales, a los saberes acumulados, a las ciencias conformadas, desde el inicio mismo de las sociedades, que aprendieron a leer en el firmamento las señales de las analogías, convertidas en símbolos, transmutaron estas señales en mitos del origen. También aprendieron las matemáticas al descifrar movimientos estelares en las noches luminosas. Quizás los primeros pasos de la geometría se hallen en esta visibilidad de las constelaciones de composiciones de estrellas. Lo que hicieron las generaciones pasadas es la geología, por así decirlo, en sentido metafórico, de la experiencia social, conformada por estratificaciones sedimentadas. A diferencia del referente sólido y pétreo, conformando también capas, de la geología como ciencia, las sedimentaciones de la experiencia social son dinámicas; se mueven y combinan distintas composiciones, de acuerdo a los requerimientos del presente, en sentido restringido. No parece adecuado juzgar, hayan hecho lo que hayan hecho nuestros antepasados; lo que no quiere decir dejar de comprender el pasado. Al contrario, se trata de comprender más, de manera más adecuada, con mayor profundidad, las complejidades singulares e integrales que llamamos pasado. Estos son los espesores de la experiencia social. Es indispensable aprender de ella, de su geología dinámica, de sus estratificaciones sedimentadas, en constante combinación. Es indispensable usar los conocimientos que emanen del análisis de la experiencia social orientando nuestras acciones. No para repetir lo mismo, ni paralelismos o, si se quiere, aproximaciones corregidas, sino para crear otros mundos; pues de eso se trata, de liberar la potencia social, la potencia creativa de la vida.

 

Es admirable el alcance de las condiciones de posibilidad actuales de las ciencias y de los saberes; empero, no han respondido a preguntas cruciales; por ejemplo, acudiendo a una de ellas: ¿En qué momento las sociedades toman esta ruta, en la que estamos? Que, si bien, parece corroborar, hasta cierto punto y hasta cierto momento las tesis evolutivas, después de ese punto y de ese momento, la ruta parece extraviada, encaminándose a un lugar sin salida. Esta pregunta en lo que respecta a las llamadas ciencias sociales y humanas. En lo que respecta al zócalo mismo de nuestras epistemologías, las ciencias físicas y matemáticas, que han abierto otros horizontes de visibilidad, de decibilidad y de interpretación, tan asombrosos, que conducen a replantearnos la estructura misma de los conocimientos acumulados; sobre todo, las certezas de las que partieron, no han explicado el funcionamiento complejo y sincronizado, en distintas escalas, del pluriverso. Los físicos denominan a esta explicación la teoría unificada.

 

La filosofía, que es como intérprete de las consecuencias ontológicas de lo que describen las ciencias físicas y configuran topológicamente las ciencias matemáticas, así como se amamanta de lo que encuentran las ciencias sociales y humanas, no ha satisfecho con sus sistemas de sentido construidos especulativamente. No ha podido interpretar el sentido inmanente de nuestra presencia en el pluriverso; incluso si este sentido solo sería válido para nosotros, para nuestras maneras de interpretar el mundo; incluso si este sentido no existe, salvo para la mirada humana. Sin embargo, se trata de darse la tarea o las tares de un rol o roles en el pluriverso; se trata de darse una labor o labores dignas de la humanidad. Salir de los mezquinos objetivos propuestos por las mallas institucionales anacrónicas, que están ligados a las estrategias de poder. ¿Qué alcance tienen estos objetivos? ¿Qué servicio prestan a la humanidad? Estos objetivos satisfacen al estrato dominante de las sociedades, además son de corto alcance, provisionales, considerando las dinámicas complejas de la vida. Los seres humanos no pueden reducirse al tamaño de semejantes ávidos objetivos, al tamaño de avaros obcecaciones, cuando tiene ante sí el acontecimiento del asombroso pluriverso, en sus distintas escalas.  Un intento de explicación aproximada de lo ocurrido podría ser: Los seres humanos han sido atrapados por sus propias criaturas, sus propias instituciones, a las que las toman como si fueran ellas las condiciones de posibilidad de sus propios nacimientos. Lo grave es que una vez dada esta inversión de roles, entre él y la creadora y lo creado, se haya persistido en este equivoco. Aunque hayan cambiado las mallas institucionales, trastrocándose, sobre todo en coyunturas de crisis, ocurría como que se iniciara la misma ruta, en otras condiciones, más amplias.

 

No podemos culpar a nuestros antepasados por lo que ha resultado como desenlace; no hay culpables; empero, podemos recoger sus huellas como experiencia acumulada. Esta es la mejor herencia con la que contamos. Ahora, podemos afirmar que por esa ruta no podemos continuar, pues esa ruta no solo está extraviada, en su propio laberinto, sino que lleva al desastre. Si no usamos esta experiencia social, entonces nos comportamos como suicidas. Ciertamente, no es de ninguna manera tarea fácil salir del atolladero donde nos encontramos; concebirnos como lo que somos, como todo ser, como toda forma de vida, creadores. Después de milenios que hemos repetido recurrentemente lo contrario, como si fuésemos criaturas.

 

Se pueden hacer distintos cortes a las composiciones complejas singulares de las sociedades; se han hecho algunas, por parte de las ciencias sociales y humanas, que han llevado a las interpretaciones que conocemos. La complejidad integral y de simultaneidad dinámica de las sociedades, comprendiendo su alteridad, no se reduce a estos cortes e interpretaciones. Se pueden hacer otros cortes que den lugar a otras interpretaciones, quizás más pertinentes. Claro que nunca alcanzarán la cobertura de la complejidad misma. Sin embargo, como ejemplo, supongamos un corte a partir de los perfiles subjetivos, por así decirlo. Toda sociedad contiene una proporción de subjetividades inquietas, curiosas, auscultadoras, con capacidades inventivas inmediatas. Sin embargo, este estrato de las subjetividades no es al que se lo escucha y se le deja hablar, sino, precisamente debido a la ruta tomada, es otra proporción de subjetividades la que se ha impuesto; la que llamaremos, provisionalmente, subjetividades narcisas; inclinadas a la ostentación, a la apariencia y a la comedia; inclinadas a la demagogia, a la impostura, a la charlatanería estridente,  que busca impresionar antes que comunicarse. Estas subjetividades son los que se montan en la cresta de la ola de las instituciones, sobre todo, en la macro-institución del Estado. Es a estas subjetividades elocuentes a las que se escucha y son estas subjetividades las que supuestamente dirigen el mundo. A su saber o astucia le llaman política, en sentido restringido.   Y son estas subjetividades las que apuestan a las dominaciones, pues creen que de eso se trata, de dominar al otro, al que definen como enemigo, apropiarse de sus posesiones. ¿Dominar, para qué? ¿Para enriquecerse, para acumular lo que la contabilidad llama capital, para sobreponerse sobre los demás, para ser los únicos sobrevivientes? El problema respecto a estas pretensiones, no deriva solamente de cuántos gozan de estos bienes, por así decirlo, sino qué cualidad tiene su gozo, y cuál es su alcance, su perdurabilidad. ¿Es que prefieren gozar ellos, de esta manera tan trivial, a costa de las generaciones venideras, sacrificando a la humanidad misma? En verdad, por así decirlo, no tiene mucha perspectiva esto, ni mucho sentido. Es, mas bien, irracional, usando, aunque no queramos, ese dualismo esquemático de lo racional e irracional.

 

No parece adecuado ese lograr es alcance desventurado, ese futuro tan mezquino, ese tamaño de logros; no es una oferta apreciable para los espesores desconocidos de la humanidad; dicho en otras palabras, no es digno de la humanidad. ¿O eso es lo que quiere la mayoría de los seres humanos? Es decir, querer ser el otro, el amo, el patrón, el dominante, ocupar su lugar; creer que la felicidad es eso, se logra así, cuando, no es otra cosa que goce banal y provisional, un autoengaño.   Si fuese así, si esto fuera cierto, entonces no habría salida. Empero, contamos con la alternativa de la duda; que no es así; que los seres humanos no renunciamos a los sueños, a los deseos profundos, a las esperanzas abiertas, que aunque las interpreten de manera circunscrita, adecuándolas  a sus propias narrativas, es una muestra de que no renuncian. Cuando la capacidad creativa se libera, aunque sea en algunos o en muchos, dependiendo del momento y las circunstancias, y ocurra esto intermitentemente, es una muestra de que no renunciamos; que las sociedades y el mundo haya cambiado, es otra muestra de que no renunciamos. Si esta intuición es la certeza de que los humanos contenemos potencia, que se encuentra inhibida, precisamente debido a la ruta tomada, la del poder, entonces tenemos la gran oportunidad de abrir otras rutas, más adecuadas a la dignidad humana.

 

Para decirlo de alguna manera, ha llegado el momento de escucharnos y vernos, de percibirnos, de comunicarnos, de conocernos, en vez de reducir al otro a estereotipos imaginarios. Ha llegado el momento de escuchar a nuestros jóvenes, así como a esa proporción de subjetividades inquietas, curiosa, que todavía se asombra como los niños del maravilloso acontecimiento de la vida y la existencia. Ha llegado el momento de aprovechar la experiencia acumulada, los conocimientos, saberes, ciencias, tecnologías acumuladas, para orientar de otra manera, nuestras acciones y prácticas, para inventar otras instituciones, que no se conviertan en fetiches, sino que sean instrumentos flexibles y cambiables, potenciadores de nuestras capacidades creativas. Como decía Walter Benjamín, ha llegado el momento de hacer un alto a la locomotora que nos lleva al apocalipsis, de suspenderse de la historia, reencarrilando en otro curso. Esto, la alternativa que escojamos, no depende de ninguna verdad, ni de tener razón, por más próxima que pueda estar de una certeza; depende de las constelaciones de voluntades singulares de los pueblos.  Solo tienen que llegar a la convicción de que hay cambiar las reglas del juego, incluso cambiar de juego. No es el juego del poder el que nos gusta, nos hace gozar plenamente, sino requerimos de otros juegos; por ejemplo, el juego de los consensos en la pluralidad de pueblos y en cada pueblo de la multiplicidad de colectivos, comunidades e individuos. También podemos jugar otros juegos; otro ejemplo, el de la comunicación, aprovechando las distintas lenguas y culturas, pues ahí radica la riqueza de la humanidad.

 

 

 

 


[1] Paul Ricoeur: Tiempo y narración. Siglo XXI; México 1996.

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Prepararse para defender la Patria Grande de Abya Yala

Prepararse para defender la Patria Grande de Abya Yala

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

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Los pueblos y sociedades del continente tienen ante sí la responsabilidad de acudir a incidir en el decurso histórico, en coyuntura aciaga. Se tiene en mano, en mano imperial, la aplicación del plan destructivo y desolador de intervención preventiva, que destruye estados y sociedades, consideradas por los ideólogos del imperio, como “estados canallas”. Ese plan no se ha ejecutado en América Latina, que fue el subcontinente de la experimentación del modelo neoliberal, sino en el medio oriente y en el sur de Europa. Ahora, en esta coyuntura crítica para los gobiernos llamados progresistas, parece que los servicios de inteligencia del imperio han encontrado la ocasión de intervenir, de aplicar el mismo esquema de dominación, en estrategia y táctica de guerra, en Sud América. Cuando el presidente norteamericano aprueba nuevamente la caracterización de la República Bolivariana de Venezuela como “amenaza” para la seguridad del Estado-nación de Estados Unidos de Norte América, practicante se ha declarado la guerra, anunciando intervención militar al país sudamericano, poseedor de la reserva hidrocarburífera más grande del mundo.

 

Los y las activistas libertarias sabemos que los llamados gobiernos progresistas forman parte del orden mundial, de la dominación global del imperio, encasillados en márgenes de maniobra, tolerados por el dominio estructurado del poder mundial del sistema-mundo capitalista. También sabemos que hay contradicciones inherentes a la geografía de la geopolítica del sistema-mundo capitalista; que pueden emerger por disputas por el control de las reservas de recursos naturales. En el caso de Venezuela, se trata del apreciable recurso del petróleo, que alimenta la era de la energía fósil del ciclo del capitalismo vigente. Esto significa que el ataque del imperialismo, inminente, después de declarar a la República Bolivariana de Venezuela como “amenaza”, configura un escenario altamente peligros, que no se pude soslayar.

 

Los gobiernos progresistas, después de las primeras medidas soberanas y sociales, han resultado la continuación de lo mismo, la dependencia, la subordinación, a la geopolítica del sistema-mundo capitalista. Además, derivaron en prácticas políticas populistas conocidas, como las del clientelismo, que los condujo a la decadencia moral y ética desbordante. Construyeron su propia derrota. Sin embargo, no podemos dejar de distinguir, el ataque norteamericano de la decadencia y derrumbe de los gobiernos populistas. Se trata de defender la Patria Grande de la intervención militar Norteamérica. En esta tarea es indispensable ser conscientes de que el pueblo norteamericano no es el enemigo, sino, mas bien, víctima de una hiper-burguesía, embarcada en la constitución de un mundo de Orwell. Para detener la agresión preparada o para defender el continente de Abya Yala, es indispensable la conjunción de todos los pueblos del continente, en contra de la hiper-burguesía, que ha decidido sacrificar a todos los pueblos, incluso a sus propios pueblos, para continuar con la acumulación especulativa de capital. En consecuencia, es urgente contar con la movilización general de todos los pueblos del continente.

 

Si el imperio ataca, es urgente y necesario, que los pueblos del continente nos levantemos, defender la vida, las soberanías, los pueblos, de la agresión imperialista. Estamos convocados a una guerra de defensa de los pueblos de Abya Yala. Lo que los servicios de inteligencia tienen proyectado, es la adaptación regional de lo mismo que se hizo en Libia y Siria, para no ampliarnos en una historia reciente más larga. Destrucción del Estado-nación, que consideran “canalla”, en palabras de Obama, “amenaza” a la seguridad de Estados Unidos. Escenario, que los latinoamericanos y también los norteamericanos no pueden permitir se desencadene. Precisamente por lo que son, el comienzo de la globalización y del capitalismo mundializado. También el inicio de nacionalismos, de democracias constitucionales, de formas de capitalismo diferentes. El pueblo norteamericano, de tradiciones democráticas, de tradiciones libres y rebeldes, ocultadas e inhibidas por la institucionalidad del Estado-nación imperialista, requiere recuperar su ímpetu, su memoria, su democracia harringtoniana, para no dejarse llevar por la hiper-burguesía gobernante al abismo y al derrumbe.

 

En ese sentido, los pueblos latinoamericanos, los pueblos norteamericanos, los y las jóvenes del continente, tenemos la responsabilidad de evitar el desastre, la destrucción de estados, destrucción que implica la propia destrucción del Estado agresor. El pueblo norteamericano es el eterno deudor de un sistema financiero despiadado y tramposo, de gobiernos atrapados en la geopolítica capitalista de la dominación mundial. El pueblo norteamericano es la carne de cañón de las guerras imperialistas emprendidas. El pueblo norteamericano es el cuerpo de escarnio de un capitalismo especulativo, que ha instaurado la deuda infinita de los pueblos, como emblema de la dominación absoluta. La agresión que se pretende perpetrar, al estilo de lo hecho Libia y de Siria, es el punto de inflexión, donde nuestras sociedades, terminaran demolidas, sumidas al dominio de la hiper-burguesía mundial.

 

La defensa de la Patria Grande no es una defensa de los gobiernos progresistas, que son, mas bien, un problema para la defensa. Son la zona vulnerable de la defensa. Su discurso, supuestamente “antiimperialista”, es una demagogia, un discurso para encubrir lo que realmente son, dispositivos de la dominación mundial, bajo la dominancia del capital financiero. La defensa de la Patria Grande es la defensa de la oportunidad de integración continental, de la construcción de la gobernanza de los pueblos, de la constitución de una democracia plena, como autogobiernos. A estas alturas de la información, de la experiencia de los pueblos, no se puede caer en la “ideología” de la seguridad del Estado y de la Nación, cuando se trata de intervenciones destructivas por parte de las máquinas de guerra desbordadas.

 

La declaración de guerra, de parte del gobierno norteamericano, por lo tanto del Estado Estadounidense a la República Bolivariana de Venezuela, porque eso significa el calificar a Venezuela como “amenaza” para la seguridad de Estados Unidos de Norteamérica, es inmediatamente una declaración de guerra a los pueblos del continente. El pueblo que no entienda esto es un pueblo anticipadamente derrotado, que va a ser esclavizado. Estamos convocados por la historia, para decirlo dramáticamente, también metafóricamente, pero, para ilustrar mejor, a defendernos contra esta agresión desorbitada del super-Estado imperial a los pueblos, presentada como una guerra a un “Estado canalla”.

 

Esto significa la responsabilidad histórica de prepáranos para la defensa, en esta guerra imperialista, en la fase de la hiper-modernidad y de la decadencia del capitalismo especulativo. No hay forma de escapar a esta responsabilidad. Lo que hace la llamada “oposición” venezolana, al pedir la renuncia del presidente, sucesor de Hugo Chávez, para evitar el apocalipsis de la intervención militar, es una traición a la patria. No es sorprendente esta actitud en oligarquías latinoamericanas, que han optado por el fraccionamiento en republiquetas, en vez de integrar la Patria Grande; oligarquías sumisas, a lo largo de la historia política, a las determinaciones abusivas del imperialismo y de los oligopolios trasnacionales. Lo desalentador es encontrar en los gobiernos progresistas un aliado del imperialismo, aunque indirecto e inconsciente, al destruir los procesos de cambio y las defensas materiales y sociales de los movimientos sociales anti-sistémicos. Si se colocan en la condición de la convocatoria a la defensa, no lo hacen, en el sentido de la defensa de la Patria Grande, sino en el sentido de la defensa de las estructuras de poder clientelares que edificaron. Esta demagogia debilita una defensa efectiva, no convoca a la movilización general, en esta guerra antiimperialista. Frente a este teatro político, que es como la culminación desesperada del desmantelamiento de las constituciones promulgadas, la destrucción de los procesos de cambio, afincados en la movilización social anti-sistémica, es indispensable una auto-convocatoria de los pueblos del continente para defender la soberanía, los derechos conquistados, la democracia; sobre todo, la posibilidad de abrir un horizonte civilizatorio, que responda al conceso de los pueblos del mundo y a su gobernanza global.

 

En consecuencia, estamos convocados a la movilización general, en defensa de la Patria Grande, la patria soñada por sociedades y pueblos precolombinos, por colonos rebeldes, por guerras anticoloniales, que eran, en principio, revoluciones sociales. No podemos dejar que la prepotencia, al estilo de Donald Trump, termine efectuando una política bélica en el continente, que de todas maneras, a pesar de sus presentaciones publicitarias, no cuenta con una clara estrategia, salvo la supuesta por los servicios de inteligencia, que, más o menos, dicen que es preferible un Estado enemigo destruido, una sociedad desvanecida, que tenerlo como presencia soberana.

 

¿Qué podemos hacer en contra de la intervención militar del complejo militar-económico-tecnológico-comunicacional-cibernético?  Mucho. Lo más difícil, debido a que los pueblos están atrapados en el fetiche del poder, en el fetiche del Estado, el fetiche de las instituciones, es constituir gobiernos de transición, que respondan a la voluntad general de los pueblos, y no a la economía política del chantaje de la hiper-burguesía. Empero, lo que es urgente, que se convierta en práctica inmediata, es la preparación, la organización, la conformación de la capacidad de defensa de todos los pueblos del continente. La defensa, se sobrentiende, es también y particularmente militar. Los pueblos del continente deben armarse para defenderse. Los ejércitos estatales no son exactamente una garantía para la defensa, salvo el ejército cubano, que es una excepción en la regla, como dijimos. No será fácil la conformación, la organización y la coordinación de milicias populares armadas de defensa; sin embargo, esta es la tarea inmediata.

 

Pero, la estrategia militar, no es la única defensa, es indispensable acompañar con defensas teóricas, políticas, analíticas y críticas, ofreciendo a los pueblos análisis e información congruentes con los hechos. Es menester preguntarse en las asambleas populares sobre la construcción de concesos, en acciones estratégicas para la defensa; pero, también para la conformación de la gobernanza de los pueblos.

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