Archivo de la categoría: Crítica

Regresiones y desfases del imperio

Regresiones y desfases del imperio

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Regresiones y desfases del imperio

 

Graca Morais

 

 

 

De acuerdo a Heinz Dieterich el jueves pasado, el Secretario de Estado del Imperio, Rex Tillerson, dio a conocer la Doctrina Trump para América Latina. Sus ingredientes: destrucción militar del régimen de Maduro; liquidación del Socialismo (del Siglo 20) en Cuba, a partir del retiro de Raúl Castro (abril 2018); destrucción colateral del gobierno sandinista en Nicaragua y del boliviano de Evo; reinstalación del Estado de Seguridad Nacional (NSS), con la obligación gubernamental criolla de acabar con el avance de China y Rusia en el hemisferio, tal como tenían que destruir el avance del “comunismo” en la Guerra Fría; los militares son los guardianes de los intereses del Imperio; la instalación de dictaduras militares como recurso político (“peaceful transitions”), en cooperación con las oligarquías. En resumen, el regreso a la política del National Security State pro-imperialista de los años sesenta, sobre la esencia de la Doctrina Monroe (América First, no new imperial powers – chinos, rusos, europeos en el continente, que es nuestro) y una ampliada doctrina nuclear[1]

 

¿Se trata de doctrina, del retorno a la “doctrina Monroe” o, más recientemente, a la “doctrina de seguridad nacional” de la “guerra fría”, o, mas bien, de comprender qué le sucede al imperio en la fase decadente de la dominación del capitalismo financiero en el ciclo largo del sistema-mundo capitalista? ¿Se puede volver a la “guerra fría” cuando ha desaparecido la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia? ¿No se trata de algo distinto, de retomar los juegos de amenaza, de competir con arsenales nucleares, en plena concurrencia de bloques capitalistas por la hegemonía mundial y el control de los mercados? El perfil de la política de Donald Trump y sus hombres que lo acompañan muestra, mas bien, estilos de improvisaciones, apenas cubiertos con shows mediáticos, donde se hace gala de barbarismos políticos y discursivos, espantosas expresiones racistas y machistas. No es exactamente el estilo de los hombres que condujeron las estrategias imperialistas en los periodos de la “guerra fría”. Aquéllos hombres de la “guerra fría”, en todo caso, estaban más preparados y tenían, por lo menos, una idea vaga del mundo; en cambio, en los hombres de Trump es la idea lo que está ausente, así como es notoria por su falta una concepción de mundo.

En los periodos donde el imperialismo tenía mayor influencia, incidencia e incluso disponibilidad de fuerzas para la acción, acompañadas por el consenso de los aliados, no ha podido con la resistencia de la revolución cubana a sus intervenciones sistemáticas y continuas, tampoco pudo evitar la derrota en la guerra del Vietnam; aunque sí pudo mantener intervenciones intermitentes en el continente. Ahora, en la etapa de la postguerra fría, cuando paradójicamente, la hiper-potencia militar-tecnológica-cibernética-económica-comunicacional enfrenta la emergencia de bloques capitalistas, que compiten por la hegemonía. Contra todo lo esperado, el peso específico de la hiper-potencia ha disminuido notoriamente en el mundo y en el continente.  El fenómeno Trump es, contrastantemente, un síntoma de la decadencia de lo que fue la superpotencia emergida de la segunda guerra mundial; síntoma de su profunda debilidad y manifiesta vulnerabilidad. Los aspavientos de su presidente parecen evidenciar poses de alarde en contextos donde este estilo bravucón desencaja.

Sin desmerecer la descripción listada de retornos anacrónicos, que hace Heinz Dieterich, pues, seguramente, eso es lo que se muestra en la improvisada doctrina de última hora, sino, mas bien, retomando esta descripción doctrinaria, que tiene que ver con la definición de objetivos estratégicos, empero, donde falta el sostenimiento metodológico de la estrategia misma, podemos vislumbrar las razones y las causales por las que se emite este discurso político anacrónico. Esta doctrina resucitada, sacada del museo, es precisamente un indicatum o indicación de la impotencia, a pesar de los arsenales nucleares y las poderosas máquinas de guerra del imperio, es decir, del orden mundial vigente, que ha perdido hegemonía y legitimidad, por lo tanto, credibilidad. Esto se hace más notorio cuando se atreve a hablar de “democracia” y pretender dar lecciones al respecto.

Las apreciaciones lanzadas por Rex Tillerson sobre la “intervención rusa y china” en América Latina son anecdóticas, se circunscriben en la anécdota, viendo, sobre todo, de la potencia más intervencionista en la historia moderna.  El ataque a la Federación Rusa suena a desubicación, cuando los presidentes de Rusia y de Estados Unidos de Norte América forman parte de la hiper-burguesía de la energía fósil, que obstaculiza el paso a otras formas de energías, consideradas limpias, cuya tecnología está ya al alcance de la mano. En el contexto mundial actual hay, mas bien, alianzas entre los estratos más conservadores y depredadores de sus burguesías nacionales. El ataque a los “gobiernos progresistas”, que atentan contra la “democracia” y desconocen derechos ciudadanos, según Tillerson, es un ataque a sus proveedores de petróleo, con los que también, implícitamente, tienen complicidades y concomitancias, por su apego compartido al modelo extractivista, expansivo e intensificado. Que la política internacional del gobierno de Trump los ataque no es por convicción “democrática”, sino porque no tiene la menor idea de lo que son estos “gobiernos progresistas”. Si creen que son una especie de “socialismo” actualizado, están completamente equivocados; tienen poco que ver con el socialismo real del siglo XX, salvo el uso del término. Si consideran que son dictaduras, del tipo mencionado durante el siglo XX, en plena “guerra fría”, no están en lo correcto. Se trata de gobiernos que llegaron al poder por elecciones, mayoritariamente ganadas. Si esta legitimidad se fue perdiendo con las regresiones clientelares, los retrocesos políticos y la decadencia, no quiere decir que llegan al autoritarismo de la misma manera que llegaron las dictaduras del siglo XX, con la imposición de las cuales tiene mucho que ver la Casa Blanca, el Congreso y el Pentágono. Se trata de gobiernos edificados en las avalanchas de las movilizaciones sociales anti-sistémicas, que una vez, en la cresta de la ola, usurparon a la potencia social, se hicieron cargo del gobierno, para terminar con la revolución misma y sus capacidades. Haciendo el balance, estos “gobiernos progresistas” resultaron favoreciendo a la estructura polimorfa de las dominaciones del imperio, al castrar a los pueblos y extirpar sus potencias. Esto se debe a las confusiones que generan las usurpaciones y las imposturas en la era de las simulaciones.

No quepa la menor duda que hay que defender a los países y los pueblos del continente de cualquier intervención del imperio; incluso con la guerra prolongada de defensa por parte de los pueblos, convocados a la movilización general. Pero, esto no implica, de ninguna manera la defensa de la decadencia de los “gobiernos progresistas”; no se puede defender la decadencia, esto es defender lo que debilita a los pueblos y coadyuva a la dominación del imperio. De lo que se trata es de defender a los pueblos liberando su potencia social; de lo que se trata no es hundirse en la decadencia clientelar ni caer en las manos intervencionistas del imperio, sino de salir del circulo vicioso del poder, de ir adelante, más allá del fin de la historia liberal y del fin de la historia del socialismo real, mucho más de la comedia del fin de la historia del socialismo del siglo XX.

Ahora bien, la defensa de los países y pueblos ante la intervención del imperio, exige la alianza y movilización de los pueblos, incluyendo a los pueblos de los países del imperio; también son pueblos dominados y esquilmados por la dominación del capitalismo financiero, extractivista y especulativo.  La defensa supone la convocatoria a los pueblos, a la unidad de los pueblos, cuya responsabilidad es defender la vida ante la amenaza de las máquinas de guerra del imperio, ante la amenaza de la crisis ecológica provocada por el “desarrollo del capitalismo”, sobre todo en la etapa tardía financiera y especulativa.

Estos personajes de fama triste, que se encuentran en la cúspide del imperio, ungidos de potestades institucionales para decidir por sus pueblos, por los pueblos del mundo, sin consultarlos, son como púberes engreídos jugando con juguetes de destrucción masiva. ¿Cómo se ha llegado a esta situación tan adversa, donde personajes que parecen salidos de comedia, sin aprecio por la vida, sin tener idea sobre su potencia creativa, personajes que tienen ideas peregrinas sobre la vida, reducida al esquematismo de un evolucionismo simplón, donde se realiza la dominación del hombre sobre la naturaleza y la dominación del hombre sobre el hombre, tengan en sus manos el destino de la humanidad? Esta situación hace patente el incumplimiento de la responsabilidad de los pueblos, al dejar que ocurra lo que ocurre, al dejar que los juegos de poder y el círculo vicioso del poder haya llegado tan lejos, dejando en manos de hombres sin atributos el destino de la humanidad.    

 

 

 

 

 

[1] Leer de Heinz Dieterich Washington autoriza públicamente golpe militar contra Maduro. Fusiles, elección y solución Sandinista. https://mail.google.com/mail/u/0/#inbox/1616705cfff5d7df.

 

Anuncios

Crítica de la razón mediática

Crítica de la razón mediática

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Crítica de la razón mediática

 

El quicio de Mancebia

 

 

 

Imaginemos que captamos con una cámara lo que sucede y se presenta como noticia; ciertamente, la cámara del canal de televisión ya ha efectuado lo que imaginamos. Pero, a donde vamos es a lo siguiente: En primer plano aparece el presidente descalificando la crítica que se le hace, sobre todo, por su re-postulación continua y reelección seguida, que peca de inconstitucionalidad. En otro primer plano aparece el vicepresidente del MAS declarando que la re-postulación del presidente va lloren o se maten los que se oponen. En otro primer plano o segundo plano se muestra el cuadro de los resultados del referéndum por la reforma constitucional, que buscaba habilitar al presidente a la reelección indefinida, donde claramente gana el NO. Después en un tercer plano secuencial se muestran movilizaciones contra la re-postulación del presidente, contra la arbitraría e incongruente decisión del Tribunal Constitucional – por cierto ilegitimo, porque se los nombra en una segunda elección de magistrados donde ganó el voto nulo, anulando taxativamente las elecciones -, amparado en el estrambótico argumento, descabellado, de una interpretación del Convenio de San José, que defiende los derechos humanos, en plural y en sentido universal, no de un derecho singular, nada más ni nada menos de alguien que funge de presidente. ¿Cómo terminar de armar la película imaginada? Se puede ampliar la lista de encuadres, incluyendo las demostraciones de fuerza de las organizaciones sociales afines al gobierno, apoyando la re-postulación y la reelección indefinida; también incluir declaraciones de la llamada “oposición” en contra, así como entrevistas a “analistas políticos”. Sin embargo, a pesar de la extensión de encuadres, nos veremos ante el problema de la configuración de la trama y de sus desenlaces.

Él o la que está detrás de la cámara filmando no es que no sabe nada de lo que pasa, lo sabe, tiene información, tiene experiencia y memoria, además no deja de tener una posición, también una opinión. Se acerca a lo que ocurre no solo con la cámara sino la propia perspectiva de mundo que se ha formado. Esta no solamente decodificando cada encuadre, sino que, a su vez, no deja de interpretarlos. Los tres encuadres están comparados, de antemano; seguramente en la película imaginaria, que puede hacerse efectiva, serán unidos los encuadres de una u otra manera. Lo que viene no está exento de un guion, por más provisional que sea; la perspectiva del o de la que está detrás de la cámara interviene armando las escenas y su secuencia. Pero, ¿dónde radica la utilidad de la comparación? Por así decirlo, en el peso de cada encuadre; ¿este peso depende de la opinión formada del o de la que está detrás de la cámara? ¿O depende del peso específico, no de los encuadres, sino de los referentes capturados por los encuadres, por lo tanto, del peso específico de estos referentes en el acontecimiento político? Por cierto, en lo segundo, a no ser que se quiera literalmente inventarse otra realidad. Sin embargo, es esto lo que ocurre con los medios de comunicación audiovisuales. A esto se llama manipulación de los hechos que se filtran a través de las cámaras y se los presenta en las pantallas. La relación de los referentes con el acontecimiento político desaparece, sustituido por lo que se quiere transmitir, la visión de mundo del canal, del medio de comunicación.

Lo hacen los medios de comunicación públicos, directamente controlados por el gobierno, así como los medios de comunicación empresariales, también controlados por el gobierno, pero, también lo hacen, en general, los medios de comunicación, aunque no estén controlados por el gobierno. La relación de los referentes, que capturan con las cámaras, con el acontecimiento político ha desaparecido. Se transmiten las noticias como si los hechos que muestran formaran parte de un mundo plano, sin espesores. En las noticias los encuadres tienen como el mismo peso; ¿a esto se llama “neutralidad”, incluso “objetividad”? Podemos hablar del mundo plano de los medios de comunicación, que consiste en aplanar el mundo efectivo, que, por lo menos, se mueve en cuatro dimensiones. Esto no es neutralidad, menos objetividad, sino banalizar la complejidad del mundo efectivo.

No se está pidiendo que los medios de comunicación tengan ideología, que ya la tienen, sin saberlo, menos una posición política, que pueden o no tenerla; estas son las condiciones de “compromiso” a lo que quedan reducidas las problemáticas del mundo efectivo, por parte de los sacerdocios de la ideología y la política. El acontecimiento político no es perceptible ni por la insensibilidad de la ideología ni por el esquematismo político.  El acontecimiento político es lo que contiene; contiene procesos entrelazados, múltiples singularidades en constante asociación y composición, contiene espesores territoriales, sociales y culturales, contiene mallas institucionales, también, obviamente a los medios de comunicación. Los medios de comunicación juegan un papel en el acontecimiento político, no lo ven; solo ven lo que capturan con cámaras y micrófonos. Seleccionan lo que capturan y muestran al público como si este fuera el mundo efectivo. Es esta reducción lo que nos ofrecen. El papel reduccionista de los medios de comunicación forma parte de la estructura de dominaciones del sistema-mundo capitalista. El mundo efectivo tiene que ser visto como imagen de pantalla, tiene que ser aplanado, convencer al público que ese es el “mundo real”.  No hay pues neutralidad ni objetividad posible en esta práctica reduccionista.

El público, en cuanto tal, está atrapado en esta malla audiovisual reduccionista. Es la información que le entra por los ojos y los oídos. Puede ser espectador de debates, montados o no; puede, incluso asistir a la concurrencia de canales, donde unos se inclinan por una tendencia y otros por otra; sin embargo, todo esto acontece en el mundo plano. El público está alejado de los conflictos, salvo cuando aparecen en la pantalla como noticia. No es que en este caso se rasga la pantalla e invade el mundo efectivo con su crudeza; el conflicto es tratado como noticia, como cualquier otra noticia. También es aplanado. Si el espectador es afectado por el conflicto no es porque es público, sino porque forma parte de una sociedad en conflicto. El conflicto le afecta, cuando deja de ser público, cuando es involucrado, cuando participa. Esta inscripción del conflicto en la piel, esta percepción efectiva, no se da, obviamente, por la pantalla, sino en el mundo efectivo de cuatro dimensiones.

Se entiende que no se reclame que se dé información y noticias en tres dimensiones, como en el holograma, ya hay tecnología como para hacerlo; en todo caso, también sería una reducción en tres dimensiones. No se trata de esto. En la pantalla se han proyectado reportajes que recuperan o tienen en cuenta el acontecimiento político o, en su caso, el acontecimiento social, así como el acontecimiento económico; también se han brindado narrativas audiovisuales en cine, no solamente de alta calidad, sino que expresan el acontecimiento vital de una manera ejemplar. Se trata de tener en cuenta el acontecimiento, en su integralidad, por lo tanto, vital; en el caso que nos ocupa, el acontecimiento político. La condición plana no viene de lo bidimensional donde se proyecta, sino del manejo plano de los hechos, sucesos, eventos, que forman parte del acontecimiento. En el plano, como en el caso de la pintura, se maneja la perspectiva y la profundidad, los espesores, además de lo cromático que juega con tonalidades de sensaciones, además de administrar la luz. El cine, el cine como arte, como narrativa compleja, nos ha enseñado lo que se puede hacer con la imagen-movimiento y la imagen-tiempo, combinando juegos de planos, encuadres, secuencias, transversalidades y duraciones, inmanencias y trascendencias, al componer tramas complejas audiovisuales. Se trata, de la relación con el acontecimiento.

¿Por qué se ha dado la banalización de lo real y de la realidad con la avanzada tecnología que manejas los medios de comunicación? No es problema, por cierto, de la tecnología que se maneja, sino del manejo de esa tecnología. Las posibilidades tecnológicas quedan restringidas a los límites de una concepción plana del mundo, quedan inhibidas ante un manejo sensacionalista, especulativo o indiferente. Lo que se persigue es lograr el rating o vender publicidad, atraer más público o servir a los que pagan. La información y las noticias se han vuelto negocio; es decir, mercancías. Si hay programas que escapan de esto, son excepciones que confirman la regla; si hay medios que escapan de esto, que son escasos, es porque estoicamente se ha mantenido la vocación comunicacional. Como contraste, empero simétrico, a la mercantilización, hay medios de comunicación estatales que se encargan de otra forma de especulación, la propaganda ideológica, que también es banal, solo que por otras razones; la de reducir el mundo efectivo al esquematismo dualista de amigos y enemigos, en la versión estatalista.  En pocas palabras, los medios de comunicación se han convertido en instrumentos indispensable en los juegos de poder.

Como dijimos, el público está atrapado en las redes audiovisuales de los medios de comunicación; la ciudadanía está sometida o tiene que soportar la apabullante ocupación mercantil o ideológica de los medios de comunicación en concurrencia. Solo escapa cuando se moviliza, cuando crea sus medios de comunicación alternativos, en la calle, en los caminos, en las asambleas, en las redes. Hay pues un monopolio, que excluye a los y las ciudadanas de los medios de expresión; monopolio empresarial, por un lado, monopolio estatal, por otro lado. En estas condiciones no se puede hablar seriamente de libertad de expresión.

 ¿De qué se trata? ¿De tomar los medios de comunicación? ¿De conformar medios de comunicación alternativos? En todo caso, ¿qué es lo alternativo? Algunos “medios de comunicación alternativa”, si bien no hacen lo mismo, repiten analogías con los medios de comunicación empresariales o, en su caso, estatales. Son grupos o colectivos que difunden su posición; a lo que tienen derecho, por cierto; empero, lo alternativo no puede reducirse a esto. Lo alternativo tiene que ver con que no haya monopolios de ninguna clase; que la gente tenga acceso a la posibilidad de expresarse, aunque no solo. Si no, se trata de la participación social, colectiva, de las múltiples singularidades, en el acontecimiento de la comunicación. La comunicación no solo tiene que ver en poner en común mensajes, sino en lograr conocerse, de darse a conocer y conocer a los demás, en sus singularidades. De construir el conocimiento social de lo que es la gente; no a través de los estereotipos que difunden los medios de comunicación.

En otro ensayo lo dijimos, si los enemigos se conociesen y no a través de estereotipos, no se matarían. Los medios de comunicación difunden estereotipos; esto, en resumidas cuentas, es el desconocimiento del otro, de la otra. Hay pues no un acercamiento al otro, a la otra, a la otredad, a la diferencia, sino un distanciamiento grande, pues se da a través de prejuicios y preconcepciones ateridas. Es como seguir alimentando los imaginarios vernaculares y la ideología vigente. Esto es, la descalificación del otro, de la otra, de la otredad; por lo tanto, se trata de un desconocimiento de las singularidades, a través de las cuales se efectúa la realidad efectiva. Se mantienen, entonces, las mismas interpretaciones; no se aprende nada; salvo que las noticias muestran la proliferación de hechos como si repitieran la misma trama; la lucha entre el bien y el mal, entre los buenos contra los malos, entre los “civilizados” y los “barbaros”, entre las instituciones y los “terroristas”. Lo novedoso se pierde, en esta repetición del mismo molde del drama; lo singular desaparece en este paradigma osificado de lo universal hegemónico.

Como hemos dicho antes, pueden darse versiones opuestas, encontradas; sin embargo, ambas, son simétricas y complementarias; se reproduce la misma forma mediática de pensamiento. Lo que importa es la notoriedad, la fama, lo viral, el sensacionalismo. Conmover la sensibilidad del público a través de escenas dramáticas o impresionantes, difundir ejemplos mediáticos, de personajes connotados por las mismas valoraciones de los medios de comunicación. Toda esta pompa de artificialidad es la burbujeante atmósfera mediática con la que se mantiene seducido u ocupado al público.   En consecuencia, el público se encuentra habitando en este mundo de burbujas mediáticas, que toma como “realidad”. Un ejemplo de la enajenada situación en la que se encuentra el público; mientras la crisis ecológica desborda amenazando hacer desaparecer islas, penetrar playas y bordes continentales, la contaminación alcanza grados de intensidad asfixiantes, la destrucción del planeta avanza dejando desiertos, tierras devastadas, huellas irreversibles de depredación, los medios de comunicación presentan, selectivamente, información de lo que acontece, como noticia, colateralmente o de manera compartida con otras noticias, que pueden ser políticas, económicas o de crónica roja. Entonces los niveles de amenaza para la vida, que implica la crisis ecológica, se amortiguan o son matizados, como si se tratara de lo mismo, como si fuese del peso de otras noticias. El público sigue viendo la televisión como si no pasara nada; mientras la tormenta golpea sus ventanas sin que el televidente la escuche ni vea. Podemos encontrar muchos ejemplos; pero, no se trata ahora, de eso, de exponer la lista donde el público se comporta de manera enajenada, sino de señalar la función de los medios de comunicación en la crisis de un sistema-mundo que se enrolla sobre sí mismo, queriendo con esto no solo escapar de la crisis, sino suspenderse sobre el mundo efectivo y el acontecer complejo del planeta.

 

Lado oscuro de la economía y del poder

Lado oscuro de la economía y del poder

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Lado oscuro de la economía y del poder

 

Ladooscuro del poder 7

 

 

 

 

Siguiendo la exposición de República del Chapare y de Estructuras del poder subyacentes[1], continuamos con reflexiones críticas, auscultado las genealogías del poder y las metamorfosis que experimentan las formas de dominación en el mundo y en los Estado-nación.

Respecto a las estructuras subyacentes del poder, hay preguntas que saltan. ¿Cómo funciona la máquina de poder, que contiene a estas estructuras subyacentes? ¿Cómo es que, ¿una República subyacente, aunque se la nombre metafóricamente, domina a una República institucionalizada y constitucionalizada? La fácil respuesta sería que la estructura subyacente ha tomado el poder; empero, con esto deja de ser una estructura subyacente. Con lo que, a pesar de todo, estaría solucionado el problema y respondida supuestamente la pregunta. Sin embargo, no es tan fácil; la estructura subyacente no aparece como si hubiera tomado el poder, no se hace evidente este suceso. La estructura de poder subyacente es inherente al ejercicio del poder institucionalizado en el Estado; sin embargo, es la estructura que incide preponderantemente en el ejercicio de gobierno. Los hilos que vinculan a la estructura subyacente de poder con el gobierno y con los órganos del Estado son varios; el presidente de la República es el Secretario Ejecutivo de la Federación de Trabajadores Campesinos del Trópico de Cochabamba; representantes parlamentarios, diputados y senadores, responden directamente a la Federación sindical; hay ministerios que se preocupan por otorgarle proyectos e inversiones a la región de la Federación sindical; la economía de la coca es política de Estado; el peso de la economía política de la cocaína es gravitante. Entonces, como se puede ver, la textura del poder entrelaza al Estado con la estructura subyacente de poder, de tal manera que la pregunta de quién gobierna es sugerente.

¿Cómo se compatibiliza la función de presidente del “Estado Plurinacional de Bolivia” y la función de Secretario Ejecutivo de la Federación de Trabajadores Campesinos del Trópico de Cochabamba? ¿A quién representa, a las bases del Chapare o al pueblo boliviano? ¿A ambos? ¿Es esto posible? ¿Acaso estas dos funciones y estas dos representaciones no llevan a ambivalencias y a conflictos o, por lo menos, dilemas? Supongamos, hipotéticamente, que se pueda, más o menos, compatibilizar en ciertos temas, en otros, no; sin embargo, la proximidad efectiva concreta radica en el Chapare, menos en lo que respecta a la geografía política de Bolivia. La base sindical a la que se representa, ejerce presión directa y concentrada sobre su Secretario Ejecutivo, a diferencia de una presión más mediada y dispersa que puede ejercer la sociedad boliviana.

Si especulamos con estimaciones, pues otra cosa no se puede hacer, en lo que respecta a la magnitud de la economía política de la cocaína, podemos, por lo menos, tener parámetros, que hacen de referencia, en lo que respecta a las cifras de esta economía del lado oculto de la economía-mundo. De acuerdo a estimaciones, el monto de la producción de cocaína en Bolivia asciende a 295 toneladas, llegando a ser el segundo mayor productor de cocaína, debajo del Perú, encima de Colombia. El gramo en Colombia costaba U$1.8, en tanto que, en estados Unidos de Norte América, costaba U$169, el año 2015. Si solo consideráramos el precio en Colombia, la economía de la cocaína, producida en Bolivia, movería un monto de U$531 millones; lo que ciertamente es muy bajo, puesto que el mercado no se circunscribe a algunos países de Sud América, sino es mundial. Ahora, pasando a la estimación alta, considerando el precio en Estados Unidos, la economía de la cocaína, producida en Bolivia, movería un monto U$49855 millones. Una cifra escalofriante, por cierto. Sin embargo, sabemos que las cantidades dinerarias no convergen en sus topes, sino que se mueven en la distribución geográfica extensa del continente y del mundo; en consecuencia, las cifras varían, teniendo en cuenta zonas más alejadas y más cercanas a los centros de producción. El promedio entre ambos topes, el mínimo y el máximo, arroja la cifra de U$25193 millones, lo que no deja de ser un monto asombroso. Incluso si tomamos en cuenta la tercera parte, tampoco deja de ser sorprendente, hablamos de U$16795 millones; incluso la cuarta parte, U$12595 millones, no deja de asombrarnos. Si tomamos en cuenta que el PIB nominal de Bolivia fue de U$ 37776 millones, el año 2017, considerando la cuarta, tercera y el promedio, respectivamente obtendríamos una participación – en tanto comparación, correspondencia, no como participación en tanto tal, pues se trata de la economía oculta no cifrada – de la economía política de la cocaína del orden del 33% del PIB, en el primer caso; de 44%, en el segundo caso, y de 67% en el tercer caso. Aunque los montos estimados sean topes en un mapa incierto, que no se conoce o no está conmensurado, las aproximaciones a estos topes nos develan el peso de la economía de la coca-cocaína en el conjunto de la economía boliviana; tanto la cifrada institucionalmente, que corresponde al lado luminoso de la economía; como la no cifrada institucionalmente, que corresponde al lado oscuro de la economía. Cualquiera sea el tope más aproximado a lo que ocurre, de todas maneras, nos muestran patentemente el peso de la economía política de la cocaína y su gravitación en la economía y en la política.

En consecuencia, no se pueden hacer análisis políticos, menos económicos, tampoco sociales, soslayando esta efectiva dinámica del lado oscuro de la economía. Es como cerrar los ojos ante la realidad efectiva. Que, por cierto, no solamente pasa en Bolivia, sino en el mundo. Por eso, dijimos, en otros ensayos, que el lado oscuro del poder ya atraviesa y controla el lado luminoso del poder, así como el lado oscuro de la economía es gravitante en el conjunto de la economía, incidiendo en el lado luminoso de la economía.

No se trata de acusar a un gobierno de “narco-gobierno”, ni a un Estado de “narco-Estado”, como se acostumbra en la diatriba, sino de comprender cómo funciona el sistema-mundo capitalista, en su etapa de decadencia, la de la dominancia del capitalismo financiero y especulativo. De lo que ocurre en Bolivia o en Colombia o en el Perú, respecto a la economía política de la cocaína, son cómplices los organismos internacionales, principalmente el Sistema Financiero Internacional, el dispositivo global de blanqueo, y son operadores los organismos policiales y servicios de inteligencia del mundo, que accionan en el ámbito de los tráficos, conteniendo, controlando y participando.  No sirve de nada asumir una pose “moral” y escandalizarse, juzgar y señalar el mal; esto o es inocente, o desatinado, en el peor de los casos, hipócrita. Todos los gobiernos y Estados, con excepciones que confirman la regla, están involucrados en el gran negocio, de los más rentables de la economía-mundo, ya sea de una manera o de otra, como blanqueadores o cómplices. Nadie escapa a los circuitos de estas economías políticas de los tráficos ilícitos. De lo que se trata es entender el funcionamiento de las dinámicas económicas de la economía-mundo, su interrelación en el sistema-mundo capitalista con el orden mundial, el imperio. Esto no solo para denunciar, tampoco solo para interpelar, sino para desmantelar el sistema-mundo capitalista, que, en su etapa decadente, amenaza a arrastrar a las sociedades al abismo y al planeta a la muerte.

Es pues atinado conjeturar sobre las transformaciones en la genealogía del poder del Estado-nación y del orden mundial, pues se requiere interpretar el funcionamiento de las máquinas del poder en el presente, en los espesores de la coyuntura. No se puede explicar este funcionamiento y sus dinámicas inherentes usando los paradigmas teóricos ya desgastados, que solo alumbran sobre lo alumbrado, el lado luminoso del poder y el lado luminoso de la economía; no dicen nada del lado oscuro del poder y del lado oscuro de la economía; por lo tanto, dicen poco sobre el funcionamiento integral del sistema-mundo de poder, de la economía-mundo y del sistema-mundo cultural de la banalidad.  

 

 

[1] Ver República del Chapare y Estructuras del poder subyacentes. La primera publicada en el blog Movilización; la segunda se publicará en el suplemento Ideas de Página siete.

https://movilizaciongeneral.blogspot.com/2018/01/la-republica-del-chapare.html.

La labor de los llunk’us

La labor de los llunk’us

 

Raúl Prada Alcoreza

 

La labor de los llunkus

 

Servilismo

 

 

¿Se pueden definir roles para tipos de conductas, es decir, para perfiles de personas de acuerdo a tipos de conductas? Para que ocurra esto tendría que darse una institucionalización de roles con estas características, como ocurre para otros roles sociales. Sin embargo, esto no se ha dado; lo que ocurre es que el sentido común aprecia tipos de conductas, casi como define tipologías de personas, de acuerdo al tipo de conductas. Desde esta perspectiva, el sentido común como que clasifica según esta improvisada tipología y hace como si interpretara roles sociales; es decir, hace como si estos roles soterrados se dieran socialmente.  Entonces estamos hablando de interpretaciones del sentido común; interpretaciones que son reconocidas como certezas sociales, incluso saberes populares. Estas apreciaciones sociales son expresadas en el lenguaje usual, incluso en discursos más o menos elaborados, sobre todo, políticos, o en las retóricas callejeras. Entre estas apreciaciones aparece la clasificación popular de lo que se nombra, según los regionalismos y localismos, como adulador, zalamero u otros denominativos más figurativos como “tira-sacos”; en Bolivia, con la influencia del aymara y el quechwa, se nombra como llunk’u. Al respecto, intentaremos describir los “roles” que les atribuye el sentido común a los llamados llunk’us, aunque lo haga de una manera no elaborada, sino espontánea, mientras nosotros, al interpretar pequemos de elaboración teórica.

Se ha vuelto recurrente este apelativo de llunk’u en el campo político, sobre todo, cuando se discute y se interpela en las pugnas sindicales. De todas maneras, el uso del término se ha vuelto común en la discursividad cotidiana, más marcadamente en unas regiones que en otras, particularmente en la región andina. Aunque la semántica del término adquiera una polifonía, pues se alude tanto al adulador como al sumiso, tanto al zalamero como al oportunista, así como al servil. Recientemente, en el periodo de las gestiones del “gobierno progresista”, el término en uso señala a los serviles al gobierno, que están muy lejos de efectuar alguna tibia crítica a cualquier error político y, mas bien, son los más desgañitados personajes en alardear sobre su lealtad al caudillo y al “proceso de cambio”. A propósito, en Psicología del llunk’u escribimos:

Crecen a la sombra del caudillo. Paradójicamente viven opacados por el brillo del líder; quien, en vez de calor, los alimenta de frío. No son auténticos ni veraces; solo emulan los deseos del que vanaglorian como Dios o como padre de todos. Por eso, consideran “traición a la patria”, cuando escuchan críticas u observaciones, ya sea al caudillo o a su gobierno, que creen que es la cúspide de la política. Nunca argumentan, solo se resienten y hacen escuchar su resentimiento bulliciosamente, para que les escuche el caudillo y los tenga en cuenta. Creen que la lealtad es idolatrar todos los actos y rasgos del caudillo; para ellos no hay errores, ni contradicciones. Estos atributos son invento de los “traidores” o de los “conspiradores”, vengan de donde vengan, de las “derechas” o de las “izquierdas” radicales, que para ellos se les antoja que coadyuvan a los planes de la “oligarquía” o del “imperialismo”. No se sabe por qué, pero, así es, indiscutiblemente[1].

Quizás esta descripción destaque fehacientemente un estilo de llunk’u preponderante en el “gobierno progresista” y en el Movimiento al Socialismo (MAS), que además abarca a la dirigencia sindical afín al partido oficialista. Al respecto, también hicimos notar que no se trata solo de una zalamería sumisa, sino que consiste en una estrategia de poder; la masa elocuente de llunk’us despliega una estrategia de poder precisamente a través del servilismo. El más zalamero, no solamente ante el jefe supremo, sino ante los otros jefes, subordinados de la escala jerárquica de la estructura de poder palaciega, se convierte en el feroz déspota ante sus subordinados, incluso destila una bronca frenética contra los dirigentes que se animan a observar errores, peor si son contradicciones políticas.

El texto citado continúa:

 

En el fondo, saben que dependen del caudillo; por eso, requieren que esté siempre presente, como en el cielo. Confunden la permanencia con la eternidad en el poder. Sin el patriarca otoñal no podrían ser algo, alguien, pues no tienen cualidades naturales, carecen de cualidades propias, pues han aprendido a simular bien. Incluso, cuando conviene que el líder se retire a sopesar, para evitar su desgaste, y volver más fuerte al escenario político, prefieren mantenerlo, como cuando a un enfermo terminal se lo mantiene artificialmente. Este es un ejemplo exagerado para ilustrar.  En este caso, si bien viven y sobreviven por el caudillo, al mantenerlo, de esta forma al jefe, le hacen pagar un costo alto, su desgaste continuo, después escabroso, para poder sostenerse ellos todo lo que se pueda estirar el elástico de sus dominios usurpados.  

 

Paradójicamente el llunk’irio se convierte en una telaraña que atrapa y aprisiona al caudillo. El jefe supremo está rodeado por aduladores, que queriéndolo o no, más probable es que no se den cuenta, se vuelven en las sombras que lo rodean como agobiantes límites de su accionar. Este quizás sea el costo del ser servido, del ser adulado y atendido hasta en sus mínimos detalles, ocultándole aquello que pueda molestarle, incluso información de lo que acontece. Esta es una de las paradojas del poder, entre muchas otras. El supremo se halla rodeado por sus serviles y sumisos colaboradores y la masa elocuente de llunk’us, el emperador se encuentra prisionero de sus eunucos.

Seguimos con el texto:

Como en las guerras sagradas de las celosas religiones, cuando se atenta contra su verdad o se la cuestiona, acudiendo al argumento de pecado con Dios, acusando de deicidio, usan el argumento de “traición a la patria”, pues el caudillo es la patria; por lo tanto, ellos son la patria, que hay que respetar sin miramientos, como devotos chauvinistas. La patria se les antoja una vitrina de adulaciones y peregrinas figuras de museo. Su imaginario llega donde llegan sus alabanzas; para ellos se ciega su visión en el espejo. El mundo es la imagen en el espejo de su devota entrega a las compulsiones delirantes del caudillo y a las pulsiones de muerte del poder.

Sin embargo, el caudillo no es el único que cae en su propia trampa, sino también los llunk’us, pues terminan enredados en sus propias telarañas. Porque ellos forman parte de la ceremonialidad del poder, terminan creyendo que la realidad se circunscribe en las esferas de la ceremonialidad. Creen en el espectáculo que brindan las ceremonialidades, fuera de terminar creyendo en los espectáculos que montan. Ya no pueden distinguir entre publicidad y realidad. Como dependen del destino del caudillo, el desiderátum de los lluk’us está atado a este destino. El caudillo, en la medida que mira la realidad desde la burbuja del poder, solo logra ver las membranas de la burbuja que hacen de espejo, solo ve sus propias ilusiones como corroboradas en figuras sin carne; figuras que cantan sus “logros” como rondas de cantos apologéticos, entonces el caudillo queda indefenso y vulnerable ante el clima beligerante desatado por el calentamiento social. El crepúsculo del caudillo es también su crepúsculo, la caída del caudillo es también su caída.

El texto culmina así:

 

No se dan cuenta que ocultan a su líder la efectiva realidad, compleja, profusa y paradójica. Por eso no atinan a resolver problemas sino a ocasionar más problemas con su actitud incierta, descomedida e indigna.  Al final son ellos los que entierran al caudillo, después de haber mirado con ojos claudicantes su cuerpo simbólico, que oculta el cuerpo humano.

 

El llunk’irio está también atrapado en su propio laberinto. A veces se descarga con furia, cree que la salida es violenta; agredir a los que contradicen al jefe supremo y al “proceso de cambio”. Usurpan funciones, toman iniciativas de atacar a los colectivos movilizados, a los pueblos y naciones indígenas, que exigen el respeto a sus derechos consagrados en la Constitución. Ahora lo hacen con la máxima dirigencia de la COB, la desconocen porque les viene en gana desconocerlo, pasándose por la borda estatutos orgánicos y a las 22 organizaciones componentes. Creen que tienen derecho solo por el hecho de ser fieles y leales al caudillo y al “proceso de cambio”. Les importa un comino lo demás, el problema en cuestión, la crisis política y de legitimidad; ni se les pasa por la cabeza comprobar si hay o no vulneración de la Constitución, como alegan los que consideran detractores. Para ellos lo importante es desgarrarse las vestiduras y hacer buena nota ante el jefe supremo. Los llunk’us forman una fraternidad de machos alevosos, seducidos por la prebenda y los micro-poderes de los que disponen.

En Condena al imaginario llunk’u escribimos:

También forman parte de máquinas de poder estas prácticas de adulación, de sumisión y subordinación de los zalameros de jefes. Incluso ampliando, con la condición de introducir descripciones más completas, se puede incorporar a partidos, a partidos-Estado, a “ideologías” absolutistas.  Entonces se hablaría de dogmatismos ciegos al partido y a la ideología del partido. Hasta ahora se ha entendido estas prácticas aduladoras como si tuvieran su origen sólo en el comportamiento servil y sumiso, en la falta de dignidad; pero, no. No parece que sea solo así, que tenga que ver con la falta de ética, de moral y decoro individual de esta gente dedicada al culto del jefe, sino que, lo condicionante, parece ser que se trata de roles, de estructura de roles, establecidos en máquinas de poder. Si no cumplen unos esos papeles, otros lo hacen. Aunque varíen de acuerdo a sus perfiles personales y, quizás, de acuerdo a sus siluetas particulares, al mayor o menor decoro, a mayor o menor iniciativa propia o, caso contrario, indiferencia galopante, los papeles se cumplen. Pero, ¿qué clase de roles, qué clase de papeles son estos?

No se trata tanto, por cierto, como se ha creído, de convencer a la opinión pública de que el jefe es el caudillo, de que el caudillo es el mesías político, de que está en curso un “proceso de cambio”. Introduciendo la ampliación de la que hablamos, diríamos, de que el partido es la vanguardia histórica, la conciencia histórica, el horizonte epistemológico del momento; el Estado revolucionario es la emancipación en curso, si no es ya la realización, por decreto, de la sociedad sin clases.  Pues esta tarea, en todo caso está mal efectuada; no es convincente.  ¿Se trata de convencer acaso al jefe que ellos son consecuentemente leales, fieles, indispensables? ¿Requiere esta demostración el jefe?  Siguiendo con nuestra ampliación, ¿de convencer al partido que son los militantes puros, profesionales, dedicados? En todo caso, no parece ser lo más indispensable. Lo que parece, mas bien, importante, es mantener las burbujas de los climas y atmósferas cerradas del poder; es menester mantener el equilibrio interno de las temperaturas y los climas, en una relación adecuada con los climas, atmósferas y corrientes externas a las burbujas; es menester preservar las burbujas, reproducirlas, aferrarlas a sus existencias. La tarea entonces de estos funcionarios de la subalternidad, la sumisión, la adulación y las zalamerías, es preservar las burbujas frente a las contingencias[2].

Entonces, un rol de los llunk’us es preservar las burbujas frente a las contingencias. Pero, ¿qué pasa respecto al mundo efectivo?, ¿cuál es su rol? Revisando la historia de las revoluciones en la modernidad, observamos que el rol respecto al mundo efectivo es contener, detener y terminar con la revolución desatada. Lo hacen, a diferencia de los que se declaran explícitamente contra la revolución, desde adentro. A no ser que se crea en las “teorías de la conspiración”, que reducen el mundo a la secreta actividad de “logias” o grupos poderosos, ocultos entre bambalinas, lo que es por cierto una trivialidad, si es que se llaga a considerar a esto teoría, no parecen actuar de esta manera conscientemente, sino es el resultado dramático de una vocación de condescendencia y de servilismo. Lo hacen, a diferencia de los que se declaran abiertamente contra la revolución, desde adentro.

¿Por qué ocurre esto? Porque en el mundo efectivo su papel no es el que se atribuyen ellos mismos, “salvaguardas de la revolución”, sino que responden efectivamente, quiéranlo o no, a diagramas de poder inherentes en el sistema-mundo capitalista extractivista, comprendiendo las regiones de su geopolítica de dominaciones. En la textura de mediaciones, que incide en sus comportamientos, se encuentran las ideologías que comparten, como climas representativos, se encuentran los prejuicios ateridos, inscritos en sus cuerpos institucionalmente y asumidos por singularidades localistas o de estratos particulares sociales. Por ejemplo, lo que nombra, toca, unge de institucionalidad, legitima el poder, consideran que es la realidad; no hay un más allá de esta realidad producida por el poder. Ese más allá es invento de la “conspiración”, que tiene mil rostros.

La “idea” que tienen de la revolución es la imagen que llega a ellos de la misma. En unos casos puede ser la imagen que corresponde a la propaganda revolucionaria; esto ocurre en la militancia poco propensa a la crítica. En otros casos, puede la imagen corresponder las figuras de grandeza o de gloria, que queda después de filtrado el contenido romántico; en este sentido, la revolución es un referente histórico y algo así como una autoridad moral; esto pasa en quienes se incorporan a la revolución institucionalizada desde una vocación por el orden, que llaman nuevo orden. Toda la magia y la seducción que contiene el romanticismo ha desaparecido, este contenido estético queda para los revolucionarios que asumen la revolución como potencia creativa de la sociedad, que, por cierto, están lejos de los termidorianos.  Son los que van a ser acusados desde “radicales” desubicados hasta “conspiradores”, cómplices del “imperialismo” y la “derecha”. Estamos en una suerte de clasificación perentoria de las imágenes esquemáticas que comparten los llunk’us, de toda clase, de todo tipo y de todo estilo.

En los imaginarios más vernaculares la revolución aparece como encarnada en el caudillo. El caudillo, su imagen, expresa la revolución misma, se convierte en el símbolo de la revolución. En este estrato la revolución ha sido convertida en una religión; por eso, el caudillo se aproxima a la figura de mesías.  Este quizás es el estrato más popular y más extendido; una buena parte del pueblo se inclina a interpretar desde el imaginario milenarista lo que acontece, cuando se da un levantamiento popular y coincide con la convocatoria del mito, la del caudillo. No podríamos denominar a este apego vernacular a la memoria religiosa, incorporada en los habitus, como parte de las estratificaciones del llunk’irio; pues la decodificación del caudillo como mesías político se da en términos de expectativa, de entusiasmo y usando la interpretación barroca popular como dispositivo simbólico en la propia voluntad desenvuelta de la movilización. Sin embargo, si bien, en principio, la incorporación de contingentes populares, a través de esta interpretación barroca, impulsa la movilización social y el apoyo a procesos deconstructivos y diseminadores abiertos, a partir de un momento se convierte en obstáculo político para continuar la lucha y las transformaciones estructurales e institucionales. La revolución no institucionalizada, la revolución como tal, como proceso de transformación incontenible, requiere de la autonomía popular, de sus iniciativas, de sus capacidades inventivas, de su potencia, de su madurez política, del uso crítico de la razón. No un pueblo creyente en la realización misionera del caudillo, que no tarda en develar sus limitaciones, su terrenalidad y sus contradicciones.

Como en contraste de estos imaginarios de la revolución, donde todavía anima un ánimo utópico, por más acortado que ya se encuentre, están los imaginarios que podemos denominar pragmáticos. Por ejemplo, hay quienes consideran que se trata de la oportunidad; que ahora les toca a “ellos”, que fueron marginados, discriminados y excluidos de las bondades del “desarrollo”. Entonces, de lo que se trata es de hacer lo mismo que la élite derrotada y expulsada del poder, solo que ahora son “ellos” los que aprovechan estas bondades, los que fueron excluidos. Este imaginario ya tiene que ver muy poco con la revolución, casi nada, salvo lo de la sustitución de élites, si se considera esto un cambio. No es el anterior el imaginario más trivial, pedestre y chabacano; hay otro, que corresponde a los que entienden oportunidad como posibilidad de beneficiarse, hayan sido o no excluidos antes. Este estrato está lleno de tránsfugas.

Como se puede ver, estamos ante una gama de imaginarios conservadores de toda clase y tonalidades, que obstaculizan los procesos liberadores, innovadores y creativos, deteniendo la marcha de las transformaciones.

 

[1] Ver Psicología del llunk’u. https://pradaraul.wordpress.com/2015/10/04/psicologia-del-llunku/.

[2] Ver Condena al imaginario llunk’u.

https://pradaraul.wordpress.com/2015/09/14/condena-del-imaginario-llunku/.

La inquisición política

La inquisición política

Raúl Prada Alcoreza

 

La inquisición política

 

 Inquisision

 

 

Podemos, conjeturando, proponer, a modo de formulación abstracta, una curva de la legitimidad contrastada con otra curva, la de la violencia. Desde los tiempos de Nicolás Maquiavelo, desde sus descripciones y análisis políticos o, si se quiere, desde el nacimiento de la política o la consciencia política, mejor dicho, el acontecimiento político, se ha formulado el arte de la política, vale decir, en este caso, la técnica del poder, como juego de composición variable entre conceso y fuerza, vale decir, a nuestro entender, violencia. Lo que Antonio Gramsci consideró, más tarde, como juego de composición variable entre legitimidad o, en sus palabras, hegemonía, y empleo de la fuerza, vale decir, violencia.

Sugiriendo parámetros matemáticos, mejor dicho, geométricos, podemos proponer la ecuación de la relación entre legitimidad y violencia, relación inversamente proporcional. De manera abstracta y esquemática, se puede suponer, por lo menos, teóricamente, la condición o situación de una legitimidad absoluta, que no requiere del empleo de la fuerza. Siguiendo con la axiomática o las consideraciones preliminares, la figura de una falta total de legitimidad, que requiere, entonces, del empleo absoluto de la violencia. Entonces, en el esquematismo abstracto, en la formulación teórica esquemática, la lógica de la curva es la siguiente: En la medida que se pierde legitimidad se emplea el recurso de la violencia.

En lo que respecta a la Ley Penal, aprobada en el Congreso, parece adecuado recurrir a estas coordenadas, las de la curva de legitimidad y violencia, como parámetro, vale decir, como medida, para ponderar la norma impuesta por el “gobierno progresista” y sus apéndices institucionales, los órganos de poder cooptados. La Ley Penal es, a todas luces, coercitiva; se trata de la criminalización de la protesta, del ejercicio profesional, de los oficios y de las ocupaciones, coartando, en sus detalles particulares, la libertad de expresión. Se implanta la amenaza constante y permanente instituida e institucionalizada; como dijimos, conformada como la espada de Damocles, pendiendo sobre las cabezas de los gobernados.

¿Por qué se impone esta Ley Penal? Siguiendo al parámetro propuesto, la pérdida de legitimidad habría llegado al punto crítico donde el gobierno populista ya requiere del empleo de la violencia en mayor escala. No puede gobernar, mejor dicho, no puede dominar o ejercer poder, si no incrementa el uso de la fuerza descarnada.

No nos detengamos en la calificación de la Ley Penal como inconstitucional, que lo es, a todas luces; tampoco en sus incoherencias jurídicas y en sus absurdos técnicos. De esto ya se ha hablado; ahora, trataremos de comprender la premura de un gobierno sin legitimidad, que busca compensar su pérdida de convocatoria con el incremento del empleo de la fuerza, legalizado por una ley inquisidora.  

Los gobiernos, en sus distintas formas, en crisis de gobernabilidad, tienden a develar la figura de fondo, el arquetipo del Estado de sitio; la suspensión de los derechos y evidenciar el uso descarnado de la violencia, en defensa del Estado, por la seguridad del Estado. Entonces, la Ley Penal es claramente sintomática; es síntoma de la crisis de gubernamentalidad. Se la aprueba en la premura que la crisis política obliga. En pocas palabras, es la muestra patente del fracaso de la gubernamentalidad clientelar; por lo tanto, la evidencia palmaria de la necesidad del empleo desmesurado de la violencia. Estamos ante un gobierno en crisis, estamos ante un gobierno que no puede gobernar, salvo si emplea la violencia sistemáticamente. Lo que de por sí ya no es gobernar, en pleno sentido de la palabra, sino dominar a secas, sin la necesidad de la máscara del consenso o de la mayoría. Se ha llegado lejos en la crisis política, se ha llegado a la ruptura entre Estado y sociedad, cuando el Estado con toda su heurística maquínica de poder se enfrenta a la sociedad.

Los últimos conflictos tienen que ver con este enfrentamiento entre Estado y sociedad. El Estado se enfrenta a movilizaciones sociales, que lo interpelan, por lo menos, interpelan a su forma concreta, el gobierno vigente. El Estado se defiende con lo que tiene al alcance de la mano, la represión, la persecución, la criminalización de la protesta, el encarcelamiento de dirigentes, el amedrentamiento y, lo que no podía faltar, la reedituación de la guerra entre fieles e infieles, la descalificación del enemigo, su demonización.

En el conflicto reiterado del TIPNIS, el comportamiento del gobierno y de sus apéndices institucionales ha sido notorio. El empleo recurrente de la desgastada tesis de la conspiración, la muletilla de la conspiración, la descalificación de la dirigencia indígena, la represión sistemática, la movilización oficiosa y prebendal de sus fieles, de sus huestes afines, la movilización estatal de sus dispositivos de emergencia, la policía y el ejército.

En el conflicto de Achacachi, casi el mismo libreto, aunque variado el orden de los factores; apresamiento de la dirigencia, descalificación de la movilización anticorrupción, defensa del alcalde corrupto, difamación pública a través de los medios de comunicación que controla, oficiales y empresariales, amedrentamiento, criminalización de la protesta, de la movilización, de los bloqueos y de las marchas, intentos de división, inculpación a través del carcomido argumento de “terrorismo”, usado tanto por los gobiernos de “derecha” como de “izquierda” en el mundo.

En el conflicto médico, el gobierno y sus apéndices ya cuentan con una ley inquisidora, la Ley Penal. Entonces, ya cuentan con el dispositivo jurídico que legaliza el empleo de la fuerza y de la violencia descarnada. Uno de los argumentos del gobierno es esto de la “negligencia médica”. El debate público se ha detenido en esta discusión. Ciertamente es insostenible hablar de “negligencia médica” sin considerar el contexto donde proliferan las negligencias, sobre todo, manifiestamente evidentes en el ejercicio del poder, en el ejercicio de gobierno.  No se menciona lo que más hay, negligencias políticas. Sin embargo, esta no es la médula del problema. La médula del problema es un gobierno ilegitimo.

Es un gobierno ilegitimo porque no cumple con la Constitución; la ha vulnerado sistemáticamente; es más, se la ha desmantelado con su “desarrollo legislativo”, que se basa en el anterior esquema constitucional, dejando de lado la interpretación integral de la Constitución aprobada por el pueblo boliviano, dejando de lado su aplicación. Es un gobierno ilegitimo porque ha restaurado el Estado-nación, sin haber dado un solo paso en la transición hacia el Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico, que establece la Constitución. Es un gobierno ilegitimo porque ha desnacionalizado los recursos hidrocarburíferos, nacionalizados por el Decreto Ley “Héroes del Chaco”. Desnacionalizando la empresa pública con los Contratos de Operaciones. Es un gobierno ilegitimo que aplica políticas anti-indígenas y vulnera taxativamente los derechos de las naciones y pueblos indígenas, desconociendo sus territorios y avasallándolos. Es un gobierno ilegitimo porque atenta contra los derechos de los seres de la Madre Tierra, destruyendo los ecosistemas, contaminando y depredando las cuencas, los nichos ecológicos, los suelos, las aguas y los aires, al optar por el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente.

 

El descalabro e implosión de la forma de gubernamentalidad clientelar

El descalabro e implosión de la forma de gubernamentalidad clientelar

 

Raúl Prada Alcoreza

 

El descalabro e implosión de la forma de gubernamentalidad clientelar

 

poster-der-grosse-rote-drache-und-die-frau-mit-der-sonne-bekleidet-1325786

 

 

 

Contra la Constitución, contra la democracia, contra el voto popular, sin ninguna vergüenza, el susodicho Tribunal Constitucional avala un nuevo atentado contra el ejercicio y contra la institucionalidad democrática. Al avalar la reelección del presidente y de otras autoridades, sin contar con los atributos ni la competencia para hacerlo; destrozando las reglas del juego y las normas, además de desechar flagrantemente la voluntad popular, un Tribunal sin competencia resume en este acto toda la pestilencia de una forma de gubernamentalidad, la clientelar, y todo el engranaje y el funcionamiento de la máquina del chantaje[1]. Es eso lo que son, los magistrados del Tribunal, los gobernantes, los funcionarios de gobierno y del aparato de Estado, además de la masa elocuente de llunk’us, la degradación política llevada a fondo, la decadencia llevada al extremo, el derrumbe ético y moral más patético y sin precedentes.

Ya no hay un ápice de institucionalidad, ha desaparecido todo vestigio de la democracia, fuera de haberse hundido, hace un tiempo, todo comportamiento que guarde, por lo menos, las mínimas apariencias. Asistimos al desborde grotesco del desquicio de la política más vil. Esta calamitosa situación descalabrada no puede cubrirse con nada, menos con discursos demagógicos, que, además, se pretenden de “izquierda” o de “representar” algo así como un “proceso de cambio”; proceso que desapareció una vez promulgada la Constitución. Ocurre como si la promulgación hubiese sido hecha para encubrir toda la cadena deleznable de fechorías que se iban a cometer y ya fueron cometidas.  

La delincuencia política cree que la decadencia, la degradación, el derrumbe ético moral es pasable con espectáculos de mal gusto y discurso estridentes que brillan por su elocuencia banal y sin sentido[2]. Estos espectáculos son solo parte de la festividad del desahogo bochornoso con pretensiones “ideológicas” autocomplacientes[3]. La brutalidad de lo cometido, que acompañan a la lista larga de brutalidades, no menores, es la expresión evidente de las miserias humanas más atroces y frustradas, que creen que pueden compensar con la algarabía demostrativa de enriquecimientos apresurados e ilícitos. La forma de gubernamentalidad clientelar ha buscado mantener la cohesión política – una vez perdida la convocatoria, desaparecido el entusiasmo de la gente, con el temprano desencanto, al ver prácticamente lo mismo en los comportamientos de los nuevos políticos, en realidad la nueva élite y los nuevos ricos, que la anterior élite y la burguesía anterior dominante – por medio de la expansión delirante de las redes clientelares, a través de mallas y circuitos de complicidades y concomitancias, que forman parte de la economía política del chantaje y del lado oscuro del poder.

Posiblemente los “ideólogos” de semejante patraña consideren esta delincuencia política contra la Constitución, la democracia y la voluntad popular, como una “victoria”. Se trata de una “victoria” pírrica, sustentada en la violencia descomunal del Estado, del monopolio de los dispositivos estatales; por lo tanto, de una “victoria” hecha a empellones, sin gracia ni estilo, de la manera más explícita, exacerbando el uso del poder descarnado. Es esta la gente que gobierna, la que funge de “representantes del pueblo”, la que se toman como magistrados y tribunales; que solo tienen el título logrado también a empellones, con trampas, de la manera forzada mas explícita y sin ningún pudor. Esta gente esta podrida como todas las columnas que sostienen a la forma de gubernamentalidad clientelar y al Estado-nación en crisis múltiple, disfrazado de “Estado plurinacional”.

Es absurdo pretender “analizar” esto desde el esquematismo anacrónico de “izquierda” y “derecha”, tomados como opuestos.  No se sostiene tal empleo esquemático, pues en esto no hay ni “izquierda” ni “derecha”, sino el mismo método del círculo vicioso del poder, solo que, llevado a sus formas más descomunales, grotescas y descarnadas. Solo se distinguen de las anteriores formas de gubernamentalidad, por ejemplo, la neoliberal, por los tintes discursivos, aunque el contenido del discurso es igualmente pobre y ostentosamente banal. El análisis solo se hace posible si se atiende las formas, expresiones y síntomas de la decadencia. Si se observa la crisis política e institucional en el chirrido de los engranajes de la maquinaria estatal, en las formas elocuentes del disfraz y de la simulación, del montaje y del espectáculo trivial, aunque bullicioso. Se trata de la economía política del chantaje, de la economía política de la cocaína, del funcionamiento espantoso de la máquina de poder del chantaje, en tus proliferantes manifestaciones[4]. Se trata, en definitiva, del derrumbe de la civilización moderna; en el Norte de unas formas singulares, en el Sur de otras formas singulares; pero, en ambos casos, expresando el más espectacular vacío, que apenas fingen hombres de poder en el dramatismo de inacabamientos y demandas exacerbadas de reconocimiento. Lo que muestra patentemente sus frustraciones profundas, inseguridades soterradas y vulnerabilidades expuestas, que tratan de cubrir desesperadamente con máscaras de mármol, que pretenden mostrar el rostro despótico de caudillos caídos y sin convocatoria.

El proceso de cambio, abierto por el pueblo boliviano, en décadas de lucha, convergiendo heroicamente en la movilización prolongada (2000-2005)[5], desapareció en el interregno de la primera gestión de gobierno (2006-2009), sellada con la desnacionalización de los hidrocarburos, perpetrada con los Contratos de Operaciones, que entregan el control técnico a las empresas trasnacionales, que quedaron vivitas y coleando, supuestamente nacionalizadas[6]. Lo que vino después es la regresión, incluso no disimulada; primero, con compras de acciones, que los voceros denominaban, si ningún sustento, “nacionalizaciones”. Después, con medidas al mejor estilo neoliberal, incluso, extremadas, como las del “gasolinazo”; para rematar con disposiciones y arremetidas crueles como la intervención del gobierno extractivista contra el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS), donde el supuesto “gobierno indígena” se sacaba la máscara y mostraba el mismo rostro de la permanente conquista y de la reiterada colonización, al efectuar la continuidad de las políticas anti-indígenas del Estado boliviano[7].

No es pues sorprendente asistir a la debacle de una forma de gubernamentalidad hundiéndose en su implosión, en su derrumbe interno. Esto no sorprende; lo que llama la atención no es ni siquiera el cinismo con que se lo hace, sino el descaro que pretenden mostrar quienes fungen, en el teatro político, como gobernantes, “representantes”, funcionarios, magistrados y tribunales. Esto es muestra de que todavía se consideran impunes, como si la máquina del chantaje pudiera sostenerlos eternamente. No se dan cuenta que lo que hacen es cavar su tumba con muecas agresivas y de desplante al pueblo boliviano.

   

 

 

 

 

[1] Ver La máquina del chantaje.

http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-maquina-del-chantaje/.

[2] Ver Abolición de la democracia y banalización de los conceptos.
http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/abolicion-de-la-democracia-y-banalizacion-de-los-conceptos/.

[3] Ver Crítica de la Ideología I y II.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/cr__tica_de_la_ideolog__a_i.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/cr__tica_de_la_ideolog__a_ii_de57ea240bb751.

 

[4] Ver Cartografías políticas del chantaje.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/cartograf__as_pol__ticas_del_chanta.

[5] Ver Movilización prolongada.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/movilizacion_prolongada.

[6] Ver La paradoja conservadurismo progresismo.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/la_paradoja_conservadurismo-progres.   

[7] Ver Convocatoria de la vida.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/convocatoria_de_la_vida_2.

Descripción de los delitos constitucionales del “gobierno progresista”

Descripción de los delitos constitucionales del “gobierno progresista”

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Descripción de los delitos constitucionales del

 

 

 

 

 

 

 

 

En la actualidad muchos debates políticos son insólitos, no por lo extraños, sino por lo insulsos. Temas que deberían estar resueltos institucionalmente por su clara referencia constitucional, no lo están debido a los argumentos leguleyos de la politiquería, de por sí trivial. Ciertamente, estos argumentos leguleyos no se los emiten por descuido o desorientación de los voceros, sino por íntimo interés del poder o de los que se aposentan en el poder. Lo que llama la atención es que los medios de comunicación, además de los involucrados en la clase política, de los distintos partidos, incluyendo a los llamados de la “oposición”, los toman en serio. Uno de estos debates es el que tiene que ver con la reelección del presidente, convertida, en el delirio oficialista, en reelección indefinida.

La Constitución aprobada por el pueblo Boliviano, que es la que termina valiendo, pues es el texto constitucional aprobado por amplia mayoría del pueblo, cuando fue refrendada, después de su “corrección” por el Congreso, convertido por voluntad gubernamental, en “Congreso Constituyente”, dice claramente una reelección, no más, de manera continua. Sin embargo, el gobierno, el MAS, la masa elocuente de llunk’us cuestiona la interpretación clara y directa de la Constitución, al mentar a la “voluntad del constituyente”, voluntad que no tomaron en cuenta al momento de “revisar” la Constitución en el Congreso, en mutuo acuerdo entre oficialismo y oposición. El “gobierno progresista” promovió un referéndum para reformar la Constitución, cuyo objeto declarado era habilitar al presidente a una nueva reelección. Perdió el referéndum. Después de la derrota el argumento oficialista es que hubo una campaña “mentirosa” contra el presidente, respecto a un hijo indilgado y a un amorío reconocido; por eso, se dice, sin ruborizarse, que ese referéndum no vale. Como se puede ver, este argumento no tiene asidero ni es sostenible, se lo mire por donde se le mire. Lo que muestra, es más bien, la poca moral y el escaso valor de los que perdieron el referéndum.

Ahora vuelven a la cantaleta, pero esta vez no exigen un nuevo referéndum, lo que tampoco se podría legal, institucional y constitucionalmente hacer, una vez que se dieron los resultados del anterior referéndum. La supuesta “astucia”, que de astucia no tiene sino la sórdida sombra, es consultarle al Tribunal Constitucional para que el dirima sobre el pedido de anulación de artículos de la Constitución y de la Ley electoral. Esta propuesta, sacada de los cabellos, es la caspa del oficialismo, que delata la enfermedad de la caída de la pelambre. No hay por donde tomarla en serio, salvo como anécdota de la estupidez política. Sin embargo, los medios de comunicación y la clase política la toma en serio; además, claro está, de los órganos de poder del Estado cooptados por el ejecutivo. Sin embargo, a pesar de lo anecdóticamente escabroso, el Congreso ha justificado el envío de semejante consulta y el Tribunal Constitucional la ha asumido; lo que habla de la poca seriedad de ambos órganos del Estado.   

Ahora, a pesar de que ya escribimos a propósito, volvemos a referirnos a semejante tema anecdóticamente escabroso; lo haremos acudiendo a una descripción de los hechos.

Vino la propuesta de reelección indefinida del ejecutivo, del MAS; es decir, de parte de los constituyentes de la bancada del MAS. Había temas más importantes como la transversal estructural del Estado Plurinacional; empero, al MAS no le interesaba eso. Fue el Pacto de Unidad, que en ese entonces contaba con verdaderos dirigentes, correspondientes a las luchas desatadas de la movilización prolongada (2000-2005), los que llamaron al estadio de Sucre a los del MAS, para exigirles el cumplimiento respecto al documento sobre el Estado-Plurinacional y Comunitario, documento que entregó el Pacto de Unidad, después de haber discutido durante casi tres años. Sin embargo, las comisiones del MAS nunca leyeron el documento. Ante todavía la fuerza que constituían las organizaciones sociales, recordándoles a los del MAS que eran Instrumento Político de las Organizaciones Sociales, el MAS cedió, dejo provisionalmente en suspenso su nacionalismo chauvinista y aceptó poner en la Constitución lo del Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico. El artículo mentado llegó con la propuesta del MAS, en lo que respecta a la Organización Institucional del Estado, con el artículo sobre la reelección indefinida. No se discutió este artículo; fue llevado y admitido en la Constitución aprobada por la Asamblea Constituyente en Oruro.

Sin embargo, volviendo a violar al Poder Constituyente – que esta sobre cualquier Poder Constituido -, que se expresaba en la Asamblea Constituyente, el gobierno, sobre todo, dirigido y encausado, en lo que respecta a la Constitución por el Vicepresidente, decidió inconstitucionalmente convertir al Congreso en Asamblea Legislativa Constituyente. Los tres Carlos – Carlos Alarcón, Carlos Börth y Carlos Romero -, apoyados por todas las bancadas del Congreso, revisaron la Constitución aprobada por la Asamblea Constituyente. Cambiaron los artículos que les interesaban, para lograr un acuerdo de los partidos en el Congreso. Lo que tocaron, los artículos modificados, retrocedió, en lo que respecta a los alcances logrados por la Asamblea Constituyente, que todavía era como la irradiación de la movilización prolongada (2000-2005).  Sin embargo, no afectaron la estructura nuclear de la Constitución, la que tiene que ver con el Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico. No porque no quisieron, sino porque no se dieron cuenta. Solo con el conflicto del TIPNIS, el “gobierno progresista” se dio cuenta que tenía candados para implementar su modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente. Es cuando le vino a la cabeza al “Jacobino” que se debería hacer una reforma constitucional, para docilizar y domesticar, subordinándola al modelo extractivista, a la Constitución aprobada por el pueblo boliviano.

El tema es que si bien la Asamblea Constituyente aprobó, en Oruro, lo de la reelección indefinida, no siendo, de ninguna manera, el artículo más importante, ni mucho menos, lo cierto es que, después de la revisión usurpadora del Congreso, el pueblo boliviano aprobó por amplia mayoría la Constitución presentada. Si se quisiera hacer una reforma constitucional  – se dice que para habilitar al Presidente a renovadas reelecciones, lo que tampoco es la principal preocupación del “Jacobino”, sino volver a la Constitución en un instrumento dócil para favorecer a las empresas trasnacionales del extractivismo -, se tendría que revisar todas las modificaciones que hizo el Congreso, para lograr un acuerdo multipartidario. De esto, ni se habla.

Lo que hacen el MAS, el gobierno y todos los órganos cooptados del Estado, es un múltiple delito constitucional y democrático. Desacata lo que ha aprobado el pueblo boliviano al votar mayoritariamente por  la Constitución; no respeta el voto contra la reforma constitucional, que pretendía el MAS, cuando ganó el NO; transfiere la decisión de la Asamblea Constituyente, respecto a la Constitución, y la decisión del pueblo boliviano, con la aprobación de la Constitución, a órgano incompetente; impone despóticamente la transferencia de una “decisión” incongruente, no institucional e inconstitucional, al Tribunal Constitucional, que no tiene competencias ni atribuciones para tomar esa “decisión”; la de la reelección indefinida. Estamos ante la tiranía de la estructura de poder palaciega.

Se podría decir que el único avance positivo logrado, post-aprobación de la Constitución, es la elaborada en Cochabamba, por parte operativa de las prefecturas departamentales; es el tema que quedó pendiente, en la Constituyente y posteriores acuerdos congresales, de las competencias autonómicas y su vinculación con las otras competencias exclusivas, privativas, concurrentes y compartidas. El acuerdo de Cochabamba logró llenar este vacío, definiendo el reparto, la composición y combinación de las competencias; haciendo un entramado de competencias complejo y enriquecedor. Es cuando las autonomías, en el contexto del pluralismo autonómico, adquirieron competencias fortalecedoras; sobre todo, las competencias de las autonomías indígenas.

Un ideólogo de la “autonomía departamental” pide  una reforma constitucional para empoderar la “autonomía departamental”, pues considera que esta autonomía es, mas bien, la preservación del centralismo estatal. El ideólogo confunde la Ley Marco de Autonomías, que nada tiene que ver con la Constitución, con el entramado de competencias autonómicas; mas bien, tiene que ver con la vulneración constitucional y el desconocimiento y descalabro taxativo de las competencias autonómicas. Cae el ideólogo “autonomista” en el mismo desatino oficialista al pedir reforma constitucional para fortalecer las autonomías. No se puede hacer una reforma constitucional por lo que se le ocurre a cada quien, de la clase política y del estrato de los ideólogos, cuando la Constitución no ha sido aplicada, sino, mas bien, vulnerada, desmantelada, no cumplida. De lo que se trata es hacer respetar la Constitución y su entramado de competencias.  

Ahora vamos a citar dos artículos anteriores, correspondientes a otra coyuntura, donde expusimos nuestra posición al respecto de las competencias autonómicas y la crisis del llamado “proceso de cambio”.

La comparsa “autonómica”

No es difícil demostrar que los “estatutos autonómicos” no tienen nada que ver con la Constitución; por lo tanto, con el Estado plurinacional comunitario y autonómico. Ya lo hicimos en anteriores escritos[1]. No vamos a volver sobre esto; lo que importa ahora, es explicarse el por qué, a pesar de todo, se insiste en aprobar cartas autonómicas que no cumplen con la Constitución, que no han sido deliberadas participativamente, como demanda la Constitución, que son impuestas por la autoridad y el abuso de mando de un gobierno populista. Vamos a tratar de describir los mecanismos de este engranaje condenado que embarca al gobierno progresista a no solo un montaje grotesco, sino a una usurpación de los derechos democráticos participativos de la población, sin precedentes; a una comparsa “autonómica”

La secuencia, si podemos hablar así, por lo menos ilustrativamente, es larga; el desarrollo legislativo gubernamental no corresponde a la Constitución, aprobada por el pueblo, sino a la herencia de la anterior Constitución liberal. Ya la Ley Marco de Autonomía es un desmantelamiento de la Constitución, en lo que compete a este tema, relativo a los gobiernos autonómicos, en los distintos niveles territoriales. Esta ley no solo ha cerrado la posibilidad de establecer autonomías, como manda la Constitución, según el entramado de sus competencias, sino que se ha mantenido el mismo régimen centralista financiero nacional del Estado-nación; se ha negado desesperadamente a abrirse a un sistema financiero comunitario y autonómico, además de plurinacional. ¿Qué es lo que requieren después de haber negado la posibilidad institucional a las autonomías? Terminar de plasmar esta usurpación, esta abolición de los derechos autonómicos y de sus competencias.

Las estructuras de poder vigentes; para decirlo ilustrativamente, metafóricamente, el poder económico y el poder político, se han coaligado para imponer las “autonomías” que les conviene; es decir, limitando todo lo que se pueda a las autonomías, manteniendo el control de sus regiones y del país. Si tomamos en cuenta el estatuto autonómico de La Paz y el estatuto autonómico de Santa Cruz, ambos, uno respondiendo al poder político, el otro, respondiendo al poder económico, han impuesto estatutos que convienen al interés de la clase política dominante y de la burguesía agroindustrial. El pueblo boliviano ha sido burlado en sus anhelos y esperanzas emancipadoras.

Lo grave de todo esto, es que a la convocatoria al referéndum por las cartas orgánicas van asistir una mayoría que avalará, por el hecho de asistir a esta comparsa, la usurpación de sus derechos democráticos y autonómicos. Este fenómeno corresponde, como dijimos antes, al deseo del amo. También al conformismo; quizás también a no encontrar alternativas y salidas. Los y las que voten son cómplices de la renuncia a la autonomía, a la participación, a los derechos democráticos de lo que denomina la Constitución Sistema de Gobierno Pluralista, de la democracia participativa, directa, comunitaria y representativa.

Si bien la denominada “oposición” convoca a votar por el No, este llamamiento, por los resultados estimados, también avalará la usurpación de la voluntad de las naciones y pueblos. Oposición que para nosotros, no es otra cosa que un aditivo, aparentemente opuesto, al gobierno; sin embargo, hace de complemento al poder de la gubernamentalidad populista, bajo la sombra del caudillo[2]. ¿Es posible salir de este círculo vicioso del poder?

A pesar de que se pueda demostrar la razón de la crítica a semejante violencia institucional, la de la expropiación de la voluntad popular, por medio de esta comparsa autonómica, ¿de qué sirve tener la razón, si en el campo político se resuelve por la correlación de fuerzas? No parece tratarse solamente de demostrar que los estatutos no tienen nada que ver con la Constitución, sino que parece prioritario activar la potencia social, hundida en lo profundo de los cuerpos múltiples de la gente, después de optar por el conformismo. ¿Cómo hacerlo?

No parece bastar solo el discurso denunciativo, que por cierto sirve. Tampoco, mejorando, el discurso crítico; parece indispensable ir más allá de estos discursos. Ingresar a un activismo integral, que interpele el conformismo de la gente y active la potencia social, inhibida. No basta señalar a los gobernantes como responsables de la decadencia del “proceso de cambio”, sino que es indispensable mostrar la corresponsabilidad de las mayorías en lo que ocurre. La complicidad se da cuando se deja hacer a los gobernantes lo que quieren hacer. Restaurar el Estado-nación, folclorizar el Estado Plurinacional; es decir, disfrazar el anterior Estado-nación con máscaras simbólicas; expandir el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente; preservar las estrategias clientelares del Estado rentista. Esta tarea, la del activismo integral, parece ser más difícil que las anteriores formas activistas, denunciativas, interpeladoras, críticas. Esta tarea difícil, es la que hay que poder efectuarla, pues, de lo contrario, si no se puede hacer esto, incluso los activismos anteriores, se cae en las redes y mallas del poder, legitimándolo, aunque no se lo quiera.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Algunas consideraciones sobre los estatutos

De todas maneras, a pesar que dijimos, que no íbamos a volver a la demostración de la inconstitucionalidad de los estatutos, vamos a decir unas cuantas cosas; puntualizaciones comparativas generales. Sobre todo para mostrar algunos contrastes de los estatutos autonómicos, en un contexto de analogías cómplices contra la Constitución.

El estatuto de Santa Cruz se distingue del de La Paz porque maneja mejor las competencias establecidas en la Constitución; La Paz prácticamente ignora estas competencias. Sin embargo, Santa Cruz lo hace de una manera notoriamente segada; toma lo que le conviene al grupo de poder económico, ignora todo lo que no le conviene. Ignora las competencias de las autonomías indígenas, además de las otras autonomías, las municipales, sobre todo las regionales. La de La Paz obedece a la consigna centralista de un gobierno, que responde a la defensa nacionalista del Estado-nación; pero, también, y esto parece innecesario, a sus criterios excesivamente centralistas. Cuenta con el aval del gobierno, hablando de las fuerzas intervinientes; empero, está más lejos que la de Santa Cruz de la Constitución, hablando de la estructura de competencias autonómicas.

La de Santa Cruz no solamente desconoce las autonomías indígenas y las autonomías regionales, sino que también desconoce la voluntad popular. El poder económico se arroga la representación del pueblo cruceño, al que no ha acudido para consultarle sobre numerables, temas indispensables para una convivencia democrática en la región. Hace en menor escala, regional, lo que hace el gobierno en mayor escala, nacional. Desconocer el contexto y los marcos jurídico-políticos de la Constitución; desconocer las voluntades populares, de pueblos, naciones y regiones. Sobre todo, desconocer la condición de plurinacionalidad, la condición comunitaria y la condición autonómica, en su multiplicidad.

Esta situación de contrastes y de complicidades, entre los estatutos de La Paz y Santa Cruz, entre el poder político y el poder económico, nos muestra la alianza subrepticia entre ambos, el acuerdo de poder; es decir, de dominación, entre ambos. Solo los ingenuos no lo ven; aclarando que estos ingenuos son la masa de llunk’us que obedecen ciegamente las consignas gubernamentales. Como nunca, en ellos, en esta clase de gente, con la que cuenta todo gobierno, solo que en los gobiernos populistas de una manera masiva, solo que en este gobierno, incluso con algunos pretendidos “bolcheviques” solitarios, no se esfuerzan por argumentar; solo atinan a descalificar de una manera ineficaz y general. Asumiendo, no se sabe por qué, que son los buenos; es decir, los “revolucionarios”; mientras todos los que se oponen, sean de donde sean, vengan de donde vengan, son “reaccionarios”. Esta actitud deportiva, muestra no solamente los niveles de la decadencia de la política y de la “ideología”, sino también demuestra la escasez argumentativa de este movimiento al socialismo.

Si bien compartimos las preocupaciones, por lo menos parte de ellas, de todos los que convocan a votar por el NO, en el referéndum autonómico, les recordamos que la victoria del nulo en la elección de los magistrados no sirvió efectivamente, pues el gobierno se refugió en su mayoría congresal para legalizar un desconocimiento antidemocrático, al validar esa elección anulada por la propia votación. Además de no olvidar que cuenta con la complicidad sumisa del Órgano electoral, que, a pesar de incorporar “notables”, de otro estilo que los “notables” del periodo neoliberal, no ha corregido su falencia fundamental; su subordinación  y dependencia de las determinaciones del ejecutivo. El nulo no es lo mismo que el NO, ciertamente; empero, el mapa institucional en el que se mueve esta elección es el mismo mapa, definido por la gubernamentalidad clientelar.

No parece pues una salida efectiva, esto de votar por el NO, aunque logre una victoria simbólica, por segunda vez, sobre un gobierno, un Estado, en verdad, pues están comprometidos todos los poderes del Estado con las relaciones clientelares del gobierno populista.  ¿Qué hacer?

Nuestra posición ha sido y es la de que estas decisiones deben ser construcciones colectivas. Ciertamente no hay tiempo, fuera de que parece que tampoco hay voluntad de las mayorías para construir decisiones participativas. Sin embargo, no creemos que se deba renunciar nunca a convocar a la construcción colectiva de la decisión política, por lo menos, como pedagogía política. Es posible que sea tarde para esto; sin renunciar a que, los que apuesten a eso, se convoque a votar por el NO, es menester, en lo que respecta a los activistas, buscar la activación de la potencia social. Por otra parte, no olvidar, pase lo que pase, en esta coyuntura, que ¡la lucha continua! ¿Qué gana el gobierno? No mucho, hace lo mismo que ha hecho hasta ahora, desmantelar la Constitución; hablar a nombre de ella, como si respondieran sus actos a esta Constitución; sin embargo, seguir con la consolidación del Estado-nación, el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, manipulando a las mayorías con el cuento de hadas del “proceso de cambio”. Solo gana tiempo; pues, por dentro esta carcomido por el avance demoledor de la implosión

Artilugios de las farsas

En los ámbitos de relaciones entre los seres, el juego de mensajes y de interpretaciones, acompañadas de respuestas, forma parte de las entrelazadas ecologías de las que conforman. En el conjunto de estos mensajes emitidos, percibidos, codificados y decodificados, hay un grupo de ellos que es indispensable tener en cuenta por sus características; hablamos de los mensajes engañosos, emitidos con el objeto de simular. Quizás, mejor dicho, de aparentar, de dar una apariencia; para que esta sea interpretada ya como una amenaza, ya como una advertencia. En atmósferas no agresivas, quizás el tenor es de atraer y seducir. Podemos decir, con cierta pretensión de generalidad, que se trata de impresionar. Se busca con los mensajes emitidos de cierta forma, de cierta manera, con la intención de causar una determinada decodificación; es decir, interpretación. Estas estrategias de comunicación han sido hartamente desarrolladas por las sociedades humanas y de una manera proliferante, hasta lograr estilos sofisticados y aristocráticos. El arte ha recogido esta experiencia y memoria social, convirtiendo las estrategias de seducción en regocijos estéticos.

Sin embargo, hay muchas direcciones de las rutas que toman estas estrategias de comunicación manipuladas, ya no en el arte, sino, por ejemplo, en la política, en la diplomacia, en ámbitos microfísicos y macrofísicos de poder. Hay personas que exaltan o extreman el uso de estas estrategias impresionistas – para darle un nombre, aunque sea provisional -, con el objeto de reconocimiento social, que puede llegar a convertirse en exigencia de reconocimiento de la “grandeza”, que reclaman ser.  Son los “héroes” ignorados, son los “sabios” no reconocidos a primera vista, son los “hombres consagrados”, que la humanidad no descubre, hasta que estos personajes reclaman a voz en cuello. Se buscan frases sonoras, que impresionen, aunque no digan nada; lo importante es que parezcan que dicen algo importante.  Son los últimos en hablar en una conversación, pues buscan cerrarla con sus conclusiones “sabias”. Se muestran como los dedicados, mucho más que otros, los mortales, aparecen como los más disciplinados; cuando se trata de ámbitos intelectuales, se muestran como los más lectores. Hacen conocer la cantidad innumerable de libros que tienen en su biblioteca, que hacen suponer que los han leído todos. Publican, sobre todo cuando cuentan con los recursos del Estado, aunque sus publicaciones sean repetitivas y reiterativas de lo que escribían, cuando eran más interesantes. Esto en el mejor de los casos; cuando no ocurre esto, cuando más bien, han decaído hacia la escritura torpe, sin estilo ni gracia, de la propaganda o de la diatriba panfletaria. Pues ahora parecen aburridos y aletargados; ofreciendo libros, que los funcionarios están como obligados a leer, aunque no los lean, debido a que no están acostumbrados a hacerlo. 

Como cuentan con la atmósfera forzada de las adulaciones y sumisiones de sus entornos subordinados, se sienten confirmados en su “gloria”, en su “verdad”; por lo tanto, consideran obligación de parte de ellos llamar la atención. Cuando se trata de críticas, de descalificarlas como si fuesen el sagrado guerrero San Jorge, enfrentándose a dragones. Terminan, por este camino, adquiriendo un aire despiadado de vengadores, venidos desde lo profundo de los tiempos olvidados, para castigar a los impíos. Es, de alguna manera, de esperar, que todo esto, se lo crean; empero, lo que llama la atención, que terminen creyendo no los entornos subalternos, sino la llamada izquierda internacional.  Aunque se trate de una izquierda oficiosa, enamorada de los fantasmas de la “revolución”, sobre todo de los fantasmas institucionalizados, fantasmas y mitos a quienes les ofrecen ritos y ceremonialidades, de todas maneras, se esperaría, de esta izquierda, un mínimo de sentido crítico común. Pero, no. Esta izquierda internacional cree en los mensajes emitidos por estos personajes histriónicos y exigentes, que se muestran con todos los rasgos fantasmagóricos de los “revolucionarios” muertos, institucionalizados e idolatrados.

Asistimos pues a espectáculos. En foros internacionales se presentan a estos personajes emuladores como la expresión auténtica de “procesos de cambio” en curso. Los asistentes a estos foros, por lo menos, en su mayoría, sienten que se encuentra en las proximidades de los resplandores de una “revolución” presente, que se da en el país del invitado a hablar. No interesa, al respecto, ninguna verificación. Menos escuchar críticas, que vienen, precisamente del país donde supuestamente está en curso una “revolución”; por lo tanto, no se las puede tomar en serio. A lo mejor son no solamente desatinadas, inconformes y resentidas, sino hasta pueden tener secretas vinculaciones con la conspiración de la “derecha”.   

Como se puede ver, lo importante no es lo que realmente ocurre y pasa en el país del “proceso de cambio”, sino que se crea que ocurra, que se tenga fe en lo que se dice que pasa. Los izquierdistas se aferran a sus esperanzas, que llaman utopías, se aferran a sus deseos, que llaman proyectos en curso. No son capaces de evaluar las circunstancias, los sucesos, con ojos críticos, sobre todo para apoyar las posibilidades de las transformaciones inherentes en las coyunturas dramáticas. Al hacer apología de “procesos de cambio”, que no dejan de ser contradictorios, se convierten ellos, los izquierdistas oficiosos, en una trampa más, en el recorrido accidentado del “proceso”. Pues, en vez de lograr una buena información, una buena evaluación de los hechos, por lo tanto, en consecuencia, una buena interpretación y análisis, terminan enamorándose de su propia ficción. Este es el momento sintomático, que señala no solo la decadencia misma del decantado “proceso de cambio”, sino de que los supuestos defensores de la revolución del siglo XXI se han convertido, en la práctica, efectivamente, en sus sepultureros.

De los apologistas, “ideólogos”, aduladores, del “proceso de cambio”, hay unos cuantos, contados con los dedos de una mano, que quizás no lleguen ni a dos, que hacen enormes esfuerzos por mantener su seducción artificial por medio de la estrategia impresionista. En vez de debatir contra la crítica que se les hace, prefieren descalificar a los emisores, aludiendo a supuestos dramas figurativos. En vez de contra-argumentar, prefieren inventarse artefactos de palabras sonoras, que brillen por su halito espectacular, aunque no digan nada. Con esto tienen la esperanza de haber impresionado, no tanto a sus interlocutores, a quienes los ignoran despreciativamente, sino a sus entornos subalternos, a la masa de llunk’us, a los escuchas, que aunque no sean de sus entornos, pueda afectarles este teatro elocuente de frases sonoras, empero, huecas.

Todos estos mensajes, que hemos agrupado o clasificado como engañosos o, si se quiere, impresionistas, usando este término provisionalmente, para ilustrar mejor, forman parte de una maraña mayor y quizás más complicada, la de los juegos de poder; en toda su variedad, estilos y proliferaciones abundantes; también microfísicas y macrofísicas de poder. Como dijimos en otros escritos[3], no busquemos culpables, cayendo en el mismo esquematismo dualista político del amigo/enemigo, que se asienta en el matricial esquematismo dualista religioso del fiel/infiel; peor aún, caer en el clima dramático de la consciencia desdichada del espíritu de venganza. Estos personajes histriónicos son víctimas de su propio entramado; de la trama que asumen como guion de sus vidas. Asumen el papel de protagonistas; descargan el peso de este papel en sus cuerpos, sufren con los sufrimientos del personaje que emulan, que termina siendo ellos mismos. Su vida, de esta manera, se ha convertido en un teatro. No salgamos por el lado fácil de que mienten, de que engañan conscientemente y a propósito, como maquiavelos, de la versión francesa. Nada de esto es sostenible. No tienen el control de lo que sucede, como tampoco nadie lo tiene; nadie controla todas las variables intervinientes en su vida. Si hablamos de mensajes engañosos, no es porque se engaña en el sentido simple, sino porque se alude a estrategias de simulación, inherentes a las estrategias de sobrevivencia de los seres orgánicos.  El tema es que esta estrategia de mensajes engañosos se convierte en una hipertrofia de las conductas en personajes públicos de la política. Entonces la estrategia se convierte en una trampa, no solo para quienes se emite el mensaje, sino para los propios entornos del personaje en cuestión, y para el propio personaje de la emulación.

Llamemos a este fenómeno de entrampamiento, que en otro lugar, escrito, llamamos encaracolamiento[4], fenómeno de la burbuja. Los personajes en cuestión habitan burbujas, el mundo se reduce a estas burbujas, la realidad se reduce a lo que se ve desde estas burbujas. Entonces la relación con el mundo es burbujeante, por así decirlo. No es pues una maldad la que motiva el comportamiento de estos hombres públicos, como asumen los otros sacerdotes jueces juzgadores, que tampoco han salido del cirulo vicioso del poder, sino que la dramática del poder se encuentra en esta manera de ver el mundo, incluso de concebirlo, desde su burbuja, que es una atmosfera propia, que a la vez de cobijarlos, los atrapa en la ilusión del aislamiento, de la impunidad, de la creencia en una suerte de invulnerabilidad. Aunque mucha gente no lo crea, la vida de estos personajes es dramática, por eso mismo triste, drama sólo compensado con la ilusión de que las ceremonias del poder verifican el dominio absoluto del Estado. Las ceremonias no verifican nada, sino que reproducen la institución imaginaria del Estado.

Manteniendo nuestra metáfora ilustrativa, si el problema burbujeante quedara ahí, en esta reducida extensión climática y atmosférica de los entornos del poder crepuscular, no sería tan grave; sin embargo, no es así. Aunque no se encuentren en la burbuja, las muchedumbres que se encuentran seducidas por el poder, por sus figuras, ya se den en forma del mito del caudillo u otra forma institucional, ven el mundo, no desde la burbuja, pues no se encuentran ahí, sino desde el reflejo del mundo en la superficie curva de la burbuja. Ven el mundo desde el espejo del poder. Entonces, no solamente los personajes públicos de la política, los entornos, sino también las muchedumbres seguidoras, se encuentran atrapados por el fenómeno burbujeante de estos climas y atmosferas envolventes del poder.

No se trata de castigar a nadie, ni ponerlo en el cadalso, después de acusarlo y ponerlo en el banquillo de los acusados; esto sería, no salir del círculo vicioso del poder. Se trata de romper con este circuito vicioso, con este círculo, con esta orbita perversa. Se trata de salir de estas órbitas y generar fugas de las gravitaciones del poder, creando con los recorridos libres otros mundos, incluso otros universos.

     

[1] Ver de Raúl Prada Alcoreza Autonomicidio; también Autonomía y descolonización, así mismo Descolonización y transición. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-2015. El último, publicado por Abya Yala; Quito.

[2] Ver de Raúl Prada Alcoreza A la sombra del caudillo. Bolpress; La Paz 2015. Dinámicas moleculares 2015.

[3] Ver de Raúl Prada Alcoreza Más allá del amigo y el enemigo. Dinámicas moleculares; La Paz 2015.

[4] Ver de Raúl Prada Alcoreza Encaracolamiento. Dinámicas moleculares; La Paz 2015.

Reflexionando sobre experiencias

Reflexionando sobre experiencias

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Reflexionando sobre experiencias.pdf

 

 

 

 

¿Qué nos enseñan las trayectorias de vida? Fuera de la narrativa que se puede lograr, ya sea como interpretación literaria o, en su caso, psicológica, en el sentido del análisis de las conductas y los comportamientos; fuera, si se quiere, del aprendizaje político, en el sentido que le hemos dado, como politeia; ¿qué nos enseña como aprendizaje para el presente? Tanto para comprender el presente como para orientar las prácticas en el presente. Hemos dejado clara nuestra diferencia y distancia respecto a convertir una trayectoria ejemplar en un mito, también en un modelo a seguir, otorgándole algo así como un nombre propio al seguimiento de la labor emprendida por el referente ético y político del protagonista en cuestión. Estamos contra estas reducciones “ideológicas” del acontecimiento, que es una historia de vida consecuente, por así decirlo.  Como dijimos, nos interesa aprender de la excepcionalidad de un perfil subjetivo, pragmático, en el sentido pleno de la palabra, es decir, de acción, de la composición armoniosa entre ética y política, para no complicar las figuras, con otros planos y espesores de intensidad. Pues, en esta excepcionalidad, parece encontrarse la comprensión de las posibilidades inherentes a los sujetos, posibilidades que son inhibidas, debido a las renuncia a su propia potencia, entregándose a las capturas y manipulaciones del poder.

 

Este es un primer punto, en lo que respecta al aprendizaje para la comprensión y la acción en el presente. Un segundo punto, tiene que ver con la pertinencia política del proyecto político del referente ético y político. Este tópico tiene que ser abordado tanto desde la pregunta de lo que no se ha resuelto respecto de la problemática planteada por el proyecto político, de su tiempo, así como por la complejidad de la problemática en el presente. Respecto a la problemática de la dependencia de la formación social boliviana, en relación a la trayectoria política y de lucha de Marcelo Quiroga Santa Cruz, podemos decir, de una manera resumida, que en lo que respecta a la dependencia, asentada en un modelo económico colonial extractivista del capitalismo dependiente, el problema heredado no ha sido resuelto. En este sentido, incluso, podemos inferir que el programa de nacionalizaciones, tal como lo interpretamos y expuesto, es pertinente y urgente hoy. Sin embargamos, consideramos que la problemática en el presente ha adquirido una complejidad mayor, tanto desde la perspectiva de la experiencia social y política y de la memoria social y política, así como de la modificación de las condiciones estructurales del sistema-mundo capitalista hoy, con respecto al pasado inmediato. Para decirlo fácilmente, la estructura de dominación y hegemónica del sistema-mundo capitalista ha cambiado, si se puede decir, radicalmente. La dominancia, en lo que podríamos llamar composición estratégica del capitalismo, no radica en la preponderancia del capital industrial, sino en el sobrepeso del capital financiero; esto convierte al carácter del capitalismo hoy en especulativo. En consecuencia, el objetivo de la independencia económica parece no radicar en lo que se creía, por lo menos, en las décadas de mediados del siglo XX; en la industrialización.

 

Esta diferencia, que parece radical, en lo que respecta a la crisis del capitalismo hoy y a las salidas y alternativas al sistema-mundo capitalista hoy, no le quita méritos ni a la trayectoria ética y política del referente subjetivo, tampoco a su programa de nacionalizaciones. Lo que pasa es que las salidas radicales hoy, las salidas alternativas hoy, yendo más lejos, las salidas alterativas hoy, reubican el papel de las nacionalizaciones. Siguiendo la exposición sucinta y directa, diremos que las nacionalizaciones no tienen como finalidad la soberanía, es decir, la consolidación del Estado-nación, sino el autogobierno de los pueblos; es decir, la profundización de la democracia, haciéndola efectivamente participativa y convocante. Además, a las alturas de la crisis económica, política, cultural y civilizatoria, además de la crisis ecológica, ya no se puede circunscribir las transformaciones, las realizaciones del autogobierno en la geografía política de los Estado-nación, sino, que es indispensable, borrar las fronteras, el fetichismo de los Estado-nación, y convocar a los pueblos del mundo a conformar una Confederación Plurinacional de Autogobiernos de los Pueblos del Mundo.

 

De estos temas hemos hablado en otros ensayos. Ahora no insistiremos en ellos. Lo que interesa es aprender las consecuencias del aprendizaje de las huellas trazadas por una historia de vida ejemplar y admirable en el presente. En consecuencia, el tercer punto es el siguiente: la convocatoria o si se quiere, para decirlo de una manera exaltante, el manifiesto. En este tercer punto, en el presente, no parece ser el partido el núcleo u organismo convocante. Que, además, ya en la época de Marcelo Quiroga Santa Cruz, no dio los resultados esperados, ni fue el sujeto vanguardista deseado. El devenir de la convocatoria parece ser otra. Lo que vamos a decir ya suena a especulación, pero, lo vamos a decir, por razones de exposición. La convocatoria debe ser – déjenos utilizar figurativamente este debe, que nos acerca a principio categóricouna construcción colectiva y participativa.

 

Con esto no decimos, de ninguna manera, que los colectivos activistas no tienen alguna tarea; al contrario, la tienen, pero, no la que imaginó el bolchevismo, en su tiempo. Tienen la tarea de activar la potencia social. Para que los sujetos sociales, que liberan su potencia social, puedan construir la convocatoria, en este caso, local, nacional, regional y mundial. No parece tratarse de presentar un programa de vanguardia para orientar a las masas; este programa sería una simpleza inútil, ante la complejidad que enfrentamos; sino de un manifiesto o muchos manifiestos que hablen, por así decirlo, a los oídos de la potencia social, inherente a lo que sabe el cuerpo; no a los oídos “racionales”, educados por las mallas institucionales de los diagramas de poder.

 

Esta tarea, que parece difícil lograrla, pues no sabemos cómo comunicarnos con la potencia de los cuerpos, si así la podemos llamar, no excluye tareas concretas del activismo, con respecto a la defensa de los derechos, en toda su gama de generaciones, las luchas por demandas concretas de colectivos específicos, la agitación en torno de determinadas conquistas a obtener, la movilización en contra de las formas destructivas del extractivismo, industrialismo, consumismo, anti-ecologismo, sino que les otorga una integralidad y consecuencias mayores.

 

 

En conclusión, sobre la pertinencia de estas trayectorias de vida, podemos decir que, en el presente, ya son huellas hendidas en el acontecimiento social; las mismas que inciden, no solo como memoria y referente, sino como inscripción en las predisposiciones sociales, afectivas, imaginarias y racionales, perceptuales sociales. No se trata de seguirlos, como sugiere una ingenua proposición política e “ideológica”, que también puede encubrir un juego de poder, sustentándose en el prestigio de los héroes. Esto es innecesario, pues están en el presente como huellas inscritas en el acontecimiento, sino combinar estas huellas en composiciones sociales, colectivamente decididas, en un presente activado por la democracia radical; es decir, el autogobierno.

 

El presente está en las manos de los que están presentes y pueden activar un presente potente, creativo, vital, o, en su defecto, un presente reiterativo del pasado de dominaciones, capturas, inhibiciones y castraciones de los cuerpos.

Retomando las exposiciones, sobre todo la vinculación de la parrhesía y la democracia, cuando dijimos, retomando la tradición de la politeia, del ethos, de la aletheía, por lo tanto, del decir la verdad, podemos concluir que el decir la verdad tiene como condición de posibilidad el autogobierno, el dar la palabra al pueblo. Además no se trata solo de la palabra y de tener la posibilidad de hablar, sino de la posibilidad de la acción libre y creativa. 

Leer más: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/reflexionando-sobre-experiencias/

La invención política de la realidad

La invención política de la realidad

 

Raúl Prada Alcoreza

 

La invención política de la realidad

Alternativas

 

 

 

 

Marie Démelas escribió La invención de la política[1], ahora, en pleno crepúsculo de la modernidad tardía, tendríamos que hablar de la invención política de la realidad; las “realidad” producida por el poder e inventada como una imagen en el espejo de las dominaciones polimorfas. La política, en su sentido restringido, institucional y estatal, requiere de una imagen, verse reflejada en el espejo, como si el espejo le digiera eres legitima, eres la legitimidad misma, pues la legitimidad es tu rostro mismo, el del poder. Como en el cuento de hadas de Blancanieves, para niños, la reina quiere que el espejo le diga que es la más bella de las mujeres del reino[2]. La política, entonces, inventa una “realidad” adecuada al poder.

Esta “realidad” es el recorte que el poder efectúa en la complejidad dinámica, sinónimo de realidad efectiva. Se trata del recorte circunscrito a los requerimientos de las dominaciones impuestas; heredadas, reinventadas e incrementadas. Esta “realidad” inventada resulta entonces, como una prolongación misma de la maquinaria del poder. La “realidad” del poder es la que corrobora sus interpretaciones, sus incidencias, sus políticas, sus estimaciones y proyecciones.  No importa, aquí, si estas interpretaciones o explicaciones sean insostenibles; lo que importa es la continuidad de la reproducción del poder.

En el caso de la “interpretación abstracta” de los “derechos del presidente” a seguir repostándose indefinidamente, donde se declara como “inconstitucionales” a los artículos de la Constitución que prohíben la re-postulación a partir de una segunda secuencia, lo que es declarar a la Constitución misma como “inconstitucional”, figura estrambótica, por cierto, de esta “interpretación abstracta”, la política gubernamental se inventa una “realidad” virtual donde los “derechos del presidente” a re-postularse están por encima de la Constitución; tal como dice el Ministro de Defensa. Según el discurso, este recorte de realidad sería como el sumun de la realidad efectiva; la realidad por excelencia del poder o que sanciona el poder.

Si esta es la realidad, no hay discusión; a pesar de la Constitución, a pesar de la voluntad popular, que define su inclinación y decisión en un referéndum, que dice No a la reforma constitucional, que pretende modificar la Constitución para habilitar al presidente a una postulación indefinida, a pesar de su derrota ante la elección de magistrados, donde la voluntad popular dijo No, anulando la elegibilidad de magistrados, la “realidad” inventada por la política es donde se puede incumplir con todo, dejando abierta la posibilidad de imponer lo que requiere el poder. Esta “realidad”, la inventada por la política, es donde se pueden cambiar las reglas del juego al atojo de los que gobiernan. Entonces, se trata de una realidad maleable.

El problema de una “realidad” sin reglas o donde las reglas se cambian de acuerdo a los requerimientos del poder, es lo que se tiene como recorte de realidad o lo que había todavía de realidad en el recorte desaparece, se esfuma; pues toda realidad responde a las fuerzas fundamentales del universo,  a estructuras estructurantes, a condiciones de posibilidad existenciales, a conjuntos de reglas del juego establecidas de antemano. Cuando se suspenden las reglas, las condiciones de posibilidad, las estructuras estructurantes, las fuerzas fundamentales, se evapora la realidad misma. Lo que hay, en vez de realidad, es una alucinación.

La forma de gubernamentalidad clientelar cree con suspender la Constitución, las reglas del juego jurídico-político, con inventar una “realidad”, puede realizar esa realidad inventada. Se equivoca garrafalmente, pues una cosa es inventar imaginariamente, incluso ideológicamente, una “realidad”, y otra cosa es realizarla; es decir, hacerla real. Primero, porque la realidad no se inventa sino que se crea, como complejidad dinámica e integrada. La realidad es lo que contiene las posibilidades creativas y las potencialidades de los juegos, composiciones y composiciones de la complejidad dinámica. Segundo, para que se realice algún proyecto político, se requiere de la correspondencia con las condiciones de posibilidad; si no hay tal cosas, el proyecto es irrealizable, inviable.  

La forma de gubernamentalidad clientelar, puede acomodar los escenarios políticos de tal manera, que, para sus pretensiones y su imaginario, le sirvan como escalera o gradas que le ayuden lograr los objetivos que se propone; principalmente, perpetrarse en el poder. Sin embargo, este montaje no le ayuda a lograrlos, aunque le ayude a ensamblar la escenografía política. Por eso, estos armados, terminan en rotundos fracasos. Se puede argumentar, claro que sin la consistencia lógica, que el derecho del presidente es a re-postularse las veces que quiera, pues formaría parte de la “libertad” de un individuo a hacerlo, por encima de cualquier Constitución, regla o voluntad popular. Se puede montar escenarios donde “movimientos sociales” aparecen pidiendo la re-postulación. Pero, lo que no se puede lograr es que esta argumentación sea consistente; se sostenga no solo en la lógica, sino en la Constitución, en las reglas del juego, en la voluntad popular; pues estas condiciones están ausentes en la argumentación política.

El refrán popular dice el papel aguanta todo; tendríamos que decir que el discurso político puede decir de todo; pero, lo que no puede es convertir lo que se escribe en el papel o se dice en el discurso en una realidad efectivamente dada. Partiendo de la tautología como premisa, el poder es poder, tiene poder; empero, es impotente para realizarse como realidad efectiva. En el mejor de los casos, llega a una “realidad” institucional, sostenida por la institucionalidad; sin embargo, no se realiza como realidad efectiva.

No se trata aquí, de debatir las argumentaciones que sostienen la re-postulación; lo que es fácil rebatir; además de ya haberse expuesto la crítica a semejante retórica gubernamental. Sino se trata de comprender el funcionamiento de semejante discurso político. Se trata de un discurso en los límites de la desesperación; desesperación ante su clausura, ante el cierre de su ciclo. Un discurso que busca la prolongación en el poder más allá de sus posibilidades mismas. Es como creer que el poder o el detentar el poder otorgan la magia de la eterna juventud, de la prolongación indefinida; como si la estadía en el gobierno no dependiera de la magnitud y curvatura de los ciclos políticos, sino de la audacia de las políticas, estrategias y prácticas implementadas. Bastaría emitir una argumentación que diga que el “presidente tiene derechos”, que no puede conculcar la Constitución,  bastaría poner en entredicho artículos de la Constitución, para habilitarlo en sus pretensiones electorales. Sin embargo, esta argumentación no aguanta la contrastación con lo que acaece.

No se puede desacatar, democráticamente, la decisión popular, la dada en el referéndum sobre la modificación de la Constitución; a no ser que se lo haga aboliendo la democracia. No se puede estar por encima del poder constituyente; no se puede eludir el mandato constitucional; no se puede desechar las reglas del juego, a no ser que se lo haga a costa de la muerte da la democracia o lo que queda de ella.

Cuando se lo hace, como lo hace el gobierno clientelar, al suspender la democracia y al desacatar la Constitución y voluntad popular, el “gobierno progresista” se comporta como una tiranía, donde la persona del rey es la que se impone. Toda Constitución, aunque no se encuentre el artículo explícitamente, invita a la subversión, si el gobierno no acata lo establecido por la carta magna.

Por otra parte, un gobierno no se sostiene ni se prolonga por los juegos de poder, sino cuando las condiciones de posibilidad lo permiten. En plena crisis ecológica se hace insostenible un modelo extractivita en economía y un modelo rentista en el Estado. La prolongación de la gubernamentalidad clientelar no es viable cuando esta forma de gobierno se encuentra en crisis; no convoca, no convence, no responde a la demanda social. La extensión de una forma de gubernamentalidad en crisis no es posible sin el recurso incrementado de la violencia demoledora.

La violencia, aunque se la efectúe sistemáticamente, en sus distintas y variantes formas, es, en todo caso, el último recurso, por así decirlo, del funcionamiento de la máquina del poder. Que lo haga, que recurra a este recurso, quiere decir que el poder, para reproducirse, requiere constantemente de la violencia. Lo que implica que el poder solo es posible con el ejercicio de la violencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Descripción del procedimiento insólito

El presidente de la Cámara de Senadores, José Alberto Gonzales, alias el “Gringo”, dijo que la Asamblea  Legislativa estableció una posición, respaldando a la petición del MAS ante el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP). El pedido consiste en otorgar la figura de una reelección indefinida; este requerimiento político se  basa en cinco “ejes fundamentales”, entre ellos las “convenciones sobre derechos humanos” por encima de la Constitución.

El partido de gobierno presentó un recurso ante el TCP, con el objeto de que declare la “inconstitucionalidad” de cinco artículos de la Ley de Régimen Electoral, además de la “inaplicación” de cuatro artículos de la Constitución. Estos mencionados artículos, tanto de la ley como de la Constitución, limitan el mando de las autoridades; en consecuencia, se busca habilitar a Evo Morales a los comicios de 2019. 

El presidente de la Cámara de Senadores se expresó de la manera siguiente, ante tan controvertido requerimiento del partido oficialista: “Se ratifica el pedido que hace la bancada (del MAS), de los dos miembros de la oposición en sentido de que se declare la inconstitucionalidad de artículos de la Ley de Régimen Electoral, además se ha pedido que se declare inaplicable artículos de la Constitución”. El “Gringo” envió el  lunes el argumento al TCP, en reemplazo del presidente nato de la Asamblea Legislativa, Álvaro García Linera.

El TCP, una vez recibida la respuesta de la Asamblea Legislativa, a requerimiento del mismo Tribunal, que preguntaba sobre el carácter del insólito pedido político gubernamental, sorteó a Macario Lahor Cortez como magistrado relator; responsable, ahora, de resolver el recurso del MAS, contando con un plazo de 45 días. La resolución sobre la reelección será puesta a consideración de los miembros del Tribunal. Según el magistrado Zenón Bacarreza, la mentada resolución sobre la reelección estará lista para antes de diciembre. El magistrado dijo: “Hemos tomado conocimiento y lo vamos a resolver. Es una decisión de sala plena y de los magistrados de dejar en lo posible en cero la mora (procesal) a los futuros magistrados”.

De acuerdo al jefe de bancada de UD, Wilson Santamaría, los magistrados del TCP, que atenderán el recurso del MAS, buscando legalizar la reelección indefinida, “deben excusarse”. Esto porque que “hay un conflicto de intereses” debido a que son procesados por la Asamblea. El artículo 20  del Código Procesal Constitucional dispone que será excusa “tener proceso pendiente con alguna de las partes, siempre que éste no haya sido provocado ex profeso por una de ellas para inhabilitarlos, o haber sido denunciante o acusado contra una de las partes para su enjuiciamiento”.

El Congreso, donde  el MAS controla más de dos tercios, favoreció el pedido del oficialismo con argumentos jurídicos que tienen como base cinco ejes. El primero hace mención a los derechos ciudadanos de elegir y ser elegido. Luego está la jurisprudencia internacional sobre derechos humanos. “Es una línea en la que se exacerba la voluntad de Bolivia del respeto a las convenciones sobre derechos humanos incluso los que están por encima de la Constitución”, declaró Gonzales, quien dijo que enviaron al TCP las razones jurídicas por las que sí debe resolver el recurso del MAS que busca la reelección[3].

En resumen, los “representantes del pueblo” oficialistas,  quienes presentaron el “recurso abstracto de inconstitucionalidad”, argumentaron que las cláusulas que limitan la reelección  de postulaciones vulneran uno de los derechos principales, consagrados por la propia Constitución, para todos los ciudadanos, no solo para el presidente, que es la prerrogativa de ser candidato a un cargo de elección popular. Según esta estrambótica “reflexión”, el referente jurídico es el pacto de San José, del que Bolivia es signataria; pacto que considera un “derecho humano” elegir y ser elegido. Sin embargo, lo que no puede eludir la maniobra extravagante del oficialismo es que la Constitución fue aprobada por la mayoría del pueblo boliviano; vulnerar esta aprobación popular es vulnerar los derechos del pueblo boliviano, consagrados en la Constitución; vulnerando, además sus derechos humanos, al desconocer la decisión popular. Por su parte, el referéndum de 2016 rechazó la posibilidad de hacer una reforma constitucional para habilitar al presidente a una reelección, mucho menos, de manera indefinida. Hacerlo, implica un delito democrático y constitucional.

Si bien, el oficialismo ha señalado que este referéndum estuvo “viciado”, pues, según dice, la ciudadanía votó, inducida por una “campaña sucia”, desplegada por la “oposición”, con el objeto de desprestigiar a Evo Morales, señalando las relaciones amorosas con una dama,    quien era la cara visible de la red, circuito y estructura de corrupción, respecto a los millonarios contratos y convenios con la empresa trasnacional china CAMC[4], esto no es un argumento válido para desconocer los resultados de la votación, donde ganó el No.

Una colusión de este conflicto jurídico-político, relativo al requerimiento oficialista, contrario a la Constitución, al referéndum y al ejercicio de la democracia es que estamos ante delitos jurídico-políticos, constitucionales y contra la democracia. Delitos que no se pueden encubrir con enredadas “argumentaciones”, que son, mas bien, parte de una retórica política no convincente, que contrasta con la retórica misma, que es el arte de la argumentación y del convencimiento.

 

Otra conclusión es la que pone en evidencia la incongruencia “teórica”, si es que podemos darle este nombre a semejante “deducción”,  de la argumentación extravagante sobre la habilitación del presidente al “derecho” a una re-postulación indefinida. Cuando se habla de derechos humanos se hace referencia a la condición universal de la humanidad; de ninguna manera al “derecho singular” de un individuo, que además funge de Presidente. Los derechos humanos están dichos y escritos en plural, no en singular; por otra parte, los derechos humanos se remiten a la condición universal de todos los humanos; de ninguna manera a la condición específica y singular de un individuo concreto. Hacerlo es como elevar a condición universal la condición singular de un individuo boliviano, que, además, funge de presidente de su país.

 

[1] Revisar De Marie-Danielle Demélas La invención política. Institut français d’études. http://books.openedition.org/ifea/4141.

[2] Blancanieves, en alemán Schneewittchen, es un cuento de hadas. La versión más difundida es la de los hermanos Grimm; en tanto que la cinematográfica de Blancanieves y los siete enanitos, rodada en 1937 por Walt Disney, adquiere las connotaciones que otorga la pantalla.  La versión clásica contiene escenas relativas al espejo mágico, que se comunica, así como los personajes llamados los siete enanitos o duendes. En algunas versiones, los enanitos son ladrones y el diálogo con el espejo mágico se hace con el sol o la luna.

 

 

[3] Leer El Legislativo da al TCP el visto bueno para la reelección. http://www.paginasiete.bo/nacional/2017/10/18/legislativo-visto-bueno-para-reeleccion-156180.html.

 

[4] Leer Hay 5 firmas de la china CAMC en relación con el Gobierno de Evo Morales. También Empresa china CAMC hizo sociedades para acceder a más contratos en Bolivia; así como Todo sobre el caso Evo – Gabriela – CAMC: ¿Trafico de influencias?

http://eju.tv/2016/03/5-firmas-la-china-camc-relacion-gobierno-evo-morales/.

http://eju.tv/2016/03/empresa-china-camc-sociedades-acceder-mas-contratos-bolivia/.

http://www.somossur.net/index.php/socio-cultural/los-movimientos-sociales-en-tiempos-de-evo/1740-todo-sobre-el-caso-evo-gabriela-camc-trafico-de-influencias.

El esquematismo vulgar de héroes y villanos

El esquematismo vulgar de héroes y villanos

 

Raúl Prada Alcoreza

 

El esquematismo vulgar de héroes y villanos

BOLIVIE-CHE

 

 

 

 

La literatura mediática, incluso la literatura política, peor aún, la literatura de la diatriba, se mueven en un esquematismo vulgar, que opone héroes a villanos. Reproduciendo superficialmente, mas bien, como imitación, que se parece a los gestos o muecas del mimocopian personajes de la epopeya; por un lado, los héroes, que adquieren la connotación del estereotipo del semi-dios, ya sin espesores humanos, limpio de contradicciones, casi elocuencia divina de conducta perfecta. Por otro lado, los monstruos, las aberraciones morales, políticas, históricas, hasta naturales. Se trata, si se quiere, reduciendo al máximo la expresión figurativa, que exalta por su inocencia común el contraste más evidente, el héroe que enfrenta al dragón de dos o más cabezas, el caballero que rescata a la dama raptada por el monstruo insensible, incomprensible y trágico por su condena irremediable, determinada desde los comienzos de los tiempos mismos más remotos.

Este esquematismo trivial es el que, sin embargo, funciona como estructura de la trama de las narrativas provisionales del sentido común, que perduran, mas bien, por su proliferante variación. Aparece en la ideología, hermenéutica esquemática y dualista de la historia, entendida como escenario donde se enfrentan héroes y villanos. Aparece en las versiones de las narrativas escazas de los medios de comunicación, donde se hace hincapié más en el villano, monstruo moral y adulteración política, anomalía social. Reaparece en la diatriba, donde el héroe, por gracia ungida por las marcas que conlleva como señal de elegido,  destaca desde sus actos más intrascendentes hasta sus actos más sobresalientes, anunciando la llegada del mesías civil y político. El villano también es destacado a través de sus marcas, sus rasgos inconfundibles, que lo delatan como manchado por el pecado original, como condenado desde que nació; fatalidad del mal.

Los “análisis”, si es que podemos llamarlos así, a las evaluaciones que se hacen y a las conclusiones que se sonsacan, son como preformados; ya están, en su condición de germen, en el formato del esquematismo en uso; por eso, sus derivaciones no sorprenden. El héroe habría sido la consagración del bien, en cambio el villano es la constatación del mal. Ya todo está resuelto en esta recurrencia discursiva que opone contrarios y antagonismos; lo único que hay que hacer es repetir el formato de la trama en distintas versiones.

El tema es que los unos y los otros utilizan el mismo esquematismo vulgar de héroes y villanos para legitimar sus prácticas y  discursos, para legitimar sus hábitos e ideologías; la diferencia estriba en que para lo que para unos es el héroe, para otros es el villano. Se esmeran por describir al villano lo más abominable posible, lo más parecido al demonio o hijo del demonio, lo más cercano al endemoniado execrable.  También se esmeran por limpiar toda adherencia compleja, contradictoria, ambivalente o abigarrada, de los rasgos y el perfil del héroe, para que sea presentable como esas figuras patriarcales del arte del socialismo real; figuras parecidas a las imágenes de los santos mártires; solo que son parecidas no tanto por la forma de la expresión, que en el caso del arte del socialismo real se presentan como portavoces irradiantes de la alegría demostrativa auto-satisfecha del socialismo, y en el caso del imaginario religioso se presentan con el dramatismo del lenguaje del dolor, acogido como sacrificio. Las versiones conservadoras de estos estereotipos también hacen presentable a sus protagonistas de la historia en su esplendor patriarcal; solo que en este caso,  se presentan como profetas de la nación olvidada o excluida, que retorna por los causes de la patria recuperada.

En lo que respecta a Ernesto “Che” Guevara, la literatura ideológica, mediática y de la diatriba, hace gala del apego de este esquematismo dualista de héroes y villanos. La propaganda socialista se ha esmerado por presentar al nuevo hombre, vaciado de sus contenidos humanos; es el héroe por antonomasia. La propaganda contrainsurgente, conservadora, chauvinista, se ha esmerado por presentarlo como monstruo, como afectado por inclinaciones sádicas, recientemente como enfermo del placer de matar. Como se puede ver el esquematismo dualista de héroes y villanos reaparece ritualmente en la diatriba que enfrenta a “izquierda” y “derecha”. Lo hace en toda la holgura de su simpleza, escasa en argumentos, vacío que llena con la interpelación sensacionalista. Estas recurrencias comunes y triviales están lejos de los esfuerzos descriptivos, analíticos, interpretativos, incluyendo toma de posiciones del libro de Taibo II Ernesto Che Guevara, también conocido como el Che;  libro, que en principio iba a ser compartido con Jorge G. Castañeda, pero tuvieron desacuerdos y quizás otros conflictos, lo que llevó a escribir al segundo otro libro La vida en Rojo[1]. Ambos libros tienen entre sus fuentes los desclasificados de la CIA y la KGB; esto les otorga cierta proximidad a situaciones desconocidas para la opinión pública y para la población de lectores. El segundo libro intenta una biografía crítica del connotado guerrillero. Antes que estos libros, la trilogía de Críticas a las armas de Regis Debray ya efectuaba un análisis crítico de la experiencia guerrillera; lo hacía a partir de la propia experiencia en “la guerrilla del Che”, tal como se denomina a la guerrilla que comandó Ernesto Guevara en el sudoeste de Bolivia, elaborando un análisis teórico. Sin mencionar a la minuciosa biografía Che Guevara: Una Vida Revolucionaria escrita por Jon Lee Anderson[2], sustentada en amplias fuentes directas e indirectas, además de su experiencia en reportajes, podemos pasar a descripciones menos exigentes, como las que derivan de los partes y fuentes militares; uno de ellos es Como capture al Che de Gary Prado Salmon[3], que, por lo menos intentan una descripción a partir de cómo ven los hechos los militares que participaron directamente en la guerrilla, desde su posición contrainsurgente. Sin extendernos en la bibliografía, dejando en suspenso otros libros notorios, pues el propósito es otro; no un balance de la bibliografía sobre el Che. El propósito es auscultar en la estructura de prejuicios de la literatura que se basa en el esquematismo vulgar de héroes y villanos.

Además de esta estraficación en la formación discursiva epopeica o, en contraste, descalificadora, al estilo de una inquisición civil y política trivial, que lleva a cabo el recalcitrante conservadurismo, se halla otro estrato discursivo, que pretende seriedad, que analiza el acontecimiento Che Guevara como hito o pedrada en el estanque, que parte el estanque en dos aguas; un antes y un después. Este estrato de la literatura al respecto, no deja el esquematismo dualista del que hablamos, solo que lo hace, si se quiere temporalmente; habría un evento parte de aguas, un hito constitutivo, a partir del mismo la historia es distinta, los jóvenes se radicalizan, incluso la izquierda se habría radicalizado. ¿No eran antes los jóvenes radicalizados? ¿Cómo interpretar entonces la reforma universitaria y el movimiento estudiantil cordobés y con este proceso las subsiguientes reformas universitarias en el continente? ¿Los trabajadores mineros no eran jóvenes, en su mayoría, y radicalizados, contando con una expresión radical de la revolución en la Tesis de Pulacayo? ¿Los que participaron en la guerra civil de 1949 no eran jóvenes radicales, para su tiempo; lo mismo y con mayor alcance, los jóvenes que participaron en la revolución de 1952? ¿La resistencia obrera a las gestiones de gobierno del MNR, que comenzaban a destilar un camino regresivo, no era efectuada por jóvenes rebeldes en su mayoría? Sin seguir con una lista de ejemplos, que cuestionan la tesis de la “radicalización” a partir del Che, con solo los que mencionamos, se evidencia la delgadez de la argumentación de esta tesis del hito constitutivo, en la prosa que pretende más seriedad en la elaboración de evaluaciones retrospectivas sobre las incursiones del Che.

El problema de estos estratos discursivos es que al deshumanizar al Che, más el primer estrato que el segundo, le quitan no solo posibilidades a la comprensión e interpretación, sino que le quitan meritos al hombre. Un héroe consagrado desde nacimiento, un hombre fuera de serie, tiene sus hazañas como si formaran parte de su propia consistencia, sus propios atributos; un héroe es un héroe y realiza hazañas heroicas. Olvidan que lo sorprendente es que un hombre como todos los hombres de la tierra, un humano demasiado humano, realice gastos sin retorno, derroches corporales, sensibles e intelectuales; en otras palabras, efectúe actos heroicos, como los define Georges Bataille.  Por otra parte, en contraste, la versión opuesta del esquematismo de héroes y villanos, al convertirlo en monstruo, en asesino, en anomalía social, lo que hacen es repetir la tautología de otra manera; un monstruo es un monstruo, dicho de manera pedestre, un villano es un villano, lo que hace es villanerías. No hay por qué sorprenderse entonces.

El segundo estrato discursivo, que hemos reconocido por su mayor elaboración y por su pretensión de seriedad, reduce el acontecimiento histórico-político a los contornos del perfil de un personaje-protagonista, que por sí solo puede cambiar el curso de la historia. Por eso decimos que incluso este estrato discursivo no deja el imaginario epopeico. La historia no la hace un hombre o un grupo de hombres, por más singulares que fuesen, sobre todo, en lo que respecta a su papel destacable; la historia, que es un relato, pero, que vamos a utilizar como metáfora de lo que pretende el mismo relato histórico, ser una descripción de los acontecimientos sociales, no la hacen ni siquiera los hombres, como mencionaba Karl Marx en su famoso enunciado, bajo determinadas condiciones históricas, sino se trata de realizaciones de efectos masivos de acciones, asociaciones, composiciones, relaciones, de singularidades sociales, territoriales, ecológicas. Donde la paradoja del azar y necesidad se efectúa en el devenir constante e incontrolable del mundo efectivo.

Desde nuestra interpretación, hablando de Ernesto Guevara, el Che, inmiscuyéndonos en su biografía efectiva, nos parece, mas bien, un ejemplo del humanismo desenvuelto en sus propios avatares, dilemas y laberintos. El enunciado del hombre nuevo no puede ser sino un enunciado que emerge de las tradiciones humanistas y renacentistas. Sus gestos para con los soldados que lo combatían, muestran sus sentimientos e inclinaciones humanistas. Hasta podríamos decir que su concepción del socialismo era, mas bien, humanista. Que alguien contra-argumente y diga que el humanismo no puede ser violento, tiene una acepción del humanismo circunscrito a la utopías cristiana de los primeros tiempos, los del cristianismo colectivista del desierto. No se trata de debatir esta interpretación, sino de decir que es una entre muchas interpretaciones del humanismo. No olvidemos que el humanismo, como matriz histórico-cultural de la civilización moderna, ha dado lugar a las historias más cruentas de violencias desatadas, al mismo tiempo a las historias más prometedoras de utopías buscadas y realizadas a medias. Negarle este rasgo sobresaliente a Ernesto Guevara es caer en los prejuicios de los estratos discursivos que mencionamos.

Ingresando a los ámbitos histórico-políticos y de la guerra de guerrillas, lo que parece que hay que comparar analíticamente es el papel cumplido por el insigne guerrillero en la toma de Santa Clara en Cuba y el papel cumplido en la guerrilla en Bolivia, anticipada abruptamente y fracasada.  En el primer caso, no se puede negar la audacia y la eficacia de la estrategia militar; en el segundo caso, asistimos a una guerrilla anticipada, atrapada en su premura, enfrentándose a un ejército que la perseguía y la emboscaba, en condiciones de escasez de armas, de logística, de apoyo. Lo que asombra en la derrota de la guerrilla es el diferimiento del tiempo, mientras perduró y resistió, el esfuerzo corporal y  militar de los guerrilleros que sobrevivían a las emboscadas militares. Por último, la victoria frente al ejército, al gobierno y al Estado, del escape del grupo de guerrilleros donde se encontraba el Pombo; en lugar de ellos podía haberse encontrado el otro grupo, donde estaba el Che, que se refugió en la quebrada.

La diferencia de los papeles cumplidos radica no tanto en el hombre, en lo que podía haber cambiado, hipotéticamente, sino en el contexto, las condiciones y la coyuntura en la que se dieron los dos acontecimientos guerrilleros. En resumen, de una manera simple, con peligro de esquematización, empero, ilustrativa, se puede decir que en un caso había un pueblo dispuesto a combatir y realizar actos heroicos, en el otro caso no había tal pueblo, como ocurrió en la guerra civil de 1949 y en la revolución de 1952. El proletariado minero sindicalizado no tomó las minas, como corresponde cuando la guerra de guerrillas estalla; la izquierda solo donó algunos militantes, sin jugarse el todo por el todo, como corresponde.

La guerrilla del Che en Bolivia no es ningún hito constitutivo, tampoco ninguna epopeya, sino es una de las gramáticas de la insurgencia continental,     que se reitera desde los primeros alzamientos de la guerra anti-colonial, en distintos contextos, escenarios histórico-políticos-culturales, coyunturas en crisis. Debemos aprender de esta experiencia lo que somos, los pueblos del continente, lo que buscamos, lo que perdemos y ganamos, interpretar los recorridos de la guerrilla como escritura fáctica de pre-narrativas todavía indescifrables.

Ante el acontecer de acontecimientos insurgentes, en constante devenir y metamorfosis, las interpretaciones epopeicas y las descalificadoras aparecen como balbuceos circunstanciales y fugaces. Se trata de gritos de consciencias desdichadas, sujetos desgarrados, consciencias culpables, atiborradas de espíritu de venganza o, en su caso, de búsquedas de notoriedad al decir algunas otras banalidades más exultantes. El discurso del conservadurismo recalcitrante, que quiere convertir al Che en un asesino, en un sádico, que le gustaba matar, muestra sus miserias en el más descalabrado sentido. Quieren dar lecciones de moral, asentados en la herencia de la más descarnada elocuencia de la violencia y el terrorismo de Estado. Los voceros de este discurso extremadamente endémico y pueril se desnuda en su retórica sin recursos, plagada de prejuicios, odios y miedos insoslayables. Creen, que la experiencia barroca del populismo gobernante, denominado “gobierno progresista”, hace olvidar lo acontecido en lo que se viene en llamar la dramática historia política del país. Se equivocan enormemente, la experiencia inscrita en la corporeidad popular,  son entramados de huellas hendidas, que sostienen la memoria social.        

[1] Revisar de de Taibo II Ernesto Guevara también llamado Che; editorial S. A. Joaquin Mortiz.

También de Jorge G. Castañeda La vida en rojo. Alfaguara.  

[2] Revisar de Jon Lee Anderson Che Guevara: Una Vida Revolucionaria; Anagrama.  

[3] Revisar de Gary Prado Salmon Como capture al Che. Ediciones B, S. A.