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Genealogías y espesores de las instituciones

Genealogías y espesores de las instituciones

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

 

Genealogías y espesores de las instituciones

 

 

 

 

Consideramos a las instituciones como espesores sociales; espesores conformados por flujos sociales, retenidos o, mejor dicho, por lo menos en la etapa inaugural, como flujos que forman bucles y torbellinos, que aplican sobre sí mismos el fluir mismo de los flujos, su energía. Estos espesores sociales son creados por los propios flujos. Hemos supuesto una fuerza gravitacional social, que empuja a la asociación; asociación que se conforma respondiendo a la paradójica fuerza gravitacional social, que atrae y repulsa. La atracción concentra, agrega, acumula; en tanto que la repulsión, no es que desconcentra, sino que el rechazo provoca órbitas; no es que desagrega, sino que delimita, separa, impide, bloquea la llegada de la masa rechazada; no es que des-acumula sino forma otros grumos, otros espesores, a cierta distancia, generando un mapa de competencias institucionales.

 

No vamos a decir que las instituciones son necesarias; en este enunciado se encuentra la mirada humana con todos sus límites. Hay algo en las instituciones que no responden a los constreñimientos humanos, menos a sus interpretaciones. Por más humanas que sean las instituciones sociales, hay algo en ellas que responde al juego de las fuerzas fundamentales. La pregunta es. ¿Por qué están esas fuerzas fundamentales? Una más concreta: ¿por qué está ahí la fuerza gravitacional, combinándose con las otras fuerzas fundamentales? Esa es la pregunta que tampoco la física contemporánea ha respondido.

 

Las instituciones están ahí donde están por esa fuerza supuesta, que hemos denominado fuerza gravitacional social; fuerza que nos empuja a asociarnos. Como hemos dicho, siguiendo a nuestra hipótesis prospectiva, esta fuerza, conocida, en su condición física, como fuerza gravitacional, atraviesa todo el tejido espacio-temporal del universo. ¿Qué significa el asociarse? El asociarse, formar sociedad, significa, en su polisemia, hacerse socios en uno muchos emprendimientos. Estos emprendimientos pueden estar ligados a las estrategias de sobrevivencia. Parece que lo connotativo son los compromisos asumidos, la colaboración lograda, la coordinación de esfuerzos, sobre todo la capacidad sumada de creatividad, de inventiva, de aperturas. Las asociaciones, en gran escala, al conformar instituciones, hacen girar los flujos sociales sobre sí mismos; las instituciones se alimentan con estos giros, estos movimientos circulares y recurrentes, que no solo reproducen, día a día, las instituciones, sino que las acrecientan, incluso las transforman, aunque sea por desplazamientos imperceptibles.

 

Las instituciones, al girar en sí mismas, al convertirse en espesores relativamente autónomos, definen su propio mundo chico, como una burbuja, aunque no pueda nunca zafarse del mundo grande, del mundo como mundanidad, del mundo en devenir. Pero, al convertirse en un espesor definido, en una composición institucional concreta, comienza a jugar un rol en el mapa institucional, además, en los ámbitos conmovidos por los movimientos circulares de las instituciones y los movimientos de fuga de los flujos. Su peso altera el tejido social, por así decirlo, usando una metáfora física, lo curva, generando también un movimiento curvo de los flujos. Parte de estos flujos son capturados por las instituciones para su funcionamiento; parte de estos flujos orbitan alrededor de las instituciones; en tanto que otra parte sigue libre, fluyendo espontáneamente.

 

Las instituciones son creadas por los flujos sociales, por el empuje a la asociación; empero, debido el crecimiento de las instituciones, llega un momento, a partir del cual, las instituciones afectan el curso de los flujos, obligándolos a la sedentarización, para hacer funcionar a las instituciones; induciendo a parte de los flujos a orbitar; en tanto que otros flujos huyen de las capturas institucionales y de la obligación a orbitar. En este sentido, se puede suponer, por lo menos, dos etapas de las instituciones; una etapa útil, de servicio a la sociedad; otra etapa, inútil, no solamente inservible, sino afectante, destructiva de la sociedad misma.

 

¿Por qué a partir de un determinado momento, a partir de un punto de inflexión, las instituciones, que son indispensables, desde la perspectiva de la asociación, se vuelven, calamitosamente, una carga; sobre todo una amenaza? ¿Sucede algo parecido, solo que de manera análoga y en escalas muchísimo más pequeñas, que lo que sucede con las mega estrellas que colapsan? ¿Hay como una tendencia al colapso a partir del momento cuando, en vez de ser herramientas para la sobrevivencia y para desenvolvimiento libre de la sociedad y sus miembros, se convierten en los monstruos que dirigen la vida de la sociedad, la aprisionan y la ahogan en un mar de reglas, de normas, de procedimientos burocráticos ya vueltos absurdos por su inutilidad? Esto parece ocurrir.

 

La fantasía conservadora de las instituciones, en su etapa degradante, es capturar a todos los flujos sociales, a toda la potencia social; si no ocurriera esto, por lo menos, capturar a parte de los flujos y obligar a orbitar a la otra parte de los flujos. Si esto ocurriera, acabaría no solamente la apertura y la creatividad de los flujos, sino, al no contar con flujos libres, las instituciones mismas colapsarían.  Sin embargo, este camino parece ser largo; en el transcurso, las instituciones entran en crisis intermitentemente. Estas crisis irradian en la sociedad, arrastrando al conjunto social a la decadencia de las instituciones.

 

Una primera hipótesis interpretativa, que sugiere una primera conclusión, sería que las mónadas sociales no controlan los efectos de masa de sus acciones; sobre todo, de sus asociaciones. Lo paradójico es que, a partir de un determinado momento, quedan atrapadas por sus propias construcciones, que se convierten en redes y mallas de captura y subordinación. Pero, ¿Por qué estos efectos masivos de las asociaciones siguen este decurso como una condena? ¿Hay algo en las asociaciones mismas que desata este decurso, a partir de un determinado momento? ¿O hay algo en la supuesta fuerza gravitacional social que, a partir de un determinado momento, arrastra a las instituciones a su propia decadencia? Es difícil saberlo; pero, está en las manos de los constructores de estas instituciones, en manos de los flujos sociales, el corregir este decurso, pues son estos flujos los que son capturados, los que orbitan y los que son libres. Son esto flujos los que reproducen este drama.

 

La pregunta crucial es: ¿por qué no lo hacen? Desde el 2010, después de la Asamblea Constituyente, hemos perseguido responder esta pregunta. De las conclusiones a las que llegamos, vale la pena citar algunas, por lo menos dos; la primera, no tanto por su importancia, sino por su sencillez, es: el deseo del amo. La dominación se da, se efectúa, persiste, porque, en el fondo, hay un deseo del amo. De esta conclusión, que ciertamente ya se encontraba en la crítica de Wilhelm Reich, deducimos que hay dominación porque hay aceptación de la dominación; se renuncia a seguir luchando, se consolida el conformismo, que alimenta la sumisión. El secreto de poder se encuentra en la renuncia a la resistencia y a la lucha, a la continuación de la lucha; prefiriendo la ilusión de la promesa estatal, que no es otra cosa que un chantaje emocional, un mecanismo de adormecimiento.

 

Hay que tener en cuenta que los flujos sociales no solamente entablan relaciones de composición entre ellas, otras, si se quiere, relaciones orbitales, mientras las otras, escapan a las capturas y a las inducciones orbitales, sino, sobre todo, las dos primeras, establecen relaciones con las instituciones. Es más, las instituciones constituyen en los flujos sociales sujetos sociales; en otras palabras, las instituciones también constituyen sujetos sociales. ¿Cómo pueden los sujetos sociales interpelar a las instituciones que los han constituido? En realidad, no lo hacen; cuando se da lugar la interpelación social, la movilización social, no lo hacen como sujetos sociales, sino, mas bien, cuando se de-sujetan moralmente, socialmente, culturalmente, de las instituciones inscritas en sus cuerpos.

 

Para decirlo rápidamente, recurriendo a nuestras metáforas, no lo hacen como sujetos sociales, sino, otra vez, como flujos sociales; solos que flujos devenidos desde el devenir sujeto; conllevando la experiencia dramática de las capturas institucionales, remontando la memoria de las dominaciones inscritas. Los flujos sociales retornan a su condición de potencia social. Sin embargo, esta condición no es permanente, es, mas bien, intermitente. Ocurre como si hubiera dos polos, figurativamente, entre los que oscilan los flujos sociales; el polo estatal, la fabulosa máquina de capturas, y el polo, por así decirlo, aunque no lo sea, del tejido del espacio-tiempo nómada.

 

Los flujos que escaparon a las mallas y redes institucionales, por lo menos, por un momento, generan campos de posibilidades, otros horizontes, vislumbrando otros recorridos. Esta es la primavera de las movilizaciones sociales anti-sistémicas; empero, la primavera no dura más de lo que dura. Esto no depende de ciclos establecidos, como el caso de los ciclos climáticos, sino de si se da lugar la liberación de la potencia social o si se trata de liberaciones parciales y momentáneas. La liberación de la potencia social implica no solamente la manifestación de la demanda, la expresión de la interpelación, el despliegue de las movilizaciones, incluso la revuelta, la subversión, la insurrección, hasta la revolución misma; implica desencadenarse de todas las cadenas, despojarse de todas las inscripciones del poder en el cuerpo, des-inscribirse, deconstruir toda la narrativa del poder, sobre todo, diseminar toda las mallas institucionales del poder, que efectúan los diagramas de poder.  Mientras no ocurra esto, las explosiones intermitentes de la potencia social, solo son explosiones volcánicas, que afectan al contorno y por un periodo corto o mediano. Los flujos sociales desencadenados siguen atados a los lazos del poder. Por eso, retornan a su cautividad, en una suerte de relación sadomasoquista, edulcorada por las promesas políticas, de carácter populista o socialista.

 

En la preservación y recurrencia de estos retornos a las mallas institucionales del poder, han coadyuvado las “ideologías revolucionarias”, apologistas de la promesa socialista o nacional-popular, que han pintado de colores no solo la promesa, sino a la misma fabulosa maquinaria de captura, invistiéndola de aureolas y de lecturas complacientes, señalándola como instrumento benefactor, instrumento de cambio, instrumento de transición hacia el socialismo. Esta “ideología” de las promesas ha sustituido al discurso de la legitimación del Estado burgués; interpela al Estado burgués; empero, no dice que va usar ese Estado como si fuese una herramienta neutral, para efectuar la “revolución”, solo que modificada, cambiada de nombre; en el mejor de los casos, transformada, empero, reproduciendo la fabulosa maquina despótica, devenida de la inscripción inicial de la deuda infinita, la deuda de los pueblos y naciones con el emperador. Máquina despótica de los monopolios.

 

Esas “ideologías” de la promesa volvieron adherir la potencia social, los flujos sociales, a máquinas de poder, a monopolios de la representación, a monopolios de la palabra, a monopolios políticos, a monopolios ceremoniales y huecos de los saberes institucionalizados. Estas “ideologías” resultaron, paradójicamente, las mejores aliadas indirectas del imperio, del orden mundial de las dominaciones del sistema-mundo capitalista. La lucha social contra el capitalismo no es pues una promesa; las “ideologías” de las promesas son eso, promesas, mientras las prácticas, las relaciones, las estructuras, siguen siendo estructuras de poder, siguen transmitiendo relaciones de dominación, aunque se hagan y efectúen con discursos pretendidamente críticos, interpeladores y “revolucionarios”.

 

La liberación de la potencia social no es tarea de vanguardias, de “partidos revolucionarios” o populistas, que al final de cuentas, reproducen relaciones de dependencia, entre intelectuales y pueblo, entre vanguardias y bases, entre maestros y alumnos. Estas relaciones son el núcleo orgánico del futuro Estado; es decir, de la futura estructura de dominación, que reitera, análogamente, las viejas estructuras de dominación. La liberación de la potencia social es acontecimiento, que acaece cuando los flujos sociales logran aprender, por la pedagogía política, que la transformación radical está en sus manos, está en el ejercicio autónomo de los autogobiernos, en las prácticas democráticas directas de las construcciones colectivas de consensos y decisiones políticas.

 

 

 

 

 

 

 

Paradoja flujos-espesores

Paradoja flujos-espesores

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

 

Paradoja flujos-espesores

 

 

 

 

 

La paradoja, entonces, no se da entre nomadismo y sedentarismo, pues están en distintos planos de intensidad; tampoco se da entre flujos y máquinas, de la misma manera, se encuentran en distintos planos de intensidad. La hipótesis prospectiva que proponemos es que la paradoja acaece entre flujos y espesores; llamaremos a esta paradoja la paradoja flujos-espesores.

 

Las cuerdas que vibran, en consecuencia, generan vibraciones que se mueven en ondas, ondas que producen notas, notas que crean la materia, las distintas formas de la materia. En otras palabras, retomando las metáforas anteriores, las interpretaciones hechas, podemos hablar de la paradoja flujos-espesores. Los espesores, la materia, se dan lugar sobre el substrato de los flujos. Algo así, usando como ejemplo, como que lo solido aparece como efecto de lo fluido.

 

La paradoja flujos-espesores puede ser entendida como una articulación paradójica, como una integralidad paradójica y dinámica; he ahí la complejidad. Los espesores son generados por los flujos; los espesores, que parecen contrastar con los flujos, así como los sólidos contrastan con los fluidos, son posibles y se realizan precisamente por los flujos. Las ondas y las vibraciones, en determinadas condiciones, producen asociaciones y composiciones que generan materia; la energía se vuelve materia, por así decirlo. Para poder sugerir interpretaciones hipotéticas sobre este acontecimiento es menester comprender la función que cumplen los campos de las fuerzas fundamentales del universo; la fuerza gravitatoria, la fuerza electromagnética, la fuerza nuclear fuerte y la fuerza nuclear débil.

 

La fuerza electromagnética cohesiona las asociaciones atómicas y moleculares, también cohesiona las asociaciones molares, por decirlo metafóricamente; hace solida a la materia. La fuerza nuclear fuerte cohesiona las asociaciones y composiciones intraatómicas. La fuerza nuclear débil cohesiona las asociaciones y composiciones de las partículas infinitesimales. Sabemos que la fuerza gravitatoria es fundamental en la paradoja de atracción y repulsión de la materia, en la configuración de las órbitas, en la formación de las galaxias; pero, la física todavía no ha descifrado a esta fuerza fundamental del universo, quedando, mas bien, como incógnita.   Lo que impide todavía la conformación de la teoría unificada, que comprende a todas las fuerzas fundamentales del universo.

 

Lo que viene adelante es audaz y hasta precipitado; empero, requerimos de estas hipótesis prospectivas, por más especulativas que sean, que no cuentan más que con intuiciones provisionales para decir algo sobre estos problemas y grandes temas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hipótesis prospectivas físicas

 

  1. La fuerza gravitatoria es fundamental en la activación del movimiento de las composiciones del universo.

 

  1. La fuerza gravitatoria genera los giros, en los bucles, remolinos que se aplican sobre sí mismos, deteniendo la entropía o el ser arrastrado por la entropía. Generando la conformación, en nuestro universo, de la base del mismo, los átomos.

 

 

  1. La fuerza gravitatoria forma composiciones molares, entre las cuales interactúan, afectándose mutuamente. En el caso de nuestro sistema solar, se conforma un sistema de órbitas de planetas alrededor del sol. Entonces, la fuerza gravitatoria genera órbitas, así como desplazamientos del espacio-tiempo; también acumulaciones de masas.

 

  1. En casos de extrema gravitación acumulada, incrementada, por la conformación de mega-gigantescas composiciones morales, que pueden no solamente explosionar, sino formar agujeros negros, que se tragan la materia y la energía, hundiéndose hasta desaparecer, destruyendo la base misma del universo, el átomo.

 

 

  1. La fuerza gravitatoria actúa en combinación con las otras fuerzas fundamentales del universo. Se puede decir que las fuerzas fundamentales se asocian y combinan ocasionando distintos fenómenos físicos en la creación del universo.

 

  1. La activación del movimiento, en sentido amplio, en sus formas diversas y plurales, es, en el fondo, la activación de la vida, en sentido amplio, como existencia; así también, la activación de la vida, en sentido restringido, en la perspectiva de la biología.

 

 

 

 

 

 

Hipótesis prospectivas sociales

 

  1. Hagamos de cuenta que los flujos son como la entropía, aunque esta comparación no sea sostenible; empero, no queremos establecer equivalencia, menos decir que se comportan de la misma manera o que la entropía corresponde a los flujos de energía que se pierden. Por otra parte, quizás sea ya conveniente discutir el mismo concepto de entropía Lo que nos interesa es la analogía metafórica para ilustrar sobre la paradoja flujos-espesores. Entonces diremos que los flujos, en determinadas condiciones, actúan sobre sí mismos, producen “bucles” y “remolinos”, conformando espesores sociales. ¿Qué es lo que hace que actúen de esa manera? ¿Hay alguna fuerza social que actúa así como la fuerza gravitatoria, que hemos supuesto, activando la vida social, en las condiciones de las sociedades humanas?

 

  1. Supongamos una fuerza social fundamental, que empuja a la asociación. Una fuerza social fundamental, que combina paradójicamenteatracción” y “repulsión”, ocasionando, por eso, separaciones, también generando movimientos “orbitales”, alrededor de un supuesto Una fuerza social fundamental, que hace girar y desplazarse a los miembros de la asociación, así como a las asociaciones mismas. Llamemos a éste empuje fundamental, fuerza gravitatoria social.

 

 

  1. La fuerza gravitatoria social activa la vida social, al activar sus movimientos y movilidades sociales.

 

  1. Retomando nuestras metáforas iniciales, esta fuerza gravitatoria social hace que los flujos sociales, los nomadismos, generen espesores sociales. Conformen instituciones.

 

 

  1. Los flujos son las fuerzas sociales mismas, como potencia social. Cuando estas fuerzas sociales convergen, conformando espesores sociales, conformando instituciones, las fuerzas sociales actúan sobre sí mismas, ocasionando “bucles”, que retienen estas fuerzas sociales y las hacen funcionar en forma circular, dando densidad a los espesores sociales que conforman.

 

  1. La fuerza gravitatoria social ocasiona agregación masiva de flujos sociales en espesores sociales, que crecen desmesuradamente. Llegado el momento, estos espesores sociales, altamente densos, tienden también a la explosión. Incluso pueden ocasionar “agujeros negros”, que se tragan los espesores sociales y sus flujos sociales

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hipótesis prospectivas hacia una teoría unificada

 

 

  1. Teniendo como premisa o axioma la tesis de las asociaciones, composiciones y combinaciones de las mónadas; fenómeno constitutivo del universo, sugerimos, como, y lo hemos hecho, que la teoría unificada no puede ser sólo física, relativa a la articulación de las fuerzas fundamentales de universo, de una manera integrada, en una teoría unificada, sino que se requiere incorporar a la unificación a las teorías sociales. En este sentido, habíamos sugerido, no solo para la unificación teórica, sino también para avanzar en la solución de los problemas que enfrenta la física contemporánea, precisamente en lo que respecta a la teoría unificada, que es menester desarrollar una sociología de las cuerdas, de las partículas infinitesimales, de los átomos, de las moléculas[1].

 

  1. Sociología cuántica y relativista de las fuerzas fundamentales de universo. Pues, si nos basamos en la tesis universal de las asociaciones de las mónadas, entonces, la capacidad de asociarse de las mónadas devela, no solamente que la materia y la energía es vida, sino también que son inteligentes, que la inteligencia no es atributo humano, sino de la vida, en su sentido amplio, como existencia, así como en su sentido restringido, biológico. En consecuencia, es indispensable desarrollar una sociología cuántica y relativista para abordar los cruciales problemas con los que se ha topado la física[2].

 

 

  1. En otras palabras, decimos que los fenómenos sociales, sus fenomenologías, no son exclusivos de las sociedades humanas, sino que ya están contenidos, obviamente en otras formas, contenidos y expresiones, en el universo, en sus distintas escalas.

 

 

 

 

 

 

 

Hipótesis prospectivas físicas

 

  1. La fuerza gravitatoria es fundamental en la activación del movimiento de las composiciones del universo.

 

  1. La fuerza gravitatoria genera los giros, en los bucles, remolinos que se aplican sobre sí mismos, deteniendo la entropía o el ser arrastrado por la entropía. Generando la conformación, en nuestro universo, de la base del mismo, los átomos.

 

 

  1. La fuerza gravitatoria forma composiciones molares, entre las cuales interactúan, afectándose mutuamente. En el caso de nuestro sistema solar, se conforma un sistema de órbitas de planetas alrededor del sol. Entonces, la fuerza gravitatoria genera órbitas, así como desplazamientos del espacio-tiempo; también acumulaciones de masas.

 

  1. En casos de extrema gravitación acumulada, incrementada, por la conformación de mega-gigantescas composiciones morales, que pueden no solamente explosionar, sino formar agujeros negros, que se tragan la materia y la energía, hundiéndose hasta desaparecer, destruyendo la base misma del universo, el átomo.

 

 

  1. La fuerza gravitatoria actúa en combinación con las otras fuerzas fundamentales del universo. Se puede decir que las fuerzas fundamentales se asocian y combinan ocasionando distintos fenómenos físicos en la creación del universo.

 

  1. La activación del movimiento, en sentido amplio, en sus formas diversas y plurales, es, en el fondo, la activación de la vida, en sentido amplio, como existencia; así también, la activación de la vida, en sentido restringido, en la perspectiva de la biología.

 

 

 

 

 

 

Hipótesis prospectivas sociales

 

  1. Hagamos de cuenta que los flujos son como la entropía, aunque esta comparación no sea sostenible; empero, no queremos establecer equivalencia, menos decir que se comportan de la misma manera o que la entropía corresponde a los flujos de energía que se pierden. Por otra parte, quizás sea ya conveniente discutir el mismo concepto de entropía Lo que nos interesa es la analogía metafórica para ilustrar sobre la paradoja flujos-espesores. Entonces diremos que los flujos, en determinadas condiciones, actúan sobre sí mismos, producen “bucles” y “remolinos”, conformando espesores sociales. ¿Qué es lo que hace que actúen de esa manera? ¿Hay alguna fuerza social que actúa así como la fuerza gravitatoria, que hemos supuesto, activando la vida social, en las condiciones de las sociedades humanas?

 

  1. Supongamos una fuerza social fundamental, que empuja a la asociación. Una fuerza social fundamental, que combina paradójicamente atracción y repulsión, ocasionando, por eso, separaciones, también generando movimientos “orbitales”, alrededor de un supuesto Una fuerza social fundamental, que hace girar y desplazarse a los miembros de la asociación, así como a las asociaciones mismas. Llamemos a éste empuje fundamental, fuerza gravitatoria social.

 

 

  1. La fuerza gravitatoria social activa la vida social, al activar sus movimientos y movilidades sociales.

 

  1. Retomando nuestras metáforas iniciales, esta fuerza gravitatoria social hace que los flujos sociales, los nomadismos, generen espesores sociales. Conformen instituciones.

 

 

  1. Los flujos son las fuerzas sociales mismas, como potencia social. Cuando estas fuerzas sociales convergen, conformando espesores sociales, conformando instituciones, las fuerzas sociales actúan sobre sí mismas, ocasionando “bucles”, que retienen estas fuerzas sociales y las hacen funcionar en forma circular, dando densidad a los espesores sociales que conforman.

 

  1. La fuerza gravitatoria social ocasiona agregación masiva de flujos sociales en espesores sociales, que crecen desmesuradamente. Llegado el momento, estos espesores sociales, altamente densos, tienden también a la explosión. Incluso pueden ocasionar “agujeros negros”, que se tragan los espesores sociales y sus flujos sociales

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hipótesis prospectivas hacia una teoría unificada

 

 

  1. Teniendo como premisa o axioma la tesis de las asociaciones, composiciones y combinaciones de las mónadas; fenómeno constitutivo del universo, sugerimos, como, y lo hemos hecho, que la teoría unificada no puede ser sólo física, relativa a la articulación de las fuerzas fundamentales de universo, de una manera integrada, en una teoría unificada, sino que se requiere incorporar a la unificación a las teorías sociales. En este sentido, habíamos sugerido, no solo para la unificación teórica, sino también para avanzar en la solución de los problemas que enfrenta la física contemporánea, precisamente en lo que respecta a la teoría unificada, que es menester desarrollar una sociología de las cuerdas, de las partículas infinitesimales, de los átomos, de las moléculas[3].

 

  1. Sociología cuántica y relativista de las fuerzas fundamentales de universo. Pues, si nos basamos en la tesis universal de las asociaciones de las mónadas, entonces, la capacidad de asociarse de las mónadas devela, no solamente que la materia y la energía es vida, sino también que son inteligentes, que la inteligencia no es atributo humano, sino de la vida, en su sentido amplio, como existencia, así como en su sentido restringido, biológico. En consecuencia, es indispensable desarrollar una sociología cuántica y relativista para abordar los cruciales problemas con los que se ha topado la física.

 

 

  1. En otras palabras, decimos que los fenómenos sociales, sus fenomenologías, no son exclusivos de las sociedades humanas, sino que ya están contenidos, obviamente en otras formas, contenidos y expresiones, en el universo, en sus distintas escalas.

[1] Ver La explosión de la vida; también Más acá y más allá de la mirada humana. Dinámicas moleculares. La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-explosion-de-la-vida/?_ga=1.224187803.1016417130.1438789692. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/mas-aca-y-mas-alla-de-la-mirada-humana/.

[2] Se ha vuelto costumbre definir la inteligencia como la capacidad de pensar, entender, razonar, asimilar, elaborar información, además de recurrir al empleo de la lógica. Sin embargo, no es posible una definición universal de la inteligencia. En consecuencia, no parece posible una definición escueta. Se sabe que la inteligencia supone condiciones de posibilidad vitales, como la percepción y la memoria. Las teorías de la complejidad han deshecho el mito de la inteligencia como exclusiva y propia del ser humano. La inteligencia se encuentra en todos los seres orgánicos, pues son capaces de saber; es decir, captar información, retener la información, constituir memoria, y anticiparse, proyectar acciones. Nosotros ampliamos aún más el espectro de la inteligencia; decimos, que si las moléculas crearon la vida o establecieron las condiciones de la generación de vida, en el sentido biológico, en otras palabras, que son capaces de producir y construir neguentropía, es porque saben calcular para hacerlo. Entonces, la inteligencia también es atributo, es sus distintas formas, en sus diferentes estructuras y realizaciones, de las moléculas. Es más, como los átomos son composiciones de asociaciones de partículas infinitesimales, unas conformando el núcleo, otras conformando composiciones que orbitan alrededor del núcleo; el hecho de estas asociaciones, devela comportamientos inteligentes. Ciertamente el concepto de inteligencia se convierte en pluriversal y transversal a toda la existencia y la vida, al adquirir este alcance requiere de una re- conceptualización.

 

[3] Ver La explosión de la vida; también Más acá y más allá de la mirada humana. Dinámicas moleculares. La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-explosion-de-la-vida/?_ga=1.224187803.1016417130.1438789692. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/mas-aca-y-mas-alla-de-la-mirada-humana/.

Flujos y máquinas

Flujos y máquinas

 

Raúl Prada Alcoreza

 

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Según Gilles Deleuze y Félix Guattari, desde la antigüedad, se han opuesto una física de los flujos frente a una física de los stocks, de los depósitos, de los cuerpos duros, si no son estáticos, se mueven lentamente y sin cambiar. Se dio una física de los flujos, que ha sido minuciosamente ocultada por el Estado, que considera que la ciencia corresponde a la física de los cuerpos duros. Vamos a usar como metáfora este comentario y descripción arqueológica de los saberes de Gilles Deleuze y Félix Guattari.

 

De la misma manera, podemos decir que en las genealogías del poder y en las contra-genealogías de la potencia, contrastan las formas, los contenidos las expresiones, de los flujos, respecto a las formas, contenidos y expresiones de las máquinas, que son aparatos compuestos de partes ordenadas, ajustadas y dispuestas sistemáticamente, como distribución engranada de distintos dispositivos, que pueden combinar elementos mecánicos, automáticos, energéticos o de otra índole; los cuales, articulados, realizan funciones definidas. Habitualmente se acostumbra emplear el término aparato para referirse a una máquina, a una organización; en la morfología y fisiología, el aparato es una conexión de órganos, que desempeñan la misma función. Se puede considerar al aparato como una máquina, que supone una estructura más desarrollada y compleja que un sistema[1].

 

Entonces, flujos y máquinas; pero, ¿también flujos contra máquinas? Las máquinas se alimentan, funcionan, con la incorporación de flujos; por ejemplo, los automóviles consumen gasolina, que es flujo de petróleo industrializado. La energía, en todas sus formas, aparece en formas de flujos. Ahora bien, alguien puede observan que el carbón no es un flujo; sin embargo, es la energía que alimenta a la máquina a vapor. Esto aparentemente parece una buena observación; empero, confunde la materia con la energía; más correcto es decir que el carbón contiene la energía singular que contiene y que libera en forma de flujo.

 

Podríamos bosquejar un cuadro ilustrativo, sin otra pretensión que ilustrar, no decir que así es o así funcionan y se relacionan cuerpo, flujos y cuerdas. Los cuerpos parecen sólidos, consolidados, equilibrados en sus estructuras inmóviles; las energías aparecen como flujos, en contante fluidez; las cuerdas, como substrato de las partículas infinitesimales, aparecen en forma de ondas y se expresan como vibraciones. En este sentido, tomando en cuenta lo anterior como metáfora, podemos deducir que si bien los flujos de energía alimentan a las máquinas, el destino, por así decirlo, la finalidad, otra manera de decirlo, de los flujos no es el de alimentar a las máquinas. Los flujos están más acá y más allá de las máquinas.

 

Como dijimos antes, respecto al nomadismo y al sedentarismo, los flujos no se oponen a las máquinas; mas bien, son las máquinas las que capturan flujos para consumirlos y poder funcionar. Parte de los flujos pueden ser capturados y consumidos por las máquinas; empero, la mayor parte de los flujos siguen sus cursos. Por lo tanto, no son las máquinas las que asignan el sentido inmanente a los flujos; así como Martín Heidegger creía que una hidroeléctrica asignaba sentido a las corrientes de agua. Aunque lo decía con pretensiones críticas de la filosofía existencialista y hermenéutica, refiriéndose a la técnica y a la tecnología, esto implicaría que la técnica y la tecnología abarcan todas las aguas, por lo menos, de todos los ríos; algo que no es evidentemente cierto. El sentido inmanente, mejor dicho, los sentidos inmanentes de todas las aguas se encuentran en su propio acontecimiento, que desbordan ampliamente a la técnica y la tecnología humanas.

 

Una conclusión repentina puede ser la sencilla proposición de que hay más flujos que máquinas. ¿Esto implica que hay más energía que materia? ¿Si fuese así, cosa que no afirmamos, sino ponemos en mesa, hay más cuerdas que flujos? No vamos ni animarnos a responder estas preguntas; nos quedaremos en la proposición sencilla y casi ingenua. Los flujos desbordan a las máquinas, de la misma manera que las sociedades alterativas desbordan a los estados. No hay pue un enfrentamiento de parte de los flujos contra las máquinas; lo que hay, desde la perspectiva de las máquinas, desde el celo mismo de su pretendida centralidad, es una carencia disfrazada de autosuficiencia respecto de los flujos, que las desbordan. Así también, desde la perspectiva del Estado, desde el mito de su soberanía, centralidad y necesidad, desde su paranoia, lo que hay es miedo disfrazado de violencia absoluta.

 

La represión es del Estado, la absorción, el consumo y la captura es de las máquinas. Los flujos no tienen una mirada paranoica, ni conciben la carencia. Siguiendo con las metáforas, los flujos tienen miradas compuestas y combinadas, alegres y rebosantes, curiosas y viajeras; los flujos pueden ser concebidos, mas bien, como abundancias.

 

Tampoco hay una paradoja creativa entre flujos y máquinas, mucho menos, contradicción; se encuentran en distintos planos de intensidad. Así como dijimos, que el poder genera el sedentarismo, ¿se puede decir que el sedentarismo genera las máquinas? No parece sostenible esta hipótesis implícita; no se ve la necesidad de que pueda ser así. Entonces, otra pregunta: ¿hay máquinas nómadas? En Mil mesetas; capitalino y esquizofrenia, Deleuze y Guattari consideran que sí; es más, las primeras máquinas de guerra eran nómadas. Al respecto, el problema que tenemos deriva de nuestra configuración de las máquinas como aparatos de poder. En consecuencia, desde esta concepción de las máquinas no podría haber máquinas nómadas, aunque Deleuze y Guattari tuvieran mucha razón, sobre todo desde los registros y las fuentes históricas. A nosotros nos interesa caracterizar, desde la perspectiva de la complejidad, a las múltiples formas de poder, a sus “lógicas” inherentes de dominación; en ese sentido, hemos definido y usado un concepto de máquinas menos amplio que el que otorgan Deleuze y Guattari. Somos conscientes de esto, de esta restricción.

 

Entonces, ¿qué habría en vez de máquinas por parte de los nómadas?  Obviamente instrumentos, si se quiere, en esas remotas eras de la humanidad, instrumentos de caza, de recolección, de manipulación de los alimentos y de hechura de las vestimentas. Es decir técnicas y tecnologías tempranas. Las máquinas, en el sentido restringido nuestro, suponen tecnologías; sin embargo, no necesariamente, toda tecnología deriva en máquinas. Las técnicas y las tecnologías desbordan a las máquinas. En este sentido, podemos sugerir la siguiente hipótesis interpretativa: los nómadas, comprendiendo sus singularidades históricas-sociales-culturales, regionales y locales, teniendo en cuenta épocas y periodos, generan herramientas, dispositivos livianos, que no pesen, no frenen o hagan lento los movimientos de los flujos y sus recorridos. Lo que Deleuze y Guattari llamaban máquinas de guerra nómadas, son, para nosotros, dispositivos técnicos subordinados a los flujos, movimiento, velocidad de las marchas nómadas. En otras palabras, instrumentos que agilizan, liberan, coadyuvan, no aparatos sedentarios, que detienen, que capturan, que fijan, inmovilizando todo flujo, todo movimiento, estancando los recorridos.

 

 

 


[1] Ver Estrategias y aparatos. Dinámicas moleculares; La Paz 2016. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/estrategias-y-aparatos/.

Leer más: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/flujos-y-maquinas/

Nomadismo y sedentarismo

Nomadismo y sedentarismo

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Nomadismo y sedentarismo.pdf

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Habíamos dicho, saliendo del esquematismo dualista, en lo que respecta al campo político, también a lo que se ha venido en llamar la guerra, que más bien comprende varios campos entrecruzados, que la perspectiva de la complejidad está más allá del amigo y enemigo, así como está más allá del bien y el mal, que son dos esquematismos dualistas de la episteme moderna. Desde la misma perspectiva y retomando estas consideraciones epistemológicas, la pregunta conveniente, después de las exposiciones anteriores, es: ¿Se puede hablar de un enfrentamiento entre estrategias o rizomas nómadas y aparatos de poder? Si aceptáramos la hipótesis implícita en la pregunta, entonces, volveríamos a caer en un nuevo dualismo, otra vez atrapados en la episteme conformada por esquematismos dualistas.

 

Volviendo a las descripciones del pensamiento complejo, habíamos propuesto desplazamientos epistemológicos, que atraviesan los límites del dualismo. Por ejemplo, habíamos asumido que no se trata de contradicciones, como concibe el dualismo y con ello la dialéctica, sino se trata de comprender la paradoja como dinámica de la complejidad. La tesis que recogíamos de la biología molecular es la que configura un sugerente juego entre azar y necesidad, que plantea asombrosamente la complementariedad entre programa conservador y aleatoriedad mutante. La información conservada y activada es, por así decirlo, la base de los cambios.

 

Parece que el pensamiento paradójico logra des-duplicar, des-dualizar, la dualidad del pensamiento moderno; develando una integralidad compleja y paradójica. Integralidad paradójica que se desenvuelve en su propia ambivalencia dinámica. No hay separación entre lo que el esquematismo dualista definía como adentro respecto a un afuera. No hay tal separación, no hay tal frontera, un límite de la interioridad donde comienza la exterioridad. Sino que eso, que se llama exterioridad, se encuentra adentro como percepción; eso que se llama interioridad es la experiencia de ese “afuera”; por lo tanto, la interioridad es como el registro de huellas de la exterioridad. La mirada sucesiva y linealista del esquematismo dualista no puede ver otra cosa que opuestos, que contradicciones, que diferencias espaciales, que sucesiones; no puede comprender la simultaneidad dinámica de la complejidad, donde, usando el lenguaje dualista, el afuera es el adentro, la interioridad es la exterioridad, en el mismo momento. Separar esta paradoja, es acabar con la vida, que es la paradoja misma.

Dicho esto, podemos entrever que no hay enfrentamiento entre flujos de fuga nómadas y aparatos de fijación del Estado. Es el Estado el que se enfrenta a los desbordes de las sociedades alterativas; es el conjunto de sus aparatos sedentarios los que se enfrentan a los movimientos fluidos nómadas. Es el Estado el paranoico obsesionado por lo que considera muchedumbres esquizofrénicas. Hablar de esquizofrenia es hablar desde las clasificaciones estatales. Creemos que aquí se pierden Deleuze y Guattari, al pretender enfrentar el esquizo-análisis al psicoanálisis, convirtiendo al esquizo en un nómada y al sujeto normalizado en un paranoico. Lo que han hecho, al final de cuentas, es convertir al nómada en el demonio del sedentario, así como el esquizo es el demonio del paranoico. El nómada queda atrapado en la telaraña del paranoico; es decir, del sujeto del Estado, cuando se nombra así mismo con las clasificaciones de la anomalía, por parte del Estado. El nómada no es un esquizo, el nómada está más allá del esquizo y el paranoico. Usando las metáforas de Nietzsche, diríamos que el nómada es el creador de valores; siguiendo este enunciado, en forma de paráfrasis, diremos, el nómada es el creador de recorridos, que enlazan territorios. El nómada no se enfrenta al paranoico, como si fuese su enemigo, sino que lo ve desde lejos, en la medida que se acerca a sus ciudades, llega, lo mira, con cierta indiferencia e ironía sorprendida, para luego dejarlo clavado, adherido, afincado, en sus edificaciones arraigadas en el mismo lugar, que considera seguro, cuando es, mas bien, su cárcel, después su sepultura.  Alejándose de horizonte en horizonte, de paisaje en paisaje, huyendo del horror de las máquinas de captura. Por lo tanto, el nómada no enfrenta al sedentario, como si fuese su enemigo; lo envuelve y lo atraviesa, dejándolo solo en su soledad poblada.

 

Ahora bien, en este movimiento nómada, ¿dónde está la paradoja? No está, por cierto, en algo parecido a que el sedentarismo es como la base del nomadismo. Esto es un juego de palabras, frase o enunciado que manifiesta que no se ha comprendido la paradoja. El sedentarismo no puede ser la base o el substrato, si se quiere, del nomadismo, algo así como la memoria genética es la base de la evolución o de las transformaciones. Porque el sedentarismo no es esa clase de conservadurismo creativo, sino es un conservadurismo destructivo. No hay paradoja entre sedentarismo y nomadismo, tampoco contradicción, pues no se encuentran en el mismo plano de intensidad. El sedentarismo busca domesticar los espesores territoriales y convertirlos en geografía plana. El sedentarismo es una consecuencia del poder, de las primeras formas que el poder frecuenta. No como cree la antropología y la sociología, también la historia, que el sedentarismo ha generado al Estado y, en contexto, al poder. Nuestra hipótesis interpretativa es radicalmente distinta; se da lugar el sedentarismo, en sus plurales formas sociales, económicas, políticas y culturales, como nos muestran las historias singulares de los pueblos, como consecuencia de las relaciones de dominación, que comienzan a construir sus estructuras de poder. El afincarse, el establecer un centro, es la consecuencia realizada de las dominaciones polimorfas, que requieren detener los recorridos, los circuitos, los ciclos, para marcar los cuerpos, para inscribir en ellos las inducciones del poder; para apoderarse de parte de su energía, de parte de sus fuerzas.

 

¿Cómo se ha dado este nacimiento, mas bien, estos nacimientos, de las estructuras de poder iniciales? Esta pregunta es para investigaciones multidisciplinarias, desde la perspectiva de la complejidad. No podemos conjeturar arbitrariamente al respecto, como si se tratara de deducir de las hipótesis interpretativas de las que partimos. Lo que haya ocurrido, de distintas maneras singulares, en los distintos pueblos, en las distintas regiones culturales, no depende de deducciones, sino de lo que efectivamente ha ocurrido. Este es uno de los límites de nuestra interpretación hipotética. Lo que importa es entender, que el pensamiento complejo, no da la vuelta, no invierte, la proposición dualista de la historiografía, también de la antropología y la sociología, de que la escritura, el Estado, incluso el lenguaje y las instituciones de dominación, emergen del sedentarismo; también la revolución verde, la agricultura. De ninguna manera, no se trata de una inversión del enunciado; esto no es otra cosa, que mantenerse en el dualismo, solo que de manera opuesta. Cuando se dice que el sedentarismo, es, mas bien, la realización, si se quiere, la cristalización, de las relaciones de dominación estructuradas, se plantea un continuo entre poder y sedentarismo, también una combinación que materializa el poder en el sedentarismo. Recordando a Foucault, el Estado no es el poder, sino una especie de síntesis del poder en sus formas variadas de dominación. El poder se ejerce y el Estado es una institución centralizadora, sostenida por macro-poderes menores y micro-poderes distribuidos por todo el tejido social. Las formaciones sedentarias, ya sean las genealogías del Estado, las ciudades, las religiones monoteístas, los monopolios de la tierra, la inscripción del monarca en las monedas,  el ejército militar opuesto a los guerreros nómadas, las mallas institucionales, realizan las dominaciones en las formas consolidadas, pétreas, como metáfora, de las instituciones fetichizadas, de los imaginarios alegóricos, que cantan al poder; realizan las dominaciones en las formas del capital, que captura excedentes en forma de contabilidad monetaria. No podría haberse fundado, por así decirlo, el sedentarismo, sino hubiera sido construido, producido, efectuado por las relaciones de dominación y las estructuras de poder nacientes.

 

Entonces, las estrategias nómadas no se enfrentan a las formaciones sedentarias, tampoco exactamente se enfrentan al poder, sino que de-construyen, diseminan, destruyen y desmantelan, estas formaciones ateridas a la tierra, como monopolios paranoicos. La guerra nómada desmonta las maquinarias de poder.

Leer más: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/nomadismo-y-sedentarismo/

Nomadismo y sedentarismo

Nomadismo y sedentarismo

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 Nomadismo y sedentarismo

estrategia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Habíamos dicho, saliendo del esquematismo dualista, en lo que respecta al campo político, también a lo que se ha venido en llamar la guerra, que más bien comprende varios campos entrecruzados, que la perspectiva de la complejidad está más allá del amigo y enemigo, así como está más allá del bien y el mal, que son dos esquematismos dualistas de la episteme moderna. Desde la misma perspectiva y retomando estas consideraciones epistemológicas, la pregunta conveniente, después de las exposiciones anteriores, es: ¿Se puede hablar de un enfrentamiento entre estrategias o rizomas nómadas y aparatos de poder? Si aceptáramos la hipótesis implícita en la pregunta, entonces, volveríamos a caer en un nuevo dualismo, otra vez atrapados en la episteme conformada por esquematismos dualistas.

 

Volviendo a las descripciones del pensamiento complejo, habíamos propuesto desplazamientos epistemológicos, que atraviesan los límites del dualismo. Por ejemplo, habíamos asumido que no se trata de contradicciones, como concibe el dualismo y con ello la dialéctica, sino se trata de comprender la paradoja como dinámica de la complejidad. La tesis que recogíamos de la biología molecular es la que configura un sugerente juego entre azar y necesidad, que plantea asombrosamente la complementariedad entre programa conservador y aleatoriedad mutante. La información conservada y activada es, por así decirlo, la base de los cambios.

 

Parece que el pensamiento paradójico logra des-duplicar, des-dualizar, la dualidad del pensamiento moderno; develando una integralidad compleja y paradójica. Integralidad paradójica que se desenvuelve en su propia ambivalencia dinámica. No hay separación entre lo que el esquematismo dualista definía como adentro respecto a un afuera. No hay tal separación, no hay tal frontera, un límite de la interioridad donde comienza la exterioridad. Sino que eso, que se llama exterioridad, se encuentra adentro como percepción; eso que se llama interioridad es la experiencia de ese “afuera”; por lo tanto, la interioridad es como el registro de huellas de la exterioridad. La mirada sucesiva y linealista del esquematismo dualista no puede ver otra cosa que opuestos, que contradicciones, que diferencias espaciales, que sucesiones; no puede comprender la simultaneidad dinámica de la complejidad, donde, usando el lenguaje dualista, el afuera es el adentro, la interioridad es la exterioridad, en el mismo momento. Separar esta paradoja, es acabar con la vida, que es la paradoja misma.

Dicho esto, podemos entrever que no hay enfrentamiento entre flujos de fuga nómadas y aparatos de fijación del Estado. Es el Estado el que se enfrenta a los desbordes de las sociedades alterativas; es el conjunto de sus aparatos sedentarios los que se enfrentan a los movimientos fluidos nómadas. Es el Estado el paranoico obsesionado por lo que considera muchedumbres esquizofrénicas. Hablar de esquizofrenia es hablar desde las clasificaciones estatales. Creemos que aquí se pierden Deleuze y Guattari, al pretender enfrentar el esquizo-análisis al psicoanálisis, convirtiendo al esquizo en un nómada y al sujeto normalizado en un paranoico. Lo que han hecho, al final de cuentas, es convertir al nómada en el demonio del sedentario, así como el esquizo es el demonio del paranoico. El nómada queda atrapado en la telaraña del paranoico; es decir, del sujeto del Estado, cuando se nombra así mismo con las clasificaciones de la anomalía, por parte del Estado. El nómada no es un esquizo, el nómada está más allá del esquizo y el paranoico. Usando las metáforas de Nietzsche, diríamos que el nómada es el creador de valores; siguiendo este enunciado, en forma de paráfrasis, diremos, el nómada es el creador de recorridos, que enlazan territorios. El nómada no se enfrenta al paranoico, como si fuese su enemigo, sino que lo ve desde lejos, en la medida que se acerca a sus ciudades, llega, lo mira, con cierta indiferencia e ironía sorprendida, para luego dejarlo clavado, adherido, afincado, en sus edificaciones arraigadas en el mismo lugar, que considera seguro, cuando es, mas bien, su cárcel, después su sepultura. Alejándose de horizonte en horizonte, de paisaje en paisaje, huyendo del horror de las máquinas de captura. Por lo tanto, el nómada no enfrenta al sedentario, como si fuese su enemigo; lo envuelve y lo atraviesa, dejándolo solo en su soledad poblada.

 

Ahora bien, en este movimiento nómada, ¿dónde está la paradoja? No está, por cierto, en algo parecido a que el sedentarismo es como la base del nomadismo. Esto es un juego de palabras, frase o enunciado que manifiesta que no se ha comprendido la paradoja. El sedentarismo no puede ser la base o el substrato, si se quiere, del nomadismo, algo así como la memoria genética es la base de la evolución o de las transformaciones. Porque el sedentarismo no es esa clase de conservadurismo creativo, sino es un conservadurismo destructivo. No hay paradoja entre sedentarismo y nomadismo, tampoco contradicción, pues no se encuentran en el mismo plano de intensidad. El sedentarismo busca domesticar los espesores territoriales y convertirlos en geografía plana. El sedentarismo es una consecuencia del poder, de las primeras formas que el poder frecuenta. No como cree la antropología y la sociología, también la historia, que el sedentarismo ha generado al Estado y, en contexto, al poder. Nuestra hipótesis interpretativa es radicalmente distinta; se da lugar el sedentarismo, en sus plurales formas sociales, económicas, políticas y culturales, como nos muestran las historias singulares de los pueblos, como consecuencia de las relaciones de dominación, que comienzan a construir sus estructuras de poder. El afincarse, el establecer un centro, es la consecuencia realizada de las dominaciones polimorfas, que requieren detener los recorridos, los circuitos, los ciclos, para marcar los cuerpos, para inscribir en ellos las inducciones del poder; para apoderarse de parte de su energía, de parte de sus fuerzas.

 

¿Cómo se ha dado este nacimiento, mas bien, estos nacimientos, de las estructuras de poder iniciales? Esta pregunta es para investigaciones multidisciplinarias, desde la perspectiva de la complejidad. No podemos conjeturar arbitrariamente al respecto, como si se tratara de deducir de las hipótesis interpretativas de las que partimos. Lo que haya ocurrido, de distintas maneras singulares, en los distintos pueblos, en las distintas regiones culturales, no depende de deducciones, sino de lo que efectivamente ha ocurrido. Este es uno de los límites de nuestra interpretación hipotética. Lo que importa es entender, que el pensamiento complejo, no da la vuelta, no invierte, la proposición dualista de la historiografía, también de la antropología y la sociología, de que la escritura, el Estado, incluso el lenguaje y las instituciones de dominación, emergen del sedentarismo; también la revolución verde, la agricultura. De ninguna manera, no se trata de una inversión del enunciado; esto no es otra cosa, que mantenerse en el dualismo, solo que de manera opuesta. Cuando se dice que el sedentarismo, es, mas bien, la realización, si se quiere, la cristalización, de las relaciones de dominación estructuradas, se plantea un continuo entre poder y sedentarismo, también una combinación que materializa el poder en el sedentarismo. Recordando a Foucault, el Estado no es el poder, sino una especie de síntesis del poder en sus formas variadas de dominación. El poder se ejerce y el Estado es una institución centralizadora, sostenida por macro-poderes menores y micro-poderes distribuidos por todo el tejido social. Las formaciones sedentarias, ya sean las genealogías del Estado, las ciudades, las religiones monoteístas, los monopolios de la tierra, la inscripción del monarca en las monedas, el ejército militar opuesto a los guerreros nómadas, las mallas institucionales, realizan las dominaciones en las formas consolidadas, pétreas, como metáfora, de las instituciones fetichizadas, de los imaginarios alegóricos, que cantan al poder; realizan las dominaciones en las formas del capital, que captura excedentes en forma de contabilidad monetaria. No podría haberse fundado, por así decirlo, el sedentarismo, sino hubiera sido construido, producido, efectuado por las relaciones de dominación y las estructuras de poder nacientes.

 

Entonces, las estrategias nómadas no se enfrentan a las formaciones sedentarias, tampoco exactamente se enfrentan al poder, sino que de-construyen, diseminan, destruyen y desmantelan, estas formaciones ateridas a la tierra, como monopolios paranoicos. La guerra nómada desmonta las maquinarias de poder.