Archivo de la categoría: Teoría y Praxis

CREPÚSCULO O AURORA DE LA HUMANIDAD

Crepúsculo o aurora de la humanidad

Oikologías

Crepúsculo o aurora

de la humanidad

 

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Apocalipsis ignorado 

 

 

 

La desaparición humana

La posibilidad de una tercera guerra mundial es aterradora, por así decirlo, para encontrar palabras que expresen algún sentido de el significado implicado en semejantes evento apocalíptico; sin embargo, más aterrador resulta la situación donde nadie quede para narrar el acto apocalíptico, nadie quede para narrar la desaparición humana.

Que no ocurra esta guerra apocalíptica y continúe la humanidad su historia trae algunas preguntas. ¿Si continúa por el mismo camino de destrucción planetaria no es equivalente a una tercera guerra mundial apocalíptica, aunque, en este caso dilatada? ¿Si opta por otro camino, corregir sus errores, enmendar la ruta destructiva, reinsertandose a los ciclos vitales planetarios, ha evitado la condena apocalíptica y se proyecta a desenvolver y desplegar su potencia en el universo? Las situaciones intermedias no valen la pena considerarlas…

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Las fabulosas máquinas de la ideología y del poder

Las fabulosas máquinas de la ideología y del poder

Oikologías

Las fabulosas máquinas de la ideología y del poder

 

Raúl Prada Alcoreza

 

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Miserias de la ideología nacionalista e imperial

El mundo es sistema mundo desde la conquista de Tenochtitlán. Emerge el sistema mundo moderno, el sistema mundo capitalista globalizado. No hay Occidente ni tampoco Oriente, así como no hay Norte ni Sur, salvo como invención del orientalismo, por parte de la ideológica imperialista europea, a decir de Eduarda Said. El occidentalismo es también un invento imperialista, después de los delirantes fundamentalismos. Norte y Sur, referencias geográficas relativas, dada la condición esférica de la Tierra, también son elucubraciones intelectuales, en pleno acontecimiento complejo de las modernidades heterogéneas.

En la contemporaneidad la seudoteorias conservadoras hablan de guerra de las civilizaciones, como lo hace Samuel P. Huntington. Posteriormente, de manera imitativa y con un discurso menos elaborado y más místico, lo hace Aleksandr Dugin, influencia “intelectual” de Vladimir Putin. Se trata de…

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Las fabulosas máquinas de la ideología y del poder

Las fabulosas máquinas de la ideología y del poder

 

Raúl Prada Alcoreza

 

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Miserias de la ideología nacionalista e imperial

El mundo es sistema mundo desde la conquista de Tenochtitlán. Emerge el sistema mundo moderno, el sistema mundo capitalista globalizado. No hay Occidente ni tampoco Oriente, así como no hay Norte ni Sur, salvo como invención del orientalismo, por parte de la ideológica imperialista europea, a decir de Edward Waidie Said. El occidentalismo es también un invento imperialista, después de los delirantes fundamentalismos. Norte y Sur, referencias geográficas relativas, dada la condición esférica de la Tierra, también son elucubraciones intelectuales, en pleno acontecimiento complejo de las modernidades heterogéneas.

En la contemporaneidad la seudoteorias conservadoras hablan de guerra de las civilizaciones, como lo hace Samuel P. Huntington. Posteriormente, de manera imitativa y con un discurso menos elaborado y más místico, lo hace Aleksandr Dugin, influencia “intelectual” de Vladimir Putin. Se trata de ideologías ultraconcervadoras y nacionalistas, anacrónicas y trasnochadas, que justifican pretensiones de propensiones racistas. Emergencias de antiguos imperios en plena decadencia de la civilización moderna, del sistema mundo capitalista, del que estos discursos anacrónicos son versiones ultramontanas.

Frente a la decadencia del sistema mundo capitalista, los pueblos del mundo tienen la responsabilidad de parar toda guerra, absurda y desentonada, deben detener la locomotora desbocada de la historia, y asumir en propias manos, la democracia plena, el autogobierno, la Confederación de Pueblos del Mundo. Salvando así al planeta de su destrucción y al mundo de su muerte, destrucción y muerte llevada a cabo por los señores de la guerra y el capital, que juegan a la geopolíticas con armas de destrucción masiva.

El fetichismo del Estado nación

No hay relaciones entre las instituciones porque éstas no tienen vida propia, la vida es transferida por las dinámicas sociales. Las instituciones se apropian de las fuerzas sociales, las capturan y las hacen funcionar como si pertenecieran, desde siempre, a la “vida” institucional.

La máquina institucional funciona por capturas; las fuerzas sociales son atrapadas en las redes institucionales. Se produce un fetichismo institucional; ocurre como que las dinámicas sociales se redujeran a las relaciones institucionales. Entonces desaparecen las fuerzas efectivas de las dinámicas institucionales y son sustituidas por las composiciones institucionales. Las dinámicas que hacen a la sociedad, que hacen al pueblo, compuesto por conglomerados de multitudes, de colectivos, de grupos, de individuos, desaparecen para dar lugar a composiciones sociales, sin vida propia, cada vez más monstruosas y fabulosas. Se llega, de esta manera, al Estado nación, que es una fabulosa composición maquínica institucional.

Es cuando la fabulosa máquina de la fetichización, que es la ideología, interviene magníficamente, otorgado contenido narrativo a la invención de la nación por parte de Estado. Entonces la nación ya no aparece como producto estatal sino como orígen del Estado. El mito del origen del Estado es la nación, que se convierte, imaginariamente, en un sujeto transhistórico. El espíritu nacional es, en esta narrativa, la esencia metafísica que se transforma en Estado, después de seguir un decurso dramático, el de la formación de la cultura nacional y de la constitución de la consciencia nacional.

En consecuencia, en el imaginario social, sobretodo estatal, el Estado nación aparece como un sujeto vivo, que tiene nombre propio, al que se convoca para defender al pueblo extraviado y a la sociedad perdida en sus laberintos. La convocatoria nacionalista habla de una civilización que hay que recuperar, incluso llega a configurar esta civilización inhibida o arrinconada como referida a la edad de oro del imperio perdido, que hay que revivir.

Se ha hablado de Estado nación subalterno y de nacionalismo antiimperialista, atribuyéndole a este nacionalismo un carácter revolucionario, a diferencia de los nacionalismos imperialistas e imperiales, que despojan a los pueblos sometidos y subyugados de sus identidades. Empero, ha bastado que estos nacionalismos antiimperialistas tomen el poder, se hagan cargo del Estado, para que muestren sus profundos conservadurismos, inclusive reaccionarios, pareciéndose a los otros nacionalismos, imperialistas e imperiales.

El problema radica en el fetichismo de Estado nación, en este sujeto imaginario, que subsume a los pueblos en la vorágine del mito nacionalista, convirtiéndolos en corporeidades disciplinadas y militares. Arrastrándolos a la tragedia de la guerra. Si no ocurre esto, en la filigrana de la paz, los pueblos, capturados por las máquinas institucionales y por la fabulosa máquina de poder del Estado nación, se embarcan en confrontaciones menores, que favorecen la reproducción ficticia del Estado nación, de los imperios e imperialismos.

Los pueblos atrapados en estas redes institucionales no controlan sus vidas, porque no les pertenecen; le pertenecen al Estado. Esta fabulosa máquina institucional decide sobre la vida y la muerte de los pueblos. Decide sobre el destino de las sociedades. En plena decadencia de la civilización moderna, del sistema mundo capitalista, en plena crisis múltiple del Estado nación y del orden mundial de las dominaciones, el Estado arrastra al abismo a las sociedades y los pueblos.

Para lograr la sobrevivencia de la humanidad, de las sociedades y los pueblos, éstos tienen que liberarse de la ideología, deconstruir la máquina fabulosa de la fetichización, diseminar la máquina fabulosa del poder, recuperar la espontaneidad del substrato efectivo de las dinámicas sociales, liberar la potencia creativa de la vida. Entonces hacerce cargo de sí mismo, asumiendo la responsabilidad autogestionaria y de autogobierno, conformando Confederaciones de Pueblos continentales y del mundo.

Genealogía de la consciencia desdichada y del revanchismo

¿Dónde emergen los nacionalismo reaccionarios, en qué momento de las historias de los Estado nación? A diferencia de los discursos histórico políticos, que situan la tragedia de los pueblos en la guerra de conquista, efectuada por los conquistadores, los nacionalismo reaccionarios parecen emergen en un momento de crisis profunda, de desasosiego, de humillación nacional, de derrota. La nación humillada cobra consciencia de su profunda depresión y poco a poco, busca reivindicarse, hasta que encuentra el momento de hacerlo, cuando emerge populosamente el nacionalismo conservador, convocando al pueblo humillado a vengarse de los vencedores. Este momento de reclamo, de convocatoria a la revancha, de movilización populista, coincide con la articulación perversa entre clases medias empobrecidas, clases medias todavia privilegiadas y burguesías, convocadas por el dicurso nacionalista altisonante, agresivo y violento de la venganza. Para contrastar con la humillasión, se declara la superioridad o la antigüedad del pueblo, unido a una cultura nacional, regional e imperial.

Los nacionalismos reaccionarios no son homogeneos, aunque contengan analogías, suponen historias singulares, si se quiere, nacionales. Una de sus expresiones históricas, quizás la más conocida, es el nacional socialismo, la expresión ideológica y partidaria nazi; otra, anterior, corresponde al fascismo italiano; por ese recorrido europeo tenemos al falangismo español. Sin embargo, hay más, como no podría ser de otra manera, pues los nacionalismos reaccionarios corresponden a la historia política de la modernidad, particularmente a los periodos de crisis profunda, económica, social y cultural. Sobre todo, crisis del Estado nación. Se trata, en los casos mencionados, de potencias seciundarizadas o derrotadas, marginadas del reparto imperialista, aunque, en lo que respecta a España, sufre su decadencia, después de haber sido un imperio, uno de los más grandes, que tenia, en sus administraciones extraterritoriales, nada menos que al conquistado continente de Abya Yala.

En América Latina y el Caribe, en el Africa, en el Asia y en el Medio Oriente, se han desatado nacionalismos antiimperialistas, en pleno contexto de las posguerras mundiales. Estos nacionalismos antiimperialistas, a diferencia de los nacionalismos reaccionarios, se situan, en principio, en la formación discursiva histórico politica, la que interpela a la historia oficial, la que reivindica la historia de los vencidos, la que interpela la legitimidad de los Estados y de los gobiernos, dispositivos de la dominación imperialista. Antes, durante las guerras de la independencia en el continente de América, emergieron los primeros nacionalismos, a decir de Benedic Anderson, en Comunidades imaginarias, construyeron un discurso criollo de convocatoria contra las élites coloniales. Usaron el periodico como medio de difusión, además de los pasquines, adaptaron el liberalismo a su proyecto intependentista y terminaron constituyendo repúblicas, aunque con coracteristicas gamonales, es decir, restringidas a las poblaciones minoritarias criollas, con cierta apertura a las poblaciones mestizas, dejando fuera de los derechos politícos a las mayorías de las poblaciones indígenas y las mujeres.

Ambos nacionalismos están, de alguna manera conectados, por lo menos imaginariamente, en la narrativa, pues los nacionalismos aniimperialistas reivindican los nacionalismos independentistas, forman parte de su herencia; es más, incluso llegan a ser indigenistas, como en el caso de México y Bolivia. Sin embargo, cuando estos nacionalismos llegan al poder, por así decirlo, toman el Estado, se hacen gobierno, poco a poco se van desplazando, sufren una metamorfosis perversa, y se convierten en dispositivos ideológicos de las dominaciones ejercidas desde el Estado. Corresponden a las nuevas élites gobernantes, también a las nuevas oligarquías, a los nuevos estratos de las burguesías. Entonces emplean el Estado, los dispositivos de emergencia del Estado, para reprimir y o para prolongarse en el poder. De este modo se van pareciendo a los nacionalismos reaccionarios. El peronismo es un ejemplo de este fenómeno, pero no es el único, de una u otra manera los nacionalismos antiimperialistas en el poder comparten, mas o menos, estas transformaciones políticas.

A fines del siglo XX y porincipios del siglo XXI en América Latina se han vuelto a dar fenómenos políticos parecidos o análogos. Se vuelve al discurso animperialista, aunque vaciado de sus contenidos, emitido, mas bien, fragmentariamente y de forma barroca, mezclado con otros discursos fragmentarios, el socialista o lo que queda del mismo, como eco, por ejemplo, el discurso del socialismo del siglo XXI. También se incorporan, como en el caso boliviano y ecuatoriano, fragmentos del discurso indigenista. En el caso brasilero el nacionalismo aparece de una manera matizada, empero conectado a una herencia socialista, la dada por el Partido de los Trabajadores, con ribetes marcados de critica al neoliberalismo, como ocurre con casi todos los discursos del progresismo latinoamericano. En todos estos casos, el nacionalismo antimperialista deriva en el conservadurismo, una vez convertidos en administradores del poder, ejerciendo el gobierno y haciendose del Estado.

Recientemente, en la historia política moderna, se han vuelto a dar también nuevas expresiones del nacionalismo reaccionario. Esta vez en el mismo centro del sistema mundo capitalista. La expresion discursiva es la de la guerra de la civilizaciones; se habla de un Occidente que enfrenta a otras civilizaciones persistentes en el Oriente. A su vez, como eco, se dan discursos correspondientes a la guerra de las culturas, una Euroasia enfrentando al Occidente decadente. En este contexto, se puede tomar a los discursos fundamentalistas como variantes de esta guerra de civilizaciones, aunque en este caso se trate de una guerra santa, de una guerra religiosa contra los demonios occidentales.

Si consideramos al conjunto de estas genealogías nacionalistas podemos vislumbrar su esfuerzo ideológico de convocatoria y de legitimación. La nación, la cultura, la civilización, la religión, son los referentes de la mitología moderna que explica la crisis civilizatoria, la crisis política, la crisis económica, la crisis social y la crisis cultural, como olvido de la nación, de la cultura, de la civilización y la religión. De lo que se trata, para resolver la crisis, es de reivindicar la nación perdida, la cultura arrinconada, la civilización inhibida, la religión agraviada. El eje concervador de esta formación enunciativa ideológica radica en la fetichización del Estado, de la nación, de la cultura, de la civilización y de la religión, concebidas abstractamente y ahistóricamente, como si fuesen entidades transhistóricas eternas. En realidad hablan desde el mito de la nación, desde el mito de la cultura, desde el mito de la civilización, desde el mito de la religión.  Son incapaces de comprender la historia moderna, que se caracteriza por la invención de las naciones, la historia empotrada de museo de las culturas y las civilizaciones, la historia exaltada del fundamentalismo religioso. De este modo desaparecen las dinámicas sociales, las dinámicas culturales y las dinámicas de integración de la civilización moderna. Asi, se fragmentan las culturas efectivas y son absorvidas por el sistema mundo cultural de la banalidad.

Claro que los pueblos, en sus resistencias, no pueden renunciar a la creatividad cultural concreta; empero, esto implica la interpelación y la deconstrucción del sistema mundo cultural moderno, así como también implica la interpelación de la cultura folclorizada por los nacionalismos, así como la cultura convertida en mito, apta para fosilizarse en los museos de la contemplación. La potencia de la creatividad cultural no es asimilable a las estrategias estatales, tampoco a las estrategias geopolíticas. Es contraria a estas formas de dominación institucionalizadas.

La lucha anticolonial y descolonizadora de las naciones y pueblos indígenas no es asimilable a la institucionalización estatal, salvo como mediaciones impuestas que adulteran, deforman y usurpan las reivindicaciones de los pueblos nativos del continente de Abya Yala. La lucha por la democracia plena, el autogobierno del pueblo, por parte de los pueblos y sociedades, los conglomerados de multitudes, colectivos, grupos, asociaciones e individuos, que los constituyen, no es asimilable a la institucionalización estatal, salvo si esta proyección, inmanente a los pueblos, es destruida y sustituida por la democracia formal o, peor aun, es desconocida incluso como democracia formal, sustituyéndola por formas del despotismo, la tiranía y el totalitarismo. La inherencia histórica política y cultural de las naciones y pueblos indígenas es la asociación complementaria y la confederación, la filiación territorial y la alianza política territorial. El Estado, como tal, como máquina administrativa, política, jurídica y de guerra, ha sido impuesto desde la conquista y por la colonización. Toda estatalización de las reivindicaciones indígenas implica la continuidad colonial por las vías institucionales del Estado. La latencia de autogobierno de los pueblos es abruptamente desconocida e inhibida por las usurpaciones e intervenciones estatales, subsumiendo las fuerzas de esta latencia a la reproducción de las dominaciones impuestas.       

Volviendo al tema de la consciencia desdichada , el epíritu de venganza, basado en el resentimiento y la acumulación de frustraciones, que es el substrato de los nacionalismo reaccionarios, se puede constatar históricamente que estos fenómenos son posibilidades perversas en todas las sociedades modernas; basta que se den ciertas condiciones de posibilidad y circunstancias, vinculadas a la crisis social, económica, política y cultural, para que se desarrollen peligrosamente estos nacionalismos reaccionarios. En consecuencia, el nazismo, el fascismo, el falangismo son solo alguna de las formas de estos nacionalismos reaccionarios. El uso del discurso político de estigmatización que califica de nazismo y fascismo a toda expresión de derecha, por así decirlo, usando un término tan usual y esquemático como el de izquierda, es una distorsión polémica que afecta a la comprensión del problema. El nazismo no es el núcleo de este fenómeno conservador y reaccionario en política, mas bien, es una de sus expresiones, quizás una de las más violentas y demoledoramente destructivas, pero no la única. Hay que ir al fondo del problema, como intentó hacerlo Wilhelm Reich, cuando escribió Psicología de masas del fascismo. Como hemos dicho, la matriz de los nacionalismos reaccionarios parece encontrarse en las situaciones donde las composiciones sociales son mermadas, corroídas, derrumbándose en crisis y depresiones marcadas. En estas situaciones las subjetividades se desequilibran, se descomponen, padecen de profundas contradicciones, llegando a esa característica que Hegel definió dialécticamente como consciencia desdichada.

Perfiles de los nacionalismos reaccionarios

El concepto de nación, si bien tiene una arqueología del saber anterior, que tiene que ver con su etimología, con la raíz lingüística, con el núcleo verbal de nacer y la metáfora de nacimiento, si bien tiene que ver con la consanguinidad ancestral, comprendiendo las filiaciones territoriales,en la modernidad el concepto de nación adquiere connotaciones estatales, vale decir, que la nación es un constructor estatal. Incluso cuando la nación, en tanto convocatoria política, es lanzada con anterioridad al Estado; es un constructo pues se va a convertir en Estado nación.Esto ocurrió con los nacionalismos criollos en el continente de América; estos nacionalismos continentales construyeron la imagen de nación y el imaginario nacional, para distinguirse de la administración colonial y de los colonizadores extranjeros, que conquistaron el continente.Sobretodo porque impedían el libre desenvolvimiento económico y el ascenso social, en el transcurso de la movilidad social; es decir, inhibían las dinámicas sociales y las circunscribían a la estratificación social jerarquizada por la administración colonial.

No se puede decir, obviamente, que este nacionalismo criollo es reaccionario, de principio, de ninguna manera, mas bien, todo lo contrario, pues se opone a la administración colonial y busca la independencia. Condición histórico-política y jurídico-política que va a ser conseguida a través de la guerra de independencia. Lo que debe quedar claro, en este caso, es el origen del nacionalismo en el contexto de los procesos de estatalización; procesos que dan lugar a la conformación y configuración del nacionalismo, a la genealogía del nacionalismo y a la ideología del nacionalismo. Según Benedict Anderson, el nacionalismo va a cruzar el Atlántico y va a sembrarse y cosecharse en Europa, en un contexto diferente, en una modernidad más desarrollada y en un capitalismo más desenvuelto, en otro tiempo de la civilización moderna.Después de conformar los Estados nación, que particularmente tienen su origen en una genealogía más larga, una genealogía que se remonta al oriente, al oriente antiguo y al medio oriente, al periodo de las civilizaciones mesopotámicas, así como también comprende a la civilización egipcia. Por estos recorridos llegamos al extremo oriente donde el Estado tiene un desarrollo expansivo.

En esta remota historia, cuando hablamos de Estado, exactamente de qué hablamos, para evitar atribuirle las connotaciones modernas que tiene el concepto de Estado. Ciertamente tenemos que reconocer que aquí tenemos un problema de uso de lenguaje, incluso de connotación conceptual. No son lo mismo el Estado moderno y el Estado antiguo, no sólo porque corresponden a contextos temporales históricos distintos, sino porque el sentido de Estado es diferente, a pesar del uso del mismo término para definir esas administraciones fabulosas públicas. Para resumir, diremos que el origen del Estado es antropológico y antropocéntrico,además de patriarcal; tiene que ver con la dinastía, entonces con la ruptura de pacto entre clanes, entre jefaturas rotativas de mando, cuando un clan se impone a los demás clanes. Cuando esto ocurre construye el mito del origen de esta imposición arbitraria, que aparece simbólicamente en la figura del déspota, en el sentido antropológico político del término, es decir, figurativamente, al imponerse el primer incestuoso o al aceptar al único incestuoso posible, si hacemos caso la prohibición del incesto, de la que habla Lévi-Strauss. Entonces, para que haya este Estado antiguo tienen que haberse cumplido ciertas condiciones de posibilidad históricas, así como culturales. ¿Cuáles son estas?

Primero se ha tenido que pasar de unas formaciones sociales primarias, que tienen que ver con las comunidades iniciales, sobre todo con sus vínculos territoriales, además de sus recorridos itinerantes; por lo tanto, se ha asistido a la invención del espacio debido a los recorridos nómadas. En esta situación inaugural de las sociedades humanas, tenemos la configuración de lo que más tarde va a llamarse el matriarcado. Si esto es o no correcto, si este término es o no válido, no lo vamos a discutir aquí; lo que nos interesa es remarcar la característica de matriz social de la mujer en la comunidad, en estas sociedades iniciales. Podemos decir que en este contexto inaugural las mujeres son protagonistas, juntamente con los hombres comunitarios.Las mujeres, el entramado comunitario, su función articuladora e integradora de los tejidos comunitarios tienen que ver con el origen del lenguaje, con el origen del fuego, el origen de la agricultura. Los hombres desaparecían al dedicarse a la caza, en largos periodos. Aunque había hombres que se quedaban en el lugar de la comunidad para apoyar las gestiones de las mujeres.

Hablamos de otro perfil de sociedades sin Estado, sin dominación y jerarquización masculina,sociedades, por así decirlo, más democráticas, si es que este término no estuviera cargado por toda la semántica y el sentido conceptual que le ha otorgado la política moderna. No importa,por el momento, no vamos hacer una disquisición sobre la pertinencia o no de estas apreciaciones, que pueden considerarse hipotéticas; lo que importa es anotar la diferencia o las diferencias, en todo caso, la diferencial, en la composición de la formación social entre estas sociedades iniciales y las posteriores, que tienen que ver con la genealogía de las civilizaciones.

La hipótesis histórico política cultural, que tiene que ver con el nacimiento del Estado, es qué a partir de determinados puntos de inflexión se producen desplazamientos en la composición social. Una vez que los hombres cazadores disminuyen y se dedican, mas bien, a otras labores,por ejemplo, el intercambio, el control del intercambio, si ustedes quieren, el comercio, el control del comercio. Cuando ocurre esto habría que imaginarse la formación de asentamientos,en lugares de interjección de recorridos itinerantes y nómadas, donde se producían encuentros múltiples y se realizaban intercambios, inclusive trueques; estos asentamientos, en principio provisionales, se fueron conformando como estables, convirtiendo su permanencia en el lugar que conocemos como ciudad. Es en estas ciudades donde se dan las condiciones de posibilidadde lo que vamos a llamar el nacimiento de las civilizaciones, propiamente dichas, lo que quiere decir que las formaciones anteriores son, mas bien, transcivilizatorias; para decirlo de algún modo, son anteriores y posteriores a las eras de las civilizaciones.

Es en la ciudades donde los hombres van a adquiriendo cierto protagonismo, debido al control del intercambio del comercio y también del espacio de esta ciudades iniciales. Desde esta situación privilegiada, localmente, en estas ciudades, los hombres terminan estableciendo diferencias jerarquizadas respecto a las mujeres; no solamente en el interior de las ciudades,sino respecto al control comunitario o al entramado comunitario, que tienen las mujeres, fuera de las ciudades. Se puede o no situar el nacimiento del patriarcalismo en estas ciudades, esto está en discusión, puesto a debate por las investigaciones históricas. Por el momento, no nos interesa quedarnos en este debate, lo que importa es remarcar la distinción espacial, territorial y de configuraciones sociales en estas distintas formaciones sociales, que entran en contradicción.En la medida que las ciudades crecen y se desarrollan van a dar lugar a administraciones públicas estables. La pregunta aquí es: ¿Cómo se pasa de esa condición de control del intercambio del comercio a lo público, a la administración pública, a la necesidad de la administración pública? Para decirlo de alguna manera, la pregunta se transforma de la manera siguiente: ¿Cómo coincide la conformación de la dinastía, es decir, la ruptura del pacto entre clanes, con la formación de las ciudades y con el nacimiento de la dominación masculina o, por lo menos, de la diferenciación jerárquica masculina?

Ha tenido que haber un periodo de convivencia entre una formación social y otra, una formaciónsocial preponderantemente comunitaria y otra formación social citadina; empero, esta convivencia y equilibrio entre ambas formas sociales no podía perdurar, pues los contrastes estaban marcados, las diferencias proyectaban distintas evoluciones, por así decirlo, las contradicciones no esperaron en hacerse visible. La ciudad requería convertir a su entornocampesino en un espacio subordinado a los requerimientos de la administración pública, del intercambio y del comercio; en consecuencia, el espacio de las comunidades, sus territorialidades agrícolas debían ser subordinadas a la administración pública. Con esta interpretación provisional, de alguna manera, respondemos circunstancialmente con esta hipótesis al problema planteado. La administración pública emerge desde la necesidad de institucionalizar el control de los intercambios y del comercio, pero también de la necesidad de legitimar el dominio de un clan como dinastía; este es el comienzo de estructuración del poder abstracto del déspota y del despotismo, en el sentido antropológico político del término.

Antes, en otros escritos y ensayos, marcamos la diferencia entre lo común y lo público; lo común no es lo mismo que lo público. Lo común corresponde al entramado de comunidades,basadas en la complementariedad, en la coexistencia, en la convivencia, no sólo entrecomunidades, sino también respecto a las otras entidades del entorno ecológico. En cambio, lo público corresponde a una cualidad otorgada por el Estado, por la administración pública, en consecuencia, corresponde a una expropiación de lo común; más tarde se va a asistir a la expropiación privada de lo común. Entre la expropiación pública y la expropiación privada de lo común hay complicidades y concomitancias institucionales. Desde esta perspectiva podemos decir que la civilización se desprende y se desenvuelve a partir de la expropiación de lo común y de la destrucción de las comunidades, sobretodo del entramado comunitario. Trayendo otra consecuencia desde nacimiento de lo público, del Estado y de la civilización, estas composiciones institucionales y culturales se desarrollas en contraposición a las mujeres o en guerra contra las mujeres.

Volviendo al tema de la genealogía de los nacionalismos, podemos decir, que, en esta etapa de los primeros periodos y genealogía de las civilizaciones, no es posible el constructo conceptual de nación, en el sentido atribuido por el Estado; el concepto de nación es más bien moderno,corresponde al despliegue y desenvolvimiento de la política en la modernidad. Las concepciones imaginarias mitológicas y narrativas de la antigüedad son distintas, tienen que ver con la legitimación de las dinastías, de la administración pública y con las regulaciones del control del comercio. Podemos decir que, en estos casos, ya en etapas más avanzadas de estas civilizaciones antiguas, la religión va a jugar un papel primordial en la legitimación de estas conformaciones y estructuraciones del poder antiguo. Refiriéndonos a la expansión de la ciudades-Estado o de estas conformaciones y estructuraaciones de las dominaciones inaugurales, la figura del imperio es altamente expresiva, pues desarrolla las posibilidades y los contenidos de estas composiciones y conformaciones históricas y culturales, estructuradasinstitucionalmente, del poder.

Esta parte de la exposición es la más difícil, en la medida que contamos con menos información,aunque podemos acudir a la historia; sin embargo, la historia, en tanto que se presumeuniversal, no ha desplegado miradas más específicas, no se ha pluralizado, lo que le permitiría evaluar distintos ritmos, distintas composiciones históricas, distintos recorridos espaciotemporales, en lo que corresponde a las civilizaciones. Sin embargo, como no se trata de este punto exactamente, sino, mas bien, usando este punto como apoyo a la argumentación vertida, podemos decir que las ciudades, a partir de la relación con el entorno, a partir de laconsolidación de los regímenes basados en las ciudades, que han dado lugar a distintos perfiles de civilización, lo que ha devenido son las formaciones imperiales, así como los reinos, en otras geografías, señoríos, quizás, en el caso de Aby Ayala, a confederaciones. En ninguno de estos casos hablamos de naciones. Podemos hablar de mapas geográficos de las lenguas, de las culturas, de las prácticas, de los comportamientos y las conductas, incluso mapas geográficos de las religiones, pero no podemos hablar de naciones, como se habla en sentido moderno, aunque se hablen de lenguas, de territorios y de formas organizativas complejas, como los imperios, los reinos, los señoríos y, en otro caso, las confederaciones.

Esta disquisición y esta diferenciación teórica nos permite apreciar mejor lo que implica hablar de nación, en sentido moderno, hablar de nación como constructo estatal. Claro que hay teorías que hablan de nación, de Estado-nación, a partir del cumplimiento de esas condiciones de posibilidad, que se refieren a la lengua, al territorio y al mismo Estado; sin embargo, estamos hablando de teorías provisorias y poco sustentadas, mas bien se trata del discurso ideológico.Por cierto, estas elucubraciones no son objetivas, tampoco científicas, ni teóricamente consistentes. Lo que se tiene que tener en cuenta es el momento constitutivo de la nación como Estado-nación, como legitimación del Estado. Distinguir este acontecimiento histórico-político de su propio mito, que supone imaginariamente la preexistencia de la nación, antes del Estado, incluso mucho antes de la conformación estatal, atribuyéndole antigüedad, incluso ancestralidad, y dando lugar con esta narrativa a la irradiación del mito.

Por otra parte no hay que olvidar que en los imperios se da lugar a la coexistencia y convivencia de distintas lenguas. De esta manera podemos imaginar que la ciudades imperiales tenían perfiles multiculturales, quizás de una manera distinta a lo que hoy las ciudades y las metrópolis modernas tienen como multiculturalidad. Entonces podemos destacar esta diferencia entre el mito de la nación y su historia efectiva; el pasado, por así decirlo, de la historia efectiva, no corresponde a lo que narra el mito de la nación.

Estamos en condiciones de lanzar una hipótesis no solamente interpretativa sino operativa, en el sentido de que nos puede no solamente ayudar al interpretación, sino a apreciar de mejor manera lo que implica y significa la ideología nacionalista. La ideología nacionalista imagina un mundo homogéneo, una nación pura, un origen de la nación, un desarrollo de esta nación hasta la contemporaneidad, cuando la nación es convocada por el Estado. La narrativa nacionalista invirtie los términos de la realidad efectiva, coloca la historia de la nación antes de la historia del Estado. En consecuencia, estamos ante la invención de una realidad histórica, por parte de la ideología nacionalista, ideología que hace una limpieza de los espesores, de las rugosidades, de los accidentes, de las mezclas, de la condición abigarrada y  barroca, para contar una historia que nunca ha ocurrido, empero que requiere el Estado-nación, como legitimación y, sobre todo, requiere la casta política nacionalista, también la burguesía nacional, para legitimar sus dominaciones, el control de los monopolios de los recursos naturales, de los mercados y de los circuitos económicos y cadenas productivas.

La ideología nacionalista se traslada a una dimensión abstracta, limpia y vacía de contenidos,imponiendo una representación esquemática, donde los personajes estereotipados aparecenfantasmagóricamente, donde los protagonistas de la historia nacional se presentan monumentalmente, como si hubieran nacido para eso, como si el destino se haya inscrito desdesus nacimientos, para dar lugar a los protomartires, a los fundadores de la nación y del Estado;todo esto forma parte de la narrativa nacionalista.

La ideología no solamente es de legitimación sino también de convocatoria. Se trata de una convocatoria integral policlasista, donde no importan las diferencias de clases sociales, de localidades y regiones, si no lo que importa es que todos pertenecen a la nación. Todos están llamados por la nación; en caso de guerra todos tienen que dar su vida por la nación. Los símbolos y las ceremonias y los ritos estatales sirven para corroborar dramáticamente la narrativa nacionalista, darle apoteosis a este discurso de convocatoria del mito de la nación.

 

 

 

 

 

 

 

Hermenéutica de la guerra

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Paradigmas cerrados

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Podemos establecer que se ha heredado la costumbre de acudir a paradigmas cerrados para interpretar la realidad, que resulta ser recortada a partir de rejillas teóricas, en el mejor de los casos, rejillas ideológicas, en el peor de los casos. En otras palabras, se opta por estructuras preformadas de interpretación. Uno de los esquemas más usuales es el dualista, que puede corresponder a la definición del enemigo, que, en su versión más antigua, corresponde a la definición del infiel o del hereje. El esquematismo, de por sí, si bien ayuda, en un principio, a armar la interpretación, resulta un mecanismo restringido cuando hay que afrontar la complejidad, sinónimo de realidad. Después de la larga historia de la modernidad, en la contemporaneidad compleja, este esquematismo resulta inútil al tratar de comprender, entender, conocer y explicar la realidad. Para ejemplificar…

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Hermenéutica de la guerra

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Paradigmas cerrados

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Podemos establecer que se ha heredado la costumbre de acudir a paradigmas cerrados para interpretar la realidad, que resulta ser recortada a partir de rejillas teóricas, en el mejor de los casos, rejillas ideológicas, en el peor de los casos. En otras palabras, se opta por estructuras preformadas de interpretación. Uno de los esquemas más usuales es el dualista, que puede corresponder a la definición del enemigo, que, en su versión más antigua, corresponde a la definición del infiel o del hereje. El esquematismo, de por sí, si bien ayuda, en un principio, a armar la interpretación, resulta un mecanismo restringido cuando hay que afrontar la complejidad, sinónimo de realidad. Después de la larga historia de la modernidad, en la contemporaneidad compleja, este esquematismo resulta inútil al tratar de comprender, entender, conocer y explicar la realidad. Para ejemplificar, reducir todo al contraste del blanco y el negro no ayuda a visualizar toda la gama de grises que hacen al dibujo de las manifestaciones de las dinámicas inherentes a lo que llamamos realidad. Peor aún, resulta altamente inapropiado usar este esquematismo cuando la realidad, sinónimo de complejidad, se presenta con gamas cromáticas de colores. Yendo más lejos, más grave aún cuando dejamos los cortes transversales y nos desplazamos al movimiento longitudinal, cuando pasamos de la fotografía y optamos por una mirada de imágenes en movimiento, a movimientos de las imágenes como ocurre con el cine. La situación del esquematismo es mucho más insostenible cuando sabemos que las dinámicas complejas de la realidad se mueven en distintos planos y espesores de intensidad integrados.

 

Entonces nos encontramos ante el problema de la reducción al momento de comenzar la interpretación de la realidad; esto equivale al restringir la comprensión y anular la posibilidad del entendimiento, por lo tanto, alejarnos del conocimiento y de la explicación posible de la problemática asumida como desafío desde la experiencia de la realidad. Esto implica una derrota de la inteligibilidad de la realidad, de la complejidad de la realidad, de las problemáticas inherentes a la relación que se establece socialmente con la realidad en la contemporaneidad, dónde se experimentan desplazamientos fuertes, transformaciones notorias, incluso metamorfosis perceptibles o imperceptibles, cuándo nos movemos en distintos planos de intensidad, cuándo experimentamos los espesores de intensidad, es decir, cuándo se manifiestan las distintas dimensiones de la realidad, reducida a este esquema dualista, resulta en un fracaso absoluto en esa relación con el entorno, desde la perspectiva del sí mismo o del sistema de autorreferencia, para decirlo en términos más sencillos.

 

Argumentos inconsistentes

 

En este ensayo vamos a intentar hacer un análisis de la incomunicación y de la desinformación, vertida a través de los medios de comunicación; también de los medios de propaganda y publicidad, que están básicamente manejados por los gobiernos y los Estados involucrados, así como por los aparatos ideológicos. Argumentos insostenibles, aunque de argumentos, propiamente dichos, no tienen nada; son más bien repeticiones mecánicas de emisiones propagandísticas, al estilo de la más absoluta ortodoxia, incluso, peor, de la más absoluta dogmática, del más absoluto dogmatismo. Asistimos pues a los procedimientos verbales, si podemos hablar de esa manera, de las nuevas inquisiciones, es decir, justificaciones de la tortura, de la persecución, de la guerra. La inquisición se caracterizó como la guerra contra las mujeres, guerra que duró tres siglos, reconocida popularmente como la caza de brujas. Podemos decir que ahora asistimos a otra guerra, que no dejan de ser contra las mujeres, porque son guerras patriarcales, de la dominación masculina sobre el planeta, sobre los pueblos, sobre las sociedades, sobre los países de la periferia del sistema mundo capitalista. Se vuelven a repetir estilos, sin acudir a la imaginación, donde lo que cambian son los contextos y, quizás, algo de los discursos, de la estructura discursiva preformada. Ejemplificando,  para decirlo de manera fácil, el esquema se reduce al burdo dualismo  de buenos y malos, de fieles  e infieles, de amigos y enemigos. Hay guerra justa.

 

Al respecto, lo grave es que se olviden que estos son argumentos anacrónicos, correspondiente a los finales del medioevo y comienzos de la modernidad, periodos históricos en plena conquista del continente de Abya Yala. Cuando se habló de guerra justa. Después, durante la historia de la modernidad vamos a volver a escuchar, precisamente, argumentaciones anacrónicas sobre la guerra justa. Los argumentos más intolerables son aquellos que van a hablar de guerra justa en plena campaña bélica de los países imperialistas; sin embargo, este anacronismo retórico no se circunscribe al periodo bélico que comprende a la primera y a la segunda guerra mundial, además de su interregno de paz incierta. Volvemos a escuchar estas argumentaciones anacrónicas durante la guerra de Corea. Aunque la concepción de guerra justa va desplazándose, va cambiando de contenido. En el caso del nacional socialismo, del régimen nazi, del tercer Reich, vamos a asistir a la guerra justa a nombre de la raza superior del pueblo alemán; los países aliados que enfrentan al tercer Reich en la segunda guerra mundial van a hablar de guerra justa en términos de la defensa de los pueblos y las sociedades afectadas, invadidas y atacadas por las invasiones nazis. Por otro lado, se va a hablar de guerra justa con respecto de la defensa de la Patria Socialista;  nos referimos a la movilización general del ejército rojo en el periodo que lucha contra la ocupación e invasión nazi de la URSS. Posteriormente se va a hablar de guerra justa en plena guerra fría, que de fría tiene poco, pues las acciones bélicas o calientes se van a trasladar a los entornos y las periferias. Mientras la metáfora del hielo o del invierno corresponde al centro, por así decirlo, de la geografía del sistema mundo capitalista, la metáfora fluida o de verano corresponde a las periferias del sistema mundo capitalista, donde si se efectúan guerras calientes.

 

Las hiperpotencias enfrentadas van a hablar de guerra justa en términos de defensa de la “democracia”, en un caso, hablando de la imagen que se tiene de democracia, de la imagen formal de la democracia, concebida y limitada a la circunscripción institucional del Estado liberal; en el otro caso, se habla de guerra justa en términos de la defensa de los países socialistas y de los pueblos del mundo. En ambos casos las argumentaciones resultan paradójicas; en el primer caso, el imperialismo norteamericano va a intervenir en los países de la periferia del sistema mundo capitalista, conspirando, promoviendo golpes de Estado, con el argumento de qué está en guerra contra el “comunismo”; en el otro caso, el social imperialismo, tal como caracterizó Mao Zedong a la URSS, va incursionar punitivamente de acuerdo a intereses nacionalistas, del nacionalismo ruso, en países donde, antes y al finalizar la segunda guerra mundial,  los pueblos se levantaron y efectuaron revoluciones sociales. Dos casos paradigmáticos, uno corresponde a la guerra civil española, el otro corresponde a la revolución griega; en el primer caso, se arma un ejército controlado para combatir a la revolución anarquista y a la militancia trotskista en armas contra el falangismo ibérico, antes de ocuparse plenamente de combatir al ejército franquista; en el segundo caso, a pesar de que los comunistas toman el poder en Grecia, la Unión Soviética abandona la revolución y la entrega a los norteamericanos. En pocas palabras, las dos hiperpotencias emergentes y vencedoras de la guerra se reparten el mundo. 

 

Desde la guerra de Corea hasta la guerra del Vietnam no se habla exactamente de guerra justa, sino de un concepto mas bien operativo, por así decirlo; se habla por un lado, el lado de la hiperpotencia de los Estados Unidos de Norte América, de guerra de defensa contra la expansión del “comunismo”, y por el otro lado, no solo de los Estados componentes del Pacto de Varsovia, sino también de los países y involucrados, de la guerras de liberación nacional y de la lucha antiimperialista de los pueblos.  En lo que corresponde a los aliados de la hiperpotencia de la URSS se no se va a hablar exactamente de guerra justa,  sino de una guerra anatimperialista; así como también se va a argumentar sobre la defensa de Estados socialistas. En lo que respecta a la guerra caliente, desplazada a los bordes del sistema mundo capitalista, se dan figuras singulares de los desplazamientos de la guerra.

 

Sin embargo, hay que considerar otros perfiles de la guerra, por ejemplo, las que se dan entre israelitas y palestinos, en un contexto mayor, entre israelitas y árabes, perfiles de las guerras posteriores a la segunda guerra mundial que emergen de otras historias y se dan por otras razones, aunque también se pueda considerar  como guerras calientes, que corresponden al desplazamiento de la guerra fría entre las hiperpoptencias hacia las periferias del sistema mundo capitalista. En este caso específico, se habla de guerra contra la ocupación israelí, por parte de las organizaciones armadas palestinas, y de guerra de defensa del Estado de Israel.  Considerando los distintos perfiles de la guerra dados podemos decir que no son los únicos casos de realidad efectiva que contrastan fácticamente a la tesis de Francis Fukuyama del fin del historia, donde se interpreta que habrían terminado las guerras. En contraste se desatan precisamente guerras, que se dan en los bordes de la geografía del sistema mundo capitalista, en la geografía de las periferias, así como se dan guerras calientes en las mismas proximidades del centro del sistema mundo capitalista. Desde las dos guerras del golfo pérsico hasta la guerra de Yugoslavia tenemos un desplazamiento hacia el centro del sistema mundo capitalista, es decir, hasta la geografía europea.  Contamos con la repetición bélica, en el contexto de la modernidad tardía o una posmodernidad; es decir estamos asistiendo a desplazamientos en la transformación misma de la guerra. Guerras que, en parte pueden considerarse virtuales, sin dejar de ser reales, sin dejar de ser virulentas. Guerras donde se usan tecnologías avanzadas, de ultima generación, probando su eficacia destructiva.

 

En el transcurso de estas guerras hemos asistido a distintas tonalidades de destrucción, desde la destrucción del Líbano, pasando, antes, por la destrucción de Libia; posteriormente, recientemente, la destrucción de Siria. Solamente dando algunos nombres y casos dramáticos.En todos estos casos tenemos la guerra como desenlace de las contradicciones profundas del sistema mundo capitalista y de la geopolítica del sistema mundo capitalista. Habría que situarse en cada uno de estas guerras para evaluarlas en su singularidad y entenderlas mejor; no es el momento de hacer esto, lo que nos interesa es hacer un seguimiento de los desplazamiento del mismo enunciado inmanente de “guerra justa”, desplazamientos que van modificando los discursos, el sentido emitido por los discursos, dependiendo de la singularidad. Un desplazamiento notorio se hace evidente cuando asistimos a la emergencia de el Estado Islámico, que lanza una “Guerra Santa” contra los infieles, contra los endemoniados, contra el imperio del demonio; entonces, es cuando la guerra vuelve a convertirse en una guerra santa, en una guerra religiosa. Ocurre como si retrocediéramos a la época de las cruzadas, el discurso retrocede a otro contexto del pasado; reaparece ese tipo de guerra, por lo menos en la enunciación, de manera anacrónica. Sin embargo, en la contemporaneidad puede ser considerada de manera distinta,  como dicen Antonio Negri y Michael Hardt, se trata de configuraciones fundamentalistas posmodernas.

 

Entonces, podemos concluir, en esta parte del ensayo, que se trata de un enunciado repetido, cuya escasez sostiene desplazamientos conceptuales. El enunciado de la guerra justa, cuyo armazón discursivo va a ir modificándose en la medida que hay desplazamientos en el contexto de la geopolítica del sistema mundo capitalista, en el nuevo orden mundial, y en la configuración de las contradicciones específicas, donde las mismas contradicciones derivan en el desenlace bélico, empero, adquiriendo un perfil singular diferente, dependiendo de la coyuntura, del contexto nacional, regional y mundial.

 

En la actualidad, en la guerra de Ucrania, asistimos también a la repetición del mismo enunciado, repetido en su desplazamiento y mutación, en la acepción anacrónica de guerra cultural, manejada por los voceros de la Federación de Rusia. Se utiliza la noción de guerra de defensa, contra la amenaza, latente y extendida de la OTAN, al promover la incorporación de Ucrania a la OTAN, amenazando, de esta manera, a la Federación de Rusia y rompiendo acuerdos establecidos con anterioridad. Desde la perspectiva de Ucrania, teniendo en cuenta el discurso emitido por el gobierno de Ucrania, asistimos al discurso de la defensa de la nación contra la invasión del ejército ruso; la invasión resulta interpretada como delito en el marco del derecho internacional,  siendo Ucrania un país soberano. En lo que respecta a los discursos que emite la OTAN, se trata de la acusación a la Federación de Rusia por desatar una guerra injusta, una guerra no justificada, de ocupación, de invasión y destrucción de ciudades. Al respecto, a propósito de esta denuncia, debemos acordarnos que antecedieron otras guerras desplegadas por la Federación de Rusia, por lo menos dos son conocidas; una tiene que ver con la guerra de Chechenia, en realidad dos fases o dos guerras de Chechenia, y la guerra de Georgia. Sin embargo, tampoco hay que olvidar la guerra de Kazajistán. Como se podrá ver estas guerras tienen que ver, precisamente, con la argumentación  geopolítica, que supone la estrategia geográfica  heredada desde la Unión Soviética, sin embargo, es conveniente, en la comprensión, ir más lejos y remontarnos a la geopolítica del imperio zarista. La Federación de Rusia se sitúa en  la condición de “imperio” amenazado permanentemente, por la independencia de Chechenia, por la independencia de Georgia, por las movilizaciones militares musulmanas, recientemente por la soberanía de Ucrania.

 

 

 

Descripción de la genealogía de las guerras en la historia reciente

Breve descripción de las guerras de la Federación de Rusia

 

Las dos guerras de Chechenia

A finales de 1994, después de haber tolerado la independencia de facto de Chechenia durante tres años, el Kremlin convoca a su ejército para intervenir en el conflicto de Chechenia, volver a situar bajo la gravitación rusa a la república del Cáucaso ruso. Sin embargo, el ejército ruso enfrenta una tenaz resistencia; en consecuencia, el ejército ruso se ve obligado a retraerse el año 1996. Sin embargo, tres años después, en 1999, comenzando el influjo del primer ministro Vladimir Putin, que va a ser elegido posteriormente  presidente, el ejército ruso vuelve a ingresar en el conflicto checheno, ahora con el argumento de una «operación antiterrorista»; esto considerando el ataque de los independentistas chechenos contra la república caucásica rusa de Dagestán, además de otros atentados en la propia Federación de Rusia; estos atentados van a ser atribuidos a las organizaciones beligerantes chechenas. Un año después, en febrero de 2000, el ejército ruso reconquista la capital, Grozny, que fue arrasada por la artillería y la aviación rusas. Sin embargo, la guerra de guerrillas continuó la lucha. Nueve años después, el 2009, el Kremlin decretó el fin de su operación, a un costo muy alto, de decenas de miles de muertos en ambos bandos.

 

La denominada guerra relámpago ruso-georgiana

El año 2008, Georgia fue escenario de otra guerra; lanzó una operación militar contra Osetia del Sur, un territorio separatista prorruso, espacio geográfico que escapó del control de Tiflis. Esto había acontecido desde la caída de la URSS, desatándose una guerra a principios de la década de 1990. El presidente georgiano, Mikheïl Saakachvili, declaró que el ataque georgiano respondía a las presiones militares rusas, notorias en la frontera. 

En contraposición la Federación de Rusia optó por la  represalia militar, enviando al ejército a territorio georgiano. El desenlace derivó, durante un fugaz lapso de cinco días, en la victoria de las tropas rusas; derrotaron patentemente a la antigua república soviética, que formó parte de la URSS. En consecuencia, el Kremlin reconoció la independencia de Osetia del Sur y Abjasia, esta última otra provincia separatista. A partir de entonces, la Federación de Rusia mantiene una fuerte presencia militar.

 

Conflicto en Ucrania

La guerra se trasladó al oeste. El año 2014, como consecuencia del desenlace del movimiento pro-Unión Europea de Maïdan, que provocó la huida del presidente Víktor Yanukóvich a Rusia, el Kremilin decidió anexionar la península ucraniana de Crimea al espacio geográfico de la Federación de Rusia. En este contexto de la anexión, emergieron movimientos separatistas prorrusos en el este de Ucrania, en Donetsk y Lugansk, regiones del Donbass, fronterizas con la Federación de Rusia. Las citadas flamantes  repúblicas autoproclamaron su independencia; lo que desató un conflicto armado.

El gobierno de Ucrania, con sede en Kiev acusó a la Federación de Rusia de apoyar a los separatistas, enviando tropas de “voluntarios” y equipos de guerra. El conflicto bélico ha disminuido su intensidad desde el 2015, contando con la firma de los Acuerdos de paz de Minsk. 

Empero, a pesar de los Acuerdos de paz , aproximadamente desde finales de 2021, el Kremlin se embarca  en masivas maniobras militares terrestres, aéreas y marítimas, alrededor de la frontera ucraniana. Se cuantifican hasta más de 150.000 efectivos movilizados. Al cabo de unos meses inciertos, el presidente de la Federación de Rusia, Vladimir Putin, reconoció la independencia de las dos repúblicas secesionistas; esto ocurrió el 21 de febrero; inmediatamente después ordenó el despliegue del ejército concentrado en la frontera, seguidamente anuncia una «operación militar especial”. Esta incursión punitiva fue calificada por el Ministro de Asuntos Exteriores ucraniano como una «invasión a gran escala».

 

Las dos guerras de Nagorno Karabaj

La primera guerra del Alto Karabaj se remonta al conflicto armado, que ocurrió entre febrero de 1988 y mayo de 1994, en el pequeño enclave armenio del Alto Karabaj  o Nagorno Karabaj, en la región sureste del Cáucaso; una antigua provincia de la URSS,  poblada por una minoría azerí y una mayoría de armenios, rodeada completamente por la República de Azerbayán. La primera guerra del Alto Karabaj (1988-1994), entre Armenia y Azerbayan, tuvo como desenlace la victoria Armenia.

 

La segunda guerra del Alto Karabaj fue un conflicto  armado entre las fuerzas armadas de Azerbaiyán y la República de Artsaj, en la región del Alto Karabaj,  contra Armenia; el conflicto bélico se dio lugar entre el 27 de septiembre y el 10 de diciembre de 2020. Después se llegó a un acuerdo del alto el fuego,  promovido por la federación de Rusia.

 

La intervención del Kremlin, del presidente Vladímir Putin, puso fin a las duras hostilidades en el conflicto bélico de Nagorno Karabaj. La cruenta guerra entre tropas armenias y azerbaiyanas por el montañoso enclave se cobró miles de vidas. Se habla de cuarenta y cuatro días de combate, en los que Turquía intervino; apoyo que ayudó a inclinar la balanza definitivamente a favor de Azerbaiyán.

 

Intervención de la Federación de Rusia en Siria

En el año 2015 la Federación de Rusia interviene en el conflicto de Siria. Ha desplegado un contingente militar en Siria, apoyando abiertamente al cuestionado presidente Bashar al-Assad. La intervención rusa, empleando mortíferos bombardeos y efectuando destrucción masiva, sobre todo de ciudades, ha cambiado el curso de la guerra y ha permitido al régimen de Damasco obtener victorias decisivas, recuperando el terreno que había perdido frente a los rebeldes y los yihadistas.

El Kremilin tiene dos bases militares en Siria: el aeródromo de Hmeimim, en el noroeste, y el puerto de Tartus, en el sur. Se trata de alrededor de 63.000 soldados rusos involucrados en la campaña de Siria.

 

Breve descripción de las guerras de la OTAN

 

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) emergió, durante los primeros lapsos inciertos de la guerra fría, en 1949 con la firma del Tratado de Washington por parte de Estados Unidos, Canadá y 10 países europeos: Reino Unido, Francia, Italia, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Dinamarca, Noruega, Islandia y Portugal. En 1999, casi diez años después de la caída del Muro de Berlín, la OTAN admitió entre sus filas a tres exmiembros del disuelto Pacto de Varsovia: República Checa, Hungría y Polonia. Otros países que pertenecieron al antiguo bloque soviético se unieron a la OTAN en 2004: los estados bálticos, Estonia, Letonia y Lituania, Bulgaria, Rumanía, Eslovaquia y Eslovenia.

 

Rusia quedó notoriamente molesta por la expansión de la OTAN a los países bálticos, que antes pertenecieron a la Unión Soviética y son vistos desde Moscú como parte de su «exterior próximo». Esa frase, usada comúnmente por políticos rusos, implica que los antiguos estados soviéticos no deberían actuar contra los intereses estratégicos de Rusia.

 

En la cumbre de la OTAN en Gales, Finlandia, que no es miembro, se compromete a firmar un acuerdo como país anfitrión con la alianza de 28 países. Quiere decir que Finlandia prestará a las fuerzas de la OTAN apoyo logístico, aunque no una base, en su territorio. Ningún país de la OTAN tiene una frontera tan larga con Rusia. Suecia también decidió firmar el acuerdo, pero en una fecha aún no establecida. Los dos países nórdicos ya cooperan estrechamente con la alianza y podrían convertirse en miembros en un futuro próximo.

 

A principios de 2008, la OTAN también consideró la perspectiva de una futura membresía a Georgia. El Kremlin lo vio como una provocación directa, lo mismo que los vínculos de la alianza con Ucrania. Recientemente, antes del estallido de la guerra, el primer ministro ucraniano, Arseniy Yatsenyuk, dijo que pediría al Parlamento despejar el camino para una solicitud de adhesión a la OTAN. Una medida similar había sido bloqueada por el expresidente Víktor Yanukóvich, amigo del gobierno de Moscú, derrocado en febrero tras masivas protestas en Kiev.

 

El desarrollo, encabezado por Estados Unidos, de un sistema de defensa contra misiles antibalísticos causó alarma en Rusia. La OTAN arguye que el escudo interceptor de misiles será puramente defensivo, no representa ninguna amenaza a Rusia y su intención es impedir, en el futuro, cualquier ataque con misil de un país problemático. En ese sentido, Irán y Corea del Norte son vistos como amenazas potenciales a la seguridad occidental. La Federación de Rusia dice que esperaba una sociedad de iguales con la OTAN en el desarrollo de ese sistema. Pero esa opción no prosperó y la alianza está comenzando a desarrollar los interceptores de misiles y radares en Rumanía, República y Polonia.

 

En diciembre de 2013, Rusia desplegó misiles tácticos móviles Iskander en su enclave de Kaliningrado, en respuesta al proyecto de la OTAN. La breve guerra de Rusia contra Georgia en agosto de 2008 agrió las relaciones con la alianza.

Durante la guerra, Rusia respaldó a los separatistas en dos regiones secesionistas de Georgia: Osetia del Sur y Abjasia. Rusia demolió a los militares georgianos, que habían tratado de reocupar Osetia del Sur. Rusia envió soldados a Georgia, en algún lugar muy cerca a la capital, Tiflis, y Occidente calificó las acciones de Moscú de desproporcionadas. Posteriormente, Rusia reconoció a las dos regiones como independientes, pero, en realidad se trata de un conflicto congelado, pues no han sido reconocidas internacionalmente. La alianza suspendió el Consejo OTAN-Rusia creado en 2002, posteriormente, en respuesta, Rusia suspendió la cooperación militar con la OTAN. Las relaciones se descongelaron al año siguiente.

 

La Federación de Rusia, una aliada histórica de Serbia, ha apoyado incondicionalmente a Belgrado en el problema de Kosovo. Serbia nunca aceptó la secesión de Kosovo, lograda con ayuda de la OTAN en 1999, aunque acordó no bloquear el camino de su antigua provincia a la membresía de la Unión Europea. Muchos otros países también rechazan la declaración de independencia de Kosovo en 2008.

En resumen, la Federación de Rusia congeló la cooperación militar con la OTAN poco después de que la alianza lanzó en 1999 incursiones de bombardeos a gran escala en Serbia.

Kosovo, mayormente poblada por albaneses étnicos, se separó en una insurrección armada por separatistas, durante la cual la violencia descomunal fue elocuente; se dio a conocer la indignación internacional por la brutalidad de las fuerzas de seguridad serbias. La OTAN intervino cuando los civiles huyeron en masa de los serbios, hacia los países vecinos. Durante esa intervención hubo un tenso enfrentamiento con tropas rusas en la capital, Pristina, que se desactivó rápidamente.

 

En 2007, Rusia suspendió su cumplimiento del Tratado de las Fuerzas Armadas Convencionales en Europa (FACE). El tratado, que limita la cantidad de equipo militar clave en regiones designadas; fue firmado por países occidentales y exintegrantes del Pacto de Varsovia en 1990. Fue revisado en 1999 para tomar en cuenta a los exsatélites soviéticos que se incorporaron a la OTAN. Sin embargo, la alianza, a diferencia de la Federación de Rusia, se negó a aprobar las actualizaciones, insistiendo que Moscú debía antes retirar las tropas que le quedaban en Georgia y Moldavia.

 

En el reciente periodo del conflicto bélico desatado la OTAN anunció planes para desplegar una fuerza de respuesta rápida de varios miles de soldados en el este de Europa, cerca a las fronteras de Rusia.

La fuerza, compuesta de soldados de los países miembros en rotación, podría ser movilizada en un lapso de cuarenta y ocho horas. Semejante acción socavaría aún más el FACE, aunque la OTAN insiste que la nueva fuerza no tendrá nuevas bases permanentes[1].

 

 

Análisis de la genealogía de la guerra en la historia reciente

 

En lo que se ha venido mencionando en la historia de Ucrania, en la historia del imperio zarista con respecto a Ucrania, después la historia de la URSS con respecto a Ucrania, se han recordado intervenciones genocidas, tanto del imperio zarista, así como del social imperialismo soviético de la era estalinista, sobre todo en pleno periodo de la represión bolchevique contra los campesinos ricos, contra los Kulak, pero también contra los campesinos pobres. Particularmente cuenta para el análisis la represión a los campesinos de Ucrania. Otro hilo a seguir, como se podrá ver, sin olvidar que hay varios hilos a seguir, por lo menos cuando se tiene que hacer la descripción y el análisis de lo que ocurre en la coyuntura álgida de la guerra de Ucrania. Es indispensable tener en cuenta varios hilos de estos tejidos de la guerra actual, desatada en Ucrania; el análisis del presente a partir de una mirada retrospectiva del pasado. Sin olvidar la deconstrucción de los discursos de legitimación de la guerra, que tienen que ver con la propaganda ideológica y mediática, que tienen que ver con la retórica bélica, con la invención de los «argumentos», insostenibles por cierto, que se emiten a través de los medios de comunicación y las redes. Estas prácticas discursivas son efectuadas en ambos bandos. En las cuales se observan desplazamientos y procedimientos de desinformación sobre lo que acontece en la guerra, salvo contadas excepciones de algunos medios más serios, que mantienen un mejor perfil, mas objetivo, por así decirlo, del manejo de  la información y buscando una adecuada descripción de los hechos, buscando lograr la realización de las noticias.

 

Llama la atención en este juego desinformativo de ambos bandos, el lamentable papel de una pretendida izquierda, revolucionarios de pacotilla, que creen que la Federación de Rusia sigue siendo la Unión Soviética. Consideran que se trata de una guerra entre la herencia de la URSS y los estados imperialistas de occidente, olvidando que la Unión Soviética implosionó. Peor aún, olvidando las discusiones que se dieron durante la época de la Unión Soviética, caracterizada como social imperialismo por Mao Zedong, definida como régimen burocrático por León Trotski,  caracterizada como contrarrevolución dentro de la revolución por el anarquismo. Esta “izquierda” oficialista habla como si no hubiera pasado absolutamente nada, como si no hubiera habido una crisis terminal en la Unión Soviética y en los Estados del socialismo real, de la Europa oriental, como si no se hubieran derrumbado estos regímenes burocráticos. De manera irreflexiva, tenazmente, mantienen el cuento de que estamos asistiendo a algo parecido a una lucha de la Unión Soviética contra los imperialismo occidentales. Semejante “argumentación”, por ciento, es insostenible, desde todo punto de vista; desde un punto de vista histórico, desde un punto de vista político, desde un punto de vista sociopolítico. Sin embargo, esta retórica fofa se mantiene contra viento y marea, ciegamente. Se trata de una retórica muerta, emitida como ruido, en la inercia, para convencer sobre la “legitimidad” de la invasión rusa a Ucrania. En todo caso, se trata de una guerra interimperial, de uno de los desenlaces de la crisis inter-imperial, de la crisis de dominación del nuevo orden mundial. En el contexto de la crisis se busca lograr una reorganización geopolítica, entre las potencias que forman parte del centro del nuevo orden mundial. Por un lado, están los países componentes de la OTAN; por otro lado, están la Federación de Rusia y la República popular de China. Ambos bloques del sistema mundo capitalista forman parte la élite de la dominación mundial; se trata de la composición piramidal del orden mundial de las dominaciones, donde se tiene una suerte de aristocracia, después una especia de oligarquía; la cúspide piramidal del orden imperial es defendida por la gendarmería de la hiperpotencia de los Estados Unidos de Norte América.

 

En conclusión, estamos ante una crisis interimperial y uno de los desenlaces de esta crisis. Como dijimos, ninguna guerra  se justifica o ninguna guerra se justifica por sí misma, ninguna guerra es justa.

No se justifica ninguna intervención bélica, tanto de la Federación de Rusia como de la OTAN. No es un argumento la premisa de defensa de la Federación de Rusia, tampoco, ni mucho menos, el pretendido argumento de la defensa de occidente, del Estado liberal, del estilo de vida del sueño americano, convertido en pesadilla. Desde las guerras de Chechenia hasta la guerra de Ucrania los mismos oficiosos publicistas, propagandistas, sin imaginación, llegan al reclamo de por qué se habla tanto de la destrucción en Ucrania y no se habla de la de bombardeo de Gaza, el bombardeo en Siria o los bombardeos en Libia; olvidan que han habido medios y analistas que han criticado esos bombardeos e intervenciones. Por otra parte resulta absurdo decir que si los imperialistas han destruido Siria, Libia y Yugoslavia, además de que el Estado de Israel bombardea Gaza, se justifica que los rusos hagan lo mismo en Chechenia, Georgia, Kazajistán y Ucrania. No se dan cuenta que lo que están diciendo es una barrabasada. Lo único que hacen es evidenciar que ambos bandos se parecen.

 

Estamos ante la emisión de discursos sin contenido argumentativo serio,  que emiten argumentos insostenibles, sin que se inmuten los voceros, ni sonrojen. Como dijimos, hay que entender que se trata de la inercia discursiva, es decir, aunque no tenga sentido repetir y se insista en la mentira, pretendiendo que la mentira se convierta en verdad; la mentira no se transforma en verdad, por más insistencia y repetición que se efectúe. Aunque se logre convencer provisionalmente, solo ocurre de manera imaginaria, lo que no dura mucho tiempo; como dice el refrán popular, la mentira tiene patas cortas.

 

 

Anotaciones sobre la muerte de la retórica, la argumentación

y la ideología

 

El mundo del espectáculo y de la simulación es un acontecimiento imaginario, donde la inercia, es decir, la repetición forzada y el eco mediático, juega un papel en la retórica, en el sentido antiguo de la palabra, en la retórica clásica, por así decirlo; en cambio en la actualidad, cuando esta práctica de retórica ha desaparecido, solo ronda el sentido desgastado de la palabra. Esto es lo que ocurre en la contemporaneidad, se trata de la retórica inútil, pero que es usual en tanto y en cuanto llene un vacío, el vacío de información, el vacío de la descripción y el vacío de análisis. En este caso, la realidad es un producto comunicacional, un producto mediático, un producto virtual, de la desinformación de las redes. Hablamos también de la manipulación, que es lo que único que se habría mantenido como perfil del arte del convencimiento, empero de manera des-contextuada, sesgada, separada del conjunto emotivo y de emisión de la retórica. Cierta forma de manipulación, en el sentido del arte del convencimiento, buscaba lograr la empatía del público del auditorio. En la retórica moderna de lo que trataba es de convencer a través de la imitación de argumentos, aparentemente descriptivos y con pretensiones analíticas, pero que forman parte definitivamente de discursos ideológicos, cada vez más fofos. En el siglo XXI habría desaparecido incluso la ideología, sobre todo en su forma ultimatista, correspondiente al siglo XX, tanto en su versión nacional socialista como en su versión del socialismo real, del estalinismo, así como en su versión del discurso único liberal, que adquiere una connotación apabullante durante la irradiación neoliberal y la aplicación de los proyectos de ajuste estructural. Lo que habrían cambiado son los contextos donde se mueven los «argumentos» insostenibles, que, sin embargo, no dejan de tener impacto. Tienen su impacto no solamente en tanto desinformación, en tanto incomunicación, en tanto fake news, falsas noticias, sino también tienen impacto en tanto y en cuanto llenan un vacío de sentido. Lo que queremos decir es de qué hay un vacío analítico, un vacío descriptivo, un vacío de información, un vacío de objetividad, entonces se llena ese vacío con la simulación de retórica. El vacío es síntoma de la decadencia generalizada, expresa, de una manera alarmante, el alcance de la crisis de la conciencia social e histórica, incluso crisis ética y moral. La cultura como tal, que comprende conglomerados de cultura, memoria y resguardo del sentido, habría desaparecido, es sustituida por  el sistema mundo cultural de la banalidad.

 

Asistimos al desenvolvimiento de una guerra cruenta, sin embargo, ya no hay el esmero en informar propiamente, en emitir noticias como corresponde, incluso en comentar pertinentemente. Durante la primera y segunda guerras mundiales, por lo menos todavía quedaba cierta herencia de la retórica, de la argumentación, de la información, una búsqueda y esfuerzo por la justificación ideológica. Aunque también es el periodo bélico de la bifurcación de esta herencia, pues es cuando comienza a usarse la propaganda partidaria, la publicidad, incluyendo al cine, en gran escala, para convencer a las masas. Sobre todo tratándose de la segunda guerra mundial, cuando se enfrentan los dos discursos de carácter universal, el liberal y del socialismo real, compitiendo también el discurso nacional socialista, el discurso nazi, aunque este no tenga pretensiones universales sino de supremacía nacional.

 

Volviendo al tema, ninguna guerra es justa. No vamos a discutir aquí si la guerra de defensa es justa; la defensa ya supone una guerra desatada, de agresión, que ya ha estallado. Nos referimos a esa guerra, la inicial, aunque la defensa sea justa. La guerra misma no puede ser justa, es una guerra de destrucción, si es que no es de exterminio y, peor aún, cuando nos referimos, desde nuestra propia perspectiva, en el continente de Abya Yala, a las guerras de conquista, que han dado lugar a la incorporación del continente al sistema mundo capitalista o, mas bien, dicho apropiadamente, con las guerras de conquistas en el continente de Abya Yala se ha conformado el sistema mundo capitalista, se ha constituido globalmente el modo de producción capitalista. A partir de la conquista del continente de Abya Yala, a partir de la colonización y la esclavización generalizadas. En consecuencia, en vez de retórica, lo que tenemos no es tanto un esfuerzo por convencer sino esfuerzo por mantener el ruido en el ámbito de la inercia. Cuando los desplazamientos fácticos, las violencias bélicas, se dan sin la necesidad del esmero discursivo, el discurso viene después, de una manera improvisada. No hay un esfuerzo por convencer, el arte de la argumentación, tampoco hay alguna intención de parar la acción bélica, sino que mediante el discurso mediático se buscar una cierta “legitimidad” imposible. La guerra no es legítima, si no es justa no es legítima, mucho menos cuando se trata de la invasión. No nos referimos solamente a la reciente invasión de la Federación de Rusia a Ucrania, sino que tenemos en cuenta la recurrencia anacrónica a la geopolítica por parte de los bandos involucrados. Tanto de la OTAN, que a pesar de finalizar la guerra fría ha mantenido su inclinación geopolítica de control territorial y de expansión, así como de la Federación de Rusia, que no esconde su anacrónica inclinación geopolítica, emitiendo un discurso imperial de proyecto hegemónico cultural, por lo menos eurasiático. En este contexto de concurrencia geopolítica hay que incorporar a la primera potencia económica, a la República Popular de China. En resumen, ninguna de las potencias involucradas  han salido de los juegos geopolíticos, sino que los mantienen y los extienden; en el caso de la República Popular de China, imprimiendo su propio sello asiático. En otras palabras, hay que comprender y entender la guerra de Ucrania como parte de estos juegos de poder de los señores de la guerra del capital, juegos geopolíticos.

 

Hemos dicho que estamos ante “argumentos” insostenibles, correspondientes a discursos de inercia, en un contexto de decadencia posmoderno, en una guerra anacrónica, de una conflagración sin horizontes. Se trata de la concurrencia interimperialista o, mas bien, mejor dicho, interimperial, sin embargo, hay que evaluar las dinámicas complejas inherentes de la guerra. No atenerse tanto a los “argumentos” insostenibles vertidos de este discurso de inercia, sino intentar hacer un análisis desde la perspectiva de la complejidad de la guerra, en el caso que nos ocupa, de la guerra de Ucrania, aunque también de las guerras anteriores de la historia reciente.

 

Parece menester volver a las teorías nómadas, que son parte de episteme compleja, es decir, del pensamiento complejo. Habíamos dicho que el modo de producción capitalista, que forma parte, como contenido nuclear metodológico, del sistema mundo capitalista, contiene implícitamente la estrategia de producción por la producción; pero, también se trata del modo de antiproducción. El capitalismo se desarrolla destruyendo no solamente los ecosistemas, no solamente los cuerpos, que se someten al trabajo, en principio a la esclavización generalizada y después a la esclavización encubierta, que es el trabajo que se da sobre todo en las periferias del sistema mundo capitalista, sino también por que recurre a la guerra como procedimiento de destrucción. Destrucción de lo que tiene como stock, que no puede venderse, debido a la crisis de sobreproducción, destrucción de ciudades y genocidio de poblaciones. La destrucción del stock es parte de la rehabilitación del desarrollo del modo de producción capitalista.

 

Hay que tener en cuenta no solamente las fenomenologías de los espesores territoriales, que tienen que ver con el referente de las teorías nómadas, en un devenir territorialización, devenir desterritorialización y devenir reterritorialización. Se observa que el capitalismo responde a la desterritorialización, en un nivel superior a la desterritorialización dada en el imperio antiguo, empero se produce también una reterritorialización institucional cuando se reinstaura el Estado oriental, en pleno desarrollo del modo capitalista, en la forma de Estado nación, Estado liberal, que es el Estado moderno, incluyendo sus deformaciones y adulteraciones. Sobre todo después, con el desborde geopolítico del imperialismo, que articula perversamente Estado y capital financiero, en una escala de expansión mundial. Podemos comprender las contradicciones actuales en la guerra de Ucrania, cuando, de manera anacrónica, se reviven las figuras del imperialismo, las figuras del imperio antiguo y la figura de un imperio posmoderno restringido, a una parte de este conglomerado de las dominaciones, como hemos escrito en El eterno retorno de la guerra.

 

La estrategia de la antiproducción, que supone la guerra, para reanimar, paradójicamente, la producción, se relaciona con la antipolítica, en plena era del espectáculo y de la simulación. Al respecto, vamos a traer a colación la tesis de los flujos dinerarios, como parte de la fenomenología de la fetichización generalizada, sobre todo de la máquina fabulosa de la fertilización, que es la ideología. Decimos que la economía, en tanto ideología, corresponde a distintos flujos dinerarios. Incluso podemos distinguir flujos dinerarios de acumulación respecto de flujos dinerarios de compra y venta, de pago, que sirven también para pagar salarios ysueldos. Esta diferencial de flujos dinerarios se recicla nuevamente o vuelven a los flujos dinerarios de la acumulación, que es propiamente la valorización del capital. Existe el dinero fluido en contraposición al dinero de compra, esta distinción es importante porque implica distintas cualidades, distintos espacios, en los que se mueven estas cualidades y, por lo tanto,exigen distintas cuantificaciones. No son lo mismo, el salario no es capital y no es susceptible de capitalizarse, puesto que sirve como dinero de compra de bienes de consumo. En cambio el capital, el flujo de capital, la acumulación, la valorización, la plusvalía, es inmediatamente el capitalizable, es eso valorización dineraria. Solo el flujo dinerario capitalizable se valoriza. El salario y el sueldo vuelven al flujo dinerario capitalizable, una vez que se invierten, una vez que compran, una vez que se gastan en bienes de consumo. Se integran y se articulan los distintosflujos dinerarios; esta integración hace al capital. Es en esta articulación integrada del capital que tenemos que comprender la producción o la destrucción del capital, el stock de capital.Destrucción que tienen que ver con estrategias o desenlaces desde la salida de la crisis de sobreproducción, donde la guerra forma parte del modo de producción capitalista, forma parte del sistema mundo capitalista, no solamente como geopolítica, sino como parte del ciclo de la acumulación de capital. La guerra es de parte del ciclo de la valorización, que supone, paradójicamente, la muerte de parte del stock, para poder nuevamente habilitar o liberar los flujos de capital., para lograr nuevamente la acumulación. No hay que olvidar que la guerra forma parte del modo de producción capitalista, entonces falta entender a cabalidad que la guerra forma parte de el sistema mundo capitalista. Supone la destrucción que anima nuevamente la producción misma; solo así se da lugar a valorización.

 

 

Análisis de la guerra desde una mirada retrospectiva

 

Hablando de guerra, del eterno retorno de la guerra, del enunciado criticado por nosotros,enunciado evidentemente inherente a las distintas conceptualización, que se puedan haber hecho, que es el enunciado de la guerra justa, tenemos que tomar en cuenta otras guerras. Por ejemplo, las guerras que se han dado en las periferias del sistema mundo capitalista, particularmente no podemos olvidarnos de las guerras largas, que tienen que ver con la guerra de guerrillas, por ejemplo, en Colombia, que ha durado más de cuarenta años, solo considerando la guerra de guerrillas de las FARC. Si tomamos en cuenta otros escenarios, otros contextos, otras coyunturas, además de otros proyectos y desplazamientos de ejércitos guerrilleros en Colombia, podemos hablar de más de medio siglo, hasta, incluso, podemos hablar de los cien años de soledad, que hacen de referencia temporal de la novela de Gabriel García Márquez. Se tienes que tener en cuenta estas guerras, puesto que en estas guerras está involucrada la geopolítica de los Estados Unidos de Norteamérica, que, concretamente en Colombia, ha promocionado a los grupos paramilitares y al narcotráfico, sostienen al gobierno gamonal y al Estado narco de Colombia, tanto en las versiones de Álvaro Uribe, así como de Iván Duque. Otras guerras de guerrillas como las dadas en Nicaragua, que incluye la guerra de los “contras” contra la revolución nicaragüense. Ahora ha desaparecido la revolución, ahora lo que tenemos es un esquema paradójico y dualista de poder, simétrico y similar. En ambos lados, por un lado y por el otro, los supuestos enemigos, gobierno de derecha y gobierno de izquierda, tenemos a narco-Estados; ambas estructuras de poder se parecen, aunque no necesariamente en el discurso, donde se diferencian los perfiles políticos, pero solo en la apariencia ideológica. El Estado de Colombia y el Estado Bolivariano de Venezuela corresponden a similares  estructura de poder, comparten una parecida estructura del lado oscuro del poder.

 

Tomar en cuenta estas guerras amplia el panorama y la temporalidad, así como la cromática de la guerra. Nos da una perspectiva mucho más amplia y aguda de lo que estamos hablando. Incluso Podemos contar con una mayor perspicacia con relación a la guerra de Ucrania. Abordar mejor el análisis del presente a partir de una mirada retrospectiva del pasado. Al referirnos a las guerras previas a la guerra de Ucrania, a la genealogía de la guerra desde los tiempos del imperio zarista, habíamos hablado de los hilos de la guerra de la Federación de Rusia, desde las guerras de Chechenia hasta la guerra de Ucrania. Así mismo habíamos hablado de las otras guerras, en las que se involucraron la OTAN y los Estados Unidos de Norteamérica. La primera y la segunda guerra del Golfo, la intervención punitiva, bélica y destructiva en Libia, incluso los eventos bélicos que se han desatado en el Líbano, una guerra intermitente y larga, lo que sucede en la reciente ocupación de Irak, el mapa de enfrentamientos con con el ejército fundamentalista del Estado Islámico. Con estas ampliaciones con otros hilos del tejido del entramado bélico. Las intervenciones de los Estados Unidos de Norteamérica y de sus agencias de inteligencia, sus conspiraciones y sus maniobras secretas, que se conforman en la época en de la guerra fría, vinculadas a golpes de Estado, además de otro tipo de sabotajes. Si bien se pueden considerar desplazamientos   en el contexto contemporáneo, modificando los estilos políticos, cierta incumbencia perversa no ha cambiado, por ejemplo, en lo que respecta a lo que acabamos de decir, al apoyo norteamericano al gobierno conservador de Duque y al narco-Estado de Colombia. Como se verá hay varios hilos con relación a la genealogía de la guerra. Tomando en cuenta el arte del tejido en el análisis podemos intentar una interpretación compleja de la guerra, a su vez, más completa de la guerra, de la historia de la guerra, de la genealogía de las guerras, de sus diferencias y singularidades, de sus matices contextuales, efectuando una interpretación más cabal de la guerra de Ucrania.

 

Podemos decir, lanzando hipótesis interpretativas, que no solamente hay guerras en la historia moderna, sino que la guerra es parte intrínsica de la historia moderna, la guerra es parte intrínseca del desarrollo capitalista. Lo hemos dicho, sin embargo, lo que queremos hacer es insistir y remarcar más en esto, hasta convertirlo en otro tipo de enunciación. Hablamos de que la historia es la historia de la guerra, aunque suene un tanto exagerando, dibujando una figura extrema, pero esta exageración, esta figura extrema, nos podría ayudar hacer una mejor interpretación de lo que está ocurriendo. Es como si dijéramos que no podemos salir de la guerra, la guerra está íntimamente vinculada la civilización moderna, a la misma existencia del sistema mundo capitalista; la guerra es intrínseca a la geopolítica del sistema mundo capitalista, al modo de producción capitalista y, como hemos dicho anteriormente, al modo de destrucción capitalista, que tiene que ver con la guerra. Se trata de una forma de volver habilitar la gestión de la valorización, de la acumulación ampliada de capital; entonces no solamente se trata de una crítica de la razón de Estado, de la irracionalidad de la guerra, de la crítica de la crisis interimperial, de sus múltiples disputas y distribuidas conflagraciones, así como concurrencias por la jerarquía de la dominación mundial en el orden global. Se trata de algo estructural, algo inmanente a la estructura misma del sistema mundo capitalista y del modo de producción capitalista, que tiene que ver con la guerra; no solamente con la competencia, que es lo que mitifica el discurso neoliberal, sino con la guerra misma, la competencia extrema como guerra. La guerra no solamente está en el horizonte, en la proyección histórica, no solo que es intermitente, tampoco solo está en los ciclos largos del capitalismo, sino que la guerra es una especie de inmanencia, abusando del término, es esencial; como si dijéramos que estamos en un modo de producción maldito, para jugar con esa figura la civilización moderna maldita. Un sistema mundo capitalista maldito, que constantemente va a hacer emerger desde adentro de la guerra. No se puede escapar de la guerra.

 

Lo que decimos es importante incluso como consecuencia en términos operativos. De alguna manera se puede disponer de esta perspectiva como crítica a los que se apegan, de manera inocente, a la diplomacia, como si pudiera detener la guerra o las estrategias políticas internacionales, como si pudieran detener la guerra las normas internacionales, las buenas intenciones y exigencias, que garantizan distintos organismos internacionales, incluso involucrando a los gobernantes implicados en la guerra. No es un problema de voluntades, se trata de la inmanencia estructural y de la estructura inmanente al sistema mundo capitalista;por lo tanto, parar la guerra implica parar al sistema mundo capitalista, suspenderlo, mejor clausurarlo.

 

La guerra como núcleo inicial del nacimiento del Estado

 

Volviendo al tema de la guerra, a la crítica de la guerra como acontecimiento inherente, inmanente al modo de producción capitalista, al sistema mundo capitalista, e incluso a las civilización moderna, vamos a acordarnos de aquellas tesis de las teorías nómadas que interpretan la deuda infinita como la inoculación del primer acto de dominación, propiamente dicho. Por parte, como acto inaugural de inscripción inicial del déspota, la encarnación misma de la deuda infinita, del acreedor absoluto del pueblo, de los pueblos encerrados en el imperio. La moneda es, desde ya, desde sus orígenes, una invención del Estado, más que ser una invención del mercado. La clave del nacimiento de la moneda es el tributo, no como piensa la economía política y como piensa la economía clásica, atribuyéndole al mercado y al intercambio el nacimiento de la moneda. No es así, desde la perspectiva de las teorías nómadas; la moneda es una invención del Estado para pagar el tributo, para facilitar la cuantificación del tributo; primero tributo en especie, luego tributo monetario. La misma es una materialización, la anticipación  del rostro del déspota, es el sello del poder. El poder que recorre con la  circulación monetaria, que atraviesan los mercados los circuitos y los intercambios, apoderándose de parte de la energía social, convirtiendo esa apropiación en huella de expropiación, a través  del tributo. Estamos hablando de la moneda como mecanismo del tributo, pero también estamos hablando de la moneda como sello del déspota del imperio. Por donde circula la moneda es por donde se extiende el imperio, incluso donde irradia el imperio, extendiéndose, yendo más allá de sus fronteras. De esta modo, de alguna manera, podríamos deducir también, interpretando especulativamente, que el mercado es una invención del Estado despótico, es una invención del imperio. No es que nace el mercado, en la libre gestión y determinación de los usuarios, de los vendedores y compradores; otra invención, otro mito liberal, otro mito de la economía política y de la economía clásica y neoclásica, mito heredado por la economía neoliberal.

 

Es el estado que está al inicio de estas genealogías e historias, sobre todo de la historia del modo de producción capitalista. ¿Cómo nace el modo de producción capitalista? El marxismo concibe el modo de producción capitalista como parte de la liberación de fuerzas, establecimiento de un contrato económico, entre propietarios no trabajadores y trabajadoras no propietarios; esta tesis forma parte del mito liberal. Marx no deja de ser liberal en este tipo de tesis, olvida que se da antes el nacimiento de dominación, el nacimiento de poder, que da lugar no solamente al mercado, no solamente el tributo, sino al mismo modo de producción capitalista; el modo de producción capitalista supone no solamente lo que dice Marx, una masa crítica monetaria, que se transforma de dinero, a partir de un punto de inflexión, en capital, sino que supone el monopolio de los medios de producción. Monopolio, que, de por sí, es ya una dominación. Desde la descripción de la historia del capitalismo, el capitalismo tiene que ver con la metamorfosis de los terratenientes, que se desplazan socialmente, siendo nobles se convierten en burgueses, contando con su monopolio de la tierra,  convertido en monopolio dinerario, en monopolio de capital y en monopolio de medios de producción. Estos nacimientos no pueden ser olvidados, de ninguna manera, sin embargo, lo que nos interesa fundamentalmente es que se produce una nueva desterritorialización con el nacimiento del capitalismo. Concebido metafóricamente como desierto, cuando se produce la decodificación extrema. Se da lugar como una liberación de fuerzas, una suspensión de la instituciones, cuando todo lo sólido se desvanece en el aire. Empero, de manera paradójica, aterradas por este desborde vertiginosos de la modernidad temprana, las clases privilegiadas, en este caso monopólicas, no quieren perder sus privilegio; son estas clases dominantes las que restauran el Estado. En consecuencia, jugando con nuestra propias hipótesis especulativas, el nacimiento del modo de producción capitalista, como tal, se da lugar en un momento de ruptura, de crisis del antiguo régimen, del viejo Estado, momento donde se suspende el Estado mismo y sus instituciones; la vertiginosidad desbordante de la modernidad temprana podía haber dado lugar a otra forma de sociedad y civilización, quizás transcivilización, sin embargo, las clases dominantes, aunque aburguesadas, no podían soportar esta situación y este devenir, prefirieron dar marcha atrás y restaurar el Estado, para garantizar la génesis de los monopolios.

 

No es pues la liberación de fuerzas lo que da lugar, propiamente, al modo de producción capitalista, sino la restauración de los monopolios y el retorno al Estado en su forma moderna, en su forma de Estado nación.

 

La genealogía del Estado moderno pasa por distintas formas, de Estado territorial, soberano y, a la vez, policial, se pasa al Estado disciplinario, propiamente moderno, después se pasa a la forma de Estado flexibilizado, en el contexto del diagrama de poder del control, cuando el objeto del poder ya no es el territorio, no es el cuerpo para disciplinar, sino la población. Hablamos de una forma de Estado de control, aunque también de simulación, cuyos efectos de masa son notorios, hablamos de los efectos estadístico de las políticas de población. El mecanismo apropiado de estas políticas es la institucionalización de la cuantificación demográfica. Con la forma de Estado del control, donde las políticas tienen efectos masivos, efectos estadísticos,entramos a la biopolítica, en el sentido que le da Michel Foucault. En sentido más preciso, Negri y Hardt, diferencian biopoder de biopolítica, siendo el biopoder la máquina de poder, siendo la biopolítica la espontaneidad y creatividad social.

 

Constatamos la genealogía del Estado, entonces nunca habría desaparecido el Estado, siempre estaba ahí, nunca se ha dado una especie de interregno, de paraíso social, donde habría desaparecido el Estado, salvo en el momento mismo, fugaz, de su suspensión, en pleno vacío de las instituciones cuestionadas e interpeladas. El Estado se suspende momentáneamente  para retornar monstruosamente. El Estado nace en el oriente, sabemos que se forman también ciudades Estado, por ejemplo en Grecia, pero todo esto no es pensable sin esa concepción territorial, que sufre la desterritorialización. Desterritorialización soberana, en tanto hablamos del soberano, del supremo, que es el déspota. No habría desaparecido el Estado con los desplazamientos de desterritorialización capitalista.

Volvamos a la hipótesis de la guerra de conquista, la guerra inicial, de instauración de la dominación, de invasión, de anexión y de expansión, que supone el monopolio simbólico de la nobleza o de un clan, convertido en una dinastía. Entonces el núcleo del Estado no es exactamente el Estado de excepción, como habíamos supuesto anteriormente, en otros ensayos y otras hipótesis interpretativas, sino que el núcleo del Estado es la guerra. No es un Estado de excepción porque para que haya Estado de excepción ya tiene que haber habido un Estado, en el sentido jurídico jurídico político; tiene que haber habido la ley, para que se decrete la ley de excepción. La guerra no es una ley, la guerra es un acontecimiento, en consecuencia, el acontecimiento inicial del Estado es la guerra.

 

[1] Leer de Laurence Peter Cinco conflictos que han enfrentado a la OTAN con Rusia. BBC.

 

El eterno retorno de la guerra

El eterno retorno de la guerra

Oikologías

El eterno retorno de la guerra

Raúl Prada Alcoreza

 

 

el-orfeon-de-babilonia

 

 

 

Vamos a intentar hacer un análisis correspondiente a la recientes crisis bélica en Europa, que compromete a la Federación Rusa y a la República de Ucrania, de manera directa, pero también compromete a la OTAN y a la República Popular de China, en acuerdo con la Federación Rusa y los gobiernos que apoyan a Vladimir Putin, en su acción de invasión a Ucrania. Entonces, compromete, si ustedes quieren, al mundo, pues como posibilidad incierta aparece la tercera guerra mundial; por lo tanto no estamos hablando de poca cosa, ni tampoco de una coyuntura cualquiera de la crisis múltiple de el Estado nación y del orden mundial, del imperio. Sino estamos hablando de una crisis altamente peligrosa por las consecuencias bélicas que se pueden desprender. En este sentido, nos interesa intentar un análisis de lo que está…

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Apuntes sobre la decadencia política

Apuntes sobre la decadencia política

 

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

 

 

 

 

Crisis en los espesores de la coyuntura 

 

El término crisis viene del latín, crisis, a su vez, deviene del giego κρίσις, que significa coyuntura de cambios, empero, en el uso pragmático usualmente se hace hincapié en el sentido de cambios desequilibrantes. Se trata de ruptura del equilibrio, incluso de descompensación y de desorden, apareciendo la crisis como amenaza.

La utopía civilizatoria

Las comunidades se convirtieron en sociedades cuando extendieron sus asociaciones en las expansiones y continuidades territoriales, convirtiendo las filiaciones consanguíneas en alianzas territoriales. En la medida que los nudos sociales, concentrados, en las ciudades emergentes, se convirtieron en paradigmas de las formaciones sociales, se derivó en lo que se puede nombrar la evolución de las ciudades en lo que se conoce como civilización. La conformación de las civilizaciones responde a la configuración de las formaciones sociales en base al referente gravitatorio de las ciudades. Por eso, es indispensable, preguntarse, en el contexto de la crisis ecológica y la crisis de la civilización moderna, sobre las otras posibilidades alternativas, inhibidas por el decurso hegemónico y dominante de la arquitectura preponderante de las ciudades. Puede ser que haya habido y haya otras salidas, más allá de la civilización, empero esto solo se puede tomar en cuenta en la medida que estas otras salidas se vislumbren ante la mirada acuciante de la microhistoria crítica. Para responder a esta cuestionante es indispensable es menester hurgar sobre las posibilidades nómadas, también ante las posibilidades campesinas, de la vía campesina. 

 

 

De los pasos perdidos al siglo de las luces

Las dos novelas de Alejo Carpentier, Los pasos perdidos y El siglo de las luces, tienen nueve años de diferencia. También las narrativas se mueven en dos coyunturas distintas, aunque se podría decir que el contexto es casi el mismo, con la diferencia de temporalidad. Mientras Los pasos perdidos se mueven una coyuntura contemporánea al mediados del siglo XX, en tanto que El siglo de las luces se mueve en la segunda mitad del siglo XIX; sin embargo, la anterior novela fue publicada en 1953 y la segunda novela fue publicada en 1962. ¿Por qué el escritor se remonta al llamado siglo de las luces, después de haberse adentrado en los laberintos de una modernidad que podríamos llamar relativa a la historia reciente? No nos olvidemos que la revolución cubana se convierte en victoriosa en 1959 y que Carpentier va a ser representante diplomático de la triunfante revolución en París. ¿Se trata de una reflexión sobre la matriz cultural e ideológica de las revoluciones modernas, el iluminismo? En todo caso, se trata de hurgar en sus contrastes, en sus contrastaciones, en sus contradicciones profundas y manifiestas.

La decadencia estatal

No es un Estado sino una estructura mafiosa, una composición de dispositivos paralelos de poder que tomaron las estructuras institucionales del Estado. Entonces se tiene un gobierno que ejerce la dominación de las mafias, distribuidas en esta ocupación institucional y también territorial del Estado y del país. La escasa democracia aparente que quedaba se ha evaporado, lo que se tiene es el despliegue descarnado de la violencia en variadas formas y tonalidades, sobre todo el despliegue descarado de la judicialización y la violencia burocrática de magistrados, fiscales y jueces mafiosos. En este desenvolvimiento del terrorismo de Estado mafioso, las «elecciones» han terminado siendo instrumento de «legitimación» imposible de la dominación mafiosa de la burguesía rentista que gobierna.

El caudillo déspota

El Caudillo déspota, prestidigitador de promesas que no se cumplen, elocuente demagogo de poses que no comprende, máscara que encubre su compulsión por el poder que no tiene y confunde con la proliferante adulación grosera de llunk’us sin imaginación.

Delirio político

El delirio es un síntoma manifiesto de la decadencia de la casta política. Absorbidos en el desenfreno de la alocución desgarbada, empero estridente, se ahogan en la tormenta de emisiones bulliciosas, sin contenido y sin sentido. Pero creen que dicen algo, que hacen algo, cuando solo chapotean en el mismo pantano de la sin-razón. La política ha muerto y la casta política se mantiene artificialmente, alimentada por la maquinaria institucional estatal desvencijada.

Usufructo político de los héroes

Usan la imagen de los héroes, de los que dieron su cuerpo en plena entrega y acto heroico. Creen investirse del halo que deja su hazaña y su martirio, pero no hacen otra cosa que evidenciar su impostura, al usufructuar y desplegar comportamientos pragmáticos y oportunistas.

Sobre la desaparición de Marcelo Quiroga Santa Cruz

No hubo esclasificación de los archivos militares. A Marcelo lo llevaron herido al Estado Mayor y ahí lo torturaron hasta matarlo, el gobierno de Evo Morales fue cómplice de encubrir a los asesinos y de pactar con el ejército. El gobierno títere de Luis Arce Catacora continúa la complicidad y el encubrimiento, además de seguir con el teatro grosero de que se desgarran las vestiduras.

Perdidos en sus laberintos

 

Perdidos en sus laberintos discursivos y apócrifos, aturdidos por la evidencia de los hechos y la realidad efectiva, manoteando, ahogados en el fango, insisten, delirantes en el cuento sin imaginación del «golpe de estado». Es la muestra patética de la colosal decadencia.

Funcionarios del gobierno

Malos actores de una tramoya, que no tiene ni pies ni cabeza. Sin embargo, siguen adelante sin inmutarse de la evidente ridiculez en la que caen. No les importa, pues actúan para el entorno palaciego y la mermada masa elocuente de llunk’us. Fantoches despintados del teatro político.

El cretinismo funcionario llega lejos. Primero, a nombre de la defensoría del pueblo se avala el despotismo neopopulista; después, premiado como viceministro de gobierno, ejerce como verdugo. Los perfiles de la casta política se desdibujan, adquiriendo la diseminación del vacío.

Exvocal del Tribunal Electoral

Pobre diablo. Sin argumentos, sin dignidad, a partir de un momento, servil y sumiso a la forma de gobierno clientelar y corrupta neopopulista. Después de cerrar los ojos ante el escandaloso fraude que se perpetraba, después de decir que no sabía de los servidores clandestinos, ahora repite la patraña insostenible de que no hubo fraude. Este personaje es un ejemplo del derrumbe ético y moral de un profesional que perdió el decoro y la compostura.

Acto heroico del pueblo colombiano

Acto heroico del pueblo colombiano

 

Sebastiano Mónada

 

Acto heroico del pueblo colombiano

Rebelión en Colombia

Te levantas como volcán, emerges desde las profundidades.

Cavernas donde se guarnecieron los antepasados del comienzo

de todo, del nomadismo ligero, perseguidor de los rebaños,

que no huyen, sino buscan en la extensión interminable

de la tumba de su sombra.

Guardas en la memoria mineral de tus huesos la mirada de tus muertos.

Poblaciones asesinadas por las armas acumuladas por los señores de la propiedad,

cazadores de tierras, de la animalidad en fuga y de los bosques incinerados.

Los ancestros, memorias carnales de la tierra y de las piedras talladas,

jeroglíficos indescifrables por la ciencia de la lengua y la cultura,

no fueron dominados, tampoco conquistados, sino desaparecieron,

en la clandestinidad que ocasiona la mirada oscura de la luna.

¡Pueblo intenso de la cordillera y de la Amazonia!

¡Pueblo inmenso de los llanos y de los valles!

¡Pueblo de los bordes de los océanos ondulantes!

¡Pueblo, coraje resplandeciente y fogoso!

No pueden vencerte los que te temen y conspiran tu muerte.

Reinventas la rebelión intermitentemente, como arte creador

de la piel fulgurante deseada e imaginada por los dioses.

Son más de cien años, son siglos, los que laten en la compulsión

irreverente de tus gestos iconoclastas, destructores de imperios.

Me conmociono al saber de ti, rebeldía eterna, eres la esperanza.

Por ti sé que no podrán vencernos en ninguna parte.

La casta gamonal quiere imponerse por el terror,

delirio imaginario de ángeles caídos y estériles.

La casta política quiere embaucarte usando sus destrezas

especulativas del teatro cruel de la simulación

y la impostura desesperada y agonizante.

Los salvadores vienen a tu encuentro con promesas repetidas,

que no cumplen.

Eres la cenicienta que los déspotas desean, imaginan sumisa,

culpable y capturada por las redes que hila la burocracia somnolienta.

No entienden que eres ingobernable, insumisa y libre como la mariposa

de la eterna consagración de la primavera.

No te conocen, no pueden, encerrados en las burbujas de sus prejuicios.

No te quieren, te temen, pues saben que puedes emerger volcánica,

Por azar o por furia, por vocación o por estética.

Ahora ocupas las calles de las ciudades ingobernables,

arrinconas al régimen de la represión y la masacre,

enseñoreas en los espacios abiertos y en las atmósferas candentes,

empujando a los guardianes del régimen podrido al abismo de la nada,

pues solo pueden mostrar sus instrumentos de muerte.

Ahora que has vuelto inquietante, insobornable y temida,

anuncias el crepúsculo de los patriarcas otoñales,

escondidos en sus fortalezas carcomidas por el olvido del atardecer

y de la muerte.

Pueblo incodificable e indescifrable, hermenéutica desbordada,

paro nacional elocuente,

te parapetas en las barricadas contra las ilusiones de los patrones anacrónicos.

Eres el fuego, el estallido inicial repetido, tantas veces

como para vencer el olvido.  

Eres la noche en el día y el día en la noche.

Vences el rigor de la gravitación y de la oscuridad

Desconocida e incierta.  

Consideraciones filosóficas e históricas-políticas

en los espesores de la coyuntura

Consideraciones filosóficas e históricas-políticas

en los espesores de la coyuntura

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Consideraciones

 

 

Artista huichol

 

 

 

 

 

 

Horizontes restringidos y horizontes nómadas

 

Edmundo Husserl configuró el concepto de horizonte y en plural de horizontes. Se refiere a la apertura que se da el sujeto social, dada su situación originaria y, después, condición de cambio, también de transformación. Su situación inicial estaría dada naturalmente, en la naturaleza, en tanto forma parte de su cuerpo y, a partir del mismo, de la interrelación con los demás cuerpos y cosas. El mundo físico estaría dado por el conglomerado de cosas a las que asiste con su experiencia, el mundo natural estaría dado por el conglomerado de cuerpos con los que se relaciona e interactúa, estableciendo una atmósfera de empatía, todavía no representada. El mundo animado está conformado por las vivencias experimentadas por los cuerpos en las dinámicas de la naturaleza; este mundo supone el substrato del mundo material, que es conformado por el universo de cosas, mundo material al que se accede, sin embargo, a través de los sentidos y sensaciones, es decir por los fenómenos captados por la percepción. Es entonces el cuerpo el operador, si se quiere, el constructor del mundo material, así como del mundo natural animado. La empatía, que supone el reconocimiento, es decir, el substrato de la intersubjetividad, es experiencia primordial de constitución de la subjetividad, la constitución del sujeto, tanto solipsista como social, pues no pueden darse sino de manera recíproca, complementaria y diferenciada, siendo la condición del sujeto social más abstracta que la condición del sujeto solipsista, puesto que el soneto solipsista supone vivencias originarias experimentadas en el propio cuerpo. Sin embargo, el sujeto solipsista solo es posible a través del sujeto social, pues requiere de los recursos que tiene el sujeto social para comprenderse, incluso para configurarse a sí mismo. Esta diferencia radica en que el sujeto social supone no solo la interactividad entre sujetos, empatía y reconocimiento, sino también el uso del lenguaje y la inmersión en la cultura.

 

El cuerpo, en tanto materia animada, que supone la interrelación corporal, además de la interrelación entre sujetos, por lo tanto, supone los ámbitos del conglomerado de cuerpos y del conglomerado de sujetos, y en tanto se trata de cuerpo humano, constituye un yo, un cogito, de manera racional, siendo la razón una facultad también del cuerpo, solo que de un nivel más abstracto, pues utiliza las dinámicas sensorio-motoras y las dinámicas pre-interpretativas del sistema nervioso, que codifica y decodifica fisiológicamente el placer y el dolor, comprende, en cuanto ser animado, el alma, que es, según Husserl, la comunidad.  Hay alma en todo ser animado, por lo tanto, lo hay no solamente en el humano, solo que en el caso humano suponen la comunidad corporal y la comunidad de sujetos. En otras palabras, desde esta perspectiva compleja, no se trata una secuencia lineal de substratos y ámbitos, el material, el natural, el cultural, sino de que, siendo, el cuerpo humano el operador en esta conjunción entrelazada e imbricada de ámbitos, asistimos a la simultaneidad dinámica e integrada de los ámbitos diferenciados.

 

 

 

 

 

 

 

 

Lecciones sobre democracia

 

Cuando se reclaman derechos y después se atropellan derechos de otros se pierde el derecho a reclamar derechos, incluso a tenerlos. La victoria electoral otorga legitimidad, pero si se usa esta legitimidad inicial para atropellar y ejercer autoritarismo y despotismo, se pierde inmediatamente la legitimidad. También se pierde el carácter democrático del gobierno, cuando se gobierna de esta manera el gobierno se convierte en ilegítimo. Ningún gobierno es imprescindible, solo el pueblo es inmortal, parafraseando a Maximilien Robespierre.

 

Hay gente, dedicada a la política, de una manera deportiva, a la que le basta ponerse la camiseta para fanatizarse y ver al contrincante como a un enemigo que hay que descalificar de entrada por llevar la otra camiseta. Esta gente confunde la política con un partido de fútbol. Hay gente dedicada a la politiquería, que cree que una victoria electoral es una entrega de un cheque en blanco, entonces cree que puede hacer lo que quiera y poner la cifra que quiera; estos politiqueros, “revolucionarios” de pacotilla o, en su caso, conservadores recalcitrantes y prepotentes, confunden la política con un banco especulador y de esquilmación. Cuando se llega a esto es que la política y la democracia han muerto; sobre sus cadáveres putrefactos se ejerce el poder. Pero, lo peor de todo esto es que hay gente que vota por ellos. Cuando ocurre esto, el pueblo ha muerto, sobre su cadáver danzan los saltimbanquis.

 

La bribonada no es un ejercicio democrático, vale para los juegos de la vida cotidiana, pero no es un recurso propio de la política, salvo si es un tramposo el que lo practica.  El tramposo confunde la política con el juego circunstancial. Estas son sus limitaciones. Tampoco la imposición forma parte de la práctica ortodoxa de la política, esta práctica de la imposición, el forcejeo, el atropello y la suspensión grotesca de las reglas democráticas forman parte de la violencia. Se trata de una costumbre patriarcal, donde se ventilan las profundas frustraciones ateridas y el resentimiento acumulado, el espíritu de venganza se deleita con saña. Esta actitud es de catarsis, nada más. No tiene alcance ni durabilidad, lo único que ha ocurrido es que se evidencian las miserias humanas. En consecuencia, la democracia desaparece para dar lugar al jolgorio provisional de las venganzas pequeñas. Esto no tiene horizonte ni provenir, es el momento en que los que perpetran estos actos cavan su tumba.

 

 

Crisis múltiple del Estado-nación y del orden mundial de las dominaciones, el imperio

 

En plena crisis múltiple del Estado-nación y del orden mundial, del imperio, de la civilización moderna, del sistema-mundo capitalista, tanto en su versión liberal como en su versión socialista, así como en las versiones barrocas neoliberales y neopopulistas, el poder apunta a la virtualidad, dado que no puede resolver sus problemas de legitimidad. Nada es real, en el sentido efectivo, todo se ha vuelto una construcción mediática, virtual, cibernética y adulterada, empleando instrumentos sofisticados y técnicas y procedimientos de montajes espectaculares, cuya manipulación es imperceptible. Ante este nuevo ataque de la genealogía de las dominaciones contra los pueblos, la vida y la democracia, que busca el control y la vigilancia absoluta de las poblaciones, los pueblos tienen la responsabilidad de defenderse radicalmente, de defender la vida integralmente, de defender la democracia contra el círculo vicioso del poder, su lado institucional y su lado oscuro.  La guerra contra la vida y los pueblos ha sido declarada.

 

La política, como tal, ha desaparecido. Lo que hay es comercio, negocio y negociaciones, espectáculos mediáticos, burdos montajes, comportamientos crápulas y sobretodo cinismo descomedido. Uno de los candidatos, en las recientes elecciones nacionales, ha declarado abiertamente, sin rubor, que ha comprado su candidatura a la presidencia. Para el colmo es pastor. ¿Qué clase de religión pregona este señor? Otro candidato a la presidencia hace pública la grabación de su candidato a la vicepresidencia, donde le pide dinero por su participación. Su alianza política, que no se sabe en qué cree y qué crea, paga por la participación en sus marchas. Los partidos políticos electorales participan en las elecciones, aunque sea por un curul, para negociar en el Congreso. Los partidarios del anterior gobierno, anterior a la “transición”, clientelar y corrupto, denuncian de un posible fraude electoral, cuando han sido los maestros sin escrúpulos de una serie de fraudes, al cual más escandaloso. Ahora, después de las elecciones nacionales, le toca a la “oposición”, acusar de fraude electoral. Esto no es política, es decadencia. Lo peor es que hay gente, población que vota por esta clase de personas, ejemplos del derrumbe ético y moral. Son cómplices de esta degradación generalizada y la destrucción del país. Lo grave que los medios de comunicación toman en serio esta extravagante comedia burlesca. ¿Qué clase de debate puede haber entre estas personas, antes, durante las elecciones nacionales, en las vísperas de las elecciones subnacionales?

 

 

 

 

La forma de gubernamentalidad clientelar

 

El gobierno de la forma de gubernamentalidad clientelar durante una década, sin contar con los cuatro años de la primera gestión, antes de la promulgación de la Constitución, no solo ha desmantelado sistemáticamente la Constitución, para servir mejor a los intereses de las empresas trasnacionales y del conglomerado de burguesías, burguesía agroindustrial, burguesía ganadera, burguesía de la hoja de coca excedentaria y de la industria de la cocaína, además de la burguesía rentista, el entorno palaciego del caudillo déspota, sino que ha intentado hacer la reforma de la Constitución, intentando liberarse de los candados puestos en temas cruciales del Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico. Ahora, el nuevo gobierno neopopulista barroco, salido de las últimas elecciones nacionales, intenta revisar la Constitución con la excusa de modificar la elección de los magistrados. Sabemos que los agentes encubiertos de las empresas trasnacionales extractivistas y del imperio buscan modificar la Constitución para beneficio de la nueva oligarquía en alianza con la antigua, además de su servidumbre respecto a la hiperburguesía de la energía fósil que domina el mundo. La responsabilidad del pueblo y de los constituyentes es evitar esta maniobra neopopulista que, después de desmantelar la Constitución, persigue su evaporación. En defensa de lo logrado por la movilización prolongada y el proceso constituyente debemos decir y actuar: ¡No se toca la Constitución!

 

 

 

 

 

La inclinación a la mentira

 

Tienen una inclinación a mentir, sobre todo, apego a presentarse como víctimas, aunque no lo sean y más bien sean agresores compulsivos, aprovechando su condición de dirigentes o representantes. Se construye una narrativa elemental e insostenible, salvo para el imaginario de políticos oportunistas y pragmáticos. El problema radica en la decadencia política, que incluye la decadencia sindical y de los partidos, que se inventan representaciones y desprenden promesas trasnochadas incumplibles.  Se trata de los nuevos perfiles de la burguesía nacional, burguesía sindical, burguesía rentista, burguesía de la hoja de coca excedentaria y de la industria de la cocaína, en alianzas intermitentes con los perfiles tradicionales de la burguesía y sus nuevas configuraciones, burguesía ganadera, burguesía maderera, burguesía de tráfico de tierras, burguesía agroindustrial y burguesía financieras. Estas burguesías locales son subalternas a la hiper-burguesía de la energía fósil, que domina el mundo. En una modernidad bizarra no es insólito que parte de estas burguesías se disfracen de “revolucionarias» para conseguir sus objetivos depredadores, que son los de la acumulación originaria y ampliada de capital, a costos excesivamente altos, la destrucción de los ecosistemas y los tejidos sociales. Llegando al control territorial perverso de los Cárteles y las mafias de toda clase, cuya consecuencia es el derrumbe catastrófico ético y moral, que deriva en la denigración humana y el incremento desmesurado de los tráficos y las tratas.

 

Los paramilitares de los Carteles han reiniciado su guerra contra el pueblo y la sociedad. El pueblo tiene que defenderse formando grupos de autodefensa. Defensa de la democracia, de la vida, de los bosques. Los Cárteles tienen control territorial; es menester la liberación del territorio del control del narcotráfico.

 

Ante este panorama apocalíptico, los pueblos deben defender radicalmente la vida, los ecosistemas, los tejidos sociales y la democracia. Lo que viene será de una dura y cruenta lucha, en plena niebla mediática y elocuencia de diatriba política. El pueblo, los pueblos indígenas, los tejidos sociales, las memorias y los saberes sociales deben prepararse a afrontar la guerra declarada del imperio camuflado, los conglomerados de Cárteles y empresas trasnacionales, apoyados por la casta política más descarada.

 

Un decantado correista, excanciller ecuatoriano, opina en RFI respecto a las elecciones en Bolivia, repitiendo las sandeces de los mal llamados “progresistas”, “revolucionarios” de pacotilla. Niega el escandaloso fraude electoral del 2019 comprobado empíricamente, informáticamente, estadísticamente y por la OEA. El escandaloso fraude comenzó desde el desconocimiento de la Constitución, después del referéndum, la voluntad popular, apoyándose en la tramoya leguleya que usa un argumento estrambótico, “derecho humano” de Evo Morales a reelegirse indefinidamente. El “opinador” devela su demagogia elevando a la enésima potencia su desconocimiento de la historia política reciente de Bolivia y América latina, falta saber si desconoce también la historia política reciente de Ecuador. RFI ha perdido seriedad en los análisis sobre América Latina.

 

 

 

 

Sobre el despilfarro y la década perdida

 

Manejaron y administraron más de 200 mil millones de dólares, se evaporaron. Las reservas internacionales acumuladas bajaron en más de la mitad; lo hicieron sin consultar al pueblo boliviano, propietario de los recursos. Tampoco rindieron cuenta de esos usos arbitrarios de los stock y flujos dinerarios. Creen que los pecados de la «transición» limpia sus demoledores pecados de la década perdida. Comienza el electo presidente con olvidos y mentiras, como sus antecesores.

 

 

El llamado de la Madre Tierra

 

El llamado de la Madre Tierra, su convocatoria primordial, es defender la vida. Contra los ecocidas y criminales de la naturaleza y de los pueblos. Esta gente usa argumentos trasnochados y reputados empírica e históricamente, además por la ciencia. La responsabilidad del pueblo es parar inmediato este ecocidio, etnocidio y homicidio diferido de los transgénicos, detener en el acto este crimen de lesa naturaleza. No hacerlo equivale a complicidad con el crimen organizado.

 

 

La mercantilización de los héroes

 

Ernesto “Che” Guevara, el legendario guerrillero, combatió toda su vida contra el imperialismo y las dominaciones burguesas locales. Un hombre de acción, comprometido con las luchas de liberación nacional, que siempre estuvo muy lejos de alagar el “cretinismo parlamentario”, como también lo denominaba Vladimir Ilyich Lenin. La decadencia política en la modernidad tardía ha terminado comercializando su figura emblemática y los “revolucionarios” de pacotilla usan como emblema de campaña electoral su imagen destacada. Esta desvalorización extrema de la trayectoria de vida revolucionaria del guerrillero legendario en los estandartes de los políticos neopopulistas muestra patéticamente el alcance de la desorientación ideológica de esta gente.