Horizontes del Estado plurinacional

Horizontes del Estado plurinacional

Raúl Prada Alcoreza 

 

La comuna

 

Fin del Estado-nación

El paso del Estado-nación al Estado plurinacional, comunitario y autonómico es todo un desafío. Se trata de dejar la modernidad, la historia de la soberanía en la modernidad, la historia del Estado en la modernidad, la historia de una relación entre Estado y sociedad, una historia que define la separación entre gobernantes y gobernados, entre sociedad política y sociedad civil, en un contexto matricial donde se demarcó la relación entre dominantes y dominados, a partir de mecanismos de dominación y diagramas de poder que atraviesan los cuerpos y los territorios, incidiendo en las conductas y comportamientos, en la administración de la tierra y los territorios, en la explotación de la fuerza de trabajo. Dejamos atrás una historia de colonización y dominaciones polimorfas desplegadas en el mundo, donde la geopolítica de la economía-mundo y del sistema-mundo capitalista divide el planeta entre centro y periferia, racializando la explotación de la fuerza de trabajo y controlando las reservas y recursos naturales, estableciendo una división del trabajo planetaria, convirtiendo a los países periféricos en exportadores de materias primas y reservas de mano de obra barata, transfiriéndoles más tarde, a algunos de estos países que ingresan tardíamente a la revolución industrial, tecnología obsoleta, desplazando la industria pesada, considerada de alta y masiva inversión de capital, pero con bajos rendimientos a mediano y largo plazo, prefiriendo optar por eso por la circulación y la inversión del capital financiero, que rinde grandes beneficios a corto plazo. Dejamos atrás entonces la ilusión que provocaron los Estado-nación subalternos, una vez concluidas las guerras de independencia y las luchas de liberación nacional, la ilusión de nuestra independencia e igualdad en el concierto de las naciones, en el marco jerárquico de las Naciones Unidas. Descubrimos dramáticamente que no se logró la descolonización, tampoco la independencia y menos haber logrado establecer condiciones de igualdad entre los estados. Los Estado-nación centrales, sobre todo los que están en la franja de seguridad de Naciones Unidas,  siguen imponiendo sus condiciones al resto del mundo, sin importarles el derecho internacional y el derecho de las naciones a la autodeterminación.

Después de la caída de los países socialistas de la Europa oriental, Estados Unidos, Europa y Japón, quizás China también, impone su diseño de orden mundial al resto de los Estado-nación, bajo la conducción norteamericana. En lo que corresponde al ciclo del capitalismo estadounidense, la hiperpotencia mundial norteamericana condujo la expansión, la acumulación y la transformación del capitalismo, sobre todo después de la segunda guerra mundial, después de la conflagración su gravitante presencia fue innegable. Se convirtió en el garante de la economía-mundo capitalista, construyó su expansiva hegemonía desde la finalización de la guerra mundial hasta la derrota sufrida en la guerra de Vietnam; después de este acontecimiento su hegemonía entra en crisis y opta por la descarnada dominación; particularmente esto es patente después de la caída de la Unión Soviética, cuando se convierte en la única superpotencia mundial. Podemos decir que, en el contexto del declive de la hegemonía norteamericana, en pleno desplazamiento de la crisis del ciclo del capitalismo estadounidense, en el atiborrado momento crítico caracterizado por la hipertrofia financiera, que opta diferir la crisis por medio de la financierización, ocasionando no otra cosa que la agudización y profundización de la crisis misma, la forma del Estado-nación entra también en crisis o, mas bien, revive su crisis de modo manifiesto. Esto por una razón entre muchas otras, además de la historia crítica de las formas de soberanía, la razón es que los Estado-nación no pueden resolver la crisis, no pueden oponerse a su irradiación, les resulta difícil construir una alternativa, a no ser la repetición tardía de proyectos desarrollistas y de las metas de la industrialización, proyectos que no hacen otra cosa que recrear escenarios donde se replantean las relaciones entre centro y periferia, reacondicionando y trasladando la dinámica de la crisis a otros espacios, que ya no son sólo los correspondientes a las economías basadas en la exportación de materias primas sino también a las nuevas economías basadas en la industrialización. Las economías de los Estado-nación, basados en el desarrollo y la industrialización, son obligadas a competir en el mercado internacional con los altamente productivos países asiáticos. Se puede decir que los Estado-nación se mueven en un intervalo de opciones que se circunscriben a administrar la crisis.

La salida a la crisis estructural del capitalismo sólo se puede dar a escala mundial, esta superación de la crisis del capitalismo solo se puede dar ingresando a un nuevo horizonte histórico y cultural,  un horizonte que se sitúa en otro espacio-tiempo, que se encuentra más allá del mundo capitalista, más allá del mundo moderno. Mientras tanto, en este encaminarse, en la transición a un pos-capitalismo, se hace necesario preparar el terreno, crear las condiciones para la superación del capitalismo. Para el transcurso de esta transición transformadora es menester la imaginación y lo imaginario radicales, su potencia creativa, además de la fuerza instituyente. A propósito, en relación a la estructura institucional – algo que se dijo durante la Asamblea Constituyente vale la pena recordar – se requiere un nuevo mapa institucional, pero también se requiere un nuevo imaginario social. Ambos ámbitos, lo imaginario y lo institucional, requieren de una conexión simbólica. En resumen, estos tres ámbitos, lo imaginario, lo simbólico y lo institucional hacen al horizonte histórico cultural; en ese sentido, un nuevo horizonte histórico y cultural se abre cuando se dan transformaciones imaginarias, transformaciones simbólicas y transformaciones institucionales[1].

¿Qué papel juega en todo esto la economía? Si llamamos economía al espacio de la producción, distribución y el consumo, fuera de denominarse así la disciplina o ciencia, como se quiera llamar, que estudia este espacio, estos procesos, estos fenómenos. La ciencia económica cuenta además con un área llamada economía política. Se puede ver que el espacio económico está constituido por relaciones sociales. En este espacio histórico se formaron instituciones, llamadas empresas, en el nivel más propio de la economía, organizaciones  organismos, dispositivos jurídicos, disposiciones políticas, a escala nacional y a escala mundial. Estas instituciones no podrían funcionar sin recurrir al leguaje, a nuevas cadenas simbólicas, sobre todo no podrían constituirse si no se instauran también en la dimensión imaginaria de la sociedad, en ese sentido la economía es también una institución imaginaria. La racionalización que conlleva su conformación y organización corresponde a los nuevos sistemas simbólicos y formas imaginarias construidos durante la modernidad.  El fenómeno de la autonomización económica es moderno, corresponde al desarrollo del capitalismo, que ha convertido al espacio económico no sólo en autónomo sino en predominante respecto a otros espacios de la vida social. La economía se ha expandido, ha irradiado todas las áreas, mercantilizando sus relaciones y sus actividades. Hay un dominio casi absoluto de la economía, aunque esto se da en el sentido del fetichismo de la mercancía, es decir, como alienación, como cosificación; se concibe las relaciones entre humanos como si fuesen relaciones entre cosas. No se trata de reducir este problema a la tesis dialéctica de la conciencia enajenada, conciencia atrapada en la relación con el objeto, sin poder constituirse en autoconciencia que se reconoce en la relación con otra autoconciencia. El problema es más complejo, aunque, en todo caso tendríamos que hablar de una conciencia histórica, por lo tanto social, colectiva. El problema no se reduce a lo que le pasa a la conciencia o a lo que le pasa al sujeto, sea esta conciencia o este sujeto individual o colectivo; el problema responde a sus condicionamientos históricos. Por un lado, el desarrollo del capitalismo transforma las sociedades trastrocando sus relaciones, sus instituciones, sus ámbitos de funcionamiento, sus cadenas simbólicas, sus circuitos significantes, creando alternativamente ámbitos nuevos y sus respectivas autonomizaciones, la autonomización de la economía, la autonomización de la política, la separación entre sociedad civil y sociedad política; por otro lado, la emergencia de nuevas experiencias, de nuevas sensaciones y de nuevas percepciones, hacen emerger empiricidades como el lenguaje, el trabajo y la vida, dando lugar a nuevos saberes y ciencias, como la filología, el economía y la biología, iniciando lo que se viene en llamar la analítica de la finitud[2]. La economía viene a ser tanto el referente descubierto por la nueva experiencia del trabajo, así como la formación discursiva que habla de ello. Lo que quiere decir que se trata de una formación enunciativa, de una formación conceptual, que hace el análisis del ámbito del trabajo, la producción, distribución y consumo. La economía también es un espacio de instituciones que hacen de agenciamientos concretos de poder. Referente empírico, formación discursiva e instituciones es el triángulo en que nos inscribimos para hablar de economía, de economía capitalista.

El Estado-nación deviene, por así decirlo, de otra genealogía, arranca con la conformación de los estados patrimoniales,  se constituye en Estado-moderno, en el contexto de esa componente articulación entre Estado territorial y capitalismo, convirtiéndose en una macro-institución o, mas bien, en un mapa concéntrico institucional, que abarca un conjunto de instituciones articuladas a un eje de funcionamiento y a una dirección política, aunque esta se exprese en una distribución de poderes, supuestamente equilibrados. La llamada ciencia política se cruza en el camino, viene de la teoría jurídico-política, de la teoría de la soberanía, se plantea el problema del Estado más que del poder, se propone estudiarlo y analizarlo, empero termina desarrollando tesis sobre la legitimidad del Estado. ¿Esta ciencia política es una teoría que corresponde a la analítica de la finitud? ¿Se plantea algún problema sobre el dilema de la emergencia de las empiricidades y los a priori trascendentales? No, se trata más bien de una disciplina que restaura los dilemas de la soberanía y la legitimidad en el contexto de la modernidad. Una formación discursiva que se plantea los problemas de legitimidad en la labor de la restauración de la vieja maquinaria estatal. Se desentiende de los campos de relaciones de poder, también de visualizar los mecanismos de dominación. Se trata de un saber que estudia las formalidades del campo político. Se puede decir, de manera concreta, que la ciencia política estudia el Estado. De modo distinto a lo que ocurre con otras ciencias y saberes modernos, la ciencia política pretende mantener una relación de continuidad con la filosofía política; esta suposición es en sí problemática, no solamente debido a la idea ingenua de una historia lineal de las ciencias, sino también por lo que connotan la filosofía política y la ciencia política, por su relación problemática con la política. Jacques Rancière dice que la política funciona sobre el principio de igualdad, principio que ocasiona el litigio entre los que no tienen parte ni título, los pobres, y los que si lo tienen, los oligarcas y los aristócratas. Este litigio viene acompañado por una distorsión, un desacuerdo, causado por el ejercicio de la libertad; al ser todos libres se tiene derecho a la palabra, los pobres se asumen como pueblo, se constituyen como totalidad, conforman la democracia. La política entonces contiene una desmesura, sobre el principio de la libertad se constituye un todo que es más que las partes, se pasa del reclamo de las partes a las exigencias inconmensurables que desata la libertad. Se puede decir en resumen que la política es una lucha de clases. Ahora bien, lo que se viene en llamar filosofía política trata de hacer desaparecer este problema, trata de resolver el litigio, en el fondo busca poner en suspenso la política[3]. Por una parte tenemos a la política que es una desmesura, por otra a la filosofía política que busca hacer desaparecer a esta desmesura; por último tenemos a la ciencia política, como continuidad de la filosofía política, que busca sustituir la política, la lucha, el litigio, el desacuerdo, por la policía, en el sentido pleno de la palabra, por el establecimiento del orden.

Retomando el hilo conductor, Estado-nación, economía y política, todo el análisis que hemos hecho hasta ahora supone el fin del Estado-nación, la clausura de la filosofía política y la ciencia política, además de la crisis terminante del capitalismo. Las preguntas que se suceden son: ¿Nos abrimos a una nueva episteme, después de haber abandonado las ciencias generales del orden y las ciencias atravesadas por la historicidad, como la economía, la biología y la lingüística? ¿Es posible otras ciencias de las condiciones pluralistas y de la condición plurinacional, de la emergencia de lo comunitario, de la extensión de las formas proliferantes de la descentralización administrativa y política? ¿Cuál es la configuración de la forma de Estado ante la geografía política de las autonomías? ¿Qué es lo que viene más allá del capitalismo? Hay más preguntas, pero nos vamos a quedar con estas, vamos a detenernos a analizarlas y buscar respuestas.

Hablemos de los límites del mundo de la economía-mundo y del sistema mundo capitalista. Por lo tanto también de los límites del Estado-nación. Esta macro-institución, esta forma de soberanía, fue la instancia de una forma de organización política a escala mundial. Los Estado-nación se situaron como en una pirámide jerárquica distribuyéndose el control mundial para los países centrales y el relativo control local para los países periféricos. Hay por cierto espacios al medio para países que lograron cierto control regional, también para los países que se llamaron del segundo mundo, entre los que se encontraban los países del socialismo real, distinguiéndolos de los países llamados del primer mundo y de los países definidos como del tercer mundo. Aunque estos términos quedaron obsoletos en la actualidad vertiginosa, mezclada y cruzada, pues el primero, el segundo y el tercer mundo se pueden encontrar en un mismo país, por ejemplo, en cualquier país del primer mundo, en un contexto atravesado por las nuevas corrientes migratorias de trabajadores, que se asentaron, dejando generaciones en su nuevo lugar de residencia, en un contexto donde el nuevo capitalismo salvaje, que apuesta a políticas neoliberales y de globalización, recrea grandes diferencias, quizás abismales, entre pobres y ricos en todos los países y en todas las ciudades. De alguna manera la forma Estado-nación ocultó estas diferenciaciones, estas jerarquías, estas dominaciones polimorfas. Ahora los estado-nación estallan en mil pedazos; el multiculturalismo liberal trata de matizar esta crisis, este desborde, reconociendo derechos culturales; pero lo que no puede detener es la emergencia de nuevas formas políticas, de nuevas formas de relación entre la forma Estado y la forma sociedad, lo que no puede detener es el desborde y la desmesura de las multitudes, los nuevos imaginarios colectivos, que incluso se llaman en la transitoriedad naciones, oponiéndose al mono-culturalismo, a la forma mono-nacional. Aunque esta forma multinacional perduró como anacronismos en la modernidad, recorriendo como tejido resistente las formas institucionales homogeneizantes de la modernidad, de la forma Estado-nación, creando una dinámica de tensiones inherentes a la vida política de las sociedades y los Estado-nación, estas contradicciones inherentes estuvieron encubiertas, escondidas, ocultadas por los aparatos ideológicos de los Estado-nación. Su reemergencia presente las actualiza, desatando renovados discursos, y sobre todo transformando su condición encubierta en una condición develadamente plural, desbordando el mapa institucional disciplinario y normalizado de la modernidad. En plena crisis estructural del capitalismo la condición plurinacional, la condición proliferante de lo plural, adquiere otra connotación, convirtiéndose en una alternativa al mundo único, al pensamiento único.

Hemos llegado a los límites del mundo, estamos situados en el lugar fronterizo de las transformaciones, también de las experiencias, de las sensaciones, así como de las formas de pensar, de significar y simbolizar el mundo. Eugenio Trías habla de límites del mundo como los relativos a la tautología y la contradicción, la tautología que repite lo que es, lo mismo, de manera obsesiva, que no dice nada, y la contradicción que quiere decirlo todo, que desborda y desgarra. Quizás el filósofo más lúcido de la modernidad fue Hegel, que consciente de la contradicción y el universo del sinsentido, quiso domesticar ambas, mediatizándolas con una lógica dialéctica, buscando el retorno a lo mismo, a la repetición, a la tautología, después de haber vivido la experiencia del desgarro[4]. Hegel es el filósofo de la restitución absoluta de la razón, de la filosofía de la historia, de la filosofía del derecho, pero también de la filosofía del Estado. Podemos decir que se trata de una filosofía que coincide con el termidor, que busca desesperadamente terminar con la revolución. Hegel ha muerto y también con él la filosofía del fin de la historia. Aunque el Estado-nación haya sobrevivido a su muerte ha entrado a su tiempo crepuscular, a su clausura, anunciando su propia muerte, repitiendo el crepúsculo de los ideólogos.

 

Nacimiento del Estado plurinacional

Estamos ante un nuevo nacimiento, lo que en aymara se dice pachakuti, que vendría a ser algo así como cambio, trastrocamiento en el espacio-tiempo, de acuerdo a una traducción pretendidamente teórica, filosófica. Sin embargo, en la discreción, en la disquisición, de estas cosas no nos vamos a detener, por el momento. Quizás después volvamos a abordarlas, aunque de alguna manera siempre las tenemos que tener en cuenta. Este nuevo comienzo se daría en la geografía política de Bolivia, la anterior Audiencia de Charcas del Virreinato de la Plata, antes Alto Perú del Virreinato del Perú, y antes del cataclismo de la conquista y su consecuente colonización, el Qullasuyu, uno de los territorios, de los cuatro del Tawantinsuyu. Este nacimiento se puede considerar como el resultado de un dramático parto, gestado por las guerras políticas desatadas por los movimientos sociales, durante el ciclo de luchas que van del 2000 al 2005. Este nacimiento también tiene que ver con la gestión de gobierno del presidente Evo Morales Ayma, durante la cual se nacionalizan los hidrocarburos y se convoca a la Asamblea constituyente. Por lo tanto este nuevo comienzo, esta fundación de la segunda república, tiene que ver con el proceso constituyente, concretamente con el texto constitucional desarrollado por la Asamblea Constituyente, en pleno campo de batallas, en el que se convirtió la ciudad de Sucre, sede de la Asamblea Constituyente. Una vez que se aprueba la nueva constitución en Oruro, los dados estaban echados, a pesar de las modificaciones arbitrarias del Congreso, donde se trató de deformar el sentido del cuerpo de la constitución, las ciento cuarenta y cuatro modificaciones, no pudieron cambiar el espíritu constituyente, recurriendo a un lenguaje constitucional, no pudieron cambiar los principios y las finalidades de la Constitución, los contenidos descolonizadores, la estructura y los modelos propuesto por la Constitución, el modelo de Estado, el modelo territorial y el modelo económico. En el Congreso se pretendió revertir el proceso, unos quisieron abolir las medidas inherentes a las transformaciones institucionales de la Constitución, como la reforma agraria, otros confundieron la política con el pacto; se dedicaron a construir escenarios de pacto con la derecha, creyendo que ese era el camino, olvidando que todo ya había cambiado por la energía y el poder masivo desplegado por los movimientos sociales durante el lapso que viene del 2000 y llega al 2005. El pueblo boliviano termina aprobando la Constitución Política del estado en un referéndum constituyente, referente arrancado por una fabulosa movilización de las organizaciones sociales, que terminaron sitiando al Congreso presionando para la aprobación de la ley que convocaba al referéndum. Otra vez mostraban los movimientos sociales su determinación en empujar el proceso hacia el horizonte abierto por las luchas sociales de la guerra del agua y de la guerra del gas. Este nuevo empiezo también tiene que ver con las consecutivas derrotas sufridas por la derecha, las oligarquías regionales, sus partidos, sus medios de comunicación y todos sus dispositivos conspirativos. Fueron derrotados con la aprobación de la Constitución por parte del pueblo boliviano; también fueron derrotados cuando primero la Constituyente y después la Constitución incorpora las autonomías, demanda regional, al texto constitucional, quedando sin bandera y sin discurso, sin capacidad de convocatoria; vuelven a ser derrotados en el terreno dibujado por la violencia desatada por grupos de choque, en una espiral de la violencia que comienza con la toma de instituciones y deriva en la Masacre del Porvenir, esta derrota ya es político y militar. Estas derrotas políticas se van a expresar en la contundente derrota electoral que van a sufrir en las elecciones de diciembre del 2009. El Movimiento al Socialismo (MAS) gana con aproximadamente el sesenta y cuatro por ciento, gana en el departamento de Tarija, uno de los baluartes de la llamada “Media Luna”, se recupera el departamento de Chuquisaca, se avanza en el departamento de Santa Cruz, de Beni y de Pando; todo esto dibuja un escenario expedito en la Asamblea Legislativa Plurinacional, donde el MAS controla los famosos dos tercios que se requieren para aprobar las leyes. Todo este contexto histórico político hace de condición de posibilidad histórica del nacimiento del Estado Plurinacional.

 

En el ensayo Articulaciones de la complejidad[5] se escribe lo siguiente:

 

  1. Esta demás decirlo, que el Estado plurinacional no es un Estado-nación y, no está demás decir, que el Estado plurinacional ya no es un Estado, en el pleno sentido de la palabra, pues el acontecimiento plural desbroza el carácter unitario del Estado. El Estado ya no es la síntesis política de la sociedad, tampoco es ya comprensible la separación entre Estado, sociedad política, y sociedad civil, pues el ámbito de funciones que corresponden al campo estatal es absorbida por las prácticas y formas de organización sociales. El Estado plurinacional se abre a las múltiples formas del ejercicio práctico de la política, efectuada por parte de las multitudes. Hablamos de un estado plural institucional, que corresponden a la condición multisocietal. Se trata de mapas institucionales inscritos en múltiples ordenamientos territoriales; por lo menos cuatro: territorialidades indígenas, geografías locales, geografías regionales y cartografías nacionales. La emergencia de lo plural y lo múltiple desgarra el viejo mapa institucional, no permite la expropiación institucional, la unificación de lo diverso, la homogeneidad de la diferencia; se abre mas bien al juego de la combinatoria de distintas formas de organización, al juego en red y de entramados flexibles. Hablamos de matrices organizacionales y de estructuración abiertas a la contingencia. Se vive entonces la política como desmesura[6].

 

Se puede interpretar de la cita que ya no se trata de la forma de Estado moderno sino de una nueva forma política, de una nueva forma de relación entre la sociedad y sus formas de organización política, como decíamos en la Constituyente, se trata de un nuevo mapa institucional. Es cierto que en Europa podemos encontrar estados plurinacionales, pero se trata de Estados modernos, que se limitan al alcance dibujado por el multiculturalismo, recogiendo incluso formas confederadas, como en el caso Suizo. La nueva concepción de la condición plurinacional de las formas políticas se tienen que decodificar desde la voluntad colectiva de la descolonización, implica, además, el reconocimiento de la condición multisocietal, que recoge la concepción de la múltiple temporalidad, además de la multiinstitucionalidad. Esta multiplicidad que atraviesa la forma homogénea del Estado termina desacoplándolo, inventando una nueva forma de articulación, una nueva forma de integración, más cohesiva, más dinámica, creativa, flexible, adecuada a la problemática compleja de la formación abigarrada, de la composición barroca de la formación económico social boliviana, adecuada, sobre todo a la forma de gobierno propuesta por la Constitución Política del Estado, que es la democracia participativa, que reconoce el ejercicio plural de la democracia, como el relativo a la democracia directa, a la democracia representativa y a la democracia comunitaria. Se puede decir que esta forma política de la condición plurinacional descolonizadora se encuentra más allá del Estado.

 

El Estado-nación ha muerto, nace el Estado Plurinacional, comunitario y autonómico. ¿Cuáles son las condiciones, las características, la estructura, los contenidos y las formas institucionales de este Estado? Uno de los primeros rasgos que hay que anotar es su condición plurinacional, no en el sentido del multiculturalismo liberal, sino en el sentido de la descolonización, en el sentido de la emancipación de las naciones y pueblos indígenas originarios. Una descolonización entendida no sólo en el sentido del reconocimiento de las lenguas, de la interculturalidad e intraculturalidad, sino también en el sentido de las transformaciones institucionales, de la creación de un nuevo mapa institucional, encaminadas a la incorporación de las instituciones indígenas a la forma de Estado. Una descolonización entonces que implica el pluralismo institucional, el pluralismo administrativo, el pluralismo normativo, el pluralismo de gestiones. Y esto significa una descolonización de las prácticas, de las conductas y de los comportamientos, conllevando una descolonización de los imaginarios. Esto es la revolución cultural. Una descolonización que implica la constitución de nuevos sujetos, de nuevos campos de relaciones intersubjetivas, la creación de nuevas subjetividades, de nuevos imaginarios sociales; esto es el desarrollo de una interculturalidad constitutiva e instituyente, enriquecedora y acumulativa de las propias diferencias y diversidad inherentes. Una descolonización que implique el desmontaje de la vieja maquinaria estatal, que no puede dejar de ser sino colonial; se trata de la maquinaria que llega con la Conquista, que se consolida en la Colonia, que se restaura y moderniza en los periodos republicanos, que termina viviendo una crisis múltiple, de legitimidad, de representación, política, económica y cultural. El estado-nación fracasa en su proyecto consustancial, la revolución industrial, el desarrollo nacional, el romper con la cadena perversa de la dependencia. El Estado plurinacional se encuentra más allá de los umbrales del Estado-nación, definitivamente se ha abierto otro horizonte, otras tareas, otras finalidades, otros objetivos estratégicos, siendo la tarea primordial la descolonización. No puede haber nada parecido a las estrategias anteriores, si hay algunos rasgos que sugieren cierta analogía, como las relativas a la transformación tecnológica y su incorporación a la economía social y comunitaria, tienen que leerse en los códigos no de la revolución industrial del siglo XIX sino en el contexto de lo que significa la revolución tecnológica, irradiarte, expansiva, en red, impulsando saltos, que no pueden leerse desde la linealidad histórica sucesiva de seguir el curso de los países desarrollados. Esto significaría volver a aportar por los nostálgicos proyectos nacionalistas y populistas. La revolución del Estado plurinacional es una revolución descolonizadora, aperturante de otro proyecto civilizatorio y cultural. Entonces uno de los rasgos fundamentales del nuevo Estado plurinacional es la descolonización.

 

Otro rasgo fundamental del Estado plurinacional es su carácter comunitario. Si bien el artículo uno de la Constitución establece el carácter plurinacional, comunitario y autonómico como los ejes nuevos estructurales y transversales de la constitución, pues lo unitario y social de derecho ya estaban contemplados en la Constitución anterior, el segundo artículo plantea el reconocimiento de la preexistencia a la Colonia de las naciones y pueblos indígenas originarios, por lo tanto su derecho al autogobierno, a la libre determinación, a  sus instituciones propias, normas y procedimientos propios, gestión territorial, beneficio exclusivo sobre los recursos naturales renovables, consulta sobre la explotación de los recursos naturales no renovables, legua y cosmovisión propias. Esto significa la reconstitución y la reterritorialización comunitaria, acompañando profundamente al desplazamiento de la forma de gobierno como democracia participativa, incorporando como uno de los ejes de la democracia participativa a la democracia comunitaria. El sentido comunitario es transversal a la Constitución, esto implica la actualización de las instituciones comunitarias, sus redes, sus tejidos, sus desplazamientos, sus alianzas territoriales, sus estrategias de reconstitución. También connota la recuperación, recreación, enriquecimiento, e irradiación de sus imaginarios, de sus estructuras simbólicas, de sus valores, conllevando la restitución de la dimensión ética comunitaria, haciendo circular los saberes colectivos, las memorias largas, la información y los conocimientos ancestrales. Encaminando la presencia, la inmanencia y trascendencia de la comunidad en la perspectiva de la transformación institucional del Estado, de la relación entre Estado y sociedad y de la descolonización de las políticas públicas. Lo más propio del interior de la periferia, como escribí en Estado periférico y sociedad interior, en Los límites del poder y del Estado[7], es la forma comunidad, son las instituciones comunitarias, son los principios y valores comunitarios como solidaridad, reciprocidad, complementariedad y redistribución, son las innovaciones de las estrategias de resistencia y transfiguración de las sociedades políticas, como las denomina Partha Chatterjee, de los bricolaje o los abigarramientos, parafraseando a René Zavaleta Mercado, o los barrocos modernos, como diría Bolívar Echeverría. Las formas de comunidad han atravesado los periodos de la colonia y los periodos republicanos, han resistido, se han transformado, se han actualizado y atravesado la modernidad misma. Esta institución imaginaria de la comunidad se convierte en una proyección alternativa en plena crisis del capitalismo y replanteo de las relaciones entre centro y periferia de la economía mundo capitalista, del sistema mundo. Que se haya constitucionalizado la forma comunidad, que forme parte de la composición del nuevo Estado, proyecta una luz en los ámbitos de las relaciones sociales, en las transformaciones del campo político y en las recuperaciones sociales del campo económico. La comunidad diseña el nuevo horizonte del Estado plurinacional.

 

Otra característica en la arquitectura del Estado plurinacional es la participación y el control social. La participación social establece otra relación entre Estado y sociedad, convirtiendo al Estado en instrumento de la sociedad, efectiviza la democracia participativa, desarrollando una construcción colectiva de la decisión política, de la construcción de las leyes y de la gestión pública. La participación social se convierte en la matriz de la nueva forma política y el control social hace abiertamente transparente el ejercicio de la ejecución de las políticas públicas, expandiendo los alcances del acceso a la información y la rendición de cuentas a la sociedad. La participación social es el verdadero gobierno del pueblo, la democracia, suspende los mecanismos de dominación y cuestiona la especialización weberiana del aparato público, avanzando a una nueva concepción de la gestión pública, que ahora tiene que ser plurinacional, comunitaria e intercultural.

 

Una cuarta característica del Estado plurinacional es precisamente el pluralismo autonómico, En el contexto de los pluralismos, pluralismo económico, social, político, jurídico y cultural, el pluralismo autonómico es consecuente con esta perspectiva múltiple y proliferante. Se trata del nuevo modelo territorial, que concibe, en igualdad de condiciones, comprendiendo equivalentes jerarquías, distintas formas de autonomía, autonomía departamental, autonomía regional, autonomía regional y autonomía, siendo la más importante la autonomía indígena por las características del Estado plurinacional, se trata del lugar, el espacio, el escenario, donde se plasma efectivamente el estado plurinacional. Todas estas autonomías tienen sus competencias exclusivas, además de las concurrentes y compartidas, gobiernan y legislan en su jurisdicción, en tanto que la autonomía indígena adiciona su facultad jurídica debido al pluralismo jurídico, a la jurisdicción indígena originaria campesina. El entramado de las competencias configura el espacio de desenvolvimiento de las gubernamentalidades y la gestión comunitarias desatadas por la expansión de la descentralización administrativa política. El pluralismo autonómico, el nuevo modelo territorial, definen el otro nivel de complejidad del nuevo Estado.

 

Una quinta característica del Estado plurinacional es la equidad y alternancia de género. Esta transversal de la constitución, esta perspectiva, no sólo exige la justicia en lo que respecta al género, es decir, la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres, sino que también apunta a abolir la dominación masculina, demoler el Estado patriarcal. La emancipación de la mujer forma parte de los proyectos inherentes a los nuevos movimientos sociales, vinculado al desarrollo de los nuevos derechos, abriéndose a la hermenéutica de los nuevos sujetos, de las nuevas subjetividades, comprendiendo los contextos culturales diversos, respetando las complementariedades inscritas en las formas de relación masculino femeninas de las culturas indígena originario campesina, empero requiriendo la adecuación a los derechos fundamentales constitucionalizados. Con la transversal de la equidad de género, el Estado plurinacional se abre a la participación activa de las mujeres en la construcción de la nueva forma de Estado y la nueva forma de hacer política.

 

Una sexta característica del estado plurinacional tiene que ver con el modelo económico, que de acuerdo a una primera definición que s encuentra en la Constitución, se trata de una economía plural, pero que en el sentido mismo, en la dirección que toma, el proyecto económico, la segunda definición explicita del modelo económico es la economía social y comunitaria. Este era en realidad el nombre dado por la comisión económica en la constitución, se lo cambio por economía plural en ámbito de negociaciones con las minorías en ese espacio extra asambleísta que se llamó la multipartidaria. En la parte que corresponde a la organización económica del Estado se le atribuye un papel fundamental al Estado como articulador de las distintas formas de organización económica, en la industrialización de los recursos naturales, en el potenciamiento de la economía comunitaria y de la pequeño y micro empresa, también de la forma de organización social cooperativa. Empero todo esto hay que contextuar en un modelo económico más amplio desarrollado en la organización económica del Estado. El modelo se amplía a la incorporación de tierra, territorio, la biodiversidad, los recursos naturales, los hidrocarburos, la minería, el agua, la energía, la biodiversidad y el desarrollo sostenible. Se puede decir que se trata también de un modelo ecológico. Este nivel de complejidad del Estado plurinacional rompe con los límites y las limitaciones del economicismo y de una economía subsumida a la acumulación capitalista. Como se puede ver los desafíos son grandes, exigen claridad en cuanto a la comprensión de los horizontes abiertos por el Estado plurinacional, además del despliegue de una imaginación y un imaginario radicales, de una fuerza instituyente creadora de los nuevos ámbitos del desenvolvimiento social y político emancipados.

 

Estado plurinacional comunitario. La refundación del Estado en América Latina.

 

Epistemología del Sur

El libro de Boaventura de Sousa Santos La refundación del Estado en América Latina, comprende dos partes, una teórica y otra analítica, entendida como comparada, de los procesos boliviano y ecuatoriano. En la primera parte se trabaja las Dificultades de la imaginación política o el fin de lo que no tiene fin, además de La distancia en relación a la tradición crítica eurocéntrica; también se vuelve a exponer Una epistemología del sur. La segunda parte trabaja, en el capítulo cuarto, El contexto latinoamericano, en el quinto, La naturaleza de la transición, en el capítulo seis, La refundación del Estado y los falsos positivos, en el capítulo siete, La reconfiguración del conjunto político. Nuevas fracturas, dualidades y oportunidades. Después vienen las conclusiones. Al principio se hace la pregunta sobre si el capitalismo tiene fin, qué tendríamos que hacer para que llegue ese fin, cuál es el fin del capitalismo sin fin. La misma pregunta se repite en otro espesor y en otra genealogía, esta vez sobre el fin del colonialismo sin fin. La clave de este fin está en la movilización coordinada y politizada de los movimientos sociales, de las naciones y pueblos der Sur, en el desplazamiento y la ruptura epistemológica del Sur respecto a la herencia eurocéntrica, en el desplazamiento político del centro al Sur del sistema-mundo capitalista; así también en la conformación de las condiciones, el desprendimiento y el devenir de un nuevo modelo civilizatorio, que en el caso de Bolivia y Ecuador está vinculado al vivir bien, suma qamaña, suma kausay. ¿Podrá convertirse este modelo que nace de la matriz de las culturas y civilización indígena, que nace de las cosmovisiones indígenas, en un modelo descolonizador y diferencial planetario? Eso depende por lo menos de dos cosas, de la imaginación descolonizadora, del alcance de la descolonización, y de la correlación de fuerzas a nivel mundial. Para esto se requiere quebrar los monopolios de los países imperialistas del centro del sistema mundo capitalista. Entre estos quiebres de los monopolios se encuentra el monopolio del acceso a las riquezas naturales del planeta, también el monopolio financiero y el monopolio tecnológico, además del monopolio de los medios de información y de comunicación, fuera del monopolio de las armas de destrucción masiva.  Esta lucha antimonopólica de parte de los países del Sur no sólo tiene que llevarnos a un mundo multipolar, saliendo del mundo unipolar basado en el dominio y la hegemonía norteamericana, sino también debe llevarnos a una revolución cultural a escala mundial, que no sólo signifique la ruptura y el desplazamiento epistemológico, sino también una recodificación y una revalorización múltiple de las conductas, los comportamientos, las prácticas, los imaginarios, los cuerpos, en un contexto de procesos y acontecimientos que logren las transformaciones institucionales, económicas, política y culturales. Una transformación profundas de las relaciones entre formas de Estado y formas de sociedad, creando nuevas formas políticas y de gubernamentalidad, donde las multitudes, las naciones, los pueblos, las sociedades tengan incidencia primordial. Esto significa la profundización y transformación multitudinaria de la democracia, desarrollando la acción directa, las formas colectivas, las formas comunitarias, las consultas permanentes, el respeto absoluto a los derechos de las naciones, los pueblos, las sociedades, los colectivos, las comunidades, los individuos.

Boaventura observa que en nuestras temporalidades de transición se han perdido los sustantivos críticos, entre ellos socialismo, comunismo, dependencia, lucha de clases, alienación, participación, frente de masas; que se produce un desplazamiento conceptual, una pérdida, una relativización, pero también la emergencia de nuevas formas de pensar, que no caen en la hegemonía del pensamiento único liberal-neoliberal, que más bien proponen alternativas emancipadoras. Se da también una relación fantasmal entre teoría y práctica. La crítica va dirigida a la tradición crítica eurocéntrica, respecto de la cual debemos realizar un distanciamiento. Las posibilidades emancipadoras se encuentran en los movimientos del Sur, en los movimientos indígenas, en los movimientos sociales, en el conglomerado de movimientos diversos que se enfrentan a las formas polimorfas de dominación del capitalismo y de sus estados. Una nueva teoría crítica debe adecuarse o, mas bien, devenir de la experiencia de las prácticas emancipadoras del Sur. Tomar distancia implica estar simultáneamente adentro y afuera de lo que se critica, de tal modo que se desprende de esta actitud la sociología transgresiva de las ausencias y de las emergencias. En lo que respecta a la sociología de las ausencias, ésta consiste en hacer presente lo ausente, en volver existente lo inexistente, en calificar y valorar lo descalificado por la racionalidad represiva de la mono-cultura vigente. La sociología de las emergencias consiste en sustituir el tiempo lineal por múltiples temporalidades emergentes, un futuro vacío por un futuro de posibilidades plurales y concretas, simultáneamente utópicas y realistas.

Boaventura entiende por epistemología del Sur el reclamo de nuevos procesos de producción y de valoración de conocimientos válidos, científicos y no científicos, la perspectiva múltiple de nuevas relaciones entre diferentes tipos de conocimiento, a partir de las prácticas de las clases y de grupos sociales que han sufrido de manera sistemática las injustas desigualdades y las discriminaciones causadas por el capitalismo y por el colonialismo[8].  ¿Qué se entiende por el Sur? El Sur no es un concepto geográfico, es mas bien una metáfora del sufrimiento humano causado por el capitalismo y el colonialismo y de la resistencia para superarlo[9]. Se trata de un Sur  anticapitalista, anticolonialista y antiimperialista. Por eso dice Boaventura que la comprensión  del mundo es  mucho más amplia  que la comprensión occidental del mundo[10].  Se requiere no tanto alternativas como un pensamiento alternativo de alternativas[11]. Las dos ideas centrales de la epistemología del Sur son la ecología de los saberes y la traducción intercultural[12].  El fundamento de la ecología de los saberes es que no hay ignorancia o conocimiento en general; toda ignorancia es ignorante de un cierto conocimiento, y todo conocimiento es el triunfo de una ignorancia en particular[13].  Como dijimos, la segunda idea de la epistemología del Sur es la traducción intercultural; ésta debe ser entendida como el procedimiento para crear inteligibilidad recíproca entre las diversas experiencias del mundo. No atribuye a ningún conjunto de experiencias ni el estatuto de totalidad exclusiva ni el de parte homogénea[14].  Las experiencias del mundo son tratadas como como totalidades o partes y como realidades que no se agotan en esas totalidades o partes[15]. El trabajo de traducción incide tanto sobre los saberes como sobre las prácticas. La traducción entre saberes asume la forma de una hermenéutica diatópica. Ésta consiste en un trabajo de interpretación entre dos o más culturas con el objetivo de identificar preocupaciones isomórficas entre ellas y las diferentes respuestas que proporcionan[16].

La epistemología de los saberes comprende en su contorno una sociología de las ausencias y una sociología de las emergencias, en su interior una ecología de los saberes y una traducción intercultural, entendida como una hermenéutica diatópica. Se trata de una epistemología múltiple y diferencial que emerge desde el Sur, una epistemología deconstructiva, también una epistemología emancipadora, que se encamina a hacer circular los saberes puestos en la sombra por la ciencia y los juegos de poder de los mecanismos de dominación vigentes. Se trata de una epistemología descolonizadora, que interpela, cuestiona los saberes dominantes, que abre horizontes de visibilidad y de decibilidad distintos, diferenciales y alternativos al paradigma cultural dominante, el de la modernidad. Una epistemología descolonizadora por el desmontaje de los dispositivos de poder, por la deconstrucción de las relaciones de poder, incorporadas al cuerpo y cristalizada en los huesos, transferidas al espesor del cuerpo, internalizadas en el sujeto y la subjetividad. Ahora bien una epistemología de sur no puede ser solamente un enunciado, un conjunto de enunciados, un proyecto alternativo, no puede ser sólo una demarcación, un deslinde, respecto a la epistemología eurocéntrica de la modernidad; tiene que ser algo más, tiene que ser un despliegue múltiple de prácticas discursivas y de prácticas no discursivas, que efectivamente hagan circular la pluralidad de los otros saberes y los articulen en una hermenéutica múltiple e intercultural. Una epistemología del Sur debe abrirse a una transformación radical de las formaciones discursivas, a alternativas formas de decodificación, de significación, de re-significación y de traducción, de figuraciones, de configuraciones y re-figuraciones.  Una epistemología del Sur debe desenvolver nuevas formas, métodos y técnicas de construcción de los objetos, nuevas lógicas y teorías de construcción de los conceptos, nuevas hermenéuticas del sujeto.

 

La fundación del Estado plurinacional comunitario y autonómico

En el análisis del contexto latinoamericano Boaventura de Sousa Santos distingue cuatro dimensiones, la de las luchas, la de la acumulación, la de la hegemonía, y la del debate civilizatorio. Diferencia las luchas ofensivas de las luchas defensivas, dice que las luchas ofensivas de los movimientos indígenas han conducido al constitucionalismo transformador en Bolivia y Ecuador; podríamos decir también a la apertura del horizonte del Estado plurinacional, lo que equivale decir la muerte del Estado-nación, del Estado moderno, del Estado liberal. Empero estas revoluciones tienen que ser tomadas en cuenta con respecto a la colateralidad de la revolución bolivariana en Venezuela, caracterizada como nuevo nacionalismo definido en términos del control de los recursos naturales. Como ejemplo de las luchas defensivas entra el resto de los países, cuyos movimientos sociales se abocan a la lucha contra la criminalización de la protesta social, contra la contrarrevolución jurídica que busca desconstitucionalizar las conquistas sociales, contra el paramilitarismo y el asesinato político, contra el golpismo, contra el control de los medios de comunicación por parte de las oligarquías. Las dos formas de luchas no están separadas pues también tienen que combinarse en tanto que la articulación entre los dos tipos de lucha es compleja. Incluso – dice Boaventura – en países o contextos políticos donde dominan las luchas ofensivas hay que recurrir a luchas defensivas cuando la toma del poder del Estado no es total o cuando el Estado no tiene control eficaz sobre los poderes fácticos y la violencia política no-estatal[17]. Habría que decir también cuando el Estado no termina de transformarse y resiste al cambio y a las revoluciones institucionales, cuando reproduce mecanismos represivos ante las demandas y emergencias participativas de los movimientos sociales. Estos movimientos buscan radicalizar la democracia, realizando la democracia participativa, comunitaria e intercultural, lograr el acceso efectivo a la tierra, la redistribución del excedente de los recursos naturales, la promoción de alternativas al desarrolló, como es el caso del vivir bien, así como oponerse a la separación entre sociedad y naturaleza, concibiendo mas bien la integralidad de la madre tierra. También podríamos decir que se trata del trastrocamiento de la concepción liberal que separa Estado de sociedad civil, integrando a la saciedad al Estado, a la forma de Estado y a las formas de gobierno, que deben contemplar la democracia participativa, la democracia comunitaria y la democracia directa, además de la democracia representativa.

 

La segunda dimensión tratada es la que se refiere a la acumulación, respecto a la cual es indispensable entender la combinación articulada de las dos formas de acumulación analizadas por Marx, la acumulación ampliada y la acumulación originaria, la primera relacionada a la transformación de las condiciones de producción y por lo tanto a la valorización dineraria por medio de la explotación del trabajo y la modificación de la composición orgánica del capital; la segunda forma de acumulación relacionada al despojamiento violento de los recursos naturales por medio de la ocupación colonial de tierras y el sometimiento de las poblaciones nativas, la privatización descomunal de las empresas públicas, el saqueo de ahorro de las sociedades y de los trabajadores, la mantención de formas extractivitas de explotación orientadas a formar economías rentistas. Ambas formas de acumulación se articulan retroalimentándose de distintas formas dependiendo los problemas que enfrenta el capitalismo en su proceso de acumulación y el desplazamiento de la crisis estructural.

 

La tercera dimensión que describe y analiza el autor es la del uso contra-hegemónico de instrumentos hegemónicos, como son la democracia representativa, el derecho, los derechos humanos y el constitucionalismo. Al respecto habría que preguntarse: ¿Se puede decir que la lucha del pueblo boliviano, de los movimientos sociales, de las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos se resume a un uso contra-hegemónico de instrumentos hegemónicos? A propósito en un ensayo titulado Emancipaciones poscoloniales escribo lo siguiente: Una mirada genealógica de la guerra anticolonial, actualizada en distintos contextos de la historia, nos muestra la recurrencia transversal de la insurgencia indígena y de una guerra popular prolongada. Nos referimos a trayectorias subversivas que terminan inscribiendo las huellas de los recorridos alterativos, nómadas y líneas de fuga. En la perspectiva de un mapa temporal, nos referimos a la guerra india desatada por quischwas y aymaras, acompañada por los levantamientos indígenas del siglo XVIII; siguiendo la secuencia, tenemos la continuidad de estos levantamientos durante el siglo XIX, a pesar de la participación dual de los indígenas en los dos bandos, el realista y el criollo, durante las guerras de la independencia, que corresponde a la lucha de los guerrilleros y los combates del ejército independentista; luego viene el estallido de nuevos levantamientos en la primera mitad del siglo XX, incluyendo las resistencias y participaciones comunitarias en el reclutamiento para la Guerra del Chaco; en la segunda mitad del mismo siglo tenemos  ciertas reminiscencias de los levantamientos indígenas, estrictamente localizados después de la Revolución Nacional y la Reforma Agraria; más tarde, durante el crepúsculo del régimen militar, la reiteración de levantamientos campesinos, durante la masacre del valle y después, incluyendo el gran bloqueo de caminos de 1979 de la flamante CSUTCB, dirigida por el dirigente aymara Genaro Flores; cerrando el siglo, como iniciando un nuevo ciclo de levantamientos indígenas emerge desde el fondo amazónico la marcha indígena de tierras bajas por la dignidad y el territorio,  en 1990 y 1992; ya al comienzo del nuevo milenio tenemos al magma ardiente del levantamiento indígena contemporáneo, emergiendo volcánicamente desde las profundidades de las contradicciones y la memoria larga;  este acontecimiento es el bloqueo de caminos indígena-campesino y el sitio de ciudades, en septiembre del 2000; después viene el tejido de recorridos de-constructores de los movimientos sociales, confluyendo de manera entrelazada entre múltiples movimientos, en bloqueos y marchas, durante el ciclo semi-insurreccional de corrientes sociales e indígenas anticapitalistas y descolonizadoras del 2000 al 2005. Este recorrido profuso nos muestra el uso recurrente de instrumentos de contrapoder y contra-hegemónicos que nada tienen que ver con una analogía respecto los instrumentos institucionales y hegemónicos. Esto es importante anotar, sobre todo retomar cuando tengamos que analizar la experiencia democrática del 2006 al 2010, que corresponde a la primera gestión del gobierno indígena y popular y una primera parte de la segunda gestión de este gobierno[18]. Podemos decir que es en esta última etapa cuando se usan los instrumentos hegemónicos de manera contra-hegemónica; aunque se pueda detectar en la historia periodos de uso de instrumentos hegemónicos, como es el caso del periodo de la Revolución Nacional (1952-1964), como es el caso de parte del periodo llamado democrático (1982-2005), que incluye el periodo neoliberal (1985-2005), el lapso que propiamente se hace uso contra-hegemónico de instrumentos hegemónicos es cuando se da la apertura a  la democracia plebeya y durante la primera gestión del gobierno indígena popular, incorporando también la segunda gestión de este gobierno (2005-2010). Sin embargo, no puede explicarse esta etapa sin la acumulación histórica de la experiencia del uso de instrumentos contra-hegemónicos en el sentido contra-hegemónico.  Esto quiere decir que la profundización democrática en Bolivia se basa primordialmente en los levantamientos, en la guerra anticolonial, en la movilización, en las marchas, en los bloqueos, sitios, en los acontecimientos insurreccionales, en las emergencias semi-insurreccionales. El espesor histórico, el fondo y el trasfondo, del uso de los instrumentos hegemónicos en el sentido contra-hegemónico, es pues la desmesura política de la revuelta, la revolución y el proceso de movilizaciones.

La cuarta dimensión encontrada en el análisis del contexto latinoamericano es el debate civilizatorio. Boaventura de Sousa Santos dice: hoy, debido a la renovada eficacia de las luchas de los pueblos indígenas y afro-descendientes, el debate civilizatorio está en la agenda política y se manifiesta a través de dualidades complejas ancladas en universos culturales y políticos muy distintos. No se trata de diferencias culturales siempre presentes en el seno de cualquier universo civilizatorio, sino de diferencias culturales entre universos civilizatorios distintos. A título de ejemplo, algunas de las dualidades: ¿recursos naturales o Pachamama?, ¿desarrollo o SumakKawsay?, ¿tierra para reforma agraria o territorio como requisito de dignidad, respeto e identidad?, ¿Estado-nación o Estado plurinacional?, ¿sociedad civil o comunidad?, ¿ciudadanía o derechos colectivos?, ¿descentralización/desconcentración o autogobierno indígena originario campesino?[19]Se puede resumir el debate civilizatorio en torno al vivir bien, suma qamaña, suma kausay, que es tomado, desde la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, llevada a cabo el 22 de abril  en Tiquipaya-Cochabamba,  como modelo civilizatorio y cultural alternativo al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo. La peculiaridad del vivir bien es que arranca de la matriz de cosmovisiones indígenas del continente y se proyecta como proyecto civilizatorio de los movimientos sociales del mundo en lucha contra el capitalismo.

 

 

Naturaleza de la transición

¿Cuál es la estructura, la composición, la orientación y la dirección de la transacción? Esta es la pregunta que no solamente tiene que ver con la temporalidad sino también con el desplazamiento político y la transformación política. La pregunta implícita es más o menos la siguiente: ¿A dónde va la transición? También podríamos preguntarnos: ¿Es transformadora la transición? Y podemos seguir: ¿Cuáles son las experiencias de la transición? ¿Cuáles son las percepciones de la transición? Volviendo atrás, sin necesariamente repetir la pregunta: ¿A dónde vamos con la transición? ¿Dónde nos lleva? Sobre todo esta pregunta se hace inquietante cuando sabemos que se trata de la transición hacia el Estado plurinacional comunitario y autonómico. ¿Hemos dejado el Estado-nación? ¿Podemos dejar esta estructura política heredada? ¿El Estado plurinacional comunitario es una utopía o mas bien es la potencia y la potencialidad inmanente del poder constituyente e instituyente, de la voluntad de poder de los movimientos sociales y de las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos y afro-bolivianos? ¿Este proyecto anhelante, esta proyección política y social, coincide con la sustentación de las condiciones de posibilidad históricas? ¿Puede la voluntad política multitudinaria cambiar las condiciones, transformarlas? Para responder estas preguntas no debemos olvidarnos que nos situamos en campos de correlaciones de fuerzas, en el espacio-tiempo de procesos en curso, plásticos y moldeables. Hay que distinguir la lectura de las fuerzas desde la perspectiva de su cantidad de la lectura cualitativa de las fuerzas, que se basa en la distinción de su diferencia; así también distinguir la direccionalidad y el sentido del juego de fuerzas. Así, por este camino, es también importante distinguir lo anterior de la interpretación hecha por la voluntad de poder, afirmativa o reactiva. Podemos decir, transformadora o restauradora.

 

De acuerdo a la apreciación de Boaventura de Sousa Santos se cuenta con una vasta bibliografía sobre transiciones políticas contemporáneas. Hablamos de estudios sobre las transiciones de las dictaduras o “Estados burocrático autoritarios” de la década de los años 60 y 70 del siglo pasado hacia las democracias liberales de los años 80. Entre estos estudios sobresale la investigación de Guillermo O’Donnell[20]. La problemática medular en este conjunto de investigaciones es definir dónde comienza la transición y hasta dónde va[21]. Al respecto, lo importante es subrayar que, en general, la teoría crítica latinoamericana, en especial de los años 80 del siglo pasado, concentró sus críticas en el carácter “superestructural” de los análisis de las transiciones, totalmente centrados en las dinámicas y procesos políticos (casi siempre dominados por las élites y con muy poco espacio para las clases populares), y en el hecho de que las transiciones democráticas ocurrieron al mismo tiempo que la liberalización de las economías exigida por la nueva ortodoxia, el neoliberalismo, y por eso coincidieron con el aumento exponencial de las desigualdades sociales, lo que acabó por deslegitimar la democracia liberal en la percepción de las clases populares[22]. En la nueva generación de transiciones de los procesos de transformación recientes, el perfil, la forma, el contenido, la estructura, la composición y la orientación de los mismos cuestiona las concepciones sobre la transición conformadas por la academia. Los movimientos sociales,  los movimientos indígenas, afro-descendientes y campesinos, los movimientos relativos a las identidades cuestionan las tesis e hipótesis consolidadas sobre la transición. Estos movimientos subvirtieron los fundamentos de las transiciones “canónicas” en tres dimensiones distintas: a) el inicio y el término de la transición, b) el concepto de tiempo que gobierna la transición y c) las totalidades en cuyo seno ocurre la transición[23].

 

En lo que respecta al inicio y el término de la transición, estas conmociones han trastornado toda la cuidadosa indagación sobre las transiciones al mostrar que sus duraciones son demasiado cortas, además de que las transformaciones “canonizadas” por ellas, sin ser minimizadas o menospreciadas, resultan como circunscritas a la coyuntura de referencia y no toman en cuenta los contextos históricos expansivos y dilatados de la emancipación y de la liberación[24]. En lo que respecta a el concepto de tiempo que gobierna la transición, no solamente la temporalidad ha sido alterada, sino también el concepto de tiempo que le subyace. Dada la concepción de tiempo lineal que subyace a la modernidad occidental, las transiciones son siempre una trayectoria que va del pasado al futuro[25]. En lo que respecta a las totalidades en cuyo seno ocurre la transición, el trastrocamiento de las concepciones establecidas tiene que ver con las diferentes cosmovisiones que son llamadas a converger en las transiciones de largo plazo. Las transiciones canónicas de las décadas pasadas son transiciones en el seno de totalidades homogéneas: dictadura y democracia en cuanto dos sub-especies de regímenes políticos modernos. En el caso de los indígenas y afro-descendientes, las transiciones ocurren entre civilizaciones distintas, universos culturales con cosmovisiones propias cuyo diálogo posible, a pesar de tanta violencia y de tanto silenciamiento, solamente es posible a través de la traducción intercultural y siempre con el riesgo de que las ideas más fundamentales, los mitos más sagrados, las emociones más vitales se pierdan en el tránsito entre universos lingüísticos, semánticos y culturales distintos[26].

 

La naturaleza de la transición supone una ruptura y quiebre civilizatorio y cultural, una ruptura y desplazamiento epistemológico, transformaciones radicales institucionales, económicas, políticas y culturales. La interpretación de esta transición es descolonizadora, entonces el inicio de la transición se remonta a la emergencia de la guerra anticolonial, a los levantamientos indígenas del siglo XVIII; la construcción de la nueva conceptualización de la transición descolonizadora supone poner en suspenso los mecanismos de dominación, la violencia corporizada, la discriminación y la explotación, la internalización de las relaciones de poder, la construcción del concepto apunta a una nueva forma de pensar la estructura de la temporalidad y el ritmo de los procesos; la des-totalización de la cultura y la civilización hegemónica corresponde al núcleo mismo de la transición, la misma que se orienta a la emancipación múltiple se los sujetos y subjetividades emergentes, de los ámbitos de relaciones alternativas y actualizadas, de las naciones y pueblos subyugados.

 

La pregunta de ¿a dónde vamos con la transición? La vamos a poder responder si visualizamos lo que contiene la transición, las fuerzas que la componen y la dirigen, la correlación de fuerzas, las tendencias en juego. Ya habíamos dicho que lo que se nota en la inercia del viejo Estado, del Estado-nación, la resistencia del Estado liberal a morir, la restauración del Estado colonial, la repetición del Estado moderno mono-nacional y mono cultural, atrapado en las redes del orden mundial, de la dominación mundial delos países dominantes del centro del sistema mundo capitalista, bajo la hegemonía y dominación de la hiperpotencia económica, tecnológica, militar y comunicacional de los Estados Unidos de Norte América. Hablamos de la persistencia de las estructuras burocráticas del Estado liberal, de la mantención obsesiva de sus viejas normas, viejos procedimientos, viejas prácticas, que restituyen la forma de gobierno liberal que separa gobernantes de gobernados, Estado de sociedad civil. Comprendiendo esta restauración colonial en el marco de un Estado que sigue siendo subalterno, por lo tanto enredado en la textura de la múltiple dependencia. También hablamos de la dramática situación en a que se encuentra la Constitución Política del Estado, la aplicación de la constitución, pues ante un proceso de restauración colonial y liberal, lo que se hace es desconstitucionalizar el texto constitucional. La elaboración de leyes terminan siendo transitorias, no son el resultado de una construcción colectiva y de una ruptura conceptual con las formas coloniales de hacer leyes, reproduciendo mecánicamente el pensamiento represivo del derecho y del pensamiento jurídico, repitiendo mecánicamente la técnica legislativa, sin abordar para nada la producción legislativa desde un nuevo paradigma, desde la fuerza creativa de la imaginación y el imaginario radicales. Las leyes fundacionales fundan el nuevo Estado plurinacional comunitario y autonómico, no restauran el Estado liberal, el Estado-nación, el Estado moderno, es decir lo que llamamos el Estado colonial.  Por lo tanto, podemos encontrar dos tendencias en pugna en el proceso de transición , una, dominante, que encarna el proyecto de un capitalismo de Estado, atrapado acríticamente en el marco avejentado e inútil del paradigma de la revolución industrial, sin poder articular el cambio del modelo productivo, incluyendo la industrialización efectiva de las áreas estratégicas en el contexto articulado, complementario e integral de una economía plural, orientada a la economía social y comunitaria, la misma que despliega un modelo ecológico, en la perspectiva del modelo civilizatorio y cultural alternativo al capitalismo, la modernidad y el desarrollo.  La otra tendencia se encuentra subsumida, fragmentada y dispersa, tratando de responder desde distintas perspectivas a la aplicación consecuente de la constitución. Esta corriente abarca corrientes indianistas, ambientalistas, agraristas, plurinacionales y comunitarias.

 

 

La fundación del Estado plurinacional comunitario o más allá del Estado

Boaventura de Sousa Santos plantea dos vertientes de transformación del Estado, la primera es el Estado como comunidad ilusoria, la segunda es el Estado de las venas cerradas. Respecto a la caracterización de la primera vertiente dice que:

 

El Estado-comunidad-ilusoria tiene una vocación política nacional-popular y trans-clasista. La “comunidad” reside en la capacidad del Estado para incorporar algunas demandas populares por vía de inversiones financieras y simbólicas ideológicas. La acción represiva del Estado asume, ella misma, una fachada simbólico-ideológica (la “seguridad ciudadana”). El carácter “ilusorio” reside en el sentido clasista del trans-clasismo. Las tareas de acumulación dejan de contraponerse a las tareas de legitimación para ser su espejo: el Estado convierte intereses privados en políticas públicas no porque sea “el comité de la burguesía”, sino porque es autónomo en la defensa del bien común. Por otro lado, al denunciar las más arrogantes manifestaciones del poder clasista (demonizando la ostentación, los bonos y gratificaciones), el Estado hace que los fundamentos de este poder queden todavía más invisibles e intocados[27].

 

En lo que respecta a la segunda vertiente de la transformación del Estado dice que:

 

Cuando los movimientos indígenas, en el continente latinoamericano y en el mundo, levantan la bandera de la refundación del Estado lo hacen por haber sufrido históricamente y por seguir sufriendo hoy en día las consecuencias de todas las características arriba mencionadas del Estado moderno en muchas de sus metamorfosis[28]. De acuerdo a lo que se escribe en Refundación del Estado en América latina, el Estado de las venas cerradas es el Estado plurinacional que se construye en Bolivia y Ecuador. Como dijimos varias veces este Estado de las venas cerradas no es un Estado moderno, no es un Estado liberal, por lo tanto no es un Estado colonial; por lo tanto se trata de un Estado que se construye sobre su condición pluralista, su condición heterogénea no moderna, podríamos llamarla postmoderna, su condición comunitaria, su condición descolonizadora. Para entender esta transformación estatal, esta transfiguración política, debemos tener en cuenta dos cosas, las dificultades de la transición y las condicionantes, los recursos, los medios y experiencias por las que pasa esta transición de la fundación del Estado plurinacional. Primero evaluaremos las dificultades de la transición y después pasaremos a los medios de la transición.

 

Teniendo en cuenta estas vertientes de la transformación del Estado, el proceso de refundación del Estado, incluso podemos decir mejor, el proceso de fundación de una nueva forma de Estado, tiene siete dificultades principales:

 

La primera dificultad puede resumirse del modo siguiente: no es fácil transformar radicalmente una institución que, en su forma moderna, tiene más de trescientos años. La segunda dificultad puede describirse de la siguiente forma: la prolongada permanencia del Estado moderno ocasiona que su imaginario esté presente en la sociedad mucho más allá de su materialidad institucional; esta es la razón por lo que el proceso de fundación del nuevo Estado no se restrinja a una lucha política en sentido estricto, mas bien se abre a las formas plurales de la lucha social y cultural, transformando los símbolos, viviendo transvaloraciones, cambiando mentalidades, instaurando nuevos habitus y subjetividades. Visto de esta forma se trata del combate por una nueva hegemonía[29]. La tercera tiene que ver con la necesidad de contar con alianzas estratégicas. Esta querella no puede ser sobrellevada exclusivamente por las clases más explotadas, las naciones y pueblos, los grupos más oprimidos; es ineludible crear alianzas con conglomerados, grupos y clases sociales más extensos[30]. La cuarta dificultad puede asumirse de la siguiente manera: lo que llamamos fundación del nuevo Estado es en el fondo  una ruptura y un desplazamiento  civilizatorio. En este horizonte se requiere de un diálogo intercultural; para que se produzca este diálogo intercultural es imprescindible la concurrencia de voluntades políticas diferenciadas históricamente[31]. La quinta dificultad tiene que ver con la condición de posibilidad histórica del propio proceso de fundación del Estado; esta condición exige transformar el orden de relaciones y el carácter mismo de las relaciones sociales y culturales; particularmente en los ámbitos de la economía capitalista se requiere transformar las relaciones económicas, las de producción y las de reproducción[32].La sexta dificultad tiene que ver con distintas perspectivas de los movimientos involucrados en la fundación del Estado. Para los aliados del movimiento indígena la refundación del Estado significa crear algo nuevo, para el movimiento indígena el Estado plurinacional comunitario tiene sus raíces en formas que precedieron a la conquista[33]. Por último, la séptima dificultad tiene que ver con representaciones sociales reiterativas de los proyectos revolucionarios del siglo pasado. Otra representación recurrente es la relativa a la modificación reformista del Estado moderno; esto es la experiencia de la  socialdemocracia y del Estado de Bienestar[34].

 

Retomando el hilo, según Boaventura de Sousa Santos hay dos vertientes de la transformación del Estado, de la fundación del nuevo Estado, la que tiene que ver con Estado-comunidad-ilusoria y la del Estado-venas-cerradas. La primera vertiente se resume a mantener el mismo Estado, su misma estructura de poder, su misma composición institucional, operativa y práctica, incorporando reformas en el marco de la comunidad ilusoria, que si bien satisfacen parcialmente demandas populares no cambian las estructuras mismas que generan las desigualdades, las inequidades, los desequilibrios, las dominaciones polimorfas. Mas bien refuerzan estas estructuras alimentando la ilusión de transformaciones ficticias, coyunturales, frágiles. La segunda vertiente, la del Estado-venas-cerradas, busca responder al desafío de las transformaciones estructurales del Estado, de las transformaciones institucionales y de las transformaciones económicas, políticas, sociales y culturales. Se trata de quebrar las estructuras que generan desigualdades y dominaciones polimorfas, quebrar al Estado estructurado sobre relaciones de poder que reproducen las clases, la discriminación racial y la acumulación capitalista. Se trata de fundar un nuevo Estado basado en relaciones de poder que establezcan la equidad social, la descolonización y la interculturalidad, la generación creativa de producciones complementarias e integrales, en armonía con la naturaleza, formas de vida múltiples en interacción equilibrada.

 

Las condicionantes, los recursos, los medios y las experiencias de la transición pueden describirse del siguiente modo: hablamos del constitucionalismo transformador, de las rutas abiertas en el horizonte del Estado plurinacional, del proyecto de país, de la nueva institucionalidad, del pluralismo jurídico, de la nueva territorialidad, de la nueva organización del Estado y de las nuevas formas de planificación, de la democracia intercultural, del mestizaje postcolonial emergente, de la participación de las mujeres en la fundación del nuevo Estado, de la educación para la democracia intercultural y la refundación del Estado a partir de la epistemología del Sur, y de los recorridos experimentales del Estado plurinacional. Llamemos a las condicionantes, recursos, medios y experiencias instrumentos de la transición; entonces estos instrumentos de la transición transformadora en la fundación del Estado plurinacional comunitario nos muestran los múltiples niveles en los que hay que moverse en el acto fundacional y creativo del nuevo Estado. Importa entender que el nuevo constitucionalismo es participativo, resulta de una construcción colectiva, se proyecta como voluntad política transformadora de las multitudes. Es indispensable comprender que las transformaciones institucionales se abren a otra forma de gobierno, que resulta de la participación activa de los sujetos colectivos, los movimientos sociales, de la ciudadanía intercultural. El nuevo mapa institucional corresponde a una circulación horizontal de fuerzas y de poder que organizan los instrumentos y agenciamientos políticos en una dinámica de profundización democrática. El pluralismo jurídico se abre a distintas esferas éticas, incorporando la ética colectiva y la cosmovisión de las naciones y pueblos indígena originarios. Este pluralismo forma parte del pluralismo institucional, del pluralismo normativo, del pluralismo administrativo, del pluralismo de gestiones del Estado plurinacional comunitario. La condición plurinacional del Estado y la condición autonómica, sobre todo la presencia re-constitutiva de las territorialidades indígenas exige un nuevo orden territorial, una nueva territorialización, entendiendo al territorio como espesor cultural y espesor ecológico. Estas transformaciones conducen a nuevas formas organizativas del Estado basadas en el ejercicio plural de la democracia participativa, también conlleva un nuevo enfoque de planificación integral, complementaria y participativa, desarrollando una visión territorial de las políticas, los planes y los programas. El Estado plurinacional supone tanto la reconstitución comunitaria como la articulación intercultural de la emancipación. Esto requiere de una educación intercultural que movilice la crítica y las potencialidades descolonizadoras, hablamos de una educación descolonizadora e intercultural. Como puede verse la condición compleja y múltiple del Estado plurinacional exige el uso alternativo de un pensamiento pluralista, que recurre a la circulación crítica de múltiples paradigmas.

 

 

 

 

Desiderátum en la transición

Cómo es lógico, las concesiones se hicieron mayores y más frecuentes en una dinámica en la que no es posible distinguir la gravedad de cada paso que se da. Todas las concesiones fueron comprometedoras en grados y medidas siempre crecientes. La revolución no se derrumbó de un solo golpe: cayó poco a poco, pedazo a pedazo. La contrarrevolución no pasó por el país como una aplanadora y sus efectos fueron demoledores, necesitó varios años para echar abajo lo que encontraba a su paso.

Sergio Almaráz Paz: Réquiem para una república. El tiempo de las cosas pequeñas.

 

 

El 2006 comienza una nueva etapa, después de haber vivido y experimentado la intensa y expansiva movilización general del 2000 al 2005. Esta nueva etapa se caracteriza por ser la primera gestión del primer gobierno elegido en diciembre de 2005, como consecuencia de la toma de la ciudad de Sucre el 9 de junio por los ayllus en la mañana, y por el proletariado minero en la tarde, en una especie de clausura de las movilizaciones de mayo y junio del 2005. Las elecciones eran un instrumento democrático para viabilizar la agenda de octubre (2003) y el ímpetu del poder constituyente de los movimientos sociales. Empero en el 2006, después de la asunción de mando por parte del presidente Evo Morales Ayma y el Vicepresidente Álvaro García Linera, la disyuntiva se presenta al flamante gobierno indígena y popular: Cambiar todo o efectuar cambios paulatinos de una manera diferida y pragmática. Se escoge lo segundo ante el temor de no poder manejar un gobierno inserto en radicales transformaciones institucionales. Esta decisión cautelosa se toma no sin dudas, sobre todo por parte de las organizaciones sociales. Empero tal era el entusiasmo en el que se hallaban las multitudes que estos primeros pasos titubeantes eran incluso bien venidos, figurando un niño que comenzaba a caminar. ¿Habrá sido una buena decisión? Esto sólo lo podremos saber haciendo un balance analítico y profundo de la primera gestión de gobierno, a la luz de los acontecimientos desatados durante este periodo inaugural, que incluyen a un dramático proceso constituyente, pero también teniendo en cuenta las tareas que tiene que emprender el segundo gobierno de Evo Morales Ayma, en una etapa que denominaremos de la aplicación de la Constitución Política del Estado, temporalidad que exige actos, acciones y leyes fundacionales, transformaciones institucionales radicales sobre las que se asiente el Estado plurinacional comunitario y autonómico.

 

Durante la primera gestión de gobierno se toman dos medidas fundamentales que corresponden a la llamada Agenda de Octubre, la nacionalización de los hidrocarburos, el primero de mayo de 2006, y la convocatoria a la Asamblea Constituyente, el 6 de marzo del mismo año. Estas dos medidas cambian el escenario económico y el escenario político del país. El primer artículo del Decreto Supremo 28.071“Héroes del Chaco” dicen que el Estado recupera la propiedad, la posesión y el control total y absoluto de estos recursos. En la Leyespecial de convocatoria a la Asamblea Constituyente se dice que El objeto de la presente Ley Especial es convocar a la Asamblea Constituyente y se basa en los Artículos 2ª, 4ª y 232ª de la Constitución Política del Estado y Artículo 1ª de la Ley Especial 3091 del 6 de julio de 2005, señalando la forma y modalidad que establecen dichos artículos. Con estas medidas se inicia el proceso de nacionalización de los recursos naturales y el proceso constituyente. Ambos procesos van a experimentar sus propias contingencias, el primero técnicas, de implementación y de creación de las condiciones para la industrialización de los hidrocarburos, en un ámbito internacional de grandes compras de volúmenes de gas, principalmente por parte de Brasil y de Argentina. El segundo proceso resulta mucha más duro que el primero y cualitativamente diferente, tiene que sortear los problemas y los obstáculos que le siembran en el camino una oposición recalcitrante, las oligarquías regionales y el Comité Interinstitucional de Chuquisaca que levanta a la ciudad de Sucre contra la Asamblea Constituyente. Finalmente, después de un año y cuatro meses, el tesón, el esfuerzo, hasta el sacrificio y el acto heroico de los constituyentes salvan a la Asamblea Constituyente, la mayoría de los constituyentes aprueba en el Liceo Militar y después en Oruro la Constitución Política del Estado. El Congreso, declarado constitucional, hará después ciento cuarenta y cuatro modificaciones, revisando ciento vente y dos artículos, empero no podrá cambiar el espíritu constituyente, la voluntad constituyente, expresada en la estructura misma de la constitución, en la visión de país y en el modelo de Estado; manifestando esta voluntad principalmente en la parte declarativa de la Constitución y derivando consecuencias importantes en la parte orgánica de la misma.

 

La primera gestión de gobierno tuvo que enfrentar la conspiración de la derecha, conspiración que se realiza en varias etapas. Primero se comenzó con una agenda opuesta a la Agenda de Octubre de 2003, la llamada Agenda Autonómica, después se dio lugar el referéndum autonómico, comenzando el 4 de mayo de 2008 en Santa Cruz, en franca oposición al Gobierno Nacional y a la Corte Nacional Electoral. Después del referéndum constituyente del 25 de enero de 2009, las oligarquías regionales se lanzan a una ofensiva movilizada y violenta, efectuando toma de instituciones gubernamentales, utilizando el argumento de que persiguen recuperar la parte del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH), que supuestamente se les quitó, transfiriendo este monto al bono dignidad. Esta ofensiva culmina en su espiral de violencia ascendente el 11 de septiembre de 2008 con una cruenta masacre de campesinos. El gobierno declara Estado de Sitio en Pando e interviene la región con el objeto de restituir el orden, capturar a los responsables de la masacre y juzgarlos. En defensa del decreto que declara Estado de Sitio se dice que se establece una situación excepcional de “extrema gravedad” para “garantizar la vida” y “los intereses de la colectividad” en el departamento de Pando.

 

La derecha es derrotada por lo menos cuatro veces en este lapso te tiempo político; primero con la aprobación popular de la Constitución Política del Estado en el referéndum constitucional, segundo con la ratificación del presidente Evo Morales Ayma en la revocatoria de mandato, tercero con la derrota político y militar en Pando, y cuarto con la derrota electoral de diciembre de 2010. En estas elecciones la derecha se encuentra dispersa, fragmentada, desmoralizada, sin discurso político, pues el discurso autonómico es reapropiado por la Constitución con una propuesta más integral de pluralismo autonómico. La derecha al oponerse a la aprobación de la Constitución queda al margen de la propia nueva agenda autonómica. La segunda gestión de gobierno se inicia con una abrumadora mayoría del Movimiento al Socialismo (MAS) en la Asamblea Legislativa Plurinacional, controlando las dos cámaras, lo que habilita al gobierno, en coordinación con la Asamblea, a la promulgación de leyes que deberían ser fundacionales. Estos resultados hacen pensar en las condiciones de posibilidad adecuadas para la construcción y conformación de una hegemonía indígena y popular, hegemonía indispensable para la realización de las tareas de transformaciones institucionales, políticas, económicas, sociales y culturales que requiere la fundación del Estado plurinacional comunitario y autonómico.

 

Este ambiente despejado y promisorio no se empaña del todo con los resultados de las elecciones departamentales y municipales del cuatro de abril de 2010, donde si bien gana el MAS en seis de los nueve departamentos, pierde en tres, Santa Cruz, Tarija y Beni. Gana en la mayoría de los municipios, más de 200 de los 337 municipios; sin embargo, perdió en las elecciones municipales en siete de las diez principales ciudades, contándose entre ellas a la ciudad de La Paz, así también Oruro, ciudades estas asentadas entierras altas donde se despliega la preponderancia electoral del MAS, ciudades que se consideran baluartes del Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (IPSP).Otra cosa que llama la atención es lo que ocurrió en la ciudad de El Alto, donde ganó el MAS, pero sólo con el cuarenta por ciento de los votos, bajando su votación a la mitad respecto a las elecciones presidenciales. Haciendo un balance cuantitativo de lo que aconteció en el departamento de la sede de gobierno, el MAS bajó su votación en La Paz de ochenta a cincuenta por ciento. Considerando este rápido recuento, ¿qué significa este desplazamiento electoral? ¿Un reacomodo de las fuerzas políticas? ¿Un desplazamiento hacia el centro? ¿Desacuerdo de las bases en lo que respecta a la selección de los candidatos? ¿Un síntoma de las variaciones emocionales de la gente? ¿Desgaste del MAS? ¿O mas bien se trata de un fenómeno pasajero y circunstancial? ¿Estos desplazamientos se explican por la ausencia de Evo Morales como candidato, la diferencia entre elecciones nacionales y elecciones departamentales y municipales?  Estas preguntas dibujan un espacio de preguntas, pero también de problemas, así como de probables hipótesis, que pueden ayudarnos a analizar y a interpretar las coyunturas que se van a suceder desde las elecciones departamentales y municipales hasta el conflicto de Potosí de agosto de 2010.

Tres conflictos se suceden en una coyuntura postelectoral; el conflicto de Caranavi por la instalación de una planta de cítricos, que se prolonga durante las dos primeras semanas de mayo, derivando en un desenlace fatal que se lleva dos muertos y veintinueve heridos; el conflicto con el CIDOB, la central indígena de pueblos del Oriente boliviano, que se prolonga casi todo julio, que tiene que ver con un conjunto de demandas vinculadas a los territorios indígenas, a la implementación de las autonomías indígenas, al Fondo Indígena, a la anulación de concesiones forestales, a la realización de la consulta, al saneamiento de tierras en los territorios indígenas, así como al problema de la presencia de los terceros en territorios indígenas; y el conflicto de Potosí, que se prolonga durante las dos primeras semanas de agosto, conflicto que estalla en principio por un problema limítrofe departamental entre Oruro y Potosí, conectado con la instalación de una planta industrial de cemento y la explotación de yacimientos en el cerro Pahua, empero el conflicto se amplifica a un conjunto de demandas regionales. Estos tres conflictos dibujan nuevos escenarios en el proceso político en marcha; se trata de organizaciones sociales, una indígena y otra sindical campesina, además del comité cívico de un departamento; no hay que olvidar que el departamento de Potosí forma parte de la geografía política de apoyo al gobierno, al MAS y al proceso. No se puede equiparar estos conflictos con los anteriores, los llevados a cabo por los comités cívicos de los departamentos de la llamada “media luna” y el Comité interinstitucional de Chuquisaca; son distintos, son causas diferentes y distintos actores, también son problemas desemejantes. Sería un error de análisis el creer que hay una continuidad entre estos conflictos y los anteriores. La discontinuidad es clara; ahora bien, de lo que se trata es de entender la genealogía de los últimos conflictos.

Para tal efecto, en primer lugar nos haremos la siguiente pregunta: ¿Cuál es la materialidad social y política de los distintos perfiles de conflictos, el llevado a cabo por los comités cívicos de la “media luna” y el llevado a cabo por los indígenas de tierras bajas, los vecinos y campesinos de Caranavi, además del comité cívico de Potosí (COMCIPO), donde participó el pueblo de Potosí, por lo menos de la ciudad de Potosí? Respondamos a esta pregunta.

En un ensayo sobre Estado, Asamblea Constituyente y autonomías, que aparece en el libro de Comuna bajo el título  Horizontes y límites del poder y del Estado, publicado por el 2005, se escribe lo siguiente:

El campo social del departamento de Santa Cruz no es nada homogéneo. Hay una estructura social jerárquica, consolidada de una forma vertical y elitaria. Sólo una minoría controla el monopolio de la tierra, de las finanzas, de la economía, de los circuitos de influencia, de la prefectura, del gobierno municipal, de los medios de comunicación. En este espacio social tenemos un monopolio de los dispositivos políticos departamentales de parte de una oligarquía regional, que es al mismo tiempo una burguesía nacional intermediaria. Hablamos entonces de una estructura de poder que tiende a la hegemonía regional. Hablamos de una estructura económica basada en la concentración abismal de recursos en unas cuantas familias. También hablamos del control casi absoluto del espacio virtual, la caja de resonancia prioritaria en el contexto contemporáneo, los medios de comunicación de masa. Los empresarios controlan casi todos los medios de comunicación disponibles a nivel nacional, a excepción de las radios populares,  el canal de televisión popular (RTP) y otros medios alternativos. Casi todos los medios de comunicación, incluyendo particularmente la prensa, están controlados por esta oligarquía regional. Este monopolio de los medios se manifiesta en su programación, diseño y contenidos que están vertiendo. En esta programación, diseño y contenidos se puede entrever a donde se está apuntando, cuáles son los objetivos estratégicos. Se trata de una construcción ideológica, además del control efectivo de los medios, se trata de un control mediático de la realidad nacional, de un control virtual de la información. Por medio de estos procedimientos los medios de comunicación crean una realidad virtual, se inventan una realidad comunicativa. Esta hiper-realidad termina siendo la única realidad que tenemos en cuenta; porque la realidad real, efectiva, el acontecimiento de singularidades acaba siendo ocultada. Por ejemplo no se visualizan, no se hacen audibles, las vivencias sociales de las provincias, las formas de existencia de las mayorías de los cambas, mestizos, rancheros. Todo esto ha desaparecido. Ahora solo existe la representación del camba en los términos ideológicos del discurso de la nación camba. Práctica discursiva incipiente, desplegada por una minoría, que se ha creído siempre hispánica, que ha usado el término de cambas bien de modo despectivo. Tardíamente trata de invertir el término usual, otorgándole un valor ideológico de aglutinamiento, buscando desesperadamente la hegemonía parcial al interior de la frontera regional[35].

 

Obviamente este no es el campo social de los conflictos en tierras bajas con el CIDOB, tampoco en tierras altas con los conflictos suscitados en Caranavi y en Potosí. En lo que respecta a la marcha indígena, la composición social la definen las organizaciones indígenas de tierras bajas, aglutinadas en el CIDOB, incluyendo a las organizaciones que terminan distanciándose de la marcha como la Asamblea del Pueblo Guaraní (APG). Podemos incluir en esta composición a las Organizaciones no Gubernamentales (ONGs) que apoyan a las organizaciones indígenas de tierras bajas. Entre las organizaciones indígenas y las ONGs tenemos una red de técnicos y asesores de las mismas organizaciones; también podemos incluir a medios populares e intelectuales que simpatizan con las causas indígenas. Trasladándonos a la zona subtropical de Caranavi el campo social es dibujado por organizaciones sindicales campesinas de los llamados colonizadores, que desde la aprobación de la Constitución se hacen llamar interculturales, juntas de vecinos de la ciudad intermedia, autoridades municipales, instituciones del lugar, medios de comunicación locales, también tenemos que destacar la participación de los representantes asambleístas de la provincia. En lo que respecta al conflicto regional de Potosí, vale la pena acudir al análisis que realiza Samuel Rosales, militante potosino del MAS; en el documento describe los contenidos y los actores de las reivindicaciones de Potosí del siguiente modo:

 

La movilización potosina tiene carácter reivindicativo y contenidos desarrollistas con participación popular… De esta movilización participan sectores populares como desocupados, amas de casa, organizaciones de pequeños empresarios, transportistas, magisterio entre otros[36].

 

Entre esos otros podemos incluir a las organizaciones del Comité Cívico de Potosí (COMCIPO), también a la Gobernación del departamento y a los representantes asambleístas, a los sindicatos mineros y a los cooperativistas, además de medios de comunicación regional e intelectuales potosinos. Empero en el espacio del campo social del conflicto potosino también debemos comprender a las organizaciones campesinas aglutinadas en la Federación Campesina del Departamento de Potosí, así mismo al Consejo de Marcas y Ayllus del Qullasuyu (CONAMAQ) que, dependiendo del momento de la temporalidad del conflicto, han actuado en contra de COMCIPO, ventilando una contradicción entre ciudad y campo. En la extensión de este campo social hay que situar a una red de ONGs que trabajan en la región, que tienen sus oficinas en la ciudad, empero muchas de ellas trabajan en las provincias, con los sindicatos y ayllus; también hay ONGs que trabajan con cooperativistas mineros.

 

Como se puede ver los campos sociales son diferentes en la “media luna” y en tierras altas, en momentos distintos de dicotómicos conflictos. Esta constatación nos muestra una situación y un momento diferente del proceso de cambio y de la transición. Se trata de demandas y reivindicaciones sectoriales, locales y regionales que tienen que ver con la aplicación de la Constitución, autonomías indígenas, el modelo económico, particularmente con su característica de modelo productivo, demandas que tienen que ver con la autonomía departamental. Se puede decir que la gente, las multitudes, las organizaciones, las localidades y las regiones han combatido, han apoyado, han votado varis veces, han resistido al embate de las oligarquías regionales, han marchado y sostenido el proceso constituyente, exigiendo la aprobación de la Constitución, han elegido apoyando el proceso; después de una larga temporalidad de entrega y despliegue de voluntades ahora piden resultados inmediatos de cambio en sus condiciones de vida, respuestas y productos concretos de transformación social, económica, política y cultural. Todo esto lo hacen desde sus propias perspectivas sectoriales, locales regionales, desde discursos fragmentarios, todavía sin concatenar un discurso político plurinacional comunitario. Hay que entender esta mutación en las entrañas mismas del proceso, es indispensable la participación de la gente, los pueblos, las naciones, las sociedades, las poblaciones, los territorios en la conducción del proceso en los términos aprobados por la Constitución como sistema de gobierno: la democracia participativa.

 

Tiempo político y decadencia

 

La revolución boliviana se empequeñeció y con ella sus hombres, sus proyectos, sus esperanzas. La política se realiza a base de concesiones, y entre estas y la derrota no hay más que diferencias sutiles. ¿Cuándo se tomó el desvío que condujo a la capitulación? Previamente debiera interrogarse: ¿los conductores estaban conscientes de que capitulaban, se dieron cuenta de que llegaron a aquel punto desde el que no hay retorno posible?

 

Sergio Almaraz Paz: Réquiem para una República. El tiempo de las cosas pequeñas.

 

Uno de los más lúcidos intelectuales bolivianos es indudablemente Sergio Almaraz Paz, sus libros, Petróleo en Bolivia, El poder y la caída, el estaño en la historia de Bolivia, Réquiem para una República, y otros ensayos, constituyen no sólo un valioso aporte al análisis de los grandes tópicos de la problemática de un país dependiente y de un Estado subordinado, sino también constituyen herramientas que hacen inteligible la realidad económica y política, los procesos inherentes, los campos de fuerza subyacentes y los intereses puestos en juego. Almaraz forma parte de un eje intelectual y crítico de la episteme boliviana, conformada por intelectuales preocupados por la defensa de los recursos naturales, la soberanía, la historia efectiva del poder y las manifestaciones concretas de la economía, preocupados por la comprensión específica y el conocimiento concreto de las formaciones históricos sociales abigarradas, preocupados por entender las específicas estructuras de poder que se despliega la política nacional.  En esta línea podemos citar a Carlos Montenegro, Sergio Almaraz Paz, René Zavaleta mercado y Marcelo Quiroga Santa Cruz. Sus reflexiones, análisis e investigaciones corresponden a una época en que está en juego la soberanía del Estado-nación.  Su crítica emerge como fuerza histórica de un pensamiento propio, una fuerza del entendimiento irradiante de las complejas realidades de las periferias de la economía-mundo capitalista. Su pensamiento tiene por objeto la crítica a una formación discursiva colonial, oligárquica, enajenante y alienante, seducida por los abalorios de la dependencia. El discurso de estos pensadores de la cuestión nacional es denunciativa y militante, comprometida y muchas veces solitaria. Pelean como naves intrépidas que cursan el océano de las formaciones enunciativas, como nómadas o viajeros en el desierto de la desterritorialización capitalista, enfrentándose a las fuerzas hegemónicas, aparentemente aplastantes y demoledoras; sin embargo, se trata de decursos intelectuales intrépidos que logran surcar los océanos, los desiertos y los bosques de las ideologías dominantes, legitimadoras de las estructuras de poder.

Lo que ahora interesa del análisis de Almaraz es la evaluación que hace de la Revolución Nacional de 1952, que duró hasta el 4 de noviembre de 1964, cuando un golpe militar interrumpe el problemático proceso nacionalista revolucionario. En Réquiem para una República escribe sobre la Psicología de la vieja rosca, poniendo en evidencia los prejuicios de la oligarquía, su racismo enconado, su desprecio por el país, del que sin embargo viven y se enriquecen; también escribe un brillante análisis del último periodo de la revolución, su fase que podemos llamar decadente, se trata de un ensayo que intitula sugerentemente El tiempo de las cosas pequeñas. El análisis es minucioso, detallista, persigue seguir los ritmos de los hechos, de los acontecimientos, de las políticas y de las decisiones políticas, trabaja la forma de la degradación, de la corrosión y el retroceso de la revolución. Ésta fue retrocediendo poco a poco, peleando aquí, cediendo allá, sin dejar de hacer el cálculo puntilloso de dónde se podía resistir y dónde se podía resignarse. Empero este método de guerra de posiciones, un tanto ambiguo e irreversible, tendió una trampa; se trató de defender la minería a costa de entregar el petróleo a los norteamericanos, se defendió al Banco Minero ante la exigencia de reorganización impuesta por la institución financiera, tratando de proteger a los pequeños productores mineros, empero ya se había entregado la dirección técnica de COMIBOL a ingenieros norteamericanos, se resistió hasta el último una intervención militar a las minas, exigida por la embajada estadounidense, sin embargó llego de todas maneras el enfrentamiento de Sora Sora. Mediante este procedimiento del paso a paso, no se dieron cuenta los movimientistas cuando se pasaron al otro lado de la vereda. La confusión fue tal que en la abrumadora mutación política, los nacionalistas se vieron enfrentados al pueblo que hizo la revolución. Es este proceso sinuoso el que debe ser entendido y analizado; como dice Albert Camus: lo difícil en efecto es asistir a los extravíos de una revolución sin perder la fe en la necesidad de ésta.  Para sacar de la decadencia de las revoluciones lecciones necesarias, es preciso sufrir con ellas, no alegrarse de esta decadencia. ¿Cómo se pasó de una heroica insurrección que destruyó al ejército, llevó raudamente a las milicias de obreros y campesinos a imponer la nacionalización de las minas y la reforma agraria, a la situación calamitosa de noviembre de 1964 cuando oficiales de aviación y del ejército acribillaban oficiosamente a los pocos milicianos que quedaron para defender lo que subsistía de la revolución de 1952? Este desenlace catastrófico le llevo a Almaraz a decir que en Laicacota se disparó sobre el cadáver de una revolución.

Hay que evaluar las distintas etapas del proceso nacionalista, 1952-53, que corresponde al periodo del Cogobierno; 1953-56, que corresponde a la implementación de las medidas y al reacomodo de las fuerzas integrantes del nacionalismo revolucionario; 1956-1960, periodo que corresponde al punto de inflexión y al comienzo de la curva descendente, periodo de regresión y de las grandes capitulaciones, como las del plan triangular; 1960-1964; tiempo de las cosas pequeñas, periodo de la decadencia de la revolución. Viendo la curva y la función del proceso, lo grave fue haber llegado al punto de inflexión cuando la curva ascendente se convierte en curva descendente. En ese momento se llega a un gobierno pragmático que busca resolver el problema del desabastecimiento, el problema recursos financieros para COMIBOL, el problema de la estabilidad y de la gobernabilidad, de una manera “técnica”. Es cuando se opta por un programa monetarista y por la asistencia “técnica” a COMIBOL; prácticamente quedan atrás la figura compartida del Cogobierno, también se abandona la vigencia de la cogestión, es decir de la participación de los obreros en el gobierno y en la gestión. A partir de ese momento la suerte está sellada, se abandonaron los postulados de la insurrección de abril; se prefirió optar por un realismo político sin imaginación, creyendo que de esta manera podíamos atraer la inversión del capital financiero y sortear los obstáculos del proceso político.  Lo que vino después corresponde a una sorda y minuciosa resistencia, que quería defender, mas bien simbólicamente, pequeños detalles, poses de dignidad, en espacios y desenlaces perdidos. Se puede decir que la contrarrevolución se incubó en las propias entrañas del proceso, en el propio gobierno, en el mismo partido, fortaleciendo al ejército que iba a ser el instrumento de la CIA para dar el golpe de noviembre, desarmando a las masas, a los milicianos, al pueblo de sus propias convicciones logradas durante la formación de la concierna nacional, que nace en las trincheras de la Guerra del Chaco, de las propias certezas de la formación de la conciencia social, que nacen de las luchas de los trabajadores y el proletariado minero. Lo que sustituye a estas grandes convicciones, a estas grandes narrativas, es un sentido común de funcionarios atrapados en la coyuntura y en la vida cotidiana, en las tareas recurrentes, en las mesas de negociaciones, en el trámite molecular de las políticas públicas y de las azarosas relaciones internacionales dominantes. Las grandes finalidades de la revolución se perdieron, quedaron atrás, como parte de la memoria y de los actos heroicos. Lo que se tenía delante era mas bien metas pequeñas, mediocres, algunos pasos para adelante, otros pasos para atrás, decretos para darle forma a una micro-política paulatina, de inútil resistencia, empero de efectiva capitulación diferida.

Parafraseando nuevamente a Camus, lo importante es asistir a los extravíos de una revolución, sacar de la decadencia de las revoluciones lecciones necesarias; lo importante es aprender de la dinámica molecular de sus proceso, de la lógica inherente a su decurso, de sus fases sucesivas, de la concatenación de los hechos y de las decisiones que se toman. Lo importante de estas lecciones es utilizar lo aprendido para evitar que vuelva a suceder lo mismo cuando se da la oportunidad de un nuevo proceso de transformación.

 

Los entretelones del poder: Teatro político, burocracia e industrialización

 

La puesta en escena se ha convertido en el procedimiento privilegiado por la acción política. La escenificación del poder es el medio indispensable de la reproducción del poder, de la transmisión de sus símbolos, de sus enunciados, de la figura desmesurada y jerárquica de la representación del poder. La irradiación de los medios de comunicación de masa, su transversalidad y la ocupación omnipresente de los espacios sociales, terminan deformando el sentido de las cosas, instaurando una realidad comunicacional sobre la propia realidad real, si se puede hablar así. Lo que importa es la escena, la escenificación, el teatro, la representación de lo que se suplanta, el referente perdido del mundo y de sus hechos. Lo que importa es la conformación de lo público mediado por la publicidad, la propaganda, las noticias, pero sobre todo la exposición mediática, el lenguaje de la imagen y la locución. Las alegorías del poder son esclarecedoras, dignas de tomarse en cuenta; lo que transmite es la jerarquía, el orden, la ceremonia y la pleitesía de los mandos, la obediencia y subordinación, y sobre todo dejar en claro que hay gobernantes y gobernados, protagonistas y espectadores.  Los que hacen la historia y los observadores, quizás hasta víctimas, que se encuentran en el espacio gris de la expectación y quizás también de la expectativa; porque no decir esperanza multitudinaria en encontrar algo en aquellos espectáculos, un sentido de vida, una respuesta benevolente, una política social que le resuelva sus vidas. Esto pasa, pero lo que no podemos olvidar es que el teatro político forma parte de la reproducción del poder como ceremonialidad del mismo. Su elocuencia y colorido es necesaria para que el pueblo sepa quienes gobiernan, quienes dirigen, quienes deciden por las multitudes que conforman el pueblo. La representación del poder aparece rutilantemente durante las cortes del rey, reaparece acompañando las formas burocráticas durante las monarquías administrativas, se transforma en una escenificación apabullante con la revolución arquitectónica y comunicacional de las repúblicas. El teatro político adquiere su densidad acondicionadora en la vertiginosidad de una modernidad trastrocadora y cambiante, donde lo que importa es la inflamación de lo imaginario y la realidad virtual. Lo real ha terminado siendo suplantado.

Otro componente condicionante de la reproducción del poder, de las formas del poder, históricamente constituidas, es el aparato burocrático, es la burocracia como sistema de funcionamiento administrativo y normativo. Las tareas recurrentes y la aplicación de los procedimientos hacen a la rutina de una gestión pública encaminada a mantener y conservar el Estado.  La gestión pública tiene como tarea la realización de las políticas públicas, opera, ejecuta, pone en práctica, pero lo hace de una manera aparatosa, que termina difiriendo las acciones, dilatando los procesos,  a través de tantas mediaciones, convirtiendo al proceso de ejecución en un círculo vicioso, donde el fin ya no parece ser lograr determinados resultados sino el proceso mismo de cumplimiento interminable de procedimientos. Franz Kafka retrata mejor que Max Weber este fenómeno de la administración moderna. La burocracia, a pesar de lo que diga el sociólogo, que dice que se conforma para lograr una eficiente administración, se convierte en el aparatoso conjunto de procedimientos, de normas y reglas que logran eficientemente separar Estado de sociedad civil, el dualismo constitutivo del Estado moderno, convirtiendo a la sociedad política no sólo en representante de la sociedad civil, sino en el espacio de especialistas que toman decisiones a nombre de la sociedad y del pueblo, aunque estas decisiones terminen afectando a la sociedad y al pueblo.  Se produce una suerte de doble suplantación, no sólo de los representantes respecto de los representados, que ocurre de manera más clara con los legisladores, sino de los que manejan la cosa pública respecto a los públicos, los pueblos, las sociedades y los usuarios. Estas suplantaciones adquieren formas paradójicas en los procesos revolucionarios cuando la dictadura del proletariado se convierte en la dictadura del partido sobre el proletariado, y la dictadura del partido en la dictadura de la nomenclatura. También se repite en procesos recientes de transformación cuando los funcionarios terminan suplantando a los movimientos sociales, la voluntad burocrática termina suplantando la voluntad de los movimientos sociales. Decimos que estas situaciones son paradójicas porque se supone que las revoluciones y los procesos de transformación deben establecer relaciones horizontales, participativas y colectivas de acción directa y de democracia comunitaria. Pero no ocurre esto sino que se reitera la renovada separación y suplantación de los funcionarios respecto a lo que debería ser la auto-organización, la autodeterminación, la autonomía y el autogobierno, la capacidad y potenciamiento multiforme de la sociedad. Se produce un apoderamiento de los funcionarios de los mecanismos de conducción del proceso de cambio.  Por lo tanto podemos ver que la burocracia se convierte en un conjunto de mediaciones, procedimientos y normas de restauración de las formas de poder liberales y coloniales, ancladas en las instituciones que perduran y no cambian, cristalizadas en los huesos y las mentalidades de los funcionarios, que siguen siendo los mismos.

Un tercer componente condicionante de la reproducción del poder es lo que llamaremos el imaginario de la industrialización. A comienzos del siglo XX  liberales y positivistas soñaron con las rutas de ferrocarriles y las plantas industriales, para ellos se trataba de los símbolos del progreso y de las estructuras de la modernización. Más tarde, a mediados del siglo XX, los nacionalistas apostaron por la sustitución de importaciones a través del proceso de industrialización; se trataba de salir de la dependencia de la periferia respecto al centro de la economía-mundo capitalista. No se dieron cuenta que su obsesión industrialista era una manifestación paradójica de la dependencia, de la dependencia imaginaria del paradigma de la revolución industrial. Esto no quiere decir que no se tenga que industrializar en absoluto, sino que no puedes embaucarte en un paradigma industrialista. Los ingleses no necesitaron un paradigma industrialista, simplemente lo hicieron, construyeron industrias, transformando las condiciones de producción y de acumulación del capital. Lo que llama la atención es que los industrialistas de la periferia, los nacionalistas de las décadas de los cincuenta y sesenta, los industrialistas tardíos de comienzos del siglo XXI, se mueven y se encuentran atrapados en un imaginario industrialista, se hallan enajenados en el paradigma de la revolución industrial, convirtiéndolo en el único proyecto político, obviando que esto no es más que una manifestación dramática de la consciencia dependiente.

Las tareas políticas y económicas de la transformación pueden asumir seriamente la implementación de la transformación productiva en el contexto de la revolución tecnológica y científica, tomando en cuenta la compleja articulación entre modelo productivo, soberanía económica, soberanía financiera, soberanía tecnológica y soberanía alimentaria, además de comprender el carácter estratégico de lograr los equilibrios de los ecosistemas. En este caso, la apuesta no es industrialista sino la construcción de una economía integral y complementaria con la participación abierta de los sujetos y actores económicos. La construcción transformadora de las políticas económicas ahora debe ser participativa, la Constitución define una planificación integral y participativa, un presupuesto participativo, un régimen económico financiero autonómico. Esta perspectiva integral, participativa y complementaria no es industrialista, aunque tenga como componente la industrialización estratégica, no está enajenada en el paradigma de la revolución industrial sino que comprende el modelo productivo de una manera abierta y producente, es decir, con el objeto de afectar las relaciones de reproducción, produciendo relaciones sociales alternativas, colectivas y comunitarias. Es aquí donde toma importancia la economía social y comunitaria, definida en la Constitución. La economía integral, complementaria y participativa tiene como eje gravitante y estructurador a la economía comunitaria y a los emprendimientos sociales.

Cuando nos encontramos con este triángulo imaginario e ideológico de políticas públicas y políticas económicos, que se compone con los recursos delirantes del teatro político, la burocracia circulante y el imaginario industrialista, vemos que se recae en lo mismo de las liberales y coloniales formas de poder. No se necesita mucha imaginación para volver a andar por estos caminos recorridos, tampoco se requiere creatividad y menos implican transformaciones institucionales, económicas, políticas y culturales. Este triángulo de la reproducción del poder moderno es la política, la metodología y la ideología de la restauración.

 

Genealogía del racismo

 

Immanuel Wallerstein y Etienne Balibar compartieron una serie de ensayos sobre los tópicos del ámbito de relaciones entre raza, nación y clase, ensayos que se agruparon en un libro que lleva el título que hace a la conjunción de esos conceptos, raza, nación y clase[37]. En el libro se trabajan ensayos que tratan de responder a preguntas, hipótesis y problemáticas sobre el ámbito saturado de relaciones cambiantes, de acuerdo a los contextos históricos, entre los conceptos en cuestión. Una pregunta es: ¿Existe el neo-racismo? Otra cuestión es las relaciones entre universalismo, racismo y sexismo, entendidas como tensiones ideológicas del capitalismo. Otro problema tratado es la relación entre racismo y nacionalismo. También se trabaja históricamente la construcción de los pueblos, desde la relación entre racismo, nacionalismo y etnicidad. En la contingencia de la discusión, se analiza la forma nación, desde la perspectiva de su historia e ideología. De una manera más concreta se evalúa la unidad doméstica y la formación de la fuerza de trabajo en la economía-mundo capitalista. Así mismo el conflicto de clases en la economía-mundo capitalista. Retomando la mirada teórica, se retoma la discusión de la relación de Marx y la historia, esta vez trabajada desde la problemática de la polarización. Otro tema teórico recuperado de las polémicas es la formación de la burguesía, su concepto y realidad. También se plantean transformaciones en las mismas condiciones de la controversia, se dan lugar mutaciones  en el tiempo social y político, como cuando aparece la pregunta de si pasamos ¿de la lucha de clases a la lucha sin clases? También hay trabajos que retoman investigaciones empíricas, más descriptivas, para abordarlas en el análisis teórico; el tema es el conflicto social en África negra independiente4, analizado desde el nuevo examen de los conceptos de raza y grupos de status. En el conjunto de los ensayos, aparece uno sugerente sobre el “racismo de clase”, otro sobre la problemática del racismo y su vinculación con la crisis. Estos son los ensayos que comparten y conforman un libro rico en la polémica, la actualidad y la reflexión sobre los temas candentes puestos en mesa. Retomando los ensayos, optamos por concentrarnos en una perspectiva del abordaje; cómo de alguna manera trabajamos con las temáticas afrontadas por Immanuel Wallerstein[38]. Ahora lo haremos con los ensayos trabajados por Etienne Balibar.

 

Dos son las preguntas que se hace Etienne Balibar: ¿Cuál es la especificidad del racismo contemporáneo?, y ¿cómo puede relacionarse con la división de clases en el capitalismo y con las contradicciones del Estado-nación? Se trabaja el ámbito saturado de relaciones entre raza, nación y clase, y a la zaga, por abajo o por encima tribus, etnias, pueblos, estados, grupos, comunidades, clanes, castas, capas, segmentos y las gentes. A la pregunta de si ¿existe un neoracismo?, contesta: De hecho, no hay racismo sin teorías. Sería completamente inútil preguntarse si las teorías racistas proceden de las élites o de las masas, de las clases dominantes o de las clases dominadas. Por el contrario, es evidente que están racionalizadas por los intelectuales[39]. Empero, también dice que, la propia categoría de masa (o de popular) no es neutra, está en comunicación directa con la lógica de naturalización y de racialización de lo social[40].  La hipótesis es que, contemporáneamente,  se avanza hacia un racismo diferencial, que consiste paradójicamente en incorporar en su seno al antirracismo e incluso al humanismo ¿De qué se trata? Etienne Balibar dice que se produce una desestabilización de las defensas del antirracismo tradicional, en la medida en que su argumentación viene a contrapelo e incluso se vuelve contra él (lo que Taguieff llama oportunamente el efecto de retorsión  del racismo diferencialista). Se acepta inmediatamente que las razas no constituyen unidades biológicas delimitables; que, de hecho, no hay razas humanas. También se puede aceptar que el comportamiento de los individuos y sus “aptitudes” no se explican a través de la sangre o incluso de los genes, sino por su pertenencia a culturas históricas[41]. ¿Qué es lo que ocurre en el paso del racismo tradicional al racismo diferencial contemporáneo? De hecho asistimos a un desplazamiento general de la problemática. De la teoría de razas o de la lucha de razas en la historia humana, tanto si se asienta sobre bases biológicas como psicológicas, pasamos a una teoría de las relaciones étnicas (o de racerelations) en la sociedad, que naturaliza, no la pertenencia racial, sino el comportamiento racista. El racismo diferencialista es desde el punto de vistas lógico, un meta-racismo o lo que podríamos llamar un racismo de segunda categoría, que se presenta como si hubiera aprendido del conflicto entre racismo y antirracismo, como una teoría políticamente operativa, de las causas de la agresividad social[42]. Por lo tanto, se puede concluir que la idea de un racismo sin raza no es tan revolucionario como se pudiera imaginar, el racismo se solapa, se mimetiza en el desplazamiento de una clasificación diferencial, esmerada en el detalle de la diferencia cultural. Se trata de un paso de la teoría de razas a un racismo diferenciador, que no es otra cosa que el paso de un racismo, centrado en la distinción biológica, a un racismo, centrado en la distinción cultural.

 

Etienne Balibar también trabaja la relación entre racismo y nacionalismo. Dice que parte de los historiadores argumentan que el racismo se desprende y desarrollo en el campo del nacionalismo, campo omnipresente en la modernidad. De este modo, el nacionalismo sería, si no lo única causa del racismo, en cualquier caso la condición determinante para su aparición[43]. Dicho de otro modo, las explicaciones económicas o psicológicas sólo serían pertinentes en la medida que iluminaran presupuestos o efectos provocados por el nacionalismo[44]. Esta interpretación confirma que el racismo no tiene nada que ver con la existencia de razas biológicamente objetivas, dejando de lado el equívoco de las explicaciones culturalistas, que, de una y otra manera, tienden a convertir el racismo en una especie de elemento invariable de la naturaleza humana[45]. Sin embargo, no hay que creer que se establece una relación causal entre nacionalismo y racismo; la interpretación no implica que el racismo sea una consecuencia inevitable del nacionalismo, tampoco que el nacionalismo sea históricamente imposible sin la existencia del racismo abierto o latente. En este contexto de la discusión hay que distinguir el racismo como discurso teórico y el racismo como fenómeno de masa, aunque ambos fenómenos se hallen conectados y se retroalimenten.

 

Según el autor tenemos tres modelos de racismo heredados del pasado: el antisemitismo nazi, la segregación de los afroamericanos en Estados Unidos, percibida como una larga secuela de esclavitud, y el racismo imperialista de las conquistas y dominaciones coloniales. La reflexión teórica sobre estos modelos heredados ha producido una serie de diferenciaciones analíticas, ligadas a la defensa de la democracia, de los derechos humanos y de los derechos civiles; también la liberación nacional ha producido una serie de diferenciaciones, vinculada a la búsqueda de las causas de los efectos de la racialización imperialista y colonial. La primera diferenciación tiene que ver con la distinción entre racismo teórico, doctrinal, y racismo espontáneo, lo que tiene que ver propiamente con el prejuicio. También nos encontramos con la diferenciación entre un racismo interior, contra la población considerada minoritaria, y un racismo exterior, que es una forma extrema de xenofobia. También podemos caracterizar a determinadas posiciones como autorreferenciales, que tienen que ver con los portadores de los prejuicios, quienes ejercen la violencia física o simbólica, en contra posición de un racismo heterorreferencial, en el que se asimila a las víctimas del racismo. El análisis político diferencia también entre un racismo institucional y un racismo sociológico. De alguna manera esta distinción se yuxtapone a la diferencia entre un racismo teórico y un racismo espontáneo. Esto podemos explicar del siguiente modo: de todas maneras siempre hay recurrencia a alguna doctrina para justificar el ejercicio del racismo, esto pasa efectivamente cuando median instituciones que segregan; la situación mencionada se distingue de lo que llamamos racismo sociológico, que supone una dimensión dinámica que va más allá de los prejuicios propiamente dichos, enfocándose en los problemas que plantean los movimientos colectivos de carácter racista. Sin embargo no podemos olvidar que todo racismo histórico es al mismo tiempo institucional y sociológico[46].  También se puede dar una combinación de modelos de racismo que terminan desarrollando otras formas de racismo; desde esta perspectiva podemos distinguir entre un racismo de exterminio, excluyente, de un racismo de opresión, incluyente[47]. Contemplando este mapa conceptual de diferenciaciones relativas a las formas de racismo, Etienne Balibar concluye que: Estas distinciones no sirven tanto para clasificar tipos de comportamiento o de estructuras idealmente  puros como para identificar trayectorias históricas. Su pertinencia relativa nos conduce a la sensata conclusión de que no existe un racismo invariable, sino unos racismos que forman un espectro abierto de situaciones[48]. Al mismo tiempo el autor advierte que: una configuración racista determinada no tiene fronteras fijas, es un momento de evolución que sus potencialidades latentes y también las circunstancias históricas, las relaciones de fuerza en la formación social, se desplazaran a lo largo del espectro de los racismos posibles[49].

 

Lo anterior nos sirve como para tener una mirada dinámica y en desplazamiento, que pueda seguir la mutación, la transformación y la transvaloración de las formas diferenciales de racismo. Hay que tener en cuenta, como dice Balibar, que el racismo es en sí mismo una historia singular, con sus puntos de retroceso, sus fases subterráneas, y sus explosiones[50]. La genealogía del racismo en Bolivia ciertamente no se ha detenido en el modelo imperialista y colonial; se ha desplegado desprendiéndose y convirtiéndose  en un colonialismo interno, convirtiendo a las mayorías poblacionales en minorías políticas y a estas minorías en materia de un racismo interno, que puede ser tomado también como opresivo. A lo largo de la historia republicana se ha desplegado también un racismo institucional, que se diferencia de las propias dinámicas de las prácticas racistas de la gente. La historia del racismo en Bolivia no se ha detenido en los aspectos y características de un racismo biológico, centrado en las características y clasificaciones somáticas; ciertamente se ha avanzado a las formas del racismo cultural, con todas las distinciones y diferenciaciones relativas a los comportamientos, conductas y aptitudes leídas por estas formas de racismo. Las formas del racismo no sólo son diversas, sino que han mutado, en la medida que se han vivido distintos proyectos de modernización, conducidas por las distintas reformas estatales, borbónicas, liberales, nacionalistas y neoliberales. Un racismo demarcador, que estableció el dualismo entre dos sociedades históricamente distintas, la hispánica y la indígena, queda como modelo, como matriz, de las otras formas de racismo que han de venir sedimentándose; racismo incluyente y domesticador, que busca normalizar a la población, arraigada a sus costumbres, persiguiendo a través de la reforma educativa condicionar e incorporar otros comportamientos, adecuados a la sociedad que pretende ser moderna. El nacionalismo, en cambio, ha de buscar a través del proyecto de mestización, subsumir la herencia nativa a una síntesis biológica y cultural. Es otro proyecto de modernización, mas bien incluyente. Podemos considerar al nacionalismo como movimiento que despliega mecanismos institucionales, políticos y legislativos, de inclusión nacional, mediante procedimientos democráticos, de construcción de la individuación a través de la reforma agraria y la reforma educativa. La ideología del nacionalismo revolucionario se puede considerar, desde la evaluación de la genealogía del racismo en Bolivia, como una dialéctica racista, que sintetiza las razas en el proyecto político, social y cultural del nacionalismo, es decir el mestizaje. En este proyecto desaparece del discurso la clasificación racial, como ocurría y ocurre en el discurso de la oligarquía minero-latifundista, empero, como dijimos más arriba no abandona el campo del racismo, sino que desarrolla un racismo sin razas, un racismo de clasificación culturalista y sociológica, encaminada a la incorporación, a la inclusión, de lo indígena al proyecto nacional de capitalismo de Estado. Los discursos socialistas no dejan el campo extenso y dilatado del racismo; en la medida que exigen un proyecto de modernización, por la vía del modelo occidental obrerista, descalifican los proyectos alternativos propios de las sociedades, pueblos y naciones indígenas. La discusión actual entre comunitaristas y socialistas ilustra fehacientemente sobre esta situación. El discurso neoliberal va tratar de implementar políticas públicas bilingües y multiculturales, en la perspectiva también de la incorporación a un proceso que raya en el multiculturalismo liberal, sin lograr desplazarse del todo a este nuevo terreno. De lo que se trataba es de subordinar la pluralidad cultural y lingüística a las leyes del mercado. La tercera reforma educativa y la ley de participación popular se encaminaron en esta dirección. Ahora bien, recorriendo estos decursos y temporalidades heterogéneas de la genealogía del racismo en Bolivia, analizando el presente a través de una mirada retrospectiva del pasado, debemos preguntarnos si bajo las condiciones del Estado plurinacional comunitario y autonómico se termina saliendo del campo extenso y dilatado del racimo. Esta pregunta es crucial sobre todo para evaluar los alcances del proceso de descolonización.

 

Volviendo al libro de Raza, nación y clase, de Immanuel Wallerstein y Etienne Balibar, vemos que se dan yuxtaposiciones, intersecciones, cruces y entrelazamientos complejos entre nacionalismos y racismos, en un contexto altamente diferenciado de condicionamientos e isomorfismos mutuos. La comunidad imaginada de la nación ha buscado borrar la condición plurinacional de una formación histórico social abigarrada y barroca, conformada sobre la matriz de los pueblos indígenas. El pasar a la condición plurinacional del Estado, de otra forma de Estado, parece apuntar a escapar del campo gravitacional del colonialismo interno y de la colonialidad; el pasar a la condición comunitaria del Estado, parece apuntar a salir de los espacios de atracción de los racismos sociológicos; el pasar a la condición de un pluralismo autonómico, que contiene a la autonomía indígena, con su autogobierno, libre determinación, gestiones propias y normas y procedimientos propias, parece apuntar a escapar del campo gravitacional del racismo institucional. ¿Será posible? Esto depende de la profundidad y de los alcances de las transformaciones estructurales, institucionales, económicas, sociales, políticas y culturales que se den en la transición del proceso de cambio, depende de los actos fundacionales del nuevo Estado. En la medida que el Estado plurinacional quede atrapado en una retórica discursiva que no es acompañada por transformaciones institucionales y la revolución cultural, que reitere la forma del Estado-nación, seguramente el proceso se ha de mantenerse en el campo gravitacional reciclado del colonialismo y del campo gravitacional del racismo diferencial. Lo mismo pasa con la condición comunitaria del Estado y la condición autonómica del Estado. Si no se da una construcción efectiva del nuevo mapa institucional, en el sentido del pluralismo institucional, administrativo, normativo, económicos, social, cultural y lingüístico, seguramente nos mantendremos en las formas de un racismo inclusivo, de un racismo cultural y de un racismo sociológico. En la medida que no demos cabida a la participación abierta de las distintas formas autonómicas, seguramente nos mantendremos en un racismo perdurable institucional y centralista. Algo parecido y dramático pasa con el nuevo modelo económico; en la medida que no se abran espacios de realización efectivos a los emprendimientos sociales alternativos y a la economía comunitaria, no saldremos de lo que llamaremos un racismo diferencial económico. Las tareas de la descolonización tienen que concentrarse en estos aspectos complejos y diferenciales de las formas económicas subsumidas  y articuladas a la económica-mundo capitalista. La descolonización no puede ser solamente un discurso retórico y de catarsis, pues este estallido emocional no resuelve los problemas materiales de la descolonización, tampoco los problemas subjetivos de la descolonización, menos los problemas epistemológicos de la descolonización.


[1]Revisar de Cornelius Castoriadis La institución imaginaria de la sociedad. Volumen 1: Marxismo y teoría revolucionaria. Volumen 2: El imaginario social y la institución. Buenos Aires 2003. Tusquets.

[2]Ver de Michel Foucault Las Palabras y las cosas. Una arqueología de las ciencias humanas. México 2005. Siglo XXI.

[3]Ver de Jacques Rancière El desacuerdo. Política y filosofía. Buenos Aires 1996. Nueva Visión.

[4] Ver de Eugenio Trías Los límites del mundo. Barcelona 1985. Ariel.

[5] El ensayo aparece en el libro de Comuna intitulado Transformaciones pluralistas del Estado. La Paz 2007. Muela del diablo.

[6]Boaventura de Sousa Santos escribe en El milenio huérfano. Ensayos para una nueva cultura política, lo siguiente: La supuesta inevitabilidad de los imperativos neoliberales ha afectado de modo irreversible al ámbito y la forma de poder. Este cambio no supone, sin embargo, una vuelta al pasado, ya que sólo un Estado postliberal puede acometer la desestabilización de la regulación social postliberal. Esta desestabilización crea al anti-Estado dentro del propio Estado. A mi entender, estas transformaciones son tan profundas que, bajo la misma denominación de Estado, está surgiendo una nueva forma de organización política más vasta que el Estado, una organización integrada por un conjunto híbrido de flujos, redes y reorganizaciones donde se combinan e interpenetran elementos estatales y no estatales, tanto nacionales como locales y globales, del que el Estado es el articulador. Esta nueva organización política no tiene centro, la coordinación del Estado funciona como imaginación del centro. Trotta/ilsa 2005. Madrid. Pág.331.

[7] Ver Horizontes y límites del poder y del Estado. Texto colectivo de Comuna. La Paz 2005. Muela del diablo.

[8]Boaventura de Sousa Santos: Refundación del Estado en América Latina. Perspectivas desde la epistemología del sur. Plural 2010, Plural. Pág. 41.

[9] Ibídem: Pág. 41.

[10] Ibídem: Págs. 41-42.

[11] Ibídem: Pág. 42.

[12] Ibídem: Pág. 42.

[13] Ibídem: Pág. 42.

[14] Ibídem: Pág. 44.

[15] Ibídem: Pág. 44.

[16] Ibídem: Pág. 45.

[17]Boaventura de Sousa Santos: Ob. Cit.; pág. 56.

[18] Raúl Prada Alcoreza: Emancipaciones Poscoloniales. CLACSO 2010.

[19] Ibídem: Págs. 61-62.

[20]Guillermo O’Donnell: (1986a; 1986b; 1988; 2008).

[21]Boaventura de Sousa Santos: Refundación del Estado en América Latina. Plural 2010. La Paz. Pág. 54.

[22] Ibídem: Pág. 54.

[23] Ibídem: Pág. 54.

[24] Ibídem: Pág. 54.

[25] Ibídem: Pág. 54.

[26] Ibídem: Pág. 54.

[27]Boaventura de Sousa Santos: Refundación del Estado en América Latina. Perspectivas desde una epistemología del sur. La Paz; Plural 2010. Pág. 73.

[28] Ibídem: Pág. 74.

[29] Ibídem: Págs. 74-75.

[30] Ibídem: Pág. 75.

[31] Ibídem: Pág. 75.

[32] Ibídem: Pág. 75.

[33] Ibídem: Pág. 75.

[34] Ibídem: Págs. 75-76.

[35] Comuna: Horizontes y límites del poder y del Estado. El escrito sobre Estado, Asamblea Constituyente y autonomías es de Raúl Prada Alcoreza. La Paz, Muela del diablo.

[36] Samuel Rosales: Documento para contribuir a la comprensión de la movilización del pueblo de Potosí por el problema de límites departamentales y otras demandas.  También hay otro documento más reducido, publicado en la Época el 29 de agosto al 4 de septiembre del 2010: Las jornadas de recuperación de la dignidad potosina.

[37] Immanuel Wallerstein, Etienne Balivar: Raza, nación y clase. Madrid 1991; IEPALA.

[38]  En Crisis y cambio. Umbrales y horizontes de la descolonización. de Raúl Prada Alcoreza. La Paz 2010; Comuna, Muela del Diablo.

[39] Ob. Cit.: Pág. 33.

[40] Ibídem: Pág. 35.

[41] Ibídem: Pág. 37.

[42] Ibídem: Pág.40.

[43] Ibídem: Pág. 63.

[44] Ibídem: Pág. 64.

[45] Ibídem: Pág. 64.

[46] Ibídem: Págs. 65-66.

[47] Ibídem: Pág. 67.

[48] Ibídem: Pág. 67.

[49] Ibídem: Pág. 67.

[50] Ibídem: Pág. 68.

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